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	<title>Capitaloceno &#8211; FUHEM</title>
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	<description>educación + ecosocial</description>
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		<title>Cambiar de paradigma para construir la paz del siglo XXI</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 26 Apr 2024 08:36:32 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Análisis]]></category>
		<category><![CDATA[Capitaloceno]]></category>
		<category><![CDATA[Conflictos Ecosociales]]></category>
		<category><![CDATA[destacadasecosocial]]></category>
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		<category><![CDATA[Paz Ambiental]]></category>
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					<description><![CDATA[La paz ambiental protege a la naturaleza y a las personas, armoniza tensiones entre política y seguridad de forma pacífica sin destrucción del hábitat. ]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong><img fetchpriority="high" decoding="async" class="alignright wp-image-160713" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2024/04/165-scaled.jpg" alt="" width="300" height="421" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2024/04/165-scaled.jpg 1825w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2024/04/165-450x631.jpg 450w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2024/04/165-1200x1683.jpg 1200w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2024/04/165-300x421.jpg 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2024/04/165-768x1077.jpg 768w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2024/04/165-1095x1536.jpg 1095w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2024/04/165-1460x2048.jpg 1460w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2024/04/165-350x491.jpg 350w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2024/04/165-600x842.jpg 600w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2024/04/165-64x90.jpg 64w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></strong></p>
<blockquote><p><em><strong>Vivimos tiempos inciertos marcados por la guerra.</strong></em></p></blockquote>
<p>Cualquier conflicto bélico da lugar a pérdidas de vidas humanas e inflige un sufrimiento enorme a las poblaciones afectadas. Son las principales consecuencias de esa barbarie, pero no las únicas. Genera otros impactos, como la destrucción de las infraestructuras y la devastación económica que intensifican y prolongan esos efectos hacia otras generaciones. Pocas veces se suele señalar lo que supone de destrucción en el entorno natural. Las guerras representan un desastre total para quienes las padecen en carne propia y para sus descendientes. Por eso, como dijo Julio Anguita conmovido ante la muerte de su hijo, «malditas sean las guerras y los canallas que las hacen».</p>
<p>Así comienza el artículo de <strong>Santiago Álvarez Cantalapiedra</strong>, director de la revista <em><a href="https://www.fuhem.es/revista-papeles/" target="_blank" rel="noopener">Papeles de relaciones ecosociales y cambio global</a></em>, como texto introductorio  al  número 165 dedicado a la <strong>Paz Ambiental</strong>.</p>
<p>A continuación, ofrecemos de forma abierta y gratuita el texto completo.</p>
<p>Las guerras nunca son accidentales. Responden a tensiones que surgen de desajustes y contradicciones que se vuelven inmanejables. Tienen que ver con el intento de preservar los privilegios de un determinado modo de vida, con las rivalidades que surgen de la forma en que se organizan las sociedades y con el hecho de que la industria de las armas se conciba como un negocio y un sector estratégico en el funcionamiento de la economía. Los EEUU, principal potencia económica mundial y referencia de democracia impuesta a todo el orbe, es una economía militarizada, tanto por lo que representa la industria militar y el gasto en defensa en el PIB como por ser el principal país exportador de armas del planeta. La guerra en Ucrania y la desatada entre Israel y Hamas han disparado las cotizaciones en bolsa de sus principales corporaciones de armas y han elevado sus exportaciones hasta un 42% del total mundial (periodo 2019-23). Aunque los EEUU venden armas a 107 países, es Europa Occidental su principal cliente, acaparando –para el periodo mencionado– el 72% de total de sus exportaciones.<sup>1</sup> En un momento en el que su dominio económico y geopolítico se está viendo cuestionado, EEUU responde a este desafío fortaleciendo su papel como proveedor global de armamento, lo que le permite dar un nuevo impulso a la economía y alinear bajo su hegemonía a la vieja Europa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4><strong>La reconfiguración del atlas geopolí</strong><strong>tico mundial</strong></h4>
<p>Según los datos que publica anualmente el Instituto Internacional de Investigaciones para la Paz de Estocolmo, el gasto militar mundial aumentó un 6,8% en 2023 (el mayor incremento en los últimos quince años), hasta alcanzar un volumen de 2,4 billones de dólares.<sup>2</sup> Es una aberración cuando una parte de la humanidad padece aún profundas carencias básicas y el planeta afronta un desafío ecológico sin precedentes. Como telón de fondo, nos encontramos la crisis de hegemonía estadounidense y el surgimiento de una nueva geoeconomía acompañada de una competencia geopolítica multipolar a nivel global y regional.</p>
<p>Se está perfilando un nuevo atlas geopolítico: por un lado, la convergencia de intereses estratégicos entre potencias asiáticas está alentando el entendimiento entre China, Rusia, Irán y Corea del Norte. Por otro lado, rodeando esa conexión de regímenes asiáticos surge otra alianza de países en torno a dos ejes, el del Atlántico Norte con EE UU y sus socios de la OTAN y la UE, y el de Asia-Pacífico, con países como Japón, Corea del Sur, Filipinas o Australia. Ni son bloques cerrados ni se encuentran definidos de la misma forma, pero revelan la tensa competición que va surgiendo entre dos modelos de capitalismo<sup>3</sup> que pugnan por el liderazgo y protagonizan la fragmentación de la economía mundial.</p>
<p>Estamos ante un escenario incierto, pero que apunta hacia un mundo multipolar con cada vez menos multilateralismo como consecuencia del afianzamiento de diferentes bloques económicos. El auge económico de China (y sus incursiones en África y Latinoamérica) ha provocado inquietud en Washington dando carta de naturaleza a la actual tensión geopolítica. Esas tensiones se manifiestan ya en conflictos armados en el este de Europa (frente de Ucrania), Oriente Medio (Siria, Líbano, Gaza, Irak o la reciente con Irán) y África,<sup>4</sup> sin olvidar el riesgo de la apertura de un tercer frente en Asia-Pacífico (fricciones entre Filipinas y China, la cuestión taiwanesa o las tiranteces con la nuclearizada Corea del Norte).</p>
<p>Un escenario preocupante en el que nadie dice querer la guerra, pero en el que todo el mundo se prepara para ella armándose hasta los dientes y, en cuyas circunstancias, nadie logrará controlar los acontecimientos porque cualquier error de cálculo o comunicación podrá desencadenar escaladas y conflictos de consecuencias impredecibles.</p>
<p>Secundar esa dinámica perversa está conduciendo a Europa a un proceso de militarización preocupante, como está demostrando la actitud de la Comisión frente al conflicto en Ucrania. Durante el último lustro se han creado la Dirección General de Industria de Defensa y Espacio (donde se vincula la defensa y la seguridad con el objetivo climático) y el Fondo de Defensa Europeo (con un presupuesto de 8 000 millones de euros para I+D), se han militarizado las fronteras a través de FRONTEX (la mayor Agencia de la UE) y se ha constituido Fondo Europeo de Paz para el entrenamiento y equipamiento de fuerzas militares situadas fuera de la UE. Asimismo, se ha reflejado doctrinalmente esa tendencia en la Estrategia de la UE para una Unión de la Seguridad, que declara el objetivo explícito de la defensa del modo de vida imperante y, más recientemente, el 5 de marzo de 2024, con la presentación por parte de la Comisión Europea de la Estrategia Industrial de Defensa con un aporte de 1 500 millones de euros para el nuevo Programa Europeo de Industria de Defensa.<sup>5</sup></p>
<p>Los gastos de defensa, una decisión propia de los Estados miembros, se han disparado en la mayoría de los países bajo la admonición de perseguir el número mágico del 2% del PIB de cada una de las economías europeas, un porcentaje que posiblemente ya ha sido alcanzado, o incluso superado, dada la opacidad que rige en la contabilidad del gasto militar.<sup>6</sup> Para el caso de España, es conocida la enorme distancia entre el gasto oficial de defensa y el gasto real, distribuido y disfrazado en partidas presupuestarias dispersas por diferentes ministerios y organismos oficiales. Gracias al valioso trabajo realizado por el Centro Delàs d’Estudis per la Pau<sup>7</sup> sabemos que el gasto militar ascendió en el año 2023 a 27 617 millones de euros, superando aquel porcentaje al representar ya 2,17% del PIB.<sup>8</sup> El grupo antimilitarista Tortuga lo eleva a 48 800 millones (más del 4% del PIB) como consecuencia, entre otras cosas, de incorporar también las autorizaciones del gasto extrapresupuestario, es decir, las decisiones tomadas en el consejo de ministros y ministras con posterioridad a la aprobación de los presupuestos generales del Estado en las que se aprueban ampliaciones de gasto, principalmente para inversiones en sistemas de armas y acciones en el exterior.<sup>9</sup></p>
<p>A pesar de estas discrepancias, la cifra del 2% sigue blandiéndose en la narrativa belicista para apelar a la existencia de un imaginario déficit de inversión en defensa, cuyo origen residiría en la supuesta brecha entre las cifras oficiales del gasto actual y el mencionado 2%. En palabras del presidente Pedro Sánchez, «nuestro continente, la Unión Europea, registra un déficit de inversión en defensa de 56 000 millones de euros».<sup>10</sup> Un incremento del gasto que, de darse en el recobrado marco de austeridad fiscal que ahora se propugna, implicaría recortes en otras partidas del presupuesto público o un incremento del endeudamiento de los países miembros de la Unión.</p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>La guerra en el Capitaloceno </strong></p>
<p>En la estrategia bélica siempre ha estado presente el objetivo de perturbar el hábitat donde vive el enemigo, modificando o destruyendo las condiciones sociales y naturales de su supervivencia. Ahora bien, históricamente esos cambios ambientales quedaban circunscritos a las zonas geográficas en las que se enfrentaban los ejércitos. En consecuencia, las trasformaciones provocadas por las guerras suponían fuertes perturbaciones locales durante cortos periodos de tiempo, pero con una huella destructiva relativamente reversible. Sin embargo, la magnitud y la variedad de las consecuencias ecológicas de los conflictos armados se modificó sustancialmente con la tecnificación de las contiendas iniciada a finales del siglo XIX y consumada con la Gran Guerra. Desde entonces la disposición de un armamento cada vez más sofisticado unido a la utilización de arsenales con una potencia destructiva sin precedentes ha sumido a la humanidad en una nueva era, <em>la de la guerra mecanizada moderna</em>, que no es sino la expresión, en el ámbito militar, de lo que representa el Antropoceno: una nueva época en la que las capacidades humanas, ampliadas gracias al complejo tecnocientífico, permiten perturbar y destruir los ecosistemas a una escala global. En este sentido, las dos grandes guerras mundiales del siglo pasado no solo supusieron un punto de inflexión en el acto bélico, sino también la expresión de la ruptura de la relación del ser humano con su entorno de manera que, a partir de entonces, las guerras con todo su aparato militar se han convertido en uno de los principales factores de la antropización de la naturaleza.</p>
<p>La entrada en esta nueva era ha implicado asimismo un giro en las estrategias bélicas. Hasta entonces, la huella destructora de las guerras sobre la naturaleza era considerada poco menos que un efecto colateral de la conflagración: el objetivo era el combatiente y no tanto el entorno en el que se desenvolvía, dado que la capacidad de alterarlo sustancialmente era más bien limitada. Sin embargo, a partir de la guerra de Vietnam (1955-1975) y la Guerra Fría la destrucción del entorno natural se convirtió en un objetivo deliberado de la acción militar para desalojar al combatiente.<sup>11</sup> En efecto, la protección que otorgaban las trincheras, los túneles y las tácticas defensivas de ejércitos y guerrillas capaces de mimetizarse con el entorno han sido crecientemente neutralizadas mediante el empleo de tecnologías que arrasan el terreno de operaciones cuando no es posible identificar al combatiente. La estrategia de tierra quemada, como la que está llevando a cabo el gobierno de Israel en Gaza, alinea la destrucción del ecosistema con el objetivo de la eliminación del enemigo.</p>
