Una nueva manera de educar

“Hola, soy Lucas. Tengo 8 años y me gusta mucho venir al colegio”, dice este alumno de 2º de primaria cuando le preguntamos por su aula sin muros. Lucas es uno de los alumnos que el curso pasado comenzó en las aulas activas sin muros, una experiencia con la que se inició la renovación en la forma de aprender del colegio Montserrat de FUHEM.

Un año después, ya no son tres sino nueve, las aulas que forman parte de este proyecto que sigue creciendo y llegará a las 12 el curso próximo. En un momento en el que se habla de los espacios maker o de las escuelas changemaker, en el que el cambio es el motor educativo, Montserrat se sumó con fuerza a esta tendencia creando un sistema propio donde la creatividad, el compañerismo, el dinamismo y la colaboración están presentes en la forma de aprender del Colegio.



Jesús Joven, director del Centro, señala que el Colegio debía adaptarse a los nuevos tiempos y también a las nuevas formas de educar que demandan las familias y muchos profesores. “Las familias nos eligen no tanto por proximidad sino porque esperan encontrar un colegio distinto, actual. Nos sentimos orgullosos de generar una nueva demanda en la que las familias eligen el centro sobre todo, por razones pedagógicas”.

Desde hace dos años, inspirados en otros modelos, Montserrat decidió crear el sueño propio, y no se inspiró en Finlandia sino que se fijó en experiencias mucho más próximas en las que las condiciones se pudieran parecer a las suyas. Comenzó un periodo de formación de su profesorado que les llevó a visitar numerosos colegios e ir dando forma al modelo que han llamado aulas activas sin muros. Setenta y cinco niños y niñas, con ritmos, necesidades e intereses distintos se organizan por actividades en función del momento del día.

Las clases de primero a tercero de primaria están comunicadas entre sí y los alumnos se integran en los tres grupos en función de las actividades a realizar. Victoria Ruiz, la coordinadora de este ciclo, nos cuenta cómo cada día es una experiencia distinta que les exige una planificación de cada detalle. Ver a los niños felices y con ganas de aprender y venir al cole compensa el enorme esfuerzo que supone para este equipo de docentes, que contagian su gusto por aprender y, desde luego, enseñar, o como ellos mismos dicen, educar.

Hace unos días las aulas se transformaron en una selva en la que un río de gran caudal las atravesaba de punta a punta, los animales y la vegetación abundante compartían espacio con los chavales que se convirtieron en exploradores y científicos de este complejo ecosistema.

Manuel Agudo, jefe de estudios de la etapa, explica que no es primaria sino el colegio en su conjunto, el que está inmerso en un proceso de reflexión y de cambio. Educación Infantil ha puesto en práctica su propio proyecto de agrupaciones flexibles y trabajo por proyectos a través de una experiencia llamada fenomenal week, basada en los mismos principios que inspiran los espacios sin muros. Secundaria ha arrancado este mismo curso en los tres primeros niveles de la etapa, con las aulas activas colaborativas en las que el trabajo por ámbitos y la presencia de al menos dos profesores por aula, en algunas de sus materias, sea su forma de trabajar. “El rol docente, dice Agudo, ha cambiado. No tiene sentido seguir transmitiendo información, esa se encuentra con la aparición de Internet en todas partes, sino que hay que estimular al alumnado y dotarles de estrategias para que sean ellos mismos capaces de encontrarla y sacarle partido. Las aulas tienen que ser espacios de experimentación y convivencia porque educar en la convivencia es fundamental si queremos transmitir valores como la tolerancia y el respeto”.

Quizá sea por esa convicción firme que se respira en todo el Colegio por lo que la diversidad está tan presente en sus espacios, y hacen de su aula TEA una de las señas de las que se sienten más orgullosos. Montserrat ha conseguido que alumnos que parecían no tener cabida en un sistema educativo estandarizado, encuentren un espacio acogedor donde puedan disfrutar viniendo al colegio y eso no es algo menor en una sociedad tan cargada de prisas y obligaciones como la nuestra.