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	<title>Crisis ambiental &#8211; FUHEM</title>
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		<title>Más allá del ser humano: cómo el derecho puede transformar nuestra relación con la tierra</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 03 Nov 2024 09:29:21 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[El derecho en la construcción de una conciencia ecológica para habitar desde una relación armónica con la naturaleza.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><img fetchpriority="high" decoding="async" class="alignright size-thumbnail wp-image-163513" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2024/10/papeles-167-justicia-ecologica-300x424.jpg" alt="" width="300" height="424" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2024/10/papeles-167-justicia-ecologica-300x424.jpg 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2024/10/papeles-167-justicia-ecologica-450x636.jpg 450w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2024/10/papeles-167-justicia-ecologica-768x1086.jpg 768w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2024/10/papeles-167-justicia-ecologica-350x495.jpg 350w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2024/10/papeles-167-justicia-ecologica-600x848.jpg 600w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2024/10/papeles-167-justicia-ecologica-64x90.jpg 64w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2024/10/papeles-167-justicia-ecologica.jpg 1006w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" />La sección <strong>A FONDO</strong> del <a href="https://www.fuhem.es/2024/11/04/papeles-167-la-tierra-clama-justicia-ecologica/" target="_blank" rel="noopener">número 167</a> de la revista <a href="https://www.fuhem.es/revista-papeles/" target="_blank" rel="noopener"><em>Papeles de relaciones ecosociales y cambio global</em></a> ofrece un artículo de Digno Montalván Zambrano<sup>1</sup> titulado: «Más allá del ser humano: cómo el derecho puede transformar nuestra relación con la tierra», que examina cómo el derecho puede ayudarnos a enfrentar la crisis ecológica, tomando como ejes tres enfoques: el antropocentrismo, el biocentrismo y el ecocentrismo, sus traducciones jurídicas y posibles limitaciones. Finalmente defiende la idea de que el derecho puede aportar en la construcción de una nueva conciencia ecológica que nos permita habitar desde una relación horizontal y armónica con la naturaleza.</p>
<p>A continuación, ofrecemos el texto completo del artículo, al final del cual estará disponible el link al texto en formato pdf.</p>
<blockquote><p><em><strong>Los cada vez más pronunciados efectos del calentamiento global y la falta de acuerdos sólidos para combatirlo, han dado cuenta de la doble dimensión de la crisis ecológica que vivimos. </strong></em></p></blockquote>
<p>En primer lugar, enfrentamos una «crisis» climática. Hemos dañado gravemente el planeta y ahora asistimos a los síntomas abruptos de la enfermedad crónica que hemos provocado. Pero también atravesamos una <em>«krisis»<sup>2</sup> civilizatoria. En esta segunda dimensión, la <em>«Krisis»</em> nos ofrece un espacio para repensar el paradigma civilizatorio antropocéntrico e insostenible que nos ha gobernado hasta ahora y decidir avanzar hacia una nueva forma de ser y estar en el planeta que tenga en cuenta nuestra interdependencia con el mundo no humano.</em></p>
<p>Si bien los datos científicos nos permiten describir la «crisis» climática y sus efectos, una auténtica solución a este problema requiere de un cambio de paradigma que asuma el momento de <em>«Krisis»</em> civilizatoria que atravesamos. Se necesitan nuevas consciencias y formas del ver mundo que nos ayuden a superar la visión utilitarista y economicista con la que nos hemos relacionado con la naturaleza. Esto, como es evidente, no es una tarea fácil, sin embargo, pequeños destellos de transformación se han logrado a partir del uso de una herramienta insospechada, el derecho.</p>
<p>El derecho juega un papel activo en la formación de conciencias. A través de la ley determinamos lo que es correcto o incorrecto, lo permitido y lo prohibido, lo reprochable moralmente y aquello que consideramos justo o deseable. El derecho no solo regula subjetividades, también las construye. Hasta hace relativamente poco, el derecho entendía a todo lo no-humano como cosas carentes de valor intrínseco, simples bienes apropiables por el ser humano para su uso. Esta aproximación ayudó a legitimar actitudes depredadoras hacia el ambiente, amparadas en un falso modelo de desarrollo antropocéntrico, consumista e individualista. Así, se normalizó la idea de que con el intercambio de papeles y firmas podemos reclamar la propiedad individual y el uso indiscriminado de elementos de la naturaleza que han estado allí millones de años antes que nosotros. Esto, por fortuna, parece estar cambiando.</p>
<p>En las últimas décadas, la crisis ecológica ha reabierto la discusión filosófica, política y jurídica sobre nuestra relación con la naturaleza. Diversas teorías se han aproximado a este debate, todas ellas agrupadas en alguno de los siguientes tres grandes marcos de pensamiento: el antropocentrismo, el biocentrismo y el ecocentrismo . Mientras el primero defiende la centralidad del ser humano en nuestros debates sobre el valor del ambiente, los otros sostienen que hay argumentos fuertes para establecer que el centro de valoración no debe estar en el ser humano, sino en los seres que tienen vida (biocentrismo) o en las interrelaciones entre la materia inerte y viva que hacen posible la existencia en este planeta (ecocentrismo).</p>
<p>En este trabajo expondré cuáles son las diferencias entre cada uno de estos tres marcos de pensamiento, sus traducciones jurídicas y las oportunidades o limitaciones que ofrecen para la construcción de una nueva civilización ecológica.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h5><strong>Antropocentrismo y derecho: ¿un ambiente para el ser humano?</strong></h5>
<p>El término antropocentrismo tiene dos dimensiones, una epistémica y otra moral. Por un lado, el antropocentrismo epistémico describe el hecho de que las reflexiones sobre el valor de la naturaleza las hace el ser humano.<sup>3</sup> Esta forma de antropocentrismo no puede ni debe ser rechazada. El debate sobre el valor de la naturaleza se da siempre a través de mediaciones humanas y, en este sentido, es inevitablemente antropocéntrico.<sup>4</sup> Por otro lado, el antropocentrismo moral refleja la doctrina según la cual los seres humanos constituyen la sede y medida de todo valor. Una visión dualista que sustenta la consideración de estos como amos y señores absolutos de los recursos naturales que nutren sus procesos productivos e idea de desarrollo.<sup>5</sup> Bajo esta perspectiva, la naturaleza es vista como una cosa, un objeto sin valor intrínseco y, por ello, completamente subordinado a los intereses de los seres humanos. Mientras el antropocentrismo epistémico es ineludible, el antropocentrismo moral no solo puede, sino que debe superarse si queremos construir una nueva consciencia ecológica.</p>
<p>La literatura especializada suele dividir al antropocentrismo moral en grados, aquellos «fuertes o excluyentes» y otros «débiles o moderados». El antropocentrismo fuerte sería aquel que niega toda consideración ética o moral a las entidades no-humanas y promueve su explotación ilimitada, mientras el antropocentrismo débil reconocería un grado de consideración moral para ciertos elementos de la naturaleza, pero en función de su relevancia para el cumplimiento de fines e intereses humanos. Si bien esta división mencionada suele ser ampliamente aceptada en la literatura especializada, resulta poco precisa, pues esconde las líneas de continuidad entre ambas formas de antropocentrismo. Aunque diversos autores se han esmerado en dosificar las posiciones antropocéntricas clasificándolas entre excluyentes/fuertes o débil/moderadas, dicha protección es siempre utilitarista, es decir, se justificará en razón de las necesidades terapéuticas, estéticas, biológicas o económicas que la naturaleza satisface para el ser humano. Como recoge Costa, el imperativo ecológico que las resume vendría a adoptar la formulación siguiente: «en interés de la humanidad, protege y preserva la naturaleza».<sup>6</sup></p>
<p>Por lo anterior, sostengo, el antropocentrismo moral no se divide en excluyente y moderado, pues todas las formas de antropocentrismo moral son excluyentes, en la medida que mantienen en el centro al ser humano y separan del circulo de la moralidad a seres no humanos. Esto es así, incluso en aquellas posturas que reconocen deberes indirectos hacia la naturaleza. En estos casos, lejos de lo que pretende indicar el adjetivo «débil», nuestra vulnerabilidad frente al ambiente no «debilita» ni «modera» la centralidad del humano, sino, por el contrario, la refuerza. Esta fragilidad se traduce en estrategias para acelerar nuestro avance científico y disminuir los riesgos de nuestra vida sobre el planeta.</p>
<blockquote><p><strong>El antropocentrismo moral no se divide en excluyente y moderado, pues todas las formas de antropocentrismo moral son excluyentes </strong></p></blockquote>
<p>Dentro del discurso jurídico, el modelo antropocéntrico de protección del ambiente se plasmó en la visión clásica del derecho humano a un ambiente sano. Este derecho considera a la protección del ambiente como un elemento <em>sine qua non</em> para el disfrute de los derechos humanos. Es decir, busca proteger aquellos «recursos» naturales que se consideran indispensables para la protección y desarrollo de los derechos del ser humano.<sup>7</sup> Si bien la defensa de este derecho ha permitido logros importantes en la protección del ambiente, su capacidad para generar cambios que integren a la naturaleza como un participante activo de la discusión sigue siendo limitada.</p>
<p>En la protección del derecho humano a un ambiente sano, se tiende a priorizar soluciones económicas y regulatorias frente a un reconocimiento más profundo del valor intrínseco de los ecosistemas.<sup>8</sup> Estos análisis costo-beneficio, a su vez, suelen estar sesgados en contra de la regulación ambiental, al minimizar los beneficios ecológicos difíciles de valorar y exagerar los costos de cumplir con las regulaciones.<sup>9</sup> El tradicional derecho humano antropocéntrico a un ambiente sano expresa, de esta forma, un optimismo cientificista que pretende, a través del derecho, convertir a la inevitable incertidumbre ecológica en un lenguaje de probabilidades numéricas. Así, el fracaso en la gestión y el control de los procesos y riesgos naturales no es atribuido a un problema civilizatorio, sino a un problema de falta de conocimientos o competencia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h5><strong>Un enfoque biocéntrico: ¿pueden los animales o las plantas tener derechos?</strong></h5>
<p>El biocentrismo se opone al antropocentrismo, pues no sitúa al ser humano como el eje único de nuestras preocupaciones sobre la naturaleza. En su lugar, propone ubicar en el centro a los seres vivos, en tanto individuos, para, a partir de ello, dar cuenta de que hay razones suficientes para otorgar igual consideración moral a ciertos no-humanos. Por un lado, a diferencia de las posturas antropocéntricas, el biocentrismo busca la preservación de los seres vivos por el interés que poseen ellos mismos y no por su utilidad para el ser humano. Por otro lado, a diferencia del ecocentrismo, el biocentrismo sitúa el estatus moral en las criaturas individuales y no en los sistemas ecológicos . Es decir, los biocentristas no son holistas, no consideran que los sistemas ecológicos son relevantes en sí mismos, sino solo en la medida en que protegen o hacen posible las vidas individuales que hay en ellos.<sup>10</sup> En otras palabras, no consideran moralmente relevantes a las especies en tanto conjunto, sino a los animales individualmente considerados; tampoco al bosque, sino al árbol, en singular.</p>
<p>Existen diversas formas de biocentrismo y cada una de ellas tiene su propio criterio al momento de definir qué es una vida moralmente relevante y capaz de merecer derechos. Para algunos vivir una vida implica poder experimentar placer y dolor (sensocentrismo), para otros, poseer facultades cognitivas que te permitan ser consciente de que experimentas una vida (cognitivismo) y, para un último grupo, tener impulsos latentes, consientes o no, que muestren un esfuerzo por perseverar o preservarse (<em>conatus</em>).</p>
<p>Por un lado, el biocentrismo sensocentrista valoriza al animal sintiente atribuyéndole importancia moral a partir de su cercanía con la capacidad humana de experimentar placer o dolor. El filósofo australiano Peter Singer, considerado el padre fundador del movimiento animalista moderno,<sup>11</sup> sostiene que si hay ciertos animales que, al igual que nosotros, pueden sentir, la separación de estos de la comunidad moral constituye un prejuicio irracional al que denomina «especismo».<sup>12</sup> Este ha sido el punto de partida para que otros autores como Tom Regan propongan la idea de los derechos de los animales, desde una aproximación deontológica y cognitivista. Para este autor, la capacidad de experimentar una vida es una característica habilitante para ser sujeto de derechos. A su vez, experimentar una vida requiere de un grado de consciencia que va más allá de la mera capacidad de sentir placer o dolor. Así, por ejemplo, podríamos afirmar con seguridad que una rana puede experimentar dolor, pero no que tiene una capacidad cognitiva tal que le permita razonar, tener intereses o dar cuenta de su propia existencia. Por ello, sostiene Regan, si ciertos seres no-humanos, como los mamíferos mayores de un año, tienen un grado de consciencia y, por tanto, al igual que nosotros, la capacidad de experimentar una vida, no existe argumento alguno que justifique negarles derechos morales.<sup>13</sup></p>
<blockquote><p><strong>A diferencia del ecocentrismo, el biocentrismo sitúa el estatus moral en las  criaturas individuales y no en los sistemas ecológicos </strong></p></blockquote>
<p>Por otro lado, el biocentrismo del <em>conatus</em> amplía el espectro de la moralidad hacia seres vivientes no sensibles, pero manteniendo el carácter individualista propio de todo modelo biocéntrico. El <em>conatus</em> es un concepto filosófico desarrollado principalmente por Baruch Spinoza y que significa ímpetu, impulso, esfuerzo, empeño y lucha, sin connotaciones teleológicas. Como indica Callicott, «mientras que “esforzarse” puede introducir implícitamente la noción de meta –esforzarse por o hacia algo, sea o no consciente–, perseverar puede entenderse de forma inercial: el impulso, consciente o no, de continuar o permanecer en un estado o condición existente».<sup>14 </sup>Tomando como eje la capacidad de un ente para perseverar en la vida, el biocentrismo del <em>conatus</em> se preocupa tanto por los seres vivos sintientes como por los no sintientes, como las plantas. Así, autores como Paul Taylor han usado este concepto para sostener que, si bien las plantas no tienen un sistema nervioso que les permita experimentar placer o dolor, con el crecimiento de sus raíces o tallos, dan cuenta de hay en ellas un tipo de esfuerzo por vivir, por preservarse, es decir, un <em>conatus</em>, que las hace merecedoras de consideración moral.<sup>15 </sup>Los biocentristas del <em>conatus</em>, sin embargo, no encuentran en los ecosistemas, la biosfera o la diversidad en general relevancia moral alguna; en ellos, consideran, no se expresa claramente un esfuerzo por mantenerse. Tampoco tendrían relevancia moral, por ende, la materia inerte: los ríos, las montañas o los glaciales. En ellos no parece haber <em>conatus</em> y, por tanto, desde su punto de vista, tampoco vida.</p>
<p>La única propuesta biocéntrica que ha sido trasladada al derecho es la del biocentrismo-sensocéntrico, a través del discurso por los derechos de los animales. Los casos de la orangután Sandra<sup>16</sup> y la chimpacé Cecilia<sup>17</sup> en Argentina son ejemplo de ello. En estos casos, las cortes otorgaron el estatus de «persona no humana» a estos animales, bajo el argumento de que, al igual que los seres humanos, estos grandes simios experimentan sufrimiento y pueden disfrutar conscientemente de su libertad. Así lo dijo la corte en el caso de Cecilia, al manifestar que «resulta innegable que los grandes simios, entre los que se encuentra el chimpancé, son seres sintientes por ello son sujetos de derechos no humanos».<sup>18</sup></p>
<blockquote><p><strong>El punto de partida del modelo biocéntrico sensocentrista está lleno de antropocentrismo, una vez que exige de los otros seres lo que nosotros poseemos</strong></p></blockquote>
<p>Los casos de la orangután Sandra y la chimpancé Cecilia ilustran los aportes del biocentrismo en la ampliación de la comunidad de justicia y, por ende, en el reconocimiento de derechos más allá del ser humano. Sin embargo, su alcance sigue siendo limitado. El punto de partida del modelo biocéntrico sensocentrista está lleno de antropocentrismo, una vez que exige de los otros seres lo que nosotros poseemos  (capacidad de sentir o consciencia), «humanizándolos» hasta que puedan ser aceptados en nuestro círculo moral. La antropomorfización de los animales en esta forma de biocentrismo puede llegar al extremo de depositar en ellos ya no solo derechos sino, también, obligaciones. Así lo proponen Sue Donaldson y Will Kymlicka en su libro <em>Zoópolis</em>, al definir a los animales como ciudadanos con diferentes derechos y responsabilidades: los animales domésticos serían ciudadanos plenos que deben cumplir con el deber de alimentarse a partir de una dieta vegana (al margen de la dieta natural del animal); los animales salvajes serían gobernantes de sus territorios que, en caso de aproximarse peligrosamente a nuestros dominios humanos, pueden ser considerados enemigos-invasores; y los animales liminales o fronterizos serían migrantes con unos pocos derechos, fácilmente revocables.<sup>19</sup> De esta forma, los comportamientos que deben tener los animales son designados tomando como parámetro de referencia ya no solo la capacidad de sentir o razonar del ser humano, sino, yendo mucho más allá, la organización social que este ha ideado.</p>
<p>El problema de la antropomorfización de los animales que implica la propuesta biocéntrica no radica solo en quitar lo «animal» de los animales, sino, además, en no cuestionar lo «humano» en los seres humanos. El discurso biocéntrico por los derechos de los animales no propone romper el marco desde el que el derecho entiende al ser humano, sino, únicamente, indicar que ese marco se aplica de forma incoherente o discriminatoria.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h5><strong>Un enfoque ecocéntrico: ¿pueden los ecosistemas tener derechos?</strong></h5>
<p>El término «ecocentrismo», al contrario del individualismo biocéntrico y del antropocentrismo, ve al ser humano como parte de un mundo que comparte con otras especies y un sustrato físico que soporta y hace posible la vida. En su formulación jurídica, el ecocentrismo no limita los derechos a los animales, sino que los reconoce también para las plantas y los seres microscópicos e incluso para la materia inerte como los ríos, glaciales y montañas.</p>
<p>Aunque en su origen el ecocentrismo se utilizó para describir las éticas ambientales de carácter holista formuladas desde Occidente y en las cuales el discurso científico tiene un papel protagónico, la expansión de este enfoque ha llevado a que se relacione al ecocentrismo con prácticas ancestrales de pueblos indígenas y religiones no judeo-cristianas de todo el mundo. Por lo anterior, no existe una forma de ecocentrismo, sino diversos ecocentrismos.</p>
<p>En primer lugar, existen propuestas ecocéntricas-conservacionistas que otorgan a la ciencia ecológica, biológica o de los sistemas terrestres la última palabra en la determinación de lo que es la naturaleza y nuestras obligaciones morales hacia ella. Este es, por ejemplo, el enfoque del filósofo estadounidense Baird Callicott, quien, siguiendo el pensamiento del conservacionista Aldo Leopold,<sup>20</sup> propuso una ética de la tierra por la cual los hechos otorgados por la ciencia ecológica sirvan como la fuente de sentimientos morales adecuados para la preservación de la naturaleza y el reconocimiento de su valor intrínseco.<sup>21</sup> Este pensamiento ecocéntrico-conservacionista, a su vez, ha derivado en propuestas específicas dentro del campo jurídico. Así, el <em>momemtum</em> ecológico provocado por el conservacionismo estadounidense en la década de los setenta inspiró la que es considerada la primera obra jurídica en plantear la idea de los derechos de la naturaleza, el ensayo del año 1972, <em>Should Trees Have Standing,</em> del profesor estadounidense Chistopher D. Stone.<sup>22</sup> A partir de las ideas de este libro, se promulgó, en el 2006, la primera legislación cercana a la idea de los derechos de la naturaleza en un municipio de 7 000 habitantes en Estados Unidos.<sup>23</sup></p>
<p>En segundo lugar, el «ecocentrismo religioso» representa a aquellas posturas que, reinterpretando los textos judeo-cristianos o acudiendo a otras religiones como el budismo, el hinduismo o el taoísmo, han buscado desmontar la tradicional narración religiosa del ser humano como el fin último de la creación. En lo jurídico, el modelo ecocéntrico religioso fue implementado en la sentencia de la Corte Suprema de Uttarakhand-India que reconoció a los ríos Ganges y Yamuna como personas jurídicas con derechos propios.<sup>24</sup> En esta sentencia, la Corte dio cuenta de que la legislación y jurisprudencia de la India ya reconocía personalidad jurídica a ídolos religiosos del hinduismo (como templos), razón por la cual, teniendo en cuenta que los ríos Ganges y Yamuna son venerados como divinidades dentro del hinduismo, resultaba razonable considerarlos también personas «jurídicas/legales/entidades vivas con todos los derechos, deberes y responsabilidades correspondientes de una persona viva».<sup>25</sup> Otro ejemplo de este modelo es la obra del sacerdote católico estadounidense Thomas Berry, quien, a partir de una reinterpretación de la idea de la creación del cristianismo, propuso ver al propio universo como la primera comunidad sagrada.<sup>26</sup> Inspirando en la propuesta de Berry, el profesor sudafricano Cormac Cullinan en su libro <em>Derecho Salvaje</em>, establece que para redescubrir la jurisprudencia de la tierra y desarrollar formas apropiadas para nuestra época es esencial comenzar por observar las leyes dictadas por lo que él denomina el Gran Derecho, es decir, los principios fundamentales que rigen el universo.<sup>27</sup></p>
<blockquote><p><strong>A diferencia de los ecocentrismos conservacionistas y religiosos, el ecocentrismo descolonial se forma de abajo a arriba, a partir de las prácticas de los pueblos indígenas</strong></p></blockquote>
<p>Por último, lo que defino como ecocentrismo descolonial, representa a aquellas cosmovisiones, propias de pueblos indígenas y comunidades locales de alrededor del mundo, para las cuales la relación de horizontalidad con la naturaleza nace de la identificación ontológica con sus territorios. A diferencia de los ecocentrismos conservacionistas y religiosos cuyas éticas se forman de arriba hacia abajo, es decir, a partir del trabajo de científicos o teólogos altamente especializados, el ecocentrismo descolonial se forma de abajo hacia arriba, esto es, a partir de las prácticas de los pueblos indígenas  y comunidades locales, sostenidas en el tiempo y que develan una relación de armonía con la naturaleza.</p>
