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	<title>Guerra &#8211; FUHEM</title>
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		<title>El conflicto de Ucrania y las incertidumbres de Trump</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 27 Apr 2025 11:35:47 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Análisis]]></category>
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					<description><![CDATA[El artículo se centra en la génesis del conflicto de Ucrania y en las nuevas incertidumbres que aporta la presidencia de Donald Trump en Estados Unidos.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div class="wpb-content-wrapper"><div data-parent="true" class="vc_row row-container" id="row-unique-0"><div class="row limit-width row-parent"><div class="wpb_row row-inner"><div class="wpb_column pos-top pos-center align_left column_parent col-lg-12 single-internal-gutter"><div class="uncol style-light"  ><div class="uncoltable"><div class="uncell no-block-padding" ><div class="uncont" ><div class="uncode_text_column" ></p>
<blockquote>
<p><em><strong><img fetchpriority="high" decoding="async" class="alignright size-full wp-image-167076" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2025/04/Portada-169-con-borde.jpg" alt="" width="400" height="600" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2025/04/Portada-169-con-borde.jpg 400w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2025/04/Portada-169-con-borde-300x450.jpg 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2025/04/Portada-169-con-borde-350x525.jpg 350w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2025/04/Portada-169-con-borde-64x96.jpg 64w" sizes="(max-width: 400px) 100vw, 400px" />Vivimos una época convulsa. El drama de los cambios a los que asistimos reside en su profunda desconexión y contradicción con las necesidades de la humanidad. Cuando urge una concertación de las grandes potencias para afrontar cuestiones planetarias existenciales e inaplazables como la del cambio climático, asistimos a todo lo contrario: el escenario bélico de los imperios combatientes.</strong></em></p>
</blockquote>
<p><strong>Rafael Poch-de-Feliu</strong>, corresponsal durante 35 años para <em>La Vanguardia</em>, escribe sobre el conflicto de Ucrania y las incertidumbres de Trump para la sección <strong>A Fondo</strong> del número 69 de la revista <em>Papeles de relaciones ecosociales y cambio global. </em></p>
<p>El artículo se centra en la génesis del conflicto de Ucrania, tan mal explicado por nuestros medios de comunicación, y en las nuevas incertidumbres que aporta la presidencia de Donald Trump en Estados Unidos.</p>
<p>El lector interesado en un punto de vista más general sobre el momento de las relaciones internacionales, puede consultar este texto del año pasado publicado por la Universidad Pompeu Fabra.&gt;<sup>1</sup></p>
<p>Respecto a la posición del autor, vaya por delante que su simpatía está con las víctimas de esta guerra, con los cientos de miles de soldados muertos y mutilados, con sus viudas y huérfanos. También con los encarcelados y represaliados por antibelicismo: en Rusia unos 800 a los que hay que sumar varios miles de multados; en Ucrania entre 10 000 y 15 000 condenados, por “traición”, “colaboracionismo” o “simpatías con la agresión rusa”, sin olvidar a los centenares de miles de desertores que en ambos países huyen de la perspectiva de morir por la patria.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h5><strong>La </strong><span style="font-family: Liberation Serif, serif;">«</span><strong>garant</strong><strong>ía de seguridad</strong><span style="font-family: Liberation Serif, serif;">» </span><strong>de Ucrania es su neutralidad</strong></h5>
<p>Desde los años noventa la estrategia occidental, mayormente de Estados Unidos, tuvo como objetivo integrar a Ucrania en su esfera de influencia y alinearla militarmente en su campo para zanjar la debilidad de Rusia, privarla de su acceso al mar Negro e impedir su reconstitución como potencia euroasiática. Todo esto está perfectamente documentado y acreditado en infinidad de informes oficiales en materia de política militar y exterior, declaraciones de responsables, así como en las propias acciones que se llevaron a cabo desde entonces. Tal estrategia se deducía de la premisa de que Estados Unidos había vencido en la Guerra Fría. De ello se derivaba que Washington podía ignorar los intereses rusos sin consecuencias. Se desestimaba la posibilidad de que Rusia recompusiera su tradicional y secular potencia. Eran los tiempos del «fin de la historia» y Rusia se había hecho irrelevante. Fue así que se dio vía libre a una seguridad europea, primero sin Rusia y luego contra Rusia.<sup>2</sup></p>
<p>Aprovechando el caos postsoviético, en primer lugar, la mala política rusa&gt;<sup>3</sup>y la corrupción estructural de la política ucraniana, con su universo de oligarcas, Occidente fue forzando el alineamiento occidentalista de sectores políticos y sociales de la elite ucraniana. Vía la financiación de sus organizaciones no gubernamentales, se compró y colonizó Kíev, creando efectivas redes de dependencia clientelar en la política y los medios de comunicación. Fue un proceso dilatado a lo largo de unos veinte años. Moscú se mostró incapaz de contrarrestarlo, en primer lugar, porque su elite estaba concentrada en el asalto a la propiedad pública: el latrocinio de los ingentes recursos naturales rusos mediante el que realizaba su reconversión social desde su condición de casta administrativa socializante en el antiguo régimen a clase propietaria en línea con el estándar capitalista. En segundo lugar, porque el régimen ruso, ni reconoce ni apenas entiende la autonomía social, por lo que su acción para impedir ese tipo de procesos se limitó a operar con intereses elitarios sin anclajes con la sociedad. En tercer lugar, porque para una gran parte de la sociedad ucraniana el sistema autocrático ruso no inspiraba simpatías ni era visto como modelo deseable. Fue así como Moscú asistió impotente a la erosión y barrido de su íntimo vínculo con Ucrania.</p>
<p>En medio de ese tumultuoso contexto, la política ucraniana mantuvo su pluralismo interno, con fuerzas predominantemente rusofilas u occidentalistas que se alternaban en el poder. En 2014 ese equilibrio se rompió definitivamente cuando la elite occidentalista ucraniana, apoyada por el movimiento social hostil a Rusia mayoritario en Ucrania occidental, tomó el poder en una rebelión apoyada por Washington y la Unión Europea, que derribó al gobierno legítimo. Se rompió así el equilibrio fundamental sobre el que reposaba el pluralismo, la soberanía e integridad territorial del país. El nuevo gobierno estaba decidido a adoptar el programa occidental por el que porfiaban desde hacía años sus padrinos de Washington y Bruselas, desalojando a la marina rusa de sus bases de Crimea, reprimiendo militarmente la oposición popular y elitaria adversa al cambio de régimen en las regiones del Este y Sur del país, e ingresando en la OTAN, esto último contra la voluntad mayoritaria de la ciudadanía expresada en multitud de encuestas de opinión y elecciones que demuestran que la neutralidad seguía siendo la primera opción de los ucranianos.</p>
<p>Abandonando paulatinamente –definitivamente en 2014– su estatuto de neutralidad y la promesa de no alineamiento en bloques, los gobiernos de Ucrania rompieron el pilar básico de su independencia de la URSS proclamada en 1991. Consagrada en los documentos fundamentales de su constitución como Estado, esa neutralidad era apoyada por la inmensa mayoría de la población y no solo era condición de una relación armónica con Rusia, sino también, y sobre todo, base y fundamento de la estabilidad interna de un país con una identidad nacional, geográfica y etnopolíticamente diversa. Esa diversidad incluía diferencias fundamentales en cómo cada región contemplaba su historia, el papel de la URSS, la memoria de la Segunda Guerra Mundial, el lugar de la lengua y la cultura rusas, la tradición religiosa, entre otras cuestiones El papel de puente entre Rusia y la Unión Europea, con las regiones orientales y meridionales mayoritariamente rusofilas y las occidentales, occidentalista/europeístas, era condición del consenso interno entre regiones, y, por tanto, de la soberanía e integridad territorial del país.<sup>4</sup></p>
<blockquote>
<p><strong>Abandonando paulatinamente su estatuto de neutralidad y no alineamiento, los gobiernos de Ucrania rompieron el pilar de su independencia de la URSS proclamada en 1991. </strong></p>
</blockquote>
<p>Habiendo perdido Ucrania, el Kremlin intentó salvar por lo menos su posición en el mar Negro, anexionándose la península de Crimea en marzo de 2014, en una operación militar incruenta con el apoyo de la población local, pero sin decidirse a implicarse abiertamente en la rebelión popular armada de la población y las elites del Donbas.<sup>5</sup>;  Se inició un proceso de negociación diplomática (Minsk), en el que las potencias europeas (Alemania y Francia) decían actuar como mediadoras cuando la realidad es que sus dirigentes, el presidente francés, François Hollande, y la canciller Angela Merkel, reconocieron más tarde haber actuado en complicidad con el presidente ucraniano, Petro Poroshenko, no para llegar a un acuerdo negociado, sino para ganar tiempo a fin de fortalecer al ejército ucraniano. Desde 2014  –y esto también está detalladamente documentado– la OTAN se volcó en la preparación, modernización y armamento del ejército ucraniano. Ucrania no estaba en la OTAN, pero la OTAN estaba en Ucrania.<sup>6</sup></p>
<p>En febrero de 2019, la Constitución ucraniana fue enmendada de su estatuto de neutralidad y no alineamiento en bloques y lo transformó declarando la adhesión a la OTAN como un objetivo irrenunciable del gobierno. Tres meses después, Volodimir Zelenski, un rusoparnte, ganó las elecciones por una mayoría del 70% con un programa de pacificación, restablecimiento de los derechos linguísticos y culturales de la mayoría rusoparlante del país, y la potenciación de la negociación de paz en el conflicto armado del Donbas en el que, tras muchas dudas y vacilaciones, Rusia terminó por implicarse lo justo para impedir que las fuerzas rusófilas fueran arrolladas por la “operación antiterrorista” del ejército ucraniano. Las presiones de la ultraderecha ucraniana, electoralmente minoritaria pero muy fuerte en el ejército, con amenazas directas al presidente si negociaba, y de la OTAN animando al enfrentamiento con Rusia, anularon por completo las promesas de Zelenski. En marzo de 2021 el presidente adoptó un programa para recuperar Crimea por todos los medios, incluidos los militares (<em>Plataforma de Crimea</em>). En julio, 32 países de la OTAN participaron en las maniobras <em>Defender 21 </em>junto a la frontera rusa<em>,</em> pese a que una inmensa mayoría de ucranianos se declaraba en contra de tales maniobras.<sup>7</sup> En agosto del mismo año, Estados Unidos firmó con Ucrania un acuerdo de defensa estratégica, seguido unos meses después de una Carta de asociación estratégica en la que se establecía el «apoyo inquebrantable» de Washington a la recuperación de Crimea. A finales de 2021, Rusia denunció que la mitad del ejército ucraniano estaba desplegado en la zona del Donbas.<sup>8</sup></p>
<blockquote>
<p><strong>Las potencias occidentales provocaron la guerra, rechazaron la posibilidad de negociar para evitarla, y una vez iniciada se opusieron a cualquier negociación de paz. </strong></p>
</blockquote>
<p>La información actualmente disponible es, por tanto, concluyente: toda esta escalada se hizo contra la voluntad manifiesta de la población ucraniana. El 17 de diciembre de 2021, dos meses antes de la invasión, Rusia envió propuestas en materia de garantías de seguridad a Washington y a la OTAN. Pedía poner fin a la expansión de la OTAN, restablecer la neutralidad de Ucrania y restringir el despliegue de tropas y armas occidentales en Europa del Este, amenazando en caso contrario con adoptar «medidas tecnico-militares apropiadas». Las propuestas de Moscú fueron tajantemente rechazadas por Washington.&gt;<sup>9</sup></p>
<p>Occidente declaró desde el principio como “agresión no provocada” la invasión rusa iniciada el 24 de febrero de 2022, y rechazó toda relación de esta con su propia actividad a lo largo de más de veinte años. La realidad es que las potencias occidentales provocaron la guerra, rechazaron la posibilidad de negociar para evitarla, y una vez iniciada se opusieron a cualquier negociación de paz , rompiendo el proceso iniciado pocos días después de la invasión, con reuniones primero en Minsk (marzo) y luego en Estambul (abril). Sin eludir las responsabilidades rusas en la carnicería que siguió, y mucho menos justificándola, la simple realidad es que con una Ucrania neutral, no alineada en bloques y sin expansión de la OTAN hacia el Este, nunca habría habido elementos de guerra civil en Ucrania. Y sin ambas circunstancias, difícilmente habría habido invasión rusa. En una declaración del 9 de julio de 2023, el secretario general de la OTAN Jens Stoltenberg contradijo por primera vez la afirmación general de la propaganda occidental («agresión no provocada») al decir que la invasión fue la consecuencia de que la OTAN no aceptara las propuestas rusas presentadas en diciembre de 2021.<sup>10</sup></p>
<p>&nbsp;</p>
<h5><strong>Conflicto de intereses oligá</strong><strong>rquicos</strong></h5>
<p><strong> </strong>En Occidente se invocan “valores europeos”, la defensa del “mundo libre” y la dialéctica de «democracia contra autocracia». En Rusia se habla de «amenaza existencial a la soberanía rusa», de «lucha contra el nazismo» e incluso de nueva «guerra patriótica» a la par con los ataques de Napoleón y Hitler. Con este arrullo, centenares de miles han perdido su vida y se ha vuelto a crear todo un ejército de viudas, húerfanos y mutilados en Europa. Pero si hablamos en serio, toda esa cronología, digamos militar o <em>geopolí</em><em>tica</em>, que hemos expuesto, es consecuencia de un conflicto superior de intereses entre elites capitalistas.</p>
<p>Una de las diferencias del sistema ruso con el occidental, es el carácter político de su oligarquía. Los “oligarcas” rusos están subordinados al Estado ruso, como la nobleza rusa lo estaba a la autocracia zarista. Es un rasgo de la historia secular de ese país. Si en Occidente una oligarquía económica domina lo político, en Rusia el poder económico se deriva del control del Estado. Los oligarcas son estatales o están subordinados al Estado. Tras la privatización de los años noventa, los dirigentes rusos estaban convencidos de su homologación internacional. Estaban convencidos de que Occidente les iba a dejar entrar en la globalización capitalista como socios «libres e iguales». Desconocían el mundo al que accedían. Habían olvidado todo aquello por lo que sus abuelos hicieron la revolución en busca de una solución al problema del desigual desarrollo capitalista que empujaba al Imperio Ruso de principios del siglo XX a convertirse en una especie de gran potencia colonizada. Consideraban que con la URSS su país se había apartado de la “civilización” a la que ahora regresaban. Moscú quería ser Nueva York, París o Londres, pero lo que la globalización capitalista les ofrecía era un estatuto subalterno y dependiente en el que la «Tercera Roma» (Moscú en la ideología secular imperial abrazada en el siglo XVI) debía renunciar a su identidad y realidad de gran potencia, con su nueva oligarquía en el papel de mera intermediaria en el comercio transnacional de materias primas. Ese papel la élite rusa no lo aceptó. Con Putin la elite rusa cayó del caballo y se dio cuenta de la cruda realidad. Si el capital occidental hubiera tenido libre acceso al control de los recursos energ , y si en ese negocio la élite rusa se hubiera conformado con un papel subalterno y solícito hacia los intereses extranjeros, no habría habido ampliación de la OTAN ni se hubiera excluido a Rusia ni demonizado al régimen de Putin. El conflicto “geopolítico” es, por tanto, consecuencia de ese choque fundamental de intereses.<sup>11</sup></p>
<blockquote>
<p><strong>Si el capital occidental hubiera tenido libre acceso a los recursos energéticos y minerales de Rusia, no habría habido ampliación de la OTAN. </strong></p>
</blockquote>
<p>El ejército ruso entró en Ucrania en febrero de hace tres años sin un plan concreto, pero con la idea de que cuanto más se demorara la operación más peligrosa se haría. El Kremlin creía que, en el mejor de los casos, el gobierno huiría de Kíev a Lviv, y que los generales del ejército ucraniano llegarían a algún acuerdo con sus ex compañeros de la Academia militar Frunze de Moscú, donde se formaron como oficiales soviéticos. Confrontada a una acción militar rusa corta y exitosa, la reacción occidental no superaría ciertos límites. Los americanos no iban a entrar en guerra por Ucrania, y la Unión Europea bajo liderazgo alemán tenía demasiados intereses energéticos y comerciales en la región como para ir mas lejos de la protesta y el griterío. Los reveses iniciales que la resistencia militar y popular ucraniana, y la asistencia de inteligencia militar brindada por la CIA y el Pentágono, complicaron el escenario y convirtieron lo que para Moscú debía ser una corta «Operación Militar Especial» en una larga guerra por procuración entre la OTAN y Rusia, con Ucrania como víctima propiciatoria. Inmediatamente el objetivo occidental quedó establecido: infringir una «derrota estratégica» a Rusia, «arruinar» su economía con las sanciones más radicales decididas hasta la fecha por Estados Unidos y la UE, y, en última instancia un cambio de régimen en Rusia. Alrededor de esos objetivos, los gobernantes europeos mayormente desprestigiados desde la crisis del casino de 2008 y la propia OTAN conocieron cierta consolidación, con la incorporación de Suecia y Finlandia y el fin de los restos de neutralidad en Austria y Suiza. Confrontada a tales objetivos de parte de un adversario económica y militarmente mucho más poderoso que ella, Rusia recordó y tomó medidas para hacer valer su condición de gran superpotencia nuclear, enmendando su doctrina en la materia para compensar el desequilibrio y conjurar lo que consideró «amenaza existencial». Fue así como la guerra por procuración se convirtió en un conflicto potencialmente global, enormemente peligroso para el conjunto de la humanidad y sin precedentes desde la crisis de los misiles de Cuba de 1962.</p>
<p>Para el verano de 2023 la derrota de Ucrania estaba mucho más clara que el significado de una victoria rusa en el conflicto.<sup>12</sup> Rusia había resistido las sanciones, diversificado su comercio y convertido su industria militar en motor de un keynesianismo de guerra. Mientras en la Unión Europea la economía alemana rozaba la recesión al haber renunciado unilateralmente a la energía rusa, la economía rusa crecía. El aislamiento de Moscú en Occidente había sido compensado por sus apoyos en Asia y en el Sur global, donde sin justificar la invasión rusa comprendían las responsabilidades compartidas del conflicto. La actitud occidental en Ucrania pudo compararse y leerse en el contexto de las masacres israelís en Palestina, entre las ruinas de Gaza y Líbano, consolidando la secesión del Sur global expresada en diversos vectores, con cambios de actitud en África, dinamización de los BRICS y medidas para independizarse del dólar en el comercio internacional. En ese contexto tuvo lugar el cambio de administración en Washington.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h5><strong>La anomalía Trump</strong></h5>
<p><strong> </strong>En enero de 2025 inició su segundo mandato en Washington un presidente anómalo que declaró querer cambiar las prioridades de Estados Unidos. Donald Trump anunció castigos comerciales a sus principales proveedores, tanto socios como adversarios, proyectos expansionistas hacia Groenlandia, iniciativas inmobiliario-genocidas en Gaza y la sugerencia de querer economizar esfuerzos en Europa para concentrarse en China, lo que pasa por un rápido acuerdo de paz con Rusia. Trump declaró también no querer empezar nuevas guerras e incluso habló de un acuerdo de desarme radical a negociar con China y Rusia. A siete semanas de su inicio –cuando se escriben estas líneas– y en medio de una desconcertante y a veces contradictoria sucesión de declaraciones y anuncios, apenas hay perspectiva para pronósticos y conclusiones. Es difícil imaginar que se realice, por ejemplo, lo que dice el ayudante presidencial Elon Musk de que Estados Unidos se vaya de esa OTAN que el secretario de Defensa, Pete Hegseth, quiere «más fuerte y letal». Aún más que abandone Europa, pieza fundamental de la proyección del poder americano en el mundo. Sin embargo, el mero hecho de que el primero en la cadena de mando de la guerra entre la OTAN y Rusia que se libra en Ucrania exprese comprensión hacia los intereses rusos e insista en acabar la guerra ha quebrado la narrativa occidental sobre el conflicto y crea una enorme confusión en las filas europeas unidas en su hostilidad a Rusia, lo que abre una ventana de oportunidad a Moscú.</p>
<p>En el Kremlin deben preguntarse hasta qué punto es firme esa oportunidad. Tras décadas de deslocalización y desindustrialización en busca del máximo beneficio cortoplacista, la dependencia de la economía de Estados Unidos de sus suministradores es grande. Los castigos arancelarios anunciados pueden crear rupturas y carestías. El mundo ya conoció, en la Rusia de Boris Yeltsin de los años noventa, grandes promesas de «volver a hacer grande» el país saldadas con un fenomenal desbarajuste. En los inicios de Trump, el presidente que sufrió dos atentados durante la campaña electoral, tiene a su favor la inercia del <em>shock</em> que provoca el anuncio de su política entre sus adversarios en Estados Unidos y en Europa, pero su posición está lejos de ser firme. Su mayoría en el Congreso es exigua, de solo tres votos. En el dossier ucraniano, todo el partido demócrata y parte del republicano no sintonizan con el giro hacia un acuerdo con Rusia. En el probable caso de que la economía se le tuerza, Trump perderá en dos años la mayoría en las elecciones de <em>midterm</em> y recibirá la suma de la energía opositora que ya se está gestando contra él. Desconocemos también cuanto durará la unidad en su bizarro equipo, formado por criterios de fidelidad. Esa es la principal incertidumbre. Respecto a Ucrania, la tragedia parece servida.</p>
<p>El propio Zelenski reconoce que sin la ayuda militar americana, «las posibilidades de supervivencia de Ucrania son muy reducidas». El posible colapso del frente y del ejército comportará el colapso del régimen. Del mero seguimiento de la prensa ucraniana se desprenden desde hace meses evidentes tensiones y rivalidades entre dirigentes. El jefe de la inteligencia militar, Kiril Budanov, un hombre de la CIA, está enfrentado con el jefe de la administración presidencial y mano derecha de Zelenski, Andri Yermak. Hay rumores de destitución de Budanov, que en enero dijo en una reunión parlamentaria a puerta cerrada que si no habían negociaciones de paz pronto el país se iría al garete. El jefe del grupo parlamentario del partido del presidente, David Arajamiya, también está peleado con la administración presidencial que le quiere relevar del cargo. Arajamiya fue quien confirmó que en las negociaciones de marzo/abril de 2022 en Estambul había un acuerdo de paz ya preparado que fue echado para atrás por la presión occidental. El ex jefe del ejército Valeri Zaluzhni, al que Zelenski destituyó y envió de embajador a Londres por ser más popular que él, tiene ambiciones y mantiene contacto con el ex presidente Petró Poroshenko, otro rival de Zelenski al que este ha represaliado. La negativa actitud de Trump hacia Zelenski y sus sugerencias directas de que el presidente no es capaz de negociar la paz, no hacen más que reavivar estas tensiones y disputas por el poder en el interior del régimen de Kiev. ¿Sobreviría la integridad territorial de lo que quede de Ucrania a ese posible colapso del régimen? La pregunta es razonable.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h5><strong>Peligrosa ineptitud europea</strong></h5>
<p>En términos históricos, parece que el hegemonismo occidental se está desmoronando en el mundo. La conducta de los que van a menos en el actual tránsito está plagada de peligros. Eso incluye a Rusia, pero en el ámbito de los objetivos, los de Moscú están claros:</p>
<p>1. restablecer la neutralidad de Ucrania y evitar el despliegue allí de bases y armas de la OTAN</p>
<p>2. restablecer los derechos de la población rusófila de la región</p>
<p>3. renegociar un sistema de seguridad europeo integrado en el que los intereses de Rusia sean tenidos en cuenta.</p>
<p>Los objetivos americanos están menos claros, aunque entre todo lo declarado, se extrae una lógica de economía de recursos para poder seguir dominando el mundo. En el caso de Europa, no hay objetivos definidos. Hay un partido de la guerra, con gran peso de bálticos, polacos y nórdicos, que arrastra al resto y que podría degenerar en la transformación del conflicto de Ucrania y su ampliación con una <em>guerra del norte</em> en el área del mar Báltico. ¿Cómo se ha llegado a esto? Desde luego no de repente.</p>
<p>El papel de la Unión europea no es el de «una gran Suiza», como se desprende de su propia retórica cada vez más orwelliana. Desde hace veinte años está militarmente presente en el mundo. Ha realizado más de cuarenta operaciones en Europa, África y Asia, diez de ellas militarmente activas hoy. Revestidas de «promoción de la paz y la seguridad» y financiadas frecuentemente por el “Fondo Europeo por la Paz” sin apenas control parlamentario, estas operaciones sirven en realidad para promover intereses europeos, coherentes con el pasado colonial de las principales potencias del continente. La UE ha suministrado armas a zonas de guerra, ha agravado conflictos en Somalia y el Sahel, donde está siendo rechazada por los regímenes locales, y mantiene un mortífero régimen de fronteras y de internamiento en países de su entorno mediterráneo responsable de la muerte de decenas de miles de personas. La UE considera rutinariamente a los Balcanes como su patio trasero y de vez en cuando sus barcos de guerra participan en el acoso a China e Irán. El cambio de administración en Washington no ha creado todo esto. Solo lo ha acelerado.<sup>13</sup></p>
<blockquote>
<p><strong>El papel de la Unión europea no es el de «una gran Suiza», como se desprende de su propia retórica cada vez más orwelliana</strong></p>
</blockquote>
<p>La elite política europea está caracterizada por la ineptitud. En casi su totalidad se trata de gente que durante décadas externalizó a Estados Unidos la función de pensar políticamente, adoptando el infantilismo político, el narcisismo y la arrogancia de unos “principios y valores” que, desde luego, la Unión Europea no encarna –como ha quedado meridianamente patente en Gaza– practicando una política basada en la imagen, y creyéndose su propia propaganda mediática sobre el motivo y origen del conflicto de Ucrania, a saber: el deseo de un malvado dictador de ampliar su imperio y recrear una especie de URSS.</p>
<p>La Unión Europea no puede resolver un conflicto cuyos motivos no entiende. Es incapaz, por tanto, de negociar, porque desconoce sus propios intereses: no los ha formulado, limitándose a seguir los de Estados Unidos, que ahora gira y la deja en la estacada.</p>
