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	<title>Modo de vida imperial &#8211; FUHEM</title>
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	<title>Modo de vida imperial &#8211; FUHEM</title>
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		<title>Papeles 173</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 05 May 2026 07:43:49 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Asistimos a una profunda reconfiguración del orden internacional expresado en la multiplicación de conflictos alrededor del mundo, el rearme, el auge de la geopolítica –con el relanzamiento del imperialismo y las zonas de influencia–, la diplomacia coercitiva y el alejamiento del multilateralismo y del derecho internacional. ]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<blockquote>
<p class="CuerpoA"><span lang="ES-TRAD"><img fetchpriority="high" decoding="async" class="alignright size-medium wp-image-174440" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2026/04/Portada-Papeles-173-borde-300x375.jpg" alt="" width="450" height="638" /><em>Asistimos a una profunda reconfiguración del orden internacional expresado en la multiplicación de conflictos alrededor del mundo, el rearme, el auge de la geopolítica –con el relanzamiento del imperialismo y las zonas de influencia–, la diplomacia coercitiva y el alejamiento del multilateralismo y del derecho internacional. </em></span></p>
</blockquote>
<p class="CuerpoA"><span lang="ES-TRAD">En paralelo, se reorganiza el poder económico y político, que bascula hacia Asia, y, especialmente, a China, en detrimento de Estados Unidos y de Occidente, que se resisten a los cambios. Mientras, van surgiendo organizaciones de cooperación al margen del dominio occidental. El orden que empieza a emerger, más descaradamente violento, no es ajeno a la forma en que se maneja la crisis ecosocial. Este número de PAPELES indaga en este nuevo orden mundial. Casi una veintena de expertas y expertos de distintos ámbitos analizan los rasgos de eso que emerge, ofreciendo valiosas claves para comprender el nuevo escenario.</span></p>
<p>La sección <strong>A fondo</strong> de este número resulta singular en varios sentidos. Primero, porque aborda una cuestión de máxima actualidad, el orden internacional que está surgiendo de las ruinas del régimen posterior a la Segunda Guerra Mundial. Y segundo, porque esta vez no se compone de artículos de varios especialistas, sino de una batería de preguntas sobre distintos aspectos de este orden mundial emergente que formulamos a dieciséis expertas y expertos en los distintos ámbitos.</p>
<p>Esta conversación coral con <span lang="ES-TRAD">numerosas claves para navegar este presente incierto </span>se estructura en siete bloques:</p>
<p><strong>Bloque 1</strong>. Imperialismo y uso de la fuerza: abandono del multilateralismo y desprecio del derecho internacional;</p>
<p><strong>Bloque 2</strong>. América Latina y la Doctrina Donroe;</p>
<p><strong>Bloque 3</strong>. Europa ante el nuevo orden de Trump;</p>
<p><strong>Bloque 4</strong>. Oriente Medio y el nuevo orden;</p>
<p><strong>Bloque 5</strong>. China, India, Rusia y otros actores frente al nuevo orden;</p>
<p><strong>Bloque 6</strong>. Un orden internacional cada vez más violento;</p>
<p><strong>Bloque 7</strong>. Nuevo orden y crisis ecosocial.</p>
<p>Los participantes en esta conversación son: <strong>Manuel Monereo, Jose Antonio Est</strong><strong>évez Araujo, Renán Vega, Tahina Ojeda Medina, Ruth Ferrero Turrión, Ignacio Álvarez-Ossorio, Isaí</strong><strong>as Barreñada, Augusto Zamora, Carlos Berzosa, In</strong><strong>é</strong><strong>s Arco, Jos</strong><strong>é </strong><strong>Luis Gordillo, Rafael Poch- de-Feliú</strong><strong>, Pere Ortega, Tica Font, Jorge Riechmann </strong>y<strong> Ulrich Brand</strong>.</p>
<p>El número recoge también otras secciones habituales como: <strong>Actualidad</strong>, <strong>Experiencias</strong>, <strong>Ensayo</strong> y <strong>Lecturas</strong>.</p>
<p>A continuación, ofrecemos el texto completo correspondiente a la <strong>Introducción</strong> del número, escrito por <strong>Santiago Álvarez Cantalapiedra</strong> bajo el título: <em>Autoritarimo Nacionalnativista y orden mundial</em>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4><strong>Autoritarismo Nacionalnativista y Orden Mundial</strong></h4>
<p>Una mirada rápida a Occidente permite comprobar que vivimos una oleada reaccionaria. En América Latina, a Milei en Argentina, Noboa en Ecuador, Bukele en El Salvador o Asfura en Honduras se les ha sumado recientemente Kast en Chile. Bolsorano, esta vez a través de la persona de su hijo Flavio, ya supera en algunas encuestas a Lula ante las presidenciales del próximo octubre. En Europa la situación no es mucho mejor a pesar de la derrota electoral de Orbán en Hungría y de que Meloni perdiera el referéndum sobre la reforma judicial. Mirando a Oriente, en Asia, Narendra Modi sigue adelante con su proyecto nacionalista y la autocracia está presente en Rusia y China, pues en estos países gobiernan regímenes a los que difícilmente se puede calificar de democráticos y respetuosos con los derechos humanos. Sin embargo, el que mejor refleja el tiempo presente es el Gobierno Trump, por la caza de inmigrantes y su carta blanca a los oligarcas tecnológicos y petroleros de los EEUU y, en las relaciones internacionales, por su desprecio hacía el multilateralismo y el derecho internacional, así como por su ardor guerrero en Oriente Próximo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h5><strong>Un nuevo (des)orden</strong></h5>
<p>Esta deriva es el reflejo de un <em>nuevo orden</em> que se va asentando tras fraguarse durante más de tres lustros. La crisis del anterior, el orden neoliberal, tuvo como detonante la Gran Recesión de 2008 y su clausura definitiva con la pandemia del año 2020.<sup>1</sup> El periodo neoliberal fue tiempo de hiperglobalización paradójica, pues terminó por debilitar a los países occidentales que la impulsaron, y ha supuesto más de cuatro décadas perdidas para afrontar la urgente quiebra civilizatoria que representa la crisis ecosocial. Así pues, se sale de la crisis del orden neoliberal no en mejores condiciones, sino a través de un contramovimiento reactivo que supone una salida en clave autoritaria.</p>
<p>El nuevo orden que despunta no depara nada bueno. Cabe denominarlo por sus rasgos como <em>autoritario nacionalnativista.<sup>2</sup> Surgido de las contradicciones y fracturas del consenso neoliberal, es autoritario porque ni siquiera respeta la retórica democrática interpretada por el orden anterior a partir de la idea de la conveniencia de contrapesos a la acción de los gobiernos (división de poderes, autonomía de los bancos centrales y existencia de autoridades administrativas independientes con funciones atribuidas de supervisión externa) y concede un enorme poder a la nueva plutocracia tecnofinanciera (gente como Peter Thiel sería el máximo exponente). Es nacionalnativista porque frente a la multiculturalidad y el cosmopolitismo de las sociedades abiertas de la hiperglobalización neoliberal surge ahora la reacción etnonacionalista y la discriminación de determinados grupos y sectores sociales según el origen geográfico, étnico o religioso, además de por la orientación sexual.</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<h5><strong>El “trilema” de Rodrik</strong></h5>
<p>Hace unos años el economista estadounidense de origen turco Dani Rodrik planteó un famoso trilema.<sup>3</sup> Señalaba que existían tres objetivos que cualquier país desearía tener simultáneamente, pero que, al ser estructuralmente incompatibles, solo se podían alcanzar dos al mismo tiempo. Según Rodrik, resulta imposible lograr y mantener simultáneamente las ventajas de la hiperglobalización (apertura e integración económicas profundas), la democracia (como espacio de toma de decisiones políticas reales y participación efectiva) y el Estado-nación (como ámbito de soberanía). Así pues, ante los tres vértices del trilema (hiperglobalización, democracia y soberanía nacional), argumentaba que la combinación de dos vértices excluiría necesariamente al tercero. En consecuencia, la combinación de hiperglobalización manteniendo la soberanía nacional impide una democracia real; la combinación de globalización más democracia hará imposible la soberanía nacional al exigir una especie de federalismo global o gobernanza supranacional y, finalmente, si un país quiere que sus ciudadanos decidan democráticamente sus políticas conservando la capacidad soberana de aplicarlas, tendrá que limitar la integración económica.</p>
<p>Puede que los vientos que soplan nos hayan situado en un lugar próximo a la primera de las combinaciones. La profunda inserción en la economía global sin una gobernanza política a la altura de sus exigencias (al no querer nadie ceder su parcela de soberanía nacional) ha hecho que las decisiones económicas más relevantes acaben siendo dictadas desde instancias internacionales ajenas a la voluntad de la ciudadanía de cada nación. Esto significa, por ejemplo, que si los llamados mercados financieros internacionales exigen recortes del gasto público, los gobiernos los aplicarían, aunque su electorado vote lo contrario. Se suele poner el ejemplo de Grecia durante la crisis de la deuda soberana tras la Gran Recesión. El gobierno griego era formalmente soberano y celebró un referéndum en el año 2015 rechazando las medidas de austeridad impuestas desde la troika (la Comisión Europea, el FMI y el BCE). El resultado fue ignorado en la práctica: había soberanía formal e integración en la zona euro, pero la democracia resultó ser una gran ilusión.</p>
<p>En la actualidad la competencia creciente de nuevos actores en el escenario mundial, sin renuncia de los resortes clásicos en los que se ha manifestado el ejercicio de la soberanía de los estados, estaría vaciando de contenido la democracia en las sociedades. Ciertamente el trilema no fue formulado para explicar el autoritarismo, pero puede ayudarnos como herramienta diagnóstica de la situación actual de vulnerabilidad democrática que lo hace posible.</p>
<p>Es ya un lugar común el reconocimiento de que la hiperglobalización generó una amplia variedad de perdedores: trabajadores industriales en los países ricos golpeados por la deslocalización, economías dependientes del Sur global que no pudieron proteger sus industrias nacientes, comunidades despojadas de sus medios de vida e identidad cultural, etc. Estos perdedores se han sentido huérfanos de salidas a su situación porque el sistema político operaba dentro de las restricciones que imponía la globalización y, en su lugar, han recibido como respuesta un discurso meritocrático que, al basarse en la idea de que el éxito depende exclusivamente del esfuerzo y el talento individual, ha hecho del resentimiento derivado de la humillación recibida el combustible que alimenta a muchos de los movimientos reaccionarios.<sup>4</sup> De esta manera el etnonacionalismo autoritario se convierte en una trampa mortal por no solucionar nada y generar nuevos problemas, como el deterioro de la convivencia democrática al insuflar miedo y repulsa a la inmigración (tema central de todos los discursos de la derecha autoritaria) o la desviación de la atención de las amenazas reales de la concentración del poder en pocas manos, de las disrupciones tecnológicas o de las graves consecuencias del deterioro ecológico.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h5><strong>Los cambios en el orden mundial</strong></h5>
<p>Tras el proceso globalizador, los planos interno y externo han quedado entrelazados. El orden social y el orden internacional se relacionan de forma bidireccional. El orden social impuesto en los EEUU está configurando el nuevo orden internacional y este, a su vez, está influyendo en las configuraciones internas en cada uno de los países. Pero además, para comprender bien el tránsito hacia este nuevo orden mundial que se desarrolla sobre la reafirmación de los intereses nacionales y en la confrontación entre potencias que encarnan diferentes tipos de capitalismo con intereses globales en pugna,<sup>5</sup> no hay que perder de vista en ningún momento tres acontecimientos clave:</p>
<p>1) la multipolaridad en un mundo de geografía económica cambiante,</p>
<p>2) la relevancia que adquiere el poder tecnológico asociado al mundo digital</p>
<p>3) el cambio climático, el pico del petróleo, el riesgo de desabastecimiento de otros recursos críticos o la erosión de la integridad de la biosfera. Son factores que se entremezclan entre sí.</p>
<p>En primer lugar, el declive de los Estados Unidos (y del conjunto de Occidente) y el ascenso de China (y otros países, como la India) muestra bien a las claras cómo el viejo centro del capitalismo pierde peso relativo y relevancia en el conjunto mundial. En segundo lugar, debido a la competencia de los países emergentes, se manifiestan pugnas en todos los ámbitos, destacando la carrera por alcanzar nuevos hitos en la digitalización y la economía de los datos que permitan ventajas sobre el competidor en los avances de los modelos lingüísticos de la inteligencia artificial. En tercer lugar, a todo lo anterior se suman los efectos que tanto el cambio climático como la transición energética tienen en el tensionamiento de la geopolítica actual. El calentamiento global abre posibilidades de explotación minera en zonas antes inaccesibles, agudizando el apetito insaciable de un sistema ecocida y devorador de recursos, así como de apertura de nuevas rutas marítimas que ofrecen ventajas competitivas o que son cruciales para garantizar los suministros. A su vez, la transición energética tensiona más aún la geopolítica al aumentar la dependencia de los minerales que hacen posible la incorporación de las renovables al mix energético. Esto sitúa a las tierras raras y a las materias primas críticas en el foco de atención, donde China, que controla el procesamiento del litio, el cobalto y las tierras raras, disfruta ya de una posición dominante en las cadenas de extracción y comercialización.  Sin olvidar que, como buena parte de la estrategia de transición hacia las renovables depende de la inyección de grandes flujos de energías fósiles y descansa en tecnologías poco maduras, las rivalidades que vemos surgir en torno a estos materiales se mezclan con la tradicional geopolítica belicosa asociada a la energía fósil (como se ha visto en la intervención de Venezuela y vemos ahora con el ataque a Irán).</p>
<p>&nbsp;</p>
<h5><strong>El trasfondo de todo</strong></h5>
<p>Todo ello nos conduce al nudo gordiano que ni sabemos ni nos atrevemos a desatar: el modo de vida imperial característico de la civilización industrial capitalista.<sup>6</sup> El choque con los límites naturales que la extensión e intensificación del capitalismo global ha provocado pone de manifiesto las contradicciones con las que opera. Su dinámica no solo depende de la forma en que se apropia de los recursos mediante el extractivismo, ni tampoco únicamente de las ventajas que adquiere de la división social e internacional del trabajo con la que explota la fuerza laboral en cualquier rincón del planeta, también juega un papel fundamental su capacidad para transferir costes y riesgos sociales y ambientales a terceros.</p>
<p>La transferencia social (a otros grupos sociales), espacial (a otros territorios) y temporal (a las generaciones futuras) de estos costes y riesgos con que tradicionalmente el capitalismo maneja sus contradicciones se encuentra con límites en la actualidad. La extralimitación ecológica (<em>overshoot</em> ) y la creciente competencia internacional por el espacio ambiental disponible nos introducen en un orden mundial más autoritario y violento. La “prioridad nacional” con la que se defiende la discriminación según el origen geográfico asume que la tarta no llega para todos y que hay que descartar a muchos comensales de la fiesta. La idea nativista de la prioridad nacional (cuya otra cara es el descarte, como denunciara el Papa Francisco) solo se puede llevar a la práctica en el interior de los países sacrificando la idea republicana de ciudadanía mediante formas cada vez más autoritarias. Su traducción en el plano mundial es la construcción de un orden internacional regido por la lógica imperial y sus zonas de influencia.</p>
<p><strong>Santiago Álvarez Cantalapiedra</strong>,  director del <a href="https://www.fuhem.es/ECOSOCIAL/" target="_blank" rel="noopener">Área Ecosocial de FUHEM</a> y de la revista <a href="https://www.fuhem.es/revista-papeles/" target="_blank" rel="noopener"><em>Papeles de relaciones ecosociales y cambio global.</em></a>,</p>
<h5>NOTAS</h5>
<p>1. Por orden social cabe entender una determinada configuración de poder definida por juegos de dominación y compromiso entre clases sociales y fracciones de clase, tanto en el plano interno de los estados como en las relaciones —económicas, políticas y militares— que establecen entre ellos. Los órdenes sociales emergen tras reestructuraciones profundas en el capitalismo. Desde finales del siglo XIX, momento en el que apareció el capitalismo organizado con rasgos contemporáneos, se han sucedido cuatro órdenes sociales (me he referido a ellos en mi libro <em>La gran encrucijada. Crisis ecosocial y cambio de paradigma</em>, Ediciones HOAC, Madrid, 2019).</p>
<p>2. Lo explico con más detalle en el artículo «Nuevo orden social e internacional: claves para una interpretación crítica» publicado en el nº 41 de la revista <em>Gaceta sindical. Reflexión y debate</em> de CCOO, número que se presentará al público el 28 de mayo en el Ateneo de Madrid.</p>
<p>3. Dani Rodrik, <em>La paradoja de la globalización. Democracia y el futuro de la economía mundial</em>, Antoni Bosch Editor, Barcelona, 2012.</p>
<p>4. Ha sido Michael Sandel quien ha resaltado las consecuencias que tiene sobre la cohesión social y el bien común el sistema meritocrático dominante en Occidente, pues conduce a dos emociones corrosivas: la arrogancia de los ganadores y la humillación de los perdedores (véase <em>La tiranía del mérito</em>, Debate, Barcelona, 2020)</p>
<p>5. Branko Milanović (<em>Capitalismo, nada más</em>, Taurus, Barcelona, 2020) contrapone dos tipos de capitalismo en disputa, el capitalismo meritocrático liberal y el capitalismo político, liderados respectivamente por EEUU y China. Sin embargo, por cómo se configuran en la práctica podría ser más conveniente llamar, al primero, capitalismo corporativo transnacional y, al segundo, capitalismo de Estado.</p>
<p>6. Ulrich Brand y Markus Wissen, <em>Modo de vida imperial. </em><em>Vida cotidiana y crisis ecológica del capitalismo,</em> Editorial Tinta Limón, Buenos Aires/ Madrid, 2021. Ulrich Brand, <em>Crisis del modo de vida imperial y transiciones ecosociales</em>, Colección de Economía Inclusiva 006, FUHEM/ Catarata, Madrid, 2023.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Papeles 172: Poscrecimiento</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 27 Jan 2026 15:06:22 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
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					<description><![CDATA[El número 172 de la revista Papeles de relaciones ecosociales y cambio global reflexiona sobre el concepto de poscrecimiento a través  de una conversación con una de sus principales referentes, Julia Steinberger, y examina distintos ángulos de este pujante paradigma.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p><img decoding="async" class="alignright wp-image-172122 size-thumbnail" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2026/01/172-64x80.jpg" alt="" width="300" height="419" /><strong>Trascender el objetivo ideológico del crecimiento económico sin fin en un mundo en el que ya se han rebasado la mayoría de sus límites ecológicos resulta una meta sensata para construir un futuro deseable.</strong></p></blockquote>
<p>El poscrecimiento encapsula este propósito, con estrategias que apelan tanto al Sur como al Norte global. El concepto de poscrecimiento, que incluye al de decrecimiento –utilizado especialmente en el Norte global–, abarca tanto las críticas al actual sistema económico como alternativas a él, y se proyecta con propuestas concretas en una variedad de ámbitos de la vida socioeconómica: alimentación, movilidad, vivienda, turismo o ciudades. Y, por descontado, despliega otra mirada en las relaciones entre el Norte y el Sur global.</p>
<p>El número 172 de la revista <em>Papeles de relaciones ecosociales y cambio global</em> reflexiona sobre el concepto de poscrecimiento a través  de una conversación con una de sus principales referentes, Julia Steinberger, y examina distintos ángulos de este pujante paradigma.</p>
<p>El número se abre con la <strong>Introducción</strong> de <strong>Santiago Álvarez Cantalapiedra</strong>, titulada «Acerca de los debates sobre el poscrecimiento».</p>
<p>En <strong>A Fondo</strong>, <strong>Monica Di Donato</strong> y <strong>Pedro L. Lomas</strong> conversan con <strong>Julia Steinberger</strong>, referente del poscrecimiento, que reflexiona sobre este enfoque. <strong>Ulrich Brand</strong> y <strong>Markus Wissen</strong>, que acuñaron la noción de «modo de vida imperial», relacionan en su artículo este concepto con el poscrecimiento y la dialéctrica entre Norte y Sur global. <strong>Giuseppe Feola</strong> considera los sistemas alimentarios desde la perspectiva del poscrecimiento. <strong>Jordi Mir </strong>aborda el derecho a la vivienda desde esta misma perspectiva. <strong>Juan Marcos Castro</strong> y <strong>Enrique Navarro</strong> consideran la turistificación y sus alternativas en un horizonte poscrecentista. <strong>Imogen Hamilton-Jones </strong>reflexiona sobre las políticas poscrecentistas necesarias en el ámbito urbano en una entrevista de <strong>José Bellver</strong> y <strong>Nuria del Viso</strong>.</p>
<p><strong>Actualidad</strong> recoge un artículo de <strong>José Aristizábal,</strong> «La flotilla, el monstruo genocida y el amor» que, en el marco del apresamiento de la flotilla que se dirigía a Gaza, como muestra de otras tantas resistencias alrededor del mundo, plantea que los vínculos afectivos del amor social son condición necesaria para una verdadera emancipación.</p>
<p>En la sección de <strong>Experiencias,</strong> <strong>Alberto Fraguas </strong>realiza una reflexión introductoria de la «Declaración de la Conferencia Más Allá del Crecimiento», celebrada en 2025, que se recoge en su totalidad.</p>
<p>En <strong>Ensayo</strong>, <strong>Víctor M. Toledo</strong> considera en su artículo el papel de «Alfred Schmidt (1931-2012) y los orígenes del metabolismo social». Por su parte, <strong>Jesús Ojeda</strong> aborda «La imagen de Gandhi a través de un colectivo “nativo” de mujeres occidentales», antes de cerrar el número con la sección <strong>Lecturas</strong>.</p>
<p>A continuación, ofrecemos el Sumario de la revista y el acceso libre y gratuito al texto de la <strong>Introducción</strong> y a la entrevista a <strong>Julia Steinberger.</strong></p>
<p><span style="color: #0000ff;"><strong>INTRODUCCIÓN</strong></span></p>
<p><a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/acerca-de-los-debates-sobre-el-poscrecimiento/" target="_blank" rel="noopener">Acerca de los debates sobre el poscrecimiento</a>, <strong>Santiago Álvarez Cantalapiedra</strong></p>
<p><span style="color: #0000ff;"><strong>A FONDO</strong></span></p>
<p><a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/entrevista-a-julia-steinberger-sobre-poscrecimiento/" target="_blank" rel="noopener">Entrevista a Julia Steinberger sobre poscrecimiento</a>, <strong>Monica Di Donato</strong> y <strong>Pedro L. Lomas</strong></p>
<p>Poscrecimiento, modo de vida imperial y la dialéctica entre el Norte y el Sur global, <strong>Ulrich Brand</strong> y <strong>Markus Wissen</strong></p>
<p>Sistemas alimentarios en el poscrecimiento: crítica, visiones, vías, <strong>Giuseppe Feola</strong></p>
<p>Crisis del turismo imperial y transición ecosocial. De la explotación a la cohabitación en los destinos turísticos, <strong>Juan Marcos Castro Bonaño</strong> y <strong>Enrique Navarro Jurado</strong></p>
<p>Poscrecimiento y derecho a la vivienda , <strong>Jordi Mir</strong></p>
<p>Entrevista a Imogen Hamilton-Jones sobre ciudades poscrecentistas, <strong>José Bellver</strong> y <strong>Nuria del Viso</strong></p>
<p><span style="color: #0000ff;"><strong>ACTUALIDAD</strong></span></p>
<p>La flotilla, el monstruo genocida y el amor, <strong>José Aristizábal García</strong></p>
<p><span style="color: #0000ff;"><strong>EXPERIENCIAS</strong></span></p>
<p>Decrecimiento para el bienestar: la urgencia de un nuevo, modelo ecosocial, <strong>Alberto Fraguas</strong></p>
<p><span style="color: #0000ff;"><strong>ENSAYO</strong></span></p>
<p>Alfred Schmidt (1931-2012) y los orígenes del metabolismo social, <strong>Víctor M. Toledo</strong></p>
<p>La imagen de Gandhi a través de un colectivo «nativo» de mujeres occidentales, <strong>Jesús Ojeda Guerrero</strong></p>
<p><span style="color: #0000ff;"><strong>LECTURAS</strong></span></p>
<p><em>Umbrales de dignidad. Los derechos socioeconómicos en tiempos de crisis ecosocial</em>, de Ana García Juanatey y Karlos Castilla Juárez (coords.)</p>
<p><strong>Yago Martínez Álvarez</strong></p>
<p><em>Palabras contra el fin del mundo</em>, de Silvia Rivera Cusicanqui,</p>
<p>Márgara Millán Moncayo y Raquel Gutiérrez Aguilar.</p>
<p>Diego Castro Vilaboa y Huáscar Salazar Lohman (eds.)</p>
<p><em>Ideias para adiar o fim do mundo</em>, de Ailton Krenak</p>
<p><strong>Nuria del Viso Pabón</strong></p>
<p>Contra la cancelación. Y otros sueños de justicia transformativa, de Adrienne Maree Brown</p>
<p><strong>Jordi Mir García</strong></p>
<p><span style="color: #0000ff;"><strong>RESÚMENES </strong></span></p>
<h3><strong>Información y compras</strong>:</h3>
<p>Tel.: +34 914310280</p>
<p>Email: <a class="cursor-init" href="mailto:publicaciones@fuhem.es">publicaciones@fuhem.es</a></p>
<p>Puedes adquirir la revista <strong>PAPELES</strong> en nuestra <a href="https://www.fuhem.es/product/poscrecimiento/">librería virtual</a>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>La Calidad de Vida: Un Marco Interpretativo</title>
		<link>https://www.fuhem.es/2025/06/15/la-calidad-de-vida-un-marco-interpretativo/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 15 Jun 2025 09:04:27 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<category><![CDATA[Calidad de vida]]></category>
		<category><![CDATA[Modo de vida]]></category>
		<category><![CDATA[Modo de vida imperial]]></category>
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					<description><![CDATA[Caracterización del modo de vida de la sociedad española y un marco de interpretación del mismo, desde la perspectiva de la calidad de vida.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p><img decoding="async" class="alignright size-medium wp-image-168661" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2025/07/2-Informe-Ecosocial-sobre-calidad-de-vida-Capitulo-1-450x635.jpg" alt="" width="450" height="635" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2025/07/2-Informe-Ecosocial-sobre-calidad-de-vida-Capitulo-1-450x635.jpg 450w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2025/07/2-Informe-Ecosocial-sobre-calidad-de-vida-Capitulo-1-300x424.jpg 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2025/07/2-Informe-Ecosocial-sobre-calidad-de-vida-Capitulo-1-350x494.jpg 350w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2025/07/2-Informe-Ecosocial-sobre-calidad-de-vida-Capitulo-1-64x90.jpg 64w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2025/07/2-Informe-Ecosocial-sobre-calidad-de-vida-Capitulo-1.jpg 575w" sizes="(max-width: 450px) 100vw, 450px" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong><em>El concepto de «modo de vida» remite a los patrones de producción, distribución y</em> consumo, así como al imaginario cultural y a las subjetividades fuertemente arraigadas en las prácticas cotidianas de la mayoría de la población. En este sentido, se trata de un modo de vida hegemónico, es decir, aceptado socialmente y arraigado política e institucionalmente con una influencia abrumadora en las prácticas ordinarias de las personas.</strong></p>
