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	<title>Conservación &#8211; FUHEM</title>
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	<description>educación + ecosocial</description>
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	<title>Conservación &#8211; FUHEM</title>
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		<title>Controversias sobre la valoración del medio natural</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 05 Jan 2023 11:55:35 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Dosieres Ecosociales]]></category>
		<category><![CDATA[Conservación]]></category>
		<category><![CDATA[destacadasecosocial]]></category>
		<category><![CDATA[Ecosistemas]]></category>
		<category><![CDATA[Valoración del medio natural]]></category>
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					<description><![CDATA[Sobre herramientas que se usan para valoración de ecosistemas: Revisión Dasgupta y Sistema de Contabilidad Económico-Ambiental (SEEA) de Naciones Unidas.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><img fetchpriority="high" decoding="async" class="alignright size-medium wp-image-148513" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/11/Dosier-Ecosocial-Controversias-450x636.png" alt="" width="450" height="636" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/11/Dosier-Ecosocial-Controversias-450x636.png 450w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/11/Dosier-Ecosocial-Controversias-300x424.png 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/11/Dosier-Ecosocial-Controversias-350x495.png 350w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/11/Dosier-Ecosocial-Controversias-64x90.png 64w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/11/Dosier-Ecosocial-Controversias.png 500w" sizes="(max-width: 450px) 100vw, 450px" /><em>Controversias sobre la valoración del medio natural</em></p>
<p>Clive L. Spash, Frédéric Hache, Iulie Aslaksen, Per Arild Garnåsjordet, Tone Smith, Pedro L. Lomas, Monica Di Donato.</p>
<p>La valoración monetaria de la naturaleza es una vieja aspiración del mundo de la Economía convencional para extender el pensamiento y el marco económico dominantes hoy día hacia aspectos donde no estaba presente directamente. Sin embargo, en su fuerte empuje actual también se está extendiendo por otros espacios asociados a la temática ambiental, incluida la política ambiental, donde pretende, como en tantas otras ocasiones y espacios, sustituir el ámbito de la deliberación (opinión, debate, subjetividad, etc.) por una forma de supuesta dirección experta del medio ambiente a partir del marco teórico de la economía ortodoxa.</p>
<p>El objetivo teórico es el de ser capaces de incluir a la naturaleza y sus “servicios” dentro del marco contable del análisis coste-beneficio, con el objetivo de asignar los recursos de manera eficiente, sobre la ingenua idea de que el valor de la naturaleza es tan alto que siempre resultará más rentable conservar que destruir, y que este proceso será eficiente en términos económicos, es decir, optimizará el beneficio de todos los actores implicados.</p>
<p>Como veremos en los artículos de este dosier, las herramientas, en términos microeconómicos, se han desarrollado a partir del concepto de externalidad y de la teoría del valor de la economía convencional o de la aproximación de capitales, a través de todo tipo de métodos de preferencias reveladas y preferencias desveladas. Actualmente, dentro del marco del VET (Valor Económico Total) o de la aproximación de capitales, son populares, sobre todo, los métodos de la denominada transferencia de beneficios y la valoración/elección contingente. Por su parte, las herramientas, en términos macroeconómicos, se han desarrollado a partir del teorema de Coase, sobre la suposición de que el mercado, en condiciones de derechos de propiedad claros, es el mecanismo que asigna mejor los recursos a fines alternativos. A partir de ahí se han generado todo tipo de herramientas, desde los pagos por servicios ambientales (PES) hasta los mercados de servicios ambientales (mercado de carbono, por ejemplo). Bancos de hábitats, comercio de emisiones, etc., son también herramientas a tener en cuenta dentro de este ámbito.</p>
<p>El empeño por hacer de este marco un enfoque predominante en el ámbito de la conservación de la naturaleza, ha evolucionado en varias etapas:<sup>1</sup></p>
<p>Una primera etapa sería la de desarrollo conceptual y metodológico de la aproximación, que tuvo lugar en las universidades y departamentos de Economía, seguidos con mucho interés por multitud de profesionales dedicados a la conservación de la naturaleza.</p>
<p>En una segunda etapa, comenzó a desarrollarse a través de publicaciones científicas que comenzaban a plantear casos de estudio en los que, supuestamente, se demostraba la utilidad y el alcance de esta aproximación.</p>
<p>En una tercera etapa, con la consolidación del marco, comenzó a expandirse a otras disciplinas y ámbitos de la administración.</p>
<p>En una cuarta etapa, se empezó a aplicar como método convencional para dar soporte a proyectos de conservación, especialmente en los proyectos de los denominados bienes y servicios ambientales, servicios de los ecosistemas, etc., tanto desde el ámbito institucional como desde el ecologismo o la academia.</p>
