Papeles 153: La Escuela. Educación pública, titularidad y conciertos

La educación es un desafío que concierne a toda la comunidad, de ahí que se plantee en las sociedades modernas como educación pública. Sin embargo, lo público no es lo mismo que lo estatal.

El número 153 de la revista Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global aborda que el papel del Estado en la garantía del derecho a la educación y en la financiación de la enseñanza es una exigencia democrática indiscutible en nuestros días. Pero de ahí sería un error derivar la existencia de un único modelo educativo.

Hace años que no se produce un verdadero diálogo sobre la cuestión crucial de qué escuela sostenida con fondos públicos queremos, así como otras cuestiones que habría que confrontar sobre la actual red de centros y en particular sobre los sostenidos con fondos públicos a través del régimen de conciertos.

El debate debe producirse con la necesaria profundidad, escuchando a todas las partes y teniendo en cuenta todos los argumentos, pero en particular los más fundamentados. De lo contrario será otra oportunidad perdida.

En el semimonográfico de nuestra revista –la sección A FONDO– queremos contribuir, con algunas aportaciones propias (basadas en la experiencia acumulada en nuestros centros) y otras de profesionales expertos en este ámbito, a ordenar un debate que consideramos ineludible y exponer –sin pretensión de abarcar todas las posibilidades e ideas– las cuestiones fundamentales: desde el derecho a la educación universal, obligatoria y gratuita a la posibilidad de que la sociedad civil pueda complementar al Estado en la prestación de un servicio educativo que lo garantice; desde las condiciones que pensamos que debe reunir una educación pública para serlo hasta la financiación que nos parece necesaria para garantizarlo; de las necesidades que plantea la actual red de centros a las cautelas necesarias para que no se produzcan desvíos o abusos en cualquier ámbito.

En ACTUALIDAD repasamos los retos del nuevo presidente de EEUU, Joe Biden, y exploramos los recovecos de la promesa que ofrece el hidrógeno verde como fuente energética en el futuro próximo.

En ENSAYO abordamos las migraciones internacionales y las alternativas existentes a las dinámicas de securitización de la movilidad de personas del Sur global que cobran cada vez más preeminencia. No olvidamos el cine, y examinamos los detalles que rodearon la producción de la película Gandhi.

La sección EXPERIENCIAS incorpora una entrevista con el impulsor en Francia de una cooperativa de reparto que se perfila como una alternativa a la definición de las relaciones laborales de las grandes plataformas digitales.

Nuestro REFERENTES de este número vuelve la mirada a la educación y está dedicado a Luis Gómez Llorente y a la enseñanza de lo religioso en la escuela laica.

Por último, se incluye la sección LECTURAS con varias reseñas y CUADERNO DE NOTAS.

A continuación, ofrecemos el sumario de la revista, que podrás descargar a texto completo, junto con la Introducción de Víctor M. Rodríguez Muñoz, los artículos de Ángel Martínez González-Tablas y Yayo Herrero López, y el de Mariano Fernández Enguita incluidos en la sección A FONDO.

SUMARIO

INTRODUCCIÓN

El debate hurtado sobre la educación concertada.,

Víctor M. Rodríguez Muñoz

A FONDO

Teoría, política y práctica de la enseñanza concertada en España.

Ángel Martínez González-Tablas y Yayo Herrero López

Si caza ratones, es un buen gato.

Mariano Fernández Enguita

Atrapados en el tiempo.

Álvaro Marchesi

La economía de la escuela.

Equipo Económico FUHEM

Debate acerca de la titularidad de los centros, la educación pública y el régimen de conciertos.

Xavier Bonal, Carmen Rodríguez Martínez, Javier Martínez Cuaresma y Enrique Javier Díez Gutiérrez

ACTUALIDAD

Biden en su primer trimestre: primeros pasos para un país atribulado.

Robert Matthews

Hidrógeno verde y transición energética.

Antonio Serrano Rodríguez

EXPERIENCIAS

CoopCycle, una alternativa a las grandes plataformas digitales. Entrevista a Colin Lienart.

Francisco Fernández-Trujillo Moares

ENSAYO

Alternativas a la funesta manía de erigir muros.

Juan Carlos Velasco Arroyo

Gandhi, iluminación y oscuridad: los antecedentes del proyecto de la película.

Jesús Ojeda Guerrero

REFERENTES

En memoria de Luis Gómez Llorente. La escuela – laica de por sí – ha de enseñar lo religioso.

José Luis Corzo

LECTURAS

Capitalismo,  nada más. El futuro del sistema que domina el mundo, de Branko Milanovic

Alejandro Castañeda Hernández

Sobre izquierda alternativa y cristianismo emancipador, de Francisco Fernández Buey

Santiago Álvarez Cantalapiedra

Afectividad ambiental: sensibilidad, empatía, estéticas del habitar, de Omar Giraldo e Ingrid Toro

Nicolás Jiménez Iguarán

Emergencia climática, alimentación y vida saludable, de Carlos A. González Svatetz

Monica Di Donato

CUADERNO DE NOTAS   

RESÚMENES

 

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El debate hurtado sobre la educación concertada

Víctor M. Rodríguez Muñoz introduce el número 153 de Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, con el texto titulado: El debate hurtado sobre la educación concertada.

Hace pocos meses y en el contexto de la tramitación en el Parlamento de la LOMLOE se reavivó, de forma más sonora que en ocasiones anteriores, algo parecido a un debate sobre la educación concertada.

Aludo a que se reavivó porque es un debate que permanece por lo general soterrado y que se activa cuando se tramitan leyes en las que se cuestiona la actual red de centros sostenidos con fondos públicos, cuando se producen algunas noticias de calado sobre el mal uso de esos fondos o, más atenuado, cuando se abren los procesos anuales de escolarización.

Si digo de forma más sonora es porque, en esta ocasión, una parte de la educación concertada –no toda– no ha dudado en poner a sus comunidades educativas en contra de la ley, promoviendo una ruidosa campaña con su simbología bien estudiada y con la complicidad de algunas de las administraciones educativas más conservadoras que incluso han amenazado con blindar muchos de los aspectos del todavía vigente statu quo, heredero de la anterior Ley Orgánica, LOMCE.

Como viene siendo cada día más habitual, estas protestas y este blindaje se han articulado en torno a una peculiar idea de la libertad, en este caso de creación de centros o de elección sin cortapisas por parte de las familias, en una defensa a ultranza de una idea de “demanda social” que jamás había existido antes de la LOMCE.

En el otro lado, podríamos decir que en el de la defensa de la educación de titularidad pública, la beligerancia ha sido esta vez algo menor, debido probablemente a que la Ley, aunque de manera tímida, pretende corregir algunas situaciones ciertamente irregulares y poner un cierto orden en lo que a muchas personas les parece una deriva no deseada del actual régimen de conciertos, que sin mucha alteración está en vigor desde hace más de 35 años. Se ha manifestado sobre todo a través de las redes sociales y de algunos artículos en prensa, pero no ha dado lugar a las intensas movilizaciones que han tenido lugar en otras ocasiones y que esta vez se han producido en el entorno de la educación concertada.

Finalmente, si digo que lo que se ha producido ha sido algo parecido a un debate es porque creo que, aunque la controversia existe, en realidad hace muchos años que no se produce un verdadero diálogo respecto a muchas cuestiones que habría que confrontar sobre la actual red de centros y en particular sobre los sostenidos con fondos públicos a través del régimen de conciertos.

La mera antigüedad de este régimen, pactado y establecido en un momento social, político y educativo muy diferente al actual deberían bastar para considerar que es necesaria una revisión muy profunda.

La existencia de desajustes, cada día más acusados y más obvios, con el perjuicio consiguiente para muchas familias, alumnado y profesorado deberían hacerlo más perentorio y justificarían, además, que esta revisión se llevara a cabo escuchando a todas las partes y teniendo en cuenta todos los argumentos, pero en particular los más fundamentados.

Esta ausencia de profundidad en el debate supone de nuevo, desde nuestro punto de vista, otra oportunidad perdida. En realidad, parece que nadie lo alienta de verdad. Tal vez porque en realidad no interesa demasiado: ni a las administraciones educativas, que pueden seguir manteniendo la ficción de que es posible una educación concertada gratuita con una evidente falta de financiación pública y que también pueden seguir utilizando la educación como campo de batalla de otras contiendas políticas e ideológicas; posiblemente tampoco interesa a los centros, sean muchos o pocos, que son remisos a aplicar con rigor los criterios de escolarización en condiciones de equidad para todo el alumnado; creo que tampoco es demandado por quienes tienen ya interiorizados sus inamovibles argumentos en contra de la enseñanza concertada y que no están dispuestos siquiera a plantear la posibilidad de que garantizar el derecho a la educación, que sin duda compete a los poderes públicos, pueda hacerse a través de un servicio prestado por una entidad de carácter privado, con los límites y condiciones que se determinen.

Los lugares comunes

Con relativa independencia de esta falta de voluntad, se da también la circunstancia de que, cuando se producen manifestaciones en uno otro sentido, se tiende a repetir algunos argumentos que por lo general resultan poco centrados, que no siempre responden a las necesidades reales del sistema educativo y que están muchas veces presididos por apriorismos difíciles de sustentar y que generan aún más confusión.

Quienes sostienen que, en los últimos años y en particular en algunas comunidades autónomas, cada vez son más los fondos que se destinan a la educación concertada ignoran a menudo y de forma deliberada que el problema no es tanto ese como la evidencia –que también puede ser objeto de discrepancia– de que cada vez son más los alumnos y alumnas que se escolarizan en esa modalidad y que los presupuestos públicos que acompañan esa escolarización son indispensables y más que justificados para proporcionarles una educación de calidad.

Quienes arguyen que la educación concertada, considerada como una entidad monolítica, selecciona a su alumnado dejando fuera a buena parte de quienes presentan necesidades más específicas, suelen omitir el hecho más que evidente de que hay muchos centros concertados que no lo hacen y que cumplen escrupulosamente los criterios y condiciones de la escolarización establecidos y se preocupan por dar una respuesta adecuada a todas las necesidades del alumnado.

Quienes sostienen que la educación concertada no es más que un negocio, sin reconocer el determinante papel que sus centros han jugado a lo largo de muchas décadas, no parecen dispuestos a confrontar esa convicción con los datos y la realidad de muchos centros que cada año abordan de manera agónica su propia supervivencia o, en todo caso, aceptan considerarlos como meras excepciones que confirman su regla.

Quienes piensan, por el contrario, que es la demanda de las familias la que debe configurar, basándose en mecanismos de oferta y demanda, la red de centros sostenidos con fondos públicos, eluden también de manera sistemática la obviedad de que corresponde a los poderes públicos determinar las condiciones y las circunstancias en las que se debe garantizar el derecho a la educación de todo el alumnado, sin exclusiones, sin cortapisas y sin barreras de ningún tipo.

La pervivencia de argumentos repetidos y poco fundamentados se sostiene en buena medida en el hecho de que existen muy pocos estudios serios sobre esta cuestión. Hay algunos trabajos de gran interés y solvencia, pero muchos otros muy parciales, no siempre rigurosos desde el punto de vista metodológico y que no parten de un consenso más o menos generalizado sobre cuáles son los puntos y elementos esenciales sobre los que habría que indagar en profundidad para proporcionar al debate herramientas de contraste que nos permitieran, si no ponernos de acuerdo, al menos entender el punto de vista del otro y no solo confrontar desde posiciones ideológicas antagónicas que, aunque seguramente inevitables, podrían atenuarse o aparcarse de alguna manera.

Algunas ideas para el debate necesario

En el semimonográfico de nuestra revista –la sección A FONDO– queremos contribuir, con algunas aportaciones propias (basadas en la experiencia acumulada en nuestros centros) y otras de profesionales expertos en este ámbito, a ordenar un debate que consideramos ineludible y a aventurar algunas propuestas que hemos tratado de articular con sensatez y sin ninguna pretensión de abarcar todas las posibilidades e ideas.

No tratamos de agotar todos los elementos que pueden ponerse en juego en un debate de este calado, pero sí hemos querido abordar algunas cuestiones que nos preocupan y que pensamos que son motivo de preocupación generalizada: desde el derecho a la educación universal, obligatoria y gratuita a la posibilidad de que la sociedad civil pueda complementar al Estado en la prestación de un servicio educativo que lo garantice; desde las condiciones que pensamos que debe reunir una educación pública para serlo hasta la financiación que nos parece necesaria para garantizarlo. De las necesidades que plantea la actual red de centros a las cautelas necesarias para que no se produzcan desvíos o abusos en cualquier ámbito.

Y, finalmente, hemos querido hacerlo contraponiendo algunos puntos de vista que no son coincidentes, sabiendo que no es el objetivo ni resulta sencillo reflejar en su totalidad las distintas sensibilidades y posicionamientos que suelen ponerse sobre la mesa de forma periódica.

El debate sobre la educación concertada tiene los suficientes matices para que no cometamos el error de considerarlo reducido a dos posturas en permanente enfrentamiento. Sobre todo, si lo que pretendemos es aportar algunos elementos que nos ayuden a transitar por un camino de análisis compartido, de clarificación y de entendimiento mínimo que, como decía al principio, ya va haciendo falta.

 

Víctor Manuel Rodríguez Muñoz es el director del Área Educativa de FUHEM

 

Puedes descargar el artículo de forma gratuita: El debate hurtado sobre la educación concertada


Debates para un Pensamiento Inclusivo

06

 

Ciclo de encuentros para reflexionar y debatir sobre las grandes tendencias y cuestiones que atañen a nuestro tiempo, y que definen el funcionamiento y los objetivos del sistema socioeconómico en el que vivimos, para imaginarnos entre todos y todas, alternativas justas, inclusivas y sostenibles.

Organizado por la Revista Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global de FUHEM Ecosocial con la Casa Encendida de Fundación Montemadrid, el Ciclo Debates para un Pensamiento Inclusivo se desarrollará entre marzo y octubre de 2021.

Cada sesión contará con la presencia de los y las autoras de algunos artículos destacados de la revista, según la temática elegida para cada edición y se pondrá a disposición de los asistentes materiales como artículos y resúmenes de cada número, para facilitar la reflexión y la puesta en común.

La pandemia de la Covid-19 ha irrumpido, paralizado y trastocado nuestras vidas; como una nueva dramática manifestación, un gran ensayo general de las amenazas globales que se derivan de la crisis ecosocial actual, una gran crisis más profunda, más duradera y más difícil de superar por la complejidad y las dimensiones desde las que se origina.

Como han mostrado otras crisis, se plantean dos escenarios: o volver a la normalidad pre-pandemia, retomando la marcha en la vieja dirección y entendiendo esta vivencia como una trágica perturbación en el camino, o pensar en ella como una oportunidad para un cambio real y radical que abriría las puertas a un modelo de futuro más sostenible, más justo y democrático.

¿Estamos dispuestos a cuestionarnos, como ciudadanía activa, crítica y consciente, el orden social, económico, político que determina nuestras sociedades y nuestros estilos de vida?

¿Estamos dispuestos a repensar una nueva realidad donde sepamos interiorizar cuáles son nuestros límites como especie y lo que eso implica?

¿Estamos dispuestos a pensar qué es lo verdaderamente importante para las personas y las sociedades?

 

Coordina: Revista PAPELES y Área Ecosocial de la Fundación FUHEM.

Programación:

Primera Sesión:  Polarización, síntoma de una sociedad en crisis

1 de marzo 2021

 

La primera sesión del Ciclo Debates para un Pensamiento Inclusivo analiza cómo la polarización política corroe la democracia y amenaza con paralizar las instituciones democráticas. El avance de la posverdad en medios de comunicación y redes sociales, la desafección ciudadana y el agravamiento de las condiciones materiales en amplias capas de población, subyacen a este fenómeno.

La falta de tolerancia y respeto de los partidos políticos acaba calando en la ciudadanía y se expresa en forma de crispación, nihilismo y furia.

España figura entre los países más polarizados de Europa. ¿Hay salidas?

En este coloquio se abordan varios aspectos de la actual polarización política –sus características y consecuencias, el rol de los medios y redes sociales, y la cultura de la cancelación–, así como posibles salidas a través de preguntas clave de las moderadoras y el posterior debate con el público.

Para esta sesión contamos con autores de tres de los artículos del número 152 de la revista Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global: Polarización, fracturas, crispación y posverdad.

  • Luis Miller es científico titular del Instituto de Políticas y Bienes Públicos del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (IPP-CSIC).
  • Víctor Sampedro es catedrático de Comunicación política en la Universidad Rey Juan Carlos y autor de varios libros.
  • Jordi Mir es profesor de filosofía moral y política en la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona y la Universitat Autònoma de Barcelona.

Presentan y dinamizan el acto:

Elisa Hernández de Pablo, Responsable de Medio Ambiente de La Casa Encendida

Nuria del Viso, FUHEM Ecosocial

Monica Di Donato, FUHEM Ecosocial

Coordina: Revista Papeles y Área Ecosocial de la Fundación FUHEM..

 

Segunda Sesión: Un nuevo enfoque científico para el Antropoceno

10 de mayo 2021

 

La segunda sesión del Ciclo Debates para un Pensamiento Inclusivo quiere reflejar el interés que FUHEM Ecosocial a través de su revista Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global tiene sobre la tecnociencia en tiempos (post)modernos (PAPELES 133)  y sobre los espejismos tecnológicos (PAPELES 134), números que servirán como telón de fondo al debate, y constituyen la base de recursos y materiales bibliográficos para alimentarlo.

Ante los efectos de la pandemia y la crisis ecosocial, parece ineludible plantear un debate sobre la ciencia, para encontrar soluciones compartidas entre ciencia, política y sociedad.

¿Debemos confiar en la innovación tecnocientífica como solución a la crisis civilizatoria que afrontamos?

¿Nos arriesgamos a crear peligrosos espejismos que aumentan nuestra vulnerabilidad?

¿Es posible imaginar aproximaciones científicas mejores para la sociedad?

El binomio ciencia-técnica constituye uno de los grandes logros de la modernidad occidental. No obstante, en los últimos 50 años se está dando un cuestionamiento significativo de la ciencia en diferentes campos: desde la crítica, donde las preguntas planteadas a la ciencia sólo se pueden satisfacer si se reducen a un ámbito puramente técnico-científico, hasta el planteamiento de un enfoque más radical, holístico y probabilístico, que prevé más de una respuesta en función del contexto de referencia y teniendo en cuenta factores no científicos y rasgos como la incertidumbre.

En la actual era del Antropoceno, marcada por problemas complejos, una aproximación exclusivamente tecnocientífica, reduccionista y lineal parece cada vez más inadecuada para proporcionar las respuestas deseadas y apoyar soluciones regulatorias que puedan ser aplicables de manera efectiva, y socialmente aceptables.

Esta mesa redonda propone un diálogo entre voces expertas que ayuden a formular un diagnóstico sobre la situación de la ciencia, en cuyo seno parece cada vez más evidente la subordinación de los elementos científicos más puros a elementos más tecnológicos y por tanto, más comerciales, así como una crítica acerca de los peligros de la tecnociencia, convertida en uno de los principales factores responsables de la crisis ecosocial.

A todo esto, se añade el riesgo ligado al ilusionismo tecnológico, por la ingenuidad que comporta confiar en que lo que nos está amenazando también nos podrá salvar. Finalmente, sería deseable pensar colectivamente el modo en el que puede establecerse un diálogo constructivo y útil entre ciencia, política y sociedad.

Intervienen:

  • Salvador López Arnal, filósofo y activista. Autor invitado en el número 133 de Papeles y editor de la ponencia de Manuel Sacristán La función de la ciencia en la sociedad contemporánea.
  • Alfredo Caro-Maldonado. Doctor en biología celular e inmunología. Comunicador científico en @cienciamundana. Miembro del colectivo La paradoja de Jevons.
  • Zora Kovacic, investigadora y experta en Gobernanza y Ciencia Posnormal en la Universidad de Bergen (Noruega).
  • Maite Paramio Nieto, catedrática de Producción Animal de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) y vicepresidente de la Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas - AMIT.

Modera: Monica Di Donato, revista Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, de FUHEM Ecosocial.

Coordina: Revista Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global de FUHEM Ecosocial.

 

 


1 de Mayo. Selección de Recursos

El Primero de Mayo, también conocido como el Día Internacional de los Trabajadores/as tiene su origen en las reivindicaciones sociolaborales del movimiento obrero mundial en favor de las clases trabajadoras.

El de 2021 será el segundo año consecutivo que celebramos esté día bajo las restricciones provocadas por la pandemia.

El impacto de la crisis sanitaria ha cambiado nuestro estilo de vida de múltiples maneras, en particular en el trabajo, afectando a las cifras del paro, al número de trabajadores/as que se encuentran en un ERTE, a los horarios laborales, las herramientas, los entornos y las prioridades.

Según palabras de Lucía Vicent, miembro de FUHEM Ecosocial, la pandemia ha puesto patas arriba las cosas tal y como las conocíamos, evidenciando por un lado, las contradicciones ocultas tras las rutinas de nuestro día a día y demostrando, por otro lado, la posibilidad de detención o reversibilidad de los procesos, cualquiera de ellos, incluso el de la "todopoderosa" maquinaria económica.

Como consecuencia, es posible interpretar el momento actual, no como un punto y seguido que es lo que muchos pretenden, sino como una oportunidad para repensar el modelo de futuro al que aspiramos y que es posible plantear en el nuevo marco que establece la crisis sanitaria global.

Ofrecemos una selección de artículos de nuestra revista Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global que, desde distintas ópticas, nos aproximan al mundo del trabajo en toda su complejidad, a las relaciones sociales y laborales que lo envuelven y a los nuevos retos y peligros que ponen en jaque las conquistas alcanzadas.

Artículos relacionados con la relación entre la calidad de vida y el mercado de trabajo, la digitalización del trabajo, la precarización, la crisis del empleo, los trabajos de cuidados, el trabajo garantizado, el reparto del trabajo, los efectos de la crisis en las clases trabajadoras y la desregulación de la relación salarial.

Hemos recopilado también tres secciones monográficas dedicados al trabajo publicados en los números 150 sobre Trabajo y vida buena en la encrucijada, el 140 sobre Trabajo Precario y en el 108 sobre Crisis del Trabajo.

Buena lectura y Feliz Día Internacional de los Trabajadores/as.

 

TRABAJO Y VIDA BUENA EN LA ENCRUCIJADA

Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, núm. 150, verano 2020.

A FONDO

Erik Gómez-Baggethun y José Manuel Naredo, El mito del trabajo: origen, evolución y perspectivas,

Joan Benach, Pere Jódar y Ramón Alòs, La civilización del malestar: precarización del trabajo y efectos sociales y de salud,

Lucía Vicent Valverde, Calidad de vida y mercado de trabajo,

Emilio Santiago Muíño, Escenarios de trabajo en la transición ecosocial 2020-2030. Equilibrios difíciles entre lo ecológicamente necesario y lo políticamente posible,

 

 

 

EMPLEO PRECARIO: UN SALTO AL VACÍO

Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, núm. 140, invierno 2017-2018.

INTRODUCCIÓN. Capitalismo, precarización e inseguridad social

Santiago Álvarez Cantalapiedra

ESPECIAL:

Lucía Vicent Valverde, Tiempos de precariedad. Una mirada multidimensional a la cuestión precaria, pp. 35-49.

Jorge Sola e Inés Campillo, La precarización en su contexto: desarrollo y crisis del régimen de empleo en España, pp. 51-63.

Ernest Cañada, Un turismo sostenido por la precariedad laboral, pp. 65-73.l

Juan José Castillo, La precariedad del trabajo académico en la Universidad, pp. 75-84.

Carlos Gutiérrez Calderón, La metamorfosis del trabajo: retos para la acción sindical, pp. 85-94.

Adrián Todolí Signes, Nuevos indicios de laboralidad en la economía de plataformas virtuales (Gig economy), pp. 95-103.

 

CRISIS DEL TRABAJO

Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, núm. 108, invierno 2009.

Santiago Álvarez CantalapiedraIntroducción

ESPECIAL:

Juan José Castillo, La soledad del trabajador globalizado, pp. 11-20.

Luis Enrique Alonso y Carlos J. Fernández Rodríguez, El trabajo en la era posfordista: un malestar permanente, pp. 21-33.

Antonio Baylos, Reforma del mercado de trabajo o el eufemismo sobre la libertad, pp. 35-43.

Cristina Carrasco, Tiempos y trabajos desde la experiencia femenina, pp. 45-54.

Joaquim Sempere, La relación capital-trabajo como relación de poder social, pp. 55-64.

Mario Ortí y Rafael Ibáñez, Bases históricas de la invisibilización de la ciudadanía laboral en España. La crisis de la conciencia en la conciencia de crisis, pp. 65-75.

Carolina Recio, Teresa Torns, Vicente Borràs y Sara Moreno, La regulación del tiempo de trabajo en la Unión Europea, pp. 77-88.

Albert Recio, La evolución del mundo del trabajo en la crisis, pp. 89-97.

DIÁLOGOOlga Abasolo, Perspectivas sobre el trabajo en la crisis del capitalismo. Diálogo entre José Manuel Naredo y Jorge Riechmann, pp. 147-161.

 

Otros Artículos:

 

Albert Recio, “Digitalización y trabajo: notas para un debate”, Capitalismo digital. Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, núm. 144, invierno 2018/2019, pp. 49-58.

Paloma Moré, “Cuerpos vulnerables: la intensificación del trabajo en las residencias de personas mayores”, Cuerpos frágiles y capitalismo. Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, núm. 137, primavera 2017, pp. 71-80.

Isabel Quintana (Liz), “Trabajadoras de hogar, la urgencia del debate sobre la organización social de los cuidados”, Corrupciones. Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, núm. 135, otoño 2016, pp. 115-125.

Mario Rísquez, “Exiliados económicos: jóvenes españoles en el extranjero”, Migraciones Forzadas. Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, núm. 132, invierno 2015-2016, pp. 87-97.

Andrés Pedreño, Carlos de Castro y María Elena Gadea, “Asalariados inmigrantes en enclaves de agricultura intensiva: crisis del sur de Europa y sostenibilidad social”, Problemas y desafíos del mundo rural. Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, núm. 131, otoño 2015, pp. 49-59.

Salvador López Arnal, “Entrevista a Eduardo Garzón Espinosa sobre su propuesta de trabajo garantizado”, Municipios y participación ciudadana. Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, núm. 129, primavera 2015, pp. 177-186.

Rafael Muñoz de Bustillo, “De la crisis del empleo al desmantelamiento del Estado de bienestar”, La Gran Involución I. Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, núm. 123, otoño 2013,

Laura Mora Cabello de Alba, “El trabajo con sentido en proceso constituyente. Un cambio de civilización: qué trabajo, para qué sociedad, para qué planeta”, Nuevos problemas, nuevas consitituciones. Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, núm. 122, verano 2013, pp. 67-77.

María Eugenia Ruiz-Gálvez, Lorenzo Vidal-Folch y Lucía Vicent, “Crisis en la periferia europea y mercado de trabajo”, Europa en la encrucijada. Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, núm. 120, invierno 2012/2013, pp. 171-182.

Teresa Torns, Vicent Borrás, Sara Moreno y Carolina Recio, “El trabajo de cuidados: un camino para repensar el bienestar”, Alternativas III: enfoques para el cambio social. Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, núm. 119, otoño 2012, pp. 93-101.

Daniel Jover, “Territorios socialmente responsables: el trabajo comunitario como estrategia de desarrollo local”, Alternativas III: enfoques para el cambio social. Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, núm. 119, otoño 2012, pp. 145-159.

Albert Recio, “Reparto del trabajo y modelo social”, Alternativas II: concretando debates. Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, núm. 118, verano 2012, pp. 67-78.

Fermín Paz Lamigueiro, "La democracia delegada: una reflexión desde el mundo del trabajo", We Are The 99%. Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, núm. 116, invierno 2011/2012, pp. 55-61.

Albert Recio, “Efectos de la crisis sobre las clases trabajadoras”, Impactos y consecuencias de la crisis. Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, núm. 113, primavera 2011, pp. 45-55.

Rafael Ibáñez y Mario Ortí, “La desregulación de la relación salarial y el retorno de la condición obrera en Europa”, ¡Regulad, regulad, ineptos!. Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, núm. 112, invierno 2010/2011, pp. 47-58.

 

 

 


Calidad de vida y mercado de trabajo

La sección A FONDO del número 150 de la revista Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global titulada Trabajo y Vida Buena en la Encrucijada incluye un artículo firmado por Lucía Vicent Valverde que aborda la relación entre la Calidad de vida y el mercado de trabajo.

El carácter dual del trabajo remunerado impide establecer una elación nítida y de igual signo en relación con la calidad de vida. Esto lleva a la necesidad de esclarecer su potencial contribución al bienestar de la sociedad actual, en la que se combina dos tendencias que, quizás, la pandemia ha ayudado a desvelar: la constante precarización del mundo del trabajo y la insostenibiidad de unos estilos de vida "low-cost" que tratan de ocultarla.

A continuación, ofrecemos el texto completo del artículo, al final del cual encontrará el enlace para descargarlo en formato pdf.

El mundo del trabajo remunerado puede concebirse de múltiples formas, siendo una de ellas la que pone el foco en su potencial relación con el bienestar de una sociedad.

Así entendido, el mercado de trabajo se definiría como un espacio que permite alcanzar elementos de satisfacción personal y colectiva, y cubrir ciertas necesidades que serían imposibles de atender por otras vías en el contexto actual. Por tanto, contar con un empleo vendría a demostrar una conexión positiva con la calidad de vida para las personas que disponen de él o participan del espacio laboral bajo cualquiera de sus formas retribuidas. Sin embargo, desde esta perspectiva, es posible establecer al mismo tiempo que, según las condiciones en las que se desarrolle la actividad mercantil y valorando el coste de oportunidad de esa dedicación, el trabajo puede contribuir o no con nuestro bienestar, considerando, de una parte, las opciones que su ejercicio pone a nuestro alcance, pero, también, los riesgos a los que nos expone. Todo ello, considerando que tal contribución, lejos de ser lineal o constante en el tiempo, dependerá del momento particular y las condiciones que orienten las relaciones laborales y la centralidad del trabajo en cada momento, definiendo la potencial relación que puede existir entre el trabajo remunerado y la calidad de vida para quienes disponen de él.

En el contexto reciente, comprobamos que se suceden dinámicas que se retroalimentan entre sí, y que nos impide ver las crecientes tensiones sociales que provoca la deriva del mundo laboral. De una parte, el terreno del trabajo remunerado parece seguir una senda que únicamente acrecienta la exclusión laboral y la precariedad de las condiciones y los derechos laborales. En paralelo, esto se combina con la proliferación de nuevas formas de consumo a bajo coste que apaciguan el malestar social y ocultan la insostenibilidad de los modos de vida que definen la cotidianidad en muchos territorios. Sin embargo, los últimos meses han supuesto un punto y aparte que cuestiona el devenir de las tendencias anteriores.

La pandemia iniciada hace unos meses ha puesto patas arriba las cosas tal y como las conocíamos, evidenciando, por un lado, las contradicciones ocultas tras las rutinas de nuestro día a día y demostrando, por otro lado, la posibilidad de detención o reversibilidad de los procesos, cualquiera de ellos, incluso el de la “todopoderosa” maquinaria económica. Como consecuencia, es posible interpretar el momento actual, no como el punto y seguido que es lo que muchos pretenden, sino como una oportunidad para repensar el modelo de futuro al que aspiramos y que es posible plantear en el nuevo marco que establece la crisis sanitaria global.

El carácter dual del trabajo mercantil y su relación con la calidad de vida

Desde una perspectiva histórica, comprobamos que las atribuciones del trabajo han sido variantes según cada contexto y han respondido, como resultado de un proceso de construcción social, a interpretaciones muy diversas.1 Si echamos la mirada atrás, resulta evidente que las aceptaciones de lo que podría considerarse trabajo o no trabajo, así como su significación, han cambiado en línea con su papel y protagonismo en la organización social de la población.2 No obstante, en esa evolución, encontramos ya en el siglo XVIII una aproximación que relaciona el trabajo con las actividades que denominamos productivas o de mercado, coincidiendo con la emergencia y consolidación de la sociedad capitalista.

Comprobamos que ya entonces, y todavía en la actualidad, el espacio laboral ofrece determinados elementos a quienes participan del trabajo mercantil; elementos que permiten ver satisfechas una serie de necesidades que son fundamentales para las personas y que mantienen un nexo común: su relación con nuestro bienestar y su contribución con la calidad de vida.

Cuando nos referimos a calidad de vida hay que entenderla en una aproximación más compleja que supera los criterios economicistas y materialistas que la definieron originariamente,3 porque solo así es posible valorar el papel del trabajo y de otras categorías que conforman las trayectorias de vida de las personas y su posible equilibrio con las otras esferas que, más allá del mercado, determinan las condiciones de vida en el plantea. Así, llevado al extremo, razonamientos más amplios permiten entender la calidad de vida como una expresión que garantiza una adecuada vida en lo material que permite el desarrollo y las capacidades de las personas, permitiendo mantener el equilibrio ecológico perfecto, que incluye tanto lo biótico y del entorno, como lo social, cultural y simbólico.4

Cuando retomamos la relación entre el trabajo y la calidad de vida, considerando aquellas actividades remuneradas con las que tradicionalmente se ha relacionado esta categoría, a pesar de no ser las únicas formas de trabajo existentes, uno de los aspectos centrales que salen a relucir es su carácter dual respecto al aporte o no que supone para el bienestar de las personas que las realizan. De ese modo, es posible distinguir aquellos elementos que confirman y otros que desmentirían una inequívoca relación de signo positivo entre sendas variables.

De una parte, el trabajo supone la principal fuente de ingreso, autorrealización, satisfacción personal y de reconocimiento social para quienes lo realizan en el terreno económico. La participación laboral permite asegurar la obtención de una remuneración suficiente y una estabilidad en su recepción, garantizándole, a la persona y sus allegados cercanos (pareja, familiares, amistades, etc.), una subsistencia temporal continuada. Estos recursos económicos, que son la contrapartida de la venta de la fuerza de trabajo que ofrecen miles de millones de personas a escala global,5 ya sea bajo una expresión formal o informal de las actividades que se realizan en el mercado, así como la seguridad económica y material de las personas ocupadas, son los elementos con los que comúnmente se ha relacionado nuestro bienestar desde la óptica laboral.

Más allá de los ingresos, el tener una ocupación remunerada en las sociedades capitalistas supone, asimismo, un elemento de reconocimiento social, autoestima, motivación y autorrealización. Todas estas atribuciones del trabajo hacen de él un potencial medio para conseguir satisfacer otras necesidades que, sin estar relacionadas estrictamente con nuestra subsistencia, mantienen conexiones positivas con la calidad de vida:

Primero, porque el trabajo atiende aspectos que tienen que ver con nuestra forma de relacionarnos y percibirnos respecto a los otros, además de que es uno de los principales mecanismos de socialización, junto a la familia, la educación, etc., de las personas que conviven en cualquier sociedad.6

Y segundo, si, además, la actividad laboral es la elegida, las características son las esperadas y todo ello cumple –incluso supera– las expectativas, el trabajo potenciará la autoestima, la autorrealización y la motivación de quien lo desarrolla.

Como consecuencia, resulta evidente que el trabajo remunerado, tanto desde una perspectiva material como desde el punto de vista aspiracional, mantiene o potencialmente podría mantener una relación estrictamente positiva en su conexión con la calidad de vida.

La calidad de vida debe entenderse más allá de los criterios economicistas y materialistas que la definieron originariamente

Por el contrario, la realidad demuestra que esta potencialidad del trabajo mercantil no puede asumirse normalmente al ser altamente restrictiva y privar de las condiciones anteriores a una amplia mayoría de la sociedad. Desde una visión comparada entre quienes alcanzan o no los aspectos materiales e inmateriales anteriormente descritos, los segundos, a quienes se les niega un empleo, quedan excluidos de satisfacer los aspectos que, por cuanto que mejoran nuestras opciones de vida, hemos vinculado con el bienestar. Y dentro del abanico de situaciones que quedan alejadas de la participación laboral en el mercado, son muchos y distintos los motivos que las originan: situaciones de inactividad laboral resultado de las responsabilidades domésticas y de cuidados, personas desempleadas y sin expectativas de encontrar otro empleo, personas enfermas o con incapacidad temporal, etc. En todos estos casos, el acceso a la vía fundamental (o única) que nos garantiza una vida decente queda restringido, llevándonos a cuestionar, o al menos matizar, que la relación trabajo-calidad de vida no es universal en cuanto que no se garantiza ni extiende al conjunto de la sociedad.

Paralelamente, el carácter dual del trabajo permite percibir el tiempo laboral como antagonismo del bienestar al impedir o limitar aquellas otras actividades o tiempos que nos reportan satisfacción en esferas o espacios apartados del mundo del trabajo remunerado. Si en la aproximación incorporamos el coste de oportunidad del tiempo de trabajo y los riesgos que entraña el desempeño laboral, resulta sencillo cuestionar la capacidad actual del mercado de trabajo para mantener una relación positiva entre el trabajo y calidad de vida.

Podría pensarse que la participación en el trabajo pone a disposición del individuo los elementos y el espacio para mejorar su itinerario vital; una mejora que pasa, entre otras cosas, por poder, planificar opciones de vida en el medio y largo plazo, conciliar con otros ámbitos o disponer de otros tiempos al margen del mercado que son imprescindibles para nuestro desarrollo y bienestar (tiempos para el descanso, la formación, la participación, el ocio, etc.). No obstante, la proporción, condiciones y escala en las que se ha venido progresivamente desarrollando el trabajo en el mercado han ido en una dirección contraria, impuesta por la necesidad de obtener un salario, y que hoy está lejos de ofrecer las características que faciliten las opciones anteriormente mencionadas. Así resulta evidente que el coste de oportunidad del trabajo mercantil puede ser tan elevado, y en muchas ocasiones lo es, que restringe la cantidad de tiempo autodeterminado y de libre uso, y compromete las opciones de conciliación con la vida social y familiar, con los estudios, el disfrute del ocio o con la posibilidad de relacionarse y participar socialmente, negando estas posibilidades a quienes cuentan con un empleo.

Asimismo, existen riesgos adicionales que cuestionan todavía más la contribución del trabajo al bienestar personal y colectivo de la gente que participan de él. La extensión de las formas atípicas de empleo y la degradación de las atribuciones tradicionales de la ocupación normalizan nuevas pautas de trabajo en el mercado con las que se relaciona la precariedad laboral. Las dificultades que entraña esta problemática que no es para nada nueva, permiten detectar nuevos ejes que, como ocurría al valorar el coste de oportunidad, inciden en cuestionar la potencialidad del trabajo remunerado en su relación con la calidad de vida.

El primero de ellos tiene que ver con la corrosión del carácter que señaló Richard Sennet en su obra original de 1998.7 En ella, el autor utiliza esa expresión para referirse a los cambios en la concepción del trabajo que se desarrollan en el escenario del nuevo capitalismo. Un régimen que hoy fija los criterios de competencia laboral a escala global en el que parece solo haber espacio para la proliferación de empleos en constante rotación y con movilidad absoluta, ritmos acelerados de producción que son insoportables, puestos de trabajo siempre acechados por el riesgo de desaparecer por sociedades laborales cada vez más competitivas, y personas moldeadas como piezas que tienen que encajar perfectamente y adaptarse a los métodos y estrategias de flexibilidad y reajuste que definen la operativa de las empresas en un mercado de trabajo altamente inestable. Situaciones, todas ellas, que suponen una constante presión sobre el bienestar objetivo y subjetivo de las y los afectados, la cual resulta insoportable y puede derivar en el tiempo en efectos muy negativos para la salud física y mental8 de quienes las padecen.

Y un segundo riesgo, muy ligado con lo anterior por cuanto que es consecuencia posible, tiene que ver con las derivaciones que suponen las nuevas prácticas y formas de empleo precarizadas cuando estas se llevan al extremo y se alarga en el tiempo la necesidad, por parte de muchas personas, de aguantarlas.

Cuando esto ocurre, el trabajo puede conllevar prácticas de presión desmedida, agresividad, maltrato físico y psicológico… que, al reproducirse en las jerarquías que conviven dentro del centro de trabajo, pueden terminar generando afecciones y enfermedades mucho más graves en la plantilla (como puede ser el desarrollo de casos de depresión, ansiedad, adiciones, etc.).9 Y no hemos de olvidar que todas estas situaciones límite que puede conllevar el trabajo para la salud física encuentran su justificación en que muchos de estos contratos, o su falta, provocan estados de graves carencias que impiden cubrir necesidades fundamentales, o no hacerlo a los niveles adecuados, para la supervivencia.

El carácter dual del trabajo mercantil refleja una contribución positiva y otra negativa a la calidad de vida

En resumen, este carácter dual del trabajo mercantil refleja una contribución positiva y otra negativa en su relación con la calidad de vida: positiva en cuanto que asegura, por un lado, un ingreso y otros elementos, que permiten garantizar la seguridad económica y material de las personas, y por otro lado, supone un elemento de reconocimiento social, autoestima, socialización que cubre necesidades que superan la subsistencia y autonomía económica; y negativa, porque a la vez que no permite el acceso a todas las personas que requieren de la participación laboral para acceder a un nivel mínimo de vida, limita y pone en riesgo otros elementos cuya disponibilidad sumarían en su relación con la calidad de vida, como es el caso del tiempo liberado del mercado para la realización de otras actividades fundamentales y las consecuencias de la degradación y constante precarización de los puestos de trabajo que se ofrecen que comprometen la salud general de la población.

¿De dónde venimos y hacia dónde vamos? Precariedad, estilos de vida “low cost” y pandemias

Al margen de la argumentación, es obligado valorar la potencialidad del trabajo en la mejora de la calidad de vida a partir del contexto que hoy en día define la realidad laboral. Si aterrizamos la dualidad del trabajo en los datos que ofrece el mundo actual en lo laboral y valoramos qué supone para el bienestar personal y social, se verifica que los satisfactores y las necesidades que ofrece y permite cubrir un empleo han cambiado, siendo posible desmentir la aparentemente incuestionable y tradicional relación entre el trabajo y la calidad de vida.

Al tomar como referencia el mundo de lo concreto, vemos que la situación laboral a escala internacional retrocede a un ritmo dramático. Confirmamos que, en 2019, fueron cerca de 190 millones de personas a las que se les privó de la posibilidad de obtener un ingreso a cambio de realizar un trabajo en el mercado, y se prevé que tanto este año como el que viene, la cifra de desempleados aumente.10 Sobre esto, conviene resaltar que las cifras se refieren a aquellas personas que buscan activamente un empleo, por lo que serían muchos millones más los que sumarían aquellas otras que, por distintos motivos que no confluyen en la categoría de desempleo, quedarían también apartadas de la posibilidad de obtener un salario.

La OIT y otras instancias internacionales alertan también de tendencias más allá del desempleo que corroboran el mantenimiento y la extensión de la precariedad a escala mundial. A pesar de que la degradación de las condiciones y derechos laborales, así como de las formas de contratación, son un fenómeno generalizado, las modalidades en las que se expresa este retroceso en cada territorio son distintas, por lo que no siempre es posible registrar la verdadera magnitud que alcanza esta problemática.

Si seleccionamos únicamente algunas variables para su medición, estaremos obviando otras de las múltiples formas que adopta la precariedad. Pero incluso, asumiendo esa limitación y solo tomando como referencia algunos datos disponibles, es posible confirmar su aumento y generalización. Y es que, a los millones de parados registrados, se suman otros 165 millones de personas subempleadas al cierre de 2019, indicándonos el total de personas que trabajan un número menor de horas remuneradas de las que desean y que, presumiblemente, son las que requerirían para garantizarse un nivel de vida adecuado. Una cifra que no queda lejos de los 119 millones más que hay que añadir y que contabiliza a quienes, ante la baja expectativa de encontrar un empleo, han dejado de buscar, aunque no tienen resuelta su necesidad de ingreso por otras vías.