<p>&nbsp;</p></blockquote>
<p>El primer Capítulo del <em>2 Informe sobre Calidad de Vida en España,</em> elaborado por FUHEM Ecosocial, ofrece una caracterización del modo de vida de la sociedad española y un marco de interpretación del mismo desde la perspectiva de la calidad de vida.</p>
<h4></h4>
<h4></h4>
<h4>Introducción</h4>
<p>Hace ya más de una década que Johan Rockström y colaboradores<a href="#_ftn1" name="ftnref1"><sup>1</sup></a> publicaron su investigación sobre los límites planetarios. Rápidamente se convirtió en una referencia en la literatura sobre la sostenibilidad. Junto con la narrativa de la Gran Aceleración<a href="#_ftn2" name="_ftnref2"><sup>2</sup></a> y al concepto de Antropoceno,<a href="#_ftn3" name="_ftnref3"><sup>3</sup></a> el concepto de límites planetarios amplió el vocabulario científico y ayudó a evaluar, mediante variables de control, si la humanidad se mantiene en un umbral de seguridad, evitando la desestabilización de los ciclos biogeoquímicos de la Tierra y los riesgos asociados. La transgresión de este espacio de seguridad humana se ha visto impulsado por factores socioeconómicos que moldean los procesos y estructuras causantes de la crisis ecosocial subyacente.<a href="#_ftn4" name="_ftnref4"><sup>4</sup></a> En el trasfondo se encuentra la civilización industrial capitalista, con sus estructuras, instituciones, actores y relaciones de poder que impulsan unos flujos de materia y energía en constante expansión que resultan necesarios para su funcionamiento y reproducción social, definiendo el tipo de intercambios -el metabolismo social- que establecemos con la naturaleza.</p>
<p>La vida en las sociedades del capitalismo central resultaría difícil de explicar sin atender a la manera en que se organizan e insertan en la economía global las sociedades periféricas. Cualquier aspecto característico de nuestro modo de vida contiene trabajo y materias primas que provienen de la periferia. Esas condiciones sociales y ecológicas, normalmente invisibilizadas, permiten que estos productos puedan ser comprados y consumidos tan fácilmente. Estas prácticas cotidianas, así como las relaciones de poder sociales e internacionales subyacentes, generan y perpetúan el dominio de unas personas sobre otras y la explotación de la naturaleza, impulsando de ese modo la destrucción de ecosistemas, tensiones geopolíticas, desequilibrios territoriales, polarización social o empobrecimiento y destrucción de economías locales. Nos encontramos ante un modo de vida convertido en un bien posicional, exclusivo y excluyente, cuyas consecuencias se reflejan en forma de altos costes sociales y ecológicos desigualmente repercutidos.<a href="#_ftn5" name="ftnref5"><sup>5</sup></a></p>
<p>Se ofrece a continuación una caracterización del modo de vida de la sociedad española  y un marco de interpretación del mismo desde la perspectiva de la calidad de vida.</p>
<ol>
<li>
<h4><strong>Modo de vida</strong></h4>
</li>
</ol>
<p>El concepto de «modo de vida» remite a los patrones de producción, distribución y consumo, así como al imaginario cultural y a las subjetividades fuertemente arraigadas en las prácticas cotidianas de la mayoría de la población. En este sentido, se trata de un modo de vida <em>hegemónico</em>, es decir, aceptado socialmente y arraigado política e institucionalmente con una influencia abrumadora en las prácticas ordinarias de las personas. Prácticas y comportamientos que se generalizan en el conjunto de la sociedad y que forman parte de la cotidianeidad (por ejemplo, en la manera de alimentarse, vestirse, moverse y asentarse sobre el territorio), pero que se materializan de forma <em>desigual</em> y diversa en función de la posición que cada persona y grupo ocupa en la jerarquía social y las posibilidades de que dispone.</p>
<p>Esas diferencias estallan en una multiplicidad de «estilos de vida» marcados por las desigualdades de renta, de género, de etnia y por las preferencias culturales e identitarias de personas y grupos sociales. La cuestión relevante es que esta multiplicidad de «estilos de vida» que observamos en la actualidad descansa en última instancia en la estructura de un mismo modo de vida que las engloba.</p>
<p>Se podría añadir que, además de hegemónico y desigual, ese modo de vida es también <em>imperial</em> si existen fuertes vínculos entre esas prácticas cotidianas hegemónicas y desiguales con los intereses y estrategias empresariales y la geopolítica internacional, implicando un acceso a los recursos, al espacio, a las capacidades laborales y a los sumideros de todo el planeta a través de reglas económicas aseguradas mediante determinadas políticas, leyes y ejercicios de poder (tanto en la faceta violenta de fuerza coercitiva dura como en la meramente persuasiva), (véase la entrada “Imperialismo y colonialismo verde”). El modo de vida característico de las sociedades opulentas ha venido asociado históricamente a la producción sistemática de malas condiciones de trabajo, relaciones políticas autoritarias, condiciones de vida precarias y destrucción ecológica en otros lugares diferentes de donde se asienta, siendo un aspecto central de su constitución y vigencia los mecanismos de transferencia o externalización de costes sociales y ecológicos hacia otros territorios (Brand y Wissen, 2021). Para los centros capitalistas resulta decisiva la manera en que quedan organizadas las periferias, especialmente en el Sur global, y cómo configuran su relación con la naturaleza.</p>
<p>María Mies y Vandana Shiva (2015) sostienen que esas “otras partes” sobre las que descansa el modo de vida imperial no son únicamente zonas geográficas, sino también realidades biopolíticas, de manera que la noción de colonia trasciende a la de un territorio administrado por una potencia extranjera e incluye a las mujeres y a la naturaleza (y no solo a los países periféricos) como las colonias actuales del modo de vida del capitalismo patriarcal global.</p>
<ol start="2">
<li>
<h4><strong>Una categoría controvertida, pero necesaria para la economía inclusiva</strong></h4>
</li>
</ol>
<p>De lo dicho podemos concluir que el modo de vida no remite tanto a una realidad social uniforme como a otra marcada por la hegemonía, las desigualdades y las relaciones de dominación en un sentido plural y amplio. Es una forma de caracterizar de manera sintética una realidad dinámica de carácter estructural que contempla -además de las normas que organizan la producción, circulación y desigual acceso a las mercancías- el eventual deterioro ecológico y social, así como la transferencia -en el espacio y en el tiempo- de riesgos y costes a terceros.</p>
<p>Así, desde la perspectiva de la economía inclusiva el concepto de modo de vida sirve para integrar en los análisis diferentes dimensiones (políticas, ecológicas y de género) normalmente eludidas en los enfoques ortodoxos y permitir entender muchos comportamientos como efectos de unos mecanismos sociales de los que no son más que un engranaje, sin descuidar sus costes y consecuencias (sincrónicas y diacrónicas, cuantitativas y cualitativas) sobre colectivos sociales, espacios y totalidades. Es una noción compatible con la introducción de la perspectiva de la economía como un sistema abierto (véase la entrada “Sistemas abiertos”) y estimula la capacidad de hacer aflorar dimensiones ocultas que intervienen en el funcionamiento y reproducción de una sociedad (FUHEM, 2023).</p>
<p>Al mismo tiempo, esta noción presenta limitaciones evidentes cuando se queda en un plano meramente estructural e ignora los efectos que se desprenden de las actuaciones de las instituciones y de las políticas presentes en cualquier formación social histórica.</p>
<ol start="3">
<li>
<h4><strong>Calidad de vida</strong></h4>
</li>
</ol>
<p>La reflexión sobre la calidad de vida implica adentrarse en un terreno en el que se encuentran y entrecruzan las preocupaciones de filósofos y científicos sociales. Abordada a lo largo de la historia desde diferentes esferas del conocimiento, siendo mayoritariamente tratada desde el ámbito de la ética y la moral, en el fondo no es más que la reflexión sobre «lo que somos y lo que deseamos ser», cuestión que define la intersección entre el campo del análisis de los resultados obtenidos por una sociedad y el campo normativo que define lo que es una sociedad justa y sostenible.</p>
<p>La discusión sobre qué cabe entender por una vida buena y de calidad ha despertado un creciente interés en la medida en que empieza a ser evidente el deterioro social y ecológico que provoca el funcionamiento ordinario de la economía. Por ello, cada vez más instituciones internacionales, gobiernos nacionales y entidades locales vienen sugiriendo el empleo de diversas estimaciones de bienestar y calidad de vida con el fin de evaluar el progreso social real de sus países y regiones y así poder mejorar con esa evaluación sus políticas públicas.</p>
<p>Aunque las reflexiones en este ámbito han evolucionado con los años, incorporando en su análisis condiciones económicas, sociales y políticas, lo cierto es que la noción aún dominante de bienestar sigue estando ligada al convencimiento de que los ingresos y las propiedades materiales son la base de una vida buena. Sobre esta presunción se construye la idea que asocia el progreso con un incremento cuantitativo, esquivando consideraciones sobre su contenido cualitativo. El bienestar social queda así reducido a la prosperidad material, al aumento de la capacidad de compra y al aumento del consumo y, en definitiva, a lo que se entiende estadísticamente como nivel de vida.</p>
<p>Sin embargo, el bienestar es un concepto más amplio que el de «nivel de vida», pues incluye todos aquellos factores que influyen en lo que valoramos en nuestra existencia más allá de los aspectos adquisitivos. Reducirlo al nivel de vida es incorrecto por varias razones. Primera, porque los recursos económicos (bien sea el ingreso o el nivel y la estructura del consumo mercantil) son medios que se transforman en bienestar de formas diferentes según las personas; así, individuos que poseen mayor capacidad para disfrutar o más habilidades para el éxito en ámbitos valiosos de la vida pueden estar mejor incluso si manejan menos recursos económicos (Stiglitz, Sen y Fitoussi, 2013). En segundo lugar, porque muchos recursos que contribuyen al bienestar no proceden del mercado, sino de otros ámbitos no mercantiles ni monetarizados, tal y como recuerda la economía feminista. Y finalmente, porque la mayor parte de los determinantes del bienestar son circunstancias que no pueden ser reducidas a la tenencia o posesión de rentas o mercancías, sino que tienen que ver con actividades y relaciones sociales. De ahí que las medidas convencionales de esta visión reduccionista del bienestar suelan ignorar los trabajos domésticos y de cuidados, individuales o colectivos, que proporcionan una destacada contribución al bienestar de las comunidades y a la calidad de vida de las personas, y que tampoco logran capturar en modo alguno los muchos efectos negativos de las actividades económicas, como la contaminación y otros costes sociales y ambientales.</p>
<p>La expresión <em>calidad de vida</em> pretende corregir esa deriva reduccionista en la que incurrió la visión convencional y economicista del bienestar. Y lo hace abrazando un concepto multidimensional del bienestar que depende tanto de factores personales y sociales como de elementos objetivos y subjetivos. Además, la expresión calidad de vida incorpora dos consideraciones de especial interés. La primera tiene que ver con los logros o resultados obtenidos; la segunda con la importancia del entorno natural como condición prioritaria para el desarrollo de la vida humana y del entorno social como ámbito de oportunidades para que las personas puedan desarrollar sus capacidades y libertades (Nussbaum y Sen, 1996).</p>
<p>Una de las ideas fundamentales del enfoque de las capacidades es que cada persona debe tener la oportunidad de desarrollar sus capacidades hasta su máximo potencial. Nussbaum (2002) identifica, en ese sentido, toda una serie de capacidades centrales que considera esenciales para una vida digna, como por ejemplo:</p>
<p>1. Vida (ser capaz de vivir una vida humana de duración normal hasta su fin, sin una muerte prematura evitable o antes de que la propia vida quede reducida a algo que ya no merece vivirse);</p>
<p>2. Salud física (tener buena salud, incluyendo la salud reproductiva, nutrición y techo adecuados);</p>
<p>3. Integridad corporal (ser capaz de moverse libremente y estar seguro frente a potenciales agresiones);</p>
<p>4. Sentidos (ser capaz de imaginar, sentir y pensar de forma cultivada a través de una adecuada educación entendida en un sentido amplio);</p>
<p>5. Emociones (ser capaz de amar, vincularse y cuidar);</p>
<p>6. Razón práctica (para poder plasmar una concepción del bien y reflexionar críticamente sobre la propia vida);</p>
<p>7. Afiliación (poder vivir con y hacia los demás, reconocer y mostrar preocupación y respeto por otras personas y otras especies);</p>
<p>8. Ocio y juego (en el sentido de poder disfrutar de actividades recreativas);</p>
<p>9. Control sobre el entorno (tener derechos políticos y materiales, y poder participar en decisiones políticas que afecten la propia vida).</p>
<ol start="4">
<li>
<h4><strong>Una propuesta inclusiva: el enfoque ecosocial sobre la calidad de vida</strong></h4>
</li>
</ol>
<p>En el contexto de la actual crisis ecosocial la definición de la calidad de vida no es una cuestión meramente técnica, sino que requiere la adopción de un enfoque capaz de establecer prioridades, visualizar conflictos y relaciones de poder e integrar relaciones sociales y valores de igualdad y justicia. Además, debe permitir evaluar el <em>modo de vida</em> de la civilización industrial y hacer aflorar con claridad cómo las sociedades capitalistas entran en contradicción con otros sistemas al erosionar las bases sociales y naturales de los que depende para su funcionamiento y reproducción, provocando con ello una crisis que ha de ser entendida sobre todo como una crisis ecológica y de cuidados.</p>
<p>Preguntarse acerca de la vida buena en este contexto significa, en la práctica, discernir entre los determinantes que amenazan el mantenimiento de la vida y aquellos otros que propician su florecimiento y calidad. Esto representa el trasfondo y apuesta metodológica que ha guiado la elaboración <em>del I Informe Ecosocial sobre la Calidad de Vida en España</em> elaborado por FUHEM (2023).</p>
<p>El enfoque ecosocial sobre la calidad de vida orienta la mirada hacia los logros o resultados obtenidos por una sociedad. Desde un punto de vista centrado en las personas, una vida buena es una vida sana y autónoma. La posibilidad de obtener esos logros dependerá de si se garantiza:</p>
<p>1) un acceso adecuado y suficiente a los bienes socialmente necesarios,</p>
<p>2) unas relaciones -sociales e interpersonales- significativas y gratificantes</p>
<p>3) la capacidad de las personas para organizar su tiempo en</p>
<p>4) unos entornos —sociales y naturales— saludables.</p>
<p>La atención a las instituciones económicas, políticas y culturales que permitan el acceso universal y equitativo a una cesta de bienes y servicios que garanticen la cobertura óptima de las necesidades humanas ha de contemplarse como condición <em>sine qua non</em> para la materialización de los logros que dan sentido a la expresión calidad de vida. Una taxonomía de los bienes presentes en las distintas formas de consumo (privado mercantil, no mercantil, sociales y públicos), acompañada de la genealogía de los procesos mediante los que esos bienes finales son obtenidos y las consecuencias sociales y ambientales que se pudieran derivar de cómo son usados y desechados, es considerada útil para la elección —individual y colectiva— de los satisfactores más convenientes ante los problemas de falta de cobertura social e insostenibilidad ambiental (véase la entrada “Necesidades”).</p>
<p>Pero la calidad de vida es algo más que garantizar una canasta de consumo, incluye otros factores que van más allá de este aspecto material y que influyen en lo que valoramos de la vida. Como ya hemos mencionado, la calidad de vida es un concepto multidimensional que incorpora tanto lo que tenemos (dotación de recursos) como lo que hacemos (actividades), sin olvidar dónde y con quién estamos (las circunstancias en las que nos movemos). Así pues, se debe complementar la condición necesaria de acceso universal y equitativo a los bienes y servicios esenciales con las valoraciones referidas al uso del tiempo y las relaciones que desplegamos para lograr los resultados en salud y autonomía sin menoscabo de las condiciones sociales y ecológicas en las que se desenvuelve la vida.</p>
<p>De todo lo anterior podemos concluir que los factores clave para que una sociedad prospere tendrán que ver con la dotación de recursos, la organización de los tiempos y el grado de gratificación de las relaciones —sociales e interpersonales— necesarias para lograr unos resultados en salud y autonomía sin menoscabo de las condiciones sociales y ecológicas en las que se desenvuelve la existencia. Solo así estaremos ante una vida digna de ser vivida. Solo así se posibilita el despliegue de las capacidades y las libertades en las personas sin imponer servidumbres y sacrificios sobre otros seres humanos y especies, preservando la trama de la vida de la que formamos parte.</p>
<p>Este marco de comprensión de la calidad de vida exige otros criterios de medición diferentes de los habituales para valorar cómo evoluciona aquello que contribuye o entorpece al bienestar. Hay que evitar la tentación de querer sintetizar todo en un único indicador. Tal pretensión suele derivar en una especie de fetichismo estadístico. El problema se agrava si, además de usar un único marcador, el elegido es además claramente inadecuado para reflejar los vínculos del modo de vida con la calidad de vida (véase la entrada “Crítica a los indicadores macroeconómicos”). Los propósitos de los sistemas estadísticos son múltiples, y una medida diseñada para un propósito puede no funcionar para otro. De ahí que quepa preguntarse: ¿una única medida o un cuadro de mando de indicadores? Con un solo indicador no podemos reflejar algo tan complejo como nuestra sociedad y el bienestar que en ella se genera. En cambio, con un cuadro de indicadores a modo de panel es posible evaluar la amplia gama de factores físicos y de naturaleza socioeconómica implicados en la calidad de vida. El panel se puede organizar en un conjunto de ámbitos o dimensiones según su nivel de contribución al bienestar. El objetivo fundamental de ese conjunto de indicadores es ofrecer algo así como un barómetro que mida el grado de presión hacia una mejor calidad de vida para todos en el presente y para las generaciones venideras.</p>
<ol start="5">
<li>
<h4><strong>Evaluación del modo de vida desde un enfoque ecosocial centrado en la calidad de vida</strong></h4>
</li>
</ol>
<p>Evaluar el modo de vida actual desde la perspectiva de la calidad de vida no solo sirve para corregir la deriva reduccionista que asimila bienestar a nivel de ingreso y consumo, sino que permite además desvelar el precio que hemos de pagar por seguir manteniendo un modelo basado en el crecimiento económico indefinido dentro de un planeta finito. Para proceder a esa evaluación hay que analizar en primer lugar las estructuras de producción y consumo, así como las dinámicas que atraviesan ese modo de vida en una sociedad concreta (tendencias que pueden ser agrupadas en tres grandes bloques: desequilibrios territoriales, insostenibilidad ecológica y amenazas a la cohesión social por la persistencia de la pobreza, la precariedad y la desigualdad). Surge entonces, en segundo lugar, la pregunta de si ese modo de vida previamente caracterizado contribuye o no a una vida buena o de calidad.</p>
<p>Desde el enfoque ecosocial de la calidad de vida esa cuestión se reformulará de la siguiente manera: ¿Cómo afecta el modo de vida imperante a los objetivos de salud y autonomía que persiguen las personas y a los aspectos que consideramos básicos ‒acceso suficiente y universal a los recursos, relaciones significativas y tiempos para la autonomía personal en un entorno social y natural seguro‒ para conseguir aquellos logros?  La siguiente figura sintetiza un posible recorrido para responder a esa pregunta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;"><strong>Figura1</strong>: Evaluación de la calidad de vida desde una perspectiva ecosocial</p>
<p><img decoding="async" class="aligncenter size-full wp-image-168704" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2025/07/Figura1-Evaluacion-de-la-calidad-de-vida-desde-una-perspectiva-ecosocial.jpg" alt="" width="695" height="984" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2025/07/Figura1-Evaluacion-de-la-calidad-de-vida-desde-una-perspectiva-ecosocial.jpg 695w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2025/07/Figura1-Evaluacion-de-la-calidad-de-vida-desde-una-perspectiva-ecosocial-450x637.jpg 450w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2025/07/Figura1-Evaluacion-de-la-calidad-de-vida-desde-una-perspectiva-ecosocial-300x425.jpg 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2025/07/Figura1-Evaluacion-de-la-calidad-de-vida-desde-una-perspectiva-ecosocial-350x496.jpg 350w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2025/07/Figura1-Evaluacion-de-la-calidad-de-vida-desde-una-perspectiva-ecosocial-600x849.jpg 600w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2025/07/Figura1-Evaluacion-de-la-calidad-de-vida-desde-una-perspectiva-ecosocial-64x91.jpg 64w" sizes="(max-width: 695px) 100vw, 695px" /></p>
<p style="text-align: center;">Fuente: FUHEM, 2023</p>
<ol start="6">
<li>
<h4><strong>Conclusiones</strong></h4>
</li>
</ol>
<p>El balance que cabe hacer es que el modo de vida imperante, aunque ha logrado grandes cuotas de éxito en términos de opulencia material para algunos grupos en determinadas sociedades, no garantiza en la misma medida la autonomía y la salud (física, mental y emocional) de todos sus miembros, y constituye una seria amenaza global al derrumbar las condiciones para una vida civilizada, socavando las bases sociales y naturales sobre las que descansa la reproducción de la existencia social.</p>
<p>Todo esto plantea un escenario de creciente preocupación debido a las contradicciones entre los modos de vida y la transgresión del espacio de seguridad humana sostenible, una dinámica impulsada por factores socioeconómicos que moldean procesos y estructuras causantes de la crisis ecosocial. La propuesta aquí reflejada ofrece el marco para una agenda de investigación que, adoptando un enfoque integrador, ayude a impulsar el debate sobre lo que significa, en un contexto de profunda crisis civilizatoria, una vida de calidad digna de ser vivida.</p>
<h4><strong>BIBLIOGRAFÍA</strong></h4>
<p>Álvarez Cantalapiedra, S. (2019). <em>La gran encrucijada. Crisis ecosocial y cambio de paradigma</em>, Madrid: HOAC.</p>
<p>Brand, U. (2023). <em>Crisis del modo de vida y transiciones ecosociales, </em>Madrid: FUHEM Ecosocial y La Catarata.</p>
<p>Brand, U. y Wissen, M.  (2021). <em>Modo de vida imperial. Vida cotidiana y crisis ecológica del capitalis­mo</em>, Buenos Aires: Tinta Limón.</p>
<p>Mies, M. y Shiva, V. (2015): <em>Ecofeminismo (teoría, crítica y perspectivas)</em>, Barcelona: Icaria.</p>
<p>FUHEM (2023). <em>Informe Ecosocial sobre calidad de vida en España: balance, tendencias y desafíos, </em>Madrid, FUHEM: <a href="https://www.fuhem.es/informe-ecosocial/">https://www.fuhem.es/informe-ecosocial/</a></p>
<p>Kahneman, D., Krueger, A., Schkade, D., Schwarz, N. y Stone, A. (2004): A Survey Method for Characterizing Daily Life. Experience: The Day Reconstruction Method», <em>Science</em>, núm. 306, 1776.</p>
<p>Nussbaum, M. (2002). <em>Las mujeres y el desarrollo humano</em>, Herder.</p>
<p>Nussbaum, M. y Sen, A. (comp.) (1996): <em>La calidad de vida</em>, México: Fondo de Cultura Económica.</p>
<p>Stiglitz, J., Sen, A. y Fitoussi, J. (2013): <em>Medir nuestras vidas</em>, Barcelona: RBA.</p>
<h4>NOTAS:</h4>
<p><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">1</a> Rockström, J., W. Steffen, K. Noone, Å. Persson, F.S. Chapin, E.F. Lambin, T.M. Lenton, et al. 2009a. A safe operating space for humanity. Nature 461(7263): 472-475;</p>
<p>Rockström, J., W. Steffen, K. Noone, Å. Persson, I. F. S. Chapin, E. Lambin, T.M. Lenton, et al. 2009b. Planetary Boundaries : Exploring the safe operating space for humanity. Ecology and Society 14(2): 32.</p>
<p><a href="#_ftnref2" name="_ftn2">2</a> Steffen, W., W. Broadgate, L. Deutsch, O. Gaffney, y C. Ludwig. 2015. The trajectory of the Anthropocene: The Great Acceleration. The Anthropocene Review 2(1): 81-98;</p>
<p>Steffen, W.L., R.A. Sanderson, P.D. Tyson, J. Jäger, P.A. Matson, B. Moore III, F. Oldfield, et al. 2004. Global change and the earth system: a planet under pressure. Springer.</p>
<p><a href="#_ftnref3" name="_ftn3">3 </a>Crutzen, P.J. y E.F. Stoermer. 2000. The Anthropocene. IGBP Newsletter 41: 17-18.</p>
<p><a href="#_ftnref4" name="_ftn4">4</a> Ulrich Brand, Barbara Muraca, Éric Pineault, Marlyne Sahakian, Anke Schaffartzik, Andreas Novy, Christoph Streissler, Helmut Haberl, Viviana Asara, Kristina Dietz, Miriam Lang, Ashish Kothari, Tone Smith, Clive Spash, Alina Brad, Melanie Pichler, Christina Plank, Giorgos Velegrakis, Thomas Jahn, Angela Carter, Qingzhi Huan, Giorgos Kallis, Joan Martínez Alier, Gabriel Riva, Vishwas Satgar, Emiliano Teran Mantovani, Michelle Williams, Markus Wissen &amp; Christoph Görg (2021) From planetary to societal boundaries: an argument for collectively defined self-limitation, Sustainability: Science, Practice and Policy, 17:1, 264-291, DOI: 10.1080/15487733.2021.1940754</p>
<p><a href="#_ftnref5" name="_ftn5">5</a> Santiago Álvarez Cantalapiedra y Monica Di Donato, «Consumo y crisis ecosocial global», en Luis Enrique Alonso Benito (ed. lit.), Carlos Jesús Fernández Rodríguez (ed. lit.), Rafael Ibáñez Rojo (ed. lit.), <em>Estudios sociales sobre el consumo</em>, CIS, 2020, pp. 533-553.</p>
<p>Descargar el Capítulo completo en formato pdf: <a href="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2025/07/II-Informe-calidad-de-vida-en-Espana-Materiales-actividades-formativas-Capitulo-1-Marco-interpretativo.pdf" target="_blank" rel="noopener"><em>La Calidad de Vida: Un Marco Interpretativo.</em></a></p>
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			</item>
		<item>
		<title>Disponible el video del acto Modo de vida imperial, con Ulrich Brand.</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 11 Dec 2023 07:30:24 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Agenda Ecosocial]]></category>
		<category><![CDATA[Modo de vida imperial]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://www.fuhem.es/?p=156824</guid>

					<description><![CDATA[Presentación pública de los libros de Ulrich Brand sobre la crisis del modo de vida imperial.
