Declaración mundial de contribución de las personas con diversidad funcional a una cultura de paz

La Declaración parte de una iniciativa del Área de Trabajo "Cultura de Paz, Derechos Humanos y Vida Independiente" del Centro UNESCO de la Comunidad de Madrid y la apoya una amplia plataforma de organizaciones. El próximo 20 de octubre tendrá lugar un acto previo de presentación.

 

Extracto de la Declaración

1. En el mundo hay más de 650 millones de personas que viven con alguna diversidad funcional. Si a esa cifra se agrega el grupo de sus familiares que conviven con ellas y ellos de manera habitual se pasa a una cifra muy significativa: dos mil millones de habitantes que, de una forma u otra, viven a diario con esta circunstancia. En todas las regiones y, en cada uno de los países del mundo, las personas con diversidad funcional viven con frecuencia al margen de la sociedad, excluidas de numerosas experiencias fundamentales de la vida. Tienen escasas esperanzas de asistir a la escuela, obtener un empleo, poseer su propio hogar, desarrollar sus identidades
de género, fundar una familia, plantearse una posible maternidad y/o paternidad,
disfrutar de la vida social y política. Sobre todo, cuando se trata de mujeres y hombres con gran diversidad funcional que para llevar sus proyectos de vida necesitan los apoyos humanos de otras personas.

2. Para la inmensa mayoría de las personas con diversidad funcional del mundo, las tiendas, los servicios, los transportes públicos, la información, la comunicación..., están en gran medida fuera de su alcance. La estructura social y política es la que discapacita y determina la precariedad de la realidad humana de la diversidad funcional. Por ello, es de suma importancia erradicar el fenómeno de la discapacitación, ya que el hecho humano de la diversidad funcional es una condición inherente que atañe a toda la humanidad.

3. El proceso de discapacitación que sufre la persona con diversidad funcional es un factor determinante de exclusión social y, de discriminación permanente, que si se unen a otros muchos, tales como: diferencia de género, orientación sexual, intergeneracionalidad, niveles de pobreza, distintas etnias, color de piel, tipología y/o grado de diversidad funcional..., llega a tener un carácter devastador. Las cifras son condenatorias: se calcula que entre las personas más pobres del mundo el 20% está constituido por las que tienen diversidad funcional; el 82% de las personas con diversidad funcional en los países en desarrollo viven por debajo del umbral de pobreza; el 98% de las niñas y niños con diversidad funcional de los países en desarrollo no asisten a la escuela; el 30% de las niñas y niños de la calle en todo el mundo viven con diversidad funcional, y la tasa de alfabetización de las personas adultas con diversidad funcional llega tan sólo al 3% y, en algunos países, baja hasta el 1% en el caso de las mujeres con diversidad funcional.

 

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