<p>Europa no quiere acabar la guerra de Ucrania, porque su burocracia oligárquica ha encontrado en la confrontación con Rusia la fórmula para consolidar su poder, su razón de ser. Este cúmulo de circunstancias explica su actual despropósito: pretender ganar <em>sin</em> Estados Unidos una guerra, que en su actual estado ha perdido <em>con</em> Estados Unidos. ¿De dónde van a salir los 800.000 millones anunciados para el rearme? Alemania su principal potencia está en puertas de otro año de recesión. ¿De dónde saldrán los hombres dispuestos a morir en la enésima cruzada de la historia europea contra Rusia? Sus principales potencias militares, Inglaterra, Alemania y Francia, disponen cada una de ellas de menos de una decena de sistemas de defensa antiaérea y antimisiles, pero para cubrir mínimamente el espacio ucraniano (ciudades e industrias clave) en la época soviética se disponían allí de centenares de ellos. Es solo un ejemplo. Es verdad que los presupuestos de Defensa combinados de los Estados europeos suman cifras enormes, bien superiores a las de Rusia, pero eso no cambia la realidad de un mosaico operativamente incoherente de retazos de diferentes sistemas de armas, como ha demostrado la estrategia militar occidental en Ucrania. Respecto a la invocada “invasión rusa de Europa” es una fantasía. Choca con la propia realidad del lento y penoso avance militar ruso en Ucrania y con la propia narrativa europea. Durante años, la UE ha mantenido que la inclusión de Ucrania en la OTAN es la garantía de seguridad, porque Rusia no se atrevería a atacar a la OTAN, pero al mismo tiempo se afirma esa posibilidad al agitar el «que vienen los rusos». Lo que deberían hacer los políticos europeos es abrir su propia negociación con Rusia en lugar de mendigar un puesto en la mesa de Trump . Antes deberían reconocer que la única «garantía de seguridad» de Ucrania es su neutralidad. Seguramente es pedirles demasiado… Sea como sea, nadie puede garantizar que el siguiente presidente de Estados Unidos no vaya a parecerse más a Joe Biden que a Donald Trump. Ese escenario de “paréntesis anómalo” en Washington, puede ser la esperanza de futuro de los ineptos dirigentes europeos que buscan en la continuidad de la guerra una loca salida a su debacle. ¿Podría coordinarse ese belicismo europeo con la oposición a Trump en el <em>establishment</em> de la seguridad de Estados Unidos –que seguramente irá en aumento– y en el Partido Demócrata para hacer fracasar el vector de una negociación en Ucrania? Por supuesto, el propio Trump parece consciente de tal peligro. En sus recepciones en la Casa Blanca maltrató a Zelenski, pero se cuidó mucho de hacer lo mismo con Macron y Starmer, gente que, aliada con sus enemigos en Estados Unidos, puede ser peligrosa.</p>
<p>Desde una perspectiva geográfica, en ningún lugar como en el mar Báltico hay mayor probabilidad de que el rumbo europeo hacia la continuación y profundización de la confrontación con Rusia conduzca no al fin, sino a la transformación de la guerra de Ucrania en un conflicto más amplio que implique, por ejemplo, a tropas finlandesas, bálticas y polacas a lo largo de la frontera norte de la OTAN. Podría no ser una guerra de toda la OTAN ni de toda la UE, pero sí de parte de ellas y con el apoyo del resto. La suma de este frente con el ucraniano, supondría un estrés y una amenaza considerable incluso para una Rusia revigorizada y podría convertir la histeria sobre una “invasión rusa” en esa zona en profecía autocumplida.</p>
<p>Mientras todo eso se cuece, es indudable que se ha abierto una ventana de oportunidad para la distensión entre Estados Unidos y Rusia, en la que Moscú podría retirar sus tropas de Bielorrusia a cambio de una retirada de tropas americanas de Europa del Este, así como una retirada mutua de misiles de medio alcance de ambos espacios. El planeta tiene otras prioridades urgentes perfectamente claras y definidas, y Europa debe dejar de ser la vanguardia del despropósito.</p>
<p><strong>Rafael Poch-de-Feliu </strong>ha sido corresponsal internacional para diferentes medios.</p>
<h5>NOTAS</h5>
<p>1 Rafael Poch-de-Feliu, <em>El año 2024: Gaza, Ucrania y Eurasia en la crisis del declive occidental</em>, Public Policy Center, núm. 2, Universidad Pompeu Fabra, 2024, disponible en: <a href="https://repositori-api.upf.edu/api/core/bitstreams/acf681b4-3bee-4807-8f2f-d2d719c2f698/content" target="_blank" rel="noopener">https://repositori-api.upf.edu/api/core/bitstreams/acf681b4-3bee-4807-8f2f-d2d719c2f698/content</a></p>
<p>2 El 28 de enero de 1992, el presidente George Bush declaró ante el Congreso la victoria en la Guerra Fría: «Por la gracia de Dios, América ha ganado la Guerra Fría. No es que haya acabado, es que la hemos ganado (…) Somos los Estados Unidos de América, el líder de Occidente que se ha convertido en el líder del mundo».</p>
<p>3 Recordemos que el desbarajuste ruso de los noventa incluyó tres golpes de Estado, el fallido de agosto de 1991 contra las reformas de Gorbachov, la propia disolución conspirativa de la URSS de diciembre del mismo año a cargo de los dirigentes de sus tres grandes repúblicas europeas, y el de octubre de 1993 con el cual Boris Yeltsin reinstauró la última versión del tradicional sistema autocrático moscovita actualmente vigente, pasando por una caótica reforma de mercado/privatización que hundió la economía de la mayoría y enriqueció a una minoría, y una guerra contra varios miles de guerrilleros que en Chechenia evidenció la debilidad militar rusa.</p>
<p>4 La neutralidad se inscribió en los documentos fundacionales del Estado ucraniano moderno. La Declaración de Soberanía, adoptada el 16 de julio de 1990, decía que Ucrania sería «un Estado permanentemente neutral que no participará en bloques militares». Mas tarde, la Constitución sería enmendada, primero para omitir ese compromiso y luego para incluir en ella el objetivo de ingreso en la OTAN. Cuando Ucrania firmó en 1994 el Memorándum de Budapest (retirada a Rusia de las armas nucleares soviéticas estacionadas en su territorio con compromiso de los firmantes, Rusia, Estados Unidos y Reino Unido, de respetar la soberanía e integridad territorial ucraniana), lo hizo como un país <em>permanentemente</em> comprometido con la neutralidad y el no alineamiento en bloques. El compromiso hacia el respeto a su soberanía era tanto más importante porque Ucrania carecía de una alianza militar de defensa debido a su posición neutral. La declaración de la cumbre de la OTAN de 2008 en Bucarest, en la que se nombraba a Ucrania como miembro potencial, violentaba directamente las disposiciones del Memorándum de Budapest y los consensos internos fundamentales de la Ucrania postsoviética. Cinco días antes de la invasión rusa, en su discurso en la Conferencia de Seguridad de Munich, Zelenski amenazó con salirse del Memorándum de Budapest y retomar el arma nuclear. Con su invasión militar, Rusia violó, ciertamente, su compromiso de 1994, pero lo hizo <em>despu</em><em>é</em><em>s</em> de que Occidente lo hiciera. Según Moscú, la implicación de los países occidentales en una toma de poder inconstitucional en 2014, violó la soberanía de Ucrania. En su entrevista con Tucker Carlson del 8 de febrero de 2014, Putin se refirió a ese contexto general cuando observó: «habíamos acordado las fronteras de Rusia en 1991, pero nunca acordamos la expansión de la OTAN ni que Ucrania fuera parte de la OTAN». Por supuesto, por más que el ingreso en la OTAN no sea una cuestión de opción de la población implicada, sino más bien de los intereses de Estados Unidos, una sociedad tiene derecho a optar por la integración en un bloque militar. La cuestión es que los ucranianos no estaban a favor sino en contra de tal ingreso. En diciembre de 2007, en vísperas de la cumbre de Bucarest que estableció que Ucrania y Georgia «serán miembros de la OTAN», menos del 20% de los ciudadanos ucranianos apoyaron unirse a la Alianza. La mayoría de los ucranianos se dividieron entre el apoyo a una alianza militar con Rusia o la retención del estatus neutral de no integrarse en ningún bloque. La entrada en la OTAN siguió siendo el objetivo de solo una pequeña minoría dentro de la sociedad ucraniana hasta los tumultuosos eventos de 2014. Como resultado de la anexión de Crimea por parte de Rusia y el comienzo de la guerra en el Donbas, el apoyo a la entrada en la OTAN aumentó hasta alrededor del 40%, pero las encuestas ya no incluían para entonces a los ciudadanos ucranianos más prorrusos de los territorios que no están bajo el control del gobierno ucraniano: Crimea y Donbas. Millones de ciudadanos ucranianos. Y ni aún así el apoyo al ingreso tenía el apoyo de la mayoría. Nada de todo esto justifica la invasión militar rusa, pero le da un contexto mucho más complejo y matizado de lo que sugiere la propaganda occidental. El atropello de la voluntad popular fue general, como lo es ahora la opción de continuar la guerra cuando todas las encuestas, en la Unión Europea, en Rusia y en Ucrania, arrojan mayorías a favor de una negociación.</p>
<p>5 Pese a que se ha repetido hasta la saciedad que hubo una presencia militar rusa directa desde el principio de la rebelión armada del Donbas contra el nuevo Gobierno occidentalista de Kíev, la realidad es que, en verano de 2014, el Estado mayor ucraniano informó que en la región solo había 56 voluntarios rusos combatiendo al ejército ucraniano, según informó el  Kyiv Post. El mejor testimonio directo sobre la evolución de la actitud rusa y las reticencias del Kremlin a implicarse en el Donbas, se encuentra en el libro de Anna Arutunyan, <em>Hybrid Warriors. Proxies, Freelancers and Moscow</em><em>´</em><em>s Struggle for Ukraine</em>. (2022). Aruntunyan reside en Estados Unidos y es una clara opositora de Putin.</p>
<p>6 El 14 de febrero de 2023 el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, lo reconoció explícitamente al declarar: «la guerra no empezó en febrero del año pasado (2022). La guerra empezó en 2014. Y desde 2014 los aliados de la OTAN han dado apoyo a Ucrania, con entrenamiento y material de tal forma que las fuerzas armadas ucranianas eran mucho más fuertes en 2022 que en 2020 o 2014». Richard Clarke, jefe del Special Operations Command de Estados Unidos declaró el 28 de agosto de 2022 a David Ignatius del <em>Washington Post</em>: «Lo que hicimos a partir de 2014, fue crear las condiciones. Cuando los rusos invadieron en febrero, llevábamos siete años trabajando con las fuerzas especiales ucranianas».</p>
<p>7 En total, 21% a favor, 53% en contra, 26% no sabe. La oposición a las maniobras ganaba en todas las regiones del país, pero en el oeste el 39% estaba a favor, cinco veces más que en el este y sur (7,1% y 8,3%, respectivamente). Ver <em>Washington Post</em>, 19 de enero de 2022.</p>
<p>8 Vease «“Now or Never”: The Immediate Origins of Putin´s Preventative War on Ukraine»<em>,</em> Geoffrey Roberts, en <em>Journal of Military and Strategic Studies</em>, Volume 22, issue 2.</p>
<p>9 El documento de propuestas rusas del 17 de diciembre de 2021 dirigido a la OTAN, en: «<a href="https://www.mid.ru/ru/foreign_policy/rso/nato/1790803/?lang=en" target="_blank" rel="noopener">Agreement on measures to ensure the security of The Russian Federation and member States of the North Atlantic Treaty Organization &#8211; Министерство иностранных дел Российской Федерации</a>, Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia, disponible en: <a href="https://www.mid.ru/ru/foreign_policy/rso/nato/1790803/?lang=en" target="_blank" rel="noopener">https://www.mid.ru/ru/foreign_policy/rso/nato/1790803/?lang=en</a></p>
<p>10 Vease el video: <em>«Not About Nato» | «Never About NATO» | «Nothing to Do With NATO» | UKRAINE WAR</em>, disponible en:</p>
<p><a href="https://www.youtube.com/watch?v=Zf5xEBwBhds" target="_blank" rel="noopener">https://www.youtube.com/watch?v=Zf5xEBwBhds</a></p>
<p>11 Desarrollo más este y otros aspectos en Poch-de-Feliu, 2024, <em>op. cit</em>., nota 1.</p>
<p>12 Rafael Poch-de-Feliu, «Ucrania está perdiendo la guerra, pero Rusia no la está ganando», blog de Rafael Poch de Feliu, 19 de julio de 2023, disponible en: <a href="https://rafaelpoch.com/2023/07/19/ucrania-esta-perdiendo-la-guerra-pero-rusia-no-la-esta-ganando/" target="_blank" rel="noopener">https://rafaelpoch.com/2023/07/19/ucrania-esta-perdiendo-la-guerra-pero-rusia-no-la-esta-ganando/ </a></p>
<p>13 Sobre las “misiones de paz” de la UE, ver:  Under the Radar: Twenty years of EU military missions, Transnational Institute, 8 de mayo de 2024, disponible en: <a href="https://www.tni.org/en/publication/under-the-radar" target="_blank" rel="noopener">https://www.tni.org/en/publication/under-the-radar</a></p>
<p>Acceso al texto completo del artículo en formato pdf: <a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/el-conflicto-de-ucrania-y-las-incertidumbres-de-trump/" target="_blank" rel="noopener"><em>El conflicto de Ucrania y las incertidumbres de Trump.</em></a></p>
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		<title>Hay alternativas a la guerra</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 04 Apr 2025 09:41:26 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Análisis]]></category>
		<category><![CDATA[Conflictos armados]]></category>
		<category><![CDATA[Diplomacia]]></category>
		<category><![CDATA[Guerra]]></category>
		<category><![CDATA[Noviolencia]]></category>
		<category><![CDATA[Resistencia civil]]></category>
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					<description><![CDATA[Existe un consenso sobre los graves impactos de los conflictos armados sobre la población civil. Por ello, siempre hay alternativas
más plausibles que la guerra, desde la resistencia civil a la diplomacia.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><img decoding="async" class="alignright size-thumbnail wp-image-157466" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2024/01/Papeles-164-Inteligencia-artificial-300x422.jpg" alt="" width="300" height="422" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2024/01/Papeles-164-Inteligencia-artificial-300x422.jpg 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2024/01/Papeles-164-Inteligencia-artificial-450x633.jpg 450w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2024/01/Papeles-164-Inteligencia-artificial-768x1080.jpg 768w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2024/01/Papeles-164-Inteligencia-artificial-350x492.jpg 350w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2024/01/Papeles-164-Inteligencia-artificial-600x844.jpg 600w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2024/01/Papeles-164-Inteligencia-artificial-64x90.jpg 64w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2024/01/Papeles-164-Inteligencia-artificial.jpg 1008w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" />Vivimos tiempos convulsos. Según el <em>Informe Alerta 2024</em> de la Escuela de Cultura de Paz de la UAB, en el mundo hay 36 contextos de conflicto, la cifra más alta desde 2014.</p>
<p>Ofrecemos a continuación, un artículo publicado en el <a href="https://www.fuhem.es/papeles/papeles-164/" target="_blank" rel="noopener">número 164</a> de nuestra revista <em><a href="https://www.fuhem.es/revista-papeles/" target="_blank" rel="noopener">Papeles de relaciones ecosociales y cambio global</a>,</em> escrito por <strong>Pere Ortega</strong>, investigador y cofundador del Centre Delàs d’Estudis per la Pau que nos habla de las alternativas a la guerra</p>
<p>En el contexto geopolítico mundial actual se ha instalado la política del miedo, especialmente propiciado por Estados Unidos y sus aliados, a perder la hegemonía que este bloque ostentaba desde el final de la guerra fría. Las causas de ese miedo provienen, por una parte, de Rusia, que se resiste a ver su espacio de influencia regional amenazado por la OTAN de EEUU, y se lanza a una guerra en Ucrania; por otra, por parte de China, que expande su influencia y control por los recursos y el comercio mundial, lo cual es visto por EEUU como una competencia que amenaza sus intereses. Debido a ello, unos y otros se han lanzado a un rearme que vaticina un mundo más inseguro que desembocará inevitablemente en nuevos conflictos.</p>
<p>Esta confrontación de intereses entre las diversas potencias, las existentes y las emergentes, puede desembocar en conflictos que conlleven enfrentamientos armados o invasiones de un estado sobre otro, como ya ha ocurrido en Nagorno Karabaj y Ucrania. Ante ello, parece pertinente abrir una reflexión sobre cómo los gobiernos y la población deberían hacer frente a la amenaza de una guerra en sus territorios. Sin duda, la mejor de las opciones para evitar conflictos ya ha sido estudiada y practicada con profusión por muchos estados. Se trata de establecer relaciones diplomáticas fuertes, compartir la seguridad, estrechar relaciones económicas y culturales que establezcan lazos de unión que impidan la aparición de conflictos. Pero, aun así, puede darse el caso, de que un estado no se avenga a razones y lance una agresión militar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4><strong>Qué hacer frente una agresión militar</strong></h4>
<p>Por ello, también es necesario recordar que existen alternativas a una agresión militar menos dolosas que recurrir a la guerra. Pero los analistas afines a los grupos de poder hegemónicos que gobiernan el norte global se obstinan en afirmar que la mejor manera de salvaguardar la seguridad es mediante la defensa militar. E invocan el principio del derecho a la legítima defensa frente a una agresión. Un principio que, además, está legitimado por la Carta de Naciones Unidas.</p>
<p>Una relación entre seguridad y defensa que, aunque tiene un aspecto coincidente: el derecho a defenderse ante una agresión; en ocasiones, puede que sea contraproducente, pues la respuesta a una agresión no necesariamente requiere de una respuesta violenta y mucho menos armada, por una cuestión elemental: una cosa es que ante una agresión violenta nos defendamos y otra, si responder con violencia es la mejor de las respuestas, pues puede activar una espiral que conduzca a mayores violencias de las que después sea mucho más difícil salir, como es el caso de la guerra.</p>
<p>Por otro lado, no es lo mismo una agresión interpersonal que una agresión entre estados. En la primera opción, el sufrimiento queda circunscrito a un grupo reducido de personas, mientras que una agresión entre estados puede conducir a una violencia muy superior, la guerra. Existe el consenso de que la guerra es la más perversa de todas las violencias por el enorme sufrimiento que comporta para las poblaciones que la sufren. Sobre todo, cuando los estados disponen de mecanismos institucionales en política exterior como los ya indicados que pueden actuar como freno para desactivar desavenencias y conflictos y que pueden evitar que estos desemboquen en guerras.</p>
<blockquote><p><strong>Antes de iniciar la guerra, el gobierno agredido debería preguntarse si la respuesta armada es la mejor manera de defenderse</strong></p></blockquote>
<p>A pesar de ello, pueden darse casos, en que todas las medidas para evitar el conflicto armado fracasen y se produzca o una agresión militar por parte de un estado. Entonces, antes de iniciar la guerra, el gobierno agredido debería preguntarse si la respuesta armada es la mejor manera de defenderse pues el sufrimiento que puede provocar a la población puede ser muy superior al que pretende remediar. Para dar respuesta a esa pregunta es cuándo se deben interrogar si existen alternativas menos dolosas que la guerra, sobre todo, después de las hecatombes provocadas por las guerras mundiales del siglo pasado que han encontrado respuestas por parte de algunos de las mejores mentes del siglo XX como Bertrand Russell y Albert Einstein.<a href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a> Pero quien construyó el pensamiento mejor elaborado como alternativa a la violencia fue, sin duda, Mohandas Gandhi. Elaborando un nuevo concepto, el de la noviolencia, que ha ido ganando adeptos tanto en la academia (hay múltiples institutos y cátedras universitarias que estudian la paz y la noviolencia), como en los movimientos sociales y políticos. Propuestas que han tenido continuidad en múltiples autores, de entre ellos, quiero destacar a Gene Sharp, Johan Galtung y John Paul Lederach.</p>
<p>Johan Galtung ,<a href="#_ftn2" name="_ftnref2">[2]</a> porque considera que la violencia siempre engendra contraviolencia, y aboga por la noviolencia elaborando teorías con las que poder evitar la confrontación entre personas, comunidades o estados, interrogándose y buscando en el análisis de la violencia las causas del conflicto y en la mediación la mejor manera para su resolución. John Paul Lederach<a href="#_ftn3" name="_ftnref3">[3]</a>  da un paso igual de profundo abordando la transformación de los conflictos, pero mediante otra dimensión, la implicación de las comunidades que sufren la violencia como condición <em>sine qua non,</em> y que sean ellas con su acción directa quiénes transformen el conflicto en paz.</p>
<p>Pero será Gene Sharp,<a href="#_ftn4" name="_ftnref4">[4]</a> partiendo de las enseñanzas de Gandhi sobre la noviolencia, quién ha elaborado metodologías plasmadas en diversos manuales que han servido de guía para muchos movimientos insurreccionales con los que hacer frente a la violencia ejercida desde el gobierno de un Estado.</p>
<p>Sharp, partiendo de los dos principios que propuso Gandhi, la desobediencia y la no cooperación, mediante su conjunción, propone que cualquier comunidad o pueblo puede doblegar a los gobiernos que violenten las relaciones de una comunidad, sean sociales o políticas, y, por tanto, extensibles a quienes utilizan la fuerza militar para apoderarse de un territorio o nación. Sharp recuerda que Gandhi partía de la convicción de que el poder descansa en la población y no en el gobierno, y que este, siempre lo ejerce por delegación. Su teoría es tan simple como directa, se fundamenta en la concepción voluntarista del consentimiento del pueblo frente al gobierno contraponiendo desobedecer a obedecer y oponerse a permitir. Y propone que un pueblo utilizando la desobediencia y la no cooperación puede doblegar a quienes oprimen sus derechos.</p>
<p>El extremado pragmatismo y funcionalismo de Sharp se alejan del componente espiritual y moral que impregnó Gandhi a la noviolencia, pero a cambio le da un perfil estratégico. Según Sharp, el poder del gobernante, como el poder de la población organizada «<em>people power</em>» tienen unas fuentes similares (autoridad, recursos humanos, factores psicológicos e ideológicos, recursos materiales y sistemas de sanciones), que, aunque se ejercen de manera diversa, su  desarrollo sirve a la ciudadanía para obedecer o por el contrario para desobedecer, debido a que existen una serie de factores que coadyuvan a ello: hábito, miedo, obligación moral, intereses personales, identificación política con el líder, falta de confianza en sí mismos o simple indiferencia.</p>
<p>Las metodologías de Sharp están pensadas especialmente para hacer frente a duras dictaduras o gobiernos autoritarios, pero también para estados con democracias liberales que vulneren derechos fundamentales, pues estas siempre esconden espacios no democráticos que deben ser liberados. Unas metodologías elaboradas para que la ciudadanía tuviera la posibilidad de cambiar las políticas de los gobiernos y que sistematizó en manuales y libros editados y disponibles en diversos idiomas en la Albert Einstein Institution, <a href="#_ftn5" name="_ftnref5">[5]</a> y que han servido de guía para muchos movimientos de liberación. Manuales que igual son extensibles para hacer frente a una invasión militar de otro Estado, y así evitar la guerra, como para cambiar leyes o hacer caer gobiernos autoritarios. La influencia de para derrocar, tras la caída del Muro de Berlín en 1989, a diversos regímenes del bloque estalinista: en Polonia, Checoslovaquia, Hungría, Serbia y Ucrania, o para derrocar al gobierno de Milosevic en Serbia. También, influyeron en las revueltas de las denominadas <em>primaveras árabes </em>entre 2012 en Túnez y Egipto.</p>
<blockquote><p><strong>La influencia de Gene Sharp en los movimientos políticos ha sido inmensa. Sus manuales y propuestas fueron utilizados por movimientos sociales</strong></p></blockquote>
<p>En cuanto a experiencias concretas de invasiones militares que no han sido respondidas por los estados con respuestas militares sino mediante una acción directa noviolenta, existen pocos ejemplos, pero importantes por lo significativo de sus acciones. Uno fue el desarrollado por la población de la región del Ruhr de Alemania tras la invasión de Francia y Bélgica en 1923; otras, la de Dinamarca y Noruega en 1940 tras la invasión nazi; también en Checoslovaquia en 1968 tras la invasión de las tropas del Pacto de Varsovia y la URSS.</p>
<p>En los cuatro casos, los gobiernos renunciaron a la defensa armada y llamaron a su población a llevar a cabo una resistencia civil de no cooperación frente a las fuerzas ocupantes.</p>
<p>En el caso de la ocupación franco-belga de enero de 1923 en la región del Ruhr de Alemania, esta se llevó a cabo por el impago de la deuda impuesta a Alemania en los acuerdos de Versalles, por los destrozos causados por las fuerzas alemanas en ambos países durante el transcurso de la Primera Guerra Mundial. La región del Ruhr era rica en minas de carbón, hierro y en producción de acero, con ello Francia y Bélgica pretendían resarcirse del impago de la deuda a la que la República de Weimar no podía hacer frente por su colosal cuantía. Los ocupantes pretendían llevarse el carbón y el acero y la respuesta del Gobierno a la ocupación de las tropas franco-belgas fue una campaña de resistencia civil de no cooperación noviolenta y no obediencia a las órdenes de los ocupantes, acompañada de huelgas y sabotajes, que se acrecentaron con la represión que se ejerció (deportaciones, multas, encarcelamientos). Una resistencia que tuvo múltiples facetas de desobediencia que desorientó de tal modo a las fuerzas militares ocupantes que obligó a que estas se retiraran en agosto de 1925.<a href="#_ftn5" name="_ftnref5">[6]</a></p>
<p>En Dinamarca, tras la invasión nazi de 1940, tanto el gobierno como la familia real, pasando por hospitales, policía, uniones profesionales, sindicatos y medios de comunicación, se organizaron todos en una exitosa resistencia noviolenta y consiguieron que apenas un 5% de los judíos daneses fueran deportados a campos de concentración, escondiéndolos o facilitándoles la huida. Algo similar ocurrió en Noruega, donde el rechazo a la ocupación alemana también se manifestó en facilitar la huida de judíos noruegos, con el apoyo de la iglesia luterana, de la prensa y muy especialmente el de los profesores de educación que rechazaron el intento de los alemanes de utilizar el aparato educativo para difundir la ideología nacional socialista.<a href="#_ftn6" name="_ftnref6">[7]</a></p>
<p>La invasión de las fuerzas armadas del Pacto de Varsovia en Checoslovaquia en 1968 se produjo por las reformas democráticas impulsadas por el Gobierno checo que pretendía implantar “un socialismo con libertades”. Ante la renuncia de hacer frente a la invasión por métodos militares, se produjo un gran movimiento de resistencia civil por parte de la población. Se desató una gran oposición de resistencia pacífica que lanzó un decálogo que se ha convertido en manual para la desobediencia y la no colaboración por la fuerza de su contenido: «no sé, no conozco, no diré, no tengo, no sé hacer, no daré, no puedo, no iré, no enseñaré y no haré». Algo que llevado a cabo de manera masiva ningún poder puede contrarrestar. La radio, de manera clandestina, se convirtió en el principal instrumento de la resistencia. Las acciones de la población fueron numerosas: pintaron los indicadores de las carreteras para que los tanques se desviaran y no llegaran a su destino; la población ignoraba a los soldados; se negaban a alimentar a los soviéticos. Todo ello provocó la unidad de la población y la desmoralización de las tropas soviéticas, produciendo dudas, desobediencias y deserciones. Finalmente, la protesta se abandonó, por la demanda del Gobierno checo que, secuestrado en Moscú, ante la amenaza de una fuerte represión, pidió al pueblo que depusiera la desobediencia.<a href="#_ftn7" name="_ftnref7">[8]</a></p>
<blockquote><p><strong>Hay casos de gobiernos que renunciaron a la defensa armada y llamaron a su población a llevar a cabo una resistencia civil</strong></p></blockquote>