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div class="wpb-content-wrapper"><div data-parent="true" class="vc_row row-container" id="row-unique-0"><div class="row limit-width row-parent"><div class="wpb_row row-inner"><div class="wpb_column pos-top pos-center align_left column_parent col-lg-12 no-internal-gutter"><div class="uncol style-light"  ><div class="uncoltable"><div class="uncell no-block-padding" ><div class="uncont" ><div class="uncode_text_column" ><p><mark>PRESENTACIÓN DE LIBRO</mark></p>
</div><div class="vc_custom_heading_wrap "><div class="heading-text el-text" ><h2 class="h2" ><span>Modo de vida imperial</span></h2></div><div class="clear"></div></div></div></div></div></div></div><script id="script-row-unique-0" data-row="script-row-unique-0" type="text/javascript" class="vc_controls">UNCODE.initRow(document.getElementById("row-unique-0"));</script></div></div></div><div data-parent="true" class="vc_row row-container" id="row-unique-1"><div class="row limit-width row-parent"><div class="wpb_row row-inner"><div class="wpb_column pos-top pos-center align_left column_parent col-lg-6 single-internal-gutter"><div class="uncol style-light"  ><div class="uncoltable"><div class="uncell no-block-padding" ><div class="uncont" ><div class="uncode_text_column" ><p>El pasado martes 19 de diciembre <strong>Ulrich Brand</strong>, Catedrático de Política Internacional y Director de la Red de Investigación sobre América Latina en la Universidad de Viena habló sobre el modo de vida imperial, a través de sus libros:</p>
<p><a href="https://traficantes.net/libros/modo-de-vida-imperial" target="_blank" rel="noopener"><em>Modo de vida imperial: vida cotidiana y crisis ecológica del capitalismo</em></a>, publicado por la editorial Tinta Limón.</p>
<p><a href="https://www.fuhem.es/2023/11/22/crisis-del-modo-de-vida-imperial-y-transiciones-ecosociales/" target="_blank" rel="noopener"><em>Crisis del modo de vida imperial y transiciones ecosociales</em></a>, publicado por FUHEM y La Catarata.</p>
<p>El acto de presentación tuvo lugar en el <a href="https://ateneomaliciosa.net/" target="_blank" rel="noopener">Ateneo La Maliciosa</a> a las 19 h.</p>
<p>Conversaron con el autor: <strong>Yayo Herrero</strong> y <strong>Sara Bourehiyi</strong> <a href="https://www.ecologistasenaccion.org/" target="_blank" rel="noopener">Ecologistas en Acción</a>) y Paco del Pozo (<a href="https://lavillana.org/" target="_blank" rel="noopener">La Villana</a>)</p>
<p>Moderaron: <strong>Monica Di Donato</strong> (<a href="https://www.fuhem.es/ecosocial/" target="_blank" rel="noopener">FUHEM Ecosocial</a>) y Tom Kucharz (<a href="https://www.ecologistasenaccion.org/" target="_blank" rel="noopener">Ecologistas en Acción</a>)</p>
<p>A continuación puedes ver la presentación:</p>
</div></div></div></div></div></div><div class="wpb_column pos-top pos-center align_left column_parent col-lg-6 single-internal-gutter"><div class="uncol style-light"  ><div class="uncoltable"><div class="uncell no-block-padding" ><div class="uncont" ><div class="uncode-single-media  text-left"><div class="single-wrapper" style="max-width: 100%;"><div class="tmb tmb-light  tmb-media-first tmb-media-last tmb-content-overlay tmb-no-bg"><div class="t-inside"><div class="t-entry-visual"><div class="t-entry-visual-tc"><div class="uncode-single-media-wrapper"><img decoding="async" class="wp-image-156820" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/12/Acto-Ulrich-Maliciosa.png" width="567" height="567" alt="" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/12/Acto-Ulrich-Maliciosa.png 567w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/12/Acto-Ulrich-Maliciosa-450x450.png 450w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/12/Acto-Ulrich-Maliciosa-300x300.png 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/12/Acto-Ulrich-Maliciosa-350x350.png 350w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/12/Acto-Ulrich-Maliciosa-348x348.png 348w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/12/Acto-Ulrich-Maliciosa-100x100.png 100w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/12/Acto-Ulrich-Maliciosa-64x64.png 64w" sizes="(max-width: 567px) 100vw, 567px" /></div>
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<h5><strong>Organizan: </strong></h5>
<p>
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		<title>Colonialismo verde</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 22 Nov 2023 08:39:51 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Análisis]]></category>
		<category><![CDATA[Colonialismo verde]]></category>
		<category><![CDATA[Descarbonizar]]></category>
		<category><![CDATA[Extractivismo]]></category>
		<category><![CDATA[Modo de vida imperial]]></category>
		<category><![CDATA[Transición Energética]]></category>
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					<description><![CDATA[Cómo el colonialismo y la colonialidad siguen presentes en la actual etapa de capitalismo verde. que se manifiesta hoy, en tiempos de emergencia climática como colonialismo del carbono.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong><img decoding="async" class="alignright size-thumbnail wp-image-155821" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/11/163-borde-300x423.jpg" alt="" width="300" height="423" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/11/163-borde-300x423.jpg 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/11/163-borde-450x635.jpg 450w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/11/163-borde-1200x1693.jpg 1200w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/11/163-borde-768x1083.jpg 768w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/11/163-borde-1089x1536.jpg 1089w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/11/163-borde-1452x2048.jpg 1452w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/11/163-borde-350x494.jpg 350w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/11/163-borde-600x846.jpg 600w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/11/163-borde-64x90.jpg 64w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/11/163-borde-scaled.jpg 1815w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" />Breno Bringel</strong>, <strong>Miriam Lang</strong> y <strong>Mary Ann Manahan</strong> firman el artículo: «<a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/colonialismo-verde-raices-historicas-manifestaciones-actuales-y-su-superacion/" target="_blank" rel="noopener">Colonialismo verde: raíces históricas, manifestaciones actuales y su superación</a>» publicado en la sección <strong>A FONDO</strong> del <a href="https://www.fuhem.es/2023/11/22/papeles-163-geopolitica-territorio-y-conflictos/" target="_blank" rel="noopener">número 163</a> de la revista <em><a href="https://www.fuhem.es/revista-papeles/" target="_blank" rel="noopener">Papeles de relaciones ecosociales y cambio global</a></em><strong>, </strong>dedicada a <strong>Geopolítica, territorio y conflictos</strong>.</p>
<p><em>El artículo repasa cómo el colonialismo y la colonialidad siguen presentes en la actual etapa de capitalismo verde. El colonialismo verde actual se manifiesta hoy, en tiempos de emergencia climática como colonialismo del carbono. Lo que Breno y Svampa denominan el Consenso de la Descarbonización no sustituye al Consenso de los Commodities, sino que ambos se sobreponen con elementos de continuidad y ruptura.</em></p>
<p>Durante los últimos años la idea de <strong>colonialismo verde</strong> ha cobrado fuerza para definir la actual etapa del capitalismo verde asociada a la <strong>descarbonización</strong> y a las formas mercantiles de afrontar el <strong>cambio climático</strong> y las <strong>transiciones ecológicas</strong>. En la órbita de las Conferencias de las Partes (COP) –y con el respaldo de actores públicos y principalmente privados– ha emergido un amplio repertorio de instrumentos, mecanismos y propuestas que se proponen como objetivo afrontar la crisis climática, tales como la agricultura climáticamente inteligente, los mecanismos de compensación, los mercados de carbono, las soluciones basadas en la naturaleza o la Reducción de Emisiones por Degradación y Deforestación (REDD).</p>
<p>Sin embargo, como muestran muchas comunidades en su denuncia cotidiana, así como diversas investigaciones científicas, estas «soluciones-negocios», lejos de resolver el problema, contribuyen a agravarlo. A pesar de la retórica de la descarbonización y sus malabares técnicos para eludir responsabilidades con la idea de «emisiones netas cero», se mantiene el modelo de crecimiento económico ilimitado, aumentan las vulnerabilidades, las desigualdades e injusticias y se acelera la destrucción de territorios, de los ecosistemas y de la vida. Tal como planteado con claridad por las compañeras de la Plataforma Latinoamericana y del Caribe por la Justicia Climática,<sup>1</sup> se compran certificados de compensación de biodiversidad para poder seguir destruyendo la biodiversidad (en el mismo lugar o en otro lejano).</p>
<p>Esta descarbonización hegemónica potencia las asimetrías centro/periferia o Norte/Sur y lleva a que muchos estudios recientes hablen de la configuración de un nuevo tipo de colonialismo del carbono,<sup>2</sup> colonialismo energético,<sup>3</sup> colonialismo climático<sup>4</sup> o colonialidad climática;<sup>5</sup> es decir, una serie de conceptos contiguos que designan la continuad y perpetuación de relaciones coloniales a través de las políticas climáticas y de transición energética hegemónicas.</p>
<p>Todos estos debates permiten un importante avance en la caracterización y en la denuncia contemporánea del colonialismo verde. Sin embargo, no podemos restringir este fenómeno a la actualidad. Aunque estemos viviendo una importante inflexión histórica, ni la práctica ni la idea de colonialismo verde son un fenómeno reciente.</p>
<p><strong> </strong></p>
<h4><strong>El colonialismo verde como patrón histórico de poder del capitalismo extractivista</strong></h4>
<p>La idea de colonialismo verde se ha usado, principalmente en la historia ambiental, para captar un proceso de largo plazo. Como afirma Grove,<sup>6</sup> «el tipo de transformación homogeneizadora intensiva en capital de las personas, el comercio, la economía y el medioambiente con el que estamos familiarizados hoy en día puede remontarse al menos a los inicios de la expansión colonial europea, cuando los agentes del nuevo capital europeo y los mercados urbanos trataron de ampliar sus áreas de operación y sus fuentes de materias primas». En esta línea, entendemos que el colonialismo verde está asociado a un patrón histórico de poder colonial y expansión capitalista y que el <strong>extractivismo</strong> está en el ADN del colonialismo desde 1492. En un brillante libro, Machado Aráoz<sup>7</sup> muestra cómo Potosí se convirtió en el punto de partida de una nueva era, geológica y civilizatoria, en la que la minería moderno-colonial sirve de detonante del <strong>capitaloceno</strong>. Este patrón ha cambiado a lo largo de los siglos. Si bien la lógica extractivista y la violencia colonial contra los cuerpos, territorios y ecosistemas se ha mantenido, se ha complejizado con el surgimiento de nuevas condiciones materiales y mecanismos de justificación.</p>
<p>Con la expansión del colonialismo, se formó un nuevo imaginario geopolítico moderno sobre la naturaleza y el “otro” no occidental para justificar el <strong>acaparamiento de tierras</strong> y el sometimiento de poblaciones enteras. Paradójicamente, fue la destrucción ecológica causada por el colonialismo la que permitió, a partir de mediados del siglo XVII, la emergencia de una preocupación por la <strong>conservación del medioambiente</strong>. Desde entonces, las potencias coloniales han complejizado su estrategia imperial: siguen destruyendo la naturaleza y extrayendo todas las riquezas que pueden, pero al mismo tiempo construyen políticas y discursos conservacionistas.</p>
<p>Vimbai Kwashirai ha analizado el colonialismo verde en Zimbabue desde finales del siglo XIX hasta finales del siglo XX, y muestra  tanto las repercusiones socioambientales del colonialismo británico como los distintos tipos de conflictos, relaciones y mediaciones entre funcionarios coloniales, empresas, personal científico y agentes locales en torno a la explotación maderera y la conservación de los bosques.<sup>8</sup> Como sostiene Ravi Kumar, la tensión entre la defensa de la conservación y la destrucción de los bosques en África y Asia es un legado del colonialismo británico. En el caso concreto del sur de India, Kumar examina cómo el <strong>“colonialismo verde”</strong> británico primero destruyó los bosques – a la vez que culpaba a los nativos de hacerlo – y luego creó una política de control de los paisajes forestales, argumentando que era importante mantener y ampliar el control estatal sobre la naturaleza con el fin de controlar el clima y los sistemas de regadío y, así, mejorar el bienestar del país.<sup>9</sup></p>
<blockquote><p>El control tecnológico y la dominación de los paisajes han sido fundamentales para la reproducción continuada del colonialismo verde. La ingeniería hidráulica, por ejemplo, fue uno de los principales motores del imperialismo europeo.<sup>10</sup> La construcción de canales, obras de ensanche y presas sirvieron para mantener el poder imperial incluso después del colonialismo formal a través de la necesidad inducida de transferencia de tecnología, después de haber desconocido, devaluado y destruido las tecnologías y formas de manejo existentes en los territorios colonizados. No se trata simplemente de establecer una relación de dependencia material. Worster<sup>11</sup> muestra cómo tras la instalación de proyectos de regadío en India y el establecimiento de diversas formas de control del agua, la relación del pueblo indio con el agua nunca volvió a ser la misma. Los sistemas hídricos comunitarios en distintas partes del Sur global quedaron así desmantelados y empezaron a ser controlados por el capitalismo colonial y las autoridades estatales para conseguir sus propios objetivos. En consecuencia, el <strong>antropocentrismo</strong> implica no solo la obsesión moderna por el control humano sobre la naturaleza, sino también una forma de indiferencia, <strong>desprecio e inferioridad hacia el valor de otras formas de organización de la reproducción social.</strong></p>
<p><strong>El control tecnológico y la dominación de los paisajes han sido fundamentales para la reproducción continuada del colonialismo verde.</strong></p></blockquote>
<p>Por lo tanto, el colonialismo verde se forjó históricamente con el capitalismo y la <strong>mercantilización de la naturaleza</strong>, combinando expansión material y control subjetivo , lo que se expresa en la «colonialidad de la naturaleza».<sup>12</sup> Para el pensamiento hegemónico global y las elites dominantes, esta colonialidad de la naturaleza presenta a América Latina (y a otras regiones del Sur global) como un espacio subalterno que puede ser explotado, destruido y reconfigurado según las necesidades de los regímenes de acumulación dominantes.<sup>13</sup> Esto afecta a la realidad biofísica (la flora, la fauna, los habitantes humanos, la biodiversidad de sus ecosistemas) y a la configuración territorial (las dinámicas socioculturales que articulan estos ecosistemas y paisajes), pero también a las mentalidades (colonialidad de la mente y del conocimiento).</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4><strong>Colonialismo verde e imperialismo ecológico</strong></h4>
<p>Si el colonialismo verde no terminó con el fin de la colonización formal, la diferenciación conceptual propuesta por Quijano<sup>14</sup> entre colonialismo y colonialidad es relevante para diferenciar entre momentos y lugares específicos donde tuvo lugar la dominación imperial y la matriz colonial de poder que persistió tras la independencia política de las antiguas colonias. Además, el marco de la colonialidad es importante para entender cómo el imperialismo de algunos países como los Estados Unidos no necesitó de colonias para ejercer su patrón de poder y potenciar el colonialismo verde mediante amenazas militares, la imposición de mercados globales y otros mecanismos de dominio indirecto cultural, legal y político.</p>
<p>En el colonialismo verde habita una “razón imperial”. Por ello, es importante que el debate contemporáneo explore con mayor profundidad la relación entre colonialismo verde e i<strong>mperialismo ecológico</strong>. Una creciente literatura actual, principalmente marxista, ha rescatado el debate sobre el imperialismo ecológico, vivo en el debate académico desde la década de 1980, haciendo hincapié en las contradicciones ecológicas del capitalismo y la <strong>fractura metabólica</strong>.<sup>15</sup> De forma complementaria, otras personas académicas tratan de examinar cómo el imperialismo ecológico está arraigado en las prácticas cotidianas y es respaldado por las instituciones.</p>
<p>¿Cómo se normaliza esto de una forma que oculte el imperialismo que conlleva?</p>
<p>Esto es lo que Brand y Wissen llaman «el <strong>modo de vida imperial</strong>»,<sup>16</sup> que se acerca mucho a lo que Slater había definido como «imperialidad»,<sup>17</sup> es decir, el derecho, el privilegio y el sentimiento percibidos de ser imperial o de defender un modo de vida imperial en el que se legitima la invasión geopolítica.</p>
<p>Estos desarrollos recientes son muy bienvenidos, al igual que los que pretenden pensar el decrecimiento desde una forma política anticolonial.<sup>18</sup> Son relevantes en términos de relaciones Norte-Sur porque apuntan a la responsabilización de los grandes contaminadores y reconocen la deuda ecológica como una agenda central de las luchas contemporáneas, al mismo tiempo que reivindican la lucha por la descolonización también en el Norte. Sin embargo, debemos tener cuidado con una cuestión delicada: a menudo el discurso antiimperialista sigue siendo ampliamente movilizado contra la naturaleza por sectores que se autodenominan “progresistas”. El <strong>desarrollismo fósil</strong> sigue muy presente en diversos actores del Sur que dicen defender una <strong>transición energética justa</strong> y, al mismo tiempo, están totalmente a favor de seguir explotando el petróleo por interés nacional, porque, de lo contrario, lo haría un país extranjero. Igualmente, la idea del “derecho al desarrollo” sigue resonando con fuerza entre muchos actores del Sur global que se definen como antiimperialistas, a pesar de que abundan las evidencias de <strong>ecocidio</strong>, <strong>genocidio</strong> y <strong>destrucción</strong> epistémica causados también en nombre del “desarrollo”.</p>
<blockquote><p><strong>El colonialismo verde se forjó históricamente con el capitalismo y la mercantilización de la Naturaleza, combinando expansión material y control subjetivo.</strong></p></blockquote>
<p>En la lucha por la <strong>descolonización de África</strong>, el revolucionario ghanés Kwame Nkrumah, en alusión a la famosa tesis de Lenin, sostenía que el <strong>neocolonialismo</strong> sería la última etapa del imperialismo.<sup>19</sup> Hoy podemos sugerir que la <strong>colonialidad climática</strong> es la etapa más reciente del colonialismo verde. Salvar el clima y <strong>descarbonizar la economía</strong> se han convertido en mantras. La tensión –o complementariedad– histórica entre conservación y destrucción sigue estando muy presente, aunque con mecanismos cada vez más sofisticados de control digital y territorial. En este proceso, los nuevos moldes del colonialismo verde reproducen las relaciones coloniales históricas y la colonialidad del poder, pero buscan una nueva legitimación social en torno a la idea de la descarbonización y de lo ‘verde’. Es así como el colonialismo verde hoy, en tiempos de <strong>emergencia climática</strong>, se manifiesta, sobre todo, como un colonalismo del carbono .</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4><strong>El colonialismo verde en la era del Consenso de la Descarbonización y de las transiciones lucrativas</strong></h4>
<p>En los últimos años ha emergido un nuevo consenso que Bringel y Svampa definen como «Consenso de la Descarbonización».<sup>20</sup> Se trata de un acuerdo capitalista global que apuesta por el cambio de la <strong>matriz energética</strong>, pasando de una matriz basada en combustibles fósiles a otra con emisiones de carbono reducidas, basado en <strong>energías “renovables”</strong>. Su leitmotiv es luchar contra el calentamiento global y la crisis climática promoviendo una transición energética impulsada por la electrificación de la producción, del consumo y la digitalización. Sin embargo, en lugar de proteger el planeta, contribuye a su destrucción, profundizando las desigualdades existentes, exacerbando la explotación de los recursos naturales y perpetuando el modelo de mercantilización de la naturaleza.</p>
<p>Por un lado, se sugiere que todo podría seguir como antes si tan solo sustituyéramos los combustibles fósiles por otros que se dicen renovables, pero que no necesariamente lo son. Por otro, se insiste, una vez más, en la centralidad del crecimiento económico (revestido ahora con otra camada de “verde”) para la organización de nuestras economías y sociedades. Además, este Consenso de la Descarbonización limita el horizonte de la <strong>lucha contra el cambio climático</strong> a lo que Moreno et al.<sup>21</sup> definieron como la “<strong>métrica del carbono</strong>”, es decir, una forma de representar muy diferentes problemáticas ambientales cuantificando el carbono, que proporciona una especie de moneda de cambio internacional y crea la ilusión de que se está haciendo algo respecto a la degradación ambiental. Estas métricas reducen el deterioro y el creciente colapso de la sumamente compleja red de la vida en la Tierra a una cifra que es fácilmente compatible con el ratio capitalista de contabilidad: toneladas de CO<sub>2</sub>, como si esta cifra pudiera proporcionar información fiable sobre los múltiples daños causados a nuestro hábitat por el modo de vida hegemónico y sus líneas de interconexión. Esto oculta los problemas subyacentes, mientras permite abogar explícitamente por los “negocios verdes” y se construyen políticas no solo inadecuadas, sino también insostenibles.</p>
<p>La protección de nuestro hábitat se ha convertido, de esta manera, en objeto de transiciones ecológicas lucrativas y pactos especulativos que acaban <strong>financiarizando la Naturaleza</strong>. Las empresas transnacionales del petróleo y del gas planean simultáneamente ampliar sus operaciones con combustibles fósiles al tiempo que exploran nuevas tecnologías, por ejemplo, en torno al hidrógeno. Las grandes potencias mundiales (Unión Europea, Estados Unidos y China), preocupadas por su <strong>seguridad energética</strong>, se comprometen a reducir las emisiones de carbono y a reorientar sus economías hacia modos de producción bajos en carbono y descarbonizados, pero a la vez apuntan a nuevas oportunidades de crecimiento económico “verde”. Bajo esta misma lógica, algunos países del Sur global también empiezan a anunciar sus propios planes de “transición ecológica”.</p>
<p>En el marco del Consenso de la Descarbonización, el colonialismo verde contemporáneo se manifiesta en la forma de un <strong>extractivismo verde</strong> que nos aboca a una destrucción profunda de nuestro hábitat y tejido social. Asimismo, moviliza prácticas e imaginarios ecológicos neocoloniales y apuesta por procesos de investigación y de innovación tecnológicas que prosperan, pero están profundamente inscritas en los paradigmas de rentabilidad, progreso infinito y crecimiento económico, en lugar de orientarse por la necesidad fundamental de <strong>sostener y reproducir la vida</strong>.</p>
<p>Mientras tanto, en la selva tropical ecuatoriana, la deforestación se ve impulsada por el apetito chino hacia el árbol de madera de balsa que se utiliza en la construcción de turbinas eólicas. En Sudáfrica, las enormes infraestructuras de las centrales de hidrógeno para la exportación de energía “limpia” se convierten en un predicamento para las comunidades que basan su sustento en la pesca a pequeña escala o en la agricultura. En el Magreb, los pastores pierden sus tierras y su agua a causa de los enormes parques solares que se construyen para suministrar “energía verde” a Europa. En el triángulo del litio en Sudamérica, las comunidades luchan por las escasas fuentes de agua que son cada vez más acaparadas por la minería del litio con el fin de equipar los coches eléctricos.</p>
<p><strong> </strong></p>
<h4><strong>El colonialismo verde contemporáneo y las relaciones Norte/Sur</strong></h4>
<p>El colonialismo verde actual se despliega en al menos cuatro dimensiones diferentes de las relaciones entre los Nortes y los Sures geopolíticos a medida que se remodelan y actualizan en el contexto del Consenso de la Descarbonización.</p>
<ol>
<li>En primer lugar, en la reivindicación de materias primas ilimitadas en la nueva carrera mundial por la seguridad energética, que añade una capa “verde” adicional a las presiones extractivistas ya existentes. Dicho en los términos de Bringel y Svampa,<sup>22</sup> el Consenso de la Descarbonización no sustituye al Consenso de los <em>Commodities</em>, sino que ambos se sobreponen con elementos de continuidad y ruptura .</li>
