Entrevista a Michael T. Klare

Entrevista a Michael T. Klare

 

«La combinación  de sequía extrema,  escasez de agua, inseguridad alimentaria  y desempleo rural agravarán las tensiones étnicas y estimularán las migraciones masivas»

José Bellver y Nuria del Viso

Experto en relaciones internacionales e influyente analista en temas de seguridad y geopolítica de los recursos naturales, Michael T. Klare dirige el Five College Program in Peace and World Security Studies con sede en el Hampshire College en Amherst, Massachussets. Klare es autor de numerosos libros, entre los que cabe destacar Resource Wars: the new landscape of global conflict (Owl, 2001), Rising powers, shrinking planet: the new geopolitics of energy (Metropolitan, 2008) o The race for what’s left: the global scramble for the world’s last resources (Metropolitan, 2012).

José Bellver y Nuria del Viso (JB y NV): En su libro Resource  Wars (2001) hablaba usted de la creciente presión sobre el suministro de recursos naturales que llevará a que nos enfrentemos, en el tiempo de nuestras vidas o la de nuestros hijos, a la posibilidad de una grave escasez de algunos recursos. ¿Cuál es su valoración al respecto,  una  vez  pasadas  casi dos décadas? ¿De qué recursos estamos hablando?

Michael T. Klare (MK): Cuando escribí Resource Wars en 2001, lo que más me preocupaba era la posibilidad del agotamiento del petróleo. Por aquel entonces, parecía que la demanda global de petróleo seguiría aumentando indefinidamente a medida que las nuevas clases medias de Asia y otras partes del mundo en desarrollo compraron miles de millones de vehículos movidos por petróleo. Al mismo tiempo, parecía que el suministro global de petróleo estaba destinado a contraerse en el 2020, ya que muchas reservas existentes se agotaban. Debido a la importancia del petróleo para la economía mundial y para la seguridad de los estados individuales, supuse que esta collisión entre el aumento de la demanda y la caída de la oferta conduciría a guerras recurrentes sobre los suministros restantes de petróleo.

Pero mucho ha cambiado desde entonces. Por un lado, el suministro global de petróleo se ha expandido en gran medida a través del uso generalizado de hidro-fracking para extraer petróleo de las formaciones de esquisto; como resultado, ahora parece que ya no confrontamos ninguna escasez inminente de petróleo. Por otro lado, la creciente preocupación por el cambio climático ha llevado a muchas sociedades a comenzar una transición que les aleje de la dependencia de los combustibles fósiles, lo que ha frenado el crecimiento de la demanda de petróleo; y parece que los suministros mundiales de petróleo serán suficientes para satisfacer la demanda en el futuro próximo. En consecuencia, ya no anticipo guerras recurrentes por el petróleo.

Cuando escribí Resource Wars, también advertí de una futura escasez de agua. En ese momento, mi temor era que el crecimiento de la población, la industrialización y la urbanización se combinarían aumentando la demanda de agua mucho más allá del suministro sostenible en muchas áreas del mundo. Expresé especial preocupación por el potencial de conflicto en los sistemas fluviales compartidos, como el Nilo, el Jordán, el Indo, el Mekong y el Tigris- Eufrates. Creo que estas predicciones han resultado ser bastante precisas, ya que la tensión sobre la asignación de agua de estos y otros ríos compartidos ha aumentado en los últimos años.

Sin embargo, no pude prever cuánto el cambio climático  podía  afectar  a  esos cálculos. Ahora es evidente, como resultado del trabajo del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés), que

los suministros de agua en muchas áreas del mundo en realidad se contraerán como consecuencia del cambio climático, produciendo dificultades extremas para millones de personas. La reducción en la disponibilidad de agua también dará como resultado una disminución en la producción de cultivos en muchas áreas, produciendo una escasez generalizada de alimentos y desempleo agrícola.

La combinación de sequía extrema, escasez de agua, inseguridad alimentaria y desempleo rural agravarán las tensiones étnicas y estimularán las migraciones masivas, algo que ya estamos viendo hoy, pero que podemos esperar ver en mayor medida en el futuro.

JB y NV: ¿Cómo se está confrontando esta creciente escasez? ¿Hasta dónde llegan hoy las fronteras de la extracción que ya mencionaba en su libro The Race for What’s Left (2012) y en qué medida esos límites de extracción están próximos a completarse?

