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	<title>Discursos de odio &#8211; FUHEM</title>
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	<description>educación + ecosocial</description>
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	<title>Discursos de odio &#8211; FUHEM</title>
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		<title>Espacio público digital y dinámicas polarizadoras  </title>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 18 Feb 2022 11:09:12 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Análisis]]></category>
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					<description><![CDATA[Determinadas dinámicas políticas y digitales polarizan el espacio público. En condiciones de creciente desigualdad social, dificultan o pervierten el debate democrático.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong><img fetchpriority="high" decoding="async" class="alignright size-thumbnail wp-image-142031" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/02/Papeles-152-300x422.jpg" alt="" width="300" height="422" /></strong>El texto de Víctor Sampedro<em>, Espacio público digital y dinámicas polarizadoras<a href="#_ftn2" name="_ftnref2"><sup>[1]</sup></a></em>pertenece a la sección <strong>A FONDO</strong> del <a href="https://www.fuhem.es/papeles/papeles-numero-152/" target="_blank" rel="noopener">número 152</a> de nuestra revista <a href="https://www.fuhem.es/revista-papeles/" target="_blank" rel="noopener"><em>Papeles de Relaciones Internacionales y Cambio Global</em></a>, dedicado a la Polarización.<a href="#_ftn1" name="_ftnref1"></a></p>
<p>El artículo aborda cómo determinadas dinámicas políticas y digitales polarizan el espacio público. En condiciones de creciente desigualdad social, dificultan o pervierten el debate democrático. Este último favorece consensos inclusivos, de composición variable y respetuosos con las minorías.</p>
<blockquote><p><strong>La polarización, en cambio, faccionaliza el debate público y favorece que una mayoría ficticia lo monopolice, imponiendo una pseudorealidad que estigmatiza la discrepancia y la disidencia.</strong></p></blockquote>
<p>A continuación ofrecemos el texto completo al final del cual incluimos un enlace para la descarga en formato pdf.</p>
<p><em>Trump es un imb</em><em>é</em><em>cil, pero ha conseguido una cosa: que la mitad del país no soporte a los progres. Y solo por eso bien merece un respeto.</em></p>
<p><em> </em>[Sobre la reforma educativa&#8230;]<em> ahora les van cerrando la educación concertada… ¡Claro! Y os cerrarán las iglesias, y os las quemarán, y harán puticlubs en ellas. Payasos, si es lo que os merec</em><em>é</em><em>is. No creen en nada.</em></p>
<p><em>P. Usted se siente muy cómodo teniendo enemigos</em></p>
<p><em>R. No, lo que pasa es que si no tienes, eres un farsante.</em></p>
<p><em>P. Dicen de usted: «Es el Freddy Krugger del periodismo español porque convierte las pesadillas de sus víctimas en realidad».</em></p>
<p><em>R. Ojalá [sonríe]. Me encantaría. Te hacía una crisis de gobierno ya mismo.</em></p>
<p>Son palabras de Federico Jiménez Losantos, promocionando su último libro en <em>El Confidencial</em> (2-12-2020). Condensan el discurso arquetípico del destropopulismo: merece respeto quien polariza, en nombre de unas creencias firmes y un pasado de confrontación que se perpetúa fabricando “enemigos”. Estos corroboran la autenticidad y sinceridad de un personaje pesadillesco que, en última instancia, aspira a provocar una permanente crisis de gobierno.</p>
<p>Hacía ya tiempo (29/01/2012) que ese mismo diario me había permitido calificar con ironía a Losantos como «representante del <em>pensador</em> español [&#8230;] que encaja bien dentro de ese segmento de incorrección política que buscan los <em>militant media»</em>. Me refería a los nuevos medios que en EEUU acabarían, junto con Donald Trump, calificando a la prensa de referencia como <em>fake media. </em>Casi una década después, el diario digital de centro-derecha publicitaba al militante más señero de la (ultra)derecha patria y patriótica.</p>
<p>Esa es la victoria a la que aspiran los Todos los Santos destropopulistas, demonizadores de credos contrarios, herejes y fariseos que «no creen en nada». Más presentes y cohesionados que sus émulos de izquierda,<a href="#_ftn2" name="_ftnref2"><sup>[2]</sup></a> pretenden colonizar el espacio conservador y el centro ideológico, marcando la agenda pública y desterrando la posibilidad de establecer debates públicos razonables; es decir, asentados en evidencias contrastadas y argumentados con lógica. Como prerrequisito, los adversarios se transforman en enemigos a batir. Y quienes no se suman a la cruzada son considerados “payasos” o “farsantes”. El éxito se alcanza cuando el oponente adopta también una estrategia polarizante y retroalimenta la estrategia antagonista.</p>
<p>En la entrevista mencionada, Losantos alardeaba: «Estuve una tarde entera en la Moncloa con Iván Redondo y, menos hacer el amor, hicimos de todo». Estremece recordar que quien dirige la Oficina Nacional de Prospectiva y Estrategia de País a Largo Plazo —más propagandística que prospectiva— forjó su carrera de <em>spin doctor</em> convirtiendo al “popular” García Albiol en alcalde con el slogan de «vamos a limpiar Badalona». De inmigrantes, se supone. Alarma saber que Pablo Iglesias considera a Redondo «culto, rápido y sensible». Y aún más que el vicepresidente del Gobierno se lamente: «es una pena que casi siempre haya trabajado para nuestros adversarios».<a href="#_ftn3" name="_ftnref3"><sup>[3]</sup></a></p>
<p>La espiral polarizadora gira con ondas expansivas que amplían su alcance. Hiela la sangre leer que hoy –11 de diciembre de 2020–, cuando rescribo esto, han muerto calcinados al menos tres migrantes en una nave industrial que se incendió en Badalona. Había habido ya un precedente en 2019. Allí vivían desde hacía doce años entre 100 y 200 personas. El alcalde Albiol intentó eximirse y criminalizar a las víctimas: «Es evidente que se trata de una okupación […] es inaceptable tener vecinos con miedo y que la administración no pueda actuar porque la ley defiende a los okupas». La presencia policial casi fue equiparable a la del cuerpo de bomberos. Los servicios sociales acogieron a una ínfima parte de los afectados. La mayoría «se esfumó». Y la “okupación” siguió siendo un ariete antigubernamental en la agenda de bulos de la (ultra)derecha, cuando su incidencia real es ínfima.<a href="#_ftn4" name="_ftnref4"><sup>[4]</sup></a></p>
<blockquote><p><strong>La polarización faccionaliza el debate y permite que una falsa mayoría lo monopolice, dictando una pseudorealidad ficticia y estigmatizadora del disidente y el opositor</strong></p></blockquote>
<p>En las líneas que siguen abordaré las dinámicas de carácter político-ideológico, las mediático-digitales y las condiciones sociales que han polarizado la esfera pública, en ocasiones inhabilitándola como espacio de debate democrático. La democracia promueve consensos inclusivos entre diferentes sectores sociales que mudan y que respetan los derechos de las minorías. La polarización, en cambio, faccionaliza el debate y permite que una falsa mayoría lo monopolice, dictando una pseudorealidad ficticia y estigmatizadora del disidente y el opositor .</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4><strong>Polarización polí</strong><strong>tica</strong></h4>
<p>La polarización es un engendro concebido en la cama redonda donde se ayuntan liderazgos políticos e “intelectuales” fogosos. En excitación mutua, les mueven tres presupuestos y otros tantos referentes.</p>
<p>1. Según Carl Schmitt<a href="#_ftn5" name="_ftnref5"><sup>[5]</sup></a> –el teórico nazifascista, cobijado por el franquismo–  la política requiere construir un antagonista colectivo: “ellos” vs. “nosotros”.</p>
<p>2. Niklas Luhmann<a href="#_ftn6" name="_ftnref6"><sup>[6]</sup></a> –el sociólogo antagonista de Jünger Habermas—, añade que la eficacia de un sistema comunicativo reside en su capacidad para plantear disyuntivas que simplifiquen la realidad y la competición política. Un sistema mediático eficaz fija la atención pública en dos opciones. No cabe aspirar a elevar el conocimiento y la capacidad dialógica de la ciudadanía, que se presuponen mínimos o nulos. Más aún, se asume como inevitable que la deliberación mediática no guarda relación con la realidad. El valor político de un líder se cifra, como los precios del mercado, en la atención y la valoración pública que recaban.</p>
<p>. 3 Jeffrey Alexander<a href="#_ftn7" name="_ftnref7"><sup>[7]</sup></a> sostiene que la tarea política conlleva –y a veces se limita a– realizar <em>performances,</em> “postureos” y puestas en escena. Ninguna más cautivadora que la que recurre a la retórica y los símbolos antagonistas.</p>
<p>Estos presupuestos conducen a la bipolarización que divide el campo político en sendas trincheras. La dialéctica del fuego cruzado se justifica, de nuevo, por tres lógicas propias de un sistema político que fomenta –y se alimenta de– los extremismos. Los genera para disimular (1) el vaciamiento de los programas de gestión y gobierno de lo público, indistinguibles excepto en la retórica electoral. Se agotan en el momento de formularlos. Y, alcanzado el poder, desaparecen las diferencias antes exaltadas en una campaña permanente que abarca los 364/5 días del año y las 24 horas del día y de la noche.</p>
<p>En consecuencia, (2) la propaganda política se limita a expresar <em>quié</em><em>n no se es</em>, atacando y difamando al adversario. Se le pretende expulsar de la esfera de debate legítimo, negándole legitimidad para ejercer la función representativa si se trata de cargos electos. Y, si son “muertos de hambre”, privándoles de los derechos humanos más elementales. La aplicación más aberrante y reciente de esto último afecta a los refugiados y exiliados, etiquetados de (potenciales) terroristas&#8230; y okupas. Quienes les asisten son denigrados con la etiqueta de “buenistas” o criminalizados como “traficantes de seres humanos” y “mafias de la inmigración”.</p>