<p>La noción de ecocidio, que surgió de las críticas a la intervención estadounidense en Vietnam,<sup>12</sup> apunta a esta estrategia orientada a destruir al enemigo arrasando con todo aquello que le permite sobrevivir (la tierra que cultiva, el agua que bebe o el aire que respira). Las consecuencias ecológicas de las guerras adquieren una dimensión y una perduración nunca vista debido a la intensidad destructiva de los combates. Las huellas que dejan en los ecosistemas permanecen por décadas una vez finalizado el conflicto. El uso masivo en la guerra de Vietnam de armas químicas como el napalm o de defoliantes como el agente naranja para destruir los bosques y las cosechas en los territorios del Vietcong provocaron unos daños en unos ecosistemas que aún no se han recuperado.</p>
<p>En 1980 el historiador y teórico marxista inglés E. P. Thompson escribió el ensayo titulado «Notas sobre el exterminismo, la última etapa de la civilización»<sup>13</sup> para referirse a la posibilidad de la aniquilación masiva de la vida ante una eventual guerra nuclear en el contexto de la Guerra Fría. La tendencia hacia el exterminio de la civilización contemporánea no se reduce en la actualidad al empleo de unas armas de destrucción masiva que no han parado de perfeccionarse desde entonces. El propio modo de vida derivado de la actual civilización industrial capitalista se ha convertido en sí mismo en una estructura de destrucción masiva que arrasa con la biodiversidad y desestabiliza el clima en el planeta. Sus prácticas, estructuras, instituciones, actores y relaciones de poder han provocado una crisis ecosocial global que daña irreversiblemente la biosfera hundiendo a la humanidad en una trampa civilizatoria y en un desorden geopolítico de los que resulta difícil escapar.</p>
<p>Son muy pocas las voces que se alzan denunciando esta situación. Una de las más autorizadas entre los líderes mundiales es la del Papa Francisco cuando habla de la «gran desmesura antropocéntrica» (la <em>hybris</em> griega) en la que nos ha metido el paradigma tecnocrático, imponiendo una racionalidad científico-técnica subordinada y al servicio de la acumulación del capital y la lógica del máximo beneficio con el menor coste económico, que vuelve imposible cualquier sincera preocupación por el planeta y la promoción de un multilateralismo que persiga la paz mundial. Es la reclamación de un cambio de paradigma que corrija la concepción del ser humano que ya no reconoce su posición justa respecto al mundo al asumir una postura autorreferencial centrada exclusivamente en sí mismo y en su poder. Una denuncia que resulta creíble y sincera en cuanto que arranca autocríticamente de la propia «representación inadecuada de la antropología cristiana» que ha llevado a «respaldar una concepción equivocada sobre la relación del ser humano con el mundo».<sup>14</sup></p>
<p>&nbsp;</p>
<h4><strong>La necesidad de un nuevo paradigma</strong></h4>
<p>La amenaza bélica global y la dinámica exterminista de la crisis ecológica exigen afrontar los desafíos y los conflictos actuales desde otros paradigmas. La crítica al sistema tecnocrático debería hacernos ver que nos encontramos ante una crisis de civilización (es decir, ante un momento histórico que sitúa a la humanidad en una encrucijada) en la que no valen las recetas heredadas del pasado. La escalada armamentística en un escenario mundial de creciente fragmentación y pugna por la hegemonía dentro del capitalismo global no es la respuesta adecuada. Necesitamos un nuevo multilateralismo que rompa con la tendencia de las últimas décadas a evitar cualquier intento de regulación consciente en las relaciones internacionales y que reconozca el papel de las organizaciones de la sociedad civil para superar las debilidades de la comunidad internacional. Se requiere un cambio de paradigma en el tratamiento de los problemas globales que incorpore una concepción holística y positiva de la paz.</p>
<p>Con este propósito, el Grupo de Paz Ambiental de la Asociación Española de Investigación para la Paz (AIPAZ) celebró en septiembre del año pasado sus primeras jornadas con el título <em>Qu</em><em>é significa la paz ambiental en el siglo XXI</em>.<sup>15</sup> En ellas se señaló que «es una paz positiva centrada en los ecosistemas y en las personas, en sus derechos y en la justicia social y de género. Una paz que nos lleva a actuar con conciencia global y de especie, porque los grandes problemas del siglo XXI son planetarios, no entienden de fronteras y, aunque de forma diferenciada, afectan a todas las personas y especies vivas. La paz ambiental se contrapone al modelo de vida del Norte global impuesto por el capitalismo y a sus sistemas de seguridad militar, que actualmente mantienen los modelos de crecimiento y de explotación neocolonial de recursos, que son causa de la crisis ecosocial. Tiene como objetivo proteger a la naturaleza y a las personas, armonizando las tensiones entre política y seguridad, para poder satisfacer las necesidades básicas de las comunidades sin destrucción de su hábitat y abordando los conflictos con métodos pacíficos y de diálogo; además de acompañar y visibilizar los movimientos de defensa del territorio y las resistencias a una destrucción socioambiental que, a menudo, tiene un marcado componente de clase, género y raza». Con esa misma intención ofrecemos ahora este número de la revista <em>Papeles</em>.</p>
<h4>NOTAS:</h4>
<p>1 «<a href="https://www.sipri.org/media/press-release/2024/european-arms-imports-nearly-double-us-and-french-exports-rise-and-russian-exports-fall-sharply" target="_blank" rel="noopener">European arms imports nearly double, US and French exports rise, and Russian exports fall sharply</a>», SIPRI, 11 de marzo de 2024.</p>
<p>2  «<a href="https://www.sipri.org/media/press-release/2024/global-military-spending-surges-amid-war-rising-tensions-and-insecurity" target="_blank" rel="noopener">Global military spending surges amid war, rising tensions and insecurity</a>», 22 de abril de 2024.</p>
<p>3 El reequilibrio del poder económico entre Norteamérica y Europa, por un lado, y Asia por otro (o si se prefiere, entre viejos centros capitalistas y nuevos países emergentes), lleva aparejado –según Branko Milanovic– dos tipos de capitalismo en competición que no solo se diferencian en la esfera política, sino también en la económica. Branko Milanovic, <em>Capitalismo nada más. El futuro del sistema que domina el mundo</em>, Taurus, Madrid, 2020.</p>
<p>4 Una buena explicación de los conflictos armados y del resurgir de los golpes de Estado en África en el contexto de los cambios geopolíticos actuales se encuentra en Óscar Mateos: «<a href="https://nuso.org/articulo/310-africa-en-el-torbellino-de-la-volatilidad-global/" target="_blank" rel="noopener">África en el torbellino de la volatilidad globa</a>l», <em>Nueva Sociedad</em> núm. 310, NUSO, marzo-abril de 2024, pp. 135-152.</p>
<p>5 Se pueden consultar más detalles de la <a href="https://commission.europa.eu/news/first-ever-european-defence-industrial-strategy-enhance-europes-readiness-and-security-2024-03-05_es?prefLang=es" target="_blank" rel="noopener">Estrategia Industrial y del Programa Europeo</a> en la página oficial de la UE.</p>
<p>6 Una cosa son las cifras oficiales y otra las reales. Existe una deliberada oscuridad sobre el tema que se convierte en una fuente de ineficiencia y corrupción que debería preocupar a una sociedad democrática. Se dan con frecuencia irregularidades en la contratación de obras y suministros, sobrecostes en los programas de armamentos, desviaciones del gasto militar en las partidas de los ministerios de defensa, así como traslaciones hacia las de otros ministerios, sin olvidar el recurso al gasto extrapresupuestario, sin apenas justificación y control.</p>
<p>7 Resulta muy meritorio el trabajo realizado por este <a href="https://centredelas.org/" target="_blank" rel="noopener">centro de investigación</a>, reflejado en sus numerosos libros e informes sobre la evolución del gasto militar real de los Presupuestos Generales del Estado, el negocio de la industria armamentística, los <em>lobbies</em> de la economía de la guerra, las formas de financiación del armamento, la responsabilidad social corporativa de las entidades financieras, las exportaciones de armas o la militarización de fronteras y de los problemas ambientales.</p>
<p>8 Es de acceso libre la <a href="https://database.centredelas.org/el-gasto-militar-en-espana/?lang=es" target="_blank" rel="noopener">base de datos.</a></p>
<p>9 Grup Antimilitarista Tortuga y Juan Carlos Rois, <a href="https://www.tercerainformacion.es/wp-content/uploads/2024/04/gasto_militar_y_control_social_2024.pdf" target="_blank" rel="noopener"><em>Continúa el inmoral crecimiento por la puerta de atrás</em></a>, marzo de 2024.</p>
<p>10 <a href="https://www.congreso.es/docu/tramit/LegXV/AT/ATCD_15_PL_20240410.pdf" target="_blank" rel="noopener">Acta taquigráfica del Pleno del Congreso</a> del día 10 de abril de 2024, p. 5.</p>
<p>11 Daniel Hubé, «<a href="https://theconversation.com/las-guerras-del-siglo-xx-una-historia-de-ruptura-entre-el-hombre-y-su-entorno-209058" target="_blank" rel="noopener">Las guerras del siglo XX: una historia de ruptura entre el hombre y su entorno</a>», <em>The Conversation</em>, 6 de julio de 2023.</p>
<p>12 Barry Weisberg (comp.), <em>Ecocide in Indochina</em><em><u>. T</u></em><em>he ecology of war</em>, Canfield Press, San Francisco, 1970.</p>
<p>13 Edward Palmer Thompson, «Notes on Exterminism, the Last Stage of Civilization», <em>New Left Review</em> 121 (1980), pp. 3–31.</p>
<p>14 Véase «Crisis y consecuencias del antropocentrismo moderno» en el capítulo tercero de la encíclica <a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20150524_enciclica-laudato-si.html" target="_blank" rel="noopener"><em>Laudato Si’</em></a>. Aspectos que Francisco ha remarcado de nuevo en la exhortación <a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/apost_exhortations/documents/20231004-laudate-deum.html" target="_blank" rel="noopener"><em>Laudate Deum</em></a>.</p>
<p>15 Se puede acceder a la totalidad de los <a href="https://www.fuhem.es/2023/09/27/que-significa-la-paz-ambiental-en-el-siglo-xxi/" target="_blank" rel="noopener">vídeos de las jornadas</a> en la página web de FUHEM.</p>
<p>Acceso al artículo completo e formato pdf: <em><strong>Cambiar de paradigma para construir la paz del siglo XXI</strong></em></p>
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		<title>El malestar civilizatorio</title>
		<link>https://www.fuhem.es/2022/10/07/el-malestar-civilizatorio/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 07 Oct 2022 10:13:24 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Análisis]]></category>
		<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<category><![CDATA[Antropoceno]]></category>
		<category><![CDATA[Capitaloceno]]></category>
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					<description><![CDATA[La sucesión de crisis de las últimas décadas en realidad responde a una crisis de civilización. Este ensayo describe un panorama de la crisis de la civilización moderna; y adelanta algunas directrices de utilidad para remontarla.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><img decoding="async" class="alignright wp-image-146827 size-thumbnail" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/08/PORTADA-158-768x1077.jpg" alt="" width="300" height="423" />Artículo de <strong>Víctor M. Toledo</strong> publicado en la sección <strong>A FONDO</strong>, del <a href="https://www.fuhem.es/2022/08/26/papeles-158-malestares/" target="_blank" rel="noopener">número 158</a> de la revista <a href="https://www.fuhem.es/revista-papeles/" target="_blank" rel="noopener"><em>Papeles de relaciones ecosociales y cambio</em> global</a> que parte de un principio nodal: que la sucesión de crisis de las últimas décadas en realidad responde a una <em>crisis de civilización</em>, una idea que fue propuesta por el autor y otros pensadores hace casi tres décadas. Este ensayo describe, con base a la evidencia científica más actual, un panorama de la crisis de la civilización moderna; y adelanta algunas directrices de utilidad para remontarla.</p>
<p>Cada día que pasa, el mundo empeora inexorablemente y no se ve de qué manera este fenómeno de degradación y deterioro logrará ser detenido y remontado. La humanidad ha perdido el control sobre el gigantesco experimento que ella misma desencadenó y que parece conducirle a una catástrofe. La velocidad de los cambios más el aumento de la incertidumbre y de los fenómenos inesperados contribuyen a generar un estado de preocupación que se ha vuelto normal, y esto a su vez genera un malestar generalizado. Contra lo que supone la inmensa mayoría, por ignorancia o por desdén, estamos ya en la hora de las definiciones y de las decisiones que habrán de determinar el destino de la humanidad. Y este reconocimiento, que hoy es decisivo, constituye el reto principal. El primer paso para superar una crisis consiste en reconocerla en todas sus dimensiones.</p>
