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	<title>población &#8211; FUHEM</title>
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	<description>educación + ecosocial</description>
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	<title>población &#8211; FUHEM</title>
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		<title>Nueva demografía, viejas ideologías</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 07 Feb 2024 12:20:28 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Análisis]]></category>
		<category><![CDATA[Demografía]]></category>
		<category><![CDATA[población]]></category>
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					<description><![CDATA[Descripción del cambio demográfico experimentado por la humanidad en apenas cien años y su causa principal, un aumento revolucionario de la eficiencia reproductiva y las respuestas políticas que ha suscitado.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong><img fetchpriority="high" decoding="async" class="alignright size-medium wp-image-149165" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/01/160-450x634.jpg" alt="" width="450" height="634" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/01/160-450x634.jpg 450w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/01/160-300x422.jpg 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/01/160-768x1081.jpg 768w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/01/160-1091x1536.jpg 1091w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/01/160-350x493.jpg 350w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/01/160-600x845.jpg 600w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/01/160-64x90.jpg 64w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/01/160.jpg 1196w" sizes="(max-width: 450px) 100vw, 450px" /></strong><a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/nueva-demografia-viejas-ideologias/" target="_blank" rel="noopener">Nueva demografía, viejas ideologías, (o El cambio demográfico y la respuesta política)</a>, <strong>Julio Pérez Díaz</strong>, <em><a href="https://www.fuhem.es/revista-papeles/" target="_blank" rel="noopener">Papeles de relaciones ecosociales y cambio global</a></em>, núm. 160, invierno 2022-2023, pp. 13-24.</p>
<blockquote><p><strong>Son bien conocidas las grandes transformaciones económicas, políticas o sociales que conducen hasta el mundo contemporáneo. Pero al cambio demográfico, el de mayor envergadura y trascendencia, acontecido en apenas el último siglo, el de mayores consecuencias para todos los aspectos de la vida de las personas y sus relaciones con los demás, todavía no se le reconoce su papel crucial.</strong></p></blockquote>
<p>No se le presta atención apenas en los manuales de historia, de economía, de las ideas políticas o de la sociología, como si no se supiese bien dónde situarlo, qué interrelación tiene con tales materias, en qué manera las condiciona, influye o determina.</p>
<p>A falta de explicaciones y directrices científicas o académicas, las reacciones ante el cambio demográfico son básicamente de orden político, religioso o mediático. No debería constituir un problema si no fuese porque usan marcos interpretativos e ideologías obsoletas, anclados en ideas sobre las poblaciones muy anteriores a su gran transformación. El resultado es la proliferación de alarmas apocalípticas ante tendencias poblacionales cuyas causas no se comprenden y cuyas consecuencias se vienen anticipando erróneamente desde hace más de un siglo, malbaratando esfuerzos y recursos para intentar frenarlas o revertirlas, cosa que nunca se ha conseguido. Esta obsesión demográfica se implantó en un amplio abanico de ideologías y tendencias políticas en las primeras décadas del siglo XX, especialmente durante la intensificación del nacionalismo europeo, imperialista, racista, militarista y moralista (desde el fascismo alemán hasta el comunismo stalinista), pero se vio frenada por la destrucción causada por dos guerras mundiales y un imprevisto <em>baby </em><em>boom</em> al empezar la segunda mitad del siglo. La potencia vencedora y hegemónica desde entonces, Estados Unidos, pasó a interesarse más por el «exceso de crecimiento» del Tercer Mundo que por su propio cambio demográfico.</p>
<p>Sin embargo, desde los años ochenta el alarmismo ha vuelto a ganar fuerza, esta vez de la mano del renacido espectro político ultraconservador, casi siempre con fuerte influencia religiosa, que está devolviendo a la demografía el rol de gran amenaza y justificación para oponerse a muy diversos cambios sociales, políticos y legales que parecían logros consolidados de los estados democráticos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4><strong>El gran cambio: en qu</strong><strong>é consiste</strong></h4>
<p>La población mundial creció siempre muy lentamente, incluso con retrocesos (la «peste negra» redujo en un tercio la población europea), hasta finales del siglo XIX. El siglo terminó con unos 1.200 millones de personas, pero durante el siguiente una ruptura histórica elevó la población humana hasta más de 6.000 millones. Y el determinante no fue una mayor fecundidad, que siempre había estado en torno a cinco o seis hijos por mujer y difícilmente hubiese podido incrementarse más con los recursos disponibles. Por el contrario, a la vez que la población crecía, la fecundidad se desplomaba hasta los niveles nunca vistos, que en muchos países del mundo ya no alcanza los dos hijos. El auténtico desencadenante fue el descenso de la mortalidad.</p>
<p>Jamás ninguna población humana de cierta envergadura había conseguido una esperanza de vida superior a los treinta y cinco años (muchos países no alcanzaban los treinta a finales del siglo XIX), pero acabado el siglo XX el indicador superaba los ochenta años en lugares como España, y en el conjunto de la humanidad se acercó a los setenta. Lógicamente, como ya era previsible al comenzar esta ruptura histórica, también la pirámide de edades ha experimentado otro cambio dramático, reduciendo la proporción de menores (que siempre había estado en torno al tercio de la población y cuyo peso ha disminuido a menos de la mitad) y aumentando la proporción de mayores como nunca se había visto, desde un ancestral 4-5%, hasta más del 20% actual.</p>
<p>En definitiva, la demografía humana ha experimentado un vuelco enorme, arrastrando con ella infinidad de otras características tradicionales de los seres humanos, desde su conyugalidad hasta su sexualidad, desde la composición de los hogares hasta el tamaño y extensión de las redes familiares. Resulta crucial comprender la envergadura y los mecanismos de un cambio tan brusco y planetario, y lo que apunto aquí no es más que un esbozo que permitirá después señalar la gran paradoja de los alarmismos y catastrofismos demográficos.</p>
<p>Si ha de resumirse lo conseguido por la humanidad en poco más de un siglo puede decirse que ha sido revolucionar su manera de reproducirse. El cambio puede expresarse en términos de eficiencia reproductiva, si se entiende como tal la relación medible entre el volumen de población que se alcanza y la cantidad de nacimientos requeridos. Recuérdese que el análisis demográfico tiene como núcleo temático y teórico precisamente eso, la descripción del volumen poblacional, sus características y evolución, y el análisis de los diferentes factores que lo condicionan en forma de entradas y salidas de sus componentes (nacimientos, defunciones, entradas y salidas migratorias). Tales factores explican la reproducción demográfica, dado que ninguno de los integrantes de cualquier población es eterno. Demasiado a menudo se identifica la reproducción exclusivamente con la fecundidad, olvidando que es la mortalidad el auténtico condicionante primigenio de la reproducción, y que de poco sirve que en una población las personas tengan muchos hijos si ninguno sobrevive hasta tener edades reproductivas.</p>
<p>Venimos de un larguísimo pasado sin demasiados progresos en esa eficiencia, que era muy escasa porque la poca duración de las vidas hacía necesaria una gran cantidad de nacimientos simplemente para evitar la extinción y mantener volúmenes poblacionales parcos e inestables. La clave para mejorar esa eficiencia no ha sido aumentar la fecundidad, sino dotar a los hijos de más años de vida. Este concepto, el año-vida-persona (discúlpese este nuevo tecnicismo de demógrafo), es la auténtica unidad del análisis demográfico, y su manejo es el que permite cosas como construir tablas de mortalidad o proyecciones de población. El trabajo para conseguir que los hijos vivieran era titánico, habida cuenta de las frecuentes crisis de mortalidad que han plagado nuestra historia (hambres, epidemias y guerras) pero, sobre todo, de la elevadísima mortalidad infantil. Por motivos que tienen que ver con las malas condiciones en torno al parto (letal también para muchas madres), pero también con la mala calidad del agua y los alimentos, la escasa protección frente al frío o al calor, la incomprensión de las causas de las enfermedades infecciosas y la deficiente y poco extendida atención médico-sanitaria, lo normal en el ser humano ha sido siempre perder uno de cada cinco hijos antes de que cumpla el primer año de vida (el siglo XX empezó en España todavía con una mortalidad infantil en torno al 200‰). A ello debe sumarse que en los siguientes años de vida la elevada mortalidad, aunque menor a la inicial, seguía acumulándose, de manera que la probabilidad de cumplir los quince años siempre fue inferior al 50%.</p>