<blockquote><p><strong>Un sistema mediático eficaz fija la atención pública en dos opciones. No cabe aspirar a elevar el conocimiento y la capacidad dialógica de la ciudadanía</strong></p></blockquote>
<p>(3) Alcanzar el estadio anterior –que, como vimos, ya es nuestro presente–, requiere haber convertido la “bonhomía” en objeto de mofa o escarnio; y la solidaridad, en empresa lucrativa y delictiva. Los marcos discursivos de la política, el debate de la <em>polis</em>, se empobrecen, reduciéndose a su dimensión más rudimentaria: la condena moral y/o legal del disidente y del enemigo ficticio. Esta es la estrategia más eficaz y efectiva para apelar y recabar la atención del público; que está saturado por el bombardeo incesante de acusaciones cruzadas del <em>tú más</em> y acostumbrado al <em>todo vale.</em></p>
<p>En este <em>pandemonium</em>, la ciudadanía se sabe incapaz de juzgar la competencia gestora o la coherencia ideológica de quienes se postulan como sus representantes. Siendo imposible evaluar sus trayectorias previas o el ejercicio de sus funciones, resulta más simple y fácil enaltecerles o denigrarles. Participar como espectador que aplaude o abuchea, presupone obviar lo que se da por supuesto: el fingimiento y el maniqueísmo. Suspender el juicio racional es, entonces, un requisito para seguir el espectáculo político-mediático. Dictar sentencias morales y expresar adhesiones o repulsa emocional son las vías de disfrute. Algo que resulta adecuado en el deporte espectáculo, tiene consecuencias nefastas cuando se traslada al espacio público donde se fraguan las identidades sociales y el destino colectivo.</p>
<p>En realidad, la respuesta ciudadana más extendida tiende a ser el cinismo –<em>nada es real</em>, <em>todos son iguales</em>– o el nihilismo –<em>que se vayan todos y todo al infierno–</em>. En cualquier caso, lo que en un principio era desafección institucional debida en gran parte al negativismo mediático se transforma en indiferencia individualista y luego en manifiesta desafección democrática. Se expresa en la pérdida de credibilidad y la consecuente crisis de la representación política y de la mediación periodística. Ambas ocupaciones se conciben, no sin razón, como “castas” indistinguibles e intercambiables. Iván Redondo y tantos otros <em>spin doctors</em> traspasan diariamente las puertas giratorias transitando entre despachos oficiales, redacciones y agencias de mercadotecnia. Allí se diseñan las marcas políticas, equiparadas y equiparables a las de consumo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4><strong>Polarizació</strong><strong>n medi</strong><strong>ática y digital</strong></h4>
<p>Cuando no se ofrecen políticas alternativas o se tachan de inviables, cuando la disidencia y la diversidad se demonizan, los medios privilegian dos roles públicos: el victimismo y el matonismo. Son los polos más extremos de una relación humana: víctima y verdugo se sitúan tan alejados la una del otro, que resulta imposible que establezcan una comunicación entre ellos. Requeriría de un reconocimiento mutuo que el sistema político-informativo no promueve. Y no lo hace porque los miedos, las redes y las plataformas digitales anteponen rentabilidad y la eficacia económica.</p>
<p>La cuantificación del público en audiencias y la mercantilización de los mensajes mediáticos se remontan a tiempos de Randolf Hearst: el <em>Ciudadano Kane</em> de Orson Wells, revisitado en la reciente <em>Mank</em> de David Fincher. Un apresurado repaso histórico señala que la prensa sensacionalista del siglo XX nació en EEUU vinculada a la propaganda bélica que, en concreto, provocaría la guerra hispano-estadounidense de 1898. Hearst y Joseph Pullitzer –el mismo que da nombre al prestigioso galardón periodístico– enviaron corresponsales a Cuba que inventaron crónicas y bulos para justificar la intervención y la anexión estadounidenses de las colonias españolas. La supuesta prensa de prestigio, representada por los medios corporativos, remató el siglo XX avalando la invención de las armas de destrucción masiva que “motivaron” la invasión de Irak.</p>
<p>Ya en 1925, Edward McKernon había publicado <em>Fake news and the public</em>. Un libro que llevaba el significativo título de <em>Cómo la prensa combate el rumor, al mercader y al propagandista. </em>Tampoco el término<em> post-verdad</em> es una novedad de<em> Oxford Dictionaries </em>tras la victoria del Brexit y de Donald Trump, tal como se cita a menudo. Steve Tesich acuñó <em>post-truth</em> en 1992. Tras la primera guerra del Golfo escribió con sorna: «Nosotros, como pueblo libre, hemos decidido libremente que queremos vivir en un mundo de post-verdad». Se refería a que la ciudadanía, reducida a espectadora-consumidora, elegía la versión de la realidad que avalaba sus sesgos y prejuicios.</p>
<p>La capacidad de generar noticias a la carta y polarización aumenta con las tecnologías digitales, que amplían la emisión y difusión de mensajes antagonistas. Lo que no implica que esas posibilidades se democraticen. Los internautas se creyeron liberados del control de la agenda pública que hasta entonces gestionaban los periodistas, en intercambios simbióticos con las fuentes institucionales y de mayor poder. Pero el tiempo ha desvelado que la ciudadanía actúa bajo las mismas lógicas de mercantilización comunicativa que imperaban en los medios tradicionales y que los algoritmos llevan al extremo incorporando la inteligencia artificial.</p>
<blockquote><p><strong>La capacidad de generar noticias a la carta y polarización aumenta con las tecnologías digitales, que amplían la emisión y difusión de mensajes antagonistas</strong></p></blockquote>
<p>El mito de la “desintermediación digital”, una comunicación autónoma y soberana, sin intermediarios profesionales, es desmentido por el proceso de <em>datificación</em>. Representa el intento de reducir todos los planos de la  realidad –la individual y la colectiva, la física y la psíquica– a datos. Culmina, por el momento, la racionalización burocrática de la  esfera pública que arrancó en la  Modernidad.<a href="#_ftn8" name="_ftnref8"><sup>[8]</sup></a> Permite el registro masivo y tiempo real de los macrodatos de todas nuestras comunicaciones e interacciones digitales. Y hace posible analizarlos de forma automatizada con inteligencia artificial. De modo, que los algoritmos “aprenden” y aumentan de eficacia cuantos más datos procesen, actúan como los nuevos <em>gatekeepers</em>, los porteros que dan acceso a la esfera pública. Y, lejos de rebajarlos, exacerban los sesgos que contribuyen a una desigualdad acumulativa en el plano comunicativo.</p>
<p>La economía política de la industria de datos exige un <em>engagement</em> constante de los usuarios con los dispositivos y los flujos digitales. El <em>empantallamiento</em> continuo y la interacción incesante en las redes y plataformas genera más macrodatos. Y esto requiere viralizar con algoritmos los mensajes más extremos y polarizados. Se testan para incrementar su eficacia. Y se adaptan al perfil del internauta con un elevado nivel de segmentación y personalización.</p>
<p>El usuario digital fue bautizado entre loas como <em>prosumidor. </em>Pero no ha adquirido mayor autonomía ni soberanía comunicativas que el consumidor de medios tradicionales. En todo caso y ese plano, ha salido perdiendo. Participa de modo subordinado en todas las fases de producción de contenidos y flujos comunicativos: desde los estudios de mercado a la elaboración y la promoción del mensaje. Su autonomía dependerá de factores que no podemos abordar aquí. Apenas cabe apuntar que su libre albedrío peligra, si opera de modo compulsivo, intentando capitalizar y rentabilizar su marca digital en plataformas centralizadas, de código cerrado y privativo.<a href="#_ftn9" name="_ftnref9"><sup>[9]</sup></a></p>
<p>De ahí, el fenómeno de las “cámaras de eco” donde se fraguan unas supuestas “comunidades digitales”. En realidad son “granjas de datos”, que generan mensajes –y macrodatos– para el auto-consumo cada vez más extremos.<a href="#_ftn10" name="_ftnref10"><sup>[10]</sup></a> Exacerbados los contenidos emocionales, el paso de las conexiones digitales a las afectivas desemboca con frecuencia en discursos del odio, basados en conexiones coactivas, represivas o incluso eugenésicas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4><strong>Condiciones sociales de la (falsa) polarización</strong></h4>
<p>La polarización de las condiciones socioeconómicas abona las dinámicas comunicativas antes apuntadas. «En una sociedad que es injusta, debido a desigualdades injustas entre personas, las formas de racionalizar privilegios inmerecidos se osifican en esquemas rígidos y creencias inmutables. Estas creencias son barreras para la racionalidad del pensamiento y la empatía que explota la propaganda».<a href="#_ftn11" name="_ftnref11"><sup>[11]</sup></a></p>
<p>La <em>pseudoinformación</em> –la desinformación de las mal llamadas <em>fake news</em><em>–</em> encubre su intención propagandística en el formato de noticias. Así incrementan el impacto persuasivo, porque se les presupone una veracidad de la que carecen. Construida, según el lenguaje trumpiano con “hipérboles verdaderas”, exageraciones no acordes con la realidad, pero con un anclaje real, aunque sea mínimo, y con “hechos alternativos” que no son ciertos, pero que podrían llegar a serlo, la pseudoinformación es el formato comunicativo hegemónico en la pseudocracia: el régimen donde gobierna quien mejor miente, convirtiéndonos en propagandistas de la demagogia que socava la democracia.<a href="#_ftn12" name="_ftnref12"><sup>[12]</sup></a></p>
<blockquote><p><strong>Construida con “hipérboles verdaderas”, exageraciones y “hechos alternativos”, la pseudoinformación es el formato comunicativo hegemónico en la pseudocracia</strong></p></blockquote>
<p>«La propaganda es parte característica del mecanismo por el cual las personas son engañadas sobre la mejor manera de lograr sus objetivos y, por lo tanto, engañados para ver lo que es mejor para sus propios intereses».<a href="#_ftn13" name="_ftnref13"><sup>[13]</sup></a> Y la propaganda mina la democracia invocando ideales democráticos pero con el fin de subvertirlos. Su preeminencia, como señala Jason Stanley, obedece a que «en una sociedad de gestión [y añadimos, algorítmica del espacio público], el mayor bien es la eficiencia. En una sociedad democrática, en cambio, el mayor bien es la libertad o la autonomía».<a href="#_ftn14" name="_ftnref14"><sup>[14]</sup></a></p>