<p>También son conocidos los ejemplos positivos de países que desarrollaron planes de resistencia civil no armada para hacer frente a ocupaciones militares provenientes del exterior. Como los desarrollados en las tres repúblicas bálticas tras su independencia de la URSS en 1991. En aquellos momentos ninguna de las tres repúblicas disponía de ejército, y, por otro lado, dado que eran países de tamaño reducido, con nulas posibilidades de poder hacer frente militarmente a una invasión de Rusia. Ante ese temor, las tres repúblicas elaboraron diferentes materiales para que la población pudiera hacer frente a una invasión por parte de la URSS. El Gobierno de Lituania elaboró un plan de resistencia civil basado en la no cooperación y la desobediencia frente a los invasores. Algo similar llevó a cabo el Gobierno de Letonia, que en ese mismo año 1991 creó un Centro de Resistencia Noviolenta para el caso en que su territorio fuera invadido por una fuerza muy superior exterior que haría imposible una defensa militar. Centro que aconsejaba recurrir a la no cooperación con las fuerzas y autoridades del país ocupante. Estonia, recurrió a un método similar, elaborando un manual donde se daban instrucciones concretas a la población civil para resistir en caso de invasión, considerando como ilegítima cualquier ordenanza que no emanara de las autoridades estonias, y llamaban a la desobediencia y a boicotear con todos los medios posibles a las fuerzas ocupantes. Todos esos planes de defensa civil noviolenta quedaron anulados una vez las tres repúblicas bálticas se integraron en 2005 en la OTAN, pues ello les garantizaba, según su parecer, una defensa armada de gran potencia que impediría la invasión de Rusia.<a href="#_ftn8" name="_ftnref8">[9]</a></p>
<p>A pesar de ello, Lituania, en 2015, consideró que su ejército difícilmente podría resistir una invasión rusa y recuperó el plan de 1991 y elaboró un nuevo manual de resistencia civil noviolenta sobre la base de la no cooperación y la desobediencia frente a una invasión por parte de Rusia. Este manual estaba basado en las 198 propuestas de Gene Sharp de acción noviolenta.<a href="#_ftn9" name="_ftnref9">[10]</a></p>
<p>Estos ejemplos sirven para mostrar que los gobiernos tienen en sus manos otras posibilidades de resistir una invasión militar exterior antes que recurrir a la guerra y que esta provoque un mal muy superior al que se pretende evitar. No por ello se ha de suponer que los gobiernos renuncian a la soberanía, sino que buscan, mediante otro tipo de resistencia, la complicidad de la población para rechazar una invasión mediante la no colaboración y la desobediencia y así evitar medios cruentos. Sin duda, que la fuerza ocupante ejercerá una gran represión que también comportará muertes y sufrimiento, pero seguramente muy inferiores a las que produce una guerra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Qué hacer frente a un nuevo Hitler </strong></p>
<p>Una pregunta habitual a quienes cuestionan la vigencia de los ejércitos como eje vertebral de la seguridad de los estados es mentar la figura de Adolf Hitler, y lanzar la pregunta: ¿Qué hacer frente a dictadores tan monstruosos cómo Hitler? Ésta es una pregunta comprensible, aunque mal intencionada, pues se lanza siempre contra quienes abogan por soluciones alternativas a la guerra. Pero ante esta insidiosa pregunta, es bueno responder, qué responsabilidades hubo por parte de gobiernos y poderes políticos y económicos que hicieron posible la llegada de un personaje tan siniestro al Gobierno de Alemania. Una pregunta y respuesta que sirven de igual manera tanto para Hitler como para otros dictadores o gobiernos que igualmente han iniciado guerras de agresión contra otros países.</p>
<p>Hay un consenso general en la historiografía de que las causas que motivaron la llegada de Hitler al poder tuvieron que ver con las injustas reparaciones y vejaciones a que fue sometida Alemania en el Tratado de Versalles de 1919, tras su derrota acabada la Primera Guerra Mundial. Causas que alentaron el nacimiento de un nacionalismo agresivo frente a los países que habían sometido al pueblo alemán a unas excesivas reparaciones de guerra que le impedían la recuperación económica y social, y que se encarnaron en el nacimiento de un ultranacionalista y xenófobo Partido Nazi y en la figura de su líder, el siniestro Adolf Hitler.<a href="#_ftn10" name="_ftnref10">[11]</a></p>
<p>Sobre este asunto, otra pregunta que nos debemos formular es qué clase de democracia había en esos años en Occidente que permitió la llegada del nazismo al poder. Dando como respuesta, que si la clase política que gobernaba en esos años en Europa hubiera actuado sobre las causas que llevaron a Hitler al poder y haberlo hecho de manera diferente a cómo se hizo se podrían haber evitado los abominables crímenes que se perpetraron incluida la Segunda Guerra Mundial.</p>
<blockquote><p><strong>Los gobiernos tienen en sus manos otras posibilidades de resistir una invasión militar exterior antes que recurrir a la guerra</strong></p></blockquote>
<p>Recapitulemos. Tras finalizar la Primera Guerra Mundial, Alemania quedó bajo el control de los países vencedores. Estos le impusieron el pago de los daños causados en la guerra que, debido a su colosal cuantía (226.000 millones de marcos) hizo imposible su devolución por parte de la República de Weimar. Francia y Bélgica, ante el impago de la deuda decidieron la ocupación de la región alemana del Ruhr en 1923, y así apoderarse del carbón y hierro del que era rico aquel territorio y resarcirse de los destrozos causados por Alemania en sus países durante el transcurso de la guerra.</p>
<p>La deuda había desencadenado en Alemania desde 1921 una hiperinflación en la que un dólar equivalía a un millón de marcos alemanes y que llegó a niveles imposibles de controlar por el Gobierno de la República de Weimar que, acompañada de la ocupación del Ruhr, produjo que la población alemana culpara a los gobiernos europeos, en especial a los de Francia, Bélgica y Reino Unido de sus sufrimientos. La crisis económica se repitió en 1929, con el crac de la bolsa de Wall Street de New York, que comportó una gran crisis en todos los países capitalistas y que afectó también gravemente a la economía alemana y a su población. Estos hechos provocaron que una parte del pueblo alemán apoyara el nacionalismo agresivo del Partido Nazi frente a los países que consideraban causantes de sus penurias. Tales hechos son mencionados por Adolf Hitler en su libro <em>Mein Kampf</em> como causantes de las penalidades del pueblo alemán.</p>
<p>Otra de las causas que vieron con buenos ojos, tanto en Estados Unidos como los políticos británicos y franceses era que la llegada de Hitler al poder en Alemania les aseguraba una política anticomunista para frenar la influencia de la Unión Soviética en Europa, pues Hitler era un feroz anticomunista que actuaría para frenar el apoyo de la URSS a los partidos comunistas que actuaban en sus países. Al mismo tiempo, Estados Unidos veía principalmente a la Alemania de Hitler como un contrapoder de los imperios británico y francés. Un buen ejemplo de ello es que desde el momento en que Hitler llegó al poder hasta el estallido de la Segunda Guerra Mundial, el dictador alemán contó con el apoyo de políticos y empresarios de Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia y de otros países, donde tuvo muchos seguidores y donde se crearon partidos de corte nazi o fascista.</p>
<p>En aquellos años, Reino Unido, Francia y Estados Unidos eran aliados tras su victoria en la Primera Guerra. Gran Bretaña en especial, pero también Francia. Ambas, eran las grandes potencias coloniales que controlaban gran parte de la economía y el comercio mundial en detrimento de las empresas estadounidenses que pugnaban por ascender y acceder a parte de los recursos que extraían de sus colonias y otras partes del mundo. A los grandes magnates de la economía estadounidense se les presentaba la oportunidad de rivalizar con Reino Unido y Francia. Así, cuando el 30 de enero de 1933, el entonces jefe de Estado alemán, Paul von Hindenburg, nombró a Adolf Hitler como Canciller del Reich, muchos empresarios de Estados Unidos lo aplaudieron, e incluso algunos de los más influyentes como Henry Ford, Joseph Kennedy y los Rockefeller entre otros, no dudaron en apoyar financieramente el III Reich de Hitler. A cambio, esperaban que ejerciera de contrapoder frente a Reino Unido y Francia y así poder acceder a los mercados que estos países controlaban. Un ejemplo del apoyo estadounidense: en 1938, Adolf Hitler fue elegido «Hombre del Año» por la influyente revista estadounidense <em>Time </em>apareciendo en la portada.<a href="#_ftn11" name="_ftnref11">[12]</a> También en Inglaterra, Francia y otros países Hitler tuvo muchos seguidores y admiradores.</p>
<p>Otro ejemplo de la doble moral imperante en esta etapa apareció con las políticas de «apaciguamiento» (así llamadas) llevadas a cabo por Reino Unido y Francia con las que se pretendía apaciguar las ansias de expansión de Hitler por el centro y el este de Europa, decidiendo, no sancionar a Alemania y a la Italia fascista por su apoyo al levantamiento militar contra el legítimo Gobierno de la República en España en 1936. Ambos países enviaron ayuda militar y tropas para luchar al lado de Franco y los insurrectos durante la guerra civil. Una ausencia de sanciones que repitieron cuando Alemania se anexionó Austria en marzo de 1938. Esta actitud de mirar hacia otro lado cuando la Alemania de Hitler se apoderaba de territorios en contra del derecho internacional, en parte, fue debido a que muchos líderes políticos de Reino Unido y Francia consideraban más peligroso el comunismo de la Unión Soviética y frente a él, preferían el nacionalsocialismo alemán por su carácter anticomunista.</p>
<p>Si los regímenes liberales vigentes tras la Primera Guerra Mundial hubieran actuado de manera preventiva para así evitar posibles conflictos posteriores, no habrían impuesto sanciones y causado  agravios a Alemania, lo que habría evitado la animadversión de la población que las sanciones crearon. Si los intereses de unos capitalistas sin escrúpulos no hubieran visto en la figura de Hitler un líder que favorecía sus políticas económicas de expansión, y si algunos líderes políticos no hubieran dado alas al nacionalsocialismo alemán para frenar el comunismo de la URSS y su expansión, entonces, seguramente, se hubiera evitado la llegada de Hitler al poder y, por tanto, la Segunda Guerra Mundial y las atrocidades que en ella se cometieron.</p>
<p>Es por ello, que es necesario insistir que, en política internacional, actuando sobre las causas que provocan conflictos, es posible evitar las guerras. Y continuar insistiendo que se deben hacer valer los principios del derecho internacional para regular las relaciones entre estados. Y cuando algún estado comete crímenes saltándoselos, buscar en Naciones Unidas el marco regulador del derecho internacional y acometer sanciones y, si es necesario, intervenciones contra quienes los cometen. Pero mientras eso no ocurra, por estar la ONU secuestrada por los intereses particulares de las potencias que controlan el Consejo de Seguridad y a la espera de la ansiada reforma de ese organismo de gobernanza mundial, hay que recordar que los humanos han elaborado alternativas a la violencia y a las guerras.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Pere Ortega</strong> es investigador y cofundador del <a href="https://centredelas.org/" target="_blank" rel="noopener">Centre Delàs d’Estudis per la Pau.</a></p>
<p>Descarga el artículo completo en formato pdf: <a class="cursor-init" href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/hay-alternativas-a-la-guerra/" target="_blank" rel="noopener"><em>Hay alternativas a la guerra</em></a></p>
<h4>NOTAS</h4>
<p><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> <a href="http://www.russfound.org/" target="_blank" rel="noopener">The Bertrand Russell Peace Foundation Ltd.</a></p>
<p><a href="#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a> Johan Galtung, <em>Paz por medios pacíficos. Paz y conflicto, desarrollo y civilización</em>, Bakeaz-Guernica Gogoratuz, Gernika, 2003; Johan Galtung, «Violence, Peace, and Peace Research», Journal of Peace Research, vol. 6, núm. 3, 1969, pp. 167-191.</p>
<p><a href="#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a> John Paul Lederach, <em>Transformació de conflictes. Petit manual d’ús</em>, Icaria, Barcelona, 2010; John Paul Lederach, <em>El abecé de la paz y los conflictos</em>, Los Libros de la Catarata, Madrid, 2000; John Paul Lederach, <em>Preparing for Peace: Transformtion Across Cultures,</em> Syracuse University Press, Siracusa, 1995.</p>
<p><a href="#_ftnref4" name="_ftn4">[4]</a> Gene Sharp, <em>La defensa civil no violenta</em>, ICIP, Barcelona, 2018; Gene Sharp, Gene, <em>De la dictadura a la democracia,</em> Institution Albert Einstein, Boston/ Dharana, Madrid, 2012; Gene Sharp, Gene, <em>La política de la acción no violenta,</em> Institution Albert Einstein, Boston, 1973.</p>
<p><a href="#_ftnref5" name="_ftn5">[5]</a> <a href="https://www. aeinstein.org" target="_blank" rel="noopener">Albert Einstein Institution</a>:</p>
<p><a href="#_ftnref6" name="_ftn6">[6]</a>  Anders Boserup y Andrew Mack, <em>Guerra sin armas. La no violencia en la defensa nacional</em>, Editorial Fontamara, Barcelona, 1985</p>
<p><a href="#_ftnref7" name="_ftn7">[7]</a> Pere Ortega y Alejandro Pozo, <em>Noviolencia y transformación social</em>, Icaria, Barcelona, 2005.</p>
<p><a href="#_ftnref8" name="_ftn8">[8]</a><em> Ibidem</em>.</p>
<p><a href="#_ftnref9" name="_ftn9">[9]</a> Martí Olivella, <em>Autodefensa noviolenta</em>, Montaber, Martorell, 2023.</p>
<p><a href="#_ftnref10" name="_ftn10">[10]</a> Disponibles en <a href="https://www. aeinstein.org" target="_blank" rel="noopener">Albert Einstein Institution</a>:</p>
<p><a href="#_ftnref11" name="_ftn11">[11]</a> Eric Hobsbawm, <em>Historia del siglo XX</em>, Crítica, Barcelona, 1995.</p>
<p><a href="#_ftnref11" name="_ftn11">[12]</a> <em>Time</em>, volumen XXVII, enero de 1939.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
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]]></content:encoded>
					
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		<title>Papeles 164: ¿Quién teme a la Inteligencia Artificial?</title>
		<link>https://www.fuhem.es/2024/01/29/papeles-164-quien-teme-a-la-inteligencia-artificial/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 29 Jan 2024 13:43:05 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<category><![CDATA[Armas autónomas]]></category>
		<category><![CDATA[Cambio climático]]></category>
		<category><![CDATA[Desinformación]]></category>
		<category><![CDATA[Discriminación]]></category>
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					<description><![CDATA[El número 164 de la revista Papeles de relaciones ecosociales y cambio global trata de responder a algunas cuestiones en relación con las ventajas, los riesgos, y las repercusiones. de la Inteligencia Artificial.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div class="wpb-content-wrapper"><div data-parent="true" class="vc_row row-container" id="row-unique-1"><div class="row limit-width row-parent"><div class="wpb_row row-inner"><div class="wpb_column pos-top pos-center align_left column_parent col-lg-12 single-internal-gutter"><div class="uncol style-light"  ><div class="uncoltable"><div class="uncell no-block-padding" ><div class="uncont" ><div class="vc_custom_heading_wrap "><div class="heading-text el-text" ><h2 class="h2" ><span>Papeles 164: ¿Quién teme a la Inteligencia Artificial?</span></h2></div><div class="clear"></div></div></div></div></div></div></div><script id="script-row-unique-1" data-row="script-row-unique-1" type="text/javascript" class="vc_controls">UNCODE.initRow(document.getElementById("row-unique-1"));</script></div></div></div><div data-parent="true" class="vc_row row-container" id="row-unique-2"><div class="row limit-width row-parent"><div class="wpb_row row-inner"><div class="wpb_column pos-top pos-center align_left column_parent col-lg-6 single-internal-gutter"><div class="uncol style-light"  ><div class="uncoltable"><div class="uncell no-block-padding" ><div class="uncont" ><div class="uncode_text_column" ></p>
<blockquote>
<p><strong>La inteligencia artificial (IA) ha irrumpido en nuestras vidas de forma silenciosa pero masiva.</strong></p>
</blockquote>
<p>Esta tecnología plantea cuestiones ecológicas, sociales, económicas, políticas y éticas cruciales para una sociedad. Si la intensificación de la IA solo ha sido posible por la financiarización económica y el hiperdesarrollo de las corporaciones digitales, el uso intensivo de recursos convierte a la, en apariencia, evanescente IA en un sector con una intensa huella ecológica.</p>
<p>Por su parte, la IA generativa, ya sea de texto −como ChatGPT− o de imágenes y videos, fascina y preocupa a partes iguales, trayendo al centro del debate social y político preguntas acerca la verdad y la desinformación, la confianza y el control, y la multiplicación de los sesgos raciales y de género ya contenidos en los datos utilizados en el entrenamiento de las máquinas. Los impactos de la IA en diferentes sectores, como el educativo o el militar, suponen cambios cualitativos que solo una regulación efectiva podrá ordenar.</p>
<p>Ya está aquí el nuevo número de <em>Papeles de relaciones ecosociales y cambio global</em>, que  trata de responder a algunas cuestiones en relación con los riesgos, ventajas y repercusiones. de la IA.</p>
</div></div></div></div></div></div><div class="wpb_column pos-top pos-center align_left column_parent col-lg-6 single-internal-gutter"><div class="uncol style-light"  ><div class="uncoltable"><div class="uncell no-block-padding" ><div class="uncont" ><div class="uncode-single-media  text-left"><div class="single-wrapper" style="max-width: 100%;"><div class="tmb tmb-light  tmb-media-first tmb-media-last tmb-content-overlay tmb-no-bg"><div class="t-inside"><div class="t-entry-visual"><div class="t-entry-visual-tc"><div class="uncode-single-media-wrapper"><img decoding="async" class="wp-image-157466" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2024/01/Papeles-164-Inteligencia-artificial.jpg" width="1008" height="1418" alt="" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2024/01/Papeles-164-Inteligencia-artificial.jpg 1008w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2024/01/Papeles-164-Inteligencia-artificial-450x633.jpg 450w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2024/01/Papeles-164-Inteligencia-artificial-300x422.jpg 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2024/01/Papeles-164-Inteligencia-artificial-768x1080.jpg 768w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2024/01/Papeles-164-Inteligencia-artificial-350x492.jpg 350w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2024/01/Papeles-164-Inteligencia-artificial-600x844.jpg 600w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2024/01/Papeles-164-Inteligencia-artificial-64x90.jpg 64w" sizes="(max-width: 1008px) 100vw, 1008px" /></div>
					</div>
				</div></div></div></div></div></div></div></div></div></div><script id="script-row-unique-2" data-row="script-row-unique-2" type="text/javascript" class="vc_controls">UNCODE.initRow(document.getElementById("row-unique-2"));</script></div></div></div><div data-parent="true" class="vc_row row-container" id="row-unique-3"><div class="row limit-width row-parent"><div class="wpb_row row-inner"><div class="wpb_column pos-top pos-center align_left column_parent col-lg-12 single-internal-gutter"><div class="uncol style-light"  ><div class="uncoltable"><div class="uncell no-block-padding" ><div class="uncont" ><div class="uncode_text_column" ><p>En la <strong>Introducción, Santiago Álvarez Cantalapiedra</strong> indaga en las diversas implicaciones de la IA, planteando las principales cuestiones del número. En <strong>A fondo, Ramón López de Mántaras</strong> y <strong>Pere Brunet</strong> trazan de forma clara los principales rasgos de esta tecnología, sus posibilidades y sus puntos ciegos, que <strong>Brunet</strong> aterrizará en cómo regularla en otro artículo en este mismo número. <strong>Miguel Palomo</strong> reflexiona sobre los efectos de la IA la verdad, la desinformación y la información endogámica, mientras que <strong>Lucía Ortiz de Zárate</strong> explora las implicaciones éticas y ecológicas de esta tecnología. <strong>Cristóbal Reyes</strong> acerca el foco a las cuestiones económicas aparejadas a la IA. <strong>Tica Font</strong> se centra en la dimensión militar de la IA, mientras que <strong>Marc Chopplet </strong>lleva su reflexión a las tecnologías digitales en la <em>smart city</em>.</p>
<p>La sección de <strong>Actualidad</strong> viene marcada por un artículo sobre cambio climático y salud, de la mano de <strong>Julio Díaz </strong>y <strong>Cristina Linares</strong>, y por una investigación sobre el análisis nutricional de la población española firmado por <strong>Isabel Cerrillo, Pablo Saralegui</strong><strong>-Diez, Rubén Morilla, Manuel González De Molina </strong>y<strong> Gloria Guzmán</strong>.</p>
<p><strong>Ensayo</strong> se abre con una reflexión muy necesaria sobre las alternativas a la guerra, que firma <strong>Pere Ortega</strong>, y por un análisis de <strong>Gabriel Rosas</strong> a favor de la economía ecológica.</p>
<p>El número se cierra, como es habitual, con la sección <strong>Lecturas</strong>.</p>
<p>A continuación, ofrecemos el sumario de la revista y los enlaces al texto completo de la Introducción del número de Santiago Álvarez Cantalapiedra y el artículo de Lucía Ortiz de Zárate Alcarazo sobre la ética de la IA.</p>
</div><div class="uncode_text_column" ><p><a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/sumario-164/" target="_blank" rel="noopener"><strong><span style="color: #0000ff;">Sumario</span></strong></a></p>
<p><strong><span style="color: #0000ff;">INTRODUCCIÓN</span></strong></p>
<p><a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/luces-sombras-y-riesgos-de-la-inteligencia-artificial/" target="_blank" rel="noopener">Luces, sombras y riesgos de la inteligencia artiﬁcial</a>, <strong>Santiago Álvarez Cantalapiedra</strong></p>
<p><strong><span style="color: #0000ff;">A FONDO</span></strong></p>
<p>¿Qué es la inteligencia artificial?, <strong>Ramón López de Mántaras</strong> y <strong>Pere Brunet</strong></p>
<p>Verdad y endogamia en las inteligencias artificiales generativas. Por qué una IA nunca creará un Nietzsche, <strong>Miguel Palomo</strong></p>
<p><a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/una-etica-para-la-inteligencia-artificial-libertad-feminismo-y-ecologismo/" target="_blank" rel="noopener">Una ética para la inteligencia artificial: libertad, feminismo y ecologismo</a>, <strong>Lucía Ortiz de Zárate Alcarazo</strong></p>
<p>Consideraciones sobre el impacto económico de la inteligencia artificial: ¿hacia una mayor polarización productiva?, <strong>Cristóbal Reyes Núñez</strong></p>
<p>Regulación de la inteligencia artiﬁcial, <strong>Pere Brunet</strong></p>
<p>Inteligencia artificial y armas autónomas: una combinación letal, <strong>Tica Font</strong></p>
<p>“Smart city”, tecnologías digitales y ecúmene urbano, <strong>Marc Chopplet</strong></p>
<p><strong><span style="color: #0000ff;">ACTUALIDAD</span></strong></p>
<p><a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/principales-amenazas-en-salud-asociadas-al-cambio-climatico-y-aspectos-clave-para-la-adaptacion/" target="_blank" rel="noopener">Principales amenazas en salud asociadas al cambio climático y aspectos clave para la adaptación</a>, <strong>Julio Díaz</strong> y <strong>Cristina Linares</strong></p>
<p>Análisis nutricional de la población española: un nuevo enfoque basado en datos públicos de consume, <strong>Isabel Cerrillo</strong>, <strong>Pablo Saralegui-Diez</strong>, <strong>Rubén Morilla</strong>, <strong>Manuel González de Molina</strong> y <strong>Gloria I. Guzmán</strong></p>
<p><strong><span style="color: #0000ff;">ENSAYO</span></strong></p>
<p>Hay alternativas a la Guerra, <strong>Pere Ortega</strong></p>
<p>El abandono progresivo de las cuestiones ambientales en el pensamiento económico: hacia la reivindicación de la economía ecológica, <strong>Gabriel Alberto Rosas Sánchez</strong></p>
<p><strong><span style="color: #0000ff;">LECTURAS</span></strong></p>
<p>Decrecimiento: del qué al cómo, Luis González Reyes y Adrián Almazán</p>
<p><strong>Monica Di Donato</strong></p>
<p>El papel del Estado en la economía. Análisis y perspectivas para el siglo XXI, Luis Buendía García (ed.)</p>
<p><strong>Jaime Nieto</strong></p>
<p>Más allá del colonialismo verde. Justicia global y geopolítica de las transiciones ecosociales, Miriam Lang, Breno Bringel y Mary Ann Manahan (eds.)</p>
<p><strong>Pedro L. Lomas</strong></p>
<p><strong><span style="color: #0000ff;">Notas de lectura      </span></strong></p>
<p>La fuerza de la paz, Pere Ortega</p>
<p><strong>FUHEM Ecosocial</strong></p>
<p>El arte de ejercer la ciudadanía: reflexiones y conversaciones sobre los derechos  humanos en un tiempo convulso, Carlos Berzosa, Emilio José Gómez Ciriano, Francisca Sauquillo</p>
<p><strong>FUHEM Ecosocial</strong></p>
<p><strong><span style="color: #0000ff;">RESÚMENES</span></strong></p>
</div></div></div></div></div></div><script id="script-row-unique-3" data-row="script-row-unique-3" type="text/javascript" class="vc_controls">UNCODE.initRow(document.getElementById("row-unique-3"));</script></div></div></div><div data-parent="true" class="vc_row row-container" id="row-unique-4"><div class="row limit-width row-parent"><div class="wpb_row row-inner"><div class="wpb_column pos-top pos-center align_left column_parent col-lg-12 single-internal-gutter"><div class="uncol style-light"  ><div class="uncoltable"><div class="uncell no-block-padding" ><div class="uncont" ><div class="uncode_text_column" ></p>
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</div></div></div></div></div></div><script id="script-row-unique-4" data-row="script-row-unique-4" type="text/javascript" class="vc_controls">UNCODE.initRow(document.getElementById("row-unique-4"));</script></div></div></div>
</div>]]></content:encoded>
					
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		<title>Mundo de emergencias. Papeles 162</title>
		<link>https://www.fuhem.es/2023/07/05/mundo-de-emergencias-papeles-162/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 05 Jul 2023 07:00:14 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacadas FUHEM]]></category>
		<category><![CDATA[Cambio climático]]></category>
		<category><![CDATA[Crecimiento]]></category>
		<category><![CDATA[Crisis Ecosocial]]></category>
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		<category><![CDATA[Transición Ecosocial]]></category>
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					<description><![CDATA[Mientras el consenso neoliberal se desploma, surge ya un nuevo orden social plagado de incertidumbres y contradicciones.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p><img decoding="async" class="alignright wp-image-152915 size-thumbnail" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/07/162-300x427.jpg" alt="" width="300" height="427" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/07/162-300x427.jpg 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/07/162-450x640.jpg 450w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/07/162-1200x1707.jpg 1200w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/07/162-768x1092.jpg 768w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/07/162-1080x1536.jpg 1080w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/07/162-1440x2048.jpg 1440w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/07/162-350x498.jpg 350w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/07/162-600x853.jpg 600w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/07/162-64x91.jpg 64w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/07/162-scaled.jpg 1800w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /><em><strong>El mundo que surge de la pandemia y de la guerra de Ucrania presenta luces y sombras. </strong></em></p></blockquote>
