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	<title>Posverdad &#8211; FUHEM</title>
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	<description>educación + ecosocial</description>
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	<title>Posverdad &#8211; FUHEM</title>
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		<title>Necesidad de verdad, conflicto y generosidad</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 04 Mar 2022 11:01:45 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Análisis]]></category>
		<category><![CDATA[Convivencia]]></category>
		<category><![CDATA[destacadasecosocial]]></category>
		<category><![CDATA[Polarización]]></category>
		<category><![CDATA[Polarización Política]]></category>
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					<description><![CDATA[Lectura crítica de la cultura de la cancelación con el fin de profundizar en algunos de los grandes desafíos que es urgente abordar para hacer posible la convivencia y la democracia.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><img fetchpriority="high" decoding="async" class="alignright wp-image-142031 size-thumbnail" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/02/Papeles-152-300x422.jpg" alt="" width="300" height="422" />El texto «Necesidad de verdad, conflicto y generosidad. Más allá de la crítica a la cancelación» de <strong>Jordi Mir </strong>pertenece a la sección <strong>A FONDO </strong>del <a href="https://www.fuhem.es/papeles/papeles-numero-152/" target="_blank" rel="noopener">número 152</a> de la revista <em><a href="https://www.fuhem.es/revista-papeles/" target="_blank" rel="noopener">Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global</a></em>, dedicado a la Polarización, fracturas, crispación y posverdad.</p>
<p><em>Es necesaria una lectura crítica de la cultura de la cancelación con el fin de profundizar en algunos de los grandes desafíos que es urgente abordar para hacer posible la convivencia y la democracia. El artículo apunta cómo la gestión de los conflictos debe de partir de la creación de democracia, no de su destrucción, y sin rechazo al debate plural y al reconocimiento de las verdades de los hechos y la diversidad de las valoraciones.</em></p>
<blockquote><p><strong>«La restricción del debate, sea a manos de un gobierno represivo o de una sociedad intolerante, daña invariablemente a aquellos que carecen de poder y hace a todos menos capaces de la participación democrática».<a href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a> </strong></p></blockquote>
<p>¿Quién puede estar en contra de esta afirmación?</p>
<p>Pertenece a «Una carta sobre justicia y debate abierto», también conocida como «Harper&#8217;s Letter», un texto publicado por <em>Harper&#8217;s Magazine</em> el 7 de julio de 2020 respaldado por más de un centenar de firmas de personas con presencia pública dedicadas a la escritura, la docencia, el periodismo… Un conjunto de firmas diverso y plural que ha ayudado a esta declaración para ser considerada como una aportación transversal, creada y participada por personas de diferentes posiciones políticas, de Francis Fukuyama a Noam Chomsky, por citar dos autores que es posible que no acostumbren a coincidir en la firma de declaraciones, manifiestos, peticiones u otro tipo de textos.</p>
<p>¿Quién puede estar en contra del debate abierto? ¿Quién está en contra hoy de la igualdad de derechos entre hombres y mujeres? ¿Quién está en contra hoy de la sostenibilidad?</p>
<p>Hay determinadas ideas que los últimos años han ido ganando centralidad. Han surgido de los márgenes para ser compartidas en la centralidad. Han ganado la hegemonía discursiva: buena parte de la sociedad, de los medios, de los partidos políticos dicen defenderlas. Otra cosa es la hegemonía efectiva, que se cumplan. A este texto le pasa algo parecido, una cosa es lo que se dice y otra es lo que se hace. La defensa del debate abierto por parte de quien no debate de manera abierta resulta problemática. De acuerdo, debate abierto, pero&#8230;</p>
<p>¿Quién establece qué es el debate abierto? ¿De qué manera las personas firmantes y quienes apoyan esta declaración lo practican? ¿Cómo podemos concretar un poco más para profundizar en los problemas que tenemos como sociedad buscando solucionarlos?</p>
<p>Las siguientes páginas se acercarán críticamente a la crítica de la cultura de la cancelación para profundizar en algunos de los grandes desafíos que es urgente abordar para hacer posible la convivencia y la democracia. Vivimos en sociedades que esconden sus conflictos o que tienen muchas dificultades para gestionarlos creando democracia y no destruyéndola. Sociedades enfrentadas a partir de grandes dosis de partidismo, con gran rechazo al debate plural y al reconocimiento de las verdades de los hechos y la diversidad de las valoraciones.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4><strong>Monumentos racistas defendidos en nombre de la libertad</strong></h4>
<p>«Una carta sobre justicia y debate abierto» se ha convertido en un referente de la llamada crítica a la cultura de la cancelación y este es su planteamiento inicial:</p>
<p style="padding-left: 40px;">Nuestras instituciones culturales afrontan un momento decisivo. Poderosas protestas por la justicia racial y social conducen a demandas largamente esperadas de reforma policial, junto a llamamientos más amplios en pos de mayor igualdad e inclusión en nuestra sociedad, y también en la educación superior, el periodismo, la filantropía y las artes. Pero esta revisión necesaria también ha intensificado un nuevo conjunto de actitudes morales y compromisos políticos que tienden a debilitar nuestras normas de debate abierto y tolerancia de las diferencias en favor de la conformidad ideológica.</p>
<p>El texto empieza haciendo referencia a las movilizaciones sociales que tuvieron lugar después del asesinato de <em>George</em> Floyd mientras estaba detenido por la policía el 25 de mayo en Mineápolis, Minesota (EEUU). «Los disturbios son el lenguaje de la gente no escuchada», son palabras de <strong>Martin Luther King</strong> expresadas en 1966 que fueron muy recordadas durante los días posteriores a la muerte de Floyd y en el inicio de las movilizaciones. Estos actos de contestación surgidos en EEUU, pero llegados a otras muchas partes del mundo, generaron un nuevo capítulo de un movimiento social que los últimos años se ha presentado bajo el lema <em>Black Lives Matter</em>. Es un movimiento que viene de lejos, que conecta con el movimiento por la abolición de la esclavitud, con el movimiento por los derechos civiles…</p>
<p>La conexión de esta movilización con una historia de opresión se vio de manera muy clara en los episodios de destrucción de estatuas. Algunas fueron derribadas, otras tiradas al mar, alguna decapitada&#8230; Hubo administraciones que reaccionaron rápidamente para retirar las que estaban en riesgo. También vimos casos de protección de estatuas y disturbios a su alrededor. La historia y la memoria como lucha del presente. No es una novedad. Pero ha sido un episodio muy relevante por la cantidad de casos y la diversidad de lugares donde han sucedido.</p>