<p>De modo que la pseudoinformación, presentada como una contribución al discurso público que encarna un digno ideal político, económico o racional, en realidad, está al servicio de una meta que socava ese ideal. Y los grupos menos privilegiados acaban suscribiendo o incluso asumiendo como propias ideologías dominantes que defienden los intereses de las élites. Aplicado a Donald Trump. «Mi dinero y mi ego primero» es el auténtico sentido del <em>America First</em>.</p>
<p>Pero cuidado con polarizar las responsabilidades y eximirnos de ellas. Recordemos que la polarización necesita retroalimentarse. Los discursos de la heteronormatividad o la racialización que las elites blancas progresistas esgrimen en EEUU, y las de aquí copiamos, también funcionan como símbolo de estatus y superioridad. Según el politólogo Michael Lind, «[l]a cada vez más poderosa e intolerante clase identitaria nacional justifica su iconoclastia cultural en nombre de las minorías oprimidas [&#8230;] Pero esta es solo una excusa para un programa jerárquico de imperialismo cultural por parte de gestores mayoritariamente blancos y acaudalados, licenciados, profesionales y rentistas».<a href="#_ftn15" name="_ftnref15"><sup>[15]</sup></a></p>
<p>Un estudio reciente, de octubre de 2020, sobre la polarización en España<a href="#_ftn16" name="_ftnref16"><sup>[16]</sup></a> señala que la ideología y las identidades más presentes en el espacio público funcionan como pantallas para evitar ocuparnos de los asuntos socioeconómicos. Y se confirma que las identidades que proyectan los medios y por las que percibimos el mundo, nos separan más que las políticas públicas concretas.<a href="#_ftn17" name="_ftnref17"><sup>[17]</sup></a> Cuando hablamos de medidas políticas, manifestamos un consenso que no encuentra portavoces, tiempos ni espacios en las instituciones ni en los medios; de modo que podemos responsabilizarlos de la creciente incomunicación antipolítica.<a href="#_ftn18" name="_ftnref18"><sup>[18]</sup></a></p>
<p>Hace años que crece la polarización afectiva e ideológica. Los partidos políticos españoles cada vez se alejan más en sus posiciones ideológicas y territoriales. De modo que los sentimientos de los votantes de un partido hacia el resto se encuentran entre los más negativos del mundo. Nos referimos a cómo valoramos a los miembros de otros grupos, por ejemplo, los votantes o simpatizantes de ciertos partidos, y a nuestras actitudes hacia ellos por el mero hecho de su pertenencia a un grupo ideológicamente similar o distinto al nuestro.</p>
<p>Según el estudio antes citado, en España la polarización ideológica y territorial duplica o triplica la polarización sobre los impuestos y la inmigración. Multiplica por seis veces la polarización en torno a la sanidad pública y por quince la inexistente polarización sobre los servicios públicos. En la misma línea, sorprende constatar que, respecto a las medidas para frenar los contagios del coronavirus, las preferencias respecto a las políticas más efectivas para combatir la pandemia no difieren entre distintos grupos ideológicos.</p>
<p>Queda claro, pues, que para mejorar el debate público deberiamos hablar de políticas concretas, precisamente aquello que los partidos políticos no pueden rentabilizar en votos, ni los medios en clicks  por ser objeto de consenso. De ahí que proliferen las trampas de la identidad y las trampa de clicks –<em>click baits</em><em>–</em>. Son cepos eficaces en la economía de la atención que da lugar a la pseudocracia.</p>
<p>Un último apunte de actualidad “ilumina” las tesis aquí expuestas. Las luces navideñas de 2020 en Madrid siguieron el patrón del escándalo polarizador preprogramado. Mientras las zonas del sur de la ciudad protestaban contra los cortes de energía eléctrica que sufrían las barriadas más desfavorecidas, el Ayuntamiento invirtió, en plena pandemia, 3,17 millones de euros, superando la partida del año anterior. Entre tamaño despliegue lumínico destacaron las bandas con los colores de la bandera española. Con una longitud de entre 350 y 480 metros cuadrados, se emplazaron en varios tramos de la ciudad. Otra de 760 metros de longitud recorrió la distancia entre las plazas de Neptuno y Colón. En resumen: la bandera, usada una vez más como tapadera, esta vez de la pobreza energética. Y que esgrimida como adorno navideño –“normalizado”, según el Consistorio – pretendía polarizar a la oposición como “antiespañola”.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Víctor Sampedro Blanco</strong>. Catedrático de Comunicación política. <a href="http://www.victorsampedro.com" target="_blank" rel="noopener">www.victorsampedro.com</a></p>
<p>&nbsp;</p>
<h4>NOTAS:</h4>
<p><a href="#_ftnref1" name="_ftn1"><strong><sup>[1]</sup></strong></a> Este trabajo se inscribe dentro del Proyecto PGC2018-095123-B-I00, del Plan Nacional I+D.</p>
<p><a href="#_ftnref2" name="_ftn2"></a><a href="#_ftnref2"> <sup>[2]</sup></a> Yohai Benkler y otros, <em>Partisanship, Propaganda, &amp; Disinformation, </em>Harvard University, 2016, disponible en:<em>  </em><a href="https://dash.harvard.edu/bitstream/handle/1/33759251/2017-08_electionReport_0.pdf?sequence=9" target="_blank" rel="noopener">https://dash.harvard.edu/bitstream/handle/1/33759251/2017-08_electionReport_0.pdf?sequence=9 </a></p>
<p><a href="#_ftnref3" name="_ftn3"></a><a href="#_ftnref3"> <sup>[3]</sup></a> Manuel Jabois, «Iván Redondo sale a que le dé la luz», <em>El País,</em> 17 de octubre de 2018, disponible en: <a href="https://elpais.com/politica/2018/10/16/actualidad/1539688589_105637.html" target="_blank" rel="noopener">https://elpais.com/politica/2018/10/16/actualidad/1539688589_105637.html</a>.  Ver también <em>Otra Vuelta de Tuerka,</em> Pablo Iglesias con Iván Redondo, disponible en: <a href="https://www.youtube.com/watch?v=qIv20bm21to" target="_blank" rel="noopener">https://www.youtube.com/watch?v=qIv20bm21to</a></p>
<p><a href="#_ftnref4" name="_ftn4"><sup>[4]</sup></a> Martín Cúneo, «El fantasma de la okupación, agítese antes de usar», <em>El salto</em>, 28 de agosto de 2020, disponible en: <a href="https://www.elsaltodiario.com/especulacion-urbanistica/vivienda-desahucio-pah-mentiras-bulos-fantasma-okupacion-agitese-antes-usar" target="_blank" rel="noopener">https://www.elsaltodiario.com/especulacion-urbanistica/vivienda-desahucio-pah-mentiras-bulos-fantasma-okupacion-agitese-antes-usar</a></p>
<p><a href="#_ftnref5" name="_ftn5"><sup>[5]</sup></a> Carl Schmitt, <em>El concepto de lo político,</em> Alianza, Madrid, 1991.</p>
<p><a href="#_ftnref6" name="_ftn6"><sup>[6]</sup></a> Niklas Luhmann, <em>La realidad de los medios de masas</em>, Anthropos, Barcelona, 1991.</p>
<p><a href="#_ftnref7" name="_ftn7"><sup>[7]</sup></a> Jeffrey Alexander y otros, <em>Social Performance: Symbolic Action, Cultural Pragmatics, and Ritual</em>, Cambridge University Press, Cambridge, 2006. Ver la excelente síntesis de Schmitt, Luhmann y Alexander que ofrece la tesis doctoral de Jaime Andrés Wilches Tinjacá, <em>Del narcotraficante ilegal al narcopopulismo legitimado, </em>Universitat Pompeu Fabra, Barcelona, 2020.</p>
<p><a href="#_ftnref8" name="_ftn8">[8]</a> Víctor Sampedro, <em>Comunicación y sociedad: opinión pública y poder</em>, UOC, Barcelona, 2021.</p>
<p><a href="#_ftnref9" name="_ftn9">[9]</a> Víctor Sampedro, <em>Dietética digital para adelgazar al Gran Hermano, </em>Icaria<em>, </em>Barcelona, 2018; en concreto «Códigos, protocolos y redes para la libertad», disponible en: <a href="https://dieteticadigital.net/codigos-protocolos-y-redes-para-la-libertad/" target="_blank" rel="noopener">https://dieteticadigital.net/codigos-protocolos-y-redes-para-la-libertad/</a></p>
<p><a href="#_ftnref10" name="_ftn10">[10]</a> Víctor Sampedro, <em>op. cit</em>., 2018; en concreto: «Un mundo feliz: del Big Brother al Big Data», disponible en: <a href="https://dieteticadigital.net/un-mundo-feliz-del-big-brother-al-big-data/" target="_blank" rel="noopener">https://dieteticadigital.net/un-mundo-feliz-del-big-brother-al-big-data/</a></p>
<p><a href="#_ftnref11" name="_ftn11">[11]</a> Jason Stanley, <em>How Propaganda Works,</em> Princeton Univ. Press, 2015, p.26.</p>
<p><a href="#_ftnref12" name="_ftn12">[12]</a> Víctor Sampedro, <em>op. cit.</em>, 2018; en concreto «Pseudocracia», disponible en: <a href="https://dieteticadigital.net/pseudocracia/" target="_blank" rel="noopener">https://dieteticadigital.net/pseudocracia/</a></p>
<p><a href="#_ftnref13" name="_ftn13">[13]</a> Jason Stanley, <em>op. cit.</em>, p. 34.</p>
<p><a href="#_ftnref14" name="_ftn14">[14]</a> <em>Ibídem,</em> p. 46.</p>
<p><a href="#_ftnref15" name="_ftn15">[15]</a> Michael Lind, «The Revenge of the Yankees», <em>Tablet,</em> 16 de noviembre de 2020, disponible en: <a href="https://www.tabletmag.com/sections/news/articles/revenge-of-the-yankees" target="_blank" rel="noopener">https://www.tabletmag.com/sections/news/articles/revenge-of-the-yankees</a></p>
<p><a href="#_ftnref16" name="_ftn16">[16]</a> Luis Miller, <em>Polarización en España: más divididos por ideología e identidad que por políticas públicas, </em>15 Octubre 2020, disponible en: <a href="https://dobetter.esade.edu/es/polarizacion-espana?_wrapper_format=html" target="_blank" rel="noopener">https://dobetter.esade.edu/es/polarizacion-espana?_wrapper_format=html</a></p>
<p><a href="#_ftnref17" name="_ftn17">[17]</a> Víctor Sampedro, <em>La pantalla de las identidades: Medios de comunicación, política y mercados de identidad,</em> Icaria, Barcelona, 2003, disponible en: <a href="https://victorsampedro.com/libros/la-pantalla-de-las-identidades" target="_blank" rel="noopener">https://victorsampedro.com/libros/la-pantalla-de-las-identidades</a></p>
