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	<title>Decrecimiento &#8211; FUHEM</title>
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	<description>educación + ecosocial</description>
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	<title>Decrecimiento &#8211; FUHEM</title>
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		<title>Papeles 172: Poscrecimiento</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 27 Jan 2026 15:06:22 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<category><![CDATA[Alimentación]]></category>
		<category><![CDATA[Decrecimiento]]></category>
		<category><![CDATA[Derecho a la Vivienda]]></category>
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					<description><![CDATA[El número 172 de la revista Papeles de relaciones ecosociales y cambio global reflexiona sobre el concepto de poscrecimiento a través  de una conversación con una de sus principales referentes, Julia Steinberger, y examina distintos ángulos de este pujante paradigma.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p><img fetchpriority="high" decoding="async" class="alignright wp-image-172122 size-thumbnail" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2026/01/172-64x80.jpg" alt="" width="300" height="419" /><strong>Trascender el objetivo ideológico del crecimiento económico sin fin en un mundo en el que ya se han rebasado la mayoría de sus límites ecológicos resulta una meta sensata para construir un futuro deseable.</strong></p></blockquote>
<p>El poscrecimiento encapsula este propósito, con estrategias que apelan tanto al Sur como al Norte global. El concepto de poscrecimiento, que incluye al de decrecimiento –utilizado especialmente en el Norte global–, abarca tanto las críticas al actual sistema económico como alternativas a él, y se proyecta con propuestas concretas en una variedad de ámbitos de la vida socioeconómica: alimentación, movilidad, vivienda, turismo o ciudades. Y, por descontado, despliega otra mirada en las relaciones entre el Norte y el Sur global.</p>
<p>El número 172 de la revista <em>Papeles de relaciones ecosociales y cambio global</em> reflexiona sobre el concepto de poscrecimiento a través  de una conversación con una de sus principales referentes, Julia Steinberger, y examina distintos ángulos de este pujante paradigma.</p>
<p>El número se abre con la <strong>Introducción</strong> de <strong>Santiago Álvarez Cantalapiedra</strong>, titulada «Acerca de los debates sobre el poscrecimiento».</p>
<p>En <strong>A Fondo</strong>, <strong>Monica Di Donato</strong> y <strong>Pedro L. Lomas</strong> conversan con <strong>Julia Steinberger</strong>, referente del poscrecimiento, que reflexiona sobre este enfoque. <strong>Ulrich Brand</strong> y <strong>Markus Wissen</strong>, que acuñaron la noción de «modo de vida imperial», relacionan en su artículo este concepto con el poscrecimiento y la dialéctrica entre Norte y Sur global. <strong>Giuseppe Feola</strong> considera los sistemas alimentarios desde la perspectiva del poscrecimiento. <strong>Jordi Mir </strong>aborda el derecho a la vivienda desde esta misma perspectiva. <strong>Juan Marcos Castro</strong> y <strong>Enrique Navarro</strong> consideran la turistificación y sus alternativas en un horizonte poscrecentista. <strong>Imogen Hamilton-Jones </strong>reflexiona sobre las políticas poscrecentistas necesarias en el ámbito urbano en una entrevista de <strong>José Bellver</strong> y <strong>Nuria del Viso</strong>.</p>
<p><strong>Actualidad</strong> recoge un artículo de <strong>José Aristizábal,</strong> «La flotilla, el monstruo genocida y el amor» que, en el marco del apresamiento de la flotilla que se dirigía a Gaza, como muestra de otras tantas resistencias alrededor del mundo, plantea que los vínculos afectivos del amor social son condición necesaria para una verdadera emancipación.</p>
<p>En la sección de <strong>Experiencias,</strong> <strong>Alberto Fraguas </strong>realiza una reflexión introductoria de la «Declaración de la Conferencia Más Allá del Crecimiento», celebrada en 2025, que se recoge en su totalidad.</p>
<p>En <strong>Ensayo</strong>, <strong>Víctor M. Toledo</strong> considera en su artículo el papel de «Alfred Schmidt (1931-2012) y los orígenes del metabolismo social». Por su parte, <strong>Jesús Ojeda</strong> aborda «La imagen de Gandhi a través de un colectivo “nativo” de mujeres occidentales», antes de cerrar el número con la sección <strong>Lecturas</strong>.</p>
<p>A continuación, ofrecemos el Sumario de la revista y el acceso libre y gratuito al texto de la <strong>Introducción</strong> y a la entrevista a <strong>Julia Steinberger.</strong></p>
<p><span style="color: #0000ff;"><strong>INTRODUCCIÓN</strong></span></p>
<p><a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/acerca-de-los-debates-sobre-el-poscrecimiento/" target="_blank" rel="noopener">Acerca de los debates sobre el poscrecimiento</a>, <strong>Santiago Álvarez Cantalapiedra</strong></p>
<p><span style="color: #0000ff;"><strong>A FONDO</strong></span></p>
<p><a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/entrevista-a-julia-steinberger-sobre-poscrecimiento/" target="_blank" rel="noopener">Entrevista a Julia Steinberger sobre poscrecimiento</a>, <strong>Monica Di Donato</strong> y <strong>Pedro L. Lomas</strong></p>
<p>Poscrecimiento, modo de vida imperial y la dialéctica entre el Norte y el Sur global, <strong>Ulrich Brand</strong> y <strong>Markus Wissen</strong></p>
<p>Sistemas alimentarios en el poscrecimiento: crítica, visiones, vías, <strong>Giuseppe Feola</strong></p>
<p>Crisis del turismo imperial y transición ecosocial. De la explotación a la cohabitación en los destinos turísticos, <strong>Juan Marcos Castro Bonaño</strong> y <strong>Enrique Navarro Jurado</strong></p>
<p>Poscrecimiento y derecho a la vivienda , <strong>Jordi Mir</strong></p>
<p>Entrevista a Imogen Hamilton-Jones sobre ciudades poscrecentistas, <strong>José Bellver</strong> y <strong>Nuria del Viso</strong></p>
<p><span style="color: #0000ff;"><strong>ACTUALIDAD</strong></span></p>
<p>La flotilla, el monstruo genocida y el amor, <strong>José Aristizábal García</strong></p>
<p><span style="color: #0000ff;"><strong>EXPERIENCIAS</strong></span></p>
<p>Decrecimiento para el bienestar: la urgencia de un nuevo, modelo ecosocial, <strong>Alberto Fraguas</strong></p>
<p><span style="color: #0000ff;"><strong>ENSAYO</strong></span></p>
<p>Alfred Schmidt (1931-2012) y los orígenes del metabolismo social, <strong>Víctor M. Toledo</strong></p>
<p>La imagen de Gandhi a través de un colectivo «nativo» de mujeres occidentales, <strong>Jesús Ojeda Guerrero</strong></p>
<p><span style="color: #0000ff;"><strong>LECTURAS</strong></span></p>
<p><em>Umbrales de dignidad. Los derechos socioeconómicos en tiempos de crisis ecosocial</em>, de Ana García Juanatey y Karlos Castilla Juárez (coords.)</p>
<p><strong>Yago Martínez Álvarez</strong></p>
<p><em>Palabras contra el fin del mundo</em>, de Silvia Rivera Cusicanqui,</p>
<p>Márgara Millán Moncayo y Raquel Gutiérrez Aguilar.</p>
<p>Diego Castro Vilaboa y Huáscar Salazar Lohman (eds.)</p>
<p><em>Ideias para adiar o fim do mundo</em>, de Ailton Krenak</p>
<p><strong>Nuria del Viso Pabón</strong></p>
<p>Contra la cancelación. Y otros sueños de justicia transformativa, de Adrienne Maree Brown</p>
<p><strong>Jordi Mir García</strong></p>
<p><span style="color: #0000ff;"><strong>RESÚMENES </strong></span></p>
<h3><strong>Información y compras</strong>:</h3>
<p>Tel.: +34 914310280</p>
<p>Email: <a class="cursor-init" href="mailto:publicaciones@fuhem.es">publicaciones@fuhem.es</a></p>
<p>Puedes adquirir la revista <strong>PAPELES</strong> en nuestra <a href="https://www.fuhem.es/product/poscrecimiento/">librería virtual</a>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Entrevista a Julia Steinberger</title>
		<link>https://www.fuhem.es/2026/01/24/172719/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 24 Jan 2026 11:44:19 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Entrevistas]]></category>
		<category><![CDATA[Decrecimiento]]></category>
		<category><![CDATA[destacadasecosocial]]></category>
		<category><![CDATA[Poscrecimiento]]></category>
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					<description><![CDATA[En esta conversación se indaga en el concepto de poscrecimiento, sus principales debates actuales, diferentes aproximaciones y las dimensiones a tener en cuenta para incorporarlo a un programa político.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: left;"><strong><img decoding="async" class="alignright wp-image-172122 size-thumbnail" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2026/01/172-64x80.jpg" alt="" width="300" height="419" /></strong>Entrevista a <strong>Julia Steinberger</strong> sobre poscrecimiento realizada por <strong>Monica Di Donato</strong> y <strong>Pedro L. Lomas</strong> del equipo ecosocial de FUHEM y publicada en el número 172 de la revista <a href="https://www.fuhem.es/revista-papeles/" target="_blank" rel="noopener"><em>Papeles de relaciones ecosociales y cambio globa</em></a>l dedicado al Poscrecimiento.</p>
<p><em>Julia Steinberger es profesora de Desafíos sociales del cambio climático en la Universidad de Lausana (Suiza), donde es docente e investigadora en e</em><em>conom</em><em>ía e</em><em>col</em><em>ógica. Su investigación está encaminada a examinar las conexiones entre el uso de los recursos y el desempeño de la sociedad. En esta entrevista, preguntamos a la profesora Steinberger acerca del concepto de poscrecimiento y sus principales características. </em></p>
<p><em> </em><strong>Monica Di Donato (MDD) y Pedro Lomas (PL):</strong> <strong>En primer lugar, muchas gracias por contestar estas preguntas para PAPELES. Queremos comenzar con una pregunta general para contextualizar el poscrecimiento en el marco de los debates sobre crecimiento. Nos gustaría que nos aclarase el significado de poscrecimiento, y si este puede ser entendido como una forma de anticapitalismo o simplemente como otra forma de afrontar distintas prioridades bajo el mismo marco. A su vez, tambi</strong><strong>é</strong><strong>n nos gustaría que hablase, en el marco del debate general sobre crecimiento, cuáles son las principales diferencias, si es que existen, entre el poscrecimiento y otros marcos como el decrecimiento, el estado estacionario, el posdesarrollo, etc.</strong></p>
<p><strong>Julia Steinberger (JS):</strong> El poscrecimiento ha emergido como un término complementario y que, en cierto modo, incluye al de decrecimiento. Mientras que decrecimiento se aplica de modo más claro al Norte global y a sus clases más enriquecidas, a las métricas cuantitativas de usos de los recursos y de impacto ambiental, así como al futuro inmediato, el poscrecimiento describe distintas estrategias que también se aplican al Sur global, a diversos estratos sociales, es cualitativo a la vez que cuantitativo, y se proyecta sobre un futuro deseable donde el crecimiento ya no es un objetivo ideológico central en el ámbito económico. Tal y como escribíamos en un artículo reciente en la revista <em>The Lancet</em>,<sup>1</sup>el poscrecimiento incluye tanto alternativas como críticas a nuestro actual sistema económico, al igual que hacen otros paradigmas, como la economía del bienestar, la de la rosquilla o el estado estacionario y el decrecimiento. El decrecimiento es quizás la más explícitamente anticapitalista de todas esas aproximaciones, pero todas ellas comparten críticas y desafíos fundamentales al capitalismo, especialmente en su actual forma ultraliberal facilitadora del fascismo.</p>
<p><strong>MDD y PL:</strong> <strong>En este sentido, para entender realmente este concepto de poscrecimiento, ¿</strong><strong>cu</strong><strong>á</strong><strong>les ser</strong><strong>ían las principales características que debemos tener en cuenta a la hora de presentar un modelo determinado como perteneciente al poscrecimiento?</strong></p>
<p><strong>JS:</strong> Yo diría que hay algunas características centrales con las que todo el mundo estaría de acuerdo a la hora de denominar algo poscrecentista. Una es alejarse del PIB o de una escala de crecimiento/contracción de la actividad económica como indicador de algo. En este sentido, el poscrecimiento también se aleja del PIB y del fetichismo del crecimiento para enfocarse en otros aspectos, seguramente más importantes para la transformación.</p>
<p>Las prioridades del poscrecimiento se concentran alrededor de la idea de bienestar humano universal. Estas prioridades implican, por tanto, una reorientación, una reestructuración fundamental, de las actividades económicas y de los sistemas de abastecimiento, incluyendo la producción, el consumo, la inversión y el comercio, que los aleje de la extracción, la explotación, el intercambio desigual y la acumulación de beneficio, hacia la satisfacción equitativa de las necesidades humanas al mínimo nivel de uso de recursos e impacto ambiental posible. Esta reorientación de la economía implica, a su vez, un compromiso político, preguntándonos: ¿quién toma las decisiones dentro de la economía? El poscrecimiento implica cambiar las estructuras de propiedad, tomando de los más ricos, y dando control democrático a las comunidades más afectadas, ya sean trabajadores u hogares. Este aspecto de democracia económica, el control democrático sobre todos los aspectos de la económica para evitar la acumulación de poder y riqueza es fundamental en el poscrecimiento.</p>
<p><strong>MDD y PL:</strong> <strong>Como todo concepto complejo, podríamos decir que el poscrecimiento está en desarrollo, es decir, que todavía queda espacio para controversias y debates. En su opinión, ¿</strong><strong>cu</strong><strong>áles son los debates más relevantes que hay ahora mismo dentro del marco del poscrecimiento?</strong></p>
<p><strong>JS:</strong> Efectivamente, yo esperaría que el poscrecimiento evitase los escollos de los proyectos izquierdistas anteriores, que a menudo apuntaban a un «socialismo científico» teóricamente perfecto o alguna otra visión utópica última, y ​​se comprometa a ser un trabajo en constante desarrollo. Este compromiso con el proceso en lugar de con el resultado debería ser de sentido común en estos tiempos de incertidumbre y policrisis; también es vital para un proyecto democrático, arraigado en la vida cotidiana de las personas, sus experiencias, su dinámica de ensayo y error y sus ideas novedosas.</p>
<p>En cuanto a los debates actuales, hay muchos. Algunos de los más interesantes desde mi perspectiva incluyen estrategias de desvinculación decolonial para poner fin al intercambio desigual y a la explotación Norte-Sur. ¿Qué significa esto en términos de instituciones políticas y económicas nacionales, regionales e internacionales? ¿Qué significa en términos de inversiones y reorganización del trabajo? Otro debate tiene que ver con la planificación democrática: ¿Qué propuestas existen, qué ejemplos históricos podemos estudiar y cómo podemos tomarnos el aspecto «democrático» de la planificación democrática más en serio? Otro debate vital tiene que ver con el papel de los políticos y la organización: ¿cómo creamos, o más bien formamos parte de, movimientos políticos de masas capaces de derrocar el capitalismo ecocida y genocida? Ahora mismo está teniendo lugar una vibrante discusión entre los defensores del poscrecimiento y la organización socialista de masas y aquellos otros que prefieren una organización en grupos más pequeños. Finalmente, un aspecto en el que estoy muy interesada es el de cómo integrar en el poscrecimiento los nuevos descubrimientos de la antropología sobre la historia humana paleolítica de las sociedades igualitarias, y el surgimiento de las desiguales «civilizaciones Goliath» durante el Holoceno, tal y como describe Luke Kemp en su reciente libro <em>Goliath</em><em>’</em><em>s Curse</em>.<sup>2</sup> Pienso que tanto el poscrecimiento como otros proyectos izquierdistas interesados en futuros igualitarios tienen mucho que aprender y que reflexionar sobre estas nuevas evidencias científicas sobre la naturaleza humana, la inteligencia política y la constante vigilancia necesaria para mantener y proteger las sociedades igualitarias.</p>
<p><strong>MDD y PL:</strong> <strong>En el contexto de las dinámicas globales actuales de desarrollo y crecimiento no todos los países juegan el mismo papel, y hay cierto acuerdo en que podemos identificar un Norte y un Sur global. De acuerdo con esto, ¿hay diferencias entre ambos a la hora de aproximarse al concepto de poscrecimiento? ¿Usan los investigadores y movimientos del Sur global otros conceptos diferentes para expresar la misma idea?</strong></p>
<p><strong>JS:</strong> De hecho, tanto la economía ecológica como el decrecimiento han tenido siempre multitud de contribuciones teóricas y prácticas por parte de investigadores/as y activistas del Sur global, y el poscrecimiento no podía ser diferente. Sin embargo, y por responder más concretamente a la pregunta, dentro del proyecto REAL<sup>3</sup> nos acercamos al poscrecimiento desde una perspectiva sistémica global. Así que no pueden existir conceptos y agendas separadas para el Norte y el Sur globales, sino más bien un programa político igualitario y emancipatorio unificador que permita la convergencia en el ámbito del bienestar humano, y que también incluya la reparación por los crímenes históricos.</p>
<p><strong>MDD y PL:</strong> <strong>El poscrecimiento aspira a no ser un simple artefacto teórico acad</strong><strong>é</strong><strong>mico y tener impacto en la vida real de los ciudadanos desde la implementación polí</strong><strong>tica</strong><strong> ¿Cuá</strong><strong>les ser</strong><strong>ían las dimensiones que deben tener en cuenta las instituciones para un programa político de poscrecimiento?</strong></p>
<p><strong>JS:</strong> Los programas políticos del poscrecimiento tendrán que ser participativos, y ser construidos y probados desde la base, de abajo hacia arriba. Hay dos aspectos principales de un programa político de poscrecimiento. En primer lugar, el hecho de que la investigación y el compromiso tienen que estar con estrategias políticas y movimientos implicados en una ruptura con el balance de poder actual. En segundo lugar, la integración de las consideraciones políticas en transformaciones económicas propuestas (y probadas): democracia económica, compromiso diario de los trabajadores, hogares y miembros de la comunidad en las decisiones cruciales sobre lo que se produce, se consume, cómo se produce (lugar y consideraciones ecológicas), así como en la puesta en marcha de inversiones e infraestructuras, lo cual requiere poner las políticas al centro de los cambios económicos. Las decisiones económicas son siempre decisiones políticas: «la mano invisible del mercado» de Adam Smith no es sino el puño de hierro del poder oligárquico, la toma de decisiones sobre la explotación y la extracción en nuestro lugar. En mi opinión, las instituciones poscrecentistas más importantes serán aquellas que impliquen la integración del poder económico en la vida diaria y cívica cotidiana. Esta es también una lección de la antropología: las sociedades igualitarias requieren una vigilancia constante, y la puesta en práctica activa del «contrapoder» o «el dominio inverso». No se trata de una acción puntual, sino de un proceso político continuo, que requiere un compromiso popular constante.</p>
<p><strong>MDD y PL:</strong> <strong>Finalmente, el poscrecimiento trata de convertirse en un marco eminentemente práctico alimentado por experiencias locales que ya se están desarrollando en todo el mundo. Entre todas ellas, en su opinión, ¿qu</strong><strong>é </strong><strong>iniciativas subrayaría como prácticas inspiradoras en poscrecimiento para nuestros lectores?</strong></p>
<p><strong>JS:</strong> Hay multitud de iniciativas de poscrecimiento en desarrollo ahora mismo, y están siendo investigadas en formas muy detalladas, como en mi proyecto REAL, por parte de colegas que investigan el «decrecimiento realmente existente» en contextos tanto urbanos como rurales, como el caso del grupo liderado por Giorgos Kallis en Barcelona, o los esfuerzos para catalogar las campañas de justicia ambiental en todo el mundo en EJOLT.<sup>4</sup> Creo que algunas de las prácticas más importantes de poscrecimiento son aquellas que implican la unión en movimientos políticos por el cambio, como el caso de luchas obreras y de sindicatos, campañas para tasar a los ricos, antifascismo, economía pre o redistributiva (incluyendo autosuficiencia, vivienda asequible y movilidad pública, etc.), o las campañas para desmantelar el capital fósil, como el tratado de no proliferación de combustibles fósiles. La participación en este tipo de trabajo llevado a cabo por movimientos es clave para un cambio transformador. Tal y como se ha concluido en un seminario reciente sobre activismo climático, las campañas ecológicas tienen que conectar con las preocupaciones materiales del 99%. En mi opinión, el trabajo más inspirador en el ámbito del poscrecimiento está teniendo lugar en estos espacios.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Monica Di Donato</strong> es doctora en economía e investigadora del Área Ecosocial de FUHEM.</p>
<p><strong>Pedro L. Lomas</strong> es doctor en ecología e investigador del Área Ecosocial de FUHEM.</p>
<h5>NOTAS</h5>
<p>1. Giorgos Kallis, Jason Hickel, Daniel W. O’Neill <em>et al</em>., «Post-growth: the science of wellbeing within planetary boundaries», <em>The Lancet</em>, núm. 9 (1), 2025, pp. E62-E78.</p>
<p>2. Se refiere al libro, todavía no traducido al castellano, Luke Kemp, <em>Goliath’s Curse: The history and future of societal collapse</em>, Penguin/Viking, Londres, UK, 2025.</p>
<p>3. REAL es un proyecto de investigación financiado por el ERC (European Research Council) de la Unión Europea sobre poscrecimiento, que implica al Instituto de Ciencia y Tecnología Ambiental (ICTA) de la Universidad Autónoma de Barcelona y a la Universidad de Lausana (Suiza). Más información en: <a href="https://www.realpostgrowth.eu/" target="_blank" rel="noopener">https://www.realpostgrowth.eu/</a></p>
<p>4. EJOLT son las siglas en inglés del proyecto europeo Organizaciones de justicia ambiental, responsabilidades y tradiciones, llevado a cabo entre 2011 y 2015, en el marco del cual se elaboró un Atlas de Justicia Ambiental. Más información en: <a href="http://www.ejolt.org/" target="_blank" rel="noopener">http://www.ejolt.org/</a></p>
<p>Descarga la entrevista en formato pdf: <a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/entrevista-a-julia-steinberger-sobre-poscrecimiento/" target="_blank" rel="noopener">https://www.fuhem.es/papeles_articulo/entrevista-a-julia-steinberger-sobre-poscrecimiento/</a></p>
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		<title>Declive o exterminio: el dilema de la izquierda del crecimiento</title>
		<link>https://www.fuhem.es/2023/06/09/declive-o-exterminio-el-dilema-de-la-izquierda-del-crecimiento/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 09 Jun 2023 11:27:27 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Análisis]]></category>
		<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
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		<category><![CDATA[Límites biofísicos]]></category>
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					<description><![CDATA[ La crisis ecosocial plantea unos vericuetos para la izquierda, que debe examinar su tradicional imaginario
productivista y ponderar una profunda transformación.  ]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong><em><img decoding="async" class="alignright wp-image-144080 size-thumbnail" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/04/157-1-300x426.png" alt="" width="300" height="426" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/04/157-1-300x426.png 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/04/157-1-450x640.png 450w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/04/157-1-1200x1706.png 1200w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/04/157-1-768x1092.png 768w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/04/157-1-1081x1536.png 1081w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/04/157-1-1441x2048.png 1441w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/04/157-1-600x853.png 600w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/04/157-1-64x91.png 64w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/04/157-1.png 1996w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></em></strong>El <a href="https://www.fuhem.es/papeles/papeles-numero-157/" target="_blank" rel="noopener">número 157</a> de la revista <em><a href="https://www.fuhem.es/revista-papeles/" target="_blank" rel="noopener">Papeles de relaciones ecosociales y cambio global</a></em> publica en su sección<strong> ENSAYO</strong> el artículo de<strong> Manuel Casal Lodeiro</strong>: <em>Si vis pacem, para descensum. Declive o exterminio: el dilema de la izquierda del crecimiento</em>.</p>
<p>El artículo aborda los vericuetos que plantea la crisis ecosocial para la izquierda, que debe examinar su tradicional imaginario productivista, asociado al mantenimiento de puestos de trabajo, y ponderar una profunda transformación de sus narrativas en clave de<br />
decrecimiento, más acordes con el momento de crisis ecosocial.</p>
<p>Como constata el autor, el crecimiento ya solo puede realizarse a costa de otros territorios o de expoliar a generaciones futuras, lo que da base a los discursos supremacistas de la ultraderecha.</p>
