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	<title>Modo de vida &#8211; FUHEM</title>
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	<description>educación + ecosocial</description>
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	<title>Modo de vida &#8211; FUHEM</title>
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		<title>Conversaciones en torno al modo de vida y sus alternativas para una vida buena</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 25 Jun 2026 10:27:55 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Dosieres Ecosociales]]></category>
		<category><![CDATA[Calidad de vida]]></category>
		<category><![CDATA[Modo de vida]]></category>
		<category><![CDATA[Vida Buena]]></category>
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					<description><![CDATA[Reflexiones sobre cómo construir formas de vida compatibles con la justicia social, la democracia y los límites ecológicos del planeta.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div class="wpb-content-wrapper"><div data-parent="true" class="vc_row row-container" id="row-unique-0"><div class="row limit-width row-parent"><div class="wpb_row row-inner"><div class="wpb_column pos-top pos-center align_left column_parent col-lg-12 single-internal-gutter"><div class="uncol style-light"  ><div class="uncoltable"><div class="uncell no-block-padding" ><div class="uncont" ><div class="vc_custom_heading_wrap "><div class="heading-text el-text" ><h2 class="h2" ><span><strong>Conversaciones en torno al modo de vida y sus alternativas para una vida buena</strong></span></h2></div><div class="clear"></div></div></div></div></div></div></div><script id="script-row-unique-0" data-row="script-row-unique-0" type="text/javascript" class="vc_controls">UNCODE.initRow(document.getElementById("row-unique-0"));</script></div></div></div><div data-parent="true" class="vc_row row-container" id="row-unique-1"><div class="row limit-width row-parent"><div class="wpb_row row-inner"><div class="wpb_column pos-top pos-center align_left column_parent col-lg-8 single-internal-gutter"><div class="uncol style-light"  ><div class="uncoltable"><div class="uncell no-block-padding" ><div class="uncont" ><div class="uncode_text_column" ></p>
<blockquote>
<p><em><strong>El dosier reúne diversas reflexiones sobre cómo construir formas de vida compatibles con la justicia social, la democracia y los límites ecológicos del planeta. </strong></em></p>
</blockquote>
<p>El punto de partida es una crítica al capitalismo entendido no solo como sistema económico, sino también como modelo cultural que moldea deseos, aspiraciones y estilos de vida. El documento sostiene que este modelo ha generado profundas desigualdades sociales y una crisis ecológica global, al tiempo que ha limitado nuestra capacidad para imaginar alternativas.</p>
<p>El dosier organiza la conversación en dos bloques: en el primero indagamos sobre la vida buena como el marco de referencia necesario para evaluar cómo vivimos y orientarnos hacia cómo podríamos vivir sin morir en el intento. En el segundo, nos preguntamos cómo hacer posible una vida buena en ámbitos concretos de nuestra existencia sin olvidar que esta se desenvuelve con los demás y que forma parte de la trama de la vida del planeta.</p>
<p>No hay respuestas definitivas, simplemente una invitación a transitar por otros caminos.</p>
</div></div></div></div></div></div><div class="wpb_column pos-top pos-center align_center column_parent col-lg-4 single-internal-gutter"><div class="uncol style-light"  ><div class="uncoltable"><div class="uncell no-block-padding" ><div class="uncont" ><div class="uncode-single-media  text-left"><div class="single-wrapper" style="max-width: 100%;"><div class="tmb tmb-light  tmb-media-first tmb-media-last tmb-content-overlay tmb-no-bg"><div class="t-inside"><div class="t-entry-visual"><div class="t-entry-visual-tc"><div class="uncode-single-media-wrapper"><img fetchpriority="high" decoding="async" class="wp-image-175835" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2026/06/Conversaciones.jpg" width="501" height="710" alt="" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2026/06/Conversaciones.jpg 501w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2026/06/Conversaciones-450x638.jpg 450w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2026/06/Conversaciones-300x425.jpg 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2026/06/Conversaciones-350x496.jpg 350w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2026/06/Conversaciones-64x91.jpg 64w" sizes="(max-width: 501px) 100vw, 501px" /></div>
					</div>
				</div></div></div></div></div><span class="btn-container" ><a role="button"  href="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2026/06/Dosieres_Ecosociales-Conversaciones-en-torno-al-modo-de-vida-y-sus-alternativas-para-una-buena-vida.pdf" class="custom-link btn btn-lg border-width-0 btn-color-742106 btn-icon-left">Descargar</a></span></div></div></div></div></div><script id="script-row-unique-1" data-row="script-row-unique-1" type="text/javascript" class="vc_controls">UNCODE.initRow(document.getElementById("row-unique-1"));</script></div></div></div><div data-parent="true" class="vc_row row-container" id="row-unique-2"><div class="row limit-width row-parent"><div class="wpb_row row-inner"><div class="wpb_column pos-top pos-center align_left column_parent col-lg-12 single-internal-gutter"><div class="uncol style-light"  ><div class="uncoltable"><div class="uncell no-block-padding" ><div class="uncont" ><div class="uncode_text_column" ></p>
<h5><strong>BLOQUE I. </strong><strong>La necesaria reflexión sobre la vida buena como marco de referencia para evaluar cómo vivimos y orientarnos hacia cómo podríamos vivir sin morir en el intento. </strong></h5>
<h6><strong>La buena vida en la modernidad occidental, </strong><strong>Carmen Madorrán</strong></h6>
<p>La autora analiza cómo la cultura occidental ha tendido a identificar la vida buena con logros individuales, dificultando la construcción de una visión colectiva del bienestar. En el contexto de la crisis ecosocial, defiende que la vida buena debe replantearse a partir de las necesidades humanas reales y no de los deseos inducidos por el consumismo. Propone distinguir entre necesidades universales y satisfactores concretos, subrayando que no todas las formas de satisfacerlas son sostenibles. También reivindica una visión más relacional de la persona, consciente de su dependencia de otras personas y de la naturaleza.</p>
<h6><strong>Saberes ancestrales para itinerarios alternativos, </strong><strong>Patricio Carpio y José Astudillo</strong></h6>
<p>Los autores presentan el Buen Vivir (Sumak Kawsay) como una propuesta nacida de las cosmovisiones indígenas andinas. Frente al individualismo moderno, defienden una concepción de la vida basada en la comunidad, la reciprocidad, la complementariedad y la armonía con la naturaleza. Analizan la evolución histórica de este paradigma, su incorporación a la Constitución ecuatoriana de 2008 y sus dificultades para materializarse políticamente. Concluyen que el Buen Vivir constituye una referencia valiosa para construir modelos alternativos de convivencia y sostenibilidad.</p>
<h6><strong>El poscrecimiento como referencia hacia una vida buena, </strong><strong>Alberto Fraguas</strong></h6>
<p>Este capítulo cuestiona la idea de que el crecimiento económico continuo sea sinónimo de progreso. El autor plantea que la abundancia no debe medirse por la acumulación material, sino por la capacidad de garantizar bienestar, tiempo libre, servicios públicos y relaciones comunitarias. El poscrecimiento propone reorganizar la economía para situar en el centro los cuidados, la sostenibilidad y la calidad de vida. También analiza el desarrollo del movimiento poscrecentista y sus esfuerzos por influir en las políticas públicas y en la construcción de alternativas ecosociales.</p>
<h5><strong>BLOQUE II. Cómo hacer posible una vida buena</strong></h5>
<h6>Buena vida y trabajo, Albert Recio</h6>
<p>El autor reflexiona sobre el papel central que ocupa el trabajo asalariado en las sociedades actuales y cuestiona que esta sea la única forma válida de actividad social. Destaca la importancia de los cuidados y otros trabajos no mercantiles invisibilizados por el sistema económico. Defiende una reorganización del trabajo que reduzca desigualdades, favorezca la cooperación, mejore las condiciones laborales y permita compatibilizar la actividad económica con los límites ecológicos. También propone debatir qué trabajos son realmente útiles para una sociedad sostenible.</p>
<h6><strong>Consumo y estilos de vida, </strong><strong>Emilio Santiago Muiño</strong></h6>
<p>El capítulo critica el consumismo como principal vía para alcanzar bienestar y cuestiona la asociación entre riqueza material y felicidad. Defiende la posibilidad de construir una sociedad próspera dentro de los límites ecológicos mediante cambios tecnológicos, culturales y políticos. Propone sustituir el ideal de acumulación por una noción de abundancia basada en servicios públicos de calidad, relaciones comunitarias sólidas, tiempo disponible y satisfacción de necesidades reales. La transición exige transformar tanto los patrones de consumo como las estructuras económicas que los sostienen.</p>
<h6><strong>La ciudad que necesitamos para un modo de vida alternativo, </strong><strong>Carmen Mapis y Karen Waneska de Jesús</strong></h6>
<p>Las autoras analizan el papel de las ciudades en la construcción de modos de vida sostenibles. Plantean que el urbanismo debe priorizar la proximidad, la movilidad sostenible, los espacios públicos de calidad y el acceso equitativo a servicios básicos. Defienden ciudades diseñadas para las personas y no para los vehículos o la especulación inmobiliaria, favoreciendo la cohesión social, la resiliencia climática y la participación ciudadana.</p>
<h6><strong>El mundo rural en el buen vivir, </strong><strong>Luis del Romero</strong></h6>
<p>Este capítulo reivindica el papel estratégico del medio rural en las transiciones ecosociales. Frente a la despoblación y la marginalización de amplias zonas rurales, propone revalorizar sus capacidades para la producción sostenible de alimentos, la conservación de ecosistemas y el fortalecimiento de comunidades locales. El autor defiende una relación más equilibrada entre mundo urbano y rural, reconociendo la importancia de los territorios rurales para garantizar una vida buena y sostenible para el conjunto de la sociedad.</p>
<p><em><strong>La vida buena no puede seguir definiéndose por el crecimiento económico, el consumo ilimitado o el éxito individual, sino por la satisfacción de las necesidades humanas, la justicia social, el fortalecimiento de los vínculos comunitarios y el respeto a los límites ecológicos del planeta.</strong></em></p>
</div></div></div></div></div></div><script id="script-row-unique-2" data-row="script-row-unique-2" type="text/javascript" class="vc_controls">UNCODE.initRow(document.getElementById("row-unique-2"));</script></div></div></div><div data-parent="true" class="vc_row row-container" id="row-unique-3"><div class="row limit-width row-parent"><div class="wpb_row row-inner"><div class="wpb_column pos-top pos-center align_left column_parent col-lg-8 single-internal-gutter"><div class="uncol style-light"  ><div class="uncoltable"><div class="uncell no-block-padding" ><div class="uncont" ><div class="uncode_text_column" ><p>Esta publicación ha sido realizada con el apoyo financiero del <strong>Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITERD)</strong>. El contenido de la misma es responsabilidad exclusiva de <strong>FUHEM</strong> y no refleja necesariamente la opinión del <strong>MITERD</strong>.</p>
</div></div></div></div></div></div><div class="wpb_column pos-top pos-center align_left column_parent col-lg-4 single-internal-gutter"><div class="uncol style-light"  ><div class="uncoltable"><div class="uncell no-block-padding" ><div class="uncont" ><div class="uncode-single-media  text-left"><div class="single-wrapper" style="max-width: 100%;"><div class="tmb tmb-light  tmb-media-first tmb-media-last tmb-content-overlay tmb-no-bg"><div class="t-inside"><div class="t-entry-visual"><div class="t-entry-visual-tc"><div class="uncode-single-media-wrapper"><img decoding="async" class="wp-image-174846" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2026/05/Logo_Ministerio-de-Transaccion-Ecologica.webp" width="1280" height="296" alt="" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2026/05/Logo_Ministerio-de-Transaccion-Ecologica.webp 1280w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2026/05/Logo_Ministerio-de-Transaccion-Ecologica-450x104.webp 450w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2026/05/Logo_Ministerio-de-Transaccion-Ecologica-1200x278.webp 1200w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2026/05/Logo_Ministerio-de-Transaccion-Ecologica-300x69.webp 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2026/05/Logo_Ministerio-de-Transaccion-Ecologica-768x178.webp 768w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2026/05/Logo_Ministerio-de-Transaccion-Ecologica-350x81.webp 350w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2026/05/Logo_Ministerio-de-Transaccion-Ecologica-600x139.webp 600w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2026/05/Logo_Ministerio-de-Transaccion-Ecologica-64x15.webp 64w" sizes="(max-width: 1280px) 100vw, 1280px" /></div>
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		<title>La Calidad de Vida: Un Marco Interpretativo</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 15 Jun 2025 09:04:27 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<category><![CDATA[Calidad de vida]]></category>
		<category><![CDATA[Modo de vida]]></category>
		<category><![CDATA[Modo de vida imperial]]></category>
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					<description><![CDATA[Caracterización del modo de vida de la sociedad española y un marco de interpretación del mismo, desde la perspectiva de la calidad de vida.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p><img decoding="async" class="alignright size-medium wp-image-168661" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2025/07/2-Informe-Ecosocial-sobre-calidad-de-vida-Capitulo-1-450x635.jpg" alt="" width="450" height="635" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2025/07/2-Informe-Ecosocial-sobre-calidad-de-vida-Capitulo-1-450x635.jpg 450w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2025/07/2-Informe-Ecosocial-sobre-calidad-de-vida-Capitulo-1-300x424.jpg 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2025/07/2-Informe-Ecosocial-sobre-calidad-de-vida-Capitulo-1-350x494.jpg 350w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2025/07/2-Informe-Ecosocial-sobre-calidad-de-vida-Capitulo-1-64x90.jpg 64w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2025/07/2-Informe-Ecosocial-sobre-calidad-de-vida-Capitulo-1.jpg 575w" sizes="(max-width: 450px) 100vw, 450px" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong><em>El concepto de «modo de vida» remite a los patrones de producción, distribución y</em> consumo, así como al imaginario cultural y a las subjetividades fuertemente arraigadas en las prácticas cotidianas de la mayoría de la población. En este sentido, se trata de un modo de vida hegemónico, es decir, aceptado socialmente y arraigado política e institucionalmente con una influencia abrumadora en las prácticas ordinarias de las personas.</strong></p>
<p>&nbsp;</p></blockquote>
<p>El primer Capítulo del <em>2 Informe sobre Calidad de Vida en España,</em> elaborado por FUHEM Ecosocial, ofrece una caracterización del modo de vida de la sociedad española y un marco de interpretación del mismo desde la perspectiva de la calidad de vida.</p>
<h4></h4>
<h4></h4>
<h4>Introducción</h4>
<p>Hace ya más de una década que Johan Rockström y colaboradores<a href="#_ftn1" name="ftnref1"><sup>1</sup></a> publicaron su investigación sobre los límites planetarios. Rápidamente se convirtió en una referencia en la literatura sobre la sostenibilidad. Junto con la narrativa de la Gran Aceleración<a href="#_ftn2" name="_ftnref2"><sup>2</sup></a> y al concepto de Antropoceno,<a href="#_ftn3" name="_ftnref3"><sup>3</sup></a> el concepto de límites planetarios amplió el vocabulario científico y ayudó a evaluar, mediante variables de control, si la humanidad se mantiene en un umbral de seguridad, evitando la desestabilización de los ciclos biogeoquímicos de la Tierra y los riesgos asociados. La transgresión de este espacio de seguridad humana se ha visto impulsado por factores socioeconómicos que moldean los procesos y estructuras causantes de la crisis ecosocial subyacente.<a href="#_ftn4" name="_ftnref4"><sup>4</sup></a> En el trasfondo se encuentra la civilización industrial capitalista, con sus estructuras, instituciones, actores y relaciones de poder que impulsan unos flujos de materia y energía en constante expansión que resultan necesarios para su funcionamiento y reproducción social, definiendo el tipo de intercambios -el metabolismo social- que establecemos con la naturaleza.</p>
<p>La vida en las sociedades del capitalismo central resultaría difícil de explicar sin atender a la manera en que se organizan e insertan en la economía global las sociedades periféricas. Cualquier aspecto característico de nuestro modo de vida contiene trabajo y materias primas que provienen de la periferia. Esas condiciones sociales y ecológicas, normalmente invisibilizadas, permiten que estos productos puedan ser comprados y consumidos tan fácilmente. Estas prácticas cotidianas, así como las relaciones de poder sociales e internacionales subyacentes, generan y perpetúan el dominio de unas personas sobre otras y la explotación de la naturaleza, impulsando de ese modo la destrucción de ecosistemas, tensiones geopolíticas, desequilibrios territoriales, polarización social o empobrecimiento y destrucción de economías locales. Nos encontramos ante un modo de vida convertido en un bien posicional, exclusivo y excluyente, cuyas consecuencias se reflejan en forma de altos costes sociales y ecológicos desigualmente repercutidos.<a href="#_ftn5" name="ftnref5"><sup>5</sup></a></p>
<p>Se ofrece a continuación una caracterización del modo de vida de la sociedad española  y un marco de interpretación del mismo desde la perspectiva de la calidad de vida.</p>
<ol>
<li>
<h4><strong>Modo de vida</strong></h4>
</li>
</ol>
<p>El concepto de «modo de vida» remite a los patrones de producción, distribución y consumo, así como al imaginario cultural y a las subjetividades fuertemente arraigadas en las prácticas cotidianas de la mayoría de la población. En este sentido, se trata de un modo de vida <em>hegemónico</em>, es decir, aceptado socialmente y arraigado política e institucionalmente con una influencia abrumadora en las prácticas ordinarias de las personas. Prácticas y comportamientos que se generalizan en el conjunto de la sociedad y que forman parte de la cotidianeidad (por ejemplo, en la manera de alimentarse, vestirse, moverse y asentarse sobre el territorio), pero que se materializan de forma <em>desigual</em> y diversa en función de la posición que cada persona y grupo ocupa en la jerarquía social y las posibilidades de que dispone.</p>
<p>Esas diferencias estallan en una multiplicidad de «estilos de vida» marcados por las desigualdades de renta, de género, de etnia y por las preferencias culturales e identitarias de personas y grupos sociales. La cuestión relevante es que esta multiplicidad de «estilos de vida» que observamos en la actualidad descansa en última instancia en la estructura de un mismo modo de vida que las engloba.</p>
<p>Se podría añadir que, además de hegemónico y desigual, ese modo de vida es también <em>imperial</em> si existen fuertes vínculos entre esas prácticas cotidianas hegemónicas y desiguales con los intereses y estrategias empresariales y la geopolítica internacional, implicando un acceso a los recursos, al espacio, a las capacidades laborales y a los sumideros de todo el planeta a través de reglas económicas aseguradas mediante determinadas políticas, leyes y ejercicios de poder (tanto en la faceta violenta de fuerza coercitiva dura como en la meramente persuasiva), (véase la entrada “Imperialismo y colonialismo verde”). El modo de vida característico de las sociedades opulentas ha venido asociado históricamente a la producción sistemática de malas condiciones de trabajo, relaciones políticas autoritarias, condiciones de vida precarias y destrucción ecológica en otros lugares diferentes de donde se asienta, siendo un aspecto central de su constitución y vigencia los mecanismos de transferencia o externalización de costes sociales y ecológicos hacia otros territorios (Brand y Wissen, 2021). Para los centros capitalistas resulta decisiva la manera en que quedan organizadas las periferias, especialmente en el Sur global, y cómo configuran su relación con la naturaleza.</p>
<p>María Mies y Vandana Shiva (2015) sostienen que esas “otras partes” sobre las que descansa el modo de vida imperial no son únicamente zonas geográficas, sino también realidades biopolíticas, de manera que la noción de colonia trasciende a la de un territorio administrado por una potencia extranjera e incluye a las mujeres y a la naturaleza (y no solo a los países periféricos) como las colonias actuales del modo de vida del capitalismo patriarcal global.</p>
<ol start="2">
<li>
<h4><strong>Una categoría controvertida, pero necesaria para la economía inclusiva</strong></h4>