<p>Algunos ejemplos de proyectos internacionales que pretenden llevar este desplazamiento a cabo serían la Evaluación de los Ecosistemas del Milenio y sus continuaciones globales, regionales y nacionales, el proyecto de Economía de los Ecosistemas y la Biodiversidad (TEEB), el Sistema de Cuentas Económico-Ambientales (SEEA) de Naciones Unidas, o la Revisión Dasgupta, algunos de los cuales se tratarán aquí.</p>
<p>Todo este despliegue de evaluaciones y herramientas de valoración conlleva una soterrada sustitución de un modelo de conservación parcialmente basado en los valores intrínsecos de la naturaleza (los ecosistemas merecen ser conservados por lo que son, incluyendo en lo que son todos aquellos aspectos que proporcionan las condiciones vitales para la existencia del ser humano) por un modelo basado fundamentalmente en los valores instrumentales (los ecosistemas merecen ser conservados por lo que aportan al ser humano). Este giro de la conservación, que desde el ecomodernismo se vende como un intento por superar “viejos” esquemas de conservación en un mundo irremediablemente humanizado dentro del contexto del Antropoceno,<sup>2</sup> está contribuyendo a poner al mismo sistema que ha causado la destrucción ambiental y la crisis que actualmente vivimos a los mandos de la conservación.</p>
<p>Además, esto está causando que muchos de aquellos que teóricamente se encargaban de entender lo que son los ecosistemas y obtener información sobre los mismos, actualmente se dediquen fundamentalmente a contabilizar lo que aportan, en un momento de cambio global en el que necesitaremos mucha de esa información para tratar de impedir un cambio irreversible en las condiciones que posibilitan nuestra existencia.</p>
<p>En este dosier se abordarán de modo crítico dos de las principales herramientas que a nivel internacional se están usando en este sentido: la Revisión Dasgupta y el Sistema de Contabilidad Económico-Ambiental (SEEA) de Naciones Unidas.</p>
<p>En su artículo, el profesor Clive Spash y su colega Frédèric Hache, nos dan una panorámica crítica de lo que supone la denominada Revisión Dasgupta, el último de los intentos de hacer hegemónico este tipo de herramientas no sólo para la biodiversidad y los ecosistemas, sino para cualquier otra dimensión.</p>
<p>Por otra parte, en sendos artículos, la profesora Iulie Aslaksen, del instituto nacional de estadísticas noruego, y la profesora Tone Smith, de la Universidad de Viena, nos ilustran sobre los principales fallos del sistema de contabilidad económico-ambiental de Naciones Unidas (SEEA), y el coste de oportunidad que tendría, en términos no sólo monetarios, sino también de tiempo, en un momento de emergencia ambiental como el que vivimos.</p>
<p>1 Erik Gómez-Bagghetun, Rudolf De Groot, Pedro L. Lomas y Carlos Montes, «The history of ecosystem services in economic theory and practice: From early notions to markets and payment schemes», <em>Ecological Economics</em>, núm. 69, 2010, pp. 1209-1218.</p>
<p>2 Pedro L. Lomas, Óscar Carpintero, Jesús Ramos-Martín y Mario Giampietro, <em>El granfalloon de la valoración de los servicios de los ecosistemas</em>, Foro de Transiciones, Madrid, disponible en: <a href="https://forotransiciones.org/wp-content/uploads/sites/51/2017/12/2017_LOMASetal.pdf" target="_blank" rel="noopener">https://forotransiciones.org/wp-content/uploads/sites/51/2017/12/2017_LOMASetal.pdf</a>; Pedro L. Lomas, «Las<br />
falsas soluciones y sus peligros para la sostenibilidad: el caso del ecomodernismo», en José María Enríquez Sánchez, Carmen Duce y Luis Javier Miguel González, (eds.), <em>Repensar la sostenibilidad</em>, UNED, Madrid, 2020, pp. 131-145.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si quieres leer el texto completo del Dosier Ecosocial, aquí tienes el acceso en formato pdf: <a href="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/11/Dosier-Ecosocial-Controversias-sobre-la-valoracion-del-medio-natural.pdf" target="_blank" rel="noopener"><em>Controversias sobre la valoración del medio natural</em></a></p>
<p>Si quieres consultar nuestros anteriores <a href="https://www.fuhem.es/dosieres-ecosociales/" target="_blank" rel="noopener">Dosieres Ecosociales</a>.</p>
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<p><img decoding="async" class="alignright wp-image-141269" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/11/Logo_Miterd-450x104.png" alt="" width="432" height="100" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/11/Logo_Miterd-450x104.png 450w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/11/Logo_Miterd-1200x278.png 1200w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/11/Logo_Miterd-300x69.png 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/11/Logo_Miterd-768x178.png 768w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/11/Logo_Miterd-600x139.png 600w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/11/Logo_Miterd-64x15.png 64w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/11/Logo_Miterd.png 1280w" sizes="(max-width: 432px) 100vw, 432px" /></p>
<p>Esta publicación ha sido realizada con el apoyo financiero del <strong>Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITERD)</strong>. El contenido de la misma es responsabilidad exclusiva de <strong>FUHEM</strong> y no refleja necesariamente la opinión del <strong>MITERD</strong>.</p>
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		<title>Iniciativas legales para dotar de personalidad jurídica a ecosistemas o a sus partes</title>