<li>En segundo lugar, como ya hemos discutido, el colonialismo verde se manifiesta en la imposición de ciertos formatos de conservación en los territorios del Sur en el contexto de esquemas de <strong>compensación de emisiones de carbono</strong>, que al mismo tiempo permiten posponer aún más los cambios estructurales urgentes en los procesos de producción contaminantes ubicados en las economías del Norte.</li>
<li>La tercera dimensión es la utilización de lugares del Sur global como <strong>vertederos de los residuos tóxicos y electrónicos</strong> que arrojan el uso de energías renovables y la digitalización.</li>
<li>Por fin, la cuarta es la proyección de los Sures como nuevos mercados para vender tecnologías renovables a precios elevados dentro de la arquitectura asimétrica del comercio global, perpetuando así el intercambio desigual.</li>
</ol>
<p>En muchos debates del Norte global se imaginan o se representan las geografías en las que se producirá esa apropiación como si no hubiera personas ni conflicto, como si estuvieran en otro planeta en el que nada debería preocuparnos. Paisajes, cuerpos y poblaciones enteras del Sur global son tratadas como desechables. La idea de “<strong>espacio vacío</strong>”, típica de la geopolítica imperial, es utilizada a menudo por gobiernos y empresas. En el pasado, esta idea, que complementa la noción ratzelliana de “espacio vital” (<em>Lebensraum</em>), generó el <strong>ecocidio</strong> y el <strong>etnocidio indígena</strong>, y más tarde sirvió para promover políticas de “desarrollo” y “colonización” de territorios. Actualmente, se utiliza para justificar el expansionismo territorial para inversiones en energía “verde”. De este modo, grandes extensiones de tierra en zonas rurales escasamente pobladas se consideran “espacios vacíos” que se pretenden volver rentables mediante la construcción de mega instalaciones de molinos de viento o centrales de hidrógeno.</p>
<blockquote><p><strong>El Consenso de la Descarbonización no sustituye al Consenso de los <em>Commoditie</em>s, sino que ambos se sobreponen con elementos de continuidad y ruptura</strong>.</p></blockquote>
<p>Se reproducen así los elementos clásicos mutuamente constitutivos del <strong>colonialismo</strong>/<strong>patriarcado</strong>/<strong>capitalismo</strong>/<strong>racismo</strong>: las geografías destinadas a la acumulación se aprovechan de otras geografías, destinadas a ser saqueadas.<sup>23</sup> El colonialismo verde actual sigue expropiando materias y reproduciendo relaciones coloniales, a la vez que confunde y enmaraña las resistencias al autoproclamarse respetuoso con el medioambiente e indispensable para conceder un futuro a la humanidad. En este viaje, aparentemente, las poblaciones racializadas del Sur global aún no tienen asiento y es desconcertante ver hasta qué punto se ha naturalizado el hábito de <strong>externalizar los costes sociales y medioambientales</strong> de un <strong>modo de vida imperial</strong>. En los debates sobre transición energética, eficiencia y seguridad, el privilegio es tan asombrosamente evidente en las sociedades del Norte como lo fue durante los primeros años de la pandemia de COVID-19. Esta autoevidencia se fundamenta en la naturalidad de haber crecido en un contexto en el que tu vida y tus derechos son dignos de ser protegidos, y de ser consciente implícitamente de que este no es el caso de la mayoría de la población mundial. De esta manera, la colonialidad del ser, del poder y del saber, asoma por todas partes en diferentes debates del Norte.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4><strong>Más allá del colonialismo verde… </strong></h4>
<p>Si reconocemos el <strong>colonialismo verde</strong> y su faceta actual de <strong>extractivismo verde</strong> como un enemigo a combatir, necesitamos entender bien sus dinámicas, bien como organizarnos para superarlo. Esta es la apuesta del libro <em><a href="https://biblioteca-repositorio.clacso.edu.ar/bitstream/CLACSO/249068/1/Mas-alla-colonialismo.pdf" target="_blank" rel="noopener">Más allá del colonialismo Verde: Justicia Global y Geopolítica de las Transiciones Ecosociales</a>, </em>editado por nosotras y que reúne a activistas e intelectuales de todos los continentes para examinar las diferentes características e implicaciones del colonialismo verde contemporáneos y proponer alternativas.<sup>24</sup> Ofrece un diagnóstico sobre las transiciones corporativas, analiza las interdependencias y los entrelazamientos globales y presenta diferentes caminos hacia las alternativas al desarrollo y una transformación socioecológica con <strong>justicia global</strong>.</p>
<p>Una de las premisas del libro es que no puede haber transformación ecosocial sin justicia global. Nuestro planeta es un ecosistema ultra complejo del que el ser humano forma parte. La pandemia de COVID-19 nos ha mostrado claramente dónde acabamos cuando no consideramos desde el principio soluciones sistémicas para todos, sino que priorizamos los intereses nacionales o corporativos. Al mismo tiempo, tenemos que superar las salidas individualistas e hiper localistas para  abrazar la justicia en todas sus dimensiones: social, racial, de género, ecológica, interétnica e interespecies, así como articular enfoques alternativos diversos, desde el <strong>ecofeminismo</strong> a la <strong>economía ecológica</strong>, y desde el ecosocialismo a las comprensiones del <strong>pluriverso</strong>.</p>
<p>Una segunda premisa es que la transformación ecosocial necesita reducir urgentemente el consumo humano de energía y materia en términos absolutos, lo que implica cambios planificados y profundos en nuestros modos de producción y aprovisionamiento. Un decrecimiento planificado, especialmente en el Norte global –acompañado de reformas estructurales hacia una distribución justa de los medios materiales necesarios para reproducir la vida, tanto dentro de los países o regiones como entre ellos– es una dimensión ineludible de esta transformación. La justicia global solo se alcanzará si las voces críticas del Norte y del Sur global reman juntas, a pesar de sus especificidades, en una vía común. El abanico de posibilidades de convergencia es amplio y pasa tanto por espacios de articulación alrededor de la justicia medioambiental y climática, como por el intercambio y aprendizaje desde experiencias ecológicas de base, el decrecimiento, los diálogos con saberes indígenas y ancestrales y una amplia gama de iniciativas territorializadas y populares de <strong>transición ecosocial</strong>.</p>
<p>Asimismo, si no podemos superar el colonialismo verde sin las voces del Sur global, tampoco podemos homogeneizar el Norte global. Al contrario, debemos complejizar nuestros análisis de diferentes maneras. Por un lado, el colonialismo verde no es simplemente algo que se impone desde arriba o del Norte al Sur. En muchos casos, lo que está en juego es también una especie de “colonialismo verde interno”, que forja las condiciones de posibilidad para el avance del extractivismo verde basado en alianzas y complicidades coloniales entre las élites nacionales del Sur y las mundiales. Por otro lado, necesitamos tender más puentes entre las luchas del Norte y del Sur bajo el paraguas de las alternativas al desarrollo, las alternativas sistémicas y las transiciones radicales y posextractivistas. Si la idea de transición –e incluso de transiciones justas– ha sido cooptada por el capitalismo y diversos actores institucionales que la utilizan de forma limitada y problemática como sinónimo de una transición energética orientada al mercado, es importante clarificar sus significados y horizontes. Las transiciones ecosociales deben entenderse como primeros pasos de un proceso más amplio de transformación de la cultura, de la economía, de la política y de la sociedad y de su relación con la naturaleza. No pueden, además, reducirse a una promesa de futuro, como en el caso de la mayoría de las propuestas hegemónicas. Las transiciones ya están ocurriendo en multitud de experiencias en comunidades y territorios, en zonas rurales y urbanas, así como en resistencias territoriales en todo el mundo contra el capitalismo/colonialismo verde y sus falsas soluciones.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Breno Bringel</strong></p>
<p>Profesor Permanente del Instituto de Estudios Sociales y Políticos de la Universidad Estatal de Río de Janeiro (Brasil) e investigador sénior en el Departamento de Historia, Teorías y Geografía Políticas de la Universidad Complutense de Madrid (España).</p>
<p><strong>Miriam Lang</strong></p>
<p>Profesora en el área de Ambiente y Sustentabilidad de la Universidad Andina Simón Bolívar (Ecuador) y Profesora invitada de la Universidad Autónoma de Barcelona (España).</p>
<p><strong>Mary Ann Manahan</strong></p>
<p>Profesora Ayudante Doctor en el Departamento de Estudios sobre Desarrollo y Conflictos de la Universidad de Gante (Bélgica).</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4>NOTAS:</h4>
<p><sup>1</sup> Véase el <a href="https://latinclima.org/documentos/glosario-de-justicia-climatica" target="_blank" rel="noopener">Glosario de la Justicia Climática</a>, elaborado por la Plataforma Latinoamericana y del Caribe por la Justicia Climática: <a href="https://latinclima.org/documentos/glosario-de-justicia-climatica" target="_blank" rel="noopener">https://latinclima.org/documentos/glosario-de-justicia-climatica</a></p>
<p><sup>2</sup> Kristen Lyons y Peter Westoby, «Carbon colonialism and the new land grab: plantation forestry in Uganda and its livelihood impacts», <em>Journal of Rural Studies, </em>36, 2014, pp. 13-21.</p>
<p><sup>3</sup> Josefa Sánchez Contreras y Alberto Matarán Ruiz, <em>Colonialismo energético: Territorios de sacrificio para la transición energética corporativa en España, México, Noruega y el Sáhara Occidental</em>, Barcelona, Icaria, 2023.</p>
<p><sup>4</sup> Gurminder Bhambra y Peter Newell, «<a href="https://bristoluniversitypressdigital.com/gsc/view/journals/gscj/aop/article-10.1332-EIEM6688/article-10.1332-EIEM6688.xml?rskey=0itWvE&amp;result=1&amp;tab_body=pdf" target="_blank" rel="noopener">More than a metaphor: climate colonialism in perspective</a>», <em>Global Social Challenges Journal, </em>1-9, 2022.</p>
<p><sup>5</sup> Farhana Sultana, «The unbearable heaviness of climate coloniality», <em>Political Geography</em>, 99, 2022, 102638.</p>
<p><sup>6</sup> Richard Grove, <em>Green Imperialism: Colonial Expansion, Tropical Island Edens and the Origins of Environmentalism: 1600-1860</em> Cambridge University Press, Cambridge, 1995.</p>
<p><sup>7</sup> Horacio Machado Aráoz, <em>Potosí, el origen: Genealogía de la minería contemporánea,</em> Abya Yala, Quito, 2018.</p>
<p><sup>8</sup> Vimbai Kwashirai, <em>Green Colonialism in Zimbabwe: 1890-1980,</em> Cambria Press, Nueva York, 2009.</p>
<p><sup>9</sup> Ravi V. M. Kumar, «<a href="https://www.environmentandsociety.org/sites/default/files/key_docs/ge5_kumar.pdf" target="_blank" rel="noopener">Green colonialism and Forest Policies in South India, 1800-1900</a>», <em>Global Environment,</em> 3 (5), 2010, pp. 101-125.</p>
<p><sup>10</sup> Daniel Headrick, <em>The Tools of Empire: Technology and European Imperialism in the Nineteenth Century,</em> Oxford University Press, Oxford, 1981.</p>
<p><sup>11</sup> Donald Worster, <em><a href="https://ambiental.net/wp-content/uploads/2015/12/WorsterTransformacionesTierra.pdf" target="_blank" rel="noopener">Transformaciones de la Tierra</a>, </em>CLAES, Montevideo, 2008.</p>
<p><sup>12</sup> Fernando Coronil, «Naturaleza del poscolonialismo: del eurocentrismo al globocentrismo», en Edgardo Lander, <em>La colonialidad del saber: eurocentrismo y ciencias sociales, </em>CLACSO, Buenos Aires, 2000.</p>
<p><sup>13</sup> Héctor Alimonda, «La colonialidad de la Naturaleza: una aproximación a la ecología política latinoamericana», en Héctor Alimonda, (ed.), <em><a href="https://biblioteca.clacso.edu.ar/clacso/gt/20120319035504/natura.pdf" target="_blank" rel="noopener">La naturaleza colonizada</a>, </em>CLACSO, Buenos Aires, 2011, pp. 21-60.</p>
<p><sup>14</sup> Anibal Quijano, «Colonialidad del poder, eurocentrismo y América Latina», en Edgardo Lander, <em>La colonialidad del saber: eurocentrismo y ciencias sociales, </em>CLACSO, Buenos Aires, 2000.</p>
<p><sup>15</sup> John Bellamy Foster y Brett Clark, «Ecological imperialism: the curse of capitalism», <em>Socialist Register, </em>2004, pp. 186-201.</p>
<p><sup>16</sup> Ulrich Brand y Markus Wissen, <em>Modo de vida imperial. Vida cotidiana y crisis ecológica del capitalismo, </em>Tinta Limón, Buenos Aires, 2021.</p>
<p><sup>17</sup> David Slater, «<a href="https://core.ac.uk/download/pdf/38816024.pdf" target="_blank" rel="noopener">The imperial present and the geopolitics of power</a>», <em>Geopolitica(s), </em>1 (2), 2010, pp. 191-205.</p>
<p><sup>18</sup> Jason Hickel, «The anti-colonial politics of degrowth», <em>Political Geography, </em>88, 2021,102404.</p>
<p><sup>19</sup> Kwame Nkrumah, <em>Neo-colonialism: The last stage of imperialism, </em>Thomas Nelson &amp; Sons, Ltd., Londres, 1965.</p>
<p><sup>20</sup> Breno Bringel y Maristella Svampa, «<a href="https://nuso.org/articulo/306-del-consenso-de-los-commodities-al-consenso-de-la-descarbonizacion/" target="_blank" rel="noopener">Del Consenso de los Commodities al Consenso de la Descarbonización</a>», <em>Nueva Sociedad</em>, (306), 2023, pp. 51-70.</p>
<p><sup>21</sup> Camila Moreno, Daniel Speich Chassé y Lili Fuhr, «<a href="https://br.boell.org/sites/default/files/carbonmetrics_livro_boll.pdf" target="_blank" rel="noopener">A métrica do carbono: abstrações globais e epistemicídio ecológico</a>», Heinrich Böll Stiftung, Río de Janeiro, 2016.</p>
<p><sup>22</sup> Bringel y Svampa, 2023, <em>op. cit.</em></p>
<p><sup>23</sup> Horacio Machado Aráoz, «<a href="http://www.apps.buap.mx/ojs3/index.php/bevol/article/view/1268/887" target="_blank" rel="noopener">Ecología política de los regímenes extractivistas. De reconfiguraciones imperiales y re-existencias decoloniales en nuestra América</a>», <em>Bajo el Volcán,</em> 15 (23), 2015, pp. 11-51.</p>
<p><sup>24</sup> Una primera versión en español del libro ha sido publicada por CLACSO en octubre de 2023. A principios de 2024, se publicarán las ediciones en inglés por Pluto Press y en portugués por la Editora Elefante.</p>
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		<title>Crisis del modo de vida imperial</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 22 Nov 2023 08:38:59 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<category><![CDATA[Cambio climático]]></category>
		<category><![CDATA[Capitalismo verde]]></category>
		<category><![CDATA[destacadasecosocial]]></category>
		<category><![CDATA[Economía verde]]></category>
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		<category><![CDATA[Modo de vida imperial]]></category>
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		<category><![CDATA[sostenibilidad]]></category>
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					<description><![CDATA[Las múltiples crisis de naturaleza socioecológica y el agravamiento de los efectos del cambio climático dibujan un escenario preocupante a nivel global, atravesado de crecientes desigualdades sociales y soluciones controvertidas, como las promovidas por el “capitalismo verde” o la “economía verde”.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><img decoding="async" class="alignright wp-image-156224" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/11/Crisis-del-modo-de-vida-imperial-y-transiciones-ecosociales-300x375.jpg" alt="" width="350" height="546" />La <a href="https://www.fuhem.es/coleccion-economia-inclusiva/" target="_blank" rel="noopener">Colección Economía Inclusiva</a> del área <a href="https://www.fuhem.es/ecosocial/" target="_blank" rel="noopener">Ecosocial de FUHEM</a> publica el texto de <strong>Ulrich Brand</strong>, <em>Crisis del modo de vida imperial y transiciones ecosociales.</em></p>
<p>Las múltiples crisis de naturaleza socioecológica y el agravamiento de los efectos del cambio climático dibujan un escenario preocupante a nivel global, atravesado de crecientes desigualdades sociales y soluciones controvertidas, como las promovidas por el “capitalismo verde” o la “economía verde”.</p>
<p>Más allá del cinismo o la ingenuidad de este tipo de propuestas, ¿cómo habría que entender el alcance de estos problemas y afrontar una transformación socioecológica duradera y sostenible?</p>
<p>El politólogo <strong>Ulrich Brand</strong> proporciona en este conjunto de ensayos, que sintetizan una parte de sus contribuciones a las posibles salidas a la policrisis que vivimos, una comprensión radical y emancipadora de la transformación socioecológica, basada en la imbricación entre los procesos sociales y naturales, y en una profunda crítica al <strong>modo de vida imperial capitalista</strong>, a sus formas de producción, consumo y explotación, sometidas al imperativo del crecimiento.</p>
<p>Desde una doble perspectiva, analítica y político-estratégica, Brand ensancha el horizonte de los debates actuales e indaga en las posibilidades transformadoras en distintos ámbitos: el de una <strong>economía orientada al bien común</strong> y al <strong>poscrecimiento</strong>; el de una ecología del trabajo en la que los sindicatos puedan ejercer un papel importante en la política medioambiental; el de un renovado ecosocialismo capaz de promover otros modelos de bienestar y prosperidad, que contrarresten las políticas antiecológicas más reaccionarias y refuercen los modos de vida solidarios, tanto en el presente como en el futuro.</p>
<p>El primer capítulo de este libro aborda el debate científico y sociopolítico sobre la <strong>transformación socioecológica</strong> en un marco más conceptual-teórico y propone desarrollar una comprensión radical y emancipadora de la transformación socioecológica en términos de un cambio integral del sistema.</p>
<p>En el capítulo 2 se deconstruye una promesa central, la de una <strong>economía verde</strong>. Critica, entre otras cosas, que no se cuestione el imperativo de crecimiento capitalista y sus relaciones de producción subyacentes, y menos aún el modo de vida imperial.</p>
<p>El capítulo 3, basado en un texto escrito al comienzo de la pandemia de coronavirus, intenta obtener alguna claridad sobre aquella constelación históricamente única, especialmente en el contexto de la crisis ecológica y las posibilidades de una política emancipadora. Para ello, plantea una serie de preguntas en particular, entre ellas:</p>
<blockquote><p><strong>¿Qué se puede hacer para que la vida social, el trabajo, las instituciones y las infraestructuras sociales, la democracia y la relación entre la sociedad y la naturaleza cambien de forma permanente?</strong></p>
<p><strong>¿Cómo puede aprovecharse la sensibilización sociopolítica, que de repente hizo posible lo antes impensable en las crisis sanitarias, para bregar por una sociedad más justa y democrática, aunque esencialmente por una sociedad que también permita a las generaciones futuras vivir una vida plena en nuestro planeta?</strong></p>
<p><strong>¿En qué medida pueden reforzarse, en el proceso, las ideas y prácticas del bien común y su protección político-institucional?</strong></p></blockquote>
<p>El capítulo 4 presenta como una <strong>ecología del trabajo</strong> debería convertirse en un componente central de los procesos de transición emancipadores.</p>
<p>En el capítulo 5 el autor junto a Christine Schickert, investigadora en la Universidad de Jena (Alemania), reflexionan, sobre la importancia que el enfoque del <strong>poscrecimiento</strong> pueda tener para un renovado socialismo ecológico.</p>
<p>El horizonte de una sociedad más allá del imperativo de crecimiento capitalista, según el punto de partida del capítulo 6, debe concretarse en áreas específicas, como la alimentación, la movilidad o la vivienda; en ámbitos de la vida como el trabajo o las actividades de ocio, y a nivel local. Solo entonces, este nuevo horizonte podrá ser experimentado por la gente y, posiblemente, convertirse en atractivo.</p>
<p>En el capítulo 7 retoma este hilo y desarrollo ideas en el contexto de un posible horizonte de <strong>transformación global</strong>, que podría denominarse <em>realpolitik</em> <em>revolucionaria</em> (Rosa Luxemburgo), <em>reformismo radical</em> (Joachim Hirsch) o <em>doble transformación</em> (Dieter Klein). Se trata de vincular las cuestiones sociales y ecológicas y no, como ocurre tan a menudo, de utilizar intencionadamente unas contra otras.</p>
<p>El último capítulo, sobre qué hacer, presenta algunas alternativas que ya existen o que habría que fomentar y generalizar. En particular, en el futuro se tratará, cada vez más, de que sea la sociedad la que recupere su autonomía, estableciendo los límites y perfilando los contornos del deseado <strong>cambio ecosocial</strong>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong><img decoding="async" class="alignright size-thumbnail wp-image-156676" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/11/Foto-Ulrich-Brand-300x232.jpg" alt="" width="300" height="232" />SOBRE EL AUTOR </strong></p>
<p><strong>Ulrich Brand </strong>es catedrático de Política Internacional en el Instituto de Ciencia Política de la Universidad de Viena, Austria. Su libro más conocido es <em>Modo de vida imperial. Vida cotidiana y crisis ecológica</em> (con Markus Wissen, Buenos Aires, Tinta Limón, 2021), que fue traducido del alemán a 12 idiomas.</p>
<p>Fue miembro del Comité Científico de ATTAC Alemania. Entre 2011 y 2013, fue miembro de la Comisión de Diputados y Expertos del Bundestag alemán, Bienestar y Calidad de Vida. Desde sus inicios en 2010 es miembro del Grupo Permanente Alternativas al Desarrollo, que trabaja sobre América Latina. Y desde sus inicios en 2016 es miembro del Grupo Permanente <a href="https://beyonddevelopment.net/" target="_blank" rel="noopener">Beyond Develomment</a>, que trabaja sobre asuntos políticos globales.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h5>ÍNDICE</h5>
<p><strong>NOTA A LA EDICIÓN</strong></p>
<p><strong>INTRODUCCIÓN</strong></p>
<p>Capitalismo verde</p>
<p>Estructura del libro</p>
<p><strong>CAPÍTULO 1. ¿CÓMO SALIR DE LA POLICRISIS? LOS CONTORNOS DE UNA TEORÍA CRÍTICA DE LA TRANSFORMACIÓN SOCIOECOLÓGICA</strong></p>
<p>Introducción</p>
<p>Requisitos para un concepto amplio de transformación</p>
<p>Teorización de la transformación socioecológica: conceptos teóricos</p>
<p>La ecología política y la regulación de las relaciones sociales con la naturaleza</p>
<p>Debate y perspectivas</p>
<p><strong>CAPÍTULO 2. ECONOMÍA VERDE Y CAPITALISMO VERDE. EL MODO DE VIDA IMPERIAL COMO LÍMITE DE LA MODERNIZACIÓN ECOLÓGICA</strong></p>
<p>Economía verde</p>
<p>¿Y después del desarrollo sostenible?</p>
<p>Evaluación de la estrategia</p>
<p>Obstáculos estructurales a una economía verde</p>
<p>Capitalismo verde</p>
<p>Conclusión</p>
<p><strong>CAPÍTULO 3. LA CRISIS DEL CORONAVIRUS. OPORTUNIDADES DE APRENDIZAJE E INICIATIVAS POLÍTICAS</strong></p>
<p>Análisis críticos para una política orientada al bien común</p>
<p>Promover iniciativas concretas</p>
<p><strong>CAPÍTULO 4. EN LA TRAMPA DEL CRECIMIENTO. LOS SINDICATOS Y EL CAMBIO CLIMÁTICO</strong></p>
<p>Inquietud política: ¿qué habrá ocurrido en 2030?</p>
<p>Ecología del trabajo</p>
<p>Más allá de la modernización ecológico-capitalista</p>
<p>¿Cómo será posible convertir al campeón de las exportaciones en campeón socioecológico?</p>
<p>El crecimiento: el punto álgido de una economía socioecológica</p>
<p>¿Sindicatos por el futuro?</p>
<p><strong>CAPÍTULO 5. ¿EL ECOSOCIALISMO COMO PROYECTO DE TRANSFORMACIÓN? REFORMISMO RADICAL, DECRECIMIENTO Y DEMOCRACIA</strong></p>
<p>Explorar nuevas perspectivas emancipadoras</p>
<p>Los debates sobre la transformación socioecológica, ¿en pro de la emancipación o ciegos frente al poder?</p>
<p>Hábitos, costumbres, naturalidades e imaginarios de un mundo poscapitalista</p>
<p>Decrecimiento o poscrecimiento y estrategias ecosocialistas</p>
<p>Perspectivas del futuro: por una comprensión procedimental e internacionalista de las estrategias socialistas</p>
<p><strong>CAPÍTULO 6. LA CIUDAD DEL POSCRECIMIENTO. EL MODO DE VIDA SOLIDARIO COMO PROYECTO</strong></p>
<p>El poscrecimiento como perspectiva tanto del activismo como de la investigación académica  Hacia un modo de producción y de vida <strong>solidario</strong></p>
<p><strong>CAPÍTULO 7. MÁS ALLÁ DE LA SOSTENIBILIDAD. LOS CONTORNOS DE UN MODO DE VIDA SOLIDARIO</strong></p>
<p>Cambio de clima y justicia</p>
<p>¿Qué transformación?</p>
<p>Vida solidaria y transformación socioecológica como horizonte de una política progresista</p>
<p>El potencial de la crítica al crecimiento</p>
<p>La perspectiva de una democracia transformadora en pro de un modo de vida solidario</p>
<p><strong>CAPÍTULO 8. ¿QUÉ HACER? ALTERNATIVAS VIVIDAS, REIVINDICACIONES EMANCIPADORAS E INTERVENCIONES POLÍTICAS</strong></p>
<p>El reclamo de reparaciones climáticas</p>
<p>La sociedad del poscrecimiento: poner límites políticamente</p>
<p><strong>BIBLIOGRAFÍA</strong></p>
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		<title>Transiciones, conflictos e imperialismo global</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 22 Nov 2023 08:36:05 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Análisis]]></category>
		<category><![CDATA[Conflictos por Recursos]]></category>