<p>Esta voluntad de cuestionar la historia aprendida, la memoria oficial, no se ha quedado en las estatuas. Llegó hasta el cine cuando HBO anunció que retiraba temporalmente de su catálogo la película <em>Lo que el viento se llevó</em> con voluntad de volverla a incorporar con algún texto contextualizador de su racismo. Las acciones movilizadoras y las respuestas como la de HBO no han tardado en generar críticas. Dani Gascón, director de <em>Letras Libres</em>, revista que publicó la traducción castellana del texto de <em>Harper’s</em>, en un artículo en <em>El País</em> titulado «La nueva censura es la vieja censura» escribe: «Asociamos la censura a fuerzas conservadoras, pero, si la censura se hace siempre en nombre de las buenas intenciones, tampoco es nuevo que se justifique con ideas de izquierda».<a href="#_ftn2" name="_ftnref2">[2]</a></p>
<p>Enric Juliana, periodista en <em>La Vanguardia</em>, escribía en un tuit:<a href="#_ftn3" name="_ftnref3">[3]</a> «Estatuas de Colón derribadas, el monumento a Churchill protegido en Londres, “Lo que el viento se llevó” en cuarentena&#8230; Una ola de estupidez recorre el mundo, sí. Tiempos bárbaros. Esa ola se aceleró el día que Calígula accedió a la presidencia de los Estados Unidos». Oliver Stone ha criticado la cultura de la cancelación que sufre <em>Lo que el viento se llevó</em>, al ser cuestionada por racista, y su mismo cine. Es el caso de <em>Comandante</em>, criticada en este caso, según sus palabras, por “extremistas de derechas cubanos”<a href="#_ftn4" name="_ftnref4">[4]</a>… Gente diversa ha defendido estas ideas y argumentos, que pueden ser vinculados, identificados, con la llamada crítica a la cultura de la cancelación.</p>
<p>Quizás convendría intentar aclarar conceptos. No parece que en ningún caso se haya planteado desde la movilización social o desde HBO censurar, ni cancelar, nada. Hemos asistido a actos, que alguien podría calificar de vandálicos, para denunciar que la memoria dominante en nuestras sociedades, la memoria oficial, que se hace presente en las estatuas no se ha preocupado de otras memorias. Podemos no compartir las maneras de hacerlo, pero no debería pasar por alto la causa, la denuncia, el asunto que hay que debatir y buscar cómo tratar.</p>
<p>En nuestras sociedades hay muchas memorias. Los procesos de construcción de lo que queremos recordar, que queremos compartir, que queremos que perviva, son diversos y plurales. Hay memorias que no están en nuestras calles, en nuestras plazas, nuestros museos, en nuestras escuelas, en nuestras universidades&#8230; Hay memorias que han sido despreciadas durante siglos y lo siguen siendo ahora. Memorias que siempre están, pero que no son atendidas, que son invisibilizadas, que incluso son estigmatizadas o criminalizadas.</p>
<p>¿Dónde está la memoria del sufrimiento provocado por la esclavitud? ¿Dónde está la memoria del movimiento por la abolición de la esclavitud? ¿Dónde está la memoria del sufrimiento provocado por el racismo, por el patriarcado, por toda dominación? ¿Dónde está la memoria de quien ha actuado para acabar con estos padecimientos?</p>
<p>Una sociedad que se quiere democrática debería ser consciente de estas opresiones, de estas discriminaciones, de estas desigualdades, y buscar las maneras de ponerles remedio. Estas maneras no deberían pasar por derribar estatuas, tirarlas al mar o decapitarlas. Pero el objetivo debería ser claro y compartido: las memorias despreciadas, silenciadas, estigmatizadas, criminalizadas, deben dejar de serlo. Para ello debe haber una voluntad clara, los debates necesarios y prácticas concretas.</p>
<p>Las memorias oficiales tienen estatuas, las despreciadas tienen disturbios. Cuando las memorias despreciadas tengan sus estatuas quizás las cosas serán diferentes. Cuando las diferentes memorias y la historia se expliquen otra manera quizás las cosas serán diferentes. Debemos poder abrir procesos que nos permitan entender y explicar por qué existen estas desigualdades, discriminaciones, entre memorias y realidades de nuestro presente. No basta con defender la libertad de expresión y criticar la cultura de la cancelación. La libertad de expresión ha podido hablar de aquello de lo que ha decidido libremente callar, cuando no desinformar o criminalizar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4><strong>La aceptación del conflicto </strong></h4>
<p>Sin la aceptación del conflicto no puede haber convivencia. Puede parecer una contradicción, pero donde no hay conflicto sólo encontraremos la paz de los cementerios o de la imposición. En toda relación humana, en toda sociedad, hay conflictos. La cuestión es si los vemos, si los reconocemos, si los intentamos resolver.</p>
<blockquote><p><strong>Las memorias oficiales  tienen estatuas, las despreciadas tienen disturbios</strong></p></blockquote>
<p>Convendría ponerse de acuerdo en qué es la convivencia. Hay quien definiría la convivencia como el interactuar con otras personas desde el reconocimiento de su dignidad, de sus derechos y de sus deberes. Aquí hay un punto de encuentro claro y fundamental con las críticas a la cultura de la cancelación, pero necesitamos ir más allá. Algunas de las críticas a la cultura de la cancelación parecen querer evitar o negar el conflicto. No aceptan la cancelación, pero tampoco otros tipos de conflictos.</p>
<p>No podemos negar los conflictos. Es necesario analizarlos, buscar las maneras de resolverlos y aprovechar para aprender con ellos. Los conflictos no pueden quedar en silencio. Hay que conseguir que todas las partes puedan expresar sus conflictos, sus malestares. No nos podemos quedar en la enunciación de la libertad de expresión. Es necesario que esta libertad pueda ser usada y garantizada. La libertad de expresión debería contribuir a hacer emerger estos conflictos, pero no es suficiente.</p>
<p>Para hacer posible la convivencia es necesario pensar conjuntamente qué normas debemos tener y por qué razones. No podemos imponer normas sin más. La participación del conjunto de la sociedad es fundamental. Una política para poder convivir debería comenzar con un debate sobre cómo entendemos la convivencia para hablar de derechos, dignidades, reconocimientos, deberes&#8230; Esta política debería ocuparse de hacer emerger los conflictos que existen en nuestra sociedad y no negarlos u ocultarlos, no olvidemos que hay muchas más opresiones de las que seguramente sufrimos y vemos. A partir de ahí, tratar los conflictos y buscar las maneras de resolverlos desde la participación.</p>
<p>Una participación en la que no hay lugar para la violencia. Cuando hay conflicto y discrepancia, hay que distinguir entre hacer frente decididamente a los problemas y hacer daño a las personas implicadas. La discrepancia es necesaria, pero los ataques personales no. Una política para la convivencia debe saber que, en el conflicto, en la discrepancia, podemos tener ideas y comportamientos muy diferentes, incluso enfrentadas, pero eso no debería llevar a los ataques personales, a las descalificaciones, ni a las cancelaciones, ni a las criminalizaciones. La violencia, de cualquier tipo, destruye la convivencia. Es tan importante lo que hacemos como la manera de hacerlo.</p>
<blockquote><p><strong>Podemos pensar en una manera de entender el conflictos diferente a la mayoritaria actualmente, que no recurra a la cancelación, que tampoco niegue aquellos conflictos existentes</strong></p></blockquote>
