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	<title>Contaminación &#8211; FUHEM</title>
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		<title>Contaminación omnipresente: un límite planetario olvidado</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 06 Sep 2024 10:25:03 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Análisis]]></category>
		<category><![CDATA[Contaminación]]></category>
		<category><![CDATA[destacadasecosocial]]></category>
		<category><![CDATA[Protección del medio ambiente]]></category>
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					<description><![CDATA[Los múltiples y duraderos efectos nocivos para la salud humana y ambiental, y la contaminación química son problemas ecológicos muy subestimados.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="padding-left: 40px;"><img fetchpriority="high" decoding="async" class="alignright size-thumbnail wp-image-162296" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2024/07/Portada-Papeles-166-300x423.jpg" alt="" width="300" height="423" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2024/07/Portada-Papeles-166-300x423.jpg 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2024/07/Portada-Papeles-166-450x634.jpg 450w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2024/07/Portada-Papeles-166-1200x1691.jpg 1200w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2024/07/Portada-Papeles-166-768x1082.jpg 768w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2024/07/Portada-Papeles-166-1090x1536.jpg 1090w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2024/07/Portada-Papeles-166-1453x2048.jpg 1453w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2024/07/Portada-Papeles-166-350x493.jpg 350w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2024/07/Portada-Papeles-166-600x846.jpg 600w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2024/07/Portada-Papeles-166-64x90.jpg 64w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2024/07/Portada-Papeles-166-scaled.jpg 1816w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /><em>«¿Quién ha tomado la iniciativa que pone en movimiento esa cadena de envenenamientos, esa ola creciente de muerte que se va extendiendo como la que se forma cuando cae una piedra sobre un lago tranquilo?»</em></p>
<p style="text-align: left; padding-left: 40px;"><strong>Rachel Carson</strong></p>
<p style="padding-left: 40px;"><em>«Siempre he pensado que los países poco poblados de África están enormemente subcontaminados»</em></p>
<p style="padding-left: 40px;"><strong>Lawrence Summers</strong></p>
<p style="padding-left: 40px;"><em>«No podemos permitirnos perder un solo dólar de nuestro negocio.»</em></p>
<p style="padding-left: 40px;"><strong>Pollution letter (Documento desclasificado de Monsanto)</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El número 166 de la revista Papeles de relaciones ecosociales  y cambio global publica en su sección A Fondo un artículo de Joan Benach y Ferrán Muntané como pese a los múltiples y duraderos efectos nocivos para la salud humana y ambiental, la contaminación química y la alteración antropogénica de los flujos biogeoquímicos son unos de los problemas ecológicos más subestimados.</p>
<p>El poder de la industria química y los fallos en los sistemas de regulación contribuyen a agravar esta situación, haciendo patente la necesidad de transitar hacia un modelo basado en el control democrático, el rigor científico y unas formas de vida sostenibles.</p>
<p>A continuación, ofrecemos el texto completo del artículo «Contaminación omnipresente: un límite planetario olvidado».</p>
<p>En 2009, científicos del Stockholm Resilience Center (Suecia) trazaron los límites planetarios que la humanidad debe respetar para salvaguardar la estabilidad de la Tierra.<sup>1</sup>  Con el paso del tiempo, el número de estos límites superados ha ido en aumento, y, actualmente, ya hemos excedido seis de los nueve establecidos: el cambio climático, desencadenado por las emisiones de gases de efecto invernadero y el consecuente calentamiento global; la integridad de la biosfera, que está llevando a la pérdida de biodiversidad y la extinción de especies; los cambios en el uso del suelo, con la deforestación y la transformación de tierras para la agricultura; la sobreexplotación de los recursos hídricos y el uso del agua dulce; los desequilibrios en los ciclos del nitrógeno y el fósforo, resultado del flujo biogeoquímico alterado; y la introducción de nuevas sustancias<em>, </em>que están generando contaminación a través de productos químicos sintéticos y plásticos.<sup>2</sup> Sin embargo, dos de los tres restantes (la acidificación oceánica y la acumulación de aerosoles en la atmósfera) están en camino de ser sobrepasados próximamente.</p>
<p>Si bien algunos de estos límites, como el cambio climático y la integridad de la biosfera, han recibido una creciente cobertura por los medios de comunicación, algunos son negligentemente ignorados. Es el caso, por ejemplo, de los límites relacionados con los flujos biogeoquímicos y la contaminación a través de productos químicos. Sin embargo, este último ha sido señalado con gran preocupación por parte de numerosos análisis científicos:</p>
<p style="padding-left: 40px;"><span style="font-size: 10pt;">Se producen y liberan al medio ambiente cientos de miles de químicos sintéticos. Para muchas sustancias, los efectos potencialmente grandes y persistentes en los procesos del sistema terrestre de su introducción, particularmente en la integridad funcional de la biosfera, no son bien conocidos, y su uso no está bien regulado (…) el único espacio verdaderamente seguro (…) es aquel donde estas entidades están ausentes a menos que sus impactos potenciales con respecto al sistema terrestre hayan sido evaluados exhaustivamente. Esto implicaría que el límite planetario cuantificado debería establecerse en cero liberación de compuestos químicos sintéticos al medio ambiente abierto, a menos que hayan sido certificados como inofensivos y sean monitoreados.<sup>3</sup></span></p>
<p>A medida que tomamos conciencia de las limitaciones ecológicas globales impuestas por la estructura particular de la biosfera en la que habitamos, surge la urgencia de regular de manera efectiva y rápida la contaminación. Sin embargo, el panorama actual plantea preocupaciones significativas. En primer lugar, los recursos científicos y los sistemas de información resultan ser insuficientes y carecen de transparencia y accesibilidad. Segundo, los mecanismos reguladores son lentos, inadecuados y, demasiado a menudo, incapaces de garantizar el cumplimiento de las normativas. Y tercero, falta un sistema completo de vigilancia, inspección, evaluación y sanción con los recursos adecuados, competencia y transparencia para garantizar el  cumplimiento de la legislación.</p>
<h5><strong>Un mar de contaminantes</strong></h5>
<p>En efecto, vivimos inmersos en un mar de contaminantes. Empezando por los plásticos, omnipresentes por su versatilidad para la fabricación de todo tipo de bienes cotidianos como bolsas, envoltorios, cosméticos, juguetes, electrodomésticos y ropa, brindan comodidad a nuestras vidas. Sin embargo, una vez producidos, comercializados y consumidos masivamente, son desechados y arrojados a vertederos y océanos, donde tardan décadas o incluso siglos en descomponerse, liberando contaminantes en el suelo, el aire y el agua.<sup>4</sup> <sup>5</sup> Los plásticos están compuestos de un gran número de sustancias, muchas de las cuales son tóxicas (bifenoles, ftalatos, etc.), mientras que otras, como los polímeros, todavía no conocemos su toxicidad. Sin embargo, día tras día, sin darnos cuenta, ingerimos,<sup>6</sup> bebemos, respiramos,<sup>7</sup> tocamos y absorbemos plásticos y sus aditivos. Partículas diminutas se cuelan en nuestro organismo, afectando nuestra salud de formas que cada vez comprendemos mejor.<sup>8</sup> <sup>9</sup> Por ejemplo, es alarmante descubrir que niños y niñas españoles excretan plásticos en su orina debido al bisfenol A presente en su alimentación,<sup>10</sup> o que los bebés de bajo peso en cuidados intensivos están en contacto con estos materiales.<sup>11</sup> Incluso actividades aparentemente inocentes como consumir comida rápida<sup>12</sup> o utilizar una pajita de papel<sup>13</sup> para beber pueden exponernos a tóxicos dañinos.<sup>14</sup> Más impactante aún es saber que los microplásticos han logrado cruzar barreras tan íntimas como la placenta, transportando consigo no solo partículas, sino también gérmenes y compuestos químicos hacia nuestros cuerpos.<sup>15</sup> Incluso el polvo de nuestras casas, que solía ser simplemente ácaros y pelo, ahora contiene fibras sintéticas como el poliéster y sustancias químicas nocivas provenientes de nuestra ropa y dispositivos electrónicos como los polibromados.</p>
<p>Pero, además de los plásticos, este mar de contaminantes en el que vivimos está repleto de muchas otras sustancias y materiales nocivos. Hoy día, el mundo se encuentra inundado por aproximadamente 350 000 productos químicos, con cerca de 70 000 de ellos registrados en la última década. Lo sorprendente es que alrededor de 30 000 de estos productos se han registrado únicamente en países de renta baja, donde la capacidad para gestionar y eliminar de manera adecuada los productos químicos es enormemente limitada.<sup>16</sup> Esto ha llevado a un incremento alarmante en la acumulación de basura tóxica, que desproporcionadamente afecta a las regiones más pobres del planeta. La investigación científica ha lanzado una advertencia clara: los contaminantes químicos se han convertido en una presencia casi universal, afectando a humanos, animales y prácticamente todos los rincones del planeta .<sup>17</sup> La contaminación trasciende fronteras, climas y comunidades, afectando desde las regiones más aisladas del Ártico, donde los inuit basan su dieta en animales marinos contaminados, hasta los rincones más desarrollados y privilegiados del mundo.</p>
<blockquote><p><strong>Los contaminantes químicos se han convertido en una presencia casi universal, afectando a humanos, animales y prácticamente todos los rincones del planeta</strong></p></blockquote>
<p>Por supuesto, la rápida y desigual industrialización, el transporte de mercancías y el uso masivo de vehículos privados, especialmente en áreas urbanas densamente pobladas, contribuye significativamente a la emisión de contaminantes atmosféricos nocivos como los óxidos de nitrógeno, el dióxido de azufre, el monóxido de carbono, los compuestos orgánicos volátiles y las partículas en suspensión. Estos contaminantes tienen diversos efectos adversos sobre la calidad del aire y la salud humana. Por ejemplo, contribuyen al <em>smog</em> y la formación de lluvia ácida, afectando la calidad del aire y dañando los ecosistemas. La dimensión del problema es tal que, en 2023 se estimaba que solo siete países (Australia, Estonia, Finlandia, Granada, Islandia, Mauricio y Nueva Zelanda) cumplían los estándares de calidad del aire de la OMS.<sup>18</sup> Todo ello sin contar las consecuencias para la vida y el medio ambiente: destrucción de bosques, demolición de aldeas, desplazamiento de decenas de miles de personas y la constante amenaza para miles de animales cuyos hábitats naturales han sido arrebatados.</p>
<p>Incluso el espacio es escenario de contaminación y destrucción antropogénica. En apenas siete décadas, el espacio se ha llenado con decenas de miles de objetos espaciales que, con el paso del tiempo, se han fragmentado, dando origen a objetos más pequeños. Sin contar los satélites que ya no están operativos, se estima que hay alrededor de 500 000 objetos con tamaños entre uno y diez centímetros orbitando alrededor de la Tierra, y otros 21 000 de más de diez centímetros, algunos tan grandes como una estación espacial. Unas 10 000 toneladas de basura espacial orbitando a miles de kilómetros por hora justo encima de nuestras cabezas. La contaminación espacial aumenta las probabilidades de colisión con los satélites en funcionamiento, lo cual pone en riesgo la prevención de desastres naturales y el funcionamiento de las telecomunicaciones. Con más frecuencia de la que pensamos, estos desechos acaban cayendo contra la Tierra.<sup>19</sup> <sup>20</sup></p>
<p>Volviendo a la Tierra, estos procesos de bioacumulación y biomagnificación implican que ninguna criatura, desde el más pequeño de los peces hasta el ser humano, está a salvo de su impacto. Por ejemplo, en la UE casi una cuarta parte de la población activa, 32 millones de personas trabajadoras, están expuestos a agentes cancerígenos considerados peligrosos para la salud, y en España se estima que en los sectores de actividad más peligrosos esa situación afecta a la mitad de las personas trabajadoras. Pero los contaminantes no solo se encuentran en lugares remotos, sino también en objetos de nuestra vida diaria, como la ropa que vestimos, infundida con miles de productos químicos durante su fabricación.<a href="#_ftn21" name="_ftnref21">[21]</a> Esta realidad nos enfrenta a un desafío formidable: cómo detener la propagación de estos contaminantes que, de manera lenta y sigilosa, socavan la salud planetaria (y extraplanetaria).</p>
<p>&nbsp;</p>
<h5><strong>Una sindemia silenciosa y persistente</strong></h5>
<p>Nuestra interacción diaria con el vasto mundo de las sustancias químicas tiene efectos profundos, tanto en la salud del planeta como en la nuestra. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la exposición a productos químicos peligrosos contribuye a generar cerca de dos millones de muertes anuales. Esta cifra, alarmante por sí sola, apenas roza la superficie de un problema que abarca una amplia gama de consecuencias ocultas y a menudo subestimadas,<sup>22</sup> creando una sindemia planetaria silenciosa. <sup>23</sup> <sup>24</sup> Según la Comisión sobre Contaminación y Salud de <em>The Lancet</em>,<sup>25</sup> la contaminación química es un problema global en aumento, cuyos efectos en la salud humana son enormemente subestimados. Los impactos de estas sustancias son particularmente devastadores para las poblaciones y países de bajos ingresos , así como en ciudades y comunidades donde la presencia de químicos tóxicos, radionúclidos y metales pesados es una constante.</p>
<p>A lo largo de los años, la ciencia ha profundizado en el estudio de cómo estos compuestos afectan tanto a nuestra salud como al medio ambiente. Un momento clave en esta exploración fue la publicación, en 1996, de <em>Nuestro Futuro Robado</em>, un libro que puso el foco en la disrupción endocrina, un fenómeno cada vez más preocupante.<sup>26</sup> Este término se refiere a cómo diversas sustancias químicas, muchas de las cuales son derivadas del petróleo y presentes en nuestro día a día, interfieren con el sistema endocrino con el potencial de alterar el desarrollo reproductivo y hormonal tanto en humanos como en la fauna, poniendo en riesgo no solo la salud individual sino también la biodiversidad global. Más recientemente, la ciencia ha arrojado más luz sobre algunos aspectos perturbadores de esta realidad.</p>
<blockquote><p><strong>Los impactos de estas sustancias son particularmente devastadores para las poblaciones y países de bajos ingresos</strong></p></blockquote>
<p>En primer lugar, la omnipresencia de estos contaminantes significa que estamos expuestos a un «efecto cóctel», donde las interacciones entre diferentes sustancias pueden tener efectos imprevisibles, incluso en dosis bajas. En segundo lugar, muchos de estos químicos son persistentes y bioacumulativos, lo que significa que tienen tendencia a acumularse dentro del organismo en forma de un legado tóxico. En tercer lugar, la exposición a estos químicos no se limita a una etapa específica de la vida; comienza en el útero y nos acompaña hasta la tumba, manifestándose en enfermedades y trastornos años después de la exposición inicial. Incluso si un feto en el útero queda expuesto en un momento clave del desarrollo, no solo habrá consecuencias sobre el feto y luego en la edad adulta, sino que también se verán afectados los nietos y bisnietos de la madre expuesta, produciéndose un salto de una o dos generaciones (herencia epigenética transgeneracional).<sup>[27]</sup> Enfrentamos, por tanto, una sindemia química tóxica con graves repercusiones en el medio ambiente y la salud humana.</p>
<p>La exposición a niveles altos de contaminantes aéreos está vinculada con un aumento en problemas respiratorios como el asma y la bronquitis, especialmente en poblaciones vulnerables como niños y ancianos. Además, se ha establecido una correlación directa entre la contaminación del aire y un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, así como infecciones respiratorias. Actualmente, la contaminación es la mayor causa ambiental de enfermedades y muertes prematuras a nivel mundial, con más de nueve millones de fallecimientos al año , la mayoría debido a la contaminación del aire. Esta cifra supera con creces las muertes por SIDA, tuberculosis y malaria combinadas. Más del 95% de las muertes relacionadas con la contaminación del aire ocurren en países de ingresos bajos y medios. La exposición a químicos nocivos como los pesticidas están detrás de más de 385 millones de intoxicaciones anuales entre estos trabajadores y trabajadoras esenciales en el Sur global, con la mayoría de los casos registrados en Asia y África.<sup>[28]</sup> La contaminación por exposición al plomo está detrás de más de 5,5 millones de adultos fallecidos por enfermedades cardiovasculares solo en 2019, el 90% de los cuales en países de ingresos bajos y medios.</p>
<blockquote><p><strong>Actualmente, la contaminación es la mayor causa ambiental de enfermedades y muertes prematuras a nivel mundial, con más de nueve millones de </strong><strong>fallecimientos al año</strong></p></blockquote>
<p>Sin embargo, la exposición a diversos contaminantes va más allá de causar enfermedades agudas. Estas sustancias pueden alterar nuestro ADN, dando lugar a mutaciones, cáncer y malformaciones congénitas. Muchos contaminantes actúan como venenos lentos, siendo neurotóxicos que pueden desencadenar enfermedades degenerativas, autoinmunes, hormonales, cardiovasculares, metabólicas y del sistema nervioso, además de infertilidad. Estos contaminantes pueden imitar o alterar la función de hormonas como los estrógenos, teniendo un impacto profundo en órganos vitales como los ovarios, el páncreas y la tiroides.<sup>29</sup> Por poner solo un ejemplo, trabajar más de una década en una peluquería o salón de belleza puede triplicar el riesgo de desarrollar cáncer de ovario.<sup>30</sup> Lo más inquietante es que la exposición a estas sustancias no distingue edad, afectando desde la etapa embrionaria y fetal hasta la infancia temprana, momentos en los que nuestro sistema hormonal se encuentra en su estado más delicado. En muchos casos, la contaminación, que puede envenenar a las personas durante generaciones, se percibe como un fenómeno normal, en gran medida invisible. Una razón es que la relación entre la exposición a contaminantes y el desarrollo de enfermedades causadas por esta tardan años en manifestarse, dificultando la identificación de la relación causal.</p>
<p>Aunque todas las personas, independientemente de la posición social o geográfica, compartimos el riesgo, es importante subrayar que el impacto de esta exposición no se distribuye de manera equitativa entre la población. Las personas en situaciones de mayor precariedad y/o más vulnerabilizadas se ven desproporcionadamente afectadas. Así, las consecuencias de nuestra interacción con estos contaminantes persistentes son también una cuestión de justicia social.<sup>31</sup> <sup>32</sup> <sup>33</sup></p>
<p>&nbsp;</p>
<h5><strong>El fracaso de los sistemas de protección</strong></h5>
<p>En cuanto a nuestra comprensión de la toxicidad de las sustancias químicas, podemos identificar varios escenarios que condicionan la eficacia de los sistemas de protección. En primer lugar, cuando la toxicidad de los productos químicos es desconocida o apenas sospechada, las autoridades tienden a adoptar una postura de espera o de negación, permitiendo que las empresas opten por soluciones que prioricen la eficiencia y el beneficio económico en sus procesos de producción. En este contexto, la intervención gubernamental es escasa o nula, dejando un amplio margen para la acción corporativa sin restricciones significativas. Cuando contamos con un conocimiento limitado, pero existen indicios suficientes que apuntan hacia la toxicidad, la acción política sigue siendo insuficiente. Las pocas intervenciones que se impulsan a menudo se ven obstaculizadas por la resistencia de las empresas, que despliegan una variedad de estrategias legales, económicas, políticas y mediáticas para esquivar cualquier regulación que amenace su libertad de acción. Finalmente, en aquellos escenarios en los que contamos con un arsenal de evidencia científica robusta que confirma la toxicidad de las sustancias, es cuando encontramos una respuesta regulatoria más firme, particularmente en los países más desarrollados y con mayores recursos, desplegando restricciones y prohibiciones para las sustancias de conocida toxicidad aguda. Sin embargo, cabe señalar que esta respuesta raramente se extiende a las sustancias cuya toxicidad produce problemas de salud crónicos, especialmente aquellas que actúan en dosis bajas y provienen de fuentes variadas.</p>
<p>El único escenario deseable, el de una regulación apropiada que impida el uso de sustancias con efectos tóxicos agudos y crónicos para la salud, es el resultado de un conocimiento profundo sobre los riesgos, una amplia cobertura mediática que eleva la visibilidad del problema y un fuerte impulso de presión social y política ejercida por grupos comprometidos con el control de estas sustancias. Así, la efectividad de las medidas depende de la compleja sinergia entre el conocimiento científico, la conciencia pública, la legislación adecuada y la movilización comunitaria y política.</p>
<p>¿Qué fallas en nuestro marco regulatorio permiten que estemos expuestos a productos tóxicos?</p>
<p>¿Qué brechas en los procesos de aprobación y vigilancia facilitan esta realidad?</p>
<p>¿Por qué los mecanismos, diseñados para salvaguardar la salud pública y el medio ambiente, no han logrado cumplir adecuadamente con su propósito?</p>
<p>Tatiana Santos, directora del área de químicos de la Oficina Europea del Medio Ambiente (EEB) –y también autora en este semimonográfico–, ofrece algunas respuestas al destacar las limitaciones de la actual normativa europea para el control de químicos industriales conocida como REACH:<sup>34</sup></p>
<p style="padding-left: 40px;"><span style="font-size: 10pt;">[REACH] ha fracasado en protegernos frente a miles de sustancias químicas y en evitar el almacenamiento masivo en nuestros cuerpos de químicos altamente peligrosos… La salud de las personas está en peligro<strong>.</strong> El fracaso de la UE para controlar los productos químicos nocivos está escrito en la sangre y la orina contaminadas de todos los europeos… La Comisión se está preparando para permitir que los productos químicos más dañinos se sigan utilizando en al menos la mitad de los productos en los que se utilizan actualmente, a pesar de su evaluación de que los ahorros relacionados con la salud superarán ampliamente los costos para la industria.<sup>35</sup></span></p>
<p><strong> </strong></p>
<h5><strong>Intereses, maldades y delitos del poder corporativo</strong></h5>
<p>Contrariamente a lo que sería deseable, cuando surgen pruebas contundentes de la toxicidad de ciertas sustancias, o incluso cuando hay indicios legítimos, las corporaciones priorizan sistemáticamente sus beneficios económicos sobre el bienestar de la población y la integridad del medio ambiente. Parte de su estrategia implica generar una percepción de necesidad, real o inventada, tanto en productores como, especialmente, en los consumidores. Este proceso se apuntala en el papel de la industria química como un motor importante para el crecimiento económico, especialmente en EEUU y Europa, representando un porcentaje considerable del PIB de ambos territorios (de hasta el 25% en EEUU).<sup>36</sup> <sup>37</sup></p>
<p>Gracias a esta potente influencia económica,<sup>38</sup> <sup>39</sup> la industria química no ha dudado en ejercer una presión considerable sobre los gobiernos y la ciudadanía, invirtiendo generosamente en actividades de <em>lobbying</em>, empresas de relaciones públicas, agencias de publicidad y medios de comunicación. De los más de 12 000 grupos de presión que intentan influir en las decisiones de las instituciones comunitarias, el Consejo Europeo de la Industria Química lidera el ranquin de presupuesto anual para estas actividades.<sup>40</sup> Este esfuerzo coordinado busca incidir en los procesos legislativos (captura del legislador), sembrar dudas y propagar falsedades, convenciendo a la sociedad de la seguridad de los productos químicos, su indispensabilidad o su compromiso con el bienestar ambiental y comunitario. Tampoco dudan en recurrir al tráfico de influencias y la corrupción directa, el aprovechamiento de información privilegiada, la cooptación de investigadores,<sup>41</sup> el descrédito de científicos independientes <sup>42</sup> <sup>43</sup> <sup>44</sup> e, incluso, el uso de tácticas represivas y la difamación de activistas, sindicalistas y cualquier persona que sea percibido como una amenaza. También es frecuente la retención o la manipulación de la información como una táctica defensiva clave para salvaguardar sus intereses. Este comportamiento es particularmente alarmante en el caso de numerosas sustancias químicas utilizadas extensamente, como los aditivos en plásticos, colorantes y plastificantes, así como otros componentes encontrados en una amplia gama de productos de consumo. Otra estrategia consiste en la elusión de la regulación mediante estrategias dilatorias y, cuando es necesario, asumir el coste de multas como un coste más de su negocio. Un informe de 2018 reveló que se incumplen entre el 70% y el 80% de las obligaciones de información por parte de la industria, incluyendo datos críticos sobre la toxicidad de las sustancias.<sup>45</sup> Por último, cuando se trata de enfrentar riesgos, las corporaciones no escatiman esfuerzos para asegurar sus beneficios, recurriendo al extractivismo, el despojo, y hasta tácticas que podrían compararse con las empleadas por organizaciones mafiosas. En Estados Unidos, se adentran en los entresijos de los procesos electorales, haciendo uso de la propaganda y las tecnologías de redes sociales para inclinar la balanza a su favor. Más allá de sus fronteras, no dudan en manipular gobiernos e instituciones políticas de otros países para alinearlos con sus intereses. En la Unión Europea, el poderío de las grandes empresas se hace sentir en las principales instituciones competentes, como la Comisión Europea, el Parlamento Europeo y el Consejo, que son siempre objeto de presiones para favorecer las operaciones del capital transnacional, tanto dentro como fuera de la UE.<sup>46</sup></p>
<blockquote><p><strong>Es urgente replantear y fortalecer los mecanismos de regulación y control para proteger el bienestar común frente a los intereses particulares de unas pocas corporaciones</strong></p></blockquote>
<p>Este complejo entramado de influencias no solo socava la integridad de las instituciones encargadas de proteger el bienestar público y el medio ambiente, sino que también pone en jaque la confianza de la sociedad en estas entidades.<a href="#_ftn47" name="_ftnref47"><sup>[47]</sup></a> Además, perpetúa un entorno de regulación ineficaz, permitiendo que los intereses corporativos se impongan sobre la salud, bienestar y seguridad de la sociedad, al mismo tiempo que socavan la capacidad de la sociedad para tomar decisiones informadas y protegerse contra posibles daños. Por todo ello, es urgente replantear y fortalecer los mecanismos de regulación y control para proteger el bienestar común frente a los intereses particulares de unas pocas corporaciones  poderosas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h5><strong>Que se coman la contaminación</strong></h5>
<p>Lawrence Summers, quien ocupó cargos tan influyentes como el de economista jefe del Banco Mundial o Secretario del Tesoro de los Estados Unidos, defendió la lógica de depositar desechos peligrosos en países con salarios más bajos como algo perfectamente lógico, sugiriendo incluso que las zonas habitadas por personas pobres no estaban «suficientemente contaminadas» desde una perspectiva económica. Esta perspectiva constituye una forma de imperialismo perpetrado por las corporaciones transnacionales que pone de relieve una cruda realidad: en su búsqueda implacable de ganancias, la industria de los residuos tóxicos y la expansión neoliberal amenazan tanto la salud humana como la del planeta, afectando de manera desproporcionada a las poblaciones más pobres. Pero Summers no es un caso aislado. Para muchos economistas, la contaminación no se ve como un problema crítico a erradicar, sino como algo que debe gestionarse dentro de los confines del «libre mercado». Este paradigma no solo perpetúa la explotación del trabajo de los más vulnerables y marginados, sino que también insiste en que la preservación de la lógica capitalista es esencial para la prosperidad global, incluso para las futuras generaciones.<sup>48</sup> La elección de las comunidades que habitualmente se convierten en vertederos de desechos tóxicos no es aleatoria, sino que está profundamente influenciada por la clase social, la raza y la etnia,<sup>49</sup> revelando cómo ciertas vidas y ecosistemas se consideran prescindibles en el altar del progreso económico.<sup>50</sup></p>
<p>De ahí que, curiosamente, naciones como Estados Unidos, Alemania y Francia sean exportadores netos de desechos, mientras que China lidera la exportación de materiales peligrosos. Destinos como México, India y Uzbekistán se han convertido en importadores masivos de estos peligrosos desechos. Simultáneamente, países como China,<sup>51</sup> Mozambique, Senegal y Afganistán enfrentan niveles alarmantes de contaminación química a causa de la acumulación de basura.<sup>52</sup> Este fenómeno, a menudo descrito como imperialismo ambiental, muestra cómo los países más acaudalados del mundo desplazan millones de toneladas de residuos hacia naciones del Sur global. Lugares como Guinea, Ghana, Haití y otros se han convertido también en vertederos químicos, farmacéuticos y radiactivos. En la mayoría de los casos, ni las autoridades, ni los científicos, ni la propia población tienen conocimiento de la presencia y magnitud de los riesgos ambientales existentes, sus posibles efectos sinérgicos y sus desiguales repercusiones en la salud y el bienestar de la población.<sup>53</sup> La relación entre la acumulación de desechos tóxicos y los determinantes sociales de la salud es un área que, aunque no completamente comprendida, ha comenzado a revelar tendencias alarmantes. Investigaciones en Estados Unidos y Europa han evidenciado que las comunidades más desfavorecidas enfrentan de manera desproporcionada las consecuencias negativas derivadas de la proximidad a instalaciones de residuos y vertederos tóxicos.<sup>54</sup> También se está empezando a arrojar luz sobre la importancia de la justicia ambiental, el activismo y la participación ciudadana,<sup>55</sup> especialmente en áreas afectadas por la contaminación industrial. Estos estudios, aunque son limitados, sugieren una relación directa entre la privación material y el aumento de la desigualdad ambiental, reafirmando la idea de que las comunidades más empobrecidas suelen ser las más afectadas por este tipo de contaminación.<sup>56</sup> Sin embargo, aún es raro encontrar análisis que integren de manera conjunta los determinantes sociales y ambientales,<sup>57</sup> y la investigación en países de ingresos bajos o medios es especialmente limitada.<sup>58</sup> A pesar de estos desafíos, queda claro que las decisiones en torno a la creación de nuevas instalaciones industriales o los planes de remediación deben priorizar la precaución, la equidad y la salud pública.</p>
<p>El comercio internacional de residuos tóxicos encarna una de las injusticias ambientales más flagrantes de nuestra época: la exportación de residuos tóxicos desde países desarrollados a naciones más empobrecidas.<a href="#_ftn59" name="_ftnref59"><sup>[59]</sup></a> Numerosas empresas incluso sitúan sus instalaciones de tratamiento o reciclaje de residuos en países de ingresos bajos, beneficiándose de la mano de obra barata y la laxitud normativa. De este modo, la agenda corporativa perpetúa innovadoras formas de imperialismo, mercantilizando, degradando y destruyendo los recursos naturales de ciertos territorios; un proceso que está intrínsecamente ligado a factores como la deuda externa, la necesidad de divisas o la «asistencia humanitaria». Aunque iniciativas internacionales como el Convenio de Basilea y las prohibiciones impuestas por la OCDE intentan atenuar estos problemas, la efectividad en su implementación aún encuentra importantes barreras. Esta «externalización» de los costos ambientales hacia los países en desarrollo resalta la urgencia de adoptar un enfoque en la gestión ambiental y económica que no solo sea más equitativo, sino también sostenible a largo plazo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h5><strong>La democracia o la vida</strong></h5>
