Lecturas Ecosociales Recomendadas

 

Se acerca el mes de agosto en el que nos vamos de vacaciones y por ello, antes de hacer las maletas FUHEM Ecosocial quiere dejaros unas recomendaciones de lecturas para que podáis disfrutar estos días.

Para ello, hemos recopilado unas publicaciones sobre interesantes temáticas: las relaciones entre el trabajo y la calidad de vida, las utopías en tiempos de pandemia, enfoques críticos sobre la economía mundial, el trabajo de cuidados, educación ecosocial, el buen vivir, la securitización del cambio climático, la crisis ecosocial, la emergencia climática, la ciudadanía activa frente a los problemas ambientales y sobre el poder de las corporaciones, entre otros.

Papeles de relaciones Ecosociales y Cambio Global

 

 

Trabajo y vida buena en la encrucijada, Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, núm. 150, verano 2020.

Este número de PAPELES aborda la cuestión del trabajo, el origen del término, y su relación con la calidad de vida. Respuestas necesarias respuestas en clave social y solidaria a la crisis económica post-Covid19: la fiscalidad justa y el ingreso mínimo vital desde una mirada crítica. El novedoso concepto de Felicidad Interior Bruta (FIB) como un marco conceptual y una análisis de decrecimiento y posdesarrollo.Inclyue también un artículo sobre economía militar en España desde el franquismo a la democracia y otros textos que no te puedes perder.

 

Utopías en tiempos de pandemia, Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, núm. 149, primavera 2020.

En este número queremos explorar los caminos de la utopía como un horizonte hacia el que mirar, en un contexto como el actual de guerra contra el planeta en la era del Antropoceno. Por ello, hacemos un repaso histórico de la noción de utopía que se ubica en el contexto contemporáneo del Antropoceno. Realizamos una crítica a las utopías tecno-científicas, como es el caso del transhumanismo (superación de las enfermedades, muerte, con la biomedicina e incluso traspaso de nuestra mente a un ordenador); y reflexionamos sobre qué queda de la utopía pacifista con nuestra actual capacidad militar de destrucción, o de la utopía socialista después de las experiencias vividas.

Dosieres Ecosociales

Un estudio para la participación ambiental, la ciudadanía activa y las redes vecinales ante la emergencia climática

Cristina Contreras

Nos encontramos en un momento histórico marcado por una profunda crisis múltiple, que abarca desde problemas económicos hasta políticos y de cuidados, así como una crisis ecológica que pone en jaque a la humanidad. Si bien aquellas son graves y urgentes, ésta marca un horizonte que no debe ser traspasado para asegurar la supervivencia de nuestra especie.

La educación ambiental y la participación son herramientas de cambio. Barrios por el clima es un proceso de participación ambiental que busca la transformación desde el compromiso, la implicación y la corresponsabilidad. En definitiva, pretende educar para la acción.

Los discursos en torno a la emergencia climática
Rubén Gutiérrez Cabrera

En poco tiempo, la “emergencia climática” se ha convertido en nuevo marco con el que los medios de comunicación y la opinión pública global se refieren a la actual situación de crisis climática que enfrenta la humanidad, pasando de ser un concepto apenas utilizado a perfilarse como un eslogan con un potencial de incidencia en las políticas ambientales sin precedente.

En este contexto, se vuelve fundamental indagar en los relatos surgidos en torno a la “emergencia climática”, pues del resultado de las discusiones que se libran en torno a su definición e implicaciones dependerá en gran medida que las “declaraciones de emergencia climática” se decanten del lado de la sostenibilidad y la justicia climática, o del lado de un repliegue autoritario en forma de ecofascismo.

Colección Economía crítica & ecologismo social

La economía mundial: enfoques críticos

Pedro José Gómez (coord.)

El número 16 de la colección Economía crítica & Ecologismo social coordinado por Pedro José Gómez, recoge las aportaciones de los principales representantes de la economía crítica en nuestro país que articulan una visión heterodoxa de la economía mundial, que permite comprender en profundidad y con precisión las características estructurales y la dinámica actual, y atender a los problemas reales.

La gravedad de los problemas económicos y la relativa esterilidad de las interpretaciones habituales revelan la necesidad de aproximaciones críticas al estudio de la economía mundial.

El trabajo de cuidados: historia, teoría y políticas

Crsitina Carrasco, Cristina Borderías y Teresa Torns (eds.)

Este texto recupera y avanza en los debates en torno al trabajo de cuidados, trabajo imprescindible para la reproducción social y el bienestar cotidiano de las personas, que continúa siendo responsabilidad casi exclusiva de las mujeres, pero que resulta de vital importancia para toda la sociedad. Desde hace cuarenta años ha ido aumentando progresivamente el interés entre quienes se ocupan y preocupan del bienestar en las sociedades contemporáneas, especialmente en el pensamiento feminista, que ha mostrado que las tareas de atención y cuidado de la vida de las personas son labores imprescindibles para la reproducción social y el bienestar cotidiano.

Este análisis recoge los debates, elaboraciones teóricas y estudios aplicados en torno al trabajo de cuidados producidos en las diferentes disciplinas sociales en las últimas décadas, aportando una perspectiva histórica.

 

Educación Ecosocial: cómo educar frente a la crisis ecológica. La Situación del Mundo 2017. Informe Anual del Worldwatch Institute. 

Educación Ecosocial explora las áreas tradicionales de la educación ambiental, tales como el aprendizaje basado en la comprensión del funcionamiento de la naturaleza y el pensamiento sistémico, y también otros aspectos esenciales de la educación como el aprendizaje socio-emocional o las pedagogías que conceden gran importancia al juego. Con ello, la presente edición de la colección La situación del mundo, principal publicación del Worldwatch Institute, examina cómo repensar la educación con el fin de desarrollar una sociedad sostenible preparada para adaptarse al cambio global.

La edición española de la Situación del Mundo, como es habitual, incluye un Apéndice centrado en algún aspecto de la temática central del informe, pero referido a la situación medioambiental española. Este año esta sección incluye dos capítulos: uno escrito por Rafael Díaz Salazar sobre el cambio ecológico de la educación, y otro firmado por Víctor M. Rodríguez Muñoz (director del Área de Educación de FUHEM) y Yayo Herrero López (directora general de FUHEM), Claves para la construcción de un proyecto educativo transformador.

Cambio Climático, S.A. es un trabajo del Transnational Institute que ahora FUHEM Ecosocial publica en castellano.

Los autores documentan meticulosamente cómo los ejércitos y las corporaciones, con el consenso de ciertos grupos políticos, buscan hacer del cambio climático un gran negocio del que lucrarse, mientras profundizan la exclusión de las y los desposeídos, expuestos a las peores consecuencias. Al mismo tiempo, el libro invita a la ciudadanía a pensar otros modos de abordar las consecuencias de la crisis climática respetando los derechos sociales y la sostenibilidad.

El libro plantea una serie de incómodas pero necesarias cuestiones ante las que no podemos permanecer indiferentes: ¿Quiénes son los ganadores y los perdedores de las nuevas estrategias de «seguridad climática»? ¿Cuáles son las implicaciones de que instituciones como el Pentágono o corporaciones como Shell reformulen el alcance del cambio climático desde los ámbitos de justicia social y ambiental a los de seguridad? ¿Qué es lo que se va a asegurar, para quién, por parte de quién y a qué coste?

 

Buen Vivir: utopía para el Siglo XXI

Patricio Carpio Benalcázar

El libro aborda el Buen Vivir como una construcción colectiva desde diferentes enfoques y posiciones que expresan la diversidad de tendencias movilizadas por encontrar rutas para traspasar el maldesarrollo dominante y confluir en sistemas sociales sustentables para el siglo XXI.

El Buen Vivir representa uno de los esfuerzos más relevantes para definir derroteros civilizatorios alternativos para las sociedades de este siglo y abarca subsistemas como las pluridiversidades, ecoarmonías, soberanías y otras economías, con sus respectivas dimensiones como el Estado plurinacional, los derechos de la naturaleza o la democracia participativa.

El Buen Vivir, para constituirse en alternativa de poder, debe enfrentar los tres grandes paradigmas que sostienen la noción de desarrollo y sus prácticas instituidas: la colonialidad, el crecimiento económico y la teoría de la modernización.

 

Estado del Poder 2020: La corporación

En este informe –el noveno de los publicados por TNI y el quinto editado en español por FUHEM Ecosocial– recogemos una selección de artículos de la versión original en inglés que exploran la naturaleza cambiante de la corporación en tiempos de digitalización y financiarización para tratar de responder a una cuestión candente: ¿Cómo puede la sociedad civil organizada confrontar el creciente poder corporativo y construir alternativas?

Actualmente, las corporaciones dominan la economía mundial y gozan de gran influencia en las instituciones administrativas a través de diversos mecanismos –potentes núcleos de lobby, altos cargos con estrechos lazos corporativos o más oscuras tramas de “regalos” y contratos–.

 

La gran encrucijada: crisis ecosocial y cambio de paradigma

Santiago Álvarez Cantalapiedra

Ensayo publicado por HOAC se estructura en tres partes. La primera, compuesta de cuatro capítulos, caracterizan la crisis ecosocial: «la crisis de las muchas crisis». En ella subyace una crisis ecológica, económica y de cuidados, una profunda involución social y un vaciamiento democrático.

La segunda parte aborda el orden social que surge de las transformaciones anteriores. Vivimos unos tiempos inciertos donde el futuro está abierto.

La última parte del libro plantea la urgencia de un cambio de paradigma que sea capaz de situar en el centro de la conversación pública la vida buena. Sin una idea de lo que significa, se hace difícil construir una sociedad justa que permita que todas las personas puedan llegar a fin de mes sin que eso impida salvar al mundo.

Y en todo ello, qué pueden aportar las religiones en la búsqueda de respuestas a los problemas socioambientales.


PAPELES 150

Papeles cumple 35 años y sus 150 números la han convertido en una referencia indiscutible para conocer los principales problemas y debates de nuestro tiempo.

Pionera en la investigación para la paz en sus inicios, lo es también desde hace más de una década al delimitar la problemática ecosocial y abordar, con una mirada interdisciplinar, temas relacionados con la sostenibilidad, la cohesión social y la democracia, considerando la paz como eje transversal de análisis.

El pensamiento de analistas, teóricos y activistas, tanto del panorama nacional como internacional, hacen de las páginas de Papeles escenario intelectual crítico para una sociedad justa en un mundo habitable.

El nuevo número de PAPELES: Trabajo y vida buena en la encrucijada, cuenta con una INTRODUCCIÓN que lleva la firma de Ángel Martínez González-Tablas que, en tanto que es expresidente y patrono de FUHEM y que ha conocido esta revista de primera mano desde sus inicios, repasa la historia de esta revista, así como los desafíos, la funciones y objetivos que como revista crítica debe tener en el presente y futuro cercano.

La sección de A FONDO centra su atención en la cuestión del trabajo y la vida buena en la encrucijada ecosocial, complementándose con un texto de André Gorz en la sección REFERENTES, introducido por el director de la revista, Santiago Álvarez Cantalapiedra.

En ACTUALIDAD, dos artículos aluden las necesarias respuestas en clave social y solidaria a la crisis económica post-Covid19: la fiscalidad justa y el ingreso mínimo vital desde una mirada crítica. Con esa misma mirada completa la sección un artículo de José Manuel Naredo sobre decrecimiento y posdesarrollo.

A su vez, en EXPERIENCIAS centramos la atención en el caso de Bután y Felicidad Interior Bruta (FIB) como un marco conceptual y criterio de razón pública que delimita la agenda política butanesa.

Finalmente, en este número se recoge un ENSAYO de Ofelia Agoglia sobre las etapas por las que transcurre la historia ambiental Argentina y las respuestas que emergen de la corriente ambiental crítica latinoamericana, y otro de Pere Ortega centrado en la economía militar en España desde el franquismo a la democracia.

Y por supuesto no deja de estar presente la sección LECTURAS en la que se reseñan algunas publicaciones recientes que pueden resultar de especial interés para nuestros lectores y lectoras.

A continuación, ofrecemos el Sumario de la revista, que podrás descargar a texto completo, junto con la Introducción de Ángel Martínez González-Tablas, y el artículo sobre el Mito del trabajo de Erik Gómez-Baggethun y José Manuel Naredo. 

SUMARIO

INTRODUCCIÓN

PAPELES en sus 35 años: vocación y función de una revista crítica, Ángel Martínez González-Tablas.

A FONDO

El mito del trabajo: origen, evolución y perspectivas, Erik Gómez-Baggethun y José Manuel Naredo.

La civilización del malestar: precarización del trabajo y efectos sociales y de salud, Joan Benach, Pere Jódar y Ramón Alòs.

Calidad de vida y mercado de trabajo, Lucía Vicent Valverde.

Escenarios de trabajo en la transición ecosocial 2020-2030. Equilibrios difíciles entre lo ecológicamente necesario y lo políticamente posible, Emilio Santiago Muíño.

ACTUALIDAD

Fiscalidad justa: una respuesta solidaria a la crisis económica derivada de la Covid19, Xavier Casanovas Combalia.

Ya está aquí el Ingreso Mínimo Vital, Guillermo Fernández Maíllo.

Comentarios y aportaciones a la meta del decrecimiento, a la sombra de los diccionarios del Posdesarrollo y del Decrecimiento, José Manuel Naredo.

EXPERIENCIAS

Felicidad Interior Bruta (FIB): una vía política para otro desarrollo, Luis Rodríguez Calles.

ENSAYO

¿Civilización sin barbarie? Crónica de un eterno retorno. Reflexiones desde la corriente crítica latinoamericana, Ofelia Agoglia.

La economía militar en España del franquismo a la democracia, Pere Ortega.

REFERENTES

André Gorz: revisitando la noción de trabajo, Santiago Álvarez Cantalapiedra.

Temas para una izquierda futura, André Gorz.

LECTURAS

No Go World. How Fear Is Redrawing Our Maps And Infecting. Our Politics, de Ruben Andersson.

Nuria del Viso

Contra la caridad, de Daniel Raventós y Julie War.

Diego Escribano Carrascosa

La Gran Encrucijada, de Santiago Álvarez Cantalapiedra.

Margarita Suárez Barrera

RESÚMENES

 

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Selección Recursos: Riesgos nucleares

Dentro de unos días se conmemorará el 75 aniversario de los bombardeos atómicos de Hiroshima y Nagasaki (6 – 9 de agosto de 1945).

Dos bombas atómicas, la Little Boy y la Fatman mataron o condenaron a muerte a unas 246.000 personas y causaron terribles daños, ya que los efectos de la radioactividad perviven hasta hoy.

En FUHEM Ecosocial hemos recopilado una serie de artículos publicados en los 35 años de historia de nuestra revista PAPELES, que abordan los riesgos y consecuencias del uso de la energía y las armas de origen nuclear.

PAPELES nació a mediados de la década de los ochenta, una década caracterizada por el recrudecimiento de la Guerra Fría debido al incremento de la tensión entre EEUU y la URSS, el desafío de la guerra de las galaxias, los euromisiles y la amenaza nuclear.

Ya desde sus primeros números PAPELES reflejó su preocupación por temas referidos a los gastos militares, al impacto ecológico de la carrera de armamentos, la transparencia y la falta de control sobre las armas nucleares y sobre las nuevas amenazas procedentes de Irán, Corea del Norte y el enfrentamiento entre Inda y Pakistán.

Para ello, contó con la colaboración de organizaciones como: Stockholm International Peace Research Institute - SIPRICampaign for Nuclear Disarment (CND) y Greenpeace; y con autores de la talla de Vicenç Fisas Armengol, Rafael Grasa Hernández, Michael T. Klare, Manuel Ruiz Pérez, Luis Alberto Sanz, Marisa Loredo, William Arkin, José M. Martín Medem, José Carlos Lechado, Harald Müller, Nicolau Barceló, Paul C. Warnke, José María Tortosa, Ricardo Arredondo, Wade L. Huntley y Michael Spies.

La Revista PAPELES contó entre los números 58 y 74 (1996-2001) con una sección titulada: Crónica sobre No Proliferación y Desarme Nuclear, escrita por Vicente Garrido Rebolledo que durante esos años era colaborador del Centro de Investigación para la Paz - CIP de FUHEM y miembro del Programa de No-Proliferación Nuclear del Peace Research Institute of Frankfurt –PRIF.

Esta sección recogía las principales noticias y avances producidos en materia de control de armamentos nucleares, (no) proliferación e iniciativas de desarme nuclear. negociaciones para la conclusión de un Tratado de Prohibición Total de las Pruebas Nucleares (CTBT), misiones de verificación del desmantelamiento del programa de armas de destrucción masiva de Irak.

La amenaza o riesgo nuclear producto del enfrentamiento: India-Pakistán en el Sudeste Asiático y la Península Coreana en Asia Oriental.

Reflexionó acerca de las perspectivas de éxito o fracaso de los acuerdos como el Strategic Arms Reduction Treaty - START II, Tratado de Reducción de Armas Estratégicas , el Tratado para la Prohibición Total de las Pruebas Nucleares (CTBT) o la Convención para prohibir la producción de materiales fisionables con propósitos militares (Cut-off).

Los artículos incluían al final un listado de publicaciones recientes relacionadas con el tema tratado.

A partir de 2007, la nueva etapa de la revista: Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global ha reflejado los debates sobre las ventajas o inconvenientes de la utilización de energía nuclear con un diálogo entre Eduardo González y Francisco Castejón, moderado por Mónica Lara del Vigo (Papeles 100, 2007/2008)

El número 106 (2009) publica un texto de Eduard Rodríguez Ferré Y Salvador López Arnal que aborda el marco –político, económico, militar, de seguridad, de (des)información a la ciudadanía– en el que se suele mover y proyectar la industria nuclear, bajo el título El poder del lado oscuro de la fuerza. Presiones, falacias e intereses atómico-nucleares

Los mismos autores que nos hablan en 2011 sobre la catástrofe de Fukushima, dando la vuelta al lema publicitario del poderoso lobby nuclear internacional que decía que la energía nuclear, es ilimitada, limpia, barata y segura (113).

Ni es ilimitada dada las reservas internacionales de uranio; ni es limpia analizada en su conjunto; ni es barata si sumamos todas las externalidades y el inmenso pozo sin fondo que representa el tratamiento de los residuos radiactivos.

Salvador Lopez Arnal entrevista en el número 128 a Andrés Martínez Lorca sobre las secuelas de la tragedia ocurrida 1966 cuando chocaron sobre el cielo de Palomares, una aldea de la costa levantina de Almería, dos aviones militares norteamericanos, un B-52 cargado con cuatro bombas atómicas de hidrógeno y un avión nodriza KC-135 que lo abastecía de combustible en pleno vuelo. Dos bombas atómicas se rompieron e incendiaron provocando en la zona una grave contaminación de uranio y plutonio. Una tragedia de la que ni entonces, ni tampoco a lo largo de la Transición, se informó adecuadamente a la opinión pública española, ni tampoco de las secuelas que todavía afectan al terreno y a sus habitantes.

Papeles 135 recoge las preguntas que se hace el escritor sueco Henning Mankell sobre los residuos radiactivos: ¿van a ser los residuos radiactivos, el oscuro legado que nuestra Humanidad dejará a las futuras generaciones? ¿Serán los residuos nuestros agujeros negros? ¿Cuál será nuestra responsabilidad en futuros y trágicos escenarios?

Ante la gran preocupación sobre el cambio climático y sus efectos entre la población, la industria nuclear se postula como una solución a las emisiones de gases de efecto invernadero, alegando que la producción de electricidad a partir de la energía nuclear está libre de emisiones de CO2. Xavier Bohigas en su artículo Centrales nucleares, emisiones de CO2 y cambio climático (Papeles 138) comenta diversos estudios que muestran que la energía nuclear no está exenta de emisiones de CO2, tanto si analizamos todo el ciclo de vida de una central nuclear, como si nos restringimos a la fabricación del combustible nuclear.

La energía nuclear no es una alternativa para mitigar el cambio climático, pues tiene enormes inconvenientes en comparación con la opción de las energías renovables.

A través de dos artículos aparecidos en los números 135 y 140, José Ramón Barrueco analiza las consecuencias medioambientales del conflicto generado en Salamanca, en pleno corazón de la dehesa, en la que ha fijado sus intereses una empresa de origen australiano que pretende explotar una mina de uranio.

Los textos revisan los avances y avatares de la resistencia de la Plataforma Stop Uranio y otros agentes de Retortillo (Salamanca) y alrededores, donde se ubica este proyecto (aún sin aprobar) de la empresa Berkeley Minera España, que ya ha causado cuantiosos impactos ecológicos y sociales en la zona.

En una nueva entrevista de Salvador López Arnal esta vez a Miguel Muñiz Gutiérrez sobre la industria atómica y la lucha antinuclear, se exponen diversos motivos para rechazar la energía nuclear:

  • Los impactos en la salud de la contaminación radiactiva que emite el funcionamiento cotidiano de cualquier reactor atómico, al emitir más de 40 tipos de elementos radiactivos. Como esa radiactividad va al medio ambiente, tiene la posibilidad de entrar en el organismo a través de los alimentos o el agua.
  • Seguridad: basta recordar Chernóbil en 1986 y Fukushima. Catástrofes irreversibles a escala humana, porque han dejado su huella en todo el planeta.
  • Los residuos radiactivos: residuos con los que no se sabe qué hacer, muchos de ellos con una actividad de cientos de miles de años, en los que serán peligrosos y que son una herencia envenenada de esta era que ya denominamos el Antropoceno.
  • La vinculación de la industria nuclear civil y militar, no solo por las bombas de uranio, plutonio o hidrógeno, sino sobre todo por los proyectiles de munición de uranio empobrecido; unos proyectiles que se están usando en todas las guerras que han estallado desde 1991, que se usan para perforar blindajes. Unos proyectiles que cuando explotan contaminan con radiactividad, y para muchos años, los lugares en que han explotado, provocando enfermedades en la población

Por último, queremos destacar el artículo de Tica Font para Papeles 149 que bajo el título: Utopía y Antropoceno: críticas y respuestas al reto nuclear, la autora habla sobre cómo el reto nuclear se compone de encontrar una respuesta al almacenaje de los residuos y afrontar el elevado número de armas nucleares existentes.

Reto de los residuos nucleares

Este reto tiene dos procedencias, los residuos de la industria nuclear, en concreto para la producción de energía, y los residuos procedentes de las pruebas de armas nucleares. El legado nuclear que la industria de este sector ha acumulado a lo largo del siglo XX y que dejamos para la vida futura es un problema con importantes repercusiones económicas, ambientales y sociales.

Según la Organización Internacional de la Energía Atómica (OIEA), actualmente hay más de 370.000 toneladas de residuos, de ellas 250.000 toneladas son de combustible nuclear almacenadas y 120.000 toneladas de combustible nuclear gastado reprocesado, a las que habrá que añadir las procedentes de cientos de instalaciones en vías de desmantelamiento.

El 98% de estos residuos provienen de centrales nucleares, el resto provienen de hospitales, centros de investigación, centros de producción de isotopos o de instalaciones militares (fábricas de armas o el combustible para reactores de propulsión de submarinos)

La construcción de cualquier forma de almacenamiento tiene unos requerimientos tan singulares que todavía hoy en día no se ha encontrado una solución técnica y segura al almacenamiento de estos residuos.

En definitiva, no hay ninguna propuesta que demuestre que los residuos de alta actividad se vayan a mantener aislados del entorno durante decenas de millones de años. Por eso, «dada la escala de tiempo de la que hablamos, hay que tomarse un tiempo para decidir qué hacemos con este legado de residuos nucleares»

Capacidades nucleares existentes

En el mundo tenemos 14.465 armas nucleares. El número de armas nucleares en el mundo ha disminuido desde el final de la Guerra Fría, en su punto más álgido hubo unas 70.300 armas, consecuencia de los tratados START I y II de reducción de los años posteriores; pero teniendo en cuenta la potencia de las armas nucleares existentes, podemos afirmar que las actuales existencias equivaldrían a100.000 explosiones como las de Hiroshima y Nagasaki.

El número de armas nucleares quedan repartidas de la siguiente manera: Rusia 6.500, Estados Unidos 6.185, Francia 300, China 290, Reino Unido 200, Pakistán150-160, India 130-140, Israel 80-90 y Corea del Norte 20-30. Como podemos ver el 88% de todas ellas están en manos de Estados Unidos y Rusia. De todas estas armas, 3.750 están operativas, es decir, están ya montadas en misiles, sea en bases terrestres o submarinos y listas para ser utilizadas de manera inmediata; el resto, están almacenadas y algunas pocas retiradas para desmantelar.

Para la autora, lo preocupante son las actuaciones unilaterales tomadas por Trump, actuaciones que están tensionando al resto de Estados nucleares, no solamente a Corea del Norte o Irán. Lo preocupante es que todo este poder destructivo está en manos de una sola persona.

El artículo también aborda la modernización de los sistemas nucleares es la introducción de la Inteligencia Artificial (IA) que puede desdibujar los límites entre la guerra convencional y la guerra nuclear, lo que puede comportar una escalada de conflictos.

El texto también da visibilidad a las iniciativas de respuesta de la sociedad civil organizada, a través de la Campaña Internacional para Abolir las Armas Nucleares (ICAN), que trabaja por impulsar un Tratado sobre Prohibición de las Armas Nucleares. ICAN agrupa a 547 ONG y desde ahí se ha impulsado, participado y presionado a los Estados para que apoyen, firmen y ratifiquen este Tratado.

La sociedad civil trabaja para crear un estado de opinión suficientemente amplio que presione moral y políticamente sobre los Estados que se resisten buscando estigmatizar el uso de estas armas y la doctrina que justifica su uso.

Las personas que habitamos este planeta necesitamos un compromiso claro, efectivo y vinculante hacia un desarme nuclear.

El reto social y medioambiental es eliminar todas las armas nucleares.

 


El mito del trabajo

El mito del trabajo: origen, evolución y perspectivas

Erik Gomez-Baggethun y José Manuel Naredo

Vivimos en una sociedad estructurada en torno al trabajo. El trabajo no es sólo el principal medio por el cual satisfacemos nuestras necesidades, sino también un importante vector de integración social y un indicador clave de estatus e identidad. En nuestra era, los edificios más altos y espectaculares ya no son iglesias, templos y catedrales para honrar a los dioses, sino rascacielos de oficinas al servicio del trabajo.

La noción de trabajo se percibe hoy como una categoría eterna y universal que tendemos a asumir acríticamente. Pero, por naturalizada que nos parezca hoy en día, la noción de trabajo no existía en otros tiempos.[1] Se consolidó allá por el siglo XVIII, junto con que la noción de producción y la propia idea sistema económico.[2]

La mayoría de las sociedades preindustriales no estaban organizadas en torno al trabajo e incluso carecían en sus idiomas de un término equiparable a la palabra trabajo. Las palabras utilizadas para expresar ideas relacionadas con lo que hoy se entiende por trabajo tenían un significado mucho más estrecho (por ejemplo, para designar actividades concretas) o mucho más amplio (que puede incluir la actitud meditativa del chamán).[3]

La antigua Grecia ofrece un buen ejemplo de una sociedad no estructurada en torno al trabajo. El relato etimológico detallado de Arendt[4] muestra que, al igual que las sociedades primitivas, los antiguos griegos no tenían una palabra que integrara la amplia gama de actividades que actualmente incluimos bajo el término «trabajo» como una categoría homogénea, como tampoco la tenían los antiguos romanos. Su vocabulario contenía una variedad de conceptos para designar diferentes actividades, sujetas a diferente valoración social. Por ejemplo, se despreciaban las tareas ordinarias y generalmente penosas (pónos) relacionadas con la subsistencia y el abastecimiento diario, que no se identificaban con la obra (ergon). Pero no era tanto la manualidad o el esfuerzo exigido por las actividades lo que llevaba a calificarlas de serviles o degradantes, como el carácter dependiente de quienes las realizaban ya fueran esclavos o asalariados.

En Roma se mantuvo ese desprecio por las actividades penosas y dependientes, lo que llevó a Cicerón a afirmar que «cuanto tenga que ver con un salario es sórdido e indigno de un hombre libre […] como también lo es el comercio de reventa».[5] Y en la Edad Media también se siguió careciendo de un término que comprendiera la gama de actividades que ahora llamamos trabajo. Además, como todavía no se había inventado la noción hoy usual de sistema económico, en el lenguaje de las sociedades primitivas, antiguas o medievales no se encuentra una clara diferenciación entre actividades productivas e improductivas, ni entre el trabajo (productivo) y el ocio (parasitario).

El trabajo como criatura de la revolución industrial y la ciencia económica

El trabajo tal como lo conocemos hoy en día es una palabra y una categoría que surgió en un contexto social e ideológico concreto: se estableció conjuntamente bajo el capitalismo industrial y bajo la eclosión de la moderna ciencia económica como disciplina independiente.[6] Se introdujo en el siglo XVIII y se consolidó un siglo más tarde a través de la codificación legal. Además, a finales del siglo XIX al XX, el trabajo (como mano de obra asalariada) se convirtió en la fuente central de supervivencia, identidad personal y movilidad social en los países industrializados.[7] Esbocemos sumariamente cómo surgió y se acabó imponiendo la ideología y la disciplina actual del trabajo.

Las alabanzas a una vida ordenada por la reglamentación monástica y militar se ajustaban a las necesidades del naciente capitalismo. El sonido de las campanas en los monasterios y de las trompetas en los campamentos y barracones, pronto sería imitado por la sirena de las fábricas que pidieron a los trabajadores que se sometieran al ritmo del proceso económico a través del reloj.[8] También hay que advertir que, en el medio rural, el ritmo de las tareas realizadas variaba mucho a lo largo del año, al verse condicionada por las estaciones y el clima, dificultando englobarlas todas bajo una categoría homogénea. Solo la reducción del peso de las tareas agrarias y el avance industrial, unidos a la capacidad de controlar el ambiente mediante iluminación y climatización artificiales, abrió la posibilidad de concebir e imponer la aplicación de un tiempo de trabajo homogéneo durante todo el año.

Ya separado de los ritmos de la naturaleza, el tiempo se convirtió en dinero, y el uso del reloj difundió la idea de “falta de tiempo”. Thompson[9] señala que, en el siglo XVI, cuando las campanas de los relojes comenzaron a sonar a intervalos regulares, el trabajo se empezó a erigir en un valor supremo.

La concepción actual del trabajo surge del capitalismo industrial y la eclosión de la moderna ciencia económica

Aunque la ética del trabajo se había ido extendiendo en siglo XVI entre la burguesía industrial y mercantil, todavía costaría mucho tiempo romper el desprecio por el trabajo asalariado presente entre los campesinos. Incluso tras la liquidación de los usos “comunes” de la tierra y el cercamiento de las fincas que dejó sin medios de vida a buena parte del campesinado en Inglaterra, se constata que llevar a los campesinos y artesanos a las fábricas resultó una tarea difícil. «A los tejedores de lana –escribe Thomson[10]– no les gustaban las fábricas: representaban primero la disciplina; la campana o sirena de la fábrica; el tiempo bajo vigilancia [...] entrar en la fábrica era pasar de ser una persona autónoma y motivada, por pobre que fuera, a ser un sirviente». Los empleadores se quejaban de que los tejedores mantuvieron el “San lunes”, la tradición del absentismo de los lunes[11], que a veces incluso extendían hasta el martes.[12] Un trabajador dispuesto a vender mano de obra al mejor postor era raro en tiempos preindustriales. Thompson señala que no es hasta mediados del siglo XIX cuando podemos vislumbrar «el tipo de trabajador templado, prudente y responsable, orgulloso de poseer un reloj».[13] El evangelio del trabajo finalmente se había impuesto.

Es en el siglo XVIII cuando fue tomando cuerpo la idea actual de trabajo, consolidando su glorificación y su institucionalización como fuente central de ingresos y estatus.[14] El trabajo apareció entonces por primera vez como una categoría homogénea, medible en unidades de tiempo o valor[15] y se identificó unívocamente con el trabajo productivo (de valor añadido) excluyendo las actividades no mercantilizadas. También se identificó unívocamente con la actividad útil, ya que el ocio se degrada a una naturaleza meramente pasiva y parasitaria, corrompiendo el significado antiguo de la palabra, que comprendía la idea de un ocio activo y creativo. El trabajo se convirtió gradualmente en el principal marcador de estatus e identidad en las sociedades industriales, así como el vector más importante para el reconocimiento y la integración de la sociedad.

En este contexto la palabra trabajo fue surgiendo y extendiéndose junto con la revolución industrial y la ideología económica dominante. Cabe afirmar que en el grueso de los países y lenguas del mundo occidental la palabra trabajo tomó sus raíces de otras que significaban tareas penosas y dependientes. «En el griego moderno la palabra doulía significa trabajo en general, como transposición directa de la palabra esclavitud en el griego antiguo, douleía, y doulos, esclavo. Al igual que en español y en francés las palabras trabajo y travail proceden de la voz latina tripalium, que designaba el potro de tres palos al que se ataban los esclavos o malhechores para infligirles castigo. También en ruso las palabras rabota –trabajo– o rabotnik –trabajador– proceden de la raíz rab –esclavo–. En ingles, la palabra labor –trabajo– es originariamente sinónimo de torment –tormento– o agony –agonía–. Y algo similar ocurre en rumano, macedonio, ucraniano, polaco, búlgaro, checo y eslovaco».[16] De esta manera, resulta en extremo paradójico que se pretenda construir una sociedad de personas libres e iguales a base de someterlas mayoritariamente a las servidumbres de un trabajo dependiente, de considerarlas mera “fuerza de trabajo” o “capital humano” a gestionar por otros, con la diferencia respecto a los propietarios de esclavos que ahora los que alquilan y utilizan el trabajo no tienen que preocuparse de cuidar, ni de amortizar a los trabajadores.

La palabra trabajo tomó sus raíces de otras que significaban tareas penosas y dependientes

Paralelamente, a medida que en el siglo XVIII se extendía la palabra trabajo y se gestaba la moderna idea de sistema económico, con la noción de producción y el afán de acrecentarla mediante el trabajo, fue cambiando también la noción de riqueza y del modo de obtenerla. Así, autores que van desde Aristóteles a Copérnico han venido afirmando que «la tierra concibe por el sol y de él queda preñada, dando a luz todos los años».[17] Sin embargo, William Petty, destacado economista del siglo XVII, estableció ya la llamada “ecuación natural” de la riqueza, en la que afirmaba que «el trabajo es el padre y la tierra la madre de la riqueza». Con lo cual un nuevo ingrediente activo y masculino, el Padre-Trabajo, vino a sustituir a las potencias celestes a la hora de fecundar a la Madre-Tierra, erigiéndose en una categoría fundamental del enfoque económico ordinario. Un paso más allá lo dieron los llamados economistas clásicos, con Adam Smith a la cabeza, atribuyendo ya al Padre-Trabajo el monopolio de la creación (de valor monetario o de cambio). En efecto, la primera frase de su famoso libro fundacional, La riqueza de las naciones (1776), afirma que «el trabajo anual de cada nación es el fondo que la surte de todas aquellas cosas necesarias y útiles para la vida». Frase cuya aceptación acrítica denota que ya se ha operado un fuerte lavado de cerebro, puesto que, entre otras cosas, el aire que respiramos…o el agua que bebemos, asociados a esos dos fenómenos consustanciales con la vida y la alimentación, que son la fotosíntesis y el intercambio iónico, poco tienen que ver con el trabajo. La teoría del valor trabajo, formulada por Smith y asumida y divulgada por Ricardo y por Marx, contribuyó a entronizar la categoría trabajo como ingrediente básico en la producción (de valor) y a afianzar la axiomática que subyace a la idea usual de sistema económico que las Cuentas Nacionales se encargan de cifrar.

Precisiones sobre el concepto de trabajo

En su significado más amplio, trabajar es «ocuparse en cualquier actividad física o mental» (según el Diccionario de la Real Academia Español de la lengua) y trabajo 1) «acción de trabajar» y 2) «ocupación retribuida». El Diccionario de Oxford del Inglés define el trabajo de forma algo más estricta como «toda actividad que implica un esfuerzo mental o físico realizado para lograr un propósito o resultado». Sin embargo, en el lenguaje económico, la noción dominante de “trabajo” tiene un significado mucho más estrecho, que viene delimitado implícitamente por la noción usual de sistema económico. Es corriente que se utilice la palabra trabajo ignorando y solapando las marcadas diferencias de significado que se observan entre la noción amplia y coloquial de trabajo y aquella mucho más estricta del enfoque económico ordinario.

Hemos de recordar por tanto que la noción de trabajo como actividad humana asociada a la actividad de producción (de valor) es un ingrediente básico de la noción usual de sistema económico[18] que a su vez contribuye a reforzar la noción de trabajo al atribuirle funciones productivas (de valor). La categoría trabajo así definida es un objeto teórico. Es decir, que al igual que la de los objetos económicos, es una categoría que viene definida implícitamente por el sistema económico, ya que registra solo aquellas actividades humanas asociadas al proceso llamado de producción, que se supone infunde valor a los objetos económicos. De ahí que esta categoría de trabajo sea más restringida que la acepción coloquial del término y que los contables nacionales se vean obligados a delimitar el contenido de los agregados velando por la coherencia de la representación contable de la idea admitida de sistema económico, cuando exigen una estricta correspondencia entre producción y trabajo y, por ende, dejan de contabilizar como trabajo aquellas actividades que no consideran productivas (de valor), como ocurre, por ejemplo, con las tareas domésticas y de cuidados no retribuidas.

Estas actividades, al no infundir valor monetario a ningún objeto económico, no computan ni como trabajo, ni como producción, ni como consumo. Por el contrario, las metodologías al uso de las contabilidades nacionales han acordado dar a la actividad remunerada de los funcionarios el tratamiento de trabajo, incluyendo también en los agregados de producción y de consumo el valor añadido imputado de estos “servicios no destinados a la venta”, que se valoran simplemente por el sueldo que cobran los funcionarios. En uno y otro caso se trata de preservar la coherencia lógica del sistema manteniendo las correspondencias biunívocas antes mencionadas entre trabajo, producción y consumo (presente o diferido).[19] El aire que respiramos ni se produce ni se consume ni, por supuesto, respirar es trabajo. Como tampoco lo es escribir un artículo, correr, conducir, mover o clasificar objetos, dar patadas a un balón, cocinar, limpiar, cuidar personas, animales o plantas… si no tienen una contrapartida monetaria o monetizable. Sólo si esta contrapartida existe, las actividades pasan a convertirse en trabajos que producen “bienes y servicios”. En suma, que la noción de trabajo así definida forma parte de las categorías constitutivas de la noción usual de sistema económico que se inventó en el siglo XVIII y se consolidó después haciendo creer que se trata de algo objetivo y universal.

Este proceso contribuyó a entronizar la metáfora absoluta de la producción (es decir en, una metáfora que transfiere ideología en cuestiones relevantes sin respaldo lógico ni empírico alguno) y la correspondiente noción de trabajo, noción que al estar asociada a una contrapartida o producto monetario o monetizable deja fuera cantidad de actividades que coloquialmente podrían ser calificadas de trabajo y que pueden ser muy importantes, pero que permanecen así invisibilizadas o ninguneadas por el enfoque económico dominante. Y cuando una red analítica deja escapar aspectos inestudiados caben dos posibilidades: estirar esa misma red para atrapar elementos que quedaban fuera o usar otras redes y enfoques más adecuados, siendo en el caso que nos ocupa esta segunda opción la más fructífera. Porque, por ejemplo, en el caso de las tareas domésticas o de cuidados no retribuidas, no parece que se haría mucha justicia incluyéndolas como producción y consumo de servicios a costa de mercantilizarlas y minusvalorarlas, al imputarles para ello el salario miserable del trabajo doméstico. En vez de minusvalorarlas de esa manera, sería mejor visibilizarlas estudiando el tiempo destinado a cada una de ellas, así como la utilidad social o el sentimiento y la motivación individual de quienes las ejercen (viendo si son obligadas o libres, penosas o placenteras…). También habría que revisar en que medida el “tiempo libre” está plagado de servidumbres que las empresas, administraciones o familias han venido cargando sobre determinadas personas, dando lugar a eso que Illich llamó “trabajo sombra”[20]… o está sometido a los dictados de la “sociedad de consumo”. Esta sería la manera de visibilizar aspectos y dimensiones que ocultan los enfoques económicos dominantes de la producción y del trabajo.

 Crisis de la noción de trabajo

Hemos visto que el contexto social e ideológico marcado por la sociedad industrial y la idea usual de sistema económico aportó el caldo de cultivo adecuado para que la noción de trabajo pudiera prosperar. Pero este contexto fue cambiando y durante las últimas décadas asistimos a una crisis de la noción de trabajo tal y como se ha venido entendiendo en el último siglo en el seno de las sociedades industriales. El peso de las actividades agrarias e industriales fue decayendo en favor de “los servicios”, la metáfora de la producción fue perdiendo capacidad explicativa ante la eclosión de nuevas formas de adquisición de riqueza ajenas al PIB[21], y hasta la propia noción de trabajo se ha ido resquebrajando, pues las relaciones laborales se modificaron, los trabajadores asalariados se fueron reconvirtiendo en falsos autónomos y/o emprendedores y el “trabajo sombra” fue invadiendo el llamado tiempo libre, a la vez que el ocio se sometía cada vez más a las servidumbres de la sociedad de consumo.

La “creación de valor” que realizan las principales empresas tiene hoy más que ver con la emisión de activos financieros y la compraventa de bienes patrimoniales que con el trabajo destinado a la fabricación y venta de mercancías, generando un proceso de acumulación de capital cada vez más desvinculado del trabajo por varias razones. La creciente automatización, no sólo ahorra trabajo, sino que cambia la naturaleza de los procesos y la función de los trabajadores: convierte a los antiguos obreros de las fábricas en meros vigilantes de máquinas mantenidas y reparadas por especialistas, que suelen depender de otras empresas que venden esos servicios. A este fraccionamiento de tareas se añade la posibilidad que ofrecen los actuales medios informáticos de ejercer múltiples actividades sin necesidad de “acudir al trabajo”, diluyendo así la propia jornada y tiempo presencial de trabajo, como bien ha ilustrado la eclosión de “trabajo virtual” practicado durante la reciente pandemia de la COVID-19. Asimismo, las tecnologías digitales y la generalización en el uso de los medios sociales han desconfigurado las tradicionales líneas divisorias entre trabajo y ocio, convirtiéndonos en “trabajadores digitales” para las grandes corporaciones tecnológicas. Nuestra jornada laboral comienza en el momento que encendemos nuestros móviles, nos conectamos a internet y empezamos a generar datos aportando tiempo de “trabajo digital” que las empresas tecnológicas convierten en capital.[22]

Por otra, se acusa el fraccionamiento ocasionado por la deslocalización de procesos desde las antiguas metrópolis industriales hacia el resto del mundo, recurriendo luego al transporte y la logística para unir las piezas a ensamblar y embalar y distribuir los productos a vender. Con lo que las empresas transnacionales han organizado la mismísima creación de valor derivada de la fabricación y venta de mercancías en redes que alcanzan dimensiones planetarias y que se sirven además de los paraísos fiscales para camuflar ingresos y evitar impuestos. Este nuevo contexto –en el que lucro que obtienen los grandes oligopolios empresariales de la fabricación y venta de mercancías al amparo de marcas y modas, se junta con el procedente de operaciones financieras, concesiones, reclasificaciones de terrenos u otros que les permiten obtener plusvalías o rentas de situación– hace imposible calcular la contribución de los distintos trabajadores (ya sean obreros, empleados, directivos…o “trabajadores digitales” gratuitos) a ese proceso de “creación” colectiva de valor.

La creciente automatización, no solo ahorra trabajo, sino que cambia la naturaleza de los procesos y la función de los trabajadores

En esta nueva situación la justificación productivista del trabajo decae en el mundo académico, no sólo con la economía neoclásica y su teoría subjetiva de la formación y distribución del valor, sino también con la economía crítica que recurre a otros instrumentos para romper el reduccionismo del enfoque económico habitual. Por una parte, la economía institucional percibe la distribución del valor generado en el proceso económico como un juego de poder favorable al empresariado, cuyas imposiciones son corregibles por instituciones como el salario mínimo, los convenios reguladores… o la renta básica universal. Por otra, la economía ecológica pide a gritos volver a conectar el análisis de los procesos económicos con el mundo físico y social en el que se desenvuelven, adoptando enfoques transdisciplinares y multidimensionales que también tienen que ver con la distribución. Por ejemplo, la denominada Regla del Notario[23] subraya que la valoración de procesos y trabajos suele variar en sentido inverso al coste físico y a la penosidad de los mismos: es decir que los procesos con mayor coste físico y los trabajos más penosos suelen ser los menos remunerados. Se traslada así al mundo del capital y del trabajo asalariado la valoración elitista de tareas propias de sociedades jerárquicas anteriores.[24]

Y el gran problema actual surge de que cuando se generalizó la necesidad de dinero para vivir y cuando, para esa mayoría de personas carentes de fortuna, el trabajo dependiente aparece como su única fuente de ingresos, esta tendencia, unida al miedo al desempleo por la automatización y deslocalización del trabajo, refuerza la posición negociadora de las empresas, afianzando las relaciones de dominación y la precarización de las condiciones de trabajo observada en los últimos decenios en los países llamados desarrollados. Lo que nos lleva a una situación paradójica: cuando, por una parte, los aumentos el paro y de la productividad física del trabajo[25] piden a gritos la reducción de la jornada laboral acompañada de medidas como el establecimiento de una renta básica universal, por otra, los poderes establecidos se resisten a satisfacer estas demandas. Para defender el statu quo se alimenta la visión de que, por fin, la sociedad industrial ha permitido a la mayoría salir de la miseria y trabajar mucho menos que antes. Pero este mito está hoy solventemente refutado por estudios antropológicos que muestran que las sociedades precapitalistas destinaban a resolver sus problemas de intendencia bastante menos tiempo del que ocupa la actual jornada laboral. Y es que, como puntualiza Marshall Sahlins, el sentimiento de escasez resulta de relacionar medios con fines y los pueblos “primitivos” estudiados por él cubrían con más facilidad sus modestas necesidades que los pobladores de las actuales “sociedades de consumo”, de ahí el provocativo título[26] –«Edad de piedra, edad de abundancia»– de su libro más más divulgado.

En lo referente al tiempo de trabajo hay que puntualizar que aumentó dramáticamente con la revolución industrial y la expansión del capitalismo, alcanzando un máximo de alrededor de 3.500 horas por año a mediados del siglo XIX[27] para luego disminuir progresivamente hasta mediados del siglo XX debido a la lucha sindical. La reducción del tiempo de trabajo llegó a concebirse entonces como el resultado inevitable de los aumentos constantes en la productividad del trabajo. Keynes (1930) predijo famosamente 15 horas de trabajo a sus nietos[28] y hasta Nixon previó una semana laboral de 4 días.[29] Sin embargo, el empoderamiento de la actual tiranía corporativa observado desde finales del siglo pasado ha invertido la situación, manteniendo una enconada oposición a la reducción de la jornada laboral y a la implantación de la renta básica. La evolución histórica descrita evidencia que este cambio de actitud responde sobre todo al afán de la actual tiranía corporativa de ampliar su poder y sus beneficios, forzando a las personas a atarse al tripalium en condiciones cada vez más precarias.

Las sociedades precapitalistas destinaban bastante menos tiempo al trabajo para cubrir sus necesidades del que ocupa la actual jornada laboral

La relativa salud de la que sigue gozando el trabajo como elemento central y vertebrador de las sociedades contemporáneas, se explica por una efectiva combinación en el uso del “palo y la zanahoria”. Así, junto a los mecanismos coercitivos que nos fuerzan a trabajar (miedo al paro, la miseria y la exclusión social), no hay que subestimar los incentivos y mecanismos culturales (consumo como fuente de placer, comodidad, ostento, y símbolo de estatus social) que empujan a grandes segmentos de la población a abrazar voluntariamente el evangelio del trabajo.[30] Sin embargo, una vez que nuestras necesidades materiales básicas han sido cubiertas (con toda la complejidad que supone definir lo que entendemos como “básico”), el trabajo como fuente de felicidad a través del consumo evoca la imagen de una rueda de hámster. En una sociedad desigual, la competición por el estatus a través del consumo no tiene fin.[31] La mercantilización y el afán de emulación desatados en las actuales “sociedades de consumo” hace que la meta de las necesidades se desplace más rápidamente que los ingresos de que dispone la mayoría de la población para alcanzarla, generando un “estado de insatisfacción crónica”. Illich llega a presentar así al homo economicus como un eslabón intermedio en la transfiguración de la naturaleza humana desde el homo sapiens hacia el homo miserabilis. «La generación que siguió a la Segunda Guerra Mundial fue testigo de este cambio de estado en la naturaleza humana desde el hombre común al hombre necesitado (needy man)».[32]

Perspectivas

Las perspectivas que ofrece la encrucijada actual oscilan entre dos extremos. El de una sociedad adquisitiva cada vez más crispada en la que se sigan dando nuevas vueltas de tuerca al aumento conjunto del paro y el trabajo compulsivo precario, del consumo y de la competitividad, a costa de la insolidaridad y la segmentación social. Situación consustancial a una sociedad que seguiría prisionera de la mitología del trabajo.  O bien, el de una sociedad más cohesionada y solidaria, con medidas de protección social que aseguren un mínimo vital y favorezcan el libre ejercicio de actividades útiles e incluso placenteras, creativas y cooperativas. Y en la que se practique una reducción consciente del dominio de la actividad mercantil y de la jornada laboral, a la vez que se reorganiza y reparte el trabajo asalariado, a fin de evitar la actual dicotomía entre el paro y el trabajo compulsivo y de corregir la acusada asimetría que hoy se observa entre la retribución y la penosidad del trabajo.  Todo ello unido a la necesidad de revisar críticamente la propia noción de “tiempo libre”, para defenderla de las servidumbres del “trabajo sombra”.

Durante las últimas décadas, los resultados de la pugna por avanzar en las dos direcciones indicadas se han venido inclinando lamentablemente en favor de la primera. No obstante, en los últimos años se observa un repunte de los debates y movimientos sociales a favor de la reducción de la jornada laboral mediante el reparto del trabajo y de la implementación de una renta básica. Las razones que motivan estas reivindicaciones incluyen la reducción de la desigualdad y el paro frente a la nueva ola de automatización del trabajo,[33] la lucha por la conciliación entre trabajo y la vida privada, comunitaria y pública,[34] y la necesidad de desactivar la carrera consumista ante la crisis ecológica y climática.[35]

Además, el debate en torno al trabajo ha ganado una fuerza renovada al calor de la crisis global desatada por la pandemia de la COVID-19 y su impacto en las relaciones laborales, creando tasas masivas de paro, dando un vuelco a las dinámicas convencionales de trabajo (por ejemplo, con el teletrabajo) y desencadenando de la noche a la mañana esquemas de renta básica como medida de contención frente a los impactos sociales y económicos de la pandemia. Esperemos que este nuevo impulso siga ganado fuerza y ayude a trascender los dogmas de la ideología económica dominante, permitiendo que la dignificación, reducción y reparto equitativo de tareas socialmente necesarias se consolide como una de las grandes luchas sociales del siglo XXI por la salud y el bienestar humano y planetario.

 

Erik Gomez-Baggethun es profesor del Departamento de Estudios Internacionales de Medio Ambiente y Desarrollo en la Universidad Noruega de Ciencias de la Vida (NMBU) y miembro del Instituto Noruego para la Investigación de la Naturaleza (NINA)

José Manuel Naredo es economista y estadístico.

Puedes descargar el artículo completo: El mito del trabajo: origen, evolución y perspectivas

 

NOTAS

[1] José Manuel Naredo, «Configuración y crisis del mito del trabajo», Scripta Nova, vol. VI, núm. 119(2), 2002; Marie-Noëlle Chamoux, «Sociétés avec et sans concept de travail», Sociologie du Travail, núm. 36, 1994, pp. 57-71.

[2] José Manuel Naredo, La economía en evolución: historia y perspectivas de las categorías básicas del pensamiento económico, Siglo XXI de España (4ª ed. actualizada), Madrid, 2015a.

[3] Dominique Méda, Le Travail. Une valeur en voie de disparition? Flammarion, Paris, 2010.

[4] Hannah Arendt, The human condition, University of Chicago Press, Chicago, 1998 [1era ed. 1958].

[5] José Manuel Naredo, op. cit., 2015a, p. 139).

[6] André Gorz, Métamorphose du travail. Critique de la raison économique, Éds. Galilé, Paris, 1988; José Manuel Naredo, op. cit., 2015a.

[7] Andrea Komlosy, Work: The last 1,000 years, Verso Books, London, 2018.

[8] Lewis Mumford, Technics and civilization, The University of Chicago Press, Chicago, 2010 [Ed. en castellano, Madrid, Alianza Ed., 1981].

[9] Edward P. Thompson, «Time, work-discipline, and industrial capitalism», Past & present, núm. 38, pp. 56-97, 1967.

[10] Edward P. Thompson, The making of the English working class, Open Road Media, 1963, pp. 337-338.

[11] Tom Hodgkinson, How to be Idle, Penguin, Londres, 2005.

[12] Frank Ackerman, The changing nature of work. Washington, DC, Island Press, 1998.

[13] Edward P. Thompson op. cit., 1963.

[14] André Gorz, op. cit., 1988.

[15] Jacques Ellul, La technique ou l'enjeu du siècle, A. Colin,  Paris, 1954 [la referencia corresponde a la edición en castellano: La edad de la técnica, Octaedro, Barcelona, 2003, p. 331].

[16] José Manuel Naredo, op. cit., 2015a, p. 142. Ref. Georges Kersaudy, G. Langues sans frontières. A la découverte des langues de l’Europe, Paris, Autremente, Paris, 2001, pp. 136-137.

[17] Nicolás Copérnico, De revolutionibus orbium coelestium, libro I, cap. X, transcripción de Thomas S. Kuhn, La revolución copernicana, Barcelona, Ariel, 1978, pp. 235-240.

[18] Véase José Manuel Naredo, op. cit., 2015a, cap.24.1 «La axiomática que preside la versión cuantitativa corriente del sistema económico y sus limitaciones».

[19] Ibídem, p. 557.

[20] Ivan Illich, Shadow Work, Marion Boyars, New Hampshire, 1981.

[21] Estudiadas en José Manuel Naredo, Taxonomía del lucro, Siglo XXI de España, Madrid, 2019.

[22] Trebor Scholz (ed.), Digital labor: The Internet as playground and factory, Routledge, 2012.

[23] José Manuel Naredo, Raíces económicas del deterioro ecológico y social, Siglo XXI, Madrid, 2015b; José Manuel Naredo, op. cit., 2019.

[24] Thorstein Veblen, The theory of the leisure class, Viking House, Nueva York, 1934 (ed. original: 1899) [Ed. en castellano, México, FCE, 1995]

[25] Por ejemplo, si usamos el sector agrario como ilustración, en la en la agricultura española por cada caloría invertida en forma de trabajo humano se obtenían 94 en productos agrícolas y ganaderos en la campaña 1950-51 y 420 en 1977-78, multiplicándose por 4,5 la productividad del trabajo humano en ese período (José Manuel Naredo, Evolución de la agricultura en España (1940-2000), Granada, Servicio de Publicaciones de la Universidad de Granada, 2004, p. 401). También se estima que la productividad del trabajo humano, calculada de esa misma manera, se ha multiplicado por 12 entre 1950 y 2008 (a partir de los datos contenidos en Manuel González de Molina et al., Historia de la agricultura española desde una perspectiva biofísica (1900-2015), Servicio de Publicaciones del Ministerio de Agricultura, Madrid, 2019,  pp. 360 y 374). Es obvio por otra parte que estos aumentos de productividad del trabajo humano se han logrado a base de inyectar en energía directa o indirecta usando medios químicos y mecánicos y poniendo en cuestión el futuro de los sistemas agrarios.

[26] De la edición francesa: Marshall Sahlins, Âge de Pierre, âge d’abondance, Gallimard, Paris, 1976,  [Ed. en castellano, Akal, Madrid, 1981].