<p>Nada de lo que se dice aquí es fácil de hacer. La convivencia honesta y sincera no es fácil de conseguir, se llega reconociendo diversidades, pluralidades, conflictos, acordando qué principios deben regular nuestra sociedad, hablando, discutiendo, cambiando de ideas&#8230; De la misma manera que hablamos de una cultura de la cancelación podemos pensar en una cultura del conflicto de la que formaría parte o no la cancelación. Podemos pensar en una manera de entender el conflicto diferente a la mayoritaria actualmente, que no recurra a la cancelación, que tampoco niegue aquellos conflictos existentes. Nélida Zaitegi (1946), maestra y pedagoga, tiene interesantes aportaciones sobre el conflicto y la convivencia que podrían ayudar a la gente pequeña y a la mayor en nuestras sociedades.</p>
<p><strong> </strong></p>
<h4><strong>Polarizar para convencer o para odiar</strong></h4>
<p>Polarización es una palabra, un concepto, muy presente en los últimos años en los análisis de nuestras sociedades. La polarización es un elemento clave en muchos de los conflictos que vivimos.  Se trata de una palabra que puede ser usada de diferentes maneras, pensado en tipos de actuación incluso contradictorios. Podemos atender a una polarización pensada para convencer, llegar a acuerdos, o una polarización pensada para odiar, enfrentarse e imponerse. La polarización puede tener mucho que ver con la cultura de la cancelación, pero también con su superación a partir de una gestión del conflicto que busque el acuerdo.</p>
<p>«Si los catalanes desean ganar, deben polarizar mucho más, presionar mucho más y aceptar altos niveles de sacrificios».<a href="#_ftn5" name="_ftnref5">[5]</a> Este titular de una entrevista a <strong>Paul Engler</strong>, autor de <em>Manual de desobediencia civil</em> (Saldonar Edicions), generó mucha polémica a finales de 2019. Una parte importante de esta polémica se generó al ser el presidente de la Generalitat en aquel momento, Quim Torra, quien se hizo eco de estas palabras y las divulgó en Twitter.</p>
<p>Las respuestas y críticas se acabaron centrado en el hecho de que a la hora de pedir polarizar mucho más y aceptar altos niveles de sacrificios se estaría haciendo referencia a confrontación, violencia, fuego e, incluso, muertos. No hablaré ni por Torra ni por Engler. Torra hizo un tuit diciendo que eran «unas reflexiones que todo el independentismo debería escuchar atentamente», le podemos pedir explicaciones si lo consideramos oportuno. En el caso de Engler, más allá del libro, en diferentes ocasiones ha expresado públicamente su posición sobre la polarización y los sacrificios. «Todos los movimientos sociales deben involucrarse en la polarización. Deben hacer cosas que muevan la opinión. Hacer que la gente que es neutral pase a ser pasivamente favorable y luego activamente favorable. Hasta el punto de salir a la calle. Y sabiendo que pasará lo contrario: alguna gente será mucho más contraria a la causa. Esto es la polarización». Así define Engler la polarización en la entrevista recomendada por el presidente Torra. Nada de incendios, de violencias, de muertos.</p>
<p>Engler cuando habla de polarizar piensa en hacer visible un conflicto y que esto lleve a la ciudadanía a tomar una posición. Lo que se busca es el apoyo y explica claramente cómo se debe polarizar. Habla de diferentes casos históricos de polarización. Por ejemplo, considera que Gandhi acertó polarizando a partir de los impuestos y no sobre la independencia.</p>
<p>La polarización que nos propone Engler es la que ha aprendido de movimientos sociales que, desde los márgenes, han sido capaces de poner en el centro del debate cuestiones que han evidenciado conflictos existentes en sus sociedades. A partir de la polarización han crecido. Han hecho evidente el conflicto y han obtenido unos soportes inexistentes antes. Pero no se debe confundir esta polarización con violencias, muertes&#8230;</p>
<p>Polarizar tiene que ver con convencer, con persuadir, con ganar apoyos&#8230; Por eso Engler no tiene claro que esto se consiga cortando carreteras. Y cuando habla de sacrificios piensa en la cárcel y la represión que sufren los movimientos sociales. Piensa y mucho en el movimiento por los derechos civiles contra la segregación racial. Este movimiento logró cambios legales a favor de la igualdad de derechos. También el feminismo y otros. Y lo consiguieron polarizando, haciendo que la población se posicionara a favor de la igualdad, que defendían, o de la discriminación existente. Son luchas que continúan.</p>
<p>Estas reflexiones que aquí planteo nada tienen que ver con estar a favor de la independencia de Catalunya, en contra, o con la posición que se quiera. Este intento de aclaración sobre un concepto como el de polarización busca poder tener un diálogo, un debate, riguroso. También hay una segunda voluntad. Necesitamos que aquello vinculado a la movilización social no sea utilizado instrumentalmente, partidistamente, por quien está a favor o en contra de una determinada opción. La movilización social es demasiado importante para el conjunto de una sociedad para sufrir estos intereses de parte.</p>
<p>Engler, a partir de la publicación del libro, fue entrevistado por medios más o menos afines a la propuesta independentista. No apareció en aquellos que no la comparten, ni más ni menos. En mi opinión, Engler merece ser entrevistado pensando, por ejemplo, en qué papel tiene la movilización social y la desobediencia en la historia, y en el presente de nuestras sociedades. No hay que estar a favor o en contra de la independencia de Catalunya para hacerlo. Quizás estaría bien no destacar tanto las cosas que Engler dice sobre Cataluña, cuando ya ha dicho en diferentes ocasiones que es una realidad que conoce poco, y ver qué podemos aprender de lo que más conoce.</p>
<p>La movilización social, la desobediencia civil, la no violencia&#8230; son realidades que en los últimos años han pasado de los márgenes al centro del debate en Catalunya. Algo parecido pasó con las movilizaciones del 15M. Son formas de actuar y pensar que han pasado de ser silenciadas, olvidadas, criminalizadas por los poderes a ser utilizadas en beneficio propio por algunos de estos mismos poderes. Una vez en el centro del debate, estas realidades, pueden vivir la difusión de grandes altavoces, pero no necesariamente se tratan con el rigor que merecerían y corremos el riesgo de que mueran de éxito por la apropiación y la utilización partidista. Cuando a diferentes poderes les deje de interesar la movilización social quien siempre la ha practicado desde los márgenes la seguirá necesitando.</p>
<p>Es posible que el concepto de polarización más utilizado hoy no sea al que se refiere Engler. Hoy se está hablando de polarización pensado en la división de la sociedad, en su enfrentamiento, incluso en la generación de odio. Convendría distinguir y clarificar los usos para no generar confusiones innecesarias. Buena parte de las movilizaciones que han buscado ampliar y profundizar derechos han polarizado para hacer visible su posición y convencer de la necesidad de cambio. El feminismo polarizó y polariza para mostrar el patriarcado buscando mostrar sus opresiones y convenciendo para obtener mayores apoyos para su transformación. El movimiento ecologista también, y el obrero y el vecinal, y el LGTBI, y el que defiende el derecho a la vivienda… Se puede polarizar sin cancelar, sin generar odio… Y también se puede polarizar cancelando, generando odio… Conviene tener presente que toda actuación para polarizar puede tener como resultado el aumento de la democracia o su reducción. Hay polarización que es capaz de crear democracia y otra que es capaz de destruirla. Necesitamos poder distinguir.</p>