<p><a href="#_ftnref18" name="_ftn18">[18]</a> Víctor Sampedro, «Trump y la incomunicación anti-política», <em>Público</em>, 11 de noviembre de 2020, disponible en <a href="https://blogs.publico.es/dominiopublico/35192/trump-y-la-incomunicacion-anti-politica/" target="_blank" rel="noopener">https://blogs.publico.es/dominiopublico/35192/trump-y-la-incomunicacion-anti-politica/</a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Acceso al texto completo del artículo en formato pdf: <a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/espacio-publico-digital-y-dinamicas-polarizadoras/" target="_blank" rel="noopener"><em>Espacio público digital y dinámicas polarizadoras </em></a></p>
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			</item>
		<item>
		<title>Papeles 155: Ritmos Autoritarios</title>
		<link>https://www.fuhem.es/2021/11/10/papeles-155-ritmos-autoritarios/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 10 Nov 2021 08:33:48 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Autoritarismo]]></category>
		<category><![CDATA[destacadasecosocial]]></category>
		<category><![CDATA[Discursos de odio]]></category>
		<category><![CDATA[Extrema Derecha]]></category>
		<category><![CDATA[Frontex]]></category>
		<category><![CDATA[Populismo]]></category>
		<category><![CDATA[Vox]]></category>
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					<description><![CDATA[Este número de Papeles de Relaciones Ecoociales y Cambio Global  explora en su semimonográfico las complejidades del ascenso ultraderechista, sus matices, semejanzas y diferencias, a fin de hallar claves para interpretar el fenómeno.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><a href="https://www.fuhem.es/product/ritmos-autoritarios/"><img decoding="async" class="alignright size-thumbnail wp-image-140897" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/11/155-2-300x422.jpg" alt="" width="300" height="422" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/11/155-2-300x422.jpg 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/11/155-2-450x634.jpg 450w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/11/155-2-768x1081.jpg 768w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/11/155-2-600x845.jpg 600w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/11/155-2-64x90.jpg 64w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/11/155-2.jpg 909w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a>La lucha por la emancipación y el respeto de los derechos de distinto tipo, tanto de las mayorías como de las minorías, se encuentra en una encrucijada. En los últimos años se acumulan evidencias de un giro autoritario alrededor del mundo. No es ajeno a este contexto la crisis ecosocial de fondo.</p>
<p>Utilizando el sistema democrático, se encumbran líderes que manejarán los mimbres de la democracia precisamente para vaciar o subvertir su contenido. Las fuerzas de la ultraderecha ganan terreno en un contexto de complejidad e incertidumbres de gran envergadura, mientras se profundizan las desigualdades, la precariedad y el señalamiento de ciertos grupos. La verdad y la confianza, puntales de cualquier sociedad y, especialmente, en las democracias sufren el embate autoritario.</p>
<p>Con un discurso renovado que apela al nacionalismo excluyente, estas fuerzas se presentan como portadoras de respuestas, aunque los desafíos son de tal calado que incluso aunque atinaran en las recetas, las soluciones a menudo exceden la capacidad de un solo partido o de un solo gobierno.</p>
<blockquote><p>Este número de <em>Papeles de Relaciones Ecoociales y Cambio Global</em>  explora en su semimonográfico las complejidades del ascenso ultraderechista, sus matices, semejanzas y diferencias, a fin de hallar claves para interpretar el fenómeno.</p></blockquote>
<p>La sección <strong>A FONDO</strong> Se abre con un análisis de Javier de Lucas, e incluye artículos de Maximiliano Fuentes Codera y Giaime Pala, Juan José Tamayo, José Rama y Ana González-Páramo, además de una entrevista de Nuria del Viso a Carolin Emcke.</p>
<p>Muy en línea con el tema del semimonográfico, el magistrado Luis Carlos Nieto sopesa en <strong>ACTUALIDAD</strong> las repatriaciones de menores en Ceuta, y en <strong>REFERENTES</strong> Jordi Mir explora las palabras del ideólogo de Trump (y otros) Steve Bannon, y Nuria del Viso examina el pensamiento de Janet Biehl, una de las máximas representantes del ecologismo social e impulsora del término ecofascismo.</p>
<p>Un lugar destacado ocupa la sección <strong>ANIVERSARIO</strong>, en la que conmemoramos los 50 años de <em>La ley de la entropía y el proceso económico</em>, libro de referencia de Nicholas Georgescu-Roegen, con sendos artículos de Jorge Riechmann y Clive Spash.</p>
<p>El número se completa con la sección <strong>LECTURAS</strong>.</p>
<p>A continuación, ofrecemos el <strong>SUMARIO</strong> de la revista, que podrás descargar a texto completo, junto con el artículo introductorio de <strong>Santiago Álvarez Cantalapiedra </strong>y el texto firmado por <strong>Javier de Lucas</strong>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/sumario-155/" target="_blank" rel="noopener">SUMARIO</a></p>
<p><strong><span style="font-style: inherit; font-weight: inherit;">INTRODUCCIÓN</span></strong></p>
<p><a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/riesgo-de-cierre-autoritario/" target="_blank" rel="noopener">Riesgo de cierre autoritario</a></p>
<p><strong><span style="font-style: inherit; font-weight: inherit;">Santiago Álvarez Cantalapiedra</span></strong>.</p>
<p><strong><span style="font-style: inherit; font-weight: inherit;">A FONDO</span></strong></p>
<p><a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/sobre-autoritarismo-y-discursos-de-odio/" target="_blank" rel="noopener">Sobre autoritarismo y discursos de odio</a></p>
<p><strong>Javier de Lucas.</strong></p>
<p>Entrevista a Carolin Emcke</p>
<p><strong><span style="font-style: inherit; font-weight: inherit;">Nuria del Viso.</span></strong></p>
<p><em><span style="font-style: inherit; font-weight: inherit;">Pasado y presente de la extrema derecha europea</span></em></p>
<p><strong><span style="font-style: inherit; font-weight: inherit;">Maximiliano Fuentes Codera y Giaime Pala</span></strong>.</p>
<p>El cristoneofascismo: teísmo político y dios sacrificial</p>
<p><strong><span style="font-style: inherit; font-weight: inherit;">Juan José Tamayo</span></strong>.</p>
<p>Vox ¿Un partido más de la derecha radical europea?</p>
<p><strong>José Ram</strong><strong><span style="font-style: inherit; font-weight: inherit;">a</span></strong>.</p>
<p>Frontex, la cara oscura de la Unión Europea</p>
<p><strong><span style="font-style: inherit; font-weight: inherit;">Ana González Páramo</span></strong>.</p>
<p><strong><span style="font-style: inherit; font-weight: inherit;">ACTUALIDAD</span></strong></p>
<p>Repatriaciones de menores sin garantías en Ceuta</p>
<p><strong><span style="font-style: inherit; font-weight: inherit;">Luis Carlos Nieto</span></strong>.</p>
<p><strong><span style="font-style: inherit; font-weight: inherit;">ANIVERSARIO | </span></strong>GEORGESCU-ROEGEN: 50 años de La ley de la entropía y el proceso económico</p>
<p>1971-1972-1973 La fallida “revolución vernadskiana” (y bioeconómica) y nuestro ingreso en el delirio epistemológico</p>
<p><strong><span style="font-style: inherit; font-weight: inherit;">Jorge Riechmann</span></strong></p>
<p>Romper con la economía tradicional: la economía ecológica y el cambio de paradigma de Georgescu-Roegen</p>
<p><strong><span style="font-style: inherit; font-weight: inherit;">Clive Spash</span></strong></p>
<p><strong><span style="font-style: inherit; font-weight: inherit;">REFERENTES </span></strong></p>
<p>Steve Bannon: Fogonazos en los diagnósticos, oscuridad tenebrosa en las respuestas</p>
<p><strong>Jordi Mir</strong></p>
<p>Janet Biehl, precursora del análisis del ecofascismo y sus raíces</p>
<p><strong>Nuria del Viso</strong></p>
<p>La “ecología” y la modernización del fascismo en la ultraderecha alemana</p>
<p><strong><span style="font-style: inherit; font-weight: inherit;">Janet Biel</span></strong></p>
<p><strong><span style="font-style: inherit; font-weight: inherit;">LECTURAS</span></strong></p>
<p>Fundamentos para una economia ecológica y social, de Clive L. Spash</p>
<p><strong><span style="font-style: inherit; font-weight: inherit;">Federico Aguilera Klink</span></strong></p>
<p>Petrocalipsis. Crisis energética global y cómo (no) la vamos a solucionar, de Antonio Turiel</p>
<p><strong><span style="font-style: inherit; font-weight: inherit;">Daniel Guinea Recuerdo y Pablo Grau Murcia</span></strong></p>
<p>Perdiendo la tierra. La década en que podríamos haber detenido el cambio climático, de Nathaniel Rich</p>
<p><strong><span style="font-style: inherit; font-weight: inherit;">Nuria del Viso</span></strong></p>
<p><a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/resumenes-155/" target="_blank" rel="noopener"><strong><span style="font-style: inherit; font-weight: inherit;">RESÚMENES</span></strong></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Información y compras</strong>:</h3>
<p>Tel.: +34 914310280</p>
<p>Email: <a href="mailto:publicaciones@fuhem.es">publicaciones@fuhem.es</a></p>
<p>Puedes adquirir la revista <strong>PAPELES</strong> en nuestra <u><a href="https://www.fuhem.es/product/ritmos-autoritarios/">librería virtual</a>.</u></p>
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			</item>
		<item>
		<title>Sobre autoritarismo y discursos de odio</title>
		<link>https://www.fuhem.es/2021/11/09/sobre-autoritarismo-y-discursos-de-odio/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 09 Nov 2021 11:46:50 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Análisis]]></category>
		<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<category><![CDATA[Derechos Humanos]]></category>
		<category><![CDATA[destacadasecosocial]]></category>
		<category><![CDATA[Discursos de odio]]></category>
		<category><![CDATA[Extrema Derecha]]></category>
		<category><![CDATA[Totalitarismo]]></category>