		<link>https://www.fuhem.es/2022/11/17/iniciativas-legales-para-dotar-de-personalidad-juridica-a-ecosistemas-o-a-sus-partes/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 17 Nov 2022 12:14:50 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Dosieres Ecosociales]]></category>
		<category><![CDATA[Conservación]]></category>
		<category><![CDATA[Ecosistemas]]></category>
		<category><![CDATA[Pérdida de Biodiversidad]]></category>
		<category><![CDATA[Sexta Gran Extinción]]></category>
		<category><![CDATA[sostenibilidad]]></category>
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					<description><![CDATA[¿Cuáles son las bases teóricas de las nuevas herramientas para la conservación, cuáles sus pros y sus contras? ]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><img decoding="async" class="alignright size-medium wp-image-148287" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/11/dosier-ecosocial-iniciativas-legales-450x635.png" alt="" width="450" height="635" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/11/dosier-ecosocial-iniciativas-legales-450x635.png 450w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/11/dosier-ecosocial-iniciativas-legales-300x423.png 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/11/dosier-ecosocial-iniciativas-legales-350x494.png 350w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/11/dosier-ecosocial-iniciativas-legales-600x847.png 600w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/11/dosier-ecosocial-iniciativas-legales-64x90.png 64w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/11/dosier-ecosocial-iniciativas-legales.png 622w" sizes="(max-width: 450px) 100vw, 450px" /><em>Iniciativas legales para dotar de personalidad jurídica a ecosistemas o a sus partes</em></p>
<p><strong>Pedro L. Lomas, José María Enríquez Sánchez, Bernardo Alfredo Hernández Umaña, Teresa Vicente Giménez</strong></p>
<p>Dosieres Ecosociales, octubre, 2022.</p>
<p>En las últimas décadas, los llamamientos a frenar la pérdida de la biodiversidad se suceden de modo más o menos ritual en grandes encuentros internacionales o a través de informes y artículos. Pero, según los datos recopilados globalmente, la ex­tinción de especies en nuestro planeta está entre decenas y cientos de veces por encima de las tasas naturales medias de extinción conocidas de los últimos 10 millo­nes de años, según grupo taxonómico, con escenarios que pronostican un aumento a lo largo de este siglo.</p>
<p>Esto nos aboca a lo que ya se denomina la Sexta Gran Extin­ción, cuya diferencia con las cinco grandes extinciones previas es, básicamente, el papel protagonista de la especie humana como impulsora de la misma.</p>
<p>Como consecuencia, un sentimiento de frustración viene recorriendo los despachos de las universidades y las oficinas de las agencias y ministerios que se dedican a la conservación de la naturaleza. Así, según diversos autores, la conservación, tal y como la conocemos, en forma de protección de espacios y especies, habría fracasado estre­pitosamente. Por ello, en algunos foros se llama hacia un nuevo modo de afrontar la misma.</p>
<p>Ya no se trata de llegar a las conciencias de las personas a través de los valores que atesora el patrimonio natural, su vivencia y/o conocimiento, sino a través de la utilidad más o menos directa que tiene dicho patrimonio para el ser hu­mano.</p>
<p>El debate entre un modelo de conservación basado en valores intrínsecos de la natu­raleza y otro basado en valores instrumentales está servido, aunque, a pesar de las numerosas presiones políticas y económicas hacia un modelo instrumental, está lejos de tener un final claro.</p>
<p>Por una parte, se recuerda que, de no ser por las políticas ambientales que se han venido aplicando hasta hoy, no estaríamos hablando de la posibilidad de una Sexta Gran Extinción, sino que, en gran parte del planeta, esta sería ya una realidad palpa­ble a todos los niveles de la biodiversidad: genético, de especie y de ecosistema. Se señala que el modelo de conservación actual tiene defectos, pero que también tiene virtudes, y que ha cambiado mucho en los últimos tiempos. Soluciones basadas en la naturaleza, restauración ecológica, renaturalización o gestión ecosistémica, entre otras, se señalan como herramientas útiles no sólo para frenar la pérdida de la biodi­versidad, sino también para afrontar otros graves problemas del cambio global deri­vados de la pérdida de funcionalidad de los ecosistemas, teniendo en cuenta también el bienestar humano.</p>
<p>Por otra parte, el ecomodernismo se aferra a una malentendida versión del concepto de Antropoceno, y propone aplicar de modo sistemático y exhaustivo el supuesto “control” que la especie humana ejerce en la naturaleza, de tal modo que se maximi­cen los servicios de los ecosistemas, es decir, el beneficio que extraemos de esta. De acuerdo con esta visión, el mercado hará que la maximización de ese beneficio, en condiciones de una propiedad privada clara, derive en una asignación eficiente (en el sentido paretiano) de los recursos naturales y, por tanto, en la relocalización óptima (optimización matemática) de los mismos. Así, la técnica nos llevará al nirvana del desacoplamiento: un mundo en el que los indicadores macroeconómicos podrán se­guir creciendo indefinidamente sin dañar las condiciones materiales de nuestra exis­tencia. Energía nuclear contra el cambio climático, intensificación del uso de la natu­raleza, sustitutivos artificiales para productos naturales, etc., son sólo algunas de las propuestas que pone sobre la mesa este “nuevo” modelo de conservación.</p>
