Periferias. Nuevas geografías del malestar

Los tiempos que vivimos vienen marcados por una fractura social que se correlaciona con desigualdades territoriales en todos los planos: entre las zonas rurales y el mundo urbano, entre regiones, entre los diferentes municipios que conforman los grandes centros metropolitanos y entre los barrios de cada uno de los municipios.

Frente a las metropolización de los grandes polos tecno-financieros, conectados mediante redes mediante las que se organiza la economía global, los espacios intermedios se ven cada vez más expuestos a la marginación y la desertificación, emergiendo así nuevos territorios relegados, subalternos o ignorados.

Unas periferias y unos centros que no son ya tanto una representación de países y regiones, sino espacios de debilidad frente a polos de dinamismo que operan en diferentes escalas. Frente a unas élites cada vez más emancipadas del compromiso con la sociedad en su conjunto, el creciente sentimiento de postergación, económica y social de las mayorías sociales, genera un malestar hoy encarnado en una dinámica populista que está convulsionando por completo el sistema político en la mayoría de los países de Occidente.

Sobre estos temas versa el nuevo número de Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global: Periferias. Nuevas geografías del malestar, en cuya INTRODUCCIÓN, Santiago Álvarez Cantalapiedra nos habla de los síntomas que apuntan a la construcción de una nueva geografía social, en la que la pérdida de población ha dejado  de ser exclusivamente un fenómeno rural y alcanza también a las capitales de provincia y de comarca, cuyos habitantes emigran hacia los grandes centros urbanos, dando paso al éxodo urbano de la población más cualificada hacia las ciudades globales.

La sección ESPECIAL incluye siete artículos que abordan la cuestión, con sus diferentes aristas y desde distintas perspectivas. Lo complementa el DIÁLOGO con expertas/os sobre la España rural vaciada y degradada, así como uno de los artículos de la sección PANORAMA que ofrece algunas soluciones al problema de la España vaciada. El otro texto de la misma sección aporta una visión crítica sobre la cooperación al desarrollo española.

Este mismo número recoge igualmente una ENTREVISTA a López Segrera sobre las aportaciones de Immanuel Wallerstein a las ciencias sociales, así como un ENSAYO de Paco Puche acerca de la necesidad de un cambio de paradigma en la antropología a partir de una nueva forma de entender la naturaleza y nuestra relación con la misma.

Se completa la revista con la sección de LIBROS.

A continuación, ofrecemos el Sumario  de la revista, y el acceso en abierto al texto de la Introducción y al artículo destacado de este número, sobre periferias en expansión. En esta ocasión ofrecemos también el Diálogo de expertas/os sobre la España vaciada y degradada, una interesante conversación coral entre seis de las principales voces en este asunto que examinan algunas de las cuestiones más relevantes, como la dicotomía rural-urbano que sostiene la segregación, el disfuncional metabolismo de las grandes urbes y posibles medidas para revertir estos procesos.

 

SUMARIO:

INTRODUCCIÓN

Nuevas periferias: geografías del malestar, Santiago Álvarez Cantalapiedra

ENSAYO

Hacia una nueva antropología, en un contexto de simbiosis generalizado en el mundo de la vida, Paco Puche

ESPECIAL: PERIFERIAS

Sobre periferias en expansion, Manuel Delgado y Carolina Márquez

Ha emergido el mundo de las periferias, Christophe Guiluy.

Sobre las geografías del malestar en Europa, Juan Romero

El arte de vivir sin gobierno. Conflicto, negocio y despoblación del Medio rural, Luis del Romero Renau.

La España vacía está llena de bienes comunes. Espacios de innovación para economías y relatos diferentes, José Luis Vivero Pol.

La trampa de una visión urbano-céntrica. David Harvey, del derecho a la ciudad a la revolución urbana, Jean-Pierre Garnier.

Territorios periféricos y transición ecosocial. ¿Hacia nuevos nodos biorregionales?, Nerea Morán y José Luis Fdez. Casadevante, Kois

PANORAMA

Fondos privados de ayuda al desarrollo contra defensores del territorio. El caso de la cooperación Española, Carlos Gómez Gil.

¿Cómo arreglar el problema de la España vaciada? Soluciones de fondo, soluciones cosméticas o colonización interior, Fernando Fernández.

DIÁLOGO

Un panel de seis expertas y expertos reflexiona sobre la España rural vaciada y degradada Diálogo entre Elisa Oteros-Rozas, Luis Camarero, Virginia Hernández, Sergio del Molino, Lucía López Marco y Valentín Cabero, Monica Di Donato.

ENTREVISTA

Entrevista a Francisco López Segrera sobre Immanuel Wallerstein, Salvador López Arnal.

LIBROS

Tierra de mujeres. Una mirada íntima y familiar al mundo rural, de María Sánchez.

Monica Di Donato.

Cristianismo de liberación. Perspectivas marxistas y ecosocialistas, de Michael Löwy.

Santiago Álvarez Cantalapiedra.

Ecoanimal. Una estética plurisensorial, ecologista y animalista, de Marta Tafalla.

Mara Nieto González.

 

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Nueva sesión del Curso de Economía - Universidad del Barrio

El próximo lunes 13 de enero tendrá lugar la primera sesión de 2020 del Curso de Economía de la Universidad del Barrio, organizada por FUHEM Ecosocial, Economistas sin Fronteras y el Salmón Contracorriente.

En esta ocasión abordaremos las Nuevas periferias y la creciente polarización social y territorial y el ponente invitado será Esteban Hernández, periodista del diario El Confidencial y autor de varios libros como El fin de la clase media (Clave Intelectual, 2014) o su última publicación titulada El tiempo pervertido. Derecha e izquierda en el siglo XXI (Akal, 2018).

La sesión girará en torno a uno de los resultados de la globalización financiarizada: la creciente desigualdad socioeconómica, plasmada en una implosión de las clases medias occidentales –los “perdedores” de la globalización– y que se manifiesta también, en una creciente polarización territorial en distintos planos: entre países, regiones, ciudades, así como entre ámbito urbano y mundo rural.

Una tendencia que, por otra parte, guarda una relación directa con la emergencia creciente de nuevos populismos en el plano político.

Toda esta problemática es la que centra el Especial del último número de nuestra revista Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, que lleva precisamente por título Periferias. Nuevas geografías del malestar.

Modera la sesión José Bellver, investigador de FUHEM Ecosocial.

RECUERDA:

FECHA: lunes 13 de enero.

HORA: 19 h.

LUGAR: Teatro del Barrio

C/ Zurita, 20

28012 Madrid

Metro Lavapiés.


Entrevista a Bernardo Gutiérrez

Entrevista a Bernardo Gutiérrez a propósito de su libro Pasado Mañana. Viaje a la España del cambio

Diego Escribano Carrascosa

Bernardo Gutiérrez  es periodista y escritor. Ha escrito sobre temas tan diversos como tecnopolítica, movimientos sociales, cultura de red y formas contemporáneas de esclavitud y ha trabajado desde hace años en la búsqueda de alternativas, de horizontes  esperanzadores.  Pasó un largo periodo en Latinoamérica en el que, además de adquirir otra nacionalidad, la brasileña, siguió de cerca los avances de movimientos sociales y la llegada al poder de gobiernos progresistas.  En la entrevista hablamos de sus logros y contradicciones. En su regreso a España, ha participado en eldiario.es y, de nuevo, ha seguido de cerca el trabajo de movimientos sociales y el trabajo institucional de nuevas formaciones progresistas. En 2017 publicó  Pasado Mañana (Arpa Editores), un libro que ofrece una visión panorámica de los cambios vividos y la perspectiva  de una España diferente, más justa y sostenible, en un futuro próximo.

 

Diego Escribano (DE): ¿Fue difícil escribir el  libro en un momento tan trepidante? ¿Tuviste la sensación de que lo escrito era permanentemente superado por la actualidad política?

Bernardo Gutiérrez (BG): Había que apuntar hacia el futuro porque la realidad política se podía comer el libro. Busca huir del estrés de la situación política actual. Pasado Mañana es un libro de cosas que están en marcha, la mayoría desde  la sociedad civil y algunas como políticas públicas. Pasado mañana  es un horizonte próximo y cercano.

DE: Al inicio del libro mencionas el desgaste de las izquierdas latinoamericanas. En diferentes países  con  gobiernos  progresistas se produjeron rupturas por la continuidad del modelo extractivista y la represión a movimientos sociales. En Ecuador, Alberto Acosta pasó a ser opositor, en Bolivia se  reprimieron protestas en casos como el del TIPNIS…

BG: Es injusto hablar del desgaste de las izquierdas latinoamericanas porque es un ecosistema variado. Lo que es verdad es que los grandes buques insignia (el chavismo en Venezuela; el lulismo en Brasil; los Kirchner en Argentina) han sufrido desgaste.

Hasta Evo Morales, quien probablemente sea el más defendible, ha recibido muchas críticas por mantener un modelo extractivista. Es muy fácil criticar el extractivismo sin tener en cuenta la excesiva fragilidad de los mercados latinoamericanos y la dependencia de la exportación de materias primas, pero es cierto que también ha faltado la capacidad de darse cuenta de que ese modelo es dinero a corto plazo y consecuencias desastrosas a largo plazo.

DE: En Brasil, después del Gobierno del PT con duras críticas (como las de Marina Silva) por su escasa sensibilidad, la elección de Bolsonaro refuerza los peligros para el medioambiente y las personas que lo defienden. En otros ámbitos, el PT tampoco cumplió con sus promesas y llegaron a aliarse con personas como Kátia Abreu (feroz opositora a la reforma agraria y ministra de Agricultura durante el gobierno de Dilma Rousseff). Con un PT debilitado, una persona que promueve el odio y amenaza avances históricos ha llegado a la presidencia. En Brasil, como antes en Nicaragua, parecía que muchas personas justificaban o al menos normalizaban la corrupción. ¿Crees que su elección tiene que ver con la falta de respuestas de la izquierda brasileña respecto a algunas preocupaciones ciudadanas?

BG: El legado del PT fue muy importante y Lula es el indiscutible líder de las últimas décadas. Sus gobiernos tuvieron logros. Consiguieron sacar a millones de personas de la pobreza y mejoraron mucho la educación  superior,  entre  muchas  otras  cosas. Sin embargo, el PT no cambió las estructuras y priorizó la inclusión por el consumo en un sistema neodesarrollista. Además, para mantener su hegemonía en la izquierda, pactó con las derechas, no con las izquierdas. La estrategia ha sido desastrosa y ha sembrado el camino a Bolsonaro. El PT boicoteó el frente de izquierdas alrededor de la candidatura de Ciro Gomes, alimentó la polarización y eligió a Bolsonaro como enemigo del segundo turno. No han tenido capacidad para entender nuevas sensibilidades, narrativas, prácticas políticas, mientras que la ultraderecha ha sabido canalizar esas nuevas indignaciones. Por otro lado, Lula y Dilma y la izquierda en general no tenían ninguna sensibilidad medioambiental e indigenista. Hasta el Partido Comunista de Brasil (PCdoB) defendió el proyecto hidroeléctrico de Belo Monte.

Y es preocupante que se justifique la corrupción, sí. El PT entregó la pauta anticorrupción a la derecha y a los nuevos indignados, y con ella el paquete de símbolos y ritos cocinados en las calles sin la presencia de partidos, entre ellos la bandera brasileña, un error gravísimo. Deberían haberse apropiado de la lucha contra la corrupción desde la izquierda. Lula, en la campaña de 2018, ha cometido el mayor error estratégico y táctico de su historia. El relato victimista, que se justifica en parte por  la  persecución  feroz  del  oportunista juez Moro, no le ha ayudado.

DE: ¿Es necesario construir alianzas más amplias, para resistir a su gobierno?

BG: En las elecciones de 2014, demonizaron a Marina Silva que está lejísimos de ser de derechas. La demonizaron por ser evangelista, cuando defiende un estado laico. Ella ganó las elecciones en las favelas de Río de Janeiro y en la Amazonia, justo en los territorios donde ha crecido Bolsonaro considerablemente entre las clases populares. En las municipales en Río, Freixo (candidato del partido izquierdista PSOL) perdió por alinearse con el discurso de la izquierda tradicional. Su campaña no llegó a la periferia, despreció a los evangelistas con una arrogancia propia de las izquierdas. Existe también un movimiento evangelista cercano a la teología de la liberación. Con alguien como Marina que hiciera ese diálogo, Río no estaría en manos de la derecha fundamentalista y Bolsonaro sería un fenómeno básicamente de clase media y élites. Esa alianza interclasista e interregional de Bolsonaro se ha tejido en el vacío que ha dejado la izquierda alrededor del discurso del orden y seguridad, con la familia como telón de fondo. Es un riesgo caricaturizar a Bolsonaro como un fascista más, porque su ascensión es complejísima y ha seducido a buena parte de las clases populares con una hiperfragmentación de discursos.

En Brasil es necesaria una alianza transversal y amplia que vaya más allá del PT, que tiene que incluir al PSOL y llegar hasta Marina. Aún así, la clave pasa por las calles y la construcción de un movimiento pro democracia sin partidos, con nuevos símbolos, que huya del relato rojo y popular del PT, tan artificial, por otro lado.

DE: A pesar de los errores, los gobiernos progresistas  lograron  cambios  importantes como la reducción de la desigualdad, la participación de colectivos tradicionalmente excluidos y la aprobación de textos constitucionales innovadores en el reconocimiento de derechos sociales y ambientales. ¿Cuál es tu balance?

BG: Hay que tumbar el mito de que las izquierdas  latinoamericanas  han  fracaso. Ha sido un rotundo éxito. Han sacado a millones de personas de la pobreza, logrado  avances  en  soberanía  tecnológica, democratizado la educación, recuperado la dignidad indígena y afro. Han sido insuficientes e imperfectas pero no han fracasado. El lado negativo también es extenso. Con excepciones, no han salido del modelo extractivista. No atreverse con asuntos progresistas como el aborto o el matrimonio gay serían algunos otros de sus fallos. El haber apostado por polarizar políticamente a las sociedades y el no haber entendido las nuevas identidades y narrativas de cariz ciudadanista, que no son antagonistas y sí complementarias con las populares, también ha sido un error.

DE: En el horizonte alternativo que conforma el libro me llamó la atención que no estuviera, como horizonte utópico, una  propuesta  alternativa  de  Europa. Esa dimensión europea  sirve también para conectar con las miles de personas jóvenes que se tuvieron que marchar en época de austeridad. ¿Crees que para llegar a la España de Pasado  Mañana que imaginas debe pasarse por una construcción de un proyecto europeo diferente?

BG: No pienso que el mayor optimismo venga de Europa, donde existe un auge de la ultraderecha y de la xenofobia. Aunque si conseguimos que Europa vaya hacia a un lado más social…

En las próximas elecciones puede haber 100 eurodiputados de la izquierda radical. Si se consigue el cambio en España, se podría jugar un papel fundamental en esa reconstrucción de Europa.

Las personas que se marcharon de España es uno de los capítulos pendientes para la segunda edición. Es un tema a resolver y que, a nivel político, podría cambiarlo todo. Se están cargando el futuro de un país. Muchas de las personas más  preparadas  se  han  ido.  Es  verdad que ahora algunas han vuelto porque, entre mal y peor, alguna gente prefiere estar en casa. También hay mucha gente que no va a volver nunca. España es un país de exiliados, de gente a la que se ha expulsado a patadas desde la noche de los tiempos.

DE: ¿No podrían servir los exilios para conectar, en un relato alternativo, a España con América Latina?

BG: Hay mucho por contar. Ni siquiera el relato anticolonial te habla del exilio. Hay experiencias muy potentes… hubo escuelas  anarquistas,  escuelas  de  Ferrer,  por todo Brasil. Asturianos en revueltas en la Patagonia. Editores españoles en México. No debería ser tan complicado conectar todo eso con otro relato de España.

DE: De las experiencias latinoamericanas también se podrían extraer aprendizajes sobre la relación entre movimientos sociales  y  gobiernos progresistas. En España han dado el salto a la política muchas personas que vienen de la sociedad civil. De momento, ¿te quedas con las aportaciones que hicieron quienes han pasado desde la sociedad civil a posiciones institucionales o con la inquietud por el riesgo de desactivación de movimientos sociales?

BG: Siempre hay un riesgo de cooptación política, con ayudas y subvenciones. También de cooptación moral, con chantaje. En América Latina lo hemos visto. También en España, mediante cuestiones presupuestarias, con las asociaciones vecinales en los años setenta y ochenta.

Hoy sigue existiendo ese riesgo de cooptación y la inercia de que la calle se vacíe cuando alguien que viene de los movimientos alcanza el poder. Es necesario fuego amigo para que los cambios no sean tan lentos.

Solo meterte en el Congreso de los Diputados despista. Es un escenario tan fascinante, y endogámico… te colocan en un ritmo que no es el tuyo y te hace perder el olfato de la calle. Luego no se trata exactamente de volver a la calle. Igual no tienes que volver a la manifestación. Igual tendrías que estar en una reunión de barrio o, escuchando y no hablando, en un mercado popular.

DE: Si van a una manifestación, no deberían estar en cabeza, ¿verdad?

BG: Sin duda, no deberían estar en cabeza. De hecho, aunque no estén en cabeza ya les van a echar la bronca. No es el único espacio en el que estar.

Las personas que se han hecho famosas ponen cara a un relato más coral de la sociedad civil. No son solo las caras famosas. En el libro he diluido a los más famosos a propósito, para que no se consideren los líderes.

DE: Una de las ideas más potentes para construir un nuevo relato, presente en tu libro, es la de la recuperación de lo público como forma de ampliar las posibilidades de participación ciudadana. En un contexto como en el español, en el que la privatización llegó hasta al ámbito penitenciario, ¿qué se puede aprender de la experiencia latinoamericana?

BG: Los gobiernos progresistas construyeron un sector público cuando en algunos casos era inexistente. Cuando América Latina se convirtió en el foco progresista del mundo, el sistema neoliberal quiso hundirlo. Demostraban que lo público era efectivo y eficiente. Dejaban en evidencia la ola de privatizaciones de la socialdemocracia europea. Se crearon estructuras públicas; algunas con ineficiencias, muchas exitosas. Se puede aprender mucho sobre cómo gestionar recursos energéticos con modelos públicos. Ahora hay mayor autogestión. Lo público se puede aprovechar mucho reinventándolo desde lo común, con parcelas de autonomía desde la ciudadanía.

En España hay prácticas milenarias de autogestión y autogobierno: montes comunales, tribunal de las aguas de Valencia. También en lo urbano, con cooperativas de consumo. Es necesario abrir lo público a la participación ciudadana. Se habla de recuperación de lo público con el prisma de lo común, de la autogestión. Por ejemplo en el ámbito energético habría que abrir el sistema al autoconsumo.

DE: ¿Crees que cambiar la sensibilidad hacia el mundo rural puede servir, para a través de su caudal de experiencias comunitarias, construir un relato alternativo y crear una mayor sensibilidad medioambiental?

BG: España tiene un atraso de décadas en ecología y en sostenibilidad y existe muy poca sensibilidad con el mundo rural. Ha costado romper con la idea de modernidad que se impuso, una modernidad basada en desprecio del mundo rural, en la imagen de trenes rápidos. El año 1992 es clave, sobre el que podría hacerse una serie de televisión, el año de las Olimpiadas y el AVE. Es difícil transmitir la idea de lo rural en positivo, cuando el mundo rural es sabio. Algunas tradiciones de la España rural podrían servir para frenar el proyecto neoliberal.

E: El 15-M supuso un hito generacional que acercó a muchas personas a la política. Sin embargo, sin un hilo que conecte con experiencias previas, sería insufiiente para construir un relato de país alternativo. ¿Crees que el cambio social y político puede llegar si el 15-M es el punto de partida?

BG: El 15-M es una disrupción que abre nuevos marcos, relatos, formas de organizarse…pero es insuficiente. Está pendiente ese relato alternativo de la historia de España que no sea antagonista. La historia de España  la  han  contado  unos  pocos, cuando hay una historia muy rica. España ha tenido cuatro revueltas más que Francia. En la Revolución de 1854 ya se hablaba del «no nos representan». Se podría hilvanar la historia de España desde lo comunitario y las disidencias.

DE: Doy por hecho que el relato alternativo debe empezar antes de 1931…

BG: Sin duda. El gran siglo revolucionario fue el XIX. Además, hay antecedentes. En el uso de las tierras comunales los reyes habían perdido frente a los campesinos. Después la Revuelta de los Comuneros. Hay una historia olvidada…

Por otro lado, se ha contado muy mal lo que sucedió a partir de 1931. Tiene mucho que ver con las revoluciones liberales- democráticas. Es algo que está pendiente.

Después hay una transición muy cabrona en la que no sé si se salva algo…

DE: Una transición sobre la que durante mucho tiempo se impuso un consenso aparente, en el que no se podía cuestionar lo que se hizo, aunque miles de víctimas no obtuvieran verdad, justicia y reparación...

BG: El éxito de la transición fue generar un marco  de  convivencia,  con  mitos  y  con semi-verdades. Entre los muchos tabúes de la cultura de la transición estaba el no poder criticar a algunas personas. No es que no se pudiera criticar a referentes de la izquierda por sus concesiones, sino incluso no se podía criticar a Fraga o Adolfo Suárez, no se podía hablar de memoria histórica.

DE: Algunas referencias culturales tie- nen su origen en esa época. ¿Va a quedar algo del universo cultural que nace en la transición?

BG: Algunos iconos se mantendrán, otros no. The Guardian ya no se fía de El País y tiene como referencia a eldiario.es.

En la construcción de una nueva hegemonía cultural debe haber referencias diversas. No se puede hablar de lo popular y luego tener prejuicios con lo que realmente es popular. A veces la izquierda tiene la manía de que las únicas referencias culturales son las de la “alta cultura”.

DE: Suena a que, al menos en ocasiones, la izquierda está más cerca de visiones elitistas de autores conservadores y no con quienes pretenden romper, o al menos diluir, las divisiones entre cultura popular y alta cultura.

BG: La «cena del miedo» de la que habló Amador Fernández Savater refleja ese miedo de muchas personas del mundo de la cultura a que cualquiera pueda escribir un libro. Esas ideas se basan en el mito, profundamente elitista, del escritor inspirado por las musas.

Es verdad que ahora cualquiera puede emitir un mensaje. De todo eso saldrán cosas buenas y otras no tanto, pero también pasa eso con los escritos “clásicos”. Algunos son malos y están ahí porque son marqueses o porque tienen amigos en editoriales.

Lo que está ocurriendo ahora es que el filtro de lo que es culturalmente aceptable está dejando de estar en una clase intermediaria, que tiene unos gustos determinados y una formación. Ese filtro puede extenderse a la multitud.

Hay un debate muy interesante. No me creo que un intermediario que haya leído un montón de libros sepa mejor que la gente qué libros son mejores. Tampoco es una cosa o la otra. Quien tiene una formación y ha leído un montón de libros tiene un criterio. La clave es equilibrar ambas cosas.

DE: Creo que la PAH jugó un papel fundamental en el ecosistema de propuestas alternativas que aparecieron después del 15-M y que, en buena parte, se ven reflejadas en el libro. La lucha por el derecho a la vivienda supuso un punto de inflexión que permitió que muchas personas pasaran de la tristeza y la desesperación a la ilusión y la esperanza. Al «Sí se puede». Ada Colau demostró que se puede transmitir indignación sin gritar y hacer política desde la honestidad. Es un símbolo en sí misma. Siendo alcaldesa de Barcelona, ha reconocido errores y límites, lo que nos conecta con una de los elementos importantes del cambio social que se menciona en tu libro: la feminización de la política.

BG: Mientras que algunos han perdido frescura, en el Congreso o en tertulias, Ada Colau tiene todo el potencial de la espontaneidad. De venir de la calle. Si quisiera, Ada podría ser presidenta.

En el paquete de feminizar la política que una alcaldesa reconozca errores es valioso pero no es lo único ni lo más importante. El feminismo es una placa tectónica de subjetividades. Posiblemente sea lo que más futuro tenga como movimiento en la sociedad.

Diego Escribano Carrascosa es graduado en Derecho y en Ciencia Política y Administración Pública. Máster en Derecho Internacional de los Derechos Humanos.

 

Descargar el texto completo del archivo en formato pdf: Entrevista a Bernardo Gutierrez.


Aportaciones para una representación compleja y abierta del sistema económico capitalista

Aportaciones para una representación compleja y abierta del sistema económico capitalista, artículo de Ángel Martínez González-Tablas y Santiago Álvarez Cantalapiedra y publicado en la Revista de Economía Crítica, núm. 15, primer semestre 2013 pp. 128-149.

Este ensayo es una nueva contribución al proceso de reflexión colectivo iniciado con la elaboración conjunta del artículo Por una economía inclusiva. Hacia un paradigma sistémico (publicado en la Revista de Economía Crítica nº 14). Manteniendo el análisis en el plano epistemológico, utiliza la metodología del artículo colectivo antes mencionado aplicándola a la representación específica del sistema económico capitalista, matizando algún aspecto de su dimensión institucional y profundizando en la dimensión espacial de su funcionamiento.

La teoría económica convencional acostumbra a practicar, no se sabe muy bien si a partes iguales, la ocultación y el reduccionismo desvirtuando el carácter y la percepción de la economía. Las perspectivas teóricas que están presentes dentro de la economía crítica, por el contrario, tratan de revelar todas aquellas dimensiones que intervienen de forma determinante en la actividad socio-económica y que la visión convencional se empeña con denuedo en ocultar.

Disponer de un marco complejo de representación de la actividad económica, que refleje distintas perspectivas y articulen diferentes enfoques del pensamiento económico, resulta necesario para la diagnosis y etiología de los principales problemas de nuestros días.

La actividad económica abarca los diferentes procesos de producción, distribución, intercambio y consumo que, de acuerdo a unos principios de funcionamiento y unas bases determinadas, permiten el mantenimiento y la reproducción de la existencia social, la representación de la economía deberá aportar una visión de los rasgos específicos presentes en su funcionamiento desde los que se pueda analizar las singularidades que segrega su comportamiento. De ahí que no baste con una representación general de la actividad económica y haya que aterrizar en las peculiaridades que caracterizan al sistema económico actual: el capitalismo. Tampoco resulta suficiente, si se quiere intervenir sobre la realidad, permanecer en un nivel de abstracción que rehúya considerar el papel que en la práctica económica desempeñan la historia y las instituciones, como tampoco se podrá en ese caso obviar los vínculos espaciales que despliega su desempeño.

Siguiendo la línea marcada en Por una economía inclusiva. Hacia un paradigma sistémico, de ofrecer una representación de la actividad económica abierta al entorno social y natural, este artículo profundiza en las implicaciones que se derivan de considerar la especificidad capitalista de aquella actividad. Se avanza desde lo más general a lo más concreto. La primera representación que se propone, de gran generalidad, es transistémica y se centra en lo que es común a las distintas formas de organización económica a lo largo de la historia. La segunda incluye al mercado y subraya las significativas diferencias entre el espacio mercantil y el doméstico. La tercera, y última, resalta la especificidad del capitalismo, sus componentes constitutivos y su lógica característica. La tesis que subyace es que si bien puede llevarse a cabo este escalonamiento sin modificar la perspectiva metodológica, para entender la realidad y para actuar eficazmente sobre ella, importa descender a lo específico y diferencial porque, como subrayaba Marx, captar lo singular de cada realidad social aporta hondura a la comprensión y quedarse en lo común mella el alcance del análisis.

Descargar el artículo completo: Aportaciones para una representación compleja y abierta del sistema económico capitalista.


Por una Economía Inclusiva

Por una economía inclusiva. Hacia un paradigma sistémico, artículo escrito por Santiago Álvarez Cantalapiedra, Alfons Barceló, Óscar Carpintero Redondo, Cristina Carrasco Bengoa, Ángel Martínez González-Tablas, Albert Recio Andreu y Jordi Roca Jusmet, para la Revista de Economía Crítica, núm. 14, segundo semestre 2012, pp. 277-301.

Jamás en la historia habían existido tantas escuelas, facultades y academias de economía, ni tantos profesores, alumnos y licenciados en esta disciplina. Jamás se habían publicado tantos libros, artículos, informes buscando capturar los rasgos esenciales y corregir los presuntos defectos (reales o ilusorios) del sistema capitalista (o de las “economías de libre mercado”, si se prefiere una expresión embellecedora). Jamás se había producido tal torrente de estadísticas y de modelos matemáticos sobre cualquier ocurrencia o menudencia que encajara aceptablemente (de grado o por fuerza) con los postulados de partida.

Y, sin embargo, llevamos algunos años padeciendo una colosal crisis económica que ha devaluado en grado considerable un buen número de patrimonios, ha destruido un enorme caudal de confianza en el sistema monetario y en las instituciones reguladoras de los mercados financieros, ha conducido al paro a millones de trabajadores y trabajadoras (lo que representa una enorme cantidad de riqueza potencial evaporada inexorablemente), ha propiciado el despliegue de maniobras tendentes a recortar derechos y a debilitar las redes protectoras del estado del bienestar. Un objetivo intermedio que ha favorecido este retroceso en el plano de la protección social ha consistido en recortar servicios y ayudas de carácter público, bajo el lema de “abaratar el funcionamiento del estado moderno”. Aquí el cuento de la lechera consistía en imaginar un mercado perfecto e instantáneo gracias al cual uno podía asimismo imaginar que dejando campo libre al interés privado se conseguirían maravillosos resultados de armonías económicas y se recuperaría la senda de un mítico crecimiento benefactor en provecho de todos. Por otro lado, los científicos naturales llevan años avisando de los peligros que para la humanidad genera el actual ritmo de deterioro ambiental, sin que ello se haya traducido en un cambio sustancial en la forma de enfocar los problemas ni en una acción decidida para resolverlos.

En suma, padecemos una situación escandalosa y grotesca. La inmensa mayoría de presuntos expertos, las grandes instituciones de seguimiento de la coyuntura, de evaluación de riesgos, de prospectiva mundial no vieron (o no quisieron ver) la que se les caía encima.

Pero no sólo no se vio ni entendió bien el desencadenamiento y evolución de la crisis, sino que a la hora de sugerir parches y remedios, no se ha producido una confluencia de propuestas por parte de los expertos, ni se adivina en el horizonte un proceso de convergencia hacia salidas razonables.

Esta desastrosa situación es debida, en parte, a un problema ideológico (a saber, los objetivos del beneficio y del crecimiento se consideran irrenunciables), pero también a la estrechez de miras de los economistas y políticos que a menudo solo tienen en cuenta la economía de mercado capitalista. En este contexto —y hoy más que nunca— es necesario y urgente construir enfoques alternativos de interpretación de la realidad social y económica que permitan ofrecer respuestas y propuestas para terminar con los padecimientos y el despilfarro que está produciendo la crisis y avanzar hacia una sociedad humana y sostenible.

Lo que sigue a continuación aspira a ser una aportación al proceso de construcción de un marco general de representación de la actividad económica desde el que poder articular distintos enfoques —en particular, los de la economía ecológica, economía feminista y economía política y su crítica— que comparten diagnóstico y críticas al funcionamiento del sistema capitalista y a los desarrollos teóricos de la economía convencional. Hasta ahora los intentos de dotarse del conocimiento y las interrelaciones que pueden propiciar la fertilización recíproca y el avance acumulativo que precisa el pensamiento económico crítico han sido frágiles e insuficientes. Se trata simplemente de bosquejar una representación pertinente y útil de cómo funciona realmente la economía, sin entrar en el diseño de un eventual sistema alternativo.

Conviene hacer hincapié en la insuficiencia de la economía convencional para afrontar la complejidad de nuestro tiempo. A pesar de su hegemonía institucional y política, no es capaz de plasmar una representación satisfactoria de los procesos económicos, son escasos sus logros y notoria su impotencia ante los problemas, no llega a formular un diagnóstico consistente de lo que sucede y sus propuestas combinan cortedad de aliento y ceguera de horizonte, propiciando una frustración en la vida de millones de seres humanos, un empobrecimiento y, en el límite, un riesgo de suicidio colectivo. Desde luego conviene asimismo recalcar que la tendencia histórica del pensamiento económico ha sido proclive a la ocultación, en la matriz epistemológica básica, de dimensiones esenciales para una representación comprensiva de la actividad económica (entorno físico, espacio doméstico, dimensión social de los procesos), centrándose básicamente en la producción mercantil.

En este trabajo se pretende lo contrario: asumir la condición sistémica de la economía y defender una perspectiva teórica que considere todas las dimensiones que realmente intervienen de forma determinante en la actividad socio-económica. La diferencia entre una y otra actitud acarrea importantes consecuencias, tanto en el plano del conocimiento como de la acción; tiene, además, efectos de largo alcance, y también a corto plazo.

Descargar el texto completo: Por una economía inclusiva. Hacia un paradigma sistémico.


Construir una economía inclusiva e integradora

Los grandes problemas de este tiempo obligan, por su urgencia y pluralidad de dimensiones, a revisar el papel que ha de jugar la Economía como ciencia social en las necesarias transiciones. Se parte así de una confrontación de la Economía dominante en todos los planos, desde el más teórico hasta la práctica económica, que hoy tiene más de obstáculo que de herramienta eficaz frente a los problemas de la gente y del planeta.

Frente a ello, se plantea la necesidad de construir una Economía integradora o inclusiva (EI), que se nutra de la riqueza de las aportaciones, con sus limitaciones, de las corrientes que conforman la Economía Crítica; pero trascendiéndolas, a partir del diálogo y el enriquecimiento mutuo.

Sólo así podrá la Economía reorientar su foco hacia contenidos sustantivos, articulados con el entorno natural, con el tejido social y productivo, y así poder participar en la valuación de opciones, en el diseño de escenarios y en la construcción de alternativas.

Un texto de Ángel Martínez González Tablas, para la colección Relatos del Foro de Transiciones, donde se pregunta: ¿Qué papel le corresponde a la Economía? ¿En qué medida lo está cumpliendo? ¿Qué expectativas cabe albergar de que, si no lo hace, llegue a hacerlo? ¿Con qué elementos contamos? ¿Qué pasos adicionales se necesitan? o, ¿tal vez, debamos dar a la Economía por perdida y pensar las transiciones prescindiendo de ella? El presente documento pretende responder a estas preguntas, que pueden parecer elementales, aunque no lo sean.

Para responder a estas cuestiones el trabajo se estructura en cuatro bloques:

  1. El primero se ocupa de la Economía dominante, de la ortodoxia, de sus rasgos y de sus carencias.
  2. El segundo analiza las aportaciones y las limitaciones de la Economía Crítica, un cuerpo que está alimentado por nutrientes identificables.
  3. El tercer bloque se enfrenta con la necesidad de construir una Economía integradora o inclusiva (EI), un esfuerzo tan incipiente que incluso no ha llegado a asentar una denominación consensuada, pero que es imprescindible si se quiere que la Economía cumpla su función, sabiendo además que, si no lo hace, el empeño por habilitar transiciones con sentido se verá seriamente afectado.
  4. El último se adentra en cómo puede ayudar la EI a la difícil articulación entre el tratamiento de los problemas del presente y la construcción de un proceso de transición que conduzca a una alternativa viable.

El documento llega a su final con dos apartados, en uno se valoran las dificultades para que el propósito llegue a término y en el otro se esbozan unas reflexiones conclusivas.

Descargar el documento completo: Construir una economía inclusiva e integradora. Ángel Martínez González Tablas. Mayo 2017.


Debate sobre la evolución del sector agrario

Historia de la agricultura española desde una perspectiva biofísica, 1900-2010

FECHA: Jueves, 12 de diciembre.

HORA: 19.30 horas.

LUGAR:  Espacio Abierto FUHEM

Avda de Portugal, 79, posterior

El próximo 12 de diciembre presentaremos este libro que trata de ofrecer una panorámica de la evolución del sector agrario español desde 1900 hasta la actualidad y pretende dar una imagen ajustada a la realidad compleja y multidimensional de la producción agraria.

El actual modelo de crecimiento agrario de España ha sido capaz indudablemente de alimentar a una población creciente con menos trabajo, pero las herramientas tecnológicas que lo han hecho posible han mermado seriamente las posibilidades de reproducción de los agroecosistemas. El actual modelo agroindustrial está empezando a ser seriamente cuestionado desde diversos organismos internacionales que señalan contundentemente su inviabilidad futura. Dicho modelo debe sufrir cambios de envergadura para atender a la alimentación de los más de 9.000 millones de individuos que habrá a mediados de este siglo.

El libro que presentamos trata de ofrecer una panorámica de la evolución del sector agrario español desde 1900 hasta la actualidad y pretende dar una imagen ajustada a la realidad compleja y multidimensional de la producción agraria.

La importancia del enfoque biofísico de la historia del sector agrario español, que aquí se utiliza, supone el desplazamiento del papel central que siempre ha ocupado el crecimiento agrario en el relato tradicional sobre la sostenibilidad del mismo. De ese modo, se pone de manifiesto lo que es posible y lo que no, de acuerdo con el contexto tecnológico existente en cada momento y la dotación de recursos naturales disponibles, y descubre fuerzas del cambio que el análisis monetario al uso resulta incapaz de desvelar.

Contaremos con la presencia de:

Manuel Gonzalez de Molina: historiador agrario, catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla y coautor del libro.

David Soto Fernández: Profesor de Historia e Instituciones Económicas, Universidad de Santiago de Compostela y coautor del libro.

Y como comentarista del libro contaremos con la presencia de José Manuel Naredo, reconocido experto de historia agraria española, economista y estadístico.

Más información:

Evento FB: https://facebook.com/events/748164825685773/

Para confirmar ls presencia: https://www.eventbrite.es/e/entradas-historia-de-la-agricultura-espanola-desde-la-perspectiva-biofisica-81705087115


Agenda Ecosocial

El trabajo de cuidados: historia, teoría y prácticas

FECHA: Viernes, 13 de diciembre.

HORA: 18.30 horas.

LUGAR:  Librería Espai Contrabandos

Carrer de la Junta de Comerç, 20, 08001 Barcelona

El próximo 13 de diciembre presentaremos el libro El trabajo de cuidados: historia, teoría y prácticas y contaremos con la presencia de:

Cristina Borderías, profesora de Historia Contemporánea de la UB.

Teresa Torns: docente del Departamento de Sociología de la UAB.

Presenta el acto: África Planet, editora de FUHEM.

 

 


FUHEM Ecosocial en la COP25

FUHEM Ecosocial estará presente en la Green Zone de la COP25 como miembro integrante de la Red de Centros de Información y Documentación Ambiental - RECIDA.

La Zona Verde, Acción por el clima de la La Conferencia de la ONU sobre el Cambio Climático, es un espacio ciudadano, de encuentro y concienciación medioambiental, con el que España quiere contribuir a facilitar la participación de toda la sociedad civil.

La temática de las actividades que se van a realizar en este espacio versarán sobre transición justa, salud, género, finanzas sostenibles, innovación, bosques, ciencia y cambio climático o soluciones basadas en la naturaleza.

La Zona Verde contará con 7 espacios diferenciados:

• Ágora: cuenta con una superficie de 600 m2 con capacidad para unas 250 personas. Aquí estará el espacio turquesa, punto de interconexión entre la zona verde y la zona azul donde se retransmitirán los eventos más relevantes que ocurran en la zona azul para establecer un diálogo y que la sociedad civil en zona verde pueda abrir el debate y su mensaje pueda ser recibido.

• Acción sectorial por el clima: espacio dónde tendrán presencia los patrocinadores de la COP25, que dispondrán de un espacio expositivo no comercial para actividades y servicios ligados a los temas que tratará la Cumbre.

Sociedad civil: espacio dónde se realizarán diversas actividades culturales y participativas.

• Jóvenes: en esta zona tendrán lugar las actividades más relacionadas con temáticas educativas y de sensibilización.

• Innovación y Ciencia: gestionado directamente por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, se mostrarán los avances en materia de innovación en la lucha frente al cambio climático.

• Mare Nostrum: liderado por España, servirá de escaparate para la presentación de proyectos y debate. Este espacio se nutrirá principalmente de actividades y contenidos de las diferentes instituciones públicas del Estado.

• Pueblos Originarios: un espacio liderado por Chile que promoverá el encuentro y la participación de los Pueblos Originarios de Chile en la estrategia global de cambio climático.

FUHEM Ecosocial tendrá un espacio en el Stand nº 3 BIBLIOTECAS VERDES POR EL CLIMA Tesoros para cambiar el mundo del 2 al 7 de diciembre de 2019., donde se organizarán las siguientes actividades:

2 de diciembre de 2019

17:00 -18:00 COLOQUIO Youtubers de educación ambiental

MODERA: Roberto Ruiz Robles

18:00-19:00 Juego de escape sobre ODS Alfonso Peña. CEDREAC

3 de diciembre de 2019

10:00 -11:00 Juego de escape sobre ODS. Alfonso Peña. CEDREAC

12:00 -13:00 Antártida, ciencia y aventura en los confines del mundo. Leopoldo García Sancho. Ed. Pirámide

13:00 -14:00 Juego de escape sobre ODS. Alfonso Peña. CEDREAC

16:00 -17:00 Juego de escape sobre ODS. Alfonso Peña. CEDREAC

4 de diciembre de 2019

11:00 -12:00 Manual de lucha contra el cambio climático. Samuel Martín-Sosa. Ecologistas en Acción

12:00 -13:00 The future of marine life in a changing world. Débora Iglesias-Rodriguez. Uni. California Santa Barbara.

14:00 -15:00 Los Medios de Comunicación como difusores del Cambio Climático. Daniel Rodrigo. Editorial Egregius.

15:00 -16:00 Retransmisión del Informe SOER 2020 desde Bruselas. Rafael Andrés David Fernández. Punto Focal AEMA. MITECO

17:00 -18:00 The future of marine life in a changing world. Débora Iglesias-Rodriguez. Uni. California Santa Barbara.

5 de diciembre de 2019

11:00 -12:00 Cambio climático y biodiversidad. Marta Carracedo. CITA de Aragón

12:00 -13:00 Conocer la Meteorología: Diccionario ilustrado del tiempo y del clima. José Miguel Viñas. Alianza editorial

16:00 -17:00 Presentación de libros de ficción climática de la editorial Episkaia:

  • Layla Martínez.
  • María Bonete.
  • Francisco Serrano.

MODERA: María Garcia la Fuente. Presidenta de Apia

18:00-19:00 Cambio climático y biodiversidad. Marta Carracedo. CITA de Aragón

6 de diciembre de 2019

12:00 -13:00 Presentación del libro Blanco de Tigre, Andrés Guerrer. Ed. SM

7 de diciembre de 2019

12:00 -13:00 ¿Qué hacer en caso de incendio? Manifiesto por el Green New Deal. Hector Tejero y Emilio Santiago. Ed. Capitán Swing

13:00 -14:00 El mundo que nos dejáis. Lucas Barrero. Ed. Destino

16:00 - 17:00 Cambio climático S.A.: cómo el poder (corporativo y militar) está moldeando un mundo de privilegiados y desposeídos ante la crisis climática. Nick Buxton, Ben Hayes (eds), FUHEM Ecosocial. Presenta el lbro Nuria del Viso.

10 de diciembre de 2019

12:00-13:00 Presentación del libro Yo, en el ojo del huracán María. Lecciones para la resiliencia. Narjiss Ben Marzoouk

13:00-14:00 Presentación de los informes del IPCC Cambio climático: tierra y océanos. Alfonso Pino. Punto Focal Nacional del IPCC

11 de diciembre de 2019

11:00 -12:00 Informe SOER 2020. Agencia Europea de Medio Ambiente. Rafael Andrés, David Fernández. Punto Focal AEMA. MITECO.

12:00 -13:00 Juegos meteorológicos. Elena Morato. Agencia Estatal de Meteorología - AEMET.

13:00 -14:00 Boletín de la Sociedad Geográfica Española. Ana Puértolas y Emma Lira.

16:00 -17:00 El mundo que nos dejáis. Lucas Barrero. Ed. Destino

                        Revista Climática. Santiago Sáez.

12 de diciembre de 2019

10:00 -11:00 CENEAM, un mundo de recursos a tu disposición. Rosario Toril. CENEAM

11:00 -12:00 Cambio climático: el reto y las soluciones. Veerle Minner. Climate Reality Project

12:00 -13:00 Revista Ballena Blanca. Clemente Álvarez.

13:00 -14:00 Taller "El Retrete". Catherine Fenton @cfentonart

14:00 -15:00 Tejiendo libros y focas. Asociación de Labores solidarias de la IAIA

16:00 -17:00 Parques Nacionales y Reservas de la Biosfera: la necesidad de comunicar un legado para las generaciones venideras. Manuel Oñorbe. Organismo Autónomo Parques Nacionales

13 de diciembre de 2019

10:00 -11:00 CENEAM, un mundo de recursos a tu disposición. Rosario Toril. CENEAM

12:00 -13:00 Aún no es tarde. Claves para entender y frenar el cambio climático. Andreu Escriva. Ed. Universitat de Valencia

13:30 -14:30 Manual de lucha contra el cambio climático. Samuel Martín-Sosa. Ecologistas en Acción

 

El stand nº 3 se encuentra situado en la zona dedicada a Sociedad Civil

 


España vaciada: claves para la transición

España vaciada: claves para la transición

Charla coloquio

Con motivo de la salida del nuevo número de la revista Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, que indaga sobre los desequilibrios que afectan de diversas maneras a nuestros territorios, FUHEM Ecosocial organiza una charla coloquio el 27 de noviembre en la librería Los pequeños Seres, que centrará la atención sobre la España vaciada.

El medio rural plantea un reto político, social y económico en nuestro tiempo, y pensamos que existen alternativas y claves para repensar y contar su futuro. El acto contará con tres de las voces más relevantes para afrontar esta temática, cuyo perfil permitirá abordar esta complejidad desde una visión territorial, la óptica del feminismo rural o la de los bienes comunes.

Se abordarán diferentes cuestiones:

  • La dicotomía urbano-rural, que se encuentra en la base de la segregación.
  • El metabolismo disfuncional de las grandes urbes.
  • Los conflictos que plantea y las falsas soluciones que se presentan.
  • Las posibles claves en términos de transición para revertir estos procesos que atentan contra la calidad de vida de las personas y el equilibrio de los ecosistemas.

Os invitamos a acompañarnos para debatir sobre la España vaciada con:

Luis del Romero: Profesor del departamento de Geografía de la Universidad de Valencia.

Autor del artículo: El arte de vivir sin gobierno. conflicto, negocio y despoblación del medio rural, incluido en el ESPECIAL Periferias.

Elisa Oteros: Investigadora en la Cátedra de agroecología y sistemas alimentarios de la Universidad de Vic.

Participa en el DIÁLOGO: Un panel de seis expertas y expertos que reflexionan sobre la España rural vaciada y degradada. Diálogo con Elisa Oteros-Rozas, Luis Camarero, Virginia Hernández, Sergio del Molino, Lucía Marco y Valentín Cabero.

José Luis Vivero Pol: Especialista en seguridad alimentaria en el Programa Mundial de Alimentos (PMA)

Autor del artículo: La España vacía está llena de bienes comunes. Espacios de innovación para economías y relatos diferentes.

Modera: Monica Di Donato, investigadora del equipo de FUHEM Ecosocial.

Coordinadora del DIÁLOGO.

RECUERDA:

Fecha: Miércoles 27 de noviembre 18:30 horas

Hora: 18.30 h.

Lugar:  Librería Los pequeños seres,

Ribera de Curtidores 37, 28005 Madrid

 

 


Sobre periferias en expansión

Sobre periferias en expansión

Manuel Delgado y Carolina Márquez

Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, núm. 147, otoño 2019, pp. 37-48.

En este texto se reflexiona acerca de la expansión de los espacios periféricos, a escala de países y de áreas urbanas, acentuada desde principios del siglo XXI como resultado de la búsqueda de nuevas fronteras para la acumulación bajo el predominio del capital financiero. Espacios definidos como “zonas de sacrificio” –imagen invertida de los territorios donde se localizan las actividades hegemónicas y los procesos de toma de decisiones–, que experimentan  nuevos episodios de conquista, captación y predación de riqueza a gran escala. La apropiación de partes crecientes del mundo natural y social está asociada a intensos procesos de expulsión, exclusión y marginación frente a los que emergen nuevas resistencias, y nuevos espacios de comunidad  y sociabilidad.

Las reglas del juego económico y la búsqueda de nuevas fronteras para la acumulación de capital dan lugar a una expansión de los espacios periféricos que se intensifica y adquiere nuevas dimensiones desde comienzos del siglo XXI. Entendidos estos espacios como imagen invertida de los espacios centrales donde se localizan las actividades hegemónicas y los procesos de toma de decisiones, en lo que sigue se hace referencia a la expansión de estas periferias tanto en términos de países –Norte-Sur–, en una primera parte, como dentro de los espacios urbanos, en la segunda.

Periferias neocoloniales

La génesis del mundo moderno coincide, como señaló Wallerstein,1 con el período en el que Europa se sitúa en el centro de un sistema-mundo que se expande y se consolida a partir de la conquista de América, de modo que la hegemonía europea con la que se inicia el predominio del Norte se construye en los siglos XVI al XVIII a partir del sometimiento de las realidades del Sur. Desde el inicio, modernidad y colonialidad van a ir de la mano.

Este período supuso una depredación sin precedentes de los pueblos y los ecosistemas indígenas; un saqueo calificado por muchos de genocidio y ecocidio.2 Con la implantación de las explotaciones mineras y los monocultivos, tierras antes utilizadas y naturalmente dotadas para producir alimentos pasaron a ser “regiones de hambre” y ecosistemas esquilmados. La esclavitud fue también pieza clave en esta primera etapa del desarrollo del capitalismo; «el medio por el que Occidente alcanzó una posición de dominio sin igual»,3 con un comercio triangular que desde Europa llevaba a África mercancías  intercambiadas por esclavos vendidos en América para extraer las materias primas de las primeras manufacturas europeas. Las ganancias así obtenidas fueron, como se sabe, una contribución esencial a la extensión del mercado mundial y a la internacionalización del tráfico de mercancías; fundamento de la acumulación de capital que financió la Revolución Industrial en Europa.4  El origen del “desarrollo” del Norte va a tener en gran medida como contrapartida el pillaje de los pueblos del Sur.

Este pillaje tiene lugar bajo un entramado de explotación/dominación al que Anibal Quijano denomina patrón de poder colonial o «colonialidad del poder»:5 «imposición de una clasificación racial/étnica de la población del mundo como piedra angular del patrón mundial de poder capitalista».6 Un principio organizador desde el que se naturaliza y se legitima el dominio eurocentrado del sistema-mundo,  a la vez que se da por sentada la inferioridad de los pueblos colonizados.

La colonialidad impregna los principales ámbitos de la existencia y juega un papel fundamental en la imposición de una dedicación subalterna para las poblaciones y los territorios del Sur: la de abastecedores de materias primas para alimentar las necesidades del crecimiento y la acumulación en las economías del Norte. Esta dedicación, lejos de ser elegida, o resultado del “libre” comercio, fue impuesta por la fuerza desde la conquista, a través de un crudo ejercicio de poder.

