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	<title>Conflictos armados &#8211; FUHEM</title>
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	<description>educación + ecosocial</description>
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	<title>Conflictos armados &#8211; FUHEM</title>
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		<title>Un mundo cambiante y convulso. Cuarenta años de transformaciones de la mano de Papeles</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 16 Jul 2025 09:40:43 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Análisis]]></category>
		<category><![CDATA[Conflictos armados]]></category>
		<category><![CDATA[Crisis Ecosocial]]></category>
		<category><![CDATA[destacadasecosocial]]></category>
		<category><![CDATA[Geopolítica]]></category>
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					<description><![CDATA[El texto aborda algunos de los cambios producidos en el panorama internacional.  ]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><img fetchpriority="high" decoding="async" class="alignright size-thumbnail wp-image-168864" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2025/07/PORTADA-Papeles-170-1-348x348.jpg" alt="" width="300" height="423" />La revista <em>Papeles</em> cumple cuatro décadas de existencia. Cuarenta años dan para mucho, especialmente en estos tiempos acelerados. Lejos quedan las épocas en las que todo parecía trascurrir con una tranquilidad pasmosa.</p>
<p>El futuro no se veía como una amenaza, más bien todo lo contrario, pues gracias a una fe inquebrantable e ingenua tanto en el progreso como en la ciencia y la tecnología (que venían a ser casi la misma cosa), cabía contemplar el porvenir como un horizonte liberador de las miserias del presente. Ahora las tornas han cambiado. Hemos hecho del presente un instante eterno para no afrontar los riesgos del futuro. Pero con independencia de cómo nos situemos ante el tiempo, lo cierto es que las últimas cuatro décadas han sido pródigas en acontecimientos. El más relevante es sin duda, por la magnitud que ha alcanzado, la crisis ecosocial. No solo hemos llenado el planeta, sino que lo hemos desbordado, conduciéndonos a una situación de extralimitación que nos arroja, a toda velocidad y sin frenos, hacia el colapso ecológico.</p>
<p>Se habla sin parar de sostenibilidad, de transiciones y pactos verdes, de innovaciones circulares y de planes renovables, pero sin modificar ni un ápice el régimen sociometabólico que nos empuja hacia el abismo. Podemos engañarnos tanto como queramos, pero estamos ante un capitalismo que huye a la desesperada, cada vez más belicoso y dispuesto a exprimir el planeta hasta las últimas consecuencias.</p>
<p>No se ha llegado hasta aquí por casualidad. Algunas tendencias ‒como la dinámica demográfica o los límites naturales‒ empezaban a vislumbrarse con claridad en las décadas de los sesenta y setenta del siglo pasado. Sin embargo, otras fuerzas estructurantes del presente apenas despuntaban hace cuarenta años. En el transcurso de este periodo, hemos asistido a importantes acontecimientos económicos, geopolíticos, demográficos, tecnológicos y culturales. La realidad ha cambiado tanto que quien piense que le valen los diagnósticos, las preguntas y las respuestas de hace apenas unos pocos años, es que simplemente no sabe en qué mundo vive.</p>
<p><strong>Cambios económicos y geopolíticos profundos</strong></p>
<p>En el plano económico, las últimas cuatro décadas han estado marcadas por la globalización y la financiarización. El orden neoliberal surgido de la crisis y reestructuración del capitalismo de finales de la década de los setenta del siglo pasado ha dejado un reguero interminable de crisis (la crisis financiera asiática de los años 1997-98, la crisis de las punto.com al inicio del nuevo siglo, la Gran Recesión de 2008-09, la posterior crisis de la deuda europea) además de unas sociedades extremadamente fragmentadas y desiguales.</p>
<p>Las transformaciones cualitativas de la economía mundial han sido tan profundas que, tras el vertiginoso ascenso económico de China y su integración en los circuitos del capital junto al resto de economías emergentes (BRICS), se ha implantado una geopolítica muy diferente de la que supuso la caída del Muro de Berlín y el colapso de la URSS. De las tensiones de la Guerra Fría, derivadas de la confrontación ideológica entre dos grandes potencias con sistemas económicos diferentes, hemos pasado ‒después de un periodo relativamente breve con los EEUU como única superpotencia global‒ a las tensiones entre dos tipos de capitalismo en pugna: por un lado, un capitalismo corporativo, representado por los EEUU; por el otro, un capitalismo dirigido por el Estado, simbolizado en la República Popular China. Este nuevo escenario no solo implica un reequilibrio del poder económico entre los viejos centros capitalistas y los nuevos países emergentes, sino también algo más profundo que ya apuntábamos en el número anterior de la revista: el declive de eso que hemos dado en llamar «Occidente».<a href="#_ftn1" name="_ftnref1">1</a></p>
<p>Un declive que viene acompañado de violencia. Hay en la actualidad cincuenta y seis conflictos armados activos, el mayor número desde la Segunda Guerra Mundial, con noventa y dos países involucrados fuera de sus fronteras. Sea cual sea el indicador al que apelemos (número de conflictos, de desplazados forzosos, tendencias al rearme o muertes en guerras) vivimos en el peor escenario desde la Guerra Fría. Durante las últimas cuatro décadas hemos asistido a la primera Guerra del Golfo, al genocidio de Ruanda, a las guerras de los Balcanes, a las llamadas «guerras contra el terrorismo» en Afganistán, Irak, Libia o Siria, a la invasión rusa de Ucrania, al genocidio que aún sigue consumándose contra el pueblo palestino en Gaza y a las acciones bélicas israelíes sobre Hezbolá en el Líbano y sobre Irán con la anuencia e inestimable ayuda de los EEUU. Por no hablar de otros conflictos olvidados e innumerables guerras civiles (principalmente en África: Sudán, República Democrática del Congo, Níger, etc.).</p>
<p>Un escenario muy preocupante que coincide con un periodo de retroceso del multilateralismo y la legalidad internacional, acompañado del auge del nacionalismo autoritario y el debilitamiento democrático. Así pues, no solo hay una disputa entre dos modelos de capitalismo, sino que en uno de ellos ‒autoproclamado liberal y democrático‒ las pulsiones belicistas y autoritarias parecen imponerse, como se puede comprobar en el Estado de Israel, en la América de Trump o en el seno de la Vieja Europa. El ardor guerrero que se vive en Occidente lleva a secundar acríticamente la visión de Netanyahu de que la paz únicamente se consigue a través de la fuerza. Los planes de rearme no solo responden a esa lógica belicista, sino que han encontrado también su conexión con la industria armamentística como nueva fuente lucrativa de negocios apoyada en un renacido keynesianismo militar.<a href="#_ftn2" name="_ftnref2">2</a></p>
<h5><strong>Otros cambios igualmente profundos</strong></h5>
<p>Los cambios demográficos experimentados en las últimas cuatro décadas han sido también profundos y marcarán lo que queda de siglo. Tres dinámicas poblacionales merecen especial atención: en primer lugar, el proceso urbanizador global; en segundo, el envejecimiento de la población mundial y, finalmente, la creciente relevancia de los flujos migratorios.</p>
<p>Efectivamente, no solo asistimos al «gran éxodo rural» que ha conducido a la «urbanización masiva» (hasta 2009 vivían más personas en el campo que en la ciudad, pero en la actualidad más del 55% de la población mundial ya es urbana y se prevé que la tendencia se acentúe hasta alcanzar el 70% en 2050), sino también al hecho de que más del 60% de la población mundial vive en países con una tasa total de fecundidad inferior al nivel de reemplazo. Esta circunstancia, junto con el incremento de la esperanza de vida, está provocando que la mayoría de los países del mundo ‒con la excepción de los países de África subsahariana‒ estén experimentando un aumento en el número y la proporción de personas mayores (aquellas de 60 años o más). Parece así culminarse un proceso de transición demográfica que sitúa hoy la población mundial por encima de los 8000 millones y con unos desequilibrios, en cuanto a su distribución geográfica y socioeconómica, cada vez más pronunciados.  Los movimientos migratorios mundiales son una expresión y una consecuencia de estos grandes desequilibrios, destacando en su seno el peso cada vez mayor de los desplazamientos forzados por motivos ambientales. Todos estos cambios demográficos no solo están reconfigurando la composición de las sociedades, sino que están también redefiniendo las prioridades políticas y económicas de los gobiernos (con el fin de adaptar los sistemas de salud, educación, trabajo y protección social, reequilibrio territorial, etc.).</p>
<p>Pero si hay un campo donde las transformaciones se han percibido de forma más evidente y con un alcance mayor es en el tecnológico, especialmente con el auge de las tecnologías de la información y la digitalización. Lo que conocemos como internet comenzó a finales de los sesenta cuando dos universidades norteamericanas de la costa oeste lograron conectar sus computadoras en el marco de un programa desarrollado por el Departamento de Defensa. Veinte años más tarde, Tim Berners-Lee creó una serie de protocolos y lenguajes que conectaban esa información en una telaraña de hipertextos, la World Wide Web. La generalización en el acceso a la información en la web ha terminado por cambiarlo todo: el mundo del trabajo (con la irrupción de las economías de plataforma, la <em>gig economy</em>, el teletrabajo y el trabajo en remoto), el de la educación (con las competencias digitales, el aprendizaje en línea y la educación virtual), el del consumo (con cualquier cosa a cualquier hora a la puerta de casa), el cómo nos entretenemos (a través de un caudal inagotable ofrecido en <em>streaming</em>) y el cómo nos relacionamos (mediante redes sociales de todo tipo), sin olvidar los nuevos códigos de comunicación política y los efectos sobre la vida y calidad de las democracias. La factura ecológica de mantener en funcionamiento todo el tinglado digital, la concentración del sector en un puñado de <em>big techs</em> y el giro securitario que ha propiciado el asentamiento de un nuevo capitalismo de vigilancia (comercial, policial y militar), son temas frecuentemente elididos de las conversaciones sobre las maravillas de las sociedades de la información. Todo ello ha conducido a que el paradigma tecnológico de nuestra época sea el de la llamada «inteligencia artificial» y que esta, junto y en combinación con la biología sintética, sean contempladas como los vectores disruptivos de mayor potencialidad.</p>
<p>Con semejantes cambios económicos, demográficos y tecnológicos redefiniendo las relaciones humanas, así como las que establecemos con el resto de los seres vivos mediante la apropiación depredadora de la naturaleza, no debería resultar extraño que las transformaciones culturales hayan sido también intensas y radicales. La cultura de la inmediatez, la conectividad permanente y la viralidad han acelerado las pulsiones consumistas y han sumergido a sociedades ‒cada vez más anómicas y obsesionadas por la identidad‒ en polémicas interminables, muchas de ellas amplificadas por unas tecnologías digitales de uso masivo que han acabado por fragmentar las comunidades en tribus, polarizando las posiciones de sus miembros y disolviendo las certezas en la sopa de la posverdad y los hechos alternativos.</p>
<p>En este contexto no es fácil promover una cultura política alternativa. Lo señalábamos recientemente en uno de los últimos números de la revista, esa posibilidad se enfrenta a demasiados obstáculos materiales e ideológicos difíciles de sortear. A lo más que parece que se puede aspirar ahora es a disputar alguna que otra de las llamadas “batallas culturales”, que no son más que las manifestaciones habituales de la pérdida de los consensos políticos y que por eso renacen con fuerza en esta etapa posneoliberal.  Sin embargo, no hay que desdeñar la importancia de los giros epistémicos y la irrupción de nuevas visiones en la forma de entendernos como habitantes de este planeta de la mano del pensamiento y la praxis de movimientos alternativos, feministas, ecologistas y decoloniales. Es también una novedad de las últimas décadas y significa una profunda mutación en nuestra relación con el mundo.</p>