[27] Hans-Joachim Voth, Time and work in England 1750-1830, Clarendon Press, Oxford, 2000; Juliet Schor,  The overworked American: The unexpected decline of leisure, Basic books, Nueva York, 2008.

[28] John Maynard Keynes, Economic possibilities for our grandchildren. In Essays in persuasion, Palgrave Macmillan, Londres, 2010 [1era ed., 1930], pp. 321-332.

[29] William M. Blair, «Nixon Foresees 4-Day Work Week», New York Times, 23 de septiembre de 1956.

[30] Mecanismos que coinciden en lo fundamental con los descritos por La Boetie hace siglos como base de la “servidumbre voluntaria” que soporta el despotismo (Etienne de La Boetie, Discours de la servitude volontaire, Librairie Philosophique J. Vrin, Paris, 2002 [1576]).

[31] Fred Hirsch, Social limits to growth, Routledge, 2005.

[32] Ivan Illich, I.  (1992) “Needs”, en Wolfgang Sachs , W. (eEd.), The Development Dictionary: A Guide to Knowledge as Power, Londres, Nueva Jersey: Zed Books, Londres, 1992, p. 88 [hay traducción en castellano del Centro de Aprendizaje Intercultural (CAI), Cochabamba, 1997].

[33] Ford, M. (2015). Rise of the Robots: Technology and the Threat of a Jobless Future. Basic Books.

[34] Gorz, Op.Cit. (1988).

[35] Knight, K. W., Rosa, E. A., & Schor, J. B. (2013). “Could working less reduce pressures on the environment? A cross-national panel analysis of OECD countries”, 1970–2007. Global Environmental Change, 23(4), 691-700.


Lectura Recomendada

 

Cerca de 690 millones de personas padecen hambre.

En 2019, 750 millones de personas, o casi una de cada 10 personas en el mundo, se vieron expuestas a niveles graves de inseguridad alimentaria.

2 000 millones de personas en el mundo no disponían de acceso regular a alimentos inocuos, nutritivos y suficientes en 2019.

Si continúan las tendencias recientes, el número de personas afectadas por el hambre superaría los 840 millones para 2030.

La COVID-19 puede añadir entre 83 y 132 millones de personas al número total de personas subalimentadas en el mundo en 2020.

A escala mundial, la carga de la malnutrición en todas sus formas sigue constituyendo un desafío.
Según las estimaciones actuales, en 2019 el 21,3% (144,0 millones) de los niños menores de cinco años
sufría retraso del crecimiento, el 6,9% (47,0 millones) padecía emaciación y el 5,6% (38,3 millones) tenía sobrepeso.

El último informe de FAO El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo 2020. Transformación de los sistemas alimentarios para que promuevan dietas asequibles y saludables, confirma la tendencia sobre la que se ha informado en ediciones anteriores: el número de personas afectadas por el hambre a nivel mundial ha ido aumentando lentamente desde 2014.

El informe muestra que la carga de la malnutrición en todas sus formas sigue constituyendo un desafío. Se han realizado algunos progresos en relación con el retraso del crecimiento infantil, el bajo peso al nacer y la lactancia materna exclusiva, aunque a un ritmo demasiado lento todavía. En relación con el sobrepeso infantil no se han logrado mejoras y la obesidad en adultos está aumentando en todas las regiones.

En el informe se complementa la evaluación habitual de la seguridad alimentaria y la nutrición con previsiones sobre cómo podría ser el mundo en 2030 si continúan las tendencias del último decenio. Las previsiones muestran que el mundo no está en vías de lograr el objetivo del hambre cero para 2030 y, pese a que se han realizado ciertos progresos, tampoco lleva camino de lograr las metas mundiales sobre nutrición, de acuerdo con la mayoría de los indicadores. Es probable que la seguridad alimentaria y el estado nutricional de los grupos de población más vulnerables se deterioren aún más debido a las repercusiones socioeconómicas y sanitarias de la pandemia de la enfermedad por coronavirus (COVID-19).

El mundo está avanzando, pero no lleva camino de cumplir las metas establecidas para 2025 y 2030 en relación con el retraso del crecimiento infantil y el bajo peso al nacer, y solo va por buen camino de lograr la meta de 2025 relativa a la lactancia materna exclusiva.

La inseguridad alimentaria puede empeorar la calidad de las dietas y, en consecuencia, incrementar el riesgo de diversas formas de malnutrición, lo cual puede conducir a la desnutrición, así como al sobrepeso y la obesidad.

Las dietas saludables son inasequibles para numerosas personas, especialmente la población pobre, en todas las regiones del mundo. Las estimaciones más prudentes indican que más de 3 000 millones de personas en el mundo no se pueden permitir este tipo de dietas. Se estima que, de media, las dietas saludables son cinco veces más costosas que las dietas que solo satisfacen las necesidades energéticas mediante alimentos amiláceos.

El paso a dietas saludables puede contribuir a reducir los costos sanitarios y relacionados con el cambio climático para 2030, pues los costos ocultos de estas dietas saludables son menores que los de los hábitos de consumo actuales. Se prevé que la adopción de dietas saludables dé lugar a una reducción de hasta el 97% de los costos sanitarios directos e indirectos y entre el 41% y el 74% de los costos sociales de las emisiones de gases de efecto invernadero en 2030.

 

En el informe se destaca la calidad de la dieta como vínculo decisivo entre la seguridad alimentaria y la nutrición. El cumplimiento de las metas del ODS 2 solamente será posible si las personas disponen de alimentos suficientes para comer y si lo que comen es nutritivo y asequible.

Se presenta asimismo un nuevo análisis del costo y la asequibilidad de las dietas saludables en todo el mundo, por región y en diferentes contextos de desarrollo. Igualmente se presentan valoraciones de los costos sanitarios y en relación con el cambio climático asociados a los hábitos actuales de consumo de alimentos, así como los posibles ahorros si estos hábitos se modificasen en favor de dietas saludables que incluyan consideraciones de sostenibilidad.

 

El informe concluye con un examen de las políticas y estrategias para transformar los sistemas alimentarios a fin de lograr dietas saludables asequibles, como parte de los esfuerzos necesarios para acabar tanto con el hambre como con todas las formas de malnutrición.

 

Aunque el informe completo está actualmente disponible en inglés, hay un resumen en español.

A continuación ofrecemos un video de presentación del informe en inglés.

Más información sobre el informe y acceso a otros recursos, en la web de la FAO.


Día Mundial de la Población 2020

El 11 de junio se celebra el Día Mundial de la Población.

Por este motivo traigo como recomendación de lectura el Informe del Estado de la Población Mundial 2020 del Fondo de Poblacion de Naciones Unidas -UNPF (siglas en inglés)

Bajo el título: Contra mi voluntad. Desafiar las prácticas que perjudican a las mujeres y niñas e impiden la igualdad, el UNPF quiere visibilizar situaciones de violencia contra las mujeres en todo el mundo: la mutilación genital femenina, los matrimonios forzados, y el desamparo por la condición de mujer.

Día tras día, a decenas de miles de niñas se les arrebata la salud, los derechos y la salud, los derechos y su futuro, ya que son sometidas a prácticas que les causan daños físicos o psicológicos —o ambos— con el conocimiento y el consentimiento plenos de sus familias, amigos y comunidades

Estas prácticas reducen y limitan su capacidad para participar plenamente en la sociedad y desarrollar todo su potencial. Las consecuencias se propagan por toda la sociedad y apuntalan los mismos estereotipos y la desigualdad de género que motivaron aquellos actos tan perjudiciales.

Mutilación Genital Femenina

200 millones de mujeres y niñas que viven en la actualidad se ven afectadas por la mutilación genital femenina. Se calcula que 52 millones de mujeres y niñas han sido sometidas a la mutilación genital femenina por médicos, personal de enfermería y de partería. En cualquier circunstancia, la mutilación genital femenina constituye una violación de los derechos humanos y la ética médica.

La mutilación genital femenina vulnera los derechos fundamentales de las mujeres y las niñas —a la salud, la integridad física, la ausencia de discriminación y a no sufrir un trato cruel o degradante—.

Esta práctica puede provocar lesiones físicas y psicológicas graves que se prologan a lo largo de toda la vida de la mujer. Puede llegar a matarlas.

4.1 millones de niñas y mujeres se enfrentan al riesgo de sufrir la mutilación genital femenina este año.

Matrimonio infantil

Comprometidas, entregadas, comercializadas, vendidas

La escolarización de una niña normalmente acaba en el momento en que la casan. Comienza la maternidad, las oportunidades se evaporan, las puertas del futuro se cierran de golpe.

Esta práctica nociva es impuesta por lo general a las niñas por los miembros de su familia, de su comunidad o de la sociedad en su conjunto, independientemente de si la víctima otorga su consentimiento o es capaz de otorgarlo de forma plena, libre e informada.

El matrimonio infantil está prohibido prácticamente en todo el mundo. Pero cada día se producen 33.000 a escala mundial; la práctica trasciende países, culturas, religiones y grupos étnicos.

Compradas y vendidas

El matrimonio infantil suele tener carácter transaccional, y se casa a las niñas para aliviar una carga o asegurar el compromiso de su cuidado. En el caso de la dote y el pago de una cantidad por la novia, se trata de transacciones financieras y directas.

Las dotes son abonadas por la familia de una novia al novio, en principio, para el mantenimiento de la esposa.

El precio de la novia es abonado por el novio o su familia para “comprarla”

Tales prácticas, las cuales son más habituales entre las personas pobres y con menos formación, se agravan en tiempos de crisis y desplazamientos, refuerzan el matrimonio infantil y contribuyen a su mayor prevalencia, ya que cuanto más joven sea la niña, menor será la dote o mayor el precio de la novia: una mujer más joven o una niña se considera más valiosa, ya que tiene más años por delante para la maternidad y el servicio doméstico.

Si bien estas prácticas han sido prohibidas en la mayoría de países, la aplicación resulta complicada.

 

Preferencia por los hijos varones

Desdeñada, desamparada, anulada

Cuando se valora más a los niños que a las niñas, la presión para dar a luz a un varón es abrumadora. Esta predilección puede llegar a ser tan acusada como para que las parejas no escatimen esfuerzos para que no nazca una niña o, si ya tienen una hija, no se encarguen de su salud y bienestar porque anteponen el de un hijo.

La selección del sexo con sesgo de género: la interrupción de un embarazo si el feto es de sexo femenino, la determinación y la elección del sexo antes de implantar el embrión y la clasificación de espermatozoides para la fecundación in vitro

La selección posnatal del sexo: se mide por el exceso de mortalidad entre las niñas recién nacidas y de corta edad que refleja la discriminación y el abandono continuados de las niñas

140 millones de mujeres y niñas son consideradas desaparecidas

 

 

 

 

 

 

La causa subyacente: la desigualdad de género

Las prácticas nocivas perpetúan la supremacía de los hombres y los niños sobre las mujeres y las niñas al atribuirle menor valor a estas. Pero estos daños no solo refuerzan la subordinación de la mujer, además son herramientas de control de su sexualidad y fecundidad.

Mutilación Genital Femenina

La mutilación genital femenina se basa en la creencia errónea de que mejora la fecundidad, favorece el placer sexual masculino, reprime la sexualidad femenina, mejora la higiene, evita la infidelidad, satisface las demandas de las instituciones religiosas o propicia la aceptación de la comunidad. Tiene por objeto salvaguardar la pureza, el honor y la limpieza de las niñas con el propósito de aumentar sus posibilidades de matrimonio y controlar su sexualidad.

Matrimonio infantil

El matrimonio infantil suele estar motivado por el deseo de preservar la virginidad de la niña para su marido. Muchos progenitores creen que el matrimonio precoz protegerá a sus hijas de la violencia sexual, y así depositan la responsabilidad por la seguridad de su hija en manos del marido y la familia de este. Raras veces se considera la posibilidad de que el marido sea la fuente de la violencia sexual.

Preferencia por los hijos varones

La preferencia por los hijos varones, cuando se manifiesta como selección del sexo con sesgo de género, representa también el ejercicio de las preferencias sociales y familiares en relación con la fecundidad de la mujer.


Este año marca el comienzo de una “década de acción” encaminada a alcanzar para 2030 los Objetivos de Desarrollo Sostenible, que abarcan en su meta 5.3 la eliminación de este tipo de prácticas. Si queremos conseguir nuestro propósito y proteger la integridad física de millones de mujeres y niñas en peligro, ha llegado el momento de poner todavía más empeño. Es imperativo que avancemos con más celeridad

Los gobiernos han de cumplir con su deber de salvaguardar a las mujeres y las niñas. Los tratados de derechos humanos como la Convención sobre los Derechos del Niño guían a las autoridades para que adopten “todas las medidas eficaces y apropiadas posibles para abolir las prácticas tradicionales que sean perjudiciales para la salud de los niños”.

 

 

 


Entrevista a Joaquim Sempere

Entrevistamos a Joaquim Sempere, doctor en Filosofía por la Universidad de Barcelona y licenciado en Sociología por la Universidad de París-X, aprovechando su visita a Madrid para la presentación de su libro Las cenizas de Prometeo.

¿Qué significa una buena vida, una vida de calidad en el contexto de la crisis ecosocial?

¿Qué rasgos y dimensiones tiene ese tipo de vida deseable?

¿Cómo cubrimos las necesidades humanas?

¿Cómo nos relacionamos?

¿Qué uso hacemos de los tiempos?

Santiago Álvarez Cantalapiedra entabla una conversación con Joaquim Sempere acerca de cuáles aspectos ayudan a definir una vida buena, cómo cubrimos las necesidades humanas, cómo nos relacionamos, y cómo usamos los tiempos, entre otros temas.

Según nos cuenta Sempere "la vida no es sólo supervivencia es mucho más, una vida de calidad, una vida buena realmente humana. Somos parte de la naturaleza y conectamos con ella para recuperar la noción de nuestro origen, de nuestra vida."

 

Recuperamos también unos artículos de Sempere escritos para la revista Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global:

 

La explosión de las necesidades en el marco del sistema socioeconómico

Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, núm. 102, 2008, pp. 103-109.

Durante el siglo XIX, con antecedentes que se remontan a la revolución científica europea iniciada en el siglo XVI, emerge en Europa y América del Norte un sistema socioeconómico intrínsecamente expansivo: el capitalismo industrial. A lo largo del siglo XX y XXI éste se extenderá por el resto del mundo.

¿Cuál es el origen de esta expansividad?


La relación capital-trabajo como relación de poder social

Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, núm. 108, 2009, pp. 55-64

En el modelo capitalista, el capital privado sufraga una parte de la vida del obrero que no tiene nada que ver con la esfera productiva. Cumple, por tanto, una función social, que convierte al capitalista en un gestor que goza de un importante poder para condicionar la vida de un número de personas. El capitalismo sustrae a los actores reales de la actividad económica la soberanía material sobre sus vidas: los convierte en siervos, en juguetes zarandeados por estrategias empresariales orientadas al máximo beneficio para el capital. El Estado podría –y debería– ampliar sus competencias para ofrecer siempre oportunidad de trabajo e ingreso a cualesquiera personas empleadas de empresas privadas, públicas o cooperativas lanzadas al desempleo por las fluctuaciones de la demanda.


Acotaciones sobre los orígenes del neoliberalismo

Papeles de Relaciones ecosociales y cambio global, núm. 124, 2013/14, pp. 29-36

El neoliberalismo golpea fuerte en Europa hoy, especialmente en Irlanda y los países del Sur del continente. Pero sus golpes empezaron mucho antes y alcanzan al mundo entero. Recuérdense la involución en los EEUU de Reagan y en la Gran Bretaña de Thatcher, a finales de los años setenta y comienzos de los ochenta, por no hablar del Chile de Pinochet. Más tarde se encadenaron varias crisis financieras en Asia y otras regiones del mundo como resultado de la imparable tendencia de un capitalismo desregulado a la especulación. Todo ello obedeció a un largo proceso que se remonta a mediados del siglo pasado. Pese a la abrumadora hegemonía ideológica del individualismo burgués hoy en los países del mundo euronorteamericano, la población de esos países muestra una fuerte adhesión al Estado del Bienestar. Esto significa que valores como solidaridad, ayuda mutua, bien común son ampliamente compartidos


Papel y límites de la acción intersticial en las transiciones postcarbono

Papeles de  Relaciones ecosociales y cambio global, núm. 127, 2014, pp. 91-106

La próxima transición socioecológica está llamada a romper lo que ha sido norma en el pasado: el aumento de la cantidad de energía usada, asociado aun aumento de la complejidad del sistema social. Nos enfrentamos a crecientes dificultades para imaginar una transición ordenada y organizada a gran escala. El autor aborda en este artículo los retos y potenciales limitacione q ue encaran algunas iniciativas alternativas con miras a la transición a una sociedad postcapitalista ecológicamente sostenible: las ciudades en transición y las cooperativas ecológicas, sin obviar los obstáculos que plantean en cualquier proceso transformador las condiciones socioeconómicas para la inmediata transición y la cuestión del poder


El colapso energético en la Cuba de los años 90

Papeles de Relaciones ecosociales y cambio global, núm. 140, 2017/18, pp. 13-32

Si existe un caso real de una economía industrial que haya sufrido lo más equiparable a un pico del petróleo y posterior colapso energético, ese es el de la Cuba de los años posteriores al hundimiento de la URSS. La adaptación repentina a una creciente escasez de suministros en los años noventa obligó a la economía cubana a acometer importantes reformas en el ámbito agrario y energético que para muchos han convertido a la isla en un faro de sostenibilidad, si bien se trata de un proceso con sus luces y sus sombras. El presente texto analiza el caso cubano a partir de la síntesis y el comentario de la tesis doctoral de Emilio Santiago Muiño, publicada en una versión resumida como libro por FUHEM Ecosocial con el título de Opción Cero: el reverdecimiento forzoso de la Revolución cubana.

 

Otras entrevistas

Entrevista a Joaquim Sempere, Santiago Álvarez Cantalapiedra, 2020.

Entrevista a José Manuel Naredo, José Bellver, 2020.

Entrevista a Bernardo Gutiérrez, Diego Escribano, 20219-

Entrevista a Michael T. Klare, José Bellver y Nuria del Viso,

Entrevista a Esteban Hernández, Salvador López Arnal, 2019.

Entrevista a Paul Mason, por José Bellver, 2019.

Entrevista a Javier de Lucas, por Susana Fernández Herrero, 2018.

Entrevista a Tica Font, por Susana Fernández, 2018.

Entrevista a Bernd Röttger, por Elisa Schwis, 2018.

Entrevista a Cecilia Díaz-Méndez, por Monica Di Donato, 2018.

Entrevista a Juliet Schor, por José Bellver, 2018.

Entevista a Guy Standing, por Lucía Vicent, 2018

Entrevista a Ganaderas en Red, por Monica Di Donato, 2018.

Entrevista a Stuart Wallis, por Allen White (traducido por Nuria del Viso), 2018.

Entrevista a Juan Bárcena, por Monica Di Donato, 2018.

Entrevista a Roberta Sonnino, por Monica Di Donato y José Luis López Casadevante, 2017.

Entrevista a Rafael Díaz Salazar, por Salvador López Arnal (2017).

Entrevista a Randall Wrey, por Lucía Vicent y José Bellver (2017).

Entrevista a José Luis Moreno Pestaña, por Monica Di Donato (2017).

Entrevista a Mª Eugenia Rodríguez Palop, por Nuria del Viso (2017).

Entrevista a Ada Colau, por Nuria del Viso (2017).

Entrevista a Joaquim Sempere, por Nuria del Viso (2017).

Entrevista a Albert Sanfeliu, por Clara Senent y Carlos Saavedra (2016).

Entrevista a Alfredo Caro-Maldonado, por Salvador López Arnal (2016).

Entrevista a Miguel Ángel Soto, por Monica Di Donato (2016).

Entrevista a Jesús Núñez Villaverde, por Nuria del Viso (2016).

Entrevista a Carme Valls Llobet, por Nuria del Viso (2016).

Entrevista a Miguel Candel, por Salvador López Arnal (2015).

Entrevista a Bill McKibben, por José Bellver (2015).

Entrevista a Yanis Varoufakis, por Nick Buxton (2015).

Entrevista a Mario Espinoza Pino, por Salvador López Arnal (2015).

Entrevista a Richard Heinberg, por Luis González Reyes (2015).

Entrevista a Renzo Llorente, por Salvador López Arnal (2015).

Entrevista a Eduardo Garzón, por Salvador López Arnal (2015).

Entrevista a Fefa Vila y Begoña Pernas, por FUHEM Ecosocial (2015).

Entrevista a Marina Subirats, por Nuria del Viso (2015).

Entrevista a Javier de Lucas, por Nuria del Viso (2014).

Entrevista a Cristina Carrasco, por Olga Abasolo y Lucía Vicent (2014).

Entrevista a Gérard Duménil y Dominique Lévy, por Bruno Tinel (2014).

Conversación con Manfred Max-Neef, por Santiago Álvarez Cantalapiedra (2014).

Entrevista a Michael Löwy, por Rafael Díaz Salazar (2014).

Entrevista a Antonio Elizalde Hevia, por José Luis Fernández Casadevante (2014).

Entrevista a Silvia Federici, por Tesa Echeverria y Andrew Sernatinguer (2014).

Entrevista a Marta Antonelli y Francesca Greco, por Monica Di Donato (2013).

Entrevista a Alberto Magnaghi, por José Luis Fernández Casadevante y Nerea Morán Alonso (2013).

Entrevista a Igor Sádaba, por Olga Abasolo (2013).

Entrevista a Giuseppe De Marzo, por Nuria del Viso (2013).

Entrevista a Rafaela Pimentel, por Lucía Vicent (2013).

Entrevista a Mar Nuñez, por Olga Abasolo (2013).

Entrevista a Daouda Thiam. Con testimonio de Sini Sarry, por Nuria del Viso (2013).

Entrevista a Rafael Poch-de-Feliu, por Salvador López Arnal (2013).

Entrevista a Endika Zulueta, por Equipo FUHEM Ecosocial (2013).

Entrevista a Sabino Ormazabal, por José Luis Fernández Casadevante (2013).

Entrevista a Susan George, por Nuria del Viso (2013).

Entrevista a Jorge Riechmann, por Salvador López Arnal (2012).

Entrevista a Antonio Turiel, por Santiago Álvarez Cantalapiedra (2012).

Entrevista a Raúl Zibechi, por José Luis Fernández Casadevante (2012).

Entrevista a Carlo Petrini, por Monica Di Donato (2012).

Entrevista a Rafael Feito, por Santiago Álvarez Cantalapiedra (2012).

Entrevista a Eduardo Gudynas, por Nuria del Viso (2012).

Entrevista a Mbuyi Kabunda, por Nuria del Viso (2012).

Entrevista a Rafael Poch-de-Feliu, por Salvador López Arnal (2012).

Entrevista a Carlos Martín Beristain, por Nuria del Viso (2012).

Entrevista a Chatherine W. de Wenden, por Antonio Izquierdo (2012).

Entrevista a Eduard Rodríguez Farré, por Salvador López Arnal (2012).

Entrevista a Saturnino "Jun" Borras, por Nuria del Viso (2011).

Entrevista a Harald Welzer, por Nuria del Viso (2011).

Entrevista a Loretta Napoleoni, por Nuria del Viso (2011).

Entrevista a Bonnie Campbell, por Nuria del Viso (2011).

Entrevista a Samuel Ruiz, por Cristina Ávila-Zesatti (2011).

Entrevista a Danielle Nierenberg, por Monica Di Donato (2011).

Entrevista a Antonio Ruiz de Elvira, por Monica Di Donato (2011).

Entrevista a Karen Marón, por Santiago Álvarez Cantalapiedra (2011).

Entrevista a Víctor M. Toledo, por Monica Di Donato (2010).

Entrevista a Narciso Barrera-Bassols, por Monica Di Donato (2010).

Entrevista a Juan Carlos Gimeno, por Monica Di Donato (2010).

Entrevista a Juan Gutiérrez, por Amador Fernández-Savater (2010).

Entrevista a Pepe Beunza, por José Luis Fernández Casadevante y Alfredo Ramos (2010).

Entrevista a Emilio Lledó, por Olga Abasolo (2010).

Entrevista a Juan Andrade, por Salvador López Arnal (2010).

Entrevista a Miguel Manzanera Salavert, por Salvador López Arnal (2010).

Entrevista a Eduard Rodríguez Farré, por Salvador López Arnal (2010).

Entrevista a Silvia L. Gil, por Salvador López Arnal (2010).

Entrevista a Miguel Ángel Rodríguez Arias, por Salvador López Arnal (2010).

Entrevista a Pablo de Greiff, por José Luis F. Casadevante y Alfredo Ramos (2010).

Entrevista a Serge Latouche, por Monica Di Donato (2009).

Entrevista a Alberto Acosta, por Matthieu Le Quang (2009).

Entrevista a Gerardo Pisarello, por Salvador López Arnal (2009).

Entrevista a José Luis Gordillo, por Salvador López Arnal (2009).

Entrevista a Francisco Fernández Buey, por Nuria del Viso (2009).

Entrevista a Paul Nicholson, por Nuria del Viso (2009).

Entrevista a Alfredo Embid, por Salvador López Arnal (2009).

Entrevista a Miquel Porta Serra, por Salvador López Arnal (2009).

Entrevista a Rafael Feito, por Salvador López Arnal (2009).

Entrevista a Ignacio Perrotini Hernández, por Salvador López Arnal (2009).

Entrevista a Joan Martínez Alier, por Monica Di Donato (2009).

Entrevista a Federico Aguilera Klink, por Salvador López Arnal ( 2008).

Entrevista a Sergio Ulgiati, por Monica Di Donato (2008).

Entrevista a Arcadi Oliveres, por Nuria del Viso (2008).

Entrevista a Ramón Fernández Durán, por Nuria del Viso (2008).

Entrevista a Antonio Elizalde, por Nuria del Viso (2008).

Entrevista a Jorge Riechmann, por Nuria del Viso (2008).

Entrevista a Rodolfo Stavenhagen, por Nieves Zúñiga (2008).

Entrevista a Saskia Sassen, por Nieves Zúñiga (2007).

 


PAPELES celebra su 35 cumpleaños

PAPELES en sus 35 años: vocación y función de una revista crítica

Ángel Martínez González-Tablas

PAPELES nació en 1985 cuando la transición española daba, con todas sus ambigüedades y contradicciones, los primeros pasos: la democracia iniciaba su andadura marcada por la dureza de una reconversión económica llevada a cabo con criterios de realismo capitalista, planeaba la sombra del referéndum de la OTAN, se empezaba a constatar lo que significaba la transición pactada con los sostenedores de la dictadura y crecía un entorno ominoso alrededor del terrorismo de ETA, mientras en el ámbito mundial, con el desafío de la guerra de las galaxias, los euromisiles y la amenaza nuclear, se vivía el auge del movimiento pacifista en la última fase de la guerra fría,.

Fue entonces cuando FUHEM promovió una iniciativa pionera en España, el Centro de Investigación para la Paz (CIP), que desde sus inicios estuvo impregnado por una concepción amplia de su enunciado. En este marco nació la revista y a ese periodo corresponde su primera etapa, que duró hasta 1993 y en la que se publicaron, con distintos formatos, cuarenta y nueve números bajo el nombre de Papeles para la paz.

En la segunda etapa –entre 1994 y 1997, números 50 a 60- se hacen más explícitos, ya bajo el formato actual, los elementos de una mirada compleja y el título pasa a ser Papeles de cuestiones internacionales de paz, ecología y desarrollo.

La tercera tiene de paréntesis, el contenido queda en la penumbra y lo adjetivo se hace sustantivo, publicándose entre 1997 y 2007 los números 61 a 98, bajo el título de Papeles de cuestiones internacionales.

La cuarta –desde el número 99 publicado en 2007 hasta la actualidad- reconecta, bajo el nombre de Papeles de relaciones ecosociales y cambio global, con la interpretación extensa de la paz enunciada en 1994, pero formulándola en los términos propios de una época muy distinta de la que vio el nacimiento de la revista. Al igual que veinte años antes fue pionera en la investigación para la paz, vuelve a serlo ahora al delimitar la problemática ecosocial – la articulación de sostenibilidad medioambiental, cohesión social y calidad democrática-  como el campo en el que se dilucida el signo de los nuevos tiempos.

Papeles, sin ser una revista de actualidad, nunca a lo largo de su historia ha dado la espalda a la realidad, su alimento ha sido siempre lo que acontecía y su evolución ha sido fiel reflejo de los cambios acaecidos. Por ello, siendo una revista de pensamiento crítico en el ámbito de las ciencias sociales, pocas veces se ha dejado seducir por los cantos de sirena de la elucubración abstracta, especulativa y desiderativa.

Ahí están como muestra los debates de la paz, el referéndum de la OTAN, el desarme en la “era del exterminismo”, el despegue de la conciencia ecologista, la reconfiguración del orden mundial tras la desaparición de la URSS, la globalización y los cambios en el capitalismo hasta el momento actual, en el que priman las diferentes manifestaciones de la crisis ecosocial en que estamos inmersos y el análisis de las profundas amenazas que nos esperan si no somos capaces de abordar a tiempo un cambio global.

En el terreno personal, dan testimonio de esta trayectoria los sucesivos equipos directivos de la revista, sus Consejos de Redacción y Asesores, los autores que han escrito en sus páginas, los lectores que han sido su razón de ser y los patronatos de la FUHEM que a lo largo de estos treinta y cinco años han respaldado el proyecto. Papeles es una experiencia más excepcional de lo que nos gustaría en el panorama español, fruto de la interacción de todos estos componentes, una revista con perfil propio que ha sobrevivido a los avatares del trayecto sin, a la postre, perder identidad, capaz de mirar con responsabilidad al futuro complejo e incierto de nuestro tiempo.

Aunque la invitación del director de la revista a que, una persona que estuvo presente en su nacimiento y que sigue vinculado a la FUHEM, escriba la Introducción a este número 150 tiene mucho de reconocimiento simbólico a los que desde posiciones no siempre visibles la han hecho posible, objetivamente es también una oportunidad para reflexionar con libertad y sin ambages sobre sus rasgos de identidad y sobre las que deberían ser sus aspiraciones.

Es inevitable que al optar por unos contenidos, un perfil y unos destinatarios la revista renuncie a otras posibilidades que serían legítimas. No se puede querer todo a la vez. Lo que, en cambio, se le puede pedir, incluso exigir, es que sea coherente con el propósito que enuncia y que lo persiga sin concesiones. Su contenido puede ser susceptible de lecturas diversas, pero su intención y sus principios no deben ser ambiguos. Y seguirlos en los términos en los que se enuncian es un compromiso público.

En tiempos digitales, de redes sociales, fakenews y confusión, en la España diversa de una Europa difícil, debe ser pleno el desarrollo de nuestra condición de revista de pensamiento ecosocial, lo cual implica radicalmente crítico, desde una independencia real y profunda. Sin que la renuncia a la intervención política directa implique desatención a los actores sociales, al trabajo en red y a la interacción con enfoques afines.

En los temas que aborda, la revista tiene que ser una plataforma privilegiada sobre los problemas reales del mundo y de nuestras sociedades, tratados sin sectarismo de escuela o enfoque. Tiene que ocuparse con rigor de los que están en el debate público, analizar con escrupulosidad los que tienden a ser percibidos de forma sesgada, aflorar los que, subyaciendo, no tienen suficiente cobertura, conectar en tiempo real, en una época plagada de ruidos, con el mejor conocimiento científico.

Para conseguirlo tendrá que perseverar sin descanso en el complicado equilibrio entre rigor y accesibilidad. No se trata de asumir las exigencias formales de las publicaciones académicas, pero sí las del saber y la intelectualidad más seria, la que se ancla en la realidad, sin renunciar en todos y cada uno de los materiales que publica al nivel de calidad exigible a una publicación de prestigio y referencia, aceptando el reto de expresar las cosas de forma tan comprensible como sea posible.

Además, tiene que aceptar el desafío -inherente a una formulación que no es fácil de comunicar, que no va a favor de moda o corriente, pero que tiene espacio y función social- de estar presente y tener influencia, de construir y cultivar un entorno social vivo que, de una u otra forma, se sienta y sea partícipe.

No siendo una revista para convencidos, ni para quienes aspiran a encontrar un enfoque con respuesta para todos los interrogantes, Papeles tiene ante sí una doble prueba que le debe permitir contrastar en qué medida está avanzando en la función que pretende. De un lado, conseguir una interacción rica con el entorno más próximo: los autores que escriben en sus páginas, los miles de alumnos que se educan en los colegios de Fuhem, las familias que confían la formación de sus miembros más jóvenes a una institución con un proyecto del que la revista es expresión, los trabajadores y colaboradores de la Fundación; si estos colectivos no la conocen y no la hacen suya no es verosímil que vayan a hacerlo quienes están más alejados. De otro lado, Papeles tiene que lograr que sea excepción quién conociéndola no esté interesado en seguirla como fuente imprescindible de información, aunque lo haga desde la discrepancia. Asumamos sencillamente este doble baremo, como una prueba del algodón, con todas sus consecuencias.

En fin, aceptemos como hipótesis de trabajo que lo expuesto es a lo que aspirarían tantos que estuvieron en los orígenes y han estado en el desarrollo de Papeles. Gracias al director de la revista por poder expresarlo en este treinta y cinco aniversario que celebra su número 150. Se trata de recoger el guante.

 

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Ángel Martínez González-Tablas es expresidente y patrono de FUHEM

 

 

 

 

 


Mundo rural en tiempos de pandemia

El mundo rural y su función dentro de los escenarios que abre esta “nueva normalidad” es determinante: en el ámbito agroalimentario, sanitario, en su relación con la ciudad, frente a la posibilidad de posibles rebrotes, etc. Por esa razón, los primeros días en los que empezábamos la desescalada, decidimos realizar esta entrevista y trasladar nuestras dudas a expertos y expertas con el objetivo de destacar los elementos claves que han emergido durante la pandemia y los posibles escenarios que se presentan para el futuro del mundo rural.

Así, hemos hablado con María Sánchez, Luis del Romero, Yayo Herrero y Gustavo Duch y con ellos y ellas hemos realizado un:

Análisis de la situación: ¿Qué ha pasado en el mundo rural con la pandemia?

La emergencia sanitaria provocada por la COVID-19 ha amplificado los problemas ya existentes en la España rural vaciada, y provocado toda una serie de contradicciones y sinsentidos peligrosos fruto de un “modelo” de confinamiento pensado desde y para el mundo urbano (que parece ser casi la única perspectiva con la cual se mira “al mundo”). En este sentido, nos han contado los elementos sobre los cuales pondrían más la atención.

Construcción de escenarios: ¿Qué pasará en el mundo rural tras la pandemia?

Al mismo tiempo, esta pandemia ha dejado claro que vamos a enfrentarnos a escenarios muy inciertos que podrían chocar con el funcionamiento del mundo urbano (alta densidad de población, intensa movilidad, espacios reducidos, etc.). Quizás esta pandemia está siendo la oportunidad para tomar conciencia del mundo rural y apoyar su revalorización. En ese sentido, ¿puede existir un peligro de “comercialización” del mundo rural en lugar de un entendimiento real de sus necesidades y rasgos productivos? En otros términos, ¿se amplía el riesgo de que los intereses del mundo urbano primen una vez más sobre la vocación y desarrollo de un mundo rural muy golpeado?

Los escenarios inciertos y difíciles que nos vamos a encontrar tras la pandemia, hacen necesaria una reflexión seria y desde diferentes perspectivas sobre el papel y el futuro del mundo rural.

  1. Además, te recordamos que, si te interesan estas reflexiones y quieres seguir profundizando sobre el tema, no dejes de leer: Un panel de seis expertas y expertos reflexiona sobre la España rural vaciada y degradada. Diálogo entre Elisa Oteros-Rozas, Luis Camarero, Virginia Hernández, Sergio del Molino, Lucía López Marco y Valentín Cabero, publicado en el número 147 de nuestra revista Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, dedicado a las Periferias: nuevas geografías del malesta.

 

https://www.youtube.com/watch?v=i1EFgAM1eKM&feature=youtu.be


Día Mundial de los Refugiados: Selección de recursos

 

79,5 millones de personas se encontraban desplazadas al final del año 2019

Cada minuto, veinticuatro personas lo dejan todo para huir de la guerra, la persecución o el terror.

El desplazamiento forzado casi se ha duplicado desde 2010 (41 millones entonces frente a 79,5 millones ahora).

El 80 por ciento de las personas desplazadas del mundo se encuentran en países o territorios afectados por inseguridad alimentaria aguda y desnutrición, muchos de ellos son países que enfrentan riesgos climáticos y de desastres naturales.

Más de las tres cuartas partes de los refugiados del mundo (el 77 por ciento) están atrapados en situaciones de desplazamiento prolongado, por ejemplo, la situación en Afganistán, ahora en su quinta década.

Más de ocho de cada 10 refugiados (el 85 por ciento) se encuentran en países en desarrollo, generalmente un país vecino del que huyeron. En 2018 el 84% vivían en países empobrecidos.

28 millones de niños han sido obligados a huir de sus hogares por conflictos armados. otros 20 millones de niños han migrado por otras causas. Casi 50 millones de niños desarraigados, migrantes, lejos de sus hogares.


En 2001 las Naciones Unidas declararon el 20 de junio como Día Mundial de las Personas Refugiadas, cuyo objetivo era rescatar del olvido la dramática situación que viven millones de personas desarraigadas entre refugiados, apátridas, desplazados internos y solicitantes de asilo que actualmente hay en el mundo.

Recogemos hoy una selección de recursos que abordan la situación de los refugiados en el mundo, las causas de estos desplazamientos forzados y la posibilidad de retorno.

ACNUR

Informe tendencias globales 2020

El informe anual de ACNUR Tendencias Globales, presentado hace dos días muestra que un número sin precedentes de 79,5 millones de personas estaban desplazadas a fines de 2019. Es la cifra más alta jamás registrada por ACNUR.

El informe también señala que disminuyeron las posibilidades para las personas refugiadas que esperan en una solución rápida de su difícil situación. En la década de 1990, un promedio de 1,5 millones de refugiados pudieron regresar a sus hogares cada año. Durante la última década, ese número se ha reducido a alrededor de 385.000 personas, lo que significa que el aumento en el desplazamiento hoy supera ampliamente las soluciones.

El informe Tendencias Globales de ACNUR muestra que de los 79,5 millones de personas que se encontraban desplazadas al final del año pasado, 45,7 millones eran personas que habían huido a otras áreas de sus propios países. El resto eran personas desplazadas en otros lugares, 4,2 millones de ellas esperaban el resultado de sus solicitudes de asilo, mientras que 29,6 millones eran refugiados y otras personas que se habían visto obligadas a desplazarse fuera de su país.

 

CEAR - Comisión Española de Ayuda al Refugiado

Las personas refugiadas en España y Europa. Informe 2020

El decimoctavo Informe anual de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR), presentado ayer, analiza la situación de las personas refugiadas en el mundo, en la Unión Europea y, principalmente, en España.

Un año más, se han alcanzado cifras de desplazamiento forzado sin precedentes a escala global: en 2018 se produjo un aumento de 2,3 millones de personas desplazadas respecto al año anterior y se alcanzó la cifra de 70,8 millones.

El incremento acelerado que se ha producido en el último lustro plantea importantes retos a los que la comunidad internacional debe ofrecer respuesta. Uno de ellos es la efectividad del principio de responsabilidad compartida, a fin de aliviar la situación de los principales países de acogida, los más próximos a los de origen de las personas refugiadas y que actualmente albergan a la mayoría de estas.

Siria, Palestina, Afganistán, Sudán del Sur y Myanmar son los principales países de origen de las personas refugiadas; Colombia es el que tiene un mayor número de personas desplazadas dentro de sus fronteras y Venezuela el que suma más nuevos solicitantes de protección internacional.

Este escenario se ha visto afectado por la crisis sanitaria y económica originada por la COVID-19. En este contexto, CEAR ha transmitido diversas recomendaciones y propuestas a las autoridades para que se garanticen los derechos de las personas migrantes, solicitantes de asilo y refugiadas y se avance en el reconocimiento de los mismos.

FUHEM Ecosocial

Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global

Migraciones forzadas

La responsabilidad de Occidente en las causas que dan origen a este fenómeno, tanto en los conflictos armados actuales, como en los procesos de expulsión por destrucción de hábitat, pone en evidencia la insuficiente respuesta ofrecida y el continuado incumplimiento de los compromisos adquiridos.

Santiago Álvarez Cantalapiedra, director de FUHEM Ecosocial, abre el número con una introducción sobre las causas, responsabilidades y respuestas de los desplazamientos forzosos. La llamada «crisis de los refugiados» es un nuevo ejemplo de cómo las políticas migratorias y de asilo están desafiando en Europa los fundamentos de la democracia: a la ausencia de mecanismos comunitarios de acogida a quienes arriban desesperados a las costas europeas y a las vulneraciones de los derechos humanos de los migrantes y refugiados en el territorio de la UE.

Los siete artículos que componen el ESPECIAL, ofrecen una amplia panorámica sobre los distintos tipos de desplazamientos involuntarios, sus causas e implicaciones. En esta pluralidad de enfoques encontramos la apuesta de Sandro Mezzadra de adoptar un nuevo lenguaje conceptual en los estudios sobre migraciones como recoge su artículo, Proliferación de fronteras y derecho de fuga. Javier de Lucas en Refugiados: preguntas y respuestas ante una crisis que no es coyuntural, ofrece un estado de la cuestión respecto a lo que considera una mal denominada “crisis de refugiados”. Susana Borrás aporta un cuestionamiento del estatus jurídico de los desplazados por causas medioambientales en: La migración ambiental: entre el abandono, el refugio y la protección internacional. Por su parte, Alice Edwards realiza un análisis de las tendencias de la jurisprudencia en cuanto al reconocimiento de las solicitudes de asilo relacionadas con el género en Distinción, discreción, discriminación: las nuevas y, es de esperar, últimas fronteras para las solicitudes de asilo relacionadas con el género. Naomí Ramírez explica las causas que subyacen a la actual crisis de refugiados procedentes de Siria. El texto: De cómo una revolución fue ahogada en el Mediterráneo, plantea que la falta de acción internacional frente a los abusos y crímenes del régimen de Bashar al-Asad y el surgimiento de Daesh son las dos caras de una misma moneda que obliga a huir a los sirios. Estrella Galán escribe: Desde Aylan hasta París; recorrido por un drama humanitario sin precedentes. Por último, se recoge una visión de los exiliados por motivos económicos Exiliados económicos: jóvenes españoles en el extranjero, a manos de Mario Rísquez.

IDMC - Internal Displacement Monitoring Centre

Global Report on Internal Displacement 2020

El informe del IDMC de 2020 arroja cifras sin precedentes: 2019 batió record en cuanto a las cifras de personas deslazadas dentro de sus países desde que el centro realiza este tipo de análisis. Los conflictos y los desastres causaron 33,4 millones de nuevos desplazamientos en 145 países y territorios.

En cuanto a los desplazamientos causados por desastres, cerca de 1900 eventos dieron lugar a casi 24,9 millones de nuevos desplazamientos en 2019.

Merece la pena resaltar que esta cifra triplica el número de desplazamientos originados por conflictos y violencia. Además, es la cifra más elevada desde 2012.

La mayoría de estos nuevos desplazamientos se registraron en Asia oriental y en el Pacífico y Asia meridional, donde las lluvias monzónicas, las inundaciones y las tormentas tropicales afectaron a regiones en las que residen millones de personas.

El país en el que mayor número de desplazamientos asociados a desastres registró fue India, seguido de Filipinas y Bangladesh. En la región Europa y Asia central, merece la pena destacar que España fue el segundo país con mayor número de este tipo de desplazamientos. Se registraron 23.000 y la mayoría se relacionaron con los incendios que tuvieron lugar en verano de 2019 y que quemaron cerca de 90.000 hectáreas.

En el informe se hace especial referencia a los incendios en las Islas Canarias, que fueron los peores en 10 años. También se destaca la importancia de las tormentas eléctricas y las lluvias torrenciales, que afectaron el este y el sudeste de la Península Ibérica y que causaron unos 5.000 desplazamientos, especialmente en Valencia y en Murcia.

 

Revista Migraciones Forzadas

Retorno ¿voluntario, seguro, digno y duradero?

El retorno voluntario en condiciones de seguridad y dignidad como solución duradera al desplazamiento ha sido durante mucho tiempo un principio básico del régimen internacional de los refugiados.

En los 20 artículos sobre el Retorno incluidos en este número de RMF, los autores exploran los diferentes obstáculos para lograr un retorno sostenible, algunos comunes en distintas situaciones de desplazamiento, mientras que otros son específicos de ciertos contextos.

Muchos de los autores que participan tratan la necesidad de prevenir el retorno prematuro o forzado, y de los riesgos que pueden acarrear.

También hablan sobre las suposiciones y percepciones que influyen en la política y la práctica. Los ejemplos de buenas prácticas y las observaciones sobre los resultados de las investigaciones presentadas en este número proceden de todas partes del mundo.

El número también contiene una minisección titulada Hacia el entendimiento y el tratamiento de las causas profundas del desplazamiento, preparado para servir de base a los debates del primer Foro Mundial sobre los Refugiados del pasado diciembre de 2019. Esta compilación de artículos escritos por autores miembros de la ONU, de ONG y del mundo académico busca mejorar el entendimiento colectivo de algunas de las causas profundas del desplazamiento.

 


Refugiados en la Unión Europea

Refugiados en la Unión Europea: desde el alarmismo de emergencia a la gestión común

Daniele Archibugi, Marco Cellini y Mattia Vitiello

La Unión Europea se encuentra en una encrucijada: el brexit, las políticas económicas y la incapacidad de gestionar con éxito los ingresos de refugiados, han aumentado el euroscepticismo y ponen en riesgo el proyecto de integración europea.

El tema de la migración, y específicamente de los refugiados, probablemente ha sido el más relevante en alejar a tantas personas de la UE como institución.

En el debate político europeo, los ingresos de refugiados y solicitantes de asilo se han descrito catastróficamente, como si hubiera un número interminable de personas tratando de ingresar a Europa por todas partes.

Desde 2015, la situación comenzó a ser narrada como una crisis por los medios de comunicacion, los políticos y los académicos, por tres razones principales:

  1. el aumento de solicitantes de asilo;
  2. la insuficiencia del Sistema Europeo Común de Asilo (SECA) en responder al creciente número de personas en busca de protección internacional;
  3. el intento de varios partidos y líderes políticos de lograr consenso electoral abordando el tema del ingreso de refugiados.

Si bien el SECA ha demostrado ser incapaz de hacer frente al aumento de los ingresos,[1] en la siguiente sección mostraremos que el número de solicitantes de asilo (y de personas a las que se les otorgó protección) no representa ni ha representado en el pasado una cantidad crítica, especialmente considerando una perspectiva comparativa global. Por esta razón, describir la situación de los refugiados europeos en términos de crisis es incorrecto. La narración de una 'crisis europea de refugiados', de hecho, no es solo una cuestión semántica, ya que se utilizó para presionar a las instituciones europeas a implementar políticas de emergencia, cuando hubiera sido más prudente introducir medidas destinadas a abordar el problema de forma estructural en una perspectiva a largo plazo.

Ni los ingresos ni el total de refugiados alojados en Europa justifican el alarmismo de políticos y medios de comunicación

El presente artículo se estructura como sigue: la primera sección analiza algunos datos para mostrar cómo, considerados desde una perspectiva comparativa, ni los ingresos ni el total de refugiados alojados en Europa justifican el alarmismo utilizado por varios políticos y medios de comunicación . La segunda sección examina la legislación europea sobre el asilo, analizando críticamente el sistema de Dublín, las medidas de emergencia y la política exterior de la UE adoptada a partir de 2015. La tercera describe la ineficacia de las políticas de emergencia adoptadas por la UE, destacando los riesgos que representan para la UE y para solicitantes de asilo y refugiados. La sección cuatro presenta algunas propuestas concretas para superar la lógica de emergencia que aborda el problema de los refugiados.

La crisis no solo ha terminado; nunca ha habido ninguna crisis

Para comprender la magnitud del problema de los refugiados europeos, es necesario compararlo a nivel mundial. Según ACNUR,[2] durante el pico de la "crisis europea de refugiados", se presentaron más de tres millones de solicitudes de asilo en todo el mundo. En el mismo año, la UE recibió alrededor de un millón de solicitudes, mientras los primeros seis países por número de solicitudes recibieron conjuntamente 1.737.131 solicitudes (Gráfico 1).

 

Por lo tanto, la UE recibió aproximadamente un tercio del total de solicitudes de asilo presentadas a nivel mundial. La Tabla 1 muestra que la relación entre los flujos de refugiados y la población total de los países receptores es similar para la UE y otros países con ingresos altos y es sustancialmente inferior a países como Turquía y Sudáfrica. La proporción de la UE aumentó en 2015 y 2016, pero la disminución en 2017 indica que el pico aparentemente ha pasado.

 

Al comparar el número total de refugiados acogidos por toda la UE con el número de los seis principales países de acogida, aparece una imagen similar. El Gráfico 2 muestra cómo en 2015 la UE acogió a menos refugiados que Turquía y Pakistán y un número similar a Líbano e Irán.

Los datos presentados sugieren que si hubo una crisis europea, no fue por la cantidad de solicitantes de asilo y refugio, sino más bien debido a la gestión europea de las solicitudes,, incapaz de hacer frente armónicamente a los flujos y redistribuir equitativamente los costos de recepción entre los Estados miembros.

Observando únicamente los datos europeos (Gráfico 3), en 2015 los Estados miembros recibieron 1.256.515 solicitudes de asilo, aunque otorgaron protección internacional a solo 327.955 personas; en el mismo año  se detectaron 1.822.177 personas intentando ingresar a la UE sin documentos.[3] Sin embargo, desde principios de 2016, las solicitudes de asilo, las decisiones positivas y las detecciones comenzaron a disminuir, y en 2018 tanto las decisiones positivas como las detecciones volvieron a los niveles de 2013, mientras las solicitudes de asilo volvieron a los niveles de 2014.

Fuente: Los datos sobre las decisiones positivas y las solicitudes provienen de Eurostat (2018).[4] Los datos sobre las detecciones provienen de Frontex (2018).[5]

La evidencia discutida en esta sección, por lo tanto, muestra que la narrativa de la crisis europea de refugiados ha sido muy exagerada, y que los flujos de solicitantes de asilo han vuelto a niveles que podríamos definir estructurales para la UE.

¿Por qué es importante reconocer que la narrativa en términos de crisis es incorrecta? ¿Y por qué es esencial no tratar el fenómeno en términos de crisis?

La representación dominante ha impulsado tanto a la UE como a los Estados miembro a centrarse en la implementación de medidas de emergencia y la firma apresurada de acuerdos que externalizan el control de las fronteras exteriores de la UE a terceros países, desviando la atención de la búsqueda de un conjunto más efectivo y consistente de medidas estructurales capaces de responder adecuadamente al fenómeno de los solicitantes de asilo en Europa.

Las políticas de emergencia implementadas por la UE

El SECA es el conjunto de normas relativas a la gestión de refugiados y solicitantes de asilo, que establecen una mayor cooperación para garantizar que los solicitantes de asilo sean tratados por igual en un sistema abierto y justo en toda la UE. Para abordar lo que se percibió y describió como un desastre inminente, desde 2015 la UE ha adoptado medidas de emergencia que se pueden dividir en dos categorías: i) de política interna; y ii) de política exterior.

En cuanto a la política interna, la Comisión Europea, en mayo de 2015, adoptó la Agenda Europea de Migración que incluía varias medidas. En primer lugar, la Agenda identificó un método de gestión, llamado Hotspot, para apoyar a los Estados miembro afectados por el aumento de los flujos. El método Hotspot implica la formación de equipos de especialistas llamados a identificar, registrar y tomar rápidamente las huellas digitales de los migrantes. En segundo lugar, propuso la implementación de un mecanismo de reubicación, mediante el cual las personas con clara necesidad de protección internacional son identificadas en Italia y Grecia y transferidas a otros Estados miembros para procesar sus solicitudes. Por fin, proporcionó el programa de reasentamiento donde por cada ciudadano sirio que regresara de las islas griegas, otro sería reasentado a la UE directamente desde Turquía. La carga financiera de la Agenda fue apoyada por el presupuesto de la UE.

La ineficacia de las políticas europeas de asilo y, en particular, del llamado Sistema de Dublín es evidente

Con respecto a las políticas exteriores, la UE concluyó una serie de acuerdos con algunos países terceros de tránsito, Turquía, Libia y Marruecos, con el objetivo de reducir los flujos de solicitantes de asilo. Los acuerdos proporcionan apoyo financiero de la UE a terceros países a cambio de un control más robusto de sus fronteras.

Los riesgos asociados a la externalización del problema de los refugiados

La ineficacia de las políticas europeas de asilo y, en particular, del llamado Sistema de Dublín es evidente, y se ha informado tanto en la literatura sobre el tema[6] y, más instrumentalmente, por políticos y periodistas cada vez que ocurría un aterrizaje irregular. ¿Pero cuáles son sus límites reales?

Primero, a pesar de los esfuerzos de la UE, persisten diferencias considerables entre los Estados miembro con respecto a varios aspectos de los procedimientos de asilo, como el tiempo necesario para examinar las solicitudes,[7] el porcentaje de decisiones positivas,[8] las condiciones de los solicitantes de asilo que esperan el examen de sus solicitudes, así como las políticas de integración implementadas por los diferentes Estados miembro.[9] Cada país continúa manteniendo sus propias reglas, impidiendo que los solicitantes de asilo se beneficien de igualdad de condiciones en todos los Estados miembro.

En segundo lugar, la norma según la cual el primer país de llegada es responsable de examinar las solicitudes ha contribuido a empeorar la situación, creando dificultades considerables para los sujetos involucrados. Para los Estados miembro, esta regla ha acabado por cargar desproporcionadamente a los Estados fronterizos externos de la UE. Esta regla también ha tenido efectos negativos para los solicitantes de asilo y refugio. Los Estados miembro continúan teniendo diferentes reglas: el Gráfico 4 muestra la tasa de aceptación de los Estados miembro de la UE en 2018.

Además, existe una contradicción bastante fuerte entre una UE basada en la libre circulación de personas, por un lado, y la voluntad de limitar la movilidad de los solicitantes de asilo, por otro lado . El deseo de evitar los movimientos secundarios de los solicitantes de asilo les dificulta utilizar sus recursos individuales (como tener redes familiares y sociales en un país específico, dominar un idioma específico, tener habilidades profesionales para gastar en un país en lugar de otro), contribuyendo a que los refugiados sean obligados a escapar del registro de huellas dactilares y a tratar de llegar a los países elegidos a través de rutas ilegales, corriendo riesgos que ponen en peligro sus vidas.[10]

Los instrumentos de emergencia implementados incluyeron:

a) el reasentamiento;

b) el mecanismo de reubicación;

c) la subcontratación del control de las fronteras de la UE. Los tres instrumentos tuvieron un impacto limitado.

El programa de reasentamiento, iniciado en 2017, tenía objetivos bastante modestos, o sea, permitir la llegada segura a Europa desde terceros países hasta un total de 22.500 refugiados vulnerables. Un total de 19.432 personas han sido reasentadas. El objetivo se logró aunque el número total involucrado está muy por debajo de lo que sería necesario. Muy inferior fue la efectividad de la reubicación, terminada en 2017 después de más de dos años. El objetivo establecido de 100.000 solicitantes de asilo era ya insuficiente para distribuir equitativamente a los solicitantes de asilo en los países europeos. Además, solo 34.000 personas fueron reubicadas. Dado que se ha concluido con menos de un tercio del objetivo y que algunos países (como Polonia y Hungría) no han participado, mientras otros Estados miembro han participado con menos de las cuotas asignadas, está claro que el mecanismo de reubicación, que en la nueva programación solo será voluntaria y probablemente incluso menos efectiva, ha fallado.