MK: Las industrias del petróleo y el gas han podido superar la perspectiva del agotamiento sistémico de dos maneras: mediante la búsqueda de nuevos reservorios en áreas remotas que antes se consideraban inaccesibles, como las aguas profundas oceánicas y la región del Ártico; y aprendiendo a extraer hidrocarburos de formaciones rocosas “compactas”, especialmente los esquistos. Como resultado de estos esfuerzos, el suministro de petróleo y gas teóricamente disponible ha crecido exponencialmente en los últimos años, eliminando cualquier prospección de escasez. Pero todo esto tiene un precio: la perforación en estas regiones “fronterizas” a menudo conlleva riesgos ambientales significativos, como lo demuestra el desastre del Deepwater Horizon en abril de 2010 y el envenenamiento del agua en las áreas que están siendo “fracturadas” para extraer petróleo y gas. El desplazamiento al Ártico aumentará estos peligros, ya que cualquier derrame en esa región resultará mucho más desastroso para la vida silvestre local y mucho más difícil de limpiar.

El problema de la extracción extrema también está surgiendo con las fuentes subterráneas de agua. Muchas sociedades dependen de los acuíferos subterráneos para su agua potable y para la agricultura. A medida que ha aumentado la demanda de agua, estas sociedades han acelerado su extracción de estas fuentes subterráneas, haciendo que éstas disminuyan o desaparezcan.

Esto está sucediendo, por ejemplo, en el noreste de China, el área de Punjab en la India y el Medio Oeste de EEUU, donde algunas tierras de cultivo antes florecientes se están convirtiendo en desiertos. A medida que estos acuíferos se agotan, los agricultores deben perforar pozos más profundos para obtener agua (lo que requiere más insumos de energía) o abandonar la agricultura por completo.

JB y NV: En los últimos años parece que el cambio climático se ha ido posicionando como un problema de mayor entidad que la potencial escasez de   recursos…  ¿Cómo  se   combinan ambos fenómenos? ¿Qué considera más preocupante para el devenir de la economía mundial y, sobre todo, para las personas que poblamos el planeta?

MK: Como he sugerido, el cambio climático está interactuando con el consumo de recursos de muchas maneras significativas. A medida que aumente la temperatura global, la necesidad de energía en la calefacción disminuirá, pero la necesidad de energía para la refrigeración aumentará. Las investigaciones al respecto sugieren que el incremento en la demanda de refrigeración superará la disminución de la demanda de calefacción  dado  que  hay  más  personas que viven en zonas tropicales y templadas, donde la demanda de aire acondicionado en verano está aumentando, que en latitudes más altas donde la energía se utiliza para calefacción. Esto producirá un gran aumento en la demanda de electricidad, especialmente en las áreas en desarrollo del Sur global. Para generar esa energía adicional, los estados tendrán que elegir entre combustibles fósiles (produciendo así más emisiones de carbono), energías renovables o energía nuclear.

El cambio climático también alterará la ecuación energética de otras maneras. Por un lado, el derretimiento de la capa de hielo del Ártico permitirá la perforación de petróleo y gas en esa región, lo que ayudará a compensar el agotamiento de los campos más antiguos en otras partes del mundo (pero también generará más emisiones de carbono). Por otro lado, el cambio climático está secando los ríos clave en muchas partes del mundo, disminuyendo el agua necesaria para las represas  hidroeléctricas y para el enfriamiento de los reactores nucleares. El calentamiento global también está provocando tormentas más frecuentes y más severas, que a menudo producen fuertes vientos e inundaciones masivas que dañan o destruyen refinerías, plataformas de perforación, líneas de transmisión eléctrica y otros elementos críticos de las infraestructuras.

La agricultura mundial se verá especialmente afectada por el cambio climático.

Los científicos esperan que el aumento de las temperaturas y la disminución de suministros de agua reduzcan  drásticamente  los  rendimientos de los cultivos en muchas zonas del mundo, especialmente en África, Asia meridional, Asia central, Oriente Medio y Australia. De hecho, muchos científicos creen que ya estamos presenciando estos impactos en algunas áreas, lo que está causando malas cosechas y procesos de escasez de alimentos.

JB y NV: Las “guerras del agua”, el alza en los precios de los alimentos, los desplazamientos forzados de población causados por el cambio climático o el colapso del orden social y de los estados que puede causar la convergencia de estos fenómenos, no es algo que parezca que se vaya a producir de forma homogénea, ¿cuáles son, en su opinión, los puntos calientes?

