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	<title>Malestares &#8211; FUHEM</title>
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	<description>educación + ecosocial</description>
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	<title>Malestares &#8211; FUHEM</title>
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		<title>Malestares e ilusiones (Horizonte 2008-2023)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 10 Oct 2023 09:16:12 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Análisis]]></category>
		<category><![CDATA[Crisis Ecosocial]]></category>
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					<description><![CDATA[El texto habla sobre los malestares invisibilizados como la pobreza, la precariedad y desigualdades en relación con las crisis encadenadas que se suceden en este siglo.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<figure id="attachment_146827" aria-describedby="caption-attachment-146827" style="width: 300px" class="wp-caption alignright"><img fetchpriority="high" decoding="async" class="wp-image-146827 size-thumbnail" title="malestares" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/08/PORTADA-158-300x421.jpg" alt="malestares" width="300" height="421" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/08/PORTADA-158-300x421.jpg 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/08/PORTADA-158-450x631.jpg 450w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/08/PORTADA-158-768x1077.jpg 768w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/08/PORTADA-158-350x491.jpg 350w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/08/PORTADA-158-600x841.jpg 600w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/08/PORTADA-158-64x90.jpg 64w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/08/PORTADA-158.jpg 1050w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /><figcaption id="caption-attachment-146827" class="wp-caption-text">Portada del número 158 de Papeles de relaciones ecosociales y cambio global</figcaption></figure>
<p>Jordi Mir, profesor de filosofía moral y política en la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona y la Universitat Autònoma de Barcelona, escribe <strong>Malestares e ilusiones (Horizonte 2008-2023)</strong>, para la sección <strong>A FONDO</strong> del número 158 de <em><a href="https://www.fuhem.es/revista-papeles/" target="_blank" rel="noopener">Papeles de relaciones ecosociales y cambio global</a></em>, que gira en torno a los malestares de la sociedad actual.</p>
<p>El autor reflexiona sobre los malestares invisibilizados de forma forzosa, como la <strong>pobreza</strong>, la <strong>precariedad</strong> y <strong>desigualdades</strong> cada vez más clamorosas dentro de sociedades que se empobrecen y se enriquecen al mismo tiempo a tenor de las <strong>crisis</strong> encadenadas que se suceden en este siglo: la de las hipotecas en 2008, la del COVID-19 en 2020 y la de la energía con la guerra de Ucrania en 2022. Malestares que se vuelven súbitamente visibles en periodo electoral. Sin embargo, el “autismo” de los partidos tradicionales ha llevado a una frustración en parte de la ciudadanía que ha ayudado a alumbrar nuevos proyectos políticos.</p>
<p>Malestares que no se quieren ver. «Yo no lo veo», así se expresaba el portavoz del Gobierno de la Comunidad de Madrid, Enrique Ossorio, ante los resultados del <em>Informe sobre Exclusión y Desarrollo Social en la Comunidad de Madrid </em>de la Fundación FOESSA (Fomento de Estudios Sociales y de la Sociología Aplicada).<a href="#_ftn1" name="_ftnref1"><sup>1</sup></a> Negaba objetividad al informe y ante el aumento de la pobreza señalado en el informe se preguntaba: «¿Por dónde estarán?». Siempre con buenas palabras sobre los informes y la necesidad de atender a las personas que lo necesitan, Ossorio, como portavoz del gobierno de la Comunidad de Madrid negaba la realidad, negaba el conocimiento y lo existente. Los principales resultados de este informe, que se centra en la Comunidad de Madrid, pero que FOESSA también elabora sobre otras comunidades autónomas y se une sus trabajos sobre el conjunto de España, alertan de que la cohesión social ha sufrido un impacto sin precedentes como consecuencia de las crisis relacionadas con la pandemia del SARS CoV-2.</p>
<p>Este informe se elaboró junto con el informe global <em>Evolución de la cohesión social y consecuencias de la Covid-19 en España</em>,<a href="#_ftn2" name="_ftnref2"><sup>2</sup></a> y fue desarrollado por 30 investigadores de diez universidades y entidades de investigación. El equipo encargado de la encuestas llamó a más de 90.000 hogares de toda España.</p>
<p>Los resultados negados por el gobierno de la Comunidad de Madrid muestran que un millón y medio de personas en ese territorio se encuentran en situación de exclusión social. Esto supone cinco puntos más que antes de la pandemia (del 17% en 2018 al 22%), es decir, 370.000 personas más en exclusión social. Hay que señalar el aumento del 25% de las situaciones de exclusión severa, alcanza ya a 800.000 personas.</p>
<p>Este informe, como otros de los desarrollados en los últimos años, nos muestran una tendencia constante en nuestra sociedad. Somos una sociedad que se enriquece y se empobrece al mismo tiempo. Los resultados de este último informe indican un aumento de la desigualdad entre los más pobres, que han visto reducidas sus rentas un 22%, que contrasta con el crecimiento del 18% de las rentas de las personas con mayores ingresos. La pobreza aumenta, cada vez afecta a más personas, y se agudiza, mientras la riqueza de las personas más ricas también aumenta.</p>
<blockquote>
<p style="text-align: left;"><strong>Cada nueva crisis se encadena con una anterior que está lejos de estar superada. Toda crisis tiene impactos que consolidan precariedad </strong><strong>y pobreza</strong></p>
</blockquote>
<p>Esta tendencia a la desigualdad, a la pobreza que va a más mientras que la riqueza de pocos también, es una constante de los últimos años y de las últimas crisis. Pero se continúa hablando como si la sociedad fuese una. Se habla de si el país va bien, de si la economía se recupera o está en crisis, y se desconoce, se olvida o se quiere ocultar lo que realmente ocurre. Nuestra sociedad se enriquece y se empobrece a la vez: cada vez hay más personas pobres y con casos de pobreza más severa mientras que podemos encontrar algunos indicadores que se utilizan para señalar lo positivo de nuestra situación económica.</p>
<p>Cada nueva crisis se encadena con una anterior que está lejos de estar superada. Toda crisis que estamos viviendo tiene impactos que consolidan precariedad y pobreza. Negar este conocimiento de la realidad que tenemos es negar la realidad.</p>
<p>Se trata de una realidad que no afecta exclusivamente a una comunidad autónoma, a un país, a un continente. Hace unos años se popularizó la expresión “los perdedores de la globalización”. Se trata de una expresión que puede tener la capacidad de mostrar, de señalar, la dimensión de lo que estamos hablando. Es algo que va más allá de unas fronteras y que, aunque no se quiere ver, acaba emergiendo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4><strong>Malestares que sí se ven cuando llegan elecciones </strong></h4>
<p>En los últimos años se ha recurrido a los malestares existentes para explicar resultados electorales no esperados. La victoria electoral de Donald Trump generó mucha literatura para intentar entender cómo podía ganar la presidencia de los Estados Unidos de América una persona que para un determinado sentido común era inaceptable.<a href="#_ftn3" name="_ftnref3"><sup>3</sup></a> Lo inconcebible había sucedido. ¿Cómo explicarlo?</p>
<p>Algo parecido ha ocurrido con el crecimiento del proyecto de extrema derecha de Marine Le Pen en Francia. En las dos últimas elecciones presidenciales ha conseguido pasar a la segunda vuelta y disputar a Emmanuel Macron la presidencia. En esta última ocasión también hemos podido leer un gran número de artículos dedicados a los malestares que explicarían estos resultados. Le Pen para un determinado sentido común también era inaceptable. Lo inconcebible había sucedido, aunque en este caso no llegara a la presidencia.</p>
<p>Estas realidades no se limitan a Estados Unidos de América o a Francia, podemos pensar en la evolución de la sociedad española, en el Brexit del Reino Unido, y en tantos otros países. Los malestares conducen a diferentes sectores de la población a opciones de votos que para otros son inconcebibles, inaceptables.</p>
<p>La significativa reducción de apoyos a los partidos políticos tradicionales puede ser vista como señal de su agotamiento, o incapacidad, para dar respuestas a los problemas que vive una parte de sus sociedades. No está escrito en ningún sitio, no obstante, que las nuevas opciones que han ido surgiendo y ocupando su espacio lo lograrán, pero parece evidente que la confianza se ha roto con las tradicionales. Los partidos tradicionales sufren una considerable crisis de representatividad.</p>
<p>Una parte importante de la población ha considerado que los proyectos políticos tradicionales son parte del problema y no puede representar a unos sectores de la ciudadanía que habían confiado en ellos durante décadas. En buena parte de estas sociedades los sistemas de partidos han vivido un significativo vuelco en pocos años.</p>
<p>Las elecciones presidenciales en Estados Unidos de América de 2016 nos mostraron cómo su sólido bipartidismo fue cuestionado por dos opciones que surgían desde la enmienda a sus propios partidos. Es el caso de Trump y Sanders. Bernie Sanders no logró ser designado candidato por el Partido Demócrata, pero ganó una repercusión muy considerable que llevó incluso a comportamientos reconocidos como no honestos durante las primarias por parte de las estructuras del partido. Trump ganó la representación por el Partido Republicano con una gran enmienda al propio partido. Trump acabó imponiéndose a Hillary Clinton, quien era asociada por amplios sectores de la sociedad con los problemas que vivían ellos mismos y su país.</p>
<p>En las elecciones de 2020, pese a todo lo vivido, la victoria de Biden se dio con un gran resultado por parte de Trump. Está por ver la evolución de esa sociedad, incluso tras el episodio del asalto al Capitolio y la afirmación del robo electoral.</p>
<blockquote><p><strong>Ante malestares en aumento y respuestas en descenso por los partidos tradicionales, una parte significativa de la sociedad ha decidido buscar alternativas políticas</strong></p></blockquote>
<p>En Francia hemos visto algo comparable durante los últimos años. Emmanuel Macron abandonó el partido socialista en declive para crear rápidamente un nuevo proyecto que le permitió llegar a la presidencia. La propuesta de Le Pen también debe ser vista como un proyecto que ha ido evolucionando con voluntad de convertirse en un partido capaz de ocupar la centralidad de su sociedad.</p>
<p>En el Reino Unido asistimos a la gran recomposición de los partidos tradicionales alrededor del gran acontecimiento que fue el Brexit. De un modo parecido a lo vivido en los Estados Unidos, en el Reino Unido el bipartidismo ha vivido mutaciones relevantes. Si en Estados Unidos llegaba con opciones Sanders en las primarias demócratas, en el Reino Unido fue Jeremy Corbyn quien alcanzó el liderazgo del Partido Laborista. Y algo comparable a lo vivido con Trump se puede ver con Boris Johnson.</p>
<p>Ante malestares en aumento y respuestas en descenso por parte de los partidos políticos tradicionales una parte significativa de sus sociedades, viviendo una crisis de representatividad, ha decidido buscar alternativas. Trump era una alternativa al poder tradicional de Washington, demócrata o republicano. El Brexit era una alternativa al poder tradicional del bipartidismo. Macron era una alternativa a los partidos tradicionales… pero a las alternativas también les acaba llegando su caducidad.</p>
<p>En España se ha vivido un proceso parecido alrededor de las movilizaciones del 15M de 2011 y la ola democratizadora que impulsaron.<a href="#_ftn4" name="_ftnref4"><sup>4</sup></a> El Partido Popular y el Partido Socialista Obrero Español están siendo capaces de mantener sus posiciones dominantes, pero fueron cuestionadas seriamente por nuevos proyectos como Ciudadanos y Podemos. Ciudadanos y Podemos estuvieron a punto de descabalgar al Partido Popular y al Partido Socialista Obrero Español de sus posiciones dominantes en el centro-derecha y el centro-izquierda.</p>
<p>El bipartidismo sólidamente asentado en el Congreso de los diputados estuvo en disputa. Y durante los últimos años hemos vivido la lucha de los partidos tradicionales para volver a sus posiciones de dominio, pero han quedado alteradas.</p>
<p>En España el gran cambio electoral se dio en las elecciones municipales de 2015. Lo vivimos en mayo de ese año. Cómo explicar que en ciudades como Barcelona y Madrid (y podemos ampliar la lista con Iruña, A Coruña, Santiago de Compostela, Cádiz, Zaragoza…) llegaran a gobernar proyectos políticos que representaban una significativa novedad frente a la tradición. Proyectos políticos que a pesar de confluir con opciones políticas preexistentes tenían muy poco tiempo de vida.</p>
<p>Este cambio en los gobiernos municipales no se puede explicar sin las movilizaciones sociales vividas entre 2008 y 2014, aproximadamente. Si nos centramos con más detalle en el ámbito catalán también habría que incorporar el proceso independentista como respuesta a los malestares y atender a la severa alteración del mapa de partidos.</p>
<p>Hubo quien rápidamente intentó explicar lo que empezaba a ocurrir recurriendo a un concepto que hizo fortuna: el populismo. Hubo quien no perdió ocasión de presentar como iguales todas estas novedades con unos argumentos muy cuestionables. Se ha querido poner en el mismo saco a Le Pen y Jean-Luc Melénchon en Francia, a VOX y Unidas Podemos en España&#8230; Lo que está claro es que estos proyectos han significado una novedad, que ha contribuido a mostrar malestares, y diferentes maneras de abordarlos.</p>
<p>Estos proyectos tienen concepciones de la democracia bastante antagónicas en algunos casos. Mientras unas surgen desde la reivindicación de más y mejor democracia, otras parecen hacer hincapié en el control y las restricciones que hay que establecer en la democracia. Algunos de estos proyectos han nacido de la voluntad de ampliar la democracia y dotarla de mayor calidad y otros buscan redefinirla limitando su alcance a determinados sectores de nuestra sociedad sin incorporar la preocupación por su calidad y su profundización. Tienen diferentes conceptos de lo que es la democracia y de cómo hacerla vivir.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4><strong>Relatos y concreciones</strong></h4>
<p>Estos nuevos proyectos políticos surgidos de diferentes malestares existentes, no reconocidos, negados, invisibilizados han llegado a gobernar en diferentes lugares, dentro y fuera de España. Pero no siempre han querido o podido entrar a solucionar los malestares existentes. En ocasiones, su apelación a esos malestares ha formado parte de relatos para la captación de apoyos que no se han concretado. En ocasiones, su llegada al gobierno se ha concretado en cambios más o menos profundos limitados por los apoyos necesarios para hacer efectivas las políticas que querrían implementar.</p>
<p>Tenemos pendiente un gran trabajo de análisis de los impactos que han podido generar estos nuevos proyectos desde su aparición y desde su obra de gobierno. Por ejemplo, pensando en el caso español, ¿qué diferencias podemos encontrar en las políticas públicas que se han desarrollado o se están desarrollando para actuar ante las crisis vinculadas a la pandemia y las aplicadas en las crisis iniciadas en 2008?</p>
<p>En el escenario español tenemos un caso especialmente útil para acercarnos a estas posibilidades y limitaciones. El lunes 18 de octubre de 2021 el grupo parlamentario de Unidas Podemos organizaba en el Congreso unas jornadas dedicadas a la ley estatal de la vivienda que está impulsando (18 y 19 de octubre). En la presentación de las jornadas <em>Ley Estatal de Vivienda: un nuevo paradigma</em> estaba la ministra Yolanda Díaz, la alcaldesa de Barcelona Ada Colau, Ione Belarra, secretaria general de Podemos, y Alejandra Jacinto, secretaria de Derecho en la Vivienda de Podemos.</p>
<p>No se puede entender a Podemos sin la Plataforma de Afectadas por la Hipoteca y las movilizaciones del 15M. Podemos surge de esas movilizaciones, de los malestares que allí se expresaron. Esto no quiere decir que Podemos sea su traducción en la política institucional, pero las movilizaciones surgidas hace una década hicieron posible la construcción de un proyecto político que ahora gobierna en España, en un gobierno de colación con el PSOE, partido que ya gobernaba cuando tuvieron lugar estas movilizaciones.</p>
<p>La PAH nació en 2009 para reivindicar el derecho a la vivienda en un momento en el que la situación económica empezaba a afectar a personas que se habían endeudado durante un período de alto crecimiento económico y alza de los precios de las viviendas que compraron. La situación en 2009 había cambiado y empezaban a emerger las graves dificultades para pagar las deudas. A la crisis de las hipotecas después se sumó el impago de alquileres. Alrededor de la PAH creció el movimiento por el derecho a la vivienda, pero también nacieron nuevos espacios como los Sindicatos de inquilinas, las Asambleas de vivienda o se reactivaron otros ya existentes. El movimiento por el derecho a la vivienda es diverso. La PAH en 2009 era una movilización pequeña que creció y creció a partir de las movilizaciones del 15M de 2011. Casi podríamos decir que el mapa de las acampadas del 15M en 2011 en 2012 se sustituyó por el de las diferentes PAH que iban naciendo. Llegarían a ser más de 200 en el conjunto de España.</p>
<p>Estas organizaciones siempre han tenido como objetivo el <strong>derecho a la vivienda</strong>, reconocido en la Constitución española, pero no garantizado. La PAH no ha logrado el cambio legal para hacer posible este objetivo, pero son múltiples los logros y los aprendizajes que ha generado.<a href="#_ftn5" name="_ftnref5"><sup>5</sup></a></p>
<p>Ante las limitaciones de la movilización y el escenario que se había abierto para entrar en la política institucional hubo gente que quiso intentarlo. En Unidas Podemos encontramos a diferentes personas que han surgido de la movilización de la PAH. En Barcelona en Comú también. Ada Colau, Lucía Martin forman parte del gobierno del Ayuntamiento de Barcelona hoy y vienen de la PAH de Barcelona, ​​la primera en constituirse. En el Gobierno español, por la parte de Unidas Podemos también encontraremos diferentes personas que han hecho este recorrido. Y más allá de estas figuras públicas encontraríamos más. Y la PAH continúa con su trabajo y empujando al gobierno.</p>
<p>El derecho a la vivienda no se ha garantizado nunca en España, y no entramos ahora en la grave situación que esto supone en buena parte del planeta.  Si hoy en España se está un poco menos lejos de hacerlo posible es gracias al movimiento por el derecho a la vivienda y a Unidas Podemos. ¿Se conseguirá? No parece fácil. Nunca lo ha sido y hay una mayoría de partidos que no parecen estar trabajando en ese objetivo. ¿Se adelantará al establecer medidas que contribuyan a ello? Lo han hecho en ayuntamientos donde gobiernan y lo han llevado a gobiernos autonómicos. Estas reivindicaciones han ganado un apoyo social que no tenían hace unos años y cuesta negarlas o enfrentarse a ellas; sin embargo, una parte importante de los partidos encuentran la manera de conseguir que no avancen.</p>
<p>La <strong>movilización social</strong> ha logrado conectar calles y parlamentos para abordar un elemento clave de nuestro sistema social: el derecho a la vivienda. Está por ver qué transformaciones se conseguirán. Pero conviene reconocer esos cambios que estamos viviendo. Hay una cierta tendencia a menospreciar estos cambios impulsados ​​por la movilización o a camuflarlos, hacerlos pasar por propios de los partidos. Sin la movilización social, que es expresión de malestares e ilusiones, no estaría pasando.</p>
<p>Hoy todavía no sabemos qué saldrá de este intento por conseguir garantizar de forma efectiva el derecho a la vivienda. Lo que sí sabemos es que los debates están abiertos, alguien ha logrado que se abran y convendría que no se cerraran en falso. Hay quien nunca le ha interesado hablar del derecho a la vivienda, ni de la pobreza, ni de la emergencia climática, ni del patriarcado, ni de las distintas opresiones que se viven en nuestra sociedad.</p>
