La educación al servicio de las empresas

Antonio Chazarra, Profesor de Filosofía. Colegio Lourdes
No es decente ufanarse en exceso. (Ilíada, XVII)


Quisiera iniciar estas reflexiones sobre la LOMCE señalando que la soberbia pocas veces ha traído nada bueno. Es soberbio y poseído de sí mismo el ministro y ha sido soberbio el procedimiento para su elaboración, ignorando paladinamente, la opinión de padres, profesores, alumnos, sindicatos, expertos, diversas instituciones educativas europeas y un largo etcétera.

La LOMCE es, por tanto, una Ley que no ha sido consensuada sino impuesta, sin debate y muy ideologizada, inspirada además por una visión de la vida neo-conservadora, economicista y nítidamente clasista.

Auguro que será breve, pero costará tiempo y esfuerzo reparar el daño causado. Casi no ha nacido y ya está en la UVI. Ha logrado algo difícil, poner de acuerdo a todos en su contra. La oposición parlamentaria se ha comprometido, ante notario, a derogarla tan pronto el Partido Popular pierda la mayoría absoluta.

Será breve pero, en cierto modo, es una tragedia. Wert quedará en el recuerdo como una pesadilla y un paréntesis lleno de males educativos sin haber aportado nada bueno. La principal damnificada es la Escuela Pública y conviene recordar que la excelencia sin equidad es un mero elitismo. Se beneficia a los centros privados y se castiga, duramente, la igualdad de oportunidades.

¿Qué sentido tiene poner en marcha una Ley que nace con un fuerte rechazo político y social y ha sido criticada duramente por el Consejo de Estado?

Frente a la sinrazón, de nada han servido las numerosas manifestaciones en la calle, la Marea Verde, los artículos en prensa y los análisis de pedagogos y expertos en educación.

España necesita estabilidad. La tela de Penélope no es ni ha sido nunca un buen ejemplo. Destejer de noche lo que se teje de día, en el mejor de los casos, supone permanecer en el punto de partida.

Centremos nuestra atención, un momento, en la imagen que representa a tres monos: uno se tapa la boca, otro los ojos y un tercero los oídos. Ni habla, ni escucha, ni ve. ¡Bonita alegoría para la LOMCE! No ha querido mirar lo que está pasando, escuchar al mundo educativo… y puestos a ser soberbios, ni tan siquiera, dar explicaciones fuera de los consabidos: tenemos mayoría absoluta o es una Ley para lograr la excelencia.

Antes de seguir avanzando, quisiera poner de manifiesto que este país necesita una Ley de Educación consensuada, que todos sientan como propia y en la que todos se sientan representados. Ha de nacer con el compromiso de, al menos, durar veinte años, a fin de evitar que cada partido o coalición derogue la anterior y traiga la suya bajo el brazo.

Una ley que tenga un amplísimo respaldo parlamentario y que en su proceso de elaboración sea plenamente participativa, comprometiendo a todas las fuerzas políticas y sociales a fin de que tenga un largo recorrido.

Para que sea de todos es esencial que ninguno la imponga y que, tal como ocurrió con la Constitución del 78, haya pesos y contrapesos, pero todos puedan sentirse a gusto a su sombra porque reconozca visiones plurales y conceda valor a lo recomendado por prestigiosos organismos internacionales.

Esta formulación, en modo alguno es utópica, por el contrario, es realista y supone, simplemente, escuchar lo que desde las comunidades educativas y los organismos internaciones vienen demandando.

¿Por qué la LOMCE es vieja y caduca antes de implantarse? Porque propone medidas obsoletas, fracasadas cuando se han experimentado, reaccionarias y retardatarias. Se parece a un planteamiento educativo moderno como un huevo a una castaña. Me preocupa el denominado “curriculum oculto” que alienta. Tanta mención a la excelencia, a la competitividad, tantas reválidas, tanta segregación temprana no pueden sino estar al servicio de un modelo fuertemente clasista, discriminatorio y que va a dejar muchas… muchísimas víctimas en el camino.

Ni qué decir tiene que los recortes en educación, las subidas de tasas y otras medidas adoptadas, las pagarán en su propia carne las generaciones futuras.

La educación, se mire por donde se mire, es una inversión. El modelo curricular de la LOMCE es academicista, cerrado, uniforme y considera el conocimiento como una forma de almacenar. Es, por tanto, rígidamente contenidista.
Es necesario reaccionar frente a esto. En la sociedad del conocimiento ha de apostarse por la innovación, la capacidad crítica, la creatividad y la disposición para formular hipótesis alternativas. De otra forma, la segregación temprana y la exclusión social nos seguirán castigando con dureza.

Las bases epistemológicas de la LOMCE son previsibles, injustas y de un, difícilmente ocultable, darwinismo social.
Se manipulan, hasta la saciedad, los informes PISA, enfatizando unos aspectos, sacando conclusiones de contexto y ocultando, conscientemente, ciertos datos. España viene obteniendo calificaciones por encima de la media en equidad, ¿por qué se silencia esto?