<p>Es obvio que los ambientes jurídicos no escapan de esta tendencia. Pero dentro de estos han surgido voces que llaman hacia un nuevo modelo que profundice en las estrategias anteriores de protección de los espacios y las especies, no siempre bien articuladas jurídicamente. Se trata de aplicar una nueva lógica, más en consonancia con la idea de valores intrínsecos. Los espacios y las especies ya no tienen interés jurídico sólo en la medida en que se vean alterados los beneficios o intereses de los propietarios de las tierras o de las personas directamente afectadas, como hasta ahora. Además, gracias a estas nuevas herramientas, tendrían personalidad jurídica propia, es decir, que sus intereses pueden y deben ser representados de algún modo, y el Estado debe velar por ellos, igual que lo haría con una personalidad física o jurídi­ca cualquiera a través del ordenamiento jurídico habitual.</p>
<p>Para analizar esta nueva tendencia dentro del ámbito jurídico, en su artículo dentro de este dosier, el profesor Enríquez Sánchez plantea cuáles son las bases de este tipo de pensamiento en el contexto de la filosofía del derecho, así como algunos de los principales pros y contras que hacen de esta una herramienta jurídica más o menos válidas en el ámbito jurídico de la conservación.</p>
<p>Esta nueva tendencia jurídica que aquí se destaca está llevando a numerosos estados del mundo a legislar en este sentido, tanto en el plano constitucional como dentro de la legislación ordinaria, ya sea para categorías más amplias de ecosistemas o espe­cies, ya sea para ecosistemas o especies concretas. En su artículo, el profesor Her­nández Umana nos hablará de este nuevo tipo de herramientas en el contexto de las relaciones entre el derecho y las formas de vida no humanas, y presentará algunos de los principales casos de estudio, también en el ámbito global, pero, sobre todo, en el contexto Latinoamericano, con ejemplos de Ecuador, Bolivia o Colombia.</p>
<p>Finalmente, en este dosier se presenta también una entrevista con una de las caras visibles de este movimiento jurídico en España, la profesora Teresa Vicente Giménez, que abanderó, junto con otros académicos y movimientos sociales, el éxito sin precedentes en Europa, de la Iniciativa Legislativa Popular del Mar Menor, reciente­mente convertida en Ley 19/2022, de 30 de septiembre, para el reconocimiento de la personalidad jurídica a la laguna del Mar Menor y su cuenca (BOE, 3 de octubre de 2022). En esta entrevista, la profesora Vicente Giménez nos detalla el proceso y algunos de los principales puntos de la iniciativa para la protección jurídica del Mar Menor.</p>
<p>Si quieres leer el texto completo del Dosier Ecosocial, aquí tienes el acceso en formato pdf: <a href="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/11/Dosdier-Ecosocial-Iniciativas-legales-para-dotar-de-personalidad-juridica-a-los-ecosistemas.pdf" target="_blank" rel="noopener"><em>I</em></a><a href="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/11/Dosier-Ecosocial-Iniciativas-legales-para-dotar-de-personalidad-juridica-a-los-ecosistemas-o-a-sus-partes.pdf" target="_blank" rel="noopener"><em>niciativas legales para dotar de personalidad jurídica a ecosistemas o a sus partes</em></a></p>
<p>Si quieres consultar nuestros anteriores <a href="https://www.fuhem.es/dosieres-ecosociales/" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Dosieres Ecosociales.</a></p>
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<p><img decoding="async" class="alignright wp-image-141269" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/11/Logo_Miterd-450x104.png" alt="" width="527" height="122" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/11/Logo_Miterd-450x104.png 450w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/11/Logo_Miterd-1200x278.png 1200w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/11/Logo_Miterd-300x69.png 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/11/Logo_Miterd-768x178.png 768w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/11/Logo_Miterd-600x139.png 600w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/11/Logo_Miterd-64x15.png 64w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/11/Logo_Miterd.png 1280w" sizes="(max-width: 527px) 100vw, 527px" /></p>
<p>Esta publicación ha sido realizada con el apoyo financiero del <strong>Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITERD)</strong>.</p>
<p>El contenido de la misma es responsabilidad exclusiva de <strong>FUHEM</strong> y no refleja necesariamente la opinión del <strong>MITERD</strong>.</p>
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		<title>Conservación radical: extravíos y nuevas direcciones</title>
		<link>https://www.fuhem.es/2022/09/28/conservacion-radical-extravios-y-nuevas-direcciones/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 28 Sep 2022 10:17:14 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Análisis]]></category>
		<category><![CDATA[Capitalismo]]></category>
		<category><![CDATA[Conservación]]></category>
		<category><![CDATA[Pérdida de Biodiversidad]]></category>