<p>Hoy, tras años de movilizaciones, la hegemonía discursiva ha cambiado. Costará encontrar un partido que no hable en nombre del derecho a la vivienda, nadie lo negará. Y lo mismo ocurrirá con los demás asuntos que la movilización social ha logrado introducir en los parlamentos&#8230; Pero no es suficiente con el relato, con ganar la hegemonía discursiva, hay que conseguir la concreción, la hegemonía efectiva que concrete y garantice el derecho.</p>
<p>«España es una democracia plena» es un lema que se repite con insistencia para responder al cuestionamiento del funcionamiento de nuestra sociedad. En los últimos meses, por ejemplo, como respuesta a los espionajes que se han conocido, pero también contra otras reivindicaciones. Hoy España no es una “democracia plena”, como mínimo a ojos del índice de <em>The Economist</em> que la rebajaba a “democracia con defectos”. Más allá de los criterios de <em>The Economist</em>, justo hace 11 años se popularizaba otro lema: «Democracia real ya». Un grito presente en las manifestaciones del 15M. Un grito que daba nombre a uno de los colectivos convocantes. Un grito que no nacía de la nada, daba continuidad a un canto clásico de las movilizaciones de décadas anteriores: «Le llaman democracia y no lo es».</p>
<p>Las sociedades que se quieren democráticas acostumbran a profundizar en ella si están dispuestas a criticar y cuestionar lo existente. Más allá de la discusión nominal sobre si son democracias o no, lo relevante acostumbra a ser la exigencia que se decide tener. Lo que conocemos como 15M fue una movilización de exigencia democrática, una nueva ola de democratización en una sociedad con carencias significativas. La exigencia de «democracia real ya» surgía de las condiciones materiales de vida, de la crisis de representación política, de una legalidad que se consideraba favorecedora de los poderes existentes, de las corrupciones…</p>
<p>¿Es democrática una sociedad en la que no se garantiza el derecho a la vivienda? ¿Es democrática una sociedad en la que existe una parte tan amplia de la población en riesgo de pobreza o en precariedad laboral y vital? La idea de democracia nació en las sociedades modernas como ideal revolucionario. Hoy, en demasiadas ocasiones, se defiende como justificación de lo existente. Hoy comparten gobierno en España, y en el Ayuntamiento de Barcelona, quien insiste en que España es una democracia plena y quien llegó allí reivindicando democracia real ya.</p>
<blockquote><p><strong>La pandemia nos muestra aquello que es esencial, que no funciona en nuestra sociedad y ha contribuido al desencadenamiento de este enorme malestar</strong></p></blockquote>
<p>Se hace política con quien se puede y no siempre con quien se quiere. Y más allá de las dinámicas partidistas y de los gobiernos de coalición, convendría recordar el apoyo mayoritario a la democratización que consiguió el 15M, y cómo en tiempos de grandes malestares y crisis la respuesta mayoritaria en nuestras sociedades continúa siendo la de la profundización de la democracia. Pero no tenemos suficiente con relatos y discursos, necesitamos poder afrontar los graves problemas que tenemos como sociedad. Necesitamos concreciones. Necesitamos concreciones que den respuestas a los malestares existentes y que contribuyan a hacer posibles las ilusiones necesarias.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4><strong>Ilusiones necesarias </strong></h4>
<p>«Saben inventar mundos futuros que nos pueden ayudar a identificar sorpresas estratégicas, nuevas amenazas y nuevos conflictos en 2060»<a href="#_ftn6" name="_ftnref6"><sup>7</sup></a> declaraba Emmanuel Chiva, director de la Agencia de Innovación para la Defensa (AID) del Ministerio de las Fuerzas Armadas de Francia, al presentar el proyecto <em>Red Team</em>. Se trata de un grupo de personas creadoras de ciencia ficción que han recibido el encargo de imaginar futuros para preparar al ejército francés ante riesgos que ahora no pueden prever, no importa que no sean realistas. La población no veía como realista la pandemia de la COVID-19. Hay que prepararse para todo lo que pueda llegar en los próximos años. Lo que no deja de llamar la atención es que se dediquen recursos a posibles males no imaginados y no seamos capaces de ver los malestares ya existentes hoy. Nuestros gobiernos no suelen hacer el encargo de imaginar utopías; han preferido imaginar desastres, amenazas, que necesiten una respuesta militar.</p>
<p>La <strong>pandemia</strong> nos está mostrando aquello que es esencial, aquello que no funciona en nuestra sociedad y ha contribuido al desencadenamiento de este enorme malestar. Hemos visto cómo nuestra deforestación planetaria nos acerca a enfermedades para las que la selva antes actuaba como vacuna. Hemos visto cómo disponer de un sistema sanitario insuficiente, tensionado, colapsado en determinados momentos del año sin necesidad de añadir ninguna circunstancia excepcional, tiene múltiples efectos negativos. Hemos visto cómo una pandemia nos puede igualar ante la enfermedad, pero las características de nuestra sociedad nos hacen vivir grandes desigualdades que se suman a las que ya se han convertido en estructurales. En nuestras sociedades hay graves problemas relacionados con el acceso a la vivienda, al trabajo, a suministros básicos…</p>
<p>No son problemas nuevos, vienen de lejos y se agudizan con cada nueva crisis: la crisis de las hipotecas basura de 2008, la crisis de la pandemia, las crisis de la guerra de Ucrania, la crisis de la inflación… Todo son crisis. Cada una con sus características, sus causas y sus efectos, pero todas teniendo un fuerte impacto en el conjunto de la ciudadanía y permitiendo que una pequeña parte de nuestras sociedades se enriquezca. Es una constante. Nuestras sociedades se enriquecen y empobrecen a la vez, todo depende de qué parte de nuestra sociedad observemos.</p>
<p>En las últimas elecciones de Francia o en las de Andalucía hemos vuelto a ver la ausencia en las urnas de distintos sectores de la sociedad. Las personas jóvenes, las personas con menos recursos… Personas que parecen necesitar de la ilusión por ir a votar. Lo hemos visto en otras convocatorias electorales. Lo hemos visto en distintas sociedades. Hemos visto también qué ocurre cuando hay alguna ilusión que se extiende por una sociedad: de repente sectores que hacía tiempo que no votaban lo hacen y se pueden producir cambios. No parece haber nada más poderoso que una ilusión. Y también hemos visto algunas respuestas ante esto: si tu proyecto no puede ser el de la ilusión el objetivo será acabar con el que lo pueda ser.</p>
<p>Vivimos tiempos de falta de ilusiones, incluso podíamos decir que son tiempos de resignación y desesperación. Cuando más falta nos hacen las ilusiones más se echan de menos. La pandemia debía servirnos para pensar en qué nos había llevado hasta ella para evitarlo y salir mejor. No lo había logrado hacer la emergencia climática que sufrimos. La guerra ha llevado a hablar de mayor inversión militar, de nuevos frentes de batalla, de enemigos a vencer, y de pasar página rápidamente de todas aquellas necesidades sociales que la pandemia había contribuido a situar en primer plano. Nos vuelven a hablar de la OTAN como futuro, como solución a problemas que están causados ​​por el propio militarismo<a href="#_ftn7" name="_ftnref7"><sup>8</sup>/</a> que esta organización impulsa.</p>
<blockquote><p><strong>Nuestras sociedades se enriquecen y empobrecen a la vez, todo depende de qué parte de nuestra sociedad observemos</strong></p></blockquote>
<p>El «No hay alternativa» de Margaret Thatcher –TINA: <em>There is no alternative</em>– siempre hay quien lo recupera. Lo hace de forma explícita o implícita, nos lo demuestra con palabras y hechos o solo con hechos y utilizando palabras que escondan la realidad. No hay alternativa a la guerra. No hay alternativa a la OTAN. No hay alternativa a las fronteras donde matamos a quien quiere entrar en nuestro país. No hay alternativa a los desahucios. No hay alternativa a los precios de los alquileres que nos hacen marchar de nuestras localidades. No existe alternativa a la precariedad laboral. No existe alternativa a la crisis ecológica. No existe alternativa a las violencias y opresiones que vivimos. No hay alternativa a que no te hagamos caso… Este es otro de nuestros malestares, el pensar que no hay alternativas posibles.</p>
<p>Una parte de estas personas que ya no van a votar lo hacen asumiendo o resignándose al «no hay alternativa» o, dicho de forma más cercana, «es lo que hay». El crecimiento de la extrema derecha debe entenderse también en este escenario.<a href="#_ftn8" name="_ftnref8"><sup>8</sup></a> La extrema derecha aporta ilusiones cuando otras ilusiones parecen haberse apagado, cuando otras opciones ya se han probado y la extrema derecha intenta convencer de que su tiempo ha llegado&#8230; Las ilusiones pueden comportar desilusiones. Necesitamos someter las ilusiones a la crítica y la autocrítica. No caer en engaños y tampoco tirar a la criatura con el agua sucia. Hay que valorar lo que se consigue en cada ola ilusionada que logra producir cambios.</p>
<p>Francisco Fernández Buey, que dedicó mucho más que una obra<a href="#_ftn9" name="_ftnref9"><sup>9</sup></a> a las ilusiones y las utopías, decía que era necesario distinguir entre tener ilusiones y hacerse ilusiones. Necesitamos tener ilusiones, que es necesario fundamentar bien y que no dejaremos de trabajar. Ilusiones que mucha gente nos dirá que son irrealizables, utopías… Estas ilusiones serán utopías, no en el sentido negativo que se ha ido imponiendo para hablar de realidades imposibles. Estas ilusiones serán utopías en el sentido de lo que todavía no es, pero que mejorará nuestra sociedad cuando sea. Estas ilusiones serán utopías como lo fueron antes de que existieran derechos y libertades que ahora tenemos. Aquellos derechos y aquellas libertades que mucha gente dijo que jamás serían, que nunca podrían ser. Las libertades y los derechos de hoy fueron utopías ayer y las ilusiones de hoy, las utopías de hoy, serán las libertades y los derechos de mañana.</p>
<p>Acceso al texto completo en formato pdf: <a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/malestares-e-ilusiones-horizonte-2008-2023/" target="_blank" rel="noopener"><em>Malestares e ilusiones (Horizonte 2008-2023)</em></a>.</p>
<h4>NOTAS:</h4>
<p><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> El informe completo se puede leer aquí: <a href="https://www.foessa.es/main-files/uploads/sites/16/2022/03/Informes-Territoriales-2022_MADRID.pdf" target="_blank" rel="noopener">https://www.foessa.es/main-files/uploads/sites/16/2022/03/Informes-Territoriales-2022_MADRID.pdf</a></p>
<p><a href="#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a> El informe completo se puede leer aquí <a href="https://www.caritas.es/producto/evolucion-de-la-cohesion-social-y-consecuencias-de-la-covid-19-en-espana/" target="_blank" rel="noopener">https://www.caritas.es/producto/evolucion-de-la-cohesion-social-y-consecuencias-de-la-covid-19-en-espana/</a></p>
<p><a href="#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a> Una lectura interesante desde la perspectiva de los malestares y las ilusiones puede ser <em>Extraños en su propia tierra. Réquiem por la derecha estadounidense,</em>  de la socióloga Arlie Hochschild, Capitan Swing, 2018.</p>
<p><a href="#_ftnref4" name="_ftn4">[4]</a> Para profundizar en lo que el autor ha trabajado sobre el 15M, véase: <em>Ola 15M </em><em>10 años de movilización y cambio,</em> Bellaterra edicions, Barcelona, 2021.</p>
<p><a href="#_ftnref5" name="_ftn5">[5]</a> Para profundizar sobre la PAH se puede destacar la reciente obra de João França <em>La PAH. Manual de uso,</em> Rosa-Luxemburg-Stiftung, 2022. Disponible en: <a href="https://www.rosalux.eu/es/article/2025.la-pah.html" target="_blank" rel="noopener">https://www.rosalux.eu/es/article/2025.la-pah.html</a></p>
<p><a href="#_ftnref6" name="_ftn6">[6]</a> «Cuando el ejército se une a la ciencia ficción para imaginar lo peor», publicado en Radio France Internationale, 9 de julio de 2021. Disponible en: <a href="https://www.rfi.fr/es/francia/20210709-cuando-el-ej%C3%A9rcito-se-une-a-la-ciencia-ficci%C3%B3n-para-imaginar-lo-peor" target="_blank" rel="noopener">https://www.rfi.fr/es/francia/20210709-cuando-el-ej%C3%A9rcito-se-une-a-la-ciencia-ficci%C3%B3n-para-imaginar-lo-peor</a></p>
<p><a href="#_ftnref7" name="_ftn7">[7]</a> Para profundizar en el militarismo es muy recomendable el número 157 de esta revista. Disponible en: <a href="https://www.fuhem.es/2022/05/04/papeles-157-militarismo/">https://www.fuhem.es/2022/05/04/papeles-157-militarismo/</a></p>
<p><a href="#_ftnref8" name="_ftn8">[8]</a> Puede ser interesante aproximarse a las actuaciones de una referencia para la extrema derecha como es Steve Bannon para entender sus ideas y sus comportamientos. Véase Jordi Mir, «Steve Bannon: Fogonazos en los diagnósticos, oscuridad tenebrosa en las respuestas», <em>Papeles de relaciones ecosociales y cambio global</em>, núm. 155, 2021 (ejemplar dedicado a: Ritmos autoritarios), págs. 119-125, disponible en: <a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/steve-bannon-fogonazos-en-los-diagnosticos-oscuridad-tenebrosa-en-las-respuestas/" target="_blank" rel="noopener">https://www.fuhem.es/papeles_articulo/steve-bannon-fogonazos-en-los-diagnosticos-oscuridad-tenebrosa-en-las-respuestas/ </a></p>
<p><a href="#_ftnref9" name="_ftn9">[9]</a> Francisco Fernández Buey, <em>Utopías e ilusiones naturales,</em> El Viejo Topo, Barcelona, 2007.</p>
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]]></content:encoded>
					
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		<title>El malestar en época de crisis concatenadas</title>
		<link>https://www.fuhem.es/2023/09/08/el-malestar-en-epoca-de-crisis-concatenadas/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 08 Sep 2023 11:58:48 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Análisis]]></category>
		<category><![CDATA[Malestares]]></category>
		<category><![CDATA[Salud]]></category>
		<category><![CDATA[Soledad]]></category>
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					<description><![CDATA[ El artículo aborda las claves psicosociales para comprender el malestar producido por la experiencia vivida de crisis concatenadas en los últimos años.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><img decoding="async" class="alignright size-thumbnail wp-image-146827" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/08/PORTADA-158-300x421.jpg" alt="" width="300" height="421" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/08/PORTADA-158-300x421.jpg 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/08/PORTADA-158-450x631.jpg 450w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/08/PORTADA-158-768x1077.jpg 768w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/08/PORTADA-158-350x491.jpg 350w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/08/PORTADA-158-600x841.jpg 600w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/08/PORTADA-158-64x90.jpg 64w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/08/PORTADA-158.jpg 1050w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /> José Antonio Corraliza, catedrático de Psicología social en la Universidad Autónoma de Madrid, escribe para el <a href="https://www.fuhem.es/papeles/papeles-numero-158/" target="_blank" rel="noopener">número 158</a> de la revista<a href="https://www.fuhem.es/revista-papeles/" target="_blank" rel="noopener"><em> Papeles de relaciones ecosociales y cambio global </em></a>sobre algunas claves psicosociales para comprender el malestar producido por la experiencia vivida de crisis concatenadas en los últimos años.</p>
<p><em>El malestar en época de crisis concatenadas: algunas claves psicosociales </em>analiza como<em> l</em>as expectativas y planes de muchas personas y el ritmo de su propia vida cotidiana se han visto truncados. El síntoma más evidente puede describirse como sensación de malestar con múltiples indicadores económicos, emocionales y de salud mental. Se mencionan algunos indicios de las alteraciones de la salud mental y el bienestar. Y se proponen algunas claves descriptivas de este malestar como la incertidumbre, la parálisis de la acción y el vacío existencial.</p>
<blockquote><p><strong>Vivimos momentos de incertidumbre, que se convierte en angustia.</strong></p></blockquote>
<p>Siempre me ha fascinado la seguridad existencial de algunas personas a la hora de planear su vida y, sobre todo, a la hora de explicarse las circunstancias de sus decisiones. Durante un tiempo, he tenido que visitar periódicamente un centro de fisioterapia en el que me obligaban a permanecer durante más de una hora sin poder hacer gran cosa. Escuchaba las conversaciones que se mezclaban en ese ambiente de aparatos y de idas y venidas pausadas. En cierta ocasión, un grupo de personas hablaban, escandalizados, de la decisión que un conocido común había tomado en su vida. Y realmente no lograban ponerse de acuerdo en la explicación de esa decisión. Hasta que una persona de autoridad (la propia fisioterapeuta) dijo que «eso es la costumbre». Todos aceptaron la explicación como explicación definitiva. Me di cuenta, una vez más, del modo en que engañan las falsas respuestas que agotan el caudal de interrogantes ante una situación.</p>
<p>Una sensación similar tuve cuando leí, hace años, el <em>best-seller</em> sobre economía de J. K. Galbraith, titulado <em>La era de la incertidumbre.</em><a href="#_ftn1" name="_ftnref1"><sup>1</sup></a> En el prólogo de ese libro, Galbraith, aun asumiendo el éxito de imagen de un título así (que, por ejemplo, le reportó incluso una serie de televisión en la BBC sobre esta cuestión), se veía obligado a reconocer que, en realidad, todas las etapas de la historia de la humanidad podrían ser consideradas eras de incertidumbre. Y, sin embargo, hay momentos en los que las personas y los grupos sociales generan una atmósfera de incertidumbre que, a veces, puede llegar a ser tan intensa que se convierte en un rasgo característico y compartido de un espacio social en un tiempo dado. Quizás sea este uno de esos momentos en los que se comparte una cierta sensación de agobio y un clima generalizado de ansiedad por las circunstancias vitales. Y así, se termina asumiendo que, en efecto, estamos viviendo en una era de incertidumbre, cerrando el paso a indagaciones ulteriores sobre las causas de esa incertidumbre.</p>
<blockquote><p><strong>La más íntimas experiencias personales se ven atravesadas por la incidencia, a veces perturbadora, de la condiciones sociales de la existencia.</strong></p></blockquote>
<p>La respuesta, a diferencia de la que proporcionaba la fisioterapeuta en el caso anteriormente mencionado, no tranquiliza, sino que se convierte en un motivo de angustia más. Se traduce en un ansia infinita de que pase todo de una vez. Como el caso de Don Quijote cuando tranquilizaba a Sancho con una apelación, apenas explicable, en la conocida sentencia inspirada en el refranero popular: «Todas estas borrascas que nos suceden son señales de que presto ha de serenar el tiempo, y han de sucedernos bien las cosas, porque no es posible que el mal ni el bien sean durables, y de aquí se sigue que, habiendo durado mucho el mal, el bien está ya cerca».<a href="#_ftn2" name="_ftnref2"><sup>2</sup></a></p>
<p><strong> </strong></p>
<h4><strong>Amenazas y angustia</strong></h4>
<p>Estamos viviendo unos tiempos de borrascas encadenadas cuyos efectos inciden no solo en los ritmos existenciales y las rutinas de la vida cotidiana, sino, sobre todo, a la capacidad de elaborar los significados personales de las propias experiencias.  El filósofo alemán de origen surcoreano, Byung-Chul Han –aunque no acertó en muchas de sus predicciones sobre el fin de los riesgos bacterianos y víricos–, sugiere que este tipo de experiencias conducen al lamento personal de que nada es posible:<a href="#_ftn3" name="_ftnref3"><sup>3</sup></a> «No-poder-más conduce a un destructivo reproche de sí mismo y a la autoagresión» (p. 31). El conjunto de rutinas que estructuran las vidas personales –y a las que se adhiere con intensidad la persona– se rompen y también se truncan las expectativas. Las condiciones sociales –de optimismo irracional extremo o de angustia existencial máxima– se acaban traduciendo en una sensación de parálisis a la hora de actuar: la persona activa, adopta un patrón de respuesta expectante, y la inquietud en un patrón de mirada borrosa, víctima de lo que el propio Han denomina la “guerra interiorizada”.</p>