Los centros metropolitanos generaron así periferias,7  que vienen a ser espacios de saqueo y expolio, “zonas de sacrificio” que empiezan a existir para el aprovisionamiento de otros; territorios cuyas dinámicas económicas responden a la adaptación a necesidades ajenas. Áreas en las que los rasgos de sus economías se definen a partir de un estado de carencia que los coloca en un lugar atrasado de una escala única por la que hay que ascender.

Lejos de ser elegida, o resultado del “libre” comercio, la dedicación de los territorios  del Sur para alimentar las necesidades del crecimiento y la acumulación en las economías del Norte fue impuesta por la fuerza desde la conquista

Espacios  también de lo negado que existen por referencia a aquello que no son. Desde entonces, millones de personas «dejan de ser lo que eran, con toda su diversidad y se transforman, como por encanto, en la imagen invertida de la realidad de otros, una imagen que los desprecia y los envía al final de la cola, que define su identidad, la de una heterogénea y diversa mayoría, en los términos de una homogeneizante y estrecha minoría».8 Su pasado fue borrado y su historia posterior se distorsiona tratando de encajarla en la del modelo a seguir, al tiempo que se socavan las condiciones que sostienen sus sistemas de referencia, con la imposición de nuevas formas de percibir y de existir. Sus culturas, sus maneras de entender la vida y de vivir, pasan a ser, desde el paradigma dominante, un obstáculo que les impide salir de su desventajosa situación.

Desde este patrón de poder colonial, la imposición del modelo patriarcal europeizante sobre las poblaciones autóctonas alteró también de manera sustancial las anteriores relaciones de género. Entre otros efectos, la llegada de la jerarquía colonizador/colonizado, siendo los hombres interlocutores privilegiados en esta relación, aumentó la presión dentro del patriarcado previo, perdiendo peso las formas de intervención del espacio doméstico y de las mujeres sobre lo público y agrandándose la distancia opresiva. Estos procesos han dado lugar a situaciones específicas generadoras de identidades de género propias de las realidades del Sur.9

De modo que la colonialidad, como atropello, puede entenderse como el lado oscuro de la modernidad, la cara más cruda de la violencia y la irracionalidad: «nada menos racional que la pretensión de que la específica cosmovisión de un grupo particular sea impuesta como la racionalidad universal».10

Se pone así en marcha un modelo depredador en el que la riqueza apropiada por el Norte termina cristalizando en pobreza para las economías del Sur, alimentándose «la maldición de la abundancia».11  Un modelo que traduce la necesidad de expansión del sistema y el salto del metabolismo en las metrópolis industriales hacia un uso creciente de materiales y energía, fuertemente acelerado desde 195012 e intensificado aún más con la globalización.13 La extracción de materiales se ha cuadruplicado de 1970 a 2017, en un continuo proceso de “rematerialización” de la economía en términos absolutos, acentuada aún más desde principios del siglo XXI.14  Este nuevo impulso del extractivismo, asociado en parte a nuevas tecnologías y nuevos materiales demandados,15 se potencia desde una expansión del valor monetario de los activos financieros (financiarización), entre los cuales se incluyen también los propios recursos naturales, generándose así un incremento de la capacidad de compra sobre el mundo que arrastra el crecimiento del comercio y de los flujos físicos.16

La colonialidad, como atropello, puede entenderse como el lado oscuro de la modernidad, la cara más cruda de la violencia y la irracionalidad

La explotación a gran escala de la naturaleza se intensifica por todo el planeta y avanzan las fronteras extractivas sobre nuevos espacios, teniendo lugar esta “rematerialización” en paralelo a una creciente escisión o separación espacial entre extracción y procesos de acumulación de capitales, mercancías y poder, de la que es reflejo el sustancial decrecimiento del peso de Europa, América del Norte y Japón en el total extraído; de localizar cerca de la mitad (46%) de la extracción mundial de materiales y energía en 1970 esta zona del Norte global pasa a solo un 17,4% en 2017.17

El papel de las periferias18  como áreas de extracción y de vertido se acentúa desde el inicio del siglo XXI, con procesos de clara “reprimarización”19 de muchas de sus economías dentro de una nueva fase –“neoextractivismo”–,20 en la que se “conquistan” nuevos territorios antes considerados “improductivos”, adquiriendo la extracción nuevas dimensiones en la cantidad, la escala y el carácter depredador de los proyectos, en la agresividad de las tecnologías utilizadas, en los actores involucrados y en la magnitud de los conflictos y las resistencias.

La mayor dedicación de las economías periféricas a la exportación de materias primas supone el avance de grandes plataformas agroexportadoras,21 o la proliferación de megaproyectos mineros o petroleros, localizados en enclaves extractivos crecientemente desconectados del resto de las actividades locales, de modo que el crecimiento económico asociado al auge de estas actividades exportadoras, lejos de ser un vehículo para la convergencia como presupone la economía convencional, termina siendo un mecanismo de polarización económica y social que distancia estas economías de las economías centrales, pro- fundizando, dentro de un círculo vicioso, su especialización primaria, su dependencia –del capital global y de los “ciclos de acumulación”– y su marginación.22

Este avance del neoextractivismo se concreta en la apropiación de partes cada vez mayores del mundo natural y social que pasan a ser gobernadas desde la lógica del capital financiero por imperios corporativos y grandes fondos de inversión. Los bienes comunes terminan convertidos en activos “estratégicos”, en espacios de captación y predación de riqueza a gran escala en una versión nueva del antiguo patrón de apropiación colonial. Todo ello con nuevas lógicas de expulsión23 que afectan a partes esenciales de la biosfera, acaparadas y devastadas, y a pueblos y comunidades desplazados de sus espacios de vida y desposeídos de sus medios de subsistencia. Agudizándose en este contexto la violencia patriarcal y la vulnerabilidad de las mujeres.24

Nos encontramos así con nuevas formas de colonialismo en las que se profundizan los “cercamientos” y la usurpación de bienes comunes en una ofensiva extractivista con la que se extienden la violación de derechos, la violencia y las guerras por la apropiación y el control de los recursos25  de modo que, en esta etapa terminal del capitalismo, las relaciones centro-periferia vuelven, en gran medida y con renovadas formas, a la barbarie de sus orígenes.

El papel de las periferias como áreas de extracción y de vertido se acentúa desde el inicio del siglo XXI, con procesos de clara “reprimarización”  de muchas de sus economías dentro de una nueva fase en la que se “conquistan” nuevos territorios

Esta nueva fase, respaldada desde los Estados y las instituciones y organismos internacionales, ha encontrado una favorable acogida en los propios países periféricos, en los que las élites políticas han visto en este auge del extractivismo una vía de aproximación al “desarrollo”; en una visión que se comparte desde los gobiernos “progresistas” de “izquierda”, que cargados de fe en el “progreso”, en la linealidad de la historia y en el “avance de las fuerzas productivas”, en la práctica no cuestionan el lugar que ocupan sus países en la división internacional del trabajo ni la hegemonía del capital transnacional.26

Este “apego” al extractivismo no es ajeno, como viene subrayando José Manuel Naredo,27 al papel encubridor que juega la ideología económica dominante, en la que la metáfora de la producción y el objetivo de su crecimiento ocultan, tras el velo del reduccionismo monetario, los procesos de mera extracción y apropiación y los daños físicos y sociales a ellos asociados. Queda así en la oscuridad el carácter esencialmente extractivista de la modernidad y el capitalismo y su vinculación con la crisis civilizatoria que atraviesa nuestro tiempo y terminan soslayándose cuestiones tan obvias como la estrecha relación entre cambio climático (síntoma) y extractivismo (origen). Una vinculación que resalta la incongruencia entre “luchar contra el cambio climático” y seguir alimentando los extractivismos.

Esta parte de la ideología dominante encubridora del intercambio desigual es un reflejo de la dimensión epistémica de la colonialidad: la “colonialidad del saber” ejercida desde el Norte global, que pone en evidencia las dos caras del proceso colonizador: por una parte el privilegio epistémico que resulta de la imposición, desde el conocimiento particular generado en un espacio y en un tiempo concreto, de un conocimiento considerado universal, objetivo, neutral y superior, y por otra la inferioridad epistémica asociada a los conocimientos de los pueblos del Sur. “Extractivismo epistémico” para algunos.28 Una hegemonía cultural que refuerza y legitima la maquinaria económica y política, y que niega, invisibiliza y desprecia otras maneras de entender la vida y de vivir, otras culturas muchos de cuyos elementos resultan hoy claves para poder construir alternativas emancipatorias.

Nuevas periferias urbanas

En el ámbito urbano, las formas de apropiación y de expulsión se han expandido y diversificado hasta el paroxismo: nuevas fronteras de “extracción”29 urbana y expansión y modificación del carácter de las antiguas. Socialmente, se multiplican los excluidos, los desposeídos, en un contexto en el que, como señala Sassen30  «crecer económicamente significa empujar gente afuera»; «una especie de versión económica de limpieza étnica» que se dirime ahora a escala mundial y que se refleja claramente en el espacio urbano.

«Si se deja actuar libremente al capital, la ciudad se convierte en un lugar de depredación», así resumía su experiencia como alcalde de Bogotá (Colombia) Gustavo Petro después de gobernar entre 2012 y 2015 en representación del Movimiento Ciudadano Progresista.31

Entre las múltiples nuevas fronteras extractivas urbanas destaca la inducida por la especulación inmobiliaria a gran escala ligada a la financiarización de la economía. Sólo en el año 2013-2014 la compra corporativa de propiedades ya existentes superó, a escala mundial, los 600.000 millones de dólares en las 100 principales ciudades receptoras de inversiones, y 1 billón de dólares (aproximadamente el PIB del estado español) un año más tarde, y esta cifra incluye solo adquisiciones importantes (por encima de 5 millones de dólares).32

Estas inversiones, por otro lado, no incluyen los «nuevos  desarrollos urbanos», gigantescos megaproyectos o «compras corporativas de piezas enteras de ciudades»,33 que superan ampliamente la inversión mundial en los activos inmobiliarios anteriormente citados. El resultado de esta voracidad inversora ha sido, y está siendo, una crisis habitacional sin precedentes en la historia humana de la urbanización.

Como señala Vásquez Duplat en relación a la ciudad de Buenos Aires, entre 2001 y 2010 se construyeron 20 millones de metros cuadrados, de los cuales el 43% correspondió a vivienda de lujo y suntuosa; a pesar de que la población no crece desde hace 20 años, entre 2001 y 2014 el crecimiento poblacional de villas, asentamientos y núcleos habitacionales transitorios (hábitat precario) creció en un 156%; el incremento del precio del suelo fue de un 281% y el 20% del parque habitacional se encuentra deshabitado. Hay en la ciudad 150.000 viviendas vacías.34  Este es un escenario global. La crisis habitacional se ha convertido en un fenómeno que define a la ciudad actual. Los gobiernos siguen midiendo el éxito urbano en la guerra competitiva global a través del indicador «precio del m2 de suelo urbano»; mientras tanto, la ciudad mercancía multiplica a los desposeídos  por doquier: expulsados del campo primero (megaminería, acaparamiento de tierras, migrantes ambientales…) con el sueño de “la ciudad os hará libres”, para pasar a la pesadilla de ser excluidos también en la ciudad.

Otra nueva frontera extractiva urbana tiene que ver con el proceso de privatización de los espacios y servicios comunes y públicos, elementos que fueron esenciales para la reproducción social en el fordismo y que ahora se han puesto en manos del mercado: plazas, calles y espacios comunes convertidos en grandes terrazas privatizadas y en nuevos centros comerciales abiertos; eliminación de zonas verdes (p.e. conversión en aparcamientos); espacios de encuentro e interacción social transformados en verdaderos parques temáticos; nuevos espacios comerciales y de ocio, “artefactos de la globalización” que hacen el papel de las antiguas catedrales; privatización de la vivienda, el transporte y otros servicios urbanos.

Nuevas fronteras de extracción que están dando lugar a ciudades duales, elitistas, excluyentes y violentas, donde la población, origen de las economías de aglomeración, está siendo crecientemente privada del «derecho a la ciudad». Como en la película de F. Lang, Metrópolis (1927), los trabajadores-esclavos,  que mantienen en pie a la ciudad, no son visibles; viven en el subsuelo (periferia) y nunca salen a participar de las ventajas, lujos, comodidades y servicios que ofrece la ciudad.

Un ejemplo claro de esta dinámica son las nuevas ciudades logísticas. La intensificación de la extracción de materiales y energía vinculada a la globalización ha dado lugar, particularmente en los países del Sur global, al surgimiento de las llamadas ciudades logísticas: centros multimodales de transporte convertidos en nodos estratégicos de las nuevas cadenas de suministro globales. Como señala Arboleda35 refiriéndose a las ciudades del norte minero de Chile, «más que una aglomeración urbana, la ciudad [logística] se experimenta como un aparato mecánico autónomo que constantemente introduce los flujos de extracción –minerales, capital fijo, trabajo vivo– a un gigante sistema circulatorio […]. Los desbordantes sistemas sociotécnicos –sobrecogedores en su escala espacial, dinamismo operativo y sofisticación  tecnológica– que convergen en la ciudad yacen fuera de todo control humano. La sensación  es que un poder hostil, remoto y autónomo rige ahora la vida de la ciudad».

Mediante el papel encubridor que juega la ideología económica dominante, queda en la oscuridad el carácter esencialmente extractivista de la modernidad y el capitalismo y su vinculación con la crisis civilizatoria que atraviesa nuestro tiempo

Con la transformación logística de la ciudad, toda la vida social y natural de la misma queda subordinada a las necesidades de la cadena logística global: los trabajadores portuarios son expulsados como consecuencia  de la automatización, o precarizados con contratos de 8 horas, renovados normalmente cada día; la contaminación del aire y del agua afecta al medio ambiente y a la salud pública; la reorganización del espacio de la ciudad para dar prioridad absoluta a la actividad logística y sus imperativos –flujo, velocidad y conectividad– excluye otros usos y actividades tradicionales; los trabajadores pobres que sirven a la actividad logística terminan siendo expulsados de la ciudad y ubicados en periferias cada vez más lejanas. La cadena logística es crecientemente privatizada y militarizada. En este contexto de creciente precarización laboral y degradación social y ambiental, las protestas y revueltas se han hecho cada vez más comunes. Sin embargo, «atacar físicamente los flujos puestos en marcha por las cadenas globales de suministro equivale nada menos que a atacar el sistema político como un todo».36 Los habitantes de la ciudad logística se convierten de este modo en un peligro y una amenaza  para el “desarrollo” y la “gobernanza” de su propia ciudad.37 Crecimiento urbano y apropiación, desarrollo económico y exclusión se convierten así en las dos caras de una misma moneda en el proceso actual de urbanización global; un planeta urbano crecientemente dominado por “ciudades miseria”.38

Los gobiernos siguen midiendo  el éxito urbano en la guerra competitiva global a través del precio del m2 de suelo urbano; mientras tanto, la ciudad mercancía multiplica  a los desposeídos por doquier

El papel del Estado en todas estas nuevas formas de extractivismo ha sido central: ha renunciado a la planificación urbana,39  al control del mercado de alquileres y vivienda;40  no ha impedido e incluso ha promovido directamente los desalojos; se ha deshecho del patrimonio público con la excusa de financiar otras políticas “sociales” que luego no fueron tales o no se llevaron a cabo; ha promovido directamente el desarrollo de megaproyectos que handado lugar a espectaculares “pelotazos urbanísticos”;41 ha desarrollado costosísimas infraestructuras urbanas (metros, tranvías…)  convertidas a la postre en lucrativos activos financieros; ha alimentado la gentrificación en sentido amplio.42 El Estado se ha convertido en el principal promotor de la especulación  inmobiliaria y el extractivismo  urbano.43

Particularmente significativo en este sentido está siendo, desde hace ya varias décadas, el desarrollo por parte de países e instituciones financieras internacionales de masivos y colosales programas de desarrollo infraestructural sin precedentes, a escala global y cuyo objetivo es triple:

1) la integración económica entre áreas de extracción y consumo facilitando un flujo creciente de materiales, energía e información a escala mundial;

2) la creación de nuevos mercados financieros en el ámbito de las infraestructuras que permitan dar salida al exceso extraordinario de liquidez existente y al apetito voraz de los nuevos fondos de infraestructuras;44

3) aunque en menor medida, una salida a la crisis de sobreproducción, particularmente importante en el caso de China (sobrecapacidad  en el sector del acero, cemento, vidrio...). Ejemplos de esta dinámica serían la nueva Red Transeuropea de Transportes,  la Integración de la Infraestructura Regional Sudamericana  –IIRSA–,  el Programa para el Desarrollo de Infraestructura en África –PIDA–,  o el más significativo, «One belt, one road» del gobierno chino. La «Nueva Ruta de la Seda» del s. XXI conectará Europa, Oriente Próximo y África por vía terrestre y marítima, impactando de manera directa al 70% de la población mundial, el 55% del PIB global y el 75% de las reservas de energía conocidas, con un coste total de 21 billones de dólares (más de seis planes Marshall). Un paradigma del carácter colonial de las infraestructuras y elemento clave en la expansión de las fronteras extractivas y las nuevas periferias.45

Consideraciones finales

Las nuevas periferias traen también nuevas formas de resistencias,  de movilización y participación social que tienen una dimensión relevante en la defensa de los territorios como respuesta a las agresiones que llegan desde un sistema cuya reproducción y expansión tiene lugar, cada vez con mayor virulencia, a costa de destruir las condiciones en las que la vida se desenvuelve. También como rechazo a la creciente intolerancia y represión de la disidencia. En oposición al modelo imperial dominante46 y construidos desde abajo, emergen procesos, «espacios de comunidad y formas de sociabilidad; campos de experiencia colectiva que reivindican la producción y reproducción de lo común más allá del Estado y el mercado».47

Dentro de estas contestaciones cobran fuerza los movimientos urbanos y de comunidades y pueblos del Sur que tratan de repensar y construir el mundo desde las experiencias y las epistemologías de lo subalterno; desde la defensa de la diferencia cultural –pluriversalidad– como fuerza transformadora. Desde realidades donde la colonialidad del poder y sus efectos hacen más evidente la necesidad de socializarlo para hacer frente a los conflictos entre el capital y la vida, tejidos en los ámbitos del trabajo, el género, “la raza” y la naturaleza. Allí donde frente a las dependencias asociadas a su situación periférica, cobran mayor significación la autogestión y la autonomía.

En estos marcos de acción colectiva tienen un creciente protagonismo los movimientos feministas y, dentro de ellos, propuestas como las de “descolonizar el feminismo”48 que enfatizan la necesidad de contextualizar las formas que asumen las relaciones de género para escapar de la tentación universalista y reconocer los modos en los que los conflictos locales están insertos en procesos globales de dominación.

Todos estos movimientos comparten cada vez en mayor medida propuestas que conlle- van una gestión colectiva de los bienes comunes desde la igualdad y en beneficio del cui- dado de la vida. Formas de evitar al menos las peores perspectivas hacia las que nos llevan la modernidad y el capitalismo en su fase terminal. “Para evitar la barbarie”.49

Manuel Delgado y Carolina Márquez son profesores de Economía Aplicada de la Universidad de Sevilla

NOTAS:

1 I. Wallerstein, El moderno sistema mundial, vol. I, Ed. Siglo XXI, 1991.

2 F. Broswimmer, Ecocidio. Breve historia de la extinción en masa de las especies, Ed. Laetoli, 2005.

3 M. Zeuske, Esclavitud. Una historia de la humanidad, Ed. Katakrac, 2018, p. 127.

4 E. Williams, Capitalismo y esclavitud, Ed. Traficantes de Sueños, 2011 (1ª ed. en inglés: 1944).

5 Se utiliza el término colonialidad para expresar que el rasgo colonial del poder pervive más allá de la desaparición formal de las colonias.

6 A. Quijano, «Colonialidad del poder y clasificación social», en S. Castro y R. Grosfoguel (eds), El giro decolonial, Siglo del Hombre, Bogotá, 2007, p.93.

7 Esta dualidad fue interpretada desde el estructuralismo latinoamericano, liderado por Raúl Prebisch (CEPAL)  y por los «dependentistas» en términos de Centro y Periferia. Con algunas diferencias en cuanto   a  las posibles salidas para resolver la situación de las economías periféricas, compartieron como denominador común el reduccionismo monetario en su visión de lo económico, y el «desarrollismo» como necesidad de replicar el modelo del Centro en la Periferia.

8 G. Esteva,  «Development» en Wolfgang Sachs,  (ed). The Development Dictionary. A Guide to Knowledge as Power, Ed. Zed Books, Londres, 2000, p. 7.

9 R.L. Segato, «Género y colonialidad: en busca de claves de lectura de un vocablo estratégico descolonial», en K. Bidaseca, y V. Vázquez, (comps.) Feminismo y poscolonialidad, Ed. Godot, Buenos Aires, 2013; M. Galcerán Huguet, La bárbara Europa. Ed. Traficantes de sueños, Madrid, 2016.

10 A. Quijano, «Colonialidad y modernidad/racionalidad», en Perú Indígena, 13(29):11-20, p. 20.

11 A. Acosta, La maldición de la abundancia, Ed. Abya-Yala, Quito, 2009.

12 A. Shaffartzik, A. Mayer, S. Gingrich, N. Eisenmenger, C. Loy y F. Krausmann,  «The global metabolic transition: regional patterns and trends of global material flows, 1950-2010»,  Global Environmental Change, vol. 26, mayo de 2014, pp. 87-97, 2014.

13 J. Infante, «La desmaterialización de la economía mundial a debate. Consumo de recursos y crecimiento económico (1980-2008)», Revista de Economía Crítica, núm. 18, pp. 60-81, 2014.

14 Datos obtenidos en el portal digital Materialflows.net.

15 El incremento del precio de los productos primarios y el papel de las economías  “emergentes”,  sobre todo China han sido también factores significativos en esta reactivación del extractivismo.

16 O. Carpintero y J.M. Naredo, «Sobre financiarización y neoextractivismo», en Papeles de relaciones ecosociales y cambio global, núm. 143, 2018, pp. 97-108.

17 Materialflows.net

18 Fuera de esos tres espacios se incluyen las llamadas economías “emergentes” (fundamentalmente los BRICS), semiperiferias o subcentros con estrategias expansionistas relativamente autónomas, aunque en gran medida mantengan su condición periférica y subordinada con respecto  a los centros del capitalismo hegemónico. Puede  verse  A. Sotelo, «Subimperialismo y dependencia en la era neoliberal», Cuaderno CRH, vol. 31, núm. 84, 2018, pp 501-517. El caso de China es singular; como Japón, cuando tiene lugar su integración en la economía mundial nunca antes había tenido la condición de economía colonial o dependiente en el sentido del resto de las economías periféricas.

19 En un proceso de reorientación de los recursos hacia actividades de escaso valor añadido, con un aumento de la participación de las materias primas en el total exportado. A. Slipak, «¿De qué hablamos cuando hablamos de reprimarización?», Jornadas de Economía Crítica, Universidad de Cuyo, Mendoza (Argentina), 2013.

20 M. SvampaLas fronteras del neoextractivismo en América Latina, Universidad de Guadalajara/CALAS, Wetzlar (Alemania), 2019.

21 Del que puede ser un paradigma la plataforma agroexportadora de soja en Latinoamérica, cuya superficie se ha más que duplicado desde el año 2000 hasta superar en 2018 los 60 millones de hectáreas según los datos incluidos en FAOSTAT.

22 Es el círculo al que André Gunder Frank llamó «desarrollo del subdesarrollo».

23 S. Sassen, Expulsiones. Brutalidad y complejidad en la economía global, Ed. Katz, Buenos Aires, 2015.

24 M. Svampaop. cit.; E. Pineda y A. Moncada, «Violencias y resistencias de las mujeres racializadas en los contextos extractivistas mineros de América Latina», Revista Observatorio Latinoamericano y Caribeño, núm. 2. 2018.

25 M. Walter, «Extractivismo, violencia y poder», Papeles de relaciones ecosociales y cambio global, núm. 143, 2018, pp. 47-En el caso de África, puede verse O. Carpintero, I. Murray y J. Bellver, «The New Scramble for Africa: BRICS Strategies in a Multipolar World», Research in Political Economy, vol. 30B, 2016, pp. 191-226.

26 No sólo en la fase de auge de los precios de las materias primas se promovieron los proyectos extractivistas;  la caída de los precios de las materias primas llevó a los gobiernos a incrementar la puesta en marcha de estos proyectos. Véase M. Svampa, op. cit. y E. Gudynas, «Teología de los extractivismos», Tabula Rasa, núm. 24, 2016, pp.11-23.

27 En J.M. Naredo, La economía en evolución. Historia y perspectivas de las categorías básicas del pensamiento económico, Ed. Siglo XXI, 2015, o en J.M. Naredo, La taxonomía del lucro, Ed. Siglo XXI, 2018.

28 R. Grosfoguel,  «Del  extractivismo económico al  extractivismo epistémico y  ontológico», Revista  Internacional  de Comunicación y Desarrollo, núm. 4, pp. 33-55, 2015.

29 El concepto de «extractivismo urbano» es una «nueva metáfora que retoma la esencia de otros tipos de extractivismos ligados al ámbito natural [...] El extractivismo en las ciudades está vinculado con la apropiación de excedentes de capital que se dan en y a través del espacio urbano y cuya característica fundamental es que, en líneas generales, esos excedentes que se apropian privadamente (ligados a poderes concentrados) se producen de forma colectiva. Lo que se apropia en la ciudad –con la misma lógica predatoria que se ejerce sobre los recursos naturales– son las rentas que genera el espacio urbano», G. Granero Realini, «Extractivismo urbano: aportes desde el Derecho a la Ciudad», en A.M. Vásquez Duplat, op. cit., 2017, p.70.

30 S. Sassen, op. cit. 2015. p.92.

31 P. Petro, «La Bogotá humana: un modelo de ciudad para el s.XXI», en A.M. Vásquez Duplat (coord.), Extractivismo urbano, Ed. El colectivo, 2017, p. 157.

32 S. Sassen. «Who owns our cities and why this urban takeover should concern us all», The Guardian, 24 de noviembre de 2015.

33 Ibidem

34 A.M. Vásquez Duplat, op. cit., 2017. p.108.

35 M. Arboleda, «Extracción  en movimiento: circulación del capital, poder estatal y urbanización logística en el norte minero de Chile», Investigaciones Geográficas, 56, pp. 3-26, 2018, p.16.

36 Más que un hecho aislado, la represión policial se ha vuelto cada vez más común en los espacios de extracción latinoamericanos. M. Arboleda, op. cit., p.18.

37 “La actividad logística se vuelve inmune al control democrático local y es profundamente moldeada por formas de gobernanza centralizadas, autoritarias y crecientemente militarizadas” M. Arboleda, op. cit.

38 M. Davis, Planeta de ciudades miseria, Foca, Madrid, 2006.

39 Esto es, al desarrollo de un modelo global de ciudad en el que lo público, como en la etapa fordista, tenga un papel central, así como la legitimidad política y la redistribución, sin renunciar al objetivo prioritario del crecimiento. La nueva planificación urbana –estratégica– o no planificación concibe la ciudad como una mina cuyo desarrollo, a base de convenios urbanísticos, no necesita ser ordenado ni planificado con criterios políticos.

40 Se ignora la función social del suelo urbano y se sacraliza el derecho de propiedad sobre los derechos sociales.

41 Véase: J.M. Naredo, y F. Aguilera Klink, Economía, Poder y Megaproyectos, Fundación César Manrique, 2009, y M. Delgado y L. Del Moral, Los megaproyectos en Andalucía, relaciones de poder y apropiación de riqueza, Aconcagua, 2016.

42 Cualquier intervención que pretenda erradicar, acotar o relocalizar vecinos para darle al suelo urbano más valor.

43 A.M. Vásquez Duplat, op. cit.

44 Standard  & Poor´s,  Out  of  the  shadows:  the  rise  of  alternative  financing  in  infrastructure, 2013,  disponible en:

https://www.theglobaltreasurer.com/2013/02/18/out-of-the-shadows-the-rise-of-alternative-financing-in-infrastructure/.

45 C. Márquez, «La IIRSA (Integración de la Infraestructura Regional Sudamericana) y los nuevos procesos de integración regional: ¿desarrollo autónomo o reprimarización de las economías del sur de América Latina?», ponencia en el congreso internacional El extractivismo en América Latina, Universidad de Sevilla, 2017.

46 Santiago Álvarez Cantalapiedra  utiliza el concepto de modo de vida imperial, un estilo de vida y unos patrones de producción, distribución y consumo, en «Extractivismos, modo de vida imperial y violencia», Papeles de relaciones ecosociales y cambio social, núm. 143, 2018, pp. 5-11.

47 M Svampa op.cit., pp. 57.

48 E. Suárez y R. Aída (eds.), Descolonizando el feminismo. Teorías y Prácticas desde los márgenes, Ed. Cátedra, 2008. Véase también M. Galcerán Huguet, op. cit., 2016.

49 J. Riechmann, A. Matarán y Ó. Carpintero (coords.), Para evitar la barbarie. Trayectorias de transición ecosocial y de colap- so, Ed. Universidad de Granada, 2018

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Extractivismo, megaproyectos y violencia

  • Cuándo: 21 de noviembre 2019, 18: 30 h
  • Dónde: Espacio Abierto FUHEM. Avda de Portugal, 79, posterior. 28011 Madrid
  • Evento en Facebook

A pesar del mito de la desmaterialización de la economía, la extracción de bienes naturales —incluyendo los recursos energéticos— está en alza desde finales del pasado y principios de este siglo.

Esto de debe al fuerte incremento de la demanda en países centrales y emergentes. Compañias transnacionales, mayoritariamente privadas, son los principales agentes en esta cadena que termina en los países postindustriales.

La extracción actual reúne varios rasgos singulares que la diferencian de la realizada en el pasado, y que la caracterizan como “extractivismo”. Entre estas características figura el volumen e intensidad de la extracción, con enormes impactos socioecológicos; escaso o nulo procesamiento en el lugar de origen, y su destino es principalmente la exportación a los mercados globales.

Esta situación refuerza una división internacional del trabajo con graves desequilibrios entre unos territorios donde se expolian sus riquezas naturales y otros donde se procesan y se consumen los bienes, reforzando el planteamiendo enormemente desigual entre territorios centrales y territorios periféricos, ya sea dentro de un país o a escala internacional.

Para dar a conocer y analizar estas cuestiones, FUHEM Ecosocial organiza el próximo 21 de noviembre a las 18.30 horas un acto que bajo el título Extractivismo, megaproyectos y violencia recibirá la visita de dos activistas procedentes de México, que afrontan en primera persona los impactos del extractivismo energético y la presión que ejercen las transnacionales en sus territorios. Acompañarán a nuestras invitadas una fila cero formada por destacados investigadores y pensadores  que plantearán cuestiones clave en torno al extractivismo, sus implicaciones, los vínculos con la actual crisis climática y posibles rutas de respuestas alternativas.

Para ello contaremos con la presencia de:

Fila cero con la participación de:

  • Jorge Riechmann. Profesor de Filosofía Moral de la UAM.
  • Alberto Matarán. Profesor de Urbanística y Ordenación del Territorio, de la Universidad de Granada.
  • Adrián Almazán. Doctor en Filosofía y miembro del Grupo de Reflexión Autónomo La Torna.
  • Modera la mesa: Nuria del Viso. Investigadora de FUHEM Ecosocial.

Recuerda: 

  • Fecha: 21 de noviembre 2019
  • Hora: 18.30
  • Lugar: Espacio Abierto FUHEM. Avda de Portugal, 79, posterior. 28011 Madrid. Metro Puerta del Ángel.

Diálogo sobre la España rural vaciada y degradada

Panel de seis expertas y expertos reflexiona sobre la España rural vaciada y degradada. Diálogo  entre  Elisa Oteros-Rozas,  Luis Camarero, Virginia Hernández, Sergio del Molino, Lucía López Marco y Valentín  Cabero

Monica Di Donato

Los desequilibrios territoriales  en el Estado español entre grandes ciudades, por un lado, y el mundo rural y pequeñas capitales de provincia por otro ha adquirido notoriedad como problema de primer orden solo recientemente, aunque el problema viene de atrás. Se constata la alarmante despoblación de zonas del interior y el “olvido” de amplias franjas del territorio en servicios básicos y en una estructuración económica viable. En esta conversación coral entre seis de las principales  voces en este asunto se examinan algunas de las cuestiones más relevantes, como la dicotomía rural-urbano que sostiene la segregación, el disfuncional metabolismo de las grandes urbes y posibles medidas para revertir estos procesos.

Monica Di Donato (MDD): Recientemente,  el  debate  sobre las problemáticas inherentes al mundo rural se ha vuelto de actualidad. Fenómenos como despoblación,    “España  vacía” vs “España vaciada”, desarraigo, “España a dos velocidades”, segregación territorial, subordinación de “lo rural” a “lo urbano”, etc. son temas presentes en muchas de las reflexiones que circulan. Empezaremos el debate intentando esbozar cuáles son, desde tu punto de vista, las dimensiones o elementos a los que indudablemente apuntarías para entender la complejidad del fenómeno que nos ocupa.

Elisa Oteros-Rozas (EO):  Efectivamente, si bien la despoblación en España es un proceso que dura ya más de medio siglo, el desequilibrio territorial ha cobrado especial atención social y mediática en los últimos meses, fundamentalmente por las citas electorales. En mi opinión habría que considerar al menos cuatro dimensiones, altamente relacionadas entre sí, tanto por los factores impulsores del abandono rural, como por sus consecuencias.

En primer lugar hay una dimensión económica del fenómeno, en la que el proceso de industrialización de la economía española y la Revolución Verde juegan un papel fundamental. Desde una economía sustentada fundamentalmente en mercados locales, regionales y en parte estatales, se da una transición hacia la incorporación a la economía de mercado globalizado que tenemos hoy en día. La agricultura y la ganadería pasan de ser el “sector primario”, mayoritariamente orientado a la alimentación de personas, a ser el eslabón débil de un sistema agroalimentario complejo, globalizado, altamente financiarizado y, sobre todo, industrializado y orientado a la acumulación de capitales en manos de oligopolios de la agroindustria, las biotecnologías y las farmacéuticas. La mecanización y la incorporación de insumos agroquímicos, sobre todo desde los años cincuenta, generó efectos encadenados hasta nuestros días: por ejemplo, el rápido aumento de la producción agraria a raíz de su intensificación dio lugar a la necesidad de encontrar nuevos mercados que la absorbieran, y por ello España se ha convertido en el mayor productor europeo, y uno de los principales del mundo, de piensos y de ganadería industrial.

La dimensión económica está estrechamente ligada a una importante dimensión ecológica. Los cambios de usos del suelo, y las consiguientes transformaciones de los ciclos biogeoquímicos (del fósforo, el nitrógeno y el carbono) y pérdida masiva de biodiversidad, son el factor más importante del cambio  ambiental  global.

En  España  ha sido la misma industrialización del campo que impulsó el abandono rural, la mayor contribuyente a la contaminación de suelos y aguas por nitratos de regadíos fertilizados químicamente. Sin embargo, hay un debate abierto ahora mismo sobre la supuesta ventana de oportunidad que abre el despoblamiento para renaturalizar o resilvestrar (rewilding, en inglés) ecosistemas con escaso uso humano, es decir para recuperar la biodiversidad silvestre al desarrollarse los ecosistemas hacia estados ecológicamente más maduros. Se trata de un debate internacional que en su aplicación al contexto ibérico resulta controvertida por el valor de la agrobiodiversidad que se ve sustituida, por el peligro de incendios y la consiguiente erosión del suelo así como por otros argumentos, también sociopolíticos.

De hecho, en tercer lugar, hay una dimensión política en las causas y consecuencias del vaciamiento de España rural, que tampoco es original de nuestro territorio. Hace ya tiempo que se descubrió que concentrar la población en núcleos urbanos tiene grandes beneficios para el capitalismo. El control social, por ejemplo, es mucho más fácil de ejercer sobre poblaciones concentradas que dispersas. Del mismo modo, para el control del territorio y los recursos naturales es mejor no tener población local que oponga resistencia. Siguiendo con el ejemplo de la ganadería industrial, no es casualidad que las zonas donde más se está expandiendo, sean las más despobladas de España. Igual que está sucediendo con la reapertura de minas o el desarrollo de nuevos proyectos de mega-minería: si nadie habita el territorio y tiene en él su forma de vida y sustento, nadie lo defiende, dejando vía libre para el desarrollismo insostenible. Por otro lado, el modelo de desarrollo asociado al consumismo es más fácil de alimentar en poblaciones concentradas: no en balde China lleva la última década concentrando su población en nuevas ciudades de gran tamaño (en comparación con las dimensiones europeas).

Por último, desde el punto de vista cultural, el despoblamiento rural ahonda la brecha de las dicotomías estereotípicas urbano-rural, cultura-naturaleza y centro-periferia que, al igual que otras como norte- sur u hombres-mujeres, apuntalan también el capitalismo y el heteropatriarcado dominantes. En la crisis global que vivimos, la de valores es de las más olvidadas, pero sin duda clave. Uno de sus mimbres es el descrédito y ninguneo de los saberes y valores campesinos y rurales, de comunidad y cooperación, que aunque perpetuaron la vida durante milenios, se sitúan cada vez más en posición de subalternidad frente a “la modernidad”, el individualismo y “el desarrollo”.

 

Luis Camarero (LC): Ciertamente cuando hablamos de la desigualdad rural respecto a las ciudades no hay nada nuevo, el aspecto novedoso es que ahora abordamos y buscamos comprender esta cuestión desde el desequilibrio territorial. Hemos cambiado la visión sobre viejos problemas y los hemos incorporado a la agenda. Hasta ahora las diferencias urbano-rurales las explicábamos a partir de diferencias de desarrollo, lo hacíamos exclusivamente en términos económicos. Utilizábamos de forma continua la noción de atraso –lag– respecto al avance modernizador. Ahora, una vez agotado el proceso de modernización, el debate de las diferencias urbano rurales se centra en términos de ciudadanía. La crisis –denominada genéricamente 2009, y así vulgarizarla como inevitable– ha tenido un fuerte impacto sobre nuestras sociedades. Pero sobre todo, el impacto se ha debido a que ha cambiado nuestra perspectiva sobre la realidad social. La acumulación de contradicciones se ha hecho patente en un periodo de fuerte reducción de actividades y de fondos públicos, y así hemos observado de forma conjunta el efecto continuado que los procesos de interdependencia y mundialización económica, la transformación de los regímenes de acumulación, y el profundo cambio demográfico de nuestras sociedades tienen sobre nuestras vidas, pero también, dentro del contexto de explosión de movilidades, tienen sobre el territorio.

El cambio rural, que podemos aprehender como transición rural, es el conjunto de tres grandes tendencias. La primera, la transformación de los regímenes alimentarios, la industrialización de la producción alimentaria y el establecimiento de cadenas globales soportadas por una división regional del trabajo. Esta transformación se resume diciendo que la agricultura ha dado la espalda al campo y en consecuencia las áreas rurales han variado sus formas económicas y diversificado sus actividades. La segunda es la transición demográfica. Caminamos hacia una sociedad fuertemente envejecida. En las áreas rurales donde la emigración es más acusada y la caída de la fecundidad aún mayor se produce un intenso  desequilibrio  generacional.  Aumentan los cuidados, y las economías de cuidados, en el contexto de una sociedad que gestiona los mismos sobre el soporte familiar, cobran mayor importancia y condicionan sobremanera el desarrollo de las vidas cotidianas de los grupos de edad intermedios – trabajadores, cuidadores y gestores a la vez. En tercer lugar, la movilidad. El desarrollo de sistemas de movilidad, especialmente de automovilidad, ha permitido mejorar la comunicación y configurar las distancias de formas diferentes, pero a costa de aumentar las desigualdades de acceso.

La plasmación de este conjunto de transformaciones sobre nuestro modelo de hábitat y el efecto de fuertes desequilibrios que imponen no solo de concentración urbana, sino también de la propia sostenibilidad social de las áreas rurales es lo que nos ha dado pie a cambiar la vieja pregunta de las oportunidades de desarrollo a la de ¿somos iguales, allá donde residamos?

Dicho de otra forma, ¿realmente tenemos capacidad para ocupar el territorio en función de nuestras expectativas vitales?

 

Virginia Hernández (VH): En España vivimos una terrible crisis territorial que se fundamenta en que el interior peninsular se vacía mientras que la mayoría de población se amontona en muy pocos espacios que empiezan a ser invivibles. Pero no debemos perder de vista que esta despoblación no es exclusiva del medio rural, sino que afecta también a los municipios más grandes y a las cabeceras de comarca. Por eso es importante tener en cuenta que nuestros pueblos se despueblan porque la gente se va a las ciudades, pero también porque al espacio geográfico que ocupan no se le ha garantizado el futuro y la estabilidad.

En este sentido, y siguiendo con la idea de crisis territorial, es evidente que a nivel estatal se apostó por el desarrollo de las grandes capitales, las industrias del norte y el turismo de costa, pero se dejó de lado esa inmensa parte del Estado que se dedicaba, fundamentalmente, al sector primario, y al que se le negó su desarrollo y modernización.

Tras el vaciamiento de ese interior peninsular, la economía de mercado, elemento fundamental e imprescindible para analizar este fenómeno, muestra su cara más cruda y la no intervención del Estado provoca la desaparición precipitada del tejido económico existente, que alimenta a su vez a la propia despoblación.

En clave capitalista también, se ignora desde la administración el deber de cubrir los derechos fundamentales de todas las personas y se produce el desmantelamiento de los servicios públicos en el medio rural argumentado por su alto coste económico.

Tampoco habría que olvidar que el actual modelo de propiedad de la tierra, el modelo de cultivo y trabajo y la propia PAC, cuyas ayudas han acabado beneficiando el desarrollo de las ciudades, es otro elemento fundamental para entender la despoblación de un inmenso territorio que tradicionalmente se dedicaba a la agricultura y la ganadería.

Por último, es imprescindible añadir que culturalmente se ha provocado el abandono de los pueblos y se ha favorecido la buena imagen de la vida en los entornos urbanos asociándolos a la imagen  de  éxito que como país se pretende proyectar.

 

Sergio del Molino (SdM): Se trata de un fenómeno que desborda con mucho cualquier perspectiva localista o incluso nacional. La hiperurbanización es inherente al capitalismo financiero y globalizado, que se une a procesos históricos que, en Europa, comenzaron en el siglo XVIII. Esto no quiere decir que tenga que entenderse la despoblación como una especie de desastre natural. Al contrario: es el resultado de decisiones políticas muy conscientes. Claro que el campo se ha vaciado. El Estado ha llegado a recurrir a la violencia para ello, y no solo durante el franquismo, porque las élites que lo regían consideraban que la ruina de la economía agraria tradicional era una conditio sine qua non para apuntalar el progreso de los sectores secundario y terciario. Desde el siglo XIX ha habido planes perfectamente documentados para favorecer el éxodo campesino y propiciar el crecimiento de las ciudades, pero las circunstancias internacionales han influido también tanto, y hacen que el proceso sea prácticamente irreversible y escape a cualquier acción política. Resumiendo mucho: no puede concebirse un campo sin una economía agraria que funcione y permita a los pequeños propietarios explotar sin ahogos sus tierras y ganados.

El único desarrollo rural que puede garantizar la pervivencia de las comunidades políticas del campo es el agrario: una economía terciaria no es capaz de sostener comunidades pequeñas y dispersas. ¿Cuándo y cómo dejó de ser rentable la agricultura europea, si los europeos son grandes consumidores de alimentos y habitan un continente próspero? Cuando las políticas librecambistas dejaron de protegerles frente a la competencia de las economías en desarrollo, que inundan los mercados agrícolas con precios muy bajos.

No es la única causa: la especulación en el mercado de futuros y la ausencia de una legislación adaptada a las necesidades de los pequeños productores han contribuido mucho a hundirlo todo. La única solución creíble pasa por una revolución en los modos de producir y consumir alimentos, esa es la clave de bóveda.

 

Lucía López Marco (LL): Sin duda, la despoblación rural es el mayor problema al que se enfrenta España, y uno de los mayores problemas que tiene que afrontar Europa. Cuando perdemos población en un territorio, se pierde el patrimonio cultural, el paisaje, la historia, etc. Nuestras tradiciones están vinculadas al medio rural, pero no solo eso, también nuestra alimentación, y nuestros paisajes. El año pasado se celebró el centenario de los dos primeros parques nacionales de España: Picos de Europa y Ordesa. Estos parques nacionales tienen este reconocimiento porque las personas  que  viven en esas zonas llevan siglos dando forma a esos paisajes con sus actividades agrosilvopastorales, sin embargo, ahora, las personas de zonas urbanas que van a hacer turismo a estos parques nacionales se olvidan de que hay personas que viven allí todo el año, que cuidan de esos paisajes, y de esa cultura, nuestra cultura, nuestros paisajes. Hay una canción de La Ronda de Boltaña que se titula “Una huella en la nieve” y que define muy bien este fenómeno:

¿Qué verán?, si no te ven cuando te miran,
si al mirarte sólo ven una postal;
no la tierra donde un pueblo
y sus fantasmas,
abrazados plantan cara al temporal.

 

Valentín Cabero (VC): Si contemplamos las pancartas de la manifestación contra la despoblación del 31 de marzo de 2019, podemos comprender la complejidad de la situación a la que hemos llegado en las relaciones campo-ciudad, si es posible hablar aún en estos términos, y abordar los desastres territoriales, sociales, económicos y ambientales que hemos trasladado al mundo rural desde la ciudad. Por encima de todas las reivindicaciones presentes y visibles en aquellos momentos (servicios básicos educativos, sanitarios, de transporte y comunicación, abandono y olvido político, pérdida de derechos, falta de inversiones...) se levantaban con rabia las voces de la resistencia rural frente a las ruinas demográficas y la demolición social,  o la lucha por la defensa de la dignidad y de la igualdad en las condiciones de vida de miles de pueblos y aldeas del interior maltratado y despoblado.

Son tantos los vacíos dejados y los desgarros sociales y culturales que somos incapaces de encontrar respuestas.

En los últimos años asistimos a distintas miradas sobre el mundo rural y con ellas, afortunadamente, se ha logrado actualizar el debate sobre su futuro. Los discursos sobre la ruralidad nos muestran perspectivas diferentes y complementarias: la cara conservacionista relacionada con los paisajes naturales, la dimensión emprendedora e innovadora preocupada por nuevas alternativas como el turismo, o la matriz endógena y agroganadera vinculada al aprovechamiento histórico de los recursos renovables.  Algunas formas de acercamiento están llenas de afectos y de compromisos solidarios, otras cargadas de cifras y porcentajes, algunas plenas de imágenes, y no faltan las aproximaciones con afanes regeneracionistas. Entrar en las interpretaciones más o menos acertadas, más o menos pegadas a las realidades geográficas, nos permite ahondar, en cualquier caso, en la complejidad y diversidad de las situaciones. Muchas de las miradas son externas al propio medio, realizadas desde la ciudad y desde compromisos más bien coyunturales, efímeros o mediáticos, alejadas de los problemas cotidianos que se viven en nuestros pueblos y aldeas.  Parece que existe una mala conciencia personal y colectiva por los pecados mortales cometidos en las pasadas décadas de emigración y despoblación, de desarraigo brutal, de desprecio, de maltrato y de incuria con el patrimonio rural, con sus paisajes culturales y sobre todo con sus habitantes.

La dimensión territorial del fenómeno nos preocupa particularmente. Aunque la identidad rural de la Península Ibérica alcanza al 80 % de su territorio, aproximadamente, la población activa en el sector primario no suma ya el 5 %, lo que ha supuesto un cambio radical en el control de los usos del suelo y en las formas de los aprovechamientos agroganaderos. Y es aquí, en estos territorios vacíos, donde encontramos los paisajes naturales y culturales más representativos y amables, a pesar de los estragos y tropelías cometidas. También, no sería necesario recordarlo, los recursos estratégicos y bienes comunes en los que descansan nuestra supervivencia colectiva, nuestra soberanía alimentaria y nuestro futuro común.

 

MDD: ¿Dónde sitúas el punto cero, si es que existe algo así, de este fenómeno? ¿Cuáles fueron los elementos que determinaron la fractura de lo urbano y lo rural, cómo se construyó/fomentó, en el ideario colectivo, la narrativa según la cual la dimensión urbana es sinónimo de progreso, de moderno, etc., en contraposición a un mundo rural caricaturizado como retrógrado, anclado en el pasado y fuertemente conservador?

EO: Creo que es importante  reconocer que la dicotomía rural-urbano no deja de ser un constructo social difícil de aterrizar en el territorio: ¿cómo se define lo rural/urbano? ¿por el tamaño de la población que habita el núcleo poblado? ¿por la superficie que ocupa? ¿por la estructura de su sistema económico? ¿o la de su demografía? ¿por su contexto geográfico? ¿por la idiosincrasia mayoritaria de la población? ¿por su sentimiento de pertenencia? Todas las posibles respuestas entrañan dificultades, sobre todas hay debate. Por ello hay quienes en determinado contexto, preferimos hablar de un  continuum  rural-urbano,  un  gradiente. Sin embargo, creo que a lo largo de la historia sí ha habido una tensión entre esos dos polos culturales, geopolíticos y económicos, y no creo que haya un “punto cero”.

Dicho esto, creo que sí hay claros puntos de inflexión en el proceso de profundización de la brecha cultural entre “lo rural” y “lo urbano” en España. En mi opinión los cambios que más han ahondado en esta brecha en España durante el pasado siglo, han sido las políticas territoriales del franquismo, de cuya mano llegó la implantación de la Revolución Verde desde los años cincuenta, y la entrada de España en la UE y la Política Agrícola Común (PAC) desde mediados  de  los  ochenta.  En el primer caso, no se trata de un cambio territorial ni temporalmente homogéneo ni drástico, sino de una serie de diferentes políticas territoriales. Estas se orientaron, por un lado, a la industrialización de la economía española, mayoritariamente concentrada en las ciudades. Por otro lado, la planificación territorial tenía como objetivo el suministro de los recursos naturales requeridos por esa industria  (como la plantación de pinares para la producción de carbón, o la minería) y para una población crecientemente concentrada en las ciudades (como la obra hidráulica para el abastecimiento de agua y energía).

Estas políticas conllevaron importantes migraciones internas en forma de fuerza de trabajo para las plantaciones forestales, la minería y construcción de infraestructuras como los embalses, pero también para las fábricas y el desarrollo urbanístico necesario para acoger a la creciente población obrera.