<p>Este ensayo parte de un principio nodal: que la sucesión de crisis de las últimas décadas en realidad responde a una <em>crisis de civilización</em>, una idea que fue propuesta por el autor y otros pensadores hace casi tres décadas. <a href="#_ftn1" name="_ftnref1"><sup>1</sup></a> El mundo moderno basado en el capitalismo, la tecnociencia, el petróleo y otros combustibles fósiles, el individualismo, la competencia, el patriarcado, y la ilusión de la democracia representativa, lejos de procrear un mundo en equilibrio está llevando a la especie humana, a los seres vivos y a todo el entramado planetario hacia un estado caótico. Pensamos igualmente que reconocer la magnitud de lo que significa una crisis de civilización –un fin de época– no solamente alivia el estado de preocupación, sino que ayuda a comprender mejor el mundo en que vivimos, e induce a tomar decisiones correctas tanto a nivel individual como colectivo. Por lo anterior, este ensayo: (1) describe, con base a la evidencia científica más actual un panorama de la crisis de la civilización moderna; y (2) adelanta algunas directrices de utilidad para remontarla.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4><strong>El advenimiento de la Modernidad</strong></h4>
<p>La palabra <em>moderno</em> surgió por vez primera en inglés hacia finales del siglo XVI, y aunque en un principio denotaba la pertenencia a la época presente, lentamente fue mutando para significar «un futuro totalmente diferente al pasado», y más todavía, «un mundo mejor como nunca había existido jamás». El mundo moderno es un invento social de hace apenas unos trescientos años. Un origen difícil de precisar pero que se ubica en algún punto donde confluyen industrialismo, pensamiento científico, mercado dominado por el capital y uso predominante de combustibles fósiles (carbón mineral, petróleo, gas y uranio). El inicio de la ciencia puede fecharse de manera “oficial” en 1662 y 1666, años en que se fundaron las primeras sociedades científicas en Inglaterra (la Royal Society) y Francia (Académie Royal des Sciences). El estreno de un pozo petrolero regurgitando oro negro tuvo lugar el 17 de agosto de 1859 en el sureste de Estados Unidos. La revolución industrial ocurrió en íntima relación con el uso de energía fósil y las innovaciones científicas y técnicas. La primera etapa tiene que ver con el arribo del motor de vapor alimentado de carbón mineral (1784), la segunda con el petróleo que dio lugar al motor de combustión interna y a la electricidad; la tercera con la industria nuclear alimentada de uranio; y la cuarta digital con la robótica, la biotecnología, la inteligencia artificial y los sistemas geoespaciales.</p>
<p>En la perspectiva de la historia de la especie, de unos 300.000 años, la aparición de la era moderna ocurrió en apenas un abrir y cerrar de ojos. En unas cuantas décadas se pasó de un metabolismo solar u orgánico a un metabolismo industrial.<a href="#_ftn2" name="_ftnref2"><sup>2</sup></a> La crispación que hoy se vive se debe, fundamentalmente, a lo ocurrido en los últimos cien años, un lapso que equivale solamente a menos del 1% de la historia de la especie humana. En el parpadeo del último siglo, todos los procesos ligados al fenómeno humano se aceleraron, incrementando sus ritmos a niveles nunca vistos y generando fenómenos de tal complejidad que la propia capacidad del conocimiento humano ha quedado desbordada.</p>
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<h4><strong>Un mundo de anestesiados</strong></h4>
<p>Uno de los rasgos más notables del mundo moderno ha sido su habilidad para crear un mundo ilusorio mediante los medios de comunicación y la propaganda política y mercantil. Es tal el bombardeo al que se encuentra sometida la población humana que quizás como nunca antes los ciudadanos del mundo moderno se encuentran permanentemente anestesiados.</p>
<blockquote><p><strong>El gran mito es que la especie humana vive hoy en el mejor de los mundos posibles: la Modernidad.</strong></p></blockquote>
<p>Las anestesias operan ocultando la verdadera imagen de la realidad, obnubilando la percepción. Las anestesias tergirversan los términos, ocultan las palabras, enmascaran los conceptos, ofrecen panoramas falsos y crean un mundo de mitos y dogmas. Anestesiados, los ciudadanos del mundo, incluyendo varios analistas críticos, no alcanzan a formular las preguntas que la realidad exige. El mito mayor es que la especie humana vive hoy en el mejor de los mundos posibles: la Modernidad<strong>. </strong>En las siguientes secciones mostraremos a partir de datos duros que esto es exactamente lo contrario. Para ello examinaremos tres crisis: la ambiental, la social y la que atañe a la esfera de los individuos.</p>
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<h4><strong>La crisis ecológica</strong></h4>
<p>Durante los últimos trescientos años los impactos de las actividades humanas sobre el planeta escalaron de forma dramática, pues se dio el crecimiento cada vez más acelerado de tres procesos: el número de seres humanos, la industrialización, y el uso de combustibles fósiles. Todo ello enmarcado por un régimen económico doblemente explotador que se fue volviendo cada vez más dominante: el capitalismo. Dentro de este contexto de aceleración económica y tecnológica, se han diversificado también los métodos de entretenimiento modernos, incluyendo innovaciones en juegos digitales como los <a href="https://de.cointelegraph.com/igaming/krypto-casinos/plinko-casinos/" target="_blank" rel="noopener">Casinos, die Plinko-Spiele anbieten</a>, que reflejan no solo la expansión de la industria del azar, sino también la adaptabilidad de estos sectores a las tendencias tecnológicas y culturales. El incremento demográfico de la humanidad multiplicó por diez su población entre 1700 (680.000 habitantes) y el 2000 (6.000 millones). La población humana se dobló en cien años (entre 1800 y 1900), luego solo en 70 (1900 a 1970) y casi lo hizo en solamente 50 (de 4.000 millones en 1970 a 7.800 millones en 2020). Solo dos engendros modernos de nuestra especie alcanzan ese ritmo: los autos y las reses.</p>
<p>Por este conjunto de acciones, la humanidad ha alterado dramáticamente los ciclos biogeoquímicos, climáticos y del agua, ha afectado el equilibrio de los mares (por la sobrexplotación pesquera y la contaminación de los plásticos), y de los bosques y selvas (por la deforestación), y ha puesto en peligro de extinción a miles de especies de animales y plantas. Estos procesos se encuentran, por supuesto, interconectados y generan sinergias que aceleran los desequilibrios. De todo lo anterior, lo más preocupante es la crisis del clima porque desencadena fenómenos inesperados (Cuadro 1) tales como inundaciones, huracanes, ciclones y tifones, temperaturas extremas, sequías, incendios forestales, derretimiento de glaciares y afectaciones a la biodiversidad. A lo anterior debe sumarse la introducción de sustancias desconocidas en la naturaleza producto de la industrialización. Se estima que unas 350.000 nuevas sustancias se han introducido durante la era industrial, tales como metales pesados, plásticos, plaguicidas y antibióticos, cuyos efectos se desconocen en la mayoría de los casos. La cantidad de nuevas sustancias que entran cada año al espacio planetario supera por mucho la capacidad científica para su análisis y monitoreo. La producción de nuevas sustancias químicas se multiplicó por 50 entre 1950 y la actualidad y se triplicará para el 2050.</p>
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<p style="text-align: center;"><strong>Cuadro 1. Datos básicos del Informe del IPCC 2021</strong></p>
<p><img decoding="async" class="size-full wp-image-147912 aligncenter" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/10/toledo-Cuadro-1.png" alt="" width="889" height="469" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/10/toledo-Cuadro-1.png 889w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/10/toledo-Cuadro-1-450x237.png 450w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/10/toledo-Cuadro-1-300x158.png 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/10/toledo-Cuadro-1-768x405.png 768w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/10/toledo-Cuadro-1-600x317.png 600w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/10/toledo-Cuadro-1-64x34.png 64w" sizes="(max-width: 889px) 100vw, 889px" />Fuente: IPCC, 2021.<a href="#_ftn3" name="_ftnref3"><sup>3</sup></a></p>
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<h4><strong>La crisis social</strong></h4>
<p>Aunque el número de estudios sobre la desigualdad social y la concentración de la riqueza se multiplican día a día, las dos fuentes más reconocidas sobre el tema la constituyen el Laboratorio sobre la Desigualdad Mundial (World Inequality Lab), con sede en París, Francia, y los reportes de Oxfam Internacional.<a href="#_ftn4" name="_ftnref4"><sup>4</sup></a> A lo anterior debe sumarse el estudio realizado por un grupo de teóricos de los sistemas complejos, quienes utilizando teoría de redes analizaron las relaciones de 43.000 corporaciones trasnacionales, llegando a la conclusión que 1.318 compañías controlan el 60% de la economía del planeta y que solo 147 de ellas manejan el 40% del flujo económico global.<a href="#_ftn5" name="_ftnref5"><sup>5</sup></a></p>
<p>El Laboratorio sobre la Desigualdad es una iniciativa del economista francés Thomas Piketty, autor del libro <em>El Capital en el Siglo XXI</em>, traducido a numerosos idiomas, y de otras obras, iniciada hace veinticinco años. Los datos y análisis del Laboratorio, que actualmente es dirigido por un colectivo, se basan en el trabajo de más de 100 investigadores a partir de una base de datos. Esta vasta red colabora con instituciones estadísticas, autoridades fiscales, universidades y organizaciones internacionales para armonizar, analizar y difundir datos internacionales comparables en una perspectiva histórica.</p>
<p>El último reporte de este colectivo &#8211;<em>World Inequality Report 2022-</em> consigna la situación siguiente: el 10% más rico disponía del 52% de los ingresos y del 76% de la riqueza, la clase media del 39,5% y del 22%, y el sector empobrecido de solo el 8,5% y del 2%. Nótese que este último segmento representa nada menos que la mitad de la población humana, unos ¡3.900 millones! Cuando estas cifras se comparan con las del pasado se observa no solo que son peores que a principios del siglo XX, cuando los imperios europeos alcanzaban un dominio máximo, sino con los de 1820. Si los pobres de hoy disponen del 8,5% del ingreso global, en 1820 poseían el 14%, con la salvedad de que aquellos eran algo más de 1.000 millones y hoy los desposeídos casi cuatriplican esa cifra. Este panorama se ve confirmado por una fuente contraria: la <em>Pirámide Global de la Riqueza 2020,</em> que anualmente publica el Credit Suisse con el objetivo de festejar, soberbia y cínicamente, el aumento de multimillonarios en el mundo. Según el banco suizo el panorama actual es peor. El 12% más rico dispone del 84,8% de la riqueza mundial, la clase media del 13,7% y los pobres de solamente el 1,3%. La idea de que vivimos un mundo cada vez más justo es una fantasía alimentada por miles de voceros. La evidencia científica desenmascara la verdadera situación y remonta una visión que anestesia por medio de la propaganda.</p>
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<p style="text-align: center;"><strong>Figura 1. La pirámide de la riqueza global en 2021</strong></p>
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<p><img decoding="async" class="aligncenter wp-image-147914" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/10/toledo-figura-1.png" alt="" width="766" height="463" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/10/toledo-figura-1.png 859w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/10/toledo-figura-1-450x272.png 450w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/10/toledo-figura-1-300x181.png 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/10/toledo-figura-1-768x464.png 768w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/10/toledo-figura-1-600x363.png 600w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/10/toledo-figura-1-64x39.png 64w" sizes="(max-width: 766px) 100vw, 766px" />Fuente: James Davies, Rodrigo Lluberas y Anthony Shorrocks, <a href="https://www.credit-suisse.com/media/assets/corporate/docs/about-us/research/publications/global-wealth-report-2021-en.pdf" target="_blank" rel="noopener">Credit Suisse Global Wealth Databook 2021</a>.</p>
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<p>Por su parte, los informes de Oxfam Internacional ponen al descubierto la cruda realidad con datos duros. Por ejemplo, que cada 26 horas surge un nuevo multimillonario en el mundo, mientras las desigualdades aumentan. En su último informe la organización afirma que las desigualdades contribuyen a la muerte de al menos 21 personas al día, o dicho de otra manera, de una persona cada cuatro segundos. Se trata de estimaciones basadas en el número de muertes causadas a nivel global por la falta de acceso a servicios de salud, la violencia, el hambre y la crisis climática. Todo ello se ha visto acelerado en estos dos años de la pandemia de la COVID-19.</p>
<blockquote><p><strong>Durante la COVID-19, los diez hombres más ricos del mundo duplicaron su fortuna, que ha pasado de 700.000 millones a 1,5 billones de dólares</strong></p></blockquote>