<p>Esta guerra interiorizada incrusta las condiciones históricas en la propia biografía personal. Una idea similar ya fue planteada (en un libro originalmente publicado en 1959) por Charles Wright Mills,<a href="#_ftn4" name="_ftnref4"><sup>4</sup></a> cuando planteaba la necesidad de elaborar constructos que permitiera analizar simultáneamente “historia” (experiencia colectiva) y biografía (experiencia personal), inquietudes personales y problemas de la estructura social. Las más íntimas experiencias personales se ven atravesadas por la incidencia, a veces, perturbadora, de las condiciones sociales de la existencia.</p>
<p>Este enfoque es especialmente relevante cuando el horizonte que describe el escenario vital es, en realidad, una fuente de incertidumbre, si no un telón de fondo de amenazas que alteran los planes personales trabajosamente construidos. Esto afecta especialmente en momentos de crisis reconocidas, como las actuales. Surgen, así, dos incisivas preguntas que afectan al bienestar existencial de las personas; la primera hace referencia a los riesgos personales en este tipo de circunstancias <em>(¿cómo me afecta?</em>) y la segunda a las estrategias de afrontamiento <em>(¿qué puedo hacer?)</em> y el eventual compromiso ante esa situación.</p>
<p>Además, a ello se suma la presencia de riesgos invisibles que se hacen visibles, como destacaba Ulrich Beck.<a href="#_ftn5" name="_ftnref5"><sup>5</sup></a> Los riesgos más claros son los riesgos derivados de la desestabilización económica que se vive desde hace más de una década, los derivados del calentamiento global y el cambio climático, los riesgos sanitarios debido a los límites de la efectividad de medicamentos como los antibióticos, las guerras constantes y, por supuesto, los derivados de la pandemia de la COVID-19. Esta situación ha creado un contexto generalizado de incertidumbre sobre las causas y, en consecuencia, también de incertidumbre sobre las soluciones. La tentación es, sin más, como en el caso de la clínica de fisioterapia, conformarse con la falsa explicación de la incertidumbre, o, por el contrario, aunque no se pueda con las causas, indagar modestamente, al menos, algunas de las claves que describen las secuelas de la situación que vivimos.</p>
<p>Uno de los costes existenciales de la aparente adaptación a estas situaciones de crisis se traduce, precisamente en sentimientos (incluso íntimos) de malestar como consecuencia del desasosiego emocional vinculado a la incertidumbre y las expectativas frustradas. Nuestras biografías se llenan de planes truncados y la trama vital se convierte en una malla de hilos rotos, casi imposible de recomponer. Los costes de esta experiencia se traducen en síntomas de alteración de la salud, física, social y psicológica.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4><strong>Indicios de malestar: la salud mental en riesgo</strong></h4>
<p>El lenguaje común apela con frecuencia a expresiones ilusorias, según las cuales cualquier problema, por grave que sea, tiene solución. Quizás (ojalá) eso sea cierto. Algunos especialistas, además, aluden a la casi infinita plasticidad de los recursos psicológico para adaptarse a cualquier situación. La cuestión es que la adaptación a situaciones de exceso de demanda –como son las crisis sucesivas que estamos viviendo– puede ser efectiva. En efecto, las personas de adaptan a situaciones más o menos extremas, pero esto lleva aparejado un amplio conjunto de costes que se traducen en alteraciones relevantes del bienestar físico y psicológico de las personas. Estos costes, en psicología, se reconocen con el término estrés. Uno de los aspectos en los que con más claridad se pueden identificar estos costes es en las alteraciones de la salud mental. Vamos a repasar algunos de los indicios sobre estos problemas, una selección de los cuales se recoge en la tabla 1.</p>
<p>En octubre de 2021, la Fundación Adecco (en colaboración con Johnson &amp; Johnson) publicó un informe sobre salud mental,<a href="#_ftn6" name="_ftnref6"><sup>6</sup></a> basado en una doble encuesta a 101 empresas de 21 áreas de actividad y a 234 demandantes de empleo con certificado de discapacidad por problemas de salud mental. En dicho informe ser reconoce, entre otros datos, que la OMS predice que los problemas de salud mental serán la principal causa de discapacidad en el año 2030. Y, por ejemplo, que el 64,6% de los encuestados considera que la crisis de la COVID-19 ha empeorado mucho o bastante su salud (véase también la tabla 1).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;"><strong>Tabla 1. Algunos indicios del impacto en la salud mental de los cambios de los últimos años</strong></p>
<table class=" aligncenter" style="width: 90.5767%; height: 1465px;" width="576">
<tbody>
<tr>
<td style="width: 72.108%;" width="415"><strong>Indicadores</strong></td>
<td style="width: 27.1208%;" width="161"><strong>Fuente</strong></td>
</tr>
<tr>
<td style="width: 72.108%;" width="415">·        El 25% de la población sufrirá algún trastorno de este tipo a lo largo de su vida.</p>
<p>·        El 64,6% cree que la crisis de la Covid-19 ha empeorado mucho (35,6%) o bastante (29%)  su salud.</td>
<td style="width: 27.1208%;" width="161">Fundación Adecco y Johnson &amp; Johnson (2021).<em> Un empleo para la #SaludMental.</em></td>
</tr>
<tr>
<td style="width: 72.108%;" width="415"><em>a) Trastorno depresivo mayor:</em></p>
<p>•       Incremento adicional: 27,6% de (53,2 millones, -44,8 a 62,9-), por la Covid-19.</p>
<p>•       La tasa de incidencia por 100.000: 3252,9 casos (2722,5 a 3654,5).</p>
<p><em>b) Trastorno de ansiedad general:</em></p>
<p>•       Incremento adicional: 25,6% (76,2 millones -64,3 a 90,6-).</p>
<p>•       La tasa de incidencia por 100.000: 4802,4 casos (4108,2- 5588,6).</td>
<td style="width: 27.1208%;" width="161">COVID-19 Mental Disorders Collaborators (2021)<em> The Lancet, 398(10312)</em>: 1700-1712. DOI: <a href="https://doi.org/10.1016/S0140-6736(21)02143-7" target="_blank" rel="noopener">https://doi.org/10.1016/S0140-6736(21)02143-7</a></td>
</tr>
<tr>
<td style="width: 72.108%;" width="415">·        Los trastornos de ansiedad en España: 6,7% de población (8,8% en mujeres, 4,5% en hombres).</p>
<p>·        TDAH en España: 40% de las consultas de especialistas en neuropediatría.</p>
<p>·        Estimación ansiedad en la población infanto-juvenil (OMS): entre un 5% y un 8%.</td>
<td style="width: 27.1208%;" width="161">Sistema Nacional de Salud (2020, diciembre). <em>Salud mental en datos. </em>BDCAP-Series 2.</td>
</tr>
<tr>
<td style="width: 72.108%;" width="415">a) <em>Buena salud física autoinformada:</em></p>
<p>·        En 2017: 86,7%</p>
<p>·        En 2020-21: 54,6%.</p>
<p><em>b) Trastornos mentales en la juventud:</em></p>
<p>·        En 2017:  6,2%.</p>
<p>·        En 2020: 15.9%.</p>
<p><em>c) Ideas suicidas en la juventud:</em></p>
<p>·        En 2019:5,8%.</p>
<p>·        En 2021: 8,9%.</p>
<p>·        35,4% lo ha pensado alguna vez</p>
<p><em>d) Otras alteraciones: </em></p>
<p>·        56%: Dificultad para concentrarse y control de impulsos (edad 15-20).</p>
<p>·        47%: Inquietud/desasosiego (edad 20-24).</p>
<p>·        38%: irritación, explosividad (edad 20-24).</p>
<p>·        48%: cansancio y apatía (edad 20-24).</p>
<p>·        45%: miedo e incertidumbre ante el futuro (edad 20-24).</p>
<p>·        44% dificultades para dormir (edad 20-24).</td>
<td style="width: 27.1208%;" width="161">Sanmartín, A., Ballesteros, J. C., Calderón, D. y Kuric, S. (2022), <em>Barómetro Juvenil 2021, </em>Madrid: Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud, Fundación FAD Juventud.</p>
<p>(ver también: <a href="https://www.alimente.elconfidencial.com/bienestar/2022-06-03/peor-salud-fisica-y-mental-jovenes-espanoles_3435341/" target="_blank" rel="noopener">https://www.alimente.elconfidencial.com/bienestar/2022-06-03/peor-salud-fisica-y-mental-jovenes-espanoles_3435341/</a>)</p>
<p>&nbsp;</td>
</tr>
<tr>
<td style="width: 72.108%;" width="415">•       Tasa de emancipación juvenil: El 14,9%. de las personas jóvenes está emancipado.</td>
<td style="width: 27.1208%;" width="161">Consejo de la Juventud de España (2021).</td>
</tr>
</tbody>
</table>
<p>Fuente: Elaboración propia</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Un trabajo, publicado en la revista <em>Lancet,</em><a href="#_ftn7" name="_ftnref7"><sup>7</sup></a> realizado por un equipo internacional de investigadores sobre trastornos mentales y COVID-19, basado en una revisión sistemática de 40 estudios publicados entre enero de 2020 y enero de 2021 en todo el mundo, concluye que globalmente se ha producido un incremento adicional de 53,2 millones de casos adicionales de trastorno depresivo mayor (un incremento del 27,6%) como consecuencia de la pandemia. En este mismo estudio se apunta el dato de que el incremento adicional de trastornos de ansiedad es del 25,6% (esto supone una cantidad absoluta estimada de 76,2 millones de personas afectadas). Los cálculos, bastante rigurosos, de este este estudio no permiten, sin embargo, estimar cuánto de este crecimiento de las tasas de depresión y ansiedad se deben a efectos exclusivos de la pandemia, y cuántos se deben al efecto acumulado de otras amenazas derivadas de la crisis económica desencadenada después de la caída de Lehman Brothers (2008), de las ocasionadas por otras alertas sanitarias, las guerras en el mundo, los movimientos migratorios forzados o las amenazas derivadas del calentamiento global y el cambio climático. Lo que parece claro, tal y como se recoge en la tabla 1, es que las vidas personales y los niveles de salud y bienestar están claramente marcados por las circunstancias extremadamente demandantes que estamos viviendo.</p>
<p>Otros indicadores recogidos en la mencionada tabla aluden a indicios sustanciales de alteraciones de los indicadores de salud mental que afectan a la población española. Llama la atención, por ejemplo, el registro de la incidencia de los trastornos de ansiedad generalizada en la población española que afectan al 6,7% de población total, con una diferencia en la incidencia entre mujeres (8,8%) y hombre (4,5%), según un informe de 2020 del sistema Nacional de Salud.<a href="#_ftn8" name="_ftnref8"><sup>8</sup></a></p>
<p>Igualmente, merece la pena destacar que en la población juvenil española la tasa de incidencia de trastornos mentales en el año 2020 es del 15,9%, mientras que tres años antes esta tasa era del 6,2%, lo cual puede ser un indicador de la incidencia diferencial de los efectos de las crisis en grupos especialmente vulnerables. También llama la atención el incremento de la ideación suicida en tres puntos en este mismo grupo de edad. Estos datos, tomados del <em>Barómetro Juvenil 2021. Salud y bienestar,<a href="#_ftn9" name="_ftnref9"><strong><sup>9</sup></strong></a> </em>y otros que se recogen en la tabla 1, según reconocen las personas encuestadas, son síntomas que están estrechamente relacionados con el estrés que les produce el trabajo y los estudios (63%) y la situación económica (51,4%). Teniendo en cuenta este tipo de datos, no puede llamar la atención la baja incidencia de otro indicador de vulnerabilidad de la población juvenil como el que se refleja en las dificultades de emancipación juvenil (solo el 14,9% de está emancipado), tasa esta que, según reconocen el informe del Consejo de la Juventud de España,<a href="#_ftn10" name="_ftnref10"><sup>10</sup></a>  es la tasa más baja de emancipación juvenil de las dos últimas décadas.</p>
<p>Los datos recogidos son un indicador de la soterrada situación de trauma compartido que se está viviendo. Y muestran, en conjunto, la extremada vulnerabilidad de grupos particulares y de la sociedad en su conjunto. En algunos foros de discusión, normalmente de personas acomodadas relativamente blindadas ante las más negativas secuelas de estas situaciones, se alude a la “generación de mantequilla”, para aludir a la escasa capacidad de resiliencia que algunos modelos educativos han generado en las nuevas generaciones y que contrastan con la capacidad de aguante y sacrificio de otras personas en otros momentos históricos. No puede ser más desenfocada esta alusión, como algunas otras muchas derivadas de superficiales libros de autoayuda. Realmente, las borrascas encadenadas que estamos viviendo no serán el fin del mundo, pero exigen de las personas y los grupos estrategias de adaptación y afrontamiento con elevados costes psicológicos, de los cuales los datos anteriores son solo indicios de las alteraciones globales que se están produciendo. Además de mostrar un bajísimo nivel de empatía ante el sufrimiento humano que estas crisis desencadenan, los acomodados líderes que argumenta estas ideas pretenden incrementar la responsabilidad individual en las consecuencias. Este argumento convierte a la víctima en su propio verdugo, agravando aún más los síntomas del estrés, al convertir la propia situación de malestar en un destructivo reproche a sí mismo, cuyas consecuencias se traducen en un incremento de los sentimientos de culpabilidad e, incluso, un motivo para la propia agresión.</p>
<p>Más allá de los síntomas, estos datos plantean la necesidad de recurrir a algunas claves que nos ayuden a mejor comprender estas situaciones de vulnerabilidad, que obviamente no pueden agotarse en la extensión limitada de este artículo. Algunas de estas claves son, en realidad, dimensiones emocionales vinculadas a la experiencia de estas situaciones de amenazas encadenadas que estamos viviendo, que actúan como lastre que dificulta comprender mejor la situación así como tranquilizar sobre nuestras capacidades personales para hacerles frente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4><strong>Clave 1. Tratar con la incertidumbre y miedo</strong></h4>
<p>El filósofo Han, antes mencionado, alude a que el prototipo ideal de la persona en las sociedades modernas (en el momento en el que él escribe, en el tránsito de siglo pasado al actual) es el del «sujeto del rendimiento». Y este referente, sin duda, ha planteado un horizonte axiológico basado en el planteamiento de metas y consecución de objetivos coherentes, basados en el principio de racionalidad en la gestión de la información disponible. Sin duda, este modelo es, en exceso, artificial y voluntarioso. Y todo ello se desmorona cuando la ecuación de metas-objetivos-acciones se llena del ruido que produce la incertidumbre extrema de una situación.</p>
<p>Pero, ¿por qué atribuir tantos efectos negativos a la exposición a situaciones de incertidumbre? En realidad, el funcionamiento psicológico está preparado para la acción en situaciones de incertidumbre. Algunos investigadores defienden, incluso, que la alerta que produce cualquier señal imprevista y sorprendente desencadena el mecanismo, evolutivamente adquirido, de la curiosidad. La curiosidad es un tipo de respuesta que pone en alerta a la persona ante el peligro que pudiera entrañar una señal o información imprevista. De hecho, como se ha escrito, la selección natural ha favorecido a los individuos más sensibles a las alarmas, sean reales o infundadas.  Dos psicólogos sociales, Haselton y Nettle, acuñaron en el año 2006<a href="#_ftn11" name="_ftnref11"><sup>11</sup></a> el término de «paranoia optimista». La paranoia optimista alude al hecho de que los costes de alarmarse inútilmente son, en términos funcionales, menores que los riesgos derivados de no alarmarse. Podría conectarse con el refrán castizo de «mejor prevenir que lamentar». En términos evolutivos, podríamos decir que los individuos de las comunidades de nuestros ancestros que se alarmaban por la rápida aparición de un nubarrón en el cielo y corrían a protegerse se adaptaron mejor que aquellos que despreciaron esa señal de alarma, que, de haberse producido, podrían haber tenido consecuencias fatales. El coste funcional de alarmarse es menor que el coste potencial de no alarmarse (que puede tener consecuencias irreversibles). Desde este punto de vista, el miedo ante señales inciertas no tiene nada de irracional; al contrario, constituye un recurso de sagacidad que asegura la supervivencia. En otras palabras, como reconoce Gérald Bronner,  «somos descendientes de los miedosos».<a href="#_ftn12" name="_ftnref12"><sup>12</sup></a></p>
<p>La paranoia optimista precisamente alude al sesgo de estimar de manera diferente el estado personal de la situación social. De hecho, como sugieren los autores, este fenómeno del optimismo paranoico predice «paranoia sobre el entorno, pero optimismo sobre uno mismo». Y Haselton y Nettle, en el artículo antes citado, reconocen que hay evidencias en la literatura que sugieren este doble rasero. Y citan varios de estos trabajos.<a href="#_ftn13" name="_ftnref13"><sup>13</sup></a> Por ejemplo, un metaanálisis de más de 70 estudios de satisfacción con la vida de nueve países muestra que las personas tienden a creer que su propia vida está mejorando, al mismo tiempo que creen que la vida en general en el país donde viven está empeorando.<a href="#_ftn14" name="_ftnref14"><sup>14</sup></a> Igualmente, citan el trabajo de McKenna,<a href="#_ftn15" name="_ftnref15"><sup>15</sup></a> en el que se confirma que las personas creen que tienen menos riesgo de ser víctima de un accidente de coche si son conductores, pero no son pasajeros. Este mecanismo regulador se ve afectado por la intensa propaganda del terror, tal y como describiera hace algunos años Naomi Klein.</p>
<p>Este fenómeno de la paranoia optimista debe tranquilizar sobre el papel adaptativo del miedo, procurando evitar el miedo a tener miedo. Pero, este enganche, de origen evolutivo, con los mensajes alarmantes tiene un efecto perverso que deriva del hecho de que concede a aquellos que actúan como “productores del miedo” una “ventaja competitiva”. Y esta ventaja competitiva, además, se justifica en que, como se ha mostrado en la psicología social, las informaciones negativas son más seguidas que las positivas.<a href="#_ftn16" name="_ftnref16"><sup>16</sup></a>  Es mucho más probable que se sigan los mensajes de miedo e incertidumbre que cualquier otro mensaje. Esta idea ya fue anunciada por Naomi Klein en su libro de 2007,<a href="#_ftn17" name="_ftnref17"><sup>17</sup></a> donde anunciaba la difusión de mensajes de miedo como estrategia controladora de las respuestas de las personas antes situaciones difíciles, explicando el contexto político y económico de este abuso del miedo que ella denominó la «doctrina del shock».</p>
<p>Así pues, más allá de visiones conspiranoicas, a mí me preocupa que, frente a los discursos infundados que prometen futuros felices de estética Disney, se generalice lo que Bronner ha denominado el «embotellamiento de temores», que agotan la capacidad de respuesta humana ante las situaciones de desastres y que pueden describir la sensación de falta de futuro que muchas personas tienen en el momento presente.</p>
<p>¿Cómo nos percibimos a nosotros mismos en estas situaciones? El rasgo más característico que emerge es precisamente el de la indefensión, la creencia en la imposibilidad de afrontar estas situaciones, lo que explica alguna de las altas tasas de incidencia de trastornos de la salud mental que se comentaron anteriormente.  Frente a esto, hay que asumir, como condición normal de desenvolvimiento, un óptimo nivel de incertidumbre como una vacuna frente a la inoculación de temores y miedos infundados.</p>
<p>En otras palabras, hay que definir estrategias sociales y personales basadas en tratar (negociar) con un cierto nivel de incertidumbre, asumiendo compromisos y riesgos derivados de ello, pero sin caer en indefensión. No todo está asegurado, pero tampoco todo está condenado fatalmente. Un ejemplo que podría ilustrar esta reacción es la respuesta humana ante el calentamiento global. Obviamente, el riesgo y el miedo es real, y los factores que amenazan la supervivencia están relacionados con acciones, estilos de vida y patrones de organización económica y social, y no surgen como consecuencia de dinámicas autónomas de la naturaleza. Una difusión mera y descarnada de los mensajes de miedo puede hacer que las personas desconecten de los mismos y de las ideas y propuestas en que se apoya. Y, sin embargo, hay que negociar entre la inoculación del miedo y la difusión de información sobre las medidas de mitigación más adecuadas. No es suficiente el mensaje del miedo, aunque sea más probable que este sea el mensaje que llegue. Para negociar y tratar con la incertidumbre es decisivo abrir caminos a la acción y la intervención humana. Por eso, es muy importante recuperar el principio de la responsabilidad (básico en el ecologismo contemporáneo, como el de James Lovelock), que no solo conduce a imaginar siempre lo peor, sino a asumir los cambios en los patrones y estilos de vida que puedan mitigar o evitar el potencial colapso. Siempre habrá algo que se pueda hacer y, de hecho, el miedo no es necesariamente paralizante, si va acompañado de la difusión de estrategias que refuercen la adopción de medidas de afrontamiento sin renunciar a establecer consecuencias.</p>
