Selección de Lecturas

 

 

Con motivo de la celebración del Día Internacional de la Mujer, desde el Centro de Documentación de FUHEM Ecosocial hemos elaborado una recopilación y selección de libros de la sección de GÉNERO de nuestra Biblioteca:

 

 

 

 

ATENCIO, Graciela

Feminicidio: de la categoría político-jurídica a la justicia universal

Madrid: La Catarata, 2014, 256 págs.

 

 

 

BLAS, Alicia de

71 propuestas para educar con perspectivas de género

Madrid: FUHEM, 2018, 62 págs.

 

 

BUTLER, Judith

El género en disputa: el feminismo y la subversión de la identidad

Barcelona: Paidós, 2011, 316 págs.

 

 

 

COBO, Rosa (ed.) 

La imaginación feminista: debate y transformaciones disciplinares. 

Madrid: Catarata, 2019, 285 págs.

 

 

 

FEDERICI, Silvia

Revolución en punto cero: trabajo doméstico, reproducción y luchas feministas

Madrid: Traficantes de Sueños, 2018, 390 págs.

 

 

 

HERRERO, Yayo; PASCUAL, Marta; GONZÁLEZ REYES, María; GASCÓ, Emma (il.)

La vida en el centro: voces y relatos ecofeministas

Madrid: Libros en Acción, 2018, 236 págs.

 

 

LUCÍA, Lourdes   

El Atlas de las mujeres en el mundo: las luchas históricas y los desafíos actuales del feminismo. 

Madrid: Clave Intelectual, 2018, 125 págs.

 

 

MAGALLÓN, Carmen

Mujeres en pie de paz

Madrid: Siglo XXI, 2006, 297 págs.

 

 

MARAÑÓN, Iria

Educar en el feminismo

Barcelona: Plataforma Editorial, 2017, 267 págs.

 

 

MARRERO ROCHA, Inmaculada (dir.)  

Conflictos armados, género y comunicación. 

Madrid: Tecnos, Fundación Euroárabe, 2015, 286 págs.

 

 

 

MIES, María

Patriarcado y acumulación a escala mundial

Madrid: Traficantes de Sueños, 2019, 434 págs.

 

 

MIES, María; SHIVA, Vandana

Ecofeminismo

Barcelona: Icaria, 2015, 501 págs.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                   

 

MIGUEL JUAN, Carmen

Refugiadas: una mirada feminista al Derecho Internacional

Madrid: Catarata, 2016, 269 págs.

 

 

NOVO, María (coord.)

Mujer y medio ambiente: los caminos de la visibilidad

Madrid: Catarata, 2007, 245 págs.

 

 

PARKIN, Sara

Vida y muerte de Petra Kelly

Madrid: Clave Intelectual, 2016, 414 págs.

 

 

PATEMAN, Carole  

El contrato sexual.  

Madrid: Trincheras, 2019, 420 págs.

 

PAZOS MORÁN, María

Desiguales por Ley: las políticas públicas contra la igualdad de género

Madrid: Catarata, 2013, 289 págs.

 

 

PÉREZ GARZÓN, Juan Sisinio

Historia del feminismo

Madrid: Catarata, 2018, 302 págs.

 

 

 

PULEO, Alicia 

Claves ecofeministas: para rebeldes que aman a la tierra y a los animales.  

Madrid. Plaza y Valdés, 2019, 163 págs.

 

 

 

RANEA TRIVIÑO, Beatriz 

Feminismos: antología de textos feministas para uso de las nuevas generaciones y de las que no lo son tanto.  

Madrid: Catarata, 2019, 221 págs.

 

 

 

RODRIGUEZ PALOP, María Eugenia

Revolución feminista y políticas de lo común frente a la extrema derecha. 

Barcelona: Icaria, CLACSO, 2019, 151 págs.

 

 

 

SÁNCHEZ, María 

Tierra de mujeres; una mirada íntima y familiar al mundo rural. 

Barcelona: Seix Barral, 2019, 185 págs.

 

 

 

SEAGER, Joni  

La mujer en el mundo: Atlas de la geografía feminista.  

Barcelona: Grijalbo, 2019, 208 págs.

 

 

SERRA, Clara

Leonas y zorras: estrategias políticas feministas

Madrid: Catarata, 2018, 157 págs.

 

 

SEVILLA PAVÓN, Ana, HABA OSCA, Julia (eds.)

Educación multidisciplinar para la igualdad de género: perspectivas sociales, filológicas, artísticas y ambientales

Valencia: Universidad Politécnica de Valencia, 2017, 195 págs.

 

 

SHIVA, Vandana, MIES, María; HERRERO, Yayo, et al.   

Por qué las mujeres salvarán el planeta.  

Barcelona: Rayo Verde, 2019, 283 págs.

 

 

SILIPRANDI, Emma; ZULOAGA, Gloria Patricia (coords.)

Género, agroecología y soberanía alimentaria: propuestas ecofeministas

Madrid: Queimada, 2016, 172 págs.

 

VALERA, Nuria

Cansadas: una reacción feminista frente a la nueva misoginia

Madrid: Ediciones B,, 2017, 215 págs.

 

 

VARELA, Nuria

Feminismo para principiantes

Barcelona: B, 2016, 410 págs.

 

 

 

VVAA

¿Cómo puede cambiar el mundo el feminismo?

Madrid: Lengua de Trapo, 2019, 290 págs.

 

 

 


España rural, vaciada y degradada

Análisis y claves para la transición

Con motivo de la presentación del número 147 de la revista Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, que indaga sobre los desequilibrios que afectan de distintas maneras a nuestros territorios, FUHEM Ecosocial organiza una charla coloquio el próximo viernes 13 de marzo en la ciudad de Teruel, en colaboración con el Centro Social "A Ixena”. Hablaremos de la España Vaciada justo allí donde late el problema y donde están las personas que más tienen que decir y aportar.

Sin duda, el medio rural plantea un reto político, social y económico en nuestro tiempo, y pensamos que existen alternativas y claves para repensar y contar su futuro.

El acto tiene como objetivo presentar los contenidos del número de la revista que indaga sobre este fenómeno, en dialogo con tres voces del territorio que pueden aportar mucho a clarificar el diagnóstico y las claves necesarias para repensar y actuar para y con estos territorios.

En ese sentido, invitamos a todas las personas que puedan asistir a acompañarnos para debatir con:

Monica Di Donato, Investigadora de FUHEM Ecosocial y representante de la Revista PAPELES, que presentará la revista y los contenidos del número dedicados a las periferias del malestar.

Luis del Romero Renau: Profesor del departamento de Geografía de la Universidad de Valencia y miembro de la Asociación Recartografías. Autor del artículo: El arte de vivir sin gobierno. conflicto, negocio y despoblación del medio rural, incluido en el ESPECIAL de PAPELES.

Nacho Castillón Alfaye, Medico en el medio rural turolense y representante de CNT Teruel

Nos acompañará también un representante del Movimiento Ciudadano Teruel Existe.

RECUERDA:

FECHA: Viernes 13 de marzo 2020

HORA: 19.30 h.

LUGAR: Centro social “A Ixena”

C/ Carrel, 35

Teruel

A continuación, para ir alimentando el debate, ofrecemos algunos artículos de la revista Periferias: nuevas geografías del malestar:

Nuevas periferias: geografías del malestar, Santiago Álvarez Cantalapiedra.

Sobre periferias en expansion, Manuel Delgado y Carolina Márquez.

El arte de vivir sin gobierno. conflicto, negocio y despoblación del medio rural, Luis del Romero Renau

DIÁLOGO: Un panel de seis expertas y expertos reflexiona sobre la España rural vaciada y degradada Diálogo entre Elisa Oteros-Rozas, Luis Camarero, Virginia Hernández, Sergio del Molino, Lucía López Marco y Valentín Cabero, Monica Di Donato.


¿Somos demasiados?

El artículo ¿Somos demasiados? Reflexiones sobre la cuestión demográfica de Jorge Riechmann pertenece a la sección de ENSAYO del núm. 148 de la revista Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, correspondiente a invierno 2019-2020.

Una reflexión minuciosa en torno a la espinosa cuestión de la población, ignorada por la izquierda o elemento de división, aunque, como recuerda el autor, también ha existido un maltusianismo progresista, un feminismo obrero y maltusiano y un anarquismo naturista. El tema cobra ahora nueva relevancia en el contexto de la crisis socioecológica  en marcha. El debate no puede pos- ponerse por más tiempo.

Si constatamos que la huella ecológica conjunta de la humanidad excede la biocapacidad del planeta (en un factor ya superior a 1.7, según los informes Living Planet que se publican cada dos años), y que si todos quisiéramos vivir como estadounidenses o australianos necesitaríamos cinco planetas Tierra a nuestra disposición, es evidente que en algún sentido somos demasiados, o quizá que la actividad humana resulta excesiva… Aquí la noción de extralimitación ecológica (overshoot) resulta esencial.

Hay demasiada gente en el mundo, por desgracia; y no hay racionalización que pueda destruir esa evidencia, nos sugieren Déborah Danowski y Eduardo Viveiros de Castro.1   Y “¡hagan parientes y no bebés!” es la consigna que propone Donna Haraway. 2

Solo durante el siglo XX la humanidad se cuadruplicó (de 1.500 a 6.000 millones de personas) y luego ha seguido creciendo. Pero abordar la cuestión demográfica en términos de sobrepoblación humana nos resulta extraordinariamente difícil. De hecho, es fácil constatar que en un país como el nuestro si se aborda la cuestión demográfica como problema casi todo el mundo convendrá en que falta gente, no sobra. Y en muchos otros países sucede lo mismo. Por ejemplo, El País editorializa sobre “Natalidad bajo mínimos” en los siguientes términos:

Tener una de las mayores esperanzas de vida al mismo tiempo que una de las tasas de fecundidad más bajas del mundo es la combinación perfecta para desencadenar una crisis demográfica. De mantenerse la tendencia actual, en 2050 habrá en España  seis jubilados por cada diez trabajadores activos, en lugar de los tres que hay ahora. Eso significa que, de no mediar la entrada de contingentes importantes de inmigrantes, será muy difícil obtener los ingresos públicos necesarios para sostener las pensiones.3

Un consenso banal en nuestro país (y no sólo en él) sostiene que “el problema demográfico de España es el envejecimiento” –pero en realidad sólo se puede afirmar tal cosa si nuestra perspectiva es extremadamente cortoplacista y seguimos ignorando, en el fondo, los problemas de límites planetarios. Si la huella ecológica de España es 2,6 veces superior a su biocapacidad, es decir, si harían falta casi tres Españas para mantener los actuales estilos de vida (y por tanto sólo se pueden mantener con cargo a otros territorios, apropiándonos de los recursos de otros países con esquemas neocoloniales), ¿cómo contentarse con que “el problema demográfico de España es el envejecimiento”?4

Después de intensos debates en los años sesenta y setenta, tanto en Europa como en EEUU, acerca de la sobrepoblación humana, el concepto fue demonizado y desapareció del horizonte político (en paralelo a la demonización que sufrió el importante estudio The Limits to Growth de 1972, como ha estudiado con cierto detalle Ugo Bardi).5 Algunos autores han sugerido que se impuso un tabú hardiniano que descalificó de antemano a quien intentase argumentar que existía, de hecho, sobrepoblación.6 Si Leo Strauss acuñó la expresión reductio ad Hitlerum para denunciar que se recurre demasiadas veces a acusar de fascismo hitleriano al contrincante cuando una discusión se alarga demasiado, podría hablarse quizá, en lo que al debate demográfico se refiere, de una reductio ad Hardinum. La idea de una “ética del bote salvavidas”,  como se sabe, remite a Garrett Hardin.7

Las cifras de la demografía humana son conocidas

Como cazadores-recolectores  (o mejor: forrajeadores) éramos probablemente menos de un millón de Homo sapiens en el Paleolítico; y éramos apenas 14 millones cuando, hace unos 5.000 años, transitamos desde las aldeas neolíticas básicamente igualitarias hacia sociedades con Estado, ejércitos y patriarcado. Como agricultores preindustriales –y nada sustentables– éramos 1.000 millones hacia 1800; pero hoy somos ya más de 7.700 millones.

Éramos 1.000 millones de personas en 1800, 2.000 millones en 1925, 4.000 millones en 1974, 6.000 millones en 1999, 7.000 millones en 2011; previsiblemente seremos 8.000 millones ya en 2023.8

No somos conscientes de hasta qué punto la enorme población humana actual ha sido posibilitada por el uso masivo de hidrocarburos fósiles. Pero hoy el pico del petróleo hace inviable, a medio plazo, esa enorme población

Si pienso en mi propia vida: hacia 1930, 2.000 millones de seres humanos (mis abuelos eran jóvenes); hacia 1960, 3.000 millones. Yo nací en 1962. En 2000, 6.000 millones. ¡La población humana se había duplicado entre mi nacimiento y mis cuarenta años! Cuando muera, la población humana puede haberse triplicado en el curso de mi vida (¿9.000  millones hacia 2050?). Si no llamamos a esto “explosión demográfica” (en la era de la Gran Aceleración), ¿a qué se lo llamaríamos?

¿El comienzo de la catástrofe queda detrás de nosotros?

No somos conscientes de hasta qué punto la enorme población humana actual ha sido posibilitada por el uso masivo de hidrocarburos fósiles. Pero hoy el peak oil (en el contexto más general de la extralimitación ecológica, el overshoot) hace inviable, a medio plazo, esa enorme población.

Bruno Latour nos dice que la catástrofe queda detrás de nosotros, pues en 1947 la población mundial superó el límite que garantizaba el acceso suficiente a los recursos de la Tierra: estaríamos hablando, pues, de unos 2.500 millones de personas.9 Escribía Bruce Hoeneisen Frost en 1999: «El límite natural de la capacidad de sustentación de la Tierra, una vez que se agoten el petróleo, el gas natural y el carbón (y suponiendo que la humanidad tenga la sabiduría de no usar reactores nucleares), será de aproximadamente 3.000 millones de personas. Ésta es la población que pueden sostener las fuentes renovables de energía. (...) El siglo XXI es el período de transición que divide en dos la historia de la humanidad. Por un lado, la era del crecimiento ilimitado [basado en los combustibles fósiles]; por otro, la era de la limitación material». Según una estimación, si hoy no contásemos con el petróleo, el carbón y el gas natural, un 67% de la población humana perecería.10

Unos 2.500 o 3.000 millones, para una sociedad industrial con fuentes renovables de energía...  Quizá no sea una mala estimación.11  Así, vemos que la libertad reproductiva (y la responsabilidad a la hora de procrear) no tiene el mismo significado en un “mundo vacío” que en un “mundo lleno” (ecológicamente saturado).

Y para terminar de situar en sus justos términos el debate sobre demografía humana hoy, casi empezando el tercer decenio del segundo milenio: por desgracia hay que constatar que el BAU (Business As Usual) nos lleva al exterminio de la gran mayoría de la humanidad, si no a su extinción total –y no a largo plazo. Basta con asumir de verdad la situación en lo que respecta a la crisis climática para darse cuenta de esto.

En efecto, hoy el BAU (usemos este acrónimo por no decir: el tanatocapitalismo que nos gobierna) dirige al planeta Tierra hacia 4°C de calentamiento, si nos basamos en los compromisos de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) contraídos hasta ahora. Los compromisos de París suponen una senda de calentamiento de alrededor de 3,3°C, según los expertos; pero eso no incluye algunas retroalimentaciones del ciclo del carbono que ya se están activando (por ejemplo, deshielo del permafrost ártico, desforestación del Amazonas, otras mermas en la capacidad natural biosférica de almacenar carbono) que empujarían ese calentamiento hacia los 5°C. «Entonces, decir que estamos actualmente en un camino de 4°C es correcto».12 Se podrían superar los 4-5ºC incluso en fechas tan tempranas como 2050, si las cosas van realmente mal.13 Ahora bien, destacados climatólogos han conjeturado que eso puede suponer el exterminio del 95% de la humanidad.14

Capacidad de carga… sociocultural

Por supuesto, la Tierra no tiene una capacidad de sustentación fija (carrying capacity) para la especie humana: la viabilidad de una determinada población humana depende de sus relaciones sociales, su cultura, su tecnología y su forma de usar los recursos naturales. «La capacidad de carga para seres humanos debería llamarse capacidad cultural de carga porque ha de incluir un parámetro que defina el nivel de consumo necesario para una “vida buena”».15  La pregunta tiene que ser algo así: ¿qué clase de prosperidad es posible, para la enorme población humana que somos, teniendo en cuenta las variables socioculturales y tecnológicas, dentro de los límites del planeta Tierra?

La viabilidad de una determinada población humana depende de sus relaciones sociales, su cultura, su tecnología y su forma de usar los recursos naturales

Si hablamos de “crisis maltusianas”, entonces, desde luego no cabe hacerlo en el sentido ingenuo del mismo Thomas R. Malthus, como una simple relación entre población y alimentos. Por indicar una dimensión sencilla, donde come solamente una persona con dieta altamente carnívora, comen cinco personas o más con dieta básicamente vegetariana. Una dieta vegetariana liberaría más de las tres cuartas partes de la tierra hoy dedicada a la agricultura y la ganadería (y esa tierra podría renaturalizarse, con beneficios evidentes para la biodiversidad y el cambio climático).16

Pero atención: sucede que entre los criterios oficiales de pobreza en nuestro país se encuentra el no comer carne o pescado todos los días.17 Mientras que, por otra parte, los insostenibles consumos de carne (y pescado) propios de las dietas occidentales tendrían que reducirse en un 90%, para permanecer dentro de los límites ecológicos…18 Parece que la capacidad de carga sociocultural nos está jugando una mala pasada, y que aspirar a “modos de vida imperiales” (Alberto Acosta y Ulrich Brand) no parece compatible con poblaciones humanas muy elevadas. Como suele decir Terry Eagleton, modificar la cultura puede resultar más difícil que hacer volar montañas por los aires o trasladar mares de sitio.

Hay que pensar, entonces, en términos de metabolismos sociales (o socioecológicos si se prefiere) y modos de producción.19 Mas precisamente ésa es hoy la cuestión: el metabolismo industrial que se ha desarrollado en los últimos dos siglos es radicalmente insostenible, y la transición hacia una sociedad industrial sustentable resulta –hoy por hoy– altamente improbable. Pero por esa improbabilidad, precisamente, hemos de apostar en nuestra tremenda coyuntura histórica –lo que en otro lugar he llamado el Siglo de la Gran Prueba.20

Dos grandes escollos

Aparecen dos tremendos escollos en este difícil debate sobre demografía. En primer lugar, las experiencias pasadas  de intervencionismo  patriarcal: el control demográfico como control sobre las mujeres. En segundo lugar, el maltusianismo como legitimación de las enormes desigualdades existentes en el mundo e incluso como antesala de políticas racistas y genocidas. No son para nada, como se ve, cuestiones menores…

Sugerir que necesitamos una reducción de la población humana suscita de inmediato reacciones como por ejemplo ésta, de una mujer africana: «¿ya están ustedes, los varones blancos del Norte, echando la culpa a las mujeres en el Sur global? La eliminación de toda la población de África apenas serviría de nada para reducir el CO2 equivalente, porque apenas lo generamos.  Las emisiones  de China están vinculadas  a la fabricación de bienes para alimentar los mercados de los países occidentales. Así que ¿no habría que empezar en casa?».21 Y ella aporta la siguiente figura:

 

Continúa esta mujer africana: «Entonces,  ¿qué población debería ser estabilizada? Los países emisores más grandes ya están experimentando poblaciones estables o en declive. La interpretación más caritativa sería que necesitamos reducir la huella de CO2 de los grandes consumidores. (…) La cuestión es que hablar sobre la estabilización de la población parece razonable si no vamos a las implicaciones reales. Aquí hay un excelente informe de Oxfam sobre quién está emitiendo CO2, y adivine usted, pues no es el Sur a pesar de la cuantía de su población».22

¿Qué clase de prosperidad  es posible, para la enorme población humana que somos, teniendo en cuenta las variables socioculturales y tecnológicas, dentro de los límites del planeta Tierra?

Claude Lefort escribió Un homme en trop (una reflexión publicada en 1976 sobre El archipiélago Gulag de Solyenitsin),  un hombre que sobra. En nuestra historia reciente, la expresión “gente que sobra” ha sido propia de dictaduras y regímenes autoritarios, de manera que no sorprende que nos cause un escalofrío. El asesino racista del Walmart de El Paso (Texas), el 4 de agosto de 2019, antes de la matanza colgó en internet un texto donde explicaba: «Si podemos deshacernos de suficientes personas [hispanas], nuestra forma de vida [la de los estadounidenses anglosajones] puede ser más sostenible».23

Por otra parte, para los think tanks de la derecha como el Cato Institute todo lo que tenga que ver con un posible autocontrol de la población humana es pura y simplemente “antihumanismo”. En este juego discursivo, el “humanismo” queda del lado de la tecnolatría sin límites que se gastan Julian Simon, Steven Pinker, Michael Shellenberger y los “ecomodernistas”.24

Pero también para la izquierda este es un debate intratable

En general la izquierda política ha abogado por el crecimiento demográfico: más brazos y más cabezas para hacer la revolución y construir la sociedad mejor. «El crecimiento pobla cional nuestro es vertiginoso, y es bueno que sea así porque Venezuela, algún día, debe tener cincuenta millones de habitantes, ochenta millones de habitantes», declaraba por ejemplo el comandante Hugo Chávez hace pocos años.25

La cuestión demográfica, en términos de sobrepoblación, es un asunto casi intratable para la izquierda en general y para el ecosocialismo en particular. Un investigador ecosocialista como Saral Sarkar sostiene que los siete elementos básicos del ecosocialismo son los siguientes:

(1) hay límites para el crecimiento, no sólo para el crecimiento económico sino también para el crecimiento demográfico;

(2) ya hemos superado estos límites y por cierto que en un nivel peligroso (es decir, nos hallamos en overshoot);

3) no existen soluciones tecnológicas para los problemas mundiales de recursos y contaminación;

4) por lo tanto, la economía mundial debe ahora someterse a un proceso de contracción deliberado y dirigirse gradualmente a un estado homeostático sostenible (sustainable steady-state);

(5) esta contracción debe llevarse a cabo de una manera planificada, de lo contrario las sociedades humanas colapsarían una tras otra;

(6) tanto las cargas como los beneficios de la contracción económica deben distribuirse equitativamente; de otra manera los ciudadanos y ciudadanas no aceptarían nunca la contracción planeada; (7) el objetivo debe ser alcanzar una economía y una sociedad homeostáticas (steady-state), sostenibles e igualitarias a un nivel mucho más bajo que el actual.26

Así, Sarkar sostiene que hay límites para el crecimiento, no sólo para el crecimiento económico sino también para el crecimiento demográfico; mas entonces es rechazado como ecosocialista por otros ecosocialistas como Ian Angus (y clasificado como un “ecologista profundo” que sufre una completa “bancarrota moral” y no puede ser admitido en las filas de la izquierda).27 Más abajo volveré sobre este debate.

Aparecen dos escollos en este debate. Primero, las experiencias pasadas de intervencionismo patriarcal: el control  demográfico  como control  sobre las mujeres. Segundo, el maltusianismo como legitimación de las enormes desigualdades existentes, e incluso como antesala de políticas racistas

En mi opinión, la divisoria entre derecha e izquierda no pasa por ahí: el descenso energético y la degradación de la biosfera implica descenso demográfico de Homo sapiens al menos a medio y largo plazo, por las buenas o por las malas. Todo el esfuerzo de la izquierda debería dirigirse a encauzar ese necesario y deseable descenso demográfico por las buenas. Y la divisoria verdadera se halla más bien en la cuestión de la inmigración y las fronteras (que la derecha, inhumanamente, tiende a defender se clausuren).28  Es el cierre de fronteras lo que debería separar a izquierda y derecha, no el “maltusianismo” (en el sentido de: necesidad de un autocontrol consciente de la población humana)

“Las políticas de población llevan a la barbarización  social”, sería por tanto la objeción que surge de forma comprensible en amplios sectores izquierdistas y feministas. «El peligro es que las teorías en torno a la sobrepoblación puedan convertirse en una excusa para el racismo y en argumentos contra la clase trabajadora y que en manos de la derecha puedan venir a justificar políticas reaccionarias».29  La respuesta diría: no necesariamente. Hubo (en la Europa de los primeros decenios del siglo XX) un feminismo obrero y maltusiano y un anarquismo naturista, un maltusianismo de izquierdas: también regresaremos después a esta cuestión.

Retrocedamos unos pasos para intentar  ganar claridad: la explosión demográfica según los Ehrlich

Creo que, para ganar claridad sobre esta cuestión, conviene volver a examinar el debate clásico que generó la publicación –en 1968– del libro de Paul R. Ehrlich y Anne H. Ehrlich sobre La bomba poblacional. En 1991 los esposos Ehrlich actualizaron su argumentación publicando La explosión demográfica.30 Es un libro importante: los autores están bien informados, construyen su obra sobre una base documental selecta y copiosa, y tienen la ambición de ofrecer una interpretación de la crisis ecológica global que dé cuenta de sus verdaderas causas. O más bien de su verdadera y principal causa, en singular: la tesis central de los Ehrlich es que –tal y como reza el subtítulo del libro– la explosión demográfica es la causa fundamental de la crisis ecológica.

Pues bien: los Ehrlich fracasan de forma llamativa en su tarea de fundamentar sólidamente su tesis sobre la explosión demográfica. El libro es curiosamente inconsistente: la tesis central se afirma ya en el prólogo («la causa principal de los problemas que afligen a nuestro planeta no es otra que la superpoblación y sus impactos en los ecosistemas y en las comunidades humanas», p. XI), los capítulos que siguen van desgranando datos y análisis –la mayoría de las veces de buena calidad– sobre recursos alimentarios, ecología de la agricultura, demografía y salud pública, etc, y uno espera y espera los argumentos que apuntalen convincentemente la tesis central de los autores: en vano. La tesis central se enuncia varias veces pero no se prueba nunca, y las argumentaciones que supuestamente la probarían en realidad prueban otra cosa. En este sentido el libro, además de esa llamativa incoherencia, hace gala de una honradez que desarma al crítico malintencionado: pues exhibe sus fallos con tal rotundidad, y proporciona tan paladinamente él mismo los materia- les para una argumentación alternativa, que realmente puede aprenderse mucho leyéndolo. Se refuta a sí mismo de forma constructiva. Al final, el lector o la lectora tendrá ideas bastante claras y acertadas sobre el papel que la explosión demográfica desempeña en la crisis ecológica, aunque esté lejos de compartir la tesis central de los autores.

En efecto, ellos mismos se encargan de señalar que la cuestión esencial no es el número de personas que habitan en un momento dado el planeta o alguna de sus regiones, sino el impacto ambiental que éstas causan. Y pequeños números de personas (por ejemplo, en el Norte) pueden causar una gran destrucción, mientras que números mucho mayores (por ejemplo, en el Sur) pueden destruir menos. Así, pongamos por caso, «la producción actual de cereales, que proporcionan la mayor parte de las calorías de la humanidad, es de unos 2.000 millones de toneladas anuales. Esto es suficiente, en teoría, para alimentar a diez mil millones de hindúes, que comen básicamente cereales y muy poca carne según los patrones occidentales. Pero la misma cantidad sólo puede alimentar a dos mil quinientos millones de norteamericanos, que convierten una gran parte de sus cereales en ganado y aves de corral».31

La ecuación IPAT

Una sencilla ecuación arroja mucha luz sobre esta cuestión: IPAT (por sus siglas en inglés).

El impacto causado por un grupo humano en el medio ambiente constituye el resultado de tres fac- tores. El primero es el número de personas. El segundo es la medida de los recursos que consume el individuo medio (...). Por último, el producto de esos dos factores –la población y su consumo per cápita– se multiplica por el índice de destrucción medioambiental causado por las tecnologías que nos suministran los productos de consumo. El último factor es el impacto medioambiental por cantidad de consumo. En resumen:  Impacto= Población por Riqueza  por Tecnología,  o I= PRT.32

Resulta entonces obvio, tanto para para los autores como para el lector, que el impacto ambiental de una población puede limitarse sustituyendo las tecnologías destructivas por tecnologías ambientalmente benignas (en una “revolución de la eficiencia”), o si se quiere decir de otro modo: ecologizando la base productiva de esa población. Y se puede limitar también disminuyendo el consumo de recursos por cabeza, vale decir: generalizando comportamientos más austeros (entre las poblaciones que habitan nuestro Norte sobredesarrollado). Y, en tercer lugar, claro, también puede limitarse ese impacto ambiental reduciendo la población.

La divisoria verdadera se halla más bien en la cuestión de la inmigración y las fronteras. Es el cierre de fronteras lo que debería separar a izquierda y derecha, no el “maltusianismo”

Pero no se argumenta bien, ni se entiende, por qué los Ehrlich privilegian de tal modo el tercer factor respecto a los dos primeros. De hecho, el conocido fenómeno de la “inercia demográfica” o impulso poblacional (la tendencia de una población a seguir creciendo muchos decenios después de haberse reducido las tasas de natalidad), que los autores explican en la página 53 y siguientes, garantiza que los efectos ambientales de un control consciente de la demografía humana no se harán sentir hasta mucho tiempo después de que comience ese control: o sea, demasiado tarde (dada la gravedad de la crisis socioecológica actual). Esta es una buena razón para no postergar los esfuerzos en ese campo (resulta imposible pensar una sociedad ecológicamente sustentable en el largo plazo sin control demográfico), pero desde luego no se ve por qué «la principal prioridad ha de ser conseguir el control demográfico» (p. 204 de La explosión demográfica), teniendo en cuenta que «el control demográfico no representa una solución a corto plazo» (p. 111).

Modificar nuestra forma de producir y consumir (sobre todo en el Norte del planeta), y difundir comportamientos más austeros (repítase la misma apostilla), parecen prioridades aún más urgentes. De hecho, en la p. 194 se aboga por «reducir simultáneamente los tres factores multiplicadores de la ecuación I= PRT».  Y antes se ha reconocido (p. 167) que «detener el crecimiento demográfico e iniciar su progresivo descenso no representa una panacea; principalmente, ofrecería a la humanidad una oportunidad para resolver sus demás problemas» (p. 167), luego la explosión demográfica no es la causa principal de la crisis ecológica. ¡Santa inconsistencia!

Conservadurismo de fondo

A mi juicio, la incoherencia del planteamiento de los Ehrlich obedece a su conservadurismo de fondo: conservadurismo que, pese a las denuncias de «la división de la especie humana entre los que tienen y los que no, entre los países ricos y países pobres» (p. 33) que no escasean  en el libro, aflora en momentos decisivos. Y hace sospechar que los pasos igua- litaristas como el que acabo de citar son en cierta medida añadidos para no quedar mal, sin que los autores se los tomen del todo en serio.

Por ejemplo: leemos en la p. 32 que «puede corregirse una situación de superpoblación sin que se produzca ningún cambio en el número de personas. (...) Bastaría que los norte americanos cambiaran drásticamente su estilo de vida para acabar con la superpoblación en EEUU,  sin que se produjera una fuerte disminución de la población». Muy bien: hasta aquí nada que objetar. Pero a renglón seguido los Ehrlich añaden: «Pero, en estos momentos y en un futuro inmediato, Africa y EEUU  seguirán siendo países  superpoblados».  ¡Esto sólo puede afirmarse a continuación de lo anterior si se desconfía profundamente de que se produzca ningún cambio social de importancia! «Decir que no están superpoblados porque bastaría con que la gente cambiara su estilo de vida para eliminar el problema de la superpoblación es un error, puesto que la superpoblación se define por los animales que ocupan un determinado espacio, comportándose como naturalmente se comportan, no por un hipotético grupo que viniera a sustituirlos». El subrayado es de los autores, y el error, me parece, también es suyo: me permitiré bautizarlo como falacia animalista. La falacia animalista con- siste en suponer que los seres humanos son animales como los demás, con un comportamiento naturalmente determinado («comportándose como naturalmente se comportan»). No hay tal cosa, no hay una determinación natural inmodificable de los comportamientos humanos; somos animales de una especie muy especial para la cual (como los Ehrlich bien saben) «la evolución cultural puede anular a la evolución biológica» (p. 207).

Una piedra de toque: la cuestión migratoria

Este conservadurismo de fondo emerge de forma espectacular (propiciando de nuevo llamativas incoherencias) en el apartado que los Ehrlich dedican a la cuestión de las migraciones (p. 56-60). Se diría que esta cuestión constituye una verdadera piedra de toque para discriminar entre opciones emancipatorias y regresivas, en el atroz siglo que encaramos. La amenaza se ve en que los emigrantes de los países pobres, al adoptar los estilos de vida vigentes en sus países de adopción, pasan a consumir más recursos por persona (p. 57). Y entonces «es preciso controlar la afluencia de emigrantes a EEUU, entre otras cosas porque el mundo no puede permitirse el lujo de que existan más norteamericanos» (p. 58).

Nótese bien: la medida que se propugna es levantar muros: el cerrojazo frente al Sur antes que los cambios en los modos de producir y consumir en el Norte. A renglón seguido se añade que «la única forma de resolver el problema es aplicando una política que, al mismo tiempo, ayude a Méjico a controlar su población y mejorar el nivel de vida de los mejicanos en su propio país» (p. 59), lo cual por supuesto es incoherente con la argumentación precedente a menos que se dé por sentado que «el nivel de vida de los mejicanos en su propio país» seguirá siempre siendo muy inferior al de EEUU. El igualitarismo proclamado en tantos pasos del libro se convierte en un descarnado anti-igualitarismo cuando se toca el punto sensible de las migraciones. Se trata, insisto, de una verdadera piedra de toque para orientaciones políticas.

Barry Commoner polemizó con los Ehrlich

Hasta aquí el comentario sobre el libro de los Ehrlich,  del cual puede sacarse  mucho provecho, al ser tan palmarias las contradicciones. Ahora bien, negar que el crecimiento demográfico sea el principal causante de la crisis ecológico-social no significa que se pueda eliminar este factor de nuestro análisis. En mi opinión, el crecimiento excesivo de la población es un gravísimo problema que afecta a las posibilidades de vida digna (si no de supervivencia) de esa misma población –por no hablar del resto de los trillones de seres vivos con los que compartimos la biosfera. Esto puede analizarse observando a un gran contradictor de los Ehrlich, el pensador y activista ecosocialista Barry Commoner. Intervino en la controversia con su libro The Closing Circle (1971), relativizando el papel de la población en la degradación ambiental y la crisis de recursos y señalando hacia el verdadero culpable: el modo de producción capitalista.

Recordemos la ecuación IPAT (que de hecho fue Commoner el primero en proponer). Nuestro autor calculaba en El círculo que se cierra que en EEUU  y desde 1946, es decir, en unos 25 años, el aumento de población fue responsable de aumentos de entre el 12 y el 20% en la producción total de agentes contaminantes. El factor abundancia, es decir, la cantidad de artículos económicos per capita, respondía de un 1 a un 5% de aquellos aumentos (con la excepción de los viajes en automóvil, que tenían impactos mucho mayores). El factor tecnológico, o sea, la cantidad de agentes contaminantes por unidad producida, resultante de la introducción de nuevas tecnologías a partir de 1946, respondía, según el autor, del 95% de la producción total de agentes contaminantes. La conclusión de Commoner era que, si bien el impacto ambiental depende del tamaño de la población y del nivel de consumo de recursos de ésta, lo que más había influido en la degradación ambiental desde la Segunda Guerra Mundial había sido un conjunto de técnicas altamente nocivas para el medio natural.

Entre ellas, cabe citar la substitución de materiales naturales (papel, fibras textiles naturales, jabón) por productos de la petroquímica (plásticos, fibras sintéticas, detergentes basados en el petróleo), la introducción masiva de fertilizantes industriales y productos fitosanitarios de síntesis química, la introducción en los automóviles del motor de alta compresión, etc. La conclusión práctica a que llegaba el autor era que para alcanzar un equilibrio entre población y recursos había que dar prioridad no al control demográfico, sino al rediseño de lo que él llamaba tecnosfera, es decir, a la adopción de otras técnicas de menor impacto.33

En el debate histórico entre los Ehrlich y Commoner, ¿toda la razón quedaría entonces del lado del segundo, quien minimiza la relevancia del factor demográfico para la crisis ecológica? ¿Se puede tildar a quienes abogan por el control demográfico de “neomaltusianos” y pasar a otra cosa?  En modo alguno. Veámoslo releyendo otro libro del ecólogo y ecologista Commoner. El capítulo 7 de En paz con el planeta, titulado «Población  y pobreza»,  es a mi juicio el único insatisfactorio dentro de un libro excelente.  Commoner parte también de una ecuación en esencia idéntica a la de los Ehrlich (contaminación  total= contaminación por unidad de bien por bien per cápita por población).34  Pero un exagerado optimismo tecnológico le lleva a postular que «los elementos químicos que constituyen los recursos del planeta pueden ser reciclados y reutilizados indefinidamente, siempre y cuando la energía necesaria para recogerlos y refinarlos esté disponible» (p. 142): y para Commoner está disponible en forma de energía solar (p. 143).

Ahora bien, y sin entrar en otros problemas que plantearía la extremosidad de este planteamiento, el reciclado perfecto es un imposible termodinámico, y por eso la “solución” de Commoner falla. El mismo ejemplo que aduce se vuelve contra él: leemos que «a pesar de su enorme dispersión, más de la mitad del oro extraído hasta ahora sigue controlado hasta hoy día, siendo reunido cuando es necesario gastando energía».35  El ejemplo prueba lo contrario de lo que tendría que probar: a pesar de que el oro ha sido un metal valiosísimo para todas las civilizaciones, y de que los seres humanos lo han reunido, atesorado y conservado (o sea, reciclado) como ningún otro material en toda la historia humana, sólo algo más de la mitad de todo el oro extraído en toda la historia humana está hoy disponible.

¡Piénsese  lo que ha ocurrido y ocurrirá con materiales menos preciados! Y no vale replicar que, con las escaseces crecientes o con los nuevos impuestos ecológicos, el latón o el papel llegarán a ser tan valiosos como el oro: sería una salida por la tangente fraudulenta, que no tendría en cuenta hechos termodinámicos básicos, por no hablar de los supuestos irreales sobre la organización social y la psique humana. Hay que recordar aquí una observación importante de Ernest Garcia:

Incluso entre partidarios del decrecimiento es frecuente encontrar una fuerte reticencia a aceptar que el control demográfico es una consecuencia  ineludible de la visión de conjunto que ellos mismos proponen. Muchos, en ese movimiento, repiten que el problema del mundo no es el número de humanos sino el de automovilistas (la misma idea proclamada hoy por el papa de Roma, formulada de otro modo). La reticencia va unida a la incomodidad, claro, porque la fórmula ‘más población con menos consumo agregado’ es inherentemente autodestructiva. Como el impacto sobre el medio ambiente depende del consumo por persona y del número de personas, atribuir la sobrecarga a uno solo de esos factores es como mantener que la superficie de un rectángulo está determinada solo por la base o solo por la altura. En el límite, en un mundo con recursos limitados, incluso si en él se generalizase la sobriedad y se redujera drásticamente el exceso, el resultado de aumentar sin límite la población sería una miseria generalizada.36

Recapitulemos: las dos partes tenían razón

Tampoco el planteamiento de Commoner sobre demografía y crisis ecológica, por tanto, resulta convincente. Los “neomaltusianos” como el matrimonio Ehrlich llevan razón, a mi juicio, al afirmar la necesidad de un control colectivo consciente de la demografía, y la insostenibilidad de una población como la que habitará el planeta a mediados del siglo XXI (puede que más de 10.000 millones de personas) si no suceden antes grandes catástrofes por pandemias, guerras o penuria de alimentos. Pero no tienen razón al afirmar que la explosión demográfica es la causa principal de la crisis ecológica, ni el control demográfico su principal remedio. Ahí, la propuesta commoneriana de “rediseñar la tecnosfera” y cambiar la organización social para disminuir el impacto ambiental parece más sólida.

Siempre que no olvidemos ir al mismo tiempo reduciendo los nacimientos, aunque ello no sea lo absolutamente prioritario; y siempre que seamos bien conscientes de que para conseguirlo es más importante alfabetizar a las niñas y las mujeres del Sur, o proporcionar una seguridad social básica a los campesinos pobres de esos países, que ingeniar nuevos artilugios anticonceptivos (aunque tampoco esto último sea irrelevante).  En efecto, la medida más efectiva de control demográfico es también la más deseable: aumentar el control de las mujeres sobre sus propias vidas, en especial mejorando el acceso de las niñas pobres a las oportunidades educativas.37

Los Ehrlich tenían razón en denunciar la superpoblación; Barry Commoner tenía razón en acusar al capitalismo. En aquella controversia, las dos partes tenían razón

Los Ehrlich tenían razón en denunciar la superpoblación; Barry Commoner tenía razón en acusar al capitalismo. En aquella controversia, las dos partes tenían razón. Como apunta Joen Cohen, «cuántas personas puede soportar la Tierra depende en parte de cuántas vistan prendas de algodón y cuántas de poliéster; de cuántas coman filete de vaca y cuántas brotes de soja; de cuántas prefieran los parques y cuántas los aparcamientos; de cuántas quieran Jaguars con J mayúscula y cuántas jaguares con j minúscula».38  Pero cuidado, Imanol Zubero hace una observación importante sobre la ecuación IPAT: «Sin despreciar en absoluto las mejoras en la eficiencia de las tecnologías, la ecuación Ehrlich-Holdren se resuelve, fundamentalmente, en la relación entre tamaño de la población y niveles de consumo. (…) Nos enfrentamos a problemas éticos que no tienen solución a través de medios técnicos. No son problemas de ineficiencia, sino de injusticia».39

No obstante,  hoy las cosas se nos han puesto más difíciles…

Desde el debate entre los Erhlich y Commoner han pasado más de cuatro decenios de inac- ción. Según estimaciones de muchos científicos estamos atravesando ya “puntos sin retorno”: umbrales ambientales críticos que pueden llevar a la biosfera a un nuevo estado, que, por lo que barruntamos, puede ser muchísimo menos acogedor para la vida humana (y muchas otras formas de vida).40  Hoy vamos hacia crisis maltusianas, nos advierten los investigadores e investigadoras a partir del mejor conocimiento científico disponible.

Dos escenarios de pesadilla –la escasez  global de recursos vitales y el comienzo de un cambio climático extremo– están empezando ya a converger, y es muy probable que en las próximas décadas produzcan una oleada de agitación, rebelión, competitividad y conflicto. Puede que aún sea difícil discernir cómo será ese tsunami de desastres, pero los expertos advierten de “guerras del agua” sobre disputados sistemas fluviales, de disturbios alimentarios globales provocados por las crecientes subidas de los precios de los productos básicos, de migraciones masivas de refugiados climáticos (que acabarán desencadenando actos de violencia contra ellos) y de ruptura del orden social o de colapso de los Estados.  Es probable que, al principio, ese caos estalle básicamente en África, Asia Central y otras zonas del Sur subdesarrollado, pero, con el tiempo, todas las regiones del planeta se verán afectadas.41

Y el debate entre los Ehrlich y Barry Commoner en los setenta tiene hoy una derivada nueva: en cada mano de cada Homo sapiens del planeta mayor de diez o doce años hay hoy un teléfono móvil, propio o compartido. También en los países del Sur. Eso significa que el nihilismo consumista occidental, si lo pensamos como infección, es una enfermedad que afecta ya a todos y todas –también en el Sur, de forma mayoritaria, se aspira a formas de vida del todo insostenibles  (modos de vida imperiales).

Si prosigue el BAU (business as usual, según las siglas anglosajonas que se nos han vuelto tan ominosas), las perspectivas apuntan hacia un genocidio que no tiene parangón en los 200.000 años de historia de nuestra especie. Las crisis maltusianas pueden entrelazarse con crisis hobbesianas: «por qué mataremos (y nos matarán) en el siglo XXI», reza el subtítulo del muy bien argumentado libro de Harald Welzer Guerras climáticas.42 Los colapsos ecológico-sociales incluyen colapsos demográficos:

El previsible colapso de la civilización industrial asociado a la caída en los recursos energéticos fósiles disponibles muy probablemente tendrá consecuencias  que impacten directa y negativamente en el nivel demográfico: guerras por los últimos recursos (sean estos energía, materias primas, agua, tierra fértil...), conflictividad social, deterioro de las condiciones de vida, catástrofes industriales debido a la falta de mantenimiento y de materiales de repuesto con graves repercusiones ambientales y en la salud para millones de personas.43

Se tradujo y publicó en 2010 un Manifiesto de economistas aterrados ),44 que halló enseguida bastantes lectores: segunda edición en 2011. Pero los biólogos, los climatólogos, los oceanógrafos, los edafólogos y muchos otros científicos de las diversas disciplinas que se dedican a auscultar el pulso de esta maltrecha biosfera nuestra llevan decenios aterrados: y básicamente seguimos sin hacerles caso. La mayoría de la gente, sin entender siquiera lo que están diciendo. Ahora quizá estamos más allá del punto sin retorno, en términos ecológico-sociales.

No podríamos entonces detener el ecocidio. Y el ecocidio traería consigo el genocidio: un mundo maltusiano y hobbesiano. En términos prácticos esto quiere decir: hay una gran probabilidad de que la mayor parte de la humanidad sea exterminada (por hambre, violencia armada y alguna combinación de los restantes jinetes del Apocalipsis) antes de que acabe el siglo XXI. La distopía que Susan George esbozó con su Informe Lugano se ha ido haciendo más probable en los años transcurridos desde su publicación.45

¿Vuelve el fantasma de Malthus?

Todo indica que nunca llegaremos a ser esos diez u 11.000 millones a donde nos conduciría el BAU (business as usual). Cuando se adopta un marco analítico coherente con los datos sobre extralimitación (overshoot) y límites biofísicos que antes hemos sobrevolado, lo que se ve venir más bien es un nada improbable colapso ecológico-social que podría hacerse manifiesto ya hacia 2030, y que a partir de esas fechas podría hacer disminuir la población mundial en unos 1.500 millones de personas por decenio.46

En septiembre de 2008 la revista Scientific American publicaba un breve artículo de Jeffrey D. Sachs,  director del Earth Institute de la Universidad de Columbia, titulado «The Specter of Malthus Returns».

Desde sus inicios “el maltusianismo ha sido una de las más grandes historias de miedo: un cuento de sobre numerosos Otros amenazándonos a Nosotros” (Lohman, 2005). En efecto, la obra de Malthus permite, casi podemos decir que invita a, una lectura de la realidad en términos de confrontación y de amenaza: la preocupación maltusiana por excelencia es que todo aquello que Nosotros tenemos porque lo hemos logrado gracias a nuestro trabajo físico e intelectual, a nuestros derechos de propiedad o a nuestro poder político pueda caer en manos de unos irresponsables. Otros, simplemente por su mayor fecundidad…47

Está claro que hay severos problemas asociados al maltusianismo de Malthus:

(a) atribuir un excesivo poder causal a la demografía,

(b) representarse de forma demasiado simplista los nexos entre población y recursos naturales,

(c) legitimar, en ocasiones, las enormes desigualdades y la opresión de las mujeres en el mundo (ya insistí antes sobre ello).

Pero ser cuidadosos en esos aspectos –como hemos de serlo– no hace variar los aspectos biofísicos del problema de sobrepoblación. Y confiar en que la tecnociencia nos salvará, como la cultura dominante nos propone una y otra vez,48  es pensamiento mágico y pura irresponsabilidad. Malthus tenía razón en el sentido siguiente: sin restricciones en cuanto a su base de recursos, una población animal (como la de Homo sapiens) tiende a crecer exponencialmente (como lo ha hecho la población humana durante la era industrial, y especialmente en la fase de la Gran Aceleración).49 Pero no podemos suponer que la base de recursos para los seres humanos sea infinita viviendo como lo hacemos en un planeta finito, aunque nuestra historia reciente nos desencamine mucho al respecto. Y es que lo que falta en el debate sobre el maltusianismo, como ha sugerido el paleontólogo Niles Eldredge, es una comprensión adecuada de los cambios metabólicos que van sucediendo en las relaciones entre los seres humanos y la naturaleza. «Porque es la forma en que los humanos encajemos en el mundo natural lo que decidirá si Malthus tenía razón o no. Estaba equivocado en 1798, pero si hubiera escrito diez mil años antes, cuando no había agricultura, habría tenido razón. Y si su libro se hubiera publicado hoy, al borde del tercer milenio, estaría más acertado que equivocado».50

Cuando se adopta un marco analítico coherente, lo que se ve venir es un nada improbable colapso ecológico-social que podría manifestarse ya hacia 2030 y que podría hacer disminuir la población mundial en unos 1.500 millones de personas por decenio

Quizá suceda que, como sugería Pedro A. García Bilbao, «Malhus llama tres veces». La primera vez fue a comienzos del siglo XIX (el Ensayo sobre el principio de la población fue publicado en 1798) y la segunda vez a mediados del siglo XX (justo antes de la Gran Aceleración), pero

en la actualidad la situación de la población mundial y su dependencia de los recursos finitos para mantener su nivel de vida y su crecimiento parecen haber llegado a una nueva encrucijada maltusiana. La principal diferencia radica en que ahora no existe un planeta poco poblado que colonizar y explotar, no son posibles trasvases  masivos de población y la disputa por el agua, la tierra cultivable, el petróleo y los minerales estratégicos tienen nuevos y poderosos actores. El problema de la escasez de recursos con los que alimentar el consumo de masas está llevando a un aumento brutal de los costes y a la imposibilidad de mantener un crecimiento continuado. La realidad de la escasez  de recursos y el carácter finito de los combustibles que mantienen no ya el sistema productivo sino el mismo sistema de producción y distribución de alimentos en los propios países centrales permite suponer que la incidencia de conflictos de difícil solución se va a incrementar. Urge una reconducción del sentido de la marcha y el estudio de nuevas direcciones. El fantasma de la amenaza maltusiana, el colapso del sistema por desajustes entre población y recursos, vuelve a surgir, pero esta vez no hay muchas posibilidades de un nuevo engaño.51

Un coche más hoy es un campesino menos en el futuro,52 advertía Nicholas Georgescu-Roegen (uno de los grandes economistas del siglo XX, que tendría que ser tan famoso como Keynes si la cultura dominante no deformase tan trágicamente la realidad):53  pero el futuro del que hablaba es nuestro presente.

Epílogo para ecosocialistas

En cierta forma el alfa y el omega de la ecología es la población: se trata precisamente de aquella parte de la biología que estudia las diversas poblaciones de seres vivos en relación con la capacidad de sustentación de los ecosistemas. Sería extraña una ecología política que excluyese de entrada la pregunta por la población humana deseable. El que «no exista una relación directa entre población y daño ambiental»54 no significa que no exista ninguna relación importante entre población humana y daño ambiental.

Como ya observé anteriormente, la cuestión demográfica tiene algo de divisoria de aguas entre las familias de la izquierda, a la hora de afrontar la crisis ecológico-social. ¿Una sociedad justa puede caracterizarse sólo considerando a los seres humanos, o hay que pensar la justicia más allá de la especie? Si el ecosocialismo se piensa como esencialmente antropocéntrico, ¿puede constituir una perspectiva emancipatoria adecuada? Las éticas biocéntricas o ecocéntricas ¿caben dentro del ecosocialismo de tradición marxista? ¿Cómo se articularían con él? Estas  preguntas, y otras conexas,  han sido objeto de un debate intenso sobre todo en el mundo anglosajón, donde las corrientes de deep ecology han tenido más peso que en la Europa continental. De manera típica, la cuestión demográfica se ha situado en el centro de tales debates: es una piedra de toque. David Orton, un activista canadiense situado dentro de lo que él llamaba “biocentrismo de izquierdas”, manifestó que aunque simpatizaba  con la  Declaración  de Belém  que había  redactado la  Red Ecosocialista Internacional de Michael Löwy y Joel Kovel (y que se aprobó en Brasil, en enero de 2009) no podía firmarla adhiriéndose por completo, pues

por desgracia la Declaración de Belém se centra en los seres humanos, no en la Tierra. ¿Dónde se aboga por la preservación de los territorios salvajes  y las demás especies?  (…) La justicia social entre humanos es absolutamente necesaria, pero debe subordinarse a la justicia terráquea para todas las especies.  Como ha dicho [el ecofilósofo canadiense] Stan Rowe, aunque el socialismo y el capitalismo comparten una visión antropocéntrica común “rapaz” respecto a la explotación de la Tierra, «el socialismo tiene la virtud de ampliar el círculo de cuidado más allá del individuo egoísta, y así por lo menos orienta nuestra mirada en la dirección correcta». Pero la justicia social para los seres humanos no puede construirse a expensas de la ecología. La “comunidad” ha de incluir no sólo a seres humanos, sino también a los otros animales, las plantas y la Tierra como tal. En la Declaración no se menciona la necesaria reducción demográfica humana, que debería ser una prioridad para una sociedad ecocéntrica socialmente justa. No se trata sólo de un error desde una perspectiva de bienestar humano –somos demasiados–, sino que ello muestra que las necesidades de hábitat de las demás formas de vida no se consideran importantes.55

El que «no exista una relación directa entre población y daño ambiental» no significa que no exista ninguna relación importante entre población humana y daño ambiental

Saral Sarkar, otro pensador y activista ecosocialista (hindú residente en Alemania), ha señalado que Malthus fue probablemente el primer autor que escribió sobre ecología política, aunque

desgraciadamente  para nosotros, era un clérigo miembro de la clase dominante y como tal beneficiario del sistema de explotación de los pobres. Sólo cabe rechazar sus opiniones políticas; pero sus dos tesis (¿o quizá leyes?) sobre el aumento de la producción de alimentos y el crecimiento demográfico son científicamente válidas, incluso hoy, a pesar de todos los desarrollos científicos y tecnológicos que han tenido lugar en los dos siglos últimos. No deberíamos cultivar la ceguera respecto de los hechos. Por desgracia, los erróneos ataques de Marx y Engels contra Malthus están todavía hoy influenciando la discusión entre activistas políticos del socialismo.56

Como cabe suponer, esa no es una posición aceptable para los ecosocialistas de tradición marxiana57 –y sin embargo creo que en este punto Sarkar tiene razón (también cuando insta a no tratar los textos de Marx y Engels como “Sagradas Escrituras”).