<p>Los diez hombres más ricos del mundo duplicaron con creces su fortuna, que ha pasado de 700.000 millones de dólares a 1,5 billones de dólares (a un ritmo de 15.000 dólares por segundo, o lo que es lo mismo, 1.300 millones de dólares al día) durante los primeros dos años de una pandemia que habría deteriorado los ingresos del 99% de la humanidad y que ha empujado a la pobreza a más de 160 millones de personas.</p>
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<h4><strong>¿Antropoceno o Capitaloceno? Un dilema central</strong></h4>
<p>La crisis global fue conceptualizada por el geólogo Paul Crutzen (1933-2021), Premio Nobel 1995, en dos cortos artículos<a href="#_ftn6" name="_ftnref6"><sup>6</sup></a> al declarar a nuestra época como la del Antropoceno, la era en la que los impactos de la especie humana sobre el planeta le convirtieron en una nueva “fuerza geológica”. Ello dio lugar a cientos de publicaciones y decenas de libros y confirmó en la academia y en la opinión pública el dogma biologista de la culpabilidad total de la humanidad o de la especie, más allá de las particularidades económicas, sociales, culturales, históricas o de género. La humanidad, convertida en una entidad abstracta o en un todo indiferenciado, quedó convertida de golpe en la gran culpable del desastre ecológico.</p>
<p>Hoy, dos décadas después, existen suficientes evidencias de investigadores de las ciencias sociales y de las humanidades que no solo matizan la idea del Antropoceno, sino que la cuestionan contundentemente. Debemos al  historiador Jason W. Moore con su obra <em>El Capitalismo en la Trama de la Vida</em>,<a href="#_ftn7" name="_ftnref7"><sup>7</sup></a> el desarrollo teórico de un concepto alternativo: el de <em>Capitaloceno</em>. Ya no es la humanidad la causante de la tremenda crisis ecológica actual sino las relaciones que el capitalismo ha construido e impuesto entre los seres humanos y entre estos y la naturaleza.<a href="#_ftn8" name="_ftnref8"><sup>8</sup></a></p>
<p>Un recuento de cómo se originó la crisis climática<a href="#_ftn9" name="_ftnref9"><sup>9</sup></a> demostró que esta surgió en Inglaterra al calor de la revolución industrial y en los países más industrializados. Hacia 1825 Inglaterra emitía el 80% del CO2 global y en 1900 con los Estados Unidos contribuían con el 60%. Entre 1850 y hoy los culpables históricos de la crisis climática son Estados Unidos (40%), Unión Europea (29%), y Canadá, Japón, Australia y el resto de Europa (19%). Todo Latinoamérica, África y el Medio Oriente apenas representan el 8%. Similarmente las elites con su consumo exagerado y despilfarrador son los principales causantes de la crisis. Las emisiones del 1% más rico son mil veces mayores que los de la población más pobre. Al mismo tiempo, se ha descubierto que la crisis se disparó a partir de 1950 en una fase ya conocida como la Gran Aceleración.<a href="#_ftn10" name="_ftnref10"><sup>10</sup></a> Durante estas siete décadas se dio la multiplicación vertiginosa de máquinas, edificios, carreteras, presas, minas, centrales nucleares, automóviles, ganado, refinerías, papel, teléfonos, fertilizantes, plásticos, etc. La crisis no es entonces antropogénica sino capitalogénica. Hablar de Capitaloceno y no de Antropoceno es entonces una cuestión de justicia histórica.<a href="#_ftn11" name="_ftnref11"><sup>11</sup></a></p>
<p>Concluyendo: «El Antropoceno contribuye a una historia fácil. Fácil porque no desafía las desigualdades naturalizadas, la alienación ni la violencia inscritas en las relaciones estratégicas de poder y producción de la modernidad. Se trata de un cuento fácil de contar, en la medida en que no nos exige pensar <em>en absoluto </em>sobre dichas relaciones. El mosaico de la actividad humana en la trama de la vida se reduce a una Humanidad abstracta: unidad homogénea de acción. La desigualdad, la mercantilización, el imperialismo, el patriarcado, las formaciones raciales, y mucho más, han quedado en gran medida fuera de consideración. Estas relaciones son, en el mejor de los casos, reconocidas, pero como apéndices <em>a posteriori </em>al marco del problema».<a href="#_ftn12" name="_ftnref12"><sup>12</sup></a></p>
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<h4><strong>El Capitaloceno y el impacto de las corporaciones</strong></h4>
<p>No hay mejor comprobación de la existencia del Capitaloceno que los impactos que las corporaciones provocan tanto en el mundo natural como en los seres humanos. En efecto, hoy vivimos y sufrimos la era del capital corporativo en la que unas cuantas decenas de corporaciones transnacionales monopolizan y controlan los mercados globales de las principales actividades humanas. La escala a la cual estas corporaciones operan y la velocidad con la que se multiplican y expanden no tiene precedente en la historia. Un puñado de corporaciones tiene una influencia directa o indirecta sobre el equilibrio de los océanos, la atmósfera y los mayores ecosistemas terrestres, afectando funciones claves, como la regulación del clima global. En efecto, setenta y cinco corporativos mineros dominan la extracción de platino, paladio, cobalto, niquel, hierro, cobre, zinc, plata y oro; treinta monopolizan la producción de petroleo, gas y cemento, y diez la de papel. Trece compañías dominan la captura pesquera marina y cinco las granjas de salmón.</p>
<p>Los monopolios alcanzan su máxima expresión con los alimentos. Tres compañías dominan los agroquímicos (Syngenta, Bayer y Basf), las semillas (Monsanto, Dupont y Syngenta) y la maquinaria y equipo agrícolas (Deere, CNH y AGCO); y seis controlan el 75% de los plaguicidas (Syngenta, Bayer, Basf, Dow Agro, Monsanto y Dupont). Similarmente seis corporativos o sus fusiones controlan el 100% de los cultivos transgénicos que hoy se siembran (soya, maíz y algodón) en 190 millones de hectáreas en 29 países (Estados Unidos, Brasil, Argentina, etc.). Todo cultivo transgénico esta obligado a usar el glifosato, el herbicida catalogado como cancerígeno por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Actualmente los cultivos de soya y maíz transgénicos en Sudamérica han provocado la mayor destrucción de la biodiversidad de que se tenga memoria al convertir 80 millones de hectáreas de vegetación tropical y sus innumerables especies de flora y fauna en un monocultivo, una catástrofe biológica de la que no hablan las mayores organizaciones internacionales de conservación y ambientalismo. En paralelo está el caso de la comercialización y transformación de los alimentos; solo tres compañías dominan el cacao, el plátano y las semillas, cinco las del aceite de palma, y seis la de la carne (JBS, Tyson Food, Cargill, BRT, Vion y Nippon Meat).</p>
<blockquote><p><strong>No hay mejor comprobación de la existencia del Capitaloceno que los impactos que las corporaciones provocan en e mundo natural y en los seres humanos</strong></p></blockquote>
<p>La explotación del trabajo humano se hace evidente cuando se revisan las cadenas de suministro de alimentos, en la que los productores se quedan con un mínimo porcentaje del precio final del producto. El drama del chocolate resulta patético, pero ilustra lo que sucede en la mayoría de los casos.<a href="#_ftn13" name="_ftnref13"><sup>13</sup></a> Un total de cinco millones de familias campesinas de Ghana y Costa de Marfil representando una población de 30 millones cultivan la mayor parte del cacao que es la base de la industria chocolatera. Es un sector que vive en general en la miseria. Los compradores, comercializadores y especialmente cuatro firmas industriales (Barry Callebaut, Cargill, ADM y Blommer) se quedan con la mayor parte de las millonarias utilidades que genera la semilla de esta planta.</p>
<p>Finalmente, en el sector financiero, <em>Russia Today</em> reveló que cuatro gigabancos oligopólicos controlan al mundo de las finanzas (The Big Four): Black Rock, State Street, FMR (Fidelity) y Vanguard. Tres gigabancos controlan 22 billones de dólares en activos, poco menos de los casi 24 billones de dólares del PIB de Estados Unidos. Si agregamos los activos del cuarto (Fidelity) por 4,9 billones, su capital ¡supera el PIB de Estados Unidos!</p>
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<h4><strong>El pecado capital de la civilización moderna</strong></h4>
<p><strong> </strong>La modernidad no solo ha convertido al mundo en un gigantesco casino, sino en el mayor carnaval de los siete pecados capitales (soberbia, avaricia, lujuria, ira, gula, envidia y pereza) de toda la historia, todo lo cual ha llevado a la humanidad a una crisis global con su entorno planetario que amenaza su propia existencia. ¿Es que hay un pecado colectivo por encima de esos siete? La respuesta es afirmativa, y es aquí donde entra en escena la ciencia. Se trata de la paleoclimatología que estudia las características climáticas de la Tierra a lo largo de su historia. La paleoclimatología emplea multiplicidad de técnicas para deducir los climas del pasado: los registros fósiles, las acumulaciones de sedimentos en los lechos marinos, las burbujas de aire capturadas en los glaciares, las marcas erosivas en las rocas y las marcas de crecimiento de los árboles y de los anillos de corales.</p>
<p>Si bien existe un registro del clima desde hace 500 millones de años, los datos más confiables se dan para los ultimos ¡800.000 años!, que es al final de cuentas lo que más interesa pues el <em>Homo sapiens</em> existe desde hace 300.000. Durante los últimos 420.000 años se dieron cuatro periodos glaciales (temperaturas bajas) y cinco periodos interglaciales (temperaturas altas), incluyendo el actual en la que se hemos podido disfrutar de un clima benigno por al menos 11.000 años (Figura 2). Durante ese periodo la cantidad de dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera osciló con regularidad entre las 180 y las 300 partes por millón (ppm)… hasta 1950 (Figura 3). A partir de esa fecha el CO2 ha aumentado año a año hasta llegar a los alarmantes 410 ppm en 2018 y 421 ppm en 2022, y este solo factor es lo que ha provocado la crisis global del clima. La civilización industrial ha roto peligrosamente un equilibrio de escala geológica.</p>
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<p style="text-align: center;"><strong>Figura 2. Reconstrucción de las temperaturas globales para los últimos 420.000 años</strong></p>
<p><strong> </strong><img decoding="async" class="aligncenter size-full wp-image-147919" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/10/toledo-figura-2.png" alt="" width="992" height="452" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/10/toledo-figura-2.png 992w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/10/toledo-figura-2-450x205.png 450w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/10/toledo-figura-2-300x137.png 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/10/toledo-figura-2-768x350.png 768w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/10/toledo-figura-2-600x273.png 600w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/10/toledo-figura-2-64x29.png 64w" sizes="(max-width: 992px) 100vw, 992px" />Fuente Petit, <em>et al.</em>, 1997.<a href="#_ftn14" name="_ftnref14"><sup>14</sup></a></p>
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<p style="text-align: center;"><strong>Figura 3. Concentración de CO2 en la atmósfera y su correlación con la temperatura en la Antártica para los últimos 300.000 años</strong></p>
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<p><img decoding="async" class="aligncenter size-full wp-image-147922" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/10/toledo-figura-3.png" alt="" width="952" height="454" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/10/toledo-figura-3.png 952w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/10/toledo-figura-3-450x215.png 450w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/10/toledo-figura-3-300x143.png 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/10/toledo-figura-3-768x366.png 768w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/10/toledo-figura-3-600x286.png 600w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/10/toledo-figura-3-64x31.png 64w" sizes="(max-width: 952px) 100vw, 952px" />Fuente: <a href="https://www.man.com/maninstitute/data-driven-approach-to-climate-change" target="_blank" rel="noopener">Climate Change Data Driven</a></p>
<p>Para superar esta situación de emergencia, quienes dirigen el mundo deben aceptar su “pecado” para buscar remontarlo mediante mecanismos que detengan el desbalance.</p>
<p>Y he aquí que los seres modernos, soberbios, prepotentes, individualistas, materialistas y hedonistas que ha engendrado la civilización industrial están incapacitados para hacerlo.</p>
<p>¿Cómo evitar el camino al desastre con los seres soberbios que hoy dirigen al mundo? ¿Cómo lograrlo con individuos dedicados ciegamente a buscar el poder político y/o económico?</p>
<p>Esta crisis individual o existencial opera también como un ingrediente invisible pero determinante de la crisis civilizatoria, y deja atrás dos actitudes humanas que marcaron la mayor parte de su historia: la humildad ante una “inteligencia superior” y, consecuencia de lo anterior, fraternidad, ayuda mutua, solidaridad, es decir, altruismo.</p>