<p><strong> </strong></p>
<h4><strong>La necesidad de verdad</strong></h4>
<p>Sin verdad no podemos ser libres y no puede haber democracia. Mucho podemos dialogar sobre la verdad. ¿Qué es la verdad? ¿Existe la verdad? No es lo mismo la verdad sobre hechos que han ocurrido, o no, que la verdad sobre valores, que podemos considerar de maneras muy diferentes. ¿Quién es de verdad el mejor jugador de fútbol? Hay debates que nunca terminarán y otros que deberíamos poder resolver de acuerdo con las evidencias, los datos, lo que sabemos que ha ocurrido. La verdad, como lo bueno, en según qué ámbitos depende de los gustos de cada cual, pero en otros depende de los hechos. Decir la verdad es el primer objetivo de la organización Rebelión o Extinción, que trabaja para hacer frente a la crisis ecológica. Denuncian la falta de verdad, la mentira, consistente en no explicar al conjunto de la ciudadanía la gravedad de la situación y actuar en consecuencia.</p>
<p>Se ha desencadenado una guerra contra la verdad. Así se está haciendo política en muchas partes del mundo, nuestra sociedad no es una excepción. Lo importante no es decir la verdad o mostrar que otras opciones mienten. El objetivo es colocar nuestra verdad, que se crea nuestra verdad. No importa si lo es o no lo es. No importa si los datos y las evidencias nos dan la razón o no. Se trata de conseguir que la gente crea aquello que decimos y para ello hay que acabar con la misma noción de verdad. La sociedad entera pierde cuando esto ocurre.</p>
<p>Hoy nos lo explica <strong>Jason Stanley</strong> desde EEUU, como se puede leer en su obra <em>Facha</em>. <em>Cómo funciona el fascismo y cómo ha entrado en tu vida</em> (Blackie Books, 2019). También <strong>Marcia Tiburi</strong> desde Brasil y se puede leer en <em>Cómo conversar con un fascista. Reflexiones sobre el autoritarismo de la vida cotidiana</em> (Akal,2018). Podríamos pensar que esta guerra contra la verdad solo es cosa de fascistas, pero me parece que conviene reflexionar sobre a qué y a quién se presenta como fascismo. Necesitamos pensar que todo ataque a la verdad, incluso en nombre de nuestra mejor causa, es un ataque a la libertad de las personas y a la posible vida en democracia.</p>
<p><strong>Noam Chomsky</strong> nos dice: «No paras de decir mentiras y lo que ocurre es que el concepto verdad simplemente desaparece».<a href="#_ftn6" name="_ftnref6">[6]</a> Así se expresaba Chomsky en una entrevista hace pocos días con Amy Goodman. Lo decía pensando en la creación de mentiras en los EEUU en esta crisis del nuevo coronavirus. La verdad desaparece cuando no se puede distinguir mentira y verdad. Hay quien persigue este objetivo. No se trata sólo de colocar una mentira, de convencer de una realidad que no lo es. Lo que se persigue es que la ciudadanía ya no pueda distinguir una verdad de una mentira, que no tenga los instrumentos para hacerlo. Si no somos capaces de saber que es verdad y que no lo es, si no tenemos los instrumentos para poder hacerlo, si incluso llegamos a pensar que no existe nada que pueda ser considerado verdad, lo que queda es seguir a quien marca el camino. Se levanta la mano, el tuit, el discurso, el relato y se quiere que sigamos un determinado camino. La cancelación puede tener mucho que ver que esta imposición de la propia verdad. La verdad muere en esta cotidiana construcción de mentiras al servicio de imponer una verdad.</p>
<p>«La necesidad de verdad es la más sagrada de todas. Sin embargo, nunca se habla de ella». Así se expresaba <strong>Simone Weil</strong> (1909-1943) cuando, durante la Segunda Guerra Mundial, reflexionaba sobre las necesidades humanas y cómo se tenían que poder satisfacer. Deberíamos pensar y hablar más de la verdad, de la necesidad de verdad que tenemos. Tenemos que pensar y hablar sobre qué destruye la verdad. La verdad está muriendo desde los relatos surgidos de la comunicación de partidos, medios o empresas que nos presentan mentiras como si fueran verdades.</p>
<p>A Weil le preocupa como la mentira puede ser todo y como una parte mayoritaria de la sociedad no tiene tiempo y recursos para buscarla: «Hombres que trabajan ocho horas diarias hacen el gran esfuerzo de leer por la noche para instruirse. Como que no pueden ir a las grandes bibliotecas verificar lo que han leído, creen todo lo que figura en los libros. No hay derecho a que se les dé a comer algo falso».<a href="#_ftn7" name="_ftnref7"></a> En esta cita de una de sus obras más conocidas, <em>Echar raíces</em>, habla de libros, pero también tiene en cuenta los medios de comunicación, los partidos políticos&#8230; La necesidad de verdad exige que no se ejerza más el dominio del pensamiento que proceda de una preocupación que no sea exclusivamente la de la verdad.</p>
<p><strong>Francisco Fernández Buey</strong> (1943-2012), lector de Weil, de quien en 2019 publicó <em>Sobre Simone Weil. El compromiso con los desdichados </em>(El Viejo Topo, 2020), a veces hacía la siguiente pregunta en sus clases: ¿de qué dicho nos podemos sentir más cerca: del verso convertido en dicho «nada hay verdad ni mentira: / todo es según el color / del cristal con que se mira», de <strong>Ramón de Campoamor</strong>, o de «la verdad es la verdad, la diga Agamenón o su porquero», escrito por <strong>Antonio Machado</strong> para su Juan de Mairena. Hay que ser conscientes de cuando estamos ante hechos que podemos saber si son verdad y cuando estamos ante valoraciones, opiniones, donde tanta verdad puede tener una posición como otra. Él estaba con Machado. La verdad es la verdad, la diga una persona muy reconocida o desconocida. La verdad es la verdad, la digan desde nuestro bando o desde el contrario. Cuando no podamos hablar de verdades porque estamos en una esfera de opiniones no convertimos nuestra en verdad. Hay que asumir la diversidad y pluralidad que hay en nuestras sociedades. Este reconocimiento de la verdad nos permite superar la cancelación, la polarización que crea odio; nos permite tener debates y diálogos honestos. Componentes claves para una sociedad que se quiera democrática.</p>
<p><strong> </strong></p>
<h4><strong>Superar el partidismo y pensar con la propia cabeza</strong></h4>
<p>Simone Weil, durante esos años hizo otra gran aportación, su crítica al partidismo. Weil estaba profundamente preocupada por el hecho que la operación de tomar posición a favor o en contra había sustituido a la obligación de pensar. Y tenía dudas de que se pudiera remediar esta situación sin suprimir los partidos políticos.</p>