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					<description><![CDATA[El autoritarismo está de vuelta, fruto de una multiplicidad de factores en una compleja interacción y los destinatarios de ese movimiento de odio son los más débiles.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><img decoding="async" class="alignright size-thumbnail wp-image-140897" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/11/155-2-300x422.jpg" alt="" width="300" height="422" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/11/155-2-300x422.jpg 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/11/155-2-450x634.jpg 450w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/11/155-2-768x1081.jpg 768w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/11/155-2-600x845.jpg 600w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/11/155-2-64x90.jpg 64w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/11/155-2.jpg 909w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" />La sección <strong>A FONDO</strong> del <a href="https://www.fuhem.es/2021/11/10/papeles-155-ritmos-autoritarios/" target="_blank" rel="noopener">número 155</a> de la revista <a href="https://www.fuhem.es/revista-papeles/" target="_blank" rel="noopener"><em>Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global</em></a>, publica un artículo de Javier de Lucas, <em><a href="https://bit.ly/Sobre-los-discursos-de-odio-Javier-de-Lucas-Papeles-155" target="_blank" rel="noopener">Sobre autoritarismo y discursos de odio</a>,</em> que argumenta la tesis de que el autoritarismo está de vuelta, fruto de una multiplicidad de factores en una compleja interacción, y los destinatarios de ese movimiento de odio son, como siempre, los más débiles. El autor se aleja de la teoría sobre una “internacional del odio”, y se acerca más a las tesis del pluralismo inclusivo.</p>
<p>A continuación, ofrecemos el texto completo del artículo, al final del cual se podrá descargar en formato pdf.</p>
<p>Los amigos de la revista <em>Papeles</em> me han invitado a reflexionar a propósito del horizonte de autoritarismo que parece cernirse sobre nosotros. Y me plantean, por ejemplo, qué relación tiene ese auge autoritario con el recrudecimiento de los mensajes y aun los discursos de odio, en particular en las redes sociales (donde cada vez son más los <em>trolls</em> y los <em>haters</em>) y en los medios de comunicación, pero también y de forma creciente en determinados discursos políticos.</p>
<p>En lo que sigue, trataré de ofrecer algunos de los argumentos en los que se basa mi opinión a ese respecto. Puedo resumir así mis tesis: no tengo la menor duda de que el autoritarismo está de vuelta. Tampoco, sobre la complejidad de los factores que lo propician. Y me parece muy claro que en toda Europa y por supuesto en España, los destinatarios de ese movimiento de odio son, como siempre, los más débiles, según ejemplifica la focalización de esa “marea de odio” en grupos que encarnan la diferencia visible. Lo demuestran las agresiones a personas que son identificadas como miembros de LGTBIQ, o a los menores inmigrantes, como hemos vivido en España en diferentes ocasiones este mismo año. En otras palabras, no creo que el incremento actual de los discursos del odio y, en su caso, su especificidad, se deba a la existencia de una particular conspiración entre la extrema derecha y ciertos movimientos fundamentalistas cristianos que, a su vez, daría cuenta del <em>tournant </em>populista/autoritario que vivimos, tal y como proponen los defensores de la teoría de la “internacional del odio”. Esa es una visión, a mi juicio, simplista e insuficiente.</p>
<p>A mi entender, entre las razones que propician este giro autoritario global que nos amenaza, (de los EEUU a Europa, pasando por Brasil, India, Filipinas o Myanmar) parece muy relevante la exacerbación de la conciencia de riesgo e incertidumbre globales, activadas por dos fenómenos de cuya existencia sabíamos, pero nos hemos negado a tomar en serio hasta ahora. El primero, la aceleración de las evidencias del desastre medioambiental, que amenaza a la vida misma en nuestro planeta como consecuencia de lo que acertadamente se denomina Antropoceno. El segundo, la brutal certificación de que el otro gran riesgo para la seguridad humana no es tanto el de un conflicto nuclear, sino las pandemias que, como hemos sufrido en estos dos últimos años, se convierten en sindemias.<a href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a></p>
<blockquote><p><strong>Entre las razones que propician el giro autoritario global parece muy relevante la </strong><strong>exacerbación de la conciencia de riesgo e incertidumbre globales</strong></p></blockquote>
<p>En uno y otro caso, la esperanza viene de la ciencia. Pero la ciencia, frente al estereotipo ingenuo que hace de ella la nueva<em> magia</em>, por no decir la nueva religión, está lejos de proporcionarnos respuestas seguras, inequívocas y desde luego, inmediatas (pese al éxito innegable que han supuesto las vacunas frente a la COVID-19), por dos razones. Una, que los avances en ciencia no son ni lineales ni definitivos. Y, sobre todo, porque no garantizan la llegada de sus soluciones a todo el mundo, ni simultáneamente, ni de forma equitativa: eso depende de las decisiones políticas que se adopten y en las que median intereses económicos de primer orden. Lo estamos viendo precisamente a propósito de la distribución de las vacunas.</p>
<p>Ese cóctel de factores ha propiciado a mi juicio, insisto, un incremento de la incertidumbre y del miedo y, con ellos, las consecuencias habituales de la ignorancia y el prejuicio: la experiencia histórica nos dice que ese es el caldo de cultivo para la aparición de un discurso de orden, de seguridad, que suele concretarse en torno a mesías, héroes o caudillos que, a su vez, las más de las veces son marionetas o coartadas <em>populistas</em> de quienes no dejan de incrementar sus beneficios en esos ríos revueltos, en esos <em>tiempos difíciles.<a href="#_ftn2" name="_ftnref2"><strong>[2]</strong></a></em></p>
<p>El miedo, la frustración, la incertidumbre, generan con facilidad una suerte de disonancia cognitiva, un rechazo de la razón ilustrada, de la ciencia, y una repulsa al juego de controles y balances propio de la democracia representativa, por contraste con la legitimidad directa y la supuesta eficacia del populismo propio de la democracia emocional. Es el caldo de cultivo de las teorías negacionistas, que recurren a la tesis de una conspiración de las élites –aliadas con los científicos– para privarnos de nuestras libertades.</p>
<p>Como mostró René Girard,<a href="#_ftn3" name="_ftnref3">[3]</a> ese discurso de orden, característico de sociedades cerradas, necesita identificar enemigos, chivos expiatorios, que activen la dinámica centrípeta de adhesión al poder interno. Y, de nuevo, la experiencia histórica nos muestra a quiénes se apunta para que desempeñen ese papel: <em>los otros</em>, sobre todo los otros más vulnerables y en particular aquellos otros que están entre nosotros, que acaban de llegar y que pretenden quedarse. Por eso, uno de los ejemplos más claros es el discurso del odio azuzado en nuestro país contra los menores inmigrantes. Y no solo por parte de la extrema derecha. Lo peor es que una parte importante de las fuerzas políticas acaban tratando de competir en esa carrera del odio en la que, evidentemente, la campeona es la extrema derecha. Una extrema derecha que juega imprudentemente el papel de agente portador del virus, de la narrativa tóxica que puede acabar contaminando al resto del espectro político.</p>
<p>En resumen, a mi juicio, cambia el contexto y con él, cambian los escenarios, cambian los nombres de los actores y sus ropajes, pero <em>nihil novum sub sole</em>. Estamos ante la enésima versión de un mensaje que estructura toda concepción autoritaria y, desde luego, <em>fundamentalista</em>. Y que, por cierto, no es monopolio del cristianismo. Tampoco hoy: lo comprobamos en las doctrinas salafistas y en el wahabismo, pero también, por ejemplo, en el hinduismo excluyente en India, o en el budismo fundamentalista, que alimenta la represión contra los rohingyas. Hay demasiado eurocentrismo (o, si se prefiere, demasiado prejuicio de que Occidente es el centro de todo) en esa teoría que identifica la internacional del odio con la alianza trumpista “cristoneofascista”.</p>
<p>Dicho lo anterior, no incurriré en la pretensión de ofrecer una teoría sobre el odio en los límites de un artículo como este. Máxime cuando existen muy notables y conocidas contribuciones, desde la filosofía, la psicología o la sociología. Me atendré a recordar y destacar los argumentos de algunas de ellas y, en segundo lugar, a llamar la atención sobre ese ejemplo del actual discurso de odio, el que afecta a los menores inmigrantes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Los discursos del odio: una constante histórica y doctrinaria</strong></h3>
<p>No descubro nada si digo que lo primero que necesitamos es despojarnos de mensajes simplificadores, como los que difunden las teorías conspiratorias, en todas sus versiones. Me parece que esas teorías tienen en común dos rasgos: ante todo, una más o menos explícita visión maniquea y, por tanto, simplista, que sirve a la reafirmación del nosotros de turno (nosotros, la luz; ellos, la oscuridad). Y creo que eso implica un segundo rasgo, una suerte de pereza mental o de incapacidad para un análisis que se atreva a enfrentarse con la verdadera dificultad, esto es, con la complejidad de lo real, que no es solo una teoría, (la concepción ontológica y metodológica defendida, por ejemplo, por Edgar Morin), sino una característica cada vez más presente en nuestras circunstancias, las de la globalidad, la interdependencia, la multidimensionalidad.</p>
<blockquote><p><strong>Una parte importante de las fuerzas políticas acaban tratando de competir en esa carrera del odio en la que </strong><strong>la campeona es la extrema derecha</strong></p></blockquote>
<p>Pues bien, como ya he adelantado, creo que ese es el tipo de simplificación que puede propiciar la tesis que sostiene la existencia, hoy, de una “internacional del odio”, de alcance global, vinculada a la “internacional cristoneofascista”,<a href="#_ftn4" name="_ftnref4">[4]</a> una alianza de la extrema derecha con movimientos fundamentalistas cristianos, en EEUU, Brasil, Polonia o Hungría y que estaría en la raíz de este regreso a los autoritarismos.</p>