La estrategia de externalizar el control fronterizo de la UE ha sido más efectiva, aunque solo para reducir las llegadas.[11] Como muestran los datos de Frontex,[12] de hecho, desde 2015 a 2018, la mayoría de las rutas han visto una reducción significativa de las detecciones en casi todos los años considerados. La reducción general de las detecciones, así como de las solicitudes de asilo (que se muestran en el Gráfico 3), es en gran parte el resultado de la efectividad de los acuerdos firmados con Turquía, Libia y más recientemente Marruecos. Sin embargo, si bien la política de externalizar el control de las fronteras de la UE parece tener cierto éxito en la reducción de las llegadas, presenta serios problemas que deberían considerarse, tanto para la UE como para los migrantes.

Primero, debería considerarse la naturaleza de los regímenes políticos en Turquía, Marruecos y Libia, ya que ninguno de ellos respeta los derechos humanos, y menos aún los derechos humanos de los solicitantes de asilo. En resumen, el destino de los refugiados que a menudo huyen de países en guerra civil se pone en manos de otros regímenes igualmente brutales. Este tipo de subcontratación plantea tres problemas interrelacionados:

  1. la contradicción entre la subcontratación a países que no respetan los derechos humanos y los principios en los que se basa la UE;
  2. el riesgo y en muchos casos la certeza de que los solicitantes de asilo se encuentran en una posición en la que sus derechos humanos son violados nuevamente;
  3. la dependencia de la UE hacia países no democráticos.

El Tratado de la Unión Europea es bastante claro sobre el papel fundamental de la democracia y el respeto de los derechos humanos no solo dentro de la UE,[13] sino también en la forma en que la UE se proyecta fuera de sus fronteras. Pero, ninguno de los tres países tiene un sistema efectivo de protección de los derechos humanos.[14]

La subcontratación del control fronterizo coloca a los solicitantes de asilo y refugio en una posición muy peligrosa

Si bien esta situación contradictoria puede, por lo visto, dañar la credibilidad de la UE en términos del respeto de sus principios fundacionales y potencialmente puede socavar sus objetivos para difundir las prácticas democráticas y el respeto de los derechos humanos, esta contradicción coloca a los solicitantes de asilo y refugio en una posición muy peligrosa. Además, la subcontratación del control fronterizo  europeo coloca a la UE en una posición potencialmente vulnerable. Concluir acuerdos con regímenes autoritarios con poca transparencia, responsabilidad y respeto del estado de derecho hace que la UE esté en peligro de chantaje. Estos países pueden abrir sus fronteras en cualquier momento y crear artificialmente nuevas entradas de refugiados en caso de que sus exigencias no sean aceptadas.

Superar el enfoque de emergencia mediante la implementación de soluciones estructurales

La falta de efectividad de las políticas de emergencia muestra la necesidad de abandonar el enfoque de emergencia en favor de una gestión estructural capaz de lidiar no solo con los problemas actuales sino también con posibles nuevos aumentos repentinos en los flujos.

Cualquier intento de superar el enfoque de emergencia y encontrar soluciones estructurales debe seguir al menos cuatro trayectorias:

  1. reducción de salidas de países de origen;
  2. asegurar una distribución justa de la carga entre los Estados miembro de la UE;
  3. garantizar el respeto de los derechos humanos de los solicitantes de asilo y refugiados tanto en la UE como en el marco de sus relaciones exteriores;
  4. mejorar la gestión de los solicitantes de asilo y refugiados.
Reducción de salidas de países de origen

Grandes flujos de solicitantes de asilo, en la mayoría de los casos, son el efecto de conflictos internos o internacionales. Esto también se confirma para las entradas europeas de las últimas décadas: las guerras de los Balcanes de la década de los noventa del siglo pasado, las guerras en Irak y Afganistán, las guerras civiles sirias y libias han generado el mayor número de solicitantes de asilo. El Gráfico 5 confirma estas afirmaciones ilustrando como, de 2014 a 2018, la mayoría de los países que generaron los mayores flujos de solicitantes de asilo fueron devastados por guerras y guerras civiles, y/o eran países en los que se violan sistemáticamente los derechos humanos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

De hecho, la guerra no es la única causa del fenómeno. Las violaciones graves y sistemáticas de los derechos humanos, las epidemias y los desastres naturales, así como el subdesarrollo económico y social también están en la raíz de los flujos de asilo. Sin embargo, la guerra es a menudo un evento repentino que en poco tiempo crea muchas personas que necesitan protección internacional. Está claro, por lo tanto, que para evitar flujos grandes y repentinos, es necesario prevenir el estallido de conflictos armados. ¿Puede hacerlo la UE?

A pesar de los progresos de la UE en la Política Común de Seguridad y Defensa, los Estados miembro continúan disfrutando de un alto grado de autonomía y diferentes preferencias. Los Estados miembro tienen el poder de intervenir o promover acciones militares sin ningún tipo de escrutinio por parte de las instituciones europeas. Pero la UE a menudo tiene que lidiar con las consecuencias migratorias de tales intervenciones.

La competencia de la UE en tales situaciones está limitada por los poderes conferidos por los tratados. Si bien la UE tiene la posibilidad de emprender acciones diplomáticas, así como ciertos tipos de acciones militares (mantenimiento de la paz, construcción de la paz, etc.), los Estados miembro conservan el derecho a emprender acciones autónomas sin la interferencia de la UE y de los otros Estados miembro. Las intervenciones militares se deciden sin prestar atención al efecto boomerang que producirán: guerras civiles a largo plazo y flujos de refugiados durante al menos una generación. Para abordar esta tensión, la UE debería haber desarrollado una coordinación más efectiva con respecto a las intervenciones de construcción de paz en áreas vecinas o aquellas áreas que podrían crear efectos indirectos como nuevos flujos de refugiados.

Obviamente, este camino está lejos de ser fácil de seguir. La principal dificultad de dicha propuesta es que otorgar a la UE poder de decisión sobre las intervenciones militares de los Estados miembro requeriría una reforma de los Tratados. Sin embargo, el procedimiento para reformar los Tratados es extremadamente largo y complejo, especialmente dado que los países miembros tienen preferencias diferentes.[15]

Asegurar una distribución justa entre los estados miembros de la UE

Uno de los aspectos más problemáticos y espinosos de la estrategia de asilo general y de emergencia de la UE ha sido la falta de una distribución justa de las cargas derivadas de la gestión de las solicitudes de protección internacional, como se denuncia a menudo incluso antes de la llamada crisis de refugiados.[16]

Existen varias razones que explican la distribución desigual de los refugiados entre los países miembros,[17] sin embargo, la propuesta por Thielemann,[18] es decir, la mayor propensión de los países miembros a ser free riders en momentos de mayor flujo de refugiados eligiendo no actuar si no están directamente involucrados, explica muy bien por qué la UE no ha podido implementar políticas efectivas, y también sugiere una posible forma de impedir las prácticas de free riding: implementar un sistema de distribución europea vinculante.

Dicho sistema debería basarse en los principios de solidaridad y equidad entre los países miembros. Para implementar dicho sistema, en primer lugar, se deberian establecer y asignar cuotas anuales de solicitudes de asilo a cada país. Las cuotas podrían basarse en parámetros objetivos como el PIB per cápita, la tasa de desempleo, el stock de refugiados ya alojados. Una vez que las cuotas han sido establecidas y vinculantes, la UE debería establecer un sistema que desaliente a los Estados miembro de no respetarlas. En este sentido, se podría implementar un sistema de infracción similar al utilizado en el Pacto de Estabilidad y Crecimiento en caso de incumplimiento de los parámetros macroeconómicos. De hecho, como el incumplimiento de estos parámetros se considera un riesgo para la resiliencia del euro y, por lo tanto, para la propia UE, el problema de los refugiados también parece representar un riesgo para la resiliencia de la UE, si no por otra razón que el gran impulso que ha dado a los partidos populistas, nacionalistas y antieuropeos[19] en todos los países miembro. Sin embargo, es fundamental proporcionar también un mecanismo que permita a los solicitantes de asilo elegir el país al que se trasladarán[20] para facilitar su integración una vez que se otorgue protección internacional.

En la práctica, la gestión de este sistema podría otorgarse a la Comisión Europea y al Consejo de Ministros en la formación de Justicia y Asuntos de Interior, que por un lado deberían ser responsables de supervisar el cumplimiento de las cuotas y, por otro lado, deberían tener el poder de imponer sanciones si los Estados miembro no las cumplen.

Garantizar el respeto de los derechos humanos tanto en la UE como en el marco de sus relaciones exteriores

La UE fue creada para respetar los derechos humanos internamente y promoverlos externamente. Sin embargo, los acuerdos celebrados con ciertos países están muy lejos de los estándares de derechos humanos de la UE. De hecho, estos acuerdos se han concluidos con países donde no se garantiza el respeto de los derechos humanos. Pero, también se han denunciado violaciones de los derechos humanos contra los solicitantes de asilo en el territorio de la UE, como lo demuestran Amnistía Internacional[21] y la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos.[22]

En cuanto al respeto de los derechos humanos de los solicitantes de asilo en el contexto de los acuerdos firmados con terceros países, la UE podría adoptar al menos tres estrategias. La primera y más efectiva es poner fin a los acuerdos cuando se denuncian casos de violación de derechos humanos. La segunda es establecer oficinas europeas permanentes en el territorio de los países terceros, con la tarea y el poder de supervisar el respeto de los derechos humanos de los migrantes.  La tercer estrategia es ubicar en estos países instalaciones de la UE que puedan evaluar las solicitudes de asilo y decidir si otorgar protección, brindando viajes seguros al país anfitrión o un regreso seguro a los países de origen.[23]

Con respecto a la cuestión de las violaciones de los derechos humanos de los solicitantes de asilo por parte de los Estados miembros de la UE, en principio, la UE ya tendría los instrumentos para abordarlas, a través de la suspensión de la membresía prevista por el artículo 7 del Tratado de la Unión Europea. El Consejo Europeo, a través de una mayoría de 4/5, puede declarar que existen riesgos de violaciones graves de los derechos humanos, por lo que comienza el procedimiento. En más de una ocasión[24] se ha discutido la posibilidad de activar este mecanismo. Sin embargo, nunca se ha llevado a la siguiente etapa, que requiere la unanimidad de los países miembro y permitiría aplicar sanciones a los Estados infractores. Requerir unanimidad para establecer la violación, de hecho, vacía este instrumento de cualquier credibilidad política.

Mejorar la gestión de los solicitantes de asilo y refugiados

Desarrollar un sistema de asilo más responsable e inclusivo requiere superar las diferencias entre los Estados miembro en las políticas de asilo, así como superar la regla del primer país de llegada y el impedimento para los movimientos secundarios una vez que la protección ha sido otorgada. Para hacerlo, la UE debería tomar medidas más enérgicas.

Una solución eficaz podría ser reformar las directivas de condiciones de recepción, de procedimientos y de calificaciones.[25] Sobre la base de las buenas prácticas implementadas por los estados más virtuosos, dicha reforma debería proporcionar, en primer lugar, un examen rápido de las solicitudes de asilo, basado en reglas claras igualmente aplicadas en cada Estado miembro; en segundo lugar, debería prever la armonización de las normas sobre las condiciones de recepción de los solicitantes de asilo; y, por último, debería garantizar programas comunes para la integración de los refugiados y su acceso a los servicios públicos.

Para facilitar la transición y, sobre todo, para garantizar una aplicación verdaderamente homogénea entre los Estados miembro, las directivas podrían transformarse en regulaciones. A diferencia de las primeras, las últimas establecen normas detalladas que pueden aplicarse directamente sin la necesidad de que los Estados miembro las conviertan en leyes nacionales, evitando así que los Estados se aparten de los estándares de la UE.

Por último, la posibilidad de otorgar a los refugiados el derecho a la libre circulación dentro de la UE representaría un importante paso adelante en la política europea de asilo, permitiría a los refugiados una mayor oportunidad de integración y, junto con la armonización propuesta anteriormente, eliminaría las razones detrás de los intentos de los solicitantes de asilo para escapar del registro a sus llegada a Europa.

Para implementar tal medida, la UE podría tomar varios caminos. Desde una perspectiva minimalista, podría incluir a los refugiados entre los beneficiarios del derecho de libre circulación previsto en el Tratado de Schengen, creando un documento de identidad europeo especial otorgado por razones humanitarias, reconocido y válido en toda la UE; o, en una perspectiva genuinamente cosmopolita,[26] podría establecer un instituto europeo especial de ciudadanía para refugiados, que no solo incluya el derecho a la libre circulación sino que también daría acceso a otros derechos, tales como la posibilidad de votar en elecciones nacionales y locales en los países en los que residen, o en elecciones europeas.[27] Sin embargo, en ambos casos, esto conduciría finalmente a la creación de un sistema europeo de asilo específicamente diseñado para garantizar las mejores condiciones posibles para que los refugiados se integren dentro del territorio de la UE.

Conclusión: la estrategia europea para los refugiados como una oportunidad para la integración europea

La situación de los refugiados europeos en los últimos años se ha descrito y narrado en términos catastróficos. En consecuencia, tanto los Estados miembro como la UE han centrado sus esfuerzos en la implementación de soluciones de emergencia en lugar de desarrollar políticas estructurales capaces de abordar la situación desde una perspectiva a largo plazo.

Los datos sobre los solicitantes de asilo y los flujos de refugiados muestran que la narrativa de la situación de los refugiados ha sido muy exagerada por razones políticas. El problema europeo de los refugiados, por lo tanto, no parece derivarse de la naturaleza excepcional de las entradas, sino más bien de la incapacidad del SECA para gestionarlas, y de la actitud de varios países miembros para luchar entre ellos en lugar de colaborar.

Las políticas a largo plazo deben abordar las raíces del problema de los refugiados

Hemos descrito las principales normas e instrumentos del SECA, así como las medidas de emergencia adoptadas por la UE tanto internamente como externamente. En el frente de las políticas internas, el SECA se basa en las Regulaciones de Dublín y las Directivas de Recepción, Calificación y Procedimientos. El Reglamento establece qué país es responsable de examinar cada solicitud de asilo, identificándolo en virtud de dónde el solicitante de asilo ingresó por primera vez a Europa. Las Directivas, por un lado, tienen como objetivo armonizar las prácticas entre los Estados miembro estableciendo un conjunto de normas mínimas comunes para todos los países. Las medidas internas de emergencia, como los planes de reubicación y reasentamiento, por otro lado, tenían como objetivo redistribuir la carga de los flujos de asilo desde los Estados miembro más afectados a los menos afectados por las llegadas. En el frente de la política exterior, la UE se ha concentrado en formalizar acuerdos con ciertos terceros países de tránsito con el objetivo de reducir la llegada de solicitantes de asilo al territorio europeo.

Nuestro análisis crítico de las políticas europeas indica que han sido ineficaces tanto en el frente interno como en el externo. En particular, el artículo muestra cómo las políticas internas han sido en gran medida insuficientes y, en algunos casos, como la regla del primer país de llegada, han contribuido a acentuar los problemas. Al mismo tiempo, las políticas para externalizar el control de las fronteras exteriores de la UE muestran cierta eficacia para limitar las llegadas, pero han llevado a una situación en la que los solicitantes de asilo, y los migrantes en general, se encuentran en situaciones de violaciones graves y sistemáticas de los derechos humanos.

Hemos sugerido varias políticas a largo plazo destinadas a resolver los problemas planteados por el enfoque de la UE sobre el asilo.

Primero, las políticas a largo plazo deben abordar las raíces del problema de los refugiados . Dado que la mayoría de los solicitantes de asilo provienen de países devastados por conflictos armados, a menudo iniciados por países occidentales y apoyados por países europeos, la UE debería poder considerar también las implicaciones en términos de flujos de refugiados sobre las intervenciones militares de sus Estados miembro. Una oficina especial coordinada por el Alto Representante de la Unión y compuesta por ministros de Asuntos Exteriores de los Estados miembro podría supervisar estos temas. Si bien la decisión de tomar o participar en acciones militares es actualmente un poder soberano de los Estados miembro, las consecuencias en términos del aumento de los flujos de solicitantes de asilo y refugiados tienen efectos indirectos significativos para toda la UE que, hasta ahora, han sido totalmente ignorados.

En segundo lugar, es necesario abordar el desequilibrio entre los Estados miembro generado por la legislación europea, que actualmente ejerce una presión desigual sobre los diferentes países. Para hacerlo, es necesario implementar un sistema europeo vinculante para la distribución de solicitantes de asilo, basado en los principios de solidaridad y equidad , y asegurar que cada Estado miembro contribuya de acuerdo con sus propios recursos y posibilidades. Sin embargo, para que este sistema sea efectivo, es necesario crear desincentivos que desalienten a los Estados a no cumplirlo.

En tercer lugar, la UE debe supervisar y promover el respeto de los derechos humanos tanto internamente como en sus relaciones externas. Como hemos visto, hay informes sobre la violación de derechos humanos de refugiados y solicitantes de asilo tanto en países con los que la UE tiene acuerdos específicos para la gestión de fronteras exteriores como incluso en los propios Estados miembro.

Externamente, la UE podría adoptar al menos dos estrategias:

  1. poner fin de inmediato a tales acuerdos cuando se denuncian violaciones de los derechos humanos de los solicitantes de asilo; y
  2. proporcionar, dentro de dichos acuerdos, el establecimiento de oficinas europeas permanentes con el poder de supervisar el respeto de los derechos humanos de los migrantes. Internamente, es necesario que el Consejo Europeo sea más firme cuando los países miembros cometen violaciones de derechos humanos contra refugiados y migrantes.

Hay que implementar us sitema europeo vinculante para la distribución de solicitantes de asilo, basado en la solidaridad y la equidad

Por último, es necesario continuar la armonización de las políticas de asilo entre los Estados miembros, creando un sistema europeo que ofrezca a los solicitantes de asilo y refugiados las mismas oportunidades y los mismos derechos en todo el territorio de la Unión. En este sentido, es necesario reformar las Directivas de Recepción, Procedimientos y Calificaciones, según las mejores prácticas de los Estados más virtuosos. La transformación de las directivas en regulaciones podría ayudar a la transición y hacer que el sistema sea más efectivo dado que las segundas son directamente aplicables dentro de los sistemas legales de los Estados miembro y, por lo tanto, no les dejaría la opción de alejarse demasiado de los estándares comunes. Para facilitar la integración de los refugiados y evitar que los solicitantes de asilo utilicen rutas ilegales y clandestinas para moverse de un Estado miembro a otro es necesario otorgarles el derecho a la libre circulación dentro de la UE, eliminando las razones detrás del intento de escapar del registro a sus llegadas.

Estas propuestas pueden parecer poco realistas cuando los refugiados a menudo se utilizan como chivos expiatorios para cultivar estados de ánimo nacionalistas y xenófobos en toda Europa. En lugar de complacer estos sentimientos, una verdadera política europea podría mostrar que los refugiados solo son un problema menor que enfrenta hoy la UE, un problema que una estrategia común con visión de futuro y coherente podría manejar con éxito. Ciertamente, se necesita una política más activa no solo para defender los derechos humanos de los refugiados, sino también para evitar desacreditar los valores generales de la

Daniele Archibugi es director de investigación en el Consiglio Italiano Nazionale delle Ricerche y profesor de Innovación, Gobierno y Políticas Públicas en la Universidad de Londres

Marco Cellini y Mattia Vitiello, IRPPS - Consiglio Nazionale delle Ricerche

NOTAS

[1] Mattia Vitiello, «La Crisi dei Rifugiati e il Sistema Europeo Comune di Asilo: Che Cosa non ha Funzionato?», Meridiana, 86, 2016, pp. 145-165; Marco Cellini, «Filling the Gap of The Dublin System: A Soft Cosmopolitan Approach», Journal of Contemporary European Research, 13(1), 2017a, pp. 944-962, Rainer Bauböck, «Europe’s Commitments and Failures in the Refugee Crisis», European Political Science, 17(1), 2018a, pp. 140-150.

[2] ACNUR, «Population Statistics Database», Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados, 2018 [online],  disponible en: http://popstats.unhcr.org/en/time_series

[3] Frontex, «Detections of Illegal Border-Crossings Statistics», European Border and Coast Guard Agency, 2018 [online],

[4] Eurostat, Asylum Applicants by Citizenship Annual Data, Eurostat, 2018 [online],

[5] Frontex, 2018, Op. cit.

[6] Mattia Vitiello, 2016, Op. cit.; Marco Cellini, 2017a, Op. cit.

[7] EuroAlternatives, «Chart of Lampedusa», European Alternatives, 2015 [online], disponible en: https://euroalter.com/wp-content/uploads/2014/07/Carta-di-Lampedusa-impaginato-def.pdf

[8] Marco Cellini, 2017a.

[9] Alexander Wolffhardt, Carmine Conte y Thomas Huddleston, «The European Benchmark for Refugee Integration: A Comparative Analysis of the National Integration Evaluation Mechanism in 14 EU Countries», Fundacja Instytut Spraw Publicznych, Varsovia, 2019.

[10] OIM, Fatal Journeys Volume 3: Improving Data on Missing Migrants, Organización Internacional de las Migraciones, Global Migration Data Analysis Centre, 2017 [online].

[11] Ali Emre Benli, «March of Refugees: An Act of Civil Disobedience», Journal of Global Ethics, 14(3), 2018, pp. 315-331. Doi: 10.1080/17449626.2018.1502204.

[12] Frontex, 2018, Op. cit.

[13] Unión Europea, Consolidated Versions of the Treaty on European Union, Official Journal, 2012, [online], C 326, 26/10/2012 P. 0001 - 0390,

[14] Ver Amnestía Internacional, The States of the Worlds Human Rights, Amnesty International, 2018 [online],

[15] Mathias Koenig-Archibugi, «Explaining Government Preferences for Institutional Change in EU Foreign and Security Policy», International Organization, 58(01), 2004, pp.137-174.

[16] Michael Barutciski y Astri Suhrke, «Lessons from the Kosovo Refugee Crisis: Innovations in Protection and Burden‐Sharing», Journal of Refugee Studies, 14(2), 2001, pp. 95-115. Doi: 10.1057/97814039141495; Gregor Noll, «Prisoner’s Dilemma in Fortress Europe: On the Prospects for Equitable Burden‐Sharing in the European Union», German Yearbook of International Law, 40, 1997, pp. 405-437; Eriko R. Thielemann, «European Burden‐Sharing and Forced Migration», Journal of Refugee Studies, 16(3), 2003, pp. 225-358. 10.1093/jrs/16.3.225.

[17] Eric Neumayer, «Asylum Destination Choice: What Makes Some West European Countries More Attractive Than Others?», European Union Politics, 5(2), 2004, pp. 155-180. Doi: 10.1177/1465116504042444; Eriko R. Thielemann, «Why European Policy Harmonization Undermines Refugee Burden‐Sharing», European Journal of Migration and Law, 2004, 6(3), pp. 43-61, Eriko R. Thielemann, «Why Refugee Burden‐Sharing Initiatives Fail: Public Goods, Free‐Riding and Symbolic Solidarity in the EU», Journal of Common Market Studies, 56(1), 2018, pp. 63-82. Doi: 10.1111/jcms.12662; Timothy J. Hatton, «Asylum Policy in the EU: The Case for Deeper Integration»,  CESifo Economic Studies, 61(3‐4), 2015, pp. 605-637. Doi: 10.1093/cesifo/ifv002; Natascha Zaun, «States as Gatekeepers in EU Asylum Politics: Explaining the non‐Adoption of a Refugee Quota System», Journal of Common Market Studies, 56(1), 2018, pp. 44-62. Doi: 10.1111/jcms.12663.

[18] Eriko R. Thielemann, 2018, Op. cit.

[19] Daniele Archibugi y Ali Emre Benli (eds.), Claiming Citizenship Rights in Europe: Emerging Challenges and Political Agents, Routledge, Londres, 2017.

[20] Rainer Bauböck, «Refugee Protection and Burden‐Sharing in the European Union», Journal of Common Market Studies, 56(1), 2018b, pp. 141-156. Doi: 10.1111/jcms.12638.

[21] Amnistía Internacional, 2018, Op. cit.

[22] ACNUDH, In Search of Dignity: Report on the Human Rights of Migrants at Europe's Borders, Oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, 2017a [online], ACNUDH, (2017b). Committee Against Torture Considers Report of Italy, Oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Comité contra la Tortura, 2017b [online].

[23] European Alternatives, 2015, Op. cit.

[24] Maria Fletcher, «Article 7 sanctions: a legal expert explains the EU’s ‘nuclear option’», The Conversation, 2017 [online].

[25] Bernd Parusel y Jan Schneider, «Reforming the Common European Asylum System», Delmi, Estocolmo, 2017 [online].

[26] Pierre Haassner, «Refugees: A Special Case for Cosmopolitan Citizenship?», en Re-imagining Political Community: Studies in Cosmopolitan Democracy, Daniele Archibugi, David Held y Martin Kohler (eds.), Stanford University Press, Palo Alto, 1998, pp. 273-286; Benhabib, S. , «On the Alleged Conflict Between Democracy and International Law», Ethics & International Affairs, 19(1), 2005, pp. 85-100. Doi:  10.1111/j.1747-7093.2005.tb00491.x; Daniele Archibugi, «The Global Commonwealth of Citizens. Toward Cosmopolitan Democracy», Princeton University Press, Princeton 2008.

[27] Marco Cellini, «Addressing the Refugee Crisis by European Citizenship», en Claiming Citizenship Rights in Europe, Daniele Archibugi y Ali Emre Benli (eds.), Routledge, Londres, 2017, pp. 27-46.

 


REFERENTES: Francisco Fernández Buey

La sección REFERENTES del número 149 de Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global dedicado a las Utopías, recoge dos textos de Paco Fernández Buey: Charles Fourier y los elementos positivos de la utopía (1974) y Utopía y vocación científica en la representación socialista moderna de la sociedad capitalista (1990), que forman parte de una de las inquietudes y temáticas que acompañaron al autor hasta el final de sus días: la utopía y los pensadores utópicos, y su consideración y papel en la tradición marxista y en otras tradiciones emancipatorias.

Ambos textos vienen precedidos por una Presentación elaborada por Salvador López Arnal, bajo el título: Francisco Fernández Buey: elementos positivos de la Utopía.

A continuación, ofrecemos un pequeño fragmento de los dos textos y un enlace para poder descargarlos en formato pdf.

Utopía y vocación científica en la representación socialista moderna de la sociedad capitalista.

Francisco Fernández Buey

Conferencia impartida en el Instituto Simancas de Valladolid en septiembre de 1990.

La vocación científica, la aspiración al análisis científico de la sociedad, ha sido un rasgo característico de los programas socialistas desde sus primeras formulaciones modernas.

Expresada con mayor o menor fuerza y con tonalidades distintas, esta aspiración la encontramos en todos los grandes del pensamiento socialista del siglo XIX: en Proudhon y en Marx, en Owen y en Cabet, en Herzen y en Chernichevski, en Engels y en Garrido.

La aspiración a hacer ciencia social para, basándose en ella, transformar en un sentido igualitario una sociedad en la que reinaba la injusticia y la desigualdad fue algo compartido, en la segunda mitad del siglo pasado, por todas las corrientes socialistas. Con matices cuya importancia habrá que ver, libertarios y marxistas, socialistas, anarquistas y comunistas de las diferentes nacionalidades europeas subrayaron una y otra vez que la capacidad para comprender científicamente lo que era la sociedad capitalista distinguía de forma radical el moderno ideal emancipador de la milenaria lucha del hombre oprimido contra el mal social.

No solo eso: algunas de las corrientes socialistas que mayor implantación llegaron a tener entre los trabajadores de la industria mantuvieron con mucho énfasis que sin ciencia no podía haber liberación, que sin conocimiento científico el trabajador no lograría desalienarse.

Esta coincidencia tan amplia se explica, naturalmente, por el prestigio social que a lo largo del siglo XIX fuera adquiriendo la ciencia en la mayoría de las sociedades europeas, y sobre todo en aquellas que habían dado los primeros pasos en el camino de la industrialización.

Con razón ha denominado David Knight la era de la ciencia al período histórico que va desde la revolución Francesa de 1789 hasta los años de la Primera Guerra Mundial. Pues en esa época, que casi coincide con el siglo XIX, se institucionaliza la ciencia y el adjetivo científico pasa a ser de uso corriente para designar profesiones y actividades.

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Charles Fourier y los elementos positivos de la utopía

Francisco Fernández Buey

Hoy [1974] ya no puede caber duda acerca de la revalorización de la utopía de Charles Fourier que se está operando en los países de capitalismo avanzado en la última década. Referencia explícita a Fourier –y más en general a los filósofos sociales del primer tercio del siglo XIX llamados por Marx y Engels «socialistas utópicos»– hay ya en las declaraciones de algunos de los más conocidos protagonistas del mayo-junio francés de 1968.

Declaraciones que, sin entrar en el análisis concreto de aquellos elementos de la doctrina fourierista que, según estos portavoces habría que reivindicar en la actualidad, sitúan muy en primer plano la necesidad de oponer un proyecto global de nueva sociedad ante la falta de futuro constatada no solo en la ideología burguesa oficial, dominante en el capitalismo maduro o capitalismo monopolista de Estado, sino también en los programas de las organizaciones políticas tradicionalmente mayoritarias de la clase obrera.

Sería excesivo, sin embargo, atribuir a los dirigentes estudiantiles del 68 la paternidad exclusiva de la argumentación que sirve de base a esas declaraciones. Se trata, por el contrario, de una argumentación ampliamente difundida durante los años sesenta en los medios intelectuales del occidente capitalista y que echa sus raíces en una triple observación:

  1. La crisis general de la ideología burguesa en los países de capitalismo avanzado es ya un hecho, como lo revela la posición meramente defensiva de la clase dominante en estos países ante los proyectos de cambio en todos los órdenes de la base material y de las principales sobreestructuras institucionales de la misma; esa posición defensiva solo se manifestaría ofensivamente por medio de la extensión del militarismo (carrera armamentista), de los controles policíacos (constante aumento numérico de las fuerzas de policía y progresivo perfeccionamiento técnico del armamento represivo puesto a su disposición), de las medidas restrictivas introducidas en el parlamentarismo (tendencia al presidencialismo) y, finalmente, por medio de la demagógica afirmación de supuestas libertades que opera como palanca para la “integración” de las clases sociales oprimidas y disparadero de actividades adormecedoramente consumistas. Todo lo cual no deja lugar para el desarrollo de la imaginación creadora, la voluntad humana y los auténticos valores morales del hombre.
  2. Pero a esa ausencia de proyecto para el futuro –se observa también en la misma argumentación– el actual movimiento socialista de los países capitalistas avanzados no parece oponer más que un inmediato marco de reformas de mayor o menor amplitud (aunque siempre tímidas y no negadoras globalmente del «sistema ») cuya implantación gradualista prolongaría desmesuradamente la etapa histórica de la transición y alejaría a las brumas de un porvenir impalpable el momento de la revolución verdaderamente liberadora, el momento del fin de la explotación del hombre por el hombre, de la abolición de la propiedad privada de los medios de producción y del fin del reino de la necesidad. Esa prolongación y ese alejamiento admitidos como programa de actuación serían, por otra parte, un síntoma de debilidad y de crisis en un movimiento que, al mismo tiempo, y contradictoriamente, afirma la suficiente maduración de la contradicción básica de la formación económico-social capitalista.
  3. A todo lo cual habría que unir la ausencia de un proyecto global, en el sentido socialista, en aquellos países en los cuales con más o menos profundidad se ha consumado la abolición de la propiedad privada de los principales medios de producción. Pues, en efecto, el nuevo ordenamiento social arduamente conquistado en esos países, después del período de transición «muy provechoso moralmente» que preveía Engels en 18913 y que sirvió de bandera para importantes contingentes revolucionarios hasta los años cincuenta del presente siglo, no parece constituir ya un ejemplo a seguir en las condiciones actuales teniendo en cuenta la pérdida, patente en esos países no-capitalistas, de valores elementales de la moral socialista (como el internacionalismo proletario) y la implantación y difusión en la mayoría de ellos de unos criterios «desarrollistas» análogos a los de los países capitalistas, criterios que solo pueden conducir a la aparición de un nuevo individualismo.

De esas observaciones se desprende, obviamente, la conclusión aludida de una alternativa global de sociedad de nuevo tipo y, por tanto, la necesidad de empezar de nuevo el movimiento, en un sentido auténticamente socialista, por la liberación de las clases sociales dominadas. Pero nunca se empieza totalmente de nuevo.

Y de ahí las afirmaciones programáticas de vuelta a los principios teóricos del siglo XIX revolucionario o, a lo sumo, a la práctica del movimiento revolucionario de los años veinte del presente siglo: la vuelta a Marx, predominantemente al Marx de la «Liga de los Comunistas», la vuelta a la problemática de los consejos obreros de la izquierda de la III Internacional o, con mayor radicalismo histórico, la vuelta a los clásicos del «socialismo utópico» y particularmente a Fourier.

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REFERENTES: Erik Olin Wright Construyendo utopías reales

Imaginar utopías reales es un elemento componente central de una empresa intelectual más amplia que puede llamarse ciencia social emancipadora. La ciencia social emancipadora trata de generar conocimiento científico pertinente para el proyecto colectivo de cuestionar diversas formas de opresión humana. El hecho de llamar a esto una forma de ciencia social antes que simplemente crítica o filosofías sociales, supone reconocer la importancia que para este objetivo tiene el conocimiento científico  sistemático  acerca  de  cómo  funciona  el  mundo.  El  término emancipador señala un propósito moral central en la producción del conocimiento, esto es, la eliminación de la opresión y la creación de condiciones que favorezcan el florecimiento humano.1  Y la palabra social supone la creencia de que la emancipación humana depende de la transformación del mundo social y no solamente de la vida interior de las personas.

Para el logro de este objetivo, toda ciencia social emancipadora debe realizar tres tareas básicas: elaborar un diagnóstico y crítica sistemáticos del mundo como es; imaginar alternativas viables; y comprender los obstáculos, posibilidades y dilemas de la transformación. Según sean los tiempos y los lugares, unas tareas pueden ser más urgentes que otras, pero todas son necesarias para elaborar una teoría emancipadora general […]

Alternativas viables

La segunda tarea de la ciencia social emancipadora consiste en desarrollar una teoría coherente y creíble de alternativas a las instituciones y estructuras sociales que eliminen o, cuando menos, mitiguen significativamente los daños e injusticias que se hayan detectado en el diagnóstico y la crítica. Las alternativas sociales pueden elaborarse y evaluarse desde tres diferentes criterios: deseabilidad, viabilidad y factibilidad. Como puede verse en el gráfico estos criterios se entienden en una especie de jerarquía: no todas las alternativas deseables son viables y no todas las alternativas viables son factibles.

 

 

 

Deseabilidad. La exploración de las alternativas deseables sin las limitaciones de la viabilidad o la factibilidad es el campo de la teoría social utópica y de gran parte de la filosofía política normativa. Como es de esperar, estos debates son muy débiles desde el punto de vista institucional, puesto que lo que importa es el enunciado de principios abstractos antes que las reformas institucionales. Así, por ejemplo, la descripción marxista del comunismo como una sociedad sin clases, regida por el principio de «a cada uno según sus necesidades, de cada uno según su capacidad», es casi muda con respecto a las reformas institucionales que convertirían este principio en algo funcional. Igualmente, las teorías liberales de la justicia elaboran y defienden los principios que deben materializarse en las instituciones de una sociedad justa sin estudiar de modo sistemático el problema de si cabe establecer realmente instituciones sostenibles y vigorosas para poner en práctica esos principios en la forma pura en la que se formulan. Estos debates son importantes porque pueden ayudar mucho a clarificar nuestros valores y fortalecer nuestro compromiso moral con la ardua tarea de conseguir el cambio social. Pero el pensamiento utópico puro sobre las alternativas es de escasa utilidad para la tarea práctica de construir instituciones o para dar crédito a las críticas a las instituciones actuales.

 

Viabilidad. El estudio de alternativas viables pregunta a los propósitos de transformar las estructuras e instituciones sociales existentes si, en caso de realizarse, darían lugar en verdad a las consecuencias emancipadoras que motivaron la propuesta de una forma sostenible y vigorosa. Una objeción frecuente a las propuestas igualitarias radicales es que «suena bien en la teoría, pero no funcionará jamás». El ejemplo más conocido de este problema es la planificación centralizada integral, la forma clásica con la que los revolucionarios intentaron realizar los principios socialistas. Los socialistas eran muy críticos con la anarquía del mercado y sus efectos destructivos sobre la sociedad, y creían que una economía racionalmente planificada mejoraría las vidas de la gente. La reforma institucional pensada para hacerlo posible era la planificación centralizada integral. Resultó que hay una serie de consecuencias «perversas» no queridas de la planificación centralizada integral que subvertían los objetivos propuestos tanto a causa de la sobrecarga de información generada por la complejidad como por una serie de problemas relacionados con los incentivos.

Otro ejemplo del problema de la viabilidad es la propuesta de una renta básica generosa universal de la que se hablará en el capítulo 6. Supongamos que cada cual recibiera un estipendio mensual sin condiciones, suficiente para vivir en un nivel de vida socialmente respetable. Existen muchas razones según las cuales, desde el punto de vista moral radical de la justicia social, esta propuesta puede verse como una alternativa deseable a los procesos existentes de distribución económica. Sin embargo, hay escépticos que sostienen que una renta básica generosa no es una alternativa viable al mundo existente: podría crear incentivos perversos y todos nos convertiríamos en adictos al sofá; quizá aumentaran tanto los tipos impositivos que estrangularían la actividad económica; quizá desencadenara tal resentimiento hacia la gente que viviera solo de la renta básica entre quienes alternaran la renta básica con las ganancias del mercado de trabajo que una renta básica in- condicional resultara políticamente inestable. Tales son los tipos de asuntos que habrá que considerar en el debate acerca de la viabilidad de las alternativas.

Una objeción frecuente a las propuestas igualitarias radicales es que «suena bien en la teoría, pero no funcionará jamás»

Por supuesto, la viabilidad de una reforma concreta para el logro de objetivos emancipatorios puede depender en gran medida del contexto histórico y de divesos tipos de condiciones colaterales. Por ejemplo, una renta básica universal generosa puede ser viable en un país en el que haya una vigorosa cultura enraizada de ética del trabajo y un sentido de obligación colectiva porque es esa sociedad habría poca gente en términos relativos que consumiera toda su renta sin contribuir nada a cambio. Pero puede no ser viable en una sociedad muy atomizada, egoísta y consumista. O bien el ingreso básico podría ser viable en una sociedad que, durante un largo periodo, hubiera desarrollado un Estado del bienestar redistributivo basado en un mosaico de programas, pero no en una sociedad con un Estado del bienestar limitado y miserable. En consecuencia, los debates sobre la viabilidad también incluyen otros sobre las condiciones contextuales posibles para que funcionen bien las reformas institucionales.

Los límites de lo factible dependen en parte de las creencias de la gente acerca de qué tipos de alternativas son viables

La exploración de alternativas viables incluye la cuestión de su factibilidad práctica en las condiciones sociales existentes. Algunos podrán plantear la pregunta de cuál sea el sentido de hablar acerca de una alternativa teóricamente viable si no es estratégicamente factible. La respuesta a estos escépticos es que hay tantas incertidumbres y contingencias acerca del futuro que no podemos saber ahora cuáles serán realmente los límites de las alternativas futuras factibles. Piénsese en la Unión Soviética en 1987. Nadie creía que el colapso del Estado soviético y la subsiguiente transición al capitalismo se darían en unos cuantos años. Quizá podamos decir algo acerca de los tipos de cambios por los que cabe luchar ahora mismo o los tipos de coaliciones que son posibles o imposibles en las condiciones actuales y qué clases de estrategias políticas serán eficaces o ineficaces en el futuro inmediato. Pero cuanto más en el futuro tratamos de ver, menos seguros podemos estar acerca de los límites de lo que es factible.

Dada esta incertidumbre acerca del futuro, hay dos razones de por qué es importante tener una idea tan clara como sea posible sobre la gama de alternativas viables al mundo en que vivimos que, si se aplicaran, tendrían bastantes posibilidades de ser sostenibles. En primer lugar, al elaborar ahora esa idea es más probable que si en el futuro las condiciones históricas amplían los límites de las posibilidades factibles, las fuerzas sociales actualmente comprometidas con el cambio social emancipador estarán en situación de formular estrategias prácticas para implementar una alternativa. Es más probable que las alternativas viables se conviertan en alternativas factibles si están bien pensadas y entendidas. En segundo lugar, los límites reales de lo que es factible dependen en parte de las creencias que tenga la gente acerca de qué tipos de alternativas sean viables. Este es un asunto esencial y fundamental para la comprensión sociológica de la idea misma de que existen «límites de posibilidad» del cambio social: los límites de posibilidad no son independientes de las creencias acerca de dichos límites. Cuando un físico sostiene que hay un límite máximo a la velocidad a la que pueden desplazarse las cosas, se supone que se trata de una limitación objetiva que actúa con independencia de nuestras creencias acerca de la velocidad. Igualmente, cuando un biólogo dice que en ausencia de ciertas condiciones la vida es imposible se trata de limitaciones objetivas. Por supuesto, el físico y el biólogo pueden estar equivocados, pero sus afirmaciones son acerca de límites de posibilidad reales, insuperables. Las afirmaciones acerca de los límites sociales de posibilidad son diferentes de estas afirmaciones acerca de límites físicos y biológicos porque en el ámbito social las creencias de la gente acerca de los límites afectan de modo sistemático a lo que es posible. La descripción sistemática y convincente sobre las alternativas viables a las estructuras e instituciones sociales existentes de poder y privilegio, en consecuencia, es un componente del proceso social mediante el cual se pueden cambiar los mismos límites sociales de las alternativas factibles.

No resulta sencillo argumentar creíblemente que «otro mundo sea posible». La gente nace en sociedades que ya están hechas de antes. Las normas de la vida social que aprende e interioriza según crece parecen naturales. La gente se preocupa por las tareas de la vida cotidiana, la de ganarse el pan, sobrellevar las penas de la vida y disfrutar de sus alegrías. La idea de que cabe cambiar deliberadamente el orden social en alguna forma fundamental que haga la vida significativamente mejor para la mayoría de la gente es de largo alcance tanto porque es difícil imaginar alguna alternativa funcional mejor y porque es difícil imaginar cómo desafiar con éxito las instituciones existentes de poder y privilegio con el fin de crear dicha alternativa. Así pues, incluso si uno acepta el diagnóstico y la crítica de las instituciones existentes, la respuesta más natural de la mayoría de la gente probablemente es un sentido fatalista de que, en realidad, no es mucho lo que puede hacerse para cambiar las cosas realmente.

Este fatalismo plantea un problema grave para la gente comprometida con la lucha contra las injusticias y males del mundo social existente por cuanto el fatalismo y el cinismo acerca de las perspectivas del cambio emancipador reducen las perspectivas de dicho cambio. Por supuesto, una estrategia es justamente no preocuparse mucho sobre si se maneja o no un argumento científicamente creíble acerca de las posibilidades del cambio social radical y tratar de crear en su lugar una visión inspiradora de una alternativa deseable fundada en la ira que suscitan las injusticias del mundo en que vivimos e imbuida de esperanza y pasión acerca de las posibilidades humanas. A veces, estos buenos deseos carismáticos han sido una fuerza poderosa que ha ayudado a movilizar al pueblo para la lucha y el sacrificio. Pero es improbable que constituyan una base adecuada para transformar el mundo en formas que realmente creen una alternativa emancipadora sostenible. La historia de las luchas humanas en pro del cambio social radical está repleta de victorias heroicas sobre las estructuras existentes de opresión seguidas por la construcción trágica de nuevas formas de dominación, opresión y desigualdad. La segunda tarea de la ciencia social emancipadora, por lo tanto, es desarrollar de forma tan sistemática como sea posible una concepción científicamente fundamentada de las instituciones alternativas viables.

 

Factibilidad. La elaboración de teorías coherentes de alternativas factibles es la tarea central del trabajo práctico de las estrategias de cambio social. Esta resulta ser muy difícil tanto porque los puntos de vista acerca de la factibilidad son vulnerables a los «buenos deseos» como por el alto grado de contingencia de las condiciones que en el futuro afecten a las perspectivas de éxito de las estrategias a largo plazo.

Como en el caso de la viabilidad, la factibilidad no es en realidad una dicotomía simple entre lo factible y lo no factible: proyectos diferentes de transformación institucional tienen posibilidades distintas de realizarse. La probabilidad de que una alternativa dada a las estructuras e instituciones sociales existentes se realice en algún momento en el futuro depende de dos tipos de procesos: en primer lugar, de las estrategias conscientemente perseguidas y del poder relativo de los actores sociales que apoyan o se oponen a la alternativa en cuestión. La estrategia cuenta porque es muy improbable que las alternativas emancipadoras «sucedan» sin más. Solo pueden darse porque la gente trabaja para conseguirlas y es capaz de superar distintos tipos de obstáculos y formas de oposición. La probabilidad del éxito en último término, pues, depende del equilibrio del poder de las dos fuerzas sociales contendientes que intentan imponer o rechazar conscientemente la transformación emancipadora En segundo lugar, la probabilidad de que se implemente una alternativa concreta depende de una trayectoria a lo largo del tiempo de una amplia gama de condiciones socioestructurales que afecta a las posibilidades de éxito de estas estrategias2.

Esta trayectoria de condiciones es en sí misma parcialmente el resultado de los efectos no deseados acumulativos de la acción humana, pero también es el resultado de las estrategias conscientes de los actores para transformar las condiciones de sus propias acciones. En consecuencia, la factibilidad de una alternativa depende de en qué medida sea posible formular estrategias coherentes, convincentes que ayuden a crear las condiciones para implementar las alternativas en el futuro y contar con el potencial para movilizar las fuerzas sociales necesarias para apoyar la alternativa cuando se den esas condiciones. La comprensión de estos asuntos es el objetivo de la tercera tarea general de la ciencia social emancipadora: la teoría de las transformaciones.

Transformación

La tercera tarea de una ciencia social emancipadora es la elaboración de una teoría de la transformación social. Podemos pensar en la ciencia social emancipadora como la teoría de un viaje desde el presente a un posible futuro. El diagnóstico y la crítica de la sociedad nos dicen por qué queremos dejar atrás el mundo en que vivimos; la teoría de las alternativas nos dice hacia dónde queremos ir; y la teoría de la transformación nos dice cómo llegamos de aquí allí, esto es, cómo hacer factibles alternativas viables. Una teoría de la transformación implica cuatro componentes centrales:

1. Una teoría de la reproducción social.

2. Una teoría de los saltos y contradicciones del proceso de reproducción.

3. Una teoría de  la  dinámica  y  trayectoria  subyacentes  al  cambio  social  no  querido.

4. Una teoría de los actores, estrategias y luchas.

 

NOTAS:

*  Este texto es un extracto del capítulo II del libro Construyendo utopías reales, publicado en lengua española por la editorial Akal en el año 2014. Agradecemos la gentileza de la editorial al autorizarnos a reproducirlo.

1  En un intercambio personal, Steven Lukes observó que el término «emancipación» estaba conectado originalmente con la lucha contra la esclavitud: la emancipación de los esclavos implicaba su liberación de la servidumbre. De modo más general, la idea de la emancipación se vinculaba con las nociones liberales de libertad y del logro de plenos derechos liberales antes que los ideales socialistas de igualdad y justicia social. En el siglo XX, la izquierda se apropió del término para referirse a una más amplia visión de eliminar todas las formas de opresión y no solamente aquellas que implicaban formas coercitivas de negación de las libertades individuales. Empleo el término en este sentido amplio.

2  Para citar (fuera de contexto) el famoso aforismo de Marx: «Los hombres hacen su propia historia, pero no la hacen a su libre arbitrio, bajo circunstancias elegidas por ellos mismos, sino bajo aquellas circunstancias con que se encuentran directamente, que existen y les han sido legadas por el pasado. Véase Karl Marx (1985, 1992) El 18 Brumario de Luis Bonaparte. Suele entenderse con la cita que las estructuras sociales imponen límites a la acción humana, pero el contexto real es acerca de las condiciones mentales de la acción: El pasaje prosigue: La tradición de todas las generaciones muertas oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos. Y cuando estos aparentan dedicarse precisamente a transformarse y a transformar las cosas, a crear algo nunca visto, en estas épocas de crisis revolucionaria es precisamente cuando conjuran temerosos en su exilio los espíritus del pasado, toman prestados sus nombres, sus consignas de guerra, su ropaje, para, con este disfraz de vejez venerable y este lenguaje prestado, representar la nueva escena de la historia universal». Si bien el argumento de Marx se centraba en ese tipo de límites culturales para transformar el mundo, la idea más general es que las estrategias colectivas encuentran condiciones que no se pueden reconducir a una decisión estratégica.

Eset artículo forma parte de la sección REFERENTES del número 149 de Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global. Puedes descargar el texto completo en formato pdf: Construyendo utopías reales.


Selección Recursos Ecosociales

Hoy celebramos el Día Mundial del Medo Ambiente, y este año está dedicado a la Biodiversidad, bajo el lema La hora de la Naturaleza.

 Han pasado 10 años desde que la Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó el año 2010 Año Internacional de la Diversidad Biológica, con el fin de atraer más la atención internacional sobre el problema de la pérdida continua de la biodiversidad.

En 2020, diez años más tarde, las preocupaciones de los expertos siguen vigentes y los números todavía más alarmantes. En ese sentido, los estudios más significativos hablan de que la ratio de extinción actual puede ser similar, incluso superior, al de las anteriores 5 extinciones masivas.  En otras palabras, estamos ante lo que se conoce como “la sexta gran extinción”. Esto significa que la salud de los ecosistemas de los que los seres humanos y todas las demás especies dependen, está deteriorándose más rápidamente que nunca.

Estamos erosionando los principales fundamentos de nuestras economías, sociedades, seguridad alimentaria, salud y calidad de vida en todo el mundo.

Si miramos los números, se estima que entre 1992 y 2016, las denominadas “zonas muertas” se han incrementado en un 75,3%; que se ha perdido alrededor del 2,8% de superficie de bosque y el 28,9% en biodiversidad de vertebrados. En los vertebrados terrestres, por ejemplo, la biomasa de ganado (la cantidad de carbono) es superior a la presente en la biodiversidad salvaje. Y podríamos seguir.

En definitiva, esta crisis surge de un aumento dramático en la “apropiación humana” de los recursos naturales para mantener el ritmo de rápido crecimiento de la población, los cambios en la dieta hacia un mayor consumo de productos animales y una mayor demanda de energía para soportar todo este aumento de la actividad humana. Cada vez somos más, tenemos una creciente conectividad global y cada vez modificamos más las áreas naturales para satisfacer necesidades de bienes y servicios.

Los efectos de esta variación en la biodiversidad se ven además agravados por el hecho de que cada especie, dentro del ecosistema en el que vive, interactúa con las otras especies a través de relaciones de simbiosis, competencia, depredación, parasitismo, etc. La extinción de una especie puede, por lo tanto, alterar indirectamente la abundancia de otras especies causando un cambio adicional en la composición del ecosistema al que pertenece, y aumentando su vulnerabilidad a episodios críticos, tal y como nos ha enseñado la pandemia de la COVID-19.

Desde el Centro de Documentación Virtual de FUHEM Ecosocial ofrecemos una Selección de Recursos sobre la importancia de proteger la biodiversidad ya que es la base que sustenta toda la vida.

Declaración FUHEM Ecosocial sobre la COVID-19

En los últimos años hemos reclamado sin descanso, desde la mirada ecosocial propia de esta Fundación, una mayor atención a la crisis ecológica, a la pérdida de cohesión de nuestras sociedades, una respuesta más humana al problema de los desplazados y una defensa más decidida de la democracia como proceso que se construye a partir de la deliberación y la participación de toda la ciudadanía, sin exclusiones.

Son muchas las enseñanzas y reflexiones que esta pandemia está suscitando a la sociedad, y una de ellas es que detrás de esta pandemia está la acción humana sobre la naturaleza. La alteración de los hábitats y la pérdida de biodiversidad en los ecosistemas derrumban barreras en la expansión de los patógenos, al mismo tiempo que nuestros estilos de vida tienden puentes muy efectivos para su propagación. Las implicaciones de los actuales modos de vida sobre la salud de las personas y el planeta son evidentes y exigen un replanteamiento colectivo.

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Dossier Ecosocial:  El papel de la biodiversidad

Asistimos al deterioro no sólo de los ecosistemas, sino de los cimientos mismos de nuestra civilización, por ello, resulta urgente pensar la biodiversidad no como una esfera que atañe solo a la ecología, sino también al ámbito más humano y cultural. El presente Dossier profundiza en esta reflexión a través de cuatro artículos de análisis que abordan el tema desde diferentes perspectivas; y se completa con una selección de recursos sobre biodiversidad:

La biodiversidad es vida, Theo Oberhuber,

La biodiversidad, los ecosistemas y sus valoresPedro L. Lomas,

Trigos y garcillas, Gustavo Duch y

Saltar la valla de la escuela para asomarse a la biodiversidad, María González Reyes,

Selección de recursos: Biodiversidad, CIP-Ecosocial

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Pérdida de biodiversidad y pandemias: un nexo oscuro y peligroso

Monica Di Donato

La reflexión que queremos lanzar a través de esta entrada en el blog de FUHEM Ecosocial, Tiempo de Actuar guarda una fuerte relación con la actualidad de estas semanas, aunque se centra en abordar y proponer un eje de análisis muy específico: existe un nexo, quizás todavía no explorado de modo exhaustivo, entre la pérdida de biodiversidad y una mayor vulnerabilidad de las personas frente al riesgo de epidemias infecciosas.

Esta propuesta constituye una hoja de ruta para orientar al profesorado en cómo trabajar en el aula en una doble dirección:

a) la lectura y comprensión de los datos sobre la situación de la biodiversidad (diagnóstico sobre el estado), sus causas y consecuencias

b) profundizar sobre cómo actúa la pérdida de biodiversidad en la exposición al riesgo de pandemias infecciosas. Somos conscientes de que este último vínculo no es lineal y no es muy valorado fuera de ambientes especializados, pero consideramos que puede ser útil y original trasladar este ejercicio de reflexión a la comunidad educativa, en concreto entre el alumnado de bachillerato y los últimos cursos de ESO.

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Biodiversidad: combatir la sexta extinción masiva

Bo Normander

¿Cuál es la causa de esta tragedia biológica? La respuesta es, sencillamente, la intervención humana. Los cinco factores principales que están conduciendo a esta pérdida de biodiversidad, según la Secretaría del CDB son:

  • la transformación de los hábitats,
  • la sobreexplotación,
  • la contaminación,
  • la invasión de especies exóticas
  • el cambio climático.

La humanidad ha transformado los ecosistemas durante las últimas décadas hasta un grado nunca visto con anterioridad. Conservar la biodiversidad también es vital desde un punto de vista más antropocén-trico: no se trata únicamente de una aspiración humana a disfrutar de una naturaleza diversa y apasionante, sino de la capacidad que tienen los ecosistemas intactos de satisfacer las necesidades humanas básicas, en lo que se refiere a alimentos, agua limpia, medicinas, combustibles, material biológico, etc.

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El papel vital de la biodiversidad en la sostenibilidad urbana

Martí Boada Juncà, Roser Maneja Zaragoza y Pablo Knobel Guelar

Las ciudades han sido entendidas como sistemas funcionalmente antinaturales, donde la biodiversidad espontánea, la vegetación, los animales y los nichos ecológicos que los soportan, quedan al margen del reconocimiento humano.

Las estructuras que soportan el sistema urbano, basadas en materiales inorgánicos e infraestructuras verticales y horizontales de gran envergadura, como el metro y los grandes edificios, han constituido un escenario poco facilitador de la comprensión del mundo natural.

Utilizar la biodiversidad como uno de los indicadores fundamentales de sostenibilidad urbana hace posible esbozar formas de promover y evaluar la biodiversidad de las urbes, los servicios ecosistémicos que esta proporciona y funciones biológicas más amplias en el medio urbano.

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REFERENTES: Erik Olin Wright. Utopías reales

Presentación

Santiago Álvarez Cantalapiedra

A Erik Olin Wright se le conoce, sobre todo, por su esfuerzo de reconstruir desde el marxismo un marco teórico con que analizar la estructura de clases en el capitalismo contemporáneo. Sin embargo, al iniciarse la década de los noventa, buena parte de sus energías las empleó en el estudio de las utopías, tema por el que ya había mostrado un inusitado interés en sus tiempos de estudiante.