Igualmente se puede convenir con Sarkar en que «no basta con ser socialista, ni basta con ser ecologista profundo. Los socialistas debemos asimilar las lecciones de la ecología que sean verdaderas y los ecologistas profundos (o verdes profundos, o ecologistas consecuentes) deben aprender las lecciones verdaderas del socialismo».58  Bueno, en lo que a mí respecta toda la discusión anterior conduce a la siguiente conclusión: deberíamos dejar de usar “neo-maltusiano” como un insulto y habría que abogar más bien por un ecosocialismo neo-maltusiano. Desde tal perspectiva nos haríamos preguntas como: ¿juzgamos o no deseable, además de la superación del capitalismo y la construcción de un ecosocialismo feminista, la reducción de la población humana, la renaturalización de extensas zonas de la Tierra y el cultivo de un ethos de simbiosis con la naturaleza? Podríamos proponer como criterios algo así:

a) ¿Estás de acuerdo en que existe sobrepoblación humana?

b) ¿Estás de acuerdo en que medio planeta,59 y los planes de renaturalización de territorios extensos, son propuestas razonables?

c) ¿Estás de acuerdo en que la dieta humana debería ser básicamente vegetariana – como resultado de la eliminación de la ganadería industrial y la pesca industrial?

d) ¿Estás de acuerdo en prácticas agrícolas basadas en la agroecología y la soberanía alimentaria?

e) ¿Estás de acuerdo en una estrategia re-localizadora y des-globalizadora que reduzca drásticamente los desplazamientos de personas y mercancías?

f) ¿Estás de acuerdo en políticas territoriales apoyadas en las biorregiones?

g) ¿Estás de acuerdo en políticas tecnológicas que se orienten al low-tech?

h) ¿Estás de acuerdo en que, para las y los ecosocialistas, simbiosis es una categoría tan importante como acumulación de capital?

A este respecto, y confrontados al “retorno de Malthus” como lo estamos hoy,60 no hay que echar al olvido algunas tradiciones político-culturales de izquierda enormemente interesantes a la hora de abordar estas cuestiones. Así, hubo un feminismo obrero y neomaltusiano a comienzos del siglo XX (tanto en Europa como en EEUU)  que abogaba por la “procreación consciente” como un elemento clave para la liberación de la mujer y la lucha anticapitalista.61  Fue éste un movimiento feminista y protoecologista, como subraya Joan Martinez-Alier:

Las neomaltusianas anarcofeministas predicaban la libertad de las mujeres para decidir el número de hijos que querían tener. El movimiento estaba explícitamente comprometido con los temas ecológicos, preguntándose cuánta gente podría la Tierra alimentar sosteniblemente. Este exitoso movimiento social internacional (con líderes como Emma Goldman y Margaret Sanger en Estados Unidos y Paul Robin en Francia) se autodenominaba deliberadamente neomaltusiano, pero contrariamente a Malthus consideraban que el crecimiento demográfico podía ser detenido entre las clases pobres mediante decisiones voluntarias. Recomendaban  el control de la natalidad, incluyendo las vasectomías  voluntarias. El movimiento neomaltusiano no apelaba al Estado para que impusiese restricciones al crecimiento demográfico. Al contrario, se basaba en un activismo ”desde abajo” a partir de la libertad de las mujeres, para evitar la presión descendente sobre los salarios provocada por el exceso de población, y contra las amenazas al medio ambiente y la subsistencia humana. Se preveía un exceso de población, y esto condujo a ideas y conductas anticipatorias. En Francia y en otros sitios, los neomaltusianos desafiaron a las autoridades políticas y religiosas de la época a través de la idea de una ”huelga de vientres” (la grève des ventres), y también a través del antimilitarismo y del anticapitalismo. El control demográfico voluntario fue una manera de negarse a proporcionar al capitalismo mano de obra barata del “ejército de reserva de trabajadores”.62

Desde su elaboración ecofeminista, Alicia H. Puleo evoca también el neomaltusianismo que surge en la segunda mitad del siglo XIX, que «es de inspiración anarquista y feminista y promueve el uso de métodos anticonceptivos y el derecho al aborto como una forma de resistencia obrera frente a la explotación de mano de obra barata. Destacan en él figuras como Paul Robin, pedagogo libertario francés, y Margaret Sanger, enfermera y educadora sexual estadounidense, fundadora de la Liga de Planificación Familiar, encarcelada  por sus actividades a favor del control de natalidad».63 Se trata en efecto de tradiciones valiosas que deberíamos volver a apreciar y de las que podemos aprender mucho a la hora de plantear un ecosocialismo descalzo para el Siglo de la Gran Prueba.

¿Somos demasiados? Si cobramos consciencia del declive de los combustibles fósiles (solo la sobreabundancia  energética que nos han proporcionado permitieron a las economías industriales y a la población humana crecer como lo han hecho desde los días de Malthus hasta hoy) y de la degradación de la biosfera (que reduce su capacidad para sustentar a tantos seres humanos), entonces hay que responder que sí, somos demasiados. Si no defendemos la tesis totalmente implausible de un desacoplamiento absoluto entre crecimiento económico y consumo de recursos, entonces hay que responder que sí, somos demasiados. Si asumimos que los imaginarios capitalistas dominantes (pero también los de quienes aspiran a un socialismo de la abundancia) incitan a la gente a aspirar a “modos de vida imperiales” (Alberto Acosta y Ulrich Brand), entonces hay que responder que sí, somos demasiados. Si dejamos de lado nuestro supremacismo antropocéntrico y reconocemos que compartimos la biosfera terrestre con trillones de otros seres vivos, y que estos necesitan también espacio ecológico para vivir y florecer, entonces hay que responder que sí, somos demasiados.

Rechazar de plano el maltusianismo (insisto: en el sentido de la necesidad de un autocontrol consciente de la población humana) implica (a) asumir una posición antropocéntrica fuerte, con sus tesis de dominio sobre la naturaleza y (b) no asumir verdaderamente la existencia de límites biofísicos al crecimiento. Las propuestas emancipatorias para el siglo XXI no pueden situarse en esa posición. «La humanidad es la primera especie en la Tierra con capacidad intelectual para limitar de forma consciente el tamaño de su población y vivir en un dinámico equilibrio perdurable con las demás formas de vida. Los seres humanos pueden percibir la diversidad de sus entornos y cuidarlos. Nuestra herencia biológica nos capacita para deleitarnos en esa intrincada diversidad vital».64

 

NOTAS:

1 E. Viveiros de Castro y D. Danowski, ¿Hay mundo por venir? Ensayo sobre los miedos y los fines, Caja Negra eds., Buenos Aires, 2019, p. 178.

2 D. Haraway, «Antropoceno, Capitaloceno,  Plantacionoceno,  Chthuluceno:  generando relaciones  de parentesco», Revista Latinoamericana de Estudios Críticos Animales año III vol. 1, junio de 2016. También en su libro Seguir con el problema (Editorial Cosonni, Bilbao, 2019) insiste en la necesidad de control demográfico.

3 «Natalidad bajo mínimos», editorial de El País, 23 de junio de 2019.

4 Datos para reflexionar sobre esto: Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino, Análisis de la huella ecológica de España, Madrid, 2007.

5 U. Bardi, Los límites del crecimiento retomados, Catarata, Madrid, 2014.

6 M. King y C. Elliott, «To the point of farce: a Martian view of the Hardinian taboo the silence that surrounds population control»,     British      Medical     Journal     vol.     315,   29     de     noviembre    de     1997,    disponible     en:

7 Para que no pueda surgir la menor duda sobre el lugar moral desde el que estoy escribiendo: la única “ética del bote salvavidas” que me parece aceptable es la que evocaba Heiner Müller en una entrevista que he citado varias veces: «Auschwitz y su principio de selección es el modelo de este siglo. Todos no podían sobrevivir, así que se seleccionaba.  Cuando trato de aclararme lo que significa el heroísmo, siempre me acuerdo de una pequeña historia. En uno de los últimos barcos que partió de Alemania y debía llevar judíos a los EEUU  viajaba a bordo un judío grueso, un periodista deportivo de Berlín. Este barco fue torpedeado por submarinos alemanes y se hundió. Por supuesto, había pocas plazas en los botes salvavidas.  El periodista deportivo judío y gordo se sentó rápidamente en uno de los botes salvavidas, y el bote estaba lleno. De repente aparece en cubierta una joven madre con su hijo. Pero ya no hay lugar para nadie más en el bote. Entonces el pequeño y grueso judío se arrojó al Atlántico, dejando lugar a la mujer. Esa es la única respuesta que existe. (...) Es el problema de Dostoyevski, la pregunta de Raskólnikov. También Dostoyevski encontró al final una sola respuesta: la compasión. Cuando al final aparece Auschwitz como modelo para la selección, no queda ya ninguna respuesta política. Probablemente sólo exista una respuesta religiosa. El problema de esta civilización es que no tiene ninguna alternativa a Auschwitz. (...) También en Walter Benjamin es un tema recurrente: el socialismo o el comunismo o cualquier otra utopía no tienen ninguna oportunidad si no ofrecen una dimensión teológica». Nada de cortar las manos de los demás; solo saltar al mar uno mismo.

8 Algunas reflexiones al respecto en Jorge Riechmann, «Sobre demografía, decrecimiento y crisis ecológico-social», entrada del 30 de agosto de 2013 en el blog Tratar de comprender, tratar de ayudar.

9 Éramos 1.650 millones de seres humanos en 1900, y 2.518 millones en 1950. Véase la entrevista con Bruno Latour en El País Semanal del 24 de marzo de 2013, donde el sociólogo y antropólogo francés remite a su libro Políticas de la naturaleza, RBA, Barcelona 2013 (original francés de 1999).

10 J. A. Tainter y T. W. Patzek, Drilling Down. The Gulf Oil Debacle and Our Energy Dilemma, Copernicus, Nueva York, 2012, p. 37.

11 La asociación británica (fundada en 1991) Optimal Population Trust calcula una población mundial óptima en el rango entre 2.700 a 5.100 millones de habitantes (su web: http://www.populationmatters.org/ ). Manuel Casal Lodeiro recoge las siguientes estimaciones: «Dale Allen Pfeiffer apunta a los dos mil millones como cifra sostenible y advierte de que en la década de 2010-2020 veremos hambrunas como nunca antes ha experimentado la especie humana” (Pfeiffer, 2003); Paul Chefurka (2007) lo sitúa en los 1.000 millones en base a la población histórica constatada en el momento en que se comenzó a explotar el petróleo, corregida a la baja para tener en cuenta la degradación de la capacidad de carga; Brian Fleay (citado en Youngquist, 1999) lo cifra en 3.000 millones; David Pimentel (también citado en Youngquist 1999 y según cálculos publicados en Pimentel et al. 1994) lo sitúa en uno y 3.000 millones; Richard Duncan (2005), en su interesante Teoría Olduvai, estima que tras una gran mortandad, la población se comenzará a estabilizar en torno a los 2.000 millones en 2050. Colin Campbell estima (2002) que la población se reducirá muy rápidamente a partir de 2020 pero frenando en torno a 2080 para después irse estabilizando en una suave caída hasta niveles cercanos a los tres mil millones en torno a 2200…» Manuel Casal Lodeiro, «Nosotros, los detritívoros», publicado en la web de Ecopolítica en enero de 2014.

12 D. Spratt, «At 4°C of warming, would a billion people survive?  What scientists say» en Climate code Red, 18 de agosto de 2019.

13 Y. Xu y V. Ramanathan,  «Well below 2°C:  Mitigation strategies for avoiding dangerous to catastrophic climate changes»,

PNAS, 26 de septiembre de 2017.

14 En mayo de 2019, Johan Rockström, director del Instituto Potsdam para la Investigación del Impacto Climático, dijo a The Guardian que en un mundo 4°C más cálido «es difícil ver cómo podríamos acomodar a 1.000 millones de personas o incluso la mitad de eso... Habría una minoría rica de personas que podría sobrevivir con estilos de vida modernos, sin duda, pero será un mundo turbulento y conflictivo». Rockström es uno de los principales investigadores  del mundo en tipping points (puntos de inflexión climáticos) y safe boundaries (“límites seguros” para la humanidad). Véase G. Vince, «The heat is on over the climate crisis. Only radical measures will work», The Guardian, 18 de mayo de 2019.

En un encuentro científico internacional sobre cambio climático realizado en Melbourne en noviembre de 2012 (en la antesala de la COP18  de Doha), algunos de los más relevantes investigadores  del mundo estimaron lo que podría pasar con un aumento de cuatro grados centígrados o más (sobre las temperaturas preindustriales promedio). Para Hans Joachim Schellnhuber (fundador y director del Instituto Postdam para la Investigación del Impacto Climático –PIK–  y director del Consejo Asesor Alemán sobre el Cambio Climático –WBGU–),  la capacidad del planeta para albergar seres humanos en caso de una subida de cuatro grados se reduciría a «menos de 1.000 millones de personas». Unos años antes el profesor Kevin Anderson (director del Centro Tyndall para el Cambio Climático en Gran Bretaña)  se dirigió a la prensa durante la fallida conferencia de Copenhague, en 2009: «Para la humanidad es cuestión de vida o muerte... [un aumento así] no conducirá a la extinción del ser humano, ya que unos pocos afortunados, con los recursos adecuados, podrán desplazarse a las partes apropiadas del planeta y sobrevivir. Pero creo que es extremadamente improbable que evitemos una mortandad masiva con cuatro grados de aumento». En aquella ocasión Anderson se atrevió a dar cifras: «Si en el año 2050 la población mundial es de 9.000 millones y la temperatura se eleva 4, 5 ó 6 grados, los supervivientes podrían ser del orden de 500 millones».

Si echamos cuentas, eso es hablar de una mortandad de casi el 95%. Cf. Miguel Artime, «Cuatro grados más o cómo decir adiós a casi el 95% de la humanidad», blog Cuaderno de ciencias, 15 de noviembre de 2012.

15 E. Garcia, «Los derechos humanos más allá de los límites al crecimiento», Ambienta 113, diciembre de 2015, p. 29.

16 J. Poore y T. Nemecek, «Reducing food’s environmental impacts through producers and consumers», Science vol. 360 núm. 6392, 1 de junio de 2018.

17 Y así, hoy, el 3,7% de la población española padece esa dieta de pobreza, según el INE. I. Ruiz Molinero, «La pobreza se enquista en  España  pese a la  mejora de  la  economía»,  El  País,  13  de  octubre de  2018.

18 D. Carrington: «Huge reduction in meat-eating ‘essential’ to avoid climate breakdown», The Guardian, 10 de octubre de 2018. Resume resultados de un importante estudio científico publicado en Nature: M. Srpingmann y otros,   «Options   for  keeping  the  food  system   within  environmental   limits», Nature 2018.

19 Remito aquí a Manuel González de Molina y Víctor M. Toledo, Metabolismos. Hacia una teoría de las transformaciones socioecológicas, Icaria, Barcelona 2011.

20 J. Riechmann, El siglo de la Gran Prueba, Baile del Sol, Tegueste (Tenerife), 2013.

21 Véase tweet.

22 Véase tweet El informe de Oxfam, de 2015, argumenta que el cambio climático está indisolublemente unido a la desigualdad económica: se trata de una crisis impulsada por las emisiones de GEI generadas por los ricos, pero que afecta fundamentalmente a los más pobres: «La mitad más pobre de la población mundial –aproximadamente 3.500 millones de personas– sólo genera alrededor del 10% del total de las emisiones mundiales atribuidas al consumo individual, y sin embargo viven mayoritariamente en los países más vulnerables ante el cambio climático. En cambio, aproximadamente el 50% de estas emisiones puede atribuirse al 10% más rico de la población mundial, cuya huella de carbono media es hasta once veces superior a la de la mitad más pobre de la población, y 60 veces superior a la del 10% más pobre. La huella de carbono media del 1% más rico de la población mundial podría multiplicar por 175 a la del 10% más pobre», OXFAM, «La desigualdad extrema de las emisiones de carbono», nota de prensa, 2 de diciembre de 2015. Informe completo. 

23 Patrick Wood Crusius, un varón blanco de 21 años, mató a 20 personas e hirió a otras 26, en una masacre terrorista y racista perpetrada en un centro comercial Walmart. Véase A. Laborde, «Un solitario de carácter irritable y explosivo», El País, 5 de agosto de 2019. Véase también, de la misma periodista «El autor confeso de la matanza de El Paso admite que iba a por mexicanos», El País, 10 de agosto de 2019.

24 C. Follett, «How anti-humanism is gaining ground», Human Progress, 8 de mayo de 2019.

25 Hugo Chávez, Ahora la batalla es por el sí – Discurso de presentación del Proyecto de Reforma Constitucional ante la Asamblea Nacional, Caracas, miércoles 15 de agosto de 2007 (Colección Discursos Presidenciales de la Biblioteca Construcción del Socialismo, Ministerio del Poder Popular para la Comunicación y la Información, Caracas  2007, p. 62). En 1990 la población de Venezuela ascendía a 19,7 millones de habitantes; así, Chávez estaba proponiendo cuadruplicar la población del país en algunos decenios.  ¿Cómo puede pensarse  que esa política es coherente con el quinto gran objetivo histórico del Plan de la Patria redactado por el propio Chávez  y aprobado como política de Estado en 2013 –a saber, «contribuir con la preservación de la vida en el planeta y la salvación de la especie humana»? Para la salvación de la especie humana, ésta debe autolimitar –entre  otras magnitudes, su crecimiento demográfico…

26 S. Sarkar, «What is Eco-Socialism, Who is an Eco-Socialist», en su blog Saral Sarkar’s Writings, 9 de junio de 2017. Los libros básicos de este pensador ecosocialista (nacido en la India, pero que ha vivido mucho tiempo en Alemania) son Eco-Socialism or Eco-Capitalism? A Critical Analysis of Humanity’s Fundamental Choices (Zed Books, Londres 1999) y The Crises of Capitalism. A Different Study of Political Economy (Counterpoint, Berkeley 2012). Sarkar no concibe un movimiento ecologista auténtico (ni por ende un ecosocialismo auténtico) que no sea decrecentista. Véase su artículo «The ecology movement is not a social movement», resilience.org, 2 de febrero de 2017.

27 Véase su artículo «Deep Ecology versus Ecosocialism», Climate & Capitalism, 19 de julio de 2011. En un texto posterior, Angus sostiene que las posiciones de Sarkar son anti-humanas y afines a la limpieza étnica.

28 Véase otro episodio de este debate Donald J. Kerr sostiene que Ian Angus «no comprende que la sobrepoblación es un problema real y  al mismo tiempo, es muy difícil de solucionar sin pisotear los derechos humanos...»

29 M. Empson, «¿Hay demasiados habitantes en el planeta?», Viento Sur 166, octubre de 2019, p. 23.

30 P.R. Ehrlich/ A.H. Ehrlich, La explosión demográfica: el principal problema ecológico, Salvat (Col. Biblioteca Científica Salvat, número 3), Barcelona,  1993. (Trad. de Camila Batlle del original The Population Explosion, publicada por Simon & Schuster en 1991). Otra revisión de su libro por Paul y Anne Ehrlich,  cuarenta años después (2009).

31 E.O. Wilson, El futuro de la vida, Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores, Barcelona, 2002, p. 54. (El énfasis es mío, J.R.)

32 Ehrlich y Ehrlich, La explosión demográfica, op. cit., p. 52. En inglés esta sencilla ecuación reza así: I = PAT. «Human Impact on the environment equals the product of Population, Affluence, and Technology. The equation was developed in the 1970s  during the course of a debate between Barry Commoner, Paul R. Ehrlich and John Holdren».

33 Sigo aquí el resumen de Joaquim Sempere, en Sempere y Jorge Riechmann, Sociología y medio ambiente, Síntesis, Madrid, 2000, p. 197.

34 B. Commoner, En paz con el planeta, Crítica, Barcelona, 1992, p. 144.

35 Ibidem, p. 142.

36 E. Garcia, Op. cit., (el énfasis es mío)

37 «La esperanza proviene del hecho de que no hace falta que los líderes impongan programas desde arriba. Basta con que aumentemos el acceso a los anticonceptivos, tanto en los países desarrollados como en los poco desarrollados, para que la gente decida si quiere usarlos o no. Eso tendría un costo de sólo 8’1 millones de dólares cada año, lo que es baratísimo. Y, por otra parte, hay que insistir en la educación femenina, que es el mejor anticonceptivo que existe» Alan Weisman, entrevista del 8 de abril de 2014; las cursivas son mías (J.R.).

38 J. E. Cohen, «How Many People Can the Earth Support?», The New York Review, 8 de octubre de 1998, p. 31.

«Pero, lejos de someter a revisión nuestra bulimia consumista y sus consecuencias actuales y futuras, lejos de enfrentarnos al escándalo moral que supone esta regresión global al canibalismo, nos aferramos a un estilo de vida construido sobre el privilegio. Lo expuso con la mayor contundencia el presidente George Bush (padre) con motivo de la Cumbre de la Tierra celebrada en 1992 en Rio de Janeiro: The American lifestyle is not up for negotiation; el estilo de vida americano no se negocia.” Imanol Zubero, “¿Superpoblación o sobreconsumo? Maltusianismo práctico, exclusión global y población sobrante", Scripta Nova, vol. XIX, núm. 506, 2015.

39 I. Zubero, «¿Superpoblación o sobreconsumo? Maltusianismo práctico, exclusión global y población sobrante», Scripta Nova, vol. XIX, núm. 506, 2015, p. 11. (El énfasis es mío, J.R.)

40 A. D. Barnofsky y otros, «Approaching a state shift in Earth’s biosphere», Nature, 7 de junio de 2012, p. 52-58.

41 M. T. Klare, «De cómo la escasez  de recursos y el cambio climático podrían producir una explosión global» publicado en Rebelión el 30 de abril de 2013. Klare es autor de The Race for What’s Left: The Global Scramble for the World’s Last Resources, Metropolitan Books 2012. Página personal

Otra advertencia:  «La humanidad está a punto de entrar en una etapa en nuestra historia, caracterizada  por la penuria de recursos naturales esenciales  (agua, terreno agrícola, alimento) que sólo se había experimentado a nivel local por nuestra especie». Carlos Duarte (coord.), Cambio global. Impacto de la actividad humana sobre el sistema Tierra, CSIC/ Libros de la Catarata, Madrid, 2009, p. 25.

42 H. Walzer, Guerras climáticas, Katz, Buenos Aires/ Madrid, 2010.

43 M.  Casal Lodeiro,  «Nosotros,  los  detritívoros  (síntesis)»   Rebelión,   3  de  febrero  de  2014.

44 Manifiesto de economistas aterrados, Pasos Perdidos, en coedición con Eds. Barataria, Madrid, 2010

45 S. George, El Informe Lugano, Icaria, Barcelona, 2001 (el original en inglés es de 1999).

46 G. Turner, «¿Is global collapse imminent?», Research Paper 4, MSSI (Melbourne Sustainable Society Institute), Universidad

de  Melbourne, 2014, p. 7.

Por lo demás, hay que leer a los autores en el original (en este caso el Ensayo sobre el principio de la población…) Ugo Bardi en octubre de 2016: “Malthus el profeta de la fatalidad: ¿por qué molestarse con la lectura del original cuando simplemente  se puede cortar  y  pegar  de  Internet?” Puedes consultar texto original.

47 I. Zubero, 2015, Op. cit.

48 Por ejemplo: José Carlos Díez, «500 años no es nada», El País, 9 de agosto de 2019.

49 Lo explica por ejemplo Joaquim Sempere en su capítulo sobre “Población y medio ambiente” del manual de sociología ambiental que escribimos juntos: «El crecimiento de la población depende, en primer lugar, de la población existente; y como en cualquier población suele haber migraciones de entrada y de salida, al crecimiento natural o vegetativo hay que añadir las personas inmigradas y restar las emigradas. El saldo es el crecimiento, al que corresponde una tasa de crecimiento (r). Si la tasa de crecimiento fuese constante en el transcurso de los años, se puede generalizar la fórmula de cálculo para n periodos. Al final del primer periodo (supongamos que se trate de años), la población inicial P0 se verá incrementada por la cantidad P0.r, de modo que tendremos: P1 = P0 + P0.r = P0 (1 + r). Aplicando esta fórmula de modo recurrente tenemos en el segundo periodo: P2 = P1 (1 + r) = P0 (1 + r) (1 + r) = P0 (1 + r)2, y en el periodo n tenemos Pn = P0 (1 + r)n. La fórmula anterior expresa  un crecimiento de tipo geométrico con una razón (1 + r). (…) Cada nuevo incremento se suma al anterior y el siguiente se calcula sobre una base acrecentada. Una extensión más refinada de esta visión la constituye el crecimiento exponencial…»  (Joaquim Sempere y Jorge Riechmann, Sociología y medio ambiente, Síntesis,  Madrid 2000, p. 186). El crecimiento de las funciones exponenciales  tiende al infinito; y una peculiaridad de este tipo de crecimiento es que, a una tasa constante, el periodo de duplicación es cada vez más breve.

50 N.   Eldredge,   «Los aciertos   erróneos   de   Malthus»,   El    País,    12   de   agosto   de   2000.

51 P. A. García Bilbao, «Geopolítica, peak oil, recursos finitos y colapso global: dificultades de comprensión desde las ciencias sociales y necesidad de un enfoque integrado», Contexto & Educaçao 89, enero-abril de 2013, p. 227-228.

52 «Cada  vez que producimos un Cadillac, lo hacemos al precio de disminuir la cantidad de vidas humanas del futuro». Nicholas Georgescu-Roegen,  «La ley de la entropía y el problema económico» (1973), en Ensayos bioeconómicos (edición de Óscar Carpintero), Catarata, Madrid 2007, p. 50.

53 Economía: Marx, Polanyi, Georgescu-Roegen, Ostrom. Es la línea principal; se trata de los autores y autora básicos. Pero normalmente alguien que se gradúe en una de nuestras facultades de Ciencias Económicas y Empresariales (que tienden a convertirse en meras escuelas  de negocios) terminará sus estudios sin haber oído hablar de ninguno de ellos… Así de deformada y vuelta del revés se halla la cultura dominante.

54 M. Empson, «¿Hay  demasiados habitantes en el planeta?», Viento Sur 166, octubre de 2019, p. 24.

55 D. Orton, «Why I am not an ecosocialist»,  Climate & Capitalism, 26 de junio de 2011.

56 S. Sarkar, «On Maltusianism and Ecosocialism», Climate & Capitalism, 3 de julio de 2011.

57 Véase por ejemplo el texto de Franklin Dmitryev.

58 S. Sarkar, «Eco-Socialism and the population question: An open reply to Ian’s open letter», Climate & Capitalism, 10 de julio de 2011.

59 E.O. Wilson, Medio planeta. La lucha por las tierras salvajes en la era de la Sexta Extinción, Errata naturae, Madrid 2017. Véanse https://eowilsonfoundation.org/half-earth-our-planet-s-fight-for-life/ y http://www.half-earthproject.org

60 G. Kallis ha abordado una relectura de Malthus, desde postulados decrecentistas, en su libro Limits. Why Malthus Was Wrong and Why Environmentalists Should Care, Stanford University Press 2019.

61 F. Ronsin, La grève des ventres. Propagande neo-malthusienne et baisse de la natalité en France 19-20 siècles, Aubier-Montaigne, París, 1980.

62 Joan Martinez-Alier, “Neomaltusianos”, en Decrecimiento –vocabulario para una nueva era (coordinado por Giacomo D’Alisa, Federico Demaria y Yorgos Kallis, eds.), Icaria, Barcelona 2015, p. 191.

63 Alicia H. Puleo, Claves ecofeministas, Plaza  & Valdés, Madrid 2019, p. 55.

64 A. Naess, Ecology, Community and Lifestyle, Cambridge University Press 1990, p. 23.

Jorge Riechmann es profesor de filosofía moral de la UAM.

 


El trabajo de cuidados

El trabajo de cuidados: perspectivas y políticas

El trabajo de cuidados es un trabajo imprescindible para la reproducción social y el bienestar cotidiano de las personas, que continúia siendo responsabilidad casi exclusiva de las mujeres, pero que resulta de vital importancia para toda la sociedad.

El libro publicado en la Colección Economía Crítica y Ecologismo Social de FUHEM Ecosocial, bajo el título El trabajo de cuidados: historia, teoría y políticas, se presentará el próximo jueves 27 de febrero a las 19 h. en la Librería Mujeres & Compañía.

La presentación contará con la presencia de:

Alicia Rius, Doctora en Economía Aplicada y Agente de Igualdad. Su trayectoria profesional se ha enfocado hacia la Formación, como coordinadora, divulgadora y formadora en materia de Feminismos y Políticas de Equidad.

Silvia López, Doctora en Ciencia Política y Derecho por la Universidad Autónoma de Madrid. Investigadora y docente especializada en pensamiento feminista contemporáneo y en análisis de políticas de igualdad de género, especialmente en materia de violencias de género, y derechos sexuales y reproductivos.

Yayo Herrero, antropóloga, ingeniera, profesora y activista ecofeminista Es una de las investigadoras más influyentes en el ámbito ecofeminista y ecosocialista a nivel europeo.

Modera el acto Lucía Vicent investigadora de FUHEM Ecosocial.

RECUERDA:

FECHA: 27-02-2020

HORA: 19.00 h.

LUGAR: Librería Mujeres & Compañía

C/ La Unión, 4. 28013 Madrid

Entrada libre hasta completar aforo. Puedes reservar tu entrada en el evento de facebook.


Otro fin del mundo es posible

El próximo 4 de marzo de 2020, a las 19.30 h. se presentará en el Espacio Abierto FUHEM el libro de Jorge Riechmann, Otro fin del mundo es posible, sobre transiciones ecosociales, colapsos y la imposibilidad de lo necesario.

Contaremos con la presencia de:

Virginia Rodríguez, presidenta de la Fundación Cultural de Cercedilla.

Marta Valero, coordinadora editorial de MRA ediciones.

Santiago Álvarez Cantalapiedra, director del Área Ecosocial de FUHEM.

Irene Gómez-Olano, estudiante y militante de Abrir Brecha.

Saúl Flores Martínez, estudiante y militante de Rebelión contra la Extinción.

Jorge Riechmann, autor del libro, ensayista, poeta y profesor de Filosofía moral y Política de la Universidad Autónoma de Madrid.

RECUERDA:

FECHA: 04-03-2020

HORA: 19.30 h.

LUGAR: Espacio Abierto FUHEM

Avda de Portugal, 79 posterior. 28011 Madrid.

Entrada libre hasta completar aforo. Puedes reservar tu entrada en: https://facebook.com/events/170811917699824/

 


Próxima Sesión Curso Economía Vivienda: entre la especulación y la innovación social

 

El próximo lunes 17 de  febrero tendrá lugar una nueva sesión de 2020 del Curso de Economía de la Universidad del Barrio, organizada por FUHEM Ecosocial, Economistas sin Fronteras y el Salmón Contracorriente  en el Teatro del Barrio.

La construcción de viviendas ha sido una pieza clave en el modelo de crecimiento económico español de las últimas décadas. Su degeneración en un activo financiero especulativo ha provocado que coexistan miles de viviendas vacías y muchas más personas con dificultades para el acceso a la vivienda, ya sea en propiedad o en alquiler, pese a la condición de derecho que tiene.

En este contexto, la ineficacia que hasta el momento han tenido las políticas públicas implementadas al respecto en España coexiste con la emergencia de iniciativas sociales en torno a la vivienda que merecen nuestra atención: cooperativas de vivienda en cesión de uso, organizaciones sociales para defender alquileres, viviendas colaborativas (cohousing), diseños arquitectónicos con perspectiva de género, etc.

De todos ello hablaremos en la próxima sesión del curso de economía de la Universidad del Barrio, con la participación de:

Maite Arrondo, experta en políticas de vivienda.

Javier Gil, sociólogo.

Cristina Platero, Batïq Cooperativa de Arquitectura, Urbanismo y Diseño.

RECUERDA:

FECHA: lunes 17 de febrero.

HORA: 19 h.

LUGAR: Teatro del Barrio

C/ Zurita, 20

28012 Madrid

Metro Lavapiés.

 

Maite Arrondo y Javier Gil han escrito en el número 148 de nuestra revista Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, Ciclón inmobiliario, dentro de la sección dedicada al ESPECIAL:

Maite Arrondo Segovia y Raquel Rodríguez Alonso, Análisis comparado de modelos inmobiliarios en Europa.

Javier Gil García, La subida de los alquileres: ¿falta de oferta o fondos buitres?

 


Papeles 148: Ciclón Inmobiliario

Ofrecemos el número 148 de la revista Papeles de Relaciones Ecosocales y Cambio Global, sobre el ciclón inmobiliario, sus perversos efectos sobre la vivienda y la búsqueda de alternativas de carácter social.

El singular desarrollo del sector inmobiliario español, acostumbrado desde el franquismo a los “pelotazos inmobiliarios”, ha tratado la vivienda durante décadas como un valor refugio para inversionistas, convirtiendo este derecho fundamental en un recurso para la especulación en manos de agentes privados. A los tradicionales, se unen ahora los “nuevos inversores” compuestos por corporaciones transnacionales. Las políticas públicas en la creación de un parque de vivienda a la medida de las necesidades han resultado tímidas y claramente insuficientes.

El resultado de este enfoque ha causado impactos distorsionadores en el acceso a la vivienda, un bien básico fuera del alcance –no solo en compra, sino incluso en alquiler– de una parte importante de la población, y no porque falte vivienda; de hecho, el actual parque inmobiliario está sobredimensionado.

Toca ahora afrontar el agotamiento del modelo inmobiliario-financiero actual y la necesidad de reconvertirlo tanto en su desinversión como hacia horizontes políticos, territoriales y urbanos más saludables desde un punto de vista ecológico y social. Ello exige medidas urgentes y planes a largo plazo, lo que implica no tanto nueva construcción como una gestión-rehabilitación-reutilización renovada del parque existente, además de abordar el problema del alquiler de pisos turísticos.

El ciclón inmobiliario y sus perversos efectos sobre la vivienda ha auspiciado, sin embargo, la búsqueda de alternativas de carácter social, con un abanico de proyectos en marcha.

Estas temáticas son analizadas tanto en los artículos del ESPECIAL como en la ENTREVISTA a José Manuel Naredo, que diseccionan las dinámicas del mercado inmobiliario y formulan propuestas para subsanar sus desviaciones.

En PERISCOPIO se recogen tres experiencias que presentan vías alternativas y sociales.

El número se completa con reflexiones sobre distintas temáticas en las secciones ENSAYO, ENTREVISTA, PANORAMA y LIBROS.

A continuación, ofrecemos el sumario y el acceso al texto completo tanto de la INTRODUCCIÓN, como del artículo destacado del número, que en este caso, es la ENTREVISTA a José Manuel Naredo.

 

SUMARIO:

INTRODUCCIÓN

La vivienda entre el derecho y la especulación, Santiago Álvarez Cantalapiedra

ENSAYO

¿Somos demasiados? Reflexiones sobre la cuestión demográfica, Jorge Riechmann.

ESPECIAL. VIVIENDA: ENTRE LA ESPECULACIÓN Y LA INNOVACIÓN  SOCIAL

La vivienda: problema y propuestas, Vicente Pérez Quintana.

Análisis comparado de modelos inmobiliarios en Europa, Maite Arrondo Segovia y Raquel Rodríguez Alonso.

El derecho a la vivienda frente a la financiarización y el turismo masivo: experiencias internacionales, Irene Escorihuela Blasco.

Derecho a la vivienda, derecho a la ciudad. Por una acción municipalista, Agustín Hernández Aja, Iván Rodríguez Suárez, Lucas Álvarez del Valle.

La subida de los alquileres: ¿falta de oferta o fondos buitres?, Javier Gil García.

PANORAMA

La pobreza de los Nobel de Economía, Marta Fana y Luca Giangregorio.

PERISCOPIO

Entrepatios, la realidad hecha sueño, Nacho García Pedraza y Berta Iglesias Varela

La vivienda en Barcelona, algunas experiencias y pensando en el futuro, Núria Pedrals Pugés.

Trabensol, centro social de convivencia para mayores, Manolo Collado.

ENTREVISTA

Entrevista a José Manuel Naredo sobre el modelo inmobiliario español, José Bellver Soroa.

Entrevista a Joaquim Sempere sobre Las cenizas de Prometeo, Salvador López Arnal.

LIBROS

Shut down the business school: what’s wrong with management education, de Martin Parker.

Carlos Jesús Fernández Rodríguez.

Igualdad. Cómo las sociedades más igualitarias mejoran el bienestar colectivo, de Richard Wilkinson y Kate Pickett.

Miguel Ángel Casaú Guirao.

Hablemos claro sobre el comercio mundial, de Dani Rodrik.

Álvaro Briñas.

Mamá desobediente. Una mirada feminista a la maternidad, de Esther Vivas.

Christel Keller Garganté.

La democracia inencontrable. Una arqueología de la democracia, de Fernando Oliván.

Arturo Luque González.

 

Información y compras:

Tel.: +34 914310280

Email: publicaciones@fuhem.es

Puedes adquirir la revista PAPELES en nuestra librería virtual.

 


II Jornadas Justicia Alimentaria

En la Comunidad de Madrid, la región más rica de España, unas 750.000 personas presentan insuficiencia alimentaria, según el Mapa de inseguridad alimentaria. La existencia de los bancos de alimentos y el trabajo de grupos de recogida y reparto lo siguen mostrando cada día.

¿Podemos quedarnos con los brazos cruzados?

¿Para cuándo una carta contra el Hambre en Madrid?

El recorrido de la Iniciativa social de la Carta contra el Hambre de hace tres años ha mostrado que el funcionamiento de la política institucional tiene sus plazos y que cuesta mucho intentar acelerarlos: no se consiguió durante la legislatura pasada siquiera que se admitiera a trámite el texto de una Iniciativa Legislativa Municipal (ILM), pero sí se consiguió enriquecer la perspectiva inicial con las aportaciones de los movimientos agroecológico, de salud pública y vecinales. Ya no son tan ajenos los conceptos de soberanía alimentaria o de derecho a la alimentación.

Entrados ya en la presente legislatura autonómica en Madrid (2019-2023), los retos de la alimentación suficiente y de calidad continúan, pero contamos con más perspectivas, nuevas herramientas y más experiencias concretas desde los barrios.

De las I Jornadas de Justicia alimentaria en la Ciudad (2018), pasamos a las Alternativas que se están cocinando en los barrios con estas II Jornadas, a celebrar los días 12, 19 y 26 de febrero de 2020, en el Espacio Abierto FUHEM, Av. de Portugal, 79, posterior · Madrid <M> Puerta del Ángel

 

1ª SESIÓN. Cultivando ‘soberanía alimentaria’

12 de febrero, 19 horas.

Introduce y modera: Santiago Álvarez Cantalapiedra, FUHEM Ecosocial.

  • La poderosa industria que sirve nuestra mesa: ¿Qué alternativas? Monica Di Donato, FUHEM Ecosocial.
  • Una reivindicación ciudadana: el derecho a la alimentación. José Ramón González Parada, Plataforma de la Carta contra el Hambre en Madrid.
  • Agroecología en la lucha contra el hambre, ¿con quién y para quién? Marian Simón, Madrid Agroecológico.

 

2ª SESIÓN. Iniciativas que germinan

19 de febrero, 19:00 horas.

Introduce y modera: Evaristo Villar, Plataforma Carta contra el Hambre.

 

3ª SESIÓN. Cosechando de las experiencias.

26 de febrero, 19 horas.

 Introduce y modera: Julia del Valle, Cooperativa Germinando.

 

Os invitamos a participar en los debates, a revisar las estrategias de abordaje de esta situación y a compartir las experiencias en marcha en barrios de Madrid. Para confirmar la asistencia puedes adquirir tus entradas gratuitas aquí.

 

Organizan:

 

Apoyan la iniciativa:


Entrevista a José Manuel Naredo

Entrevista a José Manuel Naredo sobre el panorama inmobiliario y habitacional en España.

José Bellver Soroa

Hablar de la problemática de la vivienda en España implica necesariamente hablar del modelo inmobiliario  español, algo sobre lo que, en su extensa trayectoria, ha trabajado incansablemente José Manuel Naredo. A través de una gran variedad de publicaciones, entre las que cabe destacar algunos de sus libros más recientes como El modelo  inmobiliario español: y su culminación en el caso valenciano (Icaria, 2011), en coautoría con Antonio Montiel; el libro colectivo coordinado junto a Federico Aguilera titulado Economía, poder y megaproyectos  (Fundación Cesar Manrique, 2011), o su último libro en torno a la Taxonomía del lucro (Siglo XXI, 2019), José Manuel  Naredo  es una de las personas que mejor ha analizado y descrito el despilfarro tanto económico como ecológico que el modelo inmobiliario español lleva aparejado, subrayando  además sus nefastas consecuencias sociales, de la mano de un marco económico-político  que lo promueve para beneficiarse de él.

José Bellver (JB): ¿Podrías recordar los principales rasgos de este modelo basado en lo que más de una vez has denominado “la cultura del pelotazo”?

José Manuel Naredo (JMN): Recordemos sumariamente cómo se gestó el actual modelo inmobiliario. Hasta bien entrada la segunda mitad del siglo XX, el alquiler fue el régimen de tenencia de la vivienda mayoritario en nuestro país. El Censo de Edificios y Viviendas de 1950 muestra que más de la mitad del stock de viviendas se habitaba entonces en régimen de alquiler y este porcentaje alcanzaba cerca del 90 % en las grandes ciudades (Madrid 94%, Barcelona 95%, Sevilla 90%, Bilbao 88 %...). Pero esta situación se invirtió mediante políticas en favor de la vivienda en propiedad diseñadas durante el franquismo y proseguidas, con un continuismo digno de mejor causa, durante la democracia, hasta conseguir que culminara la propiedad como el régimen de tenencia mayoritario que ha caracterizado el país en los últimos tiempos. Fue el primer ministro franquista de la vivienda, José Luís de Arrese, nombrado en 1957, quien afirmó la voluntad de “hacer un país de propietarios, no de proletarios”, respaldando este empeño por supuestas exigencias de orden público, al estimar que “el hombre, cuando no tiene hogar, se apodera de la calle y, empujado por su mal humor, se hace subversivo, agrio, violento…”. Y para promover la vivienda en propiedad trató de “despertar” el afán de lucro de los constructores “tocando arrebato las campanas de la iniciativa privada para conseguir su colaboración” (Discurso de Arrese en las Cortes, presentando su Plan de Urgencia Social).

Las principales líneas de trabajo en las que se articularon las medidas que permitieron invertir la situación, dando lugar al actual modelo inmobiliario, son las siguientes.

  • Por una parte, se decretó la congelación de los alquileres que, unida a la fuerte inflación de precios y a las sucesivas devaluaciones de la peseta registradas durante el franquismo, hizo cada vez menos atractivo el alquiler para los propietarios de los inmuebles, sentenciado al abandono, la ruina y la demolición  a  buena  parte  del stock inmobiliario, para rentabilizarlo después construyendo mayores volúmenes y vendiendo las viviendas resultantes.
  • A la vez, se implantó un sistema de financiación hipotecaria operativo, que facilitó la compra a crédito de las viviendas, y una ley de propiedad horizontal, que permitió segregar en pisos la propiedad de los inmuebles y gestionarla por comunidades de propietarios.
  • Por otra parte, se estableció un marco institucional que aseguró el desplazamiento del lucro del sistema inmobiliario desde el cobro de alquileres, hacia la realización de plusvalías mediante la reclasificación de terrenos. La importancia que cobró ese maná que caía del cielo en forma de plusvalías sobre los propietarios de terrenos por el mero hecho de hacerlos edificables, le hizo cobrar nombre propio en nuestro país, calificando popularmente de “pelotazo inmobiliario” esta forma de enriquecimiento jugoso y rápido, que dependía de tener las informaciones y contactos adecuados para asegurar la reclasificación de determinados terrenos. Denominación que no encuentra una expresión similar en las lenguas de los países situados al norte de los Pirineos, lo que resalta la peculiaridad del modelo inmobiliario español.

Podríamos poner múltiples ejemplos de “pelotazos inmobiliarios” realizados durante el franquismo que historian la evolución de nuestras ciudades. En Madrid barrios enteros invadieron con edificaciones las “cuñas” y “cinturones verdes” previstos en el Plan de Ordenación Urbana de la postguerra, facilitando buenos “pelotazos urbanísticos” a los promotores bien relacionados con el régimen franquista. Pero lo curioso es que esas operaciones urbanísticas que se hacían fuera del planeamiento y que eran calificadas de “escándalos” durante el franquismo, siguieron proliferando alegremente durante la democracia, con la diferencia de que ahora se presentan como exponentes de buen hacer político y empresarial. Así, al igual que en otras ciudades, el skyline de Madrid vino marcado por operaciones urbanísticas realizadas fuera del planeamiento que van desde la Torre de Valencia o la Torre Picasso, hasta las Torres KIO y las Torres de la antigua Ciudad Deportiva del Real Madrid, que quedarán eclipsadas por las de la Operación Chamartín, si alguna vez llega a realizarse. Y es que hay dos tesis doctorales en la ETS de Arquitectura de Madrid que demuestran que el tejido de la urbe no lo hizo el planeamiento, sino que se configuró a golpe de “operaciones inmobiliarias” ajenas al mismo, en buena parte agrupadas en torno a los grandes ejes del viario.  Se obtuvieron así enormes plusvalías cuya importancia estimé en algunos de mis trabajos, confirmando que, como dijo un ministro, España es un país en el que “es fácil hacerse rico”, claro, siempre y cuando se disponga de la información y los contactos adecuados.

Se fue así configurando un modelo inmobiliario –analizado en mi libro El modelo inmobiliario español y su culminación en el caso valenciano (Icaria, 2011)– en el que la construcción ha sido la colaboradora necesaria del “pelotazo inmobiliario”. Un modelo que prioriza la vivienda como inversión, no como bien de uso. Un modelo que, en vez de atender a la demografía y a las necesidades de vivienda, se mueve a golpe de burbujas especulativas que generan patologías de crecimiento en la reclasificación de suelos y construcción de viviendas que rebasan con mucho unas necesidades que, para colmo, quedan en buena medida insatisfechas al rebasar los precios la capacidad de pago y endeudamiento de muchos necesitados y al haberse ido liquidando el stock de vivienda social generado durante el franquismo.

Un modelo que prioriza la vivienda como inversión, no como bien de uso. Un modelo que, en vez de atender a la demografía y a las necesidades de vivienda, se mueve a golpe de burbujas especulativas que generan patologías de crecimiento en la reclasificación de suelos y construcción de viviendas que rebasan con mucho las necesidades.

Este modelo se superpone por encima de las legislaciones autonómicas del suelo y la vivienda, aunque se observen algunas diferencias de comportamiento que hacen que, aunque en todas partes cuezan habas, en unas la cuezan mucho más que en otras. Diferencias que van, por ejemplo, desde la Comunidad Valenciana, que vivió a tope la pasada burbuja inmobiliaria, hasta el País Vasco, que lo hizo con mayor moderación, al contar con un urbanismo más regulado y con más vivienda social y en alquiler.

JB: ¿Puedes explicar cómo se entrelaza esto con la política en nuestro país, y particularmente con los fenómenos de corrupción que brotan con frecuencia?

JMN: La relación de este modelo inmobiliario con la corrupción es clara: como los políticos locales y regionales tienen la llave de las reclasificaciones de terrenos –que en este modelo son la clave del negocio inmobiliario– y los promotores buscan tratos de favor, se genera un caldo de cultivo muy propicio para que la corrupción prospere, al incentivar el reparto entre ambos del maná de las plusvalías.

A ello contribuyó el hecho de  que  el  clientelismo  político  franquista mudara en el actual clientelismo de los partidos políticos, así como la existencia de un marco  institucional  que  lo  fomenta.  Por ejemplo, el hecho de que sean los partidos políticos mayoritarios los que nombran las instancias reguladoras de la judicatura, de las  actividades  comerciales,  financieras, etc.,  contribuye  a  ello.  Como  también  la insuficiencia presupuestaria de los ayuntamientos, que los empuja a buscarse la vida nutriéndose  de  las  plusvalías  fruto  de  la reclasificación de terrenos y de otras figuras recaudatorias  asociadas  a  la  expansión urbano-constructiva, favoreciendo la connivencia entre políticos y promotores.

Aunque  estas  relaciones desembocan con frecuencia en ilegalidades y delitos, la legislación acomodaticia que se ha venido generando hace que puedan mantenerse dentro de la legalidad. Por ejemplo, al disponer Lanzarote de un Plan Insular de Ordenación del Territorio que regulaba el quehacer de los ayuntamientos, el caciquismo clientelar isleño optó por la ilegalidad: la indisciplina urbanística de ayuntamientos y promotores, que siguieron concediendo licencias y construyendo al margen de las limitaciones establecidas en el Plan Insular, sumó los dos millones de metros cuadrados de licencias municipales concedidas irregularmente, que han sido declaradas ilegales por los tribunales con sentencias firmes, es decir, sin posibilidad de apelación. Sin embargo, las ilegalidades vividas en Lanzarote, podrían ser legales en la Comunidad de Valencia, cuya ley del suelo otorga con nombre propio al “agente urbanizador” competencias de intervención sobre el territorio que estaban condicionadas en Lanzarote.

De todas maneras, aun disponiendo de una legislación acomodaticia, los delitos asociados al urbanismo valenciano se han extendido también como un reguero de pólvora, culminando con el proceso y la condena del exalcalde de Benidorm y expresidente de la Comunidad, Eduardo Zaplana, en el llamado Caso Eriales (Véase F. Arabi, Ciudadano Zaplana. La construcción de un régimen corrupto, Foca, Madrid, 2019) o también en los otros muchos casos judicializados que se asocian a la modalidad del “pelotazo urbanístico” en la Taxonomía del lucro (Siglo XXI, 2019). Creo que la sensación de impunidad que ha venido sintiendo la cúspide del caciquismo clientelar político y empresarial imperante en nuestro país, es la que ha impulsado a transgredir alegremente la frontera de la ilegalidad en el rosario de casos de corrupción que han aflorado en los tribunales y en la prensa.

La sensación de impunidad que ha venido sintiendo la cúspide del caciquismo clientelar político y empresarial imperante en nuestro país, es la que ha impulsado a transgredir alegremente la frontera de la ilegalidad en el rosario de casos de corrupción que han aflorado en los tribunales y en la prensa.

JB: ¿Y cuáles son los mecanismos que llevan a que hoy sigamos gritando en las calles aquello de “casas sin gente, gente sin casa” o que básicamente por los precios inasumibles de alquiler no haya quien viva en los barrios céntricos de las principales ciudades? De hecho, hay quien habla de una nueva burbuja inmobiliaria, ¿es realmente el caso?

JMN: Ya hemos visto que el sistema inmobiliario que se implantó prioriza la vivienda como inversión, no como bien de uso, con lo que sería pedir peras a olmo, pensar que ese sistema puede colmar por sí mismo las necesidades de vivienda de quienes no pueden comprarlas. Sobre todo cuando los precios de la vivienda han crecido a largo plazo mucho más que los salarios, cuando abundan el paro y los trabajos eventuales y precarios y cuando, para colmo, se fue liquidando sin pena ni gloria el notable stock de vivienda social –pública y privada, no solo para personas necesitadas, sino para funcionarios y militares, para empleados bancarios, industriales… o ferroviarios– que se había construido durante el franquismo, lo que hizo que España sea hoy colista europea en vivienda social.

Se plantea así la paradoja de que, mientras los afanes de lucro especulativo hicieron, que en los años centrales del pasado boom inmobiliario, se construyeran más viviendas que en Francia y Alemania juntas (que tienen tres veces más población y el doble de territorio), hubiera cada vez más necesidades de vivienda insatisfechas (a la vez que abundaban las viviendas secundarias y desocupadas).

Para comprender lo que está pasando, hay que darse cuenta que ha colapsado el modelo inmobiliario vigente, que proponía la compra como la forma idónea de acceder a la vivienda.  Este colapso –que normalmente se silencia– lo atestigua el hecho de que, tras el pinchazo de la burbuja, el crédito a las personas físicas para compra de vivienda, no solo no ha repuntado, sino que sigue cayendo, como constato en el artículo reciente sobre el panorama inmobiliario actual (publicado en el nº 145 de esta misma revista) y como confirman los últimos datos disponibles.

A ello contribuye tanto el empeño de la banca de reducir su exposición al ladrillo, como sobre todo la precariedad y escasa retribución del trabajo de la mayoría de los nuevos demandantes de vivienda –jóvenes e inmigrantes– que les incapacita para afrontar deudas a largo plazo, obligándolos a alquilar.

El aumento de los precios de alquiler en las zonas más demandadas es fruto de esta nueva canalización de la demanda que presiona con inusitada fuerza sobre el estrecho mercado del alquiler, compitiendo además en muchos casos con los alquileres turísticos, ahora publicitados y gestionados más eficazmente por nuevas redes y portales informáticos.

Por otra parte, el potente intervencionismo del Estado en sus operaciones de salvamento y publificación de las entidades financieras en bancarrota y la compra de los descartes inmobiliarios de la banca por la SAREB –la agencia liquidadora estatal mal llamada “banco malo”– ha agravado, en vez de paliar, las penurias asociadas a la falta de viviendas asequibles para buena parte de la población.

En efecto, como apuntaba en el artículo antes citado, «los popularmente llamados “fondos buitre” han venido buscando, con la ayuda de ojeadores autóctonos, buenos solomillos a comprar entre los despojos inmobiliarios que ha dejado la crisis.

Episodios como el de la compra, por fondos privados, de vivienda social a precio de saldo en Madrid, ocurrido bajo la alcaldía de Ana Botella, que afloró de la mano del Tribunal de Cuentas, han venido  proliferando  en  la  sombra.  ¿Qué está pasando con los cientos de miles de viviendas que han ido a parar a entidades públicas, como son hoy las cajas de ahorro salvadas y publificadas o la SAREB o “banco malo”? Fondos como Blackstone, con entidades como Aliseda, S. Testa y Fidere, han venido comprando decenas de miles de viviendas de bancos y cajas. Las estadísticas tributarias visibilizan cerca de dos millones de viviendas propiedad de personas  jurídicas.  Según  mis  cálculos,  las diez primeras entidades propietarias disponen de cerca de 300.000 viviendas [...]». No cabe ahora entrar en detalles sobre este panorama oscuro y lamentable, en el que un colectivo de empresas y personas viven e incluso se forran gracias al manejo de los despojos inmobiliarios…y entre los “ojeadores autóctonos” figuran personas bien conocidas y relacionadas que participan del festín, como se detalla en un libro reciente de Manuel Gabarre (Tocar fondo. La mano invisible detrás de la subida de los alquileres, Traficantes de sueños, Madrid, 2019).

Añadiré solo que buena parte de las grandes empresas que participan en este negocio se han reconvertido en SOCIMIs (Sociedades Anónimas Cotizadas de Inversión en el Mercado Inmobiliario) para no pagar impuestos, reventando el carácter social que debería de impregnar este tipo de entidades y acentuando notablemente su concentración (las estadísticas tributaias muestran que en 2016 el 10% de las SOCIMIs poseían el 76% del capital).

El aumento de los precios de alquiler en las zonas más demandadas es fruto de esta nueva canalización de la demanda que presiona con inusitada fuerza sobre el estrecho mercado del alquiler, compitiendo además en muchos casos con los alquileres turísticos, ahora publicitados y gestionados más eficazmente por nuevas redes y portales informáticos.