</li>
</ol>
<p>De lo dicho podemos concluir que el modo de vida no remite tanto a una realidad social uniforme como a otra marcada por la hegemonía, las desigualdades y las relaciones de dominación en un sentido plural y amplio. Es una forma de caracterizar de manera sintética una realidad dinámica de carácter estructural que contempla -además de las normas que organizan la producción, circulación y desigual acceso a las mercancías- el eventual deterioro ecológico y social, así como la transferencia -en el espacio y en el tiempo- de riesgos y costes a terceros.</p>
<p>Así, desde la perspectiva de la economía inclusiva el concepto de modo de vida sirve para integrar en los análisis diferentes dimensiones (políticas, ecológicas y de género) normalmente eludidas en los enfoques ortodoxos y permitir entender muchos comportamientos como efectos de unos mecanismos sociales de los que no son más que un engranaje, sin descuidar sus costes y consecuencias (sincrónicas y diacrónicas, cuantitativas y cualitativas) sobre colectivos sociales, espacios y totalidades. Es una noción compatible con la introducción de la perspectiva de la economía como un sistema abierto (véase la entrada “Sistemas abiertos”) y estimula la capacidad de hacer aflorar dimensiones ocultas que intervienen en el funcionamiento y reproducción de una sociedad (FUHEM, 2023).</p>
<p>Al mismo tiempo, esta noción presenta limitaciones evidentes cuando se queda en un plano meramente estructural e ignora los efectos que se desprenden de las actuaciones de las instituciones y de las políticas presentes en cualquier formación social histórica.</p>
<ol start="3">
<li>
<h4><strong>Calidad de vida</strong></h4>
</li>
</ol>
<p>La reflexión sobre la calidad de vida implica adentrarse en un terreno en el que se encuentran y entrecruzan las preocupaciones de filósofos y científicos sociales. Abordada a lo largo de la historia desde diferentes esferas del conocimiento, siendo mayoritariamente tratada desde el ámbito de la ética y la moral, en el fondo no es más que la reflexión sobre «lo que somos y lo que deseamos ser», cuestión que define la intersección entre el campo del análisis de los resultados obtenidos por una sociedad y el campo normativo que define lo que es una sociedad justa y sostenible.</p>
<p>La discusión sobre qué cabe entender por una vida buena y de calidad ha despertado un creciente interés en la medida en que empieza a ser evidente el deterioro social y ecológico que provoca el funcionamiento ordinario de la economía. Por ello, cada vez más instituciones internacionales, gobiernos nacionales y entidades locales vienen sugiriendo el empleo de diversas estimaciones de bienestar y calidad de vida con el fin de evaluar el progreso social real de sus países y regiones y así poder mejorar con esa evaluación sus políticas públicas.</p>
<p>Aunque las reflexiones en este ámbito han evolucionado con los años, incorporando en su análisis condiciones económicas, sociales y políticas, lo cierto es que la noción aún dominante de bienestar sigue estando ligada al convencimiento de que los ingresos y las propiedades materiales son la base de una vida buena. Sobre esta presunción se construye la idea que asocia el progreso con un incremento cuantitativo, esquivando consideraciones sobre su contenido cualitativo. El bienestar social queda así reducido a la prosperidad material, al aumento de la capacidad de compra y al aumento del consumo y, en definitiva, a lo que se entiende estadísticamente como nivel de vida.</p>
<p>Sin embargo, el bienestar es un concepto más amplio que el de «nivel de vida», pues incluye todos aquellos factores que influyen en lo que valoramos en nuestra existencia más allá de los aspectos adquisitivos. Reducirlo al nivel de vida es incorrecto por varias razones. Primera, porque los recursos económicos (bien sea el ingreso o el nivel y la estructura del consumo mercantil) son medios que se transforman en bienestar de formas diferentes según las personas; así, individuos que poseen mayor capacidad para disfrutar o más habilidades para el éxito en ámbitos valiosos de la vida pueden estar mejor incluso si manejan menos recursos económicos (Stiglitz, Sen y Fitoussi, 2013). En segundo lugar, porque muchos recursos que contribuyen al bienestar no proceden del mercado, sino de otros ámbitos no mercantiles ni monetarizados, tal y como recuerda la economía feminista. Y finalmente, porque la mayor parte de los determinantes del bienestar son circunstancias que no pueden ser reducidas a la tenencia o posesión de rentas o mercancías, sino que tienen que ver con actividades y relaciones sociales. De ahí que las medidas convencionales de esta visión reduccionista del bienestar suelan ignorar los trabajos domésticos y de cuidados, individuales o colectivos, que proporcionan una destacada contribución al bienestar de las comunidades y a la calidad de vida de las personas, y que tampoco logran capturar en modo alguno los muchos efectos negativos de las actividades económicas, como la contaminación y otros costes sociales y ambientales.</p>
<p>La expresión <em>calidad de vida</em> pretende corregir esa deriva reduccionista en la que incurrió la visión convencional y economicista del bienestar. Y lo hace abrazando un concepto multidimensional del bienestar que depende tanto de factores personales y sociales como de elementos objetivos y subjetivos. Además, la expresión calidad de vida incorpora dos consideraciones de especial interés. La primera tiene que ver con los logros o resultados obtenidos; la segunda con la importancia del entorno natural como condición prioritaria para el desarrollo de la vida humana y del entorno social como ámbito de oportunidades para que las personas puedan desarrollar sus capacidades y libertades (Nussbaum y Sen, 1996).</p>
<p>Una de las ideas fundamentales del enfoque de las capacidades es que cada persona debe tener la oportunidad de desarrollar sus capacidades hasta su máximo potencial. Nussbaum (2002) identifica, en ese sentido, toda una serie de capacidades centrales que considera esenciales para una vida digna, como por ejemplo:</p>
<p>1. Vida (ser capaz de vivir una vida humana de duración normal hasta su fin, sin una muerte prematura evitable o antes de que la propia vida quede reducida a algo que ya no merece vivirse);</p>
<p>2. Salud física (tener buena salud, incluyendo la salud reproductiva, nutrición y techo adecuados);</p>
<p>3. Integridad corporal (ser capaz de moverse libremente y estar seguro frente a potenciales agresiones);</p>
<p>4. Sentidos (ser capaz de imaginar, sentir y pensar de forma cultivada a través de una adecuada educación entendida en un sentido amplio);</p>
<p>5. Emociones (ser capaz de amar, vincularse y cuidar);</p>
<p>6. Razón práctica (para poder plasmar una concepción del bien y reflexionar críticamente sobre la propia vida);</p>
<p>7. Afiliación (poder vivir con y hacia los demás, reconocer y mostrar preocupación y respeto por otras personas y otras especies);</p>
<p>8. Ocio y juego (en el sentido de poder disfrutar de actividades recreativas);</p>
<p>9. Control sobre el entorno (tener derechos políticos y materiales, y poder participar en decisiones políticas que afecten la propia vida).</p>
<ol start="4">
<li>
<h4><strong>Una propuesta inclusiva: el enfoque ecosocial sobre la calidad de vida</strong></h4>
</li>
</ol>
<p>En el contexto de la actual crisis ecosocial la definición de la calidad de vida no es una cuestión meramente técnica, sino que requiere la adopción de un enfoque capaz de establecer prioridades, visualizar conflictos y relaciones de poder e integrar relaciones sociales y valores de igualdad y justicia. Además, debe permitir evaluar el <em>modo de vida</em> de la civilización industrial y hacer aflorar con claridad cómo las sociedades capitalistas entran en contradicción con otros sistemas al erosionar las bases sociales y naturales de los que depende para su funcionamiento y reproducción, provocando con ello una crisis que ha de ser entendida sobre todo como una crisis ecológica y de cuidados.</p>
<p>Preguntarse acerca de la vida buena en este contexto significa, en la práctica, discernir entre los determinantes que amenazan el mantenimiento de la vida y aquellos otros que propician su florecimiento y calidad. Esto representa el trasfondo y apuesta metodológica que ha guiado la elaboración <em>del I Informe Ecosocial sobre la Calidad de Vida en España</em> elaborado por FUHEM (2023).</p>
<p>El enfoque ecosocial sobre la calidad de vida orienta la mirada hacia los logros o resultados obtenidos por una sociedad. Desde un punto de vista centrado en las personas, una vida buena es una vida sana y autónoma. La posibilidad de obtener esos logros dependerá de si se garantiza:</p>
<p>1) un acceso adecuado y suficiente a los bienes socialmente necesarios,</p>
<p>2) unas relaciones -sociales e interpersonales- significativas y gratificantes</p>
<p>3) la capacidad de las personas para organizar su tiempo en</p>
<p>4) unos entornos —sociales y naturales— saludables.</p>
<p>La atención a las instituciones económicas, políticas y culturales que permitan el acceso universal y equitativo a una cesta de bienes y servicios que garanticen la cobertura óptima de las necesidades humanas ha de contemplarse como condición <em>sine qua non</em> para la materialización de los logros que dan sentido a la expresión calidad de vida. Una taxonomía de los bienes presentes en las distintas formas de consumo (privado mercantil, no mercantil, sociales y públicos), acompañada de la genealogía de los procesos mediante los que esos bienes finales son obtenidos y las consecuencias sociales y ambientales que se pudieran derivar de cómo son usados y desechados, es considerada útil para la elección —individual y colectiva— de los satisfactores más convenientes ante los problemas de falta de cobertura social e insostenibilidad ambiental (véase la entrada “Necesidades”).</p>
<p>Pero la calidad de vida es algo más que garantizar una canasta de consumo, incluye otros factores que van más allá de este aspecto material y que influyen en lo que valoramos de la vida. Como ya hemos mencionado, la calidad de vida es un concepto multidimensional que incorpora tanto lo que tenemos (dotación de recursos) como lo que hacemos (actividades), sin olvidar dónde y con quién estamos (las circunstancias en las que nos movemos). Así pues, se debe complementar la condición necesaria de acceso universal y equitativo a los bienes y servicios esenciales con las valoraciones referidas al uso del tiempo y las relaciones que desplegamos para lograr los resultados en salud y autonomía sin menoscabo de las condiciones sociales y ecológicas en las que se desenvuelve la vida.</p>
<p>De todo lo anterior podemos concluir que los factores clave para que una sociedad prospere tendrán que ver con la dotación de recursos, la organización de los tiempos y el grado de gratificación de las relaciones —sociales e interpersonales— necesarias para lograr unos resultados en salud y autonomía sin menoscabo de las condiciones sociales y ecológicas en las que se desenvuelve la existencia. Solo así estaremos ante una vida digna de ser vivida. Solo así se posibilita el despliegue de las capacidades y las libertades en las personas sin imponer servidumbres y sacrificios sobre otros seres humanos y especies, preservando la trama de la vida de la que formamos parte.</p>
<p>Este marco de comprensión de la calidad de vida exige otros criterios de medición diferentes de los habituales para valorar cómo evoluciona aquello que contribuye o entorpece al bienestar. Hay que evitar la tentación de querer sintetizar todo en un único indicador. Tal pretensión suele derivar en una especie de fetichismo estadístico. El problema se agrava si, además de usar un único marcador, el elegido es además claramente inadecuado para reflejar los vínculos del modo de vida con la calidad de vida (véase la entrada “Crítica a los indicadores macroeconómicos”). Los propósitos de los sistemas estadísticos son múltiples, y una medida diseñada para un propósito puede no funcionar para otro. De ahí que quepa preguntarse: ¿una única medida o un cuadro de mando de indicadores? Con un solo indicador no podemos reflejar algo tan complejo como nuestra sociedad y el bienestar que en ella se genera. En cambio, con un cuadro de indicadores a modo de panel es posible evaluar la amplia gama de factores físicos y de naturaleza socioeconómica implicados en la calidad de vida. El panel se puede organizar en un conjunto de ámbitos o dimensiones según su nivel de contribución al bienestar. El objetivo fundamental de ese conjunto de indicadores es ofrecer algo así como un barómetro que mida el grado de presión hacia una mejor calidad de vida para todos en el presente y para las generaciones venideras.</p>
<ol start="5">
<li>
<h4><strong>Evaluación del modo de vida desde un enfoque ecosocial centrado en la calidad de vida</strong></h4>
</li>
</ol>
<p>Evaluar el modo de vida actual desde la perspectiva de la calidad de vida no solo sirve para corregir la deriva reduccionista que asimila bienestar a nivel de ingreso y consumo, sino que permite además desvelar el precio que hemos de pagar por seguir manteniendo un modelo basado en el crecimiento económico indefinido dentro de un planeta finito. Para proceder a esa evaluación hay que analizar en primer lugar las estructuras de producción y consumo, así como las dinámicas que atraviesan ese modo de vida en una sociedad concreta (tendencias que pueden ser agrupadas en tres grandes bloques: desequilibrios territoriales, insostenibilidad ecológica y amenazas a la cohesión social por la persistencia de la pobreza, la precariedad y la desigualdad). Surge entonces, en segundo lugar, la pregunta de si ese modo de vida previamente caracterizado contribuye o no a una vida buena o de calidad.</p>
<p>Desde el enfoque ecosocial de la calidad de vida esa cuestión se reformulará de la siguiente manera: ¿Cómo afecta el modo de vida imperante a los objetivos de salud y autonomía que persiguen las personas y a los aspectos que consideramos básicos ‒acceso suficiente y universal a los recursos, relaciones significativas y tiempos para la autonomía personal en un entorno social y natural seguro‒ para conseguir aquellos logros?  La siguiente figura sintetiza un posible recorrido para responder a esa pregunta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;"><strong>Figura1</strong>: Evaluación de la calidad de vida desde una perspectiva ecosocial</p>
<p><img decoding="async" class="aligncenter size-full wp-image-168704" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2025/07/Figura1-Evaluacion-de-la-calidad-de-vida-desde-una-perspectiva-ecosocial.jpg" alt="" width="695" height="984" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2025/07/Figura1-Evaluacion-de-la-calidad-de-vida-desde-una-perspectiva-ecosocial.jpg 695w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2025/07/Figura1-Evaluacion-de-la-calidad-de-vida-desde-una-perspectiva-ecosocial-450x637.jpg 450w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2025/07/Figura1-Evaluacion-de-la-calidad-de-vida-desde-una-perspectiva-ecosocial-300x425.jpg 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2025/07/Figura1-Evaluacion-de-la-calidad-de-vida-desde-una-perspectiva-ecosocial-350x496.jpg 350w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2025/07/Figura1-Evaluacion-de-la-calidad-de-vida-desde-una-perspectiva-ecosocial-600x849.jpg 600w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2025/07/Figura1-Evaluacion-de-la-calidad-de-vida-desde-una-perspectiva-ecosocial-64x91.jpg 64w" sizes="(max-width: 695px) 100vw, 695px" /></p>
<p style="text-align: center;">Fuente: FUHEM, 2023</p>
<ol start="6">
<li>
<h4><strong>Conclusiones</strong></h4>
</li>
</ol>
<p>El balance que cabe hacer es que el modo de vida imperante, aunque ha logrado grandes cuotas de éxito en términos de opulencia material para algunos grupos en determinadas sociedades, no garantiza en la misma medida la autonomía y la salud (física, mental y emocional) de todos sus miembros, y constituye una seria amenaza global al derrumbar las condiciones para una vida civilizada, socavando las bases sociales y naturales sobre las que descansa la reproducción de la existencia social.</p>
<p>Todo esto plantea un escenario de creciente preocupación debido a las contradicciones entre los modos de vida y la transgresión del espacio de seguridad humana sostenible, una dinámica impulsada por factores socioeconómicos que moldean procesos y estructuras causantes de la crisis ecosocial. La propuesta aquí reflejada ofrece el marco para una agenda de investigación que, adoptando un enfoque integrador, ayude a impulsar el debate sobre lo que significa, en un contexto de profunda crisis civilizatoria, una vida de calidad digna de ser vivida.</p>
<h4><strong>BIBLIOGRAFÍA</strong></h4>
<p>Álvarez Cantalapiedra, S. (2019). <em>La gran encrucijada. Crisis ecosocial y cambio de paradigma</em>, Madrid: HOAC.</p>
<p>Brand, U. (2023). <em>Crisis del modo de vida y transiciones ecosociales, </em>Madrid: FUHEM Ecosocial y La Catarata.</p>
<p>Brand, U. y Wissen, M.  (2021). <em>Modo de vida imperial. Vida cotidiana y crisis ecológica del capitalis­mo</em>, Buenos Aires: Tinta Limón.</p>
<p>Mies, M. y Shiva, V. (2015): <em>Ecofeminismo (teoría, crítica y perspectivas)</em>, Barcelona: Icaria.</p>
<p>FUHEM (2023). <em>Informe Ecosocial sobre calidad de vida en España: balance, tendencias y desafíos, </em>Madrid, FUHEM: <a href="https://www.fuhem.es/informe-ecosocial/">https://www.fuhem.es/informe-ecosocial/</a></p>
<p>Kahneman, D., Krueger, A., Schkade, D., Schwarz, N. y Stone, A. (2004): A Survey Method for Characterizing Daily Life. Experience: The Day Reconstruction Method», <em>Science</em>, núm. 306, 1776.</p>
<p>Nussbaum, M. (2002). <em>Las mujeres y el desarrollo humano</em>, Herder.</p>
<p>Nussbaum, M. y Sen, A. (comp.) (1996): <em>La calidad de vida</em>, México: Fondo de Cultura Económica.</p>
<p>Stiglitz, J., Sen, A. y Fitoussi, J. (2013): <em>Medir nuestras vidas</em>, Barcelona: RBA.</p>
<h4>NOTAS:</h4>
<p><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">1</a> Rockström, J., W. Steffen, K. Noone, Å. Persson, F.S. Chapin, E.F. Lambin, T.M. Lenton, et al. 2009a. A safe operating space for humanity. Nature 461(7263): 472-475;</p>
<p>Rockström, J., W. Steffen, K. Noone, Å. Persson, I. F. S. Chapin, E. Lambin, T.M. Lenton, et al. 2009b. Planetary Boundaries : Exploring the safe operating space for humanity. Ecology and Society 14(2): 32.</p>
<p><a href="#_ftnref2" name="_ftn2">2</a> Steffen, W., W. Broadgate, L. Deutsch, O. Gaffney, y C. Ludwig. 2015. The trajectory of the Anthropocene: The Great Acceleration. The Anthropocene Review 2(1): 81-98;</p>
<p>Steffen, W.L., R.A. Sanderson, P.D. Tyson, J. Jäger, P.A. Matson, B. Moore III, F. Oldfield, et al. 2004. Global change and the earth system: a planet under pressure. Springer.</p>
<p><a href="#_ftnref3" name="_ftn3">3 </a>Crutzen, P.J. y E.F. Stoermer. 2000. The Anthropocene. IGBP Newsletter 41: 17-18.</p>
<p><a href="#_ftnref4" name="_ftn4">4</a> Ulrich Brand, Barbara Muraca, Éric Pineault, Marlyne Sahakian, Anke Schaffartzik, Andreas Novy, Christoph Streissler, Helmut Haberl, Viviana Asara, Kristina Dietz, Miriam Lang, Ashish Kothari, Tone Smith, Clive Spash, Alina Brad, Melanie Pichler, Christina Plank, Giorgos Velegrakis, Thomas Jahn, Angela Carter, Qingzhi Huan, Giorgos Kallis, Joan Martínez Alier, Gabriel Riva, Vishwas Satgar, Emiliano Teran Mantovani, Michelle Williams, Markus Wissen &amp; Christoph Görg (2021) From planetary to societal boundaries: an argument for collectively defined self-limitation, Sustainability: Science, Practice and Policy, 17:1, 264-291, DOI: 10.1080/15487733.2021.1940754</p>
<p><a href="#_ftnref5" name="_ftn5">5</a> Santiago Álvarez Cantalapiedra y Monica Di Donato, «Consumo y crisis ecosocial global», en Luis Enrique Alonso Benito (ed. lit.), Carlos Jesús Fernández Rodríguez (ed. lit.), Rafael Ibáñez Rojo (ed. lit.), <em>Estudios sociales sobre el consumo</em>, CIS, 2020, pp. 533-553.</p>
<p>Descargar el Capítulo completo en formato pdf: <a href="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2025/07/II-Informe-calidad-de-vida-en-Espana-Materiales-actividades-formativas-Capitulo-1-Marco-interpretativo.pdf" target="_blank" rel="noopener"><em>La Calidad de Vida: Un Marco Interpretativo.</em></a></p>
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		<title>I Informe Ecosocial sobre la Calidad de Vida en España</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 12 Jun 2023 09:37:55 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Alimentación]]></category>
		<category><![CDATA[Calidad de vida]]></category>
		<category><![CDATA[Cohesión Social]]></category>