<p>El siglo XX terminó despeñado por el abismo de la limpieza étnica en Bosnia (1992-95) y el genocidio de Ruanda (1994), después de haberse vivido en Europa una guerra interminable entre 1914 y 1945 y una desolación colonial en muchas regiones del planeta. Pero fue inmediatamente después de la Primera Guerra Mundial cuando se fundó la Sociedad de las Naciones y se impulsaron ciertos acuerdos internacionales (como los primeros Convenios de Ginebra), y fue al concluir la Segunda cuando la Asamblea General de las Naciones aprobó la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Fue también después de los crímenes de Ruanda y la antigua Yugoslavia cuando se dieron los primeros pasos para crear el Tribunal Penal Internacional y empezaron a cobrar vida las ideas sobre la justicia internacional en el ámbito del derecho penal. Parece mentira, pero el principio de jurisdicción universal (que permite perseguir los crímenes de lesa humanidad y genocidio sin importar dónde se cometieron y quién fue el autor) es un asunto relativamente novedoso que la detención en Londres de un dictador como Pinochet en octubre de 1998 puso de manifiesto.<a href="#_ftn3" name="_ftnref3">3</a> Putin y Netanyahu saben perfectamente qué países pueden visitar y cuáles no. Más reciente aún es la idea de justicia ecológica que se abre paso con el pie firmemente apoyado en culturas, religiones y cosmovisiones ancestrales que resaltan la importancia de la identidad relacional frente a los procesos de individualización extrema de la modernidad capitalista y la tarea insoslayable del cuidado de la vida.</p>
<p>Han sido cuarenta años de existencia de una revista que ha sabido dar cuenta de cuanto acontecía en un mundo cambiante y convulso que parece empeñado en negar el futuro a la trama de vida que hospeda. Es posible que estemos inaugurando una nueva etapa sombría de imperios en disputa y competencia feroz por los recursos estratégicos necesarios para lograr la supremacía tecnológica y el dominio territorial. Pero también es posible que no nos resignemos y que surjan nuevos amaneceres de las luchas y los raptos de lucidez y bondad que suelen acompañar a los humanos cuando se asoman al fondo de sus abismos.</p>
<p>Santiago Álvarez Cantalapiedra, director de <a href="https://www.fuhem.es/ecosocial/" target="_blank" rel="noopener">FUHEM Ecosocial</a> y de la revista <a href="https://www.fuhem.es/revista-papeles/" target="_blank" rel="noopener"><em>Papeles de relaciones ecosociales y cambio global</em></a>.</p>
<p>Acceso al artículo completo en formato pdf: <span style="color: #3366ff;"><a style="color: #3366ff;" href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/un-mundo-cambiante-y-convulso-cuarenta-anos-de-transformaciones-de-la-mano-de-papeles/" target="_blank" rel="noopener"><em>Un mundo cambiante y convulso. Cuarenta años de transformaciones de la mano de Papeles</em></a></span></p>
<h5>NOTAS:</h5>
<p><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">1 </a>Véase, en el <a href="https://www.fuhem.es/2025/04/28/papeles-169/" target="_blank" rel="noopener"><em>Papeles de relaciones ecosociales y cambio global</em> núm. 169</a> (primavera 2025), tanto la introducción «<a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/orden-imperial-y-amenazas-a-la-paz-y-la-democracia/" target="_blank" rel="noopener">Orden imperial y amenazas para la paz y la democracia</a>» (pp. 5-11) como el artículo de Augusto Zamora «Multipolaridad y cambio sistémico: el mundo del siglo XXI» (pp. 27-37).</p>
<p><a href="#_ftnref2" name="_ftn2">2 </a> Se ha puesto de manifiesto con la apuesta de la Comisión Europea por un rearme dotado de 800 000 euros, que busca facilitar la industrialización además de la relevancia estratégica del Viejo Continente.</p>
<p><a href="#_ftnref3" name="_ftn3">3</a> Acontecimiento reflejado magistralmente en el libro Philippe Sands, <em>Calle Londres 38</em>, Anagrama, Barcelona, 2025.</p>
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		<title>Hay alternativas a la guerra</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 04 Apr 2025 09:41:26 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Análisis]]></category>
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					<description><![CDATA[Existe un consenso sobre los graves impactos de los conflictos armados sobre la población civil. Por ello, siempre hay alternativas
más plausibles que la guerra, desde la resistencia civil a la diplomacia.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><img decoding="async" class="alignright size-thumbnail wp-image-157466" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2024/01/Papeles-164-Inteligencia-artificial-300x422.jpg" alt="" width="300" height="422" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2024/01/Papeles-164-Inteligencia-artificial-300x422.jpg 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2024/01/Papeles-164-Inteligencia-artificial-450x633.jpg 450w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2024/01/Papeles-164-Inteligencia-artificial-768x1080.jpg 768w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2024/01/Papeles-164-Inteligencia-artificial-350x492.jpg 350w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2024/01/Papeles-164-Inteligencia-artificial-600x844.jpg 600w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2024/01/Papeles-164-Inteligencia-artificial-64x90.jpg 64w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2024/01/Papeles-164-Inteligencia-artificial.jpg 1008w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" />Vivimos tiempos convulsos. Según el <em>Informe Alerta 2024</em> de la Escuela de Cultura de Paz de la UAB, en el mundo hay 36 contextos de conflicto, la cifra más alta desde 2014.</p>
<p>Ofrecemos a continuación, un artículo publicado en el <a href="https://www.fuhem.es/papeles/papeles-164/" target="_blank" rel="noopener">número 164</a> de nuestra revista <em><a href="https://www.fuhem.es/revista-papeles/" target="_blank" rel="noopener">Papeles de relaciones ecosociales y cambio global</a>,</em> escrito por <strong>Pere Ortega</strong>, investigador y cofundador del Centre Delàs d’Estudis per la Pau que nos habla de las alternativas a la guerra</p>
<p>En el contexto geopolítico mundial actual se ha instalado la política del miedo, especialmente propiciado por Estados Unidos y sus aliados, a perder la hegemonía que este bloque ostentaba desde el final de la guerra fría. Las causas de ese miedo provienen, por una parte, de Rusia, que se resiste a ver su espacio de influencia regional amenazado por la OTAN de EEUU, y se lanza a una guerra en Ucrania; por otra, por parte de China, que expande su influencia y control por los recursos y el comercio mundial, lo cual es visto por EEUU como una competencia que amenaza sus intereses. Debido a ello, unos y otros se han lanzado a un rearme que vaticina un mundo más inseguro que desembocará inevitablemente en nuevos conflictos.</p>
<p>Esta confrontación de intereses entre las diversas potencias, las existentes y las emergentes, puede desembocar en conflictos que conlleven enfrentamientos armados o invasiones de un estado sobre otro, como ya ha ocurrido en Nagorno Karabaj y Ucrania. Ante ello, parece pertinente abrir una reflexión sobre cómo los gobiernos y la población deberían hacer frente a la amenaza de una guerra en sus territorios. Sin duda, la mejor de las opciones para evitar conflictos ya ha sido estudiada y practicada con profusión por muchos estados. Se trata de establecer relaciones diplomáticas fuertes, compartir la seguridad, estrechar relaciones económicas y culturales que establezcan lazos de unión que impidan la aparición de conflictos. Pero, aun así, puede darse el caso, de que un estado no se avenga a razones y lance una agresión militar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4><strong>Qué hacer frente una agresión militar</strong></h4>
<p>Por ello, también es necesario recordar que existen alternativas a una agresión militar menos dolosas que recurrir a la guerra. Pero los analistas afines a los grupos de poder hegemónicos que gobiernan el norte global se obstinan en afirmar que la mejor manera de salvaguardar la seguridad es mediante la defensa militar. E invocan el principio del derecho a la legítima defensa frente a una agresión. Un principio que, además, está legitimado por la Carta de Naciones Unidas.</p>
<p>Una relación entre seguridad y defensa que, aunque tiene un aspecto coincidente: el derecho a defenderse ante una agresión; en ocasiones, puede que sea contraproducente, pues la respuesta a una agresión no necesariamente requiere de una respuesta violenta y mucho menos armada, por una cuestión elemental: una cosa es que ante una agresión violenta nos defendamos y otra, si responder con violencia es la mejor de las respuestas, pues puede activar una espiral que conduzca a mayores violencias de las que después sea mucho más difícil salir, como es el caso de la guerra.</p>
<p>Por otro lado, no es lo mismo una agresión interpersonal que una agresión entre estados. En la primera opción, el sufrimiento queda circunscrito a un grupo reducido de personas, mientras que una agresión entre estados puede conducir a una violencia muy superior, la guerra. Existe el consenso de que la guerra es la más perversa de todas las violencias por el enorme sufrimiento que comporta para las poblaciones que la sufren. Sobre todo, cuando los estados disponen de mecanismos institucionales en política exterior como los ya indicados que pueden actuar como freno para desactivar desavenencias y conflictos y que pueden evitar que estos desemboquen en guerras.</p>
<blockquote><p><strong>Antes de iniciar la guerra, el gobierno agredido debería preguntarse si la respuesta armada es la mejor manera de defenderse</strong></p></blockquote>
<p>A pesar de ello, pueden darse casos, en que todas las medidas para evitar el conflicto armado fracasen y se produzca o una agresión militar por parte de un estado. Entonces, antes de iniciar la guerra, el gobierno agredido debería preguntarse si la respuesta armada es la mejor manera de defenderse pues el sufrimiento que puede provocar a la población puede ser muy superior al que pretende remediar. Para dar respuesta a esa pregunta es cuándo se deben interrogar si existen alternativas menos dolosas que la guerra, sobre todo, después de las hecatombes provocadas por las guerras mundiales del siglo pasado que han encontrado respuestas por parte de algunos de las mejores mentes del siglo XX como Bertrand Russell y Albert Einstein.<a href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a> Pero quien construyó el pensamiento mejor elaborado como alternativa a la violencia fue, sin duda, Mohandas Gandhi. Elaborando un nuevo concepto, el de la noviolencia, que ha ido ganando adeptos tanto en la academia (hay múltiples institutos y cátedras universitarias que estudian la paz y la noviolencia), como en los movimientos sociales y políticos. Propuestas que han tenido continuidad en múltiples autores, de entre ellos, quiero destacar a Gene Sharp, Johan Galtung y John Paul Lederach.</p>
<p>Johan Galtung ,<a href="#_ftn2" name="_ftnref2">[2]</a> porque considera que la violencia siempre engendra contraviolencia, y aboga por la noviolencia elaborando teorías con las que poder evitar la confrontación entre personas, comunidades o estados, interrogándose y buscando en el análisis de la violencia las causas del conflicto y en la mediación la mejor manera para su resolución. John Paul Lederach<a href="#_ftn3" name="_ftnref3">[3]</a>  da un paso igual de profundo abordando la transformación de los conflictos, pero mediante otra dimensión, la implicación de las comunidades que sufren la violencia como condición <em>sine qua non,</em> y que sean ellas con su acción directa quiénes transformen el conflicto en paz.</p>
<p>Pero será Gene Sharp,<a href="#_ftn4" name="_ftnref4">[4]</a> partiendo de las enseñanzas de Gandhi sobre la noviolencia, quién ha elaborado metodologías plasmadas en diversos manuales que han servido de guía para muchos movimientos insurreccionales con los que hacer frente a la violencia ejercida desde el gobierno de un Estado.</p>
<p>Sharp, partiendo de los dos principios que propuso Gandhi, la desobediencia y la no cooperación, mediante su conjunción, propone que cualquier comunidad o pueblo puede doblegar a los gobiernos que violenten las relaciones de una comunidad, sean sociales o políticas, y, por tanto, extensibles a quienes utilizan la fuerza militar para apoderarse de un territorio o nación. Sharp recuerda que Gandhi partía de la convicción de que el poder descansa en la población y no en el gobierno, y que este, siempre lo ejerce por delegación. Su teoría es tan simple como directa, se fundamenta en la concepción voluntarista del consentimiento del pueblo frente al gobierno contraponiendo desobedecer a obedecer y oponerse a permitir. Y propone que un pueblo utilizando la desobediencia y la no cooperación puede doblegar a quienes oprimen sus derechos.</p>
