La luz en la oscuridad

Alumnos de 4º de ESO. Colegio Lourdes

Después del visionado de “La luz en la oscuridad”, nos parece importante destacar tres aspectos sobre lo que queríamos mostrar cuando hicimos este cortometraje; la organización de la película, la selección de espacios y personas; y por último, lo que hemos aprendido en todo este proceso.
En un primer momento, teníamos serias dudas sobre el tema que queríamos tratar; siempre rondaba por nuestras cabezas la Casa de Campo, pero también nos hubiera gustado mostraros nuestro barrio, en definitiva, nuestro Colegio Lourdes.

En un primer momento, indagamos espacios cercanos al Colegio que nos permitieron practicar los planos fijos y el travelling. Esto despertó nuestra curiosidad más allá del pulmón verde de Madrid que hoy en día es dicho espacio. Estábamos no sólo ante un ecosistema con una vegetación y fauna admirables, sino, también, ante un espacio con una misteriosa vida pasada, cargada de dolor, sangre y ruinas de guerra.

Con nuestros ojos y ahora con nuestra cámara teníamos la oportunidad de poder contar la vida “detrás del bosque”… Sin duda, ese giro nos lo puso en bandeja nuestro querido maestro Juan. Juan es un experto, activista de la Casa de Campo. Él consiguió abrir nuestros oídos y nuestra mirada hacia otras facetas de la Casa de Campo que jamás hubiéramos imaginado. Y pensar que estábamos ante el paisaje, el contexto, un lugar testigo de la Guerra Civil… telón de fondo de los franquistas… Volvíamos otra vez al tiempo, tan lejos y tan cerca… Esto, sin duda, queríamos contarlo.

El título de nuestra película, “La luz en la oscuridad” expresa perfectamente lo que nosotros queremos proyectar, nuestra cinta juega todo el tiempo con contrastes: luces y sombras, bosques y claros como el que nos muestra el plano del teleférico, guerra y paz, presente y pasado, noche y día, ayer y hoy… No podría haber sido de otra manera, intuimos que nosotros mismos también somos así.

Sin dudarlo, lo que nos hizo sentir la experiencia como única en todos los sentidos fueron los tres días de rodaje. Estructuramos tres jornadas con mañana, tarde y noche, en alguna ocasión.

El primer día, queríamos conseguir la luz del amanecer y grabar el travelling en el que el metro entra en la estación de Casa de Campo… Eran las 7 de la mañana, hora punta, metro de Madrid, lleno de gente…, y aun así, la experiencia nos encantó. Cuando terminamos, nos marchamos a Lago, zona de ocio y vida: pescadores, bicicletas, personas mayores dando paseos tranquilamente, madrugadores buscando un remanso de paz… ¿Cómo podíamos estar perdiéndonos esto cada mañana? ¡¡¡Teníamos que contarlo!!!

El segundo día llegamos a las ruinas del lugar que fuera puesto de mando en la Guerra Civil, realmente sintiendo que estábamos haciendo algo serio. Cada uno se tomaba con gran responsabilidad su papel y todo fluía. Juan mostró ser un tipo excelente, con gran paciencia; le hicimos repetir las tomas y caminar de un lado a otro del monte durante largo tiempo, pero él siempre accedía y sonreía sin parecer cansarse. Después de otra enorme caminata y llegar hasta un fortín en lo alto de un cerro desde donde necesitábamos grabar el teleférico, nos dirigimos al centro de Madrid para cenar todos juntos.

Llegó la noche y comenzó el momento más misterioso… La Casa de Campo en sombras, lo desconocido, el misterio, el miedo, los ruidos, sonidos de animales… Pudimos experimentar en primera persona el temor que este lugar despierta en todos los ciudadanos de Madrid. Sacamos nuestras linternas y volvimos a las ruinas del puesto de mando donde previamente por la tarde habíamos entrevistado a Juan. En nuestro documental queríamos mostrar la diferencia, de nuevo los contrastes: noche/día, luces/sombras… Nos habíamos inspirado en “La Villa Louvre” de Nicolás Philibert y así quisimos que nuestra película terminara: ¿qué mejor final? Ese día volvimos muy tarde a casa, pero lejos de estar cansados estábamos eufóricos… Habríamos seguido, pero los profesores decidieron poner punto y final a la jornada llevándonos a casa.

El tercer y último día fue duro por el cansancio acumulado, teníamos que grabar en el teleférico y sabíamos que contábamos con limitación de tiempo y espacio. Como son cabinas pequeñas, solo podíamos ir de tres en tres, y Víctor llegó a conocer bien el trayecto ya que se lo hizo cuatro veces.
Al terminar estos viajes, dimos por concluida la fase del rodaje, bajamos la colina hacia el metro con la sensación de haber vivido una gran experiencia.

Si echamos la vista atrás, cuando empezamos a hacer la estructura de la película, resultó muy difícil tomar determinadas decisiones…. En realidad, una de las cosas que nos han resultado más difíciles, pero que creemos que es la base de este proyecto es llegar a consensuar estas decisiones. Es decir, que todo lo que hemos hecho ha sido de una forma colectiva y eso nos ha ralentizado mucho el proceso, y también nos ha enseñado a entender la importancia de construir algo entre todos.

Al final, todo lo malo se diluye, nos quedamos con las risas, las patatas fritas, la paciencia de Juan, la calma de Víctor, los sándwiches de jamón de york, la noche de las linternas o, mejor… nos quedamos con lo irrepetible, lo que trabajamos Dani, Rodri, Pablo, Fede, Andrei, Marco, Carlos, Álex y Montse. Hicimos algo juntos, algo bueno, que nos hizo sentir orgullosos y felices, que nos enseñó a mirar y a ver, a saber preguntar, a ver lo que no es tan evidente y también a escuchar historias que nunca hubiéramos imaginado… Tan cerca, tan lejos…

Gracias a Víctor Moreno, nuestro cineasta, por hacernos sentir grandes durante 14 minutos.