<blockquote><p><strong>¿Cómo evitar el camino al desastre con individuos dedicados ciegamente a buscar el poder político y/o económico?</strong></p></blockquote>
<p>En esta dicotomía destaca la idea de una madre naturaleza, una visión heredada de los pueblos indígenas, que va ganando ascenso entre los ciudadanos del mundo y que parece ser la ruta que mueve a la acción y que alimenta la esperanza. Se trata de una nueva forma de espiritualidad (no de religiosidad) que acepta la existencia de una inteligencia superior.</p>
<p>Aquí surge de inmediato la filosofía del llamado Buen vivir que permaneció oculto por siglos, y que aparece indisolublemente ligado al mundo tradicional o de los pueblos indígenas. Este concepto es intrínseco a los 7.000 pueblos indígenas con solamente unos 400 millones de habitantes, pero cuyos territorios –se acaba de demostrar– equivalen nada menos que a la cuarta parte del planeta.<a href="#_ftn15" name="_ftnref15"><sup>15</sup></a> Buscar el buen vivir es adoptar una ética de lo colectivo, de la comunalidad, en la que el comportamiento del individuo está marcado por el equilibrio consigo mismo, con los otros, con la naturaleza y con la inmanencia o esencia cósmica. También recupera la memoria de la especie y una conducta hacia la convivencia y al bien común. Hoy, el concepto del Buen vivir se está convirtiendo en una alternativa real a la crisis del mundo moderno, que induce a los ciudadanos a practicar una <em>política por la vida</em>.</p>
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<h4><strong>Directrices hacia una nueva civilización</strong></h4>
<p>Que la crisis global es una crisis de civilización se ha hecho más evidente con la confluencia de la pandemia de la COVID-19, la crisis ecológica de escalas local, regional, nacional y global, la amenaza latente de una guerra nuclear, y la desigualdad social tocando su máximo nivel en la historia. Es obvio que se requiere una transformación radical en todos los ámbitos de la vida social, y la primera es aceptar que no estamos frente a un simple cambio económico, tecnológico o cultural, sino ante una transformación civilizatoria.</p>
<p>Este ensayo ha sido dedicado a describir la crisis del mundo moderno y debería abocarse a señalar cómo superarla. Esa tarea desborda los objetivos de este artículo. Sin embargo, si es posible trazar de manera preliminar un conjunto de directrices que surgen como respuestas, casi obvias, a las principales problemáticas abordadas.</p>
<p>Diez son los temas claves:</p>
<p>1. La reaparición de la naturaleza como la actriz principal en todos los ámbitos, pero sobre todo en el mundo de la política, y consecuencia de lo anterior:</p>
<p>2. La restitución de una <em>conciencia de especie</em> en los ciudadanos, es decir, la adopción de una perspectiva que les permite entender los fenómenos globales, en el tiempo y en el espacio, y los mueva a la acción.</p>
<p>3. La recuperación de la espiritualidad (<em>cooptada</em> desde hace dos mil años por los grandes monoteísmos) en todas las esferas de la vida social.</p>
<p>4. El resurgimiento de la <em>comunalidad</em>, es decir, del instinto social o colectivo, marginado o excluido por la sociedad moderna dedicada a impulsar el individualismo y la competencia entre individuos.</p>
<p>5. El empoderamiento de lo social (la sociedad civil) frente al poder político (partidos y gobiernos) y al poder económico (empresas, corporaciones y mercados).</p>
<p>6. La gobernanza desde abajo, esto es, la puesta en marcha de la democracia radical o participativa y la disolución súbita o gradual de la democracia representativa o electoral.</p>
<p>7. La re-conquista de los territorios, es decir, las comunidades locales y municipales ejerciendo control sobre los procesos en el espacio que habitan y/o usufructúan.</p>
<p>8. La sustitución de las grandes empresas y corporaciones por cooperativas y empresas familiares y de pequeña escala (economía social y solidaria). Las cooperativas, donde no existen patrones y trabajadores sino solamente socios, hoy alcanzan un número cercano a los tres millones, con mil millones de miembros.<a href="#_ftn16" name="_ftnref16"><sup>16</sup></a></p>
<p>9. La politización de la ciencia y la tecnología y su cambio de orientación hacia la justicia ambiental y social. Todo ello debería reorientar toda la acción humana (praxis)</p>
<p>10. La búsqueda del Buen vivir (la felicidad), como lo han demostrado los pueblos indígenas del mundo, y desechar los dogmas modernos del desarrollo, el progreso y el crecimiento.</p>
<p><strong>Víctor M. Toledo Manzur</strong> ha sido secretario de Medio Ambiente y Recursos Naturales de México entre mayo de 2019 y agosto de 2020 en el gobierno de Andrés Manuel López Obrador y es doctor en ciencias e investigador de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), donde ha impulsado estudios<br />
interdisciplinares bioculturales.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4>NOTAS</h4>
<p><a href="#_ftnref1" name="ftn1">1</a> Víctor M. Toledo, «<a href="https://www.tandfonline.com/doi/abs/10.1080/10455759309358564?journalCode=rcns20" target="_blank" rel="noopener">Modernity and Ecology: the new planetary crisis</a>», <em>Capitalism, Nature, Socialism</em>, 4 (4), pp. 31-48, 1993,</p>
<p><a href="#_ftnref2" name="_ftn2">2</a> Manuel González de Molina y Víctor M. Toledo, <em>The Social Metabolism</em>, Springer, 2013.</p>
<p><a href="#_ftnref3" name="_ftn3">3</a> Valérie Masson-Delmotte et al., Climate change 2021: The Physical Science Basis: Contribution of Working Group I to the Sixth Assessment Report of the IPCC, Cambridge University Press, Cambridge (Reino Unido) y Nueva York (EEUU), 2021</p>
<p>4 Nabil Ahmed et al., <a href="https://www.oxfam.org/en/research/inequality-kills" target="_blank" rel="noopener"><em>Inequality Kills</em></a>, Oxfam International, 2022.</p>
<p><a href="#_ftnref5" name="_ftn5">5</a> Vitali, James Glattfelder y Stefano Battiston, «The network of global corporate control». <em>PLoS ONE </em>6, e25995, 2011.</p>
<p><a href="#_ftnref6" name="_ftn6">6</a> Paul J. Crutzen, y Eugene F. Stoner, «The “Anthropocene”», <em>IGBP Newsletter</em> 41, pp. 17-18, 2000; Paul J. Crutzen, P.J. 2002. «Geology of mankind», <em>Nature</em>, 415, 23, 2002. Disponible en: <a href="https://www.nature.com/articles/415023a" target="_blank" rel="noopener">https://www.nature.com/articles/415023a</a></p>
<p><a href="#_ftnref7" name="_ftn7">7</a> Jason W. Moore, <em>El capitalismo en la trama de la vida</em>, Traficantes de sueños, Madrid, 2020 [2015].</p>
<p><a href="#_ftnref8" name="_ftn8">8 </a>Véase también Jason W. Moore (ed.), <em>Anthropocene or Capitalocene? Nature, history and the crisis of capitalism</em>, Oakland, PM Press, 2016.</p>
<p><a href="#_ftnref9" name="_ftn9">9</a> Francisco Serratos, <a href="https://m.facebook.com/librosunam/posts/4668363813178133?locale2=cs_CZ" target="_blank" rel="noopener"><em>El Capitaloceno</em></a>, UNAM and Festina Ediciones, 2021. Disponible en: <a href="https://m.facebook.com/librosunam/posts/4668363813178133?locale2=cs_CZ" target="_blank" rel="noopener">https://m.facebook.com/librosunam/posts/4668363813178133?locale2=cs_CZ</a></p>
<p><a href="#_ftnref10" name="_ftn10">10</a> John R. Mc Neill y Peter Engelke, 2016. <a href="https://www.hup.harvard.edu/catalog.php?isbn=9780674545038" target="_blank" rel="noopener"><em>The Great Acceleration: An Environmental History of the Anthropocene since 1945</em></a>, Harvard University Press, 2016.</p>
<p><a href="#_ftnref11" name="_ftn11">11</a> Serratos, 2021, o<em>p. cit</em>.; Omar Ernesto Cano-Ramírez, «Capitaloceno y adaptación elitista», <em>Ecología Política</em> 53, pp. 101-120, 2017.</p>
<p><a href="#_ftnref12" name="_ftn12">12</a> Moore, 2020, o<em>p. cit</em>, p. 202.</p>
<p><a href="#_ftnref13" name="_ftn13">13</a> Véanse los excelentes documentales de ROTTEN sobre cacao, azúcar, agua, aguacate y uva en Netflix, disponible en: <a href="https://www.netflix.com/mx/title/80146284" target="_blank" rel="noopener">https://www.netflix.com/mx/title/80146284</a>.</p>
<p><a href="#_ftnref14" name="_ftn14">14</a> Jean-Robert Petit <em>et al.</em>,«Four climate cycles in Vostok ice core», <em>Nature</em> 387, pp. 359-360, 1997.</p>
<p><a href="#_ftnref14" name="_ftn14">15</a> Stephen T. Garnett et al, «A spatial overview of the global importance of indigenous lands for conservation», <em>Nature Sustainability</em> 1, pp. 369-374, 2018.</p>
<p><a href="#_ftnref14" name="_ftn14">16</a>  World Cooperative Monitor 2020.</p>
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		<title>Papeles 158: Malestares</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 26 Aug 2022 10:45:46 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
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					<description><![CDATA[Nuevo número de la revista Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global que aborda cómo nuestra civilización encadena una variada gama de crisis sin llegar a resolver ninguna.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><img decoding="async" class="alignright wp-image-146827" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/08/PORTADA-158-450x631.jpg" alt="" width="400" height="564" />Malestares. El signo de un modo de vida que genera profundas contradicciones, desbalances y efectos en cascada que minan las vidas de millones de personas, pero que con frecuencia se quedan recluidas en el ámbito de lo cotidiano, de lo íntimo, pasando por debajo del radar de los indicadores convencionales. Hasta que estallan. Hasta que las múltiples urgencias se manifiestan en catástrofes cotidianas, a menudo silenciosas.</p>
<blockquote><p><strong>Malestares en forma de ansiedades y frustraciones ante una cultura que promete lo que no es capaz de colmar y que ofrece el exceso como patrón generalizado y que recae sobre el cuerpo social o el medio natural.</strong></p></blockquote>
<p>En el número 158 de la revista <a href="https://www.fuhem.es/revista-papeles/" target="_blank" rel="noopener"><em>Papeles de relaciones ecosociales y cambio global</em></a> destacamos que cada vez resulta más patente cómo esta civilización encadena una variada gama de crisis sin llegar a resolver ninguna.</p>
<p>En menos de tres lustros, y con una crisis ecológica global de fondo, hemos vivido una hecatombe financiera con graves repercusiones económicas, la primera pandemia mundial –la COVID-19– y, actualmente, un conflicto armado en Ucrania que está redibujando el panorama geopolítico en clave de guerra fría, y que ha hecho patente para la UE –por ahora– la encrucijada energética en la que se halla.</p>
<p>Múltiples hilos de una trama cada vez más deshilachada que denota graves problemas que demandan atención. En este número de Papeles seguimos estos hilos desde el envés de la trama para tratar de interpretar qué está pasando y cuáles son sus componentes.</p>
<p>En la <strong>INTRODUCCIÓN</strong>, <strong>Santiago Álvarez Cantalapiedra</strong> traza una panorámica de los principales elementos responsables del malestar. Elementos examinados en <strong>A FONDO</strong> de la mano de <strong>Víctor M. Toledo</strong>, <strong>Jordi Mir</strong>, <strong>José Antonio Corraliza</strong> y <strong>Albert Recio</strong>.</p>
<p><strong>Amador Fernández-Savater</strong> conversa con <strong>Franco Berardi (Bifo)</strong>, <strong>Pedro Lomas</strong> dialoga con <strong>José Manuel Naredo</strong>, y <strong>Nuria del Viso</strong> entrevista a <strong>Juan Manuel Vera</strong>.</p>
<p>En <strong>ACTUALIDAD,</strong> <strong>Josep Baqués</strong> sigue la trayectoria de la OTAN en el nuevo contexto geopolítico. La sección ENSAYO recoge una reflexión de <strong>Nuria del Viso</strong> sobre migraciones internacionales y justicia global desde la perspectiva de la filosofía política, y <strong>Ramón del Buey</strong> conversa con <strong>Daniel W. McShea</strong> y <strong>Carlos de Castro</strong> sobre la aplicación de la visión de los sistemas disipativos de Prigogine a la evolución. Las reseñas de la sección <strong>LECTURAS</strong> cierran esta revista.</p>
<p>A continuación, ofrecemos el sumario de la revista y el acceso a texto completo a la <strong>INTRODUCCIÓN, </strong>al artículo de <strong>Víctor M. Toledo </strong>y a los<strong> RESÚMENES </strong>de los contenidos del número.</p>
<p><a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/sumario-158/" target="_blank" rel="noopener"><span style="font-size: 14pt;"><span style="color: #3366ff;"><span style="color: #000000;"><span style="color: #3366ff;">SUMARIO</span></span></span></span></a></p>
<p><span style="font-size: 14pt;"><strong>INTRODUCCIÓN</strong></span></p>
<p><a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/el-malestar-de-nuestro-modo-de-vida/" target="_blank" rel="noopener"><em><span style="color: #3366ff;">El malestar de nuestro modo de vida</span></em></a>, <strong>Santiago Álvarez Cantalapiedra</strong>.</p>
<p><span style="font-size: 14pt;"><strong>A FONDO</strong></span></p>