<p>Añádase que, con una perdida de la mitad de los efectivos iniciales de cualquier generación antes de esa edad, los escasos sobrevivientes que alcanzaban edades fecundas todavía tenían que cumplir los difíciles requisitos sociales y económicos para formar pareja y para mantener y cuidar una familia (la soltería definitiva era muy alta en nuestro pasado, especialmente para las mujeres). Se entiende así que, quienes superaban todos los obstáculos, tuviesen que aplicarse a tener hijos con gran intensidad, escasos medios y probabilidades de éxito harto precarias. Y ello solo para mantener una población parca e inestable.</p>
<blockquote><p><strong>El determinante del fuerte aumento de población no fue una mayor fecundidad, sino el descenso de la mortalidad</strong></p></blockquote>
<p>El lento espaciamiento de las grandes crisis de mortalidad y la progresiva mejora de la mortalidad infantil desencadenaron un proceso acumulativo que empezó a mejorar la eficiencia reproductiva. Eran solo el primer paso. Que un recién nacido sobreviva en las primeras horas o semanas para morir a los diez años aumenta en una persona el volumen de la población durante esos años adicionales, pero la mejora reproductiva global es escasa y lenta.</p>
<p>Sin embargo existe un umbral de supervivencia que lo cambia todo y produce la revolución que estamos viviendo. A medida que la mayor parte de los nacidos iba aumentando en años vividos se alcanzó dicho punto crítico, que no es otro que  las edades a las que, a su vez, podían tener sus propios hijos. Esta supervivencia mayoritaria hasta las edades fecundas desencadenó un aumento radical, explosivo, de la eficiencia, similar al aumento de productividad generado por otras revoluciones productivas como la industrial o la informática. De repente, cada nuevo nacido aportaba a la población total un número indeterminado de años-vida muy superior a su propia duración, desencadenando un crecimiento demográfico sin precedentes.</p>
<p>La revolución reproductiva no es, conviene insistir, resultado de una fecundidad mayor. De hecho, la reducción de la fecundidad ha sido uno de los comportamientos que la han propiciado. Los años de vida con que cada generación va dotando a su descendencia no se consiguen simplemente con el parto (reproducir no es parir) ni se van aumentando sin que haya costes. El ser humano nace completamente desvalido, y aumentar su vida posterior al nacimiento requiere aumentar los recursos que se le dedican, recursos que incluyen el tiempo dedicado a su cuidado, la mejor alimentación, la renuncia a la explotación laboral precoz, la atención en la enfermedad y los medicamentos y conocimientos adecuados, su higiene personal y la de su entorno, las condiciones de la vivienda y un largo etcétera que engloba, en resumen, todos los factores que rodena los primeros años de vida. Disminuir el tamaño de la descendencia ha sido uno de los factores que ha posibilitado incrementar todos esos recursos para los hijos que se tienen. Hemos cambiado los muchos nacimientos que viven pocos años por menos nacimientos que viven mucho más. Una de las consecuencias es que, por primera vez en la historia humana, todos los que nacen tienen por delante vidas completas, incluyendo la vejez. En otro lugar lo he calificado como «la democratización de la supervivencia».</p>
<p>Un último añadido sobre la esencia de este cambio: también afecta a la pirámide de población. Vidas completas conseguidas con menos nacimientos no solo hacen crecer la población hasta tamaños si precedentes, también aumentan la cúspide de la pirámide y reducen su base. Este cambio es otro de los grandes argumentos del alarmismo poblacional, el llamado <em>envejecimiento demográfico</em>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4><strong>Qu</strong><strong>é respuestas se le han dado</strong></h4>
<p>Desde que se empezó a percibir el cambio las respuestas políticas han sido paranoicas, porque en el nacionalismo de Estado y en las religiones mayoritarias la elevada fecundidad se había consolidado como una necesidad ineludible para un mayor engrandecimiento y competitividad. Desde finales del siglo XIX, especialmente en el continente europeo donde se encontraban las mayores potencias económicas y coloniales, la generalización de los sistemas estadísticos nacionales y la implantación de las modernas técnicas de análisis demográfico permitieron detectar cómo la fecundidad tradicional empezaba a disminuir. Y sonaron las alarmas, se usó el cambio demográfico para predecir “La Decadencia de Occidente” y se habló de degeneración social y nacional.</p>
<p>Prueba de que el alarmismo era impermeable, como hoy, a la explicación científica de lo que estaba cambiando es que, ya hacia los años veinte, demógrafos de diferentes lugares detectaron una pauta histórica repetida en los países de fecundidad descendente: en todos ellos primero había disminuido la mortalidad, de manera que existía un lapso de años hasta que la natalidad «respondía» a la baja, apuntando a una futura recuperación del equilibrio, que ahora sería de ambos indicadores en niveles bajos. Mientras tanto esos países, incluso con natalidad ya en descenso, veían crecer rápidamente su población, cosa que ocurría con toda la Europa a caballo de los siglos XIX y XX. Esta regularidad encontrada por los científicos acabó llamándose «transición demográfica», pero no tuvo ningún efecto calmante para las histerias confesionales y nacionalistas, cuya mirada no quería ir más allá del descenso de la fecundidad y de sus terribles consecuencias.</p>
<blockquote><p><strong>Por primera vez en la historia, todos los que nacen tienen por delante vidas completas. Es lo que he llamado «la democratización de la supervivencia»</strong></p></blockquote>
<p>Lo cierto es que ante un cambio de la envergadura detectada, que con el tiempo se fue extendiendo a todo el planeta, solo cabían dos tipos de respuestas estatales, las llamadas «políticas demográficas», aquellas que tienen por objetivo detener y revertir la evolución previsible de la fecundidad, y las «políticas sociales», cuyo objetivo es la aceptación del cambio y la adaptación a él. Las que se adoptaron fueron abrumadoramente las demográficas. Eran décadas en que los gobernantes de los países más avanzados creían todavía que la población podía ser modelada, aumentada, mejorada. La población era un recurso más del Estado para hacerlo más fuerte en los conflictos internacionales y en la resistencia contra los movimientos sociales internos que estaban creciendo en la oposición, especialmente los obreros, amenazando con tomar el poder.</p>
<p>Así pues, las primeras décadas del siglo XX son de generalizado esfuerzo natalista, como un complemento del imperialismo y de la competencia con las demás grandes potencias internacionales. Este natalismo era sinónimo de patriotismo; se apoyaba a menudo en las ideas tradicionales sobre el papel de la mujer y de la familia, y contaba con aval religioso muchas veces. Pero no solo los regímenes autoritarios conservadores y confesionales se volvieron natalistas, porque en realidad el natalismo acabó incrustado en la propia concepción del Estado nación. Democracias liberales como la francesa, o dictaduras del pueblo como la soviética durante el estalinismo se volvieron intensamente natalistas. Las medallas a la madre heroica y a las familias numerosas se volvieron una pauta generalizada, igual que se combatía la anticoncepción y el aborto, y se generalizaba una «protección a la familia» que permeaba toda la legislación con la que se construyeron los sistemas de salud y protección social en todo el mundo tras la crisis de 1929. No era al ciudadano al que se protegía, ni eran sus necesidades y aspiraciones el objetivo político de los estados. El bien mayor a proteger era la patria tal como la concebían las élites gobernantes. Las poblaciones eran la herramienta, no el beneficiario de las políticas de población.</p>
<p>Cabe preguntarse si esta avalancha abrumadora de medidas políticas encaminadas a detener y revertir el descenso de la fecundidad logró sus objetivos. Y la respuesta es que no. Pese a la gran diversidad de modelos natalistas, desde los más autoritarios y represores (la Rumanía de Ceaucescu es un ejemplo extremo) hasta los más liberales o socialdemócratas, como el francés o el nórdico, todos fracasaron estrepitosamente y la fecundidad siguió descendiendo.</p>