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					<description><![CDATA[Presentamos el I Informe Ecosocial sobre la Calidad de Vida en España, un nuevo enfoque que debería guiar el diseño de políticas [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><em><img decoding="async" class="alignright wp-image-152185 size-thumbnail" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/05/Portada-Informe-1200x1697-1-300x424.jpg" alt="" width="300" height="424" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/05/Portada-Informe-1200x1697-1-300x424.jpg 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/05/Portada-Informe-1200x1697-1-450x636.jpg 450w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/05/Portada-Informe-1200x1697-1-768x1086.jpg 768w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/05/Portada-Informe-1200x1697-1-1086x1536.jpg 1086w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/05/Portada-Informe-1200x1697-1-350x495.jpg 350w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/05/Portada-Informe-1200x1697-1-600x849.jpg 600w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/05/Portada-Informe-1200x1697-1-64x91.jpg 64w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/05/Portada-Informe-1200x1697-1.jpg 1200w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" />Presentamos el <strong><a href="https://www.fuhem.es/informe-ecosocial/" target="_blank" rel="noopener">I Informe Ecosocial sobre la Calidad de Vida en España</a>,</strong> un nuevo enfoque que debería guiar el diseño de políticas que persigan una vida buena. </em></p>
<p>El Área Ecosocial de FUHEM presenta el <strong>I Informe Ecosocial sobre la Calidad de Vida en España</strong><strong>.</strong></p>
<p>En sus páginas, en primer lugar, se caracteriza el modo de vida de la sociedad española a través de un triple análisis que se centra en los gastos (alimentación, movilidad y vivienda), los recursos (energéticos y materiales), y los trabajos (remunerados y no remunerados). A continuación, se apuntan las tendencias que genera ese modo de vida, agrupadas en tres grandes epígrafes: insostenibilidad ambiental, desequilibrio territorial y amenazas sobre la cohesión social. Por último, se plantea una pregunta: ¿qué significa hoy una vida buena en el contexto de la crisis ecosocial provocada por nuestro modo de vida?</p>
<p><strong>I Informe Ecosocial sobre la Calidad de Vida en España </strong>concluye que una sociedad no puede prosperar cuando no lo hace la mayoría de sus miembros, cuando se atenta contra la cohesión social o se genera un ambiente adverso.</p>
<p>Este trabajo, que ofrece un nuevo enfoque para detectar algunos de los asuntos cruciales que deberían centrar la atención al diseñar políticas que persigan una vida buena, se ha presentado hoy a los medios de comunicación y será el eje de actos inminentes como el próximo encuentro en el marco de los <a href="https://www.fuhem.es/2023/05/08/la-insoportable-insostenibilidad-de-nuestro-modo-de-vida/" target="_blank" rel="noopener">Debates para un Pensamiento Inclusivo</a> o el de <a href="https://www.fundaciones.org/es/noticias-aef/calidad_de_vida_en_la_transicion_ecologica" target="_blank" rel="noopener">Despertadores climáticos. Calidad de vida en la transición ecológica.</a></p>
<p>Acceso al resumen ejecutivo del Informe y el <a href="https://www.fuhem.es/informe-ecosocial/" target="_blank" rel="noopener">Informe completo</a> para su descarga.</p>
<h4><strong>Modo de vida </strong></h4>
<p><u>¿Cuáles son las características principales del modo de vida en España?</u></p>
<p>El modo de vida de la civilización industrial actual viene definido a partir de tres grandes ámbitos: <strong>la alimentación, la movilidad y la vivienda</strong>. Absorben la mayor parte del gasto de las familias y son responsables del mayor número de impactos sobre la salud, la vida social y la destrucción de los ecosistemas.</p>
<p><em>Alimentación: </em></p>
<ul>
<li>Constante proceso de estandarización en todos sus eslabones: producción, comercialización y consumo.</li>
<li>Las diversas crisis y el aumento de precios de los alimentos supone un incremento del presupuesto familiar que obliga a reducir otras categorías del gasto de los hogares.</li>
<li>Los hogares más pobres solo pueden permitirse una dieta poco variada y de menor calidad.</li>
</ul>
<p><em>Movilidad</em></p>
<ul>
<li>Modelo marcado por el protagonismo del automóvil privado que exige un esfuerzo considerable en el presupuesto familiar.</li>
<li>Este modelo condiciona la organización del territorio y la integralidad ecológica de la naturaleza e impacta negativamente sobre la vida y la salud de las personas.</li>
</ul>
<p><em>Vivienda</em></p>
<ul>
<li>Predomina la propiedad frente al alquiler y el derecho de uso.</li>
<li>El alquiler experimenta un aumento significativo asociado a la precariedad de jóvenes y trabajadores que no pueden acceder a una vivienda en propiedad.</li>
<li>El alquiler social en España es apenas testimonial.</li>
</ul>
<p><u>¿Qué recursos energéticos y materiales requiere ese modo de vida?</u></p>
<p><em>Requerimientos energéticos:</em></p>
<ul>
<li>Gran dependencia energética de los recursos fósiles y del exterior.</li>
<li>El aprovechamiento de los recursos renovables domésticos ha experimentado un importante incremento en los últimos años (llegando a alcanzar el 50% en la generación de electricidad), bajo el impulso de grandes parques eólicos y fotovoltaicos.</li>
</ul>
<p><em>Requerimientos materiales:</em></p>
<ul>
<li>Saldo netamente importador: la extracción indirecta asociada a las importaciones multiplica por entre 3 y 7 los requerimientos directos de materiales.</li>
<li>El grueso de la extracción doméstica y el uso de materiales está marcado por el sector inmobiliario y su evolución bajo el impulso de ciclos especulativos.</li>
<li>No se cierran los ciclos productivos: sólo el 10% de los materiales que entran a la economía vuelve a la misma.</li>
</ul>
<p><u>¿Cuánto y qué tipo de trabajos requiere este modo de vida?</u></p>
<p><em>Requerimientos de trabajo mercantil:</em></p>
<ul>
<li>El trabajo remunerado en España presenta dos rasgos principales: carácter muy estacional y estrecha ligazón con la coyuntura económica (con consecuencias en términos de precarización laboral: muchas modalidades de contratación atípica y horas trabajadas no pagadas).</li>
<li>La duración media de la vida laboral se ha incrementado por el aumento de participación de las mujeres en el mercado de trabajo y el aumento de la edad media de jubilación.</li>
</ul>
<p><em>Requerimientos de trabajo no mercantil</em></p>
<ul>
<li>El trabajo no remunerado descansa principalmente en las mujeres y representa, para muchas de ellas, el desempeño de una “doble jornada”.</li>
<li>El fenómeno de la doble jornada se amplió durante la crisis y se agudizó con las necesidades derivadas de la pandemia.</li>
</ul>
<h4><strong>Tendencias</strong></h4>
<p>Las tendencias que atraviesan el modo de vida y el modelo socioeconómico asociado al mismo se organizan en tres grandes bloques: <strong>desequilibrios territoriales, insostenibilidad ecológica y amenazas a la cohesión social</strong> por la persistencia de la pobreza, la precariedad y la desigualdad.</p>
<p><em>Desequilibrio y polarización territorial</em></p>
<ul>
<li>El dinamismo económico y la población española están cada vez más concentrados en el territorio, especialmente en la costa y alrededor de grandes áreas urbanas, abocando a las zonas rurales (sobre todo del interior) a un futuro incierto.</li>
<li>Se observa una tendencia a la desvertebración territorial: zonas rurales que expulsan población y quedan especializadas en la extracción de recursos y el vertido de residuos contrastan con grandes zonas urbanas que atraen población y recursos, centradas en la acumulación y el consumo.</li>
</ul>
<p><em>Insostenibilidad</em></p>
<p>La insostenibilidad ambiental del modo de vida en España se manifiesta de múltiples formas:</p>
<ul>
<li>Aumento de los procesos erosivos e incremento de la superficie del país en riesgo de desertificación.</li>
<li>Sobreexplotación de los ecosistemas y contaminación del aire, agua y suelo.</li>
<li>Los efectos del cambio climático están provocando un aumento de eventos climáticos extremos, elevación del nivel del mar y alteración de muchos ecosistemas.</li>
</ul>
<p><u>Pobreza, precariedad y desigualdad</u></p>
<ul>
<li>Una de cada cuatro personas se encuentra en riesgo de pobreza o exclusión social.</li>
<li>En torno al 15% de la población ocupada de España, pese a tener trabajo, se encuentra en riesgo de pobreza o exclusión social debido a la precarización laboral.</li>
<li>La multidimensionalidad y transversalidad de la desigualdad se muestran con especial claridad en España, agudizándose en las últimas décadas.</li>
</ul>
<h4><strong>Evaluar el modo de vida desde la calidad de vida</strong></h4>
<p>El Informe se cierra con una evaluación a partir de la siguiente pregunta: ¿Cómo afectan el modo de vida y las tendencias analizadas a la vida de las personas? Desde el punto de vista del sujeto, una vida sana y autónoma es una vida buena (de calidad). Si la calidad en la vida de una persona es entendida como aquella capaz de garantizar bienes necesarios, relaciones significativas y tiempo para la autonomía personal en un entorno social y natural seguro, ¿el modo de vida vigente en España y las tendencias que lo atraviesan contribuyen o no a una vida buena?</p>
<ul>
<li>Nuestro modo de producción y consumo ha puesto la vida bajo la tiranía de la eficiencia y el rendimiento.</li>
<li>Ese modo de vida provoca un deterioro social y ecológico que, además de erosionar las bases sociales y naturales sobre las que descansa, ocasiona graves consecuencias sobre la salud física, emocional y mental de las personas.</li>
<li>Entre los síntomas del menoscabo de la vida saludable de las personas se encuentran el cansancio y el padecimiento de numerosos malestares.</li>
<li>Eso explica, en parte, que España sea el país del mundo donde más ansiolíticos e hipnóticos se consumen por habitante.</li>
<li>La autonomía, al igual que la salud, también se ve afectada por el modo de vida. La forma y ritmos de vida predominantes aíslan y fragilizan a las personas.</li>
<li>Entre los síntomas de este menoscabo de la capacidad autónoma de las personas por debilitamiento de los vínculos sociales se encuentra el aumento de la soledad y el aislamiento social y las tendencias reseñadas de pobreza, precariedad y desigualdad.</li>
<li>Los rasgos predominantes en los principales <strong>componentes</strong> del actual modo de vida -alimentación, movilidad, vivienda y urbanismo-, así como las <strong>tendencias </strong>analizadas, poco contribuyen a la calidad de vida:
<ul>
<li>El <em>modelo alimentario</em> tiene importantes repercusiones sobre el ambiente y presenta fallas en relación con la salud de las personas por el deterioro de la dieta consecuencia de la creación de un entorno obesogénico, que afecta especialmente a los sectores sociales más humildes.</li>
<li>El <em>modelo inmobiliario español, </em>al dificultar el acceso a la vivienda y tener altos impactos ambientales, menoscaba el bienestar social y acentúa el deterioro ecológico.</li>
<li>El <em>modelo de movilidad</em> protagonizado por el vehículo privado y la carretera es altamente ineficiente por los altos costes ambientales, sociales y su alta siniestralidad.</li>
<li><em>La tendencia al desequilibrio territorial</em> condiciona las oportunidades de las personas y el acceso efectivo a los servicios públicos, profundizando las desigualdades.</li>
<li><em>La insostenibilidad </em>afecta a nuestra salud y nos hace más vulnerables. Nuestras vidas se vuelven más inseguras ante la amenaza de eventos climáticos extremos, la expansión de enfermedades infecciosas o el incremento de crisis alimentarias.</li>
<li><em>La pobreza y la exclusión social </em>vulneran derechos fundamentales y provocan que las personas se encuentren antes graves carencias y en situación de indefensión.</li>
<li><em>La precarización laboral </em>provoca problemas de salud mental y mata por las altas tasas de siniestrabilidad que lleva asociadas. Impide que las personas desarrollen un proyecto vital y hace que sus vidas se muevan en la inseguridad.</li>
<li><em>Las desigualdades</em> atentan contra la igualdad de oportunidades, corroen la cohesión social y son una fuente importante de malestar; agudizan los problemas sociosanitarios y deterioran la salud de la sociedad, al tiempo que profundizan en la insostenibilidad al impulsar pautas de consumo ostentosas y dinámicas de emulación que asientan el imaginario consumista.</li>
</ul>
</li>
</ul>
<p><strong><em> </em></strong></p>
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		<title>Modo de vida, vida buena y crisis ecosocial. Papeles 161</title>
		<link>https://www.fuhem.es/2023/05/08/modo-de-vida-vida-buena-y-crisis-ecosocial-papeles-161/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 08 May 2023 07:50:23 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<category><![CDATA[agroecología]]></category>
		<category><![CDATA[Alimentación]]></category>
		<category><![CDATA[Bienestar humano.]]></category>
		<category><![CDATA[Crisis Ecosocial]]></category>
		<category><![CDATA[Decrecimiento]]></category>
		<category><![CDATA[Modo de vida]]></category>
		<category><![CDATA[Modo de vida imperial]]></category>
		<category><![CDATA[Movilidad]]></category>
		<category><![CDATA[Transición Ecosocial]]></category>
		<category><![CDATA[Vida Buena]]></category>
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					<description><![CDATA[Una vida buena −digna y segura− ha sido y es, la principal aspiración humana que ha recorrido las culturas de todo tiempo y lugar, aunque bajo diferentes concepciones y configuraciones.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><img decoding="async" class="alignright wp-image-151335 size-thumbnail" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/04/161-300x423.jpg" alt="" width="300" height="423" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/04/161-300x423.jpg 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/04/161-450x634.jpg 450w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/04/161-768x1083.jpg 768w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/04/161-350x493.jpg 350w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/04/161-600x846.jpg 600w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/04/161-64x90.jpg 64w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/04/161.jpg 908w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" />Una <em>vida buena</em> −digna y segura− ha sido y es, la principal aspiración humana que ha recorrido las culturas de todo tiempo y lugar, aunque bajo diferentes concepciones y configuraciones.</p>
<p>En la actualidad, amarrados como estamos a un modo de vida −de producción y consumo− que nos arrastra a una gravísima crisis ecosocial global, cargando los costes sobre la naturaleza, las mujeres y otros territorios, resulta aún más urgente reflexionar sobre qué significa una <em>vida buena</em> y de calidad para todos y todas.</p>
<p>El hecho insoslayable de los límites ecológicos del planeta debe enmarcar tal reflexión. Por ello, en este punto de la historia, <em>la vida buena</em> deberá definirse como aquella capaz de desenvolverse en un <em>equilibrio</em> dinámico con la naturaleza. Esto exige cambios colosales del modo de vida y de nuestros patrones mentales, pasando de la noción socioeconómica del bienestar que actualmente domina el imaginario colectivo –basado en prismas mercantilistas y cortoplacistas– a una noción sostenible y armónica de la vida, que exige cuidar la salud de los entornos sociales y naturales.</p>
<p>El número 161 de la revista <em>Papeles de relaciones ecosociales y cambio global</em>, reflexiona sobre los principales ejes de transformación: transporte, urbanismo y alimentación, además de presentar un enfoque teórico tentativo para calibrar la calidad de vida en el marco de la crisis ecosocial.</p>
<p>En la <strong>Introducción</strong> del número, <strong>Santiago Álvarez Cantalapiedra</strong> nos adentra en la insostenibilidad ecológica y social del modo de vida <em>imperial</em> dominante.</p>
<p><strong>A Fondo</strong> se abre con un artículo del <strong>Equipo de FUHEM Ecosocial</strong> que presentan un enfoque ecosocial para evaluar la calidad de vida. <strong>Max Koch</strong> examina el papel potencial del bienestar y las políticas sociales en un contexto de profunda transformación ecosocial y poscrecimiento, tomando el caso de Suecia. <strong>Carlos Verdaguer </strong>explora los lazos entre calidad de vida y habitabilidad en las ciudades. <strong>Alfonso Sanz</strong> analiza los escollos de la movilidad y las falsas alternativas. <strong>Kattya Cascante</strong> revisa el sistema global alimentario y sus múltiples fallas, mientras que <strong>Carolina Yacamán</strong> explora las alternativas para la transición alimentaria. Por su parte, <strong>Nuria del Viso</strong> y <strong>Mateo Aguado</strong> ponen en valor las prácticas “procomunitarias” de autoprotección y resiliencia frente a los impactos de este modo de vida “averiado”.</p>
<p>En <strong>Actualidad</strong>, <strong>Mª Teresa Vicente</strong> aborda la cuestión de los derechos de la naturaleza a partir del caso de la ILP de protección del Mar Menor y su tramitación y aprobación parlamentaria en 2022. Por su parte, <strong>Pere Ortega</strong> explora las alternativas al enfoque estatocéntrico de la seguridad y su expresión en la guerra.</p>
<p><strong>Ensayo</strong> incluye una síntesis del informe PRESME sobre precariedad laboral y salud mental encargado por el Ministerio de Trabajo y elaborado por un equipo coordinado por <strong>Joan Benach</strong>.</p>
<p><strong>Referentes</strong> repasa de la mano de <strong>Alfonso Díez Prieto</strong> la figura del pedagogo Lorenzo Milani en el centenario de su nacimiento.</p>
<p>El número se cierra con la sección <strong>Lecturas</strong>.</p>
<p>A continuación, ofrecemos el sumario de la revista y dos artículos descargables de forma gratuita: la Introducción del número de Santiago Álvarez Cantalapiedra y el artículo del equipo de <strong>FUHEM Ecosocial, </strong>Por un enfoque ecosocial para el estudio de la <em>vida buena.</em></p>
<h4><a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/sumario-161/" target="_blank" rel="noopener"><span style="color: #3366ff;"><strong>SUMARIO</strong></span></a></h4>
<h4><span style="color: #3366ff;"><strong>INTRODUCCIÓN</strong></span></h4>
<p><a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/un-modo-de-vida-que-imposibilita-la-vida-buena/" target="_blank" rel="noopener">Un modo de vida que imposibilita la <em>vida buena</em></a>, <strong>Santiago Álvarez Cantalapiedra.</strong></p>
<h4><span style="color: #3366ff;"><strong>A FONDO</strong></span></h4>
<p><a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/por_un_enfoque_ecosocial_para_el_estudio_de_la_vida_buena/" target="_blank" rel="noopener">Por un enfoque ecosocial para el estudio de la <em>vida buena</em></a><em>, </em><strong>FUHEM ECOSOCIAL</strong></p>
<p>Bienestar sin crecimiento, <strong>Max Koch</strong>.</p>
<p>Calidad de vida urbana para la transición ecológica, <strong>Carlos Verdaguer</strong>.</p>
<p>La movilidad ¿buena? Sobre el futuro de la movilidad en la transición socioecológica,<strong> Alfonso Sanz Alduán</strong>.</p>
<p>El sistema agroalimentario industrial global es parte del problema, <strong>Kattya Cascante</strong>.</p>
<p>Tres claves para la transición agroalimentaria: decrecimiento, agroecología y políticas urbanas alimentarias, <strong>Carolina Yacamán</strong>.</p>
<p>Lazos procomunitarios para navegar la multicrisis ecosocial,<strong> Nuria del Viso y Mateo Aguado</strong>.</p>
<h4><span style="color: #3366ff;">ACTUALIDAD</span></h4>
<p>Giro ecocéntrico en el ordenamiento jurídico español: el Mar Menor, un ecosistema con derechos. El camino hacia la paz con la naturaleza,<strong> Teresa Vicente Giménez</strong>.</p>
<p>Alternativas a la seguridad y la defensa de los estados,<strong> Pere Ortega</strong>.</p>
<h4><span style="color: #3366ff;"><strong>ENSAYO</strong></span></h4>
<p>Precariedad y salud mental. Conocimientos y políticas. Sinopsis del Informe PRESME, <strong>Joan Benach</strong> (coord.),  <strong>Fernando Alonso</strong>,<strong> Diego Álvarez Alonso</strong>, <strong>Lucía Artazcoz</strong>,<strong> Edgar Cabanas</strong>,<strong> Belén González Callado</strong>,<strong> Nuria Matilla-Santander</strong>,<strong> Carles Muntaner</strong>,<strong> María Gema Quintero LIma</strong>,<strong> Remedios Zafra y Ferran Muntané</strong>.</p>
<h4><span style="color: #3366ff;"><strong>REFERENTES</strong></span></h4>
<p>Cien años de Lorenzo Milani, el maestro de Barbiana. Cura y maestro entre los pobres, <strong>Alfonso Díez Prieto</strong>.</p>
<h4><span style="color: #3366ff;">LECTURAS</span></h4>
<p><em>Simbioética</em>, de Jorge Riechmann.</p>
<p><strong>Cristian Moyano</strong></p>
<p><em>Sin energía. Pequeña guía para el gran descenso</em>, de Antonio Turiel.</p>
<p><strong>Mateo Aguado</strong></p>
<p><em>Etica del rewilding</em>, de Cristian Moyano.</p>
<p><strong>Pedro L. Lomas</strong></p>
<p><em>Contra la sostenibilidad</em>, de Andreu Escrivá.</p>
<p><strong>Monica Di Donato</strong></p>
<h4><span style="color: #3366ff;"><strong>Cuaderno de notas</strong></span></h4>
<h4><a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/resumenes-161/" target="_blank" rel="noopener"><span style="color: #3366ff;">RESÚMENES</span></a></h4>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Información y compras</strong>:</h3>
<p>Tel.: +34 914310280</p>
<p>Email: <a href="mailto:publicaciones@fuhem.es">publicaciones@fuhem.es</a></p>
<p>Puedes adquirir la revista <strong>PAPELES</strong> en nuestra <a href="https://www.fuhem.es/product/modo-de-vida-vida-buena-y-crisis-ecosocial/" target="_blank" rel="noopener">librería virtual</a>.</p>
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		<title>La insoportable insostenibilidad de nuestro modo de vida</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 08 May 2023 07:10:07 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Agenda Ecosocial]]></category>