<p><a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/el-malestar-civilizatorio/" target="_blank" rel="noopener"><em><span style="color: #3366ff;">El malestar  civilizatorio</span></em></a>, <strong>Víctor M. Toledo</strong>.</p>
<p><em>Malestares e ilusiones (Horizonte 2008-2023)</em>, <strong>Jordi Mir</strong>.</p>
<p><em>Conversación con Franco Berardi  (Bifo): «La única vacuna eﬁcaz contra el pánico de la pandemia y la guerra es pensar juntos»</em>, <strong>Amador Fernández-Savater</strong>.</p>
<p><em>El malestar en época de crisis concatenadas: algunas claves psicosociales</em>, <strong>José Antonio Corraliza</strong>.</p>
<p><em>Inﬂación en tiempos de distopía</em>, <strong>Albert Recio Andreu</strong>.</p>
<p><a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/entrevista-a-jose-manuel-naredo-el-mito-de-sisifo-y-el-gatopardismo-de-los-no-conceptos/" target="_blank" rel="noopener"><em>Entrevista  a José Manuel Naredo: el mito de Sísifo y el gatopardismo de los no-conceptos</em></a>, <strong>Pedro L. Lomas</strong>.</p>
<p><em>Entrevista a Juan Manuel Vera: «El igualitarismo ya no encuentra en el eje  izquierda/derecha una formulación adecuada»</em>, <strong>Nuria del Viso</strong>.</p>
<p><strong><span style="font-size: 14pt;">ACTUALIDAD</span></strong></p>
<p><em>La OTAN en tiempos de mudanzas</em>, <strong>Josep Baqués</strong>.</p>
<p><strong><span style="font-size: 14pt;">ENSAYO</span></strong></p>
<p><em>Migraciones internacionales y justicia global a la luz de la filosofía política</em>, <strong>Nuria del Viso</strong>.</p>
<p><em>¿Cómo reaccionar ante un nuevo cambio en cosmología? Una entrevista con Daniel W. McShea y Carlos de Castro</em>, <strong>Ramón del Buey</strong>.</p>
<p><span style="font-size: 14pt;"><strong>LECTURAS</strong></span></p>
<p><em>Refugiados, migrantes e integración. Una breve antología</em>, de Jürgen Habermas,</p>
<p><strong>Ruth Ferrero-Turrión</strong></p>
<p><em>El otoño de la civilización. Textos para una revolución inevitable</em>, de Juan Bordera y Antonio Turiel</p>
<p><em>Ausencias y extravíos,</em> de Yayo Herrero</p>
<p><strong>Monica Di Donato</strong></p>
<p><em>Utopía no es una isla</em>, de Layla Martínez</p>
<p><em>Contra la distopía. La cara B de un género de masas</em>, de Francisco Martorell Campos</p>
<p><strong>Nuria del Viso</strong></p>
<p><strong>Cuaderno de notas  </strong></p>
<p><span style="color: #3366ff;"><a style="color: #3366ff;" href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/resumenes-158/" target="_blank" rel="noopener"><span style="font-size: 14pt;"><span style="color: #3366ff;">RESÚMENES</span></span></a></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Información y compras</strong>:</h3>
<p>Tel.: +34 914310280</p>
<p>Email: <span style="color: #3366ff;"><a style="color: #3366ff;" href="mailto:publicaciones@fuhem.es">publicaciones@fuhem.es</a></span></p>
<p>Puedes adquirir la <span style="color: #3366ff;"><a style="color: #3366ff;" href="https://www.fuhem.es/product/malestares/" target="_blank" rel="noopener">revista <strong>PAPELES</strong> en nuestra librería virtual</a>.</span></p>
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		<title>Geopolítica en el Capitaloceno</title>
		<link>https://www.fuhem.es/2021/06/02/geopolitica-en-el-capitaloceno/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 02 Jun 2021 10:57:40 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Análisis]]></category>
		<category><![CDATA[Antropoceno]]></category>
		<category><![CDATA[Capitalismo]]></category>
		<category><![CDATA[Capitaloceno]]></category>
		<category><![CDATA[Geopolítica]]></category>
		<category><![CDATA[Recursos naturales]]></category>
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					<description><![CDATA[El modo de producción capitalista y la «ruptura metabólica » entre los seres humanos y la naturaleza hacen de  los “antropos”  un “factor geológico” que está a punto de terminar con la vida en la Tierra.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p align="justify"><img decoding="async" class="alignright size-thumbnail wp-image-131608" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/01/146f-300x428.jpg" alt="" width="300" height="428" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/01/146f-300x428.jpg 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/01/146f-450x643.jpg 450w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/01/146f-768x1097.jpg 768w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/01/146f-600x857.jpg 600w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/01/146f-64x91.jpg 64w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/01/146f.jpg 1004w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" />Artículo de <strong>Birgit Mahnkopf</strong> profesora de Política Social Europea en la Escuela Superior de Ciencias Económicas y Derecho (HWR) de Berlín, publicado en el <strong>ESPECIAL</strong> <em>Geopolítica en la Era del Antropoceno</em> del número 146 de <em>Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global.</em></p>
<p align="justify"><em><strong>Bajo las condiciones de un modo de producción capitalista, la «ruptura metabólica » entre los seres humanos y la naturaleza se ha ampliado tanto que los “antropos” se han convertido en un “factor geológico” que está a punto de terminar con la vida en la Tierra tal como la conocemos desde hace más de diez mil años. En lugar de iniciar un cambio estructural que respete las restricciones socioecológicas de la acción humana, estamos en cambio experimentando una renovación de la geopolítica: no solo la feroz competencia internacional por la disminución de las reservas de petróleo y gas natural, sino también una “fiebre verde” por los metales, minerales, el agua y la tierra.</strong></em></p>
<p align="justify">El término «Antropoceno» es utilizado para designar una nueva era geológica marcada por la acción del ser humano (<em>anthropos</em>). Esto concepto fue propuesto por la comisión estratigráfica de la asociación de geólogos más antigua del mundo en Londres, que está convencida de que la influencia  del comercio humano en el clima mundial y los sistemas biofísicos de la Tierra pusieron fin al Holoceno. Este término se refiere al período de aproximadamente 12.000 años desde la última glaciación, que se caracterizó por unas condiciones climáticas muy estables propicias para el desarrollo humano. En contraste, el período de los <em>antropos</em> se refiere a un período geológico caracterizado por una multitud de influencias ambientales antropogénicas, como la extinción, la propagación y la migración de especies animales y vegetales, el aumento de gases de efecto invernadero en la atmósfera, la degradación del suelo, la acidificación y la sobrepesca en los océanos, así como la contaminación del suelo, el agua y el aire. Actualmente, existe un consenso entre los investigadores de la tierra y el clima de que los seres humanos se han convertido en un “factor geológico”, aunque en diferentes grados, dependiendo de sus orígenes geográficos y sociales. Con la adopción de este papel, la humanidad está desestabilizando los sistemas biofísicos de la Tierra, que han evolucionado durante un período de  proximadamente 1,2 millones de años, y destruyendo “la trama de la vida”, que conecta plantas y animales (incluidos los  humanos) y los minerales mediante ciclos complejos de materia y energía. En la actualidad, todo apunta al hecho de que los “<em>antropos</em>” han llevado al sistema Tierra a un camino irreversible de desarrollo hacia un “estado de invernadero” que podría durar de decenas a cientos de miles de años.<sup>1</sup></p>
<h4 align="justify">¿Antropoceno o Capitaloceno?</h4>
<p align="justify">Para algunos científicos, el Antropoceno coincide con el comienzo de la “conquista europea del mundo” a principios del siglo XVI.  Otros lo vinculan con la industrialización en Europa alrededor del 1800. La mayoría de los geólogos británicos de la comisión estratigráfica se han pronunciado a favor de fijar el inicio del Antropoceno a mediados del siglo XX.</p>
<p align="justify">Existen razones plausibles para esta confusión: lo que es completamente novedoso en términos históricos no es de ninguna manera la conexión entre la acción humana, el cambio de los paisajes, del ciclo atmosférico del agua y los cambios climáticos. Desde el comienzo del Holoceno, cuando las condiciones climáticas estables hicieron posible que la agricultura se extendiera en muchas regiones del mundo, los seres humanos han modificado deliberadamente la flora y la fauna, creando enclaves artificiales en una naturaleza indómita, domesticando y criando animales y plantas, creando sistemas de riego y aprovechamiento de la energía solar. Esto ha llevado a menudo a crisis ecológicas de alcance regional, a menudo en conjunción con crisis civilizatorias. Pero como resultado del crecimiento de la población hecho posible por la «revolución neolítica» hace 12.000 años, la consiguiente división del trabajo entre hombres y mujeres, ciudades y países, trabajo mental y trabajo físico y la colonización económica y política de los hábitats no europeos, la “ruptura” en el contexto del metabolismo social y el metabolismo prescrito por las leyes naturales de la vida se amplió (tal como apuntó Karl Marx).</p>
<p align="justify">Solo bajo las condiciones de un modo de producción capitalista, cuyo objetivo principal es producir valor (monetario) a través de la producción sistemática de una «acumulación inmensa de mercancías»,<sup>2 </sup>el metabolismo entre lo humano y la naturaleza (o entre lo humano y lo no humano) adquiere una dimensión global –con la explotación de los humanos por otros humanos y el planeta entero transformando en una vasta reserva de posibles valores de uso, una reserva de mano de obra y un vertedero para todo tipo de residuos. Con la tendencia del capitalismo a convertirse en un sistema mundo tanto económico como ecológico, basado en el uso de combustibles fósiles, la «ruptura metabólica» se ha ampliado tanto que la humanidad ha alcanzado el «umbral planetario»<sup>3</sup> identificado por los investigadores del clima. Traspasarlo tendría consecuencias graves, repentinas e irreversibles para todos los seres vivos. Esta es la razón por la que algunos científicos sociales,<sup>4 </sup>en la tradición de la crítica de la economía política, consideran que el término «Capitaloceno» es más preciso que el del «Antropoceno»,<sup>5</sup> dado que los impulsores de las transformaciones planetarias son la rentabilidad y la productividad destinadas a maximizar la valoración del capital.</p>
<blockquote>
<p align="justify"><strong>Dado que los impulsores de las transformaciones planetarias son la rentabilidad y la productividad destinadas a maximizar la valoración del capital, el término «Capitaloceno» es más preciso que el del «Antropoceno»</strong></p>
</blockquote>
<p align="justify">El capitalismo es una máquina de crecimiento si no está obligado a reconocer los límites de la forma material o de valor de uso. Bajo la presión de la competencia constante, los capitalistas deben reducir los costes de producción y circulación y, por lo tanto, aumentar la productividad del trabajo. Esta ha sido la forma de producir la «Riqueza de las Naciones» desde los primeros días del capitalismo, como se describe en el famoso libro de Adam Smith. Esta es la razón por la cual los capitalistas deben reemplazar el trabajo vivo con maquinaria.</p>
<p align="justify">Desde el siglo XIX, la maquinaria ha sido manejada principalmente por energía fósil, como el carbón, el petróleo y el gas. De hecho, esta maquinaria permite procesar las materias primas agrícolas y minerales para convertirlas en valores de uso para la satisfacción de las necesidades humanas y estos materiales deben transportarse desde su ubicación de origen, donde se extraen, crían o cultivan, hasta los lugares donde se procesan, y hasta donde finalmente se consuman. Estas cadenas de suministro, que van desde la naturaleza original de la Tierra (el conjunto de recursos) hasta los sistemas económicos, culturales, sociales y políticos (en plural) de la Tierra, constituyen la columna vertebral del sistema capitalista global.</p>
<p align="justify">Las cadenas de suministro de energía y materias primas están en manos de las cambiantes alianzas entre los Estados y las empresas privadas. No son solo las leyes naturales las que gobiernan el flujo de recursos desde sus orígenes hasta el lugar del consumo final; más bien, son los actores económicos y políticos poderosos los que establecen estas cadenas para garantizar el suministro de energía fósil y materias primas para las economías modernas. Debido al desarrollo desigual –una competencia entre socios desiguales, tanto a nivel internacional como dentro de las naciones– la lucha por la energía y otros productos primarios ha sido y sigue siendo extremadamente caótica.</p>
<h4 align="justify">La renovación de la geopolítica</h4>
<p align="justify">El mundo globalizado del siglo XXI no aparece con amigables ropajes verdes. El orden internacional está colapsando, los conflictos regionales siguen abiertos, ha comenzado una nueva carrera de armamentos y el derecho internacional tal como se estableció después de la Segunda Guerra Mundial parece obsoleto. En los EEUU, los funcionarios del gobierno piensan en voz alta sobre la guerra nuclear. Estos procesos fomentan la feroz competencia internacional por la disminución de las reservas de petróleo y gas natural, y cada vez más por los metales, los minerales, el agua y la tierra también.</p>
