Actividad física y salud en niños y adolescentes, sí… ¿pero cómo?

David Cañada López

 

Como progenitores, todos tenemos claro ya la importancia de la actividad física para la salud de nuestros hijos e hijas y, por supuesto, para la nuestra también. La actividad física conlleva una serie de beneficios para las personas que lo practican en todos los ámbitos, físico, psicológico y social. La evidencia científica en este aspecto es clara y contundente.

Nos parece importante comentar también que recientes investigaciones han mostrado que aquellos niños que realizan más actividad física tienen un mayor rendimiento escolar frente a aquellos que realizan menos, dato importante para quien da mucha importancia al rendimiento académico.

Por el contrario, y aunque alguien pueda sorprenderse del dato, la inactividad física es el cuarto factor de riesgo de muerte por enfermedad no transmisible en los países desarrollados y, además, afecta de manera directa a la hipertensión y al sobrepeso y obesidad, que son otros dos de los factores de riesgo que lideran la lista.

Llegados a este punto nos parece relevante explicar que para obtener todos estos beneficios no vale cualquier tipo de actividad física ni simplemente practicarla algún día a la semana. La actividad que realicen nuestros hijos tiene que poseer unas características determinadas.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) estableció en el año 2010 las recomendaciones sobre actividad física en niños y adolescentes para mantener y mejorar su salud. Estas recomendaciones, adoptadas por todos los países de la UE son las siguientes:

• Los niños y jóvenes de 5 a 17 años deberían realizar como mínimo 60 minutos diarios en actividades físicas de intensidad moderada a vigorosa.
• La actividad física por un tiempo superior a 60 minutos diarios produce un mayor beneficio para la salud.
• La actividad física diaria debería ser, en su mayor parte, aeróbica. Convendría incorporar, como mínimo tres veces por semana, actividades vigorosas para trabajar la salud ósea y muscular.

¿Cumplen nuestros hijos estas recomendaciones? Si es así, estupendo, y si no lo es… ¿por qué no marcarnos este propósito para el nuevo año?