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	<title>Electricidad &#8211; FUHEM</title>
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	<description>educación + ecosocial</description>
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	<title>Electricidad &#8211; FUHEM</title>
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		<title>Entrevista a Jesús Ramos sobre el «Gran Apagón» y sus implicaciones</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 16 Jul 2025 08:50:53 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Entrevistas]]></category>
		<category><![CDATA[Apagón]]></category>
		<category><![CDATA[Electricidad]]></category>
		<category><![CDATA[Energía renovable]]></category>
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					<description><![CDATA[En la entrevista se analiza el apagón de electricidad que afectó a la península ibérica el 28 de abril de 2025 y sus implicaciones]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><img fetchpriority="high" decoding="async" class="alignright size-full wp-image-168864" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2025/07/PORTADA-Papeles-170-1.jpg" alt="" width="400" height="600" />La sección <span style="color: #0000ff;"><strong>ACTUALIDAD</strong></span> del <a href="https://www.fuhem.es/2025/07/16/papeles-170/" target="_blank" rel="noopener">número 170</a> de <a href="https://www.fuhem.es/revista-papeles/" target="_blank" rel="noopener"><em>Papeles de relaciones ecosociales y cambio global</em></a> incluye una entrevista a <strong>Jesús Ramos</strong>, doctor en ciencias ambientales, profesor en el departamento de Economía e Historia Económica de la Universidad Autónoma de Barcelona y experto en cuestiones energéticas y en la evolución de los sistemas económicos desde un punto de vista biofísico, además de miembro del consejo de redacción de esta revista. La conversación dirigida por <strong>Monica Di Donato</strong>, del equipo de <a href="https://www.fuhem.es/ecosocial/quienes-somos/" target="_blank" rel="noopener">FUHEM Ecosocial</a>, se centra en el apagón eléctrico del 28 de abril en la península ibérica.</p>
<p><strong>Monica Di Donato (MDD): Empezaría con una foto de diagnóstico sobre el suceso. Han transcurrido ya varias semanas desde el día del denominado «Gran Apagón» en España y Portugal ¿Qué podemos decir a un mes de lo ocurrido (fecha de esta entrevista)? ¿Qué es lo que se sabe realmente y cuánto queda por esclarecer?</strong></p>
<p><strong>Jesús Ramos (JR)</strong>: El pasado 28 de abril sufrimos un evento excepcional que puso de manifiesto la gran fragilidad de las economías modernas, altamente dependientes de la energía eléctrica y de los servicios que dependen de ella, como las comunicaciones o los sistemas de control. En ecología es bien conocido que los sistemas son más frágiles a medida que aumenta su complejidad (mayor número de agentes y de interconexiones entre ellos).</p>
<p>En realidad, a pesar del tiempo transcurrido, no tenemos certeza de lo que sucedió realmente y las propias autoridades nos dicen que la respuesta tardará tiempo en llegar. Lo que parece claro es que el lunes 28 de abril de 2025, entre las 12:32 y las 12:33, la red eléctrica de la península ibérica sufrió una oscilación de frecuencia muy intensa que desembocó, en apenas cinco segundos, en la desconexión de unos 15 000 MW de generación –cerca del 60% de la producción española en ese momento– y en el aislamiento completo del sistema ibérico del resto de Europa. Curiosamente, momentos antes, España exportaba electricidad a Marruecos, Portugal y Francia, e incluso estaba utilizando gran cantidad de energía para bombear agua desde las partes bajas de las cuencas hacia los embalses, que es la única forma práctica de almacenar energía a gran escala.</p>
<p>Se han descartado ciberataques, sabotajes y fenómenos meteorológicos extremos como causa directa del apagón, sin embargo, se desconoce el porqué de la oscilación previa de la red continental en la zona del Báltico, y que parecería estar en el origen del evento.</p>
<p>Según Red Eléctrica de España (REE), el desencadenante fue una pérdida de generación en la zona suroeste peninsular seguida de varias protecciones automáticas que, al actuar en cascada, agrandaron el desequilibrio entre oferta y demanda, llevando al sistema a una situación de sobretensión. A las 12:33, la desconexión automática de las interconexiones con Francia y Portugal impidió cualquier apoyo externo, precipitando el colapso total del sistema ibérico.</p>
<p>Parece claro, eso sí, que el nivel bajo de interconexión de las redes de la península con el resto de Europa, de un 2,8% de la capacidad, frente a un 10-15% recomendado, provocó la desconexión con Francia para evitar trasladar la incidencia al resto del continente. También parece que hubo una incapacidad por parte de los sistemas de control para aislar la incidencia en regiones concretas, de ahí la caída en cascada.</p>
<p>La incógnita principal es, por tanto, por qué el sistema de gestión y control, y sus mecanismos de seguridad, no pudieron asimilar la anomalía del Báltico, y por qué no pudieron aislar el fenómeno a zonas geográficas concretas con una mayor coordinación.</p>
<p><strong>MDD: Según lo que se va sabiendo, y teniendo en cuenta el tiempo de recuperación relativamente corto para la magnitud del suceso, parece que ciertas cosas se hicieron bien y otras no tanto. Si tuvieses que destacar los tres elementos que mejor han funcionado en la gestión de esta crisis y los tres que peor lo han hecho, ¿cuáles serían los que señalarías y por qué?</strong></p>
<p><strong>JR</strong>: Entre los aspectos positivos, destacaría en primer lugar la rapidez en el restablecimiento del servicio. Los sistemas insulares no se vieron afectados y las zonas cercanas a la frontera con Francia solo sufrieron cortes breves. El resto del sistema se recuperó en menos de 24 horas en el 99% del territorio peninsular. Esto creo que refleja una buena preparación en protocolos de arranque en isla y una coordinación eficaz entre operadores como REE y REN, con el apoyo de centrales hidroeléctricas, ciclos combinados e importaciones desde Francia y Marruecos.</p>