<blockquote>
<p align="justify"><strong>Los procesos que tensan el orden internacional están fomentando una feroz competencia internacional por las decrecientes reservas de petróleo y gas natural, y cada vez más por los metales, los minerales, el agua y la tierra también.</strong></p>
</blockquote>
<p align="justify">Al igual que en el apogeo de la antigua geopolítica del imperialismo europeo, la geografía ha adquirido una renovada relevancia en el sentido de control sobre los territorios de otros estados (con un énfasis especial de nuevo puesto en Eurasia). Además, la relevancia de la geología ha crecido en el sentido de que no solo el petróleo y el gas, sino también los metales y los minerales se han convertido en “recursos estratégicos”. Hoy en día, estos dos elementos de la geopolítica coexisten con la geoeconomía, que se refiere al poder de mercado y las alianzas que se fortalecen a través de acuerdos de libre comercio bilaterales, regionales e incluso macro-regionales y la protección mundial de los llamados derechos de propiedad intelectual y las inversiones. Además, la política internacional todavía tiene un papel importante que desempeñar, en forma de diplomacia de los recursos, de métodos legislativos para establecer y defender monopolios, y regulaciones restrictivas varias; y, no olvidemos, las sanciones económicas, el establecimiento de bases militares y, al menos para la disminución del poder hegemónico de los EEUU, las intervenciones militares destinadas al “cambio de régimen”.</p>
<p align="justify">El capitalismo global aún depende del petróleo barato. Su importancia para satisfacer las necesidades de energía primaria del mundo puede disminuir en las próximas décadas. Pero el petróleo barato sigue siendo la “sangre vital” del transporte, la industria petroquímica cuyos productos se han vuelto tan esenciales para la vida cotidiana, la agricultura industrial, los productos manufacturados y la guerra moderna. Con el fin de mantener el control sobre el suministro y la fijación de precios de los hidrocarburos, se siguen construyendo tuberías y puertos, refinerías y ferrocarriles. Como en el pasado, las tuberías que se extienden por grandes distancias por tierra y mar extienden el alcance de los estados más poderosos más allá de sus propios territorios. Este es el razonamiento que sigue el presidente de EEUU, Trump, cuando promueve un mayor consumo de combustibles fósiles en el extranjero (ya sea en Europa, India o Corea del Sur) o cuando promueve una cooperación aún más estrecha con Arabia Saudita: “Ningún otro país, y mucho menos la comunidad internacional unida detrás del acuerdo climático de París, debería poder privar a los EEUU de su solución de carbono”.<sup>6 </sup>Pero también la iniciativa china <em>Belt Road Initiative </em>(BRI)<sup>7 </sup>está diseñada para servir a la nueva geopolítica de la energía, todavía basada en combustibles fósiles. La iniciativa, que enfatiza la construcción de infraestructuras, da a China un impulso para recortar o contener las actividades de otras naciones sin tan siquiera usar armas. De hecho, la BRI es un proyecto impulsado por los combustibles fósiles que apunta a construir oleoductos, refinerías de petróleo y puertos para enviar petróleo y otras materias primas desde América Latina, África e Irán a la China continental.</p>
<p align="justify">Ciertamente, algunos líderes empresariales están preocupados por los numerosos factores relacionados con la transgresión de los «límites planetarios» que amenaza el valor de sus negocios y la solvencia crediticia. Es posible que se preocupen por la inminente crisis del agua y el hambre que causará disturbios sociales, conflictos violentos y la migración involuntaria a lugares que consideran sus “regiones de seguridad nacional”. Pero muchos otros ven el cambio climático incluso como una oportunidad de negocio. Las nuevas rutasde transporte serán accesibles en el Ártico debido al cambio climático, mientras que los nuevos yacimientos de petróleo y gas que son difíciles y costosos de acceder serán más atractivos, como los recursos de tipo bituminoso en Venezuela y África, el petróleo en alta mar de Brasil, o el petróleo pesado en la selva tropical del Amazonas.</p>
<p align="justify">Es probable que los conflictos geopolíticos y las disputas internacionales sobre el acceso y el transporte de todo tipo de materias primas socaven incluso los intentos modestos de cooperación. No solo EEUU está persiguiendo un proteccionismo nacional creciente.  Especialmente con respecto al petróleo y el gas, la UE depende en gran medida de las importaciones de metales y minerales, con las mayores importaciones netas de recursos por persona en todo el mundo. La proporción de las importaciones de la UE para muchos “materiales estratégicos” llega a alcanzar el 100%. En palabras del ex comisario de Comercio de la UE, Peter Mandelson, en la Conferencia de Comercio y Materias Primas en Bruselas en septiembre de 2008, la UE necesita «importar para exportar&#8230; estamos en una carrera»<sup>8</sup>. Por lo tanto, no es sorprendente que la Comisión Europea abordadara la importancia de los cambios impuestos en el orden económico mundial debido a la enorme escala de desarrollos requeridos por el uso intensivo de recursos en China e India ya en 2006, con su «Estrategia Europa global» (<em>Global Europe Strategy</em>) seguida en 2008 de su «Iniciativa sobre materias primas» (La <em>Raw Material Initiative</em>, reconfigurada en 2011 en la «Hoja de ruta hacia una Europa eficiente en el uso de los recursos»).</p>
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<p align="justify"><strong>Las nuevas rutas de transporte serán accesibles en el Ártico debido al cambio climático, mientras que los nuevos yacimientos de petróleo y gas que son de difícil y costoso acceso serán más atractivos.</strong></p>
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<p align="justify">Al otro lado del Atlántico, es altamente improbable que los EEUU alguna vez sean energéticamente autosuficientes. La expansión a su capacidad de producción debido a la llamada “revolución del esquisto” podría traer una mayor capacidad de recuperación a los choques a corto plazo, pero el aumento del uso de energía per cápita significa que el país sufrirá aumentos de costes energéticos a largo plazo. Sin embargo, por el momento, la administración Trump, que funciona como un brazo extendido del complejo militar de combustibles fósiles-finanzas, parece estar firmemente decidida a explotar todas las reservas nacionales para obtener el “dominio de la energía” al suministrar combustibles fósiles a otros países. La administración de los EEUU también ha descubierto que el país es «altamente dependiente de las importaciones de ciertos productos minerales y que esta dependencia crea una vulnerabilidad estratégica tanto para su economía como para el ejército de cara a afrontar la acción de gobiernos extranjeros, los desastres naturales y otros eventos que pueden interrumpir el suministro de estos minerales clave».&lt;sup&gt;9&lt;/sup&gt; Las preocupaciones relacionadas con la “vulnerabilidad estratégica” se discuten no solo entre las agencias gubernamentales en los EEUU y Europa, sino también en el Japón de escasos recursos. La continuación del liderazgo tecnológico de estos países depende de un suministro constante y creciente de minerales y metales (a precios asequibles), que son vitales para varias tecnologías futuras. En contraste, para Australia, que es un importante exportador mundial de minerales, la evaluación crítica depende más del potencial de sus propios recursos para cubrir la demanda mundial.</p>
<p align="justify">La base imperialista de la estrategia de recursos nacionales del otro gigante que consume energía, China, es menos obvia. Pero al igual que EEUU, China hará cualquier cosa para garantizar que continúen los flujos de energía (ya sean de Oriente Medio, Rusia o África). La principal diferencia con el objetivo de EEUU de “dominio de la energía” podría ser que China, al menos por ahora, está más dispuesta a cubrir su vulnerabilidad a las restricciones de recursos a través de decisiones políticas más allá de la acción militar y la exclusión de aliados potenciales y socios comerciales. Por lo tanto, China se enfoca más en construir alianzas para hacer acuerdos de acceso a largo plazo, esperando mayores dividendos de la cooperación que de la confrontación.</p>
<p align="justify">Pero lo que es de suma importancia sobre el nacionalismo de recursos de hoy es que se centra no solo en controlar la producción y el comercio de las decrecientes existencias de petróleo, lo que proporciona un alto retorno energético de la inversión (EROI, según sus siglas en inglés), <sup>10 </sup>y un petróleo y un gas no convencionales mucho más caros, extracción y procesamiento que requiere enormes cantidades de energía y dinero para construir refinerías, oleoductos, plataformas petrolíferas, puertos, carreteras y otras infraestructuras. Además de esto, el acceso a las “materias primas críticas” se ha convertido en una preocupación estratégica cada vez más importante para todas las “grandes potencias”, e incluso para aquellos  en el segundo nivel. En este contexto, las fuerzas militares, los científicos, las organizaciones internacionales (como la Agencia Internacional de Energía) y grupos de expertos interesados en geopolítica (como el Consejo de Relaciones Exteriores de los EEUU, el instituto de relaciones internacionales de los Países Bajos <em>Clingendael</em>, <em>Chatham House </em>en el Reino Unido y <em>Price Waterhouse Coope</em>r están analizando los impactos de la creciente demanda de minerales y metales. Además de las materias primas necesarias para el desarrollo de infraestructuras, la producción de energía fósil y nuclear, la industria química, aeroespacial, equipos médicos y todo tipo de comunicaciones avanzadas (como el GPS, los satélites espaciales y los sistemas de comando, y las infraestructuras de amplificación de señal), se necesitan enormes cantidades de metales y minerales para las industrias nuevas: primero, para la “transición verde” hacia la producción de energía renovable; segundo, para la transmisión de la electricidad; tercero, por la llamada “Cuarta Revolución Industrial” basada en la digitalización y la inteligencia artificial; y, cuarto, para diferentes tipos de sistemas militares<sup>11</sup> en los que no solo las aeronaves necesitan masas de “materiales críticos”, sino también otros componentes de los sistemas, como estaciones terrestres, enlaces de datos y personal de control.</p>
<p align="justify">En casi todos los países industriales avanzados (pero también en China), se ha desarrollado la integración del procesamiento de datos digitales en los procesos de producción, con tecnología clave como sensores, “etiquetas de identificación” de radiofrecuencia, microchips de alto rendimiento, tecnologías avanzadas de visualización y cables de fibra óptica que exigen una cantidad cada vez mayor de metales y minerales particulares. Un estudio realizado en 2016 en nombre de la Agencia alemana de recursos minerales (DERA, según sus siglas en alemán) examinó la demanda global de materias primas para 42 diferentes tecnologías futuras en 2013 y 2035 y comparó la demanda creciente esperada con el volumen de producción global de los metales respectivos en 2013. El estudio mostró cómo para algunas materias primas (como el litio, los metales ligeros de tierras raras, el germano, el indio y el galio), ya es previsible que en un período de poco más de dos décadas, la demanda casi se duplique, se triplique (en el caso de las tierras raras pesadas), e incluso cuadruplique (tantalio). En algunos casos, el aumento de la demanda superaría con creces la producción primaria en 2013 (litio, disprosio/terbio y renio), mientras que en otros el aumento sería aún más brusco (cobalto, cobre, escandio, platino).<sup>12 </sup>Esto significa que la lucha por los materiales primarios no ha terminado con el surgimiento de la inteligencia artificial y la digitalización ubicua. Por el contrario, esto probablemente se intensificará dado el nexo global de la tierra, el agua, los alimentos, los minerales y la energía, y dado que unos pocos países dominan el mercado de los minerales críticos.</p>
<h4 align="justify">Intercambios entre metas económicas y ecológicas</h4>
<p align="justify">En este contexto, habrá que tener en cuenta varios compromisos inevitables entre los objetivos económicos y ecológicos, incluido el cambio hacia un “capitalismo más verde”. Mientras que, en los debates actuales, las dimensiones económicas y geopolíticas de la escasez de recursos reciben una amplia atención, el impacto de la escasez física de los minerales en la geoeconomía del capitalismo global, y aún más importante en un futuro postfósil, rara vez se atienden. De acuerdo con el principio de acumulación capitalista, incluso una transición hacia tecnologías de energía renovable resultará en un círculo vicioso entre los sectores de la energía y el metal. Además, en muchos países (principalmente en China), agudizaría las ya severas contradicciones insertas en el nexo del agua y la energía, y por lo tanto también afectaría negativamente la producción de alimentos.</p>
