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	<title>Negacionismo &#8211; FUHEM</title>
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	<description>educación + ecosocial</description>
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	<title>Negacionismo &#8211; FUHEM</title>
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		<title>Lectura Recomendada: Perdiendo la tierra</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 30 Nov 2021 10:40:54 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Lecturas recomendadas]]></category>
		<category><![CDATA[Cambio climático]]></category>
		<category><![CDATA[destacadasecosocial]]></category>
		<category><![CDATA[Negacionismo]]></category>
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					<description><![CDATA[Si desde los ochenta hay amplío consenso cientíﬁco en torno a la ciencia climática, ¿por qué apenas se ha avanzado en atajar la desestabilización del clima?]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><img fetchpriority="high" decoding="async" class="alignright wp-image-141782 size-full" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/01/perdiendo-la-tierra.jpg" alt="" width="317" height="500" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/01/perdiendo-la-tierra.jpg 317w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/01/perdiendo-la-tierra-300x473.jpg 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/01/perdiendo-la-tierra-64x101.jpg 64w" sizes="(max-width: 317px) 100vw, 317px" /><em><strong>Nathaniel Rich, </strong>Perdiendo la tierra. la década en que podríamos haber detenido el cambio climático, Madrid: </em>Capitán Swing, 2020, 191 págs.</p>
<p>Reseña elaborada por <strong>Nuria del Viso</strong> del equipo de FUHEM Ecosocial y publicada en el <a href="https://www.fuhem.es/2021/11/10/papeles-155-ritmos-autoritarios/" target="_blank" rel="noopener">número 155</a> de la revista <a href="https://www.fuhem.es/revista-papeles/" target="_blank" rel="noopener"><em>Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global. </em></a></p>
<p>El cambio climático se presenta como una controversia cientíﬁca pública, algo común en la ciencia, si bien no constituye el tipo de controversia que cabríamos esperar, derivada de visiones cientíﬁcas distintas o de un desacuerdo genuino sobre los datos. En este caso se trata más bien de una controversia pública calculadamente <em>fabricada</em>, como queda claro después de la lectura de <em>Perdiendo la Tierra, </em>una exhaustiva –aunque sintética– investigación de un periodo histórico cercano –de 1979 a 1989–, cuando estuvimos muy cerca de un acuerdo internacional sobre el cambio climático.</p>
<p>Existen evidencias del cambio climático al menos desde el siglo XIX, y desde 1979 la ciencia climática ya estaba asentada y ha permanecido prácticamente invariable desde entonces. El libro se abre con una frase impactante en este sentido:</p>
<blockquote><p><strong>«Casi todo lo que sabemos en la actualidad del calentamiento global ya lo sabíamos en 1979» (p. 13). </strong></p></blockquote>
<p>Desde los ochenta hay un amplísimo consenso cientíﬁco en torno a los principales hallazgos de la ciencia climática. Entonces, ¿por qué en las últimas tres décadas apenas se ha avanzado en atajar la desestabilización del clima? Rich nos acerca a las respuestas a esta inquietante pregunta.</p>
<p>El cambio climático es un caso paradigmático de <em>agnotología</em>. El término fue desarrollado por Robert Proctor, historiador científico de la Universidad de Stanford, que en 1979 se topó con un memorando secreto elaborado diez años antes por la compañía tabaquera Brown &amp; Williamson donde se exponían las tácticas empleadas por el sector para combatir las medidas antitabaco. A partir de este hallazgo, Proctor comenzó a investigar este tipo de casos. Como la empresa afirmaba en aquel comunicado,<strong> «La duda es nuestro producto. [La duda] es la mejor manera de competir con el volumen de información que existe en la mente del público en general.</strong> <strong>También es el medio para crear controversia</strong>», según recoge una noticia  de  la  BBC  (Georgina  Kenyon, «Agnotología: la ciencia de sembrar el engaño para vender», <em>BBC</em>, 17 de enero de 2016). Como subrayaba Philip Mirowski en una conferencia en 2012, los negacionistas «no pretenden cambiar la ciencia climática, sino nublar la mente de la gente común.</p>