<p>En segundo lugar, las protecciones automáticas funcionaron correctamente para evitar daños mayores por sobretensiones. Aunque estas mismas protecciones contribuyeron al aislamiento de la red ibérica, actuaron según lo previsto para evitar que la perturbación se propagara al resto de Europa, priorizando la integridad de los equipos.</p>
<p>También funcionaron los planes de contingencia en infraestructuras críticas como hospitales y aeropuertos, que siguieron operando con normalidad.</p>
<p>En cuanto a lo que no funcionó, lo más preocupante fue la programación de la generación, que dio lugar a una elevada proporción de generación no síncrona en el sistema –sin inercia física–, lo que parece que redujo su capacidad para amortiguar perturbaciones de frecuencia. Este problema se debe al modelo implantado por la liberalización del sector eléctrico, que responde únicamente a decisiones de mercado, activando unas fuentes de generación u otras en función de variables económicas, y no necesariamente de seguridad de suministro. La desconexión masiva de MW solares en segundos, precisamente por motivos de seguridad, evidencia también la falta de regulación que obligue a dotar a estas instalaciones de inercia sintética u otros sistemas de estabilización. Esta tecnología ya existe, pero su implantación ha sido frenada por las grandes empresas eléctricas por razones de rentabilidad, para ahorrar costes, lo cual requiere una intervención urgente del regulador y del legislador.</p>
<p>En segundo lugar, la escasa interconexión con Europa, apenas del 2,8% de la capacidad, impidió recibir soporte externo en un momento crítico. Esta carencia, conocida desde hace años, no ha sido abordada ni bilateralmente con Francia ni por las instituciones europeas, revelando una falta de compromiso con la planificación energética. Según el regulador europeo ACER las interconexiones con Francia y Portugal tendrán un coste de unos 8000 millones de euros y estarían listas en diciembre de 2028 la del Golfo de Vizcaya, en 2036 la de Navarra y en 2041 la de Aragón.</p>
<p>Finalmente, el modelo actual de mercado basado en precios marginales no ofrece la robustez que necesita un sistema tan complejo y descentralizado. Urge repensar este modelo hacia uno basado en costes de generación más un margen razonable, que asegure una operación más estable y una mejor gestión ante picos de demanda.</p>
<p><strong>MDD: </strong><strong>Los primeros momentos de la emergencia estuvieron protagonizados por bulos y teorías de la conspiración (como viene siendo ya costumbre en situaciones parecidas), y más tarde el debate (también bastante tendencioso) comenzó a girar alrededor del papel de las renovables dentro de los vectores energéticos usados para la generación eléctrica, la falta de robustez de los sistemas, la calidad de la conexión con la red europea y, cómo no, lo supuestamente imprescindible que resultaba la energía nuclear. ¿Qué consideraciones te merece este aspecto del debate de cara a evitar situaciones parecidas para el futuro (dónde habría que hacer hincapié realmente)? Y ¿cuánto crees que puede llegar a instrumentalizarse en ese sentido, tanto en relación con las renovables, que son un apuesta política y económica clara del Estado, como de los grupos de presión pro-nucleares u otros grupos de interés?</strong></p>
<p><strong>JR</strong>: Es una cuestión clave. Las crisis técnicas como la del 28 de abril generan un terreno fértil para la desinformación, y esta no fue la excepción. En los primeros minutos, y mientras duraron las comunicaciones por teléfono y móviles, las redes sociales se llenaron de teorías infundadas: desde ciberataques rusos hasta pulsos electromagnéticos o sabotajes internos. Luego, el debate giró hacia la supuesta fragilidad de las renovables y la defensa de tecnologías como la nuclear.</p>
<p>Esto revela tres dinámicas preocupantes.</p>
<p>Primero, el ruido informativo y la instrumentalización mediática. Las primeras horas tras una crisis energética son críticas. La ausencia de información técnica clara favorece explicaciones simplistas o conspirativas, muchas veces impulsadas por intereses ideológicos o económicos. Para contrarrestarlo, es esencial mejorar la alfabetización energética de la población, establecer canales institucionales de información en tiempo real y activar protocolos de comunicación desde Protección Civil. El apagón en las comunicaciones afectó mucho más a la población en el corto plazo que la propia ausencia de electricidad, y es algo que no debería haber ocurrido.</p>
<p>Segundo, la polarización del debate. Se ha planteado una dicotomía artificial: o las renovables son culpables por su volatilidad, o la solución es un regreso masivo a la energía nuclear. Esto ignora que la solidez de un sistema eléctrico no depende únicamente del tipo de generación, sino de su arquitectura: flexibilidad, almacenamiento, redes malladas, respuesta rápida e inercia eléctrica. De hecho, las nucleares se desconectaron por seguridad al inicio del incidente y tardaron más que otras fuentes en reintegrarse. Un sistema 100% renovable mal diseñado es frágil, pero lo mismo ocurriría con uno 100% nuclear sin adaptabilidad. El debate debe enfocarse en cómo se diseñan y acoplan los distintos vectores energéticos.</p>
<p>Tercero, ciertos <em>lobbies</em> han aprovechado la situación para cuestionar la transición energética. La defensa de la nuclear ignora sus limitaciones económicas, de seguridad y la socialización de sus costes a largo plazo, especialmente por la gestión de residuos. También es engañosa la narrativa de que las renovables provocaron el colapso, pues carece de fundamento técnico en este caso.</p>
<p>El verdadero desafío es reforzar la infraestructura del sistema: redes inteligentes, almacenamiento, gestión de demanda, digitalización y mayor interconexión. Solo con esa base puede construirse una matriz energética renovable y resiliente. La transición energética no será solo tecnológica; será también política, cultural e informativa. Y para ser estable, debe apoyarse en el consenso técnico, no en una guerra de relatos.</p>
<p><strong>MDD: </strong><strong>En relación con la pregunta anterior, ¿cuál es la de capacidad de control, exigencia, etc. por parte del Estado del sistema eléctrico español? (me refiero, sobre todo, a en qué medida el Estado puede exigir, controlar, intervenir a las grandes empresas eléctricas).</strong></p>
