La Investigación para la Paz en España

La investigación para la paz en el Estado español: del presente al futuro. Teorías y prácticas

El informe recopila las ponencias presentadas en las Jornadas AIPAZ 2020, celebradas los días 26 y 27 de noviembre de 2020, que tuvieron lugar de forma virtual debido a la situación actual de la pandemia,

Sus objetivos principales son:

  • Reflexionar sobre las teorías y marcos conceptuales de la Investigación para la Paz que están trabajando los distintos centros de AIPAZ,
  • Mostrar las iniciativas que se están llevando a cabo, e identificar las sinergias y la integración entre las teorías que se construyen y las prácticas que esas teorías animan a desarrollar.
  • Aportar propuestas sobre cómo trabajar la paz en sociedades complejas, plurales, diversas y cambiantes.
  • Redefinir de la Agenda de Paz, a nivel local y global, en el nuevo contexto internacional de pandemia y post-pandemia.

Tanto las Jornadas como el presente informe se han desarrollado en el marco de una  subvención de la Dirección de Víctimas y Derechos Humanos, Departamento de Igualdad, Justicia y Políticas Sociales del Gobierno Vasco. 

El informe ha contado con la colaboración de las entidades de AIPAZ:

Asociación de Voluntariado de la Universidad de Valladolid (AVUVA).

CanJonch. Centre de Cultura de Pau.

Cátedra UNESCO de Filosofía para la Paz-UJI.

Centre Delàs d’Estudis per la Pau,

Centro de Educación e Investigación para la Paz (CEIPAZ).

Escola de Cultura de Pau-UAB.

FUHEM-Ecosocial.

Fundació Carta de la Pau dirigida a la ONU.

Fundación Cultura de Paz,

Fundación Seminario de Investigación para la Paz (SIP).

FundiPau.

Gernika Gogoratuz. Centro de Investigación por la Paz,

Institut Català Internacional per la Pau (ICIP).

Instituto de Derechos Humanos, Democracia, Cultura de Paz y Noviolencia (DEMOSPAZ–UAM).

Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria (IECAH).

Instituto Universitario de Investigación de la Paz y los Conflictos-UGR,.

UNESCO Etxea.

WILPF España.

Foro de Asociaciones de Educación en Derechos Humanos y por la Paz.

Una Introducción escrita por Ana Barrero, Presidenta de AIPAZ abre el Informe, ofreciendo una visión del surgimiento y desarrollo de la Investigación para la Paz.

El Informe está dividido en 7 bloques temáticos que abordan diferentes perspectivas del análisis sobre la Investigación para la Paz:

Bloque 1. Marcos conceptuales, Saberes y Valores que se tienen en cuenta en las prácticas de la Investigación para la Paz.

Bloque 2. Construcción de Paz. Construcción de Seguridad

Bloque 3. Conflictos, Convivencia y Educación para la Paz

Bloque 4. Derechos Humanos y Construcción de Paz

Bloque 5. La Construcción de la Paz y la Convivencia en las Ciudades y Territorios. Promoviendo Sociedades Justas, Pacíficas e Inclusivas

Bloque 6. Los Retos de la Investigación para la Paz en el siglo XXI. Cómo trabajar la paz en sociedades complejas, plurales y en constante cambio.

Bloque 7. Trayectoria Histórica del Trabajo del Foro de Asociaciones de Educación en Derechos Humanos y por la Paz (2007-Actualidad)

 

Todos los bloques incluyen un apartado de Ideas Claves que, a modo de resumen, recogen las ideas principales de cada texto.

El Informe acaba con un Capítulo de Conclusiones de las Jornadas a cargo de Pamela Urrutia, vicepresidenta de AIPAZ.

Estamos ante un Informe fundamental y muy necesario para conocer el estado actual de la Investigación para la Paz en España y las temáticas y acciones llevadas a cabo en los diferentes Centros integrantes de la Asociación Española de Investigación para la Paz, de la que FUHEM Ecosocial es miembro fundador.

Descargar el Informe completo: La investigación para la paz en el Estado español: del presente al futuro. Teorías y prácticas.

Dirección: Ana Barrero Tiscar

Coordinación: Laura Alonso Cano

Edición y revisión de textos: Elena Boschiero

Diseño y maquetación: Elena Couceiro Arroyo

Autores:

Pablo Aguiar Molina, Jokin Alberdi Bidaguren, Santiago Álvarez Cantalapiedra, Ana Isabel Barrera Osorio, Ana Barrero Tiscar, Elena Boschiero, Irene Comins Mingol, María Fanlo Torrecilla, Tica Font Gregori, Carlos Giménez Romero, Juan Manuel Jiménez Arenas, Anna León Herrero, María Jesús Luna Serreta, Carmen Magallón Portolés, Manuela Mesa Peinado, Jesús Núñez Villaverde, María Oianguren Idígoras, Pere Ortega Grasa, Jordi Palou Loverdós, Silvia Plana, Martín Rodríguez Rojo, Jesús Andrés Sánchez Cazorla, Carme Suñé Minguella, Pamela Urrutia Arestizábal, Monika Vázquez Bolaños.

Barcelona, Bilbao, Castellón, Gernika, Granada, Granollers, Madrid, Valladolid, Zaragoza.

Noviembre 2020, 130 págs.

 


Lectura Recomendada: Informe de Desarrollo Humano 2020

Informe de Desarrollo Humano 2020. La próxima frontera. Desarrollo Humano y Antropoceno.

El PNUD publica su emblemático Informe sobre Desarrollo Humano que este año defiende la hipótesis de que la capacidad de actuación y el empoderamiento de las personas pueden impulsar las medidas necesarias para que vivamos en equilibrio con el planeta y en un mundo más justo.

Hace 30 años, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) creó una nueva forma de concebir y medir el progreso. En lugar de utilizar exclusivamente el producto interno bruto (PIB) como medida del desarrollo, el PNUD clasificó los países del mundo según su nivel de desarrollo humano, examinando si las personas que viven en cada país tienen la libertad y la oportunidad de llevar la vida que desean.

El Informe 2020 pone de manifiesto que nos encontramos en un momento sin precedentes en la historia, en el que la actividad humana se ha convertido en una fuerza dominante que afecta a los procesos clave del planeta. Estos efectos interactúan con las desigualdades existentes y amenazan con revertir el desarrollo de manera significativa. Para cambiar esta trayectoria se requiere una gran transformación en nuestra forma de vivir, trabajar y cooperar. El Informe explora cómo ponerla en marcha, utilizando diferentes enfoques.

La crisis climática. El colapso de la biodiversidad. La acidificación de los océanos. La lista es larga y no deja de crecer. Tanto, que muchos científicos creen que, por primera vez, el planeta ya no influye en los seres humanos, sino a la inversa. Es lo que se conoce como Antropoceno —la Edad de los Seres Humanos—, una nueva época geológica.

Pese a que la humanidad ha logrado un progreso increíble, ha descuidado la Tierra, provocando una desestabilización de los sistemas de los que depende su supervivencia. La pandemia de COVID-19 es la consecuencia más reciente y aterradora de los desequilibrios generalizados. Los científicos han advertido insistentemente que las interacciones entre los seres humanos, el ganado y la fauna y flora silvestres provocarían cada vez con mayor frecuencia la aparición de patógenos con los que no estamos familiarizados. Dichas interacciones han ido aumentado sin cesar tanto en escala como en intensidad, ejerciendo en última instancia una presión tan elevada sobre los ecosistemas locales que ha dado lugar a la propagación de virus mortales.

¿Cómo debemos reaccionar ante esta nueva era? ¿Conviene aventurarnos en nuevos caminos tratando de proseguir con el desarrollo humano, pero aliviando las presiones planetarias?

¿O preferimos tratar de volver a la situación anterior y, en última instancia, fracasar en el intento y lanzarnos hacia un porvenir peligroso y desconocido?

El presente Informe sobre Desarrollo Humano respalda firmemente la primera opción, y los argumentos que se presentan en él van más allá de un simple resumen de las listas bien conocidas de tareas que se pueden llevar a cabo para lograr ese objetivo.

El Informe se divide en tres partes:

La Parte I del Informe Replantear el desarrollo humano para el Antropoceno, consta de tres capítulos en los que se tratan de manera secuencial las perspectivas analíticas, empíricas y normativas de la relación entre el desarrollo humano y el Antropoceno.

La Parte II Actuar en favor del cambio, analiza las implicaciones de todo ello para la acción, exponiendo tres impulsores clave del cambio: las normas sociales, los incentivos y el desarrollo humano basado en la naturaleza.

La Parte III Explorar nuevos parámetros, propone nuevos parámetros, incluido un ajuste del Índice de Desarrollo Humano para tener en cuenta las presiones planetarias.

Replantear el desarrollo humano para el Antropoceno.

 

El capítulo 1 argumenta que es necesario considerar la trayectoria del desarrollo humano (el destino deseado) en el contexto de un momento sin precedentes en la historia de la humanidad y del planeta, y que el enfoque basado en el desarrollo humano abre perspectivas nuevas y alentadoras sobre cómo llegar a ese destino.

 

El capítulo 2 complementa el análisis del capítulo 1 aportando pruebas detalladas de la existencia de desequilibrios planetarios y sociales nunca antes vistos, y de la interacción entre ellos. Demuestra empíricamente que nos enfrentamos a algo totalmente nuevo y que el mundo natural del Antropoceno refleja los desequilibrios del mundo humano en términos de oportunidades, riqueza y poder.

 

 

El capítulo 3 sostiene que la cooperación en busca de la equidad, la innovación y una adecuada gestión del planeta pueden orientar las acciones hacia los cambios transformadores necesarios para impulsar el desarrollo humano en el Antropoceno.
Actuar en favor del cambio

 

La Parte II del Informe explora los mecanismos de cambio que pueden movilizar la acción por parte de las personas, las comunidades, los Gobiernos, la sociedad civil y las empresas. El objetivo al hacer hincapié en estos mecanismos es proporcionar a múltiples agentes un conjunto de elecciones más amplio y coherente con la perspectiva de este Informe: que el Antropoceno es una difícil situación que debemos afrontar, no un problema de políticas que tengamos que resolver.

 

Mecanismos de cambo:

Normas sociales

Las normas sociales definen los comportamientos considerados socialmente admisibles —o prohibidos—. El capítulo 4 expone las conclusiones recientes de que las normas sociales son poderosos determinantes de las elecciones de las personas y pueden cambiar con mayor rapidez de lo que se suele suponer. Además, las nuevas formas de intercambio de información pueden respaldar procesos sociales de razonamiento ético (aunque también presentan riesgos).

Incentivos para cambiar

Los incentivos determinan en parte las decisiones de compra de los consumidores y lo que las empresas producen y comercializan, así como las elecciones de los inversores y las formas de cooperación de los Gobiernos. Los incentivos y las normas sociales interactúan entre sí, pero los primeros también son cruciales por derecho propio: incluso si las personas no cambian de mentalidad, pueden responder a incentivos en función de aquello que se pueden permitir y de las oportunidades que ven para satisfacer sus aspiraciones. En el capítulo 5 se analiza el modo en que los incentivos existentes ayudan a explicar los patrones actuales de consumo, producción, inversión y otras elecciones que dan lugar a las presiones planetarias documentadas en la parte I. Asimismo, se explora cómo podrían evolucionar dichos incentivos para aliviar las presiones planetarias y hacer avanzar a las sociedades hacia los cambios transformadores requeridos para el desarrollo humano en el Antropoceno. El análisis examina tres ámbitos en los que influyen los incentivos: la financiación, los precios y la acción colectiva internacional.

Soluciones basadas en la naturaleza

Una nueva generación de soluciones basadas en la naturaleza puede proteger los ecosistemas, gestionarlos de manera sostenible y restaurarlos, simultáneamente promoviendo el bienestar y mitigando la pérdida de integridad de la biosfera. Estas soluciones se basan en la equidad, la innovación y la gestión de la naturaleza, los tres elementos de la brújula del empoderamiento descritos en el capítulo 3. Impulsan la regeneración de la naturaleza mediante la protección y el uso responsable de los recursos. Además, se apoyan en la participación y la iniciativa de la población indígena y las comunidades locales.

El capítulo 6 ilustra un conjunto de experiencias con soluciones basadas en la naturaleza y propugna que, aunque partan de un enfoque ascendente y sean específicas al contexto, pueden contribuir a una transformación en niveles superiores por dos razones. En primer lugar, muchas decisiones locales y comunitarias tienen un impacto sustancial a escala mundial. En segundo lugar, los sistemas económicos, sociales y planetarios están interconectados, por lo que las decisiones locales pueden tener repercusiones en otros lugares y en múltiples ámbitos. Sin embargo, para que estos mecanismos para un cambio transformador a gran escala realicen su potencial, es preciso adoptar un enfoque sistemático en lo que respecta a su contribución; esto es lo que denominamos desarrollo humano basado en la naturaleza.

Explorar nuevos parámetros

 

¿Qué analiza el Informe mediante estos nuevos parámetros? Hay, entre otros, una nueva generación de cuadros de indicadores que incluyen un nuevo cuadro de indicadores sobre el desarrollo humano y el Antropoceno, así como una serie de parámetros que ajustan el componente del ingreso del IDH para tener en cuenta los costos sociales del carbono o la riqueza natural. No tienen por finalidad emitir juicios normativos acerca de los países, sino que, como ocurre con todos los demás parámetros del desarrollo humano, ayudan a los países a entender globalmente sus propios avances a lo largo del tiempo, a aprender de las experiencias de otros países y a aumentar sus aspiraciones en la promoción del desarrollo humano; además, explican la interacción de los seres humanos con el planeta.

En el Informe se presenta un ajuste del IDH teniendo en cuenta las presiones planetarias. El IDHP conserva la simplicidad y claridad del IDH original, pero tiene en consideración algunas de las complejas dinámicas a nivel de sistema que se exponen a lo largo del Informe.

El ajuste se obtiene multiplicando el IDH por un factor de ajuste, creando así el IDHP (véase el diagrama a continuación). Si un país no ejerce presión alguna sobre el planeta, su IDHP será igual a su IDH; sin embargo, a medida que la presión aumente, el IDHP será menor que el IDH (véase la animación). El factor de ajuste se calcula como la media aritmética de los índices que miden las emisiones de dióxido de carbono per cápita, lo que sugiere la necesidad de reducir las emisiones de dióxido de carbono y la huella material (ambos per cápita). Esto, a su vez, requiere cerrar los ciclos de los materiales.

 

El Informe del PNUD defiende un enfoque centrado en el desarrollo humano.

El desarrollo humano empodera a las personas para que definan y sigan sus propios caminos a fin de llevar una vida plena y con mayores libertades.

El objetivo del desarrollo humano es más pertinente que nunca: que las personas puedan llevar una vida digna.

 

El Informe completo está disponible, por ahora, en inglés, aunque hay un resumen en español.

Acceso al informe completo: Human Development Report 2020. The next frontier. Human development and the Anthropocene

Acceso al resumen en español: Panorama general. El desarrollo humano y el Antropoceno

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Nueva Colección: Economía Inclusiva

La fundación FUHEM siempre ha reconsiderado los límites temáticos de la Economía, para incluir numerosos problemas de gran relevancia contemporánea que quedan fuera o juzgan complementarios desde la perspectiva “ortodoxa”.

Por ello, en el año 1991 impulsó la colección de Economía Crítica con la intención de reconsiderar los límites de la perspectiva ortodoxa en el tratamiento de numerosos problemas de gran relevancia que quedaban fuera o se juzgaban complementarios al análisis económico. Para desarrollar tal perspectiva crítica se hacía necesario recuperar la economía política y hacer un replanteamiento epistemológico de la economía abriéndola a otros enfoques dentro de las ciencias sociales.

 

 

En el año 2008, de la mano de la editorial Catarata, retomó este empeño al amparo de una colección denominada Economía crítica & Ecologismo social con la vocación de ampliar el angular que permitiera abordar los diferentes aspectos económicos que subyacen a la crisis ecosocial actual.

 

 

En 2020 la profundización de esta crisis reclama ahora un paradigma inclusivo capaz de combinar las perspectivas de la economía política, la economía ecológica y la economía feminista ofreciendo una mirada compleja e integradora.

La nueva colección de Economía Inclusiva responde a este reto asumiendo el desafío de construir un paradigma integrador de las distintas corrientes críticas que enlace el análisis y tratamiento de los problemas actuales con las transiciones imprescindibles y urgentes hacia una forma alternativa de producir, intercambiar y distribuir los bienes y servicios necesarios para una existencia socialmente justa y ambientalmente sostenible.

En esta línea, el propósito de la colección es acoger materiales teóricos y empíricos, analíticos y propositivos, españoles e internacionales, que traten de entender el tiempo que vivimos y de hacer posibles los procesos de cambio que necesitamos.

El primer libro de la Colección, escrito por Clive L. Spash lleva el título. Fundamentos para una economía ecológica y social.

¿Por qué una economía inclusiva?

A la economía se la suele definir como ciencia social más por el enfoque que por el contenido, y como el enfoque dominante es el neoclásico la economía es entendida habitualmente como el estudio de la elección racional que hacen los individuos.

Esta definición canónica sirve para instruir al estudiante que aspira a obtener el grado de economía. Poco importa que el enfoque que así define a esta disciplina de las ciencias sociales sea solo uno entre los muchos existentes; menos importa aún que esta mirada sea tan reduccionista como para centrarse únicamente en las elecciones racionales de los individuos (¡como si nuestras acciones no estuvieran gobernadas por emociones o condicionadas por creencias y marcos mentales!), sin mencionar siquiera que la racionalidad instrumental ―que es la única que se contempla― no sea más que una de las múltiples dimensiones que presenta la razón humana.

Esta aproximación ha servido, sin embargo, para alcanzar una alta formalización matemática en los argumentos económicos, incluso cuando las matemáticas no ayuden a aclarar gran cosa. Se responde así al sueño de construir una ciencia económica lo más parecida posible a la física o a la química del siglo XIX. Pero la economía no puede ser una ciencia en el sentido en que lo fueron la física y la química anteriores a la aparición de la teoría cuántica y de la relatividad. No posee una respuesta única a sus interrogantes y fracasa rotundamente a la hora de hacer predicciones, principalmente porque los seres humanos tenemos voluntad propia y libertad de acción en el marco de unos contextos que deberían ayudarnos a no confundirla con la idea de soberanía.

Para evitar poner la carreta delante de los bueyes convendría comenzar por definir qué es la economía, y sólo después discutir acerca de la manera más adecuada de abordar su estudio. La economía, en un sentido sustantivo, consiste en el estudio de la actividad económica. Son actividades económicas aquellas que producen, distribuyen y consumen los bienes y servicios que satisfacen las necesidades de una determinada población. Estas actividades se encuentran incardinadas en la sociedad y en la naturaleza, por lo que su funcionamiento y reproducción dependerá de articulaciones e interrelaciones entre sistemas. La economía así entendida debe leerse como un subsistema abierto inserto en el sistema social y en los diversos sistemas biofísicos que se entrelazan en el planeta Tierra.

Además, en cuanto actividad de aprovisionamiento, la economía involucra diferentes esferas. Se pueden sintetizar en cuatro: la familia, el mercado, los comunes y el Estado. Todas esas esferas son ámbitos que intervienen cotidianamente en la producción, distribución y consumo de los bienes y servicios que necesitamos, pero que funcionan de forma distinta y despliegan relaciones sociales diferenciadas. Tenerlas presentes permite reconocer otras muchas identidades sociales y económicas más allá de la condición de trabajadores, consumidores o propietarios; en los hogares solemos ser cuidadores (o maltratadores) además de buenos (o malos) vecinos; en un Estado de derecho, todos somos ciudadanos y, en el espacio de los comunes, miembros de una comunidad. Cada día oscilamos sin el menor problema entre diferentes roles y relaciones que nos hacen partícipes de una sociedad que se organiza a partir de estructuras e instituciones.

Un aspecto central en cualquier disciplina es determinar qué variables se consideran endógenas y, por consiguiente, susceptibles de análisis y estudio. Si la economía tiene que ver con el aprovisionamiento de bienes y servicios a través de diferentes esferas incardinadas en la sociedad y en la naturaleza, resulta evidente que muchas de las variables consideradas exógenas a los problemas por parte del pensamiento económico dominante tendrían que ser, en realidad, interiorizadas por la argumentación económica. No hacerlo bajo la añagaza metodológica de que dificulta el tratamiento matemático de los problemas, termina convirtiendo a la economía en una maquinaria tan extraordinariamente sofisticada como irrelevante para interpretar los acontecimientos económicos de nuestros días; eso, en el mejor de los casos, pues puede acabar legitimando además el statu quo a través del bloqueo de lecturas más ricas y complejas de la realidad económica.

Ante estas limitaciones y riesgos asociados a la ortodoxia económica, se abre camino el pensamiento heterodoxo. Este pensamiento ha dado lugar a múltiples corrientes que van incorporando aspectos cruciales al análisis económico. La estructura social, la distribución de la renta y la riqueza, las cuestiones sobre el poder, las normas y valores sociales, las relaciones de género o las condiciones sociales y ecológicas para la reproducción de la vida no pueden ser expulsadas de los análisis en cuanto que determinan el funcionamiento de la economía y quedan afectadas, a su vez, por su desarrollo.

La economía política marxista, la economía ecológica o la economía feminista, junto a enfoques postkeynesianos e institucionalistas críticos, han ido poniendo el énfasis en algunos de esos aspectos y proponiendo interpretaciones con una mayor capacidad explicativa de los problemas económicos.

Sin embargo, a estos enfoques les cuesta mucho dialogar entre sí. Practicantes de uno u otro enfoque -sean de economía política, economía ecológica o feminista- suelen reconocer la conveniencia de la existencia de los otros, así como los avances que van cosechando en sus respectivos terrenos. Hasta pueden llegar a admitir que las desigualdades (sociales y de género) y los patrones de insostenibilidad están íntimamente relacionados o que la crisis de cuidados y la crisis ecológica son manifestaciones de una crisis más amplia que tiene que ver con la reproducción de la vida. Pero siempre hay una pata del trípode que parece que cojea en sus investigaciones. Así, los análisis que pretenden combinar los enfoques de la economía de cuidados con los de la economía ecológica para afrontar la explotación de los trabajos no mercantiles junto a la cuestión de la degradación de los sistemas naturales, no siempre tienen presentes la estructura social y las dinámicas entre las clases, y los que se empeñan en analizar las múltiples contradicciones que alberga el capitalismo suelen ignorar la gran contradicción de que este socava las bases sociales y ecológicas de su reproducción que se sitúan como condiciones externas a él.

Sin embargo, la realidad es tozuda y nos muestra cómo la crisis ecosocial actual combina la crisis ecológica con la de cuidados convirtiéndose en una crisis de reproducción social en su sentido más amplio que está íntimamente ligada al funcionamiento y estructura del capitalismo. La tentación de abordar un aspecto de esta realidad de forma aislada olvidando que forma parte de un todo interrelacionado no sólo es errónea, sino que además corre el riesgo de asemejarse paradójicamente al proceder de la economía convencional.

Tanto las relaciones sociales y de género como los problemas ambientales son aspectos de crucial importancia para entender los sistemas económicos, su funcionamiento y reproducción. No basta la condescendencia de quien, admitiendo su importancia, conceda únicamente este reconocimiento sin llegar a incorporarlos al núcleo de sus aproximaciones teóricas y modelos económicos. Un propósito sincero de integración requiere analizar cómo los vectores socioeconómicos, ecológicos y de género se entrecruzan y exacerban mutuamente, de manera que los problemas no se pueden entender, y mucho menos resolver, haciendo abstracción de alguno de ellos.

Acceso al texto completo de la Presentación de la Colección Economía Inclusiva publicada en el primero de los libros de la Colección: Fundamentos para una economía ecológica y social de Clive L. Spash.

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Entrevista a Clive L. Spash

Monica Di Donato entrevista a Clive L. Spash, uno de los economistas ecológicos que más ha contribuido en las últimas décadas a construir y fundamentar una visión radical de la economía ecológica y social, en torno a su libro Fundamentos para una Economía Ecológica y Social publicado por FUHEM Ecosocial y Catarata dentro de la nueva Colección Economía Inclusiva.

Monica Di Donato (MDD): ¿Cuales eran/son las inquietudes y preocupaciones que, a lo largo de tu amplia trayectoria académica, te han llevado a escribir un trabajo así?

Clive L. Spash (CLS): En parte, este libro es el resultado del fallo de los economistas de todos los tipos, tanto aquellos conformistas ortodoxos como aquellos más alternativos o de tipo heterodoxo, a la hora de afrontar el conjunto de crisis que hemos estado sufriendo durante décadas. Es decir, la crisis múltiple de la desigualdad, injusticia y explotación social; la crisis ecológica de la pérdida de especies, la contaminación o la disrupción de los ecosistemas (p.ej. el cambio climático); y la crisis económica de un sistema nada ético que hace que genera una minoría rica a costa de la mayoría social y fuerza a las personas a resignarse a una vida sin sentido de trabajo y consumo material.

Tengo un profundo deseo de ver cambiar el mundo y como economista y ecologista creo que es clave modificar la conducta de la economía. La economía es una materia que pretende servir a los intereses humanos para un mayor bien común, pero que se ha separado completamente de cómo los sistemas económicos reales funcionan a la vez que niegan el potencial humano y destruyen el mundo no humano.

 

MDD: Si tuviera que describir este libro con 3 adjetivos serían: irreverente, sagaz, radical. ¿Estarías de acuerdo?  ¿Cuál es el objetivo que habías establecido para este trabajo y hasta donde te gustaría que llegara?

CLS: Irreverencia es un término interesante de usar porque implica que algo tiene que ser venerado, ¿y qué tendría que serlo? Personalmente, no veo irreverente criticar lo que es equivocado en el mundo o detallar los fallos de nuestros sistemas políticos y económicos, sus instituciones y aquellos que lo pueblan. Es verdad que no tengo miedo en criticar a aquellos que perpetúan mitos sobre las maravillas de las economías basadas en la acumulación de capital (crecimiento), los mercados fijadores de precios, la sociedad de consumo, las empresas o los emprendedores. Los fallos son evidentes en la larga lista de premios en economía concedidos por los banqueros suecos en nombre de Nobel a aquellos que ignoran fallos sistémicos básicos o, peor aún, cubren los problemas con modelos matemáticos y números sin sentido. Lo mismo se aplica a las organizaciones e instituciones económicas que extienden ideas falsas. Hay todo un trabajo por hacer a la hora de exponer las mentiras sobre los sistemas sociales y económicos y el funcionamiento real de las economías modernas que están siendo perpetuadas.

La búsqueda de una reforma básica estructural es también radical porque requiere reformar las instituciones sociales y económicas, no nuevas formas verdes que continúen legitimando la acumulación de capital.

Estaría de acuerdo en que este trabajo es radical, en el sentido original de la palabra, es decir, que versa sobre las raíces, bases o fundamentos de lo que está mal. En este sentido, mi trabajo es claramente radical porque ofrece una crítica fundamental de la economía como disciplina y la forma dominante de economía política que le da soporte. La búsqueda de una reforma básica estructural es también radical porque requiere reformar las instituciones sociales y económicas, no nuevas formas verdes que continúen legitimando la acumulación de capital. Desearía que el trabajo fuese sagaz, pero son otros los que deberían decirlo.

El principal objetivo de este trabajo es exponer los enfoques profundamente equivocados que se han puesto sobre la mesa para afrontar los problemas ambientales y reemplazarlos por alternativas teóricamente sólidas que estén bien fundamentadas desde un putos de vista científicos y filosófico. En el camino, se identifica a aquellos que defienden el sistema para formar al lector.

Es mentira que podemos continuar como hasta ahora sin ningún cambio fundamental en el comportamiento humano.

La audiencia potencial del libro está en aquellos que buscan cambiar el mundo a mejor, pero son escépticos con las ofertas de los economistas convencionales/ortodoxos y aquellos ecologistas que pintan el mundo de rosa a través de “soluciones” simplistas, sea con la tecnología, el crecimiento de las economías, la sociedad de la información, la empresa o el consumismo verde. Es mentira que podemos continuar como hasta ahora sin ningún cambio fundamental en el comportamiento humano.

 

MDD: En el libro describes muchas de las influencias teóricas que has recibido y que te han inspirado hasta llegar al nuevo paradigma de la economía ecológica y social que propones. ¿Cuáles destacarías (las fundamentales) y por qué?

CLS: Subrayaría dos grandes inspiraciones teóricas. Una es el trabajo de K. William Kapp, que ya en los años 40 reconocía los problemas combinados de explotación social, ecológica y económica inherentes a los sistemas económicos modernos tanto orientales como occidentales – no sólo el capitalismo sino también cualquier economía basada en la acumulación de capital combinada con estructuras de competencia social. La otra gran fuente de inspiración es filosófica, y tiene que ver con el realismo crítico en la forma expuesta por aquellos que lo relacionan con las ciencias sociales (p.ej. Andrew Sayer, Andrew Collier, Jamie Morgan, Ted Bento, Tony Lawson). Esta filosofía de la ciencia proporciona unos fundamentos sólidos a la economía ecológica como ciencia social emancipadora.

 

MDD: Para centrarnos en un aspecto en concreto: la relación con la ciencia posnormal. ¿Cuáles son las virtudes y los límites que le reconoces de cara a la construcción de un nuevo paradigma radical?

CLS: La ciencia posnormal ha proporcionado una perspectiva crítica sobre el papel de la ciencia y la tecnología en las políticas públicas durante el s. XX. Ha enfatizado el problema de lo que llamaría tecnocracia y el tecnooptimismo promovido por el Estado. Los inconvenientes son que ni es una filosofía de la ciencia ni una teoría social, y tiende a ser adoptada como herramienta para negar la posibilidad de conocimiento por personas fuertemente escépticas.

Esto puede conducir rápidamente a un relativismo radical y a un eclecticismo, en el cual todas las ideas se presentan como igualmente válidas, en una forma equivocada de “pluralismo”. No creo que ese fuese el propósito de sus creadores, que aceptaban tanto el papel de una “ciencia normal” como el hecho de que la validez del conocimiento se puede evaluar según sus “cualidades”, lo que requiere el desarrollo de metodologías específicas apropiadas a cada investigación. Esto enfatizaría las cualidades específicas de los problemas ambientales (p.ej. fuerte incertidumbre) que justificarían maneras distintas de adquirir el conocimiento (es decir, una epistemología) que irían más allá del reino tradicional de la ciencia objetivista ingenua y conectarían con grupos de actores más amplios y el público, en general. Sin embargo, la ciencia posnormal carece de la profundidad filosófica y el conocimiento que el realismo crítico proporciona.

También carece de la habilidad de proporcionar una idea más amplia sobre la economía política que actualmente domina los sistemas sociales (p.ej. las relaciones de poder) y no tiene una teoría acerca de la potencialidad de las alternativas.

El papel de la ciencia posnormal es muy limitado entonces, pero es útil a la hora de desafiar al objetivismo ingenuo y al dogmatismo de las ciencias tradicionales. Esto ha animado a algunos a abrir espacios de decisión al público (p.ej. al público lego) y a cuestionar la tecnocracia. Sin embargo, no es ni un paradigma, ni una teoría económica ni una teoría política.

 

MDD: Economía circular, postmodernismo, servicios de los ecosistemas, desacoplamiento, etc., son algunas de las aproximaciones que parece han resultado más exitosas si miramos a las agendas de los tomadores de decisiones. ¿Podrían entrar esos conceptos dentro de ese pragmatismo útil del que hablas en el libro, que sirve para desviar la atención sobre el cuestionamiento de la racionalidad del crecimiento?

CLS: Describir estas aproximaciones como “exitosas” nos lleva a la pregunta de qué es lo que pretenden alcanzar. Su supuesto fin es el de afrontar la crisis ecológica. En esto, han supuesto un completo fallo. Que hayan sido muy populares y financiadas simplemente indica su papel como instrumento retórico para convencer a las personas (en general) de que no hay nada importante en el sistema económico actual que tenga que ser cambiado. Los economistas ecológicos y sociales analizan las afirmaciones de este tipo de enfoques y muestran su falacia.

Yo uso el término nuevo pragmatismo ambiental para subrayar cómo el movimiento ambiental (en particular) y los académicos relacionados han sido reclutados para apoyar al sistema económico actual en su forma de neoliberalismo, mercados, finaciarización, mercantilización de la naturaleza y capitalismo empresarial. Los conceptos desarrollados para promover la defensa de las economías de acumulación de capital (crecimiento) juegan inevitablemente un papel tanto en el mantenimiento del sistema actual como en la incorporación de los ecologistas al mismo, a la vez que canalizan las inversiones hacia aquellos que ya están en el poder.

Aquellos ecologistas y algunos economistas ecológicos que defienden tales conceptos muestran o bien su ingenuidad política o bien que están realmente comprometidos con el mantenimiento del sistema económico actual, a pesar de las consecuencias sociales y ecológicas que esto tiene.

 

MDD: Concluimos la entrevista con los deberes que nos esperan: ¿Cómo se construye y en que debería de consistir esa economía alternativa para las economías alternativas? Y ¿cuáles son los hitos de debemos apuntar en esa agenda trasformadora hacia una nueva economía ecológica y social?

CLS: El propósito de la transformación ecológica y social es cambiar las economías reales y su funcionamiento.

Hay tres fases en la agenda de transformación:

-  La primera, comienza con el desarrollo de crítica y conocimiento de lo que está mal en el sistema actual mediante la identificación de su estructura y mecanismos de funcionamiento. Esto incluye la identificación de los actores, instituciones y organizaciones que perpetúan el conocimiento falso y mantienen los modos explotadores, poco éticos y opresivos de conducta y práctica.

- En la segunda, se trata de identificar los medios de parar el funcionamiento de los mecanismos que perpetúan y reproducen el sistema actual, y desarrollar el espacio y los medios para el funcionamiento de alternativas. Esto implica activar mecanismos alternativos que son meramente potenciales y hacerlos reales y operativos. En términos prácticos, esto implica un activismo político a todos los niveles.

- La tercera fase consiste en inspirar el cambio sobre la base de visiones utópicas del futuro que sean científicas y asequibles, lo que algunos llaman utopías concretas. Hay que rechazar el mito de que no hay alternativa, y hay que volver a poner en la agenda el potencial de la humanidad, más que perpetuar el miedo al cambio como algo que nos lastra frente a otros. Este miedo está siendo usado para mantener el apoyo a la utopía de una sociedad del crecimiento económico perpetuo, que en realidad es una distopía.

Las tres fases son necesarias para una transformación ecológica y social, pero solamente la primera ha suscitado más atención. Cambiar el funcionamiento de las economías es entonces parte del proceso de toma de conciencia y creación de nuevo conocimiento de que han existido, existen y se pueden llevar a cabo de nuevo alternativas al sistema actual.

Monica Di Donato

FUHEM Ecosocial

Diciembre 2020

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Col. Economía Inclusiva 1

Fundamentos para una economía ecológica y social de Clive L. Spash es el primer número de la Colección Economía Inclusiva de FUHEM Ecosocial.

Esta obra representa una de las síntesis más lúcidas y articuladas sobre la variedad y potencialidad del pensamiento económico, llegando a cuestionar la existencia de “la economía” como una entidad singular y la insostenibilidad de los modelos orientados al crecimiento y a la acumulación de capital, en el seno de los cuales las variables sociales y ecológicas son consideradas como externas a la organización y funcionamiento de la economía misma.

Clive L. Spash, uno de los economistas ecológicos que más irreverentemente ha contribuido en las últimas décadas a construir y fundamentar una visión radical de la economía ecológica y social, dedica este libro a explorar y proyectar, de modo algo provocativo, su evolución, apoyándose de manera consciente en los fracasos de la economía ambiental, las tensiones con la economía convencional y la necesidad de aportar un nuevo enfoque de cara a la crisis ecosocial.

Si, por un lado, la economía ortodoxa ha sido incapaz de abordar las dimensiones social y ambiental como aspectos de crucial importancia para entender el funcionamiento y reproducción de los sistemas económicos, por el otro, las corrientes heterodoxas, como el socialismo/marxismo, el feminismo, el poskeynesianismo o la economía institucional, tampoco han sabido incorporar de manera coherente esas mismas dimensiones en sus análisis y propuestas.

De este modo, cuestiones como la multidisciplinariedad, el pluralismo y la integración de las ciencias, las relaciones entre pensamiento económico ortodoxo y heterodoxo o de cómo podría diseñarse una agenda ecológica y socialmente transformadora de la economía son analizadas pormenorizadamente en esta obra.

El autor logra así diseñar un conjunto actualizado y revisado de posiciones que aportan una perspectiva compleja e integradora de la economía ecológica y social en términos ontológicos, epistemológicos, metodológicos e ideológicos, porque cabe considerar que “¡sólo hay alternativas!”.

A continuación ofrecemos el acceso al texto completo la Introducción del libro.

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Jornadas AIPAZ 2020

Jornadas AIPAZ 2020

Los próximos 26 y 27 de noviembre tendrá lugar una nueva edición de las Jornadas anuales organizadas por la Asociación Española de Investigación para la  Paz  - AIPAZ, en las que participa FUHEM Ecosocial.

Debido a la actual situación provocada por la pandemia, los actos se realizarán de forma virtual a través de la plataforma Zoom.

Estas jornadas anuales constituyen un espacio de encuentro, de reflexión y debate sobre diferentes ámbitos de la Cultura de Paz que trabajan los distintos centros de AIPAZ y este año tienen como eje central: La Investigación para la Paz en el Estado Español.

Sus objetivos serán:

Analizar y reflexionar sobre las teorías y marcos conceptuales de la Investigación para la Paz que están trabajando los distintos centros de AIPAZ.

Presentar las iniciativas que están llevando a cabo en los centros e identificar las sinergias e integración entre las teorías y las prácticas.

Realizar propuestas sobre la redefinición de la agenda de paz a nivel local y global en el nuevo contexto internacional.

Las Jornadas AIPAZ de este año cuentan con la colaboración del Foro de Asociaciones de Educación en Derechos Humanos y por la Paz, con el fin de propiciar el encuentro entre organizaciones para reflexionar de manera conjunta, encontrar sinergias y posibles vías de colaboración.

Se organizan en torno a siete mesas redondas:

MESA 1: Marcos Conceptuales, Saberes y Valores que se tienen en cuenta en las prácticas de la Investigación para la Paz.
MESA 2: Los Retos de la Investigación para la Paz en el Siglo XXI. Cómo Trabajar la Paz en Sociedades Complejas, Plurales y en Constante Cambio.
MESA 3: Construcción de Paz / Construcción de Seguridad.
MESA 4: Conflictos, Convivencia y Educación para la Paz.
MESA 5: Derechos Humanos y Construcción de Paz.
MESA 6: La Construcción de la Paz y la Convivencia en las Ciudades y Territorios. Promoviendo Sociedades Justas, Pacíficas e Inclusivas.
MESA 7: Trayectoria Histórica del Trabajo del Foro de Asociaciones de Educación en Derechos Humanos y por la Paz (2007-Actualidad).

Las Jornadas contarán con la presencia de destacadas expertas/os de la Investigación para la Paz en España:

Ana Barrero Tíscar, presidenta de AIPAZ.

Monika Hernando Porres, Dirección de Víctimas y Derechos Humanos del Gobierno Vasco.

Pamela Urrutia Arestizábal, investigadora de la Escola de Cultura de Pau. UAB.

Manuela Mesa Peinado, directora de CEIPAZ.

Juan Manuel Jiménez Arenas, director del Instituto de la Paz y los Conflictos Universidad de Granada

Irene Comins Mingol, investigadora del Instituto Interuniversitario de Desarrollo Social y Paz (Univ. Jaume I)

Jokin Alberdi Bidaguren, investigador de Gernika Gogoratuz.

María Oianguren Idígoras, directora de Gernika Gogoratuz.

Carmen Magallón Portolés, presidenta de la Fundación Seminario de Investigación para la Paz (SIP)

Jesús Núñez Villaverde, codirector del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria (IECAH)

Pere Ortega Grasa, presidente del Centre Delàs d’Estudis per la Pau.

Xavier Masllorens Escubós, presidente del Institut Català Internacional per la Pau (ICIP)

Iratxe Momoitio Astorkia, directora del Museo de la Paz de Gernika

María Jesús Luna Serreta, directora de la Fundación Seminario de Investigación para la Paz (SIP)

Jordi Palou Loverdós, director de la Fundació Carta de la Pau

Pablo Aguiar Molina, investigador del Institut Català Internacional per la Pau (ICIP)

Jesús Andrés Sánchez Cazorla, profesor jubilado de la UGR, cofundador y colaborador del Instituto de la Paz y los Conflictos Universidad de Granada – IPAZ-UGR

Susana Fernández Herrero, documentalista de FUHEM Ecosocial.

María Fanlo Torrecilla investigadora del Institut Català Internacional per la Pau (ICIP)

Silvia Plana, investigadora del Institut Català Internacional per la Pau (ICIP)

Martín Rodríguez Rojo, Asociación del Voluntariado de la Universidad de Valladolid, AVUVA

Carme Suñé Minguella, vicepresidenta de FundiPau.

Mireia Nogués, coordinadora de Can Jonch – Centre de Cultura per la Pau

Carlos Giménez Romero, director del Instituto de Derechos Humanos Democracia, Cultura de Paz y Noviolencia (DEMOSPAZ-UAM)

Elena Boschiero, investigadora y coordinadora de DEMOSPAZ – UAM

Tica Font Gregori, investigadora del Centre Delàs d’Estudis per la Pau.

Monika Vázquez Bolaños, investigadora de UNESCO Etxea

Anna León Herrero, coordinadora Técnica del Foro de Asociaciones de Educación en Derechos Humanos y por la Paz.

Patxi Zubiaur, presidente del Foro de Asociaciones de Educación en Derechos Humanos y por la Paz.

 

La Mesa número 2, que tendrá lugar el jueves 26 de noviembre a las 18 h. será la única abierta al público previa Inscripción


Papeles 151

Las élites del poder cumplen la función de ostentar, representar y ejercer el poder. Suelen compartir origen, trayectorias y experiencias vitales, además de lazos económicos, sociales e incluso familiares.

Desde posiciones estratégicas en la estructura social, las élites de poder trenzan redes de relaciones y troquelan instituciones para mantener y reforzar su posición dominante, asentando la polarización política y cultural que hoy padecemos.

En el país de los aeropuertos y radiales sin tráfico que los justifique, del boom inmobiliario y del tsunami urbanizador sin apoyatura demográfica y de las corruptelas que asoman por cada esquina, es muy probable que el grado de fusión alcanzado entre las elites económicas y políticas no encuentre parangón con el de otros países de nuestro entorno.

 

El número 151 de Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global cuenta con sus habituales secciones: A FONDO pone el foco sobre el poder y las élites en España. En la sección de ACTUALIDAD, dos artículos, uno que presta atención a la cuestión urbana en tiempos de pandemia, gentrificación y securitización; mientras que por otra parte, Jesús Ojeda analiza, en  el 150 aniversario del nacimiento de Ghandi las lecciones pendientes de aprender de la separación de India y Pakistán.

EXPERIENCIAS recoge un artículo de Josefa Sánchez Contreras sobre la lucha contra lo megaproyectos eólicos y a favor de los bienes comunales en tiempos de crisis energética en México.

En ENSAYO Nathan Hagens, ofrece una narrativa coherente sobre cómo el comportamiento humano evolucionado, el dinero, la energía, la economía y el medio ambiente encajan entre sí para sentar las bases de una visión sistémica de la economía que nos sirva para gestionar el presente y el futuro más próximos.

Una vez más acompañamos el número de la sección LECTURAS en la que se reseñan algunas publicaciones recientes que pueden resultar de especial interés.

A continuación, ofrecemos el sumario de la revista, que podrás descargar a texto completo, junto con la Introducción de Santiago Álvarez Cantalapiedra y el artículo titulado Las élites capitalistas españolas entre dos crisis de Albert Recio Andreu.

 

SUMARIO

INTRODUCCIÓN

Las elites de poder, Santiago Álvarez Cantalapiedra.

A FONDO

La élite tecnocrática como garantía de la continuidad oligárquica en España, Andrés Villena Oliver.

Las élites capitalistas españolas entre dos crisis, Albert Recio Andreu.

Entrevista a José Manuel Naredo sobre economía, lucro y poder, José Bellver Soroa.

Sobre élites de poder económico en Andalucía, Manuel Delgado Cabeza.

ACTUALIDAD

Aviso de incendio en la ciudad neoliberal, Massimo Paolini.

India y Pakistán. Lecciones pendientes de aprender entre desordenes, Jesús Ojeda Guerrero.

EXPERIENCIAS

Megaproyectos eólicos en el Istmo mexicano: los bienes comunales en tiempos de crisis energética, Josefa Sánchez Contreras.

ENSAYO

Una economía para el futuro: más allá del superorganismo, Nathan Hagens.

LECTURAS

La mente de los justos: Por qué la política y la religión dividen a la gente sensata, de Jonathan Haidt

Octavio Arriola, Rocío Culebras y Krasimir Nikolaev

Extraños en su propia tierra, de Arlie Russell Hochschild

Diego Escribano

Reencontrando a gaia,de Carlos de Castro

Gloria Campos Sánchez, Pablo Castro García y Fedra Marcús Broncano

Confesiones de un ecologistas en rehabilitación, de Paul Kingsnorth

Jorge Riechmann, Andrea Frutos, Clara Puente y Guillermo Ríos

Pluriverso, de AAVV

Pablo Alonso

RESÚMENES

 

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Las élites de poder

 

¿Quién manda aquí?,
pregunté
Me dijeron:
“El pueblo naturalmente”
Dije yo:
Naturalmente el pueblo pero,
¿quién manda realmente?
Erich Freíd, Cien poemas apátridas1

 

Las élites de poder es el título de la INTRODUCCIÓN escrita por Santiago Álvarez Cantalapiedra para el número 151 de la revista Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global,

Hacerse la pregunta de «quién manda aquí» tal vez sea el camino más directo para averiguar la naturaleza de una organización. Sin embargo, ¡qué pocas veces se formulan preguntas como esta! Y en las escasas ocasiones en que alguien se atreva a formular la incómoda cuestión, lo más probable es que, ante la respuesta recibida, tenga que verse obligado a repetir la pregunta. El poder y quien lo detenta, aunque arrogantes, también son cautelosos y, por ello, la mayoría de las veces más bien opacos.

En una sociedad capitalista es el capital el que marca el conjunto de las relaciones sociales, de manera que el poder de los individuos viene determinado por su posición en la estructura social.