MK: No es difícil identificar esos “puntos calientes”. Todo lo que hay que hacer es superponer un mapa del crecimiento futuro de la población proyectado sobre otros mapas que muestran las proyecciones de calor extremo en verano, de escasez de agua y de degradación de la tierra. En cualquiera de los lugares que obtengan una alta calificación en todas o la mayoría de estas categorías, es probable que se convierta en un lugar de competencia extrema por la comida, el agua y el refugio; en lugares donde esas necesidades no se satisfacen de manera efectiva y equitativa, es probable que estallen el caos y el conflicto, y que le sigan migraciones en masa. Creo que muchas partes de África y Oriente Medio entran en esta categoría, junto con gran parte del centro, sur y sureste de Asia.

JB y NV: Hablar de extractivismo hoy implica necesariamente hablar de los objetivos de máxima extracción de combustibles fósiles del nuevo presidente americano. Trump ha prometido una política energética de explotación irrestricta de las reservas de combustibles fósiles de EEUU que, dado el contexto ambiental, especialmente en términos de cambio climático, parece completamente anacrónica. ¿Cuál es su valoración al respecto? ¿Qué costes puede implicar esta nueva política en términos económicos, sociales y ambientales para los propios ciudadanos estadounidenses?

MK: La devoción del presidente Trump por la extracción de combustibles fósiles es en gran medida un asunto político, que refleja su sentido de obligación con respecto a elementos centrales de su base política: los mineros del carbón y otros trabajadores de la industria de los combustibles fósiles, así como los propietarios de las principales empresas de petróleo, gas y carbón. Estas son personas que ayudaron a organizar y financiar su exitosa campaña presidencial, y él cuenta con su apoyo en futuras elecciones. No le preocupan las cuestiones ambientales, porque sabe que los ecologistas no votarán por él y que de todos modos no ganará en California, por lo que ¿por qué atender a los votantes ecologistas de ese estado? Trump también tiene una creencia instintiva, que se remonta a su juventud, de que la fuerza de Estados Unidos se basa en su abundancia de combustibles fósiles. Esto puede verse en su argumento de que las plantas alimentadas con carbón deben mantenerse en funcionamiento como un asunto de “seguridad nacional”. Esto no tiene nada que ver con el realismo económico o la salud ecológica de la nación; es una visión de la “seguridad nacional” de los años cincuenta.

Como consecuencia de todo esto,

EEUU experimentará los efectos cada vez más graves del cambio climático. Ya hemos estado viendo cómo las condiciones extremas de calor y sequía en el oeste de este verano han derivado en incendios forestales masivos.

En el este, hemos visto meses de clima inusual y turbulento, que culminaron en el masivo y destructivo huracán Florence. Pero los republicanos seguirán votando a Trump y sus medidas anti-clima por una cuestión de lealtad política.

JB y NV: Una de las respuestas oficiales cuando se suscita la problemática de la escasez de recursos, así como del cambio climático, es la de que las mejoras en la eficiencia que permitirán los    nuevos avances tecnológicos. ¿Superará el ingenio humano a la escasez de recursos?

MK: Siempre es arriesgado predecir lo que sucederá en el futuro, pero no veo que se logren avances suficientes en tecnologías avanzadas para superar la creciente brecha entre las necesidades mundiales de recursos básicos como alimentos, agua y energía, y el suministro mundial de estos. Sí, para las personas adineradas, el futuro proporcionará mejoras en muchas áreas de la tecnología, como las comunicaciones, la medicina y el procesamiento de la información. Pero no veo suficientes investigaciones sobre cosas como la desalinización del agua y los rendimientos de los cultivos para asegurar que haya suficiente comida y agua para todas las personas que se espera que habiten el planeta en los próximos años. Tampoco nos estamos moviendo lo suficientemente rápido como para hacer la transición de salida de los combustibles fósiles, por lo que podemos esperar unos impactos cada vez más graves del cambio climático, contra los cuales hemos desarrollado muy muy pocas protecciones. ¿Cómo vamos a reasentar a los miles de millones de personas que tendrán que abandonar las costas inundadas y las tierras interiores quemadas? ¿Dónde está la tecnología para eso? Sobre todo, sospecho que las mejoras en la tecnología irán dirigidas a las fuerzas militares y policiales para defender a las poblaciones ricas contra los refugiados climáticos.

JB y NV: En 2011 respondió unas preguntas para nuestra publicación Boletín   ECOS  donde  afirmaba  que  la futura conflictividad no sería tanto entre Estados-nación sino dentro de las naciones por el suministro de recursos vitales (tierra, alimentos, agua). ¿Qué predomina actualmente y cuál cree que será la tendencia en un futuro próximo?