<p>Si la atención política dejó de reflejar el pánico demográfico de las primeras décadas fue porque las relaciones internacionales se vieron completamente modificadas tras las dos guerras mundiales, y las potencias europeas perdieron su lugar hegemónico frente al único ganador de la contienda, EEUU. Tras 1945 resultaba ya una quimera en Europa mantener los imperios coloniales y el natalismo anterior (con la única excepción de Francia, que intentó mantener un papel internacional de tercera gran potencia, con programa nuclear propio, participación en la carrera espacial, mantenimiento de las colonias y el mayor gasto del mundo en fomento de la natalidad, Indochina o Argelia, revelaron su inutilidad, de la misma manera que la natalidad siguió descendiendo.</p>
<p>Así que durante unos años, los posteriores al fin de la guerra, la atención se centró en la reconstrucción económica nacional y en los intereses de quienes seguían jugando con peso relevante en el tablero internacional, la URSS y EEUU, pronto enfrentados en la llamada Guerra Fría. Coincidieron estos años con una fuerte competencia por el rápido desarrollo económico (fueron los años del desarrollismo) y este se vio acompañado en muchos países –especialmente los anglosajones– por una imprevista recuperación de la natalidad, iniciada con el fin de la guerra y la vuelta de las tropas a sus países, pero continuada por las buenas perspectivas laborales para los jóvenes. Y si la relajación del alarmismo demográfico no hubiese tenido causa suficiente con el <em>baby </em><em>boom</em> y con las fuertes migraciones laborales allí donde se requerían para la reconstrucción nacional, a todo ello se sumó que EEUU asumió una política demográfica muy diferente a las tradicionales de las potencias europeas.</p>
<p>La potencia hegemónica había conservado intacto y aumentado su aparato productivo durante la guerra, y su capital se había elevado hasta sustituir a Londres como centro financiero mundial. Tras la guerra, favoreció el desmantelamiento de los antiguos poderes coloniales para abrir nuevos países a sus inversiones y poder exportar su modelo económico a todo el mundo. Y en todo ello se estaba encontrando con dos problemas inesperados y ligados: la expansión del comunismo y el crecimiento demográfico acelerado de los países más pobres, especialmente los asiáticos. Los propios analistas del Pentágono habían llegado a la conclusión de que las revoluciones comunistas en China, Corea o Vietnam se producían en cadena (la “teoría del dominó”) y estaban relacionadas con un aumento poblacional tan rápido que no permitía la acumulación de capital necesaria para realizar las grandes inversiones requeridas para industrializarse. Así que, en vez de esperar a que el descenso de la mortalidad fuese seguido, pasado cierto tiempo, por el de la natalidad, EEUU llegó a la conclusión de que había que provocar, mediante políticas adecuadas, el descenso de la fecundidad en el Tercer Mundo.</p>
<p>Súbitamente el neomaltusianismo, hasta entonces un movimiento de reformistas sociales mayoritariamente femenino, minoritario, ilegal y clandestino, perseguido por enfrentarse a los intereses natalistas de los Estados, se reveló una herramienta útil. Empezó a recibir respaldo financiero y político, a la vez que se promovían cumbres mundiales de población para acordar un programa de acción internacional que frenase la bomba demográfica. Y esta ofensiva internacional tuvo resultados muy visibles ya en los años setenta, cuando enormes países asiáticos como China o India abrazaron programas de control de la natalidad, y los organismos internacionales asumieron la doctrina del control, como lo hizo el Banco Mundial al condicionar las ayudas económicas al desarrollo a que los países que las solicitaban pusieran en marcha programas nacionales de planificación familiar. El natalismo parecía derrotado y abandonado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4><strong>El gran retorno natalista</strong></h4>
<p>La derrota era solo un espejismo. En los años setenta, agotado el <em>baby </em><em>boom</em>, el descenso de la fecundidad volvió a sus cauces anteriores, esta vez extendido a casi todo el mundo. Esta vez muchos países, como los del Sur o el Este de Europa, descendían muy por debajo de los dos hijos por mujer, y se empezó a hablar de niveles <em>lowest-low</em>. Era la oportunidad de los conservadores nacionalistas de todo cuño para resucitar las propuestas natalistas. Simultáneamente, el gran avalador mundial del neomaltusianismo, EEUU, lo abandonaba súbitamente y volvía a posturas tradicionales sobre la familia y la natalidad, durante el segundo mandato de Ronald Reagan, alcanzado mediante el apoyo de los sectores antiabortistas del país. Este giro, escenificado con el discurso del delegado estadounidense en la Conferencia Internacional de Población de México en 1984, era posible también porque la amenaza comunista se disolvía con la desmembración final de la URSS. Cuando en 1992 se celebró la siguiente conferencia de población en El Cairo, el neomaltusianismo ya no contaba con el apoyo de las grandes inyecciones de dinero norteamericano, y replegaba toda su estrategia para centrarse en la salud reproductiva, y no en el control demográfico mundial. Tan abandonado quedó este propósito que no han vuelto a repetirse estas conferencias internacionales de población.</p>
<blockquote><p><strong>En los ochenta el natalismo inició un rápido retorno y en el siglo XXI se está convirtiendo en el nuevo estandarte de la extrema derecha</strong></p></blockquote>
<p>De la mano de los nuevos conservadurismos como el de Reagan o el de Thatcher, en los años ochenta se salió de la crisis económica y financiera que había desencadenado el alza de los precios del petróleo. La filosofía económica keynesiana, propia de la época desarrollista, se abandonó para sustituirla por las recetas neoliberales, privatizadoras y contrarias al exceso de intervención estatal y de gasto público en los asuntos internacionales, económicos y privados. Con este giro, al que se añadía el apoyo político y financiero de las derechas económicas y religiosas, el natalismo inició un rápido retorno en todo el mundo. Tanto es así que durante el siglo XXI se está convirtiendo en el nuevo estandarte de los partidos políticos de extrema derecha, junto a la recuperación del ultranacionalismo, al combate contra el feminismo (y las organizaciones de no heterosexuales), al apoyo a la familia tradicional y a la xenofobia.</p>
<p>En este retorno, el natalismo ha tenido la inestimable ayuda de quienes recuperan rancias alarmas sobre la destrucción de la familia tradicional, el desastre al que nos aboca el envejecimiento demográfico, el papel causal de la baja natalidad en el progresivo abandono rural y la pérdida de las esencias nacionales y religiosas que está causando la invasión inmigratoria. Se trata de falacias propagadas con eficacia y muchos medios, en las que la demografía vuelve a ser un arma ideológica a condición de ignorar a los propios demógrafos. El gran cambio poblacional queda caricaturizado como un destructivo descenso de la fecundidad, aislado del comportamiento de la mortalidad, con el que nunca se relaciona. El envejecimiento demográfico es identificado como una amenaza que debe revertirse, con la única base de que los viejos son una plaga dañina, improductiva y parásita, sin atender a los cambios que la revolución demográfica ha provocado en las características de todas las edades. El abandono rural se atribuye a la baja natalidad, cuando lo cierto es que resulta de la progresiva urbanización mundial y del abandono de los jóvenes. Se llega incluso a recuperar antiguas paranoias ultraderechistas, como la de una conspiración para contaminar y sustituir la raza blanca y cristiana, el “Gran Reemplazo”. Pero probablemente el terreno de combate más disputado es la llamada “ideología de género”, a la que se atribuyen todos los males que conducen a la baja natalidad, cuando lo cierto es que el feminismo organizado prácticamente no existía ni tenía influencias políticas relevantes cuando el descenso de la fecundidad ya era una realidad.</p>
<p>La intoxicación moralista afirma que el individualismo, el egoísmo y la inmoralidad modernas, especialmente en las mujeres, son los que ha provocado la supuestamente desastrosa situación actual de la natalidad. Pero lo cierto es que ha sido el esfuerzo y la generosidad extremos de una generación tras otra para mejorar la vida de los hijos (esfuerzo especialmente intenso por parte de las mujeres, nuestras madres y abuelas), lo que nos ha traído la revolución reproductiva. De hecho, ese es el esfuerzo que realmente ha hecho posible la liberación femenina, permitiendo a las mujeres centrarse en una vida académica y laboral similar a la masculina, y tener una vida independiente no supeditada a la autoridad del varón, la familia o el Estado. Las liberadoras fueron sus madres y padres, teniendo menos hijos que cuidaron y dotaron más y mejor que les habían tratado a ellos las generaciones anteriores. «Tú estudia para no ser como yo», decían muchas madres a sus hijas en los años sesenta y setenta, avalando el consejo con su propia autoexplotación doméstica, fregando escaleras o haciendo de criadas para pagar los estudios de sus hijas e hijos. Cada nueva generación ha visto así su vida mejorada y, a su vez, ha impulsado a su propia descendencia un poco más allá, y ese es el mecanismo básico que explica el cambio demográfico. Qué gran paradoja que ese logro tan único y extraordinario se vea ahora empañado y ensuciado en la opinión pública por los agoreros del desastre demográfico.</p>