<p>El objetivo principal es obstaculizar cualquier acción de reducción de emisiones, comprar tiempo para formular otros componentes y desarrollarlos como opción política» (Conferencia inaugural del congreso «Life and Debt: Living through the Financialisation of the Biosphere», Universidad Tecnológica de Sidney).</p>
<p>La <em>agnotología</em>, ya con medio siglo de historia a sus espaldas, alcanza hoy nuevas cotas en un contexto de explosión de las redes sociales que multiplican sus efectos. Bruno Latour en <em>Dónde aterrizar </em>resalta la situación de “delirio epistemológico” en la que nos encontramos, especialmente desde la elección de Donald Trump como presidente de Estados Unidos, algo de lo que se hace eco Jorge Riechmann en otro artículo de esta misma revista.</p>
<p>Podría parecer que la inacción ha dominado siempre nuestra aproximación al calentamiento global. Pero, como recuerda Rich, hubo un tiempo no tan lejano en que «había un consenso general sobre el hecho de que se tenía que pasar a la acción de inmediato» (p. 17), y «un amplio consenso internacional acordó poner en marcha un mecanismo para conseguir un tratado global vinculante» (p. 17).</p>
<p>De la mano de Rich descubrimos una década que ahora parece asombrosa, cuando el cambio climático no generaba en EEUU posturas partidistas automáticas, cuando las corporaciones petroleras investigaban el cambio climático –incluso un presidente de Exxon, Edward David hijo, llegó a afirmar en 1982 la adhesión de la petrolera a la transformación integral de las políticas energéticas globales (p. 89)–, y cuando congresistas y senadores preocupados por el fenómeno podían organizar sesiones sobre el asunto con el testimonio de científicos, o cuando un grupo de 24 senadores de ambos partidos pidieron al presidente Bush padre –era 1989– un compromiso de reducción de emisiones, y el cambio climático llegó a ser la ter- cera preocupación de los estadounidenses (p. 127).</p>
<p>El <strong>negacionismo climático</strong> surgió de las propias empresas y se materializó con la <em>captura </em>de un grupo de cientíﬁcos –especialistas en física atómica y otras ramas de la ciencia distintas a la climática– contratados al servicio de los intereses corporativos. Rich deja claro la responsabilidad de la petroleras, que conocían el problema del cambio climático desde los años cincuenta, y la industria automovilística desde los setenta, igual que las eléctricas. Las empresas implicadas <strong>han invertido cifras astronómicas para desacreditar y poner en duda el conocimiento de la ciencia climática</strong>, sembrando la confusión y el escepticismo. Esta estrategia ha sido desplegada en distintas controversias públicas, antes y después del cambio climático, y es ya conocida como la “estrategia del tabaco”, por ser el primer sector industrial que la utilizó como constató Proctor y tal como recogen Oreskes y Conway en su libro <em>Mercaderes de la duda</em>.</p>
<p>Si Rich se centra en una década particular para mostrar la deriva del asunto climático y a sus protagonistas, Oreskes y Conway se enfocan en <em>Mercaderes de la duda </em>en explorar precisamente esta estrategia, dedicando el capítulo 6 al cambio climático. Aunque con acentos, estilos y periodos históricos diferentes (Oreskes y Conway analizan hasta 1997), ambos libros resultan complementarios.</p>
<p><em>Perdiend</em><em>o la Tierra </em>se compone de tres partes –«Gritos en la calle (1979-1982)»; «Ciencia ﬁcción de mala calidad (1983-1988)»; y «Veréis cosas que deberéis creer (1988-1989)»– y 21 capítulos, además de una introducción y un epílogo. Cada capítulo va encabezado por un título y un periodo histórico.</p>