<p><strong>JR</strong>: El apagón del 28 de abril ha evidenciado una vulnerabilidad estructural largamente advertida por expertos: la dependencia total de la electricidad en la vida moderna contrasta con el hecho de que el sistema eléctrico español está mayoritariamente en manos privadas. Esta situación es crítica, ya que hablamos de una infraestructura esencial –al nivel del agua o la seguridad– cuya operación escapa al control directo del Estado.</p>
<p>Desde la liberalización del sector en los años noventa, la generación, comercialización y gran parte de la distribución eléctrica han quedado en manos de grandes empresas privadas. El Estado conserva funciones estratégicas –planificación, regulación y participación en Red Eléctrica de España (REE)– pero su capacidad de intervención directa en las decisiones clave del sistema es limitada.</p>
<p>En la práctica, decisiones sobre qué tecnologías se desarrollan, cómo se gestionan los picos de demanda o dónde se invierte se toman según criterios de rentabilidad empresarial, no de interés público. Esto genera una asimetría preocupante: cuando ocurre una disrupción como la del 28 de abril, es el Estado quien debe asumir la responsabilidad política y garantizar la recuperación del sistema, sin tener las herramientas operativas necesarias para prevenir o gestionar eficazmente estas crisis.</p>
<p>Este modelo plantea un dilema estructural: si la electricidad es una infraestructura crítica sin la cual no puede funcionar la sociedad, ¿tiene sentido que su control esté guiado por lógicas corporativas orientadas al beneficio privado? La respuesta no implica necesariamente renacionalizar, aunque algunos defendamos esta posición por motivos ideológicos y de justicia distributiva, sino repensar la gobernanza del sistema para garantizar que los intereses estratégicos colectivos estén protegidos frente a fallos, decisiones unilaterales o insuficiente inversión en resiliencia.</p>
<p>En este sentido, el apagón no fue solo una advertencia técnica, sino también política. Ha revelado los límites de un modelo basado en la externalización de un bien esencial a actores privados, y la necesidad de una revisión profunda. No (solo) por razones ideológicas, sino por principios de seguridad, cohesión social y sostenibilidad a largo plazo.</p>
<p><strong>MDD: Ahora mismo el debate está centrado en su práctica totalidad, también en el ámbito de la transición energética, en general, en lado de la oferta, es decir, en la producción (y recordemos que cualquier tipo de producción requiere explotación de recursos a diferentes escalas), pero se habla poco del lado de la demanda. Las dos cosas están claramente relacionadas, ¿qué elementos fundamentales destacarías que han de ser tenidos en cuenta en ese sentido y que quizás ahora mismo están un poco apartados del debate?</strong></p>
<p><strong>JR</strong>: El debate energético actual está claramente desequilibrado hacia el lado de la oferta. Se discute cómo producir más energía –qué tecnologías usar, de qué fuentes, y con qué grado de autonomía–, pero se presta muy poca atención al lado de la demanda: cuánto consumo es realmente necesario y cómo debe orientarse según criterios sociales, ecológicos y económicos.</p>
<p>Esta omisión refleja una visión productivista que da por hecho que el crecimiento de la demanda es inevitable y deseable. Sin embargo, una transición energética sostenible y justa debe incluir con urgencia un debate sobre la reducción planificada de la demanda o, al menos, la priorización de usos consciente. No se trata de frenar la innovación ni de empobrecer, sino de asumir que toda forma de generación –incluso la renovable– conlleva impactos materiales, territoriales y ecológicos. Disminuir estructuralmente el consumo alivia la presión por seguir instalando capacidad sin fin, especialmente cuando existen límites físicos y conflictos sociales por el uso del territorio.</p>
<p>Esto implica repensar la eficiencia energética no solo como una mejora tecnológica (hacer lo mismo con menos energía), sino como un principio de organización social: hacer solo lo necesario, con el menor consumo posible, priorizando usos estratégicos frente a los prescindibles. ¿Debe una familia vulnerable tener el mismo trato que un centro comercial con climatización constante? ¿Debemos expandir sin límite industrias eléctricamente intensivas como los centros de datos o el turismo masivo que duplica el consumo de la población local en términos per cápita?</p>
<p>También es clave avanzar en mecanismos de gestión flexible de la demanda –tarificación dinámica, respuesta activa al consumo, hábitos culturales más racionales– para adaptar el consumo a la disponibilidad real de energía renovable y evitar el sobredimensionamiento del sistema.</p>
<p>En resumen, no basta con descarbonizar la oferta energética: hay que redefinir para qué, para quién y con qué límites producimos y consumimos. Incorporar el debate sobre el decrecimiento y la priorización energética no es una opción ideológica, sino una condición material para construir un sistema energético resiliente, justo y verdaderamente transformador, incluso si llega a ser 100% renovable.</p>
<p><strong>MDD: En el futuro no es descartable que vuelvan a suceder hechos como el acaecido a finales de abril de 2025. ¿Qué tipo de escenarios dominarán la transición energética en España y cómo de vulnerable seguirá siendo el sistema eléctrico en relación con estos? ¿Un mayor volumen de autoproducción eléctrica y mejor organizada podría ser una solución de transición para emergencias similares? ¿Será el gas, como se suele decir? ¿Otras fuentes?</strong></p>
<p><strong>JR</strong>: Es probable que en el futuro se repitan episodios críticos como el apagón de abril de 2025. Factores como la creciente complejidad del sistema, la digitalización, la variabilidad climática, las tensiones geopolíticas y la electrificación generalizada incrementan la vulnerabilidad estructural del sistema eléctrico español. La transición energética representa una oportunidad, pero también introduce nuevos riesgos que exigen una gobernanza más robusta, ágil y democrática.</p>