Conste que, dejando de lado otras de las muchas caras que tiene la precariedad laboral,11 y solo atendiendo a quienes no participan del trabajo remunerado, o no en la medida necesaria, la cifra asciende a 480 millones de personas, lo que supone alrededor del 13% de la fuerza laboral global. Unos números que no eximen a la otra parte de la población del riesgo de sufrir la carencia de ingresos y registrar altas tasas de pobreza o de vulnerabilidad económica, además de privarles de los otros elementos no materiales que teóricamente, como hemos señalado, nos permite un empelo.12 Y a pesar de la deriva común que muestran los datos respecto a la precariedad, conviene no perder de vista su combinación con una desigualdad que no deja de crecer en los últimos años, lo que desvela la inequidad e injusticia que son necesarias para atender los criterios de acumulación del sistema económico y que niegan la mejora de la calidad de vida a través del empleo u otras opciones laborales hasta el punto de comprometer la propia subsistencia y al reproducción social.13

Las dificultades cotidianas que plantean estas carencias (de ingresos, autonomía, estabilidad, incertidumbre, etc.) y las crecientes brechas que se abren entre unos y otros grupos sociales, tienen consecuencias graves para nuestras trayectorias de vida que terminan, incluso, por afectarnos en el terreno de la salud. En un informe reciente, la OIT reveló que por día mueren en el mundo 7.500 como consecuencia de accidentes de trabajo, estrés o enfermedades profesionales.14

El estudio señalaba, además, que las cifras indican con claridad que a nivel global el número de personas fallecidas por causas atribuibles al trabajo está creciendo, como indican los datos anuales acumulados si comparamos el año 2014, con 2,33 millones de casos, y los correspondientes a 2017, con 2,78 millones. Al respecto, las distintas instituciones y organizaciones que representan a las y los trabajadores en distintos lugares del mundo relacionan estos datos con la precarización constante a la que se ve sometido el mercado de trabajo; aunque, en los últimos tiempos, se destaca también la incidencia que están teniendo las nuevas tecnologías que, a través de un mayor control de las personas, extiende las jornadas de trabajo, impide la desconexión y genera problemas de angustia, presión o estrés, lo que explicaría, al menos en parte, la incidencia creciente de estas afecciones entre la ciudadanía.

La situación que describimos justifica un creciente descontento social cuya expresión parece multiplicarse en todo el mundo, como demuestran algunas experiencias recientes que encontramos. Tal es el caso, en los últimos años, del contexto latinoamericano (con las protestas y luchas en el caso de Chile, Bolivia Ecuador, Venezuela o Colombia), pero también en lugares como Irak, Líbano, Hong Kong o Sudán, donde en todos ellos es posible reconocer la erosión social y las tensiones provocadas por las transformaciones laborales y la creciente desigualdad e insostenibilidad que genera el sistema económico, desembocando en graves acontecimientos sobre los que nos informan los medios.15

Lo que sorprende sobre la cuestión, o al menos resulta difícil de comprender, es cómo la explosión social que se esperaría y que ya sucede en ciertos lugares del mundo, sigue siendo compatible con la dinámica económica capitalista tal y como la conocemos, llevada, en muchos casos, a su máxima expresión. Compatible y que permite, por tanto, continuar con el deterioro laboral, la insostenibilidad social y ecológica, la regresión en las condiciones de vida de la mayoría, así como el cierre de espacios al desarrollo de alternativas que respondan a los problemas de subsistencia, desigualdad y carencia actuales que padecemos.

La realidad social viene marcada por la precarización del trabajo remunerado y la emergencia de estilos de vida low cost

Una posible explicación es la que considera las tendencias recientes que marcan la realidad social, pero que también establece los códigos para interpretar la relación trabajo-calidad de vida. Estas son: el retroceso y precarización constantes del trabajo remunerado, y la emergencia, en paralelo, de unos estilos de vida de bajo coste. Ambas forma parte de la trampa del sistema económico al coexistir, no de manera casual, sino para mantener el statu quo dentro del capitalismo.

Un capitalismo que, mientras expulsa y margina a amplios sectores sociales, es capaz de ponerles a su alcance hábitos de consumo comparables a los de quienes se mantienen dentro del circuito y en una posición privilegiada.

Pero cuando nos referimos al estilo de vida y, en concreto, a la emergencia en los países enriquecidos de aquellos que denominamos “low cost” 

¿a qué nos referimos exactamente?

¿Y cómo se relaciona la proliferación de las pautas de consumo que establecen estos modelos con el avance de la precariedad?

El estilo de vida puede definirse como el conjunto de las pautas de conducta y hábitos cotidianos que están determinados, en gran medida, por las condiciones socio-culturales del entorno en el que se inserta.16 Estas pautas se basan también en valores y actitudes sociales, las cuales, además de estar motivadas por las condiciones del contexto, dependerán necesariamente de las restricciones económicas, temporales o de cualquier otro tipo que se interpongan en su consecución. Ello explica la relación con el trabajo remunerado, con los ingresos, tiempos y condiciones a los que da acceso, lo que dará lugar a determinados modos de vida que han de ser compatibles con las posibilidades de empleo que ofrece el mercado.

No hay que ignorar que los estilos de vida se basan también en las necesidades de la persona, así como en las preferencias para cubrirlas (cuando se puede elegir). En este sentido, podemos entender que se construyan representaciones sociales, delimitando actitudes de los sujetos, que explican la interacción en un momento concreto del individuo con su contexto y que este sea de una u otra manera. Si comparamos los estilos de vida de hace décadas con los que caracterizan a la sociedad del siglo XXI, es evidente que poco o nada tienen que ver entre sí, y es que basta con compararnos con padres o abuelos para zanjar cualquier duda. Sin embargo, es necesario analizar si, más allá de las cuestiones más superficiales, la calidad de vida y los elementos o vías por las cuales se cubren las necesidades humanas son equiparables y han mejorado con el transcurrir de los años.

Con un simple ejemplo, quizás, podamos caer en la cuenta de que el progreso o avance registrado, ha resultado precisamente lo contrario, especialmente si no perdemos de vista el nexo trabajo-bienestar social. Pensemos en las posibilidades que permitía un sueldo que entraba en el hogar hace unas décadas (cuántas bocas se alimentaban o en cuánto tiempo te permitía costear una vivienda adecuada), o en la disponibilidad de tiempo que derivaba de sumar las horas de no trabajo entre los adultos que convivían en el hogar, o en el tiempo que duraban las cosas que tanto tiempo tardabas en comprar. Hagámoslo y comparemos, siendo conscientes del verdadero progreso o no de algunos de los cambios y características que hoy definen la relación laboral, aunque seamos cautos también y evitemos idealizar todas las formas y condiciones del trabajo tradicional.

Trabajo y estilo de vida suponen hoy fuertes factores de socialización que caracterizan la sociedad en la que se vive

En la actualidad, el trabajo y el estilo de vida suponen fuertes factores de socialización que caracterizan la sociedad en la que se vive,17 de ahí su importancia, y se comprueba, que, mediante las dinámicas observadas en una y otra cuestión, el capitalismo reciente ha sido capaz de ocultar sus contradicciones y salir reforzado. Ello, mientras el velo del consumo de bajo coste impedía ver los riesgos y negatividades del mundo del trabajo y las brechas que crecían entre la población.18 Y, por supuesto, con el consiguiente efecto, en términos ecológicos, que ello supone para el planeta, ya que esas formas de vida “accesibles para todos” se desarrollan a costa de degradación de los ecosistemas, la pérdida de la biodiversidad o el aumento de la contaminación.

En resumen, se confirma la sucesión de dos dinámicas simultáneas, que se retroalimentan y que impiden ver, tanto las crecientes tensiones sociales que envuelven el mundo laboral como la insostenibilidad de los modos de vida que apaciguan ese malestar. Recordemos que la primera apunta a la creciente competencia laboral y las dinámicas que están definiendo el mercado de trabajo, que intensifican los riesgos y comprometan los elementos que permitían establecer con mayor nitidez la relación aparente entre el ejercicio laboral y la calidad de vida. Y la segunda, la cual se concreta a través de la modificación de los satisfactores y deseos que describen nuestros estilos de vida, ocultando las graves consecuencias que provoca el deterioro del trabajo hasta poner en riesgo las trayectorias de vida de una amplia mayoría y el malestar que ello genera. Todo ello, reforzándose por un rumbo, en lo político, económico y social, que colabora y es cómplice del mantenimiento del sistema que genera los problemas y que impide cuestionar la no reversibilidad de procesos que son insostenibles.

Seguir como hasta ahora no es una opción. En este panorama, encontramos un importante punto y aparte que ha logrado lo que hasta ahora era impensable en el marco del capitalismo: parar la maquinaria económica. Ha hecho falta una trágica perturbación como la que supone una pandemia global para que la dinámica de la acumulación se detenga y la producción pare su funcionamiento. Pocas veces en la historia encontramos un acontecimiento de tal envergadura cuya respuesta exija poner en el centro del debate la viabilidad del sistema económico y de los modos de vida, y que suponga un paréntesis para pensar hacia dónde ir a partir de ahora y qué prioridades deben guiar el rumbo de los cambios que son necesarios.

Si con anterioridad eran insuficientes (para algunos) los motivos que exigían replantear las lógicas que han venido orientando nuestra sociedad, la crisis sanitaria ha demostrado la urgencia que requiere responder a los problemas, cada vez más graves y evidentes, que genera la dinámica del capital y las mutaciones que requiere su reproducción.

Semana a semana se van poniendo de manifiesto las conexiones de la pandemia con los modos de vida excesivos de una parte de la población mundial y el sistema de producción y consumo que los sustenta: la deforestación, el rápido declive de la biodiversidad, la ganadería industrial, la intensa contaminación del aire en las ciudades, la crisis del clima… Todo ello invita a realizar una reflexión profunda como sociedad de los estilos de vida y sus implicaciones para nuestro bienestar y el de otras especies. ¿Seremos capaces de reinventarnos?19

Tal y como señala Vandana Shiva, las epidemias son, como el cambio climático, “antropogénicas”, es decir, lo primero a destacar es que están causadas por las actividades humanas. 20 En segundo lugar, nos recuerda la emergencia que requiere revertir las prácticas humanas, incluso en términos de salud como nos muestra la COVID, porque su aparición está relacionada con la extinción y desaparición de otras especies. Y, por último, la autora insiste en la necesidad de entender que la tierra es para todos los seres vivos, y cuando damos un paso atrás y hacemos que las calles estén “libres de automóviles”, se reduce la contaminación del aire, pero también le damos un respiro al planeta y abre la oportunidad de que haya un futuro para nosotros.

La tragedia sanitaria puede interpretarse como oportunidad para dar salidas distintas a la precariedad, la desigualdad o la crisis de cuidados

Por ello, lo que es una trágica perturbación sanitaria, pero que convive con otra de carácter social y ecológica, permite interpretarse como una oportunidad para dar salidas distintas a problemas que son de sobra conocidos (desempleo, precariedad, una profunda crisis de cuidados, insuficiencia de los servicios y prestaciones públicas, las crecientes desigualdades y brechas sociales, pobreza, emergencia climática, etc.). Porque la pandemia está poniendo de manifiesto la importancia que tienen las condiciones sociales y ambientales para la salud y la calidad de vida de los pueblos que habitamos la tierra.21 . Y es por ello, que no es válida cualquier respuesta de futuro.

Es imprescindible que las alternativas que se planteen aseguren la sostenibilidad de los sistemas económicos, tanto desde el punto de vista social como ecológico, es decir que garanticen los «servicios ambientales, sociales y económicos básicos a todos los miembros de una comunidad sin poner en peligro la viabilidad de los entornos naturales […] y sociales de los que depende el ofrecimiento de estos servicios».22 De ese modo, la solución pasa necesariamente por asegurar, en cualquier caso, las vías, sean las que sean, que apunten inequívocamente hacia el enriquecimiento del bienestar y la calidad de vida de las personas que conviven en la biosfera y permitiendo la habitabilidad para los seres humanos y resto de especies en ella. Y, por supuesto, será indispensable replantear el mundo del trabajo, lo que será un reto importante y nada fácil de resolver. Entre otras cosas, entrañará al menos repensar la función y el papel que tendrá el trabajo remunerado en el acceso a los mecanismos que permiten cubrir nuestras necesidades; pero también implicará reconsiderar las actividades que queremos mantener dentro de esta categoría, las que incluir, a pesar de estar al margen actualmente, y cuáles otras restringir o eliminar; determinar los criterios que determinarán la contribución social o deterioro de los empleos que hoy día se realizan; y, de igual modo, considerar otras opciones más allá del trabajo que corrijan la restricción de acceso, las distancias y las injusticias que hoy reproduce el mundo laboral.

Lucía Vicent es miembro de FUHEM Ecosocial e investigadora en ICEI-UCM

NOTAS:

1 Claus Offe, «¿Es el trabajo una categoría sociológica clave?», en Claus Offe, La sociedad del trabajo. Problemas estructurales y perspectivas de futuro, Alianza, Madrid, 1992, pp. 17-51; André Gorz, Metamorfosis del Trabajo, Editorial Sistema, Madrid, 1995; y José Francisco Durán, «La construcción social del concepto moderno de trabajo», Nómadas, núm. 13, Universidad Complutense de Madrid, 2006.

2 Julio César Neffa, «Actividad, trabajo y empleo: algunas reflexiones sobre un tema en debate», Orientación y sociedad (versión online), enero-diciembre, La Plata, 1999; José Manuel Naredo, «Configuración y crisis del mito del trabajo», Archipiélago, vol. 48, pp. 13- 23, 2001; Josep Maria Blanch, «Trabajar en la modernidad industrial» en Josep Maria Blanch (coord.), Teoría de las Relaciones Laborales, Fundamentos, Editorial UOC, Barcelona, pp. 13-148, 2003.

3 El término calidad de vida empieza a utilizarse entrados los años sesenta, pero principalmente a partir de los setenta como una reacción a los criterios economicistas y de cantidad que habían primado hasta entonces en las aproximaciones relativas al bienestar y las condiciones de vida de las personas. Desde entonces, se extiende la necesidad de insistir en que el crecimiento económico no es una finalidad en sí misma, sino un instrumento para mejorar las condiciones de vida. Salvador Rueda, «Habitabilidad y calidad de vida», Cuadernos de Investigación urbanística, núm. 42, 2004, pp. 29-33.

4 Lennart Levy y Lars Anderson, La tensión psicosocial. Población, Ambiente y Calidad de Vida, El manual moderno, México, 1980.

5 En concreto, de las más de 7.700 mil millones de personas que vivimos en el planeta, cerca de 3.500 millones conforman la población activa donde algo más del 52% está trabajando actualmente (según datos del Banco Mundial).

6 Peter Berger y Thomas Luckman, La construcción social de la realidad, Amorrortu, Buenos Aires, 1968 y Faustino Miguélez y Carlos Prieto, Las relaciones laborales en España, Siglo XXI, Madrid, 1999.

7 Richard Sennet, The Corrosion of Character, The Personal Consequences Of Work In the New Capitalism, Norton, 1998 [ed. en castellano: La corrosión del carácter. Las consecuencias personales del trabajo en el nuevo capitalismo, Anagrama Editorial S. A., Barcelona, 2000].

8 Para un análisis profundo de la cuestión, se recomienda consultar Lucía Artazcoz, Joan Benach, Carme Borrell e Inmaculada Cortés, «Unemployment and mental health: understanding the interactions among gender, family roles, and social class», American Journal of Public Health, vol. 94, núm. 1, 2004, pp. 82-89 y Ángeles Maestro, Enrique González, Guillermo Rendueles y Alberto Fernández, Salud mental y capitalismo, Cisma, Madrid, 2017.

9 Este tipo de situaciones han sido demostradas en numerosos estudios y es objeto de análisis en distintas ramas de conocimiento. Tal es el caso, por ejemplo, de Joan Benach y Carles Muntaner, «Precariuos employment and health: Developing a research agenda», Journal Epidemiology Community Health, núm. 61, 2007, pp. 276-277; Marcelo Amable, Rocío González, Sabrina Logvione, Luciana Reif y Constanza Zelaschi, «La precariedad laboral como determinante de la salud», comunicación presentada en las VIII Jornadas de Sociología de la UNLP, 3 al 5 de diciembre de 2014, Ensenada, Argentina y Yang, Jenny Chan, Xu Lizhi, Li Fei y Zhang Xiaoqio, La máquina es tu amo y señor, Virus, Barcelona, 2019.

10 Según los datos de la OIT recogidos en su informe anual de Perspectivas sociales y de empleo en el mundo para 2020, el número de desempleados en el mundo fue de 187,7 millones en 2019 (con una tasa del 5,4%) y se estima que ascenderá a 190,3 millones en este ejercicio, y que lo haga todavía más en el siguiente hasta alcanzar los 193,7 millones. 

11 Otras formas de precariedad como son las que expresan la parcialidad, la temporalidad, trabajos cuya jornada se realiza durante horas socialmente desfavorables o por turnos, empleos con alto nivel peligrosidad o cuyo ejercicio supone asumir elevados riesgos psicosociales, la falta de derechos básicos de muchos trabajos, la figura de los falsos autónomos, los contratos bajo demanda o sin garantizar siquiera un número concreto de horas de trabajo, etc.

12 Esto es debido entre otras cosas a que, además de las formas de precarización localizadas, sabemos que un 61% del total de los trabajos que se realizan en la esfera mercantil se sitúa en la informalidad y no media en ellos relación contractual de ningún tipo (tal y como recoge el informa de la OIT anteriormente referenciado).

13 Para profundizar ampliamente sobre estas cuestiones en el caso español, tanto teórica como empíricamente, puede consultarse la siguiente referencia: Lucía Vicent, Precariedad laboral española. Una perspectiva de género. La situación del mercado de trabajo español en los primeros años del siglo XXI, Tesis doctoral [Programa de doctorado en Economía Internacional y Desarrollo], Universidad Complutense de Madrid, 2017.

14 La organización indicó que, en concreto, mueren diariamente 1.000 personas por accidentes laborales y otras 6.500 fallecen por enfermedades profesionales.

15 Sobre los casos señalados pueden consultarse algunas noticias aparecidas en los medios. Camila Ponce, «El estallido de Chile», ctxt, 23 de octubre de 2019; Francesco Manetto, «Colombia aprueba la reforma tributaria que motivó las protestas contra el Gobierno», El País, 20 de diciembre de 2019; CNN Español, «Abecé de las protestas en Bolivia: ¿quiénes protestan, por qué y qué piden?», CNN, 29 de octubre de 2019; Natalia Sancha, «Las revueltas del pan toman el Líbano», El País, 30 de abril de 2020; Jaime Santirso, «La tensión vuelve a Hong Kong con choques en una multitudinaria marcha de Año Nuevo», El País, 1 de enero de 2020; Alan Yuhas, «¿Qué está pasando en Sudán?», The New York Times, 6 de junio de 2019.

16 Santiago Yubero, «Socialización y aprendizaje social», en VV.AA., Psicología social, cultura y educación, Pearson, Madrid, 2005, pp. 819-844. 

17 Francisco Javier Cantero, José María León, Silvia Medina-Anzano, «Socialización y aprendizaje social», en VV.AA., Psicología social: orientaciones y casos prácticos, McGraw-Hill Interamericana de España, 1998, pp. 43-58.

18 El consumo generalizado de productos tecnológicos, el disfrute de varios viajes anuales de larga distancia, el salir a comer, al cine o el consumir a diario forman parte de ese espejismo que, a su vez, convive con las infraviviendas y los pisos compartidos por necesidad entre familias, con la pobreza laboral y la desigualdad creciente, con la cultura del crédito y el vivir al día o en números rojos. Todo ello forma parte de los estilos de vida “low-cost” que son los únicos que permite la precariedad actual sin develar o hacernos conscientes de la generalidad de quienes están al borde de la pobreza y la exclusión.

19 Así lo recoge Nuria del Viso en «Un virus, la humanidad y la Tierra», Tiempo de actuar, 13 de mayo de 2020. 

20 Vandana Shiva, «A virus, humanity, and the earth», Deccan Herald, 5 de abril de 2020. Véase también sobre la relación entre pérdida de biodiversidad y pandemias, Monica Di Donato, «Pérdida de biodiversidad y pandemias: un nexo oscuro y peligroso», Tiempo de actuar, 18 de marzo de 2020. 

21 Santiago Álvarez Cantalapiedra et al., “Covid-19: una pandemia en medio de la crisis ecosocial”, ctxt, 24 de mayo de 2020.

22 Salvador Rueda, op.cit.

Acceso al texto completo en formato pdf: Calidad de vida y mercado de trabajo


Debate: Un nuevo enfoque científico para el Antropoceno

Nueva sesión correspondiente al Ciclo de encuentros Debates para un pensamiento Inclusivo, organizado por la Revista Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global de FUHEM Ecosocial con la Casa Encendida de Fundación Montemadrid.

Estos debates tiene como objetivo reflexionar y debatir sobre las grandes tendencias y cuestiones que atañen a nuestro tiempo, y que definen el funcionamiento y los objetivos del sistema socioeconómico en el que vivimos, para imaginarnos entre todos y todas, alternativas justas, inclusivas y sostenibles.

La próxima sesión Un nuevo enfoque científico para el Antropoceno, tendrá lugar el próximo 10 de mayo de 18 a 19,30 h. y tendrá un formato virtual, a través de una sala Zoom de la Casa Encendida.

La sesión quiere reflejar el interés que FUHEM Ecosocial a través de su revista Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global tiene sobre la tecnociencia en tiempos (post)modernos (PAPELES 133)  y sobre los espejismos tecnológicos (PAPELES 134), números que servirán como telón de fondo al debate, y constituyen la base de recursos y materiales bibliográficos para alimentarlo.

Ante los efectos de la pandemia y la crisis ecosocial, parece ineludible plantear un debate sobre la ciencia, para encontrar soluciones compartidas entre ciencia, política y sociedad.

¿Debemos confiar en la innovación tecnocientífica como solución a la crisis civilizatoria que afrontamos?

¿Nos arriesgamos a crear peligrosos espejismos que aumentan nuestra vulnerabilidad?

¿Es posible imaginar aproximaciones científicas mejores para la sociedad?

El binomio ciencia-técnica constituye uno de los grandes logros de la modernidad occidental. No obstante, en los últimos 50 años se está dando un cuestionamiento significativo de la ciencia en diferentes campos: desde la crítica, donde las preguntas planteadas a la ciencia sólo se pueden satisfacer si se reducen a un ámbito puramente técnico-científico, hasta el planteamiento de un enfoque más radical, holístico y probabilístico, que prevé más de una respuesta en función del contexto de referencia y teniendo en cuenta factores no científicos y rasgos como la incertidumbre.

En la actual era del Antropoceno, marcada por problemas complejos, una aproximación exclusivamente tecnocientífica, reduccionista y lineal parece cada vez más inadecuada para proporcionar las respuestas deseadas y apoyar soluciones regulatorias que puedan ser aplicables de manera efectiva, y socialmente aceptables.

Esta mesa redonda propone un diálogo entre voces expertas que ayuden a formular un diagnóstico sobre la situación de la ciencia, en cuyo seno parece cada vez más evidente la subordinación de los elementos científicos más puros a elementos más tecnológicos y por tanto, más comerciales, así como una crítica acerca de los peligros de la tecnociencia, convertida en uno de los principales factores responsables de la crisis ecosocial.

A todo esto, se añade el riesgo ligado al ilusionismo tecnológico, por la ingenuidad que comporta confiar en que lo que nos está amenazando también nos podrá salvar. Finalmente, sería deseable pensar colectivamente el modo en el que puede establecerse un diálogo constructivo y útil entre ciencia, política y sociedad.

Intervienen:

  • Salvador López Arnal, filósofo y activista. Autor invitado en el número 133 de Papeles y editor de la ponencia de Manuel Sacristán La función de la ciencia en la sociedad contemporánea.
  • Alfredo Caro-Maldonado. Doctor en biología celular e inmunología. Comunicador científico en @cienciamundana. Miembro del colectivo La paradoja de Jevons.
  • Zora Kovacic, investigadora y experta en Gobernanza y Ciencia Posnormal en la Universidad de Bergen (Noruega).
  • Maite Paramio Nieto, catedrática de Producción Animal de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) y vicepresidente de la Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas - AMIT.

Modera: Monica Di Donato, revista Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, de FUHEM Ecosocial.

Coordina: Revista Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global de FUHEM Ecosocial.

La actividad se desarrolla en una sala Zoom. Una vez realizada la inscripción, y antes de cada sesión, se enviará un correo electrónico de confirmación con los datos de acceso al encuentro.

RECUERDA:

Un nuevo enfoque científico para el Antropoceno

FECHA: lunes 10 de mayo.

HORA: 18 - 19,30 h.

LUGAR: Sala de Zoom de la Casa Encendida.

Para participar, es necesario registrarse de forma previa en el botón Entradas


Conferencia: Economía Política Feminista

El próximo 7 de mayo de 2021, Astrid Asenjo Calderón impartirá una Conferencia sobre Economía Política Feminista, donde presentará su último libro, Economía política feminista: sostenibilidad de la vida y economía mundial, publicado dentro de la Colección de Economía Inclusiva de Catarata y FUHEM Ecosocial,

El acto tendrá lugar en el Salón de Actos de Facultad de Filosofía y Letras - FYL de la Universidad Autónoma de Madrid - UAM a la 16 h.

La economía política feminista constituye una aproximación crítica y alternativa a los análisis de la economía convencional y a las deficiencias estructurales de un sistema capitalista, heteropatriarcal y racista que ha puesto en jaque la sostenibilidad de la vida, causando y agravando el conflicto capital-vida.

Astrid Agenjo Calderón, es una economista feminista extremeña. Doctora en Ciencias Sociales y máster en Economía Internacional y Desarrollo. Es profesora en el Departamento de Economía, Métodos Cuantitativos e Historia Económica de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla, donde forma parte del Grupo de investigación EcoEcoFem Economía Feminista, Ecológica y Desarrollo. Es vicepresidenta del Observatorio GEP&DO, miembro del Grupo de Trabajo Economía Feminista Emancipatoria (Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales) y de la Red Iberoamericana de Investigación en Trabajo, Género y Vida Cotidiana.

RECUERDA:

FECHA: 07 de mayo de 2021

HORA: 16 h.

LUGAR:  Salón de Actos de Facultad de Filosofía y Letras.

Universidad Autónoma de Madrid - UAM

C/ Francisco Tomás y Valiente, 1
Campus de Cantoblanco, UAM

28049 Madrid 

A continuación, ofrecemos el texto completo de la Introducción del libro.


FUHEM Ecosocial en el Segundo Congreso Mundial de Paz

Del 15 al 17 de octubre de 2021 tendrá lugar en Barcelona el Segundo Congreso Internacional de Paz organizado por el International Peace Bureau – IPB

«(Re)imagine our world. Action for peace and justice»

El IPB estará acompañado por más de 50 organizaciones y redes de paz españolas e internacionales, entre las que se encuentra FUHEM Ecosocial, todas ellas implicadas en los preparatorios de un encuentro que reunirá una amplia variedad de expertos, activistas y defensoras de todo el mundo en tres jornadas de diálogo, debate, talleres y seminarios que acogerá el Centro de Cultura Contemporánea - CCCB de Barcelona.

El objetivo principal del Segundo Congreso Mundial de Paz del IPB es:

Proporcionar un espacio para reunir y compartir experiencias para todos los involucrados en los movimientos internacionales por la paz y la justicia.

Un lugar donde fomentar sinergias entre organizaciones e individuos, y entre movimientos sociales interconectados que luchan por la justicia global: defensores de la paz y el desarme, activistas feministas y LGBTQIA +, ecologistas y activistas climáticos, antirracistas e indígenas, defensores de los derechos humanos y sindicalistas.

Un lugar para promover la inclusión de una perspectiva de paz dentro de estos movimientos, con el fin de enfrentar mejor los desafíos globales de nuestro tiempo: cambio climático y colapso ambiental, género, desigualdad racial y económica, la pandemia de Covid-19, migraciones masivas, crisis de refugiados. , emergencias humanitarias provocadas por la guerra y la represión, y más.

Este Congreso es una oportunidad para que diversas personas, grupos y causas compartan estrategias y articulen alternativas en conjunto.

Un espacio para crear y renovar herramientas y discursos, para movilizar a ciudadanos de todo el mundo a favor de la paz y el desarme.

Un lugar donde podamos (re) imaginar nuestro mundo y actuar por la paz y la justicia.

El Segundo Congreso Mundial de Paz reunirá a una amplia variedad de expertos y activistas de todo el mundo y garantizará una representación diversa en términos de edad, género y orientación sexual, raza y etnia, creencias y espiritualidad, y antecedentes personales y profesionales, animando especialmente a los jóvenes participantes a que se unan al evento.

Los oradores provendrán de todo tipo de disciplinas y antecedentes, incluidos representantes de alto nivel y voces de nivel popular. También involucrará diversos campos: organizaciones pacifistas, grupos feministas y de derechos civiles, sindicatos, ambientalistas, educadores, líderes religiosos y espirituales, trabajadores del desarrollo, defensores de los derechos humanos y más.

Entre los ponentes ya confirmados se encuentran: Noam Chomsky, Vandana Shiva, Jody Williams, Martin Chungong, Wada Masako o Beatrice Fihn.

 

Ya está disponible el borrador del programa.

Si quieres saber más del evento, os ofrecemos las diversas formas de contacto:

Sitio web: www.ipb2021.barcelona

Facebook: www.facebook.com/IPBWPC  o @IPBWPC

Twitter: www.twitter.com/IPBWPC2021  o @ IPBWPC2021

Instagram: www.instagram.com/intpeacebureau  o @intpeacebureau

 

A continuación, un vídeo que recoge parte de una entrevista realizada a Noam Chomsky:

 

https://youtu.be/yfMSOOKghd8

 


¿Nucleares? No gracias.10 años de Fukushima

 

 

Se cumplen 10 años ya del fatídico 11 de marzo de 2011 cuando se produjo en Japón un potente terremoto de magnitud 9 en la escala Richter, considerado como el seísmo más poderoso que ha azotado Japón desde que el país comenzó a llevar el registro de los seísmos en el siglo XIX.

Al terremoto le siguió el tsunami. En menos de una hora se sucedieron una serie de gigantescas olas que permitieron que el maremoto penetrase en la central de Fukushima, con unas consecuencias devastadoras, los técnicos perdieron por completo el control de la central y de todos sus reactores, causando fallas en la planta nuclear y la liberación de contaminación radioactiva.

Lo ocurrido en la central de Fukushima fue clasificado, según la Escala Internacional de Accidentes Nucleares, como un accidente de nivel 7, calificación que constituye el máximo valor de la escala, y que solo había sido utilizado una vez más en la historia: con el accidente de Chernóbil de 1986.

El área ecosocial de FUHEM a través de su revista Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global ha reflejado los debates sobre las ventajas e inconvenientes  de la utilización de la energía nuclear, las consecuencias ambientales de su uso y de los residuos radiactivos que genera, las resistencias ciudadanas a proyectos de minería de uranio y las respuestas ante una industria nuclear que se postula como una solución a las emisiones de gases de efecto invernadero, alegando que la producción de electricidad a partir de la energía nuclear está libre de emisiones de CO2.

Por ello, desde el Centro de Documentación Virtual de FUHEM Ecosocial hemos seleccionado algunos artículos publicados en la revista desde el año 2007, que recogen análisis, entrevistas y diálogos de expertos en la materia.

La selección comienza con un diálogo entre Eduardo González y Francisco Castejón, moderado por Mónica Lara del Vigo aparecido en el número 100 de PAPELES sobre las ventajas e inconvenientes de la utilización de la energía nuclear.

El número 106 (2009) publica un texto de Eduard Rodríguez Ferré Y Salvador López Arnal que aborda el marco –político, económico, militar, de seguridad, de (des)información a la ciudadanía– en el que se suele mover y proyectar la industria nuclear, bajo el título El poder del lado oscuro de la fuerza. Presiones, falacias e intereses atómico-nucleares

Los mismos autores que nos hablan en 2011 sobre la catástrofe de Fukushima, dando la vuelta al lema publicitario del poderoso lobby nuclear internacional que decía que la energía nuclear, es ilimitada, limpia, barata y segura (113).

Ni es ilimitada dada las reservas internacionales de uranio; ni es limpia analizada en su conjunto; ni es barata si sumamos todas las externalidades y el inmenso pozo sin fondo que representa el tratamiento de los residuos radiactivos.

Juan Masiá Clavel en el artículo publicado en PAPELES 125 cuestiona la armonía ecológica en la tradición oriental de equilibrio entre identificación con la naturaleza y manipulación tecnológica, así como la armonía social de una cultura de la concordia comunitaria, tras la tragedia de Fukushima.

Salvador Lopez Arnal entrevista en el número 128 a Andrés Martínez Lorca sobre las secuelas de la tragedia ocurrida 1966 cuando chocaron sobre el cielo de Palomares, una aldea de la costa levantina de Almería, dos aviones militares norteamericanos, un B-52 cargado con cuatro bombas atómicas de hidrógeno y un avión nodriza KC-135 que lo abastecía de combustible en pleno vuelo. Dos bombas atómicas se rompieron e incendiaron provocando en la zona una grave contaminación de uranio y plutonio. Una tragedia de la que ni entonces, ni tampoco a lo largo de la Transición, se informó adecuadamente a la opinión pública española, ni tampoco de las secuelas que todavía afectan al terreno y a sus habitantes.

PAPELES 135 recoge las preguntas que se hace el escritor sueco Henning Mankell sobre los residuos radiactivos: ¿van a ser los residuos radiactivos, el oscuro legado que nuestra Humanidad dejará a las futuras generaciones? ¿Serán los residuos nuestros agujeros negros? ¿Cuál será nuestra responsabilidad en futuros y trágicos escenarios?

Ante la gran preocupación sobre el cambio climático y sus efectos entre la población, la industria nuclear se postula como una solución a las emisiones de gases de efecto invernadero, alegando que la producción de electricidad a partir de la energía nuclear está libre de emisiones de CO2. Xavier Bohigas en su artículo Centrales nucleares, emisiones de CO2 y cambio climático (PAPELES 138) comenta diversos estudios que muestran que la energía nuclear no está exenta de emisiones de CO2, tanto si analizamos todo el ciclo de vida de una central nuclear, como si nos restringimos a la fabricación del combustible nuclear.

La energía nuclear no es una alternativa para mitigar el cambio climático, pues tiene enormes inconvenientes en comparación con la opción de las energías renovables.

A través de dos artículos aparecidos en los números 135 y 140, José Ramón Barrueco analiza las consecuencias medioambientales del conflicto generado en Salamanca, en pleno corazón de la dehesa, en la que ha fijado sus intereses una empresa de origen australiano que pretende explotar una mina de uranio.

Los textos revisan los avances y avatares de la resistencia de la Plataforma Stop Uranio y otros agentes de Retortillo (Salamanca) y alrededores, donde se ubica este proyecto (aún sin aprobar) de la empresa Berkeley Minera España, que ya ha causado cuantiosos impactos ecológicos y sociales en la zona.

En una nueva entrevista de Salvador López Arnal esta vez a Miguel Muñiz Gutiérrez para el número 142 de PAPELES sobre la industria atómica y la lucha antinuclear, se exponen diversos motivos para rechazar la energía nuclear:

  • Los impactos en la salud de la contaminación radiactiva que emite el funcionamiento cotidiano de cualquier reactor atómico, al emitir más de 40 tipos de elementos radiactivos. Como esa radiactividad va al medio ambiente, tiene la posibilidad de entrar en el organismo a través de los alimentos o el agua.
  • Seguridad: basta recordar Chernóbil en 1986 y Fukushima. Catástrofes irreversibles a escala humana, porque han dejado su huella en todo el planeta.
  • Los residuos radiactivos: residuos con los que no se sabe qué hacer, muchos de ellos con una actividad de cientos de miles de años, en los que serán peligrosos y que son una herencia envenenada de esta era que ya denominamos el Antropoceno.
  • La vinculación de la industria nuclear civil y militar, no solo por las bombas de uranio, plutonio o hidrógeno, sino sobre todo por los proyectiles de munición de uranio empobrecido; unos proyectiles que se están usando en todas las guerras que han estallado desde 1991, que se usan para perforar blindajes. Unos proyectiles que cuando explotan contaminan con radiactividad, y para muchos años, los lugares en que han explotado, provocando enfermedades en la población

Por último, queremos destacar el artículo de Tica Font para PAPELES 149 que bajo el título: Utopía y Antropoceno: críticas y respuestas al reto nuclear, la autora habla sobre cómo el reto nuclear se compone de encontrar una respuesta al almacenaje de los residuos y afrontar el elevado número de armas nucleares existentes.

Reto de los residuos nucleares

Este reto tiene dos procedencias, los residuos de la industria nuclear, en concreto para la producción de energía, y los residuos procedentes de las pruebas de armas nucleares. El legado nuclear que la industria de este sector ha acumulado a lo largo del siglo XX y que dejamos para la vida futura es un problema con importantes repercusiones económicas, ambientales y sociales.

Según la Organización Internacional de la Energía Atómica (OIEA), actualmente hay más de 370.000 toneladas de residuos, de ellas 250.000 toneladas son de combustible nuclear almacenadas y 120.000 toneladas de combustible nuclear gastado reprocesado, a las que habrá que añadir las procedentes de cientos de instalaciones en vías de desmantelamiento.

El 98% de estos residuos provienen de centrales nucleares, el resto provienen de hospitales, centros de investigación, centros de producción de isotopos o de instalaciones militares (fábricas de armas o el combustible para reactores de propulsión de submarinos)

La construcción de cualquier forma de almacenamiento tiene unos requerimientos tan singulares que todavía hoy en día no se ha encontrado una solución técnica y segura al almacenamiento de estos residuos.

En definitiva, no hay ninguna propuesta que demuestre que los residuos de alta actividad se vayan a mantener aislados del entorno durante decenas de millones de años. Por eso, «dada la escala de tiempo de la que hablamos, hay que tomarse un tiempo para decidir qué hacemos con este legado de residuos nucleares»

 


Lecturas Ecosociales para el 8 de Marzo

Lecturas Ecosociales para el 8 de Marzo

El 8 de Marzo se conmemora el Día Internacional de la Mujer y el lema de 2021 es: Ante la emergencia social, el Feminismo es esencial

En FUHEM Ecosocial celebramos el 8M, un año más, con una selección de recursos aparecidos en nuestras publicaciones y por ello queremos destacar el trabajo de varias autoras que han escrito para Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, para la Colección de Economía Critica & Ecologismo Social, para la Colección Economía Inclusiva y para el Boletín ECOS.

Mujeres que han abordado temas tan interesantes como son: la Ecología política feminista y emocional, sobre la obra de la filósofa María Zambrano, sobre el Trabajo de Cuidados, la Economía Política Feminista, sobre la vida de las mujeres rurales, las políticas de género y la calidad de vida en la ciudad, sobre la relación entre el género y la salud, la construcción de la desigualdad de género en la educación, el desigual impacto de las crisis en las mujeres y los retos del debate feminista.

Hemos contado con la presencia de mujeres especialistas en diferentes ámbitos del conocimiento, de las que destaco ahora sólo aquellas que aparecen en nuestra selección, porque son muchísimas más las que han colaborado con FUHEM Ecosocial durante más de 3 décadas. Para este 8M destacamos las aportaciones de: Marien González Hidalgo, Conchi Piñeiro, Maite del Moral, Astrid Agenjo Calderón, Cristina Borderías, Cristina Carrasco, Teresa Torns, Emma Siliprandi, Ana Sabaté, Lidia Senra, Fátima Cruz, Gemma Ubasart, Alicia Rius, Christel Keller, Marta Domínguez Pérez, Mª Pilar Sánchez, Teresa Ruiz Cantero, Lucero Herrera, Mª Isabel Casado Mora, Vanesa Puig, Carmen Rodríguez Martínez, Gemma Martín Seoane, Nieves Salobral, Olga Abasolo, Ana del Pozo, Justa Montero, Lucía Vicent, Carmen Castro, Astrid Asenjo, Yayo Herrero, Violet Eudine, Ziba Mir Hosseini, Mª teresa Munguía, Marta Pascual y Lucy Ferguson.

Recogemos en esta selección:

Revista Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global

Ecología política, feminista y emocional: por qué y para qué hablar de emociones y afectos en las situaciones actuales de cambio y conflicto socioambiental.

Marien González Hidalgo y Conchi Piñeiro

Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, núm. 152, invierno 2020-2021, pp. 83-100.

En los ámbitos de participación social, política y ambiental se está desarrollando cada vez más un interés por la gestión emocional de los grupos, y la necesidad de cuidado a las personas que participan debido al desgaste no solo físico sino también emo­cional de las personas activistas ambientales, pero estos enfoques aún generan cierta desconfianza. Las autoras desarrollan en el texto argumentos y ejemplos concretos para defender la necesidad, además de otros marcos de análisis, de unas gafas “emocionales” en el marco de la ecología política para entender y actuar ante los retos ambientales a los que nos enfrentamos.

 

María Zambrano, una filósofa comprometida entre las “sinsombrero”

Maite del Moral

Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, núm. 146, verano 2019, pp. 23-32.

El texto defiende la obra de María Zambrano como fuente de reflexión en torno a cuestiones actuales de gran relevancia y reivindica la figura de esta filósofa como mujer y ejemplo de compromiso cívico y ético. Zambrano fue representante del grupo de las llamadas “Sinsombrero”, que simboliza la rebeldía frente a las normas establecidas y la libertad de pensamiento. A lo largo de su vida vivió el exilio de forma repetida y generó un importante pensamiento en torno a él. Tales cuestiones convierten a la filósofa malagueña en una pensadora muy actual.

Colección Economía Inclusiva

Economía política feminista: sostenibilidad de la vida y economía mundial

Astrid Agenjo Calderón

Madrid: FUHEM Ecosocial y La Catarata, 2021, 333 págs.

La economía política feminista constituye una aproximación crítica y alternativa a los análisis de la economía convencional y a las deficiencias estructurales de un sistema capitalista, heteropatriarcal y racista que ha puesto en jaque la sostenibilidad de la vida, causando y agravando el conflicto capital-vida.

La financiarización descontrolada, la mercantilización de cada vez más procesos de la vida íntima, la privatización creciente de medios de producción y sectores económicos, la invisibilización de la economía de cuidados o la sobreexplotación de una fuerza de trabajo feminizada y precaria son algunos de los aspectos abordados por la economía política feminista.

Colección Economía Crítica & Ecologismo Social

El Trabajo de Cuidados: historia, teoría y políticas

Cristina Carrasco, Cristina Borderías y Teresa Torns (eds).

Madrid: FUHEM Ecosocial y La Catarata, 2019, 438 págs.

Este libro recupera y avanza en los debates en torno al trabajo de cuidados; un trabajo
imprescindible para la reproducción social y el bienestar cotidiano de las personas, que continúa siendo responsabilidad casi exclusiva de las mujeres, pero que resulta de vital importancia para toda la sociedad.

Esta nueva edición actualizada y ampliada recoge una selección de artículos de obligada referencia sobre la temática, escritos por destacadas especialistas en historia, sociología o economía. Se trata, así, desde una perspectiva interdisciplinar, el trabajo de cuidados en sus distintas dimensiones: remunerado o no, ofrecido desde el sector privado o público y en sus aspectos objetivos o más subjetivos.

A los textos de la primera edición se añade un Epílogo, firmado por las editoras, que complementa la revisión teórica de las últimas tres décadas con lo que se ha publicado sobre estas temáticas desde 2011 hasta la fecha de esta nueva edición, priorizando a autoras que escriben en lengua castellana.

 

BOLETÍN ECOS

ECOS 42Mujeres rurales (marzo 2018) destaca el papel que tienen las mujeres rurales en el trabajo del campo y cuidado de la tierra, garantizando la seguridad alimentaria de las comunidades, construyendo resiliencia frente a los impactos producidos por el cambio climático. Pero, sin embargo, las mujeres rurales se ven relegadas frente a los hombres en aspectos tan cruciales como son: la posesión de la tierra, el acceso a insumos, a financiación y a tecnología.