<p>Nos encontramos ante un panorama marcado por la falta de transparencia, regulación inadecuada, un sistema de vigilancia deficiente y unas condiciones sociales insuficientes para la protección de la salud y el medio ambiente. Estos problemas derivan de la ausencia de políticas económicas y científicas que dificultan o imposibilitan la toma de decisiones informadas y democráticas sobre la autorización o restricción del uso de productos químicos. El primer elemento está vinculado a cómo se lleva a cabo la producción industrial, especialmente en el uso de productos químicos cuyas garantías de seguridad para la salud pública y el entorno ambiental a medio y largo plazo son cuestionables. En palabras de Jacqueline Verrett, una ex toxicóloga de la FDA:</p>
<p style="padding-left: 40px;"><span style="font-size: 10pt;">No es que los responsables gubernamentales sean corruptos, sino que su sentido del deber se ve continuamente erosionado por sus contactos con la industria y por interesarse más por los efectos a corto plazo en la industria que por los efectos a largo plazo en los consumidores. (…) Es necesario que las agencias de reglamentación dejen de prestar derechos a los productos químicos. Los productos químicos no tienen ningún derecho, quienes los tienen son las personas.<sup>60</sup></span></p>
<p><span style="font-size: 11pt;"><br />
Para corregir esta situación es necesaria una política de salud pública que exija generar y compartir información detallada y precisa sobre los riesgos asociados con estos productos y sustancias. Al mismo tiempo, en relación con la política científica, es necesario reforzar la capacidad de evaluar, científica y socialmente, los riesgos asociados tanto con las sustancias usadas en el pasado como con aquellas en uso actualmente. La industria química ha crecido hasta convertirse en un gigante con un negocio y poder enormes que opera de forma opaca. Esto ha transformado al consumidor en alguien más crédulo y conformista ante la insuficiente vigilancia en la evaluación de residuos y productos de consumo. Estos procesos están llenos de irregularidades como la conformación de equipos de expertos que favorecen los intereses industriales o sistemas de medición de riesgos que distan mucho de ser objetivos.<sup>61</sup> El proceso de medición de riesgos está impregnado de suposiciones sobre la naturaleza y el valor de lo que se mide. La complejidad y diversidad de los fenómenos a evaluar hacen extremadamente difícil identificar valores seguros y medir riesgos de manera precisa,<sup>62</sup> lo que recuerda a la «falacia de McNamara», que critica la dependencia de tomar decisiones críticas a partir exclusivamente de métricas cuantitativas, ignorando lo que no se puede cuantificar.</span></p>
<p>Un ejemplo paradigmático de la falsa objetividad es la introducción, en los años cincuenta, del concepto de Ingesta Diaria Admisible (IDA) para aditivos alimentarios y, más tarde, para residuos de pesticidas. Con este concepto se pretendió establecer un marco de seguridad para el consumo de estas sustancias mediante la identificación de una dosis de un aditivo que no causara efectos tóxicos observables en animales, y luego dividir ese valor por cien para determinar lo que se consideraría seguro para el consumo humano diario. Sin embargo, este proceso es más complejo y subjetivo de lo que parece, con expertos cuya legitimidad ha sido cuestionada por numerosas decisiones sobre los valores seguros que a menudo favorecen los intereses de las industrias involucradas. Si bien este enfoque carece de una base científica sólida para distinguir claramente entre las concentraciones de una sustancia que son dañinas y las que no lo son, sus conclusiones se convierten prácticamente en dogma.<sup>63</sup> Una mayor transparencia, rigor y participación democrática en la evaluación de la seguridad alimentaria son imprescindibles para asegurar unos estándares de protección de la salud pública adecuados. Esto incluye, entre otras cosas, cuestionar la noción de la «aceptabilidad del riesgo», que es una noción esencialmente social, normativa, política o comercial que establece qué riesgo para la salud estamos dispuestos a asumir colectivamente, en este caso en lo referente a la ingesta de aditivos y pesticidas.<sup>64</sup></p>
<p>En Europa, la batalla por una regulación más estricta de los productos químicos y pesticidas se encuentra en un punto crítico, enfrentando la poderosa influencia de la industria contra los esfuerzos por proteger la salud pública y el medio ambiente. Uno de los principales campos de batalla es el Pacto Verde (<em>Green Deal</em>) de la UE, lanzado en 2020 con el ambicioso objetivo de convertir a Europa en el primer continente climáticamente neutro para 2050, promoviendo al mismo tiempo la economía, la salud y la calidad de vida de sus ciudadanos. Este pacto incluyó una estrategia para avanzar hacia una sostenibilidad química, enfocándose en las sustancias más peligrosas, como carcinógenos y disruptores endocrinos, entre otros. A través de más de ochenta iniciativas, se buscaba regular, prohibir y mejorar la información sobre sustancias tóxicas, en un esfuerzo por garantizar un futuro sin toxinas. Esta estrategia contó con el apoyo total del Parlamento Europeo y el Consejo Europeo, generando grandes expectativas. Sin embargo, a pesar de los esfuerzos por mejorar la regulación de productos peligrosos, la realidad es que los ciudadanos todavía estamos expuestos a altas concentraciones de químicos y pesticidas. La resistencia de la poderosa industria química, particularmente notable en Alemania, ha sido un freno significativo, presionando hasta que la presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, eliminó del plan de trabajo de la Comisión las reformas clave para el Pacto Verde en otoño de 2022. Este retroceso generó controversia y protestas de varios países europeos que luchan por la eliminación de sustancias tóxicas en los productos de consumo y por entornos laborales seguros.&lt;<sup>65</sup> Sin embargo, la presión de la industria química no cesó, buscando crear lagunas en la regulación y persuadiendo a la Comisión Europea para que retrase o incluso abandone los compromisos establecidos en la Estrategia de Sustancias Químicas para la Sostenibilidad del Pacto Verde (CSS, <em>Chemicals Strategy for Sustainability</em>).</p>
<blockquote><p><strong>En Europa, la batalla por una regulación más estricta de los productos químicos y pesticidas se encuentra en un punto crítico</strong></p></blockquote>
<p>En 2024, con las crecientes protestas de agricultores en varios países europeos, la cercanía de las elecciones europeas y la aspiración de Ursula von der Leyen por ser reelegida como presidenta de la Comisión Europea, la jefa del ejecutivo comunitario tomó la decisión de postergar la normativa de reducción de pesticidas, una medida clave del Pacto Verde, dejando en evidencia el poder de la industria química sobre las decisiones que afectan el bienestar colectivo.<sup>66</sup> Además, la industria también lucha para evitar la expansión del GARM (<em>Generic Approach to Risk Management</em>); retrasar la revisión de la normativa europea REACH (<em>Registration, Evaluation, Authorisation and Restriction of Chemicals</em>); redefinir el «concepto de uso esencial» o EUC (<em>Essential use concept</em>), una política derivada del Protocolo de Montreal que aboga por prohibir las sustancias peligrosas en productos de consumo, salvo en circunstancias excepcionales donde su uso sea indispensable para la sociedad y no existan alternativas viables, entre otros frentes.<sup>67</sup></p>
<p>La causa de fondo, de nuevo, es la necesidad de crecimiento insostenible y acumulación constante de capital por parte de una industria química que se ha convertido en una pieza clave del sistema capitalista contemporáneo, en el que la desposesión continua de las mayorías y la explotación destructiva del planeta solo desplazan temporalmente su crisis.<sup>68</sup> <sup>69</sup> De ahí los esfuerzos por resistir cualquier intento de limitar la producción y el uso de productos químicos, dado que constituyen una fuente fundamental de rentabilidad y acumulación de capital, independientemente de sus consecuencias ambientales y de salud pública. Entender el papel que juega esta industria es fundamental para comprender mejor la articulación de un sistema que nos empuja a una auténtica crisis civilizatoria.</p>
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<h5><strong>Actuar ante un síntoma de la crisis capitalista</strong></h5>
<p>Con seis de los nueve límites planetarios ya sobrepasados, enfrentamos una amenaza existencial que exige una transformación social sin precedentes. La salud de nuestro entorno y nuestra propia salud están profundamente entrelazadas; son inseparables. No podemos pretender cuidar una sin atender a la otra; son dos caras de la misma moneda unidas por un hilo que nos conduce, o bien hacia el bienestar colectivo o bien hacia nuestra perdición conjunta. La actual sindemia química, ese entrelazado de factores químicos adversos que afectan nuestra salud colectiva, es un buen ejemplo de esta interdependencia. Nuestro consumo de productos químicos peligrosos y nuestra gestión de residuos tóxicos no solo perjudican nuestra salud, sino que también dañan el planeta que habitamos, subrayando la necesidad de una estrategia preventiva y global que pasa, en última instancia, por repensar y transformar radicalmente nuestra sociedad.<sup>70</sup> El microbiólogo y ambientalista René Dubos nos recordaba que «cada civilización tiene su propia forma de peste que solo puede controlar reformándose a sí misma.»<sup>71</sup></p>
<p>Así, para enfrentar la creciente amenaza de la sindemia química, es imperativo explorar nuevas rutas. Una primera clave para lograr un futuro sostenible y saludable yace en transformar radicalmente nuestra forma de producir y consumir. Una acción fundamental y urgente es reducir drásticamente el consumo insostenible de productos que recorren miles de kilómetros para llegar a nuestras manos, y promover una dieta basada en productos locales, de temporada, frescos, no procesados y libres de químicos dañinos, siendo conscientes de que, si bien los alimentos orgánicos ofrecen una alternativa más saludable, no están completamente exentos de sustancias nocivas.<sup>72</sup> <sup>73</sup> <sup>74</sup></p>
<p>Otra necesidad acuciante tiene que ver con el fomento del reciclaje dentro de una economía que tienda a la circularidad. Aquí, el reciclaje de plásticos destaca por su urgencia y las insuficientes soluciones a nivel internacional. A pesar de los esfuerzos de organizaciones como la OCDE, que reporta que solo un 9,4% de los residuos plásticos fueron reciclados en 2020,<sup>75</sup> con proyecciones modestas de mejora para 2040, el reciclaje plástico enfrenta el problema adicional de reintroducir sustancias tóxicas en el ciclo de uso. Para ello es imprescindible un tratado internacional que regule su uso de manera transparente y democrática, con el objetivo de reducir o prohibir ciertos productos y facilitar su evaluación,<sup>76</sup> así como buscar alternativas verdaderamente sostenibles, incrementar las inversiones en gestión de residuos ambientalmente responsable y mejorar los sistemas de recolección, transporte, reciclaje y eliminación de plásticos no reciclables, evitando a la vez el uso de sustancias químicas perjudiciales.</p>
<p>Una estrategia de vital importancia pasa por profundizar y diversificar nuestro conocimiento. Necesitamos una comprensión detallada que no solo describa los problemas, sino que también abarque sus causas. Esto significa ir más allá de los análisis de riesgo tradicionales para incluir una exploración de los factores estructurales, los elementos sistémicos y políticos, y un entendimiento completo de sus efectos. Es esencial contar con información clara sobre la eficacia de las medidas de prevención, vigilancia, protección y mitigación existentes.<sup>77</sup> Además, debemos impulsar la investigación de alternativas seguras, inspirándonos en la biomímesis y la química verde, <sup>78</sup> sin comprometer nuestro entorno o salud. Un ejemplo ilustrativo de este enfoque es el estudio reciente liderado por Johan Rockström, que destaca la necesidad de un cambio de paradigma en cómo abordamos y entendemos las interacciones entre la humanidad y nuestro entorno, y que pone el acento en comprender las «entidades novedosas».<sup>79</sup></p>
<blockquote><p><strong>Debemos impulsar la investigación de alternativas seguras, inspirándonos en la biomímesis y la química verde, que buscan soluciones en la naturaleza</strong></p></blockquote>
<p>Sin embargo, más allá del análisis y la investigación, lo que se necesita es acción. Aunque contamos con el conocimiento necesario para cambiar el curso, la gran pregunta es: ¿quién puede impulsar estos cambios? Dados sus antecedentes, dejar nuestro futuro en manos de las corporaciones causantes de esta situación sería un ingenuo acto de autodestrucción. De hecho, las élites harán todo lo posible por bloquear los cambios sociales necesarios, prefiriendo preservar su poder y mantener el <em>statu quo</em>. Para alcanzar una sostenibilidad genuina necesitamos una planificación económica y ecológica democrática que priorice las transformaciones necesarias en los países y sectores con mayor carga de responsabilidad, al mismo tiempo que genera las condiciones para una mayor justicia y calidad de vida para la mayoría global.</p>
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<h5><strong>Un dilema cercano</strong></h5>
<p>Nos encontramos en un <em>planeta químico </em>que se vuelve cada vez más tóxico, un mundo donde la salud parece un lujo que se nos escapa. La dinámica del actual capitalismo que se nutre de la explotación, la violencia y el menosprecio por el bienestar se muestra insostenible y en conflicto directo con la vida misma. Nos enfrentamos a un capitalismo que literalmente «no cabe en el mundo»,  en una guerra abierta contra la existencia.</p>
<p>El actual momento histórico determinará el futuro de la humanidad, enfrentando una amenaza global de magnitud catastrófica. La cuestión de si somos pesimistas u optimistas se vuelve irrelevante ante la urgencia de actuar decisivamente por nuestra supervivencia.<sup>81</sup> Esto solo es posible con una planificación consciente y dirigida, sin la cual el sistema capitalista nos llevará inevitablemente al desastre.<a href="#_ftn82" name="_ftnref82"><sup>[82]</sup></a> La urgencia de enfrentar los límites de nuestro planeta, incluyendo esta sindemia silenciosa y tóxica, exige cambios profundos. Debemos explorar alternativas que reconozcan la necesidad de transitar hacia un modelo económico y productivo más simple, equitativo y verdaderamente sostenible. Como apunta el economista ecológico John Bellamy Foster, estamos en un punto de inflexión crítico que requiere una reevaluación profunda de nuestras prioridades y estrategias para asegurar un futuro viable para todos:</p>
<p style="padding-left: 40px;"><span style="font-size: 10pt;">La naturaleza de la crisis ambiental global es tal que está en juego el destino de todo el planeta y cuestiones sociales y ecológicas de enorme complejidad, todas ellas atribuibles a las formas de producción que ahora prevalecen. Es imposible evitar que la crisis ambiental mundial empeore progresivamente a menos que se aborden a escala global los problemas fundamentales de producción, distribución, tecnología y crecimiento. Y cuanto más se plantean estas cuestiones, más evidente se vuelve que el capitalismo es insostenible ecológica, económica, política y moralmente y debe ser superado.<sup>83</sup></span></p>
<p>Las sociedades, esencialmente las más acomodadas, deben realizar cambios drásticos en su forma de producir y consumir energía y materiales. La clave está en reducir el consumo de lo superfluo y redistribuir los recursos de manera más justa, para así disminuir el impacto ambiental sin comprometer nuestra calidad de vida. Necesitamos renunciar urgentemente a un modo de vida imperial, injusto e insostenible<a href="#_ftn1" name="_ftnref1"><sup>[1]</sup></a> que ignora o niega los límites biofísicos de la Tierra. Ello solo es posible mediante políticas de crecimiento selectivo o decrecimiento.<a href="#_ftn2" name="_ftnref2"><sup>[2]</sup></a> Este cambio no consiste únicamente en ajustes técnicos o económicos; es una revolución en nuestra relación con el planeta.<a href="#_ftn3" name="_ftnref3"><sup>[3]</sup></a> <a href="#_ftn4" name="_ftnref4"><sup>[4]</sup></a> <a href="#_ftn5" name="_ftnref5"><sup>[5]</sup></a> La pregunta es: ¿estamos listos para aceptar una reducción significativa en nuestra capacidad de consumo material a cambio de una mejor calidad de vida compatible con la salud planetaria y la solidaridad intergeneracional?</p>
<p><a href="#_ftnref1" name="_ftn1"><sup><strong>[1]</strong></sup></a> Alberto Acosta y Ulrich Brand, «Salidas del laberinto capitalista», Icaria, Barcelona, 2017.</p>
<p><a href="#_ftnref2" name="_ftn2"><sup><strong>[2]</strong></sup></a> Luis González Reyes, Adrián Almazán, Decrecimiento: del qué al cómo, Icaria, Barcelona 2023.</p>
<p><a href="#_ftnref3" name="_ftn3"><sup><strong>[3]</strong></sup></a> Vandana Shiva, «Cómo poner fin a la pobreza», Biodiversidad, 28 de julio de 2005, disponible en: <a href="https://www.grain.org/es/article/entries/1063-como-poner-fin-a-la-pobreza" target="_blank" rel="noopener">https://www.grain.org/es/article/entries/1063-como-poner-fin-a-la-pobreza</a></p>
<p><a href="#_ftnref4" name="_ftn4"><sup><strong>[4]</strong></sup></a> Jorge Riechmann, «Transiciones ecosociales, colapso, decrecimiento: ya no tendremos tiempo de equivocarnos dos veces», Sistema, vol. 269, 2024, pp.161-176.</p>
<p><a href="#_ftnref5" name="_ftn5"><sup><strong>[5]</strong></sup></a> Joan Benach, La salud es política. Un planeta enfermo de desigualdades, Icaria, Barcelona, 2020.</p>
<p>Para movilizar a la sociedad hacia este cambio, necesitamos ofrecer una visión del futuro que sea tanto esperanzadora como positiva. Se trata de adoptar nuevos valores sociales que fomenten sociedades más frugales y, al mismo tiempo, más prósperas. La transformación necesaria va más allá de implementar políticas; implica cambiar radicalmente nuestras expectativas y deseos. La verdadera pregunta estratégica de hoy no es solo qué cambios debemos hacer, sino cómo podemos hacerlos realidad. Nos enfrentamos al desafío de construir rápidamente una identidad colectiva radicalmente distinta, preparada para vivir de manera diferente. Este es el reto de nuestra era: forjar un futuro en el que prosperemos dentro de los límites biofísicos de nuestro planeta, no a su costa.<sup>89</sup></p>
<p>Para asegurar un futuro donde la humanidad pueda florecer con dignidad y equidad, es esencial fomentar una conciencia global que sea crítica, colectiva y capaz de movilizarnos hacia el cambio. Estamos en un punto de inflexión donde debemos ser audaces, imaginando y poniendo a prueba alternativas que nos llenen de esperanza y nos otorguen el poder de actuar.<a href="#_ftn90" name="_ftnref90"><sup>[90]</sup></a> En estos momentos decisivos, ya no hay espacio para excusas, dilaciones o engaños. En lugar de aferrarnos a la idea contradictoria del «desarrollo sostenible», es tiempo de que nos enfoquemos en diseñar y vivir dentro de una economía que no solo sea amigable con el medio ambiente, sino también justa para todos. Manuel Sacristán, hace ya tres décadas, soñaba con «lograr un mundo justo en un planeta habitable». Este objetivo es hoy más urgente y necesario que nunca. La propuesta de un ecosocialismo no puede ser un mero cambio de etiqueta, sino una invitación a repensar nuestras prioridades y estrategias para asegurar un futuro donde la vida en todas sus formas pueda florecer. Es una visión audaz, pero es precisamente la audacia lo que se necesita para enfrentar los desafíos de nuestro tiempo. La hora de actuar debe ser ahora; la salud planetaria y el futuro de nuestra civilización dependen de ello.</p>
<p><strong>Joan Benach</strong> es profesor, investigador y activista de salud pública. Director del Grup Recerca Desigualtats en Salut (GREDS-EMCONET), UPF; codirector del JHU-UPF Public Policy Center; UPF Barcelona School of Management; Ecological Humanities Research Group GHECO, UAM.</p>
<p><strong>Ferran Muntané</strong> es investigador del JHU-UPF Public Policy Center, la UPF Barcelona School of Management Grup Recerca Desigualtats en Salut (GREDS-EMCONET), UPF.</p>
<p>Descarga el artículo en formato pdf: <a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/contaminacion-omnipresente-un-limite-planetario-olvidado/" target="_blank" rel="noopener">https://www.fuhem.es/papeles_articulo/contaminacion-omnipresente-un-limite-planetario-olvidado/</a></p>
<h5>NOTAS</h5>
<p>1 Johan Rockström, Will Steffen, Kevin Noone, <em>et al.</em>, «A safe operating space for humanity», <em>Nature</em>, vol. 461, 2009, pp. 472–475.</p>
<p>2 Katherine Richardson, Will Steffen, Wolfgang Lucht, <em>et al.</em>, «Earth beyond six of nine planetary boundaries», <em>Science Advance</em>s, vol. 9, núm. 37, 2023.</p>
<p>3 <em>Ibidem</em>.</p>
<p>4 OCDE, «OECD work on plastics», disponible en: <a href="https://www.oecd.org/environment/plastics/" target="_blank" rel="noopener">https://www.oecd.org/environment/plastics/</a></p>
<p>5 Mikael L.A. Kaandorp, Delphine Lobelle, Christian Kehl <em>et al.</em>, «Global mass of buoyant marine plastics dominated by large long-lived debris», <em>Nature Geoscience,</em> vol. 16, 2023, pp. 689–694.</p>
<p>6 Kieran D. Cox <em>et al.</em>, «Human Consumption of Microplastics», <em>Environmental Science &amp; Technology</em>, vol. 53, núm. 12, 2019, pp. 7068-7074.</p>
<p>7 Alvise Vianello <em>et al.</em> «Simulating human exposure to indoor airborne microplastics using a Breathing Thermal Manikin», <em>Scientific Reports</em>, vol. 9, 2019, p. 8670.</p>
<p>8 Li Liu <em>et al.</em>, «Cellular internalization and release of polystyrene microplastics and nanoplastics», <em>Science of the Total Environment</em>, vol. 779, 2021, p. 146523.</p>
<p>9 Evangelos Danopoulos <em>et al.</em>, «A rapid review and meta-regression analyses of the toxicological impacts of microplastic exposure in human cells», <em>Journal of Hazardous Materials</em>, vol. 427, 2022, p. 127861.</p>
<p>10 Lidia Casas <em>et al.</em>, «Urinary concentrations of phthalates and phenols in a population of Spanish pregnant women and children», <em>Environment International</em>, vol. 37, núm. 5, 2011, pp. 858-866.</p>
<p>11 Luz Iribarne-Durán <em>et al.</em>, «Presence of Bisphenol A and Parabens in a Neonatal Intensive Care Unit: An Exploratory Study of Potential Sources of Exposure», <em>Environmental Health Perspectives</em>, vol. 127, núm. 11, 2019, p. 117004.</p>
<p>12 Laurel Schaider <em>et al</em>., «Fluorinated Compounds in U.S. Fast Food Packaging», <em>Environmental Science &amp; Technology Letters</em>, vol. 4, 2017, pp. 105−111.</p>
<p>13 Pauline Boisacq <em>et al.</em>, «Assessment of poly- and perfluoroalkyl substances (PFAS) in commercially available drinking straws using targeted and suspect screening approaches», <em>Food Additives and Contaminants</em>, vol. 40, núm. 9, 2023, pp. 1230-1241.</p>
<p>14 Raffaele Marfella <em>et al.</em>, «Microplastics and Nanoplastics in Atheromas and Cardiovascular Events», <em>New England Journal of Medicine</em>, vol. 390, 2024, pp. 900-910.</p>
<p>15 Antonio Ragusa <em>et al.</em>, Plasticenta. «First evidence of microplastics in human placenta», <em>Environ Int</em>, vol 146, 2021, p. 106274.</p>
<p>16 Zhanyun Wang et al., «Toward a Global Understanding of Chemical Pollution: A First Comprehensive Analysis of National and Regional Chemical Inventories». E<em>nviron. Sci. Technol</em>, vol. 54, núm. 5, 2020, pp. 2575−2584.</p>
<p>17 Theo Colborn, T., John Peterson Myers y Dianne Dumanoski, <em>Our Stolen Future</em>, Dutton, Nueva York, 1996.</p>
<p>18 IQAir,<em> 2023 World Air Quality Report</em>, IQAir, 2024.</p>
<p>19 Valentina Raffio, «La marea de basura espacial inquieta a los expertos: «Es como si cada semana cayera un coche del espacio»», El Periódico,22 de febrero de 2024, disponible en: <a href="https://www.elperiodico.com/es/ciencia/20240222/basura-espacial-inquieta-expertos-10-000-toneladas-98511485" target="_blank" rel="noopener">https://www.elperiodico.com/es/ciencia/20240222/basura-espacial-inquieta-expertos-10-000-toneladas-98511485</a></p>
<p>20 Silvia Hernando, «Lluvia de chatarra: 100 toneladas de basura espacial caen al año en la Tierra, <em>El País</em>, 24 de febrero de 2018, disponible en: <a href="https://elpais.com/elpais/2018/02/16/eps/1518774498_638902.html?autoplay=1" target="_blank" rel="noopener">https://elpais.com/elpais/2018/02/16/eps/1518774498_638902.html?autoplay=1</a></p>
<p>21 Giovanna Luongo, <em>Chemicals in textiles. A potential source for human exposure and environmental pollution</em>, Stockholm University, Estocolmo, 2015.</p>
<p>22 OMS, «The public health impact of chemicals: knowns and unknowns &#8211; data addendum for 2019», OMS, 6 de julio de 2021, disponible en: <a href="https://www.who.int/publications/i/item/WHO-HEP-ECH-EHD-21.01" target="_blank" rel="noopener">https://www.who.int/publications/i/item/WHO-HEP-ECH-EHD-21.01</a></p>
<p>23 El término «sindemia» se refiere a la co-ocurrencia de dos o más enfermedades o condiciones de salud en una población que interactúan entre sí de manera compleja, exacerbando los efectos negativos de cada enfermedad individualmente. Este término también implica la consideración de factores sociales, económicos, ambientales y políticos que influyen en la salud.</p>
<p>24 Merrill Singer <em>et al.</em>,«Syndemics and the biosocial conception of health», <em>The Lancet</em>, vol. 389, núm. 10072, 2017, pp. 941-950.</p>
<p>25 Philip Landrigan <em>et al.</em>, «The Lancet Commission on pollution and health», <em>Lancet</em>, vol. 391, núm 10119, 2017, pp. 462-512.</p>
<p>26 Colborn, Peterson Myers y Dumanoski, 1996, <em>op. cit.</em></p>
<p>27 Pete Myers, «Prólogo», en Nicolás Olea, <em>Libérate de tóxicos. Guía para evitar los disruptores endocrinos</em>, RBA, Barcelona, 2019.</p>
<p>28 <em>Atlas de los Pesticidas, Hechos y cifras sobre químicos tóxicos en nuestra agricultura</em>, Fundación Heinrich Böll, Amigos de la Tierra, PAN Europa, 2023.</p>
<p>29 Nicolás Olea, <em>Libérate de tóxicos. Guía para evitar los disruptores endocrinos</em>, RBA, Barcelona, 2019.</p>
<p>30 Lisa Leung <em>et al.</em>, «Occupational environment and ovarian cancer risk», <em>Occup Environ Med</em>, vol. 80, núm. 9, 2023, pp. 489-497.</p>
<p>31 Miquel Porta, <em>Vive más y mejor. Reduciendo tóxicos y contaminantes ambientales</em>, Grijalbo, Barcelona, 2018.</p>
<p>32 Miquel Porta <em>et al.</em>, «Differences in serum concentrations of organochlorine compounds by occupational social class in pancreatic cancer», <em>Environ Res</em>, vol. 108, núm. 3, 2008, pp. 370-379.</p>
<p>33 Devon C. Payne-Sturges <em>et al.</em>, «Disparities in Toxic Chemical Exposures and Associated Neurodevelopmental Outcomes: A Scoping Review and Systematic Evidence Map of the Epidemiological Literature», <em>Environmental Health Perspectives</em>, vol. 131, núm. 9, p. 96001.</p>
<p>34 Tal y como señala la Agencia Europa de Químicos (ECHA), el REACH (abreviatura de «Registro, evaluación, autorización y restricción de las sustancias y mezclas químicas») «es un reglamento de la Unión Europea adoptado para mejorar la protección de la salud humana y el medio ambiente frente a los riesgos derivados de las sustancias y mezclas químicas,» y promover «métodos alternativos para la evaluación del peligro de las sustancias, a fin de reducir el número de ensayos con animales»; pero también para: «potenciar al mismo tiempo la competitividad de la industria química de la UE». Ver: European Chemicals Agency, «Comprensión de REACH», ECHA, disponible en: <a href="https://echa.europa.eu/es/regulations/reach/understanding-reach" target="_blank" rel="noopener">https://echa.europa.eu/es/regulations/reach/understanding-reach</a></p>
<p>35 Pilar Pérez, «Los europeos están expuestos a «niveles alarmantemente altos de sustancias químicas y somos altamente vulnerables», <em>El Mundo</em>, 12 de julio de 2023, disponible en: <a href="https://www.elmundo.es/ciencia-y-salud/salud/2023/07/12/64ad8fa2fdddff451b8b4578.html" target="_blank" rel="noopener">https://www.elmundo.es/ciencia-y-salud/salud/2023/07/12/64ad8fa2fdddff451b8b4578.html</a></p>
<p>36 European Chemical Industry Council, «Chemical Industry Contributes $5.7 Trillion To Global GDP And Supports 120 Million Jobs», CEFIC, <em>New Report Shows</em>, 11 de marzo de 2019, disponible en: <a href="https://cefic.org/media-corner/newsroom/chemical-industry-contributes-5-7-trillion-to-global-gdp-and-supports-120-million-jobs-new-report-shows/" target="_blank" rel="noopener">https://cefic.org/media-corner/newsroom/chemical-industry-contributes-5-7-trillion-to-global-gdp-and-supports-120-million-jobs-new-report-shows/</a></p>
<p>37 Cybersecurity and Infrastructure Security Agency (CISA), «Chemical sector profile», CISA, 23 de marzo de 2022, disponible en: <a href="https://www.cisa.gov/sites/default/files/publications/Chemical-Sector-Profile_Final%2520508.pdf" target="_blank" rel="noopener">https://www.cisa.gov/sites/default/files/publications/Chemical-Sector-Profile_Final%20508.pdf</a></p>
<p>38 Federación Empresarial de la Industria Química Española (FEIQUE), «La industria química aporta 5,7 billones de dólares al PIB mundial y contribuye a crear 120 millones de empleos, según un nuevo informe», FEIQUE, 11 de marzo de 2019, disponible en: <a href="https://www.feique.org/la-industria-quimica-aporta-57-billones-de-dolares-al-pib-mundial-y-contribuye-a-crear-120-millones-de-empleos-segun-un-nuevo-informe/" target="_blank" rel="noopener">https://www.feique.org/la-industria-quimica-aporta-57-billones-de-dolares-al-pib-mundial-y-contribuye-a-crear-120-millones-de-empleos-segun-un-nuevo-informe/</a></p>
<p>39 Oxford Economics, T<em>he Global Chemical Industry: Catalyzing Growth and Addressing Our World’s Sustainability Challenges</em>, Oxford Economics, Washington DC, 2019.</p>
<p>40 Álvaro Merino, «Registro de Transparencia de la UE», <em>El Orden Mundial (EOM)</em>, 14 de diciembre de 2018, disponible en: <a href="https://elordenmundial.com/mapas-y-graficos/lobbies-grupos-presion-union-europea/" target="_blank" rel="noopener">https://elordenmundial.com/mapas-y-graficos/lobbies-grupos-presion-union-europea/</a></p>
<p>41 Nadia Gaber, Lisa Bero y Tracey J. Woodruff, «The Devil they Knew: Chemical Documents Analysis of Industry Influence on PFAS Science», <em>Annals Of Global Health</em>, vol. 89, núm. 1, 2023, p. 37.</p>
<p>42 Dan Fagin y Marianne Lavelle, <em>Toxic deception. How the Chemical Industry Manipulates Science, Bends the Law, and Endangers Your Health</em>, Birch Lane Press/Carol Publishing Group, Nueva Jersey, 1996.</p>
<p>43 Christine Meisner Rosen, Gerald Markowitz y David Rosner, Deceit and Denial. <em>The deadly politics of industrial pollution</em>, University of California Press, California, 2002.</p>
<p>44 Sheldon Rampton y John Stauber, <em>Trust Us, We&#8217;re Experts: How Industry Manipulates Science and Gambles with Your Future</em>, TarcherPerigee, Nueva York, 2001.</p>
<p>45 Dolores Romano, «Pesticides, Plàstics i perfums. Com s’incompleixen les normatives de la UE», <em>YouTube</em>, 21 de diciembre de 2021, disponible en: <a href="https://www.youtube.com/watch?v=ReisK-n7U20" target="_blank" rel="noopener">https://www.youtube.com/watch?v=ReisK-n7U20</a>.</p>
<p>46 Corporate Europe Observatory, <em>Blood on the Green Deal. How the EU is boosting the mining and defence industries in the name of climate action</em>, Corporate Europe Observatory, Bruselas, 2023.</p>
<p>47 Nina Holland, «La industria de los pesticidas sabotea un futuro habitable: ¿por qué seguir tolerándolo?», <em>El Salto</em>, 21 de noviembre de 2023, disponible en: <a href="https://www.elsaltodiario.com/agrotoxicos/industria-pesticidas-sabotea-futuro-habitable-tolerandolo" target="_blank" rel="noopener">https://www.elsaltodiario.com/agrotoxicos/industria-pesticidas-sabotea-futuro-habitable-tolerandolo</a></p>
<p>48 John Bellamy Foster, «Let them eat pollution: Capitalism and the World Environment», <em>Monthly Review</em>, vol. 40, núm. 8, 1993, pp. 10-20.</p>