<p>El futuro del sistema estará marcado por tres tendencias principales: mayor penetración de renovables variables (solar, eólica), electrificación de sectores clave (movilidad, climatización, industria), e integración más profunda en el sistema europeo. A esto se suma la digitalización y el crecimiento de productores-consumidores activos. Este escenario dificulta el control del sistema, pero permite construir resiliencia si se gestiona adecuadamente.</p>
<p>La autoproducción eléctrica distribuida (residencial, cooperativa, municipal) puede desempeñar un rol clave como complemento flexible al sistema centralizado. No obstante, es esencial que esta generación esté correctamente registrada e integrada en los sistemas de gestión del operador para evitar inestabilidad y problemas de calidad en el suministro.</p>
<p>El gas seguirá siendo necesario a corto y medio plazo como respaldo flexible y de arranque rápido. Sin embargo, su uso debe estar regulado para no frenar la inversión en tecnologías limpias ni aumentar la dependencia de mercados volátiles.</p>
<p>Un reto crucial será reformar el modelo retributivo de la generación eléctrica. El actual sistema marginalista –que paga toda la energía al precio de la última unidad necesaria– distorsiona el mercado, sobre todo cuando el coste marginal de las renovables es cercano a cero. Se requiere una reforma que introduzca un sistema de remuneración que reconozca los costes fijos y operativos y garantice una rentabilidad mínima, pero que permita a su vez conocer qué fuentes son las que van a generar en cada momento, sin depender del precio marginal. Este nuevo marco debe permitir al Estado y a los operadores públicos anticipar y coordinar mejor el despliegue de recursos, tanto centralizados como distribuidos.</p>
<p>En definitiva, construir un sistema eléctrico más resiliente para los escenarios futuros exige no solo innovación tecnológica, sino también una transformación profunda del marco institucional, regulatorio, económico y cultural que lo sostiene. De lo contrario, la vulnerabilidad persistirá, aunque adopte nuevas formas.</p>
<p><strong>MDD: </strong><strong>Finalmente, ¿cómo valoras la respuesta social a la gestión de la crisis? Cada vez más se está perfilando como una dimensión imprescindible en las gestiones de situación de emergencia.</strong></p>
<p><strong>JR</strong>: La reacción social ante el apagón de abril de 2025 reflejó dos tendencias contrapuestas: una notable capacidad ciudadana de autoorganización y solidaridad, y una preocupante debilidad en los canales institucionales de información y coordinación. Mientras se desconocían las causas del fallo eléctrico y proliferaban las teorías –algunas conspirativas–, muchas personas se organizaron espontáneamente para ayudar a los más vulnerables, compartir recursos y difundir información útil en redes sociales, o simplemente compartir la información que recibían en su transistor.</p>
<p>Esta respuesta comunitaria, aunque desordenada, evidenció un tejido social activo y resiliente. Sin embargo, la falta de una comunicación institucional clara y oportuna minó la eficacia de la gestión pública. La ausencia de un relato oficial inmediato favoreció la desinformación y complicó la toma de decisiones tanto individuales como colectivas. Si la incidencia hubiese durado más tiempo, no sabemos cómo habría evolucionado esa capacidad de autoorganización de la población.</p>
<p>La crisis puso de relieve que la gestión técnica de una emergencia no es suficiente: es igualmente esencial una gestión social que incluya comunicación pedagógica, participación ciudadana y escucha activa. La confianza pública se construye con transparencia, coordinación interinstitucional y liderazgo en momentos críticos.</p>
<p>Otro aspecto clave fue la desigualdad en la capacidad de respuesta. Las personas mayores, los hogares sin acceso digital o sin un simple aparato de radio, quienes dependen de dispositivos médicos eléctricos o quienes viven en zonas mal conectadas, fueron los más afectados. Aunque la solidaridad social fue destacable, no puede sustituir a políticas públicas orientadas a proteger a los más vulnerables.</p>
<p>En definitiva, la dimensión social de la crisis fue tan crítica como la técnica. No basta con tener protocolos para la recuperación del suministro eléctrico: se necesitan también planes de resiliencia comunitaria, marcos de cooperación entre Estado y sociedad civil, y estrategias de comunicación que refuercen la cohesión social.</p>
<p>España dispone de una base social sólida, pero aún frágil, que debe integrarse activamente en las estrategias de transición y seguridad energética. En un contexto de creciente complejidad e incertidumbre, la fortaleza de las infraestructuras debe ir acompañada de la fortaleza del tejido social y democrático.</p>
<p><strong>Monica Di Donato</strong> es doctora en Economía, especialista en economía ecológica y en cuestiones de alimentación e investigadora del área Ecosocial de FUHEM.</p>
<p>Acceso al texto completo en fomato pdf: <a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/entrevista-a-jesus-ramos-sobre-el-gran-apagon-y-sus-implicaciones/" target="_blank" rel="noopener"><em>Entrevista a Jesús Ramos sobre el «Gran Apagón» y sus implicaciones</em>.</a></p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Papeles 156: Crisis energética y de materiales</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 01 Feb 2022 09:01:46 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[El sueño de los combustibles fósiles se agota. Los hidrocarburos han permitido en los últimos dos siglos una mejora de las condiciones de vida y confort sin precedentes.]]></description>
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<p>Son muchos los interrogantes sobre qué vendrá y cómo incorporarlo. La esperanza de las <strong>energías renovables</strong> e hipertecnológicas a la que aspira la <strong>Transición Verde</strong> impulsada por las instituciones para “cambiar sin que nada cambie” presenta no pocas brechas, pero dos son suficientes para cuestionar el modelo: una, <strong>la tasa de retorno energético (TRE)</strong> de las renovables no puede sostener ni remotamente el tamaño del sistema económico actual; y dos, estas tecnologías, además de ser demandantes de energías fósiles en su proceso de fabricación, requieren numerosos minerales y elementos cuyo pico de extracción se contempla alcanzar a lo largo del siglo XXI.</p>