<p>Este conflicto armado ha acelerado el ascenso de la importancia creciente de la geopolítica, ha fragmentado el mundo en nuevos bloques de poder y áreas de influencia, y ha profundizado las tendencias autoritarias y armamentísticas que se venían mostrando desde comienzos del siglo.  A su vez, la pandemia nos ha recordado la vulnerabilidad y ecodependencia humana y ha rubricado procesos que estaban en curso con anterioridad, como la digitalización de las sociedades o la recuperación del papel decisivo de los Estados a través de los planes de reconstrucción y resiliencia. Mientras el consenso neoliberal se desploma, surge ya un nuevo orden social plagado de incertidumbres y contradicciones. En el número 162 de la revista <a href="https://www.fuhem.es/revista-papeles/" target="_blank" rel="noopener"><em>Papeles de relaciones ecosociales y cambio global</em></a>, indagamos en los contornos de lo que está emergiendo.</p>
<p>En la <strong>Introducción</strong>, <strong>Santiago Álvarez Cantalapiedra</strong> resalta que «la caída del orden neoliberal y la emergencia de otro indefinido nos muestran que ya estamos viviendo una transición. El problema es la transición: adónde nos conducirá y en qué condiciones».</p>
<p>En <strong>A fondo</strong>, <strong>Tica Font</strong> disecciona las actuales batallas por la hegemonía mundial; <strong>Fernando Estenssoro</strong> ofrece un análisis de la geopolítica del siglo XXI desde América Latina; <strong>Federico Aguilera Klink</strong> aborda los antecedentes y la guerra de Ucrania y el papel de los medios de comunicación; el <strong>equipo Ecosocial </strong>de<strong> FUHEM</strong> conversa con <strong>Jesús Sanz,</strong> quien hace balance de la pandemia; <strong>Nuria del Viso</strong> explora el desplazamiento forzado, una de las principales tendencias de nuestro tiempo; <strong>Adriana Mayor</strong> examina cómo ha afectado la guerra de Ucrania a las políticas climáticas y ecológicas; y <strong>Ángel Martínez </strong><strong>González-Tablas</strong> analiza la regulación consciente pública como instrumento en las transiciones.</p>
<p>En <strong>Actualidad</strong>, <strong>Monica Di Donato</strong> y <strong>Pedro L. Lomas</strong> hablan con <strong>Ugo Bardi</strong> sobre colapso y el otro lado del crecimiento; y <strong>Héctor Barco</strong> desgrana algunas de las lecciones aprendidas de la primera cuantificación del desperdicio alimentario en Euskadi.</p>
<p><strong>Experiencias</strong> recoge las reflexiones de <strong>Laila Vivas</strong> y <strong>Virginia Soler</strong> tras la ocupación de End Fossil en la Universitat Autònoma de Barcelona, e <strong>Hingrid Camila Pérez Bermúdez</strong> explora las figuras que operan en la justicia tradicional afro en Colombia.</p>
<p><strong>Ensayo</strong> explora los crecientes impactos psicosociales del cambio climático y las migraciones de la mano de <strong>M. Carmen Hidalgo </strong>y<strong> Macarena Vallejo</strong>.</p>
<p>La sección <strong>Lecturas</strong> cierra este número.</p>
<p>A continuación, ofrecemos el Sumario del número y en abierto, a texto completo la Introducción del número de Santiago Álvarez Cantalapiedra y el artículo de Fernando Estenssoro sobre la geopolítica en América Latina.</p>
<h4><span style="color: #3366ff;"><strong>Sumario</strong></span></h4>
<h4><span style="color: #3366ff;">INTRODUCCIÓN </span></h4>
<p><a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/mundo-de-emergencias/" target="_blank" rel="noopener">Mundo de emergencias</a>, <strong>Santiago Álvarez Cantalapiedra</strong>.</p>
<h4><span style="color: #3366ff;"><strong>A FONDO </strong></span></h4>
<p><a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/america-latina-en-la-geopolitica-del-siglo-xxi-el-riesgo-de-pasar-de-sur-global-a-sur-absoluto/" target="_blank" rel="noopener">América Latina en la geopolítica del siglo XXI: el riesgo de pasar de “Sur global” a “Sur absoluto”</a>, <strong>Fernando Estenssoro</strong>.</p>
<p>Pandemia, guerra y competición por la hegemonía mundial, <strong>Tica Font</strong>.</p>
<p>La guerra contra Rusia, <strong>Federico Aguilera Klink</strong>.</p>
<p>Desplazamiento forzado, exponente de una “tormenta perfecta”,<strong> Nuria Del Viso</strong>.</p>
<p>Las políticas climáticas y ecológicas, sacudidas por la guerra en Ucrania, <strong>Adriana Mayor</strong>.</p>
<p>Entrevista a Jesús Sanz, coordinador del libro Salir mejores. Una hoja de ruta de emergencias,  <strong>Equipo FUHEM Ecosocial</strong>.</p>
<p>Capitalismos, desarrollo alternativo y transiciones, <strong>Ángel Martínez González-Tablas</strong>.</p>
<h4><span style="color: #3366ff;"><strong>ACTUALIDAD</strong></span></h4>
<p>Entrevista a Ugo Bardi a propósito del libro Antes del colapso: Una guía para el otro lado del crecimiento, <strong>Pedro L. Lomas </strong>y <strong>Monica Di Donato</strong>.</p>
<p><a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/algunas-lecciones-aprendidas-de-la-primera-cuantificacion-del-desperdicio-alimentario-en-euskadi/" target="_blank" rel="noopener">Algunas lecciones aprendidas de la primera cuantificación del desperdicio alimentario en Euskadi</a>, <strong>Héctor Barco</strong>.</p>
<h4><span style="color: #3366ff;"><strong>EXPERIENCIAS</strong></span></h4>
<p>Verbos para habitar el Antropoceno. Reflexiones sobre la ocupación de End Fossil en la Universitat Autònoma de Barcelona, <strong>Laila Vivas</strong> y <strong>Virginia Soler</strong>.</p>
<p>Las sabedoras de la justicia propia afrocolombiana: una práctica decolonial en reemergencia, <strong>Hingrid Camila Pérez Bermúdez</strong>.</p>
<h4><span style="color: #3366ff;"><strong>ENSAYO</strong></span></h4>
<p>Aproximación a los impactos psicosociales del cambio climático y las migraciones, <strong>Mª Carmen Hidalgo</strong> y <strong>Macarena Vallejo</strong>.</p>
<h4><span style="color: #3366ff;"><strong>LECTURAS </strong></span></h4>
<p>Necesidades ante la crisis ecosocial. Pensar la vida buena en el Antropoceno, Carmen Madorrán Ayerra.</p>
<p><strong>Marcela Vélez León</strong></p>
<p>Nuevos comunalismos. Una hipótesis política para el decrecimiento, Adrián Almazán e Iñaki Barcena (coords.).</p>
<p><strong>Ramón del Buey Cañas</strong></p>
<p>Geopolítica. Una breve introducción, Klaus Dodd.</p>
<p><strong>Guillermo Carazo Diez-Aja</strong></p>
<h4><span style="color: #3366ff;">Notas de lectura</span></h4>
<h4><span style="color: #3366ff;">RESÚMENES</span></h4>
<p>&nbsp;</p>
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<p>Tel.: +34 914310280</p>
<p>Email: <a href="mailto:publicaciones@fuhem.es">publicaciones@fuhem.es</a></p>
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		<title>La militarización de la Posguerra Fría en el tablero ucraniano</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 23 Nov 2022 09:20:10 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Análisis]]></category>
		<category><![CDATA[destacadasecosocial]]></category>
		<category><![CDATA[Guerra]]></category>
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					<description><![CDATA[El texto pretende mostrar la importancia de la pugna con la OTAN en Ucrania y las percepciones internas en Rusia asociadas a la Alianza en seguridad nacional.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><img decoding="async" class="alignright size-thumbnail wp-image-144080" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/04/157-1-300x426.png" alt="" width="300" height="426" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/04/157-1-300x426.png 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/04/157-1-450x640.png 450w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/04/157-1-1200x1706.png 1200w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/04/157-1-768x1092.png 768w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/04/157-1-1081x1536.png 1081w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/04/157-1-1441x2048.png 1441w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/04/157-1-600x853.png 600w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/04/157-1-64x91.png 64w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/04/157-1.png 1996w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" />La sección <strong>A FONDO</strong> del <a href="https://www.fuhem.es/2022/05/04/papeles-157-militarismo/" target="_blank" rel="noopener">número 157</a> de la revista <a href="https://www.fuhem.es/revista-papeles/" target="_blank" rel="noopener"><em>Papeles de relaciones ecosociales y cambio global</em></a> recoge el texto de Alejandro Pozo titulado: <em>La militarización de la Posguerra Fría en el tablero ucraniano,</em> que ofrecemos a continuación a texto completo.</p>
<p>Nada justifica la invasión rusa en Ucrania iniciada el 24 de febrero de 2022. Nada. Pero debe tener causas, aunque sea difícil identificarlas con claridad. Lo esperable no era una invasión, y de producirse cabía preverla corta. La iniciativa rusa puede encuadrarse en la antipolítica, algo así como dispararse en un pie. Vladímir Putin y su entorno pagarán por ello políticamente. No cabe esperar cariño en quien se bombardea, y la población “rusa” ha sido fuertemente castigada –Mariúpol, por ejemplo, está en el <em>óblast</em> de Donetsk y el 90% es rusófona–, y el renacido nacionalismo ucraniano hará difícil conciliar los intereses rusos. Tampoco es esperable el aplauso interno generalizado en Rusia. Ni su población ni los oligarcas que ejercen influencia quedarán complacidos con unas relaciones internacionales que han minado espacios de confianza, también en el largo plazo.</p>
<p>Buena parte de las obsesiones rusas y ucranianas tienen que ver con la OTAN, pero no es posible cuantificar en qué medida explican la invasión. Sin duda, existe otra buena parte de factores en la ecuación,<sup>1</sup> pero los que se conocen tampoco aclaran mucho. Incluso si el Gobierno ruso percibe Ucrania como de interés estratégico vital (así lo parece), optó libremente por una guerra cuando tenía alternativas para abordar sus conflictos con Kiev/Kyiv y con Washington y sus aliados. Con todo, si por un lado no puede justificarse la agresión, por el otro parece razonable y necesario analizar qué relación tiene con la OTAN, para identificar también cómo evitar más barbarie. Sin embargo, la crítica a la Alianza ha entrado de lleno en lo políticamente incorrecto, y han proliferado respuestas <em>pujolianas</em> que, como ha mostrado Tica Font, advierten que «ahora eso no toca».<sup>2</sup></p>
<blockquote><p><strong>Los líderes rusos se han referido a la expansión de la OTAN como una traición a las promesas realizadas a Mijaíl Gorbachov </strong></p></blockquote>
<p>Este artículo pretende, precisamente, tocar ese aspecto, y se pregunta por la militarización de la rivalidad con Moscú. Proyecta hacerlo, además, incluyendo también la perspectiva del Gobierno ruso, al menos su posicionamiento público. Según su ministro de Exteriores, Serguéi Lavrov, Moscú no considera «la mera existencia de la OTAN como una amenaza, sino la manera en la que la Alianza funciona en la práctica».<sup>3</sup> La percepción de Lavrov es de largo recorrido, lleva 18 años en el cargo. En ese tiempo, España ha tenido nueve ministros y EEUU once (secretarías de Estado), cuatro de forma interina. También está consolidada la subjetividad de buena parte de la cúpula rusa. Desde 1999 Putin ha alternado la presidencia con la dirección del gobierno,<sup>4</sup> y Serguéi Shoigú es ministro de Defensa desde 2012 (entre 1991 y 2012 fue ministro de «situaciones de emergencia», encargado del servicio militar). Las relaciones con Bielorrusia también son duraderas: Aleksandr Lukashenko es presidente desde 1994. No ha habido otro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4><strong>¿Dónde estábamos antes de la pandemia?</strong></h4>
<p><em>Expansión de la OTAN.</em> Los líderes rusos se han referido a la expansión de la OTAN como una traición a las promesas realizadas a Mijaíl Gorbachov . También lo hizo Putin en el discurso del 21 de febrero de 2022 que antecedió a la invasión.<sup>5</sup> Para algunas voces expertas, Washington nunca dio garantías de que la OTAN no se ampliaría hacia el este. Según Kristina Spohr, de la London School of Economics, se trataría de un «mito».<sup>6</sup> En realidad, la no expansión en los antiguos territorios del Pacto de Varsovia o de la URSS no podía formalizarse porque ambas entidades todavía existían en febrero de 1990, la fecha a la que se atribuyen esas promesas. El propio Gorbachov ha explicado que la expansión de la OTAN no fue discutida con el secretario de Estado de EEUU, James Baker, y que ningún país, ni de Europa oriental ni de la parte occidental comentó esa posibilidad. El compromiso adquirido habría sido no moverse «ni una pulgada hacia el este», pero en referencia a la RDA tras la reunificación alemana. Según Gorbachov, esta renuncia incluía nuevas estructuras militares de la Alianza en esa parte de Alemania, despliegues de tropas y armas de destrucción masiva, y todo se cumplió. Sin embargo, el último presidente soviético dijo haber calificado desde el principio la expansión de la OTAN como «un gran error», señalando que representaba «indudablemente una violación del espíritu de las declaraciones y garantías que se nos hicieron en 1990».<sup>7</sup></p>
<p>La Conferencia de Helsinki de 1975 reconoció que cada Estado soberano era libre de escoger sus propias alianzas.<sup>8 </sup>También Putin y Lavrov admitieron ese derecho hace muchos años, pero advirtiendo que también Moscú sacaría sus respectivas conclusiones como Estado soberano.<sup>9</sup> Ucrania y otros países tienen derecho a ingresar en la OTAN y a instalar misiles de la Alianza en su territorio, pero cabe preguntarse por las consecuencias. En 1962 también tenía derecho la URSS a instalar misiles en Cuba o EEUU de obrar de igual manera en Turquía, pero todo aquello no ayudó a la confianza y pudo ocasionar un riesgo existencial. Hoy, según Putin: «EEUU permanece con misiles en nuestro umbral. ¿Es demasiado pedir no instalar sistemas de choque en nuestra casa? ¿Cómo reaccionarían los estadounidenses si se colocaran misiles en la frontera con Canadá o México?».<sup>10</sup> Desde 1999, la OTAN ha incorporado a tres repúblicas de la URSS,<sup>11</sup> siete países que pertenecieron al Pacto de Varsovia<sup>12</sup> y otros cuatro de la esfera de influencia soviética en la entonces Yugoslavia.<sup>13</sup> Y no ha incorporado a nadie más, nadie sin relación con la URSS. En la cumbre de la Alianza de Bucarest, en abril de 2008, se decidió que Ucrania y Georgia también se unirían.<sup>14</sup> Según John Mearsheimer, de la Universidad de Chicago, no se tomaron entonces medidas concretas por la resistencia de Francia y, sobre todo, Alemania, y citó a Angela Merkel diciendo que agregar a Ucrania y Georgia era una receta para el desastre. Pero no pudieron evitar las presiones de EEUU para añadir la referencia a su adhesión futura en la declaración final,<sup>15</sup> tampoco las numerosas voces estadounidenses que se opusieron, incluso los propios servicios de inteligencia de George W. Bush.<sup>16</sup> Días después de la cumbre, aumentaron las tensiones en Abjazia y Osetia del Sur que condujeron, en agosto, a la guerra ruso-georgiana.</p>
<p>Lavrov afirmó en 2006 en la Duma que incorporar a Ucrania o Georgia a la OTAN significaba «un cambio geopolítico colosal» y que valorarían cómo afectaría a sus intereses.<sup>17</sup> Al año siguiente opinó que esa expansión suponía un «regreso a la Guerra Fría».<sup>18</sup> En 2016 concluía: «en nuestra doctrina de seguridad se indica claramente que una de las principales amenazas a nuestra seguridad es la expansión de la OTAN hacia el este».<sup>19</sup> Putin lo expresó así en la Conferencia de Seguridad de Múnich de 2007: «Creo que es obvio que la expansión de la OTAN no tiene ninguna relación con la modernización de la propia Alianza ni con garantizar la seguridad en Europa. Por el contrario, representa una grave provocación que reduce el nivel de confianza mutua. Y tenemos derecho a preguntar: ¿contra quién va dirigida esta expansión?».<sup>20</sup> Estos peligros también han sido señalados durante décadas por primeras figuras del <em>establishment</em> atlantista. George Kennan, el así llamado “arquitecto intelectual de la Guerra Fría” o “padre de la contención”, predijo el desastre: «Se puede esperar que esa decisión inflame las tendencias nacionalistas, antioccidentales y militaristas en la opinión rusa».<sup>21</sup> Henry Kissinger, secretario de Estado de EEUU en los trágicos años setenta, señaló en 2014 la enorme importancia de Ucrania para Moscú y que la única opción pasaba por no alinearse ni con Rusia ni con Occidente, sino servir de puente entre ambos lados.<sup>22</sup></p>
<p>No pocas voces han cuestionado que la Alianza haya tenido nunca la verdadera intención de sumar a Ucrania, señalando la poca honestidad que, en este caso, habría mostrado la OTAN al utilizar a ese país (o a Georgia) como un tablero de juegos geopolíticos en su pulso con Moscú. Según Putin en su discurso preinvasión, varios miembros de la OTAN eran escépticos a la entrada de Ucrania y le comunicaron que no sería inmediata. Pero argumentó que «si no pasa mañana, será pasado mañana», y que tanto le daba «desde una perspectiva histórica».<sup>23</sup> Ucrania ha dado pasos firmes en su apuesta atlántica y la OTAN ha publicitado su abrazo.</p>
<p>El «<em>Partnership for Peace</em>» de la OTAN se autodefine como un programa para promover la confianza en Europa y con el espacio soviético. Todos los miembros de la OTAN otrora en la órbita de la URSS estuvieron en ese programa antes de su adhesión. Ucrania es hoy el participante más antiguo, desde 1994. Las relaciones OTAN-Ucrania se fortalecieron en 1997 y tuvieron un punto de inflexión en 2008 tras la cumbre de Bucarest, con las reformas para la integración. A raíz de lo sucedido en el Dombás y Crimea en 2014, la cooperación se intensificó enormemente e incluyó un paquete de asistencia integral para reformar el sector de la seguridad y la defensa según los estándares de la OTAN. Los 16 programas incluyen la reorganización y modernización de estructuras y capacidades, la interoperabilidad con la OTAN para contribuir a los ejercicios y operaciones que dirige, el apoyo a la reforma de los sistemas de estandarización y logística o la cooperación en defensa y seguridad cibernética.<sup>24</sup></p>
<blockquote><p><strong>Rusia ha percibido siempre la expansión de la OTAN con particular preocupación por el potencial establecimiento de arsenales cerca de sus fronteras</strong></p></blockquote>
<p>Ucrania ha contribuido a las misiones militares de la OTAN en Bosnia y Herzegovina, Afganistán e Irak, así como en operaciones marítimas como Active Endeavour u Ocean Shield. Nótese que esta cooperación no cesó con Víktor Yanukóvich en el poder. Quizá la participación más significativa ha sido, durante años, en Kosovo (KFOR). La invasión de Serbia en 1999 fue percibida por Moscú como un acto de agresión (fue contraria al derecho internacional), una amenaza para la gobernanza de la seguridad europea posterior a la Guerra Fría, un desafío para su estatus en el orden internacional y una imposición ostentosa de los intereses de la Alianza disfrazada con motivación humanitaria. Aquella intervención derivó en un abierto apoyo militar ruso a Serbia y la escisión de una parte del territorio.<sup>25</sup> Si bien cada situación merece analizarse por separado, las similitudes destacan en cuanto a las percepciones (intercámbiese, en las líneas anteriores, Ucrania por Serbia y EEUU/OTAN por Rusia). De hecho, Putin lo relaciona todo, expresamente: «¿Crimea? –preguntó– esto no es nada comparado con lo que vosotros hicisteis en Yugoslavia», y quizá su recurso al argumento del “genocidio” no sea tan casual.<sup>26</sup></p>
<p><em>Escudo antimisiles y otros armamentos. </em>Rusia ha percibido siempre la expansión de la OTAN con particular preocupación por el potencial establecimiento de arsenales cerca de sus fronteras.  EEUU y Rusia han llegado a distintos acuerdos históricos para mejorar la confianza. En 1972 ratificaron el Tratado sobre Misiles Antibalísticos (ABM, del inglés), con la intención de limitar su número con carga nuclear. George W. Bush trabajó la idea del escudo antimisiles (balísticos), y en mayo de 2001 inició una campaña en la OTAN sobre su conveniencia. El Tratado ABM era un problema, porque prohibía el desarrollo de los sistemas antimisiles. Buena parte de los miembros de la Alianza mostraron reticencias, al entender que el escudo promocionaba una carrera armamentística. Sin embargo, los atentados del 11-S proporcionaron a Bush carta blanca en EEUU y la OTAN y anunció la retirada del tratado tres meses después, materializada en junio de 2002. El problema para Rusia era que ese escudo implicaba establecer radares en la República Checa y misiles de intercepción en Polonia, más cerca de sus fronteras (los países bálticos y balcánicos aún no estaban en la OTAN).</p>
<p>Putin ha considerado reiteradamente la instalación de elementos del escudo antimisiles de EEUU en el este europeo como «una amenaza a la seguridad nacional» y «factor desestabilizador para Europa», y comparó la situación con la del despliegue de misiles Pershing II y Tomahawk en Europa Occidental en los años ochenta.<sup>27</sup> Según Putin, justificar ese sistema con la amenaza terrorista (de Corea del Norte o Irán) era «ridículo», y advirtió que tomaría medidas «para garantizar su seguridad nacional», añadiendo que «cualquier otro país haría lo mismo».<sup>28</sup> Distintas voces en Europa occidental también alertaron de los peligros, en particular en Alemania, aunque Merkel apoyó el plan argumentando, como EEUU, que se trataba de un sistema puramente defensivo no dirigido a Rusia. Sin embargo, al menos dos perspectivas cuestionaban esta idea. La primera, del secretario general de la OTAN, Jaap de Hoop Scheffer, quien criticó el plan de EEUU porque no cubría de manera adecuada a ciertos miembros del sudeste europeo, lo que significaba un doble estándar en la Alianza.<sup>29</sup> La segunda, de Putin, que señaló en 2007 que ni Teherán ni Pyongyang tenían sistemas o misiles balísticos capaces de llegar a Europa o EEUU, ni los podrían tener en el corto plazo.<sup>30</sup></p>
<p>&nbsp;</p>
<h4><strong>¿Qué ha pasado recientemente?</strong></h4>
<p>Según la propia OTAN, en septiembre de 2020 el presidente Zelenski «aprobó la nueva Estrategia de Seguridad Nacional de Ucrania, que prevé el desarrollo de la asociación distintiva con la OTAN con el objetivo de ser miembro».<sup>31</sup> Como parte del programa de reforma para alinearse con los estándares de la Alianza, Ucrania «reemplazó su Doctrina Militar en marzo de 2021 con una nueva Estrategia de Seguridad Militar que se basó en la Estrategia de Seguridad Nacional de 2020».<sup>32</sup> Esa estrategia incluye la participación en ejercicios bilaterales y multinacionales. Por su lado, Rusia también modificó su Estrategia de Seguridad Nacional, en junio de 2021, muy poco después de la ucraniana. Shahin Jafarli, del Instituto de Investigación de Bakú, aludiendo al apartado «Defensa del país», señala que «intentos de ejercer presión militar sobre Rusia, sus aliados y socios, el despliegue de infraestructura militar de la OTAN cerca de las fronteras rusas, la intensificación de las actividades de inteligencia extranjera y las pruebas del uso de armas nucleares y grandes unidades militares contra Rusia (<em>ejercicios de la OTAN</em>) son amenazas militares para la Federación Rusa».<sup>33</sup> Un año antes, en junio de 2020, Ucrania se había convertido en el sexto «socio de oportunidad mejorada» de la OTAN, un estatus ofrecido a «participantes en la Iniciativa de Interoperabilidad de Asociación de la OTAN que han hecho contribuciones particularmente significativas a las operaciones de la OTAN y otros objetivos de la Alianza». Funciona como un facilitador, «brindando a Ucrania acceso preferencial a la caja de herramientas de interoperabilidad de la OTAN, incluidos ejercicios, capacitación, intercambio de información y conocimiento de la situación».<sup>34</sup> Los otros cinco países que gozan de ese “privilegio” son Australia, Finlandia, Suecia, Jordania y, atención, Georgia.</p>
<p>En su discurso previo a la invasión, Putin hizo referencia a esa nueva estrategia militar ucraniana de 2021: «Este documento está dedicado casi en su totalidad a la confrontación con Rusia». Dijo que «establece las líneas de una guerra potencial, que debería terminar (…) “con la asistencia de la comunidad internacional en términos favorables para Ucrania”, así como (…) “con apoyo militar extranjero en la confrontación geopolítica con la Federación Rusa”».<sup>35</sup> Putin continuó con una retahíla de supuestas amenazas para la seguridad de Rusia: aseguró que «adquirir armas nucleares tácticas será mucho más fácil para Ucrania que para otros Estados», al contar con recursos de la era soviética, y que este país tenía la intención de hacerlo; también destacó la «ostentosa» y fuerte entrada de armas, equipos y entrenamiento desde 2014, sobre todo desde EEUU, así como la presencia «casi constante» de contingentes militares de países de la OTAN «con el pretexto de ejercicios», que calificó de «obviamente antirrusos» y en los que solo el año pasado habrían participado más de 23.000 efectivos y más de mil unidades de <em>hardware</em>. Para Putin, esos movimientos «están diseñados para encubrir una rápida acumulación del grupo militar de la OTAN en territorio ucraniano». Señaló también que la red de aeródromos estaba mejorada con ayuda estadounidense y que el Centro de Operaciones Marítimas construido por EEUU en Ochakov «permite apoyar la actividad de los buques de guerra de la OTAN, incluido el uso de armas de precisión, contra la flota rusa del Mar Negro y nuestra infraestructura en toda la costa del Mar Negro».<sup>36</sup> Y advirtió que el sistema de control de tropas ucraniano ya se había integrado en la OTAN, y que esta podía dar órdenes directas a las fuerzas armadas ucranianas. Por otro lado, Putin aseguró que el escudo antimisiles había añadido misiles interceptores en Rumanía, además de Polonia, y que podían ser utilizados con fines ofensivos. Además, tras el abandono del Tratado INF habría desarrollado misiles balísticos que, desde Járkov/Járkiv, tardarían entre 7 y 8 minutos en llegar a Moscú (las armas supersónicas, de 4 a 5). En definitiva, defendió que la entrada de Ucrania en la OTAN y el subsecuente despliegue de estructuras de la Alianza –cosas que afirmaba acabarían ocurriendo– supondría un «drástico incremento» del nivel de amenaza militar contra Rusia, «lo multiplicaría».<sup>37</sup></p>
<blockquote><p><strong>El pasado diciembre Rusia propuso acuerdos a EEUU y la OTAN sobre garantías de seguridad relacionados con evitar una mayor expansión de la OTAN</strong></p></blockquote>
<p>Desconocemos cuánto hubo de legítima preocupación y cuánto de propaganda oportunista, pero el 17 de diciembre Rusia propuso acuerdos a EEUU y la OTAN sobre garantías de seguridad. Las peticiones que hacía Rusia tenían que ver, precisamente, con evitar una mayor expansión de la OTAN , abstenerse de desplegar sistemas de armas en las fronteras rusas y retroceder la capacidad militar y la infraestructura del bloque en Europa donde estaban en 1997, cuando se firmó el Acta Fundacional OTAN-Rusia. Según Putin, le respondieron con generalidades, desvíos y evasivas.<sup>38</sup> Sin sentido alguno de proporcionalidad o humanidad, el dirigente ruso justificó su barbarie en Ucrania.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4><strong>A modo de conclusión: un proceso de militarización en cinco tiempos</strong></h4>