		<category><![CDATA[Bienestar humano.]]></category>
		<category><![CDATA[Calidad de vida]]></category>
		<category><![CDATA[Crisis Ecosocial]]></category>
		<category><![CDATA[Modo de vida]]></category>
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					<description><![CDATA[&#160; Nueva sesión del Ciclo de encuentros Debates para un Pensamiento Inclusivo, organizado por la revista Papeles de relaciones ecosociales y cambio [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><img decoding="async" class="aligncenter size-full wp-image-142654" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/03/Ciclo-debates-web-e1647331098168.png" alt="" width="1000" height="562" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Nueva sesión del Ciclo de encuentros <strong>Debates para un Pensamiento Inclusivo</strong>, organizado por la revista <a href="https://www.fuhem.es/revista-papeles/" target="_blank" rel="noopener noreferrer"><em>Papeles de relaciones ecosociales y cambio global</em></a> de <a href="https://www.fuhem.es/ecosocial/" target="_blank" rel="noopener noreferrer">FUHEM Ecosocial</a> con la <a href="https://www.lacasaencendida.es/" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Casa Encendida</a>de Fundación Montemadrid.</p>
<p>Este ciclo tiene como objetivo reflexionar y debatir sobre las grandes tendencias y cuestiones que atañen a nuestro tiempo, y que definen el funcionamiento y los objetivos del sistema socioeconómico en el que vivimos, para imaginarnos entre todos y todas, alternativas justas, inclusivas y sostenibles.</p>
<p>Cada sesión contará con la presencia de los y las autoras de algunos artículos destacados de la revista, según la temática elegida para cada edición y se pondrá a disposición de los asistentes materiales como artículos y resúmenes de cada número, para facilitar la reflexión y la puesta en común.</p>
<p><img decoding="async" class="alignright size-thumbnail wp-image-151335" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/04/161-300x423.jpg" alt="" width="300" height="423" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/04/161-300x423.jpg 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/04/161-450x634.jpg 450w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/04/161-768x1083.jpg 768w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/04/161-350x493.jpg 350w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/04/161-600x846.jpg 600w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/04/161-64x90.jpg 64w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/04/161.jpg 908w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" />En esta ocasión, el acto se celebrará el <strong>15 de junio</strong> de 2023 a las <strong>18 h.</strong> y girará en torno al número 161 de la revista titulado:<a href="https://www.fuhem.es/2023/05/08/modo-de-vida-vida-buena-y-crisis-ecosocial-papeles-161/" target="_blank" rel="noopener"> <em>Modo de vida, vida buena y crisis ecosocial</em></a>.</p>
<blockquote><p><em><strong>Cuando las normas de producción y consumo nos arrastran hacia una gravísima crisis ecosocial, se hace necesario reflexionar sobre qué significa una vida buena y de calidad.</strong></em></p></blockquote>
<p>La existencia moderna, pese a sus considerables logros, acarrea toda una serie de efectos e impactos que inciden negativamente, de una manera u otra, sobre la prosperidad y el buen vivir de las personas hasta llegar a comprometer la supervivencia misma de la especie humana, generando malestares, desigualdades, precariedad, etc. En estas circunstancias, llama poderosamente la atención un cierto abandono de la reflexión acerca de lo que significa hoy una vida buena, digna de ser vivida.</p>
<p>Posiblemente la razón de la desidia con la que la cultura mercantil contemporánea hace frente a esta pregunta tenga mucho que ver con el hecho de que nos conduciría a cuestionar radicalmente nuestro actual modo de vida. Así, aunque el capitalismo haya logrado un éxito incomparable en términos de opulencia material de la cual puede beneficiarse una parte de la población, impide en gran medida hacer un uso civilizado de ella.</p>
<p>En la vida personal, por ejemplo, todas esas dinámicas tienen importantes contrapartidas. Por un lado, el evidente coste de oportunidad de todo el tiempo y esfuerzo dedicado a perseguir el ingreso necesario para alcanzar un determinado estatus social y económico que se retrae, sin embargo, de actividades significativas y relaciones interpersonales gratificantes que se ven sacrificadas. En muchos casos, además, ni siquiera esos afanes son capaces de garantizar una vida digna.</p>
<blockquote><p>Un porcentaje significativo de la población padece, por ejemplo, jornadas laborales maratonianas, en malas condiciones y con bajos sueldos. Por otro lado, la alta temporalidad y precarización condicionan la posibilidad del desarrollo de proyectos vitales, especialmente en los más jóvenes, en población migrante, etc.</p></blockquote>
<p>En otro plano, se está asistiendo a la degradación y destrucción de la naturaleza, especialmente desde la última mitad del siglo pasado siglo, cuando se incrementó de manera exponencial el crecimiento económico y, con ello, la población, el consumo energético, la extracción de recursos, etc., resultando de todo ello unos impactos inmensos sobre los ecosistemas y el conjunto de la biosfera.</p>
<p>En definitiva, cuando el modo de vida imperante, es decir, las normas de producción y consumo que adopta la sociedad, socava las condiciones sociales y naturales sobre las se asienta, como hace el capitalismo, el bienestar que proporciona se ve contrarrestado por el malestar que ocasiona el reparto desigual de cargas sociales y ecológicas que lleva asociado.</p>
<p>Para reflexionar y debatir sobre todo esto, contaremos con la presencia de <strong>Alfonso Sanz</strong> y <strong>Carlos Verdaguer</strong> de <a href="https://www.gea21.com/" target="_blank" rel="noopener">Gea 21</a> y autores en <a href="https://www.fuhem.es/2023/05/08/modo-de-vida-vida-buena-y-crisis-ecosocial-papeles-161/" target="_blank" rel="noopener">el último número</a> de la revista <a href="https://www.fuhem.es/revista-papeles/" target="_blank" rel="noopener"><em>Papeles de relaciones ecosociales y cambio global</em></a>, acompañados por <strong>Nuria del Viso</strong> y <strong>Monica Di Donato</strong> del equipo de <a href="https://www.fuhem.es/ecosocial/" target="_blank" rel="noopener">FUHEM Ecosocial</a>.</p>
<p>Modera el acto <strong>Santiago Álvarez Cantalapiedra</strong>, director de la revista y del área Ecosocial de FUHEM.</p>
<p>La entrada es libre y gratuita, mediante <a href="https://www.lacasaencendida.es/encuentros/la-insoportable-insostenibilidad-de-nuestro-modo-de-vida?eventId=2145" target="_blank" rel="noopener">registro</a>.</p>
<h4>RECUERDA:</h4>
<p><strong>FECHA</strong>: 15 de junio.</p>
<p><strong>HORA:</strong> 18 h.</p>
<p>La actividad se desarrolla en una sala Zoom. Una vez realizada la inscripción, y antes de la sesión, se enviará un correo electrónico de confirmación con los datos de acceso al encuentro.</p>
<p>No te pierdas los debates anteriores. Ya disponibles en nuestra web: <a href="https://www.fuhem.es/2023/02/07/debates-para-un-pensamiento-inclusivo/" target="_blank" rel="noopener">https://www.fuhem.es/2023/02/07/debates-para-un-pensamiento-inclusivo/  </a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><img decoding="async" class="aligncenter wp-image-137617 " src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/02/logos-ciclo-1.jpg" alt="" width="878" height="183" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/02/logos-ciclo-1.jpg 801w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/02/logos-ciclo-1-450x94.jpg 450w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/02/logos-ciclo-1-300x63.jpg 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/02/logos-ciclo-1-768x160.jpg 768w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/02/logos-ciclo-1-600x125.jpg 600w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/02/logos-ciclo-1-64x13.jpg 64w" sizes="(max-width: 878px) 100vw, 878px" /></p>
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		<title>Por un enfoque ecosocial para el estudio de la vida buena</title>
		<link>https://www.fuhem.es/2023/05/08/por-un-enfoque-ecosocial-para-el-estudio-de-la-vida-buena/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 08 May 2023 07:06:39 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Análisis]]></category>
		<category><![CDATA[Bienestar humano.]]></category>
		<category><![CDATA[Calidad de vida]]></category>
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		<category><![CDATA[Modo de vida]]></category>
		<category><![CDATA[Modo de vida imperial]]></category>
		<category><![CDATA[Vida Buena]]></category>
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					<description><![CDATA[El artículo parte de plantear la pregunta de qué se puede entender por bienestar, calidad de vida o vida buena en el contexto de crisis
ecosocial en el que nos encontramos.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>La sección <strong>A FONDO</strong> del <a href="https://www.fuhem.es/2023/05/08/modo-de-vida-vida-buena-y-crisis-ecosocial-papeles-161/" target="_blank" rel="noopener">número 161</a> de la revista <a href="https://www.fuhem.es/revista-papeles/" target="_blank" rel="noopener"><em>Papeles de relaciones ecosociales y cambio global</em></a> recoge un texto firmado por el equipo de FUHEM Ecosocial titulado: P<em>or un enfoque ecosocial para el estudio de la vida buena</em>.<strong><img decoding="async" class="alignright size-thumbnail wp-image-151335" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/04/161-300x423.jpg" alt="" width="300" height="423" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/04/161-300x423.jpg 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/04/161-450x634.jpg 450w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/04/161-768x1083.jpg 768w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/04/161-350x493.jpg 350w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/04/161-600x846.jpg 600w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/04/161-64x90.jpg 64w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/04/161.jpg 908w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></strong></p>
<blockquote><p>El artículo parte de plantear la pregunta de qué se puede entender por bienestar, calidad de vida o vida buena en el contexto de crisis ecosocial en el que nos encontramos. Así, tras analizar los conceptos de felicidad, bienestar y nivel de vida se detiene a examinar la noción de calidad de vida, que corrige el reduccionismo de visiones anteriores, y la sitúa en el actual contexto de crisis ecosocial para identificar un modo de vida productivista y consumista –el capitalista– que impide el avance en la calidad de vida de forma justa y generalizada tanto de los sistemas naturales como sociales. De aquí se deriva el desarrollo de un enfoque ecosocial de la calidad de vida.</p></blockquote>
<p>El siglo XX ha sido el siglo de la expansión de la <em>civilizació</em><em>n industrial capitalista</em>. En el trascurso de este periodo, particularmente a partir de su segunda mitad, se han acelerado los ritmos de extracción de recursos y de emisión de residuos asociados a la actividad económica, dotando a las sociedades humanas de una elevada complejidad y una destructividad nunca vista. Estas circunstancias nos han conducido, ya en el siglo XXI, a un escenario inédito de extralimitación y desigualdades. Un escenario en el que converge la creación de escasez relativa que genera el capitalismo con la escasez absoluta sobrevenida de recursos estratégicos, pérdida irreversible de biodiversidad y desestabilización abrupta del clima.</p>
<p>La magnitud que ha alcanzado la actividad económica en relación con la biosfera y el tipo de metabolismo socioeconómico que la civilización industrial capitalista ha extendido por todo el planeta proyectan sobre la humanidad una amenaza existencial. En este escenario, con las restricciones que impone, debemos cuestionar el modo de vida que nos ha conducido hasta él y preguntarnos: <strong>¿</strong>qué cabe entender por bienestar, calidad de vida o <em>vida buena</em> en el contexto de <em>crisis ecosocial</em> en el que estamos?</p>
<p>A pesar de haber recibido juicios variables a lo largo de la historia, la idea amplia de <em>bienestar</em> (de <em>bien</em> y <em>estar</em>) es algo que ha preocupado al ser humano durante toda su existencia.<a href="#_ftn1" name="_ftnref1"><sup>1</sup></a> Se podría decir que tener acceso a una<em> vida buena</em> es, al fin y al cabo, el mayor objetivo de los seres humanos.<a href="#_ftn2" name="_ftnref2"><sup>2</sup></a><sup>,</sup><a href="#_ftn3" name="_ftnref3"><sup>[3</sup></a> Forma parte de nuestra naturaleza querer vivir bien; querer tener una vida buena, una vida de calidad, una vida con bienestar. Es algo que, en el fondo, y como sostenía Aristóteles, deseamos siempre por encima de cualquier otra cosa: es <em>el fin último de la actividad humana, el bien perfecto por excelencia</em>.<a href="#_ftn4" name="_ftnref4"><sup>4</sup></a></p>
<p>Sin haber estado nunca sujeto a un enclave epistemológico determinado, <em>la cuestión de la vida buena</em> ha sido abordada a lo largo de la historia desde diferentes esferas del conocimiento, siendo mayoritariamente tratada desde el ámbito de la ética y la moral. Tratar de comprender qué es lo que nos lleva a tener una vida buena y de calidad ha sido una de las principales preocupaciones de la filosofía durante la mayor parte de la historia humana.<a href="#_ftn5" name="_ftnref5"><sup>5</sup></a></p>
<blockquote><p><strong>¿Qué cabe entender por bienestar, calidad de vida o vida buena en el contexto de crisis ecosocial en el que estamos?</strong></p></blockquote>
<p>En los últimos tiempos, sin embargo, este tema ha despertado un creciente interés en ámbitos como el científico, el social o el político. Con ello, cada vez más instituciones internacionales, gobiernos nacionales y entidades locales han venido sugiriendo el empleo de diversas estimaciones de bienestar y calidad de vida para evaluar el progreso social de sus países y regiones y mejorar con ello sus políticas públicas<a href="#_ftn6" name="_ftnref6"><sup>[6</sup></a></p>
<p>Con el propósito de delimitar y clarificar las diferentes aproximaciones existentes en torno a la cuestión de la <em>vida buena</em>, en las líneas que siguen se realizará una breve revisión conceptual y terminológica concerniente a las principales expresiones existentes al respecto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4><strong>La <em>eudaimon</em></strong><strong><em>ía</em></strong><strong> griega</strong></h4>
<p>Durante la antigua Grecia, los debates ético−políticos solían transcurrir en torno a un término esencial: la <em>eudaimon</em><em>ía</em> (de “<em>eu</em>” y “<em>daimon</em>”, que vendría a significar “buen espíritu”). A pesar de que hoy en día este término suele traducirse como “felicidad” sin más, el término “florecimiento humano” ha sido sugerido como una traducción más exacta.<a href="#_ftn7" name="_ftnref7"><sup>7</sup></a> En esta línea, filósofos como Jorge Riechmann sugieren contemplar a la <em>eudaimon</em><em>ía</em> como <em>vida lograda</em>, <em>cumplida</em> o en <em>plenitud</em>.<a href="#_ftn8" name="_ftnref8"><sup>8</sup></a></p>
<p>La <em>eudaimon</em><em>ía</em> no era por tanto entendida por la filosofía de la época como un estado subjetivo y pasajero relacionado con el disfrute o el placer, sino más bien como un proceso vital: una forma de vivir que mereciese la pena ser vivida. En esta línea, el pensamiento grecorromano resaltó enfáticamente la importancia que sobre la <em>eudaimon</em><em>ía</em> tenía la <em>phil</em><em>ía</em> (o amistad),<a href="#_ftn9" name="_ftnref9"><sup>9</sup></a> de tal modo que sin unos vínculos sociales satisfactorios era difícil alcanzar una vida plena. De esta forma, la esencia misma de la <em>eudaimon</em><em>ía</em> no era algo estrictamente individual, sino un fundamento que encajaba en un modelo de vivir en interrelación con los demás: un bien social que florece de la convivencia entre iguales.<a href="#_ftn10" name="_ftnref10"><sup>10</sup></a></p>
<p>De entre todos los términos existentes relacionados con la idea de una <em>vida buena</em>, son tres los que han acaparado hasta ahora el grueso de la atención académica: felicidad, bienestar y calidad de vida. A continuación repasaremos, uno por uno, el significado de estos tres términos frecuentemente intercambiables. Comenzaremos por la felicidad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4><strong>La felicidad</strong></h4>
<p>Según sostiene Francis Heylighen, profesor de la Universidad Libre de Bruselas, existen dos formas de entender la felicidad: una pasajera y una duradera.<a href="#_ftn11" name="_ftnref11"><sup>11</sup></a> La primera se aproximaría a la noción de alegría (sentimiento grato), mientras que la segunda lo haría a las nociones de bienestar. Esta segunda concepción ha sido tradicionalmente abordada desde el mundo académico para indicar el disfrute subjetivo de la vida en sentido general,<a href="#_ftn12" name="_ftnref12"><sup>12</sup></a> siendo con ello un concepto análogo al de <em>bienestar subjetivo</em><a href="#_ftn13" name="_ftnref13"><sup>13</sup></a> y pudiendo ser evaluado a través de encuestas que valoran el nivel de satisfacción que las personas tienen con la forma en que su vida transcurre (indicadores de satisfacción con la vida, con el tiempo disponible, con las relaciones personales, con el trabajo, etc.). Con todo, y tal y como sostiene Ruut Veenhoven, valdría entender la felicidad (o bienestar subjetivo) como la percepción personal a través de la cual un individuo juzga la calidad global de su vida de forma favorable;  esto es, lo que a uno le gusta la vida que uno lleva, comparando la vida que tiene con la que le gustaría tener.<a href="#_ftn14" name="_ftnref14"><sup>14</sup></a></p>
<p>Los estudios sobre la felicidad han permitido obtener información relevante al comparar resultados por nivel socioeconómico dentro de un país, entre países según su nivel de ingresos <em>per capita</em> o por periodos de tiempo para cada uno de los países. De esas comparaciones se detectó una paradoja en relación con la satisfacción con la vida y el nivel de ingresos: cuando las personas se hacen más prósperas en relación con otras, aumenta la satisfacción con su propia vida; pero cuando son las sociedades en su conjunto las que se hacen más ricas, no se vuelven por ello más felices. Efectivamente, si preguntamos a personas con diferentes niveles de renta sobre su felicidad se comprueba que aquellas que disponen de mayores ingresos suelen autoproclamarse más felices que las relativamente más pobres. Hasta aquí nada nuevo: «El dinero no da la felicidad, pero procura una sensación tan parecida, que se necesita un auténtico especialista para verificar la diferencia», se podría concluir siguiendo la broma de Woody Allen. Ahora bien, las cosas cambian cuando se establecen comparaciones a lo largo del tiempo y entre países.</p>
<p>Richard Easterlin, en 1974, fue el primer economista en cuestionar la relación de proporcionalidad existente entre los ingresos y el bienestar subjetivo. Tras comparar varios países entre sí, Easterlin propuso la existencia de una zona de <em>saturación monetaria del bienestar humano subjetivo</em> a partir de la cual el aumento de los ingresos medios de una sociedad ya no se relacionaba con el aumento de su satisfacción con la vida.<a href="#_ftn15" name="_ftnref15"><sup>15</sup></a> De este modo, la relación entre los ingresos y el bienestar subjetivo se revelaría proporcional únicamente para el caso de las sociedades menos adineradas, en las cuales la mayor parte de las rentas familiares son destinadas a cubrir las necesidades materiales más apremiantes. A partir de un determinado umbral de renta el aumento de los ingresos apenas contribuía ya a incrementar significativamente el bienestar subjetivo de las personas.</p>
<p>Este fenómeno, popularizado como la «paradoja de la felicidad», también fue años después explorado en algunos países concretos a lo largo del tiempo. Así, tal y como mostraron los trabajos de David G. Myers, a pesar de que en EEUU el salario medio prácticamente se triplicó entre mediados de los años cincuenta y 2010, la felicidad declarada por sus ciudadanos durante esos años permaneció prácticamente constante.<a href="#_ftn16" name="_ftnref16"><sup>16</sup></a> Por tanto, cuando se compara el grado de felicidad que las personas dicen disfrutar a lo largo de un periodo amplio de varias décadas, en las sociedades opulentas nos encontramos con que el porcentaje de personas que declaran sentirse felices no ha aumentado (incluso ha descendido en algunos casos) a pesar de que los ingresos se hayan incrementado considerablemente en ese mismo período. De todo ello se puede atisbar que en la felicidad (o bienestar subjetivo) de las personas llega un momento en el que influyen más otros aspectos (relacionales, culturales y ambientales) que el nivel de renta absoluto que obtengamos.</p>
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<h4><strong>El bienestar</strong></h4>
<p>El bienestar es un concepto amplio que tiene muchas definiciones diferentes. Según la Real Academia Española (RAE), el bienestar tiene que ver con el conjunto de cosas necesarias para vivir una vida buena, tranquila, estimulante y saludable.<a href="#_ftn17" name="_ftnref17"><sup>17</sup></a></p>