Detenta el poder quien dispone de la capacidad de hacer prevalecer su voluntad sobre la de los demás, incluso a pesar de la resistencia que estos eventualmente muestren. El poder está presente por todas partes y en todo tipo de relaciones, sean personales o sociales (económicas, políticas o culturales). Hay poderes duros o coercitivos y poderes blandos o persuasivos, pero todos responden al mismo esquema: la capacidad de que A logre que B haga C, tanto si B está de acuerdo como si no. Aunque siempre es relacional, hay formas de poder que tienen que ver más con las estructuras que con la buena o mala voluntad de quien se encuentra en disposición de exigir algo a su prójimo. Es el caso de las sociedades clasistas o patriarcales. En una sociedad capitalista es el capital el que marca el conjunto de las relaciones sociales, de manera que el poder de los individuos viene determinado por su posición en la estructura social. En la sociedad patriarcal son los roles socialmente atribuidos los que marcan las capacidades y oportunidades de las personas en función del género.

 

Las elites de poder

El poder no se ejerce solo. Hay personas que lo ostentan y representan. Las elites del poder cumplen esa función. Así pues, no nos referimos a las elites que poseen ciertos atributos socialmente valorados gracias a los que pueden influir sobre la sociedad en mayor medida que el resto. Nos referimos, más bien, a lo que Charles Wright Mills denominó en los años cincuenta del siglo pasado elites del poder, aquellas formadas por individuos que, situados en posiciones estratégicas en la estructura social, concentran el poder en sus diversas manifestaciones.2 Su presencia afecta al funcionamiento de los diferentes órdenes de la vida social y, por ello, ponderar su peso y examinar su comportamiento resulta crucial para evaluar el carácter democrático u oligárquico de una sociedad.

Los miembros de la elite del poder comparten origen, trayectorias y experiencias vitales y suelen estar ligados por lazos familiares, económicos o sociales. Poseen además el interés común de mantener el sistema que les favorece, por lo que trenzan redes de relaciones y troquelan instituciones para mantener y reforzar su posición prominente.

El estudio de la historia se alza como una de las formas más apropiadas de abordar el análisis de las elites del poder. La perspectiva histórica permite reconocer procesos de continuidad y momentos de ruptura, valorar el nivel de unidad o disgregación que alcanzan en torno al poder y, por consiguiente, el grado de dominación que logran sobre el conjunto de la sociedad.  En el momento en que Mills publicó su obra, el año 1956, la elite del poder en la sociedad norteamericana estaba formada por los propietarios y managers de las grandes corporaciones, los políticos y los altos mandos militares. En la España de aquella época, sin embargo, el poder era atributo de una sola persona que apenas accedía a compartirlo con un círculo cercano de generales y obispos. Con la modernización del régimen franquista, a partir del Plan de Estabilización de 1959, los tecnócratas vinculados al Opus Dei y el mundo empresarial comienzan a desplazar al ejército, a la jerárquica actualidad, es probable que cueste incluir al ejército o a la Iglesia católica entre las principales elites del poder,3 al menos si establecemos la comparación con el papel que han ido adquiriendo en los últimos tiempos empresarios, constructores, financieros y políticos vinculados con ellos.

 

Elites económicas e instituciones “extractivas”

En el estudio de la economía brilla por su ausencia la cuestión del poder. De esta manera el enfoque convencional suele dejar en la oscuridad actividades económicas que no son más que meras operaciones de apropiación de la riqueza (social y natural) que llevan a cabo determinados individuos y empresas con el apoyo del Estado a través de la distribución discrecional de contratas, concesiones o licencias. Esta circunstancia ha sido explicada con largueza, para el caso de nuestro país, en el libro editado por Federico Aguilera y José Manuel Naredo titulado Economía, poder y megaproyectos, una de las escasas aproximaciones que han estudiado los discursos, las prácticas y los rasgos del nuevo poder oligárquico en España.4 Ahí se muestran, con numerosos ejemplos, cómo negocios inmobiliarios, megaproyectos hidráulicos y otras infraestructuras (desde plantas nucleares hasta autopistas o puertos), han servido para que unos pocos puedan lucrarse en perjuicio de la mayoría. En el país de los aeropuertos y radiales sin tráfico que los justifique, del boom inmobiliario y del tsunami urbanizador sin apoyatura demográfica y de las corruptelas que asoman por cada esquina, es muy probable que el grado de fusión alcanzado entre las elites económicas y políticas no encuentre parangón con el de otros países de nuestro entorno.

Los grupos dirigentes no ejercen el poder en el vacío, sino al amparo de marcos institucionales que establecen las reglas de juego propicias para sus exclusivos intereses

Lo que nos lleva a la cuestión principal de que los grupos dirigentes no ejercen el poder en el vacío, sino al amparo de marcos institucionales que establecen las reglas de juego propicias para sus exclusivos intereses. Son las instituciones económicas y políticas las que hacen que unos sean prósperos a costa de los demás y las que presentan al enriquecimiento personal como el indicador de la riqueza. Esta circunstancia ha hecho que se preste mayor atención, incluso desde el propio enfoque convencional, al papel que desempeñan las instituciones. De ahí la resonancia que ha logrado, tras el marasmo financiero de la Gran Recesión, la distinción realizada por Acemoglu y Robinson entre instituciones inclusivas y extractivas.5  Las primeras buscan conciliar los intereses privados con el interés general, requiriendo Estados fuertes, transparentes y democráticos. Las segundas, por el contrario, tienen como objetivo extraer rentas y riqueza de una parte de la sociedad para beneficio de un subconjunto distinto de ella. Predominan allí donde el espacio público se encuentra opacado y falto de dinamismo democrático, contribuyendo a la clausura de la movilidad social. Así pues, estas instituciones sirven para que las elites económicas, financieras y políticas se asienten y se perpetúen en el poder. Las instituciones extractivas no son únicamente políticas, también abarcan todo tipo de mecanismos y herramientas económicas como, por ejemplo, las operaciones financieras de alta frecuencia (high speed trading), que se han convertido en una poderosa palanca de redistribución de la riqueza en favor de gestores y propietarios de fondos de capital riesgo y en detrimento de la estabilidad del propio sistema financiero, cuyas crisis son soportadas por el conjunto de la sociedad.

 

El triunfo de la plutocracia

A un mes de las elecciones presidenciales The New York Times publica la noticia de que Trump pagó 750 dólares en impuestos durante los años 2016 y 2017. El multimillonario Warren Buffett reconoció en su día que contribuye al fisco menos que su secretaria. ¿Cómo es posible? En primer lugar, porque sus negocios se organizan de tal forma que gran parte de lo que ganan no está clasificado como ingresos y, en segundo lugar, porque el sistema fiscal actual de los EEUU grava menos a las rentas de capital que a los salarios que perciben las secretarias. En las economías capitalistas, donde el poder está fundado en la riqueza, los ricos tienen una enorme capacidad de influencia sobre la legislación tributaria, de manera que la línea que separa la evasión fiscal, que es un delito, de la elusión de la carga impositiva dentro de unos planes fiscales que no son delictivos es tan delgada como imperceptible.

La plutocracia destruye las normas de confianza y cooperación que anidan en el corazón de cualquier sociedad avanzada.

En El triunfo de la injusticia, los economistas Saez y Zucman documentan cómo los gobiernos han permitido sistemáticamente a los ricos evadir impuestos y luego, justificándose en ese hecho, han reducido las tasas impositivas corporativas, provocando una desigualdad desbocada. Los autores muestran en el libro, para el caso de los EEUU, la tasa impositiva promedio del 50% de los adultos con los ingresos más bajos en comparación con las 400 personas que más ganan desde el año 1960. La conclusión a la que llegan no admite matizaciones: antes de la dé- cada de 1980, los más ricos pagaban tasas impositivas más altas que las del 50% inferior (en 1970, por ejemplo, los estadounidenses más ricos pagaban, con todos los impuestos incluidos, más del 50 por ciento de sus ingresos en impuestos, el doble que los individuos de la clase trabajadora), pero en 2018, luego de la reforma tributaria de Trump, y por primera vez en los últimos cien años, el 50% inferior ha pagado más que los 400 primeros (el 0,001% de la población), es decir, las principales fortunas de los EEUU pagan menos impuestos que la clase obrera, de manera que los ricos han visto cómo sus impuestos se han reducido al nivel que había en la década de 1910.6

La plutocracia destruye las normas de confianza y cooperación que anidan en el corazón de cualquier sociedad avanzada. Las consecuencias que acarrea son múltiples. Por un lado, el agujero provocado por los impuestos que los ricos dejan de pagar necesariamente ha de ser cubierto por el resto, haciendo más regresiva la distribución de la carga fiscal y afectando a la igualdad de oportunidades. Esta brecha y la clausura de la movilidad social solo resulta funcional para la reproducción de estos grupos de poder. Así se muestra en un informe que estudia las elites en el Reino Unido: en aquel país, afirma el informe, a pesar de que se ha incrementado el número de empleos de alta gestión y cualificación, habitualmente ocupados por las elites, las oportunidades de acceder a ellos para quienes proceden de los hogares menos acomodados han disminuido considerablemente. Un 20% de los nacidos entre 1955-61 que ocupaban ese tipo de empleos provenía de clases menos favorecidas, pero para los nacidos entre 1975-1981, ese porcentaje es sólo del 12%.7

La arrogancia de los vencedores que impone un severo juicio sobre los demás genera una legítima frustración e indignación entre las clases trabajadoras.

Por otro lado, estas reglas e instituciones que solo favorecen a las elites asientan la polarización política y cultural que hoy padecemos. Las crecientes desigualdades y el atasco de la movilidad social se compadecen mal con el discurso meritocrático que afirma que todo el mundo puede triunfar si lo intenta. Sin embargo, las elites se aferran a esa cultura del mérito como justificación, y no solo dan la espalda a quienes se quedan atrás, sino que además se sirven de ese discurso para culpabilizarlos de su retraso. Esta arrogancia de los vencedores que impone un severo juicio sobre los demás genera una legítima frustración e indignación entre las clases trabajadoras que perciben que aquello que se presenta como fruto del esfuerzo individual no es sino el resultado de posiciones de privilegio.

Percibir en su justa medida la magnitud de este malestar social y, sobre todo, acertar a canalizar la indignación popular y la desconfianza en las instituciones, requiere comprender –como señala Sandel– que no estamos únicamente ante un problema de justicia y redistribución, sino también ante un problema de reconocimiento y estima social hacia unos sectores que se sienten humillados además de desposeídos.8 Líderes carismáticos y otros aparentes outsiders de las elites, que no por ello dejan de formar parte del establishment aunque exuden por sus poros populismo, parecen ser los únicos que se han dado cuenta del problema, aunque su presencia, de momento, solo ha servido para crispar y polarizar la política y el espacio público sin que se perciba aún ningún fruto relativo a la justicia y al reconocimiento.

Puedes descargar el texto completo en formato pdf: Las élites del poder.

NOTAS:

1  En traducción de Michel Faber-Kaiser y J. Francisco Elvira-Hernández, Editorial Anagrama, Barcelona, 1978.

2  Charles Wright Mills, La élite del poder, FCE, México, 1978.

3  Lo que no significa que no mantengan una notable capacidad de influencia. La institución militar, más que a través de sus altos mandos, mantiene todavía un destacado influjo en la economía y en los presupuestos del Estado mediante el peso del gasto militar, la I+D y la industria y el comercio de armas [véase el libro de Pere Ortega, Dinero y militarismo. Del franquismo a la democracia (1939-2018), así como el artículo «La economía militar en España del franquismo a la democracia» del mismo autor publicado en el número anterior de esta revista]. En cuanto a la institucional eclesial católica, aún quedan activos demasiados vestigios de la cristiandad en la esfera pública (la confesionalidad encubierta en los artículos 16.3 y 27.3 de la Constitución, el Acuerdo con el Vaticano de 1979, la enseñanza confesional de la religión en el sistema educativo, la asignación tributaria, las exenciones fiscales, las inmatriculaciones indebidas, etc.) y la beligerancia de un sector de la jerarquía que actúa sin ningún disimulo como lobby en la legislación en materia educativa y moral privada.

4  Federico Aguilera y José Manuel Naredo (eds.), Economía, poder y megaproyectos, Economía & Naturaleza, Fundación César Manrique, Lanzarote, 2009.

5  Daron Acemoglu y James A. Robinson, Por qué fracasan los países: Los orígenes del poder, la prosperidad y la pobreza, Deusto, Bilbao, 2014.

6  Emmanuel Saez y Gabriel Zucman, The Triumph of the Injustice. How the Rich Dodge Taxes and How to Make Them Pay, WW Norton, Nueva York, 2019, p. 22 y 23.

7  Katharina Hecht, Daniel McArthur, Mike Savage y Sam Friedman, Elites in the UK: Pulling Away? Social Mobility, Geographic Mobility and Elite Occupations, London School of Economics y The Sutton Trust, enero de 2020.

8  Michael J. Sandel, La tiranía del mérito, Debate, Barcelona, 2020.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Las élites capitalistas españolas entre dos crisis

Este artículo pertenece a la sección A FONDO del número 151 de la revista Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global. Bajo el título Las élites capitalistas españolas entre dos crisis, Albert Recio Andreu revisa el cambio en la naturaleza de las élites económicas españolas tras la crisis de 2008. Constata que el núcleo duro del empresariado español se adaptó con bastante éxito al cambio y que la nueva fase de crecimiento ha tenido su locomotora en el turismo y ha reforzado las tendencias rentistas de las élites, dando lugar a una economía muy vulnerable, social y ecológicamente.

A continuación, ofrecemos el texto completo del artículo, al final del cual se encuentra el enlace para su descarga en formato pdf.

El capitalismo es un sistema social. Una forma de organización social basada en unas instituciones clave. Pero no es un sujeto que piense y actúe.

El funcionamiento de cualquier sociedad depende de las acciones de personas concretas, interactuando con el resto. En las sociedades de clase, la capacidad de acción de las personas está condicionada por las reglas de juego del conjunto y por su cuota específica de poder. En este tipo de sociedades hay grupos sociales que ocupan posiciones preeminentes, que tienen mayor capacidad de influir en la toma de decisiones, de convertir sus intereses en prioridades sociales, de acaparar una parte desproporcionada del producto social.

En sociedades estamentales son fáciles de detectar porque están organizadas a partir de un orden donde las jerarquías y los roles están claramente definidos (las familias reales son un resto de este modelo que aún perdura en países como el nuestro). En las economías capitalistas las cosas son más complejas. La propia dinámica de un sistema económico en el que los mercados y la tecnología se transforman constantemente provoca que, al menos en apariencia, estas élites sean menos estables, más cambiantes en el tiempo. Pero, en todo caso, es perceptible que en cada fase de desarrollo, en cada periodo histórico existen sectores de capitalistas que representan los intereses hegemónicos del momento, que tratan de influir en las políticas bien directamente bien a través de apoyo a partidos políticos, medios de comunicación, centros de pensamiento, patrocinios… que sean útiles a sus intereses. Y es útil tratar de entender en cada momento cuales son los intereses dominantes, cuáles son sus estrategias y como tratan de influir en las dinámicas de desarrollo.

Un análisis que ayuda a entender las dinámicas económicas en marcha y tratar de entender en qué medida responden a la influencia de estos grupos sociales hegemónicos. En las notas que siguen trataré de abordar tres cuestiones. En primer lugar, cómo se ha alterado el núcleo de estas élites en España tras la crisis de 2008. En segundo lugar, qué mutaciones ha tenido la estructura económica que favorezcan la formación de nuevas élites o la transformación de las viejas. Y en tercer lugar analizar qué mecanismos de influencia tienen, ilustrándolo en el caso de Barcelona.

 

La transformación de las élites anteriores a la crisis del 2008

En 2009 publiqué un trabajo en el que trataba de situar cuáles eran los núcleos hegemónicos del capitalismo español en el momento.1  Creo que presentaba adecuadamente el núcleo del capitalismo español de la burbuja inmobiliaria, el modelo que estalló a partir de 2008. En este momento incluía como núcleos hegemónicos al sector bancario, cuyo papel fue clave en la gestación de burbuja especulativa, y al núcleo de empresas constructoras centrado en la obra pública y la gestión de cualquier actividad que el sector público estuviera dispuesto a externalizar, así como los grandes monopolios energéticos y de telecomunicaciones, en buena medida nacidos de las políticas privatizadoras y de un marco regulatorio adecuado. Y un grupo emergente de grandes empresas comerciales. Incluso se estaba produciendo un intento por parte de las constructoras de tomar el control de empresas energéticas con el objetivo de obtener una perspectiva más estable de crecimiento.

El núcleo del capitalismo español de la burbuja inmobiliaria incluía a la banca, empresas constructoras, energéticas y de telecomunicaciones. En gran medida, ha resistido, transformándose.

Este núcleo hegemónico quedó afectado por la crisis de 2008 pero, en gran medida ha resistido, transformándose. La crisis bancaria podía haber dinamitado al núcleo más duro y persistente del poder económico pero lo que provocó fue una remodelación que en cierta medida ha reforzado a una oligarquía financiera con menos socios, debido a una suma de elementos. En primer lugar, las más afectadas fueron las Cajas de Ahorros, públicas o semipúblicas, por su mayor exposición al crédito inmobiliario. Han desaparecido o se han convertido en bancos privados (Caixa Bank y Bankia). En segundo lugar, la política europea y española estuvo claramente diseñada para salvar a la gran banca y propiciar una mayor concentración de capital, con generosas medidas para absorber bancos en crisis y sanear el capital. Y, en tercer lugar, los dos principales bancos españoles –BBVA y Santander– tenían una exposición menor en el mercado interno y pudieron capear el temporal con la mayor rentabilidad de sus filiales en el exterior. Hoy quedan solo tres grandes grupos (Santander, BBVA, Caixa Bank), otros tres intermedios (Bankia, Sabadell, Bankinter) y un reducido grupo de antiguas cajas transformados en bancos.

El gran grupo de empresas constructoras no estuvo especialmente afectado por el estallido de la burbuja en la medida que su actividad estaba orientada a la obra pública y a la gestión de servicios. A ellos lo que les afectó fue el recorte del gasto público en general y en inversiones en particular. Su respuesta prioritaria fue ahondar en una política de internacionalización, que antes ya habían iniciado, y que la crisis no hizo más que consolidar. Con todo, no salieron de la crisis sin costes. Algunas lo han sobrevolado con relativo éxito: ACS, Acciona, Ferrovial y Sacyr (aunque han tenido que vender algunos negocios jugosos como la filial Urbaser, de gestión de residuos urbanos, de ACS). Otras han acabado con la venta a grupos foráneos (las familias mexicanas Slim y Amodio han tomado el control de FCC y de OHL, respectivamente) y alguna de las empresas de segunda línea han entrado en una clara fase de descomposición (Abengoa, Isolux).

Tanto los bancos como las grandes constructoras que han sobrevivido conservan importantes cuotas de poder, pero han debido reorientar su actividad. Especialmente han perdido una buena parte del jugoso negocio de la obra pública local, lo que incide en que hayan reforzado más su apuesta por la gestión de servicios.

 

La transformación del capitalismo español tras la crisis de 2008

Cambios en la estructura productiva. La crisis de 2008 generó cambios en la estructura productiva del país. El más importante, además de la crisis financiera, fue el hundimiento de una parte del sector constructor-inmobiliario que había dominado el crecimiento anterior.

Si bien la crisis inmobiliaria no se llevó por delante al núcleo duro del capitalismo español, sí tuvo consecuencias a nivel local, el plano en el que se jugaban muchas de las políticas especulativas.

La crisis de la construcción tuvo además un importante efecto de arrastre sobre muchos sectores industriales (especialmente metalurgia, productos minerales no metálicos, madera y mueble) lo que ahondó la pérdida de peso de los sectores industriales que ya se venía arrastrando de fases anteriores.  El núcleo del sector industrial se encuentra en la industria automovilística y la química, ambas con una fuerte presencia de multinacionales foráneas, hecho que explica muchos de los avatares que experimenta el sector. Una forma de ver la poca importancia que el sector industrial tiene para las élites locales es la ausencia de un planteamiento serio de política industrial en los años post-crisis.

El único sector que ha contado con una política sostenida durante bastantes años ha sido el sector automovilístico mediante la sucesión de planes destinados a incentivar la compra de vehículos con efectos poco claros para la producción local, puesto que las ayudas no determinan el lugar donde han sido producidos. En la misma línea de ausencia de políticas definidas destacan los recortes de gasto público al I+D que contradicen la teórica apuesta por contar con una industria competitiva.2

La crisis bancaria  podía haber dinamitado al núcleo duro, pero provocó una remodelación que ha reforzado a una oligarquía financiera con menos socios

Con una industria estancada y una construcción a la baja, el papel de impulso de la economía española ha recaído fundamentalmente en el turismo.  La llegada masiva de turistas ha generado una enorme masa de negocio en una variedad de sectores: hostelería y restauración, comercio, actividades de ocio, agencias de viajes, transporte, organizadores de eventos, entre otros, lo que además tiene unos importantes efectos indirectos sobre toda la cadena de suministros al sector.

En términos de estructura empresarial se trata de una actividad que tiene paralelismos con el sector inmobiliario. Aunque hay empresas de tamaño diverso y algunas son de dimensiones considerables (como Globalia, Meliá, Barceló y NH Hoteles), el sector está constituido por un gran número de empresas de diferente tamaño que tienen intereses comunes centrados en la promoción de la actividad turística en sus diferentes modalidades. El espacio de intervención del sector es el local, presionando a las autoridades locales para que desarrollen políticas de atracción de visitantes, organicen o apoyen actividades de masas, reduzcan cargas impositivas o apliquen regulaciones permisivas. Un hecho especialmente visible en ciudades como Barcelona, a la que me referiré posteriormente.

La propia composición de las empresas que forman parte del Ibex 35 refleja tímidamente estos cambios. Se mantiene el núcleo duro de bancos, empresas de telecomunicaciones y energéticas. Se reduce el número de grandes constructoras (de seis a tres) y en cambio aparecen empresas hoteleras, socimis inmobiliarias, gestión de reservas aéreas y aeropuertos. El peso del sector industrial es pequeño: siete empresas (ocho si se considera que Inditex, el gigante de la distribución textil, tiene una parte industrial), aunque destaca recientemente la emergencia de dos grandes farmacéuticas (Grifols y Almirall).

Cambios en las formas de propiedad. Los cambios en la estructura productiva, en el peso de los distintos sectores económicos, y con ello en la mayor o menor importancia de las empresas líderes constituye una cuestión crucial, pero no la única de las mutaciones que experimenta el capitalismo español.

Hay también una importante dinámica de transformación en la estructura de la propiedad y la gestión. Esta puede traducirse en términos de internacionalización y financiarización. España ha continuado recibiendo un flujo intenso de capitales extranjeros no solo en forma de inversión directa, sino especialmente de capital financiero manejado por fondos de inversión, fondos soberanos y fondos de pensiones. Solo nueve de las 35 empresas del Ibex tienen un grupo de control local claramente dominante, y en otras seis con una presencia importante (básicamente de los grupos financieros locales), en cinco hay presencia importante de capital público, y el resto están controladas por grupos extranjeros o por fondos financieros.

La mayor parte de las empresas que cotizan en bolsa tienen una presencia en su capital de estos fondos, que posiblemente son agentes muy activos en el mercado bursátil, especialmente BlackRock, Norges Bank, Vanguard y Deutsche Bank. Seguir la composición de capital de las grandes empresas es tarea complicada porque estos inversores financieros están continuamente variando sus posiciones en lo que parece el predominio de una lógica especulativa. Los movimientos de estos fondos añaden inestabilidad a las propias empresas y, sin duda, generan presión al Gobierno, más allá de las presiones que realizan directamente las empresas cuando tratan de proteger sus intereses en los mercados regulados en los que operan.

En la mediana empresa se aprecia otro proceso de transformación igualmente relevante. En un número creciente de casos, la propiedad se transfiere de grupos familiares o un número reducido de socios a fondos de gestión de empresas. En muchos casos estas empresas inversoras han sido creadas por personas provenientes de grandes bancos y empresas financieras, que conocen el funcionamiento de estos mercados y crean vehículos de inversión dedicados a la compra y venta de empresas. Hay una pauta bastante común de compra de empresas de una misma línea de producto para crear grupos empresariales de mayor tamaño que al cabo de un tiempo se venden a otros inversores. No es tampoco extraño que en estas operaciones se endeuda a la empresa comprada para que los fondos recuperen a toda velocidad el dinero inicialmente invertido, lo que puede crear una mayor inestabilidad financiera.

Una variante del modelo es la inversión en activos inmobiliarios, potenciada a partir de la legalización de las socimis que cotizan en bolsa (dos de ellas, Colonial y Merlin, están en el Ibex 35), donde la inversión se orienta hacia la compra de todo tipo de edificios: oficinas, hoteles, centros logísticos y viviendas de alquiler. Y donde la compraventa de activos con fines especulativos es aún mayor que en el caso de las empresas productivas. Muchas de las socimis cotizadas en bolsa tienen beneficios muy superiores a sus ingresos por alquileres, beneficios basados en la revaluación de activos y en operaciones de compraventa (de rotación en el argot del sector).

Esta operativa tiene una contrapartida en la mutación que experimenta una gran parte de la burguesía local. De gestores-propietarios de empresas pasan a convertirse en inversores rentistas. La venta de empresas proporciona una suculenta cantidad de dinero dispuesta a buscar rentabilidad en el mercado. Es bastante habitual la creación de “family office”, de fondos familiares que invierten en fondos de inversión y en actividades inmobiliarias, y que a menudo son gestionados por una variada gama de empresas intermediarias. Hay una enorme variedad de fórmulas, muchas de ellas determinadas por el impacto de la fiscalidad, como muestra el ejemplo de las sicav y las socimis, y es bastante habitual que se creen sedes corporativas en países como Holanda o Luxemburgo.

Una gran parte de la burguesía local ha dejado de constituir una capa empresarial, dejando la gestión a un gran ejército de profesionales, y se ha convertido en meros buscadores de rentas en los mercados financieros e inmobiliarios. Esto tiene importantes impactos tanto en el funcionamiento empresarial como en las dinámicas urbanas. En el primer caso el cambio en la estructura de propiedad aumenta la vulnerabilidad de las empresas al predominar modelos de gestión a corto plazo que pueden afectar a su consolidación a largo plazo. Algún analista ha destacado que la dinámica de estas empresas gestionadas por grupos financieros experimenta un ciclo en tres fases, una primera en la que el comprador trata de recuperar la inversión (a menudo aumentando el endeudamiento de la empresa), una segunda de consolidación y crecimiento (a menudo mediante fusiones) y una tercera de venta. Si algo falla, la vida de la empresa y el empleo están en peligro.

La mediana empresa vive otro proceso de transformación relevante al transferir la propiedad de grupos familiares a fondos de gestión de empresas

Esta orientación rentista es aún más acusada en el mundo urbano donde la búsqueda de altas rentabilidades alienta la especialización turística, pues son más elevadas las rentas que se obtienen con el alquiler de hoteles y apartamentos turísticos que con el de la vivienda habitual.

El mercado de la vivienda y de los espacios comerciales en grandes ciudades como Madrid y Barcelona está sufriendo un profundo estrés provocado por esta presión inversora que genera enormes costes sociales a la colectividad. Es por ejemplo interesante destacar que en el debate económico post-Covid en Barcelona una de las quejas, justificadas del pequeño comercio, ha sido el coste que significa pagar alquileres con el local cerrado o a bajo rendimiento. En cambio, en el debate de un pacto sobre Barcelona promocionado por el Ayuntamiento, el tema alquileres ha sido uno de los grandes olvidados. Muchas de las rentas del comercio y el turismo en las grandes ciudades acaban en manos de grandes inversores, entre los que se cuenta la antigua élite industrial.

 

La construcción de la representación de las élites

Mecanismos de intervención de las élites. Las élites económicas tienen numerosos mecanismos de influencia sobre los poderes políticos: formales e informales. Una parte de la élite política y de la administración forma parte ella misma de la élite económica, bien por origen social, bien por la existencia de numerosas y variadas puertas giratorias, no solo de los políticos de más alto nivel (el caso más vistoso), sino también de muchos cargos medios que ocupan puestos en sectores económicos clave, como es el caso de altos técnicos de Hacienda que ocupan puestos relevantes en empresas de asesoría fiscal o, como ha puesto en evidencia el caso Villarejo, la importante colusión que existe entre altos cargos policiales y los responsables de seguridad de las grandes empresas. Y hay también un tercer nivel de conexión más implícito y derivado de la ideología económica dominante entre economistas de Estado, técnicos comerciales y la alta dirección del Banco de España.

Una muestra de esta tradición de confianza y compadreo se observa al ver los componentes conocidos de la comisión España 2050 promovida por la Ministra Calviño: todos los economistas que hemos podido conocer son gente ligada a la Fundación Fedea (tradicionalmente financiada por muchas de las empresas del Ibex), que llevan muchos años asesorando a los gobiernos del PSOE (Luis Garicano, el líder de Ciudadanos también proviene de este grupo). Una forma de visualizar esta conexión es cuando tiene lugar un viaje de representación internacional donde se invita a un grupo selecto de empresas indicativo de los intereses comerciales que se quieren promocionar.

Parte de la burguesía local ha cedido el rol empresarial, dejando la gestión a un ejército de profesionales, y se ha convertido en buscadores de rentas

Un segundo mecanismo es el de la representación formal a través de una variada gama de organizaciones empresariales, empezando por la CEOE y siguiendo por las Cámaras de Comercio, las organizaciones sectoriales y otras formas de representación a medio camino entre un think tank y un organismo representativo. Me refiero al Círculo de Empresarios madrileño o al Cercle de Economía barcelonés. Es obvio que en muchos casos las élites delegan a funcionarios y personajes de segunda fila esta labor representativa. O que su presencia es a veces decorativa. Pero en momentos importantes son instituciones que intervienen de forma contundente.

Este es el caso reciente de la convención organizada por la CEOE en el mes de junio con motivo de la pandemia. Un análisis de su organización, e incluso del eco informativo, permite detectar dos cuestiones: primero la importancia dada a cada sector era correlativa a su importancia real en la jerarquía económica. Segundo las intervenciones principales corrieron cargo de verdaderos representantes de la élite: Pablo Isla de Inditex, Juan Roig de Mercadona y Antonio Garmendia como presidente de CEOE. Las primeras mesas sectoriales muestran en su mismo orden la jerarquía empresarial: finanzas (con Ana Botín y el resto de presidentes de bancos), energía, operadores de redes, turismo…Y su discurso marcó una línea clara: ni retroceso en el modelo laboral ni aumentos de impuestos.

En tercer lugar, a una escala de representación, está lo que podríamos llamar “la sociedad civil de las élites”, una nebulosa de clubs deportivos, centros culturales, clubs de empresarios cuyas directivas siempre están en manos de gente relacionada con las élites, muchas veces moviéndose entre una y otra entidad y que tienen una enorme capacidad de situar sus intereses y puntos de vista como ideas hegemónicas en la sociedad. Una sociedad que se articula también a través de encuentros informales en eventos, lugares de veraneo, etc.  Que se añaden a otras formas de influencia como el control que ejercen determinados grupos empresariales sobre medios de comunicación o el hecho cada vez más preocupante que tanto el sector público como el privado recurre al mismo tipo de empresas asesoras que ayudan a conformar una visión común de la economía y la gestión pública.

Las élites españolas se han adaptado con éxito al proceso de globalización, optando por un modelo depredador y rentista

Una ilustración: el caso de Barcelona. Llevo tiempo tratando de analizar está dinámica para el caso de Barcelona. Hace años el periódico Expansión dio cuenta de la existencia del Grup 16 (curiosamente nada de ello había aparecido en la prensa generalista), un encuentro de dieciséis entidades que mantenían reuniones periódicas para promocionar propuestas ciudadanas.

Analizar este grupo es sumamente instructivo: cuatro organizaciones empresariales (Fomento de la Producción, Cercle d’Economia, Cambra de Comerç, Institut Agràri de Sant Isidre), seis deportivas (FC Barcelona, R.C.D. Espanyol, Real Club de Polo, Real Club de Tenis Barcelona, Centre Excursionista de Catalunya y Club Natació Barcelona), cuatro culturales (Cercle del Liceu, Orfeó Català, Cercle Artístic y Ateneu Barcelonés), el Círculo Ecuestre (un rancio centro social de la alta burguesía, y el Real Automobil Club de Catalunya (un híbrido de empresa privada, lobby del automóvil y organizador de competiciones de motor).

Cotejando componentes de las juntas de estas entidades se advierte una fuerte presencia de personas ligadas a las grandes familias de la ciudad, en algunos casos con participación en diversas entidades. Se han creado asimismo otras iniciativas como Barcelona Deporte Cultura o Barcelona Global en las que aparecen las mismas familias y que juegan un papel muy activo como lobby para promover un modelo local basado en las diversas modalidades de turismo (vacacional, de fin de semana, de congresos y eventos, de festivales, sanitario) y de nuevas tecnologías jugando con el atractivo de la ciudad para la llegada de “talento” exterior. Es visible que esta red extiende sus conexiones a sectores de la Universidad, del sector hospitalario privado y cuenta con un fuerte apoyo por parte de los gestores públicos de Puerto y Aeropuerto.

El desarrollo de la Barcelona de estos últimos años ha sido en gran parte resultado de las iniciativas, presiones y políticas que este bloque ha conseguido imprimir a la ciudad. Un modelo de “éxito”, que la crisis de la Covid se ha encargado de mostrar su cara vulnerable. Un modelo que tiene detrás la enorme rentabilidad del inmobiliario y que tiene su otra cara en la creciente precariedad laboral y la crisis de la vivienda que experimentan los sectores obreros y populares (incluido el comercio tradicional).

Cuando escribo estas líneas se está negociando en Barcelona un “Pacto de Ciudad” en el que participan todos los partidos del consistorio y al que han sido invitados tanto los poderes económicos como una variada gama de entidades sociales (sindicales, vecinales, del tercer sector…) y donde se ha podido constatar la ignorancia, cuando no el desprecio, por parte de las élites de las necesidades de la mayoría de la población y de las limitaciones de su propio modelo.

 

Conclusión

La revisión de lo ocurrido los últimos diez años no cambia en lo fundamental la evaluación que hice anteriormente de las élites españolas. Estas se han adaptado con notable éxito al proceso de globalización optando por un modelo de especialización especialmente rentable para sus intereses. Un modelo en gran medida depredador y rentista. Una buena prueba de ello es que tras la crisis de 2008 el capitalismo español se rehízo en términos de producción mercantil y muy especialmente las clases pudientes han obtenido un notable avance en términos de su cuota de renta nacional. Por esto, en España han aumentado, a la vez, los ricos y los pobres. Es, sin embargo, un modelo de una enorme fragilidad en lo económico (muy dependiente del turismo), lo social (desigualdades, precariedad y pobreza) y en lo ecológico.

La crisis de la Covid-19 ha mostrado todas sus carencias y la cuestión es ver si estas élites son capaces de maniobrar otra vez en favor de sus intereses o podemos entrar en un cambio sustancial de modelo que reduzca su poder. De ello depende el bienestar colectivo y la respuesta a la ya evidente crisis ambiental.

 

Albert Recio Andreu es profesor honorífico de Economía Aplicada de la Universidad Autónoma de Barcelona.

NOTAS

1  Albert Recio, «Rasgos del nuevo poder oligárquico en España. Viejas y nuevas caras de la oligarquía española», en Federico Aguilera y Jose Manuel Naredo, Economía, poder y megaproyectos, Fundación Cesar Manrique, Teguise, 2009, pp. 123-151.

2  Josep Banyuls y Albert Recio, «Spain: in search of an industrial policy», en Frank Gerlach, Marc Schietinger y Astrid Ziegler (eds.), A strong Europe - but only with a strong manufacturing sector, Schüren Verlag, Marburg, 2015.

 

Acceso al artículo completo: Las élites capitalistas españolas entre dos crisis.

 


Papeles 35 Aniversario

La revista Papeles nació en 1985 en un momento en el que la transición española daba, con todas sus ambigüedades y contradicciones, sus primeros pasos.

Nuestra democracia iniciaba su andadura marcada por muchos factores, entre los que se podrían destacar la reconversión económica basada en criterios de realismo capitalista, la sombra del referéndum de la OTAN y el terrorismo de ETA. Mientras, en el ámbito mundial, con el desafío de la guerra de las galaxias, los euromisiles y la amenaza nuclear, se vivía el auge del movimiento pacifista en la última fase de la guerra fría desde donde se formularon numerosas propuestas e iniciativas desde la no violencia, la ecología, el feminismo y la educación.

Fue entonces cuando FUHEM promovió una iniciativa pionera en España, el Centro de investigación para la paz (CIP), que desde sus inicios estuvo impregnado por una concepción amplia de su enunciado y en este marco nació la revista.

En esta primera etapa que duró hasta 1993 se publicaron cuarenta y nueve números bajo el nombre de Papeles para la paz, y en ella se puede ir observando la evolución de la revista, tanto en el formato, como en el contenido. Empezó como un folleto desplegable, con un primer número dedicado a los Gastos militares y necesidades sociales, escrito por Vicenç Fisas Armengol, y fue creciendo hasta conformarse en el formato libro de los últimos números de este periodo. Durante esos primeros años hemos podido leer títulos como “La política del hambre” donde escribía Susan George, “Gasto militar y subdesarrollo social”, “Control ideológico en EEUU” de Noam Chomsky, o algún número sobre el impacto ecológico de la carrera de armamentos, sobre Palestina o Afganistán, sobre la mujer en la URSS  o la militarización de los conflictos en el Mediterráneo.

 

En la segunda etapa –entre 1994 y 1997- los números del 50 al 60 se publicaron bajo el título de Papeles de cuestiones internacionales de paz, ecología y desarrollo.

Con un formato más actual, la revista empezaba a integrar factores socioeconómicos, políticos y medioambientales, y su mirada se complejiza.

No se puede analizar la realidad en compartimentos estancos. Todo está relacionado. En esta etapa encontramos números con títulos amplios que hablan sobre democracia y gobernabilidad mundial, el fundamentalismo en el mundo moderno, refugiados e intervencionismo humanitario o nacionalismos.

Destacan los monográficos sobre la objeción de conciencia, la deuda en África o los desafíos de la cooperación y el análisis de la situación de algunos de los conflictos del momento: Ruanda, Bosnia, Irlanda del Norte, Zaire, Timor Oriental, Sahara Occidental, Bosnia.

Contamos con la colaboración de grandes teóricos de la investigación para la paz como: Carmen Magallón, Jesús María Alemany, José María Tortosa, Vicenç Fisas, Mariano Aguirre, Vicent Martínez Guzmán.

 

La tercera etapa se desarrolla entre 1997 y 2007, cuando se publican los números 61 a 98. Cambia su título a: Papeles de cuestiones internacionales.

Dedica su primer número a la cuestión vasca y el nacionalismo. Se publica un especial sobre Colombia, narcotráfico y vías posibles para la paz; otro especial sobre China, Kosovo, la justicia internacional y los dictadores,el Proceso de Paz en Irlanda  del Norte,  el papel de Europa en Oriente Medio, Israel y derechos humanos, mujer y violencia…

Vivimos en directo los atentados del 11 de septiembre de 2001 y del 11 de marzo de 2004 y la revista lo reflejó abordando el impacto y las repercusiones internacionales del terrorismo internacional, como la guerra en Irak.

Diez años de análisis de cuestiones internacionales y conflictos, cuando prácticamente nadie más lo hacía.

 

Y finalmente, la cuarta era –desde el número 99 publicado en 2007 hasta la actualidad– tratamos de reconectar, bajo el nombre de Papeles de relaciones ecosociales y cambio global, con la interpretación extensa de la paz enunciada ya en 1994, pero ahora delimitándola dentro de la problemática ecosocial con 3 elementos centrales: la sostenibilidad ambiental, la cohesión social y la calidad democrática, como ejes de la realidad que nos toca analizar.

 

Papeles, sin ser una revista de actualidad, nunca a lo largo de su historia ha dado la espalda a la realidad; su alimento ha sido siempre lo que acontecía.

Por ello, siendo una revista de pensamiento crítico en el ámbito de las ciencias sociales, nuestra vocación siempre ha sido promover el debate en torno a temas que permitan entender la crisis multidimensional que vivimos y el análisis de las profundas amenazas que nos esperan si no somos capaces de abordar a tiempo un cambio global.

A continuación ofrecemos un video en el que Santiago Álvarez Cantalapiedra director del área Ecosocial de FUHEM y de la revista Papeles de relaciones Ecosociales y Cambio Global nos hace una panorámica de la historia de la revista en sus 35 años de vida.

 

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Día Mundial de las Ciudades 2020

Bajo el lema Valorando nuestras comunidades y ciudades, el Día Mundial de las Ciudades es un momento para reflexionar sobre nuestras ciudades y pensar en su futuro.

Según ONU Hábitat en los últimos 12 meses, la vida en nuestras ciudades ha cambiado drásticamente. El impacto en la salud por la COVID-19, junto con los trastornos sociales, políticos y financieros, está remodelando la vida urbana en todo el mundo de una manera sin precedentes.

Ofrecemos a continuación una selección de artículos publicados en nuestra revista Papeles de relaciones ecosociales y cambio global, que ha dedicado un interés  especial por abordar temas relacionados con el derecho a la ciudad, los problemas y desafíos del mundo urbano, la ciudad global, el reto de las ciudades ante la alimentación sostenible, los procesos de gentrificación, las iniciativas comunitarias y movimientos vecinales, las nuevas formas de habitar lo urbano, la ciudad como espacio común, la calidad de vida y la perspectiva de género en la ciudad, la agroecología y los huertos urbanos, las ciudades sostenibles, la resiliencia, es decir la ciudad por la que merece la pena luchar.

Derecho a la vivienda, derecho a la ciudad. Por una acción municipalista, Agustín Hernández Aja, Iván Rodríguez Suárez, Lucas Álvarez del Valle, Papeles de relaciones ecosociales y cambio global, núm. 148, invierno 2019-2020, pp. 71-84.

La trampa de una visión urbano-céntrica. David Harvey, del derecho a la ciudad a la revolución urbana, Jean-Pierre Garnier, Papeles de relaciones ecosociales y cambio global, núm. 147, otoño 2019, pp. 99-107.

La “smart city” o la “cité radieuse” en la era digital,  Jean-Pierre Garnier, Papeles de relaciones ecosociales y cambio global, núm. 144, inviierno 2018-2019, pp. 91-103.

Comentarios críticos al texto de Jean-Pierre Garnier “Gentrificación: un concepto inadecuado para una temática ambigua”, Ibán Díaz Parra, Papeles de relaciones ecosociales y cambio global, núm. 141, primavera 2018, pp. 39-46.

Agroecología y ciudad: Alimentación, ambiente y salud para una agenda urbana sostenible, Walter Pengue, Papeles de relaciones ecosociales y cambio global, núm. 139, oto´ño, 2017, pp. 63-77.

Las ciudades españolas ante el reto de la alimentación sostenible, Pedro M. Herrera, Daniel López y Nuria Alonso, Papeles de relaciones ecosociales y cambio global, núm. 139, otoño, 2017, pp. 133-141.

«Gentrification»: un concepto inadecuado para una temática ambigua Jean-Pierre Garnier, Papeles de relaciones ecosociales y cambio global, núm. 137, primavera, 2017, pp. 13-26.


Problemas y desafíos del mundo urbano
nún. 130, verano 2015

Hacer frente al proyecto urbanizador del capital, Santiago Álvarez Cantalapiedra, pp. 5-10.

La invisibilización urbana de las clases populares, Jean Pierre Garnier, pp. 29-45.

Financiación local. Apuntes para un cambio en el modelo, Bernardino Sanz y David Bustos, pp. 47-61.

Endeudamiento urbano. La insostenibilidad social de la deuda municipal de Madrid, Carlos Sánchez Mato, pp. 63-74.

Inmigrantes en ciudades globales. El caso de Madrid, Colectivo Ioé, pp. 75-87.

La trascripción espacial del empobrecimiento general. Los barrios como el sumidero de los desechos de la crisis, Víctor Renes Ayala, pp. 89-102.

La ciudad por la que merece la pena luchar, Vicente Pérez Quintana, pp. 103-112.

Municipios y participación ciudadana
núm. 129, primavera 2015

La apuesta municipalista, Santiago Álvarez Cantalapiedra, pp. 5-10.

La ciudad como espacio común, Imanol Zubero, pp. 13-23.

(Re)volver a la ciudad para conquistar la calidad de vida, Julio Alguacil Gómez, pp. 25-35.

Apuntes sobre algunas consecuencias sociales de la reforma local, de 2013, Andrés Boix Palop, pp. 37-52.

Un tema clave: el modelo de financiación local y su relación con los distintos modelos inmobiliarios, José Manuel Naredo, pp. 53-55.

Porqué las ciudades y las ciudadanías son tan importantes, Fernando Prats, pp. 57-71.

Ciudades para las personas, ciudades para la vida: Género y urbanismo, Isabela Velázquez Valoria, pp. 73-83.

Llevar la Transición a la ciudad: problemas y posibilidades del enfoque de «Transición» para cambio climático y la limitación de recursos, Peter North y Noel Longhurst, pp. 85-98.

La revolución democrática desde abajo en el municipalismo: ciudadanía, movimientos sociales y otra manera de hacer política, Jordi Mir, pp. 99-109.

Tendencias y alternativas urbanas
núm.111, otoño 2010

Tendencias y alternativas urbanas, Olga Abasolo, pp. 5-8.

La urbanización del mundo, Javier Gutiérrez Hurtado, pp. 41-55.

Los ecosistemas urbanos en la Evaluación de los Ecosistemas del Milenio en España, Juan Carlos Barrios, pp. 57-66.

Aceras, plazas y parques: la potencialidad de la ecología urbana y las prácticas barriales, José L. Fernández Casadevante y Alfredo Ramos, pp. 7-76.

De los ecobarrios a las ecociudades. Una formulación sintética de la sostenibilidad urbana, Carlos Verdaguer, pp. 77-85.

La okupación como transformación del estado presente de las cosas, Jacobo Rivero y Olga Abasolo, pp.87-97.

Agricultura urbana: un aporte a la rehabilitación integral, Nerea Morán, pp. 99-111.

El idealismo del espacio público, Manuel Delgado, pp. 113-120.


Otros Artículos de PAPELES:

Pequeñas ciudades, transformaciones rurales y consumo de alimentos en el Sur Global, Cecilia Tacoli, Papeles de relaciones ecosociales y cambio global, núm. 131, otoño 2015, pp. 23-33.

Ciudad, urbanismo y clases sociales en perspectiva, Jordi Borja, Papeles de relaciones ecosociales y cambio global, Papeles de relaciones ecosociales y cambio global, núm. 126, verano 2014, pp. 111- 127.

¿Regeneración urbana? Deconstrucción y reconstrucción de un concepto incuestionado, María Castrillo, Ángela Matesanz, Domingo Sánchez Fuentes y Álvaro Sevilla, Papeles de relaciones ecosociales y cambio global, núm. 126, verano 2014, pp. 129-139.

CittàSlow: la lentitud para construir una ciudad sostenible, Mara Miele, Papeles de relaciones ecosociales y cambio global, núm. 122, verano 2013, pp. 129-139.

