«Tiempo de actuar», blog sobre crisis energética y cambio climático

El blog «Tiempo de actuar», que inició su andadura en julio de 2012, se centra en la crisis energética y el cambio climático. Sus entradas se organizan en tres ejes temáticos: movilidad, alimentación e infraestructuras. Forma parte de la campaña 5 años para actuar, impulsada por FUHEM Ecosocial con la colaboración de la Fundación Biodiversidad.

Profesorado, alumnado y miembros de FUHEM Ecosocial participan en la elaboración de las entradas del blog sobre estos tres temas, entre las cuales destacamos algunas de forma resumida (pinchando en el título pueden encontrarse en versión completa.

Puedes acceder al blog en http://tiempodeactuar.es/



Movilidad

Más allá del automóvil privado, las distintas alternativas de movilidad, cada vez más numerosas, nos permiten desplazarnos a diario de un lugar a otro reduciendo el impacto que provocamos en nuestro entorno.

Car Sharing, o movernos ocasionalmente en coche de forma sostenible

El car sharing o coche compartido es una de las alternativas. Esta opción consiste en una red de establecimientos para socios donde se puede acceder a un automóvil de uso ocasional. Se gestiona por empresas o entidades sociales en su mayoría y está orientada a personas que no utilizan el coche de forma habitual. La finalidad que se esconde detrás del car sharing es reducir la masiva utilización del automóvil como medio de transporte, reduciendo así las emisiones de gases de efecto invernadero, el ruido que provocan, etc. Y no sólo los usuarios ahorran dinero al evitar los gastos de mantenimiento o aparcamiento que tener un coche propio implica, sino que además tienen la posibilidad de disponer en cada ocasión del tipo de vehículo que se requiera (furgonetas, vehículos especiales y adaptados, etc.).


Vamos a pedales. Cambiar la movilidad y recuperar las calles

Nos resulta difícil remontarnos a un pasado en el cual no primaran los coches en nuestras calles, la seguridad imperase entre las personas que utilizan otros medios de desplazamiento o en el que el humo y la contaminación nos resultasen novedosos. Sería difícil. Pero ni siquiera hace un siglo desde que eso era lo habitual. Con el paso del tiempo, el coche se ha convertido en símbolo de la movilidad y los intentos por reducir su proliferación desde entonces no han logrado mermar su protagonismo. Sin embargo, las reivindicaciones que se realizan desde los seguidores de las bicicletas, asociaciones de ciclistas y otras entidades que presionan a favor de políticas que incentiven su utilización han logrado ser respaldadas por una creciente masa crítica. Paralelamente, a ello se ha sumado el hecho de que algunos sistemas municipales ofrezcan servicios adicionales para su utilización, poniendo a nuestra entera disposición herramientas que nos permiten la posibilidad de reparar fácilmente nuestras bicicletas.


Más cerca, menos veces y menos rápido. Apuntes para una movilidad sostenible

Parece no sorprendernos que a pesar de la obligada reducción de CO2 que debemos afrontar y del encarecimiento de los recursos fósiles -que escasean cada vez más- en España no se desplieguen medidas de reconversión del sector de transportes, actualmente responsable de una cuarta parte de la emisiones totales. No nos separa un tiempo excesivo de un futuro en el cual transformar nuestros patrones de consumo y movilidad, entre otros muchos, se convierta en una necesidad, y no una simple elección. Los incrementos en el precio de los combustibles en un momento como el actual dan cuenta de la restricción adquisitiva que muchas personas sufrirán en cuanto a este recurso se refiere. Una movilidad sostenible debe permitirnos desfosilizar nuestra movilidad, reducir el número de desplazamientos y distancias: andar y utilizar bicicletas para distancias cortas, y el transporte público para las largas; y todo ello, acompañado por una planificación urbana basada en la proximidad.


