Cultura y Paz

No podemos mirar a lo lejos. Todo aquello que despierta nuestra solidaridad no queda al otro lado de una pantalla, de plasma o de ordenador. Los problemas no suceden en otro lugar, los atentados contra la dignidad del individuo no son cosa de la lejanía… La pobreza no vive en el tercer mundo. Todo está a nuestro lado.

Por esta razón, el Taller de Cultura y Paz del Colegio Montserrat 2 ha decidido emprender sus campañas desde la proximidad candente de los problemas.
Esta Navidad hemos afrontado el hambre, como realidad cercana, desde la experiencia de una sencilla Operación Kilo. Seguimos esos kilos hasta el Banco de Alimentos, hicimos entrevistas por la calle, para sondear la percepción que hay entre la gente de este tema, y pudimos visitar un comedor social, conocer sus instalaciones, gestión y –lo más importante- su realidad cotidiana; las realidades personales que jalonan el problema. La pobreza no es un problema, es una circunstancia humana; el problema es el mal funcionamiento del sistema que provoca esa circunstancia.


Esto intentamos transmitir el 30 de enero, en el Día Internacional de la Paz, llegando a todos los alumnos en sus clases con una presentación de nuestra experiencia y de nuestra vivencia.


La misma idea nos ha guiado en la celebración de San Valentín. El respeto por la dignidad en los afectos nos compete a todos. A diario, escuchamos terribles noticias de lugares en los que no es posible la libertad en la expresión de la afectividad, lugares donde la opción sexual puede ser acreedora de pena de muerte. Que a nuestro alrededor exista libertad y diversidad depende de nuestra actitud personal hacia toda forma de afecto consentido. Convivir en la visibilidad y la normalidad es el camino seguro del respeto.

A las tradicionales fotos de besos, entrega de claveles y de cartas, venimos sumando talleres para el respeto de la diversidad afectiva. Nos anima la idea de que esta sea la celebración del afecto sin etiquetas y, a la vez, con todas ellas: una celebración de la diversidad.


Tampoco hemos querido separarnos de nuestro Carnaval -que este año ha girado en torno a los oficios- ni de la sardina, en cuyas escamas multicolores escribimos todo aquello que queremos quemar con ella al finalizar la celebración.