Nuestros espacios, nuestra vida

Un proyecto para fomentar la convivencia, los cuidados y el contacto con la naturaleza en los patios del Colegio Lourdes.

Artículo escrito por la Comisión de trabajo del proyecto "Nuestros espacios, nuestra vida".


Cuentan que cuando a una niña o a un niño de cuatro años que vive en la ciudad se le pide que se dibuje, pinta dos ojos y una boca dentro de una cara (es probable que se le olvide la nariz), un cuerpo que nace directamente desde la cabeza y dos brazos y dos piernas.

Cuentan que cuando a una niña o a un niño de cuatro años que vive en una comunidad integrada en la naturaleza se le pide que se dibuje, pinta muchas caras y árboles verdes y lombrices y pájaros.

Una parte del mundo se dibuja como un ser individual desconectado del resto de seres vivos y de la naturaleza. Otra parte del mundo se dibuja desde una cosmovisión mediante la cual se conciben como ecodependientes e interdependientes, como un trozo de algo más grande en lo que están integrados. Se dibujan desde el somos, junto a otros humanos y la naturaleza.

Valga esta anécdota para enmarcar, dentro de un debate más amplio, el reto ante el que nos enfrentamos en los centros educativos: cómo educar en un planeta en crisis.

Estamos ante un horizonte quebrado y la educación es, sin duda, un elemento esencial para ayudar a reconstruirlo. El proyecto de transformación de los patios del Colegio no aspira a responder de manera global a este reto, pero sí trata de apuntar algunas propuestas e ideas para afrontarlo, teniendo como punto de partida que parece sensato pensar que es urgente reajustar los imaginarios sociales para construir un horizonte diferente. No podemos poner freno inmediato al sinsentido que marcan las instituciones financieras internacionales y los gobiernos de los países enriquecidos con sus políticas, pero sí podemos enseñar a actuar frente a la incertidumbre del futuro que se avecina. Creemos que, como centro educativo, es nuestra responsabilidad hacerlo.

Ante este escenario, donde el cambio climático es solo una muestra del desajuste ambiental y social, es imprescindible tener en cuenta que la supervivencia humana desde que comenzamos a poblar el planeta Tierra ha dependido fuertemente de comportamientos cooperativos. Ante este escenario de futuro incierto es importante redirigir nuestras sociedades hacia una mayor riqueza relacional, que proporciona más bienestar y protección que el aislamiento y la fragmentación a la que parece empujarnos el sistema económico imperante.

Los centros educativos son lugares de ensayo donde comenzar a cambiar las reglas del juego para poder seguir existiendo sobre la Tierra con dignidad y justicia. Por eso tenemos que aprender a participar, a cooperar y a cuidar partiendo de la base de que lo que mejor se aprende es lo que se practica. Pensamos que hay muchos espacios donde ya se están trabajando estos aspectos en el Colegio, pero hay algunos que utilizamos poco en este sentido: los patios, donde se dan relaciones diferentes a las que se producen dentro de las aulas. Lugares que se pueden configurar de manera distinta a como lo están ahora para que esos encuentros donde se produzca la participación, la cooperación y el cuidado sean más frecuentes.

Si pensamos en el vínculo con nuestro entorno (tanto próximo como lejano), no es extraño que, como decíamos al principio, una parte del mundo sufra con el árbol talado, con las especies que se extinguen mientras otra parte tale y extermine especies sin sentir nada. Nosotras y nosotros nos encontramos en esa parte que vive sin tener conciencia de que somos ecodependientes e interdependientes.

Si educamos para la vida, hay que hacerlo desde la vida, y cuando miramos los patios del Colegio vemos más lugares de carreras y balones que lugares que inviten a imaginar juegos y a encontrarse, vemos más asfalto que tierra. Y sobre el asfalto y el hormigón no crece la vida.

Por otro lado, para pensar posibles vías de actuación en contextos de incertidumbre como el actual, hace falta poder imaginar. La creatividad y el arte permiten imaginar y disfrutar (aprendemos más y mejor cuando disfrutamos), por eso son tan importantes en los procesos educativos y, por eso, son elementos centrales de este proyecto.

Porque creemos que participar, cooperar, crear, cuidar e imaginar son aspectos indispensables para poder afrontar el futuro próximo, hemos pensado que sería interesante investigar cómo convertir los patios del Colegio en lugares donde veamos nuestra dependencia del entorno, nuestra dependencia del resto de seres vivos y donde podamos poner en práctica las actitudes que permitan construir un mundo diferente.



Por qué trabajar en los patios

El tiempo que el alumnado pasa en los patios no es para nada despreciable: el recreo, sesiones de educación física, comedor, actividades extraescolares, fiestas y eventos de la comunidad educativa… Y durante la mayor parte de ese tiempo no hay un adulto que estructure lo que allí ocurre, por lo que son momentos de autonomía y juego libre esenciales para la formación y la educación. Por eso, tenemos que adaptar su diseño para utilizarlo como recurso educativo de la mejor manera posible. Queremos unos patios que se guíen por criterios pedagógicos y que sean coherentes con nuestro proyecto educativo.

No tiene sentido que sea el profesorado quien decida cómo será la transformación de unos espacios que son utilizados por toda la comunidad educativa, por ello la participación es una parte esencial de este proyecto. Se propiciarán distintos momentos de aprendizaje colectivo con una fuerte presencia de acción, arte y transformación de la realidad. Queremos que las alumnas y alumnos sean los protagonistas.

Con la mirada puesta en que las cosas se convierten en depósitos de memoria para los y las que vienen después, pensamos que, quizás, los espacios transformados del Lourdes mediante procesos cooperativos de creación colectiva, de búsqueda de soluciones creativas ante las dificultades, de resolución de los conflictos de manera no violenta y de risas, se queden impregnados de esos procesos tan imprescindibles para el cambio social, y se puedan ir transmitiendo y diseminando por otros lugares más allá de las paredes del Lourdes.

Hay situaciones que primero tienen que ser soñadas para que ocurran y nos hemos propuesto soñar con que los espacios exteriores de nuestro Colegio se conviertan en lugares de encuentro, de participación, de cuidado, de cooperación, de creatividad… de contacto con una naturaleza que se intenta abrir paso entre el asfalto.