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		<category><![CDATA[Transición Ecosocial]]></category>
		<category><![CDATA[Transición Energética]]></category>
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					<description><![CDATA[Asistimos a una realidad compleja en la que coexiste la nueva geopolítica asociada a la transición energética, con la tradicionalmente convulsa de los combustibles fósiles. ]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><img decoding="async" class="alignright wp-image-155821" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/11/163-borde-scaled.jpg" alt="" width="400" height="564" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/11/163-borde-scaled.jpg 1815w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/11/163-borde-450x635.jpg 450w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/11/163-borde-1200x1693.jpg 1200w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/11/163-borde-300x423.jpg 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/11/163-borde-768x1083.jpg 768w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/11/163-borde-1089x1536.jpg 1089w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/11/163-borde-1452x2048.jpg 1452w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/11/163-borde-350x494.jpg 350w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/11/163-borde-600x846.jpg 600w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/11/163-borde-64x90.jpg 64w" sizes="(max-width: 400px) 100vw, 400px" />La Introducción del número 163 de la revista <a href="https://www.fuhem.es/revista-papeles/" target="_blank" rel="noopener"><em>Papeles de relaciones ecosociales y cambio globa</em></a>l, escrita por <strong>Santiago Álvarez Cantalapiedra</strong>: «<em>T</em>ransiciones, conflicto e imperialismo global<em>«</em>, ofrece una introspección sintética de las tendencias en marcha en la geopolítica de la transición verde.</p>
<p>Hemos señalado en otras ocasiones, en anteriores números de la revista, que el capitalismo no supera sus contradicciones, sino que las traslada en el espacio y en el tiempo. Hemos hablado también en otros números de esta revista del mundo que está emergiendo de la agudización de esas contradicciones.<a href="#_ftn1" name="_ftnref1"><sup>1</sup></a> Como han subrayado oportunamente diversos autores, esas transferencias espacio/ temporales suelen adoptar la forma del <em>imperialismo ecológico</em> al depender del saqueo de la periferia y de la traslación a esas zonas de las contradicciones del núcleo.</p>
<p>La apropiación y saqueo de amplios territorios a través de mecanismos neocoloniales se completa con un proceder que no tiene en cuenta las opiniones ni las necesidades de las generaciones venideras, transfiriendo también al futuro las cargas ambientales.<a href="#_ftn2" name="_ftnref2"><sup>2</sup></a> Las manifestaciones de la crisis energético/climática son la expresión más clara de esas traslaciones, y de sus límites, en la actualidad.</p>
<p>Desde los años ochenta al momento actual el surgimiento y auge del orden neoliberal, la caída del socialismo real y la emergencia de China como gran potencia económica mundial han modificado el mapa geopolítico y económico mundial. Un periodo marcado, a su vez, por la Gran Recesión, la pandemia y la proliferación de nuevas tensiones y guerras. Los cambios que se están experimentando se aceleran, así como el surgimiento de nuevas formas de imperialismo a través de diferentes vías de dominación y dependencia asociadas con la globalización de la producción y las finanzas.</p>
<blockquote><p><strong>La apropiación y saqueo de amplios territorios a través de mecanismos neocoloniales se completa con un proceder que no tiene en cuenta las opiniones ni las necesidades de las generaciones venideras, transfiriendo también al futuro las cargas ambientales</strong>.</p></blockquote>
<p>Se puede hablar de un <em>imperialismo global</em> como nueva fase que surge de la globalización económica y que cristaliza en mecanismos de acaparamiento para nada ajenos al tipo de acumulación por desposesión que prolonga, ya en el siglo XXI, viejas prácticas de despojo sobre las que se forjó la acumulación originaria.<a href="#_ftn3" name="_ftnref3"><sup>3</sup></a> Asociadas a ellas se encuentran las nuevas modalidades de colonialismo verde, y bajo su despliegue son las múltiples periferias que van surgiendo las que quedan más expuestas a las pandemias o a los daños derivados del extractivismo y del cambio climático causados por el modo de vida imperial del viejo núcleo capitalista.</p>
<h4><strong>Tensiones que surgen del corazón de la transición energética</strong></h4>
<p>Asistimos a una realidad cada vez más compleja en la que coexiste la nueva geopolítica asociada a la transición energética con la tradicionalmente convulsa de los combustibles fósiles. Son dinámicas que probablemente permanecerán juntas durante un tiempo sumando nuevas líneas de fractura tanto en el panorama internacional como en el ámbito interno.</p>
<p>Las dinámicas geopolíticas de la energía fósil desde el siglo XIX a la actualidad han sido analizadas por Helen Thompson.<a href="#_ftn4" name="_ftnref4"><sup>4</sup></a> Hasta el periodo de entreguerras, las viejas metrópolis europeas dependieron fuertemente del petróleo importado del hemisferio occidental, procedente principalmente de los EEUU. Sin embargo, después de la Segunda Guerra Mundial empiezan a ser evidentes las limitaciones de aquel país para seguir desempeñando el papel de suministrador occidental, así como las dificultades para siquiera garantizar con los recursos fósiles propios la evolución de su potente demanda interna.</p>
<p>Los países occidentales pasaron a poner la atención en Oriente Medio, la región del mundo con mayores reservas. Este desplazamiento del interés hacia el Medio Oriente ha perpetuado desde entonces la inestabilidad geopolítica en la región.<a href="#_ftn5" name="_ftnref5"><sup>5</sup></a> Sin embargo, eso no impidió que aumentara también la dependencia energética de Europa occidental, particularmente de Alemania, del petróleo soviético desde los años cincuenta y sesenta y del gas ruso más recientemente. Buena parte de las vulnerabilidades y problemas por la que atraviesa la seguridad energética y la autonomía estratégica de la UE en el presente arrancan de este hecho.</p>
<p>La forma en que los estadounidenses reaccionaron a estas circunstancias recorre la geopolítica desde los años setenta del siglo pasado hasta la primera década del nuevo siglo. A partir de entonces, el auge del gas de esquisto en los EEUU ha permitido que este país inyecte al mercado europeo grandes cantidades de gas licuado entrando en competición con Rusia. Las consecuencias que para la seguridad energética europea han supuesto la invasión y guerra en Ucrania no han hecho sino confirmar esta tendencia. En ese contexto, también China, al ser consciente de que necesita garantizar los suministros fósiles para alimentar su enorme capacidad industrial, diseña sus propias estrategias centradas en Asia, África y América Latina generando nuevas tensiones geopolíticas.</p>
<blockquote><p><strong>Las nuevas tecnologías necesitan nuevos materiales, y muchos de ellos son considerados críticos ante la posibilidad de que su suministro represente un cuello de botella en la implantación masiva de dichas tecnologías a un coste razonable.</strong></p></blockquote>
<p>A esta vieja geopolítica centrada en las energías fósiles se suman en la actualidad las tensiones derivadas de la transición energética, particularmente por la forma que está adoptando en los países que conforman el núcleo del capitalismo. La cuestión gira sobre la infraestructura necesaria para captar las fuentes renovables del viento y el sol y solventar el desafío del almacenamiento. Transitar hacia otra base energética y alcanzar la neutralidad climática en el año 2050 precisa una cantidad ingente de toneladas de minerales cada año.</p>
<p>Las nuevas tecnologías necesitan nuevos materiales, y muchos de ellos son considerados críticos ante la posibilidad de que su suministro represente un cuello de botella en la implantación masiva de dichas tecnologías a un coste razonable.<a href="#_ftn6" name="_ftnref6"><sup>[6]</sup></a> Por ese motivo, el acceso a estos recursos críticos es contemplado por los países como una cuestión estratégica, de manera que la transición energética deviene de manera inmediata en una cuestión geopolítica de primer orden. Esto sitúa a las tierras raras y a los minerales críticos en el foco de atención.<a href="#_ftn7" name="_ftnref7"><sup>7</sup></a> La dispersión geográfica de esos materiales favorece de momento a China, que además ocupa una posición dominante en las cadenas de extracción, producción y comercialización de esos minerales.</p>
<p>Pero no hay que olvidar que, como buena parte de la estrategia de transición hacia las renovables depende aún de la inyección de grandes flujos de energías fósiles y descansa en tecnologías poco maduras o que aún no existen, las rivalidades geopolíticas que vemos surgir en torno a los nuevos materiales se mezclan todavía con la vieja geopolítica de la energía fósil. De ahí que las tiranteces y conflictividades pueden aparecer por uno u otro flanco. Con todo, como los objetivos de descarbonización de las estrategias de transición otorgan menor capacidad de maniobra al gas de esquisto (importante en la gestión de las tensiones más recientes), todo indica que de ahora en adelante la válvula de escape para aliviar las presiones que se van acumulando será sobre todo la expansión de la frontera extractiva mineral.<a href="#_ftn8" name="_ftnref8"><sup>8</sup></a></p>
<h4><strong>Zonas de sacrificio y nuevas conflictividades</strong></h4>
<p>La expansión de las fronteras extractivistas se puede observar con claridad en el caso del litio. Aunque todavía concentrada en poco enclaves y países,<a href="#_ftn9" name="_ftnref9"><sup>9</sup></a> el incremento vertiginoso de la demanda está provocando que se extiendan innumerables proyectos por otros países de América Latina, África, Europa, los EEUU y Canadá.<a href="#_ftn10" name="_ftnref10"><sup>10</sup></a> Tras la explotación de los grandes salares de fácil y rentable extracción, aunque enormemente exigente en el consumo de agua, se pasa a la explotación del litio de roca dura, con las consecuencias ecológicas propias de la minería a cielo abierto e impactos sobre las comunidades locales que, en no pocos casos, implican expulsiones y desplazamientos de población.</p>
<p>Sobre estos territorios se despliegan estrategias corporativas y acciones estatales que no toman en consideración las necesidades y los intereses locales, de manera que las regalías, los impuestos sobre los beneficios de la actividad minera y los controles laborales y ambientales son mínimos o quedan definidos al margen de las poblaciones afectadas. Las cuestiones referidas a la propiedad, las rentas, la tecnología y los impactos sociales y ambientales quedan subsumidas en una lógica y una arquitectura jurídica que contempla la tenencia de las explotaciones como activos financieros que se pueden comerciar en los mercados globales a través del control que ejercen sobre ellos grandes empresas del sector automotriz, bancos o fondos de inversión. Nada que tenga que ver con un desarrollo endógeno y autocentrado en las necesidades de la población de unos territorios que son sacrificados para posibilitar el tránsito a un modelo renovable en los centros del capitalismo global.</p>
<p>En el caso de la República Democrática del Congo, posiblemente uno de los países más turbulentos del mundo y donde se encuentran las principales reservas de cobalto y coltán, la intensificación de la actividad minera se ha desarrollado paralelamente a la militarización y los conflictos armados.<a href="#_ftn11" name="_ftnref11"><sup>11</sup></a> A esa inestabilidad política y social se añade el despojo, pues el grueso de los recursos es exportado en bruto, ancladas las actividades en el eslabón más bajo de una cadena de valor gobernada por “la regla del notario”.<a href="#_ftn12" name="_ftnref12"><sup>12</sup></a></p>
<h4><strong>División internacional del trabajo, modo de vida y nuevas rivalidades imperiales</strong></h4>
<p>Ante esta división internacional del trabajo que condena al Sur global a la exportación de materias primas baratas que otros rentabilizan gracias a su mayor capacidad tecnológica y poder en los mercados, algunos gobiernos plantean la necesidad de escalar en las cadenas de valor prohibiendo las exportaciones en bruto y diseñando planes para el refinamiento en los países de extracción.<a href="#_ftn13" name="_ftnref13"><sup>13</sup></a> Sin cambiar las reglas de juego se antoja que las medidas se utilizarán para afianzar alianzas público-privadas (estados con grandes corporaciones trasnacionales) que actualicen las viejas alianzas entre oligarquías locales y globales de las que el imperialismo siempre se ha servido. Pero eso únicamente perpetuará la “maldición de los recursos” que produce desigualdad y destrucción ecológica, agravando los conflictos armados, la corrupción y la desigualdad.</p>
<p>Pero no hay que olvidar que la otra cara de la moneda es el <em>modo de vida imperial</em> que da lugar a los privilegios y ventajas que se disfrutan en el Norte global.<a href="#_ftn14" name="_ftnref14"><sup>14</sup></a> Sin el cuestionamiento de los objetivos e intereses que guían los procesos de extracción, transformación y comercialización es difícil afrontar en serio la crisis ecosocial. De momento, las amenazas del calentamiento global y el paulatino agotamiento de los recursos fósiles, así como la definición de las estrategias de transición, casi exclusivamente centradas en las dimensiones energética y digital, parecen estar diseñadas más para el establecimiento de una «acumulación por desfosilización»<a href="#_ftn15" name="_ftnref15"><sup>15</sup></a> que para el propósito de racionalizar y reducir los intercambios metabólicos y preservar la integralidad de la biosfera.</p>
<p>Los organismos internacionales parecen más preocupados por la fragmentación de la economía mundial y la geopolítica de bloques que se pudieran derivar del hecho de que muy pocos proveedores −China, Rusia y Australia− controlen la mayor parte de la llamada “minería verde” sobre la que descansa la fabricación de paneles solares, turbinas eólicas y coches eléctricos que de cuestionar el modo de vida occidental.<a href="#_ftn16" name="_ftnref16"><sup>16</sup></a> Así las cosas, si se utilizan los mismos métodos que se han empleado históricamente con la geopolítica del petróleo, el futuro inmediato no augura nada bueno. EEUU sigue siendo la principal potencia económica, tecnológica y militar del mundo, pero dispone de pocos yacimientos domésticos de minerales críticos y tierras raras y es un imperio en decadencia en un mundo multipolar. Europa parece haber renunciado a cualquier intento de actuar como un centro de poder autónomo y cierra filas −como se está comprobando con motivo de la guerra de Ucrania y la destrucción de Gaza por el gobierno de Israel− con la OTAN como herramienta principal para hacer valer los intereses de Occidente.</p>
<p>La agudización de las rivalidades interimperialistas y la proliferación de todo tipo de conflictos violentos aparecen como una posibilidad cada vez más cercana mientras los procesos de deterioro ecológico siguen su curso y nos van conduciendo a lugares ignotos de los que apenas sabemos si tendremos posibilidades de retorno.</p>
<p><strong>Santiago Álvarez Cantalapiedra</strong>, director de <a href="https://www.fuhem.es/ecosocial/" target="_blank" rel="noopener">FUHEM Ecosocial</a> y de la revista <em><a href="https://www.fuhem.es/revista-papeles/" target="_blank" rel="noopener">Papeles de relaciiones ecosociales y cambio global</a>.</em></p>
<p>Acceso al artículo completo: <a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/transiciones-conflictos-e-imperialismo-global/" target="_blank" rel="noopener"><em>Transiciones, conflictos e imperialismo global</em></a></p>
<h4>NOTAS:</h4>
<p><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Véase, por ejemplo, los número de la revista <em>Papeles de relaciones ecosociales y cambio global</em> dedicados a un «<a href="https://www.fuhem.es/2023/07/05/mundo-de-emergencias-papeles-162/" target="_blank" rel="noopener">Mundo de emergencias</a>» (núm. 162), «<a href="https://www.fuhem.es/papeles/papeles-numero-157/" target="_blank" rel="noopener">Militarismo</a>» (núm. 157) o «<a href="https://www.fuhem.es/papeles/papeles-numero-146/" target="_blank" rel="noopener">Geopolítica en el Antropoceno</a>» (núm. 146).</p>
<p><a href="#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a> Kohei Saito, <em>El capital en la era del Antropoceno</em>, Penguin Random House Grupo Editorial, Barcelona, 2022.</p>
<p><a href="#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a> David Harvey, <em>El nuevo imperialismo</em>, Akal, Madrid, 2004.</p>
<p><a href="#_ftnref4" name="_ftn4">[4]</a> Helen Thompson, <em>Disorder: Hard Times in the 21ª Century, </em>Oxford University Press, 2022.</p>
<p><a href="#_ftnref5" name="_ftn5">[5]</a> Con acontecimientos decisivos como el proceso descolonizador guiado fundamentalmente por los intereses de Gran Bretaña y Francia, la creación del Estado de Israel, la crisis de Suez del año 1956 que confirmó la pérdida de influencia de Gran Bretaña, la revolución en Irán de 1979 que instauró la actual república islámica tras el derrocamiento del último <em>sha</em> de Persia, el apoyo otorgado por los EEUU a Arabia Saudí o las guerras sucesivas en las que los intentos de Occidente de reconfigurar el poder en la zona han involucrado primero a Irak y luego a Siria.</p>
<p><a href="#_ftnref6" name="_ftn6">[6]</a> Las <em>materias primas críticas</em> (CRM) −materiales que requieren especial atención por su relevancia económica y el alto riesgo de la interrupción de su suministro− son identificadas por la Comisión Europea e incorporadas a un listado en permanente actualización. La lista de la UE del año 2020 contiene treinta materiales frente a los catorce que contenía en el año 2011 (o los veinte de 2014 y los veintisiete de 2017). La bauxita, el litio, el titanio y el estroncio han sido incorporadas por primera vez al último listado, mientras que el helio −que sigue siendo motivo de preocupación por la concentración del suministro− se ha eliminado por haber disminuido su importancia económica. Se puede consultar el listado completo en la «Comunicación de la Comisión al Parlamento Europeo, al Consejo, al Comité Económico y Social Europeo y al Comité de las Regiones: Resiliencia de las materias primas fundamentales: trazando el camino hacia un mayor grado de seguridad y sostenibilidad» [COM(2020) 474 final, Bruselas, 03/09/2020]:</p>
<p><a href="https://eur-lex.europa.eu/legal-content/ES/TXT/HTML/?uri=CELEX:52020DC0474&amp;from=EN" target="_blank" rel="noopener">https://eur-lex.europa.eu/legal-content/ES/TXT/HTML/?uri=CELEX:52020DC0474&amp;from=EN</a></p>
<p><a href="#_ftnref7" name="_ftn7">[7]</a> Entre los más relevantes para el avance de la transición energética y digital se encuentran los siguientes: 1) El coltán, que en realidad es el acrónimo popular de las denominadas columbita (óxido de niobio) y tantalita (óxido de tántalo), y que resulta crucial para la microelectrónica; 2) El cobalto y el litio, fundamentales para la producción de baterías; y 3) las llamadas  tierras raras (que no son <em>tierras</em> en el sentido popular, ni <em>raras</em> en el sentido de escasas, y que se las denomina así porque suelen aparecer dispersas en minerales relativamente poco comunes) con aplicaciones en múltiples industrias y resultan especialmente importantes para el rendimiento de muchos motores y generadores eléctricos. Son precisamente las tierras raras las que mayor riesgo de suministro presentan para Occidente debido a que la extracción y la comercialización se encuentran controladas por China.</p>
<p><a href="#_ftnref8" name="_ftn8">[8]</a> Una válvula que solo puede actuar de manera temporal, pues la demanda de al menos catorce materias primas críticas se estima que en las próximas décadas será superior a las reservas conocidas. Entre ellas se encuentran materiales tan comunes en la industria como el cobre o el níquel como los principales elementos de la transición energética (como el litio, el galio o el cadmio).</p>
<p><a href="#_ftnref9" name="_ftn9">[9]</a> Básicamente situados en Australia, Chile, China y Argentina.</p>
<p><a href="#_ftnref10" name="_ftn10">[10]</a> Bruno Fornillo, «<a href="https://nuso.org/articulo/306-fronteras-latinoamericanas-del-litio/" target="_blank" rel="noopener">Las fronteras latinoamericanas del litio</a>. Espejismos, guerras y desfosilización», <em>Nueva Sociedad</em> núm 306, Buenos Aires, julio-agosto de 2023, pp. 38-50.</p>
<p><a href="#_ftnref11" name="_ftn11">[11]</a> Nicolas Berman, Mathieu Couttenier, Dominic Rohner y Mathias Thoenig, «<a href="https://pubs.aeaweb.org/doi/pdfplus/10.1257/aer.20150774" target="_blank" rel="noopener">This Mine is Mine! How Minerals Fuel Conflicts in Africa</a>», <em>American Economic Review</em>, vol. 107, núm. 6, junio 2017, pp. 1564-1610; Nik Stoop, Marijke Verpoorten y Peter van der Windt, «Artisanal or industrial conflict minerals? Evidence from Eastern Congo», <em>World Development</em>, vol 122, año 2019, pp. 660–674.</p>
<p><a href="#_ftnref12" name="_ftn12">[12]</a> José Manuel Naredo y Antonio Valero se valen de la “regla del notario” para explicar cómo el deterioro ecológico y social no se contabiliza en la noción convencional de desarrollo económico, de manera que no existe una relación entre los verdaderos costes y los precios de los recursos. La fuerte asimetría entre la evolución del coste físico y la valoración monetaria se puede ilustrar en términos energéticos de la siguiente forma: «En la construcción de una casa los mayores consumos energéticos tienen lugar en los materiales de obra que son los que menos cuestan por unidad de energía consumida. Al final de la obra el consumo energético que hace el notario para firmar la escritura es el que más dinero cuesta» (Antonio Valero, <a href="https://www.rqueerre.com/blog/la-regla-del-notario-y-el-mundo-que-nos-queda-por-antonio-valero/" target="_blank" rel="noopener">https://www.rqueerre.com/blog/la-regla-del-notario-y-el-mundo-que-nos-queda-por-antonio-valero/</a>). La regla del notario se desprende de las asimetrías entre, por un lado, los postulados de la termodinámica y la economía convencional y, por otro, las normas y condicionamientos institucionales en las prácticas económicas que tienden a retribuir más las tareas de dirección, gestión y comercialización frente a las directamente implicadas en la extracción y elaboración. Véase: José Manuel Naredo y Antonio Valero, «La evolución conjunta del coste físico y del valor monetario en el curso del proceso económico: la “regla del notario” y sus consecuencias», capítulo 23 del libro dirigido y editado por estos mismos autores: <em>Desarrollo económico y deterioro ecológico</em>, Fundación Argentaria- Visor Dis., Madrid, 1999.</p>
<p><a href="#_ftnref13" name="_ftn13">[13]</a> Lo señala Rodrigo Santodomingo en una crónica publicada en el Blog Planeta Futuro asociado al diario <em>EL PAÍS</em>: «E<a href="https://elpais.com/planeta-futuro/2023-09-22/exportar-sus-metales-y-minerales-si-pero-refinados-la-batalla-de-africa-por-rentabilizar-las-materias-primas.html" target="_blank" rel="noopener">xportar metales y minerales sí, pero refinados: la batalla de África por rentabilizar las materias primas</a>»</p>
<p><a href="#_ftnref14" name="_ftn14">[14]</a> Ulrich Brand, <em>Crisis ecosocial, modo de vida imperial y transiciones</em>, FUHEM/ Catarata (Colección Economía Inclusiva, núm. 6), Madrid, 2023 (en prensa).</p>
<p><a href="#_ftnref15" name="_ftn15">[15]</a> Maristella Svampa y Pablo Bertinat (eds.), <em>La transición energética en la Argentina. Una hoja de ruta para entender los proyectos en pugna y las falsas soluciones</em>, Siglo XXI Editores, Buenos Aires, 2022.</p>
<p><a href="#_ftnref16" name="_ftn16">[16]</a> Véase el capítulo tercero «Fragmentation and Commodity Markets: Vulnerabilities and Risks» del <em>survey</em> del FMI, <a href="https://www.imf.org/en/Publications/WEO/Issues/2023/10/10/world-economic-outlook-october-2023" target="_blank" rel="noopener"><em>World Economic Outlook: Navigating Global Divergences</em></a>, Washington, DC., octubre de 2023, pp. 71-92.</p>
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		<title>Modo de vida, vida buena y crisis ecosocial. Papeles 161</title>
		<link>https://www.fuhem.es/2023/05/08/modo-de-vida-vida-buena-y-crisis-ecosocial-papeles-161/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 08 May 2023 07:50:23 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<category><![CDATA[agroecología]]></category>
