Ecosistema Escuela. Reinventar los espacios

Ana Ausín

Arquitecta especializada en espacios pedagógicos, antigua alumna y madre del colegio Montserrat.

Hasta ahora los espacios de educación infantil eran solo espacios funcionales, carentes de una reflexión e identidad, reproducidos de manera sistemática. Espacios de aula desarrollados en un único plano horizontal, sin conexión con los espacios exteriores, sobre-estimulados de color, con suelos e iluminación más cercanos a espacios destinados a la industria que al desarrollo natural de los individuos. El mobiliario y la organización espacial del aula, promovía un aprendizaje basado en la transmisión de conocimientos por el adulto, sin tener en cuenta los procesos de desarrollo autónomos y las necesidades auténticas del ser humano.

Las escuelas deberían ser espacios de vida y de pertenencia capaces de reflejar su identidad y su proyecto pedagógico. Estos ambientes deberían ser estéticos, cálidos, ordenados y vivos, con escalas adecuadas para dar respuesta a necesidades individuales y de grupo. Transformables según los procesos naturales de experimentación, de manipulación y de juego. Entornos únicos porque cada comunidad escolar es diferente e interacciona de manera natural con su entorno.



En el curso 2015-16, la escuela infantil del Colegio Montserrat impulsa su proyecto pedagógico partiendo del alumno como protagonista; el docente como colaborador, investigador y guía; el espacio y los materiales como tercer maestro; y las familias como apoyo en el desarrollo de actividades en el aula. En este contexto, se inicia un proceso de diseño junto al equipo educativo de infantil para la transformación hacia un entorno preparado de los espacios interiores de su centro de enseñanza.

Los espacios del aula se modifican a partir de cambios cromáticos de sus paramentos, colores claros apoyados por una iluminación cálida. Se incorporan nuevos elementos y materiales de madera, que aportan nuevas escalas y topografías. El mobiliario responde a la escala del niño y los materiales de manipulación están a su alcance. La configuración del mobiliario en el aula ayuda a favorecer ámbitos de actividad, de juego simbólico, de motricidad, de lectura, de construcciones, de naturaleza, de experimentación y de expresión plástica.

Los dispositivos de movimiento introducen el concepto de motricidad libre y construyen la topografía del aula, subir, saltar, deslizarse, descansar, esconderse y configurar territorios nuevos de juego libre. Se favorece así la actividad autónoma para el descubrimiento de capacidades y habilidades.

Las mesas y sillas apilables de madera permiten una configuración variable del aula estableciendo el lleno y el vacio del espacio, según lo requieran las propuestas de juego y experimentación.



Se introducen elementos para el aprendizaje a través de los sentidos y de la imaginación, como las mesas de experimentación (de luz y arenas), y materiales manipulativos de innovación pedagógica, indispensables para apoyar esta nueva mirada.

Uno de los espacios centrales de la escuela infantil se transforma en el Taller, destinado a la expresión creativa libre. Este lugar está configurado por paramentos verticales forrados de madera que junto a la mesa paleta, donde se disponen los materiales, estructuran el espacio de pintura y de arcilla. El taller es un lugar para pintar libremente, haciéndolo por el placer en sí mismo, sin juicios, sin inhibiciones y sin competición.

Este ecosistema escuela pertenece a un ámbito cultural, con entornos preparados y cuidados en lo sensorial, motriz y emocionalmente. A la vez equilibrado en propuestas, escalas, elementos y materiales, sin sobrecarga de estímulos pero ricos en escenarios de juego y actividad.

En resumen, la transformación de las aulas de infantil del colegio Montserrat es solo el principio de un proyecto que quiere adecuar el espacio al niño y no el niño al espacio, como venía ocurriendo. Es el germen de una renovación pedagógica profunda para la que los espacios en la escuela son vida. Ese es el reto.