<p>También sostiene, de forma un tanto polémica, que si la izquierda se inclina por mantenerse en el paradigma del crecimiento estará dando alas –aunque sea involuntariamente– al ascenso supremacista y los posibles conflictos por el acaparamiento de los recursos que se desencadenarían.</p>
<p>A continuación, ofrecemos el texto completo del artículo, al final del cual, podrá acceder a su descarga libre y gratuita.</p>
<p style="text-align: right;">En el nivel de consumo de España, el planeta no podría soportar más que a 2.400 millones de habitantes. Sobrarían, por tanto, más de las dos terceras partes de la humanidad. Aún más: en un mundo que utilizase sus recursos naturales y servicios ambientales al nivel en que lo hacen los EEUU hoy –¡que se proponen como modelo al resto del mundo!–, solo podrían vivir 1.400 millones de personas. Si continuamos por la senda de este modelo de desarrollo, los genocidios están preprogramados.<br />
Jorge Riechmann (<em>El socialismo puede llegar sólo en bicicleta</em>)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: right;">«No vamos a dejar atrás a nadie», dijo el presidente de Gobierno.<br />
Se supone que a nadie «de los nuestros». Los otros ya se quedaron muy atrás, hace demasiado tiempo.</p>
<p style="text-align: right;">Pedro Prieto</p>
<p>Blindar pensiones y salarios mínimos; ampliar servicios públicos; abaratar el precio de la energía y de los productos básicos; asegurar una vivienda para todos; mejorar ayudas a personas sin empleo y en situación de necesidad; construir infraestructuras de uso público&#8230; Nadie dudaría en calificar todo eso de medidas propias de la izquierda. Pero, ¿podemos seguir diciendo que son <em>de izquierda</em> si para llevarlas a cabo es necesario privar a otros países de la posibilidad de ofrecérselas a sus propias poblaciones?</p>
<p>Cuando la abundancia de recursos facilita mantener el crecimiento de manera prolongada la izquierda puede permitirse ser simultáneamente defensora del crecimiento económico y de la solidaridad con otros pueblos. Este ha sido el contexto desde el nacimiento de la izquierda política con la Revolución Francesa hasta ayer mismo. No en vano, dicha revolución (1789) acontece en el mismo contexto histórico en el que surge el capitalismo industrialista, datando el comienzo de la Revolución Industrial entre 1760 y 1780. Se constata así que la izquierda política no ha conocido otro metabolismo económico a lo largo de su historia: un permanente y acelerado crecimiento de la producción, del consumo y de otras variables macroeconómicas, demográficas y sociales. Esto ha forjado su cosmovisión de manera casi impenetrable, junto a un contexto de colonialismo eurocéntrico surgido un par de siglos antes en paralelo a la propia Modernidad y al primer capitalismo.</p>
<p>Pero ese contexto histórico ha cambiado de manera radical al llegar a las primeras décadas del siglo XXI: tal y como habían advertido hace medio siglo los escenarios <em>business-as-usual</em> obtenidos mediante el modelo informatizado del mundo diseñado por los autores del informe al Club de Roma <em>Los l</em><em>í</em><em>mites del crecimiento</em>, la civilización industrial planetaria está chocando con los límites, con la finitud del planeta donde se ha venido desarrollando con características propias de una auténtica metástasis.</p>
<p>Así pues, una vez llegados al punto en que resulta imposible continuar creciendo <em>de manera absoluta</em> a escala planetaria, tan solo resulta posible crecer <em>de manera relativa</em> a escala nacional. Es decir, si ya no es posible que todos los países puedan crecer al 3%, pongamos por caso, porque ya no disponemos del 3% más de energía cada año (o del 2% o del 1,5%<a href="#_ftn1" name="_ftnref1"><sup>1</sup></a>) al haber esta llegado a su cénit, entonces las matemáticas nos muestran la cruda realidad: unos solo podrán crecer si los otros reducen su consumo. Este juego <em>de suma cero</em> (o <em>negativa</em>, incluso) se reproduce en el nuevo contexto energético global a diversas escalas y por sectores.</p>
<p>No resulta difícil percibir que es esto lo que está detrás de ciertos fenómenos a los que se suelen atribuir otras causas en el debate público: la retirada de los vehículos privados diésel; el envío «a la Edad de Piedra» de países que aún tienen capacidad exportadora de combustibles fósiles (Irak, Libia&#8230;); las tensiones entre aliados históricos como los EEUU y la UE durante el mandato de Trump, competidores por unos recursos menguantes; la geopolítica del gas fósil entre Argelia-Marruecos-España o entre Alemania-Polonia-Rusia-Ucrania, y un largo etcétera. «Si quieres abundancia, prepárate para la guerra», ha advertido poniendo el dedo en la llaga Ted Trainer.<a href="#_ftn2" name="_ftnref2"><sup>2</sup></a> Y al revés: <em>ser pacificista mañana, exige ser decrecentista hoy. </em>Todos los países que se empeñen en seguir creciendo están abocados a entrar en colisión bélica por los últimos recursos que necesitarán para alimentar ese crecimiento, en última instancia imposible de mantener.<a href="#_ftn3" name="_ftnref3"><sup>3</sup></a></p>
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<h4>Ya solo se puede crecer a costa de los otros</h4>
<p>En este contexto, inverso al experimentado durante los últimos 200 años, si reclamamos que el PIB de nuestro país crezca (con la justificación social de mantener las tasas de creación de empleo, típicamente) estamos pidiendo que se arrebaten a alguien los recursos materiales y energéticos necesarios para hacerlo. Y lo mismo podemos decir desde el punto de vista de los sumideros: si queremos crecer, tendremos que seguir emitiendo gases de efecto invernadero, entre otros residuos, lo cual saturará la parte de emisiones que le correspondería aún, en justicia e igualdad, a otros países y personas. Trágicamente, de nada de esto se habla cuando se habla de «transición justa» y de «no dejar a nadie atrás”.<a href="#_ftn4" name="_ftnref4"><sup>4</sup></a> De hecho, cada vez que escuchemos a una ministra o consejero autonómico, a un presidente o alcaldesa decir que trabajan por lograr el «crecimiento económico» deberemos interpretarlo como <em>crecimiento excluyente</em>, que «dejará atrás» a millones de personas que no podrán alcanzar ni nuestro nivel de vida ni siquiera el nivel medio que nos correspondería a todos los seres humanos si realmente buscásemos <em>transitar</em> a un sistema sostenible <em>y justo</em>.</p>
<blockquote>
<p style="text-align: left;"><strong>Ser pacificista mañana, exige ser decrecentista hoy. Todos los países que se empeñen en seguir creciendo entrarán en colisión bélica por los últimos recursos</strong></p>
</blockquote>
<p>El choque del metabolismo económico de las sociedades industriales contra los límites biológicos y físicos del planeta ha pillado a la izquierda anclada en parámetros que debería haber comenzado a revisar hace por lo menos 50 años. Ahora la excusa de la proverbial tarta que no deja de crecer se ha desvanecido, y una izquierda desnaturalizada, adicta al consumo, queda enfrentada a su propio reflejo en las turbulentas aguas de la Gran Escasez. Un reflejo que no es ajeno al auge de la <em>solució</em><em>n</em> nazi (por resumir en un adjetivo la opción excluyente, hobbesiana, insolidaria, expoliadora, violenta, neodarwinista y militarista) a la situación de colapso: mantenernos a flote todo el tiempo posible, caiga quien tenga que caer. No es más que el viejo imperialismo,<a href="#_ftn5" name="_ftnref5"><sup>5</sup></a> la doctrina del espacio vital (<em>Lebensraum</em>), trasladada a los tiempos de la huella ecológica y la huella de carbono.<a href="#_ftn6" name="_ftnref6"><sup>[6]</sup></a> O eso que denominó el racista Garrett Hardin la <em>é</em><em>tica del bote salvavidas</em>, un bote del que no queremos arrojar lujos y derechos adquiridos, comodidades y modos de vida dignos de antiguos faraones, pensiones blindadas, servicios sociales de alta complejidad y tecnologías tan sofisticadas que no podríamos distinguirlas de la magia, para poder acomodar en su lugar a otros semejantes que se ahogan cada vez más en el foso de la escasez y de un caos climático que hemos creado desde los países enriquecidos. A quienes debemos arrojar del bote salvavidas son esos fantasmales <em>esclavos energ</em><em>é</em><em>ticos</em> fósiles de que disfrutamos, para poder acoger a nuestros semejantes de carne y hueso.</p>
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<h4>El nuevo <em>Lebensraum</em> verde</h4>
<p>Denuncia Asad Rehman:<a href="#_ftn7" name="_ftnref7"><sup>7</sup></a> «Hablan mucho en el Partido Laborista y en los sectores izquierdistas de los demócratas de los Estados Unidos de una “transición justa”: la transición de empleos intensivos en combustibles fósiles a empleos verdes, y el cambio a “energía 100% renovable”. Sin embargo, estos movimientos no se dan cuenta de que tales soluciones socialdemócratas serían desastrosas para gran parte de la población mundial. Un Green New Deal dentro del molde del pensamiento actual conducirá a una nueva forma de colonialismo verde que continuará sacrificando a la gente del Sur global para mantener nuestro modelo económico quebrado».<a href="#_ftn8" name="_ftnref8"><sup>8</sup></a> Y añade que se sigue manteniendo la creencia de que los «países ricos tienen derecho a una mayor parte de los recursos finitos del mundo». Pura doctrina del <em>espacio vital</em>. En la misma línea, John Bellamy Foster escribe:<a href="#_ftn9" name="_ftnref9"><sup>9</sup></a> «en la práctica real, la socialdemocracia europea y de EEUU depende de un sistema imperialista que se enfrenta a los intereses de la gran mayoría de la humanidad».</p>
<blockquote><p><strong>El choque contra los límites biofísicos del planeta ha pillado a la izquierda anclada en parámetros que </strong><strong>debería haber revisado hace 50 años</strong></p></blockquote>
<p>¿Le importa a esta izquierda de los países sobredesarrollados el futuro que está contribuyendo a crear? ¿Se da cuenta de que está empujando a sus hijos a tomar las armas para defender los privilegios que intenta apuntalar contra aquellos desposeídos a quienes despoja de los medios más básicos para labrarse su propio futuro?<a href="#_ftn10" name="_ftnref10"><sup>10</sup></a></p>
<p>Aseguraba Adriana Lastra, portavoz del PSOE en el Congreso de los Diputados, que no era cierto que hubiese que elegir entre «crecimiento y derechos”.<a href="#_ftn11" name="_ftnref11"><sup>11</sup></a> Afirmar algo semejante quiere decir una de dos cosas: o bien se ignora temerariamente que el crecimiento infinito es imposible, o bien se trata de ocultar hipócritamente que el sujeto de dichos derechos es solamente una parte de la humanidad presente, que se aferra no solo a sus derechos sino a sus privilegios a costa del derecho a la mera existencia del resto de la humanidad actual y de toda la humanidad futura.</p>
<p>El caso más triste es el de aquellos sectores de la izquierda más conscientes del choque con los límites que, creyéndose incapaces de trasladar un mensaje convincente de que es posible vivir relativamente bien sin tener que privar a nadie de sus propios medios de vida en otro país,<a href="#_ftn12" name="_ftnref12"><sup>12</sup></a> se pliegan al consenso de un crecimiento que saben que, por muy verde que lo quieran pintar, no podrá lograrse más que a costa de la privación de los otros (vía colonialismo <em>verde</em>, extractivismo y aumento de las emisiones). Bien sea por falta de autoconfianza en sus capacidades comunicativas y de creatividad política, o por la falta de confianza en la capacidad de las mayorías sociales de entender y aceptar los presupuestos del decrecimiento, el resultado es el mismo: renegar de los valores fundamentales de la izquierda y claudicar ante esa cultura consumista que es la antesala del fascismo, o más bien es el <em>aut</em><em>é</em><em>ntico</em> fascismo triunfante (si bien en forma de <em>criptofascismo</em>), como supo ver Pier Paolo Pasolini.</p>
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<h4>De aquellos polvos antropológicos, estos lodos supremacistas</h4>
<p>La degeneración antropológica liderada por la burguesía de la que ya advertía a comienzos de la década de 1970 el poeta y cineasta borgoñés, parece haber acabado por corromper totalmente a la izquierda, al mismo tiempo que la clase obrera se diluía en una ubicua clase media (se <em>aburguesaba</em>) en medio de la bacanal consumista del final del siglo XX y se deshacían las culturas milenarias de solidaridad y de apoyo mutuo entre los de abajo gracias al triunfo antropológico del individualismo y al abandono progresivo del mundo campesino. Al contrario que durante nuestras dictaduras mussolinianas, franquistas, salazaristas o hitlerianas, en las que el comportamiento de la gente común estaba disociado de la conciencia (se hacía una cosa, por fuerza, pero se pensaba otra muy distinta), ahora nos encontramos ante un fascismo mucho peor, puesto que se ha producido –afirmaba Pasolini– la <em>fascistizaci</em><em>ón de la conciencia</em> gracias al consumismo y la búsqueda del <em>bienestar</em> (material).<a href="#_ftn13" name="_ftnref13"><sup>13</sup></a> La <em>sturmtruppe</em> que ha logrado tamaño éxito póstumo del nazismo ha sido sin duda la industria capitalista del marketing. También alertaba Carl Amery: «Este mundo del bienestar está mucho menos preparado para rechazar la oferta básica de la fórmula hitleriana de lo que lo estaba la confundida sociedad de 1933».<a href="#_ftn14" name="_ftnref14"><sup>14</sup></a></p>
<p>Paradojas de la historia, quienes ahora se proclaman como la barrera ante el auge del fascismo pueden convertirse, por su pertinaz e irreflexiva defensa de una vía muerta, en las matronas de un fascismo definitivo, como advierte Adrián Almazán:<a href="#_ftn15" name="_ftnref15"><sup>15</sup></a> «no romper con el marco del industrialismo extractivista y productivista que se esconde detrás de este nuevo consenso “antifascista” hace que el fascismo se acerque cada día más. Un fascismo que, por primera vez en la historia, contará con la rotundidad de un “no hay para todos” refrendado por la propia realidad material y ecológica». Como yo mismo avisaba hace algún tiempo ante las endebles vacunas antifascistas que ha esgrimido el PSOE en nuestro país, el ascenso de la extrema derecha va a ser imparable mientras se siga gobernando como si el actual sistema socioeconómico fuese a durar para siempre .<a href="#_ftn16" name="_ftnref16"><sup>16</sup></a> Por si fuera poco, la respuesta de política económica de la Comisión Europea ante la pandemia de COVID-19 ha facilitado el surgimiento inesperado, apoyado entusiastamente por la izquierda, de una especie de neocorporativismo fascista que no solo no acaba con el expolio disfrazado bajo el término de <em>austeridad</em> sino que lo multiplica y expone los restos del <em>Welfare State</em> europeo a la amenaza de una inmensa espada de Damocles difícil de esquivar en el contexto de la Gran Escasez que nos espera.<a href="#_ftn17" name="_ftnref17"><sup>17</sup></a></p>
<p>La posteridad no es ajena a esta disyuntiva ética, pues como avisaba en la década de 1980 William R. Catton (principalmente en sus obras <em>Overshoot</em> y <em>Bottleneck</em>), tras expoliar otros continentes ahora nos dedicamos a expoliar a nuestros propios descendientes, privándolos de los recursos, de los sumideros, de la capacidad de<br />
carga que podría permitirles una vida digna, o tan siquiera una vida, a secas. Es decir, nos convertimos, como en una película de ciencia ficción, en una especie de Terminators pero al revés, verdugos a través del tiempo dispuestos a asesinar a los que aún no han nacido, bajo el dominio de una ubicua <em>mentalidad</em> <em>de carteristas </em>(Catton), en una auténtica <em>guerra contra el futuro</em>, la guerra más asimétrica de la historia.<a href="#_ftn18" name="_ftnref18"><sup>18</sup></a> Y aún menos justificable: nos convertimos en verdugos de nuestros propios contemporáneos de otras nacionalidades, como demuestran no pocos líderes de la izquierda cuando defienden sin sonrojo la construcción y venta de armamento a regímenes dictatoriales o actualmente en guerra de exterminio contra otros países. Aunque no hace falta acogernos al ejemplo de la industria bélica, pues defender a toda costa los puestos de trabajo en una central térmica no es mucho más ético que defender la construcción y venta de armas para países genocidas: el cambio climático también mata masivamente. Aunque no se perciba en la práctica actual de esta izquierda, hay un gran trecho moral (y político) entre la defensa del derecho a tener <em>un trabajo</em> y la defensa de un puesto de trabajo concreto que contribuye a la destrucción de las bases mismas de la vida. Solo una profunda inmoralidad o una profunda estrechez de miras pueden sostener que ambas cosas son equivalentes. Y no parece verosímil que la dirigencia sindical y política de la <em>generació</em><em>n má</em><em>s preparada de la historia</em> sea tan estúpida.</p>
<p>La izquierda, por supuesto, cuenta con sus propias autojustificaciones:<a href="#_ftn19" name="_ftnref19"><sup>19</sup></a></p>
<p>1ª) «No excluimos a nadie con nuestro crecimiento: hay recursos suficientes para que todos podamos crecer»: esto ha quedado sobradamente desacreditado por la ciencia y tan solo los apóstoles de la religión del crecimiento infinito y sus acólitos pueden seguir defendiéndolo, contra la realidad biofísica, que es la que es.</p>
<p>2ª) «Hay margen para seguir creciendo aún un poco más, tan solo debemos distribuir mejor los recursos, de manera más justa y eficiente»: pero el margen para seguir creciendo está desmentido por varios factores, entre los cuales destaca principalmente la necesidad de detener urgentemente las emisiones de gases de efecto invernadero, algo que no se puede lograr de manera creíble sin hacer decrecer la producción mundial;<a href="#_ftn20" name="_ftnref20"><sup>20</sup></a> en cuanto al reparto justo, precisamente es de ahí de donde emana la necesidad de que nosotros decrezcamos para que otros puedan crecer aún un poco (ellos sí), que es la base de la propuesta ecopolítica del decrecimiento; en cuanto a la suficiencia de los recursos existentes «para todos» es bastante dudosa, incluso para lo más básico (los alimentos),<a href="#_ftn21" name="_ftnref21"><sup>21</sup></a> cuánto más para niveles de abundancia material como los que hemos disfrutado durante las últimas décadas en los países industrializados.</p>
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<h4>Mirar hacia abajo, hacia lo lejos, hacia el mañana</h4>
<p>Las cuentas que hay que hacer son abrumadoras, pero es impostergable hacerlas. Según los cálculos que aporta Antonio Turiel no cabría esperar de manera realista que la humanidad pueda mantener una disponibilidad energética mayor del 40% de la actual una vez que finalicemos la famosa «transición» a las fuentes renovables.<a href="#_ftn22" name="_ftnref22"><sup>22</sup></a> Eso implica una reducción media del 40% de nuestro nivel material de vida, si repartimos la reducción con justicia. O sea, aceptar que en España vamos a un consumo energético per cápita equivalente al que hoy tiene, por ejemplo, la gente de Cuba o de Ecuador (poco más de 40 GJ/año, y eso si hay suerte). Pero si quisiéramos, al tiempo que nos adaptamos a vivir nuevamente solo del sol, repartir con justicia los recursos energéticos y materiales necesarios, deberíamos ir al 40% no del consumo energético actual de España, sino al 40% del consumo medio mundial actual: eso serían unos 32 GJ/año, el nivel actual de Nigeria o Guatemala. Y si la población siguiese aumentando, lo cual es dudoso más allá del medio plazo,<a href="#_ftn23" name="_ftnref23"><sup>23</sup></a> deberíamos continuar reduciendo ese nivel proporcionalmente. Es decir, aproximadamente 4 GJ/año menos por cada mil millones más de seres humanos: un millardo más y caeríamos al nivel actual de Vietnam, otro millardo más y estaríamos como ahora Corea del Norte, otro más y equivaldría al Pakistán de hoy día&#8230; La lógica perversa de esto es que cuantos menos seamos a repartir esa energía limitada, más tocará a cada uno.</p>
<blockquote><p><strong>Tras expoliar otros continentes, ahora expoliamos a nuestros propios descendientes, privándolos de los recursos para una vida digna, o tan siquiera, una vida, a secas </strong></p></blockquote>
<p>Así pues, una izquierda que persista en sostener un crecimiento egoísta –que para mayor escarnio solo podría ser temporal, nunca permanente–,<a href="#_ftn24" name="_ftnref24"><sup>24</sup></a> debe saber que lo hará a costa de privar de recursos no solo a otros seres humanos contemporáneos sino a las generaciones venideras de su propio país. Una izquierda semejante no merece ostentar tal nombre, portador de los valores de la libertad, la igualidad y la fraternidad, y más bien cabría recolocarla en el mapa ideológico de la historia entre los nacionalismos de imposición y los peores tribalismos de escala nacional, es decir, en una especie de socialismo <em>s</em><em>olo para los nuestros</em>, apenas a un paso del nacional-socialismo. Avisa Riechmann: «en un planeta Tierra que ya está “lleno” o saturado ecológicamente, para que alguien sea grande otro (otros) deben menguar».<a href="#_ftn25" name="_ftnref25"><sup>25</sup></a></p>
<p>Mi argumento es que la izquierda que continúa defendiendo el crecimiento económico y el III Reich puesto en marcha por Adolf Hitler comparten un mismo núcleo, una misma razón de ser última: <em>aunque no haya para todos, habr</em><em>á </em><em>para nosotros</em>. Ese <em>nosotros</em> pueden ser las clases populares, en la versión de izquierdas del <em>ur-fascismo</em> (Umberto Eco), pero claro&#8230; solo <em>nuestras</em> clases populares, y a lo sumo las de <em>nuestros</em> aliados. El problema del socialismo que nos proponen, e incluso del ecosocialismo, no es solo que esté <em>calzado</em> –por un usar la imagen inversa del <em>socialismo descalzo</em> de Riechmann–, sino que esté calzado con una bota militar, dispuesto a pisar a quien sea para defender su derecho a crecer.</p>
<p>Pero no pensemos que esta conversión de la izquierda en insolidaria es un repetino ataque febril. Además de haberse retroalimentado de este más de medio siglo de <em>fascistizaci</em><em>ón de la conciencia,</em> que decía Pasolini, no podemos olvidar que nuestros partidos de izquierda siempre se han preocupado más bien de defender a las clases trabajadoras que les votan, y rara vez han ido más allá de una vaga defensa de la solidaridad con otros países. De hecho, no han sido pocos los casos de partidos y sindicatos de izquierda que desde el siglo XIX han apoyado (o, cuando menos, consentido tácitamente) las actuaciones imperialistas de sus estados.<a href="#_ftn26" name="_ftnref26"><sup>26</sup></a> El momento actual no haría sino extender esa tendencia presente en la izquierda –que ya trataba de combatirse hace un siglo en la III Internacional–<a href="#_ftn27" name="_ftnref27"><sup>27</sup></a> y exacerbarla con el argumento de que <em>ya no hay para todos</em> y es <em>o ellos o nosotros</em> (o sea, <em>o sus vidas o nuestro nivel de vida</em>). Esto vendría a sumarse a las últimas décadas de disolución de la solidaridad a nivel internacional, de la criminalización generalizada del otro, de la construcción de muros, del pago a países mamporreros para mantener a raya los flujos migratorios, de asfixia de los fondos para ayuda humanitaria y de desprecio del Derecho Internacional Humanitario. Si ante la pandemia de la COVID-19 los gobiernos de todos los países enriquecidos, algunos de los cuales están gobernados por partidos que se autodenominan «de izquierdas», han hecho un indisimulado uso de su poder político y económico para acaparar el máximo posible de vacunas, condenando así a cientos de miles de personas en los países empobrecidos a una muerte segura,<a href="#_ftn28" name="_ftnref28"><sup>28</sup></a> ¿qué podemos esperar que hagan cuando se trate de repartir un petróleo que escasee,<a href="#_ftn29" name="_ftnref29"><sup>29</sup></a> el último litio accesible del planeta, los últimos fosfatos minerales o fuentes de agua potable en disputa? Nuestros dirigentes, ha denunciado Bruno Latour, «han lanzado por la borda todos los ideales de solidaridad».<a href="#_ftn30" name="_ftnref30"><sup>30</sup></a> Una crisis moral política de suma gravedad, que sin duda es parte del proceso de colapso de nuestra civilización.</p>
<h4></h4>
<h4>Conclusión</h4>
<p>No me cansaré de insistir: hablar en términos de nazismo no es algo gratuito. Si bien cabría decir que lo que caracteriza moralmente a la derecha política en su conjunto es el egoísmo, el desprecio por la justicia social, el imperialismo y la dominación de los otros, lo que diferencia concretamente a la <em>solució</em><em>n</em> propuesta por Adolf Hitler en <em>Mi lucha</em> es, como bien nos hizo ver Carl Amery, el exterminio de esos <em>otros</em> en un contexto de recursos limitados y escasos. Así, el enemigo por combatir hoy son los Verdes,<a href="#_ftn31" name="_ftnref31"><sup>31</sup></a> pues «son hoy los portadores de lo que Hitler denostó y despreció como el “bacilo judío”: los portadores del mensaje de la igualdad de todos los hombres, del derecho a la vida del débil, del debate siempre posible y necesario, y del factible y necesario equilibrio pacífico de intereses».<a href="#_ftn32" name="_ftnref32"><sup>32</sup></a> Por tanto, de insistir en la senda del crecimiento, la izquierda estará provocando, por activa o por pasiva, el exterminio de millones de congéneres en las próximas décadas. Solo la renuncia a esa vía totalmente contraria a los valores fundacionales de la izquierda podría salvarla de transformarse en la comadrona de un nuevo Holocausto de una escala jamás vista.</p>