<p style="text-align: center;"><strong>Tabla 2. Contradicción en la opinión sobre po</strong><strong>lítica y cambio climático</strong></p>
<table style="border-collapse: collapse; width: 100%; height: 708px;">
<tbody>
<tr style="height: 708px;">
<td style="width: 100%; height: 708px;"><strong>Pregunta 17</strong></p>
<p>Y, ¿Qué importancia, mucha, bastante, poca o ninguna, cree Ud. que deberían dar en sus programas los partidos políticos españoles a luchar contra el cambio climático?</p>
<table style="width: 36.4131%; border-style: solid;">
<tbody>
<tr>
<td style="width: 38.0687%;">Mucho</td>
<td style="width: 29.7004%; text-align: right;" width="121">36,9</td>
</tr>
<tr>
<td style="width: 38.0687%;">Bastante</td>
<td style="width: 29.7004%; text-align: right;" width="121">24,7</td>
</tr>
<tr>
<td style="width: 38.0687%;">Poca</td>
<td style="width: 29.7004%; text-align: right;" width="121">9,5</td>
</tr>
<tr>
<td style="width: 38.0687%;">Ninguna</td>
<td style="width: 29.7004%; text-align: right;" width="121">3,2</td>
</tr>
<tr>
<td style="width: 38.0687%;">N.S.</td>
<td style="width: 29.7004%; text-align: right;" width="121">5,3</td>
</tr>
<tr>
<td style="width: 38.0687%;">N.C.</td>
<td style="width: 29.7004%; text-align: right;" width="121">0,6</td>
</tr>
<tr>
<td style="width: 38.0687%;">(N)</td>
<td style="width: 29.7004%; text-align: right;" width="121">(2.974)</td>
</tr>
</tbody>
</table>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Pregunta 18</strong></p>
<p>En general, ¿Cuánto influye en usted la problemática ecologista y medioambiental la hora de vota por un partido político o por otro: mucho, bastante, poco o nada?</p>
<table style="width: 36.4131%; border-style: solid; height: 192px;">
<tbody>
<tr style="height: 24px;">
<td style="width: 38.0687%; height: 24px;">Mucho</td>
<td style="width: 29.7004%; text-align: right; height: 24px;" width="121">7,4</td>
</tr>
<tr style="height: 24px;">
<td style="width: 38.0687%; height: 24px;">Bastante</td>
<td style="width: 29.7004%; text-align: right; height: 24px;" width="121">24,7</td>
</tr>
<tr style="height: 24px;">
<td style="width: 38.0687%; height: 24px;">(NO LEER) Regular</td>
<td style="width: 29.7004%; text-align: right; height: 24px;" width="121">10,8</td>
</tr>
<tr style="height: 24px;">
<td style="width: 38.0687%; height: 24px;">Poco</td>
<td style="width: 29.7004%; text-align: right; height: 24px;" width="121">30,2</td>
</tr>
<tr style="height: 24px;">
<td style="width: 38.0687%; height: 24px;">Nada</td>
<td style="width: 29.7004%; text-align: right; height: 24px;" width="121">20,7</td>
</tr>
<tr style="height: 24px;">
<td style="width: 38.0687%; height: 24px;">No sabe, duda</td>
<td style="width: 29.7004%; text-align: right; height: 24px;">5,5</td>
</tr>
<tr style="height: 24px;">
<td style="width: 38.0687%; height: 24px;">N.C.</td>
<td style="width: 29.7004%; text-align: right; height: 24px;" width="121">0,7</td>
</tr>
<tr style="height: 24px;">
<td style="width: 38.0687%; height: 24px;">(N)</td>
<td style="width: 29.7004%; text-align: right; height: 24px;">(2.974)</td>
</tr>
</tbody>
</table>
<p>&nbsp;</td>
</tr>
</tbody>
</table>
<p><em>Fuente: CIS.</em><a href="#_ftn18" name="_ftnref18"><sup>18</sup></a></p>
<p>Un caso claro de esta contradicción podemos observarlo en los datos de uno de los estudios del CIS sobre el cambio climático de 2018. En este estudio (véase la tabla 2), observamos el registro de dos datos esencialmente contradictorios. Cuando se pregunta a la muestra de participantes hasta qué punto considera conveniente que los partidos políticos introduzcan en sus programas medias de lucha contra el cambio climático, se obtiene que un porcentaje superior al 80% de las personas encuestadas creen que es muy y bastante necesario. Sin embargo, cuando se pregunta hasta qué punto tiene en cuenta las propuestas sobre medio ambiente en general a la hora de votar, el porcentaje de personas que lo tienen en cuenta bastante o mucho se reduce a poco más del 30%. Es un indicio claro de falta de “consecuencialismo”. O quizás es solo el reflejo de una cierto “ecofatalismo”. La tendencia al ecofatalismo refuerza el carácter inevitable de los datos de la evolución del cambio climático. El ecofatalismo no se basa en el miedo y en la incertidumbre, sino en la certidumbre del desastre inevitables, del “naufragio inminente” que ya se está produciendo.</p>
<p>Y esto se relaciona con la segunda de las claves que quiero mencionar: la parálisis de la acción,</p>
<p><strong> </strong></p>
<h4><strong>Clave 2. Parálisis de acción: «bostezando en el Apocalipsis»</strong></h4>
<p>En el año 2018, dos psicólogos de la Universidad de Cambridge escribieron un pequeño artículo titulado «Bostezando en el Apocalipsis».<a href="#_ftn19" name="_ftnref19"><sup>19</sup></a> Intentan explicar la falta de respuesta ante la gravedad de algunas de las amenazas, especialmente las derivadas del cambio climático. En realidad, la imagen que sugiere este trabajo intriga más que aclara. Pero, sin duda, plantea una cuestión relevante sobre las razones de la aparente inacción ante los graves problemas actuales, incluidos, por supuesto, los de la emergencia climática. Para más enganche, proponen una interesante interpretación del cuento sobre el cerdo y el cuervo del fabulista ruso Ivan Andreevich Krylov (1769-1844). Esta fábula cuenta la historia de un cerdo que, después de haber comido hasta hartarse las bellotas que están debajo de un roble, se dedica, jugueteando, a hozar las raíces del árbol dejándolas al descubierto. El cuervo le advierte del riesgo que eso supone para el roble, que podría llegar a secarse. Y el cerdo le replica: «a quién le importa un árbol cuando uno está harto de bellotas». Esta imagen ilustra la despreocupación por las consecuencias futuras de las acciones que se desarrollan buscando una ganancia inmediata y, en cierta medida, puede ser aplicable para definir algunas claves de la percepción humana de problemas como el cambio climático. Reposando después de una suculenta comida, uno queda inactivo ante los riesgos que atenazan el futuro. En efecto, una posible explicación de la falta de implicación se deriva de la incapacidad para estimar las consecuencias de las decisiones que se toman, así como de los hábitos que conforman los estilos de vida cotidiana.</p>
<p>Esta no es la única explicación de la inacción. William Rees publicó un artículo de divulgación en 2017 con el título «<em>What, Me Worry? Humans Are Blind to Inminnent Environmental Collapse»</em>. Basándose en una contribución previa,<a href="#_ftn20" name="_ftnref20"><sup>20</sup></a> aduce, como han hecho otros investigadores, que la cuestión no es tanto que no preocupe el cambio climático como que el problema es tan enorme e inabarcable que incluso las personas preocupadas se sienten impotentes y sin saber qué se puede hacer. De hecho, algunos autores como Glenn Albrecht han hablado de «ecoparálisis»<a href="#_ftn21" name="_ftnref21"><sup>21</sup></a> y otros investigadores han señalado directamente la ansiedad por el cambio climático<a href="#_ftn22" name="_ftnref22"><sup>22</sup></a> e, incluso, en algunas contribuciones se alude específicamente a la significación clínica de la ansiedad o preocupación por el cambio climático.<a href="#_ftn23" name="_ftnref23"><sup>23</sup></a> Los resultados de este último artículo sugieren, entre otras cosas, que la ansiedad por el cambio climático no es infrecuente, especialmente entre los adultos más jóvenes, dato confirmado también con muestras adolescentes y jóvenes en nuestro país por un estudio que hemos realizado hace unos meses. Pero lo que me parece más importante de este artículo es que se confirma empíricamente que la ansiedad por el cambio climático está correlacionada con respuestas emocionales<em>, pero no conductuales,</em> ante el cambio climático. Y aquí nos encontramos, otra vez, con la inacción. Aunque sea exagerado decir que «bostezamos ante el apocalipsis», está claro que este elevado nivel de preocupación no cambia necesariamente las acciones de las personas. Aunque el problema obviamente preocupa y es objeto de interés, las causas y las consecuencias son realmente inabarcables y acaba suscitando intensas respuestas emocionales –como la compasión e incluso angustia– sin encontrar las estrategias para dar rienda suelta a estas respuestas emocionales.</p>
<p>Una vez más, la cuestión no se refiere solo a la dimensión real y objetiva de los problemas que nos atenaza, sino al modo en que percibimos (vale decir, “experimentamos”) los problemas de nuestra época. Y el rasgo más importante es que están fuera de nuestro control. La experiencia concatenada de crisis sucesivas refuerza, aún más, esta respuesta de indefensión que se asocia a pautas depresivas según las cuales no hay nada que hacer. De hecho, aunque sin connotación clínica, en muchos estudios de opinión se suelen registrar dos tipos de respuesta con frecuencias bastante elevadas. La primera podría ser etiquetada como ineficacia («cambiar mi comportamiento no tendrá efectos reales»); y la segunda, como desconocimiento («no sé lo que yo puedo hacer contra el cambio climático»). Por ejemplo, en un estudio de referencia de 2014 sobre cambio climático en España de GFK, estas categorías agrupan respectivamente el 24% y el 19% respectivamente del total de la muestra de participantes. En conjunto, el 43% de las respuestas. Especialmente relevante es la percepción de ineficacia de la propia acción, que refuerza el sentimiento de dependencia de la persona y desmotiva para implicarse en acciones que puedan tener impacto en las circunstancias de la propia existencia. La disminución del sentimiento de control sobre las situaciones avala la generalización de patrones de respuestas inactivas y la tendencia a la parálisis.</p>
<p>Esto se ve reforzado, en la situación actual, por la existencia de amenazas concatenadas y seguramente relacionadas entre sí. El mismo hecho de la proliferación de amenazas –económicas, sanitarias, ambientales y de todo tipo– redunda en la tendencia a convertirse en espectador y no en actor. Uno se refugia, agobiado por el exceso de exhibición de riesgos, en su propia esfera privada, rumiando incesantemente argumentos paralizantes y los juicios sobre la esterilidad de la acción misma. La tendencia a la inacción surge como consecuencia del exceso de señales, sean positivas o negativas. Un experimento que narra el psicólogo alemán Gerd Gigerenzer<a href="#_ftn24" name="_ftnref24"><sup>24</sup></a> sobre el comportamiento ante un estante repleto de 24 productos (en este caso, confituras) y otro con solo 4 de estos productos, muestra que, obviamente, el estante con más productos ocupó más tiempo de atención de los clientes, pero suscito menos decisiones de compra. El segundo de los estantes atrae menos la atención, pero facilita diez veces más decisiones de compra que el primero. Es decir, es mucho más probable que adoptemos acciones efectivas en contextos no saturados que en situaciones que provocan un alto nivel de estimulación. Esta evidencia puede ser generalizada a otros muchos contextos, más allá del ámbito de comportamiento de compra del estudio original. Y, en efecto, en situaciones de demandas múltiples y excesivas, es mucho más probable que los planes de acción se paralicen, sea por miedo o por simple prudencia. O quizás como consecuencia del estado de confusión mental que puede generar estar expuesto a una ingente cantidad de señales que demandan nuestra atención.</p>
<p>Y, en momentos como los presentes, evidentemente hay muchas señales –la mayor parte de ellas de alerta– que llaman nuestra atención. En la sociedad digital podría pensarse en una excepción de esta regla que se refiere sobre todo al desplazamiento de nuestras intenciones de acción (o incluso nuestra indignación) a través de las redes sociales. Así, las redes sociales pueden llegar a convertirse en canales a través de los cuales se expresan, como si fueran acciones simuladas, dosis ingentes de indignación y cólera. Diversos autores (por ejemplo, Gerald Bronner, ya citado) han reconocido el interés, a este respecto, del comentario de Crockett en la revista <em>Nature (Human Behaviour</em>) de 2017 sobre la expresión de la indignación moral en redes sociales<a href="#_ftn25" name="_ftnref25"><sup>25</sup></a> que, junto a muchas luces que presenta –expresión de críticas, ámbito de acciones fuera de circuitos controlados, etc.–,  puede tener un “lado oscuro” y servir como sustituto de acciones y compromisos efectivos, reducir los discursos sociales elaborados más productivos y, como este autor reconoce en sus conclusiones, «puede exacerbar conflictos sociales, deshumanizar a los demás y aumentar el riesgo de peleas destructivas».</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4><strong>Clave 3. Vacío existencial: soledad y solastalgia </strong></h4>
<p>La expresión de vacío existencial quizás resulte un tanto retórica, y, en efecto, lo es. Pero con ella quiero referirme a la experiencia de fragilidad que nos invade cuando sentimos que los puntales de nuestra existencia se desvanecen. Esencialmente, los dos puntales más importantes de nuestra existencia son la relación con los otros y la vinculación emocional y apego a los lugares que habitamos. Ambos referentes son cruciales en la construcción de la propia identidad. El vacío existencial, pues, fundamentalmente, se produce cuando se difumina los patrones de nuestra propia identidad por la falta de referentes sociales o la desaparición de los lugares que nos anclan al territorio.</p>
<p><em>La soledad. </em>La disminución de los lazos sociales o la falta de apoyo social percibido constituye el primero de los eslabones que desencadenan esta experiencia de vacío existencial. Como es bien sabido, desde la vieja teoría de Cooley del «yo espejo», los otros son un apoyo fundamental en el manejo de nuestra propia vida. Sin ellos, sin su referencia, quizás nos convirtamos en ciclistas alocados que deambulan por una ruta sin sentido. Siempre me ha impresionado la imagen del conejo blanco que se describe en el libro <em>Alicia en el país de las maravillas</em>, y que mira compulsivamente su reloj insistiendo en que llega tarde sin que quede claro ni el motivo ni el destino, reflejando, mucho tiempo antes de que se describiera, el comportamiento ansioso compulsivo. La falta de referencias de la presencia, real o imaginaria, de los otros es una fuente de esta respuesta ansiosa. Así, emerge como un problema clave la denominada experiencia de soledad.</p>
<p>La soledad puede definirse como la experiencia subjetiva relacionada con la insatisfacción con las relaciones sociales esperadas. La soledad, por definición, es, pues, la experiencia de una persona que quiere abrirse a los demás y no tiene éxito, siendo, en mi opinión, redundante el uso de la coletilla “no deseada”.</p>
<p>Uno de los más interesantes informes sobre el sentimiento de soledad ha sido publicado en el año 2020, pero con datos referidos a 2018.<a href="#_ftn26" name="_ftnref26"><sup>26</sup></a> Según este informe, el 10,2% de la población de Madrid (aproximadamente, 400.000 personas) se ha sentido sola siempre, casi siempre o bastantes veces. Y de ellos, el 21,5% viven solos, aunque también aparece este sentimiento en el 8,5% de las personas que viven acompañadas. De hecho, en algunos textos se ha etiquetado este problema como una verdadera epidemia en ascenso y un problema de salud pública.<a href="#_ftn27" name="_ftnref27"><sup>27</sup></a> Según esta nota de Cacioppo y Cacioppo, publicada en la revista <em>The Lancet</em>, la experiencia de la soledad puede producir un 26% más de riesgo de mortalidad y, según su estimación, afecta a alrededor de un tercio de la población de los países desarrollados. Cabe imaginar que las condiciones vividas en la pandemia posiblemente hayan incrementado la tasa de población afectada, así como la gravedad de sus secuelas. También estos autores plantean algo que es lógico y es que, tanto las condiciones extremas de soledad como sus más graves efectos, están relacionado con variables como el nivel de ingresos, la educación, el género, la raza. Y en determinadas situaciones resulta contagiosa. La experiencia de la soledad también se explica por las condiciones estructurales de la sociedad.</p>
<p>La explicación de este fenómeno es bastante compleja y requiere recurrir a causas de nivel macrosistémico (como la organización espacial de los entornos urbanos), mesosistémico (como la disminución de la intensidad de los lazos comunitarios) y microsistémico (como quizás el exagerado aprecio de la autonomía individual en algunas etapas de la vida). Tanto las causas como las consecuencias deberían ser objeto de estudio, más aún después de la experiencia de la pandemia, en la que muchos grupos y colectivos se dieron cuenta de la vulnerabilidad añadida de las personas en soledad, acometiendo programas e iniciativas de apoyo social a las personas más vulnerables. En cualquier caso, la experiencia de la soledad no puede considerarse fruto exclusivo de una decisión personal (por rasgos caracteriales de la persona afectada o por el denominado síndrome del ermitaño), sino el reflejo de desajustes graves en el flujo de interacción social que se reduce también como consecuencia de la exposición a entornos gravemente afectados por la crisis económica, ambiental y sanitaria, entre otras. De los muchos efectos que se pueden registrar, uno de los más importantes en el desdibujamiento de la propia identidad como consecuencia de la falta de contacto social, sea intencional o no. De hecho, se hace necesaria una especie de cirugía social a través de programas comunitarios, intervenciones conductuales e incluso recursos <em>online</em> para hacer frente al problema de la soledad. Una de las potenciales consecuencias –además de los riesgos para la salud física y psicológica, así como el incremento de la fobia social– es, precisamente, la restricción del horizonte vital que, en algún lugar, se ha denominado déficit de futuro.</p>
<p><em>El apego al lugar y la solastalgia. </em>El vacío existencial también puede estar motivado por la ruptura o el deterioro de la estrecha vinculación emocional que se construye en la relación con los lugares. De hecho, los lugares son un referente importante en la formación de la propia identidad. En la psicología ambiental se aborda este proceso con la etiqueta del apego al lugar,<a href="#_ftn28" name="_ftnref28"><sup>28</sup></a> que ha sido estudiado especialmente –aunque no solo– en relación con el ambiente residencial. El apego hace referencia «al vínculo que las personas establecen con los entornos en los que llevan a cabo sus actividades diarias y el desarrollo de sus historias personales, donde la persona se siente segura y a salvo y en el que, por tanto, quiere permanecer».<a href="#_ftn29" name="_ftnref29"><sup>29</sup></a> Este vínculo (unidireccional, a diferencia del apego social) supone establecer lazos afectivos con el entorno que acaba actuando como una extensión del propio yo. La cuestión es cuáles son los efectos que tiene la ruptura de este vínculo. Cabe imaginar que los efectos son corrosivos. De hecho, en este mismo artículo se apunta que «la mayoría de la evidencia disponible parece consistente al señalar que hay una influencia positiva del apego al lugar sobre la felicidad, independientemente tanto de que esta se conceptualice como calidad de vida, satisfacción con la vida o bienestar».<a href="#_ftn30" name="_ftnref30"><sup>30</sup></a>  En consecuencia, se puede deducir que la ruptura del apego al lugar puede afectar seriamente tanto al equilibrio emocional como al desempeño psicológico.</p>