Se plantea así una sangrante paradoja: mientras el artículo 47 de la Constitución española encomienda a los gobiernos «promover las condiciones necesarias y establecer las normas pertinentes para hacer efectivo el derecho de todos los españoles a disfrutar de una la vivienda digna», nuestros sucesivos gobiernos han venido incumpliendo este mandato, para facilitar el negocio de unos pocos malversando el enorme stock de viviendas en manos de las cajas de ahorro publificadas y la SAREB.

Como decía en mi artículo antes citado, «creo que merecería la pena arrojar algo de luz sobre este panorama oscuro y orientarlo con políticas que alivien los costes económicos y sociales de la reconversión inmobiliaria en curso».

Respecto a la pregunta que me haces sobre si el repunte más moderado que acusan los precios de compra de la vivienda refleja el inicio de una nueva burbuja comparable a la anterior, te diré que no, sobre todo porque falta la financiación necesaria para inflarla. Pues si se entiende por burbuja el aumento especulativo de los precios de un activo alimentado por compras cada vez apalancadas por créditos, porque se piensa que los precios van a subir, y suben porque se compra, desde luego una burbuja especulativa no puede ir muy lejos cuando, como hemos indicado, el volumen de crédito concedido a la compra de vivienda sigue disminuyendo, al igual que a la promoción y construcción de viviendas.

el artículo 47 de la Constitución española encomienda a los gobiernos «promover las condiciones necesarias y establecer las normas pertinentes para hacer efectivo el derecho de todos los españoles a disfrutar de una la vivienda digna», nuestros sucesivos gobiernos han venido incumpliendo este mandato, para facilitar el negocio de unos pocos malversando el enorme stock de viviendas en manos de las cajas de ahorro publificadas y la SAREB.

Y es que, si la burbuja anterior devoró el ahorro del país, haciendo que la ratio crédito hipotecario/PIB pasara de estar por debajo de la mayoría de los países de nuestro entorno, a situarse por encima de todos ellos, ahora todavía toca desendeudarse. Además, la burbuja anterior alcanzó una intensidad y una  duración  tan  extremas  porque  contó con circunstancias de partida irrepetibles: el relativamente escaso endeudamiento inicial de los hogares, la entrada en el euro, que posibilitó el endeudamiento exterior sin tasa, la caída del tipo de interés, el alargamiento de los plazos…

En mi artículo antes citado se explica quiénes son los “nuevos inversores” que han venido motivando, con escaso recurso al crédito, los repuntes de operaciones y precios de la vivienda en las zonas más valoradas de las grandes aglomeraciones o de la costa. Por una parte, está el perfil compuesto por corporaciones transnacionales deseosas de invertir en ladrillo la abundante liquidez que se generó a nivel internacional para paliar los efectos de la crisis, que hizo que la inversión extranjera en inmuebles cobrara una fuerza inusual en el mercado inmobiliario español, explicando en buena medida el repunte de las operaciones y los precios antes mencionada. Por otra, existe un segundo perfil de “nuevos inversores” inmobiliarios autóctonos compuesto por personas y entidades sobradas de liquidez dispuestas a invertir en inmuebles, como mal menor frente a los riesgos y la baja rentabilidad que ofrecían las otras opciones de inversión (según mis cálculos, el mayor repunte de los alquileres hizo que la inversión en vivienda alcanzara rentabilidades medias que superan el 5%).

La aparición de los “nuevos inversores” ha venido facilitando, así, la desinversión inmobiliaria de los hogares y empresas más necesitadas de liquidez, que está pasando de forma opaca y desregulada por la banca y la SAREB, así como el desplazamiento del modelo inmobiliario hacia el alquiler.

Se trata de un ajuste post burbuja que en cualquier caso tendría que producirse, pero postulaba que ambos procesos deberían de gestionarse con políticas orientadas a minimizar el daño económico y social ocasionado por la crisis del modelo inmobiliario español a la que estamos asistiendo, cosa que como hemos visto no ocurre. En fin, que no hay que confundir el ajuste que se está produciendo con una nueva burbuja comparable a la anterior, por mucho que las operaciones y los precios se animen por la presencia de los “nuevos inversores”.

JB: En tus publicaciones has trabajado mucho también cómo el modelo inmobiliario español es destructivo en términos ecológicos, lo cual entiendo que guarda una fuerte relación con aquello del modelo urbano difuso y también con el tipo de edificación. ¿Cómo se relaciona esto a su vez con cuestiones como la salud de las personas, el cambio climático o la pobreza energética?

JMN: El deterioro ecológico asociado al actual modelo inmobiliario viene ocasionado por el metabolismo constructivo-destructivo que lo sirve y por su incidencia territorial. El actual modelo inmobiliario, al rentabilizarse por plusvalías derivadas de la reclasificación de suelos, genera formas de ocupación del territorio y de configuración del medio urbano que resulta ecológicamente muy degradantes.

Desde hace tiempo vengo señalando que las reglas del juego económico habitual, guiado por la brújula del lucro, promueven modelos territoriales, urbanos y constructivos específicos, salvo que existan barreras mentales e institucionales que lo impidan. Cuando estas barreras se diluyen dejando que los afanes especulativos ordenen y construyan a su antojo la ciudad y el territorio, se observan dos fenómenos solidarios.

En primer lugar, tienden a desatarse patologías de crecimiento que fuerzan la expansión de los procesos de urbanización y  sus  servidumbres  territoriales  a  ritmos muy superiores a los del crecimiento de la población y de su renta disponible. Como la construcción de inmuebles e infraestructuras es la colaboradora necesaria del “pelotazo inmobiliario”, se han generado patologías de crecimiento que multiplican la reclasificación de suelos y la construcción muy por encima del crecimiento de la población y de las necesidades de primera vivienda, dejando para colmo, como hemos visto, necesidades insatisfechas. Así, el llamado tsunami inmobiliario ocasionado durante la pasada burbuja especulativa dejó de ser una simple metáfora para cobrar fuertes visos de realidad. En los años centrales del boom llegaron a caer sobre el territorio hispano más de una tonelada de cemento por hectárea de superficie geográfica, a la que habría que añadir la arena, la grava… y los materiales de construcción. La materialidad de la construcción ha sido enorme, doblando la de países como Francia que tienen más población y territorio. Y como es sabido esa materialidad conlleva fuertes exigencias en agua, energía y materiales e incidencias contaminantes globales y locales que no cabe precisar aquí.

En segundo lugar estos procesos se ajustan implícitamente a los siguientes modelos de orden territorial, urbano y constructivo:

1º) se impone un modelo territorial que polariza el espacio en núcleos atractores de población, capitales y recursos, y áreas de abastecimiento y vertido, con sus redes y servidumbres;

2º) se impone el modelo urbano de la conurbación difusa (urban sprawl) que separa y expande por el territorio las distintas piezas de la ciudad, requiriendo potentes infraestructuras de transporte para conectarlas y asegurar su funcionamiento;

3º) se impone un único modelo constructivo: el que acostumbro a denominar estilo universal, que separa las partes del edificio, empezando por la estructura, convertida en un esqueleto de vigas y pilares, para abordar después la cubierta, el cerramiento… y la climatización, haciendo abstracción de la historia y de las condiciones y los materiales del entorno.

El actual modelo inmobiliario, al rentabilizarse por plusvalías derivadas de la reclasificación de suelos, genera formas de ocupación del territorio y de configuración del medio urbano que resulta ecológicamente muy degradantes.

La expansión urbana apoyada en estos modelos requiere consumos de territorio y de recursos muy superiores a los que demandaba la arquitectura vernácula y la ciudad clásica o histórica, que inducen a considerar a la especie humana como una especie de patología terrestre. Desde hace tiempo he venido apreciando una fuerte analogía entre la patológica incidencia de la especie humana en el territorio y la que tienen los procesos cancerígenos en los organismos, cuyas características son las siguientes:

  1. Crecimiento rápido e incontrolado.
  2. Indiferenciación de las células malignas.
  3. Metástasis en diferentes lugares.
  4. Invasión y destrucción de los tejidos adyacentes.

Las reglas del juego económico dominantes desatan, en primer lugar, el “crecimiento rápido e incontrolado” de la urbanización, movido por afanes de posesión y lucro ilimitados, provocando “burbujas” especulativas que solo el estrangulamiento financiero acaba desinflando. La “indiferenciación de las células malignas” ofrece clara similitud con el predominio de un único modelo constructivo: el que hemos denominado “estilo universal”, que dota a los edificios de un esqueleto de vigas y pilares (de hierro y hormigón) independiente de los muros, por contraposición a la arquitectura vernácula, que construía los edificios como un todo indisoluble adaptado a las condiciones del entorno y utilizando los materiales de éste.

A la vez que la aparición de “metástasis en diferentes lugares” encaja como anillo al dedo con la naturaleza del nuevo modelo de urbanización: el de la “conurbación difusa”, que separa las distintas funciones y piezas de la ciudad, por contraposición a la “ciudad clásica” o “histórica”, más compacta y diversa. Pero aquí ya no son los canales linfáticos del organismo enfermo los que permiten la extensión de las metástasis, sino el viario y las redes que el propio sistema construye a propósito, para posibilitar su difusión hasta lugares antes recónditos.

En lo que concierne a la “invasión y destrucción de los tejidos adyacentes”, las tendencias indicadas no ayudan a mejorar los asentamientos y edificios anteriores, sino que, en ausencia de frenos institucionales que lo impidan, los engullen y destruyen, para levantar sobre sus ruinas los nuevos e indiferenciados modelos urbano-constructivos. Además de la súper destrucción operada sobre el patrimonio inmobiliario preexistente, las expectativas de urbanización contribuyen a desorganizar los sistemas agrarios próximos y las demandas en recursos y residuos que plantea el nuevo modelo de urbanización, extienden la “huella” de deterioro ecológico hacia puntos cada vez más alejados.

Las reglas del juego económico dominantes desatan, en primer lugar, el “crecimiento rápido e incontrolado” de la urbanización, movido por afanes de posesión y lucro ilimitados, provocando “burbujas” especulativas que solo el estrangulamiento financiero acaba desinflando.

El resultado conjunto de estas tendencias es la creciente exigencia en recursos naturales y territorio, que acentúan las servidumbres indirectas que tal modelo comporta, unidas a la evolución simplificadora y esquilmante de los propios sistemas agrario-extractivos. La superdestrucción de los “espacios naturales” y de los propios sistemas agrarios ocasionada por el  actual modelo inmobiliario se produce por tres vías: una, por la querencia a ocupar los suelos ecológica y agronómicamente más valorados, con especial incidencia sobre vegas y regadíos, otra por la ruptura del territorio que ocasionan las crecientes exigencias de viario y una tercera al promover expectativas que inducen al abandono de las actividades agrarias para generar un amplio espacio periurbano degradado que he venido denominando “barbecho urbano” (por ejemplo, entre 1980 y 2005, pudimos comprobar por fotointerpretación que en la Comunidad de Madrid se generaron 40.000 hectáreas de suelo periurbano degradado, como mostrábamos en el Estudio sobre la ocupación del suelo por usos urbano-industriales, aplicado a la Comunidad de Madrid (1956-1980-2005), publicado en 2008 y del que fuimos coordinadores Ricardo García Zaldívar y yo).

Los procesos indicados acaban produciendo un cambio de fase en el modelo territorial que denota la extensión de la dolencia descrita, especialmente perceptible en los territorios insulares y en las zonas más densamente pobladas: se pasa de un mar de ruralidad o naturaleza poco intervenida con algunos islotes urbanos unidos por un viario tenue y poco frecuentado, hacia un mar metropolitano con un potente viario, redes y servidumbres que segregan enclaves de campo o naturaleza cada vez más fragmentados y deteriorados, que tardía- mente se tratan de proteger de la patología en curso. El caso español constituye un buen ejemplo de la expansión de las patologías urbano-territoriales descritas, con especial incidencia sobre los territorios metropolitanos y costeros e insulares, más espoleados por el turismo y la segunda residencia.

JB: ¿Cómo puede modificarse esta dinámica? ¿Cuáles habrían de ser las claves para un planteamiento diferente en términos regulatorios?

JMN: Tener buen conocimiento de nuestros males es condición necesaria para poder curarlos o al menos paliarlos y, por ende, darnos cuenta de que el diagnóstico del presente condiciona la imaginación del futuro y las posibilidades de cambio. Así que lo primero es hacer un buen diagnóstico de lo que está pasando, en vez de confundir a la gente manejando datos sesgados o expresamente adulterados, como ha venido ocurriendo, primero, para hacer creer que no había burbuja especulativa, luego que habría un aterrizaje suave... y ahora que ya la situación repunta y que podemos volver a las andadas como si nada hubiera pasado, con lo que no hacen faltan cambios, olvidando la cadena de salvamentos, compras y avales practicados con dinero o respaldo público y los ajustes y las reconversiones en curso que se están produciendo.

En primer lugar, un buen diagnóstico de los problemas post-burbuja pasa por tomar conciencia de que se ha desplazado el problema, desde la antigua escasez de suelo urbanizable, infraestructuras y viviendas, hacia el exceso e infrautilización de los mismos, unido a un excesivo endeudamiento y/o falta de liquidez de hogares y empresas y a la agobiante presencia de necesidades insatisfechas.

En segundo lugar, hemos de subrayar que, como ya hemos apuntado, asistimos a un ajuste post-burbuja en el que se acusa la desinversión inmobiliaria de los hogares y empresas más necesitados de liquidez en favor de “nuevos inversores” a través de la banca y la SAREB y que este ajuste va acompañado de un desplazamiento hacia el alquiler. Insistimos en que no es de recibo que, pese a la potente intervención pública, esta reconversión se esté produciendo de forma opaca y discrecional para favorecer el negocio de algunas minorías bien relacionadas. Esta reconversión debería ser transparente y dirigida a paliar los daños sociales y económicos de la crisis, orientándose a diversificar el panorama inmobiliario y financiero, dando entrada a entidades mayoristas de alquiler, condicionada a dar un uso a la vez social y lucrativo al stock infrautilizado en manos de personas y entidades con problemas de liquidez o impago paliando así necesidades insatisfechas. Pero hemos de darnos cuenta que el principal obstáculo para que tal reconversión se produzca es el actual modelo inmobiliario.

Así, en tercer lugar, es obligado tomar conciencia de que sufrimos las consecuencias de un modelo inmobiliario-financiero agotado y corrupto que no resuelve los principales problemas que tiene planteados el país y pide a gritos su reconversión. Y que la reforma del modelo inmobiliario- financiero es tarea urgente que contribuiría al saneamiento económico y político del país homologándolo hacia patrones europeos… pero ello exige un verdadero pacto de Estado a consensuar por el grueso de las fuerzas políticas, pacto que debería suscribir cualquiera que no tenga intereses mezquinos e inconfesables asociados a ese modelo.

Y, como no cabe detallar aquí las políticas e instrumentos, valga decir que habría que tomar conciencia de que las soluciones para favorecer el saneamiento económico y político, la habitabilidad y el uso eficiente del patrimonio inmobiliario contenidas en la reconversión del modelo exigen empujar el marco institucional y cultural hacia las antípodas de los correspondientes al modelo inmobiliario actual: desde la vivienda como inversión hacia la vivienda como bien de uso; desde la realización de plusvalías hacia el cobro de rentas; desde la construcción nueva hacia la rehabilitación, reutilización y ocupación del patrimonio ya construido; desde la vivienda libre y en propiedad, hacia el alquiler y la vivienda social; desde la insuficiencia presupuestaria de los ayuntamientos y la vinculación de sus ingresos a figuras recaudatorias relacionadas con la reclasificación de suelos y el crecimiento urbano, hacia la suficiencia con ingresos apoyados en figuras ajenas a ese crecimiento (véase algunos de los artículos sobre financiación local escritos en esta misma revista (uno propio en el número 129 y otro escrito por Bernardino Sanz y David Bustos en el número 130); desde la corrupción hacia el saneamiento político; desde la opacidad hacia la transparencia; desde el despotismo hacia la implicación y la participación ciudadana…

Tomar conciencia de que sufrimos las consecuencias de un modelo inmobiliario-financiero agotado y corrupto que no resuelve los principales problemas que tiene planteados el país y pide a gritos su reconversión. Y que la reforma del modelo inmobiliario- financiero es tarea urgente que contribuiría al saneamiento económico y político del país homologándolo hacia patrones europeos… pero ello exige un verdadero pacto de Estado a consensuar por el grueso de las fuerzas políticas, pacto que debería suscribir cualquiera que no tenga intereses mezquinos e inconfesables asociados a ese modelo.

En resumidas cuentas, que ya va siendo hora de que todo el mundo reconozca:

1º. El agotamiento del modelo inmobiliario-financiero actual, que no sirve para paliar la presente crisis y que sigue animando expectativas vanas y prácticas corruptas.

2º. La necesidad de reconvertirlo, no solo hacia horizontes políticos, territoriales y urbanos más saludables para la mayoría, sino que faciliten también la desinversión inmobiliaria y el desapalancamiento  financiero  requeridos  (y  para ello, lección 1ª: reconocer las minusvalías, en vez de ocultarlas, al tener aversión a la baja los índices de tasación y valoración tributaria generalmente utilizados).

3º. Que esta reconversión no exige tanto construcción nueva como gestión-rehabilitación-reutilización del patrimonio inmobiliario sobredimensionado para asegurar su uso eficiente, frente al actual horizonte de abandono y ruina (y para ello, lección 1ª: aclarar estado del stock inmobiliario y de las necesidades, en vez de soslayarlos, para conectarlos recurriendo para ello a políticas territoriales, urbanas y sociales apoyadas con todo el instrumental y los medios disponibles).

4º. Y sin esa reconversión y con el oscurantismo actual (que se mantiene para facilitar y encubrir buenos negocios asociados al manejo discrecional de los despojos inmobiliarios post-burbuja) se prolongará y hará más dura la crisis económica y social.

José Bellver Soroa es miembro del Área Ecosocial de FUHEM.

 

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Entrevista a Stuart Wallis, por Allen White (traducido por Nuria del Viso), 2018.

Entrevista a Juan Bárcena, por Monica Di Donato, 2018.

Entrevista a Roberta Sonnino, por Monica Di Donato y José Luis López Casadevante, 2017.

Entrevista a Rafael Díaz Salazar, por Salvador López Arnal, 2017.

Entrevista a Randall Wrey, por Lucía Vicent y José Bellver, 2017.

Entrevista a José Luis Moreno Pestaña, por Monica Di Donato, 2017.

Entrevista a Mª Eugenia Rodríguez Palop, por Nuria del Viso, 2017.

Entrevista a Ada Colau, por Nuria del Viso, 2017.

Entrevista a Joaquim Sempere, por Nuria del Viso, 2017.

Entrevista a Albert Sanfeliu, por Clara Senent y Carlos Saavedra, 2016.

Entrevista a Alfredo Caro-Maldonado, por Salvador López Arnal, 2016.

Entrevista a Miguel Ángel Soto, por Monica Di Donato, 2016.

Entrevista a Jesús Núñez Villaverde, por Nuria del Viso, 2016.

Entrevista a Carme Valls Llobet, por Nuria del Viso, 2016.

Entrevista a Miguel Candel, por Salvador López Arnal, 2015.

Entrevista a Bill McKibben, por José Bellver, 2015.

Entrevista a Yanis Varoufakis, por Nick Buxton, 2015.

Entrevista a Mario Espinoza Pino, por Salvador López Arnal, 2015.

Entrevista a Richard Heinberg, por Luis González Reyes, 2015.

Entrevista a Renzo Llorente, por Salvador López Arnal, 2015.

Entrevista a Eduardo Garzón, por Salvador López Arnal, 2015.

Entrevista a Fefa Vila y Begoña Pernas, por FUHEM Ecosocial, 2015.

Entrevista a Marina Subirats, por Nuria del Viso, 2015.

Entrevista a Javier de Lucas, por Nuria del Viso, 2014.

Entrevista a Cristina Carrasco, por Olga Abasolo y Lucía Vicent, 2014.

Entrevista a Gérard Duménil y Dominique Lévy, por Bruno Tinel, 2014.

Conversación con Manfred Max-Neef, por Santiago Álvarez Cantalapiedra, 2014.

Entrevista a Michael Löwy, por Rafael Díaz Salazar, 2014.

Entrevista a Antonio Elizalde Hevia, por José Luis Fernández Casadevante, 2014.

Entrevista a Silvia Federici, por Tesa Echeverria y Andrew Sernatinguer, 2014.

Entrevista a Marta Antonelli y Francesca Greco, por Monica Di Donato, 2013.

Entrevista a Alberto Magnaghi, por José Luis Fernández Casadevante y Nerea Morán Alonso, 2013.

Entrevista a Igor Sádaba, por Olga Abasolo, 2013.

Entrevista a Giuseppe De Marzo, por Nuria del Viso, 2013.

Entrevista a Rafaela Pimentel, por Lucía Vicent, 2013.

Entrevista a Mar Nuñez, por Olga Abasolo, 2013.

Entrevista a Daouda Thiam. Con testimonio de Sini Sarry, por Nuria del Viso, 2013.

Entrevista a Rafael Poch-de-Feliu, por Salvador López Arnal, 2013.

Entrevista a Endika Zulueta, por Equipo FUHEM Ecosocial, 2013.

Entrevista a Sabino Ormazabal, por José Luis Fernández Casadevante, 2013.

Entrevista a Susan George, por Nuria del Viso, 2013.

Entrevista a Jorge Riechmann, por Salvador López Arnal, 2012.

Entrevista a Antonio Turiel, por Santiago Álvarez Cantalapiedra, 2012.

Entrevista a Raúl Zibechi, por José Luis Fernández Casadevante, 2012.

Entrevista a Carlo Petrini, por Monica Di Donato, 2012.

Entrevista a Rafael Feito, por Santiago Álvarez Cantalapiedra, 2012.

Entrevista a Eduardo Gudynas, por Nuria del Viso, 2012.

Entrevista a Mbuyi Kabunda, por Nuria del Viso, 2012.

Entrevista a Rafael Poch-de-Feliu, por Salvador López Arnal, 2012.

Entrevista a Carlos Martín Beristain, por Nuria del Viso, 2012.

Entrevista a Chatherine W. de Wenden, por Antonio Izquierdo, 2012.

Entrevista a Eduard Rodríguez Farré, por Salvador López Arnal, 2012.

Entrevista a Saturnino "Jun" Borras, por Nuria del Viso, 2011.

Entrevista a Harald Welzer, por Nuria del Viso, 2011.

Entrevista a Loretta Napoleoni, por Nuria del Viso, 2011.

Entrevista a Bonnie Campbell, por Nuria del Viso, 2011.

Entrevista a Samuel Ruiz, por Cristina Ávila-Zesatti, 2011.

Entrevista a Danielle Nierenberg, por Monica Di Donato, 2011.

Entrevista a Antonio Ruiz de Elvira, por Monica Di Donato, 2011.

Entrevista a Karen Marón, por Santiago Álvarez Cantalapiedra, 2011.

Entrevista a Víctor M. Toledo, por Monica Di Donato, 2010.

Entrevista a Narciso Barrera-Bassols, por Monica Di Donato, 2010.

Entrevista a Juan Carlos Gimeno, por Monica Di Donato, 2010.

Entrevista a Juan Gutiérrez, por Amador Fernández-Savater, 2010.

Entrevista a Pepe Beunza, por José Luis Fernández Casadevante y Alfredo Ramos, 2010.

Entrevista a Emilio Lledó, por Olga Abasolo, 2010.

Entrevista a Juan Andrade, por Salvador López Arnal, 2010.

Entrevista a Miguel Manzanera Salavert, por Salvador López Arnal, 2010.

Entrevista a Eduard Rodríguez Farré, por Salvador López Arnal, 2010.

Entrevista a Silvia L. Gil, por Salvador López Arnal, 2010.

Entrevista a Miguel Ángel Rodríguez Arias, por Salvador López Arnal, 2010.

Entrevista a Pablo de Greiff, por José Luis F. Casadevante y Alfredo Ramos, 2010.

Entrevista a Serge Latouche, por Monica Di Donato, 2009.

Entrevista a Alberto Acosta, por Matthieu Le Quang, 2009.

Entrevista a Gerardo Pisarello, por Salvador López Arnal, 2009.

Entrevista a José Luis Gordillo, por Salvador López Arnal 2009.

Entrevista a Francisco Fernández Buey, por Nuria del Viso, 2009.

Entrevista a Paul Nicholson, por Nuria del Viso, 2009.

Entrevista a Alfredo Embid, por Salvador López Arnal, 2009.

Entrevista a Miquel Porta Serra, por Salvador López Arnal, 2009.

Entrevista a Rafael Feito, por Salvador López Arnal, 2009.

Entrevista a Ignacio Perrotini Hernández, por Salvador López Arnal, 2009.

Entrevista a Joan Martínez Alier, por Monica Di Donato, 2009.

Entrevista a Federico Aguilera Klink, por Salvador López Arnal, 2008.

Entrevista a Sergio Ulgiati, por Monica Di Donato, 2008.

Entrevista a Arcadi Oliveres, por Nuria del Viso, 2008.

Entrevista a Ramón Fernández Durán, por Nuria del Viso, 2008.

Entrevista a Antonio Elizalde, por Nuria del Viso, 2008.

Entrevista a Jorge Riechmann, por Nuria del Viso, 2008.

Entrevista a Rodolfo Stavenhagen, por Nieves Zúñiga, 2008.

Entrevista a Saskia Sassen, por Nieves Zúñiga, 2007.


La vivienda: entre el derecho y la especulación

La vivienda: entre el derecho y la especulación

Santiago Álvarez Cantalapiedra

El acceso a la vivienda constituye un derecho fundamental. Está reflejado en la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 10 de diciembre de 1948, que en su artículo 25 reconoce el derecho de toda persona a disfrutar de la adecuada provisión de bienes y servicios que garanticen su salud y bienestar.

Entre esos bienes y servicios esenciales se encuentra la vivienda, ya que la satisfacción de las necesidades humanas asociadas a ese bien primario resulta crucial en relación con una vida buena y el avance del bienestar en una sociedad. De ahí que la mayoría de las constituciones, además de enunciar el reconocimiento de este derecho, hablen también de la obligación de los poderes públicos de promover su adecuada materialización.

La Constitución española señala en el artículo 47: «Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo ese derecho, regulando la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación».

En consecuencia, cuando tal reconocimiento no venga acompañado de los mecanismos capaces de subvenir dicha necesidad, nos deberíamos preguntar acerca de si la naturaleza del orden social resulta conforme al espíritu y letra constitucional.

En España existe un problema serio de cobertura de las necesidades relacionadas con la vivienda. No se debe a que nuestro parque residencial sea reducido. Cruzando los datos de creación de hogares y aumento de la oferta de vivienda, se puede concluir que no es un problema de escasez. Solo en zonas muy concretas –grandes ciudades y algunos municipios del litoral donde se concentran la mayoría de las oportunidades laborales– el stock existente resulta insuficiente frente a las variables demográficas de población y creación de nuevos hogares. El auténtico problema de la vivienda en España tiene que ver con las dificultades de acceso a la misma y las condiciones en que se encuentran esas viviendas.

El acceso a la vivienda en España

Las dificultades para acceder a una vivienda, tanto en alquiler como en propiedad, marcan las condiciones de vida de una parte significativa de la población, especialmente la más joven. Dado que el sistema de provisión de vivienda está en manos del mercado inmobiliario y de las grandes promotoras privadas, las posibilidades de disfrute de una casa dependen fundamentalmente de la proporción entre los ingresos disponibles y la evolución de los precios. Cuando la evolución de estas variables diverge, el esfuerzo para comprar una vivienda o acceder a ella en régimen de alquiler se altera sustancialmente. Para una persona asalariada los ingresos disponibles se encuentran sometidos a los avatares del mercado de trabajo, mientras que los precios de la vivienda dependen de un sector inmobiliario que funciona como un mercado financiero sometido a los consabidos ciclones especulativos.

«Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo ese derecho, regulando la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación».

Aunque los indicadores relativos al esfuerzo para la compra de una vivienda han mejorado ligeramente tras el estallido de la burbuja financiera-inmobiliaria, la realidad es que esta evolución no ha afectado a toda la población por igual. La devaluación salarial y la precarización en las relaciones laborales han sido la norma entre jóvenes y clases populares; sin embargo, los cuadros ejecutivos y las clases medias altas han salido favorecidas por el despliegue del abanico salarial. Esto ha hecho que el incremento de las dificultades de acceso a la vivienda de las clases populares haya venido de la mano del aumento de las facilidades que logran en este mismo campo las clases más pudientes, lo que ha contribuido a tensionar los precios de la vivienda en las zonas que entran en el radar de estos sectores sociales con alto poder adquisitivo. Entre otras consecuencias, el esfuerzo de las familias con menos ingresos para acceder a una vivienda en alquiler no ha parado de aumentar en los últimos lustros. Tampoco los desahucios (primero por impago de hipotecas, luego por impago de alquiler) y los procesos de gentrificación y expulsión de los sectores populares de los barrios céntricos de las ciudades han cesado en ningún momento. Para las familias más modestas, adquirir una vivienda sigue siendo un sueño imposible de realizar.

 Las condiciones de la vivienda

El otro aspecto importante del problema de la vivienda en nuestro país tiene que ver con las condiciones de habitabilidad y localización. La Constitución y otras cartas de derechos fundamentales hablan de que la vivienda debe ser digna y adecuada. Una vivienda asequible en condiciones dignas es la que permite el desarrollo de una vida sin merma de oportunidades. Una vivienda en malas condiciones en un barrio o en una zona geográfica con pocos servicios reduce las oportunidades de lograr una mejor educación o un empleo, y esta desventaja se transmite entre generaciones favoreciendo la reproducción tanto de la desigualdad como de la pobreza. Combatir las viviendas precarias y dotar de servicios a las zonas urbanas periféricas y rurales degradadas resulta tan relevante como la lucha en favor de facilitar el acceso.

La urbanización acelerada y el modelo de negocio inmobiliario derivado de la “cultura del pelotazo” han dado lugar a que muchas construcciones padezcan problemas estructurales, baja calidad en los materiales empleados y deficiencias en cuanto a su diseño y confortabilidad. Una mala orientación, un insuficiente aislamiento, la existencia de humedades y goteras, la escasez de luz o una ventilación inadecuada, repercuten negativamente en el bien- estar y en la calidad de vida de los residentes. En muchos edificios se han descuidado los servicios y los espacios comunes. Las carencias de luminarias o la ausencia de ascensores y accesos adaptados a personas con movilidad reducida convierten los hogares en prisiones en las que sus miembros quedan atrapados. En el interior de la vivienda, las instalaciones sanitarias básicas (inodoro y bañera o ducha), así como la superficie útil, raramente se encuentran adaptadas a las necesidades de los ocupantes. Muchos hogares no disponen del número de habitaciones suficientes para garantizar la necesaria intimidad.

Una vivienda en malas condiciones en un barrio o en una zona geográfica con pocos servicios reduce las oportunidades de lograr una mejor educación o un empleo

Son problemas en los que se entrecruzan el estado físico de las viviendas con la condición socioeconómica de los residentes. El hacinamiento o el mantenimiento inadecuado de las casas son problemas asociados a la falta de ingresos y a la pobreza. Los grupos más vulnerables y las clases sociales más modestas padecen en mayor grado las malas condiciones de la vivienda y los inconvenientes de la falta de espacio. Además, ante un magro ingreso los gastos en los consumos corrientes de gas, electricidad o agua adquieren un peso desproporcionado en el presupuesto familiar que impide la satisfacción de otras necesidades domésticas. Los consumos energéticos requeridos por los hogares fosilistas de las sociedades modernas dejan fuera de los estándares de confort a buena parte de la población.

Las medidas necesarias

La vivienda sigue siendo una asignatura pendiente en la tarea de promover una vida buena. Su acceso debería estar garantizado a cualquier persona. Además de procurar el acceso a toda la población, deben estar en condiciones dignas para permitir el desarrollo de un proyecto vital sin merma de oportunidades, lo que implica que las viviendas se encuentren en buen estado, adaptadas a las necesidades de quienes las habitan y que existan servicios sociosanitarios, educativos y opciones laborales allí donde se localizan.

El modelo urbanizador e inmobiliario español no atiende a ninguna de esas exigencias en lo que respecta a las necesidades de las clases populares. Para estos sectores sociales no solo resulta desproporcionado el esfuerzo requerido para acceder en propiedad o alquiler a la vivienda, sino que a pesar del esfuerzo realizado se encuentran luego con que no suelen estar en las condiciones adecuadas que esperan. Situadas habitualmente en barriadas del extrarradio o en municipios satélites de las grandes ciudades, los equipamientos y las dotaciones de servicios suelen ir a la zaga del impulso urbanizador. Normalmente rodeadas, cuando no atravesadas, de autovías, circunvalaciones u otras infraestructuras viarias, nunca les llega el turno en los planes –siempre pensados para los centros urbanos– de creación de zonas de bajas emisiones o en las medidas para combatir el ruido.

La situación que atraviesa la vivienda en nuestro país reclama la combinación de medidas urgentes con planes de intervención a más largo plazo. En lo que se refiere a las primeras, es un logro de los movimientos sociales haber situado en el centro del debate el tema de la regulación de los precios de los alquileres. La ausencia de un parque suficiente de viviendas a precios asequibles es un hándicap que padece sobre todo la población más joven. El control de las subidas abusivas del precio del alquiler que evite trayectorias divergentes con la evolución de los ingresos, la obligación de renovación automática de los contratos de alquiler (salvo incumplimientos manifiestos por parte del arrendatario o porque el arrendador precise recuperar la vivienda por necesidades familiares) y la regulación de la limitación de los usos de la vivienda para que estas no pierdan su función residencial convirtiéndose en apartamentos turísticos de la mano de plataformas de alquiler vacacional del tipo Airbnb, son medidas de choque que pueden aliviar de forma inmediata un mercado extremadamente tensionado en los últimos años. No hay que olvidar que España es el país de la Unión Europea en el que el alquiler representa un porcentaje mayor en el presupuesto de los hogares.

La vivienda sigue siendo una asignatura pendiente en la tarea de promover una vida buena. Su acceso debería estar garantizado a cualquier persona. Además de procurar el acceso a toda la población, deben estar en condiciones dignas para permitir el desarrollo de un proyecto vital sin merma de oportunidades

Pero no será suficiente si no se incrementa en el medio y largo plazo el parque de vivienda en alquiler a precios asequibles. Para ello se hace necesario un cambio de modelo inmobiliario y acertar con las políticas públicas que promueven el acceso a la vivienda. En relación con esto último, por ejemplo, las políticas de incentivos fiscales impulsadas desde las últimas décadas del siglo pasado hasta el 2013, año en que se eliminó la deducción fiscal por compra de vivienda, no solo beneficiaron principalmente a las clases medias y altas, sino que además restringieron considerablemente el mercado de alquiler. En la actualidad, la debilidad de las políticas públicas de vivienda en España es manifiesta.

Uno de los puntos ciegos más clamorosos es la falta de vivienda social en régimen de alquiler y la baja oferta de vivienda sin ánimo de lucro. El modelo inmobiliario español está infestado de agentes con una cultura empresarial poco menos que dudosa. A las empresas y promotores particulares se han unido en tiempos recientes fondos buitres y un inusitado apogeo de las sociedades cotizadas de inversión inmobiliaria (SOCIMIS). Frente a ellas las iniciativas sociales, las cooperativas o las empresas municipales de vivienda desempeñan un papel marginal. Ante este panorama resulta impostergable que los poderes públicos se atrevan a regular los flujos de capital de las compañías gestoras de estos activos, así como los precios del suelo.

Este último es un bien inelástico, dado que no puede ser producido y se encuentra confinado en el territorio. Frente a él, sin embargo, la oferta de crédito es elástica y el capital inversor goza de una movilidad sin precedentes, provocando que el funcionamiento del sector se adecúe más al de los productos financieros que a un mercado de bienes ordinarios.

Un bien normal se regula según la llamada ley de la oferta y la demanda. Si el precio aumenta, entonces los productores aumentan la oferta y los compradores reducen su demanda, de manera que opera un mecanismo que tiende a frenar, primero, e invertir, después, esa alza del precio. No ocurre así con el suelo, que es un regalo de la naturaleza que no puede ser creado. Además, cuando el precio aumenta, lo que acontece –al igual que con cualquier otro activo financiero– no es un descenso de la demanda, sino más bien la llegada de nuevos compradores que ven en esa alza un incremento de la rentabilidad en forma de futuras plusvalías, con lo que se produce una dinámica especulativa de alza adicional de los precios que se alimenta a sí misma. Las finanzas generan así procesos que se dan de bruces con la satisfacción de una necesidad que reconocemos como un derecho.

La construcción de una alternativa a los mecanismos al uso en la provisión de las viviendas constituye así una pieza fundamental en la tarea de procurar bienestar a una sociedad.

El texto pertenece a la INTRODUCCIÓN del número 148 de Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global: Ciclón Inmobiliario.

Santiago Álvarez Cantalapiedra es director del área Ecosocial de FUHEM y de la revista Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global,

Acceso al artículo a texto completo en formato pdf: La vivenda: entre el derecho y la especulación


Descifrando la crisis que viene. Nueva sesión Curso de Economía Universidad del Barrio

El próximo lunes 13 de enero tendrá lugar la primera sesión de 2020 del Curso de Economía de la Universidad del Barrio, organizada por FUHEM Ecosocial, Economistas sin Fronteras y el Salmón Contracorriente.

En esta ocasión reflexionaremos sobre algunos elementos de vulnerabilidad en la economía mundial sobre los cuáles es posible prever un nuevo escenario de crisis económica.

Desigualdad, financiarización y políticas neoliberales están en el origen de la pasada Gran Recesión. Poco de esto parece haber cambiado: a la desigualdad rampante se suma una precariedad vital en un contexto en el que, si bien el liberalismo económico internacional se pode en cuestión por nuevos populismos de derecha, el poder de las finanzas y su consecuente formación de burbujas constantes mantiene su plena vigencia

De esta manera, ya sea por conflictos geopolíticos China-EEUU, nuevos ciclos especulativos, o encarecimiento repentino de los recursos energéticos, o simplemente falta de demanda, parecen soplar de nuevo vientos de recesión...

Contaremos con la presencia de:

Ricardo Molero Simarro, Profesor de Estructura Económica Mundial y de España, en la Universidad Autónoma de Madrid.

Natalia Arias Pérez, Economista y asesora de organizaciones sindicales.

RECUERDA:

FECHA: lunes 03 de febrero.

HORA: 19 h.

LUGAR: Teatro del Barrio

C/ Zurita, 20

28012 Madrid

Metro Lavapiés.


La Marca España ante la emergencia ambiental

Lectura Recomendada

La recomendación de hoy es el lnforme de Greenpeace: La “Marca España” ante el reto de la emergencia ambiental. Análisis del cumplimiento de la Ley 11/2018, de 28 de diciembre, sobre Información no Financiera y Diversidad.

En un momento de emergencia climática como el actual, en el que la reducción de emisiones contaminantes y frenar la pérdida de biodiversidad es una necesidad incuestionable, Greenpeace ha analizado la contribución de algunas de las empresas más representativas del panorama económico español a los esfuerzos para evitar la degradación ambiental del planeta. Este grupo de 23 empresas, que bien podrían representar el concepto de “Marca España”, pueden ofrecer una muestra de cómo de concienciada está la clase empresarial del país ante un problema que hay quien quiere ver como una responsabilidad del Gobierno o de la ciudadanía.

“La ley no busca no solo busca información sobre las emisiones de los edificios de las empresas, sino el impacto global de su actividad”

Cuando se habla de reducir emisiones, es el sector económico en buena medida el principal responsable y en consecuencia el que más tiene esforzarse y adaptarse para el cambio, pero ¿se está adaptando el sector económico español al cambio? ¿está analizando su contribución al problema? A estas y otras preguntas pretende dar respuesta el Estado de Información No Financiera (EINF) de las empresas, donde deben recoger diferentes aspectos de su actividad, entre otras cuestiones, sobre asuntos medioambientales.

Esta ley incorpora al Derecho español la Directiva 2014/95/UE del Parlamento Europeo y del Consejo, de 22 de octubre de 2014 exige a empresas grandes que de forma anual publiquen los impactos y riesgos que sus actividades tienen para el medioambiente, así como qué hacen para corregir esta situación. Es fundamental aclarar que la ley no busca solo información relativa a, por ejemplo, emisiones de oficinas y vehículos de una compañía sino el impacto global de la actividad, es decir, las consecuencias que tiene la producción de carne en la deforestación del planeta o el impacto generado con la financiación de una central térmica.

La Ley establece que el Estado de Información No Financiera - EINF consolidado incluirá información significativa sobre cuestiones medioambientales:

  • Información detallada sobre los efectos actuales y previsibles de las actividades de la empresa en el medio ambiente y en su caso, la salud y la seguridad, los procedimientos de evaluación o certificación ambiental; los recursos dedicados a la prevención de riesgos ambientales; la aplicación del principio de precaución, la cantidad de provisiones y garantías para riesgos ambientales.
  • Contaminación: medidas para prevenir, reducir o reparar las emisiones de carbono que afectan gravemente el medio ambiente; teniendo en cuenta cualquier forma de contaminación atmosférica específica de una actividad, incluido el ruido y la contaminación lumínica.
  • Economía circular y prevención y gestión de residuos: medidas de prevención, reciclaje, reutilización, otras formas de recuperación y eliminación de residuos; acciones para combatir el desperdicio de alimentos.
  • Uso sostenible de los recursos: el consumo de agua y el suministro de agua de acuerdo con las limitaciones locales; consumo de materias primas y las medidas adoptadas para mejorar la eficiencia de su uso; consumo, directo e indirecto, de energía, medidas tomadas para mejorar la eficiencia energética y el uso de energías renovables.
  • Cambio climático: los elementos importantes de las emisiones de gases de efecto invernadero generados como resultado de las actividades de la empresa, incluido el uso de los bienes y servicios que produce; las medidas adoptadas para adaptarse a las consecuencias del cambio climático; las metas de reducción establecidas voluntariamente a medio y largo plazo para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y los medios implementados para tal fin.
  • Protección de la biodiversidad: medidas tomadas para preservar o restaurar la biodiversidad; impactos causados por las actividades u operaciones en áreas protegidas.

Igualmente, aportará información sobre subcontratación y proveedores: la inclusión en la política de compras de cuestiones sociales, de igualdad de género y ambientales; consideración en las relaciones con proveedores y subcontratistas de su responsabilidad social y ambiental; sistemas de supervisión y auditorías y resultados de estas.

Más información sobre el informe en la web de Greenpeace:


Periferias. Nuevas geografías del malestar

Los tiempos que vivimos vienen marcados por una fractura social que se correlaciona con desigualdades territoriales en todos los planos: entre las zonas rurales y el mundo urbano, entre regiones, entre los diferentes municipios que conforman los grandes centros metropolitanos y entre los barrios de cada uno de los municipios.

Frente a las metropolización de los grandes polos tecno-financieros, conectados mediante redes mediante las que se organiza la economía global, los espacios intermedios se ven cada vez más expuestos a la marginación y la desertificación, emergiendo así nuevos territorios relegados, subalternos o ignorados.

Unas periferias y unos centros que no son ya tanto una representación de países y regiones, sino espacios de debilidad frente a polos de dinamismo que operan en diferentes escalas. Frente a unas élites cada vez más emancipadas del compromiso con la sociedad en su conjunto, el creciente sentimiento de postergación, económica y social de las mayorías sociales, genera un malestar hoy encarnado en una dinámica populista que está convulsionando por completo el sistema político en la mayoría de los países de Occidente.

Sobre estos temas versa el nuevo número de Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global: Periferias. Nuevas geografías del malestar, en cuya INTRODUCCIÓN, Santiago Álvarez Cantalapiedra nos habla de los síntomas que apuntan a la construcción de una nueva geografía social, en la que la pérdida de población ha dejado  de ser exclusivamente un fenómeno rural y alcanza también a las capitales de provincia y de comarca, cuyos habitantes emigran hacia los grandes centros urbanos, dando paso al éxodo urbano de la población más cualificada hacia las ciudades globales.

La sección ESPECIAL incluye siete artículos que abordan la cuestión, con sus diferentes aristas y desde distintas perspectivas. Lo complementa el DIÁLOGO con expertas/os sobre la España rural vaciada y degradada, así como uno de los artículos de la sección PANORAMA que ofrece algunas soluciones al problema de la España vaciada. El otro texto de la misma sección aporta una visión crítica sobre la cooperación al desarrollo española.

Este mismo número recoge igualmente una ENTREVISTA a López Segrera sobre las aportaciones de Immanuel Wallerstein a las ciencias sociales, así como un ENSAYO de Paco Puche acerca de la necesidad de un cambio de paradigma en la antropología a partir de una nueva forma de entender la naturaleza y nuestra relación con la misma.

Se completa la revista con la sección de LIBROS.

A continuación, ofrecemos el Sumario  de la revista, y el acceso en abierto al texto de la Introducción y al artículo destacado de este número, sobre periferias en expansión. En esta ocasión ofrecemos también el Diálogo de expertas/os sobre la España vaciada y degradada, una interesante conversación coral entre seis de las principales voces en este asunto que examinan algunas de las cuestiones más relevantes, como la dicotomía rural-urbano que sostiene la segregación, el disfuncional metabolismo de las grandes urbes y posibles medidas para revertir estos procesos.

 

SUMARIO:

INTRODUCCIÓN

Nuevas periferias: geografías del malestar, Santiago Álvarez Cantalapiedra

ENSAYO

Hacia una nueva antropología, en un contexto de simbiosis generalizado en el mundo de la vida, Paco Puche

ESPECIAL: PERIFERIAS

Sobre periferias en expansion, Manuel Delgado y Carolina Márquez

Ha emergido el mundo de las periferias, Christophe Guiluy.

Sobre las geografías del malestar en Europa, Juan Romero

El arte de vivir sin gobierno. conflicto, negocio y despoblación del medio rural, Luis del Romero Renau.

La España vacía está llena de bienes comunes. Espacios de innovación para economías y relatos diferentes, José Luis Vivero Pol.

La trampa de una visión urbano-céntrica. David Harvey, del derecho a la ciudad a la revolución urbana, Jean-Pierre Garnier.

Territorios periféricos y transición ecosocial. ¿Hacia nuevos nodos biorregionales?, Nerea Morán y José Luis Fdez. Casadevante, Kois

PANORAMA

Fondos privados de ayuda al desarrollo contra defensores del territorio. El caso de la cooperación Española, Carlos Gómez Gil.

¿Cómo arreglar el problema de la España vaciada? Soluciones de fondo, soluciones cosméticas o colonización interior, Fernando Fernández.

DIÁLOGO

Un panel de seis expertas y expertos reflexiona sobre la España rural vaciada y degradada Diálogo entre Elisa Oteros-Rozas, Luis Camarero, Virginia Hernández, Sergio del Molino, Lucía López Marco y Valentín Cabero, Monica Di Donato.

ENTREVISTA

Entrevista a Francisco López Segrera sobre Immanuel Wallerstein, Salvador López Arnal.

LIBROS

Tierra de mujeres. Una mirada íntima y familiar al mundo rural, de María Sánchez.

Monica Di Donato.

Cristianismo de liberación. Perspectivas marxistas y ecosocialistas, de Michael Löwy.

Santiago Álvarez Cantalapiedra.

Ecoanimal. Una estética plurisensorial, ecologista y animalista, de Marta Tafalla.

Mara Nieto González.

 

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Nueva sesión del Curso de Economía - Universidad del Barrio

El próximo lunes 13 de enero tendrá lugar la primera sesión de 2020 del Curso de Economía de la Universidad del Barrio, organizada por FUHEM Ecosocial, Economistas sin Fronteras y el Salmón Contracorriente.

En esta ocasión abordaremos las Nuevas periferias y la creciente polarización social y territorial y el ponente invitado será Esteban Hernández, periodista del diario El Confidencial y autor de varios libros como El fin de la clase media (Clave Intelectual, 2014) o su última publicación titulada El tiempo pervertido. Derecha e izquierda en el siglo XXI (Akal, 2018).

La sesión girará en torno a uno de los resultados de la globalización financiarizada: la creciente desigualdad socioeconómica, plasmada en una implosión de las clases medias occidentales –los “perdedores” de la globalización– y que se manifiesta también, en una creciente polarización territorial en distintos planos: entre países, regiones, ciudades, así como entre ámbito urbano y mundo rural.

Una tendencia que, por otra parte, guarda una relación directa con la emergencia creciente de nuevos populismos en el plano político.

Toda esta problemática es la que centra el Especial del último número de nuestra revista Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, que lleva precisamente por título Periferias. Nuevas geografías del malestar.

Modera la sesión José Bellver, investigador de FUHEM Ecosocial.

RECUERDA:

FECHA: lunes 13 de enero.

HORA: 19 h.

LUGAR: Teatro del Barrio

C/ Zurita, 20

28012 Madrid

Metro Lavapiés.


Lectura Recomendada

Lectura Recomendada: Tiempo para el cuidado: el trabajo de cuidados y la crisis global de desigualdad

Max Lawson, Anam Parvez Butt, Rowan Harvey, Diana Sarosi, Clare Coffey, Kim Piaget y Julie Thekkudan.

Oxfam Internacional, enero de 2020, 76 págs.

La desigualdad económica está fuera de control. En 2019, los 2153 milmillonarios que hay en el mundo poseían más riqueza que 4600 millones de personas. Los 22 hombres más ricos del mundo poseen más riqueza que todas las mujeres de África.

Estos ejemplos de riqueza extrema conviven con un enorme nivel de pobreza. Según las estimaciones más recientes del Banco Mundial, prácticamente la mitad de la población mundial vive con menos de 5,50 dólares al día, mientras que el ritmo de reducción de la pobreza ha caído a la mitad desde 2013.

Esta enorme brecha es consecuencia de un sistema económico fallido y sexista. Se trata de un modelo económico defectuoso que ha acumulado enormes cantidades de riqueza y poder en manos de una élite rica, cuyos beneficios se deben en parte a la explotación del trabajo de mujeres y niñas y a la vulneración sistemática de sus derechos.

En lo más alto de la economía global se encuentra una pequeña élite de personas con fortunas inimaginables, que van incrementando exponencialmente su riqueza sin apenas esfuerzo, independientemente de si aportan o no un valor añadido a la sociedad.

Mientras, en la parte más baja de la escala económica, encontramos a las mujeres y las niñas, especialmente aquellas que están en situación de pobreza o pertenecen a colectivos excluidos, que dedican al trabajo de cuidados no remunerado 12 500 millones de horas diarias,5 e incontables horas más a cambio de sueldos de pobreza. Su trabajo es sin embargo imprescindible para nuestras comunidades. Es la base sobre la que se asienta la prosperidad de las familias, así como la salud y la productividad de la mano de obra.

Oxfam ha calculado que este trabajo aporta a la economía un valor añadido de, al menos, 10,8 billones de dólares. Se trata de una cifra enorme que, sin embargo, es una subestimación muy por debajo del valor real. A pesar de ello, las personas más ricas, en su mayoría hombres, acaparan la mayor parte de los beneficios económicos.

Vivimos en un sistema injusto que explota y excluye a las mujeres y niñas más pobres, y acumula una creciente cantidad de riqueza y poder en manos de una pequeña élite rica. Si no se adoptan medidas firmes, la situación empeorará mucho más.

Cuidar de los demás, cocinar, limpiar y recoger agua y leña son tareas diarias esenciales para el bienestar de la sociedad, las comunidades y la economía. La pesada y desigual responsabilidad del trabajo de cuidados que recae sobre las mujeres, perpetúa tanto las desigualdades económicas como la desigualdad de género.

Crisis de cuidados

El mundo se enfrenta a una inminente crisis de los cuidados, derivada de las consecuencias del envejecimiento demográfico, los recortes en los servicios públicos y los sistemas de protección social, y los efectos del cambio climático, que amenazan con empeorar la situación y aumentar la carga sobre las personas que asumen el trabajo de cuidados.

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) estima que, en 2030, habrá 100 millones más de personas mayores y 100 millones más de niñas y niños de entre 6 y 14 años que necesitarán atención y cuidados. A medida que envejezcan, las personas mayores necesitarán una atención más intensiva y a largo plazo de unos sistemas de salud que no están preparados para ello.

Un mundo más justo es posible.

La economía feminista y la igualdad de género son dos elementos esenciales de esta nueva economía humana y más justa, que debe asumir como uno de sus objetivos principales abordar plenamente el papel del trabajo de cuidados no remunerado y mal remunerado. La única manera de construir un mundo más justo es cambiar radicalmente la manera en que se lleva a cabo este tipo de trabajo, y cómo se valora.

Economistas feministas, la sociedad civil y defensoras y defensores del trabajo de cuidados llevan décadas proponiendo distintas soluciones para lograr un cambio radical que dé prioridad al trabajo de cuidados, lo que se denomina el marco transformador de las “4R”. Los siguientes principios deben tenerse en cuenta.

Reconocer el trabajo de cuidados no remunerado y mal remunerado, realizado fundamentalmente por mujeres y niñas, como un tipo de trabajo o de producción que aporta un valor real.

Reducir el número total de horas dedicadas a las labores de cuidados no remuneradas, mejorando el acceso tanto a equipamientos asequibles y de calidad que permitan ahorrar tiempo, como a las infraestructuras de apoyo a los cuidados.

Redistribuir el trabajo de cuidados no remunerado de forma más equitativa dentro de las familias y, al mismo tiempo, trasladar la responsabilidad del trabajo de cuidados no remunerado al Estado y al sector privado.

Representar a las proveedoras de cuidados más excluidas, garantizando que se tengan en cuenta sus puntos de vista en el diseño y ejecución de las políticas, sistemas y servicios que afectan a sus vidas.

 

¿Estamos preparados para construir una sociedad justa en la que la riqueza y el poder, incluido el poder político, estén repartidos de una manera equitativa? ¿Estamos dispuestos a rechazar el mito de que la pobreza es un fenómeno natural, algo que siempre existirá independientemente de las medidas que tomemos?

 

El informe de Oxfam Tiempo para el cuidado aborda estas preguntas para demostrar que, si tomamos las decisiones políticas adecuadas, es posible combatir la desigualdad y la pobreza. Debemos luchar de manera colaborativa contra la desigualdad económica, la violencia estructural, la discriminación y la exclusión, la destrucción del medioambiente y las ideologías déspotas, para construir un futuro mejor para todo el mundo.