ECOS 38Políticas de género y calidad de vida en la ciudad (marzo 2017) intenta impulsar las políticas institucionales con perspectiva de género, mostrando algunas experiencias surgidas con los nuevos municipalismos.

ECOS 34Género y salud (marzo 2016) muestra las relaciones entre género y salud e introduce en el debate la necesidad de incluir la perspectiva de género en los estudios y prácticas, no el fin de mejorar el estado de salud de personas y colectivos, ya que algunas enfermedades no se manifiestan de la misma forma en hombres y mujeres.

ECOS 30Construcción de la desigualdad de género en la educación (marzo 2015) aborda cómo el sesgo de género que impregna las estructuras y las relaciones de poder en la escuela. Recoge también la experiencia de los centros educativos de FUHEM para visibilizar estas desigualdades y sensibilizar a toda la comunidad educativa.

ECOS 26: Nuevos retos del debate feminista ante la Gran Involución (marzo 2014) el tema central son los retos a los que se tiene que enfrentar el feminismo ante la gran Involución que sufren los derechos de las mujeres, desde la perspectiva del relato neoliberal, la crisis de la democracia, la degradación del empleo femenino, la violencia de género, y la necesidad de redefinir nuestra vida en común.

ECOS 22El desigual impacto de la crisis sobre las mujeres (marzo 2013) quiere reflejar el desigual impacto que la crisis económica y los recortes tienen sobre las mujeres, mostrando el papel de las familias para amortiguar las consecuencias de las regresiones sociales de las crisis, o cómo afectan las políticas de austeridad a los derechos de las mujeres y a la igualdad, cómo se organizan las mujeres ara sostener la vida, así como las pautas ecofeminstas para repensar el mundo.

ECOS 14Feminismos (marzo 2011) da un espacio a los feminismos más allá de las fronteras occidentales, con aportaciones desde el feminismo negro, desde el Islam, y desde las prácticas de las mujeres indígenas.

ECOS 10Debates feministas (marzo 2010) trata de visibilizar los debates feministas en torno a los cuidados, al movimiento feminista en el contexto español e internacional y el Ecofeminismo, como propuesta para repensar el presente y construir el futuro.


Ecología política, feminista y emocional

Marien González Hidalgo y Conchi Piñeiro 1 escriben en la sección ENSAYO del número 152 de la revista Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, un artículo titulado Ecología política, feminista y emocional: por qué y para qué hablar de emociones y afectos en las situaciones actuales de cambio y conflicto socioambiental.

No conozco casi nada que sea de sentido común. Cada cosa que se dice que es de sentido común ha sido producto de esfuerzos y luchas de alguna gente por ella.

Amelia Valcárcel

En este artículo presentamos un enfoque poco común en la investigación y acción en relación a las cuestiones ambientales, en lo que refiere al papel, usualmente ignorado o subestimado, que las emociones y los afectos desempeñan en los conflictos ambientales.

En el ámbito de la investigación académica en conflictos ambientales se está empezando a tener en cuenta el aporte que ofrece el estudio de las emociones a la hora de comprender, por ejemplo, cómo se estructura el poder económico hegemónico, cómo se construyen las subjetividades políticas o cómo se producen las movilizaciones sociales. Por otro lado, en lo que respecta a los impactos asociados al cambio ambiental global cada vez hay más estudios que indican, por ejemplo, una asociación entre el cambio climático y el aumento de estados depresivos y de ansiedad, entre otros.2

En este texto presentamos argumentos para defender la necesidad, además de otros marcos de análisis, de unas gafas “emocionales” para entender y actuar ante los retos ambientales a los que nos enfrentamos.

Además, en los ámbitos de participación social, política y ambiental también se está desarrollando cada vez más un interés por la gestión emocional de los grupos, y la necesidad de cuidado a las personas que participan en los mismos, debido al desgaste no solo físico sino también emocional de las personas activistas ambientales. Sin embargo, en los ámbitos con una implicación política o de transformación social de problemas con una base material y ecológica (como es la ecología política) y en situaciones en las que intervienen fuertes desigualdades estructurales, estos enfoques aún generan cierta desconfianza: “hablar de emociones” parece poco relevante o, incluso, apolítico.

En este texto esperamos presentar suficientes argumentos (apoyados también en ejemplos concretos) para defender la necesidad, además de otros marcos de análisis, de unas gafas “emocionales” para entender y actuar ante los retos ambientales a los que nos enfrentamos.

Para poder contextualizar la posición desde la que hablamos y tomar consciencia de nuestra perspectiva (con sus limitaciones y sesgos), cabe decir que somos mujeres cis blancas europeas de clase media con estudios universitarios, que hemos vivido en diferentes países y que estamos comprometidas con la revisión y el cuestionamiento de nuestros privilegios.

A partir de nuestra propia experiencia en el activismo, la investigación y la facilitación en contextos de cambio y conflictos ambientales, analizaremos la necesidad de que la ecología política considere las emociones en la investigación-acción en situaciones de conflicto o cambio ambiental, y también mostraremos cómo dar espacio a la expresión emocional en los espacios de movilización socio-ambiental puede aportar una mayor salud ambiental de los colectivos y personas que dedican su vida a conseguirla.

 

La ecología política

La ecología política busca entender los problemas ambientales a través del análisis de las distribuciones desiguales de poder en el acceso, la distribución y la afectación por contaminación en los cambios y conflictos ambientales.3 A través de la lente de la ecología política podemos entender cómo las relaciones de poder, las asimetrías y las luchas constituyen personas, lugares y recursos.4 Es decir, no solo podemos analizar de qué manera diferentes actores sociales perciben o entienden los impactos ambientales en función de su posición social, sino que podemos entender cómo esas diferencias acaban constituyendo espacios y naturalezas diferentes. Por ejemplo, y como detallamos más adelante en uno de los casos concretos que exponemos, un mismo “bosque”5 puede ser percibido de manera muy diferente por actores sociales diversos en función de su posición social, sus conocimientos, sus intereses, y también sus afectos y memorias individuales y colectivas asociadas al territorio.

A través de la ecología política podemos analizar cómo quienes detentan mayor poder desarrollan una capacidad para reproducir o imponer sus valores y prácticas en dichos espacios. Pero la ecología política también nos permite analizar y dar apoyo a las formas empleadas por las comunidades o movimientos de base para resistir y defender las alternativas con su propio poder. Además, la ecología política implica investigación académica y práctica política, es decir, el compromiso de que la investigación y la acción ayuden a denunciar o visibilizar injusticias ambientales, y a la vez contribuyan a recoger y dar voz a las comunidades o a las personas más afectadas y silenciadas en las distribuciones desiguales de poder, puesto que éstas suelen tener más dificultades para que sus perspectivas sean visibles, a pesar de ser protagonistas. Quienes usualmente soportan o sufren los mayores impactos ambientales suelen ser personas afectadas también en otras dinámicas sociales debido a sus orígenes étnicos y procesos de racialización, su clase social, su género –entre otros– y quienes no tienen una voz, como es el caso de las generaciones futuras aún por nacer o las especies no humanas.

Pero los retos actuales relacionados con el cambio global o los conflictos ambientales no solo pueden ser explicados desde diferentes necesidades o visiones materiales, económicas, ambientales y/o de subsistencia: en ellos intervienen también las emociones y los afectos de individuos y colectivos. De hecho, en muchos casos, entender estas emociones ayuda a comprender mejor cómo se accede, se utilizan o se disputan los recursos ambientales o los derechos por la naturaleza. Por ejemplo, Andrea Nightingale,6 analizando la gestión de los comunes pesqueros en Escocia, muestra cómo los pescadores (mayoritariamente hombres) desarrollan un apego emocional al mar, sus prácticas pesqueras y a otros pescadores. Sin embargo, en las reuniones institucionales y políticas donde se toman decisiones sobre cuotas de pesca, son señalados como “rebeldes” por actores con más poder, lo que hace que no se impliquen emocionalmente y se desanimen a la hora de comprometerse con prácticas auto-reguladoras de su propia pesca.

A través de la ecología política podemos analizar cómo quienes detentan mayor poder desarrollan una capacidad para reproducir o imponer sus valores y prácticas en dichos espacios.

Este es un buen ejemplo de cómo el atender a los aspectos emocionales nos puede ayudar a entender procesos complejos en los cambios globales, incluso en situaciones paradójicas como la de los pescadores con apego al mar, a la pesca y a los “recursos marinos”, pero que sin embargo pueden acabar explotando. Otro ejemplo, en esta misma línea, es el trabajo de Farhana Sultana,7 que relata cómo en Bangladesh las mujeres expresan o silencian su sufrimiento por la falta de acceso al agua de manera diferente en público que en privado. Su trabajo nos ayuda a recordar que en los conflictos ambientales hay muchas voces que en un análisis convencional podemos no escuchar.

Otro trabajo interesante es el de Neera Singh,8 que relata cómo en bosques de Odisha, en India, las comunidades locales desarrollan una comunicación intersubjetiva con los bosques en los que trabajan y a los que cuidan en sus prácticas diarias, mostrando cómo su papel de comunidades cuidadoras desde las instituciones locales no solo responde a una disciplina del Estado, sino a una relación afectiva de lo humano con la naturaleza no humana.

Estos son solo algunos de los trabajos recientes que han ayudado a hacer visible cómo los conflictos ambientales son también conflictos emocionales y afectivos. Aunque las emociones siempre han estado presentes en las cuestiones ambientales, solo recientemente se les está dando relevancia desde algunos ámbitos, y como explicaremos ahora, especialmente a partir de enfoques críticos feministas. Sin embargo, para algunas perspectivas, hablar de emociones en temas ambientales-políticos reaviva discusiones relacionadas al populismo.

Mientras algunas investigaciones y publicaciones enfatizan los beneficios políticos de las emociones a la hora de generar un sentido de identidad colectiva o un “nosotros” o “el pueblo”,9 otros estudios alertan sobre el hecho de que el uso de las emociones para consolidar la movilización colectiva puede generar dualismos del estilo: yo, nosotros y “el Otro”.10 Lo vemos en el caso del lobo ibérico, con iniciativas como la Declaración del Grupo Campo Grande,11 en la que un grupo muy diverso llega a un documento de reflexiones y propuestas en el que se habla del espíritu de cooperación, entendimiento, respeto y empatía fruto del proceso. Por otro lado, en la prensa podemos ver titulares o noticias que suscitan emociones que ahondan en la división entre unas y otras partes del conflicto (ecologistas vs. ganaderos, por ejemplo).

En otros casos hablar de emociones se considera irrelevante frente a los “problemas reales e importantes”, como Irina Velicu12 señala qué ocurre a la hora de categorizar como “emocionales e impulsivos” a los movimientos socioambientales antiminería en Rumanía.

Ante las críticas y la desconfianza a la hora de hablar también de lo emocional en cuestiones de poder y naturaleza, especialmente las geógrafas y ecólogas políticas feministas se han esforzado mucho en impulsar una agenda de investigación crítica sobre cambio global y conflictos ambientales con espacio para hablar de las emociones y los afectos conceptual, metodológica y empíricamente. Su intención, o en todo caso la nuestra, no es hacer una propuesta que asuma que un análisis de la realidad afectiva o emocional puede sustituir a los análisis biofísicos, económicos o materiales del cambio global, sino una propuesta que enriquezca y diversifique la investigación y la acción en conflictos y cambios ambientales donde haya espacio para hablar de lo que sucede en el ámbito emocional, como investigadoras, activistas, afectadas por o responsables de los cambios ambientales que enfrentamos.

 

Las gafas moradas en la ecología política: la ecología política feminista

La ecología política feminista es un campo de investigación y praxis que ofrece diferentes aproximaciones teóricas acerca de las relaciones sociales de poder asociadas con la naturaleza, la cultura y la economía, con un compromiso con epistemologías, métodos y valores feministas. Es decir, permite analizar las formas en las que la subordinación de las mujeres (y otros grupos sociales no privilegiados, como las personas empobrecidas, racializadas, LGTBI+, etc.) y la explotación de la naturaleza se entrelazan.

En lo que respecta al género, desde los ecofeminismos y ecologías políticas feministas, algunas afirman que la vinculación de las mujeres con el medio ambiente se da por una conexión “esencial” o sagrada de la mujer con la naturaleza y las tareas de cuidados. Para Alicia Puleo,13 esta es la llamada corriente espiritualista dentro de los ecofeminismos y podría ejemplificarse con el discurso de Vandana Shiva. Esta línea parece querer revalorizar “lo femenino” frente a una clasificación dualista que forma parte del heteropatriarcado y que tiende a asociar lo femenino con la naturaleza, la emoción, lo privado, y a subordinarlo a lo masculino, la cultura, la razón y lo público.14 Pero ha sido criticada por terminar reforzando muchos estereotipos que forman parte de la cultura patriarcal y que tienden a ser esencialistas. Otras, en cambio, prefieren, como nosotras, entender que esta vinculación tiene más que ver con el hecho de que la casa, la crianza y las tareas de cuidado son asignadas socialmente, “por defecto” y a menudo sin posibilidad de elegir, a las mujeres.15

El sistema patriarcal asigna que las mujeres dediquen más tiempo a las tareas de cuidado, y esto explica que ante las amenazas de perder la opción de cuidar, alimentar, etc., sean las que más se movilicen. Dentro de los ecofeminismos esta línea se ha denominado constructivista. En ella, el trabajo de Bina Agarwal asocia la interacción con el medio ambiente y la generación de mayor o menor sensibilidad ecologista debido a esa interacción, con la división sexual del trabajo y la distribución del poder y de la propiedad según las divisiones de clase, género, raza y casta en India.16

Lo emocional y lo afectivo es una forma más de conocimiento y expresión de las preocupaciones, los valores o los sufrimientos ambientales

Pero el tema del género no solo aparece en este sentido: en muchos lugares del mundo son las mujeres las que están al frente de las movilizaciones ambientales,17 aunque en la mayoría de los casos sus luchas sean invisibilizadas, violentadas, ignoradas o menospreciadas.18 Como ha denunciado el Fondo de Acción Urgente de América Latina,19 la persecución y el asesinato de las mujeres que luchan contra el capitalismo, el colonialismo, el extractivismo, y en defensa de la tierra y el agua han aumentado significativamente en la región. En América Latina, Berta Cáceres, Macarena Valdés y Marielle Franco son solo algunos nombres de esta lista. Además, las desigualdades de poder en relación al género también se dan en espacios ecologistas. Los trabajos relacionados con el medio ambiente no escapan a la desigualdad salarial entre hombres y mujeres.

También se ha analizado y denunciado cómo en espacios ecologistas participativos suelen ser las voces de los hombres las más escuchadas, o sus argumentos los que disponen de mayor visibilidad o mayor espacio para ser enunciados.20 Además, las ciudades también reportan más vulnerabilidad para las mujeres, ya que son uno de los colectivos que más experiencias de inseguridad y miedo reportan en diferentes espacios ur- banos,21 pero además estas son mediadas también por otros indicadores más allá de conceptualizaciones homogéneas y binarias del género, como la identidad sexual, la edad, la clase social, la orientación sexual o la etnicidad.22

Los aportes feministas que denuncian cómo los debates ambientales suelen presentarse en términos que tienden a devaluar lo que se asocia con las mujeres, la naturaleza, las emociones y el cuerpo, privilegiando simultáneamente lo que se asocia con valores construidos socialmente como “masculinos”, tales como la razón, la cultura, la humanidad, suelen dar cuenta, aunque no siempre de manera deliberada, de la participación de afectos y emociones en las dinámicas socioambientales. De esta manera, argumentan cómo lo emocional y lo afectivo es una forma más de conocimiento y expresión de las preocupaciones, los valores o los sufrimientos ambientales, y que dar espacio a lo emocional y lo afectivo facilita una comprensión más amplia de las personas como sujetos relacionales en su interacción con otras personas, territorios y con la naturaleza. Si nos entendemos como seres relacionales, entonces, a la hora de pensar, analizar y actuar ante los cada vez más agudos retos ambientales a los que nos enfrentamos, no podemos dejar las emociones a un lado.

 

Ecología política emocional

Al igual que en otros campos, las emociones no habían encontrado una consideración explícita en la ecología política hasta hace poco. Esta falta de atención hacia el papel de las emociones en la ecología política ha generado una comprensión incompleta de cómo funciona el poder en los conflictos ambientales. Varias ecólogas políticas y geógrafas feministas ya han explorado esta brecha ampliando nuestro conocimiento sobre cómo las emociones ayudan a los colectivos a mantener sus derechos sobre los comunes,23 y cómo el apego emocional a los lugares actúa como un motor para el activismo y la creación de políticas transformadoras.24

Este interés por lo emocional y lo relacional en su con- junto no solo se refleja en la ecología política en el contexto académico, sino que se abre paso en la práctica de los colectivos (activistas en general y ecologistas en particular), aumentando la incorporación de herramientas de gestión emocional y transformación de conflictos, que incluyen la dimensión emocional, en su funcionamiento cotidiano.25  Esto lo constatamos con nuestra propia práctica de facilitación de grupos, un tipo de proceso que va en aumento en este contexto. De la misma forma, en sectores relacionados como la educación, la comunicación y la participación ambiental se está incorporando esta perspectiva de manera paulatina.

La falta de atención al papel de las emociones en la ecología política genera una comprensión incompleta de cómo funciona el poder en los conflictos ambientales

A continuación, presentamos dos casos concretos en los que hemos participado como investigadoras, activistas o facilitadoras, y que presentan de manera resumida los aportes conceptuales, metodológicos y prácticos del enfoque que proponemos. Son ejemplos de casos de estudio realizados en distintos territorios, con metodologías diversas, diferente duración y en distintas fases del conflicto. Precisamente queremos mostrar que, incluso siendo casos y enfoques diferentes, podemos llegar a conclusiones compartidas.

 

Diálogos emocionalmente significativos en torno al cambio climático en Madrid

Planteamos para la reflexión el proyecto de Foros Abiertos sobre Cambio Climático (CC en adelante) realizados en Madrid en 2017 y 2018, en el que el diálogo significativo entre diferentes visiones y experiencias del cambio climático tiene como componente fundamental las emociones asociadas a ellas.26 Este trabajo surge de nuestro interés por entender qué nos pasa como sociedad ante el cambio climático desde una perspectiva diversa, escuchando todas las voces. En esta diversidad encontramos, por ejemplo, que hay personas que se sienten paralizadas, otras no encuentran la fuerza para realizar cambios, y otras se han formado en comunidades o grupos de referencia donde es más fácil actuar.

A la hora de desarrollar el proyecto seleccionamos el CC como una realidad que pone en juego distintos intereses, valores, necesidades, y por tanto vivencias y emociones, así como dinámicas de poder y privilegios. Por estas razones formulamos el CC como un conflicto socioecológico o ecosocial en el que incorporar herramientas que incluyan la dimensión relacional y emocional puede hacernos avanzar en el entendimiento y la acción como sociedad.

Trabajar en Madrid es trabajar en una ciudad con una alta cantidad de emisiones de gases de efecto invernadero27 y una alta vulnerabilidad que también presenta el medio urbano por la acentuación de fenómenos como la isla de calor y otros muchos riesgos señalados en el Quinto Informe del IPCC.28

Por qué hacer foros abiertos: qué son y qué aportan. Existen estudios muy relevantes sobre la representación social del CC a nivel estatal29 que utilizan una me- todología de investigación que logra resultados estadísticamente significativos y nos sirven de punto de partida para nuestro planteamiento. En el caso de Meira et al.30 se nos habla de las «cuatro Españas ante el Cambio Climático»: una «España desconectada» (11,6%), una «España cauta» (22,6%), una «España preocupada» (35,0%) y una «España alarmada» (30,8%). En la descripción de estos dos últimos perfiles aparecen las sensaciones de intranquilidad, temor, angustia o inquietud (para el perfil de preocupación) y de percepción de amenaza (para el perfil de alarma). Por su parte, Paco Heras31 indica que «resulta llamativa la fuerte negatividad contenida en estas reacciones, que revelan cómo un porcentaje significativo de las personas encuestadas percibe el cambio climático como un fenómeno muy preocupante, incluso amenazador». Dentro de las asociaciones registradas en las demoscopias que analiza, Heras destaca imágenes siniestras o de desolación, valoraciones negativas del fenómeno y sus consecuencias, y emociones personales como miedo, tristeza, preocupación, rabia, angustia, dolor, etc.

La existencia de este fuerte componente emocional en el CC nos llevó a utilizar la técnica de Foro Abierto, una estructura de diálogo grupal que procede de una corriente de trabajo con grupos denominada Trabajo de Procesos y Democracia profunda32, como  una  forma  de  abordar  el  tema  de manera exploratoria desde la dimensión relacional, de las emociones y los afectos. Nuestra inquietud de fondo es generar espacios donde se puedan expresar y gestionar esas vivencias de las que hablan los estudios citados, así como quizá otras que no hayan sido aún contempladas.

El apego emocional a los lugares actúa como un motor para el activismo y la creación de políticas transformadoras

El formato de Foro Abierto comienza con una descripción y presentación de posiciones en torno al tema principal. Arranca habitualmente con personas que inician el diálogo desde esas posiciones presentadas, asegurándonos de que estas perspectivas son diversas y abordan algunos de los aspectos difíciles de explicitar en relación a la pregunta o al tema planteado. Después queda abierto el diálogo para quienes quieran participar, y con las intervenciones de cada persona y las interacciones entre ellas se va desplegando la información que hay en estas posiciones, lo que permite entender mejor cuáles son las necesidades, preocupaciones y experiencias/emociones de cada rol.

A lo largo del foro identificamos cuáles son los puntos calientes o momentos de máxima diversidad de opiniones y vivencias, así como los puntos de máximo acercamiento o momentos de comprensión entre posiciones, los cuales constituyen las puertas de acceso para identificar las claves que favorecerán la colaboración o el entendimiento entre actores sociales con vivencias y opiniones inicialmente contrapuestas o divergentes. Uno de los objetivos es el aprendizaje acerca de qué ha hecho posible llegar a ambos tipos de momentos.

Foros realizados y reflexiones. A lo largo de un año y medio realizamos cinco foros abiertos con una pregunta central que iniciara el diálogo entre diferentes experiencias y visiones. La pregunta de cada foro la elegimos en función del foro anterior.

Al inicio de cada uno de los foros las personas participantes comienzan trayendo sus puntos de vista habituales, aquellos con los que se sienten más identificadas. El diálogo permite profundizar en los puntos de vista, las vivencias y emociones diversas. Así, a medida que diferentes personas hablan desde esos puntos de vista, se va dando una mayor toma de conciencia del impacto del conflicto y de la capacidad personal y colectiva de gestionarlo. Por eso, aunque iniciamos la conversación con algunas posiciones, otros roles emergen y es posible hablar de lo que es difícil en un espacio seguro. Por ejemplo, en el quinto foro, con dos preguntas centrales enfocadas en el efecto del CC en las relaciones («¿Cómo te relacionas con el cambio climático? ¿Cómo nos relacionamos ante el Cambio Climático?»), varias personas procedentes de otros países (algunas de las cuales son refugiadas ambientales) expresaron la tensión que les produce el consumismo o la indiferencia ante los problemas ambientales, ya que en su vivencia diaria no es posible olvidarse o desconectar del impacto que tiene el cambio climático en sus vidas. Otras personas compartieron experiencias de bloqueo emocional que contrastaban con experiencias más privilegiadas como “sentirse en comunidad” a la hora de afrontar este tema o “no sentir los efectos del CC”. Los privilegios que están en juego representan uno de los temas clave, y en este ejemplo concreto el privilegio de poder desconectar o no, y el de sentir apoyo o soledad.

Así como puede producirse a veces un mayor entendimiento y/o acercamiento entre visiones enfrentadas, las interacciones entre roles también pueden conllevar el aumento de la intensidad y la tensión entre los diversos puntos de vista, de manera que cada parte pueda expresarse más. En ambos casos ponemos énfasis en el aprendizaje. Por ejemplo, en los foros realizados las personas que han participado han valorado su toma de conciencia acerca de la interseccionalidad, sus privilegios y los de otras personas/actores sociales, así como de una mayor conexión con la empatía y con los procesos de cambio personal, colectivo y social. Es destacable la importancia de escuchar experiencias de personas y/o actores sociales que habitualmente no se perciben partícipes del tema, así como de personas que a medida que se profundiza en el diálogo reconocen su diversidad interna hablando desde diferentes vivencias y que pueden relacionarse ahora con posiciones con las que inicialmente les era difícil. Muchas de las personas participantes (tanto identificadas con estar comprometidas con el CC como otras que no consideran estarlo) han mostrado la necesidad y/o importancia de expresar las diversas emociones (angustia, sentimiento de pertenencia, miedo, frustración, rabia, agresividad o violencia, tristeza, desesperanza, esperanza, confianza, anhelos, etc.) que les produce el CC. Y esto no solo por el acto “sanador” que representa el simple hecho de expresarlas en un espacio seguro, sino también porque hacerlo les ofrece la posibilidad de un mayor entendimiento social y ambiental.

Nuestra interpretación de algunos de los aspectos que vemos transversales a las conversaciones mantenidas en los diversos foros, especialmente en los puntos de máxima diversidad y de acercamiento, son: la adicción al petróleo (como sociedad del Norte Global en la que se da el diálogo) y la dificultad para aceptar que nuestra vida solo es posible en ecodependencia e interdependencia. En relación a lo primero aparecían los estilos de vida intensivos en uso de petróleo como una adicción social (además de estar favorecidos estructuralmente en este contexto urbano, europeo, capitalista, etc.). Asumir esa dependencia del petróleo también como una adicción emocional implica no solo poner consciencia en cuáles son los estados emocionales asociados a su uso (por ejemplo, activación) y a su falta de acceso (por ejemplo, ansiedad), sino también pasar por el duelo que implica su renuncia y explorar qué otros caminos menos impactantes tenemos para satisfacer el anhelo que hay tras la adicción (por ejemplo, una vida plena). En relación a lo segundo nos dimos cuenta de que en los foros algunas personas experimentaban una fuerte sensación de vulnerabilidad que les daba la oportunidad para vivenciar esa interdependencia y ecodependencia, permitiendo a la vez considerar las propuestas de los ecofeminismos de poner la vida en el centro y llevar una vida buena dentro de los límites biofísicos del planeta.

 

El conflicto territorial y forestal en el territorio mapuche en Chile (Wallmapu), desde una perspectiva de “Ecología Política Emocional”33

El conflicto del Estado de Chile en territorio mapuche es un conflicto histórico por el control del territorio heredado desde épocas coloniales y postcoloniales. En este conflicto, el papel de la naturaleza y los recursos ambientales es central, ya que, desde la independencia del reino de España en 1818, y especialmente a través de políticas neoliberales heredadas de la dictadura de Pinochet (1973-1990), Chile ha fortalecido su proyecto de Estado mediante la apropiación de tierras (o territorio, en la cosmovisión política mapuche) en el Wallmapu (territorio mapuche en Chile), asegurándose la extracción de recursos naturales.

Una de las formas en que se manifiesta este conflicto en la actualidad es en la extracción de recursos madereros mediante plantaciones forestales de especies de rápido crecimiento, Pinus Radiata y Eucaliptus Globulus, que en su momento fueron implantadas con la idea de diversificar la matriz productiva del sur de Chile (categorizando a las economías campesinas e indígenas como “improductivas”) y prevenir la erosión, pero que han implicado la sustitución del bosque nativo por monocultivos forestales y la expulsión de las comunidades locales, bien sea de manera directa o a través de los impactos ambientales derivados de la extracción forestal como es la ausencia de agua, biodiversidad o trabajo, entre otros.

En la actualidad Chile cuenta con cerca de tres millones de hectáreas de plantaciones forestales concentradas principalmente en las Regiones de Maule, Bío-Bío, Araucanía y los Ríos, perteneciendo el 78% de las mismas a dos grandes grupos económicos (Celulosa Arauco y Constitución, del grupo Angelini y CMPC Celulosa, propiedad de la familia Matte). El modelo económico basado en la extracción forestal se destina principalmente al comercio exterior, siendo EEUU y China los principales países a los que Chile exporta las materias primas forestales.

Una mirada desde una ecología política que permita considerar el papel de las emociones en este conflicto permite el análisis de dos aspectos que podrían quedar invisibles de otra manera: el contenido emocional y afectivo en las campañas de responsabilidad social corporativa por parte del Estado y las empresas privadas, y la importancia de la expresión emocional a nivel individual y colectivo como parte de la estrategia de resistencia en el territorio.

El contenido emocional y afectivo en las campañas de responsabilidad social corporativa por parte de Estado y empresas privadas. Entre los años 2013 y 2016 realizamos entrevistas semi-estructuradas a representantes y personal de instituciones forestales del Estado (CONAF, por Corporación Nacional Forestal) y de las principales empresas forestales activas en Chile (en Santiago, Concepción, Temuco, Chillán, Arauco, Lota). Además, analizamos el material de divulgación de dichas instituciones para la población general y desarrollamos observación participante de las relaciones educativas y comunitarias de dichas instituciones con las comunidades locales; relaciones establecidas a través de talleres y charlas colectivas o individuales, con la intención de minimizar la conflictividad local asociada a los impactos ambientales y territoriales de las plantaciones forestales. Estas instituciones, que tienen mucho poder económico y simbólico en el territorio, llaman a estos programas como de “buena vecindad” y de “educación ambiental”.

Al analizar esta información encontramos que la intención de las instituciones del Estado y privadas es asegurar el control territorial, y que lo hacen a través de un fuerte componente emocional que busca asociar “extractivismo” con felicidad, progreso, satisfacción y amor a la naturaleza. En su sistemática distribución de propaganda forestal buscan asegurar una percepción favorable de la empresa en el territorio mediante diversos mecanismos como la realización de campañas puerta a puerta, el desarrollo de talleres de peluquería, la prestación de servicios médicos, la realización de excursiones para la población envejecida o los torneos de fútbol para los jóvenes; todo con el fin de «crear una relación de pertenencia entre la gente y la compañía», como el personal de Arauco, una de las mayores empresas forestales de Chile, nos decía. También se produce una cooptación directa de personas de la comunidad para cuidar o vigilar las plantaciones, generando conflictos intracomunitarios.

Las comunidades  en resistencia construyen una “comunidad emocional” que les sostiene colectivamente y les ayuda a planear las estrategias de defensa territorial

Estas “compensaciones emocionales” son estrategias del Estado y del sector privado para convencer a las comunidades locales de los beneficios de vivir entre plantaciones de árboles, y alentarles a involucrarse emocionalmente con el proyecto extractivista forestal. Además, se hace especial énfasis en la población infantil, a la que a través de campañas educativas en escuelas y asociaciones locales se les inculcan valores de cuidado a la naturaleza, pero asociados a los beneficios de la actividad extractiva.

El objetivo de educar a la población infantil no es solo con la intención de que estos sean futuras generaciones obedientes al “capitalismo verde”, sino también como transmisores de esos valores a sus familias. Así mismo, desde las instituciones públicas y privadas, con la participación de los medios de comunicación, se busca asociar la resistencia al modelo con el miedo, la mala conducta y el terrorismo.

La importancia de la expresión emocional a nivel individual y colectivo como parte de la estrategia de resistencia en el territorio. En su día a día las comunidades locales, rodeadas de estos monocultivos de árboles, vivencian, relacionan y expresan los impactos de este modelo forestal en sus hogares, territorios, cuerpos y afectos, realizando un ejercicio de soberanía, tanto de los territorios como de sí mismos. La resistencia socioambiental a este modelo de plantaciones forestales está protagonizada principalmente por comunidades mapuche y algunas comunidades campesinas que, frente al gran empresariado forestal, representan la población más empobrecida del sur de Chile.

Caminar con alguna de estas personas entre pinos o eucaliptos es escuchar sus emociones de rabia y pena por los cambios en el territorio que les rodea (ausencia de bosque nativo, reducción y contaminación de aguas, privatización de tierras, antiguos cementerios cubiertos por plantaciones forestales, etc.) y por las personas enfermas, fallecidas o asesinadas en enfrentamientos en defensa de la tierra. Además, en la práctica de la resistencia ambiental siguiendo la cosmovisión mapuche, las comunidades realizan encuentros grupales que permiten a las personas participantes la expresión de pena, dolor, miedo y rabia debido a las memorias de la opresión en el territorio, y que a la vez ofrecen espacios para practicar y encarnar otras formas de hacer y de sentir, a través de recuperaciones de tierra y biodiversidad de bosque nativo, juegos y bailes en comunidad y la práctica de su propio sistema de valores y creencias.

De esta manera, las comunidades en resistencia construyen una “comunidad emocional” que les sostiene colectivamente, les ayuda a romper los imperativos de control territorial y a planear las estrategias de defensa territorial de una manera integral, atendiendo a los procesos comunitarios y a lo que una mirada occidental llamaría “lo políticamente urgente”. La expresión individual y colectiva de las emociones es, por tanto, fundamental para que individuos y comunidades persistan en sus pensamientos y acciones diarias de resistencia frente a las estrategias de cooptación del poder económico y político como las descritas anteriormente o frente a la represión directa.

 

Conclusiones

En este artículo esperamos haber mostrado cómo considerar “lo emocional” como un espacio de poder y conflicto ofrece oportunidades a los movimientos socioambientales para abrir espacios de rearticulación de las relaciones de poder dentro y fuera de los movimientos, así como también ofrece a la investigación en ecología política la posibilidad de expandir el análisis del desarrollo de los conflictos en las esferas privadas/públicas e individuales/colectivas, y de considerar posiciones inestables y contradictorias en los puntos de vista de diferentes agentes sociales.

En lo que respecta al análisis de los retos, cambios y conflictos ambientales a los que nos enfrentamos, invitamos a que las investigaciones en el campo incorporen miradas que permitan entender de manera cercana las experiencias vividas de las comunidades expuestas a los cambios globales, así como las diferentes estrategias de adaptación, negación, cooptación, movilización, etc., por parte de los diferentes agentes e instituciones que participan en el entramado ecosocial.

La investigación en el marco de las ecologías políticas feministas y emocionales o afectivas puede servir de base para futuras investigaciones interesadas en revelar y transformar las sutilezas de las relaciones de poder y los desafíos que implican los conflictos ambientales. Además, los ejemplos que hemos expuesto invitan a que, desde la investigación, especialmente la que se realiza en este lado del océano, aprenda de los aportes decoloniales del Sur global, como es el caso de la espiritualidad y el rol que tiene en la conexión entre movilización, activismo y “sanación”.

En lo que respecta a la construcción de alternativas y activismos, trabajar en forma de comunidad es parte de la estrategia para el fortalecimiento o empoderamiento local. Como decía Yayo Herrero en una conferencia en Madrid en diciembre de 2018, «el cambio que tenemos por delante es un ejercicio radical de amor. Entendido como amor la radical voluntad de hacernos cargo de otras vidas, la radical voluntad de vivir en comunidad, de poner consciencia en necesitarnos unos a otros». Sin embargo, a pesar de la voluntad radical de muchas personas y entidades, esta intención a veces encuentra dificultades como desacuerdos, evitación del conflicto, abusos de poder, desesperanza, frustración. Por eso necesitamos herramientas existentes, por lo que muchas ya están llevando a cabo formaciones para gestionar mejor la escucha mutua y la expresión de desacuerdos, así como generar nuevas a partir de la propia práctica.

Nuestra reflexión apunta a que no deje de considerarse la importancia de la gestión emocional de y desde los grupos comprometidos, no solo por la propia salud de los mismos, sino también porque hacerlo de manera segura ayuda a entender la diversidad de emociones como una información más de cómo sucede el cambio, entendiendo las emociones como relacionales, individuales y colectivas, moldeadas a través de encuentros entre humanos, y naturaleza no humana, estructuras sistémicas y materiales. Es decir, dejar espacio a los contenidos emocionales de los retos ambientales a los que nos enfrentamos permite reconocer, expresar, discutir y arrojar luz sobre el conflicto, tanto en relación con los otros actores sociales en el conflicto (hacia afuera) como también en las relaciones dentro del grupo y de cada persona consigo misma (en el manejo de sus contradicciones, retos, etc.).

Estas herramientas sirven tanto para que las personas que ya están comprometidas sostengan el compromiso con espacios para reconectar con el sentido, la comunidad y el apoyo necesarios como para poder relacionarse con otros puntos de vista e ir más allá, no solo en lo confrontativo sino a la hora de escuchar el otro lado o las otras perspectivas y poder imaginar nuevas respuestas. Por eso, este enfoque es importante no solo para grupos ya comprometidos sino para toda intervención ambiental –comunicación, educación, participación– que quiera ser inclusiva y capaz de sostener diálogos donde las diferentes posiciones puedan escucharse y construir propuestas que, sin dejar de ser ambiciosas, puedan escuchar a todas las partes, sosteniendo los desacuerdos y reconociendo los privilegios y distribuciones desiguales de poder.

Este enfoque puede ayudar, por ejemplo, a que se dé un espacio en las intervenciones en relación al cambio climático para hablar del impacto emocional que nos provoca la información, o para gestionar la parálisis, el bloqueo, la angustia, el miedo, etc. en espacios donde quepan todas las voces. Sin embargo, nuestra propuesta no consiste en esencializar lo emocional y decir que si lo tenemos en cuenta todo irá mejor. Generar espacios para lo emocional en los retos ambientales requiere habilidades en las que entrenarse, culturas que lo sostengan, contextos pertinentes, etc. Y esto conlleva riesgos. Por eso necesitamos más ejemplos y posibilidades de sistematizar los aprendizajes en esta relación entre lo emocional y lo ambiental, para abordar con nuevas miradas y estrategias algunos de los escollos en los que nos encontramos.

Marien González Hidalgo es doctora en Ciencia y Tecnología Ambiental por el Instituto de Ciencia y Tecnología Ambiental de la Universidad Autónoma de Barcelona. Actualmente es investigadora asociada a la Swedish University of Agricultural Sciences, Uppsala, Suecia.

Conchi Piñeiro es doctora por el Programa Interuniversitario de Educación Ambiental e investigadora colaboradora del Laboratorio de Socioecosistemas (Departamento de Ecología, Universidad Autónoma de Madrid). Es también cofundadora y socia de la Cooperativa Altekio y del Instituto de Facilitación y Cambio (IIFACE).

NOTAS

1 Nuestro agradecimiento a Alfredo López por la cuidadosa revisión de estilo del texto a Jorge Riechmann, Oscar Carpintero y Alberto Matarán por la invitación inicial a escribir este artículo en el marco de "afrontar el colapso y evitar las barbaries". Y por supuesto, a todas las personas y territorios con las que hemos aprendido y seguimos aprendiendo (comunidades, participantes en los foros, investigadoras, compañeras, etc.).

2 Jessica G. Fritze, Grant Blashki, Sussie Burke y John Wiseman, «Hope, despair and transformation: climate change and the promotion of mental health and wellbeing», International journal of mental health systems, (2008), 2(1), 13.

3 Joan Martínez-Alier, El ecologismo de los pobres: Conflictos ambientales y lenguajes de valoración, Icaria, Barcelona, 2005 (3ª ed.).

4 Susan Paulson, Lisa Gezon y Michael Watts, «Locating the Political in Political Ecology: An Introduction», Human Organization, 62(3), 2003, pp. 205-217.

5 Las comillas se refieren a la distinción social y ambiental entre bosques y plantaciones, denunciadas por organizaciones ambientales como World Rainforest Movement.

6 Andrea J. Nightingale, «Fishing for Nature: the Politics of Subjectivity and Emotion in Scottish Inshore Fisheries Management», Environment and Planning A, 45(10), 2013, pp. 2362-2378.

7 Farana Sultana, «Suffering For Water, Suffering From Water: Emotional Geographies of Resource Access, Control and Conflict», Geoforum, 42(2), 2011, pp. 163-172.

8 Neera M. Singh, «The Affective Labor of Growing Forests and the Becoming of Environmental Subjects: Re- thinking Environmentality in Odisha, India», Geoforum, 47, 2013, pp. 189-198.

9 Ernesto Laclau, La razón populista, Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires/México, 2005.

10 Slavoj Žižek, Visión de paralaje, Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires/México, 2006.

11 Véase http://www.entretantos.org/declaracion-grupo-campo-grande/

12 Irina Velicu, «Demonizing the Sensible and the ‘Revolution of Our Generation’ in Rosia Montana», Global- izations12(6), 2015, pp. 846-858.

13 Alicia Puleo, «Feminismo y Ecología. Un repaso a las diferentes corrientes del ecofeminismo», Revista El Ecologista, núm. 31, 2002.

14 Val Plumwood, Feminism and the Mastery of Nature, Rouledge, Londres, 1993; Amaranta Herrero, «Ecofeminismos: apuntes sobre la dominación gemela de mujeres y naturaleza», Ecología Política, núm. 54, pp. 18-25.

15 Cristina Carrasco y Albert Recio, «Del tiempo medido a los tiempos vividos», Revista de Economía Crítica, núm. 17, 2018, pp. 82-97.

16  Puleo, Op. cit.

17 Diane Rocheleau, Barbara Thomas-Slayter, y Esther Wangari, (eds.), Feminist political ecology: Global issues and local experience, Routledge, Londres, 2013.

18 Yayo Herrero, Marta Pascual y María González Reyes, La vida en el centro, Ecologistas en Acción, Madrid, 2018.

19 Fondo de Acción Urgente de América Latina, Modalidades de criminalización y limitaciones a la efectiva participación de las mujeres defensoras de derechos ambientales, los territorios y la naturaleza en las Américas, 2016, consultado el 8 de enero de 2019.

20 Mercedes Agüera-Cabo, «Gender, values and power in local environmental conflicts: The case of grassroots organisations in north Catalonia», Environmental Values, 15(4), 2006, pp. 479-504.

21 Adriana Ciocoletto, y Col•lectiu Punt6, Espacios para la vida cotidiana. Auditoría de Calidad Urbana con perspectiva de género, 2014, consultado el 9 de enero de 2019.

22 María Rodó-de-Zárate, «Developing Geographies of Intersectionality with Relief Maps: Reflections from Youth Research in Manresa, Catalonia», Gender, Place & Culture, 21(8), 2014, pp. 925-944.

23 Nightingale, Op. cit; Singh, Op. cit.

24 Gavin Brown y Jenny Pickerill (eds.) «Activism and Emotional Sustainability», editorial en el especial del mismo título, Emotion, Space and Society, 2(1), 2009, pp. 1-3.

25 Ver, por ejemplo, Marien González-Hidalgo, «The politics of reflexivity: Subjectivities, activism, environmental conflict and Gestalt Therapy in southern Chiapas», Emotion, Space and Society, 25, 2017, pp. 54-62.

26 Este trabajo es el proyecto final del Diploma de Trabajo de Procesos de Conchi Piñeiro, disponible en https://altekio.es/

27 Madrid está englobado en el sector difuso (donde también se incluyen transporte, vivienda, oficinas, residuos, etc.) que es responsable del 55% de las emisiones de GEI en España según MadridSalud, Actuaciones ante el Cambio Climático, 2019, consultado el 9 de enero de 2019.

28 Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, Cambio Climático: Impactos, Adaptación y Vulnerabilidad. Guía resumida del Quinto Informe de Evaluación del IPCC Grupo de Trabajo II, 2014, consultado el 9 de enero de 2019.

29 Pablo Ángel Meira, Mónica Arto, Francisco Heras, Lucía Iglesias, Juan José Lorenzo, Pablo Montero, La respuesta de la sociedad española ante el Cambio Climático, Fundación Mapfre. Instituto de Prevención Salud y Medio Ambiente, 2013; Francisco Heras, Representaciones sociales del cambio climático en España: aportes para la comunicación, Tesis doctoral, Universidad Autónoma de Madrid, 2016.

30 Ibidem

31 Ibidem, p. 110.

32 El Trabajo de procesos y Democracia profunda tiene origen hace más de tres décadas. Cuenta con herramientas de trabajo personal, relacional, grupal y social. Un ejemplo son los foros abiertos, de los que se puede saber más en Arnold Mindell, La Democracia Profunda de los Foros Abiertos. Pasos prácticos para la prevención y resolución de conflictos familiares, laborales y mundiales, DDX, 2015.