<p>Formas de ecocentrismo descolonial han derivado en el reconocimiento de derechos de la naturaleza. Es el caso de la lucha por el reconocimiento de los derechos de la <em>Pachamama</em> consagrados en la Constitución de Ecuador del 2008.<sup>28</sup> <em>Pachamama</em> es un concepto indígena-<em>kichwa</em> que ha sido traducido como «Madre Tierra» y que expresa la relación espiritual que tienen los pueblos indígenas con su territorio. Otro caso de ecocentrismo descolonial fue la ley de Nueva Zelanda que reconoció al río Whanganui como sujeto de derechos. Este caso fue fruto de una disputa de siglos impulsada por el pueblo maorí para el reconocimiento de sus derechos territoriales. Producto de esta lucha, en el 2014, la Corona y las tribus maoríes suscribieron un acuerdo en el cual se consagró al <em>Te Awa Tupua, </em>esto es, la río Whanganui en su totalidad, comprendiendo sus elementos físicos y espirituales, como persona legal con derechos inherentes. En marzo del 2017 este acuerdo se elevó a rango de Ley,<sup>29</sup> siendo considerado y celebrado como el primer caso en el que se aplican los derechos de la naturaleza a escala global.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h5><strong>A modo de conclusi</strong><strong>ó</strong><strong>n: </strong><strong>¿qué derecho, para qué mundo? </strong></h5>
<p>Como expuse al inicio de este trabajo, el derecho tiene un rol activo en la construcción de subjetividades. Promueve formas específicas de entender el mundo, al mismo tiempo que delimita nuestros marcos de acción. Es, por tanto, un actor principal en la construcción de una nueva consciencia ecológica. En este contexto, pensar el derecho en términos antropocéntricos, biocéntricos o ecocéntricos, nos permite observar el postulado moral que promueve la norma y sus limitaciones. Así, por ejemplo, entender qué queremos decir cuando decimos que la naturaleza es un «objeto» o «sujeto» de protección jurídica, resulta fundamental para examinar la postura de cada sistema normativo frente a la <em>«Krisis»</em> civilizatoria. También lo es preguntarnos qué queremos decir cuando decimos que la naturaleza es un sujeto de derechos, un bien público o simplemente una cosa apropiable. Estas son grandes preguntas que no puedo responder a profundidad en este texto, sin embargo, me permiten introducir al lector o lectora la influencia del derecho sobre nuestra forma de ver y ser con la naturaleza.</p>
<p>En la misma línea, aunque aceptemos que la naturaleza puede ser un sujeto de derechos, sigue siendo relevante preguntarnos de qué naturaleza hablamos y quién la representa. Al respecto, creo que es especialmente relevante hablar de las naturalezas que se forman en lo humano y lo local y no, únicamente, de la se escribe en laboratorios de pensamiento y experimentación de «Occidente». Yo prefiero hablar de las naturalezas que surgen de las representaciones humanas locales, contextuales, aquí y ahora. De esta forma, la naturaleza de la que hablemos tendrá siempre un rostro humano y el humano que definamos tendrá siempre una dimensión natural.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Digno Montalván Zambrano</strong> es Investigador postdoctoral de la Universidad Carlos III de Madrid en el grupo de Investigación sobre el Derecho y la Justicia (GIDYJ).</p>
<h5>NOTAS:</h5>
<p>1 Este trabajo se ha realizado en el marco del proyecto «Ecoprudencia. Revisión de los fundamentos antropocéntricos de la teoría jurídica contemporánea ante la transición ecológica» (TED2021-132334B-I00), dirigido por José María Sauca e Isabel Wences y financiado por la Agencia Estatal de Investigación (Ministerio de Ciencia e Innovación) y por la Unión Europea (NextGenerationEU) en el marco del Plan de Recuperación, Transformación y Resilencia. Este artículo forma parte del proyecto N. 101086202 (Speak4Nature), HORIZON-MSCA-2021-SE-02, financiado por la Unión Europea. Sin embargo, los pntos de vista y las opiniones que aquí se expresan pertenecen exclusivamente a sus autores y no necesariamente reflejan los de la Unión Europea. Ni la UE ni la autoridad que concede el proyecto se hacen responsables de tales opiniones.</p>
<p>2 Retomando el origen etimológico de la palabra crisis del antiguo verbo griego «<em>krinein</em>», que significa elegir, decidir una disputa, discernir o juzgar.</p>
<p>3 Jorge Riechmann, <em>Un mundo vulnerable: ensayos sobre ecología, ética y tecnociencia</em><em>, </em>Los Libros de la Catarata, Madrid, 2000, p. 37; Andrew Dobson, <em>Green political thought</em>, 4ª ed., Routledge, Londres; Nueva York, 2007, p. 42.</p>
<p>4 Por ejemplo, este artículo ha sido escrito por un ser humano y, por ende, actuando desde un antropocentrismo epistémico inevitable.</p>
<p>5 Digno Montalván Zambrano, «Justicia ecológica», <em>EUNOMÍA. Revista en Cultura de la Legalidad</em>, núm. 18, 2020, p. 179, disponible en: <a href="https://doi.org/10.20318/eunomia.2020.5272" target="_blank" rel="noopener">https://doi.org/10.20318/eunomia.2020.5272 </a></p>
<p>6 Carlos Alberto Franco da Costa, «¿Ética ecológica o medioambiental?», <em>Acta Amazonica</em> 39, núm. 1, 2009, pp. 113-120.</p>
<p>7 Para un estudio detallado sobre la evolución de este derecho en la Corte Interamericana de Derechos Humanos se puede consultar: Digno Montalván Zambrano, «El derecho al medio ambiente sano como un derecho autónomo en el Sistema Interamericano de Derechos Humanos», <em>Anales de la Facultad de Derecho</em>, núm. 37, 2020, pp. 63-83.</p>
<p>8 Susana Borràs, «New Transitions from Human Rights to the Environment to the Rights of Nature», <em>Transnational Environmental Law</em> 5, núm. 1, 2016, pp. 113-43.</p>
<p>9 Daniel Bodansky, <em>The Art and Craft of International Environmental Law</em>, Harvard Univ. Press, Cambridge, 2010, pp. 65-66.</p>
<p>10 Robin Attfield, «Biocentrism», en <em>Encyclopedia of environmental ethics and philosophy</em>, ed. J. Baird Callicott y Robert Frodeman, Macmillan Reference, Detroit, 2009, pp. 97.</p>
<p>11 Este autor, a su vez se inspiró en el pensamiento utilitarista de Jeremy Bentham y John Stuart Mill.</p>
<p>12 Peter Singer y Paula Casal, <em>Liberación animal</em>, Editorial Trotta, Madrid, 1999, p. 42.</p>
<p>13 Tom Regan, <em>En defensa de los Derechos de los Animales</em>, Fondo de Cultura Económica, Ciudad de México, 2016, pp. 105, 212 y 230.</p>
<p>14 J. Baird Callicott, <em>Thinking like a planet</em>, Oxford Univ. Press, Oxford (Reino Unido), 2014, pp. 217-18.</p>
<p>15 Paul W. Taylor, <em>Respect for nature: a theory of environmental ethics</em>, 25th anniversary edition, Princeton University Press, Princeton, 2011.</p>
<p>16 II Cámara Federal de Casación Penal de Buenos Aires. <em>Habeas Corpus Orangutana Sandra, 68831/2014/CFC1</em>, de 18 de diciembre de 2014, disponible en: <a href="http://www.saij.gob.ar/camara-federal-casacion-penal-considera-una-orangutana-sumatra-es-sujeto-derechos-nv9953-2014-12-18/123456789-0abc-d35-99ti-lpssedadevon" target="_blank" rel="noopener">http://www.saij.gob.ar/camara-federal-casacion-penal-considera-una-orangutana-sumatra-es-sujeto-derechos-nv9953-2014-12-18/123456789-0abc-d35-99ti-lpssedadevon</a>.</p>
<p>17 Tercer Juzgado de Garantías de Mendoza. Habeas Corpus presentado por la A.F.A.D.A respecto del chimpancé Cecilia «sujeto no humano», P-72.254/15, de 3 de noviembre de 2016, disponible en el siguiente enlace: <a href="http://www.saij.gob.ar/declara-chimpance-cecilia-sujeto-derecho-humano-ordenando-su-traslado-nv15766-2016-11-03/123456789-0abc-667-51ti-lpssedadevon" target="_blank" rel="noopener">http://www.saij.gob.ar/declara-chimpance-cecilia-sujeto-derecho-humano-ordenando-su-traslado-nv15766-2016-11-03/123456789-0abc-667-51ti-lpssedadevon</a></p>
<p>18 Tercer Juzgado de Garantías de Mendoza. <em>Habeas Corpus presentado por la A.F.A.D.A respecto del chimpancé Cecilia «sujeto no humano», P-72.254/15</em>, de 3 de noviembre de 2016, p. 30.</p>
<p>19 Sue Donaldson y Will Kymlicka <em>Zoopolis: una revolución animalista</em>, Errata Naturae, Madrid, 2018.</p>
<p>20 Aldo Leopold, <em>Una ética de la tierra</em>, Los Libros de la Catarata, Madrid, 2017.</p>
<p>21 Baird Callicott, 2014, o<em>p. cit</em>.</p>
<p>22 Christopher D. Stone, <em>Should trees have standing?: toward legal rights for natural objects</em>, William Kaufmann, Inc., Los Altos, California, 1974.</p>
<p>23 El texto íntegro de la ordenanza, en inglés, se puede consultar en el siguiente enlace: <a href="http://files.harmonywithnatureun.org/uploads/upload666.pdf" target="_blank" rel="noopener">http://files.harmonywithnatureun.org/uploads/upload666.pdf</a></p>
<p>24 Corte Suprema de Uttarakhand, Writ Petition (PIL) No.126 of 2014, Sentencia de 20 de marzo de 2017: <a href="https://elaw.org/system/files/attachments/publicresource/in_Salim__riverpersonhood_2017.pdf" target="_blank" rel="noopener">https://elaw.org/system/files/attachments/publicresource/in_Salim__riverpersonhood_2017.pdf</a></p>
<p>25 <em>Ibidem</em>.</p>
<p>26 Thomas Berry, <em>The Great Work: Our Way into the Future</em>, Bell Tower, Nueva York, 1999, p. 59.</p>
<p>27 Cormac Cullinan, <em>Wild Law: A Manifesto for Earth Justice,</em> Green Books, 2ª ed. Totnes (Reino Unido), 2011.</p>
<p>28 El artículo 71 de la Constitución de Ecuador establece: «Art. 71.- La naturaleza o Pacha Mama, donde se reproduce y realiza la vida, tiene derecho a que se respete integralmente su existencia y el mantenimiento y regeneración de sus ciclos vitales, estructura, funciones y procesos evolutivos».</p>
<p>29 <em>Te Awa Tupua Act</em>. Disponible en: <a href="https://www.legislation.govt.nz/act/public/2017/0007/" target="_blank" rel="noopener">https://www.legislation.govt.nz/act/public/2017/0007/</a><br />
latest/whole.html</p>
<p>Acceso al artículo completo en formato pdf: <a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/mas-alla-del-ser-humano-como-el-derecho-puede-transformar-nuestra-relacion-con-la-tierra/" target="_blank" rel="noopener"><em>Más allá del ser humano: cómo el derecho puede transformar nuestra relación con la tierra</em></a></p>
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		<title>Ecoansiedad: de la parálisis a la acción climática y ambiental</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 19 Apr 2024 11:11:45 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Análisis]]></category>
		<category><![CDATA[Acción climática]]></category>
		<category><![CDATA[Crisis ambiental]]></category>
		<category><![CDATA[ecoansiedad]]></category>
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					<description><![CDATA[Sobre las evidencias que exponen su creciente relevancia, así como las herramientas disponibles para reducir los impactos negativos de quienes la sufren.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><img decoding="async" class="alignright wp-image-149165" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/01/160.jpg" alt="" width="360" height="507" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/01/160.jpg 1196w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/01/160-450x634.jpg 450w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/01/160-300x422.jpg 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/01/160-768x1081.jpg 768w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/01/160-1091x1536.jpg 1091w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/01/160-350x493.jpg 350w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/01/160-600x845.jpg 600w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/01/160-64x90.jpg 64w" sizes="(max-width: 360px) 100vw, 360px" />La crisis climática y ecológica no solo sitúa a las especies salvajes al borde de la extinción, arrastra a los glaciares a la desaparición y hace que podamos llevar la ropa de verano casi la mitad del año. Nuestra salud es una de las víctimas principales de este cambio climático y ambiental que hemos generado en el planeta a una velocidad récord en la historia de la humanidad. De cómo actuemos en esta década dependerá el futuro de las especies que habitan la Tierra, incluido el ser humano.</p>
<p>La revista <a href="https://www.fuhem.es/revista-papeles/" target="_blank" rel="noopener"><em>Papeles de relaciones ecosociales y cambio global</em></a> publica en su <a href="https://www.fuhem.es/papeles/papeles-numero-160/" target="_blank" rel="noopener">número 160</a> un artículo firmado por <strong>Irene Baños</strong>, periodista ambiental, que bajo el título «Ecoansiedad: de la parálisis a la acción climática y ambiental», aborda el significado del concepto, las evidencias que exponen su creciente relevancia, así como las herramientas disponibles para reducir los impactos negativos de quienes la sufren.</p>
<p>Las evidencias sobre el cambio climático se acumulan. La temperatura media mundial ha aumentado más de 1,1ºC desde la época preindustrial,<sup>1</sup> en tan solo 150 años. En España, un 70% de la población vive en zonas donde ya se ha superado el grado y medio.<sup>2</sup> A partir de los 1,5 ºC de aumento global, la comunidad científica advierte de un efecto dominó generado por el descontrol del equilibrio de los ecosistemas y los fenómenos climáticos interconectados entre sí, de los que dependemos para nuestra supervivencia. Si no cambiamos la forma de actuar actual, a finales de siglo tendremos una temperatura casi 3 ºC más alta que en torno a 1900.<sup>3</sup></p>
<p>Con cada décima que aumenta, incrementa la gravedad de los impactos en nuestra salud. En España, el número de muertes atribuibles a la temperatura entre junio y septiembre de 2022 fue casi cuatro veces superior al que se produce en un verano normal.<sup>4</sup> Los incendios y las sequías, a su vez, aumentan el riesgo de enfermedades circulatorias, respiratorias, o renales.<sup>5</sup> Además, los cambios en las condiciones ambientales de humedad y temperatura permiten la proliferación de enfermedades transmitidas por mosquitos o garrapatas, entre otros vectores.<sup>6</sup></p>
<p>Se calcula que entre 2030 y 2050 el cambio climático causará unas 250.000 defunciones adicionales al año debido a la malnutrición, la malaria, la diarrea y estrés térmico,<sup>7</sup> principalmente en los países en desarrollo, que son los que menos han contribuido históricamente a la crisis climática y, sin embargo, los más vulnerables frente a sus impactos.</p>
<p>La relación entre la salud mental y el cambio climático es menos evidente, pero cada vez hay más pruebas sustanciales al respecto. El cambio climático se asocia a una mayor frecuencia y gravedad de los fenómenos meteorológicos extremos que, a su vez, se relacionan con mayores niveles de trastorno de estrés postraumático (TEPT), depresión, ansiedad, abuso de sustancias e incluso violencia doméstica.<sup>8</sup> Las catástrofes naturales y sus consecuencias, que pueden incluso provocar desplazamientos humanos forzados, conocidos como «migraciones climáticas», también tienen efectos indirectos en las infraestructuras físicas y sociales, perturbando los sistemas educativos, médicos, económicos y de transporte. Esto se suma a la carga de estrés de los individuos que sufren los impactos climáticos y ambientales y amenaza especialmente la salud mental de las personas en condición de mayor vulnerabilidad, por ejemplo personas dependientes de cuidados.</p>
<p>A medida que los fenómenos meteorológicos relacionados con el cambio climático se intensifican y se aceleran, las repercusiones en la salud mental seguirán el mismo patrón. En junio de 2022, la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró que el cambio climático plantea graves riesgos para la salud mental y el bienestar.<sup>9</sup> Por consiguiente, la OMS insta a los países a que incluyan el apoyo a la salud mental en su respuesta a la crisis climática. Asimismo, el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) afirmó que la rapidez del cambio supone una amenaza creciente para la salud mental y el bienestar psicosocial, provocando, entre otros, trastornos que van desde el malestar emocional hasta la ansiedad, la depresión, el dolor o las conductas suicidas.<sup>10</sup></p>
<p>Ante semejante panorama, no es de extrañar que a los impactos directos y constatables de la crisis climática y ecológica se sumen emociones como el miedo, la culpa, la frustración y la angustia ante un futuro incierto y poco prometedor. Es lo que conocemos como <em>ecoansiedad</em>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4>En busca de un concepto para el malestar global</h4>
<p>La ecoansiedad es un malestar emocional significativo que incluye una amplia gama de emociones dolorosas y complejas, pero no está categorizada como una enfermedad mental. La Asociación Americana de Psicología define la ecoansiedad como «el miedo crónico a la fatalidad medioambiental», que puede incluir la respuesta a la crisis climática pero también a problemas ambientales como la pérdida de especies y la contaminación. El término «ansiedad climática», por su parte, se utiliza para describir las reacciones al cambio climático en particular.<sup>11</sup></p>
<p>En otras palabras, la ecoansiedad o ansiedad climática es un conjunto de emociones que se desarrolla en una persona al tomar conciencia de la magnitud de los impactos presentes y futuros de la crisis ambiental o climática. Entre esos sentimientos se encuentran la tristeza, la angustia, el miedo, la impotencia o la rabia. El estrés y el miedo crónicos frente a las consecuencias de un futuro aterrador se unen a la impotencia y la frustración por no disponer de las herramientas necesarias para reducir los impactos del mismo, así como al sentimiento de culpa por haber contribuido, aunque sea mínimamente, a empeorar la situación.<sup>12</sup> Dichas emociones pueden traducirse en síntomas físicos que incluyen desde la falta de energía o atención hasta los ataques de pánico.</p>
<p>La ecoansiedad afecta a personas de todas las edades, pero principalmente a las generaciones más jóvenes.<sup>13</sup> Quienes han nacido entre la década de los noventa y principios de los 2000 pertenecen a lo que se conoce como «generación del clima», la primera generación que ha crecido experimentando los efectos del cambio climático, no como algo abstracto, sino como parte de su día a día.<sup>14</sup> Las vidas de las personas en esta franja de edad, y de las que les siguen, se desarrollan bajo el peso de un sombrío pronóstico para su bienestar y el de sus descendientes, y tienen dificultades para aspirar a una calidad de vida superior a la de sus progenitores.</p>
<p>En el sondeo <em>El futuro es clima</em>, realizado conjuntamente por <strong>PlayGround </strong>y<strong> Osoigo Next</strong> entre más de 9.000 ciudadanos españoles de entre 16 y 30 años de edad en 2022, la práctica totalidad de las personas consultadas manifestó su preocupación por la emergencia climática, tanto por las consecuencias para las generaciones futuras como por los impactos actuales.<sup>15</sup> Además, más del 80% reconoció haber sufrido ecoansiedad alguna vez, casi el 40% la ha padecido alguna vez y más de un cuarto de la población encuestada la sufre de forma frecuente. A nivel internacional, la revista científica <em>The Lancet</em> publicó en diciembre de 2021 una encuesta en la que participaron 10.000 personas de diez países diferentes con edades comprendidas entre los 6 y los 25 años. Casi la mitad de las personas encuestadas afirmó que sus sentimientos y pensamientos sobre el cambio climático afectan negativamente a su vida cotidiana, incluida su capacidad de concentración y estudio, su alimentación, su capacidad de descanso y el disfrute de sus relaciones. El 75% de las personas encuestadas afirmó que «el futuro es aterrador» y un 56% aseguró que «la humanidad está condenada».</p>
<blockquote><p><strong>Este malestar remite a la percepción de una gobernanza climática inadecuada que produce sensación de traición y abandono, especialmente entre los </strong><strong>jóvenes</strong></p></blockquote>
<p>Si nos preguntamos por las causas de la ecoansiedad, encontraremos en primer lugar el deterioro ambiental y el aumento de la temperatura global con sus consecuentes impactos. Sin embargo, esta situación no es un fenómeno aislado que se produce de forma natural, sino que es un proceso directamente relacionado con la actividad del ser humano. Como tal, la raíz de la angustia climática y ambiental está igualmente relacionada con el comportamiento humano. La encuesta publicada en 2021 por <em>The Lancet</em> señala la falta de acción de los responsables públicos y las personas adultas como una de las principales causas de la ecoansiedad. Los resultados muestran que este malestar está relacionado con la percepción de una gobernanza climática inadecuada que genera sentimientos de traición y abandono, especialmente entre las personas jóvenes, que ven peligrar la posibilidad de aspirar a un futuro próspero. El informe destaca que estos factores de estrés crónicos tendrán implicaciones negativas a largo plazo, y que irán en aumento, para la salud mental de las generaciones más jóvenes. En palabras de los autores del informe:</p>
<blockquote><p><span style="font-size: 10pt;">Por lo tanto, la ansiedad climática en los niños y jóvenes no debe considerarse simplemente causada por el desastre ecológico, sino que también está correlacionada con la falta de acción de actores más poderosos (en este caso, los gobiernos) ante las amenazas que se enfrentan.<span style="vertical-align: super;">17</span></span></p></blockquote>
<p>Una de las críticas habituales a las personas que afirman padecer ecoansiedad es que simplemente se dejan llevar por una moda y sucumben a los caprichos de una generación jóven, sin grandes retos históricos que afrontar y, en su mayoría, blanca, es decir, privilegiada. Ese discurso se debe, en parte, a que la narrativa y la investigación sobre las respuestas emocionales negativas al cambio climático se han centrado predominantemente en las experiencias y perspectivas de un grupo demográfico blanco y occidental. Sin embargo, una investigación publicada en el <em>Journal of Environmental Psycholog</em>y, titulada «Climate anxiety, wellbeing and pro-environmental action: correlates of negative emotional responses to climate change in 32 countries» (Ansiedad climática, bienestar y acción proambiental: correlatos de las respuestas emocionales negativas al cambio climático en 32 países), revela que estos sentimientos no son solo preocupaciones occidentales, sino que son comunes entre la juventud de los diferentes continentes.<sup>18</sup></p>
<p>Investigadores de todo el mundo encuestaron a más de 10.000 estudiantes universitarios de 32 países sobre cómo les hacía sentir la desestabilización del clima. Independientemente de su país, casi la mitad de los jóvenes encuestados dijeron estar «muy» o «extremadamente» preocupados por el cambio climático. Curiosamente, la mayor proporción de participantes que indicaron estar «muy» o «extremadamente» preocupados por el cambio climático se registró en España (77,6 %) y la menor en Rusia (9,6 %). Estos resultados que corroboran una preocupación global se suman a los presentados en la encuesta de <em>The Lancet</em>, puesto que la mayoría de las personas encuestadas de Brasil (86%), India (80%), Nigeria (70%) y Filipinas (92%) declararon sentirse asustados frente al cambio climático.<sup>19</sup></p>