<p><strong>Julio Pérez Díaz</strong> es demógrafo y sociólogo, e investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas en el Instituto de Economía, Geografía y Demografía del Centro de Ciencias Humanas y Sociales.</p>
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			</item>
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		<title>Desafíos demográficos</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 06 Feb 2023 13:28:08 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<category><![CDATA[Crisis Ecosocial]]></category>
		<category><![CDATA[Demografía]]></category>
		<category><![CDATA[Despoblación]]></category>
		<category><![CDATA[población]]></category>
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					<description><![CDATA[&#160; El mundo ha superado recientemente la cifra de 8.000 millones de seres humanos, cuando apenas hace dos siglos había [&#8230;]]]></description>
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<p><img decoding="async" class="aligncenter wp-image-142654 size-large" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/03/Ciclo-debates-web-1200x675.png" alt="" width="840" height="473" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<blockquote><p><em><strong>El mundo ha superado recientemente la cifra de 8.000 millones de seres humanos, cuando apenas hace dos siglos había 1.000 millones. Además, no sólo somos ocho veces más, sino que vivimos el doble.</strong></em></p></blockquote>
<p>Nueva sesión del ciclo de encuentros <strong>Debates para un pensamiento inclusivo</strong> organizado por la revista <em><a href="https://www.fuhem.es/revista-papeles/" target="_blank" rel="noopener">Papeles de relaciones ecosociales y cambio global</a> de </em><a href="https://www.fuhem.es/ecosocial/" target="_blank" rel="noopener">FUHEM Ecosocial</a> y la <a href="https://www.lacasaencendida.es/buscar/debates+para+un+pensamiento+inclusivo" target="_blank" rel="noopener">Casa Encendida</a>, para reflexionar y debatir sobre las grandes tendencias y cuestiones que atañen a nuestro tiempo, y que definen el funcionamiento y los objetivos del sistema socioeconómico en el que vivimos, para imaginarnos entre todos y todas, alternativas justas, inclusivas y sostenibles.</p>
<p class="date ">El acto que tendrá lugar el próximo <strong>09 marzo de 18.00 &#8211; 19.30 h. </strong>en formato online, es de entrada libre y gratuita, bajo <a href="https://es.patronbase.com/_LaCasaEncendida/Productions/0560/Performances" target="_blank" rel="noopener">inscripción</a> previa.</p>
<p>Bajo el título <strong>Desafíos demográficos</strong> abordaremos, entre otras cuestiones, como en dos generaciones se ha «llenado el mundo» y, en apenas una, el «hábitat humano ha pasado a ser urbano» generando la situación de extralimitación en la que nos encontramos. En el contexto de la actual crisis ecosocial, tanto una población geográficamente distribuida de manera desigual como dinámicas demográficas muy dispares representan factores determinantes a tener en cuenta.</p>
</div>
<p>El envejecimiento y el declive demográfico empiezan a ser un hecho en gran parte del mundo, mientras que en otras zonas el crecimiento demográfico impulsado por una población joven seguirá siendo la norma durante años.</p>
<p>Desde el 2007, por primera vez en la historia de la humanidad, viven más personas en las ciudades que en el mundo rural. Esta situación tiene fuertes repercusiones a nivel socioecológico, que constituyen un substrato fértil para la alimentación del actual contexto de crisis ecosocial, caracterizado por una situación de extralimitación y destrucción, así como por una creciente desigualdad social.</p>
<p>En ese sentido y si atendemos a las proyecciones, el continente africano es un espacio al que prestar mucha atención debido a su peculiar dinamismo demográfico: es el único continente donde aún hay más población rural que urbana. El crecimiento poblacional de África es dos veces el del Sureste asiático y casi tres veces el de América Latina y lo que impulsa esa dinámica es el hecho de que en la mayoría de los países africanos alrededor del 70% de su población sea menor de 30 años. Esto contrasta fuertemente con la situación del resto del mundo, donde la población autóctona envejece aceleradamente. España y la UE representan casos paradigmáticos en ese sentido. Las previsiones de que se reduzca la población española en las próximas décadas, al tiempo que se incrementa su edad promedio, hacen que se hable de la dinámica demográfica como un reto de primer orden cuyos efectos se sentirán en los patrones de consumo y de ahorro, en la evolución de la fuerza laboral y en la eficacia del sistema de bienestar social. Al problema del envejecimiento se suma además el de la distribución geográfica, de manera que las zonas más envejecidas coinciden además con las más despobladas.</p>
<p>Parece así indudable que si, por un lado, las preguntas fundamentales sobre qué producir, cómo hacerlo y con qué criterios distributivos siguen siendo las cuestiones centrales a las que hay que responder como sociedad, también es evidente que no podemos obviar que las dinámicas demográficas condicionan, y mucho, la posibilidad de atender con responsabilidad y solidaridad a esos grandes retos.</p>
<p>Para reflexionar y debatir sobre todo esto, contaremos con la presencia de tres autores invitados en el <a href="https://www.fuhem.es/2023/02/06/factor-demografico-papeles-160/" target="_blank" rel="noopener">número 160</a> de la revista <a href="https://www.fuhem.es/revista-papeles/" target="_blank" rel="noopener"><em>Papeles de relaciones ecosociales y cambio global:</em></a></p>
<ul>
<li><strong>Luis Del Romero, </strong>profesor en la Universidad de Valencia.</li>
<li><strong>Nuria Salvador Fernández, </strong>miembro e investigadora de la <a href="http://recartografias.es/" target="_blank" rel="noopener">Asociación Recartografías</a>.</li>
<li><strong>Andreu Domingo</strong>, subdirector del <a href="https://cerca.cat/centres-cerca/ced/" target="_blank" rel="noopener">Centre d’Estudis Demogràfics/CERCA</a> de la Universitat Autònoma de Barcelona.</li>
</ul>
<p>Modera: <strong>Monica Di Donato </strong>de <a href="https://www.fuhem.es/ecosocial/" target="_blank" rel="noopener">FUHEM Ecosocial</a>.</p>
<p>La actividad se desarrolla en una sala Zoom. Una vez realizada la inscripción, y antes de cada sesión, se enviará un correo electrónico de confirmación con los datos de acceso al encuentro.</p>
<p style="text-align: center;"><iframe title="YouTube video player" src="https://www.youtube.com/embed/an2iK_wV8oM?controls=0" width="560" height="315" frameborder="0" allowfullscreen="allowfullscreen"></iframe></p>
<p>Acceso a las anteriores sesiones del ciclo <em><a href="https://www.fuhem.es/2021/10/27/debates-para-un-pensamiento-inclusivo/" target="_blank" rel="noopener">Debates para un pensamiento inclusivo</a>. </em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Organizan</strong>:</p>
<p><img decoding="async" class="aligncenter wp-image-137617 size-full" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/02/logos-ciclo-1.jpg" alt="" width="801" height="167" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/02/logos-ciclo-1.jpg 801w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/02/logos-ciclo-1-450x94.jpg 450w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/02/logos-ciclo-1-300x63.jpg 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/02/logos-ciclo-1-768x160.jpg 768w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/02/logos-ciclo-1-600x125.jpg 600w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/02/logos-ciclo-1-64x13.jpg 64w" sizes="(max-width: 801px) 100vw, 801px" /></p>
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		<title>Factor demográfico. Papeles 160</title>
		<link>https://www.fuhem.es/2023/02/06/factor-demografico-papeles-160/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 06 Feb 2023 09:23:39 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Agenda Ecosocial]]></category>
		<category><![CDATA[Crisis Ecosocial]]></category>
		<category><![CDATA[Demografía]]></category>
		<category><![CDATA[Despoblación]]></category>
		<category><![CDATA[destacadasecosocial]]></category>
		<category><![CDATA[ecoansiedad]]></category>
		<category><![CDATA[España Vaciada]]></category>
