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	<title>Cohesión Social &#8211; FUHEM</title>
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	<description>educación + ecosocial</description>
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	<title>Cohesión Social &#8211; FUHEM</title>
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		<title>I Informe Ecosocial sobre la Calidad de Vida en España</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 12 Jun 2023 09:37:55 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Alimentación]]></category>
		<category><![CDATA[Calidad de vida]]></category>
		<category><![CDATA[Cohesión Social]]></category>
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					<description><![CDATA[Presentamos el I Informe Ecosocial sobre la Calidad de Vida en España, un nuevo enfoque que debería guiar el diseño de políticas [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><em><img fetchpriority="high" decoding="async" class="alignright wp-image-152185 size-thumbnail" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/05/Portada-Informe-1200x1697-1-300x424.jpg" alt="" width="300" height="424" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/05/Portada-Informe-1200x1697-1-300x424.jpg 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/05/Portada-Informe-1200x1697-1-450x636.jpg 450w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/05/Portada-Informe-1200x1697-1-768x1086.jpg 768w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/05/Portada-Informe-1200x1697-1-1086x1536.jpg 1086w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/05/Portada-Informe-1200x1697-1-350x495.jpg 350w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/05/Portada-Informe-1200x1697-1-600x849.jpg 600w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/05/Portada-Informe-1200x1697-1-64x91.jpg 64w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/05/Portada-Informe-1200x1697-1.jpg 1200w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" />Presentamos el <strong><a href="https://www.fuhem.es/informe-ecosocial/" target="_blank" rel="noopener">I Informe Ecosocial sobre la Calidad de Vida en España</a>,</strong> un nuevo enfoque que debería guiar el diseño de políticas que persigan una vida buena. </em></p>
<p>El Área Ecosocial de FUHEM presenta el <strong>I Informe Ecosocial sobre la Calidad de Vida en España</strong><strong>.</strong></p>
<p>En sus páginas, en primer lugar, se caracteriza el modo de vida de la sociedad española a través de un triple análisis que se centra en los gastos (alimentación, movilidad y vivienda), los recursos (energéticos y materiales), y los trabajos (remunerados y no remunerados). A continuación, se apuntan las tendencias que genera ese modo de vida, agrupadas en tres grandes epígrafes: insostenibilidad ambiental, desequilibrio territorial y amenazas sobre la cohesión social. Por último, se plantea una pregunta: ¿qué significa hoy una vida buena en el contexto de la crisis ecosocial provocada por nuestro modo de vida?</p>
<p><strong>I Informe Ecosocial sobre la Calidad de Vida en España </strong>concluye que una sociedad no puede prosperar cuando no lo hace la mayoría de sus miembros, cuando se atenta contra la cohesión social o se genera un ambiente adverso.</p>
<p>Este trabajo, que ofrece un nuevo enfoque para detectar algunos de los asuntos cruciales que deberían centrar la atención al diseñar políticas que persigan una vida buena, se ha presentado hoy a los medios de comunicación y será el eje de actos inminentes como el próximo encuentro en el marco de los <a href="https://www.fuhem.es/2023/05/08/la-insoportable-insostenibilidad-de-nuestro-modo-de-vida/" target="_blank" rel="noopener">Debates para un Pensamiento Inclusivo</a> o el de <a href="https://www.fundaciones.org/es/noticias-aef/calidad_de_vida_en_la_transicion_ecologica" target="_blank" rel="noopener">Despertadores climáticos. Calidad de vida en la transición ecológica.</a></p>
<p>Acceso al resumen ejecutivo del Informe y el <a href="https://www.fuhem.es/informe-ecosocial/" target="_blank" rel="noopener">Informe completo</a> para su descarga.</p>
<h4><strong>Modo de vida </strong></h4>
<p><u>¿Cuáles son las características principales del modo de vida en España?</u></p>
<p>El modo de vida de la civilización industrial actual viene definido a partir de tres grandes ámbitos: <strong>la alimentación, la movilidad y la vivienda</strong>. Absorben la mayor parte del gasto de las familias y son responsables del mayor número de impactos sobre la salud, la vida social y la destrucción de los ecosistemas.</p>