<p>Y esto no es algo que podamos achacar únicamente a su dirigencia. Si hasta ahora la izquierda se podía permitir, de boquilla o con mayores o menores expresiones en la práctica, ser solidaria con <em>los otros </em>(los no nacionales, los que no pueden votarles en las elecciones) es porque no les restaba votos. Pero cuando los votantes de izquierda empiezan a pensar, e incluso a decir sin tapujos cosas como «yo votaría a un partido nazi si es el que me asegura que cobraré mi pensión», entonces la izquierda se ve a sí misma entre la espada de la pérdida de uno de sus valores fundacionales y la pared de la pérdida de apoyos electorales. O sus valores o sus votantes.<a href="#_ftn33" name="_ftnref33"><sup>33</sup></a></p>
<p>En resumen: a partir del momento en que la izquierda es consciente de que hemos topado con un techo a las dinámicas expansivas de la civilización industrial-capitalista, tan solo puede plantearse dos escenarios: uno consiste en continuar creciendo a base de pura <em>magia</em> (que crezca la economía sin que crezca el consumo de recursos y las emisiones); el otro, intentar mantener el crecimiento privando de sus recursos a otros países (genocidio), continuando con la saturación de los sumideros planetarios (ecocidio), que en última instancia llevará a la muerte de todo, al <em>omnicidio</em>. Y dado que la magia no existe, ni es razonable confiar en milagros, el momento histórico de choque contra los límites biofísicos del planeta sitúa a la izquierda ante la obligación de elegir: <em>valores de izquierda o sociedad de consumo,</em> solidaridad o crecimiento, el reparto justo de la escasez o la solución hitleriana.</p>
<p style="text-align: right;">El drama de los refugiados, hoy, es solo un pequeño anticipo de lo que vendrá.</p>
<p style="text-align: right;">El colapso ecológico (clima, biodiversidad, sumideros, agua&#8230;) lo multiplicará x 1000.</p>
<p style="text-align: right;">Con la Izquierda defendiendo a capa y espada el Sistema será imposible frenar a los nazis.</p>
<p style="text-align: right;">Debe existir una izquierda que se oponga a las quimeras tecnocientíficas y transhumanistas, una izquierda anti-progre si queréis, que hable de expropiar a los ricos, pero también de austeridad por la abolición de la sociedad de consumo. Y que reconozca, sí: es esto o la extinción.</p>
<p style="text-align: right;">La Caiguda</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: right;">La primera premisa para [la] aplicación (o reaplicación) [de la fórmula hitleriana] es una situación de crisis que incluya tanto la carestía material como la vivencia de una desorientación existencial.</p>
<p style="text-align: right;">Esta experiencia de crisis debe suscitar la noción de que no basta para todos</p>
<p style="text-align: right;">(y de que seguramente nunca más bastará).</p>
<p style="text-align: right;">En tal caso habremos de descartar de raíz toda posibilidad de solucionar la crisis mediante un programa minucioso, pero humanista.</p>
<p style="text-align: right;">El grupo o formación dominante que se sienta llamado a conservar los logros de la civilización se verá por ello obligado a acometer una selección; esta anulará lógicamente el carácter intocable de la dignidad humana.</p>
<p style="text-align: right;">De modo que nuestra primera pregunta reza así: ¿es posible, o probable, una crisis hitleriana en el siglo XXI?</p>
<p style="text-align: right;">Sí.</p>
<p style="text-align: right;">Carl Amery (<em>Auschwitz, </em><em>¿comienza el siglo XXI? Hitler como precursor</em>, p. 157)</p>
<p><strong>Manuel Casal Lodeiro</strong> es coordinador del <a href="https://www.instituto-resiliencia.org/" target="_blank" rel="noopener">Instituto Resiliencia</a> y autor de <em>La izquierda ante el colapso</em><br />
<em>de civilización industria</em>.</p>
<p>Acceso al texto completo en formato pdf: <a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/si-vis-pacem-para-descensum-declive-o-exterminio-el-dilema-de-la-izquierda-del-crecimiento/" target="_blank" rel="noopener"><em>Si vis pacem, para descensum. </em>Declive o exterminio: el dilema de la izquierda del crecimiento.</a></p>
<h4><strong>NOTAS: </strong></h4>
<p><a href="#_ftnref1" name="_ftn1"><sup>1</sup></a>La relación entre crecimiento del PIB y crecimiento del consumo de energía, a escala global, no es en realidad de 1:1 porque se encuentra distorsionada, entre otros factores, por la cuantificación monetaria de ambos índices, pero no hay duda de su absoluta correlación: Matthieu Auzanneau, «Gaël Giraud, del CNRS: «El verdadero papel de la energía va a obligar los economistas a cambiar de dogma»», <em>The Oil Crash</em> (blog), 30 de mayo de 2014, disponible en: <a href="https://crashoil.blogspot.com/2014/05/entrevista-gael-giraud.html" target="_blank" rel="noopener">https://crashoil.blogspot.com/2014/05/entrevista-gael-giraud.html</a></p>
<p><a href="#_ftnref2" name="_ftn2"><sup>2</sup></a> Ted Trainer, «If you want affluence, prepare for war», <em>Democracy and Nature</em><em>,</em> núm. 8 (julio de 2002).<br />
Nuestros ejércitos ya lo llevan tiempo haciendo, de cara a conflictos bélicos a gran escala que prevén en apenas una década: «<em>The Economist,</em> «Las fuerzas armadas francesas se preparan para una guerra de alta intensidad”», <em>La Vanguardia</em>, 30 de marzo de 2021, disponible en: <a href="https://www.lavanguardia.com/internacional/20210330/6616738/fuerzas-armadas-francesas-preparan-guerra-alta-intensidad.html" target="_blank" rel="noopener">https://www.lavanguardia.com/internacional/20210330/6616738/fuerzas-armadas-francesas-preparan-guerra-alta-intensidad.html</a></p>
<p><a href="#_ftnref3" name="_ftn3"><sup>3</sup></a> Estos conflictos no necesariamente tendrán forma de una guerra de saqueo convencional. Según explica Antonio Turiel, que lleva años advirtiendo de una probable intervención de Francia (quizás con el apoyo de España e Italia) en Argelia, «Estamos pensando en una guerra de conquista, cuando más bien se trataría de una guerra de división y rapiña. Francia no se va a meter a agredir a Argelia así, por las buenas, porque tendría una gran contestación interna obviamente. Pero, ¿qué pasa si estalla una guerra civil en Argelia? Ese es para mí el escenario de referencia. Francia entraría en Argelia (por supuesto de la mano de España y probablemente Italia) para <em>socorrer a la població</em><em>n civil</em> y <em>devolver la democracia</em>, en una guerra de desgaste que se prolongaría en el tiempo. Mientras tanto, se asegurarían el control de los pozos de petróleo y de gas. ¿Qué fue lo primero que hicieron las tropas galas cuando llegaron a Malí en enero de 2014? Se fueron corriendo a la frontera con Níger, atravesaron la frontera y aseguraron las minas de uranio de Níger». (Mensaje a la lista de correo <em>Petrocenitales</em>, 31 de marzo de 2021).</p>
<p><a href="#_ftnref4" name="_ftn4"><sup>4</sup></a> El dichoso lema se ha convertido nada menos que en el núcleo del programa de gobierno «más progresista de la historia de España», según se autodenomina el formado por PSOE y Unidas-Podemos en 2019, según afirma la ministra portavoz (rueda de prensa del 16 de marzo de 2021). Pero, ¿qué significa en realidad «no dejar a nadie atrás»? No se concreta nunca, aunque se aprecian claramente varios significados: por un lado, no se admite que ningún sector y ninguna empresa se vea perjudicada por la llamada <em>Transició</em><em>n Ecol</em><em>ógica/Energ</em><em>é</em><em>tica</em>; por otro, «adelante» significa más crecimiento, más digitalización, más modernización, más de todo, exponencialmente a ser posible; y «atrás» significa, implícitamente, por tanto, lo preindustrial, lo premoderno, lo agrario y rural, las economías homeostáticas, en definitiva. Cuando toca «pisar el freno de emergencia» (Walter Benjamin), quienes nos gobiernan se empeñan en pisar el acelerador hacia el precipio, en una huida hacia adelante que no deje «a nadie atrás». Así, está muy lejos esta izquierda de asumir la necesidad, tras el <em>Peak Oil</em>, el <em>Peak Fossil Fuels</em>, el <em>Peak Net Energy</em>, el <em>Peak Everything</em>, de volver a basar nuestras economías principalmente en los recursos locales. Volver a defender una España eminentemente agrícola es la única alternativa que tenemos si no queremos mantener un nivel industrial a base de recursos foráneos, que en la Era de la Escasez, solo podremos obtener privándoles de ellos a otros, sea por la fuerza de las armas, por alianzas con otras fuerzas neocolonialistas o mediante asimétricos tratados de comercio. O una izquierda neoagraria e internacionalista, o una pseudoizquierda al mando de la desposesión imperialista, ese es, en definitiva, el dilema.</p>
<p><a href="#_ftnref5" name="_ftn5"><sup>5</sup></a> Ángel Ferrero y Jaume Portell, «Alemania, el Congo y el nuevo imperialismo energético europeo», <em>Público</em>, 26 de septiembre de 2020, disponible en: <a href="https://www.publico.es/internacional/explotacion-africa-alemania-congo-nuevo-imperialismo-energetico-europeo.html" target="_blank" rel="noopener">https://www.publico.es/internacional/explotacion-africa-alemania-congo-nuevo-imperialismo-energetico-europeo.html</a></p>
<p><a href="#_ftnref6" name="_ftn6"><sup>6</sup></a> Bruno Latour, <em>D</em><em>ónde aterrizar</em> (p. 124). Aunque Latour mencione el concepto de <em>Lebensraum</em> fijándose únicamente en el caso de EEUU, cabe perfectamente aplicarlo al resto del mundo <em>desarrollado</em>.</p>
<p><a href="#_ftnref7" name="_ftn7"><sup>7</sup></a> Citado en Jorge Riechmann, <em>Otro fin del mundo es posible</em>, MRA Ediciones, Barcelona, 2019, p. 23.</p>
<p><a href="#_ftnref8" name="_ftn8"><sup>8</sup></a> Una muestra de que las políticas europeas vendidas como «verdes» ocultan este tipo de colonialismo o «depredación energética»: Antonio Turiel, «Asalto al tren del hidrógeno», <em>The Oil Crash</em> (blog), disponible en: <a href="https://crashoil.blogspot.com/2020/10/asalto-al-tren-del-hidrogeno.html" target="_blank" rel="noopener">https://crashoil.blogspot.com/2020/10/asalto-al-tren-del-hidrogeno.html</a><br />
El colonialismo sería, afirman algunos, el «problema no resuelto de la vieja izquierda», que también arrastrarían nuevas formulaciones de la izquierda desde el concepto político de «lo común»: Daniel Montáñez y Juan Vicente Iborra, «Los comunes coloniales y la descolonización de la izquierda», <em>El Salto</em>, 17 de febrero de 2019, disponible en: <a href="https://www.elsaltodiario.com/colonialismo/los-comunes-coloniales-y-la-descolonizacion-de-la-izquierda" target="_blank" rel="noopener">https://www.elsaltodiario.com/colonialismo/los-comunes-coloniales-y-la-descolonizacion-de-la-izquierda</a><br />
Recordemos que el propio Marx criticaba los excesos del colonialismo (por ejemplo, el británico en India) pero justificaba «su necesidad histórica»: Eddy Sánchez Iglesias, «¿Era Marx eurocéntrico?», <em>Contexto y acción</em>, 05 de mayo de 2020, disponible en: <a href="https://ctxt.es/es/20200501/Firmas/32160/Eddy-Sanchez-Iglesias-colonialismo-Karl-Marx-eurocentrismo-capitalismo.htm" target="_blank" rel="noopener">https://ctxt.es/es/20200501/Firmas/32160/Eddy-Sanchez-Iglesias-colonialismo-Karl-Marx-eurocentrismo-capitalismo.htm</a><br />
Al menos así fue hasta sus últimos años de vida. Por lo visto, las revisiones de su pensamiento anterior al respecto del colonialismo que realizó aquel postrero Marx sufrieron la misma suerte entre sus seguidores que las que hizo acerca de las posibilidades de alcanzar el ideal comunista directamente desde sociedades campesinas comunalistas sin necesidad del famoso «desarrollo de las fuerzas productivas» industriales y del protagonismo obrero de la Revolución (<em>Vid. </em>Carlos Taibo, <em>Marx y Rusia. Un ensayo sobre el Marx tard</em><em>ío</em>). Así, las mismas izquierdas que insisten en que solo hay una vía para lograr sus objetivos, y que este pasa necesariamente por la industrialización y el crecimiento, son las mismas que se quedaron ancladas en la visión ambivalente que finalmente Marx corregiría, de un colonialismo <em>necesario.</em></p>
<p><a href="#_ftnref9" name="_ftn9"><sup>9]</sup></a> Juan José Guirado, «El capitalismo ha fracasado, ¿qué viene a continuación? (V)», <em>Esencial o menos </em>(blog), disponible en: <a href="https://esencialomenos.blogspot.com/2020/02/el-capitalismo-ha-fracasado-que-viene_8.html" target="_blank" rel="noopener">https://esencialomenos.blogspot.com/2020/02/el-capitalismo-ha-fracasado-que-viene_8.html</a><br />
El ideal para la mayoría de la socialdemocracia ha sido tradicionalmente el modelo de los países escandinavos, pero es hora de reconocer que estos países están a la cabeza en emisiones <em>per capita</em> y que, por tanto, su modelo no es extrapolable al resto del mundo y que su propio mantenimiento no es precisamente <em>justo</em> con los demás países: Jason Hickel, «The dark side of the Nordic model», <em>Al Jazeera</em>, 06 de diciembre de 2019, disponible en: <a href="https://www.aljazeera.com/amp/indepth/opinion/dark-side-nordic-model-191205102101208.html" target="_blank" rel="noopener">https://www.aljazeera.com/amp/indepth/opinion/dark-side-nordic-model-191205102101208.html</a></p>
<p><a href="#_ftnref10" name="_ftn10"><sup>10</sup></a> Bien, en realidad las armas ya se están tomando en la Europa Fortaleza, como se ha demostrado repetidamente, sobornando a gobiernos escasamente democráticos como el marroquí o el turco para que hagan su trabajo de matones de discoteca evitando la entrada de los indeseables. <em>Reservado el derecho de admisió</em><em>n</em>, bien podría ser el lema de esta UE.</p>
<p><a href="#_ftnref11" name="_ftn11"><sup>11</sup></a> «Durante décadas la ideología del miedo ha intentado hacernos creer que teníamos que elegir entre economía y bienestar, pero no es cierto; que teníamos que elegir entre crecimiento y derechos, pero no es cierto; (…)», Intervención del 16 de diciembre de 2020 en un debate parlamentario con motivo de los dos meses de la declaración del semestre de Estado de Alarma en España por la pandemia de COVID-19, disponible en: <a href="https://www.congreso.es/public_oficiales/L14/CONG/DS/PL/DSCD-14-PL-70.PDF" target="_blank" rel="noopener">https://www.congreso.es/public_oficiales/L14/CONG/DS/PL/DSCD-14-PL-70.PDF</a></p>
<p><a href="#_ftnref12" name="_ftn12"><sup>12</sup></a> En otros tiempos, la vanguardia de la izquierda tenía el valor de asaltar palacios enfrentándose a los ejércitos, y hoy parece que no se atreve ni a intentar el asalto incruento a los imaginarios culturales.</p>
<p><a href="#_ftnref13" name="_ftn13"><sup>13</sup></a> O incluso podríamos decir, con Jorge Armesto, simplemente la búsqueda del <em>goce</em>: «la pulsión por el goce consumista se impone a cualquier tipo de ética de responsabilidad, incluso cuando afecta a la vida y la muerte de miles de personas». Jorge Armesto, «Comprender al votante de Vox», <em>El Salto</em>, 29 de octubre de 2020, disponible en: <a href="https://www.elsaltodiario.com/opinion/jorge-armesto-comprender-votante-vox" target="_blank" rel="noopener">https://www.elsaltodiario.com/opinion/jorge-armesto-comprender-votante-vox</a></p>
<p><a href="#_ftnref14" name="_ftn14"><sup>14</sup></a> Carl Amery, <em>Auschwitz, </em><em>¿comienza el siglo XXI? Hitler como precursor, </em>Turner / Fondo de Cultura Económica, Madrid, 2002, p. 177.</p>
<p><a href="#_ftnref15" name="_ftn15"><sup>15</sup></a> Adrián Almazán, «Lo que el antifascismo no permite ver», <em>Contexto y acción</em>, 14 de enero de 2020, disponible en: <a href="https://ctxt.es/es/20200115/Firmas/30561/Adrian-Almazan-Gomez-crisis-ecologica-y-social-investidura-PSOE-Unidas-Podemos-Regreso-al-futuro.htm" target="_blank" rel="noopener">https://ctxt.es/es/20200115/Firmas/30561/Adrian-Almazan-Gomez-crisis-ecologica-y-social-investidura-PSOE-Unidas-Podemos-Regreso-al-futuro.htm</a></p>
<p><a href="#_ftnref16" name="_ftn16"><sup>16</sup></a> Manuel Casal Lodeiro, «La vacuna (contra el fascismo) con fecha de caducidad», <em>De(s)varia Materia</em> (blog), 11 de enero de  2019, disponible en: <a href="http://casdeiro.info/textos/2019/01/11/la-vacuna-contra-el-fascismo-con-fecha-de-caducidad/" target="_blank" rel="noopener">http://casdeiro.info/textos/2019/01/11/la-vacuna-contra-el-fascismo-con-fecha-de-caducidad/</a></p>
<p><a href="#_ftnref17" name="_ftn17"><sup>17</sup></a> Pau Llonch, «Los nuevos fondos europeos. ¿Maná o veneno?», <em>El Salto</em>, 28 de enero de 2021, disponible en: <a href="https://www.elsaltodiario.com/analisis/nuevos-fondos-europeos-next-generation-capitalismo-verde" target="_blank" rel="noopener">https://www.elsaltodiario.com/analisis/nuevos-fondos-europeos-next-generation-capitalismo-verde</a></p>
<p><a href="#_ftnref18" name="_ftn18"><sup>18</sup></a> Sin duda la guerra más asimétrica y brutal de la Historia es la guerra de saqueo y exterminio que estamos llevando a cabo la actual generación contra las generaciones venideras, que no tienen la más mínima posibilidad de defenderse.</p>
<p><a href="#_ftnref19" name="_ftn19"><sup>19</sup></a> He analizado con más profundidad los autoengaños de la izquierda ante la situación de colapso civilizacional en la que nos estamos adentrando en <em>La izquierda ante el colapso de la civilizació</em><em>n industrial </em>(La Oveja Roja, 2016), sobre todo en su cap. 1. También abordé en dicha obra el riesgo de fascistización, especialmente en el apartado «Antes fascistas que sencillos», del cap. 2.</p>
<p><a href="#_ftnref20" name="_ftn20"><sup>20</sup></a> Jason Hickel y Yorgos Kallis, «Is Green Growth Possible?», <em>New Political Economy,</em> vol. 25, núm. 4, 2020., disponible en: <a href="https://www.tandfonline.com/doi/abs/10.1080/13563467.2019.1598964" target="_blank" rel="noopener">https://www.tandfonline.com/doi/abs/10.1080/13563467.2019.1598964</a><br />
El estudio fue citado por importantes medios generalistas españoles: p. ej.: <a href="https://www.publico.es/economia/economia-verde-cientificos-defienden-decrecimiento-economico-luchar-crisis-climatica.html" target="_blank" rel="noopener">https://www.publico.es/economia/economia-verde-cientificos-defienden-decrecimiento-economico-luchar-crisis-climatica.html</a>  y <a href="https://www.lavanguardia.com/vida/20190527/462504961574/estudio-dice-que-para-reducir-calentamiento-hay-que-hacer-decrecer-economia.html" target="_blank" rel="noopener">https://www.lavanguardia.com/vida/20190527/462504961574/estudio-dice-que-para-reducir-calentamiento-hay-que-hacer-decrecer-economia.html</a></p>
<p><a href="#_ftnref21" name="_ftn21"><sup>21</sup></a> He reflexionado sobre ello en mi libro <em>Nosotros, los detrit</em><em>í</em><em>voros</em><em>, </em>Ediciones Queimada, Móstoles (Madrid), 2018.</p>
<p><a href="#_ftnref22" name="_ftn22"><sup>22</sup></a> Jorge Romero, «El apagón del capitalismo», Blog <em>Planeta Futuro / Alterconsumismo</em>, <em>El País</em>, 8 de febrero de 2022, disponible en: <a href="https://elpais.com/planeta-futuro/alterconsumismo/2022-02-08/el-apagon-del-capitalismo.html" target="_blank" rel="noopener">https://elpais.com/planeta-futuro/alterconsumismo/2022-02-08/el-apagon-del-capitalismo.html</a></p>
<p><a href="#_ftnref23" name="_ftn23"><sup>23</sup></a> De nuevo, me remito a los cálculos que recogí en <em>Nosotros, los detrití</em><em>voros</em>, disponibles en un cuadro resumen en <a href="http://www.detritivoros.com" target="_blank" rel="noopener">http://www.detritivoros.com</a></p>
<p><a href="#_ftnref24" name="_ftn24"><sup>24</sup></a> Puesto que la vida útil de un panel fotovoltaico o de un aerogenerador no sobrepasa los 25 años de media, y que no se pueden construir sin usar energía fósil, lo que se nos propone es <em>transitar</em> a un nuevo modelo energético que <em>tan solo durará </em><em>una generación</em>, despojando por el camino a millones de seres humanos de la posibilidad de acceder a los minerales y a los combustibles fósiles que habríamos acaparado y gastado egoístamente para construir un soporte sustitutivo para nuestro nivel de vida que resultará ser sumamente efímero. Nuestras izquierdas están vendiendo su alma a cambio de asegurarse apenas 25 años más de electricidad. El citado estudio de Hickel y Kallis acerca de la viabilidad de las políticas de <em>crecimiento verde</em>, insiste en el corto alcance temporal de las mismas, incluso para los pocos países que pudieran llevarlas a cabo.</p>
<p><a href="#_ftnref25" name="_ftn25"><sup>25</sup></a> <em>Ibidem,</em> p. 94. Riechmann es consciente de la gran bifurcación que se le plantea a la izquierda en su identidad y en sus valores ante la crisis ecosocial, al menos desde los años noventa. <em>Vid.</em> la entrevista de 1992 con Julen Rekondo para la revista <em>Hika</em> y reproducida en <em>Un lugar que pueda habitar la abeja, </em>La Oveja Roja, Madrid, 2018, p. 31, donde advierte sobre «la izquierda eurocéntrica, imperialista y subalterna del capitalismo». Este bagaje le convierte en unos de los referentes éticos más necesarios para la izquierda del mundo industrializado.</p>
<p><a href="#_ftnref26" name="_ftn26"><sup>26</sup></a> «The Communists and the Colonized», An interview with Selim Nadi, <em>Jacobin</em>, 29/10/2016, disponible en:</p>
<p>https://www.jacobinmag.com/2016/10/pcf-french-communists-sfio-algeria-vietnam-ho-chi-minh/<br />
No podemos tampoco olvidar los apoyos a los imperialismos de terceros estados supuestamente dirigidos por partidos de izquierda, como puede ser típicamente el caso de China.</p>
<p><a href="#_ftnref27" name="_ftn27"><sup>27</sup></a> Una de las condiciones para adherirse a la III Internacional Comunista (1919) era que los partidos debían exigir la retirada de sus compatriotas imperialistas de sus colonias.</p>
<p><a href="#_ftnref28" name="_ftn28"><sup>28</sup></a> El director de la OMS habla de «un fallo moral catastrófico»: «WHO: just 25 COVID vaccine doses administered in low-income countries», <em>The Guardian</em>, 18 de enero de 2021, disponible en: <a href="https://www.theguardian.com/society/2021/jan/18/who-just-25-covid-vaccine-doses-administered-in-low-income-countries" target="_blank" rel="noopener">https://www.theguardian.com/society/2021/jan/18/who-just-25-covid-vaccine-doses-administered-in-low-income-countries</a><br />
A fecha de 22/02/21, los 3/4 de las vacunas estaban aún en manos de tan solo 10 países. Esta insolidaridad durante la primera vacunación masiva se confirmó de manera agravada cuando los países ricos optaron por impulsar refuerzos vacunales masivos a su población («inyecciones de lujo», según la OMS) junto con la vacunación infantil, ambos innecesarios según la epidemiología, en lugar de ceder las vacunas a aquellos países cuya población aún no había recibido las primeras inyecciones, que son las que resultan realmente decisivas para evitar los casos graves y la muerte. En 2021 solo el 10% de las vacunas llegó a países del Sur mientras en el Norte se tenían que tirar millones de ellas porque habían caducado sin llegar a utilizarse. No han faltado voces expertas e institucionales del máximo rango que han denunciado la profunda inmoralidad y nulo soporte científico de estas decisiones de nuestros gobernantes tanto de derechas como de izquierdas. La OMS da en clavo con su terminología: en esto, como en toda la cuestión de los recursos limitados, es «el lujo» de los ricos a costa de las necesidades básicas de los pobres.</p>
<p><a href="#_ftnref29" name="_ftn29"><sup>29</sup></a> Antonio Turiel, «La tormenta negra», <em>Contexto y acción</em>, 29 de abril de 2020, disponible en: <a href="https://ctxt.es/es/20200401/Politica/32045/Antonio-Turiel-petroleo-tormenta-negra-crisis-energetica.htm" target="_blank" rel="noopener">https://ctxt.es/es/20200401/Politica/32045/Antonio-Turiel-petroleo-tormenta-negra-crisis-energetica.htm</a></p>
<p><a href="#_ftnref30" name="_ftn30"><sup>30</sup></a> Bruno Latour, <em>D</em><em>ó</em><em>nde aterrizar. C</em><em>ómo orientarse en pol</em><em>í</em><em>tica</em><em>, </em>Taurus, Barcelona, 2019, p. 41.</p>
<p><a href="#_ftnref31" name="_ftn31"><sup>31</sup></a> Cuando empleo este término no estoy pensando precisamente en Greenpeace o en Equo. Me refiero a decrecentistas, gaianos, ecocomunalistas, comuneras indígenas, rebeldes contra la extinción, ecosocialistas descalzas, ecoanarquistas, defensores del Protocolo de Uppsala/Rimini&#8230;</p>
<p><a href="#_ftnref32" name="_ftn32"><sup>32</sup></a> Amery, 2002, <em>op. cit.</em>, p. 167. Esto no es ajeno al hecho de que hoy día los activistas que sufren más asesinatos en todo el mundo sean los ecologistas. Véase también <em>Los verdes somos los nuevos rojos</em>, de Will Potter, Plaza y Valdés, Madrid, 2013.</p>