<p>Huppert, Baylis y Keverne definieron el bienestar como el estado positivo y sostenible que permite a los individuos, a los grupos sociales o a las naciones prosperar y florecer.<a href="#_ftn18" name="_ftnref18"><sup>18</sup></a> Así pues, cabe distinguir entre el análisis del «bienestar actual» y el análisis de su «sostenibilidad», es decir, si el bienestar puede mantenerse en el tiempo.<a href="#_ftn19" name="_ftnref19"><sup>19</sup></a></p>
<p>Un trabajo de 2014 basado en la integración de varios enfoques sobre la noción de bienestar, como los propuestos por Sen,<a href="#_ftn20" name="_ftnref20"><sup>20</sup></a> Doyal y Gough,<a href="#_ftn21" name="_ftnref21"><sup>21</sup></a> y McGregor y colaboradores,<a href="#_ftn22" name="_ftnref22"><sup>22</sup></a> sugirió que este tiene que ver básicamente con tres aspectos: i) las condiciones físicas, sociales y mentales de las personas, ii) la satisfacción de sus necesidades y capacidades básicas, y iii) las oportunidades y recursos a los que se tiene acceso.<a href="#_ftn23" name="_ftnref23"><sup>23</sup></a></p>
<p>Sea como fuere, la literatura existente sugiere que el bienestar debe ser tratado como un asunto multidimensional que captura una mezcla de circunstancias de la vida de las personas, incluyendo cómo se sienten y cómo funcionan.<a href="#_ftn24" name="_ftnref24"><sup>24</sup></a> Así, la noción de bienestar comprende, a fin de cuentas, todos los componentes y factores tanto objetivos como subjetivos que son inherentes al florecimiento positivo de una persona.<a href="#_ftn25" name="_ftnref25"><sup>25</sup></a></p>
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<h4><strong>El bienestar reducido a la prosperidad material y al nivel de vida</strong></h4>
<p>A pesar de que la idea de bienestar ha evolucionado en los últimos años, incorporando en su análisis condiciones económicas, sociales y políticas, lo cierto es que la noción dominante de bienestar sigue estando ligada a día de hoy al convencimiento de que los ingresos y las propiedades materiales son la base de una vida buena. Sobre esta presunción se construyó un paradigma que vinculaba progreso con incremento cuantitativo, esquivando consideraciones sobre su contenido cualitativo. La noción dominante de bienestar ha quedado así reducida a la prosperidad material, al aumento de la capacidad de compra y, en consecuencia, al aumento del consumo.</p>
<p>Sin embargo, el bienestar es un concepto más amplio que el de «nivel de vida», pues incluye todos aquellos factores que influyen en lo que valoramos en nuestra existencia más allá de los aspectos adquisitivos. Reducirlo al nivel de vida es incorrecto por varias razones. Primera, porque los recursos económicos –bien sea el ingreso o el nivel y la estructura del consumo mercantil– son medios que se transforman en bienestar de formas diferentes según las personas; así, individuos que poseen mayor capacidad para disfrutar o más habilidades para el éxito en ámbitos valiosos de la vida pueden estar mejor incluso si manejan menos recursos económicos.<a href="#_ftn26" name="_ftnref26"><sup>26</sup></a> En segundo lugar, porque muchos recursos que contribuyen al bienestar no proceden del mercado, sino de otros ámbitos no mercantiles ni monetarizados. Y finalmente, porque la mayor parte de los determinantes del bienestar son circunstancias que no pueden ser reducidas a la tenencia o posesión de rentas o mercancías, sino que tienen que ver con actividades y relaciones sociales.</p>
<p>Además, las medidas convencionales de esta visión reduccionista del bienestar suelen ignorar los trabajos domésticos y de cuidados, individuales o colectivos, que proporcionan una destacada contribución al bienestar de las comunidades y a la calidad de vida de las personas. Tampoco logran reflejar las disparidades de riqueza e ingresos dentro de una sociedad (un aspecto que está negativamente correlacionado con la salud de esa sociedad)<a href="#_ftn27" name="_ftnref27"><sup>27</sup></a> ni capturan ni pueden capturar en modo alguno los muchos efectos negativos de las actividades económicas, como la contaminación y otros costes sociales y ambientales.<a href="#_ftn28" name="_ftnref28"><sup>28</sup></a></p>
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<h4><strong>La calidad de vida</strong></h4>
<p>La expresión calidad de vida pretende corregir esa deriva reduccionista en la que incurrió la visión convencional y economicista del bienestar. Y lo hace recuperando y abrazando el concepto multidimensional de bienestar anteriormente mencionado, que depende tanto de factores personales y sociales como de elementos objetivos y subjetivos. Además, la expresión calidad de vida incorpora dos consideraciones de especial interés. La primera tiene que ver con los logros o resultados obtenidos; la segunda con la importancia del entorno natural como condición prioritaria para el desarrollo de la vida humana.</p>
<p>Trasladar la atención hacia los logros es relevante porque una vida buena es, al fin y al cabo, una vida lograda o realizada. Atender, por ejemplo, a los logros en materia de salud y autonomía permite evaluar un modo de vida en función de los resultados cosechados. Un modo de vida que impida o amenace la salud y autonomía de las personas no podrá considerarse en ningún caso una vida buena.</p>
<p>El término de calidad de vida comenzó a generalizarse en la década de los setenta en el campo de la medicina y la salud para transmitir la idea de que hay algo más que la mera cantidad de años de supervivencia: así, además del tiempo de vida, también es importante atender a la calidad de la misma.<a href="#_ftn29" name="_ftnref29"><sup>29</sup></a> En esta línea se han propuesto indicadores ligados al desarrollo biológico que proporcionan una información significativa sobre la evolución de la calidad de vida de una población. La estatura media o la esperanza de vida saludable, por ejemplo, constituyen indicadores fiables y complejos del desempeño de la vida en una sociedad al reflejar los factores ambientales sobre el máximo potencial de crecimiento genético.<a href="#_ftn30" name="_ftnref30"><sup>30</sup></a></p>
<blockquote><p><strong>La expresión calidad de vida pretende corregir esa deriva reduccionista en la que incurrió la visión convencional y economicista del bienestar</strong></p></blockquote>
<p>Por otro lado, la relevancia de los factores ambientales (físicos, epidemiológicos y socioeconómicos) exige incorporar la dimensión ecológica del bienestar –o la ecología en la que se desarrollan nuestras vidas–. La pandemia ha mostrado cómo la salud de las personas se encuentra profundamente intrincada con la salud de los ecosistemas y que una vida sana en un planeta enfermo o en un entorno social tóxico es una contradicción en sus términos.</p>
<p>Pese a que la dimensión socioambiental ha estado presente en muchos índices de bienestar, desde los años setenta en adelante diversos enfoques asociados a la idea de los ecosistemas como límites biogeofísicos de la acción social vienen planteando con mayor énfasis la preocupación por los conceptos de bienestar y calidad de vida desde el ámbito de las <em>ciencias de la sostenibilidad</em>, vinculándose así su noción con el estado de conservación de los ecosistemas..<a href="#_ftn31" name="_ftnref31"><sup>31</sup></a> Este enfoque parte del reconocimiento de que el buen funcionamiento de la biosfera está en la base del bienestar y de la subsistencia humana, de modo que no podremos tener vidas de calidad si nuestros modos de vivir promocionan hábitos insostenibles que alteran la biodiversidad y los procesos ecológicos. Al fin y al cabo, este marco abraza los principios de la economía ecológica, situando la esfera económica al servicio de la sociedad en un panorama de armonía con la naturaleza, en vez de subordinar −como se ha venido haciendo− tanto la naturaleza como la sociedad a los avatares de la globalización económica capitalista.<a href="#_ftn32" name="_ftnref32"><sup>32</sup></a></p>
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<h4><strong>Calidad de vida en el contexto de la crisis ecosocial</strong></h4>
<p>Bajo esta perspectiva se vuelve primordial reconocer que la crisis ecosocial que atraviesa el planeta –y que amenaza con comprometer la vida de millones de personas, así como cualquier horizonte de vida buena– es, en el fondo, un hecho social arraigado al <em>modo de vida hoy imperante</em>. Si pretendemos alcanzar una vida buena y de calidad para toda la humanidad en un planeta que es finito tendremos que ser capaces de acomodar nuestra noción de bienestar a los límites ecológicos del planeta.<a href="#_ftn33" name="_ftnref33"><sup>33</sup></a> Pasar de la noción socioeconómica del bienestar que actualmente domina el imaginario colectivo –basado en prismas mercantilistas y cortoplacistas– a una noción sostenible y armónica de la vida exige cuidar la salud de los entornos sociales y naturales.</p>
<p>La consideración de la crisis ecosocial en todas sus dimensiones y manifestaciones exige, en este punto de la historia en que nos encontramos, definir la vida buena como aquella capaz de desenvolverse en un <em>equilibrio</em> dinámico con la naturaleza. A este respecto se ha hecho popular en los últimos años una imagen con la que representar la posibilidad de congeniar el bienestar social y la sostenibilidad ecológica: la conocida como <em>econom</em><em>ía de la rosquilla</em>. Reconociendo un “suelo social” que deberíamos garantizar y un “techo ambiental” que tendríamos que respetar, estaríamos en condiciones de precisar el espacio intermedio de seguridad en el que resulta posible prosperar conforme a los medios de nuestro planeta.<a href="#_ftn34" name="_ftnref34"><sup>34</sup></a></p>
<blockquote><p><strong>Pasar a una noción del bienestar sostenible y armónica de la vida exige cuidar la salud de los entornos sociales y naturales</strong></p></blockquote>
<p>La claridad que transmite la imagen de la rosquilla ha hecho que este marco conceptual esté siendo utilizado con cada vez más asiduidad para evaluar y comparar el desempeño socioecológico de muchos países y ciudades del mundo. Eso sí, en el caso concreto de los países se ha comprobado que ningún país hasta la fecha ha logrado situarse en ese <em>espacio seguro</em> que permite tener prosperidad social sin trasgredir los límites biofísicos.<a href="#_ftn35" name="_ftnref35"><sup>35</sup></a> Mientras que algunos países deben mejorar significativamente en ámbitos sociales (aquí encontramos, sobre todo, a países del Sur global), otros deben hacer enormes esfuerzos ambientales para dejar de sobrepasar los límites planetarios (fundamentalmente los países más desarrollados del Norte global).<a href="#_ftn36" name="_ftnref36"><sup>36</sup></a></p>
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<h4><strong>La cosmovisi</strong><strong>ón del <em>Buen Vivir</em> y las prácticas de los <em>Buenos Convivires</em></strong></h4>
<p>En muchas culturas, la idea del florecimiento humano en armonía dinámica con la naturaleza aún está presente. Las propuestas andinas del <em>buen vivir</em> (el <em>sumak kawsay</em> de las culturas kichwa o el <em>suma quama</em><em>ña</em> de las aymaras) valoran la plenitud en relación con la comunidad y la naturaleza. Existen nociones similares en otras culturas: el <em>ñande reko</em> guaraní, el <em>tarimiat pujústin</em> shuar, el s<em>hiir waras</em> ashuar, el <em>kyme mogen</em> mapuche, o el <em>balu wala</em> de los pueblos kunas de Panamá, así como muchas otras presentes en pueblos de Asia, África y Oceanía. Se trata de concepciones holísticas y armoniosas (consigo mismo, con la comunidad y con la naturaleza) que expresan la misma idea de prosperidad humana en un floreciente entramado de vida.</p>
<p>El Buen Vivir tiene una potente dimensión cultural y espiritual –no necesariamente religiosa– que la diferencia de otras concepciones del bienestar al situar al ser humano como parte de una realidad vital mayor.<a href="#_ftn37" name="_ftnref37"><sup>37</sup></a> También tiene una dimensión económico−productiva a partir de los principios de suficiencia y sustentabilidad. El <em>enfoque del Buen Vivir</em> no propugna una forma de desarrollo alternativo, sino una alternativa a la propia idea de desarrollo –y de progreso– emanada de la modernidad capitalista occidental que conlleva la descolonización de las metodologías y la descolonización del saber.<a href="#_ftn38" name="_ftnref38"><sup>38</sup></a> En este sentido, este enfoque demanda una clara diferenciación entre sabidurías y conocimientos y, como consecuencia, un indispensable diálogo de saberes y aproximaciones transdisciplinarias. Y de ese diálogo se deriva que no solo hay un único modo de entender la vida buena, sino una pluralidad de “buenos convivires” que no son propuestas acabadas sino procesos en construcción permanente a partir de vivencias, experiencias y prácticas que se trenzan desde abajo.<a href="#_ftn39" name="_ftnref39"><sup>39</sup></a></p>
<p>El Buen Vivir, como alternativa a un desarrollo que en realidad es “maldesarrollo”, se presenta como una propuesta civilizatoria para orientar la salida del capitalismo. No significa en ningún caso una apuesta por volver al pasado, sino más bien, como señala Michael Lövy, del romanticismo revolucionario, una «vuelta por el pasado en dirección a un futuro emancipador»<a href="#_ftn40" name="_ftnref40"><sup>40</sup></a> para redescubrir la sabiduría aún presente en la mayoría de las tradiciones culturales y cosmovisiones de los pueblos oprimidos por las potencias coloniales o poscoloniales. «Tampoco reniega de la tecnología ni del saber moderno. De lo que sí reniega es de la civilización del capital».<a href="#_ftn41" name="_ftnref41"><sup>41</sup></a> Es, en suma, la búsqueda de un <em>nuevo modo de vida alternativo</em> al <em>modo de vida imperante</em>.</p>
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<h4><strong>El modo de vida que se encuentra en el origen de la crisis ecosocial</strong></h4>
<p>Indagar en la calidad de vida en el contexto de la crisis ecosocial exige identificar en nuestra forma de vivir un modo de producción y consumo –un <em>modo de vida</em><em>–</em> que combina, como caras de una misma moneda, la opulencia de las mercancías con la explotación de la fuerza laboral, el saqueo de los recursos de la naturaleza y la imposición de cargas indeseadas sobre las mujeres. El capitalismo es un sistema económico que vive de la explotación de sus colonias y que genera un <em>modo de vida imperial</em>.<a href="#_ftn42" name="_ftnref42"><sup>42</sup></a> Como señalan María Mies y Vandana Shiva, esas colonias son las mujeres, la naturaleza y los países del Sur global.<a href="#_ftn43" name="_ftnref43"><sup>43</sup></a> Su desarrollo histórico ha conducido a la crisis ecosocial en la que nos encontramos. La dinámica expansiva capitalista, impulsada por el ánimo de lucro y el individualismo competitivo, choca con los límites ecológicos del planeta y desbarata los vínculos sociales, afectando de esa manera a las condiciones materiales que permiten la reproducción de la vida y de la existencia social.</p>
<p>En el contexto de la actual crisis ecosocial, la definición de la calidad de vida no es una cuestión meramente técnica, sino que requiere la adopción de un enfoque normativo capaz de establecer prioridades, visualizar conflictos y relaciones de poder, e integrar relaciones sociales y valores de igualdad y justicia.<a href="#_ftn44" name="_ftnref44"><sup>44</sup></a> Debe permitir evaluar el modo de vida de la civilización industrial capitalista y hacer aflorar con claridad cómo las sociedades capitalistas albergan una contradicción sociorreproductiva profundamente asentada en la crisis ecosocial, entendida como una crisis ecológica y de cuidados.<a href="#_ftn45" name="_ftnref45"><sup>45</sup></a></p>
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<p><strong>Un enfoque ecosocial de la calidad de vida</strong></p>
<p>Los debates actuales sobre la <em>vida buena</em> comparten las críticas radicales a las ideas de desarrollo y progreso orientadas únicamente a incrementar el nivel de ingresos y la riqueza monetaria. Estos debates advierten de la necesidad de incorporar las dimensiones personales, sociales y ambientales. La importancia decisiva en la vida de la gente de los elementos relacionales, culturales, políticos y ecológicos abre la perspectiva hacia otras formas de organización social ajustadas a las particularidades históricas y culturales alternativas a la que ofrece en nuestros días el capitalismo, depredador de la naturaleza, apisonador de las culturas de los pueblos y empobrecedor de las relaciones sociales.</p>
<p>En nuestro mundo convive la ostentación más despilfarradora con la necesidad más apremiante. Mientras esto ocurre, el planeta Tierra se encamina a velocidad de vértigo hacia una degradación de magnitudes incalculables. El ritmo de deterioro ecológico y social que estamos padeciendo a escala planetaria exige que nos preguntemos con urgencia qué entendemos por <em>vida buena</em>, pues no parece que podamos asumir como bueno el modo de vida imperial que niega a la mayoría un presente y a la humanidad su futuro. Preguntarse acerca de la vida buena significa, en la práctica, discernir entre los determinantes que amenazan el mantenimiento de la vida y aquellos otros que propician su florecimiento  y calidad.</p>
<p>Bajo la noción de calidad de vida laten distintas dimensiones. Una de ellas se refiere indudablemente al acceso a una determinada cesta de bienes y servicios que garanticen la cobertura de las más elementales necesidades materiales. Pero la calidad de vida es algo más que eso, incluye otros factores que van más allá de este aspecto material y que influyen en lo que valoramos de la vida. A nadie le extraña que en las respuestas a la pregunta acerca de una vida de calidad la gente incorpore habitualmente alusiones a la salud, al disfrute del tiempo libre o a la compañía de sus seres queridos.<a href="#_ftn46" name="_ftnref46"><sup>46</sup></a> Así pues, y como ya hemos mencionado, la calidad de vida es un concepto multidimensional que incorpora tanto lo que tenemos (dotación de recursos) como lo que hacemos (actividades), sin olvidar dónde y con quién estamos (las circunstancias en las que nos movemos). <em>Tener</em>, <em>hacer</em> y <em>estar</em> son dimensiones siempre presentes en la evaluación de la calidad de vida.<a href="#_ftn47" name="_ftnref47"><sup>47</sup></a></p>
<blockquote><p><strong>Preguntarse acerca de la vida buena significa, en la práctica, discernir entre los determinantes que amenazan el mantenimiento de la vida y aquellos otros que propician su florecimiento</strong></p></blockquote>
<p>Cada una de estas dimensiones entraña, a su vez, aspectos objetivos y subjetivos. Los aspectos objetivos se refieren a las oportunidades que se nos abren en relación con los recursos a los que podemos acceder, las actividades que podemos desarrollar o las circunstancias –sociales y ambientales– en las que nos toca vivir. Los aspectos subjetivos tienen que ver con las valoraciones cognitivas y los sentimientos (positivos y negativos) que suscita todo lo anterior. Una vez resaltadas las dimensiones que abarca la calidad de vida, cabe preguntarse por los aspectos que necesitaríamos cultivar para favorecerla y los obstáculos que deberíamos remover para no entorpecerla. Tal vez pueda ayudar en la respuesta a estos interrogantes la mención de tres aspectos que se encuentran presentes en todas las cosas que logramos hacer y que representan elementos constitutivos del estado de una persona, ya sea estar bien alimentado, gozar de buena salud, evitar enfermedades o participar con autonomía en la vida comunitaria. Esos elementos son los siguientes: los <em>recursos</em>, el <em>tiempo</em> y las <em>relaciones</em>.</p>
<p>Recursos, tiempos y relaciones para lograr unos resultados en salud y autonomía sin menoscabo de las condiciones sociales y ecológicas en que se desenvuelve la vida. Solo así estaremos ante una vida digna de ser vivida. Solo así se posibilita el despliegue de las capacidades y libertades en las personas sin imponer servidumbres y sacrificios sobre otros seres humanos y especies, preservando la trama de la vida de la que formamos parte.</p>
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<p><strong>FUHEM Ecosocial</strong> está formado por  Mateo Aguado, Santiago Álvarez Cantalapiedra, Monica Di Donato, Susana Fernández, Pedro Lomas y Nuria del Viso.</p>
<p>Acceso al texto completo en formato pdf: <a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/por_un_enfoque_ecosocial_para_el_estudio_de_la_vida_buena/" target="_blank" rel="noopener">P<em>or un enfoque ecosocial para el estudio de la vida buena</em></a>.</p>
<h4>NOTAS:</h4>
<p><a href="#_ftnref1" name="_ftn1"><sup>[1]</sup></a> Mateo Aguado, Diana Calvo, Candela Dessal, Jorge Riechmann, José A. González y Carlos Montes, «La necesidad de repensar el bienestar humano en un mundo cambiante», <em>Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global</em>, núm. 119, 2012, pp. 49-77., disponible en: <a href="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2018/12/Repensar_el_bienestar_humano_M._Aguado_y_otros.pdf" target="_blank" rel="noopener">https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2018/12/Repensar_el_bienestar_humano_M._Aguado_y_otros.pdf </a></p>