<p>El análisis de Weil sobre los partidos políticos es claro y alarmante. Nos presenta tres características esenciales de estas organizaciones. Un partido político es una máquina de fabricar pasión colectiva. Un partido político es una organización construida de tal modo que ejerce una presión colectiva sobre el pensamiento de cada uno de los seres humanos que son sus miembros. La primera finalidad y, en última instancia, la única finalidad de todo partido político es su propio crecimiento, y eso sin límite.</p>
<p>Cuando Simone Weil escribió «Notas sobre la supresión general de los partidos políticos»<a href="#_ftn8" name="_ftnref8">[8]</a> quiso plantear una reflexión sobre un gran mal para las personas y las sociedades. Un gran mal que hoy deberíamos continuar pensando y buscando las maneras de resolver. Comportamientos habituales en algunos de nuestros partidos políticos entiendo que así lo evidencian.</p>
<p>Al final de este texto Weil escribe:</p>
<p style="padding-left: 40px;">Incluso en las escuelas, ya no se sabe estimular de otra manera el pensamiento de los niños si no es invitándoles a tomar partido a favor o en contra. Se les cita una frase de un gran autor y se les dice: “¿Estáis de acuerdo o no? Desarrollad vuestros argumentos”. En el examen, los desgraciados, puesto que tienen que haber terminado la disertación al cabo de tres horas, no pueden pasar más de cinco minutos preguntándose si están de acuerdo. Y sería tan sencillo decirles: “Meditad este texto y expresad las reflexiones que se os ocurran”.<a href="#_ftn9" name="_ftnref9"></a></p>
<p>«Notas sobre la supresión general de los partidos políticos» está dedicado a los partidos políticos, pero va mucho más allá. El problema del partidismo no es un problema sólo de los partidos políticos. Tiene que ver con la necesidad constante de posicionarse a favor o en contra, con el estar con nosotros o contra nosotros.</p>
<p>El relato es una palabra clave de la comunicación de los últimos años. Hay que construir un relato. Hay que explicar de manera clara, sencilla, nuestra posición. Lo que hacemos, lo que defendemos, lo que queremos, lo que criticamos. No debería ser nada negativo que haya preocupación por comunicar y hacerlo bien. Quizás el problema está en saber qué significa hacerlo bien.</p>
<p>¿Convencer? ¿Imponer? ¿Ofrecer informaciones y argumentos que puedan formar parte de un debate?</p>
<p>Hoy, desgraciadamente, parece que lo que se acostumbra a perseguir es que la gente piense lo dicho, lo que se quiere.</p>
<p>En los relatos que se construyen no es difícil encontrar la negación de quien se considera enemigo o contrario. Se busca negar su posición e imponer la propia. No se busca la verdad, de lo que se pueda alcanzar, o asumir que no hay una verdad y que necesitamos discutir las diferentes opciones posibles. Seguro que tenemos muchos ejemplos de relatos de estas características. Siempre es más fácil que identifiquemos estos relatos negativos cuando quienes los hacen no somos nosotros, pero es imprescindible ser conscientes de que también nuestras opciones, sean las que sean, pueden caer en estas prácticas.</p>
<blockquote><p><strong>El problema del partidismo no es un problema solo de los partidos políticos. Tiene que ver con la necesidad constante de posicionarse a favor o en contra, con el estar con nosotros o contra nosotros</strong></p></blockquote>
<p>Estar con una parte o con otra pasa por encima del pensar, se impone al pensar. En demasiadas ocasiones se confunde la parte con el todo. Lo hacen los partidos políticos, pero no solo. La diversidad y la pluralidad de nuestras sociedades representan una extraordinaria riqueza. Necesitamos tener presente que más allá de nuestra parte, de nuestra posición, hay ideas, propuestas y argumentos que pueden ser necesarios y deseables. Hablemos de lo que hablemos, discutamos de lo que discutamos. Necesitamos tomar partido contra el partidismo para poder pensar con la propia cabeza.</p>
<p><strong> </strong></p>
<h4><strong>Principio de generosidad</strong></h4>
<p>Vivimos un modo de hacer política, dentro y fuera de las instituciones, que tiene como uno de sus fundamentos el ataque. Un ataque con razones o sin ellas. Este problema no es propio de un único partido, podíamos decir que es un mal de los partidos políticos, de la manera de hacer partidista.</p>
<p>Habría que defender y promover lo que podemos llamar <em>principio de generosidad</em>, también hay quien habla de <em>principio de caridad</em>. En el ámbito de la filosofía, de la lógica, se presenta de diferentes maneras este principio. Por lo que aquí nos ocupa y nos preocupa podemos definirlo así: el principio de generosidad plantea que toda afirmación o acción debería ser interpretada desde el reconocimiento de la racionalidad de quien la hace y en caso de que nos genere dudas habría que resolverlas antes de responder, criticar o atacar.</p>
<p>El principio de generosidad tiene objetivos claros, busca contribuir a la convivencia, al diálogo, a la discusión, a la comprensión. No se trata de negar las diferencias, ni los conflictos. Esta generosidad busca que podamos debatir, confrontar si es necesario, nuestras diferencias desde el juego limpio. El juego sucio no aporta nada a una manera democrática de entender el conflicto. Hacer decir a la otra parte lo que no dice es juego sucio. Atribuir a la otra parte acciones que no ha hecho es juego sucio. Lo que nos separa, que nos diferencia, incluso que nos enfrenta, necesitamos poderlo tratar constructivamente.</p>
<p>Para poder hacer efectivo un principio de generosidad hay que tener claro que todas las formas de ganar no son válidas; que una sociedad se debilita cuando una mentira pasa por verdad, aunque ello convenga a nuestra opción; que una sociedad se fortalece cuando hacemos pasar la verdad de los hechos por delante de nuestros intereses partidistas. El principio de generosidad, para poder existir, necesita un reconocimiento de las otras opciones que no son nuestras, que no compartimos, que no aceptamos. Pero hay que tener claro que sin esta generosidad no habrá fortalecimiento de todo lo que contribuye a una sociedad de convivencia, democrática, diversa y plural.</p>
<p>Tal como se apuntaba más arriba, sin conflicto no puede haber convivencia. Podríamos hablar del <em>principio del conflicto</em>. No hay conflicto que contribuya a la convivencia si no incorpora el principio de generosidad. Nuestra sociedad estará más lejos de poder ser democrática si no consigue superar la cancelación, el odio, el partidismo y consolidar el reconocimiento de la verdad, de los conflictos y la generosidad.</p>
<p><strong>Jordi Mir</strong> es profesor del departamento de Humanidades de la Universitad Pompeu Fabra y en la de Ciencias Políticas y de Sociología de la Universidad Autónoma de Barcelona. Es miembro del Centre d’Estudis sobre Moviments Socials (UPF).</p>
<h4><strong> NOTAS</strong></h4>
<p><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Véase: <a href="https://www.letraslibres.com/espana-mexico/cultura/una-carta-sobre-la-justicia-y-el-debate-abierto" target="_blank" rel="noopener">https://www.letraslibres.com/espana-mexico/cultura/una-carta-sobre-la-justicia-y-el-debate-abierto</a>.</p>
<p><a href="#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a> Daniel Gascón, «<a href="https://elpais.com/opinion/2020-06-12/la-nueva-censura-es-la-vieja-censura.html" target="_blank" rel="noopener">La nueva censura es la vieja censura</a>», <em>El País</em>, 13 de junio de 2020.</p>