Asimismo, a través de los Servicios de Extensión Agraria, se implantaron prácticas agronómicas y nuevas tecnologías agrarias (fundamentalmente fertilizantes, biocidas y maquinaria pesada)  importadas  de  la Revolución Verde. Una agricultura más mecanizada requería concentración parcelaria y menos mano de obra. El progreso era la industrialización, la mecanización, vivir en un piso con baño y, más tarde, con agua corriente, televisor, teléfono… servicios que no llegaron al mundo rural hasta años más tarde.

En 1986 España entra en la Comunidad Europea (más tarde UE), cuya política agrícola es uno de los pilares fundamentales, tanto interna como externamente. La PAC ya había sufrido varias reformas y en los años noventa se caracterizó, entre otras cosas, por el impulso de la diversificación de la economía rural para desincentivar la producción agraria y aliviar las tensiones políticas por el comercio internacional: algunos terrenos prácticamente se abandonaron y el resto se intensificó aún más para reducir costes y poder competir en el mercado globalizado. El resultado fue aún más despoblamiento y terciarización de la economía rural. Las siguientes reformas de la PAC, junto a otras políticas europeas, han ahondado en la brecha cultural campo-ciudad al impulsar un modelo de ruralidad al servicio de una ciudadanía deseosa de disfrute del “campo” y la “naturaleza”, subsidiando la hostelería y la patrimonialización de la cultura y los ecosistemas.

 

LC: La diferencia rural-urbana es eterna, pero no por ello idéntica. Ha girado a lo largo de la historia y cambiado de sentido en cada lugar. Por ejemplo, ciudades como La Habana se construyeron sobre terrenos insalubres, plagados de mosquitos y enfermedades endémicas. Ha habido momentos en la historia en que la mortalidad urbana era enorme y las condiciones de vida citadina poco atractivas. La Edad Media, o la era de la Industrialización han supuesto momentos negros para la vida urbana. En 1539 Antonio de Guevara publicaba Menosprecio de corte y alabanza de aldea, un referente con cinco siglos del moderno idilio rural.

La diferencia rural-urbana es una construcción social, de la misma forma que el género es también una construcción social.

Haber nacido hombre o mujer no nos predispone a ciertos comportamientos como, por ejemplo, llevar el pelo largo o corto, falda o pantalón. De la misma forma haber nacido o vivir en el campo o en la ciudad no nos  predispone  a  ser  ni  más  listos,  ni menos inteligentes, ni más creativos, ni más sensibles o más afables ni cerrados. El carácter rural o urbano son atribuciones de sentido social, como lo es ser masculino o femenino. Sentidos que en el caso de la distinción rural-urbana cambian con el tiempo.

Es cierto que en el caso del género la diferencia se utiliza como mecanismo de dominación y también en ciertos momentos la diferencia rural urbana se ha utilizado con el mismo propósito. Sin embargo, el giro cultural, propio de la crisis de la modernidad y que proporciona la explosión postmoderna de identidades viene diluyendo algunas categorías –por ejemplo, emergen identidades sexuales híbridas– y resignificando otras como es, en el contexto de alta movilidad, el caso de las ideas de campo y ciudad. Del garrulo que expresaba el cine del landismo y que habitualmente protagonizaba el paleto aragonés, ahora nos encontramos con prototipos antagónicos como el Sr. Cayo de Delibes habitante de un territorio esencial y prístino con identidad propia.

Pero hoy la diferencia rural urbana se ha convertido sobre todo en una diferenciación de consumo. Pensemos, por ejemplo, en el turismo rural, que se soporta y reproduce el imaginario de una vida perdida, o en la proliferación de denominaciones de origen que incorporan identidades territoriales a productos que así adquieren valor frente a producciones indiferenciadas. El idilio rural resignifica la vida de muchas regiones. Buen ejemplo es la Toscana como epítome de la vida tranquila y saludable, aunque como nos recuerda Saviano en Gomorra, concentre talleres clandestinos dedicados al textil con mano de obra inmigrante esclavizada. Frente a la realidad triunfa la representación y así el largometraje Un verano en la Toscana ha servido de instrumento de difusión de la “ciudad lenta” y de la dieta de proximidad-gourmet. La experiencia rural se reproduce en distintos productos artesanos y también en la propia atracción de residencia en entornos exclusivos, solo basta mirar los anuncios de las inmobiliarias. Rural y urbano han variado desde la diferencia en la carrera por el desarrollo hasta convertirse en distinciones de consumo.

 

VH: El punto cero se sitúa en las revoluciones industriales, ese momento en que las fábricas necesitan mano de obra y, por una parte, la gente que vivía miserablemente en el campo se ve obligada a emigrar en busca de oportunidades, pero por otra, tiene también que marcharse del campo la gente que progresivamente se iba quedando sin trabajo debido a la mecanización del campo que cada vez necesitaba menos mano de obra.

Desde entonces no cesó la emigración del campo a las ciudades e incluso a otros países.

Momento clave, no obstante, fue el del desarrollismo franquista, cuyo objetivo de industrializar  determinados  polos  aceleró, de manera definitiva, el éxodo rural; de hecho, si analizamos los padrones de los municipios rurales entre los años sesenta y ochenta encontramos un descenso de población que en muchos casos supone más de la mitad del censo.

Sin embargo, no deja de ser curioso que mientras esto sucedía, el franquismo se trabajaba la imagen de la España rural como el frasco de las esencias de la España más pura. Aunque bien podía ser esta la manera de intentar tapar el evidente maltrato del franquismo al medio rural; no en balde, aun hoy en día, si una se da una vuelta por los pueblos (y por las ciudades) podríamos decir que no le salió mal.

Y es que el franquismo no solo expulsó a la gente de los pueblos para que fueran la mano de obra barata de las industrias en las ciudades, si no que expulsó a la gente de los pueblos para construir esos pantanos que muchos aún creen elementos imprescindibles para el desarrollo de este país (la mayoría de las personas cuando hablan de este país, habla del superpoblado, el otro no existe), y también podría resultar interesante analizar la ubicación geográfica de, por ejemplo, las centrales nucleares en España.

No obstante, la asociación de lo urbano al progreso y lo moderno en contraposición con lo rural hunde sus raíces en tiempos más lejanos. Los centros de influencia, las élites, siempre se han reunido en las ciudades y si algún aspecto positivo tenía el campo era, precisamente, la retirada espiritual y el descanso. Sin embargo, han pasado ya unos cuantos siglos desde que Fray Luis de León escribió su Oda a la vida retirada, actualmente tenemos capacidad para garantizar derechos, infraestructura y desarrollo a cualquier territorio, tenemos posibilidad de que los pequeños municipios puedan tener capacidad sobrada para garantizar el acceso al conocimiento, al saber, a la cultura, al trabajo intelectual, incluso al poder… Pero a nivel estatal se sigue fomentando culturalmente esa asociación. Los medios de comunicación siguen alimentando esa imagen. Las élites culturales, salvo honrosas excepciones, se han dedicado a describir el medio rural como un lugar oscuro, turbio, siniestro… ¡Pero claro! ¡Escribían del medio rural los de fuera del medio rural, y eran los de fuera del medio rural quienes lo consumían!

Se sigue dando por hecho y no se cuestiona la preeminencia de las ciudades sobre los pueblos. E incluso, a día de hoy, en pleno siglo XXI, la gente de los pueblos asume como natural ese ser habitante de segunda.

 

SdM:  Esa  dicotomía es consustancial a toda civilización y sus orígenes se pueden rastrear hasta en la Biblia, donde las ciudades se representan como focos de pecado y corrupción, frente a una sociedad de pastores y agricultores que nunca se aleja de Dios. Es una dialéctica arraigadísima en todas las culturas que en Europa se empezó a radicalizar a partir del siglo XIII, cuando florecen los burgos. Siempre se expresa en dos direcciones: de la ciudad al campo y del campo a la ciudad. En la primera, los campesinos son los elementos atrasados y reaccionarios, un lastre que hay que combatir o soltar. En la segunda, la ciudad representa el delirio y la corrupción, la desnaturalización del ser humano, la expresión de su lado más depredador. Tras la revolución industrial, el relato del desprecio al campesino aplasta al contrario, y todo lo que tiene que ver con el campo se mancha de un desprestigio social enorme que facilita y a veces fomenta el éxodo a las ciudades: muchas veces, son los propios campesinos quienes reniegan de sus rasgos culturales y de su herencia, avergonzados de su forma de hablar y de comportarse. La cultura urbana internacional, cada vez más plana, cada vez más homogénea, se impone como único relato admisible en las sociedades democráticas porque las democracias parlamentarias inventan sus liturgias precisamente en un momento en el que las ciudades se están haciendo con el imaginario hegemónico de los países.

 

LL: Creo que el punto cero podría situarse en la industrialización (finales del XIX, principios del XX). Sin duda este momento fue un punto clave principalmente en dos aspectos: por un lado porque cambió el sistema de trabajo tal y como estaba entendido hasta entonces y supuso que muchas familias decidieran abandonar el medio rural para trabajar en la industria en núcleos urbanos de tamaño grande y mediano, y por otro porque la industrialización llevó al desarrollo de máquinas que luego sustituyeron el trabajo humano en el campo y que llevaron a que no se necesitara tanta mano de obra en las actividades agrarias.

Creo  que  también  la  industrialización fue un elemento clave en esa fractura urbano-rural, ya que es a partir de ese momento cuando más se van separando ambos “mundos” y se empieza a ver a la gente que se queda en el medio rural como a quienes no han podido irse a trabajar a la ciudad o a municipios de mayor tamaño.

 

VC: Más que un punto de partida específico para la explicación del desguace rural al que hemos llegado, tendríamos que reconstruir los procesos que nos ha llevado desde la autarquía ruralista franquista a la situación actual. Quizás tengamos un símbolo que marca para muchos lugares el punto cero; la llegada del primer tractor a muchas comarcas a mediados de los años cincuenta del siglo pasado, y sobre todo,  en los años sesenta, supuso un cambio sustancial en las relaciones de trabajo con la tierra y la liberalización de miles de jornaleros de las miserias del latifundio y de pequeños campesinos de las pobrezas del minifundio. Comenzaba el discurso del progreso y de la modernización bajo los parámetros de los Planes de Desarrollo y la polarización del crecimiento urbano. Literariamente quedan bien reflejadas las circunstancias y los imaginarios colectivos en las obras de Miguel Delibes, pues nos dejó narraciones memorables de aquellos mundos abocados al éxodo rural, tanto  del minifundio austero y de subsistencia (Viejas historias de Castilla la Vieja, 1960; Las ratas, 1962…) como del latifundio ingrato,  caciquil y paternalista (Los santos inocentes, 1981); en su discurso de ingreso en la Real Academia Española, publicado con el título Un mundo que agoniza (1975), nos resume con sabiduría los problemas derivados de la modernización y del éxodo sin alternativas razonables para el mundo rural; luego, en el El disputado voto del  Sr. Cayo  (1978), en plena transición democrática, nos enfrenta con humor doloroso e ironía a la despiadada despoblación y envejecimiento de nuestra vida rural.

Todos los datos (los siete millones de emigrantes del éxodo rural, el crecimiento natural negativo, los estrangulamientos en las cohortes de edad,…), nos llevan  a una reflexión triste y lamentable sobre las circunstancias vividas: los procesos de concentración demográfica, económica y del poder político en algunas capitales es escandaloso y humillante para el mundo campesino, agrario y pastoril.

La polarización centrípeta y succionadora sobre las gentes y recursos próximos y lejanos supone una tragedia demográfica y social colectiva para los territorios de montaña o más desvalidos y del interior.

 

MDD: Por primera vez en la historia, la ciudad y, más aún, su modelo, domina y se impone sobre la organización social y espacial de nuestra especie: es donde, en ese sentido, se concentra el poder, la riqueza, se toman las decisiones y donde se concentra preferentemente la población. Las estadísticas apuntan a que esta tendencia se consolida. Lo urbano parece predominante, parece que vive de espaldas a un mundo rural cada vez más alejado. A lo rural se lo caricaturiza, se lo desprecia o, al contrario, se lo considera desde un punto de vista romántico, idealizándolo. En cualquiera de los casos, nos olvidamos que el modelo ciudad está en una fase completamente disfuncional a nivel físico, que es un modelo metabólicamente inviable, tal y como están diseñadas ahora las ciudades (estructuras muy complejas, con una fuerte dependencia energética, muy terciarizadas, etc).

Nos olvidamos de que el modelo ciudad depende del metabolismo rural para alimentar su población, al igual que, por ejemplo, se ignora que la economía depende completamente de la naturaleza para poder funcionar. Hay muchos argumentos para pensar que este crecimiento exponencial de energía y recursos que ha acompañado y acompaña a la urbanidad moderna colapsará en las próximas décadas. ¿La disyuntiva está entre salvar el espacio urbano moderno de la degeneración capitalista o “volver todos al campo”, y con qué consecuencias? ¿Cabe alguna posibilidad diferente a las de éxodo o rescate? ¿Cuál será el actor social que, desde tu perspectiva, puede jugar un rol fundamental en ese sentido?

EO: Como decía, desde la ciudad se conceptualiza y trata a lo rural como “alteridad” al servicio de las necesidades –alimentarias, culturales, de salud y ocio– de la ciudadanía, un paisaje bucólico de postal, donde relajarse, respirar aire limpio y contemplar la naturaleza, pero solo en vacaciones. Sin embargo, a la vez, las ciudades son cada vez más disfuncionales ecológica y socialmente, por lo que, entre la creciente insalubridad y el ascenso continuo del precio de la vida, cada vez más personas buscan una vía de salida. Así, las zonas periurbanas o pseudorurales de muchas ciudades europeas y españolas se están colmatando de un nuevo tipo de habitantes que trabaja en la ciudad, que es donde hay empleo más estable y mejor remunerado, pero que se desplaza diariamente para ir a dormir “al pueblo”, donde el fin de semana disfruta de deportes y actividades “de campo”. Cada vez más gente joven no quiere criar a sus hijas en el asfalto, entre coches, y vuelve “al rural”. Pero, ¿qué rural? De nuevo, ¿dónde ponemos la frontera? ¿Cómo se dibuja ese ecotono, ese continuum socio-ecológico rural-urbano?

Además, estos movimientos en zonas cercanas a ciudades como Madrid, Barcelona o Sevilla, no tienen nada que ver con una regresión de la tendencia de vaciamiento de la España rural de la que hablamos, la de las Castillas y la Siberia ibérica. A la España vaciada que no tiene estas ciudades a la mano, no se vuelve tan fácilmente porque faltan servicios sociales, infraestructuras, comunicaciones, empleo, saberes tradicionales, acceso a la tierra para emprender en el agro y en muchas ocasiones, incluso acceso a vivienda aunque el pueblo esté vacío. La vuelta al campo no es fácil para nadie: ni para los que llegan, ni para los que se quedaron. Los primeros a menudo traen expectativas y necesidades alejadas de la realidad de la vida rural, los segundos sienten amenazada su forma de forma de vida, sus valores e incluso su tierra.

Pero en el contexto actual de colapso socioecológico sistémico, de crisis ambiental y social de las ciudades, y de un mundo rural secuestrado por el capitalismo agrario y la espectacularización, solo queda el reequilibrio territorial. Frente al cambio global y la imperiosa necesidad de decrecer en nuestro consumo de recursos y ritmo de vida, en España la revitalización del mundo rural es imprescindible. Pero un mundo rural de nuevo vivo no se conseguirá solo con las hijas y nietas de los pueblos. Aunque todas quisieran volver, que no es el caso, harán falta muchas más personas “neorurales” y cambios culturales y políticos profundos.

Hará falta innovar en las maneras de vivir y convivir, recuperar –urgentemente– saberes locales/tradicionales agroalimentarios y de gestión del territorio, respetar los ritmos de adaptación de cada cual y mucha generosidad.

Será imprescindible debatir y quizás replantear muchas cosas como el papel de las (nuevas) tecnologías y la soberanía sobre ellas, el reparto de la tierra y la gestión de territorio para garantizar el funcionamiento adecuado de los ecosistemas que sustentan la nuestra y todas las vidas (incluyendo los problemáticos depredadores). Es urgente redescubrir y reivindicar lo común y redimensionar la economía a escala humana poniendo la vida en el centro.

Para ello, si tengo que elegir una sola pieza clave del puzzle, no lo dudaría: las mujeres. Ellas están siendo en muchos casos motores de cambio e innovación en el mundo rural, ejemplo de apertura de miras y preocupación de cara al futuro, puente entre diferentes generaciones y pobladores, entre nuevas tecnologías y saberes ancestrales. Ellas se fueron de los pueblos en mayor proporción que sus coetáneos, pero también mantuvieron el contacto y legaron la memoria de los pueblos. Ellas, aún sin relación previa con el pueblo, se están instalando y reorganizando su vida allí. Ellas no se han rendido.

 

LC: El cambio y las transformaciones sociales no son lineales. No hay un origen. De forma más alegórica podríamos pensar en ciclos. Es cierto que si miramos alrededor podemos pensar que si todo sigue igual “Megalópolis” fagocitará cualquier otra forma de vida, y que la vida megalopolitana nos convertirá en ciudadanos alienados como hemos leído en el 1984 orwelliano o visto en Metrópolis de Fritz Lang. Pero también, mientras pensamos así, podemos ver síntomas de cambio y de transformación. Bilbao, Gijón o Vigo llegaron a ser lugares grises, dominados por un modelo taylorista de vida y por una calidad ambiental dudosa.

Hoy son entornos irreconocibles, la calidad de vida ha mejorado, son lugares inesperadamente amables para la vida. Benidorm, que tiene una concentración de rascacielos por metro cuadrado que iguala a Manhattan, fundamenta, como decía Mario Gaviria, un modelo de residencialidad sostenible. Si nos situamos en el contexto real de una población totalmente envejecida, Benidorm, frente a la dispersión turística privada del litoral, representa una ciudad de recreo muy accesible. El ascensor es el medio de transporte que hace que muchos ancianos, que no podrían conducir, ni pagar sistemas de transporte privado, puedan hacer una vida instantánea, sin distancias en un centro cosmopolita al lado del mar. Pero también las ciudades monstruosas como Portland, en Oregón, vienen cambiando e inaugurando nuevas formas de ciudad-jardín, con experiencias destacables de agroecología comunitaria. Sobre el vacío que deja una industria en declive florecen huertos urbanos y espacios para la utopía. Sí, es cierto, las metrópolis de México o Brasil, Manila o Douala son lugares contaminados, caóticos, peligrosos, donde la vida resulta compleja. Pero estas ciudades como muchas megalópolis son refugio para sus habitantes, se nutren de población que huye de lugares en los que el respeto a los derechos humanos es débil y las formas de vida económica pueden llegar a ser cuasiesclavistas. La ciudad sigue siendo también espacio de libertad. El lema “El aire de la ciudad os hará libres”, pertenece al fuero alemán medieval y sancionaba el hecho de que los campesinos una vez en el burgo se liberaban de la servidumbre feudal.

Hoy, en ciertos lugares del planeta la ciudad sigue permitiendo escapar de zonas de conflicto, de grupos armados, de organizaciones mafiosas… El problema real, como siempre, son las desigualdades sociales, a veces ni siquiera se puede volver al campo.

 

VH: No sé si la solución acabará siendo que volvamos todos al pueblo, pero probablemente sí tengamos que hacerlo unos cuantos: las ciudades no son capaces de soportar tanta gente; el territorio, sin embargo, necesita gente que lo soporte.

Habría que plantearse, llegado el caso de que todos tuviéramos que volver al pueblo, si tendríamos que hacerlo a todos los pueblos. Porque no podemos perder de vista que muchos de ellos crecieron también a la sombra de otras industrias que se desarrollaron con anterioridad; por ejemplo, ¿podemos garantizar y tendría sentido que aquellos municipios muy poblados hace años debido a la industria minera volvieran a estarlo?

No podemos pensar en la ciudad y los pueblos como cosas independientes, sino como elementos de organización territorial y administrativa que deben estar en equilibrio para garantizar la buena vida de las personas que habiten el territorio global.

La degeneración capitalista que mata al espacio urbano es la misma que vacía nuestros pueblos, por lo que no es difícil concluir que este es el núcleo irradiador del mal e ir a la raíz de este problema es, inevitablemente, abordar de manera radical la desaparición del capitalismo.

Sin duda, esta cuestión se revela como un ejercicio harto complicado porque de lo que estamos hablando, en esencia, es de que debemos asumir que nuestro modelo actual de vida no es posible y, es más que probable, que este cambio radical de relacionarnos con nuestro entorno nos conduzca a más que serias tensiones sociales.

Siempre he creído que aquellas personas que están ya volviendo a vivir al pueblo tendrán un papel más que relevante en ese proceso de equilibrio entre los territorios, puesto que pueden servir de nexo conector entre dos realidades; no en balde, es probable que su ejemplo pueda ser la luz que guíe a quienes poco a poco vayan apostando por otra forma de vivir. Pero más allá de esto, creo que si se les permitiera, las administraciones locales podrían liderar un proceso de reestructuración del Estado en primera persona que sería fundamental, y, también, las organizaciones ecologistas o con valores ecologistas, que han demostrado en los últimos años que son, probablemente, las más conscientes de que vivimos un problema cuyas consecuencias no son solo demográficas, sino que son fundamentales para la supervivencia de nuestra especie y el planeta.

 

SdM: No tengo tan claro que el colapso sea tan evidente como lo pintan algunos. Pese a su caos, se ha demostrado que las ciudades son organismos complejos que se adaptan muy bien a los cambios. La tendencia que aprecio es la de la construcción de nuevas fortalezas, una reedición de las urbes amuralladas medievales. En Occidente, un mercado inmobiliario desregulado y sometido al poder inmenso de los flujos financieros está expulsando a los habitantes del centro de las ciudades,  mediante  el  encarecimiento  del precio de la vivienda. El centro de París y de Londres es inasequible para la mayoría de la población, y pronto lo será también el de Madrid y Barcelona.

En los centros, despojados de vecinos y de la red comercial tradicional –sustituida por franquicias internacionales que especulan con las propiedades inmobiliarias–, solo quedarán millonarios y las sedes de las grandes empresas a las que los trabajadores tendrán que desplazarse desde muy lejos todos los días.

Es un sistema desquiciante e insostenible, claro que lo es, pero como no deja de funcionar, no hay razón para pensar en un colapso, salvo que suceda un cataclismo ajeno a él (aunque inducido por él), como un desastre climático o el agotamiento del petróleo (circunstancia, esta última, que parece que las grandes empresas ya están preparadas para soslayar).

 

LL: Creo que efectivamente este sistema, llamémoslo, “pro-urbano” colapsará más pronto de lo que nos imaginamos, porque el cambio climático ya no tiene marcha atrás y eso se reflejará también en una fuerte disminución en la producción agraria y por lo tanto, de la disponibilidad de alimento, y además las principales fuentes de energía empleadas actualmente en nuestro país son finitas y no se están buscando alternativas.

No me cabe duda de que la solución es volver al medio rural, y vivir de la forma más autosuficiente posible.

Sin embargo, cuando se produzca la “vuelta al campo forzada” por la crisis climática y energética, no todo el mundo podrá hacerlo, y, lo más grave, es que habremos perdido muchos (casi todos) los conocimientos tradicionales ligados a la tierra.

Desde un punto de vista menos catastrofista, creo que cada vez hay más gente que  decide  voluntariamente  instalarse  en un pueblo, y, en este aspecto, los medios de comunicación y el sector educativo juegan un papel fundamental a la hora de ayudar a cambiar la percepción que la sociedad tiene sobre la gente que vive en los pueblos y favorecer así que más gente se instale en zonas rurales y que más empresas apuesten por estos territorios, instalando en ellos sus sedes o simplemente facilitando el tele-trabajo.

 

VC: Hasta hace poco tiempo, el proceso de concentración urbana en España parecía imparable, pero los síntomas y los datos reales nos señalan que son muchas las capitales de provincia que han entrado en un proceso de retroceso demográfico y de parálisis o atonía económica. También son numerosos los ejemplos de pequeñas ciudades y cabeceras de comarca que se han detenido o retrocedido en sus procesos de crecimiento y concentración demográfica y económica. Y la larga crisis que aún vivimos ha trastocado, no con la fuerza y cordura suficientes, los modelos de vida urbana y las relaciones entre el medio rural y urbano.

Sigue predominando una superioridad de la ciudad y un dumping urbano sobre el medio rural, manteniéndose algunos estereotipos históricos que se reproducen en la actualidad y que enlazan el comportamiento de sus habitantes con el atraso o el espíritu político conservador;

sin embargo, al mismo tiempo, nos encontramos con respuestas sociales y urbanas que ven en el campo, en los distintos medios rurales y en la naturaleza, las auténticas y verdaderas alternativas a las formas de vida de la ciudad. De algún modo, estamos asistiendo aún al desprecio y visión negativa, a la vez que a una exaltación de las virtudes y valores auténticos ligados al medio rural.

Ante el dumping social, económico y medioambiental de las grandes corporaciones  y agroindustrias, las respuestas deben estar protagonizadas por los municipios rurales y  por los colectivos y organizaciones agrarias más pegadas al territorio y comprometidas con las agriculturas y ganaderías familiares. Ahora bien, en las relaciones de nuestras ciudades con los medios rurales existen varios millones de personas y familias que mantienen sus lazos vitales y casas en los pueblos de origen o de residencia temporal  –población vinculada se les denomina en la nueva terminología estadística–, concentrando su presencia en los pueblos en los momentos festivos o en la estación estival. Cuando están a punto de romperse los vínculos con las segundas y terceras generaciones de estos antiguos emigrantes, es necesario reforzar las relaciones y compromisos de los oriundos con sus pueblos y con los residentes habituales y empadronados, resistiendo así con mayor fuerza los golpes de la despoblación, del abandono, o la pérdida definitiva de los bienes comunes. La población vinculada debería convertirse en un actor clave entre la ciudad y el mundo rural.

 

MDD: Fiscalidad diferenciada para los territorios despoblados (por ejemplo, reducción del IRPF), facilidad en el acceso a la vivienda, creación de un ministerio para el desarrollo rural, etc., pero también proyectos de macrogranjas e intereses de grandes fondos de inversión. Parece que existen muchas recetas, aparentemente contrapuestas, para realizar un gran cambio económico, y así intentar “salvar” estas zonas vaciadas y vacías de la España rural. ¿Es posible, desde tu punto de vista, intentar invertir este fenómeno complejo planificándolo desde el despacho de una ciudad, como muchas de las decisiones que se toman con respecto al mundo rural, al margen de su gente, su historia, sus tiempos? Y, si tuvieses la posibilidad de hacer ese cambio, ¿por dónde empezarías y cómo cambiarías la narrativa?

EO: Evidentemente, los despachos de las ciudades han demostrado una incapacidad absoluta de abordar adecuadamente los retos que enfrenta la sociedad hoy, así que no creo que debamos confiar en ellos tampoco en relación al despoblamiento rural. Además, creo que cambiar las narrativas es importante, pero no suficiente: deben cambiar los valores que subyacen a las narrativas. Y eso es lento, pero posible.

Las políticas públicas podrían ser una herramienta útil para apoyar la transición que necesitamos –y en ocasiones lo están siendo–, pero también es cierto que vivimos un momento políticamente crítico, de enorme desconfianza e incertidumbre institucional continua, en el que los medios de comunicación y las nuevas tecnologías, como las redes sociales, han conquistado cada rincón y juegan un papel fundamental en la construcción de narrativas. Así que no creo que podamos confiar tampoco solo en los espacios institucionales formales.

La sociedad, con toda su diversidad, debe tomar conciencia de la urgente necesidad de cambios radicales en la manera de vivir y organizarnos, en primer lugar para volver a encajar en los límites biofísicos del planeta.

Eso pasa por cambiar significativamente el modelo mayoritario de consumo y gestión de los recursos, desde la economía ecológica y de los comunes, y transmitir a las nuevas generaciones, en casa y en la escuela, que la única manera posible de habitar la tierra, es respetando sus ritmos. En segundo lugar, es imprescindible poner la vida, su cuidado y reproducción, en el centro de nuestras relaciones, sociales y con los ecosistemas, es decir, incorporar la perspectiva (eco)feminista a la gestión social. Esto implica, entre otras cosas, transformar el sistema agroalimentario al modelo agroecológico en base a los principios de la soberanía alimentaria, reorganizando el acceso a la tierra para quien quiera producir alimentos de forma ambientalmente sostenible y socialmente justa. En tercer lugar, desmontar importantes relaciones de poder inherentes al sistema capitalista y devolver la soberanía –no solo la alimentaria, sino también la energética, la tecnológica y la política– al ámbito local. Para todo ello hacen falta consciencia, responsabilidad, muchas cabezas pensantes y buena voluntad: la participación y el diálogo social, la cogeneración de conocimiento y la integración de distintos tipos de saberes (locales, tradicionales, técnicos, científicos,…) son la base del cambio que necesitamos.

Además la dicotomía urbano-rural, como otras, se está viendo exacerbada por el odio hacia “el otro” (el “ecolojeta”, el “ganaduros”, la “feminazi”, los “catetos”, los animalistas,…) y la posverdad que campan a sus anchas por las redes sociales y los medios de comunicación de masas, engordando las sacas de votos de las “nuevas” oleadas fascistas. Contra eso, necesitamos también soberanía de la comunicación, con medios como este, que contribuyan a desmontar mitos y compartir espacios de reflexión crítica y propositiva.

 

LC: Me temo que el mundo no se puede dirigir desde un despacho. El despoblamiento es solo un síntoma de fenómenos sociales de muy largo recorrido. Más allá de las utopías solo podemos hacer frente a las distopías sobre las que caminamos a partir de políticas públicas. Políticas que tienen efectos limitados y que no son factibles en bastantes lugares del planeta. Los modelos de desarrollo son articulaciones complejas, marañas entrelazadas de intereses y grupos de actores de lugares diversos con capacidades muy desiguales. En este contexto, y asumiendo ámbitos de intervención muy concretos –léase el estado-nación– nuestra forma de equilibrar el territorio solo tiene dos líneas de actuación. La primera es sobre la población, la segunda sobre la comunicación.

Sobre la población deberemos pensar no tanto en traer –el extraño término repoblación que solo ha existido en boca de imperios y de dictaduras–, sino en considerar en primer lugar a la población que reside. Difícilmente encontraremos nuevos pobladores cuando los pocos que hay hoy siguen yéndose. Difícilmente vendrán niños en un contexto de fecundidad reducida –las políticas natalistas también han venido asociadas a sueños imperiales–. De hecho, estamos observando que precisamente quienes quieren tener niños se van antes de las áreas rurales. En primer lugar, debemos atender a los desequilibrios demográficos. Las áreas rurales están fuertemente masculinizadas. Este dato nos advierte de la dificultad, de la hostilidad que el medio –social– supone para ciertos grupos, sobre las formas en que los territorios embeben las desigualdades. Pero nos alerta también de la falta de atractivo y del condicionamiento que los desequilibrios suponen para el futuro.

Un territorio desigual en términos de género: ¿que proyectos de vida puede albergar?

En términos de generaciones la situación también nos remite a grandes desigualdades: muchos ancianos en un territorio con apenas niños y con un grupo que llamamos generación soporte –trabajan, cuidan mayores, tienen niños, gestionan la comunidad…–. Hemos explicado una y otra vez el mundo desde la producción económica y en ese empeño las desigualdades estuvieron reducidas a las diferencias de renta. Pero hay otras desigualdades sobre las que navegamos, las de género o las que produce la “economía de cuidados”. Estas desigualdades se amplifican en las áreas rurales. Esta constatación produce pistas importantes de cara al diseño de políticas y programas de intervención que mejoren sustantivamente el efecto de las desigualdades en áreas rurales.

Pero hay otra segunda estrategia que suele olvidarse. En el mundo actual no somos ni rurales, ni urbanos. Somos rurales y urbanos a la vez. Las áreas rurales solo funcionan sobre su conexión con centros urbanos, y a su vez nuestro modelo urbano solo funciona por la existencia de amplios territorios rurales. Favorecer la interconexión no supone ni mucho menos la asimilación cultural, sino la hibridación. Que podamos estar entre el campo y la ciudad es la única forma de desarrollar territorios equilibrados y en los que podamos dirigir nuestras propias vidas. Antes las carreteras eran instrumento de despoblación, ahora la conexión es crucial. Buena parte de los residentes rurales trabajan en áreas rurales, muchos de los servicios rurales se prestan desde áreas urbanas, buena parte de la España vacía está a rebosar en la Virgen de Agosto. La movilidad permite tejer el territorio. Acá quedan nuevas pistas.

 

VH: Aquí hay una cuestión clave: parece que en los últimos años hemos conseguido trasladar a la opinión pública la importancia de la despoblación en nuestro país, sin embargo, no hemos conseguido que seamos los afectados quienes seamos protagonistas del trabajo que hay que hacer para revertir la situación.

Es imprescindible que se dé a la administración local capacidad de trabajar en primera persona en sus municipios. Es imprescindible que quienes mejor conocen el territorio tengan voz y también capacidad de decisión. Y es imprescindible que exista una legislación que contemple el hecho diferencial de los pueblos más pequeños, con un régimen jurídico dimensionado y una gestión administrativa que debe tener en cuenta su tamaño y peculiaridades, al igual que ocurre en el otro extremo de la dimensión territorial con la Ley de Grandes Ciudades. Necesitamos adecuar la Ley reguladora de las Bases del Régimen Local a los pequeños municipios para definir con claridad las medidas a aplicar y el marco competencial, para desarrollar las mismas y dotarlas presupuestariamente. Y ni que decir tiene derogar la Ley 27/2013, de 27 de diciembre, de Racionalización y Sostenibilidad de la Administración Local.

En suma, simplificar administrativa, burocrática y legislativamente, con el fin de facilitar el desarrollo de proyectos e iniciativas públicas o privadas que contribuyan a la reactivación del medio rural para que los ayuntamientos podamos enfrentar este problema de cara y no depender de macro administraciones que no son conocedores de nuestra realidad.

Todo esto, claro, presuponiendo que exista un interés real en revertir el proceso de despoblación.

 

SdM: Claro que no. De hecho, las soluciones generales no funcionan nunca porque cada comunidad, pese a que sufre un fenómeno global, tiene una historia y un problema local. Solo mediante la atención a cada comunidad, con planes concretos a largo plazo y posibilidades realistas de inversión pública y privada, pueden dar esperanza a muchas comarcas a punto de extinguirse.

 

LL: No, creo que es imposible cambiar esta situación desde los despachos y sin pisar el terreno, y también considero que es un problema intentar buscar soluciones globales para todos los territorios, cuando cada lugar tiene unas características diferentes. La solución está en la gente de los territorios, en darles facilidades. Creo que es muy importante y necesario que se den beneficios fiscales, por ejemplo en municipios de menos de 500 habitantes, y también ayudas a familias con hijos en edad escolar que apuesten por vivir en estos territorios, que son ayudas que deberían incentivarse a nivel estatal/autonómico, pero las iniciativas que fijan población, al final, se desarrollan desde los municipios por las personas que habitan en ellos. Creo que habría que empezar por replicar iniciativas como los que se han recogido en la base de datos del proyecto de investigación europeo SIMRA (Innovación Social en Áreas Rurales Marginales). Hay muchas iniciativas que se pueden desarrollar: agrarias, forestales, educativas… que no solo fijan población, sino que también atraen a nuevos pobladores.

Creo que para cambiar la narrativa, hay que comenzar dando voz a la gente de los territorios, visibilizando sus trabajos, y potenciando la creación de redes y alianzas en el medio rural.

Y sobre todo, consultarles y tener en cuenta sus opiniones.

 

VC: Durante las pasadas décadas, también a lo largo de todo el período democrático, el discurso urbano y de la modernización ha sido tan dominante en la toma de decisiones que ahora resulta muy difícil abordar con inteligencia colectiva el futuro del mundo rural. Además, algunas de las políticas tecnocráticas y económicas de la UE y de la PAC han contribuido a liquidar las agriculturas familiares mejor adaptadas a las condiciones ecológicas de la península Ibérica, y con ello se ha perdido la capacidad de lucha realmente sostenible sobre las mudanzas ambientales y climáticas.

Necesitamos repensar con coraje el territorio y las relaciones con el medio rural. Durante décadas, al olvido del mundo rural se ha sumado con frecuencia el desprecio, coreando procesos de modernización por unos poderes y por otros, que finalmente han rebasado todos los límites y han arrasado completamente con la memoria colectiva y de los lugares, con los valores concejiles de solidaridad, o con el patrimonio cultural y con los bienes comunes.

Junto al olvido, también, el silencio más vergonzoso sobre mujeres y hombres que trabajan amorosamente la tierra y nos proporcionan alimentos de calidad o labran paisajes humanos bien integrados en la naturaleza.

Y ahora, nos enfrentamos de nuevo a una fragmentación dolorosa, bajo signos e incertidumbres de desigualdad y destrucción llenos de desasosiego (estructuras demográficas completamente rotas, sustitución generacional imposible, soberanías alimentarias asoladas, agriculturas y ganaderías históricas derruidas, derechos humanos y servicios básicos destrozados o recortados, calidad democrática deteriorada, amenazas medioambientales y de cambio climático por doquier…). Los desgarrones y heridas son tantas, que las resistencias heroicas frente al capitalismo agrarista, financiero y tecnológico más especulativo, que se ha adueñado de nuestros recursos naturales, bien merecen una narrativa positiva y nuestro reconocimiento.

Desde la perspectiva de la planificación, ordenación del territorio o de las políticas públicas, las decisiones han sido muy contradictorias, y aunque los discursos tecnocráticos están llenos de palabras retóricas como la sostenibilidad y la resiliencia, no han sabido integrar con verdadera conciencia y compromiso cívico al mundo rural, a sus gentes, a sus paisajes y a su patrimonio natural y cultural en la conciencia urbana. Precisamente cuando más protección administrativa se ha ejercido sobre nuestros paisajes naturales y culturales, ya sin campesinos y ganaderos muchos de ellos.

Mientras la Ley de Agricultura de Montaña (1982) intentaba detener los males derivados del abandono y despoblación, o la Ley 45/2007 para el Desarrollo Sostenible del Medio Rural, bien concebida y debatida, pero nunca aplicada, buscaba paliar las consecuencias de la política agraria comunitaria y de los desequilibrios internos del país con un enfoque muy territorial, comarcal e integral, la Ley del Suelo de 1998, abría el camino a la especulación urbana más nefasta con la idea y posibilidad de convertir el territorio en un gran bazar inmobiliario, y más tarde, la Ley de Racionalización y Sostenibilidad de la Administración Local (LRSAL) o Ley Montoro, 2013, ponía el acento en la concentración en los núcleos urbanos de más de 20.000 habitantes de los beneficios de los servicios y de sus efectos multiplicadores, buscando con ello la desaparición de los pequeños municipios y juntas vecinales.

Los pequeños municipios se encuentran con frecuencia desvalidos ante la burocracia y los poderes centralizados en la ciudad. Varios hechos contribuyen a la subordinación rural.

Son muchos los alcaldes que no viven habitualmente en los pueblos a los que representan y los utilizan como palancas del poder, sin verdadero compromiso con los habitantes del lugar. Y ante el rechazo local de las nuevas formas capitalistas de superproducción ganadera como las macrogranjas y de sus graves impactos ambientales no encuentran el apoyo equitativo, ni la sensibilidad necesaria, por parte de las administraciones   provinciales y regionales.

Algo se está removiendo, no obstante, tras la movilización de un gran número de municipios frente a la Ley Montoro (“Este pueblo no se vende”), y tras la “revuelta” rural de 2019  ante la despoblación y el abandono. Asociaciones, fundaciones, sindicatos, colectivos de acción solidaria vinculadas al mundo rural ya no se callan, y con llamadas a los oriundos y residentes fuera –la población vinculada– les piden la aportación de nuevas energías y la toma de conciencia del grave problema de la despoblación y la salvación de los pueblos. Posiblemente, el relato o la narrativa sobre el mundo rural estén cambiando. ¡Ojalá!

Elisa  Otero-Rozas es  investigadora postdoctoral en  la  Cátedra de Agroecología y Sistemas Alimentarios de la Universidad de Vic; Luis Camarero es sociólogo y catedrático del Departamento de Teoría, Metodología y Cambio Social de la UNED; Virginia  Hernández es filóloga y alcaldesa San Pelayo (Valladolid), Sergio Del Molino es periodista, autor de La España vacía (Turner, 2016), Lucia López es veterinaria y experta en desarrollo rural y ganadería extensiva, autora del blog mallata.com; Valentín  Cabero es catedrático de Geografía de la USAL ( jubilado) y miembro del Centro de Estudios Ibéricos (Guarda, Portugal).

Monica Di Donato es miembro  de FUHEM Ecosocial


Entrevista a Michael T. Klare

Entrevista a Michael T. Klare

 

«La combinación  de sequía extrema,  escasez de agua, inseguridad alimentaria  y desempleo rural agravarán las tensiones étnicas y estimularán las migraciones masivas»

José Bellver y Nuria del Viso

Experto en relaciones internacionales e influyente analista en temas de seguridad y geopolítica de los recursos naturales, Michael T. Klare dirige el Five College Program in Peace and World Security Studies con sede en el Hampshire College en Amherst, Massachussets. Klare es autor de numerosos libros, entre los que cabe destacar Resource Wars: the new landscape of global conflict (Owl, 2001), Rising powers, shrinking planet: the new geopolitics of energy (Metropolitan, 2008) o The race for what’s left: the global scramble for the world’s last resources (Metropolitan, 2012).

José Bellver y Nuria del Viso (JB y NV): En su libro Resource  Wars (2001) hablaba usted de la creciente presión sobre el suministro de recursos naturales que llevará a que nos enfrentemos, en el tiempo de nuestras vidas o la de nuestros hijos, a la posibilidad de una grave escasez de algunos recursos. ¿Cuál es su valoración al respecto,  una  vez  pasadas  casi dos décadas? ¿De qué recursos estamos hablando?

Michael T. Klare (MK): Cuando escribí Resource Wars en 2001, lo que más me preocupaba era la posibilidad del agotamiento del petróleo. Por aquel entonces, parecía que la demanda global de petróleo seguiría aumentando indefinidamente a medida que las nuevas clases medias de Asia y otras partes del mundo en desarrollo compraron miles de millones de vehículos movidos por petróleo. Al mismo tiempo, parecía que el suministro global de petróleo estaba destinado a contraerse en el 2020, ya que muchas reservas existentes se agotaban. Debido a la importancia del petróleo para la economía mundial y para la seguridad de los estados individuales, supuse que esta collisión entre el aumento de la demanda y la caída de la oferta conduciría a guerras recurrentes sobre los suministros restantes de petróleo.

Pero mucho ha cambiado desde entonces. Por un lado, el suministro global de petróleo se ha expandido en gran medida a través del uso generalizado de hidro-fracking para extraer petróleo de las formaciones de esquisto; como resultado, ahora parece que ya no confrontamos ninguna escasez inminente de petróleo. Por otro lado, la creciente preocupación por el cambio climático ha llevado a muchas sociedades a comenzar una transición que les aleje de la dependencia de los combustibles fósiles, lo que ha frenado el crecimiento de la demanda de petróleo; y parece que los suministros mundiales de petróleo serán suficientes para satisfacer la demanda en el futuro próximo. En consecuencia, ya no anticipo guerras recurrentes por el petróleo.

Cuando escribí Resource Wars, también advertí de una futura escasez de agua. En ese momento, mi temor era que el crecimiento de la población, la industrialización y la urbanización se combinarían aumentando la demanda de agua mucho más allá del suministro sostenible en muchas áreas del mundo. Expresé especial preocupación por el potencial de conflicto en los sistemas fluviales compartidos, como el Nilo, el Jordán, el Indo, el Mekong y el Tigris- Eufrates. Creo que estas predicciones han resultado ser bastante precisas, ya que la tensión sobre la asignación de agua de estos y otros ríos compartidos ha aumentado en los últimos años.

Sin embargo, no pude prever cuánto el cambio climático  podía  afectar  a  esos cálculos. Ahora es evidente, como resultado del trabajo del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés), que

los suministros de agua en muchas áreas del mundo en realidad se contraerán como consecuencia del cambio climático, produciendo dificultades extremas para millones de personas. La reducción en la disponibilidad de agua también dará como resultado una disminución en la producción de cultivos en muchas áreas, produciendo una escasez generalizada de alimentos y desempleo agrícola.

La combinación de sequía extrema, escasez de agua, inseguridad alimentaria y desempleo rural agravarán las tensiones étnicas y estimularán las migraciones masivas, algo que ya estamos viendo hoy, pero que podemos esperar ver en mayor medida en el futuro.

JB y NV: ¿Cómo se está confrontando esta creciente escasez? ¿Hasta dónde llegan hoy las fronteras de la extracción que ya mencionaba en su libro The Race for What’s Left (2012) y en qué medida esos límites de extracción están próximos a completarse?

MK: Las industrias del petróleo y el gas han podido superar la perspectiva del agotamiento sistémico de dos maneras: mediante la búsqueda de nuevos reservorios en áreas remotas que antes se consideraban inaccesibles, como las aguas profundas oceánicas y la región del Ártico; y aprendiendo a extraer hidrocarburos de formaciones rocosas “compactas”, especialmente los esquistos. Como resultado de estos esfuerzos, el suministro de petróleo y gas teóricamente disponible ha crecido exponencialmente en los últimos años, eliminando cualquier prospección de escasez. Pero todo esto tiene un precio: la perforación en estas regiones “fronterizas” a menudo conlleva riesgos ambientales significativos, como lo demuestra el desastre del Deepwater Horizon en abril de 2010 y el envenenamiento del agua en las áreas que están siendo “fracturadas” para extraer petróleo y gas. El desplazamiento al Ártico aumentará estos peligros, ya que cualquier derrame en esa región resultará mucho más desastroso para la vida silvestre local y mucho más difícil de limpiar.

El problema de la extracción extrema también está surgiendo con las fuentes subterráneas de agua. Muchas sociedades dependen de los acuíferos subterráneos para su agua potable y para la agricultura. A medida que ha aumentado la demanda de agua, estas sociedades han acelerado su extracción de estas fuentes subterráneas, haciendo que éstas disminuyan o desaparezcan.

Esto está sucediendo, por ejemplo, en el noreste de China, el área de Punjab en la India y el Medio Oeste de EEUU, donde algunas tierras de cultivo antes florecientes se están convirtiendo en desiertos. A medida que estos acuíferos se agotan, los agricultores deben perforar pozos más profundos para obtener agua (lo que requiere más insumos de energía) o abandonar la agricultura por completo.

JB y NV: En los últimos años parece que el cambio climático se ha ido posicionando como un problema de mayor entidad que la potencial escasez de   recursos...  ¿Cómo  se   combinan ambos fenómenos? ¿Qué considera más preocupante para el devenir de la economía mundial y, sobre todo, para las personas que poblamos el planeta?

MK: Como he sugerido, el cambio climático está interactuando con el consumo de recursos de muchas maneras significativas. A medida que aumente la temperatura global, la necesidad de energía en la calefacción disminuirá, pero la necesidad de energía para la refrigeración aumentará. Las investigaciones al respecto sugieren que el incremento en la demanda de refrigeración superará la disminución de la demanda de calefacción  dado  que  hay  más  personas que viven en zonas tropicales y templadas, donde la demanda de aire acondicionado en verano está aumentando, que en latitudes más altas donde la energía se utiliza para calefacción. Esto producirá un gran aumento en la demanda de electricidad, especialmente en las áreas en desarrollo del Sur global. Para generar esa energía adicional, los estados tendrán que elegir entre combustibles fósiles (produciendo así más emisiones de carbono), energías renovables o energía nuclear.

El cambio climático también alterará la ecuación energética de otras maneras. Por un lado, el derretimiento de la capa de hielo del Ártico permitirá la perforación de petróleo y gas en esa región, lo que ayudará a compensar el agotamiento de los campos más antiguos en otras partes del mundo (pero también generará más emisiones de carbono). Por otro lado, el cambio climático está secando los ríos clave en muchas partes del mundo, disminuyendo el agua necesaria para las represas  hidroeléctricas y para el enfriamiento de los reactores nucleares. El calentamiento global también está provocando tormentas más frecuentes y más severas, que a menudo producen fuertes vientos e inundaciones masivas que dañan o destruyen refinerías, plataformas de perforación, líneas de transmisión eléctrica y otros elementos críticos de las infraestructuras.

La agricultura mundial se verá especialmente afectada por el cambio climático.

Los científicos esperan que el aumento de las temperaturas y la disminución de suministros de agua reduzcan  drásticamente  los  rendimientos de los cultivos en muchas zonas del mundo, especialmente en África, Asia meridional, Asia central, Oriente Medio y Australia. De hecho, muchos científicos creen que ya estamos presenciando estos impactos en algunas áreas, lo que está causando malas cosechas y procesos de escasez de alimentos.

JB y NV: Las “guerras del agua”, el alza en los precios de los alimentos, los desplazamientos forzados de población causados por el cambio climático o el colapso del orden social y de los estados que puede causar la convergencia de estos fenómenos, no es algo que parezca que se vaya a producir de forma homogénea, ¿cuáles son, en su opinión, los puntos calientes?

MK: No es difícil identificar esos “puntos calientes”. Todo lo que hay que hacer es superponer un mapa del crecimiento futuro de la población proyectado sobre otros mapas que muestran las proyecciones de calor extremo en verano, de escasez de agua y de degradación de la tierra. En cualquiera de los lugares que obtengan una alta calificación en todas o la mayoría de estas categorías, es probable que se convierta en un lugar de competencia extrema por la comida, el agua y el refugio; en lugares donde esas necesidades no se satisfacen de manera efectiva y equitativa, es probable que estallen el caos y el conflicto, y que le sigan migraciones en masa. Creo que muchas partes de África y Oriente Medio entran en esta categoría, junto con gran parte del centro, sur y sureste de Asia.

JB y NV: Hablar de extractivismo hoy implica necesariamente hablar de los objetivos de máxima extracción de combustibles fósiles del nuevo presidente americano. Trump ha prometido una política energética de explotación irrestricta de las reservas de combustibles fósiles de EEUU que, dado el contexto ambiental, especialmente en términos de cambio climático, parece completamente anacrónica. ¿Cuál es su valoración al respecto? ¿Qué costes puede implicar esta nueva política en términos económicos, sociales y ambientales para los propios ciudadanos estadounidenses?

MK: La devoción del presidente Trump por la extracción de combustibles fósiles es en gran medida un asunto político, que refleja su sentido de obligación con respecto a elementos centrales de su base política: los mineros del carbón y otros trabajadores de la industria de los combustibles fósiles, así como los propietarios de las principales empresas de petróleo, gas y carbón. Estas son personas que ayudaron a organizar y financiar su exitosa campaña presidencial, y él cuenta con su apoyo en futuras elecciones. No le preocupan las cuestiones ambientales, porque sabe que los ecologistas no votarán por él y que de todos modos no ganará en California, por lo que ¿por qué atender a los votantes ecologistas de ese estado? Trump también tiene una creencia instintiva, que se remonta a su juventud, de que la fuerza de Estados Unidos se basa en su abundancia de combustibles fósiles. Esto puede verse en su argumento de que las plantas alimentadas con carbón deben mantenerse en funcionamiento como un asunto de “seguridad nacional”. Esto no tiene nada que ver con el realismo económico o la salud ecológica de la nación; es una visión de la “seguridad nacional” de los años cincuenta.