<p>El extremado pragmatismo y funcionalismo de Sharp se alejan del componente espiritual y moral que impregnó Gandhi a la noviolencia, pero a cambio le da un perfil estratégico. Según Sharp, el poder del gobernante, como el poder de la población organizada «<em>people power</em>» tienen unas fuentes similares (autoridad, recursos humanos, factores psicológicos e ideológicos, recursos materiales y sistemas de sanciones), que, aunque se ejercen de manera diversa, su  desarrollo sirve a la ciudadanía para obedecer o por el contrario para desobedecer, debido a que existen una serie de factores que coadyuvan a ello: hábito, miedo, obligación moral, intereses personales, identificación política con el líder, falta de confianza en sí mismos o simple indiferencia.</p>
<p>Las metodologías de Sharp están pensadas especialmente para hacer frente a duras dictaduras o gobiernos autoritarios, pero también para estados con democracias liberales que vulneren derechos fundamentales, pues estas siempre esconden espacios no democráticos que deben ser liberados. Unas metodologías elaboradas para que la ciudadanía tuviera la posibilidad de cambiar las políticas de los gobiernos y que sistematizó en manuales y libros editados y disponibles en diversos idiomas en la Albert Einstein Institution, <a href="#_ftn5" name="_ftnref5">[5]</a> y que han servido de guía para muchos movimientos de liberación. Manuales que igual son extensibles para hacer frente a una invasión militar de otro Estado, y así evitar la guerra, como para cambiar leyes o hacer caer gobiernos autoritarios. La influencia de para derrocar, tras la caída del Muro de Berlín en 1989, a diversos regímenes del bloque estalinista: en Polonia, Checoslovaquia, Hungría, Serbia y Ucrania, o para derrocar al gobierno de Milosevic en Serbia. También, influyeron en las revueltas de las denominadas <em>primaveras árabes </em>entre 2012 en Túnez y Egipto.</p>
<blockquote><p><strong>La influencia de Gene Sharp en los movimientos políticos ha sido inmensa. Sus manuales y propuestas fueron utilizados por movimientos sociales</strong></p></blockquote>
<p>En cuanto a experiencias concretas de invasiones militares que no han sido respondidas por los estados con respuestas militares sino mediante una acción directa noviolenta, existen pocos ejemplos, pero importantes por lo significativo de sus acciones. Uno fue el desarrollado por la población de la región del Ruhr de Alemania tras la invasión de Francia y Bélgica en 1923; otras, la de Dinamarca y Noruega en 1940 tras la invasión nazi; también en Checoslovaquia en 1968 tras la invasión de las tropas del Pacto de Varsovia y la URSS.</p>
<p>En los cuatro casos, los gobiernos renunciaron a la defensa armada y llamaron a su población a llevar a cabo una resistencia civil de no cooperación frente a las fuerzas ocupantes.</p>
<p>En el caso de la ocupación franco-belga de enero de 1923 en la región del Ruhr de Alemania, esta se llevó a cabo por el impago de la deuda impuesta a Alemania en los acuerdos de Versalles, por los destrozos causados por las fuerzas alemanas en ambos países durante el transcurso de la Primera Guerra Mundial. La región del Ruhr era rica en minas de carbón, hierro y en producción de acero, con ello Francia y Bélgica pretendían resarcirse del impago de la deuda a la que la República de Weimar no podía hacer frente por su colosal cuantía. Los ocupantes pretendían llevarse el carbón y el acero y la respuesta del Gobierno a la ocupación de las tropas franco-belgas fue una campaña de resistencia civil de no cooperación noviolenta y no obediencia a las órdenes de los ocupantes, acompañada de huelgas y sabotajes, que se acrecentaron con la represión que se ejerció (deportaciones, multas, encarcelamientos). Una resistencia que tuvo múltiples facetas de desobediencia que desorientó de tal modo a las fuerzas militares ocupantes que obligó a que estas se retiraran en agosto de 1925.<a href="#_ftn5" name="_ftnref5">[6]</a></p>
<p>En Dinamarca, tras la invasión nazi de 1940, tanto el gobierno como la familia real, pasando por hospitales, policía, uniones profesionales, sindicatos y medios de comunicación, se organizaron todos en una exitosa resistencia noviolenta y consiguieron que apenas un 5% de los judíos daneses fueran deportados a campos de concentración, escondiéndolos o facilitándoles la huida. Algo similar ocurrió en Noruega, donde el rechazo a la ocupación alemana también se manifestó en facilitar la huida de judíos noruegos, con el apoyo de la iglesia luterana, de la prensa y muy especialmente el de los profesores de educación que rechazaron el intento de los alemanes de utilizar el aparato educativo para difundir la ideología nacional socialista.<a href="#_ftn6" name="_ftnref6">[7]</a></p>
<p>La invasión de las fuerzas armadas del Pacto de Varsovia en Checoslovaquia en 1968 se produjo por las reformas democráticas impulsadas por el Gobierno checo que pretendía implantar “un socialismo con libertades”. Ante la renuncia de hacer frente a la invasión por métodos militares, se produjo un gran movimiento de resistencia civil por parte de la población. Se desató una gran oposición de resistencia pacífica que lanzó un decálogo que se ha convertido en manual para la desobediencia y la no colaboración por la fuerza de su contenido: «no sé, no conozco, no diré, no tengo, no sé hacer, no daré, no puedo, no iré, no enseñaré y no haré». Algo que llevado a cabo de manera masiva ningún poder puede contrarrestar. La radio, de manera clandestina, se convirtió en el principal instrumento de la resistencia. Las acciones de la población fueron numerosas: pintaron los indicadores de las carreteras para que los tanques se desviaran y no llegaran a su destino; la población ignoraba a los soldados; se negaban a alimentar a los soviéticos. Todo ello provocó la unidad de la población y la desmoralización de las tropas soviéticas, produciendo dudas, desobediencias y deserciones. Finalmente, la protesta se abandonó, por la demanda del Gobierno checo que, secuestrado en Moscú, ante la amenaza de una fuerte represión, pidió al pueblo que depusiera la desobediencia.<a href="#_ftn7" name="_ftnref7">[8]</a></p>
<blockquote><p><strong>Hay casos de gobiernos que renunciaron a la defensa armada y llamaron a su población a llevar a cabo una resistencia civil</strong></p></blockquote>
<p>También son conocidos los ejemplos positivos de países que desarrollaron planes de resistencia civil no armada para hacer frente a ocupaciones militares provenientes del exterior. Como los desarrollados en las tres repúblicas bálticas tras su independencia de la URSS en 1991. En aquellos momentos ninguna de las tres repúblicas disponía de ejército, y, por otro lado, dado que eran países de tamaño reducido, con nulas posibilidades de poder hacer frente militarmente a una invasión de Rusia. Ante ese temor, las tres repúblicas elaboraron diferentes materiales para que la población pudiera hacer frente a una invasión por parte de la URSS. El Gobierno de Lituania elaboró un plan de resistencia civil basado en la no cooperación y la desobediencia frente a los invasores. Algo similar llevó a cabo el Gobierno de Letonia, que en ese mismo año 1991 creó un Centro de Resistencia Noviolenta para el caso en que su territorio fuera invadido por una fuerza muy superior exterior que haría imposible una defensa militar. Centro que aconsejaba recurrir a la no cooperación con las fuerzas y autoridades del país ocupante. Estonia, recurrió a un método similar, elaborando un manual donde se daban instrucciones concretas a la población civil para resistir en caso de invasión, considerando como ilegítima cualquier ordenanza que no emanara de las autoridades estonias, y llamaban a la desobediencia y a boicotear con todos los medios posibles a las fuerzas ocupantes. Todos esos planes de defensa civil noviolenta quedaron anulados una vez las tres repúblicas bálticas se integraron en 2005 en la OTAN, pues ello les garantizaba, según su parecer, una defensa armada de gran potencia que impediría la invasión de Rusia.<a href="#_ftn8" name="_ftnref8">[9]</a></p>
<p>A pesar de ello, Lituania, en 2015, consideró que su ejército difícilmente podría resistir una invasión rusa y recuperó el plan de 1991 y elaboró un nuevo manual de resistencia civil noviolenta sobre la base de la no cooperación y la desobediencia frente a una invasión por parte de Rusia. Este manual estaba basado en las 198 propuestas de Gene Sharp de acción noviolenta.<a href="#_ftn9" name="_ftnref9">[10]</a></p>
<p>Estos ejemplos sirven para mostrar que los gobiernos tienen en sus manos otras posibilidades de resistir una invasión militar exterior antes que recurrir a la guerra y que esta provoque un mal muy superior al que se pretende evitar. No por ello se ha de suponer que los gobiernos renuncian a la soberanía, sino que buscan, mediante otro tipo de resistencia, la complicidad de la población para rechazar una invasión mediante la no colaboración y la desobediencia y así evitar medios cruentos. Sin duda, que la fuerza ocupante ejercerá una gran represión que también comportará muertes y sufrimiento, pero seguramente muy inferiores a las que produce una guerra.</p>
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<p><strong>Qué hacer frente a un nuevo Hitler </strong></p>
<p>Una pregunta habitual a quienes cuestionan la vigencia de los ejércitos como eje vertebral de la seguridad de los estados es mentar la figura de Adolf Hitler, y lanzar la pregunta: ¿Qué hacer frente a dictadores tan monstruosos cómo Hitler? Ésta es una pregunta comprensible, aunque mal intencionada, pues se lanza siempre contra quienes abogan por soluciones alternativas a la guerra. Pero ante esta insidiosa pregunta, es bueno responder, qué responsabilidades hubo por parte de gobiernos y poderes políticos y económicos que hicieron posible la llegada de un personaje tan siniestro al Gobierno de Alemania. Una pregunta y respuesta que sirven de igual manera tanto para Hitler como para otros dictadores o gobiernos que igualmente han iniciado guerras de agresión contra otros países.</p>
<p>Hay un consenso general en la historiografía de que las causas que motivaron la llegada de Hitler al poder tuvieron que ver con las injustas reparaciones y vejaciones a que fue sometida Alemania en el Tratado de Versalles de 1919, tras su derrota acabada la Primera Guerra Mundial. Causas que alentaron el nacimiento de un nacionalismo agresivo frente a los países que habían sometido al pueblo alemán a unas excesivas reparaciones de guerra que le impedían la recuperación económica y social, y que se encarnaron en el nacimiento de un ultranacionalista y xenófobo Partido Nazi y en la figura de su líder, el siniestro Adolf Hitler.<a href="#_ftn10" name="_ftnref10">[11]</a></p>
<p>Sobre este asunto, otra pregunta que nos debemos formular es qué clase de democracia había en esos años en Occidente que permitió la llegada del nazismo al poder. Dando como respuesta, que si la clase política que gobernaba en esos años en Europa hubiera actuado sobre las causas que llevaron a Hitler al poder y haberlo hecho de manera diferente a cómo se hizo se podrían haber evitado los abominables crímenes que se perpetraron incluida la Segunda Guerra Mundial.</p>
<blockquote><p><strong>Los gobiernos tienen en sus manos otras posibilidades de resistir una invasión militar exterior antes que recurrir a la guerra</strong></p></blockquote>
<p>Recapitulemos. Tras finalizar la Primera Guerra Mundial, Alemania quedó bajo el control de los países vencedores. Estos le impusieron el pago de los daños causados en la guerra que, debido a su colosal cuantía (226.000 millones de marcos) hizo imposible su devolución por parte de la República de Weimar. Francia y Bélgica, ante el impago de la deuda decidieron la ocupación de la región alemana del Ruhr en 1923, y así apoderarse del carbón y hierro del que era rico aquel territorio y resarcirse de los destrozos causados por Alemania en sus países durante el transcurso de la guerra.</p>