La Escuela Pública va a ser, sin duda, la principal damnificada. No es una casualidad. Desde mi punto de vista, es algo calculado, consciente e intencional.

Un país necesita una juventud preparada, que esté en condiciones de incorporar sus conocimientos, su savia nueva y su esfuerzo. No necesita ni más desempleo juvenil, ni que estén al borde de la extinción los recursos para investigación. La creciente cifra de titulados que no tienen otra salida que emigrar al extranjero para encontrar trabajo, debería causar sonrojo.
Naturalmente la solución no es una carrera de obstáculos, ni dejar caer aquí y allá reválidas y pruebas externas (que no sabemos y preferimos no saber cuánto costarán), que fomentan la segregación temprana y que van en dirección diametralmente opuesta a la igualdad de oportunidades.

Fijémonos ahora, en el gasto educativo. Lamentablemente sigue decreciendo. De un 4,3% del PIB hemos caído al 3,7%, estamos lejos del 5,4% que es el promedio de la OCDE y hemos de mirar lógicamente, con envidia, a países como Finlandia que destina el 6,1% o a Suecia con el 6,7%. No se ganó Zamora en una hora… pero lejos de irnos aproximando a los modelos más emblemáticos y fuertes de Europa, practicamos en nombre de la eficiencia económica la política del cangrejo… y todavía tenemos el descaro de llamar a esto excelencia.

Con todo, lo peor, es poner la educación al servicio de la economía productiva con la intención de que las aulas de la Escuela Pública generen mano de obra barata.

Una pregunta que es necesario formularse ¿qué modelo de ciudadano pretende formarse?, ¿con qué valores?

Creo sinceramente que las Humanidades, especialmente la Filosofía, contribuyen decisivamente a forjar un carácter moral y a plasmar valores como la solidaridad o la justicia. La Filosofía hace ciudadanos y, quizás, precisamente por eso, se pretende suprimirla o jibarizarla hasta extremos difícilmente comprensibles.

Estoy recordando un informe de UNESCO de 2007 que lleva por título “La Filosofía una escuela en libertad”, que ayuda a poner un poco de orden y de criterio en este asunto. No estaría de más conocerlo y aplicar sus indicaciones, pero se ha hecho justo lo contrario.

No es comprensible y duele que los estudios de Filosofía se reduzcan en un 66,6% (número diabólico, por cierto), y que esta reducción vaya acompañada de la creación de asignaturas alternativas a la Religión que, por cierto, vuelve a adquirir el carácter de evaluable.

En cuanto a la elección de optativas, será necesario un manual de instrucciones, pues a veces hay que elegir una materia entre doce y en otras, queda al albur de las Comunidades Autónomas o de los propios centros el ofertarlas o no. Encontrar la salida es más difícil que escapar del famoso laberinto de Knossos. Cabría añadir como resumen: “y entre tanta polvareda, se nos perdió don Beltrán”.

En el Medievo eran frecuentes las pinturas o esculturas que representaban a una dama sentada en un trono o escaño y a una esclava o criada arrodillada delante de ella que la descalzaba. Solía contener la inscripción Philosofia ancilla Theologiae (la Filosofía es esclava de la Teología). Pues bien, la alegoría medieval se ha sustituido por otra que pone a la Filosofía al servicio de la Economía.

A estas alturas, hay pocas cosas que me quiten el sueño. Sin embargo, en los objetivos de la Filosofía del primer curso de Bachillerato se pueden leer joyas como esta: Conocer la Metafísica para diseñar una idea empresarial y/o un plan de empresa, utilizando habilidades metafísicas y gnoseológicas. ¿Qué es esto, una broma? La Metafísica empresarial o para emprendedores aparece así como uno de los logros epistemológicos de la LOMCE. ¿Acaso quienes no vayan a ser emprendedores no necesitan nociones de Metafísica? O lo que es peor, ¿ha de ponerse la Metafísica al servicio exclusivo de los emprendedores?

¿Dónde queda la libertad de pensamiento y la crítica? Alguien tendría que decirle al señor Wert que Democracia es, entre otras cosas, decir no al adoctrinamiento.

Suprimir de un plumazo la Educación para la Ciudadanía es, desde luego, coherente con el espíritu que impregna la LOMCE y su mal disimulado objetivo de formar personas obedientes y sumisas al servicio de estrategias neo-conservadoras. Se da a la par una segregación por motivos económicos y la falacia de que sólo con competitividad se logra la calidad.

Aunque queda mucho por decir y mucha tela por cortar, doy por finalizadas estas reflexiones señalando que sería positivo tenerlas en cuenta cuando, en breve, tengamos ante nosotros la tarea de forjar una nueva Ley de Educación que sustituya a la LOMCE, por incompetente, clasista y discriminatoria.