<p><em>Alimentación: </em></p>
<ul>
<li>Constante proceso de estandarización en todos sus eslabones: producción, comercialización y consumo.</li>
<li>Las diversas crisis y el aumento de precios de los alimentos supone un incremento del presupuesto familiar que obliga a reducir otras categorías del gasto de los hogares.</li>
<li>Los hogares más pobres solo pueden permitirse una dieta poco variada y de menor calidad.</li>
</ul>
<p><em>Movilidad</em></p>
<ul>
<li>Modelo marcado por el protagonismo del automóvil privado que exige un esfuerzo considerable en el presupuesto familiar.</li>
<li>Este modelo condiciona la organización del territorio y la integralidad ecológica de la naturaleza e impacta negativamente sobre la vida y la salud de las personas.</li>
</ul>
<p><em>Vivienda</em></p>
<ul>
<li>Predomina la propiedad frente al alquiler y el derecho de uso.</li>
<li>El alquiler experimenta un aumento significativo asociado a la precariedad de jóvenes y trabajadores que no pueden acceder a una vivienda en propiedad.</li>
<li>El alquiler social en España es apenas testimonial.</li>
</ul>
<p><u>¿Qué recursos energéticos y materiales requiere ese modo de vida?</u></p>
<p><em>Requerimientos energéticos:</em></p>
<ul>
<li>Gran dependencia energética de los recursos fósiles y del exterior.</li>
<li>El aprovechamiento de los recursos renovables domésticos ha experimentado un importante incremento en los últimos años (llegando a alcanzar el 50% en la generación de electricidad), bajo el impulso de grandes parques eólicos y fotovoltaicos.</li>
</ul>
<p><em>Requerimientos materiales:</em></p>
<ul>
<li>Saldo netamente importador: la extracción indirecta asociada a las importaciones multiplica por entre 3 y 7 los requerimientos directos de materiales.</li>
<li>El grueso de la extracción doméstica y el uso de materiales está marcado por el sector inmobiliario y su evolución bajo el impulso de ciclos especulativos.</li>
<li>No se cierran los ciclos productivos: sólo el 10% de los materiales que entran a la economía vuelve a la misma.</li>
</ul>
<p><u>¿Cuánto y qué tipo de trabajos requiere este modo de vida?</u></p>
<p><em>Requerimientos de trabajo mercantil:</em></p>
<ul>
<li>El trabajo remunerado en España presenta dos rasgos principales: carácter muy estacional y estrecha ligazón con la coyuntura económica (con consecuencias en términos de precarización laboral: muchas modalidades de contratación atípica y horas trabajadas no pagadas).</li>
<li>La duración media de la vida laboral se ha incrementado por el aumento de participación de las mujeres en el mercado de trabajo y el aumento de la edad media de jubilación.</li>
</ul>
<p><em>Requerimientos de trabajo no mercantil</em></p>
<ul>
<li>El trabajo no remunerado descansa principalmente en las mujeres y representa, para muchas de ellas, el desempeño de una “doble jornada”.</li>
<li>El fenómeno de la doble jornada se amplió durante la crisis y se agudizó con las necesidades derivadas de la pandemia.</li>
</ul>
<h4><strong>Tendencias</strong></h4>
<p>Las tendencias que atraviesan el modo de vida y el modelo socioeconómico asociado al mismo se organizan en tres grandes bloques: <strong>desequilibrios territoriales, insostenibilidad ecológica y amenazas a la cohesión social</strong> por la persistencia de la pobreza, la precariedad y la desigualdad.</p>
<p><em>Desequilibrio y polarización territorial</em></p>
<ul>
<li>El dinamismo económico y la población española están cada vez más concentrados en el territorio, especialmente en la costa y alrededor de grandes áreas urbanas, abocando a las zonas rurales (sobre todo del interior) a un futuro incierto.</li>
<li>Se observa una tendencia a la desvertebración territorial: zonas rurales que expulsan población y quedan especializadas en la extracción de recursos y el vertido de residuos contrastan con grandes zonas urbanas que atraen población y recursos, centradas en la acumulación y el consumo.</li>
</ul>
<p><em>Insostenibilidad</em></p>
<p>La insostenibilidad ambiental del modo de vida en España se manifiesta de múltiples formas:</p>
<ul>
<li>Aumento de los procesos erosivos e incremento de la superficie del país en riesgo de desertificación.</li>
<li>Sobreexplotación de los ecosistemas y contaminación del aire, agua y suelo.</li>
<li>Los efectos del cambio climático están provocando un aumento de eventos climáticos extremos, elevación del nivel del mar y alteración de muchos ecosistemas.</li>
</ul>
<p><u>Pobreza, precariedad y desigualdad</u></p>
<ul>
<li>Una de cada cuatro personas se encuentra en riesgo de pobreza o exclusión social.</li>