El contexto en el que Wright inicia este proyecto no era nada halagüeño. Los años noventa del siglo pasado nacieron marcados por la caída del muro de Berlín y la desintegración de la Unión Soviética. El neoliberalismo gobernaba las principales economías y dominaba las políticas de los gobiernos de la mayoría de las democracias capitalistas.

Eran tiempos de desencanto y repudio a cualquier idea de socialismo tras el fracaso y el descrédito de las economías de planificación centralizada. La afirmación de Thatcher de que no existía alternativa terminó convirtiéndose en el principal dogma de fe de la época: fuera del capitalismo no había salvación. Desde el mundo intelectual se decretó, en coherencia con los signos de los tiempos, el fin de la historia, con el liberalismo como la única forma universal de gobierno. Todavía tenía que pasar una década para que un incipiente movimiento alterglobalizador empezara a proclamar que otro mundo era posible.

No obstante el contexto tan adverso, Wright comenzó un proyecto de investigación centrado en la búsqueda de alternativas realizables bajo el título de Utopías reales. ¿Por qué utopías? ¿y por qué reales? Utopías, porque la ausencia de una alternativa sistémica al capitalismo global hacía que la posibilidad de superar este sistema se concibiera como algo utópico. Ha llegado a resultar tan inconcebible ese acontecer que Jameson considera, ejerciendo de fedatario de las creencias de la época, que para el común de los mortales resulta más fácil hoy imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo.1

El adjetivo de reales se entiende mejor cuando repasamos los intentos de rehabilitación del pensamiento utópico dentro de la tradición marxista. Las utopías concretas (Bloch) o las utopías realizables (Marcuse) no eran concebidas como ideales fuera de la historia sino como programas políticos que por ambiciosos y radicales podían parecer en un determinado momento irrealizables, pero en ningún caso imposibles. A diferencia de la utopía abstracta, las utopías concretas y realizables empiezan a diseñar la sociedad ideal del mañana sin ignorar las características de la sociedad del presente con todas sus dinámicas y contradicciones. En esa estela hay que entender las utopías reales de Wright.

Antes de señalar los rasgos específicos del proyecto Utopías reales, hay sin embargo una cuestión de la que era consciente Wright y que se relaciona mucho con la forma en que encaraba el asunto de las utopías Paco Fernández Buey, el otro autor seleccionado para esta sección de Referentes.

Wright sabía que la expresión “utopías reales” podía parecer una contradicción en los términos. A pesar de ello, la asumió de buen grado, porque la idea del proyecto era precisamente revelar esa tensión entre los sueños y el mundo práctico poniendo de manifiesto que los primeros forman parte también de la realidad, y que lo que puede llegar a ser posible nunca deja de ser totalmente independiente de nuestra imaginación, ya que nuestra forma de ver es la que suscita la voluntad política que puede propiciar o entorpecer los cambios sociales radicales.

A Paco Fernández Buey las expresiones utopía realizable, concreta o real también le sonaban a oxímoron y paradoja, lo que le llevó a afirmar que «de la vieja utopía lo salvable, si algo queda, sería, pues, la ironía, las diversas modalidades del humor», pues la reivindicación de la ironía, la parodia y la sátira es un punto compartido por todas las personas que defienden la utopía, tanto de aquellas que la utilizan como recurso metafórico como por las que la contemplan como elemento motivador de la acción política o les preocupa su fundamento antropológico al concebirla como expresión de ese heroísmo del espíritu que nos hace inconformistas y nos incita a luchar contra la catástrofe.

Pero volvamos al proyecto de Wright. El objetivo que se propuso fue formular unos principios institucionales capaces de inspirar alternativas emancipadoras al mundo existente. Algo que se encuentra a medio camino entre el simple debate sobre los valores morales que justifican el empeño y el minucioso detalle de las características institucionales que toman cuerpo en una sociedad radicalmente diferente. Hay cosas que no están al alcance de un investigador porque corresponden a la praxis social, pero lo que sí puede anticipar en un plano, si se quiere, más teórico es «determinar los principios organizativos esenciales de las alternativas a las instituciones existentes, los principios que orientarán las tareas de constitución de instituciones basadas en la práctica de la prueba y el error».2

Con ese propósito, el proyecto inició un largo proceso jalonado de publicaciones y un número aún mayor de versiones que el autor fue presentando para su discusión y sometimiento al escrutinio público en el seno de diferentes encuentros de grupos y asociaciones, como las reuniones anuales de la Asociación Americana de Sociología, la Sociedad para el Adelanto de la Socioeconomía o el Grupo de Marxismo Analítico con el que mantuvo siempre cierta vinculación.

Una primera síntesis de las ideas centrales apareció en un artículo publicado en la New Left Review en el año 2006.3 También en el nº 117 de nuestra revista Papeles publicamos en el año 2012 un artículo de Wright en el que profundizaba en uno de los aspectos centrales de su propuesta: los equilibrios entre la sociedad civil, el mercado y el Estado.4

Erik O. Wright sitúa a la democracia y al poder social enraizado en la sociedad civil en el centro de la transformación del capitalismo, replanteando el socialismo en términos de poder social y democracia radical. Pero la versión más acabada y desarrollada del trabajo de Wright quedó reflejada en Construyendo utopías reales, libro publicado por Akal en el año 2014, del que extraemos el texto que a continuación reproducimos gracias a la amabilidad y a las facilidades brindadas por la editorial.

En este libro Wright piensa las utopías en el marco más amplio de una ciencia social emancipadora. Un marco que comprende tres tareas:

1) el diagnóstico crítico de las instituciones y estructuras que dañan a las personas,

2) la formulación de las alternativas propiamente dichas y 3) la articulación de estrategias de transformación social que permitan la implantación de las alternativas. El diagnóstico y la crítica del presente se encuentran estrechamente relacionadas con la formulación de una teoría de la justicia que permite, además de comprender, evaluar la realidad. En esta teoría, nociones como buena vida o plenitud humana (o las equivalentes de bienestar o calidad de vida) juegan un papel fundamental. En la segunda tarea, Wright se sirve de tres criterios (deseabilidad, viabilidad y factibilidad) que actúan a modo de un cedazo que criba las propuestas, diferenciando aquellas que no pasan de meros desiderátums hasta llegar a las que adquieren visos de probabilidad. Finalmente, el proceso de cambio social que posibilita la implantación real de las utopías exige conocer los mecanismos de reproducción social, las grietas, las contradicciones y las rupturas del sistema, así como sus inercias y trayectorias, para que las estrategias y luchas colectivas de los sujetos sociales puedan aprovechar las oportunidades o eludir los obstáculos que se encuentran al avanzar hacia los objetivos democráticos igualitarios históricamente asociados con la idea del socialismo. El extracto que reproducimos a continuación se centra en los criterios con que elaborar y evaluar las diferentes alternativas sociales.

NOTAS

1  Frederic Jamenson, «Future city», New Left Review nº 21, mayo-junio, 2003.

2  Erik Olin Wright, Construyendo utopías reales, Akal, Madrid, 2014, p. 24.

3  Erik Olin Wright, «Los puntos de la brújula. Hacia una alternativa socialista», New Left Review, nº41, pp. 81-109.

4  Erik Olin Wright, «El modelo ‘triádico’ de sociedad en Genealogies of Citizenship de Somers», Papeles de Relaciones ecosociales y cambio global, n º117, pp. 27-42.


¿El fin de la corporación?

 

Es hora de hacer obsoleta la corporación maximizadora de ganancias y controlada por los accionistas

Marjorie Kelly

 

Imagina que a tu ciudad la atraviesan trenes gigantes que viajan a una velocidad increíble porque los propietarios de los trenes pagan a sus conductores en función de la velocidad. La ciudad establece límites de velocidad, instala luces intermitentes, envía a la policía para mantener a los peatones fuera de las vías. Inevitablemente, los trenes siguen atropellando personas y automóviles, causando lesiones y muertes. ¿Cómo responde el ayuntamiento? Reparando cruces y vallas.

Así es como la sociedad intenta ahora regular el comportamiento de las corporaciones. Aprobamos regulaciones para las grandes corporaciones manteniendo intacto su objetivo de maximización de beneficios. Cuando las corporaciones evaden las regulaciones muy intrincadas (recuerda que los megabancos casi hacen colapsar toda la economía mundial en 2008), nuestra respuesta es reparar las barreras regulatorias.

Es hora de hacer obsoleta la corporación maximizadora de ganancias y controlada por accionistas. En el momento peligroso que enfrentamos, con las crisis de la emergencia climática y la desigualdad desbocadas, ha llegado el momento de que las corporaciones dejen de actuar como si su principal deber fuera servir a los accionistas financieros.

Incluso los presidentes de las mayores empresas de los Estados Unidos aceptaron este hecho, al menos retóricamente, en una declaración de la Mesa Redonda de Negocios en agosto de 2019. El grupo indicó que era consciente de la necesidad de cambiar su propósito corporativo para servir a un conjunto más amplio interesados. Del mismo modo, durante la reunión de la élite financiera en el Foro Económico Mundial celebrado en Davos en enero de 2019, un tema clave fue la pérdida de fe en el actual statu quo de la economía. Axios lo llamó "un ajuste de cuentas para el capitalismo”.

Lo que debe cambiar es la propiedad y el diseño estructural de la corporación

Sin embargo, en estas conversaciones falta la verdad más amenazante, que lo que debe cambiar es la propiedad. Mientras las fuerzas estructurales de la propiedad corporativa actual permanezcan como hasta ahora, donde solo los accionistas votan al consejo ejecutivo y son predominantemente ricos, donde las empresas definen el éxito como un aumento en el precio de las acciones y remunera a los ejecutivos generosamente por lograrlo, no hay suficiente retórica o regulación externa que pueda alejar a las empresas de su objetivo actual: crear más riqueza para los ricos, a la mayor velocidad posible.

Lo que debe cambiar es el diseño estructural y la propiedad de la propia corporación. Necesitamos prever y crear un concepto completamente nuevo de la compañía, una empresa justa, diseñada de adentro hacia afuera con un nuevo mandato: servir al bienestar general y al bien público. La empresa justa es el único tipo que, en última instancia, debería permitirse que exista. Se acerca el momento en que la sociedad debe terminar con la corporación tal como la conocemos.

Esta tarea puede parecer hoy inimaginable. Tan solo las diez principales corporaciones de los Estados Unidos, entre ellas Apple, Exxon Mobil, General Motors y Walmart, tienen ingresos de más de 2,18 billones de dólares y dan empleo a 3,6 millones de personas. En comparación, los ingresos totales del Gobierno de Estados Unidos en 2015 fueron de sólo 3,1 billones de dólares y el empleo total (con exclusión de los militares) de 2,7 millones de personas.

En otras palabras, la suma de 10 corporaciones constituye dos tercios del tamaño del gobierno más poderoso del mundo. A nivel mundial, en 2011 el Instituto Federal de Tecnología de Zúrich descubrió que sólo 1.318 corporaciones de gran tamaño controlan el 80% de los ingresos comerciales.

El mismo estudio de Zúrich mostró que 147 corporaciones controlan el 40% de la riqueza total de la red. Fuente: Vitali et al. (2011)

Estas corporaciones son, a su vez, propiedad de unos pocos: el 10% más rico de Estados Unidos posee el 84% de las acciones de empresas que cotizan en la bolsa. La propiedad concentrada de activos en la élite mantiene a las corporaciones en su órbita actual, bloqueando el sistema más amplio en las prácticas extractivas que conducen a una mayor desigualdad y destrucción ecológica.

Luces apagadas, luces encendidas

Por el contrario, las formas democráticas y justas de propiedad de la empresa tienen, por su naturaleza, más probabilidades de proporcionar amplios beneficios públicos. Por ejemplo, la reciente debacle con Pacific Gas & Electric en California (PG&E), la compañía propiedad de inversionistas cuyo equipamiento mal gestionado y obsoleto provocó incendios forestales de 2017 y 2018, incluido el catastrófico incendio de Camp Fire que mató a 85 personas y destruyó la localidad de Paradise.

En la temporada de incendios de 2019, PG&E respondió mediante el corte de la energía durante semanas en las áreas propensas a incendios, dejando a millones literalmente en la oscuridad.


Imagen satelital del incendio. Fuente: NASA (Joshua Stevens) [Dominio público]

Sin embargo, las luces permanecieron encendidas en las regiones atendidas por el Distrito Municipal de Servicios Públicos de Sacramento, de propiedad comunitaria, conocido popularmente como SMUD. Es ampliamente reconocido que esta compañía –mayoritariamente de propiedad pública, cuya misión es servir a sus clientes y no obtener el máximo beneficio de ellos– ofrece un servicio más barato y fiable que su homóloga privada. De hecho, en los últimos años, varias jurisdicciones vecinas atendidas por PG&E han intentado unirse a SMUD (pero PG&E lo ha impedido con frecuencia).

Algunos observadores dicen que es injusto comparar a SMUD y PG&E porque esta última da servicio a áreas más propensas a incendios. Sin embargo, SMUD también provee a algunas regiones propensas a incendios, donde ha invertido en torres de transmisión diseñadas para soportar vientos fuertes, y estas áreas no han experimentado problemas. Además, según el periódico digital Sacramento Bee, muchas empresas de servicios públicos más pequeñas y de propiedad cooperativa que prestan servicios en áreas con alto riesgo de incendio mantuvieron un servicio fiable incluso cuando las zonas de PG&E se quedaron a oscuras.

La diferencia es el diseño de propiedad. La propiedad y el control financieros está detrás de las prácticas negligentes de PG&E. PG&E pasó una década sin inspeccionar el tendido eléctrico de cerca de 100 años que atraviesa un área muy boscosa. Este tendido se rompió y provocó el incendio de Camp Fire.

La diferencia es el diseño de propiedad. PG&E se centró en maximizar el precio de las acciones y SMUD tiene la misión principal de servir a sus clientes

¿Por qué una empresa tan grande, con ingresos de 17.000 millones de dólares en 2018, descuidaría el mantenimiento básico del tendido eléctrico? Porque estaba enfocada en otra cosa. Perseguía su objetivo principal: maximizar el precio de las acciones. En lugar de invertir para mantener a las comunidades seguras, PG&E sirvió a los accionistas gastando miles de millones para recomprar sus propias acciones durante una década a fin de inflar artificialmente su precio. El precio de la acción finalmente se desplomó, cayendo en picado entre 2017 y 2019 de 70 dólares a menos de 10 dólares por acción. Al parecer, esos miles de millones que PG&E gastó se desvanecieron.

La conexión entre la titularidad de la propiedad y el comportamiento de la empresa a menudo es desconocida por el público, pero no por los activistas y políticos progresistas del norte de California. La ciudad de San Francisco, el gobernador de California Gavin Newsom y una coalición de funcionarios de ciudades y condados han estado luchando para tomar el control de PG&E, ya que la empresa está en quiebra.

El gobernador ha amenazado con una adquisición pública, mientras que 110 funcionarios de ciudades y condados propusieron conjuntamente convertir a la empresa en una cooperativa de propiedad de los usuarios. En representación de ese grupo, el alcalde de San José, Sam Liccardo, señaló que el marco del grupo haría de "PG&E una empresa viable de propiedad del cliente que será transparente, responsable y equitativa”.

Su objetivo, en resumen, es crear una empresa justa.

Un nuevo paradigma

Para que nuestra civilización pueda vivir de manera segura dentro de los límites planetarios, con una economía que nos permita florecer, se necesitarán procesos de toma de decisiones económicas más democráticos. En el epicentro de este cambio hay nuevos tipos de propiedad empresarial.

La propiedad es la condición original del sistema en una economía. Toda economía se define por su forma dominante de propiedad: en la era agraria, la propiedad de la tierra era de la monarquía y la aristocracia terrateniente; en la era industrial, la propiedad de ferrocarriles y fábricas era de los capitalistas sin escrúpulos; en el comunismo, era propiedad del Estado; y en la economía financiarizada de hoy, la élite financiera posee la propiedad de los activos.

Si vamos a pasar con éxito de un panorama económico propenso al desastre a uno potencialmente de bienestar para todos y todas, entre los cambios necesarios esenciales estará crear un nuevo paradigma empresarial dominante. Si no cambia la propiedad de las corporaciones –quién las posee y con qué fines– será imposible lograr otras formas de cambio y poco probable que tengan éxito.

Una empresa justa se puede definir de forma sencilla: una empresa donde el bien público es primordial, donde la propiedad ha evolucionado para convertirse en una propiedad amplia y donde las empresas han evolucionado más allá de la norma primitiva de máxima ganancia financiera para unos pocos hacia la incorporación de una nueva norma de servicio para la mayoría.

El diseño de propiedad de la compañía dominante en la actualidad, la empresa controlada por los inversores y maximizadora de ganancias, representa un monocultivo de diseño. Su forma emblemática es la empresa que cotiza en la bolsa. Si bien hay menos de estas firmas icónicas (el número de compañías estadounidenses que cotizan en las bolsas de valores se redujo a la mitad entre 1996 y 2012), el principio de maximización de ganancias tiende a permanecer igual, con grandes empresas privadas como Koch Industries y Cargill o con empresas de capital privado. Ya sean públicas o privadas, las empresas controladas por el capital dominan la economía capitalista.

Bolsa de Tokio. Las empresas que cotizan en bolsa dominan la economía mundial. Fuente: Dick Thomas Johnson/Flickr/ (CC BY 2.0)

El control por parte del capital es lo que aleja a las empresas de la misión vital para la que existen, como sucedió en el desastre de PG&E. El propósito de las economías es satisfacer las necesidades humanas. Cuando las empresas existen únicamente para generar ganancias para el capital, la sociedad está en peligro. Como observó John Maynard Keynes: “Los especuladores pueden no hacer daño como burbujas en un flujo constante de empresas. Pero la situación es seria cuando la empresa se convierte en una burbuja en un remolino de especulación”. Toda la sociedad puede convertirse, en términos de Keynes, en "un subproducto de las actividades de un casino". Aquí es donde nos encontramos hoy, en una economía del 1%, por el 1%, para el 1%.

Una economía de, por y para las personas requiere un nuevo arquetipo de empresa. A diferencia del monocultivo de la empresa controlada por el capital, se puede vislumbrar un nuevo modelo en una rica diversidad de diseños que incluyen cooperativas, empresas propiedad de los empleados, bancos comunitarios, cooperativas de crédito, empresas sociales, bancos estatales, empresas públicas y comunidades, entre otros. En ellos, la propiedad y el control no están en manos de la economía de casino, sino de las personas, con un interés natural en comunidades y ecosistemas saludables.

Dichas empresas son precursoras de un modelo arquetípico emergente, que puede convertirse en nuestra guía hasta que llegue el día en que podamos enfrentar el desafío mayor de rediseñar las grandes corporaciones. Los diversos modelos actuales muestran que la arquitectura de propiedad define el propósito del negocio y determina en gran medida si las empresas operan teniendo en cuenta el bien común.

Como escribí en Owning Our Future, hay un lenguaje sencillo que describe diferentes elementos del diseño de propiedad, con cinco elementos centrales: propósito, membresía, gobernanza interna, capital y redes. Externamente, por encima y alrededor de ello está la relación de la empresa con el gobierno. Internamente, el diseño empresarial potencia el liderazgo ético o el liderazgo de extracción con la intención de acumular una riqueza individual incalculable.

5 elementos del diseño de la propiedad

  1. Propósito
  2. Propiedad
  3. Gobernanza interna
  4. Capital
  5. Redes

La propiedad de capital representa una propiedad en ausencia y un comercio especulativo rápido, orientado a la máxima extracción de riqueza. Las redes de este arquetipo son los mercados de valores y el comercio financiero mundial, desconectados de los impactos a los trabajadores, las comunidades y la biosfera. La postura hacia el gobierno es el intento de dominación a través del cabildeo y escapar de la regulación lo más posible.

La generación emergente de empresas está diseñada para crear las condiciones para que florezca la vida. Presentan la propiedad en manos de empleados, comunidades y líderes cívicos conectados a la economía real de trabajos, hogares y familias. Dichas empresas están dirigidas por una misión social y ecológica, incorporada en la gobernanza interna donde se tienen en cuenta las voces de las partes interesadas.

Estas empresas aún requieren capital, pero como su socio, no como su amo. Las redes éticas respaldan a estas empresas, como las redes mundiales de cooperativas y los inversores de impacto. La mayoría de estas empresas generan ganancias, pero no las maximizan. Buscan equilibrar el beneficio con la misión. En relación con el gobierno, no infringen el derecho de las personas físicas a gobernarse a sí mismas, ni infringen otros derechos humanos universales.

Variantes de un arquetipo emergente

 El aspecto de este arquetipo en el mundo real se puede ver en los modelos globales existentes. Vemos un nuevo propósito de las empresas, por ejemplo, en la empresa B, donde las compañías adoptan un compromiso jurídico con el bien público. Existen 2.655 corporaciones B en 60 países, certificadas por el laboratorio B sin fines de lucro. Hay 5.400 entidades similares sin ánimo de lucro que adoptan un propósito público a través de estatutos constitutivos en 34 estados de los Estados Unidos, incluidas empresas como Kickstarter, Patagonia y King Arthur Flour.

Si bien el modelo de empresa B tiene sus defectos –se enfoca en el propósito, pero no en la propiedad o la gobernanza, y también carece de mecanismos de sanción sólidos–, representa un paso importante en el reconocimiento cultural de que es posible administrar empresas exitosas con el beneficio público como principal objetivo.

Algunos critican que las empresas del tipo de Corporación B sean totalmente privadas, en lugar de públicas, pero esta es en general la forma en que surgen los cambios sociales poderosos, como con los estándares orgánicos y los estándares de construcción ecológica LEED (Liderazgo en Energía y Diseño Ambiental), que comenzaron como una innovación del sector privado antes de lograr la aceptación institucional.

Las empresas sociales también incorporan un claro propósito público, por ejemplo las creadas para contratar a los desempleados de larga duración. Tech Dump en Minneapolis, por ejemplo, entrena a ex reclusos en el reciclaje de productos electrónicos. Las empresas sociales, a menudo de propiedad de organizaciones sin fines de lucro, utilizan métodos empresariales para abordar problemas sociales. Social Enterprise Alliance tiene más de 900 miembros en 42 estados de los Estados Unidos. El emprendimiento social se enseña en escuelas de negocios como Oxford, Harvard y Yale.

Tech Dump recicla dispositivos electrónicos y da trabajo a ex reclusos. Fuente: Techdump

La economía social, un concepto relacionado pero más amplio, que incluye a las cooperativas, tiene gran aceptación en Canadá, particularmente en Quebec, una provincia con más de 7.000 empresas cooperativas con ingresos anuales de más de 40.000 millones de dólares.

El poder de la gobernanza interna, combinado con una propiedad de base amplia, funciona en John Lewis Partnership (JLP), que, a pesar de las recientes dificultades financieras relacionadas con las condiciones económicas en el sector minorista, sigue siendo la cadena de grandes almacenes más grande del Reino Unido, con ventas de más de 11.700 millones de libras y una plantilla de 81.500 personas.

Esta empresa es propiedad exclusiva de sus empleados o, como los llama JLP, socios. El propósito declarado de la empresa es servir a la felicidad de sus cooperativistas, quienes ejercen su voz a través de una estructura de gobernanza democrática de consejos, comités y foros elegidos.

Cabe destacar el contraste con las empresas controladas por el capital, donde sólo los accionistas –propietarios del capital– son considerados miembros. Los empleados de las empresas tradicionales no son miembros. Están marginados y desposeídos, no tienen derecho a reclamar los beneficios que contribuyen a crear y carecen de voz en el gobierno, ganando poder sólo a través de la afiliación sindical. Pero en una empresa propiedad de los empleados como JLP, la plantilla no está conceptualmente fuera de la empresa. Ellos son la firma.

La propiedad de empresas por parte de los empleados está avanzando en los Estados Unidos, el Reino Unido y otros lugares. Si creciera sustancialmente, los trabajadores comenzarían a ocupar los círculos dominantes de la economía.

El grupo de firmas alternativas más antiguo y extenso es el sector cooperativo –negocios propiedad de las personas a las que sirven– que incluye cooperativas de crédito propiedad de los depositantes; cooperativas agrícolas como Sunkist, Ocean Spray y Land O ’Lakes; y cooperativas de consumidores como REI.

A nivel mundial, las cooperativas tienen más de 1.000 millones de miembros e ingresos combinados de 3 billones de dólares. La organización cooperativa de trabajadores más grande es la Corporación Mondragón en España, una federación de trabajadores propietarios que incluye 98 cooperativas de propiedad de los trabajadores, 80.000 trabajadores y 12.000 millones de euros de ingresos. Vende productos en todo el mundo y tiene su propio banco, universidad, incubadoras de empresas y agencia de bienestar social.

En la cooperativa Organic Valley, propiedad de los agricultores, una empresa de Wisconsin con ingresos de 1.000 millones de dólares, los propietarios-miembros son sus 1.650 proveedores, los agricultores que producen la leche, el queso y los huevos orgánicos que distribuye la empresa. Organic Valley combina la propiedad en manos de la gente con un propósito vivo: salvar las granjas familiares. Debido a que esta empresa vende solo productos orgánicos, la restauración y protección del ecosistema también está garantizada. A medida que la compañía ayuda a los nuevos miembros agricultores a través del riguroso proceso para convertirse en productores orgánicos, el crecimiento de la empresa se traduce en una mayor restauración de las cuencas y los suelos.

El modelo fundamental de propiedad pública ha comenzado a resurgir a escala mundial como una estrategia viable después de la crisis financiera de 2008. Comenzando en América Latina, se ha producido un movimiento mundial para reclamar la propiedad comunitaria de los sistemas de agua después del desastroso fracaso de muchas empresas de agua propiedad de corporaciones. Este movimiento ha reclamado la propiedad pública del agua en al menos 235 casos en 37 países, beneficiando a 100 millones de personas.

Nuestro futuro como especie depende de nuestra capacidad para restaurar nuestra relación con el agua, la tierra y otros recursos generativos de la naturaleza. La arquitectura de la propiedad es clave.

Igualmente vital para nuestro futuro es quién posee el sistema bancario, un tipo de servicio que proporciona un bien público, por lo tanto, apropiado generalmente para que sea de la titularidad pública.

Los bancos públicos desempeñan un papel importante en China, Alemania, la India y varios países de América Latina. La Unión Europea (UE) tiene más de 200 bancos públicos y semipúblicos, con más de 80 agencias de financiación, que engloban el 20% de todos los activos bancarios. Las 413 cajas de ahorro municipales de propiedad pública de Alemania, Sparkassen, poseen más de 1,1 billones de euros en activos. Como señaló The Economist, estos bancos atravesaron la crisis financiera mundial "apenas sin un rasguño”.

Véanse también: The Power of Public Finance for the Future We Want (en español) y Public Finance for the Future We Want (Resumen ejecutivo en español).

Estos bancos se mantuvieron al servicio del público, libres de las demandas de los especuladores que llevaron a otros bancos a un mal comportamiento que casi hundió la economía mundial.

Se suman a una fuerza más grande de lo que casi nadie conoce. Nuestra sociedad se encuentra en un punto de ruptura, pero también en un momento de profunda innovación y rediseño. Estos modelos de propiedad alternativa tienen mucho que enseñarnos sobre lo que vendrá después: cómo se pueden aplicar sus lecciones de diseño al gran desafío de la corporación moderna.

De la regulación al diseño institucional

 En un momento en que el planeta está al borde del abismo, millones de personas viven en la ansiedad económica y la extrema derecha está creciendo en todas partes, es evidente que las viejas formas de regular el capitalismo ya no son suficientes. Las herramientas del pasado son un punto de partida, pero son inadecuadas para enfrentar los problemas de las corporaciones actuales.

Por ejemplo, las leyes antimonopolio, son una herramienta que potencialmente puede abordar el problema crítico del tamaño de las empresas (aunque en las últimas décadas, las estrategias antimonopolio han sido sorteadas por la captura y el cabildeo corporativo), pero incluso en el mejor de los casos, el antimonopolio no aborda el tema clave del propósito de la corporación.

El bien común debe formar parte del ADN de las instituciones y las prácticas económicas

¿Se puede y se debe permitir que las empresas busquen la maximización de los beneficios para los accionistas como su propósito principal? Este es un aspecto amenazante para su actividad que no se resuelve al fraccionarlas o evitar las fusiones y adquisiciones.

Otros enfoques como la regulación del salario mínimo y la imposición de un máximo de horas de trabajo tampoco abordan su propósito central, lo que deja a las corporaciones vía libre para encontrar formas de evitar esas reglas: externalizar empleos, por ejemplo, o convertir puestos de trabajo de tiempo completo en contratos de obras y servicios.

Muchos de los enfoques utilizados hoy en la regulación, incluidos los salarios mínimos, los sindicatos, la regulación de valores a la antigua usanza y las redes de seguridad social, se remontan a la década de 1930. Por supuesto, todavía los necesitamos y deben fortalecerse. Pero en el turbocapitalismo contemporáneo, globalizado y financiero, desplegar sólo estas herramientas es como poner una señal de límite de velocidad frente a un tren que acelera.

El bien común debe formar parte del ADN de las instituciones y sus prácticas económicas. Si podemos lograr tal transformación, significará que el bienestar económico de la comunidad y los trabajadores ya no dependerá de los caprichos legislativos o presidenciales en un momento determinado, sino que estará respaldado por un cambio duradero en la arquitectura subyacente del poder económico: el diseño de la propiedad y el control.

La ciencia de sistemas nos dice que los sistemas sociales humanos no están estructurados simplemente por reglas y reglamentaciones, sino que se autoorganizan en torno a valores, en torno a lo que nos interesa instintivamente. El valor central del sistema actual se puede sintetizar en el problema del sesgo de capital: una inclinación hacia las finanzas y los acaparadores de riqueza imbuidos de forma invisible en todo el sistema: en los valores, la cultura y las instituciones.

El problema central es la maximización de beneficios a través de la extracción financiera

Los intereses de capital a menudo son promovidos mediante las medidas políticas, como ocurre con los impuestos más bajos sobre las ganancias de capital que sobre los ingresos laborales, o rescates para grandes bancos, pero no para los deudores hipotecarios comunes y corrientes. Sin embargo, el sesgo de capital reside más profundamente en las arquitecturas y normas económicas básicas, en las instituciones y la propiedad del capital. El problema central es la maximización de beneficios a través de la extracción financiera. Esto es lo que la sociedad ha intentado sortear durante mucho tiempo a través de soluciones técnicas regulatorias.

Cambiar este sesgo central significa abordar la pregunta que está en el núcleo de la economía política: la cuestión de la propiedad y el control del capital productivo. Necesitamos pasar a un nuevo tipo de sistema económico eficiente, sostenible desde el punto de vista político y ecológico: una economía política moral y democrática, diseñada para el bienestar de todas las personas.

Un aspecto central de esta evolución es poner fin a la corporación maximizadora de ganancias y controlada por los inversores.

Un fracaso de la imaginación

La economía contemporánea centrada en el capital está comenzando a resultar insostenible incluso a sí misma. Es un sistema programado para su propia implosión.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) advirtió sobre la acumulación de "nubes que amenazan tormenta" de la próxima crisis financiera; el inversionista multimillonario Paul Tudor Jones ha destacado una "burbuja de deuda mundial"; y el administrador de fondos Jim Rogers ha pronosticado un colapso financiero que será el más grande que ha visto en sus 76 años.

La comunidad financiera está hablando de la "burbuja de todo", el aumento insostenible en el valor de las acciones, los bienes raíces y otros activos, y The New York Times pregunta, "¿cómo podría ser el pinchazo?". Después del último colapso, el Wall Street Journal declaró: "el Wall Street que hemos conocido durante décadas ha dejado de existir". ¿Podrá resultar cierto la próxima vez?

Diez años después, lo que es diferente es que los jóvenes se están movilizando de una forma que no se veía desde la década de 1960, y las ideas políticas radicales están sobre la mesa como nunca antes. Es posible que nos estemos acercando a puntos de inflexión en los que se vislumbra un cambio histórico importante.

Es un buen momento para tener en cuenta las dos herramientas clave que poseen los progresistas: legitimidad e imaginación. Una vez que un sistema pierde legitimidad, no importa cuán fuerte parezca, finalmente caerá. Piensa en el apartheid en Sudáfrica. Piensa en Harvey Weinstein y otros hombres poderosos frente al movimiento #MeToo. Piensa en las monarquías que dominaron el mundo durante milenios, antes de la democracia.

El sistema capitalista ya ha perdido una gran legitimidad. Este proceso puede profundizarse, a medida que ayudamos a otros a ver cómo y por qué el sistema está fallando a la gran mayoría. Un paso clave es ayudar a las personas a comprender una verdad expresada por el historiador cultural Edward Said, que la herramienta fundamental del imperio es convertir a los nativos en extraños en su propia tierra. Y añadió: "lo que se pierde es recuperable al principio sólo a través de la imaginación”.

Lo que a menudo mantiene en pie un sistema político-económico agonizante es el fracaso de este tipo de imaginación. Pero los principales pensadores y activistas de hoy están perforando la aparente invencibilidad con propuestas y enfoques audaces.

Por ejemplo, el Gobierno del Reino Unido todavía tiene el control del Royal Bank of Scotland (RBS), que los contribuyentes rescataron en 2008 por un monto de 45.000 millones de libras. La New Economics Foundation (nef) en el Reino Unido ha propuesto que RBS sea de propiedad pública, dividiéndola en una red de 130 bancos locales.

En los Estados Unidos, mi colega de The Democracy Collaborative, Thomas Hanna, ha propuesto de manera similar que en la próxima crisis financiera, los responsables de elaborar políticas consideren convertir a los bancos que quiebran en propiedad pública permanente. Esta es una forma de desfinanciarizar nuestra economía, dividir grandes concentraciones de capital y proporcionar los fondos necesarios para prioridades como la energía verde. Si tales ideas parecen extravagantes en la actualidad, pueden volverse eminentemente prácticas en una crisis.

El Nuevo Pacto Verde, que exige una movilización de 10 años para satisfacer el 100% de las necesidades de energía a través de fuentes de energía limpias, renovables y de cero emisiones, es otra vía para impulsar los modelos empresariales de la próxima generación.

El proyecto Sunset Park Solar en la ciudad de Nueva York es el tipo de iniciativa que un Nuevo Pacto Verde podría financiar en los Estados Unidos. Uprose, una organización de latinx, se asoció con el organismo estatal de la ciudad de Nueva York Economic Development Corporation y otros socios para instalar energía solar de propiedad comunitaria en la Terminal del Ejército de Brooklyn. Proporcionará a 200 residentes de bajos ingresos electricidad menos costosa y más resiliente frente a las caídas en la red en el contexto del cambio climático.


La organización comunitaria latinx UPROSE impulsó un proyecto solar comunitario para responder a la crisis climática y crear empleos verdes. Fuente: Groundswell

Proyectos de energía de gestión comunitaria como este podrían ser reforzados por una nueva agencia federal propuesta por mis colegas Gar Alperovitz y Johanna Bozuwa. Han esbozado una propuesta para la creación de una Administración Comunitaria de Propiedad de Energía (COPA), similar a la Administración de Electrificación Rural del Presidente Franklin Roosevelt que llevó la energía eléctrica al 90% de las áreas rurales anteriormente desabastecidas. Una nueva COPA a nivel nacional podría desplegar financiamiento y creación de capacidades para construir servicios públicos de energía administrados por la comunidad.

Tanto en el Reino Unido como en los Estados Unidos, está ganando impulso el compromiso con un sistema de energía renovable justo y controlado por la comunidad. En los últimos años, ha habido un aumento de las campañas de adquisición de servicios públicos, incluida la campaña Switched On London y la campaña #NationalizeGrid contra National Grid, una compañía británica con fines de lucro que opera tanto en Nueva Inglaterra como en el Reino Unido.

El Partido Laborista británico llevó esta visión más allá con su propuesta de adquisición total de los servicios de energía Big Six. Aunque los laboristas perdieron estrepitosamente las elecciones de 2019, en gran parte debido a Brexit, el problema no fue la impopularidad de otras políticas económicas clave como la propiedad pública. Por ejemplo, en una encuesta de 2017, el grupo de investigación liberal del Reino Unido, Legatum Institute, encontró que el 83% apoyaba la propiedad pública del agua y el 77% apoyaba la propiedad pública del gas y la electricidad.

Otro sector donde se necesitan empresas de próxima generación es el cuidado de la salud, particularmente el sector farmacéutico, donde los precios vertiginosos, la escasez recurrente, los problemas de seguridad posteriores a la comercialización y el aumento de la financiarización son resultados naturales de las empresas diseñadas para maximizar las ganancias.

Mi colega Dana Brown ha propuesto desarrollar un sector farmacéutico público para los Estados Unidos, como un enfoque sistémico que reemplace la necesidad de reformas poco sistemáticas que luego podrían ser rescindidas. Dicho diseño incluiría un instituto nacional de investigación y desarrollo público (I + D) que desarrolle medicamentos esenciales; fabricantes públicos estatales y locales; y distribuidores mayoristas públicos regionales. Las ganancias se devolverían a los balances públicos, y podrían invertirse en determinantes sociales de la salud, como el desarrollo económico local.

La idea de una "opción pública" en la industria farmacéutica ha sido respaldada por los senadores Elizabeth Warren y Bernie Sanders. Y en el Reino Unido, la propuesta del Partido Laborista "Medicamentos para la Mayoría" exigía la anulación de las patentes cuando fuera necesario para la salud pública y para la fabricación de medicamentos de propiedad pública a gran escala. (Es cierto que esta no es una política que tendrá éxito en el gobierno de Boris Johnson).

Además de las estrategias sectoriales, se pueden promover empresas de próxima generación modelo por modelo, como con la propiedad de los empleados, la que está más madura para aplicar en escala. En Italia, por ejemplo, los trabajadores cuyos lugares de trabajo están siendo cerrados tienen el derecho prioritario de unirse a sus compañeros de trabajo y adquirir la empresa, de conformidad con la Ley Marcora. El Partido Laborista ha propuesto un derecho similar en el Reino Unido, y Bernie Sanders hizo lo propio en los Estados Unidos. A medida que la generación del baby boom alcance la edad de jubilación, 2,34 millones de firmas propiedad de empresarios de esa generación entrarán al mercado estadounidense en los próximos 10 años, un evento que se llama el "tsunami de plata". Si se pueden vender más de estas empresas a los trabajadores, se podría modificar la curva de la historia, ayudando a crear una gran revolución democrática de la propiedad.

También se necesitarán nuevos tipos de modelos que aún no existen, particularmente en el sector de la tecnología. Existe un movimiento a favor de las cooperativas de plataformas propiedad de los trabajadores, como alternativas a las empresas de alta tecnología propiedad de multimillonarios. Un ex ejecutivo de Microsoft sugirió un modelo de "capital de usuario final", en el que los usuarios obtienen capital en empresas como Facebook, ya que los datos de los usuarios agregan valor. Una start-up llamada Driver’s Seat ayuda a los conductores de viajes en automóvil a agregar y capturar el valor de sus datos, en lugar de que lo extraigan empresas como Uber.

La Ley de Capitalismo Responsable de Elizabeth Warren ha propuesto un enfoque completo para crear un nuevo modelo de empresa responsable, que requeriría que las empresas estadounidenses con ingresos de más de 1.000 millones de dólares obtengan nuevos estatutos federales (en la actualidad, las empresas están autorizadas a nivel estatal), con deberes fiduciarios más amplios, creando un nuevo mandato para servir no sólo a los accionistas sino también a los empleados y la comunidad. La legislación también propone reservar a los empleados el 40% de los puestos en la junta directiva.

En estos enfoques variados podemos ver cómo se podría promover un nuevo paradigma de la empresa justa modelo por modelo, sector por sector, crisis por crisis. Al ayudar a que las empresas se vendan a los empleados, en lugar de ser absorbidas por los competidores, podemos comenzar a detener la cinta transportadora que contribuye al aumento del tamaño de las empresas. Del mismo modo, si las empresas se fraccionan por las políticas antimonopolio, las nuevas empresas podrían tener el mandato de convertirse en propiedad de los trabajadores.

Podemos actuar de manera oportunista, como con PG&E o rescates bancarios, aprovechando las quiebras y las crisis para alentar a las empresas a la propiedad pública o comunitaria permanente. Los sectores donde el argumento moral para la propiedad pública es fuerte, como la atención médica o el agua, pueden ser objeto de movilización. Los bancos pueden ser reconceptualizados poderosamente como servicios públicos, como en el movimiento ya creciente en Estados Unidos y el Reino Unido por más bancos municipales, estatales y cooperativos.

Finalmente, llegará el día en que todas las grandes corporaciones deban estar sujetas a rediseño. Podemos sentar las bases para ese día a través de enfoques que promuevan la aceptación cultural, como la amplificación de las voces de los líderes empresariales progresistas en empresas exitosas que tengan una propiedad de base amplia y liderada por la misión, haciendo que el negocio sea un nuevo tipo de moral y justicia firma.

Fuente: https://www.project-equity.org/wp-content/uploads/2018/07/Project-Equity-National-Small-Business-Closure-Crisis.pdf

 

Seguir adelante

En todo esto, los movimientos sociales y ambientales tienen un importante papel que desempeñar. También son vitales los teóricos y los estudiosos del derecho, necesarios para avanzar en las teorías académicas de la empresa justa. La observación que hizo Franklin Roosevelt sugiere el tipo de marcos jurídicos necesarios: que la empresa privada "se ha convertido en una especie de gobierno privado, un poder en sí mismo".

Las grandes corporaciones en ningún sentido son privadas, como un hogar o una familia, ni son gobiernos democráticos, como ciudades, estados y naciones. Son una tercera entidad, una entidad con poder que nunca se ha democratizado y aún funciona con la cosmovisión arcaica y aristocrática donde los derechos de la riqueza prevalecen sobre otros derechos humanos.

La palabra "corporación" no aparece en ninguna parte de la Constitución de los Estados Unidos. Las corporaciones no surgieron en la forma actual hasta la era industrial. Lo que preocupaba a los padres fundadores era proteger a las personas contra los abusos del rey.

Como observó el profesor de derecho de la Universidad de Hofstra, Daniel Greenwood, esa mentalidad condujo a una gran división en la ley entre lo público y lo privado: limitaciones al gobierno por un lado, protección de las libertades individuales por el otro. Cuando las corporaciones surgieron más tarde, se colocaron en el lado privado de esta división, haciéndose pasar por personas privadas, poseyendo libertades que requieren protección del gobierno que excede su alcance adecuado.

Cuando reconocemos que las gigantescas corporaciones son gobiernos privados está claro que las personas y nuestros órganos electos necesitan protección contra el alcance de estas entidades antidemocráticas, que deben reorganizarse adecuadamente por el interés público.

Reconceptualizar la empresa, rediseñarla, desplazar a la corporación tal como la conocemos es una tarea tan enorme como la eliminación de las emisiones de carbono, pero ambas son igualmente necesarias. La diferencia es que si bien el desafío climático es conceptualmente mucho más avanzado y ampliamente aceptado como esencial, la tarea de rediseñar la corporación apenas se reconoce y sigue siendo muy poco teorizada.

Si tal tarea parece imposible, podríamos recordar que la transformación fundamental es históricamente tan común como la hierba. Sólo hay un escenario futuro que es completamente imposible: la continuación del status quo.

La tarea comienza simplemente por ver: reconocer que el diseño de propiedad es importante, que se encuentra en la raíz de la actual crisis. Todavía no poseemos una claridad común de que los problemas de profundización no son accidentales o el resultado de una política, sino que son los resultados predecibles de la organización básica de la economía extractiva.

Lo que es peor, los progresistas no compartimos una visión económica alternativa positiva de lo que podría reemplazar al capitalismo, si no que nuestras mentes se obsesionan con la distopía. De hecho, es cierto que los apagones de California son sólo un indicio de lo que está por llegar si, durante la devastación que se avecina, las corporaciones gigantescas siguen teniendo el control con el único objetivo de generar ganancias a corto plazo. Es hora de comenzar juntos a imaginar el diseño de la empresa de la próxima generación.

 

SOBRE LA AUTORA

Marjorie Kelly es investigadora superior y vicepresidenta ejecutiva de The Democracy Collaborative (TDC) y destacada teórica en "diseño empresarial de próxima generación". En el Instituto Tellus, Kelly cofundó la Corporación 20/20 para imaginar y defender diseños empresariales que integran objetivos sociales, ambientales y financieros. Kelly es coautora de The Making of a Democratic Economy (Berrett-Koehler Publishers), Owning Our Future: The Emerging Ownership Revolution (2012) y The Divine Right of Capital, que fue nombrado uno de los 10 mejores libros de negocios de Library Journal en 2001.

 

Traducción: Nuria del Viso, Área Ecosocial de FUHEM

 

El presente artículo forma parte del informe Estado del poder 2020, cuya versión en español es editada en formato electrónico por Transnational Institute (TNI), Attac España y FUHEM Ecosocial. La versión íntegra del informe en inglés se puede encontrar en https://longreads.tni.org/the-end-of-the-corporation/

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


FUHEM Ecosocial: declaración ante la COVID-19

FUHEM Ecosocial: declaración ante la COVID-19

 

Sabíamos que podía ocurrir. Las pandemias han sido recurrentes en la historia de la humanidad. Sin alejarnos demasiado en el tiempo, cabe recordar que durante el último medio siglo hemos visto, entre otros virus, el sida, el ébola, el SARS, la H1N1, el MERS y la gripe aviar. Los virólogos y epidemiólogos sabían que un nuevo virus podía causar una pandemia y la probabilidad con que podía acontecer. Los científicos llevan más de una década señalando que esas infecciones serán probablemente zoonóticas, es decir, transmisiones de virus de animales salvajes o domésticos a humanos. En septiembre del año pasado, apenas un mes antes de que se conociera el primer brote de coronavirus en la ciudad de Wuhan, un equipo de 14 científicos y expertos de un programa de la OMS y el Banco Mundial hicieron público el informe Un mundo en peligro. Informe anual sobre preparación mundial para las emergencias sanitarias.1 Ahí ya se señalaba que el planeta debía prepararse para hacer frente a una inminente pandemia provocada por un patógeno respiratorio que podría matar a millones de personas y perturbar profundamente la economía mundial.  Las advertencias de los autores del informe cayeron en saco roto. Podemos hablar de la criminal irresponsabilidad y mala fe de muchos dirigentes, pero nadie podrá decir que no se sabía que una pandemia de este tipo estaba acechando en el horizonte.

Ahora que no queda otra que plantar cara a esta pandemia, nadie ignora que estamos ante una crisis que no sólo es sanitaria. La pandemia se ha revelado también como un fenómeno que permite comprender qué rasgos tiene y cómo funciona la sociedad actual. A un acontecimiento que admite tantas aproximaciones como aristas muestra (sanitarias, sociales, económicas o políticas), a un fenómeno de estas características, en ciencias sociales se le llama hecho social total, al afectar al conjunto de los componentes y relaciones fundamentales de una sociedad. También es posible contemplar esta pandemia como un ensayo general de las amenazas globales que se desprenden de la crisis ecosocial y que, al proyectarse sobre el conjunto de la humanidad, adquieren una dimensión existencial. Asimismo, esta experiencia nos ha introducido en un gigantesco experimento natural. Este acontecimiento se ha convertido en un campo de estudio inestimable para cualquier investigador. Al afectar a toda la humanidad en un periodo temporal perfectamente acotado permite aislar comportamientos e impactos comparándolos con los de periodos precedentes a la pandemia.

Así pues, no estamos únicamente ante una trágica perturbación, también estamos delante de una oportunidad para conocernos mejor y extraer enseñanzas. Si esta situación exige una ciudadanía activa capaz de responder solidariamente a la emergencia social y sanitaria, en el plano intelectual exige una tarea no menos importante para quienes buscan y promueven el bien común: la voluntad de comprender a través del análisis crítico. El carácter de hecho social total, de ensayo general y de experimento natural que tiene esta pandemia nos pone ante una oportunidad inédita para confirmar, rectificar y ampliar durante los años venideros buena parte del saber acumulado en torno a la naturaleza de la crisis ecosocial y sus consecuencias.

La pandemia del COVID-19 ha irrumpido paralizando y trastocando nuestras vidas. Debemos subrayar que ni estamos en condiciones ni pretendemos hacer una interpretación ambiciosa e integral de lo que significa la crisis en la que estamos inmersos, pero sí podemos indicar algunos problemas con los que necesariamente tendremos que enfrentarnos.

En los últimos años hemos reclamado sin descanso, desde la mirada ecosocial propia de esta Fundación, una mayor atención a la crisis ecológica, a la pérdida de cohesión de nuestras sociedades, una respuesta más humana al problema de los desplazados y una defensa más decidida de la democracia como proceso que se construye a partir de la deliberación y la participación de toda la ciudadanía, sin exclusiones. En el contexto de estos afanes, el COVID-19 nos ha traído la evidencia de una profunda crisis de cuidados, un sistema de salud público formado por magníficos profesionales pero infradotado y dañado por los ajustes de las últimas décadas, y un menoscabo de derechos y libertades por la urgente necesidad de decretar el estado de alarma para hacer frente a la emergencia sanitaria. La pandemia está poniendo de manifiesto la importancia que tienen las condiciones sociales y ambientales para la salud y la calidad de vida de pueblos y personas. Las sociedades con mayores y mejores dotaciones de bienes y servicios públicos, con ecosistemas más sanos y variados y con un tejido social más cohesionado están en mejores condiciones de afrontar este tipo de amenazas. Así pues, contra las pandemias se necesita: ecología y servicios públicos de calidad, solidaridad y cuidado mutuo, más democracia y mucha ciencia (con conciencia).

Son muchas las enseñanzas y reflexiones que esta pandemia está suscitando a la sociedad. Anticipamos sólo algunas de ellas:

  • La primera es que detrás de esta pandemia está la acción humana sobre la naturaleza. La alteración de los hábitats y la pérdida de biodiversidad en los ecosistemas derrumban barreras en la expansión de los patógenos, al mismo tiempo que nuestros estilos de vida tienden puentes muy efectivos para su propagación. Las implicaciones de los actuales modos de vida sobre la salud de las personas y el planeta son evidentes y exigen un replanteamiento colectivo.
  • De ahí que también esté poniendo de manifiesto la necesidad de replantear fines, medios y prioridades. La crisis ha de servirnos para no confundir la calidad de vida con el nivel de vida y para repensar qué es lo importante para las personas y las sociedades y, en consecuencia, cuáles han de ser las prioridades de las políticas públicas y, particularmente, de las políticas económicas.
  • Si esta pandemia reclama, al igual que la crisis ecosocial, un replanteamiento profundo y sin más demora del modo de vida imperante, y al mismo tiempo es una oportunidad para discernir acerca de lo que es verdaderamente importante, la pregunta acerca de qué entendemos por buena vida en el contexto de las crisis que padecemos se convierte en la pregunta crucial de nuestros días.
  • También muestra cómo la desigualdad amplifica el dolor y la penuria. El virus y las medidas de contención que se están aplicando afectan a los diferentes sectores de la población de una manera radicalmente distinta. Vemos que el confinamiento es diferente según las condiciones y el tipo de vivienda, que está excluyendo de la educación a 500.000 niños de nuestro país que viven en casas sin ordenador o que los servicios sociosanitarios de atención a los mayores son un pilar básico del Estado de Bienestar que aún falta por asentar. No estaremos seguros hasta que no lo estén los demás. Por eso la desigualdad y la falta de cohesión social se convierten en los principales obstáculos que hay que remover para superar esta u otras crisis venideras.
  • Esta pandemia ha revelado el importante papel que deben jugar las instituciones públicas y, en particular, el Estado en una sociedad moderna. No puede retraerse de su responsabilidad y debe garantizar suficientes infraestructuras y servicios públicos de calidad en los ámbitos de la salud, la investigación, la educación y los cuidados.
  • Finalmente, acontecimientos como el que vivimos debe alertarnos de que sucumbir a la tentación autoritaria siempre es una posibilidad. Si flaquean las convicciones y los valores democráticos de la ciudadanía, en nombre de la defensa de la salud pública puede surgir una ‘sociedad vigilada’ donde la securitización y el control social se conviertan en rasgos dominantes del nuevo orden social emergente.

En los últimos cinco años, la perspectiva ecosocial nos ha llevado a ocuparnos de acontecimientos de gran calado, con una relevancia tan grande e incluso mayor que la de esta pandemia. Son realidades que están configurando nuestro presente y futuro más inmediato, y que constituyen el contexto desde el que dar respuesta a los problemas y desafíos que nos ha planteado la COVID-19:

  • La crisis ecológica ha mostrado en estos últimos años sus aristas más apremiantes. El Acuerdo de París de diciembre de 2015 resulta claramente insuficiente frente a la urgencia e intensidad del cambio climático. En mayo del año 2019, el Panel Intergubernamental sobre Biodiversidad dio a conocer el resumen de su informe sobre el estado de la biodiversidad en el mundo, advirtiendo que la biosfera está siendo perturbada a una escala sin precedentes. Son hechos tan incontrovertibles, que se suceden los pronunciamientos de los científicos advirtiendo de la gravedad de la situación del planeta. La última advertencia de la comunidad científica ha sido realizada el pasado cinco de noviembre de 2019 desde la prestigiosa revista BioScience por más de 11.200 científicos de 153 países.2
  • La llegada a Europa en el año 2015 de un millón de personas huyendo de la guerra de Siria originó una crisis humanitaria en nuestro continente. Esta circunstancia asentó en nuestro entorno inmediato una realidad que, según el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados, ha venido para quedarse: el importante incremento del desplazamiento forzado de personas, que alcanzó en el año 2014 una magnitud que no se había registrado desde la II Guerra Mundial. Un proceso que, unido al de las migraciones internacionales, define nuestra época y plantea un relevante desafío a nuestra sociedad: la alteridad y la gestión solidaria de la diversidad.
  • El mundo también está cambiando en el orden político. Desde el año 2014, Narendra Modi ocupa el cargo de Primer Ministro de la India. El 20 de enero de 2017, Donald Trump se convierte en el 45º presidente de los EEUU. El 1 de enero de 2019, Jair Bolsonaro es proclamado presidente del Brasil. Se suman a un conjunto de dirigentes que ya estaban en el poder, como Vladímir Putin o Viktor Orban, que hacen gala de actitudes populistas y posiciones nacionalistas y conservadoras. Desde el ascenso de Xi Jinping en 2013, China se consolida ante el mundo como una modalidad de capitalismo más dinámica y eficaz que la occidental, aunque también más autoritaria. Europa da muestras de desconcierto ante sus fracturas internas y la geopolítica emergente. El orden mundial se vuelve cada vez más multipolar y menos multilateral. La democracia se vacía de contenidos y los gobiernos se tornan iliberales justo cuando más necesitados estamos de democracias de calidad, cooperación global y gobernanza cosmopolita.
  • También estamos asistiendo a lo que se conoce como la «cuarta revolución industrial». Un mundo nuevo que, al integrar el big data y la inteligencia artificial con las nanotecnologías y la biología sintética, abre tantas posibilidades como amenazas. La brecha entre lo que podemos y debemos hacer se agranda. Gracias a la tecnociencia estamos adquiriendo la capacidad de cambiar las reglas de la evolución humana y perturbar el funcionamiento del planeta. Va a ser más necesaria que nunca una ciencia con plena conciencia ecosocial y moral del alcance de sus consecuencias. En este último lustro hemos observado con claridad los efectos del asentamiento de las tecnologías de la información y la comunicación derivadas de la anterior revolución tecnológica. De su mano han surgido las llamadas «economías de plataforma» (Uber, Airbnb, Cabify, Glovo, etc.) y el poder monopólico de las Big tech (Google, Apple, Facebook, Microsoft, Amazon) que hasta el momento se ha traducido, sobre todo, en mayor precariedad laboral, evasión fiscal, contaminación del debate público por la propagación de fakes y riesgos de mayor control social y vulneración de la privacidad a través de la tecnovigilancia.