<p>Iniciativas como <em>The Eco-Anxiety Africa Project</em>, que recoge información sobre la situación del fenómeno en Nigeria para ayudar a las y los jóvenes del país a superarlo, refuerzan la idea de que este tema es de interés global más allá de la investigación académica. Aun así, dada la situación global de injusticia climática, los impactos y los marcos de actuación son muy diferentes según la ubicación geográfica. Precisamente, el estudio de <em>Journal of Environmental Psychology</em> muestra que, dependiendo del lugar en el que se viva, la capacidad de actuar por la protección del clima y el medioambiente varía, puesto que los obstáculos más evidentes para la acción directa son de carácter político.<sup>20</sup> No es igual de accesible exigir acciones desde la ciudadanía en países plenamente democráticos que en países que no protegen el derecho a la libertad de expresión o a las manifestaciones, por ejemplo.</p>
<h4>La encrucijada entre la ecoparálisis y la ecoacción</h4>
<p>Britt Wray, investigadora de Stanford especializada en cambio climático y salud mental y autora del libro sobre ecoansiedad <em>Generation Dread</em>, afirma que la ansiedad climática no es en sí misma un problema. En realidad, es una respuesta sana que demuestra una toma de conciencia de la gravedad de la situación en la que nos encontramos y de la urgencia de actuar para reducir los impactos.</p>
<p>El problema surge cuando estos sentimientos de angustia, rabia, frustración o pena impiden a la persona funcionar en su vida cotidiana o incluso ponen en peligro su salud. Es decir, lo preocupante no es tanto la ecoansiedad como tal, que al fin y al cabo es un reflejo natural del momento de crisis, sino cómo la abordamos y en qué comportamiento deriva. Si supone una fuerza motriz que motiva un giro hacia la acción climática y medioambiental o si, por el contrario, conduce a la parálisis o incluso a la enfermedad.</p>
<p>La clave es descifrar cuáles son las pautas para transformar esos sentimientos en una fuente de motivación y no de desidia. Para ello, es importante identificar las responsabilidades de los diferentes actores implicados en la actual situación de crisis y su empeoramiento o mejora. Tal y como asegura la encuesta publicada en <em>The Lancet</em>, es necesaria una acción climática y ambiental palpable para aliviar los sentimientos de abandono, frustración y rabia de la ciudadanía.<sup>21</sup> La respuesta gubernamental y empresarial, entre otros sectores, es, por tanto, el primer paso para paliar los sentimientos de ecoansiedad. En dicha respuesta de quienes ejercen un amplio poder de transformación influye la modulación de nuestros propios comportamientos individuales, pero, sobre todo, la exigencia de cambios a través de las herramientas a nuestro alcance como el ejercicio del voto y la presión desde la colectividad.<sup>22</sup> Cualquier persona, desde cualquier ámbito y a pesar de las diversas situaciones personales, puede activar los mecanismos de transformación que estén a su alcance. Ese es el antídoto principal para aliviar la parálisis climática, tomar conciencia del poder que ostentamos como parte de la ciudadanía y ser parte activa de la solución.</p>
<blockquote><p><strong>En un sondeo en 32 países, la mayor proporción de personas «muy» o «extremadamente» preocupadas por el cambio climático se registró en España (77,6 %)</strong></p></blockquote>
<p>En ese camino, sin embargo, es fundamental ser conscientes de nuestro rol en esta situación de crisis y no caer en las trampas de la culpabilización o la perfección. Ambas obsesiones pueden repercutir negativamente en nuestro estado emocional y también favorecer la inacción. Las responsabilidades ciudadanas deben canalizarse en estrategias de cambio para no caer en la culpa y en la posible parálisis. Este mecanismo lo vemos, por ejemplo, a través del sistema actual de reciclaje en España: las empresas deberían responsabilizarse de reducir la cantidad de plástico que llega a los supermercados y encargarse de la correcta recogida y gestión de los residuos. Sin embargo, apuestan por una gestión que evita que asuman su responsabilidad y, por el contrario, culpabiliza a los consumidores por no actuar correctamente a la hora de separar la basura en casa, lo que puede provocar un sentimiento de rechazo por parte de la ciudadanía. Lo mismo ocurre con la perfección en los gestos individuales, obsesionarnos con nuestros fallos cotidianos es contraproducente, puede llevar al agotamiento, la frustración y la resignación, y además desvía la atención de las acciones que podemos llevar a cabo con un impacto mayor.</p>
<p>En ese sentido, actuar en colectividad puede liberarnos de esas cargas y potenciar nuestra relevancia para influir en el cambio estructural. La acción colectiva puede adoptar la forma de participación en asociaciones que trabajan activamente para transformar la sociedad como los grupos de consumo sostenible o las iniciativas de presión política local, pero también incluye otras decisiones como el apoyo a un medio de comunicación que ofrezca información especializada de forma independiente y desde un enfoque constructivo, la firma de peticiones para pedir cambios relacionados con la protección ambiental y la adhesión a grupos de protesta o desobediencia civil.</p>
<p>No podemos olvidar, además, que hablamos de salud mental. La ecoansiedad, aunque no se considere una enfermedad, afecta a nuestro bienestar emocional y, como tal, debe integrarse en los planes dedicados a este campo y tratarse con la rigurosidad que estas afecciones requieren. Por ello, es conveniente incentivar la creación de grupos de apoyo y lugares propicios para el intercambio y la expresión de emociones, como los grupos de lectura climática o las asociaciones de barrio que dedican un espacio a la escucha. Asimismo, es fundamental incluir a especialistas en salud mental en las conversaciones en torno a la temática, profundizar en los consejos que se transmiten a través de canales como los medios de comunicación y favorecer el acceso a terapias profesionales con especialización en psicología ambiental o climática, o al menos con sensibilidad hacia la ecoansiedad. El objetivo es disponer de herramientas y técnicas para afrontar las dificultades, superar las emociones negativas, transformar la ecoansiedad en un impulso positivo y, sobre todo, hayar motivos para la esperanza.</p>
<h4>La esperanza como una herramienta para avanzar</h4>
<p>En su libro <em>Hope in the Dark</em> (Esperanza en la oscuridad, en la traducción en español), la escritora e historiadora estadounidense <strong>Rebecca Solnit</strong> define la esperanza como un hacha para derribar puertas, la única manera de afrontar el presente y avanzar hacia el futuro:</p>
<p style="padding-left: 40px;"><span style="font-size: 10pt;">La esperanza no es un billete de lotería con el que puedes sentarte en el sofá y aferrarte a él, sintiéndote afortunado. Es un hacha con la que derribar puertas en caso de emergencia. [&#8230;] La esperanza únicamente significa que otro mundo podría ser posible, no es una promesa, no está garantizado. La esperanza exige acción; la acción es imposible sin esperanza. [&#8230;] Tener esperanza es entregarse al futuro, y ese compromiso con el futuro es lo que hace habitable el presente.<sup>23</sup></span></p>
<p>Esa esperanza, que se basa en la acción y no en la espera pasiva de una solución que provenga de agentes externos, es la mejor aliada para superar los estados de ánimo, sentimientos o pensamientos que nos generan una ansiedad paralizante. Esa esperanza se trabaja desde el plano individual, convirtiéndola en colectivo, pero también requiere el apoyo desde ámbitos como la educación y la información ambiental. Comunicar y educar en la esperanza no significa negar la gravedad de la situación ni maquillar la situación de emergencia en la que nos encontramos. Mostrar los hechos en base a la evidencia y el consenso científico es clave para generar conciencia, pero no es suficiente para generar acción y evitar caer en el miedo. De ahí la importancia de acompañar esos procesos con mensajes que aporten soluciones, que permitan imaginar nuevos modelos de sociedad y que muestren ejemplos reales y cercanos de personas o iniciativas que ya están generando la transformación que esta situación de crisis requiere.</p>
<blockquote><p><strong>La esperanza, que se basa en la acción, es la mejor aliada para superar los estados de ánimo que nos generan una ansiedad paralizante</strong></p></blockquote>
<p>En el caso del cambio climático, los medios de comunicación recurren con frecuencia al uso del alarmismo y las narrativas del miedo para enfatizar la gravedad de la situación e impulsar una concienciación que pueda conllevar, a posterior, la toma de decisiones políticas, o bien simplemente para generar un mayor interés de la audiencia hacia sus contenidos. Sin embargo, varios estudios demuestran que dichas narrativas corren el riesgo de generar justo el efecto contrario. En el caso de las migraciones climáticas, por ejemplo, una de las consecuencias más complejas de la crisis climática, los partidos con agendas políticas xenófobas se apoderan del alarmismo para promover el blindaje de las fronteras y la creación de estrictas medidas antiinmigración.<sup>24</sup> De hecho, los investigadores <strong>Bienvenido León</strong> y <strong>Carmen Erviti</strong> advierten que el alarmismo climático es también un área potencial de desinformación.<sup>25</sup> Frente a los mensajes que conducen al pánico, es necesario centrarse en narrativas positivas y de soluciones con el fin de generar una reacción constructiva de la audiencia. Un estudio publicado en octubre de 2022 concluye que los enfoques positivos y constructivos en la información sobre cambio climático se traducen en una mayor probabilidad de apoyo ciudadano a las políticas climáticas, en detrimento de las narrativas del miedo.<sup>26</sup></p>
<p>Por otro lado, los profesionales de la comunicación y la psicología coinciden en la importancia de una comunicación que no se limite a presentar la transición que requieren nuestras sociedades como una renuncia o un sacrificio, sino que muestre los beneficios que dichos cambios pueden aportar a nuestro bienestar y calidad de vida.<sup>27</sup> Apostar por una educación y una comunicación ambiental constructivas no significa mostrar una imagen edulcorada de la situación de crisis ni priorizar un discurso utópico e inalcanzable, sino dotar a la ciudadanía con herramientas para superar la frustración y transformar la pena, la angustia o la rabia en acción.</p>
<p>En definitiva, los sentimientos relacionados con la ansiedad climática y la ecoansiedad están aumentando de forma general en la sociedad a medida que las personas adquieren mayor conocimiento y conciencia de las amenazas globales actuales y futuras asociadas a la crisis climática y ecológica que estamos experimentando. Aunque puede conllevar sufrimiento y resultar angustiosa, la ansiedad climática no implica una enfermedad mental. De hecho, puede considerarse una ansiedad positiva, o «ansiedad práctica», como la describen algunos expertos,<sup>28</sup> que conduce a la búsqueda de soluciones para hacer frente a las amenazas presentes y futuras. Sin embargo, es fundamental analizar, comprender y gestionar esos sentimientos con el fin de evitar que se conviertan en un impedimento añadido para nuestra salud y nuestro bienestar. Asimismo, es necesario identificar las causas de dichos sentimientos, como la inadecuada respuesta gubernamental frente a la emergencia.</p>
<p>La ecoansiedad no es un fenómeno que se genera de manera aislada, únicamente en conexión con la situación ambiental y climática de forma abstracta, sino que está directamente relacionada con la ambición y los resultados palpables de la acción climática y ambiental por parte de actores como los responsables políticos y empresariales. En palabras de <strong>Jennifer Olachi Uchendu</strong>, experta nigeriana en ansiedad climática y fundadora de <em>The Eco-Anxiety Africa Project</em>:</p>
<p style="padding-left: 40px;"><span style="font-size: 10pt;">La ecoansiedad está motivada por la realidad de la crisis climática, por lo que las acciones para abordar el cambio climático son acciones para abordar la ecoansiedad. Así de sencillo. Si quieres reducir la ecoansiedad, entonces reduce el cambio climático.<sup>29</sup></span></p>
<p>La solución a la ecoansiedad no es otra que la misma que necesitamos para garantizar un futuro seguro y saludable para el planeta y todos los seres vivos que lo habitan: atajar la crisis climática y ecológica.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Irene Baños Ruiz</strong> es periodista ambiental, autora de <em>Ecoansias</em> (Ariel, 2020) y de <em>Accionistas del Cambio</em> (Boldletters, 2022).</p>
<h4>NOTAS:</h4>
<p><sup>]</sup> IPCC, <em>Cambio Climático 2021: Bases fí</em><em>sicas. Contribución del Grupo de Trabajo I al Sexto Informe de Evaluación del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climá</em><em>tico</em>, Suiza, 2021, p. 5.</p>
<p><sup>2</sup> Eduardo Robaina, «<a href="https://www.climatica.lamarea.com/70-poblacion-espanola-15-oc/" target="_blank" rel="noopener">Un 70% de la población española vive en zonas que se han calentado más de un 1,5 ºC</a>», <em>Climá</em><em>tica</em>, 21 de febrero de 2022, disponible en:</p>
<p><sup>3</sup> Climate Action Tracker, «<a href="https://climateactiontracker.org/global/temperatures/" target="_blank" rel="noopener">2100 Warming Projections: Emissions and expected warming based on pledges and current policies</a>», 11 de noviembre de 2022.</p>
<p><sup>4</sup> Cristina Linares y Julio Díaz, «<a href="https://theconversation.com/asi-nos-esta-robando-la-vida-el-cambio-climatico-190355" target="_blank" rel="noopener">Así nos está robando la vida el cambio climático</a>», <em>The Conversation</em>, 11 de octubre de 2022.<br />
También: Instituto de Salud Carlos III, «S<a href="https://www.isciii.es/QueHacemos/Servicios/VigilanciaSaludPublicaRENAVE/EnfermedadesTransmisibles/MoMo/Documents/InformesMoMo2022/MoMo_Situaci%25c3%25b3n%2520a%252030%2520de%2520agosto%2520de%25202022_CNE.pdf" target="_blank" rel="noopener">istema de monitoreo de la mortalidad (MoMo)</a>».</p>
<p><sup>5</sup> Coral Salvador <em>et al.</em>, «<a href="https://aemetblog.es/2022/03/19/implicaciones-de-la-sequia-en-la-salud/" target="_blank" rel="noopener">Implicaciones de la sequía en la salud</a>», AEMET Blog, 19 de marzo de 2022.</p>
<p><sup>6</sup> Ricardo Molina <em>et al.</em>, <em>Cambio climático y enfermedades transmitidas por vectores. Guía para profesionales,</em> Observatorio de Salud y Medio Ambiente de Andalucía (OSMAN), Escuela Andaluza de Salud Pública; Dirección General de Salud Pública y Ordenación Farmacéutica Consejería de Salud y Familias, Granada, 2021, p. 33.</p>
<p><sup>7</sup> Organización Mundial de la Salud, «<a href="https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/climate-change-and-health" target="_blank" rel="noopener">Cambio Climático y Salud</a>», OMS, 30 de octubre de 2021.</p>
<p><sup>8</sup> European Climate and Health Observatory, <em>Climate change impacts on mental health in Europe. An overview of evidence,</em> marzo de 2022.</p>
<p><sup>9</sup> Organización Mundial de la Salud, «<a href="https://www.who.int/publications/i/item/9789240045125" target="_blank" rel="noopener">Mental health and Climate Change: Policy Brief</a>», OMS, 3 de junio de 2022.</p>
<p><sup>10</sup> IPCC, «<a href="https://www.ipcc.ch/2022/02/28/pr-wgii-ar6/" target="_blank" rel="noopener">Climate change: a threat to human wellbeing and health of the planet. Taking action now can secure our future</a>», IPCC, 28 de febrero de 2022.</p>
<p><sup>11</sup> Susan Clayton <em>et al.</em>,<em> Mental Health and Our Changing Climate: Impacts, Inequities, Responses</em>. 2021, American Psychological Association y ecoAmerica, Washington, D.C., p. 37 y 71.</p>
<p><sup>12</sup> Pihkala Panu, <em>Anxiety and the Ecological Crisis: An Analysis of Eco-Anxiety and Climate Anxiety</em>, Sustainability, vol. 12, núm. 19, 2020, 7836.</p>
<p><sup>13</sup> Susan Clayton <em>et al.</em>,<em> op. cit, </em>2021, p. 6.</p>
<p><sup>14</sup> Isabel Grace Coppola, <em>Eco-Anxiety in “</em><em>the Climate Generation”</em><em>: Is Action an Antidote?,</em> Environmental Studies, Electronic Thesis Collection, 71, 2021.<br />
Es importante apuntar que la autora de este estudio afirmó que «no hubo aleatoriedad en la selección de los participantes y cualquier miembro de las organizaciones [ambientales] podía ser entrevistado. Esto significa que mis conclusiones no son ampliamente generalizables más allá de estas organizaciones».</p>
<p><sup>15</sup> Playground y Osoigo Next, <a href="https://elfuturoesahora.org/survey-results.html" target="_blank" rel="noopener"><em>El Futuro es Clima</em>.</a><em> Informe de resultados,</em> 2022.</p>
<p><sup>16</sup> Caroline Hickman <em>et al.</em>, «Climate anxiety in children and young people and their beliefs about government responses to climate change: a global survey», <em>The Lancet Planetary Health</em>, vol. 5, núm. 12, E863-E873, 2021.</p>
<p><sup>17</sup> <em>Ibidem</em>. Traducción realizada por la autora, texto original en inglés: «Thus, climate anxiety in children and young people should not be seen as simply caused by ecological disaster, it is also correlated with more powerful others (in this case, governments) failing to act on the threats being faced».</p>
<p><sup>18</sup> Charles A. Ogunbode <em>et al.</em>, «Climate anxiety, wellbeing and pro-environmental action: correlates of negative emotional responses to climate change in 32 countries», <em>Journal of Environmental Psychology</em>, vol. 84, 2022, 101887, ISSN 0272-4944.</p>
<p><sup>19</sup> Caroline Hickman <em>et al.</em>, 2021, <em>op cit.</em></p>
<p><sup>20</sup> Charles A. Ogunbode <em>et al.</em>, 2022, <em>op. cit.</em></p>
<p><sup>21</sup> Caroline Hickman <em>et al.</em>, 2021, <em>op cit. </em></p>
<p><sup>22</sup> Susan Clayton <em>et al., </em>2021, <em>op cit,</em> p. 8.</p>
<p><sup>23</sup> Rebecca Solnit, <em>Hope in the Dark: Untold Histories, Wild Possibilities</em>, Haymarket Books, 2016, p. 4. Texto traducido por la autora, original en inglés: «Hope is not a lottery ticket you can sit on the sofa and clutch, feeling lucky. It is an axe you break down doors with in an emergency. [&#8230;] Hope just means another world might be possible, not promised, not guaranteed. Hope calls for action; action is impossible without hope. [&#8230;] To hope is to give yourself to the future, and that commitment to the future is what makes the present inhabitable». Hay traducción en español: <em>Esperanza en la oscuridad. La historia jamás contada del poder de la gente</em>, Capitán Swing, 2017.</p>
<p><sup>24</sup> Sarah Nash y Caroline Zickgraf, «<a href="https://www.opendemocracy.net/en/stop-peddling-fear-climate-migrants/" target="_blank" rel="noopener">Stop peddling fear of climate migrants</a>», <em>O</em><em>penDemocracy, </em>23 de septiembre de 2020.</p>
<p><sup>25</sup> Bienvenido León y Carmen Erviti, «La comunicación del cambio climático en redes sociales: fortalezas y debilidades»<em>, </em>en Daniel Rodrigo-Cano <em>et al.</em> (eds.), <em>La comunicaci</em><em>ó</em><em>n del cambio clim</em><em>á</em><em>tico, una herramienta ante el gran desaf</em><em>í</em><em>o</em>, Ed. Dykinson, Madrid, 2021, p. 215.</p>
<p><sup>26</sup> Niheer Dasandi <em>et al.</em>, «Positive, global, and health or environment framing bolsters public support for climate policies», <em>Commun Earth Environ</em><em>,</em> 3, 239, 2022.</p>
<p><sup>27</sup> Adam Corner <em>et al.</em>, <em>Principles for effective communication and public engagement on climate change: A Handbook for IPCC authors</em>, Climate Outreach, Oxford, 2018.</p>
<p><sup>28</sup> Pihkala Panu, 2020, <em>op cit.</em></p>
<p><sup>29</sup> DW Global Ideas &amp; Environment, <a href="https://twitter.com/dw_environment/status/1592521500048773120?s=20&amp;t=xIPGCKGv9QKPisGTsq62IA" target="_blank" rel="noopener">Twitter Spaces: Climate anxiety, how to cope?</a>, 15 de noviembre de 2022.</p>
<p><span style="font-size: 12pt;">Acceso al texto completo del artículo en formato pdf: <a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/ecoansiedad-de-la-paralisis-a-la-accion-climatica-y-ambiental/" target="_blank" rel="noopener"><em>Ecoansiedad: de la parálisis a la acción climática y ambiental. </em></a></span></p>
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		<title>Explorando vínculos entre la biodiversidad y calidad de vida</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 08 Mar 2024 10:20:34 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Dosieres Ecosociales]]></category>
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					<description><![CDATA[ Dosier que recoge un conjunto de artículos que abordan la importancia de los vínculos entre la biodiversidad y la calidad de vida desde diferentes puntos de vista.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div class="wpb-content-wrapper"><div data-parent="true" class="vc_row row-container" id="row-unique-0"><div class="row limit-width row-parent"><div class="wpb_row row-inner"><div class="wpb_column pos-top pos-center align_left column_parent col-lg-12 single-internal-gutter"><div class="uncol style-light"  ><div class="uncoltable"><div class="uncell no-block-padding" ><div class="uncont" ><div class="vc_custom_heading_wrap "><div class="heading-text el-text" ><h2 class="h2" ><span>Explorando vínculos entre la biodiversidad y la calidad de vida</span></h2></div><div class="clear"></div></div></div></div></div></div></div><script id="script-row-unique-0" data-row="script-row-unique-0" type="text/javascript" class="vc_controls">UNCODE.initRow(document.getElementById("row-unique-0"));</script></div></div></div><div data-parent="true" class="vc_row row-container" id="row-unique-1"><div class="row limit-width row-parent"><div class="wpb_row row-inner"><div class="wpb_column pos-top pos-center align_left column_parent col-lg-6 single-internal-gutter"><div class="uncol style-light"  ><div class="uncoltable"><div class="uncell no-block-padding" ><div class="uncont" ><div class="uncode_text_column" ><p>El contacto con la naturaleza mejora y alarga nuestra vida. Hoy sabemos que residir cerca de espacios verdes se asociaba con una mejor salud física y mental, con un menor riesgo de padecer enfermedades y, en general, con una menor tasa de mortalidad y una mayor esperanza de vida.</p>
<p>La biodiversidad contribuye a nuestra calidad de vida de múltiples maneras. No solo nos suministra alimentos, medicinas y materias primas esenciales en nuestro día a día, sino que también participa indirectamente en numerosos procesos que son fundamentales para nuestra salud y bienestar, como el secuestro de carbono, la purificación del aire, la depuración del agua o la polinización. Asimismo, la biodiversidad es fuente de bienestar psicológico y emocional a través de las diversas contribuciones intangibles que proporciona a las personas mediante, por ejemplo, la contemplación y el disfrute estético de los paisajes, o la tranquilidad y relajación que produce en general interactuar con la naturaleza.</p>
<p>Al calor de estas evidencias, este dosier tiene como propósito ahondar en los vínculos naturaleza-bienestar desde una doble perspectiva correlacionada: por un lado, atendiendo a las múltiples contribuciones positivas que la biodiversidad y los ecosistemas nos proporcionan cuando están sanos y, por otro, atendiendo a los efectos negativos que la actual crisis antropogénica de biodiversidad está teniendo y tendrá sobre la integridad de los ecosistemas y, en consecuencia, sobre la prosperidad social.</p>