<p>
</div></div></div></div></div></div><div class="wpb_column pos-top pos-center align_left column_parent col-lg-4 single-internal-gutter"><div class="uncol style-light"  ><div class="uncoltable"><div class="uncell no-block-padding" ><div class="uncont" ><div id="index-148286" class="isotope-system isotope-general-light grid-general-light" >
			
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</div></div></div></div></div></div><script id="script-row-unique-2" data-row="script-row-unique-2" type="text/javascript" class="vc_controls">UNCODE.initRow(document.getElementById("row-unique-2"));</script></div></div></div><div data-parent="true" class="vc_row row-container" id="row-unique-3"><div class="row limit-width row-parent"><div class="wpb_row row-inner"><div class="wpb_column pos-top pos-center align_left column_parent col-lg-12 single-internal-gutter"><div class="uncol style-light"  ><div class="uncoltable"><div class="uncell no-block-padding" ><div class="uncont" ><div class="uncode_text_column" ></p>
<blockquote>
<p>«La necesidad de cambiar el marco institucional en el que operan los actores implicados en la producción, el comercio y el consumo de la energía emerge como la <em>conditio sine qua non </em>para poder definir democráticamente el rumbo de la transición energética».</p>
</blockquote>
<p>El debate sobre la insoslayable <strong>transición energética</strong> debe realizarse entre las constricciones que imponen los <strong>límites naturales</strong> y los apremios temporales. Todo ello anuncia la magnitud y carácter de las dificultades a las que nos enfrentamos ante una <strong>crisis de energía y materiales</strong>.</p>
<p>Todas estas cuestiones son abordadas en profundidad en la sección <strong>A FONDO</strong> del número 156 de la revista <a href="https://www.fuhem.es/revista-papeles/" target="_blank" rel="noopener"><em>Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global</em></a>, dedicada a la crisis energética y de materiales.</p>
<p>Además, en la sección <strong>ACTUALIDAD</strong> se evalúa la pertinencia de los <strong>Objetivos de Desarrollo del Milenio &#8211; ODS</strong> en la época del <strong>Antropoceno</strong>; abordamos la <strong>crisis ecosocial</strong>; y escarbamos en las tensiones de los mercados de gas y electricidad en España.</p>
<p><strong>ENSAYO</strong> recoge una reflexión crítica de la vuelta al campo elitista de ciertos profesionales y cartografiamos el personaje de <strong>Ali Jinnah</strong>, clave en la separación de India y Pakistán.</p>
<p>Cerramos el número con una selección de reseñas en <strong>LECTURAS</strong>.</p>
<p>A continuación, ofrecemos el <strong>Sumario</strong> de la revista y el acceso en abierto y gratuito de los textos de <strong>Santiago Álvarez Cantalapiedra</strong> y de <strong>Óscar Carpintero</strong> y <strong>Jaime Nieto</strong> sobre la transición energética y los escenarios poscrecimiento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><span style="color: #0000ff;"><a style="color: #0000ff;" href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/sumario-156/" target="_blank" rel="noopener"><strong>Sumario</strong></a></span></h3>
<h4>INTRODUCCIÓN</h4>
<p><em><a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/los-planos-del-debate-de-la-crisis-energetica/" target="_blank" rel="noopener">Los planos del debate de la crisis energética</a>, </em><strong>Santiago Álvarez Cantalapiedra.</strong></p>
<h4>A FONDO</h4>
<p><em>Autolimitarnos para que pueda existir el otro. Sobre energía y transiciones ecosociales</em>, <strong>Jorge</strong> <strong>Riechmann</strong>.</p>
<p><em>Thanatia. Límites minerales de la transición energética</em>, <strong>Alicia Valero</strong>, <strong>Guiomar Calvo</strong> y <strong>Antonio</strong> <strong>Valero</strong>.</p>
<p>E<em>conomía política del mercado mundial de petróleo: ﬂujos, actores y precios</em>, <strong>Rafael Fernández Sánchez</strong>.</p>
<p><em>China, geopolítica y materiales estratégicos</em>, <strong>Tica Font</strong>.</p>
<p><em>Crisis energética</em>, <strong>Luis González Reyes</strong>.</p>
<p><em>Descenso energético: escenarios, estrategias y redistribución</em>, <strong>Martín Lallana</strong>.</p>
<p><a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/transicion-energetica-y-escenarios-postcrecimiento/" target="_blank" rel="noopener"><em>Transición energética y escenarios postcrecimiento</em></a>, <strong>Óscar Carpintero</strong> y<strong> Jaime Nieto</strong>.</p>
<h4>ACTUALIDAD</h4>
<p><em>Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) en crisis: del Antropoceno a su recalibración</em>, <strong>Carlos Gómez Gil</strong>.</p>
<p><em>Mejor hablar de crisis ecosocial</em>, <strong>Alejandro Quecedo del Val</strong>.</p>
<p><em>Tensiones en mercados y precios de gas y electricidad</em>, <strong>Francisco Javier Gutiérrez Hurtado</strong>.</p>
<h4>ENSAYO</h4>
<p><em>La pseudo revolución posturbana</em>, <strong>Jean-Pierre Garnier</strong>.</p>
<p><em>Jinnah, el que pudo ser el primer ministro de la India independiente en un potencial comunitarismo de convivencia</em>, <strong>Jesús Ojeda Guerrero</strong>.</p>
<h4>LECTURAS</h4>
<p><em>Técnica y tecnología. Cómo conversar con un tecnolófilo</em>, de Adrián Almazán</p>
<p><strong>Pablo Alonso López</strong></p>
<p><em>Economía política feminista. Sostenibilidad de la vida y economía mundial</em>, de Astrid Agenjo Calderón</p>
<p><strong>Oriol Navarro </strong>e <strong>Irene Gómez-Olano</strong></p>
<h4>Cuaderno de notas</h4>
<h4><span style="color: #0000ff;"><a style="color: #0000ff;" href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/resumenes-156/" target="_blank" rel="noopener">RESÚMENES</a></span></h4>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Información y compras</strong>:</h3>
<p>Tel.: +34 914310280</p>
<p>Email: <a href="mailto:publicaciones@fuhem.es">publicaciones@fuhem.es</a></p>