<p>49 Eddie J. Girdner y Jack Smith, «Killing me softly. Toxic waste, corporate profit, and the struggle for environmental justice», <em>Monthly Review Press</em>, Nueva York, 2002.</p>
<p>50 <em>Ibidem</em>.</p>
<p>51 Macarena Vidal Liy, «China cierra de forma definitiva sus fronteras a los residuos de otros países», <em>El País</em>, 16 de diciembre de 2020, disponible en: <a href="https://elpais.com/clima-y-medio-ambiente/2020-12-15/china-cierra-de-forma-definitiva-sus-fronteras-a-los-residuos-de-otros-paises.html" target="_blank" rel="noopener">https://elpais.com/clima-y-medio-ambiente/2020-12-15/china-cierra-de-forma-definitiva-sus-fronteras-a-los-residuos-de-otros-paises.html</a></p>
<p>52 Johann Martínez <em>et al.</em>, «The world-wide waste web», <em>Nat Commun</em>, vol. 13, 2022, p. 1615.</p>
<p>53 Marco Martuzzi, Francesco Mitis y Francesco Forastiere, «Inequalities, inequities, environmental justice in waste management and health», <em>European Journal of Public Health</em>, vol. 20, núm. 1, 2010, pp. 21–26.</p>
<p>54 U.S. Department of Health and Human Services, «Environmental Justice Index», disponible en: <a href="https://www.hhs.gov/climate-change-health-equity-environmental-justice/environmental-justice/index/index.html" target="_blank" rel="noopener">https://www.hhs.gov/climate-change-health-equity-environmental-justice/environmental-justice/index/index.html</a></p>
<p>55 Merlin Chowkwanyun, «Environmental Justice: Where It Has Been, and Where It Might Be Going», <em>Annu. Rev. Public Health</em>, vol 44, 2023, pp. 93–111.</p>
<p>56 Camila Alvarez, «Structural Racism as an Environmental Justice Issue: A Multilevel Analysis of the State Racism Index and Environmental Health Risk from Air Toxics», <em>J. Racial and Ethnic Health Disparities</em>, vol. 10, 2023, pp. 244–258.</p>
<p>57 Roberto Pasetto, Benedetta Mattioli y Daniela Marsili, «Environmental Justice in Industrially Contaminated Sites. A Review of Scientific Evidence in the WHO European Region», <em>Int J Environ Res Public Health</em>, vol. 16, núm. 6, 2019, p. 998.</p>
<p>58 Shuai Shao, Liwen Liu y Zhihua Tian,«Does the environmental inequality matter? A literature review», <em>Environ Geochem Health</em>, vol. 44, núm. 9, 2022, pp. 3133-3156.</p>
<p>59 Girdner y Smith, 2002, <em>op. cit.</em></p>
<p>60 Jaqueline Verret y Jean Carper, <em>Eating May be Hazardous to your Health</em>, Simon and Schuster, Nueva York, 1994.</p>
<p>61 Como afirmó el físico William Thompson, Lord Kelvin: «Cuando puedes medir lo que estás diciendo y expresarlo en números, sabes algo sobre ello». Ver: Rothman, K.J., <em>Modern Epidemiology</em>, Little, Brown and Company, Boston, 1986.</p>
<p>62 Joan Benach, «Health Concepts and Health Measures in Establishing Health Priorities: Some Unresolved Issues», en Institut Borja de Bioética, <em>Distribución de recursos escasos y opciones sanitarias</em>, SG Editores, Barcelona, 1996.</p>
<p>63 Sven Oven Hansson, <em>Setting the limit. Occupational Health Standards and the Limits of Science</em>, Oxford University Press, Oxford, 1998.</p>
<p>64 Marie-Monique Robin, <em>Nuestro veneno cotidiano</em>, Península, Barcelona, 2012.</p>
<p>65 Javier H. Rodríguez, «La Comisión Europea cede a la presión de la industria y retrocede en la prohibición de químicos peligrosos», <em>El Salto</em>, 12 de julio de 2023, disponible en: <a href="https://www.elsaltodiario.com/toxicos/comision-europea-cede-presion-industria-retrocede-prohibicion-quimicos-peligrosos" target="_blank" rel="noopener">https://www.elsaltodiario.com/toxicos/comision-europea-cede-presion-industria-retrocede-prohibicion-quimicos-peligrosos</a></p>
<p>66 María R. Sahuquillo, «Von der Leyen aparca la reducción de pesticidas tras la protesta del campo y plantea más ayuda», <em>El País</em>, 6 de febrero de 2024, disponible en: <a href="https://elpais.com/internacional/2024-02-06/von-der-leyen-aparca-la-reduccion-de-pesticidas-tras-la-protesta-del-campo-y-plantea-mas-ayudas.html" target="_blank" rel="noopener">https://elpais.com/internacional/2024-02-06/von-der-leyen-aparca-la-reduccion-de-pesticidas-tras-la-protesta-del-campo-y-plantea-mas-ayudas.html</a></p>
<p>67 Corporate Europe Observatory, «How “essential” are hazardous substances?», <em>Corporate Europe Observatory</em>, 24 de enero de 2024, disponible en: <a href="https://corporateeurope.org/en/2024/01/how-essential-are-hazardous-substances" target="_blank" rel="noopener">https://corporateeurope.org/en/2024/01/how-essential-are-hazardous-substances</a></p>
<p>68 Joan Benach, Juan Manuel Pericàs y Eliana Martínez-Herrera, «La salud bajo el capitalismo», <em>Papeles de relaciones ecosociales y cambio global</em>, vol. 137, 2017, pp. 29-56, disponible en: <a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/la-salud-bajo-el-capitalismo-contradicciones-sistemicas-que-permean-la-ecohumanidad-y-danannuestra-mentecuerpo/" target="_blank" rel="noopener">https://www.fuhem.es/papeles_articulo/la-salud-bajo-el-capitalismo-contradicciones-sistemicas-que-permean-la-ecohumanidad-y-danannuestra-mentecuerpo/</a></p>
<p>69 Joan Benach <em>et al.</em>, «Public health and inequities under capitalism: systemic effects and human rights» en Jordi Vallverdú, Angel Puyol y Anna Estany (eds.), <em>Philosophical and methodological debates in public health</em>, Springer, 2019.</p>
<p>70 Joan Benach <em>et al.</em>, «The case for planetary health prevention», <em>J Epidemiol Community Health</em>, vol. 76, núm. 2, 2022, pp. 105-106.</p>
<p>71 René Dubos, <em>El espejismo de la salud</em>, Fondo de Cultura Económica, México, 1975.</p>
<p>72 Marcin Barański <em>et al.</em>,«Effects of organic food consumption on human health; the jury is still out!», <em>Food &amp; Nutrition Research</em>, vol. 61, núm. 1, 2017, p. 1287333.</p>
<p>73 Charles Benbrook y Brian Baker, «Perspective on Dietary Risk Assessment of Pesticide Residues in Organic Food. Sustainability», <em>Sustainability</em>, vol. 6, núm. 2014, pp.3552-3570.</p>
<p>74 Carl K. Winter, «Pesticide residues in imported, organic, and «suspect» fruits and vegetables», <em>J Agric Food Chem</em>., vol 60, núm. 18, pp.4425-4429.</p>
<p>75 OECD, <em>op. cit</em>.</p>
<p>76 Miquel Porta, Leonardo Trasande y Marina Fernández, «Un tratado global sobre plásticos que sea ético, científico, inclusivo y transparente», <em>El País</em>, 30 de mayo de 2023, disponible en: <a href="https://elpais.com/clima-y-medio-ambiente/2023-05-30/un-tratado-global-sobre-plasticos-que-sea-etico-cientifico-inclusivo-y-transparente.html" target="_blank" rel="noopener">https://elpais.com/clima-y-medio-ambiente/2023-05-30/un-tratado-global-sobre-plasticos-que-sea-etico-cientifico-inclusivo-y-transparente.html</a></p>
<p>77 Miquel Porta <em>et al.</em>, «Conclusiones y consideraciones finales», en Miquel Porta, Elisa Puigdomènech, Ferran Ballester (eds), <em>Nuestra Contaminación Interna</em>, La Catarata, Madrid, 2009.</p>
<p>78 Jorge Riechmann, <em>Un buen encaje en los ecosistemas</em>, Los libros de la Catarata, Madrid, 2014.</p>
<p>79 Johan Rockström <em>et al.</em>, «Safe and just Earth system boundaries», <em>Nature</em>, vol. 619, 2023, pp. 102–111.</p>
<p>80 La expresión es del filósofo Carlos Fernández Liria. Ver: Arpa Talks, «Carlos Fernández Liria. Filosofía, política, progreso, marxismo, capitalismo», <em>YouTube</em>, 15 de enero de 2024, disponible en: <a href="https://www.youtube.com/watch?v=wt1S_Mxxv40&amp;t=5409s" target="_blank" rel="noopener">https://www.youtube.com/watch?v=wt1S_Mxxv40&amp;t=5409s</a></p>
<p>81 John Bellamy Foster, Batuhan Sarican, «Monthly Review’ and the Environment», <em>Monthly Review</em>, 1 de noviembre de 2023, disponible en: <a href="https://monthlyreview.org/2023/11/01/monthly-review-and-the-environment/" target="_blank" rel="noopener">https://monthlyreview.org/2023/11/01/monthly-review-and-the-environment/</a></p>
<p>82 John Bellamy Foster, «Planned Degrowth: Ecosocialism and Sustainable Human Development», <em>Monthly Review</em>, julio-agosto 2023.</p>
<p>83 John Bellamy Foster, <em>op. cit.</em>, 1993.</p>
<p>84 Alberto Acosta y Ulrich Brand, <em>Salidas del laberinto capitalista</em>, Icaria, Barcelona, 2017.</p>
<p>85 Luis González Reyes, Adrián Almazán, <em>Decrecimiento: del qué al cómo</em>, Icaria, Barcelona 2023.</p>
<p>86 Vandana Shiva, «Cómo poner fin a la pobreza», <em>Biodiversidad</em>, 28 de julio de 2005, disponible en: <a href="https://www.grain.org/es/article/entries/1063-como-poner-fin-a-la-pobreza" target="_blank" rel="noopener">https://www.grain.org/es/article/entries/1063-como-poner-fin-a-la-pobreza</a></p>
<p>87 Jorge Riechmann, «Transiciones ecosociales, colapso, decrecimiento: ya no tendremos tiempo de equivocarnos dos veces», <em>Sistema</em>, vol. 269, 2024, pp.161-176.</p>
<p>88Joan Benach, <em>La salud es política. Un planeta enfermo de desigualdades</em>, Icaria, Barcelona, 2020.</p>
<p>89 Jorge Riechmann, «El colapso no es el fin del mundo: pistas para una reflexión estratégica» en Riechmann J, Matarán A, Carpintero O. (eds.), <em>Para evitar la barbarie. Trayectorias de transición ecosocial y de colapso</em>, Eds. de la Universidad de Granada/CICODE, Granada, 2019.</p>
<p>90 Manuel Sacristán, «Comunicación a las jornadas de ecología y política de Murcia», <em>Mientras Tanto</em>,vol. 1, 1979.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>PAPELES 166: Contaminantes químicos. El veneno cotidiano</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 28 Aug 2024 07:13:00 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Muchas amenazas confluyen en la crisis ecosocial. Una de las más olvidadas es la polución del ambiente por contaminantes químicos.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p><em><strong><img decoding="async" class="alignright size-medium wp-image-162296" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2024/07/Portada-Papeles-166-450x634.jpg" alt="" width="450" height="634" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2024/07/Portada-Papeles-166-450x634.jpg 450w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2024/07/Portada-Papeles-166-1200x1691.jpg 1200w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2024/07/Portada-Papeles-166-300x423.jpg 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2024/07/Portada-Papeles-166-768x1082.jpg 768w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2024/07/Portada-Papeles-166-1090x1536.jpg 1090w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2024/07/Portada-Papeles-166-1453x2048.jpg 1453w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2024/07/Portada-Papeles-166-350x493.jpg 350w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2024/07/Portada-Papeles-166-600x846.jpg 600w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2024/07/Portada-Papeles-166-64x90.jpg 64w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2024/07/Portada-Papeles-166-scaled.jpg 1816w" sizes="(max-width: 450px) 100vw, 450px" />Muchas son las amenazas que confluyen en la crisis ecosocial. Una de las más olvidadas pero no por ello menos importante es la polución del ambiente por contaminantes químicos. </strong></em></p></blockquote>
<p>El número 166 de la revista <a href="https://www.fuhem.es/revista-papeles/" target="_blank" rel="noopener"><em>Papeles de relaciones ecososociales y cambio global</em></a> nos alerta de que vivimos inmersos en un entorno saturado por estas sustancias. Son omnipresentes porque forman parte de una amplia gama de bienes de uso cotidiano. Y, en primer lugar, los plásticos, presentes en bolsas, envoltorios, cosméticos, juguetes, electrodomésticos y ropa.</p>
<p>Una vez producidos, comercializados y consumidos masivamente, los plásticos se desechan y arrojan a vertederos y océanos, donde tardan décadas o incluso siglos en descomponerse, liberando múltiples contaminantes.</p>
<p>Hay muchos otros presentes en nuestros alimentos, agua, suelos y aire. Los hay de toxicidad probada y otros de los que aún se desconoce su peligrosidad, pero todos estos tóxicos se siguen utilizando día tras día, acumulándose en nuestro organismo y afectando nuestra salud de múltiples formas, e incluso llegando a traspasar la placenta materna.</p>
<p>Frente al probado perjuicio de muchas de estas sustancias se esperaría una decidida acción regulatoria por parte de las autoridades nacionales y comunitarias. Sin embargo, la mayor parte de las normas quedan eclipsadas en un limbo o son directamente rechazadas por la acción de múltiples <em>lobbies</em> de la poderosa industria química.</p>
<p>Este número de PAPELES explora algunos ángulos de esta problemática. Abre la revista la <span style="font-size: 12pt;">Introducción</span> de <strong>Santiago Álvarez Cantalapiedra </strong>sobre esta problemática.</p>
<p><span style="font-size: 12pt;">A Fondo</span> examina la cuestión de los contaminantes químicos como amenazas invisibles a través de los artículos de <strong>Joan Benach </strong>y <strong>Ferran Muntané, Tatiana Santos, Javier Guzmán, </strong>y<strong> Valeria Berros</strong>. La sección <span style="color: #000000;">Referentes</span> también indaga esta cuestión a través de un perfil y de dos extractos de <em>Primavera Silenciosa,</em> de <strong>Rachel Carson,</strong> de la mano de <strong>Christof Mauch</strong>, director del centro de investigación que lleva el nombre de la bióloga marina y referente indiscutible del ecologismo.</p>
<p><span style="font-size: 12pt;">Actualidad</span> incluye la primera parte del exhaustivo análisis de <strong>Carlos Pereda</strong> sobre desigualdad económica en España. En <span style="font-size: 12pt;">Experiencias</span>, <strong>Youssef Ouled</strong> examina la racialización que imponen los algoritmos de la inteligencia artificial, mientras que <strong>Raúl Garrobo </strong>aborda en <span style="font-size: 12pt;">Ensayo</span> el colapso ecosocial y ecosocialismo. Cierra el número nuestra sección <span style="font-size: 12pt;">Lecturas</span>.</p>
<p>A continuación, ofrecemos el <span style="font-size: 12pt;">Sumario</span> del número con los enlaces de descarga del texto completo de los textos de <strong>Santiago Álvarez Cantalapiedra</strong> que introduce el número y el de <strong>Joan Benach</strong> y <strong>Ferrán Muntané </strong>sobre contaminación química.</p>
<h4><span style="font-size: 12pt;"><strong><span style="color: #0000ff;">SUMARIO</span></strong></span></h4>
<p><span style="font-size: 12pt;"><strong><span style="color: #0000ff;">INTRODUCCIÓN </span></strong></span><br />
<a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/el-veneno-cotidiano/" target="_blank" rel="noopener">El veneno cotidiano</a>, <strong>Santiago Álvarez Cantalapiedra</strong>.</p>
<p><span style="font-size: 12pt;"><strong><span style="color: #0000ff;">A FONDO</span></strong></span><br />
<a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/contaminacion-omnipresente-un-limite-planetario-olvidado/" target="_blank" rel="noopener">Contaminación omnipresente: un límite planetario olvidado</a>, <strong>Joan Benach</strong> y <strong>Ferrán Muntané</strong>.<br />
El riesgo químico: una amenaza invisible en la Unión Europea, <strong>Tatiana Santos</strong>.<br />
Por muy verde que nos lo pinten, <strong>Javier Guzmán</strong>.<br />
¿Qué nos dicen los litigios ambientales sobre nuestro tiempo?, <strong>Valeria Berros</strong>.</p>
<p><span style="font-size: 12pt;"><strong><span style="color: #0000ff;">ACTUALIDAD</span></strong></span><br />
Desigualdad económica y dominación en España. Treinta años de crecimiento lento y mal repartido (I), <strong>Carlos Pereda</strong>.</p>
<p><span style="font-size: 12pt;"><strong><span style="color: #0000ff;">EXPERIENCIAS</span></strong></span><br />
Hablar del racismo y la raza del algoritmo, <strong>Youssef Ouled</strong>.</p>
<p><span style="font-size: 12pt;"><strong><span style="color: #0000ff;">ENSAYO</span></strong></span><br />
Colapso ecosocial, ecosocialismo y antropología simétrica, <strong>Raúl Garrobo Robles</strong>.</p>
<p><span style="font-size: 12pt;"><strong><span style="color: #0000ff;">REFERENTES</span></strong></span><br />
La primavera silenciosa de Rachel Carson, <strong>Christof Mauch</strong>.</p>
<p><span style="font-size: 12pt;"><strong><span style="color: #0000ff;">LECTURAS</span></strong></span><br />
Contra lo común. Una historia radical del urbanismo, Álvaro Sevilla Buitrago<br />
<strong>José Luis Fernández Casadevante, «KOIS»</strong></p>
<p>Simbioética. Homo sapiens en el entramado de la vida (elementos para una ética ecologista y animalista en el seno<br />
de una nueva cultura de la tierra Gaiana, jorge Riechmann.<br />
<strong>Raúl Garrobo Robles</strong></p>
<p>Se busca: un futuro posible en el que desear vivir, Miguel Brieva.<br />
<strong>Manuel Casal Lodeiro</strong></p>
<p>Cobalto rojo. El Congo se desangra para que tú te conectes, Siddharth Kara.<br />
<strong>Pedro L. Lomas</strong></p>
<p><span style="font-size: 12pt;"><strong><span style="color: #0000ff;">Notas de lectura</span></strong></span></p>
<p>Límites ambientales y justicia ecosocial. Un diálogo filosófico con la igualdad de capacidades, Cristian Moyano.</p>
<p><strong>FUHEM Ecosocial</strong></p>
<p>El mundo entonces. Una historia del presente, Martín Caparrós.</p>
<p><strong>FUHEM Ecosocial</strong></p>
<h4><span style="color: #0000ff;"><strong><span style="font-size: 12pt;">RESÚMENES</span> </strong></span></h4>
<h3><strong>Información y compras</strong>:</h3>
<p>Tel.: +34 914310280</p>
<p>Email: <a href="mailto:publicaciones@fuhem.es">publicaciones@fuhem.es</a></p>
<p>Puedes adquirir la revista <strong>PAPELES</strong> en nuestra <a href="https://www.fuhem.es/product/contaminantes-quimicos/" target="_blank" rel="noopener">librería virtual</a>.</p>
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		<title>Ella es Gaia y ella lo sabe</title>
		<link>https://www.fuhem.es/2024/03/08/ella-es-gaia-y-ella-lo-sabe/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 08 Mar 2024 09:23:57 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Recorrido de diversas historias que nos adentran en lo que somos: unos seres profundamente ecodependientes.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div class="wpb-content-wrapper"><div data-parent="true" class="vc_row row-container" id="row-unique-0"><div class="row limit-width row-parent"><div class="wpb_row row-inner"><div class="wpb_column pos-top pos-center align_left column_parent col-lg-12 single-internal-gutter"><div class="uncol style-light"  ><div class="uncoltable"><div class="uncell no-block-padding" ><div class="uncont" ><div class="vc_custom_heading_wrap "><div class="heading-text el-text" ><h2 class="h2" ><span>Ella es Gaia y ella lo sabe</span></h2></div><div class="clear"></div></div></div></div></div></div></div><script id="script-row-unique-0" data-row="script-row-unique-0" type="text/javascript" class="vc_controls">UNCODE.initRow(document.getElementById("row-unique-0"));</script></div></div></div><div data-parent="true" class="vc_row row-container" id="row-unique-1"><div class="row limit-width row-parent"><div class="wpb_row row-inner"><div class="wpb_column pos-top pos-center align_left column_parent col-lg-6 single-internal-gutter"><div class="uncol style-light"  ><div class="uncoltable"><div class="uncell no-block-padding" ><div class="uncont" ><div class="uncode_text_column" ><p>El Dosier Ecosocial <a href="https://www.fuhem.es/2024/03/08/explorando-vinculos-entre-la-biodiversidad-y-calidad-de-vida/"><em>Explorando los vínculos entre la biodiversidad y la calidad de vida</em> </a>incluye un texto de <strong>Elena Krause Suárez</strong> titulado «<em>Ella es Gaia y ella lo sabe</em>» que nos propone un bello recorrido de diversas historias que nos adentran en lo que somos: unos seres profundamente ecodependientes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La biosfera es el abrigo vivo de 20 kilómetros de espesor que envuelve a la Tierra, y es una entidad sinérgica en la que el todo es mucho más que la suma de sus partes. Con agua, aire y un irrisorio 1% de la energía solar que recibe, se mantiene produciendo más de sí misma. La vida se automantiene produciendo más vida.<sup>1</sup> Entenderlo así es entender cuan vinculado está el bienestar de estos grandes vertebrados terrestres que somos a la existencia del mundo viviente. La vida en nuestro planeta no es una jerarquía; todos los terrícolas somos <em>holones</em>, totalidades y a la vez componentes de una entidad mayor.<sup>2</sup> No hay nadie en la cúspide. Para vivir todos dependemos de todos. Es como si formáramos parte de un solo cuerpo que nos trasciende, que se ocupa de nosotros, que regula nuestro bienestar.</p>
</div></div></div></div></div></div><div class="wpb_column pos-top pos-center align_left column_parent col-lg-6 single-internal-gutter"><div class="uncol style-light"  ><div class="uncoltable"><div class="uncell no-block-padding" ><div class="uncont" ><div class="uncode_text_column" ><style type="text/css">
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<p>&nbsp;</p>
<h4><strong>Ser río o ser ala</strong></h4>
<p>En uno de los pasajes más tristes de la historia de China, lo que se llamó el Gran Salto hacia adelante, Mao Zedong embarcó a todo el país en una despiadada guerra contra los gorriones. La razón era que los gorriones mermaban supuestamente las cosechas. Así que, por decreto, a lo largo de todo el país, aldea tras aldea, miles y miles de personas, incitadas por el gobierno, destruían los nidos y salían a los campos con tambores para asustar a los pájaros, que caían al suelo desfallecidos después de volar horas y horas. Asimismo, se distribuyeron miles de armas de fuego para que los campesinos, convertidos en francotiradores, abatieran a cientos de miles de gorriones. Y lo que no mataron las balas, lo hicieron indiscriminadamente los cebos envenenados. Así sucedió que las bandadas de gorriones se desvanecieron, y fue entonces cuando las autoridades se dieron cuenta de un hecho aplastante: los gorriones no solo comen grano, además, comen insectos. Demasiado tarde. Un millón de gorriones muertos y las plagas de langostas y otros insectos se multiplicaron por doquier. El genocidio de los gorriones trajo a China una brutal hambruna que segó la vida de millones de personas.<sup>3</sup> Una lección durísima de ecodependencia que el espejo nos devolvió.</p>
<p>Las aves que se cuentan por millones, que pueblan cada rincón del planeta y que son ricamente diversas, son perfectos bioindicadores de la salud de sus hábitats. Están estrechamente ligadas a diversas especies vegetales y ocupan distintas —y a veces intercambiables— posiciones en las cascadas tróficas. Algunas crean las perfectas condiciones del suelo; otras tienen importantísimos roles como depredadoras, polinizadoras o necrófagas; otras diseminan las semillas y son las laboriosas y pacientes artífices de la floresta. Y aunque no cantan por cantar,<sup>4</sup> todas son la música del mundo.</p>
<p>También merece la pena hablar del papel central de las aves en el ciclo del fósforo. Vernadsky decía que los pájaros —los vertebrados voladores por excelencia— son el contrapunto de los ríos en el intercambio de materia entre la tierra firme y el agua, entre los continentes y los océanos. Y que por ello su aparición dio lugar a nuevos tipos de bosques.<sup>5</sup> La historia ambiental moderna nos lo confirma a través de ese pasaje oscuro de la historia del Pacífico de <em>Los señores del guano</em>. Millones de toneladas de excrementos de aves que cruzaron el océano para salvar a Europa del hambre; el primer gran precedente de agricultura intensiva dependiente de insumos lejanos.<sup>6</sup> La ciencia moderna también nos lo confirma: las colonias de aves marinas son importantes impulsores mundiales de los ciclos del nitrógeno y del fósforo, devolviéndolos del mar a tierra firme.<sup>7</sup> Así pues, la avifauna —y su participación en los ciclos biogeoquímicos— estuvo estrechamente unida a nuestra seguridad alimentaria. Pero también tenemos que recordar que, inmersos en el pico de los fosfatos, la avifauna tendrá un papel central en nuestro futuro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4><strong>Tan generoso como un árbol</strong></h4>
<p>Otro punto de inflexión en el periplo de la biología evolutiva es lo que se ha llamado la <em>revolución terrestre de las angiospermas</em>.<sup>8</sup> La flor fue un verdadero hallazgo que entrañó una explosión de biodiversidad. Y la fecundación cruzada que sostiene el ciclo de la vida de las angiospermas cinceló una de las adaptaciones simbióticas más espectaculares, sofisticadas y bellas de la naturaleza. Las plantas con flor y los insectos polinizadores evolucionaron juntos, y en un verdadero alarde de imaginación se multiplicaron. Esta <em>coevolución</em> ha contribuido a su riquísima exuberancia. De hecho, las formas, los colores, los aromas y el néctar de las flores serían muy distintos (incluso inexistentes) de no servir como reclamo para los insectos polinizadores.<sup>9</sup> Casi podríamos afirmar que gracias a los insectos polinizadores existe la primavera.</p>
<p>La predominancia de las angiospermas alteró significativamente el clima y los ciclos hidrológicos debido a su alta capacidad para aumentar la meteorización de las rocas (lo que a su vez reduce los niveles de CO<sub>2</sub>) y para transpirar agua absorbida del suelo liberándola a la atmósfera. Las angiospermas son el doble de productivas que las gimnospermas y otras plantas, en gran parte debido a sus altas tasas de evapotranspiración, lo que implica no solo más pérdida de agua a la par que más humedad, sino también más absorción de CO<sub>2</sub>. Y, precisamente, es esta alta captación de carbono la que impulsa la alta productividad. Además, con la invención de la flor, las plantas se hicieron zoofílicas. Y, con ello, propiciaron nuevos nichos para polinizadores y herbívoros, a menudo cristalizados en maravillosas relaciones mutualistas. Esto, a su vez, tuvo efectos en cascada sobre el resto de la biodiversidad a través de las redes tróficas. En consecuencia, numerosos grupos de insectos aumentaron su biodiversidad al alimentarse de plantas, polinizar flores o depredar a los insectos que lo hacían. Y otros seres —amigos de los ambientes húmedos— como hongos, anfibios y helechos se beneficiaron de la expansión de las nuevas florestas tropicales.</p>
<p>Efectivamente, la invención de la flor fue una revolución que tuvo como consecuencia la modificación del clima en las regiones ecuatoriales y la expansión de las selvas húmedas tropicales, esas que hoy albergan la mayor biodiversidad del planeta. Las plantas de flor y su estrecha dependencia mutualista con los insectos son la base de la producción primaria de la Tierra. Pero, además, son la base de nuestro sistema agrícola mundial: los cereales, las legumbres y los árboles frutales son parte esencial de nuestra dieta. Dependemos de las flores y de sus esforzados polinizadores, pues «tres de cada cuatro plantas comestibles en el mundo requieren la polinización asistida específicamente por abejas»<em>.<sup>10</sup> Asimismo, las plantas son una generosa fuente de salud y sanación como nos enseña la tradición de la fitoterapia. Son el cimiento de nuestro bienestar. Aspiradores de CO<sub>2</sub> que inyectan carbono a la tierra y lo convierten en humus y bombas de lluvia que nos proporcionan alimento, medicinas e inspiración.<sup>11</sup></em></p>
<p>&nbsp;</p>
<h4><strong>Nuestro bienestar es ecodependencia</strong></h4>
<p>Sumergirse en la ecología, en la biología evolutiva y en la historia ambiental de la Tierra es apasionante y necesario. Cuando lo haces, el espejo nos cuenta que nuestras vidas no están suspendidas, están entrelazadas con la biosfera. El planeta no es solo un hogar del que podamos salir cerrando la puerta. Nos sostiene, nos protege, nos alimenta y nos conforma. Somos parte de la misma materia de la que está hecho. Es objetivo e irrecusable: la biodiversidad, las comunidades ecológicas y los ecosistemas nos proporcionan infinidad de servicios sin los cuales la vida humana no sería posible, sin los cuales ninguna vida en el planeta sería posible. Sin el fósforo biodisponible en el guano de las aves no podríamos (ni podremos) fertilizar los campos. Sin insectos polinizadores no tendremos fruta. Sin los grandes bosques, sin una línea continuada de bosques desde la costa hacia el interior, la lluvia solo caería en una estrecha franja costera de unos 600 kilómetros, y más allá se extendería el desierto. Rodearnos de naturaleza restaura nuestra capacidad de atención, disminuye la fatiga mental e incita a la contemplación. Y el contacto frecuente de los más pequeños con los espacios naturales redunda en la calidad de su sueño, minora su nivel estrés, refuerza su agudeza visual y su competencia psicomotriz, y mejora el rendimiento escolar.<sup>12</sup> Los paisajes ricos y biodiversos conforman poderosos apegos emocionales, configuran nuestra identidad y constituyen la médula del arraigo.</p>
<p>He aquí numerosas y buenas razones por las que proteger la biodiversidad en el planeta Tierra: un mundo biodiverso nos ofrece servicios que precisamos para poder llevar vidas buenas. Sin embargo, esa aproximación instrumental y parcelaria, de compartimentos estancos, aunque necesaria —dada la habitual carencia de alfabetización ecológica en nuestras sociedades— es absolutamente plana y del todo incompleta. Nada ni nadie en el planeta tiene una existencia autosuficiente, separada. Somos radicalmente ecodependientes —insistiré en ello— y esta ecodependencia no se expresa en una línea continua y previsible de causas y consecuencias. Más bien, es la materialización de una trama tupida con miles y miles de nódulos que se necesitan y se retroalimentan para sostener las vidas. Esas vidas que no se pueden concebir como partes separadas que podamos explotar por nuestros errados grupos de interés.</p>
<p>No cabe ninguna duda de que el primer paso urgente es tomar conciencia real de cómo afecta la salud de la Tierra a nuestro propio bienestar integral. Se trataría, citando a Bruno Latour, que a su vez cita a Peter Sloterdijk, «de hacer explícitas —<em>evidentes, visibles</em>— las condiciones de existencia hasta ahora tomadas como garantizadas».<sup>13</sup> En esta sociedad en la que nos cuesta identificar 10 tipos de plantas por sus hojas y, sin embargo, reconocemos con relativa facilidad los logos de 10 marcas comerciales, adentrarse en los infinitos mecanismos de bienestar (y supervivencia) que la naturaleza nos ofrece es más que conveniente, porque nos permite visibilizarlos y valorarlos. No obstante, hemos de ser más perspicaces, ya que, si nos quedásemos ahí, si el rasero de toda medida fuese nuestro interés manifiesto, podría suceder que nos conformásemos con lo que hoy estamos consiguiendo: una biosfera homogénea, aceptable, menos interesante y hermosa. Una especie de granja planetaria en la que midiésemos todas las formas de vida únicamente según nuestro beneficio directo. Y esto es asomarse indolentemente al borde de la imparable catarata de las extinciones y perseverar en los ángulos ciegos que nos han llevado hasta aquí.</p>
<p>Nuestra civilización está en lucha con la biosfera y debemos caminar hacia un nuevo entendimiento. Y como nada nos asegura que en sí mismo el conocimiento de una realidad conlleve la necesidad de transformarla, conocimiento científico y sensibilidad han de tenderse la mano. Y en ese camino de concordia con nuestra casa común portaremos en una mano las herramientas que nos proporcionan las ciencias de la vida y de la tierra. En la otra, la inclinación sensible al resto de seres vivos, nuestra biofilia, las emociones y el lenguaje de la intuición, la poesía y las humanidades. Y en el corazón, la prudencia que se desprende de la reverencia por lo vivo y de la certeza de que la naturaleza es muy compleja, indomeñable e incognoscible.<sup>14</sup> Así, entender el proceso de polinización nos permitirá acercarnos a las abejas y a las mariposas, incluso a las moscas, desde la admiración, el respeto, el cuidado y, también, desde la gratitud. Aprender los procesos ecológicos, conocer mejor el conjunto de las especies vivas que nos rodean y experimentar con nuestros sentidos su proximidad son acciones centrales para poder protegerlas (y protegernos). En otras palabras, es necesario estrenar un nuevo movimiento contracultura que desbanque la instrumentalización de la naturaleza y el eje antropocentrista de nuestro pensamiento. En la misma línea, las leyes que se aprueben a favor de la protección de la biodiversidad han de ir acompañadas por acciones que incidan en recuperar nuestras relaciones sensibles y sensitivas con lo vivo. En este sentido, la divulgación y la educación ecosocial tienen un valioso protagonismo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4><strong>Mis vecinos aúllan, berrean y graznan</strong></h4>