<p>En la primera parte del libro, Rich retrata cómo el cambio climático se abría paso entre la ciencia, el activismo y las instituciones políticas oﬁciales –Gobierno, Congreso y Senado– con notable consenso, incluso en las ﬁlas de ambos partidos. En la segunda parte cubre el periodo de 1983 a 1988 y explora cómo fuerzas contrarias en torno al cambio climático pugnaron por prevalecer. En la tercera parte, de 1988 a 1989, el autor narra el proceso de retirada de apoyo de EEUU al acuerdo internacional y su descarrilamiento ﬁnal mientras se desplegaba el negacionismo a toda potencia.</p>
<p>Rich adopta un enfoque histórico bien documentado a través de numerosas entrevistas con los protagonistas de los hechos y desarrolla su argumento de forma ágil a través de capítulos breves. El libro mantiene la tensión, aunque la proliferación de nombres puede despistar en más de un momento. El hilo del relato, sin embargo, se mantiene gracias a dos personajes principales que guían la narración: un activista ecologista, Rafe Pomerance, y un cientíﬁco climático, James Hansen, en torno a quienes pululan no pocos actores. Apuntar que quizá la historia de héroes, villanos y víctimas que presenta Rich resulte algo simplista.</p>
<p>El autor narra la historia –o la intrahistoria– de un fracaso no anunciado de la deriva climática y cómo se fueron cerrando las posibilidades de un acuerdo. Un par de años después de las entusiastas declaraciones de David hijo, Exxon había reconsiderado su postura y vuelto a los combustibles fósiles convencionales. Para 1988, el Instituto Americano del Petróleo (conocido como API) «empezó a prestar atención a los argumentos políticos relacionados con el negocio» (p. 135) y se fortaleció el contraataque: los departamentos de investigación corporativos se cerraron y en su lugar se invirtieron millones de dólares para desacreditar las certezas que iba señalando la investigación climática y, en su lugar, sembrando la duda, con una alta efectividad que condujo al consenso de inacción a partir de 1989. Como aﬁrma Rich, «Esa era la nueva tendencia: no solo la expresión de indiferencia o precaución, sino del advenimiento de una fuerza antagonista, nihilista» (p. 112). Para 1992, el presidente Bush padre había pasado de declararse “medioambientalista” (p. 128) a principios de los ochenta a ofrecer una postura más que tibia en la Cumbre de la Tierra en Río.</p>
<p>En contrapartida a la “guerra sucia” del negacionismo, la controversia sobre el cambio climático implica cada vez más cuestiones morales, como remarca Rich en el epílogo, donde la voz del autor se hace más nítida. Estas razones están ganando peso progresivamente en la crisis del clima, tanto aquellas sobre la relación inversa existente entre responsabilidad de las emisiones y gravedad de los impactos como las referidas a la responsabilidad con las generaciones futuras y otros seres vivos. Los argumentos que esgrimen tanto Greta Thunberg como el papa Francisco en su encíclica <em>Laudato Si </em>van en esa dirección.</p>
<p>En su conjunto, el libro es exponente de cómo los entramados sociotécnicos, tal como sostienen los estudios de ciencia y tecnología (<em>Science and Technology Stu- dies</em>, o STS por sus siglas en inglés), constituyen ensamblajes fuertemente cohesionados; no hay separación posible entre elementos sociales, o políticos, y elementos cientíﬁcos o técnicos, sino que estos componentes se entrelazan en un todo que se co-produce procesualmente y co-evoluciona, tal como deﬁende Bijter, dando lugar a un latouriano <em>tejido sin costuras </em>de elementos tecno-cientíﬁcos- socio-político-económicos, tal como sostiene el enfoque constructivista de los STS. Un ejemplo en este sentido que recoge el libro se reﬁere a la necesidad que activistas, cientíﬁcos y políticos concienciados con el cambio climático y a las puertas de una importante reunión en Toronto en 1988 para impulsar un acuerdo internacional similar al del ozono, buscaban una cifra “mágica” que movilizara las voluntades políticas, pero, lejos de proporcionarlo el conocimiento cientíﬁco, fue el activista Rafe Pomerance el que dio con una cifra con gancho: reducir el 20% de emisiones para el año 2000 (posteriormente, 2005), una muestra más de cómo consideraciones cientíﬁcas se entretejen con las políticas y las sociales en un conjunto sociotécnico sin ﬁsuras ni costuras.</p>