<p><a href="#_ftnref33" name="_ftn33"><sup>33</sup></a> Un valiente manifiesto leído en Palencia el 1 de mayo de 2021 interpelaba a las fuerzas de izquierda: «¿Para qué está alguien en política? ¿Para decir la verdad a los ciudadanos o para obtener votos? Si decir la verdad resta votos lo lógico sería que la izquierda se presentase por el PP o el PSOE, que son los que más votos obtienen. ¿Por qué crece la extrema derecha? Por incomparecencia de la izquierda». Y finalizaba el texto advirtiendo acerca de las consecuencias de mantener oculto el problema del inevitable declive energético: «Si la izquierda silencia esta problemática (como ha sucedido hasta ahora), la población se adherirá al fascismo». Comité IV, «Sobre dónde poner los huevos», <em>15/15\15</em>, 18 de julio de 2021, disponible en: <a href="https://www.15-15-15.org/webzine/2021/07/18/sobre-donde-poner-los-huevos/" target="_blank" rel="noopener">https://www.15-15-15.org/webzine/2021/07/18/sobre-donde-poner-los-huevos/</a></p>
<p>&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
					
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		<title>Modo de vida, vida buena y crisis ecosocial. Papeles 161</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 08 May 2023 07:50:23 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Una vida buena −digna y segura− ha sido y es, la principal aspiración humana que ha recorrido las culturas de todo tiempo y lugar, aunque bajo diferentes concepciones y configuraciones.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><img decoding="async" class="alignright wp-image-151335 size-thumbnail" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/04/161-300x423.jpg" alt="" width="300" height="423" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/04/161-300x423.jpg 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/04/161-450x634.jpg 450w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/04/161-768x1083.jpg 768w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/04/161-350x493.jpg 350w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/04/161-600x846.jpg 600w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/04/161-64x90.jpg 64w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/04/161.jpg 908w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" />Una <em>vida buena</em> −digna y segura− ha sido y es, la principal aspiración humana que ha recorrido las culturas de todo tiempo y lugar, aunque bajo diferentes concepciones y configuraciones.</p>
<p>En la actualidad, amarrados como estamos a un modo de vida −de producción y consumo− que nos arrastra a una gravísima crisis ecosocial global, cargando los costes sobre la naturaleza, las mujeres y otros territorios, resulta aún más urgente reflexionar sobre qué significa una <em>vida buena</em> y de calidad para todos y todas.</p>
<p>El hecho insoslayable de los límites ecológicos del planeta debe enmarcar tal reflexión. Por ello, en este punto de la historia, <em>la vida buena</em> deberá definirse como aquella capaz de desenvolverse en un <em>equilibrio</em> dinámico con la naturaleza. Esto exige cambios colosales del modo de vida y de nuestros patrones mentales, pasando de la noción socioeconómica del bienestar que actualmente domina el imaginario colectivo –basado en prismas mercantilistas y cortoplacistas– a una noción sostenible y armónica de la vida, que exige cuidar la salud de los entornos sociales y naturales.</p>
<p>El número 161 de la revista <em>Papeles de relaciones ecosociales y cambio global</em>, reflexiona sobre los principales ejes de transformación: transporte, urbanismo y alimentación, además de presentar un enfoque teórico tentativo para calibrar la calidad de vida en el marco de la crisis ecosocial.</p>
<p>En la <strong>Introducción</strong> del número, <strong>Santiago Álvarez Cantalapiedra</strong> nos adentra en la insostenibilidad ecológica y social del modo de vida <em>imperial</em> dominante.</p>
<p><strong>A Fondo</strong> se abre con un artículo del <strong>Equipo de FUHEM Ecosocial</strong> que presentan un enfoque ecosocial para evaluar la calidad de vida. <strong>Max Koch</strong> examina el papel potencial del bienestar y las políticas sociales en un contexto de profunda transformación ecosocial y poscrecimiento, tomando el caso de Suecia. <strong>Carlos Verdaguer </strong>explora los lazos entre calidad de vida y habitabilidad en las ciudades. <strong>Alfonso Sanz</strong> analiza los escollos de la movilidad y las falsas alternativas. <strong>Kattya Cascante</strong> revisa el sistema global alimentario y sus múltiples fallas, mientras que <strong>Carolina Yacamán</strong> explora las alternativas para la transición alimentaria. Por su parte, <strong>Nuria del Viso</strong> y <strong>Mateo Aguado</strong> ponen en valor las prácticas “procomunitarias” de autoprotección y resiliencia frente a los impactos de este modo de vida “averiado”.</p>
<p>En <strong>Actualidad</strong>, <strong>Mª Teresa Vicente</strong> aborda la cuestión de los derechos de la naturaleza a partir del caso de la ILP de protección del Mar Menor y su tramitación y aprobación parlamentaria en 2022. Por su parte, <strong>Pere Ortega</strong> explora las alternativas al enfoque estatocéntrico de la seguridad y su expresión en la guerra.</p>
<p><strong>Ensayo</strong> incluye una síntesis del informe PRESME sobre precariedad laboral y salud mental encargado por el Ministerio de Trabajo y elaborado por un equipo coordinado por <strong>Joan Benach</strong>.</p>
<p><strong>Referentes</strong> repasa de la mano de <strong>Alfonso Díez Prieto</strong> la figura del pedagogo Lorenzo Milani en el centenario de su nacimiento.</p>
<p>El número se cierra con la sección <strong>Lecturas</strong>.</p>
<p>A continuación, ofrecemos el sumario de la revista y dos artículos descargables de forma gratuita: la Introducción del número de Santiago Álvarez Cantalapiedra y el artículo del equipo de <strong>FUHEM Ecosocial, </strong>Por un enfoque ecosocial para el estudio de la <em>vida buena.</em></p>
<h4><a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/sumario-161/" target="_blank" rel="noopener"><span style="color: #3366ff;"><strong>SUMARIO</strong></span></a></h4>
<h4><span style="color: #3366ff;"><strong>INTRODUCCIÓN</strong></span></h4>
<p><a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/un-modo-de-vida-que-imposibilita-la-vida-buena/" target="_blank" rel="noopener">Un modo de vida que imposibilita la <em>vida buena</em></a>, <strong>Santiago Álvarez Cantalapiedra.</strong></p>
<h4><span style="color: #3366ff;"><strong>A FONDO</strong></span></h4>
<p><a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/por_un_enfoque_ecosocial_para_el_estudio_de_la_vida_buena/" target="_blank" rel="noopener">Por un enfoque ecosocial para el estudio de la <em>vida buena</em></a><em>, </em><strong>FUHEM ECOSOCIAL</strong></p>
<p>Bienestar sin crecimiento, <strong>Max Koch</strong>.</p>
<p>Calidad de vida urbana para la transición ecológica, <strong>Carlos Verdaguer</strong>.</p>
<p>La movilidad ¿buena? Sobre el futuro de la movilidad en la transición socioecológica,<strong> Alfonso Sanz Alduán</strong>.</p>
<p>El sistema agroalimentario industrial global es parte del problema, <strong>Kattya Cascante</strong>.</p>
<p>Tres claves para la transición agroalimentaria: decrecimiento, agroecología y políticas urbanas alimentarias, <strong>Carolina Yacamán</strong>.</p>
<p>Lazos procomunitarios para navegar la multicrisis ecosocial,<strong> Nuria del Viso y Mateo Aguado</strong>.</p>
<h4><span style="color: #3366ff;">ACTUALIDAD</span></h4>
<p>Giro ecocéntrico en el ordenamiento jurídico español: el Mar Menor, un ecosistema con derechos. El camino hacia la paz con la naturaleza,<strong> Teresa Vicente Giménez</strong>.</p>
<p>Alternativas a la seguridad y la defensa de los estados,<strong> Pere Ortega</strong>.</p>
<h4><span style="color: #3366ff;"><strong>ENSAYO</strong></span></h4>
<p>Precariedad y salud mental. Conocimientos y políticas. Sinopsis del Informe PRESME, <strong>Joan Benach</strong> (coord.),  <strong>Fernando Alonso</strong>,<strong> Diego Álvarez Alonso</strong>, <strong>Lucía Artazcoz</strong>,<strong> Edgar Cabanas</strong>,<strong> Belén González Callado</strong>,<strong> Nuria Matilla-Santander</strong>,<strong> Carles Muntaner</strong>,<strong> María Gema Quintero LIma</strong>,<strong> Remedios Zafra y Ferran Muntané</strong>.</p>
<h4><span style="color: #3366ff;"><strong>REFERENTES</strong></span></h4>
<p>Cien años de Lorenzo Milani, el maestro de Barbiana. Cura y maestro entre los pobres, <strong>Alfonso Díez Prieto</strong>.</p>
<h4><span style="color: #3366ff;">LECTURAS</span></h4>
<p><em>Simbioética</em>, de Jorge Riechmann.</p>
<p><strong>Cristian Moyano</strong></p>
<p><em>Sin energía. Pequeña guía para el gran descenso</em>, de Antonio Turiel.</p>
<p><strong>Mateo Aguado</strong></p>
<p><em>Etica del rewilding</em>, de Cristian Moyano.</p>
<p><strong>Pedro L. Lomas</strong></p>
<p><em>Contra la sostenibilidad</em>, de Andreu Escrivá.</p>
<p><strong>Monica Di Donato</strong></p>
<h4><span style="color: #3366ff;"><strong>Cuaderno de notas</strong></span></h4>
<h4><a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/resumenes-161/" target="_blank" rel="noopener"><span style="color: #3366ff;">RESÚMENES</span></a></h4>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Información y compras</strong>:</h3>
<p>Tel.: +34 914310280</p>
<p>Email: <a href="mailto:publicaciones@fuhem.es">publicaciones@fuhem.es</a></p>
<p>Puedes adquirir la revista <strong>PAPELES</strong> en nuestra <a href="https://www.fuhem.es/product/modo-de-vida-vida-buena-y-crisis-ecosocial/" target="_blank" rel="noopener">librería virtual</a>.</p>
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			</item>
		<item>
		<title>Lectura Recomendada: El Capitalismo o el Planeta</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 13 Apr 2023 12:42:37 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Lecturas recomendadas]]></category>
		<category><![CDATA[Capitalismo]]></category>
		<category><![CDATA[Decrecimiento]]></category>
		<category><![CDATA[sostenibilidad]]></category>
		<category><![CDATA[Transición Ecosocial]]></category>
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					<description><![CDATA[El capitalismo destruye a la humanidad porque devasta incontables vidas al poner la supervivencia de una gran mayoría de individuos en manos del mercado y el empleo.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><img decoding="async" class="alignright size-full wp-image-150471" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/04/el-capitalismo-o-el-planeta.jpg" alt="" width="300" height="462" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/04/el-capitalismo-o-el-planeta.jpg 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/04/el-capitalismo-o-el-planeta-64x99.jpg 64w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /><strong>Frédéric Lordon</strong>, <em>El capitalismo o el planeta: cómo construir una hegemonía anticapitalista para el siglo XXI</em>, Errata naturae, Madrid, 2022, 329<em> págs.</em></p>
<p>La primera pregunta sería: ¿por qué un libro titulado <em>Figures du communisme </em>en francés se traduce y publica en castellano, de forma insuperablemente imaginativa, vertiendo <em>El capitalismo o el planeta. Cómo construir una hegemonía anticapitalista para el siglo XXI</em>? Más allá de contrariar la intención del autor («es necesario reinstaurar el concepto de comunismo en el escenario de la historia», leemos en la p. 306), se trata de una mala decisión porque induce a error. En efecto, Frédéric Lordon, economista, ingeniero y filósofo francés nacido en 1962, no pretende tener la respuesta a «cómo construir una hegemonía anticapitalista» en el Siglo de la Gran Prueba. ¡Ojalá la tuviéramos! Ahí nuestro autor, por desgracia, no aporta demasiado (aunque la tercera parte del libro versa sobre «Hegemonía y contrahegemonía»). Se trata de un ensayo muy valioso, en cualquier caso, y hemos de felicitarnos de que esté disponible en castellano.</p>
<p>Hoy, cuando sucesivas crisis entrelazadas van haciendo tambalearse los cimientos de muchas sociedades, no poca gente se pregunta: ¿capitalismo “con rostro humano”? ¿Transiciones hacia dónde? ¿Quizá poscapitalismo keynesiano? No resolveríamos con ello el principal de nuestros problemas económicos hoy –o si se quiere uno de los tres principales, puedo transigir ahí–: la dinámica sistémica de autoexpansión. Lo que necesitamos es un “más allá del capitalismo” que se plantee en serio la igualdad social y el decrecimiento…<a href="#_ftn1" name="_ftnref1"><sup>[1]</sup></a> y por eso este libro de Lordon es valioso. Pues un subtítulo no engañoso podría ser «cómo pensar un modelo comunista viable para el siglo XXI».</p>
<p>Para empezar, Frédéric Lordon insiste en la necesidad de ser consecuentes con lo que sabemos:</p>
<p style="padding-left: 40px;">La consecuencia exige rendirse ante tres enunciados que no son fáciles de negociar: 1) el capitalismo ha entrado en una fase en la que está destruyendo a la humanidad [no solo bajo su forma salarial, sino también por sus efectos ecológicos y climáticos] y, por lo tanto, la humanidad va a tener que elegir entre perseverar a secas o perseverar dentro del capitalismo (para extinguirse en él); 2) los capitalistas jamás admitirán su responsabilidad homicida ni (por lo tanto) renunciarán a la continuación del (de su) juego, y se valdrán de los giros argumentativos más retorcidos para convencer de la posibilidad, de la necesidad incluso, de continuar, y también de las peores violencias si es necesario (y cada vez lo será más); 3) no hay ninguna fórmula de derrocamiento, ni siquiera de simple moderación, del capitalismo en el marco de las instituciones políticas de la «democracia» o, mejor dicho, de lo que se hace llamar así; solo un increíble despliegue de energía política logrará evitar que el capitalismo lleve a la humanidad al límite del límite, un despliegue que suele llevar el nombre de “revolución”. (p. 19)</p>
<p>La pregunta del millón, por supuesto, se refiere al tercer enunciado: ¿cómo se hace esa revolución en los países del Norte global? ¿Dónde está el sujeto político de la misma? Y si no está y hay que construirlo (como es el caso), ¿tenemos tiempo para ello? Sabemos que «derribar el capitalismo implica la constitución de un bloque contrahegemónico lo más importante y enfadado posible» (p. 300) pero, ¿cómo se hace eso <em>en tiempo y forma </em>en los países centrales del sistema? Precisamente la destructividad del capitalismo nos está quitando el suelo de debajo de los pies.<a href="#_ftn2" name="_ftnref2"><sup>[2]</sup></a></p>
<p>Una transición ecológica, en sentido propio, solo será posible si reducimos el metabolismo de la economía «de manera drástica en el Norte global»: si decrece el trasiego de energía y materiales que los economistas llaman a veces <em>throughput </em>(“transumo” o, mejor, flujo metabólico). Un mérito del ensayo de Lordon es que reconoce esto con claridad, al contrario de lo que sucede en la gran mayoría de las elaboraciones contemporáneas sobre modelos económicos socialistas/comunistas. La suya es una propuesta de <em>comunismo decrecentista </em>(por más que mantenga una muy endofrancesa polémica contra la <em>décroissance </em>en p. 124-128). «La producción global, aun siendo necesaria, se decreta <em>a priori </em>enemiga de la naturaleza y, por lo tanto, subordinada a compromisos rigurosos o, dicho de otro modo, la actividad económica debe tender a su propia minimización relativa» (p. 130).</p>
<p style="padding-left: 40px;">Salir del capitalismo es perder el «nivel de vida» del capitalismo. En algún momento hay que someterse a un principio de consecuencia. (…) Va todo en el mismo lote: con el iPhone15, el coche Google y el 7G llegarán, de forma inevitable, la canícula permanente en el mundo y las plagas. (…) Toda la cuestión del comunismo tiene pues, como condición previa, la de las renuncias materiales consentidas de manera racional, así como su amplitud. Este es un tema eminentemente político. (p. 118)</p>
<p>Y no obstante, Lordon plantea su propuesta en términos de un <em>comunismo lujoso</em> (p. 179 y ss.). Es una cuestión clave que ha de abordarse en términos de cantidad y calidad:</p>
<p style="padding-left: 40px;">No se puede presentar una transición revolucionaria como una mera renuncia, cuando, en realidad, se trata más bien de una gran sustitución: abandonar una cosa para ganar otra. En lugar de la vida como cantidad (lo que se llama, con una precisión total, «nivel de vida»), la vida como calidad; en lugar de futuras baratijas perdidas por adelantado (iPhone15, etc.), tranquilidad material para todos, grandes servicios colectivos gratuitos, una naturaleza restablecida y, quizá por encima de todo, tiempo. (p. 119) La colectividad ha de organizarse para determinar el conjunto de bienes sobre los que debe reinar, para todos, una tranquilidad absoluta: alimentación de calidad, vivienda de calidad, energía, agua, medios de comunicación, medicina y farmacia y «algunas cosas más» (Marx y Engels). La renuncia y la sustitución solo empiezan a partir de esa base. (p. 120)</p>
<p>La división del trabajo es un hecho macrosocial que no cabe obviar: lo comunal/comunitario y local es deseable, pero no suficiente si se trata de rehacer una economía entera (p. 112-113). Las prácticas locales de autonomía son a la vez enormemente valiosas e insuficientes (p. 122 y ss.). Por eso, hay que estimular la autonomía-experimentación desalentando al mismo tiempo la autonomía-huida.</p>
<p>Dado que «el capitalismo nos destruye, hay que destruir el capitalismo. No hay escapatoria, las falsas soluciones son falsas» (p. 25). Se trata, entonces, de liberarnos de las tiranías del valor capitalista y el empleo asalariado y para ello «destruir sus instituciones características: el derecho a la propiedad privada de los medios de producción, el mercado de trabajo, las finanzas» (p. 128). El modelo de Lordon parte de la propuesta de <em>salario vital </em>de Bernard Friot,<a href="#_ftn3" name="_ftnref3"><sup>[3]</sup></a> que depende a su vez de dos instituciones clave: la <em>cotización general </em>y la <em>concertación.</em></p>
<p>En cuanto a la primera, «la totalidad del valor añadido de las empresas [socializadas] se aporta, en forma de recursos cotizados, a un sistema de cajas a través del cual se efectúa la redistribución. En primer lugar, en forma de salario, vinculado a la propia persona y, por lo tanto, desvinculado del sistema de empleo» (p. 133). La persona es titular de un derecho fundamental a una remuneración estable y suficiente (y tiene así garantizada su existencia material): «El principio del <em>salario vital </em>está operado por la cotización recaudada y redistribuida por las cajas; en concreto, por la <em>caja salarial </em>que, como su propio nombre indica, revierte a las personas su remuneración con independencia de todo lo que no sea su nivel de cualificación» (p. 135), distinguiendo quizá cuatro niveles (p. 155).<a href="#_ftn4" name="_ftnref4"><sup>[4]</sup></a> Y como “salario vital” no es una denominación muy afortunada, hablaremos más bien de <em>garantía económica general </em>(p. 144), como una forma de orden comunista que permitirá dejar de depender del empleo, el patrono y el mercado para vivir.</p>
<p>La segunda institución es la <em>concertación. </em>«Una parte del salario se paga, en metálico, en una cuenta normal; otra, en una tarjeta (¡una tarjeta sanitaria ampliada!) que solo puede utilizarse con determinados productores autorizados (alimentación, transportes, energía, etc) debidamente concertados mediante decisión ciudadana (en asambleas de distintos niveles territoriales) en virtud del cumplimiento de determinadas normas (medioambientales, arraigo local, respeto por los circuitos de proximidad, prácticas productivas, etc.). De esta manera, las personas tienen acceso a tres tipos de consumo: 1) el consumo privado libre; 2) el consumo privado «supervisado», que permite la tarjeta sanitaria ampliada y «dirige» la demanda hacia ofertas concertadas, es decir, conformes a una norma política de no-perjuicio (…); 3) el consumo socializado gratuito (sanidad, educación) cuyo ámbito es susceptible de ampliarse (transportes, vivienda)» (p. 135-136). Notemos que los ámbitos 2 y 3 responden a una forma de <em>planificación democrática de la economía</em> que abarcaría a varios sectores y buscaría aplicar un principio de subsidiariedad en la toma de decisiones (véanse p. 150-151).</p>
<p>Completemos el diseño institucional. Seguirá habiendo dinero (p. 145), pues una división del trabajo relativamente avanzada «impone el intercambio monetario (al menos en parte) para efectuar sus complementariedades» (p. 146). Y por la misma razón (cierto nivel de división del trabajo) habrá mercados donde «aportamos nuestra producción privada, no ya para sobrevivir (…) sino para participar en la producción colectiva. Ese mercado deja de ser un tribunal de la supervivencia material de los individuos: ahora es el operador de la división del trabajo colectivo» (p. 150). En cambio, se acabarán la banca y las finanzas: toda la inversión productiva se realiza a través de la cotización, mediante una “caja económica” (más bien, una red a diferentes niveles de “cajas económicas” gestionadas democráticamente). Final de los mecanismos de deuda, que son «el trinquete oculto del crecimiento, el aguijón de la huida hacia adelante permanente» (p. 167). La inversión tiene lugar no en forma de préstamo o avance sino de subvención (dinero asignado a las unidades productivas, no reembolsable), tras la pertinente deliberación política-social en la caja económica del nivel que corresponda (p. 168).</p>
<p>Algo interesante en este modelo es que algunos de sus elementos institucionales ya están prefigurados en los <em>Welfare States </em>de la posguerra de la Segunda Guerra Mundial: así la cotización social y el salario según cualificación. El “esto ya existe” de Friot es un argumento a la vez muy poderoso y muy limitado, explica Lordon:</p>
<p style="padding-left: 40px;">Es muy poderoso porque nos demuestra que el comunismo no es una utopía caída del cielo, pues, aunque no nos demos cuenta, vivimos en una sociedad en la que, en cierto modo, ya están plasmados sus principios, y en una escala significativa. Pero ese argumento anda errado si considera que su historia quedó detenida, por desgracia [con la hegemonía neoliberal a partir de los años 1980], y que solo tenemos que ponerla en marcha otra vez. El «ya existe», en efecto, se desarrolló durante treinta años (1945-1975) excepcionales, poco extrapolables, pero desde entonces (más de 45 años…) se ha convertido, en el mejor de los casos, en un «hasta aquí». Hará falta un acontecimiento político de gran magnitud para recuperar el sentido de la marcha. (p. 140)</p>
<p>En efecto, ese paréntesis keynesiano en la historia del capitalismo fue algo absolutamente excepcional, y para que se impusiera hubo de darse una increíble liberación de energía política: la Revolución de Octubre en Rusia y luego la Segunda Guerra Mundial. «Para imponer al capitalismo unas construcciones institucionales que lo contradicen (aunque dejándole perseverar), se necesitó una energía de magnitud guerra mundial» (p. 139). Ahora sería menester una explosión revolucionaria capaz de liberar una energía semejante, y el lector o lectora no dejarán de preguntarse: ¿está eso a nuestro alcance, en tiempo y forma? El autor sostiene que «nuestro momento acabará llegando» (p. 141), pero la cuestión de los tiempos se nos ha vuelto más bien angustiosa (ecoangustiosa, para ser más exactos).</p>
<p>Hay que volver por último a la cuestión del <em>decrecimiento</em>. Rubén Hernández, editor de Errata Naturae, declaraba en una entrevista (asumiendo el punto de vista de Lordon):</p>
<p style="padding-left: 40px;">No creo en el decrecimiento y considero que es un error estratégico grave plantear el futuro en esos términos. El decrecimiento me parece un concepto absurdo: se supone que pretende derrocar el capitalismo, al tiempo que espera convencerlo amablemente de que contradiga su propia esencia (que consiste en crecer de manera indefinida). Cuando el capitalismo decrece, se entra en recesión (como seguramente ocurrirá el año que viene). Es así de claro y eso a nadie le gusta, puesto que conlleva sufrimiento para muchos. Si con “decrecimiento” queremos decir “salida del capitalismo”, perfecto, en eso estoy de acuerdo, pero llamémoslo por su nombre. No puede haber decrecimiento dentro del capitalismo, de la misma manera que no hay un problema de crecimiento fuera del capitalismo. Creo que antes o después la sociedad deberá tomar una decisión y afrontarla sin medias tintas. Yo creo que la única solución para que este planeta no se abrase es salir del capitalismo, y autores como Frédéric Lordon nos explican paso a paso y sin pensamiento utópico alguno (por ejemplo en el último libro suyo que acabamos de publicar, El capitalismo o el planeta) que esto es perfectamente posible, dando lugar a una sociedad no solo más justa sino más plena para todos y todas.<a href="#_ftn5" name="_ftnref5">[5]</a></p>
<p>«No hay un problema de crecimiento fuera del capitalismo»: esto es sin duda erróneo. También lo afirma Lordon en su libro: «Crecimiento y decrecimiento solo son obsesiones cardinales para el mundo capitalista. En un mundo comunista, se está tan liberado de ellas que a nadie se le pasan por la cabeza» (p. 125). Pero un orden social poscapitalista –la URSS lo fue a su manera– puede ser extractivista y productivista, y por esa razón no cabe pensar en desembarazarse de las posiciones decrecentistas de forma tan expeditiva.</p>
<p>Hay bastantes más asuntos de interés en esta obra, pero la reseña ya se está alargando demasiado. Para ir concluyendo mencionaré solo el interés de las precisiones de Frédéric Lordon sobre política, moral y moralismo, que ha desarrollado en diferentes lugares:</p>