<p>No obstante, para poder restaurar esta conexión hacia las otras formas de vida necesitamos, en primer lugar, recuperar su proximidad, acercarlas más que acercarnos. Nuestra tecnosfera nos aleja (y nos separa) de la ecosfera. Nuestras ciudades son burbujas culturales,<sup>15</sup> verdaderas ciudadelas en las que nos aislamos y aparentemente nos independizamos de los procesos básicos de la vida y, por ende, del resto de seres vivos. Y, justamente por ello, tienen un coste espiritual y en términos de salud humana que asumimos alegremente. Lo escribía Barry Commoner cerrando el siglo XX: «nos inmolamos frente al progreso y asumimos cierto nivel de contaminación y cierto riesgo para la salud como inevitable».<sup>16</sup> Como un precio que hay que pagar para obtener los beneficios de la tecnología moderna. Un precio que nos está arrasando como un alud devastador e inasumible.</p>
<p>En el mismo sentido, en una de esas delicadas piezas de arte que son los programas del Bosque Habitado, Joaquín Araujo afirmaba que las ciudades nos desafectaban, pero que no hay ni un centímetro del planeta que no esté afectado por las ciudades.<sup>17</sup> Sin duda, los entornos fuertemente urbanizados, asfaltados, fragmentados, agujeros negros de energía, en los que nada crece, son una de las razones prácticas que de facto nos desafectan de eso que hemos venido a llamar naturaleza, que algunos identifican con lo salvaje, y que no es nada más que nuestra propia esencia. Tenemos que recuperar nuestra esencia y, en mi opinión, el punto crucial es convertir en bosques las avenidas de nuestras ciudades, consagradas hoy al tráfico motorizado. El camino es claro: debemos devolver el espacio, reforestar nuestras ciudades, renaturalizar los cursos de los ríos, restablecer humedales, dejar que el manto fértil y los millones de seres simbióticos que lo conforman se recupere. De este modo, obtendremos los beneficios de un baño de bosque al abrir las ventanas de nuestros hogares y, con ello, desentumeceremos nuestros afectos por tanto tiempo dormidos hacia el mundo viviente. Ciudades más pequeñas capaces de sostenerse en lo esencial con los recursos de la región y ciudades verdes en las que se sacrifique el asfalto para plantar árboles, jardines y huertas. Ciudades que abran la puerta a la biosfera, que derriben las murallas de nuestra ruidosa tecnosfera y que permitan que el canto de las aves y el rumor de los insectos sean más fuertes que el de las máquinas. Se trataría de incrementar las praxis, las creaciones y las experiencias que nos hagan recuperar nuestra conexión con el mundo vivo y de que ésta deje de ser solamente una idea.</p>
<p>Y además, debemos reinventar eso que llamamos domesticación. Requerimos del otro para sobrevivir, pero la concepción de nuestras sociedades occidentales basadas en la dominación que lo definen como recurso, cosa o esclavo solo nos ha conducido a un punto de quiebra del sistema terrestre. En algún momento de nuestra historia occidental decidimos que nuestros hermanos, primos y abuelos eran tipos inferiores de vida, bestias o animales. Nosotros —<em>estos animales</em> que somos potencialmente capaces de hacer de la compasión una práctica vital— tendríamos que ser clarividentes y hábiles en extenderla al resto de seres vivos. Compasión, fraternidad, gratitud y orgullo. Amar el orgullo de los otros seres como amamos el nuestro y tratarlos con dignidad, reestableciendo el diálogo con ellos que empieza por mirarlos, reconocerlos y, sobre todo, darles espacio vital y político. Más allá de instituirnos como superdepredadores tenemos que recuperar aquellas otras maneras ancestrales de acercarse e imaginar al otro. Algo así como la forma de convivir con los renos que tienen los <em>tuvanos</em> de Siberia, en la que el reno se mantiene voluntariamente en estado salvaje, a la par que participa de una cooperación mutualista con los humanos que influyen en ellos y los orientan.<sup>18</sup> Es impensable que podamos construir una nueva cosmología sobre los hombros de la crueldad y el horror animal. La protección de la biodiversidad y la explotación son conceptos intrínsecamente antagónicos. Como escribe Baptiste Morizot: «La ecodependencia es la condición y las relaciones con otras especies es el marco».<sup>19</sup> Y este marco es un marco constituido por vínculos horizontales, recíprocos y complementarios.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4><strong>Ella es Happy y ella lo sabe<sup>20</sup></strong></h4>
<p>No hace mucho, ejerciendo uno de mis privilegios fosilista, en un barco hacia las Islas Baleares, escuché una conversación perturbadora. Una pareja con un bebé comentaba con otra la necesidad de quitarle el chupete. La otra pareja, más experimentada en esas lides, relataba que, en su momento, le quitaron el chupete a su pequeño arrojándolo al mar. Si esto me sobrecogió, lo que me pareció mucho más inquietante es que los primerizos padres aceptaron el consejo sin una pizca de resistencia. No parecieron reparar en que el bienestar de ese bebé fuera de su chupete está profundamente ligado a la salud del océano del que dependen millones y millones de vidas (humanas y no humanas) y que los plásticos que acaban balanceados por el oleaje se van descomponiendo en unidades microscópicas que asaltarán el cuerpecito de todos los bebés a través de ese caldo de pescado con el que un día los alimentarán. Un bumerán kármico administrado con mano firme por las cascadas tróficas.</p>
<p>La anécdota es elocuente. Aunque sería un error concluir que este atolladero civilizatorio en el que está sumido la humanidad es solo el resultado de la suma de veces en las que cada uno de nosotros tiramos el chupete o el envoltorio de las patatas al mar. Sería un error concluir que nuestra ignorancia ecosocial es fruto de nuestra naturaleza egoísta y descuidada. Nuestra sociedad capitalista —con el empuje de los hidrocarburos— salvajemente colonialista, extractivista, depredadora de recursos y ciega a los procesos ecológicos, nos empuja todo el tiempo a obviar que nos envenenamos envenenando al planeta. Y esa misma lógica socioeconómica basada en la plusvalía y en la acumulación de capital es la que empuja a producir y producir a costa de traspasar los límites planetarios y mercantilizar las vidas y el «medio ambiente». Esto nos debe llevar obligatoriamente a cuestionar el modelo socioeconómico. No hay posibilidad de un capitalismo amable con la biosfera puesto que el crecimiento infinito es imposible en un planeta finito.</p>
<p>Muy relacionado con lo anterior y con una civilización absolutamente <em>petroadicta</em>, está la cuestión de cómo están ordenadas nuestras vidas: la casi obligatoria hipermovilidad de materias y personas; la inexistente soberanía alimentaria; la enorme huella ecológica del sector agroganadero industrial; el derroche productivo que se traduce en una sociedad convulsa que compra y compra y tira y tira sin detenerse; la basura, los plásticos, los residuos fabricados en materiales que la biosfera no puede digerir; lo lejos —con una población mundial fundamentalmente urbana— que vivimos de la «naturaleza», lo que a su vez propulsa y motiva un turismo de masas predador que retroalimenta la insostenibilidad de nuestra civilización; nuestra acrítica tecnofilia; y, finalmente, el culto al coche —y a la red de carreteras que lo preceden— que condiciona el espacio público, fragmenta los entornos naturales, impermeabiliza la tierra y satura la atmósfera de gases de efecto invernadero. Y todo esto está absolutamente culturizado en cada uno de nosotros y en el conjunto de la sociedad. Son, parafraseando a Erich Fromm, estructuras promotoras de nuestro carácter social que hace propias las necesidades externas, enfocándonos hacia las tareas y los comportamientos que el sistema requiere. Y como resultado, las necesidades socioeconómicas de la sociedad capitalista nos moldean. Somos productos del entorno y del ambiente.<sup>21</sup> Estas estructuras invisibles son las que nublan, las que reducen el tamaño del espejo de nuestra ecodependencia. Cambiarlas es un trabajo esencial de nuestro tiempo.</p>
<p>Y sólo así, como la emocionante historia de Happy, la primera elefanta asiática que fue capaz de reconocer su imagen en el espejo sólo porque a Frans de Waal se le ocurrió que, para poder superar la prueba de la autoconciencia, un elefante necesitaba mirarse en un espejo de su tamaño. Del mismo modo, nosotras, criaturas <em>gaianas</em>, seres vulnerables, frágiles y ecodependientes, también necesitamos un espejo más grande, más nítido. Un espejo que nos devuelva el reflejo de toda la biosfera, que nos permita sabernos como Gaia, una entidad completa de la que formamos parte y a la que nunca podremos sobrevivir. El espejo de la simbiosis cincelado con el auxilio de las ciencias, el amor, la compasión, la humildad, la proximidad, y la buena vecindad —en el sentido estricto de esta palabra. Un espejo que inaugure un nuevo estadio de autoconciencia para toda la humanidad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Elena Krause Suárez</strong> es diplomada en Relaciones Laborales y máster en Humanidades Ecológicas, Sustentabilidad y Transiciones Ecosociales.</p>
<h4>NOTAS:</h4>
<p>1 Lynn Margulis y Dorion Sagan, <em>¿Qué es la vida?</em>, Metatemas, 1996, pp. 14.</p>
<p>2 <em>Ibidem</em>.</p>
<p>3 Domingo Marchena, «El año que China declaró la guerra a los gorriones», <em>Historia y vida</em>, 2020, núm. 623, pp. 80-83.</p>
<p>4 Carlos Velázquez, <em>No cantan sólo por cantar</em>, Publicado en cienciorama.unam.mx.</p>
<p>5 Vladímir I. Vernadski, <em>La biosfera</em> (1929), Fundación Argentaria–Visor Dis, Madrid, 1997.</p>
<p>6 Gregory T. Cushman, <em>Los señores del guano: una historia ecológica global del Pacífico</em>, Instituto de Estudios Peruanos, 2019.</p>
<p>7 Xosé Luis Otero <em>et al.</em>, «<a href="https://www.nature.com/articles/s41467-017-02446-8" target="_blank" rel="noopener">Seabird colonies as important global drivers in the nitrogen and phosphorus cycles</a>»,<em> Nature communications</em>, 2018, vol. 9, núm. 1, pp. 246.</p>
<p>8 Michael J. Benton, Peter Wilf y Hervé Sauquet, «The Angiosperm Terrestrial Revolution and the origins of modern biodiversity»<em>, New Phytologist, </em>2022, vol. 233, núm. 5, pp. 2017-2035.</p>
<p>9 José Carlos Otero, <em>La vida secreta de los insectos</em>, Plataforma, 2018.</p>
<p>10 Elisa T. Hernández y Carlos A. López Morales, «<a href="https://marurojasreportera.com/sabias-que-de-las-abejas-depende-nuestro-alimento-y-el-equilibrio-ecologico-mundial-diamundialdelasabejas/" target="_blank" rel="noopener">La desaparición de abejas en el mundo: polinización, ecología, economía y política</a>», <em>Ciencias</em>, núm. 118-119, noviembre 2015-abril, pp. 102-105.</p>
<p>11 Peter Wohlleben, <em>La vida secreta de los árboles</em>, Ediciones Obelisco, 2016.</p>
<p>12 Carolina Pinedo, «<a href="https://elpais.com/mamas-papas/expertos/2023-12-05/mejor-sueno-y-rendimiento-escolar-el-contacto-de-los-ninos-con-la-naturaleza-es-imprescindible-para-su-salud.html" target="_blank" rel="noopener">Mejor sueño y rendimiento escolar: el contacto de los niños con la naturaleza es imprescindible para su salud</a>», El País, 5 de diciembre de 2023.</p>
<p>13 Bruno Latour, <em>¿Es la geo-logía el nuevo paraguas para todas las ciencias?,</em> Humus Editores, 2016.</p>
<p>14 Ferrán Puig Vilar, «Messoreligión para una acción intersticial con sentido<em>», Humanidades ecológicas hacia un humanismo bioférico, </em>2023, cap. 16, pp. 268.</p>
<p>15 Jorge Riechmann, <em>Moderar extremistán: sobre el futuro del capitalismo en la crisis civilizadora,</em> Díaz &amp; Pons, 2014.</p>
<p>16 Barry Commoner, <em>En paz con el planeta,</em> Crítica, Barcelona, 1992.</p>
<p>17 Programa Bosque Habitado de RNE, radiado en directo desde el auditórium del Jardín Botánico de la ciudad de Valencia, el domingo 3 de diciembre de 2023 a las 10 horas.</p>
<p>18 Baptiste Morizot, <em>Maneras de estar vivo</em>. <em>La crisis ecológica global y las políticas de lo salvaje,</em> Errata naturae, Madrid, 2021, pp. 227.</p>
<p>19 Ibidem., pp. 321.</p>
<p>20 Cuando se demostró que Happy, una elefanta asiática, se reconocía en el espejo, la prensa no pudo resistirse a parafrasear una canción infantil haciendo este juego de palabras. Frans De Waal, <em>El bonobo y los diez mandamientos: en busca de la ética entre los primates</em>, Tusquets, 2014, pp. 132.</p>
<p>21 Erich Fromm y Gino Germani, <em>El miedo a la libertad</em>, Paidós, Argentina, 1977.</p>
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		<title>Restauración participativa de ecosistemas y sus beneficios en la microbiota y salud humana</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 08 Mar 2024 08:56:47 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[El artículo aborda los efectos beneficiosos que la restauración ecológica participativa ha demostrado tener sobre la salud de las personas que la practican.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div class="wpb-content-wrapper"><div data-parent="true" class="vc_row row-container" id="row-unique-3"><div class="row limit-width row-parent"><div class="wpb_row row-inner"><div class="wpb_column pos-top pos-center align_left column_parent col-lg-12 single-internal-gutter"><div class="uncol style-light"  ><div class="uncoltable"><div class="uncell no-block-padding" ><div class="uncont" ><div class="vc_custom_heading_wrap "><div class="heading-text el-text" ><h2 class="h2" ><span>Restauración participativa de ecosistemas y sus beneficios en la microbiota y salud humana</span></h2></div><div class="clear"></div></div></div></div></div></div></div><script id="script-row-unique-3" data-row="script-row-unique-3" type="text/javascript" class="vc_controls">UNCODE.initRow(document.getElementById("row-unique-3"));</script></div></div></div><div data-parent="true" class="vc_row row-container" id="row-unique-4"><div class="row limit-width row-parent"><div class="wpb_row row-inner"><div class="wpb_column pos-top pos-center align_left column_parent col-lg-6 single-internal-gutter"><div class="uncol style-light"  ><div class="uncoltable"><div class="uncell no-block-padding" ><div class="uncont" ><div class="uncode_text_column" ><p>El Dosier Ecosocial <a href="https://www.fuhem.es/2024/03/08/explorando-vinculos-entre-la-biodiversidad-y-calidad-de-vida/"><em>Explorando los vínculos entre la biodiversidad y la calidad de vida</em></a> incluye un texto de <strong>Marcela Bustamante-Sánchez</strong>, <strong>Nicolás Rivas Mac Kay</strong> y <strong>Antonia Ortiz Astorga</strong> titulado: «<em>Restauración participativa de ecosistemas y sus beneficios en la microbiota y salud humana</em>» que indaga en los efectos beneficiosos que la restauración ecológica participativa ha demostrado tener sobre la salud de las personas que la practican.</p>
<h4><strong>Introducción</strong></h4>
<p>El ser humano está cada día más expuesto a diferentes estímulos provenientes de la tecnología en las ciudades modernas, los cuales muchas veces son el origen de problemas de salud tanto física como psicológica. Sonidos, luces, pantallas, comida ultra procesada, y entornos construidos artificialmente carentes de estímulos naturales alteran nuestro estado de bienestar y equilibrio.<sup>1</sup> Entonces cabe preguntarse: ¿evolutivamente, estamos adaptados para vivir en estos ambientes modernos llenos de estímulos artificiales? Si consideramos esto a grandes rasgos, algunos autores indican que solo hemos pasado el 0,01% de nuestro tiempo en la Tierra en ambientes modernos.<sup>2</sup> Es decir, el 99,99% del tiempo estuvimos viviendo y evolucionando en contacto directo con ambientes naturales.</p>
</div></div></div></div></div></div><div class="wpb_column pos-top pos-center align_left column_parent col-lg-6 single-internal-gutter"><div class="uncol style-light"  ><div class="uncoltable"><div class="uncell no-block-padding" ><div class="uncont" ><div class="uncode_text_column" ><style type="text/css">
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				<h2 class="dae-shortcode-download-title">Explorando los vínculos entre la biodiversidad y la calidad de vida</h2>
				
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<p>Este vínculo humano-naturaleza se hace más tangible con el término propuesto por Erich Fromm, <em>biofilia.</em><sup>5</sup> Este término proviene de las palabras griegas bio (vida) y filia (amor), por lo cual se podría traducir como «amor a la vida». En un principio, Fromm describió la biofilia desde el punto de vista de que el ser humano se siente atraído psicológicamente a todo lo que está vivo y es vital. Más tarde Edward O. Wilson, en su libro <em>Biofilia</em>, ocupó este término para referirse a la adaptación evolutiva que permitió que existiera este vínculo con la naturaleza y la vida.<sup>6</sup> Luego, Wilson, junto con Stephen R. Kellert, oficialmente propusieron la conocida <em>hipótesis de la biofilia</em>. Esta fue planteada desde un punto evolutivo y entregando una perspectiva más filogenética del vínculo con la naturaleza, planteando que la atracción y el cómo nos vinculamos con la naturaleza viene de toda evolución del ser humano que tuvo en ella.<sup>7</sup></p>
<p>Este vínculo con lo natural día a día está siendo hoy más explorado por diferentes áreas de estudios, habiéndose registrado diversos beneficios en la salud y el bienestar de las personas al estar en contacto con la naturaleza. En el campo de la psicología se tiene registro de que provoca alivio al estrés fisiológico, a la fatiga mental y también posee un efecto restaurador de la atención.<sup>8,9</sup> Entre algunos de sus efectos benéficos fisiológicos, el contacto con la naturaleza promueve la relajación cardiovascular, reduce la presión arterial y los niveles de cortisol, además de tener efectos antiinflamatorios en el cuerpo.<sup>10</sup><sup>, 11, 12 </sup> La reciente experiencia que vivimos debido a la pandemia generada por el covid-19 nos dejó de manifiesto lo importante que es el vínculo con la naturaleza. En una investigación realizada en Japón, se encontró que las personas que vivían en lugares con una mayor cobertura forestal presentaban un menor índice de mortalidad por diferentes tipos de cáncer, en comparación con personas que vivían en lugares con una menor cobertura de bosques.<sup>13</sup> En Estados Unidos se realizó un estudio para evaluar cómo la exposición a espacios verdes podría influir en la mortalidad por esta enfermedad. Los resultados sugirieron que efectivamente una mayor exposición a espacios verdes, específicamente los bosques, puede disminuir la mortalidad por dicho virus.<sup>14</sup></p>
<p>Todos estos efectos sugieren que el contacto con la naturaleza a futuro nos podría ayudar a mitigar los diversos problemas de salud que la sociedad padece, y que este vínculo que ha existido por miles de años podría ser la piedra angular para tratarlos. Sin embargo, la conservación de la biodiversidad por sí sola no ha logrado proteger la mayor parte de la superficie terrestre de la Tierra. Según un informe del año 2018 de la Plataforma Intergubernamental Científico-Política sobre Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos, un desgarrador 75% de la superficie terrestre está degradada.<sup>15</sup> El rápido ritmo y el alcance de la degradación ambiental han hecho que la restauración de los ecosistemas —el proceso de ayudar a la recuperación de un ecosistema degradado— sea una prioridad global. Las Naciones Unidas declararon que 2021-2030 es el Decenio de las Naciones Unidas para la Restauración de Ecosistemas para reflejar la urgencia y la escala con la que debemos restaurar nuestros ecosistemas dañados. La escala y los desafíos involucrados son inmensos. Una manera de lograrlo es abordar la salud de los ecosistemas y la salud de la población humana en su conjunto, ya que ambas están inexorablemente vinculadas en el mundo actual (superpoblado y dominado por los seres humanos).<sup>16, 17</sup> Esto se puede lograr adoptando un enfoque de <em>ecosalud</em> (un enfoque ecosistémico de la salud humana), como modelo y enfoque práctico para ayudar a avanzar en el movimiento hacia la curación de nuestro planeta y de nosotros mismos.<sup>18, 19</sup></p>
<p>La discusión en este artículo se enfoca en presentar cómo la restauración de ecosistemas participativa trae beneficios a los ecosistemas y a la salud de las personas que la practican. Para ello, hemos dividido la argumentación en cuatro temas. Esta no es una lista exhaustiva; sin embargo, consideramos que cada tema es relevante para resaltar la relación entre la salud de los ecosistemas, la restauración ecológica y la salud humana.</p>
<p>Los cuatro temas para discutir son los siguientes:</p>
<ul>
<li>La hipótesis de la biodiversidad y la salud de los ecosistemas y de las personas.</li>
<li>Restauración recíproca para las personas y los ecosistemas.</li>
<li>Restauración de ecosistemas y modulación de la microbiota.</li>
<li>Restauración de ecosistemas y efectos en la salud mental.</li>
</ul>
<p><strong> </strong></p>
<h4><strong>La hipótesis de la biodiversidad y la salud de los ecosistemas y de las personas</strong></h4>
<p>La urbanización, los cambios de uso del suelo y la pérdida asociada de biodiversidad, así como el aumento del tiempo que pasamos en el interior de casas, escuelas o áreas de trabajo, han reducido nuestra exposición a la microbiota (comunidades de microorganismos) a la que estamos adaptados. Esta disminución en el tiempo que las personas pasan en ambientes naturales se conoce también como <em>trastorno por déficit de naturaleza</em><sup>20</sup>, que plantea que los seres humanos, especialmente las y los niños, pasan menos tiempo al aire libre que en el pasado, lo que resulta en una amplia gama de problemas de conducta. Cuando nos aislamos de esas interacciones ecológicas con otras especies, nuestra salud física y psicológica probablemente se ve comprometida. Esta amistad —una relación simbiótica entre un huésped y miles de millones de organismos microbianos— puede verse alterada por una serie de productos químicos y farmacéuticos sintéticos, incluidos biocidas, desinfectantes, pesticidas y antibióticos, cada uno de los cuales puede reducir la densidad y diversidad de microbiota beneficiosa que se considera necesaria para la salud y la resiliencia humanas.<sup>21</sup> La <em>hipótesis de la biodiversidad</em>, una extensión de la <em>hipótesis de la higiene</em>, postula que la baja exposición a una microbiota ambiental más diversa puede estar provocando cambios desfavorables en los microbiomas humanos y, por lo tanto, diversas enfermedades (por ejemplo, trastornos autoinmunes, alergias y asma).<sup>22, 23</sup> Los primeros trabajos para respaldar esta hipótesis se basaron en comparaciones de la microbiota de personas que vivían en un gradiente desde condiciones urbanas con menos biodiversidad hasta condiciones rurales más biodiversas.<sup>24</sup> Se cree que la salud de las personas mejora gracias al entrenamiento que va adquiriendo su sistema inmunológico al estar en contacto con entornos o ambientes más biodiversos, lo que se ha logrado a través de un proceso de coevolución del ser humano con su microbiota. Por ejemplo, se ha observado que la microbiota de niñas y niños que viven en ambientes rurales difiere de la microbiota de quienes viven en ambientes urbanos, quienes son más susceptibles a presentar asma en comparación con las niñas y niños que viven en granjas.<sup>25</sup> Estos estudios han revelado que la exposición a la microbiota del entorno natural es crucial, particularmente para la activación de mecanismos inmunorreguladores,<sup>26</sup> y que dichas exposiciones se están reduciendo, mientras que la propia microbiota ambiental está siendo modificada por la actividad humana.<sup>27, </sup><sup>28</sup></p>
<p>&nbsp;</p>
<h4><strong>Restauración recíproca para las personas y los ecosistemas</strong></h4>
<p>Los problemas de salud ambiental, como la pérdida de la biodiversidad, la contaminación y la degradación de los ecosistemas, no son independientes de los problemas de salud pública. La conservación de la biodiversidad y la restauración de los ecosistemas no son sólo formas prácticas de compromiso con la naturaleza, sino también prácticas recíprocamente restaurativas: restauradoras tanto para las personas involucradas como para los ecosistemas que reciben acciones reparadoras.<sup>29</sup> Esto tiene enormes beneficios socioeconómicos y culturales.<sup>30</sup></p>
<p>Una <em>intervención de salud basada en la naturaleza</em> que postula beneficios tangibles y verificables para la salud psíquica, psicológica y fisiológica es involucrar a las personas en equipos de trabajo de proyectos de restauración ecológica<sup>31, 32, 33</sup> Este cambio de paradigma promueve una <em>cultura restaurativa</em> que reconoce los vínculos fundamentales entre los ecosistemas y la salud humana, y considera a la biodiversidad como fundamental para el bienestar y la resiliencia personal, comunitaria y cultural.<sup>34</sup> La restauración ecológica participativa puede ser considerada como una prescripción verde (<em>green prescription</em>, en inglés),<sup>35</sup> es decir, una receta médica para una actividad monitoreable que implica pasar tiempo en entornos naturales en beneficio de la salud y el bienestar humano. Las prescripciones verdes suelen estar diseñadas para pacientes con una necesidad definida y tienen el potencial para complementar los tratamientos médicos ortodoxos, particularmente aquellos que están destinados a abordar enfermedades no transmisibles y problemas de salud mental.<sup>36</sup> Se reconoce que los fundamentos de la prescripción verde requieren la interacción de tres fenómenos principales: entornos naturales, un contexto social y actividades significativas.<sup>37</sup> Sin embargo, todavía queda una gran cantidad de investigación por realizar para responder a una serie de preguntas fundamentales, como qué tipos de intervenciones basadas en la naturaleza (o elementos de éstas) funcionan mejor para quién, dónde y cuándo.<sup>38</sup></p>
<p>Es posible identificar una variedad de beneficios colaterales asociados a las prescripciones verdes que abarcan áreas de la salud, la socioeconomía y el medio ambiente. La creciente evidencia de una amplia gama de estudios que investigan la relación entre la naturaleza y la salud humana respalda esto y, en particular, los beneficios ambientales.<sup>39</sup> Sin embargo, a la fecha, casi no hay literatura científica que muestre resultados empíricos de los efectos en la salud humana al participar en actividades de restauración, lo que refleja una brecha importante que debe abordarse. Se ha inferido, desde una serie de estudios, que el contacto frecuente con la más amplia biodiversidad posible en los espacios verdes es lo que genera una amplia gama de beneficios para la salud derivados de las intervenciones basadas en la naturaleza, incluida la reducción del estrés y la mejora de la salud mental. Inicialmente, esto se dedujo de estudios en los que la falta de acceso a hábitats naturales (especialmente aquellos con microbiota y vegetación del suelo diversas) exacerba los problemas de salud. En las siguientes secciones presentaremos algunos efectos positivos desde la perspectiva de la microbiota y la salud mental que han surgido desde estudios que evalúan el efecto de la exposición de las personas al ambiente natural y cuyos resultados podrían vincularse a la participación en actividades de restauración.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4><strong>Restauración de ecosistemas y modulación de la microbiota</strong></h4>
<p>La exposición ambiental permite la interacción humana con todo un ecosistema de microbios, y cada vez hay más pruebas de que la diversidad de microbios en ese ecosistema puede influir en la composición de la microbiota humana, con consecuencias para la función inmune y los consecuentes resultados en la salud.<sup>40</sup> La exposición a la microbiota ambiental, tanto de ambientes interiores como exteriores, ocurre constantemente a lo largo de la vida y, por lo tanto, es importante apreciar su papel potencial. La base de evidencia que respalda dicha relación está en sus inicios: el primer estudio en esta área se publicó tan sólo hace cinco años.<sup>41</sup> Actualmente, hay varios estudios que han mostrado que la interacción con el entorno natural (por ejemplo, tocar el suelo y la materia vegetal) influye en la microbiota de las personas (de la piel, la boca, la nariz y el intestino).<sup>42</sup> Con respecto a la microbiota de la piel, un estudio reciente encontró que los jardines verticales interiores en los espacios de oficina pueden aumentar su diversidad después de 14 días de exposición, y dichos cambios se asociaron con la expresión del ARN mensajero del factor de crecimiento beta transformante de citoquinas,<sup>43</sup> lo que indica un potencial papel de la microbiota ambiental en la función inmune. Como no hubo contacto directo con el jardín vertical, estos hallazgos sugieren que la microbiota de la piel y la función inmune pueden estar relacionados con la exposición al aero-bioma (presente en el polvo) asociado con los jardines verticales. Sin embargo, en este estudio no se realizó ninguna evaluación del aero-bioma. Esta idea sobre los efectos en la salud debido a la exposición al aero-bioma cuenta con el apoyo de un estudio reciente realizado con ratones.<sup>44</sup> En este estudio se introdujeron ratones en cajas de malla abiertas que permitían el paso del polvo (aero-bioma) proveniente del suelo ubicado al lado de las cajas. Un grupo de ratones fue expuesto a un aero-bioma generado en una condición sin suelo (es decir, una condición control sin exposición al aero-bioma), otro grupo se expuso a un aero-bioma generado desde una condición de suelo de baja diversidad, y un tercer grupo a un aero-bioma de suelo de alta diversidad. Después de siete semanas de exposición, hubo diferencias significativas entre los grupos experimentales en la composición comunitaria del microbioma fecal y cecal. Los ratones expuestos al aero-bioma de suelo de alta diversidad presentaron una mayor presencia de una bacteria que produce butirato (<em>Kineothrix alysoides</em>), lo que se asoció con una reducción de comportamientos de ansiedad en los ratones. Estos resultados apoyan la hipótesis de la biodiversidad, ya que los suelos biodiversos pueden suministrar microorganismos productores de butirato al microbioma intestinal de los mamíferos con posibles implicaciones para la regulación del comportamiento.</p>
<p>También se han realizado intervenciones para observar los efectos en la microbiota intestinal, la evidencia más convincente aquí proviene de estudios con grupos de comparación, e incluye poblaciones tanto de niños como de adultos.<sup>45, 46, 47, 48</sup> Las intervenciones examinadas por su impacto en la microbiota intestinal y/o la función inmune incluyeron la exposición directa con una mezcla de abono y tierra,<sup>49</sup> jardines verticales interiores,<sup>50</sup> exposición a espacios verdes al aire libre<sup>51</sup> y jugar en un arenero enriquecido con microbios (incluyendo materia vegetal y suelos de jardinería comercial).<sup>52</sup> En dos de estos estudios no se encontraron diferencias significativas entre los grupos de intervención y control a los 14 día,<sup>53, 54 </sup>a los 21 días <sup>55</sup> y después del cese de la intervención. Estos hallazgos indican que puede ser necesaria una exposición continua, o que las intervenciones no tuvieron una duración suficiente para impulsar cambios a largo plazo en la microbiota intestinal.</p>
<p>La evidencia preliminar publicada hasta la fecha sugiere que la exposición a la microbiota ambiental puede influir en la microbiota del huésped, la función inmune y, finalmente, en los resultados de salud; sin embargo, se necesita más evidencia y con menos sesgos potenciales. Un estudio publicado en el año 2023 por Jessica Stanhope y Philip Weinstein analizó los trabajos recién presentados.<sup>56</sup> Hasta la fecha, hay relativamente pocos estudios en humanos que incluyan grupos de comparación, e incluso estos estudios tienen una variedad de posibles sesgos metodológicos, como por ejemplo el sesgo de asignación en dos de los estudios, o el no aislar la exposición al microbioma de otros elementos de las intervenciones (por ejemplo, ver elementos naturales, la naturaleza relativamente a corto plazo de las intervenciones y períodos de seguimiento tras el cese de la intervención)<em>.</em> Los tamaños de muestra en todos los estudios también fueron relativamente pequeños. También se requieren evaluaciones más completas de la función inmune. La generalización de los hallazgos también debe considerarse al determinar cómo estos hallazgos pueden aplicarse más allá de los escenarios investigados. Por ejemplo, todos los estudios en humanos con grupos de comparación se han realizado en Finlandia, por lo que es urgente ampliar el espectro biogeográfico y cultural de los estudios para identificar patrones de resultados comunes entre diferentes regiones. La investigación en esta área está en sus inicios y se requiere investigación adicional para comprender mejor los tipos y dosis de exposición, la generalización de los hallazgos entre poblaciones, y garantizar la seguridad de tales intervenciones.</p>