¿Qué futuro deparará esta pandemia? Nadie lo sabe, pero la historia nos enseña que tras una profunda perturbación las sociedades cambian. Las estructuras, las instituciones y las mentalidades se transforman y, en consecuencia, también lo hacen las conductas individuales y colectivas. El mundo de entreguerras poco se parecía al que existía con anterioridad a la primera gran conflagración y el que surgió de la Segunda Guerra Mundial fue un mundo radicalmente diferente del de entreguerras. Todavía hoy apenas nos damos cuenta de lo mucho que han cambiado nuestras sociedades después de la crisis financiera del año 2008. Hemos asistido durante este tiempo, casi de forma imperceptible, a la emergencia de un nuevo orden social, tanto en el plano interno como en el internacional. Incurriremos, pues, en un profundo error si pensamos que tras la pandemia todo va a seguir igual. No se trata de un paréntesis. Se están produciendo cambios sustanciales en los comportamientos individuales, en la funcionalidad de las instituciones sociales y en la dinámica estructural de la economía. Detectar esos cambios adquiere una importancia crucial a la hora de construir las respuestas adecuadas.

No debemos engañarnos, la existencia de una oportunidad para nada prejuzga la forma en la que vaya a resolverse. También 2008 traía consigo una oportunidad y algunos de sus principales valedores no dudaron en afirmar que si el capitalismo quería sobrevivir tenía que reformarse profundamente. Sin embargo, la oportunidad pasó y los que salieron fortalecidos fueron los intereses causantes de la crisis. Aprendamos la lección. Si no queremos que ahora vuelva a pasar lo mismo tenemos que poner los medios para que no suceda. No tenemos la solución que abriría las puertas a un futuro sostenible, más justo y democrático, pero en el análisis precedente se apuntan las líneas en las que tenemos que trabajar para hacerlo posible: en red con otros similares y sin perder un tiempo del que no disponemos.

Lo más inmediato son las consecuencias sociales de esta pandemia, que ya se empiezan a mostrar en toda su gravedad. La fuerte temporalidad de la economía española ha enviado al paro en pocos días a cientos de miles de trabajadores y trabajadoras cuyos empleos no se han renovado. Una fracción significativa de la población vulnerada3 se va a quedar fuera de la protección que debería brindar el llamado escudo social. Buena muestra de ello es que se están extendiendo las colas ante las puertas de parroquias y bancos de alimentos. Debería haber sido el momento de poner en marcha una renta básica universal que evitara estas lagunas de cobertura y el desborde de unos servicios sociales que ni tienen medios ni están preparados para evaluar, comprobar y gestionar las distintas ayudas con que afrontar una variedad casi inabarcable de situaciones de necesidad.

Como Fundación, nuestra intención es profundizar, si cabe con mayor convicción, en la orientación de los últimos años, poniendo especial énfasis en tres grandes objetivos: elaborar un informe periódico centrado en la calidad de vida y en los objetivos que,  deben ser esenciales en el mundo que vivimos, segundo, coadyuvar al desarrollo de una visión integradora de la economía, en la que la sostenibilidad ecológica, los cuidados y la cohesión social sean ejes vertebradores y, tercero, ayudar a que se desarrolle una educación, alejada de todo adoctrinamiento, que prepare a las personas que se forman en nuestras aulas para entender y afrontar el mundo en el que van a tener que vivir, favoreciendo las competencias que van a resultar imprescindibles para desenvolverse en una realidad social muy distinta de la actual y de la que vivieron sus progenitores, anticipación a la que el enfoque educativo dominante no siempre da la importancia que merece.

Lunes, 11 de mayo de 2020

 

1 The Global Preparedness Monitoring Board (GPMB). Se puede consultar el informe íntegro en castellano en: https://apps.who.int/gpmb/assets/annual_report/GPMB_Annual_Report_Spanish.pdf

2 En el año 1992, más de 1.500 científicos (entre los que se incluían la mayoría de los premios Nobel de ciencias que vivían por entonces) constataron a partir de la evidencia empírica disponible y las tendencias en curso que el rumbo que había adoptado la humanidad estaba empujando a una destrucción generalizada de los ecosistemas de la Tierra. Esta primera advertencia de la comunidad científica mundial es conocida como ‘primer aviso’. Veinticinco años después, la comunidad científica lanza un ‘segundo aviso’, donde se denuncia el fracaso de la humanidad para resolver los retos ambientales enunciados en el primer llamamiento y se manifiesta especial preocupación por la trayectoria del cambio climático, la deforestación y los cambios en los usos de suelo asociados en gran medida a la ganadería de rumiantes y los altos niveles de consumo de carne. Además, se advierte de La sexta gran extinción, que está provocando la desaparición masiva de especies a un ritmo y con una extensión que no tiene precedentes. El mismo grupo de científicos que promovieron ese segundo aviso, publicó el cinco de noviembre de 2019 el ‘tercer llamamiento’ centrado en la emergencia climática. [Se puede consultar en:

https://academic.oup.com/bioscience/advance-article/doi/10.1093/biosci/biz088/5610806].

3 Desde la perspectiva de los derechos humanos y la justicia social parece más propio hablar de población vulnerada que de población vulnerable, que es la expresión que ha hecho fortuna. La población que soporta las lacras del desempleo, la pobreza o la marginación social se encuentra en esa situación porque no tiene suficientemente reconocidos y garantizados sus derechos y, por consiguiente, quien padece esa situación no es porque sea vulnerable sino porque está siendo vulnerado en sus derechos.

Acceso a la Declaración en formato pdf:  FUHEM Ecosocial: declaración ante la COVID-19


Cuerpos vulnerables

Cuerpos vulnerables: La intensificación del trabajo en las residencias de personas mayores

Paloma Moré

Este artículo forma parte del ESPECIAL Cuerpos frágiles y capitalismo publicado en el número 137 de Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global. Presenta los resultados de una investigación sobre cuidados a personas mayores en España y Francia. Más que resaltar los aspectos comparativos, el texto se centra en analizar el papel del cuerpo como elemento central del trabajo de cuidado en las residencias de personas mayores.

Esta dimensión corporal del cuidado se pone en relación con la organización del trabajo en estos centros y, concretamente, con la presión de tiempos. El objetivo es poner de manifiesto cómo la intensificación del trabajo en los centros residenciales tiene nefastas consecuencias tanto sobre los propios residentes como sobre las auxiliares que cuidan de ellos. Así, se pone de manifiesto una contradicción entre la noción de “cuidar”, y lo que esta implica, y el trabajo “real” llevado a cabo en las residencias.

El trabajo de cuidado es indispensable para mantener la vida humana, principalmente en las etapas de mayor vulnerabilidad y dependencia, como son la infancia y la vejez. En sociedades que están en pleno proceso de envejecimiento, como es el caso de España, donde las proyecciones1 estiman que las personas de 65 y más años supondrán el 38,7% de la población en 2064 ascendiendo a casi 16 millones de personas, los cuidados de larga duración para personas mayores se están convirtiendo en una preocupación creciente. En este contexto, las residencias se ofrecen como una solución integral para los cuidados de personas que ya no pueden permanecer en su domicilio y suponen un sector con una creciente demanda de fuerza de trabajo.

Por tanto, en la actualidad, la preocupación por los cuidados es creciente, pero no siempre ha sido así. A pesar de tratarse de un trabajo universal, su importancia no se ha tenido en cuenta mientras han sido prestados por las mujeres en el entorno familiar. En este sentido, el valor de los cuidados y su reconocimiento como trabajo no se ha producido hasta que, debido a una serie de factores sociales, las mujeres, de manera masiva, han ido orientando en mayor medida su tiempo de trabajo hacia el mercado laboral y menos hacia la familia, dando lugar a lo que se ha denominado la "crisis de la reproducción social". Así, de manera paradójica, los cuidados se han hecho "visibles" como problemática política, social y académica cuando han entrado en "crisis", es decir, cuando han dejado de ser prestados silenciosa y gratuitamente, como obligaciones familiares del género femenino, para transformarse progresivamente en servicios mercantilizados. En este contexto, desde los años noventa, las migraciones internacionales de mujeres han comenzado a abastecer de mano de obra destinada a atender la creciente demanda de trabajo de cuidados en las zonas ricas del Norte Global,2 algo que también ha sucedido en España.3 De esta manera, quienes a menudo desempeñan el trabajo de cuidado en los servicios mercantilizados, como son las residencias de personas mayores, siguen siendo mujeres, pero de origen inmigrante.

Los cuidados se han hecho "visibles" como problemática política, social y académica cuando han entrado en "crisis".

Este artículo recoge parte de los resultados de una investigación comparativa sobre los empleos de cuidados a personas mayores en España y Francia.4 La metodología utilizada combina varias técnicas de investigación con un enfoque cualitativo: entrevistas a trabajadoras, entrevistas a informantes clave y observación participante. Concretamente, aquí se analiza el estudio sobre el trabajo en residencias, para el que se realizaron 35 entrevistas en profundidad: doce entrevistas en profundidad con trabajadoras en Madrid y quince en París, además de siete entrevistas con informantes clave, entre los que se incluyen dos directoras de residencias (una en Madrid y otra en París), un trabajador social contratado en una residencia (Madrid), un director de centro de día (Madrid) y tres responsables técnicos de servicios sociales (dos en Madrid y uno en París).

Estas entrevistas se han complementado con un proceso de observación participante bastante intenso en el que se “siguió” a las trabajadoras durante sus jornadas laborales con el fin de poder “ver de cerca” la realidad de su trabajo y poder contrastarla con sus relatos biográficos. Esta técnica se llevó a cabo en dos residencias. Por un lado, en una residencia municipal de la periferia madrileña, de tamaño mediano (70 plazas) gestionada por una empresa privada. Por otro lado, en una residencia de gran tamaño (150 plazas) situada en la periferia parisina y que, pese a pertenecer a una entidad sin ánimo de lucro, estaba gestionada por una empresa privada. En ambos casos, la observación consistió en diez días de seguimiento del trabajo de las auxiliares, entre seis y ocho horas por día, en los turnos de la mañana y de la tarde.

Anclajes teóricos

Los cuidados, estén remunerados o no, deben ser considerados trabajo y, como cualquier otro trabajo, se definen por una organización social, unas relaciones sociales concretas y unos modelos "ideales" de realización que cobran sentido en contextos específicos. La división sexual del trabajo, entendida como el reparto jerarquizado del trabajo entre los sexos,5 ha motivado que, al estar adscritos al género femenino, los cuidados se hayan considerado actividades reproductivas y no un "verdadero" trabajo. A partir de los años ochenta, gracias a los estudios con perspectiva feminista, esta idea ha ido superándose.

Si bien en las primeras definiciones del cuidado se ponía el énfasis en que era un trabajo "de amor",6 posteriores estudios han avanzado mucho en desvincular los cuidados de una supuesta inclinación femenina y han puesto el énfasis en la idea, inspirada en el Buen Vivir, de que los cuidados sostienen la vida.7 Esta noción de asociar los cuidados a una pretensión de mantener la vida para que "podamos vivirla de la mejor manera posible", no escapa a la percepción práctica de las propias trabajadoras. A menudo señalaban que en su trabajo era difícil priorizar las tareas (alimentación, aseo, refuerzo emocional, etc.) porque el cuidado consistía en un “todo” difícil de desagregar. Así lo resumía Emma, una de las empleadas entrevistadas en esta investigación, cuando se le preguntaba por la tarea o actividad más importante en su trabajo: «Todo es importante, es la vida la que es importante, en su globalidad».

Tal y como señala Emma, en el cuidado no se pueden jerarquizar las tareas y «todo es importante»8 porque lo esencial es mantener la vida y el entorno en su conjunto. En esta misma línea, Fischer y Tronto señalan que:

«Cuidar es una actividad genérica que comprende todo aquello que hacemos para mantener, perpetuar y reparar nuestro “mundo”, para que podamos vivir en él lo mejor posible. Este mundo comprende nuestros cuerpos, a nosotros mismos y nuestro entorno: todos los elementos que se articulan en una red compleja de sostenimiento de la vida»..9

Esta definición sitúa a los cuidados en el centro de las relaciones sociales –no solo familiares, domésticas o interindividuales– sino en todo tipo de relaciones entre seres humanos, y de estos con su entorno, y, además, permite visibilizar que las relaciones de cuidado son diversas, transversales y multidireccionales. Por tanto, los cuidados se articulan en “distintos niveles”, desde los intercambios cara a cara, donde las emociones y los cuerpos son fundamentales, hasta las relaciones sociales en el ámbito institucional y político. Esta concepción permite pensar que las personas que trabajan como cuidadoras no solo son “proveedoras” de cuidados, sino que también son  “receptoras” de cuidados en un complejo entramado de relaciones sociales en el que viven las consecuencias de las políticas migratorias, las políticas públicas en torno a los cuidados, las políticas de empresa sobre la organización del trabajo, las decisiones de sus empleadores, etc. En este sentido, las cuidadoras y sus cuerpos, pueden estar más o menos cuidados por la organización concreta del trabajo, como se verá más adelante.

La división sexual del trabajo ha motivado que, al estar adscritos al género femenino, los cuidados se hayan considerado activivdades reproductivas y no un "verdadero" trabajo.

Sin embargo, en lo que respecta al desempeño de su actividad, las residencias de personas mayores se caracterizan porque los cuerpos son un elemento central, pues gran parte del trabajo se realiza sobre cuerpos ajenos siendo, además, la exposición del propio cuerpo particularmente destacable.10 Por «trabajo sobre el cuerpo» (body work) se entiende el trabajo que se centra directamente en los cuerpos de los demás: manipular, evaluar, diagnosticar, y supervisar los cuerpos, que se convierten así en objeto directo del trabajo, implicando un contacto muy intenso, íntimo y, a menudo, sucio con el cuerpo, con su desnudez y sus secreciones.11 El trabajo sobre el cuerpo no está exento de relaciones sociales de género, clase social y etnicidad; así, las ocupaciones que desempeñan un trabajo sobre el cuerpo más “sucio” suelen implicar un menor reconocimiento y estar desempeñadas por personas en categorías sociales más desfavorecidas,12 como es el caso de las mujeres de clase trabajadora, y a menudo de origen inmigrante, que trabajan como auxiliares en las residencias de personas mayores.

Además, en las residencias el tiempo es un factor determinante para entender cómo se realiza el trabajo de cuidado. Así, mientras en entornos domésticos el cuidado se organiza en torno a las tareas y no implica una distinción clara entre la “vida” y el “trabajo”, en las residencias el tiempo está organizado de manera industrial, casi taylorista, y todo está medido a través de un horario estricto y supervisado a base de reloj. Sin duda esta forma de organizar el trabajo de cuidado es más eficaz en cuanto al ahorro de tiempo y costes, pero también resulta más difícilmente "comprensible" desde el punto de vista humano.13 De esta manera, la cuestión de establecer rutinas, estándares, horarios y tiempos de trabajo resulta una condición necesaria pero sumamente problemática para mantener una organización del trabajo que cumpla con unos estándares de eficacia racional.

La intensificación del trabajo y sus repercusiones

En la residencias, el proceso de trabajo para organizar la rutina diaria de los residentes implica una concatenación de tareas secuenciales, bien definidas, y marcadas según un horario preciso que rige la marcha del centro y armoniza los distintos equipos: levantar a todas las personas antes de las nueve, desayuno hasta las diez, etc. Este proceso de trabajo se caracteriza por su rigidez frente a las características generales del trabajo de cuidado, que difícilmente puede ser medido14 y, de manera particular, frente a las características específicas de la población destinataria, que tiene en la mayoría de los casos algún grado de dependencia. De esta forma, la enorme cantidad de retrasos que pueden producirse, ligados a la actividad humana, simplemente, no están previstos. Así, cualquier incidente o  accidente, como puede ser una persona que se desorienta, que no colabora para levantarse, etc., es un obstáculo que entorpece la cadencia del "bien organizado" proceso de trabajo.

En cuanto a la organización de los horarios de trabajo, para prestar cuidados durante las veinticuatro horas del día, las residencias se organizan siempre a través de tres turnos de trabajo de ocho horas: mañana, tarde y noche. Por las mañanas, las auxiliares comienzan por las habitaciones, solas o en parejas, para ir despertando, levantando, quitando los pañales sucios de la noche, llevando al baño, aseando las partes íntimas, duchando, poniendo nuevas protecciones y vistiendo a cada residente, haciendo un intenso trabajo sobre el cuerpo. Una vez la persona está limpia, cambiada, vestida y perfumada, se la acompaña hasta el salón, en silla de ruedas o caminando, donde se le da el desayuno, si no lo puede hacer por ella misma, y se regresa a la habitación donde debe hacerse la cama, cambiando las sábanas si es necesario, y limpiar y retirar todos los desechos relacionados con los excrementos de la persona. Estas tareas materiales se complementan con otras ligadas a la dimensión psicológica de la persona mayor. Así, las auxiliares deben procurar dejar un margen de autonomía para no atrofiar las capacidades que las personas todavía tienen, deben intentar darles ánimos, conversación, estimularlas, motivarlas… Para reforzar la autoestima de las personas y para que, en la medida de lo posible, sientan que la residencia “es su hogar”. Pues, como las auxiliares suelen repetir, lo que ellas hacen es “un trabajo humano”. Sin embargo, este contacto personalizado que otorga “humanidad” lleva su tiempo, ralentiza el ritmo de trabajo, les hace implicarse, detenerse, prestar atención, y ellas “no tienen un minuto que perder”.

En las residencias, el tiempo es un factor determinante para entender cómo se realiza el trabajo de cuidado

Esta secuencia de trabajo con la que las auxiliares empiezan la mañana es agotadora, especialmente teniendo en cuenta que debe repetirse cada día al menos ocho o diez veces consecutivas y con sus todos los imprevistos que, por supuesto, van surgiendo.15 Las estimaciones sobre el tiempo recomendado para hacer este proceso de manera satisfactoria rondan los cuarenta y cinco minutos. Sin embargo, la observación participante puso de manifiesto que la carga de trabajo obligaba a las auxiliares a reducir drásticamente los tiempos dedicados a estas tareas. Así, en la residencia estudiada en París este proceso se limitaba a veinte minutos por persona, mientras que en la residencia de Madrid se llegaba a reducir incluso hasta doce minutos. Evidentemente, esto implica una desmesurada intensificación del trabajo y la eliminación de las tareas menos visibles, como todo el trabajo sobre las emociones, al ser consideradas “accesorias” a las tareas más evidentes. A continuación, se ofrece un extracto del cuaderno de campo de una jornada de observación en la residencia de Madrid para ilustrar cómo las trabajadoras lograban mantener esa disciplina horaria a través de la intensificación del trabajo sobre los cuerpos ajenos y de un enorme coste físico, emocional y moral para sus propios cuerpos:

Extractos de los Cuadernos de Campo: Madrid, 17 de enero de 2014

 Desde las siete y media hasta las nueve de la mañana, que es la hora del desayuno, dos auxiliares, Mercedes y Marisa, tienen que despertar, levantar, duchar y vestir a dieciséis residentes totalmente asistidas, con movilidad muy reducida y un deterioro cognitivo severo que limita la interacción y la comunicación con las auxiliares. Cuando terminan con una, mientras avanzan a otra habitación, la dejan en su silla de ruedas en el pasillo, esperando a que alguien la baje al comedor, porque ellas no pueden “perder tiempo” en esa tarea.

 Una de estas residentes es Doña Antonia –me dicen– es una de las más difíciles de levantar: con la cabeza completamente perdida, tarareando sin parar canciones que aún perduran en su memoria, esta anciana senil no facilita en absoluto el trabajo: peso pesado, con brazos y piernas rígidas que ofrecen resistencia, moverlas supone un gran esfuerzo, y levantarla de la cama a pulso es arriesgado. Con ayuda de la grúa, y entre dos auxiliares, la levantan y la sientan en una silla geriátrica para poder ducharla, pero la señora no puede detener su incontinencia y pone todo el suelo de la habitación perdido. Entonces, mientras Mercedes la lleva al baño y comienza a ducharla, Marisa se va corriendo a la habitación siguiente para ir adelantando trabajo. Me van diciendo todo el rato: «fíjate el ritmo que llevamos, y aun así nunca llegamos a tener a todos listos para las nueve, que es la hora del desayuno». «No paramos en toda la mañana y a las doce tenemos que volver a cambiarlos». «A este ritmo no sé hasta dónde llegaremos». «Sobre todo ahora, después del ERE –expediente de regulación de empleo–, tenemos dos auxiliares menos, en media jornada». Efectivamente, con un trabajo así, cada persona cuenta y, a causa de la remodelación de plantilla tras el ERE, ahora hay dos compañeras que están a tiempo parcial. «Les intentamos hablar para que nos ayuden, pero no podemos hacer más». ¿Estimular, “dejar hacer”, dar conversación? No hay tiempo para eso.

 Mercedes suda hasta chorrear la camisa. Su compañera, Marisa, que es mucho más joven, también suda y corre con las mejillas enrojecidas por el esfuerzo. Las posturas en las que se ponen implican que la espalda esté constantemente tensa, tienen que estar medio agachadas, con el cuerpo doblado a cuarenta y cinco grados, tanto para ducharlos como para levantarlos, vestirlos... Solo de verlo duelen los riñones.

 Doña Antonia, recién duchada, de nuevo no puede evitar su incontinencia y los excrementos empiezan a chorrear por el agujero de la silla hasta el suelo. A toda prisa la limpian como pueden con una toalla, pues no hay tiempo para volver a lavarla o sentarla en el váter hasta que termine. Le ponen un pañal, la visten a la carrera y con ayuda de una grúa la trasladan a la silla de ruedas. Los restos de excrementos se quedan esparcidos por el suelo, se los llevan arrastrando con la silla de ruedas y los recogen como pueden con papel higiénico. ¿Pararse a limpiarlo? ¡Imposible! «Te vas a hartar del olor» –me dicen– y es verdad que es muy desagradable. Seguimos avanzando y Mercedes exclama: «¡ay, qué sudores!» –mientras se seca la frente con el brazo–. «¡Habrá quién no se crea que tenemos que estar dos horas así! ¡A este ritmo y sin parar! Esto es así a diario, no es que nos lo estemos inventando».

Este extracto muestra que la repercusión de la intensificación del trabajo sobre los cuerpos, las emociones y el sentido moral que las trabajadoras atribuyen a su trabajo es muy negativa. Además, se pone de manifiesto que el trato hacia las personas mayores deja mucho que desear en cuanto al respeto de su integridad como personas. En este sentido, desde una aproximación profesional a los cuidados geriátricos16 se remite a menudo a la importancia de hablar con las personas mayores, estimularlas, motivarlas, dejarles hacer por ellas mismas y no hacer en su lugar, no infantilizarles ni anular sus posibilidades, respetar su intimidad, no entrar en las habitaciones sin llamar, consultarles a la hora de vestirles, etc., pero, ¿cómo hacerlo cuándo la intensificación del trabajo llega a este punto? Por ejemplo, en la observación se constató que, en lugar de pedir permiso antes de entrar a las habitaciones o de saludar, las auxiliares, presionadas por el ritmo de trabajo, se dirigían sin mayor dilación directamente a levantarlas de la cama o a quitarles la ropa, casi sin dejarles tiempo para despertarse. La organización del trabajo estaba establecida en ambos casos como si fuera una secuencia lógica de tareas que las auxiliares pudieran desempeñar “limpiamente” siguiendo un ritmo de trabajo constante. Sin embargo, las personas residentes, aunque suene obsceno tener que recordarlo, son seres con vida, que se mueven o no quieren moverse, a quien hablar, dar conversación, que hacen preguntas, o se quejan, gritan, lloran y se resisten a moverse, necesitan ir al baño, a veces insistentemente, etc. Y las auxiliares sortean todo esto, como una carrera de obstáculos, dejando claro que cuanto más están obligadas a correr, más desagradable se vuelve el trabajo y más escollos éticos encuentran.

Cuerpo a cuerpo

Una constante en los relatos de las trabajadoras en los dos estudios de caso son los problemas de salud ligados al trabajo. Esto es una consecuencia directa de las características del trabajo antes descritas: por un lado, la realización de esfuerzos físicos como levantamiento de pesos y movimientos repetitivos que implican que continuamente se fuerce la espalda y los brazos; por otro, la intensificación de los ritmos de trabajo, que contribuye a incrementar los niveles de riesgo, porque bajo la presión de tiempos a menudo se descuida la atención a mantener posturas ergonómicas y se fuerzan ciertas partes del cuerpo. Así, la mayoría de las trabajadoras entrevistadas habían tenido algún problema de salud relacionado con la espalda, ya fuera por acumulación de fatiga y malas posturas o debido a algún accidente de trabajo.

En este sentido, en Madrid, de las doce informantes que habían trabajado como auxiliares, siete afirmaron haber sufrido problemas de salud relacionados con el trabajo. La mayoría de ellas relataron el momento preciso (una caída o un mal movimiento) en el que habían sufrido un accidente. En el caso de París, de nueve auxiliares de enfermería, cinco relataron también accidentes o problemas de salud directamente relacionados con el trabajo y, de las seis auxiliares de cafetería, cuatro también relataron problemas de salud ligados al trabajo. En ambos casos, las personas que no habían sufrido ningún problema de salud relacionado con el trabajo habían llegado recientemente al oficio o habían ejercido durante periodos cortos. Por eso su respuesta a menudo dejaba entrever más bien un “no, todavía” que un “no” rotundo. De todas las auxiliares a quienes se realizó entrevistas en profundidad y que llevaban diez o más años en el oficio, solamente dos de ellas declaraban no haber sufrido problemas “todavía” a pesar ser buenas conocedoras, a través de otras compañeras, de la problemática. Además, durante los periodos de observación en ambos terrenos se constató, a través de numerosas charlas informales y de la propia observación de los movimientos y las posturas de las trabajadoras, la constante presencia de estos problemas, como explica Heidy, una auxiliar entrevistada en Madrid:

«Mira, por querer avanzar hacemos movimientos que no son anatómicos: llevamos con esta mano la silla y queremos llevar con la otra mano el oxígeno y así haces fuerza. “¡Déjalo, mira como está tu muñeca, mira como está tu mano!” –les digo yo­–. O se están agachando y yo les digo: “¡dobla las rodillas, dobla las rodillas!”».

En este sentido, la observación participante puso de manifiesto que, casi constantemente, las auxiliares reclamaban una mirada de atención a las posturas que deberían mantener: la inclinación de la espalda cuando se trabaja sobre una persona encamada; los levantamientos de peso cuando se hacen las movilizaciones de la cama a la silla, y viceversa; las cabriolas que debían hacer con las muñecas al empujar las sillas de ruedas para entrar y salir de los baños y las habitaciones; la fuerza que debe hacerse para empujar a una persona de 70 kilos en una silla de ruedas, etc.

La repercusión de la intensificación del trabajo sobre los cuerpos, las emociones y el sentido moral que las trabajadoras atribuyen a su trabajo es muy negativa

Por otra parte, durante la observación realizada en los talleres que una asociación de mujeres migrantes que trabajan en cuidados en Madrid, imparte para formar a cuidadoras domésticas en atención geriátrica, se presenció la manera en que las auxiliares que impartían los talleres hacían hincapié en estos aspectos, mostrando de manera práctica la forma correcta de hacer estos movimientos para no lastimarse.  Sin embargo, tanto formadoras como alumnas coincidían en que, si bien es necesario conocer “la teoría”, en la práctica las posibilidades de aplicarla se limitan: por un lado, por la imposibilidad de utilizar material mecánico y, por otro lado, por la intensificación de los ritmos de trabajo. Así, pese a que en las formaciones se aconseja e informa acerca de la manera en que se deben hacer los movimientos para evitar hacerse daño o tener un accidente, y pese a que se han introducido mejoras técnicas, como camas medicalizadas o las grúas, para aliviar la carga física de trabajo, estas recomendaciones de ergonomía no son suficientes a la hora de impedir los accidentes y las dolencias físicas.

Conclusión

El cuidado de personas mayores supone un trabajo donde la exposición corporal de las personas implicadas se sitúa en el centro de la relación, tanto para quienes tienen la responsabilidad de cuidar como para quienes reciben el cuidado. En este sentido, el cuidado, más que un “cara a cara”, implica un “cuerpo a cuerpo”. Por un lado, las auxiliares manipulan repetidamente los cuerpos ajenos en su sentido más íntimo tratando de mantener la vida en condiciones dignas a quienes no pueden ya realizar por sí mismos las tareas más básicas y necesarias. Por otro lado, la exposición corporal de quienes realizan este trabajo es particularmente intensa.

Una rígida organización del trabajo y su intensificación mediante la presión de tiempos son mecanismos de gestión económica que, al ser aplicados al ámbito de los cuidados, tienen consecuencias nefastas. En este caso, se ha mostrado que los cuerpos de las trabajadoras, maltratados y desgastados por el trabajo, como los de las personas residentes, atendidos deficitariamente y deshumanizados, sufren enormemente como consecuencia de la organización del trabajo. Por supuesto, las consecuencias no son solo físicas, sino que son indisociables de la dimensión emocional  y moral.17 Así, se ha intentado mostrar cómo, a ritmo de cadena de montaje, las auxiliares manipulan y transforman el “producto” de la mañana a la noche, tratando de mantener la vida de la mejor manera posible, pero sabiendo que el cuidado es el gran ausente en esa relación de trabajo, tanto para ellas como para “sus” residentes.

En definitiva, se pone de manifiesto una gran contradicción entre una noción holista del cuidado que se basa en la responsabilidad de dar una respuesta adecuada ante una necesidad, y el trabajo “real” que las auxiliares pueden desempeñar en entornos donde la organización del trabajo es excesivamente economicista.

Paloma Moré es Doctora en sociología y Licenciada en periodismo.

Acceso al artículo completo en formato pdf: Cuerpos vulnerables: La intensificación del trabajo en las residencias de personas mayores

 

NOTAS

1 INE, Population Projection for Spain, 2014-2064 [en línea], 28 de octubre de 2014. Acceso el 9 de marzo de 2017.

2 S. Sassen, «Global cities and survival circuits», en B. Ehrenreich y A. R. Hochschild (eds.) Global Woman: Nannies, Maids and Sex Workers in the New Economy, Granta Books, London, 2002.

3 V. Rodriguez (ed.), Inmigración y cuidados de mayores en la comunidad de Madrid, BBVA, Madrid, 2012.

4 P. Moré, Los cuidados en las grandes ciudades, Colección Monografías, Centro de Investigaciones Sociológicas, Madrid (en prensa).

5 D. Kergoat, «Division sexuelle du travail et rapports sociaux de sexe», en H. Hirata, F. Laborie, H. Le Doaré y D. Senotier (eds.) Dictionnaire critique du féminisme, PUF, Paris, 2000.

6 H. Graham, «Caring: a labour of love», en J. Finch y D. Groves (eds.), A labour of love: women, work and caring, Routledge and Kegan Paul, Londres, 1983.

7 C. Carrasco, «La sostenibilidad de la vida humana: ¿un asunto de mujeres? », Mientras Tanto, Nº 82, Barcelona, 2001.

8 P. Molinier, Le travail du Care, La Dispute, Paris, 2013, p. 224.

9 B. Fischer y J. Tronto, «Toward a feminist theory of care», en Abel, E. y Nelson, M. (dir.), Circles of Care: Work and Identity in Women’s Lives, SUNY Press, Albany, 1990, pp. 36-54.

10 N. Foner, The Caregiving Dilemma: Work in an American Nursing Home, University of California Press, Berkeley, 1994, p. 190.

11 C. Wolkowik, «The Social Relations of body Work», Work, Employment & Society, 16(3), 2002, pp. 497-510.

12 Ibidem, p. 501.

13 E. P. Thompson, «Time, Work-Discipline, and Industrial Capitalism», Past and Present, núm. 38, 1967, pp. 56-97.

14 C. Vega, Culturas del cuidado en transición. Espacios, sujetos e imaginarios en una sociedad de migración, Editorial UOC, Barcelona, 2009, p. 297.

15 N. Foner, op. cit.

16 En este sentido el documental Me llamo Carmen [en línea] realizado por la diócesis de Málaga de la organización Caritas, ilustra estas expectativas que se recaen sobre las personas que trabajan en los centros residenciales. Acceso el 9 de marzo de 2017.

[17] P. Moré, «Cuidados "en cadena": cuerpos, emociones y ética en las residencias de personas mayores», Papeles del CEIC, 1/2016.


Utopías en tiempos de pandemia

En el número 149 de Papeles reflexionamos sobre la noción de utopía y qué significados adquiere en un contexto de crisis socioecológica generalizada.

Queremos explorar los caminos de la utopía como un horizonte hacia el que mirar en un contexto como el actual de guerra contra el planeta en la era del Antropoceno, esa era en la que los humanos llegamos a modificar tanto el planeta como los propios movimientos geológicos.

Filósofos como Tomás Moro, Campanella y Platón han considerado la utopía en clave de horizonte deseable. Junto a esta, aparece una interpretación negativa o peyorativa de la utopía, especialmente desde una defensa conservadora de las relaciones de propiedad existentes; muchos pensadores y activistas en el siglo XVIII se les calificaba de “utópicos”.

También Marx separó su análisis, que calificaba de científico frente al “socialismo utópico” de aquellos que, como Fourier y Owen experimentaban con proyectos de empresas, comunidades, etc. socialistas, controladas por los trabajadores, y reflexionaban sobre futuros posibles en esta línea. Y de nuevo después de la I Guerra Mundial se vuelve al primitivo concepto de la utopía como ideal que el revolucionario opone a la glorificación positivista de lo existente, que también fue retomado en las rebeliones del 68. Actualmente, ciertas propuestas que se presentan como “soluciones” a la crisis civilizatoria, como el transhumanismo o la geoingeniería, incluyen rasgos utópicos en el sentido de lejanos, irrealizables (u-topos, sin lugar), o poco deseables.

La utopía, como proyección de un futuro deseable, tiene un carácter netamente subjetivo, dependiendo desde qué ángulo político se examine. Lo que para unos pueden ser utopías —el mencionado transhumanismo, por ejemplo— puede ser interpretado por otros como lo contrario, la distopía.

En Utopías en tiempos de pandemia se hace ese repaso histórico de la noción de utopía; se ubica en el contexto contemporáneo del Antropoceno; se realiza una crítica a las utopías tecno-científicas, como es el caso del transhumanismo (superación de las enfermedades, muerte, con la biomedicina e incluso traspaso de nuestra mente a un ordenador); y se reflexiona sobre qué queda de la utopía pacifista con nuestra actual capacidad militar de destrucción, o de la utopía socialista después de las experiencias vividas.

Este número Papeles estrena un nuevo diseño, con nuevas secciones y organización, aunque mantenemos las sugerentes ilustraciones de Javier Muñoz.

A continuación ofrecemos el sumario del número donde podrás encontrar, en abierto y a texto completo, tanto la INTRODUCCIÓN,  los textos de Erik Olin Wright y Paco Fernández Buey de la sección REFERENTES y el texto que recoge los RESÚMENES de los artículos.

SUMARIO

INTRODUCCIÓN
La utopía en la era del Antropoceno, Santiago Álvarez Cantalapiedra.

A FONDO

Utopía. El estado actual de la cuestión, Francisco Martorell Campos.

Tomás Moro: el nacimiento de la utopía moderna, Jesús Joven Trasobares.

Entrevista a Luis Fernando Medina sobre socialismo y utopía, José Bellver Soroa.

Utopías y prospectiva en Geddes y en Mumford, José Manuel Naredo Pérez.

Entre utopías y distopías tecnocientíficas. El caso del transhumanismo, Sergio Martínez Botija.

Utopía y antropoceno: críticas y respuestas al reto nuclear, Tica Font Gregori.

ACTUALIDAD

Refugiados en la Unión Europea: desde el alarmismo de emergencia a la gestión común, Daniele Archibugui, Marco Cellini y Mattia Vitiello.

REFERENTES

Erik Olin Wright: Utopías reales, Presentación. Santiago Ávarez Cantalapiedra.

Construyendo utopías reales, Erik Olin Wright.

Francisco Fernández Buey: Elementos positivos de la Utopía, Salvador López Arnal.

Utopía y vocación científica en la representación socialista moderna de la sociedad capitalista, Paco Fernández Buey.
Charles Fourier y los elementos positivos de la utopía, Paco Fernández Buey.

LECTURAS
Historia de la agricultura española desde una perspectiva biofísica (1900-2010), de Manuel González de Molina, David Soto Fernández, Gloria Guzmán Casado, Juan Infante Amate, Eduardo Aguilera Fernández, Jaime Vila Traver, Roberto García Ruiz.
Monica Di Donato

El planeta inhóspito: La vida después del calentamiento, de David Wallace-Wells.
Meritxell Balada, Paula Estrada y Joan Freixa

La máquina es tu amo y señor, de Jenny Chan Tang, Xu Lizhi, Li Fei y Zhang Xiaoqio.
Lucía Vicent

¿Qué hacer en caso de incendio? Manifiesto por un Green new Deal, de Héctor Tejero y Emilio Santiago.
FUHEM ECOSOCIAL

Fluminismo, de Ginny Battson.
FUHEM ECOSOCIAL

RESÚMENES

 

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Los discursos en torno a la emergencia climática

Los discursos en torno a la emergencia climática
Rubén Gutiérrez Cabrera
Dosieres Ecosociales, mayo 2020.

En poco tiempo, la “emergencia climática” se ha convertido en nuevo marco con el que los medios de comunicación y la opinión pública global se refieren a la actual situación de crisis climática que enfrenta la humanidad, pasando de ser un concepto apenas utilizado a perfilarse como un eslogan con un potencial de incidencia en las políticas ambientales sin precedente.

En este contexto, se vuelve fundamental indagar en los relatos surgidos en torno a la “emergencia climática”, pues del resultado de las batallas que se libran en torno a su definición e implicaciones dependerá en gran medida que las “declaraciones de emergencia climática” se decanten del lado de la sostenibilidad y la justicia climática, o del lado de un repliegue autoritario en forma de ecofascismo.

A continuación, ofrecemos el primer epígrafe del texto que aborda la importancia del análisis del discurso, el papel de los medios de comunicación y la pertinencia de sensibilizar a la ciudadanía sobre la necesidad de interpretar críticamente los mensajes que reciben en torno a la emergencia climática. Al final de la página encontrarás el acceso al dossier completo.

La importancia de analizar el discurso. Para una guerrilla semiológica climática

Cuenta George Lakoff en su ensayo “No pienses en un elefante” el ejercicio que propone el primer día de clase a sus estudiantes en la Universidad de Berkeley. Este consiste en pedirles únicamente que no piensen en un elefante. Una tarea en apariencia sencilla: que hagan lo que hagan, no piensen en un elefante. Sin embargo, relata Lakoff, todavía ningún estudiante ha sido capaz de hacerlo. ¿Por qué? La razón, explica el profesor de lingüística, es la siguiente:

«Toda palabra, como elefante, evoca un marco, que puede ser una imagen o bien otro tipo de conocimiento: los elefantes son grandes, tienen unas orejas que cuelgan, y una trompa; se los asocia con el circo, etc. La palabra se define en relación con ese marco. Cuando negamos un marco, evocamos el marco».[1]

Esta anécdota nos permite comprender un fundamento básico en la generación de los discursos e imaginarios sociales: el lenguaje no es neutral. La utilización de unos conceptos u otros evoca unos marcos determinados que condicionan nuestra manera de entender e interactuar con el mundo. En este sentido, el lenguaje no es solamente un vehículo que expresa ideas, sino que tiene una función constituyente de la realidad social. No solo nombra la realidad: la construye. Por ello, advierte Lakoff: «cuando hay que discutir con el adversario: no utilices su lenguaje. Su lenguaje elige un marco, pero no será el marco que tú quieres».[2]

Este planteamiento de Lakoff nos lleva a una premisa fundamental: en la medida en que el proceso de generación de imaginarios sociales está atravesado por conflictos y relaciones de poder, los discursos dominantes siempre serán el resultado de la disputa por el relato entre los diferentes agentes que pugnan por hacer hegemónicas sus visiones (partidos políticos, corporaciones, ámbito científico-académico, organizaciones de la sociedad civil…), algo que ha sido analizado en profundidad por los autores de la Discourse Theory. En consecuencia, si el lenguaje no es neutral y los discursos están mediados por las ideologías, decodificar la comunicación es un prerrequisito para comprender el estado de las percepciones sociales respecto a cualquier cuestión, también (y sobre todo) respecto a las cuestiones ambientales.

Empecemos, por ejemplo, deteniéndonos en el concepto “desarrollo sostenible”. Acuñado en los años 80 bajo la hegemonía neoliberal y difundido en 1987 por el Informe Brundtland, este concepto proyectaba, mediante la yuxtaposición de las palabras “desarrollo” y “sostenible”, la aparente superación del conflicto existente entre el modelo de desarrollo neoliberal basado en el dogma del crecimiento, por un lado, y la sostenibilidad, por otro. Pese a que ya desde principios de los años 70 el Club de Roma había planteado la necesidad de fijar límites al crecimiento, lo que relegaba al concepto “desarrollo sostenible” a la categoría de oxímoron (unión de dos conceptos contradictorios entre sí), las tesis del decrecimiento no lograrían prevalecer, mientras que el marco del “desarrollo sostenible”, sin embargo, terminaría convirtiéndose en el núcleo del discurso ambientalista oficial desde la Cumbre de Río de 1992. Hoy, sin embargo, el fracaso de este paradigma es una realidad incuestionable.

¿Cómo se explica que un concepto-trampa[3] como “desarrollo sostenible” haya conformado los marcos institucionales de la gobernanza ambiental global, mientras conceptos como “decrecimiento”, más acordes con los presupuestos científicos mayoritariamente aceptados, hayan quedado prácticamente excluidos de la discusión pública?

Responder a esta pregunta exige adentrarnos en las relaciones de poder y los procesos de acumulación de capital para comprender la mayor capacidad de las élites para articular discursos y estrategias a escala planetaria, controlar la opinión pública global y crear visiones hegemónicas. Capacidad que se sitúa más allá del plano discursivo, pero de la que los discursos son «huellas, pistas, hebras, síntomas que el analista debe saber describir e interpretar»[4]. Entender, como afirma Nuria del Viso, que «la crisis climática es un conflicto con estrategias enfrentadas»[5], exige hacer un esfuerzo por rastrear dichos discursos para desentrañar las estrategias que hay tras ellos.

La importancia de la propaganda en relación al papel central que los medios de comunicación juegan en lo que Noam Chomsky ha denominado la «democracia del espectador»[6] no puede pasarse por alto en este punto. Desde que el presidente Woodrow Wilson creara la Comisión Creel para diseñar la estrategia comunicativa con la que el gobierno estadounidense convencería a la población norteamericana, que hasta entonces era pacifista, para que Estados Unidos entrase en la Primera Guerra Mundial[7], sabemos que los discursos propagados a través de los medios de comunicación son determinantes para la formación de una ciudadanía crítica.

De ahí que el debate acerca de si el lenguaje que utilizan los medios de comunicación describe con la suficiente precisión la dimensión del reto ecológico al que nos enfrentamos hoy sea ineludible.

No es casualidad que, en la primera de sus tres demandas, el movimiento Extinction Rebellion reivindicara desde su nacimiento que «el gobierno debe decir la verdad declarando una emergencia climática y ecológica, trabajando con otras instituciones para comunicar la urgencia del cambio»[8]. En esta línea, medios como The Guardian[9], La Vanguardia[10] y otros muchos han comenzado a cambiar en los últimos meses su terminología para dar prioridad a conceptos como “emergencia climática” o “crisis climática” frente a “calentamiento global” o “cambio climático”, siguiendo las consideraciones de plataformas de referencia como EFEverde o la Fundeu del BBVA[11].

Pero llegar a las salas de control de los medios de comunicación no es suficiente para transformar las percepciones del público. Umberto Eco sostenía que «los medios de comunicación de masas no son portadores de ideología: son en sí mismos una ideología»[12]. Eco, que elaboró toda una compleja teoría sobre los procesos de significación producidos en las sociedades humanas, proponía la semiología como herramienta para comprender «todos los procesos culturales como procesos de comunicación»[13]. Y en su ensayo “Para una guerrilla semiológica”, el profesor y filósofo italiano afirmaba con gran lucidez que la batalla por el relato «no se gana en el lugar de donde parte la comunicación sino en el lugar a donde llega»[14]. Por este motivo, Eco sugería la necesidad de una estrategia de “guerrilla puerta a puerta” «para incitar a la audiencia a que controle el mensaje y sus múltiples posibilidades de interpretación».[15]

Siguiendo a Eco, una de las tareas más urgentes de nuestro tiempo probablemente sea la de desplegar una estrategia de guerrilla semiológica climática que sensibilice a la ciudadanía sobre la necesidad de interpretar críticamente los mensajes que reciben en torno a la emergencia climática. Pues de no hacerlo, corremos el riesgo de volver a ser arrastrados a nuevas guerras. En esta ocasión, en nombre de la emergencia climática.

[1] G. Lakoff, No pienses en un elefante, Editorial Complutense, Madrid, 2007, pp. 6.

[2] Ibidem.

[3] J. C. Monedero, El gobierno de las palabras. Política para tiempos de confusión, Fondo de Cultura Económica de España, Madrid, 2011, pp. 34.

[4] P. Santander, «Por qué y cómo qué hacer análisis del discurso», Cinta Moebio. Acceso el 17 de junio de 2019.

[5] N. Del Viso, «La crisis climática es un conflicto con estrategias enfrentadas», CTXT, 16 de abril de 2019.

[6] N. Chomsky e I. Ramonet, Cómo nos venden la moto, Icaria Editorial, Barcelona, 1993.

[7] Ibidem.

[8] «Our Demands», Extinction Rebellion. Acceso el 23 de junio de 2019.

[9] D. Carrington, «Why the Guardian is changing the language it uses about the environment», The Guardian, 7 de mayo de 2019.

[10] M. Camps, «La Vanguardia’ dará prioridad a la expresión ‘crisis climática’, en lugar de ‘cambio climático», La Vanguardia, 6 de junio de 2019.

[11] Redacción EFEverde, «EFEverde y Fundéu propondrán mejoras en el lenguaje periodístico del cambio climático», EFEverde, 4 de junio de 2019.

[12] U. Eco, «Para una guerrilla semiológica» en U. Eco, La estrategia de la ilusión, Lumen, Buenas Aires, 1987.

[13] U. Eco, La estructura ausente. Introducción a la semiótica3ª edición, Lumen, Barcelona, 1986, pp. 22.

[14] U. Eco, «Para una guerrilla semiológica» en U. Eco, La estrategia de la ilusión, Lumen, Buenas Aires, 1987.

[15] Ibidem.

Acceso al documento completo: Los discursos en torno a la emergencia climática


La utopía en la era del Antropoceno

El texto de Santiago Álvarez Cantalapiedra, corresponde a la INTRODUCCIÓN del número 149 de Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, dedicado a las utopías en tiempo de pandemia.

Un mapa del mundo que no contenga el país Utopía no merece siquiera un vistazo (Oscar Wilde)

Aunque el término utopía surge en el Renacimiento, las primeras expediciones por las tierras utópicas fueron tan antiguas como las capacidades simbólicas y de fabulación del ser humano. Tal vez se deba a ello que Francisco Fernández Buey, quien tanto aprecio mostró por la razón utópica,1 asociara siempre las ilusiones que brotan naturalmente de la vida de los seres humanos a la idea de la utopía.2

Es sabido que utopía es un nombre inventado por Thomas More que los filólogos atribuyen a la combinación del prefijo griego ou, (no) con la palabra topos (lugar). Tres siglos y medio más tarde, el economista y filósofo John Stuart Mill utilizó por vez primera el término distopía en una intervención parlamentaria para referirse a la perspectiva poco halagüeña que se desprendía de la vigencia de algunos factores del presente. Cinco décadas después, Patrick Geddes y Lewis Mumford introducen -nos los recuerda José Manuel Naredo en su artículo- el término eutopia para expresar el buen lugar en el que estar y al que deberíamos ir.

¿Por qué nos debería interesar, en la era del Antropoceno, la utopía entendida como eutopía? ¿Qué significado puede tener al comienzo del siglo XXI, atenazados como estamos por amenazas globales que adquieren una dimensión existencial? Son preguntas que nos llevan a orientar nuestra mirada, por primera vez en los treinta y cinco años de vida de la revista, a ese lugar imaginado que debería figurar en los mapas que merecen ser ojeados.

¿Para qué sirve la utopía?

Como sugiere Jesús Joven al introducirnos la obra de Thomas More en este número, la sociedad que prefigura esta primera utopía literaria está lejos de ser una sociedad justa (debido a la existencia de esclavitud); tampoco parece una sociedad deseable, ni siquiera para el propio autor que la imagina, pues en ella se hace patente la ausencia de Dios. Es probable, pues, que More no estuviera imaginando un “buen lugar”, sino un “no lugar” desde el que comentar críticamente el mundo que le rodeaba. Este papel crítico es la primera y más destacada función que cabe atribuir a la utopía. Pero hay, al menos, otras dos funciones más que merecen nuestra atención.

La segunda función de la utopía es ayudar a imaginar alternativas. La utopía como invariante de la historia humana forma parte de las ilusiones naturales de las que habla Leopardi y reivindica Fernández Buey, una atalaya desde la que visualizar y anticipar otra realidad. El género utópico ha servido, por ejemplo, para lanzar nuevos principios sociales al servicio de la emancipación de la mujer –es el caso de Charlotte P. Gilman, precursora con su  Herland (1915)-  o de una organización alternativa de la economía –como la imaginada por el socialista norteamericano Edward Bellamy en su novela Looking Backward (1888)- que luego, a resultas de tantas luchas, han terminado por hacerse realidad  en muchos lugares. El sufragio femenino, la educación universal o la abolición del trabajo infantil son principios que pertenecieron en su día al género utópico y que hoy están presentes en gran número de sociedades de nuestro mundo, aunque -evitemos olvidarlo- no en todas.

Así pues, el potencial crítico de la utopía adquiere sentido en medio de la oscuridad del presente solo cuando se pone al servicio de la emancipación humana. Pero para poder desatar este potencial hay que empezar por diferenciar a los ilusos de quienes albergan ilusiones, pues no es lo mismo hacerse ilusiones que tener ilusiones. ¿Y qué diferencia una cosa de la otra? Los ilusos se diferencian de los utópicos en que defienden ideales que se encuentran fuera de la historia. Sus ilusiones no son realizables. Por el contrario, el utópico alberga una ilusión realizable, tal vez no en el momento presente y dentro del orden social dominante, pero no imposible en otro momento histórico y bajo otras circunstancias. El utópico, a diferencia del iluso, engarza la utopía a una realidad que no queda reducida al campo de lo existente. La realidad es también un campo de posibilidades, de opciones por explorar y de experiencias alternativas que practicar, algunas incluso ya iniciadas, aunque rápidamente sofocadas o desplazadas a un segundo plano de la historia por el poder. Cuando se formula una utopía, señala Juan José Tamayo, «no se está proponiendo un imposible; se busca cambiar las coordenadas que la hacen imposible para que sea posible».3

La tercera función de la utopía está muy relacionada con esta doble función crítica y alternativa que acabamos de comentar. La utopía, en cuanto instancia crítica que además ayuda a previsualizar otra realidad, se convierte en motivación para la acción y en horizonte que guía el cambio social. Como señaló Paco Fernández Buey, resulta indispensable para iniciar y sostener la acción política desde una perspectiva emancipadora: «No ha habido ni habrá filosofía moral sin utopías, o sea, sin la prefiguración de sociedades imaginarias más justas, más igualitarias, más libres y más habitables de las que hemos conocido y conocemos. La imaginación utópica ha sido y será el estímulo positivo de todo pensamiento político moral».4 Tal vez ha sido Eduardo Galeano quien, desde el campo literario, más haya reivindicado este papel de la utopía.[5] Son muy conocidas las palabras con las que se hace eco de la respuesta que dio el cineasta argentino Fernando Birri a la pregunta ¿para qué sirve la utopía?: «La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar». Utopía que combina crítica y alternativa, que guía la praxis y la orienta hacia ella. Esa es su función.

De la utopía social a las ilusiones tecnológicas

La publicación, en Lovaina en 1516, Del estado ideal de una república en la nueva isla de Utopía inaugura el pensamiento utópico moderno. Aunque la noción de utopía estuvo enraizada en sus comienzos al ámbito social y tenía un marcado carácter político, con el tiempo fue cediendo terreno en favor de las ilusiones tecnocientíficas. No es accidental ese tránsito. Las utopías, por su carga crítica y alternativa, se convirtieron en una peligrosa herramienta al servicio de la emancipación humana. Recuerda Pierre Musso que este giro de la utopía hacia el ilusorio solucionismo tecnológico se produce en épocas tan tempranas como las de las revoluciones sociales y obreras de los años 1830 en Francia: «El objetivo fue eludir la conflictividad política para celebrar el progreso técnico y la revolución industrial (…) La utopía deja de ser sociopolítica para convertirse en científico-técnica. Esta inflexión fundamental, en sus orígenes, pretendía una toma de poder tecnocrática, relegando a un segundo plano a la utopía social, e incluso socialista. Esto es lo que pretenden algunos sansimonianos al reducir el cambio social a realizaciones técnicas».6

En los umbrales de la «cuarta revolución industrial», derivada de la integración de la inteligencia artificial con las nanotecnologías y la biología sintética, las ilusiones tecnológicas renacen cada vez con más fuerza. El libro Homo Deus de Harari sintetiza mejor que ningún otro esas ilusiones presentes en la sociedad actual. La posibilidad que se le ha abierto al ser humano de acabar con los flagelos del hambre, la guerra y la enfermedad le faculta para ascender a un nivel superior en la escala evolutiva: «El ascenso de humanos a dioses puede seguir cualquiera de estos tres caminos: ingeniería biológica, ingeniería ciborg e ingeniería de seres no orgánicos».7 No hay que esperar a la lentísima selección natural ni a la azarosa mutación de los genes cuando resulta posible forzar los cambios con las palancas de la biotecnología, la inteligencia artificial o la nanotecnología. Esta ilusión tiene hoy nombre e ingentes recursos a su servicio. El transhumanismo, que no es más que la búsqueda de la inmortalidad a través de la tecnología, cuenta con el respaldo inestimable de Google y la NASA a través de la Universidad de la Singularidad, dedicada en exclusiva a este asunto.

El deslizamiento hacia lo distópico

La capacidad de seducción que tienen las nuevas tecnologías parece irresistible. Pero si por un momento pudiésemos suspender esa atracción, logrando unas mejores condiciones para preguntarnos acerca de si esas opciones son realmente deseables, es probable que nos surgieran unas cuantas reservas. La exitosa serie Black Mirror refleja magistralmente el malestar y la inquietud que nos provoca tanto ilusionismo tecnológico. En sus capítulos abunda la distopía y escasea la eutopía.

Cabe preguntar si este desplazamiento de las utopías por las distopías es algo reciente o viene de lejos. Aunque la ficción distópica ha vivido siempre sus momentos más dorados después de las grandes crisis colectivas, la utopía ha llevado en su reverso la distopía desde los inicios. De ahí que quepa distinguir las utopías puras de las parodias utópicas, que no buscan presentar un ideal sino más bien evitarlo. Entre los autores de las primeras encontraríamos a More con su Utopía, a Campanella con La ciudad del Sol, a Bacon con Nueva Atlántida, a Bellamy con Mirando hacia atrás y, sobre todo, a Morris con Noticias de ninguna parte. Entre los cultivadores de las segundas, autores como Italo Calvino, H.G. Wells o Úrsula K. Le Guin, que imaginaron en muchas de sus obras futuros distópicos con la intención de que anticipando esos horizontes tenebrosos nos encontrásemos en mejores condiciones de sortearlos. Otros, como Yevgueni Zamiatin con Nosotros, Aldous Huxley con Un mundo feliz o George Orwell con 1984, es posible que ni siquiera albergaran tal esperanza.