<p><a href="#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a> Véase: <a href="https://twitter.com/EnricJuliana/status/1271731975515246593" target="_blank" rel="noopener">https://twitter.com/EnricJuliana/status/1271731975515246593</a></p>
<p><a href="#_ftnref4" name="_ftn4">[4]</a> Ed Rampell, «<a href="https://vientosur.info/el-cineasta-habla-con-jacobin-de-su-vida-y-de-la-politica/" target="_blank" rel="noopener">Entrevista a Oliver Stone. El cineasta habla con Jacobin de su vida y de la política</a>», <em>Viento Sur</em>, 28 de septiembre de 2020.</p>
<p><a href="#_ftnref5" name="_ftn5">[5]</a> Redacción de La Vanguardia, «<a href="https://www.lavanguardia.com/politica/20191128/471929115639/quim-torra-pide-independentismo-paul-engler-polarizar-aceptar-sacrificios-cataluna.html" target="_blank" rel="noopener">Torra pide al independentismo escuchar a un autor que insta a “polarizar más” y a “aceptar sacrificios</a>”», <em>La Vanguardia</em>, 28 de noviembre de 2019.</p>
<p><a href="#_ftnref6" name="_ftn6">[6]</a> Amy Goodman, «Noam Chomsky: “<a href="https://ctxt.es/es/20200401/Politica/31960/noam-chomsky-trump-sanidad-pandemia-mentiras-sociopatas.htm" target="_blank" rel="noopener">Si no paras de decir mentiras, el concepto de verdad simplemente desaparece</a>”», <em>ctxt</em>, 19 de abril de 2020.</p>
<p><a href="#_ftnref7" name="_ftn7">[7]</a> Simone Weil, <em>Echar raíces</em>, Trotta, Madrid, 2014, p. 48.</p>
<p><a href="#_ftnref8" name="_ftn8">[8]</a> Publicado en <em>Escritos de Londres y últimas cartas</em>, Trotta, Madrid, 2000.</p>
<p><a href="#_ftnref9" name="_ftn9">[9]</a> Simone Weil, «Notas sobre la supresión general de los partidos políticos», en <em>Escritos de Londres y últimas cartas</em>, Trotta, Madrid, 2000, p. 116.</p>
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<p>Acceso al artículo en formato pdf:  <a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/necesidad-de-verdad-con%ef%ac%82icto-y-generosidad-mas-alla-de-la-critica-a-la-cancelacion/" target="_blank" rel="noopener"><em><strong>Necesidad de verdad, conflicto y generosidad. Más allá de la crítica a la cancelación</strong></em></a></p>
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]]></content:encoded>
					
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		<title>Espacio público digital y dinámicas polarizadoras  </title>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 18 Feb 2022 11:09:12 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Análisis]]></category>
		<category><![CDATA[´]]></category>
		<category><![CDATA[Discursos de odio]]></category>
		<category><![CDATA[Espacio Público]]></category>
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					<description><![CDATA[Determinadas dinámicas políticas y digitales polarizan el espacio público. En condiciones de creciente desigualdad social, dificultan o pervierten el debate democrático.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong><img decoding="async" class="alignright size-thumbnail wp-image-142031" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/02/Papeles-152-300x422.jpg" alt="" width="300" height="422" /></strong>El texto de Víctor Sampedro<em>, Espacio público digital y dinámicas polarizadoras<a href="#_ftn2" name="_ftnref2"><sup>[1]</sup></a></em>pertenece a la sección <strong>A FONDO</strong> del <a href="https://www.fuhem.es/papeles/papeles-numero-152/" target="_blank" rel="noopener">número 152</a> de nuestra revista <a href="https://www.fuhem.es/revista-papeles/" target="_blank" rel="noopener"><em>Papeles de Relaciones Internacionales y Cambio Global</em></a>, dedicado a la Polarización.<a href="#_ftn1" name="_ftnref1"></a></p>
<p>El artículo aborda cómo determinadas dinámicas políticas y digitales polarizan el espacio público. En condiciones de creciente desigualdad social, dificultan o pervierten el debate democrático. Este último favorece consensos inclusivos, de composición variable y respetuosos con las minorías.</p>
<blockquote><p><strong>La polarización, en cambio, faccionaliza el debate público y favorece que una mayoría ficticia lo monopolice, imponiendo una pseudorealidad que estigmatiza la discrepancia y la disidencia.</strong></p></blockquote>
<p>A continuación ofrecemos el texto completo al final del cual incluimos un enlace para la descarga en formato pdf.</p>
<p><em>Trump es un imb</em><em>é</em><em>cil, pero ha conseguido una cosa: que la mitad del país no soporte a los progres. Y solo por eso bien merece un respeto.</em></p>
<p><em> </em>[Sobre la reforma educativa&#8230;]<em> ahora les van cerrando la educación concertada… ¡Claro! Y os cerrarán las iglesias, y os las quemarán, y harán puticlubs en ellas. Payasos, si es lo que os merec</em><em>é</em><em>is. No creen en nada.</em></p>
<p><em>P. Usted se siente muy cómodo teniendo enemigos</em></p>
<p><em>R. No, lo que pasa es que si no tienes, eres un farsante.</em></p>
<p><em>P. Dicen de usted: «Es el Freddy Krugger del periodismo español porque convierte las pesadillas de sus víctimas en realidad».</em></p>
<p><em>R. Ojalá [sonríe]. Me encantaría. Te hacía una crisis de gobierno ya mismo.</em></p>
<p>Son palabras de Federico Jiménez Losantos, promocionando su último libro en <em>El Confidencial</em> (2-12-2020). Condensan el discurso arquetípico del destropopulismo: merece respeto quien polariza, en nombre de unas creencias firmes y un pasado de confrontación que se perpetúa fabricando “enemigos”. Estos corroboran la autenticidad y sinceridad de un personaje pesadillesco que, en última instancia, aspira a provocar una permanente crisis de gobierno.</p>
<p>Hacía ya tiempo (29/01/2012) que ese mismo diario me había permitido calificar con ironía a Losantos como «representante del <em>pensador</em> español [&#8230;] que encaja bien dentro de ese segmento de incorrección política que buscan los <em>militant media»</em>. Me refería a los nuevos medios que en EEUU acabarían, junto con Donald Trump, calificando a la prensa de referencia como <em>fake media. </em>Casi una década después, el diario digital de centro-derecha publicitaba al militante más señero de la (ultra)derecha patria y patriótica.</p>
<p>Esa es la victoria a la que aspiran los Todos los Santos destropopulistas, demonizadores de credos contrarios, herejes y fariseos que «no creen en nada». Más presentes y cohesionados que sus émulos de izquierda,<a href="#_ftn2" name="_ftnref2"><sup>[2]</sup></a> pretenden colonizar el espacio conservador y el centro ideológico, marcando la agenda pública y desterrando la posibilidad de establecer debates públicos razonables; es decir, asentados en evidencias contrastadas y argumentados con lógica. Como prerrequisito, los adversarios se transforman en enemigos a batir. Y quienes no se suman a la cruzada son considerados “payasos” o “farsantes”. El éxito se alcanza cuando el oponente adopta también una estrategia polarizante y retroalimenta la estrategia antagonista.</p>