</div></div></div></div></div></div><div class="wpb_column pos-top pos-center align_left column_parent col-lg-6 single-internal-gutter"><div class="uncol style-light"  ><div class="uncoltable"><div class="uncell no-block-padding" ><div class="uncont" ><div class="uncode_text_column" ></p>
<p style="background: white; margin: 12.0pt 0cm 12.0pt 0cm;"><span style="font-size: 10.0pt; font-family: 'Segoe UI',sans-serif; color: #3c434a;"><style type="text/css">
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<p>A modo de introducción al dosier, <strong>Mateo Aguado</strong>, en su artículo «La importancia de comprender cómo nuestra salud y bienestar dependen de los ecosistemas y la biodiversidad», nos ofrece una breve pero profunda y actualizada revisión sobre la enorme relevancia que tiene conocer y comprender las relaciones que entre la naturaleza y la calidad de vida humana existen.</p>
<p>A continuación, <strong>José Antonio Corraliza</strong>, en su artículo «Naturaleza, identidad y paisaje. ¿Necesitamos la naturaleza tanto como parece?», nos aportar interesantes reflexiones sobre el papel de la estimulación procedente de la naturaleza en la vida humana, y sobre la necesidad que tenemos de recuperar la conexión y el contacto con la naturaleza en un contexto social cada vez más cargado de recursos tecnológicos.</p>
<p>En esta misma línea, <strong>Xiomara Cantera</strong>, en su artículo «Salud humana y salud planetaria: dos caras de una misma moneda», nos adentra en el concepto clave de salud planetaria, mostrándonos cómo la salud humana no puede abordarse aisladamente de la del resto de los seres vivos, pues las personas no podemos estar sanas si las plantas, los hongos los animales y los ecosistemas que nos rodean no lo están.</p>
<p>Seguidamente, en su artículo «Restauración participativa de ecosistemas y sus beneficios en la microbiota y salud humana», <strong>Marcela Bustamante</strong> y colaboradores indagan en los efectos beneficiosos que la restauración ecológica participativa ha demostrado tener sobre la salud de las personas que la practican.</p>
<p>Por último, <strong>Elena Krause</strong>, en su artículo «Ella es Gaia y ella lo sabe», nos propone un bello recorrido de diversas historias que nos adentran en lo que somos: unos seres profundamente ecodependientes.</p>
<p>A continuación podrás acceder al texto completo de cada uno de los artículos que componen el Dosier.</p>
</div></div></div></div></div></div><script id="script-row-unique-2" data-row="script-row-unique-2" type="text/javascript" class="vc_controls">UNCODE.initRow(document.getElementById("row-unique-2"));</script></div></div></div><div data-parent="true" class="vc_row row-container" id="row-unique-3"><div class="row limit-width row-parent"><div class="wpb_row row-inner"><div class="wpb_column pos-top pos-center align_center column_parent col-lg-6 single-internal-gutter"><div class="uncol style-light"  ><div class="uncoltable"><div class="uncell no-block-padding" ><div class="uncont" ><div class="vc_row row-internal row-container"><div class="row row-child"><div class="wpb_row row-inner"><div class="wpb_column pos-top pos-center align_left column_child col-lg-4 single-internal-gutter"><div class="uncol style-light" ><div class="uncoltable"><div class="uncell no-block-padding" ><div class="uncont" ><div class="uncode-single-media  text-center"><div class="single-wrapper" style="max-width: 100%;"><div class="tmb tmb-light  tmb-img-ratio tmb-media-first tmb-media-last tmb-content-overlay tmb-no-bg"><div class="t-inside"><div class="t-entry-visual"><div class="t-entry-visual-tc"><div class="uncode-single-media-wrapper"><div class="dummy" style="padding-top: 100%;"></div><img decoding="async" class="wp-image-157091" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/12/Mateo-scaled-uai-1707x1707.jpg" width="1707" height="1707" alt=""></div>
					</div>
				</div></div></div></div></div></div></div></div></div></div><div class="wpb_column pos-top pos-center align_left column_child col-lg-8 single-internal-gutter"><div class="uncol style-light" ><div class="uncoltable"><div class="uncell no-block-padding" ><div class="uncont" ><div class="uncode_text_column" ><p><strong>Mateo Aguado</strong></p>
<p style="text-align: left;"><em>La importancia de comprender cómo nuestra salud y bienestar dependen de los ecosistemas y la biodiversidad</em></p>
<p>
</div></div></div></div></div></div></div></div></div><span class="btn-container" ><a role="button"  href="https://www.fuhem.es/2024/03/07/la-importancia-de-comprender-como-nuestra-salud-y-bienestar-dependen-de-los-ecosistemas-y-la-biodiversidad/" class="custom-link btn btn-sm border-width-0 btn-button_color-100963 btn-round btn-icon-left">LEER ARTÍCULO COMPLETO</a></span></div></div></div></div></div><div class="wpb_column pos-top pos-right align_center column_parent col-lg-6 single-internal-gutter"><div class="uncol style-light"  ><div class="uncoltable"><div class="uncell no-block-padding" ><div class="uncont" ><div class="vc_row row-internal row-container"><div class="row row-child"><div class="wpb_row row-inner"><div class="wpb_column pos-top pos-center align_left column_child col-lg-4 single-internal-gutter"><div class="uncol style-light" ><div class="uncoltable"><div class="uncell no-block-padding" ><div class="uncont" ><div class="uncode-single-media  text-right"><div class="single-wrapper" style="max-width: 100%;"><div class="tmb tmb-light  tmb-img-ratio tmb-media-first tmb-media-last tmb-content-overlay tmb-no-bg"><div class="t-inside"><div class="t-entry-visual"><div class="t-entry-visual-tc"><div class="uncode-single-media-wrapper"><div class="dummy" style="padding-top: 100.1%;"></div><img decoding="async" class="wp-image-158733" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2024/03/jose-antonio-corraliza.jpg" width="1434" height="1435" alt="" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2024/03/jose-antonio-corraliza.jpg 1434w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2024/03/jose-antonio-corraliza-450x450.jpg 450w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2024/03/jose-antonio-corraliza-1200x1201.jpg 1200w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2024/03/jose-antonio-corraliza-300x300.jpg 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2024/03/jose-antonio-corraliza-768x769.jpg 768w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2024/03/jose-antonio-corraliza-350x350.jpg 350w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2024/03/jose-antonio-corraliza-348x348.jpg 348w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2024/03/jose-antonio-corraliza-600x600.jpg 600w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2024/03/jose-antonio-corraliza-100x100.jpg 100w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2024/03/jose-antonio-corraliza-64x64.jpg 64w" sizes="(max-width: 1434px) 100vw, 1434px" /></div>
					</div>
				</div></div></div></div></div></div></div></div></div></div><div class="wpb_column pos-top pos-center align_left column_child col-lg-8 single-internal-gutter"><div class="uncol style-light" ><div class="uncoltable"><div class="uncell no-block-padding" ><div class="uncont" ><div class="uncode_text_column" ><p><strong>José Antonio Corraliza</strong></p>
<p style="text-align: left;"><em>Naturaleza, identidad y paisaje. ¿Necesitamos la naturaleza tanto como parece?</em></p>
<p>
</div></div></div></div></div></div></div></div></div><span class="btn-container" ><a role="button"  href="https://www.fuhem.es/2024/03/07/naturaleza-identidad-y-paisaje-necesitamos-la-naturaleza-tanto-como-parece/" class="custom-link btn btn-sm border-width-0 btn-button_color-191753 btn-round btn-icon-left">LEER ARTÍCULO COMPLETO</a></span></div></div></div></div></div><script id="script-row-unique-3" data-row="script-row-unique-3" type="text/javascript" class="vc_controls">UNCODE.initRow(document.getElementById("row-unique-3"));</script></div></div></div><div data-parent="true" class="vc_row row-container" id="row-unique-4"><div class="row limit-width row-parent"><div class="wpb_row row-inner"><div class="wpb_column pos-top pos-center align_center column_parent col-lg-6 single-internal-gutter"><div class="uncol style-light"  ><div class="uncoltable"><div class="uncell no-block-padding" ><div class="uncont" ><div class="vc_row row-internal row-container"><div class="row row-child"><div class="wpb_row row-inner"><div class="wpb_column pos-top pos-center align_left column_child col-lg-4 single-internal-gutter"><div class="uncol style-light" ><div class="uncoltable"><div class="uncell no-block-padding" ><div class="uncont" ><div class="uncode-single-media  text-left"><div class="single-wrapper" style="max-width: 100%;"><div class="tmb tmb-light  tmb-img-ratio tmb-media-first tmb-media-last tmb-content-overlay tmb-no-bg"><div class="t-inside"><div class="t-entry-visual"><div class="t-entry-visual-tc"><div class="uncode-single-media-wrapper"><div class="dummy" style="padding-top: 100%;"></div><img decoding="async" class="wp-image-158720" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2024/03/Xiomara-uai-2208x2208.jpg" width="2208" height="2208" alt=""></div>
					</div>
				</div></div></div></div></div></div></div></div></div></div><div class="wpb_column pos-top pos-center align_left column_child col-lg-8 single-internal-gutter"><div class="uncol style-light" ><div class="uncoltable"><div class="uncell no-block-padding" ><div class="uncont" ><div class="uncode_text_column" ><p><strong>Xiomara Cantera</strong></p>
<p><em>Salud humana y salud planetaria: dos caras de una misma moneda</em></p>
</div></div></div></div></div></div></div></div></div><span class="btn-container" ><a role="button"  href="https://www.fuhem.es/2024/03/07/salud-humana-y-salud-planetaria-dos-caras-de-una-misma-moneda/" class="custom-link btn btn-sm border-width-0 btn-button_color-162233 btn-round btn-icon-left">LEER ARTÍCULO COMPLETO</a></span></div></div></div></div></div><div class="wpb_column pos-top pos-center align_center column_parent col-lg-6 single-internal-gutter"><div class="uncol style-light"  ><div class="uncoltable"><div class="uncell no-block-padding" ><div class="uncont" ><div class="vc_row row-internal row-container"><div class="row row-child"><div class="wpb_row row-inner"><div class="wpb_column pos-top pos-center align_left column_child col-lg-4 single-internal-gutter"><div class="uncol style-light" ><div class="uncoltable"><div class="uncell no-block-padding" ><div class="uncont" ><div class="uncode-single-media  text-left"><div class="single-wrapper" style="max-width: 100%;"><div class="tmb tmb-light  tmb-media-first tmb-media-last tmb-content-overlay tmb-no-bg"><div class="t-inside"><div class="t-entry-visual"><div class="t-entry-visual-tc"><div class="uncode-single-media-wrapper"><img decoding="async" class="wp-image-158719" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2024/03/Marcela-e1709714744214.jpg" width="475" height="426" alt="" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2024/03/Marcela-e1709714744214.jpg 475w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2024/03/Marcela-e1709714744214-450x404.jpg 450w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2024/03/Marcela-e1709714744214-300x269.jpg 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2024/03/Marcela-e1709714744214-350x314.jpg 350w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2024/03/Marcela-e1709714744214-64x57.jpg 64w" sizes="(max-width: 475px) 100vw, 475px" /></div>
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<p><em>Restauración participativa de ecosistemas y sus beneficios en la microbiota y salud humana</em></p>
</div></div></div></div></div></div></div></div></div><span class="btn-container" ><a role="button"  href="https://www.fuhem.es/2024/03/08/restauracion-participativa-de-ecosistemas-y-sus-beneficios-en-la-microbiota-y-salud-humana/" class="custom-link btn btn-sm border-width-0 btn-button_color-122870 btn-round btn-icon-left">LEER ARTÍCULO COMPLETO</a></span></div></div></div></div></div><script id="script-row-unique-4" data-row="script-row-unique-4" type="text/javascript" class="vc_controls">UNCODE.initRow(document.getElementById("row-unique-4"));</script></div></div></div><div data-parent="true" class="vc_row row-container" id="row-unique-5"><div class="row limit-width row-parent"><div class="wpb_row row-inner"><div class="wpb_column pos-top pos-center align_center column_parent col-lg-6 single-internal-gutter"><div class="uncol style-light"  ><div class="uncoltable"><div class="uncell no-block-padding" ><div class="uncont" ><div class="vc_row row-internal row-container"><div class="row row-child"><div class="wpb_row row-inner"><div class="wpb_column pos-top pos-center align_left column_child col-lg-4 single-internal-gutter"><div class="uncol style-light" ><div class="uncoltable"><div class="uncell no-block-padding" ><div class="uncont" ><div class="uncode-single-media  text-left"><div class="single-wrapper" style="max-width: 100%;"><div class="tmb tmb-light  tmb-media-first tmb-media-last tmb-content-overlay tmb-no-bg"><div class="t-inside"><div class="t-entry-visual"><div class="t-entry-visual-tc"><div class="uncode-single-media-wrapper"><img decoding="async" class="wp-image-158718" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2024/03/Elena-Krause-scaled.jpg" width="2378" height="2560" alt="" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2024/03/Elena-Krause-scaled.jpg 2378w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2024/03/Elena-Krause-450x484.jpg 450w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2024/03/Elena-Krause-1200x1292.jpg 1200w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2024/03/Elena-Krause-300x323.jpg 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2024/03/Elena-Krause-768x827.jpg 768w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2024/03/Elena-Krause-1427x1536.jpg 1427w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2024/03/Elena-Krause-1903x2048.jpg 1903w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2024/03/Elena-Krause-350x377.jpg 350w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2024/03/Elena-Krause-600x646.jpg 600w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2024/03/Elena-Krause-64x69.jpg 64w" sizes="(max-width: 2378px) 100vw, 2378px" /></div>
					</div>
				</div></div></div></div></div></div></div></div></div></div><div class="wpb_column pos-top pos-center align_left column_child col-lg-8 single-internal-gutter"><div class="uncol style-light" ><div class="uncoltable"><div class="uncell no-block-padding" ><div class="uncont" ><div class="uncode_text_column" ><p><strong>Elena Krause</strong></p>
<p><em>Ella es Gaia y ella lo sabe</em></p>
</div></div></div></div></div></div></div></div></div><span class="btn-container" ><a role="button"  href="https://www.fuhem.es/2024/03/08/ella-es-gaia-y-ella-lo-sabe/" class="custom-link btn btn-sm border-width-0 btn-button_color-608917 btn-round btn-icon-left">LEER ARTÍCULO COMPLETO</a></span></div></div></div></div></div><div class="wpb_column pos-top pos-center align_left column_parent col-lg-6 single-internal-gutter"><div class="uncol style-light"  ><div class="uncoltable"><div class="uncell no-block-padding" ><div class="uncont" ></div></div></div></div></div><script id="script-row-unique-5" data-row="script-row-unique-5" type="text/javascript" class="vc_controls">UNCODE.initRow(document.getElementById("row-unique-5"));</script></div></div></div><div data-parent="true" class="vc_row row-container" id="row-unique-6"><div class="row limit-width row-parent"><div class="wpb_row row-inner"><div class="wpb_column pos-top pos-center align_left column_parent col-lg-12 single-internal-gutter"><div class="uncol style-light"  ><div class="uncoltable"><div class="uncell no-block-padding" ><div class="uncont" ><div class="uncode_text_column" ><p><img decoding="async" class="alignright wp-image-141269" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/11/Logo_Miterd-450x104.png" alt="" width="432" height="100" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/11/Logo_Miterd-450x104.png 450w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/11/Logo_Miterd-1200x278.png 1200w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/11/Logo_Miterd-300x69.png 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/11/Logo_Miterd-768x178.png 768w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/11/Logo_Miterd-600x139.png 600w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/11/Logo_Miterd-64x15.png 64w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/11/Logo_Miterd.png 1280w" sizes="(max-width: 432px) 100vw, 432px" /></p>
<p>Esta publicación ha sido realizada con el apoyo financiero del <strong>Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITERD)</strong>. El contenido de la misma es responsabilidad exclusiva de <strong>FUHEM</strong> y no refleja necesariamente la opinión del <strong>MITERD</strong>.</p>
</div></div></div></div></div></div><script id="script-row-unique-6" data-row="script-row-unique-6" type="text/javascript" class="vc_controls">UNCODE.initRow(document.getElementById("row-unique-6"));</script></div></div></div>
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		<title>Ella es Gaia y ella lo sabe</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 08 Mar 2024 09:23:57 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
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					<description><![CDATA[Recorrido de diversas historias que nos adentran en lo que somos: unos seres profundamente ecodependientes.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div class="wpb-content-wrapper"><div data-parent="true" class="vc_row row-container" id="row-unique-7"><div class="row limit-width row-parent"><div class="wpb_row row-inner"><div class="wpb_column pos-top pos-center align_left column_parent col-lg-12 single-internal-gutter"><div class="uncol style-light"  ><div class="uncoltable"><div class="uncell no-block-padding" ><div class="uncont" ><div class="vc_custom_heading_wrap "><div class="heading-text el-text" ><h2 class="h2" ><span>Ella es Gaia y ella lo sabe</span></h2></div><div class="clear"></div></div></div></div></div></div></div><script id="script-row-unique-7" data-row="script-row-unique-7" type="text/javascript" class="vc_controls">UNCODE.initRow(document.getElementById("row-unique-7"));</script></div></div></div><div data-parent="true" class="vc_row row-container" id="row-unique-8"><div class="row limit-width row-parent"><div class="wpb_row row-inner"><div class="wpb_column pos-top pos-center align_left column_parent col-lg-6 single-internal-gutter"><div class="uncol style-light"  ><div class="uncoltable"><div class="uncell no-block-padding" ><div class="uncont" ><div class="uncode_text_column" ><p>El Dosier Ecosocial <a href="https://www.fuhem.es/2024/03/08/explorando-vinculos-entre-la-biodiversidad-y-calidad-de-vida/"><em>Explorando los vínculos entre la biodiversidad y la calidad de vida</em> </a>incluye un texto de <strong>Elena Krause Suárez</strong> titulado «<em>Ella es Gaia y ella lo sabe</em>» que nos propone un bello recorrido de diversas historias que nos adentran en lo que somos: unos seres profundamente ecodependientes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La biosfera es el abrigo vivo de 20 kilómetros de espesor que envuelve a la Tierra, y es una entidad sinérgica en la que el todo es mucho más que la suma de sus partes. Con agua, aire y un irrisorio 1% de la energía solar que recibe, se mantiene produciendo más de sí misma. La vida se automantiene produciendo más vida.<sup>1</sup> Entenderlo así es entender cuan vinculado está el bienestar de estos grandes vertebrados terrestres que somos a la existencia del mundo viviente. La vida en nuestro planeta no es una jerarquía; todos los terrícolas somos <em>holones</em>, totalidades y a la vez componentes de una entidad mayor.<sup>2</sup> No hay nadie en la cúspide. Para vivir todos dependemos de todos. Es como si formáramos parte de un solo cuerpo que nos trasciende, que se ocupa de nosotros, que regula nuestro bienestar.</p>
</div></div></div></div></div></div><div class="wpb_column pos-top pos-center align_left column_parent col-lg-6 single-internal-gutter"><div class="uncol style-light"  ><div class="uncoltable"><div class="uncell no-block-padding" ><div class="uncont" ><div class="uncode_text_column" ><style type="text/css">
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<p>&nbsp;</p>
<h4><strong>Ser río o ser ala</strong></h4>
<p>En uno de los pasajes más tristes de la historia de China, lo que se llamó el Gran Salto hacia adelante, Mao Zedong embarcó a todo el país en una despiadada guerra contra los gorriones. La razón era que los gorriones mermaban supuestamente las cosechas. Así que, por decreto, a lo largo de todo el país, aldea tras aldea, miles y miles de personas, incitadas por el gobierno, destruían los nidos y salían a los campos con tambores para asustar a los pájaros, que caían al suelo desfallecidos después de volar horas y horas. Asimismo, se distribuyeron miles de armas de fuego para que los campesinos, convertidos en francotiradores, abatieran a cientos de miles de gorriones. Y lo que no mataron las balas, lo hicieron indiscriminadamente los cebos envenenados. Así sucedió que las bandadas de gorriones se desvanecieron, y fue entonces cuando las autoridades se dieron cuenta de un hecho aplastante: los gorriones no solo comen grano, además, comen insectos. Demasiado tarde. Un millón de gorriones muertos y las plagas de langostas y otros insectos se multiplicaron por doquier. El genocidio de los gorriones trajo a China una brutal hambruna que segó la vida de millones de personas.<sup>3</sup> Una lección durísima de ecodependencia que el espejo nos devolvió.</p>
<p>Las aves que se cuentan por millones, que pueblan cada rincón del planeta y que son ricamente diversas, son perfectos bioindicadores de la salud de sus hábitats. Están estrechamente ligadas a diversas especies vegetales y ocupan distintas —y a veces intercambiables— posiciones en las cascadas tróficas. Algunas crean las perfectas condiciones del suelo; otras tienen importantísimos roles como depredadoras, polinizadoras o necrófagas; otras diseminan las semillas y son las laboriosas y pacientes artífices de la floresta. Y aunque no cantan por cantar,<sup>4</sup> todas son la música del mundo.</p>
<p>También merece la pena hablar del papel central de las aves en el ciclo del fósforo. Vernadsky decía que los pájaros —los vertebrados voladores por excelencia— son el contrapunto de los ríos en el intercambio de materia entre la tierra firme y el agua, entre los continentes y los océanos. Y que por ello su aparición dio lugar a nuevos tipos de bosques.<sup>5</sup> La historia ambiental moderna nos lo confirma a través de ese pasaje oscuro de la historia del Pacífico de <em>Los señores del guano</em>. Millones de toneladas de excrementos de aves que cruzaron el océano para salvar a Europa del hambre; el primer gran precedente de agricultura intensiva dependiente de insumos lejanos.<sup>6</sup> La ciencia moderna también nos lo confirma: las colonias de aves marinas son importantes impulsores mundiales de los ciclos del nitrógeno y del fósforo, devolviéndolos del mar a tierra firme.<sup>7</sup> Así pues, la avifauna —y su participación en los ciclos biogeoquímicos— estuvo estrechamente unida a nuestra seguridad alimentaria. Pero también tenemos que recordar que, inmersos en el pico de los fosfatos, la avifauna tendrá un papel central en nuestro futuro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4><strong>Tan generoso como un árbol</strong></h4>