<p><a href="#_ftnref2" name="_ftn2"><sup>[2]</sup></a> Felicia A. Huppert, Nick Baylis y Barry Keverne, <em>The science of well</em>−<em>being</em>, Oxford University Press, USA, 2005.</p>
<p><a href="#_ftnref3" name="_ftn3"><sup>[3]</sup></a> Mark McGillivray, «Human well−being: Issues, concepts and measures», <em>Human well</em>−<em>being: Concept and measurement</em>, 2007, pp. 1-22.</p>
<p><a href="#_ftnref4" name="_ftn4"><sup>[4]</sup></a> Aristóteles, <em>Ética Nicomáquea</em>, Instituto de Estudios Políticos, Madrid, 1994.</p>
<p><a href="#_ftnref5" name="_ftn5"><sup>[5]</sup></a> Mateo Aguado, <em>Vivir bien en un planeta finito: Una mirada socio</em>−<em>ecológica al concepto de bienestar humano</em>, tesis doctoral, Universidad Autónoma de Madrid, 2016, pp. 37, disponible en: <a href="https://repositorio.uam.es/handle/10486/675536" target="_blank" rel="noopener">https://repositorio.uam.es/handle/10486/675536 </a></p>
<p><a href="#_ftnref6" name="_ftn6"><sup>[6]</sup></a> John F. Helliwell, Richard Layard y Jeffrey D. Sachs, <em>World Happiness Report 2015</em>, Sustainable Development Solutions Network, 2015, disponible en: <a href="https://s3.amazonaws.com/happiness-report/2015/WHR15_Sep15.pdf" target="_blank" rel="noopener">https://s3.amazonaws.com/happiness-report/2015/WHR15_Sep15.pdf</a></p>
<p><a href="#_ftnref7" name="_ftn7"><sup>[7]</sup></a> Douglas B. Rasmussen, «Human flourishing and the appeal to human nature«, <em>Social Philosophy and Policy</em>, núm. 16.1, 1999, pp. 1-43.</p>
<p><a href="#_ftnref8" name="_ftn8"><sup>[8]</sup></a> Jorge Riechmann, <em>¿Cómo vivir? Acerca de la vida buena</em>, Los Libros de la Catarata, Madrid, 2011.</p>
<p><a href="#_ftnref9" name="_ftn9"><sup>[9]</sup></a> Traducida normalmente por amistad, la <em>philía</em> realmente expresa todo sentimiento de afección y compromiso con los otros; sentimientos tales como amistad, amor, benevolencia, cooperación, filantropía, etc.</p>
<p><a href="#_ftnref10" name="_ftn10"><sup>[10]</sup></a> Mateo Aguado, 2012, <em>op. cit.</em>, pp. 52-53.</p>
<p><a href="#_ftnref11" name="_ftn11"><sup>[11]</sup></a> Francis Heylighen, «Evolution, selfishness and cooperation». <em>Journal of Ideas</em>, Vol 2, núm. 4, 1992, pp 70-76.</p>
<p><a href="#_ftnref12" name="_ftn12"><sup>[12]</sup></a> Omar Ovalle y Javier Martínez, «La calidad de vida y la felicidad», <em>Contribuciones a la Economía</em>, núm. 2006-12, 2006, disponible en: <a href="https://www.eumed.net/ce/2006/oojm.htm" target="_blank" rel="noopener">https://www.eumed.net/ce/2006/oojm.htm</a>.</p>
<p><a href="#_ftnref13" name="_ftn13"><sup>[13]</sup></a> Louis Tay, Lauren Kuykendall y Ed Diener. «Satisfaction and happiness–the bright side of quality of life», <em>Global handbook of quality of life: Exploration of well</em>−<em>being of nations and</em> <em>continents</em>, Springer, New York, 2015, pp. 839-853.</p>
<p><a href="#_ftnref14" name="_ftn14"><sup>[14]</sup></a> Ruut Veenhoven, <em>Measures of gross national happiness</em>, OECD World Economic, 2007.</p>
<p><a href="#_ftnref15" name="_ftn15"><sup>[15]</sup></a> Richard A. Easterlin, «Does Economic Growth Improve the Human Lot?  Some Empirical Evidence», en Paul A. David y Melvin Reder (ed): <em>Nations and Households in Economic Growth. Ensays in Honor of Moses Abramovitz</em>, Oxford University Press, Oxford, 1974, pp. 89-125.</p>
<p><a href="#_ftnref16" name="_ftn16"><sup>[16]</sup></a> David G. Myers y Jean M. Twenge, <em>Exploring social psychology</em>, McGraw−Hill, New York, 2012.</p>
<p><a href="#_ftnref17" name="_ftn17"><sup>[17]</sup></a> RAE (Real Academia Española), <em>Diccionario de la lengua española</em> (23ª ed.), 2014, disponible en: <a href="http://www.rae.es/" target="_blank" rel="noopener">http://www.rae.es/</a></p>
<p><a href="#_ftnref18" name="_ftn18"><sup>[18]</sup></a> Felicia A. Huppert, Nick Baylis y Barry Keverne, «Introduction: why do we need a science of well–being?», <em>Philosophical Transactions of the Royal Society of London</em>. Series B: Biological Sciences 359.1449, 2004, pp. 1331-1332 disponible en: <a href="https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC1693426/pdf/15347524.pdf" target="_blank" rel="noopener">https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC1693426/pdf/15347524.pdf</a></p>
<p><a href="#_ftnref19" name="_ftn19"><sup>[19]</sup></a> Joseph E. Stiglitz, Amartya Sen y Jean−Paul Fitoussi: <em>Medir nuestras vidas</em>, RBA, Barcelona, 2013, p.51.</p>
<p><a href="#_ftnref20" name="_ftn20"><sup>[20]</sup></a> Amartya Sen, «Well−being, agency and freedom the Dewey Lectures 1984», <em>Justice and the capabilities approach</em>, 2017, pp. 3-55.</p>
<p><a href="#_ftnref21" name="_ftn21"><sup>[21]</sup></a> Len Doyal e Ian Gough, <em>Teoría de las necesidades humanas</em>, Icaria/FUHEM, Barcelona/Madrid, 1994.</p>
<p><a href="#_ftnref22" name="_ftn22"><sup>[22]</sup></a> Allister McGregor, Andrew McKay y Jackeline Velazco, «Needs and resources in the investigation of well‐being in developing countries: illustrative evidence from Bangladesh and Peru», <em>Journal of Economic Methodology</em>, núm. 14.1, 2007, pp. 107-131.</p>
<p><a href="#_ftnref23" name="_ftn23"><sup>[23]</sup></a> Megan F. King, Vivian F. Renó y Evlyn M. Novo, «The concept, dimensions and methods of assessment of human well−being within a socioecological context: a literature review», <em>Social indicators research</em>, núm. 116, 2014, pp. 681-698.</p>
<p><a href="#_ftnref24" name="_ftn24"><sup>[24]</sup></a> James Kevin Summers, Lisa M. Smith, Jason L. Case y Rick A.  Linthurst, «A review of the elements of human well−being with an emphasis on the contribution of ecosystem services», <em>Ambio</em>, núm. 41(4), 2012, pp. 327-340.</p>
<p><a href="#_ftnref25" name="_ftn25"><sup>[25]</sup></a> Lin Roberts, Ann Brower, Geoffrey Kerr, Simon Lambert, Wendy McWilliam, Kevin Moore, Johen Quinn, David Simmons, Simon Thrush, Mike Townsend, Paul Blaschke, Robert Costanza, Ross Cullen, Ken Hughey y Steve Wratten, <em>The nature of wellbeing: how nature’s ecosystem services contribute to the wellbeing of New Zealand and New Zealanders</em>, Department of Conservation, Wellington, 2015, disponible en: <a href="https://www.doc.govt.nz/documents/science-and-technical/sap258entire.pdf" target="_blank" rel="noopener">https://www.doc.govt.nz/documents/science-and-technical/sap258entire.pdf</a></p>
<p><a href="#_ftnref26" name="_ftn26"><sup>[26]</sup></a> Joseph E. Stiglitz, Amartya Sen y Jean−Paul Fitoussi, <em>op. cit</em>., p. 113.</p>
<p><a href="#_ftnref27" name="_ftn27"><sup>[27]</sup></a> Richard Wilkinson y Kate Pickett, <em>Desigualdad</em>. <em>Un análisis de la (in)felicidad colectiva</em>, Turner, Madrid, 2009.</p>
<p><a href="#_ftnref28" name="_ftn28"><sup>[28]</sup></a> Santiago Álvarez Cantalapiedra, «La evaluación de la satisfacción de las necesidades: en torno a los indicadores del bienestar» en Alfonso Dubois, Juan Luis Millán y Jordi Roca (coords.): <em>Capitalismo, desigualdades y degradación ambiental</em>, Icaria, Barcelona, 2001, pp. 153-166.</p>
<p><a href="#_ftnref29" name="_ftn29"><sup>[29]</sup></a> Ruut Veenhoven, «The four qualities of life. Ordering concepts and measures of the good life», <em>Understanding human well</em>−<em>being</em>, núm 1, 2006, pp. 74-100 disponible en: <a href="https://personal.eur.nl/veenhoven/Pub2000s/2006f-full.pd" target="_blank" rel="noopener">https://personal.eur.nl/veenhoven/Pub2000s/2006f-full.pd</a>f</p>
<p><a href="#_ftnref30" name="_ftn30"><sup>[30]</sup></a> Begoña Candela−Martínez, Antonio D. Cámara, Diana López−Falcón, José M. Martínez−Carrión, «Growing taller unequally? Adult height and socioeconomic status in Spain (Cohorts 1940–1994)», <em>SSM </em>−<em> Population Health</em>, vol. 18, 2022, 101126, disponible en: <a href="https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S2352827322001057?via%3Dihub" target="_blank" rel="noopener">https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S2352827322001057?via%3Dihub</a></p>
<p><a href="#_ftnref31" name="_ftn31"><sup>[31]</sup></a> Ver, por ejemplo: 1) Joan Martínez−Alier y Klaus Schlüpmann, <em>La ecolog</em><em>ía y la economía</em>, Fondo de Cultura Económica, México D.F., 1991. 2) Robert Costanza, John H Cumberland, Herman E. Daly, Robert Goodland y Richard B Norgaard, <em>An introduction to Ecological Economics</em>, CRC Press, Boca Ratón, FL, USA, 1997. 3) Len Doyal e Ian Gough, <em>Teoría de las necesidades humanas</em>, Fuhem/Icaria, Madrid/Barcelona, 1994. 4) Manfred A. Max−Neff, <em>Desarrollo a escala humana</em>, Icaria, Barcelona, 1994. 5) Nicholas Georgescu−Roegen, <em>La Ley de la Entropía y el proceso econó</em><em>mico</em>, Fundación Argentaria, Madrid, 1996 [1971]. 6) Johan Rockström, Will Steffen, Kevin Noone<em> et.al.</em>, «A safe operating space for humanity», <em>Nature</em>, núm. 461, 2009, pp. 472-475. 7) Ulrich Brand, Barbara Muraca, Éric Pineault <em>et al</em>., «From planetary to societal boundaries: an argument for collectively defined self−limitation», <em>Sustainability: science, practice and policy</em>, núm. 17(1), 2021, pp. 265-292.</p>
<p><a href="#_ftnref32" name="_ftn32"><sup>[32]</sup></a> Mateo Aguado, 2016, <em>op. cit.</em>, p. 63.</p>
<p><a href="#_ftnref33" name="_ftn33"><sup>[33]</sup></a> Daniel W. O’Neill, Andrew L. Fanning, William F. Lamb y Julia K. Steinberger, «A good life for all within planetary boundaries». <em>Nature Sustainability</em>, 1 (2), 2018, pp. 88-95, disponible en: <a href="https://doi.org/10.1038/s41893-018-0021-4" target="_blank" rel="noopener">https://doi.org/10.1038/s41893−018−0021−4</a></p>
<p><a href="#_ftnref34" name="_ftn34"><sup>[34]</sup></a> Kate Raworth, <em>Economía rosquilla</em>, Paidós, Barcelona, 2018.</p>
<p><a href="#_ftnref35" name="_ftn35"><sup>[35]</sup></a> Daniel W. O’Neill <em>et al</em>., <em>op. cit.</em></p>
<p><a href="#_ftnref36" name="_ftn36"><sup>[36]</sup></a> Para más información al respecto se recomienda consultar la web: <a href="https://goodlife.leeds.ac.uk/" target="_blank" rel="noopener">https://goodlife.leeds.ac.uk/</a></p>
<p><a href="#_ftnref37" name="_ftn37"><sup>[37]</sup></a> José Astudillo, <em>Prácticas del Buen Vivir</em>, Ediciones Abya−Yala, Quito, 2020; Patricio Carpio, <em>Buen Vivir. Utopía para el siglo XXI</em>, FUHEM Ecosocial, Madrid, 2019. Puede consultarse también el semimonográfico del número 128 de la revista <em>Papeles de relaciones ecosociales y cambio global,</em> titulado «Propuestas para la buena vida» (invierno 2015), disponible en: <a href="https://www.fuhem.es/papeles/papeles-numero-128" target="_blank" rel="noopener">https://www.fuhem.es/papeles/papeles-numero-128</a>/</p>
<p><a href="#_ftnref38" name="_ftn38"><sup>[38]</sup></a> Alberto Acosta, «A modo de prólogo», en José Astudillo: <em>Prácticas del Buen Vivir</em>, Ediciones Abya−Yala, Quito, 2020, pp. 13-20.</p>
<p><a href="#_ftnref39" name="_ftn39"><sup>[39]</sup></a> Tomás Rodríguez Villasante, «El debate sobre el buen vivir y los problemas−caminos para medir los avances en la calidad y la sustentabilidad», <em>Papeles de relaciones ecosociales y cambio global</em>, núm. 128, FUHEM, Madrid, 2014, pp. 61-78, disponible en: <a href="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2018/12/El_debate_sobre_el_buen_vivir_y_los_problemas_caminos_para_medir_los_avances_en_la_calidad_de_vida_y_la_sustentabilidad_T_R_Villasante.pdf" target="_blank" rel="noopener">https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2018/12/El_debate_sobre_el_buen_vivir_y_los_problemas_caminos_para_medir_los_avances_en_la_calidad_de_vida_y_la_sustentabilidad_T_R_Villasante.pdf</a></p>
<p><a href="#_ftnref40" name="_ftn40"><sup>[40]</sup></a> Véase la entrevista a Michael Löwy realizada por Rafael Díaz−Salazar aparecida en el nº 315 de <em>El Viejo Topo</em> (abril de 2014) y complementaria de otra que, con los mismos protagonistas y en las mismas fechas, apareció publicada en el núm. 125 de <em>PAPELES de relaciones ecosociales y cambio global, disponible en: </em><a href="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2018/12/Entrevista_a_Michael_Lowy_R._Diaz-Salazar.pdf" target="_blank" rel="noopener">https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2018/12/Entrevista_a_Michael_Lowy_R._Diaz-Salazar.pdf</a></p>
<p><a href="#_ftnref41" name="_ftn41"><sup>[41]</sup></a> Alberto Acosta, <em>op. cit</em>., p. 20.</p>
<p><a href="#_ftnref42" name="_ftn42"><sup>[42]</sup></a> Ulrich Brand y Markus Wissen, <em>Modo de vida imperial</em>, Friedrich Ebert Stiftung, Ciudad de México, 2017. Para estos autores es el modo dominante en las sociedades del Norte global, que solo es posible explotando la fuerza de trabajo y los recursos de los países de la periferia (a través del intercambio económico y ecológico desigual) y transfiriendo a gran escala la carga ambiental hacia lugares lejanos de los centros capitalistas.</p>
<p><a href="#_ftnref43" name="_ftn43"><sup>[43]</sup></a> María Mies y Vandana Shiva,<em> Ecofeminismo (teoría, crítica y perspectivas)</em>, Icaria, Barcelona, 2015.</p>
<p><a href="#_ftnref44" name="_ftn44"><sup>[44]</sup></a> Lyla Metha y Melissa Leach, «¿Por qué la igualdad de género y la sostenibilidad van de la mano?», en VVAA: <em>Por qué las mujeres salvarán el Planeta</em>, Rayo Verde Editorial, Barcelona, 2019.</p>
<p><a href="#_ftnref45" name="_ftn45"><sup>[45]</sup></a> Nancy Fraser, <em>Los talleres ocultos del capital</em>, Traficantes de sueños, Madrid, 2020, disponible en: <a href="https://traficantes.net/sites/default/files/pdfs/PC_21_Talleres%20ocultos_web_baja_0.pdf" target="_blank" rel="noopener">https://traficantes.net/sites/default/files/pdfs/PC_21_Talleres%20ocultos_web_baja_0.pdf</a></p>
<p><a href="#_ftnref46" name="_ftn46"><sup>[46]</sup></a> Daniel Kahneman, Alan B. Krueger, David A. Schkade, Nobert Schwarz y Arthur A. Stone. «A Survey Method for Characterizing Daily Life. Experience: The Day Reconstruction Method», <em>Science</em>, núm. 306, 1776, 2004.</p>
<p><a href="#_ftnref47" name="_ftn47"><sup>[47]</sup></a> Por supuesto, no todo depende de factores externos, por lo que se podría añadir a las tres anteriores una dimensión interna a la persona que recoja su equilibrio emocional, su carácter, su entendimiento, etc. Podemos referirnos a esta cuarta dimensión como la del «ser».</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
					
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		<title>Un modo de vida que imposibilita la vida buena</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 08 May 2023 07:00:42 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Análisis]]></category>
		<category><![CDATA[Calidad de vida]]></category>
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		<category><![CDATA[Vida Buena]]></category>
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					<description><![CDATA[Santiago Álvarez Cantalapiedra nos adentra en la insostenibilidad ecológica y social del modo de vida imperial dominante. ¿Por qué queremos tener más de lo que necesitamos?]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><img decoding="async" class="alignright size-thumbnail wp-image-151335" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/04/161-300x423.jpg" alt="" width="300" height="423" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/04/161-300x423.jpg 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/04/161-450x634.jpg 450w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/04/161-768x1083.jpg 768w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/04/161-350x493.jpg 350w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/04/161-600x846.jpg 600w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/04/161-64x90.jpg 64w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/04/161.jpg 908w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /><strong>Santiago Álvarez Cantalapiedra</strong> escribe en la Introducción del número 161 de la revista <a href="https://www.fuhem.es/revista-papeles/" target="_blank" rel="noopener"><em>Papeles de relaciones ecosociales y cambio global</em></a> sobre la insostenibilidad ecológica y social del modo de vida <em>imperial</em> dominante, en su artículo <em>Un modo de vida que imposibilita la vida buena.</em></p>
<p>Uno de los rasgos que caracteriza nuestro modo de vida es el ansia de perseguir más de lo alcanzado</p>
<p><em><strong>¿Por qué las personas quieren tener más de lo que necesitan? </strong></em></p>
<p>Podemos apelar a la condición humana, señalando que el aburrimiento y el descontento innato constituyen un estímulo irrefrenable que empuja a la búsqueda incansable de novedad.</p>
<p>Resulta razonable pensar que la insatisfacción forma parte de nuestra naturaleza, que hay elementos de insaciabilidad arraigados en la personalidad, pero, ¿por qué se canalizan básicamente a través del consumo y otros signos de riqueza? ¿Acaso no existen otras formas más adecuadas de encauzar esos deseos superación y novedad? Para responder a esta pregunta hay que trascender la perspectiva individual y subjetiva para aproximarnos a nuestro carácter social. Las sociedades del rendimiento, basadas en el más acendrado individualismo competitivo, tienen una pasmosa facilidad para entrecruzar esas propensiones personales con las más variadas fuentes sociales de insaciabilidad.</p>
<blockquote><p><em><strong>El capitalismo exacerba la insatisfacción a través de múltiples vías: a través del consumo comparativo y la rivalidad por el estatus, legitimando la codicia y la ambición, mercantilizando la vida social y monetizándolo todo hasta hacer del culto al dinero una religión. </strong></em></p></blockquote>
<p>Filósofos y moralistas de casi todas las épocas han tratado de refrenar la desmesura humana, pero la cultura consumista contemporánea, que da forma al actual espíritu del capitalismo, ha desatado y convertido en costumbre lo que hasta hace no mucho constituían actitudes y valores socialmente reprobables.</p>
<p>Derivadas de una mezcla de envidia y deseo de pertenencia e identificación surgen dinámicas de emulación social con las que buscamos “no ser menos que nuestros vecinos”; motivados por un anhelo de distinguirnos y diferenciarnos de los demás, surgen mecanismos de distinción para demostrar “ser más que el resto”.</p>
<p>El sistema económico explota esos empeños, y a través de un amplio y seductor instrumental comunicativo −alimentado de publicidad, pantallas digitales y escenografía de consumo (cualquier espacio físico o virtual es convertido en un centro comercial)− ha logrado que nuestras vidas se desenvuelvan en medio de una vasta gama de mercancías a las que se otorga un carácter de bienes conspicuos, posicionales, oligárquicos, esnob o distinguidos, mientras se privatizan o se restringen los de carácter social, público y comunal. Circunstancias que sabemos suelen venir de la mano: opulencia mercantil acompañada de la desvalorización de los consumos sociales y compartidos, opulencia privada unida a la miseria pública.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4><strong>El precio de la opulencia</strong></h4>
<p>Estas dinámicas sociales tienen una contrapartida en la vida personal. Por un lado, el evidente coste de oportunidad de todo el tiempo y esfuerzo dedicado a perseguir el ingreso necesario para alcanzar un determinado nivel de estatus y comodidad que se retrae de actividades significativas y relaciones interpersonales gratificantes que hay que sacrificar para “ganarse” el sustento. En muchos casos, ni siquiera esos afanes alcanzan para garantizar una vida digna. Un porcentaje significativo de la población padece jornadas laborales maratonianas, en malas condiciones y con bajos sueldos. En España, por ejemplo, se trabaja más horas que la media de la OCDE, pero bajo formas de contratación atípicas con una pésima distribución de las horas laborales a lo largo de la semana. Por otro lado, la alta temporalidad y precarización condicionan la posibilidad del desarrollo de proyectos vitales, especialmente en los más jóvenes. Además, la evidencia científica nacional e internacional muestra que la precariedad laboral es un determinante social de la salud.</p>
<p>Una investigación reciente en nuestro país muestra que cuanto mayor es el nivel de precariedad laboral, mayor es también la prevalencia de padecer mala salud mental.<a href="#_ftn1" name="_ftnref1"><sup>[1]</sup></a> Este estudio señala que un tercio de los problemas de salud mental entre la población activa vienen asociados a la precarización: altos niveles de estrés, malestar emocional, trastornos del sueño, ansiedad o depresión. Esto acentúa, a su vez, las desigualdades sociales, pues <strong>la clase trabajadora</strong>, <strong>las mujeres</strong>, las <strong>personas migrantes</strong> y <strong>los jóvenes</strong> se encuentran entre los más afectados. Tal vez ayude a explicar por qué España es el país del mundo donde más ansiolíticos e hipnóticos se consumen por habitante. Padecer precariedad significa vivir una vida insegura, más frágil y acortada por la mayor probabilidad de morir antes de tiempo.</p>
<p>Por otro lado, se ha acelerado la degradación y destrucción de la naturaleza, especialmente desde la última mitad del siglo pasado siglo, cuando se incrementó de manera exponencial el crecimiento económico y, con ello, la población, el consumo energético, la extracción de recursos, resultando de todo ello unos impactos inmensos sobre los ecosistemas y el conjunto de la biosfera.</p>