<blockquote><p>El autor muestra cómo el relato, la imagen y el lema de un hecho cientíﬁco tiene mucho que ver con que se adopten o no medidas para ponerle remedio, como se hizo evidente en el caso del “agujero” de la capa de ozono donde un buen <em>framing </em>y una imagen potente ayudaron a lograr un acuerdo internacional, el Protocolo de Montreal.</p></blockquote>
<p>Quizá uno de los problemas que ha enfrentado el cambio climático es que no haya logrado encontrar una imagen poderosa y un relato que interpele a la gente –como logró el agujero de la capa de ozono–, que genere sensación de urgencia y movilice a la ciudadanía.</p>
<p>Por otra parte, Rich aﬁrma que el relato climático  no  ha  cambiado  sustancialmente desde 1989, punto del que cuesta no disentir dado que en las últimas tres décadas se ha desarrollado la potente maquinaria del negacionismo climático y actualmente el relato dominante es radicalmente distinto, y mucho más nocivo, que en 1989.</p>
<p>En esta absorbente investigación de una década crucial para las políticas del cambio climático sorprenderá encontrar nombres de políticos/as muy conocidos sosteniendo posturas que hoy se tacharían de “radicales”. La distancia de estas posturas a las que hoy sostiene el Partido Republicano en EEUU, el Partido Conservador en Reino Unido o sus homólogos en España da cuenta del retroceso que hemos sufrido en las últimas tres décadas en materia de políticas climáticas, que solo se han puesto en cuestión tras el “terremoto” juvenil inspirado por Greta Thunberg y las urgencias puestas de maniﬁesto por la crisis de la COVID-19.</p>
<p><em>Perdiendo la Tierra </em>investiga la intrahistoria de lo que pudo ser y no fue, y de cómo se marchitaron los avances logrados a lo largo de una década. Como aﬁrma Rich,</p>
<blockquote><p>«Si los Estados Unidos hubieran respaldado una propuesta ampliamente apoyada a ﬁnales de los ochenta –la congelación de las emisiones de carbono, junto a una reducción del 20% en 2005– el calentamiento podría haberse limitado a menos de 1,5ºC» (p. 17).</p></blockquote>
<p>Esta es nuestra pérdida y de ahí la importancia del libro para arrojar luz sobre ella. La revitalización de la memoria es importante para reconstruir los hechos y saber dónde nos encontramos y por qué.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Los discursos en torno a la emergencia climática</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 29 Apr 2020 12:19:16 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Dosieres Ecosociales]]></category>
		<category><![CDATA[destacadasecosocial]]></category>
		<category><![CDATA[Emergencia climática]]></category>
		<category><![CDATA[Negacionismo]]></category>
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					<description><![CDATA[La “emergencia climática” es el nuevo marco con el que medios de comunicación y opinión pública global se refieren a la actual situación de crisis climática que enfrenta la humanidad]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><img decoding="async" class="alignright wp-image-133106 size-thumbnail" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/05/Discursos-emergencia-climatica-R-Gutierrez-300x419.jpg" alt="" width="300" height="419" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/05/Discursos-emergencia-climatica-R-Gutierrez-300x419.jpg 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/05/Discursos-emergencia-climatica-R-Gutierrez-64x89.jpg 64w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/05/Discursos-emergencia-climatica-R-Gutierrez.jpg 421w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /><a href="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/07/Dossier-Ecosocial-47-Emergencia-Climatica-Ruben-Gutierrez.pdf" target="_blank" rel="noopener noreferrer"><em>Los discursos en torno a la emergencia climática</em></a><br />
<strong>Rubén Gutiérrez Cabrera</strong><br />
Dosieres Ecosociales, mayo 2020.</p>
<p>En poco tiempo, la “emergencia climática” se ha convertido en nuevo marco con el que los medios de comunicación y la opinión pública global se refieren a la actual situación de crisis climática que enfrenta la humanidad, pasando de ser un concepto apenas utilizado a perfilarse como un eslogan con un potencial de incidencia en las políticas ambientales sin precedente.</p>
