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	<title>Polarización Política &#8211; FUHEM</title>
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	<title>Polarización Política &#8211; FUHEM</title>
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		<title>Necesidad de verdad, conflicto y generosidad</title>
		<link>https://www.fuhem.es/2022/03/04/necesidad-de-verdad-conflicto-y-generosidad/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 04 Mar 2022 11:01:45 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Análisis]]></category>
		<category><![CDATA[Convivencia]]></category>
		<category><![CDATA[destacadasecosocial]]></category>
		<category><![CDATA[Polarización]]></category>
		<category><![CDATA[Polarización Política]]></category>
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					<description><![CDATA[Lectura crítica de la cultura de la cancelación con el fin de profundizar en algunos de los grandes desafíos que es urgente abordar para hacer posible la convivencia y la democracia.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><img fetchpriority="high" decoding="async" class="alignright wp-image-142031 size-thumbnail" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/02/Papeles-152-300x422.jpg" alt="" width="300" height="422" />El texto «Necesidad de verdad, conflicto y generosidad. Más allá de la crítica a la cancelación» de <strong>Jordi Mir </strong>pertenece a la sección <strong>A FONDO </strong>del <a href="https://www.fuhem.es/papeles/papeles-numero-152/" target="_blank" rel="noopener">número 152</a> de la revista <em><a href="https://www.fuhem.es/revista-papeles/" target="_blank" rel="noopener">Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global</a></em>, dedicado a la Polarización, fracturas, crispación y posverdad.</p>
<p><em>Es necesaria una lectura crítica de la cultura de la cancelación con el fin de profundizar en algunos de los grandes desafíos que es urgente abordar para hacer posible la convivencia y la democracia. El artículo apunta cómo la gestión de los conflictos debe de partir de la creación de democracia, no de su destrucción, y sin rechazo al debate plural y al reconocimiento de las verdades de los hechos y la diversidad de las valoraciones.</em></p>
<blockquote><p><strong>«La restricción del debate, sea a manos de un gobierno represivo o de una sociedad intolerante, daña invariablemente a aquellos que carecen de poder y hace a todos menos capaces de la participación democrática».<a href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a> </strong></p></blockquote>
<p>¿Quién puede estar en contra de esta afirmación?</p>
<p>Pertenece a «Una carta sobre justicia y debate abierto», también conocida como «Harper&#8217;s Letter», un texto publicado por <em>Harper&#8217;s Magazine</em> el 7 de julio de 2020 respaldado por más de un centenar de firmas de personas con presencia pública dedicadas a la escritura, la docencia, el periodismo… Un conjunto de firmas diverso y plural que ha ayudado a esta declaración para ser considerada como una aportación transversal, creada y participada por personas de diferentes posiciones políticas, de Francis Fukuyama a Noam Chomsky, por citar dos autores que es posible que no acostumbren a coincidir en la firma de declaraciones, manifiestos, peticiones u otro tipo de textos.</p>
<p>¿Quién puede estar en contra del debate abierto? ¿Quién está en contra hoy de la igualdad de derechos entre hombres y mujeres? ¿Quién está en contra hoy de la sostenibilidad?</p>
<p>Hay determinadas ideas que los últimos años han ido ganando centralidad. Han surgido de los márgenes para ser compartidas en la centralidad. Han ganado la hegemonía discursiva: buena parte de la sociedad, de los medios, de los partidos políticos dicen defenderlas. Otra cosa es la hegemonía efectiva, que se cumplan. A este texto le pasa algo parecido, una cosa es lo que se dice y otra es lo que se hace. La defensa del debate abierto por parte de quien no debate de manera abierta resulta problemática. De acuerdo, debate abierto, pero&#8230;</p>
<p>¿Quién establece qué es el debate abierto? ¿De qué manera las personas firmantes y quienes apoyan esta declaración lo practican? ¿Cómo podemos concretar un poco más para profundizar en los problemas que tenemos como sociedad buscando solucionarlos?</p>
<p>Las siguientes páginas se acercarán críticamente a la crítica de la cultura de la cancelación para profundizar en algunos de los grandes desafíos que es urgente abordar para hacer posible la convivencia y la democracia. Vivimos en sociedades que esconden sus conflictos o que tienen muchas dificultades para gestionarlos creando democracia y no destruyéndola. Sociedades enfrentadas a partir de grandes dosis de partidismo, con gran rechazo al debate plural y al reconocimiento de las verdades de los hechos y la diversidad de las valoraciones.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4><strong>Monumentos racistas defendidos en nombre de la libertad</strong></h4>
<p>«Una carta sobre justicia y debate abierto» se ha convertido en un referente de la llamada crítica a la cultura de la cancelación y este es su planteamiento inicial:</p>
<p style="padding-left: 40px;">Nuestras instituciones culturales afrontan un momento decisivo. Poderosas protestas por la justicia racial y social conducen a demandas largamente esperadas de reforma policial, junto a llamamientos más amplios en pos de mayor igualdad e inclusión en nuestra sociedad, y también en la educación superior, el periodismo, la filantropía y las artes. Pero esta revisión necesaria también ha intensificado un nuevo conjunto de actitudes morales y compromisos políticos que tienden a debilitar nuestras normas de debate abierto y tolerancia de las diferencias en favor de la conformidad ideológica.</p>
<p>El texto empieza haciendo referencia a las movilizaciones sociales que tuvieron lugar después del asesinato de <em>George</em> Floyd mientras estaba detenido por la policía el 25 de mayo en Mineápolis, Minesota (EEUU). «Los disturbios son el lenguaje de la gente no escuchada», son palabras de <strong>Martin Luther King</strong> expresadas en 1966 que fueron muy recordadas durante los días posteriores a la muerte de Floyd y en el inicio de las movilizaciones. Estos actos de contestación surgidos en EEUU, pero llegados a otras muchas partes del mundo, generaron un nuevo capítulo de un movimiento social que los últimos años se ha presentado bajo el lema <em>Black Lives Matter</em>. Es un movimiento que viene de lejos, que conecta con el movimiento por la abolición de la esclavitud, con el movimiento por los derechos civiles…</p>
<p>La conexión de esta movilización con una historia de opresión se vio de manera muy clara en los episodios de destrucción de estatuas. Algunas fueron derribadas, otras tiradas al mar, alguna decapitada&#8230; Hubo administraciones que reaccionaron rápidamente para retirar las que estaban en riesgo. También vimos casos de protección de estatuas y disturbios a su alrededor. La historia y la memoria como lucha del presente. No es una novedad. Pero ha sido un episodio muy relevante por la cantidad de casos y la diversidad de lugares donde han sucedido.</p>
<p>Esta voluntad de cuestionar la historia aprendida, la memoria oficial, no se ha quedado en las estatuas. Llegó hasta el cine cuando HBO anunció que retiraba temporalmente de su catálogo la película <em>Lo que el viento se llevó</em> con voluntad de volverla a incorporar con algún texto contextualizador de su racismo. Las acciones movilizadoras y las respuestas como la de HBO no han tardado en generar críticas. Dani Gascón, director de <em>Letras Libres</em>, revista que publicó la traducción castellana del texto de <em>Harper’s</em>, en un artículo en <em>El País</em> titulado «La nueva censura es la vieja censura» escribe: «Asociamos la censura a fuerzas conservadoras, pero, si la censura se hace siempre en nombre de las buenas intenciones, tampoco es nuevo que se justifique con ideas de izquierda».<a href="#_ftn2" name="_ftnref2">[2]</a></p>
<p>Enric Juliana, periodista en <em>La Vanguardia</em>, escribía en un tuit:<a href="#_ftn3" name="_ftnref3">[3]</a> «Estatuas de Colón derribadas, el monumento a Churchill protegido en Londres, “Lo que el viento se llevó” en cuarentena&#8230; Una ola de estupidez recorre el mundo, sí. Tiempos bárbaros. Esa ola se aceleró el día que Calígula accedió a la presidencia de los Estados Unidos». Oliver Stone ha criticado la cultura de la cancelación que sufre <em>Lo que el viento se llevó</em>, al ser cuestionada por racista, y su mismo cine. Es el caso de <em>Comandante</em>, criticada en este caso, según sus palabras, por “extremistas de derechas cubanos”<a href="#_ftn4" name="_ftnref4">[4]</a>… Gente diversa ha defendido estas ideas y argumentos, que pueden ser vinculados, identificados, con la llamada crítica a la cultura de la cancelación.</p>
<p>Quizás convendría intentar aclarar conceptos. No parece que en ningún caso se haya planteado desde la movilización social o desde HBO censurar, ni cancelar, nada. Hemos asistido a actos, que alguien podría calificar de vandálicos, para denunciar que la memoria dominante en nuestras sociedades, la memoria oficial, que se hace presente en las estatuas no se ha preocupado de otras memorias. Podemos no compartir las maneras de hacerlo, pero no debería pasar por alto la causa, la denuncia, el asunto que hay que debatir y buscar cómo tratar.</p>
<p>En nuestras sociedades hay muchas memorias. Los procesos de construcción de lo que queremos recordar, que queremos compartir, que queremos que perviva, son diversos y plurales. Hay memorias que no están en nuestras calles, en nuestras plazas, nuestros museos, en nuestras escuelas, en nuestras universidades&#8230; Hay memorias que han sido despreciadas durante siglos y lo siguen siendo ahora. Memorias que siempre están, pero que no son atendidas, que son invisibilizadas, que incluso son estigmatizadas o criminalizadas.</p>
<p>¿Dónde está la memoria del sufrimiento provocado por la esclavitud? ¿Dónde está la memoria del movimiento por la abolición de la esclavitud? ¿Dónde está la memoria del sufrimiento provocado por el racismo, por el patriarcado, por toda dominación? ¿Dónde está la memoria de quien ha actuado para acabar con estos padecimientos?</p>
<p>Una sociedad que se quiere democrática debería ser consciente de estas opresiones, de estas discriminaciones, de estas desigualdades, y buscar las maneras de ponerles remedio. Estas maneras no deberían pasar por derribar estatuas, tirarlas al mar o decapitarlas. Pero el objetivo debería ser claro y compartido: las memorias despreciadas, silenciadas, estigmatizadas, criminalizadas, deben dejar de serlo. Para ello debe haber una voluntad clara, los debates necesarios y prácticas concretas.</p>
<p>Las memorias oficiales tienen estatuas, las despreciadas tienen disturbios. Cuando las memorias despreciadas tengan sus estatuas quizás las cosas serán diferentes. Cuando las diferentes memorias y la historia se expliquen otra manera quizás las cosas serán diferentes. Debemos poder abrir procesos que nos permitan entender y explicar por qué existen estas desigualdades, discriminaciones, entre memorias y realidades de nuestro presente. No basta con defender la libertad de expresión y criticar la cultura de la cancelación. La libertad de expresión ha podido hablar de aquello de lo que ha decidido libremente callar, cuando no desinformar o criminalizar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4><strong>La aceptación del conflicto </strong></h4>
<p>Sin la aceptación del conflicto no puede haber convivencia. Puede parecer una contradicción, pero donde no hay conflicto sólo encontraremos la paz de los cementerios o de la imposición. En toda relación humana, en toda sociedad, hay conflictos. La cuestión es si los vemos, si los reconocemos, si los intentamos resolver.</p>
<blockquote><p><strong>Las memorias oficiales  tienen estatuas, las despreciadas tienen disturbios</strong></p></blockquote>
<p>Convendría ponerse de acuerdo en qué es la convivencia. Hay quien definiría la convivencia como el interactuar con otras personas desde el reconocimiento de su dignidad, de sus derechos y de sus deberes. Aquí hay un punto de encuentro claro y fundamental con las críticas a la cultura de la cancelación, pero necesitamos ir más allá. Algunas de las críticas a la cultura de la cancelación parecen querer evitar o negar el conflicto. No aceptan la cancelación, pero tampoco otros tipos de conflictos.</p>
<p>No podemos negar los conflictos. Es necesario analizarlos, buscar las maneras de resolverlos y aprovechar para aprender con ellos. Los conflictos no pueden quedar en silencio. Hay que conseguir que todas las partes puedan expresar sus conflictos, sus malestares. No nos podemos quedar en la enunciación de la libertad de expresión. Es necesario que esta libertad pueda ser usada y garantizada. La libertad de expresión debería contribuir a hacer emerger estos conflictos, pero no es suficiente.</p>
<p>Para hacer posible la convivencia es necesario pensar conjuntamente qué normas debemos tener y por qué razones. No podemos imponer normas sin más. La participación del conjunto de la sociedad es fundamental. Una política para poder convivir debería comenzar con un debate sobre cómo entendemos la convivencia para hablar de derechos, dignidades, reconocimientos, deberes&#8230; Esta política debería ocuparse de hacer emerger los conflictos que existen en nuestra sociedad y no negarlos u ocultarlos, no olvidemos que hay muchas más opresiones de las que seguramente sufrimos y vemos. A partir de ahí, tratar los conflictos y buscar las maneras de resolverlos desde la participación.</p>