Cultivar la resiliencia. Los aportes de la agricultura urbana a las ciudades en transición, José Luis Fernández Casadevante y Nerea Morán Alonso, Papeles de relaciones ecosociales y cambio global, núm. 119, otoño 2012, pp. 131-143.


Entrevista a Francisco López Segrera

Salvador López Arnal entrevista a Francisco López Segrera sobre Immanuel Wallerstein en el número 147 de nuestra revista Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global.

Salvador López Arnal (SLA): Usted ha señalado en algunas ocasiones que, en su opinión, Wallerstein y Prigogine han sido las dos figuras claves del pensamiento de las ciencias sociales y naturales del siglo XX. Nada menos. ¿Nos puede trazar una breve biografía intelectual del gran sociólogo neoyorquino recientemente fallecido?

Francisco López Segrera (FLS): El 31 de agosto de 2019 falleció el pensador más importante, radical e innovador de las ciencias sociales a lo largo de varias décadas: Immanuel Wallerstein. En 1968, publicó «The Colonial Era in Africa». Entre 1974, cuando publicó el primer tomo de El moderno sistema mundial, y 2019 fue, a mi juicio, uno de los más profundos y brillantes críticos del capitalismo, a la vez que el mayor innovador de las ciencias sociales, como muestran sus múltiples  ensayos:  Abrir  las  ciencias sociales; El capitalismo histórico; Después del liberalismo; Utopística o las opciones históricas del siglo XXI; La decadencia del Imperio; El legado de la sociología; las cartas que publicó como presidente de la Asociación Internacional de Sociología, entre otros textos valiosos; y los 500 comentarios que publicó en su web todos los días, 1 y 15 de cada mes, desde el 1 de octubre de 1998 hasta el 1 de julio de 2019.

Desde fecha temprana rompió con la visión eurocéntrica de la mayoría de los intelectuales de “Occidente” mostrando interés especial por el movimiento anticolonial en la India.

Desde 1976, fue profesor de sociología en la Universidad de Binghamton (SUNY) hasta su jubilación en 1999. Fue en dicha Universidad, director del Centro Fernand Braudel –para el estudio de economías, sistemas históricos y civilizaciones– hasta 2005. También fue director asociado de estudios en la École des Hautes Études en Sciences Sociales en París, y Presidente de la Asociación Internacional de Sociología entre 1994 y 1998. Previamente había presidido la Comisión Gulbenkian sobre la «Reestructuración de las Ciencias Sociales», que tuvo como resultado el Informe Abrir las Ciencias Sociales, con la colaboración de Ilya Prigogine y otros autores.

 

SLA: Suele señalarse que Wallerstein fue el fundador de una corriente de investigación que, recogiendo aportaciones de la escuela de los Annales de Fernand Braudel y de la teoría de la dependencia de la CEPAL, ejerció a partir de 1974 un notable impacto en las ciencias sociales, en el pensamiento crítico y en activistas de los movimientos sociales. ¿Qué caracterizaría a ese corriente de investigación y pensamiento crítico que él encabezó? ¿Por qué fueron tan importantes para él los movimientos anticoloniales?

FLS: Wallerstein integró la teoría de Marx de la mercancía, sus análisis del capitalismo, a la visión economie monde de Braudel, y a la teoría de la dependencia. Su pensamiento se nutrió de los aportes de Theotonio Dos Santos, André Gunder Frank, Giovanni Arrighi y Samir Amin, en especial.

Esa corriente se caracterizó por hacer un análisis crítico del desarrollo mundial del capitalismo, de la explotación colonial y neocolonial del centro desarrollado a la periferia de países subdesarrollados. Una situación de dependencia en la que la economía de un grupo de países subdesarrollados está condicionada por el desarrollo y la expansión de una economía central, a la cual el propio “desarrollo” de estos países subdesarrollados está atado. Esta estructura histórica beneficia a determinados países en perjuicio de otros.

 

SLA: Una pregunta de casi imposible respuesta en pocas líneas: ¿puede explicarnos lo esencial de su teoría del sistema-mundo moderno como una economía-mundo capitalista?

¿Se han formulado críticas a su teoría?

¿Sigue siendo fructífera y de interés?

FLS: Wallerstein mostró un enorme interés en varios de sus libros sobre la revolución francesa de 1789 y la revolución estudiantil de  1968,  como  momentos  de  ruptura.

Estudió en primer lugar la historia del capitalismo desde sus orígenes hasta la actualidad, de sus principales procesos históricos –como las mencionadas revoluciones– hasta la Guerra de Irak, sin dejar de analizar la epistemología, la teoría del conocimiento dominante en las ciencias sociales, que criticó con lucidez en Abrir las Ciencias Sociales.

Lo principal de su teoría del sistema- mundo fue su visión del capitalismo como una estructura con un ciclo de desarrollo histórico limitado –y no como un sistema eterno– que se caracteriza por una estructura jerarquizada que genera desigualdad creciente en sus tres espacios: centro, semiperiferia y periferia. La teoría de los ciclos de Kondrátiev es también un instrumento teórico utilizado en los análisis de Immanuel. En este marco, la decadencia de la hegemonía norteamericana forma parte de la crisis general y terminal del capitalismo. Pienso que sus análisis tienen absoluta vigencia en un momento en que el capitalismo no solo ha generado enormes desigualdades, como ha mostrado Piketty, sino que amenaza cada vez más –mediante el cambio climático y la posibilidad en aumento de una guerra nuclear– el propio habitat del hombre: la Tierra.

Consideró que las fallas estructurales del actual sistema-mundo capitalista no podrán impedir su disolución. Estas fallas son tres: la desruralización; el agotamiento ecológico producto del afán de externalizar los costos; y una democratización que ha llevado a mayores exigencias de gasto público. «La combinación de las tres está creando una presión estructural masiva de largo  alcance  sobre  las  utilidades  provenientes de la producción y está en proceso de convertir el sistema capitalista en algo que ya no es rentable para los capitalistas».

 

SLA: Suelen destacarse las críticas de Wallerstein al eurocentrismo (sé que usted también está curado de esta peligrosa enfermedad).

¿Nos resume las críticas fundamentales del maestro recientemente fallecido?

FLS: En múltiples libros y en ensayos abordó la temática del racismo y del eurocentrismo. “El propósito del racismo es mantener a la gente dentro del sistema, pero como inferiores”, señala Immanuel en el capítulo sobre el racismo en su libro La decadencia del Imperio (2003), donde también critica el nacionalismo etnocentrista de partidos políticos europeos de derecha y de figuras como Le Pen y Berlusconi.

Recuerdo que tanto Immanuel, como la entonces Secretaria de CLACSO, Marcia Rivera, nos animaron a participar en el simposio «Alternativas al eurocentrismo y colonialismo en el pensamiento latinoamericano contemporáneo» en el Congreso Internacional de Sociología (1998) presidido por él. Encomendé la organización a Edgardo Lander, participamos en el Simposio y publicamos un libro –La colonialidad del saber: eurocentrismo y ciencias sociales– con las principales ponencias, animados por Wallerstein. En mi artículo en dicho libro «Abrir, Impensar y redimensionar las ciencias sociales en América Latina y el Caribe» intenté, como homenaje a Wallerstein, aplicar su modelo teórico de Abrir e Impensar las ciencias sociales y de preguntarme si acaso ya existía una ciencia social no eurocéntrica en América Latina.

 

SLA: Salvo error por mi parte, Wallerstein colaboró con Etienne Balibar, un discípulo de Louis Althusser, en un libro titulado Razón, nación y clase. ¿Cuáles son las tesis fundamentales de este ensayo?

FLS: En dicho libro se analiza con lucidez por ambos autores la especificidad del racismo contemporáneo y sus vínculos con los nacionalismos y las luchas de clases. La hipótesis central de ambos autores –y en especial de Wallerstein– es que el racismo es una actitud de clase para legitimar la explotación de otros grupos étnicos. Racismo que se aplica también a la pobre- za, aunque pertenezca al mismo grupo étnico, en forma de un elitismo excluyente. Es un manifiesto contra el eurocentrismo, el etnocentrismo y el nacionalismo excluyente, propio de muchos autores de la ciencia social occidental, que convierte a los hombres del subdesarrollo en objetos de interés antropológico, a diferencia de Balibar e Immanuel que lo estudian como ser humano, convertido en condenado de la tierra por el colonialismo y el neocolonialismo. Recuerdo que una vez me comentó Immanuel lo que le había impresionado la obra de Fannon sobre los condenados de la tierra.  El mencionado libro de Immanuel y Balibar, publicado en 2001, tiene especial actualidad hoy con el tema del incremento de la migración en general y hacia la UE y EEUU en especial. Wallerstein analiza en el posfacio de este libro la vinculación entre racismo, nacionalismos excluyentes e incluso el sexismo, como formas de legitimar la explotación y exclusión propias del sistema capitalista que han promovido otros sistemas históricos con fines similares.

 

SLA: Wallerstein hablaba frecuentemente de la crisis estructural del sistema- mundo, ¿qué escenarios vislumbraba?

¿Socialismo o barbarie de nuevo?

FLS: Para Immanuel el capitalismo estaría agotado como sistema alrededor del 2050, pero dependerá de nosotros si lo sustituye un sistema mejor o peor, algo cercano al socialismo o al fascismo. Pero dejemos hablar al maestro Wallerstein:

A principios del siglo XXI (2001) afirmaba que «la primera mitad del siglo XXI sería más perturbadora, pero más abierta que el siglo XX». «Digo esto basándome en tres premisas. La primera premisa es que los sistemas históricos, como todos los sistemas, tienen vidas finitas. Tienen un comienzo de un largo periodo de desarrollo y, finalmente, mueren, cuando se alejan del equilibrio y alcanzan puntos de bifurcación. La segunda premisa es que el resultado de tales bifurcaciones es intrínsecamente determinado. La tercera premisa es que el moderno sistema-mundo, como sistema histórico, ha entrado en una crisis terminal y no resulta verosímil que exista dentro de 50 años. Sin embargo, ya que el resultado es incierto, no sabemos si el sistema (o sistemas) resultante será mejor o peor» y anunciaba que la transición sería una etapa llena de turbulencias.  A partir de aquí ofreció cuatro conclusiones:

1) «el progreso no es inevitable», pero «no es imposible»;

2) «la creencia en certezas, una premisa fundamental de la modernidad, ciega y mutila»;

3) «un cambio fundamental es posible, pero no seguro, corresponde a nuestra responsabilidad moral el actuar racionalmente, de buena fe y con energía en busca de un sistema histórico mejor», 4) «la incertidumbre es maravillosa» y la certeza sería «la muerte moral», «si todo está sin decidir, entonces todo está abierto a la creatividad».

A lo  largo  de  la  obra  de  Wallerstein estas premisas y conclusiones se argumentan con gran extensión y profundidad. Los conceptos de caos, bifurcación y flecha del tiempo –presentes en la obra de Immanuel y en parte asimilados de los análisis de Prigogine– fueron herramientas teóricas claves para Immanuel en sus trabajos. Las tendencias evolutivas del sistema-mundo capitalista, en el marco de una flecha del tiempo irreversible, implican etapas de caos, bifurcaciones –en el marco de las luchas por el poder y la hegemonía– y conflictos para reorganizar el sistema, mediante sucesivas disputas por la hegemonía y las esferas de influencia. Señala que –entre el 2020 y el 2050– habrá una dura lucha entre un capitalismo en crisis con modalidades fascistas y distintas propuestas de índole socialista como alternativa histórica. Pero que depende de nosotros que esta alternativa positiva prevalezca. Los movimientos sociales desempeñarán un papel clave en su lucha contra Estados autoritarios en ese período de caos sistémico posterior al 2020, según Immanuel.

 

SLA: Tres grandes nombres que tampoco están entre nosotros: Samir Amin, Giovanni Arrighi y André Gunder Frank.

¿Mantuvo Wallerstein relaciones con estos grandes pensadores marxistas?

¿Se influyeron mutuamente?

FLS: Fui testigo en muchos seminarios y reuniones –y también por el estudio de la obra de todos ellos–de la estrecha amistad y mutuas influencias entre estos pensadores. A ellos hay que agregar la influencia de Theotonio dos Santos, también muy vinculado a ese grupo. Todos ellos, pese a la especificidad de la obra de cada uno, analizaron el sistema mundo capitalista en forma muy crítica. Todos ellos se influyeron mutuamente y tienen una obra colosal. Samir Amin en El desarrollo desigual (1973), ensayo sobre las formaciones sociales del capitalismo periférico, ya cita trabajos de todos ellos; Arrighi desarrolló en su obra los aportes de Wallerstein con respecto a los ciclos económicos; Frank enriqueció sus estudios sobre el desarrollo-subdesarrollo y luego sobre el auge de Asia y China con los trabajos de Wallerstein; Dos Santos siempre tuvo a Immanuel como un referente y reunió este grupo, más de una vez, en los seminarios de la Red de economía mundial y desarrollo sostenible de UNESCO que presidía (REGGEN). En 1998, en homenaje a los 60 años de Theotonio Dos Santos, invité a estos autores –Dos Santos, Marini, Amin, Frank, Wallerstein– a escribir ensayos, que fueron publicados en los dos tomos de Los retos de la globalización, libro  del cual fui coautor y editor. El trabajo de Wallerstein Los desafíos de la globalización es una excelente síntesis del estado de sus investigaciones en ese momento, de su visión de futuro y una sólida crítica a la globalización neoliberal. También Immanuel tiene influencias de todos ellos en su obra. Un día me dijo –en la Maison des Sciences de l’Homme en París (1995)– que sin los aportes de la teoría de la dependencia, y en especial de la obra de Dos Santos, él no hubiera podido desarrollar aspectos esenciales de su obra sobre el sistema-mundo capitalista.

 

SLA: Usted tuvo una larga amistad y relaciones de trabajo con él, desde que participó en su Seminario en la Maison des Sciences de l’Homme de Parísen el invierno de 1995. ¿Nos puede contar algo de esta relación?

FLS: Tuve una larga amistad y relaciones de trabajo con Immanuel, desde que participé en su seminario en la Maison des Sciences  de  l’Homme  en  el  invierno  deMi libro Cuba: capitalismo dependiente y subdesarrollo (1972) –considerado por Dos Santos como un interesante estudio de caso aplicando la teoría de la dependencia a un país subdesarrollado– había despertado su atención. Creo que por esa razón y debido a que en el reducido grupo del Seminario había representantes de todas las regiones del mundo, pero no de América Latina, se propició que me invitara a participar en él. Luego colaboré con él en la organización del Congreso Mundial de Sociología en 1998 y nos reunimos en Caracas y Montreal a esos efectos. Una muestra de su visión crítica del eurocentrismo fue la publicación de 11 volúmenes precongreso (1997) que recogían lo más innovador de las ciencias sociales en las distintas regiones del mundo. Contribuí en especial a la preparación del volumen sobre América Latina –organizado por Briceño y Heinz Sonntag– que incluyó trabajos de Aníbal Quijano, Lander, H. Vessuri, Emir Sader, Pablo González Casanova, López Segrera y M. Rivera, entre otros. En mi tra- bajo traté el tema del futuro de las ciencias sociales en la región.

Impartí   en   el   otoño   de   2001   en Binghamton, invitado por él, un curso sobre «Prospectiva de América Latina». Me hizo el honor de asistir a las conferencias de mi curso y también su esposa Beatriz asistió a algunas y lo acompañaba en algunos de sus viajes.

Luego seguimos colaborando y nos reencontramos en diversos eventos. En 2003, en Río de Janeiro, estuvimos en un seminario de especial interés organizado por Theotonio Dos Santos, quién seleccionó un grupo de ponencias – Wallerstein, Gunder Frank, la de él mismo, Giovanni Arrighi, López Segrera, Samir Amin, Gilberto Dupas, Estrella Bohadana, Rene Dreifuss, Xie Shou-Guang y Gao Xian– y las publicó en el libro Os impasses de la globalização. Casi todos los autores de este libro están muertos, salvo mi persona, Xie y Gao Xian. Con casi todos ellos tuve una especial amistad y relaciones de trabajo. Sobre todo, con Theotonio, Wallerstein, Frank, Samir Amin y René Dreifuss. Fue una relación muy enriquecedora. Hoy día no creo exista un grupo de pensadores de esta talla analizando el sistema mundo capitalista. También gracias a Wallerstein entré en contacto con el Premio Nobel de Química y gran físico Ilya Prigonine, pues al irme de París a Caracas como consejero regional de Ciencias Sociales, Wallerstein me entregó el borrador del libro suyo con Prigogine (como resultado de sus trabajos en la comision Gulbenkian) que hice traducir y publicar en español con el apoyo de Sonntag con el título de Para abrir las Ciencias Sociales en una primera edición y que luego se publicó en Siglo XXI con prólogo de Pablo Gónzalez Casanova –también en un seminario  organizado por este último en 1997 coincidimos con Wallerstein en la UNAM–, texto clave que abogaba por la integración de las ciencias sociales y las ciencias duras. Luego, en 1996, en un proyecto de UNESCO dirigido por Jérôme Bindé,   pude   colaborar   con   Prigogine, Morin –que me ayudó mucho cuando creamos la Red GUNI de universidades de innovación–  y otros pensadores y el resultado de nuestro trabajo se publicó en el libro Représentation et complexité (1997).

En 2004, Wallerstein nos hizo el honor de hacer la Introducción a un libro –América Latina y el Caribe en el siglo XXI (2004)– coordinado por nosotros y Francisco Mojica, que recogía las principales ponencias de nuestros Congresos de la Red Latinoamericana de Estudios Prospectivos, que yo presidí entre 1996-2004.

Pienso que Wallerstein y Prigogine son las dos figuras claves del pensamiento de las ciencias sociales y duras del siglo XX. Su legado debe preservarse y desarrollarse en un momento en que el mundo está amenazado por los Trump, Boris Johnson, Bolsonaro (ya cayó Salvini) y otras figuras deleznables.

 

SLA: Fue usted decisivo para la traducción al castellano de un ensayo de temática poco frecuente, escrito al alimón por Wallerstein y Prigonine: Para abrir las Ciencias Sociales. ¿A qué tenían que estar abiertas las ciencias sociales según estos dos grandes pensadores?

 FLS:  En  la  ponencia  ya  mencionada, «Abrir, impensar y redimensionar las Ciencias Sociales en América Latina y el Caribe» que presenté al Congreso Internacional de Sociología (1998) cuando lo presidía Immanuel, traté de resumir la visión de Wallerstein y Prigogine al respecto del modo siguiente:

Es necesario no sólo repensar las ciencias sociales, sino sobre todo impensarlas, como  ha  afirmado  Immanuel  Wallerstein. Es decir, poner en cuestión el legado decimonónico y el de este propio siglo en las ciencias sociales, a la manera que Ilya Prigogine ha hecho en las ciencias duras con la herencia de la física newtoniana y de la teoría de la relatividad. Esta necesidad de impensarlas obedece a que muchas de sus suposiciones, pese a su carácter falaz, permanecen arraigadas firmemente en nuestra mentalidad. Consideramos que impensar las ciencias sociales significa reconciliar lo estático y lo dinámico, lo sincrónico y lo diacrónico, analizando los sistemas históricos como sistemas complejos con autonomía, y límites temporales y espaciales. Si decidimos, por tanto, que la unidad de análisis no es ya el Estado- nación,  sino  el  sistema-mundo  (es  decir, que no podemos analizar ningún Estado- nación disociado del sistema-mundo) debemos además acudir al análisis transdisciplinario eliminando la tradicional distinción entre el método de análisis ideográfico propio de la historia, y el nomotético propio de la antropología, economía, ciencias políticas y sociología. Las ciencias sociales no deben ser ni mero recuento de los hechos del pasado (historia tradicional), ni tampoco la simple búsqueda de regularidades con una visión ahistórica. Las ciencias humanas como la psicología y la filosofía, entre otras, también deben ser tenidas en cuenta a la hora de elaborar esta síntesis.

La “gran teoría”, por un lado, y el empirismo abstracto de estudios en detalle, por otro, son los grandes peligros que acechan a las ciencias sociales desde sus orígenes y por lo cual resulta necesario impensarlas y también abrirlas. Esto último significa: deconstruir las barreras disciplinarias entre lo ideográfico y lo nomotético; integrar las disciplinas ideográficas y nomotéticas en un método transdisciplinario; promover el desarrollo de investigaciones conjuntas, no sólo entre historiadores de un lado y antropólogos, economistas, politólogos y sociólogos de otro, integrando equipos transdisciplinarios en torno a un tema de investigación, sino además integrar a científicos de las ciencias naturales y exactas en proyectos conjuntos en que participen especialistas de las ciencias sociales y de las ciencias duras, y donde por tanto lo transdisciplinario no se agote en la fusión de lo ideográfico y lo nomotético, sino que además también incluya las ciencias duras. Es esto lo que nos ha enseñado el legado de Marx, Durkheim y Weber según Immanuel.

Las obras de Braudel, Wallerstein, Morin y Dos Santos, entre otros, constituyen a nuestro juicio un esfuerzo notable en este sentido desde las ciencias sociales, e igualmente la de Prigogine desde el terreno de las ciencias duras. En resumen, para que las ciencias sociales tengan verdadera relevancia hoy, es imprescindible la reunificación epistemológica del mundo del conocimiento, sin que esto implique la muerte inmediata de disciplinas con una larga tradición. Abogamos por la integración en el análisis de los fenómenos sociales de lo ideográfico y lo nomotético, e incluso de esta visión con las ciencias duras, lo cual no quiere decir que neguemos el valioso legado de las disciplinas autónomas, aunque sí su menor relevancia en análisis desintegrados de los conocimientos que pueden aportarnos el conjunto de ellas. Este es el mensaje esencial que nos trasladaron Wallerstein y Prigogine, en el informe Abrir las Ciencias Sociales de la Comisión Gulbenkian para reestructurar las ciencias sociales.

 

SLA: También usted ha hablado en alguna ocasión con admiración, destacando este puntode la dimensión humana de Wallerstein. ¿Qué nos puede decir de ella?

FLS: Pienso que la sencillez y humildad de Immanuel, su rechazo de todo elitismo eurocéntrico, de toda discriminación a otras culturas, era algo que transmitía con su praxis. Por eso, en todos los seminarios y en los Foros de Porto Alegre, se ganó el respeto y la admiración, no solo por su obra, sino en especial por esta actitud abierta y solidaria con los “condenados de la tierra”.

 

SLA: Mil gracias por sus palabras. ¿Me permitirá dedicarlas a la memoria de Immanuel Wallerstein?

FLS: Con gusto.

 

Francisco López Segrera es Doctor en Estudios Latinoamericanos (París VIII, Sorbonne) y vicerrector del Instituto Superior de Relaciones Internacionales de Cuba (1980-1989). Fue funcionario de la UNESCO y director de la revista Educación Superior y Sociedad (1998-2001). Fue seleccionado por la organización para integrar el Grupo Internacional de Expertos del Foro UNESCO en educación superior.  

Asesor académico, editor y autor en la Universidad Politécnica de Cataluña de los Informes de la Global University Network for Innovation, ha sido profesor visitante y/o conferencista invitado en más de 140 universidades del mundo. Entre ellas: UNAM, Universidad de Sao Paulo, Boston College, Binghamton, Berkeley, Stanford, Oxford, Riverside, Sorbonne, Instituto de Barcelona de Estudios Internacionales, Universidad de Salamanca y la UPC. El doctor López Segrera colaboró  con Wallerstein en la organización del Congreso Mundial de Sociología en 1998 e, invitado por él, impartió en otoño de 2001 en la Universidad de Binghamton un curso sobre «Prospectiva de América Latina».

Salvador López Arnal es miembro de CEMS (Centro  de Estudios de los Movimientos Sociales) de la Universidad Pompeu Fabra.

 

Disponible el texto completo en formato pdf: Entrevista a Francisco López Segrera sobre Immanuel Wallerstein

 


Día Internacional contra Cambio Climático: Recursos Ecosociales

 

Cada 24 de octubre, a instancias de la ONU se conmemora el Día Internacional contra el Cambio Climático, con el objetivo de informar, concienciar y educar a la población mundial, acerca de los atroces efectos del cambio climático y del calentamiento global.

En FUHEM Ecosocial hemos abordado en nuestras publicaciones cuestiones relacionadas con las causas y las consecuencias del cambio climático y, por ello, ofrecemos una selección de recursos que abordan diferentes aspectos relacionados con esta problemática: los discursos que se utilizan para hablar de cambio climático, los procesos de securitización como respuesta a la crisis climática y sobre cómo el poder está moldeando un mundo de privilegiados y desposeídos ante esta crisis.

Las consecuencias de los modelos alimentarios actuales en el calentamiento global y cómo el sistema alimentario global puede convertirse en una pieza clave de la lucha contra el calentamiento global.

¿Qué hay de verdad en la afirmación de que las centrales nucleares son una solución a las emisiones de efecto invernadero porque la producción de electricidad, a partir de energía nuclear, está libre de emisiones de CO2?

Los impactos del negacionismo climático y las diferentes respuestas ante las campañas de desinformación, y como reacciona la sociedad española ante el cambio climático.

Sobre cómo la tecnología está creando un tecno-optimismo frente a las consecuencias de su excesivo uso en el calentamiento global. Y cómo las catástrofes naturales generadas por el cambio climático están produciendo migraciones ambientales masivas, sin que haya un estatus jurídico que proteja y de refugio a las víctimas.

 

Los discursos en torno a la emergencia climática

Rubén Gutiérrez Cabrera
Dosieres Ecosociales, mayo 2020.

En poco tiempo, la “emergencia climática” se ha convertido en nuevo marco con el que los medios de comunicación y la opinión pública global se refieren a la actual situación de crisis climática que enfrenta la humanidad, pasando de ser un concepto apenas utilizado a perfilarse como un eslogan con un potencial de incidencia en las políticas ambientales sin precedente.

En este contexto, se vuelve fundamental indagar en los relatos surgidos en torno a la “emergencia climática”, pues del resultado de las batallas que se libran en torno a su definición e implicaciones dependerá en gran medida que las “declaraciones de emergencia climática” se decanten del lado de la sostenibilidad y la justicia climática, o del lado de un repliegue autoritario en forma de ecofascismo.

 

 

Un estudio para la participación ambiental, la ciudadanía activa y las redes vecinales ante la emergencia climática

Cristina Contreras Jiménez

Dosieres Ecosociales, abril 2020.

Nos encontramos en un momento histórico marcado por una profunda crisis múltiple, que abarca desde problemas económicos hasta políticos y de cuidados, así como una crisis ecológica que pone en jaque a la humanidad. Si bien aquellas son graves y urgentes, ésta marca un horizonte que no debe ser traspasado para asegurar la supervivencia de nuestra especie.

En cualquier caso, deben ser abordadas en su conjunto para asegurar la justicia social al tiempo que la sostenibilidad.

La educación ambiental y la participación son herramientas de cambio. Barrios por el clima es un proceso de participación ambiental que busca la transformación desde el compromiso, la implicación y la corresponsabilidad. En definitiva, pretende educar para la acción.

Este texto es el resultado de una investigación que parte de la hipótesis de que la participación en Barrios por el clima genera cambios hacia una mayor conciencia ambiental, que son impulsores de la transformación social, a tres niveles: personal (micro), colectivo (meso) y ciudad (macro).

 

De los delirios escapistas frente al cambio climático a la búsqueda de respuestas colectivas

Nuria del Viso

En Crisis Ecosocial, Conflictos y Construcción de Paz, Boletín ECOS, núm. 44, septiembre-noviembre 2018.

El artículo aborda las diferentes respuestas que se están desarrollando en el contexto de la crisis climática. Se engloban, básicamente, en dos bloques: las respuestas de autoprotección de las elites, ya sea como negacionismo, mercantilización o securitización; y las respuestas desde la sociedad civil organizada, en concreto, el movimiento de justicia climática y la autoorganización comunitaria. Nos jugamos mucho dependiendo de qué criterios se utilicen y quién dirija la adaptación al cambio climático porque esto determinará el tipo de respuestas que se apliquen, si tenderán a ser en clave excluyente y con tintes ecofascistas, o bien con criterios de justicia y equidad.

El movimiento por la justicia climática, creado fuera de la academia, ha contribuido, sin embargo, a desarrollar conceptos, como el de «deuda climática», y argumentos que sustentan un discurso que comienza a calar más allá del activismo.

 

Respuestas ante el negacionismo climático

Francisco Heras Hernández

Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, núm. 140, invierno 2017/18, pp. 119-130

La negación del cambio climático, ya sea activa (rechazo explícito de las interpretaciones de consenso establecidas desde la ciencia del clima) o pasiva (evitar la información sobre el tema, mirar para otro lado) es una respuesta frecuente ante un fenómeno –el cambio climático– percibido como amenazante, tanto por sus impactos como por las responsabilidades que nos plantea. El negacionismo organizado, trata de reforzar y extender esas respuestas de negación utilizando un variado repertorio de prácticas comunicativas. Descartada la idea de que la negación sea el resultado de una falta de información o un déficit de cultura científica, en los últimos años se han planteado diversas respuestas a las campañas de desinformación negacionistas. Estas respuestas incluyen a) ignorar a los detractores; b) poner al descubierto su estrategia comunicativa, basada en la manipulación; c) desvelar sus motivaciones; d) refutar los mitos que difunden; y e) exigir responsabilidad a sus patrocinadores. El artículo presenta los fundamentos de estas propuestas y apunta algunas líneas de trabajo complementarias para evitar que las iniciativas que se desarrollen para frenar el cambio climático favorezcan las respuestas denegación.

El reto es comunicar y actuar frente al cambio climático de manera efectiva sin alimentar las respuestas de autodefensa y negación

 

Cambio Climático S.A.

Nick Buxton, Ben Hayes (eds.)

Madrid: FUHEM Ecosocial, 2017, 301 págs.

Los ejércitos y las corporaciones, con el consenso de ciertos grupos políticos, buscan hacer del cambio climático un gran negocio del que lucrarse, mientras profundizan la exclusión de las y los desposeídos, expuestos a las peores consecuencias.

El libro plantea una serie de incómodas pero necesarias cuestiones ante las que no podemos permanecer indiferentes: ¿Quiénes son los ganadores y los perdedores de las nuevas estrategias de «seguridad climática»? ¿Cuáles son las implicaciones de que instituciones como el Pentágono o corporaciones como Shell reformulen el alcance del cambio climático desde los ámbitos de justicia social y ambiental a los de seguridad? ¿Qué es lo que se va a asegurar, para quién, por parte de quién y a qué coste?

Al mismo tiempo, el libro invita a la ciudadanía a pensar otros modos de abordar las consecuencias de la crisis climática respetando los derechos sociales y la sostenibilidad.

 

 

Modelo alimentario y cambio climático

Carlos A. González Svatetz

Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, núm. 139, otoño 2017, pp. 55-62.

La importancia de la agricultura, y particularmente de la ganadería, en la generación de gases de efecto invernadero (GEI) convierte al sistema alimentario global en una pieza clave de la lucha contra el cambio climático. El excesivo consumo de carne, que incluye cada vez a más países, no solo incide negativamente en el medio ambiente, sino que puede perjudicar a la salud. Por ello, resulta imprescindible involucrar activamente a la sociedad civil en la lucha contra el calentamiento global y el cambio de pautas de consumo, junto a políticas públicas e impositivas que apoyen tal transformación.

Existe una profunda relación entre la producción y consumo de distintos tipos de alimentos y la generación de GEI

 

Centrales nucleares, emisiones de CO2 y cambio climático

Xavier Bohigas

Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, núm. 138, verano 2017, pp. 109-121.

Existe una gran preocupación sobre el cambio climático y sus efectos entre la población. Desde hace años la industria nuclear se postula como una solución a las emisiones de gases de efecto invernadero, alegando que la producción de electricidad a partir de la energía nuclear está libre de emisiones de CO2. En este artículo comentamos diversos estudios que muestran que la energía nuclear no está exenta de emisiones de CO2, tanto si analizamos todo el ciclo de vida de una central nuclear, como si nos restringimos a la fabricación del combustible nuclear. Estas emisiones son menores que las producidas por las industrias eléctricas basadas en el carbón, petróleo o gas, pero, por otro lado, son mayores que las producidas por las industrias que utilizan energías renovables. La energía nuclear no es una alternativa para mitigar el cambio climático, pues tiene enormes inconvenientes en comparación con la opción de las energías renovables.

Las energías renovables representan un menor coste para el contribuyente que la energía nuclear

 

Perspectivas sobre el Cambio Climático

Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, núm. 134, verano 2016,

ESPECIAL

Cuando lo importante no es relevante. La sociedad española ante el cambio climático
Francisco Heras Hernández y Pablo Ángel Meira Cartea

De la realidad ontológica a la percepción social del cambio climático: el papel de la comunidad científica en la dilución de la realidad
Ferran Puig Vilar

La opinión crítica de los investigadores sobre la comunicación mediática del cambio climático
Gemma Teso Alonso

Cambio climático y publicidad: desintoxicación cultural para responder al monólogon
Isidro Jiménez Gómez y Mariola Olcina Alvarado

Resistencias psicológicas en la percepción del cambio climático
Cristina Huertas y José Antonio Corraliza

Terminar la ESO sin conocer el cambio climático. Algunas reflexiones y herramientas para que esto no ocurra
María González Reyes

El debate electoral sobre el cambio climático
Javier Gutiérrez Hurtado

 

Tecno-optimismo climático: el escapismo tecnológico, frente al calentamiento global

Samuel Martín-Sosa Rodríguez

Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, núm. 134, verano 2016, pp. 25-38.

Los discursos tecno-optimistas destilan habitualmente cierta confusión entre tecnología y energía, como si se tratara de la misma cosa. La premisa es tan sencilla como errónea: desarrollando la tecnología, encontrar nuevas fuentes de energía no será un problema. Tampoco lo será el crecimiento en su consumo: se esboza un futuro idealista de economía desmaterializada donde, gracias a la eficiencia tecnológica, la producción se desacoplará del consumo energético (y del uso de los recursos en general), requiriéndose cada vez menos energía por unidad de producción, ad infinitum. Se obvian así los límites físicos y la segunda ley de la termodinámica, que nos habla de la irremediable degradación de la energía.

La tecnología está sirviendo para prolongar la agonía del declive energético y para crear un espejismo de solución respecto al principal problema, el climático, que la desmesura energética ha creado.

 

 

La migración ambiental: entre el abandono, el refugio y la protección internacional

Susana Borrás

Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, núm. 132, invierno 2016/17, pp. 31-49

La República de Kiribati, país insular ubicado en el océano Pacífico, al noreste de Australia (Oceanía), se compone de 33 islas y 102.000 habitantes, que viven en su mayoría en la capital, Tarawa Sur. La población de este país se dedica principalmente a la pesca. Kiribati es uno de los países insulares del mundo más vulnerables frente a las inundaciones marítimas, como se ha señalado en los informes del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) de la ONU. De hecho, ninguna parte de su isla principal se eleva por encima de los dos metros sobre el nivel del mar, por lo que si la temperatura del planeta aumentara 2 °C el territorio de este país estaría condenado a desaparecer sumergido bajo las aguas y su población obligada a emigrar. ¿Qué estatus jurídico puede proteger a las víctimas migrantes de las alteraciones humanas del clima?

Según Oxfam, la migración ambiental crea un nuevo concepto de refugiado: los que son forzados a huir de su país de origen porque las condiciones climáticas ponen en peligro su existencia

 

El Acuerdo de París y el cambio transformacional

Rogelio Fernández-Reyes

Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, núm. 132, invierno 2016/17, pp. 101-114

La cumbre del clima (COP21) de París contó, de manera inaudita, con la presencia de 150 jefes de Estado. El evento vino precedido de una amplia movilización ciudadana y declaraciones de líderes de distintos ámbitos que alertaban de la dimensión del problema. La mirada de este trabajo se centra principalmente en referencias científicas, deteniéndose en lo que suponen los objetivos climáticos «muy por debajo de los 2 °C» y «1,5 °C». Se estudian las reacciones de los científicos y se concluye que es preciso que prevalezca un cambio transformacional. A partir de ahí se evalúan los compromisos adquiridos, los cuales cuentan con una distancia ingente con los objetivos acordados.

En España existe el riesgo de que la temperatura se llegue a incrementar entre 5,4 y 7,4 °C en el año 2100 aun cuando se cumplan los compromisos del Acuerdo.

 
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Día Mundial de la Alimentación 2020. Recursos Ecosociales

 

El lema del Día Mundial de la Alimentación 2020 es:  Cultivar, nutrir, preservar. Juntos, y pretende ser un llamamiento a la solidaridad mundial para ayudar a las personas más vulnerables a que se recuperen de la crisis y para hacer que los sistemas alimentarios sean más resilientes, y robustos de manera que puedan resistir el aumento de la volatilidad y los choques climáticos, proporcionar dietas saludables asequibles y sostenibles para todos, y medios de vida dignos para los trabajadores del sistema alimentario.

La alimentación es la esencia de la vida y la piedra angular de nuestras culturas, y comunidades. Preservar el acceso a alimentos inocuos y nutritivos es, y seguirá siendo, una parte esencial de la respuesta a la COVID-19, especialmente para los más pobres y vulnerables del mundo, que son los que más han sufrido el impacto de la pandemia y que se verán más afectados por las perturbaciones económicas derivadas.

Para celebrar el Día Mundial de la Alimentación, en FUHEM Ecosocial queremos destacar algunos de nuestros recursos que abordan diferentes aspectos relacionados con el sistema alimentario actual, con la relación entre el modelo económico y el cambio climático, así como la influencia y riesgos que pueden tener las megafusiones del sistema agroalimentario.

Abordamos también algunas cuestiones en torno a la alimentación como ¿qué es la «gentrificación alimentaria» o la «gourmetización» de los mercados de abasto? ¿Qué naturaleza tienen los desiertos alimentarios? ¿Se está pervirtiendo el mercado de productos ecológicos?, en uno de los dossieres seleccionados, mientras que en el otro tratamos sobre quién decide el precio de los alimentos y los impactos que el modelo alimentario tiene en nuestros estilos de vida, en la dieta y en la salud.

Cuestionamos los mitos, verdades y alertas de nuestros modelos alimentarios y hablamos de justicia alimentaria en las ciudades, de la problemática que supone la magnitud del desperdicio alimentario, de agroecología y seguridad alimentaria y sobre el Pacto de Milán.

A continuación ofrecemos el acceso a la INTRODUCCIÓN, ESPECIAL y PERISCOPIO del número 139 de la revista Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, dos dosieres que recogen los artículos dedicados a la Gentrificación alimentaria, y a los impactos de los modelos alimentarios; un Diálogo Ecosocial que cuestiona nuestros modelos alimentarios, los videos de las dos ediciones de las Jornadas sobre Justicia alimentaria en la ciudad y dos sesiones del Curso de Economía del Teatro del Barrio que FUHEM Ecosocial coordina junto a Economistas sin Fronteras y el Salmón Contracorriente.

Alimentación en disputa

Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, núm. 139, otoño 2017.

INTRODUCCIÓN

Las crisis alimentarias y el fin de la era de los alimentos baratos, Santiago Álvarez Cantalapiedra.

ESPECIAL:

Reestructuración del sistema agroalimentario globalizado en el capitalismo terminal, Manuel Delgado.

Hoy comemos para morir, pero podemos comer para vivir, Patricia Aguirre.

Megafusiones en el sistema agroalimentario: el caso de Bayer-Monsanto. ¿Qué riesgos hay en Europa?, Tiziano Gomiero y Monica Di Donato.

Modelo alimentario y cambio climático, Carlos González Svatetz.

Agroecología y ciudad: Alimentación, ambiente y salud para una agenda urbana sostenible Walter Pengue.

Enraizar el cambio: gobernanza desde abajo y justicia alimentaria, Owain Hanmer.

Desperdicio alimentario, análisis de una problemática poliédrica, María Mestre Montserrat y Verónica Martínez Sánchez

PERISCOPIO

Propuestas, iniciativas y experiencias para alimentar el Pacto de Milán, Nerea Morán Alonso

Las ciudades españolas ante el reto de la alimentación sostenible, Pedro M. Herrera, Daniel López y Nuria Alonso

ENTREVISTA

Coloquio con Manuel González de Molina «Politizar el consumo es la manera más eficaz de construir mayorías de cambio en torno a un régimen alimentario alternativo», Monica Di Donato

 

Dossier Gentrificación, privilegios e injusticia alimentaria

La estimulación del consumo está omnipresente en la dinámica urbana actual. La gentrificación aprovecha esta pulsión incluso en ámbitos tan cotidianos como la alimentación. En ese sentido, muchas ciudades se están transformando progresivamente en escaparates alimentarios artificiales, movidos por las lógicas de aquellos grupos sociales a los que se quiere atraer, clases pudientes con alto poder adquisitivo que terminan por alterar el papel de la alimentación como satisfactor de necesidades tanto biológicas como culturales y de vinculación a un territorio.

Puedes descargar a continuación el Dossier completo en formato pdf: Gentrificación, privilegios e injusticia alimentaria, o bien los artículos por separado:

Alimentación, gentrificación y transformaciones urbanas, Joshua Sbicca.

La gourmetización de las ciudades y los mercados de abasto, Sara González.

¿Qué son los desiertos alimentarios? Guadalupe Ramos Truchero.

La sinécdoque del consumo (eco)lógico, Ricard Espelt.

SELECCIÓN DE RECURSOS:

Desde el Centro de Documentación de FUHEM Ecosocial ofrecemos una selección de libros, una recopilación de artículos de revistas especializadas, recursos en diferentes formatos: informes, papers, comunicaciones de Congresos, blog, conferencias y materiales didácticos. Acabamos ofreciendo algunos recursos de publicaciones de FUHEM Ecosocial como: un número de la revista Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global titulada la Alimentación en disputa, un número de nuestro Boletín ECOS dedicado a la Agroecología, como una forma de acercarnos a la calidad de vida y algunas entradas del Blog Tiempo de Actuar, con recursos para trabajar en el aula.

Dossier Impactos de lo modelos alimentarios.

Nuestros alimentos, actualmente integrados en buena medida en cadenas globales, comportan diferentes impactos sobre nuestra salud y los ecosistemas. Las cosechas alimentarias cotizan hoy en los mercados de materias primas, como si de un recurso más se tratara y las cadenas alimentarias son controladas por poderosas corporaciones.

Para examinar estas cuestiones contamos en este dossier con la colaboración de Nuria del Viso en la coordinación y la participación de varios expertos sobre el tema.

Puedes descargar el dossier completo en pdf: Impactos de los modelos alimentarios. o bien los artículos por separado:

- Alimentación, estilo de vida y salud, por Carlos A. González.

- La huella ecológica de las dietas mediterráneas, por Nicole Grunewald, Alessandro Galli, Katsunori Iha, Martin Halle, Michel Gressot.

- Dos menos uno, dos. Quién decide el precio de los alimentos, por Ferrán García.

- De la producción al consumo. Cuatro experiencias que construyen un modelo alimentario justo y sostenible, por Luis González Reyes y otros autores.

- Selección de recursos, por Susana Fernández Herrero documentalista de FUHEM Ecosocial, que cuenta con una recopilación de libros, revistas y otros recursos.

Diálogo Ecosocial: ¿Comer es un acto peligroso? Entre mitos, verdades y alertas, el cuestionamiento de nuestros modelos alimentarios

Organizado y moderado por FUHEM Ecosocial que tiene como objetivo establecer un diálogo entre actores de diferentes ámbitos y esferas con el fin de entender cuáles son las consecuencias para la salud y el medio ambiente de determinadas elecciones alimentarias, cuáles son las percepciones y la evolución de las actitudes de los consumidores en la elección de la comida y cuáles son las posibilidades y los problemas en canales de producción alternativos a los convencionales.

El acto contó con la presencia de: el profesor Carlos Alberto González, de la Unidad de Nutrición y Cáncer del Instituto Catalán de Oncología, que abrió el diálogo con una reflexión experta sobre el contenido y los datos del famoso y muy polémico Informe de la Agencia internacional para la investigación del cáncer (IARC) de la OMS sobre la cancerosidad de la carne, Fernando Mantecas, un productor de carne ecológica de la vertiente segoviana de la Sierra de Guadarrama; las aportaciones de Ana Etchenique, de la Confederación de Consumidores y Usuarios (CECU), y de Javier Guzmán, de Veterinarios sin Fronteras - Justicia Alimentaria Global, una asociación muy activa y crítica sobre el papel de la agroindustria y en favor de la soberanía alimentaria.

 

II Jornadas de Justicia Alimentaria en la Ciudad

 

Durante el pasado mes de febrero de 2020 tuvo lugar en nuestro Espacio Abierto FUHEM la segunda edición de las Jornadas de Justicia Alimentaria en la Ciudad.

Tres sesiones que abordaron diferentes aspectos del mundo de la alimentación desde el punto de vista de las alternativas: qué se está cocinando desde los barrios frente a la poderosa industria alimentaria, las iniciativas en torno a la seguridad alimentaria y contra el hambre, así como experiencias de huertos urbanos, grupos de consumo y comedores escolares ecológicos.

1ª SESIÓN. Cultivando ‘soberanía alimentaria’, 12 de febrero. Con la intervención de: Santiago Álvarez Cantalapiedra, FUHEM Ecosocial, José Ramón González Parada, Plataforma de la Carta contra el Hambre en Madrid, Marian Simón, Madrid Agroecológico.

Disponible la Reseña resumen de la sesión

 

https://youtu.be/uJNo1k2UhdY

2ª SESIÓN. Iniciativas que germinan, 19 de febrero, con la intervencion de: Evaristo Villar, Plataforma Carta contra el Hambre, Araceli Serrano, Observatorio para la garantía del derecho a la Alimentación en la Comunidad de Madrid, Carlos Pereda, Mesa contra la Exclusión y por los Derechos Sociales de Tetuán, y Carmen Boti y Antonio Álvarez, Red de Solidaridad Popular Latina-Carabanchel.

Disponible la Reseña resumen de la sesión

 

https://youtu.be/XYtFnEr-jOE

 

3ª SESIÓN. Cosechando de las experiencias. 26 de febrero, con la intervención de: Julia del Valle, Cooperativa Germinando, Jorge Gallego, Huerto Aliseda 18, Carabanchel, Christian Orgaz, Grupo de Consumo de la Ecomarca Ecoñam y María González Reyes, Colegio Lourdes FUHEM.

Disponible la Reseña resumen de la sesión

 

https://youtu.be/wK33XVfjcmU

 

A continuación ofrecemos un enlace a los videos de las I Jornadas de Justicia Alimentaria en la Ciudad, organizadas por Red Solidaria Popular - RSP de Latina, Revista PAPELES de Relaciones Ecosociales y Cambio Global de FUHEM Ecosocial y los integrantes de la Carta Contra el Hambre de Madrid, que tuvieron lugar los días 30 de enero, 6 y 13 de febrero de 2018.