<p>Un caso específico que podría relacionarse o deducirse del apego al lugar es el que se plantea con el concepto de solastalgia.<a href="#_ftn31" name="_ftnref31"><sup>31</sup></a> Glenn Albrecht explica la génesis del término relacionando la primera parte del término con el verbo latino solari (aliviar, calmar, apaciguar) y la conocida terminación de origen griega de <em>-algia</em> para referirse al dolor o tristeza. De esta forma, el término, ampliamente reconocido, aunque aún poco investigado empíricamente, alude a la experiencia de desolación que puede describir, simultáneamente, el sentimiento personal de abandono por una crisis existencial y la apreciación de un lugar o un paisaje con un alto nivel de degradación y/o deterioro. Albrecht define la solastalgia como «el dolor y la angustia causada por la pérdida continuada de consuelo y la sensación de desolación producida por el estado actual del entorno y del territorio».<a href="#_ftn32" name="_ftnref32"><sup>32</sup></a> Este tipo de emoción negativa genera una experiencia existencial de malestar que se produce como consecuencia de la observación de un cambio ambiental negativo que rompe el vínculo afectivo de la persona con el lugar. Es, en definitiva, el trauma producido por la destrucción del “sentido del lugar” que trabajosamente las personas construimos a lo largo de nuestra experiencia ambiental.  Se supone que ello se traduce, entre otras cosas, en una crisis existencial que afecta tanto a la persona como a las comunidades. En suma, la solastalgia describe la respuesta emocional negativa que surge por el hecho de que la degradación y pérdida del territorio que produce también el deterioro del sentido del lugar, a la vez que socava elementos claves de la propia identidad.</p>
<p>Pero la ansiedad solastálgica no está motivada únicamente por el impacto paisajístico y territorial de la actividad minera o cualquier otra actividad humana que directamente degrada el entorno. Se puede relacionar con el juicio de la irreversibilidad de la destrucción de un entorno (natural o urbano) que puede aparecer como consecuencia de una sequía persistente, las inundaciones, los incendios o los procesos de gentrificación urbana, entre otros factores. En definitiva, define la experiencia vivida de los efectos negativos de los procesos de degradación del entorno que vive una persona.</p>
<p>Entre otras consecuencias, la hipótesis de la solastalgia supone una pérdida personal puesto que con la pérdida del lugar se pierden las emociones a él asociadas y en él guardadas en las distintas etapas de la vida. Y esto altera el nivel de bienestar existencial que el territorio y los lugares proporcionan. También puede hacer emerger un sentimiento que podemos denominar déficit de futuro, un sentimiento producido por una pérdida que personalmente se considera irrecuperable. Los procesos de degradación ambiental actúan como desencadenantes de una angustia irremediable por la imposibilidad de recuperar los recuerdos y emociones que guardamos en los lugares que habitamos y los daños colaterales que estos procesos de cambio ambiental negativo producen a la propia identidad.</p>
<p>El estudio de estas emociones negativas se encuentra en un estado incipiente y muchas de nuestras suposiciones se encuentran en un estado embrionario, basado en intuiciones; es necesario el desarrollo de líneas de trabajo e investigación que empíricamente puedan mostrar la incidencia psicológica de los procesos de degradación ambiental en la degradación de la propia identidad.</p>
<p>La soledad y la solastalgia son solo dos ejemplos con los que se pretende mostrar que los graves problemas globales tienen secuelas que afectan a dimensiones íntimas de la vida cotidiana, que, en este caso, se vinculan con lo que se ha denominado el vacío existencial.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4><strong>Conclusión</strong></h4>
<p>Este trabajo pretende ofrecer algunas claves para la lectura existencial de algunos efectos de las crisis concatenadas que vivimos en el momento presente y que afectan a prácticamente todos los escenarios en los que transcurre nuestra vida cotidiana. Es cierto que el momento presente, quizás más que otros períodos del pasado, puede describirse como una experiencia traumática.</p>
<p>Las emergencias intensas repentinamente entran en nuestra biografía y la evolución de los parámetros estructurales –ecológicos, económicos, políticos, geopolíticos y de emergencia sanitaria, entre otros– incrementa el catálogo de riesgos que nos amenazan. Tan importante como este catálogo de amenazas es el modo en que las personas construyen significados de esta experiencia de trauma compartido. No está claro que compartir experiencias traumáticas genere espontáneamente más redes solidarias. Estas tienen que aparecer como consecuencia de un esfuerzo voluntarioso y comprometido por descubrir que el destino personal es indisociable del destino colectivo. Y poder reconstruir redes de apoyo social e institucional para hacer frente a las situaciones de grupos y personas más vulnerables.</p>
<p>Junto a este esfuerzo, es necesario alertar del riesgo de colapso ecológico. Algunos especialistas defienden que el origen de estas crisis concatenadas hay que buscarlo en la inadecuada relación que nuestras sociedades y nosotros mismos tenemos con los hábitats y los recursos que contienen. Recuperar la importancia del vínculo con el territorio puede ser clave para asumir con más detalle la responsabilidad en su cuidado y el apoyo a políticas públicas que mitiguen los graves y alarmantes indicadores de crisis ecosocial.</p>
<p>La experiencia de estos últimos años, como hemos visto, nos ha hecho más vulnerables. Si algo estamos aprendiendo de esta situación es que, como en los contagios víricos, dependemos unos de otros. Avishai Margalit, en un libro de referencia de hace algunos años,<a href="#_ftn33" name="_ftnref33"><sup>33</sup></a> dice que la sociedad civilizada nos ha permitido aprender, aunque se olvide con mucha frecuencia, a no humillarnos entre nosotros. Propone, además, que la sociedad sea decente. La sociedad decente es aquella en la que las instituciones asumen el compromiso de no humillar a las personas. Exigir a las instituciones públicas un compromiso para defender y no humillar a las personas, es una tarea de siempre. Es aún más imperioso exigir este compromiso en el momento presente.</p>
<p><strong>José Antonio Corraliza Rodríguez</strong> es catedrático de Psicología social en la Universidad Autónoma de Madrid.</p>
<h4>NOTAS</h4>
<p><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">1</a> John Kenneth Galbraith, <em>La era de la incertidumbre</em>, Plaza &amp; Janés, Barcelona, 1981.</p>
<p><a href="#_ftnref2" name="_ftn2">2</a> Miguel de Cervantes, <em>Don Quijote de la Mancha</em>, capítulo XVIII (primera parte), Alfaguara, Madrid, 2015 [1605].</p>
<p><a href="#_ftnref3" name="_ftn3">3</a> Byung-Chul Han, <em>La sociedad del cansancio</em> (segundo ensayo: «Más allá de la sociedad disciplinaria»), Bilbao, Herder, Bilbao, 2012.</p>
<p><a href="#_ftnref4" name="_ftn4">4</a> Charles Wright-Mills, <em>La imaginación sociológica</em>, FCE, Madrid, 1999.</p>
<p><a href="#_ftnref5" name="_ftn5">5</a> Ulrich Beck, <em>La sociedad del riesgo: hacia una nueva modernidad,</em> Paidós, Madrid, 2006.</p>
<p><a href="#_ftnref6" name="_ftn6">6</a> Fundación Adecco/Johnson &amp; Johnson, <em>Un empleo para la #SaludMental, </em>2021, disponible en: <a href="/Users/Usuario/Desktop/Art%C3%ADculo%20de%20FUHEM%202022/ADecco,%201921%20Informe-Un-empleo-para-la-salud-mental.pdf" target="_blank" rel="noopener">file:///C:/Users/Usuario/Desktop/Art%C3%ADculo%20de%20FUHEM%202022/ADecco,%201921%20Informe-Un-empleo-para-la-salud-mental.pdf</a></p>
<p><a href="#_ftnref7" name="_ftn7">7</a> COVID-19 Mental Disorders Collaborators, «Global Prevalence and Burden of Depressive and Anxiety Disorders in 204 Countries and Territories in 2020 Due to the COVID-19 Pandemic», <em>The Lancet, 398(10312)</em>: 1700-1712, 2021, DOI: <a href="https://doi.org/10.1016/S0140-6736(21)02143-7" target="_blank" rel="noopener">https://doi.org/10.1016/S0140-6736(21)02143-7</a></p>
<p><a href="#_ftnref8" name="_ftn8">8</a> Sistema Nacional de Salud, <em>Salud mental en datos: prevalencia de los problemas de salud y consumo de psicofármacos y fármacos relacionados a partir de registros clínicos de atención primaria. BDCAP-Series 2, </em>diciembre de 2020, disponible en: <a href="https://www.sanidad.gob.es/estadEstudios/estadisticas/estadisticas/estMinisterio/SIAP/Salud_mental_datos.pdf" target="_blank" rel="noopener">https://www.sanidad.gob.es/estadEstudios/estadisticas/estadisticas/estMinisterio/SIAP/Salud_mental_datos.pdf</a></p>
<p><a href="#_ftnref9" name="_ftn9">9</a> Anna Sanmartín, Juan Carlos Ballesteros, Daniel Calderón y Stribor Kuric, <em>Barómetro Juvenil 2021. Salud y bienestar: Informe Sintético de Resultados</em>, Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud, Fundación FAD Juventud, Madrid, 2022, DOI:  <a href="https://doi.org/10.5281/zenodo.6340841" target="_blank" rel="noopener">https://doi.org/10.5281/zenodo.6340841</a></p>
<p><a href="#_ftnref10" name="_ftn10">10</a> Consejo de la Juventud de España, <em>Observatorio de Emancipación del primer semestre de 2021</em>, Consejo de la Juventud de España (CJE), Madrid, 2021, disponible en: <a href="http://www.cje.org/es/publicaciones/novedades/observatorio-emancipacion-primer-semestre-2021/#:~:text=Observatorio%20de%20Emancipaci%C3%B3n%20primer%20semestre%202021&amp;text=La%20presente%20edici%C3%B3n%20registra%20la,j%C3%B3venes%20en%20Espa%C3%B1a%20est%C3%A1%20emancipado" target="_blank" rel="noopener">http://www.cje.org/es/publicaciones/novedades/observatorio-emancipacion-primer-semestre-2021/#:~:text=Observatorio%20de%20Emancipaci%C3%B3n%20primer%20semestre%202021&amp;text=La%20presente%20edici%C3%B3n%20registra%20la,j%C3%B3venes%20en%20Espa%C3%B1a%20est%C3%A1%20emancipado</a>.</p>
<p><a href="#_ftnref11" name="_ftn11">11</a> Martie G. Haselton y Daniel Nettle, «The “paranoid optimism”: An integrativee evolutionary model of cognitive bias», <em>Personality and Social Psychology Review</em>, 10 (1), 2006, pp. 47-66.</p>
<p><a href="#_ftnref12" name="_ftn12">12</a> Gérald Bronner, <em>Apocalipsis cognitivo. Cómo nos manipulan el cerebro en la era digital</em>, Paidós, Madrid, 2021, p. 90.</p>
<p><a href="#_ftnref13" name="_ftn13">13</a> Haselton y Nettle, <em>op. cit</em>., p. 29.</p>
<p><a href="#_ftnref14" name="_ftn14">14</a> Michael R. Hagerty, «Was life better in the “good old days”? Intertemporal judgments of life satisfaction», <em>Journal of Happiness Studies, 4,</em> 2003, pp. 115-39.</p>
<p><a href="#_ftnref15" name="_ftn15">15</a> Frank P. McKenna, «It won’t happen to me: Unrealistic optimism or illusion of control?», <em>British Journal of Psychology, </em>núm. 84, 1993, pp. 39-50. <a href="https://doi.org/10.1111/j.2044-8295.1993.tb02461.x" target="_blank" rel="noopener">https://doi.org/10.1111/j.2044-8295.1993.tb02461.x</a></p>
<p><a href="#_ftnref16" name="_ftn16">16</a> Michael Siegrist y George Cvektovichc, «Better negative than positive? Evidence of a bias for negative information about possible health dangers», <em>Risk Analysis, 21, </em>2001, pp. 199-206. <a href="https://doi.org/10.1111/0272-4332.211102" target="_blank" rel="noopener">https://doi.org/10.1111/0272-4332.211102</a>.</p>
<p><a href="#_ftnref17" name="_ftn17">17</a> Naomi Klein, <em>La doctrina del shock. El auge del capitalismo del desastre</em>, Paidós, Madrid, 2007.</p>
<p><a href="#_ftnref18" name="_ftn18">18</a> Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), <em>Barómetro</em>, noviembre de 2018.</p>
<p><a href="#_ftnref19" name="_ftn19">19</a> Cameron Brick y Sander van der Linden, «Yawning at the Apocalypse», <em>The Psychologist, 31,</em> 2018, pp. 30-35.</p>
<p><a href="#_ftnref20" name="_ftn20">20</a> William Rees, «What´s blocking sustainability? Human, nature, cognition and denial», <em>Sustainability: Science, Practice and Policy, 6(2</em>), 2010, pp. 13-25. <a href="https://doi.org/10.1080/15487733.2010.11908046" target="_blank" rel="noopener">https://doi.org/10.1080/15487733.2010.11908046</a></p>
<p><a href="#_ftnref21" name="_ftn21">21</a> Glenn Albrecht, <em>Las emociones de la tierra, </em>mra ediciones, Barcelona, 2020, pp. 116 y ss.</p>
<p><a href="#_ftnref22" name="_ftn22">22</a> Susan Clayton, «Climate Change and Mental Health», <em>Current Environmental Health Reports, 8, </em>1-6, 2021. <a href="https://doi.org/10.1007/s40572-020-00303-3" target="_blank" rel="noopener">https://doi.org/10.1007/s40572-020-00303-3</a>.</p>
<p><a href="#_ftnref23" name="_ftn23">23</a> Susan Clayton y Bryan Karazsia, «Development and validation of a measure of climate change anxiety», <em>Journal of Environmental Psychology, 69</em>, 101434, 2020. <a href="https://doi.org/10.1016/j.jenvp.2020.101434" target="_blank" rel="noopener">https://doi.org/10.1016/j.jenvp.2020.101434</a>.</p>
<p><a href="#_ftnref24" name="_ftn24">24</a> Gerd Gigerenzer, <em>Decisiones instintivas: la inteligencia del inconsciente,</em> Ariel, Barcelona, 2018.</p>
<p><a href="#_ftnref25" name="_ftn25">25</a> Molly J. Crockett, (20117). «Moral outrage in the Digital Age», <em>Nature Human Behaviour</em>, 1<em>,</em> 2017, pp. 769-771, DOI: <a href="https://www.nature.com/articles/s41562-017-0213-3" target="_blank" rel="noopener">10.1038/s41562-017-0213-3</a></p>
<p><a href="#_ftnref26" name="_ftn26">26</a> Rodríguez Pérez M., Díaz-Olalla J. M., Pedrero Pérez E. J. y Sanz Cuesta M. R., (2020). «Informe monográfico: Sentimiento de Soledad en la Ciudad de Madrid», en Díaz Olalla J. M. (Dir.); Benítez Robredo M. T., Rodríguez Pérez M., y Sanz Cuesta M. R. (Coord<em>.) Estudio de Salud de la Ciudad de Madrid 2018,</em> Madrid Salud: Ayuntamiento de Madrid, Madrid, 2020, pp. 429-503.</p>
<p><a href="#_ftnref27" name="_ftn27">27</a> John T. Cacioppo y Stephanie Cacioppo, «The growing problem of loneliness», <em>The Lancet</em>, 391(10119), 426, 2018, DOI: <a href="https://doi.org/10.1016/S0140-6736(18)30142-9" target="_blank" rel="noopener">https://doi.org/10.1016/S0140-6736(18)30142-9</a>.</p>
<p><a href="#_ftnref28" name="_ftn28">28</a> Bernardo Hernández, «Place Attachment: Antecedents and Consequences, <em>PsyEcology, 12</em>:1, 2021, pp. 99-122, disponible en: <a href="https://doi.org/10.1080/21711976.2020.1851879" target="_blank" rel="noopener">https://doi.org/10.1080/21711976.2020.1851879</a>.</p>
<p><a href="#_ftnref29" name="_ftn29">29</a> Ibid., p. 110.</p>
<p><a href="#_ftnref30" name="_ftn30">30</a> Ibid., p. 117.</p>
<p><a href="#_ftnref31" name="_ftn31">31</a> Albrecht, 2020, <em>op.cit.</em> Ver también José Antonio Corraliza, «¿Por qué nos duele la tierra? Emociones negativas y naturaleza», <em>Hoja verde (ADENEX</em>), 5<em>,</em> 2022, pp. 7-11.</p>
<p><a href="#_ftnref32" name="_ftn32">32</a> Albrecht, <em>op. cit</em>., p. 59.</p>
<p><a href="#_ftnref33" name="_ftn33">33</a> Avishai Margalit, <em>La sociedad decente</em>, Paidós, Barcelona, 2010.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Puedes descargar el texto del artículo en formato pdf: <a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/el-malestar-en-epoca-de-crisis-concatenadas-algunas-claves-psicosociales/" target="_blank" rel="noopener"><em>El malestar en época de crisis concatenadas: algunas claves psicosociales</em></a></p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>El malestar civilizatorio</title>
		<link>https://www.fuhem.es/2022/10/07/el-malestar-civilizatorio/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 07 Oct 2022 10:13:24 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Análisis]]></category>
		<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<category><![CDATA[Antropoceno]]></category>
		<category><![CDATA[Capitaloceno]]></category>
		<category><![CDATA[Desigualdad]]></category>
		<category><![CDATA[Malestares]]></category>
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					<description><![CDATA[La sucesión de crisis de las últimas décadas en realidad responde a una crisis de civilización. Este ensayo describe un panorama de la crisis de la civilización moderna; y adelanta algunas directrices de utilidad para remontarla.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><img decoding="async" class="alignright wp-image-146827 size-thumbnail" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/08/PORTADA-158-768x1077.jpg" alt="" width="300" height="423" />Artículo de <strong>Víctor M. Toledo</strong> publicado en la sección <strong>A FONDO</strong>, del <a href="https://www.fuhem.es/2022/08/26/papeles-158-malestares/" target="_blank" rel="noopener">número 158</a> de la revista <a href="https://www.fuhem.es/revista-papeles/" target="_blank" rel="noopener"><em>Papeles de relaciones ecosociales y cambio</em> global</a> que parte de un principio nodal: que la sucesión de crisis de las últimas décadas en realidad responde a una <em>crisis de civilización</em>, una idea que fue propuesta por el autor y otros pensadores hace casi tres décadas. Este ensayo describe, con base a la evidencia científica más actual, un panorama de la crisis de la civilización moderna; y adelanta algunas directrices de utilidad para remontarla.</p>
<p>Cada día que pasa, el mundo empeora inexorablemente y no se ve de qué manera este fenómeno de degradación y deterioro logrará ser detenido y remontado. La humanidad ha perdido el control sobre el gigantesco experimento que ella misma desencadenó y que parece conducirle a una catástrofe. La velocidad de los cambios más el aumento de la incertidumbre y de los fenómenos inesperados contribuyen a generar un estado de preocupación que se ha vuelto normal, y esto a su vez genera un malestar generalizado. Contra lo que supone la inmensa mayoría, por ignorancia o por desdén, estamos ya en la hora de las definiciones y de las decisiones que habrán de determinar el destino de la humanidad. Y este reconocimiento, que hoy es decisivo, constituye el reto principal. El primer paso para superar una crisis consiste en reconocerla en todas sus dimensiones.</p>
<p>Este ensayo parte de un principio nodal: que la sucesión de crisis de las últimas décadas en realidad responde a una <em>crisis de civilización</em>, una idea que fue propuesta por el autor y otros pensadores hace casi tres décadas. <a href="#_ftn1" name="_ftnref1"><sup>1</sup></a> El mundo moderno basado en el capitalismo, la tecnociencia, el petróleo y otros combustibles fósiles, el individualismo, la competencia, el patriarcado, y la ilusión de la democracia representativa, lejos de procrear un mundo en equilibrio está llevando a la especie humana, a los seres vivos y a todo el entramado planetario hacia un estado caótico. Pensamos igualmente que reconocer la magnitud de lo que significa una crisis de civilización –un fin de época– no solamente alivia el estado de preocupación, sino que ayuda a comprender mejor el mundo en que vivimos, e induce a tomar decisiones correctas tanto a nivel individual como colectivo. Por lo anterior, este ensayo: (1) describe, con base a la evidencia científica más actual un panorama de la crisis de la civilización moderna; y (2) adelanta algunas directrices de utilidad para remontarla.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4><strong>El advenimiento de la Modernidad</strong></h4>
<p>La palabra <em>moderno</em> surgió por vez primera en inglés hacia finales del siglo XVI, y aunque en un principio denotaba la pertenencia a la época presente, lentamente fue mutando para significar «un futuro totalmente diferente al pasado», y más todavía, «un mundo mejor como nunca había existido jamás». El mundo moderno es un invento social de hace apenas unos trescientos años. Un origen difícil de precisar pero que se ubica en algún punto donde confluyen industrialismo, pensamiento científico, mercado dominado por el capital y uso predominante de combustibles fósiles (carbón mineral, petróleo, gas y uranio). El inicio de la ciencia puede fecharse de manera “oficial” en 1662 y 1666, años en que se fundaron las primeras sociedades científicas en Inglaterra (la Royal Society) y Francia (Académie Royal des Sciences). El estreno de un pozo petrolero regurgitando oro negro tuvo lugar el 17 de agosto de 1859 en el sureste de Estados Unidos. La revolución industrial ocurrió en íntima relación con el uso de energía fósil y las innovaciones científicas y técnicas. La primera etapa tiene que ver con el arribo del motor de vapor alimentado de carbón mineral (1784), la segunda con el petróleo que dio lugar al motor de combustión interna y a la electricidad; la tercera con la industria nuclear alimentada de uranio; y la cuarta digital con la robótica, la biotecnología, la inteligencia artificial y los sistemas geoespaciales.</p>