<p>Las relaciones entre Rusia y la OTAN en el tablero geopolítico de Ucrania han tenido cinco tiempos clave tras su independencia. El primero fue 1999, punto de inflexión en la militarización de esas relaciones. En marzo, la OTAN amplió sus fronteras por primera vez desde 1982 (España) y segunda desde 1955 (Alemania).<sup>39</sup> Es decir, con la excepción de España (expansión hacia el oeste), la OTAN no había modificado sus lindes en 44 años. El cambio sucedió, precisamente, en territorio del antiguo Pacto de Varsovia, y fue percibido con humillación en Rusia. Ese mismo mes, la OTAN bombardeó a una aliada de Moscú, Serbia. Un mes después, la OTAN aprobó su Nuevo Concepto Estratégico,<sup>40</sup> que sustituyó al de 1991 y revolucionó sus funciones, al prever su participación en «operaciones de respuesta a crisis no previstas en el Art. 5» (en varios puntos) y «para preservar la paz y seguridad internacionales» (punto 48), y al asignar al Consejo de Seguridad de la ONU una «responsabilidad primordial» en el mantenimiento de la seguridad internacional, pero un menor «rol crucial» en el área euroatlántica (punto 15). Según distintos expertos, esto supuso poder realizar acciones no defensivas, extender su área de operaciones del Atlántico Norte a todo el mundo y no renunciar a actuar al margen del derecho internacional (la cumbre tuvo lugar mientras se bombardeaba Serbia). El año 1999 también marcó el inicio de la segunda guerra chechena, objeto de fuerte condena occidental por su particular e indiscriminada crueldad –Putin ha acusado a EEUU y la OTAN de «apoyar a los terroristas del Cáucaso Norte».<sup>41</sup> Precisamente, el líder ruso alcanzó la cúspide del poder en Rusia ese mismo 1999.</p>
<p>El años 2004 destacó por la incorporación de siete países a la OTAN, algunos fronterizos o cercanos a Rusia. Los otros tres tiempos están directamente relacionados con Ucrania. La tercera fecha, 2007-2008, abarca el discurso de Múnich, la cumbre de la OTAN en Bucarest y la guerra en Georgia. La cuarta es 2014, año marcado principalmente por la caída de Yanukóvich (para Rusia, con apoyo de la OTAN) y los acontecimientos en el Dombás y Crimea, pero también por la intervención militar en Siria liderada por EEUU y la entrada determinante de Rusia en apoyo del gobierno sirio el año siguiente. La guerra en el Dombás no evitó, sin embargo, exportaciones de armas europeas a Rusia entre 2014 y 2020  valoradas en 491 millones de euros.<sup>42</sup> Paradójicamente, una cantidad muy parecida a la canalizada en 2022 por la UE a Ucrania a través del fondo europeo de “ayuda a la paz”, 450 millones en material militar.<sup>43</sup> Finalmente, el último periodo tiene su clímax en la invasión rusa en febrero de 2022, pero abarca también varios meses anteriores.</p>
<blockquote><p><strong>La guerra en el Dombás no evitó, sin embargo, exportaciones de armas europeas a Rusia entre 2014 y 2020</strong></p></blockquote>
<p>Aunque no han faltado otros factores y motivaciones, los cinco tiempos han incluido unas mismas consideraciones relacionas con los equilibrios de poder en Europa (y con EEUU) y la configuración de una estructura de seguridad militarizada que en el mejor de los casos no ha considerado lo suficiente a Rusia y, en el peor, al menos en las percepciones, ha estado orientada contra Moscú.</p>
<p>Cabe objetar toda equidistancia con el agresor a la hora de asignar responsabilidades, pero también toca hablar de la OTAN. Toca ahora y tocaba hacerlo en el último cuarto de siglo. Quizá se podrían haber reconducido las cosas de otra manera.</p>
<p><strong>Alejandro Pozo Marín </strong>es investigador del Centre Delàs y profesor de geopolítica y conflictos armados</p>
<h4>NOTAS</h4>
<p><sup>1</sup> Por ejemplo, la situación interna en Rusia o Ucrania, o la coyuntura en países con fuertes vínculos, como Bielorrusia, Georgia o Kazajstán (los tres con fuertes tensiones internas que preocupan a Moscú); o Moldavia o Armenia (con cambios de gobierno menos cercanos a Rusia).</p>
<p><sup>2</sup> Tica Font, «<a href="https://www.elsaltodiario.com/opinion/tica-font-centre-delas-opiniones-guerra-ucrania" target="_blank" rel="noopener">Ucrania, reflexiones de una pacifista entrada en años</a>», <em>El Salto</em>, 3 de marzo de 2022.</p>
<p><sup>3</sup> Damien Sharkov, «Russia Will Never Attack Any NATO Member: Lavrov», <em>Newsweek</em>, 7 de junio de 2016.</p>
<p><sup>4</sup> Antes fue secretario del Consejo de Seguridad Nacional y director del Servicio Federal de Seguridad (sucesor del KGB).</p>
<p><sup>5</sup> Vladímir Putin, «<a href="http://en.kremlin.ru/events/president/news/67828" target="_blank" rel="noopener">Address by the President of the Russian Federation</a>», <em>Kremlin</em>, 21 de febrero de 2022.</p>
<p><sup>6</sup> Kristina Spohr, «<a href="https://blogs.lse.ac.uk/politicsandpolicy/exposing-the-myth-of-western-betrayal-of-russia/" target="_blank" rel="noopener">Exposing the myth of Western betrayal of Russia over NATO’s eastern enlargement</a>», London School of Economics, 2 de marzo de 2022.</p>
<p><sup>7</sup> Maxim Kórshunov, «<a href="https://www.rbth.com/international/2014/10/16/mikhail_gorbachev_i_am_against_all_walls_40673.html" target="_blank" rel="noopener">Mikhail Gorbachev: I am against all walls</a>», <em>Russia Beyond</em>, 16 de octubre de 2014.</p>
<p><sup>8</sup> «<a href="https://www.osce.org/files/f/documents/7/b/39506.pdf" target="_blank" rel="noopener">Conferencia sobre la Seguridad y la Cooperación en Europa. Acta final</a>», Helsinki 1975, punto 1.a.I, p. 3.</p>
<p><sup>9</sup> Associated Press, «Russia calls NATO plans “colossal” shift», 8 de junio de 2006.</p>
<p><sup>10 Andrew Roth, «Putin accuses west of “coming with its missiles to our doorstep”», <em>The Guardian</em>, 23 de diciembre de 2021.</sup></p>
<p><sup>11</sup> Estonia, Letonia y Lituania (2004).</p>
<p><sup>12</sup> Hungría, Polonia y República Checa (1999); Eslovaquia, Bulgaria y Rumanía (2004) y Albania (2009).</p>
<p><sup>13</sup> Eslovenia (2004), Croacia (2009), Montenegro (2017) y Macedonia del Norte (2020).</p>
<p><sup>14</sup> En su punto 23 (de 50). «<a href="https://www.nato.int/cps/en/natolive/official_texts_8443.htm" target="_blank" rel="noopener">Bucharest Summit Declaration</a>», 3 de abril de 2008.</p>
<p><sup>15</sup> John Mearsheimer, «<a href="https://youtu.be/JrMiSQAGOS4" target="_blank" rel="noopener">UnCommon Core: The causes and consequences of the Ukraine crisis</a>», conferencia de junio de 2015.</p>
<p><sup>16</sup> «<a href="https://jnews.uk/allied-member-or-partner-natos-long-dilemma-over-ukraine/" target="_blank" rel="noopener">Allied, member or partner? NATO’s long dilemma over Ukraine</a>», <em>Jnews</em>, 9 de diciembre de 2021.</p>
<p><sup>[17]</sup> Associated Press, <em>op. cit.</em></p>
<p><sup>18</sup> RIA Novosti, «<a href="http://twocircles.net/2007jul05/nato_expansion_relapse_cold_war_russian_minister.html" target="_blank" rel="noopener">NATO expansion a relapse into Cold War: Russian minister</a>», <em>TwoCircles.net</em>, 5 de julio de 2007.</p>
<p><sup>19</sup> Damien Sharkov, <em>op. cit.</em><br />
<sup>20]</sup> Vladímir Putin, «<a href="http://en.kremlin.ru/events/president/transcripts/24034" target="_blank" rel="noopener">Speech and the Following Discussion at the Munich Conference on Security Policy</a>», Kremlin, 10 de febrero de 2007.<br />
<sup>21</sup> Jonathan Ng, «Arms Industry Sees Ukraine Conflict as an Opportunity, Not a Crisis», <em>Truthout</em>, 2 de marzo de 2022. Disponible en: https://truthout.org/articles/arms-industry-sees-ukraine-conflict-as-an-opportunity-not-a-crisis/</p>
<p><sup>22</sup> Henry Kissinger, «To settle the Ukraine crisis, start at the end», <em>The Washington Post</em>, 5 de marzo de 2014.</p>
<p><sup>23</sup>Vladímir Putin, <em>op. cit.</em></p>
<p><sup>24</sup> «<a href="https://www.nato.int/cps/en/natohq/topics_37750.htm" target="_blank" rel="noopener">Relations with Ukraine</a>», actualizado el 11 de marzo de 2022.</p>
<p><sup>25</sup> Derek Averre, «From Pristina to Tskhinvali: The Legacy of Operation Allied Force in Russia’s Relations with the West», <em>International Affairs</em>, 85, núm. 3, 2009, pp. 575–91.</p>
<p><sup>26</sup> Jade McGlynn, «<a href="https://foreignpolicy.com/2022/03/03/putin-ukraine-russia-nato-kosovo/" target="_blank" rel="noopener">Why Putin Keeps Talking About Kosovo</a>», <em>Foreign Policy</em>, 3 de marzo de 2022.</p>
<p><sup>27</sup> Entonces, las protestas rusas terminaron con el Tratado INF (de fuerzas nucleares de alcance medio), en diciembre de 1987. Donald Trump abandonó unilateralmente ese tratado en agosto de 2019. RIA Novosti, «<a href="https://sputniknews.com/20070427/64561042.html" target="_blank" rel="noopener">‘No hysteria’ as Putin compares U.S. shield to Pershing missiles -1</a>», <em>Sputnik</em>, 27 de abril de 2007.</p>
<p><sup>28</sup> <em>Ibidem</em>.<br />
<sup>29</sup> Daniel Dombey y Fidelius Schmid, «FT Interview: Jaap de Hoop Scheffer», <em>Financial Times</em>, 11 de marzo de 2007.</p>
<p><sup>30</sup> RIA Novosti, abril de 2007, <em>op. cit.</em> Los misiles norcoreanos capaces de llegar fueron producidos en 2017.</p>
<p><sup>31</sup> OTAN, «Relations with Ukraine», <em>op. cit.</em></p>
<p><sup>32</sup> Instituto Internacional de Estudios Estratégicos, <em>The Military Balance 2022</em>, Routledge, Londres, p. 211.</p>
<p><sup>33</sup> Shahin Jafarli, «<a href="https://bakuresearchinstitute.org/en/russias-new-national-security-strategy/" target="_blank" rel="noopener">Russia’s New National Security Strategy</a>», <em>Baku Research Institute</em>, 2 de agosto de 2021.</p>
<p><sup>34</sup> OTAN, «Relations with Ukraine», <em>op. cit.</em><sup>35</sup> Vladímir Putin, 2022, <em>op. cit.</em></p>
<p><sup>36</sup> Léase la versión de EEUU en Ben Werner, «<a href="https://news.usni.org/2017/08/15/u-s-navy-seabees-building-maritime-operations-center-black-sea-coast" target="_blank" rel="noopener">U.S. Navy Seabees Building Maritime Operations Center on Black Sea Coast</a>», <em>Instituto Naval de EEUU</em>, 15 de agosto de 2017.</p>
<p><sup>37</sup> Vladímir Putin, 2022, <em>op. cit.</em></p>
<p><sup>38</sup> <em>Ibidem</em>.</p>
<p><sup>39</sup> En 1990, la RDA se incorporó a la OTAN al unificarse Alemania.</p>
<p><sup>40]</sup> «<a href="https://1997-2001.state.gov/regions/eur/nato/nato_990424_stratcncpt.html" target="_blank" rel="noopener">NATO Alliance Strategic Concept</a>», Departamento de Estado de EEUU, 24 de abril de 1999.</p>
<p><sup>41</sup> Vladímir Putin, 2022, <em>op. cit.</em></p>
<p><sup>42</sup> Solo en 2015 fueron 208 millones, con 1.409 licencias aprobadas y apenas 149 rechazadas.<a href="https://enaat.org/eu-export-browser/overview?metric=all&amp;destination=russia&amp;year_from=2014" target="_blank" rel="noopener"> Base de datos de la ENAAT. </a> Se proporcionan las exportaciones «híbridas», que suman las reportadas como efectuadas (y que totalizan 352 millones) y el valor que el titular de la licencia tiene permiso para exportar en los países que solo publican ese dato (Bélgica, Chipre, Alemania, Malta y Reino Unido).</p>
<p><sup>43</sup> Decisión del Consejo (CFSP) 2022/338, de 28 de febrero de 2022.</p>
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		<title>Respuestas desde el movimiento pacifista sobre guerra de Ucrania</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 05 Jul 2022 12:22:44 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Dialogos]]></category>
		<category><![CDATA[Guerra]]></category>
		<category><![CDATA[Movimientos Pacifistas]]></category>
		<category><![CDATA[Pacifismo]]></category>
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					<description><![CDATA[Hablamos con representantes del movimiento sobre los retos que tiene que afrontar a raíz de la guerra de Ucrania. En el Dosier Ecosocial: "Crisis, modos de vida y militarismo". ]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><img decoding="async" class="alignright wp-image-144444 size-thumbnail" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/05/DOSSIER_Ucrania-300x424.jpg" alt="" width="300" height="424" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/05/DOSSIER_Ucrania-300x424.jpg 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/05/DOSSIER_Ucrania-450x636.jpg 450w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/05/DOSSIER_Ucrania-768x1086.jpg 768w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/05/DOSSIER_Ucrania-600x849.jpg 600w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/05/DOSSIER_Ucrania-64x91.jpg 64w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/05/DOSSIER_Ucrania.jpg 905w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" />Este diálogo «Respuestas desde el movimiento pacifista. La guerra de Ucrania en el contexto del surgimiento de un nuevo orden», pertenece al Dosier Ecosocial: <a href="https://www.fuhem.es/2022/05/18/crisis-modos-de-vida-y-militarismo-una-lectura-a-proposito-de-la-guerra-de-ucrania/" target="_blank" rel="noopener"><em>Crisis, modos de vida y militarismo. Una lectura a propósito de la guerra de Ucrania</em></a>.</p>
<p>La guerra, al igual que la pandemia, está exigiendo una respuesta rápida y contundente por parte de los gobiernos, muchas veces improvisada y con poca consciencia de las consecuencias que puede acarrear. La respuesta de Occidente a la agresión rusa a Ucrania ha animado los “ardores belicistas” de la sociedad y se empiezan a ver signos preocupantes de la imposición de una lógica militarista sobre la sociedad que trastoca prioridades y deja en la estacada cosas que hasta hace poco considerábamos valiosas (transparencia, libertad informativa, derechos y libertades fundamentales, etc.).</p>
<p>Para diagnosticar el contexto en el que estamos, ver cómo es percibido por el<br />
grueso de la ciudadanía y que desafíos plantea todo lo anterior al movimiento<br />
pacifista, conversamos con:</p>
<p><img decoding="async" class="alignleft wp-image-146060" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/07/anabarrero-300x312.jpg" alt="" width="200" height="208" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/07/anabarrero-300x312.jpg 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/07/anabarrero-450x469.jpg 450w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/07/anabarrero-768x800.jpg 768w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/07/anabarrero-600x625.jpg 600w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/07/anabarrero-64x67.jpg 64w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/07/anabarrero.jpg 916w" sizes="(max-width: 200px) 100vw, 200px" /></p>
<h4></h4>
<h4><strong>Ana Barrero Tiscar</strong></h4>
<p>Directora de la <a href="https://fund-culturadepaz.org/" target="_blank" rel="noopener">Fundación Cultura de Paz</a>. Presidenta de la <a href="https://aipaz.org/" target="_blank" rel="noopener">Asociación Española de Investigación para la Paz</a> (AIPAZ).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Miembro del Consejo del<a href="https://demospaz.org/" target="_blank" rel="noopener"> Instituto Universitario de Derechos Humanos, Democracia, Cultura de Paz y Noviolencia (DEMOSPAZ-UAM)</a>. Miembro de la Junta Directiva de <a href="https://wilpf.es/" target="_blank" rel="noopener">WILPF España</a>, sección española de la Liga Internacional de Mujeres por la Paz y la Libertad.</p>
<p>Entre sus líneas de investigación están la construcción de la paz en ciudades y territorios, en esta línea está trabajando en el desarrollo de una Agenda Local de Paz y Convivencia; las tecnologías para la paz; y las alfabetizaciones múltiples para una cultura de paz, tema sobre el cual está desarrollando su tesis doctoral en la Universidad Carlos III de Madrid.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4><img decoding="async" class="alignleft wp-image-146064" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/07/Anavillellas.jpg" alt="" width="200" height="177" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/07/Anavillellas.jpg 233w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/07/Anavillellas-64x57.jpg 64w" sizes="(max-width: 200px) 100vw, 200px" /></h4>
<h4>Ana Villellas</h4>
<p>Investigadora de la <a href="https://escolapau.uab.cat/" target="_blank" rel="noopener">Escola de Cultura de Pau &#8211; UAB</a>. Licenciada en Periodismo por la Universidad Autónoma de Barcelona – UAB. Tiene un máster en Política Internacional y Europea por la Universidad de Edimburgo, una diplomatura de postgrado en Cultura de Paz de la UAB.</p>
<p>Su área de investigación son los conflictos y procesos de paz en Europa, Cáucaso y Asia central y, particularmente, la cuestión kurda en Turquía. Otro ámbito de investigación es la dimensión de género en los conflictos y construcción de paz.</p>
<p>Forma parte de la red de género de <a href="https://www.gppac.net/" target="_blank" rel="noopener">Global Partnership for the Prevention of Armed Conflcit (GPPAC)</a>, así como del grupo de trabajo de género, paz y seguridad de <a href="https://eplo.org/" target="_blank" rel="noopener">European Peacebuilding Liaison Office (EPLO)</a> en representación de GPPAC. Coautora de Alerta! Informe sobre conflictos, derechos humanos y construcción de paz desde 2007.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4><img decoding="async" class="alignleft wp-image-146074" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/07/Carmen-Magallon-300x300.jpg" alt="" width="200" height="200" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/07/Carmen-Magallon-300x300.jpg 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/07/Carmen-Magallon-450x450.jpg 450w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/07/Carmen-Magallon-100x100.jpg 100w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/07/Carmen-Magallon-64x64.jpg 64w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/07/Carmen-Magallon.jpg 500w" sizes="(max-width: 200px) 100vw, 200px" />Carmen Magallón</h4>
<p>Doctora en Ciencias Físicas, por el programa de Historia de la ciencia-Filosofía de la ciencia, de la Universidad de Zaragoza. Licenciada en Físicas.</p>
<p>Diploma de Estudios Avanzados (DEA) en Filosofía. Postgrado de Historia de la Ciencia, Estudios de Psicología, UNED.</p>
<p>Presidenta de la <a href="https://seipaz.org/" target="_blank" rel="noopener">Fundación SIP (Seminario de Investigación para la paz)</a>, de Zaragoza. Presidenta de Honor de <a href="https://wilpf.es/" target="_blank" rel="noopener">WILPF España</a>, sección de la Liga internacional de Mujeres por la Paz y la Libertad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4><img decoding="async" class="alignleft wp-image-137155" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/01/ticafont-300x297.jpg" alt="" width="200" height="198" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/01/ticafont-300x297.jpg 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/01/ticafont-100x100.jpg 100w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/01/ticafont-64x63.jpg 64w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/01/ticafont.jpg 329w" sizes="(max-width: 200px) 100vw, 200px" />Tica Font</h4>
<p>Fundadora e investigadora del <a href="http://centredelas.org/?lang=es" target="_blank" rel="noopener">Centre d’Estudis per la Pau J.M. Delàs</a>,</p>
<p>Exxperta en Economía de defensa, comercio de armas, presupuestos de defensa, industria militar, nuevas armas y seguridad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ha sido profesora en educación no formal, tutora de la Universidad Nacional a Distancia (UNED) y técnica en medio ambiente en la Diputación de Barcelona.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4></h4>
<h5><strong>¿Qué aspectos te resultan más preocupantes de la imposición de esta lógica militarista en la resolución de unos problemas que tienen como trasfondo la geopolítica y la reconfiguración del orden internacional?</strong></h5>
<p><strong>Ana Barrero: </strong>La lógica militarista se basa en la premisa de que si se desea la seguridad y la paz hay que combatir para conseguirlas, es decir, prepararse para la guerra. Y sobre esta premisa perversa se ha construido un orden internacional basado en el militarismo, consistente en el establecimiento de políticas públicas encaminadas a proporcionar la seguridad mediante el armamentismo, el comercio de armas, el gasto militar, etc.</p>
<p>Desde la Investigación para la Paz sabemos bien, porque lo trabajamos desde el rigor científico y porque las evidencias y los hechos históricos así lo han puesto de manifiesto en innumerables ocasiones, que esta afirmación es absolutamente falsa y tremendamente preocupante. Que prepararse para la guerra supone invertir miles de millones en armamentos y gastos militares, mientras se reducen las inversiones ecosociales (vivienda, salud, educación, trabajo digno, seguridad alimentaria, medio ambiente…) que son las que protegen realmente a las personas y al planeta. Que invertir en la guerra no va a solucionar los conflictos violentos, por el contrario, contribuirá a aumentar la violencia y generar un enorme sufrimiento humano.</p>
<p>En un mundo ya de por sí profundamente militarizado, la guerra en Ucrania está acelerando aún más la militarización. Numerosos países han anunciado el incremento de su gasto militar para modernizar sus ejércitos y armamentos, así como para adquirir nuevos sistemas de violencia. Este impulso se argumenta como garantía para la seguridad de los Estados, imponiendo una idea de seguridad sustentada sobre las armas, una dimensión militar de la seguridad y el militarismo como forma de pensamiento. Y marginando, así, a la construcción de la paz como garantía y condición para la seguridad de las personas que viven en esos Estados.</p>
<p><strong>Ana Villellas</strong>: Destacaría diversos aspectos. La invasión de Rusia -potencia militar y nuclear- contra una población soberana y un territorio con infraestructura nuclear como Ucrania, pone de manifiesto un desprecio por la vida y por el derecho internacional así como una lógica imperialista sumamente preocupantes. Los actos constitutivos de crímenes de guerra y crímenes de humanidad de Rusia hablan por sí mismos.</p>
<p>En el contexto global marcado por el incremento de tensiones geoestratégicas, rearme y securitización, emergencia climática, desigualdades socioeconómicas, y marcado también por el mayor cuestionamiento del derecho internacional y de las instituciones multilaterales, resulta inquietante que se pueda incrementar el recurso a la violencia armada, y que el nexo militarismo-patriarcado continúe tan arraigado, alimentando esta violencia y multiplicándola. Otro elemento preocupante en trasfondos geopolíticos es el riesgo de amplificación del conflicto militar.</p>
<p>En otro plano, es frustrante cómo en esta y otras crisis se ha despreciado la prevención; y cómo la OTAN y EEUU incumpliendo compromisos de construcción de una arquitectura de seguridad compartida con Rusia tras el fin de la Guerra Fría, han contribuido en estas décadas al deterioro del contexto de relaciones en el continente. No sabemos qué habría sucedido de haberse explorado o apuntalado más otros caminos (no ampliación de la OTAN, diálogo trilateral entre la UE-Rusia-Ucrania al inicio del Maidán, acuerdo del 21 de febrero de 2014, acuerdos de Minsk, más apoyo a las iniciativas locales de paz, etc.), pero la infravaloración de la prevención en esta y otras crisis es grave, porque las opciones después se reducen.</p>
<p>En otro orden de cosas, preocupa el alcance de los impactos de la invasión y de las consecuencias de parte de las sanciones en la población mundial, agravando desigualdades en el contexto del capitalismo global, al tiempo que las sanciones son una vía de presión no militar. Por otra parte, para frenar la devastación son necesarias negociaciones, pero estas pueden acabar siendo acomodaciones de intereses estratégicos construidos en base a conceptos de seguridad estatal impuestos por sus élites y acordados en mesas excluyentes y asimétricas, como vemos con Rusia. Por ello, antes, durante y después de las guerras necesitamos apoyar lógicas de construcción de paz inclusivas y con justicia social y justicia transicional.</p>
<p>También toca poner el foco en cómo en el shock de esta invasión se imponen falsos consensos, como el rearme, o se redirigen transformaciones impostergables en clave de justicia ecosocial hacia otras direcciones.</p>
<p><strong>Carmen Magallón</strong>: Me preocupa el deterioro de los movimientos de respuesta. La invasión de Ucrania por parte de las tropas rusas sometidas a los planes de Putin, aunque diferente, se asemeja a la Guerra Fría en los años ochenta del siglo pasado: dos bloques, amenaza nuclear, tensión político-económica… La diferencia es que ahora no vemos un movimiento pacifista organizado, creativo y potente, similar al que se levantó en territorio europeo en aquellos años.</p>
<p>La reacción ante la guerra está conduciendo a un rearme de los países europeos con un aumento del gasto armamentístico descomunal. La transferencia de armas a Ucrania está sirviendo para justificar y embellecer tanto la producción y modernización de las armas como el aumento presupuestario dedicado a ellas. Ya no se controla ni el lenguaje y se dice que no solo se envían armas defensivas sino ofensivas. El control no hace falta porque la población está abducida por el ensalzamiento de un patriotismo de corte belicista y todo se justifica frente a un hecho condenable pero que hubiera podido ser abordado de otro modo. La producción y el comercio de armas, es decir, el negocio de las armas y quienes invierten en él son los grandes beneficiarios.</p>
<p>En la reacción de la población ucraniana se han reproducido los estereotipos de género. Asumiendo el papel de cuidadoras de niños, niñas y ancianos, las mujeres han salido del país en mayor proporción. No las critico, más bien al contrario: dejar el campo de batalla me parece sensato y civilizado, y ojalá los hombres lo hubieran hecho también, seguramente muchos hubieran optado por desertar y salir del país, pero no les han dejado. Tampoco se nos han mostrado del mismo modo a las mujeres que se han quedado a defender sus casas y el país ni a los hombres que, como han podido, han huido de la lucha. La deserción sigue siendo tabú.</p>
<p><strong>Tica Font</strong>: Me aflige observar la rapidez con que se conduce y manipula a la población a través de los medios de comunicación. Para la población rusa no hay guerra. Putin ha prohibido utilizar las palabras “guerra, invasión y destrucción”, el bando ruso maximiza sus resultados y minimiza las bajas o errores. Putin muestra imágenes limpias de la guerra, solo se ven soldados en formación, tanques, no muestra ataques, no muestra destrucción en edificios, hospitales o escuelas, no muestra heridos o muertos, no muestra población angustiada. Putin muestra mapas de adelanto militar, muestra sus logros. Ucrania hace lo mismo, pero al revés: muestra destrucción, ataques a infraestructuras que dañan la vida, muestra la desesperación de las personas, muestra las largas colas de refugiados, muestra los heridos, los muertos, los daños en las casas; muestra su resistencia al ejército ruso.</p>
<p>Nosotros vemos el sufrimiento de la gente, empatizamos con ellos y dejamos que las emociones guíen nuestras decisiones. Cuando las emociones pesan más que la razón apoyamos todo lo que los gobiernos propongan, sea involucrarse en la guerra, vender armas o incrementar el presupuesto de defensa. Estos días vemos a mucha población con reacciones primarias pidiendo que entremos en guerra, como si la guerra fuera una película. También vemos población que criminaliza a cualquier persona por el hecho de ser rusa. Es bueno recordar que las guerras las hacen los gobernantes, no los países ni la gente.</p>