<p>Otro punto de inflexión en el periplo de la biología evolutiva es lo que se ha llamado la <em>revolución terrestre de las angiospermas</em>.<sup>8</sup> La flor fue un verdadero hallazgo que entrañó una explosión de biodiversidad. Y la fecundación cruzada que sostiene el ciclo de la vida de las angiospermas cinceló una de las adaptaciones simbióticas más espectaculares, sofisticadas y bellas de la naturaleza. Las plantas con flor y los insectos polinizadores evolucionaron juntos, y en un verdadero alarde de imaginación se multiplicaron. Esta <em>coevolución</em> ha contribuido a su riquísima exuberancia. De hecho, las formas, los colores, los aromas y el néctar de las flores serían muy distintos (incluso inexistentes) de no servir como reclamo para los insectos polinizadores.<sup>9</sup> Casi podríamos afirmar que gracias a los insectos polinizadores existe la primavera.</p>
<p>La predominancia de las angiospermas alteró significativamente el clima y los ciclos hidrológicos debido a su alta capacidad para aumentar la meteorización de las rocas (lo que a su vez reduce los niveles de CO<sub>2</sub>) y para transpirar agua absorbida del suelo liberándola a la atmósfera. Las angiospermas son el doble de productivas que las gimnospermas y otras plantas, en gran parte debido a sus altas tasas de evapotranspiración, lo que implica no solo más pérdida de agua a la par que más humedad, sino también más absorción de CO<sub>2</sub>. Y, precisamente, es esta alta captación de carbono la que impulsa la alta productividad. Además, con la invención de la flor, las plantas se hicieron zoofílicas. Y, con ello, propiciaron nuevos nichos para polinizadores y herbívoros, a menudo cristalizados en maravillosas relaciones mutualistas. Esto, a su vez, tuvo efectos en cascada sobre el resto de la biodiversidad a través de las redes tróficas. En consecuencia, numerosos grupos de insectos aumentaron su biodiversidad al alimentarse de plantas, polinizar flores o depredar a los insectos que lo hacían. Y otros seres —amigos de los ambientes húmedos— como hongos, anfibios y helechos se beneficiaron de la expansión de las nuevas florestas tropicales.</p>
<p>Efectivamente, la invención de la flor fue una revolución que tuvo como consecuencia la modificación del clima en las regiones ecuatoriales y la expansión de las selvas húmedas tropicales, esas que hoy albergan la mayor biodiversidad del planeta. Las plantas de flor y su estrecha dependencia mutualista con los insectos son la base de la producción primaria de la Tierra. Pero, además, son la base de nuestro sistema agrícola mundial: los cereales, las legumbres y los árboles frutales son parte esencial de nuestra dieta. Dependemos de las flores y de sus esforzados polinizadores, pues «tres de cada cuatro plantas comestibles en el mundo requieren la polinización asistida específicamente por abejas»<em>.<sup>10</sup> Asimismo, las plantas son una generosa fuente de salud y sanación como nos enseña la tradición de la fitoterapia. Son el cimiento de nuestro bienestar. Aspiradores de CO<sub>2</sub> que inyectan carbono a la tierra y lo convierten en humus y bombas de lluvia que nos proporcionan alimento, medicinas e inspiración.<sup>11</sup></em></p>
<p>&nbsp;</p>
<h4><strong>Nuestro bienestar es ecodependencia</strong></h4>
<p>Sumergirse en la ecología, en la biología evolutiva y en la historia ambiental de la Tierra es apasionante y necesario. Cuando lo haces, el espejo nos cuenta que nuestras vidas no están suspendidas, están entrelazadas con la biosfera. El planeta no es solo un hogar del que podamos salir cerrando la puerta. Nos sostiene, nos protege, nos alimenta y nos conforma. Somos parte de la misma materia de la que está hecho. Es objetivo e irrecusable: la biodiversidad, las comunidades ecológicas y los ecosistemas nos proporcionan infinidad de servicios sin los cuales la vida humana no sería posible, sin los cuales ninguna vida en el planeta sería posible. Sin el fósforo biodisponible en el guano de las aves no podríamos (ni podremos) fertilizar los campos. Sin insectos polinizadores no tendremos fruta. Sin los grandes bosques, sin una línea continuada de bosques desde la costa hacia el interior, la lluvia solo caería en una estrecha franja costera de unos 600 kilómetros, y más allá se extendería el desierto. Rodearnos de naturaleza restaura nuestra capacidad de atención, disminuye la fatiga mental e incita a la contemplación. Y el contacto frecuente de los más pequeños con los espacios naturales redunda en la calidad de su sueño, minora su nivel estrés, refuerza su agudeza visual y su competencia psicomotriz, y mejora el rendimiento escolar.<sup>12</sup> Los paisajes ricos y biodiversos conforman poderosos apegos emocionales, configuran nuestra identidad y constituyen la médula del arraigo.</p>
<p>He aquí numerosas y buenas razones por las que proteger la biodiversidad en el planeta Tierra: un mundo biodiverso nos ofrece servicios que precisamos para poder llevar vidas buenas. Sin embargo, esa aproximación instrumental y parcelaria, de compartimentos estancos, aunque necesaria —dada la habitual carencia de alfabetización ecológica en nuestras sociedades— es absolutamente plana y del todo incompleta. Nada ni nadie en el planeta tiene una existencia autosuficiente, separada. Somos radicalmente ecodependientes —insistiré en ello— y esta ecodependencia no se expresa en una línea continua y previsible de causas y consecuencias. Más bien, es la materialización de una trama tupida con miles y miles de nódulos que se necesitan y se retroalimentan para sostener las vidas. Esas vidas que no se pueden concebir como partes separadas que podamos explotar por nuestros errados grupos de interés.</p>
<p>No cabe ninguna duda de que el primer paso urgente es tomar conciencia real de cómo afecta la salud de la Tierra a nuestro propio bienestar integral. Se trataría, citando a Bruno Latour, que a su vez cita a Peter Sloterdijk, «de hacer explícitas —<em>evidentes, visibles</em>— las condiciones de existencia hasta ahora tomadas como garantizadas».<sup>13</sup> En esta sociedad en la que nos cuesta identificar 10 tipos de plantas por sus hojas y, sin embargo, reconocemos con relativa facilidad los logos de 10 marcas comerciales, adentrarse en los infinitos mecanismos de bienestar (y supervivencia) que la naturaleza nos ofrece es más que conveniente, porque nos permite visibilizarlos y valorarlos. No obstante, hemos de ser más perspicaces, ya que, si nos quedásemos ahí, si el rasero de toda medida fuese nuestro interés manifiesto, podría suceder que nos conformásemos con lo que hoy estamos consiguiendo: una biosfera homogénea, aceptable, menos interesante y hermosa. Una especie de granja planetaria en la que midiésemos todas las formas de vida únicamente según nuestro beneficio directo. Y esto es asomarse indolentemente al borde de la imparable catarata de las extinciones y perseverar en los ángulos ciegos que nos han llevado hasta aquí.</p>
<p>Nuestra civilización está en lucha con la biosfera y debemos caminar hacia un nuevo entendimiento. Y como nada nos asegura que en sí mismo el conocimiento de una realidad conlleve la necesidad de transformarla, conocimiento científico y sensibilidad han de tenderse la mano. Y en ese camino de concordia con nuestra casa común portaremos en una mano las herramientas que nos proporcionan las ciencias de la vida y de la tierra. En la otra, la inclinación sensible al resto de seres vivos, nuestra biofilia, las emociones y el lenguaje de la intuición, la poesía y las humanidades. Y en el corazón, la prudencia que se desprende de la reverencia por lo vivo y de la certeza de que la naturaleza es muy compleja, indomeñable e incognoscible.<sup>14</sup> Así, entender el proceso de polinización nos permitirá acercarnos a las abejas y a las mariposas, incluso a las moscas, desde la admiración, el respeto, el cuidado y, también, desde la gratitud. Aprender los procesos ecológicos, conocer mejor el conjunto de las especies vivas que nos rodean y experimentar con nuestros sentidos su proximidad son acciones centrales para poder protegerlas (y protegernos). En otras palabras, es necesario estrenar un nuevo movimiento contracultura que desbanque la instrumentalización de la naturaleza y el eje antropocentrista de nuestro pensamiento. En la misma línea, las leyes que se aprueben a favor de la protección de la biodiversidad han de ir acompañadas por acciones que incidan en recuperar nuestras relaciones sensibles y sensitivas con lo vivo. En este sentido, la divulgación y la educación ecosocial tienen un valioso protagonismo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4><strong>Mis vecinos aúllan, berrean y graznan</strong></h4>
<p>No obstante, para poder restaurar esta conexión hacia las otras formas de vida necesitamos, en primer lugar, recuperar su proximidad, acercarlas más que acercarnos. Nuestra tecnosfera nos aleja (y nos separa) de la ecosfera. Nuestras ciudades son burbujas culturales,<sup>15</sup> verdaderas ciudadelas en las que nos aislamos y aparentemente nos independizamos de los procesos básicos de la vida y, por ende, del resto de seres vivos. Y, justamente por ello, tienen un coste espiritual y en términos de salud humana que asumimos alegremente. Lo escribía Barry Commoner cerrando el siglo XX: «nos inmolamos frente al progreso y asumimos cierto nivel de contaminación y cierto riesgo para la salud como inevitable».<sup>16</sup> Como un precio que hay que pagar para obtener los beneficios de la tecnología moderna. Un precio que nos está arrasando como un alud devastador e inasumible.</p>
<p>En el mismo sentido, en una de esas delicadas piezas de arte que son los programas del Bosque Habitado, Joaquín Araujo afirmaba que las ciudades nos desafectaban, pero que no hay ni un centímetro del planeta que no esté afectado por las ciudades.<sup>17</sup> Sin duda, los entornos fuertemente urbanizados, asfaltados, fragmentados, agujeros negros de energía, en los que nada crece, son una de las razones prácticas que de facto nos desafectan de eso que hemos venido a llamar naturaleza, que algunos identifican con lo salvaje, y que no es nada más que nuestra propia esencia. Tenemos que recuperar nuestra esencia y, en mi opinión, el punto crucial es convertir en bosques las avenidas de nuestras ciudades, consagradas hoy al tráfico motorizado. El camino es claro: debemos devolver el espacio, reforestar nuestras ciudades, renaturalizar los cursos de los ríos, restablecer humedales, dejar que el manto fértil y los millones de seres simbióticos que lo conforman se recupere. De este modo, obtendremos los beneficios de un baño de bosque al abrir las ventanas de nuestros hogares y, con ello, desentumeceremos nuestros afectos por tanto tiempo dormidos hacia el mundo viviente. Ciudades más pequeñas capaces de sostenerse en lo esencial con los recursos de la región y ciudades verdes en las que se sacrifique el asfalto para plantar árboles, jardines y huertas. Ciudades que abran la puerta a la biosfera, que derriben las murallas de nuestra ruidosa tecnosfera y que permitan que el canto de las aves y el rumor de los insectos sean más fuertes que el de las máquinas. Se trataría de incrementar las praxis, las creaciones y las experiencias que nos hagan recuperar nuestra conexión con el mundo vivo y de que ésta deje de ser solamente una idea.</p>
<p>Y además, debemos reinventar eso que llamamos domesticación. Requerimos del otro para sobrevivir, pero la concepción de nuestras sociedades occidentales basadas en la dominación que lo definen como recurso, cosa o esclavo solo nos ha conducido a un punto de quiebra del sistema terrestre. En algún momento de nuestra historia occidental decidimos que nuestros hermanos, primos y abuelos eran tipos inferiores de vida, bestias o animales. Nosotros —<em>estos animales</em> que somos potencialmente capaces de hacer de la compasión una práctica vital— tendríamos que ser clarividentes y hábiles en extenderla al resto de seres vivos. Compasión, fraternidad, gratitud y orgullo. Amar el orgullo de los otros seres como amamos el nuestro y tratarlos con dignidad, reestableciendo el diálogo con ellos que empieza por mirarlos, reconocerlos y, sobre todo, darles espacio vital y político. Más allá de instituirnos como superdepredadores tenemos que recuperar aquellas otras maneras ancestrales de acercarse e imaginar al otro. Algo así como la forma de convivir con los renos que tienen los <em>tuvanos</em> de Siberia, en la que el reno se mantiene voluntariamente en estado salvaje, a la par que participa de una cooperación mutualista con los humanos que influyen en ellos y los orientan.<sup>18</sup> Es impensable que podamos construir una nueva cosmología sobre los hombros de la crueldad y el horror animal. La protección de la biodiversidad y la explotación son conceptos intrínsecamente antagónicos. Como escribe Baptiste Morizot: «La ecodependencia es la condición y las relaciones con otras especies es el marco».<sup>19</sup> Y este marco es un marco constituido por vínculos horizontales, recíprocos y complementarios.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4><strong>Ella es Happy y ella lo sabe<sup>20</sup></strong></h4>
<p>No hace mucho, ejerciendo uno de mis privilegios fosilista, en un barco hacia las Islas Baleares, escuché una conversación perturbadora. Una pareja con un bebé comentaba con otra la necesidad de quitarle el chupete. La otra pareja, más experimentada en esas lides, relataba que, en su momento, le quitaron el chupete a su pequeño arrojándolo al mar. Si esto me sobrecogió, lo que me pareció mucho más inquietante es que los primerizos padres aceptaron el consejo sin una pizca de resistencia. No parecieron reparar en que el bienestar de ese bebé fuera de su chupete está profundamente ligado a la salud del océano del que dependen millones y millones de vidas (humanas y no humanas) y que los plásticos que acaban balanceados por el oleaje se van descomponiendo en unidades microscópicas que asaltarán el cuerpecito de todos los bebés a través de ese caldo de pescado con el que un día los alimentarán. Un bumerán kármico administrado con mano firme por las cascadas tróficas.</p>
<p>La anécdota es elocuente. Aunque sería un error concluir que este atolladero civilizatorio en el que está sumido la humanidad es solo el resultado de la suma de veces en las que cada uno de nosotros tiramos el chupete o el envoltorio de las patatas al mar. Sería un error concluir que nuestra ignorancia ecosocial es fruto de nuestra naturaleza egoísta y descuidada. Nuestra sociedad capitalista —con el empuje de los hidrocarburos— salvajemente colonialista, extractivista, depredadora de recursos y ciega a los procesos ecológicos, nos empuja todo el tiempo a obviar que nos envenenamos envenenando al planeta. Y esa misma lógica socioeconómica basada en la plusvalía y en la acumulación de capital es la que empuja a producir y producir a costa de traspasar los límites planetarios y mercantilizar las vidas y el «medio ambiente». Esto nos debe llevar obligatoriamente a cuestionar el modelo socioeconómico. No hay posibilidad de un capitalismo amable con la biosfera puesto que el crecimiento infinito es imposible en un planeta finito.</p>
<p>Muy relacionado con lo anterior y con una civilización absolutamente <em>petroadicta</em>, está la cuestión de cómo están ordenadas nuestras vidas: la casi obligatoria hipermovilidad de materias y personas; la inexistente soberanía alimentaria; la enorme huella ecológica del sector agroganadero industrial; el derroche productivo que se traduce en una sociedad convulsa que compra y compra y tira y tira sin detenerse; la basura, los plásticos, los residuos fabricados en materiales que la biosfera no puede digerir; lo lejos —con una población mundial fundamentalmente urbana— que vivimos de la «naturaleza», lo que a su vez propulsa y motiva un turismo de masas predador que retroalimenta la insostenibilidad de nuestra civilización; nuestra acrítica tecnofilia; y, finalmente, el culto al coche —y a la red de carreteras que lo preceden— que condiciona el espacio público, fragmenta los entornos naturales, impermeabiliza la tierra y satura la atmósfera de gases de efecto invernadero. Y todo esto está absolutamente culturizado en cada uno de nosotros y en el conjunto de la sociedad. Son, parafraseando a Erich Fromm, estructuras promotoras de nuestro carácter social que hace propias las necesidades externas, enfocándonos hacia las tareas y los comportamientos que el sistema requiere. Y como resultado, las necesidades socioeconómicas de la sociedad capitalista nos moldean. Somos productos del entorno y del ambiente.<sup>21</sup> Estas estructuras invisibles son las que nublan, las que reducen el tamaño del espejo de nuestra ecodependencia. Cambiarlas es un trabajo esencial de nuestro tiempo.</p>
<p>Y sólo así, como la emocionante historia de Happy, la primera elefanta asiática que fue capaz de reconocer su imagen en el espejo sólo porque a Frans de Waal se le ocurrió que, para poder superar la prueba de la autoconciencia, un elefante necesitaba mirarse en un espejo de su tamaño. Del mismo modo, nosotras, criaturas <em>gaianas</em>, seres vulnerables, frágiles y ecodependientes, también necesitamos un espejo más grande, más nítido. Un espejo que nos devuelva el reflejo de toda la biosfera, que nos permita sabernos como Gaia, una entidad completa de la que formamos parte y a la que nunca podremos sobrevivir. El espejo de la simbiosis cincelado con el auxilio de las ciencias, el amor, la compasión, la humildad, la proximidad, y la buena vecindad —en el sentido estricto de esta palabra. Un espejo que inaugure un nuevo estadio de autoconciencia para toda la humanidad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Elena Krause Suárez</strong> es diplomada en Relaciones Laborales y máster en Humanidades Ecológicas, Sustentabilidad y Transiciones Ecosociales.</p>
<h4>NOTAS:</h4>
<p>1 Lynn Margulis y Dorion Sagan, <em>¿Qué es la vida?</em>, Metatemas, 1996, pp. 14.</p>
<p>2 <em>Ibidem</em>.</p>
<p>3 Domingo Marchena, «El año que China declaró la guerra a los gorriones», <em>Historia y vida</em>, 2020, núm. 623, pp. 80-83.</p>
<p>4 Carlos Velázquez, <em>No cantan sólo por cantar</em>, Publicado en cienciorama.unam.mx.</p>
<p>5 Vladímir I. Vernadski, <em>La biosfera</em> (1929), Fundación Argentaria–Visor Dis, Madrid, 1997.</p>
<p>6 Gregory T. Cushman, <em>Los señores del guano: una historia ecológica global del Pacífico</em>, Instituto de Estudios Peruanos, 2019.</p>
<p>7 Xosé Luis Otero <em>et al.</em>, «<a href="https://www.nature.com/articles/s41467-017-02446-8" target="_blank" rel="noopener">Seabird colonies as important global drivers in the nitrogen and phosphorus cycles</a>»,<em> Nature communications</em>, 2018, vol. 9, núm. 1, pp. 246.</p>
<p>8 Michael J. Benton, Peter Wilf y Hervé Sauquet, «The Angiosperm Terrestrial Revolution and the origins of modern biodiversity»<em>, New Phytologist, </em>2022, vol. 233, núm. 5, pp. 2017-2035.</p>
<p>9 José Carlos Otero, <em>La vida secreta de los insectos</em>, Plataforma, 2018.</p>
<p>10 Elisa T. Hernández y Carlos A. López Morales, «<a href="https://marurojasreportera.com/sabias-que-de-las-abejas-depende-nuestro-alimento-y-el-equilibrio-ecologico-mundial-diamundialdelasabejas/" target="_blank" rel="noopener">La desaparición de abejas en el mundo: polinización, ecología, economía y política</a>», <em>Ciencias</em>, núm. 118-119, noviembre 2015-abril, pp. 102-105.</p>
<p>11 Peter Wohlleben, <em>La vida secreta de los árboles</em>, Ediciones Obelisco, 2016.</p>
<p>12 Carolina Pinedo, «<a href="https://elpais.com/mamas-papas/expertos/2023-12-05/mejor-sueno-y-rendimiento-escolar-el-contacto-de-los-ninos-con-la-naturaleza-es-imprescindible-para-su-salud.html" target="_blank" rel="noopener">Mejor sueño y rendimiento escolar: el contacto de los niños con la naturaleza es imprescindible para su salud</a>», El País, 5 de diciembre de 2023.</p>
<p>13 Bruno Latour, <em>¿Es la geo-logía el nuevo paraguas para todas las ciencias?,</em> Humus Editores, 2016.</p>
<p>14 Ferrán Puig Vilar, «Messoreligión para una acción intersticial con sentido<em>», Humanidades ecológicas hacia un humanismo bioférico, </em>2023, cap. 16, pp. 268.</p>
<p>15 Jorge Riechmann, <em>Moderar extremistán: sobre el futuro del capitalismo en la crisis civilizadora,</em> Díaz &amp; Pons, 2014.</p>
<p>16 Barry Commoner, <em>En paz con el planeta,</em> Crítica, Barcelona, 1992.</p>
<p>17 Programa Bosque Habitado de RNE, radiado en directo desde el auditórium del Jardín Botánico de la ciudad de Valencia, el domingo 3 de diciembre de 2023 a las 10 horas.</p>
<p>18 Baptiste Morizot, <em>Maneras de estar vivo</em>. <em>La crisis ecológica global y las políticas de lo salvaje,</em> Errata naturae, Madrid, 2021, pp. 227.</p>
<p>19 Ibidem., pp. 321.</p>
<p>20 Cuando se demostró que Happy, una elefanta asiática, se reconocía en el espejo, la prensa no pudo resistirse a parafrasear una canción infantil haciendo este juego de palabras. Frans De Waal, <em>El bonobo y los diez mandamientos: en busca de la ética entre los primates</em>, Tusquets, 2014, pp. 132.</p>
<p>21 Erich Fromm y Gino Germani, <em>El miedo a la libertad</em>, Paidós, Argentina, 1977.</p>
</div></div></div></div></div></div><script id="script-row-unique-9" data-row="script-row-unique-9" type="text/javascript" class="vc_controls">UNCODE.initRow(document.getElementById("row-unique-9"));</script></div></div></div>
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		<title>Restauración participativa de ecosistemas y sus beneficios en la microbiota y salud humana</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 08 Mar 2024 08:56:47 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[El artículo aborda los efectos beneficiosos que la restauración ecológica participativa ha demostrado tener sobre la salud de las personas que la practican.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div class="wpb-content-wrapper"><div data-parent="true" class="vc_row row-container" id="row-unique-10"><div class="row limit-width row-parent"><div class="wpb_row row-inner"><div class="wpb_column pos-top pos-center align_left column_parent col-lg-12 single-internal-gutter"><div class="uncol style-light"  ><div class="uncoltable"><div class="uncell no-block-padding" ><div class="uncont" ><div class="vc_custom_heading_wrap "><div class="heading-text el-text" ><h2 class="h2" ><span>Restauración participativa de ecosistemas y sus beneficios en la microbiota y salud humana</span></h2></div><div class="clear"></div></div></div></div></div></div></div><script id="script-row-unique-10" data-row="script-row-unique-10" type="text/javascript" class="vc_controls">UNCODE.initRow(document.getElementById("row-unique-10"));</script></div></div></div><div data-parent="true" class="vc_row row-container" id="row-unique-11"><div class="row limit-width row-parent"><div class="wpb_row row-inner"><div class="wpb_column pos-top pos-center align_left column_parent col-lg-6 single-internal-gutter"><div class="uncol style-light"  ><div class="uncoltable"><div class="uncell no-block-padding" ><div class="uncont" ><div class="uncode_text_column" ><p>El Dosier Ecosocial <a href="https://www.fuhem.es/2024/03/08/explorando-vinculos-entre-la-biodiversidad-y-calidad-de-vida/"><em>Explorando los vínculos entre la biodiversidad y la calidad de vida</em></a> incluye un texto de <strong>Marcela Bustamante-Sánchez</strong>, <strong>Nicolás Rivas Mac Kay</strong> y <strong>Antonia Ortiz Astorga</strong> titulado: «<em>Restauración participativa de ecosistemas y sus beneficios en la microbiota y salud humana</em>» que indaga en los efectos beneficiosos que la restauración ecológica participativa ha demostrado tener sobre la salud de las personas que la practican.</p>