<p>El primer error de bulto de esa tesis, a mi juicio, es desconocer que, como resulta evidente, el fundamentalismo religioso y el fanatismo no son patrimonio exclusivo de sectas cristianas y de la extrema derecha en Occidente. Sin duda, coexisten en este momento y en diferentes países movimientos sociales e incluso partidos políticos cuyo discurso o, mejor, cuyo principal recurso electoral consiste precisamente en la explotación de esos motores poderosos de la conducta que son el miedo, el odio y el resentimiento, tal y como subrayó Nietzsche y trató de reformular Scheler,<a href="#_ftn5" name="_ftnref5">[5]</a> recogiendo un <em>leit motiv</em> doctrinal clásico. Recordemos el <em>primus in orbe deos facit timor</em>, de Terencio, argumento que desarrollarán para la ciencia política Maquiavelo y Hobbes y que reiterará en clave teológico-política Carl Schmitt.</p>
<p>Una línea argumental que ha analizado –a mi juicio, con mucho acierto– Axel Honneth en su análisis de la sociedad del desprecio<a href="#_ftn6" name="_ftnref6">[6]</a> y, de modo más reciente, Carolin Emcke, que es quizá quien ha explicado mejor –a mi juicio– el reverdecimiento hoy de esa constante del odio. En cualquier caso, se trata de un <em>rubrum</em> cuyos presupuestos y propósito son muy distintos a los agudamente sugeridos por Nietzsche. Todo ello, a mi juicio, tiene mucho que ver con la genial lección de Simmel sobre la noción de <em>Fremdheit</em>,<a href="#_ftn7" name="_ftnref7">[7]</a> que suele ser considerada la base de la sociología de la inmigración, pero que –en realidad– va mucho más allá, pues ofrece un buen soporte antropológico y filosófico sobre la construcción del otro como extraño y la conexión de esa extrañeza, de esa ajenidad, con la de amenaza o peligro. De ahí, el odio hacia ese otro que es manifiestamente diferente al mismo tiempo que está instalado entre nosotros como vecino: como decía Simmel, “un otro que llega hoy y se queda mañana”.</p>
<p>Querría explicarme bien. No estoy tan ciego como para ignorar que se ha producido una efervescencia de movimientos y partidos políticos que explotan el recurso del odio en todo el mundo, vinculados en su inmensa mayoría a la extrema derecha, por supuesto también en democracias que pretenden ser el símbolo del universalismo, de Francia a los EEUU, pasando por Alemania y también nuestro país. Movimientos que han azuzado el repliegue autoritario, la explotación de nuevo del leitmotiv primario del miedo, ante las amenazas e incertidumbres que nos acechan.</p>
<p>Como sostiene Emcke, el odio del que hablamos «no es la expresión de un sentimiento individual, no es espontáneo, es fabricado y requiere cierto marco ideológico, que debe ser y es alimentado… el odio fabrica su propio objeto».<a href="#_ftn8" name="_ftnref8">[8]</a> Eso no significa necesariamente sostener, como parece proponer la tesis de la “internacional del odio”, que el incremento de los discursos de odio responda una organización transnacional vinculada a los movimientos neoconservadores (reaccionarios, creo que sería el calificativo más adecuado) de extrema derecha, en alianza con concepciones fundamentalistas cristianas. Sin duda, hay puntos de coincidencia entre la ideología reaccionaria <em>neocon</em> de Steve Bannon y algunos otros ideólogos de Trump, y la que manifiestan grupos populistas de extrema derecha en Europa, del Rassemblement National de Le Pen (antiguo Front National) a Alternative für Deutschland (AfD) y Vox, pasando por la Lega Nord o Fratelli di Italia, Fidesz en Hungría, o Prawo i Sprawiedliwosc (PiS) en Polonia.<a href="#_ftn9" name="_ftnref9">[9]</a> Y por supuesto, no cabe ignorar que Bannon ha vendido su asesoramiento en Alemania, Italia, Polonia, Hungría y España. Pero se olvidan los escenarios de la hegemonía de discurso de odio en Myanmar, Filipinas, la India o el Afganistán de los talibanes, por poner solo algunos otros ejemplos. Por eso, a mi juicio, para entender el porqué del auge global de este fenómeno, en lugar del simplismo de una poderosa y malvada conspiración (siempre occidental y judeocristiana), podemos y debemos contextualizar con precisión de qué hablamos, para entender mejor por qué sucede aquí y ahora.</p>
<p>En mi opinión, esta efervescencia de los discursos de odio sería más bien una nueva versión de un fenómeno muy viejo, una constante histórica, insisto, que vuelve a florecer hoy, porque lo favorece nuestro contexto, la lógica que domina el actual ejercicio de la política, reducida, como ha explicado muy bien Manuel Cruz, a una papilla emocional de fácil digestión. Se trata de una concepción anunciada por Débord y que, a su vez, no cae del cielo, sino que tiene mucho que ver con las pretensiones de quienes ejercen de actores y protagonistas de la actual fase de capitalismo financiero, de fundamentalismo de un mercado cada vez más virtual, cuyo santo y seña es siempre la <em>des-regulación</em> y su dogma la maximización del beneficio, para lo que no dudan en la conocida receta de <em>socialización de sus pérdidas</em>, cundo llegan las vacas flacas que su ambición depredadora ha causado. Lo vimos sin paliativos en la gran recesión de 2008. Hoy vivimos, como propone Soshana Zuboff, una era de «capitalismo de vigilancia», posibilitado en gran medida por ese escenario neohobbesiano potencialmente implícito en la “sociedad del riesgo”, teorizada sobre todo por Beck,<a href="#_ftn10" name="_ftnref10">[10]</a> un escenario magnificado como consecuencia de la pandemia de la COVID-19, que ha devenido en sindemia.</p>
<p>Ese es el contexto, a mi entender, en el que se produce ese incremento del recurso a los discursos del odio vinculados a la actual etapa de política espectáculo, la de la <em>democracia de las emociones</em><a href="#_ftn11" name="_ftnref11">[11]</a> a la que alude la mencionada expresión de Manuel Cruz, dominada por la explotación de los sentimientos y pasiones como seudoargumentos. Todo ello, al amparo del repliegue identitario, en una aparente paradoja que a mi juicio no es tal: los supuestos partidarios del mercado abierto son siempre ferozmente proteccionistas cuando se trata de salvaguardar sus beneficios, frente a las exigencias de relaciones más equitativas que llegan del otro lado –del tercer mundo si podemos seguir utilizando esa expresión–.</p>
<p>Decía que Carolin Emcke ha arrojado luz sobre la especificidad de los actuales discursos de odio, a partir del análisis de lo que ha sucedido en Alemania recientemente: «Algo ha cambiado en Alemania, ahora se odia abierta y descaradamente», sostiene. Y lo mismo se puede decir de otros países de la UE, y de los EEUU. Pero no solo de ellos. Se trata de un discurso de odio que se basa en la seguridad de estar en lo cierto, en la posesión de la verdad, no solo en una opción ideológica. Es imposible desligarlo de la concepción característica del fanatismo, tal y como sostiene Emcke, que cita a este propósito la voz “fanatismo” de la Enciclopedia, redactada por Alexandre Deleyre: «El fanatismo es un celo ciego y apasionado que nace de las opiniones supersticiosas y lleva a cometer actos ridículos, injustos y crueles, no solo sin vergüenza ni remordimiento, sino también con una suerte de goce y de consuelo».<a href="#_ftn12" name="_ftnref12">[12]</a> Y esa proliferación de los mensajes de odio se cobra un coste muy grave para las democracias: la extensión del miedo, la existencia de ciudadanos de segunda clase que ven afectada negativamente los actos más sencillos de su vida cotidiana, desde pasear por la calle a alquilar un piso.</p>
<p>Como ha explicado también Emcke en su último libro, <em>Journal,</em> a propósito de la experiencia de la pandemia, no es difícil advertir el nihilismo epistémico que está presente en los movimientos supremacistas y que muestra un profundo resentimiento contra el proyecto universalista y emancipador heredado de la Ilustración. Un rechazo que se ha hecho más fuerte, en la medida en que el universalismo, espoleado por la crítica feminista y antietnicista, se ha abierto hoy a una concepción pluralista e inclusiva de las diferencias, que choca con el modelo seudouniversalista criticado por Benhabib, como señalaré enseguida, del que se creen únicos representantes los modelos supremacistas.</p>
<blockquote><p><strong>Esa proliferación de los mensajes de odio se cobra un coste muy grave para las democracias: la extensión del miedo y la existencia de ciudadanos de segunda clase</strong></p></blockquote>
<p>Una vez más nos encontramos ante la constante histórica del recurso a la coartada del repliegue identitario, nutrido con el proyecto habitual de creación de la realidad social, mediante la apelación a una historia propia más o menos fantasmagórica (algo que sabemos desde la obra seminal de Berger y Luckman y el conocido trabajo de Benedict Anderson)<a href="#_ftn13" name="_ftnref13">[13]</a> que parecería guiada por el propósito de hacer bueno aquel dicterio de Freud sobre el narcisismo de las pequeñas diferencias. Se trata de una respuesta dialéctica, de repliegue, frente a las concepciones universalistas. Y esa respuesta tiene más fuerza, más adhesión popular, cuando se advierte que buena parte de las pretendidas concepciones universalistas no son tales. Quiero decir que la reacción es más sencilla, es más fácil que prenda, cuando se puede mostrar que el supuesto universalismo que nos predican no es el de la concepción universalizante que da lugar al mejor universalismo, el jurídico, concretado en la noción de derechos humanos,<a href="#_ftn14" name="_ftnref14">[14]</a> sino la cobertura de proyectos imperialistas o coloniales, característicos de lo que Sheila Benhabib denominó «universalismo abstracto» o «universalismos de sustitución». Es esta una versión muy próxima en realidad a una noción esencialista de universalismo, que consagra a su vez una visión de los derechos humanos dependiente de un punto de vista cultural unilateral. Benhabib es también quien –a mi juicio– ha señalado con más cierto que en el fondo se trata de un problema ligado conceptualmente a la preocupación a la que Husserl dedicó su decisivo <em>La crisis de las ciencias europeas y la fenomenología trascendental</em>,<a href="#_ftn15" name="_ftnref15">[15]</a> en el que estudiaba los problemas que afectan al modelo occidental (europeo) de racionalidad. Como señala a su vez Benhabib, Husserl se muestra atormentado por la convicción de que la cultura occidental sucumbiría si la filosofía (como <em>théoria</em>) no podía generar reflexiones sobre lo universal, sino solamente sobre el ámbito de la <em>Lebenswelt</em>. Para Husserl, la reflexión sobre la crisis de las ciencias europeas permitía defender el racionalismo filosófico como una forma que tiene pretensión de universalidad para todos los seres humanos.</p>