<p>Como pacifista resulta duro comprobar que unos días de crónicas televisivas anulan los principios o valores tan importantes como defender la vida humana por encima de todo y hacen aflorar emociones primarias que piden guerra.</p>
<p>En términos geopolíticos hay que situar la guerra en el contexto de construcción de una nueva era, estamos construyendo un nuevo orden mundial multipolar, en el que todavía no están establecidos quienes figuraran como potencia ni se han establecido los canales o arquitectura institucional de diálogo entre potencias.</p>
<p>Por otra parte, estamos asistiendo a lo que puede ser un cambio de hegemonía mundial, hasta ahora Estados Unidos era la potencia hegemónica mundial, en términos económicos, tecnológicos y militar, esta posición la disputa China, que ya casi pasara a ser la primera potencia económica y va a la zaga en ser potencia tecnológica y militar.</p>
<p>A lo largo de la historia vemos que los cambios hegemónicos se han llevado a cabo mediante guerras ¿Pasará lo mismo? ¿Nos estamos preparando para una gran confrontación? ¿O podremos aceptar compartir las hegemonías sin matarnos o sin imposiciones a través de la fuerza?</p>
<p>&nbsp;</p>
<h5><strong>¿Qué percepciones crees que se van fraguando entre la ciudadanía? ¿Qué traducción política podría tener esta reacción ciudadana que se alimenta de incertidumbre, preocupación, indignación y empatía ante la tragedia que se vive en Ucrania? ¿Quién puede terminar canalizando este desconcierto e indignación?</strong></h5>
<p><strong>Ana Barrero</strong>: En un contexto de guerra, como la de Ucrania, o cualquier otra, la narrativa predominante suele ser la de la propaganda de los actores o países enfrentados. Se produce, además, una “guerra” de la narrativa, el discurso es diferente dependiendo del actor del que provenga, ya que la victoria también será imponer el propio relato sobre la guerra.</p>
<p>En el caso concreto de la guerra en Ucrania, el discurso de Putin está dirigido, sobre todo, hacia el interior del país, con el objetivo de justificar la invasión, y está calando poco fuera de Rusia. Por el contrario, el discurso de Zelenski está teniendo un fuerte impacto tanto dentro como fuera de Ucrania. Dentro ha generado unión del pueblo y el apoyo a las acciones del Gobierno. Fuera está generando una fuerte empatía y solidaridad con el pueblo ucraniano y, también, con las acciones del Gobierno de Zelenski.</p>
<p>Estas narrativas, así como las que se están generando a través de los medios de comunicación, las redes sociales… están contribuyendo, por un lado, a la espectacularización y normalización de la guerra lo que conlleva al apoyo al militarismo, al envío de armas a Ucrania, etc. Por otro lado, están alimentando la incertidumbre e inseguridad sobre lo que puede o no ocurrir, o de la duda sobre el grado de conocimiento de lo que está ocurriendo, contribuyendo a la construcción de un imaginario colectivo de impotencia y miedo.</p>
<p>Aunque el miedo ha estado presente en la sociedad en todas las épocas, porque es inherente a la vulnerabilidad radical de los seres humanos, el miedo actual surge, además, por nuevos motivos: la crisis provocada por la pandemia de la COVID-19, los conflictos violentos, las consecuencias del cambio climático, la guerra en Ucrania… Para muchas personas el mundo de hoy es un lugar inseguro, plagado de amenazas y violencias que socavan las perspectivas de paz, la estabilidad, los derechos fundamentales y el desarrollo sostenible. Estas situaciones provocan hartazgo, desilusión, desafección a las instituciones a todos los niveles, incertidumbre personal y malestar colectivo.</p>
<p>En este contexto los movimientos políticos y sociales ultraderechistas, supremacistas y totalitarios encuentran su caldo de cultivo, tendiendo a confundir el discurso y la información con la propaganda, las noticias falsas y la desinformación alimentando la polarización de las sociedades y el miedo. Y son estos movimientos los que pueden terminar canalizando este miedo e indignación.</p>
<p><strong>Ana Villellas</strong>: La invasión y guerra en Ucrania ha generado preocupación en la población, tanto entre quienes se consideran más informados como entre quienes afirman tener menos información sobre la situación. Según el barómetro del CIS de marzo, un 86,4% de la población del Estado español estaba bastante o muy preocupada por la invasión de Rusia. Una amplia mayoría consideraba que la invasión tendrá bastantes o muchas consecuencias en la situación económica de la población del estado español, en el precio de los carburantes y en el precio y suministro de productos agrícolas. Según el barómetro, había amplio apoyo al envío de ayuda humanitaria, a la acogida de población refugiada de Ucrania, a la presión internacional para la retirada de tropas, a la imposición de sanciones económicas y —con apoyo amplio aunque algo menor— al suministro de material militar en forma de armamento o munición para la defensa. En conjunto, por tanto, afectación, conciencia de las cadenas de impactos económicos interrelacionados y apoyo a la acción (a diferentes tipos de acción).</p>
<p>La traducción política y la canalización de la preocupación puede ser diversa. Aquí el campo de la sociología (del cambio social, del trabajo, de la juventud, urbana, rural, política&#8230;), la comunicación, la economía y tantos otros nos pueden dar claves</p>
<p>Necesitamos diálogos interdisciplinares y participativos, tanto para ahondar en la prevención de la violencia armada, como para internacional y localmente construir respuestas con justicia social. No sé si la incertidumbre y la preocupación se traducirán en cierta alineación entre población y acción de gobierno en el marco de la aparente mayor unidad de los gobiernos europeos y de parches que mitigan muy parcialmente la desigualdad; o si se traducirán en más desafección y más desconfianza que puedan ser instrumentalizadas por fuerzas populistas y reaccionarias en ausencia de mayores políticas redistributivas y en un contexto de asimetría de poderes; u otros escenarios. Resultan imprescindibles alianzas y políticas que pongan en el centro las necesidades materiales de la población (seguridad alimentaria y energética, acceso a la vivienda, condiciones laborales, regularización administración, cuidados&#8230;), la gestión pública de los bienes de primera necesidad, la coherencia de políticas (incluyendo en acción exterior) y pactos amplios para transiciones (energética, transporte, agroecológica, entre otras) con justicia social.</p>
<p><strong>Carmen Magallón</strong>: Hay cierta melancolía e impotencia frente a lo que nos acontece como ciudadanía y como humanidad. Primero un virus que desbarató parte de nuestras vidas y nos mostró una vulnerabilidad que gran parte de la población no tenía asumida: creíamos que la tecnociencia y el capital nos protegían de estos embates. Vemos que no.</p>
<p>En cuanto a la corriente inmensa de solidaridad hacia los refugiados, es encomiable, sí, pero levanta otros interrogantes: ¿por qué no sucede lo mismo ante otras guerras y otros refugiados, sea Siria, Yemen, Palestina? ¿Es efecto de los medios o de un racismo que reconoce al ‘igual de aspecto’ mientras desconoce a los diferentes, sobre todo si son pobres?</p>
<p>Pienso que la asunción acrítica del heroísmo bélico por parte de la población, tal vez está mostrando el vacío de valores de una sociedad de mercado centrada más en tener que en ser (glosando a Erich Fromm). La ciudadanía se repliega en los ahora llamados espacios de confort: la familia, el pueblo unido al campo si es posible, la identidad -sea esta lo que sea-, el individualismo.</p>
<p>No se han dado las suficientes y documentadas explicaciones de la genealogía de una invasión-guerra que venía anticipada por señales e incumplimientos por parte de Occidente de los acuerdos que se establecieron con Rusia tras la disolución de la Unión Soviética, acuerdos que tendrían que ponerse de nuevo sobre la mesa, si realmente se quiere una solución diplomática. Las negociaciones para conseguir la paz exigen reconocimiento, coherencia autocrítica y voluntad. Como falta pedagogía y formación política, serán los partidos xenófobos y ultras, los que enfatizan la seguridad armada y el miedo al otro, que son los mismos que hacen un canto al patriotismo belicista, los que se beneficiarán de esta guerra.</p>
<p><strong>Tica Font</strong>: Hay una buena parte de la población española que lentamente, crisis tras crisis, va perdiendo salario, la brecha salarial aumenta y el nivel de pobreza aumenta. Esta lenta pérdida de derechos laborales y salarios va generando frustración y desafección política. La guerra de Ucrania provoca reacciones de pedir mano dura en nuestros gobiernos de la UE hacia el “malo” y mano dura aplicando sanciones.</p>
<p>La globalización ha supuesto la interrelación de las economías y querer aplicar sanciones como si fuéramos países que viven aislados tiene sus consecuencias. Estos días muchas personas pedían cerrar el grifo de petróleo con Rusia, se decía y con razón que, si Rusia exporta gas y petróleo, le estamos financiando la guerra; pero si cerramos la compra, hay que pensar que mucha industria cerrará, la producción de energía eléctrica disminuirá, eso conlleva pérdida de muchos puestos de trabajo y de salarios. Otros decían que pasáramos a comprar el gas a Argelia, la infraestructura no está preparada, pero este gas está en un país bajo régimen poco democrático, gas situado en la zona del Sahara, donde se encuentran diversas fracciones del Daesh. Como hemos visto estos días el gaseoducto que pasa por Marruecos hacia España ha sido cortado. Otro punto débil.</p>
<p>Sabemos que tenemos que disminuir el consumo de combustibles fósiles, que lentamente se irán acabando las reservas. Descarbonizar la economía y llevar cabo una transición económica verde, comportará depender de ciertos minerales para fabricar turbinas eólicas, paneles solares o baterías para coches, habrá que asegurarse el acceso a los mismos, diversificar las fuentes de abastecimiento y asegurar la cadena de suministro. En definitiva, estamos cambiando la dependencia de combustibles fósiles por una dependencia de materias primas críticas.</p>
<p>Con todo ello quiero decir que el mundo no podemos mirarlo en términos de “bueno-malo”, “blanco o negro”, el mundo es complejo y decidir o tomar decisiones también lo es, no hay decisiones o políticas buenas o malas. Hay que decidir entre lo menos malo. Y sea lo que sea que se decida se tardan años en implantar y en observar resultados.</p>
<p>Pero las reacciones viscerales ante el conflicto o las reacciones ante a subida de precios de combustibles y otras materias primas, piden reacciones rápidas, piden urgencia en replantear modelos para la agricultura o los precios de insumos agrícolas.</p>
<p>En estos contextos cuando los partidos políticos no representan modelos de futuro sino simples peleas electorales muchos toman opción por los partidos populistas y de extrema derecha. Los grupos de extrema derecha presentan propuestas disruptivas, como salirse de la UE, representan nacionalismos excluyentes, proponen que la mujer vuelva a ocuparse de la casa y los cuidados o que no se permita la entrada de inmigrantes. Proponen que cualquier tiempo pasado fue mejor. Ello está provocando una lucha electoral entre la derecha y la extrema derecha por la hegemonía política.</p>
<h5><strong>Occidente contempla la seguridad internacional como una forma de garantizar un modo de vida que nos ha conducido a una grave crisis ecosocial ¿Qué desafíos Diálogo. La Guerra de Ucrania en el contexto de un nuevo orden tiene ante sí el movimiento pacifista en este contexto, en el que también tendríamos que computar, además del drama del conflicto violento y la urgencia de pararlo, otras cuestiones como la crisis ecológica y social en la que se encuentra sumida nuestra sociedad?</strong></h5>
<p><strong>Ana Barrero</strong>: El contexto actual de grave crisis ecosocial que estamos viviendo a nivel global supone un importante desafío para nuestras sociedades, que nos interpela a las personas y organizaciones que trabajamos por la paz a actuar. Ya que tenemos la responsabilidad de preocuparnos y ocuparnos para tratar prevenir, reducir y erradicar cualquier tipo de violencia, se manifieste en la forma en la que se manifieste y en el lugar en que se manifieste.</p>
<p>En este sentido, el movimiento pacifista tiene actualmente numerosos y urgentes desafíos, entre ellos, contribuir a redefinir el concepto de seguridad en términos humanitarios y ecológicos. Una seguridad vinculada al bienestar de las personas y a la capacidad para satisfacer sus necesidades básicas en un entorno medioambiental seguro. Una seguridad que consiga eliminar, o reducir, el sufrimiento humano y de la naturaleza; aumentar la presión sobre los gobiernos para reducir los presupuestos militares y redirigir estos fondos a las cuestiones esenciales para el cuidado de la vida y del planeta; incidir en los gobiernos para que firmen y ratifiquen el Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares, con el fin de desmantelar el sistema de violencia nuclear que supone una amenaza extrema para las personas y el planeta; poner esfuerzos para fortalecer la convivencia y la paz frente al miedo y la desconfianza; promover, a nivel local y global, los valores democráticos de justicia, solidaridad, igualdad y cooperación, para lograr una sociedad global más justa, equitativa, inclusiva, sostenible y pacífica; y continuar impulsando la construcción de la paz, la diplomacia, el diálogo, la solidaridad, el desarme, los cuidados y la adopción de medidas urgentes para abordar el cambio climático como imperativo para la supervivencia humana.</p>
<p style="text-align: right;">“Posiblemente el mayor enemigo de la paz en el mundo sea la extendida creencia de que la paz es imposible”, Fredrik S. Heffermehl</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Ana Villellas</strong>: Son muchos los desafíos. ¿Cómo abordar los diversos sistemas y fuentes interrelacionados de violencia directa, estructural y simbólica, y hacerlo de forma situada (con conciencia del lugar y posiciones desde las que habitamos y enunciamos) y transformadora? Parte del desafío y la oportunidad pasa por comprender la interrelación de las violencias y sus engranajes, desnaturalizarlas y construir y proponer desde lugares de mayor interrelación y de sujetos más amplios, tanto en el entorno inmediato como en el plano internacional. Sin reinventar la rueda, persistiendo en los fundamentos y caminos de quienes nos precedieron (desarme, desnuclearización, prevención de conflictos, acción noviolenta&#8230;) incluyendo desde los márgenes (feminismo pacifista, que pone la vida en el centro) y, a la vez, ensanchando el campo de visión, los diálogos y los sujetos.</p>
<p>Desde lo cotidiano y la vida de todas. Como movimiento pacifista tenemos el reto de visibilizar y desgranar las violencias que convierten a las personas y los territorios —países frontera entre bloques, territorios con recursos naturales, barrios urbanos&#8230;— en campo de batalla, y prevenirlas y confrontarlas. Los muchos retos incluyen fortalecer la interrelación del movimiento pacifista con otros movimientos y luchas emancipatorias en barrios y en el escenario global; hacer relevantes en los debates públicos y políticos los planteamientos y propuestas de la cultura de paz —muy especialmente de la prevención de la violencia armada— y hacerlo sin superioridad moral, con conciencia del lugar de enunciación y de la dificultad de los dilemas y conscientes del momento social; fortalecer las capacidades para el pensamiento crítico y la educación para la paz; contribuir a construir poder popular poniendo en centro la interdependencia y la noviolencia, al mismo tiempo que seguir incidiendo en las políticas y espacios de poder político y económico&#8230; Hay desafíos específicos del movimiento pacifista y otros muchos son comunes a otros movimientos.<br />
En ello estamos.</p>
<p><strong>Carmen Magallón</strong>: El movimiento pacifista tiene ante sí el reto de organizarse combinando la virtualidad de las relaciones con la presencialidad que exige la posibilidad de realizar incidencia visible y con potencial de extenderse y ocupar un espacio. Hemos de dejar de escondernos tras las pantallas, hacernos presentes. El cuerpo siempre ha sido clave en las protestas imbuidas de la filosofía y las acciones noviolentas. Hemos de recuperar los cuerpos para la política.</p>
<p>La paz va más allá de la seguridad, pero necesita seguridad. Hemos de recuperar la idea de que mi seguridad depende de la tuya, y viceversa: la seguridad compartida. Una noción que no casa con las armas, sino con el fomento de la confianza. Lo hemos escrito: las armas no nos salvarán.</p>
<p>Necesitamos más pedagogía sobre el mundo global, en el terreno de la política, de los impactos ecosociales y la interdependencia. En nuestro país, es patente la falta de formación y desconocimiento de estos asuntos; los partidos los relegan en sus programas y debates públicos y apenas tienen espacio en los medios. Lo que conduce a una ignorancia de la población al respecto de acontecimientos que nos afectan en lo cotidiano —y ahora, con el impacto de la guerra en nuestra economía, lo estamos viendo.</p>
<p>En el plano de la gobernanza global, hacen falta líderes, hombres o mujeres, capaces de revertir este deterioro, sin miedo a apelar a ideales a compartir como humanidad. Si los partidos democráticos y sus líderes siguen aferrados a la contabilidad estrecha y las miserias humanas, y no promueven visiones ligadas a proyectos ilusionantes encaminados a animar a la ciudadanía a vivir de otro modo, a disfrutar de una vida menos consumidora de energía y materiales escasos, más ligada a los cuidados, los afectos y el disfrute del tiempo, más cuidadosa con la Naturaleza y los demás; si nos quedamos en los cálculos y la exaltación de lo negativo, sin un relato ilusionante de futuro, quienes se beneficiarán serán los fabricantes de armas y los partidos xenófobos.</p>
<p><strong>Tica Font</strong>: En el imaginario europeo todavía queda el rechazo al horror de la guerra. El movimiento pacifista se hace eco de ello, la población todavía puede aceptar que preservar la vida es más importante que cualquier otro valor abstracto como el país. Pero no hemos logrado cambiar las premisas de pensamiento en los espacios de toma de decisiones donde los intereses económicos siempre están por encima de mantener la vida.</p>
<p>Todos sabemos que utilizando las premisas de la física newtoniana nunca se hubiera desarrollado la teoría de la relatividad, fue necesario cambiar de premisas para obtener una respuesta diferente. Ese sigue siendo nuestro reto, si no hay cambio de premisas siempre llegamos al mismo resultado, dirimir los conflictos de intereses mediante la guerra. ¿Cuándo cambiaremos las premisas? ¿Quién no tiene interés en que cambien las premisas?</p>
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]]></content:encoded>
					
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		<title>Guerra y armas, dos conceptos cada vez más difusos</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 06 Jun 2022 09:25:28 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Análisis]]></category>
		<category><![CDATA[Armamento]]></category>
		<category><![CDATA[Ciberguerra]]></category>
		<category><![CDATA[Conflictos armados]]></category>
		<category><![CDATA[destacadasecosocial]]></category>
		<category><![CDATA[Guerra]]></category>
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					<description><![CDATA[El final de la Guerra Fría supuso el fin de un mundo bipolar y también el desarrollo de “nuevas guerras” que tienen nuevas señas de identidad. ]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong><img decoding="async" class="alignright wp-image-144080 size-thumbnail" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/04/157-1-300x426.png" alt="" width="300" height="426" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/04/157-1-300x426.png 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/04/157-1-450x640.png 450w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/04/157-1-1200x1706.png 1200w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/04/157-1-768x1092.png 768w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/04/157-1-1081x1536.png 1081w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/04/157-1-1441x2048.png 1441w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/04/157-1-600x853.png 600w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/04/157-1-64x91.png 64w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/04/157-1.png 1996w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" />Guerra y armas, dos conceptos cada vez más difusos</strong></p>
<p><strong> Tica Font </strong></p>
<p>El final de la Guerra Fría supuso una victoria del bloque occidental, con Estados Unidos como líder del grupo y una derrota del bloque soviético, con Rusia como líder. El final de la guerra comportó la rotura de un mundo bipolar y el nudo de conflictividad mundial dejó de ser Este–Oeste. Los conflictos armados a partir de este momento dejan de estar alineados con el nudo de conflictividad mundial y empiezan a aparecer términos para diferenciar estas guerras de las anteriores.</p>
<p>Se han llevado a cabo muchas investigaciones sobre estas guerras de post Guerra Fría y desde diversos enfoques. Desde el punto de vista de la seguridad Mary Kaldor<a href="#_ftn1" name="_ftnref1"><sup>1</sup></a> acuñó el término “nuevas guerras”<a href="#_ftn2" name="_ftnref2"><sup>2</sup></a> y Mark Duffield<a href="#_ftn3" name="_ftnref3"><sup>3</sup></a> abordó estas nuevas guerras desde el binomio seguridad–desarrollo. Estos y otros muchos autores alrededor del año 2000 describen las nuevas guerras enfatizando sus diferencias con las guerras anteriores, sean la II Guerra Mundial o la Guerra Fría, y buscan las nuevas señas de identidad de los conflictos surgidos a finales del siglo XX.</p>
<p>En estos primeros años del 2000 se hizo necesario acudir a métodos comparados para poder afirmar que realmente existían diferencias entre los conflictos del pasado y los actuales. Para ello, era necesario elaborar categorías de comparación y herramientas a través de las cuales pudiéramos explicar las diferencias y similitudes. Kaldor estableció su punto de comparación o punto de partida en la Guerra Fría, y autores como Munkler lo harán respecto a las guerras de la Edad Moderna.</p>
<p>Otros autores, entre ellos Newman,<a href="#_ftn4" name="_ftnref4"><sup>4</sup></a> consideran que no se puede hablar de “nuevas guerras” como un fenómeno que presente rasgos identificativos diferentes de los conflictos conocidos hasta ahora. Newman defiende que las diferencias entre estos conflictos y las guerras tradicionales se han exagerado, que no han cambiado tanto, y apunta que lo que ha cambiado es nuestra aproximación y análisis de estudio y sobre todos los medios de comunicación.</p>
<p>El objetivo de este trabajo no está en sopesar cuánto hay de nuevo o viejo en las guerras actuales, sino aportar características de los conflictos actuales que nos ayuden a entender las lógicas de la guerra.</p>
<blockquote><p><strong>La estrategia asimétrica supone organizarse de manera diferente al rival con el objetivo de maximizar las fortalezas propias y explotar las debilidades del oponente</strong></p></blockquote>
<p>Kaldor propone que, para estudiar las guerras actuales, para entender su lógica de gestación y desarrollo, tenemos que analizar las siguientes categorías o variables clave: los actores, las causas, los objetivos, los métodos y la financiación. Otros autores proponen añadir más categorías de análisis. Duffield propone añadir la que denomina “emergencias complejas”. Otros autores consideran conveniente añadir categorías como el marco geográfico, o el marco legal de la violencia, pero en este trabajo no las vamos a tener en cuenta porque no son tan relevantes para nuestro objetivo.<a href="#_ftn5" name="_ftnref5"><sup>5</sup></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>Actores</em>. Infinidad de estudios coinciden en resaltar el amplio abanico de actores que intervienen en los conflictos, sean actores públicos o privados, estatales o no estatales, con uniforme o sin uniforme. En los conflictos podemos observar: fuerzas armadas regulares (estatales y públicas) o restos de estas (militares que abandonan el ejército y por tanto son no públicas), grupos paramilitares, milicias, grupos del crimen organizado, unidades de autodefensa, mercenarios extranjeros o fuerzas militares extranjeras. En general podemos afirmar que la gran mayoría de estos actores adolecen de una sólida estructura y cadena de mando o jerarquía, son grupos atomizados que responden más bien a estructuras horizontales que operan autónomamente.</p>
<p>Duffield pondrá el acento en lo que llama las “guerras en red”, guerras que se basan en redes cada vez más privadas de actores estatales y no estatales que actúan más allá de las competencias territoriales de los gobiernos; en estas guerras se producen alianzas entre redes políticas, sociales o económicas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>Causas</em> o desencadenantes de la guerra, los estudios apuntan a que los agrupemos en dos apartados. En el primero se situarían como causas las cuestiones políticas basadas en identidades religiosas, étnicas o tribales; en el segundo, las motivaciones económicas, contienda por los recursos o las riquezas.</p>
<p>En la Guerra Fría estábamos habituados a encuadrar los conflictos armados dentro de la lógica geoestratégica sin conceder mucha importancia a otros factores internos así fueran identitarios o nacionalistas. Aunque los factores históricos siempre han formado parte de la base en que se apoyan los conflictos armados, Kaldor añade que este nuevo nacionalismo por una parte busca desintegrar el estado y no construirlo, al mismo tiempo que sostiene que este nacionalismo carece de ideología modernizadora. También afirma que este tipo de políticas de identidades es intrínsecamente excluyente y, por tanto, tendente a la fragmentación. Estos actores, además, adolecen de una sólida estructura y cadena de mando.</p>
<p>En cuanto a las causas o desencadenantes económicos se puede afirmar que la guerra es la continuación de la economía por otros medios. Münkler<a href="#_ftn6" name="_ftnref6"><sup>6</sup></a> considera que en las guerras actuales el uso de la fuerza se ha convertido en una fuente de ingresos, o bien para subsistir —la guerra como forma de vida—, o bien para enriquecerse. Otros autores,<a href="#_ftn7" name="_ftnref7"><sup>7</sup></a> identifican la codicia como el principal impulsor de los nuevos conflictos armados.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>M</em><em>é</em><em>todos y estrategias. </em>En las guerras actuales se pueden observar cambios estratégicos y tácticos relevantes, tal como se analiza a continuación.</p>
<p>La virulencia hacia la población civil: la población ya no es un daño colateral; se producen genocidios, masacres, desplazamientos masivos de población, violencia sexual contra las mujeres, violencia hacia minorías étnicas. Ataques a las ciudades, destrucción de infraestructuras vitales como electricidad, potabilizadora de agua, almacenes de comida, hospitales, escuelas, viviendas, etc.</p>
<p>Actuaciones hibridas: se evita el combate cuerpo a cuerpo y se utilizan estrategias de guerrillas urbanas, el territorio se captura mediante el control político de la población. Se utilizan técnicas de desestabilización dirigidas a sembrar miedo y odio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>Financiación.</em> El bando formado por el ejército de un Estado lo pagará de las arcas públicas, del presupuesto general, con los impuestos de los ciudadanos o los ingresos propios del Estado; también puede que reciba ayuda desde el exterior. Los grupos no estatales si no reciben ayuda de un Estado exterior tienen recurrir a financiarse con el comercio ilegal de drogas, armas, personas, diamantes u otros recursos naturales de los que se apropien; otras formas pueden ser los saqueos, el robo, la extorsión el secuestro/rescates, transferencias de la diáspora de ciudadanos que viven en otros países o incluso de la ayuda humanitaria cuando la desvían al mercado negro. Por eso algunos autores consideran que todos estos incentivos económicos propician a ciertas partes a prolongar el conflicto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4><strong>Guerras asim</strong><strong>é</strong><strong>tricas</strong></h4>