<h4><strong>Introducción</strong></h4>
<p>El ser humano está cada día más expuesto a diferentes estímulos provenientes de la tecnología en las ciudades modernas, los cuales muchas veces son el origen de problemas de salud tanto física como psicológica. Sonidos, luces, pantallas, comida ultra procesada, y entornos construidos artificialmente carentes de estímulos naturales alteran nuestro estado de bienestar y equilibrio.<sup>1</sup> Entonces cabe preguntarse: ¿evolutivamente, estamos adaptados para vivir en estos ambientes modernos llenos de estímulos artificiales? Si consideramos esto a grandes rasgos, algunos autores indican que solo hemos pasado el 0,01% de nuestro tiempo en la Tierra en ambientes modernos.<sup>2</sup> Es decir, el 99,99% del tiempo estuvimos viviendo y evolucionando en contacto directo con ambientes naturales.</p>
</div></div></div></div></div></div><div class="wpb_column pos-top pos-center align_left column_parent col-lg-6 single-internal-gutter"><div class="uncol style-light"  ><div class="uncoltable"><div class="uncell no-block-padding" ><div class="uncont" ><div class="uncode_text_column" ><style type="text/css">
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</div></div></div></div></div></div><script id="script-row-unique-11" data-row="script-row-unique-11" type="text/javascript" class="vc_controls">UNCODE.initRow(document.getElementById("row-unique-11"));</script></div></div></div><div data-parent="true" class="vc_row row-container" id="row-unique-12"><div class="row limit-width row-parent"><div class="wpb_row row-inner"><div class="wpb_column pos-top pos-center align_left column_parent col-lg-12 single-internal-gutter"><div class="uncol style-light"  ><div class="uncoltable"><div class="uncell no-block-padding" ><div class="uncont" ><div class="uncode_text_column" ><p>Sería lógico entonces pensar que es ahí donde nos sentiríamos más cómodos, seguros y en mejor estado de salud y bienestar. Desde la antigüedad se ha conocido o se ha hecho referencia al efecto terapéutico y restaurador de la naturaleza: el médico de la Antigua Grecia Hipócrates hablaba sobre la necesidad del «aire, agua y lugares» para la buena salud física y mental. También en textos romanos se señalaba que había beneficios para la salud en los campos y espacios abiertos.<sup>3</sup> En la cultura mapuche, un pueblo originario del sur de Chile, se cree que el cuerpo biológico nunca ha estado separado ni aislado de los otros cuerpos sutiles, ni muchos menos de los elementos de la naturaleza, por lo que para ellos, para poder conocer el secreto de la salud, primero hay que conocer las conexiones y enlaces con los misterios de los árboles y de las plantas.<sup>4</sup></p>
<p>Este vínculo humano-naturaleza se hace más tangible con el término propuesto por Erich Fromm, <em>biofilia.</em><sup>5</sup> Este término proviene de las palabras griegas bio (vida) y filia (amor), por lo cual se podría traducir como «amor a la vida». En un principio, Fromm describió la biofilia desde el punto de vista de que el ser humano se siente atraído psicológicamente a todo lo que está vivo y es vital. Más tarde Edward O. Wilson, en su libro <em>Biofilia</em>, ocupó este término para referirse a la adaptación evolutiva que permitió que existiera este vínculo con la naturaleza y la vida.<sup>6</sup> Luego, Wilson, junto con Stephen R. Kellert, oficialmente propusieron la conocida <em>hipótesis de la biofilia</em>. Esta fue planteada desde un punto evolutivo y entregando una perspectiva más filogenética del vínculo con la naturaleza, planteando que la atracción y el cómo nos vinculamos con la naturaleza viene de toda evolución del ser humano que tuvo en ella.<sup>7</sup></p>
<p>Este vínculo con lo natural día a día está siendo hoy más explorado por diferentes áreas de estudios, habiéndose registrado diversos beneficios en la salud y el bienestar de las personas al estar en contacto con la naturaleza. En el campo de la psicología se tiene registro de que provoca alivio al estrés fisiológico, a la fatiga mental y también posee un efecto restaurador de la atención.<sup>8,9</sup> Entre algunos de sus efectos benéficos fisiológicos, el contacto con la naturaleza promueve la relajación cardiovascular, reduce la presión arterial y los niveles de cortisol, además de tener efectos antiinflamatorios en el cuerpo.<sup>10</sup><sup>, 11, 12 </sup> La reciente experiencia que vivimos debido a la pandemia generada por el covid-19 nos dejó de manifiesto lo importante que es el vínculo con la naturaleza. En una investigación realizada en Japón, se encontró que las personas que vivían en lugares con una mayor cobertura forestal presentaban un menor índice de mortalidad por diferentes tipos de cáncer, en comparación con personas que vivían en lugares con una menor cobertura de bosques.<sup>13</sup> En Estados Unidos se realizó un estudio para evaluar cómo la exposición a espacios verdes podría influir en la mortalidad por esta enfermedad. Los resultados sugirieron que efectivamente una mayor exposición a espacios verdes, específicamente los bosques, puede disminuir la mortalidad por dicho virus.<sup>14</sup></p>
<p>Todos estos efectos sugieren que el contacto con la naturaleza a futuro nos podría ayudar a mitigar los diversos problemas de salud que la sociedad padece, y que este vínculo que ha existido por miles de años podría ser la piedra angular para tratarlos. Sin embargo, la conservación de la biodiversidad por sí sola no ha logrado proteger la mayor parte de la superficie terrestre de la Tierra. Según un informe del año 2018 de la Plataforma Intergubernamental Científico-Política sobre Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos, un desgarrador 75% de la superficie terrestre está degradada.<sup>15</sup> El rápido ritmo y el alcance de la degradación ambiental han hecho que la restauración de los ecosistemas —el proceso de ayudar a la recuperación de un ecosistema degradado— sea una prioridad global. Las Naciones Unidas declararon que 2021-2030 es el Decenio de las Naciones Unidas para la Restauración de Ecosistemas para reflejar la urgencia y la escala con la que debemos restaurar nuestros ecosistemas dañados. La escala y los desafíos involucrados son inmensos. Una manera de lograrlo es abordar la salud de los ecosistemas y la salud de la población humana en su conjunto, ya que ambas están inexorablemente vinculadas en el mundo actual (superpoblado y dominado por los seres humanos).<sup>16, 17</sup> Esto se puede lograr adoptando un enfoque de <em>ecosalud</em> (un enfoque ecosistémico de la salud humana), como modelo y enfoque práctico para ayudar a avanzar en el movimiento hacia la curación de nuestro planeta y de nosotros mismos.<sup>18, 19</sup></p>
<p>La discusión en este artículo se enfoca en presentar cómo la restauración de ecosistemas participativa trae beneficios a los ecosistemas y a la salud de las personas que la practican. Para ello, hemos dividido la argumentación en cuatro temas. Esta no es una lista exhaustiva; sin embargo, consideramos que cada tema es relevante para resaltar la relación entre la salud de los ecosistemas, la restauración ecológica y la salud humana.</p>
<p>Los cuatro temas para discutir son los siguientes:</p>
<ul>
<li>La hipótesis de la biodiversidad y la salud de los ecosistemas y de las personas.</li>
<li>Restauración recíproca para las personas y los ecosistemas.</li>
<li>Restauración de ecosistemas y modulación de la microbiota.</li>
<li>Restauración de ecosistemas y efectos en la salud mental.</li>
</ul>
<p><strong> </strong></p>
<h4><strong>La hipótesis de la biodiversidad y la salud de los ecosistemas y de las personas</strong></h4>
<p>La urbanización, los cambios de uso del suelo y la pérdida asociada de biodiversidad, así como el aumento del tiempo que pasamos en el interior de casas, escuelas o áreas de trabajo, han reducido nuestra exposición a la microbiota (comunidades de microorganismos) a la que estamos adaptados. Esta disminución en el tiempo que las personas pasan en ambientes naturales se conoce también como <em>trastorno por déficit de naturaleza</em><sup>20</sup>, que plantea que los seres humanos, especialmente las y los niños, pasan menos tiempo al aire libre que en el pasado, lo que resulta en una amplia gama de problemas de conducta. Cuando nos aislamos de esas interacciones ecológicas con otras especies, nuestra salud física y psicológica probablemente se ve comprometida. Esta amistad —una relación simbiótica entre un huésped y miles de millones de organismos microbianos— puede verse alterada por una serie de productos químicos y farmacéuticos sintéticos, incluidos biocidas, desinfectantes, pesticidas y antibióticos, cada uno de los cuales puede reducir la densidad y diversidad de microbiota beneficiosa que se considera necesaria para la salud y la resiliencia humanas.<sup>21</sup> La <em>hipótesis de la biodiversidad</em>, una extensión de la <em>hipótesis de la higiene</em>, postula que la baja exposición a una microbiota ambiental más diversa puede estar provocando cambios desfavorables en los microbiomas humanos y, por lo tanto, diversas enfermedades (por ejemplo, trastornos autoinmunes, alergias y asma).<sup>22, 23</sup> Los primeros trabajos para respaldar esta hipótesis se basaron en comparaciones de la microbiota de personas que vivían en un gradiente desde condiciones urbanas con menos biodiversidad hasta condiciones rurales más biodiversas.<sup>24</sup> Se cree que la salud de las personas mejora gracias al entrenamiento que va adquiriendo su sistema inmunológico al estar en contacto con entornos o ambientes más biodiversos, lo que se ha logrado a través de un proceso de coevolución del ser humano con su microbiota. Por ejemplo, se ha observado que la microbiota de niñas y niños que viven en ambientes rurales difiere de la microbiota de quienes viven en ambientes urbanos, quienes son más susceptibles a presentar asma en comparación con las niñas y niños que viven en granjas.<sup>25</sup> Estos estudios han revelado que la exposición a la microbiota del entorno natural es crucial, particularmente para la activación de mecanismos inmunorreguladores,<sup>26</sup> y que dichas exposiciones se están reduciendo, mientras que la propia microbiota ambiental está siendo modificada por la actividad humana.<sup>27, </sup><sup>28</sup></p>
<p>&nbsp;</p>
<h4><strong>Restauración recíproca para las personas y los ecosistemas</strong></h4>
<p>Los problemas de salud ambiental, como la pérdida de la biodiversidad, la contaminación y la degradación de los ecosistemas, no son independientes de los problemas de salud pública. La conservación de la biodiversidad y la restauración de los ecosistemas no son sólo formas prácticas de compromiso con la naturaleza, sino también prácticas recíprocamente restaurativas: restauradoras tanto para las personas involucradas como para los ecosistemas que reciben acciones reparadoras.<sup>29</sup> Esto tiene enormes beneficios socioeconómicos y culturales.<sup>30</sup></p>
<p>Una <em>intervención de salud basada en la naturaleza</em> que postula beneficios tangibles y verificables para la salud psíquica, psicológica y fisiológica es involucrar a las personas en equipos de trabajo de proyectos de restauración ecológica<sup>31, 32, 33</sup> Este cambio de paradigma promueve una <em>cultura restaurativa</em> que reconoce los vínculos fundamentales entre los ecosistemas y la salud humana, y considera a la biodiversidad como fundamental para el bienestar y la resiliencia personal, comunitaria y cultural.<sup>34</sup> La restauración ecológica participativa puede ser considerada como una prescripción verde (<em>green prescription</em>, en inglés),<sup>35</sup> es decir, una receta médica para una actividad monitoreable que implica pasar tiempo en entornos naturales en beneficio de la salud y el bienestar humano. Las prescripciones verdes suelen estar diseñadas para pacientes con una necesidad definida y tienen el potencial para complementar los tratamientos médicos ortodoxos, particularmente aquellos que están destinados a abordar enfermedades no transmisibles y problemas de salud mental.<sup>36</sup> Se reconoce que los fundamentos de la prescripción verde requieren la interacción de tres fenómenos principales: entornos naturales, un contexto social y actividades significativas.<sup>37</sup> Sin embargo, todavía queda una gran cantidad de investigación por realizar para responder a una serie de preguntas fundamentales, como qué tipos de intervenciones basadas en la naturaleza (o elementos de éstas) funcionan mejor para quién, dónde y cuándo.<sup>38</sup></p>
<p>Es posible identificar una variedad de beneficios colaterales asociados a las prescripciones verdes que abarcan áreas de la salud, la socioeconomía y el medio ambiente. La creciente evidencia de una amplia gama de estudios que investigan la relación entre la naturaleza y la salud humana respalda esto y, en particular, los beneficios ambientales.<sup>39</sup> Sin embargo, a la fecha, casi no hay literatura científica que muestre resultados empíricos de los efectos en la salud humana al participar en actividades de restauración, lo que refleja una brecha importante que debe abordarse. Se ha inferido, desde una serie de estudios, que el contacto frecuente con la más amplia biodiversidad posible en los espacios verdes es lo que genera una amplia gama de beneficios para la salud derivados de las intervenciones basadas en la naturaleza, incluida la reducción del estrés y la mejora de la salud mental. Inicialmente, esto se dedujo de estudios en los que la falta de acceso a hábitats naturales (especialmente aquellos con microbiota y vegetación del suelo diversas) exacerba los problemas de salud. En las siguientes secciones presentaremos algunos efectos positivos desde la perspectiva de la microbiota y la salud mental que han surgido desde estudios que evalúan el efecto de la exposición de las personas al ambiente natural y cuyos resultados podrían vincularse a la participación en actividades de restauración.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4><strong>Restauración de ecosistemas y modulación de la microbiota</strong></h4>
<p>La exposición ambiental permite la interacción humana con todo un ecosistema de microbios, y cada vez hay más pruebas de que la diversidad de microbios en ese ecosistema puede influir en la composición de la microbiota humana, con consecuencias para la función inmune y los consecuentes resultados en la salud.<sup>40</sup> La exposición a la microbiota ambiental, tanto de ambientes interiores como exteriores, ocurre constantemente a lo largo de la vida y, por lo tanto, es importante apreciar su papel potencial. La base de evidencia que respalda dicha relación está en sus inicios: el primer estudio en esta área se publicó tan sólo hace cinco años.<sup>41</sup> Actualmente, hay varios estudios que han mostrado que la interacción con el entorno natural (por ejemplo, tocar el suelo y la materia vegetal) influye en la microbiota de las personas (de la piel, la boca, la nariz y el intestino).<sup>42</sup> Con respecto a la microbiota de la piel, un estudio reciente encontró que los jardines verticales interiores en los espacios de oficina pueden aumentar su diversidad después de 14 días de exposición, y dichos cambios se asociaron con la expresión del ARN mensajero del factor de crecimiento beta transformante de citoquinas,<sup>43</sup> lo que indica un potencial papel de la microbiota ambiental en la función inmune. Como no hubo contacto directo con el jardín vertical, estos hallazgos sugieren que la microbiota de la piel y la función inmune pueden estar relacionados con la exposición al aero-bioma (presente en el polvo) asociado con los jardines verticales. Sin embargo, en este estudio no se realizó ninguna evaluación del aero-bioma. Esta idea sobre los efectos en la salud debido a la exposición al aero-bioma cuenta con el apoyo de un estudio reciente realizado con ratones.<sup>44</sup> En este estudio se introdujeron ratones en cajas de malla abiertas que permitían el paso del polvo (aero-bioma) proveniente del suelo ubicado al lado de las cajas. Un grupo de ratones fue expuesto a un aero-bioma generado en una condición sin suelo (es decir, una condición control sin exposición al aero-bioma), otro grupo se expuso a un aero-bioma generado desde una condición de suelo de baja diversidad, y un tercer grupo a un aero-bioma de suelo de alta diversidad. Después de siete semanas de exposición, hubo diferencias significativas entre los grupos experimentales en la composición comunitaria del microbioma fecal y cecal. Los ratones expuestos al aero-bioma de suelo de alta diversidad presentaron una mayor presencia de una bacteria que produce butirato (<em>Kineothrix alysoides</em>), lo que se asoció con una reducción de comportamientos de ansiedad en los ratones. Estos resultados apoyan la hipótesis de la biodiversidad, ya que los suelos biodiversos pueden suministrar microorganismos productores de butirato al microbioma intestinal de los mamíferos con posibles implicaciones para la regulación del comportamiento.</p>
<p>También se han realizado intervenciones para observar los efectos en la microbiota intestinal, la evidencia más convincente aquí proviene de estudios con grupos de comparación, e incluye poblaciones tanto de niños como de adultos.<sup>45, 46, 47, 48</sup> Las intervenciones examinadas por su impacto en la microbiota intestinal y/o la función inmune incluyeron la exposición directa con una mezcla de abono y tierra,<sup>49</sup> jardines verticales interiores,<sup>50</sup> exposición a espacios verdes al aire libre<sup>51</sup> y jugar en un arenero enriquecido con microbios (incluyendo materia vegetal y suelos de jardinería comercial).<sup>52</sup> En dos de estos estudios no se encontraron diferencias significativas entre los grupos de intervención y control a los 14 día,<sup>53, 54 </sup>a los 21 días <sup>55</sup> y después del cese de la intervención. Estos hallazgos indican que puede ser necesaria una exposición continua, o que las intervenciones no tuvieron una duración suficiente para impulsar cambios a largo plazo en la microbiota intestinal.</p>
<p>La evidencia preliminar publicada hasta la fecha sugiere que la exposición a la microbiota ambiental puede influir en la microbiota del huésped, la función inmune y, finalmente, en los resultados de salud; sin embargo, se necesita más evidencia y con menos sesgos potenciales. Un estudio publicado en el año 2023 por Jessica Stanhope y Philip Weinstein analizó los trabajos recién presentados.<sup>56</sup> Hasta la fecha, hay relativamente pocos estudios en humanos que incluyan grupos de comparación, e incluso estos estudios tienen una variedad de posibles sesgos metodológicos, como por ejemplo el sesgo de asignación en dos de los estudios, o el no aislar la exposición al microbioma de otros elementos de las intervenciones (por ejemplo, ver elementos naturales, la naturaleza relativamente a corto plazo de las intervenciones y períodos de seguimiento tras el cese de la intervención)<em>.</em> Los tamaños de muestra en todos los estudios también fueron relativamente pequeños. También se requieren evaluaciones más completas de la función inmune. La generalización de los hallazgos también debe considerarse al determinar cómo estos hallazgos pueden aplicarse más allá de los escenarios investigados. Por ejemplo, todos los estudios en humanos con grupos de comparación se han realizado en Finlandia, por lo que es urgente ampliar el espectro biogeográfico y cultural de los estudios para identificar patrones de resultados comunes entre diferentes regiones. La investigación en esta área está en sus inicios y se requiere investigación adicional para comprender mejor los tipos y dosis de exposición, la generalización de los hallazgos entre poblaciones, y garantizar la seguridad de tales intervenciones.</p>
<p>Si bien falta mucho por estudiar y afinar aún, estos resultados preliminares son alentadores y permiten pensar en intervenciones que se podrían realizar para mejorar la exposición de las personas a una microbiota ambiental más diversa. Estos enfoques pueden incluir cambios de comportamiento (por ejemplo, frotar el suelo, trabajar en el jardín y pasar más tiempo al aire libre en espacios verdes), u optimizar la microbiota ambiental en los espacios donde las personas pasan su tiempo. Desde la restauración ecológica se puede contribuir a modular la microbiota de las personas desde dos aproximaciones: restaurando los ecosistemas donde las personas pasan la mayor parte del tiempo, como en las ciudades, y motivando a las personas a participar activamente en actividades de restauración.<sup>57</sup> La restauración ecológica urbana incluye proteger y ampliar los espacios verdes urbanos, lo que puede promover la vegetación nativa,<sup>58</sup> mejorar la biodiversidad del suelo<sup>59</sup> e impactar positivamente en el microbioma humano.<sup>60, 61, 62</sup> La restauración ecológica urbana también puede impartir una sensación de bienestar y una mejor salud mental a quienes utilizan los espacios verdes. La regulación del microclima puede ser otro resultado de la restauración ecológica. Se ha demostrado que el aumento de las copas de los árboles reduce las temperaturas de la superficie terrestre, lo que en última instancia tiene un impacto en las enfermedades humanas inducidas por el calor. <sup>65, 66</sup>  Las prácticas de agricultura regenerativa en áreas urbanas y periurbanas también tienen un lugar en el marco de las actividades restaurativas, que pueden tener impactos significativos en la salud y el bienestar: mejoran la seguridad alimentaria, la biodiversidad del suelo y la protección contra inundaciones.<sup>67</sup></p>
<p>&nbsp;</p>
<h4><strong>Restauración de ecosistemas y efectos en la salud mental</strong></h4>
<p>Como se mencionó anteriormente, son muchos los problemas de salud que afectan hoy en día a las personas, y éstos se ven altamente potenciados en ambientes urbanizados. Tanto es así, que gran parte de la población recurre a tratamientos médicos y medicamentos para sopesar el «síndrome de la modernización urbana», el estrés. Este síndrome, como base de muchas enfermedades cardíacas, mentales (como depresión y esquizofrenia), e incluso fisiológicas (como el cáncer), es considerado un factor de morbilidad.<sup>68</sup> El incremento de la urbanización ha tenido por consecuencia una desconexión con la naturaleza, ya que son cada vez menos los ecosistemas que persisten, y el acceso a ellos es cada vez más complejo (distancias más largas, donde no cualquier persona tiene las facilidades económicas para acceder a ellos).</p>