<li>En torno al 15% de la población ocupada de España, pese a tener trabajo, se encuentra en riesgo de pobreza o exclusión social debido a la precarización laboral.</li>
<li>La multidimensionalidad y transversalidad de la desigualdad se muestran con especial claridad en España, agudizándose en las últimas décadas.</li>
</ul>
<h4><strong>Evaluar el modo de vida desde la calidad de vida</strong></h4>
<p>El Informe se cierra con una evaluación a partir de la siguiente pregunta: ¿Cómo afectan el modo de vida y las tendencias analizadas a la vida de las personas? Desde el punto de vista del sujeto, una vida sana y autónoma es una vida buena (de calidad). Si la calidad en la vida de una persona es entendida como aquella capaz de garantizar bienes necesarios, relaciones significativas y tiempo para la autonomía personal en un entorno social y natural seguro, ¿el modo de vida vigente en España y las tendencias que lo atraviesan contribuyen o no a una vida buena?</p>
<ul>
<li>Nuestro modo de producción y consumo ha puesto la vida bajo la tiranía de la eficiencia y el rendimiento.</li>
<li>Ese modo de vida provoca un deterioro social y ecológico que, además de erosionar las bases sociales y naturales sobre las que descansa, ocasiona graves consecuencias sobre la salud física, emocional y mental de las personas.</li>
<li>Entre los síntomas del menoscabo de la vida saludable de las personas se encuentran el cansancio y el padecimiento de numerosos malestares.</li>
<li>Eso explica, en parte, que España sea el país del mundo donde más ansiolíticos e hipnóticos se consumen por habitante.</li>
<li>La autonomía, al igual que la salud, también se ve afectada por el modo de vida. La forma y ritmos de vida predominantes aíslan y fragilizan a las personas.</li>
<li>Entre los síntomas de este menoscabo de la capacidad autónoma de las personas por debilitamiento de los vínculos sociales se encuentra el aumento de la soledad y el aislamiento social y las tendencias reseñadas de pobreza, precariedad y desigualdad.</li>
<li>Los rasgos predominantes en los principales <strong>componentes</strong> del actual modo de vida -alimentación, movilidad, vivienda y urbanismo-, así como las <strong>tendencias </strong>analizadas, poco contribuyen a la calidad de vida:
<ul>
<li>El <em>modelo alimentario</em> tiene importantes repercusiones sobre el ambiente y presenta fallas en relación con la salud de las personas por el deterioro de la dieta consecuencia de la creación de un entorno obesogénico, que afecta especialmente a los sectores sociales más humildes.</li>
<li>El <em>modelo inmobiliario español, </em>al dificultar el acceso a la vivienda y tener altos impactos ambientales, menoscaba el bienestar social y acentúa el deterioro ecológico.</li>
<li>El <em>modelo de movilidad</em> protagonizado por el vehículo privado y la carretera es altamente ineficiente por los altos costes ambientales, sociales y su alta siniestralidad.</li>
<li><em>La tendencia al desequilibrio territorial</em> condiciona las oportunidades de las personas y el acceso efectivo a los servicios públicos, profundizando las desigualdades.</li>
<li><em>La insostenibilidad </em>afecta a nuestra salud y nos hace más vulnerables. Nuestras vidas se vuelven más inseguras ante la amenaza de eventos climáticos extremos, la expansión de enfermedades infecciosas o el incremento de crisis alimentarias.</li>
<li><em>La pobreza y la exclusión social </em>vulneran derechos fundamentales y provocan que las personas se encuentren antes graves carencias y en situación de indefensión.</li>
<li><em>La precarización laboral </em>provoca problemas de salud mental y mata por las altas tasas de siniestrabilidad que lleva asociadas. Impide que las personas desarrollen un proyecto vital y hace que sus vidas se muevan en la inseguridad.</li>
<li><em>Las desigualdades</em> atentan contra la igualdad de oportunidades, corroen la cohesión social y son una fuente importante de malestar; agudizan los problemas sociosanitarios y deterioran la salud de la sociedad, al tiempo que profundizan en la insostenibilidad al impulsar pautas de consumo ostentosas y dinámicas de emulación que asientan el imaginario consumista.</li>
</ul>
</li>
</ul>
<p><strong><em> </em></strong></p>
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			</item>
		<item>
		<title>Entrevista a César Rendueles</title>
		<link>https://www.fuhem.es/2021/06/30/entrevista-a-cesar-rendueles/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 30 Jun 2021 10:56:27 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Entrevistas]]></category>