Estas Jornadas tuvieron como objetivo visibilizar la situación de la precariedad alimentaria en el contexto urbano, y especialmente en la ciudad de Madrid, las iniciativas de los movimientos sociales en los Distritos de Latina y Tetuán y la propuesta política de la Iniciativa legislativa Municipal promovida por el Ayuntamiento de Madrid.

I Jornadas de Justicia Alimentaria en la Ciudad

Organizadas por Red Solidaria Popular - RSP de Latina, Revista PAPELES de Relaciones Ecosociales y Cambio Global de FUHEM Ecosocial y los integrantes de la Carta Contra el Hambre de Madrid, estas Jornadas tenían como objetivo visibilizar la situación de la precariedad alimentaria en el contexto urbano, y especialmente en la ciudad de Madrid, las iniciativas de los movimientos sociales en los Distritos de Latina y Tetuán y la propuesta política de la Iniciativa legislativa Municipal promovida por el Ayuntamiento de Madrid.

Se desarrollaron en tres sesiones en nuestro Espacio Abierto FUHEM:

1ª Sesión: De la Carta Contra el Hambre a la Iniciativa Legislativa Municipal (ILM) en Madrid, con la intervención de: intervención de: José Ramón González Parada. Plataforma Carta contra el Hambre. Revista Esbozos., Evaristo Villar. Plataforma Carta Contra el Hambre. Revista Éxodo, José Manuel Camacho. Impulsor del texto de la Iniciativa Legislativa Municipal, Miguel Ángel de Prada. Proyecto Social ELSANTA, moderando la mesa.

2ª Sesión. Iniciativas sociales contra la precariedad alimentaria. Distrito de Tetuán y Latina, moderada por José Luis Yuguero (RSP) y con la intervención de: Comisión por el Derecho a la Alimentación de la Mesa contra la exclusión de Tetuán, Red Solidaria Popular (RSP) de La Latina.

3ª Sesión. El hambre, el poder corporativo y las alternativas desde la justicia alimentaria, moderada por José Bellver (FUHEM Ecosocial), con la intervención de: José Esquinas. Ex FAO y experto en el tema del hambre, Monica Di Donato. FUHEM Ecosocial y autora de la revista Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, núm. 139 y Nerea Morán. Investigadora Universidad Politécnica de Madrid y autora de la revista Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, núm. 139.

 

Curso De Economía - Teatro del Barrio

Sesión del Curso de Economía coordinado por FUHEM Ecosocial, Economistas sin Fronteras y el Salmón Contracorriente. en el Teatro del Barrio

 Agroecología y soberanía alimentaria. 18:04:2016

Contó con la presencia de: José Bellver. FUHEM Ecosocial, Jose Luis Fdz Casadevante, Garúa y Nerea Morán, Surcos Urbanos.

"Pacto de Milán. Nuevas tendencias en sistemas alimentarios urbanos" 16/01/17

Contó con la participación de: Marian Simón, Doctora Arquitecta. Asociación Surcos Urbanos y Nerea Morán, Doctora Arquitecta. Plataforma Madrid Agroecológico.

 
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Crisis Ecosocial, injusticia ecológica y ciudadanía global

Ciudadanía Global. Una visión plural y transformadora de la sociedad y de la escuela

Informe elaborado por la Fundación SM y coordinado por Rafael Díaz Salazar, con el que quiere canalizar el debate sobre la ciudadanía global a través de la reflexión y el diálogo, para orientar su educación con un enfoque solidario y humanista, basado en el respeto a las personas y a la naturaleza.

El informe está dividido en tres bloques, en el primero de los cuales se analizan los aspectos más conceptuales y los componentes clave de la ciudadanía global: ecoeducación y ecociudadanía global, virtudes públicas, conflictos, migraciones, refugiados, emancipación de la mujer, etc.

En este bloque aparece publicado el capítulo escrito por Santiago Álvarez Cantalapiedra titulado: Crisis ecosocial, injusticia ecológica y ciudadanía global que pueden leer a texto completo a continuación.

“No heredamos la tierra de nuestros ancestros, la recibimos prestada de nuestros hijos.”

Proverbio keniano

La Crisis Ecosocial

En Los límites del crecimiento, informe encargado por el Club de Roma a un grupo de expertos en dinámica de sistemas vinculados al Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) y publicado en 1972, se plantea  por primera vez que la actividad humana ha adquirido una dimensión demasiado grande en relación con la biosfera y que esa escala desmesurada plantea el riesgo de colapsar los servicios de los ecosistemas y las funciones ambientales que proporciona la naturaleza.

En el año 1992, más de 1500 científicos (entre los que se incluían la mayoría de los premios nobel de ciencias que vivían por entonces) constataban a partir de la evidencia empírica disponible y las tendencias en curso que el rumbo que había adoptado la humanidad estaba empujando a los ecosistemas de la Tierra más allá de su capacidad de soportar la red de la vida. Esta primera advertencia de la comunidad científica mundial es conocida como “primer aviso”. Veinticinco años después, la comunidad científica lanza (tras analizar la evolución de los principales indicadores en el período transcurrido y evaluar las respuestas al primer llamamiento) un “segundo aviso” (Ripple, et al., 2017), donde se denuncia el fracaso de la humanidad para resolver los retos ambientales enunciados en la primera advertencia y se constata que, en la mayoría de ellos, estamos en una situación mucho peor que la de entonces.

Se advierte de la sexta gran extinción, que está provocando la desaparición masiva de especies a un ritmo y con una extensión que no tiene precedentes.

Especialmente preocupante es la trayectoria del catastrófico cambio climático debido a las crecientes emisiones de gases de efecto invernadero procedentes de la quema de combustibles fósiles, pero también a la deforestación y a los cambios en los usos del suelo asociados en gran medida a la ganadería de rumiantes y los altos niveles de consumo de carne. Además, se advierte de la sexta gran extinción, que está provocando la desaparición masiva de especies a un ritmo y con una extensión que no tiene precedentes. El mismo grupo de científicos que promovieron este “segundo aviso” ha publicado recientemente (el 5 de noviembre de 2019 y en la misma revista BioScience) un tercer llamamiento centrado en la emergencia climática: “World Scientists’ Warning of a Climate Emergency” (Ripple, et al., 2020).

Entre tantas llamadas de atención que ha venido efectuando la comunidad científica, resulta especialmente relevante la Evaluación de los Ecosistemas del Milenio, publicada en 2005, en la que se constataba (treinta y tres años después del informe al Club de Roma sobre Los límites del crecimiento) que alrededor del 60 % de los servicios de los ecosistemas y las funciones ambientales que proporciona la naturaleza ya habían sido degradados y utilizados de forma insostenible.

Hay que tener en cuenta la dimensión internacional de esta Evaluación de los Ecosistemas. Participaron en el proyecto 1360 expertos de todo el mundo, y llegaron a la conclusión de que la actividad humana está teniendo un impacto significativo y creciente sobre los ecosistemas y la biodiversidad del planeta, reduciendo la capacidad de la Tierra para albergar la vida (biocapacidad) y su resiliencia o capacidad de recuperación frente a la presión que ejerce el ser humano (Millennium  Ecosystem Assessment, 2005).

Los expertos han establecido nueve límites, o umbrales críticos, relacionados con los siguientes factores:

  • El cambio climático.
  • La integridad de la biosfera (o pérdida de sus funciones ecológicas).
  • La perturbación de los flujos biogeoquímicos (aportes de nitrógeno y fósforo a la biosfera).
  • Los cambios en los usos del suelo.
  • La acidificación de los océanos.
  • El agotamiento del ozono estratosférico.
  • El uso del agua dulce.
  • La carga atmosférica de aerosoles.
  • La contaminación generada por nuevas sustancias (por ejemplo, contaminantes químicos, organismos genéticamente modificados, nanomateriales, microplásticos o residuos nucleares).

Estos nueve procesos globales, tres de los cuales son ciclos biogeoquímicos, son esenciales para mantener las condiciones ambientales que han estado presentes en el planeta en los 12 000 últimos años. Todo parece indicar que se han sobrepasado los umbrales críticos o límites sostenibles de los cuatro primeros, restringiendo drásticamente nuestras posibilidades de un vivir civilizado e incluso, quizá, poniendo en riesgo la propia supervivencia de la especie humana (Rockström, et al., 2009; Steffen, et al., 2015).

Con el cambio climático, los fenómenos meteorológicos extremos (sequías, inundaciones, olas de calor, tormentas, etc.) se han incrementado en frecuencia e intensidad en las tres últimas décadas y, en consecuencia, también los desastres sociales vinculados con el clima.

Así pues, la humanidad se enfrenta a uno de los desafíos más críticos y decisivos de su historia, el denominado cambio global, o conjunto de transformaciones socioambientales que incluyen el cambio climático, pero que no se reducen a él al incorporar también otros muchos procesos interrelacionados que amenazan con alterar sustancialmente las condiciones necesarias para sostener la vida humana tal y como hoy la conocemos. La situación es tan apremiante que se suceden los pronunciamientos de los científicos alertando de la gravedad de la situación en la que nos encontramos. Ya se ha mencionado que la última advertencia (realizada hace apenas unos meses y respaldada por más de 11200 científicos de 153 países) declaraba de forma clara e inequívoca, a partir de la evidencia disponible y la obligación moral de la comunidad científica de señalar a la humanidad la existencia de una amenaza catastrófica, que el planeta Tierra se enfrenta a una emergencia sin precedentes  (Ripple, et al., 2020).

Considerando solo la desestabilización global del clima, que como hemos dicho no es más que uno de los síntomas de la grave enfermedad que padece la Tierra, podemos hacernos una idea del escenario en el que nos movemos. Con el cambio climático, los fenómenos meteorológicos extremos (sequías, inundaciones, olas de calor, tormentas, etc.) se han incrementado en frecuencia e intensidad en las tres últimas décadas y, en consecuencia, también los desastres sociales vinculados con el clima. Por otro lado, el nivel del mar se está elevando y amplias zonas del litoral corren el riesgo de verse anegadas; este proceso, al igual que los eventos climáticos extremos, se ha acelerado en las últimas décadas. Pero los impactos del calentamiento global no se reducen a los desastres generados por los fenómenos extremos o la elevación del nivel del mar.

Hemos  entrado  en la era de las consecuencias, un período en el que debemos convivir de manera irremediable con los resultados de la crisis ecosocial.

La modificación de los patrones del clima está generando también otras muchas alteraciones, como cambios en los regímenes de lluvias, en el grado de humedad de las tierras de cultivo y en los ritmos de erosión del suelo; está incrementando asimismo el estrés hídrico de muchas zonas y provocando alteraciones en la flora y en la fauna. Se desatan círculos viciosos de retroalimentación positiva: si la pérdida de biodiversidad y el cambio climático contribuyen a poner en peligro la salud y la productividad de los suelos, a su vez la propia degradación de los suelos ayuda a acelerar el cambio climático y la hecatombe de la biodiversidad, incrementando la vulnerabilidad de miles de millones de personas (UNCCD, 2017; WAD, 2019). En general, la desestabilización del clima está creando unas condiciones ambientales muy adversas que, al afectar a la producción de alimentos, al suministro de agua o a la salud pública, provocan crecientes situaciones de inseguridad humana por hambrunas, pandemias o desplazamientos forzados de población.

Hemos  entrado  en la era de las consecuencias, un período en el que debemos convivir de manera irremediable con los resultados de la crisis ecosocial. Algún autor ha utilizado, acertadamente, la expresión convergencia catastrófica para resaltar que los impactos de la crisis ecológica se combinan con los de otras crisis preexistentes ligadas a la pobreza y a la desigualdad, multiplicando y amplificando los conflictos en aquellas zonas de la geografía mundial donde se muestra más evidente esa convergencia (Parenti,  2011 y 2017). Pero las crisis ecológica y social no se entremezclan únicamente en el plano de las consecuencias. Ambas tienen unas raíces comunes. Los mismos elementos que provocan la degradación ecológica son los responsables del deterioro social, por eso el papa Francisco, en su encíclica Laudato si’ (2015), afirma que “no hay dos crisis separadas, una ambiental y otra social, sino una sola y compleja crisis socioambiental” (139).

 

Una enorme Injusticia Ecológica

Las raíces del deterioro ecológico y social son culturales y económicas. La combinación de ambas manifiesta el cariz civilizacional que adquiere la crisis ecosocial. La civilización industrial capitalista en apenas dos siglos de existencia ha situado a la humanidad en una encrucijada al socavar las bases sociales y naturales sobre las que sostiene su idea de progreso (Álvarez Cantalapiedra, 2011 y 2019). Esta es su gran contradicción: desenvolverse en una estrecha racionalidad crematística que, beneficiando únicamente a una minoría, da lugar a una profunda irracionalidad social que amenaza con minar las bases que sostienen la vida en el planeta Tierra.

Las raíces culturales de este despropósito se encuentran en la mentalidad materialista y tecnocrática, exclusivamente orientada por la razón instrumental, basada en una fe ciega en el mercado y la tecnología y obsesionada por dominar la naturaleza y la acumulación de riqueza y poder. Las raíces económicas, abonadas por este paradigma de modernización, han redefinido profundamente las relaciones sociales y el régimen de intercambios que establecen las sociedades con el medio natural a través de un doble proceso de apropiación predatoria que alcanza tanto a la fuerza de trabajo humano como a los ecosistemas. De este modo, el sistema económico vive de la explotación de sus colonias y genera un modo de vida imperial. Como han señalado María Mies y Vandana Shiva, esas colonias son las mujeres, la naturaleza y los países del Sur: “Sin esa colonización, o sea, sin su subordinación en aras de la apropiación predatoria (explotación), no existiría la famosa civilización occidental ni su paradigma de progreso” (Mies y Shiva, 2015,103). La civilización industrial occidental, universal hoy gracias a la globalización, no es más que el resultado histórico de la combinación de diferentes sistemas de dominación que han precipitado en el llamado capitalismo patriarcal colonial.

Este sistema ejerce un dominio común sobre la naturaleza, las mujeres y las culturas que, como las campesinas e indígenas, no se adecuan al molde de la modernidad capitalista occidental. Un dominio que solo es posible cuando esas realidades son consideradas como “lo otro” y son reducidas a sujeto pasivo e incluso a la condición de objeto (cosificación). Ese “otro” se representa como algo externo al hombre (varón, occidental), distinto a uno mismo, susceptible de apropiación y transformación según sus deseos, siempre con características inferiores, apropiables y transformables (Shiva, 2004).

El extractivismo es el principal perpetrador de la injusticia ambiental en nuestros días.

Se comete una injusticia sobre ese otro al que solo se le reconoce en su inferioridad, rasgo común de cualquier visión colonial, racista y patriarcal, y se ejerce esa injusticia a través de los mecanismos de apropiación y transformación que terminan por destruirlo. El capitalismo cosifica la naturaleza y ejerce su dominación a través de múltiples instrumentos (políticos, económicos o financieros), entre los que el extractivismo sobresale por su violencia.

El extractivismo es el principal perpetrador de la injusticia ambiental en nuestros días. La extracción predatoria de los recursos naturales tiene una larga historia, pero desde finales del siglo XX y primeros lustros del XXI la expansión de megaproyectos con el único propósito de extraer y exportar grandes cantidades de recursos naturales hacia los grandes centros de producción se ha convertido en algo habitual en amplias zonas de la periferia mundial (particularmente de América Latina y África).

El extractivismo consagra un régimen claramente insostenible. El funcionamiento de una sociedad depende de los flujos continuos de recursos intercambiados con la naturaleza. A esto lo denominamos metabolismo socioeconómico. La civilización industrial capitalista indujo el tránsito desde un régimen metabólico basado en los flujos de recursos bióticos (renovables), que nos brinda la naturaleza viva, hasta otro que depende de los stocks de recursos fósiles y minerales que extraemos de la corteza terrestre (no renovables). Dicha civilización se ha expandido por todo el mundo a lo largo del siglo XX, sobre todo a partir de su segunda mitad, cuando se aceleran los ritmos de extracción de recursos y de emisión de residuos, dotando a las sociedades humanas de una destructividad sobre el mundo natural  nunca vista. Esa inyección de recursos acelera la población mundial, el proceso urbanizador, los niveles de transporte, la producción y el comercio internacionales, el consumo global de agua, de fertilizantes, las capturas pesqueras, etc. Prácticamente nada queda al margen de este impulso voraz: incluso la arena, una materia prima hasta hace poco abundante y barata, en la actualidad se torna escasa debido al elevado ritmo  extractor. Sin embargo, esa vorágine extractiva genera, tras una apariencia de prosperidad material sin término, un proceso acelerado de degradación de los ecosistemas (desaparición de bosques tropicales, pérdida de biodiversidad, concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera, acidificación oceánica, contaminación química en los lugares más remotos, etc.).

Para hacernos una idea de la escala que han alcanzado las dinámicas extractivistas hay que recurrir al Panel Internacional de Recursos de las Naciones Unidas, que evalúa las cinco décadas transcurridas desde 1970 a 2017 en 191 países. Solo así podremos percatarnos de la dimensión física de la economía mundial.  Dicho panel estima que alrededor de 90 000 millones de toneladas son extraídas cada año. Ahí se contabilizan las toneladas extraídas de biomasa (que incluye materiales como la madera, los cultivos alimentarios o los materiales de origen vegetal), combustibles fósiles (carbón, gas y petróleo), metales (preciosos y no preciosos, como el hierro, aluminio o cobre) y minerales no metálicos (básicamente arena, grava y piedra caliza usadas en la construcción y en los procesos industriales). Aunque el extractivismo se asocia habitualmente con la minería y la obtención de hidrocarburos, los datos anteriores muestran también que las explotaciones agrícolas, ganaderas y forestales en forma de monocultivo, así como las piscifactorías y camaroneras orientadas a la exportación deben ser consideradas como parte del mismo proceso.

El extractivismo  despliega un amplio abanico de consecuencias económicas, ecológicas, sociales y políticas sobre los territorios  por los que se expande. Tiene importantes repercusiones en el modelo de desarrollo económico porque profundiza el subdesarrollo y la condición periférica  de los países donde se fomenta  la actividad extractiva. Tiene también un importante impacto ecológico al no contemplar la naturaleza como lo que verdaderamente es, un entramado de vida, sino como un stock de recursos que se pueden extraer, incorporar a los mercados y valorar monetariamente en cuanto que insumos para la producción industrial. Esta apropiación y transformación de la naturaleza conduce a la destrucción de las funciones y los servicios ambientales cruciales para la vida y hace colapsar a los ecosistemas. De todo ello no dejan de desprenderse importantes consecuencias sociales, entre las que cabe destacar la destrucción que el extractivismo inflige a pueblos indígenas y comunidades campesinas al depender su existencia de la salud de unos ecosistemas a los que acceden, por lo general, como recursos de uso común gestionados colectivamente. En el plano político, las consecuencias no son menores. En este tipo de desarrollismo es habitual que las empresas transnacionales adquieran un protagonismo inusitado y que su influencia en la política sea enorme, debilitando la vida democrática y capturando las instituciones del Estado (y muchos de sus principales contrapesos, como, por ejemplo, los medios de comunicación).

Pero la extensión de los patrones de producción  y consumo de los que disfruta una parte de la población mundial empeora las condiciones de vida de toda la humanidad  y amenaza de forma inmediata  la vida de los más pobres.

Estas dinámicas,  emanadas de unas estructuras  económicas y de unas instituciones políticas, hacen posible el modo de vida imperial, así denominado al descansar en la apropiación a escala planetaria de los recursos naturales, la explotación a esa misma escala de la fuerza de trabajo y la externalización de los costes sociales y ecológicos a terceros. A través de este modo de vida arraigan y se hacen cotidianos, en sectores amplios de la sociedad adquisitiva mundial, ciertos comportamientos característicos de la civilización industrial (como el uso del coche, el consumo de carne, la compra de electrodomésticos o, en general, el “paquete estándar” de bienes de consumo). Pero la extensión de los patrones de producción  y consumo de los que disfruta una parte de la población mundial empeora las condiciones de vida de toda la humanidad  y amenaza de forma inmediata  la vida de los más pobres. El modo de vida imperial es un modelo que genera bienestar a unos pocos a costa del malestar de la mayoría. Es un modo de vida que revela las profundas relaciones existentes entre la riqueza del Norte y de los ricos y el deterioro de las condiciones de vida de los pobres y los conflictos en el Sur (Brand y Wissen, 2019). Es un modo de vida que expresa una enorme injusticia social y ambiental.

 

El Ecologismo de los Pobres

Aún hoy, un amplio porcentaje de la población de la periferia de la economía mundial es rural en el sentido estricto de dedicarse a actividades de apropiación de la naturaleza (agricultura, ganadería, pesca, recolección o silvicultura). Hacen lo que hasta hace poco hizo siempre el ser humano a lo largo de su historia: recolectar y cultivar alimentos. Y lo hacen de una manera tradicional, en el marco de lo que podemos denominar como modo agrario tradicional o campesino, caracterizado por la producción a pequeña escala orientada  al autoconsumo o a los mercados locales, con empleo de energía solar (músculo humano o animal, agua, viento y biomasa) y recursos autóctonos. Son ecologistas, aunque no sean conscientes de ello, pues organizan sus vidas a partir de los recursos bióticos presentes en su territorio, siguiendo un modelo de desarrollo acorde con la naturaleza, concebida no solo como el hogar que proporciona los recursos necesarios para su reproducción, sino también como la maestra que enseña a manejarlos.

A diferencia del modo imperial de vida, el modo de vida de los pueblos y comunidades que practican el ecologismo desde antes de que se inventara el término es el único capaz de universalizarse y garantizar la sostenibilidad sin necesidad de exclusiones.

En un momento en que la civilización industrial capitalista nos coloca frente al colapso ecológico, estos pueblos se organizan comunitariamente  y ofrecen un modo de vida íntimamente ligado a la naturaleza a través de sus cosmovisiones, conocimientos y prácticas productivas, manteniendo una relación profunda y sabia, en el orden material y espiritual, con su territorio. Mientras que la crisis ecosocial representa la principal amenaza existencial de la actualidad, el ecologismo popular de los pueblos y comunidades que viven armónicamente en sus territorios  desde tiempos inmemoriales representa la lucha frente a las dinámicas ecocidas y una reserva de sabidurías y enseñanzas capaz de iluminar una auténtica ciudadanía global. ¿Por qué? Porque, a diferencia del modo imperial de vida, el modo de vida de los pueblos y comunidades que practican el ecologismo desde antes de que se inventara el término es el único capaz de universalizarse y garantizar la sostenibilidad sin necesidad de exclusiones

 

Ciudadanía Global

Vivimos con la sensación de caminar sobre una superficie que se resquebraja, y a esta fragilidad  se suma la incertidumbre ante unos procesos que parecen fuera de control y sobre los que nuestro conocimiento resulta muy parcial. La inseguridad y el miedo que se desprenden de esta fragilidad  e incertidumbre deberían conducirnos a interrogarnos sobre cuestiones que, solemnemente, podríamos denominar esenciales, como ocurre en el plano personal cuando experimentamos situaciones cercanas a la enfermedad o a la muerte. Pero, por el momento, no hemos sido capaces de destilar la suficiente  sabiduría como para proporcionar respuestas en positivo. Antes bien, predomina la reclusión en comunidades cerradas, la obsesión por trazar fronteras y por individualizar la gestión de unos riesgos cuya naturaleza es marcadamente global con la vana ilusión de que así se logrará la protección  necesaria. Unas respuestas que no hacen sino profundizar el autoengaño.

Una ciudadanía bien informada con los conocimientos que proporciona la ciencia para ser conscientes de que la acción humana no está a la altura de la complejidad  que ella misma genera.

Podemos enunciarlo de forma muy sintética: las respuestas individuales y los repliegues nacionales no son la solución a unos problemas que son globales y cuyas causas son estructurales; necesitamos con urgencia construir ciudadanía global, una ciudadanía que, en coherencia con lo que venimos diciendo, debe estar bien informada, ser radical, resaltar su dimensión política y moral y beber de todas las fuentes de sabiduría a su alcance.

Una ciudadanía bien informada con los conocimientos que proporciona la ciencia para ser conscientes de que la acción humana no está a la altura de la complejidad  que ella misma genera. Las enormes capacidades productivas que otorgan la economía y la tecnología se han utilizado  sin plena conciencia  de las consecuencias que conjuntamente tienen sobre la naturaleza y el funcionamiento del planeta Tierra.

Necesitamos construir una ciudadanía bien informada científicamente para romper con la ignorancia interesada y con la indiferencia general convertida en el principal peso muerto de la historia.

Una ciudadanía radical en la medida en que no desatiende las raíces culturales y económicas de la crisis ecosocial actual. Una ciudadanía que realza su dimensión poliética (Fernández Buey, 2003) porque es capaz de fusionar la responsabilidad moral de nuestros actos con la política, desvelando cómo se articulan y se apoyan entre sí los sistemas de dominación capitalista, patriarcal y colonial. Una ciudadanía que se nutre de la sabiduría de los pueblos originarios, de las culturas campesinas y de las experiencias de cuidado que han practicado tradicionalmente las mujeres; que alcanza a reconocer que la humanidad  depende de la naturaleza de la que forma parte, que somos naturaleza y que esta ecodependencia es constitutiva de nuestra condición humana, de modo que negarlo implica negarnos a nosotros mismos, mientras que reconocerlo supone asumir responsabilidades.

Texto completo del artículo (PDF)

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Foro Mundial Ciudades y Territorios de Paz

Rumbo al III Foro Mundial Ciudades y Territorios de Paz.

 

Estos días debería estar celebrándose el III Foro Mundial Ciudades y Territorios de Paz, que es continuación de los dos Foros anteriores sobre Violencias Urbanas y Educación para la Convivencia y la Paz organizados por el Ayuntamiento de Madrid durante los años 2017 y 2018.

En esta ocasión, el Foro ha sido acogido por la Ciudad de México pero debido a la situación actual de pandemia no ha sido posible y se ha aplazado a la primavera de 2021. Aún así, se ha querido mantener las fechas en que estaba prevista su celebración, con el fin de organizar una serie de sesiones plenarias y eventos paralelos virtuales, con el nombre de Rumbo al Foro, que darán darán inicio a un proceso que culminará con la celebración del Foro presencial en abril de 2021.

Este encuentro es un foro multiactor y multinivel que destaca la importancia que tiene la construcción de la convivencia y la paz en las ciudades y territorios, así como la necesidad de identificar las causas de las tensiones y de las violencias, para poner en marcha políticas públicas, programas e iniciativas ciudadanas que ayuden a construir cultura y educación para la paz.

El Foro no es un evento, es un proceso de reflexión e incidencia mundial, colectiva y horizontal, con la finalidad de ofrecer soluciones a nivel político y en la implementación de políticas de construcción de convivencia y paz en los territorios. Durante el proceso del Foro, se celebra un evento de convocatoria mundial que marca un hito en la hoja de ruta que se extiende a través de redes, ciudades, acciones de intercambio, incidencia política, programas educativos o campañas en diversas partes del mundo con diversos formatos.

Así, la convocatoria a un evento mundial es un momento importante de suma de energías que permite el intercambio y la deliberación. Un espacio que ayuda a promover de forma más eficaz y eficiente los valores de la construcción de convivencia y paz.

El Gobierno de la Ciudad de México está acompañado de un Comité Organizador (del que FUHEM Ecosocial es miembro a través de AIPAZ), en el que participan organismos internacionales, regionales, nacionales y locales.

El Foro cuenta con una página web Ciudades de Paz, donde se puede consultar la información del evento. En la parte dedicada a Rumbo al Foro puedes encontrar esta bonita referencia a nuestro trabajo: Para este III Foro Mundial sobre Ciudades y Territorios de Paz, resulta significativo retomar la concepción positiva de este concepto que la Asociación Española de Investigación para la Paz (AIPAZ) propone desde su perspectiva global y multidisciplinar:

“la concepción positiva de paz, entendida no solo como ausencia de conflictos bélicos, sino también como presencia de justicia social, desarrollo sostenible, ejercicio democrático de la ciudadanía, cumplimiento de los derechos humanos dentro y entre estados y, por consiguiente, opuesta a cualquier tipo de violencia.” (AIPAZ, 2020).

Rumbo al foro contará con una sesión inaugural, 6 Plenarios y una serie de eventos paralelos

Sesión Inaugural 05-10-2000

El objetivo de la sesión es arrancar no solo los encuentros virtuales del 5 al 7 de octubre denominados “Rumbo al Foro”, sino dar inicio al proceso que culminará con la realización del Foro presencial en abril de 2021.

Los ponentes tendrán la oportunidad de compartir, brevemente, cómo desde sus ciudades y territorios han construido los conceptos de convivencia y paz.

MODERADORA: Dra. Ana Laura Magaloni

  • Claudia López, Alcaldesa de Bogotá
  • Ada Colau, Alcaldesa de Barcelona
  • Claudia Sheinbaum, Jefa de Gobierno de la Ciudad de México
  • Juan Ramón de la Fuente, Embajador de México ante las Naciones Unidas
  • Mario Rodriguez Casas, Director del Instituto Politécnico Nacional
  • Silvia Giorguli Saucedo, Presidenta de El Colegio de México
  • Eduardo Peñalosa Castro, Rector de la Universidad Autónoma Metropolitana
  • Enrique Graue Wiechers, Rector de la Universidad Nacional Autónoma de México.

 

Plenaria 1. Derecho a la Ciudad y Paz.  05-10-2020

La sesión plenaria pretende reflexionar sobre el trabajo positivo que se está realizando desde ciudades y territorios para la construcción de paz, en concreto para lograr hacer efectivo el derecho a la ciudad y la paz. Este espacio busca aportar reflexiones y compartir experiencias y actuaciones que, desde una propuesta participada con la ciudadanía, contribuyen a reducir las desigualdades que encontramos en las ciudades y territorios, como pueden ser las brechas en el acceso a los servicios públicos de salud, educación o culturales, así como acceso y usos del espacio público, o la tecnología. Así como también las acciones destinadas a mejorar la convivencia en la vecindad y a prevenir o afrontar situaciones de violencia interpersonal que resultan esenciales para hacer efectivo el derecho a vivir en paz y desarrollar una vida plena en las ciudades y territorios.

Moderador: David Fernández Dávalos

  • Manuela Carmena, Ex Alcaldesa de Madrid.
  • Dolores González Sarabia, Fundadora de Servicios y Asesoría para la Paz (SERAPAZ).
  • Vladimir Rodríguez, Alto Consejero para los derechos de las víctimas, Alcaldía Mayor de Bogotá.
  • Pilar Díaz, Alcaldesa de Espluges de Llobregat y Diputada delegada de Relaciones Internacionales de la Diputación de Barcelona.
  • Augusto Barrera, Director innovación social de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, Profesor-Investigador de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) y Alcalde de Quito 2009-2014.
  • Octavi de la Varga, Secretario General de la Asociación Mundial de las Grandes Metropolis.
  • Nelson Saule Jr, Coordinador Global, Plataforma por el Derecho a la Ciudad.
  • Siphelele Ngobese, Investigadora de la Red de Ciudades de Sudáfrica.
  • Cristiane Serpa, Secretaria Adjunta de Desarrollo Económico, Belo Horizonte.
  • Nathalie Goulet, Miembro del Comité Ejecutivo de Montreal.
  • Gyonggu Shin, Director del Centro Internacional de Gwangju

Puedes ver Sesión Inaugural y Primer Plenario a través de: https://youtu.be/N8IsrYkvlOE

 

Plenaria 2. COVID y Construcción de Paz. 06-10-2020. 15 h.

La pandemia global del virus COVID-19 ha generado cambios drásticos en las formas de relacionamiento y convivencia en las ciudades, acompañados de incertidumbre generalizada por los impactos socio-económicos y sociales de la misma. En este panel buscamos compartir experiencias, reflexiones académicas y vivencias relacionadas con los procesos de construcción de paz en las ciudades en el contexto de la crisis generada por la pandemia; para esto, se propone identificar los retos particulares, las nuevas violencias y conflictividades generadas a partir de la crisis sanitaria, las situaciones agudizadas por la pandemia, las propuestas que tienen los diferentes actores sociales frente a la gestión de nuevas conflictividades y las oportunidades de generar procesos de resiliencia que fortalezcan la convivencia en medio de la crisis.

MODERADORA: Nicole Huete Guevara

  • Lorenzo Jiménez de Luis, Representante Residente del PNUD en México.
  • Michele Curto, Presidente de la Agencia para el intercambio cultural y económico con Cuba.
  • Carlos Pérez, Jefe de la Misión médica de La Habana en Lombardía, Italia.
  • Jhon Alexander Rojas Cabrera, Gobernador Nariño, Colombia.
  • Igor Alexsander G. Amorim, Líder comunitario en la Favela Paraisópolis (SP) y coordinador del G10 Favelas, Favela Paraisópolis.
  • Josep Mayoral, Alcalde de Granollers.
  • Carlos Martínez, Alcalde de Soria, representante de la FEMP y enviado de CGLU para la Nueva Agenda Urbana.
  • Ana Paulina Cerdán Corona, Directora Ejecutiva del Centro de Colaboración Cívica México.
  • Berenice Maria Giannella, Secretaria de Asistencia Social de la Prefeitura de Sao Paulo.
  • Carmen Magallón Portolés, Presidenta Seminario de Investigación para la paz, SIP.

Sesión Plenaria 2: 06/10/2020, 15-16.30 h. : https://youtu.be/HwJ-0jfImYk

 

 

Plenaria 3. Migración y Racismo 06-10-2020, 16.30 - 18 h.

La historia de la humanidad es una historia de migraciones. La migración cambiaba las expectativas de las personas migrantes, igualándolas al resto de la sociedad de llegada. Sin embargo, hoy la discriminación, el racismo y la xenofobia se convierten en amenazas para la convivencia. 272 millones de migrantes internacionales en el mundo (3,5% de la población mundial), 41 millones de desplazados internos, 26 millones de refugiados… La convivencia y la paz en las ciudades y territorios requiere abordar iniciativas que logren vencer el virus del racismo y la xenofobia. En la migración identificamos origen, tránsito y destino. El diálogo entre ciudades relacionadas por este fenómeno, la narración del impacto de la discriminación, el racismo y la xenofobia, serán las temáticas de esta plenaria.

MODERADOR: Dr. Mauricio Meschoulam

  • Shadi Sharaf al-Deen, Director de Asuntos Tècnicos – Responsable de Planificacion Estrategica y Urbana, Alepo, Siria.
  • Raffael Crocco, Presidente Atlante delle Guerre.
  • Ernesto Muyshondt, Alcalde de San Salvador.
  • Linda Tinio-Le Douarin, Coordinadora de la Coalición Internacional de Ciudades Inclusivas y Sostenibles de la UNESCO.
  • Petra Ignacio Matías, Mujer Mazahua. Representante de Comunidad Indigena Pluricultural.
  • Tica Font, Asociación Española de Investigación para la Paz (AIPAZ).
  • Marta Benavides (KNP), Activista por los derechos humanos y la paz.
  • Fabiana Goyeneche, Directora de Desarrollo Social de la Intendencia de Montevideo.
  • César Mantilla Cisneros, Vocero de la Coalición Ciudadana de Organizaciones Sociales de la Ciudad de Quito.
  • María Jesus Herrera, Jefa de misión de España, Organización Internacional para las Migraciones.

Sesión Plenaria 3: 06-10-2020, 16.30-18 h. https://youtu.be/jR9aJkwJ_S4

 

Plenaria 4: Agendas Globales y Territorios de Conviviencia y Paz. 07-10-2020, 15 - 16.30 h.

Esta plenaria analizará la acción institucional que los gobiernos municipales y el tejido asociativo están llevando a cabo para superar las violencias existentes y construir una ciudad y un territorio de convivencia y paz. Todas estas actuaciones constituyen un patrimonio de paz que hay que reconocer y poner en valor. Las actuaciones que se presentarán pueden ir dirigidas a revertir situaciones de violencia existentes, a prevenir las mismas, a cambiar los valores que las sustentan o a paliar sus efectos. El objetivo de esta plenaria va más allá de compartir las actuaciones concretas que las instituciones y ciudadanos estamos desarrollando, pretende sentar las bases para articular una agenda internacional de construcción de convivencia y paz en las ciudades y territorios.

MODERADOR: Emanuele Giordana

  • José Ángel Calle, Director General de la Agencia Extremeña de Cooperación Internacional, Junta de Extremadura´.
    Patrícia Menezes,
    Directora de Planeación, Educación y Descentralización de la Gestión Ambiental del Estado de Pará y co-fundadora de la Red de ODS Brasil.
  • Gemma Santana, Directora de la Agenda 2030 de la Presidencia de México.
  • Pablo Vázquez Camacho, Subsecretario de participación ciudadana y prevención del delito, Secretaría de Seguridad Ciudadana, Gobierno de la Ciudad de México.
  • Christian Luy, Coordinador de Decentralisation and Local Governance (DeLog).
  • Juma Assiago, Especialista/Coordinador – Programa Ciudades Seguras de la Subdivisión de Prácticas Urbanas ONU-Hábitat.
  • Amy Gill, Jefa de prevención de conflicto, construcción de paz y responsabilidad institucional (CPPRI) de PNUD.
  • Héctor Dada Sánchez, Director Oficina Subregional para México de la Secretaría General Iberoamericana.
  • Hugo Beteta, Director de la Sede Subregional, Comisión Económica para América Latina y el Caribe.
  • Lothar Rast, Coordinador de gobernanza de la GIZ México.
  • Guzmán Palacios, Director de Relaciones Culturales y Científicas de la Agencia Española de Cooperación Internacional.

Sesión Plenaria 4: 07-10-2020, 15-16.30 h. https://youtu.be/WbBH531fp-E

 

Plenaria 5. Mujeres, Cultura de Paz y No-Violencia. 07-10-2020, 16.30-18 h

Esta plenaria busca reunir las voces y experiencias de mujeres alrededor del mundo, quienes, desde sus vidas, acciones y profesiones, se dedican a transformar y establecer culturas de paz y no-violencia en sus ciudades y territorios que sienten las bases hacia nuevos paradigmas sociales. La violencia histórica y estructural hacia las mujeres, que en la mayoría de los países ocupa una dimensión ancestral, es un desafío pendiente por erradicar dentro de sistemas sociales que siguen siendo eminentemente patriarcales y autoritarios. Frente a estas condiciones, generaciones de mujeres por todo el planeta han encabezado luchas sociales, culturales, raciales y políticas, que siguen inspirando y abriendo nuevos horizontes de cambio para todas. Las diferentes formas de violencia hacia las mujeres, desde la simbólica a la violencia más extrema, actualmente son confrontadas por movimientos feministas y nuevas luchas y asociaciones, que siguen enunciando lo prioritario de atender desde todos los ámbitos esta situación.

MODERADORA: Dra. Cristina Herrera

  • Ouided Bouchamaoui, Premio Nobel de la Paz 2015 – Cuarteto para el Diálogo Nacional Tunesino / Directora de la Confederación Tunecina de Industria, Comercio y Artesanía (UTICA).
  • Karina Batthyany Dighiero, Investigadora Universidad de la República (Uruguay) y Secretaria Ejecutiva de CLACSO.
  • Joy Ada Onyesoh, Presidenta de la Liga Internacional de Mujeres por la Paz y la Libertad (WILPF).
  • Natalia Calero, ONU Mujeres México.
  • Julia Monárrez, Investigadora Colegio Frontera Norte México.
  • Patricia Aldana, Representante México, Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura.
  • Ingrid Gómez Saracíbar, Secretaria de las Mujeres de la Ciudad de México.
  • Diana Osorio, Gestora Social, Alcaldía de Medellín.
  • Mónica Baró, Periodista.
  • Santiago Saura, Concejal delegado de internacionalización y cooperación. Representante del partenariado por la seguridad urbana de la Unión Europea.

Sesión Plenaria 5: 07-10-2020, 16,30-18 h. https://youtu.be/0tIpf2m-wIo

 

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Entrevista a Andrew Fanning

Entrevista a Andrew Fanning

Monica D Donato

La pandemia de la Covid-19, una durísima “puesta en escena” más de la que venimos llamando crisis ecosocial, ha puesto sobre la mesa toda una serie de elementos críticos a nivel mundial que trascienden ampliamente lo estrictamente sanitario, poniendo en evidencia los aspectos que son esenciales para cubrir las necesidades individuales y sociales de la población (salud, alimentación, protección de los más vulnerables, cuidados, las relaciones sociales y con el entorno natural, etc.).

Esta entrevista, que nace dentro del proyecto de FUHEM Ecosocial sobre la calidad de vida en España desde una perspectiva ecosocial, intenta indagar de modo crítico en cómo se define un  nuevo escenario dentro del cual las personas y sus necesidades importen, y donde seamos consciente de cuáles son nuestros límites como especie, considerando los límites de la biosfera (un sistema vivo regulado por leyes biogeofísicas); y, sobre todo, cómo sería un modelo económico que no anteponga las ganancias o el beneficio privado a la finalidad de asegurar una vida digna para todas las personas.

 

Monica Di Donato (MDD): Considerando el contexto de crisis ecosocial y civilizatoria que hace de telón de fondo a nuestra época, ¿Qué debemos de entender por buena vida o calidad de vida?

Andrew Fanning (AF): Innumerables estudios muestran que hay realmente pocas cosas que sean importantes para la mayoría de las personas. Valoramos nuestra salud, pasar tiempo con la familia, amigos y en la naturaleza, cuidar a nuestros seres queridos, tener un trabajo útil, y unos ingresos estables y suficientes. Para mí, una buena vida es aquella en la que las personas puedan satisfacer sus propias aspiraciones, respetando tanto los derechos y las aspiraciones de los demás como de la biosfera.

Sin embargo, si el objetivo de la humanidad es alcanzar esta visión de una buena vida, actualmente nos encontramos muy lejos de lograrlo. A nivel mundial, miles de millones de personas aún no pueden satisfacer sus necesidades más esenciales, y al mismo tiempo, colectivamente estamos superando, al menos, cuatro límites planetarios. No hay duda de que el impacto creciente de las crisis del siglo XXI –tanto la crisis climática, la pandemia de salud global como la crisis económica– está estresando de modo severo y recurrente a todas las sociedades del mundo.

Dado que todos buscamos ser capaces de manejar y salir de estas crisis interconectadas, existe una oportunidad única de ponerse al frente de las transformaciones necesarias para crear un mundo que sea mucho más justo socialmente y ecológicamente seguro. Tenemos la oportunidad de construir resiliencia y mejorar la capacidad de nuestras sociedades para proporcionar una buena vida que pueda persistir durante generaciones, no sólo localmente, sino también en un contexto mucho más global. Sin embargo, para tener éxito, creo que tenemos una necesidad crucial de comprender y, en última instancia, hacer frente a los poderosos intereses arraigados en un statu quo insostenible, altamente desigual y extractivo.

 

MDD: En la literatura especializada se pueden rastrear muchos intentos de conceptualizar, definir, y acotar de modo cualitativo o cuantitativo el concepto de calidad de vida, vida buena, prosperidad, etc. ¿Crees que es posible llegar a establecer un “lenguaje o marco común” entre todos o algunos de estos conceptos?  Y, en ese sentido, ¿cuáles son, desde tu punto de vista, los indicadores que podrían constituir una aproximación multidimensional solvente y robusta?

AF: Existen diferencias fundamentales en las filosofías subyacentes que dan forma a las distintas medidas de bienestar, algunas de las cuales se remontan a milenios.

¿Le está yendo bien a una determinada sociedad proporcionando el mayor bien al mayor número de personas?

¿O nos sentimos realmente mejor sólo cuando la situación de los más pobres mejora?

¿O quizás el bienestar está impulsado por la autonomía para elegir entre diferentes opciones, en lugar de la elección en sí misma?

Todas estas son buenas preguntas, y yo diría que está cada vez más aceptada la idea de que la pluralidad de enfoques sobre el bienestar es el mejor camino a seguir. En este momento, creo que el concepto de "economías de bienestar" está surgiendo como un lenguaje común estimulante alrededor del cual los investigadores, las empresas, la sociedad civil y los gobiernos se están movilizando: la ‘Wellbeing Economies Alliance’ es un buen ejemplo de este enfoque inclusivo y plural.

Con respecto a los indicadores, existe un consenso muy amplio sobre las distintas dimensiones que son importantes para el bienestar, tales como la alimentación, el saneamiento, la salud, la igualdad de género, y la participación política, entre otras. Para mí, lo que hay que tener en cuenta es que las listas de dimensiones sociales propuestas por los distintos investigadores y organizaciones no suelen ser muy largas. Por ejemplo, mi colega Kate Raworth identifica 12 dimensiones que forman el suelo social de su ‘Donut de Limites Sociales y Planetarios’ (que a su vez se derivan de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU). Dentro de cada una de estas grandes dimensiones, el número de indicadores puede ser mayor o menor, dependiendo de si el propósito es generar una fotografía ilustrativa del funcionamiento social o una evaluación integral.

 

MDD: Precisamente, tus últimos trabajos publicados en Nature Sustainability y en el Journal of Cleaner Production, con Daniel O’Neill y colegas, van en la dirección descrita en la pregunta anterior.[1] ¿Podrías comentarnos cuáles son los elementos o las evidencias que muestran estos estudios? En otros términos ¿Cómo podemos llegar a tener una buena vida dentro de los límites de nuestro planeta, considerando una población en rápido crecimiento?

AF: Destacaré dos resultados de estos estudios empíricos que encuentro realmente llamativos. Primero, en el estudio de Nature Sustainability con Daniel O'Neill, William Lamb y Julia Steinberger, titulado ‘A Good Life For All Within Planetary Boundaries’, hemos encontrado que actualmente ningún país satisface las necesidades básicas de sus ciudadanos con un nivel de uso de recursos globalmente sostenible. Aunque naciones ricas como el Reino Unido y España satisfacen la mayoría de las necesidades básicas de sus ciudadanos, lo hacen con un nivel de uso de recursos que está lejos de ser sostenible. Por el contrario, los países que utilizan recursos a un nivel sostenible, como Uganda o Sri Lanka, no satisfacen las necesidades básicas de sus pueblos. De manera preocupante, vemos que cuantos más objetivos sociales alcanza un país, más límites biofísicos tiende a sobrepasar.

En segundo lugar, cuando se comparan países en un momento dado, el funcionamiento social y el uso de recursos parecen estar vinculados a niveles bajos, pero sólo hasta un cierto "punto de inflexión", a partir del cual un mayor consumo no contribuye casi nada al bienestar. En el estudio publicado en Nature Sustainability sugerimos que los países ricos que han cruzado este punto de inflexión podrían reducir el uso de recursos considerablemente con poco efecto sobre el bienestar, liberando así espacio ecológico para que los países más pobres aumenten su consumo para satisfacer las necesidades básicas. Investigamos esta hipótesis examinando esas relaciones a través de series temporales en el estudio ‘Wellbeing–Consumption Paradox’ (publicado en la revista Journal of Cleaner Production). Si la expectativa de vida se utiliza para medir el bienestar, nuestros resultados respaldan esta hipótesis porque las personas viven más tiempo independientemente de si el consumo disminuye o aumenta. Sin embargo, si la felicidad se usa para medir el bienestar, nuestros resultados no respaldan esta hipótesis, ya que una disminución en el consumo se asocia con una disminución en la felicidad.