<p>Una participación en la que no hay lugar para la violencia. Cuando hay conflicto y discrepancia, hay que distinguir entre hacer frente decididamente a los problemas y hacer daño a las personas implicadas. La discrepancia es necesaria, pero los ataques personales no. Una política para la convivencia debe saber que, en el conflicto, en la discrepancia, podemos tener ideas y comportamientos muy diferentes, incluso enfrentadas, pero eso no debería llevar a los ataques personales, a las descalificaciones, ni a las cancelaciones, ni a las criminalizaciones. La violencia, de cualquier tipo, destruye la convivencia. Es tan importante lo que hacemos como la manera de hacerlo.</p>
<blockquote><p><strong>Podemos pensar en una manera de entender el conflictos diferente a la mayoritaria actualmente, que no recurra a la cancelación, que tampoco niegue aquellos conflictos existentes</strong></p></blockquote>
<p>Nada de lo que se dice aquí es fácil de hacer. La convivencia honesta y sincera no es fácil de conseguir, se llega reconociendo diversidades, pluralidades, conflictos, acordando qué principios deben regular nuestra sociedad, hablando, discutiendo, cambiando de ideas&#8230; De la misma manera que hablamos de una cultura de la cancelación podemos pensar en una cultura del conflicto de la que formaría parte o no la cancelación. Podemos pensar en una manera de entender el conflicto diferente a la mayoritaria actualmente, que no recurra a la cancelación, que tampoco niegue aquellos conflictos existentes. Nélida Zaitegi (1946), maestra y pedagoga, tiene interesantes aportaciones sobre el conflicto y la convivencia que podrían ayudar a la gente pequeña y a la mayor en nuestras sociedades.</p>
<p><strong> </strong></p>
<h4><strong>Polarizar para convencer o para odiar</strong></h4>
<p>Polarización es una palabra, un concepto, muy presente en los últimos años en los análisis de nuestras sociedades. La polarización es un elemento clave en muchos de los conflictos que vivimos.  Se trata de una palabra que puede ser usada de diferentes maneras, pensado en tipos de actuación incluso contradictorios. Podemos atender a una polarización pensada para convencer, llegar a acuerdos, o una polarización pensada para odiar, enfrentarse e imponerse. La polarización puede tener mucho que ver con la cultura de la cancelación, pero también con su superación a partir de una gestión del conflicto que busque el acuerdo.</p>
<p>«Si los catalanes desean ganar, deben polarizar mucho más, presionar mucho más y aceptar altos niveles de sacrificios».<a href="#_ftn5" name="_ftnref5">[5]</a> Este titular de una entrevista a <strong>Paul Engler</strong>, autor de <em>Manual de desobediencia civil</em> (Saldonar Edicions), generó mucha polémica a finales de 2019. Una parte importante de esta polémica se generó al ser el presidente de la Generalitat en aquel momento, Quim Torra, quien se hizo eco de estas palabras y las divulgó en Twitter.</p>
<p>Las respuestas y críticas se acabaron centrado en el hecho de que a la hora de pedir polarizar mucho más y aceptar altos niveles de sacrificios se estaría haciendo referencia a confrontación, violencia, fuego e, incluso, muertos. No hablaré ni por Torra ni por Engler. Torra hizo un tuit diciendo que eran «unas reflexiones que todo el independentismo debería escuchar atentamente», le podemos pedir explicaciones si lo consideramos oportuno. En el caso de Engler, más allá del libro, en diferentes ocasiones ha expresado públicamente su posición sobre la polarización y los sacrificios. «Todos los movimientos sociales deben involucrarse en la polarización. Deben hacer cosas que muevan la opinión. Hacer que la gente que es neutral pase a ser pasivamente favorable y luego activamente favorable. Hasta el punto de salir a la calle. Y sabiendo que pasará lo contrario: alguna gente será mucho más contraria a la causa. Esto es la polarización». Así define Engler la polarización en la entrevista recomendada por el presidente Torra. Nada de incendios, de violencias, de muertos.</p>
<p>Engler cuando habla de polarizar piensa en hacer visible un conflicto y que esto lleve a la ciudadanía a tomar una posición. Lo que se busca es el apoyo y explica claramente cómo se debe polarizar. Habla de diferentes casos históricos de polarización. Por ejemplo, considera que Gandhi acertó polarizando a partir de los impuestos y no sobre la independencia.</p>
<p>La polarización que nos propone Engler es la que ha aprendido de movimientos sociales que, desde los márgenes, han sido capaces de poner en el centro del debate cuestiones que han evidenciado conflictos existentes en sus sociedades. A partir de la polarización han crecido. Han hecho evidente el conflicto y han obtenido unos soportes inexistentes antes. Pero no se debe confundir esta polarización con violencias, muertes&#8230;</p>
<p>Polarizar tiene que ver con convencer, con persuadir, con ganar apoyos&#8230; Por eso Engler no tiene claro que esto se consiga cortando carreteras. Y cuando habla de sacrificios piensa en la cárcel y la represión que sufren los movimientos sociales. Piensa y mucho en el movimiento por los derechos civiles contra la segregación racial. Este movimiento logró cambios legales a favor de la igualdad de derechos. También el feminismo y otros. Y lo consiguieron polarizando, haciendo que la población se posicionara a favor de la igualdad, que defendían, o de la discriminación existente. Son luchas que continúan.</p>
<p>Estas reflexiones que aquí planteo nada tienen que ver con estar a favor de la independencia de Catalunya, en contra, o con la posición que se quiera. Este intento de aclaración sobre un concepto como el de polarización busca poder tener un diálogo, un debate, riguroso. También hay una segunda voluntad. Necesitamos que aquello vinculado a la movilización social no sea utilizado instrumentalmente, partidistamente, por quien está a favor o en contra de una determinada opción. La movilización social es demasiado importante para el conjunto de una sociedad para sufrir estos intereses de parte.</p>
<p>Engler, a partir de la publicación del libro, fue entrevistado por medios más o menos afines a la propuesta independentista. No apareció en aquellos que no la comparten, ni más ni menos. En mi opinión, Engler merece ser entrevistado pensando, por ejemplo, en qué papel tiene la movilización social y la desobediencia en la historia, y en el presente de nuestras sociedades. No hay que estar a favor o en contra de la independencia de Catalunya para hacerlo. Quizás estaría bien no destacar tanto las cosas que Engler dice sobre Cataluña, cuando ya ha dicho en diferentes ocasiones que es una realidad que conoce poco, y ver qué podemos aprender de lo que más conoce.</p>
<p>La movilización social, la desobediencia civil, la no violencia&#8230; son realidades que en los últimos años han pasado de los márgenes al centro del debate en Catalunya. Algo parecido pasó con las movilizaciones del 15M. Son formas de actuar y pensar que han pasado de ser silenciadas, olvidadas, criminalizadas por los poderes a ser utilizadas en beneficio propio por algunos de estos mismos poderes. Una vez en el centro del debate, estas realidades, pueden vivir la difusión de grandes altavoces, pero no necesariamente se tratan con el rigor que merecerían y corremos el riesgo de que mueran de éxito por la apropiación y la utilización partidista. Cuando a diferentes poderes les deje de interesar la movilización social quien siempre la ha practicado desde los márgenes la seguirá necesitando.</p>
<p>Es posible que el concepto de polarización más utilizado hoy no sea al que se refiere Engler. Hoy se está hablando de polarización pensado en la división de la sociedad, en su enfrentamiento, incluso en la generación de odio. Convendría distinguir y clarificar los usos para no generar confusiones innecesarias. Buena parte de las movilizaciones que han buscado ampliar y profundizar derechos han polarizado para hacer visible su posición y convencer de la necesidad de cambio. El feminismo polarizó y polariza para mostrar el patriarcado buscando mostrar sus opresiones y convenciendo para obtener mayores apoyos para su transformación. El movimiento ecologista también, y el obrero y el vecinal, y el LGTBI, y el que defiende el derecho a la vivienda… Se puede polarizar sin cancelar, sin generar odio… Y también se puede polarizar cancelando, generando odio… Conviene tener presente que toda actuación para polarizar puede tener como resultado el aumento de la democracia o su reducción. Hay polarización que es capaz de crear democracia y otra que es capaz de destruirla. Necesitamos poder distinguir.</p>
<p><strong> </strong></p>
<h4><strong>La necesidad de verdad</strong></h4>
<p>Sin verdad no podemos ser libres y no puede haber democracia. Mucho podemos dialogar sobre la verdad. ¿Qué es la verdad? ¿Existe la verdad? No es lo mismo la verdad sobre hechos que han ocurrido, o no, que la verdad sobre valores, que podemos considerar de maneras muy diferentes. ¿Quién es de verdad el mejor jugador de fútbol? Hay debates que nunca terminarán y otros que deberíamos poder resolver de acuerdo con las evidencias, los datos, lo que sabemos que ha ocurrido. La verdad, como lo bueno, en según qué ámbitos depende de los gustos de cada cual, pero en otros depende de los hechos. Decir la verdad es el primer objetivo de la organización Rebelión o Extinción, que trabaja para hacer frente a la crisis ecológica. Denuncian la falta de verdad, la mentira, consistente en no explicar al conjunto de la ciudadanía la gravedad de la situación y actuar en consecuencia.</p>
<p>Se ha desencadenado una guerra contra la verdad. Así se está haciendo política en muchas partes del mundo, nuestra sociedad no es una excepción. Lo importante no es decir la verdad o mostrar que otras opciones mienten. El objetivo es colocar nuestra verdad, que se crea nuestra verdad. No importa si lo es o no lo es. No importa si los datos y las evidencias nos dan la razón o no. Se trata de conseguir que la gente crea aquello que decimos y para ello hay que acabar con la misma noción de verdad. La sociedad entera pierde cuando esto ocurre.</p>
<p>Hoy nos lo explica <strong>Jason Stanley</strong> desde EEUU, como se puede leer en su obra <em>Facha</em>. <em>Cómo funciona el fascismo y cómo ha entrado en tu vida</em> (Blackie Books, 2019). También <strong>Marcia Tiburi</strong> desde Brasil y se puede leer en <em>Cómo conversar con un fascista. Reflexiones sobre el autoritarismo de la vida cotidiana</em> (Akal,2018). Podríamos pensar que esta guerra contra la verdad solo es cosa de fascistas, pero me parece que conviene reflexionar sobre a qué y a quién se presenta como fascismo. Necesitamos pensar que todo ataque a la verdad, incluso en nombre de nuestra mejor causa, es un ataque a la libertad de las personas y a la posible vida en democracia.</p>
<p><strong>Noam Chomsky</strong> nos dice: «No paras de decir mentiras y lo que ocurre es que el concepto verdad simplemente desaparece».<a href="#_ftn6" name="_ftnref6">[6]</a> Así se expresaba Chomsky en una entrevista hace pocos días con Amy Goodman. Lo decía pensando en la creación de mentiras en los EEUU en esta crisis del nuevo coronavirus. La verdad desaparece cuando no se puede distinguir mentira y verdad. Hay quien persigue este objetivo. No se trata sólo de colocar una mentira, de convencer de una realidad que no lo es. Lo que se persigue es que la ciudadanía ya no pueda distinguir una verdad de una mentira, que no tenga los instrumentos para hacerlo. Si no somos capaces de saber que es verdad y que no lo es, si no tenemos los instrumentos para poder hacerlo, si incluso llegamos a pensar que no existe nada que pueda ser considerado verdad, lo que queda es seguir a quien marca el camino. Se levanta la mano, el tuit, el discurso, el relato y se quiere que sigamos un determinado camino. La cancelación puede tener mucho que ver que esta imposición de la propia verdad. La verdad muere en esta cotidiana construcción de mentiras al servicio de imponer una verdad.</p>
<p>«La necesidad de verdad es la más sagrada de todas. Sin embargo, nunca se habla de ella». Así se expresaba <strong>Simone Weil</strong> (1909-1943) cuando, durante la Segunda Guerra Mundial, reflexionaba sobre las necesidades humanas y cómo se tenían que poder satisfacer. Deberíamos pensar y hablar más de la verdad, de la necesidad de verdad que tenemos. Tenemos que pensar y hablar sobre qué destruye la verdad. La verdad está muriendo desde los relatos surgidos de la comunicación de partidos, medios o empresas que nos presentan mentiras como si fueran verdades.</p>
<p>A Weil le preocupa como la mentira puede ser todo y como una parte mayoritaria de la sociedad no tiene tiempo y recursos para buscarla: «Hombres que trabajan ocho horas diarias hacen el gran esfuerzo de leer por la noche para instruirse. Como que no pueden ir a las grandes bibliotecas verificar lo que han leído, creen todo lo que figura en los libros. No hay derecho a que se les dé a comer algo falso».<a href="#_ftn7" name="_ftnref7"></a> En esta cita de una de sus obras más conocidas, <em>Echar raíces</em>, habla de libros, pero también tiene en cuenta los medios de comunicación, los partidos políticos&#8230; La necesidad de verdad exige que no se ejerza más el dominio del pensamiento que proceda de una preocupación que no sea exclusivamente la de la verdad.</p>