<p>Si bien falta mucho por estudiar y afinar aún, estos resultados preliminares son alentadores y permiten pensar en intervenciones que se podrían realizar para mejorar la exposición de las personas a una microbiota ambiental más diversa. Estos enfoques pueden incluir cambios de comportamiento (por ejemplo, frotar el suelo, trabajar en el jardín y pasar más tiempo al aire libre en espacios verdes), u optimizar la microbiota ambiental en los espacios donde las personas pasan su tiempo. Desde la restauración ecológica se puede contribuir a modular la microbiota de las personas desde dos aproximaciones: restaurando los ecosistemas donde las personas pasan la mayor parte del tiempo, como en las ciudades, y motivando a las personas a participar activamente en actividades de restauración.<sup>57</sup> La restauración ecológica urbana incluye proteger y ampliar los espacios verdes urbanos, lo que puede promover la vegetación nativa,<sup>58</sup> mejorar la biodiversidad del suelo<sup>59</sup> e impactar positivamente en el microbioma humano.<sup>60, 61, 62</sup> La restauración ecológica urbana también puede impartir una sensación de bienestar y una mejor salud mental a quienes utilizan los espacios verdes. La regulación del microclima puede ser otro resultado de la restauración ecológica. Se ha demostrado que el aumento de las copas de los árboles reduce las temperaturas de la superficie terrestre, lo que en última instancia tiene un impacto en las enfermedades humanas inducidas por el calor. <sup>65, 66</sup>  Las prácticas de agricultura regenerativa en áreas urbanas y periurbanas también tienen un lugar en el marco de las actividades restaurativas, que pueden tener impactos significativos en la salud y el bienestar: mejoran la seguridad alimentaria, la biodiversidad del suelo y la protección contra inundaciones.<sup>67</sup></p>
<p>&nbsp;</p>
<h4><strong>Restauración de ecosistemas y efectos en la salud mental</strong></h4>
<p>Como se mencionó anteriormente, son muchos los problemas de salud que afectan hoy en día a las personas, y éstos se ven altamente potenciados en ambientes urbanizados. Tanto es así, que gran parte de la población recurre a tratamientos médicos y medicamentos para sopesar el «síndrome de la modernización urbana», el estrés. Este síndrome, como base de muchas enfermedades cardíacas, mentales (como depresión y esquizofrenia), e incluso fisiológicas (como el cáncer), es considerado un factor de morbilidad.<sup>68</sup> El incremento de la urbanización ha tenido por consecuencia una desconexión con la naturaleza, ya que son cada vez menos los ecosistemas que persisten, y el acceso a ellos es cada vez más complejo (distancias más largas, donde no cualquier persona tiene las facilidades económicas para acceder a ellos).</p>
<p>Desde la psicología y otras disciplinas sociales se han realizado estudios cualitativos y cuantitativos para poder conocer la relación entre las personas con su ambiente. Sea natural o urbanizado, se busca, a través de la introspección de las personas, su propia percepción física, emocional, espiritual y mental sobre el entorno en el cual están inmersos. Además, recientemente ha quedado claro que la microbiota humana desempeña un papel no sólo en la salud física, sino también en la salud mental. Dependiendo de la diversidad y la composición comunitaria de la microbiota humana, la microbiota puede contribuir a resultados negativos de salud mental o promover la resiliencia al estrés. Una revisión sistemática de estudios científicos realizada en el año 2010 encontró un impacto beneficioso de la exposición al ambiente natural sobre las emociones negativas (ira y tristeza) en personas adultas.<sup>69, 70, 71, 72</sup> Además, se sabe que vivir cerca de los bosques tiene efectos en la amígdala,<sup>73</sup> un área del cerebro que regula el miedo y la ansiedad. Un trabajo pionero publicado el año 2020 demostró el impacto de una intervención relacionada con la naturaleza en la microbiota intestinal, la serotonina fecal y el comportamiento psicosocial de infantes en edad preescolar, lo que sugiere una vía potencial para resaltar el beneficio de la conexión con la naturaleza.<sup>74</sup> Los resultados muestran que jugar al aire libre en parques una vez a la semana por diez semanas mejora significativamente el estrés percibido (particularmente la frecuencia de la ira) y el comportamiento prosocial de las y los participantes, lo que sugiere un vínculo entre estos comportamientos y la carga bacteriana encontrada en los participantes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4><strong>Conclusión</strong></h4>
<p>Existe una creciente preocupación de que la falta de acceso a hábitats naturales exacerbe los problemas de salud de las personas. Para detener y revertir la degradación ecológica y el deterioro de la salud pública, debemos aumentar la comprensión de los efectos de la restauración de los ecosistemas en la salud humana. La participación en actividades de restauración ecológica es una intervención basada en la naturaleza que puede mejorar la salud humana. Como se ha mostrado, la restauración ecológica puede contribuir a modular la microbiota de las personas y la salud psicológica, con consecuencias en el sistema inmune. La restauración ecológica se puede recetar como una prescripción verde, y se puede llevar a cabo a través de dos aproximaciones: restaurando los ecosistemas donde las personas pasan la mayor parte del tiempo, como las ciudades, y motivando a las personas a participar activamente en actividades de restauración.</p>
<p><strong>Marcela Bustamante-Sánchez </strong>es profesora asistente en la Facultad de Ciencias Forestales de la Universidad de Concepción, Chile.</p>
<p><strong>Nicolás Rivas Mac Kay </strong>es ingeniero en Biotecnología Vegetal de la Universidad de Concepción, Chile.</p>
<p><strong>Antonia Ortiz Astorga</strong> es estudiante de cuarto año de la carrera de Ingeniería en Conservación de Recursos Naturales de la Universidad de Concepción, Chile.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4>NOTAS:</h4>
<p>1 Yeray Rodríguez-Redondo <em>et al.</em>, «<a href="https://doi.org/10.3390/healthcare11091249" target="_blank" rel="noopener">Bibliometric Analysis of Nature-Based Therapy Research</a>», <em>Healthcare</em>, vol. 11, núm. 9, 2023.</p>
<p>2 Chorong Song, Harumi Ikei y Yoshifumi Miyazaki, «<a href="https://doi.org/10.3390/ijerph13080781" target="_blank" rel="noopener">Physiological Effects of Nature Therapy: A Review of the Research in Japan</a>», <em>International Journal of Environmental Research and Public Health</em>, vol. 13, núm. 8, 2016.</p>
<p>3 Lara S. Franco, Danielle F. Shanahan y Richard A. Fuller, «<a href="https://doi.org/10.3390/ijerph14080864" target="_blank" rel="noopener">A Review of the Benefits of Nature Experiences: More Than Meets the Eye</a>», <em>International Journal of Environmental Research and Public Health</em>, vol. 14, núm. 8, 2017.</p>
<p>4 Ziley Mora, <em>El arte de sanar de la medicina mapuche</em>, Uqbar Editores, Santiago, 2012.</p>
<p>5 Erich Fromm, <em>The Heart of Man: Its Genius for Good and Evil</em>, Harper and Row, New York, 1964</p>
<p>6 Edward O. Wilson, <em>Biophilia</em>, Harvard University Press, Cambridge, 1984.</p>
<p>7 Stephen S. Kellert y Edward O. Wilson, <em>The biophilia hypothesis</em>, Island Press, Washington DC, 1993.</p>
<p>8 Gregory N. Bratman, J. Paul Hamilton y Gretchen C. Daily, «<a href="https://doi.org/10.1111/j.1749-6632.2011.06400.x" target="_blank" rel="noopener">The impacts of nature experience on human cognitive function and mental health</a>», <em>Annals of the New York Academy of Sciences</em>, vol. 1249, núm. 1, 2012, pp. 118-136.</p>
<p>9 Howard Frumkin <em>et al.</em>, «<a href="https://doi.org/10.1289/EHP1663" target="_blank" rel="noopener">Nature Contact and Human Health: A Research Agenda</a>» <em>Environmental Health Perspectives</em>, vol. 125, núm. 7, 2017.</p>
<p>10 Lucy Keniger <em>et al.</em>, «<a href="https://doi.org/10.3390/ijerph10030913" target="_blank" rel="noopener">What are the Benefits of Interacting with Nature?</a>», <em>International Journal of Environmental Research and Public Health</em>, vol. 10, núm. 3, 2013, pp. 913-935.</p>
<p>11 Juyoung Lee <em>et al.</em> «<a href="https://www.hindawi.com/journals/ecam/2014/834360/" target="_blank" rel="noopener">Influence of Forest Therapy on Cardiovascular Relaxation in Young Adults</a>», <em>Evidence-Based Complementary and Alternative Medicine</em>, vol. 2014, 2014, pp. 1-7.</p>
<p>12 Liisa Andersen, Sus Sola Corazon y Ulrika Karlsson Stigsdotter, «<a href="https://doi.org/10.3390/ijerph18041416" target="_blank" rel="noopener">Nature Exposure and Its Effects on Immune System Functioning: A Systematic Review</a>», <em>International Journal of Environmental Research and Public Health</em>, vol. 18, núm. 4, 2021.</p>
<p>13 Qing Li, Maiko Kobayashi y Tomoyuki Kawada. «<a href="http://dx.doi.org/10.2174/1874944500801010001" target="_blank" rel="noopener">Relationships Between Percentage of Forest Coverage and Standardized Mortality Ratios (SMR) of Cancers in all Prefectures in Japan</a>», <em>The Open Public Health Journal</em>, vol. 1, núm. 1, 2008, pp. 1-7.</p>
<p>14 Yuwen Yang, Yi Lu y Bin Jiang, «<a href="https://doi.org/10.1016/j.scitotenv.2022.158333" target="_blank" rel="noopener">Population-weighted exposure to green spaces tied to lower COVID-19 mortality rates: A nationwide dose-response study in the U</a>SA», <em>Science of the Total Environment</em>, vol. 851, 2022.</p>
<p>15 Robert Scholes <em>et al.</em>, <a href="https://www.ipbes.net/assessment-reports/ldr" target="_blank" rel="noopener"><em>Summary for Policymakers of the Assessment Report on Land Degradation and Restoration of the Intergovernmental Science- Policy Platform on Biodiversity and Ecosystem</em></a>, Services IPBES secretariat, Bonn, Alemania, 2018, p. 44.</p>
<p>16 Adam T. Cross <em>et al.,</em>  «Time for a paradigm shift towards a restorative culture», <em>Restoration Ecology</em>, vol. 27, núm. 5, 2019, pp. 924–928.</p>
<p>17 James Aronson <em>et al.</em>, «A world of possibilities: six restoration strategies to support the United Nation&#8217;s Decade on Ecosystem Restoration», <em>Restoration Ecology</em>, vol. 28, núm. 4, 2020, pp: 730–736.</p>
<p>18 Keith Bradby <em>et al.</em>, «Four Islands EcoHealth Network: An Australasian Initiative Building Synergies between the Restoration of Ecosystems and Human Health», <em>Restoration Ecology</em>, vol. 29, núm. 4, 2021, pp. 1–9.</p>
<p>19 Martin F. Breed <em>et al.</em>, «<a href="https://link.springer.com/article/10.1007/s10393-020-01480-1" target="_blank" rel="noopener">Ecosystem Restoration: A Public Health Intervention</a>», <em>Ecohealth</em>, vol. 18, núm. 3, 2021, pp. 269–271.</p>
<p>20 Richard Louv, <em>Last child in the woods: Saving our children from nature-deficit disorder</em>, Algonquin Books, Estados Unidos, 2005.</p>
<p>21 Michael Gillings, Ian Paulsen y Sasha Tetu, «<a href="https://doi.org/10.3390/genes6030841" target="_blank" rel="noopener">Ecology and evolution of the human microbiota: Fire, farming and antibiotics</a>», <em>Genes</em>, vol. 6, núm. 3, 2015, pp. 841–857.</p>
<p>22 Leena von Hertzen, Ilkka Hanski y Tari Haahtela, «<a href="https://doi.org/10.1038/embor.2011.195" target="_blank" rel="noopener">Natural immunity. Biodiversity loss and inflammatory diseases are two global megatrends that might be related</a>», <em>EMBO report</em>, vol. 12, núm. 11, 2011, pp. 1089-1093.</p>
<p>23 Tari Haahtela <em>et al.</em>, «<a href="https://doi.org/10.1111/all.14895" target="_blank" rel="noopener">Immunological Resilience and Biodiversity for Prevention of Allergic Diseases and Asthma</a>», <em>Allergy Eur J Allergy Clin Immunol</em>, vol. 76, núm. 12, 2021, pp. 3613–3626.</p>
<p>24 <em>Ibidem</em>.</p>
<p>25 Ilkka Hanski <em>et al.</em>, «<a href="https://doi.org/10.1073/pnas.1205624109" target="_blank" rel="noopener">Environmental biodiversity, human microbiota, and allergy are interrelated</a>», <em>Proceedings of the National Academy of Sciences</em>, vol. 109, núm. 21, 2012, pp. 334–8339.</p>
<p>26 <a href="https://www.researchgate.net/profile/Erika-Mutius?_tp=eyJjb250ZXh0Ijp7ImZpcnN0UGFnZSI6InB1YmxpY2F0aW9uIiwicGFnZSI6InB1YmxpY2F0aW9uIn19" target="_blank" rel="noopener">Erika von Mutius</a>, «From observing children in traditional upbringing to concepts of health», en Graham A. W. Rook, Cristhopher A. Lowry (eds), <em>Biodiversity, evolutionary old friends and a reassessment of the hygiene hypothesis</em>, Springer, Alemania, 2021.</p>
<p>27 Aki Sinkkonen, «From observing children in traditional upbringing to concepts of health», en Graham A. W. Rook, Cristhopher A. Lowry (eds), <em>Biodiversity, evolutionary old friends and a reassessment of the hygiene hypothesis</em>, Springer, Alemania, 2021.</p>
<p>28 Jessica Stanhope, Martin F Breed y Philip Weinstein, «Evolution, Biodiversity and a Reassessment of the Hygiene Hypothesis» en Graham A. W. Rook, Cristhopher A. Lowry (eds),  <em>Biodiversity, Microbiomes, and Human Health</em>, Suiza, 2022.</p>
<p>29 Gary P. Nabhan <em>et al.</em>, «Hands-On Ecological Restoration as a Nature-Based Health Intervention: Reciprocal Restoration for People and Ecosystems», <em>Ecopsychology</em>, vol. 12, núm. 3, 2020, pp. 195–202.</p>
<p>30 James Aronson <em>et al.</em>, «A world of possibilities: six restoration strategies to support the United Nation&#8217;s Decade on Ecosystem Restoration», <em>Restoration Ecology</em>, vol. 28, núm. 4, 2020, pp: 730–736.</p>
<p>31 Keith Bradby <em>et al.</em>, «Four Islands EcoHealth Network: An Australasian Initiative Building Synergies between the Restoration of Ecosystems and Human Health», <em>Restoration Ecology</em>, vol. 29, núm. 4, 2021, pp. 1–9.</p>
<p>32 Peter C. Speldewinde, David Slaney y Philip Weinstein, «<a href="https://doi.org/10.1016/j.scitotenv.2014.09.028" target="_blank" rel="noopener">Is restoring an ecosystem good for your health?</a>», <em>Science of the Total Environment</em>, vol. 502, 2015, pp. 276–279.</p>
<p>33 Jacob G. Mills <em>et al.</em>, «Urban habitat restoration provides a human health benefit through microbiome rewilding: The Microbiome Rewilding Hypothesis», <em>Restoration Ecology</em>, vol. 25, núm. 6, 2017, pp. 866–872.</p>
<p>34 Adam T. Cross, 2019, <em>op.cit</em>.</p>
<p>35 Jake Robinson y Martin Breed, «<a href="https://doi.org/10.3390/challe10010009" target="_blank" rel="noopener">Green Prescriptions and Their Co-Benefits: Integrative Strategies for Public and Environmental Health</a>», <em>Challenges</em>, vol. 10, núm. 1: 2019.</p>
<p>3<a href="#_ftnref36" name="_ftn36"></a>6 Rachel Bragg y Chris Leck, <a href="https://publications.naturalengland.org.uk/publication/5134438692814848" target="_blank" rel="noopener"><em>Good Practice in Social Prescribing for Mental Health: The Role of Nature-Based Interventions</em></a>, Natural England Commissioned Reports, England, 2017.</p>
<p>37 <em>Ibidem</em>.</p>
<p>38 Jake Robinson, 2019. <em>op. cit</em>.</p>
<p>39 <em>Ibidem</em>.</p>
<p>40 Jessica Stanhope, Martin F. Breed y Philip Weinstein, 2022, <em>op. cit.</em></p>
<p>41 Noora Nurminen <em>et al.</em>, «Nature-Derived Microbiota Exposure as a Novel Immunomodulatory Approach», <em>Future Microbiology</em>, vol. 13, núm. 7, 2018, pp. 737–744.</p>
<p>42 I<em>bidem</em>.</p>
<p>43 Marja I. Roslund <em>et al.</em>, «<a href="https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0160412021004360" target="_blank" rel="noopener">Long-Term Biodiversity Intervention Shapes Health-Associated Commensal Microbiota among Urban Day-Care Children</a>», <em>Environment International</em>, vol. 157, 2021.</p>
<p>44 Craig Liddicoat <em>et al.</em>, «Naturally-Diverse Airborne Environmental Microbial Exposures Modulate the Gut Microbiome and May Provide Anxiolytic Benefits in Mice», <em>Science of The Total Environment</em>, vol. 701, 2020, pp. 134684.</p>
<p>45 Marja I. Roslund <em>et al.</em>, «<a href="https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC7556828/pdf/aba2578.pdf" target="_blank" rel="noopener">Biodiversity Intervention Enhances Immune Regulation and Health-Associated Commensal Microbiota among Daycare Children</a>», <em>Science Advances</em>, vol. 6, núm. 42, 2020, pp. 1–11.</p>
<p>46 Marja I. Roslund <em>et al.</em>, «<a href="https://doi.org/10.1016/j.ecoenv.2022.113900" target="_blank" rel="noopener">A Placebo-Controlled Double-Blinded Test of the Biodiversity Hypothesis of Immune-Mediated Diseases: Environmental Microbial Diversity Elicits Changes in Cytokines and Increase in T Regulatory Cells in Young Children</a>», <em>Ecotoxicology and Environmental Safety</em>, vol. 242, 2022.</p>
<p>47 Laura Soininen <em>et al.</em>, «I<a href="https://www.nature.com/articles/s41598-022-10432-4" target="_blank" rel="noopener">ndoor Green Wall Affects Health-Associated Commensal Skin Microbiota and Enhances Immune Regulation: A Randomized Trial among Urban Office Workers</a>», <a href="https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/?term=%22Sci%20Rep%22%5bjournal%5d" target="_blank" rel="noopener"><em>Scientific Reports</em></a>, vol, 1, núm. 1, 2022, pp. 1–9.</p>
<p>48 Noora Nurminen, 2018, <em>op. cit.</em>, Marja I. Roslund, 2021, <em>op. cit.</em></p>
<p>49 Noora Nurminen, <em>op. cit</em>.</p>
<p>50 Marja I. Roslund, 2021, <em>op. cit</em>.</p>
<p>51 Marja I. Roslund 2020<em>, op. cit.</em></p>
<p>52 Marja I. Roslund 2022<em>, op. cit.</em></p>
<p>53<em> Ibidem</em>.</p>
<p>54 Noora Nurminen, 2018, <em>op. cit</em>.</p>
<p>55 <em>Ibidem</em></p>
<p>56 Jessica Stanhope y Philip Weinstein, «<a href="https://doi.org/10.1016/j.mucimm.2023.03.001" target="_blank" rel="noopener">Exposure to Environmental Microbiota May Modulate Gut Microbial Ecology and the Immune System</a>», <em>Mucosal </em>Immunology, vol. 16, núm. 2, 2023, pp. 99–103.</p>
<p>57 Jacob G. Mills<em>, </em>2017, <em>op. cit.</em></p>
<p>58 Kiri Joy Wallace, Daniel C. Laughlin y, Bruce D. Clarkson, «Exotic weeds and fluctuating microclimate can constrain native plant regeneration in urban forest restoration», <em>Ecological Applications</em>, vol. 27, núm. 4, 2017, pp. 1268–1279.</p>
<p>59 Elizabeth M. Bach <em>et al.</em>, «<a href="https://doi.org/10.3390/su12072662" target="_blank" rel="noopener">Soil Biodiversity Integrates Solutions for a Sustainable Future</a>», <em>Sustainability</em>, vol. 12, núm. 7, 2020, pp. 2662.</p>
<p>60 Martin F. Breed <em>et al.</em>, «<a href="https://link.springer.com/article/10.1007/s10393-020-01480-1" target="_blank" rel="noopener">Ecosystem Restoration: A Public Health Intervention</a>», <em>Ecohealth</em>, vol. 18, núm. 3, 2021, pp. 269–271.</p>
<p>61 Emily J. Flies <em>et al.,</em> «Biodiverse green spaces: A prescription for global urban health», <em>Frontiers in Ecology and the Environment</em>, vol. 15, núm.9, 2017, pp. 510–516.</p>
<p>62 Jacob G. Mills, 2017, <em>op. cit.</em></p>
<p>63 Gary P. Nabhan, 2020, <em>op. cit. </em></p>
<p>64 Emily J. Flies<em>, </em>2017,<em> op. cit</em>.</p>
<p>65 Thomas Elmqvist <em>et al.</em>, «<a href="https://doi.org/10.1016/j.cosust.2015.05.001" target="_blank" rel="noopener">Benefits of restoring ecosystem services in urban areas</a>», <em>Current Opinion in Environmental Sustainability</em>, vol. 14, 2015, pp. 101–108.</p>
<p>66 Jeremy S. Hoffman, Vivek Shandas y Nicholas Pendleton, «<a href="https://doi.org/10.3390/cli8010012" target="_blank" rel="noopener">The Effects of Historical Housing Policies on Resident Exposure to Intra-Urban Heat: A Study of 108 US Urban Areas</a>», <em>Climate</em>, vol. 8, núm. 1, 2020.</p>
<p>67 Steven N. Handel, «Greens and Greening: Agriculture and Restoration Ecology in the City», <em>Ecological Restoration</em>, vol. 34, núm. 1, 2016, pp. 1–2.</p>
<p>68 Joel Martínez-Soto, Lena M. Montero-López y Ana Córdova, «<a href="https://www.scielo.org.mx/pdf/sm/v37n3/v37n3a5.pdf" target="_blank" rel="noopener">Restauración psicológica y naturaleza urbana: algunas implicaciones para la salud mental</a>», <em>Salud mental</em>, vol. 37, núm. 3, 2014, pp. 217-224.</p>
<p>69 Timothy R. Sampson y Sarkis K. Mazmanian, «<a href="https://doi.org/10.1016/j.chom.2015.04.011" target="_blank" rel="noopener">Control of brain development, function, and behavior by the microbiome</a>», <em>Cell Host &amp; Microbe</em>, vol. 17, núm. 5, 2015, pp. 565–576.</p>
<p>70 Diana E. Bowler <em>et al.</em>, «<a href="https://bmcpublichealth.biomedcentral.com/articles/10.1186/1471-2458-10-456" target="_blank" rel="noopener">A systematic review of evidence for the added benefits to health of exposure to natural environments</a>», <em>BMC Public Health</em>, vol. 10, núm. 1, 2010, pp. 456–456.</p>
<p>71 Noora Nurminen, 2018, <em>op. cit.</em></p>
<p>72 Marja I. Roslund<em>, </em>2021,<em> op. cit.</em></p>
<p>73 Simone Küne <em>et al.</em>, «<a href="https://www.nature.com/articles/s41598-017-12046-7" target="_blank" rel="noopener">In search of features that constitute an “enriched environment” in humans: Associations between geographical properties and brain structure</a>», <em>Scientific Reports</em>, vol. 7, núm. 1, 2017.</p>
<p>74 Tanja Sobko <em>et al.</em>, «<a href="https://www.nature.com/articles/s41598-020-78642-2" target="_blank" rel="noopener">Impact of Outdoor Nature-Related Activities on Gut Microbiota, Fecal Serotonin, and Perceived Stress in Preschool Children: The Play&amp;Grow Randomized Controlled Trial</a>», <em>Scientific Reports</em>, vol. 10, núm. 1, 2020.</p>
<p>
</div></div></div></div></div></div><script id="script-row-unique-5" data-row="script-row-unique-5" type="text/javascript" class="vc_controls">UNCODE.initRow(document.getElementById("row-unique-5"));</script></div></div></div>
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		<title>Salud humana y salud planetaria: dos caras de una misma moneda</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 07 Mar 2024 12:57:52 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Texto que nos adentra en el concepto clave de salud planetaria, mostrándonos cómo la salud humana no puede abordarse aisladamente de la del resto de los seres vivos, pues las personas no podemos estar sanas si las plantas, los hongos los animales y los ecosistemas que nos rodean no lo están.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div class="wpb-content-wrapper"><div data-parent="true" class="vc_row row-container" id="row-unique-6"><div class="row limit-width row-parent"><div class="wpb_row row-inner"><div class="wpb_column pos-top pos-center align_left column_parent col-lg-12 single-internal-gutter"><div class="uncol style-light"  ><div class="uncoltable"><div class="uncell no-block-padding" ><div class="uncont" ><div class="vc_custom_heading_wrap "><div class="heading-text el-text" ><h2 class="h2" ><span>Salud humana y salud planetaria: dos caras de una misma moneda</span></h2></div><div class="clear"></div></div></div></div></div></div></div><script id="script-row-unique-6" data-row="script-row-unique-6" type="text/javascript" class="vc_controls">UNCODE.initRow(document.getElementById("row-unique-6"));</script></div></div></div><div data-parent="true" class="vc_row row-container" id="row-unique-7"><div class="row limit-width row-parent"><div class="wpb_row row-inner"><div class="wpb_column pos-top pos-center align_left column_parent col-lg-6 single-internal-gutter"><div class="uncol style-light"  ><div class="uncoltable"><div class="uncell no-block-padding" ><div class="uncont" ><div class="uncode_text_column" ><p>El Dosier Ecosocial <a href="https://www.fuhem.es/2024/03/08/explorando-vinculos-entre-la-biodiversidad-y-calidad-de-vida/"><em>Explorando los vínculos entre la biodiversidad y la calidad de vida</em></a> incluye un texto de <strong>Xiomara Cantera</strong> titulado: <em>«Salud humana y salud planetaria: dos caras de una misma moneda</em><sup>«1</sup> que nos adentra en el concepto clave de salud planetaria, mostrándonos cómo la salud humana no puede abordarse aisladamente de la del resto de los seres vivos, pues las personas no podemos estar sanas si las plantas, los hongos los animales y los ecosistemas que nos rodean no lo están.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Acababa de quitarse de encima el punto de ansiedad que le despertaba cada mañana. Su primer pensamiento después de la primea dosis del día, antes incluso de que la droga comenzara a hacer efecto, fue cuándo llegaría el momento de preparar la siguiente raya de cocaína. Lo que empezó casi como un juego, como un rito de socialización que le permitía mantener la euforia y la sensación de bienestar más tiempo, beber más copas y alargar la noche, se había convertido, hacía ya tiempo, en un día a día. De unos meses a esta parte, la dama blanca se había comenzado a apoderar no solo de sus noches, sino también de sus días. Casi sin darse cuenta aquel hábito divertido que tantos buenos momentos le había procurado se había convertido en una necesidad irrenunciable tanto para estar con quienes le importaban como para mantener el ritmo de trabajo. Ya no podía estar sin ella.</p>
</div></div></div></div></div></div><div class="wpb_column pos-top pos-center align_left column_parent col-lg-6 single-internal-gutter"><div class="uncol style-light"  ><div class="uncoltable"><div class="uncell no-block-padding" ><div class="uncont" ><div class="uncode_text_column" ><style type="text/css">
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<p>No conozco la cantidad de hojas de coca que requiere la elaboración de un gramo de cocaína, pero sí sé que su producción, dado lo elevado de su consumo, necesita de enormes extensiones de terreno fértil para su cultivo. Los problemas que genera la industria ilegal de cocaína hacen que los gobiernos traten de frenarlo y, para evitar el mercado negro, lejos de intentar atajar el problema evitando su consumo, tratan de parar la madeja del narcotráfico atacando la hebra más débil: la de los cultivadores. El planteamiento es sencillo, si no hay materia prima, no habrá droga.</p>
<p>En Colombia, el mayor productor mundial, el cultivo de coca es una de las causas que fomentan la deforestación de la Amazonía. Los narcotraficantes extorsionan a quienes viven en esas áreas obligándoles a cultivarla. Para tratar de parar la producción, los cultivos se fumigan con glifosato, un potente herbicida —cuyo uso está en proceso de ser prohibido en Europa— que termina con las plantas de coca, sí, pero también con todos los seres vivos que conviven con la planta y con la salud de los agricultores que se ven obligados a producirla (en quienes la incidencia de enfermedades como el cáncer se ha disparado desde que comenzó esta política).<sup>2</sup> Para evitar la acción del gobierno, los narcotraficantes compran tierras en áreas de la selva amazónica cada vez más profundas. Esta estrategia, que también les sirve para blanquear el dinero que obtienen de su actividad ilegal, contribuye a deforestar la selva amazónica, que tiene, entre otras muchas funciones, un papel crucial en la regulación de las lluvias del planeta.</p>
<p>Tratar las enfermedades de los agricultores y consumidores requiere de importantes recursos hospitalarios a los que deberían sumarse acciones de protección y regulación de las áreas naturales esquilmadas por el cultivo ilegal. El ejemplo de este círculo vicioso (personas y ecosistemas dañados de manera irreversible) ilustra de manera muy clara cómo la salud de la humanidad, las sociedades y el entorno natural están interconectados. Esta es la idea principal que subyace al concepto de <em>salud planetaria</em>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4><strong>La salud planetaria </strong></h4>
<p>El concepto de salud planetaria descansa en la idea de que la salud humana no puede abordarse aisladamente de la del resto de los seres vivos. Nuestra salud depende de los ecosistemas que permiten que la vida se mantenga en la Tierra. Es decir, las personas no podemos estar sanas si las plantas, los hongos, los animales y los ecosistemas no lo están.</p>
<p>Sin embargo, nuestra visión de lo que es la salud pública es bastante estrecha porque, cuando pensamos en salud, lo hacemos como si solo fuera una cuestión de hospitales, médicos y antibióticos. Pero nuestro bienestar –y en realidad nuestra posibilidad de vivir en la Tierra– depende, y mucho, del medio ambiente que nos rodea. Una forma clara y directa, pero también brutal, de ver que la salud es una cuestión relacionada con nuestro entorno es constatar, por ejemplo, que el origen de la mayoría de los cánceres infantiles está conectado con las condiciones ambientales.<sup>3</sup> También podemos percibir esta relación de forma más amigable cuantificando los efectos positivos que tienen los espacios naturales bien conservados en la salud física y mental de quienes viven en contacto con ellos.<sup>4</sup> Asimismo, una gran parte de la mortalidad humana se debe a lo que se conoce como <em>muertes evitables</em>, es decir muertes que se han anticipado a la fecha estadísticamente más probable de fallecimiento, y lo han hecho por factores ambientales (Figura 1). Un análisis rápido de estas estadísticas no deja lugar a dudas: muchas se deben directa o indirectamente al cambio climático (causante de medio millón anual de muertes directas y de decenas de millones de muertes indirectas) o a la contaminación atmosférica (causante de más de nueve millones de muertes anuales).<sup>5</sup> Estos datos nos muestran, blanco sobre negro, la relevancia que tienen para el ser humano los ecosistemas bien conservados.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Figura 1.</strong> Principales causas de defunción relacionadas con la calidad del medio ambiente. Se muestra un promedio para el año 2018. Como referencia, en 2 años, la covid-19, una zoonosis de origen ambiental, causó 6 millones de muertes en todo el mundo.<sup>6</sup></p>
<p>Sabemos con exactitud qué debe reunir el medio ambiente para que estemos bien. No se trata solamente de que haya menos contaminación, que también, sino de tener algunas especies más en los ecosistemas, sobre todo en los más influidos por las actividades humanas, y que las interaccionen entre ellas y los ciclos de la materia y la energía se desarrollen sin bloqueos; que se regenere el suelo, que se almacene agua limpia en el subsuelo, que la transpiración del bosque atenúe los extremos climáticos, que los polinizadores polinicen y que los dispersantes de semillas las dispersen. En fin, toda una serie de funciones que cuando las piensas tienen una lógica aplastante, pero que parece que se nos olvidan. Un primer paso para empezar a solucionar los impactos de la crisis ambiental pasa, además de por reducir el consumo de quienes más tenemos, por reconocer nuestro error al pensar que con la tecnología seríamos capaces de suplir todos estos servicios de la naturaleza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4><strong>La inmunidad de paisaje</strong></h4>
<p>Uno de los conceptos que popularizó la covid-19 ha sido el de la <em>inmunidad de rebaño</em> o <em>inmunidad de grupo</em>. Esta inmunidad consiste en reducir las probabilidades de que una persona que no ha estado expuesta a una enfermedad la contraiga al estar rodeada de congéneres inmunizados. Pues bien, más importante, más eficaz, más preventiva y más extensiva que la inmunidad de grupo, que nos cuesta fallecimientos, inversión en vacunas y restricciones a la movilidad, es lo que se conoce como <em>inmunidad de paisaje</em>.<sup>7</sup> El concepto alude a la idea de que las estructuras y dinámicas de los ecosistemas complejos y ricos en especies reducen los riesgos de desbordamiento zoonótico (es decir, de salto de patógenos entre especies), disminuyendo así la probabilidad de que una infección de origen animal alcance al ser humano.</p>
<p>El 70% de las enfermedades emergentes que afectan al ser humano son zoonosis, esas enfermedades que, como la covid-19, se originan en animales salvajes o domésticos y acaban saltando a la especie humana.<sup>8</sup> Las zoonosis son, junto a la resistencia bacteriana a los antibióticos, la principal preocupación sanitaria a corto plazo y un riesgo directo para nuestra salud. ¿Cómo evitar que se produzcan?</p>
<p>Las interacciones que se dan entre las distintas especies de un ecosistema sano reducen la posibilidad de que aquellas portadoras de patógenos se disparen demográficamente, lo que, por una simple cuestión numérica, aumentaría las opciones de que entrara en contacto con la especie humana. Y es que la culpa de una pandemia nunca es del animal portador del patógeno o del propio patógeno, sino del aumento del contacto del ser humano con estos organismos. Más allá de que la población de una especie concreta aumente, la destrucción de la naturaleza que provocamos facilita las condiciones para que se den estos contagios.</p>