		<category><![CDATA[Fecundidad]]></category>
		<category><![CDATA[población]]></category>
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					<description><![CDATA[A medida que nos internamos en un mundo “lleno” y se despliega la multicrisis ecosocial, el tema del factor demográfico cobra una relevancia nueva y se pone de manifiesto una profunda brecha demográfica.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><img decoding="async" class="alignright size-thumbnail wp-image-149165" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/01/160-300x422.jpg" alt="" width="300" height="422" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/01/160-300x422.jpg 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/01/160-450x634.jpg 450w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/01/160-768x1081.jpg 768w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/01/160-1091x1536.jpg 1091w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/01/160-350x493.jpg 350w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/01/160-600x845.jpg 600w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/01/160-64x90.jpg 64w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/01/160.jpg 1196w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" />Disponible el número 160 de la revista <em><a href="https://www.fuhem.es/revista-papeles/" target="_blank" rel="noopener">Papeles de relaciones ecosociales y cambio global</a> </em>sobre el Factor demográfico.</p>
<p>El factor demográfico no constituyó una cuestión de gran interés mientras habitamos en un mundo “vacío”. Sin embargo, en los siglos XIX y XX, con Malthus, Hardin y los Ehrlich a la cabeza, se suscitó una profunda reflexión sobre este asunto con tintes alarmistas. También fue un factor importante, aunque en sentido contrario, durante el desarrollo de los nacionalismos: más población equivalía a más brazos (para la guerra o para el sistema productivo), y más poder para los estados.</p>
<p>A medida que nos internamos en un mundo “lleno” y se despliega la multicrisis ecosocial, el tema del factor demográfico cobra una relevancia nueva y se pone de manifiesto una profunda brecha demográfica. Si en unos lugares puede constituir un problema por exceso, en otros –como en el interior de España– se da un problema de vaciamiento, envejecimiento y desterritorialización. A ello se añaden los aspectos sobre fecundidad –con sus implicaciones sociales–, la crisis de cuidados y las crecientes tendencias migratorias, que, junto a las tendencias de expulsión, se convierten hoy en un factor demográfico crucial.</p>
<p>Este PAPELES dedica su <strong>Introducción</strong> y su semimonográfico a tratar estas cuestiones en su sección <strong>A Fondo</strong>, examinando varias de las aristas de esta poliédrica y espinosa cuestión: no ha sido un asunto fácil de integrar para el pensamiento progresista, y a menudo ha quedado velado y olvidado.</p>
<p>En sendos artículos en <strong>Actualidad</strong> se examina el fenómeno de la ecoansiedad y los crecientes sentimientos de ansiedad ante los impactos de la crisis ecosocial, y se pone luz a creciente desigualdad de riqueza en España.</p>
<p><strong>Experiencias</strong> analiza el caso del Erasmus Rural y la experiencia de la autora en un proyecto en Teruel.</p>
<p><strong>Ensayo</strong> ofrece una reflexión sobre el paradigma relacional como opuesto al binarismo e individualismo del pensamiento de la modernidad.</p>
<p>El número se cierra, como es habitual, con la sección <strong>Lecturas</strong>.</p>
<p>A continuación, ofrecemos el Sumario de la revista donde se podrán descargar en abierto y de forma gratuita la <strong>Introducción</strong> del número de Santiago Álvarez Cantalapiedra y el artículo de Begoña Elizalde San Miguel sobre el descenso de la fecundidad publicado en la sección <strong>A Fondo.</strong></p>
<p><span style="font-size: 12pt;"><strong><a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/sumario-160/" target="_blank" rel="noopener">SUMARIO</a></strong></span></p>
<p><strong><span style="color: #3366ff;">INTRODUCCIÓN</span></strong></p>
<p><a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/factor-demografico-y-crisis-ecosocial/" target="_blank" rel="noopener">Factor demográfico y crisis ecosocial</a>, <strong>Santiago Álvarez Cantalapiedra</strong>.</p>
<p><span style="font-size: 12pt;"><strong><span style="color: #3366ff;">A FONDO</span></strong></span></p>
<p>Nueva demografía, viejas ideologías. (O el cambio demográfico y la respuesta política), <strong>Julio Pérez Díaz</strong>.</p>
<p>El debate sobre la población en la crisis ecosocial, <strong>Eileen Crist </strong>y<strong> Lyla Metha</strong>.</p>
<p>Despoblación, desterritorialización y multicrisis global, <strong>Luis Del Romero Renau</strong>.</p>
<p><a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/el-descenso-de-la-fecundidad/" target="_blank" rel="noopener">El descenso de la fecundidad: un déficit de bienestar colectivo sobre el que la demografía lleva años alertando</a>, <strong>Begoña Elizalde San Miguel</strong>.</p>
<p>¿Crisis demográfica o crisis de cuidados?, <strong>Ferran Muntané Isart</strong>.</p>
<p>¡Moveos, moveos, malditos! Migraciones en el siglo XXI en España, <strong>Andreu Domingo</strong>.</p>
<p><span style="font-size: 12pt;"><strong><span style="color: #3366ff;">ACTUALIDAD</span></strong></span></p>
<p>Ecoansiedad: de la parálisis a la acción climática y ambiental, <strong>Irene Baños Ruiz</strong>.</p>
<p>La desigualdad de la riqueza se ha doblado en el siglo XXI, según el Banco de España, <strong>Carlos Pereda</strong>.</p>
<p><span style="font-size: 12pt;"><strong><span style="color: #3366ff;">EXPERIENCIAS</span></strong></span></p>
<p>La iniciativa Erasmus Rural y el caso de Mas Blanco. Tejiendo las redes entre lo académico y lo rural, <strong>Nuria Salvador Fernández</strong>.</p>
<p><span style="font-size: 12pt;"><strong><span style="color: #3366ff;">ENSAYO</span></strong></span></p>
<p>El paradigma relacional, <strong>José Aristizábal G</strong>.</p>
<p><span style="font-size: 12pt;"><strong><span style="color: #3366ff;">LECTURAS</span></strong></span></p>
<p><span style="font-size: 12pt;"><strong><span style="color: #3366ff;">RESÚMENES</span></strong></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Información y compras</strong>:</h3>
<p>Tel.: +34 914310280</p>
<p>Email: <a href="mailto:publicaciones@fuhem.es">publicaciones@fuhem.es</a></p>
<p>Puedes adquirir la revista <strong>PAPELES</strong> en nuestra <a href="https://www.fuhem.es/product/factor-demografico/" target="_blank" rel="noopener">librería virtual</a>.</p>
<p>&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
					
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		<item>
		<title>El debate sobre la población en la crisis ecosocial</title>
		<link>https://www.fuhem.es/2023/01/05/el-debate-sobre-la-poblacion-en-la-crisis-ecosocial/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 05 Jan 2023 08:18:32 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<category><![CDATA[Crisis Ecosocial]]></category>
		<category><![CDATA[Demografía]]></category>
		<category><![CDATA[destacadasecosocial]]></category>
		<category><![CDATA[población]]></category>
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					<description><![CDATA[El artículo recoge las intervenciones de Eileen Crist y de Lyla Mehta en el foro online sobre población «The Population Debate Revisited» organizado por Great Transition Initiative en 2022. ]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><img decoding="async" class="alignright size-thumbnail wp-image-149165" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/01/160-300x422.jpg" alt="" width="300" height="422" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/01/160-300x422.jpg 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/01/160-450x634.jpg 450w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/01/160-768x1081.jpg 768w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/01/160-1091x1536.jpg 1091w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/01/160-350x493.jpg 350w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/01/160-600x845.jpg 600w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/01/160-64x90.jpg 64w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/01/160.jpg 1196w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" />El <a href="https://www.fuhem.es/2023/02/06/factor-demografico-papeles-160/" target="_blank" rel="noopener">número 160</a> de la revista <a href="https://www.fuhem.es/revista-papeles/" target="_blank" rel="noopener"><em>Papeles de relaciones ecosociales y cambio global</em></a> ofrece en su sección <strong>A Fondo</strong> un texto que recoge las intervenciones de <strong>Eileen Crist</strong> y de <strong>Lyla Mehta</strong> en el foro online sobre población «The Population Debate Revisited», organizado por <a href="https://greattransition.org/" target="_blank" rel="noopener">Great Transition Initiative</a> (GTI) en agosto de 2022.<a href="#_ftn1" name="_ftnref1"><sup><strong>1</strong></sup></a></p>