 

La magnitud de la brecha entre ricos y pobres en cifras:

  • En 2019, los 2153 milmillonarios que había en el mundo poseían más riqueza que 4600 millones de personas.
  • Los 22 hombres más ricos del mundo poseen más riqueza que todas las mujeres de África.
  • El 1% más rico de la población posee más del doble de riqueza que 6900 millones de personas.
  • Si una persona hubiese ahorrado 10 000 dólares diarios desde el momento en que se construyeron las pirámides de Egipto, ahora poseería tan solo una quinta parte del promedio de la fortuna de los cinco milmillonarios más ricos del mundo.
  • Si cada persona se sentase sobre el dinero que posee apilado en billetes de cien dólares, la mayor parte de la humanidad se sentaría en el suelo. Una persona de clase media de un país rico se sentaría a la altura de una silla. Los dos hombres más ricos del mundo estarían sentados en el espacio.
  • El valor económico del trabajo de cuidados no remunerado que llevan a cabo en todo el mundo las mujeres de 15 o más años asciende al menos a 10,8 billones de dólares anuales, una cifra que triplica el tamaño de la industria mundial de la tecnología.
  • Un incremento de tan solo el 0,5% adicional en el tipo del impuesto que grava la riqueza del 1% más rico de la población en los próximos diez años permitiría recaudar los fondos necesarios para invertir en la creación de 117 millones de puestos de trabajo en sectores como la educación, la salud y la asistencia a las personas mayores, entre otros, acabando así con los déficits de cuidados en estos ámbitos.

El Informe incluye interesantes gráficos en torno a las desigualdades entre hombres y mujeres, sobre cómo la responsabilidad del cuidado recae sobre mujeres y niñas, sobre la explotación que sufren las trabajadoras del hogar y sobre la crisis de cuidado en cifras.

 

El texto también incluye al final un listado de seis recomendaciones o medidas para cerrar la brecha entre ricos y pobres y contribuir a garantizar los derechos de las personas que asumen el trabajo de cuidados, reconociendo la importancia de los cuidados para el bienestar de las sociedades y las economías.

  1. Invertir en sistemas nacionales de atención y cuidados que permitan abordar la desproporcionada responsabilidad de trabajo de cuidados que recae sobre las mujeres y las niñas.
  2. Acabar con la riqueza extrema para erradicar la pobreza extrema.
  1. Legislar para proteger a todas las personas que se ocupan del trabajo de cuidados, y garantizar salarios dignos para el trabajo de cuidados remunerado.
  1. Garantizar que las personas que llevan a cabo el trabajo de cuidados tengan influencia en la toma de decisiones.
  1. Combatir las normas sociales nocivas y las creencias sexistas.
  1. Promover políticas y prácticas empresariales que pongan en valor el trabajo de cuidados.

En la página web de Oxfam se encuentran disponibles:

Texto completo del informe.

Resumen del informe.

Nota metodológica: que explica los cálculos elaborados por Oxfam para el informe en los siguientes ámbitos: tendencias en materia de riqueza y desigualdad; trabajo de cuidados no remunerado; impuestos y coste del déficit de cuidados.

 

 


Entrevista a Bernardo Gutiérrez

Entrevista a Bernardo Gutiérrez a propósito de su libro Pasado Mañana. Viaje a la España del cambio

Diego Escribano Carrascosa

Bernardo Gutiérrez  es periodista y escritor. Ha escrito sobre temas tan diversos como tecnopolítica, movimientos sociales, cultura de red y formas contemporáneas de esclavitud y ha trabajado desde hace años en la búsqueda de alternativas, de horizontes  esperanzadores.  Pasó un largo periodo en Latinoamérica en el que, además de adquirir otra nacionalidad, la brasileña, siguió de cerca los avances de movimientos sociales y la llegada al poder de gobiernos progresistas.  En la entrevista hablamos de sus logros y contradicciones. En su regreso a España, ha participado en eldiario.es y, de nuevo, ha seguido de cerca el trabajo de movimientos sociales y el trabajo institucional de nuevas formaciones progresistas. En 2017 publicó  Pasado Mañana (Arpa Editores), un libro que ofrece una visión panorámica de los cambios vividos y la perspectiva  de una España diferente, más justa y sostenible, en un futuro próximo.

 

Diego Escribano (DE): ¿Fue difícil escribir el  libro en un momento tan trepidante? ¿Tuviste la sensación de que lo escrito era permanentemente superado por la actualidad política?

Bernardo Gutiérrez (BG): Había que apuntar hacia el futuro porque la realidad política se podía comer el libro. Busca huir del estrés de la situación política actual. Pasado Mañana es un libro de cosas que están en marcha, la mayoría desde  la sociedad civil y algunas como políticas públicas. Pasado mañana  es un horizonte próximo y cercano.

DE: Al inicio del libro mencionas el desgaste de las izquierdas latinoamericanas. En diferentes países  con  gobiernos  progresistas se produjeron rupturas por la continuidad del modelo extractivista y la represión a movimientos sociales. En Ecuador, Alberto Acosta pasó a ser opositor, en Bolivia se  reprimieron protestas en casos como el del TIPNIS…

BG: Es injusto hablar del desgaste de las izquierdas latinoamericanas porque es un ecosistema variado. Lo que es verdad es que los grandes buques insignia (el chavismo en Venezuela; el lulismo en Brasil; los Kirchner en Argentina) han sufrido desgaste.

Hasta Evo Morales, quien probablemente sea el más defendible, ha recibido muchas críticas por mantener un modelo extractivista. Es muy fácil criticar el extractivismo sin tener en cuenta la excesiva fragilidad de los mercados latinoamericanos y la dependencia de la exportación de materias primas, pero es cierto que también ha faltado la capacidad de darse cuenta de que ese modelo es dinero a corto plazo y consecuencias desastrosas a largo plazo.

DE: En Brasil, después del Gobierno del PT con duras críticas (como las de Marina Silva) por su escasa sensibilidad, la elección de Bolsonaro refuerza los peligros para el medioambiente y las personas que lo defienden. En otros ámbitos, el PT tampoco cumplió con sus promesas y llegaron a aliarse con personas como Kátia Abreu (feroz opositora a la reforma agraria y ministra de Agricultura durante el gobierno de Dilma Rousseff). Con un PT debilitado, una persona que promueve el odio y amenaza avances históricos ha llegado a la presidencia. En Brasil, como antes en Nicaragua, parecía que muchas personas justificaban o al menos normalizaban la corrupción. ¿Crees que su elección tiene que ver con la falta de respuestas de la izquierda brasileña respecto a algunas preocupaciones ciudadanas?

BG: El legado del PT fue muy importante y Lula es el indiscutible líder de las últimas décadas. Sus gobiernos tuvieron logros. Consiguieron sacar a millones de personas de la pobreza y mejoraron mucho la educación  superior,  entre  muchas  otras  cosas. Sin embargo, el PT no cambió las estructuras y priorizó la inclusión por el consumo en un sistema neodesarrollista. Además, para mantener su hegemonía en la izquierda, pactó con las derechas, no con las izquierdas. La estrategia ha sido desastrosa y ha sembrado el camino a Bolsonaro. El PT boicoteó el frente de izquierdas alrededor de la candidatura de Ciro Gomes, alimentó la polarización y eligió a Bolsonaro como enemigo del segundo turno. No han tenido capacidad para entender nuevas sensibilidades, narrativas, prácticas políticas, mientras que la ultraderecha ha sabido canalizar esas nuevas indignaciones. Por otro lado, Lula y Dilma y la izquierda en general no tenían ninguna sensibilidad medioambiental e indigenista. Hasta el Partido Comunista de Brasil (PCdoB) defendió el proyecto hidroeléctrico de Belo Monte.

Y es preocupante que se justifique la corrupción, sí. El PT entregó la pauta anticorrupción a la derecha y a los nuevos indignados, y con ella el paquete de símbolos y ritos cocinados en las calles sin la presencia de partidos, entre ellos la bandera brasileña, un error gravísimo. Deberían haberse apropiado de la lucha contra la corrupción desde la izquierda. Lula, en la campaña de 2018, ha cometido el mayor error estratégico y táctico de su historia. El relato victimista, que se justifica en parte por  la  persecución  feroz  del  oportunista juez Moro, no le ha ayudado.

DE: ¿Es necesario construir alianzas más amplias, para resistir a su gobierno?

BG: En las elecciones de 2014, demonizaron a Marina Silva que está lejísimos de ser de derechas. La demonizaron por ser evangelista, cuando defiende un estado laico. Ella ganó las elecciones en las favelas de Río de Janeiro y en la Amazonia, justo en los territorios donde ha crecido Bolsonaro considerablemente entre las clases populares. En las municipales en Río, Freixo (candidato del partido izquierdista PSOL) perdió por alinearse con el discurso de la izquierda tradicional. Su campaña no llegó a la periferia, despreció a los evangelistas con una arrogancia propia de las izquierdas. Existe también un movimiento evangelista cercano a la teología de la liberación. Con alguien como Marina que hiciera ese diálogo, Río no estaría en manos de la derecha fundamentalista y Bolsonaro sería un fenómeno básicamente de clase media y élites. Esa alianza interclasista e interregional de Bolsonaro se ha tejido en el vacío que ha dejado la izquierda alrededor del discurso del orden y seguridad, con la familia como telón de fondo. Es un riesgo caricaturizar a Bolsonaro como un fascista más, porque su ascensión es complejísima y ha seducido a buena parte de las clases populares con una hiperfragmentación de discursos.

En Brasil es necesaria una alianza transversal y amplia que vaya más allá del PT, que tiene que incluir al PSOL y llegar hasta Marina. Aún así, la clave pasa por las calles y la construcción de un movimiento pro democracia sin partidos, con nuevos símbolos, que huya del relato rojo y popular del PT, tan artificial, por otro lado.

DE: A pesar de los errores, los gobiernos progresistas  lograron  cambios  importantes como la reducción de la desigualdad, la participación de colectivos tradicionalmente excluidos y la aprobación de textos constitucionales innovadores en el reconocimiento de derechos sociales y ambientales. ¿Cuál es tu balance?

BG: Hay que tumbar el mito de que las izquierdas  latinoamericanas  han  fracaso. Ha sido un rotundo éxito. Han sacado a millones de personas de la pobreza, logrado  avances  en  soberanía  tecnológica, democratizado la educación, recuperado la dignidad indígena y afro. Han sido insuficientes e imperfectas pero no han fracasado. El lado negativo también es extenso. Con excepciones, no han salido del modelo extractivista. No atreverse con asuntos progresistas como el aborto o el matrimonio gay serían algunos otros de sus fallos. El haber apostado por polarizar políticamente a las sociedades y el no haber entendido las nuevas identidades y narrativas de cariz ciudadanista, que no son antagonistas y sí complementarias con las populares, también ha sido un error.

DE: En el horizonte alternativo que conforma el libro me llamó la atención que no estuviera, como horizonte utópico, una  propuesta  alternativa  de  Europa. Esa dimensión europea  sirve también para conectar con las miles de personas jóvenes que se tuvieron que marchar en época de austeridad. ¿Crees que para llegar a la España de Pasado  Mañana que imaginas debe pasarse por una construcción de un proyecto europeo diferente?

BG: No pienso que el mayor optimismo venga de Europa, donde existe un auge de la ultraderecha y de la xenofobia. Aunque si conseguimos que Europa vaya hacia a un lado más social…

En las próximas elecciones puede haber 100 eurodiputados de la izquierda radical. Si se consigue el cambio en España, se podría jugar un papel fundamental en esa reconstrucción de Europa.

Las personas que se marcharon de España es uno de los capítulos pendientes para la segunda edición. Es un tema a resolver y que, a nivel político, podría cambiarlo todo. Se están cargando el futuro de un país. Muchas de las personas más  preparadas  se  han  ido.  Es  verdad que ahora algunas han vuelto porque, entre mal y peor, alguna gente prefiere estar en casa. También hay mucha gente que no va a volver nunca. España es un país de exiliados, de gente a la que se ha expulsado a patadas desde la noche de los tiempos.

DE: ¿No podrían servir los exilios para conectar, en un relato alternativo, a España con América Latina?

BG: Hay mucho por contar. Ni siquiera el relato anticolonial te habla del exilio. Hay experiencias muy potentes… hubo escuelas  anarquistas,  escuelas  de  Ferrer,  por todo Brasil. Asturianos en revueltas en la Patagonia. Editores españoles en México. No debería ser tan complicado conectar todo eso con otro relato de España.

DE: De las experiencias latinoamericanas también se podrían extraer aprendizajes sobre la relación entre movimientos sociales  y  gobiernos progresistas. En España han dado el salto a la política muchas personas que vienen de la sociedad civil. De momento, ¿te quedas con las aportaciones que hicieron quienes han pasado desde la sociedad civil a posiciones institucionales o con la inquietud por el riesgo de desactivación de movimientos sociales?

BG: Siempre hay un riesgo de cooptación política, con ayudas y subvenciones. También de cooptación moral, con chantaje. En América Latina lo hemos visto. También en España, mediante cuestiones presupuestarias, con las asociaciones vecinales en los años setenta y ochenta.

Hoy sigue existiendo ese riesgo de cooptación y la inercia de que la calle se vacíe cuando alguien que viene de los movimientos alcanza el poder. Es necesario fuego amigo para que los cambios no sean tan lentos.

Solo meterte en el Congreso de los Diputados despista. Es un escenario tan fascinante, y endogámico… te colocan en un ritmo que no es el tuyo y te hace perder el olfato de la calle. Luego no se trata exactamente de volver a la calle. Igual no tienes que volver a la manifestación. Igual tendrías que estar en una reunión de barrio o, escuchando y no hablando, en un mercado popular.

DE: Si van a una manifestación, no deberían estar en cabeza, ¿verdad?

BG: Sin duda, no deberían estar en cabeza. De hecho, aunque no estén en cabeza ya les van a echar la bronca. No es el único espacio en el que estar.

Las personas que se han hecho famosas ponen cara a un relato más coral de la sociedad civil. No son solo las caras famosas. En el libro he diluido a los más famosos a propósito, para que no se consideren los líderes.

DE: Una de las ideas más potentes para construir un nuevo relato, presente en tu libro, es la de la recuperación de lo público como forma de ampliar las posibilidades de participación ciudadana. En un contexto como en el español, en el que la privatización llegó hasta al ámbito penitenciario, ¿qué se puede aprender de la experiencia latinoamericana?

BG: Los gobiernos progresistas construyeron un sector público cuando en algunos casos era inexistente. Cuando América Latina se convirtió en el foco progresista del mundo, el sistema neoliberal quiso hundirlo. Demostraban que lo público era efectivo y eficiente. Dejaban en evidencia la ola de privatizaciones de la socialdemocracia europea. Se crearon estructuras públicas; algunas con ineficiencias, muchas exitosas. Se puede aprender mucho sobre cómo gestionar recursos energéticos con modelos públicos. Ahora hay mayor autogestión. Lo público se puede aprovechar mucho reinventándolo desde lo común, con parcelas de autonomía desde la ciudadanía.

En España hay prácticas milenarias de autogestión y autogobierno: montes comunales, tribunal de las aguas de Valencia. También en lo urbano, con cooperativas de consumo. Es necesario abrir lo público a la participación ciudadana. Se habla de recuperación de lo público con el prisma de lo común, de la autogestión. Por ejemplo en el ámbito energético habría que abrir el sistema al autoconsumo.

DE: ¿Crees que cambiar la sensibilidad hacia el mundo rural puede servir, para a través de su caudal de experiencias comunitarias, construir un relato alternativo y crear una mayor sensibilidad medioambiental?

BG: España tiene un atraso de décadas en ecología y en sostenibilidad y existe muy poca sensibilidad con el mundo rural. Ha costado romper con la idea de modernidad que se impuso, una modernidad basada en desprecio del mundo rural, en la imagen de trenes rápidos. El año 1992 es clave, sobre el que podría hacerse una serie de televisión, el año de las Olimpiadas y el AVE. Es difícil transmitir la idea de lo rural en positivo, cuando el mundo rural es sabio. Algunas tradiciones de la España rural podrían servir para frenar el proyecto neoliberal.

E: El 15-M supuso un hito generacional que acercó a muchas personas a la política. Sin embargo, sin un hilo que conecte con experiencias previas, sería insufiiente para construir un relato de país alternativo. ¿Crees que el cambio social y político puede llegar si el 15-M es el punto de partida?

BG: El 15-M es una disrupción que abre nuevos marcos, relatos, formas de organizarse…pero es insuficiente. Está pendiente ese relato alternativo de la historia de España que no sea antagonista. La historia de España  la  han  contado  unos  pocos, cuando hay una historia muy rica. España ha tenido cuatro revueltas más que Francia. En la Revolución de 1854 ya se hablaba del «no nos representan». Se podría hilvanar la historia de España desde lo comunitario y las disidencias.

DE: Doy por hecho que el relato alternativo debe empezar antes de 1931…

BG: Sin duda. El gran siglo revolucionario fue el XIX. Además, hay antecedentes. En el uso de las tierras comunales los reyes habían perdido frente a los campesinos. Después la Revuelta de los Comuneros. Hay una historia olvidada…

Por otro lado, se ha contado muy mal lo que sucedió a partir de 1931. Tiene mucho que ver con las revoluciones liberales- democráticas. Es algo que está pendiente.

Después hay una transición muy cabrona en la que no sé si se salva algo…

DE: Una transición sobre la que durante mucho tiempo se impuso un consenso aparente, en el que no se podía cuestionar lo que se hizo, aunque miles de víctimas no obtuvieran verdad, justicia y reparación...

BG: El éxito de la transición fue generar un marco  de  convivencia,  con  mitos  y  con semi-verdades. Entre los muchos tabúes de la cultura de la transición estaba el no poder criticar a algunas personas. No es que no se pudiera criticar a referentes de la izquierda por sus concesiones, sino incluso no se podía criticar a Fraga o Adolfo Suárez, no se podía hablar de memoria histórica.

DE: Algunas referencias culturales tie- nen su origen en esa época. ¿Va a quedar algo del universo cultural que nace en la transición?

BG: Algunos iconos se mantendrán, otros no. The Guardian ya no se fía de El País y tiene como referencia a eldiario.es.

En la construcción de una nueva hegemonía cultural debe haber referencias diversas. No se puede hablar de lo popular y luego tener prejuicios con lo que realmente es popular. A veces la izquierda tiene la manía de que las únicas referencias culturales son las de la “alta cultura”.

DE: Suena a que, al menos en ocasiones, la izquierda está más cerca de visiones elitistas de autores conservadores y no con quienes pretenden romper, o al menos diluir, las divisiones entre cultura popular y alta cultura.

BG: La «cena del miedo» de la que habló Amador Fernández Savater refleja ese miedo de muchas personas del mundo de la cultura a que cualquiera pueda escribir un libro. Esas ideas se basan en el mito, profundamente elitista, del escritor inspirado por las musas.

Es verdad que ahora cualquiera puede emitir un mensaje. De todo eso saldrán cosas buenas y otras no tanto, pero también pasa eso con los escritos “clásicos”. Algunos son malos y están ahí porque son marqueses o porque tienen amigos en editoriales.

Lo que está ocurriendo ahora es que el filtro de lo que es culturalmente aceptable está dejando de estar en una clase intermediaria, que tiene unos gustos determinados y una formación. Ese filtro puede extenderse a la multitud.

Hay un debate muy interesante. No me creo que un intermediario que haya leído un montón de libros sepa mejor que la gente qué libros son mejores. Tampoco es una cosa o la otra. Quien tiene una formación y ha leído un montón de libros tiene un criterio. La clave es equilibrar ambas cosas.

DE: Creo que la PAH jugó un papel fundamental en el ecosistema de propuestas alternativas que aparecieron después del 15-M y que, en buena parte, se ven reflejadas en el libro. La lucha por el derecho a la vivienda supuso un punto de inflexión que permitió que muchas personas pasaran de la tristeza y la desesperación a la ilusión y la esperanza. Al «Sí se puede». Ada Colau demostró que se puede transmitir indignación sin gritar y hacer política desde la honestidad. Es un símbolo en sí misma. Siendo alcaldesa de Barcelona, ha reconocido errores y límites, lo que nos conecta con una de los elementos importantes del cambio social que se menciona en tu libro: la feminización de la política.

BG: Mientras que algunos han perdido frescura, en el Congreso o en tertulias, Ada Colau tiene todo el potencial de la espontaneidad. De venir de la calle. Si quisiera, Ada podría ser presidenta.

En el paquete de feminizar la política que una alcaldesa reconozca errores es valioso pero no es lo único ni lo más importante. El feminismo es una placa tectónica de subjetividades. Posiblemente sea lo que más futuro tenga como movimiento en la sociedad.

Diego Escribano Carrascosa es graduado en Derecho y en Ciencia Política y Administración Pública. Máster en Derecho Internacional de los Derechos Humanos.

Descargar el texto completo del archivo en formato pdf: Entrevista a Bernardo Gutierrez.

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Entrevista a Saskia Sassen, por Nieves Zúñiga (2007).

 


Aportaciones para una representación compleja y abierta del sistema económico capitalista

Aportaciones para una representación compleja y abierta del sistema económico capitalista, artículo de Ángel Martínez González-Tablas y Santiago Álvarez Cantalapiedra y publicado en la Revista de Economía Crítica, núm. 15, primer semestre 2013 pp. 128-149.

Este ensayo es una nueva contribución al proceso de reflexión colectivo iniciado con la elaboración conjunta del artículo Por una economía inclusiva. Hacia un paradigma sistémico (publicado en la Revista de Economía Crítica nº 14). Manteniendo el análisis en el plano epistemológico, utiliza la metodología del artículo colectivo antes mencionado aplicándola a la representación específica del sistema económico capitalista, matizando algún aspecto de su dimensión institucional y profundizando en la dimensión espacial de su funcionamiento.

La teoría económica convencional acostumbra a practicar, no se sabe muy bien si a partes iguales, la ocultación y el reduccionismo desvirtuando el carácter y la percepción de la economía. Las perspectivas teóricas que están presentes dentro de la economía crítica, por el contrario, tratan de revelar todas aquellas dimensiones que intervienen de forma determinante en la actividad socio-económica y que la visión convencional se empeña con denuedo en ocultar.

Disponer de un marco complejo de representación de la actividad económica, que refleje distintas perspectivas y articulen diferentes enfoques del pensamiento económico, resulta necesario para la diagnosis y etiología de los principales problemas de nuestros días.

La actividad económica abarca los diferentes procesos de producción, distribución, intercambio y consumo que, de acuerdo a unos principios de funcionamiento y unas bases determinadas, permiten el mantenimiento y la reproducción de la existencia social, la representación de la economía deberá aportar una visión de los rasgos específicos presentes en su funcionamiento desde los que se pueda analizar las singularidades que segrega su comportamiento. De ahí que no baste con una representación general de la actividad económica y haya que aterrizar en las peculiaridades que caracterizan al sistema económico actual: el capitalismo. Tampoco resulta suficiente, si se quiere intervenir sobre la realidad, permanecer en un nivel de abstracción que rehúya considerar el papel que en la práctica económica desempeñan la historia y las instituciones, como tampoco se podrá en ese caso obviar los vínculos espaciales que despliega su desempeño.

Siguiendo la línea marcada en Por una economía inclusiva. Hacia un paradigma sistémico, de ofrecer una representación de la actividad económica abierta al entorno social y natural, este artículo profundiza en las implicaciones que se derivan de considerar la especificidad capitalista de aquella actividad. Se avanza desde lo más general a lo más concreto. La primera representación que se propone, de gran generalidad, es transistémica y se centra en lo que es común a las distintas formas de organización económica a lo largo de la historia. La segunda incluye al mercado y subraya las significativas diferencias entre el espacio mercantil y el doméstico. La tercera, y última, resalta la especificidad del capitalismo, sus componentes constitutivos y su lógica característica. La tesis que subyace es que si bien puede llevarse a cabo este escalonamiento sin modificar la perspectiva metodológica, para entender la realidad y para actuar eficazmente sobre ella, importa descender a lo específico y diferencial porque, como subrayaba Marx, captar lo singular de cada realidad social aporta hondura a la comprensión y quedarse en lo común mella el alcance del análisis.

Descargar el artículo completo: Aportaciones para una representación compleja y abierta del sistema económico capitalista.


Por una Economía Inclusiva

Por una economía inclusiva. Hacia un paradigma sistémico, artículo escrito por Santiago Álvarez Cantalapiedra, Alfons Barceló, Óscar Carpintero Redondo, Cristina Carrasco Bengoa, Ángel Martínez González-Tablas, Albert Recio Andreu y Jordi Roca Jusmet, para la Revista de Economía Crítica, núm. 14, segundo semestre 2012, pp. 277-301.

Jamás en la historia habían existido tantas escuelas, facultades y academias de economía, ni tantos profesores, alumnos y licenciados en esta disciplina. Jamás se habían publicado tantos libros, artículos, informes buscando capturar los rasgos esenciales y corregir los presuntos defectos (reales o ilusorios) del sistema capitalista (o de las “economías de libre mercado”, si se prefiere una expresión embellecedora). Jamás se había producido tal torrente de estadísticas y de modelos matemáticos sobre cualquier ocurrencia o menudencia que encajara aceptablemente (de grado o por fuerza) con los postulados de partida.

Y, sin embargo, llevamos algunos años padeciendo una colosal crisis económica que ha devaluado en grado considerable un buen número de patrimonios, ha destruido un enorme caudal de confianza en el sistema monetario y en las instituciones reguladoras de los mercados financieros, ha conducido al paro a millones de trabajadores y trabajadoras (lo que representa una enorme cantidad de riqueza potencial evaporada inexorablemente), ha propiciado el despliegue de maniobras tendentes a recortar derechos y a debilitar las redes protectoras del estado del bienestar. Un objetivo intermedio que ha favorecido este retroceso en el plano de la protección social ha consistido en recortar servicios y ayudas de carácter público, bajo el lema de “abaratar el funcionamiento del estado moderno”. Aquí el cuento de la lechera consistía en imaginar un mercado perfecto e instantáneo gracias al cual uno podía asimismo imaginar que dejando campo libre al interés privado se conseguirían maravillosos resultados de armonías económicas y se recuperaría la senda de un mítico crecimiento benefactor en provecho de todos. Por otro lado, los científicos naturales llevan años avisando de los peligros que para la humanidad genera el actual ritmo de deterioro ambiental, sin que ello se haya traducido en un cambio sustancial en la forma de enfocar los problemas ni en una acción decidida para resolverlos.

En suma, padecemos una situación escandalosa y grotesca. La inmensa mayoría de presuntos expertos, las grandes instituciones de seguimiento de la coyuntura, de evaluación de riesgos, de prospectiva mundial no vieron (o no quisieron ver) la que se les caía encima.

Pero no sólo no se vio ni entendió bien el desencadenamiento y evolución de la crisis, sino que a la hora de sugerir parches y remedios, no se ha producido una confluencia de propuestas por parte de los expertos, ni se adivina en el horizonte un proceso de convergencia hacia salidas razonables.

Esta desastrosa situación es debida, en parte, a un problema ideológico (a saber, los objetivos del beneficio y del crecimiento se consideran irrenunciables), pero también a la estrechez de miras de los economistas y políticos que a menudo solo tienen en cuenta la economía de mercado capitalista. En este contexto —y hoy más que nunca— es necesario y urgente construir enfoques alternativos de interpretación de la realidad social y económica que permitan ofrecer respuestas y propuestas para terminar con los padecimientos y el despilfarro que está produciendo la crisis y avanzar hacia una sociedad humana y sostenible.

Lo que sigue a continuación aspira a ser una aportación al proceso de construcción de un marco general de representación de la actividad económica desde el que poder articular distintos enfoques —en particular, los de la economía ecológica, economía feminista y economía política y su crítica— que comparten diagnóstico y críticas al funcionamiento del sistema capitalista y a los desarrollos teóricos de la economía convencional. Hasta ahora los intentos de dotarse del conocimiento y las interrelaciones que pueden propiciar la fertilización recíproca y el avance acumulativo que precisa el pensamiento económico crítico han sido frágiles e insuficientes. Se trata simplemente de bosquejar una representación pertinente y útil de cómo funciona realmente la economía, sin entrar en el diseño de un eventual sistema alternativo.

Conviene hacer hincapié en la insuficiencia de la economía convencional para afrontar la complejidad de nuestro tiempo. A pesar de su hegemonía institucional y política, no es capaz de plasmar una representación satisfactoria de los procesos económicos, son escasos sus logros y notoria su impotencia ante los problemas, no llega a formular un diagnóstico consistente de lo que sucede y sus propuestas combinan cortedad de aliento y ceguera de horizonte, propiciando una frustración en la vida de millones de seres humanos, un empobrecimiento y, en el límite, un riesgo de suicidio colectivo. Desde luego conviene asimismo recalcar que la tendencia histórica del pensamiento económico ha sido proclive a la ocultación, en la matriz epistemológica básica, de dimensiones esenciales para una representación comprensiva de la actividad económica (entorno físico, espacio doméstico, dimensión social de los procesos), centrándose básicamente en la producción mercantil.

En este trabajo se pretende lo contrario: asumir la condición sistémica de la economía y defender una perspectiva teórica que considere todas las dimensiones que realmente intervienen de forma determinante en la actividad socio-económica. La diferencia entre una y otra actitud acarrea importantes consecuencias, tanto en el plano del conocimiento como de la acción; tiene, además, efectos de largo alcance, y también a corto plazo.

Descargar el texto completo: Por una economía inclusiva. Hacia un paradigma sistémico.


Construir una economía inclusiva e integradora

Los grandes problemas de este tiempo obligan, por su urgencia y pluralidad de dimensiones, a revisar el papel que ha de jugar la Economía como ciencia social en las necesarias transiciones. Se parte así de una confrontación de la Economía dominante en todos los planos, desde el más teórico hasta la práctica económica, que hoy tiene más de obstáculo que de herramienta eficaz frente a los problemas de la gente y del planeta.

Frente a ello, se plantea la necesidad de construir una Economía integradora o inclusiva (EI), que se nutra de la riqueza de las aportaciones, con sus limitaciones, de las corrientes que conforman la Economía Crítica; pero trascendiéndolas, a partir del diálogo y el enriquecimiento mutuo.

Sólo así podrá la Economía reorientar su foco hacia contenidos sustantivos, articulados con el entorno natural, con el tejido social y productivo, y así poder participar en la valuación de opciones, en el diseño de escenarios y en la construcción de alternativas.

Un texto de Ángel Martínez González Tablas, para la colección Relatos del Foro de Transiciones, donde se pregunta: ¿Qué papel le corresponde a la Economía? ¿En qué medida lo está cumpliendo? ¿Qué expectativas cabe albergar de que, si no lo hace, llegue a hacerlo? ¿Con qué elementos contamos? ¿Qué pasos adicionales se necesitan? o, ¿tal vez, debamos dar a la Economía por perdida y pensar las transiciones prescindiendo de ella? El presente documento pretende responder a estas preguntas, que pueden parecer elementales, aunque no lo sean.

Para responder a estas cuestiones el trabajo se estructura en cuatro bloques:

  1. El primero se ocupa de la Economía dominante, de la ortodoxia, de sus rasgos y de sus carencias.
  2. El segundo analiza las aportaciones y las limitaciones de la Economía Crítica, un cuerpo que está alimentado por nutrientes identificables.
  3. El tercer bloque se enfrenta con la necesidad de construir una Economía integradora o inclusiva (EI), un esfuerzo tan incipiente que incluso no ha llegado a asentar una denominación consensuada, pero que es imprescindible si se quiere que la Economía cumpla su función, sabiendo además que, si no lo hace, el empeño por habilitar transiciones con sentido se verá seriamente afectado.
  4. El último se adentra en cómo puede ayudar la EI a la difícil articulación entre el tratamiento de los problemas del presente y la construcción de un proceso de transición que conduzca a una alternativa viable.

El documento llega a su final con dos apartados, en uno se valoran las dificultades para que el propósito llegue a término y en el otro se esbozan unas reflexiones conclusivas.

Descargar el documento completo: Construir una economía inclusiva e integradora. Ángel Martínez González Tablas. Mayo 2017.


Debate sobre la evolución del sector agrario

Historia de la agricultura española desde una perspectiva biofísica, 1900-2010

FECHA: Jueves, 12 de diciembre.

HORA: 19.30 horas.

LUGAR:  Espacio Abierto FUHEM

Avda de Portugal, 79, posterior

El próximo 12 de diciembre presentaremos este libro que trata de ofrecer una panorámica de la evolución del sector agrario español desde 1900 hasta la actualidad y pretende dar una imagen ajustada a la realidad compleja y multidimensional de la producción agraria.

El actual modelo de crecimiento agrario de España ha sido capaz indudablemente de alimentar a una población creciente con menos trabajo, pero las herramientas tecnológicas que lo han hecho posible han mermado seriamente las posibilidades de reproducción de los agroecosistemas. El actual modelo agroindustrial está empezando a ser seriamente cuestionado desde diversos organismos internacionales que señalan contundentemente su inviabilidad futura. Dicho modelo debe sufrir cambios de envergadura para atender a la alimentación de los más de 9.000 millones de individuos que habrá a mediados de este siglo.

El libro que presentamos trata de ofrecer una panorámica de la evolución del sector agrario español desde 1900 hasta la actualidad y pretende dar una imagen ajustada a la realidad compleja y multidimensional de la producción agraria.

La importancia del enfoque biofísico de la historia del sector agrario español, que aquí se utiliza, supone el desplazamiento del papel central que siempre ha ocupado el crecimiento agrario en el relato tradicional sobre la sostenibilidad del mismo. De ese modo, se pone de manifiesto lo que es posible y lo que no, de acuerdo con el contexto tecnológico existente en cada momento y la dotación de recursos naturales disponibles, y descubre fuerzas del cambio que el análisis monetario al uso resulta incapaz de desvelar.

Contaremos con la presencia de:

Manuel Gonzalez de Molina: historiador agrario, catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla y coautor del libro.

David Soto Fernández: Profesor de Historia e Instituciones Económicas, Universidad de Santiago de Compostela y coautor del libro.

Y como comentarista del libro contaremos con la presencia de José Manuel Naredo, reconocido experto de historia agraria española, economista y estadístico.

Más información:

Evento FB: https://facebook.com/events/748164825685773/

Para confirmar ls presencia: https://www.eventbrite.es/e/entradas-historia-de-la-agricultura-espanola-desde-la-perspectiva-biofisica-81705087115


Agenda Ecosocial

El trabajo de cuidados: historia, teoría y prácticas

FECHA: Viernes, 13 de diciembre.

HORA: 18.30 horas.

LUGAR:  Librería Espai Contrabandos

Carrer de la Junta de Comerç, 20, 08001 Barcelona

El próximo 13 de diciembre presentaremos el libro El trabajo de cuidados: historia, teoría y prácticas y contaremos con la presencia de:

Cristina Borderías, profesora de Historia Contemporánea de la UB.

Teresa Torns: docente del Departamento de Sociología de la UAB.

Presenta el acto: África Planet, editora de FUHEM.

 

 


FUHEM Ecosocial en la COP25

FUHEM Ecosocial estará presente en la Green Zone de la COP25 como miembro integrante de la Red de Centros de Información y Documentación Ambiental - RECIDA.

La Zona Verde, Acción por el clima de La Conferencia de la ONU sobre el Cambio Climático, es un espacio ciudadano, de encuentro y concienciación medioambiental, con el que España quiere contribuir a facilitar la participación de toda la sociedad civil.

La temática de las actividades que se van a realizar en este espacio versarán sobre transición justa, salud, género, finanzas sostenibles, innovación, bosques, ciencia y cambio climático o soluciones basadas en la naturaleza.

La Zona Verde contará con 7 espacios diferenciados:

• Ágora: cuenta con una superficie de 600 m2 con capacidad para unas 250 personas. Aquí estará el espacio turquesa, punto de interconexión entre la zona verde y la zona azul donde se retransmitirán los eventos más relevantes que ocurran en la zona azul para establecer un diálogo y que la sociedad civil en zona verde pueda abrir el debate y su mensaje pueda ser recibido.

• Acción sectorial por el clima: espacio dónde tendrán presencia los patrocinadores de la COP25, que dispondrán de un espacio expositivo no comercial para actividades y servicios ligados a los temas que tratará la Cumbre.

Sociedad civil: espacio dónde se realizarán diversas actividades culturales y participativas.

• Jóvenes: en esta zona tendrán lugar las actividades más relacionadas con temáticas educativas y de sensibilización.

• Innovación y Ciencia: gestionado directamente por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, se mostrarán los avances en materia de innovación en la lucha frente al cambio climático.

• Mare Nostrum: liderado por España, servirá de escaparate para la presentación de proyectos y debate. Este espacio se nutrirá principalmente de actividades y contenidos de las diferentes instituciones públicas del Estado.

• Pueblos Originarios: un espacio liderado por Chile que promoverá el encuentro y la participación de los Pueblos Originarios de Chile en la estrategia global de cambio climático.

FUHEM Ecosocial tendrá un espacio en el Stand nº 3 BIBLIOTECAS VERDES POR EL CLIMA Tesoros para cambiar el mundo del 2 al 7 de diciembre de 2019., donde se organizarán las siguientes actividades:

2 de diciembre de 2019

17:00 -18:00 COLOQUIO Youtubers de educación ambiental

MODERA: Roberto Ruiz Robles

18:00-19:00 Juego de escape sobre ODS Alfonso Peña. CEDREAC

3 de diciembre de 2019

10:00 -11:00 Juego de escape sobre ODS. Alfonso Peña. CEDREAC

12:00 -13:00 Antártida, ciencia y aventura en los confines del mundo. Leopoldo García Sancho. Ed. Pirámide

13:00 -14:00 Juego de escape sobre ODS. Alfonso Peña. CEDREAC

16:00 -17:00 Juego de escape sobre ODS. Alfonso Peña. CEDREAC

4 de diciembre de 2019

11:00 -12:00 Manual de lucha contra el cambio climático. Samuel Martín-Sosa. Ecologistas en Acción

12:00 -13:00 The future of marine life in a changing world. Débora Iglesias-Rodriguez. Uni. California Santa Barbara.

14:00 -15:00 Los Medios de Comunicación como difusores del Cambio Climático. Daniel Rodrigo. Editorial Egregius.

15:00 -16:00 Retransmisión del Informe SOER 2020 desde Bruselas. Rafael Andrés David Fernández. Punto Focal AEMA. MITECO

17:00 -18:00 The future of marine life in a changing world. Débora Iglesias-Rodriguez. Uni. California Santa Barbara.

5 de diciembre de 2019

11:00 -12:00 Cambio climático y biodiversidad. Marta Carracedo. CITA de Aragón

12:00 -13:00 Conocer la Meteorología: Diccionario ilustrado del tiempo y del clima. José Miguel Viñas. Alianza editorial

16:00 -17:00 Presentación de libros de ficción climática de la editorial Episkaia:

  • Layla Martínez.
  • María Bonete.
  • Francisco Serrano.

MODERA: María Garcia la Fuente. Presidenta de Apia

18:00-19:00 Cambio climático y biodiversidad. Marta Carracedo. CITA de Aragón

6 de diciembre de 2019

12:00 -13:00 Presentación del libro Blanco de Tigre, Andrés Guerrer. Ed. SM

7 de diciembre de 2019

12:00 -13:00 ¿Qué hacer en caso de incendio? Manifiesto por el Green New Deal. Hector Tejero y Emilio Santiago. Ed. Capitán Swing

13:00 -14:00 El mundo que nos dejáis. Lucas Barrero. Ed. Destino

16:00 - 17:00 Cambio climático S.A.: cómo el poder (corporativo y militar) está moldeando un mundo de privilegiados y desposeídos ante la crisis climática. Nick Buxton, Ben Hayes (eds), FUHEM Ecosocial. Presenta el lbro Nuria del Viso.

10 de diciembre de 2019

12:00-13:00 Presentación del libro Yo, en el ojo del huracán María. Lecciones para la resiliencia. Narjiss Ben Marzoouk

13:00-14:00 Presentación de los informes del IPCC Cambio climático: tierra y océanos. Alfonso Pino. Punto Focal Nacional del IPCC

11 de diciembre de 2019

11:00 -12:00 Informe SOER 2020. Agencia Europea de Medio Ambiente. Rafael Andrés, David Fernández. Punto Focal AEMA. MITECO.

12:00 -13:00 Juegos meteorológicos. Elena Morato. Agencia Estatal de Meteorología - AEMET.

13:00 -14:00 Boletín de la Sociedad Geográfica Española. Ana Puértolas y Emma Lira.

16:00 -17:00 El mundo que nos dejáis. Lucas Barrero. Ed. Destino

                        Revista Climática. Santiago Sáez.

12 de diciembre de 2019

10:00 -11:00 CENEAM, un mundo de recursos a tu disposición. Rosario Toril. CENEAM

11:00 -12:00 Cambio climático: el reto y las soluciones. Veerle Minner. Climate Reality Project

12:00 -13:00 Revista Ballena Blanca. Clemente Álvarez.

13:00 -14:00 Taller "El Retrete". Catherine Fenton @cfentonart

14:00 -15:00 Tejiendo libros y focas. Asociación de Labores solidarias de la IAIA

16:00 -17:00 Parques Nacionales y Reservas de la Biosfera: la necesidad de comunicar un legado para las generaciones venideras. Manuel Oñorbe. Organismo Autónomo Parques Nacionales

13 de diciembre de 2019

10:00 -11:00 CENEAM, un mundo de recursos a tu disposición. Rosario Toril. CENEAM

12:00 -13:00 Aún no es tarde. Claves para entender y frenar el cambio climático. Andreu Escriva. Ed. Universitat de Valencia

13:30 -14:30 Manual de lucha contra el cambio climático. Samuel Martín-Sosa. Ecologistas en Acción

 

El stand nº 3 se encuentra situado en la zona dedicada a Sociedad Civil

 


España vaciada: claves para la transición

España vaciada: claves para la transición

Charla coloquio

Con motivo de la salida del nuevo número de la revista Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, que indaga sobre los desequilibrios que afectan de diversas maneras a nuestros territorios, FUHEM Ecosocial organiza una charla coloquio el 27 de noviembre en la librería Los pequeños Seres, que centrará la atención sobre la España vaciada.

El medio rural plantea un reto político, social y económico en nuestro tiempo, y pensamos que existen alternativas y claves para repensar y contar su futuro. El acto contará con tres de las voces más relevantes para afrontar esta temática, cuyo perfil permitirá abordar esta complejidad desde una visión territorial, la óptica del feminismo rural o la de los bienes comunes.

Se abordarán diferentes cuestiones:

  • La dicotomía urbano-rural, que se encuentra en la base de la segregación.
  • El metabolismo disfuncional de las grandes urbes.
  • Los conflictos que plantea y las falsas soluciones que se presentan.
  • Las posibles claves en términos de transición para revertir estos procesos que atentan contra la calidad de vida de las personas y el equilibrio de los ecosistemas.

Os invitamos a acompañarnos para debatir sobre la España vaciada con:

Luis del Romero: Profesor del departamento de Geografía de la Universidad de Valencia.

Autor del artículo: El arte de vivir sin gobierno. conflicto, negocio y despoblación del medio rural, incluido en el ESPECIAL Periferias.

Elisa Oteros: Investigadora en la Cátedra de agroecología y sistemas alimentarios de la Universidad de Vic.

Participa en el DIÁLOGO: Un panel de seis expertas y expertos que reflexionan sobre la España rural vaciada y degradada. Diálogo con Elisa Oteros-Rozas, Luis Camarero, Virginia Hernández, Sergio del Molino, Lucía Marco y Valentín Cabero.

José Luis Vivero Pol: Especialista en seguridad alimentaria en el Programa Mundial de Alimentos (PMA)

Autor del artículo: La España vacía está llena de bienes comunes. Espacios de innovación para economías y relatos diferentes.

Modera: Monica Di Donato, investigadora del equipo de FUHEM Ecosocial.

Coordinadora del DIÁLOGO.

RECUERDA:

Fecha: Miércoles 27 de noviembre 18:30 horas

Hora: 18.30 h.

Lugar:  Librería Los pequeños seres,

Ribera de Curtidores 37, 28005 Madrid

 

 


Sobre periferias en expansión

Sobre periferias en expansión

Manuel Delgado y Carolina Márquez

Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, núm. 147, otoño 2019, pp. 37-48.

En este texto se reflexiona acerca de la expansión de los espacios periféricos, a escala de países y de áreas urbanas, acentuada desde principios del siglo XXI como resultado de la búsqueda de nuevas fronteras para la acumulación bajo el predominio del capital financiero. Espacios definidos como “zonas de sacrificio” –imagen invertida de los territorios donde se localizan las actividades hegemónicas y los procesos de toma de decisiones–, que experimentan  nuevos episodios de conquista, captación y predación de riqueza a gran escala. La apropiación de partes crecientes del mundo natural y social está asociada a intensos procesos de expulsión, exclusión y marginación frente a los que emergen nuevas resistencias, y nuevos espacios de comunidad  y sociabilidad.

Las reglas del juego económico y la búsqueda de nuevas fronteras para la acumulación de capital dan lugar a una expansión de los espacios periféricos que se intensifica y adquiere nuevas dimensiones desde comienzos del siglo XXI. Entendidos estos espacios como imagen invertida de los espacios centrales donde se localizan las actividades hegemónicas y los procesos de toma de decisiones, en lo que sigue se hace referencia a la expansión de estas periferias tanto en términos de países –Norte-Sur–, en una primera parte, como dentro de los espacios urbanos, en la segunda.

Periferias neocoloniales

La génesis del mundo moderno coincide, como señaló Wallerstein,1 con el período en el que Europa se sitúa en el centro de un sistema-mundo que se expande y se consolida a partir de la conquista de América, de modo que la hegemonía europea con la que se inicia el predominio del Norte se construye en los siglos XVI al XVIII a partir del sometimiento de las realidades del Sur. Desde el inicio, modernidad y colonialidad van a ir de la mano.

Este período supuso una depredación sin precedentes de los pueblos y los ecosistemas indígenas; un saqueo calificado por muchos de genocidio y ecocidio.2 Con la implantación de las explotaciones mineras y los monocultivos, tierras antes utilizadas y naturalmente dotadas para producir alimentos pasaron a ser “regiones de hambre” y ecosistemas esquilmados. La esclavitud fue también pieza clave en esta primera etapa del desarrollo del capitalismo; «el medio por el que Occidente alcanzó una posición de dominio sin igual»,3 con un comercio triangular que desde Europa llevaba a África mercancías  intercambiadas por esclavos vendidos en América para extraer las materias primas de las primeras manufacturas europeas. Las ganancias así obtenidas fueron, como se sabe, una contribución esencial a la extensión del mercado mundial y a la internacionalización del tráfico de mercancías; fundamento de la acumulación de capital que financió la Revolución Industrial en Europa.4  El origen del “desarrollo” del Norte va a tener en gran medida como contrapartida el pillaje de los pueblos del Sur.

Este pillaje tiene lugar bajo un entramado de explotación/dominación al que Anibal Quijano denomina patrón de poder colonial o «colonialidad del poder»:5 «imposición de una clasificación racial/étnica de la población del mundo como piedra angular del patrón mundial de poder capitalista».6 Un principio organizador desde el que se naturaliza y se legitima el dominio eurocentrado del sistema-mundo,  a la vez que se da por sentada la inferioridad de los pueblos colonizados.

La colonialidad impregna los principales ámbitos de la existencia y juega un papel fundamental en la imposición de una dedicación subalterna para las poblaciones y los territorios del Sur: la de abastecedores de materias primas para alimentar las necesidades del crecimiento y la acumulación en las economías del Norte. Esta dedicación, lejos de ser elegida, o resultado del “libre” comercio, fue impuesta por la fuerza desde la conquista, a través de un crudo ejercicio de poder.

Los centros metropolitanos generaron así periferias,7  que vienen a ser espacios de saqueo y expolio, “zonas de sacrificio” que empiezan a existir para el aprovisionamiento de otros; territorios cuyas dinámicas económicas responden a la adaptación a necesidades ajenas. Áreas en las que los rasgos de sus economías se definen a partir de un estado de carencia que los coloca en un lugar atrasado de una escala única por la que hay que ascender.

Lejos de ser elegida, o resultado del “libre” comercio, la dedicación de los territorios  del Sur para alimentar las necesidades del crecimiento y la acumulación en las economías del Norte fue impuesta por la fuerza desde la conquista

Espacios  también de lo negado que existen por referencia a aquello que no son. Desde entonces, millones de personas «dejan de ser lo que eran, con toda su diversidad y se transforman, como por encanto, en la imagen invertida de la realidad de otros, una imagen que los desprecia y los envía al final de la cola, que define su identidad, la de una heterogénea y diversa mayoría, en los términos de una homogeneizante y estrecha minoría».8 Su pasado fue borrado y su historia posterior se distorsiona tratando de encajarla en la del modelo a seguir, al tiempo que se socavan las condiciones que sostienen sus sistemas de referencia, con la imposición de nuevas formas de percibir y de existir. Sus culturas, sus maneras de entender la vida y de vivir, pasan a ser, desde el paradigma dominante, un obstáculo que les impide salir de su desventajosa situación.

Desde este patrón de poder colonial, la imposición del modelo patriarcal europeizante sobre las poblaciones autóctonas alteró también de manera sustancial las anteriores relaciones de género. Entre otros efectos, la llegada de la jerarquía colonizador/colonizado, siendo los hombres interlocutores privilegiados en esta relación, aumentó la presión dentro del patriarcado previo, perdiendo peso las formas de intervención del espacio doméstico y de las mujeres sobre lo público y agrandándose la distancia opresiva. Estos procesos han dado lugar a situaciones específicas generadoras de identidades de género propias de las realidades del Sur.9

De modo que la colonialidad, como atropello, puede entenderse como el lado oscuro de la modernidad, la cara más cruda de la violencia y la irracionalidad: «nada menos racional que la pretensión de que la específica cosmovisión de un grupo particular sea impuesta como la racionalidad universal».10

Se pone así en marcha un modelo depredador en el que la riqueza apropiada por el Norte termina cristalizando en pobreza para las economías del Sur, alimentándose «la maldición de la abundancia».11  Un modelo que traduce la necesidad de expansión del sistema y el salto del metabolismo en las metrópolis industriales hacia un uso creciente de materiales y energía, fuertemente acelerado desde 195012 e intensificado aún más con la globalización.13 La extracción de materiales se ha cuadruplicado de 1970 a 2017, en un continuo proceso de “rematerialización” de la economía en términos absolutos, acentuada aún más desde principios del siglo XXI.14  Este nuevo impulso del extractivismo, asociado en parte a nuevas tecnologías y nuevos materiales demandados,15 se potencia desde una expansión del valor monetario de los activos financieros (financiarización), entre los cuales se incluyen también los propios recursos naturales, generándose así un incremento de la capacidad de compra sobre el mundo que arrastra el crecimiento del comercio y de los flujos físicos.16

La colonialidad, como atropello, puede entenderse como el lado oscuro de la modernidad, la cara más cruda de la violencia y la irracionalidad

La explotación a gran escala de la naturaleza se intensifica por todo el planeta y avanzan las fronteras extractivas sobre nuevos espacios, teniendo lugar esta “rematerialización” en paralelo a una creciente escisión o separación espacial entre extracción y procesos de acumulación de capitales, mercancías y poder, de la que es reflejo el sustancial decrecimiento del peso de Europa, América del Norte y Japón en el total extraído; de localizar cerca de la mitad (46%) de la extracción mundial de materiales y energía en 1970 esta zona del Norte global pasa a solo un 17,4% en 2017.17

El papel de las periferias18  como áreas de extracción y de vertido se acentúa desde el inicio del siglo XXI, con procesos de clara “reprimarización”19 de muchas de sus economías dentro de una nueva fase –“neoextractivismo”–,20 en la que se “conquistan” nuevos territorios antes considerados “improductivos”, adquiriendo la extracción nuevas dimensiones en la cantidad, la escala y el carácter depredador de los proyectos, en la agresividad de las tecnologías utilizadas, en los actores involucrados y en la magnitud de los conflictos y las resistencias.

La mayor dedicación de las economías periféricas a la exportación de materias primas supone el avance de grandes plataformas agroexportadoras,21 o la proliferación de megaproyectos mineros o petroleros, localizados en enclaves extractivos crecientemente desconectados del resto de las actividades locales, de modo que el crecimiento económico asociado al auge de estas actividades exportadoras, lejos de ser un vehículo para la convergencia como presupone la economía convencional, termina siendo un mecanismo de polarización económica y social que distancia estas economías de las economías centrales, pro- fundizando, dentro de un círculo vicioso, su especialización primaria, su dependencia –del capital global y de los “ciclos de acumulación”– y su marginación.22

Este avance del neoextractivismo se concreta en la apropiación de partes cada vez mayores del mundo natural y social que pasan a ser gobernadas desde la lógica del capital financiero por imperios corporativos y grandes fondos de inversión. Los bienes comunes terminan convertidos en activos “estratégicos”, en espacios de captación y predación de riqueza a gran escala en una versión nueva del antiguo patrón de apropiación colonial. Todo ello con nuevas lógicas de expulsión23 que afectan a partes esenciales de la biosfera, acaparadas y devastadas, y a pueblos y comunidades desplazados de sus espacios de vida y desposeídos de sus medios de subsistencia. Agudizándose en este contexto la violencia patriarcal y la vulnerabilidad de las mujeres.24

Nos encontramos así con nuevas formas de colonialismo en las que se profundizan los “cercamientos” y la usurpación de bienes comunes en una ofensiva extractivista con la que se extienden la violación de derechos, la violencia y las guerras por la apropiación y el control de los recursos25  de modo que, en esta etapa terminal del capitalismo, las relaciones centro-periferia vuelven, en gran medida y con renovadas formas, a la barbarie de sus orígenes.

El papel de las periferias como áreas de extracción y de vertido se acentúa desde el inicio del siglo XXI, con procesos de clara “reprimarización”  de muchas de sus economías dentro de una nueva fase en la que se “conquistan” nuevos territorios

Esta nueva fase, respaldada desde los Estados y las instituciones y organismos internacionales, ha encontrado una favorable acogida en los propios países periféricos, en los que las élites políticas han visto en este auge del extractivismo una vía de aproximación al “desarrollo”; en una visión que se comparte desde los gobiernos “progresistas” de “izquierda”, que cargados de fe en el “progreso”, en la linealidad de la historia y en el “avance de las fuerzas productivas”, en la práctica no cuestionan el lugar que ocupan sus países en la división internacional del trabajo ni la hegemonía del capital transnacional.26

Este “apego” al extractivismo no es ajeno, como viene subrayando José Manuel Naredo,27 al papel encubridor que juega la ideología económica dominante, en la que la metáfora de la producción y el objetivo de su crecimiento ocultan, tras el velo del reduccionismo monetario, los procesos de mera extracción y apropiación y los daños físicos y sociales a ellos asociados. Queda así en la oscuridad el carácter esencialmente extractivista de la modernidad y el capitalismo y su vinculación con la crisis civilizatoria que atraviesa nuestro tiempo y terminan soslayándose cuestiones tan obvias como la estrecha relación entre cambio climático (síntoma) y extractivismo (origen). Una vinculación que resalta la incongruencia entre “luchar contra el cambio climático” y seguir alimentando los extractivismos.