Como consecuencia de todo esto,

EEUU experimentará los efectos cada vez más graves del cambio climático. Ya hemos estado viendo cómo las condiciones extremas de calor y sequía en el oeste de este verano han derivado en incendios forestales masivos.

En el este, hemos visto meses de clima inusual y turbulento, que culminaron en el masivo y destructivo huracán Florence. Pero los republicanos seguirán votando a Trump y sus medidas anti-clima por una cuestión de lealtad política.

JB y NV: Una de las respuestas oficiales cuando se suscita la problemática de la escasez de recursos, así como del cambio climático, es la de que las mejoras en la eficiencia que permitirán los    nuevos avances tecnológicos. ¿Superará el ingenio humano a la escasez de recursos?

MK: Siempre es arriesgado predecir lo que sucederá en el futuro, pero no veo que se logren avances suficientes en tecnologías avanzadas para superar la creciente brecha entre las necesidades mundiales de recursos básicos como alimentos, agua y energía, y el suministro mundial de estos. Sí, para las personas adineradas, el futuro proporcionará mejoras en muchas áreas de la tecnología, como las comunicaciones, la medicina y el procesamiento de la información. Pero no veo suficientes investigaciones sobre cosas como la desalinización del agua y los rendimientos de los cultivos para asegurar que haya suficiente comida y agua para todas las personas que se espera que habiten el planeta en los próximos años. Tampoco nos estamos moviendo lo suficientemente rápido como para hacer la transición de salida de los combustibles fósiles, por lo que podemos esperar unos impactos cada vez más graves del cambio climático, contra los cuales hemos desarrollado muy muy pocas protecciones. ¿Cómo vamos a reasentar a los miles de millones de personas que tendrán que abandonar las costas inundadas y las tierras interiores quemadas? ¿Dónde está la tecnología para eso? Sobre todo, sospecho que las mejoras en la tecnología irán dirigidas a las fuerzas militares y policiales para defender a las poblaciones ricas contra los refugiados climáticos.

JB y NV: En 2011 respondió unas preguntas para nuestra publicación Boletín   ECOS  donde  afirmaba  que  la futura conflictividad no sería tanto entre Estados-nación sino dentro de las naciones por el suministro de recursos vitales (tierra, alimentos, agua). ¿Qué predomina actualmente y cuál cree que será la tendencia en un futuro próximo?

MK: Bueno, creo que habrá conflictos de ambos tipos, dentro de las naciones y entre naciones. El agua va a ser fundamental en todo esto. El conflicto ya está ocurriendo dentro de los estados por el acceso a fuentes clave de agua, y esto continuará. Pero me temo que, con el cambio climático, los estados podrían luchar por la asignación de agua de los sistemas fluviales compartidos, como el Nilo o Brahmaputra.

JB y NV: En un artículo reciente usted señalaba que EEUU ha comenzado una nueva ‘larga guerra’, una campaña permanente para contener a China y Rusia en Asia, Europa y Oriente Medio. ¿Qué  relaciones  guarda  esta  “guerra” con la pugna por los recursos naturales? ¿Cuál es su valoración de la situación de EEUU en términos de hegemonía?

MK: La nueva “larga guerra “ que veo en desarrollo entre EEUU, Rusia y China está siendo impulsada por factores geopolíticos clásicos, con cada parte buscando maximizar su poder e influencia en el tablero de ajedrez global. Esto es muy parecido a lo que sucedía a finales del siglo XIX y principios del XX, cuando las principales potencias europeas lucharon por el dominio en África, Asia y los Balcanes.

Los recursos desempeñan un papel importante en esto, ya que cada parte busca asegurar que posee los suministros adecuados de recursos críticos y, si es posible, negárselos a sus rivales.

EEUU, por ejemplo, busca mantener el dominio de los océanos, porque de esta manera puede cortar el flujo de recursos vitales, especialmente de energía, a China. En respuesta, China está tratando de reforzar sus lazos con Asia Central, para poder importar energía por rutas interiores de suministro; este es un objetivo importante de su iniciativa One Belt One Road. Para Rusia, el control del Ártico es esencial, ya que depende cada vez más de las reservas de la región a medida que se agotan sus reservas subárticas de petróleo y gas (ver más arriba); como resultado, Rusia ha estado reforzando su presencia militar en el Ártico.

A medida que avanza esta lucha, EEUU tiene algunas ventajas claras, ya que posee la marina más grande del mundo y es en gran parte autosuficiente en energía. Los EEUU también pueden contar con la OTAN para apoyar su posición en Europa y Oriente Medio. Rusia también es autosuficiente en energía, pero tiene una economía mucho más débil que EEUU y carece de aliados; en el caso de China, aunque su economía es más fuerte que la de Rusia, es menos autosuficiente en energía y también carece de aliados. La posición relativamente más fuerte de EEUU se refleja en el comportamiento beligerante y arriesgado de Donald Trump. Para compensar estas ventajas de EEUU y mejorar sus propias posiciones, Rusia y China han tratado de desarrollar capacidades “asimétricas”, como la guerra cibernética y la robótica.

JB y NV: La problemática en torno a los recursos se basa en una narrativa de la escasez, ¿en qué medida esta escasez es una noción construida o se corresponde  con  una  realidad  física? ¿Enfatizar la noción de escasez puede estar ocultando y marginando el debate sobre la redistribución?

MK: Bueno, permítanme decir que mientras escribo esto, estoy viendo imágenes de la destrucción causada por el huracán Florence en Carolina del Norte, donde miles de hogares han sido destruidos y muchas personas han quedado sin hogar. Esto es lo que veremos cada vez más en el futuro a medida que avanza el calentamiento global y que eventos tan extremos se vuelvan más comunes. Y esto ha alterado mi pensamiento sobre la “escasez”.

En el pasado, cuando pensaba en la “escasez”, pensaba en términos de cosas materiales: petróleo, agua, mineral de hierro, etc. En el futuro, me temo que la “escasez” se relacionará cada vez más con las condiciones de vida de supervivencia, del tipo: ¿Vive usted en un lugar y en circunstancias que le permitan sobrevivir a los efectos extremos del cambio climático? Si vive a pocos metros del nivel del mar, la respuesta es probablemente “no”. Si vive en áreas del mundo propensas a huracanes o tifones, la respuesta es “no”. Si vive en áreas secas del interior de África, Asia Central o el Oeste de EEUU, la respuesta también es “no”. Aquellos de nosotros con los medios para reubicarnos y comenzar de nuevo en otro lugar en condiciones razonablemente cómodas no podemos sufrir “escasez de supervivencia”, pero todos los demás experimentarán una severa escasez de este tipo.

José Bellver y Nuria del Viso son miembros de FUHEM Ecosocial y del equipo de redacción de la revista Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global.


Extractivismos

Extractivismo: el concepto y sus múltiples violencias*

Eduardo Gudynas

El autor, uno de los investigadores de referencia en extractivismo en América Latina, define en este artículo el fenómeno y sus características –comunes con los extractivismos en otros puntos del planeta– y evalúa los impactos negativos que tiene sobre las políticas estatales a través del denominado “efecto derrame”. La frecuencia con que los extractivismos se entretejen con ilegalidades, alegalidades y corrupción lleva al autor a plantear que en su mayoría conllevan  en sus prácticas el signo de la violencia. Para estos extractivismos realizados con fuerte violencia se ha acuñado un nuevo término: extrahección.

Los llamados extractivismos se han convertido en un drama social y ambiental que se repite en casi todo el planeta. En América Latina aparecen en todos los rincones del continente: desde las perforaciones petroleras en la Amazonia de Ecuador al monocultivo de soja en las sabanas del centro de Brasil, desde la megaminería chilena al fracking en la Patagonia de Argentina.

Este tipo de explotación de la naturaleza no es nueva, pero más allá de su larga historia, el particular contexto de la década de 2000 hizo que se multiplicara en todo el continente americano. Eran tiempos de optimismo y expansión económica, de cambios políticos y muchas ilusiones. Pero de todos modos, América Latina volvió a apostar por extraer recursos naturales para seguir siendo  el  gran  proveedor  de  materias  primas  de  la  globalización.

Los extractivismos se multiplicaron e intensificaron, y eso promovió toda una secuencia de problemas. Aumentaron los impactos ambientales y sociales, comenzaron a sumarse accidentes de todo tipo y se incrementó la denuncia y protesta ciudadana. Los gobiernos y las empresas reaccionaron y en varios sitios hostigaron o criminalizaron a los movimientos ciudadanos, especialmente indígenas y campesinos. Los extractivismos quedaban empantanados en la violencia, pero los gobiernos seguían protegiéndolos dada su dependencia económica.

América Latina volvió a apostar por extraer recursos naturales para seguir siendo el gran proveedor de materias primas de la globalización.

Los debates fueron cada vez más intensos a partir de la segunda mitad de la década de 2000, tanto en la denuncia de esos emprendimientos como en la búsqueda de alternativas a ellos. La existencia de gobiernos progresistas obligó a un debate en términos distintos a los que tradicionalmente tenían lugar con las administraciones conservadoras. No faltaban quienes sostenían que la solución serían algo así como unos extractivismos estatales o bajo control obrero, o los que argumentaban que no existían alternativas posibles y eran un mal necesario para financiar programas contra la pobreza. Incluso estaban los que afirmaban que cualquier tipo de aprovechamiento de la naturaleza sería un extractivismo, y por ello no habría diferencia entre un campesino que cultiva la tierra y las enormes superficies sembradas con soja.

Estas y otras circunstancias obligaron a que se definiera con la mayor precisión posible el campo de los extractivismos. Esto no se debía a una necesidad académica, sino a una inevitable condición para poder esgrimir debates políticos y para pensar alternativas de salida a esa dependencia.1

Definiendo los extractivismos

Bajo esas condiciones se arribó a una definición de trabajo de los extractivismos: corresponden a un tipo de apropiación de recursos naturales en grandes volúmenes y/o la alta intensidad, donde la mitad o más son exportados como materias primas, sin procesamiento industrial o procesamientos limitados. Esta es una delimitación acotada, que recoge buena parte de los antecedentes históricos en el manejo del concepto, pero a la vez permite distinguir entre la agricultura campesina, orientada al autonconsumo o el mercado nacional, de actividades como un campo de petróleo o una mina a cielo abierto que comercia con los mercados internacionales.

Es importante advertir que el tipo de impacto ambiental no define a los extractivismos. Hay otros modos de apropiación de la naturaleza que pueden tener muy altos impactos ambientales y que no constituyen extractivismos, ya que están destinados al consumo local o nacional. De todos modos, son bien conocidos un amplio conjunto de efectos negativos de los extractivismos, que van desde la pérdida de biodiversidad a la contaminación de suelos, aire y agua. En algunos casos, esos impactos y el enorme volumen de recursos naturales removidos genera “amputaciones” ecológicas, como son las enormes canteras en las minas de hierro, carbón u oro, y que no pueden ser restauradas o remediadas.

La definición deja muy en claro la dependencia de los extractivismos con la globalización. Eso explica que el volumen de recursos que se extrae alcanza los millones de tonela- das o millones de barriles, muy por encima de las necesidades de los propios países, ya que en realidad está alimentando el consumo de otros continentes. Esa voracidad de la globalización explica que este tipo de actividades sean hoy en día la mayor causa de impactos ambientales y territoriales en América Latina, superando a cualquier otra problemática que esté restringida a nivel nacional. Además, esa dependencia global implica que sea muy difícil su manejo por los gobiernos nacionales, ya que en realidad responde a las demandas de consumo y disponibilidad de capital de los mercados globales. Dicho de otro modo, los extractivismos están localmente anclados, pero dependen de la globalización.

Otra consecuencia de esta definición es que los extractivismos son plurales, incluyendo los clásicos sectores minero y petrolero, muy conocidos en los países andinos, pero también cubre otros sectores como la agropecuaria, ganadería, bosques o pesca. También deja en claro que no existe algo así como una “producción” de minerales o granos, tal como hacen economistas convencionales o los informes gubernamentales. En los extractivismos nada se produce sino que existe una extracción por ejemplo de cobre, o una cosecha de soja.

Este concepto permite superar otro error común, y en especial en la academia y algunas redes globales, que los califican como industrias. Eso es incorrecto referirse a “industrias extractivas”, ya que en ellos no hay una transformación industrial; no se elaboran productos manufacturados y lo que se exportan son materias primas (también denominados como commodities). La insistencia en hablar de “industrias extractivas” tampoco es ingenua, ya que tiene unas connotaciones culturales que apelan a los imaginarios de fábricas con muchos obreros para así lograr adhesión ciudadana. Es necesario abandonar esa denominación no solo por la rigurosidad conceptual, sino por esas implicaciones políticas.

Son bien conocidos un amplio conjunto de efectos negativos de los extractivismos, que van desde la pérdida de biodiversidad a la contminación de suelos, aire y agua.

Esta definición permite avanzar en la comprensión de algunas particularidades de los actuales extractivismos. Es posible comprender que ocurren bajo muy diversos regímenes de propiedad y acceso. Están los conocidos emprendimientos en manos de empresas privadas, las que pueden ser extranjeras, como ocurre con muchas corporaciones mineras o petroleras, nacionales, como el grupo Buenaventura en Perú, o asociaciones entre unos y otros. Otros enclaves son controlados por compañías estatales (como las petroleras nacionales en Bolivia o Venezuela), o por empresas mixtas (como es el caso brasileño de la petrolera Petrobras). Incluso se han sumado otros modos, tales como las cooperativas mineras en Bolivia, o una impactante proliferación de una minería ilegal del oro en zonas tropicales, en manos de decenas de miles de mineros que actúan individualmente o en pequeños grupos en países como Colombia, Perú, Bolivia y Brasil. A su vez, mientras que la propiedad puede ser de un tipo, el acceso al recurso natural puede tener un régimen distinto (como ocurre en Venezuela, donde la empresa estatal realiza todo tipo de joint-ventures para extraer, procesar y comercializar con las conocidas corporaciones transnacionales).

La política de los extractivismos

Estas y otras características explican que los extractivismos se repitieran bajo todo tipo de gobiernos en América Latina, desde los progresismos brasileños o venezolanos al conservadurismo de Colombia o Chile. Los estilos de implementación fueron diferentes, ya que en unos casos se intentaron mayores controles desde el Estado, sea por medio de las propias empresas nacionales o elevando la tributación, mientras que en otros persistieron estrategias que descansaban en las corporaciones transnacionales. Seguramente los gobiernos progresistas en sus primeras etapas, impusieron en varios países cambios positivos sobre el acceso y la tributación en el sector petrolero, y pudieron sacar provecho de los altos precios que se disfrutaban años atrás. Esas circunstancias económicamente ventajosas le daban mayores márgenes de maniobra a los gobiernos. Pero con el paso del tiempo, a medida que las condiciones de los mercados internacionales se volvieron más difíciles, los gobiernos, en lugar de diversificarse hacia otros sectores productivos, redoblaron sus apegos por los extractivismos.

Aunque existieron diferencias entre distintas posturas ideológicas, lo impactante es que coincidieron en defender y promover los extractivismos. Cuando aquella bonanza económica decayó a medida que avanzaba la década de 2010, todos los gobiernos, fuesen conservadores o progresistas, apuntaron a redoblar los extractivismos para enfrentar la crisis. Buscaron aumentar el volumen de recursos exportados para así recuperar sus ingresos por exportación. O bien, se lanzaron a buscar nuevos sectores extractivos, tales como el fracking o ampliar la frontera agrícola para dar lugar a nuevos monocultivos. En esto se utilizaron todo tipo de herramientas como concesiones territoriales, rebajas en los controles ambientales y sociales y hasta subsidios económicos.

Todo ello originó el aumento de las denuncias y resistencias ciudadanas. Los grupos locales padecían cada vez más problemas por impactos como la contaminación o el desplazamiento, o sus territorios pasaban a ser concesionados a mineras o petroleras, las que finalmente los controlaban. Escalaban los reclamos y las protestas, y en algunos casos estallaron en masivas movilizaciones ciudadanas (como ocurrió en Colombia, Bolivia, Perú y Ecuador). Las reacciones de los gobiernos, fuesen conservadores o progresistas, fue proteger los extractivismos y buscar anular o controlar la movilización local. Escaló todavía más la violencia que acompaña a muchos de esos emprendimientos, sea la que hace el propio Estado al criminalizar la protesta ciudadana, como al tolerar la represión de fuerzas de represión o incluso los asesinatos de líderes locales.

Ilegalidades y alegalidades

Bajo estas condiciones no puede sorprender el descubrimiento de prácticas ilegales en muchos extractivismos. Los ejemplos más conocidos van desde la escala local como sobornar un inspector que debe verificar las consecuencias de la fumigación con agroquímicos o incumplir los requisitos de calidad ambiental, hasta otros a nivel nacional como los negociados en obtener concesiones mineras o petroleras.

Ese tipo de situaciones son bien conocidas, y actualmente se volvieron muy visibles con los grandes casos de corrupción (que serán comentados más abajo). Pero un examen de la situación en América Latina muestra que en paralelo tienen lugar lo que se reconocen como “alegalidades”. Estas son acciones que formalmente son legales o que al menos no están prohibidas por la normativa, pero cuya finalidad evidente es un aprovechamiento espurio utilizando los vacíos legales, aunque así perjudicando los intereses colectivos. Son las prácticas que aprovechan los vacíos, limitaciones o imperfecciones normativas para obtener un beneficio ilegítimo que daña a la sociedad o el ambiente, y que una norma buscaba impedir. El ejemplo más conocido reside en las corporaciones mineras que usan trucos formales para evadir impuestos. Recientes evaluaciones para Perú, muestran que hay empresas mineras que aprovechando alegalidades el Estado termina devolviéndoles más dinero de los impuestos que pagaron. De este modo se cae en una alegalidad donde es el Estado el que termina subsidiando a los extractivismos mineros.

La articulación entre ilegalidades y alegalidades confluyen en una reducción de la cobertura de los derechos de las personas y de la naturaleza para poder sostener un emprendimiento extractivista. Son casos donde se aceptan violaciones de todo tipo sobre la calidad del ambiente y las condiciones locales, se tolera la corrupción, y se criminaliza y reprime a movimientos sociales. Las situaciones extremas llegan a la violencia sobre las personas, tales como la muerte de manifestantes por fuerzas de seguridad pública o privada (como ha ocurrido en Paraguay), o el asesinato de líderes locales (en varios casos perpetrado por sicarios, como ha sido denunciado en Brasil y Colombia). Los gobiernos pocas veces investigan y penalizan esas violaciones, y en algunos casos son cómplices (como ocurre con la participación de la policía).

Cuando las condiciones de los mercados internacionales se volvieron más difíciles, los gobiernos, en lugar de diversificarse hacia otros sectores productivos, redoblaron sus apegos por los extractivismos.

Hay algunos extractivismos que son tan violentos que es necesario distinguirlo con una etiqueta específica: “extrahección”. Este nuevo término proviene del vocablo en latín, extraher, que quiere decir: “arrancar con violencia”. Por lo tanto, las extrahecciones aluden a los casos de extractivismos donde se violan los derechos de las personas y la naturaleza, en especial cuando ello se hace con violencia.

En América del Sur las extrahecciones no son casos aislados o “accidentes” en la implantación de un proyecto, sino que son una condición necesaria, previa y frecuente para llevar adelante emprendimientos de gran escala o muy intensivos. En efecto, los extractivismos actuales imponen efectos tan agudos que si las comunidades fuesen adecuadamente informadas, los estudios de impacto ambiental fuesen rigurosos o se contabilizaran realmente todos sus costos económicos ocultos casi nunca serían aprobados. Por lo tanto, es necesario debilitar y recortar la cobertura de derechos para imponer este tipo de actividades.

Efectos derrame

Ese debilitamiento de la cobertura y salvaguarda de los derechos muestra una consecuencia de los extractivismos que es muy distinta de los impactos locales más conocidos, como puede ser la contaminación. Por lo tanto, nos encontramos ante dos procesos, por un lado los conocidos impactos locales, y por otro lado efectos más difusos, pero no menos graves, que alteran las políticas públicas.

Estos últimos son denominados “efectos derrame”, correspondiendo a cambios en las políticas públicas, e incluso en conceptos políticos básicos como justicia o derecho, que son transformados como consecuencia de los extractivismos.

Esto se observa cuando, por ejemplo, para poder llevar adelante un proyecto extractivo se modifica una normativa ambiental, pero la consecuencia de ese cambio no se restringe a ese emprendimiento, sino que modifica toda la gestión ambiental, incluso en actividades no extractivas, y se aplican en todo el territorio. No estamos aquí ante impactos locales, y no son pocos los casos donde una normativa se altera aun antes de iniciar un emprendimiento, con el solo propósito de alentar a inversores. Lo que ocurre es que políticas públicas, como pueden ser las ambientales, laborales, sanitarias, etc., se modifican para permitir los extractivismos, y eso genera consecuencias que se “derraman” en todas las políticas y en todo el país. Existen múltiples derrames y se entrelazan unos con otros, afectando los modos de entender la economía, la justicia y la democracia, e incluso las concepciones de la naturaleza.

Distinción entre impactos locales y efectos derrame, con ejemplos de algunas de sus expresiones más comunes

 

La sombra de la corrupción

Uno de los flancos donde se hace más evidente la incidencia de la ilegalidad en los extractivismos, operando en función de esos efectos derrame, se encuentra en la corrupción. Esa problemática tampoco es nueva, ya que la corrupción asoma de muchos modos en varios extractivismos, como puede ser sobornar a un funcionario estatal para obtener permisos ambientales o dejar impunes a los que violan derechos humanos. Posiblemente el caso más conocido sea el que envolvió a la petrolera brasileña estatal Petrobras y un conjunto de corporaciones que trabajaban con ellas, tales como Odebrecht.

Los resultados de la conocida operación Lava Jato lanzada desde la ciudad de Curitiba, incluyeron 1.765 procesos, 73 acusaciones criminales contra 305 personas distintas, 188 condenas sobre 123 individuos, y 163 acuerdos de testimonios a cambio de reducción de las penas (datos a abril de 2018). A nivel federal están en marcha 100 acusaciones, 7 acciones penales y 121 acuerdos de testimonios premiados. La cifra estimada de los sobornos pagados sigue elevándose, pero podría haber alcanzado los 10.000 millones de reales (alrededor de 3.000 millones de dólares). A partir de todo esto perdieron sus cargos, han sido procesados o están encarcelados, entre otros, quienes fueron presidentes de la cámara de senadores y de diputados, ex ministros y legisladores.

Aunque menos publicitados por la prensa convencional, hay otros casos que son tanto o más graves que los de Brasil. Entre ellos se destaca la situación en Chile, donde, a pesar de ser presentado como un ejemplo empresarial y económico, se comprobó que en el primer gobierno de Sebastián Piñera se desplegó una trama de pagos ilegales desde una corporación minera a los legisladores. Ese esquema es escandaloso, pero a la vez revelador, ya que los pagos de la empresa llegaron a todos los partidos políticos y eran proporcionales al número de votos (y de legisladores). Más recientemente se descubrió que el fondo estatal acumulado por la explotación del cobre era usado por los militares que lo controlan en viajes y juergas en Las Vegas. Estos y otros ejemplos muestran que la corrupción alrededor de la explotación de la naturaleza está mucho más extendida de lo que se cree.

Cuando la corrupción está presente en las prácticas de apropiación de la naturaleza, las definiciones convencionales de corrupción son insuficientes, ya que no incorporan adecuadamente sus implicancias ambientales y territoriales, y además tienen dificultades en lidiar con las alegalidades.

Por ello se trabaja con otra definición, concibiéndola como prácticas ilegítimas, irregulares e incorrectas, tanto ilegales como alegales, realizadas en ámbitos públicos como privados, por distintos actores, quienes logran beneficios propios, aprovechando posiciones de poder, que a su vez desencadenan perjuicios sociales y ambientales, y por lo tanto expresan injusticias.

Un examen de 139 casos en diez países sudamericanos encontró que la corrupción está presente en todos los tipos de extractivismos, desde los más clásicos como minería y petróleo a otros, como pesca y forestal. Ocurre en todos los países de la región, incluyendo aquel que tiene los más bajos indicadores de corrupción (Uruguay). Por lo tanto, ha afectado a gobiernos de todo sesgo ideológico, desde las administraciones conservadoras en los países andinos a los progresismos como los de Argentina, Bolivia y Brasil. Del mismo modo, se la detecta  bajo todos los regímenes  de  propiedad  y  acceso a los recursos naturales (emprendimientos privados, mixtos, estales, cooperativos, etc.).

La corrupción en los extractivismos obviamente opera en la ilegalidad, pero la misma investigación mostró que incide sustancialmente en el campo de la alegalidad. Es más, se puede argumentar que los esquemas de corrupción en los extractivismos buscan ampliar el campo de las alegalidades ya que de esa manera aumentan sus chances de impunidad.

La enorme importancia económica de los sectores extractivos explica la atracción que ejercen sobre los actores políticos, ya que ven allí fuentes de dinero para nutrir sus actividades. No debe pensarse en ocasionales encuentros a las sombras, donde un empresario le traspasa un bolso con dólares a un político, sino que los casos brasileños revelaron una ingeniería administrativa y financiera que involucraba decenas de ejecutivos, intermediarios y políticos, que usaron canales empresariales, bancarios y gubernamentales, muy estable y engrasada, y que por ello perduró durante años.

Los extractivismos, con sus insistencia en mercantilizar la naturaleza y la sociedad, no solo son permeables a la corrupción política a gran escala, sino que también se convierten en canales para que penetren a nivel de grupos ciudadanos, comunidades campesinas o indígenas. Esta triste dimensión del problema se expresa en las distintas situaciones donde se han descubierto redes de corrupción en las que participaban líderes locales. Un ejemplo fue el llamado Fondo Indígena, creado por el gobierno de Evo Morales en Bolivia, que se mantenía con dineros de la exportación de hidrocarburos, y que resultó en desvió de fondos, proyectos fantasmas que nunca se ejecutaron, pago a movilizaciones partidarias, etc.

La corrupción a su vez debilita o anula la visibilización de los impactos de los extractivismos, e incluso de la violencia que ocurre en ellos. Incluso opera para dejar impunes sean a los que contaminan un río o a los que asesinan a un líder ciudadano. Es por ello que puede afirmarse que la corrupción en los extractivismos golpea sobre todo a las comunidades locales, especialmente indígenas y campesinas. Y a la vez, sirve para debilitar tanto la salva guarda de los derechos humanos como la vigencia de democracias plenas.

La justicia y la democracia, otra vez

Este brevísimo y esquemático repaso muestra que los extractivismos encierran fuertes tensiones y contradicciones. Son un modo de apropiación de la naturaleza, pero por su enorme importancia económica y sus severos impactos son mucho más que eso. Ese tipo de actividad está detrás de muy severas consecuencias ambientales y sociales y genera todo tipo de conflictividad. A la vez, alimenta efectos derrame que van mucho más allá de las circunstancias locales, erosionando, por ejemplo, la cobertura de derechos y tolerando la violencia. En los casos de corrupción se entremezclan muchas de esas dimensiones.

Desde una perspectiva como desde otra, los más perjudicados son las comunidades en el medio rural, sean campesinas o indígenas, ya que ellas se ubican allí donde están los yacimientos mineros, petroleros o avanza la nueva fronteras agropecuaria.

En cualquiera de esos casos está en juego la calidad de la democracia y los conceptos sobre la justicia. Tolerar las ilegalidades y alegalidades de los extractivismos, recortar los mecanismos de participación e información ciudadana, o soportar la impunidad de asesinos de líderes comunitarios son todos distintas reconfiguraciones sobre la justicia y la democracia. O sea, son efectos derrame alimentados desde la obsesión con los extractivismos.

A pesar de todo esto, es impresionante que la resistencia a los extractivismos se repita en todos los países. No son simples reacciones defensivas, sino que en muchos sitios están dando una batalla, presentando alternativas más allá de los extractivismos, en varios casos con alto nivel de sofisticación, desde el respeto intercultural y sin renunciar a la búsqueda de la justicia social y ecológica.

Eduardo Gudynas es secretario ejecutivo del Centro Latino Americano de Ecología Social (CLAES), Montevideo, Uruguay

* Una biblioteca de informaciones, con artículos, libros y reportes sobre extractivismos, está disponible en:  www.extractivismo.com

1 Las definiciones y los casos están basados en el trabajo del autor en nueve países sudamericanos, en diálogo con distintos movimientos sociales y centros académicos en la última década.

 


Dossier Derechos Humanos: setenta años defendiendo la vida digna.

Derechos Humanos, setenta años defendiendo la vida digna.

La Declaración Universal de los Derechos Humanos, aprobada por la ONU el 10 de diciembre de 1948, cumple setenta años. El documento es una referencia esencial para defender el derecho a una vida digna y valores fundamentales como la igualdad, la libertad, la dignidad de todos los seres humanos, el derecho al trabajo, la educación, etc., siendo irrelevantes las distinciones de raza, color, religión, sexo, lenguaje y opinión política.

En ese sentido, este Dossier recoge una recopilación de cuatro artículos aparecidos en distintos números de nuestra revista Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global que abordan el tema de los derechos humanos desde la perspectiva ecosocial.

Para ello, contamos con las aportaciones de especialistas como Itziar Ruiz-Giménez, María Eugenia R. Palop, Richard Falk y Susana Borrás, y como es costumbre, ofrecemos una selección de recursos de la mano de Susana Fernández Herrero del Centro de Documentación Virtual de FUHEM Ecosocial.

Puedes descargar a continuación el Dossier completo en formato pdf: Derechos humanos, setenta años defendiendo la vida digna o bien los artículos  y la selección de recursos por separado:

Luces y sombras del régimen internacional de los derechos humanos
Itziar Ruiz-Giménez Arrieta
En el 70 Aniversario de la Declaración Universal de Derechos Humanos, este artículo plantea seis grandes desafíos que afronta la doctrina de los derechos humanos para ser realmente un “instrumento de justicia” y no, como ha sido durante mucho tiempo, un instrumento de “civilización” promovido por las elites capitalistas, occidentales, (neo)liberales.

Derechos humanos y buen vivir. Sobre la necesidad de concebir los derechos desde una visión relacional
María Eugenia R. Palop
El buen vivir exige una deliberación moral narrativa en la que los bienes comunes y relacionales, la solidaridad y las responsabilidades compartidas (y graduadas) ocupen un lugar central, por lo que no se armoniza fácilmente con la conceptualización proto-liberal de los derechos humanos que hemos heredado de la Modernidad.

Por qué los pueblos del mundo necesitan a la ONU
Richard Falk
Actualmente, la ONU vuelve a ser objeto de duros ataques, sobre todo de su miembro más poderoso, EEUU, precisamente cuando los pueblos del mundo necesitan una organización más fuerte para hacer frente a los desafíos de nuestra época. Solo mediante la movilización de la gente puede evitarse la neutralización de esta organización.

La migración ambiental: entre el abandono, el refugio y la protección internacional
Susana Borrás
¿Qué estatus jurídico puede proteger a las víctimas migrantes de las alteraciones humanas del clima? El artículo reflexiona sobre la necesidad de conseguir la voluntad política de cooperar y de establecer un marco de protección adecuado y suficiente para prevenir y/o responder a las crisis humanitarias generadas por la degradación del medio ambiente.

SELECCIÓN DE RECURSOS

Susana Fernández Herrero

Desde el Centro de Documentación de FUHEM Ecosocial elaboramos una recopilación de recursos de diferentes formatos para facilitar el acceso a más información en torno a la temática abordada en cada número. En este Dossier recogemos una recopilación de artículos sobre Derechos Humanos publicados en nuestra revista Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global que analizan la situación actual y su evolución a lo largo de los últimos 10 años.

Destacamos también la colección de Cuadernos Deusto de Derechos Humanos publicaciones editadas por el Instituto de Derechos Humanos Pedro Arrupe de la Universidad de Deusto, sobre materias relevantes y actuales en el ámbito de los derechos humanos, con un enfoque divulgativo. Ofrecemos una selección donde se abordan diferentes temáticas relacionadas con el derecho a la libre determinación, a la situación de los defensores de los derechos humanos, las causas de los desplazamientos forzados, las políticas del miedo, la impunidad y la Justicia transicional.

La siguiente recomendación en un Centro de Documentación sobre Racismo y Xenofobia de SOS Racismo – Mugak, a través del que ofrecen la Revista de prensa del Observatorio de la Diversidad en los Medios, con información sobre inmigración y minorías publicada en los principales diarios del estado español y con acceso a la base de datos donde catalogan esa información. Recogen, analizan y catalogan sistemáticamente la representación que los medios de comunicación hacen de las minorías étnicas en su aspecto más amplio y diverso. Cuentan con una base de datos con más de doscientas mil noticias y artículos que la prensa escrita ha publicado en los últimos años.

Por último, ofrecemos una recopilación de Organizaciones e Institutos que desarrollan su actividad entorno a la defensa de los derechos humanos, en la que destacamos algún elemento característico, publicación o recurso de interés de cada una de ellas: Asociación pro Derechos Humanos España - APDHE, Amnistía Internacional, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos - CIDH, El Instituto Universitario de Derechos Humanos, Democracia, Cultura de Paz y No Violencia – DEMOSPAZ; Human Rights Watch, la Federación Internacional de Derechos Humanos – FIDH, el Instituto de Derechos Humanos Bartolomé de las Casas, el Instituto Universitarios de Derechos Humanos de la Universidad de Valencia, El Instituto de Derechos humanos de Cataluña y la Red Internacional para los Derechos Económicos, Sociales y Culturales.

Otros Dossieres:

Derechos Humanos: setenta años defendiendo la vida digna, Itziar Ruiz-Giménez Arrieta, María Eugenia Rodríguez Palop, Richard Falk, Susana Borrás, Lucía Vicent, Susana Fernández Herrero.

Crisis Ecosocial, Conflictos y Construcción de Paz, Santiago Álvarez Cantalapiedra, Nuria del Viso, Jesús Núñez, Carmen Magallón, Susana Fernández Herrero, diciembre 2018.

Gentrificación, privilegios e injusticia alimentaria, Joshua Sbicca, Sara González, Guadalupe Ramos, Ricard Espelt, Susana Fernández Herrero, julio 2018.

Mujeres y mundo rural: nuevos y viejos desafíos, Emma Siliprandi, Ana Sabaté Martínez, Lídia Senra Rodríguez, Fátima Cruzmarzo, Susana Fernández Herrero, marzo 2018.

Contaminación del aire y movilidad en la ciudad, Miguel Ángel Ceballos Ayuso, Alfredo Sánchez Vicente, Alfonso Sanz Alduán, Elena Isabel Boldó, Pilar Vega Pindado, Susana Fernández Herrero, febrero 2018.

Democracia local: avances, oportunidades y limitaciones, Tomás Rodríguez Villasante, Andrés Boix Palop, Joan Subirats, María Gómez Garrido, Susana Fernández Herrero, noviembre 2017.

Agroecología: un paso más hacia la calidad de vida, Gloria I. Guzmán, David Gallar, Ángel Calle, Daniel López, Humberto Ríos, Susana Fernández Herrero, junio 2017.

Políticas de género y calidad de vida en la ciudad, Gemma Ubasart, Alicia Rius, Christel Keller, Marta Domínguez, Susana Fernández Herrero, marzo 2017.

Calidad de vida, una noción poliédrica, Santiago Álvarez Cantalapiedra, Maria Ángeles Durán, Carolina del Olmo, Mauricio León Guzmán, Susana Fernández Herrero, enero 2017.

Conflictos y alternativas en la ciudad, Luis del Romero Renau, Jacobo Abellán, Alberto Magnaghi, José Bellver, Susana Fernández Herrero, octubre 2016.

Impacto de los modelos alimentarios, Carlos A. González, Nicole Grunewald, Alessandro Galli, Katsunori Iha, Martin Halle, Michel Gressot, Ferran García, Luis González Reyes, Susana Fernández Herrero, junio 2016.

Género y salud, Maria Pilar Sánchez López, Teresa Ruiz Cantero, Lucero Herrera Cairo, Maria Isabel Casado Mora, Vanesa Puig Barrachina, Marisol Ruiz, Mireia Juliá, Emmanuel Calderón, Kayla Smith, Andrés Peralta, Joan Benach, Susana Fernández Herrero, marzo 2016.

Temas clave en el debate del cambio climático, Ferran Puig Vilar, Larry Lohman, L. Urkidi, R. Lago, I. Basurko et al., y David Held y Angus Fane Hervey, Susana Fernández Herrero, enero 2016.

Fracking: hacia las nuevas fronteras del extractivismo fósil, Pedro Prieto, Elisa Moreu, Samuel Martín-Sosa y Elvira Cámara, Susana Fernández Herrero, septiembre 2016.

Desinformación y pseudoinformación, Braulio Gómez Fortes; Rodrigo Fernández Miranda; Beatriz Gimeno; José Bellver, Paul Serrano y Pau Salarich, Susana Fernández Herrero, junio 2015.

Construcción de la desigualdad de género en la educación, Carmen Rodríguez, Gema Martín, Nieves Salobral, Olga Abasolo y Ana del Pozo, Susana Fernández Herrero, marzo 2015.

Estados de excepción y control social, Santiago Alba Rico, Alex Segura, Jean-Pierre Garnier, Tica Font, Lucía Vicent Valverde, Susana Fernández Herrero, enero 2015.

Proyecto europeo: deseos, desvíos y derivas, Antonio Moreno Juste, Éric Toussaint, Antonio Sanabria, Martín Xavier Casals, Andrew Gavin Marshall, Lucía Vicent Valverde, Susana Fernández Herrero, octubre 2014.

La juventud, un estado precario de completa incertidumbre, Luis Enrique Alonso, Jon Bernat, Yassodára Santos, y Alejandro Martínez junto a Francisco Verdes-Montenegro, Lucía Vicent Valverde, Susana Fernández Herrero, junio 2014.

Nuevos retos del debate feminista ante la Gran Involución, Justa Montero, Olga Abasolo, Lucía Vicent, Ana del Pozo, Carlos Martínez, Susana Fernández Herrero, marzo 2014.

La huella del consumismo tecnológico, José Bellver, Juan José Castillo, Daniel López y Fernando Cembranos, Lucía Vicent, Susana Fernández Herrero, diciembre 2013.

Migrantes: entre la crisis y la exclusión, Colectivo Ioé, Producciones Translocales, Michael Renner y Lorenzo Chacón, Carlos Martínez, Lucía Vicent, Susana Fernández Herrero, septiembre 2013.

Desobediencia civil, la estrategia necesaria, Alejandro Martínez Rodríguez, Sabino Ormazabal Elola, Mar Rodríguez Gimena y Jaime Sánchez Barajas, Montserrat Cervera Rodon, Lucía Vicent Valverde, Susana Fernández Herrero, junio 2013.

El desigual impacto de la crisis en las mujeres, Lucía Vicent, Carmen Castro, Astrid Agenjo, Yayo Herrero, Susana Fernández Herrero, marzo 2013.

Respuestas ante la crisis de civilización, Luis González Reyes, Juan del Río, David Rivas y Cecile Andrews, Lucía Vicent, José Bellver,
Susana Fernández Herrero, diciembre 2012.

La educación a debate, Santiago Álvarez Cantalapiedra, Víctor M. Rodríguez, Teresa Maldonado, Jesús Joven, Miguel Recio, Manuel de la Cruz, Susana Fernández Herrero, octubre 2012.

Postextractivismo: alternativas a un modelo agotado, IPPM, Luis Vittor, Hoinathy Remadji, Alberto Acosta, Ernest García, Jesús García-Luengo, Susana Fernández Herrero, julio 2012.

África, la última frontera, Óscar Mateos, Jesús García-Luengos, Mercedes Jiménez, Pedro sanz, José García Botía, Susana Fernández Herrero, junio 2012.

Viviendo en entornos tóxicos, Miguel Jara; Rafael Gadea; Paco Puche; Vicent Boix, Susana Fernández Herrero, abril 2012.

Acaparamiento de tierras, el nuevo expolio, Ben White; Jennifer C. Franco; Javier Sánchez; Nidhi Tandon, Susana Fernández Herrero, enero 2012.

La conflictividad que viene, Josep Lobera; Pedro Arrojo; Marta Rivera; Ernest García, junio 2011.

Feminismos, Violet Eudine Barriteau, Ziba Mir-Hosseini, María Teresa Munguía, Germán Méndez, marzo 2011.

Periodismo con otra mirada, José Manuel Sánchez, José Naranjo, Alejandro Barranquero, Greg Simons, enero 2011.

El papel de la biodiversidad, Theo Oberhuber, Pedro Lomas, Gustavo Duch, María González Reyes, octubre 2010.

Enfoques sobre bienestar humano y buen vivir, Joaquím Sempere, Alberto Acosta, Saamah Abdallah, Mario Ortí, abril 2010.

Debates feministas, Justa Montero, Olga Abasolo, Marta Pascual, Yayo Herrero, Lucy Ferguson, enero 2010.

Cumbre de Copenhague, ¿viaje a ninguna parte?, Carlos Taibo, Jordi Roca, Cristina García Fernández y Antonio Ruiz de Elvira, 2009.

Reflexiones sobre la diversidad(es), Javier de Lucas, Ricard Zapata-Barrero, Máriam Martínez, José Ignacio Pichardo, Soledad Arnau, Rafaél Feito, Susana Fernández Herrero, agosto 2009.

Movimientos sociales hoy: de lo local a lo global, Jaime Pastor, Juan López de Uralde, Jordi Mir, Jaume Botey, Jose Luis Fernández, Afredo Ramos, Susana Fernández Herrero, junio 2009.

Conflictos socioecológicos, Joan Martínez Alier, Mariana Walter, Marica Di Pierri, Guillaume Fontaine, Susana Fernández Herrero, marzo 2009.

Cambio climático: un reto social inminente, Manuel de Castro, Climent Ramis, Pablo Cotarelo, Jorge Riechmann, Susana Fernández Herrero, noviembre 2008.

Seguridad alimentaria: el derecho de los pueblos a la vida, Enrique de Loma-Ossorio, Esther Vivas, Helen Groome, Danielle Nierenberg, Brian Halweil y Vandana Shiva, octubre 2008.

El petróleo y sus implicaciones Ecosociales, Ramón Fernández Durán, Michael T. Klare y Christofer Flavin, Susana Fernández Herrero, junio 2008.

Agro(bio)combustibles: ¿por qué no nos salvarán?, Oscar Carpintero, Monica Di Donato, Francoise Houtart, Tom Kucharz, Pedro Lomas, Guillermo Pequero, Daniela Russi y Sergio Sastre, octubre 2008.


Entrevista a Esteban Hernández

Entrevista a Esteban Hernández sobre El tiempo pervertido. Derecha e izquierda en el siglo XXI

Salvador López Arnal

Papeles de Relaciones Ecosociales, núm. 145, primavera 2019, pp. 143-155.

Licenciado  en Derecho,  Esteban  Hernández  es periodista del diario El Confidencial y autor de El fin de la clase media, Nosotros o el caos y Los límites del deseo. Sus libros han merecido reseñas y comentarios favorables de, entre otros, Joaquín Estefanía, Alberto Garzón,  César Rendueles, Santiago Alba Rico, Víctor Lenore, Luis Enrique Alonso o José Antonio Zarzalejos.

Ha trabajado en medios como El Mundo, La Vanguardia o Ruta 66, y dirige actualmente la sección ACyV de El Confidencial. Sus artículos como analista político son de lectura obligada para muchos ciudadanos. Nuestra conversación se centra en su último libro: El tiempo pervertido. Derecha e izquierda en el siglo XXI, Ediciones Akal, Madrid, 2018.

Salvador López Arnal (SLA): Mi enhorabuena por su último libro. Creo que ha tenido una excelente acogida. Basta leer los comentarios, los elogiosos comentarios de Josep Ramoneda, Clara Ramas, Fernando Broncano, Daniel Bernabé, Manuel Escudero, Juan Soto Ivars y Soledad Gallego-Díaz con los que se abre su ensayo. ¿Alguna crítica no tan positiva?

Esteban Hernández (EH): No, ninguna negativa. Tiene una explicación sencilla. Dado que escribo regularmente en un medio de comunicación, quien compra y lee el libro cuando se publica suele saber lo que se va a encontrar, con lo que puede haber divergencias, pero no sustanciales. Y, sobre todo, porque España es un país de capillitas, y yo no estoy en ninguna de ellas. De modo que esos grupos, fundamentalmente de izquierda, tienden a ignorar el libro, con lo cual tampoco te encuentras con críticas negativas. No se van a tomar el tiempo de refutarlo.

SLA: Fundamentalmente de izquierdas dice usted. No parece que tenga una buena consideración de la izquierda española o de los sectores de esa izquierda que pertenecen a esas capillitas. ¿Quiere ser más concreto?

EH: No es un mal exclusivo de la izquierda, es un signo de los tiempos, pero en la izquierda está muy acentuado. Es esa lógico amigo/enemigo, en la que tienes que posicionarte. Si formas parte de una de estas capillitas hablan de ti, te dan bola por redes, hablan de lo que haces, existes. En fin, lo de siempre. Pero lo pernicioso es que esta dinámica se ha instalado en nuestra sociedad de un modo muy presente. Se exige ante todo lealtad, entendida como aceptación acrítica del pensamiento del grupo, un posicionamiento claro a favor del líder, la ausencia de reflexión más que para aportar algo en la dirección que te demandan, etc. La economía, la politología, en general las ciencias sociales contemporáneas se construyen así, no es sólo cuestión de los partidos políticos, de las capillitas intelectuales o del periodismo. Hoy importa mucho más, y esto es muy obvio en lo laboral, formar parte de estos grupos informales que tener capacidad, talento o cualquier otra aptitud que pueda tener valor por sí misma. El mundo postburocrático es esto: el establecimiento, de modo informal e implícito, de reglas de comportamiento muy rígidas.

SLA: Me centro en el título. Antes, para nuestros lectores, permítame indicar el contenido del libro:

  • Prólogo.
  • La respuesta es sí.
  • El futuro.
  • El presente.
  • El pasado.
  • Mientras tanto.
  • Hasta aquí hemos llegado,

Seis capítulos con 32 apartados en total. Bibliografía. Mucha cera para leer y meditar; me voy a dejar muchas preguntas en el tintero. Conviene advertirlo a los lectores. Sobre el título, como le decía: ¿qué tipo de perversión es central en este tiempo pervertido?

EH: La derecha ha sido revolucionaria en los últimos 40 años y ha conseguido subvertir la sociedad, el orden económico y las mismas democracias liberales desde entonces. Ha logrado que la parte superior de la pirámide social acumule más poder y recursos que nunca. Y lo ha hecho desde una perspectiva diferente, en la que el progreso, la mejora social, conseguir una vida mejor, que era la mentalidad típica de las décadas fordistas, era una meta que solo podía alcanzarse a través de reformas, de cambios y transformaciones incesantes en el sistema. Su mensaje era que debíamos modernizarnos, adaptarnos a los tiempos y seguir caminando hacia un futuro mejor. Y lo cierto es que al final de ese camino, lo que nos encontramos es el regreso a la era prefordista y al mismo siglo XIX en niveles de desigualdad, en procesos tayloristas a la hora de organizar el trabajo, ahora digitalmente, y de controlar los procesos de generación de beneficios. De modo que nos empujan hacia el futuro prometiendo mejoras al mismo tiempo que nos hacen retroceder. Ese es un aspecto de cómo la línea temporal se pervierte. Hay otros, pero este quizá sea el más importante.

SLA: Un regreso al pasado desde un punto de vista social. ¿Y este incremento de poder de la derecha en estos últimos 40 años está relacionado de algún modo con la crisis de la URSS, con su desintegración y con la desaparición de los países del mal llamado «socialismo real»? Sus éxitos en este ámbito, ¿les ha dado más confianza para adentrarse en tareas complementarias?

EH: Es obvio que sí.

Europa fue el muro de contención del comunismo del otro lado del telón de acero y se tejió a partir de sociedades con un elevado nivel material promovido por una economía socialdemócrata.

Esto es fácil de observar en un mapa: cuanto más cerca estaban los países europeos de la frontera con los comunistas, mejor nivel de vida tenían. Una vez que cayó el telón, el capitalismo se vio libre de trabas. Hasta entonces, por motivos estratégicos, había decidido cohesionar las sociedades para que fueran mucho menos permeables a las tentaciones comunistas. Una vez que cae el enemigo exterior, ya pudo enfrentarse al enemigo interno, y fue destruyendo los límites que se habían establecido.

SLA: Habla en el subtítulo de la derecha e izquierda en el siglo XXI. ¿Siguen siendo estas dos categorías válidas en su opinión? ¿Nos ayudan a comprender la política en el siglo XXI? ¿Qué sería la derecha para usted? ¿En singular o en plural por cierto? ¿Y qué sería la izquierda? ¿En singular también? Muchas preguntas a la vez, discúlpeme.

EH: Contesto a todas ellas a la vez. Son categorías válidas y necesarias, y lo han sido a lo largo de la historia. Siempre ha habido poder y contrapoder y así seguirá siendo. En nuestro tiempo, la derecha es aquella opción política que pretende (y lo está consiguiendo de un modo incesante), que la parte superior de la escala social acumule poder y recursos, que está extrayendo del 80-90% restante de la sociedad. Lo peculiar de este tiempo es que ha producido a través de un amplio movimiento de acumulación por desposesión. Por una parte, extraen mayores rentas del trabajo, por otra están recogiendo los ahorros y los recursos de buena parte de la población, ya sea a través de la subida de los precios de los bienes esenciales para la subsistencia, ya sea a través de la competencia que expulsa del mercado a pequeños propietarios, o mediante la extracción de las inversiones de las clases medias y medias altas.

Al mismo tiempo, se han liberado de los límites que la política les fijaba, y cada vez tienen mayor libertad de acción. Eso es, en esencia, lo que representa la derecha, más allá de discursos de banderas, identidades y demás. La izquierda, en este contexto, no puede ser otra cosa que la opción política que pretende que el poder y los recursos se distribuyan entre la mayor parte de la sociedad. Ese es el elemento central hoy, desde mi perspectiva. Hay derechas e izquierdas diferentes, pero todas están a un lado u otro de esta línea.

SLA: Por lo tanto, si deduzco bien, usted piensa que una izquierda que toque realidad, que no confunda sueños y deseos con lo real, solo puede ser (y no sería poco) una izquierda reformista, una especie de socialdemocracia (no socioliberal), honesta y consistente, a la altura de nuestras duras circunstancias. ¿Coligo mal desde su reflexión?