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					<description><![CDATA[La magnitud del impacto, junto con otras grandes crisis como el cambio climático, ha llevado a muchos científicos a anunciar una nueva era geológica, el Antropoceno.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>El mundo está perdiendo biodiversidad a un ritmo alarmante. Actualmente, se está extinguiendo un número récord de especies, alterando indeleblemente el carácter de los ecosistemas y empobreciendo la comunidad de vida de la Tierra.</p>
<p>La magnitud del impacto, junto con otras grandes crisis como el cambio climático, ha llevado a muchos científicos a anunciar una nueva era geológica, el <em>Antropoceno</em>. Puede que este término tan controvertido no sea la forma más precisa de describir nuestro momento actual, pero la necesidad urgente de un cambio transformador se hace más evidente con cada especie que se pierde.<sup>2</sup></p>
<p>La comunidad conservacionista mundial, empujada por esta grave realidad, lanza llamamientos y advertencias cada vez más fuertes. El Fondo Mundial para la Naturaleza recientemente ha declarado sin ambages que «nuestra relación con la naturaleza está truncada». Algunos académicos hablan de «aniquilación biológica» para describir la crisis<sup>3</sup> principales organizaciones reconocen que la crisis no está llegando, sino que ya está aquí.</p>
<p>Nos encontramos en este marasmo no por falta de un esfuerzo global de conservación amplio y bien financiado. De hecho, es posible que muchas personas sigan sintiendo alivio porque, al menos en el caso de la crisis de la biodiversidad, existen importantes instituciones y marcos políticos que tratan de resolverla. Sin embargo, existe una contradicción inquietante: en las últimas décadas, la crisis de la extinción se ha acelerado a pesar del éxito del principal pilar de las estrategias convencionales: la ampliación de las áreas protegidas. Por lo tanto, duplicar los enfoques convencionales de conservación será insuficiente para cambiar nuestra peligrosa trayectoria en pro de un futuro sostenible. Al no abordar las fuerzas subyacentes que impulsan la crisis de la biodiversidad,</p>
<p>De hecho, podría decirse que los enfoques convencionales son parte del problema. Para entender por qué, debemos tener claro el significado de «conservación convencional». El paradigma dominante tiene sus raíces en el modelo de «fortaleza» que surgió en Norteamérica a finales del siglo XIX y principios del XX y que pretendía proteger las áreas naturales de los impactos de la rápida industrialización, permitiendo al mismo tiempo que dicha industrialización continuara en otros lugares. Así, desde el principio, la corriente principal de la conservación ha estado entrelazada con las causas sociales y filosóficas fundamentales de las crisis globales contemporáneas: los impactos de la insaciable sed de crecimiento económico del capitalismo y una respuesta que entiende la naturaleza y la cultura como algo dicotómico. En lugar de desafiar el orden capitalista expansivo, el movimiento conservacionista acordonó los espacios para la recreación (de las élites) mientras ampliaba los usos de la biodiversidad para el crecimiento económico mediante su conversión en «capital natural».</p>
<p>La relación entre la corriente principal de la conservación y el capitalismo se profundizó a principios de la década de 1990 con el ascenso del discurso del «desarrollo sostenible». Cediendo al culto hegemónico de los beneficios y el mercado, los conservacionistas empezaron a argumentar que la forma más eficaz de proteger la naturaleza era darle un valor monetario. Al revelar su valor económico, se esperaba proteger la naturaleza mediante instrumentos de mercado que incluían el ecoturismo, los pagos por servicios de los ecosistemas, etc. Las ONG y las organizaciones intergubernamentales mundiales establecieron asociaciones con empresas multinacionales para avanzar en el supuesto objetivo compartido de la conservación; al mismo tiempo, esas mismas empresas continuaron extrayendo, emitiendo e invadiendo.</p>
<p>Ahora bien, se podría argumentar que sin todos estos esfuerzos por reservar zonas protegidas y crear conciencia capitalista del valor de la naturaleza, las crisis de la biodiversidad podrían haber sido aún peores. Pero esto ofrece poco consuelo mientras la crisis de extinción se acelera. De hecho, al enmascarar las causas más profundas de la crisis, la corriente acomodaticia ha retrasado la aparición de la conciencia política y económica fundamental para frenar las causas subyacentes de la pérdida de biodiversidad. Ya es hora de quitarse la máscara y replantearse radicalmente la filosofía y la práctica de la conservación.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4><strong>¿Alternativas radicales o paradigmas defectuosos?</strong></h4>
<p>En respuesta a la urgencia de la crisis de la extinción y a la insuficiencia de las respuestas del <em>statu quo</em>, varios grupos conservacionistas han abogado por nuevas e importantes iniciativas para transformar la corriente principal de la conservación. Muchas de las voces más destacadas se sitúan en uno de los dos campos de reformistas: «nuevos conservacionistas» o «neoproteccionistas». Los nuevos conservacionistas abogan por abandonar la idea de una naturaleza «prístina» y, en su lugar, aprender a vivir de forma constructiva con la naturaleza y utilizarla para el desarrollo humano. Los neoproteccionistas proponen ampliar de forma masiva las áreas protegidas a nivel mundial, sobre todo a través de la iniciativa 30&#215;30, que pretende proteger el 30% de la tierra para 2030.<sup>4</sup> Aunque ofrecen ideas importantes y pretenden abordar las causas fundamentales de nuestra crisis de extinción, ambos enfoques adolecen de defectos fundamentales que anulan su potencial para proporcionar una base para la acción transformadora.</p>