Pero es muy importante tener en cuenta que estos resultados cuantitativos se basan en relaciones históricas: no nos dicen cómo guiar nuestras sociedades hacia un futuro sostenible y próspero. Lo que sí que creo que pueden hacer es proporcionar información para dar soporte a las discusiones públicas sobre el significado de una "buena vida" y cómo podría ser ésta en un mundo que respetase los límites planetarios. Con este fin, he liderado el desarrollo de un sitio web interactivo donde cualquier persona con conexión a Internet puede visualizar y explorar nuestros resultados para más de 150 países (https://goodlife.leeds.ac.uk).

En general, yo diría que las estrategias para mejorar los sistemas de abastecimiento físico y social, con énfasis en la suficiencia y la equidad, tienen el potencial de llevar a los países hacia la sostenibilidad, pero el desafío es enorme. Por supuesto, sería aún más difícil con poblaciones en crecimiento rápido, pero afortunadamente las tasas de crecimiento de la población han estado disminuyendo durante décadas, por lo que hay pocos lugares que actualmente tengan que afrontar ese problema (y prácticamente todos ellos tienen niveles muy bajos de uso de recursos per cápita). Estoy mucho más preocupado por los crecientes niveles de consumo per cápita, especialmente en los países ricos, que tienden a ser vistos como "modelos a seguir", a pesar de que sus niveles de uso de recursos no pueden extenderse de manera sostenible a todo el mundo.

 

MDD: En uno de los artículos citados, haces referencia a la “Paradoja de Easterlin”. ¿Por qué es importante reconsiderarla dentro de estos tipos de análisis, y qué evidencias aportan los datos analizados en ese sentido?

AF: En 1974, Richard Easterlin observó la paradoja de que los ingresos y el nivel de satisfacción con la vida percibido por las personas están correlacionados en un momento dado, pero la satisfacción con la vida no aumenta a medida que los ingresos aumentan con el tiempo. Aunque el producto interior bruto (PIB) se ha más que triplicado desde los años 50 en naciones ricas como los Estados Unidos y el Reino Unido, una persona media no es más feliz. La principal explicación que podemos encontrar a esta paradoja es que las personas comparan sus ingresos en relación con los demás o con su propio pasado. La felicidad que se obtiene por un aumento en los ingresos puede verse influida a la baja si otros obtienen mayores aumentos en sus ingresos, o si se obtiene un aumento menor que las expectativas que se tenían al respecto, dejando así el nivel de felicidad nacional sin cambios a pesar de un aumento constante de los ingresos.

La paradoja de Easterlin sugiere que el crecimiento económico no tiene que ser tan deseable desde una perspectiva social, ya que en un mundo de crisis climática también debemos considerar el vínculo entre el crecimiento económico y las presiones ambientales, como las emisiones de gases de efecto invernadero. No hay duda sobre la tendencia de que el uso de recursos suele aumentar con niveles crecientes de ingresos, pero he encontrado que hay muy poco aporte de carácter empírico sobre la relación entre el bienestar y la reducción a largo plazo en las emisiones de carbono necesarias para tener alguna oportunidad de alcanzar los objetivos climáticos de los Acuerdos de París. Además, aunque se ha prestado ya mucha atención a la relación empírica entre la felicidad y el aumento de los ingresos, existe una sorprendente falta de investigación comparativa entre países sobre el papel de la disminución de ingresos en el bienestar.

Así que nos preguntamos:

¿cómo cambian las relaciones entre el bienestar humano y el consumo intensivo en carbono a lo largo del tiempo?

¿cómo difieren esas relaciones entre países con consumo creciente y no creciente?

Ampliamos el alcance del trabajo de Easterlin analizando dos indicadores de bienestar (satisfacción con la vida y expectativa de vida) y dos indicadores de consumo (ingresos y huella de carbono) para cerca de 120 países durante el período 2005-2015.

Encontramos que las personas en países con altos niveles de consumo tienden a ser más felices y sanas que las personas en países con bajos niveles de consumo para un año determinado, pero no hay evidencias de que un aumento en los ingresos o en la huella de carbono mejoren ninguno de los indicadores de bienestar en el tiempo. Sin embargo, la satisfacción con la vida tiende a disminuir en países con ingresos o huella de carbono no crecientes, lo que implica que la felicidad se debe hacer más resiliente a disminuciones en el consumo en un escenario de acción climática ambicioso a nivel mundial. La buena noticia es que encontramos que la expectativa de vida aumenta constantemente en todos los países, independientemente de si los ingresos o la huella de carbono están creciendo o no. Dicho esto, nuestro análisis no tiene en cuenta los efectos de la pandemia de coronavirus, que puede haber cambiado este resultado a peor de un modo trágico.

 

MDD: Como anotación final y recogiendo las reflexiones anteriores, ¿podríamos afirmar entonces que nuestras economías no serían “Economías del Donut”, siguiendo las definiciones de Kate Raworth? Y en ese sentido, también como miembro del Doughnut Economics Action Lab, ¿Cuáles son las acciones que se deberían de emprender para transitar hacia escenarios más sostenibles ambientalmente y más justos socialmente? ¿los postulados decrecentistas pueden aportar algo en ese sentido y si es así, en qué términos?

AF: Para que más de 7,5 miles de millones de personas vivan bien dentro de los límites de nuestro planeta, se requieren cambios radicales en nuestro sistema económico del siglo XX. En el Doughnut Economics Action Lab, vemos la economía como un sistema dinámico que está en constante evolución y, por lo tanto, no hay "leyes" de oferta y demanda, o rendimientos decrecientes, u otras que los economistas convencionales nos cuentan: sólo hay diseño. En el siglo XXI, este diseño tendría que ser regenerativo, de modo que nuestro uso de materiales y energía funcione dentro de los ciclos de la biosfera y dentro de los límites planetarios. Pero también debe ser distributivo, para que las dinámicas de comportamiento de los mercados no concentren el valor y los rendimientos en manos de un 1 por ciento, que es lo que está sucediendo actualmente, sino que los distribuya de manera más efectiva entre las personas. En este momento, nuestras economías no están diseñadas para ser regenerativas y distributivas, están diseñadas para crecer, y eso necesita cambiar. Así que sí, estoy de acuerdo con los "decrecentistas" en que los países ricos como los Estados Unidos y España deben ir más allá de la búsqueda del crecimiento económico, que ya no sirve para mejorar la vida de las personas en esos países, sino que empuja a la humanidad cada vez más cerca de un desastre ambiental.

 

Andrew Fanning es economista ecológico. Encabeza el área de Investigación y Análisis de Datos del Doughnut Economics Action Lab (DEAL), en sus siglas en inglés) y es investigador en el Sustainability Research Institute (Instituto de Estudios sobre la Sostenibilidad) de la Universidad de Leeds. Bajo la aproximación de la economía ecológica, sus investigaciones ponen el acento en los vínculos entre el uso de recursos biofísicos y el comportamiento social, y beben de los recientes avances en la definición de los limites planetarios desde una perspectiva nacional o sub-nacional. En ese sentido, analiza los sistemas de aprovisionamiento que permiten un uso sostenible de los recursos que aseguran una vida buena y cumplen con las condiciones de una "economía de estado estacionario".

Monica Di Donato es investigadora en FUHEM Ecosocial.

1. En el primer caso, el artículo cuantifica el uso de recursos asociado con la satisfacción de las necesidades humanas básicas y se compara con los límites planetarios para más de 150 naciones; en el segundo estudio, se analizan, para un arco temporal de 10 años, los vínculos entre el bienestar y el consumo intensivo en carbono para 120 países.

Entrevista publicada en CTXT el 29/09/2020.

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Comentarios y aportaciones a la meta del decrecimiento

Comentarios y aportaciones a la meta del decrecimiento, a la sombra de los diccionarios del Posdesarrollo y del Decrecimiento1

José Manuel Naredo

Artículo publicado en la sección de ACTUALIDAD del número 150 de la revista Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global.

La realidad ha venido erosionando la fe en el progreso asociada a la promesa de generalizar la opulencia consumista de la mano del desarrollo económico. Como es bien sabido, a la crisis ecológica de fondo se han venido añadiendo pandemias y crisis económicas con múltiples “recortes” de ingresos y derechos que hacen que buena parte de los jóvenes, en vez de mejorar, vivan situaciones más precarias que las de sus padres.

Se produce así una doble paradoja. Por una parte, que el mismo sistema que prometía múltiples parabienes asociados al crecimiento económico, nos viene ofreciendo con largueza el decrecimiento del empleo, de los salarios, de las ayudas sociales, de los derechos… y de los bienes y servicios públicos. Por otra, que cuando el sistema nos impone, de hecho, el decrecimiento, evidenciado su agotamiento y crisis, el movimiento ecologista abraza la palabra decrecimiento como propuesta. Y es que la bandera del decrecimiento que se viene enarbolando desde el movimiento ecologista surgió en pleno auge consumista como crítica a los excesos de la “sociedad de consumo”.2  Pero sorprende que se siga enarbolando a piñón fijo esa bandera haciendo abstracción de depresiones y pandemias. Así lo atestigua la reciente publicación de los diccionarios del Posdesarrollo y del Decrecimiento3  que tratan de consolidar la propuesta decrecentista tras lustros de recesión.

Como había comentado en ocasiones, creo que enarbolar el decrecimiento como titular rompedor de revista o libro para coger a contrapié a la dogmática del crecimiento económico puede resultar adecuado.4  Pero considero que tomar en serio ese término como meta y/o bandera del movimiento ecologista es, en primer lugar, un gesto tributario del reduccionismo propio del enfoque del crecimiento económico dominante y, en segundo lugar, un objetivo genérico poco atractivo, sobre todo cuando el decrecimiento nos lo viene ofreciendo el propio sistema.

El decrecimiento no suscita por sí mismo ninguna idea de cambio de modelo o de sistema

Desde hace tiempo he venido apreciando la falta de coherencia, y de oportunidad política, que alberga el discurso del decrecimiento que mantiene parte del movimiento ecologista.5 Y veremos que, lamentablemente, ambos diccionarios, lejos de corregir, contribuyen a dejar más claras estas incoherencias.

Por una parte, el objetivo del decrecimiento es tributario del reduccionismo del enfoque económico ordinario, porque el término no suscita por sí mismo ninguna idea de cambio de modelo o de sistema, sino que surge como el negativo del discurso del crecimiento económico. Pues, al igual que crecimiento, decrecimiento refleja un verbo sin sujeto ni predicado y para que tengan sentido ambos han de referirse a la evolución unidireccional de algo a definir. La ideología económica dominante le dio sentido al término crecimiento tras un arduo y prolongado trabajo de más de un siglo.6 Pues para llenar de contenido económico al término crecimiento tuvieron que inventarse primero y asumirse después la metáfora absoluta de la producción7  y la idea usual de sistema económico para construir, por último, sobre estas ideas los sistemas de Cuentas Nacionales y cifrar el famoso PIB, que por fin otorga realidad monetaria domesticada a esa producción metafórica que se presupone que debe crecer para colmar de “bienes y servicios” a la población. Es este largo trabajo ideológico el que ha otorgado tal peso y valor positivo al término crecimiento (económico) o a su análogo desarrollo, que ha llegado a eclipsar los otros posibles significados, permitiendo su utilización sin necesidad de adjetivarlo, ni de precisar ya que se refiere al agregado de renta o producto nacional. Para que tenga sentido el objetivo del decrecimiento, este se ha de referir también a alguna variable y el problema es que esa variable ha de ser distinta de la producción, ya que su decrecimiento tiene nombre propio, se llama depresión y no puede resultar atractivo para la mayoría de la gente, que tendría que sufrir sus consecuencias. Por lo tanto, llenar de sentido el objetivo del decrecimiento exige referirlo a alguna variable igualmente cuantitativa8 que resulte tan altamente significativa y deseable que pueda movilizar a la población. Volveremos después sobre este tema para revisar los intentos de dar contenido al objetivo del decrecimiento.

Por otra, decimos que es poco atractivo, porque decrecimiento rema a contracorriente de las metáforas que comunican sensaciones positivas (se habla, por ejemplo, de crecimiento personal, de las cosechas… o de los niños, que se ven con buenos ojos), como en mayor medida ocurre con la palabra desarrollo (pues se habla del desarrollo del conocimiento, de los organismos, o de un plan o de una carrera profesional; lo mismo que alto se considera, en general, mejor que bajo y se habla, por ejemplo, de alto standing, de alta gama, como de sentimientos elevados, frente a las bajas pasiones y los sentimientos rastreros, etc.). Precisamente la valoración metafórica positiva que impregna a las nociones de crecimiento y desarrollo es lo que permite que autores, como Amartya Sen, empleen acepciones más amplias de estos términos asociadas al desarrollo de capacidades y libertades humanas. Pero con independencia de que juegue a favor o en contra de las valoraciones metafóricas habituales, hay que adjetivar o poner atributos al decrecimiento para que tenga algún significado concreto, en suma, hay que aclarar ¿qué es lo que se piensa y se propone que deba decrecer? Veamos cómo responden a esta pregunta los diccionarios del Posdesarrollo y del Decrecimiento, para ver en qué medida se solapa con el decrecimiento que nos viene ofreciendo el propio sistema.

 

Decrecimiento ¿de qué?

La voz «Decrecimiento» del Diccionario del posdesarrollo (pp. 204-207) llamada a aclarar el tema, dice en su primer párrafo que «el decrecimiento […] reclama una  reducción  equitativa  de  la  producción  y  del  consumo  en  los  países industrializados» (p. 204).  Y, por si hubiera dudas, el mismo Diccionario del decrecimiento en su principal entrada sobre el tema, en la rúbrica «El decrecimiento hoy», insiste pontificando que «los economistas ecológicos definen el decrecimiento como una reducción equitativa de la producción y del consumo» (p. 39). Es decir que los principales teóricos del decrecimiento, no sólo usan de forma acrítica las categorías de producción y de consumo, sino que proponen que decrezcan, lo que como hemos dicho, por muy “equitativamente” que lo hagan, tiene nombre propio: se llama depresión y no puede ser una propuesta atractiva ni ilusionante para la mayoría.

Los principales teóricos del decrecimiento usan de forma acrítica las categorías de producción y de consumo

Sorprende así sobremanera que gente bienintencionada e inteligente del movimiento ecologista dedique sus esfuerzos a defender y definir el decrecimiento de esta manera. De ahí que en los textos de los propios diccionarios se trate de quitar hierro al asunto añadiendo matizaciones y puntos de vista que, o bien, resultan contradictorios con esa definición, o bien aderezan la voz decrecimiento con atributos benéficos totalmente ajenos a la misma, generando un panorama confuso. Por ejemplo, resulta contradictorio con lo anterior que en la misma voz decrecimiento del Diccionario del posdesarrollo, se diga una página más atrás que «el decrecimiento no equivale a una recesión o a un crecimiento negativo». O que «la frase [supongo que quiere decir “la palabra” decrecimiento] no es originalmente un concepto (al menos a la manera del desarrollo económico) sino más bien una desafiante consigna política…» (como si las consignas no tuvieran que apoyarse en conceptos para ser eficaces). Y entre los múltiples atributos ajenos que se le atribuyen al decrecimiento para dulcificarlo figura, en la misma página, que «el decrecimiento implica una redistribución equitativa de la riqueza» (cuando bien puede implicar lo contrario: reforzar el clientelismo político-empresarial y desatar una mayor polarización social). O para encubrir la imagen de penuria que puede asociarse al decrecimiento, se afirma que «el proyecto del decrecimiento aspira a la construcción de otra sociedad, de una sociedad de abundancia frugal» (bonito oxímoron). Para soslayar el reduccionismo que hereda del enfoque del crecimiento económico se postula que «el atractivo del decrecimiento surge de su poder para incluir y articular diferentes fuentes o corrientes de pensamiento (incluidas la justicia, la democracia y la ecología) y formular estrategias a diferentes niveles» (vaya, no veo ese gran poder de inclusión de la palabra decrecimiento que presuntamente hace su atractivo).

Al resultar poco atractivo este término convertido en fetiche que suplanta al todo, genera sectarismo

En suma, se afirma a la vez de forma gratuita y grandilocuente que «de hecho el decrecimiento no es una alternativa, sino más bien una matriz de alternativas, que reabre la aventura humana a la pluralidad de destinos y al espacio de la creatividad, eliminando la cubierta de plomo del totalitarismo económico»…o se añaden otras bondades también atribuidas al decrecimiento en   el   diccionario   del   mismo   nombre:   «una transición al decrecimiento no equivale a una permanente trayectoria de descenso, sino una transición a sociedades convivenciales que viven simplemente, en común y con menos» (p. 51). En términos psicológicos semejante proceder trata de reforzar el atractivo del decrecimiento como término fetiche que suplanta al todo –es decir, al cambio socioeconómico deseado– volcando sobre el mismo el contenido emocional asociado a ese todo deseado. Con el agravante de que el término fetiche, al resultar en este caso poco atractivo, genera sectarismo.

Frente al mar de confusión que siembran ambos diccionarios sobre el objetivo del decrecimiento, creo que la polémica que mantuvieron Ernest García y Juan Torres en el Consejo de ATTAC y mis posteriores comentarios9  resultaron mucho más clarificadores al acabar respondiendo con precisión y consenso a la pregunta clave ¿qué es lo que se piensa y se propone que debe decrecer?

Las respuestas que dio Ernest García a las preguntas planteadas por Juan Torres, ayudan a aclarar lo que creemos que debe decrecer en términos agregados, pero también consideré que se podían añadir nuevas precisiones. Respondiendo a la pregunta: «¿qué debe decrecer?», Ernest afirma que «la sociomasa, (el término es de Kenneth Boulding, y significa todo lo que tiene masa en el sentido físico en la sociedad; es decir, las poblaciones, los organismos, los artefactos) y el flujo metabólico de energía y materiales que mantiene la sociomasa (el throughput de Herman Daly)». Y a la de «¿cuánto debe decrecer ese indicador o lo que sea el objeto del decrecimiento?», responde que «hasta que las dos magnitudes (sociomasa y flujo metabólico) estén por debajo de la capacidad de carga del planeta…». Y a la tercera pregunta, relacionada con los efectos del decrecimiento propuesto sobre la vida y el bienestar de la gente, propone que la reducción demográfica sea «benigna y voluntaria», que la reducción de artefactos se haga «sobre todo en equipos y consumos superfluos (o dañinos)…», que «la reducción del flujo metabólico se haga incrementando la eficiencia energética y material…».

Tras un nuevo intercambio concluyeron ambos que: «no hay un indicador sintético adecuado para combinar los objetivos de decrecimiento, de bienestar social y de igualdad o justicia social» […] «En teoría –concluye Ernest– supongo que se trataría de fijar un objetivo de decrecimiento “en grueso” para llegar a una escala física sostenible y añadir entonces un sistema de medidas más analítico para tratar de orientar políticamente el camino, poniendo más acento en el decrecimiento de los males y tratando de evitar el de los bienes».

Justo hasta aquí he visto que llegan las precisiones que proponen los defensores más solventes del decrecimiento como propuesta y ese objetivo agregado de decrecimiento “en grueso” es demasiado ambiguo (a continuación, subrayaré mi propuesta para precisarlo). Pero también hay que reconocer que es difícil hacerlo operativo sin concretar lo que se quiere que decrezca y lo que se quiere que no lo haga, restando universalidad al objetivo generalizado del decrecimiento, al complementarlo con otros de mantenimiento o incluso de crecimiento.

La ambigüedad que conlleva proponer que decrezca la “sociomasa”, que alberga tanto a los artefactos (buenos y malos) como a la propia especie humana, es tal que se prestaría a humoradas del tipo de precisar que el objetivo generalizado del decrecimiento no incluye propuestas de pigmeización y/o jibarización del propio ser humano. Lo mismo ocurre con el flujo metabólico de energía y materiales, habida cuenta que alberga energías renovables y no renovables, materiales abundantes y escasos…y que su uso puede cerrar o dejar abiertos los ciclos de materiales o generar residuos tóxicos o peligrosos u otros que no lo son. Por ejemplo, puede haber casos de arquitectura vernácula que requieran mover más tonelaje en materiales que el consabido estilo universal, como sería la arquitectura de adobe (que usa tierra, en vez de hierro y cemento). En cualquier caso, comparaciones de este tipo exigirían análisis más complejos que distinguieran entre la naturaleza y los requerimientos directos e indirectos de los distintos materiales y energías, estimando las mochilas y huellas de deterioro ecológico de los distintos modelos constructivos a comparar. Además, cuando las energías y los diversos materiales pueden sustituirse, tendríamos que tener algún criterio menos burdo que el requerimiento total de energía y materiales o que el llamado throughput para agregarlas. Para resolver estos problemas y ofrecer un contenido más preciso a la propuesta del decrecimiento, retomo la propuesta que sintetiza el siguiente párrafo de mi artículo antes citado.

 

Una propuesta razonable

«Como ya he apuntado antes […] Antonio Valero y yo hemos desarrollado y aplicado una metodología que permite cuantificar, en unidades de energía, el coste de reposición del deterioro que el proceso económico inflige a la base de recursos planetaria, posibilitando establecer el seguimiento agregado de la misma. Esta metodología es de utilidad para llenar de contenido preciso la propuesta del decrecimiento: todo el mundo podría estar de acuerdo en el objetivo de reducir o hacer que decrezca el deterioro de la base de recursos planetaria, asociada a lo que se conoce como deterioro ambiental, por extracción de recursos y emisión de residuos. Creo que esta meta sustituye con ventaja a otros intentos de llenar de contenido físico la propuesta del decrecimiento, proponiendo asociarlo a variables menos básicas o más parciales, ambiguas o imprecisas, como son las de reducir el requerimiento total de materiales, de energía…o la apropiación de biomasa neta». 10

 

La propuesta antes indicada, permitiría agregar el deterioro ecológico de los procesos trascendiendo la disociación entre energía y materiales y, dentro de estos, entre los distintos tipos de energía y materiales. Pues aporta información cuantitativa para saber si, desde el punto de vista ecológico, es mejor usar cierta cantidad de agua, de energía o de otros materiales. Incluso permite cuantificar el daño o coste ecológico asociado a los distintos usos de que puede ser objeto un mismo material o tipo de energía, pudiendo concluir si uno es “mejor” o menos dañino que otro.

Cuantificar el deterioro ecológico del proceso económico puede aportar precisión a la propuesta del decrecimiento

Nuestra propuesta se ha ido afinando tras la realización de numerosos trabajos que van desde el libro Desarrollo económico y deterioro ecológico (1999)11 hasta culminar, tras varias tesis doctorales, en el libro Thanatia (2014),12 que entre otras cosas precisa la composición del estado de máxima entropía hacia el que a civilización industrial va empujando a la Tierra, respecto al cual podemos ver en qué medida nos vamos acercando. Como ejemplo más concreto y aplicado al agua, el lector interesado puede consultar mi trabajo «Retos de la economía del agua en España. Costes y cuentas del agua»,13 en el que se define y aplica la metodología que permite cuantificar en unidades de energía el daño o coste ecológico asociado a los distintos usos del agua, con criterios homogéneos generalmente aplicables.

Pero el mismo empeño de dar solidez teórica y empírica al objetivo del decrecimiento requiere de propuestas y procesos que escapan a la simple palabra decrecimiento, al exigir reconversiones con aumentos y disminuciones. La reducción del deterioro de la base de recursos y el ambiente planetarios, exigiría cambiar las reglas del juego económico en el sentido antes indicado, para promover (y aumentar) el uso de las energías renovables y la conservación y el reciclaje de materiales, para desactivar (y reducir) el uso de aquellos no renovables y para desinflar los afanes adquisitivos y/o consuntivos extendidos por todo el cuerpo social. Afanes que hacen que hasta los más pobres se esfuercen en trabajar para los ricos con el ilusorio empeño de emular los patrones de vida de estos recurriendo a los sucedáneos de la llamada sociedad de consumo. En este sentido de cambiar las reglas del juego y los afanes adquisitivo-consuntivos apuntan, tanto el “programa bioeconómico mínimo” que propone Georgescu-Roegen (incluido en el libro editado por Grinevald y Rens antes citado) que empieza proponiendo prohibir las guerras y la fabricación de armamento…, como las “orientaciones” que nos da Lewis Mumford –por citar a otro de mis autores de cabecera– en el último capítulo de su libro Técnica y civilización (1934), con apartados con títulos como «¡Aumenten la conversión!, ¡Economicen la producción! ¡Normalicen el consumo! ¡Socialicen la creación! …».14 Pero ninguno de ambos autores habla de decrecimiento como propuesta, como en algún caso se ha dado a entender.

Dar solidez teórica y empírica al decrecimiento requiere propuestas y procesos que exigen reconversiones con aumentos y disminuciones

Georgescu-Roegen incluye en ese mismo libro críticas muy duras a la propuesta de crecimiento cero entonces de moda, que serían hoy aplicables a la del decrecimiento. Además, con su peculiar sentido del humor, ridiculiza las críticas a la sociedad de consumo que proponen una idílica vuelta a la naturaleza, cuando afirma que «bien lerdo será aquel que proponga renunciar totalmente al confort industrial de la evolución exosomática. La humanidad no volverá a vivir en las cavernas y, menos aún, sobre los árboles». Consideración que bien cabría extender a nivel cultural. Y la propuesta de reconversión social de Mumford supone aumentos y disminuciones, crecimientos y decrecimientos: «la actividad saludable –dice– exige restricción, monotonía, repetición, así como cambio, variedad, expansión».

Por último, quiero subrayar que la metodología propuesta, si bien aporta información precisa sobre el coste ecológico de los procesos y las mochilas de deterioro ecológico de los productos a disminuir, no permite decir nada sobre su utilidad, individual o colectiva, ni menos aún sobre los aspectos redistributivos, que habría que tener en cuenta a la hora de enjuiciar y priorizar procesos y políticas. En lo que concierne al afán de hacer operativa la meta de conseguir que decrezca el deterioro ecológico que la especie humana inflige a la Tierra, a sus distintos niveles de agregación, quiero subrayar lo siguiente: que actualmente es el reduccionismo monetario, guiado por meros afanes de lucro, lo que mueve el comercio y arrastra los flujos físicos, que evolucionan con el pulso de la coyuntura económica. Por lo tanto, el objetivo de hacer que decrezcan ciertos flujos físicos no puede abordarse directamente, es decir, sin cambiar las reglas del juego económico que los mueven y que hacen que el crecimiento de los agregados monetarios de renta, producción o consumo acentúe el deterioro ecológico. Porque la evolución de los flujos físicos no es una variable independiente en el actual modelo de gestión, sino que depende de los flujos monetarios y de los beneficios y plusvalías que los mueven y orientan. Hay que visibilizar las actividades y lucros tan variopintos que alberga ese cajón de sastre de valor monetario que es el PIB, para enjuiciar lo que hay dentro y lo que queda fuera, lo que debería crecer o decrecer. Precisamente, en mi libro Taxonomía del lucro (2019)15 he emprendido esta tarea de identificar y jerarquizar las actividades fuente de lucro con el ánimo de generar una conciencia social y un marco institucional que desanime o impida aquellas que arrojan lucro sin contrapartida o con contrapartida corrupta o que resultan ecológica y socialmente dañinas.

Para aclarar mi punto de vista a este respecto voy a poner un ejemplo. Con el pinchazo de la burbuja inmobiliaria el consumo de cemento se ha desplomado en España a la cuarta parte de lo que era y apenas repunta… o el input total de materiales e la conurbación madrileña ha decrecido en más de un 30%. En esta situación de claros decrecimientos, más que seguir proponiendo el decrecimiento como si nada hubiera pasado, habría que proponer el cambio del modelo inmobiliario, para defender la vivienda como bien de uso y no como objeto de inversión y evitar que las finalidades especulativas sigan gobernando los flujos físicos y los usos del territorio en un sistema que tiende a encadenar burbujas especulativas. Es el cambio de mo- delo, de enfoques, de políticas y de instrumentos, lo que permitiría reducir en el futuro el deterioro ecológico y no al revés. Es lo que debería de exigir el movimiento ecologista, ya que exigir decrecimiento, antes que reconversión del sistema, viene a ser como poner el carro delante de los bueyes: no resulta eficaz. Hacer hincapié en la meta del decrecimiento puede oscurecer la verdadera meta de la reconversión hacia los escenarios ecológica y socialmente más saludables hacia los que el movimiento ecologista debería liderar la actual crisis de civilización

 

José Manuel Naredo es estadístico, doctor en Economía y miembro del consejo de redacción de esta revista.

Acceso al texto completo del artículo en formato pdf: Comentarios y aportaciones a la meta del decrecimiento, a la sombra de los diccionarios del Posdesarrollo y del Decrecimiento.

 

NOTAS:

1  El presente texto retoma y reelabora ideas y párrafos de un trabajo más amplio: José Manuel Naredo, «Sobre las preocupaciones y metas del movimiento ecologista. Comentarios y aportaciones a los diccionarios del desarrollo (1992) y del posdesarrollo (2019)», Biblio3W Revista Bibliográfica de Geografía y Ciencias Sociales,

5 de junio, núm. 1.297, 2020.

2  Hay que recordar que las críticas a la “sociedad de consumo” venían desde mucho antes de que se empezara a utilizar el eslogan del decrecimiento. Estas críticas alcanzan, al menos, desde la formulación pionera de Veblen, en su Teoría de la clase ociosa (1899) (edición en castellano del FCE, México, 1995) y las múltiples elaboraciones que culminaron a raíz del mayo 68, hasta las que sintetizan más recientemente el panorama del “consumo”, como son, por ejemplo, los libros de Jorge Riechmann (coord..), Necesitar, desear, vivir, Catarata, Madrid, 1998 o de Luís Enrique Alonso, La era del consumo, Siglo XXI, Madrid, 2005.

3  Ashish Kothari, Ariel Salleh, Arturo Escobar, Federico Demaria, Alberto Acosta (coords.) Pluriverso. Un diccionario del posdesarrollo, Icaria, Barcelona, 2019 y Giacomo D’Allisa, Federico Demaria, Giorgos Kallis (eds.) Decrecimiento. Vocabulario para una nueva era, Icaria, Barcelona, 2015, 2ª ed. Ampliada 2018.

4  Es el caso, por ejemplo, del libro editado en francés por Jacques Grinevald e Ivo Rens con textos de Nicholas Georgescu-Roegen, cuya primera edición llevó por título Demain la décroissance (Eds. Pierre-Marcel Favre, Paris-Lausanne, 1979), que presentaba el decrecimiento como algo que nos acabaría ofreciendo el sistema, no como una propuesta de los autores.

5  Véase José Manuel Naredo, «Reflexiones sobre la bandera del decrecimiento», Viento Sur, núm. 118, septiembre, 2011.

6  Para un análisis detallado de la génesis histórica de la noción de producción y del afán de promover su crecimiento, como elementos constitutivos de la noción usual de sistema económico, véase: José Manuel Naredo, La economía en evolución. Historia y perspectivas de las categorías básicas del pensamiento económico, Siglo XXI, Madrid, 2015.

7  Según la metaforología, una metáfora absoluta es aquella que permite transferir ideología y juicios de valor sobre temas socialmente relevantes sin contar con apoyo racional ni empírico alguno. Su función expresiva no puede, así, racionalizarse, ni el concepto sustituirse, ocupando un lugar esencial en la historia del pensamiento, en este caso, económico.

8  El término así lo exige, pues tanto el crecimiento como el decrecimiento ha de referirse a algo que cuyo aumento o disminución pueda constatarse.

9  Véase José Manuel Naredo, «Ideas a raíz de la polémica del decrecimiento. A propósito de un debate en el Consejo de ATTAC», Viento Sur, núm. 120, enero, 2012.

10  José Manuel Naredo, op. cit., 2011, pp. 33-35.

11   José Manuel Naredo, y Antonio Valero (dirs.), Desarrollo económico y deterioro ecológico, Fundación Argentaria y Visor Distrib., Col. Economía y Naturaleza (accesible en la sección de publicaciones de la web de la Fundación César Manrique junto con los otros libros de la Colección Economía y Naturaleza), Madrid, 1999.

12  Alicia Valero y Antonio Valero, Thanatia. The Destiny of the Earth’s Mineral Resources. A Thermodynamic Cradle-to-Cradle Assessment, World Scientific, Londres, 2014.

13  José Manuel Naredo, «Retos de la economía del agua en España. Costes y cuentas del agua», Universidad de Almería (accesible en la sección de Publicaciones de mi página Web El rincón de Naredo), 2017.

14  Lewis Mumford, Técnica y civilización, Alianza, Madrid, 1971 [1934]

15  José Manuel Naredo, Taxonomía del lucro, Siglo XXI, Madrid, 2019.

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Entrevista a Hope Jahren

Entrevista a Hope Jahren.

Nuria del Viso

FUHEM Ecosocial

«Consumimos tanto que ni siquiera somos capaces de gestionar la basura que generamos»

FUHEM Ecosocial entrevista a Hope Jahren, geoquímica y geobióloga estadounidense y profesora en el Centro para la Evolución de la Tierra y la Dinámica de la Universidad de Oslo, con motivo de la publicación de su libro: El afán sin límite: cómo hemos llegado al cambio climático y qué hacer a partir de ahí, editado por Paidós.

Nuria del Viso (NdV): Ese afán sin límite al que se refiere el título de su nuevo libro se relaciona estrechamente con los combustibles fósiles. ¿Cómo se entrelazan ambos elementos?

Hope Jahren (HJ): En inglés el título es The Story of More, y la traducción del título al español me parece  preciosa, porque creo que capta algo que en inglés solo puedo expresar al hablar. Cuando hablo con alguien sobre el libro, a menudo le explico que con ese «more» no me refiero a un simple «más». La historia de ese más es que antes consumíamos energía y recursos, hasta que fuimos capaces de estar mejor preparados, de resguardarnos de la intemperie, de cuidar los unos de los otros y de gozar de buena salud. Sin embargo, lejos de detenernos ahí, seguimos consumiendo más hasta alcanzar el nivel del lujo. En el libro expongo que hemos seguido creando más y más cosas, hasta tal punto que ahora tenemos que idear nuevas e imaginativas maneras de deshacernos de todo ello. Consumimos tanto que ni siquiera somos capaces de gestionar la basura que generamos. Empleamos combustibles fósiles para fabricar objetos en fábricas, por ejemplo. Los empleamos para transportar esos objetos hasta donde estamos. Los empleamos para desplazarnos a nuestro puesto de trabajo, donde trabajamos para ganar dinero que gastar en comprar esos objetos que transportamos hasta donde estamos. Por lo tanto, los combustibles fósiles están en la raíz de muchas cosas: objetos, ropa, alimentos, tecnología, etc. Ese más que ansiamos está fabricado con combustibles fósiles, se transporta con combustibles fósiles, se empaqueta con combustibles fósiles...  y toda esa cantidad de lo que yo llamo más genera tales desechos que para deshacernos de ellos necesitamos combustibles fósiles. Por ejemplo, el 40 % de los alimentos acaban en la basura y son luego transportados, procesados, etc. Así que hemos caído en esta espiral tan extraña en la que creamos cosas que ni siquiera terminamos consumiendo, quemando combustible a lo largo de toda la cadena.

Quemamos combustible para generar una necesidad de combustible, después quemarlo, y así sucesivamente . El libro trata de señalar lo absurdo que resulta todo ello cuando lo observamos en su conjunto.

De acuerdo, hubo un momento en el que estos recursos mejoraron nuestra salud, nos proporcionaron abundancia y permitieron que nuestras vidas florecieran, pero hemos llegado a un punto en que no solamente estamos degradando el planeta, sino también a nosotros mismos.

 

NdV: En su libro repasa meticulosamente los principales problemas con los que nos enfrentamos en el presente en muy diversos ámbitos, ecológicos (sexta extinción de la biodiversidad) y sociales (encrucijada de la energía, cambio climático).

¿Pueden identificarse elementos sistémicos o estructurales en este “fallo generalizado”?

HJ: Creo que todo empezó cuando dejó de parecernos suficiente. Y eso que en el mundo hay muchos que todavía no tienen suficiente: suficientes medicamentos, suficientes alimentos, suficiente electricidad para llevar a cabo sus tareas diarias... Creo que cuando construíamos casas y empezamos a tener coches, televisiones, electricidad, cierta comodidad, etc. nos dimos cuenta de que tener más cosas y más energía disponible hacía que nuestras vidas fueran mejores. Y en algún punto del camino comenzamos a creer que más siempre iba a significar mejor, que no tendría ninguna consecuencia.

Seguimos fabricando y vendiendo, fabricando y vendiendo, fabricando y vendiendo todas esas cosas que nadie necesita realmente, mientras dañamos al planeta.

Nuestras propias buenas intenciones nos han atrapado en una caja, seguimos avanzando con los ojos vendados por el camino del consumo, y es hora de hacernos una pregunta. Esa pregunta no es «¿deberíamos llevar esta vida?», sino «¿acaso queremos llevar esta vida?».

 

NdV: Para combatir el afán sin límite, usted argumenta una propuesta movilizadora y de esperanza, frente al miedo paralizador, que consiste en “consumir menos y compartir más”, lo que precisa un profundo cambio cultural, de valores.

¿Cuáles serían otros ingredientes del cambio? ¿Cómo movilizar a los mil millones para quienes la transformación implica renunciar a ciertos privilegios? ¿Cómo puede la ciencia contribuir a ese fin?

HJ: Yo soy profesora. No soy política, ni legisladora, ni trabajo para el gobierno. Soy profesora. Como tal, basándome en el trabajo que llevo desarrollando durante décadas, creo que la forma más poderosa de cambiar a una sociedad es persona a persona : que una persona reciba una información nueva, aprenda algo, lo utilice para cambiar su vida y sus conductas y en el transcurso de una generación el mundo habrá cambiado. Estoy convencida de que cuando la gente empieza a ver la relación entre las pequeñas decisiones que tomamos día a día, la energía que consumimos y los desechos que generamos, cambia la forma en la que ve su vida, la forma en que se relaciona con los demás, y en la siguiente generación el mundo ya será diferente, porque la generación anterior ha aprendido algo nuevo. Esa es mi esperanza para el futuro.

Cuando hablo con la gente sobre estos temas, sea en clase o a raíz del libro, me doy cuenta de que cambiar cosas como el tiempo que pasamos conduciendo o lo que compramos cuando vamos al supermercado no tiene por qué significar renunciar a privilegios . Algunos de los cambios (consumir menos, a veces incluso hacer menos) nos permiten pasar más tiempo con los demás y nos ayudan a conocernos mejor. Esto no supone perder privilegios, sino ganar tiempo, salud y vida. Creo que muchas de las veces no son realmente sacrificios, son decisiones que tomamos porque queremos darnos algo mejor y actuamos en consecuencia.

 

NdV: En el capítulo “Pasar a la acción” usted basa sus recomendaciones en la información, la sensibilización y la movilización individual. ¿Qué papel corresponde en estos cambios a las instituciones —gobiernos, empresas, medios de comunicación, academia—?

HJ: Los cambios pueden venir desde abajo, motivados por una gran cantidad de personas como tú y como yo, e ir subiendo, o pueden venir desde arriba en forma de normas y políticas establecidas por una institución, un gobierno o la industria. Normas que prohíben generar determinados desechos, consumir determinada energía, etc. Sería fantástico que se creasen esas normas, que se creasen las normas que necesitamos. He visto a colegas de la universidad y a activistas medioambientales reclamar políticas, suplicar políticas, pedir políticas y esperarlas durante años y años, pero esas políticas jamás llegarán. Yo creo que es hora de mirarnos a nosotros mismos, porque el consumo energético es la suma de todo un conjunto de pequeñas decisiones sobre las cuales tenemos cierto control.

Comemos tres veces al día, consumimos energía 30 veces antes de llegar al desayuno. Y sí que tienes algo de control sobre las decisiones que tomas, si empiezas a darte cuenta y a observar esas decisiones, desarrollarás otra conciencia, no solamente sobre la energía que consumes tú, sino sobre la que ves consumir a tu alrededor. También creo que es una cuestión de asumir la responsabilidad de que el cambio climático es algo que nosotros hemos provocado como sociedad. No es algo que nos haya hecho un señor malo sin nombre, ni una industria ni un gobierno determinados. Es la suma total de todos los cambios en nuestro estilo de vida a lo largo de los últimos 50 años, y creo que el verdadero cambio solo se hará posible cuando seamos muchos los que examinemos nuestras vidas, tanto a nivel individual como colectivo.

 

NdV: ¿Existe relación entre la COVID-19 y las pandemias en general con ese afán sin límite? ¿En qué medida esta pandemia está para quedarse?

HJ: Una de las peculiaridades de la COVID-19 es que ha surgido en una era con un tráfico aéreo muy intenso. El número de vuelos que despegaban a diario hace un año era el doble que hacía 10 años. La COVID-19 apareció como cualquier otra de las muchísimas enfermedades contagiosas, pero la posibilidad de coger un avión y hacer Wuhan - Milán - Londres - Nueva York - Seúl - Tokio en el transcurso de 10 días no existía hace tan solo 10 años. Por eso, las características de cómo la COVID-19 se ha extendido por el mundo son especiales. Por ese afán sin límite.

 

NdV: Recientemente se observa una tendencia preocupante de corrientes que niegan el conocimiento científico: negacionistas del cambio climático, terraplanistas, antivacunas, anti-COVID… Como científica de larga trayectoria, ¿qué consideración le merece el cuestionamiento de la ciencia desde la no-ciencia o las meras creencias? ¿Cómo contrarrestarlo?

HJ: Cuando alguien me cuenta algo, siempre pienso «¿Qué hace que le crea o no?». Si viene alguien desconocido y me cuenta algo, ¿qué me convence de que tengo que creerle? En mi opinión, son aspectos de la propia naturaleza humana, son cosas como: ¿Me está tratando con respeto? ¿Le importa que yo sepa esto? ¿Está intentando que haga algo, que compre algo? ¿Por qué quiere que sepa esto?

Todas estas preguntas son importantes cuando alguien nos da una información, y los científicos no solamente tienen una responsabilidad en cuanto a cómo generan información, cómo la descubren, sino también sobre lo bien que la comunican. A nadie le gusta que lo manipulen, ¿verdad? Si crees que alguien te está contando algo con el único propósito de manipularte, te vuelves escéptico. Y yo sí que observo un elemento desafortunado de manipulación. He oído a gente recomendar que deberíamos inspirar más miedo, que la respuesta al cambio climático es que la gente sienta más miedo de las consecuencias, porque presuponemos que el miedo hace que algo te importe más y, por lo tanto, será más probable que hagas algo al respecto.

No me parece responsable sembrar miedo en la gente de forma intencionada usando tu conocimiento como experto; yo no fui a la universidad para eso.

Mi experiencia en la docencia y la comunicación, sea cual sea el tema, es que la gente va a creer en algo si puede observar cómo sucede. Esto es algo que yo utilizo muchas veces a lo largo del libro: hablo de cómo han cambiado las cosas desde mi infancia hasta hoy. Yo crecí en el norte de los Estados Unidos, cerca de la frontera con Canadá, y antes podíamos patinar sobre el hielo durante todo el invierno. Ahora, esos lugares en los que patinábamos ya no se hielan. Creo que ejemplos como este son muy eficaces para que la gente crea o, mejor dicho, vea la evidencia del cambio climático en sus vidas con el paso del tiempo. Desde luego, son mucho más eficaces que simplemente decir que ha aumentado la temperatura o mostrar un gráfico. Lo que pasa es que se necesita tiempo.

Se necesita contar una historia y se necesita pararse a escuchar. Y hemos de reconocer que no todo el mundo ve las cosas del mismo modo. No todo el mundo tiene las mismas experiencias. La ciencia no va de decirle a la gente lo que tiene que hacer o a quién tiene que creer; va de proporcionarles una información que les sirva para decidir qué creer y qué es lo que quieren hacer. Por eso elegí abordar este problema escribiendo un libro y no de otra forma.

 

NdV: Margulis, Lovelock, Haraway, Latour, Maturana, y muchos más, incluida usted misma, han hecho valiosas aportaciones a las teorías de las ciencias de la vida. ¿Nos encontramos en un punto de ruptura y gestación de un nuevo paradigma científico respecto a la naturaleza y sus interconexiones?

HJ: ¡Espero que sí! Sin embargo, no creo que haya forma de saberlo hasta que no haya sucedido. Creo que en la vida, cuando tus ideas cambian, no te das cuenta hasta pasado un tiempo. De pequeña odiaba las aceitunas, pero ¡ahora me encantan! Y ese momento en que muerdes la primera aceituna y no te desagrada, realmente no lo recuerdas, ¡no eras consciente mientras sucedía! [se ríe].

Tengo la esperanza de que en los últimos años de mi carrera profesional el paradigma haya cambiado, de poder echar la vista atrás y describir cómo antes pensábamos diferente.

Pero ahora mismo no puedo mentir y decir que sé lo que va a pasar, es imposible.

Hope Jahren es geoquímica y geobióloga estadounidense y profesora en el Centro para la Evolución de la Tierra y la Dinámica de la Universidad de Oslo, donde ostenta la cátedra J. Tuzo Wilson como miembro electo de la Academia Noruega de Ciencias y Letras. Es una de las 100 personas más influyentes del mundo, según la revista Time y ha recibido tres premios Fulbright de geobiología. Es la única mujer que ha recibido la Medalla para Jóvenes Investigadores en Ciencias de la Tierra. Es autora de El afán sin límite y de La memoria secreta de las hojas, además de numerosos artículos científicos.

Nuria del Viso

FUHEM Ecosocial

Septiembre 2020

 


Día Internacional de la Paz: Selección de Recursos

Día Internacional de la Paz 2020

Forjando la paz juntos

Cada año, el 21 de septiembre, se celebra el Día Internacional de la Paz en todo el mundo. La Asamblea General ha declarado esta fecha como el día dedicado al fortalecimiento de los ideales de paz, a través de la observación de 24 horas de no violencia y alto el fuego.

Este año, la COVID-19 amenaza nuestra salud, seguridad y estilo de vida. y nos ha recordado que lo que sucede en una parte del planeta puede afectar a las personas en todas partes.

Desde el Centro de Documentación de FUHEM Ecosocial queremos recordar la larga tradición de la institución en los temas relacionados con la Construcción de Paz, la Investigación para la Paz y los conflictos: los conflictos armados en una primera época y, en la actualidad, los conflictos generados por la crisis ecológica, la falta de vertebración social y las dificultades relativas al ejercicio de la democracia.

El tratamiento de estas temáticas constituye, sin duda, un paso importante en la búsqueda de la manera de pacificar las relaciones sociales y las relaciones de los seres humanos con la naturaleza, y será, por tanto, la forma de seguir contribuyendo desde FUHEM Ecosocial a la Investigación para la Paz.