<p><strong>Francisco Fernández Buey</strong> (1943-2012), lector de Weil, de quien en 2019 publicó <em>Sobre Simone Weil. El compromiso con los desdichados </em>(El Viejo Topo, 2020), a veces hacía la siguiente pregunta en sus clases: ¿de qué dicho nos podemos sentir más cerca: del verso convertido en dicho «nada hay verdad ni mentira: / todo es según el color / del cristal con que se mira», de <strong>Ramón de Campoamor</strong>, o de «la verdad es la verdad, la diga Agamenón o su porquero», escrito por <strong>Antonio Machado</strong> para su Juan de Mairena. Hay que ser conscientes de cuando estamos ante hechos que podemos saber si son verdad y cuando estamos ante valoraciones, opiniones, donde tanta verdad puede tener una posición como otra. Él estaba con Machado. La verdad es la verdad, la diga una persona muy reconocida o desconocida. La verdad es la verdad, la digan desde nuestro bando o desde el contrario. Cuando no podamos hablar de verdades porque estamos en una esfera de opiniones no convertimos nuestra en verdad. Hay que asumir la diversidad y pluralidad que hay en nuestras sociedades. Este reconocimiento de la verdad nos permite superar la cancelación, la polarización que crea odio; nos permite tener debates y diálogos honestos. Componentes claves para una sociedad que se quiera democrática.</p>
<p><strong> </strong></p>
<h4><strong>Superar el partidismo y pensar con la propia cabeza</strong></h4>
<p>Simone Weil, durante esos años hizo otra gran aportación, su crítica al partidismo. Weil estaba profundamente preocupada por el hecho que la operación de tomar posición a favor o en contra había sustituido a la obligación de pensar. Y tenía dudas de que se pudiera remediar esta situación sin suprimir los partidos políticos.</p>
<p>El análisis de Weil sobre los partidos políticos es claro y alarmante. Nos presenta tres características esenciales de estas organizaciones. Un partido político es una máquina de fabricar pasión colectiva. Un partido político es una organización construida de tal modo que ejerce una presión colectiva sobre el pensamiento de cada uno de los seres humanos que son sus miembros. La primera finalidad y, en última instancia, la única finalidad de todo partido político es su propio crecimiento, y eso sin límite.</p>
<p>Cuando Simone Weil escribió «Notas sobre la supresión general de los partidos políticos»<a href="#_ftn8" name="_ftnref8">[8]</a> quiso plantear una reflexión sobre un gran mal para las personas y las sociedades. Un gran mal que hoy deberíamos continuar pensando y buscando las maneras de resolver. Comportamientos habituales en algunos de nuestros partidos políticos entiendo que así lo evidencian.</p>
<p>Al final de este texto Weil escribe:</p>
<p style="padding-left: 40px;">Incluso en las escuelas, ya no se sabe estimular de otra manera el pensamiento de los niños si no es invitándoles a tomar partido a favor o en contra. Se les cita una frase de un gran autor y se les dice: “¿Estáis de acuerdo o no? Desarrollad vuestros argumentos”. En el examen, los desgraciados, puesto que tienen que haber terminado la disertación al cabo de tres horas, no pueden pasar más de cinco minutos preguntándose si están de acuerdo. Y sería tan sencillo decirles: “Meditad este texto y expresad las reflexiones que se os ocurran”.<a href="#_ftn9" name="_ftnref9"></a></p>
<p>«Notas sobre la supresión general de los partidos políticos» está dedicado a los partidos políticos, pero va mucho más allá. El problema del partidismo no es un problema sólo de los partidos políticos. Tiene que ver con la necesidad constante de posicionarse a favor o en contra, con el estar con nosotros o contra nosotros.</p>
<p>El relato es una palabra clave de la comunicación de los últimos años. Hay que construir un relato. Hay que explicar de manera clara, sencilla, nuestra posición. Lo que hacemos, lo que defendemos, lo que queremos, lo que criticamos. No debería ser nada negativo que haya preocupación por comunicar y hacerlo bien. Quizás el problema está en saber qué significa hacerlo bien.</p>
<p>¿Convencer? ¿Imponer? ¿Ofrecer informaciones y argumentos que puedan formar parte de un debate?</p>
<p>Hoy, desgraciadamente, parece que lo que se acostumbra a perseguir es que la gente piense lo dicho, lo que se quiere.</p>
<p>En los relatos que se construyen no es difícil encontrar la negación de quien se considera enemigo o contrario. Se busca negar su posición e imponer la propia. No se busca la verdad, de lo que se pueda alcanzar, o asumir que no hay una verdad y que necesitamos discutir las diferentes opciones posibles. Seguro que tenemos muchos ejemplos de relatos de estas características. Siempre es más fácil que identifiquemos estos relatos negativos cuando quienes los hacen no somos nosotros, pero es imprescindible ser conscientes de que también nuestras opciones, sean las que sean, pueden caer en estas prácticas.</p>
<blockquote><p><strong>El problema del partidismo no es un problema solo de los partidos políticos. Tiene que ver con la necesidad constante de posicionarse a favor o en contra, con el estar con nosotros o contra nosotros</strong></p></blockquote>
<p>Estar con una parte o con otra pasa por encima del pensar, se impone al pensar. En demasiadas ocasiones se confunde la parte con el todo. Lo hacen los partidos políticos, pero no solo. La diversidad y la pluralidad de nuestras sociedades representan una extraordinaria riqueza. Necesitamos tener presente que más allá de nuestra parte, de nuestra posición, hay ideas, propuestas y argumentos que pueden ser necesarios y deseables. Hablemos de lo que hablemos, discutamos de lo que discutamos. Necesitamos tomar partido contra el partidismo para poder pensar con la propia cabeza.</p>
<p><strong> </strong></p>
<h4><strong>Principio de generosidad</strong></h4>
<p>Vivimos un modo de hacer política, dentro y fuera de las instituciones, que tiene como uno de sus fundamentos el ataque. Un ataque con razones o sin ellas. Este problema no es propio de un único partido, podíamos decir que es un mal de los partidos políticos, de la manera de hacer partidista.</p>
<p>Habría que defender y promover lo que podemos llamar <em>principio de generosidad</em>, también hay quien habla de <em>principio de caridad</em>. En el ámbito de la filosofía, de la lógica, se presenta de diferentes maneras este principio. Por lo que aquí nos ocupa y nos preocupa podemos definirlo así: el principio de generosidad plantea que toda afirmación o acción debería ser interpretada desde el reconocimiento de la racionalidad de quien la hace y en caso de que nos genere dudas habría que resolverlas antes de responder, criticar o atacar.</p>
<p>El principio de generosidad tiene objetivos claros, busca contribuir a la convivencia, al diálogo, a la discusión, a la comprensión. No se trata de negar las diferencias, ni los conflictos. Esta generosidad busca que podamos debatir, confrontar si es necesario, nuestras diferencias desde el juego limpio. El juego sucio no aporta nada a una manera democrática de entender el conflicto. Hacer decir a la otra parte lo que no dice es juego sucio. Atribuir a la otra parte acciones que no ha hecho es juego sucio. Lo que nos separa, que nos diferencia, incluso que nos enfrenta, necesitamos poderlo tratar constructivamente.</p>
<p>Para poder hacer efectivo un principio de generosidad hay que tener claro que todas las formas de ganar no son válidas; que una sociedad se debilita cuando una mentira pasa por verdad, aunque ello convenga a nuestra opción; que una sociedad se fortalece cuando hacemos pasar la verdad de los hechos por delante de nuestros intereses partidistas. El principio de generosidad, para poder existir, necesita un reconocimiento de las otras opciones que no son nuestras, que no compartimos, que no aceptamos. Pero hay que tener claro que sin esta generosidad no habrá fortalecimiento de todo lo que contribuye a una sociedad de convivencia, democrática, diversa y plural.</p>
<p>Tal como se apuntaba más arriba, sin conflicto no puede haber convivencia. Podríamos hablar del <em>principio del conflicto</em>. No hay conflicto que contribuya a la convivencia si no incorpora el principio de generosidad. Nuestra sociedad estará más lejos de poder ser democrática si no consigue superar la cancelación, el odio, el partidismo y consolidar el reconocimiento de la verdad, de los conflictos y la generosidad.</p>
<p><strong>Jordi Mir</strong> es profesor del departamento de Humanidades de la Universitad Pompeu Fabra y en la de Ciencias Políticas y de Sociología de la Universidad Autónoma de Barcelona. Es miembro del Centre d’Estudis sobre Moviments Socials (UPF).</p>
<h4><strong> NOTAS</strong></h4>
<p><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Véase: <a href="https://www.letraslibres.com/espana-mexico/cultura/una-carta-sobre-la-justicia-y-el-debate-abierto" target="_blank" rel="noopener">https://www.letraslibres.com/espana-mexico/cultura/una-carta-sobre-la-justicia-y-el-debate-abierto</a>.</p>
<p><a href="#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a> Daniel Gascón, «<a href="https://elpais.com/opinion/2020-06-12/la-nueva-censura-es-la-vieja-censura.html" target="_blank" rel="noopener">La nueva censura es la vieja censura</a>», <em>El País</em>, 13 de junio de 2020.</p>
<p><a href="#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a> Véase: <a href="https://twitter.com/EnricJuliana/status/1271731975515246593" target="_blank" rel="noopener">https://twitter.com/EnricJuliana/status/1271731975515246593</a></p>
<p><a href="#_ftnref4" name="_ftn4">[4]</a> Ed Rampell, «<a href="https://vientosur.info/el-cineasta-habla-con-jacobin-de-su-vida-y-de-la-politica/" target="_blank" rel="noopener">Entrevista a Oliver Stone. El cineasta habla con Jacobin de su vida y de la política</a>», <em>Viento Sur</em>, 28 de septiembre de 2020.</p>
<p><a href="#_ftnref5" name="_ftn5">[5]</a> Redacción de La Vanguardia, «<a href="https://www.lavanguardia.com/politica/20191128/471929115639/quim-torra-pide-independentismo-paul-engler-polarizar-aceptar-sacrificios-cataluna.html" target="_blank" rel="noopener">Torra pide al independentismo escuchar a un autor que insta a “polarizar más” y a “aceptar sacrificios</a>”», <em>La Vanguardia</em>, 28 de noviembre de 2019.</p>
<p><a href="#_ftnref6" name="_ftn6">[6]</a> Amy Goodman, «Noam Chomsky: “<a href="https://ctxt.es/es/20200401/Politica/31960/noam-chomsky-trump-sanidad-pandemia-mentiras-sociopatas.htm" target="_blank" rel="noopener">Si no paras de decir mentiras, el concepto de verdad simplemente desaparece</a>”», <em>ctxt</em>, 19 de abril de 2020.</p>
<p><a href="#_ftnref7" name="_ftn7">[7]</a> Simone Weil, <em>Echar raíces</em>, Trotta, Madrid, 2014, p. 48.</p>
<p><a href="#_ftnref8" name="_ftn8">[8]</a> Publicado en <em>Escritos de Londres y últimas cartas</em>, Trotta, Madrid, 2000.</p>
<p><a href="#_ftnref9" name="_ftn9">[9]</a> Simone Weil, «Notas sobre la supresión general de los partidos políticos», en <em>Escritos de Londres y últimas cartas</em>, Trotta, Madrid, 2000, p. 116.</p>
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<p>Acceso al artículo en formato pdf:  <a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/necesidad-de-verdad-con%ef%ac%82icto-y-generosidad-mas-alla-de-la-critica-a-la-cancelacion/" target="_blank" rel="noopener"><em><strong>Necesidad de verdad, conflicto y generosidad. Más allá de la crítica a la cancelación</strong></em></a></p>
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]]></content:encoded>
					
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		<title>Espacio público digital y dinámicas polarizadoras  </title>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 18 Feb 2022 11:09:12 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Análisis]]></category>
		<category><![CDATA[´]]></category>
		<category><![CDATA[Discursos de odio]]></category>
		<category><![CDATA[Espacio Público]]></category>
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					<description><![CDATA[Determinadas dinámicas políticas y digitales polarizan el espacio público. En condiciones de creciente desigualdad social, dificultan o pervierten el debate democrático.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong><img decoding="async" class="alignright size-thumbnail wp-image-142031" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/02/Papeles-152-300x422.jpg" alt="" width="300" height="422" /></strong>El texto de Víctor Sampedro<em>, Espacio público digital y dinámicas polarizadoras<a href="#_ftn2" name="_ftnref2"><sup>[1]</sup></a></em>pertenece a la sección <strong>A FONDO</strong> del <a href="https://www.fuhem.es/papeles/papeles-numero-152/" target="_blank" rel="noopener">número 152</a> de nuestra revista <a href="https://www.fuhem.es/revista-papeles/" target="_blank" rel="noopener"><em>Papeles de Relaciones Internacionales y Cambio Global</em></a>, dedicado a la Polarización.<a href="#_ftn1" name="_ftnref1"></a></p>
<p>El artículo aborda cómo determinadas dinámicas políticas y digitales polarizan el espacio público. En condiciones de creciente desigualdad social, dificultan o pervierten el debate democrático. Este último favorece consensos inclusivos, de composición variable y respetuosos con las minorías.</p>
<blockquote><p><strong>La polarización, en cambio, faccionaliza el debate público y favorece que una mayoría ficticia lo monopolice, imponiendo una pseudorealidad que estigmatiza la discrepancia y la disidencia.</strong></p></blockquote>
<p>A continuación ofrecemos el texto completo al final del cual incluimos un enlace para la descarga en formato pdf.</p>
<p><em>Trump es un imb</em><em>é</em><em>cil, pero ha conseguido una cosa: que la mitad del país no soporte a los progres. Y solo por eso bien merece un respeto.</em></p>
<p><em> </em>[Sobre la reforma educativa&#8230;]<em> ahora les van cerrando la educación concertada… ¡Claro! Y os cerrarán las iglesias, y os las quemarán, y harán puticlubs en ellas. Payasos, si es lo que os merec</em><em>é</em><em>is. No creen en nada.</em></p>
<p><em>P. Usted se siente muy cómodo teniendo enemigos</em></p>
<p><em>R. No, lo que pasa es que si no tienes, eres un farsante.</em></p>
<p><em>P. Dicen de usted: «Es el Freddy Krugger del periodismo español porque convierte las pesadillas de sus víctimas en realidad».</em></p>
<p><em>R. Ojalá [sonríe]. Me encantaría. Te hacía una crisis de gobierno ya mismo.</em></p>