EH: Percibo en el fondo de tu pregunta si mi postura es reformista, si abogo por un capitalismo moderado. Más allá de mi opción política, que es poco relevante a los efectos del análisis, lo que digo es que los momentos históricos cuentan por sí mismos al margen de los deseos subjetivos.  En esta época confluyen varios aspectos; uno de ellos señala de forma inequívoca el escaso peso social de la izquierda, casi marginal, y más de la que aspira a un Estado comunis- ta; otro muestra, también de forma poco equívoca, cómo el sistema actual nos está conduciendo a un lugar político, social y económico mucho peor. Es un tren desbocado. Hay gente que cree que precisamente por lo segundo lo primero es factible. Yo no. Dadas las fuerzas disponibles, y el momento histórico concreto, un poco al modo del 18 brumario, creo que lo prioritario es que el tren no se estrelle con nosotros dentro, ya que es la condición de posibilidad para cualquier otra cosa. Quizá no, y funcione lo de cuanto peor, mejor, pero no es mi opción.

SLA: Abre su libro con estas palabras: «Este es un libro obligado. Me lo debía desde el momento en que fui consciente de que  estaba  viviendo  una  fantasía». ¿Qué fantasía vivía? ¿La viven muchos otros ciudadanos?

EH: Sí, es común, no tendría sentido para mí hablar de algo que fuera únicamente una fantasía privada. Era la idea de que no tendría que trabajar un enorme número de horas al día, como vi que hacía mi padre, para ganarme la vida; que parte de ella la podría dedicar a hacer cosas que me gustasen, incluso que podría vivir de una profesión que tuviera algo que ver conmigo. Era la idea de que, cuando creciese, podría tener una vivienda, ayudar a que mis hijos tuvieran un nivel de vida decente, y esas cosas relacionadas con una visión positiva del futuro en la que muchos nos criamos. Era también la idea de que, a pesar de todo, podría hacer algo con mi vida con lo que estuviese satisfecho. Y lo que encontré fue muchas horas de trabajo para subsistir, en los buenos momentos, y épocas de desvitalización y de falta de esperanza en los malos.

SLA: Apunta en el prólogo del libro una de las paradojas de nuestra época, una época en la que la gran mayoría de la gente tiene menos poder de decisión, sus opciones vitales disminuyen viendo cómo se reducen sus posibilidades de «ascender peldaños en la escalera social», al tiempo que domina la convicción de ser más libres y de que no paramos de avanzar. ¿Y cómo explica usted esta paradoja? ¿Estamos mal informa- dos? ¿No vemos lo que está delante de nuestros ojos? ¿Nos manipulan sin ser conscientes de ello?

EH: Todos nos damos cuenta más o menos de cuál es nuestra situación, otra cosa son las causas y las explicaciones que le encontramos. Y ahí es fácil entender que somos gente poco actualizada o capacitada, o que no hemos tenido suerte en la vida, o que no hemos tenido posibilidad de formarnos como nos gustaría, o que en el fondo todo nos da igual, o que la culpa es de los emigrantes, o de los españoles o los catalanes, o cualquier otro razonamiento de este tipo en lugar de entender nuestra posición en la estructura social y cómo eso determina buena parte de nuestras posibilidades. Al no ser conscientes de ese lugar social, hacemos cursos y másteres para estar cualificados, o nos dedicamos a hacer deporte para estar en forma, o emprendemos o nos vamos al bar y odiamos a los demás, formas diversas de intentar vivir unpoco mejor con nosotros mismos y de mejorar nuestra fortuna.

SLA: ¿Y por qué no somos conscientes de ese lugar social al que alude? No parece que entenderlo sea tan complejo como seguir la demostración del teore- ma de incompletitud de Gödel por ejem- plo. ¿Nos falta consciencia de clase, consciencia social?

EH: Una de las características de este capitalismo es la gran dificultad para establecer la relación entre sus acciones y los efectos que causa. Todo lo relacionado con el mundo económico y, en especial con el financiero, está rodeado de cierto secretismo, establecido tanto por el conocimiento de su mecánica por parte de pocas personas, y por un lenguaje retórico y complejo cuando sus expertos lo describen. La mayoría de la gente percibe su realidad, pero no logra ver qué conexión hay entre los fondos globales nómadas, por ejemplo, y el hecho de que ellos cobren menos, les suban el precio del combustible o el coste de la luz, o el de la mayor inversión que deben realizar en la educación de sus hijos.

Tener consciencia de clase implica ser consciente también de cuál es tu posición en la estructura social, y de las condiciones que provocan que tengas esa y no otra.

No es fácil de ver, la verdad. El segundo punto es que la conciencia de clase también está muy relacionada con el hecho de compartir vivencias con personas que se hallan en una situación similar, y nuestras sociedades están bastante individualizadas.

SLA: Señala también, con sorpresa, las dificultades del materialismo contemporáneo para comprender las revoluciones conservadores de estas décadas. ¿A quién se quiere referir con la expression «materialismo contemporáneo»? ¿Por qué es incapacidad?

EH: Porque es sorprendente el pobre análisis que se hace del capitalismo y de cómo funciona hoy, de cuál es su estructura, sus fuentes de beneficio, sus redes de poder y las formas en las que operan, Hay quienes lo resuelven recurriendo a Marx y afirmando, «bueno, es lo mismo de siempre, no ha cambiado casi nada», cuando en  ese «casi» hay un abismo, el mismo que hay entre alguien que se toma una cerveza a la salida del trabajo y quien está permanentemente ebrio. Los dos beben, pero no es lo mismo. Y sobre todo es una torpeza enorme en términos estratégicos: ¿cómo vas a plantar cara a un sistema que no sabes bien cómo funciona, qué puntos débiles tiene, cuáles son los límites eficaces que se le podrían poner y qué partes de la población salen perjudicadas y cómo, y por tanto pueden ser activadas políticamente? Combatir un sistema que nos está haciendo daño requiere, y más en un momento de irrelevancia electoral de las izquierdas en todo Occidente, el conocimiento con bastante detalle de ese sistema. Pero como carecemos de él, porque se prefiere hacer análisis de trazo grueso, tampoco se puede tener un plan estratégico. Y eso desde la perspectiva materialista es imperdonable.

SLA: Pero, perdone que insista en este punto, son muchos los intelectuales de izquierda de gran nombre y enorme curriculum que no han parado de escribir sobre el capitalismo contemporáneo.

Le recuerdo algunos nombres: Noam Chomsky, David Harvey, Mike Davis, Michael Heinrich, Owen Jones, Domenico Losurdo, Diego Guerrero, Pedro Arriola, Carlos Fernández Liria, Santiago Alba Rico... ¿Tampoco ellos conocen con suficiente detalle el sistema, la civilización del capital? ¿O es que la izquierda no les escucha o no estudia con suficiente atención?

EH: Sí, ciertamente hay un montón de gente que escribe sobre el capitalismo y citas algunos nombres que aprecio intelectualmente y de los que he aprendido mucho. Pero una cosa es, por poner un ejemplo, escribir sobre si el ferrocarril tiene incidencia en la vida económica y otra es conocer cómo funciona por dentro. Hemos de incidir mucho más en cuáles son sus mecanismos operativos cómo genera sus beneficios y de dónde, cómo funcionan los fondos, en fin toda esa serie de resortes internos. Conociendo esto, también podremos entender cómo está reestructurando la sociedad el capital financiero, todos los núcleos administrativos e intelectuales que le rodean y establecer la conexión directa entre nuestra realidad cotidiana y su acción. Y además, como decía, podemos saber cómo ponerle límites de manera mucho más eficaz, de modo que deje de perjudicar a la gran mayoría de la población y que deje de concentrar los recursos en las élites globales. Por otra parte, algunos de los nombres que citas, caso de Owen Jones, tampoco son útiles para entender bien los cambios.

SLA: ¿Y por qué Owen Jones no es útil para entender bien los cambios?

EH: A la izquierda le falta entender las recomposiciones de las clases sociales en los últimos años, y Jones, como aquí la izquierda que viene de Unidos Podemos, ha querido más regresar al pasado a ver qué encontraba ahí, que entender qué contiene en realidad eso que llamamos perdedores de la globalización y cómo ponerles de su lado.

SLA: Afirma en el prólogo que su libro intenta analizar «quiénes, cómo y en qué sentido están promoviendo los cambios en que vivimos». No le pregunto sobre lo primero ni sobre lo segundo. ¿En qué sentido se están promoviendo los cambios que estamos viviendo en su opinión? ¿Cuáles son las finalidades centrales de esta época de cambios permanentes, ininterrumpidos? ¿Hacia dónde vamos, hacia dónde nos dirigen?

EH: Hacia un mundo socialmente roto, en el que la parte superior de la escala social está acumulando recursos y poder del resto, como señalaba antes.

Estamos en una nueva fase de la acumulación por desposesión.

SLA: No ahorra usted críticas a lo que llama «nueva izquierda». ¿Quiénes forman esa nueva izquierda? En el caso de España, ¿sería Podemos, por ejemplo? EH:  Sí,  en  España  Podemos,  un  buen ejemplo de todo lo que no debe hacerse en política. Un partido frágil internamente, sin estructura, articulado a través de impulsos, dependiente del líder, con grandes tensiones internas y con facciones en permanente enfrentamiento. Con una posición política demasiado deudora de sus fantasmas, en algunos momentos, y de la mera coyuntura en otros. Y con unos dirigentes que se creyeron eso de que eran la gran esperanza de la izquierda de Occidente y perdieron la conexión con la realidad. Eso explica que después de un arranque muy brillante, que les llevó a lo más alto de las encuestas, aunque hubiera parte de hype, ahora estén descendiendo brutalmente en aceptación social y cerca de la ruptura.

SLA: Una de sus críticas a esa nueva izquierda: «la nueva izquierda cree que las mujeres, por hallarse en una posición subordinada, van a ser el centro de una fuerza más progresista». Añade para rematar: «eso de que los perdedores se vinculan automáticamente con aquellos que en teoría les ofrece mejores opcio- nes es una ilusión muy presente en la política contemporánea, pero su popula- ridad no borra el carácter de fantasía».

¿No exagera un poco o un mucho? ¿Es tan ingenua y ciega esa nueva izquierda a la que hace referencia? ¿No es capaz de ver lo más elemental, lo que está frente a los ojos de todos?

EH: Los demócratas estadounidenses tenían un dilema, que era el de constituirse como una fuerza de oposición real, de la mano de Sanders, lo cual les podía ofrecer opciones reales de vencer a Trump, porque Sanders podía ganar entre los perdedores de la globalización y sumar a los demócratas habituales, u optar por una posición puramente sistémica en la que seguir haciendo lo mismo, pero con rostro amable. Su opción fue Hillary Clinton, que trató de apoyarse en los votos de las minorías y en el de las mujeres. Y perdió. No contentos con eso, los demócratas trazaron una línea de resistencia cuyo plan era insistir más en esos mismos terrenos y dibujar a la mujer como la gran luchadora contra el fascista de Trump. Esa idea penetró en los entornos progresistas occidentales porque era poco problemática. No te obligaba a plantar cara al poder financiero, el que tiene hoy las riendas, y al mismo tiempo podías seguir diciendo que eres de izquierdas porque abogas por los cambios en el terreno cultural. Lo cual es un error en el plano estratégico. Hay una cuestión de justicia, como es el hecho de que el 50% de la población no puede tener menos derechos que el otro 50%, y en ese sentido hay que ser feminista, y otro pensar que la mujer va a votar automáticamente a los progresistas. No es cierto. Elecciones recientes lo han demostrado, como la de Bolsonaro. Y era previsible.

SLA: De acuerdo, de acuerdo. Pero el ejemplo que pone es el ejemplo de un partido, el Partido Demócrata usamericano, que no es precisamente un partido de izquierda, digamos que es un partido-corporación muy integrado en el sistema. Si pensamos en partidos de izquierda, españoles, portugueses, franceses o griegos, no creo que ninguno de ellos haya llegado a esas conclusiones tan líquidas y precipitadas, tan poco conclu- sivas.

EH: Casi todos ellos, por no decir todos, giraron hacia el terreno cultural. Tienes  un gran ejemplo en el PSOE de Zapatero. Ese ha sido el marco dominante de la socialdemocracia europea, la que tenía opciones de gobierno en los últimos 20 años, y eso contando que en España el gran elemento de convicción del PSOE desde mediados de los ochenta fue «que vuelve la derechona» y exhibir la España moderna de la movida, como bien explica Víctor Lenore. Los partidos más a la izquierda de los socialdemócratas hicieron el giro hacia lo rojiverdearcoiris, y los dos últimos términos terminaron teniendo mucho más peso que el primero. Tsipras cambió eso, hasta que ocurrió lo que ocurrió.

SLA: Le vuelvo a citar: «El siglo XXI es un mundo de poder, como lo ha sido siempre. Puede sonar feo, hostil y agre- sivo pero es lo que hay. Y las formas en que se ejerce, las consecuencias que produce y las resistencias que genera son el centro de este texto”. Yo no creo que su afirmación suene a hostil o a agresiva ni que sea fea, es descripción de lo existente. Pero cuando habla de poder, ¿en qué está pensando exactamente?

EH: El poder está presente en todas las sociedades, pero muestra diferentes expresiones. En nuestra época tiene especificidades, que son las que intento describir en el libro.

SLA:  Una  duda.  De  mis  impresiones como lector, tal vez equivocadas: ¿piensa usted que la derecha, sus intelectuales orgánicos, sus dirigentes, son gente muy viva, muy preparada, que sabe lo que hace, que toca realidad, mucho más que en el caso de la izquierda? Es decir, que son mucho más listos que nosotros (aparte de tener muchos más medios).

EH: Esto tiene algo de debate falso. Por supuesto que los partidos de derecha no tienen gente más preparada que los de izquierdas entre sus dirigentes y muchos de sus cuadros. Pero eso es equivocar lo que la derecha es en realidad. Los grandes intelectuales de estos tiempos han sido los consultores, los economistas, los expertos de las agencias de calificación y demás, que son quienes influían en el poder económico real. Para la población, tenían “intelectuales” que ofrecían autoayuda, de forma directa o indirecta, y periodistas que difundían la buena nueva. Los políticos de derecha son tan torpes como los de izquierda, solo que cuentan con un aparato ideológico detrás en el que hay personas con mucho conocimiento de cada sector. Quizá razonen mal, o lo hagan interesadamente sobre, por seguir el ejemplo, las consecuencias de poner en marcha el ferrocarril, pero sí son técnicos que saben cómo ponerlo en marcha.

SLA: Me centro ahora en los capítulos, una pregunta sobre algunos de ellos, no quiero abusar más. Finaliza usted el primero señalando que la derecha y la izquierda que tenían opciones de gobernar coincidieron en las acciones económicas que debían realizar, que sus diferencias se centraron en guerras culturales que introdujeron fuertes polarizaciones sociales. Dos dudas sobre este fragmento. ¿En qué guerras culturales está pensando? ¿No debería haber jugado a ese juego la izquierda? ¿Sus batallas no son de ese mundo?

EH: Los partidos de derecha e izquierda, en especial aquellos que tenían opciones de gobernar en sus países, han llevado en los últimos 40 años una línea económica muy, muy similar. En nuestro país, los distintos momentos por los que hemos atravesado han venido marcados por dinámicas globales, a las que los distintos partidos se han ajustado del modo que les era demandado. Pero, al hacer esto, la diferenciación entre unos y otros se debilitaba, por lo que han tenido que insistir mucho más en los aspectos culturales. Han sido diferentes a lo largo de estas décadas, como corresponde también a los cambios en la sociedad, pero, al final todo se resolvía en asuntos relativos a la mayor o menor tolerancia respecto de elecciones sexuales, de la igualdad de género, de la mayor o menor hostilidad res- pecto de los nacionalistas periféricos y demás.  Era el camino  que  tenían para hacer menos visible que sus posiciones económicas, que llamaban técnicas, eran prácticamente las mismas. Y cuanto más lo son, más se radicalizan las diferencias culturales.

SLA: La segunda duda, sobre la coincidencia: ¿era posible entonces, en su opinión, una alternativa económica de izquierdas netamente diferenciada de las opciones de la derecha? Pienso, por ejemplo, en la Grecia de Syriza, y no me queda claro un panorama alternativo. Renunciaron, de hecho, completamente a su programa rupturista. ¿Traidores, posibilistas, realistas?

EH: Claro que es posible una alternativa de izquierda diferenciada de la derecha. Está lo que se puede hacer a pequeña, mediana y gran escala, y siempre hay opciones de operar en un terreno u otro. En todo caso, es necesario y urgente para el propio sistema, si quiere pervivir, que comience a generar  cohesión  social  a  través  de  políticas económicas inclusivas. En otro caso, esto girará hacia el bonapartismo. Y en cuanto a lo de Tsipras, fue un error mayúsculo: si echas un pulso es para ir hasta el final. No puedes desafiar a la UE, referéndum incluido, si lo que vas a hacer es ceder. Eso te lleva a que te crujan más que antes, para dar un castigo. De modo que si se plantea, es para llevarlo hasta el final. Y si no, no se plantea.

SLA: Girará al bonapartismo afirma usted. ¿Nos explica brevemente qué quiere señalar con ese giro? ¿En qué está pensando?

EH: En El tiempo pervertido hablo de que estamos en un instante histórico que bien puede calificarse de «momento maquiavélico»,  en  el  que  el  sistema  ya  no  puede seguir haciendo lo mismo, y nos dirige, por utilizar los términos del florentino, hacia el principado o la república. Las democracias liberales están debilitándose enormemente, fruto de la acción económica de sus élites, y eso o nos conduce hacia líderes estilo Trump, Bolsonaro, y demás o hacia un régimen mucho más inclusivo y mucho menos desigual. Esas son las opciones. Y lo que narra Marx en el 18 brumario tiene bastante que ver con esto, la descripción de un momento histórico en Francia en el que las élites financieras y la aristocracia  empujaron hacia el final de la república y la toma del poder por Luis de Bonaparte.

El capitalismo contemporáneo necesita más cohesión y estabilidad en un instante en que la sociedad se está rompiendo, y la está encontrando por la vía de los líderes fuertes, que supeditan las instituciones democráticas a sus deseos

aun cuando no acaben formalmente con ellas, y que se refugian en la vía nacional. Ese giro hacia el orden duro y contra la democracia puede ser más profundo en los próximos años dado el nuevo mapa geopolítico.

SLA: Por lo demás, y perdone que pole- mice con usted, afirma que «es necesario y urgente para el propio sistema, si quiere pervivir, que comience a generar cohesión social a través de políticas económicas inclusivas». Pues no está tan claro.  No lo están  haciendo,  más bien lo contrario, y no les va tan mal. No se ven movimientos a medio plazo que hagan peligrar la continuidad del sistema. Ni en España ni en parte alguna.

EH: Si lo vemos como pervivencia del capitalismo, tienes razón. Vamos a seguir dentro del capitalismo, nada hace pensar lo contrario. O vamos a seguir dentro de este capitalismo que en realidad es anticapitalista, porque hace todo lo posible por pervertir las bases teóricas e ideológicas en las que explícitamente se apoya. Pero también hay otra lectura. Vivimos en democracias liberales, bastante débiles en lo que se refiere a democracia y pluralidad, por cierto, y vamos hacia regímenes peores. Y eso tiene varias consecuencias: regímenes más duros y con menos libertades, más neoliberales en lo económico y más desiguales, así como la llegada de élites políticas y técnicas diferentes. Es esa historia de los hombres de negocios saben mejor cómo gestionar los estados que los políticos elegidos por los votantes. Para evitar eso, el único camino que tiene el sistema es dar un giro económico que frene el descontento y siegue el terreno en el que crece el apoyo a estos nuevos regímenes, lo cual es importante también en términos geopolíticos en lo que respecta a Europa. Por resumir: existió un régimen de capitalismo con elementos de socialdemocracia, que giró hacia el liberalismo económico, y después entramos en la época del capitalismo puramente financiarizado. Como ocurre con todos los regímenes predatorios, la inestabilidad que genera debe ser combatida, por lo que el paso siguiente, el que ya atisbamos, es el del capitalismo sin democracia, que es su manera de poner orden. Todas estas formas son capitalismo, pero algunas son mucho peores que otras.

SLA: Aún más. Esa apuesta alternativa de la que hablaba, la izquierda la ha realizado, la ha intentado realizar más bien, en estos últimos cincuenta años en algunos países. Le doy algunos ejemplos: Chile y Allende; Nicaragua y el primer sandinismo; Portugal tras la revolución de los claveles; Francia y el primer gobierno de Mitterrand; Alemania con el SPD de Lafontaine como ministro de Economía. No hace falta que explique los resultados. El balance está lejos de ser un éxito inenarrable.

EH: Ahora estamos en un momento distinto. En algunos ejemplos que citas, EEUU trataba de controlar las rebeliones internas al sistema con el pretexto de que la URSS podría desestabilizar el capitalismo si triunfaba en algunos países. Ahora, el liberalismo necesita a la izquierda para su conservación. Los Trump, Bolsonaros, y demás pueden acabar con él y los liberales precisan de otras partes de la sociedad para mantenerse, ya que los consensos de los  años ochenta y noventa están rotos. Eso no significa que, por ejemplo, la UE vaya a girar hacia el fin de la austeridad, como debería ocurrir, como giro táctico de conservación de este sistema, porque todo apunta a que acabaremos llegando al capitalismo sin democracia, con unas instituciones meramente decorativas, pero sí marca una diferencia respecto del pasado.

SLA: El capítulo II lleva por título «El futuro». Una nota suya sobre la tecnología contemporánea, del final del primer apartado: «Con las enormes innovaciones tecnológicas que anticipamos ocurre igual [que en el caso de las innovaciones científicas]: son susceptibles de usos diversos, pero parece que existe una unión peculiar entre su existencia y empleo  en  beneficio  del  statu  quo».

¿Cómo hay que entender este apunte suyo? ¿La tecnociencia contemporánea, toda ella, está contaminada por las clases o grupos sociales que ejercen posi- ciones de mando? ¿Habría que oponerse entonces a los «avances tecnológicos» que serían parte de la cultura domi- nante, de su «concepción del mundo» por decirlo de un modo clásico?

EH: No, no hay que oponerse a los avances tecnológicos. Todo aquello que nos ayude es  bienvenido. Pero también hay que hacer economía política de la tecnología y de la digitalización.  Hasta  ahora, todas esas posibilidades enormes se han reducido a la creación de monopolios y oligopolios, sostenidos por fondos de inversión, que están trastocando las cadenas de valor y que se han convertido en instrumentos de generación de beneficios para una minoría muy reducida. O cuando las grandes firmas han afirmado que su gran reto es la digitalización, lo que han hecho es despedir gente y reorganizar la empresa, con el resultado de ofrecer un bien o servicio mucho peor. O cuando las firmas han reorganizado su estructura interna para conseguir más recursos a través del control de los trabajadores y de los procesos. Y así sucesivamente. Al final, las enormes posibilidades de los avances tecnológicos no pueden hacernos olvidar lo que ya está ocurriendo. Por eso hay que hacer economía política de este tiempo.

SLA: Que en su opinión no se ha hecho. ¿Otro punto débil de la izquierda tal vez?

EH: Pues sí. Parece mentira, ¿no? Una izquierda que no hace economía política es algo muy sorprendente. Y la derecha financiera la está haciendo continuamente…

SLA: Un salto en el aire. Hablando de tecnología me ha venido a la mente. La China actual, ¿puede ser un modelo o referente para la izquierda? Se suele citar a su favor el gran desarrollo en estos últimos 40 años, los muchos millones de ciudadanos chinos que han salido de la pobreza y su política exterior no belicista.

EH: No, China no puede ser un referente para la izquierda. En primer lugar, porque China no quiere ser modelo de nada, no pretende trasladar un tipo de sistema político a sus aliados. China quiere ser un imperio, y lo está consiguiendo, y su táctica consiste en desarrollarse económicamente y abastecerse de lo necesario para aumentar  us  fuerzas.  Como  segundo aspecto, para copiar a China, tendríamos que tener las condiciones que China posee. Es decir, tendríamos que empezar a recibir dinero y tecnología a espuertas de los grandes capitalistas occidentales. China ha tenido un desarrollo espectacular porque ha sido el instrumento que ha utilizado el capitalismo para, como dice Warren Buffet, ganar la lucha de clases. Se llevaron allí buena parte de los empleos de Occidente para ganar más dinero y al mismo tiempo presionar a los empleados occidentales para que bajasen sus salarios. Los chinos no se limitaron a recibir todo ese capital y a que, como suele ocurrir, sus dirigentes se lo gastasen en yates y mansiones, sino que lo utilizaron estratégicamente para crecer. Además, tomaron toda la tecnología que los capitalistas occidentales les prestaban, pensando que, como de costumbre, respetarían las leyes de propiedad intelectual e industrial, y no fue así, como era previsible. Y  además, tuvieron muy claro que su territorio era suyo, y no permitieron el acceso a las empresas digitales estadounidenses como Google o Amazon, sino que pusieron en marcha grandes empresas propias. Son un Estado que ha planificado permanentemente, que gracias a su carácter dictatorial tiene enormes ventajas a corto plazo, y que ha pensado en términos de desarrollo propio, poniendo todos los medios para ello. Pero todo esto es la segunda parte: nada hubiera ocurrido sin las ingentes masas de capital que las élites occidentales les proporcionaron para vencer en su guerra de clases. Al final, China es la segunda potencia del mundo, de modo que ese enemigo que eliminaron en el interior les ha crecido en el exterior. Como señalo en El tiempo pervertido, China es el retorno de lo reprimido: todo aquello que Occidente iba expulsando, como la planificación centralizada, los trabajos industriales, el predominio de lo productivo, el desarrollo de los territorios en lugar de los beneficios de los ricos, China lo recogió y se convirtió con ello en la segunda potencia mundial.

SLA: Voy finalizando, no le quiero robar más tiempo. Salvo error por mi parte, habla poco en su libro de las implicaciones del cambio climático y de irresponsabilidades afines. Por decirlo a la Klein: ¿esto no lo cambia todo o casi todo?

EH: En teoría, sí, en la práctica no. ¿Qué vamos a contar acerca del cambio climático y de los graves problemas que nos va a crear en el futuro inmediato que no sepamos? Es el típico ejemplo que demuestra la perversión de este capitalismo. Hay un riesgo cierto y grave, todo el mundo es consciente de él, se reúnen expertos, se diseñan soluciones y a la hora de la verdad apenas se  hace  nada.  El  problema  empeora,  y sigue sin hacerse nada.

SLA: De sus palabras finales: «El futuro está en parte en nuestras manos y lo que venga dependerá de las acciones presentes. La construcción de fuerzas de resistencia que consigan poder y recursos para la mayoría de la sociedad, el centro de una política progresista contemporánea, puede darse en muchos niveles y no solo en el de las demandas a los actores institucionales: sin una activación de las acciones a pie de tierra, que combinen la idea de un futuro major con dosis de pragmatismo cotidiano, será mucho más difícil de combatir estos tiempos de impotencia». Habla usted de acciones a pie de tierra y de pragmatismo cotidiano. ¿Cómo entiende usted ese pragmatismo cotidiano? En cuanto a las acciones a pie de tierra, ¿no lo llevamos haciendo durante décadas, desde siempre?   ¿Necesitamos   más   acciones? ¿Otro tipo de acciones?

EH: Todas las opciones políticas que han tenido recorrido combinan dos clases de acciones, las grandes palabras, las visiones del mundo, la ideología, y el pragmatismo cotidiano. No se puede entender la tradición comunista y socialista sin esa combinación de la promesa de un futuro radicalmente mejor y la acción cotidiana en las fábricas. La socialdemocracia europea de mediados del siglo XX, al igual que los partidos comunistas europeos de esa época, tenían discursos elevados, pero también sindicatos fuertes. La iglesia católica te puede prome- ter la vida después de la muerte, pero también ofrece la confesión para que tu vida en la tierra sea menos culpable. En otras palabras,  toda  opción  política  que  pretenda tener aceptación social y perdurar en el tiempo debe combinar ese tipo de acciones. Y hoy, a pie de tierra, hay muchas cosas que se pueden hacer en el plano del trabajo, del consumo y de la cultura.

SLA: ¿Quiere añadir algo más?

EH: Incidir en algo crucial, como es el momento geopolítico y las vinculaciones evidentes con los nuevos movimientos electorales.

El gran giro de los últimos tiempos es el repliegue de EEUU sobre sus fronteras. Ha iniciado una guerra comercial contra China, con el deseo de ganar poder en todos los sentidos, de manera que EEUU no vea amenazada su hegemonía, que puede ser puesta en cuestión por China. Es una recomposición del orden mundial.

EEUU ha tomado medidas fiscales para repatriar capitales, asegurar a sus empresas productivas en el interior y expandir las empresas tecnológicas en el exterior, y para favorecer a sus fondos. Casi todas las grandes tecnológicas que operan en Occidente son estadounidenses, ligadas a fondos de inversión que recogen capital global, pero que operan bajo su bandera. Ese movimiento lleva también a que se haya replanteado sus posiciones con antiguos socios, como la UE, por lo que vamos a salir debilitados. El brexit es esto. Este giro tiene grandes consecuencias globales para la economía y la política exterior, también porque va a poner el acento en la lucha entre imperios y mucho menos en el reparto interior de la riqueza y del poder.

Salvador López Arnal es miembro de CEMS (Centro  de Estudios de los Movimientos Sociales) de la Universidad Pompeu Fabra.

 

 

 


Diálogo: Historia, retos y desafíos del proyecto europeo

Historia, retos y desafíos del proyecto europeo: Diálogo entre Adoración Guamán, Fernando Luengo y Miren Etxezarreta

Lucía Vicent y Monica Di Donato

Adoración Guamán es doctora en Derecho por las Universidades de Valencia y París X-Nanterre y coordinadora del Consejo Científico de Attac España.

Fernando Luengo es economista y miembro de la Secretaría de Europa de Podemos.

Miren Etxezarreta es catedrática jubilada en Economía Aplicada de la Universidad Autónoma de Barcelona, vinculada a diversos movimientos sociales.

En este texto exponen su visión en torno a la evolución, logros, fracasos y amenazas de la Unión Europa.

Lucía Vicent y Monica Di Donato (LV y MDD): El origen de la integración europea vino acompañado, al menos enunciativamente, por la defensa de una Europa que avanzaría de manera cohesionada y solidaria hacia un proyecto común. Después de más de seis décadas desde que se fundase la Comunidad Económica Europea,v¿cuáles han sido los avances conseguidos? ¿Cuáles las mayores decepciones?

Adoración Guamán (AG): En los tratados de la UE se incorporan, desde el inicio de las Comunidades Europeas, dos conjuntos de propósitos incompatibles. La finalidad genérica de la promoción de la paz, los valores de la UE y el bienestar de sus pueblos, y el establecimiento de un mercado interior y de una unión económica y monetaria: el euro.

Aun cuando tal incompatibilidad se ha manifestado en su máximo nivel a partir del Tratado de Maastricht de 1992, y muy particularmente con los instrumentos de gobernanza económica desde 2010, la misma ya se plasmaba en la formulación original del Tratado Constitutivo de la Comunidad Económica Europea de 1957: el principal objetivo de la incipiente integración era el desarrollo económico de los Estados miembros y la creación del mercado común. Junto con esta finalidad, la Comunidad Europea se planteó la integración en otros planos, como el social, tan solo en la medida en que lo exigiera la creación del mencionado mercado. La cesión profunda y paulatinamente ampliada de la soberanía estatal para la consecución de la integración económica ha supuesto una continuada erosión del constitucionalismo social en el plano estatal, hasta el punto de poder afirmarse que la evolución de la Unión Europea ha devenido incompatible con el mantenimiento del Estado social en el ámbito nación.

Se prometió un engranaje que nos llevara a una unión económica que prometía progreso social y evolución hacia la unión política y no se ha conseguido ninguno de los objetivos. El mercado interior trajo des regularización, la unión monetaria trajo pobreza, la imposición de la unión económica (hasta donde llega) ha traído una profunda subversión democrática que ha rozado la intervención de algunos países y la unión política está más rota que nunca. Sin embargo, la Unión ha conseguido otros objetivos, la Unión y su arquitectura jurídico-institucional ha conseguido convertirse en un instrumento perfecto para garantizar la implantación del neoliberalismo, convirtiéndolo en un modelo casi inmutable, independiente o poco amenazado por el color de los gobiernos nacionales de turno. En efecto, y en particular en los últimos años, las decisiones en materia económica tomadas por la UE, pero sin participación del Parlamento Europeo, o bien han sido la vía perfecta para que determinados gobiernos, como el español, adoptaran decisiones antisociales “bajo el mandato europeo”, pagando  por  ellas  un  coste  político  cercano  a cero; o bien han sido la vía utilizada para limitar la capacidad político/normativa en países como Grecia. En otras palabras, en un buen número de ocasiones la UE y su Consejo fungen como pantalla de las voluntades inconfesables de una parte de los Estados miembros, que se imponen a los otros con estilo ciertamente poco democrático.  Siendo  así,  debemos  preguntarnos qué margen de cambio político queda en manos de los legisladores estatales frente a la bulimia competencial de la UE.

Fernando Luengo (FL): En el corazón de la construcción europea y del discurso que la ha legitimado estaban los beneficios derivados de compartir una unión aduanera, primero, un mercado único, después, y una unión económica y monetaria, finalmente. Otra de las ventajas de ese proceso de integración era que las economías más rezagadas –como las del sur de Europa– estarían en condiciones de cerrar las brechas que las separaban de las más avanzadas. Si medimos el cumplimiento de esos objetivos por el Producto Interior Bruto (PIB) por habitante, podemos decir que, tendencialmente, el de la Unión Europea ha superado el de EEUU; asimismo, el de las economías del sur (España, por ejemplo) ha crecido más que el de las del norte (Alemania, por ejemplo), lo que ha supuesto el cierre parcial del gap existente entre esos países.

En relación a la segunda pregunta, el término “decepción” no me parece adecuado. Procede más bien referirse a los inevitables resultados de un proceso de integración  regional  crecientemente  gobernado por los mercados y las grandes corporaciones. En este sentido, el equilibrio entre instituciones, con vocación redistributiva y mercados, que pretendía ser el ADN de la construcción europea, a diferencia de las dinámicas de globalización, se ha desnivelado –cabe decir que se ha roto– a favor de los segundos. En otras palabras, las instituciones y las políticas europeas han sido capturadas por las grandes corporaciones y los grupos de presión que articulan sus intereses. En este apartado dedicado a las “decepciones” hay que apuntar que, si bien ha existido convergencia nominal y en términos de crecimiento, como acabo de señalar, las disparidades estructurales, las que aluden a las capacidades productivas, tecnológicas y comerciales, han aumentado, no solo entre países sino también dentro de cada uno de ellos. Este hecho fundamental, pues nos remite a una de las causas de la crisis económica, es uno de los grandes pasivos de la construcción europea en el ámbito económico.

Miren Etxezarreta (ME): La UE es un proyecto ampliamente publicitado presentándolo en las líneas que se señalan en la pregunta como una aspiración de avance hacia la cohesión y la solidaridad de las poblaciones europeas. Me temo, sin embargo, que en gran parte esta imagen responde a los embellecimientos comunes del ejercicio publicitario. No se puede olvidar que la que hoy llamamos UE tiene su origen remoto en el interés de EEUU en reforzar ciertos países en Europa, en la necesidad de reestructuración de los grandes capitales europeos tras la segunda guerra mundial y en la exigencia de competir con la creciente internacionalización de empresas de otros países, especialmente EEUU y Japón. Hay que tener en cuenta que en su inicio fueron solo los seis países más potentes del continente los que la formaron, con un objetivo claramente económico y que la hoy UE fue conocida como «Mercado Común»  y «Comunidad Económica Europea», reflejando su naturaleza y objetivo, consistente principalmente en la reestructuración de los capitales, la voluntad de integrar a la Alemania Occidental y la de establecer un ámbito económico que reforzara el ámbito europeo en una situación de guerra fría y de competencia.

Su imagen se idealizó mucho más tarde. La UE como una agrupación conducente a una comunidad más o menos humanista es una imagen muy posterior cuando tras sucesivas ampliaciones se ha intentado legitimarla y tratar de presentarla como una iniciativa de hondo calado humano. Cosa que no ha sido ni es.

En su primera etapa –los años sesenta– se dedicó a establecer las estructuras organizativas que necesitaba y tenía una filoso- fía más conducente a una integración económica ligera. Se crearon en las dos prime- ras décadas de su existencia los Fondos Estructurales –Fondo Social Europeo, Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER), Fondo Regional y la PAC (Política agrícola comunitaria)– que parecían orientadas a aproximar las diversas realidades nacionales. Se discutía también el importe del presupuesto –la iniciativa Werner planteaba un presupuesto de entre el 5-7% de la riqueza comunitaria de entonces. Diría que en un principio la idea de cohesión y solidaridad fue mayor que a partir de la crisis de los setenta y, especialmen te a su final, cuando la Comunidad Económica Europea, bajo los auspicios de una política económica fuertemente cambiante en todo el mundo occidental asumió las políticas económicas neoliberales que se han convertido en su línea desde entonces.

A pesar de las aparentes ampliaciones de los ámbitos a los que se dedica la Unión, no veo avances en su planteamiento. Y tampoco me parece adecuado hacer referencia a decepciones, pues todo depende de qué se espere de la misma y es difícil esperar mucho si se tiene en cuenta el origen y verdadero carácter de la iniciativa. Diría que la Unión sigue la ruta que se marcó desde el principio y, sobre todo, desde fines de los setenta y principios de los ochenta. Si al principio se expresó más su carácter idealista pronto en los setenta quedo claro su verdadero carácter de iniciativa conducente a establecer un ámbito neoliberal altamente competitivo.

LV y MDD: En los últimos años han sido recurrentes las críticas al proyecto de la Unión Europa, y concretamente a la Unión Económica y Monetaria, subrayándose especialmente las deficiencias institucionales, las asimetrías estructurales que genera o el posible desmembramiento de la integración. En vuestra opinión, ¿cuáles son los principales problemas que enfrenta la Unión Europea del presente? ¿Hay margen para su corrección?

AG: La integración supranacional en Europa no ha sido un camino rectilíneo. Sesenta y ocho años de historia tras la creación de la primera de las tres comunidades europeas nos muestran una evolución a golpe de crisis y saltos hacia delante. Movimientos de reacción que en lugar de solucionar los déficits democrático y social que la UE traía de partida los han ido agravando, hasta el punto que ya muchos se preguntan de manera abierta si Europa vive en permanente crisis o si es en sí misma el motivo de la crisis.

Pero lo cierto es que, a pesar de todas las tensiones, la Unión había conseguido mantener su integridad y sus objetivos de partida, hasta el momento. Para ello ha venido recurriendo a distintas estrategias, que han pasado en ocasiones por no aceptar un “no” por respuesta y en otras por forzar un “sí” por diversas vías. Así, no podemos olvidar que el camino para solventar el “no” de Dinamarca al Tratado de Maastricht fue hacerles volver a votar. Algo parecido sucedió con los dos “no” de Irlanda a sendas  reformas  de  los  Tratados;  diferente pero también cuestionable fue el conjunto de reacciones que se sucedieron tras el rotundo “no” del pueblo griego. Cuestión distinta, aunque igualmente efectiva, fue la gestión de lo que parecía una victoria de la ciudadanía contra un proyecto europeo que se alejaba de su control en el año 2004. Tras los dos “no” a la “Constitución Europea” de Francia y Holanda, la UE dio su gran salto adelante aprobando, sin pena ni gloria ni debate público, el Tratado de Lisboa que recogía la práctica totalidad del proyecto rechazado. En el año 2016 sin embargo, las costuras de la UE parecían abrirse en canal, no ya por los crímenes (no se pueden enmascarar bajo la palabra tragedia) cometidos dejando morir a cientos de personas en el Mediterráneo, sino por el bien conocido brexit. Tres años después, hasta de esa crisis parece que la UE puede salir victoriosa, con un año de plazo para que un arrepentido Reino Unido vuelva a votar, según manda la tradición en la UE.

La tensión política parece volver a los cauces habituales mientras en el camino de la gestión, nunca salida, de la crisis y opacadas por el brexit se han afianzado las desigualdades. Ahora la UE afirma apostar (según las Recomendaciones del Consejo para la zona Euro) por una corrección, recomendando el desarrollo del llamado “pilar social” cuya falta de innovación y consistencia ha sido criticado. La UE no necesita un “social washing” que además ya no es creíble. Mientras el Consejo afirma por un lado la necesidad de conseguir «sistemas de protección social eficaces y sostenibles», se aprueba por otro lado un impulso de los fondos de pensiones privados y se mantiene la carrera desaforada en pos de tratados de comercio e inversión que son el paradigma de la Lex Mercatoria, del asalto de las empresas transnacionales a la democracia y que van a conllevar a buen seguro un impacto sumamente negativo en nuestros modelos laborales y mercado de trabajo.

Precisamente esta trama jurídica, esta Lex Mercatoria de la que también forman parte un buen conjunto de disposiciones del derecho de la UE es lo que impide albergar esperanzas realistas en un posible cambio de rumbo de la UE. La armadura jurídica está tan refinada que una corrección (un acuerdo entre los 28 o 27 para incluir objetivos sociales comunes) se plantea como una quimera sumamente compleja o acaso imposible. Solo la conjunción de un buen número de países con gobiernos de progreso, lo que no es un escenario probable, podría intentar virar el rumbo y aun así los compromisos supranacionales están tan bien atados a nivel jurídico que el viraje sería sin duda lento y costoso. En cambio, una profundización en los postulados neoliberales, que solo se han modificado ligeramente en el papel, tiene la senda pavimentada.

FL: Es imposible contestar esta pregunta en unas pocas líneas. Diría que, haciendo una apretada síntesis, los problemas se sitúan en tres planos diferentes, que se refuerzan mutuamente. En primer lugar, las políticas aplicadas desde la Troika –Banco Central Europeo (BCE), Comisión Europea y Fondo Monetario Internacional– y los gobiernos han exacerbado los desequilibrios que estuvieron en el origen de la crisis económica: las desigualdades, la financiarización de las economías, las brechas productivas y comerciales que separan los países más y menos  avanzados  y  una  institucionalidad de la zona euro deficiente y al servicio de las elites económicas y políticas, de la industria financiera y de los países con mayor potencial competitivo. En este con- texto de aguda problemática estructural, es imprescindible reparar en los altos niveles de deuda pública y privada y la frágil situación del sector bancario; un cambio –que ya se está produciendo y que se podría materializar en los próximos meses– en los excepcionalmente bajos tipos de interés y en la financiación suministrada por las políticas de flexibilización cuantitativa abriría un frente de tensión difícilmente gestionable.

En segundo lugar, presentan entidad propia  la  crisis  ecológica  y  la  regresión patriarcal. Por un lado, las políticas llevadas a cabo, no solo en estos últimos años, ignoran y agravan el desafío civilizatorio que implica la relación depredadora e insostenible con la naturaleza del modelo de vida prevaleciente (producción, consumo, transporte, ocio). Por otro lado, las políticas implementadas, sitúan a las mujeres en el epicentro de la gestión conservadora de la crisis y las privan de derechos, reduciendo el gasto social público, que había permitido socializar una parte de los cuidados, que de este modo retornan a los espacios privados domésticos, dominados por la división sexista del trabajo.

Un tercer grupo de problemas a considerar apunta a un escenario económico y político internacional inestable y conflictivo. No se trata solo, que también, de la desaparición o, cuando menos, pérdida de intensidad de los denominados “vientos de cola” (reducción del precio del petróleo o depreciación cambiaria), que han tenido un efecto indudablemente positivo sobre la actividad económica en términos de crecimiento. Europa se ve sacudida y amenazada por el aumento del proteccionismo, la volatilidad cambiaria, la aplicación de políticas no cooperativas y la pugna por acceder a recursos escasos.

Tampoco la pregunta de si existe mar- gen para su corrección es fácil de despachar en unas pocas líneas. La constitucionalización de las políticas económicas conservadoras –un verdadero golpe de Estado a la democracia europea–, que de esta manera han pasado a formar parte de los tratados europeos y la exigencia de unanimidad para su reforma es una importante restricción a la hora de promover otras políticas. En un sentido más amplio, los parámetros donde habitualmente se sitúa este asunto apuntan, centralmente, a las instituciones, como si estuvieran desconectadas de los intereses que las sostienen y las condicionan. Así, cuando se habla de la institucionalidad con que surgió la moneda única, los términos utilizados son «déficits, carencias, errores…», siendo los menos los análisis que apuntan a los intereses oligárquicos que imponen un determinado marco institucional, funcional a los mismos. Sin embargo, necesitamos una aproximación con estos mimbres para entender la orientación, sesgada, de las reformas realizadas en estos últimos años y las que han sido postergadas; por ejemplo, la parálisis de la Unión Bancaria, la centralidad otorgada al Mercado Único de Capitales y el Fondo Monetario Europeo, el imperativo de los ajustes presupuestarios y la imposición de una estricta condicionalidad macroeconómica. La articulación de intereses, políticas e instituciones es clave para entrar en el debate sobre la existencia de márgenes de maniobra, o su ausencia, y dar una medida de las resistencias a vencer y de los gana- dores de la construcción europea. Aclarada esta importante cuestión, conviene puntualizar que el actual marco institucional ha sido utilizado, bajo la preeminencia de Alemania y de su zona de influencia, en su vertiente más conservadora. Al menos en teoría, hubiera sido posible, por ejemplo. otra actuación por parte del BCE y del Banco Europeo de Inversiones.

ME: Hay varias, principalmente dos, maneras de criticar la UE: una, sobre la base de su propio planteamiento o filosofía y, dos, desde la óptica del bienestar de la mayoría de la población europea. Las críticas y los resultados son bastante distintos según el enfoque por el que se opte.

Sobre la base de su propio planteamiento se crítica mucho que está mal organizada, deficientemente establecida, etc., junto a la mala estructura del euro y sus consecuencias sobre todo en los países más débiles, su amplia y profunda burocracia y la pérdida de soberanía que implica para los países miembro, entre  otros aspectos; respecto al enfoque desde la óptica del bienestar de la población creo que el problema mayor es que las poblaciones de los países de la Unión, especialmente los del sur, pero también otros (el Reino Unido por ejemplo), las poblaciones han percibido que la UE es muy poco eficiente para sus objetivos y su bienestar sino que tiene más bien consecuencias negativas (programas de ajuste y austeridad). En consecuencia, la UE está sometida crecientemente a una puesta en cuestión de su existencia y una importante falta de legitimación, Por lo menos en el Estado español la (errónea) opinión mayoritaria respecto a la UE oscila entre una cierta “creencia” (literalmente) a que es beneficiosa, fruto de los años de propaganda positiva, y la ignorancia de su existencia. La gran mayoría de la población del país no le concede mucha importancia como elemento activo en su situación, sino que la considera un ente lejano, que puede ser positivo a veces en los grandes aspectos (contaminación y medio ambiente) pero muy poco relevante en cuanto a su incidencia en la situación cotidiana de la población. No obstante, cada vez son más, también, los grupos minoritarios que la consideran responsable de los recortes en los derechos del Estado del bienestar.

¿Hay margen para su corrección? Lo hay en tanto en cuanto socialmente siempre hay margen para el cambio si la mayo- ría de la población lucha por lograrlo. Pero si nos referimos solamente a si hay margen dentro de la evolución actual y previsible, se puede decir que hay muy pocas posibilidades, pues todos los indicadores van en la dirección contraria: la UE se ha convertido en un poder en declive frente a los países dominantes del mundo, sigue empeñada en sus programas neoliberales, una parte importante de países tienen gobiernos de derecha e incluso de extrema derecha, la competencia con EEUU, China y el resto del mundo se intensifica y la línea de desarrollo parecen seguir siendo la competencia y el rigor… Y su actuación frente a aspectos humanitarios como la inmigración son de una gran crueldad. Únicamente parece que a sus dirigentes empieza a preocuparles un poco la magnitud de la desigualdad  y  la  pobreza,  porque  puede dar lugar a explosiones sociales, por lo que parecen inquietarse, pero no hay mucha muestra de medidas concretas que enfrenten dichos problemas. Solo una mayoría de las poblaciones, con ideas claras sobre lo que pretenden de la Unión, podría alterar esta  dinámica  y  conducirle  a  un  cambio real. Desgraciadamente no me parece un fenómeno próximo.

LV y MDD: Al tiempo que se cuestiona la validez del proyecto comunitario, surgen importantes desafíos a escala global (cambio climático, migraciones forzosas, el auge político de la ultraderecha, la llamada IV Revolución Industrial, etc.) que exigen un posicionamiento por parte de Europa. En ese sentido ¿qué valora ción te merece la posición de la UE respecto a estas cuestiones?  ¿Qué Europa saldrá de estas pugnas?

AG: La respuesta a los grandes retos humanitarios y democráticos que se han evidenciado con toda la crudeza en los últimos años ha sido insuficiente. Precisamente en las áreas donde la población pide «más Europa», como es la intervención social, la adecuada respuesta a la llegada de personas refugiadas o la reacción común y adecuada frente al neo-fascismo, se producen los principales errores.

Todos los errores tienen consecuencias y una de las más graves, ya claramente anunciada en la última legislatura del Parlamento Europeo, va a ser la conjunción de las fuerzas de extrema derecha aglutina- das bajo un eje fundamental: la xenofobia y el rechazo a la inmigración. Aun cuando se evidencias diferencias entre los distintos partidos, en particular de carácter cuantitativo en el discurso más o menos euroescéptico, lo que parece evidente va a ser la estructuración de un eje xenófobo que puede aglutinar a un número elevado de europarlamentarios/as en Bruselas.

FL: En términos generales, los grandes desafíos estructurales que se señalan en este bloque y otros que he apuntado anteriormente no se están abordando, o las políticas implementadas son claramente insuficientes o las respuestas son erróneas. Las políticas de ajuste presupuestario, de represión  salarial  y  las  reformas  estructurales basadas en el «todo mercado» ocupan el grueso de la agenda y de los esfuerzos comunitarios, supeditando cualquier otra consideración al cumplimiento de estos objetivos. Poco o nada se hace al respecto del cambio climático o la crisis de los refugiados; salvo en este caso levantar muros y pretender echar un candado sobre las fronteras comunitarias, vulnerando todos los acuerdos internacionales en materia de asilo y derechos humanos. Y tampoco en lo que concierne a la reducción de la desigualdad, la corrección de las fracturas productivas, la concentración de la estructura empresarial, el predominio de las finanzas o la equidad de género. Las políticas aplicadas, por acción o por omisión, agravan esta problemática.

Mención aparte merece el generalizado e intenso ascenso de la extrema derecha, que ha encontrado un importante caladero de votos en la quiebra de confianza de un amplio sector de la población en las políticas y los políticos que han gestionado la crisis. Una parte de la desafección derivada de esta situación la están capitalizando estos partidos. Levantar la bandera de Europa o incluso de más Europa, manteniendo en lo fundamental las constantes de la actual, no será suficiente para frenar a la derecha extrema, que, cada vez más, marca la agenda y la hoja de ruta (por ejemplo, en el tema de las personas migrantes y refugiadas).