A continuación, ofrecemos una selección de textos que hace un recorrido por nuestra publicación más emblemática Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, a lo largo de sus 35 años de historia. Además elaboramos una panorámica de las principales organizaciones, españolas y extranjeras en al ámbito del estudio de la paz.

 

Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global

 

Debates para la Paz

Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio global, núm. 109, primavera 2010.

INTRODUCCIÓN

Santiago Álvarez Cantalapidra

La confluencia en el tiempo de distintas manifestaciones de una «crisis global» que parece encaminada a convertirse en una «crisis total» –o «crisis de civilización»

En este contexto resultan imprescindibles el pensamiento pacifista y la práctica de la noviolencia.

El movimiento por la paz ha revelado siempre gran capacidad de respuesta e innovación frente a lógicas militaristas, autoritarias y coercitivas que, desgraciadamente, se imponen en en cada contexto y época. En el plano teórico ha sabido beber sin dogmatismo de fuentes plurales, combinando críticas antimilitaristas y antibelicistas con la afirmación de valores que sostienen una visión humanista de las relaciones y la dignidad de las personas.

En el campo de la práctica ha formulado acciones directas no violentas, la objeción de conciencia y la desobediencia civil, bajo la convicción ética de que no se puede servir al mismo mal que se condena.

La no violencia organizada como movimiento político-social ha sabido pasar de la negación a la afirmación en la medida en que ha construido una cultura de la paz que ha sometido a revisión viejos conceptos y ha incorporado temáticas y dimensiones ausentes o apenas consideradas en su reflexión.

ESPECIAL

Movimiento por la paz: evolución, cambio e impactos
Jordi Armadans

Decidir en los procesos de paz, un derecho de hombres y mujeres ¿Qué ha aportado la resolución 1325 del Consejo de Seguridad?
Carmen Magallón

Víctimas y memoria
Xabier Etxeberria Mauleon

Abdicación de la conciencia. La izquierda ante la violencia
F. Javier Merino Pacheco y Martín Alonso Zarza

El miedo de las mujeres como instrumento del patriarcado. Claves para una política pública de seguridad ciudadana que incorpore las necesidades y demandas de las mujeres
María Naredo Molero

ENTREVISTA

Entrevista con Pepe Beunza. Las virtudes de la desobediencia
José Luis Fernández Casadevante y Alfredo Ramos

Entrevista a Juan Gutiérrez. La paz no es sólo ausencia de violencia, sino vida compartida
Amador Fernández-Savater

PERISCOPIO

Declaración mundial de contribución de las personas con diversidad funcional a una cultura de paz
Área de trabajo "Cultura de Paz, Derechos Humanos y Vida Independiente" del Centro UNESCO, Comunidad de Madrid

Artículos anteriores:

Manifiesto. Cumbre Mundial de la Paz. Bogotá, 04-10-2009. Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, núm. 107, 2009, pp. 153-156.

La urgencia de un nuevo pacifismo, Carlos Taibo, Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, núm. 100, 2007-2008, pp. 79-84.

¿Qué hay de democrático en la paz democrática?, Daniele Archibugi y Mathias Koenig-Archibugi, Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, núm. 99, otoño 2007, pp. 43-60.

Un nuevo enfoque sobre las guerras, Mary Kaldor, Papeles de Cuestiones Internacionales, núm. 94, verano 2006, pp. 11-20.

Justicia internacional y cuestiones de paz, Gaby Oré Aguilar, Papeles de Cuestiones Internacionales, núm. 88, invierno 2004-2005,, pp. 9-18.

Mujeres en los procesos de paz: la Resolución 1325, Carmen Magallón Portolés, Papeles de Cuestiones Internacionales, núm. 87, invierno 2004-2005,, pp. 97-104.

Cronología: CIP 20 años de análisis, Susana Fernández Herrero, Papeles de Cuestiones Internacionales, núm. 87, invierno 2004-2005,, pp. 161-169.

Investigación para la Paz, Susana Fernández Herrero, Papeles de Cuestiones Internacionales, núm. 87, invierno 2004-2005,, pp. 191-195.

La investigación para la paz después del 11-S: una perspectiva filosófica, Vicent Martínez Guzmán, Papeles de Cuestiones Internacionales, núm. 85, primavera 2004,, pp. 33-40.

La teoría de la paz democrática, Jordi Raich, Papeles de Cuestiones Internacionales, núm. 76, invierno 2001-2002,, pp. 77-86.

La construcción de la paz, Carmen Magallón, Papeles de Cuestiones Internacionales, núm. 73, invierno 2000-2001,, pp. 23-31.

Investigación sobre la paz, investigación para la paz: problemas y respuestas, José María Tortosa, Papeles de Cuestiones Internacionales, núm. 69, invierno 1999- 2000, pp. 11-16.

¿Sabemos de qué hablamos cuando hablamos de la guerra?, Rafa Vila-Sanjuán, Papeles de Cuestiones Internacionales, núm. 68, 1999, pp. 133-143.

Entre la paz imperfecta y la postmetafísica, Vicent Martínez Guzmán, Papeles de Cuestiones Internacionales, núm. 67, 1999, pp. 11-16.

Sobre “la paz imperfecta”, Wolfgang Sützl, Papeles de Cuestiones Internacionales, núm. 66, 1999, pp. 15-19.

La paz imperfecta: apuntes para la reconstrucción del pensamiento “pacifista”, Francisco A. Muñoz, Papeles de Cuestiones Internacionales, núm. 65, 1998, pp. 11-14.

 


Como el lema de este año es Forjando la paz juntos, a continuación, recogemos las organizaciones de paz españolas e internacionales más importantes, junto a las que debemos seguir trabajando por la construcción de una Cultura de Paz

 

Día Internacional de la Paz. Organizaciones Españolas

 

 

Selección de organizaciones españolas, Centros de investigación, institutos universitarios y fundaciones, que desde una perspectiva multidisciplinar trabajan por la eliminación de las distintas formas de violencia, la promoción de la justicia, el respeto de los derechos humanos, el desarrollo y la resolución pacífica de los conflictos, la sostenibilidad, el ejercicio democrático de la ciudadanía. La mayoría de estas organizaciones se encuentran dentro de la Asociación Española de Investigación para la Paz - AIPAZ.

Día Internacional de la Paz. Organizaciones Internacionales

 

 

Selección de organizaciones, coaliciones y redes de ámbito internacional que trabajan en el ámbito de la prevención y resolución pacífica de conflictos, y el establecimiento de la paz. Trabajan por el control y contra la venta de armas ligeras, así como en negociaciones para que se firme un tratado que prohíba las armas nucleares. Trabajo por el cual algunas de ellas fueron galardonadas con el premio nobel de la paz 2017. Tienen un compromiso con la promoción de la educación y la cultura de la paz, con el fin de la violencia y con la defensa del derecho internacional y los derechos humanos, sobre todo de los más vulnerables. Algunas de estas redes y organizaciones tienen estatus consultivo ante Naciones Unidas.


Semana Europea de la Movilidad 2020

La Semana Europea de la Movilidad (SEM) es una campaña de concienciación dirigida a sensibilizar, tanto a los responsables políticos como a los ciudadanos, sobre las consecuencias negativas que tiene el uso irracional del coche en la ciudad, tanto para la salud pública como para el medio ambiente, y los beneficios del uso de modos de transporte más sostenibles como el transporte público, la bicicleta, los viajes a pie, los sistemas de coche compartido, etc.

La iniciativa surgió en Europa en 1999 y a partir del año 2000 contó con el apoyo de la Comisión Europea. Se celebra cada año, del 16 al 22 de septiembre, realizando actividades para promocionar la movilidad sostenible y fomentando el desarrollo de buenas prácticas y medidas permanentes.

El 22 de septiembre se celebra además el evento ¡La ciudad, Sin coche!, origen de esta iniciativa europea, que pretende encontrar nuevas soluciones a los problemas asociados al aumento del tráfico en las ciudades.

El tema elegido por la Comisión Europea para la campaña de este año es:

“Por una movilidad sin emisiones”.

Esta temática refleja el ambicioso objetivo de alcanzar la neutralidad en las emisiones de carbón para el año 2050, recogido en el Pacto Verde Europeo.

El tema también pretende resaltar la importancia de la accesibilidad a sistemas de transporte de cero emisiones y promover un sistema inclusivo para todas las personas.

En España la campaña está coordinada por el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, donde puedes encontrar más información sobre los eventos organizados durante la semana.

Desde el Centro de Documentación de FUHEM Ecosocial ofrecemos una Selección de Recursos sobre movilidad que recoge el documento oficial del evento sobre Directrices Temáticas, elaborado por POLIS - Red de ciudades y regiones europeas para el desarrollo de soluciones de transporte innovadoras y EUROCITIES; así como una recopilación de materiales aparecidos en nuestras publicaciones.

Semana Europea de la Movilidad 16 - 22 de septiembre 2020

Directrices temáticas

El tema refleja el objetivo ambicioso de lograr un continente climáticamente neutro para el año 2050, Además, subraya la importancia de la accesibilidad de un transporte sin emisiones y promueve un marco inclusivo en el que participen todos los actores.

A pesar de las distintas condiciones climáticas, geográficas y socioeconómicas de las zonas urbanas europeas, hay una serie de medidas que se pueden adoptar para promover un entorno urbano climáticamente neutro e inclusivo.

Este documento analiza las ciudades más destacadas en cuanto a objetivos ambiciosos para una movilidad de emisiones cero e inclusiva y presenta ideas para que los municipios fomenten las metas ambiciosas de la Comisión Europea entre los residentes que participan en la SEMANA EUROPEA DE LA MOVILIDAD de este año.

 

Recursos FUHEM Ecosocial

Dosieres Ecosociales

Contaminación del aire y movilidad en la ciudad

El Dossier aborda la problemática de la contaminación en las ciudades investigando la situación en España y Europa, los escenarios, las acciones emprendidas, así como los efectos sobre la salud y la calidad de vida de las personas.

Al mismo tiempo, ofrece una reflexión sobre la necesidad de una nueva cultura de la movilidad y un nuevo modelo urbanístico.

Incluye los siguientes artículos:

Contaminación urbana en España: el cambio climático y la “recuperación”agravan la situación, Miguel Ángel Ceballos Ayuso

 

La perplejidad del extraterrestre, Alfredo Sánchez Vicente y Alfonso Sanz Alduán

La contaminación del aire y sus efectos en la salud humana, Elena Isabel Boldo

Un cambio de paradigma de la movilidad urbana para que todo siga igual, Pilar Vega Pindado

Selección de recursos de la mano de Susana Fernández Herrero desde el Centro de Documentación Virtual de FUHEM Ecosocial:

Selección de Libros

Selección de Informes

Otros recursos

Accesible el Dossier completo: Contaminación del aire y movilidad en la ciudad

 

Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global

Alfonso Sanz Alduán, Pilar Vega Pindado y Miguel Mateos Arribas

Bajo la alfombra mágica. Relatos del transporte desde la perspectiva ecológica, núm. 129, primavera 2015, pp. 123-137.

La idea de progreso sigue activando la creencia en un desplazamiento rápido, instantáneo, sin esfuerzo, a voluntad. Tenemos la necesidad de mejorar la comprensión global del transporte e incorporar la complejidad a las decisiones que, sin despreciar las opciones tecnológicas, son, sobre todo, de carácter social, cultural y político.

Paco Segura

Las políticas de grandes infraestructuras de transporte en el Estado español: un despilfarro inmoral, núm. 128, invierno 2014-2015, pp. 109-121.

Hemos contraído una enorme deuda pública como resultado de la persistente aplicación de una política de infraestructuras de transporte desarrollista, despilfarradora e insostenible que no es justificable ni entendible en términos de necesidades de movilidad. El español es el Estado europeo con mayor dotación de grandes infraestructuras de transporte y el que más invierte en ellas, al tiempo que estamos en el furgón de cola de la inversión social pero, sin embargo, es en esta donde se aplican los recortes.

Paco Segura

Alternativas a un transporte eco-dependiente, núm. 118, pp. 109-118.

Si hay un sector en el que la disminución de disponibilidad de petróleo y el fuerte aumento de su precio van a tener consecuencias críticas, sin duda es el del transporte. Y es que no basta solo con que se mejore su eficiencia algo deseable, sino que necesitamos una drástica reducción neta en el consumo de recursos. Urge, por tanto, encontrar alternativas viables y sostenibles a este transporte tan petro-dependiente.

 

Curso de Economía. Universidad del Barrio

Movilidad urbana en clave sostenible

Sesión del Curso de Economía coordinado por FUHEM Ecosocial, Economistas sin Fronteras y el Salmón Contracorriente.en el Teatro del Barrio

Las políticas de ordenación del territorio tienen un impacto altísimo en la configuración de las ciudades. Establecen prioridades en nuestras formas de estar en la ciudad - estableciendo prioridades entre tráfico rodado o peatonal, entre parques habitables y paseables frente a junglas de asfalto - además de impactar directamente en nuestros hábitos de salud.

La bicicleta es una de las luchas perennes de los colectivos ecologistas, que poco a poco, ha ido ganando terreno en la forma en que nos movemos. Sin embargo, han aparecido también otras formas de moverse como patinetes o bicicletas compartidas.

En esta sesión se habló de cómo el transporte configura nuestras ciudades y sus consecuencias a la hora de relacionarnos con los demás y nosotras mismas. Para ello contamos con la presencia de:

- Pilar Vega, profesora de geografía de la UCM.

- Juan Bárcena, responsable del área de calidad del aire de Ecologistas en Acción

Moderado: Jose Bellver, FUHEM Ecosocial.

A continuación ofrecemos el video completo de la sesión:

 

 

Situación del Mundo 2016 Ciudades Sostenibles. Del sueño a la acción

Tom Prugh y Michael Renner,

Ciudades y emisiones de gases de efecto invernadero

Al menos desde 2008, las ciudades albergan a la mitad, o más, de toda la humanidad, una proporción que sigue creciendo. Las ciudades también representan más del 80% del producto interior bruto (PIB) y alrededor del 70% del consumo energético y las emisiones de gases de efecto invernadero mundiales, que incluye las procedentes de los modelos de transporte y los patrones de asentamiento. Estos pueden favorecer el uso del automóvil tiende al alentar una dispersión urbanística, mientras que un desarrollo urbanístico más denso fomenta que muchos habitantes urbanos puedan prescindir del coche y posibilita un transporte público más eficiente.

Michael Renner

Apoyar un transporte sostenible.

El transporte —el movimiento de personas y de mercancías— es la savia de una ciudad. Pero hacer a una ciudad demasiado dependiente del transporte motorizado puede ocasionar multitud de problemas de diferente índole: atascos en la circulación y accidentes mortales, una contaminación atmosférica debilitante y la pérdida de tierras valiosas sepultadas por calles, autopistas y aparcamientos. Unos sistemas de transporte basados en el coche y el camión corren el riesgo de convertirse en arterias obstruidas: son perjudiciales no solo para la vitalidad y el atractivo de las ciudades, sino también para la salud de los habitantes urbanos, la calidad ambiental local y el clima global.

 

Tiempo de Actuar

Blog de FUHEM para compartir recursos didácticos para afrontar la crisis de convivencia entre las personas y con el entorno, para dotar de herramientas alprofesorado y alumnado para comprender, estar en el mundo, y también para convertirse en un agente de cambio activo en él.

Ride a bike!

Publicada en
Técnica sobre transporte y movilidad, desarrollada por Itziar Segura Pérez del colegio Hipatia-FUHEM, que pueden ser de utilidad para diversas asignaturas, como son Educación física, Valores, Ciencias sociales e Inglés, en 2º de Primaria.
Los objetivos de esta técnica van desde el dar a conocer al alumnado las normas básicas de circulación y seguridad vial, hasta una visión del modelo de movilidad predominante, sus principales problemas asociados y sus alternativas en términos de salud, equidad y sostenibilidad. Como consecuencia, se contribuye, mediante las actividades sugeridas, a fomentar un tipo de movilidad más consciente con las personas y el entorno que prime alternativas no motorizadas como el transporte en bicicleta, en patines o a pie.

 

¡A por un aire limpio!

Respirar aire limpio y sin riesgos para la salud debería ser un derecho inalienable de todo ser humano. Está demostrado que la contaminación atmosférica es un problema con una fuerte vertiente local, pero también una magnitud planetaria, ya que los contaminantes pueden viajar largas distancias. El origen de este problema en nuestras ciudades se encuentra, principalmente, en las emisiones originadas por el tráfico rodado, a lo que se suman en mucha menor proporción las causadas por las calefacciones, así como las ocasionadas por el tráfico marítimo y aéreo en aquellas ciudades que disponen de puerto y/o aeropuertos próximos

 


Ingreso Mínimo Vital

El día 29 de mayo se aprobó en el Consejo de Ministros el Real Decreto-ley 20/2020 que regula el acceso a un ingreso mínimo vital (IMV) desde el sistema de la Seguridad Social.

El Ingreso Mínimo Vital es una prestación dirigida a prevenir el riesgo de pobreza y exclusión social de las personas que viven solas o están integradas en una unidad de convivencia y carecen de recursos económicos básicos para cubrir sus necesidades básicas.

Se configura como derecho subjetivo a una prestación económica, que forma parte de la acción protectora de la Seguridad Social, y garantiza un nivel mínimo de renta a quienes se encuentren en situación de vulnerabilidad económica.  Persigue garantizar una mejora real de oportunidades de inclusión social y laboral de las personas beneficiarias.

Han pasado tres meses ya desde su aprobación y las trabas burocráticas, la escasez de personal, así como las dificultades en el plano digital de muchas familias para poder solicitarlo, obstaculizan el avance en la resolución de los expedientes, por lo que miles de personas siguen esperando la llegada de este subsidio.

El número 150 de la revista Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, titulado  Trabajo y la Vida Buena en la Encrucijada incluye en su sección ACTUALIDAD, un artículo de Guillermo Fernández Maíllo que hace un repaso a los antecedentes más recientes del IMV, los elementos de avance que posee y algunos de sus déficits y ambigüedades más preocupantes. Señala también algunos de los aspectos sobre los que habrá que estar atentos en relación a su desarrollo futuro y el impacto que genera en la implantación de una Renta Básica Universal.

Ya está aquí el Ingreso Mínimo Vital

Guillermo Fernández Maíllo

Papeles de Relacioness Ecosociales, núm. 150, verano 2020, pp. 83-92.

De dónde venimos

Han tenido que pasar casi treinta años, desde el inicio del desarrollo de las Rentas Mínimas de Inserción en las Comunidades Autónomas (CC.AA), como se las denominó en su origen, para que un gobierno central se decida a implantar una prestación estatal que busque como objetivo principal

«garantizar, a través de la satisfacción de unas condiciones materiales mínimas, la participación plena de toda la ciudadanía en la vida social y económica, rompiendo el vínculo entre ausencia estructural de recursos y falta de acceso a oportunidades en los ámbitos laboral, educativo, o social de los individuos».[1]

La prestación que hasta ahora capitalizaba este objetivo, las actuales rentas mínimas autonómicas, han sido consideradas habitualmente como la última malla de seguridad para la ciudadanía con menos oportunidades. Una malla con grandes carencias, que salvo los casos de País Vasco, Navarra y, en menor medida, Asturias, no conseguían alcanzar la reducción de la pobreza en sus territorios de forma suficiente. Y ha sido un virus el que ha catapultado esta iniciativa.

El conjunto de prestaciones de protección social que ha ido creciendo progresivamente en España en las últimas décadas lo ha hecho de forma desordenada  y respondiendo a necesidades concretas de grupos o necesidades específicas que iban haciéndose hueco en la agenda política. Esto ha provocado problemas ya muy conocidos tanto por los científicos sociales como por las organizaciones del Tercer Sector de Acción Social (TSAS). Superposición de poblaciones objetivo, déficits de cobertura, insuficiencia de las cantidades a percibir, articulaciones administrativas complejas, problemas de accesibilidad, condicionalidades punitivas y un largo etcétera. Es cierto que este desarrollo ha acabado construyendo un “sistema” con cierta tendencia a trazar un itinerario donde las rentas mínimas se habrían ido colocando en esa posición de “última red”. Una red creada, potenciada, asumida y gestionada al 100% por las CC.AA, lo que ha provocado una disparidad histórica en quién, cuánto y cuántos eran ayudados con esas necesidades de supervivencia.

Las diversas mejoras que se han producido en esta última red se han generado por procesos de ósmosis entre las CCAA, que han sido claramente insuficientes para consolidar una prestación homologable en el conjunto del territorio.

Durante el largo proceso de “prosperidad” económica desde la crisis de mediados de los años noventa hasta finales de la primera década del siglo XXI apenas apareció este tema en la agenda política y ciudadana. Quedaba su discusión circunscrita al ámbito reducido de los Servicios Sociales Públicos, de las organizaciones que trabajaban en el ámbito de la pobreza y la exclusión social y de algunos especialistas de la academia. Sin embargo, la crisis de 2008 comenzó a ponerlo tanto en la agenda ciudadana como en la de investigación social. Se comenzó a reclamar cada vez más insistentemente, que fruto de las consecuencias de la precariedad que se estaban viviendo, el Gobierno central tomara la iniciativa en relación a esta cuestión. A la necesidad de implementar un ingreso digno para los hogares que estaban sufriendo la crisis, se unió la discusión sobre si esta renta debía ser de carácter universal e incondicionada (RBU). Una idea sobre la que ya se venía teorizando y trabajando desde hace décadas, pero que apenas había salido de los ámbitos especializados.

Las prestaciones de protección social han ido creciendo progresivamente en España en las últimas décadas de forma desordenada.

Sin embargo, la opción del Gobierno socialista y posteriormente la del popular, fue canalizar las ayudas a través del marco de las prestaciones por desempleo, siguiendo la lógica de la activación que liga cualquier mecanismo de participación en el producto social a estar incorporado en el mercado de trabajo. Un mercado que llevaba años de precarización y de expulsión de grandes colectivos fuera del marco del empleo de calidad. La crisis 2008-2016 fue una nueva oportunidad de articular el último entramado de seguridad.

La discusión sobre la RBU adquirió altos grados de temperatura entre defensores y detractores, entre utópicos y pragmáticos, convirtiéndose en un debate complejo de entender por el conjunto de la ciudadanía. Mucha gente no acababa (ni acaba) de entender la diferencia entre renta mínima, renta garantizada, renta básica universal y los diversos matices que rodean la cuestión. Esto ha generado que la misma haya llegado al conjunto de la sociedad de una forma distorsionada, a pesar del esfuerzo de muchos por poner claridad y razón.

Fue durante la segunda legislatura del Gobierno de Mariano Rajoy, debido a las presiones que estaba recibiendo no solo a nivel interno de las organizaciones sociales sino desde la Unión Europea, cuando se acomete el último intento de revisar a fondo el sistema de garantía de rentas para poder reorganizarlo. No existe una versión pública de lo sucedido en ese proceso que se desarrolló entre octubre de 2016 y diciembre de 2017. Queda como testigo del trabajo el informe que realizó el equipo de investigación encargado a tal efecto.[2]

Mi impresión sobre aquel proceso en el cual participé, es doble. Por un lado, el Gobierno (o los representantes del mismo en el proceso) le costaba asumir que la realidad que subyacía como necesidad de aquella reforma no cuadraba con la imagen de un país en recuperación. No se compartían las cifras de pobreza, exclusión y desigualdad que lo fundamentaban. Por otro, las conclusiones eran demoledoras para el propio sistema y necesitaban de un esfuerzo ciclópeo el querer acometerlas, sobre todo porque reconocían que el empleo, tanto por cantidad como por calidad, ya había dejado de tener la fuerza suficiente para la inclusión de amplias capas de la población. Invertir en reforzar el sistema de prestaciones era difícilmente asumible en un contexto de contención del gasto público.

Después de diez años desde el comienzo de la “gran Recesión” no habíamos sido capaces de acometer a nivel estatal una reforma necesaria de los mecanismos prestacionales de lucha contra la pobreza.

Y en esta situación llegó un virus…

Dónde estamos

El día 29 de mayo se aprobó en el Consejo de Ministros el Real Decreto-ley 20/2020 que regula el acceso a un ingreso mínimo vital (IMV) desde el sistema de la Seguridad Social. Para los miles de personas que lo necesitaban antes de la crisis de la COVID-19 y para las que no tenían ingresos en los que apoyarse llega muy tarde. Sin embargo, que en tres meses que han pasado desde el estallido de la pandemia se haya legislado al respecto, y dentro de los ritmos de gestión de cualquier administración pública, hay que valorarlo muy positivamente.  El RDIM despeja las dudas de enfoque que se han venido discutiendo a lo largo de los últimos años y supone un hito en la protección social en España al introducir una prestación de carácter flexible y dirigida a la lucha contra la desigualdad y la pobreza  en el sistema de la Seguridad Social.

Enunciemos en primer lugar algunos de los avances de la norma frente al anterior sistema. El RDIM reconoce la doble naturaleza de la pobreza y la exclusión, tanto desde el punto de vista personal y del hogar (trampa de la pobreza) como de déficits estructurales de la sociedad (seguro colectivo). Se reconoce como derecho subjetivo, dando un paso importante frente a la tradición, en épocas de crisis, de limitar el derecho por la vía de la asignación de un presupuesto limitado con objetivo de contener el déficit en primera instancia. Esta práctica fue muy utilizada durante la anterior crisis por algunas CCAA. Su entrada en la cartera de prestaciones no contributivas de la Seguridad Social amplía su marco de protección.

Se vincula a la situación de necesidad y no a un plazo predeterminado independientemente a la misma. Con ello se convertirá en un mecanismo de estabilización automática como las prestaciones de desempleo en épocas de crisis.

Se articula con otras necesidades básicas como la vivienda, exonerando la vivienda habitual del cómputo patrimonial para la obtención del ingreso y contemplando posibilidades de mejora en tanto en cuanto el alquiler supere el 10% del ingreso mínimo anual correspondiente a su categoría. Esta articulación es un avance relevante, aunque tiene que entenderse que los costes de la vivienda exceden con mucho lo que el Ingreso Mínimo Vital (IMV) puede resolver en las necesidades de vivienda de la población perceptora de la prestación.

Finalmente, y esto es algo importante cuando hablamos del ámbito de la exclusión social, dota de la posibilidad de contemplar circunstancias individuales y del hogar diferentes a las descritas a la hora de valorar su concesión y las circunstancias de cambio. En este aspecto las CCAA y los Ayuntamientos podrán tener un papel relevante en este aspecto, transformando el sentido arbitrario histórico de las rentas mínimas, por una prestación de derecho “comprensiva” de los matices de la realidad de los hogares. En este caso no es lo mismo si es antes “el huevo o la gallina”. No es lo mismo tener una prestación de derecho que la pueden percibir justificadamente hogares que no cumplen determinados requisitos, que una valoración subjetiva que te da acceso a una prestación de derecho.

Sin embargo, hay aspectos que, desde mi punto de vista, o bien quedan ambiguamente definidos o bien quedan a expensas de futuros desarrollos normativos de carácter reglamentario que no está clara su dirección.

El fundamental tiene que ver con la articulación con los mecanismos del empleo. De forma tácita se reconoce la obligación de participar en el marco del empleo como mecanismo principal de inclusión. Esta participación se circunscribe inicialmente a estar inscrito como demandante de los servicios de empleo. Cómo y de qué manera se vaya a desarrollar esta vinculación será determinante dadas las dificultades de los Servicios de empleo de estar preparados para trabajar con perfiles de personas en programas o itinerarios que no están diseñados a tal efecto. Una de las causas fundamentales de la pobreza severa en España tiene que ver con la enfermedad y la no existencia de prestaciones adecuadas ante esta circunstancia. Es deseable que lo que el IMV puede ayudar a paliar, no lo menoscabe la presión hacia una empleabilidad imposible.

Un objetivo muy razonable del RDIM es impulsar las oportunidades para la inclusión social.

¿Cómo se piensa articular el IMV con esas oportunidades?

¿Será bajo los tradicionales mecanismos de control social de los Servicios Sociales o esto supondrá un replanteamiento de los mismos intentando construir el derecho a la inclusión independientemente al derecho a la supervivencia?

La existencia de una prestación en la Seguridad Social es una herramienta que puede ser utilizada como palanca para la inclusión, pero la percepción del IMV no puede condicionarse a la participación en itinerarios de inclusión. El éxito de un itinerario (que por cierto es un concepto explicativo que no es real en la intervención social) se debe a la voluntad de los que lo recorren, voluntad que no debe ser condicionada, dado que su efectividad bajará en ese caso.

Queda abierto, por otro lado, que se vinculen las obligaciones de la prestación con futuros acuerdos para la inclusión con las CCAA en el desarrollo de sus propias competencias. Si no existe una cierta homogeneidad en la aplicación en este sentido se puede abrir un nuevo frente de desigualdad que precisamente este Real Decreto trata de superar con la prestación. En las diversas reuniones explicativas que se han desarrollado post-decreto, se ha insistido en pedir aclaraciones sobre este aspecto, asegurándose que no se va a condicionar recibir la prestación del IMV a aceptar un trabajo o a participar en un itinerario de inserción. En la línea de la idea de un doble derecho. Este será un punto especialmente complejo. En este momento el ministro Escribá ha anunciado que se ha propuesto pasar “de oficio” a los actuales perceptores de las rentas mínimas autonómicas al nuevo IMV.

¿Será obligatorio también la participación en itinerarios discrecionales como lo es en muchas CCAA?

Por último, un elemento que debería de abordarse en el desarrollo reglamentario del RDIM es el de algunos colectivos específicos que se han quedado fuera. Solo cito uno específico como ejemplo, el de las personas que salen con 18 años de nuestro sistema de protección de menores y que por edad no tendrían derecho a percibirlo. Es absurdo haber estado protegiendo a niños y jóvenes, invirtiendo en ellos durante años y luego dejarlos a la intemperie. Su incorporación en el desarrollo reglamentario tendría todo el sentido.

Mención aparte es el no contemplar la inmigración irregular. Podría entenderse la necesidad de establecer un límite en esta materia, sin embargo, los diseñados dejan fuera situaciones no de personas recién llegadas sino vinculadas a la irregularidad sobrevenida y otras circunstancias difíciles de comprender. Se argumenta que quizá este pudiera ser el campo de las políticas de asistencia social de las CCAA, porque es cierto que ciertas particularidades pueden ser enfrentadas mejor desde la cercanía de una administración territorial. Sin embargo, esta cuestión es demasiado amplia y compleja como para querer evadirla.

Hacia dónde vamos

Uno de los temas más espinosos, una vez comience a implementarse esta prestación, es a qué se van a destinar los actuales fondos de gasto de las rentas mínimas. Existe el riesgo de que el efecto sustitución entre ambas prestaciones genere incentivos no deseados, ya que ante la garantía desde el Estado de una cantidad mínima homogénea a nivel del conjunto del país, puede haber CCAA que decidan directamente ahorrarse la prestación o trasvasar sus fondos a partidas alejadas del gasto social.

Una de las ideas que subyace detrás de la nueva ley es la de que se produzca una articulación adecuada con las realidades sociales de las diferentes CCAA. En este sentido, los niveles de vida de cada una de ellas es diferente, y las realidades de desigualdad también.[3] Parecería razonable que una primera forma de utilizar esos fondos sea para equilibrar los déficits que la inversión estatal pudiera suponer respecto a los umbrales autonómicos de pobreza y exclusión social o para incrementar la lucha contra la pobreza en aquellas CCAA con menor nivel de vida, pero con mayores índices de pobreza y exclusión social. De esta manera podrían mejorarse los resultados en términos de reducción de la pobreza monetaria. Una segunda manera es construyendo un sistema de complementos a esa renta mínima estatal que vaya dirigido a realidades específicas de los hogares que tengan ciertas características de vulnerabilidad y no contempladas en el RDIM, como las personas que no puedan justificar alguno de los requisitos de empadronamiento o tiempo de emancipación, etc.

Las cifras del IMV apenas llegan para superar los niveles de pobreza severa en un hogar, por lo que hay un amplio elenco de necesidades que no llega a cubrir.

Una tercera vía es la de construir prestaciones complementarias vinculadas a necesidades concretas, como podría ser para el acceso o el mantenimiento de la vivienda, necesidades de salud (acceso a tratamientos como el dentista o acceso a medicación) o necesidades urgentes frente a gastos inesperados. No olvidemos que las cifras del IMV apenas llegan para superar los niveles de pobreza severa en un hogar, por lo que hay un amplio elenco de necesidades que no llega a cubrir.  Por último, otra vía es vincular ese gasto al desarrollo del concepto del doble derecho. Derecho a la supervivencia, a través de una prestación dirigida a reducir la pobreza monetaria (a través del IMV), y derecho a la inclusión, a través de programas de apoyo para mejorar la participación en el producto social a través de los Servicios Sociales Públicos.

Esta última alternativa, solo la vería eficaz en aquellas CCAA con un volumen elevado de gasto en la actual prestación, ya que suelen correlacionar con sistemas de seguridad social más desarrollados y con menos problemas estructurales. CCAA con déficits en, por ejemplo, ratio de trabajadores sociales por habitante y que actualmente dedican pocos fondos a la renta mínima corren el riesgo de que los mismos se vean absorbidos por ese tipo de necesidad, pero que al ser cantidades mínimas no tengan un impacto real en esos déficits y acaben perjudicando al sector de la población que las pudiera percibir.

Un segundo aspecto, quizá el más relevante históricamente en relación a las rentas mínimas autonómicas, es la capacidad de cobertura entre la población que la necesite.

¿Llegará a quién lo necesita? Esto depende de dos aspectos, los requisitos y la accesibilidad.

En relación a la primera los requisitos parecen razonables en el contexto en el que nos encontramos, aunque está por demostrar si la capacidad de gestión y la solicitud telemática no reflejará la brecha digital de la población más pobre. Simplemente tener que hacer la declaración de la renta (aunque sea a posteriori) ya será un hándicap a superar.

En relación al segundo, el RDIMV establece la necesidad de llegar a acuerdos con el máximo posible de agentes que puedan colaborar en este sentido. La existencia multicanal de solicitudes puede ser beneficiosa si finalmente se estructura. Habrá que esperar al desarrollo de los acuerdos correspondientes y de los medios que se pongan a disposición de este desarrollo.

En cualquier caso, habrá que dar tiempo para comprobar en la práctica las personas que quedan fuera del IMV, tomar las medidas correctoras correspondientes y valorar las mejoras de la propia prestación . Se ha insistido durante la presentación del RDIMV en la importancia de la evaluación tanto ex-ante como ex-post. Bienvenidas sean, son muy necesarias y nos ayudarán a tomar mejores decisiones. “Ojalá” todas las políticas públicas sean tan bien evaluadas como las dirigidas a las personas más pobres.

Un tercer aspecto notable de futuro será hasta qué punto, una vez puesto en funcionamiento y habiendo alcanzado un cierto desarrollo, el IMV interferirá o potenciará el debate sobre continuar dando pasos para que esta prestación se convierta verdaderamente en una Renta Garantizada no condicionada, o relance el debate más amplio de la Renta Básica Universal (RBU). Hay elementos positivos en la actual ley que la acercan a una renta garantizada como el reconocimiento del derecho subjetivo, y quizá los elementos de condicionamiento que se han establecido en el IMV reflejan la ambigüedad de la actual discusión.

Es posible que esta implantación sea un primer paso como ya anunció el Ministro Escrivá,[4] y que la misma ley enuncia, que en el futuro tenga que ser contemplado dentro de una reordenación más amplia de nuestro “sistema” de garantía de rentas. Pero la línea que se ha establecido se acerca mucho más a políticas focalizadas que a una dirección más universalista. Además de esta dificultad, no hay seguridad de que esto sea así en un contexto de inestabilidad política y de enormes tensiones presupuestarias. De hecho, podría esperarse un proceso de reducción conjunta a la baja una vez que se incorpore en el debate la reforma de los mecanismos de prestaciones al desempleo y de las pensiones. La solución a solapamientos e ineficiencias del sistema, medidas imprescindibles de acometer, pueden llevar a una cierta desinversión que debe ser suficientemente justificada en el caso que se produzca.

Con unos presupuestos del Estado en situación de aumento creciente en su déficit, no parece muy posible avanzar en la discusión/implantación de la RBU. Como apunta Noguera,[5] en este tipo de contextos nos enfrentamos a un trilema de difícil solución simultánea: que la renta sea lo suficientemente alta para hacer desaparecer la pobreza, que sea disponible de forma inmediata y que sea incondicional, universal e individual . En cualquier caso, la actual ley es un paso que había que recorrer.

Un cuarto aspecto es cómo va a evolucionar el apoyo a medidas protectoras de este tipo en la ciudadanía y la interpretación que hagan las mismas nuestros decisores públicos. El barómetro de mayo de 2020 del Centro de Investigaciones Sociológicas da un apoyo del 83,4 % de que el Gobierno conceda un IMV a aquellas personas y sectores más necesitados. Existe un alto apoyo a una prestación condicionada. Sin embargo, el apoyo a una prestación universal y no condicionada no supera el 50% en la mayoría de las CCAA según los estudios territoriales realizados por la Fundación FOESSA. Incluso como refieren Barragué y Martínez[6] es posible que las personas que apoyan una Renta Básica Universal ante una pregunta de prestación condicionada a los niveles de renta y pensando solo en los que lo necesiten, también expresen opiniones contradictorias.

Por último, tendremos que observar atentamente cuáles son los efectos reales de una prestación de estas características sobre la economía sumergida. Parece clara la intencionalidad, en las próximas reformas del sistema asistencial de prestaciones públicas, de reducir, de forma indirecta, los efectos perniciosos de la misma. No sabemos qué efectos tendrá la colusión en este caso, pero no perdamos de vista que las dinámicas de la pobreza y la exclusión social van mucho más allá de los mecanismos legislativos. El trade-off que conlleva entrará en juego en relación a este último objetivo, y el resultado es una incógnita.

El Ingreso Mínimo Vital era necesario, pero solo es un paso más en el largo camino que queda por recorrer en la garantía del derecho a la supervivencia material.

Guillermo Fernández Maíllo es sociólogo. Miembro de la Fundación FOESSA y del Equipo de Estudios de Cáritas Española.

 

[1] Exposición de motivos del Real Decreto-ley 20/2020, de 29 de mayo, por el que se establece el Ingreso Mínimo Vital.

[2] Luis Ayala, José María Arranz, Carlos García y Lucía Martínez, El sistema de garantía de ingresos en España: tendencias, resultados y necesidades de reforma, Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social, 2015,

[3] Estas disparidades pueden ser consultadas en  Guillermo Fernández (coord..) Informes territoriales sobre exclusión y desarrollo social, 2019.

[4] Consulta 9 de junio 2020, https://www.eldiario.es/economia/Jose-Luis-Escriva-ingreso-hogares_0_1018398538.html

[5]  José Antonio Noguera La renta básica universal, un estado de la cuestión, 2019.

[6] Borja Barragué y César Martínez, «La renta básica en la agenda de Podemos: ¿cuestión de viabilidad política o de viabilidad financiera?», ICADE, Revista de la Facultad de Derecho núm. 99: Economía de la salud, 2016, pp. 159-183.

 

Acceso al texto completo en formato pdf: Ya está aquí el Ingreso Mínimo Vital.

 

 


Lecturas Ecosociales Recomendadas

 

Se acerca el mes de agosto en el que nos vamos de vacaciones y por ello, antes de hacer las maletas FUHEM Ecosocial quiere dejaros unas recomendaciones de lecturas para que podáis disfrutar estos días.

Para ello, hemos recopilado unas publicaciones sobre interesantes temáticas: las relaciones entre el trabajo y la calidad de vida, las utopías en tiempos de pandemia, enfoques críticos sobre la economía mundial, el trabajo de cuidados, educación ecosocial, el buen vivir, la securitización del cambio climático, la crisis ecosocial, la emergencia climática, la ciudadanía activa frente a los problemas ambientales y sobre el poder de las corporaciones, entre otros.

Papeles de relaciones Ecosociales y Cambio Global

 

 

Trabajo y vida buena en la encrucijada, Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, núm. 150, verano 2020.

Este número de PAPELES aborda la cuestión del trabajo, el origen del término, y su relación con la calidad de vida. Respuestas necesarias respuestas en clave social y solidaria a la crisis económica post-Covid19: la fiscalidad justa y el ingreso mínimo vital desde una mirada crítica. El novedoso concepto de Felicidad Interior Bruta (FIB) como un marco conceptual y una análisis de decrecimiento y posdesarrollo.Inclyue también un artículo sobre economía militar en España desde el franquismo a la democracia y otros textos que no te puedes perder.

 

Utopías en tiempos de pandemia, Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, núm. 149, primavera 2020.

En este número queremos explorar los caminos de la utopía como un horizonte hacia el que mirar, en un contexto como el actual de guerra contra el planeta en la era del Antropoceno. Por ello, hacemos un repaso histórico de la noción de utopía que se ubica en el contexto contemporáneo del Antropoceno. Realizamos una crítica a las utopías tecno-científicas, como es el caso del transhumanismo (superación de las enfermedades, muerte, con la biomedicina e incluso traspaso de nuestra mente a un ordenador); y reflexionamos sobre qué queda de la utopía pacifista con nuestra actual capacidad militar de destrucción, o de la utopía socialista después de las experiencias vividas.

Dosieres Ecosociales

Un estudio para la participación ambiental, la ciudadanía activa y las redes vecinales ante la emergencia climática

Cristina Contreras

Nos encontramos en un momento histórico marcado por una profunda crisis múltiple, que abarca desde problemas económicos hasta políticos y de cuidados, así como una crisis ecológica que pone en jaque a la humanidad. Si bien aquellas son graves y urgentes, ésta marca un horizonte que no debe ser traspasado para asegurar la supervivencia de nuestra especie.

La educación ambiental y la participación son herramientas de cambio. Barrios por el clima es un proceso de participación ambiental que busca la transformación desde el compromiso, la implicación y la corresponsabilidad. En definitiva, pretende educar para la acción.

Los discursos en torno a la emergencia climática
Rubén Gutiérrez Cabrera

En poco tiempo, la “emergencia climática” se ha convertido en nuevo marco con el que los medios de comunicación y la opinión pública global se refieren a la actual situación de crisis climática que enfrenta la humanidad, pasando de ser un concepto apenas utilizado a perfilarse como un eslogan con un potencial de incidencia en las políticas ambientales sin precedente.

En este contexto, se vuelve fundamental indagar en los relatos surgidos en torno a la “emergencia climática”, pues del resultado de las discusiones que se libran en torno a su definición e implicaciones dependerá en gran medida que las “declaraciones de emergencia climática” se decanten del lado de la sostenibilidad y la justicia climática, o del lado de un repliegue autoritario en forma de ecofascismo.

Colección Economía crítica & ecologismo social

La economía mundial: enfoques críticos

Pedro José Gómez (coord.)

El número 16 de la colección Economía crítica & Ecologismo social coordinado por Pedro José Gómez, recoge las aportaciones de los principales representantes de la economía crítica en nuestro país que articulan una visión heterodoxa de la economía mundial, que permite comprender en profundidad y con precisión las características estructurales y la dinámica actual, y atender a los problemas reales.

La gravedad de los problemas económicos y la relativa esterilidad de las interpretaciones habituales revelan la necesidad de aproximaciones críticas al estudio de la economía mundial.

El trabajo de cuidados: historia, teoría y políticas

Crsitina Carrasco, Cristina Borderías y Teresa Torns (eds.)

Este texto recupera y avanza en los debates en torno al trabajo de cuidados, trabajo imprescindible para la reproducción social y el bienestar cotidiano de las personas, que continúa siendo responsabilidad casi exclusiva de las mujeres, pero que resulta de vital importancia para toda la sociedad. Desde hace cuarenta años ha ido aumentando progresivamente el interés entre quienes se ocupan y preocupan del bienestar en las sociedades contemporáneas, especialmente en el pensamiento feminista, que ha mostrado que las tareas de atención y cuidado de la vida de las personas son labores imprescindibles para la reproducción social y el bienestar cotidiano.

Este análisis recoge los debates, elaboraciones teóricas y estudios aplicados en torno al trabajo de cuidados producidos en las diferentes disciplinas sociales en las últimas décadas, aportando una perspectiva histórica.

 

Educación Ecosocial: cómo educar frente a la crisis ecológica. La Situación del Mundo 2017. Informe Anual del Worldwatch Institute. 

Educación Ecosocial explora las áreas tradicionales de la educación ambiental, tales como el aprendizaje basado en la comprensión del funcionamiento de la naturaleza y el pensamiento sistémico, y también otros aspectos esenciales de la educación como el aprendizaje socio-emocional o las pedagogías que conceden gran importancia al juego. Con ello, la presente edición de la colección La situación del mundo, principal publicación del Worldwatch Institute, examina cómo repensar la educación con el fin de desarrollar una sociedad sostenible preparada para adaptarse al cambio global.

La edición española de la Situación del Mundo, como es habitual, incluye un Apéndice centrado en algún aspecto de la temática central del informe, pero referido a la situación medioambiental española. Este año esta sección incluye dos capítulos: uno escrito por Rafael Díaz Salazar sobre el cambio ecológico de la educación, y otro firmado por Víctor M. Rodríguez Muñoz (director del Área de Educación de FUHEM) y Yayo Herrero López (directora general de FUHEM), Claves para la construcción de un proyecto educativo transformador.

Cambio Climático, S.A. es un trabajo del Transnational Institute que ahora FUHEM Ecosocial publica en castellano.

Los autores documentan meticulosamente cómo los ejércitos y las corporaciones, con el consenso de ciertos grupos políticos, buscan hacer del cambio climático un gran negocio del que lucrarse, mientras profundizan la exclusión de las y los desposeídos, expuestos a las peores consecuencias. Al mismo tiempo, el libro invita a la ciudadanía a pensar otros modos de abordar las consecuencias de la crisis climática respetando los derechos sociales y la sostenibilidad.

El libro plantea una serie de incómodas pero necesarias cuestiones ante las que no podemos permanecer indiferentes: ¿Quiénes son los ganadores y los perdedores de las nuevas estrategias de «seguridad climática»? ¿Cuáles son las implicaciones de que instituciones como el Pentágono o corporaciones como Shell reformulen el alcance del cambio climático desde los ámbitos de justicia social y ambiental a los de seguridad? ¿Qué es lo que se va a asegurar, para quién, por parte de quién y a qué coste?

 

Buen Vivir: utopía para el Siglo XXI

Patricio Carpio Benalcázar

El libro aborda el Buen Vivir como una construcción colectiva desde diferentes enfoques y posiciones que expresan la diversidad de tendencias movilizadas por encontrar rutas para traspasar el maldesarrollo dominante y confluir en sistemas sociales sustentables para el siglo XXI.

El Buen Vivir representa uno de los esfuerzos más relevantes para definir derroteros civilizatorios alternativos para las sociedades de este siglo y abarca subsistemas como las pluridiversidades, ecoarmonías, soberanías y otras economías, con sus respectivas dimensiones como el Estado plurinacional, los derechos de la naturaleza o la democracia participativa.