<p>La deuda había desencadenado en Alemania desde 1921 una hiperinflación en la que un dólar equivalía a un millón de marcos alemanes y que llegó a niveles imposibles de controlar por el Gobierno de la República de Weimar que, acompañada de la ocupación del Ruhr, produjo que la población alemana culpara a los gobiernos europeos, en especial a los de Francia, Bélgica y Reino Unido de sus sufrimientos. La crisis económica se repitió en 1929, con el crac de la bolsa de Wall Street de New York, que comportó una gran crisis en todos los países capitalistas y que afectó también gravemente a la economía alemana y a su población. Estos hechos provocaron que una parte del pueblo alemán apoyara el nacionalismo agresivo del Partido Nazi frente a los países que consideraban causantes de sus penurias. Tales hechos son mencionados por Adolf Hitler en su libro <em>Mein Kampf</em> como causantes de las penalidades del pueblo alemán.</p>
<p>Otra de las causas que vieron con buenos ojos, tanto en Estados Unidos como los políticos británicos y franceses era que la llegada de Hitler al poder en Alemania les aseguraba una política anticomunista para frenar la influencia de la Unión Soviética en Europa, pues Hitler era un feroz anticomunista que actuaría para frenar el apoyo de la URSS a los partidos comunistas que actuaban en sus países. Al mismo tiempo, Estados Unidos veía principalmente a la Alemania de Hitler como un contrapoder de los imperios británico y francés. Un buen ejemplo de ello es que desde el momento en que Hitler llegó al poder hasta el estallido de la Segunda Guerra Mundial, el dictador alemán contó con el apoyo de políticos y empresarios de Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia y de otros países, donde tuvo muchos seguidores y donde se crearon partidos de corte nazi o fascista.</p>
<p>En aquellos años, Reino Unido, Francia y Estados Unidos eran aliados tras su victoria en la Primera Guerra. Gran Bretaña en especial, pero también Francia. Ambas, eran las grandes potencias coloniales que controlaban gran parte de la economía y el comercio mundial en detrimento de las empresas estadounidenses que pugnaban por ascender y acceder a parte de los recursos que extraían de sus colonias y otras partes del mundo. A los grandes magnates de la economía estadounidense se les presentaba la oportunidad de rivalizar con Reino Unido y Francia. Así, cuando el 30 de enero de 1933, el entonces jefe de Estado alemán, Paul von Hindenburg, nombró a Adolf Hitler como Canciller del Reich, muchos empresarios de Estados Unidos lo aplaudieron, e incluso algunos de los más influyentes como Henry Ford, Joseph Kennedy y los Rockefeller entre otros, no dudaron en apoyar financieramente el III Reich de Hitler. A cambio, esperaban que ejerciera de contrapoder frente a Reino Unido y Francia y así poder acceder a los mercados que estos países controlaban. Un ejemplo del apoyo estadounidense: en 1938, Adolf Hitler fue elegido «Hombre del Año» por la influyente revista estadounidense <em>Time </em>apareciendo en la portada.<a href="#_ftn11" name="_ftnref11">[12]</a> También en Inglaterra, Francia y otros países Hitler tuvo muchos seguidores y admiradores.</p>
<p>Otro ejemplo de la doble moral imperante en esta etapa apareció con las políticas de «apaciguamiento» (así llamadas) llevadas a cabo por Reino Unido y Francia con las que se pretendía apaciguar las ansias de expansión de Hitler por el centro y el este de Europa, decidiendo, no sancionar a Alemania y a la Italia fascista por su apoyo al levantamiento militar contra el legítimo Gobierno de la República en España en 1936. Ambos países enviaron ayuda militar y tropas para luchar al lado de Franco y los insurrectos durante la guerra civil. Una ausencia de sanciones que repitieron cuando Alemania se anexionó Austria en marzo de 1938. Esta actitud de mirar hacia otro lado cuando la Alemania de Hitler se apoderaba de territorios en contra del derecho internacional, en parte, fue debido a que muchos líderes políticos de Reino Unido y Francia consideraban más peligroso el comunismo de la Unión Soviética y frente a él, preferían el nacionalsocialismo alemán por su carácter anticomunista.</p>
<p>Si los regímenes liberales vigentes tras la Primera Guerra Mundial hubieran actuado de manera preventiva para así evitar posibles conflictos posteriores, no habrían impuesto sanciones y causado  agravios a Alemania, lo que habría evitado la animadversión de la población que las sanciones crearon. Si los intereses de unos capitalistas sin escrúpulos no hubieran visto en la figura de Hitler un líder que favorecía sus políticas económicas de expansión, y si algunos líderes políticos no hubieran dado alas al nacionalsocialismo alemán para frenar el comunismo de la URSS y su expansión, entonces, seguramente, se hubiera evitado la llegada de Hitler al poder y, por tanto, la Segunda Guerra Mundial y las atrocidades que en ella se cometieron.</p>
<p>Es por ello, que es necesario insistir que, en política internacional, actuando sobre las causas que provocan conflictos, es posible evitar las guerras. Y continuar insistiendo que se deben hacer valer los principios del derecho internacional para regular las relaciones entre estados. Y cuando algún estado comete crímenes saltándoselos, buscar en Naciones Unidas el marco regulador del derecho internacional y acometer sanciones y, si es necesario, intervenciones contra quienes los cometen. Pero mientras eso no ocurra, por estar la ONU secuestrada por los intereses particulares de las potencias que controlan el Consejo de Seguridad y a la espera de la ansiada reforma de ese organismo de gobernanza mundial, hay que recordar que los humanos han elaborado alternativas a la violencia y a las guerras.</p>
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<p><strong>Pere Ortega</strong> es investigador y cofundador del <a href="https://centredelas.org/" target="_blank" rel="noopener">Centre Delàs d’Estudis per la Pau.</a></p>
<p>Descarga el artículo completo en formato pdf: <a class="cursor-init" href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/hay-alternativas-a-la-guerra/" target="_blank" rel="noopener"><em>Hay alternativas a la guerra</em></a></p>
<h4>NOTAS</h4>
<p><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> <a href="http://www.russfound.org/" target="_blank" rel="noopener">The Bertrand Russell Peace Foundation Ltd.</a></p>
<p><a href="#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a> Johan Galtung, <em>Paz por medios pacíficos. Paz y conflicto, desarrollo y civilización</em>, Bakeaz-Guernica Gogoratuz, Gernika, 2003; Johan Galtung, «Violence, Peace, and Peace Research», Journal of Peace Research, vol. 6, núm. 3, 1969, pp. 167-191.</p>
<p><a href="#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a> John Paul Lederach, <em>Transformació de conflictes. Petit manual d’ús</em>, Icaria, Barcelona, 2010; John Paul Lederach, <em>El abecé de la paz y los conflictos</em>, Los Libros de la Catarata, Madrid, 2000; John Paul Lederach, <em>Preparing for Peace: Transformtion Across Cultures,</em> Syracuse University Press, Siracusa, 1995.</p>
<p><a href="#_ftnref4" name="_ftn4">[4]</a> Gene Sharp, <em>La defensa civil no violenta</em>, ICIP, Barcelona, 2018; Gene Sharp, Gene, <em>De la dictadura a la democracia,</em> Institution Albert Einstein, Boston/ Dharana, Madrid, 2012; Gene Sharp, Gene, <em>La política de la acción no violenta,</em> Institution Albert Einstein, Boston, 1973.</p>
<p><a href="#_ftnref5" name="_ftn5">[5]</a> <a href="https://www. aeinstein.org" target="_blank" rel="noopener">Albert Einstein Institution</a>:</p>
<p><a href="#_ftnref6" name="_ftn6">[6]</a>  Anders Boserup y Andrew Mack, <em>Guerra sin armas. La no violencia en la defensa nacional</em>, Editorial Fontamara, Barcelona, 1985</p>
<p><a href="#_ftnref7" name="_ftn7">[7]</a> Pere Ortega y Alejandro Pozo, <em>Noviolencia y transformación social</em>, Icaria, Barcelona, 2005.</p>
<p><a href="#_ftnref8" name="_ftn8">[8]</a><em> Ibidem</em>.</p>
<p><a href="#_ftnref9" name="_ftn9">[9]</a> Martí Olivella, <em>Autodefensa noviolenta</em>, Montaber, Martorell, 2023.</p>
<p><a href="#_ftnref10" name="_ftn10">[10]</a> Disponibles en <a href="https://www. aeinstein.org" target="_blank" rel="noopener">Albert Einstein Institution</a>:</p>
<p><a href="#_ftnref11" name="_ftn11">[11]</a> Eric Hobsbawm, <em>Historia del siglo XX</em>, Crítica, Barcelona, 1995.</p>
<p><a href="#_ftnref11" name="_ftn11">[12]</a> <em>Time</em>, volumen XXVII, enero de 1939.</p>
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]]></content:encoded>
					
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		<title>Guerra y armas, dos conceptos cada vez más difusos</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 06 Jun 2022 09:25:28 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Análisis]]></category>
		<category><![CDATA[Armamento]]></category>
		<category><![CDATA[Ciberguerra]]></category>
		<category><![CDATA[Conflictos armados]]></category>
		<category><![CDATA[destacadasecosocial]]></category>
		<category><![CDATA[Guerra]]></category>
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					<description><![CDATA[El final de la Guerra Fría supuso el fin de un mundo bipolar y también el desarrollo de “nuevas guerras” que tienen nuevas señas de identidad. ]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong><img decoding="async" class="alignright wp-image-144080 size-thumbnail" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/04/157-1-300x426.png" alt="" width="300" height="426" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/04/157-1-300x426.png 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/04/157-1-450x640.png 450w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/04/157-1-1200x1706.png 1200w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/04/157-1-768x1092.png 768w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/04/157-1-1081x1536.png 1081w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/04/157-1-1441x2048.png 1441w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/04/157-1-600x853.png 600w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/04/157-1-64x91.png 64w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/04/157-1.png 1996w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" />Guerra y armas, dos conceptos cada vez más difusos</strong></p>
<p><strong> Tica Font </strong></p>
<p>El final de la Guerra Fría supuso una victoria del bloque occidental, con Estados Unidos como líder del grupo y una derrota del bloque soviético, con Rusia como líder. El final de la guerra comportó la rotura de un mundo bipolar y el nudo de conflictividad mundial dejó de ser Este–Oeste. Los conflictos armados a partir de este momento dejan de estar alineados con el nudo de conflictividad mundial y empiezan a aparecer términos para diferenciar estas guerras de las anteriores.</p>
<p>Se han llevado a cabo muchas investigaciones sobre estas guerras de post Guerra Fría y desde diversos enfoques. Desde el punto de vista de la seguridad Mary Kaldor<a href="#_ftn1" name="_ftnref1"><sup>1</sup></a> acuñó el término “nuevas guerras”<a href="#_ftn2" name="_ftnref2"><sup>2</sup></a> y Mark Duffield<a href="#_ftn3" name="_ftnref3"><sup>3</sup></a> abordó estas nuevas guerras desde el binomio seguridad–desarrollo. Estos y otros muchos autores alrededor del año 2000 describen las nuevas guerras enfatizando sus diferencias con las guerras anteriores, sean la II Guerra Mundial o la Guerra Fría, y buscan las nuevas señas de identidad de los conflictos surgidos a finales del siglo XX.</p>
<p>En estos primeros años del 2000 se hizo necesario acudir a métodos comparados para poder afirmar que realmente existían diferencias entre los conflictos del pasado y los actuales. Para ello, era necesario elaborar categorías de comparación y herramientas a través de las cuales pudiéramos explicar las diferencias y similitudes. Kaldor estableció su punto de comparación o punto de partida en la Guerra Fría, y autores como Munkler lo harán respecto a las guerras de la Edad Moderna.</p>
<p>Otros autores, entre ellos Newman,<a href="#_ftn4" name="_ftnref4"><sup>4</sup></a> consideran que no se puede hablar de “nuevas guerras” como un fenómeno que presente rasgos identificativos diferentes de los conflictos conocidos hasta ahora. Newman defiende que las diferencias entre estos conflictos y las guerras tradicionales se han exagerado, que no han cambiado tanto, y apunta que lo que ha cambiado es nuestra aproximación y análisis de estudio y sobre todos los medios de comunicación.</p>
<p>El objetivo de este trabajo no está en sopesar cuánto hay de nuevo o viejo en las guerras actuales, sino aportar características de los conflictos actuales que nos ayuden a entender las lógicas de la guerra.</p>