<p>En cualquier ecosistema, sea tropical o templado, prístino o profundamente humanizado, existe una estructura y una dinámica entre animales y plantas que confieren una serie de propiedades entre las que se encuentra la protección ante las enfermedades de otras especies. Los virus y las bacterias se multiplican constantemente aprovechando las ventajas que les ofrece una especie determinada que actúa como hospedador. De hecho, los patógenos evolucionan junto a esos hospedadores en una carrera evolutiva en la que unos buscan estrategias para no enfermar y otros buscan maneras de continuar multiplicándose a través del contagio. Cuando la variabilidad genética de una especie es muy reducida, como ocurre, por ejemplo, en los sistemas de producción intensiva de cerdos o de aves, los virus lo tienen fácil para extenderse, ya que los individuos son genéticamente muy similares entre sí y, además, viven en espacios cerrados que facilitan su propagación. La heterogeneidad del paisaje es muy pequeña y la inmunidad general que se obtiene a ese nivel es mínima en estas instalaciones. Una cierta estructura y dinámica funcional en los ecosistemas es lo que da lugar a paisajes complejos en los cuales podemos transitar con más seguridad, y donde tendremos menos riesgo de contraer una nueva enfermedad para la que nuestro sistema inmune todavía no tiene herramientas, ni nuestro sistema sanitario conocimiento. Esa inmunidad de paisaje tan valiosa y preventiva es una de las primeras propiedades que se pierden con la destrucción de hábitats naturales y la degradación ambiental.</p>
<p>La rápida propagación mundial de la covid-19 muestra la vulnerabilidad de la humanidad a las pandemias provocadas por enfermedades zoonóticas. Los cambios de uso del suelo –convertir las playas en áreas urbanizadas, deforestar la selva para aumentar la superficie cultivada o crear barreras en áreas naturales con grandes infraestructuras como presas o carreteras– es el principal impulsor de la propagación de patógenos zoonóticos a las poblaciones humanas. Por otro lado, si los remanentes de hábitats bien conservados son cada vez más pequeños, las poblaciones humanas cada vez más grandes y la presión sobre esos fragmentos de hábitats para explotar recursos cada vez más intensa, la probabilidad de que un patógeno salte a un humano por contacto se dispara.</p>
<p>Ante el avance de la artificialización de los ecosistemas es imprescindible analizar con atención los mecanismos que provocan la cascada de infección y propagación de los patógenos entre diferentes especies a partir de la degradación ambiental. Ello permitirá maximizar la inmunidad de paisaje como una prioridad tanto para la conservación de la diversidad biológica como para aumentar la seguridad sanitaria desde la escala local a la global.<sup><sup>9</sup></sup></p>
<p>&nbsp;</p>
<h4><strong><em>One heath</em></strong></h4>
<p>Preocupados como estamos por las enfermedades infecciosas humanas, es comprensible que se deje de lado la salud de los demás organismos con los que compartimos el planeta. Sin embargo, hacerlo es olvidar que en la biosfera hay una única salud global; un olvido que hará que sigamos enfermando si no la protegemos globalmente.</p>
<p>Como ilustra el Grupo de Salud de la Fauna (WHSG, por sus siglas en inglés) de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN), las poblaciones de animales salvajes tienen cada vez más problemas debido a enfermedades infecciosas que se acentúan por la destrucción y degradación de sus hábitats.<sup>10</sup> La destrucción de la naturaleza que implica la relación puramente extractiva que tenemos con ella, tiene consecuencias significativas que van desde impactos en la polinización, en el control de plagas, en las cadenas alimentarias, en la productividad del suelo y en los medios de subsistencia de millones de personas, hasta la salud humana.</p>
<p>La «vacuna de la biodiversidad», ese análogo de una vacuna real que es la naturaleza bien conservada, esa que protege a los humanos de las infecciones que pueden acabar en pandemias, también opera con la fauna silvestre. Y la fauna en declive la necesita más que nunca. Los ecosistemas bien conservados limitan las probabilidades de que los patógenos salten a nuevos huéspedes y amenacen a otras especies. Así lo demuestran estudios como el de Tanner y colaboradores, que comprobaron cómo la presencia de lobos en Asturias reduce la prevalencia de la tuberculosis en jabalís y en el ganado doméstico.<sup><sup>11</sup></sup></p>
<p>La salud de la fauna silvestre es la base de la salud de todas las poblaciones de especies animales, sean humanas, domésticas o salvajes. Este es, precisamente, el concepto que fundamenta el programa <em>One Health</em> (una única salud), que desde hace años se lleva desarrollando bajo el auspicio de Naciones Unidas y que, a raíz de la covid-19, ha cobrado una importancia y una visibilidad sin precedentes. La noción de que la salud humana depende de la salud de animales, plantas y ecosistemas es también la base del proyecto <em>Salud Planetaria</em> que la revista médica de <em>The Lancet</em> y la Fundación Rockefeller llevan años impulsando en paralelo.</p>
<p>Dado que la salud de los ecosistemas afecta directamente a la salud humana, la restauración ecológica es, en realidad, un servicio de salud pública. Necesitamos médicos al uso, los de la medicina tradicional, pero también —y cada vez más— médicos de ecosistemas. Medidas como la eliminación de especies exóticas invasoras y la restauración de vegetación autóctona reducen el riesgo de exposición a los patógenos transmitidos por la fauna salvaje mejorando nuestra salud. La colaboración interdisciplinar, los estudios sobre la propagación inducida por el uso de la tierra, la integración de los objetivos ecológicos y sanitarios en las estrategias políticas y el aumento de la vigilancia de los patógenos zoonóticos se vuelven esenciales para que la implementación de estas contramedidas mejore nuestra salud. La restauración ecológica es, por tanto, y para sorpresa de muchos, esencial en el marco de la salud pública, ya que es un elemento inseparable de nuestro bienestar. Así, la gestión para la conservación es <em>la gimnasia</em> que mantendrá nuestros ecosistemas sanos y, con ello, la salud de todos los que vivamos en su entorno.</p>
<p>Tanto las instituciones dedicadas a la conservación como toda la sociedad en su conjunto tienen el imperativo de mejorar la salud y la supervivencia de las especies amenazadas en aras de lograr la conservación de una diversidad biológica que asegure el funcionamiento de los ecosistemas y de nuestra propia salud. Y es que, la simplificación extrema de los ecosistemas que provoca talar y deforestar para convertir la selva en enormes monocultivos como los de coca, soja o palma, tiene dos problemas directos. Por un lado, nos priva de numerosos servicios ecosistémicos y aumenta el riesgo de contraer enfermedades. Por el otro, están los efectos del propio producto sobre nuestra salud: en el caso de la cocaína con los problemas que describíamos al principio; y en el caso de los alimentos que producen y distribuyen las grandes empresas de la industria agroalimentaria, con la hambruna que sufren 1.000 millones de personas que no llegan a tener acceso a la comida y con enfermedades como la obesidad que padecen quienes sí pueden acceder a ella.</p>
<p>No podemos seguir aislando la salud humana del resto de saludes que afectan a los demás organismos con los que compartimos la biosfera, esa fina capa de vida que recubre la Tierra. Actualmente se están destinando muchos fondos y esfuerzos para paliar los efectos de las enfermedades zoonóticas emergentes en humanos. Convendría que la inversión de esos fondos se pensara bien e incluyera la protección ambiental, que es al final la base para evitar las zoonosis que tanto nos preocupan. Resultaría paradójico hacer justo lo contrario.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4><strong>Más allá del medio ambiente</strong></h4>
<p>Evidentemente, además de la protección del medio ambiente, necesitamos sistemas de salud que nos protejan. Y el conocimiento de la ciencia médica ha de seguir avanzando. En este sentido, el concepto de salud planetaria también implica que haya unos estándares de salud mínimos a los que acceda toda la población mundial. Toda. Porque de nada sirve que se puedan aplicar técnicas y curaciones extremadamente complejas a una pequeña parte de la población, o que unos pocos tengan acceso a tratamientos carísimos que les permitan llegar a los 100 años, si el resto de la humanidad permanece enferma. Tanto para la detección de enfermedades que pueden convertirse en pandemias como para la protección de toda la ciudadanía, es imprescindible que el sistema de salud nos cubra a todos.</p>
<p>A la hora de detectar una posible pandemia, es necesario contar con sistemas de alerta temprana que permitan dar la voz de alarma en caso de detectar una nueva enfermedad. Estos sistemas no existen en numerosas y pobladísimas áreas del planeta que en su mayoría pertenecen al sur global, esa parte de la Tierra de la que se extraen los recursos para que una minoría viva por encima de las posibilidades del planeta. La importancia de una cobertura y protección sanitarias globales también la hemos visto con la covid-19. Cuando, tras un desarrollo científico espectacular, basado principalmente en la colaboración de la ciencia en todo el mundo, pudimos contar con vacunas, los países ricos se afanaron en contar con dosis para sus poblaciones. No fue tan fácil conseguir vacunas para el sur global, donde todavía hay lugares a los que no ha llegado esta medida de protección. Tras conseguir que la población de los países con más recursos lograra obtener varias dosis de vacuna por persona, creímos —ingenuamente— que el problema estaba solucionado. Sin embargo, el virus continuó mutando y pudo expandirse entre la población que no tuvo acceso a esas vacunas, haciéndose más fuerte y volviendo a infectar a quienes estaba vacunados tras unas cuantas mutaciones que sirvieron al virus para adaptarse a las nuevas circunstancias. Afortunadamente, a estas alturas, contamos con más conocimiento y recursos para el tratamiento de la enfermedad, aunque ésta sigue provocando problemas de diversa gravedad en quienes la sufren.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4><strong>La crisis ambiental</strong></h4>
<p>Todo lo ilustrado para el caso de las pandemias se aplica igualmente al cambio climático y sus tremendos impactos en los ecosistemas, así como a los efectos de las distintas formas de contaminación (atmosférica, por nitrógeno, por plásticos, etc.). Más allá de las pandemias, recuperar ecosistemas funcionales es imprescindible para evitar muertes y mejorar la salud física y mental de cada uno de nosotros, pero también para permitir que la nuestra no pase a un catálogo de especies extintas que nadie leería.</p>
<p>El concepto de salud planetaria podía sonar abstracto e incluso esotérico cuando se planteó en 2015, pero la realidad pandémica ha demostrado su importancia. Por eso, debemos valorar en su justa medida otros conceptos que podían sonar también extraños cuando se propusieron, como el de los límites planetarios (esas condiciones físicas del planeta que, al transgredirse, ponen en peligro nuestra propia supervivencia).<sup>12</sup> En realidad, todo lo que lleva dimensiones o escalas de planeta suena un poco a ciencia ficción, pero la ecología y la medicina han ido probando una y otra vez las fuertes y notables conexiones entre regiones distantes del planeta y entre procesos aparentemente no relacionados entre sí, como la fertilidad de los suelos, el polvo del desierto que recorre grandes distancias transportando fertilizantes y semillas, las lluvias, la agricultura, las alergias o las enfermedades respiratorias y cardiovasculares. La idea de salud planetaria llevaba circulando muchos años antes de la covid-19, pero lo hacía en ámbitos especializados. Ahora, con la pandemia, y en cierto modo con el cambio climático y la crisis ambiental, el concepto ha saltado al conocimiento general de la sociedad. Parece que, por fin, la noción de que estamos mucho más conectados con todos los demás organismos del planeta de lo que pensamos habitualmente, ha venido para quedarse.</p>
<p>Llama mucho la atención, sin embargo, que pese a la situación crítica en la que nos encontramos, la sociedad capitalista actúe de forma parecida a como lo hace el adicto, que no puede perderse una noche más, una copa más, un trabajo más&#8230; Pese a lo incontestable de los hechos, nos empeñamos en mantener un sistema económico y social que exige, tanto a las personas como al planeta, mucho más de lo que nuestros límites naturales nos permiten. Igual que quienes consumen cocaína encuentran que aumentan su energía y su capacidad para mantenerse alerta, que pueden seguir haciendo cosas y continuar a un ritmo sobrehumano, nuestra civilización lleva décadas traspasando los límites planetarios y consumiendo una cantidad de energía que está muy por encima de lo saludable. Para hacerse una idea de lo que estoy hablando, puede ayudar saber que un barril de petróleo, 159 litros, corresponden aproximadamente a 10.000 horas de trabajo manual, y actualmente consumimos casi 102 millones de barriles diarios<sup>13</sup>. Así, estamos quemando en unos pocos siglos el carbono que se ha ido fijando en forma de combustibles fósiles a lo largo de millones de años.</p>
<p>Como el adicto, seguimos engañándonos y gastando los depósitos de carbono, desestabilizando el ciclo de este elemento vital, aumentando la temperatura y cambiando peligrosamente la proporción de los gases que hay en la atmósfera que nos protege, esa que hace posible desarrollar nuestra vida y la de los ecosistemas que nos sustentan. Nuestra forma de estar en el mundo está provocando la desaparición de miles de especies y poniendo en peligro la supervivencia de otras, incluida la nuestra. Ante esta realidad, quizá haya llegado el momento de cambiar la relación extractiva que nuestra sociedad tiene con la naturaleza y cambiar nuestros hábitos. Nos va la vida en ello.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Xiomara Cantera Arranz</strong> es responsable de prensa del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC).</p>
<h4>NOTAS:</h4>
<p>1 Parte de este texto ha sido extraído del capítulo «One health, la salud no es solo una cuestión médica», del libro <em>La salud planetaria</em> (2022), de la colección de las editoriales CSIC y Catarata <em>¿Qué sabemos de?</em>, cuyos autores son Fernando Valladares, Adrián Escudero y Xiomara Cantera.</p>
<p>2 Haydi Magali Caro Gutiérrez, <a href="https://repository.javeriana.edu.co/handle/10554/43719?show=full" target="_blank" rel="noopener"><em>Efecto de la aspersión de glifosato en la mortalidad por cáncer en la población rural colombiana</em></a>, Tesis Doctoral, Pontificia Universidad Javeriana, Colombia, 2019.</p>
<p>3 Rosana E. Norman <em>et al.</em>, «Environmental Contributions to Childhood Cancers», <em>Journal of Environmental Immunology and Toxicology,</em> núm. 2, 2014, pp. 86-98.</p>
<p>4 Howard Frumkin <em>et al.,</em> «<a href="https://doi.org/10.1289/EHP1663" target="_blank" rel="noopener">Nature contact and human health: a research agenda</a>», <em>Environ. Health Perspect</em>, núm. 125, 2017, pp. 075001.</p>
<p>5 Richard Fuller <em>et al.</em>, «<a href="https://www.thelancet.com/pdfs/journals/lanplh/PIIS2542-5196(22)00090-0.pdf" target="_blank" rel="noopener">Pollution and health: a progress update</a>», <em>The Lancet Planetary Health</em>, vol. 6, núm. 6, 2022, pp. e535-e547.</p>
<p>6 Organización Mundial de la Salud, <a href="https://www.paho.org/es/documentos/infografia-10-causas-principales-muerte-relacionadas-con-medio-ambiente" target="_blank" rel="noopener">Infografía <em>Las 10 causas principales de muerte relacionadas con el medio ambiente</em></a>, 2019.</p>
<p>7]Jamie K. Reaser <em>et al.</em>, «<a href="https://doi.org/10.1111/conl.12869" target="_blank" rel="noopener">Fostering landscape immunity to protect human health: A science-based rationale for shifting conservation policy paradigms</a>», <em>Conservation Letters,</em> núm. 15, 2022, pp. e12869.</p>
<p>8 Md Tanvir Rahman <em>et al.</em>, «<a href="https://doi.org/10.3390/microorganisms8091405" target="_blank" rel="noopener">Zoonotic Diseases: Etiology, Impact, and Control</a>», <em>Microorganism</em>, núm. 8(9), 2020, pp. 1405.</p>
<p>9 Raina K. Plowright <em>et al.</em>, «<a href="https://www.thelancet.com/journals/lanplh/article/PIIS2542-5196(21)00031-0/fulltext" target="_blank" rel="noopener">Land use-induced spillover: a call to action to safeguard environmental, animal, and human health</a>», <em>Lancet Planetary Health,</em> núm. 5, 2021, pp. e237-245.  0</p>
<p>10 Jacqueline Choo <em>et al.</em>, «<a href="https://www.nature.com/articles/s41598-023-47448-3" target="_blank" rel="noopener">Range area and the fast–slow continuum of life history traits predict pathogen richness in wild mammals</a>», <em>Scientific Reports,</em> núm. 13, 2023, pp. 20191.</p>
<p>11 Eleanor Tanner <em>et al.</em>, «<a href="https://www.nature.com/articles/s41598-019-44148-9" target="_blank" rel="noopener">Wolves contribute to disease control in a multi-host system</a>», <em>Scientific Reports,</em> núm. 9, 2019, pp. 7940.</p>
<p>12 Johan Rockström <em>et al.</em>, «<a href="https://www.nature.com/articles/s41586-023-06083-8" target="_blank" rel="noopener">Safe and just Earth system boundaries</a>», <em>Nature,</em> núm. 619, 2023, pp. 102–111.</p>
<p>13 Agencia Internacional de la Energía (IAE), «<a href="https://www.iea.org/reports/oil-market-report-december-2023" target="_blank" rel="noopener">Oil market Report-December 2023</a>».</p>
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		<title>Naturaleza, identidad y paisaje. ¿Necesitamos la naturaleza tanto como parece?</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 07 Mar 2024 12:32:49 +0000</pubDate>
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										<content:encoded><![CDATA[<div class="wpb-content-wrapper"><div data-parent="true" class="vc_row row-container" id="row-unique-9"><div class="row limit-width row-parent"><div class="wpb_row row-inner"><div class="wpb_column pos-top pos-center align_left column_parent col-lg-12 single-internal-gutter"><div class="uncol style-light"  ><div class="uncoltable"><div class="uncell no-block-padding" ><div class="uncont" ><div class="vc_custom_heading_wrap "><div class="heading-text el-text" ><h2 class="h2" ><span>Naturaleza, identidad y paisaje. ¿Necesitamos la naturaleza tanto como parece?</span></h2></div><div class="clear"></div></div></div></div></div></div></div><script id="script-row-unique-9" data-row="script-row-unique-9" type="text/javascript" class="vc_controls">UNCODE.initRow(document.getElementById("row-unique-9"));</script></div></div></div><div data-parent="true" class="vc_row row-container" id="row-unique-10"><div class="row limit-width row-parent"><div class="wpb_row row-inner"><div class="wpb_column pos-top pos-center align_left column_parent col-lg-6 single-internal-gutter"><div class="uncol style-light"  ><div class="uncoltable"><div class="uncell no-block-padding" ><div class="uncont" ><div class="uncode_text_column" ><p>El Dosier Ecosocial <a href="https://www.fuhem.es/2024/03/08/explorando-vinculos-entre-la-biodiversidad-y-calidad-de-vida/"><em>Explorando los vínculos entre la biodiversidad y la calidad de vida</em></a> incluye un texto de <strong>José Antonio Corraliza </strong>que bajo el título: «Naturaleza, identidad y paisaje. ¿Necesitamos la naturaleza tanto como parece?», reflexiona sobre el papel de la estimulación procedente de la naturaleza en la vida humana, y sobre la necesidad que tenemos de recuperar la conexión y el contacto con la naturaleza en un contexto social cada vez más cargado de recursos tecnológicos.</p>
<h4><strong>Introducción</strong></h4>
<p>Somos los lugares que habitamos. Y una mera observación de las agendas diarias de las personas que nos rodean confirma la aplastante presencia de la tecnología en nuestra vida cotidiana que parece contener todos los recursos para hacer frente a los problemas que nos amenazan. La tecnología proporciona un horizonte de posibilidades infinitas que, a veces, chocan con las angustias inmediatas y parece acercarnos a un futuro (quizás distópico) donde se pueda vivir al margen de las influencias no deseadas de nuestro entorno cercano, físico y social, y vivir en una falsa burbuja de seguridad. Sin embargo, algunas de las experiencias recientes (como el trauma pandémico o la imposibilidad de hacer frente a las secuelas del cambio climático) muestran los límites de las soluciones meramente técnicas. Y plantean la necesidad de revisar los anclajes sobre los que se articula la existencia humana. Como sugerí recientemente,<sup>1</sup> los dos anclajes existenciales más importantes son «la relación con los otros y la vinculación emocional y apego a los lugares que habitamos». «Ambos referentes son cruciales en la construcción de la propia identidad» (p.71).</p>
</div></div></div></div></div></div><div class="wpb_column pos-top pos-center align_left column_parent col-lg-6 single-internal-gutter"><div class="uncol style-light"  ><div class="uncoltable"><div class="uncell no-block-padding" ><div class="uncont" ><div class="uncode_text_column" ><style type="text/css">
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<p>&nbsp;</p>
<h4><strong>Los escenarios de la vida humana</strong></h4>
<p>Una de las más contundentes afirmaciones de la Psicología Ambiental es aquélla según la cual si realmente se quiere explicar la acción de una persona, se debe acudir al lugar en el que ocurre. Esta afirmación se debe a una de las más sólidas tradiciones conceptuales de la investigación psicológica: la escuela de la psicología ecológica, que, siguiendo la inspiración <em>lewiniana</em>, contribuyó a forjar el tejido conceptual de lo que hoy conocemos como psicología ambiental. Así, podría argumentarse que, si queremos saber de los sentimientos de una persona, deberíamos acudir al análisis de los lugares que hemos vivido. Conducta y lugar, ambiente y comportamiento humano, sentimiento y paisaje, forman parte de una selva de dicotomías que, durante mucho tiempo, han sido tratadas como realidades diferentes. Hoy sabemos que, en realidad, forman parte de un mismo continuo. Resulta, en efecto, indisociable lo que somos de los lugares que habitamos, lo que sentimos de los paisajes que vivenciamos, y nuestra manera de ser del ambiente y de las situaciones que creamos.</p>
<p>En uno de los trabajos más sugerentes (e ignorados) en la psicología ambiental de Clare Cooper Marcus,<sup>2</sup> se relaciona el significado de los lugares (y, por extensión, de la estimulación ambiental) con lo que este autor denomina la «memoria ambiental»:</p>
<p>«Cada uno de nosotros lleva consigo en la memoria el germen de los paisajes de la infancia –aquellos lugares que encontramos, olemos y exploramos cuando nuestros sentidos parecían nacer a la vida… Estos conmovedores recuerdos nos afectan en incontables maneras, desde los colores que elegimos para los muebles de nuestra casa hasta los lugares que elegimos para vivir» (p. 35).</p>
<p>En realidad, más allá de estas imágenes evocadoras del papel de los lugares como escenarios vitales, difíciles de verificar empíricamente, los lugares deben ser considerados como parte del complejo de estimulación ambiental que influye sobre la actividad humana, en el sentido <em>vygotskiano</em> de la expresión, siendo estos mismos lugares, a la vez, consecuencia de la actividad humana. Los lugares son, pues, la «circunstancia» por excelencia, circunstancia que juega el doble papel de ser a la vez determinante y huella de la actividad humana.</p>
<p>En relación con este punto, surge una pregunta de gran interés: ¿qué papel juega la naturaleza en la estimulación de las personas? Las evidencias registradas muestran, en conjunto, que la naturaleza juega un papel importante en nuestras vidas, incluso aunque no seamos conscientes de sus efectos. En 1989, un equipo de investigación de la Universidad de Michigan formado, entre otros, por una especialista en ciencias biológicas y un reconocido psicólogo publicaron un libro titulado <em>La experiencia de la naturaleza</em>.<sup>3</sup> En sus primeras páginas, con forma de pregunta, planteaba si realmente podría comprobarse que el contacto con la naturaleza tendría tantos efectos positivos como muchas personas intuitivamente pensaban. Este texto de referencia en el campo está dedicado fundamentalmente (aunque no de manera exclusiva) a recopilar evidencias sobre la percepción del paisaje, que es una manera de valorar la relación con la naturaleza y, en mi opinión, constituye uno de los hitos en el estudio psicológico del impacto de la estimulación natural en la vida humana.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4><strong>Algunas evidencias de los beneficios y efectos restauradores de la naturaleza</strong></h4>
<p>Existen múltiples investigaciones que confirman los beneficiosos efectos psicológicos del contacto con la naturaleza. En un reciente trabajo de revisión de 30 estudios sobre efectos de la naturaleza en la población infantil, se muestra que estos son generalmente positivos.<sup>4</sup> En este trabajo se define que el contacto con la naturaleza ayuda a la recuperación de capacidades cognitivas, al equilibrio emocional, a la interacción social y a la adopción de estrategias conductuales para hacer frente a situaciones estresantes. Y evidencias similares se registran en un trabajo aún más reciente de F. Smith y W. Turner.<sup>5</sup> Este trabajo revisa más de 20 estudios y muestra que el contacto con entornos naturales o naturalizados contribuye a reforzar el sentido del yo y de los otros y, a través de las experiencias positivas de estos entornos, refuerza tanto el bienestar <em>hedónico</em> (vivir experiencias agradables y satisfactorias) como <em>eudaimónico</em> (sentimientos positivos relacionados con la autorrealización).</p>
<p>La línea de trabajo reciente que más sugerente me parece a este respecto es la que relaciona la exposición y el contacto con espacios naturales o naturalizados con problemas de salud mental y, en particular, con una de las epidemias de nuestro tiempo, que es la experiencia de la soledad. Por ejemplo, en una investigación publicada en una importante revista de epidemiología, se pone en relación la disponibilidad de espacios verdes en el entorno cercano con la experiencia de la soledad.<sup>6</sup> Este trabajo, realizado por un equipo internacional, registra evidencias empíricas que muestran que cuando se dispone en el entorno cercano al domicilio de un 30% de espacios verdes, se reduce significativamente la tasa de personas que se sienten solas en comparación con aquellas situaciones en las que las personas sólo disponen en su entorno cercano de un 10% de espacios verdes.</p>
<p>En otro trabajo de revisión sobre este mismo tema, miembros de este equipo de investigación plantearon, después de revisar 22 estudios, lo que denominaron la hipótesis del «apoyarse en lo verde» (<em>lean on green</em>), que predice, a partir de evidencias registradas, que los sentimientos negativos (por ejemplo, el de la soledad) podrían aliviarse y/o prevenirse por los sentimientos y la experiencia de recuperación promovidos por el contacto con la naturaleza.<sup>7</sup> Es decir, tener la oportunidad de estar en contacto con elementos naturales o naturalizados puede reducir la soledad al ofrecer oportunidades de alivio, de romper el aislamiento social y de reducción del estrés de la vida cotidiana. Así, podemos encontrar en la naturalización de los escenarios de la vida cotidiana un recurso de gran valor estratégico para hacer frente a los problemas generados por experiencias de aislamiento social y de vacío existencial. En suma, en este y en otros trabajos se sistematiza que el contacto con la naturaleza puede tener cuatro grupos de efectos: tres de ellos positivos y uno negativo.<sup>8</sup> Los tres positivos son que la naturaleza puede ayudar a desarrollar la capacidad para afrontar mejor los retos vitales, a restaurar las capacidades personales agotadas o disminuidas por los efectos de la vida cotidiana, y a reducir los perjuicios y daños que se arrastran. El cuarto alude al hecho, también comprobado, de que, si los espacios verdes son de mala calidad o se degradan o están mal gestionados (por ejemplo, espacios deteriorados, inseguros o abandonados), se pueden producir perjuicios y agravar situaciones personales.</p>
<p>Muchas evidencias registradas en este sentido se agrupan en torno a la conocida <em>hipótesis de la restauración</em>, que explica, en su versión más clásica, que el contacto con entornos naturaleza y/o naturalizados contribuye a los procesos de recuperación de la capacidad de atención (<em>teoría de la restauración de la atención</em>) y amortigua o reduce los efectos negativos de los eventos estresantes (<em>teoría de la reducción de estrés</em>), entre otros efectos positivos.<sup>9</sup> Un estudio con muestras infantiles de 832 participantes de 6 a 12 años realizado en nuestro equipo mostró el papel que el contacto con la naturaleza cercana tiene en la reducción de los efectos negativos de algunos eventos estresantes de la vida cotidiana, como estar expuesto a frecuentes discusiones en la familia o ser víctimas de acoso en el entorno escolar.<sup>10</sup> A estas dos versiones de la teoría de la restauración, Terry Hartig añade dos desarrollos teóricos aún por explorar: la <em>teoría de la restauración relacional</em>, que destaca que las experiencias con los espacios verdes pueden permitir y promover interacciones prosociales y de apoyo entre personas que mantienen relaciones estrechas, y la <em>teoría de la restauración colectiva</em>, que se refiere a la disminución de exigencias y demandas y a la oportunidad de experiencias positivas compartidas dentro de las comunidades, ciudades y sociedades locales.<sup>11</sup></p>
<p>Como puede verse, el aluvión de evidencias empíricas sobre los beneficiosos efectos de la naturaleza en la vida humana ha dado lugar también a planteamientos teóricos y conceptuales que hacen de este tema uno de los ejes de la investigación psicoambiental en la actualidad. Sin embargo, el modelo de organización social y espacial actual se ha basado en una tendencia secular a la desconexión y alejamiento de la naturaleza, reduciendo el contacto con la estimulación natural a episodios puntuales e ignorando la estrecha dependencia de la vida humana del resto de formas de vida. Esta tendencia ha ido acompañada frecuentemente por un afán destructivo y depredador de los recursos naturales en la arrogante creencia de que todo lo existente está a nuestro exclusivo servicio.</p>
<p><strong> </strong></p>
<h4><strong>La conceptualización de la naturaleza: la naturaleza, patrimonio emocional</strong></h4>
<p>Una de las dimensiones básicas de la cultura humana se define por la forma en que es entendida la relación entre la vida humana y la naturaleza. Clyde Kluckhohn, un antropólogo cuyos estudios sobre los navajos nativos norteamericanos han sido de gran importancia, creía que la cultura —cualquiera que sea la acepción que contemplemos de este polisémico concepto— refleja el modo que tenemos de relacionarnos con la naturaleza. Y podemos considerar que es clave para nuestro ser en el mundo y la forma en que nos relacionamos con ella. La naturaleza es una fuente inagotable de actividad mental, incluyendo las emociones transcendentes de asombro y sobrecogimiento.<sup>12</sup> Así pues, la experiencia de la naturaleza, la forma en que se enjuicia y los sentimientos que provoca, son muy variados, pero todos ellos confluyen en el hecho de que la experiencia de la naturaleza induce sentimientos y estados de ánimo, a veces positivos y en otras ocasiones negativos. Recientemente, Glenn Albrecht propuso el término de «sumbiografía» (de raíz griega en referencia al hecho de «vivir juntos») para describir los significados y la importancia de la convivencia con la naturaleza, las personas y el resto de los seres vivos.<sup>13</sup> Es una manera de describir el universo incontable de relaciones que dan lugar a cualquier forma de vida, que, en consecuencia, nunca será completamente independiente de las otras formas de vida. En esta palabra (<em>sumbiografía</em>) también aparece el término bio, que alude a la vida como resultado de esta trama de relaciones.</p>