El Buen Vivir, para constituirse en alternativa de poder, debe enfrentar los tres grandes paradigmas que sostienen la noción de desarrollo y sus prácticas instituidas: la colonialidad, el crecimiento económico y la teoría de la modernización.

 

Estado del Poder 2020: La corporación

En este informe –el noveno de los publicados por TNI y el quinto editado en español por FUHEM Ecosocial– recogemos una selección de artículos de la versión original en inglés que exploran la naturaleza cambiante de la corporación en tiempos de digitalización y financiarización para tratar de responder a una cuestión candente: ¿Cómo puede la sociedad civil organizada confrontar el creciente poder corporativo y construir alternativas?

Actualmente, las corporaciones dominan la economía mundial y gozan de gran influencia en las instituciones administrativas a través de diversos mecanismos –potentes núcleos de lobby, altos cargos con estrechos lazos corporativos o más oscuras tramas de “regalos” y contratos–.

 

La gran encrucijada: crisis ecosocial y cambio de paradigma

Santiago Álvarez Cantalapiedra

Ensayo publicado por HOAC se estructura en tres partes. La primera, compuesta de cuatro capítulos, caracterizan la crisis ecosocial: «la crisis de las muchas crisis». En ella subyace una crisis ecológica, económica y de cuidados, una profunda involución social y un vaciamiento democrático.

La segunda parte aborda el orden social que surge de las transformaciones anteriores. Vivimos unos tiempos inciertos donde el futuro está abierto.

La última parte del libro plantea la urgencia de un cambio de paradigma que sea capaz de situar en el centro de la conversación pública la vida buena. Sin una idea de lo que significa, se hace difícil construir una sociedad justa que permita que todas las personas puedan llegar a fin de mes sin que eso impida salvar al mundo.

Y en todo ello, qué pueden aportar las religiones en la búsqueda de respuestas a los problemas socioambientales.


PAPELES 150

Papeles cumple 35 años y sus 150 números la han convertido en una referencia indiscutible para conocer los principales problemas y debates de nuestro tiempo.

Pionera en la investigación para la paz en sus inicios, lo es también desde hace más de una década al delimitar la problemática ecosocial y abordar, con una mirada interdisciplinar, temas relacionados con la sostenibilidad, la cohesión social y la democracia, considerando la paz como eje transversal de análisis.

El pensamiento de analistas, teóricos y activistas, tanto del panorama nacional como internacional, hacen de las páginas de Papeles escenario intelectual crítico para una sociedad justa en un mundo habitable.

El nuevo número de PAPELES: Trabajo y vida buena en la encrucijada, cuenta con una INTRODUCCIÓN que lleva la firma de Ángel Martínez González-Tablas que, en tanto que es expresidente y patrono de FUHEM y que ha conocido esta revista de primera mano desde sus inicios, repasa la historia de esta revista, así como los desafíos, la funciones y objetivos que como revista crítica debe tener en el presente y futuro cercano.

La sección de A FONDO centra su atención en la cuestión del trabajo y la vida buena en la encrucijada ecosocial, complementándose con un texto de André Gorz en la sección REFERENTES, introducido por el director de la revista, Santiago Álvarez Cantalapiedra.

En ACTUALIDAD, dos artículos aluden las necesarias respuestas en clave social y solidaria a la crisis económica post-Covid19: la fiscalidad justa y el ingreso mínimo vital desde una mirada crítica. Con esa misma mirada completa la sección un artículo de José Manuel Naredo sobre decrecimiento y posdesarrollo.

A su vez, en EXPERIENCIAS centramos la atención en el caso de Bután y Felicidad Interior Bruta (FIB) como un marco conceptual y criterio de razón pública que delimita la agenda política butanesa.

Finalmente, en este número se recoge un ENSAYO de Ofelia Agoglia sobre las etapas por las que transcurre la historia ambiental Argentina y las respuestas que emergen de la corriente ambiental crítica latinoamericana, y otro de Pere Ortega centrado en la economía militar en España desde el franquismo a la democracia.

Y por supuesto no deja de estar presente la sección LECTURAS en la que se reseñan algunas publicaciones recientes que pueden resultar de especial interés para nuestros lectores y lectoras.

A continuación, ofrecemos el Sumario de la revista, que podrás descargar a texto completo, junto con la Introducción de Ángel Martínez González-Tablas, y el artículo sobre el Mito del trabajo de Erik Gómez-Baggethun y José Manuel Naredo. 

SUMARIO

INTRODUCCIÓN

PAPELES en sus 35 años: vocación y función de una revista crítica, Ángel Martínez González-Tablas.

A FONDO

El mito del trabajo: origen, evolución y perspectivas, Erik Gómez-Baggethun y José Manuel Naredo.

La civilización del malestar: precarización del trabajo y efectos sociales y de salud, Joan Benach, Pere Jódar y Ramón Alòs.

Calidad de vida y mercado de trabajo, Lucía Vicent Valverde.

Escenarios de trabajo en la transición ecosocial 2020-2030. Equilibrios difíciles entre lo ecológicamente necesario y lo políticamente posible, Emilio Santiago Muíño.

ACTUALIDAD

Fiscalidad justa: una respuesta solidaria a la crisis económica derivada de la Covid19, Xavier Casanovas Combalia.

Ya está aquí el Ingreso Mínimo Vital, Guillermo Fernández Maíllo.

Comentarios y aportaciones a la meta del decrecimiento, a la sombra de los diccionarios del Posdesarrollo y del Decrecimiento, José Manuel Naredo.

EXPERIENCIAS

Felicidad Interior Bruta (FIB): una vía política para otro desarrollo, Luis Rodríguez Calles.

ENSAYO

¿Civilización sin barbarie? Crónica de un eterno retorno. Reflexiones desde la corriente crítica latinoamericana, Ofelia Agoglia.

La economía militar en España del franquismo a la democracia, Pere Ortega.

REFERENTES

André Gorz: revisitando la noción de trabajo, Santiago Álvarez Cantalapiedra.

Temas para una izquierda futura, André Gorz.

LECTURAS

No Go World. How Fear Is Redrawing Our Maps And Infecting. Our Politics, de Ruben Andersson.

Nuria del Viso

Contra la caridad, de Daniel Raventós y Julie War.

Diego Escribano Carrascosa

La Gran Encrucijada, de Santiago Álvarez Cantalapiedra.

Margarita Suárez Barrera

RESÚMENES

 

Información y compras:

Tel.: +34 914310280

Email: publicaciones@fuhem.es

Puedes adquirir la revista PAPELES en nuestra librería virtual.

 


Selección Recursos: Riesgos nucleares

Dentro de unos días se conmemorará el 75 aniversario de los bombardeos atómicos de Hiroshima y Nagasaki (6 – 9 de agosto de 1945).

Dos bombas atómicas, la Little Boy y la Fatman mataron o condenaron a muerte a unas 246.000 personas y causaron terribles daños, ya que los efectos de la radioactividad perviven hasta hoy.

En FUHEM Ecosocial hemos recopilado una serie de artículos publicados en los 35 años de historia de nuestra revista PAPELES, que abordan los riesgos y consecuencias del uso de la energía y las armas de origen nuclear.

PAPELES nació a mediados de la década de los ochenta, una década caracterizada por el recrudecimiento de la Guerra Fría debido al incremento de la tensión entre EEUU y la URSS, el desafío de la guerra de las galaxias, los euromisiles y la amenaza nuclear.

Ya desde sus primeros números PAPELES reflejó su preocupación por temas referidos a los gastos militares, al impacto ecológico de la carrera de armamentos, la transparencia y la falta de control sobre las armas nucleares y sobre las nuevas amenazas procedentes de Irán, Corea del Norte y el enfrentamiento entre Inda y Pakistán.

Para ello, contó con la colaboración de organizaciones como: Stockholm International Peace Research Institute - SIPRICampaign for Nuclear Disarment (CND) y Greenpeace; y con autores de la talla de Vicenç Fisas Armengol, Rafael Grasa Hernández, Michael T. Klare, Manuel Ruiz Pérez, Luis Alberto Sanz, Marisa Loredo, William Arkin, José M. Martín Medem, José Carlos Lechado, Harald Müller, Nicolau Barceló, Paul C. Warnke, José María Tortosa, Ricardo Arredondo, Wade L. Huntley y Michael Spies.

La Revista PAPELES contó entre los números 58 y 74 (1996-2001) con una sección titulada: Crónica sobre No Proliferación y Desarme Nuclear, escrita por Vicente Garrido Rebolledo que durante esos años era colaborador del Centro de Investigación para la Paz - CIP de FUHEM y miembro del Programa de No-Proliferación Nuclear del Peace Research Institute of Frankfurt –PRIF.

Esta sección recogía las principales noticias y avances producidos en materia de control de armamentos nucleares, (no) proliferación e iniciativas de desarme nuclear. negociaciones para la conclusión de un Tratado de Prohibición Total de las Pruebas Nucleares (CTBT), misiones de verificación del desmantelamiento del programa de armas de destrucción masiva de Irak.

La amenaza o riesgo nuclear producto del enfrentamiento: India-Pakistán en el Sudeste Asiático y la Península Coreana en Asia Oriental.

Reflexionó acerca de las perspectivas de éxito o fracaso de los acuerdos como el Strategic Arms Reduction Treaty - START II, Tratado de Reducción de Armas Estratégicas , el Tratado para la Prohibición Total de las Pruebas Nucleares (CTBT) o la Convención para prohibir la producción de materiales fisionables con propósitos militares (Cut-off).

Los artículos incluían al final un listado de publicaciones recientes relacionadas con el tema tratado.

A partir de 2007, la nueva etapa de la revista: Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global ha reflejado los debates sobre las ventajas o inconvenientes de la utilización de energía nuclear con un diálogo entre Eduardo González y Francisco Castejón, moderado por Mónica Lara del Vigo (Papeles 100, 2007/2008)

El número 106 (2009) publica un texto de Eduard Rodríguez Ferré Y Salvador López Arnal que aborda el marco –político, económico, militar, de seguridad, de (des)información a la ciudadanía– en el que se suele mover y proyectar la industria nuclear, bajo el título El poder del lado oscuro de la fuerza. Presiones, falacias e intereses atómico-nucleares

Los mismos autores que nos hablan en 2011 sobre la catástrofe de Fukushima, dando la vuelta al lema publicitario del poderoso lobby nuclear internacional que decía que la energía nuclear, es ilimitada, limpia, barata y segura (113).

Ni es ilimitada dada las reservas internacionales de uranio; ni es limpia analizada en su conjunto; ni es barata si sumamos todas las externalidades y el inmenso pozo sin fondo que representa el tratamiento de los residuos radiactivos.

Salvador Lopez Arnal entrevista en el número 128 a Andrés Martínez Lorca sobre las secuelas de la tragedia ocurrida 1966 cuando chocaron sobre el cielo de Palomares, una aldea de la costa levantina de Almería, dos aviones militares norteamericanos, un B-52 cargado con cuatro bombas atómicas de hidrógeno y un avión nodriza KC-135 que lo abastecía de combustible en pleno vuelo. Dos bombas atómicas se rompieron e incendiaron provocando en la zona una grave contaminación de uranio y plutonio. Una tragedia de la que ni entonces, ni tampoco a lo largo de la Transición, se informó adecuadamente a la opinión pública española, ni tampoco de las secuelas que todavía afectan al terreno y a sus habitantes.

Papeles 135 recoge las preguntas que se hace el escritor sueco Henning Mankell sobre los residuos radiactivos: ¿van a ser los residuos radiactivos, el oscuro legado que nuestra Humanidad dejará a las futuras generaciones? ¿Serán los residuos nuestros agujeros negros? ¿Cuál será nuestra responsabilidad en futuros y trágicos escenarios?

Ante la gran preocupación sobre el cambio climático y sus efectos entre la población, la industria nuclear se postula como una solución a las emisiones de gases de efecto invernadero, alegando que la producción de electricidad a partir de la energía nuclear está libre de emisiones de CO2. Xavier Bohigas en su artículo Centrales nucleares, emisiones de CO2 y cambio climático (Papeles 138) comenta diversos estudios que muestran que la energía nuclear no está exenta de emisiones de CO2, tanto si analizamos todo el ciclo de vida de una central nuclear, como si nos restringimos a la fabricación del combustible nuclear.

La energía nuclear no es una alternativa para mitigar el cambio climático, pues tiene enormes inconvenientes en comparación con la opción de las energías renovables.

A través de dos artículos aparecidos en los números 135 y 140, José Ramón Barrueco analiza las consecuencias medioambientales del conflicto generado en Salamanca, en pleno corazón de la dehesa, en la que ha fijado sus intereses una empresa de origen australiano que pretende explotar una mina de uranio.

Los textos revisan los avances y avatares de la resistencia de la Plataforma Stop Uranio y otros agentes de Retortillo (Salamanca) y alrededores, donde se ubica este proyecto (aún sin aprobar) de la empresa Berkeley Minera España, que ya ha causado cuantiosos impactos ecológicos y sociales en la zona.

En una nueva entrevista de Salvador López Arnal esta vez a Miguel Muñiz Gutiérrez sobre la industria atómica y la lucha antinuclear, se exponen diversos motivos para rechazar la energía nuclear:

  • Los impactos en la salud de la contaminación radiactiva que emite el funcionamiento cotidiano de cualquier reactor atómico, al emitir más de 40 tipos de elementos radiactivos. Como esa radiactividad va al medio ambiente, tiene la posibilidad de entrar en el organismo a través de los alimentos o el agua.
  • Seguridad: basta recordar Chernóbil en 1986 y Fukushima. Catástrofes irreversibles a escala humana, porque han dejado su huella en todo el planeta.
  • Los residuos radiactivos: residuos con los que no se sabe qué hacer, muchos de ellos con una actividad de cientos de miles de años, en los que serán peligrosos y que son una herencia envenenada de esta era que ya denominamos el Antropoceno.
  • La vinculación de la industria nuclear civil y militar, no solo por las bombas de uranio, plutonio o hidrógeno, sino sobre todo por los proyectiles de munición de uranio empobrecido; unos proyectiles que se están usando en todas las guerras que han estallado desde 1991, que se usan para perforar blindajes. Unos proyectiles que cuando explotan contaminan con radiactividad, y para muchos años, los lugares en que han explotado, provocando enfermedades en la población

Por último, queremos destacar el artículo de Tica Font para Papeles 149 que bajo el título: Utopía y Antropoceno: críticas y respuestas al reto nuclear, la autora habla sobre cómo el reto nuclear se compone de encontrar una respuesta al almacenaje de los residuos y afrontar el elevado número de armas nucleares existentes.

Reto de los residuos nucleares

Este reto tiene dos procedencias, los residuos de la industria nuclear, en concreto para la producción de energía, y los residuos procedentes de las pruebas de armas nucleares. El legado nuclear que la industria de este sector ha acumulado a lo largo del siglo XX y que dejamos para la vida futura es un problema con importantes repercusiones económicas, ambientales y sociales.

Según la Organización Internacional de la Energía Atómica (OIEA), actualmente hay más de 370.000 toneladas de residuos, de ellas 250.000 toneladas son de combustible nuclear almacenadas y 120.000 toneladas de combustible nuclear gastado reprocesado, a las que habrá que añadir las procedentes de cientos de instalaciones en vías de desmantelamiento.

El 98% de estos residuos provienen de centrales nucleares, el resto provienen de hospitales, centros de investigación, centros de producción de isotopos o de instalaciones militares (fábricas de armas o el combustible para reactores de propulsión de submarinos)

La construcción de cualquier forma de almacenamiento tiene unos requerimientos tan singulares que todavía hoy en día no se ha encontrado una solución técnica y segura al almacenamiento de estos residuos.

En definitiva, no hay ninguna propuesta que demuestre que los residuos de alta actividad se vayan a mantener aislados del entorno durante decenas de millones de años. Por eso, «dada la escala de tiempo de la que hablamos, hay que tomarse un tiempo para decidir qué hacemos con este legado de residuos nucleares»

Capacidades nucleares existentes

En el mundo tenemos 14.465 armas nucleares. El número de armas nucleares en el mundo ha disminuido desde el final de la Guerra Fría, en su punto más álgido hubo unas 70.300 armas, consecuencia de los tratados START I y II de reducción de los años posteriores; pero teniendo en cuenta la potencia de las armas nucleares existentes, podemos afirmar que las actuales existencias equivaldrían a100.000 explosiones como las de Hiroshima y Nagasaki.

El número de armas nucleares quedan repartidas de la siguiente manera: Rusia 6.500, Estados Unidos 6.185, Francia 300, China 290, Reino Unido 200, Pakistán150-160, India 130-140, Israel 80-90 y Corea del Norte 20-30. Como podemos ver el 88% de todas ellas están en manos de Estados Unidos y Rusia. De todas estas armas, 3.750 están operativas, es decir, están ya montadas en misiles, sea en bases terrestres o submarinos y listas para ser utilizadas de manera inmediata; el resto, están almacenadas y algunas pocas retiradas para desmantelar.

Para la autora, lo preocupante son las actuaciones unilaterales tomadas por Trump, actuaciones que están tensionando al resto de Estados nucleares, no solamente a Corea del Norte o Irán. Lo preocupante es que todo este poder destructivo está en manos de una sola persona.

El artículo también aborda la modernización de los sistemas nucleares es la introducción de la Inteligencia Artificial (IA) que puede desdibujar los límites entre la guerra convencional y la guerra nuclear, lo que puede comportar una escalada de conflictos.

El texto también da visibilidad a las iniciativas de respuesta de la sociedad civil organizada, a través de la Campaña Internacional para Abolir las Armas Nucleares (ICAN), que trabaja por impulsar un Tratado sobre Prohibición de las Armas Nucleares. ICAN agrupa a 547 ONG y desde ahí se ha impulsado, participado y presionado a los Estados para que apoyen, firmen y ratifiquen este Tratado.

La sociedad civil trabaja para crear un estado de opinión suficientemente amplio que presione moral y políticamente sobre los Estados que se resisten buscando estigmatizar el uso de estas armas y la doctrina que justifica su uso.

Las personas que habitamos este planeta necesitamos un compromiso claro, efectivo y vinculante hacia un desarme nuclear.

El reto social y medioambiental es eliminar todas las armas nucleares.

 


El mito del trabajo

El mito del trabajo: origen, evolución y perspectivas

Erik Gomez-Baggethun y José Manuel Naredo

Vivimos en una sociedad estructurada en torno al trabajo. El trabajo no es sólo el principal medio por el cual satisfacemos nuestras necesidades, sino también un importante vector de integración social y un indicador clave de estatus e identidad. En nuestra era, los edificios más altos y espectaculares ya no son iglesias, templos y catedrales para honrar a los dioses, sino rascacielos de oficinas al servicio del trabajo.

La noción de trabajo se percibe hoy como una categoría eterna y universal que tendemos a asumir acríticamente. Pero, por naturalizada que nos parezca hoy en día, la noción de trabajo no existía en otros tiempos.[1] Se consolidó allá por el siglo XVIII, junto con que la noción de producción y la propia idea sistema económico.[2]

La mayoría de las sociedades preindustriales no estaban organizadas en torno al trabajo e incluso carecían en sus idiomas de un término equiparable a la palabra trabajo. Las palabras utilizadas para expresar ideas relacionadas con lo que hoy se entiende por trabajo tenían un significado mucho más estrecho (por ejemplo, para designar actividades concretas) o mucho más amplio (que puede incluir la actitud meditativa del chamán).[3]

La antigua Grecia ofrece un buen ejemplo de una sociedad no estructurada en torno al trabajo. El relato etimológico detallado de Arendt[4] muestra que, al igual que las sociedades primitivas, los antiguos griegos no tenían una palabra que integrara la amplia gama de actividades que actualmente incluimos bajo el término «trabajo» como una categoría homogénea, como tampoco la tenían los antiguos romanos. Su vocabulario contenía una variedad de conceptos para designar diferentes actividades, sujetas a diferente valoración social. Por ejemplo, se despreciaban las tareas ordinarias y generalmente penosas (pónos) relacionadas con la subsistencia y el abastecimiento diario, que no se identificaban con la obra (ergon). Pero no era tanto la manualidad o el esfuerzo exigido por las actividades lo que llevaba a calificarlas de serviles o degradantes, como el carácter dependiente de quienes las realizaban ya fueran esclavos o asalariados.

En Roma se mantuvo ese desprecio por las actividades penosas y dependientes, lo que llevó a Cicerón a afirmar que «cuanto tenga que ver con un salario es sórdido e indigno de un hombre libre […] como también lo es el comercio de reventa».[5] Y en la Edad Media también se siguió careciendo de un término que comprendiera la gama de actividades que ahora llamamos trabajo. Además, como todavía no se había inventado la noción hoy usual de sistema económico, en el lenguaje de las sociedades primitivas, antiguas o medievales no se encuentra una clara diferenciación entre actividades productivas e improductivas, ni entre el trabajo (productivo) y el ocio (parasitario).

El trabajo como criatura de la revolución industrial y la ciencia económica

El trabajo tal como lo conocemos hoy en día es una palabra y una categoría que surgió en un contexto social e ideológico concreto: se estableció conjuntamente bajo el capitalismo industrial y bajo la eclosión de la moderna ciencia económica como disciplina independiente.[6] Se introdujo en el siglo XVIII y se consolidó un siglo más tarde a través de la codificación legal. Además, a finales del siglo XIX al XX, el trabajo (como mano de obra asalariada) se convirtió en la fuente central de supervivencia, identidad personal y movilidad social en los países industrializados.[7] Esbocemos sumariamente cómo surgió y se acabó imponiendo la ideología y la disciplina actual del trabajo.

Las alabanzas a una vida ordenada por la reglamentación monástica y militar se ajustaban a las necesidades del naciente capitalismo. El sonido de las campanas en los monasterios y de las trompetas en los campamentos y barracones, pronto sería imitado por la sirena de las fábricas que pidieron a los trabajadores que se sometieran al ritmo del proceso económico a través del reloj.[8] También hay que advertir que, en el medio rural, el ritmo de las tareas realizadas variaba mucho a lo largo del año, al verse condicionada por las estaciones y el clima, dificultando englobarlas todas bajo una categoría homogénea. Solo la reducción del peso de las tareas agrarias y el avance industrial, unidos a la capacidad de controlar el ambiente mediante iluminación y climatización artificiales, abrió la posibilidad de concebir e imponer la aplicación de un tiempo de trabajo homogéneo durante todo el año.

Ya separado de los ritmos de la naturaleza, el tiempo se convirtió en dinero, y el uso del reloj difundió la idea de “falta de tiempo”. Thompson[9] señala que, en el siglo XVI, cuando las campanas de los relojes comenzaron a sonar a intervalos regulares, el trabajo se empezó a erigir en un valor supremo.

La concepción actual del trabajo surge del capitalismo industrial y la eclosión de la moderna ciencia económica

Aunque la ética del trabajo se había ido extendiendo en siglo XVI entre la burguesía industrial y mercantil, todavía costaría mucho tiempo romper el desprecio por el trabajo asalariado presente entre los campesinos. Incluso tras la liquidación de los usos “comunes” de la tierra y el cercamiento de las fincas que dejó sin medios de vida a buena parte del campesinado en Inglaterra, se constata que llevar a los campesinos y artesanos a las fábricas resultó una tarea difícil. «A los tejedores de lana –escribe Thomson[10]– no les gustaban las fábricas: representaban primero la disciplina; la campana o sirena de la fábrica; el tiempo bajo vigilancia [...] entrar en la fábrica era pasar de ser una persona autónoma y motivada, por pobre que fuera, a ser un sirviente». Los empleadores se quejaban de que los tejedores mantuvieron el “San lunes”, la tradición del absentismo de los lunes[11], que a veces incluso extendían hasta el martes.[12] Un trabajador dispuesto a vender mano de obra al mejor postor era raro en tiempos preindustriales. Thompson señala que no es hasta mediados del siglo XIX cuando podemos vislumbrar «el tipo de trabajador templado, prudente y responsable, orgulloso de poseer un reloj».[13] El evangelio del trabajo finalmente se había impuesto.

Es en el siglo XVIII cuando fue tomando cuerpo la idea actual de trabajo, consolidando su glorificación y su institucionalización como fuente central de ingresos y estatus.[14] El trabajo apareció entonces por primera vez como una categoría homogénea, medible en unidades de tiempo o valor[15] y se identificó unívocamente con el trabajo productivo (de valor añadido) excluyendo las actividades no mercantilizadas. También se identificó unívocamente con la actividad útil, ya que el ocio se degrada a una naturaleza meramente pasiva y parasitaria, corrompiendo el significado antiguo de la palabra, que comprendía la idea de un ocio activo y creativo. El trabajo se convirtió gradualmente en el principal marcador de estatus e identidad en las sociedades industriales, así como el vector más importante para el reconocimiento y la integración de la sociedad.

En este contexto la palabra trabajo fue surgiendo y extendiéndose junto con la revolución industrial y la ideología económica dominante. Cabe afirmar que en el grueso de los países y lenguas del mundo occidental la palabra trabajo tomó sus raíces de otras que significaban tareas penosas y dependientes. «En el griego moderno la palabra doulía significa trabajo en general, como transposición directa de la palabra esclavitud en el griego antiguo, douleía, y doulos, esclavo. Al igual que en español y en francés las palabras trabajo y travail proceden de la voz latina tripalium, que designaba el potro de tres palos al que se ataban los esclavos o malhechores para infligirles castigo. También en ruso las palabras rabota –trabajo– o rabotnik –trabajador– proceden de la raíz rab –esclavo–. En ingles, la palabra labor –trabajo– es originariamente sinónimo de torment –tormento– o agony –agonía–. Y algo similar ocurre en rumano, macedonio, ucraniano, polaco, búlgaro, checo y eslovaco».[16] De esta manera, resulta en extremo paradójico que se pretenda construir una sociedad de personas libres e iguales a base de someterlas mayoritariamente a las servidumbres de un trabajo dependiente, de considerarlas mera “fuerza de trabajo” o “capital humano” a gestionar por otros, con la diferencia respecto a los propietarios de esclavos que ahora los que alquilan y utilizan el trabajo no tienen que preocuparse de cuidar, ni de amortizar a los trabajadores.

La palabra trabajo tomó sus raíces de otras que significaban tareas penosas y dependientes

Paralelamente, a medida que en el siglo XVIII se extendía la palabra trabajo y se gestaba la moderna idea de sistema económico, con la noción de producción y el afán de acrecentarla mediante el trabajo, fue cambiando también la noción de riqueza y del modo de obtenerla. Así, autores que van desde Aristóteles a Copérnico han venido afirmando que «la tierra concibe por el sol y de él queda preñada, dando a luz todos los años».[17] Sin embargo, William Petty, destacado economista del siglo XVII, estableció ya la llamada “ecuación natural” de la riqueza, en la que afirmaba que «el trabajo es el padre y la tierra la madre de la riqueza». Con lo cual un nuevo ingrediente activo y masculino, el Padre-Trabajo, vino a sustituir a las potencias celestes a la hora de fecundar a la Madre-Tierra, erigiéndose en una categoría fundamental del enfoque económico ordinario. Un paso más allá lo dieron los llamados economistas clásicos, con Adam Smith a la cabeza, atribuyendo ya al Padre-Trabajo el monopolio de la creación (de valor monetario o de cambio). En efecto, la primera frase de su famoso libro fundacional, La riqueza de las naciones (1776), afirma que «el trabajo anual de cada nación es el fondo que la surte de todas aquellas cosas necesarias y útiles para la vida». Frase cuya aceptación acrítica denota que ya se ha operado un fuerte lavado de cerebro, puesto que, entre otras cosas, el aire que respiramos…o el agua que bebemos, asociados a esos dos fenómenos consustanciales con la vida y la alimentación, que son la fotosíntesis y el intercambio iónico, poco tienen que ver con el trabajo. La teoría del valor trabajo, formulada por Smith y asumida y divulgada por Ricardo y por Marx, contribuyó a entronizar la categoría trabajo como ingrediente básico en la producción (de valor) y a afianzar la axiomática que subyace a la idea usual de sistema económico que las Cuentas Nacionales se encargan de cifrar.

Precisiones sobre el concepto de trabajo

En su significado más amplio, trabajar es «ocuparse en cualquier actividad física o mental» (según el Diccionario de la Real Academia Español de la lengua) y trabajo 1) «acción de trabajar» y 2) «ocupación retribuida». El Diccionario de Oxford del Inglés define el trabajo de forma algo más estricta como «toda actividad que implica un esfuerzo mental o físico realizado para lograr un propósito o resultado». Sin embargo, en el lenguaje económico, la noción dominante de “trabajo” tiene un significado mucho más estrecho, que viene delimitado implícitamente por la noción usual de sistema económico. Es corriente que se utilice la palabra trabajo ignorando y solapando las marcadas diferencias de significado que se observan entre la noción amplia y coloquial de trabajo y aquella mucho más estricta del enfoque económico ordinario.

Hemos de recordar por tanto que la noción de trabajo como actividad humana asociada a la actividad de producción (de valor) es un ingrediente básico de la noción usual de sistema económico[18] que a su vez contribuye a reforzar la noción de trabajo al atribuirle funciones productivas (de valor). La categoría trabajo así definida es un objeto teórico. Es decir, que al igual que la de los objetos económicos, es una categoría que viene definida implícitamente por el sistema económico, ya que registra solo aquellas actividades humanas asociadas al proceso llamado de producción, que se supone infunde valor a los objetos económicos. De ahí que esta categoría de trabajo sea más restringida que la acepción coloquial del término y que los contables nacionales se vean obligados a delimitar el contenido de los agregados velando por la coherencia de la representación contable de la idea admitida de sistema económico, cuando exigen una estricta correspondencia entre producción y trabajo y, por ende, dejan de contabilizar como trabajo aquellas actividades que no consideran productivas (de valor), como ocurre, por ejemplo, con las tareas domésticas y de cuidados no retribuidas.

Estas actividades, al no infundir valor monetario a ningún objeto económico, no computan ni como trabajo, ni como producción, ni como consumo. Por el contrario, las metodologías al uso de las contabilidades nacionales han acordado dar a la actividad remunerada de los funcionarios el tratamiento de trabajo, incluyendo también en los agregados de producción y de consumo el valor añadido imputado de estos “servicios no destinados a la venta”, que se valoran simplemente por el sueldo que cobran los funcionarios. En uno y otro caso se trata de preservar la coherencia lógica del sistema manteniendo las correspondencias biunívocas antes mencionadas entre trabajo, producción y consumo (presente o diferido).[19] El aire que respiramos ni se produce ni se consume ni, por supuesto, respirar es trabajo. Como tampoco lo es escribir un artículo, correr, conducir, mover o clasificar objetos, dar patadas a un balón, cocinar, limpiar, cuidar personas, animales o plantas… si no tienen una contrapartida monetaria o monetizable. Sólo si esta contrapartida existe, las actividades pasan a convertirse en trabajos que producen “bienes y servicios”. En suma, que la noción de trabajo así definida forma parte de las categorías constitutivas de la noción usual de sistema económico que se inventó en el siglo XVIII y se consolidó después haciendo creer que se trata de algo objetivo y universal.

Este proceso contribuyó a entronizar la metáfora absoluta de la producción (es decir en, una metáfora que transfiere ideología en cuestiones relevantes sin respaldo lógico ni empírico alguno) y la correspondiente noción de trabajo, noción que al estar asociada a una contrapartida o producto monetario o monetizable deja fuera cantidad de actividades que coloquialmente podrían ser calificadas de trabajo y que pueden ser muy importantes, pero que permanecen así invisibilizadas o ninguneadas por el enfoque económico dominante. Y cuando una red analítica deja escapar aspectos inestudiados caben dos posibilidades: estirar esa misma red para atrapar elementos que quedaban fuera o usar otras redes y enfoques más adecuados, siendo en el caso que nos ocupa esta segunda opción la más fructífera. Porque, por ejemplo, en el caso de las tareas domésticas o de cuidados no retribuidas, no parece que se haría mucha justicia incluyéndolas como producción y consumo de servicios a costa de mercantilizarlas y minusvalorarlas, al imputarles para ello el salario miserable del trabajo doméstico. En vez de minusvalorarlas de esa manera, sería mejor visibilizarlas estudiando el tiempo destinado a cada una de ellas, así como la utilidad social o el sentimiento y la motivación individual de quienes las ejercen (viendo si son obligadas o libres, penosas o placenteras…). También habría que revisar en que medida el “tiempo libre” está plagado de servidumbres que las empresas, administraciones o familias han venido cargando sobre determinadas personas, dando lugar a eso que Illich llamó “trabajo sombra”[20]… o está sometido a los dictados de la “sociedad de consumo”. Esta sería la manera de visibilizar aspectos y dimensiones que ocultan los enfoques económicos dominantes de la producción y del trabajo.

 Crisis de la noción de trabajo

Hemos visto que el contexto social e ideológico marcado por la sociedad industrial y la idea usual de sistema económico aportó el caldo de cultivo adecuado para que la noción de trabajo pudiera prosperar. Pero este contexto fue cambiando y durante las últimas décadas asistimos a una crisis de la noción de trabajo tal y como se ha venido entendiendo en el último siglo en el seno de las sociedades industriales. El peso de las actividades agrarias e industriales fue decayendo en favor de “los servicios”, la metáfora de la producción fue perdiendo capacidad explicativa ante la eclosión de nuevas formas de adquisición de riqueza ajenas al PIB[21], y hasta la propia noción de trabajo se ha ido resquebrajando, pues las relaciones laborales se modificaron, los trabajadores asalariados se fueron reconvirtiendo en falsos autónomos y/o emprendedores y el “trabajo sombra” fue invadiendo el llamado tiempo libre, a la vez que el ocio se sometía cada vez más a las servidumbres de la sociedad de consumo.

La “creación de valor” que realizan las principales empresas tiene hoy más que ver con la emisión de activos financieros y la compraventa de bienes patrimoniales que con el trabajo destinado a la fabricación y venta de mercancías, generando un proceso de acumulación de capital cada vez más desvinculado del trabajo por varias razones. La creciente automatización, no sólo ahorra trabajo, sino que cambia la naturaleza de los procesos y la función de los trabajadores: convierte a los antiguos obreros de las fábricas en meros vigilantes de máquinas mantenidas y reparadas por especialistas, que suelen depender de otras empresas que venden esos servicios. A este fraccionamiento de tareas se añade la posibilidad que ofrecen los actuales medios informáticos de ejercer múltiples actividades sin necesidad de “acudir al trabajo”, diluyendo así la propia jornada y tiempo presencial de trabajo, como bien ha ilustrado la eclosión de “trabajo virtual” practicado durante la reciente pandemia de la COVID-19. Asimismo, las tecnologías digitales y la generalización en el uso de los medios sociales han desconfigurado las tradicionales líneas divisorias entre trabajo y ocio, convirtiéndonos en “trabajadores digitales” para las grandes corporaciones tecnológicas. Nuestra jornada laboral comienza en el momento que encendemos nuestros móviles, nos conectamos a internet y empezamos a generar datos aportando tiempo de “trabajo digital” que las empresas tecnológicas convierten en capital.[22]

Por otra, se acusa el fraccionamiento ocasionado por la deslocalización de procesos desde las antiguas metrópolis industriales hacia el resto del mundo, recurriendo luego al transporte y la logística para unir las piezas a ensamblar y embalar y distribuir los productos a vender. Con lo que las empresas transnacionales han organizado la mismísima creación de valor derivada de la fabricación y venta de mercancías en redes que alcanzan dimensiones planetarias y que se sirven además de los paraísos fiscales para camuflar ingresos y evitar impuestos. Este nuevo contexto –en el que lucro que obtienen los grandes oligopolios empresariales de la fabricación y venta de mercancías al amparo de marcas y modas, se junta con el procedente de operaciones financieras, concesiones, reclasificaciones de terrenos u otros que les permiten obtener plusvalías o rentas de situación– hace imposible calcular la contribución de los distintos trabajadores (ya sean obreros, empleados, directivos…o “trabajadores digitales” gratuitos) a ese proceso de “creación” colectiva de valor.

La creciente automatización, no solo ahorra trabajo, sino que cambia la naturaleza de los procesos y la función de los trabajadores

En esta nueva situación la justificación productivista del trabajo decae en el mundo académico, no sólo con la economía neoclásica y su teoría subjetiva de la formación y distribución del valor, sino también con la economía crítica que recurre a otros instrumentos para romper el reduccionismo del enfoque económico habitual. Por una parte, la economía institucional percibe la distribución del valor generado en el proceso económico como un juego de poder favorable al empresariado, cuyas imposiciones son corregibles por instituciones como el salario mínimo, los convenios reguladores… o la renta básica universal. Por otra, la economía ecológica pide a gritos volver a conectar el análisis de los procesos económicos con el mundo físico y social en el que se desenvuelven, adoptando enfoques transdisciplinares y multidimensionales que también tienen que ver con la distribución. Por ejemplo, la denominada Regla del Notario[23] subraya que la valoración de procesos y trabajos suele variar en sentido inverso al coste físico y a la penosidad de los mismos: es decir que los procesos con mayor coste físico y los trabajos más penosos suelen ser los menos remunerados. Se traslada así al mundo del capital y del trabajo asalariado la valoración elitista de tareas propias de sociedades jerárquicas anteriores.[24]

Y el gran problema actual surge de que cuando se generalizó la necesidad de dinero para vivir y cuando, para esa mayoría de personas carentes de fortuna, el trabajo dependiente aparece como su única fuente de ingresos, esta tendencia, unida al miedo al desempleo por la automatización y deslocalización del trabajo, refuerza la posición negociadora de las empresas, afianzando las relaciones de dominación y la precarización de las condiciones de trabajo observada en los últimos decenios en los países llamados desarrollados. Lo que nos lleva a una situación paradójica: cuando, por una parte, los aumentos el paro y de la productividad física del trabajo[25] piden a gritos la reducción de la jornada laboral acompañada de medidas como el establecimiento de una renta básica universal, por otra, los poderes establecidos se resisten a satisfacer estas demandas. Para defender el statu quo se alimenta la visión de que, por fin, la sociedad industrial ha permitido a la mayoría salir de la miseria y trabajar mucho menos que antes. Pero este mito está hoy solventemente refutado por estudios antropológicos que muestran que las sociedades precapitalistas destinaban a resolver sus problemas de intendencia bastante menos tiempo del que ocupa la actual jornada laboral. Y es que, como puntualiza Marshall Sahlins, el sentimiento de escasez resulta de relacionar medios con fines y los pueblos “primitivos” estudiados por él cubrían con más facilidad sus modestas necesidades que los pobladores de las actuales “sociedades de consumo”, de ahí el provocativo título[26] –«Edad de piedra, edad de abundancia»– de su libro más más divulgado.

En lo referente al tiempo de trabajo hay que puntualizar que aumentó dramáticamente con la revolución industrial y la expansión del capitalismo, alcanzando un máximo de alrededor de 3.500 horas por año a mediados del siglo XIX[27] para luego disminuir progresivamente hasta mediados del siglo XX debido a la lucha sindical. La reducción del tiempo de trabajo llegó a concebirse entonces como el resultado inevitable de los aumentos constantes en la productividad del trabajo. Keynes (1930) predijo famosamente 15 horas de trabajo a sus nietos[28] y hasta Nixon previó una semana laboral de 4 días.[29] Sin embargo, el empoderamiento de la actual tiranía corporativa observado desde finales del siglo pasado ha invertido la situación, manteniendo una enconada oposición a la reducción de la jornada laboral y a la implantación de la renta básica. La evolución histórica descrita evidencia que este cambio de actitud responde sobre todo al afán de la actual tiranía corporativa de ampliar su poder y sus beneficios, forzando a las personas a atarse al tripalium en condiciones cada vez más precarias.

Las sociedades precapitalistas destinaban bastante menos tiempo al trabajo para cubrir sus necesidades del que ocupa la actual jornada laboral

La relativa salud de la que sigue gozando el trabajo como elemento central y vertebrador de las sociedades contemporáneas, se explica por una efectiva combinación en el uso del “palo y la zanahoria”. Así, junto a los mecanismos coercitivos que nos fuerzan a trabajar (miedo al paro, la miseria y la exclusión social), no hay que subestimar los incentivos y mecanismos culturales (consumo como fuente de placer, comodidad, ostento, y símbolo de estatus social) que empujan a grandes segmentos de la población a abrazar voluntariamente el evangelio del trabajo.[30] Sin embargo, una vez que nuestras necesidades materiales básicas han sido cubiertas (con toda la complejidad que supone definir lo que entendemos como “básico”), el trabajo como fuente de felicidad a través del consumo evoca la imagen de una rueda de hámster. En una sociedad desigual, la competición por el estatus a través del consumo no tiene fin.[31] La mercantilización y el afán de emulación desatados en las actuales “sociedades de consumo” hace que la meta de las necesidades se desplace más rápidamente que los ingresos de que dispone la mayoría de la población para alcanzarla, generando un “estado de insatisfacción crónica”. Illich llega a presentar así al homo economicus como un eslabón intermedio en la transfiguración de la naturaleza humana desde el homo sapiens hacia el homo miserabilis. «La generación que siguió a la Segunda Guerra Mundial fue testigo de este cambio de estado en la naturaleza humana desde el hombre común al hombre necesitado (needy man)».[32]

Perspectivas

Las perspectivas que ofrece la encrucijada actual oscilan entre dos extremos. El de una sociedad adquisitiva cada vez más crispada en la que se sigan dando nuevas vueltas de tuerca al aumento conjunto del paro y el trabajo compulsivo precario, del consumo y de la competitividad, a costa de la insolidaridad y la segmentación social. Situación consustancial a una sociedad que seguiría prisionera de la mitología del trabajo.  O bien, el de una sociedad más cohesionada y solidaria, con medidas de protección social que aseguren un mínimo vital y favorezcan el libre ejercicio de actividades útiles e incluso placenteras, creativas y cooperativas. Y en la que se practique una reducción consciente del dominio de la actividad mercantil y de la jornada laboral, a la vez que se reorganiza y reparte el trabajo asalariado, a fin de evitar la actual dicotomía entre el paro y el trabajo compulsivo y de corregir la acusada asimetría que hoy se observa entre la retribución y la penosidad del trabajo.  Todo ello unido a la necesidad de revisar críticamente la propia noción de “tiempo libre”, para defenderla de las servidumbres del “trabajo sombra”.

Durante las últimas décadas, los resultados de la pugna por avanzar en las dos direcciones indicadas se han venido inclinando lamentablemente en favor de la primera. No obstante, en los últimos años se observa un repunte de los debates y movimientos sociales a favor de la reducción de la jornada laboral mediante el reparto del trabajo y de la implementación de una renta básica. Las razones que motivan estas reivindicaciones incluyen la reducción de la desigualdad y el paro frente a la nueva ola de automatización del trabajo,[33] la lucha por la conciliación entre trabajo y la vida privada, comunitaria y pública,[34] y la necesidad de desactivar la carrera consumista ante la crisis ecológica y climática.[35]

Además, el debate en torno al trabajo ha ganado una fuerza renovada al calor de la crisis global desatada por la pandemia de la COVID-19 y su impacto en las relaciones laborales, creando tasas masivas de paro, dando un vuelco a las dinámicas convencionales de trabajo (por ejemplo, con el teletrabajo) y desencadenando de la noche a la mañana esquemas de renta básica como medida de contención frente a los impactos sociales y económicos de la pandemia. Esperemos que este nuevo impulso siga ganado fuerza y ayude a trascender los dogmas de la ideología económica dominante, permitiendo que la dignificación, reducción y reparto equitativo de tareas socialmente necesarias se consolide como una de las grandes luchas sociales del siglo XXI por la salud y el bienestar humano y planetario.

 

Erik Gomez-Baggethun es profesor del Departamento de Estudios Internacionales de Medio Ambiente y Desarrollo en la Universidad Noruega de Ciencias de la Vida (NMBU) y miembro del Instituto Noruego para la Investigación de la Naturaleza (NINA)

José Manuel Naredo es economista y estadístico.

Puedes descargar el artículo completo: El mito del trabajo: origen, evolución y perspectivas

 

NOTAS

[1] José Manuel Naredo, «Configuración y crisis del mito del trabajo», Scripta Nova, vol. VI, núm. 119(2), 2002; Marie-Noëlle Chamoux, «Sociétés avec et sans concept de travail», Sociologie du Travail, núm. 36, 1994, pp. 57-71.

[2] José Manuel Naredo, La economía en evolución: historia y perspectivas de las categorías básicas del pensamiento económico, Siglo XXI de España (4ª ed. actualizada), Madrid, 2015a.

[3] Dominique Méda, Le Travail. Une valeur en voie de disparition? Flammarion, Paris, 2010.

[4] Hannah Arendt, The human condition, University of Chicago Press, Chicago, 1998 [1era ed. 1958].

[5] José Manuel Naredo, op. cit., 2015a, p. 139).

[6] André Gorz, Métamorphose du travail. Critique de la raison économique, Éds. Galilé, Paris, 1988; José Manuel Naredo, op. cit., 2015a.

[7] Andrea Komlosy, Work: The last 1,000 years, Verso Books, London, 2018.

[8] Lewis Mumford, Technics and civilization, The University of Chicago Press, Chicago, 2010 [Ed. en castellano, Madrid, Alianza Ed., 1981].

[9] Edward P. Thompson, «Time, work-discipline, and industrial capitalism», Past & present, núm. 38, pp. 56-97, 1967.

[10] Edward P. Thompson, The making of the English working class, Open Road Media, 1963, pp. 337-338.

[11] Tom Hodgkinson, How to be Idle, Penguin, Londres, 2005.

[12] Frank Ackerman, The changing nature of work. Washington, DC, Island Press, 1998.

[13] Edward P. Thompson op. cit., 1963.

[14] André Gorz, op. cit., 1988.

[15] Jacques Ellul, La technique ou l'enjeu du siècle, A. Colin,  Paris, 1954 [la referencia corresponde a la edición en castellano: La edad de la técnica, Octaedro, Barcelona, 2003, p. 331].

[16] José Manuel Naredo, op. cit., 2015a, p. 142. Ref. Georges Kersaudy, G. Langues sans frontières. A la découverte des langues de l’Europe, Paris, Autremente, Paris, 2001, pp. 136-137.

[17] Nicolás Copérnico, De revolutionibus orbium coelestium, libro I, cap. X, transcripción de Thomas S. Kuhn, La revolución copernicana, Barcelona, Ariel, 1978, pp. 235-240.

[18] Véase José Manuel Naredo, op. cit., 2015a, cap.24.1 «La axiomática que preside la versión cuantitativa corriente del sistema económico y sus limitaciones».

[19] Ibídem, p. 557.

[20] Ivan Illich, Shadow Work, Marion Boyars, New Hampshire, 1981.

[21] Estudiadas en José Manuel Naredo, Taxonomía del lucro, Siglo XXI de España, Madrid, 2019.

[22] Trebor Scholz (ed.), Digital labor: The Internet as playground and factory, Routledge, 2012.