<p>Los nuevos conservacionistas (o «ecomodernistas»), en su haber, rechazan la dicotomía naturaleza-cultura que trata el mundo natural como un lugar «allá» que hay que proteger, en lugar de la base viva de toda la vida, incluida la humana. Los ecosistemas siempre cambian, argumentan, y en el Antropoceno, los humanos deben averiguar cómo vivir en la tierra y gestionarla como un «jardín bullicioso». Este bando acoge la crítica de los científicos sociales de que los proyectos de conservación no deben perjudicar a las personas de su entorno, como las desplazadas por la creación de áreas protegidas. Por el contrario, estos esfuerzos deben diseñarse para beneficiar a las comunidades locales y abordar las causas sociales y económicas subyacentes de la pérdida de biodiversidad, o arriesgarse a fracasar. Pero la nueva conservación socava este núcleo de sabiduría al reforzar, en lugar de resistir, la economía política dominante y defender las «soluciones» basadas en el mercado, como los servicios ambientales y la valoración del capital natural, que en última instancia acomodan la conservación al capitalismo. Si el expolio de la naturaleza se debe en buena medida a las depredaciones del capitalismo, ¿cómo puede ser más capitalismo el camino hacia un futuro sostenible, a pesar de las afirmaciones optimistas sobre las innovaciones a pesar de todo?<sup>5</sup></p>
<p>El enfoque neoproteccionista es el inverso de la nueva conservación. Mientras que la nueva conservación rechaza la dicotomía naturaleza-cultura, los adoctrinadores neoproteccionistas afirman la división y se ponen del lado de la naturaleza. Creen que la única manera de evitar el colapso de los ecosistemas que sustentan la vida en la Tierra es proteger la naturaleza de las personas. Suelen rechazar los planes de conservación basados en el mercado por considerarlos perjudiciales o inadecuados, y en su lugar presentan propuestas ambiciosas para devolver hasta la mitad de la Tierra a la «naturaleza». En particular, también piden que se impongan límites estrictos a las poblaciones humanas, al consumo y al crecimiento económico.<sup>6</sup> Así, a diferencia de la nueva conservación, muchos neoproteccionistas critican el capitalismo contemporáneo, ya sea implícita o explícitamente.</p>
<blockquote><p><strong>La visión neoproteccionista de acordonar inmensas franjas de la tierra implicaría un desplazamiento humano sin precedentes por la vía de la fuerza.</strong></p></blockquote>
<p>Sin embargo, el defecto del neoproteccionismo es la fe poco realista en la posibilidad de identificar nuestra salida del problema. La larga historia del capitalismo de transgredir las propias fronteras que crea sugiere que cualquier separación de este tipo sería, en el mejor de los casos, temporal. Pero incluso si la expansión capitalista pudiera contenerse, la visión neoproteccionista de acordonar inmensas franjas de la tierra implicaría un desplazamiento humano sin precedentes por la vía de la fuerza. Históricamente, la creación de áreas protegidas ha exigido a menudo la reubicación forzosa de las comunidades indígenas, eliminando así a las mismas personas cuya gestión de la tierra hizo que las áreas fueran atractivas para los conservacionistas.</p>
<p>La adopción de los principales elementos de estos nuevos marcos señala una «revolución de la conservación» en ciernes. Sin embargo, ninguna de estas perspectivas aborda adecuadamente las raíces socioecológicas de la crisis de la biodiversidad, ni sus políticas ofrecen una alternativa progresista a las políticas convencionales o a la amenaza real de las políticas reaccionarias e imperialistas en todo el mundo. Por ello, necesitamos otro modelo de conservación que rechace tanto el imperativo capitalista de crecimiento como el rígido dualismo que separa a los seres humanos del resto de la naturaleza.</p>
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<h4><strong>Hacia una conservación convivencial</strong></h4>
<p>La necesidad de una tercera vía ha inspirado nuestro concepto de <em>conservación convivencial</em>, que puede servir de marco transformador para la conservación en una Gran Transición.<sup>7</sup> La diferencia crucial entre la conservación convivencial, la conservación convencional y las otras dos alternativas radicales es que la conservación convivencial parte explícitamente de una perspectiva de ecología política, impregnada de una sólida crítica a la economía política capitalista.<sup>8</sup> Su rechazo a la dicotomía naturaleza-cultura y al capitalismo centrado en el crecimiento hace que la conservación convivencial sea más radical que las otras alternativas, pero al mismo tiempo, dada la escala y la urgencia de la crisis y sus causas fundamentales, más realista.</p>
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<p>Fuente: Elaboración propia</p>