33 Se presenta un resumen de este caso no solo para apoyar el argumento, sino también para darle visibilidad y apoyo desde donde es posible. Se puede leer más al respecto en otras publicaciones de las autoras como Marien González-Hidalgo y Christos Zogafos, «How sovereignty claims and “negative” emotions influence the process of subject-making: evidence from a case of conflict over tree plantations from Southern Chile», Geoforum, 78, 2017, pp. 61-73; sobre la resistencia del pueblo Mapcuhe en: http://www.mapuexpress.org/.

Acceso al texto completo en formato pdf:  Ecología política, feminista y emocional: por qué y para qué hablar de emociones y afectos en las situaciones actuales de cambio y conflicto socioambiental.

 


María Zambrano, una filósofa comprometida entre las “sinsombrero”

Maite del Moral escribe para el número 146 de la revista Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global un artículo sobre la vida y la obra de María Zambrano.

El texto defiende la obra de María Zambrano como fuente de reflexión en torno a cuestiones actuales de gran relevancia y reivindica la figura de esta filósofa como mujer y ejemplo de compromiso cívico y ético. Zambrano fue representante del grupo de las llamadas “Sinsombrero”, que simboliza la rebeldía frente a las normas establecidas y la libertad de pensamiento. A lo largo de su vida vivió el exilio de forma repetida y generó un importante pensamiento en torno a él. Tales cuestiones convierten a la filósofa malagueña en una pensadora muy actual.

María Zambrano sigue siendo una gran desconocida en nuestro país y, sin embargo, tanto su vida como su obra son una importante fuente de reflexión para muchas de las cuestiones que en este momento nos ocupan y preocupan. Creo que sería muy interesante volver de vez en cuando la mirada a unas mujeres pioneras en tantas cosas, valientes, modelo de compromiso social y libertad intelectual.

María Zambrano pertenece al grupo de las llamadas “Sinsombrero”, un grupo de escritoras y artistas –Zambrano representa dentro del grupo a la filosofía– pertenecientes a la generación del 27. Este apodo, reciente, de las “Sinsombrero” se basa en un hecho real que protagonizaron Maruja Mallo, Margarita Manso, Salvador Dalí y García Lorca, un día que, al atravesar la Puerta del Sol, decidieron quitarse el sombrero como un símbolo de rebeldía frente a las convenciones sociales del momento y de la necesidad que tenían de dejar fluir las ideas y liberar el pensamiento.

La persona y la obra de María Zambrano es compleja y polifacética. Su razón poética, eje central de su pensamiento filosófico, es una síntesis de filosofía y poesía, del mismo modo que ella era a la vez filósofa y poeta. Sus textos, aunque pertenezcan al género de ensayo, son en muchos momentos verdadera poesía. No es extraño que de pequeña quisiera ser una caja de música, pues su lectura “resuena”, llega al corazón antes que a la cabeza.

El pensamiento de María Zambrano es un intento de llevar la razón a todos los ámbitos de la realidad humana, a lo que ella llamaba «la realidad de la entraña»

Su pensamiento es un intento de llevar la razón a todos los ámbitos de la realidad humana, a lo que ella, entrañable persona, llamaba «la realidad de la entraña».

La filósofa malagueña es muy crítica con lo que ella llama «la violencia del pensar» propia de la filosofía occidental. Una filosofía que se ha interesado por la verdad del ser a la luz de la razón, pero a costa del abandono de otros aspectos de la realidad del ser. Su pretensión es la de llevar la razón a aquellos lugares que la filosofía occidental dejó abandonados, allí donde habitan los sentimientos, las pasiones o los anhelos. Ese es el objetivo de la razón poética, síntesis de filosofía y poesía. Ni la filosofía ni la poesía por separado han podido dar razón del ser humano entero. La palabra filosófica busca definir, mientras que la palabra poética pretende penetrar en lo inexplicable. Quiere un logos que deje de estar separado de las otras realidades humanas y pueda acoger y escuchar esas pobres «razones del corazón» –al decir de Pascal– pues, como ella misma señala, «nada de lo real ha de ser humillado». Se podría decir de la razón poética que es una razón que no pretende tener razón, sino dar razón de la vida.

Me parecía imprescindible hacer estos breves apuntes sobre su pensamiento filosófico, aunque en este artículo quiero centrarme en la figura de María Zambrano como mujer y como ejemplo de compromiso cívico y ético, algo tan necesario en estos tiempos nuestros y para ello voy a fijarme brevemente en tres cuestiones: su propia biografía, un somero análisis de su figura como representante del exilio español causado por la guerra civil y apuntar alguna de sus lúcidas reflexiones sobre el tema de la memoria histórica.

Biografía

María Zambrano nace en 1904 en Vélez, Málaga. Es hija de Blas Zambrano y de Araceli Alarcón, ambos maestros. A los 4 años se traslada a Madrid, donde vivirá hasta 1910, cuando la familia se instala en Segovia. En 1911 nace su hermana Araceli, que tendrá una gran trascendencia en su vida y en su obra.

En Segovia, Blas Zambrano es una figura progresista muy querida y respetada. Es muy amigo de Antonio Machado, con el que coincidirá en esta ciudad. María estudia Bachillerato en el instituto público donde Machado imparte sus clases, aunque no llegó a tenerle como profesor. Su padre le dejó muy claro desde el principio que si quería estudiar, tendría que aprender a convivir con muchachos. Ya sabemos que en aquella época no era precisamente ni fácil ni frecuente que una mujer accediera a algo más que a los estudios básicos.

Empieza a estudiar filosofía por libre en la facultad de Madrid, hasta que en 1924 la familia se traslada definitivamente a la capital, donde asiste a las clases de Zubiri y García Morente. Es también discípula de Ortega, al que siempre consideró su maestro a pesar de la incomprensión de este. Recuerda de un modo especialmente doloroso el día en que le fue a presentar un trabajo y Ortega le contestó: «Usted todavía no ha llegado y ya se quiere marchar». Y es que, efectivamente, en determinadas cuestiones, María Zambrano fue más allá y también más acá que Ortega.

Es esta una época de una intensa actividad intelectual y social y también de algún desengaño amoroso que compartía con Miguel Hernández. Nos cuenta que muchas tardes acostumbraban a ir al Manzanares a llorar juntos sus penas de amor.

Asiste a múltiples reuniones y conferencias y colabora en la creación de la FUE (Federación Universitaria Escolar). Publica diversos artículos, algunos muy interesantes, sobre la mujer y sus derechos. Podemos destacar dos que aparecen en El Liberal en 1928. El primero, del 2 de agosto: «Muy lejos se nos figuran ya las contiendas acerca de la capacidad de la mujer para funciones sociales. No es la falta de potencia intelectual, dotes organizadoras, lo que nos inquieta en la mujer, sino su resistencia a actuar de modo distinto a como lo hizo en su antiguo puesto, con las antiguas armas, que fueron “su grandeza y servidumbre”. Es la actitud de la mujer, siempre pronta a naufragar en lo doméstico. A adscribirse a perpetuidad a unos lares con exclusión absoluta. Es su ausencia de la vida ciudadana lo que nos preocupa a quien esperamos con impaciencia la “plena entrada de la mujer en el imperio de la dignidad”».

El 25 de octubre escribe: «Y esta mujer nueva no reniega ni siente rencor por el hombre, pues no se siente esclavizada a él, pero sí le exige un espíritu digno del suyo; sí le pide (en vez del mefistofélico callar) un ideal que dé perspectiva a sus vidas, unidad efectiva a su unión. Y ha sido tan rápido el viraje de la mujer en sus exigencias, que el hombre, descentrado, inadaptado, no sabe –generalmente– o no quiere colmarlas. Pero, al menos, ¡que no nos maten!».

Esta etapa se verá frenada cuando en 1928 contrae una grave enfermedad que la lleva al borde de la muerte y la obliga a guardar reposo absoluto. Acerca de este acontecimiento escribió a comienzos de los cincuenta un capítulo de su libro Delirio y Destino titulado ADSUM. Aquí profundiza, ya con la experiencia de los años, la derrota y el exilio, en esa vivencia de proximidad a la muerte que fue capaz de convertir en la experiencia de un nuevo nacimiento, en un sí consciente a la vida. Se dio cuenta de que no podía morir porque hasta entonces no había sabido vivir. Se vio a sí misma y a los otros de un modo diferente y comprendió que tenía que nacer por sí misma. «Nacer sin pasado, sin nada previo a que referirse, y poder entonces verlo todo, sentirlo, como deben sentir la aurora las hojas que reciben el rocío; abrir los ojos a la luz sonriendo; bendecir la mañana, el alma, la vida recibida, la vida ¡qué hermosura! No siendo nada o apenas nada por qué no sonreír al universo, al día que avanza, aceptar el tiempo como un regalo espléndido…».1

La filósofa malagueña pertenece a lo que ella denomina «generación del alba interrumpida», un grupo de jóvenes que pretendían hacer posible en España la frase de Ortega «vivir es convivir»

María Zambrano pertenece a lo que ella misma denomina «generación del alba interrumpida». La describe como una generación alegre, limpia, ilusionada, llena de esperanza; un grupo de jóvenes que pretendían hacer posible en España la frase de Ortega «vivir es convivir», aunque ella misma se preguntaba –y cada vez más nos seguimos preguntando– si no sería utopía en España esa voluntad de convivir.

Fue una generación que quiso despertar y aunar a su causa a los que ellos llamaban «los maduros». Así, visitaron y consiguieron reunirse con Azaña, Valle Inclán, Indalecio Prieto y Marañón, entre otros. Resulta curiosa una anécdota de aquellos encuentros. Fue Valle Inclán el que les insistió en que fueran a ver a Azaña porque era el que, según él, tenía un verdadero instinto político. Ella misma narra la respuesta de Don Manuel: «Sí, ya sé por qué han venido ustedes a verme. Don Ramón se empeña en que tengo talento político, pero la verdad es que no me interesa la política ni veo tener el menor talento para ella ni que me dedique a ella nunca, pero hablen..».2 Eso sí, a continuación empezó a pedirles toda serie de concreciones sobre su modo de organizarse. Se reunieron casi clandestinamente en un merendero de La Bombilla y comenzó entre ellos una fructífera colaboración.

Fue un grupo de jóvenes que trabajó muy activamente para ayudar a la llegada de la República. Dijeron “no” a la hora de ocupar cargos políticos (a ella le ofrecieron ir en las listas del PSOE al Parlamento), pero volvieron a decir “sí” en el momento del peligro, cuando comenzó la guerra. Unos cayeron y otros tuvieron que abandonar España. «La Utopía – nuestra utopía– se nos ha cuidadosamente repartido –escribe Zambrano–; a vosotros, los muertos, os dejaron sin tiempo, a nosotros, los supervivientes, nos dejaron sin lugar». <sup>3</sup>

María Zambrano se casó en septiembre de 1936 con Alfonso Rodríguez Aldave y marchó con él a Santiago de Chile, donde había sido nombrado secretario de la embajada. Sin embargo, en 1937 la angustia por la situación que se vive en España les hace regresar, justo en el mismo momento en que muchos intelectuales salen de ella. Cuando fue preguntada por un periodista que por qué volvía a España si la guerra ya estaba perdida, respondió: «precisamente por eso».

Durante la guerra se instala en Valencia y allí mantiene una intensa actividad dando charlas, escribiendo y trabajando para la infancia evacuada.

El 26 de enero de 1939 parte con su familia al exilio por la Junquera y llegan hasta París. Allí se quedarán su madre y su hermana Araceli, mientras ella viaja hacia México, donde empieza a impartir clases de filosofía en la Universidad de Morelia. Hasta 1959 su vida, llena de dificultades de diferente índole, entre ellas la económica, discurrirá entre México, Cuba y Puerto Rico.

En 1946 las noticias sobre la salud de su madre son alarmantes. Tarda mucho en poder conseguir un visado, pero cuando consigue llegar a París, su madre ya había fallecido y encuentra a Araceli en un estado lamentable debido a las torturas a las que le había sometido la GESTAPO y a la detención y traslado a Madrid de su compañero, que fue fusilado en la cárcel de Díaz Porlier en 1943.

Ya de vuelta a Europa, en 1953 realiza diversas estancias en París y Roma, hasta que en 1964 se traslada a La Pièce en Suiza.

Todavía en el exilio, recibe en 1980 el Premio Príncipe de Asturias. Por fin, en 1984 regresa a España, a Madrid. Allí vive en la calle Alfonso XII hasta su muerte en 1991. En 1988 había recibido el Premio Cervantes, a cuya recepción no pudo acudir porque su salud era ya muy frágil.

El exilio

María Zambrano es una de las figuras más importantes del exilio español. Su obra no se puede entender sin conocer lo que para ella supuso la experiencia del exilio, pues éste llegó a formar parte inseparable de su vida y su obra. Esto nos ayuda a entender las dudas y reticencias que despertaba en ella la posibilidad del regreso.

En una conferencia titulada   Amo mi exilio, que escribió para que fuera leída en un curso de El Escorial  y que se publicó en ABC el 28 de agosto de 1989, escribe: «Hay ciertos viajes de los que solo a la vuelta se puede saber. Para mí, desde esa mirada del regreso, el exilio que me ha tocado vivir es esencial. Yo no concibo mi vida sin el exilio que he vivido. El exilio ha sido como mi patria o como una dimensión de mi patria desconocida. Pero que una vez que se conoce, es irrenunciable. Confieso, porque hablar de determinados temas no tiene sentido si no se dice la verdad, confieso que me ha costado mucho renunciar a mis cuarenta años de exilio, mucho trabajo, tanto que, sin ofender, al contrario, reconociendo la generosidad con que Madrid y toda España me han arropado, con el cariño que he encontrado en tanta gente, de vez en cuando me duele, no, no es que me duela, es una sensación como de quien ha sido despellejado, como San Bartolomé, una sensación ininteligible, pero que es».<sup>4</sup>

Los escritos de María Zambrano sobre el exilio trascienden el contexto del exilio español provocado por la guerra civil para adquirir una extraordinaria actualidad.

Los escritos de María Zambrano sobre el exilio trascienden el contexto del exilio español provocado por la guerra civil para adquirir una extraordinaria actualidad. Su capacidad de ahondar en el aspecto humano del exiliado nos atañe muy profundamente en un momento en que, desgraciadamente, parece que nos estamos acostumbrando a ver a tantos seres humanos arrojados de sus tierras por la guerra, las persecuciones o la pobreza, como simples imágenes fijas sobre un fondo televisivo.

El exilio es para ella un auténtico rito iniciático a través del que se produce la revelación de lo más esencial de la condición humana. Comienza cuando aparece el sentimiento de abandono: «Comienza la iniciación al exilio cuando comienza el abandono, el sentirse abandonado».<sup>5</sup>

Cuenta en Delirio y Destino que, estando una noche en Salses, un pueblecito de Francia, en la habitación de un hotel, escuchó unos pasos subiendo las escaleras y le invadió el temor de que fueran los gendarmes que venían a pedirle la documentación. En realidad, era una joven pareja que estaba allí alojada, pero el miedo y el sentimiento de distancia respecto a aquellos jóvenes le hizo entender su situación. No había tenido miedo mientras atravesaba la frontera rodeada de la multitud, una más entre ellos. En esos momentos no se había sentido sola ni vencida, pero en el cuarto de aquel hotel de provincias supo que se había desgajado para siempre de aquella multitud y que definitivamente estaba sola, sola consigo misma. Eran «algo diferente que suscitaría aquello que pasaba en la Edad Media a algunos seres sagrados: respeto, simpatía, piedad, horror, repulsión, atracción, en fin… eso, algo diferente. Vencidos que no han muerto, que no han tenido la discreción de morirse, supervivientes».6

Para Zambrano es, pues, el abandono y el sentimiento de diferencia respecto a los otros lo que marca la iniciación al exilio. Es la pérdida de la seguridad de lo propio, de todo lo que hasta ese momento nos había acompañado. El exiliado será un extraño, un forastero, un caminante al borde del camino, como canta el poeta, exiliado también, León Felipe:

CANSÁBAME de hacer día tras día La jornada tan solo y tan callado… Y me quedé apostado

En un recuesto al borde de la vía, Esperando la santa compañía

De algún lento romero rezagado… Nadie pasó.

Y esta canción traía

El viento sollozante:

Sigue tu ruta solo, caminante.

(León Felipe)7

La condición de exiliado representa la comprensión de lo irreversible del paso de la frontera. Ya nunca más se vuelve a pasar la frontera o, si se vuelve a pasar, nunca se va a recuperar lo que en ese momento se perdió: la casa, la familia, la tierra, la patria.

Es interesante recordar en estos momentos de tanto falso patrioterismo lo que María Zambrano entendía por patria: «Así es la Patria. Mar que recoge el río de la muchedumbre. Esa muchedumbre en la que uno va sin marcharse, sin perderse, el Pueblo, andando al mismo paso con los vivos, con los muertos. Y al salirse de ese mar, de ese río solo entre cielo y tierra, hay que recogerse a sí mismo y cargar con el propio peso; hay que juntar toda la vida pasada que se vuelve presente y sostenerla en vilo para que no se arrastre».8

El exiliado representa aquello que nos cuestiona, lo que no nos gustaría y quisiéramos tener alejado de nosotros. Es «lo que se arrojaría de la fiesta cívica, lo que se relegaría al cuarto oscuro de los trastos o allí en el palomar vacío o en el abejar, lejos, para ir –eso sí– de vez en cuando a la chita callando a llevarle algo».9

Los exiliados son también portadores de la desgracia que tememos que nos ocurra. Tenemos la suerte de que no nos pasa aquello que a ellos les sucede. Les compadecemos y ayudamos en algo si podemos, pero nos produce un sentimiento de alivio, aunque acompañado de cierta culpa, que sea a ellos y no a nosotros a quienes les ocurre la desgracia. Son ellos los mendigos, los desterrados, mientras que nosotros podemos regresar satisfechos a la confortable protección del hogar. Sin embargo, paradójicamente, para ella el exiliado es portador de una ofrenda que solo él es capaz de dar y que nosotros no somos capaces de entender, pues hay «algo que no tienen los habitantes de ninguna ciudad, los establecidos; algo que solamente tiene el que ha sido arrancado de raíz, el errante, el que se encuentra un día sin nada bajo el cielo y sin tierra; el que ha sentido el peso del cielo sin tierra que lo sostenga».10

Memoria que rescata

María Zambrano tuvo claro que la existencia de los exiliados, de ellos como exiliados, intepelaba, cuestionaba, y el cuestionamiento es siempre algo molesto.

En Carta al exilio, que se publica por primera vez en 1962, reflexiona sobre la incomodidad que el exiliado español representaba, no solo para aquellos que les habían forzado al exilio y seguían interesados en ignorarlo o mantenerlo, sino también por la nueva generación de jóvenes que aspiraba a cambiar el futuro del país y a que este cambio estuviera dirigido por su acción y su pensamiento. Para ellos el exiliado también resultaba algo molesto y querían que, simplemente, “se desexiliaran”. Parecían no darse cuenta de que «un mínimo de continuidad es indispensable para que la historia sea historia humana y para que la patria propiamente exista».11

No entendían que el que pretende negar la historia se queda sin tiempo: «Al exiliado le dejaron sin nada, al borde de la historia, solo en la vida y sin lugar; sin lugar propio. Y a ellos un lugar, pero con una historia sin antecedentes. Por tanto sin lugar también; sin lugar histórico».12

Y, sin embargo, es precisamente el exiliado, al haber tenido que renunciar a todo, el que ha alcanzado la madurez necesaria para entender su historia. «Hemos descendido solos a los infiernos inexplorados de la historia para rescatar de ellos lo rescatable. Para ir extrayendo de su historia sumergida una cierta continuidad. Somos memoria, memoria que rescata».13

Es precisamente la memoria lo que puede acudir a nuestro rescate, pero, como ella misma dice, «la memoria suscita pavor. Se teme de la memoria el que se presente para que se reproduzca lo pasado, es decir, algo de lo pasado que no ha de volver a suceder. Y para que no suceda, se piensa que hay que olvidarlo. Hay que condenar lo pasado para que no vuelva a pasar. La verdad es todo lo contrario».14

Es precisamente el exiliado, al haber tenido que renunciar a todo, el que ha alcanzado la madurez necesaria para entender su historia.

No nos damos cuenta de que lo pasado negado como si no hubiera ocurrido se convierte en fantasma y –como ella dice– los fantasmas siempre vuelven: «solo no vuelve lo pasado rescatado, clarificado por la conciencia; lo pasado de donde ha salido una palabra de ver- dad. La historia que se va a dar en verdad es la que no vuelve, la que no puede volver. Ha ascendido a los cielos, a los cielos suprahistóricos; su verdad es como una estrella de esas que guían».15

Y esa palabra de verdad es el legado que nos dejaron estos exiliados. Una palabra de verdad que surge del llanto, pero que canta la esperanza, como dice el poema de León Felipe:

ESPAÑOLES:

El llanto es nuestro

Y la tragedia también,

Como el agua y el trueno de las nubes. Se ha muerto un pueblo

Pero no se ha muerto el hombre. Porque aún existe el llanto,

El hombre está aquí de pie,

De pie y con su congoja al hombro,

Con su congoja antigua, original y eterna, Con su tesoro infinito

Para comprar el misterio del mundo, El silencio de los dioses

Y el reino de la luz. Toda la luz de la Tierra

La verá un día el hombre

Por la ventana de una lágrima… Españoles,

Españoles del éxodo y el llanto: Levantad la cabeza

Y no me miréis con ceño,

Porque yo no soy el que canta la destrucción

Sino la esperanza.

(León Felipe).16

 

Maite del Moral es Licenciada en Filología Clásica y Psicóloga Clínica. Ha estado ligada a la Fundación FUHEM durante toda su trayectoria profesional desde sus comienzos como profesora de Santa Cristina, y actualmente es la Presidenta del patronato de FUHEM.

NOTAS:

1 M. Zambrano, Delirio y Destino, Mondadori, Madrid, 1989, p. 21.

2 Ibidem, p. 42.

3 Ibidem, p. 208.

4 M. Zambrano, Las palabras del regreso, Cátedra, Madrid, 2009, p. 66.

5 M. Zambrano, Los Bienaventurados, Siruela, Madrid, 2003, p. 30.

6 M. Zambrano, 1989, Op. cit., p. 38.

7 Leon Felipe, Versos y oraciones del caminante, Visor, Madrid, 1993, p. 27.

8 M. Zambrano, La tumba de Antígona, Mondadori, Madrid, 1983, p. 92.

9 M. Zambrano, 2003, Op. cit., p. 34.

10 M. Zambrano, 1983, Op. cit., p. 91.

11 M. Zambrano, El exilio como patria, Anthropos, Barcelona, 2014, p. 10.

12 Ibidem, p. 10.

13 Ibidem, p. 11.

14 Ibidem, pp. 11-12.

15 Ibidem, p. 12.

16 León Felipe, Poesía completa, Visor, Madrid, 2004, p. 276.

 

Acceso al texto del artículo en formato pdf:  María Zambrano, una filósofa comprometida entre las “sinsombrero”

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


8 de Marzo: Selección de Lecturas

 

 

 

 

 

Con motivo de la celebración del Día Internacional de la Mujer, desde el Centro de Documentación de FUHEM Ecosocial hemos elaborado una recopilación y selección de libros de la sección de GÉNERO de nuestra Biblioteca:

 

 

AGENJO CALERÓN, Astrid

Economía política feminista: sostenibilidad de la vida y economía mundial

Madrid: FUHEM Ecosocial, La CATARATA, 2021, 333 págs.

 

ATENCIO, Graciela

Feminicidio: de la categoría político-jurídica a la justicia universal

Madrid: La Catarata, 2014, 256 págs.

 

 

BLAS, Alicia de

71 propuestas para educar con perspectivas de género

Madrid: FUHEM, 2018, 62 págs.

 

BLASCO LISA, Sandra; MAGALLÓN PORTOLÉS, Carmen

Feministas por la paz. La Liga Internacional de Mujeres por la Paz y la Libertad (WILPF) en América Latina y España

Barcelona: Icaria, 2020, 272 págs.

 

 

BUTLER, Judith

El género en disputa: el feminismo y la subversión de la identidad

Barcelona: Paidós, 2011, 316 págs.

 

BUTLER, Judith; FRASER, Nancy

¿Reconocimiento o redistribución? Un debate entre marxisimo y feminismo

Madrid: Traficantes de Sueños, 2016, 107 págs.

 

 

 

COBO, Rosa (ed.)

La imaginación feminista: debate y transformaciones disciplinares.

Madrid: Catarata, 2019, 285 págs.

 

 

FEDERICI, Silvia

Revolución en punto cero: trabajo doméstico, reproducción y luchas feministas

Madrid: Traficantes de Sueños, 2018, 390 págs.

 

HERRERO LÓPEZ, Yayo; GONZÁLEZ REYES, María; PÁRAMO PINO, Berta 

Cambio Climático.

Valencia: Litera Libros, 2019, 55 págs.

ISBN: 978-84-120150-2-7

HERRERO, Yayo; PASCUAL, Marta; GONZÁLEZ REYES, María; GASCÓ, Emma (il.)

La vida en el centro: voces y relatos ecofeministas

Madrid: Libros en Acción, 2018, 236 págs.

 

JUBETO RUÍZ, Yolanda; LARRAÑAGA SARRIEGI, Mertxe; CARRASCO BENGOA, Cristina; HERRERO LÓPEZ, Yayo; SALAZAR DE LA TORRE; Cecilia; CRUZ AYUSO, Cristina de la; SALCEDO CARRIÓN, Lorena; PÉREZ ALBA, Ela

Sostenibilidad de la vida. Aportaciones desde la Economía Solidaria, Feminista y Ecologista

Bilbao: REAS EUSKADI, 2014, 260 p.

 

LUCÍA, Lourdes   

El Atlas de las mujeres en el mundo: las luchas históricas y los desafíos actuales del feminismo. 

Madrid: Clave Intelectual, 2018, 125 págs.

 

MAGALLÓN, Carmen

Mujeres en pie de paz

Madrid: Siglo XXI, 2006, 297 págs.

 

MARAÑÓN, Iria

Educar en el feminismo

Barcelona: Plataforma Editorial, 2017, 267 págs.

 

MARRERO ROCHA, Inmaculada (dir.)  

Conflictos armados, género y comunicación. 

Madrid: Tecnos, Fundación Euroárabe, 2015, 286 págs.

 

MENDÍA AZKUE, Irantzu

Enfoque de género en comisiones de la verdad: experiencias en América Latina y África

Bilbao: Hegoa, 2020, 167 págs.

 

MIES, María

Patriarcado y acumulación a escala mundial

Madrid: Traficantes de Sueños, 2019, 434 págs.

 

MIES, María; SHIVA, Vandana

Ecofeminismo

Barcelona: Icaria, 2015, 501 págs.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                   

MIGUEL JUAN, Carmen

Refugiadas: una mirada feminista al Derecho Internacional

Madrid: Catarata, 2016, 269 págs.

 

NOVO, María (coord.)

Mujer y medio ambiente: los caminos de la visibilidad

Madrid: Catarata, 2007, 245 págs.

 

OLTRA, Mónica; HERRERO, Yayo

Las personas primero: Conversación entre Mónica Oltra y Yayo Herrero

Barcelona: Icaria, 2013, 92 p.

PARKIN, Sara

Vida y muerte de Petra Kelly

Madrid: Clave Intelectual, 2016, 414 págs.

PATEMAN, Carole  

El contrato sexual.  

Madrid: Trincheras, 2019, 420 págs.

PAZOS MORÁN, María

Desiguales por Ley: las políticas públicas contra la igualdad de género

Madrid: Catarata, 2013, 289 págs.

PÉREZ OROZCO, Amaia

Subversión feminista de la economía: aportes para un debate sobre el conflicto capital-vida

Madrid: Cátedra, 2008, 472 págs.

 
PULEO, Alicia 

Claves ecofeministas: para rebeldes que aman a la tierra y a los animales.  

Madrid. Plaza y Valdés, 2019, 163 págs.

 

 

 

 

PULEO, Alicia

Ecofeminismos para otro mundo posible

Madrid: Cátedra, 2011, 448 págs.

 

 

 

RANEA TRIVIÑO, Beatriz 

Feminismos: antología de textos feministas para uso de las nuevas generaciones y de las que no lo son tanto.  

Madrid: Catarata, 2019, 221 págs.

 

 

RODRIGUEZ PALOP, María Eugenia

Revolución feminista y políticas de lo común frente a la extrema derecha. 

Barcelona: Icaria, CLACSO, 2019, 151 págs.

 

 

SÁNCHEZ, María 

Tierra de mujeres; una mirada íntima y familiar al mundo rural. 

Barcelona: Seix Barral, 2019, 185 págs.

 

 

SEAGER, Joni  

La mujer en el mundo: Atlas de la geografía feminista.  

Barcelona: Grijalbo, 2019, 208 págs.

 

SERRA, Clara

Leonas y zorras: estrategias políticas feministas

Madrid: Catarata, 2018, 157 págs.

 

SEVILLA PAVÓN, Ana, HABA OSCA, Julia (eds.)

Educación multidisciplinar para la igualdad de género: perspectivas sociales, filológicas, artísticas y ambientales

Valencia: Universidad Politécnica de Valencia, 2017, 195 págs.

 

SHIVA, Vandana, MIES, María; HERRERO, Yayo, et al.   

Por qué las mujeres salvarán el planeta.  

Barcelona: Rayo Verde, 2019, 283 págs.

 

SILIPRANDI, Emma; ZULOAGA, Gloria Patricia (coords.)

Género, agroecología y soberanía alimentaria: propuestas ecofeministas

Madrid: Queimada, 2016, 172 págs.

SUÁREZ NAVAZ, Liliana; HERNÁNDEZ CASTILLO, Rosalva Aída

Descolonizando el feminismo: teoría y práctica desde los márgenes

Madrid: Cátedra, 2008, 472 págs.

 

 

VALERA, Nuria

Cansadas: una reacción feminista frente a la nueva misoginia

Madrid: Ediciones B,, 2017, 215 págs.

 

VARELA, Nuria

Feminismo para principiantes

Barcelona: B, 2016, 410 págs.

 

 

VVAA

¿Cómo puede cambiar el mundo el feminismo?

Madrid: Lengua de Trapo, 2019, 290 págs.

 

 

 


¿Por qué una Economía Inclusiva?

Santiago Álvarez Cantalapiedra y Ángel Martínez González-Tablas presentan la nueva Colección de Economía Inclusiva editada por FUHEM Ecosocial y La Catarata.

¿Por qué una Economía inclusiva?

A la economía se la suele definir como ciencia social más por el enfoque que por el contenido, y como el enfoque dominante es el neoclásico, la economía es entendida habitualmente como el estudio de la elección racional que hacen los individuos.

Esta definición canónica sirve para instruir al estudiante que aspira a obtener el grado de Economía. Poco importa que el enfoque que así define a esta disciplina de las ciencias sociales sea solo uno entre los muchos existentes; menos aún que esta mirada sea tan reduccionista como para centrarse únicamente en las elecciones racionales de los individuos (como si nuestras acciones no estuvieran gobernadas por emociones o condicionadas por creencias y marcos mentales), sin mencionar siquiera que la racionalidad instrumental —que es la única que se contempla— no sea más que una de las múltiples dimensiones que presenta la razón humana.

Esta aproximación ha servido, sin embargo, para alcanzar una alta formalización matemática en los argumentos económicos, incluso cuando las matemáticas no ayuden a aclarar gran cosa. Se responde así al sueño de construir una ciencia económica lo más parecida posible a la física o a la química del siglo XIX. Pero la economía no puede ser una ciencia en el sentido en que lo fueron la física y la química anteriores a la aparición de la teoría cuántica y de la relatividad. No posee una respuesta única a sus interrogantes y fracasa rotundamente a la hora de hacer predicciones, principalmente porque los seres humanos tenemos voluntad propia y libertad de acción en el marco de unos contextos que deberían ayudarnos a no confundirla con la idea de soberanía. Para evitar poner la carreta delante de los bueyes, convendría comenzar por definir qué es la economía, y solo después discutir acerca de la manera más adecuada de abordar su estudio.

La economía, en un sentido sustantivo, consiste en el estudio de la actividad económica. Son actividades económicas aquellas que producen, distribuyen y consumen los bienes y servicios que satisfacen las necesidades de una determinada población. Estas actividades se encuentran incardinadas en la sociedad y en la naturaleza, por lo que su funcionamiento y reproducción dependerá de articulaciones e interrelaciones entre sistemas.

La economía así entendida debe leerse como un subsistema abierto inserto en el sistema social y en los diversos sistemas biofísicos que se entrelazan en el planeta Tierra. Además, en cuanto actividad de aprovisionamiento, la economía involucra diferentes esferas. Se pueden sintetizar en cuatro: la familia, el mercado, los comunes y el Estado. Todas esas esferas son ámbitos que intervienen cotidianamente en la producción, distribución y consumo de los bienes y servicios que necesitamos, pero que funcionan de forma distinta y despliegan relaciones sociales diferenciadas. Tenerlas presentes permite reconocer otras muchas identidades sociales y económicas más allá de la condición de trabajadores, consumidores o propietarios; en los hogares solemos ser cuidadores (o maltratadores) además de buenos (o malos) vecinos; en un Estado de derecho, todos somos ciudadanos y, en el espacio de los comunes, miembros de una comunidad. Cada día oscilamos sin el menor problema entre diferentes roles y relaciones que nos hacen partícipes de una sociedad que se organiza a partir de estructuras e instituciones. Un aspecto central en cualquier disciplina es determinar qué variables se consideran endógenas y, por consiguiente, susceptibles de análisis y estudio. Si la economía tiene que ver con el aprovisionamiento de bienes y servicios a través de diferentes esferas incardinadas en la sociedad y en la naturaleza, resulta evidente que muchas de las variables consideradas exógenas a los problemas por parte del pensamiento económico dominante tendrían que ser, en realidad, interiorizadas por la argumentación económica.

No hacerlo bajo la añagaza metodológica de que dificulta el tratamiento matemático de los problemas termina convirtiendo a la economía en una maquinaria tan extraordinariamente sofisticada como irrelevante para interpretar los acontecimientos económicos de nuestros días; eso, en el mejor de los casos, pues puede acabar legitimando además el statu quo a través del bloqueo de lecturas más ricas y complejas de la realidad económica.Ante estas limitaciones y riesgos asociados a la ortodoxia económica, se abre camino el pensamiento heterodoxo.

Este pensamiento ha dado lugar a múltiples corrientes que van incorporando aspectos cruciales al análisis económico. La estructura social, la distribución de la renta y la riqueza, cuestiones sobre el poder, las normas y valores sociales, las relaciones de género o las condiciones sociales y ecológicas para la reproducción de la vida no pueden ser expulsadas de los análisis en cuanto que determinan el funcionamiento de la economía y quedan afectadas, a su vez, por su desarrollo.

La economía política marxista, la economía ecológica o la economía feminista, junto a enfoques poskeynesianos e institucionalistas críticos, han ido poniendo el énfasis en algunos de esos aspectos y proponiendo interpretaciones con una mayor capacidad explicativa de los problemas económicos. Sin embargo, a estos enfoques les cuesta mucho dialogar entre sí. Quienes se dedican a uno u otro enfoque —sean de economía política, economía ecológica o feminista— suelen reconocer la conveniencia de la existencia de los otros, así como los avances que van cosechando en sus respectivos terrenos. Hasta pueden llegar a admitir que las desigualdades (sociales y de género) y los patrones de insostenibilidad están íntimamente relacionados, o que la crisis de cuidados y la crisis ecológica son manifestaciones de una crisis más amplia que tiene que ver con la reproducción de la vida. Pero siempre hay una pata del trípode que parece que cojea en sus investigaciones.

Así, los análisis que pretenden combinar los enfoques de la economía de cuidados con los de la economía ecológica para afrontar la explotación de los trabajos no mercantiles junto a la cuestión de la degradación de los sistemas naturales no siempre tienen presentes la estructura social y las dinámicas entre las clases, y los que se empeñan en analizar las múltiples contradicciones que alberga el capitalismo suelen ignorar la gran contradicción de que este socava las bases sociales y ecológicas de su reproducción, que se sitúan como condiciones externas a él. Sin embargo, la realidad es tozuda y nos muestra cómo la crisis ecosocial actual combina la crisis ecológica con la de cuidados, convirtiéndose en una crisis de reproducción social en su sentido más amplio, que está íntimamente ligada al funcionamiento y estructura del capitalismo.

La tentación de abordar un aspecto de esta realidad de forma aislada, olvidando que forma parte de un todo interrelacionado, no solo es errónea, sino que además corre el riesgo de asemejarse paradójicamente al proceder de la economía convencional. Tanto las relaciones sociales y de género como los problemas ambientales son aspectos de crucial importancia para entender los sistemas económicos, su funcionamiento y su reproducción. No basta la condescendencia de quien, admitiendo su relevancia, concede únicamente este reconocimiento sin llegar a incorporar dichos aspectos al núcleo de sus aproximaciones teóricas y modelos económicos.

Un propósito sincero de integración requiere analizar cómo los vectores socioeconómicos, ecológicos y de género se entrecruzan y exacerban mutuamente, de manera que los problemas no se pueden entender, y mucho menos resolver, haciendo abstracción de alguno de ellos.

La fundación FUHEM impulsó en el año 1991 la colección de Economía Crítica con la intención de reconsiderar los límites de la perspectiva ortodoxa en el tratamiento de numerosos problemas de gran relevancia que quedaban fuera o se juzgaban complementarios al análisis económico. Para desarrollar tal perspectiva crítica se hacía necesario recuperar la economía política y hacer un replanteamiento epistemológico de la economía abriéndola a otros enfoques dentro de las ciencias sociales.

En el año 2008, de la mano de la editorial Los Libros de la Catarata, retomó este empeño al amparo de una nueva colección denominada “Economía Crítica & Ecologismo Social”, con la vocación de ampliar el angular que permitiera abordar los diferentes aspectos económicos que subyacen a la crisis ecosocial actual.

La profundización de esta crisis reclama ahora un paradigma inclusivo capaz de combinar las perspectivas de la economía política, la economía ecológica y la economía feminista ofreciendo una mirada compleja e integradora.

La colección de Economía Inclusiva responde a este reto asumiendo el desafío de construir un paradigma integrador de las distintas corrientes críticas, que enlace el análisis y tratamiento de los problemas actuales con las transiciones imprescindibles y urgentes hacia una forma alternativa de producir, intercambiar y distribuir los bienes y servicios necesarios para una existencia socialmente justa y ambientalmente sostenible.

En esta línea, el propósito de la colección es acoger materiales teóricos y empíricos, analíticos y propositivos, españoles e internacionales, que traten de entender el tiempo que vivimos y de hacer posibles los procesos de cambio que necesitamos.

Acceso al texto completo: ¿Por qué una Economía Inclusiva?


Entrevista a Astrid Agenjo Calderón

MONICA DI DONATO entrevista a Astrid Agenjo Calderón economista feminista extremeña, que forma parte del Grupo de investigación EcoEcoFem Economía Feminista, Ecológica y Desarrollo, en torno a su libro Economía Política Feminista: sostenibilidad de la vida y economía mundial publicado por FUHEM Ecosocial y Catarata dentro de la nueva Colección Economía Inclusiva.

 Monica Di Donato (MDD): Dentro de la economía feminista hay muchas corrientes. ¿Cuáles son las aportaciones críticas más específicas que se realizan desde la economía política feminista y cómo se ponen en diálogo con las demás (no sólo dentro del feminismo)?

Astrid Agenjo Calderón (AAC): Efectivamente la Economía Feminista (EF) es muy diversa y existe una amplia variedad de aproximaciones y niveles de análisis que, considero, varían en función de tres pilares: los diferentes enfoques epistemológicos feministas de los que parten; de la influencia de diferentes corrientes económicas a la hora de aproximarse al objeto de estudio económico; y de los diferentes enfoques políticos feministas sobre el sistema económico capitalista y los horizontes de emancipación.

Si bien, esta diversidad y amplitud de enfoques pivotan en torno a tres cuestiones centrales:

1) En primer lugar, explicitar el papel clave del "género" en la Economía, entendiéndolo como una categoría teórica central (pero ¿desde qué óptica se teorizan las relaciones de poder? ¿Y con qué implicaciones políticas?).

2) En segundo lugar, subrayar los límites de lo que se ha entendido –y se entiende– convencionalmente por "economía", tanto como actividad y como ciencia que la estudia, desvelando los sesgos androcéntricos que la caracterizan (pero ¿nos sigue sirviendo la conceptualización de "lo económico" una vez descubiertos tales sesgos? ¿Nos interesa desvelar otro tipo de sesgos que están también presentes? ¿Nos sirven las herramientas convencionales para acercarnos a los nuevos objetos de estudio?).

3) En tercer lugar, manifestar el compromiso ético-político que toda investigación feminista tiene con la transformación de un orden socioeconómico que se considera inherentemente injusto (pero, citando a Lourdes Benería, ¿consideramos que la EF constituye de una alternativa al sistema económico predominante, una proposición radical en cuanto a la igualdad de género que además propone la superación del capitalismo? ¿O se refiere sobre todo a la eliminación del patriarcado? ¿Representa un feminismo liberal o un feminismo de izquierdas?).

Las diferentes corrientes de la Economía Feminista van a responder a las cuestiones planteadas de diversas formas, lo cual nos permitiría establecer posibles clasificaciones. En este trabajo utilizo como base la diferencia que establece Amaia Pérez Orozco entre una Economía Feminista integradora y una Economía Feminista rupturista. Y la hipótesis de la que parto es que, en los últimos años, se viene observando una convergencia paulatina hacia las visiones más rupturistas en términos metodológicos. De hecho, es dentro de estas visiones rupturistas donde se encuadra la propuesta de la Economía Política Feminista que planteo en el libro.

Las ideas centrales de la Economía Política Feminista serían las siguientes:

  • Entender el género como una categoría teórica central, es decir, como una herramienta para analizar un objeto de estudio distinto a las relaciones de género, aunque siempre construidas en relación al género (imbricadas  a su vez en una intersección de relaciones de poder);
  • Entablar diálogo con otros enfoques económicos heterodoxos que, con vocación inclusiva, tratan de poner las condiciones de vida en el centro de la economía;
  • Un posicionamiento crítico no solo con la ciencia económica convencional, sino con el tipo de sistema económico que ésta apuntala: un sistema que es capitalista, heteropatriarcal y racista y que, en su fase neoliberal, está poniendo en jaque la sostenibilidad de la vida de forma diferenciada, agravando las múltiples dimensiones del conflicto capital-vida. Conflicto que, en última instancia, se conforma como el principal objeto de estudio de la Economía Política Feminista.

 

MDD: ¿Dónde nace, entonces, la necesidad de escribir este libro y qué objetivo persigue? En ese sentido, ¿cuáles son las contribuciones y las miradas más rompedoras y radicales que has podido trabajar en el libro y que deberían guiar su lectura?

AAC: El libro es una adaptación de mi tesis doctoral y de alguna manera, plasma mi propio recorrido en la EF en esta última década. Se centra en dos objetivos generales que sirven a su vez para estructurar las dos partes del libro:

Por un lado, definir la Economía Política Feminista como una sub-corriente en el seno de la Economía Feminista, exponiendo en profundidad cada uno de los rasgos señalados anteriormente. Este objetivo surge de la necesidad de sistematizar una forma específica de entender la Economía Feminista desde un posicionamiento político explícito de cuestionamiento del sistema capitalista y sus conexiones con un sistema de dominación múltiple: heteropatriarcal, racista y colonial.