[23] José Manuel Naredo, Raíces económicas del deterioro ecológico y social, Siglo XXI, Madrid, 2015b; José Manuel Naredo, op. cit., 2019.

[24] Thorstein Veblen, The theory of the leisure class, Viking House, Nueva York, 1934 (ed. original: 1899) [Ed. en castellano, México, FCE, 1995]

[25] Por ejemplo, si usamos el sector agrario como ilustración, en la en la agricultura española por cada caloría invertida en forma de trabajo humano se obtenían 94 en productos agrícolas y ganaderos en la campaña 1950-51 y 420 en 1977-78, multiplicándose por 4,5 la productividad del trabajo humano en ese período (José Manuel Naredo, Evolución de la agricultura en España (1940-2000), Granada, Servicio de Publicaciones de la Universidad de Granada, 2004, p. 401). También se estima que la productividad del trabajo humano, calculada de esa misma manera, se ha multiplicado por 12 entre 1950 y 2008 (a partir de los datos contenidos en Manuel González de Molina et al., Historia de la agricultura española desde una perspectiva biofísica (1900-2015), Servicio de Publicaciones del Ministerio de Agricultura, Madrid, 2019,  pp. 360 y 374). Es obvio por otra parte que estos aumentos de productividad del trabajo humano se han logrado a base de inyectar en energía directa o indirecta usando medios químicos y mecánicos y poniendo en cuestión el futuro de los sistemas agrarios.

[26] De la edición francesa: Marshall Sahlins, Âge de Pierre, âge d’abondance, Gallimard, Paris, 1976,  [Ed. en castellano, Akal, Madrid, 1981].

[27] Hans-Joachim Voth, Time and work in England 1750-1830, Clarendon Press, Oxford, 2000; Juliet Schor,  The overworked American: The unexpected decline of leisure, Basic books, Nueva York, 2008.

[28] John Maynard Keynes, Economic possibilities for our grandchildren. In Essays in persuasion, Palgrave Macmillan, Londres, 2010 [1era ed., 1930], pp. 321-332.

[29] William M. Blair, «Nixon Foresees 4-Day Work Week», New York Times, 23 de septiembre de 1956.

[30] Mecanismos que coinciden en lo fundamental con los descritos por La Boetie hace siglos como base de la “servidumbre voluntaria” que soporta el despotismo (Etienne de La Boetie, Discours de la servitude volontaire, Librairie Philosophique J. Vrin, Paris, 2002 [1576]).

[31] Fred Hirsch, Social limits to growth, Routledge, 2005.

[32] Ivan Illich, I.  (1992) “Needs”, en Wolfgang Sachs , W. (eEd.), The Development Dictionary: A Guide to Knowledge as Power, Londres, Nueva Jersey: Zed Books, Londres, 1992, p. 88 [hay traducción en castellano del Centro de Aprendizaje Intercultural (CAI), Cochabamba, 1997].

[33] Ford, M. (2015). Rise of the Robots: Technology and the Threat of a Jobless Future. Basic Books.

[34] Gorz, Op.Cit. (1988).

[35] Knight, K. W., Rosa, E. A., & Schor, J. B. (2013). “Could working less reduce pressures on the environment? A cross-national panel analysis of OECD countries”, 1970–2007. Global Environmental Change, 23(4), 691-700.


Lectura Recomendada

 

Cerca de 690 millones de personas padecen hambre.

En 2019, 750 millones de personas, o casi una de cada 10 personas en el mundo, se vieron expuestas a niveles graves de inseguridad alimentaria.

2 000 millones de personas en el mundo no disponían de acceso regular a alimentos inocuos, nutritivos y suficientes en 2019.

Si continúan las tendencias recientes, el número de personas afectadas por el hambre superaría los 840 millones para 2030.

La COVID-19 puede añadir entre 83 y 132 millones de personas al número total de personas subalimentadas en el mundo en 2020.

A escala mundial, la carga de la malnutrición en todas sus formas sigue constituyendo un desafío.
Según las estimaciones actuales, en 2019 el 21,3% (144,0 millones) de los niños menores de cinco años
sufría retraso del crecimiento, el 6,9% (47,0 millones) padecía emaciación y el 5,6% (38,3 millones) tenía sobrepeso.

El último informe de FAO El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo 2020. Transformación de los sistemas alimentarios para que promuevan dietas asequibles y saludables, confirma la tendencia sobre la que se ha informado en ediciones anteriores: el número de personas afectadas por el hambre a nivel mundial ha ido aumentando lentamente desde 2014.

El informe muestra que la carga de la malnutrición en todas sus formas sigue constituyendo un desafío. Se han realizado algunos progresos en relación con el retraso del crecimiento infantil, el bajo peso al nacer y la lactancia materna exclusiva, aunque a un ritmo demasiado lento todavía. En relación con el sobrepeso infantil no se han logrado mejoras y la obesidad en adultos está aumentando en todas las regiones.

En el informe se complementa la evaluación habitual de la seguridad alimentaria y la nutrición con previsiones sobre cómo podría ser el mundo en 2030 si continúan las tendencias del último decenio. Las previsiones muestran que el mundo no está en vías de lograr el objetivo del hambre cero para 2030 y, pese a que se han realizado ciertos progresos, tampoco lleva camino de lograr las metas mundiales sobre nutrición, de acuerdo con la mayoría de los indicadores. Es probable que la seguridad alimentaria y el estado nutricional de los grupos de población más vulnerables se deterioren aún más debido a las repercusiones socioeconómicas y sanitarias de la pandemia de la enfermedad por coronavirus (COVID-19).

El mundo está avanzando, pero no lleva camino de cumplir las metas establecidas para 2025 y 2030 en relación con el retraso del crecimiento infantil y el bajo peso al nacer, y solo va por buen camino de lograr la meta de 2025 relativa a la lactancia materna exclusiva.

La inseguridad alimentaria puede empeorar la calidad de las dietas y, en consecuencia, incrementar el riesgo de diversas formas de malnutrición, lo cual puede conducir a la desnutrición, así como al sobrepeso y la obesidad.

Las dietas saludables son inasequibles para numerosas personas, especialmente la población pobre, en todas las regiones del mundo. Las estimaciones más prudentes indican que más de 3 000 millones de personas en el mundo no se pueden permitir este tipo de dietas. Se estima que, de media, las dietas saludables son cinco veces más costosas que las dietas que solo satisfacen las necesidades energéticas mediante alimentos amiláceos.

El paso a dietas saludables puede contribuir a reducir los costos sanitarios y relacionados con el cambio climático para 2030, pues los costos ocultos de estas dietas saludables son menores que los de los hábitos de consumo actuales. Se prevé que la adopción de dietas saludables dé lugar a una reducción de hasta el 97% de los costos sanitarios directos e indirectos y entre el 41% y el 74% de los costos sociales de las emisiones de gases de efecto invernadero en 2030.

 

En el informe se destaca la calidad de la dieta como vínculo decisivo entre la seguridad alimentaria y la nutrición. El cumplimiento de las metas del ODS 2 solamente será posible si las personas disponen de alimentos suficientes para comer y si lo que comen es nutritivo y asequible.

Se presenta asimismo un nuevo análisis del costo y la asequibilidad de las dietas saludables en todo el mundo, por región y en diferentes contextos de desarrollo. Igualmente se presentan valoraciones de los costos sanitarios y en relación con el cambio climático asociados a los hábitos actuales de consumo de alimentos, así como los posibles ahorros si estos hábitos se modificasen en favor de dietas saludables que incluyan consideraciones de sostenibilidad.

 

El informe concluye con un examen de las políticas y estrategias para transformar los sistemas alimentarios a fin de lograr dietas saludables asequibles, como parte de los esfuerzos necesarios para acabar tanto con el hambre como con todas las formas de malnutrición.

 

Aunque el informe completo está actualmente disponible en inglés, hay un resumen en español.

A continuación ofrecemos un video de presentación del informe en inglés.

Más información sobre el informe y acceso a otros recursos, en la web de la FAO.


Día Mundial de la Población 2020

El 11 de junio se celebra el Día Mundial de la Población.

Por este motivo traigo como recomendación de lectura el Informe del Estado de la Población Mundial 2020 del Fondo de Poblacion de Naciones Unidas -UNPF (siglas en inglés)

Bajo el título: Contra mi voluntad. Desafiar las prácticas que perjudican a las mujeres y niñas e impiden la igualdad, el UNPF quiere visibilizar situaciones de violencia contra las mujeres en todo el mundo: la mutilación genital femenina, los matrimonios forzados, y el desamparo por la condición de mujer.

Día tras día, a decenas de miles de niñas se les arrebata la salud, los derechos y la salud, los derechos y su futuro, ya que son sometidas a prácticas que les causan daños físicos o psicológicos —o ambos— con el conocimiento y el consentimiento plenos de sus familias, amigos y comunidades

Estas prácticas reducen y limitan su capacidad para participar plenamente en la sociedad y desarrollar todo su potencial. Las consecuencias se propagan por toda la sociedad y apuntalan los mismos estereotipos y la desigualdad de género que motivaron aquellos actos tan perjudiciales.

Mutilación Genital Femenina

200 millones de mujeres y niñas que viven en la actualidad se ven afectadas por la mutilación genital femenina. Se calcula que 52 millones de mujeres y niñas han sido sometidas a la mutilación genital femenina por médicos, personal de enfermería y de partería. En cualquier circunstancia, la mutilación genital femenina constituye una violación de los derechos humanos y la ética médica.

La mutilación genital femenina vulnera los derechos fundamentales de las mujeres y las niñas —a la salud, la integridad física, la ausencia de discriminación y a no sufrir un trato cruel o degradante—.

Esta práctica puede provocar lesiones físicas y psicológicas graves que se prologan a lo largo de toda la vida de la mujer. Puede llegar a matarlas.

4.1 millones de niñas y mujeres se enfrentan al riesgo de sufrir la mutilación genital femenina este año.

Matrimonio infantil

Comprometidas, entregadas, comercializadas, vendidas

La escolarización de una niña normalmente acaba en el momento en que la casan. Comienza la maternidad, las oportunidades se evaporan, las puertas del futuro se cierran de golpe.

Esta práctica nociva es impuesta por lo general a las niñas por los miembros de su familia, de su comunidad o de la sociedad en su conjunto, independientemente de si la víctima otorga su consentimiento o es capaz de otorgarlo de forma plena, libre e informada.

El matrimonio infantil está prohibido prácticamente en todo el mundo. Pero cada día se producen 33.000 a escala mundial; la práctica trasciende países, culturas, religiones y grupos étnicos.

Compradas y vendidas

El matrimonio infantil suele tener carácter transaccional, y se casa a las niñas para aliviar una carga o asegurar el compromiso de su cuidado. En el caso de la dote y el pago de una cantidad por la novia, se trata de transacciones financieras y directas.

Las dotes son abonadas por la familia de una novia al novio, en principio, para el mantenimiento de la esposa.

El precio de la novia es abonado por el novio o su familia para “comprarla”

Tales prácticas, las cuales son más habituales entre las personas pobres y con menos formación, se agravan en tiempos de crisis y desplazamientos, refuerzan el matrimonio infantil y contribuyen a su mayor prevalencia, ya que cuanto más joven sea la niña, menor será la dote o mayor el precio de la novia: una mujer más joven o una niña se considera más valiosa, ya que tiene más años por delante para la maternidad y el servicio doméstico.

Si bien estas prácticas han sido prohibidas en la mayoría de países, la aplicación resulta complicada.

 

Preferencia por los hijos varones

Desdeñada, desamparada, anulada

Cuando se valora más a los niños que a las niñas, la presión para dar a luz a un varón es abrumadora. Esta predilección puede llegar a ser tan acusada como para que las parejas no escatimen esfuerzos para que no nazca una niña o, si ya tienen una hija, no se encarguen de su salud y bienestar porque anteponen el de un hijo.

La selección del sexo con sesgo de género: la interrupción de un embarazo si el feto es de sexo femenino, la determinación y la elección del sexo antes de implantar el embrión y la clasificación de espermatozoides para la fecundación in vitro

La selección posnatal del sexo: se mide por el exceso de mortalidad entre las niñas recién nacidas y de corta edad que refleja la discriminación y el abandono continuados de las niñas

140 millones de mujeres y niñas son consideradas desaparecidas

 

 

 

 

 

 

La causa subyacente: la desigualdad de género

Las prácticas nocivas perpetúan la supremacía de los hombres y los niños sobre las mujeres y las niñas al atribuirle menor valor a estas. Pero estos daños no solo refuerzan la subordinación de la mujer, además son herramientas de control de su sexualidad y fecundidad.

Mutilación Genital Femenina

La mutilación genital femenina se basa en la creencia errónea de que mejora la fecundidad, favorece el placer sexual masculino, reprime la sexualidad femenina, mejora la higiene, evita la infidelidad, satisface las demandas de las instituciones religiosas o propicia la aceptación de la comunidad. Tiene por objeto salvaguardar la pureza, el honor y la limpieza de las niñas con el propósito de aumentar sus posibilidades de matrimonio y controlar su sexualidad.

Matrimonio infantil

El matrimonio infantil suele estar motivado por el deseo de preservar la virginidad de la niña para su marido. Muchos progenitores creen que el matrimonio precoz protegerá a sus hijas de la violencia sexual, y así depositan la responsabilidad por la seguridad de su hija en manos del marido y la familia de este. Raras veces se considera la posibilidad de que el marido sea la fuente de la violencia sexual.

Preferencia por los hijos varones

La preferencia por los hijos varones, cuando se manifiesta como selección del sexo con sesgo de género, representa también el ejercicio de las preferencias sociales y familiares en relación con la fecundidad de la mujer.


Este año marca el comienzo de una “década de acción” encaminada a alcanzar para 2030 los Objetivos de Desarrollo Sostenible, que abarcan en su meta 5.3 la eliminación de este tipo de prácticas. Si queremos conseguir nuestro propósito y proteger la integridad física de millones de mujeres y niñas en peligro, ha llegado el momento de poner todavía más empeño. Es imperativo que avancemos con más celeridad

Los gobiernos han de cumplir con su deber de salvaguardar a las mujeres y las niñas. Los tratados de derechos humanos como la Convención sobre los Derechos del Niño guían a las autoridades para que adopten “todas las medidas eficaces y apropiadas posibles para abolir las prácticas tradicionales que sean perjudiciales para la salud de los niños”.

 

 

 


Entrevista a Joaquim Sempere

Entrevistamos a Joaquim Sempere, doctor en Filosofía por la Universidad de Barcelona y licenciado en Sociología por la Universidad de París-X, aprovechando su visita a Madrid para la presentación de su libro Las cenizas de Prometeo.

¿Qué significa una buena vida, una vida de calidad en el contexto de la crisis ecosocial?

¿Qué rasgos y dimensiones tiene ese tipo de vida deseable?

¿Cómo cubrimos las necesidades humanas?

¿Cómo nos relacionamos?

¿Qué uso hacemos de los tiempos?

Santiago Álvarez Cantalapiedra entabla una conversación con Joaquim Sempere acerca de cuáles aspectos ayudan a definir una vida buena, cómo cubrimos las necesidades humanas, cómo nos relacionamos, y cómo usamos los tiempos, entre otros temas.

Según nos cuenta Sempere "la vida no es sólo supervivencia es mucho más, una vida de calidad, una vida buena realmente humana. Somos parte de la naturaleza y conectamos con ella para recuperar la noción de nuestro origen, de nuestra vida."

 

Recuperamos también unos artículos de Sempere escritos para la revista Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global:

 

La explosión de las necesidades en el marco del sistema socioeconómico

Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, núm. 102, 2008, pp. 103-109.

Durante el siglo XIX, con antecedentes que se remontan a la revolución científica europea iniciada en el siglo XVI, emerge en Europa y América del Norte un sistema socioeconómico intrínsecamente expansivo: el capitalismo industrial. A lo largo del siglo XX y XXI éste se extenderá por el resto del mundo.

¿Cuál es el origen de esta expansividad?


La relación capital-trabajo como relación de poder social

Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, núm. 108, 2009, pp. 55-64

En el modelo capitalista, el capital privado sufraga una parte de la vida del obrero que no tiene nada que ver con la esfera productiva. Cumple, por tanto, una función social, que convierte al capitalista en un gestor que goza de un importante poder para condicionar la vida de un número de personas. El capitalismo sustrae a los actores reales de la actividad económica la soberanía material sobre sus vidas: los convierte en siervos, en juguetes zarandeados por estrategias empresariales orientadas al máximo beneficio para el capital. El Estado podría –y debería– ampliar sus competencias para ofrecer siempre oportunidad de trabajo e ingreso a cualesquiera personas empleadas de empresas privadas, públicas o cooperativas lanzadas al desempleo por las fluctuaciones de la demanda.


Acotaciones sobre los orígenes del neoliberalismo

Papeles de Relaciones ecosociales y cambio global, núm. 124, 2013/14, pp. 29-36

El neoliberalismo golpea fuerte en Europa hoy, especialmente en Irlanda y los países del Sur del continente. Pero sus golpes empezaron mucho antes y alcanzan al mundo entero. Recuérdense la involución en los EEUU de Reagan y en la Gran Bretaña de Thatcher, a finales de los años setenta y comienzos de los ochenta, por no hablar del Chile de Pinochet. Más tarde se encadenaron varias crisis financieras en Asia y otras regiones del mundo como resultado de la imparable tendencia de un capitalismo desregulado a la especulación. Todo ello obedeció a un largo proceso que se remonta a mediados del siglo pasado. Pese a la abrumadora hegemonía ideológica del individualismo burgués hoy en los países del mundo euronorteamericano, la población de esos países muestra una fuerte adhesión al Estado del Bienestar. Esto significa que valores como solidaridad, ayuda mutua, bien común son ampliamente compartidos


Papel y límites de la acción intersticial en las transiciones postcarbono

Papeles de  Relaciones ecosociales y cambio global, núm. 127, 2014, pp. 91-106

La próxima transición socioecológica está llamada a romper lo que ha sido norma en el pasado: el aumento de la cantidad de energía usada, asociado aun aumento de la complejidad del sistema social. Nos enfrentamos a crecientes dificultades para imaginar una transición ordenada y organizada a gran escala. El autor aborda en este artículo los retos y potenciales limitacione q ue encaran algunas iniciativas alternativas con miras a la transición a una sociedad postcapitalista ecológicamente sostenible: las ciudades en transición y las cooperativas ecológicas, sin obviar los obstáculos que plantean en cualquier proceso transformador las condiciones socioeconómicas para la inmediata transición y la cuestión del poder


El colapso energético en la Cuba de los años 90

Papeles de Relaciones ecosociales y cambio global, núm. 140, 2017/18, pp. 13-32

Si existe un caso real de una economía industrial que haya sufrido lo más equiparable a un pico del petróleo y posterior colapso energético, ese es el de la Cuba de los años posteriores al hundimiento de la URSS. La adaptación repentina a una creciente escasez de suministros en los años noventa obligó a la economía cubana a acometer importantes reformas en el ámbito agrario y energético que para muchos han convertido a la isla en un faro de sostenibilidad, si bien se trata de un proceso con sus luces y sus sombras. El presente texto analiza el caso cubano a partir de la síntesis y el comentario de la tesis doctoral de Emilio Santiago Muiño, publicada en una versión resumida como libro por FUHEM Ecosocial con el título de Opción Cero: el reverdecimiento forzoso de la Revolución cubana.

 

Otras entrevistas

Entrevista a Joaquim Sempere, Santiago Álvarez Cantalapiedra, 2020.

Entrevista a José Manuel Naredo, José Bellver, 2020.

Entrevista a Bernardo Gutiérrez, Diego Escribano, 20219-

Entrevista a Michael T. Klare, José Bellver y Nuria del Viso,

Entrevista a Esteban Hernández, Salvador López Arnal, 2019.

Entrevista a Paul Mason, por José Bellver, 2019.

Entrevista a Javier de Lucas, por Susana Fernández Herrero, 2018.

Entrevista a Tica Font, por Susana Fernández, 2018.

Entrevista a Bernd Röttger, por Elisa Schwis, 2018.

Entrevista a Cecilia Díaz-Méndez, por Monica Di Donato, 2018.

Entrevista a Juliet Schor, por José Bellver, 2018.

Entevista a Guy Standing, por Lucía Vicent, 2018

Entrevista a Ganaderas en Red, por Monica Di Donato, 2018.

Entrevista a Stuart Wallis, por Allen White (traducido por Nuria del Viso), 2018.

Entrevista a Juan Bárcena, por Monica Di Donato, 2018.

Entrevista a Roberta Sonnino, por Monica Di Donato y José Luis López Casadevante, 2017.

Entrevista a Rafael Díaz Salazar, por Salvador López Arnal (2017).

Entrevista a Randall Wrey, por Lucía Vicent y José Bellver (2017).

Entrevista a José Luis Moreno Pestaña, por Monica Di Donato (2017).

Entrevista a Mª Eugenia Rodríguez Palop, por Nuria del Viso (2017).

Entrevista a Ada Colau, por Nuria del Viso (2017).

Entrevista a Joaquim Sempere, por Nuria del Viso (2017).

Entrevista a Albert Sanfeliu, por Clara Senent y Carlos Saavedra (2016).

Entrevista a Alfredo Caro-Maldonado, por Salvador López Arnal (2016).

Entrevista a Miguel Ángel Soto, por Monica Di Donato (2016).

Entrevista a Jesús Núñez Villaverde, por Nuria del Viso (2016).

Entrevista a Carme Valls Llobet, por Nuria del Viso (2016).

Entrevista a Miguel Candel, por Salvador López Arnal (2015).

Entrevista a Bill McKibben, por José Bellver (2015).

Entrevista a Yanis Varoufakis, por Nick Buxton (2015).

Entrevista a Mario Espinoza Pino, por Salvador López Arnal (2015).

Entrevista a Richard Heinberg, por Luis González Reyes (2015).

Entrevista a Renzo Llorente, por Salvador López Arnal (2015).

Entrevista a Eduardo Garzón, por Salvador López Arnal (2015).

Entrevista a Fefa Vila y Begoña Pernas, por FUHEM Ecosocial (2015).

Entrevista a Marina Subirats, por Nuria del Viso (2015).

Entrevista a Javier de Lucas, por Nuria del Viso (2014).

Entrevista a Cristina Carrasco, por Olga Abasolo y Lucía Vicent (2014).

Entrevista a Gérard Duménil y Dominique Lévy, por Bruno Tinel (2014).

Conversación con Manfred Max-Neef, por Santiago Álvarez Cantalapiedra (2014).

Entrevista a Michael Löwy, por Rafael Díaz Salazar (2014).

Entrevista a Antonio Elizalde Hevia, por José Luis Fernández Casadevante (2014).

Entrevista a Silvia Federici, por Tesa Echeverria y Andrew Sernatinguer (2014).

Entrevista a Marta Antonelli y Francesca Greco, por Monica Di Donato (2013).

Entrevista a Alberto Magnaghi, por José Luis Fernández Casadevante y Nerea Morán Alonso (2013).

Entrevista a Igor Sádaba, por Olga Abasolo (2013).

Entrevista a Giuseppe De Marzo, por Nuria del Viso (2013).

Entrevista a Rafaela Pimentel, por Lucía Vicent (2013).

Entrevista a Mar Nuñez, por Olga Abasolo (2013).

Entrevista a Daouda Thiam. Con testimonio de Sini Sarry, por Nuria del Viso (2013).

Entrevista a Rafael Poch-de-Feliu, por Salvador López Arnal (2013).

Entrevista a Endika Zulueta, por Equipo FUHEM Ecosocial (2013).

Entrevista a Sabino Ormazabal, por José Luis Fernández Casadevante (2013).

Entrevista a Susan George, por Nuria del Viso (2013).

Entrevista a Jorge Riechmann, por Salvador López Arnal (2012).

Entrevista a Antonio Turiel, por Santiago Álvarez Cantalapiedra (2012).

Entrevista a Raúl Zibechi, por José Luis Fernández Casadevante (2012).

Entrevista a Carlo Petrini, por Monica Di Donato (2012).

Entrevista a Rafael Feito, por Santiago Álvarez Cantalapiedra (2012).

Entrevista a Eduardo Gudynas, por Nuria del Viso (2012).

Entrevista a Mbuyi Kabunda, por Nuria del Viso (2012).

Entrevista a Rafael Poch-de-Feliu, por Salvador López Arnal (2012).

Entrevista a Carlos Martín Beristain, por Nuria del Viso (2012).

Entrevista a Chatherine W. de Wenden, por Antonio Izquierdo (2012).

Entrevista a Eduard Rodríguez Farré, por Salvador López Arnal (2012).

Entrevista a Saturnino "Jun" Borras, por Nuria del Viso (2011).

Entrevista a Harald Welzer, por Nuria del Viso (2011).

Entrevista a Loretta Napoleoni, por Nuria del Viso (2011).

Entrevista a Bonnie Campbell, por Nuria del Viso (2011).

Entrevista a Samuel Ruiz, por Cristina Ávila-Zesatti (2011).

Entrevista a Danielle Nierenberg, por Monica Di Donato (2011).

Entrevista a Antonio Ruiz de Elvira, por Monica Di Donato (2011).

Entrevista a Karen Marón, por Santiago Álvarez Cantalapiedra (2011).

Entrevista a Víctor M. Toledo, por Monica Di Donato (2010).

Entrevista a Narciso Barrera-Bassols, por Monica Di Donato (2010).

Entrevista a Juan Carlos Gimeno, por Monica Di Donato (2010).

Entrevista a Juan Gutiérrez, por Amador Fernández-Savater (2010).

Entrevista a Pepe Beunza, por José Luis Fernández Casadevante y Alfredo Ramos (2010).

Entrevista a Emilio Lledó, por Olga Abasolo (2010).

Entrevista a Juan Andrade, por Salvador López Arnal (2010).

Entrevista a Miguel Manzanera Salavert, por Salvador López Arnal (2010).

Entrevista a Eduard Rodríguez Farré, por Salvador López Arnal (2010).

Entrevista a Silvia L. Gil, por Salvador López Arnal (2010).

Entrevista a Miguel Ángel Rodríguez Arias, por Salvador López Arnal (2010).

Entrevista a Pablo de Greiff, por José Luis F. Casadevante y Alfredo Ramos (2010).

Entrevista a Serge Latouche, por Monica Di Donato (2009).

Entrevista a Alberto Acosta, por Matthieu Le Quang (2009).

Entrevista a Gerardo Pisarello, por Salvador López Arnal (2009).

Entrevista a José Luis Gordillo, por Salvador López Arnal (2009).

Entrevista a Francisco Fernández Buey, por Nuria del Viso (2009).

Entrevista a Paul Nicholson, por Nuria del Viso (2009).

Entrevista a Alfredo Embid, por Salvador López Arnal (2009).

Entrevista a Miquel Porta Serra, por Salvador López Arnal (2009).

Entrevista a Rafael Feito, por Salvador López Arnal (2009).

Entrevista a Ignacio Perrotini Hernández, por Salvador López Arnal (2009).

Entrevista a Joan Martínez Alier, por Monica Di Donato (2009).

Entrevista a Federico Aguilera Klink, por Salvador López Arnal ( 2008).

Entrevista a Sergio Ulgiati, por Monica Di Donato (2008).

Entrevista a Arcadi Oliveres, por Nuria del Viso (2008).

Entrevista a Ramón Fernández Durán, por Nuria del Viso (2008).

Entrevista a Antonio Elizalde, por Nuria del Viso (2008).

Entrevista a Jorge Riechmann, por Nuria del Viso (2008).

Entrevista a Rodolfo Stavenhagen, por Nieves Zúñiga (2008).

Entrevista a Saskia Sassen, por Nieves Zúñiga (2007).

 


PAPELES celebra su 35 cumpleaños

PAPELES en sus 35 años: vocación y función de una revista crítica

Ángel Martínez González-Tablas

PAPELES nació en 1985 cuando la transición española daba, con todas sus ambigüedades y contradicciones, los primeros pasos: la democracia iniciaba su andadura marcada por la dureza de una reconversión económica llevada a cabo con criterios de realismo capitalista, planeaba la sombra del referéndum de la OTAN, se empezaba a constatar lo que significaba la transición pactada con los sostenedores de la dictadura y crecía un entorno ominoso alrededor del terrorismo de ETA, mientras en el ámbito mundial, con el desafío de la guerra de las galaxias, los euromisiles y la amenaza nuclear, se vivía el auge del movimiento pacifista en la última fase de la guerra fría,.

Fue entonces cuando FUHEM promovió una iniciativa pionera en España, el Centro de Investigación para la Paz (CIP), que desde sus inicios estuvo impregnado por una concepción amplia de su enunciado. En este marco nació la revista y a ese periodo corresponde su primera etapa, que duró hasta 1993 y en la que se publicaron, con distintos formatos, cuarenta y nueve números bajo el nombre de Papeles para la paz.

En la segunda etapa –entre 1994 y 1997, números 50 a 60- se hacen más explícitos, ya bajo el formato actual, los elementos de una mirada compleja y el título pasa a ser Papeles de cuestiones internacionales de paz, ecología y desarrollo.

La tercera tiene de paréntesis, el contenido queda en la penumbra y lo adjetivo se hace sustantivo, publicándose entre 1997 y 2007 los números 61 a 98, bajo el título de Papeles de cuestiones internacionales.

La cuarta –desde el número 99 publicado en 2007 hasta la actualidad- reconecta, bajo el nombre de Papeles de relaciones ecosociales y cambio global, con la interpretación extensa de la paz enunciada en 1994, pero formulándola en los términos propios de una época muy distinta de la que vio el nacimiento de la revista. Al igual que veinte años antes fue pionera en la investigación para la paz, vuelve a serlo ahora al delimitar la problemática ecosocial – la articulación de sostenibilidad medioambiental, cohesión social y calidad democrática-  como el campo en el que se dilucida el signo de los nuevos tiempos.

Papeles, sin ser una revista de actualidad, nunca a lo largo de su historia ha dado la espalda a la realidad, su alimento ha sido siempre lo que acontecía y su evolución ha sido fiel reflejo de los cambios acaecidos. Por ello, siendo una revista de pensamiento crítico en el ámbito de las ciencias sociales, pocas veces se ha dejado seducir por los cantos de sirena de la elucubración abstracta, especulativa y desiderativa.

Ahí están como muestra los debates de la paz, el referéndum de la OTAN, el desarme en la “era del exterminismo”, el despegue de la conciencia ecologista, la reconfiguración del orden mundial tras la desaparición de la URSS, la globalización y los cambios en el capitalismo hasta el momento actual, en el que priman las diferentes manifestaciones de la crisis ecosocial en que estamos inmersos y el análisis de las profundas amenazas que nos esperan si no somos capaces de abordar a tiempo un cambio global.

En el terreno personal, dan testimonio de esta trayectoria los sucesivos equipos directivos de la revista, sus Consejos de Redacción y Asesores, los autores que han escrito en sus páginas, los lectores que han sido su razón de ser y los patronatos de la FUHEM que a lo largo de estos treinta y cinco años han respaldado el proyecto. Papeles es una experiencia más excepcional de lo que nos gustaría en el panorama español, fruto de la interacción de todos estos componentes, una revista con perfil propio que ha sobrevivido a los avatares del trayecto sin, a la postre, perder identidad, capaz de mirar con responsabilidad al futuro complejo e incierto de nuestro tiempo.

Aunque la invitación del director de la revista a que, una persona que estuvo presente en su nacimiento y que sigue vinculado a la FUHEM, escriba la Introducción a este número 150 tiene mucho de reconocimiento simbólico a los que desde posiciones no siempre visibles la han hecho posible, objetivamente es también una oportunidad para reflexionar con libertad y sin ambages sobre sus rasgos de identidad y sobre las que deberían ser sus aspiraciones.

Es inevitable que al optar por unos contenidos, un perfil y unos destinatarios la revista renuncie a otras posibilidades que serían legítimas. No se puede querer todo a la vez. Lo que, en cambio, se le puede pedir, incluso exigir, es que sea coherente con el propósito que enuncia y que lo persiga sin concesiones. Su contenido puede ser susceptible de lecturas diversas, pero su intención y sus principios no deben ser ambiguos. Y seguirlos en los términos en los que se enuncian es un compromiso público.

En tiempos digitales, de redes sociales, fakenews y confusión, en la España diversa de una Europa difícil, debe ser pleno el desarrollo de nuestra condición de revista de pensamiento ecosocial, lo cual implica radicalmente crítico, desde una independencia real y profunda. Sin que la renuncia a la intervención política directa implique desatención a los actores sociales, al trabajo en red y a la interacción con enfoques afines.

En los temas que aborda, la revista tiene que ser una plataforma privilegiada sobre los problemas reales del mundo y de nuestras sociedades, tratados sin sectarismo de escuela o enfoque. Tiene que ocuparse con rigor de los que están en el debate público, analizar con escrupulosidad los que tienden a ser percibidos de forma sesgada, aflorar los que, subyaciendo, no tienen suficiente cobertura, conectar en tiempo real, en una época plagada de ruidos, con el mejor conocimiento científico.

Para conseguirlo tendrá que perseverar sin descanso en el complicado equilibrio entre rigor y accesibilidad. No se trata de asumir las exigencias formales de las publicaciones académicas, pero sí las del saber y la intelectualidad más seria, la que se ancla en la realidad, sin renunciar en todos y cada uno de los materiales que publica al nivel de calidad exigible a una publicación de prestigio y referencia, aceptando el reto de expresar las cosas de forma tan comprensible como sea posible.

Además, tiene que aceptar el desafío -inherente a una formulación que no es fácil de comunicar, que no va a favor de moda o corriente, pero que tiene espacio y función social- de estar presente y tener influencia, de construir y cultivar un entorno social vivo que, de una u otra forma, se sienta y sea partícipe.

No siendo una revista para convencidos, ni para quienes aspiran a encontrar un enfoque con respuesta para todos los interrogantes, Papeles tiene ante sí una doble prueba que le debe permitir contrastar en qué medida está avanzando en la función que pretende. De un lado, conseguir una interacción rica con el entorno más próximo: los autores que escriben en sus páginas, los miles de alumnos que se educan en los colegios de Fuhem, las familias que confían la formación de sus miembros más jóvenes a una institución con un proyecto del que la revista es expresión, los trabajadores y colaboradores de la Fundación; si estos colectivos no la conocen y no la hacen suya no es verosímil que vayan a hacerlo quienes están más alejados. De otro lado, Papeles tiene que lograr que sea excepción quién conociéndola no esté interesado en seguirla como fuente imprescindible de información, aunque lo haga desde la discrepancia. Asumamos sencillamente este doble baremo, como una prueba del algodón, con todas sus consecuencias.

En fin, aceptemos como hipótesis de trabajo que lo expuesto es a lo que aspirarían tantos que estuvieron en los orígenes y han estado en el desarrollo de Papeles. Gracias al director de la revista por poder expresarlo en este treinta y cinco aniversario que celebra su número 150. Se trata de recoger el guante.

 

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Ángel Martínez González-Tablas es expresidente y patrono de FUHEM

 

 

 

 

 


Mundo rural en tiempos de pandemia

El mundo rural y su función dentro de los escenarios que abre esta “nueva normalidad” es determinante: en el ámbito agroalimentario, sanitario, en su relación con la ciudad, frente a la posibilidad de posibles rebrotes, etc. Por esa razón, los primeros días en los que empezábamos la desescalada, decidimos realizar esta entrevista y trasladar nuestras dudas a expertos y expertas con el objetivo de destacar los elementos claves que han emergido durante la pandemia y los posibles escenarios que se presentan para el futuro del mundo rural.

Así, hemos hablado con María Sánchez, Luis del Romero, Yayo Herrero y Gustavo Duch y con ellos y ellas hemos realizado un:

Análisis de la situación: ¿Qué ha pasado en el mundo rural con la pandemia?

La emergencia sanitaria provocada por la COVID-19 ha amplificado los problemas ya existentes en la España rural vaciada, y provocado toda una serie de contradicciones y sinsentidos peligrosos fruto de un “modelo” de confinamiento pensado desde y para el mundo urbano (que parece ser casi la única perspectiva con la cual se mira “al mundo”). En este sentido, nos han contado los elementos sobre los cuales pondrían más la atención.

Construcción de escenarios: ¿Qué pasará en el mundo rural tras la pandemia?

Al mismo tiempo, esta pandemia ha dejado claro que vamos a enfrentarnos a escenarios muy inciertos que podrían chocar con el funcionamiento del mundo urbano (alta densidad de población, intensa movilidad, espacios reducidos, etc.). Quizás esta pandemia está siendo la oportunidad para tomar conciencia del mundo rural y apoyar su revalorización. En ese sentido, ¿puede existir un peligro de “comercialización” del mundo rural en lugar de un entendimiento real de sus necesidades y rasgos productivos? En otros términos, ¿se amplía el riesgo de que los intereses del mundo urbano primen una vez más sobre la vocación y desarrollo de un mundo rural muy golpeado?

Los escenarios inciertos y difíciles que nos vamos a encontrar tras la pandemia, hacen necesaria una reflexión seria y desde diferentes perspectivas sobre el papel y el futuro del mundo rural.

  1. Además, te recordamos que, si te interesan estas reflexiones y quieres seguir profundizando sobre el tema, no dejes de leer: Un panel de seis expertas y expertos reflexiona sobre la España rural vaciada y degradada. Diálogo entre Elisa Oteros-Rozas, Luis Camarero, Virginia Hernández, Sergio del Molino, Lucía López Marco y Valentín Cabero, publicado en el número 147 de nuestra revista Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, dedicado a las Periferias: nuevas geografías del malesta.

 

https://www.youtube.com/watch?v=i1EFgAM1eKM&feature=youtu.be


Día Mundial de los Refugiados: Selección de recursos

 

79,5 millones de personas se encontraban desplazadas al final del año 2019

Cada minuto, veinticuatro personas lo dejan todo para huir de la guerra, la persecución o el terror.

El desplazamiento forzado casi se ha duplicado desde 2010 (41 millones entonces frente a 79,5 millones ahora).

El 80 por ciento de las personas desplazadas del mundo se encuentran en países o territorios afectados por inseguridad alimentaria aguda y desnutrición, muchos de ellos son países que enfrentan riesgos climáticos y de desastres naturales.

Más de las tres cuartas partes de los refugiados del mundo (el 77 por ciento) están atrapados en situaciones de desplazamiento prolongado, por ejemplo, la situación en Afganistán, ahora en su quinta década.

Más de ocho de cada 10 refugiados (el 85 por ciento) se encuentran en países en desarrollo, generalmente un país vecino del que huyeron. En 2018 el 84% vivían en países empobrecidos.

28 millones de niños han sido obligados a huir de sus hogares por conflictos armados. otros 20 millones de niños han migrado por otras causas. Casi 50 millones de niños desarraigados, migrantes, lejos de sus hogares.


En 2001 las Naciones Unidas declararon el 20 de junio como Día Mundial de las Personas Refugiadas, cuyo objetivo era rescatar del olvido la dramática situación que viven millones de personas desarraigadas entre refugiados, apátridas, desplazados internos y solicitantes de asilo que actualmente hay en el mundo.

Recogemos hoy una selección de recursos que abordan la situación de los refugiados en el mundo, las causas de estos desplazamientos forzados y la posibilidad de retorno.

ACNUR

Informe tendencias globales 2020

El informe anual de ACNUR Tendencias Globales, presentado hace dos días muestra que un número sin precedentes de 79,5 millones de personas estaban desplazadas a fines de 2019. Es la cifra más alta jamás registrada por ACNUR.

El informe también señala que disminuyeron las posibilidades para las personas refugiadas que esperan en una solución rápida de su difícil situación. En la década de 1990, un promedio de 1,5 millones de refugiados pudieron regresar a sus hogares cada año. Durante la última década, ese número se ha reducido a alrededor de 385.000 personas, lo que significa que el aumento en el desplazamiento hoy supera ampliamente las soluciones.

El informe Tendencias Globales de ACNUR muestra que de los 79,5 millones de personas que se encontraban desplazadas al final del año pasado, 45,7 millones eran personas que habían huido a otras áreas de sus propios países. El resto eran personas desplazadas en otros lugares, 4,2 millones de ellas esperaban el resultado de sus solicitudes de asilo, mientras que 29,6 millones eran refugiados y otras personas que se habían visto obligadas a desplazarse fuera de su país.

 

CEAR - Comisión Española de Ayuda al Refugiado

Las personas refugiadas en España y Europa. Informe 2020

El decimoctavo Informe anual de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR), presentado ayer, analiza la situación de las personas refugiadas en el mundo, en la Unión Europea y, principalmente, en España.

Un año más, se han alcanzado cifras de desplazamiento forzado sin precedentes a escala global: en 2018 se produjo un aumento de 2,3 millones de personas desplazadas respecto al año anterior y se alcanzó la cifra de 70,8 millones.

El incremento acelerado que se ha producido en el último lustro plantea importantes retos a los que la comunidad internacional debe ofrecer respuesta. Uno de ellos es la efectividad del principio de responsabilidad compartida, a fin de aliviar la situación de los principales países de acogida, los más próximos a los de origen de las personas refugiadas y que actualmente albergan a la mayoría de estas.

Siria, Palestina, Afganistán, Sudán del Sur y Myanmar son los principales países de origen de las personas refugiadas; Colombia es el que tiene un mayor número de personas desplazadas dentro de sus fronteras y Venezuela el que suma más nuevos solicitantes de protección internacional.

Este escenario se ha visto afectado por la crisis sanitaria y económica originada por la COVID-19. En este contexto, CEAR ha transmitido diversas recomendaciones y propuestas a las autoridades para que se garanticen los derechos de las personas migrantes, solicitantes de asilo y refugiadas y se avance en el reconocimiento de los mismos.

FUHEM Ecosocial

Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global

Migraciones forzadas

La responsabilidad de Occidente en las causas que dan origen a este fenómeno, tanto en los conflictos armados actuales, como en los procesos de expulsión por destrucción de hábitat, pone en evidencia la insuficiente respuesta ofrecida y el continuado incumplimiento de los compromisos adquiridos.

Santiago Álvarez Cantalapiedra, director de FUHEM Ecosocial, abre el número con una introducción sobre las causas, responsabilidades y respuestas de los desplazamientos forzosos. La llamada «crisis de los refugiados» es un nuevo ejemplo de cómo las políticas migratorias y de asilo están desafiando en Europa los fundamentos de la democracia: a la ausencia de mecanismos comunitarios de acogida a quienes arriban desesperados a las costas europeas y a las vulneraciones de los derechos humanos de los migrantes y refugiados en el territorio de la UE.

Los siete artículos que componen el ESPECIAL, ofrecen una amplia panorámica sobre los distintos tipos de desplazamientos involuntarios, sus causas e implicaciones. En esta pluralidad de enfoques encontramos la apuesta de Sandro Mezzadra de adoptar un nuevo lenguaje conceptual en los estudios sobre migraciones como recoge su artículo, Proliferación de fronteras y derecho de fuga. Javier de Lucas en Refugiados: preguntas y respuestas ante una crisis que no es coyuntural, ofrece un estado de la cuestión respecto a lo que considera una mal denominada “crisis de refugiados”. Susana Borrás aporta un cuestionamiento del estatus jurídico de los desplazados por causas medioambientales en: La migración ambiental: entre el abandono, el refugio y la protección internacional. Por su parte, Alice Edwards realiza un análisis de las tendencias de la jurisprudencia en cuanto al reconocimiento de las solicitudes de asilo relacionadas con el género en Distinción, discreción, discriminación: las nuevas y, es de esperar, últimas fronteras para las solicitudes de asilo relacionadas con el género. Naomí Ramírez explica las causas que subyacen a la actual crisis de refugiados procedentes de Siria. El texto: De cómo una revolución fue ahogada en el Mediterráneo, plantea que la falta de acción internacional frente a los abusos y crímenes del régimen de Bashar al-Asad y el surgimiento de Daesh son las dos caras de una misma moneda que obliga a huir a los sirios. Estrella Galán escribe: Desde Aylan hasta París; recorrido por un drama humanitario sin precedentes. Por último, se recoge una visión de los exiliados por motivos económicos Exiliados económicos: jóvenes españoles en el extranjero, a manos de Mario Rísquez.

IDMC - Internal Displacement Monitoring Centre

Global Report on Internal Displacement 2020

El informe del IDMC de 2020 arroja cifras sin precedentes: 2019 batió record en cuanto a las cifras de personas deslazadas dentro de sus países desde que el centro realiza este tipo de análisis. Los conflictos y los desastres causaron 33,4 millones de nuevos desplazamientos en 145 países y territorios.

En cuanto a los desplazamientos causados por desastres, cerca de 1900 eventos dieron lugar a casi 24,9 millones de nuevos desplazamientos en 2019.

Merece la pena resaltar que esta cifra triplica el número de desplazamientos originados por conflictos y violencia. Además, es la cifra más elevada desde 2012.

La mayoría de estos nuevos desplazamientos se registraron en Asia oriental y en el Pacífico y Asia meridional, donde las lluvias monzónicas, las inundaciones y las tormentas tropicales afectaron a regiones en las que residen millones de personas.

El país en el que mayor número de desplazamientos asociados a desastres registró fue India, seguido de Filipinas y Bangladesh. En la región Europa y Asia central, merece la pena destacar que España fue el segundo país con mayor número de este tipo de desplazamientos. Se registraron 23.000 y la mayoría se relacionaron con los incendios que tuvieron lugar en verano de 2019 y que quemaron cerca de 90.000 hectáreas.

En el informe se hace especial referencia a los incendios en las Islas Canarias, que fueron los peores en 10 años. También se destaca la importancia de las tormentas eléctricas y las lluvias torrenciales, que afectaron el este y el sudeste de la Península Ibérica y que causaron unos 5.000 desplazamientos, especialmente en Valencia y en Murcia.

 

Revista Migraciones Forzadas

Retorno ¿voluntario, seguro, digno y duradero?

El retorno voluntario en condiciones de seguridad y dignidad como solución duradera al desplazamiento ha sido durante mucho tiempo un principio básico del régimen internacional de los refugiados.

En los 20 artículos sobre el Retorno incluidos en este número de RMF, los autores exploran los diferentes obstáculos para lograr un retorno sostenible, algunos comunes en distintas situaciones de desplazamiento, mientras que otros son específicos de ciertos contextos.

Muchos de los autores que participan tratan la necesidad de prevenir el retorno prematuro o forzado, y de los riesgos que pueden acarrear.

También hablan sobre las suposiciones y percepciones que influyen en la política y la práctica. Los ejemplos de buenas prácticas y las observaciones sobre los resultados de las investigaciones presentadas en este número proceden de todas partes del mundo.

El número también contiene una minisección titulada Hacia el entendimiento y el tratamiento de las causas profundas del desplazamiento, preparado para servir de base a los debates del primer Foro Mundial sobre los Refugiados del pasado diciembre de 2019. Esta compilación de artículos escritos por autores miembros de la ONU, de ONG y del mundo académico busca mejorar el entendimiento colectivo de algunas de las causas profundas del desplazamiento.