<blockquote><p><strong>La estrategia asimétrica supone organizarse de manera diferente al rival con el objetivo de maximizar las fortalezas propias y explotar las debilidades del oponente</strong></p></blockquote>
<p>Kaldor propone que, para estudiar las guerras actuales, para entender su lógica de gestación y desarrollo, tenemos que analizar las siguientes categorías o variables clave: los actores, las causas, los objetivos, los métodos y la financiación. Otros autores proponen añadir más categorías de análisis. Duffield propone añadir la que denomina “emergencias complejas”. Otros autores consideran conveniente añadir categorías como el marco geográfico, o el marco legal de la violencia, pero en este trabajo no las vamos a tener en cuenta porque no son tan relevantes para nuestro objetivo.<a href="#_ftn5" name="_ftnref5"><sup>5</sup></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>Actores</em>. Infinidad de estudios coinciden en resaltar el amplio abanico de actores que intervienen en los conflictos, sean actores públicos o privados, estatales o no estatales, con uniforme o sin uniforme. En los conflictos podemos observar: fuerzas armadas regulares (estatales y públicas) o restos de estas (militares que abandonan el ejército y por tanto son no públicas), grupos paramilitares, milicias, grupos del crimen organizado, unidades de autodefensa, mercenarios extranjeros o fuerzas militares extranjeras. En general podemos afirmar que la gran mayoría de estos actores adolecen de una sólida estructura y cadena de mando o jerarquía, son grupos atomizados que responden más bien a estructuras horizontales que operan autónomamente.</p>
<p>Duffield pondrá el acento en lo que llama las “guerras en red”, guerras que se basan en redes cada vez más privadas de actores estatales y no estatales que actúan más allá de las competencias territoriales de los gobiernos; en estas guerras se producen alianzas entre redes políticas, sociales o económicas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>Causas</em> o desencadenantes de la guerra, los estudios apuntan a que los agrupemos en dos apartados. En el primero se situarían como causas las cuestiones políticas basadas en identidades religiosas, étnicas o tribales; en el segundo, las motivaciones económicas, contienda por los recursos o las riquezas.</p>
<p>En la Guerra Fría estábamos habituados a encuadrar los conflictos armados dentro de la lógica geoestratégica sin conceder mucha importancia a otros factores internos así fueran identitarios o nacionalistas. Aunque los factores históricos siempre han formado parte de la base en que se apoyan los conflictos armados, Kaldor añade que este nuevo nacionalismo por una parte busca desintegrar el estado y no construirlo, al mismo tiempo que sostiene que este nacionalismo carece de ideología modernizadora. También afirma que este tipo de políticas de identidades es intrínsecamente excluyente y, por tanto, tendente a la fragmentación. Estos actores, además, adolecen de una sólida estructura y cadena de mando.</p>
<p>En cuanto a las causas o desencadenantes económicos se puede afirmar que la guerra es la continuación de la economía por otros medios. Münkler<a href="#_ftn6" name="_ftnref6"><sup>6</sup></a> considera que en las guerras actuales el uso de la fuerza se ha convertido en una fuente de ingresos, o bien para subsistir —la guerra como forma de vida—, o bien para enriquecerse. Otros autores,<a href="#_ftn7" name="_ftnref7"><sup>7</sup></a> identifican la codicia como el principal impulsor de los nuevos conflictos armados.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>M</em><em>é</em><em>todos y estrategias. </em>En las guerras actuales se pueden observar cambios estratégicos y tácticos relevantes, tal como se analiza a continuación.</p>
<p>La virulencia hacia la población civil: la población ya no es un daño colateral; se producen genocidios, masacres, desplazamientos masivos de población, violencia sexual contra las mujeres, violencia hacia minorías étnicas. Ataques a las ciudades, destrucción de infraestructuras vitales como electricidad, potabilizadora de agua, almacenes de comida, hospitales, escuelas, viviendas, etc.</p>
<p>Actuaciones hibridas: se evita el combate cuerpo a cuerpo y se utilizan estrategias de guerrillas urbanas, el territorio se captura mediante el control político de la población. Se utilizan técnicas de desestabilización dirigidas a sembrar miedo y odio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>Financiación.</em> El bando formado por el ejército de un Estado lo pagará de las arcas públicas, del presupuesto general, con los impuestos de los ciudadanos o los ingresos propios del Estado; también puede que reciba ayuda desde el exterior. Los grupos no estatales si no reciben ayuda de un Estado exterior tienen recurrir a financiarse con el comercio ilegal de drogas, armas, personas, diamantes u otros recursos naturales de los que se apropien; otras formas pueden ser los saqueos, el robo, la extorsión el secuestro/rescates, transferencias de la diáspora de ciudadanos que viven en otros países o incluso de la ayuda humanitaria cuando la desvían al mercado negro. Por eso algunos autores consideran que todos estos incentivos económicos propician a ciertas partes a prolongar el conflicto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4><strong>Guerras asim</strong><strong>é</strong><strong>tricas</strong></h4>
<p>El adjetivo “asimétricas” quiere poner el énfasis en las diferencias entre los dos bandos enfrentados que se hacen la guerra. En primer lugar, las diferencias entre actores: por un lado, uno de los bandos suele ser un ejército potente de un país industrializado y desarrollado, un Estado que tiene el monopolio del uso legal de la violencia, y por otro, grupos, en muchos casos difusos, con pocas dotaciones de armas y que suelen llamarse guerrilleros, terroristas, milicianos, insurgentes o resistentes. La otra asimetría podemos encontrarla en los medios para realizar la guerra, David contra Goliat<a href="#_ftn8" name="_ftnref8"><sup>8</sup></a> o piedras contra tanques, como ha sido el conflicto que confrontaba el ejército de Israel con jóvenes palestinos. O, por ejemplo, en las guerras de Irak, Afganistán o Ucrania, donde Estados Unidos o Rusia tiene un poder militar que sus oponentes no tienen y por tanto no pueden enfrentarse en el mismo terreno con ellos; o el uso de aviones convencionales o camiones como armas que se empotran en espacios con alta densidad humana como si fueran armas.</p>
<p>Esta desigualdad tan abismal obliga al bando débil a desarrollar o refinar métodos de combate clandestinos y distintos. En la guerra asimétrica no existe una confrontación directa entre bandos, los adversarios utilizan una estrategia asimétrica para debilitar la capacidad del uso de la violencia del bando con superioridad militar. La estrategia asimétrica supone pensar y organizarse de manera diferente al oponente con el objetivo de maximizar las fortalezas propias, explotar las debilidades del oponente y ganar libertad de acción, al tiempo que tienen por objeto negar las ventajas de oponente y explorar las vulnerabilidades (de la parte más fuerte, sean jurídicas, políticas o geográficas) antes que buscar el enfrentamiento directo.</p>
<blockquote><p><strong>Un elemento diferencial de las guerras actuales: tienen lugar en zonas urbanas donde los combatientes pueden confundirse entre la población civil </strong></p></blockquote>
<p>Por lo general, podemos decir que hay tres asimetrías. Asimetrías de métodos, que consisten en el uso de conceptos operacionales o doctrinas tácticas distintas de las del adversario, o cuando uno de ellos no respeta las leyes o reglas de la guerra; la asimetría de medios o de capacidades, debido a la diferencia en tecnología, cantidad y calidad o tipos, y la asimetría de voluntades, que se da cuando uno de los bloques antagónicos ve que sus intereses vitales están comprometidos y como consecuencia está dispuesto a asumir mayores riesgos y acciones contra el otro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4><strong>Guerras hí</strong><strong>bridas</strong></h4>
<p>El concepto de “guerra híbrida” se ha aplicado en los contextos de la guerra en Irak, Afganistán o Georgia, por tanto, en contextos de guerra que involucran a los Estados occidentales o rusos y actores armados no estatales o no públicos ubicados en la periferia del sistema político mundial y que suelen estar vinculados a un estado fallido. Pero hay que tener presente que esta forma de guerra podría aplicarse también a Estados que se sienten amenazados por alguna potencia militar. Estamos observando que este término de guerra híbrida también se está empleado en escenarios en los que no hay formalmente declarada una guerra. La guerra híbrida es un fenómeno que, propiciado por el final de la Guerra Fría, la globalización y la era de la información, constituye un proceso natural de reacción al estilo militar occidental.</p>
<p>Independientemente de cómo adjetivamos las guerras actuales, si como asimétricas, híbridas o de cuarta generación, los conflictos contemporáneos nos permiten hacer algunas constataciones sobre los elementos más característicos de cómo hacer la guerra.</p>
<p>Uno de los hechos diferenciales de las guerras actuales se encuentra en el hecho de que tienen lugar en zonas urbanas, donde los combatientes  pueden confundirse entre la población civil y puede provocar una colisión en la manera occidental de hacer la guerra, generando limitaciones u obstáculos en el diseño del combate, en el uso de armamento y con la legalidad de la guerra. También debe tenerse presente que tanto el bando débil como los países de la periferia tienen mayor capacidad para asimilar las bajas en combate de la que tienen los países occidentales. Por esta razón el bando débil trata de llevar el combate de las fuerzas militares hacia espacios que le sean favorables, propiciando una guerra de desgaste en la que el vencedor es no el que tiene mayor capacidad, sino más resiliencia. El bando débil suele tener gran habilidad para moverse en la era de la información, en la utilización de internet o de las redes sociales divulgando contenido e imágenes favorables a su causa, en la comunicación de ideas, mitos o estereotipos y en el enfrentamiento de estas con los de sus enemigos, intentando hacerse un espacio en los canales de comunicación mundial. La digitalización de la sociedad ha hecho que internet se convierta en un nuevo campo de batalla donde las reglas todavía están por definirse  y formularse.</p>
<blockquote><p><strong>La digitalización  ha hecho que interne se convierta en u nuevo campo de batalla donde las reglas todavía están por definir</strong></p></blockquote>
<p>En los conflictos modernos, el énfasis en los modelos de lucha está desplazando o ampliando las actuaciones de combates tradicionales a estrategias que combinan las actuaciones convencionales o tradicionales propias de la guerra con medidas políticas, económicas, de información/publicidad o interferencia electoral. Estas actuaciones combinadas pueden incluir ciberataques, manipulaciones en las redes sociales, elementos de presión económica con el fin de desestabilizar a la opinión pública del adversario, fomentar movimientos subversivos que de forma combinada utilicen armas convencionales, tácticas irregulares, actos terroristas y comportamientos delictivos, cómo asociarse al crimen organizado (desde dónde financiarse, entre otras razones) o a la ciberdelincuencia, de modo que se amplía el espacio del campo de batalla para conseguir objetivos políticos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4><strong>El ciberespacio, la ciberguerra y las ciberarmas</strong></h4>
<p>En la década de los setenta se empezó a hablar de <em>hackers</em>, de sus habilidades para entrar en los ordenadores y sistemas del Pentágono, la CIA o la Bolsa de Wall Street. Las actividades que desarrollaban no tenían ánimo de lucro, solo buscaban el reconocimiento de sus habilidades y con frecuencia acababan contratados por la empresa atacada. Pero con los inicios del siglo XXI el espíritu de los ataques cibernéticos ha dado un cambio radical, cuyo motivo o componente principal debe buscarse en el uso generalizado de internet en la vida cotidiana, a niveles institucionales de todas las administraciones en su gestión, así como de las empresas. Cuando el uso de internet ha pasado a ser un acto imprescindible del quehacer diario, comienzan a aparecer los actos delictivos y los ataques y agresiones entre Estados.</p>