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<p>La premisa subyacente de la conservación convivencial afirma que nuestros graves retos de conservación no pueden superarse sin enfrentarse directamente al capitalismo y a sus arraigadas dicotomías y contradicciones. El marco se basa en una política de equidad, cambio estructural y justicia medioambiental. Apunta directamente a los intereses económicos de las élites mundiales y trasciende la fe tecnocrática de muchos pragmáticos contemporáneos. Y lo que es más importante, se une con entusiasmo al actual auge del cambio estructural sistémico a través de una Gran Transición. Se solidariza con los movimientos locales e indígenas que buscan restaurar y reinventar formas convivenciales de sostenibilidad que conecten a los seres humanos con el resto de la naturaleza.<sup>9</sup> La conservación convivencial adopta esta visión más amplia, afirmando que el éxito en el ámbito de la conservación requiere confrontar y transformar la economía política global general en la que está inserta.</p>
<blockquote><p><strong>Nuestros graves retos de conservación no pueden superarse sin enfrentarse directamente al capitalismo y a sus arraigadas dicotomías y contradicciones</strong></p></blockquote>
<p>El paradigma de la conservación convivencial exige un cambio en la forma de abordar la conservación, tanto en el discurso como en la práctica. En primer lugar, debemos cambiar la forma de conceptualizar la naturaleza y reincorporar las «áreas protegidas» a su entorno social, político y ecológico. Debemos dejar de proteger la naturaleza no humana de los humanos, y en su lugar promover activamente formas de vivir juntos con todas las complejidades que ello conlleva, es decir, dejar de considerar la naturaleza como «áreas protegidas» distantes y comprometernos con ellas como «áreas promocionadas». Ya no debemos vernos a nosotros mismos como «salvadores» de la naturaleza, sino que debemos insistir en alimentar formas en las que la naturaleza humana y no humana puedan prosperar juntas. Debemos cuestionar la visión de la naturaleza humana que nos impone la corriente económica dominante: una visión que nos considera separados del resto del mundo natural y que se centra de forma egoísta en la maximización del beneficio. Debemos enmarcar la naturaleza humana como algo que nos predispone a conectar positivamente con la vida no humana y a crear un espacio para ella, considerando las necesidades y deseos materiales dentro del contexto más amplio de los aspectos cualitativos de la realización.</p>
<p>En segundo lugar, debemos revisar la forma en que experimentamos el medio natural. La crisis de COVID-19 demuestra que depender del turismo insostenible y poco fiable y de otros mecanismos basados en el mercado para financiar los ecosistemas que mantienen la vida y la biodiversidad es ilusorio. Esta comprensión también significa que debemos pasar de un ambientalismo «del espectáculo» a uno cotidiano. Sí, las naturalezas espectaculares –ya sea la majestuosidad de una cascada amazónica o el dolor del oso polar amenazado por el clima– venden, pero son una parte minúscula de todas las variadas naturalezas «cotidianas» más mundanas de las que depende nuestra supervivencia a largo plazo.</p>
<p>Por último, de esa nueva forma de pensar e interactuar con la naturaleza debe surgir una nueva manera de gobernar nuestra relación con ella, que pase de la tecnocracia privatizada de los expertos al compromiso democrático popular. La conservación debe trabajar para hacer de la biodiversidad un bien común global basado en la toma de decisiones democráticas directas centradas en las personas que viven con la biodiversidad (en peligro), y no en el ámbito de un puñado de expertos, en su mayoría blancos y acomodados.</p>
<p>En esencia, la conservación convivencial exige una transformación del modelo de desarrollo. Al igual que algunos neoproteccionistas, los conservacionistas convivenciales rechazan la exigencia de una retirada heroica de tierras y los desplazamientos a gran escala que ello conllevaría (agravando y ampliando los daños históricos). Por el contrario, ha llegado el momento de descolonizar la conservación ofreciendo reparaciones a quienes ya han sido desplazados y marginados por las áreas protegidas. Esto podría consistir en la devolución de las tierras a las comunidades locales o, al menos, en la adopción de responsabilidades de copropiedad o cogestión de forma que se respete la biodiversidad, así como los pueblos indígenas y otros pueblos marginados y sus derechos a la naturaleza.</p>
<p>En este sentido, la conservación convivencial comparte la preocupación de la nueva conservación de que los objetivos de la biodiversidad no pueden alcanzarse con esfuerzos que conduzcan al empobrecimiento y al desplazamiento de las comunidades locales. En paralelo, rechaza la adhesión de la nueva conservación al paradigma capitalista dominante y a sus defectuosas herramientas políticas basadas en los mecanismos de mercado. En su lugar, deberíamos adoptar enfoques alternativos emergentes, como la redistribución de la riqueza mediante la instauración de alguna forma de renta básica de conservación (RBC). Una política de este tipo garantizaría una vida digna a las personas que viven en zonas promocionadas o cerca de ellas, y facilitaría así el cuidado local de la biodiversidad.</p>
<p>Con una ética de descolonización y redistribución en su núcleo, una estrategia de conservación adecuada para una Gran Transición abandonaría las relaciones amables de las organizaciones conservacionistas tradicionales y nuevas con las corporaciones y las industrias extractivas. Estas relaciones, perseguidas en nombre de un pragmatismo falaz, tienen como resultado el lavado verde y la legitimación de modelos empresariales insostenibles. En su lugar, los actores de la conservación deben unirse en un movimiento global independiente –una Coalición de Conservación Convivencial– que se comprometa a desafiar los intereses creados mediante campañas coordinadas, al tiempo que defiende y experimenta con prácticas alternativas.</p>