<p>Las autoras representan dos posiciones paradigmáticas de los debates sobre población: Crist defiende la necesidad de reducción de la población mundial mientras que Mehta aboga por poner el foco en cuestiones de poder, de distribución y de cómo se genera socialmente el concepto de escasez.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4><strong>Menos es más</strong></h4>
<p>Eileen Crist</p>
<p>Me gustaría empezar agradeciendo a Ian Lowe el haber preparado el escenario para un animado intercambio. Mi comentario está motivado por la consideración normativa de superar el rencor que rodea la cuestión de la población. Abogo por replantear ciertos aspectos de la población de forma que se demuestre de forma incontestable que poner fin al crecimiento demográfico y reducir gradualmente el número de seres humanos sirve para el bienestar de todos a largo plazo.</p>
<p><em>Desvincular la política de inmigración de la cuestió</em><em>n demogr</em><em>á</em><em>fica</em>. Resulta ventajoso enfocar la población como una cuestión global, excluyendo el discurso de la inmigración de las cuestiones de población. Cuando se proponen medidas de restricción de la inmigración como medio para hacer frente a la superpoblación, el debate sobre la población se paraliza en medio de acusaciones de racismo, xenofobia y similares. Podemos unirnos para abogar por la búsqueda activa de ciertos derechos humanos que reviertan el crecimiento de la población (cuestión que abordaré más adelante), sin que la inmigración se convierta en un obstáculo. El espacio me impide exponer los argumentos contra la restricción de la inmigración como política demográfica, pero los he publicado en otro lugar.<a href="#_ftn2" name="_ftnref2"><sup>2</sup></a></p>
<p><em>Los derechos de los niños, el empoderamiento de las mujeres, la libertad reproductiva y la educación sexual integral son el camino</em>. Evitar empantanar el debate sobre la población con la política de inmigración no es una mera táctica. La transición hacia una población mundial más reducida y sostenible es posible mediante el mismo conjunto de transformaciones en todas las sociedades: tolerancia cero a las «novias infantiles»; educación hasta (al menos) la enseñanza secundaria para las niñas; empoderamiento de las mujeres, es decir, acceso a la educación superior, a un empleo significativo y a carreras de liderazgo; servicios de planificación familiar y opciones anticonceptivas voluntarias; y eliminación de las barreras físicas, sociales y culturales que las impiden. A estos derechos humanos establecidos relacionados con la población, debemos añadir la educación sexual integral (ESI), que puede desempeñar un papel importante en el decrecimiento de la población. La ESI reduce la tasa de embarazos no deseados, además de otros notables beneficios para la calidad de vida.<a href="#_ftn3" name="_ftnref3"><sup>3</sup></a></p>
<blockquote><p>Los derechos de las niñas y las mujeres son fundamentales para la transición a una población más reducida.</p></blockquote>
<p>Cuando las mujeres reciben educación y se empoderan por lo general eligen tener menos hijos o no tenerlos, independientemente de su origen. Cuando las mujeres son libres de elegir su destino reproductivo aflora lo que Martha Campbell ha llamado su «deseo latente» de tener menos hijos.<a href="#_ftn4" name="_ftnref4"><sup>4</sup></a> Hay una razón evolutiva para ello: el embarazo y la maternidad son un reto para el cuerpo de las mujeres. Tener muchos hijos, sobre todo a partir de la pubertad y de forma muy seguida, está relacionado con un aumento de la mortalidad materna.</p>
<p>Las presiones sexistas del pronatalismo coercitivo están presentes no solo en el mundo en desarrollo. Ya sea de forma sutil o expresa, las normas socioculturales a favor de la maternidad están muy extendidas en el Norte y el Sur del mundo. Las presiones pronatalistas sobre las mujeres merecen ser expuestas y confrontadas.<a href="#_ftn5" name="_ftnref5"><sup> 5</sup></a></p>
<p><em>El consumo es el problema, la població</em><em>n lo aumenta.</em> Un marco estándar que requiere un replanteamiento es la yuxtaposición de «consumo» y «población» como variables de impacto distintas. Este dilema engañoso lleva a la gente a elegir cuál es el problema. Es comprensible que muchos opten por castigar el consumo excesivo de los ricos mientras desestiman el tamaño y el crecimiento de la población. Este dilema es ofuscante. El consumo excesivo es el problema; el crecimiento de la población hace que el consumo aumente y acabe por rebasar los límites.</p>
<p>Para entenderlo mejor, imaginemos una situación hipotética. Si los seres humanos fueran «respiradores», es decir, capaces de satisfacer sus necesidades energéticas únicamente con la respiración, y se inclinaran por la simplicidad voluntaria, el número de seres humanos apenas importaría. La Tierra podría albergar a muchos miles de millones de minimalistas respiratorios. Volviendo a la realidad, todas las personas necesitan comer y a la mayoría le gusta hacerlo al menos dos veces al día. Más aún, todo el mundo debería comer más de una vez al día y tomar buenos alimentos. En una civilización global electrificada e interconectada, la gente consume, por supuesto, muchas más cosas que alimentos. En este artículo, me centro en la cuestión de la población sobre todo a través de la lente de la alimentación.</p>
<p>El sistema alimentario (producción, consumo, transformación y comercio) se ha convertido en la principal causa de deterioro ecológico a todos los niveles: extensión del uso de la tierra y de los océanos, colapso de la biodiversidad, pérdida y degradación del suelo, agotamiento del agua dulce, cambio climático y contaminación de la tierra, los ecosistemas de agua dulce, los mares costeros y la atmósfera.<a href="#_ftn6" name="_ftnref6"><sup>6</sup></a></p>
<p>¿Podemos dejar de enmarcar la Revolución verde como un «logro técnico»? Me gustaría que abandonáramos el obligado guiño deferente a la revolución verde. A pesar de las buenas intenciones originales, los beneficios a corto plazo y los impresionantes rendimientos, la Revolución verde ha desatado una caja de Pandora de daños desastrosos. Sus monocultivos destruyen la biodiversidad. Los agroquímicos ponen en peligro la biodiversidad del suelo, la vida de las plantas y los insectos, las aves y otros animales, incluidas las personas.<a href="#_ftn7" name="_ftnref7"><sup>7</sup></a> Los fertilizantes sintéticos desmantelan la biodiversidad del suelo; exacerban el cambio climático, contaminan el aire, la tierra, el agua dulce, las aguas subterráneas y los estuarios; y pueden provocar eventos de mortalidad masiva de la fauna. Mientras que la cantidad de alimentos se ha disparado (por ahora), la calidad de los mismos (especialmente los que se imponen a las personas sin poder) ha caído en picado. Más de 2.000 millones de personas (tanto subalimentadas como sobrealimentadas) sufren carencias de micronutrientes.<a href="#_ftn8" name="_ftnref8"><sup>8</sup></a></p>
<p>La revolución verde ha respaldado el crecimiento explosivo de la población humana. La existencia de casi la mitad de la población está en deuda con las tecnologías de la revolución verde, sobre todo con los fertilizantes.<a href="#_ftn9" name="_ftnref9"><sup>9</sup></a> Es un trato fáustico. Los efectos de la revolución verde en la biosfera están aumentando en los niveles interrelacionados mencionados anteriormente. El glifosato está en la lluvia. La contaminación por nitrógeno es una catástrofe creciente que pasa desapercibida, ya que la mayoría de los ojos están puestos en el carbono.<a href="#_ftn10" name="_ftnref10"><sup>10</sup></a> Los monocultivos son más vulnerables a un clima que cambia rápidamente.</p>
<p>Aunque se necesita inmediatamente una mejor gestión de los insumos de la revolución verde, el restablecimiento de la salud de la biosfera y de la humanidad no tiene por qué plantearse como un ejercicio de control de daños de un sistema de producción de alimentos intrínsecamente perjudicial. La solución profunda consiste en abandonar esta forma de producir alimentos, junto con la reducción gradual del número de personas  hasta llegar a un punto en el que todas las personas puedan recibir alimentos sanos: alimentos producidos de forma ecológica y ética, no contaminados por biocidas y ricos en nutrientes procedentes de suelos sanos y regenerados.</p>
<blockquote><p>Crist: La solución profunda consiste en abandonar esta forma de producir alimentos, junto con la reducción gradual del número de personas</p></blockquote>
<p>El cultivo de alimentos no es un problema de ingeniería que deban resolver los tecnócratas con planes de eficiencia y microgestión. Cultivar alimentos es el arte de los agricultores en diálogo con la abundante fertilidad de la Tierra.</p>