En cuanto al resultado de estas pugnas, la Europa que realmente está saliendo ya es una Europa oligárquica y autoritaria. Situándome más allá de las instituciones, enfoque que reivindico con fuerza, el capitalismo que emerge de la crisis (cuya superación está lejos de haberse alcanzado, a pesar de la leve mejora de algunos indicadores económicos) refuerza su perfil extractivo, confiscatorio de renta y riqueza de la población y de los espacios públicos y de recursos de la naturaleza. La pugna, la rivalidad y el poder son claves en este escena- rio, que ya se ha abierto y que perdurará en el tiempo. Hay que precisar, en cualquier caso, que nada está escrito. Que se abran paso otras políticas dependerá de la capacidad de las fuerzas del cambio para imponer un relato sustancialmente diferente del dominante y para intervenir a escala local, estatal, europea y global con el objetivo de poner los cimientos de otra Europa.

ME: Creo que gran parte de esta pregunta está respondida en la segunda parte de la anterior. Pero hay que distinguir entre los temas: probablemente la Unión Europea intentará hacer algo respecto al cambio climático –hoy en día es más activa positivamente que EEUU, por ejemplo– y a la IV Revolución Industrial, por su interés en mantenerse competitiva a nivel global, pero me temo que será mucho más contemporizadora con la ultraderecha y seguirá siendo agresiva y cruel con las migraciones. Se está produciendo un movimiento hacia la derecha en la escena político-social mundial y la UE no es una excepción.

LV y MDD: El caos del brexit en UK es quizás el momento más álgido de las tensiones y cuestionamientos que vive actualmente el proyecto europeo. ¿Consideras que esta situación condicionará, y de qué manera, el futuro de Europa? ¿Sería posible que el caso del brexit  generase un efecto dominó sobre los demás países, o son muy pocos los que podrían plantearse realísticamente la salida?

AG: El brexit condiciona plenamente el presente y el futuro de Europa, aun cuando se acabe anulando el proceso en un hipotético segundo referéndum, la idea de la UE como club del que no se puede salir, de la UE como demos en construcción permanente se ha roto. El posible fracaso del brexit no invalida por tanto esta crisis de legitimidad de la tan publicitada ciudadanía europea, pero probablemente desincentive las intenciones de otros estados de seguir esta línea. De hecho, tendencias fuertemente centrífugas como la de la extrema derecha francesa se han reposicionado, junto con Orban, en un discurso mucho menos “antieuropeo” para moverse en el ámbito de la no salida del euro, evitando así la presencia de elementos duros en la campaña electoral.

En cualquier caso, lo cierto es que la opción por la salida es sumamente compleja, más aún para los países de la zona euro. Las condiciones que han permitido que Reino Unido llegue a esta decisión son difícilmente repetibles.

Como cierre cabe traer aquel célebre discurso que en el Colegio de Europa de Brujas, desde donde se escribe este post, pronunció en 1988 Margaret Thatcher. La dama de hierro planteó su visión de la UE basada en la consecución de tres objetivos comunes: maximización del libre comercio, primacía de la integración en el ámbito económico y adopción de métodos de decisión intergubernamentales. Para haber sido considerada  una  euroescéptica,  lo  cierto  es que su receta parece haber tenido éxito.

FL: Cuando se escriben estas líneas, todos los escenarios al respecto del brexit (la salida de la Unión Europea por parte del Reino Unido) están abiertos, habiéndose fijado un nuevo calendario para determinar las condiciones en que se producirá (brexit duro o blando); si bien lo más probable es que se aplique alguna fórmula de acuerdo negociado entre el gobierno británico y las autoridades comunitarias, o que se convoque un nuevo referéndum, que, de celebrarse, posiblemente mantendría al país dentro de la UE. Cualquiera que sea la alternativa adoptada, el mensaje lanzado desde Bruselas es que la salida unilateral de la UE no es viable, por compleja y costosa. El bucle en que ha estado encerrado el debate político ha contribuido a reforzar esta percepción, por no hablar del papel desempeñado por los grandes medios de comunicación que han puesto lo suyo en alimentar la ceremonia de la confusión. En este contexto, el debate sobre las grandes encrucijadas de la economía británica –como, por ejemplo, el estancamiento de los salarios, el aumento de la desigualdad y la fractura social, la débil tributación de las rentas y patrimonios altos, el fraude fiscal, la desindustrialización del país, el creciente peso de la industria financiera, etc.– han queda- do postergados. Diría que a los responsa- bles comunitarios les viene bien que este tipo de asuntos no entren de lleno en la agenda; también ellos ignoran estas y otras cuestiones, que deberían estar en el centro del debate europeo. Por lo que acabo de señalar, no creo que el brexit tenga un efecto dominó sobre el resto de países comunitarios. Más bien lo contrario, invita a un cierre de filas ante un escenario tan perturbador, amenazante e inestable como el representado por el brexit. Pero considero un error de bulto zanjar que de esta crisis sale una Europa más robusta y unida; del mismo modo que es un error suponer que levantar la bandera del europeísmo frente al ascenso de la extrema derecha refuerza el proyecto europeo. Las inercias desintegrado- ras están muy presentes, de hecho, cada vez tienen más fuerza (en estos breves comentarios he mencionado algunas de las que me parecen más significativas). Cabe imaginar, desde luego, que una nueva y devastadora crisis ponga contra las cuerdas los pilares institucionales y las políticas de la Europa actual, lanzando una dinámica desintegradora de imposible control.

ME: Creo que el brexit tendrá menos importancia real en la UE de lo que parece por las amplias campañas de los medios de comunicación. El Reino Unido ya estuvo fuera de la UE hasta 1973 y no fue catastrófico. Supondrá un ajuste, fuerte en aquel país, menor en los demás miembros, pero no catastrófico, y el futuro de la UE continuará su ruta.

No me parece que el brexit conduzca a generalizar las salidas. Si en algunos países, ciertos grupos sociales piensan en salir de la UE (Grecia, España) no me parece que es por el brexit, sino por las consecuencias negativas que les parece que causa la pertenencia a la UE. De todos modos, la experiencia del brexit demuestra que no es tan sencillo salir de la UE, aunque se tengan todos los apoyos legales del país que quiere salir.


El desconcierto europeo

Santiago Álvarez Cantalapiedra

El desconcierto europeo

Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, núm. 145, primavera 2019,  pp. 5-10.

Durante mucho tiempo fue un lugar común considerar que la Unión Europea representaba el proyecto de integración supranacional más complejo, innovador y exitoso de la geopoíítica mundial. Hoy, sin embargo, no sólo surgen dudas al respecto, sino que se impone el convencimiento de que la UE no funciona: ni supo afrontar la Gran Recesión respondiendo a las necesidades de la ciudadanía ni está sabiendo abordar los desafíos que tenemos planteados como humanidad (la crisis ecosocial en sus múltiples facetas). Más bien prevalece la sensación de que Europa se mueve entre los peligros de un déficit estructural y las amenazas de la desintegración. En lo que se refiere al déficit hay que advertir que, a pesar de la obsesión por la estabilidad presupuestaria, el verdadero y más amenazante de los déficits no es el relativo a las cuentas públicas, sino aquel que expresa la falta de legitimidad democrática. Instituciones como la Comisión o el Banco Central Europeo gobiernan tecnocráticamente los destinos de la Unión. No es menor el riesgo de desintegración: las últimas ampliaciones ocultaron durante cierto tiempo que la UE había dejado de ser el atractivo club del que todos querían forma parte; ahora ya sabemos que el rey está desnudo y que se parece a una asociación mal avenida donde no faltan quienes la quieren abandonar ni los que la miran con profundo escepticismo.

El gran error del proyecto europeo fue asociar su suerte al orden neoliberal.

Una vez que este orden social se quiebra tras la Gran Recesión, lo hace también una UE imbuida desde los años noventa del siglo pasado de altas dosis de ortodoxia neoliberal y volcada en la defensa de los intereses del capitalismo financiero. El proceso viene de largo, pero si hubiera que resaltar un hito que marca un antes y un después sería el giro de la segunda Comisión Delors.[1] A partir de entonces queda atrás la ‘dimensión social’ del proyecto europeo. Es el momento en que se abandona el tan cacareado ‘modelo social’ preocupado por la defensa de los derechos sociales y que logra cristalizar en los Estados de bienestar. A partir de ese giro, la apuesta que se hace es por una integración supranacional abierta a los mercados mundiales con el propósito de situar a Europa en posiciones competitivas en el marco de una globalización neoliberal.

Pero esa apuesta dio lugar a una UE incapaz de proteger a su población de las amenazas provenientes de las fuerzas económicas desatadas por la globalización financiera. La puesta en marcha de la Unión Monetaria desatendiendo la coordinación de las políticas fiscales y sin atisbo de voluntad para diseñar un presupuesto común, dejó indefensa a la ciudadanía ante las embestidas del capital financiarizado y la competencia fiscal de las empresas multinacionales. Sin una base fiscal común y bajo un principio de competencia aplicado a territorios y países, el capital se enseñorea del proyecto europeo como ámbito para su propia valorización en desmedro del bienestar de la población europea.

Europa y la crisis

La Gran Recesión no hizo sino complicar aún más las cosas. Al dumping social y a la competencia fiscal se sumaron las llamadas «políticas de austeridad».

Pero, sobre todo, lo que esta crisis mostró fue la imposibilidad de Europa de leer adecuadamente los signos de los tiempos. La crisis ha representado la manifestación más clara de la quiebra del orden neoliberal. Después de más de tres décadas, el neoliberalismo ha fracasado estrepitosamente. Ni siquiera ha logrado impulsar una senda de acumulación funcional a los intereses de las facciones del capital productivo; ha conseguido, eso sí, una gran redistribución regresiva de la riqueza provocando un incremento de la desigualdad y un intenso debilitamiento de la cohesión social. La tecnocracia europea no supo leer esta crisis como lo que era, el fin de un orden, y por eso mismo Europa no se encuentra en condiciones de influir positivamente en la definición del nuevo orden social e internacional que está emergiendo.

Prueba de ello fue que la crisis mutara de una forma a otra sin que las autoridades europeas consiguieran atajarla.  La crisis financiero-inmobiliaria del 2008 pronto dio lugar a una crisis de la deuda soberana que desembocaría finalmente en una crisis del euro. Este encadenamiento de crisis económicas desencadenaría a su vez una crisis social que ha terminado traduciéndose en una crisis política de gran profundidad. La crisis en Europa se amplificó, diversificó y complicó como no ocurrió en ningún otro lugar y gran parte de la culpa es de la tecnocracia europea.

Para empezar ni la Comisión ni en el BCE han reconocido nunca su responsabilidad en el origen de la crisis. Trasladaron la culpa al sistema financiero norteamericano: allí se originaron los problemas y la globalización fue la encargada de contagiarlos por el continente europeo. Pero la realidad es que las cosas no fueron exactamente así. Adam Tooze recuerda que los bancos europeos expandieron el crédito más intensamente que en los EEUU y que las burbujas inmobiliarias que sufrieron España e Irlanda fueron el doble de grandes (siempre en términos proporcionales) que la que experimentó la economía norteamericana.[2]

Pero lo peor no ha sido negar cualquier atisbo de responsabilidad en relación con el origen de la crisis, sino los errores que se cometieron en la forma de encararla una vez que se hubo desencadenado. No hace falta ser Nobel de economía para percatarse de lo que las autoridades económicas no quisieron admitir: que no hay forma de recuperarse de una crisis financiera de las dimensiones de la vivida con devaluaciones internas que imponen cada día más precariedad, desempleo y deterioro en las condiciones de vida de la población. Estas cosas se resuelven con crecimiento, con inflación y con reestructuraciones de la deuda. El crecimiento era impensable por las consecuencias sociales del estallido de la burbuja; la inflación no era posible por la obsesión por el control de los precios que padece el ordoliberalismo alemán; lo lógico entonces hubiera sido un acuerdo entre las partes acreedoras y deudoras para repartir el esfuerzo del ajuste mediante una reestructuración de la deuda (no lo olvidemos, mayoritariamente privada). En lugar de eso, las instituciones europeas se pusieron al servicio de los países acreedores. El BCE se negó a actuar como un banco central. En el Reino Unido el sector inmobiliario también experimentó graves dificultades que se resolvieron con relativa facilidad y rapidez gracias a que el Banco de Inglaterra se dedicó a comprar la deuda de su Gobierno.

En cambio, en la zona del euro se optó por establecer protectorados violentando la soberanía popular: se intervinieron las cuentas públicas de Grecia, Portugal, Irlanda y Chipre, y Jean-Claude Trichet, a la sazón presidente del BCE, envió en el verano del año 2011 sendas cartas a los presidentes del Gobierno de España e Italia instándoles a impulsar reformas estructurales y a consagrarlas en su ordenamiento jurídico. La reforma del artículo 135 de la Constitución Española ―por la que se introducía el principio de estabilidad financiera― no se hizo esperar; lo que no consiguió el pueblo español (en quien reside la soberanía nacional según la tantas veces invocada Constitución) tras más de treinta años de democracia, se consigue de la noche a la mañana gracias a las presiones de una institución “independiente” que no rinde cuentas a nadie y que derrota a gobiernos democráticos en Grecia e Irlanda o promueve “gobiernos técnicos” como el de Mario Monti en Italia. El Banco Central Europeo no solo no actuó como un banco central, sino que se extralimitó y presionó sin ninguna legitimidad más allá de sus atribuciones monetarias, y solo cuando la sombra de la deflación se cernió sobre la eurozona como un triste augurio fue cuando Draghi (año 2015) activó las compras de bonos en los mercados secundarios, siempre condicionadas a reformas en las pensiones o en el mercado de trabajo y a la aplicación de políticas de austeridad.

Europa ante el nuevo orden emergente

Tras décadas de globalización neoliberal, Europa se encuentra con la paradoja de que lo que impulsó con tanto ahínco no le ha deparado los frutos que esperaba. En el plano interno ha exacerbado los desequilibrios y las desigualdades estructurales entre los países de la Europa septentrional y meridional, ha provocado la quiebra del mercado de trabajo en la mayoría de sus economías, fracturas territoriales internas en algunos países y fisuras profundas en la cohesión interna de cada sociedad. En el plano internacional, la globalización neoliberal ha favorecido sobre todo a las llamadas economías emergentes a costa del declive de los sectores populares de Europa y los EEUU, desplazando el protagonismo económico hacia Asia oriental. Como consecuencia han surgido reacciones de diverso tipo; observamos tensiones proteccionistas y repliegues nacionales, como en el caso de EE UU con la llegada al poder de Trump o del Reino Unido con el Brexit. Ambos casos constituyen las primeras enmiendas de cierta significación al proceso globalizador.

El mundo cambia, pero la UE no parece enterarse. Tanto en el plano interno como en el externo, va emergiendo un nuevo orden. Al interior de los países se vislumbra una sociedad compleja, con una estructura social más estirada debido al adelgazamiento de la clase media, atravesada de conflictos, riesgos y desafíos relacionados con la desigualdad, la interrupción de la movilidad social, el envejecimiento y la crisis de cuidados o la insostenibilidad de unos estilos de vida que pasan factura a la salud del planeta. Como reacción política a la gobernanza tecnocrática de las instituciones europeas y a la globalización neoliberal que ha provocado buena parte de este desaguisado, surgen por toda Europa populismos de distinto signo que coinciden en que aciertan más en los diagnósticos que en la solución a los problemas. Es el desconcierto ante una política que se ha vaciado de poder. Las fuerzas globales de los mercados financieros o los corsés que impone Bruselas definen unas reglas de obligado cumplimiento que parecen anular cualquier grado de autonomía y soberanía de los gobiernos electos.

En el plano exterior la realidad internacional viene marcada por la creciente multipolaridad. Del mundo bipolar de la segunda posguerra se pasó, tras la debacle del bloque soviético, al unilateralismo de un mundo donde EEUU ejercía de única superpotencia. En el momento presente, el centro de gravedad económico se ha desplazado hacia la costa asiática del Pacífico y el mundo ha dejado de tener un único centro de poder hegemónico. Avanzamos hacia un mundo postoccidental. Este nuevo orden global emergente muestra el debilitamiento del poder de Europa y de los EE UU y, por el contrario, el fortalecimiento y el aumento de la influencia en el panorama internacional de China y Rusia. China refleja irónicamente los signos de los tiempos: un país, sobre el papel comunista, se convierte en el gran defensor del comercio mundial y de la economía abierta en un momento en el que los EEUU ―principal impulsor de la globalización neoliberal de las últimas décadas― se enreda en rebrotes proteccionistas y guerras comerciales y tecnológicas. La reversión de las tendencias globalistas, la vuelta al Estado nación, al proteccionismo y a las guerras comerciales, o el abandono del multilateralismo, lo que revelan es que la geopolítica ha regresado, y lo ha hecho para quedarse. La partida se juega ahora en quién controlará los recursos y las principales rutas, infraestructuras y tecnologías con las que se organizará la vida social en el futuro más inmediato. Europa anda perdida en medio del desconcierto. Pesa poco en el capitalismo digital, a diferencia de EEUU y China; algo más en las finanzas, pero no tanto como para disputar la hegemonía al mundo anglosajón; y no dispone de una política exterior coherente ni de unas políticas de seguridad y defensa comunes que garanticen el acceso a los recursos estratégicos y controlar las redes de distribución. Mientras permanece en su desconcierto, la UE ve como sus miembros se desmarcan y toman la iniciativa; el caso más reciente Italia, que firmó en marzo un memorándum con China para sumarse a su «Nueva Ruta de la Seda».[3]

El único aspecto donde Europa no titubea es en el control de las fronteras.

Con una población envejecida y en declive, a la vieja Europa le asusta la juventud y el dinamismo demográfico de África. La perspectiva de que el continente vecino alcance 2.500 millones de personas en las próximas décadas inquieta a las autoridades comunitarias hasta el punto de renunciar a regular los flujos migratorios desde un enfoque centrado en los derechos humanos y optar por una gestión securitaria de la inmigración. La forma en que la UE aborda este problema no solo acrecienta la tragedia de los extracomunitarios que se acercan a nuestras fronteras, también está alentando la xenofobia y el ascenso de formaciones políticas que defienden la identidad étnica y cultural de “su” nación como elemento central de las políticas.

Democratizar Europa y afrontar los grandes retos

La pérdida de cohesión social y la crisis de los refugiados son los síntomas más inequívocos de la enfermedad que padece Europa.

No se trata de labrar una identidad cultural común. Son tantas las culturas y los pueblos presentes en el continente que una identidad cultural europea resulta tan ilusoria como indeseable. En su lugar tiene más sentido forjar valores comunes como el reconocimiento y el respeto a la diversidad. La enfermedad que padece Europa nada tiene que ver con la ausencia de una identidad cultural común; tiene que ver con la forma en que se ha construido el proyecto de la UE y cómo en ese proceso se han ido abandonando valores y principios democráticos. El diseño institucional y político europeo deja poco espacio a la democracia. Las instituciones supranacionales no rinden cuentas a los ciudadanos y fueron diseñadas para separar la democracia existente a escala nacional (demediadas, imperfectas, si se quiere, pero democracias, al fin y al cabo) de la gobernanza económica. La enfermedad que padece Europa solo se resuelve construyendo una gobernanza realmente democrática.

Construir democracia en Europa no puede quedarse en un simple enunciado genérico vacío de contenido. La democratización del proyecto de la UE debe empezar por coordinar las políticas económicas y tributarias de los diferentes Estados para acabar con el dumping social y la competencia fiscal entre sus territorios; debe continuar encarando el problema de la deuda mediante una restructuración ambiciosa que permita la recuperación de las sociedades más afectadas por la crisis y debe culminar con un cambio en la dirección de las políticas desde la obsesión actual por la estabilidad financiera hacia el objetivo ineludible de la transición ecológica. La creación de una Asamblea Europea ―como han propuesto Piketty y otros―[4] no solo serviría de contrapeso institucional a la tecnocracia comunitaria, sino que además permitiría abordar sin demora la necesaria armonización fiscal y presentar una ley a favor de un impuesto europeo de sociedades que hasta el momento ha sido sistemáticamente rechazado por la regla de la unanimidad que en esta materia rige en el seno del Consejo de Ministros de Economía y Finanzas (ECOFIN).[5] No hay que olvidar que el déficit democrático en la UE no se debe únicamente a la existencia de agencias “independientes”, sino también a las reglas y procedimientos que imponen la voluntad o el veto del que tiene más fuerza o capacidad de influencia. No se trata de más Europa (léase, más integración y cesión de soberanía), sino de mejor Europa (con más democracia y mayor coordinación).

La democratización del proyecto europeo pasa, sobre todo, por resituar la política allí donde aún es posible hablar de democracia, sustrayéndola de las manos de los tecnócratas de la Comisión y el BCE y acentuando la coordinación política entre los Estados. Para lograr una mejor Europa es insorteable luchar contra el capitalismo financiarizado y apostar ―como defiende Wolfgang Streeck―  «por la democracia social nacional y local, lugares en los que la gente pueda construir conjuntamente competencias económicas y buena vida, de acuerdo con sus capacidades y necesidades (…) Las comunidades locales, regionales y nacionales invertirían intensamente en infraestructuras colectivas, desde el transporte público a la educación y la sanidad públicas y gratuitas, ayudadas por instituciones financieras nacionales e internacionales de propiedad pública o de carácter cooperativo, que se hallarían protegidas de la implacable competencia internacional y no sujetas a los dictados de Berlín, París o Bruselas».[6]

Europa no puede inhibirse de la definición del orden social que emerge de los escombros del periodo neoliberal si quiere encarar seriamente la cohesión, la democracia y la crisis ecológica.

 

NOTAS

[1] Se conoce así a la Comisión Europea presidida por Jacques Delors.  Como presidente de la Comisión Delors estuvo tres mandatos sucesivos a lo largo de un periodo que va desde 1985 hasta 1994. La tercera Comisión Delors (1993-1994) fue también la primera Comisión de la Unión Europea, puesto que el Tratado de Maastricht entró en vigor en 1993.

2[1] A. Tooze, Crash. Cómo una década de crisis financieras ha cambiado el mundo, Crítica, Barcelona, 2018.

3[1] Esta iniciativa responde al nombre de Belt and Road Initiative, y fue lanzada lanzada por China en el año 2013 para conectarse con las economías de Europa, Oriente Medio y África. China contempla los puertos italianos como nodos estratégicos en el proyecto de difundir sus productos e inversiones.

4[1] Véase el manifiesto por la democratización de Europa de Stéphanie Hennette, Thomas Piketty, Guillaume Sacriste y Antoine Vauchez, Pour un traité de démocratisation de l’Europe, Seuil, París, 2017.

5[1] The Economic and Financial Affairs Council (ECOFIN) está integrado por los Ministros de Economía y Finanzas de los estados miembros de la UE, así como por los Ministros de Hacienda cuando se discuten cuestiones presupuestarias. Tiene competencias legislativas en materia económica y financiera. La mayoría de las decisiones se toman por mayoría cualificada, pero la excepción son los asuntos fiscales que se deciden por unanimidad.

[6] Entrevista de Miguel Mora a W. Streeck, «El imperio europeo se hunde», CTXT, 13 de marzo de 2019. Se puede consultar en: https://ctxt.es/es/20190313/Politica/24878/neoliberalismo-union-europea-alemania-wolfgang-streeck-miguel-mora.htm


Día Mundial de la Alimentación: Recursos Ecosociales

Para celebrar el Día Mundial de la Alimentación, en FUHEM Ecosocial queremos destacar algunos de nuestros recursos que abordan diferentes aspectos relacionados con el sistema alimentario actual, con la relación entre el modelo económico y el cambio climático, así como la influencia y riesgos que pueden tener las megafusiones del sistema agroalimentario.

La expansión de las prácticas financieras especulativas en el terreno alimentario, convierte a los alimentos básicos en meros “activos”cuyas expectativas de precios se crean artificialmente, alimentando burbujas financieras de las que obtener beneficios. Un capital especulativo que participa activamente en la carrera por el control de tierras cultivables favoreciendo el acaparamiento de tierras.

Abordamos también algunas cuestiones en torno a la alimentación como ¿qué es la «gentrificación alimentaria» o la «gourmetización» de los mercados de abasto? ¿Qué naturaleza tienen los desiertos alimentarios? ¿Se está pervirtiendo el mercado de productos ecológicos?, en uno de los dossieres seleccionados, mientras que en el otro tratamos sobre quién decide el precio de los alimentos y los impactos que el modelo alimentario tiene en nuestros estilos de vida, en la dieta y en la salud.

Cuestionamos los mitos, verdades y alertas de nuestros modelos alimentarios y hablamos de justicia alimentaria en las ciudades y de la problemática que supone la magnitud del desperdicio alimentario.

A continuación ofrecemos el acceso a la INTRODUCCIÓN y el  ESPECIAL del número 139 de la revista Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, dos dossiers que recogen los artículos publicados en los Boletines ECOS dedicados a la Gentrificación alimentaria, y a los impactos de los modelos alimentarios; un Diálogo Ecosocial y los videos de la Jornadas sobre Justicia alimentaria en la ciudad.

Alimentación en disputa

Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, núm. 139, otoño 2017.

 INTRODUCCIÓN

Las crisis alimentarias y el fin de la era de los alimentos baratos, Santiago Álvarez Cantalapiedra.

ESPECIAL:

Reestructuración del sistema agroalimentario globalizado en el capitalismo terminalManuel Delgado.

Hoy comemos para morir, pero podemos comer para vivir, Patricia Aguirre.

Megafusiones en el sistema agroalimentario: el caso de Bayer-Monsanto. ¿Qué riesgos hay en Europa?, Tiziano Gomiero y Monica Di Donato.

Modelo alimentario y cambio climático, Carlos González Svatetz.

Agroecología y ciudad: Alimentación, ambiente y salud para una agenda urbana sostenible  Walter Pengue.

Enraizar el cambio: gobernanza desde abajo y justicia alimentaria, Owain Hanmer.

Desperdicio alimentario, análisis de una problemática poliédrica, María Mestre Montserrat y Verónica Martínez Sánchez

Dossier Gentrificación, privilegios e injusticia alimentaria

La estimulación del consumo está omnipresente en la dinámica urbana actual. La gentrificación aprovecha esta pulsión incluso en ámbitos tan cotidianos como la alimentación. En ese sentido, muchas ciudades se están transformando progresivamente en escaparates alimentarios artificiales, movidos por las lógicas de aquellos grupos sociales a los que se quiere atraer, clases pudientes con alto poder adquisitivo que terminan por alterar el papel de la alimentación como satisfactor de necesidades tanto biológicas como culturales y de vinculación a un territorio.

Puedes descargar a continuación el Dossier completo en formato pdf:  Gentrificación, privilegios e injusticia alimentaria, o bien los artículos por separado:

Alimentación, gentrificación y transformaciones urbanas, Joshua Sbicca.

La gourmetización de las ciudades y los mercados de abasto, Sara González.

¿Qué son los desiertos alimentarios? Guadalupe Ramos Truchero.

La sinécdoque del consumo (eco)lógico, Ricard Espelt.

SELECCIÓN DE RECURSOS:

Desde el Centro de Documentación de FUHEM Ecosocial ofrecemos una selección de libros, una recopilación de artículos de revistas especializadas, recursos en diferentes formatos: informes, papers, comunicaciones de Congresos, blog, conferencias y materiales didácticos. Acabamos ofreciendo algunos recursos de publicaciones de FUHEM Ecosocial como: un número de la revista Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global titulada la Alimentación en disputa, un número de nuestro Boletín ECOS dedicado a la Agroecología, como una forma de acercarnos a la calidad de vida y algunas entradas del Blog Tiempo de Actuar, con recursos para trabajar en el aula.

Dossier Impactos de lo modelos alimentarios.

Nuestros alimentos, actualmente integrados en buena medida en cadenas globales, comportan diferentes impactos sobre nuestra salud y los ecosistemas. Las cosechas alimentarias cotizan hoy en los mercados de materias primas, como si de un recurso más se tratara y las cadenas alimentarias son controladas por poderosas corporaciones.

Para examinar estas cuestiones contamos en este dossier con la colaboración de Nuria del Viso en la coordinación y la participación de varios expertos sobre el tema.

Puedes descargar el dossier completo en pdf: Impactos de los modelos alimentarios. o bien los artículos por separado:

- Alimentación, estilo de vida y salud, por Carlos A. González.

- La huella ecológica de las dietas mediterráneas, por Nicole Grunewald, Alessandro Galli, Katsunori Iha, Martin Halle, Michel Gressot.

- Dos menos uno, dos. Quién decide el precio de los alimentos, por Ferrán García.

- De la producción al consumo. Cuatro experiencias que construyen un modelo alimentario justo y sostenible, por Luis González Reyes y otros autores.

- Selección de recursos, por Susana  Fernández Herrero documentalista de FUHEM Ecosocial, que cuenta con una recopilación de libros, revistas y otros recursos.

Diálogo Ecosocial: ¿Comer es un acto peligroso? Entre mitos, verdades y alertas, el cuestionamiento de nuestros modelos alimentarios

Organizado y moderado por FUHEM Ecosocial que tiene como objetivo establecer un diálogo entre actores de diferentes ámbitos y esferas con el fin de entender cuáles son las consecuencias para la salud y el medio ambiente de determinadas elecciones alimentarias, cuáles son las percepciones y la evolución de las actitudes de los consumidores en la elección de la comida y cuáles son las posibilidades y los problemas en canales de producción alternativos a los convencionales.

El acto contó con la presencia de: el profesor Carlos Alberto González, de la Unidad de Nutrición y Cáncer del Instituto Catalán de Oncología, que abrió el diálogo con una reflexión experta sobre el contenido y los datos del famoso y muy polémico Informe de la Agencia internacional para la investigación del cáncer (IARC) de la OMS sobre la cancerosidad de la carne, Fernando Mantecas, un productor de carne ecológica de la vertiente segoviana de la Sierra de Guadarrama; las aportaciones de Ana Etchenique, de la Confederación de Consumidores y Usuarios (CECU), y de Javier Guzmán, de Veterinarios sin Fronteras - Justicia Alimentaria Global, una asociación muy activa y crítica sobre el papel de la agroindustria y en favor de la soberanía alimentaria.

 

Jornadas de Justicia Alimentaria en la Ciudad

Organizadas por Red Solidaria Popular - RSP de Latina, Revista PAPELES de Relaciones Ecosociales y Cambio Global de FUHEM Ecosocial y los integrantes de la Carta Contra el Hambre de Madrid, estas Jornadas tenían como objetivo visibilizar la situación de la precariedad alimentaria en el contexto urbano, y especialmente en la ciudad de Madrid, las iniciativas de los movimientos sociales en los Distritos de Latina y Tetuán y la propuesta política de la Iniciativa legislativa Municipal promovida por el Ayuntamiento de Madrid.

Se desarrollaron en tres sesiones en nuestro Espacio Abierto FUHEM:

1ª Sesión: De la Carta Contra el Hambre a la Iniciativa Legislativa Municipal (ILM) en Madrid, con la intervención de: intervención de: José Ramón González Parada. Plataforma Carta contra el Hambre. Revista Esbozos., Evaristo Villar. Plataforma Carta Contra el Hambre. Revista Éxodo, José Manuel Camacho. Impulsor del texto de la Iniciativa Legislativa Municipal,  Miguel Ángel de Prada. Proyecto Social ELSANTA, moderando la mesa.

2ª Sesión. Iniciativas sociales contra la precariedad alimentaria. Distrito de Tetuán y Latina, moderada por José Luis Yuguero (RSP) y con la intervención de: Comisión por el Derecho a la Alimentación de la Mesa contra la exclusión de Tetuán, Red Solidaria Popular (RSP) de La Latina.

3ª Sesión. El hambre, el poder corporativo y las alternativas desde la justicia alimentaria, moderada por José Bellver (FUHEM Ecosocial), con la intervención de: José Esquinas. Ex FAO y experto en el tema del hambre, Monica Di Donato. FUHEM Ecosocial y autora de la revista Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, núm. 139 y Nerea Morán. Investigadora Universidad Politécnica de Madrid y autora de la revista Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, núm. 139.

 

 


Día Internacional de las Mujeres Rurales

Cada 15 de octubre se celebra el Día Internacional de la Mujeres Rurales y este año, bajo el lema ”Mujeres y niñas rurales, creadoras de resiliencia climática” se quiere visibilizar el papel fundamental que desempeñan las mujeres rurales en la acción por el clima.

ONU Mujeres hace un llamamiento a la acción para respaldar a las mujeres y niñas rurales y fomentar sus capacidades a fin de que puedan responder ante el cambio climático mediante la producción agrícola, la seguridad alimentaria y la gestión de los recursos naturales.

En un momento en el que el mundo se enfrenta a una necesidad cada vez más acuciante de abordar el cambio climático, el importante papel que desempeñan las mujeres y niñas rurales a la hora de crear resiliencia es indiscutible.

Las mujeres y las niñas rurales influyen de manera significativa en la agricultura, la seguridad alimentaria y la nutrición, la tierra y la gestión de los recursos naturales, así como en el trabajo no remunerado y de cuidado doméstico. Ellas son las más afectadas cuando los recursos naturales y la agricultura se ven amenazados.

Desde FUHEM Ecosocial queremos celebrar el Día Internacional de las Mujeres Rurales con el Dossier: Mujeres y mundo rural: nuevos y viejos desafíos

Las mujeres rurales representan más de un tercio de la población mundial, y son mayoría dentro del 43 por ciento que suponen las mujeres agricultoras en todo el mundo. Trabajan la tierra, plantan las semillas, cuidan el medio, garantizando la seguridad alimentaria de sus comunidades, y construyendo resiliencia frente a los impactos ocasionados por el cambio climático. En ese sentido, son un recurso crucial para la agricultura y las economías rurales. Sin embargo, cuando se trata de la posesión de la tierra, el acceso a los insumos, a la financiación, a las tecnologías, etc. las mujeres se ven relegadas frente a los hombres.

El dossier se centra en indagar precisamente sobre la condición de la mujer en el medio rural, los cambios y retrocesos que se han producido, tanto en España como en América Latina, con respecto a las necesidades y reivindicaciones que pueden facilitar el desarrollo de sus capacidades y posibilidades como cuidadora del medio y productoras agrícolas, para lograr la igualdad de género y su empoderamiento.

Para ello, contamos con artículos de Emma Siliprandi, Lidia Senra, Ana Sabaté y Fátima Cruz Souza, así como una selección de recursos elaborados desde el Centro de Documentación Virtual de FUHEM Ecosocial.

A continuación, puedes descargar el Dossier completo en formato pdf: Mujeres y mundo rural: nuevos y viejos desafíos, o bien los diferentes artículos por separado:

 

Mujeres rurales en América Latina: organización y luchas por la dignidad campesina desde una perspectiva ecofeminista

Emma Siliprandi

En este artículo se presenta brevemente la situación actual de las mujeres rurales latinoamericanas, en cuanto a su acceso a recursos productivos y condiciones de vida, focalizando algunas de sus luchas principales. Asimismo, se comenta sobre su creciente protagonismo en temas agroecológicos y se discute sobre las dificultades que siguen afrontando para ser reconocidas plenamente como sujetos políticos, en todos los ámbitos.

Las zonas rurales ofrecen unas condiciones de vida específicas en razón del reducido tamaño de los núcleos de población y de la dispersión del poblamiento. Para las mujeres esto supone una carga añadida, ya que la asignación prioritaria de la responsabilidad de cuidadoras, unido a la escasa oferta de servicios y a la precariedad del transporte condiciona su acceso al mercado laboral, a la formación, etc., y en definitiva dificulta el camino a la obligada igualdad entre mujeres y hombres.

 

Un antes y un después de la Ley 35/2011

Lídia Senra Rodríguez

La aprobación de la Ley 35/2011 sobre titularidad compartida de las explotaciones agrarias supuso un antes y un después en una larga lucha, que arranca en Galiza promovida por las mujeres del Sindicato Labrego Galego, demandando el reconocimiento legal de la profesión como campesinas de las mujeres que desenvuelven su actividad en el marco de la "explotación agraria familiar".

El medio rural español presenta una situación de despoblación, masculinización y desagrarización; en este contexto las mujeres jóvenes fueron y son las protagonistas claves del éxodo rural. Por ello, es necesario analizar los elementos y dinámicas que empujan las mujeres jóvenes, y otras personas, a abandonar el medio rural, así como, identificar y potenciar aquellos que ejercen un efecto de atracción y vinculación de éstas con los territorios.

SELECCIÓN DE RECURSOS

Susana Fernández Herrero

Desde el Centro de Documentación Virtual de FUHEM Ecosocial elaboramos una recopilación de recursos de diferentes formatos para facilitar el acceso a más información en torno a la temática abordada en cada número.

Contamos con una selección de libros, en torno a la situación de la mujer en el mundo rural, su invisibilidad, su acceso a la educación, las dificultades de incorporarse al mundo laboral, el papel de las mujeres rurales en la defensa de la soberanía alimentaria, de la vida y el medio ambiente y sobre la relación entre la agroecología y el ecofeminismo.

Una recopilación de informes y estudios que visibilizan los desequilibrios que se producen en la población rural, las condiciones de vida y la posición social que ocupan las mujeres en este mundo masculinizado, así como la construcción de nuevas identidades y roles, así como diagnósticos sobre igualdad de género en el medio rural.

Mostramos una serie de revistas especializadas que ponen el foco en el mundo rural publicadas por organizaciones, federaciones de mujeres, institutos de investigación, universidades e instituciones públicas.

La selección se completa con una miscelánea de materiales de diferentes formatos: atlas, base de datos, material audiovisual, guías didácticas, una exposición, una guía, una infografía, un tablón de Pinterest y un programa de la FAO.


Agenda: La Universidad ante el desafío del cambio climático

El próximo jueves 3 de octubre FUHEM Ecosocial colabora en la organización de un acto de La Penúltima con el fin de debatir con mujeres economistas cómo afrontar desde la universidad y desde la economía el desafío de la crisis climática.

Fecha: 3 de octubre.

Hora: 18.30 h.

Lugar: Espacio Abierto FUHEM

Avda de Portugal 79, posterior.

Metro: Puerta del ángel.

Abordaremos temas referentes a:

  • El dilema: ¿un crecimiento imposible e indeseable o una distribución justa y necesaria? ¿Cómo se enfrenta este dilema en la enseñanza de la economía en la universidad?
  • ¿Ha entrado en la enseñanza de la economía en la universidad el debate sobre el del decrecimiento?
  • El crecimiento económico, el icono más preciado de la economía convencional...frente a los límites de un planeta en peligro.
  • ¿Continuará ignorando la enseñanza de la economía en las universidades el agotamiento y despilfarro de los recursos naturales y la catástrofe ecológica?

 

El debate contará con la presencia de:

Clara García: Profesora de Economía Política de la Universidad Complutense de Madrid- UCM.

Lucía Vicent: Profesora Asociada de la UCM e Investigadora de FUHEM Ecosocial.

Nuria Alonso: Profesora de la Universidad Rey Juan Carlos

Modera:

Fernando Luengo: Economista y miembro de La Penúltima

 


Agenda: Conflictos Ecosociales y Derechos Humanos

 

El próximo 2 de octubre se celebra la Jornada Conflictos Ecosociales y Derechos Humanos, organizada por Gernika Gogoratuz  Investigación por la paz, en la que se presentará el proyecto internacional “Territorios en conflicto. Investigación, formación y acción para el fortalecimiento de capacidades  y construcción de alternativas de vida”, coordinado por Gernika Gogoratuz y Gernikatik Mundura, en colaboración con la UPV-EHU. 

El Proyecto que tiene dos objetivos, por un lado, conocer el impacto del modelo hegemónico neoliberal y la incidencia de los factores transnacionales en los procesos de construcción de proyectos de cada sociedad en su ecosistema y por otro lado, describir los procesos colectivos críticos que plantean alternativas en base a la sostenibilidad de la vida y la justicia social.

La Jornada tendrá lugar en Aulas de la experiencia de Bilbao y contará con la participación de Santiago Álvarez Cantalapiedra, director del área Ecosocial de FUHEM, que hablará sobre Extractivismo, poder y violencia.

PROGRAMA

  • 16:00-16:15. Inauguración.

Patxi Zubiaur, presidente del Foro de Asociaciones en Educación en Derechos Humanos y por la Paz, Jokin Alberdi, UPV/EHU y Gernika Gogoratuz.

  • 16:15-17:15. Extractivismo, poder y violencia.

Santiago Álvarez Cantalapiedra, director del Área Ecosocial de Fuhem, Madrid.

  • 17:15-18:00. Lineamientos para la construcción de alternativas en los territorios.

Alfonso Dubois, UPV/EHU y Gernika Gogoratuz.

Presentación de las conferencias: María Oianguren, Gernika Gogoratuz.

  • 18:00-18:15. Pausa.
  • 18:15- 19:15. Estudio de caso: Cabo Delgado, Mozambique.

Teresa Cunha, investigadora del Centro de Estudios Sociales de la Universidad de Coímbra y Vasco Coelho, UPV/EHU y Gernika Gogoratuz.

  • 19:15-20:00. Diálogos horizontales.

Presentación productos proyecto y clausura. Andreas Schäfter y Ana Etxarte, Gernika Gogoratuz.

 

Organiza: Gernika Gogoratuz. Centro de Investigación por la Paz, Foro de Asociaciones en Educación en Derechos Humanos y por la Paz y la UPV/EHU.

 

Más información e inscripciones:  https://www.gernikagogoratuz.org/jornada-conflictos-ecosociales-y-derechos-humanos/


Recursos Ecosociales Sobre Cambio Climático

 

Hoy tiene lugar en Nueva York la Cumbre Sobre la Acción Climática de Naciones Unidas, en un contexto en el que las emisiones a nivel mundial están alcanzando unos niveles sin precedentes, cuya consecuencia es que los últimos cuatro años hayan sido los más calurosos de la historia y que las temperaturas invernales del Ártico hayan aumentado 3 °C desde 1990.

Los recientes informes sobre el estado de la biodiversidad del IPBES y sobre el calentamiento global de 1,5 ºC del IPCC alertan del deterioro de un gran número de ecosistemas, tanto terrestres como marinos, así como de que un millón de especies se encuentran gravemente amenazadas por la actividad humana. Los niveles del mar están subiendo, los arrecifes de coral se mueren y ya podemos ver el impacto del cambio climático en la salud a través de la contaminación del aire, las olas de calor y los riesgos en la seguridad alimentaria.

En FUHEM Ecosocial hemos abordado en nuestras publicaciones cuestiones relacionadas con las causas y las consecuencias del cambio climático y, por ello, ofrecemos una selección de recursos que abordan diferentes aspectos relacionados con esta problemática: los procesos de securitización como respuesta a la crisis climática y sobre cómo el poder está moldeando un mundo de privilegiados y desposeídos ante esta crisis.

Las consecuencias de los modelos alimentarios actuales en el calentamiento global y cómo el sistema alimentario global puede convertirse en una pieza clave de la lucha contra el calentamiento global.

¿Qué hay de verdad en la afirmación de que las centrales nucleares son una solución a las emisiones de efecto invernadero porque la producción de electricidad, a partir de energía nuclear, está libre de emisiones de CO2?

Los impactos del negacionismo climático y las diferentes respuestas ante las campañas de desinformación, y como reacciona la sociedad española ante el cambio climático.

Sobre cómo la tecnología está creando un tecno-optimismo frente a las consecuencias de su excesivo uso en el calentamiento global. Y cómo las catástrofes naturales generadas por el cambio climático están produciendo migraciones ambientales masivas, sin que haya un estatus jurídico que proteja y de refugio a  las víctimas.

 

De los delirios escapistas frente al cambio climático a la búsqueda de respuestas colectivas

Nuria del Viso

En Crisis Ecosocial, Conflictos y Construcción de Paz, Boletín ECOS, núm. 44, septiembre-noviembre 2018.

El artículo aborda las diferentes respuestas que se están desarrollando en el contexto de la crisis climática. Se engloban, básicamente, en dos bloques: las respuestas de autoprotección de las elites, ya sea como negacionismo, mercantilización o securitización; y las respuestas desde la sociedad civil organizada, en concreto, el movimiento de justicia climática y la autoorganización comunitaria. Nos jugamos mucho dependiendo de qué criterios se utilicen y quién dirija la adaptación al cambio climático porque esto determinará el tipo de respuestas que se apliquen, si tenderán a ser en clave excluyente y con tintes ecofascistas, o bien con criterios de justicia y equidad.

El movimiento por la justicia climática, creado fuera de la academia, ha contribuido, sin embargo, a desarrollar conceptos, como el de «deuda climática», y argumentos que sustentan un discurso que comienza a calar más allá del activismo.

 

Respuestas ante el negacionismo climático 

Francisco Heras Hernández

Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, núm. 140, invierno 2017/18, pp. 119-130

La negación del cambio climático, ya sea activa (rechazo explícito de las interpretaciones de consenso establecidas desde la ciencia del clima) o pasiva (evitar la información sobre el tema, mirar para otro lado) es una respuesta frecuente ante un fenómeno –el cambio climático– percibido como amenazante, tanto por sus impactos como por las responsabilidades que nos plantea. El negacionismo organizado, trata de reforzar y extender esas respuestas de negación utilizando un variado repertorio de prácticas comunicativas. Descartada la idea de que la negación sea el resultado de una falta de información o un déficit de cultura científica, en los últimos años se han planteado diversas respuestas a las campañas de desinformación negacionistas. Estas respuestas incluyen a) ignorar a los detractores; b) poner al descubierto su estrategia comunicativa, basada en la manipulación; c) desvelar sus motivaciones; d) refutar los mitos que difunden; y e) exigir responsabilidad a sus patrocinadores. El artículo presenta los fundamentos de estas propuestas y apunta algunas líneas de trabajo complementarias para evitar que las iniciativas que se desarrollen para frenar el cambio climático favorezcan las respuestas denegación.

El reto es comunicar y actuar frente al cambio climático de manera efectiva sin alimentar las respuestas de autodefensa y negación

 

Cambio Climático S.A.

Nick Buxton, Ben Hayes (eds.)

Madrid: FUHEM Ecosocial, 2017, 301 págs.

Los ejércitos y las corporaciones, con el consenso de ciertos grupos políticos, buscan hacer del cambio climático un gran negocio del que lucrarse, mientras profundizan la exclusión de las y los desposeídos, expuestos a las peores consecuencias.

El libro plantea una serie de incómodas pero necesarias cuestiones ante las que no podemos permanecer indiferentes: ¿Quiénes son los ganadores y los perdedores de las nuevas estrategias de «seguridad climática»? ¿Cuáles son las implicaciones de que instituciones como el Pentágono o corporaciones como Shell reformulen el alcance del cambio climático desde los ámbitos de justicia social y ambiental a los de seguridad? ¿Qué es lo que se va a asegurar, para quién, por parte de quién y a qué coste?

Al mismo tiempo, el libro invita a la ciudadanía a pensar otros modos de abordar las consecuencias de la crisis climática respetando los derechos sociales y la sostenibilidad.

 

Modelo alimentario y cambio climático

Carlos A. González Svatetz

Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, núm. 139, otoño 2017, pp. 55-62.

La importancia de la agricultura, y particularmente de la ganadería, en la generación de gases de efecto invernadero (GEI) convierte al sistema alimentario global en una pieza clave de la lucha contra el cambio climático. El excesivo consumo de carne, que incluye cada vez a más países, no solo incide negativamente en el medio ambiente, sino que puede perjudicar a la salud. Por ello, resulta imprescindible involucrar activamente a la sociedad civil en la lucha contra el calentamiento global y el cambio de pautas de consumo, junto a políticas públicas e impositivas que apoyen tal transformación.

Existe una profunda relación entre la producción y consumo de distintos tipos de alimentos y la generación de GEI

 

Centrales nucleares, emisiones de CO2 y cambio climático

Xavier Bohigas

Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, núm. 138, verano 2017, pp. 109-121.

Existe una gran preocupación sobre el cambio climático y sus efectos entre la población. Desde hace años la industria nuclear se postula como una solución a las emisiones de gases de efecto invernadero, alegando que la producción de electricidad a partir de la energía nuclear está libre de emisiones de CO2. En este artículo comentamos diversos estudios que muestran que la energía nuclear no está exenta de emisiones de CO2, tanto si analizamos todo el ciclo de vida de una central nuclear, como si nos restringimos a la fabricación del combustible nuclear. Estas emisiones son menores que las producidas por las industrias eléctricas basadas en el carbón, petróleo o gas, pero, por otro lado, son mayores que las producidas por las industrias que utilizan energías renovables. La energía nuclear no es una alternativa para mitigar el cambio climático, pues tiene enormes inconvenientes en comparación con la opción de las energías renovables.

Las energías renovables representan un menor coste para el contribuyente que la energía nuclear

 

Cuando lo importante no es relevante. La sociedad española ante el cambio climático

Francisco Heras Hernández y Pablo Ángel Meira Cartea

Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, núm. 136, invierno 2016/17, pp. 43-53.

Los estudios realizados para conocer las ideas y valoraciones de la población española sobre el cambio climático dibujan una sociedad consciente de la realidad del fenómeno, de su causalidad humana y de su peligrosidad, que rechaza la inacción frente al problema. Pero también revelan que el cambio climático no forma parte de las prioridades personales y posee una modesta relevancia social, política o mediática. En este escenario, la mera provisión de información sobre los impactos y vulnerabilidades asociadas al cambio climático no parece ser la respuesta necesaria, ya que cada vez son más quienes se sitúan en una actitud de ignorancia activa, optando por “no saber más” acerca de un fenómeno que resulta deprimente y les sobrepasa.

Las creencias y valoraciones sociales sobre el cambio climático condicionan las reacciones personales y colectivas ante el problema.

 

Tecno-optimismo climático: el escapismo tecnológico, frente al calentamiento global 

Samuel Martín-Sosa Rodríguez

Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, núm. 134, verano 2016, pp. 25-38.

Los discursos tecno-optimistas destilan habitualmente cierta confusión entre tecnología y energía, como si se tratara de la misma cosa. La premisa es tan sencilla como errónea: desarrollando la tecnología, encontrar nuevas fuentes de energía no será un problema. Tampoco lo será el crecimiento en su consumo: se esboza un futuro idealista de economía desmaterializada donde, gracias a la eficiencia tecnológica, la producción se desacoplará del consumo energético (y del uso de los recursos en general), requiriéndose cada vez menos energía por unidad de producción, ad infinitum. Se obvian así los límites físicos y la segunda ley de la termodinámica, que nos habla de la irremediable degradación de la energía.

La tecnología está sirviendo para prolongar la agonía del declive energético y para crear un espejismo de solución respecto al principal problema, el climático, que la desmesura energética ha creado.