<p align="justify">La “criticidad” de las materias primas se suele debatir desde un punto de vista económico, centrándose en los retrasos en la entrega y otros riesgos de suministro. Estos a menudo están vinculados a la gobernanza inestable de las materias primas y la volatilidad de los precios de los productos básicos. Sin embargo, desde principios de la década de 2000, las dimensiones geopolíticas de la escasez (en términos de barreras políticas planteadas en los países productores, que han comenzado a proteger sus intereses mediante impuestos a la exportación y diversas restricciones comerciales) se han colocado en un primer plano. China, donde se produjo más del 90% de los elementos de tierras raras, ha comenzado a priorizar sus propias necesidades de suministro. Los funcionarios del Gobierno sostienen que los impuestos a la exportación sobre las materias primas son más bajos que los de los productos terminados (como los imanes para la tecnología de energía renovable), y que la extracción ilegal en el sur del país (donde se extraen los óxidos de tierras raras altamente contaminantes) debería desaparecer. Además, los pronósticos para el estado de la industria de metales de tierras raras de China no son prometedores: aunque el país produce el 95% de la producción mundial, solo posee el 23% de la cantidad total de minerales del mundo, principalmente en tres sitios en el sur de China, ya muy agotados. En consecuencia, las restricciones a la exportación se consideran un instrumento apropiado para proteger las “tecnologías verdes” de China. El miedo ha estado creciendo tanto en los EEUU como en la UE sobre el hecho de que sus economías podrían perder el liderazgo tecnológico frente a los chinos, particularmente con respecto a las tecnologías de energía solar fotovoltaica y de turbinas eólicas. Hoy en día, la carrera por el liderazgo en inteligencia artificial y digitalización de economías enteras parece ser aún más importante que la competencia por las “tecnologías verdes”. Esto tiene el potencial de estimular las guerras comerciales entre Occidente y China.<sup>13</sup></p>
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<p align="justify"><strong>El impacto de la escasez física de los minerales en la geoeconomía del capitalismo global, y aún más importante en un futuro “postfósil”, rara vez se atienden.</strong></p>
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<p align="justify">En contraste con las dimensiones económicas y geopolíticas de la escasez, la escasez física –y por lo tanto también el carácter geológico y material de los minerales– rara vez se considera una amenaza grave, ya sea en términos de la geoeconomía del capitalismo global o el impacto ecológico de minería. Esto refleja una ignorancia sistémicamente anclada, al menos desde la perspectiva de un futuro postfósil. A pesar de que la corteza terrestre contiene enormes cantidades de reservas minerales, muchas sustancias ampliamente utilizadas se enfrentan al agotamiento en función de la escasez absoluta de la naturaleza y los límites tecnológicos actuales. Desde el punto de vista de la termodinámica, un recurso puede ser crítico cuando supera un cierto «umbral de exergía».14A medida que la ley del mineral disminuye, la energía requerida para extraer el mineral aumenta exponencialmente. Este ya es el caso del cobre, un material esencial para casi todos los tipos de dispositivos eléctricos. En comparación con la tecnología de motores de gasolina, los vehículos de motor eléctrico necesitan una cantidad de cobre cuatro veces mayor, además de una mayor cantidad de metales como el cobalto, el litio y elementos de tierras raras pesadas y ligeras. Si solo cada segundo automóvil basado en combustible que ya se encuentra en el mercado fuera reemplazado por un vehículo eléctrico, y se tienen en cuenta las tendencias actuales en las ventas globales (que se espera que aumenten en un 50% en los próximos 25 años), la cantidad de metales solo para la producción de automóviles aceleraría la deforestación como resultado de la minería, lo que generaría más daños ecológicos.</p>
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<p align="justify"><strong>El movimiento a medias hacia un capitalismo más verde, con su enfoque en las tecnologías de energía renovable, es un proyecto basado en una serie de concesiones y un indeterminado número de contradicciones sin resolver.</strong></p>
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<p align="justify">Esto ilustra que el intercambio es inevitable. Sin hallazgos sustanciales de depósitos altamente concentrados, la producción de varios metales (es decir, los productos necesarios para una futura “economía verde”) no puede aumentar, pero es más probable que disminuya junto con la concentración de los sitios existentes. Cuando la producción de varios metales no aumenta al mismo ritmo (rápido) que la demanda, el precio de los “materiales críticos” aumentará sustancialmente en el futuro cercano. En estas condiciones, incluso los repositorios menos concentrados se verán económicamente viables. Pero cuanto más baja sea la concentración del material, más residuos se generarán, y más químicos tóxicos y cantidades masivas de agua y energía serán necesarias para la extracción. En resumen, lo más perturbador será el impacto en la naturaleza local, los trabajadores y la población.</p>
<p align="justify">La “nueva fiebre del oro” dirigida hacia depósitos ricos en metales con altas concentraciones de metales de dos a cinco millas por debajo de la superficie de los océanos (a lo largo del ecuador o en el Círculo Polar Ártico) ofrece otro ejemplo de un intercambio entre objetivos económicos y ecológicos. Dentro de las próximas décadas, la capacidad tecnológica para la minería de aguas profundas mejorará, y las recientes dificultades de financiamiento para este tipo de “aventuras” probablemente se resolverán debido al aumento de los precios de los productos básicos. En ese momento, podría comenzar la extracción comercial activa, destruyendo los ecosistemas únicos de los océanos profundos antes de que este patrimonio común de la humanidad sea incluso comprendido y cartografiado.<sup>15</sup></p>
<p align="justify">El movimiento a medias hacia un capitalismo más verde, con su enfoque en las tecnologías de energía renovable, es un proyecto basado en una serie de concesiones y un indeterminado número de contradicciones sin resolver. Si el mecanismo de acumulación capitalista basado en los principios de la propiedad privada y el crecimiento económico se toma como un hecho, y de manera implícita la creación infinita de riqueza monetaria, una transición hacia tecnologías de energía renovable resultará en un círculo vicioso entre la producción de energía y los metales. Las compensaciones de “agua por energía” y “energía por agua” también son significativas. Por un lado, en comparación con las tecnologías de carbón, solar y eólica, consumen menos agua en la generación de energía. Pero cuando se considera el ciclo de vida completo de tales tecnologías (incluida la fabricación de paneles solares y turbinas eólicas), la huella hídrica de ambas es bastante sustancial. Se requiere energía para suministrar y tratar el agua; a medida que aumenta la huella hídrica del sector energético y el agua escasea (lo que ocurrirá no solo en China sino en muchas otras regiones del mundo), se necesita más energía para suministrarla y tratarla.<sup>16 </sup>Además, dado que los parques eólicos solares y eólicos en tierra requieren grandes áreas de tierra, que no están disponibles en países y regiones con alta densidad de población, se generarán más conflictos por el acceso al agua, la tierra y los alimentos. Por lo tanto, el agua tiene el potencial de convertirse pronto en la causa más importante de los conflictos, como lo ha sido la gasolina durante mucho tiempo.</p>
<p align="justify"><strong>Traducción</strong>: José Bellver</p>
<h5 align="justify">NOTAS:</h5>
<p align="justify">1 W. Steffen et al., «<a href="https://science.sciencemag.org/content/347/6223/1259855.full" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Planetary Boundaries: Guiding human development on a changing planet</a>»,<em> Science</em>, núm. 347, vol. 6223.</p>
<p align="justify">2 K. Marx, <em>Capital. A Critique of Political Economy</em>, Vol. 1, p. 26.</p>
<p align="justify">3 W. Steffen et al., «<a href="https://www.pnas.org/content/115/33/8252" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Trajectories of the Earth System in the Anthropocene</a>», <em>PNAS</em>, 6 de agosto de 2018.</p>
<p align="justify">4 E. Altvater, «El Capital y el capitaloceno», <em>Revista Mundo Siglo XXI</em>, núm 33, vol. IX, 2014, CIECAS-IPN, pp. 5-15; A. Malm, «Fossil Capital. The Rise of Stream Power and the Roots of Global Warming», Verso, Londres/Nueva York, 2016; J.W. Moore (ed.), <em>Anthropocene or Capitalocene? Nature, History and the Crisis of Capitalism</em>, PM Press, Oakland, CA 2016. pp. 138-152.</p>
<p align="justify">5 A pesar de que también sería posible nombrar a esta era geológica como “Tanatoceno” debido al historial de destrucción por parte de la humanidad, tanto de otros seres humanos como de muchas otras especies que han ido progresivamente desapareciendo del planeta, véase C. Bonneuil y J-B. Fressoz, <em>L’événement anthropocène. La terre, l’histoire et nous</em>, Seuil, Paris, 2016.</p>
<p align="justify">6 M.T. Klare, «<a href="http://www.tomdispatch.com/blog/176313/" target="_blank" rel="noopener noreferrer">America’s Carbon Pusher-in-Chief: Trump’s Fossil-Fueled Foreign Policy</a>», 2017.</p>
<p align="justify">7 Nota del traductor: en castellano la <em>Belt Road Initiativees</em> también conocida como «la nueva Ruta de la Seda»</p>
<p align="justify">8 P. Mandelson, «The Challenge of Raw Materials», discus en la <em>Trade and Raw Materials Conference</em>, Bruselas, 29 de septiembre de 2008, disponible en: http://europa.eu.</p>
<p align="justify">9 Departamento de Interior de EEUU, <a href="https://www.federalregister.gov/documents/2018/05/18/2018-10667/final-list-of-critical-minerals-2018" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Final List of Critical Minerals, 2018</a>,</p>
<p align="justify">10 Aunque existe una gran cantidad de controversias acerca del <em>EROI</em> (tasa de retorno energético) exacto de las diferentes fuentes de energía, no hay duda de que el <em>EROI</em> para la mayoría de las fuentes de energía “verdes” (como el viento, laenergía solar fotovoltaica o el etanol), sino también el petróleo y el gas “no convencionales” es más bajo en comparación con el petróleo, el gas o el carbón convencionales.</p>
<p align="justify">11 Por ejemplo, para piezas de aviones, motores, sistemas de guía de misiles y defensa antimisiles, detección de minas submarinas, GPS para todo el sistema de comunicaciones, contra maniobras electrónicas, sin olvidar los sistemas militares no tripulados (drones).</p>
<p align="justify">12 DERA (Deutsche Rohstoffagentur), <em>Rohstoffe für Zukunftstechnologien</em>, Berlin, 2016. Para un análisis exhaustivo véase: A. Diederen, <em>Global Resource Depletion: Managed Austerity and the Elements of Hope</em>, Eburon, Delft, 2010 y los trabajos de W. Zittel, E. Schriefl y M. Bruckner, en A. Exner, M. Held y K. Kümmerer (eds.), <em>Kritische Metalle in der Großen Transformation</em>, Springer, Berlin, 2016.</p>
<p align="justify">13 Departamento de Interior de EEUU, <em>op.cit</em>.. El Departamento del Interior indica en este documento que en lo que se refiere a las materias primas estratégicamente importantes, China fue el productor líder de 15 de los 33 productos listados como «críticos».</p>
<p align="justify">14 Esta es una medida del grado de distinción termodinámica que tiene una pieza de material de su “preponderancia” circundante; la rareza física o termodinámica se explica por los costes de energía requeridos para obtener un producto mineral de roca ordinaria con las tecnologías disponibles. Véase: G. Calvo, A. Valerio y A. Valerio, «AThermodynamic Approach to Evaluate the Criticality of Raw Material Flows and its Application Through a Material Flow Analysis in Europe», <em>Journal of Industrial Ecology</em>, julio de 2017.</p>
<p align="justify">15 R. Kim, «Should Deep Sea Bed Mining Be Allowed?», <em>Marine Policy</em>, núm. 82, agosto de 2017, pp. 134-37.</p>
<p align="justify">16 Agencia Internacional de la Energía, <em>World Energy Outlook 2016</em>, IEA, Paris, 2016.</p>
<p align="justify">Acceso al texto en formato pdf: <a href="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2018/04/Geopolitica-Capitaloceno-B.Mahnkopf.pdf?utm_source=web&amp;utm_medium=organico&amp;utm_campaign=146_geopolitica_capitaloceno_PDF" target="_blank" rel="noopener noreferrer"><em>Geopolítica en el Capitaloceno. </em></a></p>
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