<p>En los últimos años en varios escenarios los Estados han utilizado el ciberespacio para agredir a un enemigo o adversario. En septiembre de 2007 dos aviones israelíes bombardearon un espacio industrial sirio cerca de la frontera turca, ninguno de los dos países dio publicidad a la actuación militar. No entraremos en detalles hipotéticos sobre cómo se pudo llevar a cabo esta intervención, pero es evidente que los militares israelíes se apoderaron de los sistemas de defensa antiaéreos de Siria que les permitió que los “ignoraran” o que no fueran detectados, consiguiendo que las armas antiaéreas estuvieran calladas e inmóviles mientras los aviones israelíes llevaban a cabo el bombardeo sin preocuparse por poder ser abatidos.</p>
<p>Estonia, ex república de la URSS, aprobó en 2007 una ley que ordenaba eliminar símbolos rusos. Fruto de esta situación, servidores web estonios recibieron millones de solicitudes que no pudieron responder y se colapsaron. Los ciudadanos no pudieron utilizar la banca <em>online</em>, los servicios gubernamentales o entrar en los diarios digitales. Se produjo un ataque que colapsó el sistema obligando a desconectar las “fronteras cibernéticas” y dejó el país paralizado durante días. El rastreo de las direcciones de los ordenadores desde donde se produjeron los ataques terminaban perdiéndose la pista en Rusia, pero Rusia lo negó.</p>
<p>En Georgia en 2008 fuerzas de Osetia del Sur atacaron territorio georgiano. El ejército georgiano respondió mediante la fuerza, pero Rusia lanzó un ataque cibernético contra páginas web de los medios de comunicación y del Gobierno. Las líneas de conexión de Georgia iban a través de Rusia y Turquía, los <em>routers</em> se colapsaron y dirigieron el tráfico hacia el exterior. El Gobierno decidió localizar sus webs fuera de territorio en servidores de Google en California. El sector bancario se vio afectado puesto que frente a la posibilidad de un robo masivo de información bloquearon las operaciones <em>online</em><em>.</em> Rusia, nuevamente, negó ser la responsable.</p>
<p>Un paso más allá y gracias a los microprocesadores, ha sido atacar con el <em>software</em> que controla y supervisa los procesos industriales a distancia. El caso más conocido, el virus Stuxnet, que se instala en el sistema operativo y se queda esperando hasta el momento de su activación, este virus fue utilizado para atacar a Irán, en concreto para atacar la capacidad de crear armas nucleares en 2012. Para detener el programa nuclear iraní se aplicaron un embargo a la importación de petróleo de producción iraní, sanciones al Banco Central iraní e, incluso, se bloqueó el estrecho de Ormuz. Como a pesar de todas las sanciones y bloqueos Irán continuaba con el programa de armamento nuclear, incorporaron el virus Stuxnet, que aprovecha las vulnerabilidades del sistema operativo Windows, con el fin de atacar a las centrifugadoras y obligar a parar la central nuclear. Las sospechas sobre la autoría de este ataque han recaído en Estados Unidos e Israel; ninguno de los dos ha reconocido los hechos.</p>
<p>En 2014 Edward Snowden filtró a la prensa documentos que desvelaban un complejo entramado de agencias de inteligencia en numerosos países occidentales mediante los cuales se establecía un sistema de vigilancia globalizada, recopilando datos, registros, documentos y comunicaciones de todo tipo, utilizando programas secretos de vigilancia masiva y rompiendo la seguridad de los sistemas operativos IOS, Android o violando los cifrados de las BlackBerry. Resultaba que Estados Unidos vigilaba y espiaba a sus propios aliados, incluso se escuchaban las llamadas de la presidenta Merkel.<a href="#_ftn9" name="_ftnref9"><sup>9</sup></a></p>
<p>Estos eventos nos introducen en el debate de un concepto nuevo que sería el de arma cibernética y cómo ajustarla al Derecho Internacional. La experiencia nos muestra que se llevan a cabo actuaciones en el ciberespacio susceptibles de ser calificadas como uso de la fuerza dentro de un contexto de conflicto armado, y que muchos Estados están desarrollando capacidades cibernéticas dentro de sus estrategias de defensa y seguridad, tanto ofensivas como defensivas. No tenemos un concepto de ciberarma definido jurídicamente, pero sí podemos decir que un arma cibernética no es asimilable a un objeto, debe abordarse en términos funcionales a una acción que se lleva a cabo con una finalidad. Un ciberataque puede tener una finalidad delictiva, terrorista, bélica, de espionaje o activismo social. Habrá que tener en consideración en cualquier ataque en el ciberespacio el acto en sí mismo, quién es el autor, quién es el destinatario, con qué finalidad se ha llevado a cabo y qué efectos ha provocado.<a href="#_ftn10" name="_ftnref10"><sup>10</sup></a></p>
<blockquote><p><strong>La irrupción de la inteligencia artificial puede llegar a transformar la forma de intervenir en los conflictos y en la guerra.</strong></p></blockquote>
<p>En términos generales, la población se preocupa por la posibilidad de crear máquinas que deliberadamente engañan, manipulan o coaccionan a las personas. En definitiva, se está abriendo un escenario tecnológico donde se hace posible continuar la guerra y los combates por medios no armados en el sentido convencional de las armas, continuar los combates a través del ciberespacio, un espacio sin fronteras físicas y en el que todavía no se ha empezado a confeccionar su regulación jurídica.</p>
<p>La irrupción de la inteligencia artificial puede llegar a transformar la forma de intervenir en los conflictos y en la guerra, la manera en que la sociedad percibe estas intervenciones, y puede comportar una pérdida de centralidad de los humanos. La importancia de la investigación en inteligencia artificial puede medirse en las desorbitadas cantidades de dinero que algunos países están destinando a su desarrollo, así como se puede visualizar en el protagonismo creciente que ocupa dentro de la rivalidad que mantienen las principales potencias económicas. El atractivo de esta tecnología viene determinado por la posibilidad de convertir innovación científica en riqueza y poder político.</p>
<p><strong> </strong></p>
<h4><strong>Conflictividad geopolítica. Actuaciones hostiles </strong></h4>
<p>Como se ha mencionado, el final de la Guerra Fría supuso el final de un mundo bipolar, el eje de confrontación por la hegemonía mundial venía dado por el bloque occidental liderado por Estados Unidos y el bloque soviético liderado por Rusia. La Guerra Fría acabo con la victoria de Estados Unidos y pasamos a un mundo unipolar, en este periodo el poder hegemónico de Estados Unidos está siendo rivalizado por China, que está compitiendo por la hegemonía económica, tecnológica y militar. Estamos en un periodo de transición, de un mundo unipolar a un mundo multipolar. La pérdida de peso hegemónico de Estados Unidos abre la puerta a una competición entre aspirantes a ser considerados potencias y aumenta el riesgo de confrontaciones militares. Nadie objeta a China como aspirante a reemplazar a Estados Unidos como potencia hegemónica, pero Rusia aspira a tener un papel como potencia militar (no económica o tecnológica) y cabe mencionar que hay otros países que aspiran o disputan el papel de potencias regionales como India-Indonesia en Asia-Pacifico o Irán-Arabia Saudí en Oriente Medio.</p>
<p>Estas confrontaciones no necesariamente o no únicamente se llevarán a cabo en el terreno militar. Las grandes empresas multinacionales van a tener un papel relevante y marcarán la agenda política a escala mundial. Las empresas de internet pueden llegar a considerarse “un recurso natural» (los datos de los usuarios) de igual o mayor valor que los hidrocarburos o ciertos minerales.</p>
<p>En este periodo de competitividad por tener estatus de potencia mundial podremos observar acciones hostiles entre Estados como la desestabilización política y la disrupción económica, acciones de desinformación, el ciberespionaje, la compraventa de empresas o la imposición de sanciones económicas. Las llamadas guerras comerciales o económicas cada vez son más frecuentes y tienen más peso en las agendas de los Estados y en actores no estatales como las multinacionales.</p>
<p>Entre los objetivos a conseguir con actividades hostiles figuran: erosionar la confianza de los ciudadanos en sus instituciones o empresas, generar desconfianza en el sistema democrático, político y administrativo, socavar la cohesión social o los modelos sociales de los Estados, de las comunidades políticas (como la UE) o de organismos internacionales (ONU, OTAN…), fragilizar el sistema de gestión o de gobierno para que tenga menos capacidades o convencer de la decadencia de un sistema político o empresarial (tanto a la población a la que va dirigida como a la propia del atacante).</p>
<p>Algunos autores denominan a este tipo de hostilidades “amenazas irregulares”, centrándose eminentemente en el tipo de actuaciones que ejerce Rusia. Aunque no todas sean novedosas, aparte de los ciberataques, incluyen acciones de desinformación, impulso a la subversión política, el uso de la violencia o la amenaza de su uso, para socavar el orden político e influir en gobiernos vulnerables o el uso de mercenarios.<a href="#_ftn11" name="_ftnref11"><sup>11</sup></a></p>
<p>Algunos autores como Ortega añaden que el concepto de seguridad se ha hecho más complejo en tanto que los límites entre lo civil y militar de han difuminado, y que en ocasiones se solapan. Ortega nos recordará palabras de Borrell como que «vivimos en un mundo en el que todo puede ser un arma»,<a href="#_ftn12" name="_ftnref12"><sup>12</sup></a> puede bastar un cuchillo, un camión o un avión convencional para cometer un acto de terrorismo. Incluso los procesos migratorios pueden convertirse en arma política. En este sentido, cabe recordar a Erdogan con los refugiados sirios o Marruecos en Ceuta. Distorsionar la cadena de suministros o el transporte de mercancías también puede formar parte de este paquete de actos hostiles.</p>
<p>Algunos autores consideran que no podemos calificar todas estas acciones de guerra híbrida, en tanto que no hay una guerra. Por eso, este escenario de luchas por la hegemonía mundial lo denominan “zona gris” para determinar cualquier actividad militar o no militar ejercida con una cierta ambigüedad en la amplia franja que existe entre la guerra abierta y la paz.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Tica Font Gregori </strong>es experta en economía de la defensa y comercio de armas, y cofundadora del Centre d’Estudis per la Pau J.M. Delàs al que pertenece.</p>
<p><a href="#_ftnref1" name="_ftn1"><sup>1</sup></a> Mary Kaldor, profesora de Gobernanza Global en el London School of Economics y experta en estudios sobre guerra, paz y seguridad. El libro de referencia es Mary Kaldor, <em>Las Nuevas Guerras. Violencia organizada en la era global,</em> Tusquets Editores, Barcelona, 2001.</p>
<p><a href="#_ftnref2" name="_ftn2"><sup>2</sup></a> En el número 97 (2006) de esta misma revista, PAPELES, Mary Kaldor ofrece una visión de estas nuevas guerras. Puede consultarse en: <a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/un-nuevo-enfoque-sobre-las-guerras/" target="_blank" rel="noopener">https://www.fuhem.es/papeles_articulo/un-nuevo-enfoque-sobre-las-guerras/</a></p>
<p><a href="#_ftnref3" name="_ftn3"><sup>3</sup></a> Mark Duffield, <em>Las «nuevas guerras» en el mundo global</em>, Catarata, Serie Relaciones Internacionales, Madrid, 2004.</p>
<p><a href="#_ftnref4" name="_ftn4"><sup>4</sup></a> Edward Newman, «The New wars debate: A historical perspective is needed», <em>Security Dialogue</em>, vol. 35, 2004, pp. 137-189.</p>
<p><a href="#_ftnref5" name="_ftn5"><sup>5</sup></a> Un trabajo que recoge las  aportaciones desde las diversas perspectivas académicas: Víctor Bados  y Marién Duran, «Las nuevas guerras: Una propuesta metodológica para su análisis», <em>Revista UNISCI</em>, núm. 38 (2015), disponible en: <a href="https://www.ucm.es/data/cont/media/www/pag-72452/UNISCIDP38-1BADOS-DURAN.pdf" target="_blank" rel="noopener">https://www.ucm.es/data/cont/media/www/pag-72452/UNISCIDP38-1BADOS-DURAN.pdf</a></p>
<p><a href="#_ftnref6" name="_ftn6"><sup>6</sup></a> Herfried Münkler, <em>Viejas y «nuevas guerras». Asimetría y privatización de la violencia</em>, Siglo XXI, Madrid, 2005.</p>
<p><a href="#_ftnref7" name="_ftn7"><sup>7</sup></a> Paul Collier y Anke Hoeffler, «Greed and grievance in civil war», <em>Oxford Economics Papers</em>, vol. 56, núm. 4 (2004), pp. 563-595.</p>