<p>Son palabras de Federico Jiménez Losantos, promocionando su último libro en <em>El Confidencial</em> (2-12-2020). Condensan el discurso arquetípico del destropopulismo: merece respeto quien polariza, en nombre de unas creencias firmes y un pasado de confrontación que se perpetúa fabricando “enemigos”. Estos corroboran la autenticidad y sinceridad de un personaje pesadillesco que, en última instancia, aspira a provocar una permanente crisis de gobierno.</p>
<p>Hacía ya tiempo (29/01/2012) que ese mismo diario me había permitido calificar con ironía a Losantos como «representante del <em>pensador</em> español [&#8230;] que encaja bien dentro de ese segmento de incorrección política que buscan los <em>militant media»</em>. Me refería a los nuevos medios que en EEUU acabarían, junto con Donald Trump, calificando a la prensa de referencia como <em>fake media. </em>Casi una década después, el diario digital de centro-derecha publicitaba al militante más señero de la (ultra)derecha patria y patriótica.</p>
<p>Esa es la victoria a la que aspiran los Todos los Santos destropopulistas, demonizadores de credos contrarios, herejes y fariseos que «no creen en nada». Más presentes y cohesionados que sus émulos de izquierda,<a href="#_ftn2" name="_ftnref2"><sup>[2]</sup></a> pretenden colonizar el espacio conservador y el centro ideológico, marcando la agenda pública y desterrando la posibilidad de establecer debates públicos razonables; es decir, asentados en evidencias contrastadas y argumentados con lógica. Como prerrequisito, los adversarios se transforman en enemigos a batir. Y quienes no se suman a la cruzada son considerados “payasos” o “farsantes”. El éxito se alcanza cuando el oponente adopta también una estrategia polarizante y retroalimenta la estrategia antagonista.</p>
<p>En la entrevista mencionada, Losantos alardeaba: «Estuve una tarde entera en la Moncloa con Iván Redondo y, menos hacer el amor, hicimos de todo». Estremece recordar que quien dirige la Oficina Nacional de Prospectiva y Estrategia de País a Largo Plazo —más propagandística que prospectiva— forjó su carrera de <em>spin doctor</em> convirtiendo al “popular” García Albiol en alcalde con el slogan de «vamos a limpiar Badalona». De inmigrantes, se supone. Alarma saber que Pablo Iglesias considera a Redondo «culto, rápido y sensible». Y aún más que el vicepresidente del Gobierno se lamente: «es una pena que casi siempre haya trabajado para nuestros adversarios».<a href="#_ftn3" name="_ftnref3"><sup>[3]</sup></a></p>
<p>La espiral polarizadora gira con ondas expansivas que amplían su alcance. Hiela la sangre leer que hoy –11 de diciembre de 2020–, cuando rescribo esto, han muerto calcinados al menos tres migrantes en una nave industrial que se incendió en Badalona. Había habido ya un precedente en 2019. Allí vivían desde hacía doce años entre 100 y 200 personas. El alcalde Albiol intentó eximirse y criminalizar a las víctimas: «Es evidente que se trata de una okupación […] es inaceptable tener vecinos con miedo y que la administración no pueda actuar porque la ley defiende a los okupas». La presencia policial casi fue equiparable a la del cuerpo de bomberos. Los servicios sociales acogieron a una ínfima parte de los afectados. La mayoría «se esfumó». Y la “okupación” siguió siendo un ariete antigubernamental en la agenda de bulos de la (ultra)derecha, cuando su incidencia real es ínfima.<a href="#_ftn4" name="_ftnref4"><sup>[4]</sup></a></p>
<blockquote><p><strong>La polarización faccionaliza el debate y permite que una falsa mayoría lo monopolice, dictando una pseudorealidad ficticia y estigmatizadora del disidente y el opositor</strong></p></blockquote>
<p>En las líneas que siguen abordaré las dinámicas de carácter político-ideológico, las mediático-digitales y las condiciones sociales que han polarizado la esfera pública, en ocasiones inhabilitándola como espacio de debate democrático. La democracia promueve consensos inclusivos entre diferentes sectores sociales que mudan y que respetan los derechos de las minorías. La polarización, en cambio, faccionaliza el debate y permite que una falsa mayoría lo monopolice, dictando una pseudorealidad ficticia y estigmatizadora del disidente y el opositor .</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4><strong>Polarización polí</strong><strong>tica</strong></h4>
<p>La polarización es un engendro concebido en la cama redonda donde se ayuntan liderazgos políticos e “intelectuales” fogosos. En excitación mutua, les mueven tres presupuestos y otros tantos referentes.</p>
<p>1. Según Carl Schmitt<a href="#_ftn5" name="_ftnref5"><sup>[5]</sup></a> –el teórico nazifascista, cobijado por el franquismo–  la política requiere construir un antagonista colectivo: “ellos” vs. “nosotros”.</p>
<p>2. Niklas Luhmann<a href="#_ftn6" name="_ftnref6"><sup>[6]</sup></a> –el sociólogo antagonista de Jünger Habermas—, añade que la eficacia de un sistema comunicativo reside en su capacidad para plantear disyuntivas que simplifiquen la realidad y la competición política. Un sistema mediático eficaz fija la atención pública en dos opciones. No cabe aspirar a elevar el conocimiento y la capacidad dialógica de la ciudadanía, que se presuponen mínimos o nulos. Más aún, se asume como inevitable que la deliberación mediática no guarda relación con la realidad. El valor político de un líder se cifra, como los precios del mercado, en la atención y la valoración pública que recaban.</p>
<p>. 3 Jeffrey Alexander<a href="#_ftn7" name="_ftnref7"><sup>[7]</sup></a> sostiene que la tarea política conlleva –y a veces se limita a– realizar <em>performances,</em> “postureos” y puestas en escena. Ninguna más cautivadora que la que recurre a la retórica y los símbolos antagonistas.</p>
<p>Estos presupuestos conducen a la bipolarización que divide el campo político en sendas trincheras. La dialéctica del fuego cruzado se justifica, de nuevo, por tres lógicas propias de un sistema político que fomenta –y se alimenta de– los extremismos. Los genera para disimular (1) el vaciamiento de los programas de gestión y gobierno de lo público, indistinguibles excepto en la retórica electoral. Se agotan en el momento de formularlos. Y, alcanzado el poder, desaparecen las diferencias antes exaltadas en una campaña permanente que abarca los 364/5 días del año y las 24 horas del día y de la noche.</p>
<p>En consecuencia, (2) la propaganda política se limita a expresar <em>quié</em><em>n no se es</em>, atacando y difamando al adversario. Se le pretende expulsar de la esfera de debate legítimo, negándole legitimidad para ejercer la función representativa si se trata de cargos electos. Y, si son “muertos de hambre”, privándoles de los derechos humanos más elementales. La aplicación más aberrante y reciente de esto último afecta a los refugiados y exiliados, etiquetados de (potenciales) terroristas&#8230; y okupas. Quienes les asisten son denigrados con la etiqueta de “buenistas” o criminalizados como “traficantes de seres humanos” y “mafias de la inmigración”.</p>
<blockquote><p><strong>Un sistema mediático eficaz fija la atención pública en dos opciones. No cabe aspirar a elevar el conocimiento y la capacidad dialógica de la ciudadanía</strong></p></blockquote>
<p>(3) Alcanzar el estadio anterior –que, como vimos, ya es nuestro presente–, requiere haber convertido la “bonhomía” en objeto de mofa o escarnio; y la solidaridad, en empresa lucrativa y delictiva. Los marcos discursivos de la política, el debate de la <em>polis</em>, se empobrecen, reduciéndose a su dimensión más rudimentaria: la condena moral y/o legal del disidente y del enemigo ficticio. Esta es la estrategia más eficaz y efectiva para apelar y recabar la atención del público; que está saturado por el bombardeo incesante de acusaciones cruzadas del <em>tú más</em> y acostumbrado al <em>todo vale.</em></p>
<p>En este <em>pandemonium</em>, la ciudadanía se sabe incapaz de juzgar la competencia gestora o la coherencia ideológica de quienes se postulan como sus representantes. Siendo imposible evaluar sus trayectorias previas o el ejercicio de sus funciones, resulta más simple y fácil enaltecerles o denigrarles. Participar como espectador que aplaude o abuchea, presupone obviar lo que se da por supuesto: el fingimiento y el maniqueísmo. Suspender el juicio racional es, entonces, un requisito para seguir el espectáculo político-mediático. Dictar sentencias morales y expresar adhesiones o repulsa emocional son las vías de disfrute. Algo que resulta adecuado en el deporte espectáculo, tiene consecuencias nefastas cuando se traslada al espacio público donde se fraguan las identidades sociales y el destino colectivo.</p>
<p>En realidad, la respuesta ciudadana más extendida tiende a ser el cinismo –<em>nada es real</em>, <em>todos son iguales</em>– o el nihilismo –<em>que se vayan todos y todo al infierno–</em>. En cualquier caso, lo que en un principio era desafección institucional debida en gran parte al negativismo mediático se transforma en indiferencia individualista y luego en manifiesta desafección democrática. Se expresa en la pérdida de credibilidad y la consecuente crisis de la representación política y de la mediación periodística. Ambas ocupaciones se conciben, no sin razón, como “castas” indistinguibles e intercambiables. Iván Redondo y tantos otros <em>spin doctors</em> traspasan diariamente las puertas giratorias transitando entre despachos oficiales, redacciones y agencias de mercadotecnia. Allí se diseñan las marcas políticas, equiparadas y equiparables a las de consumo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4><strong>Polarizació</strong><strong>n medi</strong><strong>ática y digital</strong></h4>
<p>Cuando no se ofrecen políticas alternativas o se tachan de inviables, cuando la disidencia y la diversidad se demonizan, los medios privilegian dos roles públicos: el victimismo y el matonismo. Son los polos más extremos de una relación humana: víctima y verdugo se sitúan tan alejados la una del otro, que resulta imposible que establezcan una comunicación entre ellos. Requeriría de un reconocimiento mutuo que el sistema político-informativo no promueve. Y no lo hace porque los miedos, las redes y las plataformas digitales anteponen rentabilidad y la eficacia económica.</p>
<p>La cuantificación del público en audiencias y la mercantilización de los mensajes mediáticos se remontan a tiempos de Randolf Hearst: el <em>Ciudadano Kane</em> de Orson Wells, revisitado en la reciente <em>Mank</em> de David Fincher. Un apresurado repaso histórico señala que la prensa sensacionalista del siglo XX nació en EEUU vinculada a la propaganda bélica que, en concreto, provocaría la guerra hispano-estadounidense de 1898. Hearst y Joseph Pullitzer –el mismo que da nombre al prestigioso galardón periodístico– enviaron corresponsales a Cuba que inventaron crónicas y bulos para justificar la intervención y la anexión estadounidenses de las colonias españolas. La supuesta prensa de prestigio, representada por los medios corporativos, remató el siglo XX avalando la invención de las armas de destrucción masiva que “motivaron” la invasión de Irak.</p>
<p>Ya en 1925, Edward McKernon había publicado <em>Fake news and the public</em>. Un libro que llevaba el significativo título de <em>Cómo la prensa combate el rumor, al mercader y al propagandista. </em>Tampoco el término<em> post-verdad</em> es una novedad de<em> Oxford Dictionaries </em>tras la victoria del Brexit y de Donald Trump, tal como se cita a menudo. Steve Tesich acuñó <em>post-truth</em> en 1992. Tras la primera guerra del Golfo escribió con sorna: «Nosotros, como pueblo libre, hemos decidido libremente que queremos vivir en un mundo de post-verdad». Se refería a que la ciudadanía, reducida a espectadora-consumidora, elegía la versión de la realidad que avalaba sus sesgos y prejuicios.</p>
<p>La capacidad de generar noticias a la carta y polarización aumenta con las tecnologías digitales, que amplían la emisión y difusión de mensajes antagonistas. Lo que no implica que esas posibilidades se democraticen. Los internautas se creyeron liberados del control de la agenda pública que hasta entonces gestionaban los periodistas, en intercambios simbióticos con las fuentes institucionales y de mayor poder. Pero el tiempo ha desvelado que la ciudadanía actúa bajo las mismas lógicas de mercantilización comunicativa que imperaban en los medios tradicionales y que los algoritmos llevan al extremo incorporando la inteligencia artificial.</p>
<blockquote><p><strong>La capacidad de generar noticias a la carta y polarización aumenta con las tecnologías digitales, que amplían la emisión y difusión de mensajes antagonistas</strong></p></blockquote>
<p>El mito de la “desintermediación digital”, una comunicación autónoma y soberana, sin intermediarios profesionales, es desmentido por el proceso de <em>datificación</em>. Representa el intento de reducir todos los planos de la  realidad –la individual y la colectiva, la física y la psíquica– a datos. Culmina, por el momento, la racionalización burocrática de la  esfera pública que arrancó en la  Modernidad.<a href="#_ftn8" name="_ftnref8"><sup>[8]</sup></a> Permite el registro masivo y tiempo real de los macrodatos de todas nuestras comunicaciones e interacciones digitales. Y hace posible analizarlos de forma automatizada con inteligencia artificial. De modo, que los algoritmos “aprenden” y aumentan de eficacia cuantos más datos procesen, actúan como los nuevos <em>gatekeepers</em>, los porteros que dan acceso a la esfera pública. Y, lejos de rebajarlos, exacerban los sesgos que contribuyen a una desigualdad acumulativa en el plano comunicativo.</p>