		<category><![CDATA[Cohesión Social]]></category>
		<category><![CDATA[Desigualdad]]></category>
		<category><![CDATA[Meritocracia]]></category>
		<category><![CDATA[Polarización]]></category>
		<category><![CDATA[Polarización Política]]></category>
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					<description><![CDATA[José Bellver habla con César Rendueles sobre las bases materiales de la polarización y sobre la fragmentación ideológica y afectiva que parece estar afectando crecientemente a nuestras sociedades.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><img decoding="async" class="alignright size-medium wp-image-137206" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/01/Papeles152-450x633.jpg" alt="" width="450" height="633" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/01/Papeles152-450x633.jpg 450w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/01/Papeles152-300x422.jpg 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/01/Papeles152-350x492.jpg 350w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/01/Papeles152-64x90.jpg 64w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/01/Papeles152.jpg 600w" sizes="(max-width: 450px) 100vw, 450px" />El número 152  de la revista <em><a href="https://www.fuhem.es/revista-papeles/" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global</a></em> publica una entrevista que <strong>José Bellver</strong> realiza a <strong>César Rendueles</strong> sobre las bases materiales de la polarización, una polarización en el plano político que ocupa actualmente portadas y titulares de periódicos (o revistas como esta misma) y telediarios. Pero también conviene seguir el rastro de la fragmentación ideológica y afectiva que parece estar afectando crecientemente a nuestras sociedades.</p>
<blockquote><p><strong>La fragilización social, la disminución de la solidaridad comunitaria y el aumento de la desconfianza colectiva han sido, a lo largo de la historia, rasgos comunes cuando se incrementa la desigualdad.</strong></p></blockquote>
<p>Así lo atestigua en su último libro <strong>César Rendueles</strong> (Girona, 1975), sociólogo y filósofo, que desde  su  –muy reconocido– primer libro de ensayo, <em>Sociofobia</em> (Capitán Swing, 2013), viene denunciando cómo el capitalismo constituye un sistema destructor de las relaciones comunitarias y los vínculos sociales que resultan imprescindibles en cualquier proyecto de vida buena. A su opera prima le siguieron dos obras, <em>Capitalismo canalla</em> (Seix Barral, 2015) y <em>En bruto</em> (Catarata, 2016), que lo consolidaron como uno de los más destacados pensadores del panorama actual.</p>
<p>En <em>Contra la igualdad de oportunidades</em> (Seix Barral, 2020), que el propio autor reivindica de manera provocadora como panfleto igualitarista, Rendueles ahonda el carácter corrosivo de la desigualdad y en la reivindicación de la centralidad social, cultural y ética que ha de tener la igualdad en las políticas emancipadoras contemporáneas frente a la perversión meritocrática del igualitarismo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong> </strong><strong>JOSÉ BELLVER (JB): En varios pasajes de tu último libro subrayas la estrecha relación que existe entre igualdad y cohesión social. Por tanto, podemos entender que, a la inversa, la polarización política y social que vivimos actualmente encuentra sus raíces en el aumento de la desigualdad económica. ¿Lo ves así? ¿Se conecta esto con el malestar social que ha dado lugar a la oleada populista en tantos lugares del mundo, pero especialmente en los países occidentales en los últimos años? </strong></p>
<p><strong>CÉSAR RENDUELES (CR):</strong> Los estudios sobre los efectos de la desigualdad material han experimentado un salto cualitativo en las últimas décadas. Cada vez somos más conscientes de que la desigualdad está estrechamente correlacionada con un abanico de problemas y malestares sociales amplísimo. No estamos muy seguros de cuáles son los mecanismos causales implicados pero hay una conexión fuerte entre desigualdad, esperanza de vida, enfermedades mentales, delincuencia, resultados educativos…</p>