<p><a href="#_ftnref8" name="_ftn8"><sup>8</sup></a> Josep Baqués, <em>Las Guerras Híbridas: Un balance provisional,</em> Instituto Español de Estudios Estratégicos, Documento de Trabajo 01/2015, 2015. Disponible en: <a href="http://www.ieee.es/Galerias/fichero/docs_trabajo/2015/DIEEET01-2015_GuerrasHibridas_JosepBaques.pdf" target="_blank" rel="noopener">http://www.ieee.es/Galerias/fichero/docs_trabajo/2015/DIEEET01-2015_GuerrasHibridas_JosepBaques.pdf</a></p>
<p><a href="#_ftnref9" name="_ftn9"><sup>9</sup></a> José Luis Aznar, <em>Evolución de los modelos de confrontación en el ciberespacio</em>, Instituto Español de Estudios Estratégicos, Opinión 03/2015, 2015. Disponible en: <a href="http://www.ieee.es/Galerias/fichero/docs_opinion/2015/DIEEEO03-2015_Confrontacion_Ciberespacio_JL.Aznar.pdf" target="_blank" rel="noopener">http://www.ieee.es/Galerias/fichero/docs_opinion/2015/DIEEEO03-2015_Confrontacion_Ciberespacio_JL.Aznar.pdf</a></p>
<p><a href="#_ftnref10" name="_ftn10"><sup>10</sup></a> Margarita Robles, <em>El concepto de arma cibernética en el marco internacional: una aproximación funcional, </em>Instituto Español de Estudios Estratégicos, Documento Opinión 101/2016, 2016. Disponible en: <a href="http://www.ieee.es/Galerias/fichero/docs_opinion/2016/DIEEEO101-2016_Arma_Cibernetica_MargaritaRobles.pdf" target="_blank" rel="noopener">http://www.ieee.es/Galerias/fichero/docs_opinion/2016/DIEEEO101-2016_Arma_Cibernetica_MargaritaRobles.pdf</a></p>
<p><a href="#_ftnref11" name="_ftn11"><sup>11</sup></a> Andres Ortega, «Todas las guerras son híbridas, pero la guerra y lo híbrido han cambiado», Blog del Real Instituto Elcano, 2021. Disponible en:  <a href="https://www.realinstitutoelcano.org/todas-las-guerras-son-hibridas-pero-la-guerra-y-lo-hibrido-han-cambiado/" target="_blank" rel="noopener">https://www.realinstitutoelcano.org/todas-las-guerras-son-hibridas-pero-la-guerra-y-lo-hibrido-han-cambiado/</a></p>
<p><a href="#_ftnref12" name="_ftn12"><sup>12</sup></a> Ibídem.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Acceso al artículo en formato pdf: <em><a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/guerra-y-armas-dos-conceptos-cada-vez-mas-difusos/" target="_blank" rel="noopener">Guerra y armas, dos conceptos cada vez más difusos</a>.</em></p>
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		<title>Nueva sesión de Al salir del cole: Tratar la Paz en tiempos de Guerra</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Carlos Saavedra Bajo]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 12 May 2022 10:08:23 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Agenda Educación]]></category>
		<category><![CDATA[Destacadas]]></category>
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		<category><![CDATA[Destacadas FUHEM]]></category>
		<category><![CDATA[Educación]]></category>
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		<category><![CDATA[al salir del cole]]></category>
		<category><![CDATA[Conflictos armados]]></category>
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		<category><![CDATA[Educación en Valores]]></category>
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		<category><![CDATA[Paz]]></category>
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					<description><![CDATA[El próximo 26 de mayo celebraremos la sesión "Tratar la Paz en tiempos de Guerra" para compartir cómo se trabaja la paz en el día a día de nuestros centros educativos.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><img decoding="async" class="size-medium wp-image-75226 alignright" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2018/08/logo-al-salir-del-cole-6-300x256.png" alt="" width="300" height="256" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2018/08/logo-al-salir-del-cole-6-300x256.png 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2018/08/logo-al-salir-del-cole-6.png 503w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" />El próximo jueves 26 de mayo, a las 17 horas, celebramos una nueva sesión de &#8216;Al salir del cole&#8217; titulada: «Tratar la Paz en tiempos de Guerra». El acto tendrá lugar en Espacio Abierto FUHEM, (Avda. de Portugal, nº 79 posterior. Madrid), con el objetivo de conocer y contextualizar los conflictos armados actuales y plantear, de primera mano, cómo se trabajan en el aula y cómo se puede contribuir a construir una cultura de paz desde el día a día de un centro educativo.</p>
<p>En el acto intervendrán:</p>
<ul>
<li>Enrique Quintanilla, de Desarma Madrid.</li>
<li>Alberto Martín, profesor en el colegio Hipatia.</li>
<li>Yetta Aguado, madre del colegio Lourdes.</li>
<li>Alumnado del colegio Montserrat.</li>
</ul>
<p>“Al salir del cole”, es un ciclo de ‘Diálogos y experiencias educativas’ en el que debatimos a partir de la mirada experta y la visión de profesorado, familias y alumnado de nuestros centros escolares sobre alguno de los muchos temas que nos preocupan.</p>
<p>Recuerda, jueves 26 de mayo a las 17 horas. ¡Os esperamos!</p>
<p>Puedes ver las anteriores sesiones del ciclo en esta lista de YouTube:</p>
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		<title>Afganistán</title>
		<link>https://www.fuhem.es/2021/08/27/afganistan/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 27 Aug 2021 11:33:06 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Análisis]]></category>
		<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<category><![CDATA[Afganistán]]></category>
		<category><![CDATA[Conflictos armados]]></category>
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					<description><![CDATA[Selección de artículos de Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global sobre la situación de Afganistán, sus conflictos internos e invasiones sufridas debido a su interés geoestratégico.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><img decoding="async" class="size-large wp-image-139749 aligncenter" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/08/Afganistan-1200x900.jpg" alt="" width="840" height="630" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/08/Afganistan-1200x900.jpg 1200w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/08/Afganistan-450x338.jpg 450w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/08/Afganistan-300x225.jpg 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/08/Afganistan-768x576.jpg 768w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/08/Afganistan-1536x1152.jpg 1536w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/08/Afganistan-2048x1536.jpg 2048w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/08/Afganistan-600x450.jpg 600w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/08/Afganistan-64x48.jpg 64w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/08/Afganistan-scaled.jpg 2560w" sizes="(max-width: 840px) 100vw, 840px" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>EEUU y la comunidad internacional que le acompañó en la intervención en Afganistán tras el 11-S abandonan el país dos décadas después con muy pocos o ningún logro de los enunciados entonces.</p>
<p>Con su retirada precipitada, al ritmo de las fechas límite marcadas por los talibán, dejan a sus espaldas una situación incierta y caótica, y muchos de los problemas que encontraron hace veinte años, si cabe hiperdesarrollados por dos décadas de malas prácticas de presencia extranjera: corrupción, violencia de los talibán o los “señores de la guerra”, producción de opio, represión de las mujeres y desprecio de sus derechos…</p>
<p>Los males que ahora se exhiben para tratar de justificar un atropellado repliegue han estado presentes durante estos veinte años de intervención internacional, pero quedaron en segundo plano ocultos tras el exultante entusiasmo y el brillo de los ambiciosos objetivos de la operación, que pretendía sobre el papel dar la vuelta al país e insertarlo en un modelo de democracia a la occidental sin tocar las estructuras profundas, sin tener en cuenta sus necesidades o características, haciendo caso omiso de su historia; es más, en muchos casos fortaleciendo sus brechas. Un ejemplo ilustrativo fue el apoyarse en los “señores de la guerra”, con su violencia, caciquismo y sectarismo, para extender la presencia extranjera.</p>
<p>Aunque se vistió de otros ropajes y un nutrido argumentario, la palanca que llevó a EEUU a la intervención de un país en el corazón de Asia fue su intento de resarcir su orgullo herido después del 11-S; de otro modo, la operación podría haberse limitado a las montañas de Tora Bora donde se escondía Bin Laden, pero se optó por la ocupación de todo un país.</p>
<p>El motor de la operación marcó un enfoque militar a la intervención que no ha abandonado en estos años, un marco muy poco proclive a desarrollar las bonanzas civiles que decía perseguir.  A ello se unió una lluvia de millones repartidos con poco criterio allí donde se buscaban apoyos e influencia, lo que disparó la corrupción. Sin embargo, esta lluvia de millones no ha mejorado las condiciones de vida de la población afgana común.</p>
<p>El país ocupa el puesto 169 de un total de 189 en el último Índice de Desarrollo Humano, publicado en 2021. En 2001 ocupaba el puesto 162. Poco se hizo en dos décadas, salvo acciones simbólicas, para crear las bases de una economía autosostenida que pudiera ir abandonando la producción de opio.</p>
<p>La lucha por los derechos de las mujeres, una de las grandes razones esgrimidas para justificar la intervención –sin lazo aparente con el 11-S–, por lo general no ha ido mucho más allá que gestos cosméticos.</p>
<p>Las mismas razones que se arguyeron para justificar la operación en 2001 siguen presentes ahora. Los clichés sobre el país y sus gentes que llenaron los telediarios en 2001 vuelven ahora a las noticias para tratar de explicar la retirada: opio, corrupción, violencia, derechos de las mujeres pisoteados… sin embargo, no todo sigue igual.</p>
<p>Hoy nos encontramos en peor posición después de la herencia que han dejado las operaciones de intervención de la “guerra contra el terrorismo”, con un Oriente Medio maltrecho –en Siria, recordemos, continúa el conflicto bélico– y un Sahel contagiado por la violencia que ha encontrado en el neocolonialismo, el malgobierno (o desgobierno), y la pobreza atizada por la crisis socioecológica un fértil campo de cultivo.</p>
<p>También estamos peor en la acogida de aquellas personas que huyen. La llamada “crisis de los refugiados” sirios de 2015 aceleró cambios en las políticas de migración y asilo y la fortificación de Europa. Si Alemania se mostró entonces generosa con la acogida de refugiados sirios, hoy la UE, incapaz de alcanzar una posición común, ha dejado en manos de los vecinos de Afganistán –Irán y Pakistán, principalmente– la gestión de los flujos de refugiados, que ya no tocarán suelo europeo, salvo en casos muy concretos. Países de tránsito, como Turquía y Grecia, se blindan ante lo que se avecina.</p>
<p>Esta espiral descendente no solo arrasa las esperanzas de la población afgana; también merma la credibilidad y el prestigio que conservaban las potencias occidentales. China, fronteriza con Afganistán por el corredor de Wakhan, quiere garantizar su propia seguridad y la de la región, y no duda en obtener garantías de los talibán. Su papel, que da imagen de mesura, pragmatismo y responsabilidad, contrasta con la desbaratada retirada de Afganistán de la coalición internacional y el abandono de los socios que prometieron proteger.</p>
<blockquote><p><strong>En definitiva, estamos peor con un tiempo ya irrecuperable, aspiraciones malogradas y oportunidades perdidas.</strong></p></blockquote>
<p>Nuestra revista <em>Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global</em> ha abordado a lo largo de sus diferentes etapas la situación de Afganistán, sus conflictos internos, las guerra que ha sufrido por la invasión e intento de control de diversos países debido a su interés geoestratégico.</p>
<p>En 1989, <strong>Eqbal Ahmad</strong> y <strong>Richard J. Barnet</strong> nos ofrecían, en el monográfico de <em>Papeles para la Paz</em>, núm. 34 titulado <strong>Afganistán. Tribus y superpotencias</strong>, un panorama histórico de las invasiones sufridas por el país desde 1924 hasta la retirada de los soviéticos en 1989.</p>