<p style="padding-left: 40px;">La política es una axiología. Hay, pues, de forma consustancial, moralidad en la política, ya que la política nunca deja de comprometerse en afirmaciones de valor. Pero toda la cuestión es saber cómo se configura la presencia de la moral en la política, la relación entre moral y política, y en particular saber si la moral agota la política. Esta es una pregunta retórica, cuya respuesta es obviamente: no. La moral tiende a la unanimidad, mientras que la política asume la irreductibilidad del conflicto, una heterogeneidad sin solución. Por lo tanto, hay moralidad en la política, pero la política nunca puede ser moralidad. Por otra parte, la moral es un discurso de prescripción fuerte con un discurso institucional débil y un discurso analítico nulo. Y la moral funciona esencialmente como un mandato sin seguimiento (formal). En su registro normativo, carece por construcción de todo análisis de sus condiciones de eficacia, como si la ingravidez social conviniera a su género. Es aquí donde, aunque fundamentalmente axiológica, y, por tanto, moral, la política puede sufrir degradaciones moralistas. Con esto me refiero al refugio en el puro mandato y el falso universalismo que ignora las condiciones particulares: la “moralización”.<a href="#_ftn6" name="_ftnref6">[6]</a></p>
<p>Lordon enfatiza que no podemos quedarnos en dar lecciones de superioridad moral, y que hay que evitar el moralismo como ejercicio puramente verbal, como mera declaración de principios que no se interroga sobre sus condiciones de posibilidad. En este sentido el moralismo sería el olvido de “lo trascendental” kantiano: el examen de las posibilidades de que esos principios se materialicen en el mundo real (<em>El capitalismo o el planeta/ Figuras del comunismo, </em>p. 87-88).</p>
<p>Nos preguntamos: nuestras propuestas socialistas/comunistas, ¿pueden hacerse cargo de lo que hoy sabemos en física, en biología, en modelización de sistemas complejos? ¿Pueden asumir de verdad el hecho epocal de la extralimitación ecológica? ¿Pueden tomar nota de la excepcionalidad histórica de los combustibles fósiles? ¿Pueden retomar el ávido interés de Marx y Engels por las ciencias naturales sin prejuicios industrialistas y sin extravíos prometeicos? ¿Pueden asimilar la termodinámica, la ecología, la simbiogénesis de Lynn Margulis, la teoría Gaia? Diría que Lordon, en este libro, realiza aportes significativos para poder ir contestando “sí” a las preguntas anteriores.</p>
<p><strong>Jorge Riechmann</strong></p>
<p>Departamento de Filosofía de la Universidad Autónoma de Madrid</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><a href="#_ftnref1" name="_ftn1"><sup>[1]</sup></a> Un buen texto al respecto, penetrado de las experiencias neozapatistas en Chiapas: Jérôme Baschet, <em>Adiós al capitalismo</em> –<em>Autonomía, sociedad del buen vivir y multiplicidad de mundos</em>, NED eds., Barcelona, 2015.</p>
<p><a href="#_ftnref2" name="_ftn2"><sup>[2]</sup></a> Como bien observaba Xan López hace unos años, «hay cierta perspectiva histórica desde la que Lutero tenía razón, y no Müntzer. Los Girondinos y no los Jacobinos. Los Mencheviques y no los Bolcheviques. La opción correcta era la moderación, adecuarse a los límites de lo posible. Hay otra perspectiva que plantea que la cantidad de energía organizada para conseguir un cambio siempre tiene que desbordar los objetivos realmente posibles. Que para alcanzar lo posible hay que intentar, y rozar, lo imposible. Es la idea del progreso como dos pasos adelante y uno atrás. El paso atrás es traumático, pero al final se ha conseguido avanzar algo, que permanece. Estas dos perspectivas comparten un convencimiento implícito. El de que en cualquier caso hay un tiempo histórico suficiente para la mejora social, y que ningún exceso de moderación o paso atrás inevitable nos llevará a un abismo que rompa la serie histórica. Puede que ese convencimiento ya no tenga tanta solidez. ¿Podemos concebir una revolución social profunda que solo dé dos pasos adelante? El cambio que necesitamos no es tanto la aceleración de un proceso previo, sino más bien un salto fuera de la historia». Xan López, «Dos certezas y siete preguntas sobre la crisis ecosocial», <em>Contra el Diluvio, </em>27 de noviembre de 2018, disponible en:  <a href="https://contraeldiluvio.es/dos-certezas-y-siete-preguntas-sobre-la-crisis-ecosocial/" target="_blank" rel="noopener">https://contraeldiluvio.es/dos-certezas-y-siete-preguntas-sobre-la-crisis-ecosocial/</a></p>
<p>Yo solo le quitaría el “puede que”. Pero dejemos, de momento, esta importante cuestión en suspenso.</p>
<p><a href="#_ftnref3" name="_ftn3"><sup>[3]</sup></a> Bernard Friot, <em>L’enjeu du salaire, </em>La Dispute, París 2012; <em>Émanciper le travail, </em>La Dispute, París 2014.</p>
<p><a href="#_ftnref4" name="_ftn4"><sup>[4]</sup></a> Los trabajos necesarios no especializados serían desempeñados por todos y todas en un sistema de turnos. «Sería impensable dejar encadenados a los «marrones» a quienes están desempeñándolos ahora en virtud del juego de la relegación social. (…) ¿Por qué un universitario o una médica no van a estar obligados a recoger la basura, atender una caja en un supermercado o limpiar las calles un día a la semana? Las sucursales locales de la «caja de salarios” podrían ser el lugar donde se decida la organización de esos turnos» (p. 156). Nótese que la propuesta de Lordon, a diferencia de las que orbitan en torno a una “renta básica” o subsidio universal incondicional, no desconecta el salario vital (como garantía material de existencia) de la aportación laboral de cada ciudadano y ciudadana.</p>
<p><a href="#_ftnref5" name="_ftn5"><sup>[5]</sup></a> Rubén Hernández, «La única solución para que este planeta no se abrase es salir del capitalismo» (entrevista), <em>El Asombrario, </em>4 de diciembre de 2022, disponible en: <a href="https://elasombrario.publico.es/solucion-planeta-abrase-salir-capitalismo/" target="_blank" rel="noopener">https://elasombrario.publico.es/solucion-planeta-abrase-salir-capitalismo/</a></p>
<p><a href="#_ftnref6" name="_ftn6"><sup>[6]</sup></a> Frédéric Lordon, «Dire ensemble la condition des classes populaires et des migrants» (entrevista), <em>Revue Ballast/ La contrescarpe, </em>19 de noviembre de 2018, disponible en: <a href="https://www.revue-ballast.fr/frederic-lordon-dire-ensemble-la-condition-des-classes-populaires-et-des-migrants-1-3/" target="_blank" rel="noopener">https://www.revue-ballast.fr/frederic-lordon-dire-ensemble-la-condition-des-classes-populaires-et-des-migrants-1-3/</a></p>
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			</item>
		<item>
		<title>Escenarios de trabajo en la transición ecosocial 2020-2030</title>
		<link>https://www.fuhem.es/2021/09/01/escenarios-de-trabajo-en-la-transicion-ecosocial-2020-2030/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 01 Sep 2021 11:28:15 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Análisis]]></category>
		<category><![CDATA[Decrecimiento]]></category>
		<category><![CDATA[trabajo]]></category>
		<category><![CDATA[Transición Ecosocial]]></category>
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					<description><![CDATA[La transición ecosocial va a suponer cambios profundos en el mundo del trabajo, ajustar los cambios ecológicamente necesarios con reformas políticamente posibles.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong><img decoding="async" class="alignright wp-image-134693 size-thumbnail" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/07/150-300x425.jpg" alt="" width="300" height="425" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/07/150-300x425.jpg 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/07/150-450x638.jpg 450w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/07/150-1200x1700.jpg 1200w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/07/150-768x1088.jpg 768w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/07/150-1084x1536.jpg 1084w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/07/150-1446x2048.jpg 1446w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/07/150-600x850.jpg 600w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/07/150-64x91.jpg 64w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/07/150-scaled.jpg 1807w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></strong><em>El artículo de <strong>Emilio Santiago Muíño, </strong>Escenarios de trabajo en la transición ecosocial 2020-2030. Equilibrios difíciles entre lo ecológicamente necesario y lo políticamente posible </em>fue publicado en la sección <strong>A FONDO</strong> del número <a href="https://www.fuhem.es/papeles/papeles-numero-150/" target="_blank" rel="noopener">150 de la revista <em>Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global</em></a><em>.</em></p>
<p>La transición ecosocial traerá cambios profundos en el mundo del trabajo. Este artículo examina las conclusiones del informe <em>Escenarios de trabajo ante la transición ecosocial 2020-2030</em>, publicado por Ecologistas en Acción, que plantea tres posibles escenarios futuros con distintas implicaciones laborales y en emisiones de CO₂: Business as Usual, Green New Deal y Decrecimiento. La comparativa presentada en el informe — cuyos resultados completos pueden consultarse en el apartado de <a href="https://poker-choice.com/rec-online-casino/fast-withdrawal/" target="_blank" rel="noopener">詳細はこちら</a> — ayuda a trazar el complejo panorama al que debemos enfrentarnos en la próxima década: equilibrar los cambios ecológicamente necesarios con las reformas políticamente viables.</p>
<p>El informe <em><a href="https://www.ecologistasenaccion.org/wp-content/uploads/2019/12/informe-escenarios-de-trabajo-WEB.pdf" target="_blank" rel="noopener">Escenarios de trabajo ante la transición ecosocial 2020-2030</a></em>,<a href="#_ftn1" name="_ftnref1"><sup>[1]</sup></a> publicado por Ecologistas en Acción con el apoyo de la Fundación Biodiversidad, propone y aplica un modelo para dibujar diferentes escenarios de evolución tanto del empleo como del trabajo en el marco de diferentes opciones de transición ecológica para la próxima década.  Y lo hace en base a una metodología sustancialmente diferente a los informes de prospectiva laboral sostenible en circulación, que ayuda a comprender interrelaciones en el conjunto del sistema económico y sociometabólico que son poco intuitivas y suelen quedar ocultas: contabilizando las horas de trabajo necesarias para el funcionamiento del orden social, incluyendo las horas reproductivas no remuneradas del trabajo de cuidados, y vinculándolas con emisiones de CO<sub>2</sub>.</p>
<p>Como todo modelo conviene ser cauto con las conclusiones, y situarlas en su justo quicio epistemológico. Decían los estadísticos Norman Draper y Georges Box en 1987 que todos los modelos están equivocados, pero algunos son útiles. Este aforismo aplica perfectamente a este estudio: su valor radica en su utilidad para dibujar ciertos márgenes de verosimilitud cualitativa sobre las diferentes opciones que tenemos por delante antes que en su poder predictivo.</p>
<p>El trabajo compara tres escenarios de transición ecológica arquetípicos: BAU (Business As Usual), Green New Deal y decrecimiento. El escenario BAU se define por dejar que las lógicas económicas actuales sigan su curso sin ninguna modificación. El Green New Deal (GND) toma el marco de trabajo del <a href="https://www.miteco.gob.es/images/es/pniec_2021-2030_borradoractualizado_tcm30-506491.pdf" target="_blank" rel="noopener">Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC)</a> del Ministerio de Transición Ecológica<a href="#_ftn1" name="_ftnref1"><sup>[2]</sup></a> y lo proyecta dentro de una reforma socioeconómica “posneoliberal”. Esto es, conectando con el espíritu histórico del New Deal original, especula con unas transiciones en un escenario de inversiones no encorsetado por los objetivos de déficit y deuda fijados en el Pacto de Estabilidad y Crecimiento de la Unión Europea, una mayor importancia de la inversión pública, mayor presión fiscal, herramientas de política industrial y un reparto de la renta nacional más favorable a las rentas del trabajo.  Finalmente, el escenario decrecimiento (D) asume una impugnación ambiciosa del sistema capitalista y del Estado como institución política moderna de regulación social.</p>
<blockquote><p><strong>Este estudio es útil para dibujar ciertos márgenes de verosimilitud cualitativa sobre las diferentes opciones que </strong><strong>tenemos por delante.</strong></p></blockquote>
<p>Este escenario plantea un horizonte de transición sistémica que, sin haberse desplegado por completo en diez años (presupuesto considerado demasiado utópico) sí que ha comenzado a desarrollar lógicas de desalarización y desmercantilización de la población, con la aparición de un sector del metabolismo social autogestionado que se insertaría dentro de las dinámicas de comunidades que serían, a la vez, embriones de formas postestatales más democráticas de regulación política. En paralelo, el escenario decrecentista permitiría aplicar políticas socioeconómicas mucho más disruptivas y ecológicamente más ambiciosas.</p>
<p>A grandes rasgos, los resultados que arroja el modelo son los siguientes:</p>
<p>El escenario BAU refleja la tendencia ecológicamente destructiva del sistema socioeconómico español. De no hacer nada en 2030 las emisiones de CO<sub>2</sub> se incrementarían un 21%. Este aumento va en la dirección contrario respecto a los Acuerdos de París y aleja a España de sus compromisos en la lucha contra el cambio climático (y por tanto nos condena a un escenario de fuerte inestabilidad y alto sufrimiento social, en la medida que España es el país de Europa más vulnerable al cambio climático y sus efectos). En el lado laboral el empleo remunerado se incrementaría un 13% (2,4 millones de nuevos empleos), que se concentrarían en los sectores del turismo, la construcción y el comercio.</p>
<p>El escenario GND obtiene una reducción de emisiones en 2030 del 55%, incluyendo absorción forestal, respecto a los datos de 2019. Esto coloca a este escenario en la senda de los Acuerdos de París y 5 puntos por encima de las ambiciones del PNIEC, que son a la vez uno de los documentos oficiales de descarbonización más avanzados del mundo. En cuanto al trabajo, el escenario GND muestra un gran potencial para el incremento del empleo remunerado en el marco de la próxima década: un volumen de horas que podría repartirse en un millón de empleos nuevos bajo el marco del mercado laboral actualmente existente, y casi cinco millones de empleos en un mercado laboral en el que la jornada laboral se circunscribiera a 30 horas semanales. En este escenario las horas de cuidados no remunerados se mantienen constantes, lo que unido a incremento sustancial de los cuidados salarizados ofertados por el sector público, puede dar lugar, si el GND se articula con una política pública feminista, a una mejora sustancial de la crisis de cuidados que hoy tensa nuestras relaciones reproductivas.</p>
<p>En cuanto a la estructura socioeconómica que resultaría de este escenario, el estudio arroja varias cuestiones interesantes:</p>
<ol>
<li>La reducción de emisiones del escenario no se conseguiría sin un cambio muy radical en el ámbito del transporte, con una reducción muy sustancial del tráfico de automóviles privados, el transporte de mercancías por carretera y la aviación –con importantes afecciones a sectores como el turismo.</li>
<li>Un modelo de Green New Deal climáticamente ambicioso no se corresponde bien con el modelo <em>Hi Tech</em> de las Smart City, sino más bien con un Green New Deal que ponga mucho énfasis en los cambios de los usos del suelo mediante el desarrollo de la agroecología y la reforestación y una auténtica revolución en el urbanismo y la ordenación del territorio.</li>
<li>Resulta una pilar fundamental del escenario la expansión del empleo público (impensable sin una expansión fiscal progresiva) en ámbitos como la educación, la sanidad o la dependencia, por lo que la pata de redistribución de riqueza del GND se descubre tan importante como la pata de la modernización ecológica del sistema productivo.<a href="#_ftn2" name="_ftnref2"><sup>[3]</sup></a></li>
</ol>
<p>Todas estas cuestiones tienen implicaciones políticas profundas. Por ejemplo, entender el turismo, una de las actividades más importantes de nuestro PIB, como sector en reconversión. También impulsar un reequilibrio demográfico entre ciudades congestionadas y campos vaciados política y antropológicamente que es muy complejo. Este GND requiere transformaciones simbólicas en los imaginarios que no casan bien con algunas modulaciones del Green New Deal continuistas con un clima cultural que podríamos llamar “el mito de la Ley de Moore”, que da por hecho un desarrollo tecnológico exponencial, ya que los sectores de la reforestación y la agricultura tienen en la ideología hegemónica resonancias regresivas. Finalmente, el potencial ecológico del GND no puede desligarse de cómo este se module como un instrumento efectivo de la lucha de clases.</p>
<p>En cuanto al escenario D, este arroja las reducciones de emisiones de CO<sub>2</sub> más sustanciales: un 80% incluyendo absorción forestal, lo que permitiría cumplir con las exigencias no solo del Acuerdo de París, sino con las reivindicaciones más radicales del movimiento ecologista que están bien alineadas con la extrema gravedad y el tono de urgencia que arrojan los datos científicos. En el aspecto del trabajo, el escenario D, si mantiene la estructura laboral actual, solo logra su objetivo de reducción de emisiones con un empequeñecimiento del mercado de trabajo de alrededor del 10%, con una pérdida neta de 2 millones de puestos de trabajo. Sin embargo, con un mercado laboral de 30 horas semanales equitativamente repartido, este escenario también lograría un incremento sustancial del empleo de 1,3 millones de personas ocupadas más en 2030.  Respecto a las horas de trabajos de cuidados no remuneradas, en este escenario se incrementarían, asumiendo tareas que antes pasaban por el Estado y el mercado, pero en tanto que estas serían gestionadas por nuevas comunidades políticas de signo postestatal y autogestionarias, este incremento del trabajo de cuidados no remunerado no repercutiría en un agravamiento de las lógicas patriarcales.</p>
<p>La estructura socioeconómica del escenario D sufriría una gran mutación, mucho más radical que la planteada en el escenario GND. Este escenario es indisociable de:</p>
<ol>
<li>Una reducción importante del tamaño de la esfera material de la economía.</li>
<li>Una fuerte primarización del conjunto de la estructura socioeconómica, que además debería orientarse hacia un sector primario poco industrializado, convirtiéndose la agricultura en la tercera actividad del país en volumen de horas dedicadas, solo por detrás de los cuidados no remunerados y los cuidados remunerados.</li>
<li>Un avance sustancial en la autarquía económica de España, con un fuerte desconexión de las cadenas internacionales de producción y de generación de valor. Por poner un ejemplo, la navegación internacional debería reducirse a menos de un 20% de la actual.</li>
</ol>
<p>Las implicaciones políticas del escenario D son mucho más disruptivas, y cabe calificarlas de auténticamente revolucionarias: este escenario necesita una transición poscapitalista, que además logre ser política y geopolíticamente viable (con todas las dificultades que el siglo XX nos han enseñado al respecto), y lo haga además experimentando con nuevas formas de descentralización política de signo comunitario, autogestionario y postestatal. Si el GND ya implicaba cambios en la correlación de fuerzas y los imaginarios culturales sustanciales, así como una pericia política exquisita para poder llevar el proceso a buen puerto, es fácil consensuar que el escenario D lo exige multiplicando estas implicaciones por varios órdenes de magnitud.</p>
<p>Dejemos a un lado el escenario BAU, cuyo mensaje llueve sobre mojado, pues desde los años setenta existe consenso científico sobre el desenlace de la modernización si no se hace nada respecto a la extralimitación ecológica: el desastre ambiental con alto riesgo de colapso social. Lo interesante de este informe es que dota al debate entre GND y D, muy actual en los círculos ecologistas, de nuevos materiales argumentativos a disputar, significar, comparar y analizar.</p>
<blockquote><p><strong>La discusión Green New Deal-decrecimiento no es un falso debate, pero sí un debate miope. El elefante en la sala es otro</strong></p></blockquote>
<p>Pero antes de entrar a discutir sus resultados a la luz de este debate, es preciso hacer una consideración preliminar: la discusión decrecimiento &#8211; Green New Deal, que tanta pasión despierta en nuestros microuniversos activistas (la polémica con la película de Michael Moore <em>El planeta de los humanos </em>es un ejemplo) es un debate relativamente secundario y desajustado respecto a los retos más urgentes de nuestra coyuntura. No es un debate falso, porque ambas posiciones chocan en cuestiones esenciales como la tolerancia con el extractivismo minero, pero sí un debate miope. El elefante en la sala es otro. Las posturas decrecentistas están pecando de un eurocentrismo en el sentido más estrecho del término, Europa, preocupante, confundiendo varias cuestiones: confunden Green New Deal con capitalismo verde, pero más preocupante es confundir capitalismo verde con el <em>mainstream</em> geopolíticamente dominante sin darse cuenta que la fuerza que hoy está reconfigurando todo el mapa político de la modernidad, que va a la ofensiva en todos los países, es el negacionismo climático organizado. El debate se dislocó en cuanto Trump accedió al poder y empezó a aplicar una agenda negacionista en el imperio más poderoso de la Tierra: salir de los acuerdos de París, colocar <em>oilmen</em> en todos los puestos clave, desmontar toda la política ambiental precedente, amenazar con cerrar la EPA, facilitar el <em>fracking</em> desregulándolo salvajemente. Y este movimiento de dislocación se ha consumado cuando las diferentes franquicias políticas de Trump empiezan a ganar elecciones y a aplicar un modelo que se basa en a) negacionismo climático para apurar la era de los combustibles fósiles hasta el máximo posible combinado con b) apartheid climático para externalizar las consecuencias, y c) en medio una ambiciosa reinvención de los afectos políticos consistente en desprenderse de todo compromiso con el pacto social que obligaba a los privilegiados a pensarse cohabitando con otros en un mundo común.</p>
<p>Dicho de otro modo: el debate decrecimiento &#8211; Green New Deal se distorsiona si no rompemos la dicotomía de estos dos polos con otra posibilidad que además va ganando la partida, que es esa especie de hiper-BAU genocida y criminal del que el trumpismo es vanguardia histórica.</p>
<p>Si comparamos ambos escenarios GND y D solo en su dimensión climática, cabría concluir que el GND se encuentra en la dirección correcta. Sin embargo, una reducción del 55% de las emisiones puede leerse como insuficiente desde la perspectiva del conjunto del planeta. Como España es uno de los principales emisores del mundo en términos históricos, actuales y per cápita, le correspondería, por justicia climática, una reducción mayor de emisiones. Sin dejar hueco al Sur, lo que exige un esfuerzo extra en los países del Norte, la transición ecológica puede convertirse en una oportunidad terrible para reconstruir esa arquitectura de poder global colonial que ha dominado la historia del capitalismo los últimos 500 años y, que con retrocesos y avances, venía desmontándose los últimos setenta años. Por el contrario, el escenario D sí que se ajusta a las exigencias de una transición ecológica socialmente justa a nivel global.</p>
<p>El problema es que ejercicios de solidaridad internacional que supongan niveles tan importantes de erosión de los intereses nacionales de aquel que los promueve (compárese con la lucha por 0,7% para el desarrollo y sus magros resultados, siendo este objetivo de los años noventa muchísimo menos comprometido) es algo literalmente sin precedentes en la historia política. Cuesta imaginar que, salvo que medie una revolución antropológica, algo más ambicioso que el escenario GND sea impulsado por un gobierno en la próxima década. Especialmente si este incremento de las reducciones se fundamenta en la idea de justicia climática global, y si este impulso se da en régimen de competencia electoral donde se disputará el gobierno con partidos que negarán cualquier transferencia de riqueza al sur amparada en criterios morales. No obstante, esto no es obstáculo para que los movimientos sociales ecologistas no busquen arraigar socialmente una idea de justicia climática tan potente que convierta el escenario GND para España en insuficiente. De su éxito en la movilización y el cambio de imaginarios dependerá que los gobiernos puedan ser más avanzados, incluyendo la justicia climática como elemento estratégico (incremento de las reducciones) y no puramente retórico de las políticas públicas.</p>