<p>Este deterioro ecológico y social se encuentra vinculado al modo de vida actual (que engloba tanto la producción como el consumo). Su estructura y funcionamiento muestran el precio que hay que pagar por la prosperidad y la comodidad que promete y que no siempre procura. No es algo evidente, pues se arropa con todo tipo de oropeles, pero se empieza a atisbar sin mayor dificultad cuando se escarba lo que hay debajo de expresiones como <em>fast fashion</em> o <em>low cost</em>.</p>
<p>El caso de la industria textil es sintomático: tras la renovación incesante de la moda a bajo precio se esconden unas condiciones miserables en las fábricas manufactureras de países como Bangladesh, que utilizan el algodón procedente de la India. Algodón cultivado bajo un calor sofocante por agricultores empujados a convertirse en jornaleros (o a integrase en un sistema de producción bajo contrato), una vez que sus terruños y cultivos locales no resisten la imponente fortaleza de la industria algodonera a gran escala, la misma industria que envenena la tierra con sus abonos químicos y herbicidas y socava de paso la variedad genética con sus semillas (normalmente transgénicas).</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4><strong>Un modo de vida imperial</strong></h4>
<p>Cuando el modo de vida imperante (es decir, las normas de producción y consumo que adopta la sociedad) socava las condiciones sociales y naturales sobre las se asienta, como así hace el capitalismo, el bienestar que proporciona se ve contrapesado por el malestar que ocasiona el reparto desigual de cargas sociales y ecológicas que lleva asociado.  Ahí se entrecruzan dinámicas de explotación y depredación que combinan relaciones coloniales, de clase y de género. Visto con perspectiva, da lugar a un precipitado histórico que enlaza viejos expolios coloniales con las nuevas formas de vida digital en las que ahora nos movemos.</p>
<p>El caso del Congo, al ser uno de los ejemplos de las mayores infamias cometidas, resulta ilustrativo: «Primero fueron los millones de esclavos (…) El maltrato no se detuvo ahí. En el siglo XIX fue el marfil, que se transforma en teclas de piano, estatuas religiosas o en figuras decorativas en las mansiones europeas. Poco después fue el oro blanco. En el año 1887, la invención del neumático con cámara por el veterinario escocés John Dunlop, unida a la popularización de los coches e instalaciones eléctricas en Europa, dispararon la fiebre por el caucho, obtenida de la savia lechosa de los árboles. La elevada demanda mundial y un sistema de extracción basado en el trabajo forzado disparó los beneficios, y Congo fue testigo de algunas de las escenas más sádicas de abuso y explotación de la historia (…) Con la llegada de la primera y la segunda guerra mundiales, los ojos europeos se dirigieron de nuevo hacia la riqueza del subsuelo congolés para cubrir el cobre necesario para la fabricación de balas y armamento militar. También el uranio de las bombas de Hiroshima y Nagasaki salió del Congo».<a href="#_ftn2" name="_ftnref2"><sup>[2]</sup></a> Esclavos para el comercio triangular, primero; luego, la codicia europea por los diamantes, el marfil, el algodón, la madera o el oro; a continuación, el caucho y el cobre que impulsaron los sectores automovilísticos y eléctricos de Occidente; en la actualidad, el coltán y el cobalto que se emplean en los móviles, ordenadores y cualquier otro cachivache electrónico, incluido el coche eléctrico. En el futuro quién sabe si será el enorme caudal de agua y el potencial de las corrientes del río Congo −principal reserva de agua dulce del continente− para producir energía “limpia” en un mundo amenazado por el cambio climático.</p>
<blockquote><p><strong><em>Tras el cuerno de la abundancia de los centros capitalistas, se halla esa otra realidad marcada por la sobreexplotación de la fuerza de trabajo de la periferia, el saqueo de sus recursos y la imposición de todo tipo de cargas ambientales. </em></strong></p></blockquote>
<p>Un modo de vida imperial que se reproduce a través de los actos de la vida cotidiana: cada vez que comemos, nos trasladamos o habitamos la ciudad. Un modo de vida que ha conformado una manera particular de alimentarnos, movernos y asentarnos sobre el territorio cuya violencia apenas se percibe porque se traslada a tierras remotas: «para la vida en los centros capitalistas −sostienen Brand y Wissen−, es decisiva la manera en que están organizadas las sociedades en otras partes, especialmente en el Sur global, y cómo configuran su relación con la naturaleza. Esto, a su vez, es la base para garantizar el traspaso de trabajo y naturaleza del Sur global necesario para las economías del Norte global. Y a su vez, el modo de vida imperial del Norte global contribuye de manera decisiva a estructurar en modo jerárquico las sociedades en otras partes. Hemos elegido conscientemente la expresión “en otras partes” por su indeterminación».<a href="#_ftn3" name="_ftnref3"><sup>[3]</sup></a> Otras partes que no son únicamente zonas geográficas, sino también realidades biopolíticas, de manera que la vida cotidiana queda sometida a esta situación de dependencia por razones estructurales impuestas por el capitalismo global.<a href="#_ftn4" name="_ftnref4"><sup>[4]</sup></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<h4><strong>Más inconvenientes que ventajas</strong></h4>
<p>El capitalismo no resuelve sus contradicciones, solamente las traslada en el tiempo y en el espacio. A medida que la crisis ecológica global empezó a mostrar sus apremios y el capitalismo devino en mundial, esas posibilidades históricas de traslación temporal y geográfica se han reducido drásticamente, haciendo aflorar, tanto en centros como en periferias, los inconvenientes de este modo de vida característico de la civilización industrial. Tampoco el recurso al <em>solucionismo</em> tecnológico parece suficiente al crear nuevos problemas y agudizar, en la mayoría de los casos, las contradicciones. La digitalización y la transición energética, dejadas a merced de las fuerzas de mercado y los intereses corporativos, así lo atestiguan.</p>
<blockquote><p><strong><em>Hemos construido un modo de vida que poco contribuye a una vida de calidad.<a href="#_ftn5" name="_ftnref5"><sup>[5]</sup></a> Vivimos arrastrados por dinámicas sociales que no nos hacen más libres y saludables. </em></strong></p></blockquote>
<p>Los ritmos se aceleran por las imposiciones de la sociedad del rendimiento y los límites de la jornada laboral se vuelven cada vez más imprecisos. La buena vida no empieza después del trabajo ante la dificultad de disfrutar de un ocio autónomo y creativo. La exaltación de la rivalidad, del individualismo y de los particularismos nos separan y enfrentan a otras personas. La fragilidad de los lazos sociales conduce a un mayor aislamiento y soledad. Todo ello afecta a la salud física y emocional. El cansancio y el malestar social penetran en los cuerpos y en las mentes, alterando el sueño y generando ansiedad, depresión, abuso de drogas y medicamentos, un elevado consumo de psicofármacos y un mayor riesgo de suicidio.</p>
<p>Hemos creado entornos amenazantes en casi todos los ámbitos de nuestra vida cotidiana. En el ámbito de la alimentación, el incremento de productos procesados desequilibra nuestras dietas, aportando un exceso de grasas y azúcares. Unos alimentos que se obtienen de un modelo de producción agroindustrial que se encuentra entre las principales causas de la destrucción de la naturaleza. En la vida urbana, los atascos roban horas a nuestra vida, y las zonas congestionadas por el tráfico y contaminadas por los humos y los ruidos contribuyen al deterioro de nuestra salud. Las conurbaciones y las infraestructuras de transporte compartimentan el territorio.</p>
<p>Generamos una cantidad ingente de residuos de todo tipo que envenenan las aguas, el aire y la tierra. Se multiplican los riesgos vinculados a la desestabilización global del clima, a la pérdida de biodiversidad y a la contaminación. Aumentan las amenazas de eventos meteorológicos extremos (inundaciones, sequías, olas de frío y de calor, tormentas tropicales, incendios) y, en muchos casos, sus impactos sobre la productividad agraria y pesquera ponen en jaque la seguridad alimentaria. La pérdida de la biodiversidad favorece la propagación de enfermedades infecciosas y de pandemias.</p>
<p>Junto a la insostenibilidad ambiental de este modo de vida, se desencadenan otras tendencias no menos preocupantes. Persisten numerosas brechas de desigualdad, extensas bolsas de pobreza, desequilibrios territoriales y muchas personas ven erosionados sus derechos e hipotecados sus proyectos de vida ante procesos de precarización que generan vulnerabilidad e indefensión.</p>
<p>Cabe concluir que, aunque el capitalismo haya logrado un éxito incomparable en términos de opulencia material, incapacita en la misma medida para hacer un uso civilizado de ella. Eso significa que, a pesar de que se pudieran activar nuevos ciclos de crecimiento económico, nuestra posición actual para la consecución de una vida buena es peor de lo que era hace décadas. La existencia moderna, pese a sus considerables logros, adolece de rasgos fatales que inhiben el florecimiento de las personas y comprometen la supervivencia de la especie humana. En estas circunstancias, llama poderosamente la atención el abandono de la reflexión acerca de lo que significa hoy una vida buena. Posiblemente la razón de la desidia con la que la cultura mercantil contemporánea hace frente a esta pregunta tenga mucho que ver con el hecho de que nos conduciría a cuestionar radicalmente nuestro actual modo de vida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Santiago Álvarez Cantalapiedra</strong>, director de <a href="https://www.fuhem.es/ecosocial/" target="_blank" rel="noopener">FUHEM Ecosocial</a> y de la revista <em><a href="https://www.fuhem.es/revista-papeles/" target="_blank" rel="noopener">Papeles de relaciones ecosociales y cambio global</a>. </em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Acceso al texto completo en formato pdf: <a href="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/04/Un-modo-de-vida-que-imposibilita-la-vida-nueva-SAlvarez-Introduccion-161.pdf" target="_blank" rel="noopener"><em>Un modo de vida que imposibilita la vida buena.</em></a></p>
<h4><strong>NOTAS: </strong></h4>
<p><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Se trata del Informe PRESME, encargado por la Vicepresidenta Segunda del Gobierno de España y Ministra de Trabajo y Economía Social a una Comisión de expertos/as coordinada por el profesor Joan Benach con el objetivo de obtener un diagnóstico detallado de la precariedad laboral en España y sus efectos sobre la salud mental. La presentación de este informe se realizó el 11 de marzo de este año, y ofrecemos una sinopsis, con sus principales hallazgos y recomendaciones, en la sección de Ensayo de este mismo número de <em>Papeles</em>.</p>
<p><a href="#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a> Xavier Aldekoa, <em>Quijote en el Congo</em>, Península, Barcelona, 2023, pp. 32-33.</p>
<p><a href="#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a> Ulrich Brand y Markus Wissen: «Nuestro bonito modo de vida imperial. Cómo el modelo de consumo occidental arruina el planeta», <em>Nueva Sociedad, </em> núm. 279, enero-febrero de 2019, p. 28.</p>
<p><a href="#_ftnref4" name="_ftn4">[4]</a> Que la noción de colonia trasciende a un territorio administrado por una potencia extranjera, dan cuenta María Mies y Vandana Shiva al hablar de las mujeres, la naturaleza y los países periféricos como las colonias actuales del capitalismo global [en<em> Ecofeminismo (teoría, crítica y perspectivas)</em>, Icaria, Barcelona, 2015].</p>
<p><a href="#_ftnref5" name="_ftn5">[5]</a> Evaluar el modo de vida desde la perspectiva de la calidad de vida es el propósito del primer informe elaborado por FUHEM con el título <em>Informe Ecosocial sobre la calidad de vida en España:</em> <em>b</em><em>alance, tendencias y desafíos</em>, que se presentará en fechas próximas y podrá ser consultado a través de la página web de la Fundación.</p>
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		<title>Caracterización del modo de vida en España</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 28 Nov 2022 13:52:32 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<category><![CDATA[Calidad de vida]]></category>
		<category><![CDATA[Modo de vida]]></category>
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					<description><![CDATA[Caracterización del modo de vida en España: «Estudio de las exigencias energéticas del modo de vida en España». FUHEM Ecosocial [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><img decoding="async" class="alignright wp-image-148571 size-medium" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/11/caracterizacion-modo-vida-Espana-450x640.jpg" alt="" width="450" height="640" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/11/caracterizacion-modo-vida-Espana-450x640.jpg 450w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/11/caracterizacion-modo-vida-Espana-300x426.jpg 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/11/caracterizacion-modo-vida-Espana-350x497.jpg 350w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/11/caracterizacion-modo-vida-Espana-64x91.jpg 64w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/11/caracterizacion-modo-vida-Espana.jpg 501w" sizes="(max-width: 450px) 100vw, 450px" /><em>Caracterización del modo de vida en España: «Estudio de las exigencias energéticas del modo de vida en España».</em></p>
<p><strong>FUHEM Ecosocial</strong></p>
<p>Hace más de diez años, Johan Rockström y colaboradores<sup>1</sup> publicaron un trabajo sobre los límites planetarios que rápidamente se convirtió en una referencia en la literatura sobre la sostenibilidad, desplazando la mirada desde el agotamiento de los recursos naturales hacia los impactos biofísicos del consumo de materiales.</p>
<p>Junto a la narrativa de la Gran Aceleración<sup>2</sup> y al concepto de Antropoceno<sup>3</sup>, el concepto de límites planetarios amplió el vocabulario científico y se impuso como métrica para evaluar, mediante variables de control, si la humanidad se mantiene en un umbral de seguridad, evitando la desestabilización de los ciclos biogeoquímicos de la Tierra y los riesgos asociados.</p>
<p>La transgresión de este espacio de seguridad humana se ha visto impulsado por factores socioeconómicos que moldean los procesos y estructuras causantes de la crisis ecosocial subyacente<sup>4</sup>. En el trasfondo se encuentra la civilización industrial capitalista, con sus estructuras, instituciones, actores y relaciones de poder que impulsan unos flujos de materia y energía en constante expansión que resultan necesarios para su funcionamiento y reproducción social, definiendo el tipo de intercambios -el metabolismo social- que establecemos con la naturaleza.</p>
<p>Existe un único modo de vida que comparten todas las personas que participan de esa civilización industrial capitalista. Pero también existe una amplia variedad de estilos de consumo que comparten quienes forman parte de una determinada clase o grupo social. El concepto de modo de vida<sup>5</sup> que aquí utilizaremos no se refiere al estilo de vida que practica un grupo social particular, sino a los patrones de producción, distribución y consumo, así como al imaginario cultural y a las subjetividades fuertemente arraigadas en las prácticas cotidianas de la mayoría de la población.</p>
<p>En este sentido, cabe entenderlo como un modo de vida hegemónico, es decir, ampliamente aceptado y arraigado política e institucionalmente y con una influencia abrumadora en las prácticas cotidianas de las personas. Se podría añadir, como hacen Brand y Wissen, que además de hegemónico ese modo de vida es también imperial, destacando así el vínculo que existe entre esas prácticas cotidianas hegemónicas, las estrategias estatales y empresariales, la geopolítica internacional y la crisis ecológica, en la medida en que presupone un acceso a los recursos, al espacio, a las capacidades laborales y a los sumideros del planeta entero -normalmente a través del mercado mundial-, asegurado a través de políticas, leyes o mediante el ejercicio de la fuerza.</p>
<p>La vida en las sociedades del capitalismo central resultaría difícil de explicar sin atender a la manera en que se organizan e insertan en la economía global las sociedades periféricas. Cualquier aspecto característico de nuestro modo de vida contiene trabajo y materias primas que provienen de la periferia. Esas condiciones sociales y ecológicas, normalmente invisibilizadas, permiten que estos productos puedan ser comprados y consumidos tan fácilmente. Estas prácticas cotidianas, así como las relaciones de poder sociales e internacionales subyacentes, generan y perpetúan el dominio de unas personas sobre otras y la explotación de la naturaleza, impulsando de ese modo la destrucción de ecosistemas, tensiones geopolíticas, desequilibrios territoriales, polarización social o empobrecimiento y destrucción de economías locales. Nos encontramos ante un modo de vida convertido en un bien posicional, exclusivo y excluyente, cuyas consecuencias se reflejan en forma de altos costes sociales y ecológicos<br />
desigualmente repercutidos.<sup>6</sup></p>
<p>Se ofrece a continuación una caracterización del modo de vida de la sociedad española a partir de una doble vertiente: el consumo y la producción. El ámbito del consumo no es independiente de la esfera de la producción, por lo que un diagnóstico completo exigirá contemplar también los requerimientos necesarios de energía, materiales y trabajo que ese modo de vida conlleva.</p>
<p>NOTAS:</p>
<p>1  Johan Rockström <em>et al.</em>, «A safe operating space for humanity», <em>Nature</em> , 61(7263), 2009a, 472-475; Johan Rockström <em>et al</em>., «Planetary Boundaries : Exploring the safe operating space for humanity», <em>Ecology and Society</em> . 14(2), 2009b, p. 32.</p>
<p>2  Will Steffen <em>et al</em>., «The trajectory of the Anthropocene: The Great Acceleration», <em>The Anthropocene Review</em> 2(1) 2015: 81-98; Will Steffen <em>et al.</em>, <em>Global change and the earth system: a planet under pressure</em>, Springer, 2004.</p>
<p>3 Paul J. Crutzen, y Eugene F. Stoermer, «The Anthropocene». I<em>GBP Newsletter</em> 41, 2000, pp.17-18.</p>
<p>4  Ulrich Brand <em>et al.</em>, «From planetary to societal boundaries: an argument for collectively defined self-limitation», <em>Sustainability: Science, Practice and Policy</em>, 17:1, 2021, 264-291, disponible en: <a href="https://doi.org/10.1080/15487733.2021.1940754" target="_blank" rel="noopener">https://doi.org/10.1080/15487733.2021.1940754</a></p>
<p>5  Ulrich Brand y Markus Wissen, <em>Modo de Vida Imperial. Vita cotidiana y crisis ecológica del capitalismo</em>, Traficantes de Sueños, Madrid, 2021.<br />
6  Santiago Álvarez Cantalapiedra y Monica Di Donato, «Consumo y crisis ecosocial global», en Luis Enrique Alonso Benito (ed. lit.), Carlos Jesús Fernández Rodríguez (ed. lit.), Rafael Ibáñez Rojo (ed. lit.), <em>Estudios sociales sobre el consum</em>o, CIS, 2020, pp. 533-553</p>
<p>Descargar el texto completo en formato pdf: <a href="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/11/Caracterizacion-del-modo-de-vida-en-Espana.pdf" target="_blank" rel="noopener"><em>La caracterización del modo de vida en España</em></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><img decoding="async" class="alignright wp-image-141269" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/11/Logo_Miterd-450x104.png" alt="" width="432" height="100" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/11/Logo_Miterd-450x104.png 450w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/11/Logo_Miterd-1200x278.png 1200w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/11/Logo_Miterd-300x69.png 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/11/Logo_Miterd-768x178.png 768w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/11/Logo_Miterd-600x139.png 600w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/11/Logo_Miterd-64x15.png 64w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/11/Logo_Miterd.png 1280w" sizes="(max-width: 432px) 100vw, 432px" /></p>
<p>Esta publicación ha sido realizada con el apoyo financiero del <strong>Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITERD)</strong>. El contenido de la misma es responsabilidad exclusiva de <strong>FUHEM</strong> y no refleja necesariamente la opinión del <strong>MITERD</strong>.</p>
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		<title>El malestar de nuestro modo de vida</title>
		<link>https://www.fuhem.es/2022/08/26/el-malestar-de-nuestro-modo-de-vida/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 26 Aug 2022 08:13:41 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Análisis]]></category>
		<category><![CDATA[Cambio climático]]></category>
		<category><![CDATA[Crisis Ecosocial]]></category>
		<category><![CDATA[Desconexión]]></category>
		<category><![CDATA[destacadasecosocial]]></category>
		<category><![CDATA[Malestares]]></category>
		<category><![CDATA[Modo de vida]]></category>