Esta parte de la ideología dominante encubridora del intercambio desigual es un reflejo de la dimensión epistémica de la colonialidad: la “colonialidad del saber” ejercida desde el Norte global, que pone en evidencia las dos caras del proceso colonizador: por una parte el privilegio epistémico que resulta de la imposición, desde el conocimiento particular generado en un espacio y en un tiempo concreto, de un conocimiento considerado universal, objetivo, neutral y superior, y por otra la inferioridad epistémica asociada a los conocimientos de los pueblos del Sur. “Extractivismo epistémico” para algunos.28 Una hegemonía cultural que refuerza y legitima la maquinaria económica y política, y que niega, invisibiliza y desprecia otras maneras de entender la vida y de vivir, otras culturas muchos de cuyos elementos resultan hoy claves para poder construir alternativas emancipatorias.

Nuevas periferias urbanas

En el ámbito urbano, las formas de apropiación y de expulsión se han expandido y diversificado hasta el paroxismo: nuevas fronteras de “extracción”29 urbana y expansión y modificación del carácter de las antiguas. Socialmente, se multiplican los excluidos, los desposeídos, en un contexto en el que, como señala Sassen30  «crecer económicamente significa empujar gente afuera»; «una especie de versión económica de limpieza étnica» que se dirime ahora a escala mundial y que se refleja claramente en el espacio urbano.

«Si se deja actuar libremente al capital, la ciudad se convierte en un lugar de depredación», así resumía su experiencia como alcalde de Bogotá (Colombia) Gustavo Petro después de gobernar entre 2012 y 2015 en representación del Movimiento Ciudadano Progresista.31

Entre las múltiples nuevas fronteras extractivas urbanas destaca la inducida por la especulación inmobiliaria a gran escala ligada a la financiarización de la economía. Sólo en el año 2013-2014 la compra corporativa de propiedades ya existentes superó, a escala mundial, los 600.000 millones de dólares en las 100 principales ciudades receptoras de inversiones, y 1 billón de dólares (aproximadamente el PIB del estado español) un año más tarde, y esta cifra incluye solo adquisiciones importantes (por encima de 5 millones de dólares).32

Estas inversiones, por otro lado, no incluyen los «nuevos  desarrollos urbanos», gigantescos megaproyectos o «compras corporativas de piezas enteras de ciudades»,33 que superan ampliamente la inversión mundial en los activos inmobiliarios anteriormente citados. El resultado de esta voracidad inversora ha sido, y está siendo, una crisis habitacional sin precedentes en la historia humana de la urbanización.

Como señala Vásquez Duplat en relación a la ciudad de Buenos Aires, entre 2001 y 2010 se construyeron 20 millones de metros cuadrados, de los cuales el 43% correspondió a vivienda de lujo y suntuosa; a pesar de que la población no crece desde hace 20 años, entre 2001 y 2014 el crecimiento poblacional de villas, asentamientos y núcleos habitacionales transitorios (hábitat precario) creció en un 156%; el incremento del precio del suelo fue de un 281% y el 20% del parque habitacional se encuentra deshabitado. Hay en la ciudad 150.000 viviendas vacías.34  Este es un escenario global. La crisis habitacional se ha convertido en un fenómeno que define a la ciudad actual. Los gobiernos siguen midiendo el éxito urbano en la guerra competitiva global a través del indicador «precio del m2 de suelo urbano»; mientras tanto, la ciudad mercancía multiplica a los desposeídos  por doquier: expulsados del campo primero (megaminería, acaparamiento de tierras, migrantes ambientales…) con el sueño de “la ciudad os hará libres”, para pasar a la pesadilla de ser excluidos también en la ciudad.

Otra nueva frontera extractiva urbana tiene que ver con el proceso de privatización de los espacios y servicios comunes y públicos, elementos que fueron esenciales para la reproducción social en el fordismo y que ahora se han puesto en manos del mercado: plazas, calles y espacios comunes convertidos en grandes terrazas privatizadas y en nuevos centros comerciales abiertos; eliminación de zonas verdes (p.e. conversión en aparcamientos); espacios de encuentro e interacción social transformados en verdaderos parques temáticos; nuevos espacios comerciales y de ocio, “artefactos de la globalización” que hacen el papel de las antiguas catedrales; privatización de la vivienda, el transporte y otros servicios urbanos.

Nuevas fronteras de extracción que están dando lugar a ciudades duales, elitistas, excluyentes y violentas, donde la población, origen de las economías de aglomeración, está siendo crecientemente privada del «derecho a la ciudad». Como en la película de F. Lang, Metrópolis (1927), los trabajadores-esclavos,  que mantienen en pie a la ciudad, no son visibles; viven en el subsuelo (periferia) y nunca salen a participar de las ventajas, lujos, comodidades y servicios que ofrece la ciudad.

Un ejemplo claro de esta dinámica son las nuevas ciudades logísticas. La intensificación de la extracción de materiales y energía vinculada a la globalización ha dado lugar, particularmente en los países del Sur global, al surgimiento de las llamadas ciudades logísticas: centros multimodales de transporte convertidos en nodos estratégicos de las nuevas cadenas de suministro globales. Como señala Arboleda35 refiriéndose a las ciudades del norte minero de Chile, «más que una aglomeración urbana, la ciudad [logística] se experimenta como un aparato mecánico autónomo que constantemente introduce los flujos de extracción –minerales, capital fijo, trabajo vivo– a un gigante sistema circulatorio […]. Los desbordantes sistemas sociotécnicos –sobrecogedores en su escala espacial, dinamismo operativo y sofisticación  tecnológica– que convergen en la ciudad yacen fuera de todo control humano. La sensación  es que un poder hostil, remoto y autónomo rige ahora la vida de la ciudad».

Mediante el papel encubridor que juega la ideología económica dominante, queda en la oscuridad el carácter esencialmente extractivista de la modernidad y el capitalismo y su vinculación con la crisis civilizatoria que atraviesa nuestro tiempo

Con la transformación logística de la ciudad, toda la vida social y natural de la misma queda subordinada a las necesidades de la cadena logística global: los trabajadores portuarios son expulsados como consecuencia  de la automatización, o precarizados con contratos de 8 horas, renovados normalmente cada día; la contaminación del aire y del agua afecta al medio ambiente y a la salud pública; la reorganización del espacio de la ciudad para dar prioridad absoluta a la actividad logística y sus imperativos –flujo, velocidad y conectividad– excluye otros usos y actividades tradicionales; los trabajadores pobres que sirven a la actividad logística terminan siendo expulsados de la ciudad y ubicados en periferias cada vez más lejanas. La cadena logística es crecientemente privatizada y militarizada. En este contexto de creciente precarización laboral y degradación social y ambiental, las protestas y revueltas se han hecho cada vez más comunes. Sin embargo, «atacar físicamente los flujos puestos en marcha por las cadenas globales de suministro equivale nada menos que a atacar el sistema político como un todo».36 Los habitantes de la ciudad logística se convierten de este modo en un peligro y una amenaza  para el “desarrollo” y la “gobernanza” de su propia ciudad.37 Crecimiento urbano y apropiación, desarrollo económico y exclusión se convierten así en las dos caras de una misma moneda en el proceso actual de urbanización global; un planeta urbano crecientemente dominado por “ciudades miseria”.38

Los gobiernos siguen midiendo  el éxito urbano en la guerra competitiva global a través del precio del m2 de suelo urbano; mientras tanto, la ciudad mercancía multiplica  a los desposeídos por doquier

El papel del Estado en todas estas nuevas formas de extractivismo ha sido central: ha renunciado a la planificación urbana,39  al control del mercado de alquileres y vivienda;40  no ha impedido e incluso ha promovido directamente los desalojos; se ha deshecho del patrimonio público con la excusa de financiar otras políticas “sociales” que luego no fueron tales o no se llevaron a cabo; ha promovido directamente el desarrollo de megaproyectos que handado lugar a espectaculares “pelotazos urbanísticos”;41 ha desarrollado costosísimas infraestructuras urbanas (metros, tranvías…)  convertidas a la postre en lucrativos activos financieros; ha alimentado la gentrificación en sentido amplio.42 El Estado se ha convertido en el principal promotor de la especulación  inmobiliaria y el extractivismo  urbano.43

Particularmente significativo en este sentido está siendo, desde hace ya varias décadas, el desarrollo por parte de países e instituciones financieras internacionales de masivos y colosales programas de desarrollo infraestructural sin precedentes, a escala global y cuyo objetivo es triple:

1) la integración económica entre áreas de extracción y consumo facilitando un flujo creciente de materiales, energía e información a escala mundial;

2) la creación de nuevos mercados financieros en el ámbito de las infraestructuras que permitan dar salida al exceso extraordinario de liquidez existente y al apetito voraz de los nuevos fondos de infraestructuras;44

3) aunque en menor medida, una salida a la crisis de sobreproducción, particularmente importante en el caso de China (sobrecapacidad  en el sector del acero, cemento, vidrio...). Ejemplos de esta dinámica serían la nueva Red Transeuropea de Transportes,  la Integración de la Infraestructura Regional Sudamericana  –IIRSA–,  el Programa para el Desarrollo de Infraestructura en África –PIDA–,  o el más significativo, «One belt, one road» del gobierno chino. La «Nueva Ruta de la Seda» del s. XXI conectará Europa, Oriente Próximo y África por vía terrestre y marítima, impactando de manera directa al 70% de la población mundial, el 55% del PIB global y el 75% de las reservas de energía conocidas, con un coste total de 21 billones de dólares (más de seis planes Marshall). Un paradigma del carácter colonial de las infraestructuras y elemento clave en la expansión de las fronteras extractivas y las nuevas periferias.45

Consideraciones finales

Las nuevas periferias traen también nuevas formas de resistencias,  de movilización y participación social que tienen una dimensión relevante en la defensa de los territorios como respuesta a las agresiones que llegan desde un sistema cuya reproducción y expansión tiene lugar, cada vez con mayor virulencia, a costa de destruir las condiciones en las que la vida se desenvuelve. También como rechazo a la creciente intolerancia y represión de la disidencia. En oposición al modelo imperial dominante46 y construidos desde abajo, emergen procesos, «espacios de comunidad y formas de sociabilidad; campos de experiencia colectiva que reivindican la producción y reproducción de lo común más allá del Estado y el mercado».47

Dentro de estas contestaciones cobran fuerza los movimientos urbanos y de comunidades y pueblos del Sur que tratan de repensar y construir el mundo desde las experiencias y las epistemologías de lo subalterno; desde la defensa de la diferencia cultural –pluriversalidad– como fuerza transformadora. Desde realidades donde la colonialidad del poder y sus efectos hacen más evidente la necesidad de socializarlo para hacer frente a los conflictos entre el capital y la vida, tejidos en los ámbitos del trabajo, el género, “la raza” y la naturaleza. Allí donde frente a las dependencias asociadas a su situación periférica, cobran mayor significación la autogestión y la autonomía.

En estos marcos de acción colectiva tienen un creciente protagonismo los movimientos feministas y, dentro de ellos, propuestas como las de “descolonizar el feminismo”48 que enfatizan la necesidad de contextualizar las formas que asumen las relaciones de género para escapar de la tentación universalista y reconocer los modos en los que los conflictos locales están insertos en procesos globales de dominación.

Todos estos movimientos comparten cada vez en mayor medida propuestas que conlle- van una gestión colectiva de los bienes comunes desde la igualdad y en beneficio del cui- dado de la vida. Formas de evitar al menos las peores perspectivas hacia las que nos llevan la modernidad y el capitalismo en su fase terminal. “Para evitar la barbarie”.49

Manuel Delgado y Carolina Márquez son profesores de Economía Aplicada de la Universidad de Sevilla.

Acceso al artículo en formato pdf:  Sobre periferias en expansión

NOTAS:

1 I. Wallerstein, El moderno sistema mundial, vol. I, Ed. Siglo XXI, 1991.

2 F. Broswimmer, Ecocidio. Breve historia de la extinción en masa de las especies, Ed. Laetoli, 2005.

3 M. Zeuske, Esclavitud. Una historia de la humanidad, Ed. Katakrac, 2018, p. 127.

4 E. Williams, Capitalismo y esclavitud, Ed. Traficantes de Sueños, 2011 (1ª ed. en inglés: 1944).

5 Se utiliza el término colonialidad para expresar que el rasgo colonial del poder pervive más allá de la desaparición formal de las colonias.

6 A. Quijano, «Colonialidad del poder y clasificación social», en S. Castro y R. Grosfoguel (eds), El giro decolonial, Siglo del Hombre, Bogotá, 2007, p.93.

7 Esta dualidad fue interpretada desde el estructuralismo latinoamericano, liderado por Raúl Prebisch (CEPAL)  y por los «dependentistas» en términos de Centro y Periferia. Con algunas diferencias en cuanto   a  las posibles salidas para resolver la situación de las economías periféricas, compartieron como denominador común el reduccionismo monetario en su visión de lo económico, y el «desarrollismo» como necesidad de replicar el modelo del Centro en la Periferia.

8 G. Esteva,  «Development» en Wolfgang Sachs,  (ed). The Development Dictionary. A Guide to Knowledge as Power, Ed. Zed Books, Londres, 2000, p. 7.

9 R.L. Segato, «Género y colonialidad: en busca de claves de lectura de un vocablo estratégico descolonial», en K. Bidaseca, y V. Vázquez, (comps.) Feminismo y poscolonialidad, Ed. Godot, Buenos Aires, 2013; M. Galcerán Huguet, La bárbara Europa. Ed. Traficantes de sueños, Madrid, 2016.

10 A. Quijano, «Colonialidad y modernidad/racionalidad», en Perú Indígena, 13(29):11-20, p. 20.

11 A. Acosta, La maldición de la abundancia, Ed. Abya-Yala, Quito, 2009.

12 A. Shaffartzik, A. Mayer, S. Gingrich, N. Eisenmenger, C. Loy y F. Krausmann,  «The global metabolic transition: regional patterns and trends of global material flows, 1950-2010»,  Global Environmental Change, vol. 26, mayo de 2014, pp. 87-97, 2014.

13 J. Infante, «La desmaterialización de la economía mundial a debate. Consumo de recursos y crecimiento económico (1980-2008)», Revista de Economía Crítica, núm. 18, pp. 60-81, 2014.

14 Datos obtenidos en el portal digital Materialflows.net.

15 El incremento del precio de los productos primarios y el papel de las economías  “emergentes”,  sobre todo China han sido también factores significativos en esta reactivación del extractivismo.

16 O. Carpintero y J.M. Naredo, «Sobre financiarización y neoextractivismo», en Papeles de relaciones ecosociales y cambio global, núm. 143, 2018, pp. 97-108.

17 Materialflows.net

18 Fuera de esos tres espacios se incluyen las llamadas economías “emergentes” (fundamentalmente los BRICS), semiperiferias o subcentros con estrategias expansionistas relativamente autónomas, aunque en gran medida mantengan su condición periférica y subordinada con respecto  a los centros del capitalismo hegemónico. Puede  verse  A. Sotelo, «Subimperialismo y dependencia en la era neoliberal», Cuaderno CRH, vol. 31, núm. 84, 2018, pp 501-517. El caso de China es singular; como Japón, cuando tiene lugar su integración en la economía mundial nunca antes había tenido la condición de economía colonial o dependiente en el sentido del resto de las economías periféricas.

19 En un proceso de reorientación de los recursos hacia actividades de escaso valor añadido, con un aumento de la participación de las materias primas en el total exportado. A. Slipak, «¿De qué hablamos cuando hablamos de reprimarización?», Jornadas de Economía Crítica, Universidad de Cuyo, Mendoza (Argentina), 2013.

20 M. SvampaLas fronteras del neoextractivismo en América Latina, Universidad de Guadalajara/CALAS, Wetzlar (Alemania), 2019.

21 Del que puede ser un paradigma la plataforma agroexportadora de soja en Latinoamérica, cuya superficie se ha más que duplicado desde el año 2000 hasta superar en 2018 los 60 millones de hectáreas según los datos incluidos en FAOSTAT.

22 Es el círculo al que André Gunder Frank llamó «desarrollo del subdesarrollo».

23 S. Sassen, Expulsiones. Brutalidad y complejidad en la economía global, Ed. Katz, Buenos Aires, 2015.

24 M. Svampaop. cit.; E. Pineda y A. Moncada, «Violencias y resistencias de las mujeres racializadas en los contextos extractivistas mineros de América Latina», Revista Observatorio Latinoamericano y Caribeño, núm. 2. 2018.

25 M. Walter, «Extractivismo, violencia y poder», Papeles de relaciones ecosociales y cambio global, núm. 143, 2018, pp. 47-En el caso de África, puede verse O. Carpintero, I. Murray y J. Bellver, «The New Scramble for Africa: BRICS Strategies in a Multipolar World», Research in Political Economy, vol. 30B, 2016, pp. 191-226.

26 No sólo en la fase de auge de los precios de las materias primas se promovieron los proyectos extractivistas;  la caída de los precios de las materias primas llevó a los gobiernos a incrementar la puesta en marcha de estos proyectos. Véase M. Svampa, op. cit. y E. Gudynas, «Teología de los extractivismos», Tabula Rasa, núm. 24, 2016, pp.11-23.

27 En J.M. Naredo, La economía en evolución. Historia y perspectivas de las categorías básicas del pensamiento económico, Ed. Siglo XXI, 2015, o en J.M. Naredo, La taxonomía del lucro, Ed. Siglo XXI, 2018.

28 R. Grosfoguel,  «Del  extractivismo económico al  extractivismo epistémico y  ontológico», Revista  Internacional  de Comunicación y Desarrollo, núm. 4, pp. 33-55, 2015.

29 El concepto de «extractivismo urbano» es una «nueva metáfora que retoma la esencia de otros tipos de extractivismos ligados al ámbito natural [...] El extractivismo en las ciudades está vinculado con la apropiación de excedentes de capital que se dan en y a través del espacio urbano y cuya característica fundamental es que, en líneas generales, esos excedentes que se apropian privadamente (ligados a poderes concentrados) se producen de forma colectiva. Lo que se apropia en la ciudad –con la misma lógica predatoria que se ejerce sobre los recursos naturales– son las rentas que genera el espacio urbano», G. Granero Realini, «Extractivismo urbano: aportes desde el Derecho a la Ciudad», en A.M. Vásquez Duplat, op. cit., 2017, p.70.

30 S. Sassen, op. cit. 2015. p.92.

31 P. Petro, «La Bogotá humana: un modelo de ciudad para el s.XXI», en A.M. Vásquez Duplat (coord.), Extractivismo urbano, Ed. El colectivo, 2017, p. 157.

32 S. Sassen. «Who owns our cities and why this urban takeover should concern us all», The Guardian, 24 de noviembre de 2015.

33 Ibidem

34 A.M. Vásquez Duplat, op. cit., 2017. p.108.

35 M. Arboleda, «Extracción  en movimiento: circulación del capital, poder estatal y urbanización logística en el norte minero de Chile», Investigaciones Geográficas, 56, pp. 3-26, 2018, p.16.

36 Más que un hecho aislado, la represión policial se ha vuelto cada vez más común en los espacios de extracción latinoamericanos. M. Arboleda, op. cit., p.18.

37 “La actividad logística se vuelve inmune al control democrático local y es profundamente moldeada por formas de gobernanza centralizadas, autoritarias y crecientemente militarizadas” M. Arboleda, op. cit.

38 M. Davis, Planeta de ciudades miseria, Foca, Madrid, 2006.

39 Esto es, al desarrollo de un modelo global de ciudad en el que lo público, como en la etapa fordista, tenga un papel central, así como la legitimidad política y la redistribución, sin renunciar al objetivo prioritario del crecimiento. La nueva planificación urbana –estratégica– o no planificación concibe la ciudad como una mina cuyo desarrollo, a base de convenios urbanísticos, no necesita ser ordenado ni planificado con criterios políticos.

40 Se ignora la función social del suelo urbano y se sacraliza el derecho de propiedad sobre los derechos sociales.

41 Véase: J.M. Naredo, y F. Aguilera Klink, Economía, Poder y Megaproyectos, Fundación César Manrique, 2009, y M. Delgado y L. Del Moral, Los megaproyectos en Andalucía, relaciones de poder y apropiación de riqueza, Aconcagua, 2016.

42 Cualquier intervención que pretenda erradicar, acotar o relocalizar vecinos para darle al suelo urbano más valor.

43 A.M. Vásquez Duplat, op. cit.

44 Standard  & Poor´s,  Out  of  the  shadows:  the  rise  of  alternative  financing  in  infrastructure, 2013,  disponible en:

https://www.theglobaltreasurer.com/2013/02/18/out-of-the-shadows-the-rise-of-alternative-financing-in-infrastructure/.

45 C. Márquez, «La IIRSA (Integración de la Infraestructura Regional Sudamericana) y los nuevos procesos de integración regional: ¿desarrollo autónomo o reprimarización de las economías del sur de América Latina?», ponencia en el congreso internacional El extractivismo en América Latina, Universidad de Sevilla, 2017.

46 Santiago Álvarez Cantalapiedra  utiliza el concepto de modo de vida imperial, un estilo de vida y unos patrones de producción, distribución y consumo, en «Extractivismos, modo de vida imperial y violencia», Papeles de relaciones ecosociales y cambio social, núm. 143, 2018, pp. 5-11.

47 M Svampa op.cit., pp. 57.

48 E. Suárez y R. Aída (eds.), Descolonizando el feminismo. Teorías y Prácticas desde los márgenes, Ed. Cátedra, 2008. Véase también M. Galcerán Huguet, op. cit., 2016.

49 J. Riechmann, A. Matarán y Ó. Carpintero (coords.), Para evitar la barbarie. Trayectorias de transición ecosocial y de colap- so, Ed. Universidad de Granada, 2018

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Extractivismo, megaproyectos y violencia

  • Cuándo: 21 de noviembre 2019, 18: 30 h
  • Dónde: Espacio Abierto FUHEM. Avda de Portugal, 79, posterior. 28011 Madrid
  • Evento en Facebook

A pesar del mito de la desmaterialización de la economía, la extracción de bienes naturales —incluyendo los recursos energéticos— está en alza desde finales del pasado y principios de este siglo.

Esto de debe al fuerte incremento de la demanda en países centrales y emergentes. Compañias transnacionales, mayoritariamente privadas, son los principales agentes en esta cadena que termina en los países postindustriales.

La extracción actual reúne varios rasgos singulares que la diferencian de la realizada en el pasado, y que la caracterizan como “extractivismo”. Entre estas características figura el volumen e intensidad de la extracción, con enormes impactos socioecológicos; escaso o nulo procesamiento en el lugar de origen, y su destino es principalmente la exportación a los mercados globales.

Esta situación refuerza una división internacional del trabajo con graves desequilibrios entre unos territorios donde se expolian sus riquezas naturales y otros donde se procesan y se consumen los bienes, reforzando el planteamiendo enormemente desigual entre territorios centrales y territorios periféricos, ya sea dentro de un país o a escala internacional.

Para dar a conocer y analizar estas cuestiones, FUHEM Ecosocial organiza el próximo 21 de noviembre a las 18.30 horas un acto que bajo el título Extractivismo, megaproyectos y violencia recibirá la visita de dos activistas procedentes de México, que afrontan en primera persona los impactos del extractivismo energético y la presión que ejercen las transnacionales en sus territorios. Acompañarán a nuestras invitadas una fila cero formada por destacados investigadores y pensadores  que plantearán cuestiones clave en torno al extractivismo, sus implicaciones, los vínculos con la actual crisis climática y posibles rutas de respuestas alternativas.

Para ello contaremos con la presencia de:

Fila cero con la participación de:

  • Jorge Riechmann. Profesor de Filosofía Moral de la UAM.
  • Alberto Matarán. Profesor de Urbanística y Ordenación del Territorio, de la Universidad de Granada.
  • Adrián Almazán. Doctor en Filosofía y miembro del Grupo de Reflexión Autónomo La Torna.
  • Modera la mesa: Nuria del Viso. Investigadora de FUHEM Ecosocial.

Recuerda: 

  • Fecha: 21 de noviembre 2019
  • Hora: 18.30
  • Lugar: Espacio Abierto FUHEM. Avda de Portugal, 79, posterior. 28011 Madrid. Metro Puerta del Ángel.

Diálogo: la España rural vaciada y degradada

Panel de seis expertas y expertos reflexiona sobre la España rural vaciada y degradada. Diálogo  entre  Elisa Oteros-Rozas,  Luis Camarero, Virginia Hernández, Sergio del Molino, Lucía López Marco y Valentín  Cabero

Monica Di Donato

Los desequilibrios territoriales  en el Estado español entre grandes ciudades, por un lado, y el mundo rural y pequeñas capitales de provincia por otro ha adquirido notoriedad como problema de primer orden solo recientemente, aunque el problema viene de atrás. Se constata la alarmante despoblación de zonas del interior y el “olvido” de amplias franjas del territorio en servicios básicos y en una estructuración económica viable. En esta conversación coral entre seis de las principales  voces en este asunto se examinan algunas de las cuestiones más relevantes, como la dicotomía rural-urbano que sostiene la segregación, el disfuncional metabolismo de las grandes urbes y posibles medidas para revertir estos procesos.

Monica Di Donato (MDD): Recientemente,  el  debate  sobre las problemáticas inherentes al mundo rural se ha vuelto de actualidad. Fenómenos como despoblación,    “España  vacía” vs “España vaciada”, desarraigo, “España a dos velocidades”, segregación territorial, subordinación de “lo rural” a “lo urbano”, etc. son temas presentes en muchas de las reflexiones que circulan. Empezaremos el debate intentando esbozar cuáles son, desde tu punto de vista, las dimensiones o elementos a los que indudablemente apuntarías para entender la complejidad del fenómeno que nos ocupa.

Elisa Oteros-Rozas (EO):  Efectivamente, si bien la despoblación en España es un proceso que dura ya más de medio siglo, el desequilibrio territorial ha cobrado especial atención social y mediática en los últimos meses, fundamentalmente por las citas electorales. En mi opinión habría que considerar al menos cuatro dimensiones, altamente relacionadas entre sí, tanto por los factores impulsores del abandono rural, como por sus consecuencias.

En primer lugar hay una dimensión económica del fenómeno, en la que el proceso de industrialización de la economía española y la Revolución Verde juegan un papel fundamental. Desde una economía sustentada fundamentalmente en mercados locales, regionales y en parte estatales, se da una transición hacia la incorporación a la economía de mercado globalizado que tenemos hoy en día. La agricultura y la ganadería pasan de ser el “sector primario”, mayoritariamente orientado a la alimentación de personas, a ser el eslabón débil de un sistema agroalimentario complejo, globalizado, altamente financiarizado y, sobre todo, industrializado y orientado a la acumulación de capitales en manos de oligopolios de la agroindustria, las biotecnologías y las farmacéuticas. La mecanización y la incorporación de insumos agroquímicos, sobre todo desde los años cincuenta, generó efectos encadenados hasta nuestros días: por ejemplo, el rápido aumento de la producción agraria a raíz de su intensificación dio lugar a la necesidad de encontrar nuevos mercados que la absorbieran, y por ello España se ha convertido en el mayor productor europeo, y uno de los principales del mundo, de piensos y de ganadería industrial.

La dimensión económica está estrechamente ligada a una importante dimensión ecológica. Los cambios de usos del suelo, y las consiguientes transformaciones de los ciclos biogeoquímicos (del fósforo, el nitrógeno y el carbono) y pérdida masiva de biodiversidad, son el factor más importante del cambio  ambiental  global.

En  España  ha sido la misma industrialización del campo que impulsó el abandono rural, la mayor contribuyente a la contaminación de suelos y aguas por nitratos de regadíos fertilizados químicamente. Sin embargo, hay un debate abierto ahora mismo sobre la supuesta ventana de oportunidad que abre el despoblamiento para renaturalizar o resilvestrar (rewilding, en inglés) ecosistemas con escaso uso humano, es decir para recuperar la biodiversidad silvestre al desarrollarse los ecosistemas hacia estados ecológicamente más maduros. Se trata de un debate internacional que en su aplicación al contexto ibérico resulta controvertida por el valor de la agrobiodiversidad que se ve sustituida, por el peligro de incendios y la consiguiente erosión del suelo así como por otros argumentos, también sociopolíticos.

De hecho, en tercer lugar, hay una dimensión política en las causas y consecuencias del vaciamiento de España rural, que tampoco es original de nuestro territorio. Hace ya tiempo que se descubrió que concentrar la población en núcleos urbanos tiene grandes beneficios para el capitalismo. El control social, por ejemplo, es mucho más fácil de ejercer sobre poblaciones concentradas que dispersas. Del mismo modo, para el control del territorio y los recursos naturales es mejor no tener población local que oponga resistencia. Siguiendo con el ejemplo de la ganadería industrial, no es casualidad que las zonas donde más se está expandiendo, sean las más despobladas de España. Igual que está sucediendo con la reapertura de minas o el desarrollo de nuevos proyectos de mega-minería: si nadie habita el territorio y tiene en él su forma de vida y sustento, nadie lo defiende, dejando vía libre para el desarrollismo insostenible. Por otro lado, el modelo de desarrollo asociado al consumismo es más fácil de alimentar en poblaciones concentradas: no en balde China lleva la última década concentrando su población en nuevas ciudades de gran tamaño (en comparación con las dimensiones europeas).

Por último, desde el punto de vista cultural, el despoblamiento rural ahonda la brecha de las dicotomías estereotípicas urbano-rural, cultura-naturaleza y centro-periferia que, al igual que otras como norte- sur u hombres-mujeres, apuntalan también el capitalismo y el heteropatriarcado dominantes. En la crisis global que vivimos, la de valores es de las más olvidadas, pero sin duda clave. Uno de sus mimbres es el descrédito y ninguneo de los saberes y valores campesinos y rurales, de comunidad y cooperación, que aunque perpetuaron la vida durante milenios, se sitúan cada vez más en posición de subalternidad frente a “la modernidad”, el individualismo y “el desarrollo”.

 

Luis Camarero (LC): Ciertamente cuando hablamos de la desigualdad rural respecto a las ciudades no hay nada nuevo, el aspecto novedoso es que ahora abordamos y buscamos comprender esta cuestión desde el desequilibrio territorial. Hemos cambiado la visión sobre viejos problemas y los hemos incorporado a la agenda. Hasta ahora las diferencias urbano-rurales las explicábamos a partir de diferencias de desarrollo, lo hacíamos exclusivamente en términos económicos. Utilizábamos de forma continua la noción de atraso –lag– respecto al avance modernizador. Ahora, una vez agotado el proceso de modernización, el debate de las diferencias urbano rurales se centra en términos de ciudadanía. La crisis –denominada genéricamente 2009, y así vulgarizarla como inevitable– ha tenido un fuerte impacto sobre nuestras sociedades. Pero sobre todo, el impacto se ha debido a que ha cambiado nuestra perspectiva sobre la realidad social. La acumulación de contradicciones se ha hecho patente en un periodo de fuerte reducción de actividades y de fondos públicos, y así hemos observado de forma conjunta el efecto continuado que los procesos de interdependencia y mundialización económica, la transformación de los regímenes de acumulación, y el profundo cambio demográfico de nuestras sociedades tienen sobre nuestras vidas, pero también, dentro del contexto de explosión de movilidades, tienen sobre el territorio.

El cambio rural, que podemos aprehender como transición rural, es el conjunto de tres grandes tendencias. La primera, la transformación de los regímenes alimentarios, la industrialización de la producción alimentaria y el establecimiento de cadenas globales soportadas por una división regional del trabajo. Esta transformación se resume diciendo que la agricultura ha dado la espalda al campo y en consecuencia las áreas rurales han variado sus formas económicas y diversificado sus actividades. La segunda es la transición demográfica. Caminamos hacia una sociedad fuertemente envejecida. En las áreas rurales donde la emigración es más acusada y la caída de la fecundidad aún mayor se produce un intenso  desequilibrio  generacional.  Aumentan los cuidados, y las economías de cuidados, en el contexto de una sociedad que gestiona los mismos sobre el soporte familiar, cobran mayor importancia y condicionan sobremanera el desarrollo de las vidas cotidianas de los grupos de edad intermedios – trabajadores, cuidadores y gestores a la vez. En tercer lugar, la movilidad. El desarrollo de sistemas de movilidad, especialmente de automovilidad, ha permitido mejorar la comunicación y configurar las distancias de formas diferentes, pero a costa de aumentar las desigualdades de acceso.

La plasmación de este conjunto de transformaciones sobre nuestro modelo de hábitat y el efecto de fuertes desequilibrios que imponen no solo de concentración urbana, sino también de la propia sostenibilidad social de las áreas rurales es lo que nos ha dado pie a cambiar la vieja pregunta de las oportunidades de desarrollo a la de ¿somos iguales, allá donde residamos?

Dicho de otra forma, ¿realmente tenemos capacidad para ocupar el territorio en función de nuestras expectativas vitales?

 

Virginia Hernández (VH): En España vivimos una terrible crisis territorial que se fundamenta en que el interior peninsular se vacía mientras que la mayoría de población se amontona en muy pocos espacios que empiezan a ser invivibles. Pero no debemos perder de vista que esta despoblación no es exclusiva del medio rural, sino que afecta también a los municipios más grandes y a las cabeceras de comarca. Por eso es importante tener en cuenta que nuestros pueblos se despueblan porque la gente se va a las ciudades, pero también porque al espacio geográfico que ocupan no se le ha garantizado el futuro y la estabilidad.

En este sentido, y siguiendo con la idea de crisis territorial, es evidente que a nivel estatal se apostó por el desarrollo de las grandes capitales, las industrias del norte y el turismo de costa, pero se dejó de lado esa inmensa parte del Estado que se dedicaba, fundamentalmente, al sector primario, y al que se le negó su desarrollo y modernización.

Tras el vaciamiento de ese interior peninsular, la economía de mercado, elemento fundamental e imprescindible para analizar este fenómeno, muestra su cara más cruda y la no intervención del Estado provoca la desaparición precipitada del tejido económico existente, que alimenta a su vez a la propia despoblación.

En clave capitalista también, se ignora desde la administración el deber de cubrir los derechos fundamentales de todas las personas y se produce el desmantelamiento de los servicios públicos en el medio rural argumentado por su alto coste económico.

Tampoco habría que olvidar que el actual modelo de propiedad de la tierra, el modelo de cultivo y trabajo y la propia PAC, cuyas ayudas han acabado beneficiando el desarrollo de las ciudades, es otro elemento fundamental para entender la despoblación de un inmenso territorio que tradicionalmente se dedicaba a la agricultura y la ganadería.

Por último, es imprescindible añadir que culturalmente se ha provocado el abandono de los pueblos y se ha favorecido la buena imagen de la vida en los entornos urbanos asociándolos a la imagen  de  éxito que como país se pretende proyectar.

 

Sergio del Molino (SdM): Se trata de un fenómeno que desborda con mucho cualquier perspectiva localista o incluso nacional. La hiperurbanización es inherente al capitalismo financiero y globalizado, que se une a procesos históricos que, en Europa, comenzaron en el siglo XVIII. Esto no quiere decir que tenga que entenderse la despoblación como una especie de desastre natural. Al contrario: es el resultado de decisiones políticas muy conscientes. Claro que el campo se ha vaciado. El Estado ha llegado a recurrir a la violencia para ello, y no solo durante el franquismo, porque las élites que lo regían consideraban que la ruina de la economía agraria tradicional era una conditio sine qua non para apuntalar el progreso de los sectores secundario y terciario. Desde el siglo XIX ha habido planes perfectamente documentados para favorecer el éxodo campesino y propiciar el crecimiento de las ciudades, pero las circunstancias internacionales han influido también tanto, y hacen que el proceso sea prácticamente irreversible y escape a cualquier acción política. Resumiendo mucho: no puede concebirse un campo sin una economía agraria que funcione y permita a los pequeños propietarios explotar sin ahogos sus tierras y ganados.

El único desarrollo rural que puede garantizar la pervivencia de las comunidades políticas del campo es el agrario: una economía terciaria no es capaz de sostener comunidades pequeñas y dispersas. ¿Cuándo y cómo dejó de ser rentable la agricultura europea, si los europeos son grandes consumidores de alimentos y habitan un continente próspero? Cuando las políticas librecambistas dejaron de protegerles frente a la competencia de las economías en desarrollo, que inundan los mercados agrícolas con precios muy bajos.

No es la única causa: la especulación en el mercado de futuros y la ausencia de una legislación adaptada a las necesidades de los pequeños productores han contribuido mucho a hundirlo todo. La única solución creíble pasa por una revolución en los modos de producir y consumir alimentos, esa es la clave de bóveda.

 

Lucía López Marco (LL): Sin duda, la despoblación rural es el mayor problema al que se enfrenta España, y uno de los mayores problemas que tiene que afrontar Europa. Cuando perdemos población en un territorio, se pierde el patrimonio cultural, el paisaje, la historia, etc. Nuestras tradiciones están vinculadas al medio rural, pero no solo eso, también nuestra alimentación, y nuestros paisajes. El año pasado se celebró el centenario de los dos primeros parques nacionales de España: Picos de Europa y Ordesa. Estos parques nacionales tienen este reconocimiento porque las personas  que  viven en esas zonas llevan siglos dando forma a esos paisajes con sus actividades agrosilvopastorales, sin embargo, ahora, las personas de zonas urbanas que van a hacer turismo a estos parques nacionales se olvidan de que hay personas que viven allí todo el año, que cuidan de esos paisajes, y de esa cultura, nuestra cultura, nuestros paisajes. Hay una canción de La Ronda de Boltaña que se titula “Una huella en la nieve” y que define muy bien este fenómeno:

¿Qué verán?, si no te ven cuando te miran,
si al mirarte sólo ven una postal;
no la tierra donde un pueblo
y sus fantasmas,
abrazados plantan cara al temporal.

 

Valentín Cabero (VC): Si contemplamos las pancartas de la manifestación contra la despoblación del 31 de marzo de 2019, podemos comprender la complejidad de la situación a la que hemos llegado en las relaciones campo-ciudad, si es posible hablar aún en estos términos, y abordar los desastres territoriales, sociales, económicos y ambientales que hemos trasladado al mundo rural desde la ciudad. Por encima de todas las reivindicaciones presentes y visibles en aquellos momentos (servicios básicos educativos, sanitarios, de transporte y comunicación, abandono y olvido político, pérdida de derechos, falta de inversiones...) se levantaban con rabia las voces de la resistencia rural frente a las ruinas demográficas y la demolición social,  o la lucha por la defensa de la dignidad y de la igualdad en las condiciones de vida de miles de pueblos y aldeas del interior maltratado y despoblado.

Son tantos los vacíos dejados y los desgarros sociales y culturales que somos incapaces de encontrar respuestas.

En los últimos años asistimos a distintas miradas sobre el mundo rural y con ellas, afortunadamente, se ha logrado actualizar el debate sobre su futuro. Los discursos sobre la ruralidad nos muestran perspectivas diferentes y complementarias: la cara conservacionista relacionada con los paisajes naturales, la dimensión emprendedora e innovadora preocupada por nuevas alternativas como el turismo, o la matriz endógena y agroganadera vinculada al aprovechamiento histórico de los recursos renovables.  Algunas formas de acercamiento están llenas de afectos y de compromisos solidarios, otras cargadas de cifras y porcentajes, algunas plenas de imágenes, y no faltan las aproximaciones con afanes regeneracionistas. Entrar en las interpretaciones más o menos acertadas, más o menos pegadas a las realidades geográficas, nos permite ahondar, en cualquier caso, en la complejidad y diversidad de las situaciones. Muchas de las miradas son externas al propio medio, realizadas desde la ciudad y desde compromisos más bien coyunturales, efímeros o mediáticos, alejadas de los problemas cotidianos que se viven en nuestros pueblos y aldeas.  Parece que existe una mala conciencia personal y colectiva por los pecados mortales cometidos en las pasadas décadas de emigración y despoblación, de desarraigo brutal, de desprecio, de maltrato y de incuria con el patrimonio rural, con sus paisajes culturales y sobre todo con sus habitantes.

La dimensión territorial del fenómeno nos preocupa particularmente. Aunque la identidad rural de la Península Ibérica alcanza al 80 % de su territorio, aproximadamente, la población activa en el sector primario no suma ya el 5 %, lo que ha supuesto un cambio radical en el control de los usos del suelo y en las formas de los aprovechamientos agroganaderos. Y es aquí, en estos territorios vacíos, donde encontramos los paisajes naturales y culturales más representativos y amables, a pesar de los estragos y tropelías cometidas. También, no sería necesario recordarlo, los recursos estratégicos y bienes comunes en los que descansan nuestra supervivencia colectiva, nuestra soberanía alimentaria y nuestro futuro común.

 

MDD: ¿Dónde sitúas el punto cero, si es que existe algo así, de este fenómeno? ¿Cuáles fueron los elementos que determinaron la fractura de lo urbano y lo rural, cómo se construyó/fomentó, en el ideario colectivo, la narrativa según la cual la dimensión urbana es sinónimo de progreso, de moderno, etc., en contraposición a un mundo rural caricaturizado como retrógrado, anclado en el pasado y fuertemente conservador?

EO: Creo que es importante  reconocer que la dicotomía rural-urbano no deja de ser un constructo social difícil de aterrizar en el territorio: ¿cómo se define lo rural/urbano? ¿por el tamaño de la población que habita el núcleo poblado? ¿por la superficie que ocupa? ¿por la estructura de su sistema económico? ¿o la de su demografía? ¿por su contexto geográfico? ¿por la idiosincrasia mayoritaria de la población? ¿por su sentimiento de pertenencia? Todas las posibles respuestas entrañan dificultades, sobre todas hay debate. Por ello hay quienes en determinado contexto, preferimos hablar de un  continuum  rural-urbano,  un  gradiente. Sin embargo, creo que a lo largo de la historia sí ha habido una tensión entre esos dos polos culturales, geopolíticos y económicos, y no creo que haya un “punto cero”.

Dicho esto, creo que sí hay claros puntos de inflexión en el proceso de profundización de la brecha cultural entre “lo rural” y “lo urbano” en España. En mi opinión los cambios que más han ahondado en esta brecha en España durante el pasado siglo, han sido las políticas territoriales del franquismo, de cuya mano llegó la implantación de la Revolución Verde desde los años cincuenta, y la entrada de España en la UE y la Política Agrícola Común (PAC) desde mediados  de  los  ochenta.  En el primer caso, no se trata de un cambio territorial ni temporalmente homogéneo ni drástico, sino de una serie de diferentes políticas territoriales. Estas se orientaron, por un lado, a la industrialización de la economía española, mayoritariamente concentrada en las ciudades. Por otro lado, la planificación territorial tenía como objetivo el suministro de los recursos naturales requeridos por esa industria  (como la plantación de pinares para la producción de carbón, o la minería) y para una población crecientemente concentrada en las ciudades (como la obra hidráulica para el abastecimiento de agua y energía).

Estas políticas conllevaron importantes migraciones internas en forma de fuerza de trabajo para las plantaciones forestales, la minería y construcción de infraestructuras como los embalses, pero también para las fábricas y el desarrollo urbanístico necesario para acoger a la creciente población obrera.

Asimismo, a través de los Servicios de Extensión Agraria, se implantaron prácticas agronómicas y nuevas tecnologías agrarias (fundamentalmente fertilizantes, biocidas y maquinaria pesada)  importadas  de  la Revolución Verde. Una agricultura más mecanizada requería concentración parcelaria y menos mano de obra. El progreso era la industrialización, la mecanización, vivir en un piso con baño y, más tarde, con agua corriente, televisor, teléfono… servicios que no llegaron al mundo rural hasta años más tarde.

En 1986 España entra en la Comunidad Europea (más tarde UE), cuya política agrícola es uno de los pilares fundamentales, tanto interna como externamente. La PAC ya había sufrido varias reformas y en los años noventa se caracterizó, entre otras cosas, por el impulso de la diversificación de la economía rural para desincentivar la producción agraria y aliviar las tensiones políticas por el comercio internacional: algunos terrenos prácticamente se abandonaron y el resto se intensificó aún más para reducir costes y poder competir en el mercado globalizado. El resultado fue aún más despoblamiento y terciarización de la economía rural. Las siguientes reformas de la PAC, junto a otras políticas europeas, han ahondado en la brecha cultural campo-ciudad al impulsar un modelo de ruralidad al servicio de una ciudadanía deseosa de disfrute del “campo” y la “naturaleza”, subsidiando la hostelería y la patrimonialización de la cultura y los ecosistemas.

 

LC: La diferencia rural-urbana es eterna, pero no por ello idéntica. Ha girado a lo largo de la historia y cambiado de sentido en cada lugar. Por ejemplo, ciudades como La Habana se construyeron sobre terrenos insalubres, plagados de mosquitos y enfermedades endémicas. Ha habido momentos en la historia en que la mortalidad urbana era enorme y las condiciones de vida citadina poco atractivas. La Edad Media, o la era de la Industrialización han supuesto momentos negros para la vida urbana. En 1539 Antonio de Guevara publicaba Menosprecio de corte y alabanza de aldea, un referente con cinco siglos del moderno idilio rural.

La diferencia rural-urbana es una construcción social, de la misma forma que el género es también una construcción social.

Haber nacido hombre o mujer no nos predispone a ciertos comportamientos como, por ejemplo, llevar el pelo largo o corto, falda o pantalón. De la misma forma haber nacido o vivir en el campo o en la ciudad no nos  predispone  a  ser  ni  más  listos,  ni menos inteligentes, ni más creativos, ni más sensibles o más afables ni cerrados. El carácter rural o urbano son atribuciones de sentido social, como lo es ser masculino o femenino. Sentidos que en el caso de la distinción rural-urbana cambian con el tiempo.

Es cierto que en el caso del género la diferencia se utiliza como mecanismo de dominación y también en ciertos momentos la diferencia rural urbana se ha utilizado con el mismo propósito. Sin embargo, el giro cultural, propio de la crisis de la modernidad y que proporciona la explosión postmoderna de identidades viene diluyendo algunas categorías –por ejemplo, emergen identidades sexuales híbridas– y resignificando otras como es, en el contexto de alta movilidad, el caso de las ideas de campo y ciudad. Del garrulo que expresaba el cine del landismo y que habitualmente protagonizaba el paleto aragonés, ahora nos encontramos con prototipos antagónicos como el Sr. Cayo de Delibes habitante de un territorio esencial y prístino con identidad propia.

Pero hoy la diferencia rural urbana se ha convertido sobre todo en una diferenciación de consumo. Pensemos, por ejemplo, en el turismo rural, que se soporta y reproduce el imaginario de una vida perdida, o en la proliferación de denominaciones de origen que incorporan identidades territoriales a productos que así adquieren valor frente a producciones indiferenciadas. El idilio rural resignifica la vida de muchas regiones. Buen ejemplo es la Toscana como epítome de la vida tranquila y saludable, aunque como nos recuerda Saviano en Gomorra, concentre talleres clandestinos dedicados al textil con mano de obra inmigrante esclavizada. Frente a la realidad triunfa la representación y así el largometraje Un verano en la Toscana ha servido de instrumento de difusión de la “ciudad lenta” y de la dieta de proximidad-gourmet. La experiencia rural se reproduce en distintos productos artesanos y también en la propia atracción de residencia en entornos exclusivos, solo basta mirar los anuncios de las inmobiliarias. Rural y urbano han variado desde la diferencia en la carrera por el desarrollo hasta convertirse en distinciones de consumo.

 

VH: El punto cero se sitúa en las revoluciones industriales, ese momento en que las fábricas necesitan mano de obra y, por una parte, la gente que vivía miserablemente en el campo se ve obligada a emigrar en busca de oportunidades, pero por otra, tiene también que marcharse del campo la gente que progresivamente se iba quedando sin trabajo debido a la mecanización del campo que cada vez necesitaba menos mano de obra.

Desde entonces no cesó la emigración del campo a las ciudades e incluso a otros países.

Momento clave, no obstante, fue el del desarrollismo franquista, cuyo objetivo de industrializar  determinados  polos  aceleró, de manera definitiva, el éxodo rural; de hecho, si analizamos los padrones de los municipios rurales entre los años sesenta y ochenta encontramos un descenso de población que en muchos casos supone más de la mitad del censo.

Sin embargo, no deja de ser curioso que mientras esto sucedía, el franquismo se trabajaba la imagen de la España rural como el frasco de las esencias de la España más pura. Aunque bien podía ser esta la manera de intentar tapar el evidente maltrato del franquismo al medio rural; no en balde, aun hoy en día, si una se da una vuelta por los pueblos (y por las ciudades) podríamos decir que no le salió mal.

Y es que el franquismo no solo expulsó a la gente de los pueblos para que fueran la mano de obra barata de las industrias en las ciudades, si no que expulsó a la gente de los pueblos para construir esos pantanos que muchos aún creen elementos imprescindibles para el desarrollo de este país (la mayoría de las personas cuando hablan de este país, habla del superpoblado, el otro no existe), y también podría resultar interesante analizar la ubicación geográfica de, por ejemplo, las centrales nucleares en España.

No obstante, la asociación de lo urbano al progreso y lo moderno en contraposición con lo rural hunde sus raíces en tiempos más lejanos. Los centros de influencia, las élites, siempre se han reunido en las ciudades y si algún aspecto positivo tenía el campo era, precisamente, la retirada espiritual y el descanso. Sin embargo, han pasado ya unos cuantos siglos desde que Fray Luis de León escribió su Oda a la vida retirada, actualmente tenemos capacidad para garantizar derechos, infraestructura y desarrollo a cualquier territorio, tenemos posibilidad de que los pequeños municipios puedan tener capacidad sobrada para garantizar el acceso al conocimiento, al saber, a la cultura, al trabajo intelectual, incluso al poder… Pero a nivel estatal se sigue fomentando culturalmente esa asociación. Los medios de comunicación siguen alimentando esa imagen. Las élites culturales, salvo honrosas excepciones, se han dedicado a describir el medio rural como un lugar oscuro, turbio, siniestro… ¡Pero claro! ¡Escribían del medio rural los de fuera del medio rural, y eran los de fuera del medio rural quienes lo consumían!

Se sigue dando por hecho y no se cuestiona la preeminencia de las ciudades sobre los pueblos. E incluso, a día de hoy, en pleno siglo XXI, la gente de los pueblos asume como natural ese ser habitante de segunda.

 

SdM:  Esa  dicotomía es consustancial a toda civilización y sus orígenes se pueden rastrear hasta en la Biblia, donde las ciudades se representan como focos de pecado y corrupción, frente a una sociedad de pastores y agricultores que nunca se aleja de Dios. Es una dialéctica arraigadísima en todas las culturas que en Europa se empezó a radicalizar a partir del siglo XIII, cuando florecen los burgos. Siempre se expresa en dos direcciones: de la ciudad al campo y del campo a la ciudad. En la primera, los campesinos son los elementos atrasados y reaccionarios, un lastre que hay que combatir o soltar. En la segunda, la ciudad representa el delirio y la corrupción, la desnaturalización del ser humano, la expresión de su lado más depredador. Tras la revolución industrial, el relato del desprecio al campesino aplasta al contrario, y todo lo que tiene que ver con el campo se mancha de un desprestigio social enorme que facilita y a veces fomenta el éxodo a las ciudades: muchas veces, son los propios campesinos quienes reniegan de sus rasgos culturales y de su herencia, avergonzados de su forma de hablar y de comportarse. La cultura urbana internacional, cada vez más plana, cada vez más homogénea, se impone como único relato admisible en las sociedades democráticas porque las democracias parlamentarias inventan sus liturgias precisamente en un momento en el que las ciudades se están haciendo con el imaginario hegemónico de los países.

 

LL: Creo que el punto cero podría situarse en la industrialización (finales del XIX, principios del XX). Sin duda este momento fue un punto clave principalmente en dos aspectos: por un lado porque cambió el sistema de trabajo tal y como estaba entendido hasta entonces y supuso que muchas familias decidieran abandonar el medio rural para trabajar en la industria en núcleos urbanos de tamaño grande y mediano, y por otro porque la industrialización llevó al desarrollo de máquinas que luego sustituyeron el trabajo humano en el campo y que llevaron a que no se necesitara tanta mano de obra en las actividades agrarias.

Creo  que  también  la  industrialización fue un elemento clave en esa fractura urbano-rural, ya que es a partir de ese momento cuando más se van separando ambos “mundos” y se empieza a ver a la gente que se queda en el medio rural como a quienes no han podido irse a trabajar a la ciudad o a municipios de mayor tamaño.

 

VC: Más que un punto de partida específico para la explicación del desguace rural al que hemos llegado, tendríamos que reconstruir los procesos que nos ha llevado desde la autarquía ruralista franquista a la situación actual. Quizás tengamos un símbolo que marca para muchos lugares el punto cero; la llegada del primer tractor a muchas comarcas a mediados de los años cincuenta del siglo pasado, y sobre todo,  en los años sesenta, supuso un cambio sustancial en las relaciones de trabajo con la tierra y la liberalización de miles de jornaleros de las miserias del latifundio y de pequeños campesinos de las pobrezas del minifundio. Comenzaba el discurso del progreso y de la modernización bajo los parámetros de los Planes de Desarrollo y la polarización del crecimiento urbano. Literariamente quedan bien reflejadas las circunstancias y los imaginarios colectivos en las obras de Miguel Delibes, pues nos dejó narraciones memorables de aquellos mundos abocados al éxodo rural, tanto  del minifundio austero y de subsistencia (Viejas historias de Castilla la Vieja, 1960; Las ratas, 1962…) como del latifundio ingrato,  caciquil y paternalista (Los santos inocentes, 1981); en su discurso de ingreso en la Real Academia Española, publicado con el título Un mundo que agoniza (1975), nos resume con sabiduría los problemas derivados de la modernización y del éxodo sin alternativas razonables para el mundo rural; luego, en el El disputado voto del  Sr. Cayo  (1978), en plena transición democrática, nos enfrenta con humor doloroso e ironía a la despiadada despoblación y envejecimiento de nuestra vida rural.

Todos los datos (los siete millones de emigrantes del éxodo rural, el crecimiento natural negativo, los estrangulamientos en las cohortes de edad,…), nos llevan  a una reflexión triste y lamentable sobre las circunstancias vividas: los procesos de concentración demográfica, económica y del poder político en algunas capitales es escandaloso y humillante para el mundo campesino, agrario y pastoril.

La polarización centrípeta y succionadora sobre las gentes y recursos próximos y lejanos supone una tragedia demográfica y social colectiva para los territorios de montaña o más desvalidos y del interior.