<p>De esta reflexión sobre la justicia climática resulta evidente que tanto el escenario GND como el escenario D van a toparse con numerosos obstáculos, pero a una escala diferente. En la medida en que el GND es un escenario que depende de la inauguración de un ciclo de gobernanza posneoliberal, los intereses del neoliberalismo van a presentar una oposición intensa. A su vez, las medidas de acompañamiento desde el sector público para la transformación de la estructura del empleo no tienen garantizado su éxito ni aun teniendo la fuerza política para implementarse. Las reconversiones industriales, incluso las promovidas desde una óptica de justicia social, son operaciones muy complejas en la medida en que el reciclaje de las capacidades laborales de un sector a otro no pueden trasvasarse como se mueve el agua entre dos vasos. Se producen fricciones. Y a veces resultan sencillamente imposibles. Por eso no es descartable que el escenario GND no genere bolsas de población que se autoperciba como “perdedores del proceso”, y que encarnen una oposición al mismo que ya no viene solo desde las oligarquías neoliberales sino desde ámbitos sectoriales de las clases populares (modelo chalecos amarillos franceses).</p>
<p>Aunque en un grado sustancialmente menor al escenario D, hacer frente a la emergencia climática y alumbrar sociedades sostenibles implicará también en el GND vidas más frugales para la población en algunos aspectos, con considerables reducciones del consumo de materia y energía. Estos cambios no deben asociase a una pérdida de calidad de vida, pues hay muchas posibilidades de asegurar vidas buenas actuando sobre la obsolescencia programada, potenciando alternativas de vida buena de bajo impacto energético (vida comunitaria, deporte, cultura, creatividad, relaciones sexoafectivas) y potenciando la economía del compartir que permita optimizar la riqueza ya producida.  Pero dados los marcos culturales imperantes, estos cambios pueden generar resistencias en los anticuerpos simbólicos de unas ideologías que han hecho del consumo expresivo de mercancías la relación de identidad constitutiva fundamental de la sociedad moderna. Y necesitan venir acompaños de lo que Gramsci llamaba una reforma moral.</p>
<blockquote><p><strong>La tarea del ecologismo pragmático es disputar la idea de Green New Deal para encajarla dentro de los límites </strong><strong>del crecimiento</strong></p></blockquote>
<p>Por tanto, ambos escenarios van a enfrentar restricciones importantes en su traducción práctica, pero mucho más acentuadas en el caso del D. Estas fricciones vendrán tanto de las oligarquías capitalistas beneficiarias del orden económico neoliberal,  como también de grandes masas de las clases medias y populares en un país OCDE como el nuestro, que tienen intereses subjetivos fuertes y compromisos de continuidad importantes con el modelo vigente. Los estilos de vida ecológicamente insostenibles no se reducen al 1%, sino que en un país como España abarcan la mayor parte de la población. La dificultad es mayor si se toma la perspectiva de la complejidad que introduce en el juego político democrático, donde se debe ganar a opciones que van a oponerse radicalmente a cualquier idea restrictiva respecto al acaparamiento de espacio ecológico global.</p>
<p>En este sentido, cabe concluir que en la tensión entre lo ecológicamente necesario y lo políticamente posible, en cuya contradicción está resumida la tragedia de la transición ecológica, el escenario D se presenta mucho más cercano a lo ecológicamente necesario mientras que el escenario GND se antoja, de primeras, más cercano a lo políticamente posible, al menos para el plazo de una década. El segundo nos remite a transformaciones exitosas que podemos recordar en el marco del siglo pasado: el cambio en la correlación de fuerzas socioeconómicas de signo posneoliberal que persigue el GND no es diferente del cambio que se pudo propiciar a partir de los años treinta con la implantación del New Deal o en Europa occidental a partir de la Segunda Guerra Mundial con la creación del Estado del Bienestar. El cambio antropológico que persigue el GND se puede asemejar al cambio antropológico neoliberal, la transformación del alma, que persiguió y logró con éxito Margaret Thatcher. Por el contrario, el cambio socioeconómico que impulsa el escenario D nos remite necesariamente a las grandes revoluciones sistémicas del pasado reciente, mucho más complejas y difíciles: la tentativa de revolución sistémica socialista que fracasó en el siglo XX, y a la transformación sistémica que preñó la sociedad moderna burguesa dejando atrás el feudalismo entre 1789 y 1848. En lo antropológico, solo la fuerte reruralización implícita en el escenario D nos lleva a compararlo con el modelo de transformación cultural de mayor magnitud que la historia y la antropología han registrado: las conversiones religiosas.</p>
<p>Por todo ello, y de cara al debate entre decrecimiento y GND, este estudio puede ser interpretado como una prueba de que la solución a esta polémica debe pasar por una síntesis paradójica: para que el decrecimiento sea alguna vez posible, Green New Deal ahora. O dicho de otra forma: la tarea del ecologismo pragmático es disputar la idea de Green New Deal para encajarla dentro de los límites del crecimiento. Y esto se puede hacer sin menoscabo de que las corrientes más utópicas del activismo ecologista sigan pensando haciendo la guerra cultural en pos de un decrecimiento democrático y justo de nuestra esfera material.</p>
<p><strong>Emilio Santiago Muíño</strong> es Doctor en Antropología, profesor de Filosofía en la Universidad de Zaragoza y coautor del informe <em>Escenarios de trabajo ante la transición ecosocial 2020-2030</em>.</p>
<p><strong>NOTAS</strong>:</p>
<p><a href="#_ftnref1" name="_ftn1"><sup>[1]</sup></a> VVAA, <em>Escenarios de trabajo en la transició</em><em>n ecosocial 2020-2030</em>, Ecologistas en Acción, 2019, disponible en: <a href="https://www.ecologistasenaccion.org/132893/informe-escenarios-de-trabajo-en-la-transicion-ecosocial-2020-2030/" target="_blank" rel="noopener">https://www.ecologistasenaccion.org/132893/informe-escenarios-de-trabajo-en-la-transicion-ecosocial-2020-2030/</a></p>
<p><a href="#_ftnref2" name="_ftn2"><sup>[2]</sup></a> Ministerio de Transición Ecológica, Borrador actualizado del Plan Nacional Integrado de Energía y Clima 2021-2030. 20 de enero de 2020, Disponible en: <a href="https://www.miteco.gob.es/images/es/pniec_2021-2030_documentosintetico_borradoractualizado_tcm30-506492.pdf" target="_blank" rel="noopener">https://www.miteco.gob.es/images/es/pniec_2021-2030_documentosintetico_borradoractualizado_tcm30-506492.pdf</a> y <a href="https://www.miteco.gob.es/images/es/pniec_2021-2030_borradoractualizado_tcm30-506491.pdf" target="_blank" rel="noopener">https://www.miteco.gob.es/images/es/pniec_2021-2030_borradoractualizado_tcm30-506491.pdf</a></p>
<p><a href="#_ftnref2" name="_ftn2"><sup>[3]</sup></a> Para una explicación más extensa de este modelo, véase Héctor Tejero, H. y Emilio Santiago, <em>¿</em><em>Qu</em><em>é </em><em>hacer en caso de incendio? Manifiesto por el Green New Deal</em>, Capitán Swing, Madrid, 2019.</p>
<p>Acceso al artículo en formato pdf: <a href="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/07/Escenarios-Trabajo-2020-2030.pdf" target="_blank" rel="noopener"><em>Escenarios de trabajo en la transición ecosocial 2020-2030. Equilibrios difíciles entre lo ecológicamente necesario y lo políticamente posible.</em></a></p>
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		<title>Entrevista a Andrew Fanning</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 05 Oct 2020 09:36:55 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Entrevistas]]></category>
		<category><![CDATA[Calidad de vida]]></category>
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		<category><![CDATA[Crisis Ecosocial]]></category>
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		<category><![CDATA[Justicia Social]]></category>
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					<description><![CDATA[Definer un nuevo escenario dentro del cual las personas y sus necesidades importen, y donde seamos consciente de cuáles son nuestros límites como especie, considerando los límites de la biosfera.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><img decoding="async" class="alignright size-full wp-image-135959" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/10/Andrew-Fanning.jpg" alt="" width="320" height="320" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/10/Andrew-Fanning.jpg 320w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/10/Andrew-Fanning-300x300.jpg 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/10/Andrew-Fanning-100x100.jpg 100w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/10/Andrew-Fanning-64x64.jpg 64w" sizes="(max-width: 320px) 100vw, 320px" /><a href="#_ftn1" name="_ftnref1"></a><em>Entrevista a Andrew Fanning<br />
</em></p>
<p><strong>Monica D Donato </strong><strong><br />
</strong></p>
<p><em>La pandemia de la Covid-19, una durísima “puesta en escena” más de la que venimos llamando crisis ecosocial, ha puesto sobre la mesa toda una serie de elementos críticos a nivel mundial que trascienden ampliamente lo estrictamente sanitario, poniendo en evidencia los aspectos que son esenciales para cubrir las necesidades individuales y sociales de la población (salud, alimentación, protección de los más vulnerables, cuidados, las relaciones sociales y con el entorno natural, etc.). </em></p>
<p><em>Esta entrevista, que nace dentro del proyecto de FUHEM Ecosocial sobre la calidad de vida en España desde una perspectiva ecosocial, intenta indagar </em><em>de modo crítico en cómo se define un  nuevo escenario dentro del cual las personas y sus necesidades importen, y donde seamos consciente de cuáles son nuestros límites como especie, considerando los límites de la biosfera (un sistema vivo regulado por leyes biogeofísicas); y, sobre todo, cómo sería un modelo económico que no anteponga las ganancias o el beneficio privado a la finalidad de asegurar una vida digna para todas las personas.</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Monica Di Donato (MDD): Considerando el contexto de crisis ecosocial y civilizatoria que hace de telón de fondo a nuestra época, ¿Qué debemos de entender por buena vida o calidad de vida?</strong></p>
<p><strong>Andrew Fanning (AF)</strong>: Innumerables estudios muestran que hay realmente pocas cosas que sean importantes para la mayoría de las personas. Valoramos nuestra salud, pasar tiempo con la familia, amigos y en la naturaleza, cuidar a nuestros seres queridos, tener un trabajo útil, y unos ingresos estables y suficientes. Para mí, una buena vida es aquella en la que las personas puedan satisfacer sus propias aspiraciones, respetando tanto los derechos y las aspiraciones de los demás como de la biosfera.</p>
<p>Sin embargo, si el objetivo de la humanidad es alcanzar esta visión de una buena vida, actualmente nos encontramos muy lejos de lograrlo. A nivel mundial, miles de millones de personas aún no pueden satisfacer sus necesidades más esenciales, y al mismo tiempo, colectivamente estamos superando, al menos, cuatro límites planetarios. No hay duda de que el impacto creciente de las crisis del siglo XXI –tanto la crisis climática, la pandemia de salud global como la crisis económica– está estresando de modo severo y recurrente a todas las sociedades del mundo.</p>
<p>Dado que todos buscamos ser capaces de manejar y salir de estas crisis interconectadas, <strong>existe una oportunidad única de ponerse al frente de las transformaciones necesarias para crear un mundo que sea mucho más justo socialmente y ecológicamente seguro</strong>. Tenemos la oportunidad de construir resiliencia y mejorar la capacidad de nuestras sociedades para proporcionar una buena vida que pueda persistir durante generaciones, no sólo localmente, sino también en un contexto mucho más global. Sin embargo, para tener éxito, creo que tenemos una necesidad crucial de comprender y, en última instancia, hacer frente a los poderosos intereses arraigados en un statu quo insostenible, altamente desigual y extractivo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>MDD</strong>: <strong>En la literatura especializada se pueden rastrear muchos intentos de conceptualizar, definir, y acotar de modo cualitativo o cuantitativo el concepto de calidad de vida, vida buena, prosperidad, etc. ¿Crees que es posible llegar a establecer un “lenguaje o marco común” entre todos o algunos de estos conceptos?  Y, en ese sentido, ¿cuáles son, desde tu punto de vista, los indicadores que podrían constituir una aproximación multidimensional solvente y robusta?</strong></p>
<p><strong>AF</strong>: Existen diferencias fundamentales en las filosofías subyacentes que dan forma a las distintas medidas de bienestar, algunas de las cuales se remontan a milenios.</p>
<p>¿Le está yendo bien a una determinada sociedad proporcionando el mayor bien al mayor número de personas?</p>
<p>¿O nos sentimos realmente mejor sólo cuando la situación de los más pobres mejora?</p>
<p>¿O quizás el bienestar está impulsado por la autonomía para elegir entre diferentes opciones, en lugar de la elección en sí misma?</p>
<p>Todas estas son buenas preguntas, y yo diría que está cada vez más aceptada la idea de que <strong>la pluralidad de enfoques sobre el bienestar es el mejor camino a seguir</strong>. En este momento, creo que el concepto de «economías de bienestar» está surgiendo como un lenguaje común estimulante alrededor del cual los investigadores, las empresas, la sociedad civil y los gobiernos se están movilizando: la ‘<a href="https://wellbeingeconomy.org/" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Wellbeing Economies Alliance</a>’ es un buen ejemplo de este enfoque inclusivo y plural.</p>
<p>Con respecto a los indicadores, existe un consenso muy amplio sobre las distintas dimensiones que son importantes para el bienestar, tales como la alimentación, el saneamiento, la salud, la igualdad de género, y la participación política, entre otras. Para mí, lo que hay que tener en cuenta es que las listas de dimensiones sociales propuestas por los distintos investigadores y organizaciones no suelen ser muy largas. Por ejemplo, mi colega Kate Raworth identifica 12 dimensiones que forman el suelo social de su ‘Donut de Limites Sociales y Planetarios’ (que a su vez se derivan de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU). Dentro de cada una de estas grandes dimensiones, el número de indicadores puede ser mayor o menor, dependiendo de si el propósito es generar una fotografía ilustrativa del funcionamiento social o una evaluación integral.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>MDD</strong>: <strong>Precisamente, tus últimos trabajos publicados en <em>Nature Sustainability</em> y en el <em>Journal of Cleaner Production</em>, con Daniel O’Neill y colegas, van en la dirección descrita en la pregunta anterior.[1] ¿Podrías comentarnos cuáles son los elementos o las evidencias que muestran estos estudios? En otros términos ¿Cómo podemos llegar a tener una buena vida dentro de los límites de nuestro planeta, considerando una población en rápido crecimiento?</strong></p>
<p><strong>AF</strong>: Destacaré dos resultados de estos estudios empíricos que encuentro realmente llamativos. Primero, en el estudio de <em>Nature Sustainability</em> con Daniel O&#8217;Neill, William Lamb y Julia Steinberger, titulado ‘<a href="https://doi.org/10.1038/s41893-018-0021-4" target="_blank" rel="noopener noreferrer">A Good Life For All Within Planetary Boundaries</a>’, hemos encontrado que actualmente ningún país satisface las necesidades básicas de sus ciudadanos con un nivel de uso de recursos globalmente sostenible. Aunque naciones ricas como el Reino Unido y España satisfacen la mayoría de las necesidades básicas de sus ciudadanos, lo hacen con un nivel de uso de recursos que está lejos de ser sostenible. Por el contrario, los países que utilizan recursos a un nivel sostenible, como Uganda o Sri Lanka, no satisfacen las necesidades básicas de sus pueblos. <strong>De manera preocupante, vemos que cuantos más objetivos sociales alcanza un país, más límites biofísicos tiende a sobrepasar</strong>.</p>
<p>En segundo lugar, cuando se comparan países en un momento dado, el funcionamiento social y el uso de recursos parecen estar vinculados a niveles bajos, pero sólo hasta un cierto «punto de inflexión», a partir del cual un mayor consumo no contribuye casi nada al bienestar. En el estudio publicado en <em>Nature Sustainability</em> sugerimos que los países ricos que han cruzado este punto de inflexión podrían reducir el uso de recursos considerablemente con poco efecto sobre el bienestar, liberando así espacio ecológico para que los países más pobres aumenten su consumo para satisfacer las necesidades básicas. Investigamos esta hipótesis examinando esas relaciones a través de series temporales en el estudio ‘<a href="https://doi.org/10.1016/j.jclepro.2018.11.223" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Wellbeing–Consumption Paradox</a>’ (publicado en la revista <em>Journal of Cleaner Production</em>). Si la expectativa de vida se utiliza para medir el bienestar, nuestros resultados respaldan esta hipótesis porque las personas viven más tiempo independientemente de si el consumo disminuye o aumenta. Sin embargo, si la felicidad se usa para medir el bienestar, nuestros resultados no respaldan esta hipótesis, ya que una disminución en el consumo se asocia con una disminución en la felicidad.</p>
<p>Pero es muy importante tener en cuenta que estos resultados cuantitativos se basan en relaciones históricas: no nos dicen cómo guiar nuestras sociedades hacia un futuro sostenible y próspero. Lo que sí que creo que pueden hacer es proporcionar información para dar soporte a las discusiones públicas sobre el significado de una «buena vida» y cómo podría ser ésta en un mundo que respetase los límites planetarios. Con este fin, he liderado el desarrollo de un sitio web interactivo donde cualquier persona con conexión a Internet puede visualizar y explorar nuestros resultados para más de 150 países (<a href="https://goodlife.leeds.ac.uk" target="_blank" rel="noopener noreferrer">https://goodlife.leeds.ac.uk</a>).</p>
<p>En general, yo diría que las estrategias para mejorar los sistemas de abastecimiento físico y social, con énfasis en la suficiencia y la equidad, tienen el potencial de llevar a los países hacia la sostenibilidad, pero el desafío es enorme. Por supuesto, sería aún más difícil con poblaciones en crecimiento rápido, pero afortunadamente <a href="https://ourworldindata.org/world-population-growth#how-has-the-world-population-growth-rate-changed" target="_blank" rel="noopener noreferrer">las tasas de crecimiento de la población han estado disminuyendo durante décadas</a>, por lo que hay pocos lugares que actualmente tengan que afrontar ese problema (y prácticamente todos ellos tienen niveles muy bajos de uso de recursos per cápita). Estoy mucho más preocupado por los crecientes niveles de consumo per cápita, especialmente en los países ricos, que tienden a ser vistos como «modelos a seguir», a pesar de que sus niveles de uso de recursos no pueden extenderse de manera sostenible a todo el mundo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>MDD: En uno de los artículos citados, haces referencia a la “Paradoja de Easterlin”. ¿Por qué es importante reconsiderarla dentro de estos tipos de análisis, y qué evidencias aportan los datos analizados en ese sentido?</strong></p>
<p><strong>AF</strong>: En 1974, Richard Easterlin observó la paradoja de que los ingresos y el nivel de satisfacción con la vida percibido por las personas están correlacionados en un momento dado, pero la satisfacción con la vida no aumenta a medida que los ingresos aumentan con el tiempo. Aunque el producto interior bruto (PIB) se ha más que triplicado desde los años 50 en naciones ricas como los Estados Unidos y el Reino Unido, una persona media no es más feliz. La principal explicación que podemos encontrar a esta paradoja es que las personas comparan sus ingresos en relación con los demás o con su propio pasado. La felicidad que se obtiene por un aumento en los ingresos puede verse influida a la baja si otros obtienen mayores aumentos en sus ingresos, o si se obtiene un aumento menor que las expectativas que se tenían al respecto, dejando así el nivel de felicidad nacional sin cambios a pesar de un aumento constante de los ingresos.</p>
<p>La paradoja de Easterlin sugiere que el crecimiento económico no tiene que ser tan deseable desde una perspectiva social, ya que en un mundo de crisis climática también debemos considerar el vínculo entre el crecimiento económico y las presiones ambientales, como las emisiones de gases de efecto invernadero. No hay duda sobre la tendencia de que el uso de recursos suele aumentar con niveles crecientes de ingresos, pero he encontrado que hay muy poco aporte de carácter empírico sobre la relación entre el bienestar y la reducción a largo plazo en las emisiones de carbono necesarias para tener alguna oportunidad de alcanzar los objetivos climáticos de los Acuerdos de París. Además, aunque se ha prestado ya mucha atención a la relación empírica entre la felicidad y el aumento de los ingresos, existe una sorprendente falta de investigación comparativa entre países sobre el papel de la disminución de ingresos en el bienestar.</p>
<p>Así que nos preguntamos:</p>
<p>¿cómo cambian las relaciones entre el bienestar humano y el consumo intensivo en carbono a lo largo del tiempo?</p>
<p>¿cómo difieren esas relaciones entre países con consumo creciente y no creciente?</p>
<p>Ampliamos el alcance del trabajo de Easterlin analizando dos indicadores de bienestar (satisfacción con la vida y expectativa de vida) y dos indicadores de consumo (ingresos y huella de carbono) para cerca de 120 países durante el período 2005-2015.</p>
<p>Encontramos que <strong>las personas en países con altos niveles de consumo tienden a ser más felices y sanas que las personas en países con bajos niveles de consumo para un año determinado, pero no hay evidencias de que un aumento en los ingresos o en la huella de carbono mejoren ninguno de los indicadores de bienestar en el tiempo</strong>. Sin embargo, la satisfacción con la vida tiende a disminuir en países con ingresos o huella de carbono no crecientes, lo que implica que la felicidad se debe hacer más resiliente a disminuciones en el consumo en un escenario de acción climática ambicioso a nivel mundial. La buena noticia es que encontramos que la expectativa de vida aumenta constantemente en todos los países, independientemente de si los ingresos o la huella de carbono están creciendo o no. Dicho esto, nuestro análisis no tiene en cuenta los efectos de la pandemia de coronavirus, que puede haber cambiado este resultado a peor de un modo trágico.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>MDD: Como anotación final y recogiendo las reflexiones anteriores, ¿podríamos afirmar entonces que nuestras economías no serían “Economías del Donut”, siguiendo las definiciones de Kate Raworth? Y en ese sentido, también como miembro del <em>Doughnut Economics Action Lab</em>, ¿Cuáles son las acciones que se deberían de emprender para transitar hacia escenarios más sostenibles ambientalmente y más justos socialmente? ¿los postulados decrecentistas pueden aportar algo en ese sentido y si es así, en qué términos?</strong></p>
<p><strong>AF</strong>: Para que más de 7,5 miles de millones de personas vivan bien dentro de los límites de nuestro planeta, se requieren cambios radicales en nuestro sistema económico del siglo XX. En el Doughnut Economics Action Lab, vemos la economía como un sistema dinámico que está en constante evolución y, por lo tanto, no hay «leyes» de oferta y demanda, o rendimientos decrecientes, u otras que los economistas convencionales nos cuentan: sólo hay diseño. <strong>En el siglo XXI, este diseño tendría que ser regenerativo, de modo que nuestro uso de materiales y energía funcione dentro de los ciclos de la biosfera y dentro de los límites planetarios. Pero también debe ser distributivo, para que las dinámicas de comportamiento de los mercados no concentren el valor y los rendimientos en manos de un 1 por ciento</strong>, que es lo que está sucediendo actualmente, sino que los distribuya de manera más efectiva entre las personas. En este momento, nuestras economías no están diseñadas para ser regenerativas y distributivas, están diseñadas para crecer, y eso necesita cambiar. Así que sí, estoy de acuerdo con los «decrecentistas» en que los países ricos como los Estados Unidos y España deben ir más allá de la búsqueda del crecimiento económico, que ya no sirve para mejorar la vida de las personas en esos países, sino que empuja a la humanidad cada vez más cerca de un desastre ambiental.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Andrew Fanning</strong> es economista ecológico. Encabeza el área de Investigación y Análisis de Datos del <a href="https://doughnuteconomics.org/" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Doughnut Economics Action Lab (DEAL)</a>, en sus siglas en inglés) y es investigador en el <a href="https://environment.leeds.ac.uk/sustainability-research-institute" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Sustainability Research Institute</a> (Instituto de Estudios sobre la Sostenibilidad) de la Universidad de Leeds. Bajo la aproximación de la economía ecológica, sus investigaciones ponen el acento en los vínculos entre el uso de recursos biofísicos y el comportamiento social, y beben de los recientes avances en la definición de los limites planetarios desde una perspectiva nacional o sub-nacional. En ese sentido, analiza los sistemas de aprovisionamiento que permiten un uso sostenible de los recursos que aseguran una vida buena y cumplen con las condiciones de una «economía de estado estacionario».</p>