<p>En la entrevista mencionada, Losantos alardeaba: «Estuve una tarde entera en la Moncloa con Iván Redondo y, menos hacer el amor, hicimos de todo». Estremece recordar que quien dirige la Oficina Nacional de Prospectiva y Estrategia de País a Largo Plazo —más propagandística que prospectiva— forjó su carrera de <em>spin doctor</em> convirtiendo al “popular” García Albiol en alcalde con el slogan de «vamos a limpiar Badalona». De inmigrantes, se supone. Alarma saber que Pablo Iglesias considera a Redondo «culto, rápido y sensible». Y aún más que el vicepresidente del Gobierno se lamente: «es una pena que casi siempre haya trabajado para nuestros adversarios».<a href="#_ftn3" name="_ftnref3"><sup>[3]</sup></a></p>
<p>La espiral polarizadora gira con ondas expansivas que amplían su alcance. Hiela la sangre leer que hoy –11 de diciembre de 2020–, cuando rescribo esto, han muerto calcinados al menos tres migrantes en una nave industrial que se incendió en Badalona. Había habido ya un precedente en 2019. Allí vivían desde hacía doce años entre 100 y 200 personas. El alcalde Albiol intentó eximirse y criminalizar a las víctimas: «Es evidente que se trata de una okupación […] es inaceptable tener vecinos con miedo y que la administración no pueda actuar porque la ley defiende a los okupas». La presencia policial casi fue equiparable a la del cuerpo de bomberos. Los servicios sociales acogieron a una ínfima parte de los afectados. La mayoría «se esfumó». Y la “okupación” siguió siendo un ariete antigubernamental en la agenda de bulos de la (ultra)derecha, cuando su incidencia real es ínfima.<a href="#_ftn4" name="_ftnref4"><sup>[4]</sup></a></p>
<blockquote><p><strong>La polarización faccionaliza el debate y permite que una falsa mayoría lo monopolice, dictando una pseudorealidad ficticia y estigmatizadora del disidente y el opositor</strong></p></blockquote>
<p>En las líneas que siguen abordaré las dinámicas de carácter político-ideológico, las mediático-digitales y las condiciones sociales que han polarizado la esfera pública, en ocasiones inhabilitándola como espacio de debate democrático. La democracia promueve consensos inclusivos entre diferentes sectores sociales que mudan y que respetan los derechos de las minorías. La polarización, en cambio, faccionaliza el debate y permite que una falsa mayoría lo monopolice, dictando una pseudorealidad ficticia y estigmatizadora del disidente y el opositor .</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4><strong>Polarización polí</strong><strong>tica</strong></h4>
<p>La polarización es un engendro concebido en la cama redonda donde se ayuntan liderazgos políticos e “intelectuales” fogosos. En excitación mutua, les mueven tres presupuestos y otros tantos referentes.</p>
<p>1. Según Carl Schmitt<a href="#_ftn5" name="_ftnref5"><sup>[5]</sup></a> –el teórico nazifascista, cobijado por el franquismo–  la política requiere construir un antagonista colectivo: “ellos” vs. “nosotros”.</p>
<p>2. Niklas Luhmann<a href="#_ftn6" name="_ftnref6"><sup>[6]</sup></a> –el sociólogo antagonista de Jünger Habermas—, añade que la eficacia de un sistema comunicativo reside en su capacidad para plantear disyuntivas que simplifiquen la realidad y la competición política. Un sistema mediático eficaz fija la atención pública en dos opciones. No cabe aspirar a elevar el conocimiento y la capacidad dialógica de la ciudadanía, que se presuponen mínimos o nulos. Más aún, se asume como inevitable que la deliberación mediática no guarda relación con la realidad. El valor político de un líder se cifra, como los precios del mercado, en la atención y la valoración pública que recaban.</p>
<p>. 3 Jeffrey Alexander<a href="#_ftn7" name="_ftnref7"><sup>[7]</sup></a> sostiene que la tarea política conlleva –y a veces se limita a– realizar <em>performances,</em> “postureos” y puestas en escena. Ninguna más cautivadora que la que recurre a la retórica y los símbolos antagonistas.</p>
<p>Estos presupuestos conducen a la bipolarización que divide el campo político en sendas trincheras. La dialéctica del fuego cruzado se justifica, de nuevo, por tres lógicas propias de un sistema político que fomenta –y se alimenta de– los extremismos. Los genera para disimular (1) el vaciamiento de los programas de gestión y gobierno de lo público, indistinguibles excepto en la retórica electoral. Se agotan en el momento de formularlos. Y, alcanzado el poder, desaparecen las diferencias antes exaltadas en una campaña permanente que abarca los 364/5 días del año y las 24 horas del día y de la noche.</p>
<p>En consecuencia, (2) la propaganda política se limita a expresar <em>quié</em><em>n no se es</em>, atacando y difamando al adversario. Se le pretende expulsar de la esfera de debate legítimo, negándole legitimidad para ejercer la función representativa si se trata de cargos electos. Y, si son “muertos de hambre”, privándoles de los derechos humanos más elementales. La aplicación más aberrante y reciente de esto último afecta a los refugiados y exiliados, etiquetados de (potenciales) terroristas&#8230; y okupas. Quienes les asisten son denigrados con la etiqueta de “buenistas” o criminalizados como “traficantes de seres humanos” y “mafias de la inmigración”.</p>
<blockquote><p><strong>Un sistema mediático eficaz fija la atención pública en dos opciones. No cabe aspirar a elevar el conocimiento y la capacidad dialógica de la ciudadanía</strong></p></blockquote>
<p>(3) Alcanzar el estadio anterior –que, como vimos, ya es nuestro presente–, requiere haber convertido la “bonhomía” en objeto de mofa o escarnio; y la solidaridad, en empresa lucrativa y delictiva. Los marcos discursivos de la política, el debate de la <em>polis</em>, se empobrecen, reduciéndose a su dimensión más rudimentaria: la condena moral y/o legal del disidente y del enemigo ficticio. Esta es la estrategia más eficaz y efectiva para apelar y recabar la atención del público; que está saturado por el bombardeo incesante de acusaciones cruzadas del <em>tú más</em> y acostumbrado al <em>todo vale.</em></p>
<p>En este <em>pandemonium</em>, la ciudadanía se sabe incapaz de juzgar la competencia gestora o la coherencia ideológica de quienes se postulan como sus representantes. Siendo imposible evaluar sus trayectorias previas o el ejercicio de sus funciones, resulta más simple y fácil enaltecerles o denigrarles. Participar como espectador que aplaude o abuchea, presupone obviar lo que se da por supuesto: el fingimiento y el maniqueísmo. Suspender el juicio racional es, entonces, un requisito para seguir el espectáculo político-mediático. Dictar sentencias morales y expresar adhesiones o repulsa emocional son las vías de disfrute. Algo que resulta adecuado en el deporte espectáculo, tiene consecuencias nefastas cuando se traslada al espacio público donde se fraguan las identidades sociales y el destino colectivo.</p>
<p>En realidad, la respuesta ciudadana más extendida tiende a ser el cinismo –<em>nada es real</em>, <em>todos son iguales</em>– o el nihilismo –<em>que se vayan todos y todo al infierno–</em>. En cualquier caso, lo que en un principio era desafección institucional debida en gran parte al negativismo mediático se transforma en indiferencia individualista y luego en manifiesta desafección democrática. Se expresa en la pérdida de credibilidad y la consecuente crisis de la representación política y de la mediación periodística. Ambas ocupaciones se conciben, no sin razón, como “castas” indistinguibles e intercambiables. Iván Redondo y tantos otros <em>spin doctors</em> traspasan diariamente las puertas giratorias transitando entre despachos oficiales, redacciones y agencias de mercadotecnia. Allí se diseñan las marcas políticas, equiparadas y equiparables a las de consumo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4><strong>Polarizació</strong><strong>n medi</strong><strong>ática y digital</strong></h4>