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					<description><![CDATA[Una vida buena −digna y segura− ha sido y es, la principal aspiración humana que ha recorrido las culturas de todo tiempo y lugar, aunque bajo diferentes concepciones y configuraciones.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><img decoding="async" class="alignright wp-image-151335 size-thumbnail" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/04/161-300x423.jpg" alt="" width="300" height="423" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/04/161-300x423.jpg 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/04/161-450x634.jpg 450w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/04/161-768x1083.jpg 768w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/04/161-350x493.jpg 350w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/04/161-600x846.jpg 600w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/04/161-64x90.jpg 64w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/04/161.jpg 908w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" />Una <em>vida buena</em> −digna y segura− ha sido y es, la principal aspiración humana que ha recorrido las culturas de todo tiempo y lugar, aunque bajo diferentes concepciones y configuraciones.</p>
<p>En la actualidad, amarrados como estamos a un modo de vida −de producción y consumo− que nos arrastra a una gravísima crisis ecosocial global, cargando los costes sobre la naturaleza, las mujeres y otros territorios, resulta aún más urgente reflexionar sobre qué significa una <em>vida buena</em> y de calidad para todos y todas.</p>
<p>El hecho insoslayable de los límites ecológicos del planeta debe enmarcar tal reflexión. Por ello, en este punto de la historia, <em>la vida buena</em> deberá definirse como aquella capaz de desenvolverse en un <em>equilibrio</em> dinámico con la naturaleza. Esto exige cambios colosales del modo de vida y de nuestros patrones mentales, pasando de la noción socioeconómica del bienestar que actualmente domina el imaginario colectivo –basado en prismas mercantilistas y cortoplacistas– a una noción sostenible y armónica de la vida, que exige cuidar la salud de los entornos sociales y naturales.</p>
<p>El número 161 de la revista <em>Papeles de relaciones ecosociales y cambio global</em>, reflexiona sobre los principales ejes de transformación: transporte, urbanismo y alimentación, además de presentar un enfoque teórico tentativo para calibrar la calidad de vida en el marco de la crisis ecosocial.</p>
<p>En la <strong>Introducción</strong> del número, <strong>Santiago Álvarez Cantalapiedra</strong> nos adentra en la insostenibilidad ecológica y social del modo de vida <em>imperial</em> dominante.</p>
<p><strong>A Fondo</strong> se abre con un artículo del <strong>Equipo de FUHEM Ecosocial</strong> que presentan un enfoque ecosocial para evaluar la calidad de vida. <strong>Max Koch</strong> examina el papel potencial del bienestar y las políticas sociales en un contexto de profunda transformación ecosocial y poscrecimiento, tomando el caso de Suecia. <strong>Carlos Verdaguer </strong>explora los lazos entre calidad de vida y habitabilidad en las ciudades. <strong>Alfonso Sanz</strong> analiza los escollos de la movilidad y las falsas alternativas. <strong>Kattya Cascante</strong> revisa el sistema global alimentario y sus múltiples fallas, mientras que <strong>Carolina Yacamán</strong> explora las alternativas para la transición alimentaria. Por su parte, <strong>Nuria del Viso</strong> y <strong>Mateo Aguado</strong> ponen en valor las prácticas “procomunitarias” de autoprotección y resiliencia frente a los impactos de este modo de vida “averiado”.</p>
<p>En <strong>Actualidad</strong>, <strong>Mª Teresa Vicente</strong> aborda la cuestión de los derechos de la naturaleza a partir del caso de la ILP de protección del Mar Menor y su tramitación y aprobación parlamentaria en 2022. Por su parte, <strong>Pere Ortega</strong> explora las alternativas al enfoque estatocéntrico de la seguridad y su expresión en la guerra.</p>
<p><strong>Ensayo</strong> incluye una síntesis del informe PRESME sobre precariedad laboral y salud mental encargado por el Ministerio de Trabajo y elaborado por un equipo coordinado por <strong>Joan Benach</strong>.</p>
<p><strong>Referentes</strong> repasa de la mano de <strong>Alfonso Díez Prieto</strong> la figura del pedagogo Lorenzo Milani en el centenario de su nacimiento.</p>
<p>El número se cierra con la sección <strong>Lecturas</strong>.</p>
<p>A continuación, ofrecemos el sumario de la revista y dos artículos descargables de forma gratuita: la Introducción del número de Santiago Álvarez Cantalapiedra y el artículo del equipo de <strong>FUHEM Ecosocial, </strong>Por un enfoque ecosocial para el estudio de la <em>vida buena.</em></p>
<h4><a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/sumario-161/" target="_blank" rel="noopener"><span style="color: #3366ff;"><strong>SUMARIO</strong></span></a></h4>
<h4><span style="color: #3366ff;"><strong>INTRODUCCIÓN</strong></span></h4>
<p><a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/un-modo-de-vida-que-imposibilita-la-vida-buena/" target="_blank" rel="noopener">Un modo de vida que imposibilita la <em>vida buena</em></a>, <strong>Santiago Álvarez Cantalapiedra.</strong></p>
<h4><span style="color: #3366ff;"><strong>A FONDO</strong></span></h4>
<p><a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/por_un_enfoque_ecosocial_para_el_estudio_de_la_vida_buena/" target="_blank" rel="noopener">Por un enfoque ecosocial para el estudio de la <em>vida buena</em></a><em>, </em><strong>FUHEM ECOSOCIAL</strong></p>
<p>Bienestar sin crecimiento, <strong>Max Koch</strong>.</p>
<p>Calidad de vida urbana para la transición ecológica, <strong>Carlos Verdaguer</strong>.</p>
<p>La movilidad ¿buena? Sobre el futuro de la movilidad en la transición socioecológica,<strong> Alfonso Sanz Alduán</strong>.</p>
<p>El sistema agroalimentario industrial global es parte del problema, <strong>Kattya Cascante</strong>.</p>
<p>Tres claves para la transición agroalimentaria: decrecimiento, agroecología y políticas urbanas alimentarias, <strong>Carolina Yacamán</strong>.</p>
<p>Lazos procomunitarios para navegar la multicrisis ecosocial,<strong> Nuria del Viso y Mateo Aguado</strong>.</p>
<h4><span style="color: #3366ff;">ACTUALIDAD</span></h4>
<p>Giro ecocéntrico en el ordenamiento jurídico español: el Mar Menor, un ecosistema con derechos. El camino hacia la paz con la naturaleza,<strong> Teresa Vicente Giménez</strong>.</p>
<p>Alternativas a la seguridad y la defensa de los estados,<strong> Pere Ortega</strong>.</p>
<h4><span style="color: #3366ff;"><strong>ENSAYO</strong></span></h4>
<p>Precariedad y salud mental. Conocimientos y políticas. Sinopsis del Informe PRESME, <strong>Joan Benach</strong> (coord.),  <strong>Fernando Alonso</strong>,<strong> Diego Álvarez Alonso</strong>, <strong>Lucía Artazcoz</strong>,<strong> Edgar Cabanas</strong>,<strong> Belén González Callado</strong>,<strong> Nuria Matilla-Santander</strong>,<strong> Carles Muntaner</strong>,<strong> María Gema Quintero LIma</strong>,<strong> Remedios Zafra y Ferran Muntané</strong>.</p>
<h4><span style="color: #3366ff;"><strong>REFERENTES</strong></span></h4>
<p>Cien años de Lorenzo Milani, el maestro de Barbiana. Cura y maestro entre los pobres, <strong>Alfonso Díez Prieto</strong>.</p>
<h4><span style="color: #3366ff;">LECTURAS</span></h4>
<p><em>Simbioética</em>, de Jorge Riechmann.</p>
<p><strong>Cristian Moyano</strong></p>
<p><em>Sin energía. Pequeña guía para el gran descenso</em>, de Antonio Turiel.</p>
<p><strong>Mateo Aguado</strong></p>
<p><em>Etica del rewilding</em>, de Cristian Moyano.</p>
<p><strong>Pedro L. Lomas</strong></p>
<p><em>Contra la sostenibilidad</em>, de Andreu Escrivá.</p>
<p><strong>Monica Di Donato</strong></p>
<h4><span style="color: #3366ff;"><strong>Cuaderno de notas</strong></span></h4>
<h4><a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/resumenes-161/" target="_blank" rel="noopener"><span style="color: #3366ff;">RESÚMENES</span></a></h4>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Información y compras</strong>:</h3>
<p>Tel.: +34 914310280</p>
<p>Email: <a href="mailto:publicaciones@fuhem.es">publicaciones@fuhem.es</a></p>
<p>Puedes adquirir la revista <strong>PAPELES</strong> en nuestra <a href="https://www.fuhem.es/product/modo-de-vida-vida-buena-y-crisis-ecosocial/" target="_blank" rel="noopener">librería virtual</a>.</p>
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		<title>Por un enfoque ecosocial para el estudio de la vida buena</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 08 May 2023 07:06:39 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Análisis]]></category>
		<category><![CDATA[Bienestar humano.]]></category>
		<category><![CDATA[Calidad de vida]]></category>
		<category><![CDATA[Crisis Ecosocial]]></category>
		<category><![CDATA[destacadasecosocial]]></category>
		<category><![CDATA[Modo de vida]]></category>
		<category><![CDATA[Modo de vida imperial]]></category>
		<category><![CDATA[Vida Buena]]></category>
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					<description><![CDATA[El artículo parte de plantear la pregunta de qué se puede entender por bienestar, calidad de vida o vida buena en el contexto de crisis
ecosocial en el que nos encontramos.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>La sección <strong>A FONDO</strong> del <a href="https://www.fuhem.es/2023/05/08/modo-de-vida-vida-buena-y-crisis-ecosocial-papeles-161/" target="_blank" rel="noopener">número 161</a> de la revista <a href="https://www.fuhem.es/revista-papeles/" target="_blank" rel="noopener"><em>Papeles de relaciones ecosociales y cambio global</em></a> recoge un texto firmado por el equipo de FUHEM Ecosocial titulado: P<em>or un enfoque ecosocial para el estudio de la vida buena</em>.<strong><img decoding="async" class="alignright size-thumbnail wp-image-151335" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/04/161-300x423.jpg" alt="" width="300" height="423" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/04/161-300x423.jpg 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/04/161-450x634.jpg 450w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/04/161-768x1083.jpg 768w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/04/161-350x493.jpg 350w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/04/161-600x846.jpg 600w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/04/161-64x90.jpg 64w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/04/161.jpg 908w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></strong></p>
<blockquote><p>El artículo parte de plantear la pregunta de qué se puede entender por bienestar, calidad de vida o vida buena en el contexto de crisis ecosocial en el que nos encontramos. Así, tras analizar los conceptos de felicidad, bienestar y nivel de vida se detiene a examinar la noción de calidad de vida, que corrige el reduccionismo de visiones anteriores, y la sitúa en el actual contexto de crisis ecosocial para identificar un modo de vida productivista y consumista –el capitalista– que impide el avance en la calidad de vida de forma justa y generalizada tanto de los sistemas naturales como sociales. De aquí se deriva el desarrollo de un enfoque ecosocial de la calidad de vida.</p></blockquote>
<p>El siglo XX ha sido el siglo de la expansión de la <em>civilizació</em><em>n industrial capitalista</em>. En el trascurso de este periodo, particularmente a partir de su segunda mitad, se han acelerado los ritmos de extracción de recursos y de emisión de residuos asociados a la actividad económica, dotando a las sociedades humanas de una elevada complejidad y una destructividad nunca vista. Estas circunstancias nos han conducido, ya en el siglo XXI, a un escenario inédito de extralimitación y desigualdades. Un escenario en el que converge la creación de escasez relativa que genera el capitalismo con la escasez absoluta sobrevenida de recursos estratégicos, pérdida irreversible de biodiversidad y desestabilización abrupta del clima.</p>
<p>La magnitud que ha alcanzado la actividad económica en relación con la biosfera y el tipo de metabolismo socioeconómico que la civilización industrial capitalista ha extendido por todo el planeta proyectan sobre la humanidad una amenaza existencial. En este escenario, con las restricciones que impone, debemos cuestionar el modo de vida que nos ha conducido hasta él y preguntarnos: <strong>¿</strong>qué cabe entender por bienestar, calidad de vida o <em>vida buena</em> en el contexto de <em>crisis ecosocial</em> en el que estamos?</p>
<p>A pesar de haber recibido juicios variables a lo largo de la historia, la idea amplia de <em>bienestar</em> (de <em>bien</em> y <em>estar</em>) es algo que ha preocupado al ser humano durante toda su existencia.<a href="#_ftn1" name="_ftnref1"><sup>1</sup></a> Se podría decir que tener acceso a una<em> vida buena</em> es, al fin y al cabo, el mayor objetivo de los seres humanos.<a href="#_ftn2" name="_ftnref2"><sup>2</sup></a><sup>,</sup><a href="#_ftn3" name="_ftnref3"><sup>[3</sup></a> Forma parte de nuestra naturaleza querer vivir bien; querer tener una vida buena, una vida de calidad, una vida con bienestar. Es algo que, en el fondo, y como sostenía Aristóteles, deseamos siempre por encima de cualquier otra cosa: es <em>el fin último de la actividad humana, el bien perfecto por excelencia</em>.<a href="#_ftn4" name="_ftnref4"><sup>4</sup></a></p>
<p>Sin haber estado nunca sujeto a un enclave epistemológico determinado, <em>la cuestión de la vida buena</em> ha sido abordada a lo largo de la historia desde diferentes esferas del conocimiento, siendo mayoritariamente tratada desde el ámbito de la ética y la moral. Tratar de comprender qué es lo que nos lleva a tener una vida buena y de calidad ha sido una de las principales preocupaciones de la filosofía durante la mayor parte de la historia humana.<a href="#_ftn5" name="_ftnref5"><sup>5</sup></a></p>
<blockquote><p><strong>¿Qué cabe entender por bienestar, calidad de vida o vida buena en el contexto de crisis ecosocial en el que estamos?</strong></p></blockquote>
<p>En los últimos tiempos, sin embargo, este tema ha despertado un creciente interés en ámbitos como el científico, el social o el político. Con ello, cada vez más instituciones internacionales, gobiernos nacionales y entidades locales han venido sugiriendo el empleo de diversas estimaciones de bienestar y calidad de vida para evaluar el progreso social de sus países y regiones y mejorar con ello sus políticas públicas<a href="#_ftn6" name="_ftnref6"><sup>[6</sup></a></p>
<p>Con el propósito de delimitar y clarificar las diferentes aproximaciones existentes en torno a la cuestión de la <em>vida buena</em>, en las líneas que siguen se realizará una breve revisión conceptual y terminológica concerniente a las principales expresiones existentes al respecto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4><strong>La <em>eudaimon</em></strong><strong><em>ía</em></strong><strong> griega</strong></h4>
<p>Durante la antigua Grecia, los debates ético−políticos solían transcurrir en torno a un término esencial: la <em>eudaimon</em><em>ía</em> (de “<em>eu</em>” y “<em>daimon</em>”, que vendría a significar “buen espíritu”). A pesar de que hoy en día este término suele traducirse como “felicidad” sin más, el término “florecimiento humano” ha sido sugerido como una traducción más exacta.<a href="#_ftn7" name="_ftnref7"><sup>7</sup></a> En esta línea, filósofos como Jorge Riechmann sugieren contemplar a la <em>eudaimon</em><em>ía</em> como <em>vida lograda</em>, <em>cumplida</em> o en <em>plenitud</em>.<a href="#_ftn8" name="_ftnref8"><sup>8</sup></a></p>
<p>La <em>eudaimon</em><em>ía</em> no era por tanto entendida por la filosofía de la época como un estado subjetivo y pasajero relacionado con el disfrute o el placer, sino más bien como un proceso vital: una forma de vivir que mereciese la pena ser vivida. En esta línea, el pensamiento grecorromano resaltó enfáticamente la importancia que sobre la <em>eudaimon</em><em>ía</em> tenía la <em>phil</em><em>ía</em> (o amistad),<a href="#_ftn9" name="_ftnref9"><sup>9</sup></a> de tal modo que sin unos vínculos sociales satisfactorios era difícil alcanzar una vida plena. De esta forma, la esencia misma de la <em>eudaimon</em><em>ía</em> no era algo estrictamente individual, sino un fundamento que encajaba en un modelo de vivir en interrelación con los demás: un bien social que florece de la convivencia entre iguales.<a href="#_ftn10" name="_ftnref10"><sup>10</sup></a></p>
<p>De entre todos los términos existentes relacionados con la idea de una <em>vida buena</em>, son tres los que han acaparado hasta ahora el grueso de la atención académica: felicidad, bienestar y calidad de vida. A continuación repasaremos, uno por uno, el significado de estos tres términos frecuentemente intercambiables. Comenzaremos por la felicidad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4><strong>La felicidad</strong></h4>
<p>Según sostiene Francis Heylighen, profesor de la Universidad Libre de Bruselas, existen dos formas de entender la felicidad: una pasajera y una duradera.<a href="#_ftn11" name="_ftnref11"><sup>11</sup></a> La primera se aproximaría a la noción de alegría (sentimiento grato), mientras que la segunda lo haría a las nociones de bienestar. Esta segunda concepción ha sido tradicionalmente abordada desde el mundo académico para indicar el disfrute subjetivo de la vida en sentido general,<a href="#_ftn12" name="_ftnref12"><sup>12</sup></a> siendo con ello un concepto análogo al de <em>bienestar subjetivo</em><a href="#_ftn13" name="_ftnref13"><sup>13</sup></a> y pudiendo ser evaluado a través de encuestas que valoran el nivel de satisfacción que las personas tienen con la forma en que su vida transcurre (indicadores de satisfacción con la vida, con el tiempo disponible, con las relaciones personales, con el trabajo, etc.). Con todo, y tal y como sostiene Ruut Veenhoven, valdría entender la felicidad (o bienestar subjetivo) como la percepción personal a través de la cual un individuo juzga la calidad global de su vida de forma favorable;  esto es, lo que a uno le gusta la vida que uno lleva, comparando la vida que tiene con la que le gustaría tener.<a href="#_ftn14" name="_ftnref14"><sup>14</sup></a></p>
<p>Los estudios sobre la felicidad han permitido obtener información relevante al comparar resultados por nivel socioeconómico dentro de un país, entre países según su nivel de ingresos <em>per capita</em> o por periodos de tiempo para cada uno de los países. De esas comparaciones se detectó una paradoja en relación con la satisfacción con la vida y el nivel de ingresos: cuando las personas se hacen más prósperas en relación con otras, aumenta la satisfacción con su propia vida; pero cuando son las sociedades en su conjunto las que se hacen más ricas, no se vuelven por ello más felices. Efectivamente, si preguntamos a personas con diferentes niveles de renta sobre su felicidad se comprueba que aquellas que disponen de mayores ingresos suelen autoproclamarse más felices que las relativamente más pobres. Hasta aquí nada nuevo: «El dinero no da la felicidad, pero procura una sensación tan parecida, que se necesita un auténtico especialista para verificar la diferencia», se podría concluir siguiendo la broma de Woody Allen. Ahora bien, las cosas cambian cuando se establecen comparaciones a lo largo del tiempo y entre países.</p>
<p>Richard Easterlin, en 1974, fue el primer economista en cuestionar la relación de proporcionalidad existente entre los ingresos y el bienestar subjetivo. Tras comparar varios países entre sí, Easterlin propuso la existencia de una zona de <em>saturación monetaria del bienestar humano subjetivo</em> a partir de la cual el aumento de los ingresos medios de una sociedad ya no se relacionaba con el aumento de su satisfacción con la vida.<a href="#_ftn15" name="_ftnref15"><sup>15</sup></a> De este modo, la relación entre los ingresos y el bienestar subjetivo se revelaría proporcional únicamente para el caso de las sociedades menos adineradas, en las cuales la mayor parte de las rentas familiares son destinadas a cubrir las necesidades materiales más apremiantes. A partir de un determinado umbral de renta el aumento de los ingresos apenas contribuía ya a incrementar significativamente el bienestar subjetivo de las personas.</p>
<p>Este fenómeno, popularizado como la «paradoja de la felicidad», también fue años después explorado en algunos países concretos a lo largo del tiempo. Así, tal y como mostraron los trabajos de David G. Myers, a pesar de que en EEUU el salario medio prácticamente se triplicó entre mediados de los años cincuenta y 2010, la felicidad declarada por sus ciudadanos durante esos años permaneció prácticamente constante.<a href="#_ftn16" name="_ftnref16"><sup>16</sup></a> Por tanto, cuando se compara el grado de felicidad que las personas dicen disfrutar a lo largo de un periodo amplio de varias décadas, en las sociedades opulentas nos encontramos con que el porcentaje de personas que declaran sentirse felices no ha aumentado (incluso ha descendido en algunos casos) a pesar de que los ingresos se hayan incrementado considerablemente en ese mismo período. De todo ello se puede atisbar que en la felicidad (o bienestar subjetivo) de las personas llega un momento en el que influyen más otros aspectos (relacionales, culturales y ambientales) que el nivel de renta absoluto que obtengamos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4><strong>El bienestar</strong></h4>
<p>El bienestar es un concepto amplio que tiene muchas definiciones diferentes. Según la Real Academia Española (RAE), el bienestar tiene que ver con el conjunto de cosas necesarias para vivir una vida buena, tranquila, estimulante y saludable.<a href="#_ftn17" name="_ftnref17"><sup>17</sup></a></p>
<p>Huppert, Baylis y Keverne definieron el bienestar como el estado positivo y sostenible que permite a los individuos, a los grupos sociales o a las naciones prosperar y florecer.<a href="#_ftn18" name="_ftnref18"><sup>18</sup></a> Así pues, cabe distinguir entre el análisis del «bienestar actual» y el análisis de su «sostenibilidad», es decir, si el bienestar puede mantenerse en el tiempo.<a href="#_ftn19" name="_ftnref19"><sup>19</sup></a></p>
<p>Un trabajo de 2014 basado en la integración de varios enfoques sobre la noción de bienestar, como los propuestos por Sen,<a href="#_ftn20" name="_ftnref20"><sup>20</sup></a> Doyal y Gough,<a href="#_ftn21" name="_ftnref21"><sup>21</sup></a> y McGregor y colaboradores,<a href="#_ftn22" name="_ftnref22"><sup>22</sup></a> sugirió que este tiene que ver básicamente con tres aspectos: i) las condiciones físicas, sociales y mentales de las personas, ii) la satisfacción de sus necesidades y capacidades básicas, y iii) las oportunidades y recursos a los que se tiene acceso.<a href="#_ftn23" name="_ftnref23"><sup>23</sup></a></p>
<p>Sea como fuere, la literatura existente sugiere que el bienestar debe ser tratado como un asunto multidimensional que captura una mezcla de circunstancias de la vida de las personas, incluyendo cómo se sienten y cómo funcionan.<a href="#_ftn24" name="_ftnref24"><sup>24</sup></a> Así, la noción de bienestar comprende, a fin de cuentas, todos los componentes y factores tanto objetivos como subjetivos que son inherentes al florecimiento positivo de una persona.<a href="#_ftn25" name="_ftnref25"><sup>25</sup></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<h4><strong>El bienestar reducido a la prosperidad material y al nivel de vida</strong></h4>
<p>A pesar de que la idea de bienestar ha evolucionado en los últimos años, incorporando en su análisis condiciones económicas, sociales y políticas, lo cierto es que la noción dominante de bienestar sigue estando ligada a día de hoy al convencimiento de que los ingresos y las propiedades materiales son la base de una vida buena. Sobre esta presunción se construyó un paradigma que vinculaba progreso con incremento cuantitativo, esquivando consideraciones sobre su contenido cualitativo. La noción dominante de bienestar ha quedado así reducida a la prosperidad material, al aumento de la capacidad de compra y, en consecuencia, al aumento del consumo.</p>
<p>Sin embargo, el bienestar es un concepto más amplio que el de «nivel de vida», pues incluye todos aquellos factores que influyen en lo que valoramos en nuestra existencia más allá de los aspectos adquisitivos. Reducirlo al nivel de vida es incorrecto por varias razones. Primera, porque los recursos económicos –bien sea el ingreso o el nivel y la estructura del consumo mercantil– son medios que se transforman en bienestar de formas diferentes según las personas; así, individuos que poseen mayor capacidad para disfrutar o más habilidades para el éxito en ámbitos valiosos de la vida pueden estar mejor incluso si manejan menos recursos económicos.<a href="#_ftn26" name="_ftnref26"><sup>26</sup></a> En segundo lugar, porque muchos recursos que contribuyen al bienestar no proceden del mercado, sino de otros ámbitos no mercantiles ni monetarizados. Y finalmente, porque la mayor parte de los determinantes del bienestar son circunstancias que no pueden ser reducidas a la tenencia o posesión de rentas o mercancías, sino que tienen que ver con actividades y relaciones sociales.</p>
<p>Además, las medidas convencionales de esta visión reduccionista del bienestar suelen ignorar los trabajos domésticos y de cuidados, individuales o colectivos, que proporcionan una destacada contribución al bienestar de las comunidades y a la calidad de vida de las personas. Tampoco logran reflejar las disparidades de riqueza e ingresos dentro de una sociedad (un aspecto que está negativamente correlacionado con la salud de esa sociedad)<a href="#_ftn27" name="_ftnref27"><sup>27</sup></a> ni capturan ni pueden capturar en modo alguno los muchos efectos negativos de las actividades económicas, como la contaminación y otros costes sociales y ambientales.<a href="#_ftn28" name="_ftnref28"><sup>28</sup></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<h4><strong>La calidad de vida</strong></h4>