<p>Desde la psicología y otras disciplinas sociales se han realizado estudios cualitativos y cuantitativos para poder conocer la relación entre las personas con su ambiente. Sea natural o urbanizado, se busca, a través de la introspección de las personas, su propia percepción física, emocional, espiritual y mental sobre el entorno en el cual están inmersos. Además, recientemente ha quedado claro que la microbiota humana desempeña un papel no sólo en la salud física, sino también en la salud mental. Dependiendo de la diversidad y la composición comunitaria de la microbiota humana, la microbiota puede contribuir a resultados negativos de salud mental o promover la resiliencia al estrés. Una revisión sistemática de estudios científicos realizada en el año 2010 encontró un impacto beneficioso de la exposición al ambiente natural sobre las emociones negativas (ira y tristeza) en personas adultas.<sup>69, 70, 71, 72</sup> Además, se sabe que vivir cerca de los bosques tiene efectos en la amígdala,<sup>73</sup> un área del cerebro que regula el miedo y la ansiedad. Un trabajo pionero publicado el año 2020 demostró el impacto de una intervención relacionada con la naturaleza en la microbiota intestinal, la serotonina fecal y el comportamiento psicosocial de infantes en edad preescolar, lo que sugiere una vía potencial para resaltar el beneficio de la conexión con la naturaleza.<sup>74</sup> Los resultados muestran que jugar al aire libre en parques una vez a la semana por diez semanas mejora significativamente el estrés percibido (particularmente la frecuencia de la ira) y el comportamiento prosocial de las y los participantes, lo que sugiere un vínculo entre estos comportamientos y la carga bacteriana encontrada en los participantes.</p>
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<h4><strong>Conclusión</strong></h4>
<p>Existe una creciente preocupación de que la falta de acceso a hábitats naturales exacerbe los problemas de salud de las personas. Para detener y revertir la degradación ecológica y el deterioro de la salud pública, debemos aumentar la comprensión de los efectos de la restauración de los ecosistemas en la salud humana. La participación en actividades de restauración ecológica es una intervención basada en la naturaleza que puede mejorar la salud humana. Como se ha mostrado, la restauración ecológica puede contribuir a modular la microbiota de las personas y la salud psicológica, con consecuencias en el sistema inmune. La restauración ecológica se puede recetar como una prescripción verde, y se puede llevar a cabo a través de dos aproximaciones: restaurando los ecosistemas donde las personas pasan la mayor parte del tiempo, como las ciudades, y motivando a las personas a participar activamente en actividades de restauración.</p>
<p><strong>Marcela Bustamante-Sánchez </strong>es profesora asistente en la Facultad de Ciencias Forestales de la Universidad de Concepción, Chile.</p>
<p><strong>Nicolás Rivas Mac Kay </strong>es ingeniero en Biotecnología Vegetal de la Universidad de Concepción, Chile.</p>
<p><strong>Antonia Ortiz Astorga</strong> es estudiante de cuarto año de la carrera de Ingeniería en Conservación de Recursos Naturales de la Universidad de Concepción, Chile.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4>NOTAS:</h4>
<p>1 Yeray Rodríguez-Redondo <em>et al.</em>, «<a href="https://doi.org/10.3390/healthcare11091249" target="_blank" rel="noopener">Bibliometric Analysis of Nature-Based Therapy Research</a>», <em>Healthcare</em>, vol. 11, núm. 9, 2023.</p>
<p>2 Chorong Song, Harumi Ikei y Yoshifumi Miyazaki, «<a href="https://doi.org/10.3390/ijerph13080781" target="_blank" rel="noopener">Physiological Effects of Nature Therapy: A Review of the Research in Japan</a>», <em>International Journal of Environmental Research and Public Health</em>, vol. 13, núm. 8, 2016.</p>
<p>3 Lara S. Franco, Danielle F. Shanahan y Richard A. Fuller, «<a href="https://doi.org/10.3390/ijerph14080864" target="_blank" rel="noopener">A Review of the Benefits of Nature Experiences: More Than Meets the Eye</a>», <em>International Journal of Environmental Research and Public Health</em>, vol. 14, núm. 8, 2017.</p>
<p>4 Ziley Mora, <em>El arte de sanar de la medicina mapuche</em>, Uqbar Editores, Santiago, 2012.</p>
<p>5 Erich Fromm, <em>The Heart of Man: Its Genius for Good and Evil</em>, Harper and Row, New York, 1964</p>
<p>6 Edward O. Wilson, <em>Biophilia</em>, Harvard University Press, Cambridge, 1984.</p>
<p>7 Stephen S. Kellert y Edward O. Wilson, <em>The biophilia hypothesis</em>, Island Press, Washington DC, 1993.</p>
<p>8 Gregory N. Bratman, J. Paul Hamilton y Gretchen C. Daily, «<a href="https://doi.org/10.1111/j.1749-6632.2011.06400.x" target="_blank" rel="noopener">The impacts of nature experience on human cognitive function and mental health</a>», <em>Annals of the New York Academy of Sciences</em>, vol. 1249, núm. 1, 2012, pp. 118-136.</p>
<p>9 Howard Frumkin <em>et al.</em>, «<a href="https://doi.org/10.1289/EHP1663" target="_blank" rel="noopener">Nature Contact and Human Health: A Research Agenda</a>» <em>Environmental Health Perspectives</em>, vol. 125, núm. 7, 2017.</p>
<p>10 Lucy Keniger <em>et al.</em>, «<a href="https://doi.org/10.3390/ijerph10030913" target="_blank" rel="noopener">What are the Benefits of Interacting with Nature?</a>», <em>International Journal of Environmental Research and Public Health</em>, vol. 10, núm. 3, 2013, pp. 913-935.</p>
<p>11 Juyoung Lee <em>et al.</em> «<a href="https://www.hindawi.com/journals/ecam/2014/834360/" target="_blank" rel="noopener">Influence of Forest Therapy on Cardiovascular Relaxation in Young Adults</a>», <em>Evidence-Based Complementary and Alternative Medicine</em>, vol. 2014, 2014, pp. 1-7.</p>
<p>12 Liisa Andersen, Sus Sola Corazon y Ulrika Karlsson Stigsdotter, «<a href="https://doi.org/10.3390/ijerph18041416" target="_blank" rel="noopener">Nature Exposure and Its Effects on Immune System Functioning: A Systematic Review</a>», <em>International Journal of Environmental Research and Public Health</em>, vol. 18, núm. 4, 2021.</p>
<p>13 Qing Li, Maiko Kobayashi y Tomoyuki Kawada. «<a href="http://dx.doi.org/10.2174/1874944500801010001" target="_blank" rel="noopener">Relationships Between Percentage of Forest Coverage and Standardized Mortality Ratios (SMR) of Cancers in all Prefectures in Japan</a>», <em>The Open Public Health Journal</em>, vol. 1, núm. 1, 2008, pp. 1-7.</p>
<p>14 Yuwen Yang, Yi Lu y Bin Jiang, «<a href="https://doi.org/10.1016/j.scitotenv.2022.158333" target="_blank" rel="noopener">Population-weighted exposure to green spaces tied to lower COVID-19 mortality rates: A nationwide dose-response study in the U</a>SA», <em>Science of the Total Environment</em>, vol. 851, 2022.</p>
<p>15 Robert Scholes <em>et al.</em>, <a href="https://www.ipbes.net/assessment-reports/ldr" target="_blank" rel="noopener"><em>Summary for Policymakers of the Assessment Report on Land Degradation and Restoration of the Intergovernmental Science- Policy Platform on Biodiversity and Ecosystem</em></a>, Services IPBES secretariat, Bonn, Alemania, 2018, p. 44.</p>
<p>16 Adam T. Cross <em>et al.,</em>  «Time for a paradigm shift towards a restorative culture», <em>Restoration Ecology</em>, vol. 27, núm. 5, 2019, pp. 924–928.</p>
<p>17 James Aronson <em>et al.</em>, «A world of possibilities: six restoration strategies to support the United Nation&#8217;s Decade on Ecosystem Restoration», <em>Restoration Ecology</em>, vol. 28, núm. 4, 2020, pp: 730–736.</p>
<p>18 Keith Bradby <em>et al.</em>, «Four Islands EcoHealth Network: An Australasian Initiative Building Synergies between the Restoration of Ecosystems and Human Health», <em>Restoration Ecology</em>, vol. 29, núm. 4, 2021, pp. 1–9.</p>
<p>19 Martin F. Breed <em>et al.</em>, «<a href="https://link.springer.com/article/10.1007/s10393-020-01480-1" target="_blank" rel="noopener">Ecosystem Restoration: A Public Health Intervention</a>», <em>Ecohealth</em>, vol. 18, núm. 3, 2021, pp. 269–271.</p>
<p>20 Richard Louv, <em>Last child in the woods: Saving our children from nature-deficit disorder</em>, Algonquin Books, Estados Unidos, 2005.</p>
<p>21 Michael Gillings, Ian Paulsen y Sasha Tetu, «<a href="https://doi.org/10.3390/genes6030841" target="_blank" rel="noopener">Ecology and evolution of the human microbiota: Fire, farming and antibiotics</a>», <em>Genes</em>, vol. 6, núm. 3, 2015, pp. 841–857.</p>
<p>22 Leena von Hertzen, Ilkka Hanski y Tari Haahtela, «<a href="https://doi.org/10.1038/embor.2011.195" target="_blank" rel="noopener">Natural immunity. Biodiversity loss and inflammatory diseases are two global megatrends that might be related</a>», <em>EMBO report</em>, vol. 12, núm. 11, 2011, pp. 1089-1093.</p>
<p>23 Tari Haahtela <em>et al.</em>, «<a href="https://doi.org/10.1111/all.14895" target="_blank" rel="noopener">Immunological Resilience and Biodiversity for Prevention of Allergic Diseases and Asthma</a>», <em>Allergy Eur J Allergy Clin Immunol</em>, vol. 76, núm. 12, 2021, pp. 3613–3626.</p>
<p>24 <em>Ibidem</em>.</p>
<p>25 Ilkka Hanski <em>et al.</em>, «<a href="https://doi.org/10.1073/pnas.1205624109" target="_blank" rel="noopener">Environmental biodiversity, human microbiota, and allergy are interrelated</a>», <em>Proceedings of the National Academy of Sciences</em>, vol. 109, núm. 21, 2012, pp. 334–8339.</p>
<p>26 <a href="https://www.researchgate.net/profile/Erika-Mutius?_tp=eyJjb250ZXh0Ijp7ImZpcnN0UGFnZSI6InB1YmxpY2F0aW9uIiwicGFnZSI6InB1YmxpY2F0aW9uIn19" target="_blank" rel="noopener">Erika von Mutius</a>, «From observing children in traditional upbringing to concepts of health», en Graham A. W. Rook, Cristhopher A. Lowry (eds), <em>Biodiversity, evolutionary old friends and a reassessment of the hygiene hypothesis</em>, Springer, Alemania, 2021.</p>
<p>27 Aki Sinkkonen, «From observing children in traditional upbringing to concepts of health», en Graham A. W. Rook, Cristhopher A. Lowry (eds), <em>Biodiversity, evolutionary old friends and a reassessment of the hygiene hypothesis</em>, Springer, Alemania, 2021.</p>
<p>28 Jessica Stanhope, Martin F Breed y Philip Weinstein, «Evolution, Biodiversity and a Reassessment of the Hygiene Hypothesis» en Graham A. W. Rook, Cristhopher A. Lowry (eds),  <em>Biodiversity, Microbiomes, and Human Health</em>, Suiza, 2022.</p>
<p>29 Gary P. Nabhan <em>et al.</em>, «Hands-On Ecological Restoration as a Nature-Based Health Intervention: Reciprocal Restoration for People and Ecosystems», <em>Ecopsychology</em>, vol. 12, núm. 3, 2020, pp. 195–202.</p>
<p>30 James Aronson <em>et al.</em>, «A world of possibilities: six restoration strategies to support the United Nation&#8217;s Decade on Ecosystem Restoration», <em>Restoration Ecology</em>, vol. 28, núm. 4, 2020, pp: 730–736.</p>
<p>31 Keith Bradby <em>et al.</em>, «Four Islands EcoHealth Network: An Australasian Initiative Building Synergies between the Restoration of Ecosystems and Human Health», <em>Restoration Ecology</em>, vol. 29, núm. 4, 2021, pp. 1–9.</p>
<p>32 Peter C. Speldewinde, David Slaney y Philip Weinstein, «<a href="https://doi.org/10.1016/j.scitotenv.2014.09.028" target="_blank" rel="noopener">Is restoring an ecosystem good for your health?</a>», <em>Science of the Total Environment</em>, vol. 502, 2015, pp. 276–279.</p>
<p>33 Jacob G. Mills <em>et al.</em>, «Urban habitat restoration provides a human health benefit through microbiome rewilding: The Microbiome Rewilding Hypothesis», <em>Restoration Ecology</em>, vol. 25, núm. 6, 2017, pp. 866–872.</p>
<p>34 Adam T. Cross, 2019, <em>op.cit</em>.</p>
<p>35 Jake Robinson y Martin Breed, «<a href="https://doi.org/10.3390/challe10010009" target="_blank" rel="noopener">Green Prescriptions and Their Co-Benefits: Integrative Strategies for Public and Environmental Health</a>», <em>Challenges</em>, vol. 10, núm. 1: 2019.</p>
<p>3<a href="#_ftnref36" name="_ftn36"></a>6 Rachel Bragg y Chris Leck, <a href="https://publications.naturalengland.org.uk/publication/5134438692814848" target="_blank" rel="noopener"><em>Good Practice in Social Prescribing for Mental Health: The Role of Nature-Based Interventions</em></a>, Natural England Commissioned Reports, England, 2017.</p>
<p>37 <em>Ibidem</em>.</p>
<p>38 Jake Robinson, 2019. <em>op. cit</em>.</p>
<p>39 <em>Ibidem</em>.</p>
<p>40 Jessica Stanhope, Martin F. Breed y Philip Weinstein, 2022, <em>op. cit.</em></p>
<p>41 Noora Nurminen <em>et al.</em>, «Nature-Derived Microbiota Exposure as a Novel Immunomodulatory Approach», <em>Future Microbiology</em>, vol. 13, núm. 7, 2018, pp. 737–744.</p>
<p>42 I<em>bidem</em>.</p>
<p>43 Marja I. Roslund <em>et al.</em>, «<a href="https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0160412021004360" target="_blank" rel="noopener">Long-Term Biodiversity Intervention Shapes Health-Associated Commensal Microbiota among Urban Day-Care Children</a>», <em>Environment International</em>, vol. 157, 2021.</p>
<p>44 Craig Liddicoat <em>et al.</em>, «Naturally-Diverse Airborne Environmental Microbial Exposures Modulate the Gut Microbiome and May Provide Anxiolytic Benefits in Mice», <em>Science of The Total Environment</em>, vol. 701, 2020, pp. 134684.</p>
<p>45 Marja I. Roslund <em>et al.</em>, «<a href="https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC7556828/pdf/aba2578.pdf" target="_blank" rel="noopener">Biodiversity Intervention Enhances Immune Regulation and Health-Associated Commensal Microbiota among Daycare Children</a>», <em>Science Advances</em>, vol. 6, núm. 42, 2020, pp. 1–11.</p>
<p>46 Marja I. Roslund <em>et al.</em>, «<a href="https://doi.org/10.1016/j.ecoenv.2022.113900" target="_blank" rel="noopener">A Placebo-Controlled Double-Blinded Test of the Biodiversity Hypothesis of Immune-Mediated Diseases: Environmental Microbial Diversity Elicits Changes in Cytokines and Increase in T Regulatory Cells in Young Children</a>», <em>Ecotoxicology and Environmental Safety</em>, vol. 242, 2022.</p>
<p>47 Laura Soininen <em>et al.</em>, «I<a href="https://www.nature.com/articles/s41598-022-10432-4" target="_blank" rel="noopener">ndoor Green Wall Affects Health-Associated Commensal Skin Microbiota and Enhances Immune Regulation: A Randomized Trial among Urban Office Workers</a>», <a href="https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/?term=%22Sci%20Rep%22%5bjournal%5d" target="_blank" rel="noopener"><em>Scientific Reports</em></a>, vol, 1, núm. 1, 2022, pp. 1–9.</p>
<p>48 Noora Nurminen, 2018, <em>op. cit.</em>, Marja I. Roslund, 2021, <em>op. cit.</em></p>
<p>49 Noora Nurminen, <em>op. cit</em>.</p>
<p>50 Marja I. Roslund, 2021, <em>op. cit</em>.</p>
<p>51 Marja I. Roslund 2020<em>, op. cit.</em></p>
<p>52 Marja I. Roslund 2022<em>, op. cit.</em></p>
<p>53<em> Ibidem</em>.</p>
<p>54 Noora Nurminen, 2018, <em>op. cit</em>.</p>
<p>55 <em>Ibidem</em></p>
<p>56 Jessica Stanhope y Philip Weinstein, «<a href="https://doi.org/10.1016/j.mucimm.2023.03.001" target="_blank" rel="noopener">Exposure to Environmental Microbiota May Modulate Gut Microbial Ecology and the Immune System</a>», <em>Mucosal </em>Immunology, vol. 16, núm. 2, 2023, pp. 99–103.</p>
<p>57 Jacob G. Mills<em>, </em>2017, <em>op. cit.</em></p>
<p>58 Kiri Joy Wallace, Daniel C. Laughlin y, Bruce D. Clarkson, «Exotic weeds and fluctuating microclimate can constrain native plant regeneration in urban forest restoration», <em>Ecological Applications</em>, vol. 27, núm. 4, 2017, pp. 1268–1279.</p>
<p>59 Elizabeth M. Bach <em>et al.</em>, «<a href="https://doi.org/10.3390/su12072662" target="_blank" rel="noopener">Soil Biodiversity Integrates Solutions for a Sustainable Future</a>», <em>Sustainability</em>, vol. 12, núm. 7, 2020, pp. 2662.</p>
<p>60 Martin F. Breed <em>et al.</em>, «<a href="https://link.springer.com/article/10.1007/s10393-020-01480-1" target="_blank" rel="noopener">Ecosystem Restoration: A Public Health Intervention</a>», <em>Ecohealth</em>, vol. 18, núm. 3, 2021, pp. 269–271.</p>
<p>61 Emily J. Flies <em>et al.,</em> «Biodiverse green spaces: A prescription for global urban health», <em>Frontiers in Ecology and the Environment</em>, vol. 15, núm.9, 2017, pp. 510–516.</p>
<p>62 Jacob G. Mills, 2017, <em>op. cit.</em></p>
<p>63 Gary P. Nabhan, 2020, <em>op. cit. </em></p>
<p>64 Emily J. Flies<em>, </em>2017,<em> op. cit</em>.</p>
<p>65 Thomas Elmqvist <em>et al.</em>, «<a href="https://doi.org/10.1016/j.cosust.2015.05.001" target="_blank" rel="noopener">Benefits of restoring ecosystem services in urban areas</a>», <em>Current Opinion in Environmental Sustainability</em>, vol. 14, 2015, pp. 101–108.</p>
<p>66 Jeremy S. Hoffman, Vivek Shandas y Nicholas Pendleton, «<a href="https://doi.org/10.3390/cli8010012" target="_blank" rel="noopener">The Effects of Historical Housing Policies on Resident Exposure to Intra-Urban Heat: A Study of 108 US Urban Areas</a>», <em>Climate</em>, vol. 8, núm. 1, 2020.</p>
<p>67 Steven N. Handel, «Greens and Greening: Agriculture and Restoration Ecology in the City», <em>Ecological Restoration</em>, vol. 34, núm. 1, 2016, pp. 1–2.</p>
<p>68 Joel Martínez-Soto, Lena M. Montero-López y Ana Córdova, «<a href="https://www.scielo.org.mx/pdf/sm/v37n3/v37n3a5.pdf" target="_blank" rel="noopener">Restauración psicológica y naturaleza urbana: algunas implicaciones para la salud mental</a>», <em>Salud mental</em>, vol. 37, núm. 3, 2014, pp. 217-224.</p>
<p>69 Timothy R. Sampson y Sarkis K. Mazmanian, «<a href="https://doi.org/10.1016/j.chom.2015.04.011" target="_blank" rel="noopener">Control of brain development, function, and behavior by the microbiome</a>», <em>Cell Host &amp; Microbe</em>, vol. 17, núm. 5, 2015, pp. 565–576.</p>
<p>70 Diana E. Bowler <em>et al.</em>, «<a href="https://bmcpublichealth.biomedcentral.com/articles/10.1186/1471-2458-10-456" target="_blank" rel="noopener">A systematic review of evidence for the added benefits to health of exposure to natural environments</a>», <em>BMC Public Health</em>, vol. 10, núm. 1, 2010, pp. 456–456.</p>
<p>71 Noora Nurminen, 2018, <em>op. cit.</em></p>
<p>72 Marja I. Roslund<em>, </em>2021,<em> op. cit.</em></p>
<p>73 Simone Küne <em>et al.</em>, «<a href="https://www.nature.com/articles/s41598-017-12046-7" target="_blank" rel="noopener">In search of features that constitute an “enriched environment” in humans: Associations between geographical properties and brain structure</a>», <em>Scientific Reports</em>, vol. 7, núm. 1, 2017.</p>
<p>74 Tanja Sobko <em>et al.</em>, «<a href="https://www.nature.com/articles/s41598-020-78642-2" target="_blank" rel="noopener">Impact of Outdoor Nature-Related Activities on Gut Microbiota, Fecal Serotonin, and Perceived Stress in Preschool Children: The Play&amp;Grow Randomized Controlled Trial</a>», <em>Scientific Reports</em>, vol. 10, núm. 1, 2020.</p>
<p>
</div></div></div></div></div></div><script id="script-row-unique-12" data-row="script-row-unique-12" type="text/javascript" class="vc_controls">UNCODE.initRow(document.getElementById("row-unique-12"));</script></div></div></div>
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		<title>Salud humana y salud planetaria: dos caras de una misma moneda</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 07 Mar 2024 12:57:52 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Texto que nos adentra en el concepto clave de salud planetaria, mostrándonos cómo la salud humana no puede abordarse aisladamente de la del resto de los seres vivos, pues las personas no podemos estar sanas si las plantas, los hongos los animales y los ecosistemas que nos rodean no lo están.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div class="wpb-content-wrapper"><div data-parent="true" class="vc_row row-container" id="row-unique-13"><div class="row limit-width row-parent"><div class="wpb_row row-inner"><div class="wpb_column pos-top pos-center align_left column_parent col-lg-12 single-internal-gutter"><div class="uncol style-light"  ><div class="uncoltable"><div class="uncell no-block-padding" ><div class="uncont" ><div class="vc_custom_heading_wrap "><div class="heading-text el-text" ><h2 class="h2" ><span>Salud humana y salud planetaria: dos caras de una misma moneda</span></h2></div><div class="clear"></div></div></div></div></div></div></div><script id="script-row-unique-13" data-row="script-row-unique-13" type="text/javascript" class="vc_controls">UNCODE.initRow(document.getElementById("row-unique-13"));</script></div></div></div><div data-parent="true" class="vc_row row-container" id="row-unique-14"><div class="row limit-width row-parent"><div class="wpb_row row-inner"><div class="wpb_column pos-top pos-center align_left column_parent col-lg-6 single-internal-gutter"><div class="uncol style-light"  ><div class="uncoltable"><div class="uncell no-block-padding" ><div class="uncont" ><div class="uncode_text_column" ><p>El Dosier Ecosocial <a href="https://www.fuhem.es/2024/03/08/explorando-vinculos-entre-la-biodiversidad-y-calidad-de-vida/"><em>Explorando los vínculos entre la biodiversidad y la calidad de vida</em></a> incluye un texto de <strong>Xiomara Cantera</strong> titulado: <em>«Salud humana y salud planetaria: dos caras de una misma moneda</em><sup>«1</sup> que nos adentra en el concepto clave de salud planetaria, mostrándonos cómo la salud humana no puede abordarse aisladamente de la del resto de los seres vivos, pues las personas no podemos estar sanas si las plantas, los hongos los animales y los ecosistemas que nos rodean no lo están.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Acababa de quitarse de encima el punto de ansiedad que le despertaba cada mañana. Su primer pensamiento después de la primea dosis del día, antes incluso de que la droga comenzara a hacer efecto, fue cuándo llegaría el momento de preparar la siguiente raya de cocaína. Lo que empezó casi como un juego, como un rito de socialización que le permitía mantener la euforia y la sensación de bienestar más tiempo, beber más copas y alargar la noche, se había convertido, hacía ya tiempo, en un día a día. De unos meses a esta parte, la dama blanca se había comenzado a apoderar no solo de sus noches, sino también de sus días. Casi sin darse cuenta aquel hábito divertido que tantos buenos momentos le había procurado se había convertido en una necesidad irrenunciable tanto para estar con quienes le importaban como para mantener el ritmo de trabajo. Ya no podía estar sin ella.</p>
</div></div></div></div></div></div><div class="wpb_column pos-top pos-center align_left column_parent col-lg-6 single-internal-gutter"><div class="uncol style-light"  ><div class="uncoltable"><div class="uncell no-block-padding" ><div class="uncont" ><div class="uncode_text_column" ><style type="text/css">
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				<h2 class="dae-shortcode-download-title">Explorando los vínculos entre la biodiversidad y la calidad de vida</h2>
				
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<p>No conozco la cantidad de hojas de coca que requiere la elaboración de un gramo de cocaína, pero sí sé que su producción, dado lo elevado de su consumo, necesita de enormes extensiones de terreno fértil para su cultivo. Los problemas que genera la industria ilegal de cocaína hacen que los gobiernos traten de frenarlo y, para evitar el mercado negro, lejos de intentar atajar el problema evitando su consumo, tratan de parar la madeja del narcotráfico atacando la hebra más débil: la de los cultivadores. El planteamiento es sencillo, si no hay materia prima, no habrá droga.</p>
<p>En Colombia, el mayor productor mundial, el cultivo de coca es una de las causas que fomentan la deforestación de la Amazonía. Los narcotraficantes extorsionan a quienes viven en esas áreas obligándoles a cultivarla. Para tratar de parar la producción, los cultivos se fumigan con glifosato, un potente herbicida —cuyo uso está en proceso de ser prohibido en Europa— que termina con las plantas de coca, sí, pero también con todos los seres vivos que conviven con la planta y con la salud de los agricultores que se ven obligados a producirla (en quienes la incidencia de enfermedades como el cáncer se ha disparado desde que comenzó esta política).<sup>2</sup> Para evitar la acción del gobierno, los narcotraficantes compran tierras en áreas de la selva amazónica cada vez más profundas. Esta estrategia, que también les sirve para blanquear el dinero que obtienen de su actividad ilegal, contribuye a deforestar la selva amazónica, que tiene, entre otras muchas funciones, un papel crucial en la regulación de las lluvias del planeta.</p>