<p>En este contexto, se vuelve fundamental indagar en los relatos surgidos en torno a la “emergencia climática”, pues del resultado de las batallas que se libran en torno a su definición e implicaciones dependerá en gran medida que las “declaraciones de emergencia climática” se decanten del lado de la sostenibilidad y la justicia climática, o del lado de un repliegue autoritario en forma de ecofascismo.</p>
<p>A continuación, ofrecemos el primer epígrafe del texto que aborda la importancia del análisis del discurso, el papel de los medios de comunicación y la pertinencia de sensibilizar a la ciudadanía sobre la necesidad de interpretar críticamente los mensajes que reciben en torno a la emergencia climática. Al final de la página encontrarás el acceso al dossier completo.</p>
<h4>La importancia de analizar el discurso. Para una guerrilla semiológica climática</h4>
<p>Cuenta George Lakoff en su ensayo “No pienses en un elefante” el ejercicio que propone el primer día de clase a sus estudiantes en la Universidad de Berkeley. Este consiste en pedirles únicamente que no piensen en un elefante. Una tarea en apariencia sencilla: que hagan lo que hagan, no piensen en un elefante. Sin embargo, relata Lakoff, todavía ningún estudiante ha sido capaz de hacerlo. ¿Por qué? La razón, explica el profesor de lingüística, es la siguiente:</p>
<blockquote><p>«Toda palabra, como elefante, evoca un marco, que puede ser una imagen o bien otro tipo de conocimiento: los elefantes son grandes, tienen unas orejas que cuelgan, y una trompa; se los asocia con el circo, etc. La palabra se define en relación con ese marco. Cuando negamos un marco, evocamos el marco».<a href="#_ftn1" name="_ftnref1"><sup>[1]</sup></a></p></blockquote>
<p>Esta anécdota nos permite comprender un fundamento básico en la generación de los discursos e imaginarios sociales: el lenguaje no es neutral. La utilización de unos conceptos u otros evoca unos marcos determinados que condicionan nuestra manera de entender e interactuar con el mundo. En este sentido, el lenguaje no es solamente un vehículo que expresa ideas, sino que tiene una función constituyente de la realidad social. No solo nombra la realidad: la construye. Por ello, advierte Lakoff: «cuando hay que discutir con el adversario: no utilices su lenguaje. Su lenguaje elige un marco, pero no será el marco que tú quieres».<a href="#_ftn2" name="_ftnref2"><sup>[2]</sup></a></p>
<p>Este planteamiento de Lakoff nos lleva a una premisa fundamental: en la medida en que el proceso de generación de imaginarios sociales está atravesado por conflictos y relaciones de poder, los discursos dominantes siempre serán el resultado de la disputa por el relato entre los diferentes agentes que pugnan por hacer hegemónicas sus visiones (partidos políticos, corporaciones, ámbito científico-académico, organizaciones de la sociedad civil…), algo que ha sido analizado en profundidad por los autores de la <em>Discourse Theory</em>. En consecuencia, si el lenguaje no es neutral y los discursos están mediados por las ideologías, decodificar la comunicación es un prerrequisito para comprender el estado de las percepciones sociales respecto a cualquier cuestión, también (y sobre todo) respecto a las cuestiones ambientales.</p>
<p>Empecemos, por ejemplo, deteniéndonos en el concepto “desarrollo sostenible”. Acuñado en los años 80 bajo la hegemonía neoliberal y difundido en 1987 por el Informe Brundtland, este concepto proyectaba, mediante la yuxtaposición de las palabras “desarrollo” y “sostenible”, la aparente superación del conflicto existente entre el modelo de desarrollo neoliberal basado en el dogma del crecimiento, por un lado, y la sostenibilidad, por otro. Pese a que ya desde principios de los años 70 el Club de Roma había planteado la necesidad de fijar límites al crecimiento, lo que relegaba al concepto “desarrollo sostenible” a la categoría de oxímoron (unión de dos conceptos contradictorios entre sí), las tesis del decrecimiento no lograrían prevalecer, mientras que el marco del “desarrollo sostenible”, sin embargo, terminaría convirtiéndose en el núcleo del discurso ambientalista oficial desde la Cumbre de Río de 1992. Hoy, sin embargo, el fracaso de este paradigma es una realidad incuestionable.</p>
