Para educar a un niño hace falta la tribu

AMPA de C.E.M. Hipatia

Me permito el privilegio de utilizar la expresión: “Para educar a un niño hace falta la tribu” del filósofo y pedagogo, Jose Antonio Marina, porque es muy representativa del pensamiento generalizado que envuelve a la Asociación de Madres y Padres de Alumnos (AMPA) de la C.E.M. Hipatia.

Vivimos en una sociedad ubicada en la competitividad e individualismo, en la que pensamos que nuestros hijos e hijas deben adquirir conocimientos y destrezas que les permitan conseguir un estatus y una supuesta satisfacción. Dramáticamente se obvia el fin máximo de la educación: la formación de personas felices.


Este afán por el individualismo provoca que aislemos nuestras relaciones, intentando reducir el círculo de influencia de nuestras familias con la absurda idea de mantener algún tipo de control. Nada más lejos de la realidad, puesto que la educación de nuestras hijas e hijos se ve influenciada por cualquier elemento de la sociedad y, por tanto, la comunidad educativa es un actor más.


El AMPA no debe tener más meta que conseguir la asociación de las familias, que no es un tema baladí. Una asociación fuerte con mucha participación puede defender con más legitimidad los intereses de las madres y padres, puede tener más armas para asesorar y atender los problemas de las familias, puede promover con más ahínco que las autoridades competentes adopten medidas para la mejora de la educación del alumnado y del centro educativo o puede desarrollar más y mejores acciones formativas dirigidas a todos los integrantes de las comunidad escolar.


En vez de eso, asistimos a asambleas vacías, formaciones y charlas sin asistentes u horas de apertura del despacho sin una sola visita (con lo que nos hace pensar que los problemas que tanto se denuncian en corros del hall no son tan graves).


Para coger un impulso inicial, el AMPA ha intentado atraer a la gente con acciones lúdicas. Estas actividades han tenido un éxito relativo, porque si bien siempre son numerosas y gratificantes, no consiguen que la gente empiece a trabajar al unísono por un objetivo común que no es otro que el de la educación de nuestros chicos y chicas.


Tenemos el privilegio de contar con una envidiable salud financiera y con gente implicada, pero en vez de aprovechar y potenciar la Asociación, se están buscando alternativas en el ámbito asociativo del centro.


Seguramente los máximos responsables seamos nosotros, no hemos debido de explicar suficientemente porqué y para qué debe de existir la asociación y, seguramente esto ha provocado que muchas veces los padres y madres decidan actuar por su cuenta. Tal vez no tengamos los conocimientos necesarios para realizar perfectamente las funciones voluntariamente encomendadas o, seguramente, hayamos dedicado mucho más esfuerzo a las actividades que nos han reportado una satisfacción directa y tangible, pero, quizás no seamos los únicos culpables.


Apoyad al AMPA y estaréis apoyando a vuestros hijos e hijas
Para poder informar debe haber personas dispuestas a informarse. Para poder ser importantes se nos debe dar importancia.
Nuestro centro, y por ende nuestro AMPA, es un niño chico, acaba de comenzar primaria. Debe ser autónomo en sus tareas fundamentales pero hay que ayudarle y complementarle y por supuesto empezar a exigirle y exigirnos. Y en esta tarea, necesitamos de todos y todas.


Por favor, mirad más allá de lo que tenéis delante pensando de verdad en lo que queréis para vuestros hijos e hijas. Es necesario asimilar los valores que nos identifican, y exigirnos su cumplimiento. No hacerlo es vivir en la hipocresía; es, simplemente, sobrevivir en vez de convivir.