Rompiendo muros, abriendo ventanas

A menudo aparece en los medios de comunicación el tema de la inmigración en España: cayucos que llegan a la costa con decenas de personas a bordo, inmigrantes que intentan saltar la valla, preadolescentes que viajan colgados a los fondos de los camiones… pero raras veces aparece un análisis profundo y, apenas nunca, se le da la palabra a los migrantes. Pensamos que ya es hora de comenzar a dar voz a los sin voz, a los y las que llegan, para escuchar todo lo que nos tienen que contar, para construir, a través de la palabra, un vínculo fuerte que nos dé las claves
para trazar un camino firme hacia una sociedad intercultural. Una sociedad que tenga como principio la justicia social.

La difícil travesía hasta llegar a España no anuncia lo que la mayoría de los inmigrantes encuentra cuando llegan: dificultades para conseguir los papeles, imposibilidad de trabajar precisamente por no tenerlos, miedo de los controles policiales que pueden marcar el camino de regreso o el ingreso en un CIE (Centro de Internamiento para Extranjeros). Esa imagen distorsionada de la realidad que se tiene desde muchos países del Sur respecto a los países del Norte es lo que se denomina “efecto llamada”. Un efecto, entre otros factores, potenciado por un modelo cultural globalizador basado en crear identidades a través del consumo y que se exporta a los países del Sur.

España tiene una situación particular respecto a la inmigración debido a su ubicación geográfica, al desarrollo económico que ha experimentado y a su carácter de “potencia colonizadora” en épocas anteriores. Esto hace que en términos relativos sea uno de los países del mundo en los que más se ha incrementado la población inmigrante.

Y esta llegada no está exenta de conflictos que, según se analice, pueden verse como una oportunidad o como un riesgo. Como un riesgo porque ante un panorama de crisis económica como la actual, es mucho más fácil que a los discursos racistas y xenófobos se sumen más adeptos. Los miedos acentúan los prejuicios y mitos que generan rechazo ante lo desconocido, ante el extranjero. Un panorama acompañado de unas políticas por parte del gobierno que se basan en la expulsión y no en la integración, como muestra la reforma de la Ley de extranjería y la Directiva europea de Retorno, que suponen un retroceso en cuanto a los derechos y libertades de las personas migrantes. Pero también una oportunidad, porque nos permite crear una sociedad menos homogénea y, por lo tanto, más diversa. La vida es un producto de la diversidad, al igual que ocurre en un monocultivo, en el que una sencilla enfermedad puede acabar en poco tiempo con toda una cosecha, sin diversidad
cultural y humana estamos reduciendo el abanico de nuestros aprendizajes, nuestra capacidad de adaptación a situaciones cambiantes y nuestra capacidad de reconstruir lo dañado.

Aunque en la escuela enseñamos que somos iguales, los negros y los blancos, los chicos y las chicas, los pobres y los ricos, lo cierto es que diariamente vivimos muchas situaciones en las que esta igualdad no es real. De ahí la importancia de poner en práctica un proyecto que nos permita conocer nuestra realidad cotidiana y la de aquellas personas que vienen de lejos para compartir con nosotros y nosotras el mismo espacio. Para conocer los muros que existen y nos impiden ver y disfrutar de todo lo que hay en el otro lado y, sobre todo, saber cómo construir ventanas en ellos.

Este proyecto educativo es una idea desarrollada por profesorado del colegio Santa Cristina de FUHEM en el curso 2009-2010.


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