<p>Las nefastas condiciones sobre el terreno, combinadas con la ineficacia de las estrategias dominantes, ponen de manifiesto una sombría realidad: es necesario realizar un cambio fundamental en el paradigma de la conservación. Los ambiciosos enfoques que aquí se esbozan –la nueva conservación y el neoproteccionismo– son respuestas a este reto que han suscitado el interés de muchos conservacionistas sensibilizados con la urgente necesidad de una acción radical ante la aceleración de la sexta extinción. Sin embargo, en última instancia, estas alternativas se ven obstaculizadas por no ir a la raíz de la crisis.</p>
<p>Los escépticos y los detractores pueden descartar las estrategias basadas en un cambio social fundamental por considerarlas poco realistas. Sin embargo, enfrentarse a la magnitud de la crisis con los ojos bien abiertos y localizar los factores que la impulsan en el fondo de las estructuras de poder institucionales es reconocer que la política transformadora, y no soluciones incrementales graduales, marcan un camino pragmático. Además, imaginar la conservación fuera de la caja capitalista es un ejercicio liberador, que contrarresta las ansiedades ecológicas y las pesadillas catastróficas, al tiempo que libera energía colectiva positiva. Un movimiento unido en torno a una visión convivencial de la conservación sería un poderoso agente de cambio en la Gran Transición.</p>
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<p><strong>Bram Büscher</strong> es profesor y presidente del grupo de Sociología del Desarrollo y el Cambio de la Universidad de Wageningen y coautor, con Robert Fletcher, de <em>The Conservation Revolution: Radical Ideas for Saving Nature Beyond the Anthropocene</em>.</p>
<p><strong>Robert Fletche</strong>r es profesor asociado del grupo de Sociología del Desarrollo y el Cambio de la Universidad de Wageningen y coautor, con Bram Büscher, de <em>The Conservation Revolution: Radical Ideas for Saving Nature Beyond the Anthropocene</em>.</p>
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<h4>NOTAS:</h4>
<p>1. Este texto inaugura el foro «Conservación en la encrucijada» organizado por Great Transition Initiative en mayo de 2022, disponible en: <a href="https://greattransition.org/" target="_blank" rel="noopener">https://greattransition.org/</a>. Agradecemos a los organizadores de GTI el permiso para republicarlo en español.</p>
<p>2. Véase, por ejemplo, el debate de Jason Moore sobre el «Capitaloceno» en <em>El capitalismo en la trama de la vida. Ecología y acumulación de capital</em>, Traficantes de sueños, Madrid, 2020,  así como «Interrogating the Anthropocene: Truth and Fallacy «, Foro GTI, Great Transition Initiative (febrero de 2021), disponible en: <a href="https://greattransition.org/gti-forum/interrogating-the-anthropocene" target="_blank" rel="noopener">https://greattransition.org/gti-forum/interrogating-the-anthropocene</a>.</p>
<p>3. Fondo Mundial para la Naturaleza, <em>Informe Planeta Vivo 2020</em>, WWF, Gland (Suiza), 2020; Gerardo Ceballos, Paul Ehrlich y Rodolfo Dirzo, «Biological Annihilation via the Ongoing Sixth Mass Extinction Signaled by Vertebrate Population Losses and Declines», <em>PNAS</em> 114, núm. 30, 2017, E6089-E6096, disponible en: https://www.pnas.org/doi/pdf/10.1073/pnas.1704949114</p>
<p>4. Véase <a href="https://www.campaignfornature.org/Background" target="_blank" rel="noopener">https://www.campaignfornature.org/Background</a>. Incluso más recientemente, se han hecho esfuerzos para reunir estos diferentes enfoques en una agenda sintética «positiva para la naturaleza».</p>
<p>5. Emma Marris, <em>Rambunctious Garden: Saving Nature in a Post-Wild World</em>, Bloomsbury, Nueva York, 2011; Peter Kareiva, Michelle Marvier y Robert Lalasz, «Conservation in the Anthropocene. Beyond Solitude and Fragility», <em>Breakthrough Journal</em>, 2, otoño de 2011.</p>
<p>6. George Wuerthner, Eileen Crist y Tom Butler (eds.), <em>Protecting the Wild. Parks and Wilderness: The Foundation for Conservation</em>, Island Press, Londres, 2015; Edward O. Wilson, Half-Earth: <em>Our Planet’s Fight for Life,</em> Liveright Publishing, Londres, 2016.</p>
<p>7. Ampliamos los argumentos de este ensayo en <em>The Conservation Revolution: Radical Ideas for Saving Nature Beyond the Anthropocene</em>, Verso, Nueva York, 2020. El término <em>conservación convivencial</em> viene del latín «con vivre» («vivir con») y alude al clásico de Ivan Illich <em>Tools for Convivialit</em>y, Harper &amp; Row, Nueva York, 1973; y <em>La convivencialidad</em>, Virus, Barcelona, 2012.</p>
<p>8. Raymond Bryant, <em>The International Handbook of Political Ecology</em>, Edward Elgar, Cheltenham, 2015.</p>
<p>9. Noah Theriault <em>et al.</em>, «Living Protocols: Remaking Worlds in the Face of Extinction», <em>Social &amp; Cultural Geography</em>, 21, nº 7 (2020): 893-908; véase también el notable trabajo del consorcio Indigenous and Community Conserved Areas (ICCA), disponible en: <a href="https://www.iccaconsortium.org/" target="_blank" rel="noopener">https://www.iccaconsortium.org/</a></p>
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