 

MDD: Por primera vez en la historia, la ciudad y, más aún, su modelo, domina y se impone sobre la organización social y espacial de nuestra especie: es donde, en ese sentido, se concentra el poder, la riqueza, se toman las decisiones y donde se concentra preferentemente la población. Las estadísticas apuntan a que esta tendencia se consolida. Lo urbano parece predominante, parece que vive de espaldas a un mundo rural cada vez más alejado. A lo rural se lo caricaturiza, se lo desprecia o, al contrario, se lo considera desde un punto de vista romántico, idealizándolo. En cualquiera de los casos, nos olvidamos que el modelo ciudad está en una fase completamente disfuncional a nivel físico, que es un modelo metabólicamente inviable, tal y como están diseñadas ahora las ciudades (estructuras muy complejas, con una fuerte dependencia energética, muy terciarizadas, etc).

Nos olvidamos de que el modelo ciudad depende del metabolismo rural para alimentar su población, al igual que, por ejemplo, se ignora que la economía depende completamente de la naturaleza para poder funcionar. Hay muchos argumentos para pensar que este crecimiento exponencial de energía y recursos que ha acompañado y acompaña a la urbanidad moderna colapsará en las próximas décadas. ¿La disyuntiva está entre salvar el espacio urbano moderno de la degeneración capitalista o “volver todos al campo”, y con qué consecuencias? ¿Cabe alguna posibilidad diferente a las de éxodo o rescate? ¿Cuál será el actor social que, desde tu perspectiva, puede jugar un rol fundamental en ese sentido?

EO: Como decía, desde la ciudad se conceptualiza y trata a lo rural como “alteridad” al servicio de las necesidades –alimentarias, culturales, de salud y ocio– de la ciudadanía, un paisaje bucólico de postal, donde relajarse, respirar aire limpio y contemplar la naturaleza, pero solo en vacaciones. Sin embargo, a la vez, las ciudades son cada vez más disfuncionales ecológica y socialmente, por lo que, entre la creciente insalubridad y el ascenso continuo del precio de la vida, cada vez más personas buscan una vía de salida. Así, las zonas periurbanas o pseudorurales de muchas ciudades europeas y españolas se están colmatando de un nuevo tipo de habitantes que trabaja en la ciudad, que es donde hay empleo más estable y mejor remunerado, pero que se desplaza diariamente para ir a dormir “al pueblo”, donde el fin de semana disfruta de deportes y actividades “de campo”. Cada vez más gente joven no quiere criar a sus hijas en el asfalto, entre coches, y vuelve “al rural”. Pero, ¿qué rural? De nuevo, ¿dónde ponemos la frontera? ¿Cómo se dibuja ese ecotono, ese continuum socio-ecológico rural-urbano?

Además, estos movimientos en zonas cercanas a ciudades como Madrid, Barcelona o Sevilla, no tienen nada que ver con una regresión de la tendencia de vaciamiento de la España rural de la que hablamos, la de las Castillas y la Siberia ibérica. A la España vaciada que no tiene estas ciudades a la mano, no se vuelve tan fácilmente porque faltan servicios sociales, infraestructuras, comunicaciones, empleo, saberes tradicionales, acceso a la tierra para emprender en el agro y en muchas ocasiones, incluso acceso a vivienda aunque el pueblo esté vacío. La vuelta al campo no es fácil para nadie: ni para los que llegan, ni para los que se quedaron. Los primeros a menudo traen expectativas y necesidades alejadas de la realidad de la vida rural, los segundos sienten amenazada su forma de forma de vida, sus valores e incluso su tierra.

Pero en el contexto actual de colapso socioecológico sistémico, de crisis ambiental y social de las ciudades, y de un mundo rural secuestrado por el capitalismo agrario y la espectacularización, solo queda el reequilibrio territorial. Frente al cambio global y la imperiosa necesidad de decrecer en nuestro consumo de recursos y ritmo de vida, en España la revitalización del mundo rural es imprescindible. Pero un mundo rural de nuevo vivo no se conseguirá solo con las hijas y nietas de los pueblos. Aunque todas quisieran volver, que no es el caso, harán falta muchas más personas “neorurales” y cambios culturales y políticos profundos.

Hará falta innovar en las maneras de vivir y convivir, recuperar –urgentemente– saberes locales/tradicionales agroalimentarios y de gestión del territorio, respetar los ritmos de adaptación de cada cual y mucha generosidad.

Será imprescindible debatir y quizás replantear muchas cosas como el papel de las (nuevas) tecnologías y la soberanía sobre ellas, el reparto de la tierra y la gestión de territorio para garantizar el funcionamiento adecuado de los ecosistemas que sustentan la nuestra y todas las vidas (incluyendo los problemáticos depredadores). Es urgente redescubrir y reivindicar lo común y redimensionar la economía a escala humana poniendo la vida en el centro.

Para ello, si tengo que elegir una sola pieza clave del puzzle, no lo dudaría: las mujeres. Ellas están siendo en muchos casos motores de cambio e innovación en el mundo rural, ejemplo de apertura de miras y preocupación de cara al futuro, puente entre diferentes generaciones y pobladores, entre nuevas tecnologías y saberes ancestrales. Ellas se fueron de los pueblos en mayor proporción que sus coetáneos, pero también mantuvieron el contacto y legaron la memoria de los pueblos. Ellas, aún sin relación previa con el pueblo, se están instalando y reorganizando su vida allí. Ellas no se han rendido.

 

LC: El cambio y las transformaciones sociales no son lineales. No hay un origen. De forma más alegórica podríamos pensar en ciclos. Es cierto que si miramos alrededor podemos pensar que si todo sigue igual “Megalópolis” fagocitará cualquier otra forma de vida, y que la vida megalopolitana nos convertirá en ciudadanos alienados como hemos leído en el 1984 orwelliano o visto en Metrópolis de Fritz Lang. Pero también, mientras pensamos así, podemos ver síntomas de cambio y de transformación. Bilbao, Gijón o Vigo llegaron a ser lugares grises, dominados por un modelo taylorista de vida y por una calidad ambiental dudosa.

Hoy son entornos irreconocibles, la calidad de vida ha mejorado, son lugares inesperadamente amables para la vida. Benidorm, que tiene una concentración de rascacielos por metro cuadrado que iguala a Manhattan, fundamenta, como decía Mario Gaviria, un modelo de residencialidad sostenible. Si nos situamos en el contexto real de una población totalmente envejecida, Benidorm, frente a la dispersión turística privada del litoral, representa una ciudad de recreo muy accesible. El ascensor es el medio de transporte que hace que muchos ancianos, que no podrían conducir, ni pagar sistemas de transporte privado, puedan hacer una vida instantánea, sin distancias en un centro cosmopolita al lado del mar. Pero también las ciudades monstruosas como Portland, en Oregón, vienen cambiando e inaugurando nuevas formas de ciudad-jardín, con experiencias destacables de agroecología comunitaria. Sobre el vacío que deja una industria en declive florecen huertos urbanos y espacios para la utopía. Sí, es cierto, las metrópolis de México o Brasil, Manila o Douala son lugares contaminados, caóticos, peligrosos, donde la vida resulta compleja. Pero estas ciudades como muchas megalópolis son refugio para sus habitantes, se nutren de población que huye de lugares en los que el respeto a los derechos humanos es débil y las formas de vida económica pueden llegar a ser cuasiesclavistas. La ciudad sigue siendo también espacio de libertad. El lema “El aire de la ciudad os hará libres”, pertenece al fuero alemán medieval y sancionaba el hecho de que los campesinos una vez en el burgo se liberaban de la servidumbre feudal.

Hoy, en ciertos lugares del planeta la ciudad sigue permitiendo escapar de zonas de conflicto, de grupos armados, de organizaciones mafiosas… El problema real, como siempre, son las desigualdades sociales, a veces ni siquiera se puede volver al campo.

 

VH: No sé si la solución acabará siendo que volvamos todos al pueblo, pero probablemente sí tengamos que hacerlo unos cuantos: las ciudades no son capaces de soportar tanta gente; el territorio, sin embargo, necesita gente que lo soporte.

Habría que plantearse, llegado el caso de que todos tuviéramos que volver al pueblo, si tendríamos que hacerlo a todos los pueblos. Porque no podemos perder de vista que muchos de ellos crecieron también a la sombra de otras industrias que se desarrollaron con anterioridad; por ejemplo, ¿podemos garantizar y tendría sentido que aquellos municipios muy poblados hace años debido a la industria minera volvieran a estarlo?

No podemos pensar en la ciudad y los pueblos como cosas independientes, sino como elementos de organización territorial y administrativa que deben estar en equilibrio para garantizar la buena vida de las personas que habiten el territorio global.

La degeneración capitalista que mata al espacio urbano es la misma que vacía nuestros pueblos, por lo que no es difícil concluir que este es el núcleo irradiador del mal e ir a la raíz de este problema es, inevitablemente, abordar de manera radical la desaparición del capitalismo.

Sin duda, esta cuestión se revela como un ejercicio harto complicado porque de lo que estamos hablando, en esencia, es de que debemos asumir que nuestro modelo actual de vida no es posible y, es más que probable, que este cambio radical de relacionarnos con nuestro entorno nos conduzca a más que serias tensiones sociales.

Siempre he creído que aquellas personas que están ya volviendo a vivir al pueblo tendrán un papel más que relevante en ese proceso de equilibrio entre los territorios, puesto que pueden servir de nexo conector entre dos realidades; no en balde, es probable que su ejemplo pueda ser la luz que guíe a quienes poco a poco vayan apostando por otra forma de vivir. Pero más allá de esto, creo que si se les permitiera, las administraciones locales podrían liderar un proceso de reestructuración del Estado en primera persona que sería fundamental, y, también, las organizaciones ecologistas o con valores ecologistas, que han demostrado en los últimos años que son, probablemente, las más conscientes de que vivimos un problema cuyas consecuencias no son solo demográficas, sino que son fundamentales para la supervivencia de nuestra especie y el planeta.

 

SdM: No tengo tan claro que el colapso sea tan evidente como lo pintan algunos. Pese a su caos, se ha demostrado que las ciudades son organismos complejos que se adaptan muy bien a los cambios. La tendencia que aprecio es la de la construcción de nuevas fortalezas, una reedición de las urbes amuralladas medievales. En Occidente, un mercado inmobiliario desregulado y sometido al poder inmenso de los flujos financieros está expulsando a los habitantes del centro de las ciudades,  mediante  el  encarecimiento  del precio de la vivienda. El centro de París y de Londres es inasequible para la mayoría de la población, y pronto lo será también el de Madrid y Barcelona.

En los centros, despojados de vecinos y de la red comercial tradicional –sustituida por franquicias internacionales que especulan con las propiedades inmobiliarias–, solo quedarán millonarios y las sedes de las grandes empresas a las que los trabajadores tendrán que desplazarse desde muy lejos todos los días.

Es un sistema desquiciante e insostenible, claro que lo es, pero como no deja de funcionar, no hay razón para pensar en un colapso, salvo que suceda un cataclismo ajeno a él (aunque inducido por él), como un desastre climático o el agotamiento del petróleo (circunstancia, esta última, que parece que las grandes empresas ya están preparadas para soslayar).

 

LL: Creo que efectivamente este sistema, llamémoslo, “pro-urbano” colapsará más pronto de lo que nos imaginamos, porque el cambio climático ya no tiene marcha atrás y eso se reflejará también en una fuerte disminución en la producción agraria y por lo tanto, de la disponibilidad de alimento, y además las principales fuentes de energía empleadas actualmente en nuestro país son finitas y no se están buscando alternativas.

No me cabe duda de que la solución es volver al medio rural, y vivir de la forma más autosuficiente posible.

Sin embargo, cuando se produzca la “vuelta al campo forzada” por la crisis climática y energética, no todo el mundo podrá hacerlo, y, lo más grave, es que habremos perdido muchos (casi todos) los conocimientos tradicionales ligados a la tierra.

Desde un punto de vista menos catastrofista, creo que cada vez hay más gente que  decide  voluntariamente  instalarse  en un pueblo, y, en este aspecto, los medios de comunicación y el sector educativo juegan un papel fundamental a la hora de ayudar a cambiar la percepción que la sociedad tiene sobre la gente que vive en los pueblos y favorecer así que más gente se instale en zonas rurales y que más empresas apuesten por estos territorios, instalando en ellos sus sedes o simplemente facilitando el tele-trabajo.

 

VC: Hasta hace poco tiempo, el proceso de concentración urbana en España parecía imparable, pero los síntomas y los datos reales nos señalan que son muchas las capitales de provincia que han entrado en un proceso de retroceso demográfico y de parálisis o atonía económica. También son numerosos los ejemplos de pequeñas ciudades y cabeceras de comarca que se han detenido o retrocedido en sus procesos de crecimiento y concentración demográfica y económica. Y la larga crisis que aún vivimos ha trastocado, no con la fuerza y cordura suficientes, los modelos de vida urbana y las relaciones entre el medio rural y urbano.

Sigue predominando una superioridad de la ciudad y un dumping urbano sobre el medio rural, manteniéndose algunos estereotipos históricos que se reproducen en la actualidad y que enlazan el comportamiento de sus habitantes con el atraso o el espíritu político conservador;

sin embargo, al mismo tiempo, nos encontramos con respuestas sociales y urbanas que ven en el campo, en los distintos medios rurales y en la naturaleza, las auténticas y verdaderas alternativas a las formas de vida de la ciudad. De algún modo, estamos asistiendo aún al desprecio y visión negativa, a la vez que a una exaltación de las virtudes y valores auténticos ligados al medio rural.

Ante el dumping social, económico y medioambiental de las grandes corporaciones  y agroindustrias, las respuestas deben estar protagonizadas por los municipios rurales y  por los colectivos y organizaciones agrarias más pegadas al territorio y comprometidas con las agriculturas y ganaderías familiares. Ahora bien, en las relaciones de nuestras ciudades con los medios rurales existen varios millones de personas y familias que mantienen sus lazos vitales y casas en los pueblos de origen o de residencia temporal  –población vinculada se les denomina en la nueva terminología estadística–, concentrando su presencia en los pueblos en los momentos festivos o en la estación estival. Cuando están a punto de romperse los vínculos con las segundas y terceras generaciones de estos antiguos emigrantes, es necesario reforzar las relaciones y compromisos de los oriundos con sus pueblos y con los residentes habituales y empadronados, resistiendo así con mayor fuerza los golpes de la despoblación, del abandono, o la pérdida definitiva de los bienes comunes. La población vinculada debería convertirse en un actor clave entre la ciudad y el mundo rural.

 

MDD: Fiscalidad diferenciada para los territorios despoblados (por ejemplo, reducción del IRPF), facilidad en el acceso a la vivienda, creación de un ministerio para el desarrollo rural, etc., pero también proyectos de macrogranjas e intereses de grandes fondos de inversión. Parece que existen muchas recetas, aparentemente contrapuestas, para realizar un gran cambio económico, y así intentar “salvar” estas zonas vaciadas y vacías de la España rural. ¿Es posible, desde tu punto de vista, intentar invertir este fenómeno complejo planificándolo desde el despacho de una ciudad, como muchas de las decisiones que se toman con respecto al mundo rural, al margen de su gente, su historia, sus tiempos? Y, si tuvieses la posibilidad de hacer ese cambio, ¿por dónde empezarías y cómo cambiarías la narrativa?

EO: Evidentemente, los despachos de las ciudades han demostrado una incapacidad absoluta de abordar adecuadamente los retos que enfrenta la sociedad hoy, así que no creo que debamos confiar en ellos tampoco en relación al despoblamiento rural. Además, creo que cambiar las narrativas es importante, pero no suficiente: deben cambiar los valores que subyacen a las narrativas. Y eso es lento, pero posible.

Las políticas públicas podrían ser una herramienta útil para apoyar la transición que necesitamos –y en ocasiones lo están siendo–, pero también es cierto que vivimos un momento políticamente crítico, de enorme desconfianza e incertidumbre institucional continua, en el que los medios de comunicación y las nuevas tecnologías, como las redes sociales, han conquistado cada rincón y juegan un papel fundamental en la construcción de narrativas. Así que no creo que podamos confiar tampoco solo en los espacios institucionales formales.

La sociedad, con toda su diversidad, debe tomar conciencia de la urgente necesidad de cambios radicales en la manera de vivir y organizarnos, en primer lugar para volver a encajar en los límites biofísicos del planeta.

Eso pasa por cambiar significativamente el modelo mayoritario de consumo y gestión de los recursos, desde la economía ecológica y de los comunes, y transmitir a las nuevas generaciones, en casa y en la escuela, que la única manera posible de habitar la tierra, es respetando sus ritmos. En segundo lugar, es imprescindible poner la vida, su cuidado y reproducción, en el centro de nuestras relaciones, sociales y con los ecosistemas, es decir, incorporar la perspectiva (eco)feminista a la gestión social. Esto implica, entre otras cosas, transformar el sistema agroalimentario al modelo agroecológico en base a los principios de la soberanía alimentaria, reorganizando el acceso a la tierra para quien quiera producir alimentos de forma ambientalmente sostenible y socialmente justa. En tercer lugar, desmontar importantes relaciones de poder inherentes al sistema capitalista y devolver la soberanía –no solo la alimentaria, sino también la energética, la tecnológica y la política– al ámbito local. Para todo ello hacen falta consciencia, responsabilidad, muchas cabezas pensantes y buena voluntad: la participación y el diálogo social, la cogeneración de conocimiento y la integración de distintos tipos de saberes (locales, tradicionales, técnicos, científicos,…) son la base del cambio que necesitamos.

Además la dicotomía urbano-rural, como otras, se está viendo exacerbada por el odio hacia “el otro” (el “ecolojeta”, el “ganaduros”, la “feminazi”, los “catetos”, los animalistas,…) y la posverdad que campan a sus anchas por las redes sociales y los medios de comunicación de masas, engordando las sacas de votos de las “nuevas” oleadas fascistas. Contra eso, necesitamos también soberanía de la comunicación, con medios como este, que contribuyan a desmontar mitos y compartir espacios de reflexión crítica y propositiva.

 

LC: Me temo que el mundo no se puede dirigir desde un despacho. El despoblamiento es solo un síntoma de fenómenos sociales de muy largo recorrido. Más allá de las utopías solo podemos hacer frente a las distopías sobre las que caminamos a partir de políticas públicas. Políticas que tienen efectos limitados y que no son factibles en bastantes lugares del planeta. Los modelos de desarrollo son articulaciones complejas, marañas entrelazadas de intereses y grupos de actores de lugares diversos con capacidades muy desiguales. En este contexto, y asumiendo ámbitos de intervención muy concretos –léase el estado-nación– nuestra forma de equilibrar el territorio solo tiene dos líneas de actuación. La primera es sobre la población, la segunda sobre la comunicación.

Sobre la población deberemos pensar no tanto en traer –el extraño término repoblación que solo ha existido en boca de imperios y de dictaduras–, sino en considerar en primer lugar a la población que reside. Difícilmente encontraremos nuevos pobladores cuando los pocos que hay hoy siguen yéndose. Difícilmente vendrán niños en un contexto de fecundidad reducida –las políticas natalistas también han venido asociadas a sueños imperiales–. De hecho, estamos observando que precisamente quienes quieren tener niños se van antes de las áreas rurales. En primer lugar, debemos atender a los desequilibrios demográficos. Las áreas rurales están fuertemente masculinizadas. Este dato nos advierte de la dificultad, de la hostilidad que el medio –social– supone para ciertos grupos, sobre las formas en que los territorios embeben las desigualdades. Pero nos alerta también de la falta de atractivo y del condicionamiento que los desequilibrios suponen para el futuro.

Un territorio desigual en términos de género: ¿que proyectos de vida puede albergar?

En términos de generaciones la situación también nos remite a grandes desigualdades: muchos ancianos en un territorio con apenas niños y con un grupo que llamamos generación soporte –trabajan, cuidan mayores, tienen niños, gestionan la comunidad…–. Hemos explicado una y otra vez el mundo desde la producción económica y en ese empeño las desigualdades estuvieron reducidas a las diferencias de renta. Pero hay otras desigualdades sobre las que navegamos, las de género o las que produce la “economía de cuidados”. Estas desigualdades se amplifican en las áreas rurales. Esta constatación produce pistas importantes de cara al diseño de políticas y programas de intervención que mejoren sustantivamente el efecto de las desigualdades en áreas rurales.

Pero hay otra segunda estrategia que suele olvidarse. En el mundo actual no somos ni rurales, ni urbanos. Somos rurales y urbanos a la vez. Las áreas rurales solo funcionan sobre su conexión con centros urbanos, y a su vez nuestro modelo urbano solo funciona por la existencia de amplios territorios rurales. Favorecer la interconexión no supone ni mucho menos la asimilación cultural, sino la hibridación. Que podamos estar entre el campo y la ciudad es la única forma de desarrollar territorios equilibrados y en los que podamos dirigir nuestras propias vidas. Antes las carreteras eran instrumento de despoblación, ahora la conexión es crucial. Buena parte de los residentes rurales trabajan en áreas rurales, muchos de los servicios rurales se prestan desde áreas urbanas, buena parte de la España vacía está a rebosar en la Virgen de Agosto. La movilidad permite tejer el territorio. Acá quedan nuevas pistas.

 

VH: Aquí hay una cuestión clave: parece que en los últimos años hemos conseguido trasladar a la opinión pública la importancia de la despoblación en nuestro país, sin embargo, no hemos conseguido que seamos los afectados quienes seamos protagonistas del trabajo que hay que hacer para revertir la situación.

Es imprescindible que se dé a la administración local capacidad de trabajar en primera persona en sus municipios. Es imprescindible que quienes mejor conocen el territorio tengan voz y también capacidad de decisión. Y es imprescindible que exista una legislación que contemple el hecho diferencial de los pueblos más pequeños, con un régimen jurídico dimensionado y una gestión administrativa que debe tener en cuenta su tamaño y peculiaridades, al igual que ocurre en el otro extremo de la dimensión territorial con la Ley de Grandes Ciudades. Necesitamos adecuar la Ley reguladora de las Bases del Régimen Local a los pequeños municipios para definir con claridad las medidas a aplicar y el marco competencial, para desarrollar las mismas y dotarlas presupuestariamente. Y ni que decir tiene derogar la Ley 27/2013, de 27 de diciembre, de Racionalización y Sostenibilidad de la Administración Local.

En suma, simplificar administrativa, burocrática y legislativamente, con el fin de facilitar el desarrollo de proyectos e iniciativas públicas o privadas que contribuyan a la reactivación del medio rural para que los ayuntamientos podamos enfrentar este problema de cara y no depender de macro administraciones que no son conocedores de nuestra realidad.

Todo esto, claro, presuponiendo que exista un interés real en revertir el proceso de despoblación.

 

SdM: Claro que no. De hecho, las soluciones generales no funcionan nunca porque cada comunidad, pese a que sufre un fenómeno global, tiene una historia y un problema local. Solo mediante la atención a cada comunidad, con planes concretos a largo plazo y posibilidades realistas de inversión pública y privada, pueden dar esperanza a muchas comarcas a punto de extinguirse.

 

LL: No, creo que es imposible cambiar esta situación desde los despachos y sin pisar el terreno, y también considero que es un problema intentar buscar soluciones globales para todos los territorios, cuando cada lugar tiene unas características diferentes. La solución está en la gente de los territorios, en darles facilidades. Creo que es muy importante y necesario que se den beneficios fiscales, por ejemplo en municipios de menos de 500 habitantes, y también ayudas a familias con hijos en edad escolar que apuesten por vivir en estos territorios, que son ayudas que deberían incentivarse a nivel estatal/autonómico, pero las iniciativas que fijan población, al final, se desarrollan desde los municipios por las personas que habitan en ellos. Creo que habría que empezar por replicar iniciativas como los que se han recogido en la base de datos del proyecto de investigación europeo SIMRA (Innovación Social en Áreas Rurales Marginales). Hay muchas iniciativas que se pueden desarrollar: agrarias, forestales, educativas… que no solo fijan población, sino que también atraen a nuevos pobladores.

Creo que para cambiar la narrativa, hay que comenzar dando voz a la gente de los territorios, visibilizando sus trabajos, y potenciando la creación de redes y alianzas en el medio rural.

Y sobre todo, consultarles y tener en cuenta sus opiniones.

 

VC: Durante las pasadas décadas, también a lo largo de todo el período democrático, el discurso urbano y de la modernización ha sido tan dominante en la toma de decisiones que ahora resulta muy difícil abordar con inteligencia colectiva el futuro del mundo rural. Además, algunas de las políticas tecnocráticas y económicas de la UE y de la PAC han contribuido a liquidar las agriculturas familiares mejor adaptadas a las condiciones ecológicas de la península Ibérica, y con ello se ha perdido la capacidad de lucha realmente sostenible sobre las mudanzas ambientales y climáticas.

Necesitamos repensar con coraje el territorio y las relaciones con el medio rural. Durante décadas, al olvido del mundo rural se ha sumado con frecuencia el desprecio, coreando procesos de modernización por unos poderes y por otros, que finalmente han rebasado todos los límites y han arrasado completamente con la memoria colectiva y de los lugares, con los valores concejiles de solidaridad, o con el patrimonio cultural y con los bienes comunes.

Junto al olvido, también, el silencio más vergonzoso sobre mujeres y hombres que trabajan amorosamente la tierra y nos proporcionan alimentos de calidad o labran paisajes humanos bien integrados en la naturaleza.

Y ahora, nos enfrentamos de nuevo a una fragmentación dolorosa, bajo signos e incertidumbres de desigualdad y destrucción llenos de desasosiego (estructuras demográficas completamente rotas, sustitución generacional imposible, soberanías alimentarias asoladas, agriculturas y ganaderías históricas derruidas, derechos humanos y servicios básicos destrozados o recortados, calidad democrática deteriorada, amenazas medioambientales y de cambio climático por doquier…). Los desgarrones y heridas son tantas, que las resistencias heroicas frente al capitalismo agrarista, financiero y tecnológico más especulativo, que se ha adueñado de nuestros recursos naturales, bien merecen una narrativa positiva y nuestro reconocimiento.

Desde la perspectiva de la planificación, ordenación del territorio o de las políticas públicas, las decisiones han sido muy contradictorias, y aunque los discursos tecnocráticos están llenos de palabras retóricas como la sostenibilidad y la resiliencia, no han sabido integrar con verdadera conciencia y compromiso cívico al mundo rural, a sus gentes, a sus paisajes y a su patrimonio natural y cultural en la conciencia urbana. Precisamente cuando más protección administrativa se ha ejercido sobre nuestros paisajes naturales y culturales, ya sin campesinos y ganaderos muchos de ellos.

Mientras la Ley de Agricultura de Montaña (1982) intentaba detener los males derivados del abandono y despoblación, o la Ley 45/2007 para el Desarrollo Sostenible del Medio Rural, bien concebida y debatida, pero nunca aplicada, buscaba paliar las consecuencias de la política agraria comunitaria y de los desequilibrios internos del país con un enfoque muy territorial, comarcal e integral, la Ley del Suelo de 1998, abría el camino a la especulación urbana más nefasta con la idea y posibilidad de convertir el territorio en un gran bazar inmobiliario, y más tarde, la Ley de Racionalización y Sostenibilidad de la Administración Local (LRSAL) o Ley Montoro, 2013, ponía el acento en la concentración en los núcleos urbanos de más de 20.000 habitantes de los beneficios de los servicios y de sus efectos multiplicadores, buscando con ello la desaparición de los pequeños municipios y juntas vecinales.

Los pequeños municipios se encuentran con frecuencia desvalidos ante la burocracia y los poderes centralizados en la ciudad. Varios hechos contribuyen a la subordinación rural.

Son muchos los alcaldes que no viven habitualmente en los pueblos a los que representan y los utilizan como palancas del poder, sin verdadero compromiso con los habitantes del lugar. Y ante el rechazo local de las nuevas formas capitalistas de superproducción ganadera como las macrogranjas y de sus graves impactos ambientales no encuentran el apoyo equitativo, ni la sensibilidad necesaria, por parte de las administraciones   provinciales y regionales.

Algo se está removiendo, no obstante, tras la movilización de un gran número de municipios frente a la Ley Montoro (“Este pueblo no se vende”), y tras la “revuelta” rural de 2019  ante la despoblación y el abandono. Asociaciones, fundaciones, sindicatos, colectivos de acción solidaria vinculadas al mundo rural ya no se callan, y con llamadas a los oriundos y residentes fuera –la población vinculada– les piden la aportación de nuevas energías y la toma de conciencia del grave problema de la despoblación y la salvación de los pueblos. Posiblemente, el relato o la narrativa sobre el mundo rural estén cambiando. ¡Ojalá!

Elisa  Otero-Rozas es  investigadora postdoctoral en  la  Cátedra de Agroecología y Sistemas Alimentarios de la Universidad de Vic; Luis Camarero es sociólogo y catedrático del Departamento de Teoría, Metodología y Cambio Social de la UNED; Virginia  Hernández es filóloga y alcaldesa San Pelayo (Valladolid), Sergio Del Molino es periodista, autor de La España vacía (Turner, 2016), Lucia López es veterinaria y experta en desarrollo rural y ganadería extensiva, autora del blog mallata.com; Valentín  Cabero es catedrático de Geografía de la USAL ( jubilado) y miembro del Centro de Estudios Ibéricos (Guarda, Portugal).

Monica Di Donato es miembro  de FUHEM Ecosocial


Entrevista a Michael T. Klare

Entrevista a Michael T. Klare

 

«La combinación  de sequía extrema,  escasez de agua, inseguridad alimentaria  y desempleo rural agravarán las tensiones étnicas y estimularán las migraciones masivas»

José Bellver y Nuria del Viso

Experto en relaciones internacionales e influyente analista en temas de seguridad y geopolítica de los recursos naturales, Michael T. Klare dirige el Five College Program in Peace and World Security Studies con sede en el Hampshire College en Amherst, Massachussets. Klare es autor de numerosos libros, entre los que cabe destacar Resource Wars: the new landscape of global conflict (Owl, 2001), Rising powers, shrinking planet: the new geopolitics of energy (Metropolitan, 2008) o The race for what’s left: the global scramble for the world’s last resources (Metropolitan, 2012).

José Bellver y Nuria del Viso (JB y NV): En su libro Resource  Wars (2001) hablaba usted de la creciente presión sobre el suministro de recursos naturales que llevará a que nos enfrentemos, en el tiempo de nuestras vidas o la de nuestros hijos, a la posibilidad de una grave escasez de algunos recursos. ¿Cuál es su valoración al respecto,  una  vez  pasadas  casi dos décadas? ¿De qué recursos estamos hablando?

Michael T. Klare (MK): Cuando escribí Resource Wars en 2001, lo que más me preocupaba era la posibilidad del agotamiento del petróleo. Por aquel entonces, parecía que la demanda global de petróleo seguiría aumentando indefinidamente a medida que las nuevas clases medias de Asia y otras partes del mundo en desarrollo compraron miles de millones de vehículos movidos por petróleo. Al mismo tiempo, parecía que el suministro global de petróleo estaba destinado a contraerse en el 2020, ya que muchas reservas existentes se agotaban. Debido a la importancia del petróleo para la economía mundial y para la seguridad de los estados individuales, supuse que esta collisión entre el aumento de la demanda y la caída de la oferta conduciría a guerras recurrentes sobre los suministros restantes de petróleo.

Pero mucho ha cambiado desde entonces. Por un lado, el suministro global de petróleo se ha expandido en gran medida a través del uso generalizado de hidro-fracking para extraer petróleo de las formaciones de esquisto; como resultado, ahora parece que ya no confrontamos ninguna escasez inminente de petróleo. Por otro lado, la creciente preocupación por el cambio climático ha llevado a muchas sociedades a comenzar una transición que les aleje de la dependencia de los combustibles fósiles, lo que ha frenado el crecimiento de la demanda de petróleo; y parece que los suministros mundiales de petróleo serán suficientes para satisfacer la demanda en el futuro próximo. En consecuencia, ya no anticipo guerras recurrentes por el petróleo.

Cuando escribí Resource Wars, también advertí de una futura escasez de agua. En ese momento, mi temor era que el crecimiento de la población, la industrialización y la urbanización se combinarían aumentando la demanda de agua mucho más allá del suministro sostenible en muchas áreas del mundo. Expresé especial preocupación por el potencial de conflicto en los sistemas fluviales compartidos, como el Nilo, el Jordán, el Indo, el Mekong y el Tigris- Eufrates. Creo que estas predicciones han resultado ser bastante precisas, ya que la tensión sobre la asignación de agua de estos y otros ríos compartidos ha aumentado en los últimos años.

Sin embargo, no pude prever cuánto el cambio climático  podía  afectar  a  esos cálculos. Ahora es evidente, como resultado del trabajo del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés), que

los suministros de agua en muchas áreas del mundo en realidad se contraerán como consecuencia del cambio climático, produciendo dificultades extremas para millones de personas. La reducción en la disponibilidad de agua también dará como resultado una disminución en la producción de cultivos en muchas áreas, produciendo una escasez generalizada de alimentos y desempleo agrícola.

La combinación de sequía extrema, escasez de agua, inseguridad alimentaria y desempleo rural agravarán las tensiones étnicas y estimularán las migraciones masivas, algo que ya estamos viendo hoy, pero que podemos esperar ver en mayor medida en el futuro.

JB y NV: ¿Cómo se está confrontando esta creciente escasez? ¿Hasta dónde llegan hoy las fronteras de la extracción que ya mencionaba en su libro The Race for What’s Left (2012) y en qué medida esos límites de extracción están próximos a completarse?

MK: Las industrias del petróleo y el gas han podido superar la perspectiva del agotamiento sistémico de dos maneras: mediante la búsqueda de nuevos reservorios en áreas remotas que antes se consideraban inaccesibles, como las aguas profundas oceánicas y la región del Ártico; y aprendiendo a extraer hidrocarburos de formaciones rocosas “compactas”, especialmente los esquistos. Como resultado de estos esfuerzos, el suministro de petróleo y gas teóricamente disponible ha crecido exponencialmente en los últimos años, eliminando cualquier prospección de escasez. Pero todo esto tiene un precio: la perforación en estas regiones “fronterizas” a menudo conlleva riesgos ambientales significativos, como lo demuestra el desastre del Deepwater Horizon en abril de 2010 y el envenenamiento del agua en las áreas que están siendo “fracturadas” para extraer petróleo y gas. El desplazamiento al Ártico aumentará estos peligros, ya que cualquier derrame en esa región resultará mucho más desastroso para la vida silvestre local y mucho más difícil de limpiar.

El problema de la extracción extrema también está surgiendo con las fuentes subterráneas de agua. Muchas sociedades dependen de los acuíferos subterráneos para su agua potable y para la agricultura. A medida que ha aumentado la demanda de agua, estas sociedades han acelerado su extracción de estas fuentes subterráneas, haciendo que éstas disminuyan o desaparezcan.

Esto está sucediendo, por ejemplo, en el noreste de China, el área de Punjab en la India y el Medio Oeste de EEUU, donde algunas tierras de cultivo antes florecientes se están convirtiendo en desiertos. A medida que estos acuíferos se agotan, los agricultores deben perforar pozos más profundos para obtener agua (lo que requiere más insumos de energía) o abandonar la agricultura por completo.

JB y NV: En los últimos años parece que el cambio climático se ha ido posicionando como un problema de mayor entidad que la potencial escasez de   recursos...  ¿Cómo  se   combinan ambos fenómenos? ¿Qué considera más preocupante para el devenir de la economía mundial y, sobre todo, para las personas que poblamos el planeta?

MK: Como he sugerido, el cambio climático está interactuando con el consumo de recursos de muchas maneras significativas. A medida que aumente la temperatura global, la necesidad de energía en la calefacción disminuirá, pero la necesidad de energía para la refrigeración aumentará. Las investigaciones al respecto sugieren que el incremento en la demanda de refrigeración superará la disminución de la demanda de calefacción  dado  que  hay  más  personas que viven en zonas tropicales y templadas, donde la demanda de aire acondicionado en verano está aumentando, que en latitudes más altas donde la energía se utiliza para calefacción. Esto producirá un gran aumento en la demanda de electricidad, especialmente en las áreas en desarrollo del Sur global. Para generar esa energía adicional, los estados tendrán que elegir entre combustibles fósiles (produciendo así más emisiones de carbono), energías renovables o energía nuclear.

El cambio climático también alterará la ecuación energética de otras maneras. Por un lado, el derretimiento de la capa de hielo del Ártico permitirá la perforación de petróleo y gas en esa región, lo que ayudará a compensar el agotamiento de los campos más antiguos en otras partes del mundo (pero también generará más emisiones de carbono). Por otro lado, el cambio climático está secando los ríos clave en muchas partes del mundo, disminuyendo el agua necesaria para las represas  hidroeléctricas y para el enfriamiento de los reactores nucleares. El calentamiento global también está provocando tormentas más frecuentes y más severas, que a menudo producen fuertes vientos e inundaciones masivas que dañan o destruyen refinerías, plataformas de perforación, líneas de transmisión eléctrica y otros elementos críticos de las infraestructuras.

La agricultura mundial se verá especialmente afectada por el cambio climático.

Los científicos esperan que el aumento de las temperaturas y la disminución de suministros de agua reduzcan  drásticamente  los  rendimientos de los cultivos en muchas zonas del mundo, especialmente en África, Asia meridional, Asia central, Oriente Medio y Australia. De hecho, muchos científicos creen que ya estamos presenciando estos impactos en algunas áreas, lo que está causando malas cosechas y procesos de escasez de alimentos.

JB y NV: Las “guerras del agua”, el alza en los precios de los alimentos, los desplazamientos forzados de población causados por el cambio climático o el colapso del orden social y de los estados que puede causar la convergencia de estos fenómenos, no es algo que parezca que se vaya a producir de forma homogénea, ¿cuáles son, en su opinión, los puntos calientes?

MK: No es difícil identificar esos “puntos calientes”. Todo lo que hay que hacer es superponer un mapa del crecimiento futuro de la población proyectado sobre otros mapas que muestran las proyecciones de calor extremo en verano, de escasez de agua y de degradación de la tierra. En cualquiera de los lugares que obtengan una alta calificación en todas o la mayoría de estas categorías, es probable que se convierta en un lugar de competencia extrema por la comida, el agua y el refugio; en lugares donde esas necesidades no se satisfacen de manera efectiva y equitativa, es probable que estallen el caos y el conflicto, y que le sigan migraciones en masa. Creo que muchas partes de África y Oriente Medio entran en esta categoría, junto con gran parte del centro, sur y sureste de Asia.

JB y NV: Hablar de extractivismo hoy implica necesariamente hablar de los objetivos de máxima extracción de combustibles fósiles del nuevo presidente americano. Trump ha prometido una política energética de explotación irrestricta de las reservas de combustibles fósiles de EEUU que, dado el contexto ambiental, especialmente en términos de cambio climático, parece completamente anacrónica. ¿Cuál es su valoración al respecto? ¿Qué costes puede implicar esta nueva política en términos económicos, sociales y ambientales para los propios ciudadanos estadounidenses?

MK: La devoción del presidente Trump por la extracción de combustibles fósiles es en gran medida un asunto político, que refleja su sentido de obligación con respecto a elementos centrales de su base política: los mineros del carbón y otros trabajadores de la industria de los combustibles fósiles, así como los propietarios de las principales empresas de petróleo, gas y carbón. Estas son personas que ayudaron a organizar y financiar su exitosa campaña presidencial, y él cuenta con su apoyo en futuras elecciones. No le preocupan las cuestiones ambientales, porque sabe que los ecologistas no votarán por él y que de todos modos no ganará en California, por lo que ¿por qué atender a los votantes ecologistas de ese estado? Trump también tiene una creencia instintiva, que se remonta a su juventud, de que la fuerza de Estados Unidos se basa en su abundancia de combustibles fósiles. Esto puede verse en su argumento de que las plantas alimentadas con carbón deben mantenerse en funcionamiento como un asunto de “seguridad nacional”. Esto no tiene nada que ver con el realismo económico o la salud ecológica de la nación; es una visión de la “seguridad nacional” de los años cincuenta.

Como consecuencia de todo esto,

EEUU experimentará los efectos cada vez más graves del cambio climático. Ya hemos estado viendo cómo las condiciones extremas de calor y sequía en el oeste de este verano han derivado en incendios forestales masivos.

En el este, hemos visto meses de clima inusual y turbulento, que culminaron en el masivo y destructivo huracán Florence. Pero los republicanos seguirán votando a Trump y sus medidas anti-clima por una cuestión de lealtad política.

JB y NV: Una de las respuestas oficiales cuando se suscita la problemática de la escasez de recursos, así como del cambio climático, es la de que las mejoras en la eficiencia que permitirán los    nuevos avances tecnológicos. ¿Superará el ingenio humano a la escasez de recursos?

MK: Siempre es arriesgado predecir lo que sucederá en el futuro, pero no veo que se logren avances suficientes en tecnologías avanzadas para superar la creciente brecha entre las necesidades mundiales de recursos básicos como alimentos, agua y energía, y el suministro mundial de estos. Sí, para las personas adineradas, el futuro proporcionará mejoras en muchas áreas de la tecnología, como las comunicaciones, la medicina y el procesamiento de la información. Pero no veo suficientes investigaciones sobre cosas como la desalinización del agua y los rendimientos de los cultivos para asegurar que haya suficiente comida y agua para todas las personas que se espera que habiten el planeta en los próximos años. Tampoco nos estamos moviendo lo suficientemente rápido como para hacer la transición de salida de los combustibles fósiles, por lo que podemos esperar unos impactos cada vez más graves del cambio climático, contra los cuales hemos desarrollado muy muy pocas protecciones. ¿Cómo vamos a reasentar a los miles de millones de personas que tendrán que abandonar las costas inundadas y las tierras interiores quemadas? ¿Dónde está la tecnología para eso? Sobre todo, sospecho que las mejoras en la tecnología irán dirigidas a las fuerzas militares y policiales para defender a las poblaciones ricas contra los refugiados climáticos.

JB y NV: En 2011 respondió unas preguntas para nuestra publicación Boletín   ECOS  donde  afirmaba  que  la futura conflictividad no sería tanto entre Estados-nación sino dentro de las naciones por el suministro de recursos vitales (tierra, alimentos, agua). ¿Qué predomina actualmente y cuál cree que será la tendencia en un futuro próximo?

MK: Bueno, creo que habrá conflictos de ambos tipos, dentro de las naciones y entre naciones. El agua va a ser fundamental en todo esto. El conflicto ya está ocurriendo dentro de los estados por el acceso a fuentes clave de agua, y esto continuará. Pero me temo que, con el cambio climático, los estados podrían luchar por la asignación de agua de los sistemas fluviales compartidos, como el Nilo o Brahmaputra.

JB y NV: En un artículo reciente usted señalaba que EEUU ha comenzado una nueva ‘larga guerra’, una campaña permanente para contener a China y Rusia en Asia, Europa y Oriente Medio. ¿Qué  relaciones  guarda  esta  “guerra” con la pugna por los recursos naturales? ¿Cuál es su valoración de la situación de EEUU en términos de hegemonía?

MK: La nueva “larga guerra “ que veo en desarrollo entre EEUU, Rusia y China está siendo impulsada por factores geopolíticos clásicos, con cada parte buscando maximizar su poder e influencia en el tablero de ajedrez global. Esto es muy parecido a lo que sucedía a finales del siglo XIX y principios del XX, cuando las principales potencias europeas lucharon por el dominio en África, Asia y los Balcanes.

Los recursos desempeñan un papel importante en esto, ya que cada parte busca asegurar que posee los suministros adecuados de recursos críticos y, si es posible, negárselos a sus rivales.

EEUU, por ejemplo, busca mantener el dominio de los océanos, porque de esta manera puede cortar el flujo de recursos vitales, especialmente de energía, a China. En respuesta, China está tratando de reforzar sus lazos con Asia Central, para poder importar energía por rutas interiores de suministro; este es un objetivo importante de su iniciativa One Belt One Road. Para Rusia, el control del Ártico es esencial, ya que depende cada vez más de las reservas de la región a medida que se agotan sus reservas subárticas de petróleo y gas (ver más arriba); como resultado, Rusia ha estado reforzando su presencia militar en el Ártico.

A medida que avanza esta lucha, EEUU tiene algunas ventajas claras, ya que posee la marina más grande del mundo y es en gran parte autosuficiente en energía. Los EEUU también pueden contar con la OTAN para apoyar su posición en Europa y Oriente Medio. Rusia también es autosuficiente en energía, pero tiene una economía mucho más débil que EEUU y carece de aliados; en el caso de China, aunque su economía es más fuerte que la de Rusia, es menos autosuficiente en energía y también carece de aliados. La posición relativamente más fuerte de EEUU se refleja en el comportamiento beligerante y arriesgado de Donald Trump. Para compensar estas ventajas de EEUU y mejorar sus propias posiciones, Rusia y China han tratado de desarrollar capacidades “asimétricas”, como la guerra cibernética y la robótica.

JB y NV: La problemática en torno a los recursos se basa en una narrativa de la escasez, ¿en qué medida esta escasez es una noción construida o se corresponde  con  una  realidad  física? ¿Enfatizar la noción de escasez puede estar ocultando y marginando el debate sobre la redistribución?

MK: Bueno, permítanme decir que mientras escribo esto, estoy viendo imágenes de la destrucción causada por el huracán Florence en Carolina del Norte, donde miles de hogares han sido destruidos y muchas personas han quedado sin hogar. Esto es lo que veremos cada vez más en el futuro a medida que avanza el calentamiento global y que eventos tan extremos se vuelvan más comunes. Y esto ha alterado mi pensamiento sobre la “escasez”.

En el pasado, cuando pensaba en la “escasez”, pensaba en términos de cosas materiales: petróleo, agua, mineral de hierro, etc. En el futuro, me temo que la “escasez” se relacionará cada vez más con las condiciones de vida de supervivencia, del tipo: ¿Vive usted en un lugar y en circunstancias que le permitan sobrevivir a los efectos extremos del cambio climático? Si vive a pocos metros del nivel del mar, la respuesta es probablemente “no”. Si vive en áreas del mundo propensas a huracanes o tifones, la respuesta es “no”. Si vive en áreas secas del interior de África, Asia Central o el Oeste de EEUU, la respuesta también es “no”. Aquellos de nosotros con los medios para reubicarnos y comenzar de nuevo en otro lugar en condiciones razonablemente cómodas no podemos sufrir “escasez de supervivencia”, pero todos los demás experimentarán una severa escasez de este tipo.

José Bellver y Nuria del Viso son miembros de FUHEM Ecosocial y del equipo de redacción de la revista Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global.

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Entrevista a Saskia Sassen, por Nieves Zúñiga (2007).

 


Extractivismos

Extractivismo: el concepto y sus múltiples violencias*

Eduardo Gudynas

El autor, uno de los investigadores de referencia en extractivismo en América Latina, define en este artículo el fenómeno y sus características –comunes con los extractivismos en otros puntos del planeta– y evalúa los impactos negativos que tiene sobre las políticas estatales a través del denominado “efecto derrame”. La frecuencia con que los extractivismos se entretejen con ilegalidades, alegalidades y corrupción lleva al autor a plantear que en su mayoría conllevan  en sus prácticas el signo de la violencia. Para estos extractivismos realizados con fuerte violencia se ha acuñado un nuevo término: extrahección.

Los llamados extractivismos se han convertido en un drama social y ambiental que se repite en casi todo el planeta. En América Latina aparecen en todos los rincones del continente: desde las perforaciones petroleras en la Amazonia de Ecuador al monocultivo de soja en las sabanas del centro de Brasil, desde la megaminería chilena al fracking en la Patagonia de Argentina.

Este tipo de explotación de la naturaleza no es nueva, pero más allá de su larga historia, el particular contexto de la década de 2000 hizo que se multiplicara en todo el continente americano. Eran tiempos de optimismo y expansión económica, de cambios políticos y muchas ilusiones. Pero de todos modos, América Latina volvió a apostar por extraer recursos naturales para seguir siendo  el  gran  proveedor  de  materias  primas  de  la  globalización.

Los extractivismos se multiplicaron e intensificaron, y eso promovió toda una secuencia de problemas. Aumentaron los impactos ambientales y sociales, comenzaron a sumarse accidentes de todo tipo y se incrementó la denuncia y protesta ciudadana. Los gobiernos y las empresas reaccionaron y en varios sitios hostigaron o criminalizaron a los movimientos ciudadanos, especialmente indígenas y campesinos. Los extractivismos quedaban empantanados en la violencia, pero los gobiernos seguían protegiéndolos dada su dependencia económica.

América Latina volvió a apostar por extraer recursos naturales para seguir siendo el gran proveedor de materias primas de la globalización.

Los debates fueron cada vez más intensos a partir de la segunda mitad de la década de 2000, tanto en la denuncia de esos emprendimientos como en la búsqueda de alternativas a ellos. La existencia de gobiernos progresistas obligó a un debate en términos distintos a los que tradicionalmente tenían lugar con las administraciones conservadoras. No faltaban quienes sostenían que la solución serían algo así como unos extractivismos estatales o bajo control obrero, o los que argumentaban que no existían alternativas posibles y eran un mal necesario para financiar programas contra la pobreza. Incluso estaban los que afirmaban que cualquier tipo de aprovechamiento de la naturaleza sería un extractivismo, y por ello no habría diferencia entre un campesino que cultiva la tierra y las enormes superficies sembradas con soja.

Estas y otras circunstancias obligaron a que se definiera con la mayor precisión posible el campo de los extractivismos. Esto no se debía a una necesidad académica, sino a una inevitable condición para poder esgrimir debates políticos y para pensar alternativas de salida a esa dependencia.1

Definiendo los extractivismos

Bajo esas condiciones se arribó a una definición de trabajo de los extractivismos: corresponden a un tipo de apropiación de recursos naturales en grandes volúmenes y/o la alta intensidad, donde la mitad o más son exportados como materias primas, sin procesamiento industrial o procesamientos limitados. Esta es una delimitación acotada, que recoge buena parte de los antecedentes históricos en el manejo del concepto, pero a la vez permite distinguir entre la agricultura campesina, orientada al autonconsumo o el mercado nacional, de actividades como un campo de petróleo o una mina a cielo abierto que comercia con los mercados internacionales.

Es importante advertir que el tipo de impacto ambiental no define a los extractivismos. Hay otros modos de apropiación de la naturaleza que pueden tener muy altos impactos ambientales y que no constituyen extractivismos, ya que están destinados al consumo local o nacional. De todos modos, son bien conocidos un amplio conjunto de efectos negativos de los extractivismos, que van desde la pérdida de biodiversidad a la contaminación de suelos, aire y agua. En algunos casos, esos impactos y el enorme volumen de recursos naturales removidos genera “amputaciones” ecológicas, como son las enormes canteras en las minas de hierro, carbón u oro, y que no pueden ser restauradas o remediadas.

La definición deja muy en claro la dependencia de los extractivismos con la globalización. Eso explica que el volumen de recursos que se extrae alcanza los millones de tonela- das o millones de barriles, muy por encima de las necesidades de los propios países, ya que en realidad está alimentando el consumo de otros continentes. Esa voracidad de la globalización explica que este tipo de actividades sean hoy en día la mayor causa de impactos ambientales y territoriales en América Latina, superando a cualquier otra problemática que esté restringida a nivel nacional. Además, esa dependencia global implica que sea muy difícil su manejo por los gobiernos nacionales, ya que en realidad responde a las demandas de consumo y disponibilidad de capital de los mercados globales. Dicho de otro modo, los extractivismos están localmente anclados, pero dependen de la globalización.

Otra consecuencia de esta definición es que los extractivismos son plurales, incluyendo los clásicos sectores minero y petrolero, muy conocidos en los países andinos, pero también cubre otros sectores como la agropecuaria, ganadería, bosques o pesca. También deja en claro que no existe algo así como una “producción” de minerales o granos, tal como hacen economistas convencionales o los informes gubernamentales. En los extractivismos nada se produce sino que existe una extracción por ejemplo de cobre, o una cosecha de soja.

Este concepto permite superar otro error común, y en especial en la academia y algunas redes globales, que los califican como industrias. Eso es incorrecto referirse a “industrias extractivas”, ya que en ellos no hay una transformación industrial; no se elaboran productos manufacturados y lo que se exportan son materias primas (también denominados como commodities). La insistencia en hablar de “industrias extractivas” tampoco es ingenua, ya que tiene unas connotaciones culturales que apelan a los imaginarios de fábricas con muchos obreros para así lograr adhesión ciudadana. Es necesario abandonar esa denominación no solo por la rigurosidad conceptual, sino por esas implicaciones políticas.

Son bien conocidos un amplio conjunto de efectos negativos de los extractivismos, que van desde la pérdida de biodiversidad a la contminación de suelos, aire y agua.

Esta definición permite avanzar en la comprensión de algunas particularidades de los actuales extractivismos. Es posible comprender que ocurren bajo muy diversos regímenes de propiedad y acceso. Están los conocidos emprendimientos en manos de empresas privadas, las que pueden ser extranjeras, como ocurre con muchas corporaciones mineras o petroleras, nacionales, como el grupo Buenaventura en Perú, o asociaciones entre unos y otros. Otros enclaves son controlados por compañías estatales (como las petroleras nacionales en Bolivia o Venezuela), o por empresas mixtas (como es el caso brasileño de la petrolera Petrobras). Incluso se han sumado otros modos, tales como las cooperativas mineras en Bolivia, o una impactante proliferación de una minería ilegal del oro en zonas tropicales, en manos de decenas de miles de mineros que actúan individualmente o en pequeños grupos en países como Colombia, Perú, Bolivia y Brasil. A su vez, mientras que la propiedad puede ser de un tipo, el acceso al recurso natural puede tener un régimen distinto (como ocurre en Venezuela, donde la empresa estatal realiza todo tipo de joint-ventures para extraer, procesar y comercializar con las conocidas corporaciones transnacionales).

La política de los extractivismos

Estas y otras características explican que los extractivismos se repitieran bajo todo tipo de gobiernos en América Latina, desde los progresismos brasileños o venezolanos al conservadurismo de Colombia o Chile. Los estilos de implementación fueron diferentes, ya que en unos casos se intentaron mayores controles desde el Estado, sea por medio de las propias empresas nacionales o elevando la tributación, mientras que en otros persistieron estrategias que descansaban en las corporaciones transnacionales. Seguramente los gobiernos progresistas en sus primeras etapas, impusieron en varios países cambios positivos sobre el acceso y la tributación en el sector petrolero, y pudieron sacar provecho de los altos precios que se disfrutaban años atrás. Esas circunstancias económicamente ventajosas le daban mayores márgenes de maniobra a los gobiernos. Pero con el paso del tiempo, a medida que las condiciones de los mercados internacionales se volvieron más difíciles, los gobiernos, en lugar de diversificarse hacia otros sectores productivos, redoblaron sus apegos por los extractivismos.