De peatones a ciudadanos

En contra de lo que pudiéramos pensar, en el pasado la regulación no se regía por los imperativos de los vehículos a motor, sino que establecía límites estrictos a su circulación con la finalidad de no perturbar la movilidad de los transeúntes. Con el pasar de los años se desarrollaron y aplicaron medidas cada vez menos restrictivas en cuanto a la utilización de los automóviles principalmente, derivando en una clara diferenciación entre la figura del conductor y la del peatón. En consecuencia se ha extendido una visión del transeúnte regida por las necesidades de estacionamiento y prioridad de los vehículos motorizados. Frente a esta dinámica conviene señalar las virtudes de caminar a las que alude la Carta Internacional del Caminar, que acogen distintas organizaciones de peatones y viandantes a nuestro alrededor (como la asociación madrileña A PIE o la agrupación de organizaciones Andando). El reto de estas iniciativas es revertir el proceso y empoderar a los ciudadanos para que recuperen la posibilidad de una movilidad segura a pie.



Alimentación

Es necesario hacer de nuestros hábitos alimenticios una práctica sostenible, es decir, alimentarnos con productos que sean respetuosos con el medio ambiente, beneficiosos para nuestra salud y que, paralelamente y sin agotar los recursos, garanticen un acceso socialmente justo.

No hay agricultura sin agricultores. ¡Salvemos a los productores de los intermediarios!

¿Qué encontramos y quiénes son los intermediarios entre el momento de producción y consumo de los productos que adquirimos? ¿Por qué pagando altos precios por los alimentos, los agricultores no parecen salir de la vulnerabilidad de ingresos que sufren? Existen multitud de intermediarios cuya función es dinamizar el proceso de intercambio entre productores y consumidores finales, sin que en todos los casos aporten utilidad a la cadena de eslabones que separan a los productores y a los consumidores. En ocasiones, su función se limita únicamente a especular con los precios de mercado de los productos, a la par que las grandes cadenas de distribución dificultan la competencia de pequeños y medianos comercios. De esa manera, se propicia que, incluso, tengan la posibilidad de establecer los precios que debemos pagar por los productos que estiman debemos consumir. Lo cual se puede verificar al comparar el Índice de Precios en Origen y Destino de los Alimentos (IPOD) que nos permite obtener el diferencial que acaparan los intermediarios a lo largo del proceso.


Mucho más que reducir distancias. Grupos de consumo y circuitos cortos de comercialización

La intensificación creciente de la explotación agraria ha tenido graves efectos en los territorios rurales, abarcando desde la desarticulación del campesinado hasta demoledores efectos ambientales. En el otro extremo de la cadena, los efectos producidos muestran que los problemas, lejos de remitir, son cada vez mayores: escándalos alimentarios gravemente perjudiciales para la salud, decreciente calidad de los productos que ingerimos y un sinfín más de consecuencias en detrimento de nuestra salud. Frente a esta situación, se inician nuevos colectivos sensibilizados con este tipo de consumo y autoorganizados a través de redes asociativas que acercan los productos agroecológicos y generan tejidos asociativos con la finalidad de perfilar otro modelo agroalimentario.

 

Educar con el ejemplo. Los comedores escolares ecológicos

Una creciente conciencia alimentaria nos conduce a una mayor preocupación por el tipo y la calidad de los productos de nuestra dieta diaria. Los ajetreados ritmos a los que estamos acostumbrados dificultan la tarea y, a pesar de ellos, somos capaces de destinar cierto tiempo a cuidar nuestra alimentación (en el momento de la compra, a la hora de preparar la comida del día, etc.). Todas ellas indican una elección que no siempre es extensible a todos los ámbitos de nuestro alrededor (al ingresar en un hospital por ejemplo, o en los comedores del colegio) y donde son las grandes superficies y los monopolios de distribución los que se benefician. Son muchas las campañas e iniciativas que tratan de defender un consumo más responsable en nuestra alimentación que han avanzado gracias a los principios agroecológicos y la introducción de productos que los cumplen en las cocinas y comedores de los colegios. Una apuesta que respeta los criterios basados en los Circuitos Cortos de Comercialización (CCC) que promueve una nueva cultura alimentaria e introduce pioneras prácticas a lo largo del territorio.