<p>Según<strong> Jordi Raich</strong> en el <a href="https://www.fuhem.es/papeles/papeles-numero-69/" target="_blank" rel="noopener">núm. 69</a> de <em>Papeles de Cuestiones Internacionales</em> (invierno 1999-2000) <a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/quien-controla-afganistan/" target="_blank" rel="noopener">¿Quién controla Afganistán?</a> el conflicto de Afganistán se caracteriza por un juego continuo de alianzas y fidelidades en el plano regional e internacional, constantemente rotas y rehechas. Analiza el papel de Pakistán, Irán, arabia Saudí, Rusia, China y las nuevas repúblicas de Asia Central en la financiación y sostenimiento de los talibanes y de sus opositores, en una guerra tras la cual subyacen intereses políticos y religiosos y una competencia por el gas, el petróleo y los oleoductos hacia Occidente.</p>
<blockquote><p><strong>Los atentados terroristas del 11 de Septiembre de 2001 marcan el inicio de una nueva etapa en la historia de Afganistán.</strong></p></blockquote>
<p>El número 76 de Papeles de Relaciones Internacionales titulado <em><a href="https://www.fuhem.es/papeles/papeles-numero-76/" target="_blank" rel="noopener">El impacto del 11 de septiembre</a></em> (invierno 2001-2002) incluye el artículo <a href="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2018/12/claves_para_reconstruccion_Afganistan_A.POZO_.pdf"><em>Claves para la reconstrucción de Afganistán</em></a> de <strong>Alejandro Pozo </strong>que ya destacaba que la reconstrucción de Afganistán no podía quedarse limitada a la política, sino que debía extenderse también al ámbito económico y social, destacando tres acciones de emergencia que debían realizarse: la asistencia humanitaria, la desmovilización de los combatientes y el retorno de los refugiados.</p>
<p>En la primavera de 2002 Papeles publica en su número 77 dedicado a la <a href="https://www.fuhem.es/papeles/papeles-numero-77/" target="_blank" rel="noopener">Prevención de la Guerra</a> un texto de <strong>John K. Cooley</strong> que destaca varias <a href="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2018/12/lecciones_guerra_Afganistan_J.K.COOLEY.pdf" target="_blank" rel="noopener">lecciones de la guerra de Afganistán</a> tanto militares, políticas, históricas y, sobre todo, humanas.</p>
<p><strong>Barnett R. Rubin</strong> ofrece una <a href="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2018/12/Propuestas_estabilidad_Afganistan_B._Rubin.pdf" target="_blank" rel="noopener">propuestas y recomendaciones para la estabilidad de Afganistán</a> que fueron publicadas en <a href="https://www.fuhem.es/papeles/papeles-numero-91/" target="_blank" rel="noopener">el número 91</a> de <em>Papeles de Relaciones Internacionales</em> (otoño 2005), destacando que aunque  Afganistán ha hecho avances hacia la estabilidad, sin embargo, el proceso desarrollado hasta ahora es sólo el principio del objetivo estratégico de conseguir un estado legítimo, efectivo y responsable. Esto exige también avanzar en la seguridad y en una base económica que permita el desarrollo del país.</p>
<p><strong>Nuria del Viso</strong>, del equipo de <a href="https://www.fuhem.es/ecosocial/" target="_blank" rel="noopener">FUHEM Ecosocial,</a> firma los últimos análisis publicados sobre Afganistán. En el <a href="https://www.fuhem.es/papeles/papeles-numero-95/" target="_blank" rel="noopener">numero 95</a> (otoño 2006) de <em>Papeles de Cuestiones Internacionales escribe </em><a href="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2018/12/Afganistan_paz_aplazada_N._del_Viso.pdf" target="_blank" rel="noopener">Afganistán: ¿la paz aplazada?</a> en el momento en que se cumplían cinco años de la caída del régimen talibán, de la invasión internacional liderada por EEUU y del inicio de un “nuevo Afganistán”; y constata que aunque en una primera fase la comunidad internacional percibió la experiencia como exitosa, sin embargo, el aumento de los enfrentamientos con los talibán, los atentados terroristas y el manifiesto descontento de la población afgana, mostraban el reflejo de los problemas que amenazaban el proceso de reconstrucción del país.</p>
<p>La nueva etapa de la revista <em>Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global </em>publica tres textos de la autora. En el <a href="https://www.fuhem.es/papeles/papeles-numero-99/" target="_blank" rel="noopener">número 99</a> (otoño 2007) <a href="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2018/12/Afganistan_guerras_asimetricas_N._del_Viso.pdf" target="_blank" rel="noopener">Afganistán: guerras asimétricas, víctimas civiles</a>, destaca que la población civil no sólo sufren las repercusiones de las hostilidades como receptores pasivos de “efectos colaterales” sino que, en ocasiones, son el objetivo deliberado de los ataques. Afganistán es uno de los países donde el conflicto está afectando con más crudeza a los civiles que se encuentran atrapados en medio de las hostilidades que se desarrollan entre, los talibanes por un lado, el principal grupo de la insurgencia, y, por otro, las tropas internacionales compuestas por la Fuerza Internacional de Asistencia a la Seguridad (ISAF), bajo el mando de la OTAN y avalada por la ONU, y la Coalición Libertad Duradera, liderada por EEUU. Aunque el conflicto armado no es la única fuente de inseguridad para los afganos: la extrema pobreza, la fragilidad del Estado, la omnipresente corrupción y la amplia penetración del narcotráfico en la economía sirven de caldo de cultivo para el aumento de las actividades criminales.</p>
<p>En la primavera de 2008, <a href="https://www.fuhem.es/papeles/papeles-numero-105/" target="_blank" rel="noopener">el número 105</a> incluye el artículo <a href="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2018/12/N._DEL_VISO_nueva_estrategia_para_Afganistan.pdf" target="_blank" rel="noopener">Nuevas estrategias para Afganistán: ¿cambio o continuismo?</a> donde se aborda la nueva estrategia sobre Afganistán de Barak Obama.  En términos generales, como en la etapa anterior, domina un sentido utilitarista, la operación no se realiza guiada por consideraciones éticas –como la mejora de las condiciones de vida de la población afgana–, sino para servir los propios objetivos de las potencias que intervienen, en este caso, su propia seguridad. Esto se liga además con la necesidad de promover gobiernos amigos que se encarguen de controlar en lo posible los territorios considerados inestables.</p>
<p>Esta nueva estrategia se basó en cuatro puntos, que confluyen en el intento de encontrar una solución –rápida– a la difícil situación actual, y se sintetiza en: continuar combatiendo a la insurgencia a través de la fuerza, lo que implica expandir la presencia militar e impulsar el entrenamiento del ejército y la policía afgana,  fortalecer las instituciones y mejorar las condiciones de vida en Afganistán y Pakistán, negociar con los llamados “talibanes moderados” e involucrar a los países de la región en la búsqueda de una salida sostenible para Afganistán.</p>
<p><a href="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2018/12/sembrando_tempestades_N._DEL_VISO.pdf" target="_blank" rel="noopener">Sembrando tempestades: una década de la OTAN en Afganistán</a> publicado en el <a href="https://www.fuhem.es/papeles/papeles-numero-115/" target="_blank" rel="noopener">número 115</a> (otoño 2011) de <em>Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, </em><strong>Nuria del Viso </strong>hace balance de la situación de Afganistán 10 años después del inicio de la <em>Operación Libertad Duradera. </em>El artículo repasa las razones que ofreció EE UU y sus aliados para justificar la operación y las contrasta con la situación en 2011, en la que se hace patente la ausencia de avances en los indicadores de desarrollo humano y el agravamiento en otros ámbitos, como la seguridad y la calidad democrática.</p>
<p>El texto combina la visión de la autora con las opiniones de parlamentarios y analistas de centros de investigación recogidas en 2011 para la elaboración del artículo.</p>
<p>Diez años después de la publicación de este último artículo podemos comprobar que la situación política, económica y social en Afganistán apenas ha mejorado. El regreso al poder de los talibanes tras 20 años de ocupación, denota el fracaso de una intervención militar que deja al país con casi el 50% de su población en situación de pobreza, con un aumento del número de desplazados y con unas imágenes desesperadas de personas que quieren salir del país temerosas de las represalias que puedan tomar los talibanes por haber colaborado con países extranjeros; y con el miedo de las mujeres afganas de volver a perder todos sus derechos, unos derechos que fueron esgrimidos como una de las razones que «justificaban» la intervención del país y que serán probablemente las grandes perdedoras de la nueva etapa que en la historia de Afganistán se abrirá a partir del 31 de agosto de 2021.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Nuria del Viso Pabón</strong> y <strong>Susana Fernández Herrero</strong> &#8211; FUHEM Ecosocial.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Diálogo: Ramzy Baroud, Javier Barreda, Michel Collon, Bernardo López y Greg Simons</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 11 Sep 2011 13:17:35 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Dialogos]]></category>
		<category><![CDATA[Conflictos armados]]></category>
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					<description><![CDATA[Diálogo sobre la transición e incertidumbre en que se plantean numerosos interrogantes sobre el futuro de Libia y las repercusiones geopolíticas de la intervención.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><em><img decoding="async" class="alignright size-medium wp-image-134186" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/06/dialogo-libia-450x335.jpg" alt="" width="450" height="335" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/06/dialogo-libia-450x335.jpg 450w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/06/dialogo-libia-300x224.jpg 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/06/dialogo-libia-64x48.jpg 64w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/06/dialogo-libia.jpg 600w" sizes="(max-width: 450px) 100vw, 450px" />Libia, ¿y ahora, qué?</em></p>
<p><strong>Nuria del Viso</strong></p>
<p>2011</p>
<p>Lo que en Libia empezó como una revuelta popular y derivó en un enfrentamiento militar entre el régimen de Gadafi y los rebeldes, con la implicación de la OTAN a favor de éstos últimos, está a punto de saldarse, casi siete mes después, con la victoria de los sublevados y el rápido reparto del petróleo libio, principalmente entre los países europeos que se han implicado directamente.</p>
<p>Se abre ahora un periodo de transición e incertidumbre en el que se plantean numerosos interrogantes sobre el futuro del país y las repercusiones geopolíticas de la intervención.</p>
<p>Para clarificar este panorama, desde el área Ecosocial de FUHEM hemos planteado cinco preguntas a especialistas nacionales y extranjeros.</p>
<p>1. La revuelta Libia, a diferencia de las ocurridas en otros países árabes, derivó en un enfrentamiento militar con apoyo extranjero. ¿En qué medida ha resultado ser un proceso autónomo o un proceso impulsado desde el exterior? ¿Estamos ante un nuevo Irak?</p>
<p>2. ¿Quiénes son los rebeldes? ¿Qué piden y a qué aspiran? ¿En qué medida han logrado legitimidad para representar al conjunto del pueblo libio? Desde su posición dominante, hay denuncias de abusos de derechos humanos, de su carácter más o menos islamista ¿Qué impresiones tienes al respecto?</p>
<p>3. Sobre la naturaleza de la misión, la resolución 1973 de la ONU justificaba la intervención con el fin de proteger a los civiles libios, aunque muy pronto se hizo patente que el objetivo final era un cambio de régimen. ¿Qué supone esta intervención en la historia de las “operaciones humanitarias” (y en la doctrina de la “Responsabilidad de proteger” en la que se sustentan)? ¿Qué impacto puede tener en nuevas aventuras del “gendarme mundial” otánico? ¿Serán Siria o Irán el próximo objetivo?</p>
<p>4. ¿Qué escenarios se abren ahora para Libia? ¿Hay riesgos de que la fractura social conduzca a un conflicto generalizado y duradero?</p>
<p>5. Por otra parte, ¿qué papel desempeñarán las potencias en el destino del país? Aun antes de que Gadafi estuviera definitivamente vencido, los países poderosos ya se habían reunido en París para hablar no de cómo ayudar al pueblo libio, sino de cómo repartir los contratos del codiciado petróleo libio. ¿Quiénes son los actores aventajados y quiénes pierden puestos en este reparto?</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><a href="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/06/Ciber-coloquio-Libia_sept11.pdf">Leer más</a></h3>
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