<p><em>Menos es más: una población de unos 2.000 millones es mejor para todos y a largo plazo</em>. La Tierra conoce la fertilidad, y los agricultores saben cómo trabajar con ese don para alimentar a la gente. Deberíamos prescindir del tropo de «alimentar al mundo». No hay que alimentar a los seres humanos, sino nutrirlos con alimentos hechos con amor por los animales y la tierra, cultivados por la calidad más que por la cantidad, y elaborados por los agricultores en una relación ingeniosa con la naturaleza que los rodea.</p>
<p>Entonces, ¿a cuántas personas puede alimentar la Tierra? Esta pregunta requiere una aclaración muy importante. ¿En qué tipo de planeta? Los guardianes de la Tierra sostienen que la opción virtuosa y prudente es un planeta en el que se conserve la biodiversidad, la abundancia de poblaciones no humanas, la complejidad ecológica, la vivacidad del comportamiento (como las culturas animales y las migraciones) y el potencial evolutivo. Todo ello requiere la conservación a gran escala de la tierra y los mares, el fin de la deforestación tropical, la proliferación de proyectos de renaturalización y restauración ecológica, y la eliminación gradual de los agroquímicos y otros contaminantes. Una amplia protección de la naturaleza salvaje y de los «paisajes intermedios» agrodiversos (donde se producen los alimentos) son sinérgicas, siempre que los paisajes intermedios sean subsistema modesto del planeta en lugar de invadirlo.</p>
<p>Cuando David Pimentel hizo el cálculo de cuántas personas pueden ser mantenidas con  equidad a base de alimentos orgánicos, diversos y mayoritariamente vegetales, y al tiempo proteger generosamente la naturaleza salvaje, el resultado rondaba los 2.000 millones.<a href="#_ftn11" name="_ftnref11"><sup>11</sup></a> Esta cifra no es absoluta ni una «solución rápida”,<a href="#_ftn12" name="_ftnref12"><sup>12</sup></a> sino que ofrece una visión a medio y largo plazo que debe abordarse con prontitud y ambición dentro de un marco de derechos humanos, junto con muchas otras transiciones que exige nuestra situación.</p>
<p><em>¿</em><em>Qu</em><em>é elegirá la humanidad?</em> Además de necesitar alimentos sanos, la mayoría de los habitantes del mundo moderno también quieren –entre otras cosas– ordenadores personales, frigoríficos, control de la temperatura interior, tecnologías de entretenimiento, medios de transporte y un conjunto material de servicios sanitarios, educativos y de otro tipo. Podemos dejar de lado si se trata de lujos industriales, de comodidades buscadas o de manifestaciones del potencial de nuestra especie que vale la pena mantener en formas alteradas y reducidas. En lo que sí podemos estar de acuerdo es en que las comodidades modernas no deberían ser un privilegio ilimitado de los ricos, sino una prerrogativa de todos los que las deseen a niveles moderados y justos.</p>
<p>A este respecto, el estilo de vida moderno se está extendiendo, lo que subraya el argumento: debemos ser muchos menos, si la humanidad también desea habitar un planeta biológicamente vibrante. Si, por el contrario, la humanidad deriva hacia la conversión de la Tierra en una colonia de recursos, ese planeta empobrecido podría –durante un periodo indeterminado– «alimentar» a muchos miles de millones de humanos, mientras se embolsarán las riquezas los Amazon, grandes almacenes, corporaciones agroquímicas, grandes farmacéuticas y el complejo militar-industrial. Si pudiéramos votar, ¿no elegiría la humanidad un planeta vivo en lugar de uno colonizado? En esta encrucijada nos encontramos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4><strong>Contra el alarmismo demográ</strong><strong>fico</strong></h4>
<p>Lyla Mehta</p>
<p>Más que un «elefante en la habitación», como sostiene Ian Lowe, el tema de la población y el neomaltusianismo están vivitos y coleando. Ejemplos recientes son la película de David Attenborough <em>Una vida en nuestro planeta</em>, que aborda cómo los seres humanos están invadiendo el mundo y de las amenazas de la población para el medio ambiente; los grupos de reflexión de Washington que establecen vínculos entre los llamados refugiados climáticos, la escasez y la superpoblación; e incluso el príncipe Guillermo del Reino Unido afirma que la población de África es una amenaza para la vida salvaje y la conservación.</p>
<p>Lamentablemente, seguimos en un mundo en el que el pensamiento neomaltusiano establece vínculos simplistas entre el aumento de la población, el cambio climático, los conflictos y la escasez de recursos. Son evidentes los vínculos con la «tragedia de los comunes» de Hardin cuando el ecologismo y el pensamiento sobre el desarrollo en general interpretan una serie de cuestiones que van desde la pobreza mundial y el desarrollo económico, el cambio medioambiental, la conservación e incluso la seguridad nacional y mundial a través de la lente de la superpoblación y la escasez. Esto ha tendido a dar lugar a narrativas tecnoautoritarias que se dirigen desproporcionadamente a los pobres y marginados del “mundo mayoritario”, que en consecuencia suelen enfrentarse a una serie de acciones draconianas, por ejemplo, el desplazamiento, la desposesión, el control de los cuerpos –especialmente, de las mujeres pobres no blancas– y la biopolítica.</p>
<p>Así, esta fijación con la superpoblación desvía la atención de cuestiones más cruciales como la forma en que se distribuye el poder en la sociedad , la desigualdad de género, la discriminación étnica y de casta, las condiciones comerciales injustas, la planificación estatal, las tecnologías centralizadoras, los acuerdos de tenencia, la degradación ecológica, etc. Además, tenemos que vincular los debates sobre la población con las cuestiones relativas a los modelos desiguales y sesgados de consumo, y de asignación y distribución de recursos.</p>
<blockquote><p>Mehta: La fijación con la superpoblación desvía la atención de cuestiones más cruciales como la forma en que se distribuye el poder en la sociedad</p></blockquote>
<p>Gran parte de mi trabajo anterior se ha centrado en la escasez y los límites. El concepto de escasez –es decir, la suposición de que las necesidades y los deseos son ilimitados y los medios para conseguirlos son escasos– es el principio básico de la economía moderna. Pero esta noción ha hecho que la escasez se convierta en un discurso totalizador tanto en el Norte como en el Sur global. El «miedo» a la escasez ha hecho que esta se convierta en una estrategia política para los grupos poderosos. Como argumentó el difunto Steve Rayner, la propagación del miedo a la disminución de los recursos del planeta ha servido en gran medida para mantener a los pobres en la pobreza y enriquecer a los que ya son ricos.<a href="#_ftn13" name="_ftnref13"><sup>13</sup></a> Por eso, en trabajos anteriores, junto con varios colaboradores, he argumentado que la escasez no es una condición natural; el problema radica en cómo vemos la escasez y en las formas en que se genera socialmente.<a href="#_ftn14" name="_ftnref14"><sup>14</sup></a> Por lo tanto, tenemos que centrarnos en las cuestiones fundamentales de la asignación de recursos, el acceso, el derecho y la justicia social, en lugar de recurrir a nociones simplistas universalizadoras de la escasez.</p>
<p>Como sabemos por los informes recientes y pasados del Grupo de Alto Nivel de Expertos en Seguridad Alimentaria y Nutrición y también del PNUD, hay suficiente comida y agua para todos.<a href="#_ftn15" name="_ftnref15"><sup>15</sup></a> Sin embargo, a nivel mundial, el problema del hambre crónica existe y se ha intensificado durante la pandemia. En los países ricos, los perversos regímenes de subvenciones han llevado a la generación de excedentes, y los pobres comen alimentos envasados baratos. El hambre y la obesidad son dos caras de la misma moneda. Actualmente hay una explosión de bancos de alimentos en el Reino Unido, y cerca del 8% de la población sufre inseguridad alimentaria.<a href="#_ftn16" name="_ftnref16"><sup>16</sup></a> La malnutrición y el hambre en el Reino Unido no se deben a la superpoblación, sino a la austeridad, los recortes, el aumento de la pobreza y la desigualdad.</p>
<p>A pesar de estas cuestiones, el miedo a la escasez y la superpoblación sigue siendo un medio para desviar la atención de las causas de la pobreza y la desigualdad que pueden implicar a los políticamente poderosos. Por ello, Marie Sneve Martinussen, diputada noruega del Partido Rojo, en un reciente acto sobre los <em>Límites del Crecimiento</em> +50 en Oslo instó de forma elocuente a no centrarnos en la tragedia de los comunes, sino en la «tragedia de los pocos», es decir, en el papel que desempeñan los poderosos, los ricos y las élites, en la perpetuación del crecimiento obsesionado por el PIB, el consumo y la destrucción del medio ambiente. Del mismo modo, el movimiento por el decrecimiento reclama que los límites al consumo/crecimiento se apliquen en gran medida a los países ricos y a las élites de todo el mundo, y no a los grupos y países pobres y vulnerables.</p>