¡Nos plantamos! Las potencialidades de la agricultura urbana y periurbana

Tanto las largas distancias que los alimentos recorren como los abonos de síntesis que se utilizan incrementan el impacto que un mayor consumo de energía fósil provoca en relación al cambio climático. Este modelo cada vez más agresivo con el entorno e insostenible nos lleva a la necesidad de una soberanía alimentaria capaz de revertirlo. Para ello, es necesario una transición que contribuya a la proliferación de la agricultura urbana y periurbana capaz de reordenar el territorio y de acortar los circuitos de comercialización y el impacto ambiental. En esta línea existen iniciativas que han tenido lugar en nuestra geografía y que ayudan a la sostenibilidad de nuestra soberanía alimentaria: los parques agrarios o las propuestas de la Carta de la Agricultura Periurbana.

 

Pirámide alimentaria vs. pirámide ambiental

Existe una estrecha relación entre los alimentos que en mayor o menor medida deberíamos consumir y el impacto que provoca su producción. Es curioso cómo, si analizamos los pesos de cada tipo de alimento, tanto en la pirámide alimenticia –ordenada por las necesidades humanas de ingestión de alimentos– y en la ambiental –que refleja la huella ecológica que ocasionan– se evidencia algo de gran relevancia: el entorno está preparado para una producción en exceso de los productos que son altamente necesarios en nuestra alimentación, pero no de aquellos que no lo son. Un conocimiento adecuado de ambas pirámides es necesario para llevar una dieta saludable, cuidarnos y poder contribuir a compensar los desequilibrios alimentarios que tienen un impacto muy grave en el entorno.

 


Infraestructuras

Como su propio nombre indica, la palabra infraestructura alude a lo que se encuentra debajo de las estructuras (social, económica y ambiental), soportándolas, y no al revés, como cada vez con más intensidad ocurre. Por ello, es preciso ser conscientes de cuanto nos rodea y de las posibles repercusiones que pueden tener a nuestro alrededor.

Ecobarrios. Hacer habitable la sostenibilidad urbana

El reto de la sostenibilidad implica necesariamente un enorme esfuerzo para transformar nuestras ciudades. Las administraciones públicas de algunos países, en su búsqueda por no agravar los efectos de sus ciudades en el entorno, han implantado los denominados ecobarrios. Actualmente de manera minoritaria, esta alternativa comienza a extenderse en muchas ciudades y se caracteriza principalmente por: construcciones energéticamente eficientes, arquitectura bioclimática y jardines colgantes, entre otras, que ofrecen un respiro al medio y mejoran la sostenibilidad de las grandes ciudades. Ciudades como Barcelona, Granada, Madrid, Toledo o Zaragoza ya cuentan con ecobarrios y se han suman a la extensión de este modelo urbano alternativo.


La centralidad de las periferias: centros comerciales o comercio de proximidad

No han pasado más de 30 años desde que el primer centro comercial se abrió en España y, desde entonces, se han multiplicado hasta llegar a ser icono de la organización del consumo actual. Este tipo de infraestructura implica unos efectos negativos que van más allá de lo que en un primer momento podríamos pensar. En muchos casos, resultan ser el lugar de encuentro –donde la finalidad y la incitación se dirigen al consumo– sustituyendo espacios comunes utilizados tradicionalmente. Los centros comerciales son una alternativa de ocio que saca a relucir necesidades creadas por la publicidad y el consumo de masas, cuyas facilidades y pretensiones aparentes se deslucen con los entresijos que esconden. Recientes investigaciones evidencian cómo los emplazamientos locales son generalmente más saludables frente a estas micrópolis comerciales por motivos evidentes, como son los patrones de movilidad y de consumo que promueven y las relaciones sociales a las que induce.


Sobre modelos de ciudad

El paso de los años ha contribuido a una noción de ciudad más limitada. Actualmente se asocia al territorio físico en el que vivimos, trabajamos o donde pasamos parte de nuestro tiempo, desligándose de la concepción de comunidad formada por personas y de ciudadanos que conviven. La misma línea es la que ha seguido la reordenación del territorio bajo esta concepción –primando la importancia del emplazamiento que fomenta la dispersión y degrada las relaciones comunitarias –, reavivando el debate acerca de los modelos de ciudad más apropiados. Por un lado, una mayor concentración de la población en un espacio menos disperso se asocia al modelo tradicional que conocemos y presenta relaciones consolidadas entre las personas que allí habitan y un fuerte tejido social.


El blog tiene además tres secciones con muchos materiales de apoyo. Echa un vistazo y utiliza lo que te sirva.

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