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					<description><![CDATA[El modo de vida de la civilización industrial capitalista da lugar a un entorno pernicioso que nos vuelve más irritables, agresivos y estresados, debilitando la salud y generando malestar y desconexión entre las personas. ]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><img decoding="async" class="alignright size-thumbnail wp-image-146827" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/08/PORTADA-158-768x1077.jpg" alt="" width="300" height="423" />«El malestar de nuestro modo de vida» de Santiago Álvarez Cantalapiedra, es el título de la <strong>INTRODUCCIÓN</strong> del número 158 de la revista <em><a href="https://www.fuhem.es/revista-papeles/" target="_blank" rel="noopener">Papeles de relaciones ecosociales y cambio global</a>. </em></p>
<p><em>El malestar en la cultura </em>es un ensayo de Sigmund Freud publicado en 1930 en un contexto sombrío marcado por el cruce de los efectos que aún perduraban de la Gran Guerra con los emergentes de la Gran Depresión del 29.</p>
<p>Este texto, considerado uno de los más inﬂuyentes del siglo XX, tiene que ver con el antagonismo entre las exigencias pulsionales del ser humano y las restricciones impuestas por la cultura. Ese antagonismo termina transformándose en un profundo sentimiento de culpa. El descontento y la insatisfacción no serían sino la consecuencia inevitable de la condición cultural de nuestra especie.</p>
<p>En el momento actual, y llevado a un terreno que trasciende el psicoanálisis y la psicología social, cabría identiﬁcar en el malestar que hoy nos asola no tanto un sentimiento de culpa como de ansiedad y frustración ante una cultura que promete lo que no es capaz de colmar, que exige lo que no somos capaces de dar y que, lejos de reprimir, favorece unas pulsiones dionisiacas (en lo que se reﬁere a los deseos) y fáusticas (en relación con las capacidades) que desatan nuestra <em>hybris </em>(o desmesura).</p>
<p>De ser así, las raíces del malestar contemporáneo se encontrarían en el tipo de civilización que hemos construido. Una civilización que encadena una crisis tras otra sin llegar a superar ninguna.</p>
<p>Nos encontramos exhaustos como consecuencia de los acontecimientos recientes: en el transcurso de apenas tres lustros, y con el trasfondo de una crisis climática de consecuencias impredecibles a la que no prestamos la debida atención, hemos asistido a una crisis ﬁnanciera de una dimensión descomunal (La Gran Recesión del año 2008), a la primera pandemia global en sentido estricto (la COVID-19 del 2020) y, en el presente año, al comienzo de una guerra en Ucrania que acelera la tendencia armamentística que se venía incubando desde hace años y que aviva la pesadilla exterminista siempre asociada al gigantismo nuclear.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4>La fatiga de la sociedad del rendimiento</h4>
<p>Los impactos que han provocado estos hechos se suman a la fatiga crónica que arrastramos en la vida cotidiana. El capitalismo actual ha impuesto la sociedad del rendimiento, un tipo de sociedad donde la coerción, una vez interiorizados sus dictámenes, deja de ser externa y pasa a convertirse en un imperativo que surge del interior de los sujetos. Ya no hay «sujetos de obediencia» sino «sujetos de rendimiento».<sup>1</sup>   El sujeto transformado en emprendedor de sí mismo, forzado a rendir a cualquier precio y a cumplir con los objetivos marcados, se autoexplota hasta la extenuación pensando que así se acaba realizando.</p>
<p>Uno de los síntomas de esta sociedad del rendimiento es el cansancio. El binomio rendimiento/ cansancio nos hace añorar la vieja reivindicación del derecho a la pereza de Lafargue. Una fatiga permanente que nos acompaña a todas horas y cuyas manifestaciones se dejan ver por todas partes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4>Manifestaciones del malestar</h4>
<p>En Japón hace tiempo se puso nombre a la muerte provocada por estrés: <em>karoshi</em>. El término sirve para describir las consecuencias de unas agotadoras jornadas de trabajo para defender el estatus adquirido en un contexto fuertemente competitivo. Fenómenos relacionados, como el desgaste profesional (<em>burnout</em>), el síndrome de fatiga por el exceso de información o el “<em>jet lag </em>social”, caracterizan el panorama patológico de una sociedad que contiene demasiados factores neurotizantes.</p>
<p>Este último síndrome, que comparte los síntomas que sufrimos por los cambios horarios que implican los largos viajes (alteraciones del sueño, diﬁcultades de concentración, fatiga o problemas digestivos), surge de las agotadoras e interminables jornadas que fracasan en su propósito de conciliar vida laboral, familiar y de ocio.</p>
<p>Como el día no tiene las suﬁcientes horas para responder a los deberes autoimpuestos ni al consumo de ocio al que aspiramos (visionar nuestra serie preferida o comunicarnos con los amigos a través de las redes sociales), prolongamos la vigilia hacia la noche, provocando que el ﬁnal de la jornada llegue cada vez más tarde. Sin embargo, el despertador suena por la mañana a la misma hora para recordarnos que debemos cumplir de nuevo con las obligaciones laborales y familiares. Así día tras día, acumulando cansancio y una deuda de sueño que surge de las horas que vamos robando a la noche e, inevitablemente, a nuestro descanso.  Cuando llega el ﬁn de semana o un día festivo, tratamos de compensar ese déﬁcit durmiendo más, provocando ese desfase que se conoce como “<em>je</em><em>t lag </em>social”.<sup>2</sup></p>
<p>&nbsp;</p>
<h4>Un modo de vida que genera un ambiente tóxico</h4>
<p>Estos y otros síndromes nos deberían llevar a revisar radicalmente nuestro modo de vida. Hemos creado una sociedad cuyo funcionamiento normal impide desarrollar una vida tranquila y saludable. Vivimos rodeados de exceso de ruido, de iluminación, de calor y de sustancias tóxicas. La contaminación acústica, lumínica o atmosférica están haciendo del silencio, la oscuridad o del aire limpio “bienes raros”, escasos. El ruido está desplazando al silencio, la luz artiﬁcial a la oscuridad y la contaminación del aire está acabando con una atmósfera sana. Las consecuencias sobre nuestra salud (física y emocional) y, por ende, sobre el bienestar social y la calidad de la vida son cada día más evidentes.<sup>3</sup></p>
<p>Un informe de la Comisión de Contaminación y Salud de la revista médica <em>The </em><em>Lancet </em>señala que los diferentes tipos de contaminación (principalmente la polución del aire y la contaminación química debida al plomo) son responsables cada año en el mundo de la muerte prematura de nueve millones de personas, más que todos los fallecimientos registrados hasta el momento por la pandemia de COVID-19 y que la suma de las que ocasionaron en el año 2019 las guerras, el terrorismo, el SIDA, la tuberculosis, la malaria o el consumo de drogas.<sup>4</sup> En las últimas dos décadas, estas muertes causadas por las formas modernas de contaminación han aumentado un 66%, impulsadas por la industrialización, la urbanización incontrolada o la combustión de combustibles fósiles. Y, como ya se ha señalado, más allá de provocar un exceso de muertes prematuras tiene otros muchos efectos sobre la salud, el desarrollo cognitivo y el bienestar emocional de humanos y otras especies, lo que convierte a la contaminación en el principal factor de riesgo ambiental de la salud en el planeta.</p>
<blockquote><p><strong>La contaminación, el cambio climático y la pérdida de biodiversidad están estrechamente vinculados y constituyen una amenaza existencial para la salud humana y planetaria.</strong></p></blockquote>
<p>El modo de vida de la civilización industrial capitalista da lugar a este entorno pernicioso que nos vuelve más irritables, agresivos y estresados, debilitando la salud y generando malestar. Una forma de vida que exige por el día un alto consumo de estimulantes para seguir el ritmo trepidante de la jornada y que luego, por la noche, debe ser debidamente contrarrestado con otras sustancias que permitan descansar y conciliar el sueño.<sup>5</sup> Se entrega el bienestar a una variedad de sustancias químicas, cuando el origen del malestar no está en nosotros sino en las condiciones sociales y ambientales que nos impiden vivir como seres saludables y tranquilos. Hay quien llama a esta toma masiva de medicación “la epidemia silenciosa”, ya que avanza sin grandes aspavientos, pero de forma imparable y contundente. Dos millones de norteamericanos se han vuelto adictos a los opioides, lo que se considera una crisis sanitaria de primera magnitud.<sup>6</sup> ¿Qué dolor nos acompaña que necesitamos calmar con cualquier medio a nuestro alcance?</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4>Un modo de vida que no favorece las conexiones</h4>
<p>La angustia se esparce sobre la sociedad como el alquitrán. El desasosiego y el malestar se expresan también en forma de ansiedad y depresión. Se tratan habitualmente como trastornos mentales cuya solución se confía a la farmacopea. Pero el hecho es que las pastillas están cada vez más presentes en la vida de la gente y no por ello disminuye esta epidemia “mental”. «La causa principal de la depresión y ansiedad crecientes –sostiene Johann Hari, quien decidió buscar el origen de la depresión que venía padeciendo desde su juventud– no se halla en nuestras cabezas. La descubrí principalmente en el mundo y en el modo en que vivimos en él. Descubrí que existen al menos nueve causas probadas».<sup>7</sup> Según Hari,  hay un elemento común en ellas: «todas son formas de desconexión».<sup>8</sup> Vivimos desconectados de unos empleos precarios que apenas ofrecen ingresos suﬁcientes y oportunidades de promoción profesional e impiden desarrollar proyectos vitales y trayectorias laborales estables; la aceleración de los cambios sociales nos diﬁcultan conectar con valores signiﬁcativos que otorguen un sentido a la existencia; la artiﬁcialidad de los actuales modo de vida nos separan del mundo natural, etc., etc.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4>La Gran Disolución</h4>
<p>Entre todas las formas de desconexión que experimentamos, tal vez la más importante sea la diﬁcultad creciente para establecer vínculos y lazos estrechos que trasciendan la mera charla o encuentro circunstancial. «La soledad ﬂota hoy sobre nuestra cultura como una niebla espesa. Nunca ha habido tanta gente confesando que se siente sola», sostiene Hari, y en una sociedad compleja como la nuestra, la soledad no es solo la ausencia física de los otros, sino que adquiere un signiﬁcado más profundo: la de la «sensación de no estar compartiendo nada signiﬁcativo con nadie», la falta de un proyecto común.<sup>9</sup> Es una tendencia destacable en el devenir de las sociedades occidentales desde el último tercio del siglo pasado. Se cumple ahora el vigésimo aniversario de la publicación del libro <em>Solo en la bolera </em>de Robert Putnam, sociólogo y politólogo norteamericano de la Universidad de Harvard.<sup>10</sup> El título lo dice todo. Describe a la perfección el colapso comunitario que golpea a la sociedad norteamericana. Jugar a los bolos ha sido una de las actividades recreativas más populares en los EEUU. La gente formaba equipos con sus amigos y organizaba liguillas con las que estrechaban lazos con otros grupos a medida que iban coincidiendo en los torneos. Hoy la gente sigue jugando a los bolos, pero ahora en solitario. Es un ejemplo, entre los muchos que se investigan en el libro de cómo la estructura colectiva de una sociedad ha sido des- mantelada por un individualismo que ha terminado por negar cualquier sentido de lo social.</p>
<p>Sentirse solo y aislado produce malestar. ¿Por qué? Por una simple cuestión evolutiva. Somos seres sociales, y como cualquier especie hipersocial, la cooperación se convierte en una ventaja para nuestras vidas. Los lazos y vínculos personales, así como los compromisos recíprocos, nos hacen sentir mejor y más protegidos. El aislamiento, por el contrario, nos genera ansiedad y depresión al sentirnos más desprotegidos y vulnerables.<sup>11</sup></p>
<p>La privatización de nuestro modo de vida ha ido reduciendo progresivamente la idea de lo que entendemos por hogar y comunidad. El hogar ha quedado reducido a las cuatro paredes de la casa sin preocuparnos de hacer de nuestro hábitat urbano y natural el cálido y seguro lugar que protege nuestra existencia. El individualismo competitivo, la desigualdad, el urbanismo disperso y los ataques a las políticas que procuraban cierta cohesión social han hecho el resto. Coincidiendo con la Gran Aceleración en el consumo y degradación de la naturaleza, hemos asistido también a la <em>Gran Disolución </em>de los vínculos y estructuras sociocomunitarias. No se debe únicamente a un cambio en los valores que orientan nuestras conductas. También los lugares que favorecían el encuentro están desapareciendo.<sup>12</sup> Los lugares dan forma a nuestra capacidad de relacionarnos.</p>
<p>Eric Klinenberg sostiene en su libro <em>Palacios para el pueblo </em>que las sociedades basan su existencia en esos espacios de encuentro, como las bibliotecas públicas, los parques, las plazas, los bares y tiendas de barrio o las iglesias, espacios en los que interactuamos y establecemos conexiones cruciales.<sup>13</sup> La erosión de lo que Klinenberg denomina «infraestructura social» explica parte de ese malestar cargado de orfandad y soledad que siente en las sociedades occidentales el individuo atomizado que vive a la intemperie.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4>La desconexión de un futuro esperanzador y seguro</h4>
<p>También sufrimos la desconexión del futuro. La desestabilización global del clima que hemos provocado ha creado unas condiciones ambientales menos favorables que las disfrutadas en los últimos doce mil años y, por eso, el futuro climático difícilmente podrá ser “mejor” y girará entre lo “malo” y lo “peor”.<sup>14</sup> Cualquier intento de mirar al futuro se topa con las amenazas del desastre climático, energético, demográﬁco, sanitario o de una crisis económica, generando la sensación de vivir asomados al abismo. El periodista y ensayista Héctor García Barnés utiliza la expresión <em>futurofobia </em>para tratar de entender el malestar contemporáneo cuyos síntomas pueden compararse a los de un trastorno de ansiedad colectiva. El proyecto de la Modernidad, con su promesa de progreso, se truncó en algún momento y ahora la fobia al futuro se alimenta de la resignación y la impotencia, la sensación de que se haga lo que se haga, las cosas acabarán mal.<sup>15</sup></p>
<p>&nbsp;</p>
<h4>La dimensión política del malestar</h4>
<p>El malestar genera distintas manifestaciones de descontento: por la subida de la factura de la luz, por el incremento de los precios de los combustibles o de los alimentos. Una ciudadanía exhausta, castigada por una sucesión de crisis encadenadas, tarde o temprano termina por manifestar su disgusto. Un grito de disconformidad emitido principalmente por los perdedores de la globalización, por los desamparados de unos servicios públicos sobrecargados, por una juventud que, aunque agobiada en un presente marcado por la precariedad, no se resigna a que la crisis ecosocial les cierre el porvenir. Un grito de indignación ante la desigualdad en la distribución de la renta y la riqueza. Un lamento que busca ser escuchado y canalizado. Hay que reconocer la capacidad trasformadora del malestar cuando da lugar a una rabia y a una indignación que quiere cambiar el mundo.</p>
<p>Pero el malestar solo no basta. Aunque lleve la semilla del inconformismo, se necesitan mecanismos que traduzcan el descontento en acción política. La ausencia de estos mecanismos no deja más opción que la “patologización” del malestar como un problema individual de salud mental que solo se puede abordar a través de la medicación y la autoayuda. Las democracias liberales son básicamente sistemas de representación política construidas a través de mecanismos de intermediación entre la sociedad civil y el Estado. Si falla ese proceso de intermediación, aparece una crisis de representatividad que se traduce en desconﬁanza, tanto en los partidos como en la propia democracia. En tiempos de crisis de representación y legitimidad política los límites de lo posible se ensanchan en todas direcciones, tanto reaccionarias como emancipadoras.</p>
<p>Lograr que el descontento no discurra hacia el resentimiento y el odio y que, en su lugar, se canalice hacia una “digna rabia” con potencial emancipador es el dilema ante el que se encuentran hoy las sociedades en estos tiempos de malestar.</p>
<p>Acceso al texto completo en formato pdf:  <a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/el-malestar-de-nuestro-modo-de-vida/" target="_blank" rel="noopener"><em>El malestar de nuestro modo de vida</em></a></p>
<h4>NOTAS:</h4>
<p>1  Buyng-Chul Han, <em>La sociedad del cansancio</em>, Herder, Barcelona, 2012.</p>
<p>2  Se habla de <em>jet lag </em>social cuando el centro del sueño de los días de trabajo diﬁere en más de dos horas del centro del sueño de los días libres. Se estima que este trastorno lo sufren al menos un 50 % de los estudiantes y si, en lugar de dos horas, contemplamos una sola hora de diferencia, se estima que afecta a siete de cada diez personas. Roco Caliandro, Astrid A. Streng, Linda W.M. van Kerkhof, Gijsbertus T. J. van der Horst, Inês Chaves, «<a href="https://www.mdpi.com/2072-6643/13/12/4543/htm" target="_blank" rel="noopener">Social Jetlag and Related Risks for Human Health: A Timely Review</a>», <em>Nutrients</em>, 13(12):4543, 2021.</p>
<p>3  El exceso de ruido, iluminación o calor son formas de contaminación y, por consiguiente, despliegan unos efectos perniciosos sobre la salud. La contaminación acústica altera el sistema nervioso, y aunque podamos acostumbrarnos al ruido, no así lo hace nuestra actividad cardiaca, que nunca llega a adaptarse superados determinados umbrales. La contaminación lumínica afecta a la salud humana al alterar el “ritmo circadiano” (un conjunto de relojes biológicos cuyos ciclos están determinados por la sucesión del día y de la noche); esta alteración provoca diversas afecciones sobre la presión arterial, el apetito, da lugar a una mayor irritabilidad, estrés, fatiga o falta de atención. El exceso de calor trastoca el sueño (se sabe que la temperatura óptima para dormir ronda los 17º-18º) y provoca fatiga física, falta de concentración, irritabilidad o trastornos gastrointestinales. Según el Instituto de Salud Carlos III, cabe atribuir, solo a los seis primeros días de la ola de calor iniciada el 10 de julio, un total de 360 muertes por las altas temperaturas en España.</p>
<p>4  Richard Fuller, Philip J. Landrigan, Kalpana Balakrishnan, Glynda Bathan, Stephan Bose-O’Reilly, Michael Brauer, et al., «<a href="https://www.thelancet.com/journals/lanplh/article/PIIS2542-5196(22)00090-0/fulltext" target="_blank" rel="noopener">Pollution and health: a progress update</a>», <em>The Lancet Planetary Health, </em>17 de mayo de 2022.</p>
<p>5  El Observatorio Español de las Drogas y las Adicciones (OEDA) documenta que entre los años 2019 y 2020, las drogas con mayor prevalencia de consumo entre la población española de edades comprendidas entre los 15 y 64 años corresponden al alcohol, el tabaco y los hipnosedantes, con o sin receta. Véase: Observatorio Español de las Drogas y las Adicciones. <a href="https://pnsd.sanidad.gob.es/profesionales/sistemasInformacion/informesEstadisticas/pdf/2021OEDA-INFORME.pdf" target="_blank" rel="noopener"><em>Informe 2021. Alcohol, tabaco y drogas ilegales en España</em>, Ministerio de Sanidad, Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas,</a> Madrid, 2021.</p>
<p>6  Según los datos que proporcionan los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) de los EEUU, entre 1999 y 2019 murieron a causa de una sobredosis con opioides más de medio millón de personas en aquel país. Los números parecen haberse incrementado los últimos años, de manera aún más signiﬁcativa durante la pandemia de COVID-19.</p>
<p>7  Johann Hari, <em>Conexiones perdidas. Causas reales y soluciones inesperadas para la depresión</em>, Capitán Swing, 2019, p. 27.</p>
<p>8  <em>Ibidem</em>, p. 87.</p>
<p>9  <em>Ibidem</em>, pp. 104 y 117.</p>
<p>10  Robert Putnam, <em>Solo en la bolera. Colapso y resurgimiento de la comunidad norteamericana</em>, Galaxia Gutenberg, Barcelona, 2002.</p>
<p>11  Estar solos o aislados nos enferma. Las investigaciones de John Cacioppo y William Patrick (<em>Loneliness: Human Nature and the Need for Social Connection</em>, WW. Norton, Nueva York, 2008) son signiﬁcativas a este respecto, pues inciden en cómo estar desconectado de la gente genera ansiedad y provoca depresión. Véase también Melania Moscoso y Txetxu Ausí (eds.), <em>Soledades</em>, Plaza y Valdés, Madrid, 2021.</p>
<p>12  En cambio, proliferan los “no-lugares” (los “<em>non-lieu</em>” de los que habla Marc Augé), espacios indiferenciados de tránsito sin identidad alguna donde prima el anonimato y se aminora la interacción en aras de la eﬁciencia. Cuando la rentabilidad se pone por delante del bien público, predominan esos “no lugares” sobre los lugares que dan forma a nuestra capacidad de relacionarnos y que desempeñan un papel fundamental en la vida diaria al condicionar las oportunidades de disfrutar de interacciones sociales signiﬁcativas.</p>
<p>13  Eric Klinenberg, <em>Palacios para el pueblo. Políticas para una sociedad más igualitaria, </em>Capitán Swing, Madrid, 2021.</p>
<p>14   Jorge Riechmann, <em>Otro ﬁn del mundo es posible, decían los compañeros</em>, mra ediciones, Barcelona, 2019.</p>
<p>15   Héctor García Barnés, <em>Futurofobia. Una generación atrapada entre la nostalgia y el apocalipsis</em>, Plaza &amp; Janés, Barcelona, 2022.</p>
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