<p>Puedes adquirir la revista <strong>PAPELES</strong> en nuestra <u><a href="https://www.fuhem.es/product/crisis-energetica-materiales/" target="_blank" rel="noopener">librería virtual</a>.</u></p>
</div></div></div></div></div></div><script id="script-row-unique-3" data-row="script-row-unique-3" type="text/javascript" class="vc_controls">UNCODE.initRow(document.getElementById("row-unique-3"));</script></div></div></div><div data-parent="true" class="vc_row row-container" id="row-unique-4"><div class="row limit-width row-parent"><div class="wpb_row row-inner"><div class="wpb_column pos-top pos-center align_left column_parent col-lg-8 single-internal-gutter"><div class="uncol style-light"  ><div class="uncoltable"><div class="uncell no-block-padding" ><div class="uncont" ><div class="uncode_text_column text-small" ><p>Esta publicación ha sido realizada con el apoyo financiero del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITERD). El contenido de la misma es responsabilidad exclusiva de FUHEM y no refleja necesariamente la opinión del MITERD.</p>
</div></div></div></div></div></div><div class="wpb_column pos-top pos-center align_left column_parent col-lg-4 single-internal-gutter"><div class="uncol style-light"  ><div class="uncoltable"><div class="uncell no-block-padding" ><div class="uncont" ><div class="uncode-single-media  text-left"><div class="single-wrapper" style="max-width: 90%;"><div class="tmb tmb-light  tmb-media-first tmb-media-last tmb-content-overlay tmb-no-bg"><div class="t-inside"><div class="t-entry-visual"><div class="t-entry-visual-tc"><div class="uncode-single-media-wrapper"><img decoding="async" class="wp-image-141269" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/11/Logo_Miterd.png" width="1280" height="296" alt="" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/11/Logo_Miterd.png 1280w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/11/Logo_Miterd-450x104.png 450w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/11/Logo_Miterd-1200x278.png 1200w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/11/Logo_Miterd-300x69.png 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/11/Logo_Miterd-768x178.png 768w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/11/Logo_Miterd-600x139.png 600w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/11/Logo_Miterd-64x15.png 64w" sizes="(max-width: 1280px) 100vw, 1280px" /></div>
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		<title>Los planos del debate de la crisis energética</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 01 Feb 2022 07:23:30 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Análisis]]></category>
		<category><![CDATA[Crisis Climática]]></category>
		<category><![CDATA[Crisis Energética]]></category>
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		<category><![CDATA[Energía renovable]]></category>
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					<description><![CDATA[En el escenario de la crisis energética-climática es donde se revelan con mayor claridad los límites biofísicos de la civilización industrial capitalista.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><img decoding="async" class="alignright wp-image-141918 size-thumbnail" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/01/Papeles-156-1-100x100.jpg" alt="" width="300" height="424" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/01/Papeles-156-1-450x635.jpg 450w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/01/Papeles-156-1-300x424.jpg 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/01/Papeles-156-1-350x494.jpg 350w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/01/Papeles-156-1-64x90.jpg 64w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/01/Papeles-156-1.jpg 500w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" />Santiago Álvarez Cantalapiedra escribe en el texto introductorio del número 156 de la revista <a href="https://www.fuhem.es/revista-papeles/" target="_blank" rel="noopener"><em>Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global</em></a>, titulado «<a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/los-planos-del-debate-de-la-crisis-energetica/" target="_blank" rel="noopener">Los planos del debate de la crisis energética</a><em>»,</em> que <em>e</em>s en el escenario de la crisis energética-climática donde se revelan con mayor claridad los límites biofísicos de la civilización industrial capitalista.</p>
<p>Construida sobre la base energética de los recursos fósiles, la intensiﬁcación y expansión del industrialismo a lo largo de los dos últimos siglos ha mostrado la existencia de límites en la disponibilidad de los recursos (debido al agotamiento de unos stocks que se extraen de la corteza terrestre a un ritmo que no se corresponde con los largos periodos geológicos que los forman) y la presencia, aún más apremiante, de límites en la capacidad de asimilación de los residuos.</p>
<blockquote><p>La contaminación del aire, de las aguas y de la tierra con todo tipo de residuos (sólidos, líquidos y gaseosos) no solo ha hecho del planeta un inmenso vertedero, sino que además ha conseguido alterar el clima en la troposfera y modiﬁcar la estructura de la atmósfera.</p></blockquote>
<p>Ambas circunstancias ofrecen suﬁcientes evidencias para concluir que el modelo energético imperante resulta inviable si queremos preservar las condiciones naturales que facilitan una vida civilizada en el planeta. La contradicción derivada de un modo civilizatorio que no civiliza nos exige renunciar a un modelo de acumulación basado en requerimientos crecientes de materiales y energía y a perﬁlar horizontes con nuevos ﬁnes (sociales, económicos y políticos) y medios que hagan un uso menos intensivo de los recursos.</p>
<p>Este debería ser el insoslayable punto de arranque de cualquier discusión sobre el sistema energético. De ser así, no podrá obviarse que la rápida transición hacia una nueva base energética requiere algo más que una aceleración del desarrollo tecnológico y la sustitución de unas fuentes energéticas insostenibles por otras renovables. La cuestión tiene mayor enjundia, y la interiorización de la existencia de los límites naturales (cuando se cumple el quincuagésimo aniversario de la publicación del informe al Club de Roma de los esposos Meadows) debería situar, como ejes centrales en una estrategia de transición, dos cuestiones: la primera, que la senda por la que transitaremos será descendente en términos energéticos dada la existencia de límites (materiales, territoriales, de eﬁciencia tecnológica, etc.); y la segunda, que el camino hacia la descarbonización de la economía para sortear las peores consecuencias del cambio climático va a estar condicionado por lo anterior.</p>