<p><strong>Monica Di Donato </strong>es investigadora en FUHEM Ecosocial.<a href="#_ftnref2" name="_ftn2"></a></p>
<p>1. En el primer caso, el artículo cuantifica el uso de recursos asociado con la satisfacción de las necesidades humanas básicas y se compara con los límites planetarios para más de 150 naciones; en el segundo estudio, se analizan, para un arco temporal de 10 años, los vínculos entre el bienestar y el consumo intensivo en carbono para 120 países.</p>
<p><span class="fecha">Entrevista publicada en CTXT el 29/09/2020.</span></p>
<p><a href="https://www.fuhem.es/donar-a-fuhem/"><img decoding="async" class="aligncenter wp-image-136241 size-full" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/10/banner-donar-a-fuhem.png" alt="Donar a FUHEM" width="1000" height="273" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/10/banner-donar-a-fuhem.png 1000w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/10/banner-donar-a-fuhem-450x123.png 450w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/10/banner-donar-a-fuhem-300x82.png 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/10/banner-donar-a-fuhem-768x210.png 768w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/10/banner-donar-a-fuhem-600x164.png 600w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/10/banner-donar-a-fuhem-64x17.png 64w" sizes="(max-width: 1000px) 100vw, 1000px" /></a></p>
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		<title>Comentarios y aportaciones a la meta del decrecimiento</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 29 Sep 2020 10:42:21 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Análisis]]></category>
		<category><![CDATA[Decrecimiento]]></category>
		<category><![CDATA[Desarrollo]]></category>
		<category><![CDATA[destacadasecosocial]]></category>
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					<description><![CDATA[Cuando el sistema nos impone, de hecho, el decrecimiento, evidenciado su agotamiento y crisis, el movimiento ecologista abraza la palabra decrecimiento como propuesta.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><img decoding="async" class="alignright wp-image-134693 size-thumbnail" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/07/150-300x425.jpg" alt="" width="300" height="425" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/07/150-300x425.jpg 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/07/150-450x638.jpg 450w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/07/150-1200x1700.jpg 1200w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/07/150-768x1088.jpg 768w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/07/150-1084x1536.jpg 1084w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/07/150-1446x2048.jpg 1446w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/07/150-600x850.jpg 600w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/07/150-64x91.jpg 64w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/07/150-scaled.jpg 1807w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /><em>Comentarios y aportaciones a la meta del decrecimiento, a la sombra de los diccionarios del Posdesarrollo y del Decrecimiento</em>1</p>
<p><strong>José Manuel Naredo</strong></p>
<p>Artículo publicado en la sección de <strong>ACTUALIDAD</strong> del número 150 de la revista <em>Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global</em>.</p>
<p><em>La realidad ha venido erosionando la fe en el progreso asociada a la promesa de generalizar la opulencia consumista de la mano del desarrollo económico. Como es bien sabido, a la crisis ecológica de fondo se han venido añadiendo pandemias y crisis económicas con múltiples “recortes” de ingresos y derechos que hacen que buena parte de los jóvenes, en vez de mejorar, vivan situaciones más precarias que las de sus padres.</em></p>
<p>Se produce así una doble paradoja. Por una parte, que el mismo sistema que prometía múltiples parabienes asociados al <em>crecimiento económico</em>, nos viene ofreciendo con largueza el <em>decrecimiento </em>del empleo, de los salarios, de las ayudas sociales, de los derechos… y de los bienes y servicios públicos. Por otra, que cuando el sistema nos impone, de hecho, el <em>decrecimiento</em>, evidenciado su agotamiento y crisis, el movimiento ecologista abraza la palabra <em>decrecimiento </em>como propuesta. Y es que la bandera del <em>decrecimiento </em>que se viene enarbolando desde el movimiento ecologista surgió en pleno auge consumista como crítica a los excesos de la “sociedad de consumo”.2  Pero sorprende que se siga enarbolando a piñón ﬁjo esa bandera haciendo abstracción de depresiones y pandemias. Así lo atestigua la reciente publicación de los diccionarios del <em>Posdesarroll</em><em>o </em>y del <em>Decrecimiento</em>3  que tratan de consolidar la propuesta <em>decrecentista </em>tras lustros de recesión.</p>
<p>Como había comentado en ocasiones, creo que enarbolar el <em>decrecimiento </em>como titular rompedor de revista o libro para coger a contrapié a la dogmática del <em>crecimiento económico </em>puede resultar adecuado.4  Pero considero que tomar en serio ese término como meta y/o bandera del movimiento ecologista es, en primer lugar, un gesto tributario del reduccionismo propio del enfoque del crecimiento económico dominante y, en segundo lugar, un objetivo genérico poco atractivo, sobre todo cuando el decrecimiento nos lo viene ofreciendo el propio sistema.</p>
<blockquote><p><strong>El <em>decrecimiento </em></strong><strong>no </strong><strong>suscita por sí </strong><strong>mismo </strong><strong>ninguna idea </strong><strong>de cambio de modelo o de sistema</strong></p></blockquote>
<p>Desde hace tiempo he venido apreciando la falta de coherencia, y de oportunidad política, que alberga el discurso del <em>decrecimiento </em>que mantiene parte del movimiento ecologista.5 Y veremos que, lamentablemente, ambos diccionarios, lejos de corregir, contribuyen a dejar más claras estas incoherencias.</p>
<p>Por una parte, el objetivo del <em>decrecimiento </em>es tributario del reduccionismo del enfoque económico ordinario, porque el término no suscita por sí mismo ninguna idea de cambio de modelo o de sistema, sino que surge como el negativo del discurso del crecimiento económico. Pues, al igual que <em>crecimiento</em>, <em>decrecimiento </em>reﬂeja un verbo sin sujeto ni predicado y para que tengan sentido ambos han de referirse a la evolución unidireccional de algo a deﬁnir. La ideología económica dominante le dio sentido al término <em>crecimiento </em>tras un arduo y prolongado trabajo de más de un siglo.6 Pues para llenar de contenido económico al término <em>crecimient</em><em>o </em>tuvieron que inventarse primero y asumirse después la <em>metáfora </em><em>absoluta de la producción</em>7  y <em>la idea usual de sistema económico </em>para construir, por último, sobre estas ideas los sistemas de Cuentas Nacionales y cifrar el famoso PIB, que por ﬁn otorga realidad monetaria domesticada a esa <em>producción </em>metafórica que se presupone que debe <em>crecer </em>para colmar de “bienes y servicios” a la población. Es este largo trabajo ideológico el que ha otorgado tal peso y valor positivo al término <em>crecimiento </em>(económico) o a su análogo <em>desarrollo</em>, que ha llegado a eclipsar los otros posibles signiﬁcados, permitiendo su utilización sin necesidad de adjetivarlo, ni de precisar ya que se reﬁere al agregado de renta o producto nacional. Para que tenga sentido el objetivo del <em>decrecimiento</em>, este se ha de referir también a alguna variable y el problema es que esa variable ha de ser distinta de la <em>producción</em>, ya que su decrecimiento tiene nombre propio, se llama <em>depresión </em>y no puede resultar atractivo para la mayoría de la gente, que tendría que sufrir sus consecuencias. Por lo tanto, llenar de sentido el objetivo del <em>decrecimiento </em>exige referirlo a alguna variable igualmente cuantitativa8 que resulte tan altamente signiﬁcativa y deseable que pueda movilizar a la población. Volveremos después sobre este tema para revisar los intentos de dar contenido al objetivo del decrecimiento.</p>
<p>Por otra, decimos que es poco atractivo, porque <em>decrecimiento </em>rema a contracorriente de las metáforas que comunican sensaciones positivas (se habla, por ejemplo, de crecimiento personal, de las cosechas… o de los niños, que se ven con buenos ojos), como en mayor medida ocurre con la palabra <em>desarrollo </em>(pues se habla del desarrollo del conocimiento, de los organismos, o de un plan o de una carrera profesional; lo mismo que alto se considera, en general, mejor que bajo y se habla, por ejemplo, de alto <em>standing</em>, de alta gama, como de sentimientos elevados, frente a las bajas pasiones y los sentimientos rastreros, etc.). Precisamente la valoración metafórica positiva que impregna a las nociones de crecimiento y desarrollo es lo que permite que autores, como Amartya Sen, empleen acepciones más amplias de estos términos asociadas al desarrollo de capacidades y libertades humanas. Pero con independencia de que juegue a favor o en contra de las valoraciones metafóricas habituales, hay que adjetivar o poner atributos al <em>decrecimiento </em>para que tenga algún signiﬁcado concreto, en suma, hay que aclarar ¿qué es lo que se piensa y se propone que deba decrecer? Veamos cómo responden a esta pregunta los diccionarios del <em>Posdesarrollo </em>y del <em>Decrecimiento</em>, para ver en qué medida se solapa con el <em>decrecimiento </em>que nos viene ofreciendo el propio sistema.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3>Decrecimiento ¿de qué?</h3>
<p>La voz «Decrecimiento» del <em>Diccionario del posdesarrollo </em>(pp. 204-207) llamada a aclarar el tema, dice en su primer párrafo que «el decrecimiento […] reclama una  reducción  equitativa  de  la  producción  y  del  consumo  en  los  países industrializados» (p. 204).  Y, por si hubiera dudas, el mismo <em>Diccionario del decrecimiento </em>en su principal entrada sobre el tema, en la rúbrica «El decrecimiento hoy», insiste pontiﬁcando que «los economistas ecológicos deﬁnen el decrecimiento como una reducción equitativa de la producción y del consumo» (p. 39). Es decir que los principales teóricos del <em>decrecimiento</em>, no sólo usan de forma acrítica las categorías de producción y de consumo, sino que proponen que decrezcan, lo que como hemos dicho, por muy “equitativamente” que lo hagan, tiene nombre propio: se llama <em>depresión </em>y no puede ser una propuesta atractiva ni ilusionante para la mayoría.</p>
<blockquote><p><strong>L</strong><strong>os principales </strong><strong>teóric</strong><strong>os </strong><strong>del <em>decrecimiento </em></strong><strong>usan </strong><strong>de forma acrítica </strong><strong>las categorías </strong><strong>de </strong><strong>producción </strong><strong>y </strong><strong>de consumo</strong></p></blockquote>
<p>Sorprende así sobremanera que gente bienintencionada e inteligente del movimiento ecologista dedique sus esfuerzos a defender y deﬁnir el <em>decrecimiento </em>de esta manera. De ahí que en los textos de los propios diccionarios se trate de quitar hierro al asunto añadiendo matizaciones y puntos de vista que, o bien, resultan contradictorios con esa deﬁnición, o bien aderezan la voz <em>decrecimiento </em>con atributos benéﬁcos totalmente ajenos a la misma, generando un panorama confuso. Por ejemplo, resulta contradictorio con lo anterior que en la misma voz <em>decrecimiento </em>del <em>Diccionario del posdesarrollo</em>, se diga una página más atrás que «el decrecimiento no equivale a una recesión o a un crecimiento negativo». O que «la frase [supongo que quiere decir “la palabra” <em>decrecimiento</em>] no es originalmente un concepto (al menos a la manera del desarrollo económico) sino más bien una desaﬁante consigna política…» (como si las consignas no tuvieran que apoyarse en conceptos para ser eﬁcaces). Y entre los múltiples atributos ajenos que se le atribuyen al decrecimiento para dulciﬁcarlo ﬁgura, en la misma página, que «el decrecimiento implica una redistribución equitativa de la riqueza» (cuando bien puede implicar lo contrario: reforzar el clientelismo político-empresarial y desatar una mayor polarización social). O para encubrir la imagen de penuria que puede asociarse al decrecimiento, se aﬁrma que «el proyecto del decrecimiento aspira a la construcción de otra sociedad, de una sociedad de abundancia frugal» (bonito oxímoron). Para soslayar el reduccionismo que hereda del enfoque del crecimiento económico se postula que «el atractivo del decrecimiento surge de su poder para incluir y articular diferentes fuentes o corrientes de pensamiento (incluidas la justicia, la democracia y la ecología) y formular estrategias a diferentes niveles» (vaya, no veo ese gran poder de inclusión de la palabra decrecimiento que presuntamente hace su atractivo).</p>
<blockquote><p><strong>A</strong><strong>l resultar </strong><strong>poc</strong><strong>o </strong><strong>a</strong><strong>tractivo este </strong><strong>término </strong><strong>c</strong><strong>onvertido en </strong><strong>f</strong><strong>etiche que suplanta </strong><strong>al todo, genera sectarismo</strong></p></blockquote>
<p>En suma, se aﬁrma a la vez de forma gratuita y grandilocuente que «de hecho el decrecimiento no es una alternativa, sino más bien una matriz de alternativas, que reabre la aventura humana a la pluralidad de destinos y al espacio de la creatividad, eliminando la cubierta de plomo del totalitarismo económico»…o se añaden otras bondades también atribuidas al <em>decrecimiento </em>en   el   diccionario   del   mismo   nombre:   «una transición al decrecimiento no equivale a una permanente trayectoria de descenso, sino una transición a sociedades convivenciales que viven simplemente, en común y con menos» (p. 51). En términos psicológicos semejante proceder trata de reforzar el atractivo del <em>decrecimiento </em>como término fetiche que suplanta al todo –es decir, al cambio socioeconómico deseado– volcando sobre el mismo el contenido emocional asociado a ese todo deseado. Con el agravante de que el término fetiche, al resultar en este caso poco atractivo, genera sectarismo.</p>
<p>Frente al mar de confusión que siembran ambos diccionarios sobre el objetivo del <em>decrecimiento</em>, creo que la polémica que mantuvieron Ernest García y Juan Torres en el Consejo de ATTAC y mis posteriores comentarios9  resultaron mucho más clariﬁcadores al acabar respondiendo con precisión y consenso a la pregunta clave <strong>¿qué es lo que se piensa y se propone que debe decrecer?</strong></p>
<p>Las respuestas que dio Ernest García a las preguntas planteadas por Juan Torres, ayudan a aclarar lo que creemos que debe decrecer en términos agregados, pero también consideré que se podían añadir nuevas precisiones. Respondiendo a la pregunta: <em>«¿qué debe decrecer?», </em>Ernest aﬁrma que <em>«la sociomasa, </em>(el término es de Kenneth Boulding, y signiﬁca todo lo que tiene masa en el sentido físico en la sociedad; es decir, las poblaciones, los organismos, los artefactos) y <em>el ﬂujo metabólico de energía y materiales que mantiene la sociomasa </em>(el <em>throughput </em>de Herman Daly)<em>»</em>. Y a la de <em>«¿cuánto debe decrecer ese indicador o lo que sea el objeto del decrecimiento?»</em>, responde que <em>«hasta que las dos magnitudes (sociomasa y ﬂujo metabólico) estén por debajo de la capacidad de carga del planeta…»</em>. Y a la tercera pregunta, relacionada con los efectos del decrecimiento propuesto sobre la vida y el bienestar de la gente, propone que la reducción demográﬁca sea <em>«benigna y voluntaria»</em>, que la reducción de artefactos se haga <em>«sobre todo en equipos y consumos superﬂuos (o dañinos)…»</em>, que <em>«la reducción del ﬂujo metabólico se haga incrementando la eﬁciencia energética y material…».</em></p>
<p>Tras un nuevo intercambio concluyeron ambos que: <em>«no hay un indicador sintético adecuado para combinar los objetivos de decrecimiento, de bienestar social y de igualdad o justicia social» </em>[…] <em>«En teoría –</em>concluye Ernest– <em>supongo que se trataría de ﬁjar un objetivo de decrecimiento “en grueso” para llegar a una escala física sostenible y añadir entonces un sistema de medidas más analítico para tratar de orientar políticamente el camino, poniendo más acento en el decrecimiento de los males y tratando de evitar el de los bienes»</em>.</p>
<p>Justo hasta aquí he visto que llegan las precisiones que proponen los defensores más solventes del decrecimiento como propuesta y ese objetivo agregado de decrecimiento <em>“en grueso” </em>es demasiado ambiguo (a continuación, subrayaré mi propuesta para precisarlo). Pero también hay que reconocer que es difícil hacerlo operativo sin concretar lo que se quiere que decrezca y lo que se quiere que no lo haga, restando universalidad al objetivo generalizado del <em>decrecimiento</em>, al complementarlo con otros de mantenimiento o incluso de crecimiento.</p>
<p>La ambigüedad que conlleva proponer que decrezca la <em>“sociomasa”, </em>que alberga tanto a los artefactos (buenos y malos) como a la propia especie humana, es tal que se prestaría a humoradas del tipo de precisar que el objetivo generalizado del decrecimiento no incluye propuestas de pigmeización y/o jibarización del propio ser humano. Lo mismo ocurre con el ﬂujo metabólico de energía y materiales, habida cuenta que alberga energías renovables y no renovables, materiales abundantes y escasos…y que su uso puede cerrar o dejar abiertos los ciclos de materiales o generar residuos tóxicos o peligrosos u otros que no lo son. Por ejemplo, puede haber casos de arquitectura vernácula que requieran mover más tonelaje en materiales que el consabido <em>estilo universal</em>, como sería la arquitectura de adobe (que usa tierra, en vez de hierro y cemento). En cualquier caso, comparaciones de este tipo exigirían análisis más complejos que distinguieran entre la naturaleza y los requerimientos directos e indirectos de los distintos materiales y energías, estimando las mochilas y huellas de deterioro ecológico de los distintos modelos constructivos a comparar. Además, cuando las energías y los diversos materiales pueden sustituirse, tendríamos que tener algún criterio menos burdo que el requerimiento total de energía y materiales o que el llamado <em>throughput </em>para agregarlas. Para resolver estos problemas y ofrecer un contenido más preciso a la propuesta del decrecimiento, retomo la propuesta que sintetiza el siguiente párrafo de mi artículo antes citado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3>Una propuesta razonable</h3>
<p style="padding-left: 40px;">«Como ya he apuntado antes […] Antonio Valero y yo hemos desarrollado y aplicado una metodología que permite cuantiﬁcar, en unidades de energía, el coste de reposición del deterioro que el proceso económico inﬂige a la base de recursos planetaria, posibilitando establecer el seguimiento agregado de la misma. Esta metodología es de utilidad para llenar de contenido preciso la propuesta del decrecimiento: todo el mundo podría estar de acuerdo en el objetivo de reducir o hacer que <em>decrezca </em>el deterioro de la base de recursos planetaria, asociada a lo que se conoce como deterioro ambiental, por extracción de recursos y emisión de residuos. Creo que esta meta sustituye con ventaja a otros intentos de llenar de contenido físico la propuesta del <em>decrecimiento</em>, proponiendo asociarlo a variables menos básicas o más parciales, ambiguas o imprecisas, como son las de reducir el requerimiento total de materiales, de energía…o la apropiación de biomasa neta». 10</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La propuesta antes indicada, permitiría agregar el deterioro ecológico de los procesos trascendiendo la disociación entre energía y materiales y, dentro de estos, entre los distintos tipos de energía y materiales. Pues aporta información cuantitativa para saber si, desde el punto de vista ecológico, es mejor usar cierta cantidad de agua, de energía o de otros materiales. Incluso permite cuantiﬁcar el daño o coste ecológico asociado a los distintos usos de que puede ser objeto un mismo material o tipo de energía, pudiendo concluir si uno es “mejor” o menos dañino que otro.</p>
<blockquote><p><strong>C</strong><strong>uantificar </strong><strong>el deterioro ecológico del proceso económico puede aportar precisión a la propuesta del decrecimiento</strong></p></blockquote>
<p>Nuestra propuesta se ha ido aﬁnando tras la realización de numerosos trabajos que van desde el libro <em>Desarrollo económico </em><em>y deterioro ecológico </em>(1999)11 hasta culminar, tras varias tesis doctorales, en el libro <em>Thanatia </em>(2014),12 que entre otras cosas precisa la composición del estado de máxima entropía hacia el que a civilización industrial va empujando a la Tierra, respecto al cual podemos ver en qué medida nos vamos acercando. Como ejemplo más concreto y aplicado al agua, el lector interesado puede consultar mi trabajo «Retos de la economía del agua en España. Costes y cuentas del agua»,13 en el que se deﬁne y aplica la metodología que permite cuantiﬁcar en unidades de energía el daño o coste ecológico asociado a los distintos usos del agua, con criterios homogéneos generalmente aplicables.</p>
<p>Pero el mismo empeño de dar solidez teórica y empírica al objetivo del <em>decrecimiento </em>requiere de propuestas y procesos que escapan a la simple palabra decrecimiento, al exigir reconversiones con aumentos y disminuciones. La reducción del deterioro de la base de recursos y el ambiente planetarios, exigiría cambiar las reglas del juego económico en el sentido antes indicado, para promover (y aumentar) el uso de las energías renovables y la conservación y el reciclaje de materiales, para desactivar (y reducir) el uso de aquellos no renovables y para desinﬂar los afanes adquisitivos y/o consuntivos extendidos por todo el cuerpo social. Afanes que hacen que hasta los más pobres se esfuercen en trabajar para los ricos con el ilusorio empeño de emular los patrones de vida de estos recurriendo a los sucedáneos de la llamada sociedad de consumo. En este sentido de cambiar las reglas del juego y los afanes adquisitivo-consuntivos apuntan, tanto el “programa bioeconómico mínimo” que propone Georgescu-Roegen (incluido en el libro editado por Grinevald y Rens antes citado) que empieza proponiendo prohibir las guerras y la fabricación de armamento…, como las “orientaciones” que nos da Lewis Mumford –por citar a otro de mis autores de cabecera– en el último capítulo de su libro <em>Técnica y civilización </em>(1934), con apartados con títulos como «¡Aumenten la conversión!, ¡Economicen la producción! ¡Normalicen el consumo! ¡Socialicen la creación! …».14 Pero ninguno de ambos autores habla de <em>decrecimiento </em>como propuesta, como en algún caso se ha dado a entender.</p>
<blockquote><p><strong>Dar solidez teórica y </strong><strong>empírica </strong><strong>al </strong><strong>decrecimiento </strong><strong>r</strong><strong>equier</strong><strong>e </strong><strong>propuestas </strong><strong>y procesos que exigen reconversiones con aumentos y disminuciones</strong></p></blockquote>
<p>Georgescu-Roegen incluye en ese mismo libro críticas muy duras a la propuesta de <em>crecimiento cero </em>entonces de moda, que serían hoy aplicables a la del <em>decrecimiento</em>. Además, con su peculiar sentido del humor, ridiculiza las críticas a la sociedad de consumo que proponen una idílica vuelta a la naturaleza, cuando aﬁrma que «bien lerdo será aquel que proponga renunciar totalmente al confort industrial de la evolución exosomática. La humanidad no volverá a vivir en las cavernas y, menos aún, sobre los árboles». Consideración que bien cabría extender a nivel cultural. Y la propuesta de reconversión social de Mumford supone aumentos y disminuciones, crecimientos y decrecimientos: «la actividad saludable –dice– exige restricción, monotonía, repetición, así como cambio, variedad, expansión».</p>
<p>Por último, quiero subrayar que la metodología propuesta, si bien aporta información precisa sobre el coste ecológico de los procesos y las mochilas de deterioro ecológico de los productos a disminuir, no permite decir nada sobre su utilidad, individual o colectiva, ni menos aún sobre los aspectos redistributivos, que habría que tener en cuenta a la hora de enjuiciar y priorizar procesos y políticas. En lo que concierne al afán de hacer operativa la meta de conseguir que decrezca el deterioro ecológico que la especie humana inﬂige a la Tierra, a sus distintos niveles de agregación, quiero subrayar lo siguiente: que actualmente es el reduccionismo monetario, guiado por meros afanes de lucro, lo que mueve el comercio y arrastra los ﬂujos físicos, que evolucionan con el pulso de la coyuntura económica. Por lo tanto, el objetivo de hacer que decrezcan ciertos ﬂujos físicos no puede abordarse directamente, es decir, sin cambiar las reglas del juego económico que los mueven y que hacen que el crecimiento de los agregados monetarios de renta, producción o consumo acentúe el deterioro ecológico. Porque la evolución de los ﬂujos físicos no es una variable independiente en el actual modelo de gestión, sino que depende de los ﬂujos monetarios y de los beneﬁcios y plusvalías que los mueven y orientan. Hay que visibilizar las actividades y lucros tan variopintos que alberga ese cajón de sastre de valor monetario que es el PIB, para enjuiciar lo que hay dentro y lo que queda fuera, lo que debería crecer o decrecer. Precisamente, en mi libro <em>Taxonomía del lucro </em>(2019)15 he emprendido esta tarea de identiﬁcar y jerarquizar las actividades fuente de lucro con el ánimo de generar una conciencia social y un marco institucional que desanime o impida aquellas que arrojan lucro sin contrapartida o con contrapartida corrupta o que resultan ecológica y socialmente dañinas.</p>