<p>Tradicionalmente se había achacado la proliferación de este tipo de problemas a la pobreza pero ahora sabemos que, al menos en las sociedades más ricas, son más frecuentes cuanta más desigualdad existe, con independencia de la situación absoluta de los más pobres. A partir de cierto nivel de bienestar material, más o menos el de los países de la OCDE, incluso cuando la situación material de quienes peor están en una sociedad es comparativamente buena, si en esa sociedad existen grandes diferencias de ingresos entre las clases altas y las clases bajas esos problemas serán más intensos que en sociedades más igualitarias, aunque estas últimas sean algo más pobres en términos absolutos. La relación entre la pérdida de cohesión social y el aumento de la desigualdad es un fenómeno igualmente conocido. En general, en las sociedades más desiguales la gente considera a los demás menos dignos de confianza. Por supuesto, “cohesión” es un concepto complejo que puede significar muy distintas cosas y ni mucho menos todas ellas políticamente positivas. Pero, en general, la competencia y la comparación odiosa son difícilmente compatibles con la sensación de compartir un espacio social, una serie de reglas e instituciones que de alguna manera reducen la conflictividad a unas dimensiones asumibles en una sociedad democrática.</p>
<p>En un estudio ya clásico, Robert Putnam detectó un deterioro muy amplio en la participación en la esfera pública en EEUU a partir de los años setenta del siglo XX tras un ciclo de varias décadas de incremento posterior a la Segunda Guerra Mundial. Putnam no saca esa conclusión, pero creo que hay una conexión evidente entre la pérdida de lo que él llama “capital social” y la restauración mercantil que comienza en esos años, que son los inicios del proyecto neoliberal.</p>
<p>Tenemos buenas razones para pensar que la mercantilización deteriora las condiciones sociales necesarias para crear un espacio democrático digno de tal nombre. Las políticas iliberales contemporáneas y eso que se llama a veces “polarización” es el resultado de esta desfundamentación. Cuando la gente intenta recuperar la voz que el mercado le ha arrebatado, se encuentra con un entorno institucional degradado en el que prolifera la irracionalidad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>JB: En el libro realizas una crítica frontal a la meritocracia, al igual que lo hace el filósofo americano Michael Sandel en su último libro que, curiosamente, habéis sacado prácticamente a la par. ¿Cómo incide la meritocracia en la polarización política y cultural presente en nuestros días?</strong></p>
<p><strong>CR:</strong> La meritocracia es el proyecto que queda cuando se ha abandonado la esperanza de alcanzar la igualdad real. Viene a decir, “ya que no podemos dar a cada uno lo que necesita, al menos demos a cada cual lo que se merece”. La doctrina de la igualdad de oportunidades es, de hecho, una formulación muy precisa del programa elitista moderno, o sea, una teoría de la circulación de las élites. La legitimación del elitismo ha consistido siempre en la defensa que las clases altas hacían de sus propios privilegios en virtud de sus supuestas virtudes del tipo que fuera: morales, militares, religiosos, intelectuales&#8230; Los proyectos igualitaristas, en cambio, proponían dar a cada uno lo que necesitaba, no lo que merecía, y también tomar de cada uno en función de sus capacidades: eran un conjunto de derechos, pero también de obligaciones.</p>
<p>Creo que a veces la gente atribuye ciertas virtudes a la meritocracia porque la entiende así, como la posibilidad de que, con independencia de cuál sea tu situación social de partida, tengas la oportunidad real de dedicarte a aquello que se te da mejor y que esa posibilidad implique una cierta responsabilidad social. Pero me parece que eso tiene que ver con la idea de movilidad social horizontal más que con la meritocracia, que implica una especie de chantaje: premiar especialmente a algunos grupos como condición para que desarrollen sus talentos. En este sentido, el elitismo meritocrático tiene algunos rasgos más destructivos que otras formas de desigualdad, ya que libera a las élites de cualquier tipo de responsabilidad hacia los demás, pues se supone que lo que tienen se lo han ganado y, además, cualquiera tiene la oportunidad de llegar a su posición si se esfuerza y tiene el talento suficiente. No creo que nuestras élites sean exactamente peores que las del pasado pero sí más abiertamente desarraigadas: su comunidad es el paraíso fiscal más conveniente, su patria algún hotel Hilton.</p>