<p>El adjetivo “asimétricas” quiere poner el énfasis en las diferencias entre los dos bandos enfrentados que se hacen la guerra. En primer lugar, las diferencias entre actores: por un lado, uno de los bandos suele ser un ejército potente de un país industrializado y desarrollado, un Estado que tiene el monopolio del uso legal de la violencia, y por otro, grupos, en muchos casos difusos, con pocas dotaciones de armas y que suelen llamarse guerrilleros, terroristas, milicianos, insurgentes o resistentes. La otra asimetría podemos encontrarla en los medios para realizar la guerra, David contra Goliat<a href="#_ftn8" name="_ftnref8"><sup>8</sup></a> o piedras contra tanques, como ha sido el conflicto que confrontaba el ejército de Israel con jóvenes palestinos. O, por ejemplo, en las guerras de Irak, Afganistán o Ucrania, donde Estados Unidos o Rusia tiene un poder militar que sus oponentes no tienen y por tanto no pueden enfrentarse en el mismo terreno con ellos; o el uso de aviones convencionales o camiones como armas que se empotran en espacios con alta densidad humana como si fueran armas.</p>
<p>Esta desigualdad tan abismal obliga al bando débil a desarrollar o refinar métodos de combate clandestinos y distintos. En la guerra asimétrica no existe una confrontación directa entre bandos, los adversarios utilizan una estrategia asimétrica para debilitar la capacidad del uso de la violencia del bando con superioridad militar. La estrategia asimétrica supone pensar y organizarse de manera diferente al oponente con el objetivo de maximizar las fortalezas propias, explotar las debilidades del oponente y ganar libertad de acción, al tiempo que tienen por objeto negar las ventajas de oponente y explorar las vulnerabilidades (de la parte más fuerte, sean jurídicas, políticas o geográficas) antes que buscar el enfrentamiento directo.</p>
<blockquote><p><strong>Un elemento diferencial de las guerras actuales: tienen lugar en zonas urbanas donde los combatientes pueden confundirse entre la población civil </strong></p></blockquote>
<p>Por lo general, podemos decir que hay tres asimetrías. Asimetrías de métodos, que consisten en el uso de conceptos operacionales o doctrinas tácticas distintas de las del adversario, o cuando uno de ellos no respeta las leyes o reglas de la guerra; la asimetría de medios o de capacidades, debido a la diferencia en tecnología, cantidad y calidad o tipos, y la asimetría de voluntades, que se da cuando uno de los bloques antagónicos ve que sus intereses vitales están comprometidos y como consecuencia está dispuesto a asumir mayores riesgos y acciones contra el otro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4><strong>Guerras hí</strong><strong>bridas</strong></h4>
<p>El concepto de “guerra híbrida” se ha aplicado en los contextos de la guerra en Irak, Afganistán o Georgia, por tanto, en contextos de guerra que involucran a los Estados occidentales o rusos y actores armados no estatales o no públicos ubicados en la periferia del sistema político mundial y que suelen estar vinculados a un estado fallido. Pero hay que tener presente que esta forma de guerra podría aplicarse también a Estados que se sienten amenazados por alguna potencia militar. Estamos observando que este término de guerra híbrida también se está empleado en escenarios en los que no hay formalmente declarada una guerra. La guerra híbrida es un fenómeno que, propiciado por el final de la Guerra Fría, la globalización y la era de la información, constituye un proceso natural de reacción al estilo militar occidental.</p>
<p>Independientemente de cómo adjetivamos las guerras actuales, si como asimétricas, híbridas o de cuarta generación, los conflictos contemporáneos nos permiten hacer algunas constataciones sobre los elementos más característicos de cómo hacer la guerra.</p>
<p>Uno de los hechos diferenciales de las guerras actuales se encuentra en el hecho de que tienen lugar en zonas urbanas, donde los combatientes  pueden confundirse entre la población civil y puede provocar una colisión en la manera occidental de hacer la guerra, generando limitaciones u obstáculos en el diseño del combate, en el uso de armamento y con la legalidad de la guerra. También debe tenerse presente que tanto el bando débil como los países de la periferia tienen mayor capacidad para asimilar las bajas en combate de la que tienen los países occidentales. Por esta razón el bando débil trata de llevar el combate de las fuerzas militares hacia espacios que le sean favorables, propiciando una guerra de desgaste en la que el vencedor es no el que tiene mayor capacidad, sino más resiliencia. El bando débil suele tener gran habilidad para moverse en la era de la información, en la utilización de internet o de las redes sociales divulgando contenido e imágenes favorables a su causa, en la comunicación de ideas, mitos o estereotipos y en el enfrentamiento de estas con los de sus enemigos, intentando hacerse un espacio en los canales de comunicación mundial. La digitalización de la sociedad ha hecho que internet se convierta en un nuevo campo de batalla donde las reglas todavía están por definirse  y formularse.</p>
<blockquote><p><strong>La digitalización  ha hecho que interne se convierta en u nuevo campo de batalla donde las reglas todavía están por definir</strong></p></blockquote>
<p>En los conflictos modernos, el énfasis en los modelos de lucha está desplazando o ampliando las actuaciones de combates tradicionales a estrategias que combinan las actuaciones convencionales o tradicionales propias de la guerra con medidas políticas, económicas, de información/publicidad o interferencia electoral. Estas actuaciones combinadas pueden incluir ciberataques, manipulaciones en las redes sociales, elementos de presión económica con el fin de desestabilizar a la opinión pública del adversario, fomentar movimientos subversivos que de forma combinada utilicen armas convencionales, tácticas irregulares, actos terroristas y comportamientos delictivos, cómo asociarse al crimen organizado (desde dónde financiarse, entre otras razones) o a la ciberdelincuencia, de modo que se amplía el espacio del campo de batalla para conseguir objetivos políticos.</p>
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<h4><strong>El ciberespacio, la ciberguerra y las ciberarmas</strong></h4>
<p>En la década de los setenta se empezó a hablar de <em>hackers</em>, de sus habilidades para entrar en los ordenadores y sistemas del Pentágono, la CIA o la Bolsa de Wall Street. Las actividades que desarrollaban no tenían ánimo de lucro, solo buscaban el reconocimiento de sus habilidades y con frecuencia acababan contratados por la empresa atacada. Pero con los inicios del siglo XXI el espíritu de los ataques cibernéticos ha dado un cambio radical, cuyo motivo o componente principal debe buscarse en el uso generalizado de internet en la vida cotidiana, a niveles institucionales de todas las administraciones en su gestión, así como de las empresas. Cuando el uso de internet ha pasado a ser un acto imprescindible del quehacer diario, comienzan a aparecer los actos delictivos y los ataques y agresiones entre Estados.</p>
<p>En los últimos años en varios escenarios los Estados han utilizado el ciberespacio para agredir a un enemigo o adversario. En septiembre de 2007 dos aviones israelíes bombardearon un espacio industrial sirio cerca de la frontera turca, ninguno de los dos países dio publicidad a la actuación militar. No entraremos en detalles hipotéticos sobre cómo se pudo llevar a cabo esta intervención, pero es evidente que los militares israelíes se apoderaron de los sistemas de defensa antiaéreos de Siria que les permitió que los “ignoraran” o que no fueran detectados, consiguiendo que las armas antiaéreas estuvieran calladas e inmóviles mientras los aviones israelíes llevaban a cabo el bombardeo sin preocuparse por poder ser abatidos.</p>
<p>Estonia, ex república de la URSS, aprobó en 2007 una ley que ordenaba eliminar símbolos rusos. Fruto de esta situación, servidores web estonios recibieron millones de solicitudes que no pudieron responder y se colapsaron. Los ciudadanos no pudieron utilizar la banca <em>online</em>, los servicios gubernamentales o entrar en los diarios digitales. Se produjo un ataque que colapsó el sistema obligando a desconectar las “fronteras cibernéticas” y dejó el país paralizado durante días. El rastreo de las direcciones de los ordenadores desde donde se produjeron los ataques terminaban perdiéndose la pista en Rusia, pero Rusia lo negó.</p>
<p>En Georgia en 2008 fuerzas de Osetia del Sur atacaron territorio georgiano. El ejército georgiano respondió mediante la fuerza, pero Rusia lanzó un ataque cibernético contra páginas web de los medios de comunicación y del Gobierno. Las líneas de conexión de Georgia iban a través de Rusia y Turquía, los <em>routers</em> se colapsaron y dirigieron el tráfico hacia el exterior. El Gobierno decidió localizar sus webs fuera de territorio en servidores de Google en California. El sector bancario se vio afectado puesto que frente a la posibilidad de un robo masivo de información bloquearon las operaciones <em>online</em><em>.</em> Rusia, nuevamente, negó ser la responsable.</p>
<p>Un paso más allá y gracias a los microprocesadores, ha sido atacar con el <em>software</em> que controla y supervisa los procesos industriales a distancia. El caso más conocido, el virus Stuxnet, que se instala en el sistema operativo y se queda esperando hasta el momento de su activación, este virus fue utilizado para atacar a Irán, en concreto para atacar la capacidad de crear armas nucleares en 2012. Para detener el programa nuclear iraní se aplicaron un embargo a la importación de petróleo de producción iraní, sanciones al Banco Central iraní e, incluso, se bloqueó el estrecho de Ormuz. Como a pesar de todas las sanciones y bloqueos Irán continuaba con el programa de armamento nuclear, incorporaron el virus Stuxnet, que aprovecha las vulnerabilidades del sistema operativo Windows, con el fin de atacar a las centrifugadoras y obligar a parar la central nuclear. Las sospechas sobre la autoría de este ataque han recaído en Estados Unidos e Israel; ninguno de los dos ha reconocido los hechos.</p>
<p>En 2014 Edward Snowden filtró a la prensa documentos que desvelaban un complejo entramado de agencias de inteligencia en numerosos países occidentales mediante los cuales se establecía un sistema de vigilancia globalizada, recopilando datos, registros, documentos y comunicaciones de todo tipo, utilizando programas secretos de vigilancia masiva y rompiendo la seguridad de los sistemas operativos IOS, Android o violando los cifrados de las BlackBerry. Resultaba que Estados Unidos vigilaba y espiaba a sus propios aliados, incluso se escuchaban las llamadas de la presidenta Merkel.<a href="#_ftn9" name="_ftnref9"><sup>9</sup></a></p>
<p>Estos eventos nos introducen en el debate de un concepto nuevo que sería el de arma cibernética y cómo ajustarla al Derecho Internacional. La experiencia nos muestra que se llevan a cabo actuaciones en el ciberespacio susceptibles de ser calificadas como uso de la fuerza dentro de un contexto de conflicto armado, y que muchos Estados están desarrollando capacidades cibernéticas dentro de sus estrategias de defensa y seguridad, tanto ofensivas como defensivas. No tenemos un concepto de ciberarma definido jurídicamente, pero sí podemos decir que un arma cibernética no es asimilable a un objeto, debe abordarse en términos funcionales a una acción que se lleva a cabo con una finalidad. Un ciberataque puede tener una finalidad delictiva, terrorista, bélica, de espionaje o activismo social. Habrá que tener en consideración en cualquier ataque en el ciberespacio el acto en sí mismo, quién es el autor, quién es el destinatario, con qué finalidad se ha llevado a cabo y qué efectos ha provocado.<a href="#_ftn10" name="_ftnref10"><sup>10</sup></a></p>
<blockquote><p><strong>La irrupción de la inteligencia artificial puede llegar a transformar la forma de intervenir en los conflictos y en la guerra.</strong></p></blockquote>
<p>En términos generales, la población se preocupa por la posibilidad de crear máquinas que deliberadamente engañan, manipulan o coaccionan a las personas. En definitiva, se está abriendo un escenario tecnológico donde se hace posible continuar la guerra y los combates por medios no armados en el sentido convencional de las armas, continuar los combates a través del ciberespacio, un espacio sin fronteras físicas y en el que todavía no se ha empezado a confeccionar su regulación jurídica.</p>
<p>La irrupción de la inteligencia artificial puede llegar a transformar la forma de intervenir en los conflictos y en la guerra, la manera en que la sociedad percibe estas intervenciones, y puede comportar una pérdida de centralidad de los humanos. La importancia de la investigación en inteligencia artificial puede medirse en las desorbitadas cantidades de dinero que algunos países están destinando a su desarrollo, así como se puede visualizar en el protagonismo creciente que ocupa dentro de la rivalidad que mantienen las principales potencias económicas. El atractivo de esta tecnología viene determinado por la posibilidad de convertir innovación científica en riqueza y poder político.</p>
<p><strong> </strong></p>
<h4><strong>Conflictividad geopolítica. Actuaciones hostiles </strong></h4>
<p>Como se ha mencionado, el final de la Guerra Fría supuso el final de un mundo bipolar, el eje de confrontación por la hegemonía mundial venía dado por el bloque occidental liderado por Estados Unidos y el bloque soviético liderado por Rusia. La Guerra Fría acabo con la victoria de Estados Unidos y pasamos a un mundo unipolar, en este periodo el poder hegemónico de Estados Unidos está siendo rivalizado por China, que está compitiendo por la hegemonía económica, tecnológica y militar. Estamos en un periodo de transición, de un mundo unipolar a un mundo multipolar. La pérdida de peso hegemónico de Estados Unidos abre la puerta a una competición entre aspirantes a ser considerados potencias y aumenta el riesgo de confrontaciones militares. Nadie objeta a China como aspirante a reemplazar a Estados Unidos como potencia hegemónica, pero Rusia aspira a tener un papel como potencia militar (no económica o tecnológica) y cabe mencionar que hay otros países que aspiran o disputan el papel de potencias regionales como India-Indonesia en Asia-Pacifico o Irán-Arabia Saudí en Oriente Medio.</p>
<p>Estas confrontaciones no necesariamente o no únicamente se llevarán a cabo en el terreno militar. Las grandes empresas multinacionales van a tener un papel relevante y marcarán la agenda política a escala mundial. Las empresas de internet pueden llegar a considerarse “un recurso natural» (los datos de los usuarios) de igual o mayor valor que los hidrocarburos o ciertos minerales.</p>
<p>En este periodo de competitividad por tener estatus de potencia mundial podremos observar acciones hostiles entre Estados como la desestabilización política y la disrupción económica, acciones de desinformación, el ciberespionaje, la compraventa de empresas o la imposición de sanciones económicas. Las llamadas guerras comerciales o económicas cada vez son más frecuentes y tienen más peso en las agendas de los Estados y en actores no estatales como las multinacionales.</p>
<p>Entre los objetivos a conseguir con actividades hostiles figuran: erosionar la confianza de los ciudadanos en sus instituciones o empresas, generar desconfianza en el sistema democrático, político y administrativo, socavar la cohesión social o los modelos sociales de los Estados, de las comunidades políticas (como la UE) o de organismos internacionales (ONU, OTAN…), fragilizar el sistema de gestión o de gobierno para que tenga menos capacidades o convencer de la decadencia de un sistema político o empresarial (tanto a la población a la que va dirigida como a la propia del atacante).</p>
<p>Algunos autores denominan a este tipo de hostilidades “amenazas irregulares”, centrándose eminentemente en el tipo de actuaciones que ejerce Rusia. Aunque no todas sean novedosas, aparte de los ciberataques, incluyen acciones de desinformación, impulso a la subversión política, el uso de la violencia o la amenaza de su uso, para socavar el orden político e influir en gobiernos vulnerables o el uso de mercenarios.<a href="#_ftn11" name="_ftnref11"><sup>11</sup></a></p>
<p>Algunos autores como Ortega añaden que el concepto de seguridad se ha hecho más complejo en tanto que los límites entre lo civil y militar de han difuminado, y que en ocasiones se solapan. Ortega nos recordará palabras de Borrell como que «vivimos en un mundo en el que todo puede ser un arma»,<a href="#_ftn12" name="_ftnref12"><sup>12</sup></a> puede bastar un cuchillo, un camión o un avión convencional para cometer un acto de terrorismo. Incluso los procesos migratorios pueden convertirse en arma política. En este sentido, cabe recordar a Erdogan con los refugiados sirios o Marruecos en Ceuta. Distorsionar la cadena de suministros o el transporte de mercancías también puede formar parte de este paquete de actos hostiles.</p>
<p>Algunos autores consideran que no podemos calificar todas estas acciones de guerra híbrida, en tanto que no hay una guerra. Por eso, este escenario de luchas por la hegemonía mundial lo denominan “zona gris” para determinar cualquier actividad militar o no militar ejercida con una cierta ambigüedad en la amplia franja que existe entre la guerra abierta y la paz.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Tica Font Gregori </strong>es experta en economía de la defensa y comercio de armas, y cofundadora del Centre d’Estudis per la Pau J.M. Delàs al que pertenece.</p>
<p><a href="#_ftnref1" name="_ftn1"><sup>1</sup></a> Mary Kaldor, profesora de Gobernanza Global en el London School of Economics y experta en estudios sobre guerra, paz y seguridad. El libro de referencia es Mary Kaldor, <em>Las Nuevas Guerras. Violencia organizada en la era global,</em> Tusquets Editores, Barcelona, 2001.</p>
<p><a href="#_ftnref2" name="_ftn2"><sup>2</sup></a> En el número 97 (2006) de esta misma revista, PAPELES, Mary Kaldor ofrece una visión de estas nuevas guerras. Puede consultarse en: <a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/un-nuevo-enfoque-sobre-las-guerras/" target="_blank" rel="noopener">https://www.fuhem.es/papeles_articulo/un-nuevo-enfoque-sobre-las-guerras/</a></p>
<p><a href="#_ftnref3" name="_ftn3"><sup>3</sup></a> Mark Duffield, <em>Las «nuevas guerras» en el mundo global</em>, Catarata, Serie Relaciones Internacionales, Madrid, 2004.</p>
<p><a href="#_ftnref4" name="_ftn4"><sup>4</sup></a> Edward Newman, «The New wars debate: A historical perspective is needed», <em>Security Dialogue</em>, vol. 35, 2004, pp. 137-189.</p>
<p><a href="#_ftnref5" name="_ftn5"><sup>5</sup></a> Un trabajo que recoge las  aportaciones desde las diversas perspectivas académicas: Víctor Bados  y Marién Duran, «Las nuevas guerras: Una propuesta metodológica para su análisis», <em>Revista UNISCI</em>, núm. 38 (2015), disponible en: <a href="https://www.ucm.es/data/cont/media/www/pag-72452/UNISCIDP38-1BADOS-DURAN.pdf" target="_blank" rel="noopener">https://www.ucm.es/data/cont/media/www/pag-72452/UNISCIDP38-1BADOS-DURAN.pdf</a></p>
<p><a href="#_ftnref6" name="_ftn6"><sup>6</sup></a> Herfried Münkler, <em>Viejas y «nuevas guerras». Asimetría y privatización de la violencia</em>, Siglo XXI, Madrid, 2005.</p>
<p><a href="#_ftnref7" name="_ftn7"><sup>7</sup></a> Paul Collier y Anke Hoeffler, «Greed and grievance in civil war», <em>Oxford Economics Papers</em>, vol. 56, núm. 4 (2004), pp. 563-595.</p>
<p><a href="#_ftnref8" name="_ftn8"><sup>8</sup></a> Josep Baqués, <em>Las Guerras Híbridas: Un balance provisional,</em> Instituto Español de Estudios Estratégicos, Documento de Trabajo 01/2015, 2015. Disponible en: <a href="http://www.ieee.es/Galerias/fichero/docs_trabajo/2015/DIEEET01-2015_GuerrasHibridas_JosepBaques.pdf" target="_blank" rel="noopener">http://www.ieee.es/Galerias/fichero/docs_trabajo/2015/DIEEET01-2015_GuerrasHibridas_JosepBaques.pdf</a></p>
<p><a href="#_ftnref9" name="_ftn9"><sup>9</sup></a> José Luis Aznar, <em>Evolución de los modelos de confrontación en el ciberespacio</em>, Instituto Español de Estudios Estratégicos, Opinión 03/2015, 2015. Disponible en: <a href="http://www.ieee.es/Galerias/fichero/docs_opinion/2015/DIEEEO03-2015_Confrontacion_Ciberespacio_JL.Aznar.pdf" target="_blank" rel="noopener">http://www.ieee.es/Galerias/fichero/docs_opinion/2015/DIEEEO03-2015_Confrontacion_Ciberespacio_JL.Aznar.pdf</a></p>
<p><a href="#_ftnref10" name="_ftn10"><sup>10</sup></a> Margarita Robles, <em>El concepto de arma cibernética en el marco internacional: una aproximación funcional, </em>Instituto Español de Estudios Estratégicos, Documento Opinión 101/2016, 2016. Disponible en: <a href="http://www.ieee.es/Galerias/fichero/docs_opinion/2016/DIEEEO101-2016_Arma_Cibernetica_MargaritaRobles.pdf" target="_blank" rel="noopener">http://www.ieee.es/Galerias/fichero/docs_opinion/2016/DIEEEO101-2016_Arma_Cibernetica_MargaritaRobles.pdf</a></p>
<p><a href="#_ftnref11" name="_ftn11"><sup>11</sup></a> Andres Ortega, «Todas las guerras son híbridas, pero la guerra y lo híbrido han cambiado», Blog del Real Instituto Elcano, 2021. Disponible en:  <a href="https://www.realinstitutoelcano.org/todas-las-guerras-son-hibridas-pero-la-guerra-y-lo-hibrido-han-cambiado/" target="_blank" rel="noopener">https://www.realinstitutoelcano.org/todas-las-guerras-son-hibridas-pero-la-guerra-y-lo-hibrido-han-cambiado/</a></p>
<p><a href="#_ftnref12" name="_ftn12"><sup>12</sup></a> Ibídem.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Acceso al artículo en formato pdf: <em><a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/guerra-y-armas-dos-conceptos-cada-vez-mas-difusos/" target="_blank" rel="noopener">Guerra y armas, dos conceptos cada vez más difusos</a>.</em></p>
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		<title>Celebramos un nuevo Al Salir del Cole para trabajar la paz en el aula</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Carlos Saavedra Bajo]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 01 Jun 2022 10:58:28 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Educación]]></category>
		<category><![CDATA[FUHEM]]></category>
		<category><![CDATA[General]]></category>
		<category><![CDATA[General educación]]></category>
		<category><![CDATA[al salir del cole]]></category>
		<category><![CDATA[Cultura de Paz]]></category>
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										<content:encoded><![CDATA[<div class="wpb-content-wrapper"><div data-parent="true" class="vc_row row-container" id="row-unique-5"><div class="row limit-width row-parent"><div class="wpb_row row-inner"><div class="wpb_column pos-top pos-center align_left column_parent col-lg-12 single-internal-gutter"><div class="uncol style-light"  ><div class="uncoltable"><div class="uncell no-block-padding" ><div class="uncont" ><div class="vc_custom_heading_wrap "><div class="heading-text el-text" ><h2 class="h2" ><span>Celebramos un nuevo Al Salir del Cole para trabajar la paz en el aula</span></h2></div><div class="clear"></div></div><div class="uncode_text_column" ><p><img decoding="async" class="alignright wp-image-144702 size-medium" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/05/PXL_20220526_154715772.MP_-e1654504793755-450x398.jpg" alt="" width="450" height="398" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/05/PXL_20220526_154715772.MP_-e1654504793755-450x398.jpg 450w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/05/PXL_20220526_154715772.MP_-e1654504793755-1200x1062.jpg 1200w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/05/PXL_20220526_154715772.MP_-e1654504793755-300x265.jpg 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/05/PXL_20220526_154715772.MP_-e1654504793755-768x679.jpg 768w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/05/PXL_20220526_154715772.MP_-e1654504793755-1536x1359.jpg 1536w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/05/PXL_20220526_154715772.MP_-e1654504793755-600x531.jpg 600w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/05/PXL_20220526_154715772.MP_-e1654504793755-64x57.jpg 64w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/05/PXL_20220526_154715772.MP_-e1654504793755.jpg 1864w" sizes="(max-width: 450px) 100vw, 450px" />El pasado 26 de mayo celebramos una nueva sesión del ciclo <strong>«Al Salir del cole»</strong>, un espacio de diálogo donde a partir de la mirada experta y la visión de profesorado, familias y alumnado de nuestros centros escolares sobre alguno de los muchos temas que nos preocupan y que no siempre aparecen en el currículo escolar. Bajo el título «Tratar la Paz en tiempos de Guerra», la sesión contó con la participación de Enrique Quintanilla (Desarma Madrid), y Alberto Martín, profesor de Historia, del Colegio Hipatia.</p>
<p>El acto comenzó con la intervención de Enrique Quintanilla, que recordó la importancia del trabajo del movimiento pacifista en nuestro país a la hora de señalar las causas estructurales de los conflictos bélicos. Siguiendo esta línea de conocer y comprender las causas de los conflictos y para  ver cómo aterrizar la temática en el aula, Alberto Martín, profesor de Historia del Colegio Hipatia, recordó cómo los conflictos bélicos suelen ser temas de interés educativo para el alumnado. Un interés que ha de ser aprovechado en la labor docente: «Nuestro papel no es el de informar, que también, sino el de fomentar, motivar y llegar al alumnado con nuestras acciones en el aula y vehicular los temas que les pueden interesar. Y sobre todo de intervenir, dar un <em>feedback</em>, porque es más importante conocer las causas de los conflictos que el desarrollo de las batallas de un conflicto» destacó Alberto Martín.</p>
<p>La sobreinformación sobre los conflictos bélicos a la que está sometido el alumnado también fue un punto de interés durante la sesión. Así, Alberto Martín reconoció la importancia de controlar los tiempos para abordar estos temas:  «Hay que contarles que es una realidad que sucede pero que también existen muchas personas que trabajan todos los días para que esto no pase. Hay que hacerles llegar los dos comportamientos, sobre todo los que trabajan por la paz y que no reciben tanto interés mediático. Para eso, es imprescindible la labor coordinada con las familias en casa». En esa misma línea, Enrique Quintanilla criticó el tratamiento mediático que se está dando en la guerra de Ucrania y cómo estos discursos mediáticos ayudan a crear conflictos de primera y de segunda en el imaginario colectivo.</p>
<p>Si no pudiste acudir a la sesión a esta sesión de Al Salir del cole, te dejamos el video completo:</p>
<p>&nbsp;</p>
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<p>&nbsp;</p>
<p>
</div></div></div></div></div></div><script id="script-row-unique-5" data-row="script-row-unique-5" type="text/javascript" class="vc_controls">UNCODE.initRow(document.getElementById("row-unique-5"));</script></div></div></div>
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		<title>Crisis, modos de vida y militarismo. Una lectura a propósito de la guerra de Ucrania</title>
		<link>https://www.fuhem.es/2022/05/18/crisis-modos-de-vida-y-militarismo-una-lectura-a-proposito-de-la-guerra-de-ucrania/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 18 May 2022 12:51:01 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Dosieres Ecosociales]]></category>