Aunque existieron diferencias entre distintas posturas ideológicas, lo impactante es que coincidieron en defender y promover los extractivismos. Cuando aquella bonanza económica decayó a medida que avanzaba la década de 2010, todos los gobiernos, fuesen conservadores o progresistas, apuntaron a redoblar los extractivismos para enfrentar la crisis. Buscaron aumentar el volumen de recursos exportados para así recuperar sus ingresos por exportación. O bien, se lanzaron a buscar nuevos sectores extractivos, tales como el fracking o ampliar la frontera agrícola para dar lugar a nuevos monocultivos. En esto se utilizaron todo tipo de herramientas como concesiones territoriales, rebajas en los controles ambientales y sociales y hasta subsidios económicos.

Todo ello originó el aumento de las denuncias y resistencias ciudadanas. Los grupos locales padecían cada vez más problemas por impactos como la contaminación o el desplazamiento, o sus territorios pasaban a ser concesionados a mineras o petroleras, las que finalmente los controlaban. Escalaban los reclamos y las protestas, y en algunos casos estallaron en masivas movilizaciones ciudadanas (como ocurrió en Colombia, Bolivia, Perú y Ecuador). Las reacciones de los gobiernos, fuesen conservadores o progresistas, fue proteger los extractivismos y buscar anular o controlar la movilización local. Escaló todavía más la violencia que acompaña a muchos de esos emprendimientos, sea la que hace el propio Estado al criminalizar la protesta ciudadana, como al tolerar la represión de fuerzas de represión o incluso los asesinatos de líderes locales.

Ilegalidades y alegalidades

Bajo estas condiciones no puede sorprender el descubrimiento de prácticas ilegales en muchos extractivismos. Los ejemplos más conocidos van desde la escala local como sobornar un inspector que debe verificar las consecuencias de la fumigación con agroquímicos o incumplir los requisitos de calidad ambiental, hasta otros a nivel nacional como los negociados en obtener concesiones mineras o petroleras.

Ese tipo de situaciones son bien conocidas, y actualmente se volvieron muy visibles con los grandes casos de corrupción (que serán comentados más abajo). Pero un examen de la situación en América Latina muestra que en paralelo tienen lugar lo que se reconocen como “alegalidades”. Estas son acciones que formalmente son legales o que al menos no están prohibidas por la normativa, pero cuya finalidad evidente es un aprovechamiento espurio utilizando los vacíos legales, aunque así perjudicando los intereses colectivos. Son las prácticas que aprovechan los vacíos, limitaciones o imperfecciones normativas para obtener un beneficio ilegítimo que daña a la sociedad o el ambiente, y que una norma buscaba impedir. El ejemplo más conocido reside en las corporaciones mineras que usan trucos formales para evadir impuestos. Recientes evaluaciones para Perú, muestran que hay empresas mineras que aprovechando alegalidades el Estado termina devolviéndoles más dinero de los impuestos que pagaron. De este modo se cae en una alegalidad donde es el Estado el que termina subsidiando a los extractivismos mineros.

La articulación entre ilegalidades y alegalidades confluyen en una reducción de la cobertura de los derechos de las personas y de la naturaleza para poder sostener un emprendimiento extractivista. Son casos donde se aceptan violaciones de todo tipo sobre la calidad del ambiente y las condiciones locales, se tolera la corrupción, y se criminaliza y reprime a movimientos sociales. Las situaciones extremas llegan a la violencia sobre las personas, tales como la muerte de manifestantes por fuerzas de seguridad pública o privada (como ha ocurrido en Paraguay), o el asesinato de líderes locales (en varios casos perpetrado por sicarios, como ha sido denunciado en Brasil y Colombia). Los gobiernos pocas veces investigan y penalizan esas violaciones, y en algunos casos son cómplices (como ocurre con la participación de la policía).

Cuando las condiciones de los mercados internacionales se volvieron más difíciles, los gobiernos, en lugar de diversificarse hacia otros sectores productivos, redoblaron sus apegos por los extractivismos.

Hay algunos extractivismos que son tan violentos que es necesario distinguirlo con una etiqueta específica: “extrahección”. Este nuevo término proviene del vocablo en latín, extraher, que quiere decir: “arrancar con violencia”. Por lo tanto, las extrahecciones aluden a los casos de extractivismos donde se violan los derechos de las personas y la naturaleza, en especial cuando ello se hace con violencia.

En América del Sur las extrahecciones no son casos aislados o “accidentes” en la implantación de un proyecto, sino que son una condición necesaria, previa y frecuente para llevar adelante emprendimientos de gran escala o muy intensivos. En efecto, los extractivismos actuales imponen efectos tan agudos que si las comunidades fuesen adecuadamente informadas, los estudios de impacto ambiental fuesen rigurosos o se contabilizaran realmente todos sus costos económicos ocultos casi nunca serían aprobados. Por lo tanto, es necesario debilitar y recortar la cobertura de derechos para imponer este tipo de actividades.

Efectos derrame

Ese debilitamiento de la cobertura y salvaguarda de los derechos muestra una consecuencia de los extractivismos que es muy distinta de los impactos locales más conocidos, como puede ser la contaminación. Por lo tanto, nos encontramos ante dos procesos, por un lado los conocidos impactos locales, y por otro lado efectos más difusos, pero no menos graves, que alteran las políticas públicas.

Estos últimos son denominados “efectos derrame”, correspondiendo a cambios en las políticas públicas, e incluso en conceptos políticos básicos como justicia o derecho, que son transformados como consecuencia de los extractivismos.

Esto se observa cuando, por ejemplo, para poder llevar adelante un proyecto extractivo se modifica una normativa ambiental, pero la consecuencia de ese cambio no se restringe a ese emprendimiento, sino que modifica toda la gestión ambiental, incluso en actividades no extractivas, y se aplican en todo el territorio. No estamos aquí ante impactos locales, y no son pocos los casos donde una normativa se altera aun antes de iniciar un emprendimiento, con el solo propósito de alentar a inversores. Lo que ocurre es que políticas públicas, como pueden ser las ambientales, laborales, sanitarias, etc., se modifican para permitir los extractivismos, y eso genera consecuencias que se “derraman” en todas las políticas y en todo el país. Existen múltiples derrames y se entrelazan unos con otros, afectando los modos de entender la economía, la justicia y la democracia, e incluso las concepciones de la naturaleza.

Distinción entre impactos locales y efectos derrame, con ejemplos de algunas de sus expresiones más comunes

 

La sombra de la corrupción

Uno de los flancos donde se hace más evidente la incidencia de la ilegalidad en los extractivismos, operando en función de esos efectos derrame, se encuentra en la corrupción. Esa problemática tampoco es nueva, ya que la corrupción asoma de muchos modos en varios extractivismos, como puede ser sobornar a un funcionario estatal para obtener permisos ambientales o dejar impunes a los que violan derechos humanos. Posiblemente el caso más conocido sea el que envolvió a la petrolera brasileña estatal Petrobras y un conjunto de corporaciones que trabajaban con ellas, tales como Odebrecht.

Los resultados de la conocida operación Lava Jato lanzada desde la ciudad de Curitiba, incluyeron 1.765 procesos, 73 acusaciones criminales contra 305 personas distintas, 188 condenas sobre 123 individuos, y 163 acuerdos de testimonios a cambio de reducción de las penas (datos a abril de 2018). A nivel federal están en marcha 100 acusaciones, 7 acciones penales y 121 acuerdos de testimonios premiados. La cifra estimada de los sobornos pagados sigue elevándose, pero podría haber alcanzado los 10.000 millones de reales (alrededor de 3.000 millones de dólares). A partir de todo esto perdieron sus cargos, han sido procesados o están encarcelados, entre otros, quienes fueron presidentes de la cámara de senadores y de diputados, ex ministros y legisladores.

Aunque menos publicitados por la prensa convencional, hay otros casos que son tanto o más graves que los de Brasil. Entre ellos se destaca la situación en Chile, donde, a pesar de ser presentado como un ejemplo empresarial y económico, se comprobó que en el primer gobierno de Sebastián Piñera se desplegó una trama de pagos ilegales desde una corporación minera a los legisladores. Ese esquema es escandaloso, pero a la vez revelador, ya que los pagos de la empresa llegaron a todos los partidos políticos y eran proporcionales al número de votos (y de legisladores). Más recientemente se descubrió que el fondo estatal acumulado por la explotación del cobre era usado por los militares que lo controlan en viajes y juergas en Las Vegas. Estos y otros ejemplos muestran que la corrupción alrededor de la explotación de la naturaleza está mucho más extendida de lo que se cree.

Cuando la corrupción está presente en las prácticas de apropiación de la naturaleza, las definiciones convencionales de corrupción son insuficientes, ya que no incorporan adecuadamente sus implicancias ambientales y territoriales, y además tienen dificultades en lidiar con las alegalidades.

Por ello se trabaja con otra definición, concibiéndola como prácticas ilegítimas, irregulares e incorrectas, tanto ilegales como alegales, realizadas en ámbitos públicos como privados, por distintos actores, quienes logran beneficios propios, aprovechando posiciones de poder, que a su vez desencadenan perjuicios sociales y ambientales, y por lo tanto expresan injusticias.

Un examen de 139 casos en diez países sudamericanos encontró que la corrupción está presente en todos los tipos de extractivismos, desde los más clásicos como minería y petróleo a otros, como pesca y forestal. Ocurre en todos los países de la región, incluyendo aquel que tiene los más bajos indicadores de corrupción (Uruguay). Por lo tanto, ha afectado a gobiernos de todo sesgo ideológico, desde las administraciones conservadoras en los países andinos a los progresismos como los de Argentina, Bolivia y Brasil. Del mismo modo, se la detecta  bajo todos los regímenes  de  propiedad  y  acceso a los recursos naturales (emprendimientos privados, mixtos, estales, cooperativos, etc.).

La corrupción en los extractivismos obviamente opera en la ilegalidad, pero la misma investigación mostró que incide sustancialmente en el campo de la alegalidad. Es más, se puede argumentar que los esquemas de corrupción en los extractivismos buscan ampliar el campo de las alegalidades ya que de esa manera aumentan sus chances de impunidad.

La enorme importancia económica de los sectores extractivos explica la atracción que ejercen sobre los actores políticos, ya que ven allí fuentes de dinero para nutrir sus actividades. No debe pensarse en ocasionales encuentros a las sombras, donde un empresario le traspasa un bolso con dólares a un político, sino que los casos brasileños revelaron una ingeniería administrativa y financiera que involucraba decenas de ejecutivos, intermediarios y políticos, que usaron canales empresariales, bancarios y gubernamentales, muy estable y engrasada, y que por ello perduró durante años.

Los extractivismos, con sus insistencia en mercantilizar la naturaleza y la sociedad, no solo son permeables a la corrupción política a gran escala, sino que también se convierten en canales para que penetren a nivel de grupos ciudadanos, comunidades campesinas o indígenas. Esta triste dimensión del problema se expresa en las distintas situaciones donde se han descubierto redes de corrupción en las que participaban líderes locales. Un ejemplo fue el llamado Fondo Indígena, creado por el gobierno de Evo Morales en Bolivia, que se mantenía con dineros de la exportación de hidrocarburos, y que resultó en desvió de fondos, proyectos fantasmas que nunca se ejecutaron, pago a movilizaciones partidarias, etc.

La corrupción a su vez debilita o anula la visibilización de los impactos de los extractivismos, e incluso de la violencia que ocurre en ellos. Incluso opera para dejar impunes sean a los que contaminan un río o a los que asesinan a un líder ciudadano. Es por ello que puede afirmarse que la corrupción en los extractivismos golpea sobre todo a las comunidades locales, especialmente indígenas y campesinas. Y a la vez, sirve para debilitar tanto la salva guarda de los derechos humanos como la vigencia de democracias plenas.

La justicia y la democracia, otra vez

Este brevísimo y esquemático repaso muestra que los extractivismos encierran fuertes tensiones y contradicciones. Son un modo de apropiación de la naturaleza, pero por su enorme importancia económica y sus severos impactos son mucho más que eso. Ese tipo de actividad está detrás de muy severas consecuencias ambientales y sociales y genera todo tipo de conflictividad. A la vez, alimenta efectos derrame que van mucho más allá de las circunstancias locales, erosionando, por ejemplo, la cobertura de derechos y tolerando la violencia. En los casos de corrupción se entremezclan muchas de esas dimensiones.

Desde una perspectiva como desde otra, los más perjudicados son las comunidades en el medio rural, sean campesinas o indígenas, ya que ellas se ubican allí donde están los yacimientos mineros, petroleros o avanza la nueva fronteras agropecuaria.

En cualquiera de esos casos está en juego la calidad de la democracia y los conceptos sobre la justicia. Tolerar las ilegalidades y alegalidades de los extractivismos, recortar los mecanismos de participación e información ciudadana, o soportar la impunidad de asesinos de líderes comunitarios son todos distintas reconfiguraciones sobre la justicia y la democracia. O sea, son efectos derrame alimentados desde la obsesión con los extractivismos.

A pesar de todo esto, es impresionante que la resistencia a los extractivismos se repita en todos los países. No son simples reacciones defensivas, sino que en muchos sitios están dando una batalla, presentando alternativas más allá de los extractivismos, en varios casos con alto nivel de sofisticación, desde el respeto intercultural y sin renunciar a la búsqueda de la justicia social y ecológica.

Eduardo Gudynas es secretario ejecutivo del Centro Latino Americano de Ecología Social (CLAES), Montevideo, Uruguay

* Una biblioteca de informaciones, con artículos, libros y reportes sobre extractivismos, está disponible en:  www.extractivismo.com

1 Las definiciones y los casos están basados en el trabajo del autor en nueve países sudamericanos, en diálogo con distintos movimientos sociales y centros académicos en la última década.

Acceso al artículo en formato pdf: Extractivismo: el concepto y sus múltiples violencias


Dossier Derechos Humanos: setenta años defendiendo la vida digna.

Derechos Humanos, setenta años defendiendo la vida digna.

La Declaración Universal de los Derechos Humanos, aprobada por la ONU el 10 de diciembre de 1948, cumple setenta años. El documento es una referencia esencial para defender el derecho a una vida digna y valores fundamentales como la igualdad, la libertad, la dignidad de todos los seres humanos, el derecho al trabajo, la educación, etc., siendo irrelevantes las distinciones de raza, color, religión, sexo, lenguaje y opinión política.

En ese sentido, este Dossier recoge una recopilación de cuatro artículos aparecidos en distintos números de nuestra revista Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global que abordan el tema de los derechos humanos desde la perspectiva ecosocial.

Para ello, contamos con las aportaciones de especialistas como Itziar Ruiz-Giménez, María Eugenia R. Palop, Richard Falk y Susana Borrás, y como es costumbre, ofrecemos una selección de recursos de la mano de Susana Fernández Herrero del Centro de Documentación Virtual de FUHEM Ecosocial.

Puedes descargar a continuación el Dossier completo en formato pdf: Derechos humanos, setenta años defendiendo la vida digna o bien los artículos  y la selección de recursos por separado:

Luces y sombras del régimen internacional de los derechos humanos
Itziar Ruiz-Giménez Arrieta
En el 70 Aniversario de la Declaración Universal de Derechos Humanos, este artículo plantea seis grandes desafíos que afronta la doctrina de los derechos humanos para ser realmente un “instrumento de justicia” y no, como ha sido durante mucho tiempo, un instrumento de “civilización” promovido por las elites capitalistas, occidentales, (neo)liberales.

Derechos humanos y buen vivir. Sobre la necesidad de concebir los derechos desde una visión relacional
María Eugenia R. Palop
El buen vivir exige una deliberación moral narrativa en la que los bienes comunes y relacionales, la solidaridad y las responsabilidades compartidas (y graduadas) ocupen un lugar central, por lo que no se armoniza fácilmente con la conceptualización proto-liberal de los derechos humanos que hemos heredado de la Modernidad.

Por qué los pueblos del mundo necesitan a la ONU
Richard Falk
Actualmente, la ONU vuelve a ser objeto de duros ataques, sobre todo de su miembro más poderoso, EEUU, precisamente cuando los pueblos del mundo necesitan una organización más fuerte para hacer frente a los desafíos de nuestra época. Solo mediante la movilización de la gente puede evitarse la neutralización de esta organización.

La migración ambiental: entre el abandono, el refugio y la protección internacional
Susana Borrás
¿Qué estatus jurídico puede proteger a las víctimas migrantes de las alteraciones humanas del clima? El artículo reflexiona sobre la necesidad de conseguir la voluntad política de cooperar y de establecer un marco de protección adecuado y suficiente para prevenir y/o responder a las crisis humanitarias generadas por la degradación del medio ambiente.

SELECCIÓN DE RECURSOS

Susana Fernández Herrero

Desde el Centro de Documentación de FUHEM Ecosocial elaboramos una recopilación de recursos de diferentes formatos para facilitar el acceso a más información en torno a la temática abordada en cada número. En este Dossier recogemos una recopilación de artículos sobre Derechos Humanos publicados en nuestra revista Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global que analizan la situación actual y su evolución a lo largo de los últimos 10 años.

Destacamos también la colección de Cuadernos Deusto de Derechos Humanos publicaciones editadas por el Instituto de Derechos Humanos Pedro Arrupe de la Universidad de Deusto, sobre materias relevantes y actuales en el ámbito de los derechos humanos, con un enfoque divulgativo. Ofrecemos una selección donde se abordan diferentes temáticas relacionadas con el derecho a la libre determinación, a la situación de los defensores de los derechos humanos, las causas de los desplazamientos forzados, las políticas del miedo, la impunidad y la Justicia transicional.

La siguiente recomendación en un Centro de Documentación sobre Racismo y Xenofobia de SOS Racismo – Mugak, a través del que ofrecen la Revista de prensa del Observatorio de la Diversidad en los Medios, con información sobre inmigración y minorías publicada en los principales diarios del estado español y con acceso a la base de datos donde catalogan esa información. Recogen, analizan y catalogan sistemáticamente la representación que los medios de comunicación hacen de las minorías étnicas en su aspecto más amplio y diverso. Cuentan con una base de datos con más de doscientas mil noticias y artículos que la prensa escrita ha publicado en los últimos años.

Por último, ofrecemos una recopilación de Organizaciones e Institutos que desarrollan su actividad entorno a la defensa de los derechos humanos, en la que destacamos algún elemento característico, publicación o recurso de interés de cada una de ellas: Asociación pro Derechos Humanos España - APDHE, Amnistía Internacional, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos - CIDH, El Instituto Universitario de Derechos Humanos, Democracia, Cultura de Paz y No Violencia – DEMOSPAZ; Human Rights Watch, la Federación Internacional de Derechos Humanos – FIDH, el Instituto de Derechos Humanos Bartolomé de las Casas, el Instituto Universitarios de Derechos Humanos de la Universidad de Valencia, El Instituto de Derechos humanos de Cataluña y la Red Internacional para los Derechos Económicos, Sociales y Culturales.

Otros Dossieres:

Derechos Humanos: setenta años defendiendo la vida digna, Itziar Ruiz-Giménez Arrieta, María Eugenia Rodríguez Palop, Richard Falk, Susana Borrás, Lucía Vicent, Susana Fernández Herrero.

Crisis Ecosocial, Conflictos y Construcción de Paz, Santiago Álvarez Cantalapiedra, Nuria del Viso, Jesús Núñez, Carmen Magallón, Susana Fernández Herrero, diciembre 2018.

Gentrificación, privilegios e injusticia alimentaria, Joshua Sbicca, Sara González, Guadalupe Ramos, Ricard Espelt, Susana Fernández Herrero, julio 2018.

Mujeres y mundo rural: nuevos y viejos desafíos, Emma Siliprandi, Ana Sabaté Martínez, Lídia Senra Rodríguez, Fátima Cruzmarzo, Susana Fernández Herrero, marzo 2018.

Contaminación del aire y movilidad en la ciudad, Miguel Ángel Ceballos Ayuso, Alfredo Sánchez Vicente, Alfonso Sanz Alduán, Elena Isabel Boldó, Pilar Vega Pindado, Susana Fernández Herrero, febrero 2018.

Democracia local: avances, oportunidades y limitaciones, Tomás Rodríguez Villasante, Andrés Boix Palop, Joan Subirats, María Gómez Garrido, Susana Fernández Herrero, noviembre 2017.

Agroecología: un paso más hacia la calidad de vida, Gloria I. Guzmán, David Gallar, Ángel Calle, Daniel López, Humberto Ríos, Susana Fernández Herrero, junio 2017.

Políticas de género y calidad de vida en la ciudad, Gemma Ubasart, Alicia Rius, Christel Keller, Marta Domínguez, Susana Fernández Herrero, marzo 2017.

Calidad de vida, una noción poliédrica, Santiago Álvarez Cantalapiedra, Maria Ángeles Durán, Carolina del Olmo, Mauricio León Guzmán, Susana Fernández Herrero, enero 2017.

Conflictos y alternativas en la ciudad, Luis del Romero Renau, Jacobo Abellán, Alberto Magnaghi, José Bellver, Susana Fernández Herrero, octubre 2016.

Impacto de los modelos alimentarios, Carlos A. González, Nicole Grunewald, Alessandro Galli, Katsunori Iha, Martin Halle, Michel Gressot, Ferran García, Luis González Reyes, Susana Fernández Herrero, junio 2016.

Género y salud, Maria Pilar Sánchez López, Teresa Ruiz Cantero, Lucero Herrera Cairo, Maria Isabel Casado Mora, Vanesa Puig Barrachina, Marisol Ruiz, Mireia Juliá, Emmanuel Calderón, Kayla Smith, Andrés Peralta, Joan Benach, Susana Fernández Herrero, marzo 2016.

Temas clave en el debate del cambio climático, Ferran Puig Vilar, Larry Lohman, L. Urkidi, R. Lago, I. Basurko et al., y David Held y Angus Fane Hervey, Susana Fernández Herrero, enero 2016.

Fracking: hacia las nuevas fronteras del extractivismo fósil, Pedro Prieto, Elisa Moreu, Samuel Martín-Sosa y Elvira Cámara, Susana Fernández Herrero, septiembre 2016.

Desinformación y pseudoinformación, Braulio Gómez Fortes; Rodrigo Fernández Miranda; Beatriz Gimeno; José Bellver, Paul Serrano y Pau Salarich, Susana Fernández Herrero, junio 2015.

Construcción de la desigualdad de género en la educación, Carmen Rodríguez, Gema Martín, Nieves Salobral, Olga Abasolo y Ana del Pozo, Susana Fernández Herrero, marzo 2015.

Estados de excepción y control social, Santiago Alba Rico, Alex Segura, Jean-Pierre Garnier, Tica Font, Lucía Vicent Valverde, Susana Fernández Herrero, enero 2015.

Proyecto europeo: deseos, desvíos y derivas, Antonio Moreno Juste, Éric Toussaint, Antonio Sanabria, Martín Xavier Casals, Andrew Gavin Marshall, Lucía Vicent Valverde, Susana Fernández Herrero, octubre 2014.

La juventud, un estado precario de completa incertidumbre, Luis Enrique Alonso, Jon Bernat, Yassodára Santos, y Alejandro Martínez junto a Francisco Verdes-Montenegro, Lucía Vicent Valverde, Susana Fernández Herrero, junio 2014.

Nuevos retos del debate feminista ante la Gran Involución, Justa Montero, Olga Abasolo, Lucía Vicent, Ana del Pozo, Carlos Martínez, Susana Fernández Herrero, marzo 2014.

La huella del consumismo tecnológico, José Bellver, Juan José Castillo, Daniel López y Fernando Cembranos, Lucía Vicent, Susana Fernández Herrero, diciembre 2013.

Migrantes: entre la crisis y la exclusión, Colectivo Ioé, Producciones Translocales, Michael Renner y Lorenzo Chacón, Carlos Martínez, Lucía Vicent, Susana Fernández Herrero, septiembre 2013.

Desobediencia civil, la estrategia necesaria, Alejandro Martínez Rodríguez, Sabino Ormazabal Elola, Mar Rodríguez Gimena y Jaime Sánchez Barajas, Montserrat Cervera Rodon, Lucía Vicent Valverde, Susana Fernández Herrero, junio 2013.

El desigual impacto de la crisis en las mujeres, Lucía Vicent, Carmen Castro, Astrid Agenjo, Yayo Herrero, Susana Fernández Herrero, marzo 2013.

Respuestas ante la crisis de civilización, Luis González Reyes, Juan del Río, David Rivas y Cecile Andrews, Lucía Vicent, José Bellver,
Susana Fernández Herrero, diciembre 2012.

La educación a debate, Santiago Álvarez Cantalapiedra, Víctor M. Rodríguez, Teresa Maldonado, Jesús Joven, Miguel Recio, Manuel de la Cruz, Susana Fernández Herrero, octubre 2012.

Postextractivismo: alternativas a un modelo agotado, IPPM, Luis Vittor, Hoinathy Remadji, Alberto Acosta, Ernest García, Jesús García-Luengo, Susana Fernández Herrero, julio 2012.

África, la última frontera, Óscar Mateos, Jesús García-Luengos, Mercedes Jiménez, Pedro sanz, José García Botía, Susana Fernández Herrero, junio 2012.

Viviendo en entornos tóxicos, Miguel Jara; Rafael Gadea; Paco Puche; Vicent Boix, Susana Fernández Herrero, abril 2012.

Acaparamiento de tierras, el nuevo expolio, Ben White; Jennifer C. Franco; Javier Sánchez; Nidhi Tandon, Susana Fernández Herrero, enero 2012.

La conflictividad que viene, Josep Lobera; Pedro Arrojo; Marta Rivera; Ernest García, junio 2011.

Feminismos, Violet Eudine Barriteau, Ziba Mir-Hosseini, María Teresa Munguía, Germán Méndez, marzo 2011.

Periodismo con otra mirada, José Manuel Sánchez, José Naranjo, Alejandro Barranquero, Greg Simons, enero 2011.

El papel de la biodiversidad, Theo Oberhuber, Pedro Lomas, Gustavo Duch, María González Reyes, octubre 2010.

Enfoques sobre bienestar humano y buen vivir, Joaquím Sempere, Alberto Acosta, Saamah Abdallah, Mario Ortí, abril 2010.

Debates feministas, Justa Montero, Olga Abasolo, Marta Pascual, Yayo Herrero, Lucy Ferguson, enero 2010.

Cumbre de Copenhague, ¿viaje a ninguna parte?, Carlos Taibo, Jordi Roca, Cristina García Fernández y Antonio Ruiz de Elvira, 2009.

Reflexiones sobre la diversidad(es), Javier de Lucas, Ricard Zapata-Barrero, Máriam Martínez, José Ignacio Pichardo, Soledad Arnau, Rafaél Feito, Susana Fernández Herrero, agosto 2009.

Movimientos sociales hoy: de lo local a lo global, Jaime Pastor, Juan López de Uralde, Jordi Mir, Jaume Botey, Jose Luis Fernández, Afredo Ramos, Susana Fernández Herrero, junio 2009.

Conflictos socioecológicos, Joan Martínez Alier, Mariana Walter, Marica Di Pierri, Guillaume Fontaine, Susana Fernández Herrero, marzo 2009.

Cambio climático: un reto social inminente, Manuel de Castro, Climent Ramis, Pablo Cotarelo, Jorge Riechmann, Susana Fernández Herrero, noviembre 2008.

Seguridad alimentaria: el derecho de los pueblos a la vida, Enrique de Loma-Ossorio, Esther Vivas, Helen Groome, Danielle Nierenberg, Brian Halweil y Vandana Shiva, octubre 2008.

El petróleo y sus implicaciones Ecosociales, Ramón Fernández Durán, Michael T. Klare y Christofer Flavin, Susana Fernández Herrero, junio 2008.

Agro(bio)combustibles: ¿por qué no nos salvarán?, Oscar Carpintero, Monica Di Donato, Francoise Houtart, Tom Kucharz, Pedro Lomas, Guillermo Pequero, Daniela Russi y Sergio Sastre, octubre 2008.


Entrevista a Esteban Hernández

Entrevista a Esteban Hernández sobre El tiempo pervertido. Derecha e izquierda en el siglo XXI

Salvador López Arnal

Papeles de Relaciones Ecosociales, núm. 145, primavera 2019, pp. 143-155.

Licenciado  en Derecho,  Esteban Hernández  es periodista del diario El Confidencial y autor de El fin de la clase media, Nosotros o el caos y Los límites del deseo. Sus libros han merecido reseñas y comentarios favorables de, entre otros, Joaquín Estefanía, Alberto Garzón,  César Rendueles, Santiago Alba Rico, Víctor Lenore, Luis Enrique Alonso o José Antonio Zarzalejos.

Ha trabajado en medios como El Mundo, La Vanguardia o Ruta 66, y dirige actualmente la sección ACyV de El Confidencial. Sus artículos como analista político son de lectura obligada para muchos ciudadanos. Nuestra conversación se centra en su último libro: El tiempo pervertido. Derecha e izquierda en el siglo XXI, Ediciones Akal, Madrid, 2018.

Salvador López Arnal (SLA): Mi enhorabuena por su último libro. Creo que ha tenido una excelente acogida. Basta leer los comentarios, los elogiosos comentarios de Josep Ramoneda, Clara Ramas, Fernando Broncano, Daniel Bernabé, Manuel Escudero, Juan Soto Ivars y Soledad Gallego-Díaz con los que se abre su ensayo. ¿Alguna crítica no tan positiva?

Esteban Hernández (EH): No, ninguna negativa. Tiene una explicación sencilla. Dado que escribo regularmente en un medio de comunicación, quien compra y lee el libro cuando se publica suele saber lo que se va a encontrar, con lo que puede haber divergencias, pero no sustanciales. Y, sobre todo, porque España es un país de capillitas, y yo no estoy en ninguna de ellas. De modo que esos grupos, fundamentalmente de izquierda, tienden a ignorar el libro, con lo cual tampoco te encuentras con críticas negativas. No se van a tomar el tiempo de refutarlo.

SLA: Fundamentalmente de izquierdas dice usted. No parece que tenga una buena consideración de la izquierda española o de los sectores de esa izquierda que pertenecen a esas capillitas. ¿Quiere ser más concreto?

EH: No es un mal exclusivo de la izquierda, es un signo de los tiempos, pero en la izquierda está muy acentuado. Es esa lógico amigo/enemigo, en la que tienes que posicionarte. Si formas parte de una de estas capillitas hablan de ti, te dan bola por redes, hablan de lo que haces, existes. En fin, lo de siempre. Pero lo pernicioso es que esta dinámica se ha instalado en nuestra sociedad de un modo muy presente. Se exige ante todo lealtad, entendida como aceptación acrítica del pensamiento del grupo, un posicionamiento claro a favor del líder, la ausencia de reflexión más que para aportar algo en la dirección que te demandan, etc. La economía, la politología, en general las ciencias sociales contemporáneas se construyen así, no es sólo cuestión de los partidos políticos, de las capillitas intelectuales o del periodismo. Hoy importa mucho más, y esto es muy obvio en lo laboral, formar parte de estos grupos informales que tener capacidad, talento o cualquier otra aptitud que pueda tener valor por sí misma. El mundo postburocrático es esto: el establecimiento, de modo informal e implícito, de reglas de comportamiento muy rígidas.

SLA: Me centro en el título. Antes, para nuestros lectores, permítame indicar el contenido del libro:

  • Prólogo.
  • La respuesta es sí.
  • El futuro.
  • El presente.
  • El pasado.
  • Mientras tanto.
  • Hasta aquí hemos llegado,

Seis capítulos con 32 apartados en total. Bibliografía. Mucha cera para leer y meditar; me voy a dejar muchas preguntas en el tintero. Conviene advertirlo a los lectores. Sobre el título, como le decía: ¿qué tipo de perversión es central en este tiempo pervertido?

EH: La derecha ha sido revolucionaria en los últimos 40 años y ha conseguido subvertir la sociedad, el orden económico y las mismas democracias liberales desde entonces. Ha logrado que la parte superior de la pirámide social acumule más poder y recursos que nunca. Y lo ha hecho desde una perspectiva diferente, en la que el progreso, la mejora social, conseguir una vida mejor, que era la mentalidad típica de las décadas fordistas, era una meta que solo podía alcanzarse a través de reformas, de cambios y transformaciones incesantes en el sistema. Su mensaje era que debíamos modernizarnos, adaptarnos a los tiempos y seguir caminando hacia un futuro mejor. Y lo cierto es que al final de ese camino, lo que nos encontramos es el regreso a la era prefordista y al mismo siglo XIX en niveles de desigualdad, en procesos tayloristas a la hora de organizar el trabajo, ahora digitalmente, y de controlar los procesos de generación de beneficios. De modo que nos empujan hacia el futuro prometiendo mejoras al mismo tiempo que nos hacen retroceder. Ese es un aspecto de cómo la línea temporal se pervierte. Hay otros, pero este quizá sea el más importante.

SLA: Un regreso al pasado desde un punto de vista social. ¿Y este incremento de poder de la derecha en estos últimos 40 años está relacionado de algún modo con la crisis de la URSS, con su desintegración y con la desaparición de los países del mal llamado «socialismo real»? Sus éxitos en este ámbito, ¿les ha dado más confianza para adentrarse en tareas complementarias?

EH: Es obvio que sí.

Europa fue el muro de contención del comunismo del otro lado del telón de acero y se tejió a partir de sociedades con un elevado nivel material promovido por una economía socialdemócrata.

Esto es fácil de observar en un mapa: cuanto más cerca estaban los países europeos de la frontera con los comunistas, mejor nivel de vida tenían. Una vez que cayó el telón, el capitalismo se vio libre de trabas. Hasta entonces, por motivos estratégicos, había decidido cohesionar las sociedades para que fueran mucho menos permeables a las tentaciones comunistas. Una vez que cae el enemigo exterior, ya pudo enfrentarse al enemigo interno, y fue destruyendo los límites que se habían establecido.

SLA: Habla en el subtítulo de la derecha e izquierda en el siglo XXI. ¿Siguen siendo estas dos categorías válidas en su opinión? ¿Nos ayudan a comprender la política en el siglo XXI? ¿Qué sería la derecha para usted? ¿En singular o en plural por cierto? ¿Y qué sería la izquierda? ¿En singular también? Muchas preguntas a la vez, discúlpeme.

EH: Contesto a todas ellas a la vez. Son categorías válidas y necesarias, y lo han sido a lo largo de la historia. Siempre ha habido poder y contrapoder y así seguirá siendo. En nuestro tiempo, la derecha es aquella opción política que pretende (y lo está consiguiendo de un modo incesante), que la parte superior de la escala social acumule poder y recursos, que está extrayendo del 80-90% restante de la sociedad. Lo peculiar de este tiempo es que ha producido a través de un amplio movimiento de acumulación por desposesión. Por una parte, extraen mayores rentas del trabajo, por otra están recogiendo los ahorros y los recursos de buena parte de la población, ya sea a través de la subida de los precios de los bienes esenciales para la subsistencia, ya sea a través de la competencia que expulsa del mercado a pequeños propietarios, o mediante la extracción de las inversiones de las clases medias y medias altas.

Al mismo tiempo, se han liberado de los límites que la política les fijaba, y cada vez tienen mayor libertad de acción. Eso es, en esencia, lo que representa la derecha, más allá de discursos de banderas, identidades y demás. La izquierda, en este contexto, no puede ser otra cosa que la opción política que pretende que el poder y los recursos se distribuyan entre la mayor parte de la sociedad. Ese es el elemento central hoy, desde mi perspectiva. Hay derechas e izquierdas diferentes, pero todas están a un lado u otro de esta línea.

SLA: Por lo tanto, si deduzco bien, usted piensa que una izquierda que toque realidad, que no confunda sueños y deseos con lo real, solo puede ser (y no sería poco) una izquierda reformista, una especie de socialdemocracia (no socioliberal), honesta y consistente, a la altura de nuestras duras circunstancias. ¿Coligo mal desde su reflexión?

EH: Percibo en el fondo de tu pregunta si mi postura es reformista, si abogo por un capitalismo moderado. Más allá de mi opción política, que es poco relevante a los efectos del análisis, lo que digo es que los momentos históricos cuentan por sí mismos al margen de los deseos subjetivos.  En esta época confluyen varios aspectos; uno de ellos señala de forma inequívoca el escaso peso social de la izquierda, casi marginal, y más de la que aspira a un Estado comunis- ta; otro muestra, también de forma poco equívoca, cómo el sistema actual nos está conduciendo a un lugar político, social y económico mucho peor. Es un tren desbocado. Hay gente que cree que precisamente por lo segundo lo primero es factible. Yo no. Dadas las fuerzas disponibles, y el momento histórico concreto, un poco al modo del 18 brumario, creo que lo prioritario es que el tren no se estrelle con nosotros dentro, ya que es la condición de posibilidad para cualquier otra cosa. Quizá no, y funcione lo de cuanto peor, mejor, pero no es mi opción.

SLA: Abre su libro con estas palabras: «Este es un libro obligado. Me lo debía desde el momento en que fui consciente de que  estaba  viviendo  una  fantasía». ¿Qué fantasía vivía? ¿La viven muchos otros ciudadanos?

EH: Sí, es común, no tendría sentido para mí hablar de algo que fuera únicamente una fantasía privada. Era la idea de que no tendría que trabajar un enorme número de horas al día, como vi que hacía mi padre, para ganarme la vida; que parte de ella la podría dedicar a hacer cosas que me gustasen, incluso que podría vivir de una profesión que tuviera algo que ver conmigo. Era la idea de que, cuando creciese, podría tener una vivienda, ayudar a que mis hijos tuvieran un nivel de vida decente, y esas cosas relacionadas con una visión positiva del futuro en la que muchos nos criamos. Era también la idea de que, a pesar de todo, podría hacer algo con mi vida con lo que estuviese satisfecho. Y lo que encontré fue muchas horas de trabajo para subsistir, en los buenos momentos, y épocas de desvitalización y de falta de esperanza en los malos.

SLA: Apunta en el prólogo del libro una de las paradojas de nuestra época, una época en la que la gran mayoría de la gente tiene menos poder de decisión, sus opciones vitales disminuyen viendo cómo se reducen sus posibilidades de «ascender peldaños en la escalera social», al tiempo que domina la convicción de ser más libres y de que no paramos de avanzar. ¿Y cómo explica usted esta paradoja? ¿Estamos mal informa- dos? ¿No vemos lo que está delante de nuestros ojos? ¿Nos manipulan sin ser conscientes de ello?

EH: Todos nos damos cuenta más o menos de cuál es nuestra situación, otra cosa son las causas y las explicaciones que le encontramos. Y ahí es fácil entender que somos gente poco actualizada o capacitada, o que no hemos tenido suerte en la vida, o que no hemos tenido posibilidad de formarnos como nos gustaría, o que en el fondo todo nos da igual, o que la culpa es de los emigrantes, o de los españoles o los catalanes, o cualquier otro razonamiento de este tipo en lugar de entender nuestra posición en la estructura social y cómo eso determina buena parte de nuestras posibilidades. Al no ser conscientes de ese lugar social, hacemos cursos y másteres para estar cualificados, o nos dedicamos a hacer deporte para estar en forma, o emprendemos o nos vamos al bar y odiamos a los demás, formas diversas de intentar vivir unpoco mejor con nosotros mismos y de mejorar nuestra fortuna.

SLA: ¿Y por qué no somos conscientes de ese lugar social al que alude? No parece que entenderlo sea tan complejo como seguir la demostración del teore- ma de incompletitud de Gödel por ejem- plo. ¿Nos falta consciencia de clase, consciencia social?

EH: Una de las características de este capitalismo es la gran dificultad para establecer la relación entre sus acciones y los efectos que causa. Todo lo relacionado con el mundo económico y, en especial con el financiero, está rodeado de cierto secretismo, establecido tanto por el conocimiento de su mecánica por parte de pocas personas, y por un lenguaje retórico y complejo cuando sus expertos lo describen. La mayoría de la gente percibe su realidad, pero no logra ver qué conexión hay entre los fondos globales nómadas, por ejemplo, y el hecho de que ellos cobren menos, les suban el precio del combustible o el coste de la luz, o el de la mayor inversión que deben realizar en la educación de sus hijos.

Tener consciencia de clase implica ser consciente también de cuál es tu posición en la estructura social, y de las condiciones que provocan que tengas esa y no otra.

No es fácil de ver, la verdad. El segundo punto es que la conciencia de clase también está muy relacionada con el hecho de compartir vivencias con personas que se hallan en una situación similar, y nuestras sociedades están bastante individualizadas.

SLA: Señala también, con sorpresa, las dificultades del materialismo contemporáneo para comprender las revoluciones conservadores de estas décadas. ¿A quién se quiere referir con la expression «materialismo contemporáneo»? ¿Por qué es incapacidad?

EH: Porque es sorprendente el pobre análisis que se hace del capitalismo y de cómo funciona hoy, de cuál es su estructura, sus fuentes de beneficio, sus redes de poder y las formas en las que operan, Hay quienes lo resuelven recurriendo a Marx y afirmando, «bueno, es lo mismo de siempre, no ha cambiado casi nada», cuando en  ese «casi» hay un abismo, el mismo que hay entre alguien que se toma una cerveza a la salida del trabajo y quien está permanentemente ebrio. Los dos beben, pero no es lo mismo. Y sobre todo es una torpeza enorme en términos estratégicos: ¿cómo vas a plantar cara a un sistema que no sabes bien cómo funciona, qué puntos débiles tiene, cuáles son los límites eficaces que se le podrían poner y qué partes de la población salen perjudicadas y cómo, y por tanto pueden ser activadas políticamente? Combatir un sistema que nos está haciendo daño requiere, y más en un momento de irrelevancia electoral de las izquierdas en todo Occidente, el conocimiento con bastante detalle de ese sistema. Pero como carecemos de él, porque se prefiere hacer análisis de trazo grueso, tampoco se puede tener un plan estratégico. Y eso desde la perspectiva materialista es imperdonable.

SLA: Pero, perdone que insista en este punto, son muchos los intelectuales de izquierda de gran nombre y enorme curriculum que no han parado de escribir sobre el capitalismo contemporáneo.

Le recuerdo algunos nombres: Noam Chomsky, David Harvey, Mike Davis, Michael Heinrich, Owen Jones, Domenico Losurdo, Diego Guerrero, Pedro Arriola, Carlos Fernández Liria, Santiago Alba Rico... ¿Tampoco ellos conocen con suficiente detalle el sistema, la civilización del capital? ¿O es que la izquierda no les escucha o no estudia con suficiente atención?

EH: Sí, ciertamente hay un montón de gente que escribe sobre el capitalismo y citas algunos nombres que aprecio intelectualmente y de los que he aprendido mucho. Pero una cosa es, por poner un ejemplo, escribir sobre si el ferrocarril tiene incidencia en la vida económica y otra es conocer cómo funciona por dentro. Hemos de incidir mucho más en cuáles son sus mecanismos operativos cómo genera sus beneficios y de dónde, cómo funcionan los fondos, en fin toda esa serie de resortes internos. Conociendo esto, también podremos entender cómo está reestructurando la sociedad el capital financiero, todos los núcleos administrativos e intelectuales que le rodean y establecer la conexión directa entre nuestra realidad cotidiana y su acción. Y además, como decía, podemos saber cómo ponerle límites de manera mucho más eficaz, de modo que deje de perjudicar a la gran mayoría de la población y que deje de concentrar los recursos en las élites globales. Por otra parte, algunos de los nombres que citas, caso de Owen Jones, tampoco son útiles para entender bien los cambios.

SLA: ¿Y por qué Owen Jones no es útil para entender bien los cambios?

EH: A la izquierda le falta entender las recomposiciones de las clases sociales en los últimos años, y Jones, como aquí la izquierda que viene de Unidos Podemos, ha querido más regresar al pasado a ver qué encontraba ahí, que entender qué contiene en realidad eso que llamamos perdedores de la globalización y cómo ponerles de su lado.

SLA: Afirma en el prólogo que su libro intenta analizar «quiénes, cómo y en qué sentido están promoviendo los cambios en que vivimos». No le pregunto sobre lo primero ni sobre lo segundo. ¿En qué sentido se están promoviendo los cambios que estamos viviendo en su opinión? ¿Cuáles son las finalidades centrales de esta época de cambios permanentes, ininterrumpidos? ¿Hacia dónde vamos, hacia dónde nos dirigen?

EH: Hacia un mundo socialmente roto, en el que la parte superior de la escala social está acumulando recursos y poder del resto, como señalaba antes.

Estamos en una nueva fase de la acumulación por desposesión.

SLA: No ahorra usted críticas a lo que llama «nueva izquierda». ¿Quiénes forman esa nueva izquierda? En el caso de España, ¿sería Podemos, por ejemplo? EH:  Sí,  en  España  Podemos,  un  buen ejemplo de todo lo que no debe hacerse en política. Un partido frágil internamente, sin estructura, articulado a través de impulsos, dependiente del líder, con grandes tensiones internas y con facciones en permanente enfrentamiento. Con una posición política demasiado deudora de sus fantasmas, en algunos momentos, y de la mera coyuntura en otros. Y con unos dirigentes que se creyeron eso de que eran la gran esperanza de la izquierda de Occidente y perdieron la conexión con la realidad. Eso explica que después de un arranque muy brillante, que les llevó a lo más alto de las encuestas, aunque hubiera parte de hype, ahora estén descendiendo brutalmente en aceptación social y cerca de la ruptura.

SLA: Una de sus críticas a esa nueva izquierda: «la nueva izquierda cree que las mujeres, por hallarse en una posición subordinada, van a ser el centro de una fuerza más progresista». Añade para rematar: «eso de que los perdedores se vinculan automáticamente con aquellos que en teoría les ofrece mejores opcio- nes es una ilusión muy presente en la política contemporánea, pero su popula- ridad no borra el carácter de fantasía».

¿No exagera un poco o un mucho? ¿Es tan ingenua y ciega esa nueva izquierda a la que hace referencia? ¿No es capaz de ver lo más elemental, lo que está frente a los ojos de todos?

EH: Los demócratas estadounidenses tenían un dilema, que era el de constituirse como una fuerza de oposición real, de la mano de Sanders, lo cual les podía ofrecer opciones reales de vencer a Trump, porque Sanders podía ganar entre los perdedores de la globalización y sumar a los demócratas habituales, u optar por una posición puramente sistémica en la que seguir haciendo lo mismo, pero con rostro amable. Su opción fue Hillary Clinton, que trató de apoyarse en los votos de las minorías y en el de las mujeres. Y perdió. No contentos con eso, los demócratas trazaron una línea de resistencia cuyo plan era insistir más en esos mismos terrenos y dibujar a la mujer como la gran luchadora contra el fascista de Trump. Esa idea penetró en los entornos progresistas occidentales porque era poco problemática. No te obligaba a plantar cara al poder financiero, el que tiene hoy las riendas, y al mismo tiempo podías seguir diciendo que eres de izquierdas porque abogas por los cambios en el terreno cultural. Lo cual es un error en el plano estratégico. Hay una cuestión de justicia, como es el hecho de que el 50% de la población no puede tener menos derechos que el otro 50%, y en ese sentido hay que ser feminista, y otro pensar que la mujer va a votar automáticamente a los progresistas. No es cierto. Elecciones recientes lo han demostrado, como la de Bolsonaro. Y era previsible.

SLA: De acuerdo, de acuerdo. Pero el ejemplo que pone es el ejemplo de un partido, el Partido Demócrata usamericano, que no es precisamente un partido de izquierda, digamos que es un partido-corporación muy integrado en el sistema. Si pensamos en partidos de izquierda, españoles, portugueses, franceses o griegos, no creo que ninguno de ellos haya llegado a esas conclusiones tan líquidas y precipitadas, tan poco conclu- sivas.

EH: Casi todos ellos, por no decir todos, giraron hacia el terreno cultural. Tienes  un gran ejemplo en el PSOE de Zapatero. Ese ha sido el marco dominante de la socialdemocracia europea, la que tenía opciones de gobierno en los últimos 20 años, y eso contando que en España el gran elemento de convicción del PSOE desde mediados de los ochenta fue «que vuelve la derechona» y exhibir la España moderna de la movida, como bien explica Víctor Lenore. Los partidos más a la izquierda de los socialdemócratas hicieron el giro hacia lo rojiverdearcoiris, y los dos últimos términos terminaron teniendo mucho más peso que el primero. Tsipras cambió eso, hasta que ocurrió lo que ocurrió.

SLA: Le vuelvo a citar: «El siglo XXI es un mundo de poder, como lo ha sido siempre. Puede sonar feo, hostil y agre- sivo pero es lo que hay. Y las formas en que se ejerce, las consecuencias que produce y las resistencias que genera son el centro de este texto”. Yo no creo que su afirmación suene a hostil o a agresiva ni que sea fea, es descripción de lo existente. Pero cuando habla de poder, ¿en qué está pensando exactamente?

EH: El poder está presente en todas las sociedades, pero muestra diferentes expresiones. En nuestra época tiene especificidades, que son las que intento describir en el libro.

SLA:  Una  duda.  De  mis  impresiones como lector, tal vez equivocadas: ¿piensa usted que la derecha, sus intelectuales orgánicos, sus dirigentes, son gente muy viva, muy preparada, que sabe lo que hace, que toca realidad, mucho más que en el caso de la izquierda? Es decir, que son mucho más listos que nosotros (aparte de tener muchos más medios).

EH: Esto tiene algo de debate falso. Por supuesto que los partidos de derecha no tienen gente más preparada que los de izquierdas entre sus dirigentes y muchos de sus cuadros. Pero eso es equivocar lo que la derecha es en realidad. Los grandes intelectuales de estos tiempos han sido los consultores, los economistas, los expertos de las agencias de calificación y demás, que son quienes influían en el poder económico real. Para la población, tenían “intelectuales” que ofrecían autoayuda, de forma directa o indirecta, y periodistas que difundían la buena nueva. Los políticos de derecha son tan torpes como los de izquierda, solo que cuentan con un aparato ideológico detrás en el que hay personas con mucho conocimiento de cada sector. Quizá razonen mal, o lo hagan interesadamente sobre, por seguir el ejemplo, las consecuencias de poner en marcha el ferrocarril, pero sí son técnicos que saben cómo ponerlo en marcha.

SLA: Me centro ahora en los capítulos, una pregunta sobre algunos de ellos, no quiero abusar más. Finaliza usted el primero señalando que la derecha y la izquierda que tenían opciones de gobernar coincidieron en las acciones económicas que debían realizar, que sus diferencias se centraron en guerras culturales que introdujeron fuertes polarizaciones sociales. Dos dudas sobre este fragmento. ¿En qué guerras culturales está pensando? ¿No debería haber jugado a ese juego la izquierda? ¿Sus batallas no son de ese mundo?

EH: Los partidos de derecha e izquierda, en especial aquellos que tenían opciones de gobernar en sus países, han llevado en los últimos 40 años una línea económica muy, muy similar. En nuestro país, los distintos momentos por los que hemos atravesado han venido marcados por dinámicas globales, a las que los distintos partidos se han ajustado del modo que les era demandado. Pero, al hacer esto, la diferenciación entre unos y otros se debilitaba, por lo que han tenido que insistir mucho más en los aspectos culturales. Han sido diferentes a lo largo de estas décadas, como corresponde también a los cambios en la sociedad, pero, al final todo se resolvía en asuntos relativos a la mayor o menor tolerancia respecto de elecciones sexuales, de la igualdad de género, de la mayor o menor hostilidad res- pecto de los nacionalistas periféricos y demás.  Era el camino  que  tenían para hacer menos visible que sus posiciones económicas, que llamaban técnicas, eran prácticamente las mismas. Y cuanto más lo son, más se radicalizan las diferencias culturales.

SLA: La segunda duda, sobre la coincidencia: ¿era posible entonces, en su opinión, una alternativa económica de izquierdas netamente diferenciada de las opciones de la derecha? Pienso, por ejemplo, en la Grecia de Syriza, y no me queda claro un panorama alternativo. Renunciaron, de hecho, completamente a su programa rupturista. ¿Traidores, posibilistas, realistas?

EH: Claro que es posible una alternativa de izquierda diferenciada de la derecha. Está lo que se puede hacer a pequeña, mediana y gran escala, y siempre hay opciones de operar en un terreno u otro. En todo caso, es necesario y urgente para el propio sistema, si quiere pervivir, que comience a generar  cohesión  social  a  través  de  políticas económicas inclusivas. En otro caso, esto girará hacia el bonapartismo. Y en cuanto a lo de Tsipras, fue un error mayúsculo: si echas un pulso es para ir hasta el final. No puedes desafiar a la UE, referéndum incluido, si lo que vas a hacer es ceder. Eso te lleva a que te crujan más que antes, para dar un castigo. De modo que si se plantea, es para llevarlo hasta el final. Y si no, no se plantea.

SLA: Girará al bonapartismo afirma usted. ¿Nos explica brevemente qué quiere señalar con ese giro? ¿En qué está pensando?

EH: En El tiempo pervertido hablo de que estamos en un instante histórico que bien puede calificarse de «momento maquiavélico»,  en  el  que  el  sistema  ya  no  puede seguir haciendo lo mismo, y nos dirige, por utilizar los términos del florentino, hacia el principado o la república. Las democracias liberales están debilitándose enormemente, fruto de la acción económica de sus élites, y eso o nos conduce hacia líderes estilo Trump, Bolsonaro, y demás o hacia un régimen mucho más inclusivo y mucho menos desigual. Esas son las opciones. Y lo que narra Marx en el 18 brumario tiene bastante que ver con esto, la descripción de un momento histórico en Francia en el que las élites financieras y la aristocracia  empujaron hacia el final de la república y la toma del poder por Luis de Bonaparte.

El capitalismo contemporáneo necesita más cohesión y estabilidad en un instante en que la sociedad se está rompiendo, y la está encontrando por la vía de los líderes fuertes, que supeditan las instituciones democráticas a sus deseos

aun cuando no acaben formalmente con ellas, y que se refugian en la vía nacional. Ese giro hacia el orden duro y contra la democracia puede ser más profundo en los próximos años dado el nuevo mapa geopolítico.

SLA: Por lo demás, y perdone que pole- mice con usted, afirma que «es necesario y urgente para el propio sistema, si quiere pervivir, que comience a generar cohesión social a través de políticas económicas inclusivas». Pues no está tan claro.  No lo están  haciendo,  más bien lo contrario, y no les va tan mal. No se ven movimientos a medio plazo que hagan peligrar la continuidad del sistema. Ni en España ni en parte alguna.

EH: Si lo vemos como pervivencia del capitalismo, tienes razón. Vamos a seguir dentro del capitalismo, nada hace pensar lo contrario. O vamos a seguir dentro de este capitalismo que en realidad es anticapitalista, porque hace todo lo posible por pervertir las bases teóricas e ideológicas en las que explícitamente se apoya. Pero también hay otra lectura. Vivimos en democracias liberales, bastante débiles en lo que se refiere a democracia y pluralidad, por cierto, y vamos hacia regímenes peores. Y eso tiene varias consecuencias: regímenes más duros y con menos libertades, más neoliberales en lo económico y más desiguales, así como la llegada de élites políticas y técnicas diferentes. Es esa historia de los hombres de negocios saben mejor cómo gestionar los estados que los políticos elegidos por los votantes. Para evitar eso, el único camino que tiene el sistema es dar un giro económico que frene el descontento y siegue el terreno en el que crece el apoyo a estos nuevos regímenes, lo cual es importante también en términos geopolíticos en lo que respecta a Europa. Por resumir: existió un régimen de capitalismo con elementos de socialdemocracia, que giró hacia el liberalismo económico, y después entramos en la época del capitalismo puramente financiarizado. Como ocurre con todos los regímenes predatorios, la inestabilidad que genera debe ser combatida, por lo que el paso siguiente, el que ya atisbamos, es el del capitalismo sin democracia, que es su manera de poner orden. Todas estas formas son capitalismo, pero algunas son mucho peores que otras.