<p>Esa emancipación de las clases altas fomenta claramente la polarización. De hecho, muchos discursos de la derecha radical contemporánea identifican a un doble enemigo que relacionan con la globalización: por un lado, los flujos globales de inmigración, por otro, las élites financieras e intelectuales globales, gente desarraigada que tiene la capacidad económica o las cualificaciones para surfear los desastres de la economía. Frente a esta amenaza global, una parte de la extrema derecha, la más peligrosa políticamente, apuesta por una alianza de las clases trabajadoras locales con los honestos empresarios industriales nacionales.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>JB: Ligado a todo esto, se habla mucho de que los perdedores de la globalización son las clases medias occidentales; pero al mismo tiempo parece haber cierta confusión en torno a la propia concepción de clase media, aunque mantenga la centralidad del discurso de los partidos políticos. </strong></p>
<p><strong>¿Qué es hoy la clase media y cómo se relaciona con la política?</strong></p>
<p><strong>CR</strong>: En primer lugar, la idea de que las clases medias son las que más han perdido es simplemente falsa. Según el Barómetro Social del Colectivo IOE entre 2002 y 2014 los hogares medio-altos (los centiles 50-90) aumentaron su patrimonio un 7%, los hogares medio-bajos (los centiles 25-50) perdieron un 16% de su patrimonio. Pero es que el 25% más pobre perdió un alucinante 108%. Literalmente lo perdieron todo. Si miramos las rentas pasa algo parecido. Quienes peor lo están pasando son los que ya estaban muy mal antes de la crisis. El 30% que menos tiene de este país ha visto como su situación ha pasado de mala a desesperada.</p>
<p>Lo que ha sucedido con las clases medias es que han experimentado una profunda crisis de expectativas, una bancarrota de su horizonte vital. Se ha roto el pacto social en el que mucha gente se socializó: la idea de que si estudiabas mucho y te quejabas poco se abrirían ante ti amplias posibilidades de mejora económica y oportunidades de consumo sofisticado. Se ha derrumbado el horizonte de ascenso social que, de hecho, modulaba el sentido mismo de la noción de clase media. Porque la noción de clase media es bastante difusa, tiene un fuerte componente aspiracional y no tanto características sustantivas, como si ocurre con “clase trabajadora” o “clase alta”. Clase media es una categoría sociológicamente vacía que define algo así como el deseo de parecerse a los ricos en sus estilos de vida, en su consumo sofisticado.  Ser de clase media es soltar lastre y aspirar a más. Por eso, paradójicamente, en España no sólo las clases trabajadoras sino los grupos de clase alta se ven a sí mismos como de clase media. En las encuestas del CIS prácticamente nadie se autodefine como de clase alta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>JB: Uno de los capítulos de tu último libro pone el foco sobre la igualdad de género en cuyo inicio recuerdas la distinción entre las reivindicaciones universalistas y aquellas otras de tipo identitario, que podemos extender a otras cuestiones como la orientación sexual, la etnia o la edad. Todos estos asuntos han dado lugar de una manera o de otra manera a importantes ejes de confrontación en la política (no sólo de España) entre distintos grupos de la sociedad.</strong></p>
<p><strong> ¿Sigue existiendo una dicotomía entre redistribución y reconocimiento?</strong></p>
<p><strong>¿Crees que ha habido un desplazamiento de la confrontación ideológica hacia cuestiones identitarias o estas se están entrelazando con las problemáticas distributivas?</strong></p>
<p><strong>CR</strong>: Vamos a ver, una reivindicación identitaria puede ser la recuperación de la cultura de, yo que sé, los vaqueiros de alzada. El feminismo no es una reivindicación identitaria. Considerar la defensa de los intereses de al menos el 50% de la humanidad como un asunto identitario es absurdo. De hecho, dudo mucho de que el número de asalariados en sectores considerados típicamente “proletarios” haya alcanzado nunca ese porcentaje en ningún país del mundo. De igual modo, considerar que el ecologismo es un movimiento identitario o, peor aún, postmaterialista es simplemente grotesco. Pero no se trata sólo del número de personas a las que interpelan directamente esos movimientos. En realidad, cuando el socialismo clásico consideraba que la clase trabajadora representaba intereses universales no era sólo porque fuera un movimiento social masivo sino porque planteaba reivindicaciones que podían mejorar la situación de todo el mundo pero que ningún otro colectivo podía defender.</p>
<p>Otros colectivos tal vez más numerosos –por ejemplo, el campesinado– estaban atrapados en dilemas pragmáticos que les impedían proponer un modelo de mejora social global. También en ese sentido más profundo creo que muchos movimientos a veces tachados de identitarios son, en realidad, universalistas. El aumento de la igualdad entre hombres y mujeres nos ha mostrado que los privilegios degradan la vida de todos, tanto de quienes los sufren como de quienes los disfrutan, y nos impiden llevar una vida buena compartida. Sin duda se pueden hacer muchas críticas a las políticas antagonistas de las últimas décadas pero de ningún modo creo que nos hayamos equivocado al apoyar a colectivos subordinados que vivían situaciones insoportables.</p>