<h4>Otros planos del debate</h4>
<p>Aunque nuestras sociedades fueran más conscientes de lo que muestran en relación con la existencia de los límites naturales, el problema de la transición energética no se resuelve sin la introducción de otros planos en el debate. El primero tiene que ver con el propósito de descarbonizar electriﬁcando todos los procesos que hasta ahora se encuentran alimentados con recursos fósiles y que en adelante obtendrían los suministros de un sistema eléctrico basado en ﬂujos renovables. Esta vía de «descarbonizar electriﬁcando» sin cambios profundos en el modo de vida hegemónico, además de los consabidos límites ya aludidos, no está exenta de su propia problemática, particularmente derivada de la singularidad que presenta la electricidad como producto. Otro plano ineludible que añade complejidad a la transición es la presencia en el sector energético de instituciones, actores y relaciones de poder que, de no tomarse en consideración, marcarán las posibilidades de que aquella pueda llegar a ser justa además de sostenible.</p>
<p>En resumen, que la crisis energética difícilmente se abordará con seriedad si no nos pone frente al espejo de la situación de extralimitación en la que nos encontramos y no se encaran las diﬁcultades especíﬁcas que presenta un sistema energético que, además de gobernado por estructuras oligopólicas que condicionan el funcionamiento de los mercados y la ﬁjación de los precios, rezuma fuertes tensiones geopolíticas.</p>
<h4>La electrificación del sistema energético</h4>
<p>Si la transición energética es la clave de bóveda de la transición ecosocial, la eléctrica se presenta a su vez como la condición necesaria de la primera. Sin embargo, la electriﬁcación del sistema energético es un desafío realmente complicado. Para empezar, hay que recordar el estadio en que estamos, donde la electricidad apenas representa el 20% del consumo energético ﬁnal sin ser, ni mucho menos, toda de origen renovable. A esa diﬁcultad de partida se suman otras consideraciones en absoluto menores.</p>
<p>En primer lugar, aunque la electricidad se encuentra presente en la naturaleza, los seres humanos no somos capaces de aprovechar directamente ese potencial, por lo que precisamos de tecnologías e infraestructuras -que han de ser fabricadas e instaladas a partir del empleo de un ingente caudal de recursos materiales y energéticos- para ser capaces de transformar los ﬂujos renovables en energía eléctrica y, como señalan en su artículo Carpintero y Nieto,1 esta circunstancia nos sitúa ante la denominada <em>trampa de la energía</em>, es decir, ante el hecho de que el despliegue de esas infraestructuras de captación de las fuentes renovables pueda signiﬁcar, si no propiciamos cambios radicales en el resto de usos en que se emplean esos recursos requeridos, un agravamiento de los problemas relacionados con los límites de disponibilidad de recursos y desbordamiento de sumideros a los ya hemos hecho referencia.</p>
<p>En segundo lugar, no todas las actividades se pueden electriﬁcar con las tecnologías actualmente disponibles (basta con pensar en el transporte nacional e internacional de mercancías o en la industria química), y cuando empiecen a estar a nuestra disposición las alternativas, la matriz de renovables no parece que pueda garantizar la aﬂuencia energética con la que cubrir los desmesurados niveles de consumo a los que nos hemos acostumbrado en la era de la energía fósil.</p>
<blockquote><p>La transformación hacia un <em>modelo 100% renovable </em>sin considerar, de nuevo, cambios profundos en las estructuras y dinámicas sociales, es una ilusión que queda -en los plazos de urgencia en los que nos movemos- sencillamente fuera de nuestro alcance.</p></blockquote>
<p>Finalmente, la electriﬁcación del sistema energético se encuentra con problemas asociados a las peculiaridades de la electricidad, en concreto, las diﬁcultades para su almacenamiento a gran escala y para conjugar la oferta con la demanda derivada de la intermitencia en la generación a partir de fuentes renovables como el sol y el viento. A pesar de las esperanzas depositadas en el hidrógeno como vector energético que facilite una alternativa viable de almacenamiento cuando la generación eléctrica de origen renovable exceda a la demanda, los avances en los esfuerzos encaminados en esta dirección no han proporcionado hasta el momento más que avances muy modestos sin lograr siquiera las condiciones económicas y ecológicas que pudieran hacerlo viable en un corto plazo.2  Tampoco los resultados obtenidos de la conversión mecánica en las centrales hidráulicas por bombeo o en acumuladores de conversión química o electromagnética parece que sean suﬁcientemente signiﬁcativos como para pensar que el problema está resuelto.</p>
<p>Por otro lado, la conjugación permanente de la oferta con la demanda requiere dotar al sistema eléctrico de los atributos de estabilidad y ﬂexibilidad, algo difícil de lograr dado el carácter discontinuo de las fuentes renovables. Obviamente se trata de un asunto estrechamente relacionado con las posibilidades de almacenamiento a gran escala, aunque no únicamente. Requiere también resolver de forma adecuada la integración de las diferentes secuencias que conforman el sistema eléctrico, desde la generación hasta la utilización ﬁnal de la electricidad pasando por el transporte a través de redes de alta tensión y la distribución comercial. Para ello se confía en una digitalización a gran escala que haga posible lo que se denomina “energía conectada”. Así pues, la electriﬁcación del sistema energético queda íntimamente ligada a la intensiﬁcación de la digitalización de la sociedad, con todas las potencialidades, pero también con todos los problemas y riesgos que comporta. No es el momento (y tampoco hay espacio) para desarrollar este aspecto, pero sí convendría observar cómo se viene construyendo un discurso tecnologicista en el que se habla alegremente de “prosumidores” (actores que desempeñan simultáneamente el papel de productores y consumidores), de redes concebidas como plataformas digitales de servicios, de descentralización gobernada por organizaciones vecinales y comunitarias, etc., sin alusión alguna a cómo se organiza y funciona realmente el sector: con estructuras oligopólicas y una invariable connivencia de los diferentes gobiernos con las grandes empresas para su mayor beneﬁcio y menor atención a los intereses generales de la población.</p>