<p>En la perspectiva de la historia de la especie, de unos 300.000 años, la aparición de la era moderna ocurrió en apenas un abrir y cerrar de ojos. En unas cuantas décadas se pasó de un metabolismo solar u orgánico a un metabolismo industrial.<a href="#_ftn2" name="_ftnref2"><sup>2</sup></a> La crispación que hoy se vive se debe, fundamentalmente, a lo ocurrido en los últimos cien años, un lapso que equivale solamente a menos del 1% de la historia de la especie humana. En el parpadeo del último siglo, todos los procesos ligados al fenómeno humano se aceleraron, incrementando sus ritmos a niveles nunca vistos y generando fenómenos de tal complejidad que la propia capacidad del conocimiento humano ha quedado desbordada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4><strong>Un mundo de anestesiados</strong></h4>
<p>Uno de los rasgos más notables del mundo moderno ha sido su habilidad para crear un mundo ilusorio mediante los medios de comunicación y la propaganda política y mercantil. Es tal el bombardeo al que se encuentra sometida la población humana que quizás como nunca antes los ciudadanos del mundo moderno se encuentran permanentemente anestesiados.</p>
<blockquote><p><strong>El gran mito es que la especie humana vive hoy en el mejor de los mundos posibles: la Modernidad.</strong></p></blockquote>
<p>Las anestesias operan ocultando la verdadera imagen de la realidad, obnubilando la percepción. Las anestesias tergirversan los términos, ocultan las palabras, enmascaran los conceptos, ofrecen panoramas falsos y crean un mundo de mitos y dogmas. Anestesiados, los ciudadanos del mundo, incluyendo varios analistas críticos, no alcanzan a formular las preguntas que la realidad exige. El mito mayor es que la especie humana vive hoy en el mejor de los mundos posibles: la Modernidad<strong>. </strong>En las siguientes secciones mostraremos a partir de datos duros que esto es exactamente lo contrario. Para ello examinaremos tres crisis: la ambiental, la social y la que atañe a la esfera de los individuos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4><strong>La crisis ecológica</strong></h4>
<p>Durante los últimos trescientos años los impactos de las actividades humanas sobre el planeta escalaron de forma dramática, pues se dio el crecimiento cada vez más acelerado de tres procesos: el número de seres humanos, la industrialización, y el uso de combustibles fósiles. Todo ello enmarcado por un régimen económico doblemente explotador que se fue volviendo cada vez más dominante: el capitalismo. Dentro de este contexto de aceleración económica y tecnológica, se han diversificado también los métodos de entretenimiento modernos, incluyendo innovaciones en juegos digitales como los <a href="https://de.cointelegraph.com/igaming/krypto-casinos/plinko-casinos/" target="_blank" rel="noopener">Casinos, die Plinko-Spiele anbieten</a>, que reflejan no solo la expansión de la industria del azar, sino también la adaptabilidad de estos sectores a las tendencias tecnológicas y culturales. El incremento demográfico de la humanidad multiplicó por diez su población entre 1700 (680.000 habitantes) y el 2000 (6.000 millones). La población humana se dobló en cien años (entre 1800 y 1900), luego solo en 70 (1900 a 1970) y casi lo hizo en solamente 50 (de 4.000 millones en 1970 a 7.800 millones en 2020). Solo dos engendros modernos de nuestra especie alcanzan ese ritmo: los autos y las reses.</p>
<p>Por este conjunto de acciones, la humanidad ha alterado dramáticamente los ciclos biogeoquímicos, climáticos y del agua, ha afectado el equilibrio de los mares (por la sobrexplotación pesquera y la contaminación de los plásticos), y de los bosques y selvas (por la deforestación), y ha puesto en peligro de extinción a miles de especies de animales y plantas. Estos procesos se encuentran, por supuesto, interconectados y generan sinergias que aceleran los desequilibrios. De todo lo anterior, lo más preocupante es la crisis del clima porque desencadena fenómenos inesperados (Cuadro 1) tales como inundaciones, huracanes, ciclones y tifones, temperaturas extremas, sequías, incendios forestales, derretimiento de glaciares y afectaciones a la biodiversidad. A lo anterior debe sumarse la introducción de sustancias desconocidas en la naturaleza producto de la industrialización. Se estima que unas 350.000 nuevas sustancias se han introducido durante la era industrial, tales como metales pesados, plásticos, plaguicidas y antibióticos, cuyos efectos se desconocen en la mayoría de los casos. La cantidad de nuevas sustancias que entran cada año al espacio planetario supera por mucho la capacidad científica para su análisis y monitoreo. La producción de nuevas sustancias químicas se multiplicó por 50 entre 1950 y la actualidad y se triplicará para el 2050.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;"><strong>Cuadro 1. Datos básicos del Informe del IPCC 2021</strong></p>
<p><img decoding="async" class="size-full wp-image-147912 aligncenter" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/10/toledo-Cuadro-1.png" alt="" width="889" height="469" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/10/toledo-Cuadro-1.png 889w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/10/toledo-Cuadro-1-450x237.png 450w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/10/toledo-Cuadro-1-300x158.png 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/10/toledo-Cuadro-1-768x405.png 768w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/10/toledo-Cuadro-1-600x317.png 600w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/10/toledo-Cuadro-1-64x34.png 64w" sizes="(max-width: 889px) 100vw, 889px" />Fuente: IPCC, 2021.<a href="#_ftn3" name="_ftnref3"><sup>3</sup></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<h4><strong>La crisis social</strong></h4>
<p>Aunque el número de estudios sobre la desigualdad social y la concentración de la riqueza se multiplican día a día, las dos fuentes más reconocidas sobre el tema la constituyen el Laboratorio sobre la Desigualdad Mundial (World Inequality Lab), con sede en París, Francia, y los reportes de Oxfam Internacional.<a href="#_ftn4" name="_ftnref4"><sup>4</sup></a> A lo anterior debe sumarse el estudio realizado por un grupo de teóricos de los sistemas complejos, quienes utilizando teoría de redes analizaron las relaciones de 43.000 corporaciones trasnacionales, llegando a la conclusión que 1.318 compañías controlan el 60% de la economía del planeta y que solo 147 de ellas manejan el 40% del flujo económico global.<a href="#_ftn5" name="_ftnref5"><sup>5</sup></a></p>
<p>El Laboratorio sobre la Desigualdad es una iniciativa del economista francés Thomas Piketty, autor del libro <em>El Capital en el Siglo XXI</em>, traducido a numerosos idiomas, y de otras obras, iniciada hace veinticinco años. Los datos y análisis del Laboratorio, que actualmente es dirigido por un colectivo, se basan en el trabajo de más de 100 investigadores a partir de una base de datos. Esta vasta red colabora con instituciones estadísticas, autoridades fiscales, universidades y organizaciones internacionales para armonizar, analizar y difundir datos internacionales comparables en una perspectiva histórica.</p>
<p>El último reporte de este colectivo &#8211;<em>World Inequality Report 2022-</em> consigna la situación siguiente: el 10% más rico disponía del 52% de los ingresos y del 76% de la riqueza, la clase media del 39,5% y del 22%, y el sector empobrecido de solo el 8,5% y del 2%. Nótese que este último segmento representa nada menos que la mitad de la población humana, unos ¡3.900 millones! Cuando estas cifras se comparan con las del pasado se observa no solo que son peores que a principios del siglo XX, cuando los imperios europeos alcanzaban un dominio máximo, sino con los de 1820. Si los pobres de hoy disponen del 8,5% del ingreso global, en 1820 poseían el 14%, con la salvedad de que aquellos eran algo más de 1.000 millones y hoy los desposeídos casi cuatriplican esa cifra. Este panorama se ve confirmado por una fuente contraria: la <em>Pirámide Global de la Riqueza 2020,</em> que anualmente publica el Credit Suisse con el objetivo de festejar, soberbia y cínicamente, el aumento de multimillonarios en el mundo. Según el banco suizo el panorama actual es peor. El 12% más rico dispone del 84,8% de la riqueza mundial, la clase media del 13,7% y los pobres de solamente el 1,3%. La idea de que vivimos un mundo cada vez más justo es una fantasía alimentada por miles de voceros. La evidencia científica desenmascara la verdadera situación y remonta una visión que anestesia por medio de la propaganda.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;"><strong>Figura 1. La pirámide de la riqueza global en 2021</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><img decoding="async" class="aligncenter wp-image-147914" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/10/toledo-figura-1.png" alt="" width="766" height="463" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/10/toledo-figura-1.png 859w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/10/toledo-figura-1-450x272.png 450w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/10/toledo-figura-1-300x181.png 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/10/toledo-figura-1-768x464.png 768w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/10/toledo-figura-1-600x363.png 600w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/10/toledo-figura-1-64x39.png 64w" sizes="(max-width: 766px) 100vw, 766px" />Fuente: James Davies, Rodrigo Lluberas y Anthony Shorrocks, <a href="https://www.credit-suisse.com/media/assets/corporate/docs/about-us/research/publications/global-wealth-report-2021-en.pdf" target="_blank" rel="noopener">Credit Suisse Global Wealth Databook 2021</a>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por su parte, los informes de Oxfam Internacional ponen al descubierto la cruda realidad con datos duros. Por ejemplo, que cada 26 horas surge un nuevo multimillonario en el mundo, mientras las desigualdades aumentan. En su último informe la organización afirma que las desigualdades contribuyen a la muerte de al menos 21 personas al día, o dicho de otra manera, de una persona cada cuatro segundos. Se trata de estimaciones basadas en el número de muertes causadas a nivel global por la falta de acceso a servicios de salud, la violencia, el hambre y la crisis climática. Todo ello se ha visto acelerado en estos dos años de la pandemia de la COVID-19.</p>
<blockquote><p><strong>Durante la COVID-19, los diez hombres más ricos del mundo duplicaron su fortuna, que ha pasado de 700.000 millones a 1,5 billones de dólares</strong></p></blockquote>
<p>Los diez hombres más ricos del mundo duplicaron con creces su fortuna, que ha pasado de 700.000 millones de dólares a 1,5 billones de dólares (a un ritmo de 15.000 dólares por segundo, o lo que es lo mismo, 1.300 millones de dólares al día) durante los primeros dos años de una pandemia que habría deteriorado los ingresos del 99% de la humanidad y que ha empujado a la pobreza a más de 160 millones de personas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4><strong>¿Antropoceno o Capitaloceno? Un dilema central</strong></h4>
<p>La crisis global fue conceptualizada por el geólogo Paul Crutzen (1933-2021), Premio Nobel 1995, en dos cortos artículos<a href="#_ftn6" name="_ftnref6"><sup>6</sup></a> al declarar a nuestra época como la del Antropoceno, la era en la que los impactos de la especie humana sobre el planeta le convirtieron en una nueva “fuerza geológica”. Ello dio lugar a cientos de publicaciones y decenas de libros y confirmó en la academia y en la opinión pública el dogma biologista de la culpabilidad total de la humanidad o de la especie, más allá de las particularidades económicas, sociales, culturales, históricas o de género. La humanidad, convertida en una entidad abstracta o en un todo indiferenciado, quedó convertida de golpe en la gran culpable del desastre ecológico.</p>
<p>Hoy, dos décadas después, existen suficientes evidencias de investigadores de las ciencias sociales y de las humanidades que no solo matizan la idea del Antropoceno, sino que la cuestionan contundentemente. Debemos al  historiador Jason W. Moore con su obra <em>El Capitalismo en la Trama de la Vida</em>,<a href="#_ftn7" name="_ftnref7"><sup>7</sup></a> el desarrollo teórico de un concepto alternativo: el de <em>Capitaloceno</em>. Ya no es la humanidad la causante de la tremenda crisis ecológica actual sino las relaciones que el capitalismo ha construido e impuesto entre los seres humanos y entre estos y la naturaleza.<a href="#_ftn8" name="_ftnref8"><sup>8</sup></a></p>
<p>Un recuento de cómo se originó la crisis climática<a href="#_ftn9" name="_ftnref9"><sup>9</sup></a> demostró que esta surgió en Inglaterra al calor de la revolución industrial y en los países más industrializados. Hacia 1825 Inglaterra emitía el 80% del CO2 global y en 1900 con los Estados Unidos contribuían con el 60%. Entre 1850 y hoy los culpables históricos de la crisis climática son Estados Unidos (40%), Unión Europea (29%), y Canadá, Japón, Australia y el resto de Europa (19%). Todo Latinoamérica, África y el Medio Oriente apenas representan el 8%. Similarmente las elites con su consumo exagerado y despilfarrador son los principales causantes de la crisis. Las emisiones del 1% más rico son mil veces mayores que los de la población más pobre. Al mismo tiempo, se ha descubierto que la crisis se disparó a partir de 1950 en una fase ya conocida como la Gran Aceleración.<a href="#_ftn10" name="_ftnref10"><sup>10</sup></a> Durante estas siete décadas se dio la multiplicación vertiginosa de máquinas, edificios, carreteras, presas, minas, centrales nucleares, automóviles, ganado, refinerías, papel, teléfonos, fertilizantes, plásticos, etc. La crisis no es entonces antropogénica sino capitalogénica. Hablar de Capitaloceno y no de Antropoceno es entonces una cuestión de justicia histórica.<a href="#_ftn11" name="_ftnref11"><sup>11</sup></a></p>
<p>Concluyendo: «El Antropoceno contribuye a una historia fácil. Fácil porque no desafía las desigualdades naturalizadas, la alienación ni la violencia inscritas en las relaciones estratégicas de poder y producción de la modernidad. Se trata de un cuento fácil de contar, en la medida en que no nos exige pensar <em>en absoluto </em>sobre dichas relaciones. El mosaico de la actividad humana en la trama de la vida se reduce a una Humanidad abstracta: unidad homogénea de acción. La desigualdad, la mercantilización, el imperialismo, el patriarcado, las formaciones raciales, y mucho más, han quedado en gran medida fuera de consideración. Estas relaciones son, en el mejor de los casos, reconocidas, pero como apéndices <em>a posteriori </em>al marco del problema».<a href="#_ftn12" name="_ftnref12"><sup>12</sup></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<h4><strong>El Capitaloceno y el impacto de las corporaciones</strong></h4>
<p>No hay mejor comprobación de la existencia del Capitaloceno que los impactos que las corporaciones provocan tanto en el mundo natural como en los seres humanos. En efecto, hoy vivimos y sufrimos la era del capital corporativo en la que unas cuantas decenas de corporaciones transnacionales monopolizan y controlan los mercados globales de las principales actividades humanas. La escala a la cual estas corporaciones operan y la velocidad con la que se multiplican y expanden no tiene precedente en la historia. Un puñado de corporaciones tiene una influencia directa o indirecta sobre el equilibrio de los océanos, la atmósfera y los mayores ecosistemas terrestres, afectando funciones claves, como la regulación del clima global. En efecto, setenta y cinco corporativos mineros dominan la extracción de platino, paladio, cobalto, niquel, hierro, cobre, zinc, plata y oro; treinta monopolizan la producción de petroleo, gas y cemento, y diez la de papel. Trece compañías dominan la captura pesquera marina y cinco las granjas de salmón.</p>
<p>Los monopolios alcanzan su máxima expresión con los alimentos. Tres compañías dominan los agroquímicos (Syngenta, Bayer y Basf), las semillas (Monsanto, Dupont y Syngenta) y la maquinaria y equipo agrícolas (Deere, CNH y AGCO); y seis controlan el 75% de los plaguicidas (Syngenta, Bayer, Basf, Dow Agro, Monsanto y Dupont). Similarmente seis corporativos o sus fusiones controlan el 100% de los cultivos transgénicos que hoy se siembran (soya, maíz y algodón) en 190 millones de hectáreas en 29 países (Estados Unidos, Brasil, Argentina, etc.). Todo cultivo transgénico esta obligado a usar el glifosato, el herbicida catalogado como cancerígeno por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Actualmente los cultivos de soya y maíz transgénicos en Sudamérica han provocado la mayor destrucción de la biodiversidad de que se tenga memoria al convertir 80 millones de hectáreas de vegetación tropical y sus innumerables especies de flora y fauna en un monocultivo, una catástrofe biológica de la que no hablan las mayores organizaciones internacionales de conservación y ambientalismo. En paralelo está el caso de la comercialización y transformación de los alimentos; solo tres compañías dominan el cacao, el plátano y las semillas, cinco las del aceite de palma, y seis la de la carne (JBS, Tyson Food, Cargill, BRT, Vion y Nippon Meat).</p>
<blockquote><p><strong>No hay mejor comprobación de la existencia del Capitaloceno que los impactos que las corporaciones provocan en e mundo natural y en los seres humanos</strong></p></blockquote>
<p>La explotación del trabajo humano se hace evidente cuando se revisan las cadenas de suministro de alimentos, en la que los productores se quedan con un mínimo porcentaje del precio final del producto. El drama del chocolate resulta patético, pero ilustra lo que sucede en la mayoría de los casos.<a href="#_ftn13" name="_ftnref13"><sup>13</sup></a> Un total de cinco millones de familias campesinas de Ghana y Costa de Marfil representando una población de 30 millones cultivan la mayor parte del cacao que es la base de la industria chocolatera. Es un sector que vive en general en la miseria. Los compradores, comercializadores y especialmente cuatro firmas industriales (Barry Callebaut, Cargill, ADM y Blommer) se quedan con la mayor parte de las millonarias utilidades que genera la semilla de esta planta.</p>
<p>Finalmente, en el sector financiero, <em>Russia Today</em> reveló que cuatro gigabancos oligopólicos controlan al mundo de las finanzas (The Big Four): Black Rock, State Street, FMR (Fidelity) y Vanguard. Tres gigabancos controlan 22 billones de dólares en activos, poco menos de los casi 24 billones de dólares del PIB de Estados Unidos. Si agregamos los activos del cuarto (Fidelity) por 4,9 billones, su capital ¡supera el PIB de Estados Unidos!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4><strong>El pecado capital de la civilización moderna</strong></h4>
<p><strong> </strong>La modernidad no solo ha convertido al mundo en un gigantesco casino, sino en el mayor carnaval de los siete pecados capitales (soberbia, avaricia, lujuria, ira, gula, envidia y pereza) de toda la historia, todo lo cual ha llevado a la humanidad a una crisis global con su entorno planetario que amenaza su propia existencia. ¿Es que hay un pecado colectivo por encima de esos siete? La respuesta es afirmativa, y es aquí donde entra en escena la ciencia. Se trata de la paleoclimatología que estudia las características climáticas de la Tierra a lo largo de su historia. La paleoclimatología emplea multiplicidad de técnicas para deducir los climas del pasado: los registros fósiles, las acumulaciones de sedimentos en los lechos marinos, las burbujas de aire capturadas en los glaciares, las marcas erosivas en las rocas y las marcas de crecimiento de los árboles y de los anillos de corales.</p>
<p>Si bien existe un registro del clima desde hace 500 millones de años, los datos más confiables se dan para los ultimos ¡800.000 años!, que es al final de cuentas lo que más interesa pues el <em>Homo sapiens</em> existe desde hace 300.000. Durante los últimos 420.000 años se dieron cuatro periodos glaciales (temperaturas bajas) y cinco periodos interglaciales (temperaturas altas), incluyendo el actual en la que se hemos podido disfrutar de un clima benigno por al menos 11.000 años (Figura 2). Durante ese periodo la cantidad de dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera osciló con regularidad entre las 180 y las 300 partes por millón (ppm)… hasta 1950 (Figura 3). A partir de esa fecha el CO2 ha aumentado año a año hasta llegar a los alarmantes 410 ppm en 2018 y 421 ppm en 2022, y este solo factor es lo que ha provocado la crisis global del clima. La civilización industrial ha roto peligrosamente un equilibrio de escala geológica.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;"><strong>Figura 2. Reconstrucción de las temperaturas globales para los últimos 420.000 años</strong></p>