<p>La expresión calidad de vida pretende corregir esa deriva reduccionista en la que incurrió la visión convencional y economicista del bienestar. Y lo hace recuperando y abrazando el concepto multidimensional de bienestar anteriormente mencionado, que depende tanto de factores personales y sociales como de elementos objetivos y subjetivos. Además, la expresión calidad de vida incorpora dos consideraciones de especial interés. La primera tiene que ver con los logros o resultados obtenidos; la segunda con la importancia del entorno natural como condición prioritaria para el desarrollo de la vida humana.</p>
<p>Trasladar la atención hacia los logros es relevante porque una vida buena es, al fin y al cabo, una vida lograda o realizada. Atender, por ejemplo, a los logros en materia de salud y autonomía permite evaluar un modo de vida en función de los resultados cosechados. Un modo de vida que impida o amenace la salud y autonomía de las personas no podrá considerarse en ningún caso una vida buena.</p>
<p>El término de calidad de vida comenzó a generalizarse en la década de los setenta en el campo de la medicina y la salud para transmitir la idea de que hay algo más que la mera cantidad de años de supervivencia: así, además del tiempo de vida, también es importante atender a la calidad de la misma.<a href="#_ftn29" name="_ftnref29"><sup>29</sup></a> En esta línea se han propuesto indicadores ligados al desarrollo biológico que proporcionan una información significativa sobre la evolución de la calidad de vida de una población. La estatura media o la esperanza de vida saludable, por ejemplo, constituyen indicadores fiables y complejos del desempeño de la vida en una sociedad al reflejar los factores ambientales sobre el máximo potencial de crecimiento genético.<a href="#_ftn30" name="_ftnref30"><sup>30</sup></a></p>
<blockquote><p><strong>La expresión calidad de vida pretende corregir esa deriva reduccionista en la que incurrió la visión convencional y economicista del bienestar</strong></p></blockquote>
<p>Por otro lado, la relevancia de los factores ambientales (físicos, epidemiológicos y socioeconómicos) exige incorporar la dimensión ecológica del bienestar –o la ecología en la que se desarrollan nuestras vidas–. La pandemia ha mostrado cómo la salud de las personas se encuentra profundamente intrincada con la salud de los ecosistemas y que una vida sana en un planeta enfermo o en un entorno social tóxico es una contradicción en sus términos.</p>
<p>Pese a que la dimensión socioambiental ha estado presente en muchos índices de bienestar, desde los años setenta en adelante diversos enfoques asociados a la idea de los ecosistemas como límites biogeofísicos de la acción social vienen planteando con mayor énfasis la preocupación por los conceptos de bienestar y calidad de vida desde el ámbito de las <em>ciencias de la sostenibilidad</em>, vinculándose así su noción con el estado de conservación de los ecosistemas..<a href="#_ftn31" name="_ftnref31"><sup>31</sup></a> Este enfoque parte del reconocimiento de que el buen funcionamiento de la biosfera está en la base del bienestar y de la subsistencia humana, de modo que no podremos tener vidas de calidad si nuestros modos de vivir promocionan hábitos insostenibles que alteran la biodiversidad y los procesos ecológicos. Al fin y al cabo, este marco abraza los principios de la economía ecológica, situando la esfera económica al servicio de la sociedad en un panorama de armonía con la naturaleza, en vez de subordinar −como se ha venido haciendo− tanto la naturaleza como la sociedad a los avatares de la globalización económica capitalista.<a href="#_ftn32" name="_ftnref32"><sup>32</sup></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<h4><strong>Calidad de vida en el contexto de la crisis ecosocial</strong></h4>
<p>Bajo esta perspectiva se vuelve primordial reconocer que la crisis ecosocial que atraviesa el planeta –y que amenaza con comprometer la vida de millones de personas, así como cualquier horizonte de vida buena– es, en el fondo, un hecho social arraigado al <em>modo de vida hoy imperante</em>. Si pretendemos alcanzar una vida buena y de calidad para toda la humanidad en un planeta que es finito tendremos que ser capaces de acomodar nuestra noción de bienestar a los límites ecológicos del planeta.<a href="#_ftn33" name="_ftnref33"><sup>33</sup></a> Pasar de la noción socioeconómica del bienestar que actualmente domina el imaginario colectivo –basado en prismas mercantilistas y cortoplacistas– a una noción sostenible y armónica de la vida exige cuidar la salud de los entornos sociales y naturales.</p>
<p>La consideración de la crisis ecosocial en todas sus dimensiones y manifestaciones exige, en este punto de la historia en que nos encontramos, definir la vida buena como aquella capaz de desenvolverse en un <em>equilibrio</em> dinámico con la naturaleza. A este respecto se ha hecho popular en los últimos años una imagen con la que representar la posibilidad de congeniar el bienestar social y la sostenibilidad ecológica: la conocida como <em>econom</em><em>ía de la rosquilla</em>. Reconociendo un “suelo social” que deberíamos garantizar y un “techo ambiental” que tendríamos que respetar, estaríamos en condiciones de precisar el espacio intermedio de seguridad en el que resulta posible prosperar conforme a los medios de nuestro planeta.<a href="#_ftn34" name="_ftnref34"><sup>34</sup></a></p>
<blockquote><p><strong>Pasar a una noción del bienestar sostenible y armónica de la vida exige cuidar la salud de los entornos sociales y naturales</strong></p></blockquote>
<p>La claridad que transmite la imagen de la rosquilla ha hecho que este marco conceptual esté siendo utilizado con cada vez más asiduidad para evaluar y comparar el desempeño socioecológico de muchos países y ciudades del mundo. Eso sí, en el caso concreto de los países se ha comprobado que ningún país hasta la fecha ha logrado situarse en ese <em>espacio seguro</em> que permite tener prosperidad social sin trasgredir los límites biofísicos.<a href="#_ftn35" name="_ftnref35"><sup>35</sup></a> Mientras que algunos países deben mejorar significativamente en ámbitos sociales (aquí encontramos, sobre todo, a países del Sur global), otros deben hacer enormes esfuerzos ambientales para dejar de sobrepasar los límites planetarios (fundamentalmente los países más desarrollados del Norte global).<a href="#_ftn36" name="_ftnref36"><sup>36</sup></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<h4><strong>La cosmovisi</strong><strong>ón del <em>Buen Vivir</em> y las prácticas de los <em>Buenos Convivires</em></strong></h4>
<p>En muchas culturas, la idea del florecimiento humano en armonía dinámica con la naturaleza aún está presente. Las propuestas andinas del <em>buen vivir</em> (el <em>sumak kawsay</em> de las culturas kichwa o el <em>suma quama</em><em>ña</em> de las aymaras) valoran la plenitud en relación con la comunidad y la naturaleza. Existen nociones similares en otras culturas: el <em>ñande reko</em> guaraní, el <em>tarimiat pujústin</em> shuar, el s<em>hiir waras</em> ashuar, el <em>kyme mogen</em> mapuche, o el <em>balu wala</em> de los pueblos kunas de Panamá, así como muchas otras presentes en pueblos de Asia, África y Oceanía. Se trata de concepciones holísticas y armoniosas (consigo mismo, con la comunidad y con la naturaleza) que expresan la misma idea de prosperidad humana en un floreciente entramado de vida.</p>
<p>El Buen Vivir tiene una potente dimensión cultural y espiritual –no necesariamente religiosa– que la diferencia de otras concepciones del bienestar al situar al ser humano como parte de una realidad vital mayor.<a href="#_ftn37" name="_ftnref37"><sup>37</sup></a> También tiene una dimensión económico−productiva a partir de los principios de suficiencia y sustentabilidad. El <em>enfoque del Buen Vivir</em> no propugna una forma de desarrollo alternativo, sino una alternativa a la propia idea de desarrollo –y de progreso– emanada de la modernidad capitalista occidental que conlleva la descolonización de las metodologías y la descolonización del saber.<a href="#_ftn38" name="_ftnref38"><sup>38</sup></a> En este sentido, este enfoque demanda una clara diferenciación entre sabidurías y conocimientos y, como consecuencia, un indispensable diálogo de saberes y aproximaciones transdisciplinarias. Y de ese diálogo se deriva que no solo hay un único modo de entender la vida buena, sino una pluralidad de “buenos convivires” que no son propuestas acabadas sino procesos en construcción permanente a partir de vivencias, experiencias y prácticas que se trenzan desde abajo.<a href="#_ftn39" name="_ftnref39"><sup>39</sup></a></p>
<p>El Buen Vivir, como alternativa a un desarrollo que en realidad es “maldesarrollo”, se presenta como una propuesta civilizatoria para orientar la salida del capitalismo. No significa en ningún caso una apuesta por volver al pasado, sino más bien, como señala Michael Lövy, del romanticismo revolucionario, una «vuelta por el pasado en dirección a un futuro emancipador»<a href="#_ftn40" name="_ftnref40"><sup>40</sup></a> para redescubrir la sabiduría aún presente en la mayoría de las tradiciones culturales y cosmovisiones de los pueblos oprimidos por las potencias coloniales o poscoloniales. «Tampoco reniega de la tecnología ni del saber moderno. De lo que sí reniega es de la civilización del capital».<a href="#_ftn41" name="_ftnref41"><sup>41</sup></a> Es, en suma, la búsqueda de un <em>nuevo modo de vida alternativo</em> al <em>modo de vida imperante</em>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4><strong>El modo de vida que se encuentra en el origen de la crisis ecosocial</strong></h4>
<p>Indagar en la calidad de vida en el contexto de la crisis ecosocial exige identificar en nuestra forma de vivir un modo de producción y consumo –un <em>modo de vida</em><em>–</em> que combina, como caras de una misma moneda, la opulencia de las mercancías con la explotación de la fuerza laboral, el saqueo de los recursos de la naturaleza y la imposición de cargas indeseadas sobre las mujeres. El capitalismo es un sistema económico que vive de la explotación de sus colonias y que genera un <em>modo de vida imperial</em>.<a href="#_ftn42" name="_ftnref42"><sup>42</sup></a> Como señalan María Mies y Vandana Shiva, esas colonias son las mujeres, la naturaleza y los países del Sur global.<a href="#_ftn43" name="_ftnref43"><sup>43</sup></a> Su desarrollo histórico ha conducido a la crisis ecosocial en la que nos encontramos. La dinámica expansiva capitalista, impulsada por el ánimo de lucro y el individualismo competitivo, choca con los límites ecológicos del planeta y desbarata los vínculos sociales, afectando de esa manera a las condiciones materiales que permiten la reproducción de la vida y de la existencia social.</p>
<p>En el contexto de la actual crisis ecosocial, la definición de la calidad de vida no es una cuestión meramente técnica, sino que requiere la adopción de un enfoque normativo capaz de establecer prioridades, visualizar conflictos y relaciones de poder, e integrar relaciones sociales y valores de igualdad y justicia.<a href="#_ftn44" name="_ftnref44"><sup>44</sup></a> Debe permitir evaluar el modo de vida de la civilización industrial capitalista y hacer aflorar con claridad cómo las sociedades capitalistas albergan una contradicción sociorreproductiva profundamente asentada en la crisis ecosocial, entendida como una crisis ecológica y de cuidados.<a href="#_ftn45" name="_ftnref45"><sup>45</sup></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Un enfoque ecosocial de la calidad de vida</strong></p>
<p>Los debates actuales sobre la <em>vida buena</em> comparten las críticas radicales a las ideas de desarrollo y progreso orientadas únicamente a incrementar el nivel de ingresos y la riqueza monetaria. Estos debates advierten de la necesidad de incorporar las dimensiones personales, sociales y ambientales. La importancia decisiva en la vida de la gente de los elementos relacionales, culturales, políticos y ecológicos abre la perspectiva hacia otras formas de organización social ajustadas a las particularidades históricas y culturales alternativas a la que ofrece en nuestros días el capitalismo, depredador de la naturaleza, apisonador de las culturas de los pueblos y empobrecedor de las relaciones sociales.</p>
<p>En nuestro mundo convive la ostentación más despilfarradora con la necesidad más apremiante. Mientras esto ocurre, el planeta Tierra se encamina a velocidad de vértigo hacia una degradación de magnitudes incalculables. El ritmo de deterioro ecológico y social que estamos padeciendo a escala planetaria exige que nos preguntemos con urgencia qué entendemos por <em>vida buena</em>, pues no parece que podamos asumir como bueno el modo de vida imperial que niega a la mayoría un presente y a la humanidad su futuro. Preguntarse acerca de la vida buena significa, en la práctica, discernir entre los determinantes que amenazan el mantenimiento de la vida y aquellos otros que propician su florecimiento  y calidad.</p>
<p>Bajo la noción de calidad de vida laten distintas dimensiones. Una de ellas se refiere indudablemente al acceso a una determinada cesta de bienes y servicios que garanticen la cobertura de las más elementales necesidades materiales. Pero la calidad de vida es algo más que eso, incluye otros factores que van más allá de este aspecto material y que influyen en lo que valoramos de la vida. A nadie le extraña que en las respuestas a la pregunta acerca de una vida de calidad la gente incorpore habitualmente alusiones a la salud, al disfrute del tiempo libre o a la compañía de sus seres queridos.<a href="#_ftn46" name="_ftnref46"><sup>46</sup></a> Así pues, y como ya hemos mencionado, la calidad de vida es un concepto multidimensional que incorpora tanto lo que tenemos (dotación de recursos) como lo que hacemos (actividades), sin olvidar dónde y con quién estamos (las circunstancias en las que nos movemos). <em>Tener</em>, <em>hacer</em> y <em>estar</em> son dimensiones siempre presentes en la evaluación de la calidad de vida.<a href="#_ftn47" name="_ftnref47"><sup>47</sup></a></p>
<blockquote><p><strong>Preguntarse acerca de la vida buena significa, en la práctica, discernir entre los determinantes que amenazan el mantenimiento de la vida y aquellos otros que propician su florecimiento</strong></p></blockquote>
<p>Cada una de estas dimensiones entraña, a su vez, aspectos objetivos y subjetivos. Los aspectos objetivos se refieren a las oportunidades que se nos abren en relación con los recursos a los que podemos acceder, las actividades que podemos desarrollar o las circunstancias –sociales y ambientales– en las que nos toca vivir. Los aspectos subjetivos tienen que ver con las valoraciones cognitivas y los sentimientos (positivos y negativos) que suscita todo lo anterior. Una vez resaltadas las dimensiones que abarca la calidad de vida, cabe preguntarse por los aspectos que necesitaríamos cultivar para favorecerla y los obstáculos que deberíamos remover para no entorpecerla. Tal vez pueda ayudar en la respuesta a estos interrogantes la mención de tres aspectos que se encuentran presentes en todas las cosas que logramos hacer y que representan elementos constitutivos del estado de una persona, ya sea estar bien alimentado, gozar de buena salud, evitar enfermedades o participar con autonomía en la vida comunitaria. Esos elementos son los siguientes: los <em>recursos</em>, el <em>tiempo</em> y las <em>relaciones</em>.</p>
<p>Recursos, tiempos y relaciones para lograr unos resultados en salud y autonomía sin menoscabo de las condiciones sociales y ecológicas en que se desenvuelve la vida. Solo así estaremos ante una vida digna de ser vivida. Solo así se posibilita el despliegue de las capacidades y libertades en las personas sin imponer servidumbres y sacrificios sobre otros seres humanos y especies, preservando la trama de la vida de la que formamos parte.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>FUHEM Ecosocial</strong> está formado por  Mateo Aguado, Santiago Álvarez Cantalapiedra, Monica Di Donato, Susana Fernández, Pedro Lomas y Nuria del Viso.</p>
<p>Acceso al texto completo en formato pdf: <a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/por_un_enfoque_ecosocial_para_el_estudio_de_la_vida_buena/" target="_blank" rel="noopener">P<em>or un enfoque ecosocial para el estudio de la vida buena</em></a>.</p>
<h4>NOTAS:</h4>
<p><a href="#_ftnref1" name="_ftn1"><sup>[1]</sup></a> Mateo Aguado, Diana Calvo, Candela Dessal, Jorge Riechmann, José A. González y Carlos Montes, «La necesidad de repensar el bienestar humano en un mundo cambiante», <em>Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global</em>, núm. 119, 2012, pp. 49-77., disponible en: <a href="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2018/12/Repensar_el_bienestar_humano_M._Aguado_y_otros.pdf" target="_blank" rel="noopener">https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2018/12/Repensar_el_bienestar_humano_M._Aguado_y_otros.pdf </a></p>
<p><a href="#_ftnref2" name="_ftn2"><sup>[2]</sup></a> Felicia A. Huppert, Nick Baylis y Barry Keverne, <em>The science of well</em>−<em>being</em>, Oxford University Press, USA, 2005.</p>
<p><a href="#_ftnref3" name="_ftn3"><sup>[3]</sup></a> Mark McGillivray, «Human well−being: Issues, concepts and measures», <em>Human well</em>−<em>being: Concept and measurement</em>, 2007, pp. 1-22.</p>
<p><a href="#_ftnref4" name="_ftn4"><sup>[4]</sup></a> Aristóteles, <em>Ética Nicomáquea</em>, Instituto de Estudios Políticos, Madrid, 1994.</p>
<p><a href="#_ftnref5" name="_ftn5"><sup>[5]</sup></a> Mateo Aguado, <em>Vivir bien en un planeta finito: Una mirada socio</em>−<em>ecológica al concepto de bienestar humano</em>, tesis doctoral, Universidad Autónoma de Madrid, 2016, pp. 37, disponible en: <a href="https://repositorio.uam.es/handle/10486/675536" target="_blank" rel="noopener">https://repositorio.uam.es/handle/10486/675536 </a></p>
<p><a href="#_ftnref6" name="_ftn6"><sup>[6]</sup></a> John F. Helliwell, Richard Layard y Jeffrey D. Sachs, <em>World Happiness Report 2015</em>, Sustainable Development Solutions Network, 2015, disponible en: <a href="https://s3.amazonaws.com/happiness-report/2015/WHR15_Sep15.pdf" target="_blank" rel="noopener">https://s3.amazonaws.com/happiness-report/2015/WHR15_Sep15.pdf</a></p>
<p><a href="#_ftnref7" name="_ftn7"><sup>[7]</sup></a> Douglas B. Rasmussen, «Human flourishing and the appeal to human nature«, <em>Social Philosophy and Policy</em>, núm. 16.1, 1999, pp. 1-43.</p>
<p><a href="#_ftnref8" name="_ftn8"><sup>[8]</sup></a> Jorge Riechmann, <em>¿Cómo vivir? Acerca de la vida buena</em>, Los Libros de la Catarata, Madrid, 2011.</p>
<p><a href="#_ftnref9" name="_ftn9"><sup>[9]</sup></a> Traducida normalmente por amistad, la <em>philía</em> realmente expresa todo sentimiento de afección y compromiso con los otros; sentimientos tales como amistad, amor, benevolencia, cooperación, filantropía, etc.</p>
<p><a href="#_ftnref10" name="_ftn10"><sup>[10]</sup></a> Mateo Aguado, 2012, <em>op. cit.</em>, pp. 52-53.</p>
<p><a href="#_ftnref11" name="_ftn11"><sup>[11]</sup></a> Francis Heylighen, «Evolution, selfishness and cooperation». <em>Journal of Ideas</em>, Vol 2, núm. 4, 1992, pp 70-76.</p>
<p><a href="#_ftnref12" name="_ftn12"><sup>[12]</sup></a> Omar Ovalle y Javier Martínez, «La calidad de vida y la felicidad», <em>Contribuciones a la Economía</em>, núm. 2006-12, 2006, disponible en: <a href="https://www.eumed.net/ce/2006/oojm.htm" target="_blank" rel="noopener">https://www.eumed.net/ce/2006/oojm.htm</a>.</p>
<p><a href="#_ftnref13" name="_ftn13"><sup>[13]</sup></a> Louis Tay, Lauren Kuykendall y Ed Diener. «Satisfaction and happiness–the bright side of quality of life», <em>Global handbook of quality of life: Exploration of well</em>−<em>being of nations and</em> <em>continents</em>, Springer, New York, 2015, pp. 839-853.</p>
<p><a href="#_ftnref14" name="_ftn14"><sup>[14]</sup></a> Ruut Veenhoven, <em>Measures of gross national happiness</em>, OECD World Economic, 2007.</p>
<p><a href="#_ftnref15" name="_ftn15"><sup>[15]</sup></a> Richard A. Easterlin, «Does Economic Growth Improve the Human Lot?  Some Empirical Evidence», en Paul A. David y Melvin Reder (ed): <em>Nations and Households in Economic Growth. Ensays in Honor of Moses Abramovitz</em>, Oxford University Press, Oxford, 1974, pp. 89-125.</p>
<p><a href="#_ftnref16" name="_ftn16"><sup>[16]</sup></a> David G. Myers y Jean M. Twenge, <em>Exploring social psychology</em>, McGraw−Hill, New York, 2012.</p>
<p><a href="#_ftnref17" name="_ftn17"><sup>[17]</sup></a> RAE (Real Academia Española), <em>Diccionario de la lengua española</em> (23ª ed.), 2014, disponible en: <a href="http://www.rae.es/" target="_blank" rel="noopener">http://www.rae.es/</a></p>
<p><a href="#_ftnref18" name="_ftn18"><sup>[18]</sup></a> Felicia A. Huppert, Nick Baylis y Barry Keverne, «Introduction: why do we need a science of well–being?», <em>Philosophical Transactions of the Royal Society of London</em>. Series B: Biological Sciences 359.1449, 2004, pp. 1331-1332 disponible en: <a href="https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC1693426/pdf/15347524.pdf" target="_blank" rel="noopener">https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC1693426/pdf/15347524.pdf</a></p>
<p><a href="#_ftnref19" name="_ftn19"><sup>[19]</sup></a> Joseph E. Stiglitz, Amartya Sen y Jean−Paul Fitoussi: <em>Medir nuestras vidas</em>, RBA, Barcelona, 2013, p.51.</p>
<p><a href="#_ftnref20" name="_ftn20"><sup>[20]</sup></a> Amartya Sen, «Well−being, agency and freedom the Dewey Lectures 1984», <em>Justice and the capabilities approach</em>, 2017, pp. 3-55.</p>
<p><a href="#_ftnref21" name="_ftn21"><sup>[21]</sup></a> Len Doyal e Ian Gough, <em>Teoría de las necesidades humanas</em>, Icaria/FUHEM, Barcelona/Madrid, 1994.</p>
<p><a href="#_ftnref22" name="_ftn22"><sup>[22]</sup></a> Allister McGregor, Andrew McKay y Jackeline Velazco, «Needs and resources in the investigation of well‐being in developing countries: illustrative evidence from Bangladesh and Peru», <em>Journal of Economic Methodology</em>, núm. 14.1, 2007, pp. 107-131.</p>
<p><a href="#_ftnref23" name="_ftn23"><sup>[23]</sup></a> Megan F. King, Vivian F. Renó y Evlyn M. Novo, «The concept, dimensions and methods of assessment of human well−being within a socioecological context: a literature review», <em>Social indicators research</em>, núm. 116, 2014, pp. 681-698.</p>
<p><a href="#_ftnref24" name="_ftn24"><sup>[24]</sup></a> James Kevin Summers, Lisa M. Smith, Jason L. Case y Rick A.  Linthurst, «A review of the elements of human well−being with an emphasis on the contribution of ecosystem services», <em>Ambio</em>, núm. 41(4), 2012, pp. 327-340.</p>
<p><a href="#_ftnref25" name="_ftn25"><sup>[25]</sup></a> Lin Roberts, Ann Brower, Geoffrey Kerr, Simon Lambert, Wendy McWilliam, Kevin Moore, Johen Quinn, David Simmons, Simon Thrush, Mike Townsend, Paul Blaschke, Robert Costanza, Ross Cullen, Ken Hughey y Steve Wratten, <em>The nature of wellbeing: how nature’s ecosystem services contribute to the wellbeing of New Zealand and New Zealanders</em>, Department of Conservation, Wellington, 2015, disponible en: <a href="https://www.doc.govt.nz/documents/science-and-technical/sap258entire.pdf" target="_blank" rel="noopener">https://www.doc.govt.nz/documents/science-and-technical/sap258entire.pdf</a></p>
<p><a href="#_ftnref26" name="_ftn26"><sup>[26]</sup></a> Joseph E. Stiglitz, Amartya Sen y Jean−Paul Fitoussi, <em>op. cit</em>., p. 113.</p>
<p><a href="#_ftnref27" name="_ftn27"><sup>[27]</sup></a> Richard Wilkinson y Kate Pickett, <em>Desigualdad</em>. <em>Un análisis de la (in)felicidad colectiva</em>, Turner, Madrid, 2009.</p>
<p><a href="#_ftnref28" name="_ftn28"><sup>[28]</sup></a> Santiago Álvarez Cantalapiedra, «La evaluación de la satisfacción de las necesidades: en torno a los indicadores del bienestar» en Alfonso Dubois, Juan Luis Millán y Jordi Roca (coords.): <em>Capitalismo, desigualdades y degradación ambiental</em>, Icaria, Barcelona, 2001, pp. 153-166.</p>
<p><a href="#_ftnref29" name="_ftn29"><sup>[29]</sup></a> Ruut Veenhoven, «The four qualities of life. Ordering concepts and measures of the good life», <em>Understanding human well</em>−<em>being</em>, núm 1, 2006, pp. 74-100 disponible en: <a href="https://personal.eur.nl/veenhoven/Pub2000s/2006f-full.pd" target="_blank" rel="noopener">https://personal.eur.nl/veenhoven/Pub2000s/2006f-full.pd</a>f</p>
<p><a href="#_ftnref30" name="_ftn30"><sup>[30]</sup></a> Begoña Candela−Martínez, Antonio D. Cámara, Diana López−Falcón, José M. Martínez−Carrión, «Growing taller unequally? Adult height and socioeconomic status in Spain (Cohorts 1940–1994)», <em>SSM </em>−<em> Population Health</em>, vol. 18, 2022, 101126, disponible en: <a href="https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S2352827322001057?via%3Dihub" target="_blank" rel="noopener">https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S2352827322001057?via%3Dihub</a></p>