<h4>Las estructuras e instituciones de poder</h4>
<p>La integración de las fuentes renovables en un sistema descentralizado y digitalizado basado en redes dinámicas bidireccionales en las que millones de usuarios pudieran gestionar su consumo eléctrico y verter los excedentes a la red es un proyecto que tropieza con las estructuras e instituciones de poder tanto nacionales como internacionales.</p>
<p>La necesidad de cambiar el marco institucional en el que operan los actores implicados en la producción, el comercio y el consumo de la energía emerge como la <em>conditio sine qua non </em>para poder deﬁnir democráticamente el rumbo de la transición energética. Se trata de una cuestión crucial de un debate eminentemente político que no puede ser hurtado a la ciudadanía, pero que requiere, para mayor complicación, de un conocimiento riguroso del funcionamiento, las prioridades y los actores decisivos que condicionan la marcha de un sistema energético.3</p>
<p>Por si esto fuera poco, cabe añadir la dimensión internacional en que se desarrolla el sistema energético actual, marcado a su vez por profundas asimetrías y desigualdades. El orden fosilista ha estado acompañado permanentemente de una geopolítica que ha hecho y desecho alianzas internacionales y esferas de inﬂuencia, en la mayoría de los casos con consecuencias bélicas para los países que han osado desaﬁar el orden establecido con el propósito de mejorar su participación en el pastel o garantizar, al menos, su cuota de mercado. Pocos ámbitos han estado tan marcados en la historia reciente por las estrategias de seguridad nacional de las grandes potencias y demasiados han sido los pueblos que les ha tocado sufrir las calamidades que esas estrategias han ocasionado. No es una historia exclusiva del sector energético, aunque tal vez sí uno de los ejemplos más signiﬁcativos.</p>
<p>Un solo dato puede ser indicativo de la magnitud que va a adquirir esta dimensión geopolítica. En el año 1990, el mundo obtenía el 87% de su energía primaria de fuentes fósiles; en el 2020, representa el 83%, con una reducción de apenas cuatro puntos porcentuales en tres décadas. ¿Cómo será posible moverse desde el 83% al cero en los próximos 30 años, periodo que se contempla para culminar el proceso de descarbonización, sin una recomposición radical de las fuerzas y actores en juego?</p>
<h4><strong>Pensar imaginativamente otros ﬁnes y medios</strong></h4>
<p>Para que no desemboque la tan anhelada transformación de la matriz energética en una tragedia ecosocial sin precedentes o en el apartheid de gran parte de la humanidad, no queda otra que perﬁlar horizontes nuevos con otros ﬁnes y medios. No existe como tal una transición energética en marcha, sino un espacio de disputa que podrá salvarnos de –o encaminarnos sin remedio hacia– los peores escenarios de la crisis ecosocial.</p>
<p>Mientras se disputa y se hacen valer las capacidades políticas y técnicas para resolver los problemas y diﬁcultades concretas en los planos antes mencionados, resulta igualmente necesario y urgente subvertir los objetivos, prioridades y valores que nos han conducido a esta crisis energética que desvela un rango civilizatorio a poco que se escarbe. El capitalismo ha construido un entorno social y cultural que favorece el consumo desenfrenado, creando unos consumidores agitados por el ansia de alcanzar todos sus deseos. Y no lo hace de forma homogénea y continua, sino generando abismales desigualdades y provocando crisis continuas en medio de un despilfarro generalizado. Se antoja imposible construir una sociedad autocontenida y guiada por principios igualitarios en escenarios de escasez sin un cuestionamiento y una radical redeﬁnición de las nociones de bienestar y calidad de vida en las sociedades contemporáneas. La lucha contra la desigualdad y el despilfarro consustanciales a la dinámica capitalista ofrecen cierto margen que, aunque se vaya estrechando, permite aún imaginar sociedades civilizadas con propósitos que no se reduzcan a los de la mera supervivencia.</p>
<p style="text-align: right;"><strong><em>Santiago Álvarez Cantalapiedra</em></strong></p>
<h4>NOTAS</h4>
<p>1.  Óscar Carpintero y Jaime Nieto, «Transición energética y escenarios post-crecimiento», <em>Papeles de relaciones ecosociales y cambio global, </em>núm. 156, invierno 2021, FUHEM Ecosocial, Madrid, pp 93-106.</p>
<p>2.  Véase en esta misma revista Antonio Serrano, «hidrógeno verde y transición energética», <em>Papeles de rela- ciones ecosociales y cambio global, </em>núm. 1153, primavera 2021, FUHEM Ecosocial, Madrid, pp. 83-92.</p>
<p>3.  De la complejidad y cuestiones más relevantes del sistema eléctrico español, dominado por un oligopolio formado por un número muy reducido de compañías que poseen casi toda la capacidad instalada y el control de la mayoría de las redes de distribución y comercialización, ejerciendo una inﬂuencia decisiva sobre el marco institucional y enormes posibilidades de captura del regulador, da buena cuenta Enrique Palazuelos en un libro imprescindible para quien desee aventurarse, con conocimiento de causa, en la discusión sobre la viabilidad, características y consecuencias de la transición energética: <em>El oligopolio que domina el sistema eléctrico. Consecuencias para la transición energética, </em>Akal, Madrid, 2019.</p>
<p>Acceso al pdf completo y gratuito del artículo: «<a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/los-planos-del-debate-de-la-crisis-energetica/" target="_blank" rel="noopener">Los planos del debate de la crisis energética</a><em>»</em></p>
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