<p><strong> </strong><img decoding="async" class="aligncenter size-full wp-image-147919" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/10/toledo-figura-2.png" alt="" width="992" height="452" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/10/toledo-figura-2.png 992w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/10/toledo-figura-2-450x205.png 450w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/10/toledo-figura-2-300x137.png 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/10/toledo-figura-2-768x350.png 768w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/10/toledo-figura-2-600x273.png 600w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/10/toledo-figura-2-64x29.png 64w" sizes="(max-width: 992px) 100vw, 992px" />Fuente Petit, <em>et al.</em>, 1997.<a href="#_ftn14" name="_ftnref14"><sup>14</sup></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;"><strong>Figura 3. Concentración de CO2 en la atmósfera y su correlación con la temperatura en la Antártica para los últimos 300.000 años</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><img decoding="async" class="aligncenter size-full wp-image-147922" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/10/toledo-figura-3.png" alt="" width="952" height="454" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/10/toledo-figura-3.png 952w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/10/toledo-figura-3-450x215.png 450w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/10/toledo-figura-3-300x143.png 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/10/toledo-figura-3-768x366.png 768w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/10/toledo-figura-3-600x286.png 600w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/10/toledo-figura-3-64x31.png 64w" sizes="(max-width: 952px) 100vw, 952px" />Fuente: <a href="https://www.man.com/maninstitute/data-driven-approach-to-climate-change" target="_blank" rel="noopener">Climate Change Data Driven</a></p>
<p>Para superar esta situación de emergencia, quienes dirigen el mundo deben aceptar su “pecado” para buscar remontarlo mediante mecanismos que detengan el desbalance.</p>
<p>Y he aquí que los seres modernos, soberbios, prepotentes, individualistas, materialistas y hedonistas que ha engendrado la civilización industrial están incapacitados para hacerlo.</p>
<p>¿Cómo evitar el camino al desastre con los seres soberbios que hoy dirigen al mundo? ¿Cómo lograrlo con individuos dedicados ciegamente a buscar el poder político y/o económico?</p>
<p>Esta crisis individual o existencial opera también como un ingrediente invisible pero determinante de la crisis civilizatoria, y deja atrás dos actitudes humanas que marcaron la mayor parte de su historia: la humildad ante una “inteligencia superior” y, consecuencia de lo anterior, fraternidad, ayuda mutua, solidaridad, es decir, altruismo.</p>
<blockquote><p><strong>¿Cómo evitar el camino al desastre con individuos dedicados ciegamente a buscar el poder político y/o económico?</strong></p></blockquote>
<p>En esta dicotomía destaca la idea de una madre naturaleza, una visión heredada de los pueblos indígenas, que va ganando ascenso entre los ciudadanos del mundo y que parece ser la ruta que mueve a la acción y que alimenta la esperanza. Se trata de una nueva forma de espiritualidad (no de religiosidad) que acepta la existencia de una inteligencia superior.</p>
<p>Aquí surge de inmediato la filosofía del llamado Buen vivir que permaneció oculto por siglos, y que aparece indisolublemente ligado al mundo tradicional o de los pueblos indígenas. Este concepto es intrínseco a los 7.000 pueblos indígenas con solamente unos 400 millones de habitantes, pero cuyos territorios –se acaba de demostrar– equivalen nada menos que a la cuarta parte del planeta.<a href="#_ftn15" name="_ftnref15"><sup>15</sup></a> Buscar el buen vivir es adoptar una ética de lo colectivo, de la comunalidad, en la que el comportamiento del individuo está marcado por el equilibrio consigo mismo, con los otros, con la naturaleza y con la inmanencia o esencia cósmica. También recupera la memoria de la especie y una conducta hacia la convivencia y al bien común. Hoy, el concepto del Buen vivir se está convirtiendo en una alternativa real a la crisis del mundo moderno, que induce a los ciudadanos a practicar una <em>política por la vida</em>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4><strong>Directrices hacia una nueva civilización</strong></h4>
<p>Que la crisis global es una crisis de civilización se ha hecho más evidente con la confluencia de la pandemia de la COVID-19, la crisis ecológica de escalas local, regional, nacional y global, la amenaza latente de una guerra nuclear, y la desigualdad social tocando su máximo nivel en la historia. Es obvio que se requiere una transformación radical en todos los ámbitos de la vida social, y la primera es aceptar que no estamos frente a un simple cambio económico, tecnológico o cultural, sino ante una transformación civilizatoria.</p>
<p>Este ensayo ha sido dedicado a describir la crisis del mundo moderno y debería abocarse a señalar cómo superarla. Esa tarea desborda los objetivos de este artículo. Sin embargo, si es posible trazar de manera preliminar un conjunto de directrices que surgen como respuestas, casi obvias, a las principales problemáticas abordadas.</p>
<p>Diez son los temas claves:</p>
<p>1. La reaparición de la naturaleza como la actriz principal en todos los ámbitos, pero sobre todo en el mundo de la política, y consecuencia de lo anterior:</p>
<p>2. La restitución de una <em>conciencia de especie</em> en los ciudadanos, es decir, la adopción de una perspectiva que les permite entender los fenómenos globales, en el tiempo y en el espacio, y los mueva a la acción.</p>
<p>3. La recuperación de la espiritualidad (<em>cooptada</em> desde hace dos mil años por los grandes monoteísmos) en todas las esferas de la vida social.</p>
<p>4. El resurgimiento de la <em>comunalidad</em>, es decir, del instinto social o colectivo, marginado o excluido por la sociedad moderna dedicada a impulsar el individualismo y la competencia entre individuos.</p>
<p>5. El empoderamiento de lo social (la sociedad civil) frente al poder político (partidos y gobiernos) y al poder económico (empresas, corporaciones y mercados).</p>
<p>6. La gobernanza desde abajo, esto es, la puesta en marcha de la democracia radical o participativa y la disolución súbita o gradual de la democracia representativa o electoral.</p>
<p>7. La re-conquista de los territorios, es decir, las comunidades locales y municipales ejerciendo control sobre los procesos en el espacio que habitan y/o usufructúan.</p>
<p>8. La sustitución de las grandes empresas y corporaciones por cooperativas y empresas familiares y de pequeña escala (economía social y solidaria). Las cooperativas, donde no existen patrones y trabajadores sino solamente socios, hoy alcanzan un número cercano a los tres millones, con mil millones de miembros.<a href="#_ftn16" name="_ftnref16"><sup>16</sup></a></p>
<p>9. La politización de la ciencia y la tecnología y su cambio de orientación hacia la justicia ambiental y social. Todo ello debería reorientar toda la acción humana (praxis)</p>
<p>10. La búsqueda del Buen vivir (la felicidad), como lo han demostrado los pueblos indígenas del mundo, y desechar los dogmas modernos del desarrollo, el progreso y el crecimiento.</p>
<p><strong>Víctor M. Toledo Manzur</strong> ha sido secretario de Medio Ambiente y Recursos Naturales de México entre mayo de 2019 y agosto de 2020 en el gobierno de Andrés Manuel López Obrador y es doctor en ciencias e investigador de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), donde ha impulsado estudios<br />
interdisciplinares bioculturales.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4>NOTAS</h4>
<p><a href="#_ftnref1" name="ftn1">1</a> Víctor M. Toledo, «<a href="https://www.tandfonline.com/doi/abs/10.1080/10455759309358564?journalCode=rcns20" target="_blank" rel="noopener">Modernity and Ecology: the new planetary crisis</a>», <em>Capitalism, Nature, Socialism</em>, 4 (4), pp. 31-48, 1993,</p>
<p><a href="#_ftnref2" name="_ftn2">2</a> Manuel González de Molina y Víctor M. Toledo, <em>The Social Metabolism</em>, Springer, 2013.</p>
<p><a href="#_ftnref3" name="_ftn3">3</a> Valérie Masson-Delmotte et al., Climate change 2021: The Physical Science Basis: Contribution of Working Group I to the Sixth Assessment Report of the IPCC, Cambridge University Press, Cambridge (Reino Unido) y Nueva York (EEUU), 2021</p>
<p>4 Nabil Ahmed et al., <a href="https://www.oxfam.org/en/research/inequality-kills" target="_blank" rel="noopener"><em>Inequality Kills</em></a>, Oxfam International, 2022.</p>
<p><a href="#_ftnref5" name="_ftn5">5</a> Vitali, James Glattfelder y Stefano Battiston, «The network of global corporate control». <em>PLoS ONE </em>6, e25995, 2011.</p>
<p><a href="#_ftnref6" name="_ftn6">6</a> Paul J. Crutzen, y Eugene F. Stoner, «The “Anthropocene”», <em>IGBP Newsletter</em> 41, pp. 17-18, 2000; Paul J. Crutzen, P.J. 2002. «Geology of mankind», <em>Nature</em>, 415, 23, 2002. Disponible en: <a href="https://www.nature.com/articles/415023a" target="_blank" rel="noopener">https://www.nature.com/articles/415023a</a></p>
<p><a href="#_ftnref7" name="_ftn7">7</a> Jason W. Moore, <em>El capitalismo en la trama de la vida</em>, Traficantes de sueños, Madrid, 2020 [2015].</p>
<p><a href="#_ftnref8" name="_ftn8">8 </a>Véase también Jason W. Moore (ed.), <em>Anthropocene or Capitalocene? Nature, history and the crisis of capitalism</em>, Oakland, PM Press, 2016.</p>
<p><a href="#_ftnref9" name="_ftn9">9</a> Francisco Serratos, <a href="https://m.facebook.com/librosunam/posts/4668363813178133?locale2=cs_CZ" target="_blank" rel="noopener"><em>El Capitaloceno</em></a>, UNAM and Festina Ediciones, 2021. Disponible en: <a href="https://m.facebook.com/librosunam/posts/4668363813178133?locale2=cs_CZ" target="_blank" rel="noopener">https://m.facebook.com/librosunam/posts/4668363813178133?locale2=cs_CZ</a></p>
<p><a href="#_ftnref10" name="_ftn10">10</a> John R. Mc Neill y Peter Engelke, 2016. <a href="https://www.hup.harvard.edu/catalog.php?isbn=9780674545038" target="_blank" rel="noopener"><em>The Great Acceleration: An Environmental History of the Anthropocene since 1945</em></a>, Harvard University Press, 2016.</p>
<p><a href="#_ftnref11" name="_ftn11">11</a> Serratos, 2021, o<em>p. cit</em>.; Omar Ernesto Cano-Ramírez, «Capitaloceno y adaptación elitista», <em>Ecología Política</em> 53, pp. 101-120, 2017.</p>
<p><a href="#_ftnref12" name="_ftn12">12</a> Moore, 2020, o<em>p. cit</em>, p. 202.</p>
<p><a href="#_ftnref13" name="_ftn13">13</a> Véanse los excelentes documentales de ROTTEN sobre cacao, azúcar, agua, aguacate y uva en Netflix, disponible en: <a href="https://www.netflix.com/mx/title/80146284" target="_blank" rel="noopener">https://www.netflix.com/mx/title/80146284</a>.</p>
<p><a href="#_ftnref14" name="_ftn14">14</a> Jean-Robert Petit <em>et al.</em>,«Four climate cycles in Vostok ice core», <em>Nature</em> 387, pp. 359-360, 1997.</p>
<p><a href="#_ftnref14" name="_ftn14">15</a> Stephen T. Garnett et al, «A spatial overview of the global importance of indigenous lands for conservation», <em>Nature Sustainability</em> 1, pp. 369-374, 2018.</p>
<p><a href="#_ftnref14" name="_ftn14">16</a>  World Cooperative Monitor 2020.</p>
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		<title>Papeles 158: Malestares</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 26 Aug 2022 10:45:46 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Nuevo número de la revista Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global que aborda cómo nuestra civilización encadena una variada gama de crisis sin llegar a resolver ninguna.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><img decoding="async" class="alignright wp-image-146827" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/08/PORTADA-158-450x631.jpg" alt="" width="400" height="564" />Malestares. El signo de un modo de vida que genera profundas contradicciones, desbalances y efectos en cascada que minan las vidas de millones de personas, pero que con frecuencia se quedan recluidas en el ámbito de lo cotidiano, de lo íntimo, pasando por debajo del radar de los indicadores convencionales. Hasta que estallan. Hasta que las múltiples urgencias se manifiestan en catástrofes cotidianas, a menudo silenciosas.</p>
<blockquote><p><strong>Malestares en forma de ansiedades y frustraciones ante una cultura que promete lo que no es capaz de colmar y que ofrece el exceso como patrón generalizado y que recae sobre el cuerpo social o el medio natural.</strong></p></blockquote>
<p>En el número 158 de la revista <a href="https://www.fuhem.es/revista-papeles/" target="_blank" rel="noopener"><em>Papeles de relaciones ecosociales y cambio global</em></a> destacamos que cada vez resulta más patente cómo esta civilización encadena una variada gama de crisis sin llegar a resolver ninguna.</p>
<p>En menos de tres lustros, y con una crisis ecológica global de fondo, hemos vivido una hecatombe financiera con graves repercusiones económicas, la primera pandemia mundial –la COVID-19– y, actualmente, un conflicto armado en Ucrania que está redibujando el panorama geopolítico en clave de guerra fría, y que ha hecho patente para la UE –por ahora– la encrucijada energética en la que se halla.</p>
<p>Múltiples hilos de una trama cada vez más deshilachada que denota graves problemas que demandan atención. En este número de Papeles seguimos estos hilos desde el envés de la trama para tratar de interpretar qué está pasando y cuáles son sus componentes.</p>
<p>En la <strong>INTRODUCCIÓN</strong>, <strong>Santiago Álvarez Cantalapiedra</strong> traza una panorámica de los principales elementos responsables del malestar. Elementos examinados en <strong>A FONDO</strong> de la mano de <strong>Víctor M. Toledo</strong>, <strong>Jordi Mir</strong>, <strong>José Antonio Corraliza</strong> y <strong>Albert Recio</strong>.</p>
<p><strong>Amador Fernández-Savater</strong> conversa con <strong>Franco Berardi (Bifo)</strong>, <strong>Pedro Lomas</strong> dialoga con <strong>José Manuel Naredo</strong>, y <strong>Nuria del Viso</strong> entrevista a <strong>Juan Manuel Vera</strong>.</p>
<p>En <strong>ACTUALIDAD,</strong> <strong>Josep Baqués</strong> sigue la trayectoria de la OTAN en el nuevo contexto geopolítico. La sección ENSAYO recoge una reflexión de <strong>Nuria del Viso</strong> sobre migraciones internacionales y justicia global desde la perspectiva de la filosofía política, y <strong>Ramón del Buey</strong> conversa con <strong>Daniel W. McShea</strong> y <strong>Carlos de Castro</strong> sobre la aplicación de la visión de los sistemas disipativos de Prigogine a la evolución. Las reseñas de la sección <strong>LECTURAS</strong> cierran esta revista.</p>
<p>A continuación, ofrecemos el sumario de la revista y el acceso a texto completo a la <strong>INTRODUCCIÓN, </strong>al artículo de <strong>Víctor M. Toledo </strong>y a los<strong> RESÚMENES </strong>de los contenidos del número.</p>
<p><a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/sumario-158/" target="_blank" rel="noopener"><span style="font-size: 14pt;"><span style="color: #3366ff;"><span style="color: #000000;"><span style="color: #3366ff;">SUMARIO</span></span></span></span></a></p>
<p><span style="font-size: 14pt;"><strong>INTRODUCCIÓN</strong></span></p>
<p><a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/el-malestar-de-nuestro-modo-de-vida/" target="_blank" rel="noopener"><em><span style="color: #3366ff;">El malestar de nuestro modo de vida</span></em></a>, <strong>Santiago Álvarez Cantalapiedra</strong>.</p>
<p><span style="font-size: 14pt;"><strong>A FONDO</strong></span></p>
<p><a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/el-malestar-civilizatorio/" target="_blank" rel="noopener"><em><span style="color: #3366ff;">El malestar  civilizatorio</span></em></a>, <strong>Víctor M. Toledo</strong>.</p>
<p><em>Malestares e ilusiones (Horizonte 2008-2023)</em>, <strong>Jordi Mir</strong>.</p>
<p><em>Conversación con Franco Berardi  (Bifo): «La única vacuna eﬁcaz contra el pánico de la pandemia y la guerra es pensar juntos»</em>, <strong>Amador Fernández-Savater</strong>.</p>
<p><em>El malestar en época de crisis concatenadas: algunas claves psicosociales</em>, <strong>José Antonio Corraliza</strong>.</p>
<p><em>Inﬂación en tiempos de distopía</em>, <strong>Albert Recio Andreu</strong>.</p>
<p><a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/entrevista-a-jose-manuel-naredo-el-mito-de-sisifo-y-el-gatopardismo-de-los-no-conceptos/" target="_blank" rel="noopener"><em>Entrevista  a José Manuel Naredo: el mito de Sísifo y el gatopardismo de los no-conceptos</em></a>, <strong>Pedro L. Lomas</strong>.</p>
<p><em>Entrevista a Juan Manuel Vera: «El igualitarismo ya no encuentra en el eje  izquierda/derecha una formulación adecuada»</em>, <strong>Nuria del Viso</strong>.</p>
<p><strong><span style="font-size: 14pt;">ACTUALIDAD</span></strong></p>
<p><em>La OTAN en tiempos de mudanzas</em>, <strong>Josep Baqués</strong>.</p>
<p><strong><span style="font-size: 14pt;">ENSAYO</span></strong></p>
<p><em>Migraciones internacionales y justicia global a la luz de la filosofía política</em>, <strong>Nuria del Viso</strong>.</p>
<p><em>¿Cómo reaccionar ante un nuevo cambio en cosmología? Una entrevista con Daniel W. McShea y Carlos de Castro</em>, <strong>Ramón del Buey</strong>.</p>
<p><span style="font-size: 14pt;"><strong>LECTURAS</strong></span></p>
<p><em>Refugiados, migrantes e integración. Una breve antología</em>, de Jürgen Habermas,</p>
<p><strong>Ruth Ferrero-Turrión</strong></p>
<p><em>El otoño de la civilización. Textos para una revolución inevitable</em>, de Juan Bordera y Antonio Turiel</p>
<p><em>Ausencias y extravíos,</em> de Yayo Herrero</p>
<p><strong>Monica Di Donato</strong></p>
<p><em>Utopía no es una isla</em>, de Layla Martínez</p>
<p><em>Contra la distopía. La cara B de un género de masas</em>, de Francisco Martorell Campos</p>
<p><strong>Nuria del Viso</strong></p>
<p><strong>Cuaderno de notas  </strong></p>
<p><span style="color: #3366ff;"><a style="color: #3366ff;" href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/resumenes-158/" target="_blank" rel="noopener"><span style="font-size: 14pt;"><span style="color: #3366ff;">RESÚMENES</span></span></a></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Información y compras</strong>:</h3>
<p>Tel.: +34 914310280</p>
<p>Email: <span style="color: #3366ff;"><a style="color: #3366ff;" href="mailto:publicaciones@fuhem.es">publicaciones@fuhem.es</a></span></p>
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		<title>El malestar de nuestro modo de vida</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 26 Aug 2022 08:13:41 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Análisis]]></category>
		<category><![CDATA[Cambio climático]]></category>
		<category><![CDATA[Crisis Ecosocial]]></category>
		<category><![CDATA[Desconexión]]></category>
		<category><![CDATA[destacadasecosocial]]></category>
		<category><![CDATA[Malestares]]></category>
		<category><![CDATA[Modo de vida]]></category>
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					<description><![CDATA[El modo de vida de la civilización industrial capitalista da lugar a un entorno pernicioso que nos vuelve más irritables, agresivos y estresados, debilitando la salud y generando malestar y desconexión entre las personas. ]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><img decoding="async" class="alignright size-thumbnail wp-image-146827" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/08/PORTADA-158-768x1077.jpg" alt="" width="300" height="423" />«El malestar de nuestro modo de vida» de Santiago Álvarez Cantalapiedra, es el título de la <strong>INTRODUCCIÓN</strong> del número 158 de la revista <em><a href="https://www.fuhem.es/revista-papeles/" target="_blank" rel="noopener">Papeles de relaciones ecosociales y cambio global</a>. </em></p>
<p><em>El malestar en la cultura </em>es un ensayo de Sigmund Freud publicado en 1930 en un contexto sombrío marcado por el cruce de los efectos que aún perduraban de la Gran Guerra con los emergentes de la Gran Depresión del 29.</p>
<p>Este texto, considerado uno de los más inﬂuyentes del siglo XX, tiene que ver con el antagonismo entre las exigencias pulsionales del ser humano y las restricciones impuestas por la cultura. Ese antagonismo termina transformándose en un profundo sentimiento de culpa. El descontento y la insatisfacción no serían sino la consecuencia inevitable de la condición cultural de nuestra especie.</p>