 

La migración ambiental: entre el abandono, el refugio y la protección internacional

Susana Borrás

Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, núm. 132, invierno 2016/17, pp. 31-49

La República de Kiribati, país insular ubicado en el océano Pacífico, al noreste de Australia (Oceanía), se compone de 33 islas y 102.000 habitantes, que viven en su mayoría en la capital, Tarawa Sur. La población de este país se dedica principalmente a la pesca. Kiribati es uno de los países insulares del mundo más vulnerables frente a las inundaciones marítimas, como se ha señalado en los informes del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) de la ONU. De hecho, ninguna parte de su isla principal se eleva por encima de los dos metros sobre el nivel del mar, por lo que si la temperatura del planeta aumentara 2 °C el territorio de este país estaría condenado a desaparecer sumergido bajo las aguas y su población obligada a emigrar. ¿Qué estatus jurídico puede proteger a las víctimas migrantes de las alteraciones humanas del clima?

Según Oxfam, la migración ambiental crea un nuevo concepto de refugiado: los que son forzados a huir de su país de origen porque las condiciones climáticas ponen en peligro su existencia

 

El Acuerdo de París y el cambio transformacional 

Rogelio Fernández-Reyes

Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, núm. 132, invierno 2016/17, pp. 101-114

La cumbre del clima (COP21) de París contó, de manera inaudita, con la presencia de 150 jefes de Estado. El evento vino precedido de una amplia movilización ciudadana y declaraciones de líderes de distintos ámbitos que alertaban de la dimensión del problema. La mirada de este trabajo se centra principalmente en referencias científicas, deteniéndose en lo que suponen los objetivos climáticos «muy por debajo de los 2 °C» y «1,5 °C». Se estudian las reacciones de los científicos y se concluye que es preciso que prevalezca un cambio transformacional. A partir de ahí se evalúan los compromisos adquiridos, los cuales cuentan con una distancia ingente con los objetivos acordados.

En España existe el riesgo de que la temperatura se llegue a incrementar entre 5,4 y 7,4 °C en el año 2100 aun cuando se cumplan los compromisos del Acuerdo.

 


Green New Deal

El Green New Deal no debe vincularse al crecimiento económico

Giorgos Kallis

Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, núm. 146, verano 2019, pp. 107-116.

Traducción: José Bellver1

La conjunción de la crisis climática y las problemáticas socioeconómicas (aumento de la pobreza, desigualdades, deuda, austeridad, etc.) han puesto sobre la mesa distintas propuestas políticas que, según la forma en que se planteen, pueden o no ser compatibles.  Una de ellas es la propuesta de un nuevo New Deal verde, cuya idea ha sido mantenida viva en estos años por académicos como el economista Robert Pollin, y que está siendo retomada y formulada como proyecto de ley de Green New Deal (GND) por la parlamentaria demócrata americana Alexandra Ocasio-Cortez en EEUU. En este artículo, Giorgos Kallis, un académico de referencia en la defensa del decrecimiento, discute algunos de los postulados de Pollin, subrayando que el GND no debe ser una agenda diseñada para combatir el cambio climático exclusiva- mente, que de paso permita recuperar el crecimiento económico; sino que debe plantearse como una agenda política para la izquierda verde que permita limpiar la producción, pero también reducir y transformar el consumo, desarrollando en el camino las capacidades para desvincular el bienestar del crecimiento.

El proyecto de ley sobre Green New Deal (GND) es un audaz plan de movilización de 10 años para convertir a los EEUU en una economía de cero emisiones de carbono.2 Si queremos alterar el actual estado de complacencia respecto a la degradación del clima, intervenciones valientes y ambiciosas como esta son necesarias, en los EEUU y en otros muchos lugares. Los académicos, como el economista Robert Pollin, que mantuvieron viva la idea de un GND en los últimos años y proporcionaron estudios para respaldarla, deben ser felicitados por sus esfuerzos.

Desde hace años, Pollin ha propuesto su versión simplificada de un GND, una inversión de entre el 1,5% y el 2% del PIB mundial anual para aumentar la eficiencia energética y expandir la energía limpia y renovable.3 Este sería el momento para que celebrase que su causa ha sido aceptada y contribuyese a resolver los detalles de la misma. Sin embargo, en lugar de eso, elige enfocarse en las diferencias entre su propuesta y una “agenda del decrecimiento”, que encuentra “absolutamente irrealista” –una pérdida de tiempo para la izquierda en el mejor de los casos y peligrosamente antisocial en el peor.4 Mientras que este no es el momento de rizar el rizo, la insistencia de Pollin en el decrecimiento es inadvertidamente productiva. Nos permite ver un punto delicado en la narrativa del GND, y es que corre el riesgo de reproducir –a menos que esté cuidadosamente enmarcado– la ideología hegemónica del crecimiento capitalista, que ha creado el problema del cambio climático en un primer lugar.

Para empezar, Pollin nunca explica por qué el crecimiento es un ingrediente necesario para su propuesta. No está claro por qué tiene que argumentar que un GND sea bueno para el crecimiento en lugar de simplemente abogar por reducir el consumo de carbono al tiempo que satisface las necesidades y fomenta el bienestar. La única razón por la que establece su preferencia por el crecimiento es que «niveles más elevados de PIB significarán de igual modo canalizar un nivel más alto de inversión hacia proyectos de energías limpias».5 Si Pollin realmente quiere decir que comparte «los valores y preocupaciones de los defensores del decrecimiento», entonces simplemente podría ajustar su modelo y llegar a una cantidad fija de inversión (independientemente del PIB) que produjese la misma descarbonización. Unos niveles mayores de PIB no solo conducirán a niveles más altos de inversión “limpia”, sino también a niveles más altos de inversión “sucia” –y de hecho la mayoría de la inversión es “sucia”. Un crecimiento del 1% en el PIB lleva a un aumento de 0,5 a 0,8% en las emisiones de carbono,6 y esta es una relación estadísticamente robusta (la inversión en energía limpia no tiene un efecto estadísticamente significativo en las emisiones, aunque, por supuesto, esto podría y debería cambiar en el futuro). Si seguimos creciendo al 3% al año, para 2043, la economía global será dos veces más grande de lo que es ahora. Es difícil imaginar la creación de una infraestructura de energía renovable para la economía existente en un corto período de tiempo, y mucho menos hacerlo para una economía que es dos veces más grande. Cuanto menor sea nuestra producción económica, más fácil será la transición.

Es posible que Pollin haya optado por enfatizar el crecimiento porque los new deals tienen que ver con el crecimiento. Pero un GND no tiene que ser como el viejo New Deal. Pollin no sugiere que su programa de inversiones deba financiarse con gastos deficitarios, ni que sea un estímulo de corta duración, reembolsado vía crecimiento. Una inversión a un nivel del 2% del PIB no necesita gastos deficitarios; si se asume la voluntad política para tal programa, podría financiarse reemplazando inversiones sucias o socialmente inútiles (y hay muchas, empezando por el armamento). Si no hay gasto extra y deuda, entonces no hay necesidad de estimular el crecimiento para devolverlo.

Ahora bien, en algunos puntos de su artículo para la New Left Review, Pollin parece sugerir que el crecimiento es un resultado de su propuesta, no una meta o condición previa.7 Afirma que «en términos contables», el crecimiento de las inversiones en energía renovable «contribuirá a incrementar el PIB». Pero incluso en términos contables, sin gasto deficitario, no hay razón para que un programa de inversiones limpias de lugar a un crecimiento del PIB, dado que el 2% que vaya a energías renovables hubiera ido si no a alguna otra inversión en su lugar.

Además, la economía no es una convención contable. Podríamos también imaginarnos un gasto presupuestario elevado en cavar y rellenar agujeros –esto podría servir como un estímulo temporal en un período de baja liquidez y baja demanda, pero obviamente no es una receta para el crecimiento sostenido. Pollin escribe en su texto que «construir una economía verde implica actividades más intensivas en mano de obra» y que el sector privado no invierta en energías renovables porque tienen bajos márgenes de beneficio. Cambiar los recursos financieros de los sectores de alta productividad y alta rentabilidad a los de baja productividad no es una receta para el crecimiento. La productividad energética de las energías renovables también es menor que la de los combustibles fósiles.8 Es poco probable que una economía de baja productividad, bajas tasas de ganancia y bajos rendimientos de energía sea una economía de mayor tamaño y que crezca. Y eso está bien, ya que nuestra prioridad en este momento debería ser descarbonizar, no hacer crecer la economía. Pero Pollin vincula innecesariamente lo primero con lo segundo.

Tal vez Pollin tenga razón, y yo me equivoco. Tal vez un programa masivo de energía limpia terminaría estimulando el crecimiento. Sin embargo, sería un error vender un programa para estabilizar el clima con la promesa del crecimiento. ¿Qué pasa si no produce crecimiento? ¿Abandonamos la descarbonización? Y dado que el cambio climático no es el único problema con el crecimiento, hay buenos motivos por los que no podemos permitirnos un mayor crecimiento, incluso aunque este fuera impulsado por la energía solar.

Los economistas tienden típicamente a justificar el crecimiento en términos de lucha contra la pobreza o en favor de la estabilidad. Pollin innova aquí al justificarlo en nombre del cambio climático. Y esto viene de alguien que ve la irracionalidad del crecimiento perpetuo.

La narrativa del Green New Deal se arriesga a reproducir la ideología hegemónica del crecimiento capitalista, que ha creado el problema del cambio climático en primer lugar.

El crecimiento compuesto es lo que el académico marxista David Harvey llama un “mal infinito”.9 Para Harvey, el requisito del crecimiento compuesto por parte del capitalismo es la más letal de sus contradicciones.10 Harvey señala la irracionalidad de esperar que la demanda, la inversión y las ganancias se dupliquen cada 24 años (esto es a lo que equivale un crecimiento del 3% anual), se cuadruplica cada 48, crece ocho veces más cada 72, ad infinitum y ad absurdum.

Considérese lo siguiente: 65% de las emisiones antropogénicas provienen de combustibles fósiles.11 El 35% restante proviene de cosas como los cambios en los usos del suelo, el agotamiento del suelo, los vertederos, la ganadería industrial, la producción de cemento y de plástico. Incluso si el mix energético estuviera compuesto al 100% por energía limpia y continuáramos duplicando el tamaño de la economía cada 24 años, volveríamos a nuestros niveles de emisiones existentes en poco tiempo. Así de irracional es la búsqueda del crecimiento compuesto.

La crisis climática amenaza ahora con poner fin a este absurdo. Pero no se trata solo del clima; la pérdida de biodiversidad a través de la extinción masiva, el cambio en el uso de la tierra y la extracción de recursos están directamente relacionados con el crecimiento económico. A pesar de que afirma lo contrario, no hay perspectivas de lo que Pollin llama “desacoplamiento absoluto” o una reducción de estos impactos mientras la economía crece.12

Es fantasioso pensar que hay un tipo de crecimiento neoliberal que es malo y otro tipo de crecimiento que podría ser inclusivo, progresista, limpio, etc. El crecimiento es un proceso integrado, y no importa lo que afirmen los ideólogos del crecimiento, no es una prueba de que podamos hacer crecer la economía al hacer crecer selectivamente los “bienes” al tiempo que disminuimos los “males”. El armamento, la publicidad, los combustibles fósiles, la obsolescencia programada y los residuos de todo tipo forman parte integral del crecimiento capitalista. Desde sus inicios en la Gran Bretaña colonial, el crecimiento se ha visto impulsado por el intercambio desigual de mano de obra y recursos entre los centros imperiales y las periferias internas y externas.13 El crecimiento requiere la inversión de excedentes para la creación de más excedentes. Y este excedente se crea explotando al trabajo asalariado y apropiándose del trabajo no remunerado de las mujeres, el trabajado migrante y la naturaleza.14 El desplazamiento de los costes en el espacio y el tiempo también ha sido central. El acceso a mano de obra y recursos de bajo coste es vital para el crecimiento económico; si los insumos se vuelven caros, la economía se ralentiza.

Pollin afirma que el crecimiento se estancó porque el neoliberalismo dio prioridad a los intereses de los ricos. Los recortes brutales de las políticas de ajuste estructural y la austeridad neoliberal, sin embargo, siempre se hicieron en nombre del crecimiento. La promesa del crecimiento permitió comprar la paz social que necesitaba el proyecto neoliberal. Incluso si el resultado real fue la concentración de la riqueza en medio de unas tasas de crecimiento anémico, esto nos dice algo útil acerca de los peligros de una “política de crecimiento”.

Pollin sostiene también que no podemos permitirnos el lujo de soñar con que otro mundo es posible, no ahora, porque el cambio climático es urgente y «no podemos darnos el lujo de desperdiciar tiempo en enormes esfuerzos mundiales para luchar por objetivos inalcanzables». Se nos pide que aceptemos que la única alternativa posible es el capitalismo, y que cuestionar el capitalismo y su destructiva búsqueda del crecimiento es una lujosa pérdida de tiempo. ¿Si no es ahora, entonces cuándo?, cabría preguntarse.

Erik Swyngedouw ha advertido contra la tendencia despolitizante del reduccionismo del carbono, es decir, reducir toda la política a una cuestión de su efecto sobre las emisiones de carbono, especialmente cuando se combina con reclamos de urgencia.15 Por supuesto, el cambio climático es un gran problema, pero no es el único problema en cuyo servicio debemos detener otras aspiraciones. Y el cambio climático no es un problema independiente con una solución técnica; es un síntoma del sistema más amplio que lo produce. La reducción del cambio climático a una cuestión de buscar una solución de inversión que hace Pollin es atractiva porque hace que el problema parezca manejable; pero el cambio climático no es un problema técnico. El cambio climático es un problema político, en el sentido real de la palabra política, esto es un problema que involucra visiones que compiten con el mundo en el que queremos vivir.

El cambio climático es un problema político, es decir, un problema que involucra visiones en conflicto acerca de la clase de mundo en el que queremos vivir.

Ahora bien, Pollin tiene una preocupación válida en cuanto a que una agenda de decrecimiento implicaría una reducción del PIB, lo que implica muchos problemas, entre otros, el aumento de la pobreza, la desigualdad, las deudas, la austeridad, etc. Seríamos tontos si ignoráramos esos riesgos. En una economía capitalista, destinada a crecer o colapsar, el crecimiento es fundamental para la estabilidad del sistema. Pero el crecimiento también es explotador y autodestructivo. ¿Deberíamos apoyar el capitalismo para siempre, solo porque un capitalismo en colapso es peor para los trabajadores que un capitalismo al que le va bien?

Aquellos de nosotros que escribimos sobre decrecimiento no abogamos por una reducción intencional del PIB (somos los primeros en criticar el PIB, ya que mezcla “bienes” con “males” y no contabiliza el trabajo no remunerado). Tal vez Pollin esté confundido porque afirmamos que hacer las cosas bien, ecológica y socialmente, probablemente ralentizará la economía según lo medido por el PIB. O porque argumentamos que ciertos sectores de la economía actual que son fundamentales para su expansión (armamento, publicidad, bienes de consumo innecesarios, finanzas especulativas, etc.) deberían contraerse. Dado lo unida que está la economía capitalista al crecimiento, esto plantea la pregunta de cómo, o bajo qué condiciones, podemos asegurar el bienestar humano y la igualdad sin crecimiento. Esta es una gran pregunta de investigación, que involucra modelos económicos, estudios históricos y etnográficos, y una evaluación de posibles reformas institucionales, como el reparto del trabajo, una renta básica garantizada o un impuesto sobre la renta máxima. También constituye una agenda política para la izquierda, para desarrollar las capacidades para desvincular el bienestar del crecimiento.

Pollin afirma que aquellos que escriben sobre el decrecimiento no ofrecen un programa específico para combatir el cambio climático. Hablando por mí mismo, no creo que tenga que agregar más a las excelentes propuestas que ya han hecho el propio Pollin, Naomi Klein y muchos, muchos más. El problema con el cambio climático no es que nos falten ideas sobre lo que debe hacerse. El problema es que no lo estamos haciendo. Lo que ofrecemos desde una perspectiva de decrecimiento es un diagnóstico diferente de por qué no lo estamos haciendo. Argumentamos que esto se debe a que existe un choque fundamental entre la búsqueda del crecimiento y la mitigación climática por parte del capitalismo. Las buenas políticas climáticas no se adoptan debido a su potencial impacto sobre el crecimiento, al tiempo que el crecimiento está superando los avances logrados por la energía renovable. Nuestra contribución es abrir el debate sobre las alternativas al crecimiento.

En la comunidad climática, las personas tienen sus ideas favoritas. Algunos quieren un impuesto al carbono16 y otros quieren un dividendo del carbono17 (un impuesto que se devuelve como renta básica). Algunos quieren bonos verdes,18 otros un Green New Deal.19 Es seguro decir que, si queremos descarbonizar la economía a una tasa requerida sin precedentes, todas estas ideas serán necesarias. Pero la descarbonización no es solo una cuestión de agregar energía solar y eólica al mix energético, sino también de eliminar la energía fósil. Esto requiere legislación y compromiso político junto con la lucha para detener los proyectos de extracción de combustibles fósiles y las minas de carbón, y desinvertir en las compañías petroleras.

Pollin sugiere que una inversión del 2% del PIB en energía limpia y eficiencia será suficiente por sí sola,20 pero hay razones para ser escépticos sobre tal afirmación. Me encantaría que Pollin tuviese razón, pero he leído a otros científicos e ingenieros del clima con buena reputación que son mucho más reservados que Pollin sobre la posibilidad de un 100% de fuentes renovables.21 Están los problemas con la intermitencia de la energía solar y eólica,22 y sus enormes necesidades de almacenamiento (una de las principales soluciones contempladas, el almacenamiento como energía hidroeléctrica, requiere una represa dramática de los ríos restantes: una pesadilla ambiental).23 Existen las emisiones involucra- das en los combustibles utilizados durante una transición a la energía renovable, que podría ser suficiente por sí sola para superar el presupuesto de carbono restante. Está la cuestión de los minerales de tierras raras necesarios para la construcción de paneles solares y baterías, minerales que son escasos y que se extraen de áreas y comunidades que ya padecen nuestra insaciable hambre de materias primas.24 Está la cuestión del uso de la tierra y el impacto en los paisajes. Como es común en estos debates técnicos, Pollin prefiere los datos favorables a su argumento. Pero estaría de acuerdo, creo, en que la imagen es muy complicada e incierta, cuanto menos.

No me gusta ser un escéptico en el contexto político actual donde las energías renovables enfrentan una batalla cuesta arriba contra los lobbies de los combustibles fósiles y la energía nuclear. Desearía que un futuro 100% renovable fuera posible y fuera tan inofensivo como piensa Pollin; pero nuestra experiencia con las soluciones tecnológicas anteriores sugiere que debemos estar del lado de la precaución, tanto por las promesas incumplidas como porque siempre hay efectos secundarios y costes imprevistos. Incluso si los costes ambientales y sociales de la energía renovable no son tan altos como algunos escépticos piensan, tampoco son insignificantes, y con un crecimiento compuesto, incluso un impacto insignificante crece rápidamente hacia infinito. Cuanto más bajo sea el nivel de uso de energía y cuanto menor el tamaño de la economía, más fácil será descarbonizarla, y menores serán los impactos causados en el camino. No hay razón para que alguien preocupado por el clima y el medio ambiente promueva el crecimiento económico.

Además, Pollin no proporciona evidencia de que la escala de inversión que él propone cumplirá su función. Por supuesto, no ha habido una inversión así de masiva en el pasado, por lo que es difícil evaluar su efecto potencial. En la campaña electoral, el candidato Obama prometió 150.000 millones de dólares en un período de 10 años.25 En 2009, la Ley de recuperación y reinversión de los EEUU proporcionó un estímulo económico de 90.000 millones de dólares en inversiones estratégicas de energía limpia e incentivos fiscales para promover la creación de empleos y el despliegue de tecnologías de baja emisión de carbono, prometiendo apalancar aproximadamente 150.000 millones de dólares en fondos de capital privados y otros fondos no federales para inversiones en energía limpia. Las emisiones de combustibles fósiles disminuyeron un 11% entre 2007 y 2013,26 pero esto no fue un resultado del crecimiento de las energías renovables (a pesar de una triplicación de la energía eólica y un aumento de 30 veces en la energía solar durante la presidencia de Obama),27 sino principalmente un efecto secundario de la recesión, los altos precios de la gasolina y, en menor medida, un cambio del carbón al gas natural.28

Cuanto más bajo sea el nivel de uso de energía y cuanto menor el tamaño de la economía, más fácil será descarbonizarla, y menores serán los impactos causados en el camino

En 2009, Corea del Sur anunció un plan de creación de empleos tipo Green New Deal de 381.000 millones de dólares invertidos durante un período de cuatro años, dedicados a proyectos ambientales para estimular el menguante crecimiento económico y crear un millón de empleos.29 Las emisiones de Corea fueron un 15% más altas en 2014 que en 2008. Pollin se refiere a Alemania como «la economía avanzada más exitosa en el desarrollo de su economía de energía limpia». Las emisiones alemanas en 2014 casi no han cambiado desde 2009. Han caído un 20% desde 1992, y tras el colapso de la industria en Alemania del Este. Y aun así, en términos per cápita, son un 80% más altas que el promedio mundial. Si todo el mundo consumiera tanto como el “exitoso” caso de Alemania, las emisiones globales de carbono sería casi el doble.

Naomi Klein escribió que el cambio climático “lo cambia todo”. Pollin nos dice que no tiene que cambiar nada, excepto el 2% del PIB. Seguiremos volando, comiendo carne, conduciendo coches a hogares suburbanos, volando helicópteros y jets, con la única diferencia de que todo esto estará alimentado por electricidad limpia. No volveré a debatir los hechos y la viabilidad de esta visión, así que en lugar de eso simplemente señalaré que intuitivamente esto no tiene sentido para la gente, y no lo tiene porque no hay que ser científico para entender lo mucho que nuestro estilo de vida actual depende de los combustibles fósiles. Los que niegan el cambio climático lo saben y los que luchan por la justicia climática también lo saben. Para detener el cambio climático, no solo necesitamos limpiar la producción, sino también reducir y transformar el consumo. Necesitamos transporte público gratuito, nuevas dietas, modos de vida más densos, viviendas asequibles cerca de donde se encuentran los empleos, alimentos cultivados más cerca de donde se consumen, reducción del tiempo de trabajo y los desplazamientos, formas de vida y de satisfacción de bajo consumo, restricciones sobre los ingresos excesivos y sobre el consumo ostentoso. No es que el GND sea una agenda diseñada para combatir el cambio climático solo; es una agenda de la izquierda verde que deberíamos seguir, aunque no hubiera cambio climático. Y debemos perseguirlo independientemente de si es o no “bueno para la economía”, porque ponemos a las personas antes que a la economía.

Para detener el cambio climático, no solo necesitamos limpiar la producción, sino también reducir y transformar el consumo.

El proyecto de ley del Green New Deal va en la dirección correcta y sus diferencias con la propuesta más restringida de Pollin son informativas y mucho más cercanas a lo que estoy discutiendo aquí. El proyecto de ley no solo compromete fondos para energías renovables, sino también para infraestructuras sanitarias, de vivienda y medioambientales. Cuenta con disposiciones para la seguridad económica, similares a los planes de empleo garantizado y renta básica, disposiciones que serán vitales si queremos asegurar el bienestar sin crecimiento. Por supuesto, el proyecto de ley no habla explícitamente sobre postcrecimiento o decrecimiento, y no cuestiona los patrones de consumo predominantes tanto como a alguien como yo –en su posición académica y no involucrado en políticas parlamentarias– le hubiera gustado; pero el consumo seguramente también cambiaría si los servicios públicos se ampliaran en la medida prevista en el proyecto de ley. Es importante destacar que, a diferencia de Pollin, el proyecto de ley no enfatiza el crecimiento ni justifica el plan en términos de crecimiento.

La insistencia de Pollin, entonces, en acentuar las diferencias entre el decrecimiento y el GND es obsoleta e innecesaria. El artículo de Pollin se tituló “Decrecimiento vs Nuevo New Deal Verde”. Tal vez sea el momento de dejar de inventar más “versus” internos y hacer el arduo trabajo de construir algunos “y” nuevos. ¿Qué tal decrecimiento y Green New Deal? El oponente es formidable y lo que necesitamos son alianzas, no divisiones.

Giorgos Kallis es profesor ICREA de Ecología Política y Economía Ecológica en el Instituto de Ciencias Ambientales y Tecnología de la Universidad Autónoma de Barcelona (ICTA- UAB).

 

NOTAS:

1 Texto original: G. Kallis, «A Green New Deal Must Not Be Tied to Economic Growth», Truthout.org, 10 de marzo de 2019, disponible en https://truthout.org/articles/a-green-new-deal-must-not-be-tied-to-economic-growth/ (Reimpreso con el permiso de Truthout.org). El autor agradece a Jason Hickel y David Ravensbergen por sus comentarios y sugerencias a un borrador anterior de este ensayo.

2 D. Roberts, «The Green New Deal, explained», Vox, 30 de marzo de 2019, disponible en: https://www.vox.com/energy-and-environment/2018/12/21/18144138/green-new-deal-alexandria-ocasio-cortez.

3 R. Pollin, «Global Green Growth for Human Development», 2016 UNDP Human Development Report THINK PIECE, disponible en: https://www.peri.umass.edu/publication/item/977-global-green-growth-for-human-development.

4 R. Pollin, «Think We Can’t Stabilize the Climate While Fostering Growth? Think Again», The Nation, 27 de octubre de 2015, disponible en: https://www.thenation.com/article/think-we-cant-stabilize-the-climate-while-fostering-growth-think-again/.

5 R. Pollin, «Decrecimiento vs nuevo New Deal VBerde», New Left Review (ed. en español), núm. 112, sep-oct, 2018, disponible en: https://newleftreview.es/issues/112/articles/robert-pollin-decrecimiento-vs-nuevo-em-new-deal-em-verde.pdf.

6 P.J. Burke, M. Shahiduzzaman y D.I. Stern, «Carbon dioxide emissions in the short run: The rate and sources of economic growth matter», Global Environmental Change, núm. 33, julio 2015, pp. 109-121.

7 R. Pollin, op.cit., 2018.

8 D.J. Murphy y C.A.S. Hall, «Year in review—EROI or energy return on (energy) invested», Annals of the New York Academy of Sciences, núm. 1185, vol. 1, 29 de enero de 2010.

9 D. Denvlr, «Why Marx’s Capital Still Matters. An interview with David Harvey», Jacobin, 7 de diciembre de 2018, disponible en: https://www.jacobinmag.com/2018/07/karl-marx-capital-david-harvey.

10 D. Harvey, Diecisiete contradicciones y el fin del capitalismo, Traficantes de sueños, Madrid, 2014.

11 Véase: https://www.epa.gov/ghgemissions/global-greenhouse-gas-emissions-data.

12 J. Hickel,  «Why Growth Can’t Be Green», Foreign Policy, septiembre de 2018, disponible en: https://foreignpolicy.com/2018/09/12/why-growth-cant-be-green/.

13 A. Hornborg, «Towards  an  ecological  theory  of  unequal  exchange:  articulating world system  theory  and  ecological economics», Ecological Economics, núm. 25, 1998, pp.127-136.

14 J.W. Moore, Capitalism in the Web of Life. Ecology and the Accumulation of Capital, Verso, Londres, 2015.

15 E. Swyngedouw, «Apocalypse Forever?», Theory Culture & Society, núm. 27, vol. 2, pp. 213-232, disponible en: https://journals.sagepub.com/doi/abs/10.1177/0263276409358728.

16 Véase: https://www.carbontax.org/.

17 Véase: https://citizensclimatelobby.org/basics-carbon-fee-dividend/.

18 Véase: https://www.climatebonds.net/market/explaining-green-bonds.

19 Véase: https://www.congress.gov/bill/116th-congress/house-resolution/109.

20 R. Pollin, op.cit., 2018.

21 C.T.M. Clack, S.A. Qvist, J. Apt et al., «Evaluation of a proposal for reliable low-cost grid power with 100% wind, water, and solar», PNAS, núm. 114, vol. 26, 2017, disponible en: https://www.pnas.org/content/114/26/6722.

22 O. Zehner, The Dirty  Secrets of Clean Energy and the Future of Environmentalism, University of Nebraska Press, 2012.

23 T. Casey, «Unpacking All The Bad News About Renewable Energy & Energy Storage», Clean Technica, 30 de abril de 2018, disponible en: https://cleantechnica.com/2018/04/30/unpacking-all-the-bad-news-about-renewable-energy-energy-storage/.

24 Kawama, «Can the world produce enough cobalt for electric vehicles?», The Economist, 1 de diciembre de 2018.

25 D.  Roberts,  «The  details  on  Obama’s  just-released  energy  plan»,  Grist,  9  de  octubre  de  2007,  disponible  en: https://grist.org/article/obama-energy-fact-sheet/.

26 E. Adams, «U.S. Carbon Dioxide Emissions Down 11 Percent Since 2007», treehugger.com, 2 de octubre de 2013, disponible en: https://www.treehugger.com/fossil-fuels/us-carbon-dioxide-emissions-down-11-percent-2007.html.

27 D. Utech, «A Big Win for Clean Energy and Climate Change», 17 de diciembre de 2015, blog de la presidencia de Obama en la Casa Blanca, disponible en: https://obamawhitehouse.archives.gov/blog/2015/12/17/big-win-clean-energy-and-climate-change.

28 K. Feng, S.J. Davis, L. Sun y K. Hubacek,, «Drivers of the US CO2 emissions 1997–2013», Nature Communications, núm. 6, julio de 2015.

29 «South  Korea  announces  ‘green  new  deal’  for  jobs»,  Mail&Guardian,  6  de  enero  de  2009,  disponible  en: https://mg.co.za/article/2009-01-06-south-korea-announces-green-new-deal-for-jobs.

 

Acceso al artículo completo en formato PDF: El Green New Deal no debe vincularse al crecimiento económico.


FAO: liderazgo de Qu Dongyu

"El papel de China en el escenario agroalimentario global, entre esperanzas e incertidumbres y el riesgo de apostar por los cultivos transgénicos."

Tiziano Gomiero[1], Monica Di Donato[2]

 

El pasado 23 de junio, durante la 41ª Conferencia General de la FAO (la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) celebrada en Roma, Qu Dongyu[3], ex viceministro de Agricultura de la República Popular China, fue elegido nuevo Director General de la FAO con mayoría absoluta. El máximo representante ocupará el cargo el 1 de agosto para los próximos cuatro años, sucediendo al brasileño José Graziano Da Silva, en el cargo desde 2011.Qu Dongyu, agrónomo, recibió su doctorado en agricultura y ciencias ambientales por la Universidad de Wageningen (Países Bajos). Cuenta con treinta años de experiencia en el campo de la innovación tecnológica, en la planificación de políticas para el desarrollo rural y en el de la cooperación agrícola internacional, como responsable de la cooperación agroalimentaria entre China y los países asiáticos, africanos y latinoamericanos.

Los candidatos iniciales a la dirección general de FAO eran cinco, pero tras la retirada de los candidatos camerunés e indio,[4] la disputa para el cargo quedó entre tres: Qu Dongyu, que obtuvo 108 votos sobre un total de 191, la candidata de la Unión Europea, la francesa Catherine Geslain-Lanéelle, que obtuvo 71 votos y Georgit Davit Kirvalidze (apoyado por los Estados Unidos), que obtuvo solo 12 votos. Un reconocimiento muy claro ya desde la primera votación y, al mismo tiempo, algo poco común en los 74 años de vida de este organismo internacional: "obtuvo un apoyo apabullante", reconoció Mónica Fonseca, representante de Colombia ante la FAO, y uno de los doce países que votó por el georgiano Kirvalidze.

Catherine Geslain-Lanéelle (dada come favorita por los medios de comunicación franceses[5]) contaba con el respaldo abierto, y nada sorprendente, de España,[6] preocupada por salvaguardar su posición en los mercados agrarios internacionales, y que seguía, en ese sentido, la disciplina de la Unión Europea, en general, y de Francia, en concreto.

Antes de profundizar sobre la peculiaridad que tiene esta elección y los escenarios que abre, entre incertidumbres y esperanzas, es importante recordar que la FAO es la institución de las Naciones Unidas, con sede en Roma, que se ocupa de la agricultura, la alimentación y la seguridad alimentaria, con especial atención a la problemática del hambre en el mundo. En ese sentido, la FAO desempeña un papel importante en el apoyo a las políticas agroalimentarias en los países en desarrollo. Pero no sólo. También es una institución de referencia en temas de seguridad alimentaria y política agrícola para todos los países, dado que puede solicitarse su opinión en el contexto de políticas de salud o comerciales.

 

Qué hace especial este nombramiento

La investidura como Director General de la FAO es un nombramiento prestigioso por la importancia y el peso de la institución en sí, tal y como se mencionaba anteriormente. Sin embargo, en este caso, la cita tenía un valor especial por dos razones más.

La primera tiene que ver con el ascenso de China como país líder en el panorama internacional. China ya está liderando otras importantes instituciones internacionales, como la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial (UNIDO, en sus siglas en inglés), dirigida por Li Yong,[7] ex viceministro de Finanzas de China, quien ocupó cargos importantes también en el Banco Central de China, la Unión Internacional de Telecomunicaciones, la Organización de Aviación Civil Internacional, etc.

Asimismo, el dragón asiático también lidera el poderoso banco asiático de inversiones en infraestructuras, que financia con una importante inyección de dólares (unos 500 mil millones, según fuentes oficiales), y que es un competidor de primera línea del Banco Mundial en la región asiática. Un estudio reciente estima que los préstamos de China en el extranjero han aumentado de casi nada en el 2000 a más de 700 mil millones de dólares en la actualidad,[8]

En ese sentido, la designación de Qu Dongyu al frente de este organismo, se percibe como otra prueba del interés y capacidad de Pekín en escalar posiciones a nivel internacional, mediante su nuevo megaplan enfocado al comercio que engloba al 30 por ciento de la economía mundial (la Nueva Ruta de la Seda),[9] mientras invierte en sectores estratégicos de países terceros (por ejemplo, en el Ártico[10]) y se encuentra en plena disputa comercial con Estados Unidos.

Sin embargo, la política expansiva de China también ha atraído críticas. Algunos consideran que su papel en África y América del Sur es una nueva expresión de colonialismo.[11] El fenómeno del acaparamiento de tierras (para destinar a la agricultura) que China está llevando a cabo en África podría ser un ejemplo al respecto. O también, las grandes inversiones en infraestructuras que financia en muchos países, que luego se encuentran atrapados en una espiral de deuda (una técnica frecuentemente utilizada también por los países occidentales). Un propósito que China obviamente niega.[12] En su reportaje sobra la investidura, Le Monde insinuó que el candidato de Camerún se retiró de la contienda después de que China decidió condonar los 62 millones de euros que el país africano le debía.[13],[14]

El rol de China en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU fue también criticado por la ONG Human Rights Watch. En ese sentido, en un informe[15] elaborado por esta misma organización, se acusa a China de utilizar su posición de poder para interferir en las actividades del organismo y evitar que se hablara de los derechos humanos en China. Hace unos días, de hecho, el mismo Consejo amonestó a China por la violación de los derechos humanos hacia la población musulmana en la región de Xinjiang.

En su discurso de investidura, Qu Dongyu dijo que estaba orgulloso de la tarea encomendada, y agradeció a China por proponerle y sostenerle para el cargo: “…voy a trabajar por el bien de los agricultores (...) y doy las gracias a mi patria después de estos 40 años de reforma exitosa y política abierta". En ese sentido, consciente de las críticas que hubiesen podido llegar por su estrecha relación con la República Popular China, reiteró que su función será servir a la FAO y honrar el puesto que recibió, respetando los principios de justicia, apertura y transparencia, y permaneciendo imparcial y neutral. Es muy probable que, dadas las críticas dirigidas contra China por su papel en África y América Latina, Qu Dongyu tendrá muchos ojos dirigidos hacia él, listos para aprovechar la oportunidad para lanzar acusaciones contra China por el uso interesado de su prestigiosa posición en FAO.

La segunda razón de la relevancia en la investidura del representante chino, tiene que ver con las diferentes posiciones sobre las estrategias de gestión de la institución por parte de los dos candidatos principales, Qu Dongyu y la francesa Catherine Geslain-Lanéelle.

La candidata de la Unión Europea apoyó fuertemente su candidatura en la promesa de promover en la FAO una política agrícola basada en la promoción de las biotecnologías y el cultivo de organismos genéticamente modificados (OGM), con el consiguiente aumento del peso del complejo industrial agroquímico-biotecnológico en el control del sistema agroalimentario global. Un sector, este, dirigido actualmente por unas pocas multinacionales, con tres grupos en el sector agroquímico que controlan el 60-70 por ciento de las semillas y la agroquímica (prácticamente en régimen de monopolio), y una docena de grupos que controlan el 70 por ciento del sector alimentario del planeta.

Por su parte, y desde una postura muy alejada con respecto a la candidata francesa, el chino Qu Dongyu, al presentar su programa, hizo hincapié en la importancia de involucrar a la sociedad civil en las decisiones relacionadas con el uso de nuevas tecnologías en el sector agroalimentario, en particular en lo que respecta a los OGM y la agroquímica. En este sentido, Qu Dongyu aseguró que bajo su liderazgo, temas como la bioseguridad y el impacto ambiental de la agroquímica se considerarían de fundamental importancia.[16] También destacó su interés en centrarse en la erradicación del hambre en las regiones pobres, modernizar la agricultura en las zonas tropicales y secas, y promover la digitalización del sector primario, temas que le han proporcionado el apoyo de muchos países de América Latina, entre ellos Brasil, Venezuela, Nicaragua, Uruguay, Argentina y Perú. En línea con la política de bioseguridad del nuevo director de FAO parecería estar también México (aunque no se conoce su voto), uno de los pocos países en el mundo que ha logrado detener el avance del negocio de los cultivos transgénicos gracias a un potente tejido de actores sociales y organizaciones campesinas.

Qu Dongyu recibió el apoyo del director saliente Da Silva, quien elogió también a China por los grandes pasos en el camino de reducir el hambre y la pobreza en el país[17]. Este mérito es reconocido también por otras instituciones internacionales como el Programa Mundial de Alimentos, con su director David Beasley, que en los últimos años a menudo ha elogiado a China por sus esfuerzos para proporcionar asistencia alimentaria a países en grave crisis, como la República del Congo, Lesotho, Somalia o Sudán del Sur.[18]

China es miembro fundador de la FAO, con la que siempre ha trabajado estrechamente en el campo de la seguridad de los alimentos, el manejo de plagas, la capacidad de responder a los efectos del cambio climático y los desastres naturales, así como en la promoción del desarrollo sostenible basado en la agroecología. Esto, por lo menos, es el compromiso en el papel. Sin embargo, hay que subrayar que, aunque Qu Dongyu no mencionó expresamente los cultivos transgénicos como parte de su programa, sí hizo referencia a la búsqueda de colaboraciones con grandes grupos privados como Alibabà y el gigante de la agroquímica Bayer.[19],[20] Por lo tanto, será interesante ver cómo el nuevo representante de FAO pretenda utilizar la experiencia de estas empresas sin entrar en conflicto con su declaración de intenciones.

Los peligros de una huida hacia adelante en ese sentido existen: en un reciente documento de 2019 redactado conjuntamente por OCDE y FAO[21] (con enfoque en América Latina), se señala el uso de cultivos genéticamente modificados y la manipulación genética ( CRIPS[22]), por ejemplo, para aumentar la producción de biomasa de los cultivos, como la dirección que tiene que emprender la agricultura del futuro.

Al respecto, es importante comentar también que en China, la “dimensión social” de los cultivos transgénicos es un asunto con el cual el gobierno ha tenido que lidiar, y del cual probablemente ha extraído muchas lecciones. En China, tanto en el pasado como en la actualidad, se hace experimentación con cultivos transgénicos,[23] con el consentimiento del partido comunista chino (PCCh) y del presidente Xi Jinping[24] pero, aparte de la experimentación, el cultivo de organismos transgénicos está prohibido, excepto el del algodón. Los cultivos transgénicos importados, como la soja y el maíz, se utilizan para la alimentación animal. Aunque el gobierno ha tratado de promover la aceptación de cultivos transgénicos en la población, ésta siempre ha mostrado una fuerte oposición, que ha ido en aumento con los años. Esto ha llevado al gobierno a evitar la imposición del consumo de alimentos transgénicos, por temor a desencadenar protestas, que hubiesen podido trascender también a un terreno más político. Una investigación publicada en 2018,[25] en la que se entrevistaron 2000 personas y que intentaba representar a todas las provincias chinas, edad, niveles educativos, ingresos, etc., informa que el 47 por ciento de la muestra entrevistada estaba en contra de los cultivos transgénicos, y sólo el 12 por ciento a favor (el 41 por ciento no sabe). Cabe señalar que la oposición a los cultivos transgénicos sigue siendo muy alta, incluso entre individuos con formación científica, con un 42 por ciento en contra y un 14 por ciento a favor.

Dejando de lado los datos, los temas relacionados con la seguridad alimentaria son de una importancia fundamental para los chinos, para quienes las hambrunas han sido parte integrante de la historia del país, y la gran hambruna que azotó algunas regiones entre 1959 y 1961, en la que se estima que murieron unos treinta millones de personas, todavía es un recuerdo relativamente reciente. Además, los escándalos que han afectado al sector agroalimentario en los últimos años han hecho que los chinos sean cada vez más sospechosos y cautelosos sobre los alimentos y su manipulación.

 

La desafortunada (e ilógica) apuesta de la Unión Europea: el caso Geslain-Lanéelle

 La elección de Catherine Geslain-Lanéelle como candidata por la Unión Europea (UE) a la dirección de FAO merece un análisis aparte.

Catherine Geslain-Lanéelle fue indicada expresamente por Francia (que en Europa es el país con más peso en el sector agroalimentario) o, más bien, por Emmanuel Macron, el presidente de la República Francesa, como candidata para la dirección general de la Agencia de Naciones Unidas. Ella es la jefa del departamento de política agrícola y alimentaria del Ministerio de Agricultura francés. De formación Ingeniero agrícola, desde 2006 hasta julio de 2013, ocupó el cargo de Directora Ejecutiva en la EFSA, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria.

La apuesta de Catherine Geslain-Lanéelle por parte de la Unión Europea ha sido muy discutida, tanto por sus relaciones pasadas con el sector agroindustrial y las críticas recibidas durante su gestión de la EFSA, como por su promoción abierta de los cultivos transgénicos, hacia los cuales buena parte de los ciudadanos de la UE están en contra. La imposición de un candidato europeo claramente pro-OMG para representar a la FAO parecía traicionar la voluntad y la posición de los ciudadanos de la Unión Europea, y mostrar una vez más cómo la política de la UE parezca más sensible a los intereses de algunos actores particulares que a los de sus ciudadanos.

Bajo la dirección Geslain-Lanéelle, entre 2006 y 2013, la EFSA ha estado en repetidas ocasiones en el centro de fuertes críticas[26], acusada de incluir sistemáticamente entre sus dirigentes a personas que mantenían fuertes vínculos con el International Life Sciences Institute (ILSI, en su sigla en inglés). Este instituto es una estructura privada, concebida y financiada por la industria agroquímica (incluido Monsanto, el principal productor del famoso herbicida glifosato) y la agroindustria, a menudo en el centro de escándalos, debido a su agresiva acción de lobby para influir en la legislación de los países en materia agroalimentaria a favor de la industria.[27]

En 2010, José Bové, el famoso agricultor francés miembro del partido ecologista europeo, en una reunión del Parlamento Europeo, acusó[28] EFSA de no haber aclarado la posición de algunos de sus líderes, miembros de ILSI. La agencia comunitaria, a su vez, se defendió afirmando que la falta de referencia a las colaboraciones con ILSI se debía a descuidos en la preparación de los currículos publicados en la página web de EFSA.[29] El caso llevó al Parlamento Europeo a suspender la financiación a EFSA durante seis meses, y a suspender a las figuras que mantenían este conflicto de intereses.

En 2012, PAN-Europa reveló que, en 2008, un grupo de trabajo de la ESFA responsable de revisar los límites de toxicidad fue organizado y gestionado por miembros asociados a ILSI. En el grupo de trabajo, diez de los doce miembros tenían relaciones sólidas con la industria agroquímica y agroindustrial[30]. En el informe producido al hilo de la revisión, EFSA sugería optar por una evaluación de riesgo al estilo estadounidense (por lo tanto, con límites menos estrictos), basado en el “principio del riesgo aceptable” (es decir, un riesgo que generalmente se conoce y se tolera debido a que los costos o dificultades para implementar una contramedida efectiva serían excesivos en comparación con la expectativa de pérdida) frente al vigente principio de precaución.

En 2013, algunas asociaciones ambientalista formularon críticas[31]en contra de EFSA por el nombramiento de Juliane Kleiner, propuesta para desempeñar un papel importante en puestos clave en la evaluación y regulación de riesgos. Las críticas señalaban que Juliane Kleiner trabajó para ILSI, de 1996 a 2002, defendiendo los intereses de algunas de las industrias afiliadas, a menudo asumiendo las posiciones de la industria.

Poco antes de las elecciones de la FAO, Catherine Geslain-Lanéelle, frente a una delegación de los Estados Unidos, declaró que no compartía las cautelosas posiciones de Europa en materia de OGM (en Europa todavía prima el “principio de precaución”), y que su política en FAO estaría dirigida a abrir el mercado comunitario a los cultivos GM y a las nuevas técnicas de edición genética.[32]En ese sentido, la candidatura de Geslain-Lanéelle había suscitado fuertes preocupaciones por parte de las asociaciones ambientalista y los pequeños agricultores. En unas declaraciones al respecto, La Vía Campesina difundía la duda de si FAO, bajo una posible dirección Geslain-Lanéelle, centrada en los cultivos transgénicos como modelo agrícola, realmente hubiera podido trabajar para erradicar el hambre en el mundo, o si se hubiese convertido en una institución destinada a estimular la producción de materias primas (“commodities”) para vender en el mercado global.

Parece curioso, y no muy claro, cómo y por qué la Unión Europea ha apostado por una persona abiertamente en contra de sus mismas políticas y las elecciones de la mayoría de sus ciudadanos, y ya en el centro de las críticas por la posible connivencia con el sector agroindustrial.

 

¿Biotecnología para el desarrollo rural? La necesidad de evitar una carrera hacia soluciones simplistas y peligrosas.

 La FAO estima que alrededor de 820 millones de personas en todo el mundo padecen desnutrición crónica, en términos de calorías disponibles per cápita (el 40 por ciento de estas en India y China, el resto principalmente en África). Se estima que, al menos, dos mil millones de personas sufren la falta de ciertos nutrientes en su dieta,[33] tales como vitaminas (se estima que cada año entre 250.000 y 500.000 niños sufren daños en los ojos (por ejemplo, cegueras) debido a la falta de una ingesta suficiente de vitamina A) y minerales (la FAO estima que, a nivel mundial, una mujer de cada tres se ve afectada por la anemia causada por la falta de ingesta de hierro). Estas condiciones, además de ser debilitantes y dolorosas para quienes viven allí, y las sufren directamente, representan una enorme pérdida económica para los países, limitando su desarrollo y contribuyendo a fomentar conflictos internos.

Tratar de resolver estos problemas es un compromiso que la FAO, y muchas otras organizaciones internacionales, ha asumido. Pensar que estos problemas complejos pueden reducirse y contemplarse sólo desde el campo de la genética, o la biotecnología, significa simplificar excesivamente la complejidad del mundo real.

Es evidente que una persona tan experimentada como Catherine Geslain-Lanéelle no ignora la complejidad del mundo real. Sin embargo, un mensaje que ponga demasiada confianza y esperanza en el desarrollo de cultivos transgénicos como simple solucion a los problemas de producción agroalimentaria y del hambre, lanzado por el cargo más alto de una institución como la FAO, puede tener efectos muy impactantes en las políticas agroalimentarias mundiales y conllevar muchos riesgos.

Ahora bien, si es cierto que no podemos y no debemos desmentir que, como todas las tecnologías, también las biotecnologías pueden ofrecer oportunidades para resolver algunos problemas (las técnicas nunca son malas de por sí), sin embargo, estas manipulaciones genéticas deben analizarse primero caso por caso, y sobre todo, en el complejo contexto de los posibles impactos ambientales y socioeconómicos, tanto a corto como a largo plazo.

A continuación, ofrecemos tres ejemplos de casos concretos útiles para comprender la dimensión y características de los problemas en los que corremos el riesgo de caer.

El caso del algodón GM de Burkina Faso. Burkina Faso es un país de África occidental, con una población de 17 millones de habitantes, donde el cultivo del algodón, apreciado en todo el mundo por su calidad (con fibras más largas, en comparación con el promedio, que sirve para la fabricación de tejidos, vestidos, camisas, etc.), representa una de las actividades económicas más importantes del país (Burkina Faso es uno de los mayores productores africanos de algodón). En 2003, Monsanto propuso al gobierno mejorar los rendimientos del algodón local gracias a la biotecnología, es decir, mediante el cultivo del algodón Gm, diseñado para producir toxina Bt, y así prevenir el ataque de plagas de insectos. Así, en 2008 se empezó a cultivar en el país el nuevo algodón Gm de Monsanto. A pesar del mayor costo de las semillas Gm, los agricultores inicialmente vieron aumentar sus ganancias por la reducción del uso de pesticidas. Sin embargo, este escenario no duró mucho. Los compradores pronto se dieron cuenta de que la calidad del algodón ya no era la misma, y ​​el valor del algodón cayó, dejando a los productores con las cuentas en rojo.

La manipulación genética había inducido en las plantas una modificación inesperada que había comprometido la calidad de la fibra. Algunos informes científicos informaron de un aumento en los rendimientos en el campo, sin embargo, la cantidad de algodón que realmente podía extraerse de la flor para la venta, en realidad, disminuyó. El daño económico fue tal que Burkina Faso demandó a Monsanto pidiendo una compensación por los daños. En 2016, el país volvió a cultivar algodón tradicional, registrando un aumento del 20 por ciento de algodón vendible con respecto al algodón GM.[34] Otro ejemplo al respecto es el caso de Brasil.[35]

El caso del arroz dorado. Se estima que más de 100 millones de personas, en su mayoría niños y mujeres, se ven afectadas por la deficiencia de vitamina A. Esta deficiencia genera una gran cantidad de problemas, desde la reducción de las defensas inmunitarias hasta problemas en el aprendizaje. La vitamina A es esencial para el correcto desarrollo de la visión. De hecho, la carencia prolongada de esta vitamina puede conducir a la ceguera, y hasta la muerte, si la deficiencia perdura mucho. Esta vitamina se encuentra en productos animales y es producida por el metabolismo humano a partir del betacaroteno (y con menos eficiencia a partir de otros carotenoides provitamínicos), que a su vez se encuentra en vegetales de colores y verduras de hoja larga.