<p>La economía política de la industria de datos exige un <em>engagement</em> constante de los usuarios con los dispositivos y los flujos digitales. El <em>empantallamiento</em> continuo y la interacción incesante en las redes y plataformas genera más macrodatos. Y esto requiere viralizar con algoritmos los mensajes más extremos y polarizados. Se testan para incrementar su eficacia. Y se adaptan al perfil del internauta con un elevado nivel de segmentación y personalización.</p>
<p>El usuario digital fue bautizado entre loas como <em>prosumidor. </em>Pero no ha adquirido mayor autonomía ni soberanía comunicativas que el consumidor de medios tradicionales. En todo caso y ese plano, ha salido perdiendo. Participa de modo subordinado en todas las fases de producción de contenidos y flujos comunicativos: desde los estudios de mercado a la elaboración y la promoción del mensaje. Su autonomía dependerá de factores que no podemos abordar aquí. Apenas cabe apuntar que su libre albedrío peligra, si opera de modo compulsivo, intentando capitalizar y rentabilizar su marca digital en plataformas centralizadas, de código cerrado y privativo.<a href="#_ftn9" name="_ftnref9"><sup>[9]</sup></a></p>
<p>De ahí, el fenómeno de las “cámaras de eco” donde se fraguan unas supuestas “comunidades digitales”. En realidad son “granjas de datos”, que generan mensajes –y macrodatos– para el auto-consumo cada vez más extremos.<a href="#_ftn10" name="_ftnref10"><sup>[10]</sup></a> Exacerbados los contenidos emocionales, el paso de las conexiones digitales a las afectivas desemboca con frecuencia en discursos del odio, basados en conexiones coactivas, represivas o incluso eugenésicas.</p>
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<h4><strong>Condiciones sociales de la (falsa) polarización</strong></h4>
<p>La polarización de las condiciones socioeconómicas abona las dinámicas comunicativas antes apuntadas. «En una sociedad que es injusta, debido a desigualdades injustas entre personas, las formas de racionalizar privilegios inmerecidos se osifican en esquemas rígidos y creencias inmutables. Estas creencias son barreras para la racionalidad del pensamiento y la empatía que explota la propaganda».<a href="#_ftn11" name="_ftnref11"><sup>[11]</sup></a></p>
<p>La <em>pseudoinformación</em> –la desinformación de las mal llamadas <em>fake news</em><em>–</em> encubre su intención propagandística en el formato de noticias. Así incrementan el impacto persuasivo, porque se les presupone una veracidad de la que carecen. Construida, según el lenguaje trumpiano con “hipérboles verdaderas”, exageraciones no acordes con la realidad, pero con un anclaje real, aunque sea mínimo, y con “hechos alternativos” que no son ciertos, pero que podrían llegar a serlo, la pseudoinformación es el formato comunicativo hegemónico en la pseudocracia: el régimen donde gobierna quien mejor miente, convirtiéndonos en propagandistas de la demagogia que socava la democracia.<a href="#_ftn12" name="_ftnref12"><sup>[12]</sup></a></p>
<blockquote><p><strong>Construida con “hipérboles verdaderas”, exageraciones y “hechos alternativos”, la pseudoinformación es el formato comunicativo hegemónico en la pseudocracia</strong></p></blockquote>
<p>«La propaganda es parte característica del mecanismo por el cual las personas son engañadas sobre la mejor manera de lograr sus objetivos y, por lo tanto, engañados para ver lo que es mejor para sus propios intereses».<a href="#_ftn13" name="_ftnref13"><sup>[13]</sup></a> Y la propaganda mina la democracia invocando ideales democráticos pero con el fin de subvertirlos. Su preeminencia, como señala Jason Stanley, obedece a que «en una sociedad de gestión [y añadimos, algorítmica del espacio público], el mayor bien es la eficiencia. En una sociedad democrática, en cambio, el mayor bien es la libertad o la autonomía».<a href="#_ftn14" name="_ftnref14"><sup>[14]</sup></a></p>
<p>De modo que la pseudoinformación, presentada como una contribución al discurso público que encarna un digno ideal político, económico o racional, en realidad, está al servicio de una meta que socava ese ideal. Y los grupos menos privilegiados acaban suscribiendo o incluso asumiendo como propias ideologías dominantes que defienden los intereses de las élites. Aplicado a Donald Trump. «Mi dinero y mi ego primero» es el auténtico sentido del <em>America First</em>.</p>
<p>Pero cuidado con polarizar las responsabilidades y eximirnos de ellas. Recordemos que la polarización necesita retroalimentarse. Los discursos de la heteronormatividad o la racialización que las elites blancas progresistas esgrimen en EEUU, y las de aquí copiamos, también funcionan como símbolo de estatus y superioridad. Según el politólogo Michael Lind, «[l]a cada vez más poderosa e intolerante clase identitaria nacional justifica su iconoclastia cultural en nombre de las minorías oprimidas [&#8230;] Pero esta es solo una excusa para un programa jerárquico de imperialismo cultural por parte de gestores mayoritariamente blancos y acaudalados, licenciados, profesionales y rentistas».<a href="#_ftn15" name="_ftnref15"><sup>[15]</sup></a></p>
<p>Un estudio reciente, de octubre de 2020, sobre la polarización en España<a href="#_ftn16" name="_ftnref16"><sup>[16]</sup></a> señala que la ideología y las identidades más presentes en el espacio público funcionan como pantallas para evitar ocuparnos de los asuntos socioeconómicos. Y se confirma que las identidades que proyectan los medios y por las que percibimos el mundo, nos separan más que las políticas públicas concretas.<a href="#_ftn17" name="_ftnref17"><sup>[17]</sup></a> Cuando hablamos de medidas políticas, manifestamos un consenso que no encuentra portavoces, tiempos ni espacios en las instituciones ni en los medios; de modo que podemos responsabilizarlos de la creciente incomunicación antipolítica.<a href="#_ftn18" name="_ftnref18"><sup>[18]</sup></a></p>
<p>Hace años que crece la polarización afectiva e ideológica. Los partidos políticos españoles cada vez se alejan más en sus posiciones ideológicas y territoriales. De modo que los sentimientos de los votantes de un partido hacia el resto se encuentran entre los más negativos del mundo. Nos referimos a cómo valoramos a los miembros de otros grupos, por ejemplo, los votantes o simpatizantes de ciertos partidos, y a nuestras actitudes hacia ellos por el mero hecho de su pertenencia a un grupo ideológicamente similar o distinto al nuestro.</p>
<p>Según el estudio antes citado, en España la polarización ideológica y territorial duplica o triplica la polarización sobre los impuestos y la inmigración. Multiplica por seis veces la polarización en torno a la sanidad pública y por quince la inexistente polarización sobre los servicios públicos. En la misma línea, sorprende constatar que, respecto a las medidas para frenar los contagios del coronavirus, las preferencias respecto a las políticas más efectivas para combatir la pandemia no difieren entre distintos grupos ideológicos.</p>
<p>Queda claro, pues, que para mejorar el debate público deberiamos hablar de políticas concretas, precisamente aquello que los partidos políticos no pueden rentabilizar en votos, ni los medios en clicks  por ser objeto de consenso. De ahí que proliferen las trampas de la identidad y las trampa de clicks –<em>click baits</em><em>–</em>. Son cepos eficaces en la economía de la atención que da lugar a la pseudocracia.</p>
<p>Un último apunte de actualidad “ilumina” las tesis aquí expuestas. Las luces navideñas de 2020 en Madrid siguieron el patrón del escándalo polarizador preprogramado. Mientras las zonas del sur de la ciudad protestaban contra los cortes de energía eléctrica que sufrían las barriadas más desfavorecidas, el Ayuntamiento invirtió, en plena pandemia, 3,17 millones de euros, superando la partida del año anterior. Entre tamaño despliegue lumínico destacaron las bandas con los colores de la bandera española. Con una longitud de entre 350 y 480 metros cuadrados, se emplazaron en varios tramos de la ciudad. Otra de 760 metros de longitud recorrió la distancia entre las plazas de Neptuno y Colón. En resumen: la bandera, usada una vez más como tapadera, esta vez de la pobreza energética. Y que esgrimida como adorno navideño –“normalizado”, según el Consistorio – pretendía polarizar a la oposición como “antiespañola”.</p>
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<p><strong>Víctor Sampedro Blanco</strong>. Catedrático de Comunicación política. <a href="http://www.victorsampedro.com" target="_blank" rel="noopener">www.victorsampedro.com</a></p>
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<h4>NOTAS:</h4>
<p><a href="#_ftnref1" name="_ftn1"><strong><sup>[1]</sup></strong></a> Este trabajo se inscribe dentro del Proyecto PGC2018-095123-B-I00, del Plan Nacional I+D.</p>
<p><a href="#_ftnref2" name="_ftn2"></a><a href="#_ftnref2"> <sup>[2]</sup></a> Yohai Benkler y otros, <em>Partisanship, Propaganda, &amp; Disinformation, </em>Harvard University, 2016, disponible en:<em>  </em><a href="https://dash.harvard.edu/bitstream/handle/1/33759251/2017-08_electionReport_0.pdf?sequence=9" target="_blank" rel="noopener">https://dash.harvard.edu/bitstream/handle/1/33759251/2017-08_electionReport_0.pdf?sequence=9 </a></p>
<p><a href="#_ftnref3" name="_ftn3"></a><a href="#_ftnref3"> <sup>[3]</sup></a> Manuel Jabois, «Iván Redondo sale a que le dé la luz», <em>El País,</em> 17 de octubre de 2018, disponible en: <a href="https://elpais.com/politica/2018/10/16/actualidad/1539688589_105637.html" target="_blank" rel="noopener">https://elpais.com/politica/2018/10/16/actualidad/1539688589_105637.html</a>.  Ver también <em>Otra Vuelta de Tuerka,</em> Pablo Iglesias con Iván Redondo, disponible en: <a href="https://www.youtube.com/watch?v=qIv20bm21to" target="_blank" rel="noopener">https://www.youtube.com/watch?v=qIv20bm21to</a></p>
<p><a href="#_ftnref4" name="_ftn4"><sup>[4]</sup></a> Martín Cúneo, «El fantasma de la okupación, agítese antes de usar», <em>El salto</em>, 28 de agosto de 2020, disponible en: <a href="https://www.elsaltodiario.com/especulacion-urbanistica/vivienda-desahucio-pah-mentiras-bulos-fantasma-okupacion-agitese-antes-usar" target="_blank" rel="noopener">https://www.elsaltodiario.com/especulacion-urbanistica/vivienda-desahucio-pah-mentiras-bulos-fantasma-okupacion-agitese-antes-usar</a></p>
<p><a href="#_ftnref5" name="_ftn5"><sup>[5]</sup></a> Carl Schmitt, <em>El concepto de lo político,</em> Alianza, Madrid, 1991.</p>
<p><a href="#_ftnref6" name="_ftn6"><sup>[6]</sup></a> Niklas Luhmann, <em>La realidad de los medios de masas</em>, Anthropos, Barcelona, 1991.</p>
<p><a href="#_ftnref7" name="_ftn7"><sup>[7]</sup></a> Jeffrey Alexander y otros, <em>Social Performance: Symbolic Action, Cultural Pragmatics, and Ritual</em>, Cambridge University Press, Cambridge, 2006. Ver la excelente síntesis de Schmitt, Luhmann y Alexander que ofrece la tesis doctoral de Jaime Andrés Wilches Tinjacá, <em>Del narcotraficante ilegal al narcopopulismo legitimado, </em>Universitat Pompeu Fabra, Barcelona, 2020.</p>
<p><a href="#_ftnref8" name="_ftn8">[8]</a> Víctor Sampedro, <em>Comunicación y sociedad: opinión pública y poder</em>, UOC, Barcelona, 2021.</p>
<p><a href="#_ftnref9" name="_ftn9">[9]</a> Víctor Sampedro, <em>Dietética digital para adelgazar al Gran Hermano, </em>Icaria<em>, </em>Barcelona, 2018; en concreto «Códigos, protocolos y redes para la libertad», disponible en: <a href="https://dieteticadigital.net/codigos-protocolos-y-redes-para-la-libertad/" target="_blank" rel="noopener">https://dieteticadigital.net/codigos-protocolos-y-redes-para-la-libertad/</a></p>
<p><a href="#_ftnref10" name="_ftn10">[10]</a> Víctor Sampedro, <em>op. cit</em>., 2018; en concreto: «Un mundo feliz: del Big Brother al Big Data», disponible en: <a href="https://dieteticadigital.net/un-mundo-feliz-del-big-brother-al-big-data/" target="_blank" rel="noopener">https://dieteticadigital.net/un-mundo-feliz-del-big-brother-al-big-data/</a></p>
<p><a href="#_ftnref11" name="_ftn11">[11]</a> Jason Stanley, <em>How Propaganda Works,</em> Princeton Univ. Press, 2015, p.26.</p>
<p><a href="#_ftnref12" name="_ftn12">[12]</a> Víctor Sampedro, <em>op. cit.</em>, 2018; en concreto «Pseudocracia», disponible en: <a href="https://dieteticadigital.net/pseudocracia/" target="_blank" rel="noopener">https://dieteticadigital.net/pseudocracia/</a></p>
<p><a href="#_ftnref13" name="_ftn13">[13]</a> Jason Stanley, <em>op. cit.</em>, p. 34.</p>
<p><a href="#_ftnref14" name="_ftn14">[14]</a> <em>Ibídem,</em> p. 46.</p>
<p><a href="#_ftnref15" name="_ftn15">[15]</a> Michael Lind, «The Revenge of the Yankees», <em>Tablet,</em> 16 de noviembre de 2020, disponible en: <a href="https://www.tabletmag.com/sections/news/articles/revenge-of-the-yankees" target="_blank" rel="noopener">https://www.tabletmag.com/sections/news/articles/revenge-of-the-yankees</a></p>
<p><a href="#_ftnref16" name="_ftn16">[16]</a> Luis Miller, <em>Polarización en España: más divididos por ideología e identidad que por políticas públicas, </em>15 Octubre 2020, disponible en: <a href="https://dobetter.esade.edu/es/polarizacion-espana?_wrapper_format=html" target="_blank" rel="noopener">https://dobetter.esade.edu/es/polarizacion-espana?_wrapper_format=html</a></p>
<p><a href="#_ftnref17" name="_ftn17">[17]</a> Víctor Sampedro, <em>La pantalla de las identidades: Medios de comunicación, política y mercados de identidad,</em> Icaria, Barcelona, 2003, disponible en: <a href="https://victorsampedro.com/libros/la-pantalla-de-las-identidades" target="_blank" rel="noopener">https://victorsampedro.com/libros/la-pantalla-de-las-identidades</a></p>
<p><a href="#_ftnref18" name="_ftn18">[18]</a> Víctor Sampedro, «Trump y la incomunicación anti-política», <em>Público</em>, 11 de noviembre de 2020, disponible en <a href="https://blogs.publico.es/dominiopublico/35192/trump-y-la-incomunicacion-anti-politica/" target="_blank" rel="noopener">https://blogs.publico.es/dominiopublico/35192/trump-y-la-incomunicacion-anti-politica/</a></p>