<p>En el momento actual, y llevado a un terreno que trasciende el psicoanálisis y la psicología social, cabría identiﬁcar en el malestar que hoy nos asola no tanto un sentimiento de culpa como de ansiedad y frustración ante una cultura que promete lo que no es capaz de colmar, que exige lo que no somos capaces de dar y que, lejos de reprimir, favorece unas pulsiones dionisiacas (en lo que se reﬁere a los deseos) y fáusticas (en relación con las capacidades) que desatan nuestra <em>hybris </em>(o desmesura).</p>
<p>De ser así, las raíces del malestar contemporáneo se encontrarían en el tipo de civilización que hemos construido. Una civilización que encadena una crisis tras otra sin llegar a superar ninguna.</p>
<p>Nos encontramos exhaustos como consecuencia de los acontecimientos recientes: en el transcurso de apenas tres lustros, y con el trasfondo de una crisis climática de consecuencias impredecibles a la que no prestamos la debida atención, hemos asistido a una crisis ﬁnanciera de una dimensión descomunal (La Gran Recesión del año 2008), a la primera pandemia global en sentido estricto (la COVID-19 del 2020) y, en el presente año, al comienzo de una guerra en Ucrania que acelera la tendencia armamentística que se venía incubando desde hace años y que aviva la pesadilla exterminista siempre asociada al gigantismo nuclear.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4>La fatiga de la sociedad del rendimiento</h4>
<p>Los impactos que han provocado estos hechos se suman a la fatiga crónica que arrastramos en la vida cotidiana. El capitalismo actual ha impuesto la sociedad del rendimiento, un tipo de sociedad donde la coerción, una vez interiorizados sus dictámenes, deja de ser externa y pasa a convertirse en un imperativo que surge del interior de los sujetos. Ya no hay «sujetos de obediencia» sino «sujetos de rendimiento».<sup>1</sup>   El sujeto transformado en emprendedor de sí mismo, forzado a rendir a cualquier precio y a cumplir con los objetivos marcados, se autoexplota hasta la extenuación pensando que así se acaba realizando.</p>
<p>Uno de los síntomas de esta sociedad del rendimiento es el cansancio. El binomio rendimiento/ cansancio nos hace añorar la vieja reivindicación del derecho a la pereza de Lafargue. Una fatiga permanente que nos acompaña a todas horas y cuyas manifestaciones se dejan ver por todas partes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4>Manifestaciones del malestar</h4>
<p>En Japón hace tiempo se puso nombre a la muerte provocada por estrés: <em>karoshi</em>. El término sirve para describir las consecuencias de unas agotadoras jornadas de trabajo para defender el estatus adquirido en un contexto fuertemente competitivo. Fenómenos relacionados, como el desgaste profesional (<em>burnout</em>), el síndrome de fatiga por el exceso de información o el “<em>jet lag </em>social”, caracterizan el panorama patológico de una sociedad que contiene demasiados factores neurotizantes.</p>
<p>Este último síndrome, que comparte los síntomas que sufrimos por los cambios horarios que implican los largos viajes (alteraciones del sueño, diﬁcultades de concentración, fatiga o problemas digestivos), surge de las agotadoras e interminables jornadas que fracasan en su propósito de conciliar vida laboral, familiar y de ocio.</p>
<p>Como el día no tiene las suﬁcientes horas para responder a los deberes autoimpuestos ni al consumo de ocio al que aspiramos (visionar nuestra serie preferida o comunicarnos con los amigos a través de las redes sociales), prolongamos la vigilia hacia la noche, provocando que el ﬁnal de la jornada llegue cada vez más tarde. Sin embargo, el despertador suena por la mañana a la misma hora para recordarnos que debemos cumplir de nuevo con las obligaciones laborales y familiares. Así día tras día, acumulando cansancio y una deuda de sueño que surge de las horas que vamos robando a la noche e, inevitablemente, a nuestro descanso.  Cuando llega el ﬁn de semana o un día festivo, tratamos de compensar ese déﬁcit durmiendo más, provocando ese desfase que se conoce como “<em>je</em><em>t lag </em>social”.<sup>2</sup></p>
<p>&nbsp;</p>
<h4>Un modo de vida que genera un ambiente tóxico</h4>
<p>Estos y otros síndromes nos deberían llevar a revisar radicalmente nuestro modo de vida. Hemos creado una sociedad cuyo funcionamiento normal impide desarrollar una vida tranquila y saludable. Vivimos rodeados de exceso de ruido, de iluminación, de calor y de sustancias tóxicas. La contaminación acústica, lumínica o atmosférica están haciendo del silencio, la oscuridad o del aire limpio “bienes raros”, escasos. El ruido está desplazando al silencio, la luz artiﬁcial a la oscuridad y la contaminación del aire está acabando con una atmósfera sana. Las consecuencias sobre nuestra salud (física y emocional) y, por ende, sobre el bienestar social y la calidad de la vida son cada día más evidentes.<sup>3</sup></p>
<p>Un informe de la Comisión de Contaminación y Salud de la revista médica <em>The </em><em>Lancet </em>señala que los diferentes tipos de contaminación (principalmente la polución del aire y la contaminación química debida al plomo) son responsables cada año en el mundo de la muerte prematura de nueve millones de personas, más que todos los fallecimientos registrados hasta el momento por la pandemia de COVID-19 y que la suma de las que ocasionaron en el año 2019 las guerras, el terrorismo, el SIDA, la tuberculosis, la malaria o el consumo de drogas.<sup>4</sup> En las últimas dos décadas, estas muertes causadas por las formas modernas de contaminación han aumentado un 66%, impulsadas por la industrialización, la urbanización incontrolada o la combustión de combustibles fósiles. Y, como ya se ha señalado, más allá de provocar un exceso de muertes prematuras tiene otros muchos efectos sobre la salud, el desarrollo cognitivo y el bienestar emocional de humanos y otras especies, lo que convierte a la contaminación en el principal factor de riesgo ambiental de la salud en el planeta.</p>
<blockquote><p><strong>La contaminación, el cambio climático y la pérdida de biodiversidad están estrechamente vinculados y constituyen una amenaza existencial para la salud humana y planetaria.</strong></p></blockquote>
<p>El modo de vida de la civilización industrial capitalista da lugar a este entorno pernicioso que nos vuelve más irritables, agresivos y estresados, debilitando la salud y generando malestar. Una forma de vida que exige por el día un alto consumo de estimulantes para seguir el ritmo trepidante de la jornada y que luego, por la noche, debe ser debidamente contrarrestado con otras sustancias que permitan descansar y conciliar el sueño.<sup>5</sup> Se entrega el bienestar a una variedad de sustancias químicas, cuando el origen del malestar no está en nosotros sino en las condiciones sociales y ambientales que nos impiden vivir como seres saludables y tranquilos. Hay quien llama a esta toma masiva de medicación “la epidemia silenciosa”, ya que avanza sin grandes aspavientos, pero de forma imparable y contundente. Dos millones de norteamericanos se han vuelto adictos a los opioides, lo que se considera una crisis sanitaria de primera magnitud.<sup>6</sup> ¿Qué dolor nos acompaña que necesitamos calmar con cualquier medio a nuestro alcance?</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4>Un modo de vida que no favorece las conexiones</h4>
<p>La angustia se esparce sobre la sociedad como el alquitrán. El desasosiego y el malestar se expresan también en forma de ansiedad y depresión. Se tratan habitualmente como trastornos mentales cuya solución se confía a la farmacopea. Pero el hecho es que las pastillas están cada vez más presentes en la vida de la gente y no por ello disminuye esta epidemia “mental”. «La causa principal de la depresión y ansiedad crecientes –sostiene Johann Hari, quien decidió buscar el origen de la depresión que venía padeciendo desde su juventud– no se halla en nuestras cabezas. La descubrí principalmente en el mundo y en el modo en que vivimos en él. Descubrí que existen al menos nueve causas probadas».<sup>7</sup> Según Hari,  hay un elemento común en ellas: «todas son formas de desconexión».<sup>8</sup> Vivimos desconectados de unos empleos precarios que apenas ofrecen ingresos suﬁcientes y oportunidades de promoción profesional e impiden desarrollar proyectos vitales y trayectorias laborales estables; la aceleración de los cambios sociales nos diﬁcultan conectar con valores signiﬁcativos que otorguen un sentido a la existencia; la artiﬁcialidad de los actuales modo de vida nos separan del mundo natural, etc., etc.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4>La Gran Disolución</h4>
<p>Entre todas las formas de desconexión que experimentamos, tal vez la más importante sea la diﬁcultad creciente para establecer vínculos y lazos estrechos que trasciendan la mera charla o encuentro circunstancial. «La soledad ﬂota hoy sobre nuestra cultura como una niebla espesa. Nunca ha habido tanta gente confesando que se siente sola», sostiene Hari, y en una sociedad compleja como la nuestra, la soledad no es solo la ausencia física de los otros, sino que adquiere un signiﬁcado más profundo: la de la «sensación de no estar compartiendo nada signiﬁcativo con nadie», la falta de un proyecto común.<sup>9</sup> Es una tendencia destacable en el devenir de las sociedades occidentales desde el último tercio del siglo pasado. Se cumple ahora el vigésimo aniversario de la publicación del libro <em>Solo en la bolera </em>de Robert Putnam, sociólogo y politólogo norteamericano de la Universidad de Harvard.<sup>10</sup> El título lo dice todo. Describe a la perfección el colapso comunitario que golpea a la sociedad norteamericana. Jugar a los bolos ha sido una de las actividades recreativas más populares en los EEUU. La gente formaba equipos con sus amigos y organizaba liguillas con las que estrechaban lazos con otros grupos a medida que iban coincidiendo en los torneos. Hoy la gente sigue jugando a los bolos, pero ahora en solitario. Es un ejemplo, entre los muchos que se investigan en el libro de cómo la estructura colectiva de una sociedad ha sido des- mantelada por un individualismo que ha terminado por negar cualquier sentido de lo social.</p>
<p>Sentirse solo y aislado produce malestar. ¿Por qué? Por una simple cuestión evolutiva. Somos seres sociales, y como cualquier especie hipersocial, la cooperación se convierte en una ventaja para nuestras vidas. Los lazos y vínculos personales, así como los compromisos recíprocos, nos hacen sentir mejor y más protegidos. El aislamiento, por el contrario, nos genera ansiedad y depresión al sentirnos más desprotegidos y vulnerables.<sup>11</sup></p>
<p>La privatización de nuestro modo de vida ha ido reduciendo progresivamente la idea de lo que entendemos por hogar y comunidad. El hogar ha quedado reducido a las cuatro paredes de la casa sin preocuparnos de hacer de nuestro hábitat urbano y natural el cálido y seguro lugar que protege nuestra existencia. El individualismo competitivo, la desigualdad, el urbanismo disperso y los ataques a las políticas que procuraban cierta cohesión social han hecho el resto. Coincidiendo con la Gran Aceleración en el consumo y degradación de la naturaleza, hemos asistido también a la <em>Gran Disolución </em>de los vínculos y estructuras sociocomunitarias. No se debe únicamente a un cambio en los valores que orientan nuestras conductas. También los lugares que favorecían el encuentro están desapareciendo.<sup>12</sup> Los lugares dan forma a nuestra capacidad de relacionarnos.</p>
<p>Eric Klinenberg sostiene en su libro <em>Palacios para el pueblo </em>que las sociedades basan su existencia en esos espacios de encuentro, como las bibliotecas públicas, los parques, las plazas, los bares y tiendas de barrio o las iglesias, espacios en los que interactuamos y establecemos conexiones cruciales.<sup>13</sup> La erosión de lo que Klinenberg denomina «infraestructura social» explica parte de ese malestar cargado de orfandad y soledad que siente en las sociedades occidentales el individuo atomizado que vive a la intemperie.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4>La desconexión de un futuro esperanzador y seguro</h4>
<p>También sufrimos la desconexión del futuro. La desestabilización global del clima que hemos provocado ha creado unas condiciones ambientales menos favorables que las disfrutadas en los últimos doce mil años y, por eso, el futuro climático difícilmente podrá ser “mejor” y girará entre lo “malo” y lo “peor”.<sup>14</sup> Cualquier intento de mirar al futuro se topa con las amenazas del desastre climático, energético, demográﬁco, sanitario o de una crisis económica, generando la sensación de vivir asomados al abismo. El periodista y ensayista Héctor García Barnés utiliza la expresión <em>futurofobia </em>para tratar de entender el malestar contemporáneo cuyos síntomas pueden compararse a los de un trastorno de ansiedad colectiva. El proyecto de la Modernidad, con su promesa de progreso, se truncó en algún momento y ahora la fobia al futuro se alimenta de la resignación y la impotencia, la sensación de que se haga lo que se haga, las cosas acabarán mal.<sup>15</sup></p>
<p>&nbsp;</p>
<h4>La dimensión política del malestar</h4>
<p>El malestar genera distintas manifestaciones de descontento: por la subida de la factura de la luz, por el incremento de los precios de los combustibles o de los alimentos. Una ciudadanía exhausta, castigada por una sucesión de crisis encadenadas, tarde o temprano termina por manifestar su disgusto. Un grito de disconformidad emitido principalmente por los perdedores de la globalización, por los desamparados de unos servicios públicos sobrecargados, por una juventud que, aunque agobiada en un presente marcado por la precariedad, no se resigna a que la crisis ecosocial les cierre el porvenir. Un grito de indignación ante la desigualdad en la distribución de la renta y la riqueza. Un lamento que busca ser escuchado y canalizado. Hay que reconocer la capacidad trasformadora del malestar cuando da lugar a una rabia y a una indignación que quiere cambiar el mundo.</p>
<p>Pero el malestar solo no basta. Aunque lleve la semilla del inconformismo, se necesitan mecanismos que traduzcan el descontento en acción política. La ausencia de estos mecanismos no deja más opción que la “patologización” del malestar como un problema individual de salud mental que solo se puede abordar a través de la medicación y la autoayuda. Las democracias liberales son básicamente sistemas de representación política construidas a través de mecanismos de intermediación entre la sociedad civil y el Estado. Si falla ese proceso de intermediación, aparece una crisis de representatividad que se traduce en desconﬁanza, tanto en los partidos como en la propia democracia. En tiempos de crisis de representación y legitimidad política los límites de lo posible se ensanchan en todas direcciones, tanto reaccionarias como emancipadoras.</p>
<p>Lograr que el descontento no discurra hacia el resentimiento y el odio y que, en su lugar, se canalice hacia una “digna rabia” con potencial emancipador es el dilema ante el que se encuentran hoy las sociedades en estos tiempos de malestar.</p>
<p>Acceso al texto completo en formato pdf:  <a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/el-malestar-de-nuestro-modo-de-vida/" target="_blank" rel="noopener"><em>El malestar de nuestro modo de vida</em></a></p>
<h4>NOTAS:</h4>
<p>1  Buyng-Chul Han, <em>La sociedad del cansancio</em>, Herder, Barcelona, 2012.</p>
<p>2  Se habla de <em>jet lag </em>social cuando el centro del sueño de los días de trabajo diﬁere en más de dos horas del centro del sueño de los días libres. Se estima que este trastorno lo sufren al menos un 50 % de los estudiantes y si, en lugar de dos horas, contemplamos una sola hora de diferencia, se estima que afecta a siete de cada diez personas. Roco Caliandro, Astrid A. Streng, Linda W.M. van Kerkhof, Gijsbertus T. J. van der Horst, Inês Chaves, «<a href="https://www.mdpi.com/2072-6643/13/12/4543/htm" target="_blank" rel="noopener">Social Jetlag and Related Risks for Human Health: A Timely Review</a>», <em>Nutrients</em>, 13(12):4543, 2021.</p>
<p>3  El exceso de ruido, iluminación o calor son formas de contaminación y, por consiguiente, despliegan unos efectos perniciosos sobre la salud. La contaminación acústica altera el sistema nervioso, y aunque podamos acostumbrarnos al ruido, no así lo hace nuestra actividad cardiaca, que nunca llega a adaptarse superados determinados umbrales. La contaminación lumínica afecta a la salud humana al alterar el “ritmo circadiano” (un conjunto de relojes biológicos cuyos ciclos están determinados por la sucesión del día y de la noche); esta alteración provoca diversas afecciones sobre la presión arterial, el apetito, da lugar a una mayor irritabilidad, estrés, fatiga o falta de atención. El exceso de calor trastoca el sueño (se sabe que la temperatura óptima para dormir ronda los 17º-18º) y provoca fatiga física, falta de concentración, irritabilidad o trastornos gastrointestinales. Según el Instituto de Salud Carlos III, cabe atribuir, solo a los seis primeros días de la ola de calor iniciada el 10 de julio, un total de 360 muertes por las altas temperaturas en España.</p>
<p>4  Richard Fuller, Philip J. Landrigan, Kalpana Balakrishnan, Glynda Bathan, Stephan Bose-O’Reilly, Michael Brauer, et al., «<a href="https://www.thelancet.com/journals/lanplh/article/PIIS2542-5196(22)00090-0/fulltext" target="_blank" rel="noopener">Pollution and health: a progress update</a>», <em>The Lancet Planetary Health, </em>17 de mayo de 2022.</p>
<p>5  El Observatorio Español de las Drogas y las Adicciones (OEDA) documenta que entre los años 2019 y 2020, las drogas con mayor prevalencia de consumo entre la población española de edades comprendidas entre los 15 y 64 años corresponden al alcohol, el tabaco y los hipnosedantes, con o sin receta. Véase: Observatorio Español de las Drogas y las Adicciones. <a href="https://pnsd.sanidad.gob.es/profesionales/sistemasInformacion/informesEstadisticas/pdf/2021OEDA-INFORME.pdf" target="_blank" rel="noopener"><em>Informe 2021. Alcohol, tabaco y drogas ilegales en España</em>, Ministerio de Sanidad, Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas,</a> Madrid, 2021.</p>
<p>6  Según los datos que proporcionan los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) de los EEUU, entre 1999 y 2019 murieron a causa de una sobredosis con opioides más de medio millón de personas en aquel país. Los números parecen haberse incrementado los últimos años, de manera aún más signiﬁcativa durante la pandemia de COVID-19.</p>
<p>7  Johann Hari, <em>Conexiones perdidas. Causas reales y soluciones inesperadas para la depresión</em>, Capitán Swing, 2019, p. 27.</p>
<p>8  <em>Ibidem</em>, p. 87.</p>
<p>9  <em>Ibidem</em>, pp. 104 y 117.</p>
<p>10  Robert Putnam, <em>Solo en la bolera. Colapso y resurgimiento de la comunidad norteamericana</em>, Galaxia Gutenberg, Barcelona, 2002.</p>
<p>11  Estar solos o aislados nos enferma. Las investigaciones de John Cacioppo y William Patrick (<em>Loneliness: Human Nature and the Need for Social Connection</em>, WW. Norton, Nueva York, 2008) son signiﬁcativas a este respecto, pues inciden en cómo estar desconectado de la gente genera ansiedad y provoca depresión. Véase también Melania Moscoso y Txetxu Ausí (eds.), <em>Soledades</em>, Plaza y Valdés, Madrid, 2021.</p>
<p>12  En cambio, proliferan los “no-lugares” (los “<em>non-lieu</em>” de los que habla Marc Augé), espacios indiferenciados de tránsito sin identidad alguna donde prima el anonimato y se aminora la interacción en aras de la eﬁciencia. Cuando la rentabilidad se pone por delante del bien público, predominan esos “no lugares” sobre los lugares que dan forma a nuestra capacidad de relacionarnos y que desempeñan un papel fundamental en la vida diaria al condicionar las oportunidades de disfrutar de interacciones sociales signiﬁcativas.</p>
<p>13  Eric Klinenberg, <em>Palacios para el pueblo. Políticas para una sociedad más igualitaria, </em>Capitán Swing, Madrid, 2021.</p>
<p>14   Jorge Riechmann, <em>Otro ﬁn del mundo es posible, decían los compañeros</em>, mra ediciones, Barcelona, 2019.</p>
<p>15   Héctor García Barnés, <em>Futurofobia. Una generación atrapada entre la nostalgia y el apocalipsis</em>, Plaza &amp; Janés, Barcelona, 2022.</p>
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