En el arroz, el betacaroteno se encuentra en las glumas que cubren los granos, aunque el arroz blanco está completamente exento del mismo. En algunas regiones pobres, donde las dietas se caracterizan por una fuerte dependencia del arroz, existen graves problemas nutricionales, no sólo deficiencias de vitamina A, sino también de otras vitaminas, hierro y otros minerales. En 2000, y luego en una nueva versión en 2005, se lanzó una variedad de arroz transgénico que produce beta-caroteno en el grano de arroz. Ya en el año 2000, con una variedad de arroz dorado que producía una cantidad casi insignificante de betacaroteno (y sin haber realizado ninguna prueba de tipo toxicológico-nutricional o agroecológico en los campos del cultivo), los promotores de los OGM comenzaron una gran batalla mediática para que este arroz transgénico se distribuyera a los agricultores pobres de todo el mundo para su cultivo.

En su momento, aquellos que expresaron dudas sobre la efectividad de esta iniciativa fueron sistemáticamente atacados e insultados por el mundo biotecnológico, e incluso acusados ​​de crímenes contra la humanidad, culpables de querer negar a cientos de millones de personas desnutridas la solución a sus problemas. En 2014 (y luego sucesivamente se ampliaron los ensayos), los resultados de las pruebas de campo (que finalmente se realizaron quince años después de la aparición de la primera variedad de arroz dorado en el laboratorio) indicaron que el arroz dorado tenía dos problemas bastante importantes: su contenido en betacaroteno era aún bajo y, sobre todo, su productividad era menor que la de las variedades cultivadas tradicionalmente. Esto no permite que el arroz dorado sea comercializable, como declaró el mismo International Rice Research Institute.[36] Si el arroz dorado se hubiera comercializado en 2005, como exigían muchas voces dentro del mundo biotecnológico, la producción de arroz habría sufrido una reducción drástica, pudiendo provocar una hambruna a escala mundial, que habría puesto en peligro la vida de cientos de millones de personas y enormes problemas de inestabilidad social, más allá de dejar sin resolver los problemas nutricionales de determinadas poblaciones que supuestamente pretendían solucionarse con esta tecnología.[37],[38]

¿Qua pasa con los cultivos GM en Argentina? El mundo de la biotecnología afirma que los cultivos transgénicos son la respuesta necesaria a los problemas del hambre y la pobreza. Si esto fuera cierto, los argentinos deberían estar entre las personas mejor alimentadas, más ricas y más felices del mundo. En Argentina (43 millones de personas) se cultivan 22,5 millones de hectáreas de cultivos transgénicos (alrededor del 50 por ciento de las tierras cultivables), entre soja, maíz y algodón. El país produce una cantidad de alimentos que podría potencialmente alimentar a 400 millones de personas.[39],[40]

La soja GM y el maíz GM representan casi el 20 por ciento del valor exportado. Sin embargo, sorprendentemente, la visión milagrosa alrededor de los GM narrada en el mundo de la biotecnología no parece haberse hecho realidad.

A pesar de los cultivos transgénicos y la enorme productividad de la agricultura argentina, la realidad es que el 52 por ciento de los menores (6 millones de niños y adolescentes) vive en la pobreza (el 40 por ciento no tiene libros en casa, por ejemplo, o también un 40 por ciento no puede permitirse ir al dentista). El 13 por ciento de los menores argentinos vive en estado de subnutrición. Desde el año 2010, cuando se creó el Barómetro de la deuda social de la infancia, que mide la pobreza y los problemas sociales de los niños, la pobreza infantil nunca ha estado por debajo del 40 por ciento. Por decirlo en términos más llamativos, pero al mismo tiempo dramáticamente reales, ¡Argentina, considerada uno de los graneros del mundo, no logra alimentar a sus niños![41]

Pero no sólo no los alimenta. En Argentina, se usan actualmente más de 300 millones de litros de agroquímicos al año (eran 35 millones en los años 90 antes de la introducción masiva de los cultivos Gm[42]), con una tendencia de aumento del 10 por ciento por año[43].

El aumento del uso se corresponde con la necesidad de aumentar la cantidad por hectárea debido a la aparición de resistencia a los herbicidas (glifosato) en las “malezas”. Con lo cual, los productores utilizan cada vez más cantidad de glifosato y además lo mezclan con otros productos. El Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria de Argentina, señala que, en la década de los 90, se utilizaban unos 2 litros por hectárea de cultivo, mientras en la campaña agrícola 2011/2012 llegaron a utilizarse 9 litros por hectárea[44],[45].

En el grafico siguiente (figura 2) podemos ver la evolución en el uso de agroquímicos (pesticidas y herbicidas)  en millones de kg/L, de áreas cultivadas en ha y rendimientos medios nacionales para cultivos en t/ha.[46]

 

Figura 2. Uso de agroquímicos en Argentina entre1991 y 2010 (fuente REDUAS).

 

Tal y como señala la Red Universitaria de Ambiente y Salud (REDUAS) y los médicos de pueblos fumigados,[47] se estima una dosis promedio a nivel nacional de unos 8 litros por persona, que puede alcanzar los 30 litros por persona o más en las regiones donde se cultiva la soja GM (unos 12 millones de personas que conviven con las tierras de cultivos agroindustriales).

El gobierno argentino siempre ha considerado que el glifosato es inocuo para la salud humana, por lo que no considera necesario establecer límites para su uso. El enorme uso de herbicidas, debido a los cultivos transgénicos, ha contaminado el suelo y el agua, y está exponiendo a la población rural a diferentes tipos de enfermedades.

En ese sentido, en 2010, con su grupo de trabajo, el toxicólogo argentino, el profesor Andrés E. Carrasco, publicó un importante trabajo científico[48] en el que mostraba cómo el glifosato interfería en el mecanismo de desarrollo del embrión en vertebrados. El trabajo concluye que los herbicidas a base de glifosato tienen efectos teratogénicos (es decir, inducen malformaciones en el embrión) en los vertebrados, y que esto podría explicar los casos de malformación que se encuentran en los recién nacidos, en áreas rurales donde se utilizan ampliamente tales herbicidas. Después de la publicación del trabajo, el profesor Carrasco recibió amenazas personales, y su trabajo fue ridiculizado por el propio ministro de investigación científica argentino. En 2010 se formó la citada REDUAS con el objetivo precisamente de hacer un seguimiento de la salud humana y la degradación ambiental producida como consecuencia de la actividad productiva, en general, y agropecuaria, en particular.

El monocultivo intensivo de organismos resistentes a herbicidas está también degradando y matando los suelos, y se está expandiendo gracias a la deforestación de lo que queda del patrimonio natural del país.[49]  Philip Lymbery, un crítico de la ganadería industrial, en su “La carne que comemos: el verdadero coste de la ganadería industrial” (2017),  hace un buen resumen de la situación en Argentina.

¿Quién se está beneficiando con los OGM en Argentina? Pocos grandes terratenientes y los grupos de presión asociados a los OGM y a los agroquímicos.

Para terminar

 Volviendo al tema central de este artículo, ciertamente se puede afirmar que la experiencia y la formación del nuevo director de la FAO Qu Dongyu, junto con las intenciones declaradas en su discurso de investidura, aportan una contribución sólida y llena de esperanza a la FAO. Esperamos además, como insinuó, que el nuevo director quiera seguir y profundizar en la línea trazada por su predecesor, Da Silva, quien se había comprometido fuertemente con la seguridad alimentaria de cientos de millones de pequeños agricultores mediante el desarrollo de modelos agroecológicos, capaces de garantizar la producción, y al mismo tiempo preservar la calidad de los recursos naturales, el suelo en primer lugar (ver, por ejemplo, la publicación solicitada por Da Silva en 2015, como parte del año del suelo[50]).

Los retos que nos esperan son, sin duda, enormes y abarcan cuestiones agroecológicas, sociales y políticas, y ecológicas.

El primer nivel tendría que enfrentar cuestiones sobre como:

I. alimentar a una población que se estima alcanzará los 10 mil millones de personas en 2050 (con un crecimiento que se producirá principalmente en África y Asia, continentes ya afectados por crisis alimentarias, por los efectos del cambio climático y, en el caso de África, por una serie de dramáticos conflictos que parecen no tener fin);

II. gestionar unos recursos hídricos cada vez más escasos y proteger la fertilidad del suelo[51](sin los cuales no puede haber producción de alimentos);

III. reducir el uso de recursos y el desperdicio en la cadena agroalimentaria; e iv. invertir en agroecosistemas resilientes en función de los efectos del cambio climático.

El segundo nivel abarcaría cuestiones desde un punto de vista socio-político como:

I. implementar una distribución más equitativa del valor de los productos alimenticios en la cadena alimentaria, y un reconocimiento del valor de estos;

II. acabar con el despilfarro de alimentos causados por la producción de biocarburantes (un vector energético ineficiente que sólo se sostiene gracias a los subsidios públicos[52]);

III. reducir los conflictos, una de las causas más importantes de hambre y sufrimiento de los pueblos.

En el tercer ámbito encontraríamos cuestiones de naturaleza ecológica como: i. proteger lo que queda de los ecosistemas naturales; ii. preservar la biodiversidad; iii. reducir el uso de pesticidas, que en algunas regiones están comprometiendo la salud de los ciudadanos y de los sistemas agrícolas.

La gestión de problemas tan complejos debe servir como advertencia contra la búsqueda de soluciones demasiado simplistas, que podrían resultar peligrosas, como hemos tratado de mostrar en los ejemplos anteriores.

Un desafío que esperamos que el nuevo gerente Qu Dongyu quiera aceptar, como ha anunciado, con un compromiso con las personas, con justicia, apertura, transparencia e imparcialidad.

 

NOTAS:

[1] Tiziano Gomiero es investigador indipendente y consultor, en temas de agroecología y medio ambiente: https://www.researchgate.net/profile/Tiziano_Gomiero

[2] Monica Di Donato es economista ecologica e investigadora en FUHEM Ecosocial: @MonDiDonato

[3] http://www.fao.org/news/story/en/item/1199116/icode

[4] En este enlace se pueden consultar los CV de los candidatos: http://www.fao.org/fileadmin/user_upload/bodies/Conference_2019/MZ073_7/MZ073_C_2019_7_en.pdf

[5] https://www.lemonde.fr/planete/article/2019/06/07/guerre-diplomatique-pour-la-presidence-de-la-fao_5473025_3244.html

[6] El voto en el procedimiento de investidura es secreto, pero ha habido muchos países que han hecho públicas sus preferencias por un candidato en concreto.  Sólo Italia ha mantenido una reserva absoluta en la elección, como país invitado de la FAO.

[7] https://www.unido.org/who-we-are-structure-director-general/biography

[8] https://www.economist.com/finance-and-economics/2019/07/13/a-new-study-tracks-the-surge-in-chinese-loans-to-poor-countries

[9] https://www.eleconomista.es/mercados-cotizaciones/noticias/9135375/05/18/China-abre-una-nueva-Ruta-de-la-Seda-en-la-que-invertira-8-billones-de-dolares.html

[10] , Marzio G. Mian, Barents, epítome ártica. PAPELES de relaciones ecosociales y cambio global, número 146, 2019.

[11] https://elpais.com/internacional/2018/09/01/actualidad/1535807374_627163.html

[12] https://lta.reuters.com/articulo/china-africa-idLTAKCN1LK1K6-OUSLW

[13] https://www.lemonde.fr/planete/article/2019/06/07/guerre-diplomatique-pour-la-presidence-de-la-fao_5473025_3244.html

[14] https://www.euractiv.com/section/agriculture-food/news/chinas-qu-dongyu-beats-eu-candidate-for-fao-leadership/

[15] https://www.hrw.org/news/2017/09/05/un-china-blocks-activists-harasses-experts

[16] https://www.theguardian.com/environment/2019/jun/02/candidate-run-global-food-body-not-defend-eu-stance-on-gm?fbclid=IwAR0rnRfjf94tKs03BSaHWfHp1FC-ZTUZNu6-3AL6VJoNaeWyq8t0RWj8NPs

[17] Los datos del último informe de la FAO sobre “El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo 2018” no parecen respaldar tanto optimismo.

[18] https://www1.wfp.org/news/china-contributes-us7-million-support-wfps-food-assistance-south-sudan

[19] En 2018 Bayer compró Monsanto y su paquete de patentes para cultivos Gm. Para profundizar sobre la megafusión: https://www.fuhem.es/media/ecosocial/file/revista-papeles/139/Megafusiones_T_GOMIERO_M_DIDONATO.pdf

[20] https://www.lemonde.fr/planete/article/2019/06/23/le-chinois-qu-dongyu-elu-a-la-tete-de-la-fao_5480389_3244.html

[21] http://www.fao.org/publications/oecd-fao-agricultural-outlook/2019-2028/en/

[22] https://es.wikipedia.org/wiki/CRISPR

[23] https://www.nature.com/news/china-s-scientists-must-engage-the-public-on-gm-1.17031

[24] https://thediplomat.com/2019/05/chinas-gmo-paradox/

[25] https://www.nature.com/articles/s41538-018-0018-4

[26] https://corporateeurope.org/sites/default/files/ilsi-article-final.pdf

[27] https://www.theguardian.com/us-news/2019/jun/03/science-institute-that-advised-eu-and-un-actually-industry-lobby-group

[28] https://www.nature.com/news/2010/101006/full/467647a.html

[29] https://www.nature.com/news/2010/101005/full/news.2010.513 .html

[30]Informe detallado sobre el tema producido por PAN-Europa: https://www.pan-europe.info/old/Resources/Reports/PANE%20-%202011%20-%20A%20Toxic%20Mixture%20-%20Industry%20bias%20found%20in%20EFSA%20working%20group%20on%20risk%20assessment%20for%20toxic%20chemicals..pdf

[31] https://www.pan-europe.info/old/News/PR/130910.html

[32] https://www.theguardian.com/environment/2019/jun/02/candidate-run-global-food-body-not-defend-eu-stance-on-gm?fbclid=IwAR0rnRfjf94tKs03BSaHWfHp1FC-ZTUZNu6-3AL6VJoNaeWyq8t0RWj8NPs

[33] https://theconversation.com/hidden-hunger-affects-nearly-2-billion-worldwide-are-solutions-in-plain-sight- 104740

[34] https://af.reuters.com/article/investingNews/idAFKBN1510MH

[35] https://www.reuters.com/article/us-brazil-cotton-idUSKCN1U61Y9

[36] https://www.nature.com/articles/514S55a?message-global=remove

[37] Más información sobre el problema del arroz dorado en esta entrevista: https://www.fuhem.es/2017/05/08/jugando-a-aprendices-de-brujo-con-la-comida-luces-y-sombras-de-la-polemica-sobre-transgenicos-y-arroz-dorado/

[38] https://theconversation.com/forcing-consensus-is-bad-for-science-and-society-77079

[39] https://www.trtworld.com/americas/battle-against-hunger-in-argentina-26181

[40]https://elpais.com/internacional/2019/06/07/actualidad/1559927136_602178.html?id_externo_rsoc=FB_CM&fbclid=IwAR3V0k_hzlHVnMGXsBPK6zEEkFB8Yt6r4AsOsoWBvP4Q-ikPVqIAgFfQXeQ

[41]https://elpais.com/internacional/2019/06/07/actualidad/1559927136_602178.html?id_externo_rsoc=FB_CM&fbclid=IwAR3V0k_hzlHVnMGXsBPK6zEEkFB8Yt6r4AsOsoWBvP4Q-ikPVqIAgFfQXeQ

[42] Philip Lymbery, 2017. “La carne que comemos: el verdadero coste de la ganadería industrial”. Libros Singulares (Ls).

[43] https://www.trtworld.com/magazine/the- Las consecuencias mortales-de-agricultura-agroquímico-in-Argentina-22843

[44] http://www.biodiversidadla.org/Agencia-de-Noticias-Biodiversidadla/Glifosato-transgenicos-y-un-experimento-a-cielo-abierto?fbclid=IwAR0CwI30YTqMQQh-F3XRVQfiZa0gy-xFZOnt2YdRVVFd1OIez0_JkYTM0mg

[45] http://sobrelatierra.agro.uba.ar/aparece-una-resistencia-increible-al-glifosato/

[46] http://reduas.com.ar/wp-content/uploads/2013/06/evolucion-agtotox-has-sembradas-y-rendimiento.jpg

[47] http://reduas.com.ar/the-use-of-toxic-agrochemicals-in-argentina-is-continuously-increasing/

[48] https://www.eldiario.es/desalambre/efectos-glifosato-Argentina_0_619438193.html

[49] https://www.theguardian.com/environment/2018/oct/26/soy-destruction-deforestation-in-argentina-leads-straight-to-our-dinner-plates

[50] http://www.fao.org/soils -2015 / en /

[51] https://www.mdpi.com/2071-1050/8/3/281

[52] https://www.mdpi.com/2071-1050/7/7/8491

 

 

 

 

 


Geopolítica en el Antropoceno

La geopolítica en los tiempos de la crisis ecosocial se desenvuelve en un mundo crecientemente postoccidental. El centro de gravedad de la economía mundial se desplaza hacia el Oriente, que ejerce una demanda creciente de recursos cada vez más escasos. Al tiempo, las amenazas vinculadas al cambio climático y a las disrupciones tecnológicas exigen alcanzar amplios consensos que impidan que los intereses privados se impongan al bien común. Sin embargo, en el momento en el que más cooperación necesitamos, se imponen procesos de repliegue nacional, rebrotes proteccionistas y guerras comerciales y tecnológicas. Todo ello refleja una vuelta de la geopolítica, que lejos de una muestra de debilidad del sistema, se torna en una pieza clave de la recomposición de un nuevo orden social que emerge en el plano internacional.

El actual número de PAPELES dedica el Especial a la «Geopolítica en la era del Antropoceno». En Panorama, Giorgos Kallis nos ofrece una lectura crítica de la propuesta del Green New Deal. La sección de Periscopio pone el foco sobre dos iniciativas sociales urbanas concretas, una en Barcelona y la otra en Valladolid, mientras que en Entrevistas, conversamos en esta ocasión con el matemático y oceanógrafo Jordi Salat.

Finalmente, en este número sumamos un nuevo texto para la sección Recordando a Sacristán y, como no puede faltar, la revisión de algunos Libros recientes de interés.

A continuación, ofrecemos el sumario de la revista y, como es habitual el texto completo de la INTRODUCCIÓN de Santiago Álvarez Cantalapiedra, que bajo el título El regreso de la geopolítica, destaca que los tiempos que vivimos demandan altos grados de cooperación mundial, ya que las amenazas vinculadas al cambio climático y al desarrollo de unas tecnologías, que son cada vez más disruptivas por ser capaces de combinar inteligencia artificial con bioingeniería, exigen alcanzar amplios consensos que impidan que determinados intereses privados se impongan al bien común.

El texto destacado de este número es el artículo que abre el ESPECIAL, Geopolítica en el Capitaloceno, donde su autora Birgit Mahnkof, destaca que bajo las condiciones de un modo de producción capitalista, la «ruptura metabólica» entre los seres humanos y la naturaleza se ha ampliado tanto, que los “antropos” se han convertido en un “factor geológico” que está a punto de terminar con la vida en la Tierra tal como la conocemos desde hace más de diez mil años. Sin embargo, en lugar de iniciar un cambio estructural que respete las restricciones socioecológicas de la acción humana, estamos en cambio experimentando una renovación de la geopolítica: no solo la feroz competencia internacional por la disminución de las reservas de petróleo y gas natural, sino también una “fiebre verde” por los metales, minerales, el agua y la tierra.

SUMARIO

INTRODUCCIÓN:

El regreso de la Geopolítica, Santiago Álvarez Cantalapiedra.

ENSAYO

La cuestión ambiental en Marx, Horacio Fazio y José Manuel Naredo.

María Zambrano, una filósofa comprometida entre las “sinsombrero”, Maite del Moral.

ESPECIAL: GEOPOLÍTICA EN LA ERA DEL ANTROPOCENO

Geopolítica en el Capitaloceno, Birgit Mahnkopf.

La geopolítica mundial pivota en Asia, Augusto Zamora.

Guerra en el Antropoceno. La hiperrealidad de la economía biofísica-militar, Nafeez Ahmed.

¿Acaso tenía razón Huntington? Demografía y geopolítica, Andreu Domingo.

Barents, epítome ártico, Marzio G. Mian.

Geopolítica de los recursos naturales en el África Subsahariana, Jesús García-Luengos.

PANORAMA

El Green New Deal no debe vincularse al crecimiento económico., Giorgos Kallis.

PERISCOPIO

Organización vecinal desde la memoria colectiva y la liberación del espacio. Etnografía del Ágora Juan Andrés Benítez en El Raval, Ana Elisa Astudillo Salazar.

Convivencia y Urbanismo. Estudio de la zona vulnerable Caamaño y Las Viudas del barrio de Las Delicias en Valladolid, Álvaro Martínez García-Salmones.

ENTREVISTA

Entrevista al matemático y oceanógrafo Jordi Salat, Salvador López Arnal.

RECORDANDO A SACRISTÁN

Prólogo de Historia general del socialismo, Manuel Sacristán Luzón.

LIBROS

Las cenizas de Prometeo. Transición energética y socialismo, de Joaquim Sempere.

Emilio Santiago Muiño.

Políticas de seguridad para la paz. Otra seguridad es posible y necesaria, de Jordi Calvo Rufanges (coord.)

Economía (de guerra), de Pere Ortega.

Nuria del Viso.

Ecología, comunidad y estilo de vida. Esbozos de una ecosofía, de Arne Naess.

Marina Mejía, Mirella E. Maurolagoitia y Mikaela Simpatico.

Esperanza activa. Cómo afrontar el desastre mundial sin volvernos locos, de Joanna Macy y Chris Johnstone.

Ricardo Nieto González y Octavio Arriola Mariño.

 

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Small is beautiful, lo grande está subvencionado. Nuevo libro de la Colección Economía Crítica & Ecologismo Social

Small is beautiful se publicó por primera vez en 1998. Más de veinte años después, sigue siendo un texto de una plena vigencia, que ha demostrado ser capaz de anticipar muchos de los debates que, con el tiempo, se situarían en el ojo del huracán.

Steven Gorelick reúne aquí una serie de reflexiones, respaldadas por numerosos ejemplos y datos, que demuestran la gran dependencia de las grandes empresas respecto de subvenciones, ayudas y exenciones fiscales, laborales y ambientales, sin las cuales las megacorporaciones globales no serían competitivas ni eficientes, y la peligrosa destrucción social, económica y ambiental que causan estas empresas.

El texto nos hace plantearnos una serie de cuestiones:

¿Sabemos cómo se destinan nuestros impuestos a impulsar la concentración económica en las grandes multinacionales?

¿Somos conscientes de cómo afecta esto al tejido económico local, al empleo y a la utilización de los recursos naturales?

¿Estamos a tiempo de poner en entredicho la presunción de que "cuanto más grande, mejor" y empezar a comprender que, en definitiva, "lo pequeño es hermoso"?

Sobre el autor

Steven Gorelick es director ejecutivo de programas en Local Futures (antes International Society for Ecology and Culture, ISEC) -una ONG que promueve alternativas a la economía global y consumista-. Es codirector de la premiada película documental The Economics of Hapiness (ISEC, 2011) y coautor de Bringing the Food Economy Home: Local Alternatives to Global Agribusiness (Kumarian Press, 2002). Ha enseñado economía en el Sterling College en Vermont, y escribe y da charlas sobre temas de economía local en Estados Unidos.

A continuación, ofrecemos el índice y un extracto del Prólogo de Federico Aguilera Klink:

Índice

Prólogo. De la economía de la competencia a la economía de la subvención pública (para las grandes empresas), por Federico Aguilera Klink.

Introducción - Helena Norberg-Hodge.

Capítulo 1. Es la evolución, ¿NO?

Capítulo 2. Lo grande se hace más grande.

Capítulo 3. Facilitando el crecimiento: infraestructuras y escala.

Capítulo 4. Las subvenciones al transporte de larga distancia.

Capítulo 5. La comunicación del globalismo.

Capítulo 6. Hay que encontrar la energía.

Capítulo 7. Aprendiendo a servir al mercado global.

Capítulo 8. Investigación científica: ¿quién se beneficia, quién paga?  

Capítulo 9. La ampliación de infraestructuras: una carrera hacia ninguna parte.

Capítulo 10. Las reglas del juego: el libre comercio.

Capítulo 11. Muchas regulaciones y pocos efectos.

Capítulo 12. Entonces ¿por qué lo siguen haciendo?

Agradecimientos.

 

PRÓLOGO

De la economía de la competencia a la economía de la subvención pública (para las grandes empresas)

La economía que se enseña en las universidades y la que se transmi­te a través de los medios de comunicación insiste, fundamental­mente, en una descripción (con apariencia de explicación) en la que destacan de manera positiva, ideal y deseable etiquetas como el mer­cado, la competencia y la eficiencia y, de manera negativa, la inter­vención estatal y las subvenciones. Esto ayuda a construir un discur­so ideológico falso en el que se asocia mercado y competencia a libertad y a eficiencia y, a la inversa, se asocia intervención estatal (una expresión cargada de un enorme sesgo autoritario e indesea­ble) y subvenciones a falta de libertad, derroche e ineficiencia.

El libro de Gorelick, publicado originalmente en 1998, nos muestra con datos la falsedad de tales ideas dejando claro que el discurso del mercado libre, en el que triunfarían las grandes empresas por su buen hacer y su esfuerzo competitivo, con el resultado final de una elevada eficiencia, no es nada más que pura ideología que sirve para ocultar una realidad en la que el poder de las grandes empresas (corporaciones) les permite configurar (obligando a los diferentes gobiernos a algunos de cuyos miem­bros designa) de manera intimidatoria las propias reglas de juego con las que van a obligar a “jugar” al resto de las empresas y en diferentes países y que, obviamente, benefician de manera inefi­ciente y desigual a las corporaciones que elaboran esas reglas. Esto incluye el saqueo de lo público, en términos de presupuestos y de la apropiación de los bienes públicos, es decir, la concesión de inmensas subvenciones públicas y de exenciones fiscales, laborales y ambientales de todo tipo de acuerdo con las necesida­des de esas grandes empresas para que puedan seguir ampliando sus áreas de explotación y extracción de beneficios privados.

Es obvio que estoy hablando de todo tipo de violencia, sin la cual nada de lo anterior sería posible, que llega, cuando estas empresas lo consideran necesario, hasta los golpes de Estado y la guerra, tal y como llevamos décadas observando. Sin embargo, y gracias a la manipulación y tergiversación del lenguaje, el resultado final, que no es otro que la destrucción social, cultural, económica y ambiental de países enteros, termina considerándose como una mejora en la libertad y en la eficiencia gracias al “mercado”.

A seguir considerando toda esta violencia como competencia contribuye de manera violenta (es una redundancia deliberada) el sistema educativo, desde la escuela hasta la universidad, algo que Gorelick muestra con una claridad dolorosa. Por otro lado, como nos han convertido en consumidores, por mucho que nos llamen de vez en cuando ciudadanos, sin una conciencia mínima de que nues­tros hábitos y nuestro nivel de consumo depende del manteni­miento de esa violencia y de esa destrucción, vivimos habitualmen­te en un estado de enajenación, existencia sin esencia decía Marx, o de cretinización de alto nivel, como señalaba Morin; es decir, sin tener apenas capacidad de relacionar cuestiones, lo que nos impide comprender dónde estamos y entender qué es lo que ocurre.

La novedad del texto de Gorelick consiste, precisamente, en que rompe con la cretinización, de alto y de bajo nivel —la primera según Morin es la que enseña la universidad (y el sistema educati­vo) y la segunda la que transmiten los medios de comunicación— al mostrar a través de los 12 capítulos que tiene el libro cómo están relacionadas todas estas cuestiones en diferentes campos de nego­cios, tales como las infraestructuras, la energía, el transporte y las comunicaciones, la financiación de la investigación “privada”, la globalización, las regulaciones fiscales, laborales y ambientales, las exportaciones, las empresas de armamento, las puertas giratorias, la publicidad, el sistema educativo, etc. Todo está relacionado.

Así pues, en contra de las creencias insistentemente divulga­das como si fueran conocimiento científico o como una supuesta sabiduría convencional, las grandes empresas no son competiti­vas, sino que dependen muchísimo más que las pequeñas de las subvenciones públicas y requieren y controlan un sistema basado en la violencia. Como señalaba Stiglitz con ironía y suavidad en “los felices noventa”, los líderes de las grandes corporaciones defendían tres “principios empresariales”, a saber:

  1. La gente de negocios generalmente se opone a las subven­ciones para todos menos para sí mismos.
  2. Todo el mundo está a favor de la competencia en todos los sectores de la economía menos en el suyo propio.
  3. Todo el mundo está a favor de la franqueza y la transparencia en todos los sectores de la economía a excepción del suyo.

En definitiva, la conclusión más destacada, para tratar de enfrentar el destructivo proceso globalizador, consiste en empezar a ver que, paradójicamente, las empresas con mayor capacidad de compe­tir de manera eficiente, en un sentido amplio, son las pequeñas empresas locales que utilizan de manera respetuosa recursos natura­les y trabajo local y que, en consecuencia, incurren en unos costes (sociales, energéticos y ambientales) mucho más bajos que los de las corporaciones, a pesar de que apenas cuentan con subvenciones y de que a estas pequeñas empresas se les hace creer, gracias al discurso oficial económico y político, que no son competitivas ni eficientes. Leer más (pdf)

 

 


Desigualdades y distribución de la renta: una mirada plural. FUHEM Ecosocial en el Curso de verano UAM.

Dirigido por: Ignacio Álvarez Peralta y Julián Sánchez González. Profesores de la Facultad de CC. EE. y EE. de la Universidad Autónoma de Madrid.

Las desigualdades constituyen hoy día una preocupación creciente. En un mundo donde las diferencias de renta y riqueza son  crecientes, en el que arrastramos desigualdades por razón de género y cuando además emergen nuevas fracturas sociales vinculadas al deterioro ecológico y la disponibilidad de recursos, parece obligada una reflexión profunda de las/os economistas sobre estas cuestiones.

Con este curso, que dará cobertura a la celebración de la II Escuela de Verano de Economía Crítica, se profundizará en el análisis y explicación de las diferentes dimensiones de la desigualdad económica (de poder, de género, ambiental) y su relación con la distribución de la renta y la riqueza en las sociedades. Para ello, a lo largo de los tres días, las y los ponentes presentarán los resultados que, sobre esta cuestión, han venido planteando los diferentes enfoques teóricos y metodológicos no convencionales (Economía post-Keynesiana, Economía. Ecológica, Economía Marxista, Economía Feminista y Economía Institucional).

Así pues, el curso tiene un doble objetivo:

  1. Familiarizar a las/os estudiantes de doctorando, Máster y últimos años de Grado, con las aportaciones que estos enfoques económicos no convencionales han realizado al estudio de las desigualdades y la distribución de la renta y la riqueza.
  2.  Favorecer la discusión científica entre los ponentes y los estudiantes, con el fin de ayudarles en la orientación de los trabajos de tesis doctoral o fin de máster.

Datos de Interés

Cuándo: 1, 2, y 3 de julio 2019

Dónde: Residencia La Cristalera. Miraflores de la Sierra, Madrid

Precio:

  • Matrícula con almuerzo: 86 €
  • Matrícula con alojamiento (habitación compartida):
  • Miembros UAM: 175 €
  • Externos: 191,50 €

Los estudiantes universitarios no asalariados y los licenciados desempleados podrán solicitar beca.

1 crédito ECTS

Información y matrícula: www.uam.es/cursosverano  / actividades.culturales@uam.es

Más información: Oficina de Actividades Culturales. Edificio de Rectorado, 2ª entreplanta. Universidad Autónoma de Madrid. 28049 Madrid. Tel: (+34) 91 497 46 45. @oac_uam oficina de actividades culturales

 

PROGRAMA DEL CURSO

1 de julio

 9:00 - Inauguración y apertura del curso

IGNACIO ÁLVAREZ PERALTA - Profesor del Dpto. de Estructura Económica y Economía del Desarrollo, UAM.

JULIÁN SÁNCHEZ GONZÁLEZ - Profesor del Dpto. de Análisis Económicos: Teoría e Historia Económica, UAM.

I. Un mundo más desigual.

9:30 - Desigualdad y calidad de vida

SANTIAGO ÁLVAREZ CANTALAPIEDRA

Director de FUHEM Ecosocial.

10:30 - Transformaciones estructurales y distribución de la renta

JOSÉ M. GARCÍA DE LA CRUZ

Profesor del Dpto. de Estructura Económica y Economía del Desarrollo, UAM.

II. Desigualdad, recursos naturales y deterioro ecológico.

12:00 - Desigualdad, medio ambiente y cambio climático

JORDI ROCA JUSMET

Profesor del Dpto. de Economía de la Universitat de Barcelona.

13:00 - El debate del decrecimiento y la distribución de la renta

LUIS COLLADO

Profesor del Dpto. de Estructura Económica y Economía del Desarrollo, UAM.

16:00 - Taller

ÓSCAR CARPINTERO REDONDO

Profesor de Economía Aplicada de la Universidad de Valladolid.

Sesión práctica. Exposiciones de doctorandos y debate.

 

2 DE JULIO

III. Desigualdad y clase social.

9:30 - Estructura de clases en el capitalismo gerencial: una mirada marxista

GÉRARD DUMÉNIL

Profesor del Centre pour la Recherche Economique et ses Application.

10:30 - Financiarización y recomposición de las clases sociales

BIBIANA MEDIALDEA GARCÍA

Profesora del Departamento de Economía Aplicada, Estructura e Historia de la Universidad Complutense de Madrid.

IV Poder, distribución y macroeconomía.

12:00 - Distribución de la renta, crecimiento y acumulación. Una mirada post-Keynesiana

PALOMA VILLANUEVA CORTÉS

Profesora del Instituto Complutense de Estudios Internacionales.

13:00 - Poder, discriminación y desigualdad desde el punto de vista de la Economía Política Radical

FERNANDO ESTEVE

Profesor del Dpto. de Análisis Económicos: Teoría e Historia Económica, UAM.

16:00 - Taller

ÓSCAR CARPINTERO REDONDO

Profesor de Economía Aplicada de la Universidad de Valladolid.

Sesión práctica. Exposiciones de doctorandos y debate.

 

3 DE JULIO:

 V. La desigualdad desde los enfoques feministas.

9:30 - Trabajo no mercantil y desigualdad de género

CARMEN CASTRO

Investigadora del Observatorio de Género, Economía, Política y Desarrollo (Gep&Do), autora de «Políticas para la igualdad».

10:30 - La desigualdad de género: el punto de vista fiscal

PALOMA DE VILLOTA GIL-ESCOIN

Profesora de Economía Aplicada de la Universidad Complutense.

VI. Hacia una nueva agenda de política económica.

12:00 - La desigualdad en el centro de la Política Económica

MARÍA PAZOS

Coordinadora de la Investigación sobre Políticas Públicas e Igualdad de Género del Instituto de Estudios Fiscales.

13:00  - Cómo avanzar hacia una transición ecológica justa

ÓSCAR CARPINTERO REDONDO

Profesor de Economía Aplicada de la Universidad de Valladolid.

14:00-14:30 - Clausura y entrega de diplomas

 

Descargar el folleto en formato pdf


Nueva Publicación: Buen Vivir: utopía para el siglo XXI

Buen Vivir, utopía para el siglo XXI

Patricio Carpio Benalcázar

Madrid: FUHEM Ecosocial, 2019, 198 págs.

El libro escrito por Patricio Carpio Benalcázar y publicado por FUHEM Ecosocial aborda el Buen Vivir como una construcción colectiva desde diferentes enfoques y posiciones que expresan la diversidad de tendencias movilizadas por encontrar rutas para traspasar el maldesarrollo dominante y confluir en sistemas sociales sustentables para el siglo XXI.

El Buen Vivir se construye a partir de la crítica y la búsqueda de alternativas a la idea de desarrollo. En su visión convencional significa que unos actores se imponen a otros y se arrogan la misión de orientarlos por una vía previamente diseñada por ellos mismo, dando origen a la modernidad capitalista y a la colonialidad del ser, del poder y del saber.

El Buen Vivir representa uno de los esfuerzos más relevantes para definir derroteros civilizatorios alternativos para las sociedades de este siglo y abarca subsistemas como las pluridiversidades, ecoarmonías, soberanías y otras economías, con sus respectivas dimensiones como el Estado plurinacional, los derechos de la naturaleza o la democracia participativa.

El Buen Vivir, para constituirse en alternativa de poder, debe enfrentar los tres grandes paradigmas que sostienen la noción de desarrollo y sus prácticas instituidas: la colonialidad, el crecimiento económico y la teoría de la modernización.

El Buen Vivir incorpora la diversidad cultural y recupera elementos filosóficos de culturas ancestrales andinas y amazónicas, fundamentalmente valores cuyas referencias orientan hacia una nueva ética de entendimiento con la naturaleza y hacia unas relaciones de convivencia colaborativa entre los seres humanos (negación a todo tipo de extracción y de explotación capitalista, y convergencia en la idea de “armonías”).

Santiago Álvarez Cantalapiedra, director de FUHEM Ecosocial, presenta en el Prefacio del libro, el Buen Vivir como una construcción paradigmática y un aporte fundamental que el pensamiento latinoamericano ha hecho en las últimas décadas al campo de las humanidades y las ciencias sociales. Un aporte fundamental por varias razones: en primer lugar, porque se construye como paradigma inclusivo. Una segunda razón de la significatividad de esta propuesta es que alienta modos alternativos de encarar el futuro a partir de representaciones, valores y prácticas (económicas, políticas y culturales) opuestas a las de la civilización industrial capitalista. Podemos sumar una tercera razón al añadir que el Buen vivir, al inspirar proyectos sociales y políticas públicas, resulta crucial en la tarea de repensar y reinventar la emancipación social de nuestros días.

Puedes descargar el texto completo del Prefacio (pdf).

En el Capítulo 3: Fuentes y partes integrantes del Buen Vivir, el autor muestra el Buen Vivir como una propuesta sociopolítica de organización societal que promueve la construcción de un sistema complejo de correspondencias e interacciones de las sociedades humanas tanto con su entorno ambiental, como entre sus miembros y con otras sociedades, en un marco de interculturalidad, convivencia recíproca y equilibrio armónico, dinámico, inclusivo, democrático y nos ofrece un cuadro con la matriz de los nutrientes epistemológicos que lo alimentan:

 

 

ÍNDICE

PREFACIO (pdf) por Santiago Álvarez Cantalapiedra

INTRODUCCIÓN

PARTE I.

CONSTRUCCIÓN, DIFUSIÓN Y OCASO DE LA NOCIÓN DE DESARROLLO

Capítulo 1. Génesis de la noción de desarrollo

Capítulo 2. Más allá del desarrollo

PARTE II.

EL BUEN VIVIR: UN PARADIGMA EN CONSTRUCCIÓN

Capítulo 3. Fuentes y partes integrantes del Buen Vivir

Capítulo 4. Diversidades

Capítulo 5. Ecoarmonías, otras economías y soberanías

PARTE III.

EL BUEN VIVIR: ¿ES ALTERNATIVA

Capítulo 6. Un balance

Capítulo 7. Conclusiones y perspectivas

BIBLIOGRAFÍA

SIGLAS

 

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Estado del Poder 2019: Finanzas

A pesar de causar en 2008 la peor crisis financiera en décadas, el sector financiero ha emergido aún más fuerte.

Presentamos Finanzas el octavo informe del Estado de Poder, que publican en español conjuntamente Transnational Institute (TNI), ATTAC España y FUHEM Ecosocial, que examina a través de una serie de ensayos e infografías las diversas dimensiones y dinámicas del poder financiero, y cómo los movimientos ciudadanos podrían recuperar el control sobre el dinero y las finanzas.

La financierización engloba diversos procesos y prácticas, con actores y responsables directos cuya comprensión permite acercarnos al funcionamiento de unas prácticas que convierten en ganancia los problemas de buena parte de la sociedad. Aspectos, todos ellos, a los que nos acercan las páginas de esta guía, recurriendo a un tono divulgativo y apoyándose en casos prácticos que facilitan la lectura y la visibilización de las implicaciones directas e indirectas de este proceso.

Las investigaciones han demostrado que la financierización ha aumentado la desigualdad, ha ralentizado la inversión en la producción ‘real’, ha incrementado la presión sobre las personas y los hogares endeudados y ha dado lugar a una merma de la responsabilidad democrática.

 

Infografías

El informe va acompañado de varias infografías que ilustran aspectos cruciales del poder financiero en el mundo y los procesos de financierización en marcha. ¿Quién controla los bancos? ¿Cómo se concentra el poder? ¿Cómo influyen los bancos en la política pública?¿Qué alternativas hay?

 

Ensayos

El poder latente de la ciudadanía y la creación de aval público

Ann Pettifor

A pesar de la retórica de los banqueros y políticos, las finanzas privadas dependen mucho más del sector  público de lo que creemos. Los contribuyentes en las naciones más ricas proporcionan la garantía pública de la que dependen casi todas las actividades financieras actuales. Es hora de usar ese poder para pedir cuentas a las instituciones financieras privadas e invertir en el Green New Deal. leer

 

La lucha contra la banca

Miradas sobre el poder financiero desde los movimientos sociales

Entrevista con Simona Levi, Alvin Mosioma y Joel Benjamin

Nick Buxton

Tres activistas inspiradores, de España, Reino Unido y Kenia, que obtuvieron importantes victorias contra el mundo financiero, comparten sus experiencias de su enfrentamiento con banqueros y las lecciones y perspectivas de sus luchas en curso.

 

Finanzas offshore: cómo gobierna el mundo el capital

Rodrigo Fernández y Reijer Hendrikse

El auge de la financiación offshore no se debe únicamente a la transferencia de capital a bancos en islas exóticas, sino también a la creación de un sistema global de dos niveles en el que los ciudadanos comunes están sujetos a leyes, impuestos y un gobierno cada vez más autoritario, mientras que los residentes offshore viven en secreto , vidas libres de impuestos con sus fortunas apoyadas por una política monetaria expansiva.

 

Altas finanzas: un sector extractivo

Entrevista con Saskia Sassen

Nick Buxton

Saskia Sassen explora la naturaleza extractivista de las finanzas y su impacto en las ciudades en particular, así como las posibles fracturas en el poder financiero que abren la posibilidad de que los movimientos urbanos confronten y pongan a las finanzas bajo control público.

 

El poder del público frente a la banca

Lecciones del Instituto de Finanzas Internacionales

Jaspe Blom

A pesar de que es poco conocido, el Instituto Internacional de Finanzas es probablemente la principal razón por la cual la reforma financiera a raíz de la crisis económica ha sido tan limitada. Su poder no solo procede de la forma en que ha representado y coordinado su papel a escala internacional, sino la forma en que los decisores le han otorgado un papel sin precedentes como interlocutor en temas financieros.

 

Finanzas globales, poder e inestabilidad

Walden Bello

Hacer frente al poder financiero requiere no solo examinar el poder de ciertas instituciones como los bancos “demasiado grandes para caer”, sino también el papel que la financierización tiene dentro de la economía global en el contexto de la tendencia del capitalismo hacia la sobreproducción y la oferta que supera la demanda debido a la persistencia de una gran desigualdad.

 

Arte: capital del siglo XXI

Aude Launay

Las finanzas siempre han creado la realidad a partir de creencias e historias, convirtiendo la valoración en números y pensamientos en fluctuaciones del mercado de valores. Es un mundo que los artistas entienden bien, desafiando su poder con sus propios medios.

 

 

La gentrificación de los pagos

La propagación de la red financiera digital

Brett Scott

La fusión de finanzas y tecnología, y especialmente la fuerte promoción de los sistemas de pago digital, está “gentrificando” las finanzas con el avance de una agenda de control y vigilancia corporativa a expensas de la economía informal y la exclusión de los marginados.

 

Finanzas, combustibles fósiles y cambio climático

Redes de poder en Canadá

Mark Hudson y Katelyn Friesen

Basado en una investigación de los propios autores que explora la financiación, los préstamos, la propiedad y las interrelaciones de los consejos de dirección, este ensayo muestra cómo las empresas financieras y las de combustibles fósiles en Canadá se entrelazan e impiden una transición verde.

 

La próxima revolución del accionariado

Owen Davis

Para toda una línea de pensadores y activistas radicales que se remonta a Marx, el capital accionarial de las empresas proporcionaron un modelo para la socialización de la propiedad y la redistribución de los ingresos. ¿Podría una convergencia de activistas éticos, fondos de pensiones y políticos socialistas promover una nueva revolución de accionistas?

 

El poder de las finanzas públicas para el futuro que deseamos

Lavinia Steinfort

Las finanzas públicas y la banca están más accesibles de lo que a menudo se admite, y hay muchos ejemplos de finanzas públicas que pueden inspirarnos a remodelar y canalizar las finanzas de una manera que aborde los desafíos sociales y ambientales actuales.

 

 

Ilustraciones

Las bellas ilustraciones de este informe son obra de Orijit Sen y las infografías de Evan Clayburg

 

Lectura Recomendada:

Guía básica de financiarización

Esta guía básica ofrece un manual para principiantes sobre la financierización, incorporando los elementos esenciales para un conocimiento profundo del fenómeno.

Repasa los principales elementos de un proceso que impregna las dinámicas contemporáneas. Los mercados financieros mundiales se han expandido enormemente en las últimas décadas, lo que ha dado lugar a una caída de la producción y el comercio ‘reales’ y ha influido en numerosos aspectos de nuestra economía, sociedad y medio ambiente.

Las seis partes de las que se compone el documento ofrecen un tratamiento pormenorizado de las características de la financierización, un análisis amplio de las consecuencias de su propagación y un aterrizaje en torno a las fuerzas que lo impulsan o, en su caso, podrían oponerse a su intensificación futura.


Día Mundial del Refugiado

20 de junio. Día Mundial del Refugiado.

Según las cifras de Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), más de 70 millones de personas han tenido que abandonar sus casas huyendo de la violencia, la persecución o por los devastadores efectos del cambio climático, la mayor crisis desde la II Guerra Mundial.

"Cada dos segundos una persona se ve obligada a desplazarse como resultado de los conflictos y la persecución y el 51% de los refugiados son niños".

"En promedio, el número de nuevos desplazados equivale a 37.000 personas desplazadas diariamente".

"Los países desarrollados acogieron al 16% de los refugiados, mientras un tercio de la población global de refugiados (6,7 millones) se mantuvo en los países menos desarrollados".

"Cerca de 4 de cada 5 refugiados vivía en países vecinos de su país de origen".

Desde FUHEM Ecosocial queremos destacar el número 132 de la nuestra revista Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, dedicada a las Migraciones Forzadas, para ello, recogemos algunas ideas de la INTRODUCCIÓN escrita por Santiago Álvarez Cantalapiedra, director de la revista; ofrecemos el texto completo de los artículos del ESPECIAL: Migraciones Forzadas y el video de la mesa redonda organizada en torno a su presentación, que contó con la presencia de Estrella Galán, secretaria general de CEAR, Javier de Lucas, catedrático de Filosofía del Derecho y Filosofía Política y Luis Carlos Nieto, magistrado y miembro de Jueces para la Democracia.

Los organismos internacionales prevén un incremento de la diáspora global en el futuro. Un desafío de esta naturaleza solo se puede abordar adecuadamente atendiendo a las causas.Entre los múltiples factores que empujan a la gente a abandonar sus hogares, cabe identificar dos como responsables de las principales tendencias en curso: por un lado, las guerras y los conflictos armados; por otro, la expulsión de la población de un territorio que se deriva de la destrucción de los hábitats donde viven. No son factores que actúan aisladamente,sino que se retroalimentan entre sí construyendo un entramado que incide sobre la población en una misma dirección.

Pero, sin embargo, nos encontramos también  con otros procesos menos evidentes ―como el acaparamiento de tierras, el extractivismo minero y energético, la desertificación o el anegamiento de zonas densamente habitadas― que están expulsando (y en el futuro inmediato lo harán de manera más intensa) a innumerables personas de sus hábitats por motivo de simple supervivencia.10La dificultad de cuantificar la magnitud de la población que se ve impulsada a abandonar sus lugares de origen por este motivo aconseja tratar las estimaciones con prudencia.

Resulta indudable la responsabilidad que tienen las potencias occidentales en los conflictos armados que permanecen abiertos en la actualidad. A su responsabilidad histórica, por la herencia del colonialismo, se suman las intervenciones militares que han liderado en los últimos años en Irak, Afganistán, Libia, Siria, etc., con la clara voluntad imperialista de propiciar Estados fallidos y sociedades indefensas ante la expoliación y el saqueo de sus recursos. También son responsables de los procesos generadores de expulsiones por destrucción de hábitats. Las sociedades opulentas alimentan unos estilos de vida depredadores que esquilman los ecosistemas y territorios de todo el planeta. Unas formas de vida de imposible generalización en cuanto que representan «bienes posicionales» que solo pueden ser disfrutados por una minoría a costa de excluir a la mayoría de su acceso, que se sostienen sobre una estructura y unas relaciones económicas internacionales complementarias de las acciones imperialistas anteriormente mencionadas y se organizan a partir de la presencia de grandes corporaciones transnacionales protegidas por los Estados, exacerbando contra-dicciones ―sociales, políticas, religiosas o culturales― de las que surgen agravios y divisiones en un entorno de desestabilización social y degradación ecológica

Los efectos del calentamiento global ya están expulsando a la gente de sus lugares de origen, y próximamente será necesario reubicar a cientos de millones de personas que hoy viven en deltas que quedarán sumergidos, en zonas de litoral que se verán inundadas y en regiones semiáridas que se volverán completamente inhóspitas.Los desplazamientos forzados por causas climáticas y la proliferación de conflictos ecosociales a diferente escala son fenómenos que no se podrán ignorar por más tiempo. Lo que exigirá abandonar una visión deformada de la realidad y la obsesión por la seguridad le da exclusivamente en términos restrictivos, así como anticiparse a los riesgos mediante estrategias de adaptación al cambio climático y activar medidas migratorias y de protección a las personas afectadas por los desastres una vez que estos se hayan producido. Sin olvidar,por supuesto, que siempre que se esté a tiempo la mejor forma de resolver un problema es actuar sobre las causas.

INTRODUCCIÓN

Desplazamientos forzados: causas, responsabilidades y respuesta (pdf)

Santiago Álvarez Cantalapiedra

ESPECIAL

Proliferación de fronteras y «derecho de fuga» (pdf)

Sandro Mezzadra

Refugiados: preguntas y respuestas ante una crisis que no es coyuntural (pdf)

Javier de Lucas

La migración ambiental: entre el abandono, el refugio y la protección internacional (pdf)

Susana Borrás

Distinción, discreción, discriminación: las nuevas y, es de esperar, últimas fronteras para las solicitudes de asilo relacionadas con el género  (pdf)

Alice Edwards

De cómo una revolución fue ahogada en el Mediterráneo (pdf)

Naomí Ramírez Díaz

Desde Aylan hasta París: recorrido por un drama humanitario sin precedentes (pdf)

Estrella Galán

Exiliados económicos: jóvenes españoles en el extranjero (pdf)

Mario Rísquez