En concreto, hay un interés específico en estudiar el enfoque de la Sostenibilidad de la Vida como un ejemplo de esta sub-corriente. Dicho estudio se hace aportando un punto de vista sistémico y estructural, tratando de continuar los estudios que buscan dibujar un esquema ampliado del capitalismo a partir de relaciones económicas a nivel macro (relaciones entre el sistema ecológico-social-económico); a nivel meso (relaciones entre esferas de actividad: mercado-estado-hogares-redes sociales y comunitarias); y a nivel micro (relaciones entre sujetos concretos: subjetividades-cuerpos-identidades).

El interés en estudiar este enfoque y ampliarlo desde un punto de vista sistémico, radica en tres cuestiones centrales: en primer lugar, considero que este enfoque plantea un punto de vista estratégico desde el que dialogar con otras corrientes económicas heterodoxas, no solo en relación con una redefinición de la actividad económica, sino también respecto a la representación ampliada del Sistema Económico Capitalista y el conflicto capital-vida que lo estructura. En segundo lugar, el interés radica también en que es una propuesta que se viene desarrollando específicamente en el contexto hispanohablante de las últimas dos décadas, y considero fundamental visibilizar a las autoras que lo vienen trabajando tanto dentro como fuera de la academia.

En tercer lugar, se trata de un enfoque rupturista y crítico que permite abordar el contexto de crisis sistémica y civilizatoria que atravesamos de forma diferenciada, recuperando el interés feminista por las cuestiones de redistribución económica en el actual contexto de encrucijada global.

Surge la necesidad de sistematizar una forma específica de entender la Economía Feminista desde un posicionamiento político explícito de cuestionamiento del sistema capitalista y sus conexiones con un sistema de dominación múltiple: heteropatriarcal, racista y colonial.

Y ello se vincula con el segundo objetivo del libro: explorar las posibilidades del enfoque sistémico de la sostenibilidad de la vida para estudiar un conjunto de tendencias de la economía mundial, tratando de desvelar distintas dimensiones del conflicto capital-vida que subyacen en cada una de ellas:

1) la exigencia imperativa del colapso ecológico;

2) el paso de la 5ª a la 6ª revolución tecnológica;

3) el proceso de globalización económica realmente existente;

4) la expansión y crisis de la financiarización de la economía;

5) la emergencia de la economía global del cuidado;

6) la globalización política y la reestructuración del sistema internacional. Considero que de la combinación de estas fuerzas surge el mundo que nos rodea y las principales contradicciones que lo atraviesan.

Su estudio permite visibilizar las múltiples dinámicas de dominio, explotación y expolio que subyacen bajo el buen funcionamiento de los circuitos globales de acumulación, obstaculizando el establecimiento de las condiciones de posibilidad de una vida digna para las mayorías sociales, y fomentando un redimensionamiento reaccionario de la desigualdad de género a escala global.

Por último, el enfoque de la sostenibilidad de la vida también permite dibujar nuevas estrategias de resistencia y lucha feminista posibles, planteando posibles horizontes emancipatorios hacia los que dirigirnos y en los que la vida, digna y sostenible esté, por fin, en el centro de la práctica política.

 

MDD: Desde tu punto de vista, y empleando una perspectiva crítica ¿en qué momento se encuentran ahora el feminismo y la economía política feminista?, ¿cuáles son los debates centrales que se están abordando ahora (en el sentido de recibir más espacio dentro de las reflexiones)? y, al mismo tiempo, ¿cuáles son las tareas y desafíos que quedan pendientes?

AAC: Considero que los feminismos se encuentran en un nuevo momento histórico que es definido por muchas autoras como una Cuarta Ola. En el libro utilizo de hecho esta nomenclatura, entendiendo, no obstante, que se trata de una visión parcial y eurocéntrica que no reconoce toda la genealogía del movimiento a escala planetaria. Si bien, ello me sirve para contextualizar la emergencia en el Norte global de un "feminismo del 99%" (en términos de Arruzza, Bhattacharya y Fraser) más popular, comunitario e interseccional.

Un feminismo que se articula sobre el "conflicto capital-vida" y que estaría sirviendo de altavoz y fomentando las alianzas globales de mujeres con una situación vital, demandas y necesidades adicionales a las establecidas por la cultura y el discurso dominante. Temas centrales estarían siendo por supuesto el medio ambiente y los cuidados, pero también los derechos de las empleadas de hogar, de las trabajadoras sexuales, la despatologización trans, el colonialismo, las políticas migratorias o el sindicalismo feminista, entre muchas otras.

Considero que el mayor interés de estos feminismos por las cuestiones redistributivas también ha ayudado a la expansión y visibilidad de la Economía Política Feminista, con los rasgos que señalaba en la pregunta anterior. De hecho, se trata de un feminismo que ha emergido en un contexto de crisis sistémica y civilizatoria con dos puntos de inflexión cruciales, la Gran Recesión y la actual pandemia global, todo ello en el marco de un colapso ecológico cada vez más evidente.

El feminismo tiene un reto de enorme calado, a la hora de establecer alianzas con otros movimientos emancipatorios que traten de poner la sostenibilidad de la vida en el centro.

Es conveniente señalar que la primera de estas crisis llevó a un recrudecimiento del neoliberalismo bajo formaciones simbólico/culturales cada vez más reaccionarias y antidemocráticas, justificando con criterios de mercado el discurso del sálvese quien pueda, la precarización, la polarización social y la desigualdad, y animando a una forma de comportamiento individualizada, despolitizada, fragmentada y basada en el constante análisis coste-beneficio en cada una de las dimensiones de la vida cotidiana.

Una crisis que, a su vez, ha hecho emerger en el Norte global una crisis de reproducción social de gran magnitud y que ha puesto sobre la mesa los problemas de una crisis de cuidados irresuelta durante décadas y absorbida por el trabajo de muchas mujeres en los hogares. Y es en semejante contexto en el que ha estallado la actual pandemia global, la cual nos empuja a un nuevo escenario global de incertidumbre e inestabilidad, en el que, citando a Nancy Fraser, emergerán nuevos paisajes de explotación, expropiación y dominación y nuevas fracturas sociales. Y aquí de nuevo el feminismo tiene un reto de enorme calado, a la hora de establecer alianzas con otros movimientos emancipatorios que traten de poner la sostenibilidad de la vida en el centro.

En este sentido, a mi juicio sería clave reforzar el interés por desentrañar las lógicas macroeconómicas venideras desde las miradas feministas, profundizando en mayor medida sobre el reacomodo de las cadenas globales de suministro, la financiarización, los tratados de libre comercio, la mercantilización o el consumo global entre muchas otras dinámicas que se producirán.

 

MDD: La tesis que defiendes al final del libro es que hay que ir hacia horizontes emancipatorios en los que la prioridad sea la sostenibilidad (en un sentido amplio y complejo) de la vida. ¿Cómo te imaginas esos horizontes?

 AAC: Imaginar esos horizontes en un escenario histórico tan incierto y cambiante como el actual es realmente complejo. El escenario actual puede ser leído como un paso más en la huida hacia delante en la distopía del capitalismo, pero también como una posibilidad de avanzar hacia una "gran transformación" de la sociedad con criterios de justicia social. En el libro se recogen algunas reflexiones de autoras/es que dibujan esa transformación teóricamente, pero también aspectos propositivos que pueden darse en el corto y medio plazo, y que podrían sembrar la semilla del cambio en el largo plazo.

Es evidente que hay urgencias que hay que resolver y, en mi opinión, es importante trascender la retórica sobre la "pérdida de futuro" y pasar a la acción. La más importante, porque nos va la vida en ello, es el colapso ecológico. Y aquí la propuesta del capitalismo verde es una falacia absoluta. En lo que nos debemos centrar es en transformar el modelo productivo y los patrones de consumo, reduciendo drásticamente la extracción de materiales y el consumo de energía, priorizando la redistribución frente al crecimiento. Otra urgencia clave a mi juicio es la recuperación de derechos laborales, la lucha contra las formas de discriminación directa e indirecta en el mercado laboral, y los derechos de conciliación de la vida laboral, personal y familiar, que cuestionen la idea del trabajador libre de cuidados.

Se trata de entender el empleo y el salario no como un fin, sino como un medio, un instrumento para empezar la reivindicación colectiva partiendo de unas condiciones de vida dignas, lejos de la (auto)explotación y del cautiverio del sálvese quien pueda.

Otra urgencia clave en este sentido es el derecho universal a cuidados dignos, y aquí la política pública tiene un papel crucial, no solo con políticas sectoriales de atención a la infancia, a la dependencia, etc., sino situando el cuidado de forma transversal en el conjunto de la política económica. Ello pasa también por el fortalecimiento de la articulación entre el estado y las redes comunitarias, fomentando diferentes formas institucionales de "bien común" de base social colectivistas, mutualistas o cooperativistas que generan beneficio colectivo.

Se trata de entender el empleo y el salario no como un fin, sino como un medio, un instrumento para empezar la reivindicación colectiva partiendo de unas condiciones de vida dignas,

Si bien, un problema al que nos enfrentamos en este sentido -y recojo aquí las reflexiones de la profesora Lucía Gómez- es la disputa cultural y la confrontación con los parámetros hegemónicos. Desde esta óptica es crucial desplazar la idea de sujeto autosuficiente que ha dado forma a nuestros deseos, aspiraciones, motivaciones y placeres en la etapa neoliberal y que ha tenido un efecto paralizador y anestesiante. Por ello me parece clave que, desde la óptica de la sostenibilidad de la vida no solo se politice la consecución de bienestar común, sino también politizar el malestar, releyendo colectivamente aquellos discursos y prácticas que nos hacen daño a nivel personal en el día a día, que nos enferman, nos generan ansiedad, estrés, sentimientos de vacío, frustraciones, nihilismo, desapego...

Creo que ello es clave para dibujar objetivos creadores que pasen por el cuerpo, la resistencia y por modelos de subjetividad alternativos, construyendo un horizonte con posibilidades de transformación, no solo teóricamente sino con concreciones en la realidad social.

Monica Di Donato

FUHEM Ecosocial

Marzo 2021


Debates: Polarización: síntoma de una sociedad en crisis

 

Primera sesión del Ciclo Debates para un Pensamiento Inclusivo organizado por la Revista Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global de FUHEM Ecosocial con la Casa Encendida de Fundación Montemadrid,

La polarización política corroe la democracia y amenaza con paralizar las instituciones democráticas. El avance de la posverdad en medios de comunicación y redes sociales, la desafección ciudadana y el agravamiento de las condiciones materiales en amplias capas de población, subyacen a este fenómeno.

La falta de tolerancia y respeto de los partidos políticos acaba calando en la ciudadanía y se expresa en forma de crispación, nihilismo y furia.

España figura entre los países más polarizados de Europa. ¿Hay salidas?

En este coloquio se abordan varios aspectos de la actual polarización política –sus características y consecuencias, el rol de los medios y redes sociales, y la cultura de la cancelación–, así como posibles salidas a través de preguntas clave de las moderadoras y el posterior debate con el público.

Para esta sesión contamos con autores de tres de los artículos del número 152 de la revista Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global: Polarización, fracturas, crispación y posverdad.

  • Luis Miller es científico titular del Instituto de Políticas y Bienes Públicos del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (IPP-CSIC).
  • Víctor Sampedro es catedrático de Comunicación política en la Universidad Rey Juan Carlos y autor de varios libros.
  • Jordi Mir es profesor de filosofía moral y política en la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona y la Universitat Autònoma de Barcelona.

Presentan y dinamizan el acto:

Elisa Hernández de Pablo, Responsable de Medio Ambiente de La Casa Encendida

Nuria del Viso, FUHEM Ecosocial

Monica Di Donato, FUHEM Ecosocial

Coordina: Revista Papeles y Área Ecosocial de la Fundación FUHEM..

 

 


Economía Política Feminista

Economía Política Feminista: sostenibilidad de la vida y economía mundial de Astrid Agenjo Calderón es el segundo número de la Colección Economía Inclusiva de FUHEM Ecosocial.

La economía política feminista constituye una aproximación crítica y alternativa a los análisis de la economía convencional y a las deficiencias estructurales de un sistema capitalista, heteropatriarcal y racista que ha puesto en jaque la sostenibilidad de la vida, causando y agravando el conflicto capital-vida.

La financiarización descontrolada, la mercantilización de cada vez más procesos de la vida íntima, la privatización creciente de medios de producción y sectores económicos, la invisibilización de la economía de cuidados o la sobreexplotación de una fuerza de trabajo feminizada y precaria son algunos de los aspectos abordados por la economía política feminista.

Esta corriente económica pone la vida, sostenible y digna, en el centro. Articula sus principios en torno a un feminismo del 99%, que recuperaría el interés por las cuestiones redistributivas y por las preocupaciones medioambientales, negociando continuamente sobre las cuestiones del poder y la diferencia. Y se alinea con las posiciones interseccionales que entienden que la realidad socioeconómica está mediada por una multiplicidad de factores (de género, sexualidad, raza o etnia, localización, acceso a recursos…) que no deben ignorarse si se quieren afrontar los problemas sistémicos en un contexto global de complejidad e incertidumbre.

Trasladando los aportaciones teóricas de la economía política feminista a los análisis de las tendencias de la economía global, su autora aborda en profundidad, y mediante un completo repaso a la literatura especializada, las claves para entender las causas y efectos del colapso ecosocial.

Ofrece, en definitiva, una rigurosa propuesta teórica que pueda ser de utilidad para concebir nuevos horizontes emancipatorios que prioricen la sostenibilidad de la vida en la organización del sistema económico.

Sobre la autora:

Astrid Agenjo Calderón (Garbayuela, 1985). Economista feminista extremeña. Doctora en Ciencias Sociales y máster en Economía Internacional y Desarrollo. Es profesora en el Departamento de Economía, Métodos Cuantitativos e Historia Económica de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla, donde forma parte del Grupo de investigación EcoEcoFem Economía Feminista, Ecológica y Desarrollo. Es vicepresidenta del Observatorio GEP&DO, miembro del Grupo de Trabajo Economía Feminista Emancipatoria (Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales) y de la Red Iberoamericana de Investigación en Trabajo, Género y Vida Cotidiana.

También realiza actividades de asesoría y consultoría independiente, y de formación en economía feminista para diversas instituciones y organizaciones sociales. Participa activamente en movimientos sociales y feministas, y concilia su vida familiar, personal y laboral, rural y urbana, gracias a una amplia red de afectos que sostienen su vida.

A continuación ofrecemos:

El acceso a diferentes materiales, como un video, una entrevista realizada por FUHEM Ecosocial a la autora, el texto completo de la Introducción, el video de la Conferencia sobre Economía Política Feminista que la autora impartió el 7 de mayo de 2021 en el Salón de Actos de Facultad de Filosofía y Letras - FYL de la Universidad Autónoma de Madrid - UAM , donde presentó el libro, y   el índice del mismo.

Un video donde la autora explica que la economía política feminista critica las deficiencias estructurales del sistema capitalista aspirando a impulsar una transformación social muy poderosa y rompedora y que necesitamos situar el debate en torno a nuevos horizontes emancipatorios que prioricen el mantenimiento de vidas dignas, en condiciones de justica, equidad y respeto por el entorno natural y humano.

 

Entrevista realizada por Monica Di Donato del equipo de FUHEM Ecosocial en torno al contenido del libro.

 

Conferencia sobre Economía Política Feminista, 7 de mayo de 2021, Salón de Actos de Facultad de Filosofía y Letras - FYL de la Universidad Autónoma de Madrid - UAM.

 

 

Índice

AGRADECIMIENTOS

PRÓLOGO

NOTAS SOBRE LA AUTORA

INTRODUCCIÓN

  1. Un mundo en crisis.
  2. Los feminismos ante la encrucijada global: una Cuarta Ola en formación.
  3. La necesidad de una Economía Política Feminista.
  4. La mirada sobre la Sostenibilidad de la Vida.
PARTE I

CAPÍTULO 1. HACIA UNA ECONOMÍA POLÍTICA FEMINISTA

  1. Punto de partida: diferencias entre ortodoxia y heterodoxia económica.
  2. Ortodoxia y heterodoxia en los análisis económicos en torno al género: Economía de Género y Economía Feminista.
  3. Economía Feminista: breve genealogía y rasgos clave.
  4. Economía Política Feminista: elementos diferenciadores.

CAPÍTULO 2. EL ENFOQUE SISTÉMICO DE LA SOSTENIBILIDAD DE LA VIDA

  1. Una representación ampliada del sistema económico.
  2. Conflicto capital-vida
PARTE II

CAPÍTULO 3. APROXIMACIÓN A LA ECONOMÍA MUNDIAL DE NUESTRO TIEMPO (I)

  1. Economía Política Feminista y economía mundial.
  2. La exigencia imperativa del colapso ecológico.
  3. El paso de la 5ª a la 6ª revolución tecnológica.
  4. Globalización económica realmente existente.

CAPÍTULO 4. APROXIMACIÓN A LA ECONOMÍA MUNDIAL DE NUESTRO TIEMPO (II)

  1. Ascenso y crisis de la financiarización.
  2. La emergencia de la economía del cuidado global.
  3. Globalización política y crisis del sistema internacional.

REFLEXIONES FINALES. HORIZONTES Y ESTRATEGIAS POSIBLES

BIBLIOGRAFÍA

 

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Papeles 152: Polarización

La polarización política corroe la democracia.

El número 152 de la revista Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global aborda el fenómeno de la polarización caracterizado por un alineamiento creciente de los partidos políticos en torno a posturas cada vez más alejadas entre sí –lo que se conoce como polarización ideológica–.

En la polarización subyace un alejamiento de la búsqueda de la verdad en medios de comunicación y redes sociales, la falta de confianza de la ciudadanía en las instituciones y el agravamiento de las condiciones materiales para amplias capas de población.

Todo ello, hunde sus raíces en la mal resuelta crisis económica de 2008 y aún antes en el advenimiento del neoliberalismo, la globalización y el estrechamiento del cerco del poder económico al poder político.

La polarización se manifiesta en el presente con un formato nuevo, y si cabe, más preocupante: la polarización afectiva, es decir, el mayor apego a líderes y partidos cercanos a nuestras preferencias y una mayor separación de partidos, líderes y votantes con los que no compartimos afinidad. Esto puede derivar en frentismo y “cultura de la cancelación” hacia quienes piensan diferente, dinámicas que fracturan la sociedad y la capturan en un círculo vicioso.

La polarización política, tanto ideológica como afectiva, actúa a varios niveles:

  • En el ámbito de los partidos políticos: el enrocamiento amenaza con paralizar el funcionamiento de las instituciones democráticas.
  • Medios de comunicación y redes sociales: bajo el paradigma de la posverdad y ayudados por unos algoritmos que priman lo polémico, refuerzan posiciones extremas y el rechazo ideológico y emocional hacia el “otro”.
  • Y el cóctel de falta de tolerancia y de respeto escenificado por partidos políticos, medios y redes sociales.

Todo ello, acaba calando en la ciudadanía expresándose en forma de crispación, nihilismo y furia, así como desafección a las instituciones e incluso a la misma democracia.

España, junto a otros países del sur, figura entre los países más polarizados de Europa, hecho en el que no son ajenos factores estructurales característicos de estos países, como el desempleo y la desigualdad económica, sin que hasta el momento se atisbe una salida.

Urge, por tanto, reflexionar sobre el problema y buscar soluciones colectivamente.

La sección A FONDO cuenta con tres artículos y dos entrevistas que abordan temas como: la polarización política en España, el ascenso en Europa de la ultraderecha, las dinámicas polarizadoras que se desarrollan en las redes y una lectura crítica de la cultura de la cancelación.

En ACTUALIDAD repasamos el país que deja Donald Trump mediante una entrevista con el investigador y activista Khury Petersen-Smith, además de un análisis sobre la gentrificación parisina de la mano de Jean Pierre Garnier.

La sección ENSAYO recoge una reflexión desde el feminismo sobre emociones en la crisis ecosocial, y REFERENTES incluye un texto de Paco Fernández Buey que repasa la historia del comunismo a lo largo del siglo XX.

Una vez más acompañamos el número de la sección LECTURAS y CUADERNOS DE NOTAS en la que se reseñan y comentan algunas publicaciones recientes que pueden resultar de especial interés.

A continuación, ofrecemos el sumario de la revista, que podrás descargar a texto completo, junto con la Introducción de Santiago Álvarez Cantalapiedra y el artículo de Luis Miller incluido en la sección A FONDO.

 

SUMARIO

INTRODUCCIÓN

Polarización: síntoma mórbido de una sociedad en crisis.

Santiago Álvarez Cantalapiedra,

A FONDO

La polarización política en España: entre ideologías y sentimientos.

Luis Miller,

Entrevista a Guillermo Fernández Vázquez a propósito de su libro Qué hacer con la extrema derecha en Europa.

DIego Escribano,

Espacio público digital y dinámicas polarizadoras.

Víctor Sampedro,

Entrevista a César Rendueles sobre las bases materiales de la polarización.

José Bellver Soroa,

Necesidad de verdad, conflicto y generosidad. Más allá de la crítica a la cancelación.

Jordi Mir García,

ACTUALIDAD

Entrevista a Khury Petersen-Smith: de Black Lives Matter a la liberación negra.

Nick Buxton,

Paris-Rive Gauche: un barrioparisino urbanísticamente correcto.

Jean-Pierre Garnier,

ENSAYO

Ecología política, feminista y emocional: por qué y para qué hablar de emociones y afectos en las situaciones actuales de cambio y conflicto socioambiental.

Marien González Hidalgo y Conchi Piñeiro,

REFERENTES

Cinco calas en la historia del comunismo del siglo XX. Para el libro blanco del comunismo.

Francisco Fernández Buey,

LECTURAS

La mente de los justos: por qué la política y la religión dividen a la gente sensata, de Jonathan Haidt ..

Octavio Arriola, Rocío Culebras y Krasimir Nikolaev.

Routledge handbook of migration and development, de Tanja Bastia y Ronald Skeldon (eds.)

Valentina Benincasa.

El golpe de estado como espectáculo. Materiales para una teoría crítica del poder, de Fernando Oliván López.

Arturo Luque González.

Contra la doctrina del shock digital, de Adrián Almazán y Jorge Riechmann (eds.)

Manuel Casal Lodeiro.

Economía rosquilla. 7 maneras de pensar la economía del siglo XXI, de Kate Raworth.

Pedro Redondo Morales.

CUADERNO DE NOTAS

RESÚMENES

 

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Polarización: ¿sociedad en crisis?

Santiago Álvarez Cantalapiedra introduce el número 152 de Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, con el texto titulado: Polarización: síntoma mórbido de una sociedad en crisis.

 

El pasado seis de enero cientos de partidarios de Donald Trump asaltaron el Capitolio de los Estados Unidos apenas unos minutos después de que comenzara la sesión destinada a certificar la victoria de Joe Biden en las elecciones del tres de noviembre.

Este acontecimiento se ha convertido en un símbolo de la polarización política que atraviesa aquel país. Entre los asaltantes, un hombre ataviado con pieles de un bisonte que se hacía llamar el lobo de Yellowstone en su canal de YouTube, desde el que defiende las teorías del movimiento QAnon (acrónimo de Q-Anonymous).

Este movimiento surgido de foros de internet ha visto su mensaje propagado y amplificado gracias a los algoritmos que utilizan las redes sociales para captar la atención del usuario primando los contenidos más controvertidos y disparatados.

Las redes digitales están redefiniendo la naturaleza del espacio público. La información contrastada y de calidad está siendo desplazada por mensajes sensacionalistas y adhesiones emotivas.

El mensaje de QAnon no puede ser más delirante: Q –un insider del círculo más próximo a Trump con pleno acceso a información confidencial– es el encargado de destapar la agenda oculta de las elites globales que gobiernan el mundo, así como el plan de Trump para hacerle frente. Estas elites no sólo mueven los hilos del poder, sino que también son responsables, entre otras cosas, de la propagación de la pandemia del COVID-19 y de una monstruosa red de pedofilia a nivel mundial.

Para los seguidores de QAnon, Trump es su salvador, mientras que Q, su profeta, es el encargado de revelar a sus seguidores –a través de breves entregas que reciben el nombre de drops (gotas)– las acciones del plan maestro que el expresidente tenía preparado para contrarrestar la perfidia de los globalistas. Podría servir perfectamente de materia narrativa para una entretenida ficción distópica. Pero resulta más esclarecedor si contemplamos lo que realmente significa: el síntoma mórbido de una sociedad en crisis.

Problemas con la verdad

Vivimos en una sociedad que padece un grave problema en relación con la verdad. En el ámbito del conocimiento tal vez no podamos aspirar –como señala la ciencia– más que a certezas (provisionales), pero en la vida política y social la renuncia a una búsqueda honesta de la verdad solo conduce a la mentira y a la trapacería.

Si esta actitud desaparece de nuestras virtudes cívicas, las consecuencias son catastróficas. Es la conclusión a la que llega cualquiera que haya visto la miniserie Chernobyl basada en muchos de los testimonios recogidos por la escritora bielorrusa Svetlana Aleksiévich (ganadora del Premio Nobel de Literatura del año 2015) en su libro Voces de Chernóbil. Es la conclusión que cabe aventurar de la forma en que estamos encarando el cambio climático u otras de las manifestaciones de la crisis ecosocial en la que andamos metidos.

Fruto del llamado paradigma de la posverdad, que no reconoce más que juicios subjetivos, surge una nueva lógica política marcada por la confrontación y la polarización de posiciones al no existir ninguna realidad verificable, sino únicamente controversias interminables sobre “hechos alternativos”.

En la vida política y social la renuncia a una búsqueda honesta de la verdad solo conduce a la mentira y a la trapacería.

Cuando a una astracanada no se la reconoce como un disparate, ni a una mentira como una falsedad, considerando ambas solo como realidades “controvertidas”, quedamos entrampados en un «relativismo nihilista, que no reconoce ningún conocimiento ni ninguna norma, que todo lo iguala, y que legitima como “opiniones” diferentes lo que debería ser considerado falso o inhumano».1

Este relativismo ético y epistémico se propaga al conjunto de la sociedad a través de unos medios de comunicación que han experimentado una transformación radical con la digitalización, intensificando sustancialmente esa tendencia. Pero la cosa viene de más lejos, pues la base intelectual de la posverdad se puede percibir en la filosofía posmoderna que empieza a dominar el pensamiento occidental a partir de la década de los setenta del siglo pasado coincidiendo, curiosamente, con el arranque de la hegemonía neoliberal.

También las mutaciones en los medios de comunicación son anteriores a la irrupción de la digitalización. Lo que los situacionistas de los años sesenta del siglo pasado llamaron Sociedad del espectáculo no era más que el aviso temprano de hacia dónde nos conduce la mercantilización de la información: al primado de las emociones y los sentimientos frente a la información objetiva y rigurosamente contrastada.

Con estos mimbres intelectuales y comunicativos no ha sido difícil trenzar el cesto de la posverdad. Ahora, bajo el capitalismo digital que sacrifica la búsqueda de la verdad por la captación de la atención del usuario, la manipulación alcanza el grado de perfección que supone el paso de lo artesanal a lo tecnológicamente sofisticado.

En esta nueva modalidad del capitalismo histórico las empresas digitales nos conocen mucho mejor de lo que nos conocemos a nosotros mismos. Y no solo porque disponen de toda la información que voluntariamente ponemos a su alcance, sino también porque su operativa, basada en algoritmos, se ha construido teniendo presente lo que sabemos por la biología evolutiva y las neurociencias: que el cerebro del ser humano es bueno para distinguir objetos y responder a deseos y pulsiones, pero no tanto para comprender de forma intuitiva el conocimiento complejo. Al no estar adaptados para estos menesteres, nuestra mente se deja seducir por atajos sencillos. Rehuimos lo complejo, refugiándonos y encastillándonos en lugares comunes. En un contexto como el actual, en el que prima la incertidumbre y la inseguridad, la tentación simplificadora actúa como bálsamo de Fierabrás a la hora de comprender y buscar soluciones a los problemas de la realidad. La insistencia en la política actual de la necesidad de un relato para comprender y actuar expresa bien esta predisposición a los atajos.

Problemas para representar la realidad social

Así pues, existe en la actualidad un nexo directo entre la posverdad y el modus operandi de los medios de comunicación, y entre estos y la polarización política. Pero el problema de la polarización no se reduce a esos vínculos. Desde luego que esos nexos explican buena parte de los discursos políticos crispados, el auge de las teorías conspirativas y el negocio de las fake news, pero dejan en la oscuridad otro problema tan importante como el poco aprecio que mostramos por la verdad y que tiene que ver con la escasa representatividad de las instituciones democráticas.

La polarización, al fin y al cabo, es solo un síntoma de la involución que han experimentado en las últimas décadas las democracias. Esta erosión democrática tiene muchas vertientes: una de ellas, tal vez la principal, es el cuestionamiento de los derechos sociales y las libertades fundamentales bajo el orden neoliberal. Durante este periodo la razón democrática se ha visto asediada por el cerco de los intereses particulares de quienes detentan el poder económico. La dominación neoliberal ha destruido el frágil equilibrio entre la libertad individual y la preocupación por el bien común que había constituido el fundamento de la democracia liberal.2  Sin embargo, hay otras vertientes a las que se presta menos atención y que tienen que ver con la forma en que la clase política desatiende los problemas fundamentales de la gente y con la creciente desconfianza y desafección que, como consecuencia, muestra la ciudadanía hacia las instituciones.

En la actualidad hay un nexo directo entre la posverdad y el modus operandi de los medios de comunicación

El problema de la creciente desconexión de los políticos profesionales de sus representados no es algo nuevo y fue puesto de manifiesto por movimientos como el 15M tras la Gran Recesión de principios de siglo.

La quiebra del sistema tradicional de partidos y la irrupción de nuevos actores en el escenario político pudieron ser la oportunidad de aminorar esa brecha. Sin embargo, las formaciones políticas emergentes, que se atrevieron a denunciar que la ciudadanía era tratada poco menos que como una comparsa en un juego ceremonial de elecciones a la que era convocada periódicamente para luego ser desplazada de nuevo entre bastidores mientras el escenario era ocupado por castas y camarillas políticas, no solo revelaron poseer grandes carencias organizativas y una desigual implantación territorial, sino también poca representatividad de las clases populares fuertemente dañadas por la crisis y las políticas de ajuste.

La composición del Parlamento que ha surgido de las dos últimas elecciones generales revela avances en la renovación generacional de los diputados y en los objetivos de paridad entre hombres y mujeres, pero no ha logrado reflejar en la misma medida la estructura social del país. Es más, Podemos, el partido con una vocación más manifiesta para romper esta brecha de representatividad ofrece entre su dirigencia un perfil sociológico tan homogéneo como poco próximo al de las clases populares que cabría suponer quieren representar.

Una mezcla explosiva

La mezcla de poco aprecio por la verdad e insuficiente representatividad institucional de las necesidades reales de las mayorías sociales puede dar lugar a un cóctel peligroso para el sistema democrático.

Sectores cada vez más amplios de la población se consideran abandonados al tiempo que crece el descrédito por valores liberales como la tolerancia y el respeto a los adversarios políticos. Este es el caldo de cultivo de la cultura de la polarización.

Es un terreno propicio para la consolidación de nuevas formaciones políticas. El vacío que deja tanto el desprecio por la verdad como el desapego a las más elementales virtudes cívicas de convivencia, unido al sentimiento de orfandad en la representación política, está siendo ocupado con asombrosa rapidez por formaciones que hacen del resentimiento y la crispación su bandera política y que tienen la habilidad de ocultar, en medio del ruido y la confusión mediática, las verdaderas razones del descontento social.

Se trata de un movimiento tan extendido como dispar en sus posiciones. En los EEUU, los terrores demográficos de la (aún) mayoría blanca anglosajona y los efectos sociales de la desindustrialización provocada por la globalización, con el trasfondo de un racismo irresuelto, ha precipitado en el trumpismo. En la Europa oriental, el desencanto por el poscomunismo y la democracia liberal está precipitando regímenes tradicionalistas y autoritarios. En el occidente y norte de Europa, frente a la impotencia y fracaso del proyecto de integración, arraiga un sentimiento de pérdida de “la identidad de la nación” al tiempo que se extiende la islamofobia y xenofobia en nombre de una supuesta defensa de los valores de la laicidad:

En 2017, El Tribunal Europeo de Justicia dictaminó que los empleadores podrían prohibir a sus trabajadores la exhibición de símbolos religiosos. El asunto fue remitido por un tribunal belga en 2006, cuando una recepcionista de la filial en Bélgica de la empresa de seguridad británica G4S fue despedida porque quería llevar chador. Aunque los principales objetivos de la prohibición eran las mujeres musulmanas, la resolución significó que, en teoría, un empresario podría impedir que un hombre judío llevara una kipá, un sij llevara un turbante o las personas cristianas llevaran cruces. Entretanto, en Francia, Dinamarca, Bulgaria, Austria, Bélgica y zonas de Suiza está prohibido llevar en espacios públicos burka y nicab (prenda que cubre el rostro), una decisión que Amnistía Internacional lamentó apoyándose en el evidente principio liberal de que «todas las mujeres deberían tener la libertad de vestir como quieran y llevar ropa que expresa su identidad o creencias».3

Esta particular reinterpretación de la laicidad como espacio en el que no cabe ninguna religión (en lugar de la genuina afirmación laica de que en una sociedad caben todas las confesiones) es, sin embargo, la antesala para reivindicar las creencias propias (religiosas o políticas) como las únicas legítimas, que además ayudarán a recuperar el alma perdida de la nación. Continuemos con la cita:

En Baviera, en cambio, el ministro presidente Markus Söder, de la Unión Social Cristiana (CSU), aprobó una ley de «crucifijo obligatorio» (Kreuzpflicht) que compelía a colgar una cruz en la entrada de todos los edificios públicos. Una idea similar fue puesta en marcha en Italia por Matteo Salvini (…) Ambas iniciativas se toparon con la firme desaprobación de la Iglesia Católica. En Baviera, el obispo de Wurzburgo, Franz Jung, el cardenal Reinhard Marx, arzobispo de Múnich, y otras eminencias eclesiásticas que, obviamente, saben más de principios de laicidad que el ministro presidente bávaro, lamentaron la decisión. En Italia, el periódico católico Famiglia Cristiana, apoyado por obispos y jesuitas, condenó la iniciativa mostrando en primera plana el titular «Vade retro, Salvini».4

La política del resentimiento siempre tiene a mano un chivo expiatorio (inmigrantes, minorías étnicas o religiosas, etc.), una teoría conspirativa (la judeo-masónica o la de España nos roba), el mito de un pasado glorioso y, sobre todo, mucha agresividad para quienes se atrevan a desvelar que son formaciones que no representan la solución de nada sino únicamente el síntoma mórbido de un problema complejo. Un problema para el que no hay atajos y que tiene que ver no solo con cuestiones materiales de fondo (la inseguridad e incertidumbre que provoca la combinación de crisis en la que estamos), sino también con el desapego a la verdad, la falta de unas instituciones confiables en su representatividad y el abandono del ejercicio de la tolerancia y el respeto.

Vivimos el final de un orden neoliberal en descomposición en medio de una crisis ecosocial con una envergadura civilizatoria. Las grandes transiciones históricas nunca han sido procesos ordenados y lo común en ellas es la manifestación de síntomas mórbidos. En el plano político, está por definir –recuerda César Rendueles en su lúcido panfleto igualitarista– qué «características políticas, morales, culturales y sociales tendrán los regímenes que gestionarán el final del imperio del mercado y reintroducirán la política en nuestras vidas. Este es el gran conflicto de nuestro tiempo».5. Hoy el peligro para la democracia no son los fascistas sino «los demócratas sin ideal democrático».6

El apego a la mentira, el desprecio a las clases populares y la xenofobia se pueden ejercitar sin necesidad de apelar a la superioridad racial ni cuestionar la democracia. Basta con apelar al discurso meritocrático que culpabiliza a las víctimas de su suerte o que hace creer que los responsables de sus males son otras víctimas. Basta con deslizarse por la arrogante pendiente de creer que con tener razón ya es suficiente (como ocurre tantas veces en la izquierda y en el seno de los movimientos sociales), ignorando de este modo las necesidades de las clases subalternas para las que las grandes respuestas a los problemas del presente pueden tener resonancias diferentes según su situación concreta.

Hoy el peligro para la democracia no son los fascistas sino «los demócratas sin ideal democrático»

Antes de descalificar de forma facilona a quienes simpatizan o siguen los signos mórbidos de los tiempos, y para no incurrir en exhibiciones de superioridad moral que solo generan rechazo y desconfianza, lo que nos hace falta es leer la realidad a partir de los últimos y de las víctimas de las estructuras de opresión, la única capaz de dar sentido y esperanza a todos, lo que implica –según Ignacio Ellacuría– al menos tres cosas: «hacerse cargo de la realidad» (dimensión intelectiva), «cargar con la realidad» (dimensión ética) y «encargarse de la realidad» (dimensión de la praxis).7

La gravedad y celeridad del deterioro ecológico y social hacen que solo podamos actuar ya sobre la amplitud de la tragedia, y en estas circunstancias la honestidad con la verdad, la solidaridad con las víctimas y el apoyo mutuo parecen las únicas sendas que quedan transitables para reestablecer la confianza que nos libre de la polarización.

 

NOTAS

1  Carolin Emcke, «El fantasma sigue presente», El País, 28 de noviembre de 2020.

2 Me he referido a ello con mayor detenimiento en los capítulos 3 («La gran involución») y 4 («El gran vacia­miento») de mi libro La gran encrucijada. Crisis ecosocial y cambio de paradigma, Ediciones HOAC, Madrid, 2019.

3  Donald Sassoon, Síntomas mórbidos. Anatomía de un mundo en crisis, Crítica, Barcelona, 2020, p. 51.

4  Ibidem, p. 51.

5  César Rendueles, Contra la igualdad de oportunidades. Un panfleto igualitarista, Seix Barral, Barcelona, 2020, p. 361.

6  Emilio Gentili, Quién es fascista, Alianza, 2019, p. 203.

7  Lo señala Jon Sobrino al recordar al compañero asesinado en El Salvador en el primer capítulo de su libro Fuera de los pobres no hay salvación, Trotta, Madrid, 2007, p.18.

 

Acceso al texto completo del artículo en formato pdf: Polarización: síntoma mórbido de una sociedad en crisis

 


La Investigación para la Paz en España

La investigación para la paz en el Estado español: del presente al futuro. Teorías y prácticas

El informe recopila las ponencias presentadas en las Jornadas AIPAZ 2020, celebradas los días 26 y 27 de noviembre de 2020, que tuvieron lugar de forma virtual debido a la situación actual de la pandemia,

Sus objetivos principales son:

  • Reflexionar sobre las teorías y marcos conceptuales de la Investigación para la Paz que están trabajando los distintos centros de AIPAZ,
  • Mostrar las iniciativas que se están llevando a cabo, e identificar las sinergias y la integración entre las teorías que se construyen y las prácticas que esas teorías animan a desarrollar.
  • Aportar propuestas sobre cómo trabajar la paz en sociedades complejas, plurales, diversas y cambiantes.
  • Redefinir de la Agenda de Paz, a nivel local y global, en el nuevo contexto internacional de pandemia y post-pandemia.

Tanto las Jornadas como el presente informe se han desarrollado en el marco de una  subvención de la Dirección de Víctimas y Derechos Humanos, Departamento de Igualdad, Justicia y Políticas Sociales del Gobierno Vasco. 

El informe ha contado con la colaboración de las entidades de AIPAZ:

Asociación de Voluntariado de la Universidad de Valladolid (AVUVA).

CanJonch. Centre de Cultura de Pau.

Cátedra UNESCO de Filosofía para la Paz-UJI.

Centre Delàs d’Estudis per la Pau,

Centro de Educación e Investigación para la Paz (CEIPAZ).

Escola de Cultura de Pau-UAB.

FUHEM-Ecosocial.

Fundació Carta de la Pau dirigida a la ONU.

Fundación Cultura de Paz,

Fundación Seminario de Investigación para la Paz (SIP).

FundiPau.

Gernika Gogoratuz. Centro de Investigación por la Paz,

Institut Català Internacional per la Pau (ICIP).

Instituto de Derechos Humanos, Democracia, Cultura de Paz y Noviolencia (DEMOSPAZ–UAM).

Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria (IECAH).

Instituto Universitario de Investigación de la Paz y los Conflictos-UGR,.

UNESCO Etxea.

WILPF España.

Foro de Asociaciones de Educación en Derechos Humanos y por la Paz.

Una Introducción escrita por Ana Barrero, Presidenta de AIPAZ abre el Informe, ofreciendo una visión del surgimiento y desarrollo de la Investigación para la Paz.

El Informe está dividido en 7 bloques temáticos que abordan diferentes perspectivas del análisis sobre la Investigación para la Paz:

Bloque 1. Marcos conceptuales, Saberes y Valores que se tienen en cuenta en las prácticas de la Investigación para la Paz.

Bloque 2. Construcción de Paz. Construcción de Seguridad

Bloque 3. Conflictos, Convivencia y Educación para la Paz

Bloque 4. Derechos Humanos y Construcción de Paz

Bloque 5. La Construcción de la Paz y la Convivencia en las Ciudades y Territorios. Promoviendo Sociedades Justas, Pacíficas e Inclusivas

Bloque 6. Los Retos de la Investigación para la Paz en el siglo XXI. Cómo trabajar la paz en sociedades complejas, plurales y en constante cambio.

Bloque 7. Trayectoria Histórica del Trabajo del Foro de Asociaciones de Educación en Derechos Humanos y por la Paz (2007-Actualidad)

 

Todos los bloques incluyen un apartado de Ideas Claves que, a modo de resumen, recogen las ideas principales de cada texto.

El Informe acaba con un Capítulo de Conclusiones de las Jornadas a cargo de Pamela Urrutia, vicepresidenta de AIPAZ.

Estamos ante un Informe fundamental y muy necesario para conocer el estado actual de la Investigación para la Paz en España y las temáticas y acciones llevadas a cabo en los diferentes Centros integrantes de la Asociación Española de Investigación para la Paz, de la que FUHEM Ecosocial es miembro fundador.

Descargar el Informe completo: La investigación para la paz en el Estado español: del presente al futuro. Teorías y prácticas.

Dirección: Ana Barrero Tiscar

Coordinación: Laura Alonso Cano

Edición y revisión de textos: Elena Boschiero

Diseño y maquetación: Elena Couceiro Arroyo

Autores:

Pablo Aguiar Molina, Jokin Alberdi Bidaguren, Santiago Álvarez Cantalapiedra, Ana Isabel Barrera Osorio, Ana Barrero Tiscar, Elena Boschiero, Irene Comins Mingol, María Fanlo Torrecilla, Tica Font Gregori, Carlos Giménez Romero, Juan Manuel Jiménez Arenas, Anna León Herrero, María Jesús Luna Serreta, Carmen Magallón Portolés, Manuela Mesa Peinado, Jesús Núñez Villaverde, María Oianguren Idígoras, Pere Ortega Grasa, Jordi Palou Loverdós, Silvia Plana, Martín Rodríguez Rojo, Jesús Andrés Sánchez Cazorla, Carme Suñé Minguella, Pamela Urrutia Arestizábal, Monika Vázquez Bolaños.

Barcelona, Bilbao, Castellón, Gernika, Granada, Granollers, Madrid, Valladolid, Zaragoza.

Noviembre 2020, 130 págs.

 


Lectura Recomendada: Informe de Desarrollo Humano 2020

Informe de Desarrollo Humano 2020. La próxima frontera. Desarrollo Humano y Antropoceno.

El PNUD publica su emblemático Informe sobre Desarrollo Humano que este año defiende la hipótesis de que la capacidad de actuación y el empoderamiento de las personas pueden impulsar las medidas necesarias para que vivamos en equilibrio con el planeta y en un mundo más justo.

Hace 30 años, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) creó una nueva forma de concebir y medir el progreso. En lugar de utilizar exclusivamente el producto interno bruto (PIB) como medida del desarrollo, el PNUD clasificó los países del mundo según su nivel de desarrollo humano, examinando si las personas que viven en cada país tienen la libertad y la oportunidad de llevar la vida que desean.