<p>Frente al universalismo ligado a la racionalidad (y a los presupuestos etnoculturales europeos, más incluso que occidentales), Benhabib propuso, como se recordará, un <em>universalismo interactivo</em>, más acorde con el modelo de una democracia que, además de deliberativa, muestra una voluntad y capacidad inclusiva de la pluralidad real: «Entre los legados de la modernidad que necesitan de una reconstrucción –pero no ser desmantelados por completo–, se cuenta el universalismo moral y político, comprometido con los ideales ahora aparentemente “anticuados” y poco creíbles del respeto universal hacia cada persona en virtud de su humanidad, la autonomía moral del individuo, la justicia e igualdad económica y social, la participación democrática y el ejercicio de unas libertades políticas y civiles más extensas que sean compatibles con los principios de justicia y la formación de asociaciones humanas solidarias».<a href="#_ftn16" name="_ftnref16">[16]</a> Posteriormente, Benhabib se decantó por la noción de <em>iteración democrática</em>, en lugar del modelo habermasiano de democracia deliberativa. Lo han explicado desde perspectivas muy diferentes Barber o  Santos.<a href="#_ftn17" name="_ftnref17">[17]</a></p>
<p>Para combatir la proliferación de los discursos de odio, es preciso reaccionar frente a esa concepción fundamentalista que se autoarroga la representación del “verdadero pueblo” y la defensa de los “verdaderos valores”, pero a duras penas consigue ocultar su filiación elitista y autoritaria. Y, a mi juicio, hay que hacerlo como propone Emcke, con una reivindicación del pluralismo inclusivo, de la <em>democracia impura</em>: «el pensamiento autoritario, neonacionalista, racista y antifeminista ha penetrado en el centro de nuestras sociedades. Ya no está en los márgenes, está en el corazón de nuestras democracias. El intento de ridiculizar, estigmatizar, deshumanizar a las mujeres o a los musulmanes, a las personas LGBTIQ+ y a los judíos, el intento de tratar la pluralidad –y no la homogeneidad– como un peligro para la democracia&#8230; todo eso se ha vuelto aceptable. Tenemos que oponer resistencia a este discurso antihumanista. Tenemos que alzar la voz, aunque individual o colectivamente no seamos atacados. Tenemos que defender la igualdad en la diferencia».<a href="#_ftn18" name="_ftnref18">[18]</a></p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>El ejemplo de la focalización del discurso de odio en los niños migrantes</strong></h3>
<p>Sabemos bien (por ejemplo, gracias por ejemplo a las enseñanzas de Simmel, Freud o Fromm) cuál es la dinámica del proceso de construcción social del otro como enemigo. Una dinámica que es una exigencia de la afirmación del “nosotros”. Es decir: el nosotros esencialista no puede existir sin la creación del enemigo. Para conseguir ese propósito de construcción de la radical ajenidad, de la radical extrañeza del otro, es preciso deshumanizarlo, negarle las características que tiene en común con nosotros, focalizar la supuesta incompatibilidad de sus diferencias y su presentación como amenaza. Así sucede, por ejemplo, con los grupos que encarnan la diferencia de opción sexual, como hemos visto en la secuencia más reciente de agresiones en España, con la marcha nazi en Chueca como símbolo. Pero quizá el colmo de ese proceso es el que estamos construyendo a propósito de los menores inmigrantes, en los que destruimos la característica fundamental, emblema de la máxima y universal vulnerabilidad: son niños.</p>
<p>Todos recordamos el episodio ocurrido durante las elecciones autonómicas celebradas en Madrid en mayo de 2021, con motivo de un cartel electoral de Vox que decía: «Un mena, 4.700 euros al mes. Tu abuela, 426 euros de pensión/mes» Sorprendentemente, tras la denuncia realizada por el PSOE y por la fiscalía de Madrid, que advertían sobre lo que parecía un mensaje de odio que podía constituir un delito de odio, la jueza instructora del juzgado nº 53 archivó la denuncia y, ante el recurso de la fiscalía, la Audiencia Provincial confirmó esa decisión. Lo de menos es la falsedad del dato, de la comparación, que no resiste el menor contraste empírico. Se trataba de poner el acento en el carácter extraño, incompatible, peligroso, de esos menores.</p>
<p>La propaganda de Vox, en la menos mala de las hipótesis, era a mi juicio una manifestación –que podemos considerar simbólica– de la reacción de ignorancia, prejuicio y fanatismo desgraciadamente nada infrecuente ante la presencia de los inmigrantes. Una reacción que responde a esa “dificultad de la extrañeza” a la que ya me he referido, la dificultad de la alteridad, podríamos decir. Pero en el caso del cartel, creo que ni siquiera había tal excusa, sino pura y simplemente manipulación electoralista, a sabiendas de que no se decía la verdad. La Fiscalía había advertido en su denuncia de la imagen física «prejuiciosa del menor como persona extranjera, violenta y delincuencial, al ser este el concepto incorporado con carácter general respecto a un individuo encapuchado, embozado y radicalizado».</p>
<p>La denuncia fue archivada por la juez titular del Juzgado de Instrucción número 53 de Madrid porque, según explicó el auto, debía situarse en el contexto de la campaña electoral para las elecciones autonómicas de Madrid. «Los hechos denunciados constituyen el desarrollo, la forma de expresión en campaña electoral de la política de inmigración del partido Vox, así como también la política sobre el delito de usurpación y otras cuestiones», explicó la magistrada Mónica Aguirre. La instructora entendió que el artículo 6 de la Constitución Española estable que «Los partidos políticos expresan el pluralismo político, concurren a la formación y manifestación de la voluntad popular y son instrumento fundamental para la participación política. Su creación y el ejercicio de su actividad son libres». Y añadía: «la política migratoria, al igual que el desalojo de viviendas por quienes las posean sin título alguno, deberá siempre acomodarse a la legislación vigente. Vox, como formación política que concurre a las elecciones, propone un programa que incluye una política determinada en materia de inmigración, y en clave electoral con el eslogan “Protege Madrid”, publica carteles y difunde mensajes, siendo varios de los mensajes relativos a los menores extranjeros acogidos en España, personas desde luego especialmente vulnerables». A juicio de la magistrada, Vox «está ejercitando su derecho a la libertad de expresión al exponer y difundir el programa del partido sobre la política de inmigración, además de otros temas, conforme a lo establecido en el artículo 6 de la Constitución Española».</p>
<p>Mención expresa merece una última afirmación del auto de la magistrada de Madrid, que subraya que no le correspondía a la justicia analizar si las cifras que daba el cartel sobre el gasto de los menos en comparación con las pensiones eran veraces: «Esta cuestión carece de trascendencia a los efectos de determinar la posible comisión de las infracciones penales que se denuncian… En resumen, no hay indicios de la comisión de un delito de odio, delito electoral o de infracción penal alguna que justifique la incoación de una causa penal, siendo de aplicación el principio de intervención mínima que rige en el ámbito penal». A su vez, la Audiencia Provincial de Madrid desestimó el recurso que presentó la Fiscalía contra el archivo de la denuncia. El tribunal entendió que se trataba de un «mensaje electoral» que «con independencia de si las cifras que se ofrecen son o no veraces» viene a representar «un evidente problema social y político, incluso con consecuencias o efectos en nuestras relaciones internacionales, como resulta notorio». Pero, a juicio del tribunal, existían «serias dudas» de que los hechos base pudieran ser considerados delito, dada «la forma de presentarse y de haberse exteriorizado» en la campaña electoral.</p>
<p>Lo que me parece relevante de este episodio es que se ningunea lo que, a ojos de muchos de nosotros, es una grave violación de los derechos de los menores implicados, sobre los que se dirige este mensaje de odio. La consecuencia es que se relativiza la lógica jurídica y política que debería prevalecer, la que es propia de nuestra legislación, conforme a la Convención Internacional de los Derechos del Niño, el marco internacional de obligada referencia. Esa lógica jurídica, pero también política y democrática, pone el énfasis en un principio fundamental: antes que inmigrantes, antes que extranjeros, esos menores –niños y adolescentes– son eso, niños. Por tanto, tras su llegada,la respuesta a su presencia corresponde a las autoridades de protección de la infancia, más que a los responsables de la política migratoria<strong>.</strong> Y esa perspectiva queda desdibujada por tales decisiones judiciales, que desdibujan el principal perjuicio causado por este discurso de odio, esto es, que –como ha subrayado el profesor Albert Mora– se incremente el número de ciudadanos que justifica y reclama políticas discriminatorias. Si no nos tomamos en serio proteger los derechos de esos menores (sí, inmigrantes; sí, irregulares), es que no nos tomamos en serio los derechos de los niños. Y si eso es así, ¿qué derechos están a salvo?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Javier de Lucas</strong> es senador en la XIV legislatura (Grupo Parlamentario Socialista), presidente de la Comisión de Ciencia, Innovación y Universidades del Senado (XIV Legislatura) y catedrático de Filosofía del Derecho y Filosofía Política en el Instituto de Derechos Humanos de la Universitat de Valencia (España).</p>