En cualquier caso, pocos tiempos tan proclives a las distopías como los actuales. Están tan presentes en nuestros días que gran parte de la literatura juvenil más celebrada responde a este género (véase la trilogía de Los juegos del hambre de Suzanne Collins o el tríptico de Verónica Roth formado con sus novelas Divergente, Insurgente y Leal, todas ellas llevadas al cine en los últimos años con gran éxito de público). Tampoco han escapado a esta tentación muchos autores consagrados: ahí está el mundo apocalíptico que describe Cormac McCarthy en La carretera, el renacer del antisemitismo que plantea Philip Roth en La conjura contra América o la acogida que han logrado las dos novelas de Margaret Atwood sobre la República de Gilead (El cuento de la criada y Los testamentos).

¿Qué significado puede tener la Utopía en la era del Antropoceno?

La ciencia ficción ha cultivado un campo muy próximo al de las utopías. El racionalismo mágico presente en este género literario ha permitido viajar a la Luna o a las profundidades de la Tierra cuando aún no era posible. La conciencia del futuro como un vasto territorio de posibilidades ha permitido que algunas mentes lúcidas fueran capaces de anticipar acontecimientos que luego otros seres humanos han presenciado. Desde que en el siglo II el escritor griego Luciano Samósata imaginara un viaje a la Luna, el ser humano ha realizado la mayoría de las ilusiones que ha albergado: ha llegado hasta los confines de los océanos, ha dado la vuelta al mundo, explorado las simas más profundas y formulado teorías, como la de las cuerdas  cósmicas y los agujeros de gusano, que hacen verosímiles los viajes en el tiempo que imaginó el incomparable Herbert George Wells veinte años antes de que el no menos genial Einstein formulara la teoría general de la relatividad.

La ciencia ficción es un género moderno, hija de la confianza en el futuro y de la idea de progreso. El futuro como algo mejor que el presente. «El progreso es la realización de las utopías», decía Oscar Wilde. La narrativa utópica es en cierto modo una variante de la filosofía del progreso, pero ¿qué idea de progreso cabe albergar en nuestra época?

La idea de “progreso” que define nuestra época a menudo se parece más a la progresión de una enfermedad que a su curación. Para Walter Benjamin el progreso, cuando es contemplado desde la mirada del oprimido, se asemeja mucho a un vendaval que deja a su paso un reguero de víctimas y escombros. Desde esa perspectiva, el progreso es sinónimo de catástrofe y la utopía tiene que ver, sobre todo, con la esperanza de detener ese progreso. Cuando se avanza en la dirección equivocada, el progreso es lo último que se necesita. No tiene ningún sentido progresar en dirección al abismo, y hacia allí es adonde nos conduce este modelo de civilización.8

La civilización industrial capitalista encandila a sus víctimas con un progreso aparente, no real, pues en su discurrir deteriora las bases naturales y sociales sobre las que se sostiene. Nos ha conducido a una crisis ecosocial de la que brotan múltiples amenazas existenciales: amenazas climáticas, pandemias impulsadas por la globalización con efectos impredecibles sobre la salud pública o disputas en torno a recursos estratégicos que tensionan la geopolítica internacional en un contexto de proliferación nuclear.9

El futuro no tiene el mismo significado ahora que antes de la crisis ecológica. Con anterioridad a esta crisis el futuro se podía contemplar todavía como un territorio de posibilidades: cabía pensarlo como un tiempo mejor donde proyectar aquello que no resulta posible alcanzar en el tiempo presente. Pero ahora no. La crisis ecológica ha determinado nuestro futuro. Lo vemos con claridad al observar las consecuencias del cambio climático. Desde el punto de vista de la crisis climática, el futuro nunca va a poder ser mejor y, por eso, toda nuestra lucha por el futuro gira entre lo “malo” y lo “peor”. Y la diferencia entre ambos futuros es enorme: nada menos que la posibilidad entre un convivir aún civilizado y la más atroz de las barbaries. Tanta es la diferencia entre ambos futuros, que no cabe pensar en la utopía más que como la aspiración a conseguir lo menos malo. Los nuestros son tiempos de concesiones, de la búsqueda del mal menor. Lo mejor deja de estar a nuestro alcance y debemos conformarnos con lo menos malo. Son tiempos de utopía formulada en negativo: «hoy no luchamos por construir la brillante utopía, sino para evitar las distopías peores».10

Predominan hoy las distopías, que no son sino hijas de la creciente consciencia de que vivimos un gran desastre social y civilizatorio. Dar la vuelta al calcetín de sentido trágico del presente pasa por hacer florecer la carga alternativa que tiene la utopía y que no alcanza a imaginar el pensamiento que se queda en meramente distópico. Si la distopía llega a ser, en el mejor de los casos, una crítica cuando apunta al estado de barbarie al que nos conduce el presente, la utopía además de la crítica proporciona la imaginación política necesaria para lanzar la realidad en otra dirección, hacia un buen vivir en un buen lugar, hacia la eutopía.

[1] Este número inaugura nuevas secciones. La que denominamos Referentes tiene como objetivo recuperar textos de autores/as que son una referencia indiscutible en las temáticas que aborda la revista. En esta ocasión está compuesta de tres textos, dos de Francisco Fernández Buey y otro de Erik Olin Wright.

[2] Francisco Fernández Buey, Utopías e ilusiones naturales, El Viejo Topo, Barcelona, 2007.

[3] Juan José Tamayo, Invitación a la utopía, Editorial Trotta, Madrid, 2012, p. 149.

[4] Francisco Fernández Buey, op. cit, pp. 12 y 13.

[5] Galeano cultivó a lo largo de toda su obra la utopía crítica y poética. Algunas de las frases que dejó escritas se convirtieron en lemas de la acampada del 15 M (así ocurrió con esta, «si no nos dejan soñar, no los dejaremos dormir», extraída de su libro Los hijos de los días). Entre los muchos escritos que nos legó, tal vez el que mejor refleja el espíritu utópico del autor es el titulado «El derecho al delirio», del que entresaco los siguientes versos: «¿Qué tal si deliramos, por un ratito? Vamos a clavar los ojos más allá de la infamia, para adivinar otro mundo posible (…) en las calles, los automóviles serán aplastados por los perros/ la gente no será manejada por el automóvil, ni será programada por el ordenador, ni será comprada por el supermercado, ni será tampoco mirada por el televisor (..) la gente trabajará para vivir, en lugar de vivir para trabajar/ se incorporará a los códigos penales el delito de estupidez, que cometen quienes viven por tener o por ganar, en vez de vivir por vivir nomás, como canta el pájaro sin saber que canta y como juega el niño sin saber que juega (…) los economistas no llamarán nivel de vida al nivel de consumo/ ni llamarán calidad de vida a la cantidad de cosas» (Patas arriba. La escuela del mundo al revés, Siglo XXI, Madrid, 1998, pp. 341-344).

[6] Pierre Musso, «De la utopía social a la utopía tecnológica», El punto de vista nº 7: Tiempos de utopías (Le Monde diplomatique), Ediciones Cybermonde S.L., Valencia, 2011, pp. 7 y 8.

[7] Yuval Noah Harari, Homo Deus, Debate, Barcelona, 2016, p. 56.

[8] Christopher Ryan, Civilizados hasta la muerte: el precio del progreso, Capitán Swing, Madrid, 2020.

[9] Sin mencionar los riesgos tecnológicos del impulso fáustico: las consecuencias de la combinación de la inteligencia artificial con la manipulación genética y las posibilidades de crear una especie -los ciborgs- no completamente orgánica.

[10] Jorge Riechmann, Otro fin del mundo es posible, decían los compañeros, Mra ediciones, Barcelona, 2020, p. 107.

Descargar el artículo completo en formato pdf: La utopía en la era del Antropoceno.

 


1 de Mayo. Selección de Recursos

El Primero de Mayo, también conocido como el Día Internacional de los Trabajadores/as tiene su origen en las reivindicaciones sociolaborales del movimiento obrero mundial en favor de las clases trabajadoras.

El panorama laboral actual, debido a la crisis del COVID19 es desolador: aumento de las cifras de paro cuya tasa vuelve a colocarse por encima del 14%, el elevado número de trabajadoras/es en situación de Expediente de Regulación Temporal de Empleo (ERTE) y la incertidumbre sobre como pueden afectar el proceso de desescalada del confinamiento a los diferentes sectores económicos.

Además, la situación de confinamiento y distanciamiento social hace que este 1º de Mayo, cuyo lema es "Trabajo y servicios públicos. Otro modelo social y económico es posible", sea singular porque se va a desarrollar sin actos públicos y sin manifestaciones multitudinarias. Sólo nos quedará volver a salir a nuestros balcones a aplaudir a las 20 h. para homenajear a todos las personas trabajadoras que están en primera línea y para reivindicar, aunque sea una protesta virtual, un nuevo modelo económico y social que ponga en el centro la vida, los derechos y el bienestar de las personas.

Con esa intención os proponemos una selección de artículos que, desde distintas ópticas, nos aproximan al mundo del trabajo en toda su complejidad, a las relaciones sociales y laborales que lo envuelven y a los nuevos retos y peligros que ponen en jaque las conquistas alcanzadas.

Artículos relacionados con la digitalización del trabajo, la precarización, la crisis del empleo, los trabajos de cuidados, el trabajo garantizado, el reparto del trabajo, los efectos de la crisis en las clases trabajadoras y la desregulación de la relación salarial.

Hemos recopilado también dos ESPECIALES dedicados al trabajo publicados en los números 140 sobre Trabajo Precario y en el 108 sobre Crisis del Trabajo, de los que facilitamos todos los artículos a texto completo.

Papeles de relaciones ecosociales y cambio global

Albert Recio, “Digitalización y trabajo: notas para un debate”, Capitalismo digital. Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, núm. 144, invierno 2018/2019, pp. 49-58.

 

 

EMPLEO PRECARIO: UN SALTO AL VACÍO, Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, núm. 140, invierno 2017-2018.

Santiago Álvarez Cantalapiedra, INTRODUCCIÓN. Capitalismo, precarización e inseguridad social, pp.

ESPECIAL:

Lucía Vicent Valverde, Tiempos de precariedad. Una mirada multidimensional a la cuestión precaria, pp. 35-49.

Jorge Sola e Inés Campillo, La precarización en su contexto: desarrollo y crisis del régimen de empleo en España, pp. 51-63.

Ernest Cañada, Un turismo sostenido por la precariedad laboral, pp. 65-73.l

Juan José Castillo, La precariedad del trabajo académico en la Universidad, pp. 75-84.

Carlos Gutiérrez Calderón, La metamorfosis del trabajo: retos para la acción sindical, pp. 85-94.

Adrián Todolí Signes, Nuevos indicios de laboralidad en la economía de plataformas virtuales (Gig economy), pp. 95-103.


Paloma Moré, “Cuerpos vulnerables: la intensificación del trabajo en las residencias de personas mayores”, Cuerpos frágiles y capitalismo. Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, núm. 137, primavera 2017, pp. 71-80.

Isabel Quintana (Liz), “Trabajadoras de hogar, la urgencia del debate sobre la organización social de los cuidados”, Corrupciones. Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, núm. 135, otoño 2016, pp. 115-125.

Mario Rísquez, “Exiliados económicos: jóvenes españoles en el extranjero”, Migraciones Forzadas. Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, núm. 132, invierno 2015-2016, pp. 87-97.

Andrés Pedreño, Carlos de Castro y María Elena Gadea, “Asalariados inmigrantes en enclaves de agricultura intensiva: crisis del sur de Europa y sostenibilidad social”, Problemas y desafíos del mundo rural. Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, núm. 131, otoño 2015, pp. 49-59.

Salvador López Arnal, “Entrevista a Eduardo Garzón Espinosa sobre su propuesta de trabajo garantizado”, Municipios y participación ciudadana. Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, núm. 129, primavera 2015, pp. 177-186.

Rafael Muñoz de Bustillo, “De la crisis del empleo al desmantelamiento del Estado de bienestar”, La Gran Involución I. Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, núm. 123, otoño 2013,

Laura Mora Cabello de Alba, “El trabajo con sentido en proceso constituyente. Un cambio de civilización: qué trabajo, para qué sociedad, para qué planeta”, Nuevos problemas, nuevas consitituciones. Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, núm. 122, verano 2013, pp. 67-77.

María Eugenia Ruiz-Gálvez, Lorenzo Vidal-Folch y Lucía Vicent, “Crisis en la periferia europea y mercado de trabajo”, Europa en la encrucijada. Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, núm. 120, invierno 2012/2013, pp. 171-182.

Teresa Torns, Vicent Borrás, Sara Moreno y Carolina Recio, “El trabajo de cuidados: un camino para repensar el bienestar”, Alternativas III: enfoques para el cambio social. Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, núm. 119, otoño 2012, pp. 93-101.

Daniel Jover, “Territorios socialmente responsables: el trabajo comunitario como estrategia de desarrollo local”, Alternativas III: enfoques para el cambio social. Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, núm. 119, otoño 2012, pp. 145-159.

Albert Recio, “Reparto del trabajo y modelo social”, Alternativas II: concretando debates. Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, núm. 118, verano 2012, pp. 67-78.

Fermín Paz Lamigueiro, "La democracia delegada: una reflexión desde el mundo del trabajo", We Are The 99%. Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, núm. 116, invierno 2011/2012, pp. 55-61.

Albert Recio, “Efectos de la crisis sobre las clases trabajadoras”, Impactos y consecuencias de la crisis. Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, núm. 113, primavera 2011, pp. 45-55.

Rafael Ibáñez y Mario Ortí, “La desregulación de la relación salarial y el retorno de la condición obrera en Europa”, ¡Regulad, regulad, ineptos!. Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, núm. 112, invierno 2010/2011, pp. 47-58.


 

CRISIS DEL TRABAJO, Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, núm. 108, invierno 2009.

Santiago Álvarez CantalapiedraIntroducción

 

ESPECIAL:

Juan José Castillo, La soledad del trabajador globalizado, pp. 11-20.

Luis Enrique Alonso y Carlos J. Fernández Rodríguez, El trabajo en la era posfordista: un malestar permanente, pp. 21-33.

Antonio Baylos, Reforma del mercado de trabajo o el eufemismo sobre la libertad, pp. 35-43.

Cristina Carrasco, Tiempos y trabajos desde la experiencia femenina, pp. 45-54.

Joaquim Sempere, La relación capital-trabajo como relación de poder social, pp. 55-64.

Mario Ortí y Rafael Ibáñez, Bases históricas de la invisibilización de la ciudadanía laboral en España. La crisis de la conciencia en la conciencia de crisis, pp. 65-75.

Carolina Recio, Teresa Torns, Vicente Borràs y Sara Moreno, La regulación del tiempo de trabajo en la Unión Europea, pp. 77-88.

Albert Recio, La evolución del mundo del trabajo en la crisis, pp. 89-97.

DIÁLOGO:

Olga Abasolo, Perspectivas sobre el trabajo en la crisis del capitalismo. Diálogo entre José Manuel Naredo y Jorge Riechmann, pp. 147-161.

Buena lectura y Feliz Día Internacional de los Trabajadores/as.

 

 


Nueva crisis: evitar los viejos errores

La pandemia del coronavirus se está convirtiendo en un gran desafío para el conjunto de la sociedad. A la emergencia sanitaria se le suma ahora la emergencia social a medida que se empiezan a percibir los efectos catastróficos que está teniendo sobre la economía.

Este manifiesto, firmado por centenares de economistas críticos con la ortodoxia económica hoy imperante (tanto en el plano teórico como en el de las políticas económicas al uso), reclama que la salida a esta lamentable situación se oriente hacia un modelo social más justo y racional.

Manifiesto de economist@s crític@s

La pandemia del coronavirus ha supuesto una amenaza que, de golpe, ha cambiado las prioridades en una gran parte del mundo. Las medidas adoptadas para proteger la vida y la salud habrían sido impensables hace tan solo unas semanas. Ésta es una de las enseñanzas de esta crisis: cuando hay voluntad política y consciencia social de un grave problema, las cosas pueden cambiar radicalmente.

Estamos en una época de crisis civilizatoria, ecológica, social y de cuidados, derivada de un modelo económico en el que todo se subordina a la competitividad, al beneficio y al crecimiento del Producto Interior Bruto.

La crisis del coronavirus invita a pensar en un necesario cambio de rumbo a todos los niveles para hacer frente a la emergencia económica, ecológica, social y de cuidados que padecemos. No queremos volver a la situación anterior, sino transitar de forma planificada hacia una economía en paz con el planeta y que permita reducir las insoportables desigualdades del modelo actual.

La pandemia también ha mostrado lo esencial de los trabajos de cuidados, tanto los asociados con la atención socio‐sanitaria, como los trabajos de limpiar, cocinar o cuidar a niñas y niños y a otras personas dependientes, trabajos que, como siempre, recaen en mucha mayor medida en las mujeres.

Queremos vivir en un mundo en el que la sanidad y los servicios sociales públicos sean una prioridad social, donde las políticas públicas estén orientadas a garantizar una buena calidad de cuidados a lo largo de toda la vida, en lugar de que sean las mujeres las que asuman una carga de trabajo desproporcionada.

Más allá de que los masivos desplazamientos a larga distancia convierten rápidamente una epidemia local en una pandemia, la crisis del coronavirus, con los cortes de suministros para algunas empresas y la competencia internacional para adquirir productos básicos, nos ha mostrado también otros aspectos negativos de la
globalización y la financiarización.

Queremos un mundo con cooperación universal, pero también un mundo en el que las economías locales y regionales estén más autocentradas tanto por motivos ecológicos como socio‐económicos y estratégicos.

Se ha mostrado también, una vez más, la debilidad de la Unión Europea que, ni siquiera ante una crisis de este tipo, ha actuado de forma conjunta ni para contener la epidemia ni para adoptar suficientes medidas políticas, económicas y sociales. Una situación excepcional que ha paralizado gran parte de la actividad económica exige
medidas audaces y responsables de gasto público para asegurar servicios esenciales, mantener rentas y evitar quiebras. Se ha de evitar que, como pasó en la crisis financiera de 2008, salgamos con una gran carga de endeudamiento que nos convierta en rehenes de los “mercados” (sobre todo de los financieros) y justifiquen políticas de recortes que ahora se han mostrado criminales, contraproducentes e inútiles.

Para ello se debe reconsiderar claramente el papel del Banco Central Europeo mediante mecanismos de
mutualización de deuda pública, creando directamente dinero que vaya a los gobiernos y a la ciudadanía o con otras alternativas que no conduzcan a los procesos de endeudamiento que acaben por justificar políticas de ajuste. La movilización de dinero debe llegar directamente al tejido productivo y a las personas, eludiendo hinchar el sistema financiero y las burbujas especulativas.

La crisis ha de servir para repensar qué es lo importante para las vidas de las personas y, en consecuencia, cuáles han de ser las prioridades de la política económica.

Los derechos laborales y sociales han de pasar al primer plano, así como la política fiscal progresiva. Y todo ello sin olvidar las experiencias de reestructuración empresarial para producir bienes esenciales, experiencias todavía modestas pero que pueden considerarse como ejemplos a menor escala de la necesaria reestructuración
económica.

A veces, las crisis abren oportunidades para los cambios. Así, el final de la Segunda Guerra Mundial llevó en algunos países a mejoras en la distribución y las condiciones laborales y sociales. En cambio, la crisis originariamente financiera de 2008 supuso un retroceso en nuestro país y en muchos otros.

No podemos repetir los errores de esta última, por lo que la salida de la crisis provocada por la pandemia del coronavirus debe estar orientada a sentar las bases de una sociedad más justa, más igualitaria y ecológicamente sostenible.

FIRMAS

Julio Abad González (Universidad de León); Empar Aguado Bloise (Universitat de València); Iván Alaya García (Universidad Rey Juan Carlos); Daniel Albarracín Sánchez (Cámara de Cuentas de Andalucía); Henar Alcalde‐Heras (Deusto Business School); Vicent Alcántara Escolano (Universitat Autònoma de Barcelona); Rafael Allepuz Capdevila (Universitat de Lleida); Nuria Alonso (Universidad Rey Juan Carlos); Olga Alonso Villar (Universidad de Vigo); Ramon Alós (Universitat Autònoma de Barcelona); Santiago Álvarez Cantalapiedra (Fuhem Ecosocial); Cristina Álvarez Folgeras (Universidad de León); Pablo Archel Domenc (Universidad Pública de Navarra); Efren Areskurinaga (Universidad del País Vasco/EHU); Rosario Asián Chaves (Universidad de Sevilla); Carlos Askunze Elizaga (Red de Economía Alternativa y Solidaria); Joseba Azkarraga Etxagibel (Universidad del País Vasco/EHU); Alejandre Azucena Pascual (CCOO); Josep Banyuls Llopis (Universitat de València); Maja Barac (Universitat de València); Luís Baratas González (ENISA); Alfons Barceló Ventayol (Universitat de Barcelona); Raquel Bárcena; David Barkin (UAM, México); Ana Isabel Barranco González; María Antonieta Barrón (UNAM, México); Teresa Bartual Figueras (Universitat de Barcelona); José Antonio Batista Medina (Universidad de La Laguna); Antonio Baylos (Universidad de Castilla‐La Mancha); José Francisco Bellod Redondo (Universidad de Murcia); José Bellver Soroa (Fuhem Ecosocial); María Jesús Beltrán Muñoz (Universidad Pablo de Olavide); Joan Benach (Universitat Pompeu Fabra); Lourdes Beneria (Conrnell University); Estrella Bernal Cuenca (Universidad de Zaragoza); Hernando Bernal Zamudio (Red de estudios de Biomimesis); Carlos Berzosa Alonso‐Martínez (Universidad Complutense de Madrid); Eduardo Bidaurratzaga Arrue (Universidad del País Vasco/EHU); Jorge Bielsa Callau (Universidad de Zaragoza); Ramon Bielsa Circoles; Cristina Blanco Fernández de Valderrama (Universidad del País Vasco/EHU); Ramon Boixadera; Marisa Bordón Ojeda (Universidad Complutense de Madrid); Joan Josep Bosch González; Francisco Javier Braña (Universidad de Salamanca); María Trinidad Bretones (Universitat de Barcelona); Luís Buendía García (Universidad de León); Gemma Cairó Céspedes (Universitat de Barcelona); Toni Campos Alòs; Ernest Cano (Universitat de València); Roberto Carlotti; Óscar Carpintero (Universidad de Valladolid); Cristina Carrasco Bengoa (Universitat de Barcelona); José Luís Carretero (Instituto de Ciencias Económicas y de la Autogestión); Lola Casares Vidal; Ana Isabel Casquete Diez (Universidad de Burgos); Feliciano Castaño Vidal (CIMAS); Verónica Castrillon Serna (Universidad del País Vasco/EHU); Jordi Catalan Vidal (Universitat de Barcelona); Ignacio Cazcarro (IRAID); Sergio Cesaratto (Università di Siena); Germán Raúl Chaparro (Universidad Nacional de Colombia); Pedro Chaves Giraldo; Clarisse Chiappini Castilhos; Agustí Colom Cabau (Universitat de Barcelona); Marta Conde (Universitat Pompeu Fabra); Vicente Cucarella Tormo; Pablo de Carlos Villamarín (Universidad de Vigo); Marcos de Castro Sanz; Luz de la Cal Barredo (Universidad del País Vasco/EHU); Mikel de la Fuente Lavín (Universidad del País Vasco/EHU); Ion Andoni del Amo Castro (Universidad del País Vasco/EHU); Alfredo del Río Casasola (Universidad Complutense de Madrid); Coral del Río Otero (Universidad de Vigo); Javier Delgadillo Macías (UNAM, México); Federico Demaria (Universitat Autònoma de Barcelona); Monica Di Donato (Fuhem Ecosocial); Carmen Díaz Corral (Universitat Autònoma de Barcelona); Pau Diaz Valero; María Angeles Diez (Instituto Hegoa); Lucía Díez Sanjuán (BOKU, Viena); Adriàn Dios Vicente (Universidad de Santiago de Compostela); Xoán Doldán García (Universidad de Santiago de Compostela); Rafael Domínguez Martín (Universidad de Cantabria); Mario Duayer (Universidade Federal Fluminense, Brasil); Alfonso Dubois Migoya; Joan Pere Enciso Rodríguez (Universitat de Lleida); Bruno Estrada López; Iker Etxano (Universidad del País Vasco/EHU); María Eugenia Ruíz (Universidad Rey Juan Carlos); Ramón Fabre Vernedas; Eladio Febrero Paños (Universidad de Castilla‐La Mancha); David Fernández; Xulio Fernández Hermida (Universidad de Vigo); Carlos Fernández Liria (Universidad Complutense de Madrid); Jaime Fernández Truchado (Universidad de Zaragoza); Jesús Mauricio Flórez Salas (Universida de Granada); Facund Fora Alcalde (Universitat Autònoma de Barcelona); Gessamí Forner; Xabier Gainza Barrencua (Universidad del País Vasco/EHU); Oihana Garcia Alonso (Universidad del País Vasco/EHU); Jorge García Arias (Universidad de León y SOAS, Reino Unido); Miguel Ángel García Calavia (Universitat de València); José Manuel García De La Cruz (Universidad Autónoma de Madrid); José Tomás García García (Universidad de Alicante); Asier García Lupiola (Universidad del País Vasco/EHU); Paloma García Méndez; Fernando García Quero (Universidad de Granada); Esther García Rodríguez; Xosé Carlos García Vázquez; Rosa Garcia‐Hernández (Universitat Autònoma de Barcelona); Manuel Garí Ramos; Mario Garrido Porto; Juan A. Gimeno Ullastres (UNED); Rosario Gómez Carrasquel; Teresa Gómez Porres; Pedro José Gomez Serrano (Universidad Complutense de Madrid); Josep González Calvet (Universitat de Barcelona); José Carlos González Lorente (Economistas sin fronteras); Paz González Villamayor; Mabel Grimberg (Universidad de Buenos Aires); Adoración Guamán (Universitat de València); José Ángel Guerrero Gutiérrez (CCOO); Lluís Guíx Moreno; Luís Gurini Aldanondo (Universidad del País Vasco/EHU); Eduardo Gutiérrez Benito (Más Madrid); Javier Gutiérrez Hurtado (Universidad de Valladolid); José Luís Gutiérrez Molina (Universidad de Cádiz); Robin Hahnel (American University); Luís E. Herrero; David Hoyos Ramos (Universidad del País Vasco/EHU); Guadalupe Huerta Moreno (UAM, México); Jorge Hurtado Jordá (Universidad de Alicante); Ricardo Jiménez Aboitiz (Universidad de Valladolid); Pere Jódar (Universitat Pompeu Fabra); Gabriel Jové Avellà (Universitat de Girona); Yolanda Jubeto Ruíz (Universidad del País Vasco/EHU); Giorgos Kallis (Universitat Autònoma de Barcelona); Luís Kato Maldonado (UAM, México); Armando Kuri Guytán (UNAM, México); Sara Lafuente Hernández (Instituto Sindical Europeo/Université Libre de Bruxelles); Rosa Lago Aurrekoetxea (Universidad del País Vasco/EHU); Mertxe Larrañaga Sarriegi (Universidad del País Vasco/EHU); Jon Las Heras Cuenca (Universidad del País Vasco/EHU); Luís Fernando Lobejón Herrero (Universidad de Valladolid); Marina Lois Mosquera (Universidad de Santiago de Compostela); Martí López Andreu (University of Manchester); Xavier López Arnabat (Fundació Món 3); Salvador López Arnal; Francisco Javier López Martín (CCOO); Raúl Lorente Campos (Universitat de València); Javier Loscos (Universidad Complutense de Madrid); Andoni Louzao Bustamante; Fernando Luengo Escalonilla (Universidad Complutense de Madrid); Víctor Antonio Luque de Haro (Universidad de Almería); Irene Maestro Yarza (Universitat de Barcelona);  Desiderio Martín Corral (CGT); Àngels Martinez Castells; Roberto Martínez Catalán; Endika Martinez Etxebarria; Ángel Martínez González‐Tablas (Fuhem Ecosocial y Universidad Complutense de Madrid); María José Martinez Herrero (Universidad del País Vasco/EHU); Jone Martínez Palacios (Universidad del País Vasco/EHU); Alberto Matarán Ruiz (Universidad de Granada); Juan Pablo Mateo (Universidad Complutense de Madrid); Lorea Mendiola (Universidad del País Vasco/EHU); Blanca Miedes Ugarte (Universidad de Huelva); Fausto Miguélez Lobo (Universitat Autònoma de Barcelona); Tomás Moltó García; Alberto Montero Soler (Universidad de Málaga); David Moral Martín (Universitat Rovira i Virgili); Paola Moreno; José Ángel Moreno Izquierdo (Economistas sin fronteras); Ivan Murray Mas (Universitat de les Illes Balears); José Manuel Naredo; Francisco Navarro Gálvez (Universitat Autònoma de Barcelona); Esther Nieto Luque; José Antonio Nieto Solís (Universidad Complutense de Madrid); Jaime Nieto Vega (Universidad de Valladolid); Mikel Noval (ELA); Carlos Ochando Claramunt (Universitat de València); Martí Olivella Solé (Taula de Canvi SCCL); Christian Orozco Suárez (Universidad Central del Ecuador); José Ramon Páez Pareja (Ayuntamiento de Cádiz); Miguel Ángel Pagán Navarro (UNED); Miguel Pajares (Comisión Catala de Ayuda al Refugiado)); Juan Ignacio Palacio Morena (Universidad de Castilla‐La Mancha); Julián Palacios Barajas; José Ramón Paramio Pintado; Jose Pascua Gimon; Unai Pascual (Basque Centre for Climate Change); María José Paz Antolín (Universidad Complutense de Madrid); Nemesio Pereira Lorenzo (Universidad de Vigo); Ángeles Pereira Sánchez (Universidad de Santiago de Compostela); Emilio Pérez Chinarro (Universidad de Valladolid); Anna Pérez Quintana (Universitat de Vic); Paolo Pini (Universidad de Ferrara); Andrés Piqueras Infante (Universitat Jaume I de Castelló); Josep Pitxer Campos (Universitat de València); Victoria Porras Fernández; Albert Puig Gómez (Universitat Oberta de Catalunya); Ignasi Puig Ventosa (Fundació ENT); Aurora Pulido Vacas (CGT); Giuseppe Quaresima; Pablo Quindós Fernández (UGT de Castilla y León); Juan Ramírez‐Cendrero (Universidad Complutense de Madrid); Jesús Ramos Martín (Universidad Regional Amazónica); Antonia Ramos Yuste; Albert Recio Andreu (Universitat Autònoma de Barcelona); Óscar Iván Reyes Maya (UNAM, México); Lorenzo Reyes Reyes (UACh, México); Jorge Riechmann (Universidad Autónoma de Madrid); Mario Rísquez Ramos (Instituto Complutense de Estudios Internacionales); Ana María Rivas Rivas (Universidad Complutense de Madrid); Jordi Roca Jusmet (Universitat de Barcelona); Óscar Rodil Marzábal (Universidad de Santiago de Compostela); José Miguel Rodríguez (Universidad de Valladolid); Arantxa Rodríguez (Universidad del País Vasco/EHU); Javier Rodríguez Alba (Universidad de Sevilla); Lluís Rodríguez Algans (Asesor Laboral); Paula Rodríguez Modroño (Universidad Pablo de Olavide); Francisco Roldán Muñoz (CDHS); Joaquín Romano Velasco (Universidad de Valladolid); Sergio Roque González (Universidad de Las Palmas de Gran Canaria); José Domingo Rosello (Confederación Europea de Sindicatos); Victoriana Rubiales (Universidad de Sevilla); Alberto Ruíz Villaverde (Universidad de Granada); Peio Salazar Martínez de Iturrate; Ana Salvador Chamorro (Universidad de León); Amat Sánchez (Universitat de València); Juan Sánchez García (Universidad de La Laguna); Julián Sánchez González (Universidad Autónoma de Madrid); Elena Sánchez Jordán (Universidad de La Laguna); Raúl Sánchez Marín; Joan Ramon Sanchis Palacio; Antonio Santos Ortega (Universitat de València); Teresa Sanz Berzal (UAM México); Bernardino Sanz Berzal; Mikel Sarasola Manich (Adis); Xavier Simón (Universidad de Vigo); Maite Sirera González (Fundació Món 3); Victòria Soldevila Lafon (Universitat Rovira i Virgili); Marta Soler Montiel (Universidad de Sevilla); Héctor Sotomayor Castilla (Universidad Autónoma de Puebla); Enric Tello Aragay (Universitat de Barcelona); Juan Raúl Tinoco Viduvich (INDIO); Juan Torres López (Universidad de Sevilla); David Trillo Del Pozo (Universidad Rey Juan Carlos); Héctor Hugo Trinchero (Universidad de Buenos Aires); Ángela Troitiño Cobas (Universidad de Santiago de Compostela); Joaquín Turmo Garuz (Universitat de Barcelona); Jordi Ulleta Tañà (Universitat de Barcelona); Koldo Unceta Satustregui (Universidad del País Vasco/EHU); Iñaki Uribarri (ESK); José Anastasio Urra Urbieta (Universitat de València); Alejandro Valle Baeza (UNAM, México); Agustín Vázquez García (UAM México); Marta Vega Gómez (Universidad de León); Xosé Veiga Buxán (Universidad de Santiago de Compostela); Marta Veiguela Rigosa; Xavier Vence (Universidad de Santiago de Compostela); Carlos Villagra Ameriso (INAUCO); Ángel Villalba Fonfría (Universitat de València); Paloma Villanueva Cortés (Instituto Complutense de Estudios Internacionales); José Luís Villoslada Prieto; Carmen Wehbe Herrera (Universidad del País Vasco/EHU); Rebecca Wilgosh; Patxi Zabalo (Universidad del País Vasco/EHU); Mikel Zurbano (Universidad del País Vasco/EHU.

Documento completo en formato pdf: Manifiesto de economistas crític@s


Ciudadanía activa y emergencia climática

Un estudio para la participación ambiental, la ciudadanía activa y las redes vecinales ante la emergencia climática

Cristina Contreras Jiménez

Dosieres Ecosociales, abril 2020.

Nos encontramos en un momento histórico marcado por una profunda crisis múltiple, que abarca desde problemas económicos hasta políticos y de cuidados, así como una crisis ecológica que pone en jaque a la humanidad. Si bien aquellas son graves y urgentes, ésta marca un horizonte que no debe ser traspasado para asegurar la supervivencia de nuestra especie.

En cualquier caso, deben ser abordadas en su conjunto para asegurar la justicia social al tiempo que la sostenibilidad.

La educación ambiental y la participación son herramientas de cambio. Barrios por el clima es un proceso de participación ambiental que busca la transformación desde el compromiso, la implicación y la corresponsabilidad. En definitiva, pretende educar para la acción.

Este texto es el resultado de una investigación que parte de la hipótesis de que la participación en Barrios por el clima genera cambios hacia una mayor conciencia ambiental, que son impulsores de la transformación social, a tres niveles: personal (micro), colectivo (meso) y ciudad (macro).

Introducción

A esta crisis ecológica sin igual se suman diversas crisis sociales (económica, democrática, de cuidados, …), que se interseccionan en numerosos puntos, retroalimentándose unas a otras. A todo esto debemos dar respuesta de manera urgente desde diferentes ámbitos.

Nuestra especie siempre ha estado influenciada por el medio, pero también lo ha adaptado a sus necesidades (Novo, 1985) o, incluso, a sus deseos. El ritmo de modificación actual es tal que los ecosistemas se desequilibran. Muestra de ello es el cambio climático (en adelante, CC). Sin embargo, ni todas las comunidades o personas tienen la misma responsabilidad ante esto, ni sufren de igual manera sus efectos. Por lo que actuar es tanto una cuestión de supervivencia, como de justicia social y de ética ambiental. Es urgente, sensato, justo y ético.

La educación ambiental es una herramienta con mucho potencial, por su naturaleza política (Meira, 2006), su visión de conjunto y su praxis crítica, para hacer frente a esta situación. Y para ello debe considerar las numerosas dificultades y barreras psicosociales y de comunicación existentes, como pueden ser el coste percibido del cambio o la baja posición del CC en la jerarquía de necesidades (Meira, 2009).

La posición que ocupa esta cuestión en la jerarquía de necesidades se explica, en parte, con las crisis sociales mencionadas, que generan otras urgencias percibidas como más inmediatas. Por ello, es importante atender lo que Raworth (2013) llama «el espacio seguro y justo para la humanidad», que se encuentra entre el techo ambiental y el suelo social. Esto daría pie al debate sobre qué vidas merecen la pena ser vividas (Pérez, 2014).

El coste percibido del cambio se aborda mejor si se hace de manera colectiva.

El acompañamiento a la hora de realizar cambios en nuestras vidas ayuda a superar las dificultades emocionales (CALA, 2017), refuerza la puesta en práctica de cambios de hábitos y genera un espacio de complicidad en el que poder compartir información, experiencias e inquietudes. Es también el espacio en el que tomar decisiones que transciendan la acción individual. Y debe ir acompañado del aporte de información por quienes tienen mayor conocimiento en la materia, para ayudar a encauzar las acciones y demandas.

Todo este conjunto es transformador y encamina hacia la acción.

Desde hace tiempo, tanto la sociedad civil como las administraciones públicas han desarrollado campañas para fomentar una mejor relación del ser humano con el medio ambiente. Estas buscan concienciar para paliar los problemas generados por el propio ser humano debido a un sistema de extracción, producción y consumo que no respeta los límites de la naturaleza.

A pesar de ello, el problema se está agudizando, de lo cual no sólo la ciudadanía es responsable. La dimensión del problema puede revelarse como inabarcable cuando tratamos de hacerle frente individualmente, se enfoca en el problema en lugar de en las salidas o no se comprende y conoce correctamente.

Recientemente, Ecologistas en Acción de Córdoba ha impulsado la campaña Barrios por el clima, con el fin de llevar a cabo procesos participativos en la toma de decisiones con diferentes barrios de la ciudad para mitigar el CC y adaptarnos a las consecuencias que ya están ocurriendo.

El proyecto que abre paso al presente estudio muestra, desde el inicio, una tendencia positiva para empujar hacia la acción de sus participantes. La mayor parte de las asociaciones contactadas mostraron buena disposición para trabajar este proceso participativo para tomar medidas de adaptación y mitigación del CC; y el compromiso es constante.

Esto despierta mi interés en comprobar hasta qué punto dicho proyecto, Barrios por el clima (en adelante, BxC), despierta el compromiso para la acción; y si tiene capacidad para generar aprendizaje con esa visión de conjunto que permite hilar la justicia, la ética, la sensatez y la urgencia...

Si quieres leer el texto completo del Dosier Ecosocial, aquí tienes el acceso en formato pdf: Un estudio para la participación ambiental, la ciudadanía activa y las redes vecinales ante la emergencia climática.

Cristina Contreras Jiménez es educadora social. Dinamizadora de Barrios por el clima, coordinadora de Ecologistas en Acción Córdoba y co-coordinadora del Área de Educación de Ecologistas en Acción.

Si quieres consultar nuestros anteriores Dosieres Ecosociales.


Lectura Recomendada: Capitalismo Digital

Desde el Centro de Documentación Virtual de FUHEM Ecosocial recuperamos el ESPECIAL sobre Capitalismo Digital publicado en el número 144 de nuestra revista Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, en un momento de confinamiento, en el que el teletrabajo es una de las soluciones adoptadas por muchas empresas y el acceso a las tecnologías y a internet, se ha convertido en la única ventana al exterior.

Cabe preguntarse ahora hasta qué punto los nuevos desarrollos tecnológicos permitirán la emergencia de un orden social capaz de acompañarse de un modelo económico que garantice la sostenibilidad, la cohesión social y la democracia, como apuntan las visiones más optimistas o si, por el contrario, predominarán los insoslayables costes sociales y ecológicos del poder tecnológico y financiero.

Según palabras de Santiago Álvarez Cantalapiedra en la INTRODUCCIÓN del número “el capitalismo digital no se reduce a un sector de bienes de consumo tecnológico pensados básicamente para captar nuestra atención y entretenernos, ni al conjunto de empresas –las llamadas ”tecnológicas”– encargadas de producirlos. Es más bien una nueva forma de operar que incrusta las tecnologías de la información en todos los procesos y productos. Internet no ha transformado solo el modelo productivo; también las reglas del juego.”

ESPECIAL

Transformación antropológica y paradigma tecnológico 
Santiago Alba Rico

Conviene combatir la idea de que la finalidad de todas las tecnologías es la de conducir hacia la construcción de un mundo mejor. Este error se nutre de dos ilusiones: la de la neutralidad de los artefactos, los formatos y las funciones; y la que pone en paralelo progreso tecnológico y progreso humano y social. Todo aquello que nos permite hoy la tecnología impide ver cómo los artefactos tecnológicos imponen su propia lógica. Conviene, en este sentido, preguntarse también acerca de lo que la tecnología nos obliga a hacer, explorando para ello las implicaciones de la tecnología en el marco del capitalismo

Disrupción tecnológica global. ¿Transición a una nueva formación social?
Antonio Serrano Rodríguez

En este artículo se pasa revista a los distintos elementos de la actual revolución científico-tecnológica (RCT), con particular referencia a robótica e inteligencia artificial (AI), sintetizando sus efectos socioeconómicos y territoriales más significativos hasta la actualidad y los previsibles para el medio y largo plazo. Se dedica atención a los efectos sobre las relaciones sociales y productivas, y a la posibilidad de que las mismas puedan significar una transición desde el actual modelo de sociedad de consumo capitalista, globalizado y financiarizado, hacia una nueva formación social en la que los elementos más positivos que se detectarían serían una democracia directa más participativa y un auge de los procomunes que podrían llegar a cuestionar al capitalismo.

Inteligencia artificial, conocimiento y poder 
Margarita Padilla

La inteligencia artificial, en forma de máquinas que aprenden y toman decisiones, es ya una realidad que va entrando, sin apenas resistencia, en la vida cotidiana. Potenciada por la enorme cantidad de datos disponibles, lo que se conoce como big data, como toda nueva tecnología, viene cargada de sospechas sobre su neutralidad y de dilemas sobre sus límites éticos. Tanto el sector privado como el público destacan sus ventajas en el abaratamiento de los servicios y en la objetividad de sus comportamientos. Al sustentarse sobre una narrativa biológica, el funcionamiento del cerebro y de la inteligencia humana se tiñe de una naturalidad que sutilmente obstaculiza su cuestionamiento. Pero, ¿no estará reproduciendo los prejuicios, la exclusión y las desigualdades sociales? Y, sobre todo, ¿cuál es nuestra responsabilidad en todo ello?

Digitalización y trabajo: notas para un debate 
Albert Recio

El artículo examina las narrativas asociadas a la denominada revolución digital y sus efectos sobre la esfera laboral, tanto de corte pesimista como optimista. De un lado, estas tecnologías se presentan como panacea de oportunidades; de otro, como amenaza y azote que suprimirá miles de puestos de trabajo. Ambas visiones encierran aciertos y errores, pero ante todo, la digitalización constituye un conjunto de tecnologías que permiten reforzar el poder del capital en los tres espacios de conflicto: el de la distribución de la renta –con acceso a una fuerza de trabajo más barata–, el del control y el de la flexibilidad –al facilitar una organización de la actividad en tiempo real.

Costes y restricciones ecológicas al capitalismo digital
José Bellver

Pese a la imagen verde que rodea el desarrollo de las nuevas tecnologías de la información y comunicación como facilitadoras de una mayor eficiencia e impulsoras de una mayor inmaterialidad de la economía capitalista. La digitalización se muestra más exigente en el consumo de energía y materiales, así como generadora de residuos, de lo deseado. Este artículo muestra cómo la economía capitalista digital es todo menos ingrávida, está también sometida a las restricciones que impone la naturaleza, y podría de hecho estar contribuyendo más a la gran aceleración del deterioro ecosocial.

Guía para entender y combatir el capitalismo digital 
Javier de Rivera

Este texto aborda un breve análisis histórico y sistémico del capitalismo digital. El objetivo es encontrar fallas estructurales de esta configuración dominante de nuestro tiempo para explotarlas en pos de nuevos modelos sociales. Para ello es preciso sumergirse antes en la comprensión de cómo hemos llegado a la situación actual, resultado de lógicas abstractas que se desenvuelven por sí mismas y que es preciso contrarrestar. En la parte final ofrecemos una serie de estrategias para movilizar dinámicas estables de autonomía.


Curso de Economía 2019-2020. Sesiones completas

El pasado mes de diciembre comenzó una nueva edición del Curso de Economía de la Universidad del Barrio  organizada por FUHEM Ecosocial, Economistas sin Fronteras y el Salmón Contracorriente en el Teatro del Barrio de Madrid.

La edición 2019-2020 tiene como eje conductor la idea de la emergencia en un doble sentido: por un lado, en el sentido de prestar atención a todo aquello que emerge o brota en nuestras sociedades que a la vez afecta y es consecuencia de lo económico, como puede ser la creciente polarización social y territorial; por otro lado, emergencia en el sentido de abordar desde una óptica económica crítica e integradora las cuestiones urgentes de nuestro tiempo, como pueden ser las desigualdades y el cambio climático.

Durante las próximas semanas ofreceremos los videos completos de las sesiones que se han llevado a cabo antes de la crisis del Covid-19 que ha obligado a cancelar todos los actos públicos hasta nuevo aviso.

 

La sexta sesión "Tinderización" de las relaciones y consumismo de los cuerpos (02-03-20) abordó cómo la estrategia neoliberal que mantiene a flote al capitalismo ha extendido hacia cada vez más ámbitos de nuestra vida las lógicas del mercado.

Desde la sanidad, la educación o las pensiones, hasta la vivienda, los espacios de ocio y los bancos para sentarse en la vía pública.

Ámbitos cada vez más privados, y más privatizados, son objeto de estudio de muchas autoras sobre los que analizar estos procesos. El amor no se libra, y esta mercantilización influye también sobre la forma en la que nos relacionamos de manera afectiva con los demás, familia, amigas/os o parejas.

¿Hemos naturalizado las lógicas individualistas y consumistas, de usar y tirar, también en nuestras relaciones? ¿Qué influencia tienen las app para ligar en nuestra forma de concebir las relaciones sexo-afectivas? ¿Se han convertido nuestras relaciones y, por tanto, los cuerpos atravesados por las mismas, en objetos de consumo y producto que generan beneficios? ¿Es el poliamor también polifacético, o puede ser un dique de contención en este asunto?

Contamos con la presencia de:

Sandra Cendal editora de Continta Me Tienes

Lionel S. Delgado, sociólogo e investigador en temáticas de género.

https://youtu.be/psCZ_Jyy6tw

 

La quinta sesión Vivienda: entre la especulación y la innovación social (17-02-2020) abordó el derecho a la vivienda. ¿Qué políticas e iniciativas alternativas existen?

La construcción de viviendas ha sido una pieza clave en el modelo de crecimiento económico español de las últimas décadas. Su degeneración en un activo financiero especulativo ha provocado que coexistan miles de viviendas vacías y muchas más personas con dificultades para el acceso a la vivienda, ya sea en propiedad o en alquiler, pese a la condición de derecho que tiene.

En este contexto, la ineficacia que hasta el momento han tenido las políticas públicas implementadas al respecto en España coexiste con la emergencia de iniciativas sociales en torno a la vivienda que merecen nuestra atención: cooperativas de vivienda en cesión de uso, organizaciones sociales para defender alquileres, viviendas colaborativas (cohousing), diseños arquitectónicos con perspectiva de género, etc.

Contamos con la participación de:

Javier Gil, sociólogo.

Cristina Platero, Batïq Cooperativa de Arquitectura, Urbanismo y Diseño.

 

https://www.youtube.com/embed/6IVXSnxRP1c

 

La cuarta sesión Descifrando la crisis que viene (13-01-2020) se desarrolló en torno a la reflexión sobre algunos elementos de vulnerabilidad en la economía mundial sobre los cuáles es posible prever un nuevo escenario de crisis económica.

Desigualdad, financiarización y políticas neoliberales están en el origen de la pasada Gran Recesión. Poco de esto parece haber cambiado: a la desigualdad rampante se suma una precariedad vital en un contexto en el que, si bien el liberalismo económico internacional se pode en cuestión por nuevos populismos de derecha, el poder de las finanzas y su consecuente formación de burbujas constantes mantiene su plena vigencia

De esta manera, ya sea por conflictos geopolíticos China-EEUU, nuevos ciclos especulativos, o encarecimiento repentino de los recursos energéticos, o simplemente falta de demanda, parecen soplar de nuevo vientos de recesión...

Contamos con la presencia de:

Ricardo Molero Simarro, Profesor de Estructura Económica Mundial y de España, en la Universidad Autónoma de Madrid.

Natalia Arias Pérez, Economista y asesora de organizaciones sindicales.

 

La tercera sesión 2008-2019: la crisis y su gestión como proyecto político (20-01-2020) se desarrolló en formato cine-debate. Primero se proyectó el documental Flores en la Basura, para luego abrir un debate en torno a la crisis económica y los desafíos que enfrentamos día a día en nuestros barrios.

Para ello contamos con Silvia González Iturraspe, politóloga y miembro de la Federación Regional de Asociaciones Vecinales de Madrid (FRAVM), acompañada por Mario Risquez.

La gestión que se ha realizado de la crisis económica ha expandido y agravado un escenario de enormes fracturas sociales y de una precariedad vital que alcanza a cada vez mayores capas de la población. Un escenario atravesado y justificado con relatos que nos atomizan y depositan la responsabilidad de estas problemáticas en el ámbito individual. Por ello la importancia charlar y debatir acerca de cómo enfrentar este contexto articulando respuestas colectivas.

https://youtu.be/f_im2Sk2AZA

 

La segunda sesión las Nuevas periferias y la creciente polarización social y territorial (13-01-20) contó con la presencia de Esteban Hernández, periodista del diario El Confidencial y autor de varios libros como El fin de la clase media (Clave Intelectual, 2014) o su última publicación titulada El tiempo pervertido. Derecha e izquierda en el siglo XXI (Akal, 2018).

La sesión giró en torno a uno de los resultados de la globalización financiarizada: la creciente desigualdad socioeconómica, plasmada en una implosión de las clases medias occidentales –los “perdedores” de la globalización– y que se manifiesta también, en una creciente polarización territorial en distintos planos: entre países, regiones, ciudades, así como entre ámbito urbano y mundo rural.

Una tendencia que, por otra parte, guarda una relación directa con la emergencia creciente de nuevos populismos en el plano político.

Moderó la sesión José Bellver, investigador de FUHEM Ecosocial.

https://youtu.be/jtY7AZcvEfs

 

La primera sesión: Ceguera económica frente a los impactos del cambio climático ( 02-12-2019), contó con la presencia de José A. Tapia, profesor en la Drexel University, en Filadelfia (EEUU), que abordó, entre otras cuestiones, la Teoría del Cambio Climático Antropogénico.

Moderó la sesión José Bellver, investigador de FUHEM Ecosocial.

 

https://youtu.be/A6CxWBGXqFc

 


Lecturas ecosociales sobre salud

Selección de recursos publicados por FUHEM Ecosocial que abordan el tema de la salud desde diferentes perspectivas: la relación entre salud y capitalismo, daños en la salud producidos por los recortes, la salud en momentos de crisis económica, el efecto de la desigualdad en la salud, la relación entre la contaminación del aire y la salud, la perspectiva de género en el estudio de la salud y el impacto de los modelos alimentarios actuales en la salud.

Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global

La salud bajo el capitalismo Contradicciones sistémicas que permean la ecohumanidad y dañan nuestra mentecuerpo

Joan Benach, Juan Manuel Pericás y Eliana Martínez-Herrera

Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, núm. 137, primavera 2017, pp. 29-56.

El capitalismo es un régimen civilizatorio, universal y complejo, cuyas contradicciones sistémicas han permeado al planeta y la humanidad alterando profundamente la economía, la política, el trabajo, el medio ambiente, la cultura y la vida cotidiana hasta entrar en nuestros cuerpos y nuestras mentes y cambiar la salud humana. Baste con pensar en las atrocidades y genocidios de tantas guerras imperialistas, en la explotación y precarización laboral y la dominación y opresión de clase, género o etnia, o bien en la pobreza, desigualdad, falta de atención sanitaria básica, o las múltiples formas de alienación y estrés que sufre gran parte de la humanidad, o bien en las consecuencias del cambio climático y el cada vez más cercano colapso ecológico. Entender el conjunto de causas y efectos generados por el capitalismo es sin embargo un desafío de enormes dimensiones, tanto por la complejidad de los procesos y contradicciones capitalistas como por la insuficiente investigación de tipo crítico y sistémico. Este artículo examina las principales características del capitalismo y algunos de sus impactos sobre la salud y la desigualdad. Para ello, valora la evolución del progreso en la salud de los últimos siglos postulando que sin entender qué es el capitalismo no puede entenderse la salud. Ilustra algunos de sus impactos sistémicos usando los ejemplos de la pobreza y la desigualdad y la industria agroalimentaria, y explica el daño que causa el capitalismo en nuestras mentes y cuerpos. Finalmente, plantea posibles escenarios futuros y alternativas sociales de cambio global.

Recortes profundos que hay que cortar por lo sano: crisis económica, políticas sociales y daños en la salud

Faraz Vahid Shahidi, Carles Muntaner, Vanessa Puig-Barrachina, Joan Benach

Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, núm. 113,  primavera 2011, pp. 107-119

A pesar de que la literatura científica de salud pública recoge y reconoce ampliamente que una crisis económica tan profunda como la actual supone una grave amenaza para la salud, son escasos los estudios que aborden las motivaciones políticas, económicas e ideológicas que subyacen a la respuesta estatal ante dicha crisis, ni su impacto global, actual y futuro, sobre la salud colectiva. A pesar de la naturaleza económica y política de estas estrategias, términos como “capitalismo”, “neoliberalismo” o “privatización” no aparecen con mucha frecuencia en los estudios sobre la salud pública, hecho que demuestra una tendencia muy preocupante a evitar consideraciones sobre el poder, la política y la economía en los análisis de salud.

La mejora de la salud durante las crisis económicas: un fenómeno contraintuitivo

José A. Tapia Granados

Papeles de relaciones ecosociales y cambio global núm 113, primavera 2011, pp. 121-137

En este texto, presentamos algunos datos sobre la crisis mundial que comenzó en 2007 y se comentan sus posibles consecuencias sobre la salud basándose en diversos estudios sobre la influencia de los ciclos económicos (de expansión-contracción) en la salud y en concreto en las experiencias de EE UU (1920-1940), España (1960-2000) y China e India (desde 1950 hasta el presente). Contrariamente a lo que pudiera parecer inicialmente, el crecimiento económico favorece los procesos y desarrollos a largo plazo que introducen mejoras en la salud, pero una vez alcanzado cierto nivel de ingreso comienza a perjudicarle.

 

Desigualdad en salud: la mayor epidemia del siglo XXI

Joan Benach, Montse Vergara y Carles Muntaner

Papeles de relaciones ecosociales y cambio global núm 103, primavera 2011, pp. 103, otoño 2008, pp. 107-119.

Cualquier transformación social tiene su origen en otra manera de mirar y entender la realidad. Hoy en día, la pobreza, la exclusión social y las desigualdades sociales son inmensas, escandalosas, mucho mayores de lo que observamos a simple vista, de lo que queremos ver o incluso de lo que podemos imaginar. Para ver esa otra realidad necesitamos buena información y mucha reflexión, y eso es difícil. Sólo con capacidad crítica, tiempo y esfuerzo se aprende a mirar mejor y entender lo oculto, lo invisible. En un tiempo de inmoralidad y barbarie, donde el pragmatismo todo lo invade, la codicia es omnipresente, se idolatra al dinero, se manipula la información, se falsea la historia, y donde casi todo se maquilla, es preciso preservar el sentido del horror y de la realidad. Es preciso comprometerse con el derecho a la protección y promoción de la salud que deben tener todos los habitantes del planeta. No caben excusas, nos va en ello nuestra salud. El objetivo de este artículo es presentar alguna de las principales claves, a menudo invisibles, que caracterizan a la peor epidemia de nuestro siglo: la desigualdad en salud.