<p>Para aclarar mi punto de vista a este respecto voy a poner un ejemplo. Con el pinchazo de la burbuja inmobiliaria el consumo de cemento se ha desplomado en España a la cuarta parte de lo que era y apenas repunta… o el input total de materiales e la conurbación madrileña ha decrecido en más de un 30%. En esta situación de claros decrecimientos, más que seguir proponiendo el decrecimiento como si nada hubiera pasado, habría que proponer el <em>cambio del modelo inmobiliario</em>, para defender la vivienda como bien de uso y no como objeto de inversión y evitar que las ﬁnalidades especulativas sigan gobernando los ﬂujos físicos y los usos del territorio en un sistema que tiende a encadenar burbujas especulativas. Es el cambio de mo- delo, de enfoques, de políticas y de instrumentos, lo que permitiría reducir en el futuro el deterioro ecológico y no al revés. Es lo que debería de exigir el movimiento ecologista, ya que exigir decrecimiento, antes que reconversión del sistema, viene a ser como poner el carro delante de los bueyes: no resulta eﬁcaz. Hacer hincapié en la meta del <em>decrecimiento </em>puede oscurecer la verdadera meta de la <em>reconversión </em>hacia los escenarios ecológica y socialmente más saludables hacia los que el movimiento ecologista debería liderar la actual crisis de civilización</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>José Manuel Naredo </strong>es estadístico, doctor en Economía y miembro del consejo de redacción de esta revista.</p>
<p>Acceso al texto completo del artículo en formato pdf: <a href="http://bit.ly/Decrecimiento-Naredo" target="_blank" rel="noopener noreferrer"><em>Comentarios y aportaciones a la meta del decrecimiento, a la sombra de los diccionarios del Posdesarrollo y del Decrecimiento.</em></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>NOTAS:</strong></p>
<p>1  El presente texto retoma y reelabora ideas y párrafos de un trabajo más amplio: José Manuel Naredo, «Sobre las preocupaciones y metas del movimiento ecologista. Comentarios y aportaciones a los diccionarios del desarrollo (1992) y del posdesarrollo (2019)», <em>Biblio3W Revista Bibliográﬁca de Geografía y Ciencias Sociales</em>,</p>
<p>5 de junio, núm. 1.297, 2020.</p>
<p>2  Hay que recordar que las críticas a la “sociedad de consumo” venían desde mucho antes de que se empezara a utilizar el eslogan del <em>decrecimiento</em>. Estas críticas alcanzan, al menos, desde la formulación pionera de Veblen, en su <em>Teoría de la clase ociosa </em>(1899) (edición en castellano del FCE, México, 1995) y las múltiples elaboraciones que culminaron a raíz del mayo 68, hasta las que sintetizan más recientemente el panorama del “consumo”, como son, por ejemplo, los libros de Jorge Riechmann (coord..), <em>Necesitar, desear, vivir</em>, Catarata, Madrid, 1998 o de Luís Enrique Alonso, <em>La era del consumo</em>, Siglo XXI, Madrid, 2005.</p>
<p>3  Ashish Kothari, Ariel Salleh, Arturo Escobar, Federico Demaria, Alberto Acosta (coords.) <em>Pluriverso. Un diccionario del posdesarrollo</em>, Icaria, Barcelona, 2019 y Giacomo D’Allisa, Federico Demaria, Giorgos Kallis (eds.) <em>Decrecimiento. Vocabulario para una nueva era</em>, Icaria, Barcelona, 2015, 2ª ed. Ampliada 2018.</p>
<p>4  Es el caso, por ejemplo, del libro editado en francés por Jacques Grinevald e Ivo Rens con textos de Nicholas Georgescu-Roegen, cuya primera edición llevó por título <em>Demain la décroissance </em>(Eds. Pierre-Marcel Favre, Paris-Lausanne, 1979), que presentaba el decrecimiento como algo que nos acabaría ofreciendo el sistema, no como una propuesta de los autores.</p>
<p>5  Véase José Manuel Naredo, «Reﬂexiones sobre la bandera del decrecimiento», <em>Viento Sur</em>, núm. 118, septiembre, 2011.</p>
<p>6  Para un análisis detallado de la génesis histórica de la noción de <em>producción </em>y del afán de promover su <em>crecimiento</em>, como elementos constitutivos de la noción usual de <em>sistema económico</em>, véase: José Manuel Naredo, <em>La economía en evolución. Historia y perspectivas de las categorías básicas del pensamiento económico</em>, Siglo XXI, Madrid, 2015.</p>
<p>7  Según la metaforología, una <em>metáfora absoluta </em>es aquella que permite transferir ideología y juicios de valor sobre temas socialmente relevantes sin contar con apoyo racional ni empírico alguno. Su función expresiva no puede, así, racionalizarse, ni el concepto sustituirse, ocupando un lugar esencial en la historia del pensamiento, en este caso, económico.</p>
<p>8  El término así lo exige, pues tanto el crecimiento como el decrecimiento ha de referirse a algo que cuyo aumento o disminución pueda constatarse.</p>
<p>9  Véase José Manuel Naredo, «Ideas a raíz de la polémica del decrecimiento. A propósito de un debate en el Consejo de ATTAC», <em>Viento Sur</em>, núm. 120, enero, 2012.</p>
<p>10  José Manuel Naredo, <em>op. cit.</em>, 2011, pp. 33-35.</p>
<p>11   José Manuel Naredo, y Antonio Valero (dirs.), <em>Desarrollo económico y deterioro ecológico</em>, Fundación Argentaria y Visor Distrib., Col. Economía y Naturaleza (accesible en la sección de publicaciones de la web de la Fundación César Manrique junto con los otros libros de la Colección Economía y Naturaleza), Madrid, 1999.</p>
<p>12  Alicia Valero y Antonio Valero, <em>Thanatia. The Destiny of the Earth’s Mineral Resources. A Thermodynamic </em><em>Cradle-to-Cradle Assessment</em>, World Scientiﬁc, Londres, 2014.</p>
<p>13  José Manuel Naredo, «Retos de la economía del agua en España. Costes y cuentas del agua», Universidad de Almería (accesible en la sección de Publicaciones de mi página Web El rincón de Naredo), 2017.</p>
<p>14  Lewis Mumford, <em>Técnica y civilización</em>, Alianza, Madrid, 1971 [1934]</p>
<p>15  José Manuel Naredo, <em>Taxonomía del lucro</em>, Siglo XXI, Madrid, 2019.</p>
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		<title>PAPELES 150</title>
		<link>https://www.fuhem.es/2020/07/17/134649/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 17 Jul 2020 09:18:48 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Ecosocial]]></category>
		<category><![CDATA[Calidad de vida]]></category>
		<category><![CDATA[Decrecimiento]]></category>
		<category><![CDATA[destacadasecosocial]]></category>
		<category><![CDATA[trabajo]]></category>
		<category><![CDATA[Transición Ecosocial]]></category>
		<category><![CDATA[Vida Buena]]></category>
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					<description><![CDATA[Papeles cumple 35 años y sus 150 números la han convertido en una referencia indiscutible para conocer los principales problemas y debates de nuestro tiempo. Pionera en la investigación para la paz en sus inicios, lo es también desde hace más de una década al delimitar la problemática ecosocial y abordar, con una mirada interdisciplinar, temas relacionados con la sostenibilidad, la cohesión social y la democracia, considerando la paz como eje transversal de análisis.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong><img decoding="async" class="alignright wp-image-134693 size-thumbnail" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/07/150-300x425.jpg" alt="" width="300" height="425" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/07/150-300x425.jpg 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/07/150-450x638.jpg 450w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/07/150-1200x1700.jpg 1200w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/07/150-768x1088.jpg 768w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/07/150-1084x1536.jpg 1084w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/07/150-1446x2048.jpg 1446w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/07/150-600x850.jpg 600w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/07/150-64x91.jpg 64w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/07/150-scaled.jpg 1807w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></strong></p>
<p><em>Papeles</em> cumple 35 años y sus 150 números la han convertido en una referencia indiscutible para conocer los principales problemas y debates de nuestro tiempo.</p>
<p>Pionera en la investigación para la paz en sus inicios, lo es también desde hace más de una década al delimitar la problemática ecosocial y abordar, con una mirada interdisciplinar, temas relacionados con la sostenibilidad, la cohesión social y la democracia, considerando la paz como eje transversal de análisis.</p>
<p>El pensamiento de analistas, teóricos y activistas, tanto del panorama nacional como internacional, hacen de las páginas de Papeles escenario intelectual crítico para una sociedad justa en un mundo habitable.</p>
<p>El nuevo número de PAPELES:<em> Trabajo y vida buena en la encrucijada</em>, cuenta con una <strong>INTRODUCCIÓN</strong> que lleva la firma de <strong>Ángel Martínez González-Tablas</strong> que, en tanto que es expresidente y patrono de <strong>FUHEM</strong> y que ha conocido esta revista de primera mano desde sus inicios, repasa la historia de esta revista, así como los desafíos, la funciones y objetivos que como revista crítica debe tener en el presente y futuro cercano.</p>
<p>La sección de <strong>A FONDO</strong> centra su atención en la cuestión del trabajo y la vida buena en la encrucijada ecosocial, complementándose con un texto de <strong>André Gorz</strong> en la sección <strong>REFERENTES</strong>, introducido por el director de la revista, <strong>Santiago Álvarez Cantalapiedra</strong>.</p>
<p>En <strong>ACTUALIDAD</strong>, dos artículos aluden las necesarias respuestas en clave social y solidaria a la crisis económica post-Covid19: la fiscalidad justa y el ingreso mínimo vital desde una mirada crítica. Con esa misma mirada completa la sección un artículo de <strong>José Manuel Naredo</strong> sobre decrecimiento y posdesarrollo.</p>
<p>A su vez, en <strong>EXPERIENCIAS</strong> centramos la atención en el caso de Bután y <em>Felicidad Interior Bruta</em> (FIB) como un marco conceptual y criterio de razón pública que delimita la agenda política butanesa.</p>
<p>Finalmente, en este número se recoge un <strong>ENSAYO</strong> de <strong>Ofelia Agoglia</strong> sobre las etapas por las que transcurre la historia ambiental Argentina y las respuestas que emergen de la corriente ambiental crítica latinoamericana, y otro de <strong>Pere Ortega</strong> centrado en la economía militar en España desde el franquismo a la democracia.</p>
<p>Y por supuesto no deja de estar presente la sección <strong>LECTURAS</strong> en la que se reseñan algunas publicaciones recientes que pueden resultar de especial interés para nuestros lectores y lectoras.</p>
<p>A continuación, ofrecemos el Sumario de la revista, que podrás descargar a texto completo, junto con la Introducción de <strong>Ángel Martínez González-Tablas</strong>, y el artículo sobre el Mito del trabajo de <strong>Erik Gómez-Baggethun</strong> y <strong>José Manuel Naredo.  </strong></p>
<p><a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/sumario-150/" target="_blank" rel="noopener noreferrer"><strong>SUMARIO</strong></a></p>
<p><strong>INTRODUCCIÓN</strong></p>
<p><a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/papeles-en-sus-35-anos-vocacion-y-funcion-de-una-revista-critica/" target="_blank" rel="noopener noreferrer"><em>PAPELES en sus 35 años: vocación y función de una revista crítica</em></a>, <strong>Ángel Martínez González-Tablas</strong>.</p>
<p><strong>A FONDO</strong></p>
<p><a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/el-mito-del-trabajo-origen-evolucion-y-perspectivas/" target="_blank" rel="noopener noreferrer"><em>El mito del trabajo: origen, evolución y perspectivas</em></a>, <strong>Erik Gómez-Baggethun</strong> y <strong>José Manuel Naredo</strong>.</p>
<p><em>La civilización del malestar: precarización del trabajo y efectos sociales y de salud</em>, <strong>Joan Benach</strong>, <strong>Pere Jódar</strong> y <strong>Ramón Alòs</strong>.</p>
<p><a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/calidad-de-vida-y-mercado-de-trabajo/" target="_blank" rel="noopener noreferrer"><em>Calidad de vida y mercado de trabajo</em></a>, <strong>Lucía Vicent Valverde</strong>.</p>
<p><em>Escenarios de trabajo en la transición ecosocial 2020-2030. Equilibrios difíciles entre lo ecológicamente necesario y lo políticamente posible</em>, <strong>Emilio Santiago Muíño</strong>.</p>
<p><strong>ACTUALIDAD</strong></p>
<p><em>Fiscalidad justa: una respuesta solidaria a la crisis económica derivada de la Covid19</em>, <strong>Xavier Casanovas Combalia</strong>.</p>
<p><a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/ya-esta-aqui-el-ingreso-minimo-vital/" target="_blank" rel="noopener noreferrer"><em>Ya está aquí el Ingreso Mínimo Vital</em></a>, <strong>Guillermo Fernández Maíllo</strong>.</p>
<p><em>Comentarios y aportaciones a la meta del decrecimiento, a la sombra de los diccionarios del Posdesarrollo y del Decrecimiento, </em><strong>José Manuel Naredo</strong>.</p>
<p><strong>EXPERIENCIAS</strong></p>
<p><em>Felicidad Interior Bruta (FIB): una vía política para otro desarrollo</em>, <strong>Luis Rodríguez Calles</strong>.</p>
<p><strong>ENSAYO</strong></p>
<p><em>¿Civilización sin barbarie? Crónica de un eterno retorno. Reflexiones desde la corriente crítica latinoamericana</em>, <strong>Ofelia Agoglia</strong>.</p>
<p><em>La economía militar en España del franquismo a la democracia</em>, <strong>Pere Ortega</strong>.</p>
<p><strong>REFERENTES</strong></p>
<p><em>André Gorz: revisitando la noción de trabajo</em>, <strong>Santiago Álvarez Cantalapiedra</strong>.</p>
<p><em>Temas para una izquierda futura</em>, <strong>André Gorz</strong>.</p>
<p><strong>LECTURAS</strong></p>
<p><em>No Go World. How Fear Is Redrawing Our Maps And Infecting. Our Politics</em>, de Ruben Andersson.</p>
<p><strong>Nuria del Viso</strong></p>
<p><em>Contra la caridad</em>, de Daniel Raventós y Julie War.</p>
<p><strong>Diego Escribano Carrascosa</strong></p>
<p><em>La Gran Encrucijada</em>, de Santiago Álvarez Cantalapiedra.</p>
<p><strong>Margarita Suárez Barrera</strong></p>
<p><strong>RESÚMENES</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Información y compras</strong>:</h3>
<p>Tel.: +34 914310280</p>
<p>Email: <a href="mailto:publicaciones@fuhem.es">publicaciones@fuhem.es</a></p>
<p>Puedes adquirir la revista <strong>PAPELES</strong> en nuestra <a href="https://www.fuhem.es/product/trabajo-y-vida-buena-en-la-encrucijada-papeles-n-o-150/" target="_blank" rel="noopener noreferrer"><u>librería virtual.</u></a></p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Dossier respuestas ante la crisis de civilización</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 24 Dec 2012 12:17:48 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Dosieres Ecosociales]]></category>
		<category><![CDATA[Crsis civilizatoria]]></category>
		<category><![CDATA[Decrecimiento]]></category>
		<category><![CDATA[Movimiento Slow]]></category>
		<category><![CDATA[Movomiento transición]]></category>
		<category><![CDATA[Simplicidad voluntaria]]></category>
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					<description><![CDATA[Mientras la situación actual se sigue agravando por la confluencia de la crisis ecológica, económica, política, social y de valores, algunos movimientos llevan cierto tiempo ensayando propuestas que abordan estos desafíos. Son movimientos con perfil propio, aunque en muchas ocasiones comparten visión, análisis y recetas.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<h3><strong><img decoding="async" class="alignright wp-image-128764" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2019/10/Dossier-21-Respuestas-crisis-civilizacion-450x637.jpg" alt="" width="371" height="525" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2019/10/Dossier-21-Respuestas-crisis-civilizacion-450x637.jpg 450w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2019/10/Dossier-21-Respuestas-crisis-civilizacion-300x425.jpg 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2019/10/Dossier-21-Respuestas-crisis-civilizacion-64x91.jpg 64w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2019/10/Dossier-21-Respuestas-crisis-civilizacion.jpg 526w" sizes="(max-width: 371px) 100vw, 371px" /></strong><em>Dossier Respuestas ante la crisis de civilización</em></h3>
<p>Mientras la situación actual se sigue agravando por la confluencia de la crisis ecológica, económica, política, social y de valores, algunos movimientos llevan cierto tiempo ensayando propuestas que abordan estos desafíos. Son movimientos con perfil propio, aunque en muchas ocasiones comparten visión, análisis y recetas. Se trata del movimiento por el <strong>Decrecimiento</strong>, el de <strong>Transición</strong>, el denominado <strong><em>Slow </em></strong>y el de la <strong>Simplicidad voluntaria,</strong> que analizan en este boletín, respectivamente, <strong>Luis González Reyes, Juan del Río, David Rivas</strong> y <strong>Cecile Andrews</strong>. Desde el <strong>Centro de documentación virtual</strong> ofrece una selección de recursos de todo tipo sobre estos movimientos.<strong><br />
</strong></p>
<p>Puedes acceder al texto completo del <em><a href="https://www.fuhem.es/media/cdv/file/biblioteca/Dossier/Dossier_Respuestas-ante-crisis-civilizacion_dic12.pdf" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Dossier Respuestas ante la crisis de civilización</a></em>  (Pdf) o a los artículos y selección de recursos por separado:</p>
<p><em><a href="http://www.fuhem.es/media/ecosocial/file/Boletin_ECOS/21/simplicidad-voluntaria_C_ANDREWS.pdf" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Simplicidad voluntaria: cambiando con </a><a href="http://www.fuhem.es/media/ecosocial/file/Boletin_ECOS/21/simplicidad-voluntaria_C_ANDREWS.pdf">los</a><a href="http://www.fuhem.es/media/ecosocial/file/Boletin_ECOS/21/simplicidad-voluntaria_C_ANDREWS.pdf"> tiempos</a></em></p>
<p><strong>Cecile Andrews</strong></p>
<p>La autora, una figura de referencia del movimiento de la simplicidad voluntaria, examina las bases que dieron origen a esta iniciativa en Estados Unidos y su evolución durante algo más de una década. El artículo analiza también el potencial pedagógico de los grupos de autoaprendizaje como modelo para la expansión del movimiento.</p>
<p><em><a href="http://www.fuhem.es/media/ecosocial/file/Boletin_ECOS/21/movimientos-en-transicion_J_DEL_RIO.pdf" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Movimiento de transición: Aprendiendo a transitar en tiempos de decrecimiento</a></em></p>
<p><strong>Juan del Río San Pío</strong></p>
<p>El movimiento de transición es un gran experimento social que en sólo seis años se ha extendido por más de 30 países. Se trata de una propuesta inclusiva y de visión positiva que busca reconstruir resiliencia comunitaria y relocalizar las economías para adaptarse a los límites del planeta.</p>
<p><a href="http://www.fuhem.es/media/ecosocial/file/Boletin_ECOS/21/movimiento%20lento_D_RIVAS.pdf" target="_blank" rel="noopener noreferrer"><em>El movimiento lento en su contexto socioeconómico</em></a></p>
<p><strong>David Rivas</strong></p>
<p>El autor traza la génesis y desarrollo del movimiento slow, ubicándolo en el contexto de crisis de los años setenta. El artículo se detiene a examinar los ingredientes que constituyen el movimiento, que ha dado lugar a distintas manifestaciones de «lo lento»: slow food, slow cities&#8230; hasta conformar el movimiento paraguas que es hoy.</p>
<p><em><a href="http://www.fuhem.es/media/ecosocial/file/Boletin_ECOS/21/politicas-decrecentistas_L_GONZALEZ_REYES.pdf" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Políticas decrecentistas</a></em></p>
<p><strong><em>Luis González Reyes</em></strong></p>
<p>El autor realiza un análisis en clave ecosocial de la confluencia de crisis ‒económica, social, ecológica, alimentaria, de valores&#8230;‒ que conduce irremisiblemente a un cambio integral de paradigma. El autor ofrece propuestas concretas en los ámbitos económico-ecológico, social y político, y en los niveles macro, meso y micro para cambiar los estilos de vida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><a href="http://www.fuhem.es/ecosocial/noticias.aspx?v=9277&amp;n=0">SELECCIÓN DE RECURSOS: Respuestas alternativas a la Crisis de Civilización</a></h3>
<p><strong>Susana Fernández Herrero</strong></p>
<p>La selección de recursos de este boletín ECOS, recoge las iniciativas de algunos movimientos que sí se han planteado formas alternativas de enfrentarse a la realidad, bajo principios de equidad, justicia y respeto. Los movimientos destacados en este boletín son: el decrecentismo, el movimiento slow, el de transición y el de simplicidad voluntaria.</p>
<p align="justify">La selección de recursos de este boletín ECOS, recoge las iniciativas de algunos movimientos que sí se han planteado formas alternativas de enfrentarse a la realidad, bajo principios de equidad, justicia y respeto. Los movimientos destacados en este boletín son: el decrecentismo, el movimiento slow, el de transición y el de simplicidad voluntaria.</p>
<p align="justify">Hemos recopilado bibliografía básica: monográficos de algunas revistas y recursos audiovisuales (cortos, animaciones, documentales, programas de televisión, etc.). Incluye también enlaces a páginas de internet relacionadas con dichos movimientos, destacando las webs de las propias organizaciones que los lideran, blogs, wikis, institutos de investigación, espacios de reflexión, asociaciones y redes.</p>
<p align="justify">La selección incluye al final una recopilación de artículos y libros publicados por FUHEM Ecosocial que muestran  las ventajas que nos ofrece  la idea de “<strong>Vivir mejor con menos</strong>”.</p>
<p align="justify"><a href="https://www.fuhem.es/media/cdv/file/biblioteca/Boletin_ECOS/21/recursos_simplicidad_voluntaria.pdf" target="_blank" rel="noopener noreferrer"><em>Movimiento Simplicidad Voluntaria</em></a><br />
– Selección bibliográfica<br />
– Videos<br />
– Enlaces web</p>
<p><a href="https://www.fuhem.es/media/cdv/file/biblioteca/Boletin_ECOS/21/recursos_movimiento_transicion.pdf" target="_blank" rel="noopener noreferrer"><em>Movimiento de Transición</em> </a><em><br />
</em>– Selección bibliográfica<br />
– Videos<br />
– Revista<br />
– Enlaces web</p>
<p><em><a href="https://www.fuhem.es/media/cdv/file/biblioteca/Boletin_ECOS/21/recursos_movimiento_slow.pdf" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Movimiento Slow </a></em><br />
– Selección bibliográfica<br />
– Cuentos<br />
– Videos<br />
– Enlaces web</p>
<p><a href="https://www.fuhem.es/media/cdv/file/biblioteca/Boletin_ECOS/21/recursos-decrecimiento.pdf" target="_blank" rel="noopener noreferrer"><em>Movimiento Decrecentista</em> </a><em><br />
</em>– Selección bibliográfica<br />
– Videos<br />
– Revistas<br />
– Enlaces web</p>
<p><em><a href="https://www.fuhem.es/media/cdv/file/biblioteca/Boletin_ECOS/21/recursos_FUHEM_Ecosocial.pdf" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Recursos FUHEM Ecosocial </a></em><strong><br />
</strong>– Revista Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global<br />
– Boletín Ecos<br />
– La Situación del Mundo<br />
– Libros en coedición</p>
<h3 align="justify">Otros Dossieres sobre Crisis Ecosocial:</h3>
<p align="justify"><em><a href="https://www.fuhem.es/media/cdv/file/biblioteca/Dossier/Dossier-Crisis-Ecosocial-Conflictos-Construccion-Paz.pdf " target="_blank" rel="noopener noreferrer">Crisis Ecosocial, Conflictos y Construcción de Paz</a></em>, Santiago Álvarez Cantalapiedra, Nuria del Viso, Jesús Núñez, Carmen Magallón, Susana Fernández Herrero, diciembre 2018.</p>
<p align="justify"><em><a href="https://www.fuhem.es/media/cdv/file/biblioteca/Dossier/Dossier-Conflictos-y-alternativas-en-la-ciudad.pdf " target="_blank" rel="noopener noreferrer">Conflictos y alternativas en la ciudad</a></em>, Luis del Romero Renau, Jacobo Abellán, Alberto Magnaghi, José Bellver, Susana Fernández Herrero, octubre 2016.</p>
<p align="justify"><em><a href="http://www.fuhem.es/media/cdv/file/biblioteca/Dossier/Dossier_Conflictividad_que_viene.pdf " target="_blank" rel="noopener noreferrer">La conflictividad que viene</a></em>, Josep Lobera; Pedro Arrojo; Marta Rivera; Ernest García, junio 2011.</p>
<p align="justify"><em><a href="http://www.fuhem.es/media/cdv/file/biblioteca/Dossier/Dossier_Enfoques_sobre_bienestar_y_buen_vivir.pdf " target="_blank" rel="noopener noreferrer">Enfoques sobre bienestar humano y buen vivir</a></em>, Joaquím Sempere, Alberto Acosta, Saamah Abdallah, Mario Ortí, abril 2010.</p>
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]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://www.fuhem.es/2012/12/24/dossier-respuestas-ante-la-crisis-de-civilizacion/feed/</wfw:commentRss>
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			</item>
	</channel>
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