El Informe 2020 pone de manifiesto que nos encontramos en un momento sin precedentes en la historia, en el que la actividad humana se ha convertido en una fuerza dominante que afecta a los procesos clave del planeta. Estos efectos interactúan con las desigualdades existentes y amenazan con revertir el desarrollo de manera significativa. Para cambiar esta trayectoria se requiere una gran transformación en nuestra forma de vivir, trabajar y cooperar. El Informe explora cómo ponerla en marcha, utilizando diferentes enfoques.

La crisis climática. El colapso de la biodiversidad. La acidificación de los océanos. La lista es larga y no deja de crecer. Tanto, que muchos científicos creen que, por primera vez, el planeta ya no influye en los seres humanos, sino a la inversa. Es lo que se conoce como Antropoceno —la Edad de los Seres Humanos—, una nueva época geológica.

Pese a que la humanidad ha logrado un progreso increíble, ha descuidado la Tierra, provocando una desestabilización de los sistemas de los que depende su supervivencia. La pandemia de COVID-19 es la consecuencia más reciente y aterradora de los desequilibrios generalizados. Los científicos han advertido insistentemente que las interacciones entre los seres humanos, el ganado y la fauna y flora silvestres provocarían cada vez con mayor frecuencia la aparición de patógenos con los que no estamos familiarizados. Dichas interacciones han ido aumentado sin cesar tanto en escala como en intensidad, ejerciendo en última instancia una presión tan elevada sobre los ecosistemas locales que ha dado lugar a la propagación de virus mortales.

¿Cómo debemos reaccionar ante esta nueva era? ¿Conviene aventurarnos en nuevos caminos tratando de proseguir con el desarrollo humano, pero aliviando las presiones planetarias?

¿O preferimos tratar de volver a la situación anterior y, en última instancia, fracasar en el intento y lanzarnos hacia un porvenir peligroso y desconocido?

El presente Informe sobre Desarrollo Humano respalda firmemente la primera opción, y los argumentos que se presentan en él van más allá de un simple resumen de las listas bien conocidas de tareas que se pueden llevar a cabo para lograr ese objetivo.

El Informe se divide en tres partes:

La Parte I del Informe Replantear el desarrollo humano para el Antropoceno, consta de tres capítulos en los que se tratan de manera secuencial las perspectivas analíticas, empíricas y normativas de la relación entre el desarrollo humano y el Antropoceno.

La Parte II Actuar en favor del cambio, analiza las implicaciones de todo ello para la acción, exponiendo tres impulsores clave del cambio: las normas sociales, los incentivos y el desarrollo humano basado en la naturaleza.

La Parte III Explorar nuevos parámetros, propone nuevos parámetros, incluido un ajuste del Índice de Desarrollo Humano para tener en cuenta las presiones planetarias.

Replantear el desarrollo humano para el Antropoceno.

 

El capítulo 1 argumenta que es necesario considerar la trayectoria del desarrollo humano (el destino deseado) en el contexto de un momento sin precedentes en la historia de la humanidad y del planeta, y que el enfoque basado en el desarrollo humano abre perspectivas nuevas y alentadoras sobre cómo llegar a ese destino.

 

El capítulo 2 complementa el análisis del capítulo 1 aportando pruebas detalladas de la existencia de desequilibrios planetarios y sociales nunca antes vistos, y de la interacción entre ellos. Demuestra empíricamente que nos enfrentamos a algo totalmente nuevo y que el mundo natural del Antropoceno refleja los desequilibrios del mundo humano en términos de oportunidades, riqueza y poder.

 

 

El capítulo 3 sostiene que la cooperación en busca de la equidad, la innovación y una adecuada gestión del planeta pueden orientar las acciones hacia los cambios transformadores necesarios para impulsar el desarrollo humano en el Antropoceno.
Actuar en favor del cambio

 

La Parte II del Informe explora los mecanismos de cambio que pueden movilizar la acción por parte de las personas, las comunidades, los Gobiernos, la sociedad civil y las empresas. El objetivo al hacer hincapié en estos mecanismos es proporcionar a múltiples agentes un conjunto de elecciones más amplio y coherente con la perspectiva de este Informe: que el Antropoceno es una difícil situación que debemos afrontar, no un problema de políticas que tengamos que resolver.

 

Mecanismos de cambo:

Normas sociales

Las normas sociales definen los comportamientos considerados socialmente admisibles —o prohibidos—. El capítulo 4 expone las conclusiones recientes de que las normas sociales son poderosos determinantes de las elecciones de las personas y pueden cambiar con mayor rapidez de lo que se suele suponer. Además, las nuevas formas de intercambio de información pueden respaldar procesos sociales de razonamiento ético (aunque también presentan riesgos).

Incentivos para cambiar

Los incentivos determinan en parte las decisiones de compra de los consumidores y lo que las empresas producen y comercializan, así como las elecciones de los inversores y las formas de cooperación de los Gobiernos. Los incentivos y las normas sociales interactúan entre sí, pero los primeros también son cruciales por derecho propio: incluso si las personas no cambian de mentalidad, pueden responder a incentivos en función de aquello que se pueden permitir y de las oportunidades que ven para satisfacer sus aspiraciones. En el capítulo 5 se analiza el modo en que los incentivos existentes ayudan a explicar los patrones actuales de consumo, producción, inversión y otras elecciones que dan lugar a las presiones planetarias documentadas en la parte I. Asimismo, se explora cómo podrían evolucionar dichos incentivos para aliviar las presiones planetarias y hacer avanzar a las sociedades hacia los cambios transformadores requeridos para el desarrollo humano en el Antropoceno. El análisis examina tres ámbitos en los que influyen los incentivos: la financiación, los precios y la acción colectiva internacional.

Soluciones basadas en la naturaleza

Una nueva generación de soluciones basadas en la naturaleza puede proteger los ecosistemas, gestionarlos de manera sostenible y restaurarlos, simultáneamente promoviendo el bienestar y mitigando la pérdida de integridad de la biosfera. Estas soluciones se basan en la equidad, la innovación y la gestión de la naturaleza, los tres elementos de la brújula del empoderamiento descritos en el capítulo 3. Impulsan la regeneración de la naturaleza mediante la protección y el uso responsable de los recursos. Además, se apoyan en la participación y la iniciativa de la población indígena y las comunidades locales.

El capítulo 6 ilustra un conjunto de experiencias con soluciones basadas en la naturaleza y propugna que, aunque partan de un enfoque ascendente y sean específicas al contexto, pueden contribuir a una transformación en niveles superiores por dos razones. En primer lugar, muchas decisiones locales y comunitarias tienen un impacto sustancial a escala mundial. En segundo lugar, los sistemas económicos, sociales y planetarios están interconectados, por lo que las decisiones locales pueden tener repercusiones en otros lugares y en múltiples ámbitos. Sin embargo, para que estos mecanismos para un cambio transformador a gran escala realicen su potencial, es preciso adoptar un enfoque sistemático en lo que respecta a su contribución; esto es lo que denominamos desarrollo humano basado en la naturaleza.

Explorar nuevos parámetros

 

¿Qué analiza el Informe mediante estos nuevos parámetros? Hay, entre otros, una nueva generación de cuadros de indicadores que incluyen un nuevo cuadro de indicadores sobre el desarrollo humano y el Antropoceno, así como una serie de parámetros que ajustan el componente del ingreso del IDH para tener en cuenta los costos sociales del carbono o la riqueza natural. No tienen por finalidad emitir juicios normativos acerca de los países, sino que, como ocurre con todos los demás parámetros del desarrollo humano, ayudan a los países a entender globalmente sus propios avances a lo largo del tiempo, a aprender de las experiencias de otros países y a aumentar sus aspiraciones en la promoción del desarrollo humano; además, explican la interacción de los seres humanos con el planeta.

En el Informe se presenta un ajuste del IDH teniendo en cuenta las presiones planetarias. El IDHP conserva la simplicidad y claridad del IDH original, pero tiene en consideración algunas de las complejas dinámicas a nivel de sistema que se exponen a lo largo del Informe.

El ajuste se obtiene multiplicando el IDH por un factor de ajuste, creando así el IDHP (véase el diagrama a continuación). Si un país no ejerce presión alguna sobre el planeta, su IDHP será igual a su IDH; sin embargo, a medida que la presión aumente, el IDHP será menor que el IDH (véase la animación). El factor de ajuste se calcula como la media aritmética de los índices que miden las emisiones de dióxido de carbono per cápita, lo que sugiere la necesidad de reducir las emisiones de dióxido de carbono y la huella material (ambos per cápita). Esto, a su vez, requiere cerrar los ciclos de los materiales.

 

El Informe del PNUD defiende un enfoque centrado en el desarrollo humano.

El desarrollo humano empodera a las personas para que definan y sigan sus propios caminos a fin de llevar una vida plena y con mayores libertades.

El objetivo del desarrollo humano es más pertinente que nunca: que las personas puedan llevar una vida digna.

 

El Informe completo está disponible, por ahora, en inglés, aunque hay un resumen en español.

Acceso al informe completo: Human Development Report 2020. The next frontier. Human development and the Anthropocene

Acceso al resumen en español: Panorama general. El desarrollo humano y el Antropoceno

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Nueva Colección: Economía Inclusiva

La fundación FUHEM siempre ha reconsiderado los límites temáticos de la Economía, para incluir numerosos problemas de gran relevancia contemporánea que quedan fuera o juzgan complementarios desde la perspectiva “ortodoxa”.

Por ello, en el año 1991 impulsó la colección de Economía Crítica con la intención de reconsiderar los límites de la perspectiva ortodoxa en el tratamiento de numerosos problemas de gran relevancia que quedaban fuera o se juzgaban complementarios al análisis económico. Para desarrollar tal perspectiva crítica se hacía necesario recuperar la economía política y hacer un replanteamiento epistemológico de la economía abriéndola a otros enfoques dentro de las ciencias sociales.

 

 

En el año 2008, de la mano de la editorial Catarata, retomó este empeño al amparo de una colección denominada Economía crítica & Ecologismo social con la vocación de ampliar el angular que permitiera abordar los diferentes aspectos económicos que subyacen a la crisis ecosocial actual.

 

 

 

En 2020 la profundización de esta crisis reclama ahora un paradigma inclusivo capaz de combinar las perspectivas de la economía política, la economía ecológica y la economía feminista ofreciendo una mirada compleja e integradora.

La nueva colección de Economía Inclusiva responde a este reto asumiendo el desafío de construir un paradigma integrador de las distintas corrientes críticas que enlace el análisis y tratamiento de los problemas actuales con las transiciones imprescindibles y urgentes hacia una forma alternativa de producir, intercambiar y distribuir los bienes y servicios necesarios para una existencia socialmente justa y ambientalmente sostenible.

En esta línea, el propósito de la colección es acoger materiales teóricos y empíricos, analíticos y propositivos, españoles e internacionales, que traten de entender el tiempo que vivimos y de hacer posibles los procesos de cambio que necesitamos.

El primer libro de la Colección, escrito por Clive L. Spash lleva el título. Fundamentos para una economía ecológica y social.

El segundo libro de la Colección se titula: Economía Política Feminista: sostenibilidad de la vida y economía mundial y está escrito por Astrid Agenjo Calderón.

¿Por qué una economía inclusiva?

A la economía se la suele definir como ciencia social más por el enfoque que por el contenido, y como el enfoque dominante es el neoclásico la economía es entendida habitualmente como el estudio de la elección racional que hacen los individuos.

Esta definición canónica sirve para instruir al estudiante que aspira a obtener el grado de economía. Poco importa que el enfoque que así define a esta disciplina de las ciencias sociales sea solo uno entre los muchos existentes; menos importa aún que esta mirada sea tan reduccionista como para centrarse únicamente en las elecciones racionales de los individuos (¡como si nuestras acciones no estuvieran gobernadas por emociones o condicionadas por creencias y marcos mentales!), sin mencionar siquiera que la racionalidad instrumental ―que es la única que se contempla― no sea más que una de las múltiples dimensiones que presenta la razón humana.

Esta aproximación ha servido, sin embargo, para alcanzar una alta formalización matemática en los argumentos económicos, incluso cuando las matemáticas no ayuden a aclarar gran cosa. Se responde así al sueño de construir una ciencia económica lo más parecida posible a la física o a la química del siglo XIX. Pero la economía no puede ser una ciencia en el sentido en que lo fueron la física y la química anteriores a la aparición de la teoría cuántica y de la relatividad. No posee una respuesta única a sus interrogantes y fracasa rotundamente a la hora de hacer predicciones, principalmente porque los seres humanos tenemos voluntad propia y libertad de acción en el marco de unos contextos que deberían ayudarnos a no confundirla con la idea de soberanía.

Para evitar poner la carreta delante de los bueyes convendría comenzar por definir qué es la economía, y sólo después discutir acerca de la manera más adecuada de abordar su estudio. La economía, en un sentido sustantivo, consiste en el estudio de la actividad económica. Son actividades económicas aquellas que producen, distribuyen y consumen los bienes y servicios que satisfacen las necesidades de una determinada población. Estas actividades se encuentran incardinadas en la sociedad y en la naturaleza, por lo que su funcionamiento y reproducción dependerá de articulaciones e interrelaciones entre sistemas. La economía así entendida debe leerse como un subsistema abierto inserto en el sistema social y en los diversos sistemas biofísicos que se entrelazan en el planeta Tierra.

Además, en cuanto actividad de aprovisionamiento, la economía involucra diferentes esferas. Se pueden sintetizar en cuatro: la familia, el mercado, los comunes y el Estado. Todas esas esferas son ámbitos que intervienen cotidianamente en la producción, distribución y consumo de los bienes y servicios que necesitamos, pero que funcionan de forma distinta y despliegan relaciones sociales diferenciadas. Tenerlas presentes permite reconocer otras muchas identidades sociales y económicas más allá de la condición de trabajadores, consumidores o propietarios; en los hogares solemos ser cuidadores (o maltratadores) además de buenos (o malos) vecinos; en un Estado de derecho, todos somos ciudadanos y, en el espacio de los comunes, miembros de una comunidad. Cada día oscilamos sin el menor problema entre diferentes roles y relaciones que nos hacen partícipes de una sociedad que se organiza a partir de estructuras e instituciones.

Un aspecto central en cualquier disciplina es determinar qué variables se consideran endógenas y, por consiguiente, susceptibles de análisis y estudio. Si la economía tiene que ver con el aprovisionamiento de bienes y servicios a través de diferentes esferas incardinadas en la sociedad y en la naturaleza, resulta evidente que muchas de las variables consideradas exógenas a los problemas por parte del pensamiento económico dominante tendrían que ser, en realidad, interiorizadas por la argumentación económica. No hacerlo bajo la añagaza metodológica de que dificulta el tratamiento matemático de los problemas, termina convirtiendo a la economía en una maquinaria tan extraordinariamente sofisticada como irrelevante para interpretar los acontecimientos económicos de nuestros días; eso, en el mejor de los casos, pues puede acabar legitimando además el statu quo a través del bloqueo de lecturas más ricas y complejas de la realidad económica.

Ante estas limitaciones y riesgos asociados a la ortodoxia económica, se abre camino el pensamiento heterodoxo. Este pensamiento ha dado lugar a múltiples corrientes que van incorporando aspectos cruciales al análisis económico. La estructura social, la distribución de la renta y la riqueza, las cuestiones sobre el poder, las normas y valores sociales, las relaciones de género o las condiciones sociales y ecológicas para la reproducción de la vida no pueden ser expulsadas de los análisis en cuanto que determinan el funcionamiento de la economía y quedan afectadas, a su vez, por su desarrollo.

La economía política marxista, la economía ecológica o la economía feminista, junto a enfoques postkeynesianos e institucionalistas críticos, han ido poniendo el énfasis en algunos de esos aspectos y proponiendo interpretaciones con una mayor capacidad explicativa de los problemas económicos.

Sin embargo, a estos enfoques les cuesta mucho dialogar entre sí. Practicantes de uno u otro enfoque -sean de economía política, economía ecológica o feminista- suelen reconocer la conveniencia de la existencia de los otros, así como los avances que van cosechando en sus respectivos terrenos. Hasta pueden llegar a admitir que las desigualdades (sociales y de género) y los patrones de insostenibilidad están íntimamente relacionados o que la crisis de cuidados y la crisis ecológica son manifestaciones de una crisis más amplia que tiene que ver con la reproducción de la vida. Pero siempre hay una pata del trípode que parece que cojea en sus investigaciones. Así, los análisis que pretenden combinar los enfoques de la economía de cuidados con los de la economía ecológica para afrontar la explotación de los trabajos no mercantiles junto a la cuestión de la degradación de los sistemas naturales, no siempre tienen presentes la estructura social y las dinámicas entre las clases, y los que se empeñan en analizar las múltiples contradicciones que alberga el capitalismo suelen ignorar la gran contradicción de que este socava las bases sociales y ecológicas de su reproducción que se sitúan como condiciones externas a él.

Sin embargo, la realidad es tozuda y nos muestra cómo la crisis ecosocial actual combina la crisis ecológica con la de cuidados convirtiéndose en una crisis de reproducción social en su sentido más amplio que está íntimamente ligada al funcionamiento y estructura del capitalismo. La tentación de abordar un aspecto de esta realidad de forma aislada olvidando que forma parte de un todo interrelacionado no sólo es errónea, sino que además corre el riesgo de asemejarse paradójicamente al proceder de la economía convencional.

Tanto las relaciones sociales y de género como los problemas ambientales son aspectos de crucial importancia para entender los sistemas económicos, su funcionamiento y reproducción. No basta la condescendencia de quien, admitiendo su importancia, conceda únicamente este reconocimiento sin llegar a incorporarlos al núcleo de sus aproximaciones teóricas y modelos económicos. Un propósito sincero de integración requiere analizar cómo los vectores socioeconómicos, ecológicos y de género se entrecruzan y exacerban mutuamente, de manera que los problemas no se pueden entender, y mucho menos resolver, haciendo abstracción de alguno de ellos.

Acceso al texto completo de la Presentación de la Colección Economía Inclusiva publicada en el primero de los libros de la Colección: Fundamentos para una economía ecológica y social de Clive L. Spash.

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La polarización política en España

La polarización política en España: entre ideologías y sentimientos, de Luis Miller pertenece a la sección A FONDO del número 152 de la revista Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global.

Durante el año 2020, marcado por la pandemia de la COVID-19, se ha disparado el uso de la idea de polarización para describir la política y sociedad españolas.

Aún nos queda mucho por entender en qué medida esta supuesta polarización está relacionada con los distintos efectos de la enfermedad y la gestión de los mismos por parte de los gobiernos, pero, desde luego, no es un fenómeno totalmente nuevo en la sociedad española. Lo que sí es más reciente es el interés académico por entender, y en la medida de lo posible medir y explicar, esta polarización.

En este artículo, el autor, realiza un repaso a lo que sabemos hasta la fecha acerca de la polarización en España. Pero antes resulta imprescindible aclarar qué entendemos por polarización y cómo se mide.

Cuando hablamos de polarización política, nos referimos a varios fenómenos. En primer lugar, a un alineamiento creciente de los partidos políticos en torno a posturas cada vez más alejadas entre sí. A este alineamiento lo solemos llamar polarización ideológica, que se da tanto en el plano simbólico de la identificación con posturas de “izquierda-derecha” o “nacionalismo-centralismo”, como en el plano más práctico de posicionamientos con respecto a temas concretos, como la política económica, la inmigración o las políticas de igualdad. Como veremos en el siguiente apartado, esta polarización ideológica ha ido en aumento en España, especialmente cuando ponemos el foco en el componente simbólico.

Un segundo tipo de polarización ya no se centra en el posicionamiento en el componente simbólico. de los partidos y sus votantes en una determinada escala, sino en los sentimientos que partidos y líderes políticos despiertan. Es lo que denominamos polarización afectiva, que se manifiesta como un mayor apego hacia los partidos, líderes y votantes con los que nos sentimos identificados y una mayor hostilidad hacia los partidos, líderes y votantes con los que no compartimos dicha afinidad. Por tanto, no se trata de una separación ideológica –simbólica o práctica–, sino de una separación emocional, que no apela a la racionalidad sino a nuestros sentimientos y emociones. Aunque tenemos muchos menos datos sobre la evolución de la polarización afectiva en España, sí que hemos sido capaces recientemente de trazar su evolución para el último cuarto de siglo. Analizaré esa evolución en el tercer apartado de este trabajo.1

Por último, repasaré algunas de las consecuencias más negativas de la polarización, así como algunas de las soluciones que se están proponiendo, sobre todo en el ámbito internacional, a la misma. Se trata de aproximaciones muy recientes que aún necesitan validarse con estudios de caso, pero que, al menos, nos permiten tener una guía acerca de por dónde empezar a solucionar este problema político, así como sus derivadas sociales y económicas.

 

Polarización ideológica

La polarización ideológica tiene que ver con las diferencias en cuestiones simbólicas (conservadurismo, progresismo, nacionalismo) o más prácticas (cuántos impuestos pagamos) entre los partidos políticos. Existen múltiples formas de calcularla, pero la más frecuente es la propuesta por Dalton,2  en la que se tiene en cuenta la distancia entre los distintos partidos en una escala ideológica o una medida política concreta. Así, la polarización sería mayor si los partidos que ya se encuentran a la izquierda se mueven más hacia a la izquierda y los que se hallan en la derecha más a la derecha. Según esta definición, España es un país bastante polarizado ideológicamente y esta polarización, además, ha aumentado en los últimos años.

En el contexto europeo, los datos más recientes muestran que España se encuentra entre los países más polarizados, junto a otros países del sur del continente como Italia o Grecia, particularmente cuando nos fijamos en la posición de los partidos en la escala izquierda-derecha.3 Esto quiere decir que en estos países los partidos se encuentran situados más hacia los extremos de la escala ideológica. Como veremos más adelante, esto también ocurre en el caso de la polarización afectiva, algo que ha sido relacionado con factores estructurales característicos del sur de Europa como las altas tasas de desempleo o de desigualdad económica.4

En España, además, la polarización ideológica ha aumentado sustancialmente durante los últimos veinte años. Así, en una escala de 0 a 10, donde los números más altos representan una mayor polarización, España pasó de una puntuación de 3,75 en el año 2000 a 5,10 en el 2019. También ha ocurrido lo mismo con el posicionamiento de los partidos en la cuestión territorial, donde la polarización ha pasado de 3,75 en 2008 a 5,04 en 2016.5 Esta polarización territorial mide el grado de identificación con la comunidad autónoma o con España en su conjunto. Por tanto, los partidos políticos españoles, así como sus votantes, se han ido moviendo hacia los extremos en estas dos escalas ideológicas en las últimos dos décadas.

España es un país bastante polarizado ideológicamente y esta polarización ha aumentado en los últimos años

También podemos observar un aumento de la polarización en torno a políticas concretas, como los impuestos o la inmigración, aunque la polarización es sustancialmente menor en estos casos que en cuestiones simbólicas o identitarias. La polarización ideológica y territorial es entre dos y tres veces mayor que la polarización en torno a los impuestos y la inmigración, unas seis veces mayor que la polarización en torno a la sanidad pública y unas quince veces mayor que la inexistente polarización en torno a los servicios públicos.6 Aún así, la polarización relacionada con los impuestos se ha multiplicado por cuatro durante la última década y la que tiene que ver con la inmigración se dobló entre los años 2008 y 2017 (último para el que tenemos datos del Centro de Investigaciones Sociológicas).

El caso de la política fiscal es interesante porque tenemos datos hasta 2020 y podemos determinar qué ha influido en este aumento de la polarización. En buena medida, la llegada de los nuevos partidos ha generado que, desde 2016, Podemos, PSOE e incluso Ciudadanos se hayan movido hacia posiciones a favor de unos mayores impuestos. Por el contrario, la llegada de VOX supone un refuerzo de las posiciones en contra de los impuestos, postura que crecientemente también ha adoptado el Partido Popular. Lo interesante es que, hasta la irrupción de los nuevos partidos, apenas existían diferencias a lo largo del tiempo entre la política fiscal apoyada por PSOE y Partido Popular.

Es importante señalar que el sistema político español no parece haberse polarizado, al menos hasta donde tenemos datos, en todas las áreas. Por ejemplo, la polarización en torno a la importancia de los servicios públicos, en general, o la sanidad pública, en particular, sigue siendo menor. En otras palabras, a pesar de las crecientes diferencias en muchos aspectos, el apoyo al estado de bienestar en España sigue siendo transversal al conjunto de los partidos. También eso se observaba al comienzo de la pandemia de la COVID-19 en España, momento en el que no existían grandes diferencias entre distintos grupos ideológicos acerca de las medidas que debían tomarse. Sin embargo, esto ha ido cambiando y parece que la polarización ideológica creciente también ha ido llegando a esta área.

 

Polarización afectiva

En contraposición a la polarización ideológica, cuando hablamos de polarización afectiva nos referimos a los sentimientos de afinidad que nos despiertan los partidos, líderes y votantes con los que nos identificamos, así como los sentimientos de hostilidad hacia aquellos con los que no nos identificamos. En este sentido, en principio podemos calcular la polarización afectiva como la diferencia entre los sentimientos positivos y negativos hacia tres grupos: partidos, líderes y otros votantes. Por desgracia, en España apenas disponemos de datos longitudinales sobre la polarización afectiva. Utilizando la única serie sobre polarización afectiva que se puede trazar para el último cuarto de siglo (1993-2019) en España, encontramos que esta polarización, basada en los sentimientos hacia los líderes políticos, ha subido ligeramente, con altibajos desde el año 1993.7  En concreto, hay tres años electorales donde la polarización aumenta: 1996, 2008 y 2015.

Pero más allá de este ligero aumento y de otros cambios puntuales, lo interesante es que cada uno de estos momentos muestra patrones algo distintos cuando descomponemos los sentimientos positivos hacia el líder con el que nos identificamos y los negativos con respecto a los otros líderes. Durante este siglo XXI, han dominado en mayor medida los sentimientos positivos hacia el líder propio, con la excepción importante de la elección de 2008, donde predominan los sentimientos negativos.

Algunas áreas, como la de los servicios públicos, no se ven tan afectadas por la polarización

En cuanto a las causas de la alta polarización en España, esta coincide con los altos niveles de desempleo y desigualdad que han caracterizado el país especialmente a partir de la larga crisis económica que comenzó en 2008. La desigualdad provocada por esa crisis estuvo relacionada, a su vez, con el aumento del desempleo y el consecuente incremento de la pobreza. En otras palabras, con niveles de desigualdad total similares a países como el Reino Unido, la desigualdad actual en España no viene marcada por la existencia de rentas altas, como en el caso británico, sino por una proporción creciente de rentas bajas y muy bajas. Esto es crucial para entender la crisis política que surge en la última década y que ha derivado en la polarización actual. En última instancia, son el desempleo y la pobreza causada por este los principales causantes de los problemas económicos, sociales y, también, políticos que aquejan a la actual democracia española.

 

Consecuencias de la polarización

El problema de la polarización no es el extremismo sino el alineamiento progresivo de la población en torno a diferentes grupos e identidades excluyentes entre sí. En la última década hemos visto en España este proceso de alineamiento y exclusión. Por ejemplo, los partidos tradicionales de ámbito nacional (especialmente el Partido Popular) han retrocedido enormemente en Cataluña y el País Vasco. Otro proceso de polarización clásico en España es el alineamiento de la izquierda con posturas federalistas o incluso soberanistas y la derecha con propuestas centralistas. Por tanto, no es necesario que aumente el extremismo, incluso podría disminuir, para que aumente la polarización.

La polarización es un problema para la democracia no porque empuje hacia posturas ideológicas extremas o antidemocráticas, sino porque produce bloqueo institucional. Si los partidos solo están dispuestos a defender un conjunto estrecho de postulados, que son inasumibles por los adversarios políticos, la posibilidad de llegar a acuerdos parlamentarios disminuye considerablemente. Esto es lo que explica la ausencia continuada de Presupuestos Generales en España en los últimos años.8 La democracia, simplemente, se paraliza y los problemas sustantivos no se abordan.

Los altos niveles de desempleo y desigualdad están entre las principales causas de la polarización en España

La dificultad para romper la dinámica de la polarización es que esta supone un círculo vicioso entre el comportamiento de los partidos y las instituciones. Los partidos se han ido convirtiendo en grupos cada vez más homogéneos que no son capaces de hablar entre sí y esto se traslada al bloqueo institucional que afecta a todos los poderes del Estado: imposibilidad de acuerdos legislativos o bloqueo en la formación de gobierno en la renovación de cargos en el Poder Judicial. Pero el bloqueo hace que los partidos se afanen en cambiar las mayorías existentes y, por tanto, la competición electoral se extiende durante todo el ciclo político, convirtiendo a los partidos en máquinas electorales que prestan relativa poca atención a la formulación de políticas sustantivas y a tejer acuerdos que las puedan llevar a efecto.

Romper el círculo de la polarización probablemente requerirá actuar al mismo tiempo sobre las normas formales e informales que regulan la dinámica institucional al mismo tiempo que sobre los mecanismos de selección de élites de los partidos.

 

¿Cómo podemos despolarizar la política española?

Varios trabajos recientes proponen vías de actuación concretas para comenzar un proceso de despolarización en las sociedades contemporáneas. Aunque su foco es EEUU, muchas de las propuestas podrían ser trasladadas a países como España.

En la última parte de este artículo me centraré en dos conjuntos de soluciones propuestas. La primera parte de un artículo publicado recientemente en la revista Science sobre el “sectarismo político” en EEUU.9  Sus autores proponen tres tipos de medidas para mitigar este sectarismo.

La polarización supone un círculo vicioso entre el comportamiento de los partidos y las instituciones

En primer lugar, se trataría de intentar corregir las percepciones erróneas y prejuicios de las personas sobre los partidos opuestos a su forma de pensar. En última instancia el objetivo es no basar todos los juicios acerca de los otros en estereotipos o esquemas preconcebidos, sino valorar a estos por las medidas que proponen, independientemente de lo lejos que estas se encuentren de nuestras propias opiniones y actitudes.

Esta primera intervención tiene también que ver con fomentar una discusión basada en el fondo de las medidas y políticas propuestas y no en la descalificación o deslegitimación del otro. Es posible calificar las políticas fiscales o migratorias de otros partidos como indeseables, incluso aberrantes, sin que el principal motivo del rechazo sea una descalificación absoluta de quien las propone.

En segundo lugar, los autores de este artículo reciente ponen el foco en cómo mitigar el efecto de las redes y plataformas digitales en el incremento de la polarización. En esta área, consideran que las intervenciones más efectivas pueden tener que ver con potenciar la deliberación entre la ciudadanía acerca de la exactitud y fiabilidad de la información obtenida a través de las redes. En este campo también es importante el papel de los medios y plataformas digitales en la autorregulación de sus comportamientos, así como el papel del Estado en la corrección de aquellos comportamientos especialmente nocivos por parte de estos medios y plataformas.

En tercer lugar, aparece el tema potencialmente más complicado, pero que tendría una mayor influencia a medio plazo para despolarizar los debates políticos actuales: cómo cambiar el comportamiento polarizador por parte de los partidos y líderes políticos. Lo interesante es que cada vez tenemos más evidencia de que la ciudadanía se muestra menos dividida cuando también disminuye el comportamiento sectario de los líderes.

Esta última intervención es la que deberá ajustarse de forma más específica a cada sistema político. Por ejemplo, en España lleva abierto muchos años el debate acerca de una reforma del sistema electoral que incremente la vinculación entre representantes y representados y que haga que los primeros se vean más obligados a responder ante los segundos.10

Un segundo texto donde se proponen vías de solución tentativas a la polarización política es el reciente libro del periodista y analista político Ezra Klein.11  Muchas de sus propuestas coinciden con las ya mencionadas más arriba, pero también lanza otras distintas. Me detendré en dos. Por una parte, propone “revitalizar la democracia”, trascendiendo a la política partidista y conectando a personas de distintas ideologías en el debate público. Hay algunas propuestas transversales que podrían ayudar en esta dirección, como el desarrollo de mecanismos e instituciones que promuevan la deliberación pública o el uso de formas de elección pública alternativas a las actuales, como el sorteo. En última instancia, lo peor que le podría pasar a los sistemas políticos actuales es que se politizara la idea misma de democracia, identificando esta con una sola corriente ideológica.

Otra vía de actuación propuesta por Ezra Klein es lo que denomina “toma de conciencia de la identidad” (identity mindfulness). El problema es que nuestra mente reacciona inmediatamente a cuestiones relacionadas con la identidad y esto es utilizado por partidos, administraciones y empresas para activarnos emocional e irreflexivamente. ¿Cómo podemos resistirnos a esta sobreestimulación política? Como en otros casos, el primer paso es reconocer el problema y, a continuación, trabajar del mismo modo que lo hacemos sobre otros comportamientos que queremos cambiar en nuestra vida. Una forma de hacerlo es participar en reflexiones y decisiones políticas de ámbito local, donde las discusiones están menos contaminadas por las disputas partidistas tan características de la política nacional.

En el ámbito local también es más probable que acabemos discutiendo sobre problemas y soluciones concretas que nos afectan directamente y no solo de cuestiones ideológicas o identitarias.

 

Conclusión

Estamos tan acostumbrados a pensar en términos identitarios, en los “míos” y los “otros”, en “rojos” y “azules”, en “buenos” y “malos” que cuesta poner en marcha actuaciones que trasciendan esta dinámica polarizadora. Además, se trata de un círculo vicioso porque siempre podemos culpar a los otros de no moverse suficientemente en nuestra dirección. Bajo esas condiciones, el bloqueo está asegurado. Pero este bloqueo no puede continuar eternamente, genera demasiados costes. Genera, en primer lugar, costes de oportunidad. Muchas de las propuestas de reformas (de la justicia, del mercado de trabajo, del sistema de pensiones) que hoy se plantean son las mismas que se planteaban hace una década en medio de la Gran Recesión. Si son las mismas, hubiera sido más efectivo probarlas hace diez años, experimentar con ellas y evaluar hasta qué punto nos sirven. Sin embargo, aquella crisis que empezó siendo económica ha derivado en el bloqueo político actual que ha impedido dicha experimentación.

Es necesario trascender la política partidista y conectar a personas de distintas ideologías en el debate público para revitalizar la democracia

El bloqueo genera otros dos costes aún más profundos que el coste de oportunidad de no poder poner en marcha políticas necesarias. El primero es el aumento de la desconfianza en las instituciones. La dinámica polarizadora hace que buena parte de la ciudadanía se encuentre excluida de la discusión política, cuando no agraviada por la orientación de las medidas que se toman por un partido político o coalición determinados. El segundo es el conflicto social generado por el proceso de demonización de los adversarios políticos que puede comenzar en el plano de las élites políticas, pero que acaba trascendiendo a la ciudadanía, como hemos tenido la oportunidad de experimentar con el conflicto catalán donde cada una de las partes acusaba a la otra de ser la causante del problema.

Probablemente los partidos políticos no vayan a desaparecer a corto plazo ya que siguen contribuyendo a la resolución de numerosos problemas de organización y acción colectiva, pero es necesario revertir los aspectos más nocivos de la dinámica partidista. Si en un momento histórico los partidos fueron el instrumento para canalizar importantes demandas sociales, en la actualidad también deberían ser capaces de contrarrestar las dinámicas que los convierten en instrumentos de conflicto. Buena parte del progreso de las sociedades democráticas actuales depende de ello.

 

Luis Miller es científico titular del Instituto de Políticas y Bienes Públicos del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (IPP-CSIC).

NOTAS

1  La polarización política adopta una tercera forma que no abordaré en este trabajo. Se trata de una diferenciación geográfica y demográfica creciente de los votantes de los diversos partidos. Dos ejemplos pueden ayudar a entender esta. Por una parte, los dos grandes partidos de ámbito estatal, especialmente el Partido Popular, han ido perdiendo peso de forma acelerada en territorios como Cataluña o el País Vasco. Por otra parte, la edad media de los votantes de los partidos tradicionales es mucho mayor que la de los nuevos partidos.

2  Russell J. Dalton, «The quantity and the quality of party systems: Party system polarization, its measurement, and its consequences», Comparative Political Studies, núm 47, 2008, pp. 899-920.

3  Mariano Torcal y Josep M. Comelles, «Affective Polarization in Southern Europe and Spain in Comparative Perspective», manuscrito no publicado, 2020.

4  Noam Gidron, James Adams y Will Horne, How ideology, economics and institutions shape affective polarization in democratic polities, Cambridge University Press, Cambridge, 2020.

5  Pablo Simón, «The Multiple Spanish Elections of April and May 2019: The Impact of Territorial and Left-right Polarisation», South European Society and Politics, 2020,

6  Luis Miller, «Polarización en España: más divididos por ideología e identidad que por políticas públicas», EsadeEcPol Insight, núm18, 2020..

7  Luis Miller y Mariano Torcal, «Veinticinco años de polarización afectiva en España», The Conversation, 2020.

8  Afortunadamente, después de tres años, en diciembre de 2020 volvieron a aprobarse unos nuevos Presupuestos Generales del Estado fruto del gobierno de coalición entre PSOE y Unidas Podemos.

9  Eli J. Finkel y otros, «Political sectarianism in America. A poisonous cocktail of othering, aversion, and moralization poses a threat to democracy», Science, núm. 370, 2020, pp. 533-536.

10  Alberto Penadés y José Manuel Pavía, La reforma electoral perfecta, La Catarata, Madrid, 2016.

11  Ezra Klein, Why we’re polarized, Avid Reader Press, Nueva York, 2020.

 

Acceso al artículo completo: La polarización política en España: entre ideologías y sentimientos.

 


Entrevista a Clive L. Spash

Monica Di Donato entrevista a Clive L. Spash, uno de los economistas ecológicos que más ha contribuido en las últimas décadas a construir y fundamentar una visión radical de la economía ecológica y social, en torno a su libro Fundamentos para una Economía Ecológica y Social publicado por FUHEM Ecosocial y Catarata dentro de la nueva Colección Economía Inclusiva.

Monica Di Donato (MDD): ¿Cuales eran/son las inquietudes y preocupaciones que, a lo largo de tu amplia trayectoria académica, te han llevado a escribir un trabajo así?

Clive L. Spash (CLS): En parte, este libro es el resultado del fallo de los economistas de todos los tipos, tanto aquellos conformistas ortodoxos como aquellos más alternativos o de tipo heterodoxo, a la hora de afrontar el conjunto de crisis que hemos estado sufriendo durante décadas. Es decir, la crisis múltiple de la desigualdad, injusticia y explotación social; la crisis ecológica de la pérdida de especies, la contaminación o la disrupción de los ecosistemas (p.ej. el cambio climático); y la crisis económica de un sistema nada ético que hace que genera una minoría rica a costa de la mayoría social y fuerza a las personas a resignarse a una vida sin sentido de trabajo y consumo material.

Tengo un profundo deseo de ver cambiar el mundo y como economista y ecologista creo que es clave modificar la conducta de la economía. La economía es una materia que pretende servir a los intereses humanos para un mayor bien común, pero que se ha separado completamente de cómo los sistemas económicos reales funcionan a la vez que niegan el potencial humano y destruyen el mundo no humano.

 

MDD: Si tuviera que describir este libro con 3 adjetivos serían: irreverente, sagaz, radical. ¿Estarías de acuerdo?  ¿Cuál es el objetivo que habías establecido para este trabajo y hasta donde te gustaría que llegara?

CLS: Irreverencia es un término interesante de usar porque implica que algo tiene que ser venerado, ¿y qué tendría que serlo? Personalmente, no veo irreverente criticar lo que es equivocado en el mundo o detallar los fallos de nuestros sistemas políticos y económicos, sus instituciones y aquellos que lo pueblan. Es verdad que no tengo miedo en criticar a aquellos que perpetúan mitos sobre las maravillas de las economías basadas en la acumulación de capital (crecimiento), los mercados fijadores de precios, la sociedad de consumo, las empresas o los emprendedores. Los fallos son evidentes en la larga lista de premios en economía concedidos por los banqueros suecos en nombre de Nobel a aquellos que ignoran fallos sistémicos básicos o, peor aún, cubren los problemas con modelos matemáticos y números sin sentido. Lo mismo se aplica a las organizaciones e instituciones económicas que extienden ideas falsas. Hay todo un trabajo por hacer a la hora de exponer las mentiras sobre los sistemas sociales y económicos y el funcionamiento real de las economías modernas que están siendo perpetuadas.

La búsqueda de una reforma básica estructural es también radical porque requiere reformar las instituciones sociales y económicas, no nuevas formas verdes que continúen legitimando la acumulación de capital.

Estaría de acuerdo en que este trabajo es radical, en el sentido original de la palabra, es decir, que versa sobre las raíces, bases o fundamentos de lo que está mal. En este sentido, mi trabajo es claramente radical porque ofrece una crítica fundamental de la economía como disciplina y la forma dominante de economía política que le da soporte. La búsqueda de una reforma básica estructural es también radical porque requiere reformar las instituciones sociales y económicas, no nuevas formas verdes que continúen legitimando la acumulación de capital. Desearía que el trabajo fuese sagaz, pero son otros los que deberían decirlo.

El principal objetivo de este trabajo es exponer los enfoques profundamente equivocados que se han puesto sobre la mesa para afrontar los problemas ambientales y reemplazarlos por alternativas teóricamente sólidas que estén bien fundamentadas desde un putos de vista científicos y filosófico. En el camino, se identifica a aquellos que defienden el sistema para formar al lector.

Es mentira que podemos continuar como hasta ahora sin ningún cambio fundamental en el comportamiento humano.

La audiencia potencial del libro está en aquellos que buscan cambiar el mundo a mejor, pero son escépticos con las ofertas de los economistas convencionales/ortodoxos y aquellos ecologistas que pintan el mundo de rosa a través de “soluciones” simplistas, sea con la tecnología, el crecimiento de las economías, la sociedad de la información, la empresa o el consumismo verde. Es mentira que podemos continuar como hasta ahora sin ningún cambio fundamental en el comportamiento humano.

 

MDD: En el libro describes muchas de las influencias teóricas que has recibido y que te han inspirado hasta llegar al nuevo paradigma de la economía ecológica y social que propones. ¿Cuáles destacarías (las fundamentales) y por qué?

CLS: Subrayaría dos grandes inspiraciones teóricas. Una es el trabajo de K. William Kapp, que ya en los años 40 reconocía los problemas combinados de explotación social, ecológica y económica inherentes a los sistemas económicos modernos tanto orientales como occidentales – no sólo el capitalismo sino también cualquier economía basada en la acumulación de capital combinada con estructuras de competencia social. La otra gran fuente de inspiración es filosófica, y tiene que ver con el realismo crítico en la forma expuesta por aquellos que lo relacionan con las ciencias sociales (p.ej. Andrew Sayer, Andrew Collier, Jamie Morgan, Ted Bento, Tony Lawson). Esta filosofía de la ciencia proporciona unos fundamentos sólidos a la economía ecológica como ciencia social emancipadora.

 

MDD: Para centrarnos en un aspecto en concreto: la relación con la ciencia posnormal. ¿Cuáles son las virtudes y los límites que le reconoces de cara a la construcción de un nuevo paradigma radical?

CLS: La ciencia posnormal ha proporcionado una perspectiva crítica sobre el papel de la ciencia y la tecnología en las políticas públicas durante el s. XX. Ha enfatizado el problema de lo que llamaría tecnocracia y el tecnooptimismo promovido por el Estado. Los inconvenientes son que ni es una filosofía de la ciencia ni una teoría social, y tiende a ser adoptada como herramienta para negar la posibilidad de conocimiento por personas fuertemente escépticas.

Esto puede conducir rápidamente a un relativismo radical y a un eclecticismo, en el cual todas las ideas se presentan como igualmente válidas, en una forma equivocada de “pluralismo”. No creo que ese fuese el propósito de sus creadores, que aceptaban tanto el papel de una “ciencia normal” como el hecho de que la validez del conocimiento se puede evaluar según sus “cualidades”, lo que requiere el desarrollo de metodologías específicas apropiadas a cada investigación. Esto enfatizaría las cualidades específicas de los problemas ambientales (p.ej. fuerte incertidumbre) que justificarían maneras distintas de adquirir el conocimiento (es decir, una epistemología) que irían más allá del reino tradicional de la ciencia objetivista ingenua y conectarían con grupos de actores más amplios y el público, en general. Sin embargo, la ciencia posnormal carece de la profundidad filosófica y el conocimiento que el realismo crítico proporciona.