<p>Con el énfasis en lo que significa <em>sumbiografía</em>, pretendo criticar el prometeico intento de algunos modelos culturales de considerar la especie humana como una forma de vida radicalmente excepcional, considerando al ser humano superior y dueño del conjunto de la trama vital. El desarrollo tecnológico (la «cultura material») se ha asentado sobre un conjunto de valores («cultura no material») a partir de la consideración supremacista de la vida humana. La tecnología y los valores a ella asociados han conformado una visión dualista de la existencia humana. Esta ficción hace tiempo que entró en crisis, y con ella el modelo de organización estructural que considera la vida humana con una importancia superior y al margen del resto de seres vivos. Esta creencia básica ha sido considerada el punto central del denominado «paradigma social dominante», frente a un paradigma ecocéntrico, o «nuevo paradigma ecológico». De hecho, un estudio de Kilbourne y colaboradores confirma con datos empíricos que a medida que aumenta la creencia en valores del paradigma social dominante, de claro signo antropocentrista, disminuye la preocupación expresada por el medio ambiente.<sup>14</sup> La preocupación ambiental, según estos autores, se relaciona con otras creencias, tales como la necesidad de cambios sociales y personales para recuperar el equilibrio ambiental en la relación con otros seres vivos, o con la naturaleza en su conjunto.</p>
<p>El uso extendido de la naturaleza para referirnos a las formas de vida del planeta es muy común y, en ocasiones, un tanto confuso. De hecho, en muchos trabajos de psicología ambiental se plantea como problema de investigación lo que entendemos por el término <em>naturaleza</em>. Si recurrimos al propio concepto de diversidad biológica tampoco se clarifica mucho el concepto. El <em>Convenio de Diversidad Biológica</em> de hace casi 30 años definía la diversidad biológica como «la variabilidad de organismos vivos de todas las clases, incluida la diversidad dentro de las especies, entre las especies y de los ecosistemas». Una definición así parece que coloca la biodiversidad como una cuestión meramente técnica o propia de los diferentes expertos en el estudio de los organismos vivos. Sin embargo, desde mi punto de vista, la naturaleza y la diversidad biológica hace referencia también al tipo de estimulación del funcionamiento psicológico que proporciona la naturaleza y la capacidad que las personas tenemos de reconocerla.</p>
<p>Hace algún tiempo conocí de primera mano un programa de educación ambiental que se realizaba en la Comunidad de Madrid. El eje central de la experiencia consistía en promover visitas de escolares a uno de los lugares más atractivos de la Sierra de Guadarrama (las lagunas y circo de Peñalara). Durante algunas semanas estuve conociendo las formas en que se llevaba a cabo este programa en el que destacaba el meritorio trabajo de las monitoras, que explicaban este impresionante entorno de origen glaciar que ha sobrevivido a pesar de las múltiples amenazas que se ciernen sobre él. Tenía curiosidad no tanto por lo que los escolares aprendían, sino por el tipo de experiencia que vivían. En una parte del recorrido que realizaban conseguimos que durante algunos minutos una veintena de estudiantes de primaria guardaran silencio y, con los ojos cerrados, intentaran identificar qué oían. Prácticamente todos los participantes, después de este tiempo de silencio, insistían en que no oían nada. Sin embargo, la grabación de ese momento sonoro permitía identificar un viento ululante, sonidos lejanos de cencerros de ganado e, incluso, el sordo rumor de un arroyo. Obviamente, todos ellos podían oír. Pero no pudieron reconocer estos elementos del paisaje sonoro del lugar. Propuse entonces el término de «analfabetismo natural» no para definir la falta de conocimiento sobre los nombres de plantas o aves que encontrábamos en el recorrido, sino para definir la incapacidad de reconocer la estimulación del entorno natural que estaban recibiendo. El analfabetismo natural operaría como lo que en psicología se denomina «sordera psicólogica». Envueltos en una variedad amplia de estímulos de todo tipo, no pueden ni reconocer ni identificar ni discriminar la mayor parte de las señales que les rodeaban. Oían, pero eran incapaces de reconocer los estímulos que formaban parte de ese paisaje. Esto no quiere decir que no influya esta estimulación en sus afectos y estados de ánimos, sino que influyen casi de manera automáticamente, más allá de nuestro propio nivel de conciencia sobre la causa que produce estos efectos. Y ello dificulta a veces poner en valor el carácter de patrimonio emocional de la estimulación de los entornos naturales.</p>
<p>Este hecho da idea de la importancia que tiene conocer el concepto de naturaleza y biodiversidad más allá de las definiciones estrictamente técnicas. Me refiero, de nuevo, a la «experiencia de la naturaleza» y a la pregunta de qué entendemos por naturaleza. En un trabajo publicado en 2020, realizado con una muestra infantil de 94 participantes de 5 años, se reflejó que la mayor parte de los participantes reconocían como <em>naturaleza</em> fundamentalmente elementos de vegetación en múltiples formas (31,28%) y de animales (32,29%).<sup>15</sup> Otras alusiones para definir <em>naturaleza</em> fueron categorizadas como referencias a «procesos naturales», en un 10,42% de los casos (para referirse, por ejemplo, a ciclos estacionales), y a la naturaleza inanimada (6,34%), como, por ejemplo, el arco iris o cuerpos celestes (como la luna y las estrellas). Estos resultados son similares a los obtenidos en un estudio cualitativo realizado en nuestro equipo de investigación unos años antes.<sup>16</sup></p>
<p>Algunos de estos resultados muestran la acepción, un tanto estereotipada, del concepto de <em>naturaleza</em>. Pero lo que no cabe duda (y los dos estudios mencionados anteriormente así lo muestran) es que la experiencia de la naturaleza, la forma en que se enjuicia y los sentimientos que provoca, es muy variada, pero todos ellos confluyen en el hecho de que la experiencia de la naturaleza induce sentimientos y estados de ánimo y, en consecuencia, no sería exagerado considerar a la naturaleza, y a la diversidad que contiene, también como un elemento más de patrimonio emocional, personal y colectivo.</p>
<p>La naturaleza, como el entramado de otras formas de vida con las que se relaciona la vida humana, llega a formar parte del paisaje existencial que habitamos. La experiencia de relación con estos entornos genera en las personas sentimientos de aprecio y vínculos emocionales que tienen una gran importancia en la vida cotidiana e, incluso, en los procesos de formación de la propia identidad. Y predominan los estudios que muestran los efectos positivos del contacto con la naturaleza, aunque tampoco hay que ignorar las reacciones emocionalmente negativas ante la estimulación natural que también existen, que recientemente se han definido como respuestas biofóbicas.<sup>17</sup> Surge así la pregunta sobre la razón de estos efectos en la vida humana.</p>
<p><strong> </strong></p>
<h4><strong>El atractivo de la naturaleza</strong></h4>
<p>Existe un debate abierto entre los investigadores sobre las razones que explican los beneficiosos efectos del contacto con la naturaleza. El primer nivel de explicación es de carácter filogenético (de inspiración evolucionista) y se puede describir a partir de la conocida <em>hipótesis de la biofilia</em>. Esta aproximación, por muy sugerente que resulte, es sin embargo difícil de comprobar empíricamente en todas sus predicciones. Es mucho más interesante la aproximación basada en los estudios de percepción y preferencia del paisaje. Tal sería el caso de algunas teorías propuestas por Jay Appleton,<sup>18</sup> englobadas en lo que este autor denomina la «estética de la supervivencia», como la teoría del hábitat, que predice que resultarán más atractivos aquellos paisajes que contenga contenidos ecológicos que han sido relevantes para la supervivencia de la especie. Y, entre estos elementos, tiene una particular relevancia la presencia de vegetación (<em>fitofilia</em>) y de agua (<em>hidrofilia</em>). Un ejemplo del papel de la variable de la vegetación queda recogido en la Figura 1, que plantea el dilema de cuál de estos dos paisajes resultaría más atractivo. Sin duda, la respuesta mayoritaria es el paisaje 1.2.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong><a href="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2024/03/Dosier-Corraliza-Figura-1.svg"><img decoding="async" class="aligncenter wp-image-158865" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2024/03/Dosier-Corraliza-Figura-1.svg" alt="" width="884" height="413" /></a></strong><strong>Figura 1.</strong> ¿Cuál cree usted que es el paisaje que gustaría a más gente?<sup>19</sup></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Junto a estos elementos de contenido del paisaje, Appleton formula también su<em> teoría de la panorámica-refugio</em>, que destaca el papel de la forma y la configuración del paisaje. Esta teoría muestra, con una explicación igualmente filogenética, que existe un patrón generalizado de juicio estético sobre lugares que permiten ver mucho (lugares panorámicos) y otros que permitirían, en caso de una eventual amenaza, protegerse (lugares de refugio). Una confirmación empírica de algunos de esos supuestos la hemos obtenido en un trabajo publicado recientemente que confirma el papel inductor de experiencia estética de paisajes naturales o naturalizados que tienen estos cuatro elementos: presencia de agua, de vegetación, oportunidad de exploración panorámica y oportunidad de refugio.<sup>20</sup></p>
<p>Junto a esta explicación filogenética, cabe también la posibilidad de una explicación de carácter ontogenético que relaciona estos beneficiosos efectos con la compatibilidad entre tareas mentales cognitivas (como la atención), con la estimulación procedente de los elementos naturales (de vegetación y agua), y con la forma del entorno resultante. En este sentido, destaca el valor no sólo de los elementos naturales de un entorno, sino de la configuración de la relación entre los distintos elementos que lo componen. Por ejemplo, una de las variables que ha sido objeto de estudio, y que deriva de un modelo de percepción de paisaje clásico (el denominado modelo informacional de Stephen y Rachel Kaplan), es la variable del misterio.<sup>21</sup> Esta variable hace referencia no tanto al contenido explícito de un entorno natural, sino, más bien, a la promesa de información que el lugar, por su configuración, ofrece. Un paisaje misterioso, asociado con descriptores físicos tales como la existencia de curvas o de pantallas que velan la información que contiene (pero no la ocultan del todo), resulta mucho más atractivo que un paisaje uniforme y monótono. De hecho, la investigación empírica ha mostrado que el misterio es una de las variables predictoras de la preferencia por un paisaje más importantes. La diversidad biológica, por tanto, también se puede experimentar en la forma que tienen un entorno natural.</p>
<p>En la explicación de los beneficiosos efectos de la naturaleza se han sugerido también otros argumentos basados en la conexión con la naturaleza.<sup>22</sup> Como se ha dicho al inicio de este trabajo, los lugares que habitamos conforman de manera decisiva no solo nuestros sentimientos y estados de ánimo, sino también nuestra manera de estar y ser en el mundo: nuestra identidad. Y el constructo de conexión con la naturaleza podría describir este patrón. De hecho, la conexión con la naturaleza no se refiere sólo a la naturaleza biofísica de la relación entre el <em>self </em>y la naturaleza, sino también al hecho de que esta experiencia determina la conciencia y comprensión del mundo natural en su conjunto. La conectividad con la naturaleza implica también la construcción de la identidad ecológica. Desde un punto de vista operativo, un estudio de Pasca, Aragonés y Coello, de la escala más utilizada para medir este aspecto (la escala de conectividad con la naturaleza de Mayer y Frantz), propone la reducción de esta escala a una versión de sólo siete ítems.<sup>23</sup> Y, de entre todos ellos, el análisis realizado por estos autores permite concluir que el ítem más informativo y que podría ser el mejor ejemplo de una definición operacional de la conectividad sería el siguiente: «<em>Como un árbol puede ser parte de un bosque, me siento inserto en el mundo natural más amplio</em>». Esto nos permite relacionar la conectividad con la naturaleza con el término de Albrecht, ya citado, de la <em>sumbiografía</em>. La conectividad con la naturaleza podría, además, ser útil como un amplio referente conceptual para entender que las experiencias del contacto con la naturaleza ayudan a las personas a estar bien. Surge, además, el interrogante de si esta relación tiene efectos que van más allá de la experiencia psicológica del bienestar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4><strong>Experiencias ambientales significativas</strong></h4>
<p>La naturaleza, pues, ayuda a las personas a estar mejor. ¿Contribuye también a ser mejores? A este respecto, merece la pena recordar el concepto propuesto en los albores de la educación ambiental (en 1980) por Thomas Tanner de las «experiencias significativas de la vida» (<em>significant life experiences</em>) y el importante papel que en la conformación de estas experiencias significativas tiene la naturaleza.<sup>24</sup> Tal y como mencionábamos en un trabajo previo,<sup>25</sup> Louise Chawla, en un relevante trabajo de revisión sobre esta cuestión, estudió una muestra de 56 personas que en su etapa adulta podrían ser consideradas como activistas ambientales.<sup>26</sup> Este trabajo, realizado a partir de los recuerdos reconocidos por los participantes, permite concluir (a pesar de algunos problemas metodológicos que el estudio tiene) que el compromiso ambiental en la edad adulta se asocia con el recuerdo de experiencias positivas de estancias en espacios naturales o naturalizados durante la infancia, y con el reconocimiento a la influencia de personas que actuaron como inductores del valor del compromiso ambiental (especialmente familiares o profesores). Esta contribución de Chawla ha tenido una gran influencia en los diseños de programas de educación ambiental al destacar la importancia de las experiencias ambientales significativas más allá de otros recursos (información, formación, etc.) en la génesis de la conciencia ecológica responsable. En efecto, permite pensar en la importancia estratégica de las experiencias ambientales infantiles, y específicamente en las de contacto con la naturaleza, en la génesis de la proambientalidad. Como se ha dicho anteriormente, estos resultados podrían verse afectados por los sesgos de la memoria y, en particular, por el sesgo del presentismo que predice que los recuerdos más relevantes del pasado (en la infancia) podría emerger como consecuencia de las experiencias y valores que se tienen en el momento en que los recuerdos se evocan (en la etapa adulta). Sin embargo, la idea sobre el papel de las experiencias de contacto con la naturaleza en la infancia se ven confirmadas en un estudio longitudinal más reciente publicado en 2018.<sup>27</sup> En este trabajo los investigadores recogieron datos de, entre otras variables, la conciencia ecológica infantil, el comportamiento proambiental y el contacto directo con el medio natural en niños de 6 años. Los mismos datos fueron recogidos cada dos años hasta que los participantes cumplieron los 18 años. Los resultados mostraron que el predictor más fuerte de la acción proecológica a los 18 años son las experiencias ambientales en la naturaleza a la edad de 6 años. Estos estudios y otros muchos que pudiera citarse permiten confirmar el papel relevante que el contacto con la naturaleza tiene en las personas, incluso aunque las personas no se den cuenta de su influencia; y que estos efectos no sólo contribuyen al bienestar humano, sino también a la génesis de una ética proambiental y, en consecuencia, a «ser mejores personas».</p>
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<h4><strong>Conclusión</strong></h4>
<p>En este trabajo se ha recogido un conjunto de aportaciones que justifican la relevancia del contacto con la naturaleza en la vida cotidiana de las personas. Una de las inferencias más relevantes de los trabajos mencionados es, precisamente, la importancia estratégica que tienen las propuestas de renaturalización de los escenarios de la vida cotidiana y de la agenda de vida diaria de las personas. Recuperar el contacto con la naturaleza no es sólo una pretensión de inspiración romántica que se ha puesto de moda. En realidad, la recuperación del contacto con la naturaleza refleja una honda necesidad humana, de la que tomamos conciencia cuando reconocemos los beneficiosos efectos de la estimulación natural, incluyendo los beneficios para la salud. Por eso, muchas de estas contribuciones plantean la necesidad de formular nuevas aspiraciones basadas en el sueño de una sociedad mejor que ponga al mismo nivel de importancia el cuidado de las personas y el cuidado de la naturaleza. El colapso social y el incremento de situaciones de riesgo de exclusión social es una secuela más del expolio de nuestros hábitats. El riesgo de colapso ecológico es paralelo al riesgo del colapso social. El cuidado y la protección de la biodiversidad es una manera más de cuidar y proteger la vida humana. Proteger la naturaleza y defender el equilibro natural es una manera más de hacer frente a las crónicas situaciones de desigualdad social, y es una exigencia derivada del necesario compromiso —personal y colectivo— de lucha contra los riesgos que amenazan el futuro de la vida humana.</p>
<p><strong>José Antonio Corraliza</strong> es catedrático de Psicología Social y Ambiental en la Universidad Autónoma de Madrid.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4>NOTAS:</h4>
<p>1 José A. Corraliza, «<a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/el-malestar-en-epoca-de-crisis-concatenadas-algunas-claves-psicosociales/">El malestar en época de crisis concatenadas: algunas claves psicosociales</a>», Papeles de relaciones ecosociales y cambio global, núm. 158, 2022, pp. 57-76.</p>
<p>2 Clare Cooper Marcus, «Environmental memories», en Irwin Altman &amp; Setha M. Low (eds.), <em>Place attachment</em>, Plenum Press, New York, 1992.</p>
<p>3 Rachel Kaplan y Stephen Kaplan, <em>The experience of nature. A Psychological perspecti</em>ve, Cambridge University Press, Cambridge, 1989.</p>
<p>4 Adrián Moll <em>et al.</em>, «<a href="https://doi.org/10.1177/0143831X231212562" target="_blank" rel="noopener">Restorative effects of exposure to nature on children and adolescents: a systematic review</a>», <em>Journal of Environmental Psychology, n</em>úm. 84, 2022, pp. 101884.</p>
<p>5 Fliss Smith y William Turner, «<a href="https://doi.org/10.1016/j.wss.2023.100158" target="_blank" rel="noopener">What are the psychological and cognitive wellbeing benefits as reported by people experiencing green space? A meta-ethnography</a>»,<em> Wellbeing, Space and Society, n</em>úm. 5, 2023, pp. 100158.</p>
<p>6 Thomas Astell-Burt <em>et al.</em>, «<a href="https://doi.org/10.1093/ije/dyab089" target="_blank" rel="noopener">More green, les loneliness? A longitudinal cohort study</a>», <em>International Journal of Epidemiology, n</em>úm. 51 (1), 2022, pp. 99–110.</p>
<p>7 Thomas Astell-Burt <em>et al.</em>, «<a href="https://doi.org/10.1016/j.scitotenv.2022.157521" target="_blank" rel="noopener">Green space and loneliness: A systematic review with theoretical and methodological guidance for future research</a>», <em>Science of The Total Environment,</em> núm. 847, 2022, pp. 157521.</p>
<p>8<a href="#_ftnref8" name="_ftn8">]</a><em>Ibidem.</em></p>
<p>9 Silvia Collado <em>et al.</em>, «Restorative Environments and Health» en Ghozlane Fleury-Bahi, Enric Pol, y Óscar Navarro (eds), <em>Handbook of Environmental Psychology and Quality of Life Research</em>, <em>International Handbooks of Quality-of-Life</em>, Springer, Cham, 2017.</p>
<p>10 Silvia Collado y José A. Corraliza, <em>Conciencia ecológica y bienestar en la infancia. Efectos de la relación con la naturaleza</em>, Editorial CCS, Madrid, 2017.</p>
<p>11 Tery Hartig, «<a href="https://link.springer.com/chapter/10.1007/978-3-030-69020-5_5" target="_blank" rel="noopener">Restoration in nature: beyond the conventional narrative</a>» en Anne R. Schutte, Julia Torquati, Jeffrey R. Stevens (eds.), <em>Nature and Psychology: Biological, Cognitive, Developmental, and Social Pathways to Well-being (Proceedings of the 67th Annual Nebraska Symposium on Motivation),</em> Springer Nature, Cham, Switzerland, 2021.</p>
<p>12 Lisbeth C. Bethelmy y José A. Corraliza, «<a href="https://doi.org/10.3389/fpsyg.2019.00509" target="_blank" rel="noopener">Transcendence and Sublime Experience in Nature: Awe and Inspiring Energy</a>», <em>Frontiers in Psychology, n</em>úm. 10, 2019, pp. 509.</p>
<p>13 Glenn Albrecht, <em>Las emociones de la tierra. Nuevas palabras para un nuevo mundo, </em>MRA ediciones, Barcelona, 2020.</p>
<p>14 William E. Kilbourne, Suzanne C.Beckmann y Eva Thelen, «The role of the dominant social paradigm inenvironmental attitudes: A multinational examination»,<em> Journal of Business Research, n</em>úm. 55, 2002, pp. 193–204.</p>
<p>15 Pablo Olivos-Jara <em>et al.</em>, «<a href="https://doi.org/10.3389/fpsyg.2020.00511" target="_blank" rel="noopener">Biophilia and biophobia as emotional attribution to nature in children of 5 years old</a>». <em>Frontiers in Psychology, </em>núm. 11, 2020, pp. 511.</p>
<p>16 Silvia Collado, Lupicinio Íñíguez-Rueda y José A. Corraliza, «Experiencing nature and children’s conceptualizations of the natural world». <em>Children&#8217;s Geographies, n</em>úm. 14, 2016, pp. 716–730.</p>
<p>17 Pablo Olivos <em>et al.</em>, 2020, <em>op. cit.</em></p>
<p>18 Jay Appleton, <em>The Experience of Landscape</em>, John Wiley and Sons, New York, 1996.</p>
<p>19 Fotos de Pedro Retamar.</p>
<p>20 José A. Corraliza, Belinda de Frutos y Adrián Moll, «<a href="https://doi.org/10.7818/ECOS.2466" target="_blank" rel="noopener">Naturaleza y belleza escénica. Estudio de los juicios de preferencia en paisajes naturales</a>», <em>Ecosistemas, </em>núm. 32 (especial), 2023, pp. 2466.</p>
<p>21 Rachel Kaplan, Stephen Kaplan y Terry Brown, «Environmental Preference: A Comparison of Four Domains of Predictors», <em>Environment and Behavior, </em>núm. 21(5), 1989, pp. 509-530.</p>
<p>22 Pablo Olivos y Susan Clayton, «Self, Nature and Well-Being: Sense of Connectedness and Environmental Identity for Quality of Life» en Ghozlane Fleury-Bahi, Enric Pol, y Óscar Navarro, (eds.), <em>Handbook of Environmental Psychology and Quality of Life Research. International Handbooks of Quality-of-Life</em>, Springer, Cham, 2017.</p>
<p>23]Laura Pasca Laura, Juan I. Aragonés y María T. Coello, «<a href="https://doi.org/10.3389/fpsyg.2017.01330" target="_blank" rel="noopener">An Analysis of the Connectedness to Nature Scale Based on Item Response Theory</a>», <em>Frontiers in Psychology, </em>núm. 8, 2017.</p>
<p>24 Thomas Tanner, «Significant life experiences. <em>The Journal of Environmental Education»,</em> núm. 11(4), 1980, pp. 20-24.</p>
<p>25 José A, Corraliza y Silva Collado, «<a href="https://www.papelesdelpsicologo.es/pdf/1196.pdf" target="_blank" rel="noopener">Conciencia ecológica y experiencia ambiental en la infancia</a>», <em>Papeles del Psicólogo, </em>núm. 40 (3), 2019, pp. 190-196.</p>
<p>26 Louise Chawla, «Significant Life Experiences Revisited: A Review of Research on Sources of Environmental Sensitivity», <em>The Journal of Environmental Education,</em> núm. 29:3, 1998, pp. 11-21.</p>
<p>27 Gary W Evans, Siegmar Otto y Florian G. Kaiser, «Childhood Origins of Young Adult Environmental Behavior», <em>Psychological Science, n</em>úm. 29(5), 2018, pp. 679-687.</p>
</div></div></div></div></div></div><script id="script-row-unique-11" data-row="script-row-unique-11" type="text/javascript" class="vc_controls">UNCODE.initRow(document.getElementById("row-unique-11"));</script></div></div></div>
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		<title>¿Qué pasaría si el mar fuera de plástico?</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Carlos Saavedra Bajo]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 08 Feb 2023 08:49:08 +0000</pubDate>
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<p>Esta semana os mostramos el primero de una serie de ejemplos de situaciones de aprendizaje que nos ayudarán a responder esas preguntas y conocer de una manera eminentemente práctica cómo se lleva lo ecosocial a los últimos niveles de concreción curricular en el marco de la LOMLOE.</p>
<p>Durante esta serie de ejemplos podréis ver diseños realizados por profesorado en activo de distintas etapas educativas, que ya se están poniendo en marcha en sus centros educativos. Para poder ofrecer ejemplos replicables los compartimos sobre una plantilla que cumple con todos los apartados necesarios para llevarlas directamente a vuestras programaciones de aula (la podéis descargar en el siguiente enlace).</p>
<p>En este primer ejemplo os mostramos una situación de aprendizaje diseñada por <strong>Alba Sánchez del CEIP La Baia (Elche)</strong> para segundo de Educación Primaria.</p>
<div class="wp-block-pdfemb-pdf-embedder-viewer"><a href="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/07/Situacion-de-aprendizaje-Primaria.pdf" class="pdfemb-viewer" style="" data-width="max" data-height="max" data-toolbar="both" data-toolbar-fixed="off">Situacion-de-aprendizaje-Primaria</a></div>
<p style="text-align: center;"><a href="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/07/Situacion-de-aprendizaje-Primaria.pdf"><mark>DESCARGAR</mark></a></p>
<p>Esta situación de aprendizaje integra en el área de conocimiento del medio natural, social y cultural la problemática del uso y generación excesivo del plástico. Para favorecer que la situación de aprendizaje tenga una mirada local-global, el diseño parte de una problemática reconocible y fácilmente contextualizable (como es el uso del plástico en nuestro día a día) hasta llegar al problema de las islas de plástico como una de las consecuencias globales relacionadas con el consumo. Además, Alba vincula dicha problemática con otra de crucial importancia: el impacto que esto tiene sobre el resto de especies vivas.</p>
<p>Este diseño se adecúa tanto en temática ecosocial como en estrategias metodológicas a la etapa educativa y al contexto donde se trabaja. Esto resulta fundamental cuando se realizan situaciones de aprendizaje con una perspectiva ecosocial, que estén bien contextualizadas y surjan de los centros de interés de la comunidad educativa donde se van a poner en marcha.</p>
<p>La situación de aprendizaje mantiene una perspectiva claramente competencial en todo momento, algo que la LOMLOE fomenta con énfasis. Parte de reflexión, para dar paso posteriormente a la conceptualización y culmina con la acción en la actividad de cierre. Como producto final, Alba propone el diseño de un mural grupal y la participación en una patrulla antibasura en el centro, respondiendo así al reto que el diseño propone al alumnado: Reflexionar sobre cómo podemos reducir el consumo de plástico en nuestro día a día y potenciar comportamientos respetuosos con los ecosistemas próximos.</p>
<p>Este diseño con perspectiva ecosocial se vertebra a la perfección con lo estrictamente curricular, trabajando saberes básicos como los distintos reinos animales, los hábitats, o las diferencias entre los seres vivos y los objetos inertes. Este equilibrio entre lo ecosocial y curricular favorece que en la situación de aprendizaje se traten 8 saberes básicos y tres competencias específicas del área, pero situando en el centro una problemática que ayudará al alumnado a movilizar los saberes para que se conviertan en participación-acción.</p>
<p>Las rúbricas son el instrumento de evaluación principal de la situación de aprendizaje. Mediante la observación directa, las exposiciones y los trabajos cooperativos se toman los registros para hacer una evaluación competencial. También se emplea la coevaluación.</p>
<p>Esperamos que estos ejemplos sean inspiradores para vuestras programaciones.</p>
<p>Podéis compartir en comentarios vuestras dudas y responderemos con gusto.</p>
<p><em>Este artículo ha sido realizado con el apoyo financiero del Ministerio de Derechos Sociales y Agenda 2030. El contenido del mismo es responsabilidad exclusiva de FUHEM.</em></p>
<figure class="wp-block-image size-large"><a href="https://i0.wp.com/tiempodeactuar.es/wp-content/uploads/LOGO-Ministerio-SE-Agenda2030-1.png?ssl=1" target="_blank" rel="noopener"><img decoding="async" class="wp-image-14340" src="https://i0.wp.com/tiempodeactuar.es/wp-content/uploads/LOGO-Ministerio-SE-Agenda2030-1.png?resize=640%2C83&amp;ssl=1" sizes="(max-width: 640px) 100vw, 640px" srcset="https://i0.wp.com/tiempodeactuar.es/wp-content/uploads/LOGO-Ministerio-SE-Agenda2030-1.png?resize=1024%2C132&amp;ssl=1 1024w, https://i0.wp.com/tiempodeactuar.es/wp-content/uploads/LOGO-Ministerio-SE-Agenda2030-1.png?resize=300%2C39&amp;ssl=1 300w, https://i0.wp.com/tiempodeactuar.es/wp-content/uploads/LOGO-Ministerio-SE-Agenda2030-1.png?resize=768%2C99&amp;ssl=1 768w, https://i0.wp.com/tiempodeactuar.es/wp-content/uploads/LOGO-Ministerio-SE-Agenda2030-1.png?resize=1536%2C198&amp;ssl=1 1536w, https://i0.wp.com/tiempodeactuar.es/wp-content/uploads/LOGO-Ministerio-SE-Agenda2030-1.png?resize=2048%2C263&amp;ssl=1 2048w, https://i0.wp.com/tiempodeactuar.es/wp-content/uploads/LOGO-Ministerio-SE-Agenda2030-1.png?w=1280&amp;ssl=1 1280w, https://i0.wp.com/tiempodeactuar.es/wp-content/uploads/LOGO-Ministerio-SE-Agenda2030-1.png?w=1920&amp;ssl=1 1920w" alt="" width="640" height="83" data-recalc-dims="1" /></a></figure>
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<h3 class="sd-title"></h3>
</div>
</div>
<p>
</div></div></div></div></div></div><script id="script-row-unique-13" data-row="script-row-unique-13" type="text/javascript" class="vc_controls">UNCODE.initRow(document.getElementById("row-unique-13"));</script></div></div></div>
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			</item>
		<item>
		<title>Impactos de la Contaminación sobre la Calidad de Vida</title>
		<link>https://www.fuhem.es/2022/03/30/impactos-de-la-contaminacion-sobre-la-calidad-de-vida/</link>
					<comments>https://www.fuhem.es/2022/03/30/impactos-de-la-contaminacion-sobre-la-calidad-de-vida/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 30 Mar 2022 07:29:17 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Dosieres Ecosociales]]></category>
		<category><![CDATA[Calidad de vida]]></category>
		<category><![CDATA[Contaminación]]></category>
		<category><![CDATA[destacadasecosocial]]></category>
		<category><![CDATA[Residuos]]></category>
		<category><![CDATA[Salud]]></category>
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					<description><![CDATA[El impacto que tiene sobre la calidad de vida de la población española tres tipos de procesos contaminantes: la contaminación del aire, de las aguas y de los suelos.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: left;"><em><img decoding="async" class="alignright wp-image-142968 size-thumbnail" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/03/impactos-contaminacion-calidad-vida-aproximacion-caso-esp-300x424.jpg" alt="" width="300" height="424" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/03/impactos-contaminacion-calidad-vida-aproximacion-caso-esp-300x424.jpg 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/03/impactos-contaminacion-calidad-vida-aproximacion-caso-esp-450x636.jpg 450w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/03/impactos-contaminacion-calidad-vida-aproximacion-caso-esp-64x90.jpg 64w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/03/impactos-contaminacion-calidad-vida-aproximacion-caso-esp.jpg 459w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /><a href="https://bit.ly/Impactos-Contaminacion-En-Calidad-Vida-Aproximacion-Caso-Esp" target="_blank" rel="noopener">Los impactos de la contaminación sobre la calidad de vida. Una aproximación al caso español.</a><br />
</em></p>
<p><strong>FUHEM Ecosocial</strong></p>
<p>Febrero 2021</p>
<blockquote><p><strong>«Hemos hecho del mundo un inmenso estercolero»</strong></p></blockquote>
<p>El metabolismo socioecológico asociado al modo de vida de la sociedad española genera una gran cantidad de residuos (sólidos, líquidos o gaseosos) que terminan contaminando el medio natural, afectando a la salud de los ecosistemas.</p>
<p>La toxicidad de los residuos puede acarrear también efectos directos sobre la salud de las personas. Así pues, directa o indirectamente, la contaminación por residuos tiene efectos sobre la salud pública y, en consecuencia, efectos sobre la calidad de vida de una población.</p>