<h3>NOTAS:</h3>
<p><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Me refiero a las consecuencias sociales, económicas y políticas derivadas de la pandemia y de su gestión que, como ha señalado con acierto Manuel Cruz, potencian el virus social más poderoso que conocemos, junto a la ignorancia: el virus del miedo. Manuel Cruz, <em>El virus del miedo</em>, La Caja Books, Algemesí (Valencia), 2021.</p>
<p><a href="#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a> Es ya un lugar común subrayar la coincidencia que ofrecen las novelas de Dickens (<em>Tiempos difíciles</em>, <em>Oliver Twist</em> y, sobre todo, <em>Casa desolada</em>), con la crítica de Marx y de Engels al capitalismo manchesteriano. Lo proponía hace años el siempre agudo Francisco Jarauta y lo ha recordado recientemente Massimo La Torre en su magnífico ensayo «La maison «d’âpre vent» et le droit comme désespoir», <em>Archivs für Rechts- und SozialPhilosophie</em>, Vol. 104, septiembre 2018, pp. 315-327, en el que explica las razones del juicio pesimista de Dickens sobre cómo el Derecho, la ley, es experimentado por las clases populares como fracaso, si no como causa de desesperación.</p>
<p><a href="#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a> René Girard, <em>La violence et le sacré</em>, Grasset, París, 1972, luego desarrollada en <em>De la violence à la divinité, La Violence et le Sacré</em>, Grasset, París, 2007. También, <em>Le bouc émissaire</em>, Grasset, París, 1982. Hay versión en castellano de la obra original, <em>La violencia y lo sagrado</em>, Anagrama, Barcelona, 2006.</p>
<p><a href="#_ftnref4" name="_ftn4">[4]</a> Juan José Tamayo, <em>La internacional del odio</em>, Icaria, Barcelona, 2020. Una versión más matizada, la que ofrece Patrícia Campos a propósito de lo que sucede en EEUU, India y sobre todo Brasil, en su <em>A Máquina do Ódio, </em>Companhia das Letras, Sao Paolo, 2020. Véase también <a href="https://foreignpolicy.com/2020/09/19/tackling-disinformation-in-brazil-interview-patricia-campos-mello/" target="_blank" rel="noopener">la entrevista a Patricia Campos</a> en <em>Foreign Policy</em>, september 2020,</p>
<p><a href="#_ftnref5" name="_ftn5">[5]</a> Por todos, Scheler, Max, <em>Das Ressentiment im Aufbau der Moralen </em>(1912). Hay edición en castellano, <em>El resentimiento en la moral</em>, Espasa-Calpe, Buenos Aires, 1938. Como quizá se recordará, el original fue una ampliación de un ensayo anterior, publicado bajo el título de «Uber Ressentiment und moralisches Werturteil», en <em>Zeitschrift für Pathopsychologie </em>(1912). Hay una reedición del original alemán, <em>Das Ressentiment Im Aufbau Der Moralen</em>, en la colección RotteReie de Klosterman, 2004.</p>
<p><a href="#_ftnref6" name="_ftn6">[6]</a> Axel Honneth, <em>La sociedad del desprecio</em>, Trotta, 2011, que reúne textos publicados entre 1981 y 2001, donde Honneth desarrolla un proyecto que, desde la “lucha” asociada al reconocimiento, pretende examinar sus negaciones, es decir, aquellas manifestaciones que se expresan en nociones como desintegración, desgarramiento, patología, cosificación o desprecio.</p>
<p><a href="#_ftnref7" name="_ftn7">[7]</a> Me refiero a las siete páginas de su “Exkurs über den Fremden”, en el capítulo IX de su <em>Soziologie. Untersuchungen über di Formen de Vergesellschaftung</em>, Duncker&amp;Humbolt, Berlín, 1908 (hay traducción al castellano, <em>Sociología: Estudios Sobre las Formas de Socialización</em>. Fondo De Cultura Económica (México), 2015. De las tesis de Simmel son deudores en buena medida los autores que participan en un libro colectivo muy relevante, a mi juicio, sobre alteridad, integración y exclusión en países receptores de inmigración. Se trata de <em>Schwierige Fremdheit. Über Integration und Ausgrenzung in EinwanderungsLändern</em>, Fischer, 1993, editado por F. Balke, R. Habermas, P. Nanz y P. Sillem, que recoge las aportaciones del Coloquio celebrado en Frankfurt, en 1992, bajo el lema «Fremd ist der Fremde nur in der Fremde». Entre ellas, destacaré las de E. Balibar y G. Kepel.</p>
<p><a href="#_ftnref8" name="_ftn8">[8]</a> Carolin Emcke, <em>Contra el odio</em>, Taurus, Madrid, 2017 (<em>Gegen den Hass</em>, Fischer V., 2016). La cita es de la página 17.</p>
<p><a href="#_ftnref9" name="_ftn9">[9]</a> Sobre los presupuestos ideológicos y la alianza de la extrema derecha política y religiosa con Trump y el importante papel desempeñado por los medios de comunicación, me parece útil la consulta del libro de Nicole Hemmer, <em>Messengers of the Right. </em><em>Conservative Media and the Transformation of American Politics</em>, University of Pennsilvanya Press, 2016, y el de Kathleen Belew, <em>Bring the War Home. The White Power Movement and Paramilitary America</em>, Harvard University Press, 2018. Por mi parte, he tratado de explicarlo en otros trabajos: por ejemplo, de Lucas, «<a href="https://ctxt.es/es/20180425/Politica/19242/Luther-King-asesinato-aniversario-racismo-derechos-civiles.htm" target="_blank" rel="noopener">Tres entierros de M.L. King. El racismo en EEUU, 50 años después de su asesinato</a>», <em>Contexto,</em> núm. 166, 2018. Luego, más extensamente, en de Lucas, <em>Nosotros que quisimos tanto a Atticus Finch: de las raíces del supremacismo al Black Lives Matter</em>, Tirant Editorial, Valencia, 2020 (capítulos 7 y 8, pp. 150-183).</p>
<p><a href="#_ftnref10" name="_ftn10">[10]</a> Es la tesis a la que dedicó buen aparte de su trabajo el sociólogo alemán. Vid por todos su <em>Weltrisikogesellschaft,</em> Suhrkamp, 2007. Hay traducción al castellano, <em>La Sociedad del riesgo mundial. En busca de la seguridad perdida</em>, Paidós, Barcelona, 2008.</p>
<p><a href="#_ftnref11" name="_ftn11">[11]</a> Pierre Rosanvallon, <em>La contre-démocratie. La politique á l’âge de la déconfiance</em>, Seuil, París, 2006; más recientemente, Pierre Rosanvallon, <em>Le Siècle du populisme: Histoire, théorie, critique</em>, Seuil, París, 2020.</p>
<p><a href="#_ftnref12" name="_ftn12">[12]</a> La cita, en Emcke, 2017, página 179.</p>
<p><a href="#_ftnref13" name="_ftn13">[13]</a> Berger y Luckman, <em>La construcción social de la realidad</em>, Amorrortu, Lemona, 1968. También, Benedict Anderson, <em>Comunidades imaginadas. Reflexiones sobre el origen y la difusión del nacionalismo</em>, FCE, México D.F., 1983.</p>
<p><a href="#_ftnref14" name="_ftn14">[14]</a> Me refiero sobre todo al universalismo jurídico trasunto del mejor universalismo ético en la línea que inauguran los estoicos, pasando por los teólogos-juristas españoles fundadores del derecho internacional como derecho de gentes y que llega a Kant, pasando por los teólogos juristas del XVI, para desembocar en el esbozo de una comunidad internacional que los inspiradores de la Carta de la ONU, con Eleanor Roosevelt al frente, querían asentar. Un hilo argumental, este del universalismo humanista, que fue corregido severamente por Foucault y más recientemente por el filósofo camerunés Achille Mbembé, que ha propuesto el concepto de necropolítica, como crítica a la estrategia de la lógica colonial que aún pervive. Recientemente, el mismo Mbembé ha expuesto su crítica del falso universalismo en <em>Notes sur l’eurocentrisme tardif</em>, publicado el 17 de marzo de 2021 en AOC. La primera versión fue una conferencia pronunciada en la “Sommet du septiembre”, celebrada en el Musée du Quai de Branly, con ocasión de la <em>Saison Africa 2020</em>.</p>
<p><a href="#_ftnref15" name="_ftn15">[15]</a> Edmund Husserl, <em>La crisis de las ciencias europeas y la fenomenología trascendental</em>, Crítica, Barcelona,1991 [1936].</p>
<p><a href="#_ftnref16" name="_ftn16">[16]</a> Benhabib, S., (2006) <em>Las reivindicaciones de la cultura. Igualdad y diversidad en la era global, Katz p.14. </em>Cfr. También, Benhabib (2008), “Otro universalismo: Sobre la unidad y diversidad de los derechos humanos<em>”</em> (original: “Another Universalism : On the unity and diversity of Human Rights”), <em>Isegoría. Revista de Filosofía Moral y Política</em>, (39), 175–203.</p>
<p><a href="#_ftnref17" name="_ftn17">[17]</a> El libro de Benjamin Barber, <em>Jihad vs. McWorld: How Globalism and Tribalism Are Reshaping the World, </em>Times Book, Nueva York, 1995 se adelantó al debate que propuso Hungtinton en su <em>Clash of Civilisations</em>, un claro alegato a favor del universalismo de sustitución. Por su parte, Boaventura de Sousa Santos ha dedicado no pocos trabajos a la crítica de esa supuesta lógica universalista y sus presupuestos. Véase, por ejemplo, <a href="http://www.boaventuradesousasantos.pt/media/Descolonizar%20el%20saber_final%20-%20C%C3%B3pia.pdf" target="_blank" rel="noopener"><em>Descolonizar el saber, reinventar el poder</em></a>, Trilce, Ciudad de México, 2010;<a href="http://biblioteca.clacso.edu.ar/gsdl/collect/clacso/index/assoc/D2983.dir/boaventura2.pdf" target="_blank" rel="noopener"><em> Para descolonizar el occidente. Más allá del pensamiento abismal, </em>CIDECI,</a> San Cristóbal de las Casas (México), 2011<em>; <a href="https://www.clacso.org.ar/libreria-latinoamericana/contador/sumar_pdf.php?id_libro=1490" target="_blank" rel="noopener">Construyendo las Epistemologías del Sur.</a></em> <em>Antología Esencial</em>, CLACSO, Buenos Aires, 2018.</p>
<p><a href="#_ftnref18" name="_ftn18">[18]</a> Véase, por ejemplo, <a href="https://www.eldiario.es/internacional/carolin-emcke-echaran-merkel-hora-cambiar_128_8330475.html" target="_blank" rel="noopener">la entrevista de Icíar Gutiérrez a Carolin Emcke</a> en eldiario.es, 25 de septiembre de 2021.</p>
<p>Acceso al artículo en formato pdf: <a href="https://bit.ly/Sobre-los-discursos-de-odio-Javier-de-Lucas-Papeles-155" target="_blank" rel="noopener"><em>Sobre autoritarismo y discursos de odio.</em></a></p>
<p>&nbsp;</p>
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