<p>Tratar las enfermedades de los agricultores y consumidores requiere de importantes recursos hospitalarios a los que deberían sumarse acciones de protección y regulación de las áreas naturales esquilmadas por el cultivo ilegal. El ejemplo de este círculo vicioso (personas y ecosistemas dañados de manera irreversible) ilustra de manera muy clara cómo la salud de la humanidad, las sociedades y el entorno natural están interconectados. Esta es la idea principal que subyace al concepto de <em>salud planetaria</em>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4><strong>La salud planetaria </strong></h4>
<p>El concepto de salud planetaria descansa en la idea de que la salud humana no puede abordarse aisladamente de la del resto de los seres vivos. Nuestra salud depende de los ecosistemas que permiten que la vida se mantenga en la Tierra. Es decir, las personas no podemos estar sanas si las plantas, los hongos, los animales y los ecosistemas no lo están.</p>
<p>Sin embargo, nuestra visión de lo que es la salud pública es bastante estrecha porque, cuando pensamos en salud, lo hacemos como si solo fuera una cuestión de hospitales, médicos y antibióticos. Pero nuestro bienestar –y en realidad nuestra posibilidad de vivir en la Tierra– depende, y mucho, del medio ambiente que nos rodea. Una forma clara y directa, pero también brutal, de ver que la salud es una cuestión relacionada con nuestro entorno es constatar, por ejemplo, que el origen de la mayoría de los cánceres infantiles está conectado con las condiciones ambientales.<sup>3</sup> También podemos percibir esta relación de forma más amigable cuantificando los efectos positivos que tienen los espacios naturales bien conservados en la salud física y mental de quienes viven en contacto con ellos.<sup>4</sup> Asimismo, una gran parte de la mortalidad humana se debe a lo que se conoce como <em>muertes evitables</em>, es decir muertes que se han anticipado a la fecha estadísticamente más probable de fallecimiento, y lo han hecho por factores ambientales (Figura 1). Un análisis rápido de estas estadísticas no deja lugar a dudas: muchas se deben directa o indirectamente al cambio climático (causante de medio millón anual de muertes directas y de decenas de millones de muertes indirectas) o a la contaminación atmosférica (causante de más de nueve millones de muertes anuales).<sup>5</sup> Estos datos nos muestran, blanco sobre negro, la relevancia que tienen para el ser humano los ecosistemas bien conservados.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Figura 1.</strong> Principales causas de defunción relacionadas con la calidad del medio ambiente. Se muestra un promedio para el año 2018. Como referencia, en 2 años, la covid-19, una zoonosis de origen ambiental, causó 6 millones de muertes en todo el mundo.<sup>6</sup></p>
<p>Sabemos con exactitud qué debe reunir el medio ambiente para que estemos bien. No se trata solamente de que haya menos contaminación, que también, sino de tener algunas especies más en los ecosistemas, sobre todo en los más influidos por las actividades humanas, y que las interaccionen entre ellas y los ciclos de la materia y la energía se desarrollen sin bloqueos; que se regenere el suelo, que se almacene agua limpia en el subsuelo, que la transpiración del bosque atenúe los extremos climáticos, que los polinizadores polinicen y que los dispersantes de semillas las dispersen. En fin, toda una serie de funciones que cuando las piensas tienen una lógica aplastante, pero que parece que se nos olvidan. Un primer paso para empezar a solucionar los impactos de la crisis ambiental pasa, además de por reducir el consumo de quienes más tenemos, por reconocer nuestro error al pensar que con la tecnología seríamos capaces de suplir todos estos servicios de la naturaleza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4><strong>La inmunidad de paisaje</strong></h4>
<p>Uno de los conceptos que popularizó la covid-19 ha sido el de la <em>inmunidad de rebaño</em> o <em>inmunidad de grupo</em>. Esta inmunidad consiste en reducir las probabilidades de que una persona que no ha estado expuesta a una enfermedad la contraiga al estar rodeada de congéneres inmunizados. Pues bien, más importante, más eficaz, más preventiva y más extensiva que la inmunidad de grupo, que nos cuesta fallecimientos, inversión en vacunas y restricciones a la movilidad, es lo que se conoce como <em>inmunidad de paisaje</em>.<sup>7</sup> El concepto alude a la idea de que las estructuras y dinámicas de los ecosistemas complejos y ricos en especies reducen los riesgos de desbordamiento zoonótico (es decir, de salto de patógenos entre especies), disminuyendo así la probabilidad de que una infección de origen animal alcance al ser humano.</p>
<p>El 70% de las enfermedades emergentes que afectan al ser humano son zoonosis, esas enfermedades que, como la covid-19, se originan en animales salvajes o domésticos y acaban saltando a la especie humana.<sup>8</sup> Las zoonosis son, junto a la resistencia bacteriana a los antibióticos, la principal preocupación sanitaria a corto plazo y un riesgo directo para nuestra salud. ¿Cómo evitar que se produzcan?</p>
<p>Las interacciones que se dan entre las distintas especies de un ecosistema sano reducen la posibilidad de que aquellas portadoras de patógenos se disparen demográficamente, lo que, por una simple cuestión numérica, aumentaría las opciones de que entrara en contacto con la especie humana. Y es que la culpa de una pandemia nunca es del animal portador del patógeno o del propio patógeno, sino del aumento del contacto del ser humano con estos organismos. Más allá de que la población de una especie concreta aumente, la destrucción de la naturaleza que provocamos facilita las condiciones para que se den estos contagios.</p>
<p>En cualquier ecosistema, sea tropical o templado, prístino o profundamente humanizado, existe una estructura y una dinámica entre animales y plantas que confieren una serie de propiedades entre las que se encuentra la protección ante las enfermedades de otras especies. Los virus y las bacterias se multiplican constantemente aprovechando las ventajas que les ofrece una especie determinada que actúa como hospedador. De hecho, los patógenos evolucionan junto a esos hospedadores en una carrera evolutiva en la que unos buscan estrategias para no enfermar y otros buscan maneras de continuar multiplicándose a través del contagio. Cuando la variabilidad genética de una especie es muy reducida, como ocurre, por ejemplo, en los sistemas de producción intensiva de cerdos o de aves, los virus lo tienen fácil para extenderse, ya que los individuos son genéticamente muy similares entre sí y, además, viven en espacios cerrados que facilitan su propagación. La heterogeneidad del paisaje es muy pequeña y la inmunidad general que se obtiene a ese nivel es mínima en estas instalaciones. Una cierta estructura y dinámica funcional en los ecosistemas es lo que da lugar a paisajes complejos en los cuales podemos transitar con más seguridad, y donde tendremos menos riesgo de contraer una nueva enfermedad para la que nuestro sistema inmune todavía no tiene herramientas, ni nuestro sistema sanitario conocimiento. Esa inmunidad de paisaje tan valiosa y preventiva es una de las primeras propiedades que se pierden con la destrucción de hábitats naturales y la degradación ambiental.</p>
<p>La rápida propagación mundial de la covid-19 muestra la vulnerabilidad de la humanidad a las pandemias provocadas por enfermedades zoonóticas. Los cambios de uso del suelo –convertir las playas en áreas urbanizadas, deforestar la selva para aumentar la superficie cultivada o crear barreras en áreas naturales con grandes infraestructuras como presas o carreteras– es el principal impulsor de la propagación de patógenos zoonóticos a las poblaciones humanas. Por otro lado, si los remanentes de hábitats bien conservados son cada vez más pequeños, las poblaciones humanas cada vez más grandes y la presión sobre esos fragmentos de hábitats para explotar recursos cada vez más intensa, la probabilidad de que un patógeno salte a un humano por contacto se dispara.</p>
<p>Ante el avance de la artificialización de los ecosistemas es imprescindible analizar con atención los mecanismos que provocan la cascada de infección y propagación de los patógenos entre diferentes especies a partir de la degradación ambiental. Ello permitirá maximizar la inmunidad de paisaje como una prioridad tanto para la conservación de la diversidad biológica como para aumentar la seguridad sanitaria desde la escala local a la global.<sup><sup>9</sup></sup></p>
<p>&nbsp;</p>
<h4><strong><em>One heath</em></strong></h4>
<p>Preocupados como estamos por las enfermedades infecciosas humanas, es comprensible que se deje de lado la salud de los demás organismos con los que compartimos el planeta. Sin embargo, hacerlo es olvidar que en la biosfera hay una única salud global; un olvido que hará que sigamos enfermando si no la protegemos globalmente.</p>
<p>Como ilustra el Grupo de Salud de la Fauna (WHSG, por sus siglas en inglés) de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN), las poblaciones de animales salvajes tienen cada vez más problemas debido a enfermedades infecciosas que se acentúan por la destrucción y degradación de sus hábitats.<sup>10</sup> La destrucción de la naturaleza que implica la relación puramente extractiva que tenemos con ella, tiene consecuencias significativas que van desde impactos en la polinización, en el control de plagas, en las cadenas alimentarias, en la productividad del suelo y en los medios de subsistencia de millones de personas, hasta la salud humana.</p>
<p>La «vacuna de la biodiversidad», ese análogo de una vacuna real que es la naturaleza bien conservada, esa que protege a los humanos de las infecciones que pueden acabar en pandemias, también opera con la fauna silvestre. Y la fauna en declive la necesita más que nunca. Los ecosistemas bien conservados limitan las probabilidades de que los patógenos salten a nuevos huéspedes y amenacen a otras especies. Así lo demuestran estudios como el de Tanner y colaboradores, que comprobaron cómo la presencia de lobos en Asturias reduce la prevalencia de la tuberculosis en jabalís y en el ganado doméstico.<sup><sup>11</sup></sup></p>
<p>La salud de la fauna silvestre es la base de la salud de todas las poblaciones de especies animales, sean humanas, domésticas o salvajes. Este es, precisamente, el concepto que fundamenta el programa <em>One Health</em> (una única salud), que desde hace años se lleva desarrollando bajo el auspicio de Naciones Unidas y que, a raíz de la covid-19, ha cobrado una importancia y una visibilidad sin precedentes. La noción de que la salud humana depende de la salud de animales, plantas y ecosistemas es también la base del proyecto <em>Salud Planetaria</em> que la revista médica de <em>The Lancet</em> y la Fundación Rockefeller llevan años impulsando en paralelo.</p>
<p>Dado que la salud de los ecosistemas afecta directamente a la salud humana, la restauración ecológica es, en realidad, un servicio de salud pública. Necesitamos médicos al uso, los de la medicina tradicional, pero también —y cada vez más— médicos de ecosistemas. Medidas como la eliminación de especies exóticas invasoras y la restauración de vegetación autóctona reducen el riesgo de exposición a los patógenos transmitidos por la fauna salvaje mejorando nuestra salud. La colaboración interdisciplinar, los estudios sobre la propagación inducida por el uso de la tierra, la integración de los objetivos ecológicos y sanitarios en las estrategias políticas y el aumento de la vigilancia de los patógenos zoonóticos se vuelven esenciales para que la implementación de estas contramedidas mejore nuestra salud. La restauración ecológica es, por tanto, y para sorpresa de muchos, esencial en el marco de la salud pública, ya que es un elemento inseparable de nuestro bienestar. Así, la gestión para la conservación es <em>la gimnasia</em> que mantendrá nuestros ecosistemas sanos y, con ello, la salud de todos los que vivamos en su entorno.</p>
<p>Tanto las instituciones dedicadas a la conservación como toda la sociedad en su conjunto tienen el imperativo de mejorar la salud y la supervivencia de las especies amenazadas en aras de lograr la conservación de una diversidad biológica que asegure el funcionamiento de los ecosistemas y de nuestra propia salud. Y es que, la simplificación extrema de los ecosistemas que provoca talar y deforestar para convertir la selva en enormes monocultivos como los de coca, soja o palma, tiene dos problemas directos. Por un lado, nos priva de numerosos servicios ecosistémicos y aumenta el riesgo de contraer enfermedades. Por el otro, están los efectos del propio producto sobre nuestra salud: en el caso de la cocaína con los problemas que describíamos al principio; y en el caso de los alimentos que producen y distribuyen las grandes empresas de la industria agroalimentaria, con la hambruna que sufren 1.000 millones de personas que no llegan a tener acceso a la comida y con enfermedades como la obesidad que padecen quienes sí pueden acceder a ella.</p>
<p>No podemos seguir aislando la salud humana del resto de saludes que afectan a los demás organismos con los que compartimos la biosfera, esa fina capa de vida que recubre la Tierra. Actualmente se están destinando muchos fondos y esfuerzos para paliar los efectos de las enfermedades zoonóticas emergentes en humanos. Convendría que la inversión de esos fondos se pensara bien e incluyera la protección ambiental, que es al final la base para evitar las zoonosis que tanto nos preocupan. Resultaría paradójico hacer justo lo contrario.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4><strong>Más allá del medio ambiente</strong></h4>
<p>Evidentemente, además de la protección del medio ambiente, necesitamos sistemas de salud que nos protejan. Y el conocimiento de la ciencia médica ha de seguir avanzando. En este sentido, el concepto de salud planetaria también implica que haya unos estándares de salud mínimos a los que acceda toda la población mundial. Toda. Porque de nada sirve que se puedan aplicar técnicas y curaciones extremadamente complejas a una pequeña parte de la población, o que unos pocos tengan acceso a tratamientos carísimos que les permitan llegar a los 100 años, si el resto de la humanidad permanece enferma. Tanto para la detección de enfermedades que pueden convertirse en pandemias como para la protección de toda la ciudadanía, es imprescindible que el sistema de salud nos cubra a todos.</p>
<p>A la hora de detectar una posible pandemia, es necesario contar con sistemas de alerta temprana que permitan dar la voz de alarma en caso de detectar una nueva enfermedad. Estos sistemas no existen en numerosas y pobladísimas áreas del planeta que en su mayoría pertenecen al sur global, esa parte de la Tierra de la que se extraen los recursos para que una minoría viva por encima de las posibilidades del planeta. La importancia de una cobertura y protección sanitarias globales también la hemos visto con la covid-19. Cuando, tras un desarrollo científico espectacular, basado principalmente en la colaboración de la ciencia en todo el mundo, pudimos contar con vacunas, los países ricos se afanaron en contar con dosis para sus poblaciones. No fue tan fácil conseguir vacunas para el sur global, donde todavía hay lugares a los que no ha llegado esta medida de protección. Tras conseguir que la población de los países con más recursos lograra obtener varias dosis de vacuna por persona, creímos —ingenuamente— que el problema estaba solucionado. Sin embargo, el virus continuó mutando y pudo expandirse entre la población que no tuvo acceso a esas vacunas, haciéndose más fuerte y volviendo a infectar a quienes estaba vacunados tras unas cuantas mutaciones que sirvieron al virus para adaptarse a las nuevas circunstancias. Afortunadamente, a estas alturas, contamos con más conocimiento y recursos para el tratamiento de la enfermedad, aunque ésta sigue provocando problemas de diversa gravedad en quienes la sufren.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4><strong>La crisis ambiental</strong></h4>
<p>Todo lo ilustrado para el caso de las pandemias se aplica igualmente al cambio climático y sus tremendos impactos en los ecosistemas, así como a los efectos de las distintas formas de contaminación (atmosférica, por nitrógeno, por plásticos, etc.). Más allá de las pandemias, recuperar ecosistemas funcionales es imprescindible para evitar muertes y mejorar la salud física y mental de cada uno de nosotros, pero también para permitir que la nuestra no pase a un catálogo de especies extintas que nadie leería.</p>
<p>El concepto de salud planetaria podía sonar abstracto e incluso esotérico cuando se planteó en 2015, pero la realidad pandémica ha demostrado su importancia. Por eso, debemos valorar en su justa medida otros conceptos que podían sonar también extraños cuando se propusieron, como el de los límites planetarios (esas condiciones físicas del planeta que, al transgredirse, ponen en peligro nuestra propia supervivencia).<sup>12</sup> En realidad, todo lo que lleva dimensiones o escalas de planeta suena un poco a ciencia ficción, pero la ecología y la medicina han ido probando una y otra vez las fuertes y notables conexiones entre regiones distantes del planeta y entre procesos aparentemente no relacionados entre sí, como la fertilidad de los suelos, el polvo del desierto que recorre grandes distancias transportando fertilizantes y semillas, las lluvias, la agricultura, las alergias o las enfermedades respiratorias y cardiovasculares. La idea de salud planetaria llevaba circulando muchos años antes de la covid-19, pero lo hacía en ámbitos especializados. Ahora, con la pandemia, y en cierto modo con el cambio climático y la crisis ambiental, el concepto ha saltado al conocimiento general de la sociedad. Parece que, por fin, la noción de que estamos mucho más conectados con todos los demás organismos del planeta de lo que pensamos habitualmente, ha venido para quedarse.</p>
<p>Llama mucho la atención, sin embargo, que pese a la situación crítica en la que nos encontramos, la sociedad capitalista actúe de forma parecida a como lo hace el adicto, que no puede perderse una noche más, una copa más, un trabajo más&#8230; Pese a lo incontestable de los hechos, nos empeñamos en mantener un sistema económico y social que exige, tanto a las personas como al planeta, mucho más de lo que nuestros límites naturales nos permiten. Igual que quienes consumen cocaína encuentran que aumentan su energía y su capacidad para mantenerse alerta, que pueden seguir haciendo cosas y continuar a un ritmo sobrehumano, nuestra civilización lleva décadas traspasando los límites planetarios y consumiendo una cantidad de energía que está muy por encima de lo saludable. Para hacerse una idea de lo que estoy hablando, puede ayudar saber que un barril de petróleo, 159 litros, corresponden aproximadamente a 10.000 horas de trabajo manual, y actualmente consumimos casi 102 millones de barriles diarios<sup>13</sup>. Así, estamos quemando en unos pocos siglos el carbono que se ha ido fijando en forma de combustibles fósiles a lo largo de millones de años.</p>
<p>Como el adicto, seguimos engañándonos y gastando los depósitos de carbono, desestabilizando el ciclo de este elemento vital, aumentando la temperatura y cambiando peligrosamente la proporción de los gases que hay en la atmósfera que nos protege, esa que hace posible desarrollar nuestra vida y la de los ecosistemas que nos sustentan. Nuestra forma de estar en el mundo está provocando la desaparición de miles de especies y poniendo en peligro la supervivencia de otras, incluida la nuestra. Ante esta realidad, quizá haya llegado el momento de cambiar la relación extractiva que nuestra sociedad tiene con la naturaleza y cambiar nuestros hábitos. Nos va la vida en ello.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Xiomara Cantera Arranz</strong> es responsable de prensa del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC).</p>
<h4>NOTAS:</h4>
<p>1 Parte de este texto ha sido extraído del capítulo «One health, la salud no es solo una cuestión médica», del libro <em>La salud planetaria</em> (2022), de la colección de las editoriales CSIC y Catarata <em>¿Qué sabemos de?</em>, cuyos autores son Fernando Valladares, Adrián Escudero y Xiomara Cantera.</p>
<p>2 Haydi Magali Caro Gutiérrez, <a href="https://repository.javeriana.edu.co/handle/10554/43719?show=full" target="_blank" rel="noopener"><em>Efecto de la aspersión de glifosato en la mortalidad por cáncer en la población rural colombiana</em></a>, Tesis Doctoral, Pontificia Universidad Javeriana, Colombia, 2019.</p>
<p>3 Rosana E. Norman <em>et al.</em>, «Environmental Contributions to Childhood Cancers», <em>Journal of Environmental Immunology and Toxicology,</em> núm. 2, 2014, pp. 86-98.</p>
<p>4 Howard Frumkin <em>et al.,</em> «<a href="https://doi.org/10.1289/EHP1663" target="_blank" rel="noopener">Nature contact and human health: a research agenda</a>», <em>Environ. Health Perspect</em>, núm. 125, 2017, pp. 075001.</p>
<p>5 Richard Fuller <em>et al.</em>, «<a href="https://www.thelancet.com/pdfs/journals/lanplh/PIIS2542-5196(22)00090-0.pdf" target="_blank" rel="noopener">Pollution and health: a progress update</a>», <em>The Lancet Planetary Health</em>, vol. 6, núm. 6, 2022, pp. e535-e547.</p>
<p>6 Organización Mundial de la Salud, <a href="https://www.paho.org/es/documentos/infografia-10-causas-principales-muerte-relacionadas-con-medio-ambiente" target="_blank" rel="noopener">Infografía <em>Las 10 causas principales de muerte relacionadas con el medio ambiente</em></a>, 2019.</p>
<p>7]Jamie K. Reaser <em>et al.</em>, «<a href="https://doi.org/10.1111/conl.12869" target="_blank" rel="noopener">Fostering landscape immunity to protect human health: A science-based rationale for shifting conservation policy paradigms</a>», <em>Conservation Letters,</em> núm. 15, 2022, pp. e12869.</p>
<p>8 Md Tanvir Rahman <em>et al.</em>, «<a href="https://doi.org/10.3390/microorganisms8091405" target="_blank" rel="noopener">Zoonotic Diseases: Etiology, Impact, and Control</a>», <em>Microorganism</em>, núm. 8(9), 2020, pp. 1405.</p>
<p>9 Raina K. Plowright <em>et al.</em>, «<a href="https://www.thelancet.com/journals/lanplh/article/PIIS2542-5196(21)00031-0/fulltext" target="_blank" rel="noopener">Land use-induced spillover: a call to action to safeguard environmental, animal, and human health</a>», <em>Lancet Planetary Health,</em> núm. 5, 2021, pp. e237-245.  0</p>
<p>10 Jacqueline Choo <em>et al.</em>, «<a href="https://www.nature.com/articles/s41598-023-47448-3" target="_blank" rel="noopener">Range area and the fast–slow continuum of life history traits predict pathogen richness in wild mammals</a>», <em>Scientific Reports,</em> núm. 13, 2023, pp. 20191.</p>
<p>11 Eleanor Tanner <em>et al.</em>, «<a href="https://www.nature.com/articles/s41598-019-44148-9" target="_blank" rel="noopener">Wolves contribute to disease control in a multi-host system</a>», <em>Scientific Reports,</em> núm. 9, 2019, pp. 7940.</p>
<p>12 Johan Rockström <em>et al.</em>, «<a href="https://www.nature.com/articles/s41586-023-06083-8" target="_blank" rel="noopener">Safe and just Earth system boundaries</a>», <em>Nature,</em> núm. 619, 2023, pp. 102–111.</p>
<p>13 Agencia Internacional de la Energía (IAE), «<a href="https://www.iea.org/reports/oil-market-report-december-2023" target="_blank" rel="noopener">Oil market Report-December 2023</a>».</p>
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