<p><a href="#_ftnref31" name="_ftn31"><sup>[31]</sup></a> Ver, por ejemplo: 1) Joan Martínez−Alier y Klaus Schlüpmann, <em>La ecolog</em><em>ía y la economía</em>, Fondo de Cultura Económica, México D.F., 1991. 2) Robert Costanza, John H Cumberland, Herman E. Daly, Robert Goodland y Richard B Norgaard, <em>An introduction to Ecological Economics</em>, CRC Press, Boca Ratón, FL, USA, 1997. 3) Len Doyal e Ian Gough, <em>Teoría de las necesidades humanas</em>, Fuhem/Icaria, Madrid/Barcelona, 1994. 4) Manfred A. Max−Neff, <em>Desarrollo a escala humana</em>, Icaria, Barcelona, 1994. 5) Nicholas Georgescu−Roegen, <em>La Ley de la Entropía y el proceso econó</em><em>mico</em>, Fundación Argentaria, Madrid, 1996 [1971]. 6) Johan Rockström, Will Steffen, Kevin Noone<em> et.al.</em>, «A safe operating space for humanity», <em>Nature</em>, núm. 461, 2009, pp. 472-475. 7) Ulrich Brand, Barbara Muraca, Éric Pineault <em>et al</em>., «From planetary to societal boundaries: an argument for collectively defined self−limitation», <em>Sustainability: science, practice and policy</em>, núm. 17(1), 2021, pp. 265-292.</p>
<p><a href="#_ftnref32" name="_ftn32"><sup>[32]</sup></a> Mateo Aguado, 2016, <em>op. cit.</em>, p. 63.</p>
<p><a href="#_ftnref33" name="_ftn33"><sup>[33]</sup></a> Daniel W. O’Neill, Andrew L. Fanning, William F. Lamb y Julia K. Steinberger, «A good life for all within planetary boundaries». <em>Nature Sustainability</em>, 1 (2), 2018, pp. 88-95, disponible en: <a href="https://doi.org/10.1038/s41893-018-0021-4" target="_blank" rel="noopener">https://doi.org/10.1038/s41893−018−0021−4</a></p>
<p><a href="#_ftnref34" name="_ftn34"><sup>[34]</sup></a> Kate Raworth, <em>Economía rosquilla</em>, Paidós, Barcelona, 2018.</p>
<p><a href="#_ftnref35" name="_ftn35"><sup>[35]</sup></a> Daniel W. O’Neill <em>et al</em>., <em>op. cit.</em></p>
<p><a href="#_ftnref36" name="_ftn36"><sup>[36]</sup></a> Para más información al respecto se recomienda consultar la web: <a href="https://goodlife.leeds.ac.uk/" target="_blank" rel="noopener">https://goodlife.leeds.ac.uk/</a></p>
<p><a href="#_ftnref37" name="_ftn37"><sup>[37]</sup></a> José Astudillo, <em>Prácticas del Buen Vivir</em>, Ediciones Abya−Yala, Quito, 2020; Patricio Carpio, <em>Buen Vivir. Utopía para el siglo XXI</em>, FUHEM Ecosocial, Madrid, 2019. Puede consultarse también el semimonográfico del número 128 de la revista <em>Papeles de relaciones ecosociales y cambio global,</em> titulado «Propuestas para la buena vida» (invierno 2015), disponible en: <a href="https://www.fuhem.es/papeles/papeles-numero-128" target="_blank" rel="noopener">https://www.fuhem.es/papeles/papeles-numero-128</a>/</p>
<p><a href="#_ftnref38" name="_ftn38"><sup>[38]</sup></a> Alberto Acosta, «A modo de prólogo», en José Astudillo: <em>Prácticas del Buen Vivir</em>, Ediciones Abya−Yala, Quito, 2020, pp. 13-20.</p>
<p><a href="#_ftnref39" name="_ftn39"><sup>[39]</sup></a> Tomás Rodríguez Villasante, «El debate sobre el buen vivir y los problemas−caminos para medir los avances en la calidad y la sustentabilidad», <em>Papeles de relaciones ecosociales y cambio global</em>, núm. 128, FUHEM, Madrid, 2014, pp. 61-78, disponible en: <a href="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2018/12/El_debate_sobre_el_buen_vivir_y_los_problemas_caminos_para_medir_los_avances_en_la_calidad_de_vida_y_la_sustentabilidad_T_R_Villasante.pdf" target="_blank" rel="noopener">https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2018/12/El_debate_sobre_el_buen_vivir_y_los_problemas_caminos_para_medir_los_avances_en_la_calidad_de_vida_y_la_sustentabilidad_T_R_Villasante.pdf</a></p>
<p><a href="#_ftnref40" name="_ftn40"><sup>[40]</sup></a> Véase la entrevista a Michael Löwy realizada por Rafael Díaz−Salazar aparecida en el nº 315 de <em>El Viejo Topo</em> (abril de 2014) y complementaria de otra que, con los mismos protagonistas y en las mismas fechas, apareció publicada en el núm. 125 de <em>PAPELES de relaciones ecosociales y cambio global, disponible en: </em><a href="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2018/12/Entrevista_a_Michael_Lowy_R._Diaz-Salazar.pdf" target="_blank" rel="noopener">https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2018/12/Entrevista_a_Michael_Lowy_R._Diaz-Salazar.pdf</a></p>
<p><a href="#_ftnref41" name="_ftn41"><sup>[41]</sup></a> Alberto Acosta, <em>op. cit</em>., p. 20.</p>
<p><a href="#_ftnref42" name="_ftn42"><sup>[42]</sup></a> Ulrich Brand y Markus Wissen, <em>Modo de vida imperial</em>, Friedrich Ebert Stiftung, Ciudad de México, 2017. Para estos autores es el modo dominante en las sociedades del Norte global, que solo es posible explotando la fuerza de trabajo y los recursos de los países de la periferia (a través del intercambio económico y ecológico desigual) y transfiriendo a gran escala la carga ambiental hacia lugares lejanos de los centros capitalistas.</p>
<p><a href="#_ftnref43" name="_ftn43"><sup>[43]</sup></a> María Mies y Vandana Shiva,<em> Ecofeminismo (teoría, crítica y perspectivas)</em>, Icaria, Barcelona, 2015.</p>
<p><a href="#_ftnref44" name="_ftn44"><sup>[44]</sup></a> Lyla Metha y Melissa Leach, «¿Por qué la igualdad de género y la sostenibilidad van de la mano?», en VVAA: <em>Por qué las mujeres salvarán el Planeta</em>, Rayo Verde Editorial, Barcelona, 2019.</p>
<p><a href="#_ftnref45" name="_ftn45"><sup>[45]</sup></a> Nancy Fraser, <em>Los talleres ocultos del capital</em>, Traficantes de sueños, Madrid, 2020, disponible en: <a href="https://traficantes.net/sites/default/files/pdfs/PC_21_Talleres%20ocultos_web_baja_0.pdf" target="_blank" rel="noopener">https://traficantes.net/sites/default/files/pdfs/PC_21_Talleres%20ocultos_web_baja_0.pdf</a></p>
<p><a href="#_ftnref46" name="_ftn46"><sup>[46]</sup></a> Daniel Kahneman, Alan B. Krueger, David A. Schkade, Nobert Schwarz y Arthur A. Stone. «A Survey Method for Characterizing Daily Life. Experience: The Day Reconstruction Method», <em>Science</em>, núm. 306, 1776, 2004.</p>
<p><a href="#_ftnref47" name="_ftn47"><sup>[47]</sup></a> Por supuesto, no todo depende de factores externos, por lo que se podría añadir a las tres anteriores una dimensión interna a la persona que recoja su equilibrio emocional, su carácter, su entendimiento, etc. Podemos referirnos a esta cuarta dimensión como la del «ser».</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Un modo de vida que imposibilita la vida buena</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 08 May 2023 07:00:42 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Análisis]]></category>
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					<description><![CDATA[Santiago Álvarez Cantalapiedra nos adentra en la insostenibilidad ecológica y social del modo de vida imperial dominante. ¿Por qué queremos tener más de lo que necesitamos?]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><img decoding="async" class="alignright size-thumbnail wp-image-151335" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/04/161-300x423.jpg" alt="" width="300" height="423" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/04/161-300x423.jpg 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/04/161-450x634.jpg 450w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/04/161-768x1083.jpg 768w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/04/161-350x493.jpg 350w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/04/161-600x846.jpg 600w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/04/161-64x90.jpg 64w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/04/161.jpg 908w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /><strong>Santiago Álvarez Cantalapiedra</strong> escribe en la Introducción del número 161 de la revista <a href="https://www.fuhem.es/revista-papeles/" target="_blank" rel="noopener"><em>Papeles de relaciones ecosociales y cambio global</em></a> sobre la insostenibilidad ecológica y social del modo de vida <em>imperial</em> dominante, en su artículo <em>Un modo de vida que imposibilita la vida buena.</em></p>
<p>Uno de los rasgos que caracteriza nuestro modo de vida es el ansia de perseguir más de lo alcanzado</p>
<p><em><strong>¿Por qué las personas quieren tener más de lo que necesitan? </strong></em></p>
<p>Podemos apelar a la condición humana, señalando que el aburrimiento y el descontento innato constituyen un estímulo irrefrenable que empuja a la búsqueda incansable de novedad.</p>
<p>Resulta razonable pensar que la insatisfacción forma parte de nuestra naturaleza, que hay elementos de insaciabilidad arraigados en la personalidad, pero, ¿por qué se canalizan básicamente a través del consumo y otros signos de riqueza? ¿Acaso no existen otras formas más adecuadas de encauzar esos deseos superación y novedad? Para responder a esta pregunta hay que trascender la perspectiva individual y subjetiva para aproximarnos a nuestro carácter social. Las sociedades del rendimiento, basadas en el más acendrado individualismo competitivo, tienen una pasmosa facilidad para entrecruzar esas propensiones personales con las más variadas fuentes sociales de insaciabilidad.</p>
<blockquote><p><em><strong>El capitalismo exacerba la insatisfacción a través de múltiples vías: a través del consumo comparativo y la rivalidad por el estatus, legitimando la codicia y la ambición, mercantilizando la vida social y monetizándolo todo hasta hacer del culto al dinero una religión. </strong></em></p></blockquote>
<p>Filósofos y moralistas de casi todas las épocas han tratado de refrenar la desmesura humana, pero la cultura consumista contemporánea, que da forma al actual espíritu del capitalismo, ha desatado y convertido en costumbre lo que hasta hace no mucho constituían actitudes y valores socialmente reprobables.</p>
<p>Derivadas de una mezcla de envidia y deseo de pertenencia e identificación surgen dinámicas de emulación social con las que buscamos “no ser menos que nuestros vecinos”; motivados por un anhelo de distinguirnos y diferenciarnos de los demás, surgen mecanismos de distinción para demostrar “ser más que el resto”.</p>
<p>El sistema económico explota esos empeños, y a través de un amplio y seductor instrumental comunicativo −alimentado de publicidad, pantallas digitales y escenografía de consumo (cualquier espacio físico o virtual es convertido en un centro comercial)− ha logrado que nuestras vidas se desenvuelvan en medio de una vasta gama de mercancías a las que se otorga un carácter de bienes conspicuos, posicionales, oligárquicos, esnob o distinguidos, mientras se privatizan o se restringen los de carácter social, público y comunal. Circunstancias que sabemos suelen venir de la mano: opulencia mercantil acompañada de la desvalorización de los consumos sociales y compartidos, opulencia privada unida a la miseria pública.</p>
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<h4><strong>El precio de la opulencia</strong></h4>
<p>Estas dinámicas sociales tienen una contrapartida en la vida personal. Por un lado, el evidente coste de oportunidad de todo el tiempo y esfuerzo dedicado a perseguir el ingreso necesario para alcanzar un determinado nivel de estatus y comodidad que se retrae de actividades significativas y relaciones interpersonales gratificantes que hay que sacrificar para “ganarse” el sustento. En muchos casos, ni siquiera esos afanes alcanzan para garantizar una vida digna. Un porcentaje significativo de la población padece jornadas laborales maratonianas, en malas condiciones y con bajos sueldos. En España, por ejemplo, se trabaja más horas que la media de la OCDE, pero bajo formas de contratación atípicas con una pésima distribución de las horas laborales a lo largo de la semana. Por otro lado, la alta temporalidad y precarización condicionan la posibilidad del desarrollo de proyectos vitales, especialmente en los más jóvenes. Además, la evidencia científica nacional e internacional muestra que la precariedad laboral es un determinante social de la salud.</p>
<p>Una investigación reciente en nuestro país muestra que cuanto mayor es el nivel de precariedad laboral, mayor es también la prevalencia de padecer mala salud mental.<a href="#_ftn1" name="_ftnref1"><sup>[1]</sup></a> Este estudio señala que un tercio de los problemas de salud mental entre la población activa vienen asociados a la precarización: altos niveles de estrés, malestar emocional, trastornos del sueño, ansiedad o depresión. Esto acentúa, a su vez, las desigualdades sociales, pues <strong>la clase trabajadora</strong>, <strong>las mujeres</strong>, las <strong>personas migrantes</strong> y <strong>los jóvenes</strong> se encuentran entre los más afectados. Tal vez ayude a explicar por qué España es el país del mundo donde más ansiolíticos e hipnóticos se consumen por habitante. Padecer precariedad significa vivir una vida insegura, más frágil y acortada por la mayor probabilidad de morir antes de tiempo.</p>
<p>Por otro lado, se ha acelerado la degradación y destrucción de la naturaleza, especialmente desde la última mitad del siglo pasado siglo, cuando se incrementó de manera exponencial el crecimiento económico y, con ello, la población, el consumo energético, la extracción de recursos, resultando de todo ello unos impactos inmensos sobre los ecosistemas y el conjunto de la biosfera.</p>
<p>Este deterioro ecológico y social se encuentra vinculado al modo de vida actual (que engloba tanto la producción como el consumo). Su estructura y funcionamiento muestran el precio que hay que pagar por la prosperidad y la comodidad que promete y que no siempre procura. No es algo evidente, pues se arropa con todo tipo de oropeles, pero se empieza a atisbar sin mayor dificultad cuando se escarba lo que hay debajo de expresiones como <em>fast fashion</em> o <em>low cost</em>.</p>
<p>El caso de la industria textil es sintomático: tras la renovación incesante de la moda a bajo precio se esconden unas condiciones miserables en las fábricas manufactureras de países como Bangladesh, que utilizan el algodón procedente de la India. Algodón cultivado bajo un calor sofocante por agricultores empujados a convertirse en jornaleros (o a integrase en un sistema de producción bajo contrato), una vez que sus terruños y cultivos locales no resisten la imponente fortaleza de la industria algodonera a gran escala, la misma industria que envenena la tierra con sus abonos químicos y herbicidas y socava de paso la variedad genética con sus semillas (normalmente transgénicas).</p>
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<h4><strong>Un modo de vida imperial</strong></h4>
<p>Cuando el modo de vida imperante (es decir, las normas de producción y consumo que adopta la sociedad) socava las condiciones sociales y naturales sobre las se asienta, como así hace el capitalismo, el bienestar que proporciona se ve contrapesado por el malestar que ocasiona el reparto desigual de cargas sociales y ecológicas que lleva asociado.  Ahí se entrecruzan dinámicas de explotación y depredación que combinan relaciones coloniales, de clase y de género. Visto con perspectiva, da lugar a un precipitado histórico que enlaza viejos expolios coloniales con las nuevas formas de vida digital en las que ahora nos movemos.</p>
<p>El caso del Congo, al ser uno de los ejemplos de las mayores infamias cometidas, resulta ilustrativo: «Primero fueron los millones de esclavos (…) El maltrato no se detuvo ahí. En el siglo XIX fue el marfil, que se transforma en teclas de piano, estatuas religiosas o en figuras decorativas en las mansiones europeas. Poco después fue el oro blanco. En el año 1887, la invención del neumático con cámara por el veterinario escocés John Dunlop, unida a la popularización de los coches e instalaciones eléctricas en Europa, dispararon la fiebre por el caucho, obtenida de la savia lechosa de los árboles. La elevada demanda mundial y un sistema de extracción basado en el trabajo forzado disparó los beneficios, y Congo fue testigo de algunas de las escenas más sádicas de abuso y explotación de la historia (…) Con la llegada de la primera y la segunda guerra mundiales, los ojos europeos se dirigieron de nuevo hacia la riqueza del subsuelo congolés para cubrir el cobre necesario para la fabricación de balas y armamento militar. También el uranio de las bombas de Hiroshima y Nagasaki salió del Congo».<a href="#_ftn2" name="_ftnref2"><sup>[2]</sup></a> Esclavos para el comercio triangular, primero; luego, la codicia europea por los diamantes, el marfil, el algodón, la madera o el oro; a continuación, el caucho y el cobre que impulsaron los sectores automovilísticos y eléctricos de Occidente; en la actualidad, el coltán y el cobalto que se emplean en los móviles, ordenadores y cualquier otro cachivache electrónico, incluido el coche eléctrico. En el futuro quién sabe si será el enorme caudal de agua y el potencial de las corrientes del río Congo −principal reserva de agua dulce del continente− para producir energía “limpia” en un mundo amenazado por el cambio climático.</p>
<blockquote><p><strong><em>Tras el cuerno de la abundancia de los centros capitalistas, se halla esa otra realidad marcada por la sobreexplotación de la fuerza de trabajo de la periferia, el saqueo de sus recursos y la imposición de todo tipo de cargas ambientales. </em></strong></p></blockquote>
<p>Un modo de vida imperial que se reproduce a través de los actos de la vida cotidiana: cada vez que comemos, nos trasladamos o habitamos la ciudad. Un modo de vida que ha conformado una manera particular de alimentarnos, movernos y asentarnos sobre el territorio cuya violencia apenas se percibe porque se traslada a tierras remotas: «para la vida en los centros capitalistas −sostienen Brand y Wissen−, es decisiva la manera en que están organizadas las sociedades en otras partes, especialmente en el Sur global, y cómo configuran su relación con la naturaleza. Esto, a su vez, es la base para garantizar el traspaso de trabajo y naturaleza del Sur global necesario para las economías del Norte global. Y a su vez, el modo de vida imperial del Norte global contribuye de manera decisiva a estructurar en modo jerárquico las sociedades en otras partes. Hemos elegido conscientemente la expresión “en otras partes” por su indeterminación».<a href="#_ftn3" name="_ftnref3"><sup>[3]</sup></a> Otras partes que no son únicamente zonas geográficas, sino también realidades biopolíticas, de manera que la vida cotidiana queda sometida a esta situación de dependencia por razones estructurales impuestas por el capitalismo global.<a href="#_ftn4" name="_ftnref4"><sup>[4]</sup></a></p>
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<h4><strong>Más inconvenientes que ventajas</strong></h4>
<p>El capitalismo no resuelve sus contradicciones, solamente las traslada en el tiempo y en el espacio. A medida que la crisis ecológica global empezó a mostrar sus apremios y el capitalismo devino en mundial, esas posibilidades históricas de traslación temporal y geográfica se han reducido drásticamente, haciendo aflorar, tanto en centros como en periferias, los inconvenientes de este modo de vida característico de la civilización industrial. Tampoco el recurso al <em>solucionismo</em> tecnológico parece suficiente al crear nuevos problemas y agudizar, en la mayoría de los casos, las contradicciones. La digitalización y la transición energética, dejadas a merced de las fuerzas de mercado y los intereses corporativos, así lo atestiguan.</p>
<blockquote><p><strong><em>Hemos construido un modo de vida que poco contribuye a una vida de calidad.<a href="#_ftn5" name="_ftnref5"><sup>[5]</sup></a> Vivimos arrastrados por dinámicas sociales que no nos hacen más libres y saludables. </em></strong></p></blockquote>
<p>Los ritmos se aceleran por las imposiciones de la sociedad del rendimiento y los límites de la jornada laboral se vuelven cada vez más imprecisos. La buena vida no empieza después del trabajo ante la dificultad de disfrutar de un ocio autónomo y creativo. La exaltación de la rivalidad, del individualismo y de los particularismos nos separan y enfrentan a otras personas. La fragilidad de los lazos sociales conduce a un mayor aislamiento y soledad. Todo ello afecta a la salud física y emocional. El cansancio y el malestar social penetran en los cuerpos y en las mentes, alterando el sueño y generando ansiedad, depresión, abuso de drogas y medicamentos, un elevado consumo de psicofármacos y un mayor riesgo de suicidio.</p>
<p>Hemos creado entornos amenazantes en casi todos los ámbitos de nuestra vida cotidiana. En el ámbito de la alimentación, el incremento de productos procesados desequilibra nuestras dietas, aportando un exceso de grasas y azúcares. Unos alimentos que se obtienen de un modelo de producción agroindustrial que se encuentra entre las principales causas de la destrucción de la naturaleza. En la vida urbana, los atascos roban horas a nuestra vida, y las zonas congestionadas por el tráfico y contaminadas por los humos y los ruidos contribuyen al deterioro de nuestra salud. Las conurbaciones y las infraestructuras de transporte compartimentan el territorio.</p>
<p>Generamos una cantidad ingente de residuos de todo tipo que envenenan las aguas, el aire y la tierra. Se multiplican los riesgos vinculados a la desestabilización global del clima, a la pérdida de biodiversidad y a la contaminación. Aumentan las amenazas de eventos meteorológicos extremos (inundaciones, sequías, olas de frío y de calor, tormentas tropicales, incendios) y, en muchos casos, sus impactos sobre la productividad agraria y pesquera ponen en jaque la seguridad alimentaria. La pérdida de la biodiversidad favorece la propagación de enfermedades infecciosas y de pandemias.</p>
<p>Junto a la insostenibilidad ambiental de este modo de vida, se desencadenan otras tendencias no menos preocupantes. Persisten numerosas brechas de desigualdad, extensas bolsas de pobreza, desequilibrios territoriales y muchas personas ven erosionados sus derechos e hipotecados sus proyectos de vida ante procesos de precarización que generan vulnerabilidad e indefensión.</p>
<p>Cabe concluir que, aunque el capitalismo haya logrado un éxito incomparable en términos de opulencia material, incapacita en la misma medida para hacer un uso civilizado de ella. Eso significa que, a pesar de que se pudieran activar nuevos ciclos de crecimiento económico, nuestra posición actual para la consecución de una vida buena es peor de lo que era hace décadas. La existencia moderna, pese a sus considerables logros, adolece de rasgos fatales que inhiben el florecimiento de las personas y comprometen la supervivencia de la especie humana. En estas circunstancias, llama poderosamente la atención el abandono de la reflexión acerca de lo que significa hoy una vida buena. Posiblemente la razón de la desidia con la que la cultura mercantil contemporánea hace frente a esta pregunta tenga mucho que ver con el hecho de que nos conduciría a cuestionar radicalmente nuestro actual modo de vida.</p>
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<p><strong>Santiago Álvarez Cantalapiedra</strong>, director de <a href="https://www.fuhem.es/ecosocial/" target="_blank" rel="noopener">FUHEM Ecosocial</a> y de la revista <em><a href="https://www.fuhem.es/revista-papeles/" target="_blank" rel="noopener">Papeles de relaciones ecosociales y cambio global</a>. </em></p>
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<p>Acceso al texto completo en formato pdf: <a href="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/04/Un-modo-de-vida-que-imposibilita-la-vida-nueva-SAlvarez-Introduccion-161.pdf" target="_blank" rel="noopener"><em>Un modo de vida que imposibilita la vida buena.</em></a></p>
<h4><strong>NOTAS: </strong></h4>
<p><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Se trata del Informe PRESME, encargado por la Vicepresidenta Segunda del Gobierno de España y Ministra de Trabajo y Economía Social a una Comisión de expertos/as coordinada por el profesor Joan Benach con el objetivo de obtener un diagnóstico detallado de la precariedad laboral en España y sus efectos sobre la salud mental. La presentación de este informe se realizó el 11 de marzo de este año, y ofrecemos una sinopsis, con sus principales hallazgos y recomendaciones, en la sección de Ensayo de este mismo número de <em>Papeles</em>.</p>
<p><a href="#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a> Xavier Aldekoa, <em>Quijote en el Congo</em>, Península, Barcelona, 2023, pp. 32-33.</p>
<p><a href="#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a> Ulrich Brand y Markus Wissen: «Nuestro bonito modo de vida imperial. Cómo el modelo de consumo occidental arruina el planeta», <em>Nueva Sociedad, </em> núm. 279, enero-febrero de 2019, p. 28.</p>
<p><a href="#_ftnref4" name="_ftn4">[4]</a> Que la noción de colonia trasciende a un territorio administrado por una potencia extranjera, dan cuenta María Mies y Vandana Shiva al hablar de las mujeres, la naturaleza y los países periféricos como las colonias actuales del capitalismo global [en<em> Ecofeminismo (teoría, crítica y perspectivas)</em>, Icaria, Barcelona, 2015].</p>
<p><a href="#_ftnref5" name="_ftn5">[5]</a> Evaluar el modo de vida desde la perspectiva de la calidad de vida es el propósito del primer informe elaborado por FUHEM con el título <em>Informe Ecosocial sobre la calidad de vida en España:</em> <em>b</em><em>alance, tendencias y desafíos</em>, que se presentará en fechas próximas y podrá ser consultado a través de la página web de la Fundación.</p>
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