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<p>Acceso al texto completo del artículo en formato pdf: <a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/espacio-publico-digital-y-dinamicas-polarizadoras/" target="_blank" rel="noopener"><em>Espacio público digital y dinámicas polarizadoras </em></a></p>
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		<title>Entrevista a Guillermo Fernández Vázquez</title>
		<link>https://www.fuhem.es/2021/09/09/entrevista-a-guillermo-fernandez-vazquez/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 09 Sep 2021 08:50:57 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Entrevistas]]></category>
		<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<category><![CDATA[Extrema Derecha]]></category>
		<category><![CDATA[Polarización Política]]></category>
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					<description><![CDATA[Diego Escribano entrevista a Guillermo Fernández Vázquez, investigador en la UCM,  a propósito de su libro Qué hacer con la extrema derecha en Europa. ]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><img decoding="async" class="alignright wp-image-137206 size-medium" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/01/Papeles152-450x633.jpg" alt="" width="450" height="633" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/01/Papeles152-450x633.jpg 450w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/01/Papeles152-300x422.jpg 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/01/Papeles152-350x492.jpg 350w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/01/Papeles152-64x90.jpg 64w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/01/Papeles152.jpg 600w" sizes="(max-width: 450px) 100vw, 450px" />La Entrevista a <strong>Guillermo Fernández Vázquez</strong> a propósito de su libro <em>Qué hacer con la extrema derecha en Europa, realizada por Diego Escribano,  </em>pertenece a la sección <strong>A FONDO</strong> del <a href="https://www.fuhem.es/2021/02/01/papeles-152-polarizacion/" target="_blank" rel="noopener">número 152</a> de<a href="https://www.fuhem.es/revista-papeles/" target="_blank" rel="noopener"><em> Papeles de Relaciones Ecosociales Y Cambio Global</em></a></p>
<p><em>Guillermo Fernández Vázquez es investigador en la Universidad Complutense de Madrid, especializado en el estudio de las derechas radicales europeas. Ha dedicado buena parte de sus trabajos al estudio de la retórica política del Front National francés, de Vox en España y de la Lega Norte italiana. Además, ha profundizado en la cuestión de la definición del populismo y de las diferencias entre “populismo de izquierdas” y “populismo de derechas”.</em></p>
<p><strong>Diego Escribano (DE): En el libro señalas que la manera en que una parte de la izquierda se acerca a las derechas radicales es la sobreactuación, desde los mensajes sensacionalistas.  Señalas casos concretos: Mélenchon en las elecciones presidenciales francesas o, en el contexto español, Pablo Iglesias hablando de “alerta antifascista”.  ¿A quién crees que tienen como destinatarios mensajes de ese tipo? ¿Cuándo hablas de “alerta antifascista” estás eligiendo hablar solo a aquellos que ya están en tu campo político?</strong></p>
<p><strong>Guillermo Fernández (GF): </strong>Sí, ese mensaje de Pablo Iglesias fue un error. Ejemplifica esa reacción primaria de la izquierda ante el fenómeno: asustarse y lanzar grandes proclamas, más voluntaristas que otra cosa. Lo mismo sucedió cuando apareció Mélenchon en la noche electoral de las elecciones europeas de 2014 con mensajes voluntaristas.</p>
<p>El problema no es solo que esos mensajes no aporten demasiado políticamente sino que resultan contraproducentes: los partidos de derecha radical, como el Frente Nacional o Vox, al escuchar esos mensajes, se alegran. Están deseando que les llamen fascistas, les viene bien.</p>
<p><strong>DE:</strong> <strong>¿Crees que la pandemia ha contribuido a que la izquierda consolide la demonización como parte de su zona de confort?</strong></p>
<p><strong>GF: </strong>  Hay varios problemas: por un lado, creo que la tendencia a la moralización, a tomar una perspectiva moral sobre este fenómeno político está muy presente. Particularmente, aunque no solo, en las izquierdas. En general en el <em>establishment.</em></p>
<p>En ese tipo de enfoque se introducen metáforas de índole bíblico (“el monstruo de la extrema derecha”, “el diablo de la extrema derecha”) o médicas (“la epidemia ultra”, “el virus fascista”).  Son enfoques que buscan el sensacionalismo y ese sensacionalismo tiene un público.</p>
<p>Hay otra derivada de esto que es no tanto abordarlo desde el punto de vista moral, escandalizándose por lo malos que son sino entrar a abordar lo diligentes que son. Desde determinadas perspectivas, a veces vinculadas a la izquierda, se tiende a sobrevalorar la capacidad política y la capacidad de análisis de estos partidos. Se acaba generando una mitología de “genios del mal” ante los que solo cabría decir que son perversos, malos y astutos.</p>
<p>Creo que el fenómeno de la derecha radical, la derecha identitaria, hay que tomárselo en serio sin moralizarlo ni amplificar la capacidad política de sus dirigentes. Su éxito no se basa en que sean “genios del mal” o gente muy lista sino en politizar algunas cuestiones en el contexto actual.</p>
<p>De hecho, cuando hablo con gente de Vox reconocen que el fenómeno Vox trasciende el partido. Existe, a pesar de sus torpezas, una posibilidad de levantar una alternativa política identitaria en un contexto internacional favorable que implica producción política e intelectual, experimentación comunicativa y probablemente mayores fuentes de financiación.</p>
<p><strong>(DE): En el libro se hace mención a la disputa entre el proyecto del Frente Nacional de Marine Le Pen, que busca alejarse de la demonización y la “vuelta a los orígenes” que representaría el proyecto simbolizado por Marion Maréchal Le Pen. La posición del segundo sector parece derivarse de la creencia de que, en tanto el contexto actual tiende a la polarización, ya no sería tan útil tratar de resignificar conceptos importantes para la izquierda sino reconectar con los temas tradicionales del campo político propio.   ¿Crees que en la estrategia de la izquierda pueda estar detrás ese mismo análisis? </strong></p>
<p><strong>GF</strong>: Efectivamente, la estrategia de Marion Maréchal Le Pen respondería a la idea de que es inútil tratar de lograr una mayoría replicando la lógica política de 2005, cuando se produce en Francia el rechazo al Tratado de Constitución Europea. Cree que es inútil, incluso en un contexto de austeridad y crisis económica, buscar una mayoría transversal que agrupe a una parte de la izquierda y la derecha con un mensaje soberanista, un mensaje social y algunas gotas de identitarismo.</p>
<p>¿Por qué cree Marion que es inútil? Porque ese mensaje no consigue convencer a las suficientes personas de izquierdas y, al mismo tiempo, aleja a personas de derechas que podrían votarles. Defiende que el eje izquierda-derecha no se puede superar y que la única opción que tienen, por tanto, es ser la fuerza hegemónica en la derecha.</p>
<p>Su estrategia central es liderar la lucha política y cultural para, de un modo muy gramsciano, liderar primero culturalmente y después políticamente. Con la meta de que, a medio plazo, el partido central de la derecha sea el Frente Nacional. Habla constantemente de la unión de las derechas, para superar a Macron. Quiere ir más allá del Frente Nacional, liderando una plataforma unitaria de la derecha. Algo así como constituirse en el “gran otro” frente a la “izquierda progre”. El asunto es que la estrategia de Marion es la que tiene más futuro en Europa.</p>
<p><strong>DE: Una de las cuestiones que más me llamó la atención en el libro, es la estrategia de acercamiento al mundo del trabajo del Frente Nacional. Primero mediante el intento, frenado por reveses judiciales, de desarrollar una organización sindical propia. Posteriormente, mediante el entrismo en grandes organizaciones sindicales. ¿Crees que la idea de Vox de crear un sindicato parte del análisis de lo que se hizo en Francia?</strong></p>
<p><strong>GF</strong>: Aunque no es el único lugar donde las derechas radicales lo hicieran, la influencia de las derechas radicales francesas en España es alta. Lo ha sido desde los años setenta. Ahora, además eso está fomentado por las buenas relaciones entre Marion Maréchal Le Pen y dirigentes de Vox.</p>
<p>La estrategia de Vox me recuerda no tanto al entrismo del Frente Nacional en los sindicatos tradicionales (particularmente al sindicato CGT, al que llegó a poner en dificultades al expulsar a delegados sindicales apreciados por sus compañeros) en la etapa de Marine Le Pen y Florian Philippot, sino más bien a la estrategia de los años noventa de crear sindicatos propios.</p>
<p>En el caso del Frente Nacional era una estrategia para tratar de afianzar voto popular creando sindicatos. Es verdad, sin embargo, que el voto popular que tenían en los años noventa era mayor que el que tiene Vox ahora. En el caso del Frente Nacional era más para afianzar ese voto, en el caso de Vox para explorar.</p>
<p>La otra similitud que veo entre el Frente Nacional de los noventa y Vox es que en ambos la retórica anticomunista es muy presente, cosa que en Marine Le Pen no está nada presente. Con un perfil tan rígido no logran expandirse: es ilógico tratar de expandirse usando palabras que son importantes en la biografía de muchas de las personas a las que quieres dirigirte, o en la biografía de sus padres.</p>
<p><strong>DE: ¿Crees que el anuncio de creación de un sindicato por parte de Vox puede tratarse de un giro social en el discurso que les lleve más adelante a algo similar a lo que hizo Marine Le Pen cuando asoció el modelo social francés, el mismo Estado del bienestar, con la identidad francesa? </strong></p>
<p><strong>GF</strong>: Tengo la certeza de que Vox está pretendiendo acercarse a ello, está tratando de hacer un cierto giro social. Eso no implica que vayan a hacer lo mismo que Marine Le Pen. Ellos están moviendo un poco el barco. Haber elegido a Buxadé como portavoz (Buxadé fue falangista), y no a alguien del sector más “neocon” o “neoliberal” como por ejemplo Iván Espinosa de los Monteros es significativo.</p>
<p>Vox ha conseguido que ese giro social se empiece a poner en marcha porque ha convencido al ala más neoliberal de que, en el contexto de pandemia, la única opción de que la izquierda pierda es que pasen dos cosas: la primera, fundamental, que la izquierda no se movilice; y la segunda que la derecha esté muy movilizada. Vox entiende que si la izquierda va a votar, no ganará nunca. Al mismo tiempo, es importante que la derecha esté muy movilizada. Aquí hay una cierta división del trabajo: por un lado, movilizar a parte del electorado de derechas que podría quedarse en la abstención. Por otro lado, desafiliar de la izquierda a personas que se sienten incómodas con el feminismo o con el ecologismo.</p>
<p>En comparación con el Frente Nacional, es un giro social mucho más débil, mucho más atenuado. Con algo que además le hace mucho más débil: el imaginario anticomunista. El hecho, por ejemplo, de que el sindicato se llame Solidaridad inspirándose en Polonia, o también que miembros de Vox visiten y etiqueten como “colas del hambre” determinados fenómenos que se están produciendo, forzando un paralelismo con Venezuela. Creo que a Vox le pesan demasiado algunas cadenas del pasado, entre ellas el fuerte imaginario anticomunista: la idea de un gobierno social-comunista que provoca el hambre entre los compatriotas. Se trata de una retórica anticomunista que el FN o el MSI tenían en los años setenta u ochenta, pero que dudo que ahora tenga la eficacia de antaño. En primer lugar, porque ya no hay guerra fría.</p>
<p>Sin embargo, vimos que durante la pandemia Vox exacerbó ese discurso anti-comunista. La idea de que España estaba en una deriva totalitaria. Al inicio, en marzo, el marco discursivo que utilizaba Vox era el de seguridad, el de protección. Las críticas al Gobierno eran porque no había suficientes mascarillas. Ese marco discursivo funcionaba bien para el votante de Vox, y no solo para él. Ahora bien, cuando a partir del mes de abril Vox empieza a apoyar manifestaciones por la libertad y contra el totalitarismo a mi juicio se equivoca: no ve que una parte importante de sus votantes tienen mucho más miedo al virus que a una supuesta “deriva totalitaria” en España.  Quizás eso no se ve tanto en Madrid, pero sí en otras regiones en las que se votó mucho a Vox, como las dos Castillas. Los votantes de Vox estaban pidiendo mayores medidas coercitivas y no un mensaje de libertad.</p>
<p><strong>DE: Con ese mensaje basado en imaginario anticomunista, parecería que Vox se asemeja más a los momentos iniciales del FN en Francia y que no han encontrado nada que pueda permitirles el crecimiento que permitió al Frente Nacional la oposición a la Constitución Europea en 2005. ¿Crees que es así? ¿Su crecimiento está limitado al no haber encontrado ninguna causa que les permita romper el eje izquierda-derecha de la manera como lo hizo esa consulta en Francia?</strong></p>
<p><strong>GF</strong>: Aunque no lo parezca, Vox es un partido anterior a Podemos. El partido de Abascal pega el petardazo tras el otoño de 2017 en Cataluña. Vox se sube a una ola que es bastante transversal o, al menos, mucho más transversal de lo que cualquier fuerza política de la derecha radical hubiera soñado en España. Como consecuencia de la “herida identitaria” producida en muchos españoles y sin que ningún partido llamara a ello, se produjo la llamada “revolución de los balcones”. Aparecieron en balcones de decenas de ciudades españolas banderas rojigualdas. Si algo así pudo ocurrir fue por una mezcla de indignación y miedo que hizo que mucha gente estuviera dispuesta a significarse políticamente ante sus vecinos. Indignación contra los dirigentes independentistas y miedo real a que España se desmembrara efectivamente, o que se produjera un conflicto civil.</p>