		<category><![CDATA[Armas nucleares]]></category>
		<category><![CDATA[Guerra]]></category>
		<category><![CDATA[Medios de Comunicación]]></category>
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					<description><![CDATA[La guerra en Ucrania, al igual que la pandemia, está transformando nuestro mundo, nuestras sociedades y las relaciones internacionales.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><a href="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/05/Dosier-Ecosocial-Crisis-modos-de-vida-y-militsarismo-Una-lectura-a-proposito-de-la-guerra-de-Ucrania.pdf" target="_blank" rel="noopener"><img decoding="async" class="alignright size-medium wp-image-144444" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/05/DOSSIER_Ucrania-450x636.jpg" alt="" width="450" height="636" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/05/DOSSIER_Ucrania-450x636.jpg 450w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/05/DOSSIER_Ucrania-300x424.jpg 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/05/DOSSIER_Ucrania-768x1086.jpg 768w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/05/DOSSIER_Ucrania-600x849.jpg 600w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/05/DOSSIER_Ucrania-64x91.jpg 64w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/05/DOSSIER_Ucrania.jpg 905w" sizes="(max-width: 450px) 100vw, 450px" /></a><a href="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/06/Dosier-Ecosocial-Crisis-Modos-de-Vida-y-Militarismo-Una-Lectura-a-Proposito-de-la-Guerra-de-Ucracia.pdf" target="_blank" rel="noopener"><em>Crisis, modos de vida y militarismo. Una lectura a propósito de la guerra de Ucrania</em></a></p>
<p><strong>FUHEM Ecosocial</strong></p>
<p>Abril 2022</p>
<blockquote><p><strong>La guerra en Ucrania, al igual que la pandemia, está transformando el mundo en el que vivimos. ¿En qué sentido? Aún nadie lo sabe, pero la historia nos enseña que tras una profunda perturbación las sociedades y las relaciones internacionales cambian.</strong></p></blockquote>
<p>La guerra, el modo de vida imperante y el poder armamentístico y nuclear son ele­mentos imprescindibles que hay que observar con atención si queremos analizar el orden social que emerge de la sucesión de crisis —Gran Recesión, Covid-19 y ahora la agresión a Ucrania— que vamos encadenando desde los últimos tres lustros con la crisis ecosocial de fondo.</p>
<p>El presente documento que pertenece a la <a href="https://www.fuhem.es/dosieres-ecosociales/" target="_blank" rel="noopener">Colección de Dosieres Ecosociales</a> incluye un texto introductorio de contexto, elaborado por <strong>Santiago Álvarez Cantalapiedra</strong>, que aborda cuestiones relativas al proceso de reconfiguración del orden social e in­ternacional, al regreso a la geopolítica, a la economía de bloques y a las tendencias armamentísticas.</p>
<p>Entrevistamos a <strong>Ulrich Brand</strong> sobre la relación entre el “modo de vida imperial” y el nuevo escenario sociopolítico, ecológico y económico resultante de la guerra de Ucrania.</p>
<p>El especialista en desarme nuclear <strong>Jan Vande Putte</strong>, reflexiona a través de una entre­vista sobre el peligro nuclear en el contexto del conflicto de Ucrania.</p>
<p>Dialogamos con varias expertas: <strong>Ana Barrero</strong>, <strong>Ana Villellas</strong>, <strong>Carmen Magallón</strong> y <strong>Tica Font</strong>, exponentes de la Investigación para la Paz en España, sobre sus preocupacio­nes en torno a la lógica militarista que trata de imponerse en el contexto actual, sobre la percepción de la ciudadanía ante las narrativas belicistas difundidas por los medios de comunicación y la clase política, así como sobre los desafíos que tiene ante sí el movimiento pacifista.</p>
<p>El dosier se complementa con un texto de <strong>Karen Marón</strong> que muestra cómo se está abordando informativamente el conflicto. En el eje comunicacional del Atlántico Nor­te vivimos una guerra de (des)información sin precedentes. En Occidente, desde el inicio de la guerra, solo ha existido un único relato que, además de frivolizar sobre la guerra y la tragedia humana que provoca, se ha construido a partir de una mezcla de verdades selectivas, medias verdades y mentiras con la finalidad fundamental de con­vertirlo todo en un espectáculo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4>Índice</h4>
<p>Introducción</p>
<p>El mundo de ayer y la emergencia de un nuevo orden acelerado por la guerra, <strong>Santiago Álvarez Cantalapiedra</strong>.</p>
<p><a href="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/05/Entrevista-a-Ulrich-Brand-sobre-Modo-de-Vida-Imperial-MDiDonato.pdf" target="_blank" rel="noopener">Entrevista a Ulrich Brand. “Modo de Vida Imperial”: una lectura a la luz del conflicto de Ucrania</a>, <strong>Monica Di Donato</strong>.</p>
<p>Entrevista Jan Vande Putte. El peligro nuclear en el contexto del conflicto en Ucrania, <strong>Pedro L. Lomas</strong>.</p>
<p>Diálogo: Respuestas desde el movimiento pacifista. La guerra de Ucrania en el contexto del surgimiento de un nuevo orden, <strong>Susana Fernández Herrero</strong>.</p>
<p>Conflicto Rusia-Ucrania. La mentira como arma, la verdad como víctima, <strong>Karen Marón</strong>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Acceso al dosier completo en formato pdf: <a href="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/06/Dosier-Ecosocial-Crisis-Modos-de-Vida-y-Militarismo-Una-Lectura-a-Proposito-de-la-Guerra-de-Ucracia.pdf" target="_blank" rel="noopener"><em>Crisis, modos de vida y militarismo. Una lectura a propósito de la guerra de Ucrania.</em></a></p>
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		<title>La emergencia acelerada de un nuevo orden</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 03 May 2022 15:27:47 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Análisis]]></category>
		<category><![CDATA[destacadasecosocial]]></category>
		<category><![CDATA[Geoestrategia]]></category>
		<category><![CDATA[Geopolítica]]></category>
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					<description><![CDATA[Santiago Álvarez Cantalapiedra examina el nuevo orden que se avecina cruzado por la geopolítica y por mayores presupuestos militares.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong><img decoding="async" class="alignright wp-image-144080 size-thumbnail" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/04/157-1-300x426.png" alt="" width="300" height="426" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/04/157-1-300x426.png 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/04/157-1-450x640.png 450w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/04/157-1-1200x1706.png 1200w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/04/157-1-768x1092.png 768w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/04/157-1-1081x1536.png 1081w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/04/157-1-1441x2048.png 1441w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/04/157-1-600x853.png 600w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/04/157-1-64x91.png 64w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/04/157-1.png 1996w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" />Santiago Álvarez Cantalapiedra</strong> introduce el <a href="https://www.fuhem.es/2022/05/04/papeles-157-militarismo/" target="_blank" rel="noopener">número 157</a> de la revista <a href="https://www.fuhem.es/revista-papeles/" target="_blank" rel="noopener"><em>Papeles de relaciones ecosociales y cambio global</em></a>, dedicado al Militarismo, con el artículo titulado: «La emergencia acelerada de un nuevo orden. Regreso de la geopolítica y pulsiones armamentísticas», que examina el nuevo orden que se avecina cruzado por la geopolítica y mayores presupuestos militares.</p>
<p style="text-align: right;"><em>Haz que las guerras no sean rentables y las harás imposibles</em></p>
<p style="text-align: right;">Philip Randolph</p>
<p>Se viene hablando de ello insistentemente desde la Gran Recesión del año 2008: estamos ante la emergencia de un nuevo orden, tanto en el plano social como en el internacional.1 La pandemia y la guerra en Ucrania están acelerando el proceso en términos vertiginosos.</p>
<p>Un breve apunte referido a algunos de los rasgos que despuntan en el horizonte. En este orden emergente se recalibra el intervencionismo público y el papel que se le otorga al Estado frente a los mercados. En segundo lugar, asistimos a un retroceso de la hiperglobalización vivida durante la década de los noventa del siglo pasado, con un avance del nacionalismo económico y repuntes proteccionistas tanto en el plano comercial como en el tecnológico. A eso se suma la creciente preocupación por los cuellos de botella que surgen de unas cadenas globales de suministro que, al ser demasiado extensas, han dejado de ser funcionales. Se ha construido una economía muy compleja y, al mismo tiempo, vulnerable: la paralización de parte de la producción por la escasez de suministros, el encarecimiento de los carburantes o los problemas en la logística global (debidos no solo a la pandemia sino también a hechos como el acontecido en el Canal de Suez por el buque portacontenedores <em>Ever Given</em>) señalan que se ha ido demasiado lejos con la globalización. Se contempla la opción de desescalar: pasar desde el plano mundial a un ámbito de mayor proximidad algunas de las actividades que se habían fragmentado y deslocalizado a miles de kilómetros.2  En tercer lugar, se intensiﬁca la pugna ante la escasez de recursos estratégicos y materiales críticos asociada a la creciente profundización de la digitalización y la transición energética, aventurando un recrudecimiento de la geopolítica en el acceso y la seguridad en el suministro de esos recursos. En cuarto lugar, se asientan los cambios en la geografía económica: el centro de gravedad económico se desplaza hacia Asia y los nuevos actores del escenario internacional –particularmente China– salen reforzados de la crisis pandémica, agravando las tensiones geopolíticas y las dinámicas de bloques regionales, adquiriendo un renovado impulso las pulsiones armamentísticas.</p>
<p>En este contexto, la pandemia y la guerra de Ucrania han actuado como catalizadores que han acelerado y profundizado esas tendencias. Durante una conferencia organizada por la <a href="https://maltacasino.org/" target="_blank" rel="noopener">Malta Casino förening</a>, un panel de expertos discutió cómo estas crisis también han influido en la regulación y digitalización de la industria del juego, especialmente en la implementación de nuevas estrategias económicas que reflejan las necesidades globales de seguridad y sostenibilidad. La pandemia ha rubricado la digitalización de las sociedades y la recuperación del papel decisivo de los Estados a través de los planes de reconstrucción y el diseño de nuevas políticas para la relocalización industrial. La guerra de Ucrania, a su vez, es la prueba más clara del regreso de la geopolítica, de la economía de bloques y de las tendencias armamentísticas. Ambos acontecimientos actúan en el mismo sentido: la necesidad estratégica de los países de reducir sus dependencias y de imponer la seguridad económica sobre la pura lógica del beneficio empresarial.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4>El escenario creado por la guerra en Ucrania: bloques y geopolítica</h4>
<p>Estamos ante un momento crucial en la reconﬁguración del orden internacional. Cabe interpretar esta guerra como un pulso entre imperios nucleares con Ucrania como víctima.3 Asistimos a un choque entre imperios en decadencia (el ruso y el occidental conformado en torno a la Alianza del Atlántico Norte) en un momento dominado por el ascenso imparable de China como nueva potencia económica.</p>
<p>Hay una fecha anterior al inicio de la guerra que quedará registrada en los libros de historia: la del 4 de febrero. Ese día, Vladimir Putin y Xi Jimping sellaron un acuerdo de cooperación “sin límites”. Sin ese acuerdo, parece improbable que Rusia se hubiera aventurado a lanzar la invasión sobre Ucrania. Desde el año 2014, con la anexión de Crimea y la guerra en el Donbás, la decisión estratégica de Moscú parece inequívoca: desengancharse de Occidente acercándose a Oriente. Los ﬂujos ﬁnancieros y comerciales rusos con la UE han ido declinando desde entonces, al contrario de lo que ha ocurrido con los vínculos económicos que ha desplegado con China. Asia se encuentra cerca de desplazar a Europa como principal socio comercial de Rusia. Ahora bien, este viraje encubre el riesgo de una nueva dependencia. China es el destino del 14,6% de las exportaciones rusas, pero no representa ni siquiera el 3% del comercio exterior chino. Así pues, el camino ruso hacia Oriente se antoja complicado y plagado de trampas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4>El papel de los recursos y de las sanciones</h4>
<p>Hay un segundo factor que ha podido pesar de manera decisiva en el modo en que Rusia ha decidido preservar su propio espacio de inﬂuencia. Rusia en apariencia pinta poco en la economía mundial, apenas representa el 1,7% de la economía global y ocupa el puesto 53 en cuanto a PIB per cápita en paridad de poder adquisitivo. Con todo, su capacidad para desestabilizar el planeta es extraordinaria. Lo resumió de una forma un tanto tosca el alto representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad y vicepresidente de la Comisión Europea, Josep Borrell, al deﬁnir a Rusia como «una gasolinera y un cuartel, dentro del cual hay una bomba atómica». Poder nuclear y grandes reservas de gas y petróleo. Pero su relevancia no se limita a eso. El papel de Rusia como suministrador de materias primas al resto del mundo no solo atañe al sector de la energía, se extiende también a ciertos metales críticos y al campo alimentario. Rusia es un gigante en cuanto a materias primas: según los datos la agencia Bloomberg, las exportaciones rusas en relación con la extracción mundial de petróleo y gas representan, respectivamente, el 8,4 y el 6,2%; lidera las exportaciones de paladio (45,6%); posee algunos de los principales yacimientos de níquel-cobre-paladio del mundo y tiene un peso destacadísimo en lo que se reﬁere al platino. Los analistas internacionales han advertido de los problemas de escasez de paladio, platino y gas neón en la producción de microchips. A su vez, la industria del automóvil europea muestra su preocupación ante la falta de níquel para baterías de iones de litio y de paladio para los convertidores catalíticos. En el ámbito alimentario, Rusia produce el 13% de los abonos más utilizados en el planeta (los basados en potasio, fosfato y nitrógeno), y estos fertilizantes son para un gigante agrario como Brasil tan relevantes como lo es el gas para los estados miembros de la UE.</p>
<p>Sin duda Rusia ha contemplado desde el primer momento la posibilidad de severas sanciones, pero ha sopesado también, quien sabe si acertadamente, que ante la respuesta a la amenaza a su seguridad nacional que representa la expansión de la OTAN, disponía aún de una baza con la que jugar a medio y largo plazo al estar en posesión de unos recursos cruciales para sostener el modo de vida occidental. Los hechos, hasta ahora, ni le han dado ni quitado la razón. Todavía está por ver si las sanciones para estrangular la economía rusa consiguen los resultados esperados.</p>
<p>La cadena de sanciones impuestas por Occidente ha respondido al siguiente planteamiento: ante el riesgo nuclear no cabe una respuesta militar directa y si –como enunció el rival prusiano de Napoleón Karl von Clausewitz en su famoso tratado militar–4 la guerra es la continuación de la política por otros medios, ahora la economía podría ser la continuación de la guerra por otras vías.</p>
<p>Si echamos un vistazo a las sanciones encontraremos una amplia batería de medidas. En el frente económico, un acuerdo en el seno del G-7 revocó la aplicación de la cláusula de «nación más favorecida» a Rusia, lo que repercutirá en mayores aranceles para las exportaciones rusas en varios países occidentales y la restricción del acceso a fuentes de ﬁnanciación de organismos internacionales como el FMI y el Banco Mundial. Otras medidas han surgido del seno de la UE, el Reino Unido, los EEUU y Canadá, y han sido planteadas básicamente para el ámbito ﬁnanciero. Entre las más señaladas se encuentran las siguientes: la imposibilidad de que el banco central de Rusia pueda usar sus reservas de divisas en el extranjero y la desconexión de siete bancos rusos del sistema internacional de comunicación interbancaria SWIFT. Dejando al margen las medidas contra los oligarcas afines a Putin, formuladas más de cara a la galería que a la búsqueda de una efectividad real,5 las dos sanciones anteriormente mencionadas son las que presentan un mayor potencial, aunque también límites evidentes.</p>
<p>La primera, la intervención sobre las reservas internacionales, tiene como objetivo restar capacidad al banco central ruso para evitar la depreciación del rublo y el control de la inﬂación. La efectividad de la medida depende de la composición de la cartera de activos internacionales del Banco de Rusia. Esas reservas, que ascienden a 640.000 millones de dólares (582.000 millones de euros), están formadas por, al menos, 150.000 millones en oro custodiado dentro de las fronteras del país y 91.000 millones en divisa china. Así pues, esa parte quedaría fuera del alcance de la medida sirviendo de colchón para resistir el resto de las sanciones. La segunda, la expulsión de siete bancos rusos del sistema de transferencias internacionales SWIFT, busca restar operatividad a la economía rusa en relación con las transacciones e inversiones con el exterior. Sin embargo, el carácter limitado de la medida se ha diseñado precisamente para evitar que afecte al intercambio de las materias primas de las que depende Occidente, y el efecto más evidente que puede provocar es que acelere la implantación de un sistema alternativo abanderado por China menos dependiente del dólar y del euro.6  En cualquier caso, sobre lo que caben pocas dudas es que la congelación de los activos del banco central ruso y la desconexión parcial del sistema SWIFT contribuirá, sobre todo, a la profundización de la dinámica de bloques económicos que despunta en el horizonte de la economía mundial.</p>
<p>Las sanciones son como un cuchillo de doble ﬁlo al tener efectos tanto sobre el sancionado como sobre el que sanciona. Lo sabe Occidente y lo sabe Putin. Es en este cálculo de intereses donde se dirime el alcance de las medidas adoptadas. Las sanciones representan una vía de presión sobre Rusia, pero al mismo tiempo muestran cómo Occidente ni desea ni sabe desprenderse de un modo de vida que, por otro lado, es inviable globalmente, por injusto e insostenible. Los líderes europeos han evitado desde el principio la única manera de ganarle la guerra a Putin: prohibir las importaciones de gas, petróleo, carbón y otros materiales críticos de Rusia. En el primer mes de hostilidades, Europa ha proporcionado a Rusia 17.000 millones de euros a cambio de sus combustibles fósiles, otorgándole al régimen de Putin dinero suﬁciente para sostener el valor de su moneda y ﬁnanciar la guerra. Occidente, amparado una vez más en su retórica hipócrita, dice estar dispuesta a hacer todo lo que sea necesario para parar la agresión contra el pueblo ucraniano, pero ese “hacer todo lo que sea necesario” tiene como límites claros la preservación de su modo de vida. Y para conseguirlo, no siendo suﬁcientes las medidas económicas, no renuncia a una nueva escalada armamentística.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4>La apuesta armamentística</h4>
<p>Es una tendencia que se muestra desde hace años y que ahora la guerra impulsa con renovado brío. Tras la disolución de la URSS y el ﬁn de la Guerra Fría, la evolución del gasto militar experimentó un descenso que despertó la esperanza en Europa de que la seguridad continental podría superar el esquema de bloques con que había sido diseñado hasta entonces. Nada más lejos de la realidad. Tras ese primer impás, el gasto militar mundial se volvió a reactivar a partir de 1997, recuperando los niveles de la Guerra Fría a ﬁnales de la primera década del nuevo siglo.7 Así pues, la posibilidad de disfrutar del “dividendo de la paz” resultante del recorte de los gastos de defensa se disipó pronto, tal vez porque fue percibido como una amenaza real para el poderoso complejo militar industrial. Se explica así que el devenir de los acontecimientos haya seguido un guion contrario al deseado. El militarismo se ha revelado una vez más como un elemento estructural de la economía capitalista, de ahí que, en vez de acometerse el desmantelamiento progresivo de una OTAN vacía de sentido, en su lugar hayamos asistido en las tres últimas décadas a su expansión hacia las fronteras rusas (incumpliendo las promesas verbales hechas a Gorbachov en los primeros tiempos de la <em>perestroika</em>) y a un crecienre intervencionismo que la cuestiona como organización defensiva. 8</p>
<p>El año pasado el gasto militar mundial ascendió hasta 1,9 billones de dólares, experimentando el mayor incremento interanual desde la crisis global del año 2009.9 Por dimensión esta “economía de la guerra” formaría parte del <em>top </em>de las diez principales economías mundiales (por detrás de la de Francia y delante de la italiana). De los 20 países que más gastan en defensa, la mitad son países de la OTAN (que en su conjunto representa el 53,1% del gasto total). De ese porcentaje, casi cuarenta puntos corresponden a los EEUU, de manera que su porcentaje en el gasto militar mundial duplica el peso que tiene la economía norteamericana en el PIB mundial. La economía estadounidense es una economía militarizada, por peso en el PIB y por ser el principal país exportador de armas del planeta (el 38,6% del total en el periodo 2017-2021). Desde esta perspectiva adquieren un hondo signiﬁcado las palabras del sindicalista y activista de los derechos civiles Philip Randolph: «Haz que las guerras no sean rentables y las harás imposibles». Un convencimiento que comparte el fotoperiodista español Gervasio Sánchez tras cubrir buena parte de los conﬂictos armados contemporáneos: «La guerra es un gran negocio del que se beneﬁcian los países más avanzados».10</p>
<p>Entiéndase bien: no es solo que el armamentismo represente un negocio <em>per se</em>, es que es también la manera en que prosperan los negocios en este mundo. La lógica bélica resulta indistinguible de la lógica competitiva del capitalismo. El armamentismo se muestra como una tendencia asociada a este nuevo orden que va emergiendo porque lo que está en disputa es la hegemonía y las zonas de inﬂuencia en las que ejercer el poder económico que preserva y da continuidad al modo de vida capitalista en el que estamos instalados.</p>
<p>Santiago Álvarez Cantalapiedra es director de FUHEM Ecosocial y de la revista<em> Papeles de Relaciones Ecosociales y cambio global. </em></p>
<p>&nbsp;</p>
<h4>NOTAS</h4>
<p>1  Lo he señalado con algo más de detalle en la Parte II «Cambio de época y nuevo orden» de mi libro <em>La Gran encrucijada. Crisis ecosocial y cambio de paradigma</em>, Ediciones HOAC, Madrid, 2019.</p>
<p>2  No solo hay en juego una tendencia parcialmente desglobalizadora, también se observan cambios en los rasgos del propio proceso globalizador: en la fase álgida de la hiperglobalización de los años noventa, se acrecentó el comercio mundial y la movilidad de los capitales productivos y ﬁnancieros, impidiendo (o seleccionando) la movilidad de la fuerza de trabajo; ahora, uno de los cambios más signiﬁcativos al que estamos asistiendo es, gracias a las nuevas tecnologías, la aceleración de la deslocalización laboral, de manera que se puede teletrabajar para una compañía extranjera sin necesidad de desplazarse físicamente al país donde se encuentra ubicada, mientras que la integración de los mercados de capitales se va viendo resentida debido a la dinámica de fragmentación en grandes bloques económicos.</p>
<p>3  Ucrania, desde el momento en el que expresó su intención de formar parte de la UE, es decir, de Occidente, ha sido el campo de batalla de un conﬂicto entre el creciente deseo de Putin de incorporar la parte eslava del imperio ruso a su órbita y la estrategia atlantista de expandir la OTAN hasta las fronteras de Rusia, convirtiéndose en presa geoestratégica de dos imperialismos en declive. Véase Rafael Poch, «<a href="https://ctxt.es/es/20220201/Firmas/38847/putin-ucrania-kiev-bombardeos-guerra-%20rafael-poch.htm" target="_blank" rel="noopener">Putin cruza el Rubicón</a>», <em>ctxt</em>, 24 de marzo de 2022 y Edgar Morin, «El pensador Edgar Morin reﬂexiona, desde sus 100 años, sobre la guerra en Ucrania: “Me acuerdo de la angustia que sentí durante la crisis de los misiles”», <em>EL PAÍS</em>, 26 de marzo de 2022.</p>
<p>4  Versión completa en línea del libro<a href="https://archive.org/details/ClausewitzKarlVonDeLaGuerra/page/n1/mode/2up" target="_blank" rel="noopener"> <em>De la guerra </em></a>de Karl von Clausewitz en español.</p>
<p>5  Como ha señalado oportunamente Piketty, para que esa medida contra los oligarcas rusos sea realmente efectiva sería necesario el establecimiento de un registro ﬁnanciero internacional que no es del agrado de nuestra propia oligarquía ﬁnanciera occidental por sus múltiples vínculos con los primeros (véase: Thomas Piketty, «Sancionar a los oligarcas, no al pueblo», <em>EL PAÍS</em>, 6 de marzo de 2022). En relación con otras iniciativas, como la prohibición de exportar bienes de lujo a Rusia o la suspensión de actividades de numerosas empresas occidentales en el mercado ruso, hay que verlas más como una cuestión reputacional de las empresas que como sanciones realmente efectivas, sobre todo si tenemos en cuenta que la amplia mayoría de la población de aquel país no suele circular en Jaguar o beber Dom Pérignon ni es consumidora habitual siquiera de productos de Zara, Apple o Netﬂix.</p>
<p>6  El sistema SWIFT (acrónimo de Society for World Interbank Financial Telecommunication) es un claro ejemplo de la hegemonía ﬁnanciera de Occidente. Fundado en 1973 en Bruselas, agrupa a más de 11.000 organizaciones ﬁnancieras de 200 países, pero está supervisada por los bancos centrales de unos pocos (EEUU, Alemania, Bélgica, Canadá, Francia, Italia, Japón, Países Bajos, Reino Unido, Suecia y Suiza, más el Banco Central Europeo), correspondiendo el liderazgo a Bélgica al estar ubicada la sociedad en dicho país. El Sistema de Pago Interbancario y Transfronterizo (CIPS, del inglés Cross-Border Interbank Payment System) es la alternativa en moneda china. Aunque operativo desde el año 2015, aún está muy lejos de la dimensión adquirida por el primer sistema: el CIPS cuenta únicamente con 19 bancos y 176 participantes indirectos que cubren 47 países y regiones.</p>
<p>7 Según los datos proporcionados por el Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI), <a href="https://www.sipri.org/" target="_blank" rel="noopener">www.sipri.org</a></p>
<p>8 Después de las intervenciones de la OTAN en Serbia en 1999, Afganistán en 2001, Irak en 2004 o Libia en 2011, ¿es posible todavía seguir considerándola como una organización defensiva?</p>
<p>9 <a href="https://sipri.org/sites/default/files/2021-04/sipri_milex_press_release_esp.pdf" target="_blank" rel="noopener">Comunicado de prensa del SIPRI</a>, Estocolmo, 26 de abril de 2021.</p>
<p>10 Entrevista de Carlos Moncín a Gervasio Sánchez, Heraldo, 10 de noviembre de 2009.</p>
<p>Acceso al texto del artículo en formato pdf: <a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/la-emergencia-acelerada-de-un-nuevo-orden-regreso-de-la-geopolitica-y-pulsiones-armamentisticas/" target="_blank" rel="noopener"><em>La emergencia acelerada de un nuevo orden. Regreso de la geopolítica y pulsiones armamentísticas</em></a>.</p>
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