RESEÑA:

Aprender a mirar la salud. Cómo la desigualdad social daña la salud, Joan Benach y Carles Muntaner, El Viejo Topo, Barcelona, 2005. 130 páginas, por Óscar Carpintero,

Papeles de relaciones ecosociales y cambio global núm 103, primavera 2011, pp. 103, otoño 2008, pp. 137-140.

¿Por qué la esperanza de vida de una niña en Sierra Leona es cincuenta años menor que la de una niña japonesa? ¿Esta situación es natural e inevitable, o podemos modificarla? ¿Cuál es el exceso de mortalidad debido a la desigualdad social?

Empezar a mirar la salud de otra manera resulta fundamental pero requiere paciencia, esfuerzo y aprendizaje. En este libro se recogen las principales enseñanzas de una forma de mirar la salud que hunde sus raíces y pone el énfasis en el análisis del contexto socioeconómico, de las situaciones de desigualdad en los recursos, y del marco institucional que regula el funcionamiento de cada sociedad.

Dossieres Ecosociales

Dossier Contaminación del aire y movilidad en la ciudad

La calidad del aire guarda fuertes vínculos con el contexto histórico, socioeconómico y político de una sociedad y, por ello es dependiente de la organización social, del comportamiento y los hábitos de las personas que viven y se mueven en determinados lugares. El ser humano es, por lo tanto, actor y espectador, víctima y verdugo de la degradación de la calidad del aire, y de los ecosistemas en general, pero al mismo tiempo se preocupa, denuncia y sufre los efectos negativos de esta contaminación.

Aborda la problemática de la contaminación en las ciudades investigando la situación en España y Europa, los escenarios, las acciones emprendidas, así como los efectos sobre la salud y la calidad de vida de las personas. Al mismo tiempo, ofrece una reflexión sobre la necesidad de una nueva cultura de la movilidad y un nuevo modelo urbanístico.

En ese sentido, ofrece los siguientes artículos:

Contaminación urbana en España: el cambio climático y la “recuperación”agravan la situación, Miguel Ángel Ceballos Ayuso

La perplejidad del extraterrestre, Alfredo Sánchez Vicente y Alfonso Sanz Alduán

La contaminación del aire y sus efectos en la salud humana, Elena Isabel Boldo

Un cambio de paradigma de la movilidad urbana para que todo siga igual, Pilar Vega Pindado

Selección de recursos de la mano de Susana Fernández Herrero desde el Centro de Documentación Virtual de FUHEM Ecosocial:

Selección de Libros

Selección de Informes

Otros recursos

 

Dossier Género y salud

Entre los determinantes que inciden en la salud de las personas −ingresos, escolarización, hábitos, etc.− el sexo y el género figuran entre los de más peso, aunque ambos se han ignorado en la investigación, enseñanza y práctica médica hasta recientemente. Introducir la perspectiva de género en el estudio de la salud, ayudando a visibilizar las diferencias entre hombres y mujeres en la forma de manifestar y experimentar la enfermedad, contribuye a mejorar el estado de salud de las personas y los colectivos.

En este dossier hemos querido explorar esta cuestión de la mano de varias expertas sobre la materia:

Enfoque de género aplicado al estudio de la salud, M. Pilar Sánchez López 

De los sesgos a las innovaciones de género en investigación y práctica de la Medicina, Teresa Ruiz Cantero y Lucero Herrera Cairo

¿Quién cuida a las cuidadoras?, M. Isabel Casado Mora

Neoliberalismo y desigualdad en salud: un problema con rostro femenino, Vanesa Puig y cols.

Selección de recursos de la mano de Susana Fernández Herrero desde el Centro de Documentación Virtual de FUHEM Ecosocial:

Selección de libros

Selección de guías

En la Red

Selección de revistas

 

Dossier Impactos de lo modelos alimentarios

Nuestros alimentos, actualmente integrados en buena medida en cadenas globales, comportan diferentes impactos sobre nuestra salud y los ecosistemas. Las cosechas alimentarias cotizan hoy en los mercados de materias primas, como si de un recurso más se tratara y las cadenas alimentarias son controladas por poderosas corporaciones.

Para examinar estas cuestiones contamos en este dossier con la colaboración de Nuria del Viso en la coordinación y la participación de varios expertos sobre el tema:

Alimentación, estilo de vida y salud, Carlos A. González.

La huella ecológica de las dietas mediterráneas, Nicole Grunewald, Alessandro Galli, Katsunori Iha, Martin Halle, Michel Gressot.

Dos menos uno, dos. Quién decide el precio de los alimentos, Ferrán García.

De la producción al consumo. Cuatro experiencias que construyen un modelo alimentario justo y sostenible, Luis González Reyes y otros autores.

Selección de recursos de la mano de Susana Fernández Herrero desde el Centro de Documentación Virtual de FUHEM Ecosocial:

 Selección de Libros

Selección de Revistas

Otros Recursos

 

 

 


II Jornadas de Justicia Alimentaria

Durante el pasado mes de febrero de 2020 tuvo lugar en nuestro Espacio Abierto FUHEM la segunda edición de las Jornadas de Justicia Alimentaria en la Ciudad.

Tres sesiones que abordaron diferentes aspectos del mundo de la alimentación desde el punto de vista de las alternativas: qué se está cocinando desde los barrios frente a la poderosa industria alimentaria, las iniciativas en torno a la seguridad alimentaria y contra el hambre, así como experiencias de huertos urbanos, grupos de consumo y comedores escolares ecológicos.

Si no pudiste venir, ahora ofrecemos los videos de las tres sesiones:

1ª SESIÓN. Cultivando ‘soberanía alimentaria’, 12 de febrero.

Moderación: Santiago Álvarez Cantalapiedra, FUHEM Ecosocial.

  • Una reivindicación ciudadana: el derecho a la alimentación. José Ramón González Parada, Plataforma de la Carta contra el Hambre en Madrid.
  • Agroecología en la lucha contra el hambre, ¿con quién y para quién? Marian Simón, Madrid Agroecológico.

Disponible la Reseña resumen de la sesión

 

https://youtu.be/uJNo1k2UhdY

2ª SESIÓN. Iniciativas que germinan, 19 de febrero

Modreción: Evaristo Villar, Plataforma Carta contra el Hambre.

Disponible la Reseña resumen de la sesión

 

https://youtu.be/XYtFnEr-jOE

 

3ª SESIÓN. Cosechando de las experiencias. 26 de febrero.

Moderación: Julia del Valle, Cooperativa Germinando.

Disponible la Reseña resumen de la sesión

 

https://youtu.be/wK33XVfjcmU

 

A continuación ofrecemos un enlace a los videos de las I Jornadas de Justicia Alimentaria en la Ciudad, organizadas por Red Solidaria Popular - RSP de Latina, Revista PAPELES de Relaciones Ecosociales y Cambio Global de FUHEM Ecosocial y los integrantes de la Carta Contra el Hambre de Madrid, que tuvieron lugar los días 30 de enero, 6 y 13 de febrero de 2018.

Estas Jornadas tuvieron como objetivo visibilizar la situación de la precariedad alimentaria en el contexto urbano, y especialmente en la ciudad de Madrid, las iniciativas de los movimientos sociales en los Distritos de Latina y Tetuán y la propuesta política de la Iniciativa legislativa Municipal promovida por el Ayuntamiento de Madrid.


El arte de vivir sin gobierno

El arte de vivir sin gobierno: Conflicto, negocio y despoblación del medio rural

Luis del Romero Renau

Publicado en el ESPECIAL del número 147 de Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, otoño 2019.

El artículo ahonda en las lógicas que han propiciado el despoblamiento y abandono de territorios rurales del interior de la península ibérica. Esta catástrofe a cámara lenta apunta a la ausencia de un plan político con medidas claras y a largo plazo de desarrollo rural. Los proyectos industriales que se aportan como solución –macrogranjas, minería–, con altos costes ecológicos y sociales, no responden a las necesidades de estos territorios y han encontrado una fuerte resistencia entre los pocos habitantes que quedan.

De Zomia a la montaña española

El arte de vivir sin gobierno es el título de un ensayo del antropólogo estadounidense J.C. Scott1 en el que explica el curioso caso de los múltiples pueblos y comunidades rurales que habitan áreas montañosas del sureste asiático, desde la península de Siam hasta el sur de China y norte de Bangladesh.

Este conjunto de pueblos es enormemente heterogéneo desde el punto de vista cultural y lingüístico, pero a lo largo de la historia, relata este antropólogo, han conseguido escapar al control de los Estados-nación modernos y de los gran- des centros de poder ubicados en los fértiles valles de ríos como el Amarillo, el Mekong o el Ganges. Zomia es el nombre con el que se conoce a esta vasta región montañosa, término acuñado por el historiador holandés Willem van Schendel en 1997. Zomia nunca fue un Estado independiente, sino un conjunto de pueblos con estrechos vínculos, sobre todo comerciales, con los grandes imperios y Estados nacionales de los valles y áreas bajas, pero que permaneció casi hasta nuestros días fuera de su área de influencia. El aislamiento geográfico de Zomia y la distancia respecto a grandes ciudades como Pekín, Bangkok o Delhi aseguró durante siglos la independencia de estas tierras, pero no sin conflicto con estos grandes centros de poder.2 Un ejemplo paradigmático es el del pueblo Rohingya, comunidad de mayoría musulmana originaria del oeste de Myanmar pero históricamente independiente de su centro de poder principal, Rangún.

Esta situación comenzó a cambiar drásticamente a partir de la creación de los primeros Estados-nación modernos después de la descolonización del sureste asiático, pero sobre todo con el descubrimiento en numerosas áreas montañosas de importantes yacimientos de minerales. A partir de este momento comenzó un acelerado y violento proceso de incorporación a la modernidad del estatismo socialista o al sistema capitalista, de vastos territorios de montaña a nuevos Estados como Laos, China, Tailandia o Bangladesh.

En el momento en el que se vieron las expectativas de negocio, en algunos casos incluso antes de la independencia, comenzó un importante proceso de colonización interna aún hoy inacabado. Este proceso de colonización y acaparamiento de tierras y recursos por parte de nuevos Estados postcoloniales ha sido en las últimas décadas una fuente inagotable de conflictos territoriales entre estos y comunidades rurales e indígenas de Zomia. Zomia sigue existiendo y son numerosos los pueblos que viven en áreas aisladas y alejadas de Estados con una institucionalidad débil, con una relación en conflicto por su propia supervivencia, frente a las políticas de colonización económica, política y cultural de estos Estados. Obviamente, pese a la enorme reserva demográfica existente en estas áreas periféricas, la despoblación es ya un problema territorial palpable en muchas áreas de montaña asiáticas. Volviendo al caso del pueblo rohingya, según cálculos de Amnistía Internacional3 en 2017 más de 740.000 personas de estas comunidades fueron expulsadas a la vecina Bangladesh, dejando amplias zonas de montaña de Myanmar despobladas.

Despoblación, periferia y conflicto también son conceptos que nos pueden servir para analizar la situación de otros territorios que aparentemente nada tienen que ver con Zomia: el medio rural español. En los últimos años el problema de la despoblación del medio rural ha acaparado cientos de portadas de periódicos, ha sido analizado desde múltiples ángulos académicos y mediáticos y hoy en día está en el debate político, afortunadamente. En efecto, el medio rural español, especialmente las áreas montañosas más aisladas como las sierras turolenses orientales, las tierras altas de Soria o los montes de León continúan una lenta decadencia que en el caso de multitud de núcleos ha culminado con su abandono total. Se podría reconstruir la historia de esta despoblación a la luz del papel jugado por el Estado-nación español en los dos últimos siglos y trazar así ciertos paralelismos con el caso de Zomia. Muy resumidamente –ya que no es éste el objetivo de este artículo– se podría afirmar que las políticas de Estado sectoriales y de colonización interna han contribuido significativamente a la desarticulación de miles de comunidades rurales y de modelos territoriales de des- arrollo precapitalistas, muchos de ellos vigentes hasta hace pocas décadas, con una serie de estrategias no muy distintas a las ejecutadas por los grandes Estados asiáticos que poco a poco han ido incorporando a sus respectivos Estados a los territorios de Zomia. Sirva de ejemplo de este conjunto de políticas las políticas hidráulicas de construcción de grandes embalses, las políticas forestales de repoblación, las políticas fiscales que han presionado enormemente a pequeñas explotaciones, políticas agrícolas, ganaderas, de regadío fomentadoras de la agroindustria muy poco compatible con el medio ambiente y las sociedades rurales de montaña que vivían del minifundio, la trashumancia y los bienes comunales.4

Los desiertos demográficos  crecientes en la periferia de grandes ciudades son también desiertos de resistencia ciudadana y, sobre todo, territorios con cada vez menos posibilidades de monitoreo sobre problemas ambientales presentes y futuros

Este proceso histórico de colonización para la obtención de recursos naturales para la ciudad y de desarticulación de comunidades rurales precapitalistas no ha terminado del todo. En este artículo se van a mostrar algunos casos de conflicto que ilustran cómo estas relaciones de depredación permanecen hoy en día más vigentes que nunca. Los casos de conflicto en la periferia rural que se muestran a continuación, están extraídos de distintos medios de comunicación y de distintos territorios.

Se trata de tres conflictos surgidos por un gran proyecto industrial con notables impactos sociales y ambientales en un territorio rural, de los cientos que hay hoy en día activos en la España rural. No se trata de los conflictos urbanos que estamos acostumbrados a oír hablar en los medios de comunicación, sino más bien de conflictos puntuales por usos del suelo en áreas periféricas, pero que precisamente detrás del detonante del conflicto –un cambio de uso del suelo– existe una compleja red de intereses y de actores en conflicto que conviene entender, si de verdad existe voluntad política para afrontar el problema de la despoblación.

Conflictos territoriales en la periferia política y económica

Macrogranjas en la España vaciada

El sector ganadero ha sido tradicionalmente uno de los pilares fundamentales de las econo mías de montaña. Sin embargo, este sector continúa un proceso intenso de industrialización consistente en la estabulación del ganado, la incorporación de piensos ultraprocesados o directamente transgénicos, razas muy productivas descartando las autóctonas, y la multiplicación de las cabezas de ganado en una misma instalación por aquello de las economías de escala.

En 2017 comenzó un importante conflicto territorial en el municipio soriano de Noviercas, cercano al parque natural del Moncayo, aunque apenas se le prestó atención a escala nacional. Una empresa navarra propuso en esta área despoblada –el municipio apenas supera los 150 habitantes– construir una macrogranja para 23.530 vacas de leche.5 La empresa utilizó justamente el discurso de la despoblación y del revulsivo económico que supondría esta gigantesca instalación por la creación de empleo.

¿Existe realmente una acción de gobierno, entendida esta como una propuesta de desarrollo específica, integral y a largo plazo para el medio rural? A la luz de estos conflictos  se diría que no

Sin embargo, el conflicto se desató por la frontal oposición de vecinos y de organizaciones ecologistas. Desde el punto de vista económico se denunció que ese tipo de instalaciones arruinaría a las pequeñas explotaciones bovinas de leche que sobreviven en Soria, además de que también podría afectar a las pequeñas explotaciones aragonesas. Por otro lado, sería difícilmente compatible con otras actividades ya existentes como el turismo rural. Sin embargo, los argumentos más repetidos por los opositores al proyecto fueron de tipo ambiental: básicamente el enorme consumo de agua que requerirían más de 20.000 vacas en un territorio semiárido, el maltrato animal que supone el hacinamiento de tal cantidad de animales en unas instalaciones industriales, pero sobre todo el desafío de la gestión de residuos de esta actividad.

A nivel político en escalas superiores, comenzando con la propia comunidad autónoma y siguiendo con el Ministerio de Agricultura que debieran velar en primer lugar por los intereses y el bienestar de la población potencialmente afectada por esta macrogranja, las administraciones se decantaron por apoyar el proyecto por el revulsivo económico que supondría, mientras que los grandes partidos políticos a nivel nacional se posicionan a favor del modelo de macrogranjas si respetan la legalidad vigente. En la actualidad el conflicto se halla paralizado, ya que la Confederación Hidrográfica del Duero denegó en agosto de 2019 la concesión de aguas subterráneas solicitada. No obstante, se trata de un escollo administrativo que podría superarse presentando alguna enmienda al proyecto, sobre todo si desde posiciones políticas se sigue apoyando públicamente este modelo de ganadería que para gran parte de sindicatos agroganaderos de Castilla y León supondría un gran problema para las pequeñas explotaciones y podría ser contraproducente para Noviercas desde todos los puntos de vista.

Eólicas para los pobres

Uno de los roles que ha asumido desde hace décadas el medio rural es el de acoger usos y actividades necesarias, pero no deseadas en la ciudad, generando numerosos conflictos categorizados como “NIMBY”. En Catalunya existe una evidente polarización entre la localización de la mayor parte de su población –en el Área Metropolitana de Barcelona se concentra el 70% de la población catalana– y la de instalaciones no deseadas como vertederos, centrales de producción de energía o prisiones en comarcas rurales con población de escasos recursos. El caso de la Terra Alta y del sur de Tarragona es muy revelador.

La Terra Alta es una comarca rural de doce municipios que limita con La Matarranya en Teruel, la segunda más pobre de Catalunya,6 y una de las más despobladas con apenas 11.000 habitantes que suponen el 0,16% de la población catalana, pero el 2,31% de su superficie. Esta comarca, al igual que las vecinas de Baix Ebre y Ribera d’Ebre, llevan décadas acogiendo instalaciones para la generación de energía con graves impactos ambientales: grandes embalses, centrales de ciclo combinado, o la central nuclear de Vandellòs. A mediados de los años noventa comenzó un conflicto territorial en esta comarca con problemas de despoblación: en este caso por varios proyectos de instalación de parques eólicos.

Surgió a partir de un ambicioso plan de construcción en varias localidades de las comarcas del Ebro, de parques eólicos promovidos por la Generalitat de Catalunya, y en muchos casos con el apoyo de ayuntamientos por los beneficios económicos que recibirían las arcas municipales por las concesiones. Se trata de una energía limpia y que además genera riqueza y empleo, se defendió. Sin embargo, desde esa época han existido varios movimientos vecinales y plataformas, que se han opuesto a la instalación de este tipo de parques. Una de las principales razones de protesta han sido los importantes impactos paisajísticos y de contaminación acústica que generan. Algunos de ellos se han situado muy cerca de paisajes de la Batalla del Ebro y de otros enclaves de interés natural y cultural. Otra de las razones es que este tipo de actividades afecta a actividades de interés para esta zona rural deprimida, como el turismo o la llegada de nuevos habitantes que buscan nuevos proyectos de vida en áreas con atractivos paisajísticos. Además, a todo ello hay que añadir el problema que suponen las líneas de alta tensión que han de recorrer cientos de kilómetros desde estos parques hasta las grandes ciudades catalanas que son las principales consumidoras de esta energía. Se podría entender este conflicto como un caso más de extractivismo en el mundo rural.

Llama la atención que en otras zonas rurales o urbanas ricas de Catalunya como Girona o el Vallès en Barcelona, no existe este tipo de actividad, pese a que está mucho más cerca de las actividades industriales o usos urbanos consumidores de esa energía.

La nueva fiebre minera en Galicia

Una de las actividades que sin duda ha suscitado más conflictos territoriales en España y en todo el mundo es la extracción minera. Por un lado, se defiende que sin actividad minera no se puede proveer de los recursos básicos para todo tipo de bienes de consumo, genera- ción de energía e infraestructuras: cobre, hierro, carbón, litio, plomo etc. Por otro lado, se denuncia el enorme y a veces irreversible impacto ambiental que esta actividad supone, sobre todo en el caso de las grandes explotaciones a cielo abierto, en especial la contaminación de acuíferos, cursos fluviales y la destrucción de bosques, suelos y patrimonio.

El modelo de postdemocracia, o de paulatina transición de la política a la administración de la cosa pública, tiene un claro beneficiario: empresas privadas que encuentran en un medio rural despoblado, envejecido, pobre, sin apenas presencia del Estado e interesantes recursos naturales una gran oportunidad de negocio.

Una de las comunidades autónomas con más conflictos por la minería es Galicia. Ante la alta demanda mundial de ciertos minerales, se han planteado diversos proyectos de reapertura o ampliación de todo tipo de minas. Un ejemplo es el de la mina a cielo abierto en los municipios coruñeses de Touro y de O Pino para la explotación de cobre y plata. Se trata de un macroproyecto minero ubicado en los terrenos de una antigua mina de cobre que estuvo activa hasta 1986, y muy cerca del río Ulla, principal afluente de la ría de Arousa. Previamente a este conflicto, ya hubo numerosas protestas por el estado de degradación ambiental de la antigua mina, que años después de su cierre continuaba generando problemas de contaminación en las aguas de diversos ríos y arroyos. No obstante, con la presentación de un nuevo proyecto por parte de la multinacional Atalaya Mining, para extraer hasta dos toneladas de plata al año y hasta 30.000 toneladas de cobre, y la promesa de inversiones millonarias en la zona, comenzó un nuevo conflicto que aún perdura.

Numerosas entidades ecologistas, junto con vecinos de O Pino y Touro, varios organismos científicos, e incluso mariscadores y pescadores de la ría de Arousa se unieron para oponerse a este gran proyecto, que de nuevo podría generar un gran impacto sobre un medio rural con multitud de parroquias y una población envejecida y decreciente. Por su parte, la Xunta de Galicia ha ido variando de postura a lo largo del tiempo, aunque se ha mostrado en más de una ocasión abiertamente a favor de esta actividad, de nuevo pese a la amenaza que supone para la población local y el medio ambiente.

De nuevo, al igual que en los casos anteriores, tenemos un proyecto promovido por una empresa privada que encuentra una importante resistencia desde la ciudadanía, mientras que las administraciones sectoriales competentes, desde los ministerios a los gobiernos autonómicos adoptan posturas que se mueven entre la neutralidad, el apoyo a dichos proyectos, y en algún caso una tibia oposición. Se trata de grandes proyectos con potenciales impactos ambientales severos, y que afectarían especialmente al área rural en el que se asientan, pero esto no parece ser suficiente para reconsiderarlos. En la actualidad el proyecto de la mina de Touro y O Pino se encuentra en proceso de evaluación ambiental. En el último año ha habido un aumento importante en las voces de protesta que podrían influir en la cancelación de este proyecto. Un factor clave para explicar las importantes movilizaciones ciudadanas que se han organizado en contra de esta mina, es que sus afecciones ambientales, básicamente ruido y polvo, podrían afectar a la ciudad de Santiago y al propio camino de Santiago. Quizás, de haberse ubicado el proyecto en un área rural más remota, las voces en contra habrían sido menos numerosas y mediáticas, aunque las afecciones fuesen iguales o mayores.

¿La despoblación como negocio?

Los tres casos de conflicto territorial sucintamente analizados tienen muchos puntos en común. Se trata de territorios de la periferia rural en Galicia, Catalunya y Castilla y León respectivamente. El conflicto surge cuando un agente externo al territorio –en los tres casos una empresa privada– propone la construcción de una actividad de dudoso beneficio para la población localy con severos impacto ambientales y sociales. Ante esto, movimientos ecologistas y gran parte de la ciudadanía de ese territorio rural se manifiesta en contra, sin encontrar en las administraciones públicas sectoriales ningún apoyo ante estas protestas por proyectos que pueden ser detonantes, por ejemplo, de nuevos éxodos rurales. A esto hay que añadir que cuando una empresa propone instalar una macrogranja, un parque eólico o una mina en un determinado lugar, previamente siempre ha de haber una ley o plan sectorial aprobado por un parlamento autonómico o Congreso de los Diputados que lo autorice. Es el Ministerio de Industria quien por ejemplo autoriza a realizar prospecciones mine- ras sin tener en cuenta el posible impacto a nivel local, por una ley de minas franquista que ningún gobierno ha cambiado desde su aprobación en 1973.

La proliferación en los últimos años de grandes proyectos agroindustriales, energéticos o mineros en numerosas áreas rurales españolas parece responder a un cierto patrón: se desarrollan en territorios generalmente pobres, con escasa población y actividad. Puede que después de todo, el gravísimo problema de la despoblación del mundo rural, con las implicaciones que tiene en cuanto a pérdida de todo tipo de patrimonio de expresiones culturales y lingüísticas, e incluso en el aumento de riesgos naturales como los incendios forestales, también se pueda contemplar como una oportunidad de negocio. Los desiertos demográficos crecientes en la periferia de grandes ciudades como Zaragoza, Madrid, Valencia o Valladolid son también desiertos de resistencia ciudadana y, sobre todo, territorios con cada vez menos posibilidades de monitoreo sobre problemas ambientales presentes y futuros, o el impacto que ciertas actividades pueden generar.

Se podría poner sobre la mesa una idea interesante para el debate sobre el futuro del medio rural a la luz de estos conflictos. ¿Existe realmente una acción de gobierno, entendida esta como una propuesta de desarrollo específica, integral y a largo plazo para el medio rural? A la luz de estos conflictos se diría que no. Más que una acción de gobierno por parte de numerosos gobiernos autonómicos y estatales, pareciera que más bien hay una tarea puramente administrativa en el medio rural: gestión de servicios, subvenciones, fiscalidad, pero sin ningún proyecto territorial a largo plazo. Es lo que hace años el politólogo británico Colin Crouch denominó postdemocracia: la transición hacia un modelo de sociedad y de país que sigue teniendo y utilizando todas las instituciones de la democracia, pero éstas se convierten cada vez más en una cáscara formal.

La energía y el impulso innovador pasan de la arena democrática a los pequeños círculos de una élite económica.7 En Noviercas, Gandesa y O Pino hay ayuntamientos y numerosas políticas en marcha provenientes de diputaciones y consejerías autonómicas, pero más gestión administrativa que política de territorio o estrategia a largo plazo, políticas más asistencialistas que proactivas, más a favor de intereses económicos externos como en Zomia, que respetando los intereses locales. Esto cuando hay políticas públicas en marcha, aunque sea de prestación de servicios. En muchas ocasiones siguen faltando servicios básicos y prima la desinversión pública en nuevas actividades, lo que es un factor más de expulsión de población.

El arte de vivir sin gobierno es la situación que, como en Zomia, caracteriza a más de una comunidad rural de este país. Territorios aislados y más o menos remotos, que se han de enfrentar una y otra vez a un Estado-nación que parece una entidad ajena a la realidad del territorio y a la vez hostil, por el empeño de desarrollar políticas que claramente atentan contra los intereses y el bienestar de dicha comunidad. El arte de vivir sin gobierno caracteriza a poblaciones en las que, además de tener que lidiar con muy escasos recursos para asegurar una calidad de vida, se han de enfrentar a grandes empresas que intentan asentarse en el territorio con proyectos con enormes impactos sociales y ambientales. No existe, por ejemplo, mejor dinamizador del éxodo rural que pretender instalar una macrogranja industrial sin casi mano de obra en un territorio rural como Soria, que sobrevive por el turismo y las pequeñas explotaciones bovinas.

Evidentemente, el modelo de postdemocracia, o de paulatina transición de la política a la administración de la cosa pública, tiene un claro beneficiario: empresas privadas que encuentran, como se ha apuntado anteriormente, en un medio rural despoblado, envejecido, pobre, sin apenas presencia del Estado y con interesantes recursos naturales una gran oportunidad de negocio. Como afirma un alcalde de una localidad zaragozana,«Desde las administraciones se nos roban competencias a los municipios y se les entregan sistemáticamente a las ciudades. Así, los pueblos pierden puestos de trabajo y autonomía. Desde las administraciones se está optando por mantener en los pueblos tan solo algo así como funciones que permitan una muerte digna, pero en ningún caso acciones que permitan una vida plena».8

Pese a los cambios habidos a todos los niveles en España en las últimas décadas, la política minera se sigue rigiendo por la Ley de Minas 22/1973, que fomenta el desarrollo minero y bajo la que las comunidades locales poco o nada pueden hacer ante la concesión de prospecciones mineras

Lo que hay detrás de un conflicto territorial

En Boletín ECOS 9 en 2016 el autor aportó una reflexión sobre las múltiples dimensiones de un conflicto territorial, que casi siempre es analizado o retratado como una disputa por los usos del suelo, o confrontación de tipo NIMBY, y que ha de ser rápidamente solucionado por la vía de la compensación económica a los afectados. De esta manera numerosos medios de comunicación y discursos políticos retratan con frecuencia los conflictos aquí analizados. Sin embargo, la tesis de esta breve reflexión es que un conflicto territorial aparentemente simple y ubicado en la periferia territorial puede estar vinculado a cuestiones mucho más profundas y complejas: cuáles son las causas actuales de la despoblación de esa periferia, qué modelo de toma de decisiones rige en determinadas instancias para permitir proyectos con evidentes impactos territoriales, qué papel real desempeña la población rural en esta toma de decisiones, y como siempre, a quién beneficia realmente, más allá del discurso poco creíble del aumento del empleo, la construcción de aerogeneradores, macrogranjas, minas o presas hidroeléctricas.

Este texto ha comenzado con una referencia a una serie de territorios exóticos conocidos como Zomia, territorios que han sobrevivido sin gobierno ni control total por parte de ningún Estado-nación hasta hace bien poco, una referencia que aparentemente nada tiene que ver con la situación del medio rural ibérico.

Sin embargo, la lógica depredadora de recursos y la consecuente desarticulación de sociedades rurales que ha caracterizado a Estados muy poco democráticos como China también está presente en más de un municipio y en unos cuantos casos de conflicto territorial en España. Un caso interesante es el de la política minera en España. Pese a los cambios habidos a todos los niveles en España en las últimas décadas, esta política se sigue rigiendo inexplicablemente por la Ley de Minas 22/1973, que fomenta sin cortapisas el desarrollo minero y  bajo la que las comunidades locales poco o nada pueden hacer ante la concesión de prospecciones mineras.

De momento, ninguno de los tres proyectos industriales analizados aquí ha conseguido implantarse completamente. Pese a proponer su ubicación en territorios pobres, despoblados y lejanos respecto a las grandes ciudades han encontrado una inusitada resistencia por parte de los pocos que quedan. Muchas décadas de lucha contra políticas forestales, hidráulicas, agrícolas o turísticas también genera un “saber hacer” en el territorio para oponerse eficazmente, aunque el futuro demográfico de muchas áreas rurales no es nada halagüeña. Puede que la verdadera solución a la despoblación venga no tanto de la construcción de más y más infraestructuras, y menos aún de la mano de minas, macrogranjas o megaparques eólicos, o en la mejora en la prestación de ciertos servicios, sino del desarrollo de una política para el medio rural, aunque mientras tanto este tendrá que seguir viviendo sin gobierno.

Luis del Romero Renau es profesor del Departamento de Geografía de la Universidad de Valencia y miembro del grupo de investigación Recartografías.

NOTAS:

1 S. James, The art of not being governed: An anarchist history of upland Southeast Asia, Yale University Press, New Haven, 2009.

2 Íbidem.

3 Amnistía Internacional, (2019): Myanmar: Two years since Rohingya exodus, impunity reigns supreme for military, 2019. Consulta: [17-09-2019].

4 L. Del Romero, Despoblación y abandono de la España rural. El imposible vencido, Valencia, Tirant, 2018.

5 L. Ferreirim, La macrogranja de Noviercas se paraliza., sitio web de Greenpeace España. Consulta: [17-sept-2019].

6 C. Zografos, y S. Saladié, «La ecología política de conflictos sobre energía eólica. Un estudio de caso en Cataluña», Documents d’Anàlisi Geogràfica, vol. 58/1, 2012.

7 C. Crouch, Postdemocracia, Oxford University Press, Oxford, 2003.

8 P. Marín, «Quizás, en los pueblos no nos quede otra que construir una nueva identidad, rearmarnos y ser viables en todos los sentidos», Voces de Ávila, 1 de abril de 2019. Consulta:  [11-oct.-2019].

9 L. del Romero, «Cartografías del conflicto urbano y territorial: el dónde importa», Boletín ECOS, núm. 36, septiembre- noviembre de 2016.


Finanzas públicas para el futuro que deseamos

Finanzas públicas para el futuro que deseamos

Resumen Ejecutivo - Enero de 2020

Ofrecemos, a continuación, el resumen en español del libro impulsado por Transnational Institute - TNI:

Public Finance for the Future We Want, publicado en 2019.

El texto, en el que FUHEM Ecosocial ha colaborado con TNI y otras organizaciones, repasa las principales tesis del libro a favor de banca y finanzas públicas para hacer frente a los numerosos retos ecológicos y sociales que tenemos planteados, principalmente el cambio climático.

Unas finanzas públicas permitirían una mayor democracia en las decisiones de cómo asignar los fondos disponibles de todos y todas para transitar con justicia la crisis del clima al tiempo que se atienden las necesidades sociales de los y las más vulnerables.

¿Qué sucedería si utilizáramos el dinero público para impulsar las soluciones sistémicas que necesitamos para velar por el bienestar de todos y todas?

¿Y si nuestros sistemas monetarios, fiscales y financieros se pudieran transformar de manera radical?

¿Qué ocurriría si pudiéramos liberar el poder de las finanzas públicas mediante el fortalecimiento de la democracia?

Después de la crisis financiera mundial de 2008 se rescató a los grandes bancos y se recortó el gasto público. Con la crisis, se justificaron unas medidas de austeridad aún más severas y se reforzó el mito de que el sector público debe depender de la financiación privada para resolver la desigualdad desmedida y la destrucción del medio ambiente.

Hoy día, la financiación privada no solo no ha logrado afrontar estos problemas, sino que los ha intensificado. El sector público no tiene por qué depender del privado. Los fondos públicos son mucho mayores de lo que imaginamos: equivalen al 93 % del PIB mundial. Los bancos públicos disponen de recursos suficientes para recaudar los miles de millones que se necesitan para invertir en servicios públicos  e infraestructuras adaptadas a la crisis climática, sin tener que recurrir a fondos privados.

En este libro se presentan visiones de economías regenerativas y redistributivas construidas a base de poder colectivo: desde la próspera economía cooperativa en el estado indio de Kerala hasta las centenares de entidades de ahorro locales en Alemania, pasando por el Banco Popular en Costa Rica, que es propiedad de sus trabajadores y trabajadoras, y los miles de Fondos Populares de Crédito  en Vietnam. También se examinan modelos que se podrían convertir en la nueva norma: la base para un futuro que esté organizado democráticamente y que sustente la vida. Los ejemplos del mundo real que figuran en sus páginas demuestran que es posible una economía política que frene el poder de las grandes finanzas y se ponga al servicio de las personas y el planeta. Las ideas que se comparten aquí son muy oportunas y apremiantes; se trata, en definitiva, de un llamamiento para que nos preparemos antes de que estalle la próxima burbuja financiera.

 

Introducción: Finanzas públicas para un futuro mejor

¿Te gustaría que las economías fueran regenerativas, equitativas y democráticas, y se impulsaran con el poder colectivo? Tenemos la firme convicción de que estas economías no solo son necesarias, sino también muy posibles.

El sistema económico actual, alimentado por una lógica extractivista y propenso a las crisis, ha reavivado y encendido los viejos monstruos del racismo, la misoginia y otras formas de miedo y odio.  Las alternativas económicas son más necesarias que nunca.

Este libro trata precisamente de eso, de alternativas financieras, tomadas de ejemplos del mundo real. En él, se examinan modelos que se podrían convertir en la nueva norma: la base para un futuro que esté organizado democráticamente y que sustente la vida.

Antes de la crisis financiera mundial de 2008, se recitaba el mantra de que ‘no hay alternativa’ al modelo económico extractivo que ha fomentado una desigualdad desmedida y la destrucción del medio ambiente. Después de la crisis, los grandes bancos fueron rescatados y la culpa se le achacó al gasto público. Así, se justificaron unas medidas de austeridad aún más severas y se reforzó el mito de que el sector público debe depender de la financiación privada para resolver estos ‘daños colaterales’.

Más de 10 años después, sabemos que la financiación privada no solo no ha logrado afrontar estos problemas, sino que los ha intensificado. La sociedad civil debe unirse y promover soluciones sistémicas antes de que estalle otra burbuja financiera.

 El fracaso de las finanzas privadas

Hace tres décadas, en 1989, el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial y el Tesoro de los Estados Unidos acordaron 10 fórmulas en materia de políticas sobre cómo debían responder los países ante una crisis económica. El llamado Consenso de Washington exigía que los países más pobres aceptaran recortes en el gasto social, la privatización de los servicios públicos y la apertura de sus mercados a la competencia internacional a cambio de recibir ayuda financiera. La aplicación de esas medidas de austeridad en todo el mundo se tradujo en un aumento de la deuda, inestabilidad social y económica, y un incremento de los niveles de pobreza. Después de 2008, países europeos como Irlanda, Grecia, España y Portugal se enfrentaron a un  trato parecido. La mayoría de representantes del mundo de la política y responsables de la formulación de políticas se pronunciaron a favor de recortar el gasto público e invertir los fondos restantes en facilitar los flujos de capital empresarial, a menudo extranjero.

Más recientemente, la hipótesis de que la financiación privada  ofrece la única vía para lograr  resultados deseables ha dominado los debates sobre cómo poner en práctica el Acuerdo de París sobre el cambio climático y los Objetivos de Desarrollo  Sostenible (ODS) establecidos  por las Naciones  Unidas.  Por ejemplo, la conocida como ‘financiación combinada’ se presenta como la panacea para financiar el déficit de inversión de los ODS, valorado  en 2,5 billones de dólares anuales,  mediante el uso de fondos  públicos, como la ayuda oficial al desarrollo, para movilizar las  inversiones privadas. Según  un  estudio del Instituto de Desarrollo  de Ultramar (ODI), entre 2012 y 2016, la estrategia de financiación combinada  no movilizó más de 20 000  millones de dólares  al  año.  La gran  mayoría de esta financiación se concentró en los países de ingresos medios  y solo 728  millones de dólares  (el 3,6 %) llegaron a los países de ingresos bajos que más lo necesitan. Además, estos debates suelen pasar por alto el hecho de que la financiación privada facilita  la extracción de riqueza desde el sector público  hacía el privado,  con lo que beneficia  principalmente a  una pequeña  élite de personas acaudaladas.

Un estudio de 2018 que revisó datos del FMI sobre la evasión fiscal a escala global por parte de las corporaciones multinacionales calcula que las pérdidas para el sector público se sitúan en unos 650.000 millones de dólares anuales. Este hecho afecta de manera desproporcionada a los países pobres y poscoloniales, puesto que son los que sufren los mayores niveles de extracción de los recursos por parte de las multinacionales.

Dado que el gasto público destinado a los servicios esenciales constituye una herramienta clave para la redistribución de la riqueza, las personas con menores ingresos, y las mujeres en particular, terminan pagando la factura de la evasión fiscal de las grandes empresas.

Eurodad, la Red Europea sobre Deuda y Desarrollo, ha determinado que, por cada dólar que llega a un país de ingresos bajos, más del doble de esa cantidad se pierde en el pago de intereses, la obtención de ganancias por parte de los inversores extranjeros, los préstamos a los países ricos y los flujos financieros  ilícitos. Otro estudio apunta a que, entre 1995 y 2005, el distrito financiero de Londres, conocido como la City, le costó a la población del Reino Unido 4,5 billones de libras esterlinas. Este coste se mide en términos de la enorme riqueza que se esfumó y acabó en los bolsillos de los más acomodados tras la crisis financiera de 2008, así como de los recursos, las capacidades y las inversiones que beneficiaron al sector financiero en lugar de destinarse a actividades más productivas de la sociedad.

Las protestas protagonizadas por los 'chalecos amarillos', en Francia, nos recuerdan que la gente puede salir  -y saldrá- a  la calle contra un sistema económico que considera fraudulento. En este caso,  los manifestantes pasaron a la acción después a raíz de que el Gobierno propusiera el pago de una 'ecotasa', al entender que la administración pretendía que fuera toda la ciudadanía, y no los contaminadores, la que pagara por las medidas de mitigación de la crisis climática. Esto sucedió después de que el Gobierno transfiriera 14.000 millones de euros de los pobres a los ricos, al eliminar el impuesto de solidaridad sobre el patrimonio y bajar los impuestos sobre el capital. También se traspasaron otros 41.000 millones de euros a las empresas francesas, incluidas multinacionales, a través de un programa de rebaja y exención fiscal.

La financiación privada -aunque sea con fines aparentemente productivos o progresistas- no solo tiende a beneficiar a las élites, sino que suele terminar siendo más cara que la pública. La Oficina Nacional de Auditoría del Reino Unido calculó que los proyectos públicos que se financian de forma privada (por ejemplo, la construcción de una escuela) cuestan un 40% más que con financiación pública. Esto se explica, entre otros motivos, por las ganancias que exigen los inversores y los accionistas privados, por las normas contables que ocultan el coste real de la financiación privada en los balances públicos, y por los tipos de interés, que se sitúan en un promedio del 7-8% en el caso de los acuerdos de financiación privada y de solo el 3-4% en el caso de las administraciones  públicas.

Los fondos públicos son  mayores de lo que  imaginamos

Durante décadas, se han desplegado esfuerzos concertados para intentar convencernos de que lo público depende del sector privado y de que quedan muy pocos fondos públicos para invertir en servicios  e infraestructuras públicos.  Los datos presentados  por el Banco Mundial  y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), por ejemplo, tergiversan el valor de las finanzas  públicas,  al estimar que los bancos públicos  solo disponen  de entre  2 y 5 billones de dólares  en activos.  Teniendo  en cuenta  los muchos  billones de dólares  que se precisan  solo para financiar la infraestructura adaptada  a la crisis climática que se necesita, esta  cantidad  equivaldría a una  gota en  el océano. Sin embargo,  según las investigaciones de Thomas Marois, de la Universidad de Londres, en todo el mundo  hay 693 bancos públicos, que poseen  activos  por  un valor  de 37,72  billones de dólares.  Si a estos se les suman  los bancos centrales  y los multilaterales, como  el Banco Asiático de Desarrollo, y los fondos de pensiones y los fondos soberanos de inversión, los fondos públicos superan los 73 billones de dólares. Esta cifra equivale al 93 % del producto interno bruto (PBI) mundial.

Todo este dinero público se necesita con urgencia para financiar directamente la lucha a favor de unos sistemas energéticos renovables, con el fin de evitar las consecuencias catastróficas de una crisis climática desbocada. Se calcula que, anualmente, se deben recaudar 6 billones de dólares —hasta alcanzar un total de 90 billones de dólares— para inversiones en infraestructuras adaptadas a la crisis climática, y las cifras anteriores demuestran que las instituciones financieras públicas disponen de los recursos para lograr este objetivo.

Sin embargo, la mayoría de los Gobiernos y sus instituciones de financiación pública se limitan a incentivar a las empresas privadas para que  inviertan en la transición hacia las energías renovables mediante el fomento de las privatizaciones y de las alianzas público-privadas. A pesar de los innumerables incentivos fiscales, subsidios y garantías públicas, el sector privado ha mostrado muy poco interés en  financiar una transición que fomente el abandono de los combustibles fósiles. De hecho, debido a una dependencia excesiva del sector privado, según la Agencia Internacional de la Energía, las inversiones en renovables incluso bajaron un 7% en 2017. Es probable que esta tendencia se exacerbe mientras sigamos infravalorando las posibilidades que ofrecen las finanzas públicas y dependiendo de las finanzas privadas y los mecanismos de mercado. Sin embargo, la crisis climática no puede esperar a que se tomen medidas a medias.

Como  señala  el reciente Informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático  (IPCC), “todas las vías se abren ahora y entrañan una transformación urgente y sin precedentes  de la sociedad”.

Por el contrario, los sistemas y servicios públicos tienen mayor éxito con la inversión pública, lo que da lugar no solo a costes menores, sino también a mejores resultados sociales y ambientales. Por ejemplo, en Bangladesh, la empresa pública Infrastructure Development Company Limited (IDCOL) proporcionó el capital necesario para instalar más de tres millones de paneles solares en zonas rurales entre 2003 y 2014. Esta iniciativa hizo llegar la electricidad a los hogares de 13 millones de personas.

Un estudio elaborado en 2017 por el Transnational Institute (TNI) constató el funcionamiento de 835 servicios públicos recuperados por más de 1600 ciudades de todo el mundo. El informe demuestra que las empresas privatizadas no garantizan una mejor calidad de servicio, precios más bajos ni más inversiones. Cuando los municipios ponen fin a la privatización y remunicipalizan un servicio público —como  el agua, la energía o el transporte— suelen estar mejor dotados para prestar buenos servicios a todos y todas que un proveedor privado con fines de lucro.

Ejes  para transformar el dinero y las finanzas

Podemos extraer cuatro grandes conclusiones de este libro:

En primer lugar, los recursos financieros están ahí, pero están siendo extraídos y desperdiciados por una minoría que es muy pequeña  y muy privilegiada. En segundo, la financiación privada resulta mucho más cara que la pública a la hora de sufragar servicios e infraestructura públicos. En tercero, a pesar de las privatizaciones, se sigue disponiendo de un volumen considerable de fondos públicos, en especial en forma de bancos públicos. Y en cuarto y último lugar, la transición justa hacia la democracia energética no será una realidad mientras se sigan movilizando fondos públicos para generar ganancias privadas (en lugar de beneficios públicos).

Así, si sabemos a qué nos enfrentamos y qué debemos hacer frente a la crisis climática, ¿qué tipo de sistemas financieros y monetarios concebimos para asegurarnos de lograr nuestro fin?

Nuestra visión de futuro para transformar el dinero y las finanzas se basa en dos fundamentos. El primero consiste en una política de las finanzas para el 99 %, por la que las finanzas públicas y democráticamente responsables se utilicen para invertir en agua, salud y educación, así como en sectores que respeten el medio ambiente. El segundo es una política del dinero público por la que los Gobiernos no obtengan préstamos de bancos privados, sino que empleen su poder democrático para gastar dinero directamente en la economía real y recuperen el exceso en el gasto, también conocido como 'déficit presupuestario', a través de una tributación progresiva. Este escenario, acompañado de la construcción de la justicia fiscal a escala internacional, podría liberar a la sociedad de las cadenas de la deuda y la financiarización.  Valoramos el trabajo que realiza desde hace décadas la Red por la Justicia Fiscal (TJ N), cuyos integrantes han logrado que la evasión y el fraude fiscal formen parte de la agenda política. Con este libro, deseamos complementar esa labor.

Desde esta nueva perspectiva, aspiramos a infundir esperanza y cultivar alianzas, ya que estas sentarán las bases para generar modelos monetarios, fiscales y financieros innovadores y viables, que puedan ayudarnos a forjar el futuro que deseamos. Además, las alternativas del mundo real que presentamos a continuación, que han plantado cara al neoliberalismo, demuestran que las alternativas económicas siempre han estado ahí. Ahora nos corresponde a todos nosotros y nosotras asegurarnos de que echen raíces y florezcan en todo el mundo.

Financiación para el bienestar comunitario

Kerala, un estado situado en el suroeste de la India con más de 31 millones de habitantes, nos demuestra cómo una red de más de 11000 cooperativas, acompañada de un alto nivel de sindicalización, finanzas públicas y apoyo estatal, puede fomentar un potente  desarrollo humano. El programa Kudumbashree (que significa 'prosperidad para  la familia'), que lleva 20 años funcionando en todo el estado, es impresionante: en él participan 4,3 millones de mujeres marginadas económicamente. Su sector agrícola, en el que se ganan la vida 320 000 mujeres, resulta especialmente inspirador. Trabajando en pequeños colectivos de barrio, las mujeres eligen una parcela de tierra y reciben préstamos a bajo interés, maquinaria  agrícola y semillas subsidiadas, así como formación y asistencia técnica. Esto las ayuda a cultivar arroz, frutas y verduras para alimentar a sus familias y vender los posibles excedentes en los mercados de la aldea.

La dinámica  fuerza que impulsa la economía social y solidaria de Kerala se halla en el poder organizador del Frente Democrático de Izquierdas (LDF),una coalición de varios partidos de izquierda, y en una próspera red de movimientos populares. El LDF, que actualmente ocupa el gobierno, ha iniciado otro proyecto ambicioso para establecer un Banco Cooperativo que opere en todo el estado de Kerala, con el fin de superar las restricciones fiscales impuestas por el Gobierno central y fortalecer los 980 bancos cooperativos que ya operan en el estado y sus 1647 sociedades cooperativas agrarias de crédito. Los depósitos que administran estas entidades, en conjunto, superan los 1000 millones de dólares.

Las adquisiciones públicas representan otra fuente de ingresos que puede generar economías locales resilientes, en especial si se tiene en cuenta que la contratación pública representa entre el 15 % y el 20 % del PIB mundial. La estrategia de la institución de referencia, desarrollada en parte por el instituto de investigación estadounidense The Democracy Collaborative, amplía de forma creativa las posibilidades que ofrecen las adquisiciones públicas cuando se colabora con grandes instituciones de referencia públicas y sin ánimo de lucro, como hospitales y universidades, con el fin de maximizar su contribución social a través del gasto, el empleo  y la inversión local. Esta estrategia capta, redistribuye y promueve el patrimonio de la comunidad. En la ciudad de Cleveland, en los Estados Unidos, esta idea se ha materializado en el éxito de la red Evergreen Cooperatives.

La estrategia también fue adoptada por la ciudad de Preston, en el Reino Unido. En 2013, el gasto local de siete instituciones de referencia de la zona (entre las cuales una universidad, dos escuelas superiores y el consejo municipal) era de apenas 38 millones de libras en la ciudad y 292 millones de libras en el condado de Lancashire, donde se encuentra Preston. En 2017, después de que se concibiera el ‘modelo de Preston’, el gasto local había aumentado hasta los 111 millones de libras para la ciudad y los 486 millones de libras para la región. Ahora, la ciudad está promoviendo el modelo para desarrollar cooperativas y crear un banco cooperativo regional que destinaría fondos a empresas  pequeñas y personas de bajos ingresos.

En España, municipios progresistas como Madrid, Pamplona y Zaragoza han apoyado, en legislaturas ahora ya pasadas, la ‘economía social y solidaria’ con el objetivo de democratizar la economía. Además de la contratación pública, estas ciudades han ofrecido a cooperativas y otras empresas democráticas terrenos, edificios, préstamos a bajo interés y otros servicios para que la economía haga prosperar a la sociedad, y no a la inversa. En apenas cuatro años, Barcelona ha reactivado con determinación la propiedad pública: ha creado un servicio  de odontología, un proveedor de energía y una empresa funeraria de titularidad municipal, y ha elaborado un modelo participativo para la gestión del agua que se pondrá en marcha en cuanto se formalice la salida de Agbar, una filial de la multinacional francesa Suez. La ciudad también está experimentando con un plan para garantizar a centenares de residentes una renta de ciudadanía, parte de la cual se paga en moneda social y se puede gastar en 85 establecimientos locales.

La riqueza de la comunidad se debe construir en todos los niveles. Stewart Lansley, de la Universidad de Bristol, y Duncan McCann, de la New Economics  Foundation, desarrollaron una propuesta para transformar la riqueza privada en riqueza pública mediante la creación de fondos de riqueza ciudadana. Estos fondos de inversión permanentes, de propiedad ciudadana, se podrían financiar a través de impuestos más altos para las corporaciones  y los ricos, así como mediante la transferencia gradual  de acciones de propiedad corporativa hacia estos fondos. Los fondos de riqueza ciudadana socializarían  el capital privado y fomentarían el apoyo popular del gasto social en favor de una mayor igualdad y de las generaciones  futuras.

Un ecosistema de  finanzas públicas y  cooperativas

La participación verticalista del Gobierno puede generar problemas, ya que los Estados también pueden actuar de manera muy antidemocrática, si no de una manera totalmente autoritaria. En otras palabras: la propiedad pública no es garantía ní sinónimo de democracia. Además de los fondos de riqueza ciudadana, se necesita una nueva generación de bancos públicos y profundamente democráticos. En este sentido, podemos aprender de la experiencia  del Banco Popular de Costa Rica. Esta entidad, que es propiedad de 1,2  millones de trabajadores y trabajadoras costarricenses, es quizá el banco más democrático del mundo. Su organismo de máxima jerarquía es la Asamblea de Trabajadores y Trabajadoras. El banco hace honor a su mísíón -que consiste en servir al bienestar social y sostenible de toda la población costarricense- financiando a cooperativas y grupos que suelen padecer de exclusión financiera, como trabajadores, campesinos y pequeñas y medianas empresas (pymes).

Las decisiones bancarias de la entidad también se rigen por los principios de la equidad de género, la accesibilidad y la responsabilidad ambiental. El Banco Popular colabora asímísmo con la cooperativa regional de energía COOPELESCA, una de las cuatro que consiguió que la electricidad llegara a las zonas rurales del país. Gracias a un préstamo en condiciones favorables, COOPELESCA realizó una conversión total a la iluminación con tecnología LED y, ya en 2015, la cooperativa compensaba su huella de carbono a través de sus propias fuentes de energía renovable y otras ínícíatívas ambientales. El banco propiedad de los trabajadores también ayudó a COOPELESCA a comprar tierras agotadas con el fin de preservar el suelo, la bíodíversídad y los recursos hídrícos. También hay mucho que aprender de la experiencia de las cajas de ahorros alemanas (Sparkassen). Los activos de estas 400 entidades de ahorro locales no son propiedad de nadie. Las cajas son independientes de las autoridades locales, por lo que no se pueden privatizar; sus beneficios tampoco se pueden desviar para otros fines. El consejo de administración  de cada entidad  es clave para su eficacia, ya que está integrado por representantes municipales y otras partes interesadas cuyo deber consiste en cumplir con un mandato  vinculante: estimular el ahorro, promover la ínclusíón financiera y conceder préstamos a las pymes. Estos ejemplos de prácticas bancarias cooperativas y municipales ponen de manifiesto que estos principios  -es decir, un mandato  vinculante, la participación de varías partes interesadas, la oferta de varios cauces para la participación  popular- pueden facilitar una banca pública democrática.

En Bélgica, la plataforma 'Belfíus es nuestro' está analizando estos modelos de gobernanza en el marco de su campaña para democratizar Belfíus, un banco privatizado que antes era conocido como Dexía y que fue nacionalizado, tras un segundo rescate, en 2011.  Según los fundadores de la plataforma, Frank Vanaerschot y Aline Fares, los bancos nacionalizados necesitan democratización, no privatización. De este modo, Belfíus solo serviría de manera viable a la sociedad a través de un debate inclusivo sobre el nuevo mandato público del banco, así como sobre sus estructuras de propiedad y gobierno.

La creación de un sistema integral de organismos financieros públicos y cooperativos ofrece una vía potente para estimular un desarrollo económico adecuado entre las comunidades. Frente a la oleada neoliberal de concesión de microcréditos, por la que los préstamos con altos tipos de interés sumieron a millones de personas vulnerables en la deuda y la pobreza,Milford Bateman, profesor visitante de Economía en la Universidad de Pula (Croada), demuestra que las finanzas dírígídas por la comunidad  pueden lograr realmente  un desarrollo equitativo. Por ejemplo, Vietnam se opuso al enfoque de los mícrocrédítos  y creó toda una serie de instituciones financieras que combinaban modelos de propiedad  públíca y cooperativa. El Banco para la Agricultura  y el Desarrollo Rural de Vietnam (VBARD o Agribank) engloba una red de 2000 sucursales autónomas que facilitan préstamos asequibles y a bajo interés a pequeñas empresas y mícroempresas, que suelen estar integradas en cadenas  de suministro locales. Trabaja junto con el Banco de Política Social de Vietnam y el banco central del país. Este último, por ejemplo, ha creado los conocidos como Fondos Populares de Crédito. Estas instituciones de crédito rural son de base comunitaria y, en alianza con la administración local, prestan servicios de infraestructura como el riego, además de brindar apoyo a las pymes y otras sociedades rurales. Como consecuencia, las fincas  familiares han ganado en productividad y han  adquirido un carácter  semicomercial, al establecer sus propias cooperativas agrícolas. En 2017, Vietnam  contaba con más de 1100 Fondos Populares  de Crédito activos, que prestaban apoyo a ocho millones de hogares.