<p>Esa reacción espontánea y el poso que deja permite a Vox tener un suelo en el que apoyar su discurso meses después. Su mensaje principal consistió en ofrecer a aquellos que se habían sentido agredidos en sus sentimientos nacionales, una dosis compensatoria de sentimiento nacional. O, mejor, una sobredosis. Con un añadido que recuerda a la psicología positiva: le dijo a los españoles: “recordad que somos grandes, que somos una gran nación porque hicimos cosas heroicas en el pasado”.</p>
<p>No es comparable con el 2005 de Francia, pero sí fue un fenómeno transversal que prácticamente permitió a Vox salir de la nada.</p>
<p><strong>DE: Decías antes que Vox insulta a muchas personas y que ese feroz anticomunismo está muy lejos de la situación en Francia, donde Marine Le Pen se ha podido pasear por Marsella y apelar al viejo votante de la izquierda. </strong></p>
<p><strong>Esa situación conecta con una propuesta que está presente en muchos pasajes de tu libro: la necesidad de pelear desde la izquierda por conceptos de los que se ha venido apropiando la derecha. ¿Crees que la dificultad en la izquierda española para utilizar el concepto de España, para apropiarse de él, ha podido provocar que una parte de sus potenciales votantes se sintieran insultados? </strong></p>
<p><strong>GF</strong>: Creo que la izquierda española no ha digerido lo que supusieron los años noventa en lo que concierne a la visión de los nacionalismos periféricos. Creo que en los años noventa hay un importante corrimiento del sentido común hacia la derecha, que la inmensa mayoría de la izquierda parlamentaria asume. Eso incluye la demonización de los nacionalismos periféricos, especialmente del vasco. En ese cambio de sentido común, “el gran otro” sobre el que se construye el “nosotros, los demócratas” es ETA. Y no cualquier ETA: la ETA que mata concejales.</p>
<p>Ese cambio, en el que se convierte casi de sentido común la idea de que se ha ido demasiado lejos y que es necesaria la recentralización de ciertas competencias, crea las condiciones para que surja UPyD. Sus votantes son en su mayoría exvotantes socialistas descontentos con Zapatero por su política territorial y su “connivencia” con los nacionalismos periféricos. La tensión en Cataluña ha mantenido vivo ese tema.</p>
<p>Pelear por significantes como patria, la bandera, puede ser hoy aún más interesante para la izquierda. Sin que eso implique renunciar a nada. Disputar esos términos para poder decir “somos españoles” sin que eso tenga necesariamente que conllevar la construcción de un “otro” encarnado en los nacionalistas. Es decir, poder reivindicar el “ser español” confrontando con otra cosa. La cuestión es la pregunta: ser español con respecto a qué. Enseñar la bandera con respecto a qué.</p>
<p>Otra cuestión clave es la cuestión de la familia. No entiendo por qué la izquierda no puede reivindicar la familia o un concepto amplio de las familias. Pondría a la derecha en una posición incómoda. No tiene sentido que la izquierda se pase la vida criticando la maternidad o no hablando de ello y dejándole el tema a la derecha, cuando existe un malestar privado en muchas personas que llegan a una determinada edad y tienen dificultades para tener hijos, o tienen que pagar grandes cantidades de dinero en tratamientos de fertilidad y en psicólogos. Vox está sabiendo politizar eso. Y no solo Vox: la derecha en general con algunos artículos aparentemente poco políticos, como por ejemplo uno titulado <em>Whiskas, satisfyer y lexatin</em>. La izquierda deja sin asidero intelectual a personas con esa clase de conflictos, que se ven obligadas a un cierto tipo de “disonancia cognitiva”. Así que eso les deja más expuestas a mensajes que sacan a la luz esos sufrimientos, pero desde una perspectiva conservadora.</p>
<p><strong>DE: Hay otros dos conceptos que mencionas en el libro, como susceptibles de disputa por la resignificación: meritocracia y seguridad. ¿Aún es posible recuperarlos?</strong></p>
<p><strong>GF: </strong>La meritocracia fue reivindicada por Podemos en sus inicios. En 2014 y 2015 trataron de reivindicar la meritocracia para utilizarla en contra de sus principales valedores entonces: el PP, fundamentalmente.</p>
<p>En el caso de la seguridad, me refería a la idea de seguridad vital. Generalmente la derecha prefiere la idea de seguridad, mientras que la izquierda habla de estabilidad. Se puede tomar la idea de estabilidad y empezar a sustituirla por la de seguridad. Significando estabilidad en los contratos, estabilidad en las formas de vida. Es decir: certezas. Ser una fuerza que aporta certezas y que está a favor de las certezas. No veo por qué la izquierda no podría presentarse como la fuerza política española de las certezas securitarias: en el trabajo, en que la comunidad nacional no te va a dejar tirado, en quién eres, en a qué puedes aspirar, etc.</p>
<p><strong>DE: En un pasaje del libro presentas a los votantes de la derecha radical como individuos sometidos a una gran angustia existencial. Individuos desorientados en una sociedad tremendamente competitiva. Frente a eso, Marine Le Pen habla de liberación, en contra del “totalitarismo económico” y presenta como respuesta existencial la lucha por la libertad. Cuando se menciona en el libro que en un momento dado la mayor parte de las personas jóvenes votaban al Frente Nacional, hace pensar que en la tradicional disputa entre justicia (asociada a la izquierda) y libertad (asociada a la derecha) el concepto que goza de mayor atractivo es el de libertad. ¿Puede la izquierda ofrecer una respuesta discursiva, casi existencial, que le permita (re)apropiarse de la idea de libertad? </strong></p>
<p><strong>GF:</strong> Todas las derechas radicales están haciendo OPAS semánticas al concepto de libertad. Buena parte de estos partidos se llaman “Partido de la Libertad” (Austria, Holanda). Antes de eso, ya lo hizo Berlusconi. De hecho, Vox podría perfectamente haberse llamado “partido de la libertad”.</p>
<p>Esa reivindicación de la libertad viene de lejos. En los años de Zapatero, la COPE hablaba de libertad. Federico Jiménez Losantos se presentaba como defensor de la libertad frente a un gobierno que obligaba a los ciudadanos a hacer cosas.</p>
<p>Si los problemas territoriales en España siguen siendo fuertes y se ceden mayores competencias, probablemente las derechas den la pelea por el concepto de igualdad. Igualdad de todos los españoles frente a los mimados, privilegiados, independentistas.  La idea de igualdad es la siguiente gran OPA semántica que Vox y su entorno podría tratar de hacer.</p>
<p><strong>DE: Entonces, ¿crees que la derecha está más cerca de apropiarse del concepto de igualdad que la izquierda el de libertad?</strong></p>
<p><strong>GF:</strong> Probablemente sí. Sin ser nunca una apropiación definitiva, la derecha está en mejores condiciones de disputar con garantías el concepto de igualdad que la izquierda el de libertad. Es verdad que hay algunas respuestas desde la izquierda. La última vez que la izquierda se apropió de la idea de libertad fue con el matrimonio homosexual: la libertad de amar. Por ahí, por el avance de derechos, la izquierda podría disputar la idea de libertad.</p>
<p><strong>DE: ¿Crees que sería mejor priorizar el concepto de derechos, la idea de ampliar derechos para que su disfrute efectivo sea una realidad de todas las personas, frente al concepto de privilegios ligado a la izquierda tradicional? </strong></p>
<p><strong>GF:</strong> En una sociedad en crisis (no solo económica sino de expectativas), en la que predomina un cierto “sálvese quien pueda”, adquirir algún privilegio parcial puede ser un deseo de la mayoría.  Una persona cualquiera, en un entorno muy hostil y no siendo en absoluta privilegiada en otras facetas de su vida, puede querer el privilegio de llevar a sus hijos a un colegio un poco mejor donde sepa que vayan a encontrarse menos problemas. Hablar de “privilegios” no me convence. Por muy de izquierdas que sea la palabra y suene muy bien, como gran insulto. Es un concepto potente pero que no creo que tenga una gran aceptación. Por el contrario, un vocabulario de derechos bajo la égida de la libertad es mucho más potente.</p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>Diego Escribano Carrascosa es </strong>graduado en Derecho y Ciencia Política y Administración Pública. Máster en Derecho Internacional de los Derechos Humanos.</p>
<p>Acceso al artículo en formato pdf: <a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/entrevista-a-guillermo-fernandez-vazquez/" target="_blank" rel="noopener">Entrevista a <strong>Guillermo Fernández Vázquez</strong> a propósito de su libro <em>Qué hacer con la extrema derecha en Europa. </em></a></p>
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		<title>Entrevista a César Rendueles</title>
		<link>https://www.fuhem.es/2021/06/30/entrevista-a-cesar-rendueles/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 30 Jun 2021 10:56:27 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Entrevistas]]></category>
		<category><![CDATA[Cohesión Social]]></category>
		<category><![CDATA[Desigualdad]]></category>
		<category><![CDATA[Meritocracia]]></category>
		<category><![CDATA[Polarización]]></category>
		<category><![CDATA[Polarización Política]]></category>
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					<description><![CDATA[José Bellver habla con César Rendueles sobre las bases materiales de la polarización y sobre la fragmentación ideológica y afectiva que parece estar afectando crecientemente a nuestras sociedades.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><img decoding="async" class="alignright size-medium wp-image-137206" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/01/Papeles152-450x633.jpg" alt="" width="450" height="633" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/01/Papeles152-450x633.jpg 450w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/01/Papeles152-300x422.jpg 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/01/Papeles152-350x492.jpg 350w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/01/Papeles152-64x90.jpg 64w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/01/Papeles152.jpg 600w" sizes="(max-width: 450px) 100vw, 450px" />El número 152  de la revista <em><a href="https://www.fuhem.es/revista-papeles/" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global</a></em> publica una entrevista que <strong>José Bellver</strong> realiza a <strong>César Rendueles</strong> sobre las bases materiales de la polarización, una polarización en el plano político que ocupa actualmente portadas y titulares de periódicos (o revistas como esta misma) y telediarios. Pero también conviene seguir el rastro de la fragmentación ideológica y afectiva que parece estar afectando crecientemente a nuestras sociedades.</p>
<blockquote><p><strong>La fragilización social, la disminución de la solidaridad comunitaria y el aumento de la desconfianza colectiva han sido, a lo largo de la historia, rasgos comunes cuando se incrementa la desigualdad.</strong></p></blockquote>
<p>Así lo atestigua en su último libro <strong>César Rendueles</strong> (Girona, 1975), sociólogo y filósofo, que desde  su  –muy reconocido– primer libro de ensayo, <em>Sociofobia</em> (Capitán Swing, 2013), viene denunciando cómo el capitalismo constituye un sistema destructor de las relaciones comunitarias y los vínculos sociales que resultan imprescindibles en cualquier proyecto de vida buena. A su opera prima le siguieron dos obras, <em>Capitalismo canalla</em> (Seix Barral, 2015) y <em>En bruto</em> (Catarata, 2016), que lo consolidaron como uno de los más destacados pensadores del panorama actual.</p>
<p>En <em>Contra la igualdad de oportunidades</em> (Seix Barral, 2020), que el propio autor reivindica de manera provocadora como panfleto igualitarista, Rendueles ahonda el carácter corrosivo de la desigualdad y en la reivindicación de la centralidad social, cultural y ética que ha de tener la igualdad en las políticas emancipadoras contemporáneas frente a la perversión meritocrática del igualitarismo.</p>
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<p><strong> </strong><strong>JOSÉ BELLVER (JB): En varios pasajes de tu último libro subrayas la estrecha relación que existe entre igualdad y cohesión social. Por tanto, podemos entender que, a la inversa, la polarización política y social que vivimos actualmente encuentra sus raíces en el aumento de la desigualdad económica. ¿Lo ves así? ¿Se conecta esto con el malestar social que ha dado lugar a la oleada populista en tantos lugares del mundo, pero especialmente en los países occidentales en los últimos años? </strong></p>
<p><strong>CÉSAR RENDUELES (CR):</strong> Los estudios sobre los efectos de la desigualdad material han experimentado un salto cualitativo en las últimas décadas. Cada vez somos más conscientes de que la desigualdad está estrechamente correlacionada con un abanico de problemas y malestares sociales amplísimo. No estamos muy seguros de cuáles son los mecanismos causales implicados pero hay una conexión fuerte entre desigualdad, esperanza de vida, enfermedades mentales, delincuencia, resultados educativos…</p>