<p>Los discursos sobre el número de personas y la necesidad de control de la natalidad suelen hacer recaer todas las esperanzas y expectativas en las mujeres. Invariablemente, los objetivos son las mujeres negras y morenas de Asia, África y América Latina, a las que se considera que tienen demasiados hijos.  Rara vez se apunta a las mujeres blancas de los países ricos, a sus bebés, o incluso a las huellas de carbono o ecológicas de las familias blancas en el mundo minoritario.</p>
<p>El 24 de junio de 2022, el Tribunal Supremo de Estados Unidos anuló el derecho constitucional al aborto en el país, lo que supuso un día muy trágico para los derechos de la mujer y los derechos humanos. ¿Cómo podemos siquiera hablar de cuestiones de población cuando se niegan derechos tan básicos a las mujeres? Aunque no existen prohibiciones similares en muchos otros países, sigue habiendo muchos obstáculos socioculturales y económicos en torno a los derechos reproductivos de las mujeres, que siguen estando moldeados por prejuicios y leyes masculinas discriminatorias. En el contexto de Estados Unidos, cada vez se reconoce más que la falta de acceso al aborto afectará en gran medida a las inmigrantes, las comunidades indígenas, las mujeres de color, las personas discapacitadas, etc. Gran parte del discurso antiabortista estadounidense es racista y puede vincularse a la supremacía blanca. Por lo tanto, es importante ser conscientes de que las políticas de crecimiento demográfico y de control de la población tienden a no tener en cuenta el género ni la etnia y, por lo tanto, corren el riesgo de reproducir procesos coloniales y racializados de razonamiento y discriminación.</p>
<p>En resumen, en lugar de hablar del crecimiento de la población, centremos nuestra atención en avanzar hacia la consecución de la igualdad de género, la justicia climática, los procesos justos de asignación y distribución de recursos y los procesos de desarrollo que sean sostenibles y socialmente justos en el Norte y el Sur. Esto es lo que realmente importa y contribuiría en gran medida a mejorar el bienestar humano y planetario que permitirá a todos los seres –humanos y no humanos– florecer y prosperar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Eileen Crist</strong> es profesora asociada emérita del Departamento de Ciencia y Tecnología en la Sociedad de la Universidad Virginia Tech y editora asociada de la revista <em>Environmental Issues</em><em>. </em>Entre sus obras figura <em>Abundant Earth: Toward an ecological civilization</em> (University of Chicago Press, 2019).</p>
<p><strong>Lyla Mehta</strong> es profesora del Instituto de Estudios del Desarrollo de la Universidad de Sussex, profesora visitante de Noragric en la Universidad Noruega de Ciencias de la Vida, y autora, entre otras obras, de <em>Water, Food Security, Nutrition and Social Justice </em>(Rouledge, 2019).</p>
<p>Traducción: Nuria del Viso. FUHEM Ecosocial.</p>
<h4>NOTAS</h4>
<p><a href="#_ftnref1" name="_ftn1"></a> <sup><strong>1</strong></sup> El debate íntegro de GTI está disponible en: <a href="https://greattransition.org/gti-forum/the-population-debate-revisited" target="_blank" rel="noopener">https://greattransition.org/gti-forum/the-population-debate-revisited</a>. Agradecemos a GTI el permiso para la reproducción de estos textos.</p>
<p><a href="#_ftnref2" name="_ftn2"><sup>2</sup></a> Eileen Crist, «Decoupling the Global Population Problem from Immigration Issues», <em>The Ecological Citizen</em> vol. 2, núm. 2, 2019, pp. 149–151, disponible en: <a href="https://www.ecologicalcitizen.net/pdfs/v02n2-08.pdf" target="_blank" rel="noopener">https://www.ecologicalcitizen.net/pdfs/v02n2-08.pdf</a></p>
<p><a href="#_ftnref3" name="_ftn3"><sup>3</sup></a> Mona Kaidbey y Robert Engelman, «Nuestros cuerpos, nuestro futuro: difundir una educación sexual integral», en <em>Educación ecosocial. Cómo educar frente a la crisis ecológica. </em><em>La situación del mundo, </em>capítulo 12, FUHEM Ecosocial/ Icaria, 2017, pp. 189-201.</p>
<p><a href="#_ftnref4" name="_ftn4"><sup>4</sup></a> Martha Campbell y Kathleen Bedford, «The Theoretical and Political Framing of the Population Factor in Development», <em>Philosophical Transactions of the Royal Society B</em> 364, núm. 1532, 2009, pp. 3101–3113.</p>
<p><a href="#_ftnref5" name="_ftn5"><sup>5</sup></a> Nandita Bajaj, «Abortion Bans Are a Natural Outgrowth of Coercive Pronatalism», <em>Ms. Magazine</em>, junio de 2022, disponible en: <a href="https://msmagazine.com/2022/06/07/abortion-bans-coercive-pronatalism-forced-birth/" target="_blank" rel="noopener">https://msmagazine.com/2022/06/07/abortion-bans-coercive-pronatalism-forced-birth/</a>.</p>
<p><a href="#_ftnref6" name="_ftn6"><sup>6</sup></a> Walter Willet, Johan Rockström, Brent Loken <em>et al</em>., «Food in the Anthropocene: The EAT-Lancet Commission on Healthy Diets from Sustainable Food Systems», <em>The Lancet</em>, vol. 393, núm. 10170, 2019, pp. 447–492.</p>
<p><a href="#_ftnref7" name="_ftn7"><sup>7</sup></a> Joel K. Bourne, «The Global Food Crisis: The End of Plenty», <em>National Geographic Magazine</em>, junio de 2009.</p>
<p><a href="#_ftnref8" name="_ftn8"><sup>8</sup></a> Walter Willet, Johan Rockström, Brent Loken <em>et al</em>., 2019, <em>op. cit.</em>; Paul Ehrlich y John Harte, «Food Security Requires a New Revolution», <em>International Journal of Environmental Studies</em> vol. 72, núm. 6 (2015), pp. 908-920; Richard Manning, «Hidden Downsides of the Green Revolution: Biodiversity Loss and Diseases of Civilization», <em>Mother Earth News</em>, 22 de abril de 2014, disponible en:  <a href="https://www.motherearthnews.com/sustainable-living/nature-and-environment/the-green-revolution-zm0z14jjzchr/" target="_blank" rel="noopener">https://www.motherearthnews.com/sustainable-living/nature-and-environment/the-green-revolution-zm0z14jjzchr/</a>.</p>
<p><a href="#_ftnref9" name="_ftn9"><sup>9</sup></a> Hannah Ritchie y Max Roser, «Fertilizers», <em>OurWorldInData.org</em>, 2020, disponible en: <a href="https://ourworldindata.org/fertilizers" target="_blank" rel="noopener">https://ourworldindata.org/fertilizers</a></p>
<p><a href="#_ftnref10" name="_ftn10"><sup>10</sup></a> Fred Pearce, «Can the World Find Solutions to the Nitrogen Pollution Crisis?», <em>Yale Environment 360</em>, 6 de febrero de 2018, disponible en: <a href="https://e360.yale.edu/features/can-the-world-find-solutions-to-the-nitrogen-pollution-crisis" target="_blank" rel="noopener">https://e360.yale.edu/features/can-the-world-find-solutions-to-the-nitrogen-pollution-crisis</a>; Eileen Crist, «Got Nitrogen?», <em>The Ecological Citizen </em>(editorial), vol. 5, núm. 1, 2021, pp. 3–10.</p>
<p><a href="#_ftnref11" name="_ftn11"><sup>11</sup></a> David Pimentel <em>et al.</em>, «Will Limited Land, Water, and Energy Control Human Population Numbers in the Future?», <em>Human Ecology</em> vol. 38, núm. 5, 2010, pp. 599–611.</p>
<p><a href="#_ftnref12" name="_ftn12"><sup>12</sup></a> Corey Bradshaw y Barry Brook, «Human Population Reduction Is Not a Quick Fix for Environmental Problems», <em>PNAS, </em>vol. 111, núm. 46, 2004, pp. 16610–16615.</p>
<p><a href="#_ftnref13" name="_ftn13"><sup>13</sup></a> Steve Rayner, «Foreword», en Lyla Mehta (ed.), <em>Limits to Scarcity</em>, Routledge, Londres, 2010, pp. x–xvi.</p>
<p><a href="#_ftnref14" name="_ftn14"><sup>14</sup></a> Lyla Metha (ed.), 2010, <em>op. cit</em>.; Lyla Mehta, Amber Huff y Jeremy Allouche, «The New Politics and Geographies of Scarcity», <em>Geoforum</em>, núm<em>.</em> 101, mayo de 2019, pp. 222–230.</p>
<p><a href="#_ftnref15" name="_ftn15"><sup>15</sup></a> Programa de Desarrollo de las Naciones Unidad (PNUD), <em>Más allá de la escasez: poder, pobreza y la crisis mundial del agua, </em>PNUD, Nueva York, 2006, disponible en: <a href="https://hdr.undp.org/system/files/documents/hdr2006escompletopdf.pdf" target="_blank" rel="noopener">https://hdr.undp.org/system/files/documents//hdr2006escompletopdf.pdf</a></p>
<p><a href="#_ftnref16" name="_ftn16"><sup>16</sup></a> Departamento británico de Medio Ambiente, Alimentación y Asuntos Rurales (Reino Unido), <em>United Kingdom Food Security Report 2021: Theme 4: Food Security at Household Level</em>, 22 de diciembre de 2021, disponible en: <a href="https://www.gov.uk/government/statistics/united-kingdom-food-security-report-2021/united-kingdom-food-security-report-2021-theme-4-food-security-at-household-level" target="_blank" rel="noopener">https://www.gov.uk/government/statistics/united-kingdom-food-security-report-2021/united-kingdom-food-security-report-2021-theme-4-food-security-at-household-level</a></p>
<p>Acceso al texto completo en formato pdf: <a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/el-debate-sobre-la-poblacion-en-la-crisis-ecosocial/" target="_blank" rel="noopener"><em>El debate sobre la población en la crisis ecosocial.</em></a></p>
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