También carece de la habilidad de proporcionar una idea más amplia sobre la economía política que actualmente domina los sistemas sociales (p.ej. las relaciones de poder) y no tiene una teoría acerca de la potencialidad de las alternativas.

El papel de la ciencia posnormal es muy limitado entonces, pero es útil a la hora de desafiar al objetivismo ingenuo y al dogmatismo de las ciencias tradicionales. Esto ha animado a algunos a abrir espacios de decisión al público (p.ej. al público lego) y a cuestionar la tecnocracia. Sin embargo, no es ni un paradigma, ni una teoría económica ni una teoría política.

 

MDD: Economía circular, postmodernismo, servicios de los ecosistemas, desacoplamiento, etc., son algunas de las aproximaciones que parece han resultado más exitosas si miramos a las agendas de los tomadores de decisiones. ¿Podrían entrar esos conceptos dentro de ese pragmatismo útil del que hablas en el libro, que sirve para desviar la atención sobre el cuestionamiento de la racionalidad del crecimiento?

CLS: Describir estas aproximaciones como “exitosas” nos lleva a la pregunta de qué es lo que pretenden alcanzar. Su supuesto fin es el de afrontar la crisis ecológica. En esto, han supuesto un completo fallo. Que hayan sido muy populares y financiadas simplemente indica su papel como instrumento retórico para convencer a las personas (en general) de que no hay nada importante en el sistema económico actual que tenga que ser cambiado. Los economistas ecológicos y sociales analizan las afirmaciones de este tipo de enfoques y muestran su falacia.

Yo uso el término nuevo pragmatismo ambiental para subrayar cómo el movimiento ambiental (en particular) y los académicos relacionados han sido reclutados para apoyar al sistema económico actual en su forma de neoliberalismo, mercados, finaciarización, mercantilización de la naturaleza y capitalismo empresarial. Los conceptos desarrollados para promover la defensa de las economías de acumulación de capital (crecimiento) juegan inevitablemente un papel tanto en el mantenimiento del sistema actual como en la incorporación de los ecologistas al mismo, a la vez que canalizan las inversiones hacia aquellos que ya están en el poder.

Aquellos ecologistas y algunos economistas ecológicos que defienden tales conceptos muestran o bien su ingenuidad política o bien que están realmente comprometidos con el mantenimiento del sistema económico actual, a pesar de las consecuencias sociales y ecológicas que esto tiene.

 

MDD: Concluimos la entrevista con los deberes que nos esperan: ¿Cómo se construye y en que debería de consistir esa economía alternativa para las economías alternativas? Y ¿cuáles son los hitos de debemos apuntar en esa agenda trasformadora hacia una nueva economía ecológica y social?

CLS: El propósito de la transformación ecológica y social es cambiar las economías reales y su funcionamiento.

Hay tres fases en la agenda de transformación:

-  La primera, comienza con el desarrollo de crítica y conocimiento de lo que está mal en el sistema actual mediante la identificación de su estructura y mecanismos de funcionamiento. Esto incluye la identificación de los actores, instituciones y organizaciones que perpetúan el conocimiento falso y mantienen los modos explotadores, poco éticos y opresivos de conducta y práctica.

- En la segunda, se trata de identificar los medios de parar el funcionamiento de los mecanismos que perpetúan y reproducen el sistema actual, y desarrollar el espacio y los medios para el funcionamiento de alternativas. Esto implica activar mecanismos alternativos que son meramente potenciales y hacerlos reales y operativos. En términos prácticos, esto implica un activismo político a todos los niveles.

- La tercera fase consiste en inspirar el cambio sobre la base de visiones utópicas del futuro que sean científicas y asequibles, lo que algunos llaman utopías concretas. Hay que rechazar el mito de que no hay alternativa, y hay que volver a poner en la agenda el potencial de la humanidad, más que perpetuar el miedo al cambio como algo que nos lastra frente a otros. Este miedo está siendo usado para mantener el apoyo a la utopía de una sociedad del crecimiento económico perpetuo, que en realidad es una distopía.

Las tres fases son necesarias para una transformación ecológica y social, pero solamente la primera ha suscitado más atención. Cambiar el funcionamiento de las economías es entonces parte del proceso de toma de conciencia y creación de nuevo conocimiento de que han existido, existen y se pueden llevar a cabo de nuevo alternativas al sistema actual.

Monica Di Donato

FUHEM Ecosocial

Diciembre 2020

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Col. Economía Inclusiva 1

Fundamentos para una economía ecológica y social de Clive L. Spash es el primer número de la Colección Economía Inclusiva de FUHEM Ecosocial.

Esta obra representa una de las síntesis más lúcidas y articuladas sobre la variedad y potencialidad del pensamiento económico, llegando a cuestionar la existencia de “la economía” como una entidad singular y la insostenibilidad de los modelos orientados al crecimiento y a la acumulación de capital, en el seno de los cuales las variables sociales y ecológicas son consideradas como externas a la organización y funcionamiento de la economía misma.

Clive L. Spash, uno de los economistas ecológicos que más irreverentemente ha contribuido en las últimas décadas a construir y fundamentar una visión radical de la economía ecológica y social, dedica este libro a explorar y proyectar, de modo algo provocativo, su evolución, apoyándose de manera consciente en los fracasos de la economía ambiental, las tensiones con la economía convencional y la necesidad de aportar un nuevo enfoque de cara a la crisis ecosocial.

Si, por un lado, la economía ortodoxa ha sido incapaz de abordar las dimensiones social y ambiental como aspectos de crucial importancia para entender el funcionamiento y reproducción de los sistemas económicos, por el otro, las corrientes heterodoxas, como el socialismo/marxismo, el feminismo, el poskeynesianismo o la economía institucional, tampoco han sabido incorporar de manera coherente esas mismas dimensiones en sus análisis y propuestas.

De este modo, cuestiones como la multidisciplinariedad, el pluralismo y la integración de las ciencias, las relaciones entre pensamiento económico ortodoxo y heterodoxo o de cómo podría diseñarse una agenda ecológica y socialmente transformadora de la economía son analizadas pormenorizadamente en esta obra.

El autor logra así diseñar un conjunto actualizado y revisado de posiciones que aportan una perspectiva compleja e integradora de la economía ecológica y social en términos ontológicos, epistemológicos, metodológicos e ideológicos, porque cabe considerar que “¡sólo hay alternativas!”.

Sobre el autor:

Clive L. Spash es profesor de Políticas Públicas y Gobernanza en la Universidad de Economía y Negocios de Viena, editor jefe de la revista Environmental Values y antiguo presidente de la Sociedad Europea de Economía Ecológica. Durante más de treinta años, su trabajo se ha centrado en impulsar la transformación ecosocial y el cambio de paradigma en el pensamiento económico, con relevantes publicaciones en el ámbito de la economía, la economía política, la psicología social, la evaluación de proyectos de política ambiental, la filosofía y la ética.

 

A continuación ofrecemos el acceso al texto completo la Introducción del libro.

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Jornadas AIPAZ 2020

Jornadas AIPAZ 2020

Los próximos 26 y 27 de noviembre tendrá lugar una nueva edición de las Jornadas anuales organizadas por la Asociación Española de Investigación para la  Paz  - AIPAZ, en las que participa FUHEM Ecosocial.

Debido a la actual situación provocada por la pandemia, los actos se realizarán de forma virtual a través de la plataforma Zoom.

Estas jornadas anuales constituyen un espacio de encuentro, de reflexión y debate sobre diferentes ámbitos de la Cultura de Paz que trabajan los distintos centros de AIPAZ y este año tienen como eje central: La Investigación para la Paz en el Estado Español.

Sus objetivos serán:

Analizar y reflexionar sobre las teorías y marcos conceptuales de la Investigación para la Paz que están trabajando los distintos centros de AIPAZ.

Presentar las iniciativas que están llevando a cabo en los centros e identificar las sinergias e integración entre las teorías y las prácticas.

Realizar propuestas sobre la redefinición de la agenda de paz a nivel local y global en el nuevo contexto internacional.

Las Jornadas AIPAZ de este año cuentan con la colaboración del Foro de Asociaciones de Educación en Derechos Humanos y por la Paz, con el fin de propiciar el encuentro entre organizaciones para reflexionar de manera conjunta, encontrar sinergias y posibles vías de colaboración.

Se organizan en torno a siete mesas redondas:

MESA 1: Marcos Conceptuales, Saberes y Valores que se tienen en cuenta en las prácticas de la Investigación para la Paz.
MESA 2: Los Retos de la Investigación para la Paz en el Siglo XXI. Cómo Trabajar la Paz en Sociedades Complejas, Plurales y en Constante Cambio.
MESA 3: Construcción de Paz / Construcción de Seguridad.
MESA 4: Conflictos, Convivencia y Educación para la Paz.
MESA 5: Derechos Humanos y Construcción de Paz.
MESA 6: La Construcción de la Paz y la Convivencia en las Ciudades y Territorios. Promoviendo Sociedades Justas, Pacíficas e Inclusivas.
MESA 7: Trayectoria Histórica del Trabajo del Foro de Asociaciones de Educación en Derechos Humanos y por la Paz (2007-Actualidad).

Las Jornadas contarán con la presencia de destacadas expertas/os de la Investigación para la Paz en España:

Ana Barrero Tíscar, presidenta de AIPAZ.

Monika Hernando Porres, Dirección de Víctimas y Derechos Humanos del Gobierno Vasco.

Pamela Urrutia Arestizábal, investigadora de la Escola de Cultura de Pau. UAB.

Manuela Mesa Peinado, directora de CEIPAZ.

Juan Manuel Jiménez Arenas, director del Instituto de la Paz y los Conflictos Universidad de Granada

Irene Comins Mingol, investigadora del Instituto Interuniversitario de Desarrollo Social y Paz (Univ. Jaume I)

Jokin Alberdi Bidaguren, investigador de Gernika Gogoratuz.

María Oianguren Idígoras, directora de Gernika Gogoratuz.

Carmen Magallón Portolés, presidenta de la Fundación Seminario de Investigación para la Paz (SIP)

Jesús Núñez Villaverde, codirector del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria (IECAH)

Pere Ortega Grasa, presidente del Centre Delàs d’Estudis per la Pau.

Xavier Masllorens Escubós, presidente del Institut Català Internacional per la Pau (ICIP)

Iratxe Momoitio Astorkia, directora del Museo de la Paz de Gernika

María Jesús Luna Serreta, directora de la Fundación Seminario de Investigación para la Paz (SIP)

Jordi Palou Loverdós, director de la Fundació Carta de la Pau

Pablo Aguiar Molina, investigador del Institut Català Internacional per la Pau (ICIP)

Jesús Andrés Sánchez Cazorla, profesor jubilado de la UGR, cofundador y colaborador del Instituto de la Paz y los Conflictos Universidad de Granada – IPAZ-UGR

Susana Fernández Herrero, documentalista de FUHEM Ecosocial.

María Fanlo Torrecilla investigadora del Institut Català Internacional per la Pau (ICIP)

Silvia Plana, investigadora del Institut Català Internacional per la Pau (ICIP)

Martín Rodríguez Rojo, Asociación del Voluntariado de la Universidad de Valladolid, AVUVA

Carme Suñé Minguella, vicepresidenta de FundiPau.

Mireia Nogués, coordinadora de Can Jonch – Centre de Cultura per la Pau

Carlos Giménez Romero, director del Instituto de Derechos Humanos Democracia, Cultura de Paz y Noviolencia (DEMOSPAZ-UAM)

Elena Boschiero, investigadora y coordinadora de DEMOSPAZ – UAM

Tica Font Gregori, investigadora del Centre Delàs d’Estudis per la Pau.

Monika Vázquez Bolaños, investigadora de UNESCO Etxea

Anna León Herrero, coordinadora Técnica del Foro de Asociaciones de Educación en Derechos Humanos y por la Paz.

Patxi Zubiaur, presidente del Foro de Asociaciones de Educación en Derechos Humanos y por la Paz.

 

La Mesa número 2, que tendrá lugar el jueves 26 de noviembre a las 18 h. será la única abierta al público previa Inscripción


Papeles 151

Las élites del poder cumplen la función de ostentar, representar y ejercer el poder. Suelen compartir origen, trayectorias y experiencias vitales, además de lazos económicos, sociales e incluso familiares.

Desde posiciones estratégicas en la estructura social, las élites de poder trenzan redes de relaciones y troquelan instituciones para mantener y reforzar su posición dominante, asentando la polarización política y cultural que hoy padecemos.

En el país de los aeropuertos y radiales sin tráfico que los justifique, del boom inmobiliario y del tsunami urbanizador sin apoyatura demográfica y de las corruptelas que asoman por cada esquina, es muy probable que el grado de fusión alcanzado entre las elites económicas y políticas no encuentre parangón con el de otros países de nuestro entorno.

 

El número 151 de Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global cuenta con sus habituales secciones: A FONDO pone el foco sobre el poder y las élites en España. En la sección de ACTUALIDAD, dos artículos, uno que presta atención a la cuestión urbana en tiempos de pandemia, gentrificación y securitización; mientras que por otra parte, Jesús Ojeda analiza, en  el 150 aniversario del nacimiento de Ghandi las lecciones pendientes de aprender de la separación de India y Pakistán.

EXPERIENCIAS recoge un artículo de Josefa Sánchez Contreras sobre la lucha contra lo megaproyectos eólicos y a favor de los bienes comunales en tiempos de crisis energética en México.

En ENSAYO Nathan Hagens, ofrece una narrativa coherente sobre cómo el comportamiento humano evolucionado, el dinero, la energía, la economía y el medio ambiente encajan entre sí para sentar las bases de una visión sistémica de la economía que nos sirva para gestionar el presente y el futuro más próximos.

Una vez más acompañamos el número de la sección LECTURAS en la que se reseñan algunas publicaciones recientes que pueden resultar de especial interés.

A continuación, ofrecemos el sumario de la revista, que podrás descargar a texto completo, junto con la Introducción de Santiago Álvarez Cantalapiedra y el artículo titulado Las élites capitalistas españolas entre dos crisis de Albert Recio Andreu.

 

SUMARIO

INTRODUCCIÓN

Las elites de poder, Santiago Álvarez Cantalapiedra.

A FONDO

La élite tecnocrática como garantía de la continuidad oligárquica en España, Andrés Villena Oliver.

Las élites capitalistas españolas entre dos crisis, Albert Recio Andreu.

Entrevista a José Manuel Naredo sobre economía, lucro y poder, José Bellver Soroa.

Sobre élites de poder económico en Andalucía, Manuel Delgado Cabeza.

ACTUALIDAD

Aviso de incendio en la ciudad neoliberal, Massimo Paolini.

India y Pakistán. Lecciones pendientes de aprender entre desordenes, Jesús Ojeda Guerrero.

EXPERIENCIAS

Megaproyectos eólicos en el Istmo mexicano: los bienes comunales en tiempos de crisis energética, Josefa Sánchez Contreras.

ENSAYO

Una economía para el futuro: más allá del superorganismo, Nathan Hagens.

LECTURAS

La mente de los justos: Por qué la política y la religión dividen a la gente sensata, de Jonathan Haidt

Octavio Arriola, Rocío Culebras y Krasimir Nikolaev

Extraños en su propia tierra, de Arlie Russell Hochschild

Diego Escribano

Reencontrando a gaia,de Carlos de Castro

Gloria Campos Sánchez, Pablo Castro García y Fedra Marcús Broncano

Confesiones de un ecologistas en rehabilitación, de Paul Kingsnorth

Jorge Riechmann, Andrea Frutos, Clara Puente y Guillermo Ríos

Pluriverso, de AAVV

Pablo Alonso

RESÚMENES

 

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Las élites de poder

 

¿Quién manda aquí?,
pregunté
Me dijeron:
“El pueblo naturalmente”
Dije yo:
Naturalmente el pueblo pero,
¿quién manda realmente?
Erich Freíd, Cien poemas apátridas1

 

Las élites de poder es el título de la INTRODUCCIÓN escrita por Santiago Álvarez Cantalapiedra para el número 151 de la revista Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global,

Hacerse la pregunta de «quién manda aquí» tal vez sea el camino más directo para averiguar la naturaleza de una organización. Sin embargo, ¡qué pocas veces se formulan preguntas como esta! Y en las escasas ocasiones en que alguien se atreva a formular la incómoda cuestión, lo más probable es que, ante la respuesta recibida, tenga que verse obligado a repetir la pregunta. El poder y quien lo detenta, aunque arrogantes, también son cautelosos y, por ello, la mayoría de las veces más bien opacos.

En una sociedad capitalista es el capital el que marca el conjunto de las relaciones sociales, de manera que el poder de los individuos viene determinado por su posición en la estructura social.

Detenta el poder quien dispone de la capacidad de hacer prevalecer su voluntad sobre la de los demás, incluso a pesar de la resistencia que estos eventualmente muestren. El poder está presente por todas partes y en todo tipo de relaciones, sean personales o sociales (económicas, políticas o culturales). Hay poderes duros o coercitivos y poderes blandos o persuasivos, pero todos responden al mismo esquema: la capacidad de que A logre que B haga C, tanto si B está de acuerdo como si no. Aunque siempre es relacional, hay formas de poder que tienen que ver más con las estructuras que con la buena o mala voluntad de quien se encuentra en disposición de exigir algo a su prójimo. Es el caso de las sociedades clasistas o patriarcales. En una sociedad capitalista es el capital el que marca el conjunto de las relaciones sociales, de manera que el poder de los individuos viene determinado por su posición en la estructura social. En la sociedad patriarcal son los roles socialmente atribuidos los que marcan las capacidades y oportunidades de las personas en función del género.

 

Las elites de poder

El poder no se ejerce solo. Hay personas que lo ostentan y representan. Las elites del poder cumplen esa función. Así pues, no nos referimos a las elites que poseen ciertos atributos socialmente valorados gracias a los que pueden influir sobre la sociedad en mayor medida que el resto. Nos referimos, más bien, a lo que Charles Wright Mills denominó en los años cincuenta del siglo pasado elites del poder, aquellas formadas por individuos que, situados en posiciones estratégicas en la estructura social, concentran el poder en sus diversas manifestaciones.2 Su presencia afecta al funcionamiento de los diferentes órdenes de la vida social y, por ello, ponderar su peso y examinar su comportamiento resulta crucial para evaluar el carácter democrático u oligárquico de una sociedad.

Los miembros de la elite del poder comparten origen, trayectorias y experiencias vitales y suelen estar ligados por lazos familiares, económicos o sociales. Poseen además el interés común de mantener el sistema que les favorece, por lo que trenzan redes de relaciones y troquelan instituciones para mantener y reforzar su posición prominente.

El estudio de la historia se alza como una de las formas más apropiadas de abordar el análisis de las elites del poder. La perspectiva histórica permite reconocer procesos de continuidad y momentos de ruptura, valorar el nivel de unidad o disgregación que alcanzan en torno al poder y, por consiguiente, el grado de dominación que logran sobre el conjunto de la sociedad.  En el momento en que Mills publicó su obra, el año 1956, la elite del poder en la sociedad norteamericana estaba formada por los propietarios y managers de las grandes corporaciones, los políticos y los altos mandos militares. En la España de aquella época, sin embargo, el poder era atributo de una sola persona que apenas accedía a compartirlo con un círculo cercano de generales y obispos. Con la modernización del régimen franquista, a partir del Plan de Estabilización de 1959, los tecnócratas vinculados al Opus Dei y el mundo empresarial comienzan a desplazar al ejército, a la jerárquica actualidad, es probable que cueste incluir al ejército o a la Iglesia católica entre las principales elites del poder,3 al menos si establecemos la comparación con el papel que han ido adquiriendo en los últimos tiempos empresarios, constructores, financieros y políticos vinculados con ellos.

 

Elites económicas e instituciones “extractivas”

En el estudio de la economía brilla por su ausencia la cuestión del poder. De esta manera el enfoque convencional suele dejar en la oscuridad actividades económicas que no son más que meras operaciones de apropiación de la riqueza (social y natural) que llevan a cabo determinados individuos y empresas con el apoyo del Estado a través de la distribución discrecional de contratas, concesiones o licencias. Esta circunstancia ha sido explicada con largueza, para el caso de nuestro país, en el libro editado por Federico Aguilera y José Manuel Naredo titulado Economía, poder y megaproyectos, una de las escasas aproximaciones que han estudiado los discursos, las prácticas y los rasgos del nuevo poder oligárquico en España.4 Ahí se muestran, con numerosos ejemplos, cómo negocios inmobiliarios, megaproyectos hidráulicos y otras infraestructuras (desde plantas nucleares hasta autopistas o puertos), han servido para que unos pocos puedan lucrarse en perjuicio de la mayoría. En el país de los aeropuertos y radiales sin tráfico que los justifique, del boom inmobiliario y del tsunami urbanizador sin apoyatura demográfica y de las corruptelas que asoman por cada esquina, es muy probable que el grado de fusión alcanzado entre las elites económicas y políticas no encuentre parangón con el de otros países de nuestro entorno.

Los grupos dirigentes no ejercen el poder en el vacío, sino al amparo de marcos institucionales que establecen las reglas de juego propicias para sus exclusivos intereses

Lo que nos lleva a la cuestión principal de que los grupos dirigentes no ejercen el poder en el vacío, sino al amparo de marcos institucionales que establecen las reglas de juego propicias para sus exclusivos intereses. Son las instituciones económicas y políticas las que hacen que unos sean prósperos a costa de los demás y las que presentan al enriquecimiento personal como el indicador de la riqueza. Esta circunstancia ha hecho que se preste mayor atención, incluso desde el propio enfoque convencional, al papel que desempeñan las instituciones. De ahí la resonancia que ha logrado, tras el marasmo financiero de la Gran Recesión, la distinción realizada por Acemoglu y Robinson entre instituciones inclusivas y extractivas.5  Las primeras buscan conciliar los intereses privados con el interés general, requiriendo Estados fuertes, transparentes y democráticos. Las segundas, por el contrario, tienen como objetivo extraer rentas y riqueza de una parte de la sociedad para beneficio de un subconjunto distinto de ella. Predominan allí donde el espacio público se encuentra opacado y falto de dinamismo democrático, contribuyendo a la clausura de la movilidad social. Así pues, estas instituciones sirven para que las elites económicas, financieras y políticas se asienten y se perpetúen en el poder. Las instituciones extractivas no son únicamente políticas, también abarcan todo tipo de mecanismos y herramientas económicas como, por ejemplo, las operaciones financieras de alta frecuencia (high speed trading), que se han convertido en una poderosa palanca de redistribución de la riqueza en favor de gestores y propietarios de fondos de capital riesgo y en detrimento de la estabilidad del propio sistema financiero, cuyas crisis son soportadas por el conjunto de la sociedad.

 

El triunfo de la plutocracia

A un mes de las elecciones presidenciales The New York Times publica la noticia de que Trump pagó 750 dólares en impuestos durante los años 2016 y 2017. El multimillonario Warren Buffett reconoció en su día que contribuye al fisco menos que su secretaria. ¿Cómo es posible? En primer lugar, porque sus negocios se organizan de tal forma que gran parte de lo que ganan no está clasificado como ingresos y, en segundo lugar, porque el sistema fiscal actual de los EEUU grava menos a las rentas de capital que a los salarios que perciben las secretarias. En las economías capitalistas, donde el poder está fundado en la riqueza, los ricos tienen una enorme capacidad de influencia sobre la legislación tributaria, de manera que la línea que separa la evasión fiscal, que es un delito, de la elusión de la carga impositiva dentro de unos planes fiscales que no son delictivos es tan delgada como imperceptible.

La plutocracia destruye las normas de confianza y cooperación que anidan en el corazón de cualquier sociedad avanzada.

En El triunfo de la injusticia, los economistas Saez y Zucman documentan cómo los gobiernos han permitido sistemáticamente a los ricos evadir impuestos y luego, justificándose en ese hecho, han reducido las tasas impositivas corporativas, provocando una desigualdad desbocada. Los autores muestran en el libro, para el caso de los EEUU, la tasa impositiva promedio del 50% de los adultos con los ingresos más bajos en comparación con las 400 personas que más ganan desde el año 1960. La conclusión a la que llegan no admite matizaciones: antes de la dé- cada de 1980, los más ricos pagaban tasas impositivas más altas que las del 50% inferior (en 1970, por ejemplo, los estadounidenses más ricos pagaban, con todos los impuestos incluidos, más del 50 por ciento de sus ingresos en impuestos, el doble que los individuos de la clase trabajadora), pero en 2018, luego de la reforma tributaria de Trump, y por primera vez en los últimos cien años, el 50% inferior ha pagado más que los 400 primeros (el 0,001% de la población), es decir, las principales fortunas de los EEUU pagan menos impuestos que la clase obrera, de manera que los ricos han visto cómo sus impuestos se han reducido al nivel que había en la década de 1910.6

La plutocracia destruye las normas de confianza y cooperación que anidan en el corazón de cualquier sociedad avanzada. Las consecuencias que acarrea son múltiples. Por un lado, el agujero provocado por los impuestos que los ricos dejan de pagar necesariamente ha de ser cubierto por el resto, haciendo más regresiva la distribución de la carga fiscal y afectando a la igualdad de oportunidades. Esta brecha y la clausura de la movilidad social solo resulta funcional para la reproducción de estos grupos de poder. Así se muestra en un informe que estudia las elites en el Reino Unido: en aquel país, afirma el informe, a pesar de que se ha incrementado el número de empleos de alta gestión y cualificación, habitualmente ocupados por las elites, las oportunidades de acceder a ellos para quienes proceden de los hogares menos acomodados han disminuido considerablemente. Un 20% de los nacidos entre 1955-61 que ocupaban ese tipo de empleos provenía de clases menos favorecidas, pero para los nacidos entre 1975-1981, ese porcentaje es sólo del 12%.7

La arrogancia de los vencedores que impone un severo juicio sobre los demás genera una legítima frustración e indignación entre las clases trabajadoras.

Por otro lado, estas reglas e instituciones que solo favorecen a las elites asientan la polarización política y cultural que hoy padecemos. Las crecientes desigualdades y el atasco de la movilidad social se compadecen mal con el discurso meritocrático que afirma que todo el mundo puede triunfar si lo intenta. Sin embargo, las elites se aferran a esa cultura del mérito como justificación, y no solo dan la espalda a quienes se quedan atrás, sino que además se sirven de ese discurso para culpabilizarlos de su retraso. Esta arrogancia de los vencedores que impone un severo juicio sobre los demás genera una legítima frustración e indignación entre las clases trabajadoras que perciben que aquello que se presenta como fruto del esfuerzo individual no es sino el resultado de posiciones de privilegio.

Percibir en su justa medida la magnitud de este malestar social y, sobre todo, acertar a canalizar la indignación popular y la desconfianza en las instituciones, requiere comprender –como señala Sandel– que no estamos únicamente ante un problema de justicia y redistribución, sino también ante un problema de reconocimiento y estima social hacia unos sectores que se sienten humillados además de desposeídos.8 Líderes carismáticos y otros aparentes outsiders de las elites, que no por ello dejan de formar parte del establishment aunque exuden por sus poros populismo, parecen ser los únicos que se han dado cuenta del problema, aunque su presencia, de momento, solo ha servido para crispar y polarizar la política y el espacio público sin que se perciba aún ningún fruto relativo a la justicia y al reconocimiento.

Puedes descargar el texto completo en formato pdf: Las élites del poder.

NOTAS:

1  En traducción de Michel Faber-Kaiser y J. Francisco Elvira-Hernández, Editorial Anagrama, Barcelona, 1978.

2  Charles Wright Mills, La élite del poder, FCE, México, 1978.

3  Lo que no significa que no mantengan una notable capacidad de influencia. La institución militar, más que a través de sus altos mandos, mantiene todavía un destacado influjo en la economía y en los presupuestos del Estado mediante el peso del gasto militar, la I+D y la industria y el comercio de armas [véase el libro de Pere Ortega, Dinero y militarismo. Del franquismo a la democracia (1939-2018), así como el artículo «La economía militar en España del franquismo a la democracia» del mismo autor publicado en el número anterior de esta revista]. En cuanto a la institucional eclesial católica, aún quedan activos demasiados vestigios de la cristiandad en la esfera pública (la confesionalidad encubierta en los artículos 16.3 y 27.3 de la Constitución, el Acuerdo con el Vaticano de 1979, la enseñanza confesional de la religión en el sistema educativo, la asignación tributaria, las exenciones fiscales, las inmatriculaciones indebidas, etc.) y la beligerancia de un sector de la jerarquía que actúa sin ningún disimulo como lobby en la legislación en materia educativa y moral privada.

4  Federico Aguilera y José Manuel Naredo (eds.), Economía, poder y megaproyectos, Economía & Naturaleza, Fundación César Manrique, Lanzarote, 2009.

5  Daron Acemoglu y James A. Robinson, Por qué fracasan los países: Los orígenes del poder, la prosperidad y la pobreza, Deusto, Bilbao, 2014.

6  Emmanuel Saez y Gabriel Zucman, The Triumph of the Injustice. How the Rich Dodge Taxes and How to Make Them Pay, WW Norton, Nueva York, 2019, p. 22 y 23.

7  Katharina Hecht, Daniel McArthur, Mike Savage y Sam Friedman, Elites in the UK: Pulling Away? Social Mobility, Geographic Mobility and Elite Occupations, London School of Economics y The Sutton Trust, enero de 2020.

8  Michael J. Sandel, La tiranía del mérito, Debate, Barcelona, 2020.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Las élites capitalistas españolas entre dos crisis

Este artículo pertenece a la sección A FONDO del número 151 de la revista Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global. Bajo el título Las élites capitalistas españolas entre dos crisis, Albert Recio Andreu revisa el cambio en la naturaleza de las élites económicas españolas tras la crisis de 2008. Constata que el núcleo duro del empresariado español se adaptó con bastante éxito al cambio y que la nueva fase de crecimiento ha tenido su locomotora en el turismo y ha reforzado las tendencias rentistas de las élites, dando lugar a una economía muy vulnerable, social y ecológicamente.

A continuación, ofrecemos el texto completo del artículo, al final del cual se encuentra el enlace para su descarga en formato pdf.

El capitalismo es un sistema social. Una forma de organización social basada en unas instituciones clave. Pero no es un sujeto que piense y actúe.

El funcionamiento de cualquier sociedad depende de las acciones de personas concretas, interactuando con el resto. En las sociedades de clase, la capacidad de acción de las personas está condicionada por las reglas de juego del conjunto y por su cuota específica de poder. En este tipo de sociedades hay grupos sociales que ocupan posiciones preeminentes, que tienen mayor capacidad de influir en la toma de decisiones, de convertir sus intereses en prioridades sociales, de acaparar una parte desproporcionada del producto social.

En sociedades estamentales son fáciles de detectar porque están organizadas a partir de un orden donde las jerarquías y los roles están claramente definidos (las familias reales son un resto de este modelo que aún perdura en países como el nuestro). En las economías capitalistas las cosas son más complejas. La propia dinámica de un sistema económico en el que los mercados y la tecnología se transforman constantemente provoca que, al menos en apariencia, estas élites sean menos estables, más cambiantes en el tiempo. Pero, en todo caso, es perceptible que en cada fase de desarrollo, en cada periodo histórico existen sectores de capitalistas que representan los intereses hegemónicos del momento, que tratan de influir en las políticas bien directamente bien a través de apoyo a partidos políticos, medios de comunicación, centros de pensamiento, patrocinios… que sean útiles a sus intereses. Y es útil tratar de entender en cada momento cuales son los intereses dominantes, cuáles son sus estrategias y como tratan de influir en las dinámicas de desarrollo.

Un análisis que ayuda a entender las dinámicas económicas en marcha y tratar de entender en qué medida responden a la influencia de estos grupos sociales hegemónicos. En las notas que siguen trataré de abordar tres cuestiones. En primer lugar, cómo se ha alterado el núcleo de estas élites en España tras la crisis de 2008. En segundo lugar, qué mutaciones ha tenido la estructura económica que favorezcan la formación de nuevas élites o la transformación de las viejas. Y en tercer lugar analizar qué mecanismos de influencia tienen, ilustrándolo en el caso de Barcelona.

 

La transformación de las élites anteriores a la crisis del 2008

En 2009 publiqué un trabajo en el que trataba de situar cuáles eran los núcleos hegemónicos del capitalismo español en el momento.1  Creo que presentaba adecuadamente el núcleo del capitalismo español de la burbuja inmobiliaria, el modelo que estalló a partir de 2008. En este momento incluía como núcleos hegemónicos al sector bancario, cuyo papel fue clave en la gestación de burbuja especulativa, y al núcleo de empresas constructoras centrado en la obra pública y la gestión de cualquier actividad que el sector público estuviera dispuesto a externalizar, así como los grandes monopolios energéticos y de telecomunicaciones, en buena medida nacidos de las políticas privatizadoras y de un marco regulatorio adecuado. Y un grupo emergente de grandes empresas comerciales. Incluso se estaba produciendo un intento por parte de las constructoras de tomar el control de empresas energéticas con el objetivo de obtener una perspectiva más estable de crecimiento.

El núcleo del capitalismo español de la burbuja inmobiliaria incluía a la banca, empresas constructoras, energéticas y de telecomunicaciones. En gran medida, ha resistido, transformándose.

Este núcleo hegemónico quedó afectado por la crisis de 2008 pero, en gran medida ha resistido, transformándose. La crisis bancaria podía haber dinamitado al núcleo más duro y persistente del poder económico pero lo que provocó fue una remodelación que en cierta medida ha reforzado a una oligarquía financiera con menos socios, debido a una suma de elementos. En primer lugar, las más afectadas fueron las Cajas de Ahorros, públicas o semipúblicas, por su mayor exposición al crédito inmobiliario. Han desaparecido o se han convertido en bancos privados (Caixa Bank y Bankia). En segundo lugar, la política europea y española estuvo claramente diseñada para salvar a la gran banca y propiciar una mayor concentración de capital, con generosas medidas para absorber bancos en crisis y sanear el capital. Y, en tercer lugar, los dos principales bancos españoles –BBVA y Santander– tenían una exposición menor en el mercado interno y pudieron capear el temporal con la mayor rentabilidad de sus filiales en el exterior. Hoy quedan solo tres grandes grupos (Santander, BBVA, Caixa Bank), otros tres intermedios (Bankia, Sabadell, Bankinter) y un reducido grupo de antiguas cajas transformados en bancos.

El gran grupo de empresas constructoras no estuvo especialmente afectado por el estallido de la burbuja en la medida que su actividad estaba orientada a la obra pública y a la gestión de servicios. A ellos lo que les afectó fue el recorte del gasto público en general y en inversiones en particular. Su respuesta prioritaria fue ahondar en una política de internacionalización, que antes ya habían iniciado, y que la crisis no hizo más que consolidar. Con todo, no salieron de la crisis sin costes. Algunas lo han sobrevolado con relativo éxito: ACS, Acciona, Ferrovial y Sacyr (aunque han tenido que vender algunos negocios jugosos como la filial Urbaser, de gestión de residuos urbanos, de ACS). Otras han acabado con la venta a grupos foráneos (las familias mexicanas Slim y Amodio han tomado el control de FCC y de OHL, respectivamente) y alguna de las empresas de segunda línea han entrado en una clara fase de descomposición (Abengoa, Isolux).

Tanto los bancos como las grandes constructoras que han sobrevivido conservan importantes cuotas de poder, pero han debido reorientar su actividad. Especialmente han perdido una buena parte del jugoso negocio de la obra pública local, lo que incide en que hayan reforzado más su apuesta por la gestión de servicios.

 

La transformación del capitalismo español tras la crisis de 2008

Cambios en la estructura productiva. La crisis de 2008 generó cambios en la estructura productiva del país. El más importante, además de la crisis financiera, fue el hundimiento de una parte del sector constructor-inmobiliario que había dominado el crecimiento anterior.

Si bien la crisis inmobiliaria no se llevó por delante al núcleo duro del capitalismo español, sí tuvo consecuencias a nivel local, el plano en el que se jugaban muchas de las políticas especulativas.

La crisis de la construcción tuvo además un importante efecto de arrastre sobre muchos sectores industriales (especialmente metalurgia, productos minerales no metálicos, madera y mueble) lo que ahondó la pérdida de peso de los sectores industriales que ya se venía arrastrando de fases anteriores.  El núcleo del sector industrial se encuentra en la industria automovilística y la química, ambas con una fuerte presencia de multinacionales foráneas, hecho que explica muchos de los avatares que experimenta el sector. Una forma de ver la poca importancia que el sector industrial tiene para las élites locales es la ausencia de un planteamiento serio de política industrial en los años post-crisis.

El único sector que ha contado con una política sostenida durante bastantes años ha sido el sector automovilístico mediante la sucesión de planes destinados a incentivar la compra de vehículos con efectos poco claros para la producción local, puesto que las ayudas no determinan el lugar donde han sido producidos. En la misma línea de ausencia de políticas definidas destacan los recortes de gasto público al I+D que contradicen la teórica apuesta por contar con una industria competitiva.2

La crisis bancaria  podía haber dinamitado al núcleo duro, pero provocó una remodelación que ha reforzado a una oligarquía financiera con menos socios

Con una industria estancada y una construcción a la baja, el papel de impulso de la economía española ha recaído fundamentalmente en el turismo.  La llegada masiva de turistas ha generado una enorme masa de negocio en una variedad de sectores: hostelería y restauración, comercio, actividades de ocio, agencias de viajes, transporte, organizadores de eventos, entre otros, lo que además tiene unos importantes efectos indirectos sobre toda la cadena de suministros al sector.

En términos de estructura empresarial se trata de una actividad que tiene paralelismos con el sector inmobiliario. Aunque hay empresas de tamaño diverso y algunas son de dimensiones considerables (como Globalia, Meliá, Barceló y NH Hoteles), el sector está constituido por un gran número de empresas de diferente tamaño que tienen intereses comunes centrados en la promoción de la actividad turística en sus diferentes modalidades. El espacio de intervención del sector es el local, presionando a las autoridades locales para que desarrollen políticas de atracción de visitantes, organicen o apoyen actividades de masas, reduzcan cargas impositivas o apliquen regulaciones permisivas. Un hecho especialmente visible en ciudades como Barcelona, a la que me referiré posteriormente.

La propia composición de las empresas que forman parte del Ibex 35 refleja tímidamente estos cambios. Se mantiene el núcleo duro de bancos, empresas de telecomunicaciones y energéticas. Se reduce el número de grandes constructoras (de seis a tres) y en cambio aparecen empresas hoteleras, socimis inmobiliarias, gestión de reservas aéreas y aeropuertos. El peso del sector industrial es pequeño: siete empresas (ocho si se considera que Inditex, el gigante de la distribución textil, tiene una parte industrial), aunque destaca recientemente la emergencia de dos grandes farmacéuticas (Grifols y Almirall).

Cambios en las formas de propiedad. Los cambios en la estructura productiva, en el peso de los distintos sectores económicos, y con ello en la mayor o menor importancia de las empresas líderes constituye una cuestión crucial, pero no la única de las mutaciones que experimenta el capitalismo español.

Hay también una importante dinámica de transformación en la estructura de la propiedad y la gestión. Esta puede traducirse en términos de internacionalización y financiarización. España ha continuado recibiendo un flujo intenso de capitales extranjeros no solo en forma de inversión directa, sino especialmente de capital financiero manejado por fondos de inversión, fondos soberanos y fondos de pensiones. Solo nueve de las 35 empresas del Ibex tienen un grupo de control local claramente dominante, y en otras seis con una presencia importante (básicamente de los grupos financieros locales), en cinco hay presencia importante de capital público, y el resto están controladas por grupos extranjeros o por fondos financieros.

La mayor parte de las empresas que cotizan en bolsa tienen una presencia en su capital de estos fondos, que posiblemente son agentes muy activos en el mercado bursátil, especialmente BlackRock, Norges Bank, Vanguard y Deutsche Bank. Seguir la composición de capital de las grandes empresas es tarea complicada porque estos inversores financieros están continuamente variando sus posiciones en lo que parece el predominio de una lógica especulativa. Los movimientos de estos fondos añaden inestabilidad a las propias empresas y, sin duda, generan presión al Gobierno, más allá de las presiones que realizan directamente las empresas cuando tratan de proteger sus intereses en los mercados regulados en los que operan.

En la mediana empresa se aprecia otro proceso de transformación igualmente relevante. En un número creciente de casos, la propiedad se transfiere de grupos familiares o un número reducido de socios a fondos de gestión de empresas. En muchos casos estas empresas inversoras han sido creadas por personas provenientes de grandes bancos y empresas financieras, que conocen el funcionamiento de estos mercados y crean vehículos de inversión dedicados a la compra y venta de empresas. Hay una pauta bastante común de compra de empresas de una misma línea de producto para crear grupos empresariales de mayor tamaño que al cabo de un tiempo se venden a otros inversores. No es tampoco extraño que en estas operaciones se endeuda a la empresa comprada para que los fondos recuperen a toda velocidad el dinero inicialmente invertido, lo que puede crear una mayor inestabilidad financiera.

Una variante del modelo es la inversión en activos inmobiliarios, potenciada a partir de la legalización de las socimis que cotizan en bolsa (dos de ellas, Colonial y Merlin, están en el Ibex 35), donde la inversión se orienta hacia la compra de todo tipo de edificios: oficinas, hoteles, centros logísticos y viviendas de alquiler. Y donde la compraventa de activos con fines especulativos es aún mayor que en el caso de las empresas productivas. Muchas de las socimis cotizadas en bolsa tienen beneficios muy superiores a sus ingresos por alquileres, beneficios basados en la revaluación de activos y en operaciones de compraventa (de rotación en el argot del sector).

Esta operativa tiene una contrapartida en la mutación que experimenta una gran parte de la burguesía local. De gestores-propietarios de empresas pasan a convertirse en inversores rentistas. La venta de empresas proporciona una suculenta cantidad de dinero dispuesta a buscar rentabilidad en el mercado. Es bastante habitual la creación de “family office”, de fondos familiares que invierten en fondos de inversión y en actividades inmobiliarias, y que a menudo son gestionados por una variada gama de empresas intermediarias. Hay una enorme variedad de fórmulas, muchas de ellas determinadas por el impacto de la fiscalidad, como muestra el ejemplo de las sicav y las socimis, y es bastante habitual que se creen sedes corporativas en países como Holanda o Luxemburgo.

Una gran parte de la burguesía local ha dejado de constituir una capa empresarial, dejando la gestión a un gran ejército de profesionales, y se ha convertido en meros buscadores de rentas en los mercados financieros e inmobiliarios. Esto tiene importantes impactos tanto en el funcionamiento empresarial como en las dinámicas urbanas. En el primer caso el cambio en la estructura de propiedad aumenta la vulnerabilidad de las empresas al predominar modelos de gestión a corto plazo que pueden afectar a su consolidación a largo plazo. Algún analista ha destacado que la dinámica de estas empresas gestionadas por grupos financieros experimenta un ciclo en tres fases, una primera en la que el comprador trata de recuperar la inversión (a menudo aumentando el endeudamiento de la empresa), una segunda de consolidación y crecimiento (a menudo mediante fusiones) y una tercera de venta. Si algo falla, la vida de la empresa y el empleo están en peligro.

La mediana empresa vive otro proceso de transformación relevante al transferir la propiedad de grupos familiares a fondos de gestión de empresas

Esta orientación rentista es aún más acusada en el mundo urbano donde la búsqueda de altas rentabilidades alienta la especialización turística, pues son más elevadas las rentas que se obtienen con el alquiler de hoteles y apartamentos turísticos que con el de la vivienda habitual.