<p>¿Cómo se explica que un concepto-trampa<a href="#_ftn3" name="_ftnref3"><sup>[3]</sup></a> como “desarrollo sostenible” haya conformado los marcos institucionales de la gobernanza ambiental global, mientras conceptos como “decrecimiento”, más acordes con los presupuestos científicos mayoritariamente aceptados, hayan quedado prácticamente excluidos de la discusión pública?</p>
<p>Responder a esta pregunta exige adentrarnos en las relaciones de poder y los procesos de acumulación de capital para comprender la mayor capacidad de las élites para articular discursos y estrategias a escala planetaria, controlar la opinión pública global y crear visiones hegemónicas. Capacidad que se sitúa más allá del plano discursivo, pero de la que los discursos son «huellas, pistas, hebras, síntomas que el analista debe saber describir e interpretar»<a href="#_ftn4" name="_ftnref4"><sup>[4]</sup></a><sup>.</sup> Entender, como afirma Nuria del Viso, que «la crisis climática es un conflicto con estrategias enfrentadas»<a href="#_ftn5" name="_ftnref5"><sup>[5]</sup></a>, exige hacer un esfuerzo por rastrear dichos discursos para desentrañar las estrategias que hay tras ellos.</p>
<p>La importancia de la propaganda en relación al papel central que los medios de comunicación juegan en lo que Noam Chomsky ha denominado la «democracia del espectador»<a href="#_ftn6" name="_ftnref6"><sup>[6]</sup></a> no puede pasarse por alto en este punto. Desde que el presidente Woodrow Wilson creara la Comisión Creel para diseñar la estrategia comunicativa con la que el gobierno estadounidense convencería a la población norteamericana, que hasta entonces era pacifista, para que Estados Unidos entrase en la Primera Guerra Mundial<a href="#_ftn7" name="_ftnref7"><sup>[7]</sup></a>, sabemos que los discursos propagados a través de los medios de comunicación son determinantes para la formación de una ciudadanía crítica.</p>
<p>De ahí que el debate acerca de si el lenguaje que utilizan los medios de comunicación describe con la suficiente precisión la dimensión del reto ecológico al que nos enfrentamos hoy sea ineludible.</p>
<p>No es casualidad que, en la primera de sus tres demandas, el movimiento <strong>Extinction Rebellion</strong> reivindicara desde su nacimiento que «el gobierno debe decir la verdad declarando una emergencia climática y ecológica, trabajando con otras instituciones para comunicar la urgencia del cambio»<a href="#_ftn8" name="_ftnref8"><sup>[8]</sup></a>. En esta línea, medios como <em>The Guardian</em><a href="#_ftn9" name="_ftnref9"><sup>[9]</sup></a>, <em>La Vanguardia</em><a href="#_ftn10" name="_ftnref10"><sup>[10]</sup></a> y otros muchos han comenzado a cambiar en los últimos meses su terminología para dar prioridad a conceptos como “emergencia climática” o “crisis climática” frente a “calentamiento global” o “cambio climático”, siguiendo las consideraciones de plataformas de referencia como <em>EFEverde</em> o la Fundeu del BBVA<a href="#_ftn11" name="_ftnref11"><sup>[11]</sup></a>.</p>
<p>Pero llegar a las salas de control de los medios de comunicación no es suficiente para transformar las percepciones del público. Umberto Eco sostenía que «los medios de comunicación de masas no son portadores de ideología: son en sí mismos una ideología»<a href="#_ftn12" name="_ftnref12"><sup>[12]</sup></a>. Eco, que elaboró toda una compleja teoría sobre los procesos de significación producidos en las sociedades humanas, proponía la semiología como herramienta para comprender «todos los procesos culturales como procesos de comunicación»<a href="#_ftn13" name="_ftnref13"><sup>[13]</sup></a>. Y en su ensayo “Para una guerrilla semiológica”, el profesor y filósofo italiano afirmaba con gran lucidez que la batalla por el relato «no se gana en el lugar de donde parte la comunicación sino en el lugar a donde llega»<a href="#_ftn14" name="_ftnref14"><sup>[14]</sup></a>. Por este motivo, Eco sugería la necesidad de una estrategia de “guerrilla puerta a puerta” «para incitar a la audiencia a que controle el mensaje y sus múltiples posibilidades de interpretación».<a href="#_ftn15" name="_ftnref15"><sup>[15]</sup></a></p>