La  política  del dinero público

Estas alternativas concretas ponen de manifiesto que existen numerosas vías posibles para alcanzar unas economías del bienestar. Podemos utilizar estrategias de financiación, banca y adquisiciones estatales transformadoras  para  generar un desarrollo humano sólido y promover el patrimonio comunitario desde abajo. Sin embargo, teniendo en cuenta  que  vivimos en el contexto de un sistema financiero global impulsado por la deuda, debemos preguntarnos de dónde proviene el dinero. La mayoría de los nuevos fondos son emitidos por bancos comerciales en forma de préstamos privados y, a menudo, con un alto tipo de interés, lo cual perpetúa el ciclo de crecimiento económico temerario. Este tipo de dinero puede entenderse como finanzas, ya que siempre se basa en la creación de deuda y en el endeudamiento de particulares y poblaciones enteras. Incluso el FMI y el Banco de Inglaterra admiten que es así como se crea el dinero  nuevo. Que la mayor parte de nuestro  dinero  se base en la deuda no es un hecho ineludible, sino que constituye una situación política que las personas y la voluntad legislativa pueden cambiar.

En la era neoliberal, como los bancos centrales en muchos países ricos se independizaron, aparentemente, del Gobierno, su principal deber consistía en garantizar la estabilidad de los precios y limitar la inflación mediante la fijación de los tipos de interés y la producción de efectivo (billetes  y monedas). Sin embargo, el poder que  conservaban los  Gobiernos para emitir dinero  libre  de deudas se hizo  patente con los 2,6 billones  de euros que creó el Banco Central Europeo y los 3,5 billones de dólares que emitió la Reserva Federal estadounidense después de la crisis financiera de 2008, un proceso también conocido como ‘expansión cuantitativa’. La mayor parte del dinero nuevo se destinó  al rescate del sistema financiero, incluidos los grandes bancos. La idea de base estaba vinculada con la teoría del derrame o del efecto goteo, al considerar que la compra  de bonos de sociedades y del Estado impulsaría el precio de las acciones y que esto, a su vez, estimularía el gasto en el corto  plazo y las inversiones en el largo plazo, en beneficio de todos y todas. Es evidente que esto no llegó a suceder nunca, ya que la propiedad de las acciones se encuentra  principalmente en manos de personas ricas que saben que pueden ganar más dinero rápido a través del sector financiero que con los sectores  más  productivos. Por lo tanto, las finanzas privadas y los  mercados financieros han recurrido, más que nunca, a los Gobiernos  y al dinero  público para  recuperar una estabilidad temporal, al tiempo que se han mantenido prácticamente exentos de regulación y han podido  maximizar los beneficios a través de vehículos financieros  especulativos. Este modelo,  según varios analistas  políticos, como Walden  Bello,  provocará  casi con toda  certeza otra  crisis financiera.

Los Gobiernos siguen teniendo el poder de gastar dinero en lugar  de prestarlo, pero la forma en que lo han utilizado ha dado lugar a una mayor concentración de la riqueza, no a menos. La crisis financiera mundial de 2008 demostró que los bancos se salvan gracias a rescates públicos y que las  pérdidas financieras se socializan a espaldas de la gente común a través de medidas de austeridad. Como el responsable último es el público, esto ilustra que incluso el crédito o el dinero generado por la deuda que emiten los bancos comerciales debe considerarse un bien público y, por lo tanto, debería estar en manos públicas y sometido a control  democrático. Para ello, se necesitará una 'política del dinero público', en lugar de una política de las finanzas  privatizadas. Esto solo se puede conseguir reafirmando las competencias para crear dinero nuevo con el fin de democratizar fundamentalmente nuestros sistemas monetarios. Este dinero público debería gastarse (más que prestarse)  para hacer frente a los muchos y grandes desafíos de nuestra época, en lugar de desviarse hacía los mercados financieros y que se pierda en ellos.

Sí movilizamos todo nuestro contrapoder, podemos reivindicar el Estado y crear un nuevo modelo monetario. Por poner un ejemplo de cómo podría ser, Mary Mellar, profesora emérita de la Universidad de Northumbría, argumenta que un nuevo modelo  podría permitir que las personas decidan de manera democrática y colectiva la cantidad de dínero público que se debe crear. Todo el dinero creado públicamente que resultara superfluo se podría recuperar a través de los impuestos y, de este modo, mantener la inflación bajo control. Mientras que los billones de dólares que crearon los bancos centrales después de la crísís de 2008 a través de la especulación hicieron aumentar peligrosamente los precios de los activos ínmobílíaríos, el temor a la híperínflacíón -que se produce cuando los precios de los bienes y servicios suben más de un 50% al mes- parece, en gran medida, carecer de fundamento. Teniendo en cuenta todos los empleos, bienes y servicios que se necesitan para restaurar los ecosistemas, y para mantener la inflación bajo control, con este nuevo dinero no se debería especular, sino que se debería poner a disposición de la sociedad para que esta le dé un buen uso.

Para restaurar los ecosistemas y poner fín  al extractívísmo, debemos enfrentarnos al poder de las grandes empresas, en especial la oligarquía de los combustibles fósiles. Carla Skandíer, de Next System Project, sostiene que los Estados Unidos, cuya industria energética es responsable de una gran parte  de las emisiones de gases de efecto invernadero del país, podría emplear su poder monetario soberano para adquirir empresas de combustibles fósiles. Una adquisición pública permitiría que la sociedad asumiera el control, que dejaría de depender de accionistas particulares y con ánimo de lucro, y se podría trasladar hacía un desmantelamiento democrático de las operaciones con combustibles fósiles. Con la presión popular, estas entidades se podrían transformar en empresas públicas respetuosas con el clima y que príorícen las necesidades de los trabajadores, las trabajadoras y las comunidades que se hayan visto desplazados del sector de los combustibles fósiles, así como de otros grupos marginados.

Aunque puedeque,  para muchas personas del mundo de la política, estas propuestas parezcan demasiado radicales, la idea de crear más dinero público en interés de la gente está cobrando una fuerza significativa, ya que podría servir para financiar el Nuevo Pacto Verde. Este plan, presentado por la congresista Alexandria Ocasio-Cortez en los Estados Unidos, persigue descarbonizar rápidamente la economía  y, al mismo tiempo, abordar las desigualdades sociales y económicas. El apoyo popular a grandes inversiones públicas, potenciadas con dinero creado públicamente y bancos organizados democráticamente, está creciendo, ya que estas podrían ser las únicas grandes herramientas con las que podemos luchar contra la crisis climática para fomentar  el bienestar colectivo.

La construcción de  sistemas monetarios, fiscales y financieros radicalmente justos es de vital importancia para democratizar nuestras economías.

Sí estos ejemplos del mundo real nos impulsan hacia la acción colectiva, tendremos a nuestro alcance unas sociedades que garanticen el bienestar de la mayoría.

Capítulo  1 •  El  dinero para la gente

Mary Mellor

Después de la crisis financiera de 2007, los Gobiernos emplearon el poder del dinero público para rescatar a los bancos y otras grandes empresas, en lugar de satisfacer las necesidades de la gente. La privatización del dinero por parte de los Gobiernos  —no  el dinero  en sí— perpetúa el círculo perverso de la deuda y el crecimiento. A pesar de la retórica, los Estados pueden ‘imprimir dinero’. Y lo hacen. Sus bancos centrales fabrican dinero, sin coste alguno, para las actividades creadoras de dinero del sector bancario. Y el dinero se crea y circula a medida que el Gobierno gasta, de la misma manera que los bancos generan dinero a medida que prestan. Es evidente que ese dinero se podría poner en circulación con otros fines, como facilitar la prestación de servicios básicos universales y medios de vida sostenibles para todos y todas. Dado que la fiscalidad sigue realmente al gasto público, la recuperación del dinero creado públicamente a través de los impuestos mantendría la inflación bajo control y garantizaría la estabilidad económica. Este cambio de política debería ir acompañado de un control democrático firme sobre el proceso de toma de decisiones monetarias y de una supervisión rigurosa de su aplicación. Por ejemplo, unos foros ciudadanos podrían identificar necesidades concretas de gasto público, mientras que los partidos políticos podrían proponer una asignación general de fondos entre los sectores social, público y comercial en el marco de sus programas electorales; las asignaciones reales dependerían, a la postre, de los partidos en el poder. Los fondos para financiar estas prioridades, determinadas democráticamente, se suministrarían a través de subvenciones o préstamos administrados por bancos, utilizando el efectivo proporcionado por un banco central que se rige por principios democráticos y opera en pro del interés público. De este modo, los bancos seguirían  manteniendo depósitos, efectuando transacciones y elaborando cuentas de balance, pero ya no podrían crear dinero ni participar en actividades de financiación especulativas. De esta manera, el tamaño de la economía pública se podría incrementar gradualmente, de año en año, hasta el momento en que se satisfagan plenamente las necesidades públicas.

 

Capítulo  2 •  Fondos de  riqueza ciudadana: Un nuevo y potente instrumento económico y social

Stewart  Lansley y Duncan McCann

Los fondos de riqueza ciudadana, que se financiarían mediante una mayor tributación del patrimonio privado, podrían constituir una vía progresiva e integral para lograr un mayor valor social de los activos existentes: públicos, personales y empresariales. Este nuevo modelo se concibe como un fondo de inversión permanente, propiedad directa de la ciudadanía, y gestionado con independencia del Estado, de forma transparente y con objetivos sociales claros. Estos fondos crecerían con el tiempo, se convertirían en un elemento inherente y duradero de la infraestructura económica y social, y ayudarían a restablecer la confianza entre el Estado y la ciudadanía, impulsando así el apoyo popular al gasto social. También pueden incrementar el interés de la ciudadanía en la economía, al promover la propiedad colectiva y la igualdad. Una posible fuente de financiación que favorecería la igualdad pasaría por la dilución de la propiedad empresarial existente, de manera que las grandes corporaciones efectuaran una emisión anual de acciones, por ejemplo el 0,5 % anual, hasta alcanzar un traspaso máximo del 10 % de las acciones de la compañía. Así se socializaría gradualmente parte del capital accionarial de propiedad privada,  que se pasaría a utilizar en beneficio público explícito. Contamos  con experiencias  de las que aprender.  Por ejemplo, en la década de 1980, Suecia aplicó una variante de este modelo con el establecimiento de unos ‘fondos  de asalariados’, comúnmente conocido como ‘Plan Meidner’. Por último, los fondos de riqueza ciudadana podrían actuar como un contrapeso frente al aumento de las desigualdades intergeneracionales, al transferir una pequeña parte  de la riqueza privada a un fondo  permanente, con el fin de que se invierta en las generaciones  futuras.

 

Capítulo  3 •  Un modelo de  financiación  comunitario para el desarrollo económico local

Milford Bateman

Durante décadas, el microcrédito capturó el espíritu del neoliberalismo financiero y su elogio  del individualismo, la iniciativa empresarial y la autoayuda. Sin embargo, para la década de 2010 ya quedó claro que el modelo del microcrédito no era ninguna panacea contra la pobreza, sino una catástrofe a velocidad ralentizada para los pobres del mundo. Mientras tanto, las finanzas sometidas al control y la propiedad de las comunidades han fomentado con éxito el desarrollo equitativo, como lo ilustran cuatro ejemplos de Europa y Asia que se presentan en este capítulo. En el norte de Italia, las redes de cooperativas de crédito y de bancos cooperativos promovieron el desarrollo sostenible y equitativo en el período de posguerra, ayudando a establecer y ampliar las cooperativas de trabajo, agrícolas y de comercialización, entre otras. En España, la Caja Laboral Popular se creó en 1959 con el objetivo de impulsar el desarrollo de las cooperativas en la ciudad de Mondragón, y pronto se extendió a todo  el País Vasco (Euskadi). La entidad evaluó, estableció  y financió con éxito  sociedades cooperativas sobre la base de su viabilidad económica y su compromiso con los principios fundamentales de la democracia industrial, la colaboración y el apoyo mutuo. En China, las cooperativas de crédito urbanas y rurales creadas en la década de 1980 para financiar el desarrollo económico local acelerado lograron un éxito espectacular, en especial con la financiación de las empresas locales de propiedad estatal en auge. En efecto, desmintiendo la narrativa tradicional, que atribuye el extraordinario crecimiento económico de China a la inversión extranjera directa, el factor decisivo radicó, de hecho, en el éxito  inicial  de las empresas de los pueblos y las aldeas. Por su parte, Vietnam rechazó categóricamente el microcrédito convencional a mediados  de la década de 1980 y optó  por seguir el modelo de China, creando instituciones financieras que combinaban la propiedad y el control de la cooperativa comunitaria y del gobierno nacional-local. En 2017, ya estaban  activos  al menos  1000  Fondos Populares de Crédito,  que contaban con dos millones de socios y ocho millones de hogares en 56 de las 63 ciudades y provincias vietnamitas. Estos fondos han desempeñado un papel decisivo en el avance de la base agrícola rural de Vietnam  y han ayudado a respaldar  la industrialización rural  y la trayectoria de desarrollo de las pymes.

 

 

Capítulo  4  •  La  red de  cooperativas  de  Kerala:  El  impulso de  la economía solidaria

Benny Kuruvilla

En el estado de Kerala, en el sur de la India, los partidos de izquierda, los sindicatos organizados y los movimientos populares han asegurado la continuidad de las cooperativas, los planes sociales y los derechos laborales. Este capítulo trata sobre cómo funcionan las cooperativas de trabajadores y trabajadoras en todo el estado, a pesar del desafío creciente que entraña el neoliberalismo. Muchas de las cooperativas están interconectadas a través de una red de fondos cooperativos, administraciones locales y mercados de productores, y unidas en un movimiento que promueve la economía solidaria. Por ejemplo, la Sociedad Cooperativa de Contratos Laborales de Uralungal (ULCSS) es la mayor cooperativa de la construcción de Asia y es propiedad conjunta de 3000 trabajadores y trabajadoras. Las ganancias se dividen entre las personas asociadas, y se dice que los salarios son un 30 % más altos que los que se pagan fuera de la cooperativa. Los contratos públicos representan más de la mitad del total de los proyectos, y el estado proporciona préstamos a bajo interés  para comprar maquinaria. Otro ejemplo es el programa Kudumbashree, que funciona en el ámbito de todo el estado de Kerala. En el marco de este programa, 4,3 millones de mujeres en situación desfavorecida están organizadas en 275 000 colectivos de barrio. En su sección agrícola, pequeños grupos de mujeres eligen una parcela de tierra en la zona para empezar a cultivar arroz, verduras y frutas. Los productos que se obtienen de este cultivo primero se utilizan para alimentar a sus familias y, el resto, se vende localmente. Además de formación y asistencia  técnica, el gobierno suministra maquinaria agrícola, semillas subsidiadas, abonos y préstamos a bajo interés para arrendar la tierra. Tras las inundaciones que se produjeron en 2018, la cooperativa de la construcción ULCSS demostró su solidaridad movilizando a 300  voluntarios que repararon 1000 viviendas en cuatro días, mientras que las mujeres de Kudumbashree limpiaron 100 000 viviendas afectadas y donaron 1 millón de dólares, el doble que la Fundación  Bill y Melinda Gates. El plan reciente del gobierno consiste en establecer un banco cooperativo de ámbito estatal, en especial para prestar servicios a 1647 sociedades cooperativas agrarias de crédito. También prestará a las personas más pobres servicios bancarios básicos, innovadores y asequibles.

 

Capítulo  5 •  Creación de  patrimonio comunitario y economías locales resilientes: El  papel de  las instituciones de  referencia

Thomas M. Hanna

Existe la necesidad apremiante de alejarse gradualmente de un sistema financiero concebido para extraer riqueza de las comunidades locales. Nuestro objetivo común debería consistir más bien en apoyar las iniciativas que persiguen potenciar el patrimonio comunitario. Aprovechando las adquisiciones, las inversiones, el empleo y otras actividades de las grandes ‘instituciones de referencia’ (organizaciones públicas o sin fines de lucro con arraigo local, como hospitales y universidades) es posible construir economías locales más resistentes, equitativas y sostenibles. Desde los Estados Unidos hasta el Reino Unido, muchas instituciones de referencia están asumiendo el cometido de emplear sus activos en alianza con la comunidad para impulsar el beneficio mutuo en el largo plazo. Si estas instituciones se dirigen a empresas locales o de propiedad democrática —como cooperativas de trabajo asociado, empresas propiedad de los trabajadores y empresas sociales— pueden tener un impacto positivo considerable en la comunidad. A través de la contratación local e inclusiva, las instituciones de referencia también pueden crear oportunidades profesionales para las poblaciones  de bajos ingresos, pertenecientes a minorías o a las que les resulta difícil acceder al empleo. Si las instituciones de referencia también empezaran  a utilizar sus importantes activos financieros para inversiones de carácter local, se podrían destinar miles de millones de dólares a atajar las desigualdades económicas y ambientales en las comunidades. Todo ello se traduciría en más empleos, mayores ingresos fiscales, mejores servicios públicos y, en última instancia, comunidades más sanas, seguras y prósperas. Las ciudades de Cleveland, en los Estados Unidos, y Preston, en el Reino Unido, han empezado a poner en práctica este modelo. En Cleveland, Evergreen Cooperatives ha formado una red de empresas que son propiedad de los trabajadores y las trabajadoras, que en estos momentos está integrada por tres cooperativas laborales ecológicamente sostenibles, como una gran  empresa de lavandería verde, una cooperativa que instala paneles solares y desarrolla medidas de acondicionamiento, y uno de los mayores invernaderos urbanos del país. En Preston, en 2017, siete  instituciones de referencia de la zona (entre las cuales el consejo  municipal, una universidad y dos escuelas superiores) gastaron 111 millones de libras en la ciudad y 486 millones de libras en el condado. Preston fue también la primera ciudad  del Reino Unido que adoptó  el principio de un salario digno  mínimo.

 

 

Capítulo 6 ·La economía social y solidaria, y  el auge  del nuevo municipalismo en  España

Ana Álvaro, Adrián Gallero, Miguel Ángel Martínez, Fernando Sabín y Sandra Salsón

En este  capítulo se presenta una panorámica de las principales políticas y acciones que pusieron en práctica los gobiernos municipales de  varías ciudades españolas con el fin de promover la economía social y solidaría. Por ejemplo, el Ayuntamiento de Madrid ha aprobado recientemente un presupuesto de 4,9 millones de euros para una Estrategia de Economía Social, así como 100 000 euros para que las instituciones financieras puedan conceder préstamos sin intereses a personas desempleadas mayores de 45 años, desempleadas de larga duración, personas con discapacidades, mujeres en situación de vulnerabilidad e inmigrantes. En Zaragoza y Barcelona, se han impulsado nuevas ordenanzas municipales que recomiendan que las empresas de la economía social representen entre el 5% y el 35 %, respectivamente, del total destinado a la contratación pública. En Valladolid y en Madrid se ha promovido la financiación ética. Otras ciudades están creando monedas sociales para poner en valor las estructuras locales de organización socíoeconómíca. En Barcelona, las 315 familias que reciben una (renta ciudadana' reciben parte de esa suma en forma de moneda social, que se puede utilizar en 85 pequeños comercios locales. En toda España están surgiendo nuevos modelos de servicios públicos de agua y energía, como la cooperativa Comunítat Minera Olesana, que gestiona los servicios de agua de la localidad de Olesa de Montserrat. La economía social  y solidaría, acompañada de nuevos mecanismos de participación y toma de decisiones, se manifiesta como una expresión organizada de la ciudadanía económica .

Capítulo 7 · Soluciones de financiación de  abajo arriba para  la vivienda cooperativa en  Europa  Central y Sudoriental

Agnes Gagyi

La Red de Vivienda MOBA, que surgió en 2017, es una alianza de iniciativas cooperativas de vivienda en Europa Central y Sudorienta!. MOBA, que significa cautoconstrucción a través del apoyo mutuo', permite que las poblaciones de bajos ingresos de la región accedan de manera colectiva a financiamiento para  una  vivienda asequible. Lo  hace  creando un  conjunto de  estructuras  de vivienda cooperativa, con capacidad jurídica e institucional para atraer, canalizar y gestionar la inversión de las cooperativas de vivienda individuales. El modelo está integrado por:

1) cooperativas de vivienda individuales para cada edificio (en  que los inquilinos son los socios);

2) organizaciones de coordinación nacionales respaldadas por  grupos de facilitación;

3) una Sociedad Cooperativa Europea que reúne a estos últimos. La red MOBA también está desarrollando una estructura de gobierno que asegure una gestión segura, responsable y democrática. Uno de los principales logros del modelo es que traslada los riesgos financieros asociados con los préstamos de los particulares al nivel institucional. Este riesgo es asumido por las cooperativas individuales (edificios) con el fin de garantizar la estabilidad del sistema. Las soluciones solidarías dentro del sistema cooperativo aseguran una gestión más flexible y sólida de los riesgos, lo cual permite utilizar y reutilizar los fondos internos para estabilizar la situación de las personas asociadas que atraviesen problemas temporales de pago.  Los proyectos piloto que ya están en marcha en Budapest, Líublíana, Belgrado y Zagreb demuestran que es posible crear viviendas estables, asequibles y de propiedad social. El marco institucional que está construyendo MOBA ofrece un modelo para la transformación sistémica de los mercados locales  de vivienda en todas partes.

 

 

Capítulo  8 •  La  democratización de  los  bancos nacionalizados

Frank Vanaerschot

En este capítulo se examinan las estrategias que se han seguido para democratizar el banco público belga Belfius, que fue nacionalizado tras la crisis financiera de 2008. La campaña ‘Belfius es nuestro’ se puso  en marcha  en 2016, impulsada por organizaciones no gubernamentales, movimientos sociales y sindicatos del país con el objetivo de fomentar la democratización de este banco público. La plataforma comenzó criticando los planes de privatización total o parcial del Gobierno, que socavarían cualquier mandato público, debido a la constante presión para maximizar las ganancias privadas. La propiedad pública, en cambio, podría facilitar la creación  de crédito para otorgar préstamos más productivos y socialmente útiles.  Sin embargo, la propiedad pública debe ir de la mano de la democratización de la gobernanza del banco y de una mayor rendición de cuentas, y todas las partes implicadas deben asumir un compromiso con el mandato público  (la dirección, los propietarios y las propietarias, los comités de supervisión, la plantilla laboral  y el resto  de la sociedad). Para ello, se puede aplicar el principio de subsidiariedad, velando por que las personas que más necesitan que el banco público cumpla con su mandato puedan movilizarse y participar en el proceso de toma de decisiones. Por ejemplo, las cajas de ahorro alemanas (Sparkassen) cuentan con un mandato público vinculante y, aunque los municipios actúan como custodios, no pueden acceder a las ganancias del banco. Cada uno de los consejos de administración, que representan a diferentes actores locales, se encarga de que las Sparkassen sean fieles a su mandato. En términos más generales, este modelo pone de manifiesto que, para democratizar un banco nacionalizado, es necesario que se celebre un amplio debate social sobre un nuevo mandato público,  la titularidad y las estructuras de gobierno.

Capítulo  9 •  Banca  pública para el futuro que  deseamos

Thomas Marois

La comunidad internacional de desarrollo considera cada vez más que los bancos públicos no son algo perjudicial sino catalizador para invertir en infraestructuras bajas en carbono. El ‘nuevo’ relato neoliberal afirma que solo podremos  empezar a recaudar los recursos financieros necesarios para hacer frente al cambio climático utilizando recursos públicos para movilizar fondos privados. Sin embargo, los datos elaborados por el Banco Mundial y la OCDE han tergiversado el valor de las finanzas públicas, al indicar que los bancos públicos solo disponen de entre 2 y 5 billones de dólares en activos. En este capítulo se demuestra que, en todo el mundo, hay 693 bancos públicos, que poseen activos por un valor que alcanza los 37,72 billones de dólares. Si a estos se les suman los fondos multilaterales, de pensiones y soberanos, y los bancos centrales, los fondos públicos ascienden a casi 74 billones de dólares, lo que equivale al 93 % del producto interno bruto mundial. Los bancos públicos disponen de recursos suficientes para marcar el rumbo  a la hora de recaudar los 90 billones de dólares que se necesitan en total y los 6 billones de dólares anuales en inversiones en infraestructuras adaptadas a la crisis climática, sin tener que recurrir a financiadores privados. Los bancos públicos pueden operar de manera indefinida, sin un imperativo de maximización de los beneficios si se les encomienda el mandato público correspondiente. Los bancos públicos están mejor dotados que sus homólogos privados para financiar sectores económicos y regiones geográficas prioritarios; para llenar los vacíos dejados por el sector privado; para promover la estabilidad económica mediante la concesión de préstamos en momentos de inestabilidad económica;  y para mejorar  las normas financieras insistiendo en las salvaguardias sociales, ambientales y de derechos humanos. Pero el potencial de la banca pública depende, en última instancia, de la lucha social para recuperar los bancos públicos en aras del interés  general. Será precisamente este punto el que defina su viabilidad futura.

Capítulo  10 •  Inversión  pública para que  cambie el sistema financiero, no  el clima

Oscar Reyes

En este capítulo se examina cómo los bancos estatales, las cajas de ahorro cooperativas y locales, los fondos  públicos de pensiones y los fondos de inversión pueden invertir en pro del interés general, abordando la crisis climática y la justicia social. A pesar de reclamar  nuevos compromisos con la ‘financiación verde’, los bancos e inversores privados siguen inyectando miles de millones de dólares en la industria de los combustibles fósiles cada año; unas cantidades que deberían reorientarse, entre otras prioridades, hacia el sector de las energías renovables y una agricultura más sostenible. Para ello,  se necesitan nuevos cauces de inversión pública. Algunos bancos estatales ya han demostrado que están dispuestos a financiar la transición hacia una energía limpia. Por ejemplo, el Banco Popular y de Desarrollo Comunal en Costa Rica es una entidad híbrida, a medio camino entre la propiedad pública y la cooperativa de trabajadores y trabajadoras, que integra objetivos económicos, sociales y ambientales, y cuenta una cartera creciente de ecocréditos, además de financiar cooperativas comunitarias de energía y proyectos de eficiencia energética. En Alemania, las cajas de ahorro y los bancos cooperativos son los principales financiadores de las cooperativas de energía locales, que representan casi el 50 % de la capacidad de energía renovable instalada en el país. La inversión pública también se debería canalizar a través de instituciones financieras no bancarias, como empresas de propiedad pública y fondos de inversión. En Bangladesh, la empresa pública Infrastructure Development Company Limited (IDCOL) ayudó a instalar más de tres millones de sistemas solares domésticos en zonas rurales entre 2003 y 2014, con lo que se hizo llegar la electricidad a 13 millones de personas. Cuando los inversores públicos observan los principios de la rendición de cuentas, mandatos sociales y ambientales, planes de transición justa más amplios, alianzas públicas locales y justicia climática restitutiva, pueden tomar la iniciativa para forjar una transición climática justa y equitativa.

Capítulo  11 •  El  impulso a  la inversión: Venciendo  las limitaciones  de la eurozona

Ludovic Suttor-Sorel

La magnitud del desafío que plantean la crisis climática y el agotamiento de la naturaleza exige un capital estratégico a largo plazo. Sin embargo, debido en gran medida a las normas fiscales de la Unión Europea (UE) que han institucionalizado una reducción permanente del gasto público, el nivel de la inversión pública en la región se encuentra en unos mínimos sin precedentes. Los Gobiernos de la UE han recurrido a las alianzas público-privadas como forma de eludir las normas fiscales, pero estas estructuras no son más baratas y trasladan el coste a las generaciones futuras. En este capítulo se argumenta que las posibilidades que ofrecen los bancos estatales de inversión se han pasado por alto y, con demasiada frecuencia, se han limitado a mitigar los riesgos para la inversión privada.  Los bancos estatales de inversión pueden permitir que los Estados actúen al margen de las restricciones de las normas fiscales para mantener una forma de inversión pública. También pueden desempeñar un importante papel anticíclico tras las crisis, como lo hicieron en todo el mundo entre 2007 y 2009 al aumentar su cartera de préstamos de un promedio del 35 % a más del 100 %. En este capítulo se propone  la creación de un eurosistema de bancos estatales de inversión, que contaría con el respaldo de la reinversión de los fondos creados por  el Banco Central Europeo a raíz de la crisis financiera. Esta cooperación reforzada entre los bancos públicos europeos de inversión ya existentes, concebida con un mandato claro de proporcionar inversiones estratégicas a largo  plazo y con el apoyo explícito del Banco Central  Europeo, nos ayudaría en la transición hacia una economía  verdaderamente sostenible.

 

Capítulo  12 •  La  adquisición pública para mantener el carbono bajo tierra y disolver  la oposición al clima

Carla Santos Skandier

Las soluciones reales a la crisis climática deben ir más allá de la demanda e incluir el lado de la oferta. Los Estados Unidos pueden optar por esta vía utilizando su poder monetario soberano para desmantelar las empresas extractivas como parte de un Nuevo Pacto Verde para mitigar la crisis climática y abordar las desigualdades sociales y económicas. La manera más directa de desbloquear la relación paralizante entre el Gobierno y la gran industria petrolera es a través de una adquisición federal  de las compañías de combustibles fósiles que controlan estos activos nocivos. El Gobierno federal tiene el poder sobre su banco central, la Reserva Federal, para crear el dinero necesario para adquirir la mayoría de las acciones de las principales empresas de combustibles fósiles domiciliadas en los Estados Unidos, como Chevron y ExxonMobil. Con esta medida, el control dejaría de depender de accionistas con ánimo de lucro y con visión cortoplacista, y se canalizaría hacia el interés público. Después de que se haya asumido el control de las reservas, los proyectos  de combustibles fósiles se pueden desmantelar y algunos de ellos se pueden transformar en entidades que respeten el clima, sean de propiedad pública y estén controladas democráticamente. Después, la sociedad podrá volver a centrarse en lo que importa de verdad: las emisiones, la intensidad de los recursos y cómo mitigar los impactos sociales que tendría  el recorte notable de la industria de los fósiles entre las personas de bajos ingresos, los trabajadores y las trabajadoras desplazados del sector y las comunidades. Al no disponer  del lujo del tiempo y los presupuestos de carbono para dar a los productores de combustibles fósiles otra oportunidad de servir a los intereses  de sus clientes,  la única opción que queda es convertirse en sus jefes. Al crear un plan de transición integral y coordinado, el Gobierno también puede prevenir la interrupción innecesaria  y permanente de la vida de los trabajadores y las trabajadoras del sector de los combustibles fósiles,  sus familias y comunidades. Por ejemplo, en Alemania  Oriental, la ciudad de Leipzig inició el proceso de transición del lignito convirtiendo sus minas a cielo abierto en el mayor lago artificial de Europa, un proyecto de conversión en el que se dio empleo a 20 000 personas. Los planes para una transición justa exigen garantizar el pleno empleo, ayudas a la reubicación y la formación de las plantillas laborales para, por ejemplo, revitalizar las tierras y aguas amenazadas en beneficio de sus comunidades y vecindarios.

 

 

Conclusión: Herramientas para la transformación

Activistas, personas del mundo académico y responsables de la formulación de políticas progresistas tienen mucho que ganar si vinculan los temas por los que están  luchando —ya sea la justicia climática, la igualdad racial, el feminismo, una economía de bienestar o unos servicios públicos universales— con el ámbito del dinero, los impuestos y las finanzas.

Con este libro, esperamos haber mostrado los fondos de los que disponemos para satisfacer nuestras necesidades cotidianas colectivas. Cuando estos son gastados e invertidos por instituciones públicas y democráticamente organizadas, y dejan de estar extraídos por el sector privado y los mecanismos de mercado, podemos empezar a redirigir la riqueza para financiar el futuro que deseamos.

A continuación, proponemos 15 recomendaciones en materia de campañas y políticas con el fin de reivindicar unos fondos  y sistemas financieros que sirvan para construir democracias económicas que sustenten la vida.

Partimos del supuesto de que esta lista dista mucho de ser exhaustiva. Por eso, os invitamos a compartir con nuestro equipo acciones, tácticas y estrategias que consideréis que han resultado ser herramientas eficaces para la transformación [email: publicfinance@tni.org].

Creemos que solo un debate público serio, la presión popular y la movilización de toda la sociedad pueden impulsar una política progresista en torno al dinero y las finanzas.

Democratizar la propiedad, la gobernanza y la toma  de decisiones

1 – Forjar una propiedad democrática sólida de las instituciones financieras públicas, asegurando que representantes de las plantillas, las personas usuarias y la comunidad formen parte de los consejos de administración o de supervisión (además de cumplir con requisitos de representación racial y de género).

Se debe observar el principio de los intereses afectados para garantizar que las personas más afectadas por un banco público gocen del poder de decisión necesario para garantizar el cumplimiento de su mandato y misión, así como el acceso a la financiación y a la banca como un derecho y un servicio público. El principio de subsidiariedad se debería seguir para descentralizar el poder de decisión  en la medida de lo posible.

El Banco Popular, propiedad de 1,2 millones de trabajadores y trabajadoras costarricenses, es un ejemplo de cómo se puede poner en práctica la propiedad democrática. Del mismo modo, la propuesta de la campaña ‘Belfius es nuestro’ para que representantes de la sociedad civil participen en los consejos de supervisión a escala local, regional y nacional supone poner en práctica el principio de subsidiariedad.

Para más información, capítulos 8 y 9

2 – Establecer un mandato público vinculante y una misión socioecológica para las instituciones financieras públicas.

Con esta medida se puede asegurar que las ganancias no se extraigan, sino que se reinviertan en la sociedad para lograr un desarrollo equitativo a largo plazo. Los actores sociales deberían disponer de las prerrogativas necesarias para definir el mandato de la institución. Por ejemplo, el mandato de un banco comunitario podría puntualizar que presta servicios financieros a grupos determinados que, por lo general, se enfrentan a la exclusión y a barreras de acceso, como los hogares de bajos ingresos, las cooperativas y las pymes. La misión debería concretar que la institución sirve al bienestar de su población.

Gracias a todos estos elementos, los bancos se encontrarían en major disposición de apoyar objetivos socioeconómicos y medioambientales.

Por  ejemplo, las cajas de ahorro locales de Alemania (Sparkassen) están legalmente obligadas a promover la inclusión financiera mediante la prestación de instrumentos de ahorro  y préstamo a las pymes. Los municipios son los responsables de estas entidades y no pueden privatizarlas ni distribuir las ganancias. El Banco Nacional de Agricultura y Desarrollo Rural de la India también tiene encomendada una misión que le permite financiar planes de proyección de suelos e inundaciones para  adaptarse a los impactos de la crisis  climática.

Capítulos 8 y 9

3 - Crear bancos  locales, democráticos y de propiedad pública para financiar inversiones que satisfagan las necesidades de la población.

Un banco público permite que un gobierno local o regional despliegue fondos públicos en forma de préstamos, (re)inversiones y servicios financieros. Los bancos públicos están mejor preparados para proporcionar fondos orientados a la equidad, ya que la motivación principal no pasa por maximizar los beneficios.

En 2016, cuatro años después de que el Banco de Hawaii, una  entidad privada, se retirara de Samoa Americana, se creó el Banco Territorial de Samoa Americana. El lema de este banco minorista público es Faletupe o le Atunu'u (el banco popular). En todos los Estados Unidos, desde Boulder y Los Ángeles hasta Oakland y Nueva York, unas dinámicas campañas ciudadanas están creando, con un éxito creciente, bancos públicos sometidos a control público. Un referendo popular podría permitir que los gobiernos locales establecieran las leyes y los reglamentos adecuados para crear su propio banco  público.

Capítulos 8 y 9

Recaudar, crear y  gastar dinero público en  pro  de las personas y el planeta

4 - Utilizar  fondos públicos para  invertir directamente  en   servicios públicos e infraestructura baja en carbono, en lugar de acuerdos privados, como las alianzas público­ privadas (APP).

Las APP resultan atractivas para algunas jurisdicciones porque eluden los controles de gasto y mantienen las deudas al margen del balance público. Sin embargo, a los inversores privados les interesan las inversiones a corto plazo y que generen ganancias rápidas, lo que lleva a que este tipo de acuerdos entrañen un aumento de los costes públicos a largo plazo y prioricen ciertos tipos de inversiones sobre otros. La sociedad necesita inversiones a largo plazo para reconstruir los servicios públicos y adaptar nuestra infraestructura de calefacción, electricidad y transporte con el fin de que funcione con fuentes renovables.

En todo el mundo, las instituciones financieras públicas, como los bancos públicos, cuentan con más de 73 billones de dólares en activos, que podrían invertirse directamente en infraestructuras y servicios públicos. En Bangladesh, la empresa pública lnfrastructure  Development Compa ny Limited (IDCOL) aportó fondos para que se instalaran más de tres millones de sistemas solares domésticos en zonas rurales, con lo que se hizo llegar la electricidad a 13 millones de personas. El banco estatal alemán de inversiones Kreditanstalt für Wiederaufbau (KfW) concede a las pymes préstamos a un tipo  de interés inferior al del mercado.

Capítulos 9, 10 y 11

5  – Frenar  la  creación  de  dinero privado mediante la recuperación de los bancos privatizados.

Cuando los bancos democráticos y de propiedad pública (en lugar de los bancos privados) pueden crear dinero mediante préstamos disponen de capacidad para invertir en infraestructura y servicios públicos sostenibles, lo cual, a su vez, reduce la desigualdad  y redistribuye la riqueza. En los Países Bajos, la campaña ‘Nuestro dinero’ reivindica que la creación del dinero vuelva a someterse a un control público  y democrático.

Capítulo 1

6 – Transformar el sistema de dinero público exigiendo a los Gobiernos que empleen sus competencias para crear dinero con el fin último de generar el gasto público que se necesita frente a las acuciantes crisis climática y de desigualdad.

Para ello, en primer lugar, se debe decidir de manera democrática cuánto dinero se debe emitir para construir unos servicios públicos y unas infraestructuras respetuosas con el clima y, en segundo lugar, una vez efectuado el gasto, cuánto se debe recuperar por medio de impuestos progresivos.

Capítulo 1

7  – Denunciar el modelo de bienestar corporativo mediante la realización de una auditoría ciudadana transparente del presupuesto del Estado —a escala local, regional o nacional— para revelar la cantidad de fondos públicos que están beneficiando a las grandes empresas y para establecer plataformas ciudadanas dedicadas a debatir un uso alternativo de esos recursos.

La Red Internacional de Auditorías Ciudadanas de la Deuda aglutina a redes y movimientos de 12 países europeos con el fin de efectuar auditorías como estrategia para luchar contra las medidas de austeridad.

Capítulo 1

8 – Exigir un mandato público más amplio, con objetivos sociales y ambientales para los bancos centrales, con miras a alcanzar  un empleo pleno y seguro, y financiar una transición equitativa hacia una sociedad sostenible  y baja en carbono.

Un mandato de este tipo garantizaría, en primer lugar, que el poder del banco central para emitir dinero público no diera lugar a otra burbuja financiera, sino que financiara actividades sociales y económicas respetuosas con el medio ambiente. En segundo lugar, permitiría que los bancos centrales utilizaran, finalmente, los diversos mecanismos de los que disponen para ayudar a reorientar los flujos financieros privados hacia actividades sostenibles. Finance Watch y Positive Money Europe abogan por un Banco Central Europeo transparente, responsable y democrático que conecte mejor las políticas (de gasto) monetarias y fiscales.

Capítulo 11

9 – Fomentar la presión popular para obligar a los bancos centrales a que adquieran las grandes empresas privadas de energía con el fin de mantener bajo tierra los combustibles fósiles.

Estas adquisiciones deberían ir de la mano de un mandato vinculante para que se desmantelen los combustibles fósiles y se incremente la inversión en energías renovables, sin dejar atrás a ningún trabajador o trabajadora ni comunidad. La propuesta de adquisición pública podría y debería formar parte del impulso para un Nuevo Pacto Verde en los Estados Unidos, que es un conjunto de medidas  que persigue abordar la crisis climática, la injusticia racial y la desigualdad económica.

Capítulo 12

10 – Crear un Fondo de Riqueza Ciudadana mediante la imposición de mayores niveles tributarios sobre la riqueza pública y privada, incluidos unos impuestos fuertes sobre sucesiones.  

Este fondo generaría un interés directo de todos y todas en la economía, impulsaría el apoyo público, fomentaría el traspaso de la riqueza a manos de toda la ciudadanía y reduciría la desigualdad económica. Con el tiempo, con este fondo se podrían pagar nuevos servicios públicos, infraestructuras adaptadas a la crisis climática y un dividendo periódico para la ciudadanía.

Capítulo 2

11 - Diluir la propiedad corporativa obligando a las empresas a transferir un porcentaje creciente de acciones; por ejemplo, un o,s % anual al Fondo de Riqueza Ciudadana.

De este modo, se socializaría gradualmente una parte de la riqueza privada, que pasaría a ser propiedad, en igualdad de condiciones, de toda la ciudadanía. En la década de 1980, Suecia aplicó una variante de este modelo con el establecimiento  de unos 'fondos de asalariados', comúnmente conocido como 'Plan Meidner'.

Capítulo 2

12  - Hacer efectiva la justicia fiscal poniendo fin a la evasión de impuestos e impulsando un sistema tributario progresivo, por el que se obligue a las grandes corporaciones y los particulares ricos a pagar los impuestos más altos, independientemente de donde vivan y desarrollen sus actividades. También se debería desplegar un proceso responsable y participativo para decidir democráticamente la forma en que estos ingresos pueden maximizar el bienestar de las personas a largo plazo.

Para propuestas más integrales y concretas en materia de justicia fiscal, véase el sitio web de la Red por la Justicia Fiscal: www.taxjustice.net Apoyo sistémico a la economía social y solidaria

13  - Crear redes financieras regionales para financiar cooperativas de producción y servicios con el objetivo de mejorar la resiliencia socioeconómica de la región.

Las instituciones financieras cooperativas podrían conceder subvenciones y préstamos a bajo interés a empresas democráticas que cultiven la tierra o presten servicios esenciales, como la vivienda. Por ejemplo, la Red de Vivienda MOBA, que opera en Europa Central y Sudorienta!, permite que las poblaciones de bajos ingresos accedan de manera colectiva a fondos para sufragar soluciones de vivienda cooperativa que sean asequibles, más estables y de propiedad social.

Al conectar las cooperativas agrícolas rurales con las cooperativas urbanas y minoristas, se puede lograr un desarrollo regional más equitativo. La cooperativa Malabar Meat de Kerala, en el sur de la India, pone de manifiesto que las alianzas sociales entre campesinado y otros trabajadores y trabajadoras pueden impulsar una próspera red de cooperativas que interconectan las zonas rurales y urbanas. Los más de 1100 Fondos Populares de Crédito de Vietnam son instituciones de crédito rural de base comunitaria creadas por el banco central del país que han ayudado a las fincas familiares a crear sus propias cooperativas agrícolas, lo cual les permite mejorar la producción.

Capítulos 3, 4Y 7

14- Impedir que las empresas y las sociedades financieras cooperativas públicas puedan ser objeto de adquisiciones corporativas.

Para ello, se podría incorporar en la ley que un referendo popular siempre debe preceder a cualquier tipo de toma de control de una institución pública o cooperativa. Por ejemplo, las conocidas cooperativas de crédito italianas no pueden ser objeto de apropiación legal por parte de los socios que buscan un beneficio privado, por lo que, en caso de liquidación, los activos restantes se transfieren a un fondo de apoyo cooperativo. Esta medida actúa como salvaguardia frente a la especulación y la corporatización.

Capítulo 3

15 – Promover que las instituciones públicas ‘de referencia’, como los hospitales y las universidades, efectúen sus compras en establecimientos democráticos e inviertan en ellos, como las cooperativas de trabajo asociado, las empresas que son propiedad del personal y las empresas sociales de base comunitaria.

Las compras públicas, en concreto, pueden animar a quienes operan sobre la base de un empleo bien remunerado y seguro. Los subsidios, las inversiones y los servicios de apoyo de las administraciones locales también pueden ayudar a las empresas democráticas a convertirse en empresas más resilientes. Si esta estrategia se combina con políticas de contratación inclusivas e iniciativas de formación de la fuerza  laboral, puede generar posibilidades profesionales para las poblaciones de bajos ingresos, pertenecientes a minorías y subempleadas.

En la ciudad estadounidense de Cleveland, en el estado de Ohio, la organización sin ánimo de lucro The Democracy Collaborative  colaboró con varias instituciones de referencia y entidades locales para crear la red Evergreen Cooperatives, que está integrada por tres cooperativas laborales ecológicamente sostenibles, como una gran empresa de lavandería verde, una cooperativa que instala paneles solares y desarrolla medidas de acondicionamiento, y un gran invernadero urbano.

Desde 2015 (y en algunos casos hasta 2019, cuando se produjo un cambio en el gobierno municipal), las ciudades de Zaragoza, Barcelona, Madrid y A Coruña han apoyado activamente la economía social y solidaria proporcionando a las cooperativas y otras empresas democráticas terrenos, edificios, préstamos a bajo interés, formación y asesoramiento técnico. Con el apoyo del Ayuntamiento de Madrid, el proyecto MARES impulsó la creación de un ecosistema local de iniciativas, empresas y organizaciones sociales.

Capítulos 5 y 6

 

“Una recopilación de ensayos increíblemente valiosa y oportuna, que ofrece un diagnóstico detallado de los problemas que afligen a las economías financierizadas modernas y una visión de futuro que va más allá del neoliberalismo. Una lectura imprescindible para todas aquellas personas implicadas en el proyecto de construcción de una nueva economía.” - Grace Blakeley, investigador del Instituto de Investigación de Políticas Públicas (IPPR) y comentarista especializada en economía en la revista  The New Statesman

“Esta serie de ensayos que invita a la reflexión nos recuerda una verdad que suele negarse: el dinero  necesario para transformar la economía y que esta abandone su adicción a los combustibles fósiles no escasea. En sus páginas se abordan las cuestiones siguientes: quién controla el sistema monetario y cómo puede el público más amplio recuperar el control sobre a) sus propios ahorros  y b) un gran bien público:  el sistema monetario.” - Ann Pettifor, economista especializada en finanzas y deuda soberana, directora del programa de investigación Policy Research in Macroeconomics (PRIME) y autora  de La producción del dinero

“El relato que se impone hoy día es que el capital  financiero y privado conducirá  —en  algún  momento aún lejano— al bien general. Incluso la infraestructura pública se está transfiriendo cada vez más al gran capital. Necesitamos con urgencia un movimiento mundial para poner freno a las finanzas globales y salvaguardar nuestro futuro. Este importante libro nos proporciona pruebas contundentes de que todo esto no solo es necesario, sino también posible.” - Prabir Purkayastha, fundador y redactor jefe de www.newsclick.in

“He aquí otra  importante aportación del TNI a nuestra interpretación del complejo mundo de las finanzas de alto nivel. El TNI ha logrado un gran renombre internacional por su extraordinario trabajo a la hora de ayudarnos a entender las maquinaciones reales del mundo de las inversiones de alto nivel.” - Saskia Sassen, Universidad de Columbia y autora de Expulsiones: Brutalidad y complejidad en la economía  global

“La cruda realidad es que el mundo está al borde de otro derrumbe debido al fracaso de la reforma de un sistema financiero mundial dominado por gigantescos bancos privados. La respuesta se encuentra en unas finanzas públicas que rindan cuentas a la ciudadanía y a la comunidad, y en ningún otro lugar se presenta esta verdad de manera  más convincente que en este volumen. Esta es la reinvención de las finanzas que el mundo necesita con urgencia.” - Walden Bello, Universidad Estatal de Nueva York y autor  de Paper Dragons: China and the Next Crash

“La forma de nuestra economía y la textura de nuestras vidas dentro de ella se ven profundamente afectadas por los flujos financieros. Las finanzas son una fuerza creativa, pero el conjunto de instituciones financieras con el que contamos actualmente se presenta  como una vieja guardia tóxica que pinta un futuro sombrío y desigual. Este libro presenta un abanico de alternativas públicas inspiradoras, impulsadas desde abajo y radicalmente emancipadoras, que podemos utilizar para acabar con las opacas y destructivas fuerzas del orden establecido.” - Brett  Scott, periodista y autor de The Heretic’s Guide to Global Finance: Hacking the Future of Money.

 

 

El Transnational Institute (TNI) es un instituto internacional de investigación y promoción de políticas  que trabaja por un mundo más justo,  democrático y sostenible. Durante  más de 40 años, el TNI ha actuado  como un punto de enlace entre  movimientos sociales, académicos y académicas comprometidos, y responsables  de políticas.

Persona de contacto: Lavinia Steinfort (l.steinfort@tni.org; +31640363123)

www.TNI.org/publicfinance

 

Puedes descargar el texto completo del resumen en formato pdf: Finanzas públicas para el futuro que deseamos

 


Selección de Lecturas

 

 

Con motivo de la celebración del Día Internacional de la Mujer, desde el Centro de Documentación de FUHEM Ecosocial hemos elaborado una recopilación y selección de libros de la sección de GÉNERO de nuestra Biblioteca:

 

 

 

 

ATENCIO, Graciela

Feminicidio: de la categoría político-jurídica a la justicia universal

Madrid: La Catarata, 2014, 256 págs.

 

 

 

BLAS, Alicia de

71 propuestas para educar con perspectivas de género

Madrid: FUHEM, 2018, 62 págs.

 

 

BUTLER, Judith

El género en disputa: el feminismo y la subversión de la identidad

Barcelona: Paidós, 2011, 316 págs.

 

 

 

COBO, Rosa (ed.) 

La imaginación feminista: debate y transformaciones disciplinares. 

Madrid: Catarata, 2019, 285 págs.

 

 

 

FEDERICI, Silvia

Revolución en punto cero: trabajo doméstico, reproducción y luchas feministas

Madrid: Traficantes de Sueños, 2018, 390 págs.

 

 

 

HERRERO, Yayo; PASCUAL, Marta; GONZÁLEZ REYES, María; GASCÓ, Emma (il.)

La vida en el centro: voces y relatos ecofeministas

Madrid: Libros en Acción, 2018, 236 págs.

 

 

LUCÍA, Lourdes   

El Atlas de las mujeres en el mundo: las luchas históricas y los desafíos actuales del feminismo. 

Madrid: Clave Intelectual, 2018, 125 págs.

 

 

MAGALLÓN, Carmen

Mujeres en pie de paz

Madrid: Siglo XXI, 2006, 297 págs.

 

 

MARAÑÓN, Iria

Educar en el feminismo

Barcelona: Plataforma Editorial, 2017, 267 págs.

 

 

MARRERO ROCHA, Inmaculada (dir.)  

Conflictos armados, género y comunicación. 

Madrid: Tecnos, Fundación Euroárabe, 2015, 286 págs.

 

 

 

MIES, María

Patriarcado y acumulación a escala mundial

Madrid: Traficantes de Sueños, 2019, 434 págs.

 

 

MIES, María; SHIVA, Vandana

Ecofeminismo

Barcelona: Icaria, 2015, 501 págs.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                   

 

MIGUEL JUAN, Carmen

Refugiadas: una mirada feminista al Derecho Internacional

Madrid: Catarata, 2016, 269 págs.

 

 

NOVO, María (coord.)

Mujer y medio ambiente: los caminos de la visibilidad

Madrid: Catarata, 2007, 245 págs.

 

 

PARKIN, Sara

Vida y muerte de Petra Kelly

Madrid: Clave Intelectual, 2016, 414 págs.

 

 

PATEMAN, Carole  

El contrato sexual.  

Madrid: Trincheras, 2019, 420 págs.

 

PAZOS MORÁN, María

Desiguales por Ley: las políticas públicas contra la igualdad de género

Madrid: Catarata, 2013, 289 págs.

 

 

PÉREZ GARZÓN, Juan Sisinio

Historia del feminismo

Madrid: Catarata, 2018, 302 págs.

 

 

 

PULEO, Alicia 

Claves ecofeministas: para rebeldes que aman a la tierra y a los animales.  

Madrid. Plaza y Valdés, 2019, 163 págs.

 

 

 

RANEA TRIVIÑO, Beatriz 

Feminismos: antología de textos feministas para uso de las nuevas generaciones y de las que no lo son tanto.  

Madrid: Catarata, 2019, 221 págs.

 

 

 

RODRIGUEZ PALOP, María Eugenia

Revolución feminista y políticas de lo común frente a la extrema derecha. 

Barcelona: Icaria, CLACSO, 2019, 151 págs.

 

 

 

SÁNCHEZ, María 

Tierra de mujeres; una mirada íntima y familiar al mundo rural. 

Barcelona: Seix Barral, 2019, 185 págs.

 

 

 

SEAGER, Joni  

La mujer en el mundo: Atlas de la geografía feminista.  

Barcelona: Grijalbo, 2019, 208 págs.

 

 

SERRA, Clara

Leonas y zorras: estrategias políticas feministas

Madrid: Catarata, 2018, 157 págs.

 

 

SEVILLA PAVÓN, Ana, HABA OSCA, Julia (eds.)

Educación multidisciplinar para la igualdad de género: perspectivas sociales, filológicas, artísticas y ambientales

Valencia: Universidad Politécnica de Valencia, 2017, 195 págs.

 

 

SHIVA, Vandana, MIES, María; HERRERO, Yayo, et al.   

Por qué las mujeres salvarán el planeta.  

Barcelona: Rayo Verde, 2019, 283 págs.

 

 

SILIPRANDI, Emma; ZULOAGA, Gloria Patricia (coords.)

Género, agroecología y soberanía alimentaria: propuestas ecofeministas

Madrid: Queimada, 2016, 172 págs.

 

VALERA, Nuria

Cansadas: una reacción feminista frente a la nueva misoginia

Madrid: Ediciones B,, 2017, 215 págs.

 

 

VARELA, Nuria

Feminismo para principiantes

Barcelona: B, 2016, 410 págs.

 

 

 

VVAA

¿Cómo puede cambiar el mundo el feminismo?

Madrid: Lengua de Trapo, 2019, 290 págs.

 

 

 


España rural, vaciada y degradada

Análisis y claves para la transición

Con motivo de la presentación del número 147 de la revista Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, que indaga sobre los desequilibrios que afectan de distintas maneras a nuestros territorios, FUHEM Ecosocial organiza una charla coloquio el próximo viernes 13 de marzo en la ciudad de Teruel, en colaboración con el Centro Social "A Ixena”. Hablaremos de la España Vaciada justo allí donde late el problema y donde están las personas que más tienen que decir y aportar.

Sin duda, el medio rural plantea un reto político, social y económico en nuestro tiempo, y pensamos que existen alternativas y claves para repensar y contar su futuro.

El acto tiene como objetivo presentar los contenidos del número de la revista que indaga sobre este fenómeno, en dialogo con tres voces del territorio que pueden aportar mucho a clarificar el diagnóstico y las claves necesarias para repensar y actuar para y con estos territorios.

En ese sentido, invitamos a todas las personas que puedan asistir a acompañarnos para debatir con:

Monica Di Donato, Investigadora de FUHEM Ecosocial y representante de la Revista PAPELES, que presentará la revista y los contenidos del número dedicados a las periferias del malestar.

Luis del Romero Renau: Profesor del departamento de Geografía de la Universidad de Valencia y miembro de la Asociación Recartografías. Autor del artículo: El arte de vivir sin gobierno. conflicto, negocio y despoblación del medio rural, incluido en el ESPECIAL de PAPELES.

Nacho Castillón Alfaye, Medico en el medio rural turolense y representante de CNT Teruel

Nos acompañará también un representante del Movimiento Ciudadano Teruel Existe.

RECUERDA:

FECHA: Viernes 13 de marzo 2020

HORA: 19.30 h.

LUGAR: Centro social “A Ixena”

C/ Carrel, 35

Teruel

A continuación, para ir alimentando el debate, ofrecemos algunos artículos de la revista Periferias: nuevas geografías del malestar:

Nuevas periferias: geografías del malestar, Santiago Álvarez Cantalapiedra.

Sobre periferias en expansion, Manuel Delgado y Carolina Márquez.

El arte de vivir sin gobierno. conflicto, negocio y despoblación del medio rural, Luis del Romero Renau

DIÁLOGO: Un panel de seis expertas y expertos reflexiona sobre la España rural vaciada y degradada Diálogo entre Elisa Oteros-Rozas, Luis Camarero, Virginia Hernández, Sergio del Molino, Lucía López Marco y Valentín Cabero, Monica Di Donato.