El mercado de la vivienda y de los espacios comerciales en grandes ciudades como Madrid y Barcelona está sufriendo un profundo estrés provocado por esta presión inversora que genera enormes costes sociales a la colectividad. Es por ejemplo interesante destacar que en el debate económico post-Covid en Barcelona una de las quejas, justificadas del pequeño comercio, ha sido el coste que significa pagar alquileres con el local cerrado o a bajo rendimiento. En cambio, en el debate de un pacto sobre Barcelona promocionado por el Ayuntamiento, el tema alquileres ha sido uno de los grandes olvidados. Muchas de las rentas del comercio y el turismo en las grandes ciudades acaban en manos de grandes inversores, entre los que se cuenta la antigua élite industrial.

 

La construcción de la representación de las élites

Mecanismos de intervención de las élites. Las élites económicas tienen numerosos mecanismos de influencia sobre los poderes políticos: formales e informales. Una parte de la élite política y de la administración forma parte ella misma de la élite económica, bien por origen social, bien por la existencia de numerosas y variadas puertas giratorias, no solo de los políticos de más alto nivel (el caso más vistoso), sino también de muchos cargos medios que ocupan puestos en sectores económicos clave, como es el caso de altos técnicos de Hacienda que ocupan puestos relevantes en empresas de asesoría fiscal o, como ha puesto en evidencia el caso Villarejo, la importante colusión que existe entre altos cargos policiales y los responsables de seguridad de las grandes empresas. Y hay también un tercer nivel de conexión más implícito y derivado de la ideología económica dominante entre economistas de Estado, técnicos comerciales y la alta dirección del Banco de España.

Una muestra de esta tradición de confianza y compadreo se observa al ver los componentes conocidos de la comisión España 2050 promovida por la Ministra Calviño: todos los economistas que hemos podido conocer son gente ligada a la Fundación Fedea (tradicionalmente financiada por muchas de las empresas del Ibex), que llevan muchos años asesorando a los gobiernos del PSOE (Luis Garicano, el líder de Ciudadanos también proviene de este grupo). Una forma de visualizar esta conexión es cuando tiene lugar un viaje de representación internacional donde se invita a un grupo selecto de empresas indicativo de los intereses comerciales que se quieren promocionar.

Parte de la burguesía local ha cedido el rol empresarial, dejando la gestión a un ejército de profesionales, y se ha convertido en buscadores de rentas

Un segundo mecanismo es el de la representación formal a través de una variada gama de organizaciones empresariales, empezando por la CEOE y siguiendo por las Cámaras de Comercio, las organizaciones sectoriales y otras formas de representación a medio camino entre un think tank y un organismo representativo. Me refiero al Círculo de Empresarios madrileño o al Cercle de Economía barcelonés. Es obvio que en muchos casos las élites delegan a funcionarios y personajes de segunda fila esta labor representativa. O que su presencia es a veces decorativa. Pero en momentos importantes son instituciones que intervienen de forma contundente.

Este es el caso reciente de la convención organizada por la CEOE en el mes de junio con motivo de la pandemia. Un análisis de su organización, e incluso del eco informativo, permite detectar dos cuestiones: primero la importancia dada a cada sector era correlativa a su importancia real en la jerarquía económica. Segundo las intervenciones principales corrieron cargo de verdaderos representantes de la élite: Pablo Isla de Inditex, Juan Roig de Mercadona y Antonio Garmendia como presidente de CEOE. Las primeras mesas sectoriales muestran en su mismo orden la jerarquía empresarial: finanzas (con Ana Botín y el resto de presidentes de bancos), energía, operadores de redes, turismo…Y su discurso marcó una línea clara: ni retroceso en el modelo laboral ni aumentos de impuestos.

En tercer lugar, a una escala de representación, está lo que podríamos llamar “la sociedad civil de las élites”, una nebulosa de clubs deportivos, centros culturales, clubs de empresarios cuyas directivas siempre están en manos de gente relacionada con las élites, muchas veces moviéndose entre una y otra entidad y que tienen una enorme capacidad de situar sus intereses y puntos de vista como ideas hegemónicas en la sociedad. Una sociedad que se articula también a través de encuentros informales en eventos, lugares de veraneo, etc.  Que se añaden a otras formas de influencia como el control que ejercen determinados grupos empresariales sobre medios de comunicación o el hecho cada vez más preocupante que tanto el sector público como el privado recurre al mismo tipo de empresas asesoras que ayudan a conformar una visión común de la economía y la gestión pública.

Las élites españolas se han adaptado con éxito al proceso de globalización, optando por un modelo depredador y rentista

Una ilustración: el caso de Barcelona. Llevo tiempo tratando de analizar está dinámica para el caso de Barcelona. Hace años el periódico Expansión dio cuenta de la existencia del Grup 16 (curiosamente nada de ello había aparecido en la prensa generalista), un encuentro de dieciséis entidades que mantenían reuniones periódicas para promocionar propuestas ciudadanas.

Analizar este grupo es sumamente instructivo: cuatro organizaciones empresariales (Fomento de la Producción, Cercle d’Economia, Cambra de Comerç, Institut Agràri de Sant Isidre), seis deportivas (FC Barcelona, R.C.D. Espanyol, Real Club de Polo, Real Club de Tenis Barcelona, Centre Excursionista de Catalunya y Club Natació Barcelona), cuatro culturales (Cercle del Liceu, Orfeó Català, Cercle Artístic y Ateneu Barcelonés), el Círculo Ecuestre (un rancio centro social de la alta burguesía, y el Real Automobil Club de Catalunya (un híbrido de empresa privada, lobby del automóvil y organizador de competiciones de motor).

Cotejando componentes de las juntas de estas entidades se advierte una fuerte presencia de personas ligadas a las grandes familias de la ciudad, en algunos casos con participación en diversas entidades. Se han creado asimismo otras iniciativas como Barcelona Deporte Cultura o Barcelona Global en las que aparecen las mismas familias y que juegan un papel muy activo como lobby para promover un modelo local basado en las diversas modalidades de turismo (vacacional, de fin de semana, de congresos y eventos, de festivales, sanitario) y de nuevas tecnologías jugando con el atractivo de la ciudad para la llegada de “talento” exterior. Es visible que esta red extiende sus conexiones a sectores de la Universidad, del sector hospitalario privado y cuenta con un fuerte apoyo por parte de los gestores públicos de Puerto y Aeropuerto.

El desarrollo de la Barcelona de estos últimos años ha sido en gran parte resultado de las iniciativas, presiones y políticas que este bloque ha conseguido imprimir a la ciudad. Un modelo de “éxito”, que la crisis de la Covid se ha encargado de mostrar su cara vulnerable. Un modelo que tiene detrás la enorme rentabilidad del inmobiliario y que tiene su otra cara en la creciente precariedad laboral y la crisis de la vivienda que experimentan los sectores obreros y populares (incluido el comercio tradicional).

Cuando escribo estas líneas se está negociando en Barcelona un “Pacto de Ciudad” en el que participan todos los partidos del consistorio y al que han sido invitados tanto los poderes económicos como una variada gama de entidades sociales (sindicales, vecinales, del tercer sector…) y donde se ha podido constatar la ignorancia, cuando no el desprecio, por parte de las élites de las necesidades de la mayoría de la población y de las limitaciones de su propio modelo.

 

Conclusión

La revisión de lo ocurrido los últimos diez años no cambia en lo fundamental la evaluación que hice anteriormente de las élites españolas. Estas se han adaptado con notable éxito al proceso de globalización optando por un modelo de especialización especialmente rentable para sus intereses. Un modelo en gran medida depredador y rentista. Una buena prueba de ello es que tras la crisis de 2008 el capitalismo español se rehízo en términos de producción mercantil y muy especialmente las clases pudientes han obtenido un notable avance en términos de su cuota de renta nacional. Por esto, en España han aumentado, a la vez, los ricos y los pobres. Es, sin embargo, un modelo de una enorme fragilidad en lo económico (muy dependiente del turismo), lo social (desigualdades, precariedad y pobreza) y en lo ecológico.

La crisis de la Covid-19 ha mostrado todas sus carencias y la cuestión es ver si estas élites son capaces de maniobrar otra vez en favor de sus intereses o podemos entrar en un cambio sustancial de modelo que reduzca su poder. De ello depende el bienestar colectivo y la respuesta a la ya evidente crisis ambiental.

 

Albert Recio Andreu es profesor honorífico de Economía Aplicada de la Universidad Autónoma de Barcelona.

NOTAS

1  Albert Recio, «Rasgos del nuevo poder oligárquico en España. Viejas y nuevas caras de la oligarquía española», en Federico Aguilera y Jose Manuel Naredo, Economía, poder y megaproyectos, Fundación Cesar Manrique, Teguise, 2009, pp. 123-151.

2  Josep Banyuls y Albert Recio, «Spain: in search of an industrial policy», en Frank Gerlach, Marc Schietinger y Astrid Ziegler (eds.), A strong Europe - but only with a strong manufacturing sector, Schüren Verlag, Marburg, 2015.

 

Acceso al artículo completo: Las élites capitalistas españolas entre dos crisis.

 


Papeles 35 Aniversario

La revista Papeles nació en 1985 en un momento en el que la transición española daba, con todas sus ambigüedades y contradicciones, sus primeros pasos.

Nuestra democracia iniciaba su andadura marcada por muchos factores, entre los que se podrían destacar la reconversión económica basada en criterios de realismo capitalista, la sombra del referéndum de la OTAN y el terrorismo de ETA. Mientras, en el ámbito mundial, con el desafío de la guerra de las galaxias, los euromisiles y la amenaza nuclear, se vivía el auge del movimiento pacifista en la última fase de la guerra fría desde donde se formularon numerosas propuestas e iniciativas desde la no violencia, la ecología, el feminismo y la educación.

Fue entonces cuando FUHEM promovió una iniciativa pionera en España, el Centro de investigación para la paz (CIP), que desde sus inicios estuvo impregnado por una concepción amplia de su enunciado y en este marco nació la revista.

En esta primera etapa que duró hasta 1993 se publicaron cuarenta y nueve números bajo el nombre de Papeles para la paz, y en ella se puede ir observando la evolución de la revista, tanto en el formato, como en el contenido. Empezó como un folleto desplegable, con un primer número dedicado a los Gastos militares y necesidades sociales, escrito por Vicenç Fisas Armengol, y fue creciendo hasta conformarse en el formato libro de los últimos números de este periodo. Durante esos primeros años hemos podido leer títulos como “La política del hambre” donde escribía Susan George, “Gasto militar y subdesarrollo social”, “Control ideológico en EEUU” de Noam Chomsky, o algún número sobre el impacto ecológico de la carrera de armamentos, sobre Palestina o Afganistán, sobre la mujer en la URSS  o la militarización de los conflictos en el Mediterráneo.

 

En la segunda etapa –entre 1994 y 1997- los números del 50 al 60 se publicaron bajo el título de Papeles de cuestiones internacionales de paz, ecología y desarrollo.

Con un formato más actual, la revista empezaba a integrar factores socioeconómicos, políticos y medioambientales, y su mirada se complejiza.

No se puede analizar la realidad en compartimentos estancos. Todo está relacionado. En esta etapa encontramos números con títulos amplios que hablan sobre democracia y gobernabilidad mundial, el fundamentalismo en el mundo moderno, refugiados e intervencionismo humanitario o nacionalismos.

Destacan los monográficos sobre la objeción de conciencia, la deuda en África o los desafíos de la cooperación y el análisis de la situación de algunos de los conflictos del momento: Ruanda, Bosnia, Irlanda del Norte, Zaire, Timor Oriental, Sahara Occidental, Bosnia.

Contamos con la colaboración de grandes teóricos de la investigación para la paz como: Carmen Magallón, Jesús María Alemany, José María Tortosa, Vicenç Fisas, Mariano Aguirre, Vicent Martínez Guzmán.

 

La tercera etapa se desarrolla entre 1997 y 2007, cuando se publican los números 61 a 98. Cambia su título a: Papeles de cuestiones internacionales.

Dedica su primer número a la cuestión vasca y el nacionalismo. Se publica un especial sobre Colombia, narcotráfico y vías posibles para la paz; otro especial sobre China, Kosovo, la justicia internacional y los dictadores,el Proceso de Paz en Irlanda  del Norte,  el papel de Europa en Oriente Medio, Israel y derechos humanos, mujer y violencia…

Vivimos en directo los atentados del 11 de septiembre de 2001 y del 11 de marzo de 2004 y la revista lo reflejó abordando el impacto y las repercusiones internacionales del terrorismo internacional, como la guerra en Irak.

Diez años de análisis de cuestiones internacionales y conflictos, cuando prácticamente nadie más lo hacía.

 

Y finalmente, la cuarta era –desde el número 99 publicado en 2007 hasta la actualidad– tratamos de reconectar, bajo el nombre de Papeles de relaciones ecosociales y cambio global, con la interpretación extensa de la paz enunciada ya en 1994, pero ahora delimitándola dentro de la problemática ecosocial con 3 elementos centrales: la sostenibilidad ambiental, la cohesión social y la calidad democrática, como ejes de la realidad que nos toca analizar.

 

Papeles, sin ser una revista de actualidad, nunca a lo largo de su historia ha dado la espalda a la realidad; su alimento ha sido siempre lo que acontecía.

Por ello, siendo una revista de pensamiento crítico en el ámbito de las ciencias sociales, nuestra vocación siempre ha sido promover el debate en torno a temas que permitan entender la crisis multidimensional que vivimos y el análisis de las profundas amenazas que nos esperan si no somos capaces de abordar a tiempo un cambio global.

A continuación ofrecemos un video en el que Santiago Álvarez Cantalapiedra director del área Ecosocial de FUHEM y de la revista Papeles de relaciones Ecosociales y Cambio Global nos hace una panorámica de la historia de la revista en sus 35 años de vida.

 

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Día Mundial de las Ciudades 2020

Bajo el lema Valorando nuestras comunidades y ciudades, el Día Mundial de las Ciudades es un momento para reflexionar sobre nuestras ciudades y pensar en su futuro.

Según ONU Hábitat en los últimos 12 meses, la vida en nuestras ciudades ha cambiado drásticamente. El impacto en la salud por la COVID-19, junto con los trastornos sociales, políticos y financieros, está remodelando la vida urbana en todo el mundo de una manera sin precedentes.

Ofrecemos a continuación una selección de artículos publicados en nuestra revista Papeles de relaciones ecosociales y cambio global, que ha dedicado un interés  especial por abordar temas relacionados con el derecho a la ciudad, los problemas y desafíos del mundo urbano, la ciudad global, el reto de las ciudades ante la alimentación sostenible, los procesos de gentrificación, las iniciativas comunitarias y movimientos vecinales, las nuevas formas de habitar lo urbano, la ciudad como espacio común, la calidad de vida y la perspectiva de género en la ciudad, la agroecología y los huertos urbanos, las ciudades sostenibles, la resiliencia, es decir la ciudad por la que merece la pena luchar.

Derecho a la vivienda, derecho a la ciudad. Por una acción municipalista, Agustín Hernández Aja, Iván Rodríguez Suárez, Lucas Álvarez del Valle, Papeles de relaciones ecosociales y cambio global, núm. 148, invierno 2019-2020, pp. 71-84.

La trampa de una visión urbano-céntrica. David Harvey, del derecho a la ciudad a la revolución urbana, Jean-Pierre Garnier, Papeles de relaciones ecosociales y cambio global, núm. 147, otoño 2019, pp. 99-107.

La “smart city” o la “cité radieuse” en la era digital,  Jean-Pierre Garnier, Papeles de relaciones ecosociales y cambio global, núm. 144, inviierno 2018-2019, pp. 91-103.

Comentarios críticos al texto de Jean-Pierre Garnier “Gentrificación: un concepto inadecuado para una temática ambigua”, Ibán Díaz Parra, Papeles de relaciones ecosociales y cambio global, núm. 141, primavera 2018, pp. 39-46.

Agroecología y ciudad: Alimentación, ambiente y salud para una agenda urbana sostenible, Walter Pengue, Papeles de relaciones ecosociales y cambio global, núm. 139, oto´ño, 2017, pp. 63-77.

Las ciudades españolas ante el reto de la alimentación sostenible, Pedro M. Herrera, Daniel López y Nuria Alonso, Papeles de relaciones ecosociales y cambio global, núm. 139, otoño, 2017, pp. 133-141.

«Gentrification»: un concepto inadecuado para una temática ambigua Jean-Pierre Garnier, Papeles de relaciones ecosociales y cambio global, núm. 137, primavera, 2017, pp. 13-26.


Problemas y desafíos del mundo urbano
nún. 130, verano 2015

Hacer frente al proyecto urbanizador del capital, Santiago Álvarez Cantalapiedra, pp. 5-10.

La invisibilización urbana de las clases populares, Jean Pierre Garnier, pp. 29-45.

Financiación local. Apuntes para un cambio en el modelo, Bernardino Sanz y David Bustos, pp. 47-61.

Endeudamiento urbano. La insostenibilidad social de la deuda municipal de Madrid, Carlos Sánchez Mato, pp. 63-74.

Inmigrantes en ciudades globales. El caso de Madrid, Colectivo Ioé, pp. 75-87.

La trascripción espacial del empobrecimiento general. Los barrios como el sumidero de los desechos de la crisis, Víctor Renes Ayala, pp. 89-102.

La ciudad por la que merece la pena luchar, Vicente Pérez Quintana, pp. 103-112.

Municipios y participación ciudadana
núm. 129, primavera 2015

La apuesta municipalista, Santiago Álvarez Cantalapiedra, pp. 5-10.

La ciudad como espacio común, Imanol Zubero, pp. 13-23.

(Re)volver a la ciudad para conquistar la calidad de vida, Julio Alguacil Gómez, pp. 25-35.

Apuntes sobre algunas consecuencias sociales de la reforma local, de 2013, Andrés Boix Palop, pp. 37-52.

Un tema clave: el modelo de financiación local y su relación con los distintos modelos inmobiliarios, José Manuel Naredo, pp. 53-55.

Porqué las ciudades y las ciudadanías son tan importantes, Fernando Prats, pp. 57-71.

Ciudades para las personas, ciudades para la vida: Género y urbanismo, Isabela Velázquez Valoria, pp. 73-83.

Llevar la Transición a la ciudad: problemas y posibilidades del enfoque de «Transición» para cambio climático y la limitación de recursos, Peter North y Noel Longhurst, pp. 85-98.

La revolución democrática desde abajo en el municipalismo: ciudadanía, movimientos sociales y otra manera de hacer política, Jordi Mir, pp. 99-109.

Tendencias y alternativas urbanas
núm.111, otoño 2010

Tendencias y alternativas urbanas, Olga Abasolo, pp. 5-8.

La urbanización del mundo, Javier Gutiérrez Hurtado, pp. 41-55.

Los ecosistemas urbanos en la Evaluación de los Ecosistemas del Milenio en España, Juan Carlos Barrios, pp. 57-66.

Aceras, plazas y parques: la potencialidad de la ecología urbana y las prácticas barriales, José L. Fernández Casadevante y Alfredo Ramos, pp. 7-76.

De los ecobarrios a las ecociudades. Una formulación sintética de la sostenibilidad urbana, Carlos Verdaguer, pp. 77-85.

La okupación como transformación del estado presente de las cosas, Jacobo Rivero y Olga Abasolo, pp.87-97.

Agricultura urbana: un aporte a la rehabilitación integral, Nerea Morán, pp. 99-111.

El idealismo del espacio público, Manuel Delgado, pp. 113-120.


Otros Artículos de PAPELES:

Pequeñas ciudades, transformaciones rurales y consumo de alimentos en el Sur Global, Cecilia Tacoli, Papeles de relaciones ecosociales y cambio global, núm. 131, otoño 2015, pp. 23-33.

Ciudad, urbanismo y clases sociales en perspectiva, Jordi Borja, Papeles de relaciones ecosociales y cambio global, Papeles de relaciones ecosociales y cambio global, núm. 126, verano 2014, pp. 111- 127.

¿Regeneración urbana? Deconstrucción y reconstrucción de un concepto incuestionado, María Castrillo, Ángela Matesanz, Domingo Sánchez Fuentes y Álvaro Sevilla, Papeles de relaciones ecosociales y cambio global, núm. 126, verano 2014, pp. 129-139.

CittàSlow: la lentitud para construir una ciudad sostenible, Mara Miele, Papeles de relaciones ecosociales y cambio global, núm. 122, verano 2013, pp. 129-139.

Cultivar la resiliencia. Los aportes de la agricultura urbana a las ciudades en transición, José Luis Fernández Casadevante y Nerea Morán Alonso, Papeles de relaciones ecosociales y cambio global, núm. 119, otoño 2012, pp. 131-143.


Entrevista a Francisco López Segrera

Salvador López Arnal entrevista a Francisco López Segrera sobre Immanuel Wallerstein en el número 147 de nuestra revista Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global.

Salvador López Arnal (SLA): Usted ha señalado en algunas ocasiones que, en su opinión, Wallerstein y Prigogine han sido las dos figuras claves del pensamiento de las ciencias sociales y naturales del siglo XX. Nada menos. ¿Nos puede trazar una breve biografía intelectual del gran sociólogo neoyorquino recientemente fallecido?

Francisco López Segrera (FLS): El 31 de agosto de 2019 falleció el pensador más importante, radical e innovador de las ciencias sociales a lo largo de varias décadas: Immanuel Wallerstein. En 1968, publicó «The Colonial Era in Africa». Entre 1974, cuando publicó el primer tomo de El moderno sistema mundial, y 2019 fue, a mi juicio, uno de los más profundos y brillantes críticos del capitalismo, a la vez que el mayor innovador de las ciencias sociales, como muestran sus múltiples  ensayos:  Abrir  las  ciencias sociales; El capitalismo histórico; Después del liberalismo; Utopística o las opciones históricas del siglo XXI; La decadencia del Imperio; El legado de la sociología; las cartas que publicó como presidente de la Asociación Internacional de Sociología, entre otros textos valiosos; y los 500 comentarios que publicó en su web todos los días, 1 y 15 de cada mes, desde el 1 de octubre de 1998 hasta el 1 de julio de 2019.

Desde fecha temprana rompió con la visión eurocéntrica de la mayoría de los intelectuales de “Occidente” mostrando interés especial por el movimiento anticolonial en la India.

Desde 1976, fue profesor de sociología en la Universidad de Binghamton (SUNY) hasta su jubilación en 1999. Fue en dicha Universidad, director del Centro Fernand Braudel –para el estudio de economías, sistemas históricos y civilizaciones– hasta 2005. También fue director asociado de estudios en la École des Hautes Études en Sciences Sociales en París, y Presidente de la Asociación Internacional de Sociología entre 1994 y 1998. Previamente había presidido la Comisión Gulbenkian sobre la «Reestructuración de las Ciencias Sociales», que tuvo como resultado el Informe Abrir las Ciencias Sociales, con la colaboración de Ilya Prigogine y otros autores.

 

SLA: Suele señalarse que Wallerstein fue el fundador de una corriente de investigación que, recogiendo aportaciones de la escuela de los Annales de Fernand Braudel y de la teoría de la dependencia de la CEPAL, ejerció a partir de 1974 un notable impacto en las ciencias sociales, en el pensamiento crítico y en activistas de los movimientos sociales. ¿Qué caracterizaría a ese corriente de investigación y pensamiento crítico que él encabezó? ¿Por qué fueron tan importantes para él los movimientos anticoloniales?

FLS: Wallerstein integró la teoría de Marx de la mercancía, sus análisis del capitalismo, a la visión economie monde de Braudel, y a la teoría de la dependencia. Su pensamiento se nutrió de los aportes de Theotonio Dos Santos, André Gunder Frank, Giovanni Arrighi y Samir Amin, en especial.

Esa corriente se caracterizó por hacer un análisis crítico del desarrollo mundial del capitalismo, de la explotación colonial y neocolonial del centro desarrollado a la periferia de países subdesarrollados. Una situación de dependencia en la que la economía de un grupo de países subdesarrollados está condicionada por el desarrollo y la expansión de una economía central, a la cual el propio “desarrollo” de estos países subdesarrollados está atado. Esta estructura histórica beneficia a determinados países en perjuicio de otros.

 

SLA: Una pregunta de casi imposible respuesta en pocas líneas: ¿puede explicarnos lo esencial de su teoría del sistema-mundo moderno como una economía-mundo capitalista?

¿Se han formulado críticas a su teoría?

¿Sigue siendo fructífera y de interés?

FLS: Wallerstein mostró un enorme interés en varios de sus libros sobre la revolución francesa de 1789 y la revolución estudiantil de  1968,  como  momentos  de  ruptura.

Estudió en primer lugar la historia del capitalismo desde sus orígenes hasta la actualidad, de sus principales procesos históricos –como las mencionadas revoluciones– hasta la Guerra de Irak, sin dejar de analizar la epistemología, la teoría del conocimiento dominante en las ciencias sociales, que criticó con lucidez en Abrir las Ciencias Sociales.

Lo principal de su teoría del sistema- mundo fue su visión del capitalismo como una estructura con un ciclo de desarrollo histórico limitado –y no como un sistema eterno– que se caracteriza por una estructura jerarquizada que genera desigualdad creciente en sus tres espacios: centro, semiperiferia y periferia. La teoría de los ciclos de Kondrátiev es también un instrumento teórico utilizado en los análisis de Immanuel. En este marco, la decadencia de la hegemonía norteamericana forma parte de la crisis general y terminal del capitalismo. Pienso que sus análisis tienen absoluta vigencia en un momento en que el capitalismo no solo ha generado enormes desigualdades, como ha mostrado Piketty, sino que amenaza cada vez más –mediante el cambio climático y la posibilidad en aumento de una guerra nuclear– el propio habitat del hombre: la Tierra.

Consideró que las fallas estructurales del actual sistema-mundo capitalista no podrán impedir su disolución. Estas fallas son tres: la desruralización; el agotamiento ecológico producto del afán de externalizar los costos; y una democratización que ha llevado a mayores exigencias de gasto público. «La combinación de las tres está creando una presión estructural masiva de largo  alcance  sobre  las  utilidades  provenientes de la producción y está en proceso de convertir el sistema capitalista en algo que ya no es rentable para los capitalistas».

 

SLA: Suelen destacarse las críticas de Wallerstein al eurocentrismo (sé que usted también está curado de esta peligrosa enfermedad).

¿Nos resume las críticas fundamentales del maestro recientemente fallecido?

FLS: En múltiples libros y en ensayos abordó la temática del racismo y del eurocentrismo. “El propósito del racismo es mantener a la gente dentro del sistema, pero como inferiores”, señala Immanuel en el capítulo sobre el racismo en su libro La decadencia del Imperio (2003), donde también critica el nacionalismo etnocentrista de partidos políticos europeos de derecha y de figuras como Le Pen y Berlusconi.

Recuerdo que tanto Immanuel, como la entonces Secretaria de CLACSO, Marcia Rivera, nos animaron a participar en el simposio «Alternativas al eurocentrismo y colonialismo en el pensamiento latinoamericano contemporáneo» en el Congreso Internacional de Sociología (1998) presidido por él. Encomendé la organización a Edgardo Lander, participamos en el Simposio y publicamos un libro –La colonialidad del saber: eurocentrismo y ciencias sociales– con las principales ponencias, animados por Wallerstein. En mi artículo en dicho libro «Abrir, Impensar y redimensionar las ciencias sociales en América Latina y el Caribe» intenté, como homenaje a Wallerstein, aplicar su modelo teórico de Abrir e Impensar las ciencias sociales y de preguntarme si acaso ya existía una ciencia social no eurocéntrica en América Latina.

 

SLA: Salvo error por mi parte, Wallerstein colaboró con Etienne Balibar, un discípulo de Louis Althusser, en un libro titulado Razón, nación y clase. ¿Cuáles son las tesis fundamentales de este ensayo?

FLS: En dicho libro se analiza con lucidez por ambos autores la especificidad del racismo contemporáneo y sus vínculos con los nacionalismos y las luchas de clases. La hipótesis central de ambos autores –y en especial de Wallerstein– es que el racismo es una actitud de clase para legitimar la explotación de otros grupos étnicos. Racismo que se aplica también a la pobre- za, aunque pertenezca al mismo grupo étnico, en forma de un elitismo excluyente. Es un manifiesto contra el eurocentrismo, el etnocentrismo y el nacionalismo excluyente, propio de muchos autores de la ciencia social occidental, que convierte a los hombres del subdesarrollo en objetos de interés antropológico, a diferencia de Balibar e Immanuel que lo estudian como ser humano, convertido en condenado de la tierra por el colonialismo y el neocolonialismo. Recuerdo que una vez me comentó Immanuel lo que le había impresionado la obra de Fannon sobre los condenados de la tierra.  El mencionado libro de Immanuel y Balibar, publicado en 2001, tiene especial actualidad hoy con el tema del incremento de la migración en general y hacia la UE y EEUU en especial. Wallerstein analiza en el posfacio de este libro la vinculación entre racismo, nacionalismos excluyentes e incluso el sexismo, como formas de legitimar la explotación y exclusión propias del sistema capitalista que han promovido otros sistemas históricos con fines similares.

 

SLA: Wallerstein hablaba frecuentemente de la crisis estructural del sistema- mundo, ¿qué escenarios vislumbraba?

¿Socialismo o barbarie de nuevo?

FLS: Para Immanuel el capitalismo estaría agotado como sistema alrededor del 2050, pero dependerá de nosotros si lo sustituye un sistema mejor o peor, algo cercano al socialismo o al fascismo. Pero dejemos hablar al maestro Wallerstein:

A principios del siglo XXI (2001) afirmaba que «la primera mitad del siglo XXI sería más perturbadora, pero más abierta que el siglo XX». «Digo esto basándome en tres premisas. La primera premisa es que los sistemas históricos, como todos los sistemas, tienen vidas finitas. Tienen un comienzo de un largo periodo de desarrollo y, finalmente, mueren, cuando se alejan del equilibrio y alcanzan puntos de bifurcación. La segunda premisa es que el resultado de tales bifurcaciones es intrínsecamente determinado. La tercera premisa es que el moderno sistema-mundo, como sistema histórico, ha entrado en una crisis terminal y no resulta verosímil que exista dentro de 50 años. Sin embargo, ya que el resultado es incierto, no sabemos si el sistema (o sistemas) resultante será mejor o peor» y anunciaba que la transición sería una etapa llena de turbulencias.  A partir de aquí ofreció cuatro conclusiones:

1) «el progreso no es inevitable», pero «no es imposible»;

2) «la creencia en certezas, una premisa fundamental de la modernidad, ciega y mutila»;

3) «un cambio fundamental es posible, pero no seguro, corresponde a nuestra responsabilidad moral el actuar racionalmente, de buena fe y con energía en busca de un sistema histórico mejor», 4) «la incertidumbre es maravillosa» y la certeza sería «la muerte moral», «si todo está sin decidir, entonces todo está abierto a la creatividad».

A lo  largo  de  la  obra  de  Wallerstein estas premisas y conclusiones se argumentan con gran extensión y profundidad. Los conceptos de caos, bifurcación y flecha del tiempo –presentes en la obra de Immanuel y en parte asimilados de los análisis de Prigogine– fueron herramientas teóricas claves para Immanuel en sus trabajos. Las tendencias evolutivas del sistema-mundo capitalista, en el marco de una flecha del tiempo irreversible, implican etapas de caos, bifurcaciones –en el marco de las luchas por el poder y la hegemonía– y conflictos para reorganizar el sistema, mediante sucesivas disputas por la hegemonía y las esferas de influencia. Señala que –entre el 2020 y el 2050– habrá una dura lucha entre un capitalismo en crisis con modalidades fascistas y distintas propuestas de índole socialista como alternativa histórica. Pero que depende de nosotros que esta alternativa positiva prevalezca. Los movimientos sociales desempeñarán un papel clave en su lucha contra Estados autoritarios en ese período de caos sistémico posterior al 2020, según Immanuel.

 

SLA: Tres grandes nombres que tampoco están entre nosotros: Samir Amin, Giovanni Arrighi y André Gunder Frank.

¿Mantuvo Wallerstein relaciones con estos grandes pensadores marxistas?

¿Se influyeron mutuamente?

FLS: Fui testigo en muchos seminarios y reuniones –y también por el estudio de la obra de todos ellos–de la estrecha amistad y mutuas influencias entre estos pensadores. A ellos hay que agregar la influencia de Theotonio dos Santos, también muy vinculado a ese grupo. Todos ellos, pese a la especificidad de la obra de cada uno, analizaron el sistema mundo capitalista en forma muy crítica. Todos ellos se influyeron mutuamente y tienen una obra colosal. Samir Amin en El desarrollo desigual (1973), ensayo sobre las formaciones sociales del capitalismo periférico, ya cita trabajos de todos ellos; Arrighi desarrolló en su obra los aportes de Wallerstein con respecto a los ciclos económicos; Frank enriqueció sus estudios sobre el desarrollo-subdesarrollo y luego sobre el auge de Asia y China con los trabajos de Wallerstein; Dos Santos siempre tuvo a Immanuel como un referente y reunió este grupo, más de una vez, en los seminarios de la Red de economía mundial y desarrollo sostenible de UNESCO que presidía (REGGEN). En 1998, en homenaje a los 60 años de Theotonio Dos Santos, invité a estos autores –Dos Santos, Marini, Amin, Frank, Wallerstein– a escribir ensayos, que fueron publicados en los dos tomos de Los retos de la globalización, libro  del cual fui coautor y editor. El trabajo de Wallerstein Los desafíos de la globalización es una excelente síntesis del estado de sus investigaciones en ese momento, de su visión de futuro y una sólida crítica a la globalización neoliberal. También Immanuel tiene influencias de todos ellos en su obra. Un día me dijo –en la Maison des Sciences de l’Homme en París (1995)– que sin los aportes de la teoría de la dependencia, y en especial de la obra de Dos Santos, él no hubiera podido desarrollar aspectos esenciales de su obra sobre el sistema-mundo capitalista.

 

SLA: Usted tuvo una larga amistad y relaciones de trabajo con él, desde que participó en su Seminario en la Maison des Sciences de l’Homme de Parísen el invierno de 1995. ¿Nos puede contar algo de esta relación?

FLS: Tuve una larga amistad y relaciones de trabajo con Immanuel, desde que participé en su seminario en la Maison des Sciences  de  l’Homme  en  el  invierno  deMi libro Cuba: capitalismo dependiente y subdesarrollo (1972) –considerado por Dos Santos como un interesante estudio de caso aplicando la teoría de la dependencia a un país subdesarrollado– había despertado su atención. Creo que por esa razón y debido a que en el reducido grupo del Seminario había representantes de todas las regiones del mundo, pero no de América Latina, se propició que me invitara a participar en él. Luego colaboré con él en la organización del Congreso Mundial de Sociología en 1998 y nos reunimos en Caracas y Montreal a esos efectos. Una muestra de su visión crítica del eurocentrismo fue la publicación de 11 volúmenes precongreso (1997) que recogían lo más innovador de las ciencias sociales en las distintas regiones del mundo. Contribuí en especial a la preparación del volumen sobre América Latina –organizado por Briceño y Heinz Sonntag– que incluyó trabajos de Aníbal Quijano, Lander, H. Vessuri, Emir Sader, Pablo González Casanova, López Segrera y M. Rivera, entre otros. En mi tra- bajo traté el tema del futuro de las ciencias sociales en la región.

Impartí   en   el   otoño   de   2001   en Binghamton, invitado por él, un curso sobre «Prospectiva de América Latina». Me hizo el honor de asistir a las conferencias de mi curso y también su esposa Beatriz asistió a algunas y lo acompañaba en algunos de sus viajes.

Luego seguimos colaborando y nos reencontramos en diversos eventos. En 2003, en Río de Janeiro, estuvimos en un seminario de especial interés organizado por Theotonio Dos Santos, quién seleccionó un grupo de ponencias – Wallerstein, Gunder Frank, la de él mismo, Giovanni Arrighi, López Segrera, Samir Amin, Gilberto Dupas, Estrella Bohadana, Rene Dreifuss, Xie Shou-Guang y Gao Xian– y las publicó en el libro Os impasses de la globalização. Casi todos los autores de este libro están muertos, salvo mi persona, Xie y Gao Xian. Con casi todos ellos tuve una especial amistad y relaciones de trabajo. Sobre todo, con Theotonio, Wallerstein, Frank, Samir Amin y René Dreifuss. Fue una relación muy enriquecedora. Hoy día no creo exista un grupo de pensadores de esta talla analizando el sistema mundo capitalista. También gracias a Wallerstein entré en contacto con el Premio Nobel de Química y gran físico Ilya Prigonine, pues al irme de París a Caracas como consejero regional de Ciencias Sociales, Wallerstein me entregó el borrador del libro suyo con Prigogine (como resultado de sus trabajos en la comision Gulbenkian) que hice traducir y publicar en español con el apoyo de Sonntag con el título de Para abrir las Ciencias Sociales en una primera edición y que luego se publicó en Siglo XXI con prólogo de Pablo Gónzalez Casanova –también en un seminario  organizado por este último en 1997 coincidimos con Wallerstein en la UNAM–, texto clave que abogaba por la integración de las ciencias sociales y las ciencias duras. Luego, en 1996, en un proyecto de UNESCO dirigido por Jérôme Bindé,   pude   colaborar   con   Prigogine, Morin –que me ayudó mucho cuando creamos la Red GUNI de universidades de innovación–  y otros pensadores y el resultado de nuestro trabajo se publicó en el libro Représentation et complexité (1997).

En 2004, Wallerstein nos hizo el honor de hacer la Introducción a un libro –América Latina y el Caribe en el siglo XXI (2004)– coordinado por nosotros y Francisco Mojica, que recogía las principales ponencias de nuestros Congresos de la Red Latinoamericana de Estudios Prospectivos, que yo presidí entre 1996-2004.

Pienso que Wallerstein y Prigogine son las dos figuras claves del pensamiento de las ciencias sociales y duras del siglo XX. Su legado debe preservarse y desarrollarse en un momento en que el mundo está amenazado por los Trump, Boris Johnson, Bolsonaro (ya cayó Salvini) y otras figuras deleznables.

 

SLA: Fue usted decisivo para la traducción al castellano de un ensayo de temática poco frecuente, escrito al alimón por Wallerstein y Prigonine: Para abrir las Ciencias Sociales. ¿A qué tenían que estar abiertas las ciencias sociales según estos dos grandes pensadores?

 FLS:  En  la  ponencia  ya  mencionada, «Abrir, impensar y redimensionar las Ciencias Sociales en América Latina y el Caribe» que presenté al Congreso Internacional de Sociología (1998) cuando lo presidía Immanuel, traté de resumir la visión de Wallerstein y Prigogine al respecto del modo siguiente:

Es necesario no sólo repensar las ciencias sociales, sino sobre todo impensarlas, como  ha  afirmado  Immanuel  Wallerstein. Es decir, poner en cuestión el legado decimonónico y el de este propio siglo en las ciencias sociales, a la manera que Ilya Prigogine ha hecho en las ciencias duras con la herencia de la física newtoniana y de la teoría de la relatividad. Esta necesidad de impensarlas obedece a que muchas de sus suposiciones, pese a su carácter falaz, permanecen arraigadas firmemente en nuestra mentalidad. Consideramos que impensar las ciencias sociales significa reconciliar lo estático y lo dinámico, lo sincrónico y lo diacrónico, analizando los sistemas históricos como sistemas complejos con autonomía, y límites temporales y espaciales. Si decidimos, por tanto, que la unidad de análisis no es ya el Estado- nación,  sino  el  sistema-mundo  (es  decir, que no podemos analizar ningún Estado- nación disociado del sistema-mundo) debemos además acudir al análisis transdisciplinario eliminando la tradicional distinción entre el método de análisis ideográfico propio de la historia, y el nomotético propio de la antropología, economía, ciencias políticas y sociología. Las ciencias sociales no deben ser ni mero recuento de los hechos del pasado (historia tradicional), ni tampoco la simple búsqueda de regularidades con una visión ahistórica. Las ciencias humanas como la psicología y la filosofía, entre otras, también deben ser tenidas en cuenta a la hora de elaborar esta síntesis.

La “gran teoría”, por un lado, y el empirismo abstracto de estudios en detalle, por otro, son los grandes peligros que acechan a las ciencias sociales desde sus orígenes y por lo cual resulta necesario impensarlas y también abrirlas. Esto último significa: deconstruir las barreras disciplinarias entre lo ideográfico y lo nomotético; integrar las disciplinas ideográficas y nomotéticas en un método transdisciplinario; promover el desarrollo de investigaciones conjuntas, no sólo entre historiadores de un lado y antropólogos, economistas, politólogos y sociólogos de otro, integrando equipos transdisciplinarios en torno a un tema de investigación, sino además integrar a científicos de las ciencias naturales y exactas en proyectos conjuntos en que participen especialistas de las ciencias sociales y de las ciencias duras, y donde por tanto lo transdisciplinario no se agote en la fusión de lo ideográfico y lo nomotético, sino que además también incluya las ciencias duras. Es esto lo que nos ha enseñado el legado de Marx, Durkheim y Weber según Immanuel.

Las obras de Braudel, Wallerstein, Morin y Dos Santos, entre otros, constituyen a nuestro juicio un esfuerzo notable en este sentido desde las ciencias sociales, e igualmente la de Prigogine desde el terreno de las ciencias duras. En resumen, para que las ciencias sociales tengan verdadera relevancia hoy, es imprescindible la reunificación epistemológica del mundo del conocimiento, sin que esto implique la muerte inmediata de disciplinas con una larga tradición. Abogamos por la integración en el análisis de los fenómenos sociales de lo ideográfico y lo nomotético, e incluso de esta visión con las ciencias duras, lo cual no quiere decir que neguemos el valioso legado de las disciplinas autónomas, aunque sí su menor relevancia en análisis desintegrados de los conocimientos que pueden aportarnos el conjunto de ellas. Este es el mensaje esencial que nos trasladaron Wallerstein y Prigogine, en el informe Abrir las Ciencias Sociales de la Comisión Gulbenkian para reestructurar las ciencias sociales.

 

SLA: También usted ha hablado en alguna ocasión con admiración, destacando este puntode la dimensión humana de Wallerstein. ¿Qué nos puede decir de ella?

FLS: Pienso que la sencillez y humildad de Immanuel, su rechazo de todo elitismo eurocéntrico, de toda discriminación a otras culturas, era algo que transmitía con su praxis. Por eso, en todos los seminarios y en los Foros de Porto Alegre, se ganó el respeto y la admiración, no solo por su obra, sino en especial por esta actitud abierta y solidaria con los “condenados de la tierra”.

 

SLA: Mil gracias por sus palabras. ¿Me permitirá dedicarlas a la memoria de Immanuel Wallerstein?

FLS: Con gusto.

 

Francisco López Segrera es Doctor en Estudios Latinoamericanos (París VIII, Sorbonne) y vicerrector del Instituto Superior de Relaciones Internacionales de Cuba (1980-1989). Fue funcionario de la UNESCO y director de la revista Educación Superior y Sociedad (1998-2001). Fue seleccionado por la organización para integrar el Grupo Internacional de Expertos del Foro UNESCO en educación superior.  

Asesor académico, editor y autor en la Universidad Politécnica de Cataluña de los Informes de la Global University Network for Innovation, ha sido profesor visitante y/o conferencista invitado en más de 140 universidades del mundo. Entre ellas: UNAM, Universidad de Sao Paulo, Boston College, Binghamton, Berkeley, Stanford, Oxford, Riverside, Sorbonne, Instituto de Barcelona de Estudios Internacionales, Universidad de Salamanca y la UPC. El doctor López Segrera colaboró  con Wallerstein en la organización del Congreso Mundial de Sociología en 1998 e, invitado por él, impartió en otoño de 2001 en la Universidad de Binghamton un curso sobre «Prospectiva de América Latina».

Salvador López Arnal es miembro de CEMS (Centro  de Estudios de los Movimientos Sociales) de la Universidad Pompeu Fabra.

 

Disponible el texto completo en formato pdf: Entrevista a Francisco López Segrera sobre Immanuel Wallerstein