<p>Siguiendo a Eco, una de las tareas más urgentes de nuestro tiempo probablemente sea la de desplegar una estrategia de guerrilla semiológica climática que sensibilice a la ciudadanía sobre la necesidad de interpretar críticamente los mensajes que reciben en torno a la emergencia climática. Pues de no hacerlo, corremos el riesgo de volver a ser arrastrados a nuevas guerras. En esta ocasión, en nombre de la emergencia climática.</p>
<p><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> G. Lakoff, <em>No pienses en un elefante</em>, Editorial Complutense, Madrid, 2007, pp. 6.</p>
<p><a href="#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a> <em>Ibidem</em>.</p>
<p><a href="#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a> J. C. Monedero, <em>El gobierno de las palabras. Política para tiempos de confusión</em>, Fondo de Cultura Económica de España, Madrid, 2011, pp. 34.</p>
<p><a href="#_ftnref4" name="_ftn4">[4]</a> P. Santander, «<a href="http://www.moebio.uchile.cl/41/santander.html" target="_blank" rel="noopener">Por qué y cómo qué hacer análisis del discurso</a>»,<em> Cinta Moebio</em>. Acceso el 17 de junio de 2019.</p>
<p><a href="#_ftnref5" name="_ftn5">[5]</a> N. Del Viso, «<a href="https://ctxt.es/es/20190410/Firmas/25456/Nuria-del-Viso-cambio-climatico-estrategias-control-represion-justicia-climatica.htm" target="_blank" rel="noopener">La crisis climática es un conflicto con estrategias enfrentadas</a>», <em>CTXT</em>, 16 de abril de 2019.</p>
<p><a href="#_ftnref6" name="_ftn6">[6]</a> N. Chomsky e I. Ramonet, <em>Cómo nos venden la moto</em>, Icaria Editorial, Barcelona, 1993.</p>
<p><a href="#_ftnref7" name="_ftn7">[7]</a> <em>Ibidem</em>.</p>
<p><a href="#_ftnref8" name="_ftn8">[8]</a> «<a href="https://rebellion.earth/the-truth/demands/" target="_blank" rel="noopener">Our Demands</a>», <em>Extinction Rebellion</em>. Acceso el 23 de junio de 2019.</p>
<p><a href="#_ftnref9" name="_ftn9">[9]</a> D. Carrington, «<a href="https://www.theguardian.com/environment/2019/may/17/why-the-guardian-is-changing-the-language-it-uses-about-the-environment" target="_blank" rel="noopener">Why the Guardian is changing the language it uses about the environment</a>», <em>The Guardian</em>, 7 de mayo de 2019.</p>
<p><a href="#_ftnref10" name="_ftn10">[10]</a> M. Camps, «<a href="https://www.lavanguardia.com/natural/20190606/462698358159/crisis-climatica-cambio-climatico-emergencia-climatica.html" target="_blank" rel="noopener">La Vanguardia’ dará prioridad a la expresión ‘crisis climática’, en lugar de ‘cambio climático</a>», <em>La Vanguardia</em>, 6 de junio de 2019.</p>
<p><a href="#_ftnref11" name="_ftn11">[11]</a> Redacción EFEverde, «<a href="https://www.efeverde.com/noticias/efeverde-fundeu-haran-propuestas-mejorar-lenguaje-cambio-climatico/" target="_blank" rel="noopener">EFEverde y Fundéu propondrán mejoras en el lenguaje periodístico del cambio climático</a>», <em>EFEverde</em>, 4 de junio de 2019.</p>
<p><a href="#_ftnref12" name="_ftn12">[12]</a> U. Eco, «Para una guerrilla semiológica» en U. Eco, <em>La estrategia de la ilusión</em>, Lumen, Buenas Aires, 1987.</p>
<p><a href="#_ftnref13" name="_ftn13">[13]</a> U. Eco, <em>La estructura ausente.</em> <em>Introducción a la semiótica</em>, <em>3ª edición</em>, Lumen, Barcelona, 1986, pp. 22.</p>
<p><a href="#_ftnref14" name="_ftn14">[14]</a> U. Eco, «Para una guerrilla semiológica» en U. Eco,<em> La estrategia de la ilusión</em>, Lumen, Buenas Aires, 1987.</p>
<p><a href="#_ftnref15" name="_ftn15">[15]</a> Ibidem.</p>
<h4>Acceso al documento completo: <a href="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/07/Dossier-Ecosocial-47-Emergencia-Climatica-Ruben-Gutierrez.pdf" target="_blank" rel="noopener noreferrer"><em><strong>Los discursos en torno a la emergencia climática</strong></em></a></h4>
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