<p>Aunque al hablar de contaminación lo habitual sea pensar en el deterioro de la calidad del aire, la actividad socioeconómica y los estilos de vida actuales generan residuos de distinto tipo que afectan de diferente manera a los ecosistemas.</p>
<p>Desde el punto de vista de la calidad de vida de las personas, tan importante es la contaminación química como la acústica, la polínica, la térmica, lumínica o electromagnética.</p>
<p>En este Dosier se aborda el impacto que tiene sobre la calidad de vida de la población española tres tipos de procesos contaminantes:</p>
<p>1) La contaminación del aire.</p>
<p>2) La contaminación de las aguas (superficiales y subterráneas)</p>
<p>3) La contaminación de los suelos.</p>
<p>Se estudia tanto los efectos indirectos (a través de la afectación de los ecosistemas) como los directos sobre la salud de las personas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3>Índice</h3>
<p class="x_MsoNormal">Introducción</p>
<p class="x_MsoNormal"><b> PARTE I: </b><b>Una panorámica general </b></p>
<p class="x_MsoNormal">Los regímenes metabólicos y los residuos</p>
<p class="x_MsoNormal">Los residuos: un problema global</p>
<p class="x_MsoNormal"><b> </b><b>PARTE II: Una panorámica de España </b></p>
<p class="x_MsoNormal">Contaminación del aire y sus impactos sobre la calidad de vida</p>
<p>Contaminación del agua y sus impactos sobre la calidad de vida</p>
<p>Contaminación del suelo y sus impactos sobre la calidad de vida</p>
<p>Otras formas de Contaminación y sus impactos sobre la calidad de vida</p>
<p class="x_MsoNormal"><strong>Conclusiones y consideraciones finales</strong></p>
<p class="x_MsoNormal"><strong>Relación de cuadros, gráficos y figuras</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Acceso al Dosier completo en formato pdf: <a href="https://bit.ly/Impactos-Contaminacion-En-Calidad-Vida-Aproximacion-Caso-Esp" target="_blank" rel="noopener"><em>Los impactos de la contaminación sobre la calidad de vida. Una aproximación al caso español.</em></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><img decoding="async" class="alignright wp-image-141269" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/11/Logo_Miterd-450x104.png" alt="" width="432" height="100" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/11/Logo_Miterd-450x104.png 450w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/11/Logo_Miterd-1200x278.png 1200w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/11/Logo_Miterd-300x69.png 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/11/Logo_Miterd-768x178.png 768w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/11/Logo_Miterd-600x139.png 600w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/11/Logo_Miterd-64x15.png 64w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/11/Logo_Miterd.png 1280w" sizes="(max-width: 432px) 100vw, 432px" />Esta publicación ha sido realizada con el apoyo financiero del <strong>Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITERD)</strong>. El contenido de la misma es responsabilidad exclusiva de <strong>FUHEM</strong> y no refleja necesariamente la opinión del <strong>MITERD</strong>.</p>
]]></content:encoded>
					
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			</item>
		<item>
		<title>Semana Europea de la Movilidad 2020</title>
		<link>https://www.fuhem.es/2020/09/14/semana-europea-de-la-movilidad-2020/</link>
					<comments>https://www.fuhem.es/2020/09/14/semana-europea-de-la-movilidad-2020/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 14 Sep 2020 12:44:31 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Selección de recursos ecosociales]]></category>
		<category><![CDATA[Cambio climático]]></category>
		<category><![CDATA[Contaminación]]></category>
		<category><![CDATA[Movilidad]]></category>
		<category><![CDATA[Transporte]]></category>
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					<description><![CDATA[Con motivo de la celebración de la Semana Europea de la Movilidad 2020, ofrecemos una selección de recursos aparecido en nuestras publicaciones más emblemáticas. ]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><img decoding="async" class="alignright size-full wp-image-135726" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/09/Semana-Movilidad-2020-poster.jpg" alt="" width="393" height="558" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/09/Semana-Movilidad-2020-poster.jpg 393w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/09/Semana-Movilidad-2020-poster-300x426.jpg 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/09/Semana-Movilidad-2020-poster-64x91.jpg 64w" sizes="(max-width: 393px) 100vw, 393px" />La <a href="https://mobilityweek.eu/home/" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Semana Europea de la Movilidad</a> (<strong>SEM</strong>) es una campaña de <strong>concienciación</strong> dirigida a sensibilizar, tanto a los responsables políticos como a los ciudadanos, sobre las consecuencias negativas que tiene el uso irracional del coche en la ciudad, tanto para la salud pública como para el medio ambiente, y los beneficios del uso de <strong>modos de transporte</strong> más <strong>sostenibles</strong> como el transporte público, la bicicleta, los viajes a pie, los sistemas de coche compartido, etc.</p>
<p>La iniciativa surgió en Europa en 1999 y a partir del año 2000 contó con el apoyo de la Comisión Europea. Se celebra cada año, del 16 al 22 de septiembre, realizando actividades para promocionar la movilidad sostenible y fomentando el desarrollo de buenas prácticas y medidas permanentes.</p>
<p>El 22 de septiembre se celebra además el evento <em>¡La ciudad, Sin coche!</em>, origen de esta iniciativa europea, que pretende encontrar nuevas soluciones a los problemas asociados al aumento del tráfico en las ciudades.</p>
<p>El tema elegido por la Comisión Europea para la campaña de este año es:</p>
<blockquote><p><em><strong> “Por una movilidad sin emisiones”.</strong></em></p></blockquote>
<p>Esta temática refleja el ambicioso objetivo de alcanzar la neutralidad en las emisiones de carbón para el año 2050, recogido en el Pacto Verde Europeo.</p>
<p>El tema también pretende resaltar la importancia de la accesibilidad a sistemas de transporte de cero emisiones y promover un sistema inclusivo para todas las personas.</p>
<p>En España la campaña está coordinada por el <strong>Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico</strong>, donde puedes encontrar <a href="https://www.miteco.gob.es/es/calidad-y-evaluacion-ambiental/temas/medio-ambiente-urbano/movilidad/sem_2020.aspx" target="_blank" rel="noopener noreferrer">más información</a> sobre los eventos organizados durante la semana.</p>
<p>Desde el Centro de Documentación de <strong>FUHEM Ecosocial</strong> ofrecemos una Selección de Recursos sobre movilidad que recoge el documento oficial del evento sobre Directrices Temáticas, elaborado por <strong>POLIS</strong> &#8211; Red de ciudades y regiones europeas para el desarrollo de soluciones de transporte innovadoras y <strong>EUROCITIES</strong>; así como una recopilación de materiales aparecidos en nuestras publicaciones.</p>
<p><img decoding="async" class="alignleft wp-image-135728 size-thumbnail" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/09/2020-Movilidad-Directrices-300x429.jpg" alt="" width="300" height="429" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/09/2020-Movilidad-Directrices-300x429.jpg 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/09/2020-Movilidad-Directrices-64x91.jpg 64w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/09/2020-Movilidad-Directrices.jpg 410w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></p>
<p><em>Semana Europea de la Movilidad </em>16 &#8211; 22 de septiembre 2020</p>
<p><em><a href="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/09/guiatematicasem2020espanol_tcm30-510371-1.pdf" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Directrices temáticas</a></em></p>
<p>El tema refleja el objetivo ambicioso de lograr un continente climáticamente neutro para el año 2050, Además, subraya la importancia de la accesibilidad de un transporte sin emisiones y promueve un marco inclusivo en el que participen todos los actores.</p>
<p>A pesar de las distintas condiciones climáticas, geográficas y socioeconómicas de las zonas urbanas europeas, hay una serie de medidas que se pueden adoptar para promover un entorno urbano climáticamente neutro e inclusivo.</p>
<p>Este documento analiza las ciudades más destacadas en cuanto a objetivos ambiciosos para una movilidad de emisiones cero e inclusiva y presenta ideas para que los municipios fomenten las metas ambiciosas de la Comisión Europea entre los residentes que participan en la SEMANA EUROPEA DE LA MOVILIDAD de este año.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h2>Recursos FUHEM Ecosocial</h2>
<h3><em><strong>Dosieres Ecosociales</strong></em></h3>
<p><img decoding="async" class="alignleft wp-image-73296" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2018/08/Portada-dossier-contaminacion-213x300.jpg" alt="" width="300" height="423" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2018/08/Portada-dossier-contaminacion-213x300.jpg 213w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2018/08/Portada-dossier-contaminacion-600x845.jpg 600w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2018/08/Portada-dossier-contaminacion.jpg 612w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></p>
<h4><em>Contaminación del aire y movilidad en la ciudad</em></h4>
<p>El Dossier aborda la problemática de la contaminación en las ciudades investigando la situación en España y Europa, los escenarios, las acciones emprendidas, así como los efectos sobre la salud y la calidad de vida de las personas.</p>
<p>Al mismo tiempo, ofrece una reflexión sobre la necesidad de una nueva cultura de la movilidad y un nuevo modelo urbanístico.</p>
<p>Incluye los siguientes artículos:</p>
<p><em><a href="http://bit.ly/Contaminacion-urbana-Ceballos" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Contaminación urbana en España: el cambio climático y la “recuperación”agravan la</a></em><a href="http://bit.ly/Contaminacion-urbana-Ceballos" target="_blank" rel="noopener noreferrer"> situación</a><strong>, Miguel Ángel Ceballos Ayuso</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em><a href="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2019/10/perplejidad-del-extraterrestre_AlfredoS-AlfonsoSr.pdf" target="_blank" rel="noopener noreferrer">La perplejidad del extraterrestre</a></em><strong>, Alfredo Sánchez Vicente y Alfonso Sanz Alduán</strong></p>
<p><em><a href="http://bit.ly/Efectos-Salud-Boldo" target="_blank" rel="noopener noreferrer">La contaminación del aire y sus efectos en la salud humana</a></em><strong>, Elena Isabel Boldo</strong></p>
<p><em><a href="http://bit.ly/Movilidad-urbana-Vega" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Un cambio de paradigma de la movilidad urbana para que todo siga igual</a></em><strong>, Pilar Vega Pindado</strong></p>
<p>Selección de recursos de la mano de <strong>Susana Fernández Herrero</strong> desde el Centro de Documentación Virtual de FUHEM Ecosocial:</p>
<p><a href="https://www.fuhem.es/2018/01/18/calidad-del-aire-y-movilidad-seleccion-de-libros/" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Selección de Libros</a></p>
<p><a id="ctl00_CTPIzq_RPCdv_ctl01_urlAfondo" href="https://www.fuhem.es/2018/01/17/calidad-del-aire-y-movilidad-seleccion-de-informes/" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Selección de Informes</a></p>
<p><a id="ctl00_CTPIzq_RPCdv_ctl02_urlAfondo" href="https://www.fuhem.es/2018/01/16/calidad-del-aire-y-movilidad-seleccion-de-recursos/" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Otros recursos</a></p>
<p>Accesible el Dossier completo: <a href="https://www.fuhem.es/media/cdv/file/biblioteca/Dossier/Dossier-Contaminacion-Aire.pdf" target="_blank" rel="noopener noreferrer"><em>Contaminación del aire y movilidad en la ciudad</em></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong><em>Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global</em></strong></h3>
<p><img decoding="async" class="size-medium wp-image-135739 aligncenter" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/09/Papeles-Semana-movilidad-450x338.jpg" alt="" width="450" height="338" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/09/Papeles-Semana-movilidad-450x338.jpg 450w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/09/Papeles-Semana-movilidad-1200x900.jpg 1200w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/09/Papeles-Semana-movilidad-300x225.jpg 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/09/Papeles-Semana-movilidad-768x576.jpg 768w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/09/Papeles-Semana-movilidad-1536x1152.jpg 1536w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/09/Papeles-Semana-movilidad-2048x1536.jpg 2048w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/09/Papeles-Semana-movilidad-600x450.jpg 600w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/09/Papeles-Semana-movilidad-64x48.jpg 64w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/09/Papeles-Semana-movilidad-scaled.jpg 2560w" sizes="(max-width: 450px) 100vw, 450px" /></p>
<p><strong>Alfonso Sanz Alduán, Pilar Vega Pindado y Miguel Mateos Arribas</strong></p>
<p><a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/bajo-la-alfombra-magica-relatos-del-transporte-desde-la-perspectiva-ecologica/" target="_blank" rel="noopener noreferrer"><em>Bajo la alfombra mágica. Relatos del transporte desde la perspectiva ecológica</em></a>, núm. 129, primavera 2015, pp. 123-137.</p>
<p>La idea de progreso sigue activando la creencia en un desplazamiento rápido, instantáneo, sin esfuerzo, a voluntad. Tenemos la necesidad de mejorar la comprensión global del transporte e incorporar la complejidad a las decisiones que, sin despreciar las opciones tecnológicas, son, sobre todo, de carácter social, cultural y político.</p>
<p><strong>Paco Segura</strong></p>
<p><a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/la-politica-de-grandes-infraestructuras-de-transporte-en-el-estado-espanol-un-despilfarro-inmoral/" target="_blank" rel="noopener noreferrer"><em>Las políticas de grandes infraestructuras de transporte en el Estado español: un despilfarro inmoral</em></a>, núm. 128, invierno 2014-2015, pp. 109-121.</p>
<p>Hemos contraído una enorme deuda pública como resultado de la persistente aplicación de una política de infraestructuras de transporte desarrollista, despilfarradora e insostenible que no es justificable ni entendible en términos de necesidades de movilidad. El español es el Estado europeo con mayor dotación de grandes infraestructuras de transporte y el que más invierte en ellas, al tiempo que estamos en el furgón de cola de la inversión social pero, sin embargo, es en esta donde se aplican los recortes.</p>
<p><strong>Paco Segura</strong></p>
<p><a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/alternativas-a-un-transporte-petro-dependiente/" target="_blank" rel="noopener noreferrer"><em>Alternativas a un transporte eco-dependiente</em></a>, núm. 118, pp. 109-118.</p>
<p>Si hay un sector en el que la disminución de disponibilidad de petróleo y el fuerte aumento de su precio van a tener consecuencias críticas, sin duda es el del transporte. Y es que no basta solo con que se mejore su eficiencia algo deseable, sino que necesitamos una drástica reducción neta en el consumo de recursos. Urge, por tanto, encontrar alternativas viables y sostenibles a este transporte tan petro-dependiente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><em><strong>Curso de Economía. Universidad del Barrio</strong></em></h3>
<p><em>Movilidad urbana en clave sostenible</em> <img decoding="async" class="size-medium wp-image-120379 alignleft" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2019/05/Uni-Mov-Urbana-1-300x273.jpg" alt="" width="300" height="273" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2019/05/Uni-Mov-Urbana-1-300x273.jpg 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2019/05/Uni-Mov-Urbana-1-768x698.jpg 768w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2019/05/Uni-Mov-Urbana-1-1024x930.jpg 1024w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2019/05/Uni-Mov-Urbana-1-600x545.jpg 600w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2019/05/Uni-Mov-Urbana-1-64x58.jpg 64w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2019/05/Uni-Mov-Urbana-1.jpg 1280w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></p>
<p>Sesión del <em>Curso de Economía</em> coordinado por <a href="http://www.fuhem.es/ecosocial/" target="_blank" rel="noopener noreferrer">FUHE</a><a href="http://www.fuhem.es/ecosocial/" target="_blank" rel="noopener noreferrer">M Ecosocial</a>, <a href="https://ecosfron.org/" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Economistas sin Fronteras</a> y el <a href="http://www.elsalmoncontracorriente.es/" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Salmón Contracorriente</a>.en el <a href="https://www.teatrodelbarrio.com/" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Teatro del Barrio</a></p>
<p>Las políticas de ordenación del territorio tienen un impacto altísimo en la configuración de las ciudades. Establecen prioridades en nuestras formas de estar en la ciudad &#8211; estableciendo prioridades entre tráfico rodado o peatonal, entre parques habitables y paseables frente a junglas de asfalto &#8211; además de impactar directamente en nuestros hábitos de salud.</p>
<p>La bicicleta es una de las luchas perennes de los colectivos ecologistas, que poco a poco, ha ido ganando terreno en la forma en que nos movemos. Sin embargo, han aparecido también otras formas de moverse como patinetes o bicicletas compartidas.</p>
<p>En esta sesión se habló de cómo el transporte configura nuestras ciudades y sus consecuencias a la hora de relacionarnos con los demás y nosotras mismas. Para ello contamos con la presencia de:</p>
<p>&#8211; <strong>Pilar Vega</strong>, profesora de geografía de la UCM.</p>
<p>&#8211; <strong>Juan Bárcena</strong>, responsable del área de calidad del aire de <a href="https://www.ecologistasenaccion.org" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Ecologistas en Acción</a></p>
<p>Moderado: <strong>Jose Bellver</strong>, <a href="http://www.fuhem.es/ecosocial/" target="_blank" rel="noopener noreferrer">FUHEM Ecosocial</a>.</p>
<p>A continuación ofrecemos el video completo de la sesión:</p>
<p>&nbsp;</p>
<div align="center"><iframe src="https://www.youtube.com/embed/VWIuYEa-RRU" width="660" height="415" frameborder="0" allowfullscreen="allowfullscreen"></iframe></div>
<p>&nbsp;</p>
<h3><em><strong>Situación del Mundo 2016 Ciudades Sostenibles. Del sueño a la acción</strong></em></h3>
<p><em><img decoding="async" class="size-medium wp-image-125099 alignleft" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2016/10/Situacion_Mundo_2016-198x300.jpg" alt="" width="198" height="300" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2016/10/Situacion_Mundo_2016-198x300.jpg 198w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2016/10/Situacion_Mundo_2016-676x1024.jpg 676w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2016/10/Situacion_Mundo_2016-600x909.jpg 600w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2016/10/Situacion_Mundo_2016-64x97.jpg 64w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2016/10/Situacion_Mundo_2016.jpg 750w" sizes="(max-width: 198px) 100vw, 198px" /></em></p>
<p><strong><em>Tom Prugh y Michael Renner</em></strong><em>, </em></p>
<p><a href="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/09/Ciudades-emisiones-T.Prugh-M.Renner-SituacionMundo2016.pdf" target="_blank" rel="noopener noreferrer"><em>Ciudades y emisiones de gases de efecto invernadero</em></a></p>
<p>Al menos desde 2008, las ciudades albergan a la mitad, o más, de toda la humanidad, una proporción que sigue creciendo. Las ciudades también representan más del 80% del producto interior bruto (PIB) y alrededor del 70% del consumo energético y las emisiones de gases de efecto invernadero mundiales, que incluye las procedentes de los modelos de transporte y los patrones de asentamiento. Estos pueden favorecer el uso del automóvil tiende al alentar una dispersión urbanística, mientras que un desarrollo urbanístico más denso fomenta que muchos habitantes urbanos puedan prescindir del coche y posibilita un transporte público más eficiente.</p>
<p><strong>Michael Renner</strong></p>
<p><a href="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/09/Apoyar-un-transporte-sostenible-M.Renner-SituacionMundo2016.pdf" target="_blank" rel="noopener noreferrer"><em>Apoyar un transporte sostenible.</em></a></p>
<p>El transporte —el movimiento de personas y de mercancías— es la savia de una ciudad. Pero hacer a una ciudad demasiado dependiente del transporte motorizado puede ocasionar multitud de problemas de diferente índole: atascos en la circulación y accidentes mortales, una contaminación atmosférica debilitante y la pérdida de tierras valiosas sepultadas por calles, autopistas y aparcamientos. Unos sistemas de transporte basados en el coche y el camión corren el riesgo de convertirse en arterias obstruidas: son perjudiciales no solo para la vitalidad y el atractivo de las ciudades, sino también para la salud de los habitantes urbanos, la calidad ambiental local y el clima global.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><em><strong>Tiempo de Actuar</strong></em></h3>
<p>Blog de FUHEM para compartir recursos didácticos para afrontar la crisis de convivencia entre las personas y con el entorno, para dotar de herramientas alprofesorado y alumnado para comprender, estar en el mundo, y también para convertirse en un agente de cambio activo en él.</p>
<header class="entry-header">
<h4 class="entry-title"><a title="Enlace permanente a Ride a bike!" href="https://tiempodeactuar.es/blog/ride-a-bike/" rel="bookmark noopener" target="_blank">Ride a bike!</a></h4>
<div class="entry-summary">Publicada en <a title="11:25" href="https://tiempodeactuar.es/blog/ride-a-bike/" rel="bookmark noopener" target="_blank"> <time class="entry-date updated" datetime="2020-06-04T11:25:53+02:00">04/06/2020</time> </a> <span class="byline"> de <span class="author vcard"> <a class="url fn n" title="Ver todos los mensajes por Jose Bellver" href="https://tiempodeactuar.es/blog/author/jbellverfuhem-es/" rel="author noopener" target="_blank">Jose Bellver</a> </span></span><br />
<img decoding="async" class=" wp-image-135743 alignleft" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/09/ride-a-bike-450x278.jpg" alt="" width="321" height="198" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/09/ride-a-bike-450x278.jpg 450w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/09/ride-a-bike-300x185.jpg 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/09/ride-a-bike-768x475.jpg 768w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/09/ride-a-bike-600x371.jpg 600w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/09/ride-a-bike-64x40.jpg 64w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/09/ride-a-bike.jpg 1024w" sizes="(max-width: 321px) 100vw, 321px" />Técnica sobre transporte y movilidad, desarrollada por Itziar Segura Pérez del colegio Hipatia-FUHEM, que pueden ser de utilidad para diversas asignaturas, como son Educación física, Valores, Ciencias sociales e Inglés, en 2º de Primaria.</div>
<div class="entry-summary">Los objetivos de esta técnica van desde el dar a conocer al alumnado las normas básicas de circulación y seguridad vial, hasta una visión del modelo de movilidad predominante, sus principales problemas asociados y sus alternativas en términos de salud, equidad y sostenibilidad. Como consecuencia, se contribuye, mediante las actividades sugeridas, a fomentar un tipo de movilidad más consciente con las personas y el entorno que prime alternativas no motorizadas como el transporte en bicicleta, en patines o a pie.</div>
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<h4 class="entry-title"><a title="Enlace permanente a ¡A por un aire limpio!" href="https://tiempodeactuar.es/blog/a-por-un-aire-limpio/" rel="bookmark noopener" target="_blank">¡A por un aire limpio!</a></h4>
<div class="entry-meta">Publicada en <a title="7:05" href="https://tiempodeactuar.es/blog/a-por-un-aire-limpio/" rel="bookmark noopener" target="_blank"> <time class="entry-date updated" datetime="2019-05-09T07:05:04+02:00">09/05/2019</time> </a> <span class="byline"> de <span class="author vcard"> <a class="url fn n" title="Ver todos los mensajes por MONICA DI DONATO" href="https://tiempodeactuar.es/blog/author/mdidonatofuhem-es/" rel="author noopener" target="_blank">MONICA DI DONATO</a> </span> </span></div>
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<div class="entry-summary">
<p><img decoding="async" class=" wp-image-135744 alignleft" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/09/a-por-aire-limpio.png" alt="" width="270" height="270" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/09/a-por-aire-limpio.png 150w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/09/a-por-aire-limpio-100x100.png 100w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/09/a-por-aire-limpio-64x64.png 64w" sizes="(max-width: 270px) 100vw, 270px" /></p>
<p>Respirar aire limpio y sin riesgos para la salud debería ser un derecho inalienable de todo ser humano. Está demostrado que la contaminación atmosférica es un problema con una fuerte vertiente local, pero también una magnitud planetaria, ya que los contaminantes pueden viajar largas distancias. El origen de este problema en nuestras ciudades se encuentra, principalmente, en las emisiones originadas por el tráfico rodado, a lo que se suman en mucha menor proporción las causadas por las calefacciones, así como las ocasionadas por el tráfico marítimo y aéreo en aquellas ciudades que disponen de puerto y/o aeropuertos próximos</p>
<p>&nbsp;</p>
</div>
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		<title>La Marca España ante la emergencia ambiental</title>
		<link>https://www.fuhem.es/2020/01/31/lectura-recomendada-la-marca-espana-ante-la-emergencia-ambiental/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 31 Jan 2020 08:52:20 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Lecturas recomendadas]]></category>
		<category><![CDATA[Cambio climático]]></category>
		<category><![CDATA[Contaminación]]></category>
		<category><![CDATA[destacadasecosocial]]></category>
		<category><![CDATA[Emergencia climática]]></category>
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					<description><![CDATA[Análisis de Greenpeace sobre la contribución de algunas empresas eepresentativas del panorama económico español para evitar la degradación ambiental del planeta.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong><img decoding="async" class="alignright size-medium wp-image-131574" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/02/marca-Esp-Greenpeace-450x635.jpg" alt="" width="450" height="635" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/02/marca-Esp-Greenpeace-450x635.jpg 450w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/02/marca-Esp-Greenpeace-300x423.jpg 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/02/marca-Esp-Greenpeace-64x90.jpg 64w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/02/marca-Esp-Greenpeace.jpg 500w" sizes="(max-width: 450px) 100vw, 450px" />Lectura Recomendada</strong></p>
<p>La recomendación de hoy es el lnforme de Greenpeace: <a href="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/02/Informe_Empresas_Marca_España.pdf" target="_blank" rel="noopener noreferrer"><em>La “Marca España” ante el reto de la emergencia ambiental. Análisis del cumplimiento de la Ley 11/2018, de 28 de diciembre, sobre Información no Financiera y Diversidad.</em></a></p>
<p>En un momento de emergencia climática como el actual, en el que la reducción de emisiones contaminantes y frenar la pérdida de biodiversidad es una necesidad incuestionable, <a href="https://es.greenpeace.org/es/" target="_blank" rel="noopener">Greenpeace</a><strong> ha analizado la contribución de algunas de las empresas más representativas del panorama económico español a los esfuerzos para evitar la degradación ambiental del planeta.</strong> Este grupo de 23 empresas, que bien podrían representar el concepto de “Marca España”, pueden ofrecer una muestra de cómo de concienciada está la clase empresarial del país ante un problema que hay quien quiere ver como una responsabilidad del Gobierno o de la ciudadanía.</p>
<blockquote><p><strong><em>“La ley no busca no solo busca información sobre las emisiones de los edificios de las empresas, sino el impacto global de su actividad”</em></strong></p></blockquote>
<p>Cuando se habla de reducir emisiones, es el sector económico en buena medida el principal responsable y en consecuencia el que más tiene esforzarse y adaptarse para el cambio, pero ¿se está adaptando el sector económico español al cambio? ¿está analizando su contribución al problema? A estas y otras preguntas pretende dar respuesta el Estado de Información No Financiera (EINF) de las empresas, donde deben recoger diferentes aspectos de su actividad, entre otras cuestiones, sobre asuntos medioambientales.</p>
<p>Esta ley incorpora al Derecho español la <a href="https://eur-lex.europa.eu/legal-content/ES/TXT/PDF/?uri=CELEX:32014L0095&amp;from=ES" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Directiva 2014/95/UE del Parlamento Europeo y del Consejo</a>, de 22 de octubre de 2014 exige a empresas grandes que de forma anual publiquen los impactos y riesgos que sus actividades tienen para el medioambiente, así como qué hacen para corregir esta situación. Es fundamental aclarar que la ley no busca solo información relativa a, por ejemplo, emisiones de oficinas y vehículos de una compañía sino el impacto global de la actividad, es decir, las consecuencias que tiene la producción de carne en la deforestación del planeta o el impacto generado con la financiación de una central térmica.</p>
<p>La Ley establece que el <strong>Estado de Información No Financiera &#8211; EINF</strong> consolidado incluirá información significativa sobre cuestiones medioambientales:</p>
<ul>
<li>Información detallada sobre los <strong>efectos actuales y previsibles de las actividades de la empresa en el medio ambiente</strong> y en su caso, la salud y la seguridad, los procedimientos de evaluación o certificación ambiental; los recursos dedicados a la prevención de riesgos ambientales; la aplicación del principio de precaución, la cantidad de provisiones y garantías para riesgos ambientales.</li>
</ul>
<ul>
<li><strong>Contaminación</strong>: medidas para prevenir, reducir o reparar las emisiones de carbono que afectan gravemente el medio ambiente; teniendo en cuenta cualquier forma de contaminación atmosférica específica de una actividad, incluido el ruido y la contaminación lumínica.</li>
</ul>
<ul>
<li><strong>Economía circular y prevención y gestión de residuos</strong>: medidas de prevención, reciclaje, reutilización, otras formas de recuperación y eliminación de residuos; acciones para combatir el desperdicio de alimentos.</li>
<li><strong>Uso sostenible de los recursos</strong>: el consumo de agua y el suministro de agua de acuerdo con las limitaciones locales; consumo de materias primas y las medidas adoptadas para mejorar la eficiencia de su uso; consumo, directo e indirecto, de energía, medidas tomadas para mejorar la eficiencia energética y el uso de energías renovables.</li>
<li><strong>Cambio climático</strong>: los elementos importantes de las emisiones de gases de efecto invernadero generados como resultado de las actividades de la empresa, incluido el uso de los bienes y servicios que produce; las medidas adoptadas para adaptarse a las consecuencias del cambio climático; las metas de reducción establecidas voluntariamente a medio y largo plazo para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y los medios implementados para tal fin.</li>
</ul>
<ul>
<li><strong>Protección de la biodiversidad</strong>: medidas tomadas para preservar o restaurar la biodiversidad; impactos causados por las actividades u operaciones en áreas protegidas.</li>
</ul>
<p>Igualmente, aportará información sobre subcontratación y proveedores: la inclusión en la política de compras de cuestiones sociales, de igualdad de género y ambientales; consideración en las relaciones con proveedores y subcontratistas de su responsabilidad social y ambiental; sistemas de supervisión y auditorías y resultados de estas.</p>
<p>Más información sobre el informe en la <a href="https://es.greenpeace.org/es/sala-de-prensa/informes/la-marca-espana-ante-el-reto-de-la-emergencia-ambiental/" target="_blank" rel="noopener noreferrer">web de Greenpeace</a>:</p>
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