<p>Todas esas luchas nos ayudan a afianzar una igualdad más compleja, más rica y más digna de ser vivida. No veo ninguna contradicción en las políticas que han tratado de mejorar la situación de colectivos tradicionalmente relegados. La igualdad y la libertad son aspectos que se retroalimentan, dos dimensiones que se nutren entre sí: la igualdad ayuda a ser más libre y la libertad nos ayuda a ser más iguales. Por otro lado, la distinción entre redistribución y reconocimiento de Nancy Fraser es interesante analíticamente pero compleja. Jacques Rancière descubrió que muchas de las reivindicaciones de los trabajadores de la época tenían que ver no sólo con la mejora de sus condiciones laborales sino también con exigencias de muestras de respeto. Por ejemplo, una demanda habitual de los trabajadores era que el patrón se quitara el sombrero al entrar al taller. Cuando nos pensamos como iguales, los aumentos en la autonomía generan aspiraciones renovadas de reconocimiento, pues profundizamos en el sentido de nuestra dignidad propia.</p>
<p>De la igualdad entre hombres y mujeres surgen preguntas sobre qué significa ser mujer u hombre en distintos momentos de nuestra vida –como hijos, como madres y padres, como compañeros de trabajo, como amantes…– o incluso si esa dualidad agota el abanico de identidades de género posibles. Y esas preguntas, a su vez, plantean nuevos desafíos igualitarios.</p>
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<p><strong>JB: ¿En qué medida crees que existe una radicalización de los discursos como consecuencia de la decadencia de los modelos que anteriormente han sentado las bases del orden social keynesiano y posteriormente el régimen neoliberal que parece haber sobrevivido como un zombi desde la crisis de 2008?</strong></p>
<p><strong> ¿Ves nuevas posibilidades de articulación entre movimientos emancipadores en el contexto actual?</strong></p>
<p><strong>CR</strong>: La crisis del proyecto neoliberal a partir de 2008, ha provocado un retorno de las pasiones políticas. Al fin y al cabo, la extensión del mercado siempre se basa en una promesa extrapolítica, en la esperanza de que el comercio conseguirá fomentar la prosperidad y la concordia mejor que el juego político. La idea era que la globalización tendría un efecto arrastre sobre las instituciones democráticas. Por eso, en la Unión Europea se apostó por la unión monetaria sin una estructura política acorde con ese proyecto. El <em>crash</em> financiero arruinó esas esperanzas y hemos vuelto a buscar en las intervenciones políticas una solución a los problemas compartidos. Lo que ocurre es que las intervenciones políticas pueden ir en muchas direcciones, no todas ellas amables o democratizadoras. De hecho, el terreno político que nos han dejado cuatro décadas de neoliberalismo parece abonado para los proyectos iliberales y la descomposición institucional.  Es un proceso que ya se dio en el periodo de entreguerras del siglo XX. En un famoso discurso del 21 de marzo de 1933, Adolf Hitler afirmó: «Queremos restaurar la primacía de la política, que tiene la obligación de organizar y dirigir la batalla por la vida de la nación». Pero esa es una idea que seguramente también podrían haber suscrito Roosevelt o Attlee. Quiero decir, que sin duda el colapso de la globalización ha liberado las fuerzas totalitarias que habían estado contenidas en Occidente.</p>
<p>No deberíamos olvidar que eso sólo ha sido así en Occidente, y que en otros lugares del mundo la extensión libre mercado ha sido sinónimo de genocidio. Pero ese colapso también abre posibilidades de otras articulaciones de posibilidades políticas que parecían fuera del horizonte de lo factible. Creo que hemos vivido una década políticamente muy intensa, en la que han pasado cosas que parecían imposibles y se han producido giros políticos inesperados a toda velocidad. Dar la partida por perdida me parece absurdo.</p>
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<p>Acceso al texto completo del artículo en formato pdf: <a href="https://bit.ly/Entrevista-CesarRendueles-PAPELES-152" target="_blank" rel="noopener noreferrer"><em>Entrevista a César Rendueles sobre las bases materiales de la polarización</em></a>.</p>
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