MK: Bueno, creo que habrá conflictos de ambos tipos, dentro de las naciones y entre naciones. El agua va a ser fundamental en todo esto. El conflicto ya está ocurriendo dentro de los estados por el acceso a fuentes clave de agua, y esto continuará. Pero me temo que, con el cambio climático, los estados podrían luchar por la asignación de agua de los sistemas fluviales compartidos, como el Nilo o Brahmaputra.

JB y NV: En un artículo reciente usted señalaba que EEUU ha comenzado una nueva ‘larga guerra’, una campaña permanente para contener a China y Rusia en Asia, Europa y Oriente Medio. ¿Qué  relaciones  guarda  esta  “guerra” con la pugna por los recursos naturales? ¿Cuál es su valoración de la situación de EEUU en términos de hegemonía?

MK: La nueva “larga guerra “ que veo en desarrollo entre EEUU, Rusia y China está siendo impulsada por factores geopolíticos clásicos, con cada parte buscando maximizar su poder e influencia en el tablero de ajedrez global. Esto es muy parecido a lo que sucedía a finales del siglo XIX y principios del XX, cuando las principales potencias europeas lucharon por el dominio en África, Asia y los Balcanes.

Los recursos desempeñan un papel importante en esto, ya que cada parte busca asegurar que posee los suministros adecuados de recursos críticos y, si es posible, negárselos a sus rivales.

EEUU, por ejemplo, busca mantener el dominio de los océanos, porque de esta manera puede cortar el flujo de recursos vitales, especialmente de energía, a China. En respuesta, China está tratando de reforzar sus lazos con Asia Central, para poder importar energía por rutas interiores de suministro; este es un objetivo importante de su iniciativa One Belt One Road. Para Rusia, el control del Ártico es esencial, ya que depende cada vez más de las reservas de la región a medida que se agotan sus reservas subárticas de petróleo y gas (ver más arriba); como resultado, Rusia ha estado reforzando su presencia militar en el Ártico.

A medida que avanza esta lucha, EEUU tiene algunas ventajas claras, ya que posee la marina más grande del mundo y es en gran parte autosuficiente en energía. Los EEUU también pueden contar con la OTAN para apoyar su posición en Europa y Oriente Medio. Rusia también es autosuficiente en energía, pero tiene una economía mucho más débil que EEUU y carece de aliados; en el caso de China, aunque su economía es más fuerte que la de Rusia, es menos autosuficiente en energía y también carece de aliados. La posición relativamente más fuerte de EEUU se refleja en el comportamiento beligerante y arriesgado de Donald Trump. Para compensar estas ventajas de EEUU y mejorar sus propias posiciones, Rusia y China han tratado de desarrollar capacidades “asimétricas”, como la guerra cibernética y la robótica.

JB y NV: La problemática en torno a los recursos se basa en una narrativa de la escasez, ¿en qué medida esta escasez es una noción construida o se corresponde  con  una  realidad  física? ¿Enfatizar la noción de escasez puede estar ocultando y marginando el debate sobre la redistribución?

MK: Bueno, permítanme decir que mientras escribo esto, estoy viendo imágenes de la destrucción causada por el huracán Florence en Carolina del Norte, donde miles de hogares han sido destruidos y muchas personas han quedado sin hogar. Esto es lo que veremos cada vez más en el futuro a medida que avanza el calentamiento global y que eventos tan extremos se vuelvan más comunes. Y esto ha alterado mi pensamiento sobre la “escasez”.

En el pasado, cuando pensaba en la “escasez”, pensaba en términos de cosas materiales: petróleo, agua, mineral de hierro, etc. En el futuro, me temo que la “escasez” se relacionará cada vez más con las condiciones de vida de supervivencia, del tipo: ¿Vive usted en un lugar y en circunstancias que le permitan sobrevivir a los efectos extremos del cambio climático? Si vive a pocos metros del nivel del mar, la respuesta es probablemente “no”. Si vive en áreas del mundo propensas a huracanes o tifones, la respuesta es “no”. Si vive en áreas secas del interior de África, Asia Central o el Oeste de EEUU, la respuesta también es “no”. Aquellos de nosotros con los medios para reubicarnos y comenzar de nuevo en otro lugar en condiciones razonablemente cómodas no podemos sufrir “escasez de supervivencia”, pero todos los demás experimentarán una severa escasez de este tipo.

José Bellver y Nuria del Viso son miembros de FUHEM Ecosocial y del equipo de redacción de la revista Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global.