SLA: Aún más. Esa apuesta alternativa de la que hablaba, la izquierda la ha realizado, la ha intentado realizar más bien, en estos últimos cincuenta años en algunos países. Le doy algunos ejemplos: Chile y Allende; Nicaragua y el primer sandinismo; Portugal tras la revolución de los claveles; Francia y el primer gobierno de Mitterrand; Alemania con el SPD de Lafontaine como ministro de Economía. No hace falta que explique los resultados. El balance está lejos de ser un éxito inenarrable.

EH: Ahora estamos en un momento distinto. En algunos ejemplos que citas, EEUU trataba de controlar las rebeliones internas al sistema con el pretexto de que la URSS podría desestabilizar el capitalismo si triunfaba en algunos países. Ahora, el liberalismo necesita a la izquierda para su conservación. Los Trump, Bolsonaros, y demás pueden acabar con él y los liberales precisan de otras partes de la sociedad para mantenerse, ya que los consensos de los  años ochenta y noventa están rotos. Eso no significa que, por ejemplo, la UE vaya a girar hacia el fin de la austeridad, como debería ocurrir, como giro táctico de conservación de este sistema, porque todo apunta a que acabaremos llegando al capitalismo sin democracia, con unas instituciones meramente decorativas, pero sí marca una diferencia respecto del pasado.

SLA: El capítulo II lleva por título «El futuro». Una nota suya sobre la tecnología contemporánea, del final del primer apartado: «Con las enormes innovaciones tecnológicas que anticipamos ocurre igual [que en el caso de las innovaciones científicas]: son susceptibles de usos diversos, pero parece que existe una unión peculiar entre su existencia y empleo  en  beneficio  del  statu  quo».

¿Cómo hay que entender este apunte suyo? ¿La tecnociencia contemporánea, toda ella, está contaminada por las clases o grupos sociales que ejercen posi- ciones de mando? ¿Habría que oponerse entonces a los «avances tecnológicos» que serían parte de la cultura domi- nante, de su «concepción del mundo» por decirlo de un modo clásico?

EH: No, no hay que oponerse a los avances tecnológicos. Todo aquello que nos ayude es  bienvenido. Pero también hay que hacer economía política de la tecnología y de la digitalización.  Hasta  ahora, todas esas posibilidades enormes se han reducido a la creación de monopolios y oligopolios, sostenidos por fondos de inversión, que están trastocando las cadenas de valor y que se han convertido en instrumentos de generación de beneficios para una minoría muy reducida. O cuando las grandes firmas han afirmado que su gran reto es la digitalización, lo que han hecho es despedir gente y reorganizar la empresa, con el resultado de ofrecer un bien o servicio mucho peor. O cuando las firmas han reorganizado su estructura interna para conseguir más recursos a través del control de los trabajadores y de los procesos. Y así sucesivamente. Al final, las enormes posibilidades de los avances tecnológicos no pueden hacernos olvidar lo que ya está ocurriendo. Por eso hay que hacer economía política de este tiempo.

SLA: Que en su opinión no se ha hecho. ¿Otro punto débil de la izquierda tal vez?

EH: Pues sí. Parece mentira, ¿no? Una izquierda que no hace economía política es algo muy sorprendente. Y la derecha financiera la está haciendo continuamente…

SLA: Un salto en el aire. Hablando de tecnología me ha venido a la mente. La China actual, ¿puede ser un modelo o referente para la izquierda? Se suele citar a su favor el gran desarrollo en estos últimos 40 años, los muchos millones de ciudadanos chinos que han salido de la pobreza y su política exterior no belicista.

EH: No, China no puede ser un referente para la izquierda. En primer lugar, porque China no quiere ser modelo de nada, no pretende trasladar un tipo de sistema político a sus aliados. China quiere ser un imperio, y lo está consiguiendo, y su táctica consiste en desarrollarse económicamente y abastecerse de lo necesario para aumentar  us  fuerzas.  Como  segundo aspecto, para copiar a China, tendríamos que tener las condiciones que China posee. Es decir, tendríamos que empezar a recibir dinero y tecnología a espuertas de los grandes capitalistas occidentales. China ha tenido un desarrollo espectacular porque ha sido el instrumento que ha utilizado el capitalismo para, como dice Warren Buffet, ganar la lucha de clases. Se llevaron allí buena parte de los empleos de Occidente para ganar más dinero y al mismo tiempo presionar a los empleados occidentales para que bajasen sus salarios. Los chinos no se limitaron a recibir todo ese capital y a que, como suele ocurrir, sus dirigentes se lo gastasen en yates y mansiones, sino que lo utilizaron estratégicamente para crecer. Además, tomaron toda la tecnología que los capitalistas occidentales les prestaban, pensando que, como de costumbre, respetarían las leyes de propiedad intelectual e industrial, y no fue así, como era previsible. Y  además, tuvieron muy claro que su territorio era suyo, y no permitieron el acceso a las empresas digitales estadounidenses como Google o Amazon, sino que pusieron en marcha grandes empresas propias. Son un Estado que ha planificado permanentemente, que gracias a su carácter dictatorial tiene enormes ventajas a corto plazo, y que ha pensado en términos de desarrollo propio, poniendo todos los medios para ello. Pero todo esto es la segunda parte: nada hubiera ocurrido sin las ingentes masas de capital que las élites occidentales les proporcionaron para vencer en su guerra de clases. Al final, China es la segunda potencia del mundo, de modo que ese enemigo que eliminaron en el interior les ha crecido en el exterior. Como señalo en El tiempo pervertido, China es el retorno de lo reprimido: todo aquello que Occidente iba expulsando, como la planificación centralizada, los trabajos industriales, el predominio de lo productivo, el desarrollo de los territorios en lugar de los beneficios de los ricos, China lo recogió y se convirtió con ello en la segunda potencia mundial.

SLA: Voy finalizando, no le quiero robar más tiempo. Salvo error por mi parte, habla poco en su libro de las implicaciones del cambio climático y de irresponsabilidades afines. Por decirlo a la Klein: ¿esto no lo cambia todo o casi todo?

EH: En teoría, sí, en la práctica no. ¿Qué vamos a contar acerca del cambio climático y de los graves problemas que nos va a crear en el futuro inmediato que no sepamos? Es el típico ejemplo que demuestra la perversión de este capitalismo. Hay un riesgo cierto y grave, todo el mundo es consciente de él, se reúnen expertos, se diseñan soluciones y a la hora de la verdad apenas se  hace  nada.  El  problema  empeora,  y sigue sin hacerse nada.

SLA: De sus palabras finales: «El futuro está en parte en nuestras manos y lo que venga dependerá de las acciones presentes. La construcción de fuerzas de resistencia que consigan poder y recursos para la mayoría de la sociedad, el centro de una política progresista contemporánea, puede darse en muchos niveles y no solo en el de las demandas a los actores institucionales: sin una activación de las acciones a pie de tierra, que combinen la idea de un futuro major con dosis de pragmatismo cotidiano, será mucho más difícil de combatir estos tiempos de impotencia». Habla usted de acciones a pie de tierra y de pragmatismo cotidiano. ¿Cómo entiende usted ese pragmatismo cotidiano? En cuanto a las acciones a pie de tierra, ¿no lo llevamos haciendo durante décadas, desde siempre?   ¿Necesitamos   más   acciones? ¿Otro tipo de acciones?

EH: Todas las opciones políticas que han tenido recorrido combinan dos clases de acciones, las grandes palabras, las visiones del mundo, la ideología, y el pragmatismo cotidiano. No se puede entender la tradición comunista y socialista sin esa combinación de la promesa de un futuro radicalmente mejor y la acción cotidiana en las fábricas. La socialdemocracia europea de mediados del siglo XX, al igual que los partidos comunistas europeos de esa época, tenían discursos elevados, pero también sindicatos fuertes. La iglesia católica te puede prome- ter la vida después de la muerte, pero también ofrece la confesión para que tu vida en la tierra sea menos culpable. En otras palabras,  toda  opción  política  que  pretenda tener aceptación social y perdurar en el tiempo debe combinar ese tipo de acciones. Y hoy, a pie de tierra, hay muchas cosas que se pueden hacer en el plano del trabajo, del consumo y de la cultura.

SLA: ¿Quiere añadir algo más?

EH: Incidir en algo crucial, como es el momento geopolítico y las vinculaciones evidentes con los nuevos movimientos electorales.

El gran giro de los últimos tiempos es el repliegue de EEUU sobre sus fronteras. Ha iniciado una guerra comercial contra China, con el deseo de ganar poder en todos los sentidos, de manera que EEUU no vea amenazada su hegemonía, que puede ser puesta en cuestión por China. Es una recomposición del orden mundial.

EEUU ha tomado medidas fiscales para repatriar capitales, asegurar a sus empresas productivas en el interior y expandir las empresas tecnológicas en el exterior, y para favorecer a sus fondos. Casi todas las grandes tecnológicas que operan en Occidente son estadounidenses, ligadas a fondos de inversión que recogen capital global, pero que operan bajo su bandera. Ese movimiento lleva también a que se haya replanteado sus posiciones con antiguos socios, como la UE, por lo que vamos a salir debilitados. El brexit es esto. Este giro tiene grandes consecuencias globales para la economía y la política exterior, también porque va a poner el acento en la lucha entre imperios y mucho menos en el reparto interior de la riqueza y del poder.

Salvador López Arnal es miembro de CEMS (Centro  de Estudios de los Movimientos Sociales) de la Universidad Pompeu Fabra.

 

 

 


Diálogo: Adoración Guamán, Fernando Luengo y Miren Etxezarreta

Historia, retos y desafíos del proyecto europeo

Lucía Vicent y Monica Di Donato

Adoración Guamán es doctora en Derecho por las Universidades de Valencia y París X-Nanterre y coordinadora del Consejo Científico de Attac España.

Fernando Luengo es economista y miembro de la Secretaría de Europa de Podemos.

Miren Etxezarreta es catedrática jubilada en Economía Aplicada de la Universidad Autónoma de Barcelona, vinculada a diversos movimientos sociales.

En este texto exponen su visión en torno a la evolución, logros, fracasos y amenazas de la Unión Europa.

Lucía Vicent y Monica Di Donato (LV y MDD): El origen de la integración europea vino acompañado, al menos enunciativamente, por la defensa de una Europa que avanzaría de manera cohesionada y solidaria hacia un proyecto común. Después de más de seis décadas desde que se fundase la Comunidad Económica Europea,v¿cuáles han sido los avances conseguidos? ¿Cuáles las mayores decepciones?

Adoración Guamán (AG): En los tratados de la UE se incorporan, desde el inicio de las Comunidades Europeas, dos conjuntos de propósitos incompatibles. La finalidad genérica de la promoción de la paz, los valores de la UE y el bienestar de sus pueblos, y el establecimiento de un mercado interior y de una unión económica y monetaria: el euro.

Aun cuando tal incompatibilidad se ha manifestado en su máximo nivel a partir del Tratado de Maastricht de 1992, y muy particularmente con los instrumentos de gobernanza económica desde 2010, la misma ya se plasmaba en la formulación original del Tratado Constitutivo de la Comunidad Económica Europea de 1957: el principal objetivo de la incipiente integración era el desarrollo económico de los Estados miembros y la creación del mercado común. Junto con esta finalidad, la Comunidad Europea se planteó la integración en otros planos, como el social, tan solo en la medida en que lo exigiera la creación del mencionado mercado. La cesión profunda y paulatinamente ampliada de la soberanía estatal para la consecución de la integración económica ha supuesto una continuada erosión del constitucionalismo social en el plano estatal, hasta el punto de poder afirmarse que la evolución de la Unión Europea ha devenido incompatible con el mantenimiento del Estado social en el ámbito nación.

Se prometió un engranaje que nos llevara a una unión económica que prometía progreso social y evolución hacia la unión política y no se ha conseguido ninguno de los objetivos. El mercado interior trajo des regularización, la unión monetaria trajo pobreza, la imposición de la unión económica (hasta donde llega) ha traído una profunda subversión democrática que ha rozado la intervención de algunos países y la unión política está más rota que nunca. Sin embargo, la Unión ha conseguido otros objetivos, la Unión y su arquitectura jurídico-institucional ha conseguido convertirse en un instrumento perfecto para garantizar la implantación del neoliberalismo, convirtiéndolo en un modelo casi inmutable, independiente o poco amenazado por el color de los gobiernos nacionales de turno. En efecto, y en particular en los últimos años, las decisiones en materia económica tomadas por la UE, pero sin participación del Parlamento Europeo, o bien han sido la vía perfecta para que determinados gobiernos, como el español, adoptaran decisiones antisociales “bajo el mandato europeo”, pagando  por  ellas  un  coste  político  cercano  a cero; o bien han sido la vía utilizada para limitar la capacidad político/normativa en países como Grecia. En otras palabras, en un buen número de ocasiones la UE y su Consejo fungen como pantalla de las voluntades inconfesables de una parte de los Estados miembros, que se imponen a los otros con estilo ciertamente poco democrático.  Siendo  así,  debemos  preguntarnos qué margen de cambio político queda en manos de los legisladores estatales frente a la bulimia competencial de la UE.

Fernando Luengo (FL): En el corazón de la construcción europea y del discurso que la ha legitimado estaban los beneficios derivados de compartir una unión aduanera, primero, un mercado único, después, y una unión económica y monetaria, finalmente. Otra de las ventajas de ese proceso de integración era que las economías más rezagadas –como las del sur de Europa– estarían en condiciones de cerrar las brechas que las separaban de las más avanzadas. Si medimos el cumplimiento de esos objetivos por el Producto Interior Bruto (PIB) por habitante, podemos decir que, tendencialmente, el de la Unión Europea ha superado el de EEUU; asimismo, el de las economías del sur (España, por ejemplo) ha crecido más que el de las del norte (Alemania, por ejemplo), lo que ha supuesto el cierre parcial del gap existente entre esos países.

En relación a la segunda pregunta, el término “decepción” no me parece adecuado. Procede más bien referirse a los inevitables resultados de un proceso de integración  regional  crecientemente  gobernado por los mercados y las grandes corporaciones. En este sentido, el equilibrio entre instituciones, con vocación redistributiva y mercados, que pretendía ser el ADN de la construcción europea, a diferencia de las dinámicas de globalización, se ha desnivelado –cabe decir que se ha roto– a favor de los segundos. En otras palabras, las instituciones y las políticas europeas han sido capturadas por las grandes corporaciones y los grupos de presión que articulan sus intereses. En este apartado dedicado a las “decepciones” hay que apuntar que, si bien ha existido convergencia nominal y en términos de crecimiento, como acabo de señalar, las disparidades estructurales, las que aluden a las capacidades productivas, tecnológicas y comerciales, han aumentado, no solo entre países sino también dentro de cada uno de ellos. Este hecho fundamental, pues nos remite a una de las causas de la crisis económica, es uno de los grandes pasivos de la construcción europea en el ámbito económico.

Miren Etxezarreta (ME): La UE es un proyecto ampliamente publicitado presentándolo en las líneas que se señalan en la pregunta como una aspiración de avance hacia la cohesión y la solidaridad de las poblaciones europeas. Me temo, sin embargo, que en gran parte esta imagen responde a los embellecimientos comunes del ejercicio publicitario. No se puede olvidar que la que hoy llamamos UE tiene su origen remoto en el interés de EEUU en reforzar ciertos países en Europa, en la necesidad de reestructuración de los grandes capitales europeos tras la segunda guerra mundial y en la exigencia de competir con la creciente internacionalización de empresas de otros países, especialmente EEUU y Japón. Hay que tener en cuenta que en su inicio fueron solo los seis países más potentes del continente los que la formaron, con un objetivo claramente económico y que la hoy UE fue conocida como «Mercado Común»  y «Comunidad Económica Europea», reflejando su naturaleza y objetivo, consistente principalmente en la reestructuración de los capitales, la voluntad de integrar a la Alemania Occidental y la de establecer un ámbito económico que reforzara el ámbito europeo en una situación de guerra fría y de competencia.

Su imagen se idealizó mucho más tarde. La UE como una agrupación conducente a una comunidad más o menos humanista es una imagen muy posterior cuando tras sucesivas ampliaciones se ha intentado legitimarla y tratar de presentarla como una iniciativa de hondo calado humano. Cosa que no ha sido ni es.

En su primera etapa –los años sesenta– se dedicó a establecer las estructuras organizativas que necesitaba y tenía una filoso- fía más conducente a una integración económica ligera. Se crearon en las dos prime- ras décadas de su existencia los Fondos Estructurales –Fondo Social Europeo, Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER), Fondo Regional y la PAC (Política agrícola comunitaria)– que parecían orientadas a aproximar las diversas realidades nacionales. Se discutía también el importe del presupuesto –la iniciativa Werner planteaba un presupuesto de entre el 5-7% de la riqueza comunitaria de entonces. Diría que en un principio la idea de cohesión y solidaridad fue mayor que a partir de la crisis de los setenta y, especialmen te a su final, cuando la Comunidad Económica Europea, bajo los auspicios de una política económica fuertemente cambiante en todo el mundo occidental asumió las políticas económicas neoliberales que se han convertido en su línea desde entonces.

A pesar de las aparentes ampliaciones de los ámbitos a los que se dedica la Unión, no veo avances en su planteamiento. Y tampoco me parece adecuado hacer referencia a decepciones, pues todo depende de qué se espere de la misma y es difícil esperar mucho si se tiene en cuenta el origen y verdadero carácter de la iniciativa. Diría que la Unión sigue la ruta que se marcó desde el principio y, sobre todo, desde fines de los setenta y principios de los ochenta. Si al principio se expresó más su carácter idealista pronto en los setenta quedo claro su verdadero carácter de iniciativa conducente a establecer un ámbito neoliberal altamente competitivo.

LV y MDD: En los últimos años han sido recurrentes las críticas al proyecto de la Unión Europa, y concretamente a la Unión Económica y Monetaria, subrayándose especialmente las deficiencias institucionales, las asimetrías estructurales que genera o el posible desmembramiento de la integración. En vuestra opinión, ¿cuáles son los principales problemas que enfrenta la Unión Europea del presente? ¿Hay margen para su corrección?

AG: La integración supranacional en Europa no ha sido un camino rectilíneo. Sesenta y ocho años de historia tras la creación de la primera de las tres comunidades europeas nos muestran una evolución a golpe de crisis y saltos hacia delante. Movimientos de reacción que en lugar de solucionar los déficits democrático y social que la UE traía de partida los han ido agravando, hasta el punto que ya muchos se preguntan de manera abierta si Europa vive en permanente crisis o si es en sí misma el motivo de la crisis.

Pero lo cierto es que, a pesar de todas las tensiones, la Unión había conseguido mantener su integridad y sus objetivos de partida, hasta el momento. Para ello ha venido recurriendo a distintas estrategias, que han pasado en ocasiones por no aceptar un “no” por respuesta y en otras por forzar un “sí” por diversas vías. Así, no podemos olvidar que el camino para solventar el “no” de Dinamarca al Tratado de Maastricht fue hacerles volver a votar. Algo parecido sucedió con los dos “no” de Irlanda a sendas  reformas  de  los  Tratados;  diferente pero también cuestionable fue el conjunto de reacciones que se sucedieron tras el rotundo “no” del pueblo griego. Cuestión distinta, aunque igualmente efectiva, fue la gestión de lo que parecía una victoria de la ciudadanía contra un proyecto europeo que se alejaba de su control en el año 2004. Tras los dos “no” a la “Constitución Europea” de Francia y Holanda, la UE dio su gran salto adelante aprobando, sin pena ni gloria ni debate público, el Tratado de Lisboa que recogía la práctica totalidad del proyecto rechazado. En el año 2016 sin embargo, las costuras de la UE parecían abrirse en canal, no ya por los crímenes (no se pueden enmascarar bajo la palabra tragedia) cometidos dejando morir a cientos de personas en el Mediterráneo, sino por el bien conocido brexit. Tres años después, hasta de esa crisis parece que la UE puede salir victoriosa, con un año de plazo para que un arrepentido Reino Unido vuelva a votar, según manda la tradición en la UE.

La tensión política parece volver a los cauces habituales mientras en el camino de la gestión, nunca salida, de la crisis y opacadas por el brexit se han afianzado las desigualdades. Ahora la UE afirma apostar (según las Recomendaciones del Consejo para la zona Euro) por una corrección, recomendando el desarrollo del llamado “pilar social” cuya falta de innovación y consistencia ha sido criticado. La UE no necesita un “social washing” que además ya no es creíble. Mientras el Consejo afirma por un lado la necesidad de conseguir «sistemas de protección social eficaces y sostenibles», se aprueba por otro lado un impulso de los fondos de pensiones privados y se mantiene la carrera desaforada en pos de tratados de comercio e inversión que son el paradigma de la Lex Mercatoria, del asalto de las empresas transnacionales a la democracia y que van a conllevar a buen seguro un impacto sumamente negativo en nuestros modelos laborales y mercado de trabajo.

Precisamente esta trama jurídica, esta Lex Mercatoria de la que también forman parte un buen conjunto de disposiciones del derecho de la UE es lo que impide albergar esperanzas realistas en un posible cambio de rumbo de la UE. La armadura jurídica está tan refinada que una corrección (un acuerdo entre los 28 o 27 para incluir objetivos sociales comunes) se plantea como una quimera sumamente compleja o acaso imposible. Solo la conjunción de un buen número de países con gobiernos de progreso, lo que no es un escenario probable, podría intentar virar el rumbo y aun así los compromisos supranacionales están tan bien atados a nivel jurídico que el viraje sería sin duda lento y costoso. En cambio, una profundización en los postulados neoliberales, que solo se han modificado ligeramente en el papel, tiene la senda pavimentada.

FL: Es imposible contestar esta pregunta en unas pocas líneas. Diría que, haciendo una apretada síntesis, los problemas se sitúan en tres planos diferentes, que se refuerzan mutuamente. En primer lugar, las políticas aplicadas desde la Troika –Banco Central Europeo (BCE), Comisión Europea y Fondo Monetario Internacional– y los gobiernos han exacerbado los desequilibrios que estuvieron en el origen de la crisis económica: las desigualdades, la financiarización de las economías, las brechas productivas y comerciales que separan los países más y menos  avanzados  y  una  institucionalidad de la zona euro deficiente y al servicio de las elites económicas y políticas, de la industria financiera y de los países con mayor potencial competitivo. En este con- texto de aguda problemática estructural, es imprescindible reparar en los altos niveles de deuda pública y privada y la frágil situación del sector bancario; un cambio –que ya se está produciendo y que se podría materializar en los próximos meses– en los excepcionalmente bajos tipos de interés y en la financiación suministrada por las políticas de flexibilización cuantitativa abriría un frente de tensión difícilmente gestionable.

En segundo lugar, presentan entidad propia  la  crisis  ecológica  y  la  regresión patriarcal. Por un lado, las políticas llevadas a cabo, no solo en estos últimos años, ignoran y agravan el desafío civilizatorio que implica la relación depredadora e insostenible con la naturaleza del modelo de vida prevaleciente (producción, consumo, transporte, ocio). Por otro lado, las políticas implementadas, sitúan a las mujeres en el epicentro de la gestión conservadora de la crisis y las privan de derechos, reduciendo el gasto social público, que había permitido socializar una parte de los cuidados, que de este modo retornan a los espacios privados domésticos, dominados por la división sexista del trabajo.

Un tercer grupo de problemas a considerar apunta a un escenario económico y político internacional inestable y conflictivo. No se trata solo, que también, de la desaparición o, cuando menos, pérdida de intensidad de los denominados “vientos de cola” (reducción del precio del petróleo o depreciación cambiaria), que han tenido un efecto indudablemente positivo sobre la actividad económica en términos de crecimiento. Europa se ve sacudida y amenazada por el aumento del proteccionismo, la volatilidad cambiaria, la aplicación de políticas no cooperativas y la pugna por acceder a recursos escasos.

Tampoco la pregunta de si existe mar- gen para su corrección es fácil de despachar en unas pocas líneas. La constitucionalización de las políticas económicas conservadoras –un verdadero golpe de Estado a la democracia europea–, que de esta manera han pasado a formar parte de los tratados europeos y la exigencia de unanimidad para su reforma es una importante restricción a la hora de promover otras políticas. En un sentido más amplio, los parámetros donde habitualmente se sitúa este asunto apuntan, centralmente, a las instituciones, como si estuvieran desconectadas de los intereses que las sostienen y las condicionan. Así, cuando se habla de la institucionalidad con que surgió la moneda única, los términos utilizados son «déficits, carencias, errores…», siendo los menos los análisis que apuntan a los intereses oligárquicos que imponen un determinado marco institucional, funcional a los mismos. Sin embargo, necesitamos una aproximación con estos mimbres para entender la orientación, sesgada, de las reformas realizadas en estos últimos años y las que han sido postergadas; por ejemplo, la parálisis de la Unión Bancaria, la centralidad otorgada al Mercado Único de Capitales y el Fondo Monetario Europeo, el imperativo de los ajustes presupuestarios y la imposición de una estricta condicionalidad macroeconómica. La articulación de intereses, políticas e instituciones es clave para entrar en el debate sobre la existencia de márgenes de maniobra, o su ausencia, y dar una medida de las resistencias a vencer y de los gana- dores de la construcción europea. Aclarada esta importante cuestión, conviene puntualizar que el actual marco institucional ha sido utilizado, bajo la preeminencia de Alemania y de su zona de influencia, en su vertiente más conservadora. Al menos en teoría, hubiera sido posible, por ejemplo. otra actuación por parte del BCE y del Banco Europeo de Inversiones.

ME: Hay varias, principalmente dos, maneras de criticar la UE: una, sobre la base de su propio planteamiento o filosofía y, dos, desde la óptica del bienestar de la mayoría de la población europea. Las críticas y los resultados son bastante distintos según el enfoque por el que se opte.

Sobre la base de su propio planteamiento se crítica mucho que está mal organizada, deficientemente establecida, etc., junto a la mala estructura del euro y sus consecuencias sobre todo en los países más débiles, su amplia y profunda burocracia y la pérdida de soberanía que implica para los países miembro, entre  otros aspectos; respecto al enfoque desde la óptica del bienestar de la población creo que el problema mayor es que las poblaciones de los países de la Unión, especialmente los del sur, pero también otros (el Reino Unido por ejemplo), las poblaciones han percibido que la UE es muy poco eficiente para sus objetivos y su bienestar sino que tiene más bien consecuencias negativas (programas de ajuste y austeridad). En consecuencia, la UE está sometida crecientemente a una puesta en cuestión de su existencia y una importante falta de legitimación, Por lo menos en el Estado español la (errónea) opinión mayoritaria respecto a la UE oscila entre una cierta “creencia” (literalmente) a que es beneficiosa, fruto de los años de propaganda positiva, y la ignorancia de su existencia. La gran mayoría de la población del país no le concede mucha importancia como elemento activo en su situación, sino que la considera un ente lejano, que puede ser positivo a veces en los grandes aspectos (contaminación y medio ambiente) pero muy poco relevante en cuanto a su incidencia en la situación cotidiana de la población. No obstante, cada vez son más, también, los grupos minoritarios que la consideran responsable de los recortes en los derechos del Estado del bienestar.

¿Hay margen para su corrección? Lo hay en tanto en cuanto socialmente siempre hay margen para el cambio si la mayo- ría de la población lucha por lograrlo. Pero si nos referimos solamente a si hay margen dentro de la evolución actual y previsible, se puede decir que hay muy pocas posibilidades, pues todos los indicadores van en la dirección contraria: la UE se ha convertido en un poder en declive frente a los países dominantes del mundo, sigue empeñada en sus programas neoliberales, una parte importante de países tienen gobiernos de derecha e incluso de extrema derecha, la competencia con EEUU, China y el resto del mundo se intensifica y la línea de desarrollo parecen seguir siendo la competencia y el rigor… Y su actuación frente a aspectos humanitarios como la inmigración son de una gran crueldad. Únicamente parece que a sus dirigentes empieza a preocuparles un poco la magnitud de la desigualdad  y  la  pobreza,  porque  puede dar lugar a explosiones sociales, por lo que parecen inquietarse, pero no hay mucha muestra de medidas concretas que enfrenten dichos problemas. Solo una mayoría de las poblaciones, con ideas claras sobre lo que pretenden de la Unión, podría alterar esta  dinámica  y  conducirle  a  un  cambio real. Desgraciadamente no me parece un fenómeno próximo.

LV y MDD: Al tiempo que se cuestiona la validez del proyecto comunitario, surgen importantes desafíos a escala global (cambio climático, migraciones forzosas, el auge político de la ultraderecha, la llamada IV Revolución Industrial, etc.) que exigen un posicionamiento por parte de Europa. En ese sentido ¿qué valora ción te merece la posición de la UE respecto a estas cuestiones?  ¿Qué Europa saldrá de estas pugnas?

AG: La respuesta a los grandes retos humanitarios y democráticos que se han evidenciado con toda la crudeza en los últimos años ha sido insuficiente. Precisamente en las áreas donde la población pide «más Europa», como es la intervención social, la adecuada respuesta a la llegada de personas refugiadas o la reacción común y adecuada frente al neo-fascismo, se producen los principales errores.

Todos los errores tienen consecuencias y una de las más graves, ya claramente anunciada en la última legislatura del Parlamento Europeo, va a ser la conjunción de las fuerzas de extrema derecha aglutina- das bajo un eje fundamental: la xenofobia y el rechazo a la inmigración. Aun cuando se evidencias diferencias entre los distintos partidos, en particular de carácter cuantitativo en el discurso más o menos euroescéptico, lo que parece evidente va a ser la estructuración de un eje xenófobo que puede aglutinar a un número elevado de europarlamentarios/as en Bruselas.

FL: En términos generales, los grandes desafíos estructurales que se señalan en este bloque y otros que he apuntado anteriormente no se están abordando, o las políticas implementadas son claramente insuficientes o las respuestas son erróneas. Las políticas de ajuste presupuestario, de represión  salarial  y  las  reformas  estructurales basadas en el «todo mercado» ocupan el grueso de la agenda y de los esfuerzos comunitarios, supeditando cualquier otra consideración al cumplimiento de estos objetivos. Poco o nada se hace al respecto del cambio climático o la crisis de los refugiados; salvo en este caso levantar muros y pretender echar un candado sobre las fronteras comunitarias, vulnerando todos los acuerdos internacionales en materia de asilo y derechos humanos. Y tampoco en lo que concierne a la reducción de la desigualdad, la corrección de las fracturas productivas, la concentración de la estructura empresarial, el predominio de las finanzas o la equidad de género. Las políticas aplicadas, por acción o por omisión, agravan esta problemática.

Mención aparte merece el generalizado e intenso ascenso de la extrema derecha, que ha encontrado un importante caladero de votos en la quiebra de confianza de un amplio sector de la población en las políticas y los políticos que han gestionado la crisis. Una parte de la desafección derivada de esta situación la están capitalizando estos partidos. Levantar la bandera de Europa o incluso de más Europa, manteniendo en lo fundamental las constantes de la actual, no será suficiente para frenar a la derecha extrema, que, cada vez más, marca la agenda y la hoja de ruta (por ejemplo, en el tema de las personas migrantes y refugiadas).

En cuanto al resultado de estas pugnas, la Europa que realmente está saliendo ya es una Europa oligárquica y autoritaria. Situándome más allá de las instituciones, enfoque que reivindico con fuerza, el capitalismo que emerge de la crisis (cuya superación está lejos de haberse alcanzado, a pesar de la leve mejora de algunos indicadores económicos) refuerza su perfil extractivo, confiscatorio de renta y riqueza de la población y de los espacios públicos y de recursos de la naturaleza. La pugna, la rivalidad y el poder son claves en este escena- rio, que ya se ha abierto y que perdurará en el tiempo. Hay que precisar, en cualquier caso, que nada está escrito. Que se abran paso otras políticas dependerá de la capacidad de las fuerzas del cambio para imponer un relato sustancialmente diferente del dominante y para intervenir a escala local, estatal, europea y global con el objetivo de poner los cimientos de otra Europa.

ME: Creo que gran parte de esta pregunta está respondida en la segunda parte de la anterior. Pero hay que distinguir entre los temas: probablemente la Unión Europea intentará hacer algo respecto al cambio climático –hoy en día es más activa positivamente que EEUU, por ejemplo– y a la IV Revolución Industrial, por su interés en mantenerse competitiva a nivel global, pero me temo que será mucho más contemporizadora con la ultraderecha y seguirá siendo agresiva y cruel con las migraciones. Se está produciendo un movimiento hacia la derecha en la escena político-social mundial y la UE no es una excepción.

LV y MDD: El caos del brexit en UK es quizás el momento más álgido de las tensiones y cuestionamientos que vive actualmente el proyecto europeo. ¿Consideras que esta situación condicionará, y de qué manera, el futuro de Europa? ¿Sería posible que el caso del brexit  generase un efecto dominó sobre los demás países, o son muy pocos los que podrían plantearse realísticamente la salida?

AG: El brexit condiciona plenamente el presente y el futuro de Europa, aun cuando se acabe anulando el proceso en un hipotético segundo referéndum, la idea de la UE como club del que no se puede salir, de la UE como demos en construcción permanente se ha roto. El posible fracaso del brexit no invalida por tanto esta crisis de legitimidad de la tan publicitada ciudadanía europea, pero probablemente desincentive las intenciones de otros estados de seguir esta línea. De hecho, tendencias fuertemente centrífugas como la de la extrema derecha francesa se han reposicionado, junto con Orban, en un discurso mucho menos “antieuropeo” para moverse en el ámbito de la no salida del euro, evitando así la presencia de elementos duros en la campaña electoral.

En cualquier caso, lo cierto es que la opción por la salida es sumamente compleja, más aún para los países de la zona euro. Las condiciones que han permitido que Reino Unido llegue a esta decisión son difícilmente repetibles.

Como cierre cabe traer aquel célebre discurso que en el Colegio de Europa de Brujas, desde donde se escribe este post, pronunció en 1988 Margaret Thatcher. La dama de hierro planteó su visión de la UE basada en la consecución de tres objetivos comunes: maximización del libre comercio, primacía de la integración en el ámbito económico y adopción de métodos de decisión intergubernamentales. Para haber sido considerada  una  euroescéptica,  lo  cierto  es que su receta parece haber tenido éxito.

FL: Cuando se escriben estas líneas, todos los escenarios al respecto del brexit (la salida de la Unión Europea por parte del Reino Unido) están abiertos, habiéndose fijado un nuevo calendario para determinar las condiciones en que se producirá (brexit duro o blando); si bien lo más probable es que se aplique alguna fórmula de acuerdo negociado entre el gobierno británico y las autoridades comunitarias, o que se convoque un nuevo referéndum, que, de celebrarse, posiblemente mantendría al país dentro de la UE. Cualquiera que sea la alternativa adoptada, el mensaje lanzado desde Bruselas es que la salida unilateral de la UE no es viable, por compleja y costosa. El bucle en que ha estado encerrado el debate político ha contribuido a reforzar esta percepción, por no hablar del papel desempeñado por los grandes medios de comunicación que han puesto lo suyo en alimentar la ceremonia de la confusión. En este contexto, el debate sobre las grandes encrucijadas de la economía británica –como, por ejemplo, el estancamiento de los salarios, el aumento de la desigualdad y la fractura social, la débil tributación de las rentas y patrimonios altos, el fraude fiscal, la desindustrialización del país, el creciente peso de la industria financiera, etc.– han queda- do postergados. Diría que a los responsa- bles comunitarios les viene bien que este tipo de asuntos no entren de lleno en la agenda; también ellos ignoran estas y otras cuestiones, que deberían estar en el centro del debate europeo. Por lo que acabo de señalar, no creo que el brexit tenga un efecto dominó sobre el resto de países comunitarios. Más bien lo contrario, invita a un cierre de filas ante un escenario tan perturbador, amenazante e inestable como el representado por el brexit. Pero considero un error de bulto zanjar que de esta crisis sale una Europa más robusta y unida; del mismo modo que es un error suponer que levantar la bandera del europeísmo frente al ascenso de la extrema derecha refuerza el proyecto europeo. Las inercias desintegrado- ras están muy presentes, de hecho, cada vez tienen más fuerza (en estos breves comentarios he mencionado algunas de las que me parecen más significativas). Cabe imaginar, desde luego, que una nueva y devastadora crisis ponga contra las cuerdas los pilares institucionales y las políticas de la Europa actual, lanzando una dinámica desintegradora de imposible control.

ME: Creo que el brexit tendrá menos importancia real en la UE de lo que parece por las amplias campañas de los medios de comunicación. El Reino Unido ya estuvo fuera de la UE hasta 1973 y no fue catastrófico. Supondrá un ajuste, fuerte en aquel país, menor en los demás miembros, pero no catastrófico, y el futuro de la UE continuará su ruta.

No me parece que el brexit conduzca a generalizar las salidas. Si en algunos países, ciertos grupos sociales piensan en salir de la UE (Grecia, España) no me parece que es por el brexit, sino por las consecuencias negativas que les parece que causa la pertenencia a la UE. De todos modos, la experiencia del brexit demuestra que no es tan sencillo salir de la UE, aunque se tengan todos los apoyos legales del país que quiere salir.


El desconcierto europeo

Santiago Álvarez Cantalapiedra

El desconcierto europeo

Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, núm. 145, primavera 2019,  pp. 5-10.

Durante mucho tiempo fue un lugar común considerar que la Unión Europea representaba el proyecto de integración supranacional más complejo, innovador y exitoso de la geopoíítica mundial. Hoy, sin embargo, no sólo surgen dudas al respecto, sino que se impone el convencimiento de que la UE no funciona: ni supo afrontar la Gran Recesión respondiendo a las necesidades de la ciudadanía ni está sabiendo abordar los desafíos que tenemos planteados como humanidad (la crisis ecosocial en sus múltiples facetas). Más bien prevalece la sensación de que Europa se mueve entre los peligros de un déficit estructural y las amenazas de la desintegración. En lo que se refiere al déficit hay que advertir que, a pesar de la obsesión por la estabilidad presupuestaria, el verdadero y más amenazante de los déficits no es el relativo a las cuentas públicas, sino aquel que expresa la falta de legitimidad democrática. Instituciones como la Comisión o el Banco Central Europeo gobiernan tecnocráticamente los destinos de la Unión. No es menor el riesgo de desintegración: las últimas ampliaciones ocultaron durante cierto tiempo que la UE había dejado de ser el atractivo club del que todos querían forma parte; ahora ya sabemos que el rey está desnudo y que se parece a una asociación mal avenida donde no faltan quienes la quieren abandonar ni los que la miran con profundo escepticismo.

El gran error del proyecto europeo fue asociar su suerte al orden neoliberal.

Una vez que este orden social se quiebra tras la Gran Recesión, lo hace también una UE imbuida desde los años noventa del siglo pasado de altas dosis de ortodoxia neoliberal y volcada en la defensa de los intereses del capitalismo financiero. El proceso viene de largo, pero si hubiera que resaltar un hito que marca un antes y un después sería el giro de la segunda Comisión Delors.[1] A partir de entonces queda atrás la ‘dimensión social’ del proyecto europeo. Es el momento en que se abandona el tan cacareado ‘modelo social’ preocupado por la defensa de los derechos sociales y que logra cristalizar en los Estados de bienestar. A partir de ese giro, la apuesta que se hace es por una integración supranacional abierta a los mercados mundiales con el propósito de situar a Europa en posiciones competitivas en el marco de una globalización neoliberal.

Pero esa apuesta dio lugar a una UE incapaz de proteger a su población de las amenazas provenientes de las fuerzas económicas desatadas por la globalización financiera. La puesta en marcha de la Unión Monetaria desatendiendo la coordinación de las políticas fiscales y sin atisbo de voluntad para diseñar un presupuesto común, dejó indefensa a la ciudadanía ante las embestidas del capital financiarizado y la competencia fiscal de las empresas multinacionales. Sin una base fiscal común y bajo un principio de competencia aplicado a territorios y países, el capital se enseñorea del proyecto europeo como ámbito para su propia valorización en desmedro del bienestar de la población europea.

Europa y la crisis

La Gran Recesión no hizo sino complicar aún más las cosas. Al dumping social y a la competencia fiscal se sumaron las llamadas «políticas de austeridad».

Pero, sobre todo, lo que esta crisis mostró fue la imposibilidad de Europa de leer adecuadamente los signos de los tiempos. La crisis ha representado la manifestación más clara de la quiebra del orden neoliberal. Después de más de tres décadas, el neoliberalismo ha fracasado estrepitosamente. Ni siquiera ha logrado impulsar una senda de acumulación funcional a los intereses de las facciones del capital productivo; ha conseguido, eso sí, una gran redistribución regresiva de la riqueza provocando un incremento de la desigualdad y un intenso debilitamiento de la cohesión social. La tecnocracia europea no supo leer esta crisis como lo que era, el fin de un orden, y por eso mismo Europa no se encuentra en condiciones de influir positivamente en la definición del nuevo orden social e internacional que está emergiendo.

Prueba de ello fue que la crisis mutara de una forma a otra sin que las autoridades europeas consiguieran atajarla.  La crisis financiero-inmobiliaria del 2008 pronto dio lugar a una crisis de la deuda soberana que desembocaría finalmente en una crisis del euro. Este encadenamiento de crisis económicas desencadenaría a su vez una crisis social que ha terminado traduciéndose en una crisis política de gran profundidad. La crisis en Europa se amplificó, diversificó y complicó como no ocurrió en ningún otro lugar y gran parte de la culpa es de la tecnocracia europea.

Para empezar ni la Comisión ni en el BCE han reconocido nunca su responsabilidad en el origen de la crisis. Trasladaron la culpa al sistema financiero norteamericano: allí se originaron los problemas y la globalización fue la encargada de contagiarlos por el continente europeo. Pero la realidad es que las cosas no fueron exactamente así. Adam Tooze recuerda que los bancos europeos expandieron el crédito más intensamente que en los EEUU y que las burbujas inmobiliarias que sufrieron España e Irlanda fueron el doble de grandes (siempre en términos proporcionales) que la que experimentó la economía norteamericana.[2]

Pero lo peor no ha sido negar cualquier atisbo de responsabilidad en relación con el origen de la crisis, sino los errores que se cometieron en la forma de encararla una vez que se hubo desencadenado. No hace falta ser Nobel de economía para percatarse de lo que las autoridades económicas no quisieron admitir: que no hay forma de recuperarse de una crisis financiera de las dimensiones de la vivida con devaluaciones internas que imponen cada día más precariedad, desempleo y deterioro en las condiciones de vida de la población. Estas cosas se resuelven con crecimiento, con inflación y con reestructuraciones de la deuda. El crecimiento era impensable por las consecuencias sociales del estallido de la burbuja; la inflación no era posible por la obsesión por el control de los precios que padece el ordoliberalismo alemán; lo lógico entonces hubiera sido un acuerdo entre las partes acreedoras y deudoras para repartir el esfuerzo del ajuste mediante una reestructuración de la deuda (no lo olvidemos, mayoritariamente privada). En lugar de eso, las instituciones europeas se pusieron al servicio de los países acreedores. El BCE se negó a actuar como un banco central. En el Reino Unido el sector inmobiliario también experimentó graves dificultades que se resolvieron con relativa facilidad y rapidez gracias a que el Banco de Inglaterra se dedicó a comprar la deuda de su Gobierno.

En cambio, en la zona del euro se optó por establecer protectorados violentando la soberanía popular: se intervinieron las cuentas públicas de Grecia, Portugal, Irlanda y Chipre, y Jean-Claude Trichet, a la sazón presidente del BCE, envió en el verano del año 2011 sendas cartas a los presidentes del Gobierno de España e Italia instándoles a impulsar reformas estructurales y a consagrarlas en su ordenamiento jurídico. La reforma del artículo 135 de la Constitución Española ―por la que se introducía el principio de estabilidad financiera― no se hizo esperar; lo que no consiguió el pueblo español (en quien reside la soberanía nacional según la tantas veces invocada Constitución) tras más de treinta años de democracia, se consigue de la noche a la mañana gracias a las presiones de una institución “independiente” que no rinde cuentas a nadie y que derrota a gobiernos democráticos en Grecia e Irlanda o promueve “gobiernos técnicos” como el de Mario Monti en Italia. El Banco Central Europeo no solo no actuó como un banco central, sino que se extralimitó y presionó sin ninguna legitimidad más allá de sus atribuciones monetarias, y solo cuando la sombra de la deflación se cernió sobre la eurozona como un triste augurio fue cuando Draghi (año 2015) activó las compras de bonos en los mercados secundarios, siempre condicionadas a reformas en las pensiones o en el mercado de trabajo y a la aplicación de políticas de austeridad.

Europa ante el nuevo orden emergente

Tras décadas de globalización neoliberal, Europa se encuentra con la paradoja de que lo que impulsó con tanto ahínco no le ha deparado los frutos que esperaba. En el plano interno ha exacerbado los desequilibrios y las desigualdades estructurales entre los países de la Europa septentrional y meridional, ha provocado la quiebra del mercado de trabajo en la mayoría de sus economías, fracturas territoriales internas en algunos países y fisuras profundas en la cohesión interna de cada sociedad. En el plano internacional, la globalización neoliberal ha favorecido sobre todo a las llamadas economías emergentes a costa del declive de los sectores populares de Europa y los EEUU, desplazando el protagonismo económico hacia Asia oriental. Como consecuencia han surgido reacciones de diverso tipo; observamos tensiones proteccionistas y repliegues nacionales, como en el caso de EE UU con la llegada al poder de Trump o del Reino Unido con el Brexit. Ambos casos constituyen las primeras enmiendas de cierta significación al proceso globalizador.

El mundo cambia, pero la UE no parece enterarse. Tanto en el plano interno como en el externo, va emergiendo un nuevo orden. Al interior de los países se vislumbra una sociedad compleja, con una estructura social más estirada debido al adelgazamiento de la clase media, atravesada de conflictos, riesgos y desafíos relacionados con la desigualdad, la interrupción de la movilidad social, el envejecimiento y la crisis de cuidados o la insostenibilidad de unos estilos de vida que pasan factura a la salud del planeta. Como reacción política a la gobernanza tecnocrática de las instituciones europeas y a la globalización neoliberal que ha provocado buena parte de este desaguisado, surgen por toda Europa populismos de distinto signo que coinciden en que aciertan más en los diagnósticos que en la solución a los problemas. Es el desconcierto ante una política que se ha vaciado de poder. Las fuerzas globales de los mercados financieros o los corsés que impone Bruselas definen unas reglas de obligado cumplimiento que parecen anular cualquier grado de autonomía y soberanía de los gobiernos electos.

En el plano exterior la realidad internacional viene marcada por la creciente multipolaridad. Del mundo bipolar de la segunda posguerra se pasó, tras la debacle del bloque soviético, al unilateralismo de un mundo donde EEUU ejercía de única superpotencia. En el momento presente, el centro de gravedad económico se ha desplazado hacia la costa asiática del Pacífico y el mundo ha dejado de tener un único centro de poder hegemónico. Avanzamos hacia un mundo postoccidental. Este nuevo orden global emergente muestra el debilitamiento del poder de Europa y de los EE UU y, por el contrario, el fortalecimiento y el aumento de la influencia en el panorama internacional de China y Rusia. China refleja irónicamente los signos de los tiempos: un país, sobre el papel comunista, se convierte en el gran defensor del comercio mundial y de la economía abierta en un momento en el que los EEUU ―principal impulsor de la globalización neoliberal de las últimas décadas― se enreda en rebrotes proteccionistas y guerras comerciales y tecnológicas. La reversión de las tendencias globalistas, la vuelta al Estado nación, al proteccionismo y a las guerras comerciales, o el abandono del multilateralismo, lo que revelan es que la geopolítica ha regresado, y lo ha hecho para quedarse. La partida se juega ahora en quién controlará los recursos y las principales rutas, infraestructuras y tecnologías con las que se organizará la vida social en el futuro más inmediato. Europa anda perdida en medio del desconcierto. Pesa poco en el capitalismo digital, a diferencia de EEUU y China; algo más en las finanzas, pero no tanto como para disputar la hegemonía al mundo anglosajón; y no dispone de una política exterior coherente ni de unas políticas de seguridad y defensa comunes que garanticen el acceso a los recursos estratégicos y controlar las redes de distribución. Mientras permanece en su desconcierto, la UE ve como sus miembros se desmarcan y toman la iniciativa; el caso más reciente Italia, que firmó en marzo un memorándum con China para sumarse a su «Nueva Ruta de la Seda».[3]

El único aspecto donde Europa no titubea es en el control de las fronteras.

Con una población envejecida y en declive, a la vieja Europa le asusta la juventud y el dinamismo demográfico de África. La perspectiva de que el continente vecino alcance 2.500 millones de personas en las próximas décadas inquieta a las autoridades comunitarias hasta el punto de renunciar a regular los flujos migratorios desde un enfoque centrado en los derechos humanos y optar por una gestión securitaria de la inmigración. La forma en que la UE aborda este problema no solo acrecienta la tragedia de los extracomunitarios que se acercan a nuestras fronteras, también está alentando la xenofobia y el ascenso de formaciones políticas que defienden la identidad étnica y cultural de “su” nación como elemento central de las políticas.

Democratizar Europa y afrontar los grandes retos

La pérdida de cohesión social y la crisis de los refugiados son los síntomas más inequívocos de la enfermedad que padece Europa.

No se trata de labrar una identidad cultural común. Son tantas las culturas y los pueblos presentes en el continente que una identidad cultural europea resulta tan ilusoria como indeseable. En su lugar tiene más sentido forjar valores comunes como el reconocimiento y el respeto a la diversidad. La enfermedad que padece Europa nada tiene que ver con la ausencia de una identidad cultural común; tiene que ver con la forma en que se ha construido el proyecto de la UE y cómo en ese proceso se han ido abandonando valores y principios democráticos. El diseño institucional y político europeo deja poco espacio a la democracia. Las instituciones supranacionales no rinden cuentas a los ciudadanos y fueron diseñadas para separar la democracia existente a escala nacional (demediadas, imperfectas, si se quiere, pero democracias, al fin y al cabo) de la gobernanza económica. La enfermedad que padece Europa solo se resuelve construyendo una gobernanza realmente democrática.

Construir democracia en Europa no puede quedarse en un simple enunciado genérico vacío de contenido. La democratización del proyecto de la UE debe empezar por coordinar las políticas económicas y tributarias de los diferentes Estados para acabar con el dumping social y la competencia fiscal entre sus territorios; debe continuar encarando el problema de la deuda mediante una restructuración ambiciosa que permita la recuperación de las sociedades más afectadas por la crisis y debe culminar con un cambio en la dirección de las políticas desde la obsesión actual por la estabilidad financiera hacia el objetivo ineludible de la transición ecológica. La creación de una Asamblea Europea ―como han propuesto Piketty y otros―[4] no solo serviría de contrapeso institucional a la tecnocracia comunitaria, sino que además permitiría abordar sin demora la necesaria armonización fiscal y presentar una ley a favor de un impuesto europeo de sociedades que hasta el momento ha sido sistemáticamente rechazado por la regla de la unanimidad que en esta materia rige en el seno del Consejo de Ministros de Economía y Finanzas (ECOFIN).[5] No hay que olvidar que el déficit democrático en la UE no se debe únicamente a la existencia de agencias “independientes”, sino también a las reglas y procedimientos que imponen la voluntad o el veto del que tiene más fuerza o capacidad de influencia. No se trata de más Europa (léase, más integración y cesión de soberanía), sino de mejor Europa (con más democracia y mayor coordinación).

La democratización del proyecto europeo pasa, sobre todo, por resituar la política allí donde aún es posible hablar de democracia, sustrayéndola de las manos de los tecnócratas de la Comisión y el BCE y acentuando la coordinación política entre los Estados. Para lograr una mejor Europa es insorteable luchar contra el capitalismo financiarizado y apostar ―como defiende Wolfgang Streeck―  «por la democracia social nacional y local, lugares en los que la gente pueda construir conjuntamente competencias económicas y buena vida, de acuerdo con sus capacidades y necesidades (…) Las comunidades locales, regionales y nacionales invertirían intensamente en infraestructuras colectivas, desde el transporte público a la educación y la sanidad públicas y gratuitas, ayudadas por instituciones financieras nacionales e internacionales de propiedad pública o de carácter cooperativo, que se hallarían protegidas de la implacable competencia internacional y no sujetas a los dictados de Berlín, París o Bruselas».[6]

Europa no puede inhibirse de la definición del orden social que emerge de los escombros del periodo neoliberal si quiere encarar seriamente la cohesión, la democracia y la crisis ecológica.

 

NOTAS

[1] Se conoce así a la Comisión Europea presidida por Jacques Delors.  Como presidente de la Comisión Delors estuvo tres mandatos sucesivos a lo largo de un periodo que va desde 1985 hasta 1994. La tercera Comisión Delors (1993-1994) fue también la primera Comisión de la Unión Europea, puesto que el Tratado de Maastricht entró en vigor en 1993.

2[1] A. Tooze, Crash. Cómo una década de crisis financieras ha cambiado el mundo, Crítica, Barcelona, 2018.

3[1] Esta iniciativa responde al nombre de Belt and Road Initiative, y fue lanzada lanzada por China en el año 2013 para conectarse con las economías de Europa, Oriente Medio y África. China contempla los puertos italianos como nodos estratégicos en el proyecto de difundir sus productos e inversiones.

4[1] Véase el manifiesto por la democratización de Europa de Stéphanie Hennette, Thomas Piketty, Guillaume Sacriste y Antoine Vauchez, Pour un traité de démocratisation de l’Europe, Seuil, París, 2017.

5[1] The Economic and Financial Affairs Council (ECOFIN) está integrado por los Ministros de Economía y Finanzas de los estados miembros de la UE, así como por los Ministros de Hacienda cuando se discuten cuestiones presupuestarias. Tiene competencias legislativas en materia económica y financiera. La mayoría de las decisiones se toman por mayoría cualificada, pero la excepción son los asuntos fiscales que se deciden por unanimidad.

[6] Entrevista de Miguel Mora a W. Streeck, «El imperio europeo se hunde», CTXT, 13 de marzo de 2019. Se puede consultar en: https://ctxt.es/es/20190313/Politica/24878/neoliberalismo-union-europea-alemania-wolfgang-streeck-miguel-mora.htm