<p>Tradicionalmente se había achacado la proliferación de este tipo de problemas a la pobreza pero ahora sabemos que, al menos en las sociedades más ricas, son más frecuentes cuanta más desigualdad existe, con independencia de la situación absoluta de los más pobres. A partir de cierto nivel de bienestar material, más o menos el de los países de la OCDE, incluso cuando la situación material de quienes peor están en una sociedad es comparativamente buena, si en esa sociedad existen grandes diferencias de ingresos entre las clases altas y las clases bajas esos problemas serán más intensos que en sociedades más igualitarias, aunque estas últimas sean algo más pobres en términos absolutos. La relación entre la pérdida de cohesión social y el aumento de la desigualdad es un fenómeno igualmente conocido. En general, en las sociedades más desiguales la gente considera a los demás menos dignos de confianza. Por supuesto, “cohesión” es un concepto complejo que puede significar muy distintas cosas y ni mucho menos todas ellas políticamente positivas. Pero, en general, la competencia y la comparación odiosa son difícilmente compatibles con la sensación de compartir un espacio social, una serie de reglas e instituciones que de alguna manera reducen la conflictividad a unas dimensiones asumibles en una sociedad democrática.</p>
<p>En un estudio ya clásico, Robert Putnam detectó un deterioro muy amplio en la participación en la esfera pública en EEUU a partir de los años setenta del siglo XX tras un ciclo de varias décadas de incremento posterior a la Segunda Guerra Mundial. Putnam no saca esa conclusión, pero creo que hay una conexión evidente entre la pérdida de lo que él llama “capital social” y la restauración mercantil que comienza en esos años, que son los inicios del proyecto neoliberal.</p>
<p>Tenemos buenas razones para pensar que la mercantilización deteriora las condiciones sociales necesarias para crear un espacio democrático digno de tal nombre. Las políticas iliberales contemporáneas y eso que se llama a veces “polarización” es el resultado de esta desfundamentación. Cuando la gente intenta recuperar la voz que el mercado le ha arrebatado, se encuentra con un entorno institucional degradado en el que prolifera la irracionalidad.</p>
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<p><strong>JB: En el libro realizas una crítica frontal a la meritocracia, al igual que lo hace el filósofo americano Michael Sandel en su último libro que, curiosamente, habéis sacado prácticamente a la par. ¿Cómo incide la meritocracia en la polarización política y cultural presente en nuestros días?</strong></p>
<p><strong>CR:</strong> La meritocracia es el proyecto que queda cuando se ha abandonado la esperanza de alcanzar la igualdad real. Viene a decir, “ya que no podemos dar a cada uno lo que necesita, al menos demos a cada cual lo que se merece”. La doctrina de la igualdad de oportunidades es, de hecho, una formulación muy precisa del programa elitista moderno, o sea, una teoría de la circulación de las élites. La legitimación del elitismo ha consistido siempre en la defensa que las clases altas hacían de sus propios privilegios en virtud de sus supuestas virtudes del tipo que fuera: morales, militares, religiosos, intelectuales&#8230; Los proyectos igualitaristas, en cambio, proponían dar a cada uno lo que necesitaba, no lo que merecía, y también tomar de cada uno en función de sus capacidades: eran un conjunto de derechos, pero también de obligaciones.</p>
<p>Creo que a veces la gente atribuye ciertas virtudes a la meritocracia porque la entiende así, como la posibilidad de que, con independencia de cuál sea tu situación social de partida, tengas la oportunidad real de dedicarte a aquello que se te da mejor y que esa posibilidad implique una cierta responsabilidad social. Pero me parece que eso tiene que ver con la idea de movilidad social horizontal más que con la meritocracia, que implica una especie de chantaje: premiar especialmente a algunos grupos como condición para que desarrollen sus talentos. En este sentido, el elitismo meritocrático tiene algunos rasgos más destructivos que otras formas de desigualdad, ya que libera a las élites de cualquier tipo de responsabilidad hacia los demás, pues se supone que lo que tienen se lo han ganado y, además, cualquiera tiene la oportunidad de llegar a su posición si se esfuerza y tiene el talento suficiente. No creo que nuestras élites sean exactamente peores que las del pasado pero sí más abiertamente desarraigadas: su comunidad es el paraíso fiscal más conveniente, su patria algún hotel Hilton.</p>
<p>Esa emancipación de las clases altas fomenta claramente la polarización. De hecho, muchos discursos de la derecha radical contemporánea identifican a un doble enemigo que relacionan con la globalización: por un lado, los flujos globales de inmigración, por otro, las élites financieras e intelectuales globales, gente desarraigada que tiene la capacidad económica o las cualificaciones para surfear los desastres de la economía. Frente a esta amenaza global, una parte de la extrema derecha, la más peligrosa políticamente, apuesta por una alianza de las clases trabajadoras locales con los honestos empresarios industriales nacionales.</p>
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<p><strong>JB: Ligado a todo esto, se habla mucho de que los perdedores de la globalización son las clases medias occidentales; pero al mismo tiempo parece haber cierta confusión en torno a la propia concepción de clase media, aunque mantenga la centralidad del discurso de los partidos políticos. </strong></p>
<p><strong>¿Qué es hoy la clase media y cómo se relaciona con la política?</strong></p>
<p><strong>CR</strong>: En primer lugar, la idea de que las clases medias son las que más han perdido es simplemente falsa. Según el Barómetro Social del Colectivo IOE entre 2002 y 2014 los hogares medio-altos (los centiles 50-90) aumentaron su patrimonio un 7%, los hogares medio-bajos (los centiles 25-50) perdieron un 16% de su patrimonio. Pero es que el 25% más pobre perdió un alucinante 108%. Literalmente lo perdieron todo. Si miramos las rentas pasa algo parecido. Quienes peor lo están pasando son los que ya estaban muy mal antes de la crisis. El 30% que menos tiene de este país ha visto como su situación ha pasado de mala a desesperada.</p>
<p>Lo que ha sucedido con las clases medias es que han experimentado una profunda crisis de expectativas, una bancarrota de su horizonte vital. Se ha roto el pacto social en el que mucha gente se socializó: la idea de que si estudiabas mucho y te quejabas poco se abrirían ante ti amplias posibilidades de mejora económica y oportunidades de consumo sofisticado. Se ha derrumbado el horizonte de ascenso social que, de hecho, modulaba el sentido mismo de la noción de clase media. Porque la noción de clase media es bastante difusa, tiene un fuerte componente aspiracional y no tanto características sustantivas, como si ocurre con “clase trabajadora” o “clase alta”. Clase media es una categoría sociológicamente vacía que define algo así como el deseo de parecerse a los ricos en sus estilos de vida, en su consumo sofisticado.  Ser de clase media es soltar lastre y aspirar a más. Por eso, paradójicamente, en España no sólo las clases trabajadoras sino los grupos de clase alta se ven a sí mismos como de clase media. En las encuestas del CIS prácticamente nadie se autodefine como de clase alta.</p>
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<p><strong>JB: Uno de los capítulos de tu último libro pone el foco sobre la igualdad de género en cuyo inicio recuerdas la distinción entre las reivindicaciones universalistas y aquellas otras de tipo identitario, que podemos extender a otras cuestiones como la orientación sexual, la etnia o la edad. Todos estos asuntos han dado lugar de una manera o de otra manera a importantes ejes de confrontación en la política (no sólo de España) entre distintos grupos de la sociedad.</strong></p>
<p><strong> ¿Sigue existiendo una dicotomía entre redistribución y reconocimiento?</strong></p>
<p><strong>¿Crees que ha habido un desplazamiento de la confrontación ideológica hacia cuestiones identitarias o estas se están entrelazando con las problemáticas distributivas?</strong></p>
<p><strong>CR</strong>: Vamos a ver, una reivindicación identitaria puede ser la recuperación de la cultura de, yo que sé, los vaqueiros de alzada. El feminismo no es una reivindicación identitaria. Considerar la defensa de los intereses de al menos el 50% de la humanidad como un asunto identitario es absurdo. De hecho, dudo mucho de que el número de asalariados en sectores considerados típicamente “proletarios” haya alcanzado nunca ese porcentaje en ningún país del mundo. De igual modo, considerar que el ecologismo es un movimiento identitario o, peor aún, postmaterialista es simplemente grotesco. Pero no se trata sólo del número de personas a las que interpelan directamente esos movimientos. En realidad, cuando el socialismo clásico consideraba que la clase trabajadora representaba intereses universales no era sólo porque fuera un movimiento social masivo sino porque planteaba reivindicaciones que podían mejorar la situación de todo el mundo pero que ningún otro colectivo podía defender.</p>
<p>Otros colectivos tal vez más numerosos –por ejemplo, el campesinado– estaban atrapados en dilemas pragmáticos que les impedían proponer un modelo de mejora social global. También en ese sentido más profundo creo que muchos movimientos a veces tachados de identitarios son, en realidad, universalistas. El aumento de la igualdad entre hombres y mujeres nos ha mostrado que los privilegios degradan la vida de todos, tanto de quienes los sufren como de quienes los disfrutan, y nos impiden llevar una vida buena compartida. Sin duda se pueden hacer muchas críticas a las políticas antagonistas de las últimas décadas pero de ningún modo creo que nos hayamos equivocado al apoyar a colectivos subordinados que vivían situaciones insoportables.</p>
<p>Todas esas luchas nos ayudan a afianzar una igualdad más compleja, más rica y más digna de ser vivida. No veo ninguna contradicción en las políticas que han tratado de mejorar la situación de colectivos tradicionalmente relegados. La igualdad y la libertad son aspectos que se retroalimentan, dos dimensiones que se nutren entre sí: la igualdad ayuda a ser más libre y la libertad nos ayuda a ser más iguales. Por otro lado, la distinción entre redistribución y reconocimiento de Nancy Fraser es interesante analíticamente pero compleja. Jacques Rancière descubrió que muchas de las reivindicaciones de los trabajadores de la época tenían que ver no sólo con la mejora de sus condiciones laborales sino también con exigencias de muestras de respeto. Por ejemplo, una demanda habitual de los trabajadores era que el patrón se quitara el sombrero al entrar al taller. Cuando nos pensamos como iguales, los aumentos en la autonomía generan aspiraciones renovadas de reconocimiento, pues profundizamos en el sentido de nuestra dignidad propia.</p>
<p>De la igualdad entre hombres y mujeres surgen preguntas sobre qué significa ser mujer u hombre en distintos momentos de nuestra vida –como hijos, como madres y padres, como compañeros de trabajo, como amantes…– o incluso si esa dualidad agota el abanico de identidades de género posibles. Y esas preguntas, a su vez, plantean nuevos desafíos igualitarios.</p>
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<p><strong>JB: ¿En qué medida crees que existe una radicalización de los discursos como consecuencia de la decadencia de los modelos que anteriormente han sentado las bases del orden social keynesiano y posteriormente el régimen neoliberal que parece haber sobrevivido como un zombi desde la crisis de 2008?</strong></p>
<p><strong> ¿Ves nuevas posibilidades de articulación entre movimientos emancipadores en el contexto actual?</strong></p>
<p><strong>CR</strong>: La crisis del proyecto neoliberal a partir de 2008, ha provocado un retorno de las pasiones políticas. Al fin y al cabo, la extensión del mercado siempre se basa en una promesa extrapolítica, en la esperanza de que el comercio conseguirá fomentar la prosperidad y la concordia mejor que el juego político. La idea era que la globalización tendría un efecto arrastre sobre las instituciones democráticas. Por eso, en la Unión Europea se apostó por la unión monetaria sin una estructura política acorde con ese proyecto. El <em>crash</em> financiero arruinó esas esperanzas y hemos vuelto a buscar en las intervenciones políticas una solución a los problemas compartidos. Lo que ocurre es que las intervenciones políticas pueden ir en muchas direcciones, no todas ellas amables o democratizadoras. De hecho, el terreno político que nos han dejado cuatro décadas de neoliberalismo parece abonado para los proyectos iliberales y la descomposición institucional.  Es un proceso que ya se dio en el periodo de entreguerras del siglo XX. En un famoso discurso del 21 de marzo de 1933, Adolf Hitler afirmó: «Queremos restaurar la primacía de la política, que tiene la obligación de organizar y dirigir la batalla por la vida de la nación». Pero esa es una idea que seguramente también podrían haber suscrito Roosevelt o Attlee. Quiero decir, que sin duda el colapso de la globalización ha liberado las fuerzas totalitarias que habían estado contenidas en Occidente.</p>
<p>No deberíamos olvidar que eso sólo ha sido así en Occidente, y que en otros lugares del mundo la extensión libre mercado ha sido sinónimo de genocidio. Pero ese colapso también abre posibilidades de otras articulaciones de posibilidades políticas que parecían fuera del horizonte de lo factible. Creo que hemos vivido una década políticamente muy intensa, en la que han pasado cosas que parecían imposibles y se han producido giros políticos inesperados a toda velocidad. Dar la partida por perdida me parece absurdo.</p>
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<p>Acceso al texto completo del artículo en formato pdf: <a href="https://bit.ly/Entrevista-CesarRendueles-PAPELES-152" target="_blank" rel="noopener noreferrer"><em>Entrevista a César Rendueles sobre las bases materiales de la polarización</em></a>.</p>
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