<p>Cuando no se ofrecen políticas alternativas o se tachan de inviables, cuando la disidencia y la diversidad se demonizan, los medios privilegian dos roles públicos: el victimismo y el matonismo. Son los polos más extremos de una relación humana: víctima y verdugo se sitúan tan alejados la una del otro, que resulta imposible que establezcan una comunicación entre ellos. Requeriría de un reconocimiento mutuo que el sistema político-informativo no promueve. Y no lo hace porque los miedos, las redes y las plataformas digitales anteponen rentabilidad y la eficacia económica.</p>
<p>La cuantificación del público en audiencias y la mercantilización de los mensajes mediáticos se remontan a tiempos de Randolf Hearst: el <em>Ciudadano Kane</em> de Orson Wells, revisitado en la reciente <em>Mank</em> de David Fincher. Un apresurado repaso histórico señala que la prensa sensacionalista del siglo XX nació en EEUU vinculada a la propaganda bélica que, en concreto, provocaría la guerra hispano-estadounidense de 1898. Hearst y Joseph Pullitzer –el mismo que da nombre al prestigioso galardón periodístico– enviaron corresponsales a Cuba que inventaron crónicas y bulos para justificar la intervención y la anexión estadounidenses de las colonias españolas. La supuesta prensa de prestigio, representada por los medios corporativos, remató el siglo XX avalando la invención de las armas de destrucción masiva que “motivaron” la invasión de Irak.</p>
<p>Ya en 1925, Edward McKernon había publicado <em>Fake news and the public</em>. Un libro que llevaba el significativo título de <em>Cómo la prensa combate el rumor, al mercader y al propagandista. </em>Tampoco el término<em> post-verdad</em> es una novedad de<em> Oxford Dictionaries </em>tras la victoria del Brexit y de Donald Trump, tal como se cita a menudo. Steve Tesich acuñó <em>post-truth</em> en 1992. Tras la primera guerra del Golfo escribió con sorna: «Nosotros, como pueblo libre, hemos decidido libremente que queremos vivir en un mundo de post-verdad». Se refería a que la ciudadanía, reducida a espectadora-consumidora, elegía la versión de la realidad que avalaba sus sesgos y prejuicios.</p>
<p>La capacidad de generar noticias a la carta y polarización aumenta con las tecnologías digitales, que amplían la emisión y difusión de mensajes antagonistas. Lo que no implica que esas posibilidades se democraticen. Los internautas se creyeron liberados del control de la agenda pública que hasta entonces gestionaban los periodistas, en intercambios simbióticos con las fuentes institucionales y de mayor poder. Pero el tiempo ha desvelado que la ciudadanía actúa bajo las mismas lógicas de mercantilización comunicativa que imperaban en los medios tradicionales y que los algoritmos llevan al extremo incorporando la inteligencia artificial.</p>
<blockquote><p><strong>La capacidad de generar noticias a la carta y polarización aumenta con las tecnologías digitales, que amplían la emisión y difusión de mensajes antagonistas</strong></p></blockquote>
<p>El mito de la “desintermediación digital”, una comunicación autónoma y soberana, sin intermediarios profesionales, es desmentido por el proceso de <em>datificación</em>. Representa el intento de reducir todos los planos de la  realidad –la individual y la colectiva, la física y la psíquica– a datos. Culmina, por el momento, la racionalización burocrática de la  esfera pública que arrancó en la  Modernidad.<a href="#_ftn8" name="_ftnref8"><sup>[8]</sup></a> Permite el registro masivo y tiempo real de los macrodatos de todas nuestras comunicaciones e interacciones digitales. Y hace posible analizarlos de forma automatizada con inteligencia artificial. De modo, que los algoritmos “aprenden” y aumentan de eficacia cuantos más datos procesen, actúan como los nuevos <em>gatekeepers</em>, los porteros que dan acceso a la esfera pública. Y, lejos de rebajarlos, exacerban los sesgos que contribuyen a una desigualdad acumulativa en el plano comunicativo.</p>
<p>La economía política de la industria de datos exige un <em>engagement</em> constante de los usuarios con los dispositivos y los flujos digitales. El <em>empantallamiento</em> continuo y la interacción incesante en las redes y plataformas genera más macrodatos. Y esto requiere viralizar con algoritmos los mensajes más extremos y polarizados. Se testan para incrementar su eficacia. Y se adaptan al perfil del internauta con un elevado nivel de segmentación y personalización.</p>
<p>El usuario digital fue bautizado entre loas como <em>prosumidor. </em>Pero no ha adquirido mayor autonomía ni soberanía comunicativas que el consumidor de medios tradicionales. En todo caso y ese plano, ha salido perdiendo. Participa de modo subordinado en todas las fases de producción de contenidos y flujos comunicativos: desde los estudios de mercado a la elaboración y la promoción del mensaje. Su autonomía dependerá de factores que no podemos abordar aquí. Apenas cabe apuntar que su libre albedrío peligra, si opera de modo compulsivo, intentando capitalizar y rentabilizar su marca digital en plataformas centralizadas, de código cerrado y privativo.<a href="#_ftn9" name="_ftnref9"><sup>[9]</sup></a></p>
<p>De ahí, el fenómeno de las “cámaras de eco” donde se fraguan unas supuestas “comunidades digitales”. En realidad son “granjas de datos”, que generan mensajes –y macrodatos– para el auto-consumo cada vez más extremos.<a href="#_ftn10" name="_ftnref10"><sup>[10]</sup></a> Exacerbados los contenidos emocionales, el paso de las conexiones digitales a las afectivas desemboca con frecuencia en discursos del odio, basados en conexiones coactivas, represivas o incluso eugenésicas.</p>
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<h4><strong>Condiciones sociales de la (falsa) polarización</strong></h4>
<p>La polarización de las condiciones socioeconómicas abona las dinámicas comunicativas antes apuntadas. «En una sociedad que es injusta, debido a desigualdades injustas entre personas, las formas de racionalizar privilegios inmerecidos se osifican en esquemas rígidos y creencias inmutables. Estas creencias son barreras para la racionalidad del pensamiento y la empatía que explota la propaganda».<a href="#_ftn11" name="_ftnref11"><sup>[11]</sup></a></p>
<p>La <em>pseudoinformación</em> –la desinformación de las mal llamadas <em>fake news</em><em>–</em> encubre su intención propagandística en el formato de noticias. Así incrementan el impacto persuasivo, porque se les presupone una veracidad de la que carecen. Construida, según el lenguaje trumpiano con “hipérboles verdaderas”, exageraciones no acordes con la realidad, pero con un anclaje real, aunque sea mínimo, y con “hechos alternativos” que no son ciertos, pero que podrían llegar a serlo, la pseudoinformación es el formato comunicativo hegemónico en la pseudocracia: el régimen donde gobierna quien mejor miente, convirtiéndonos en propagandistas de la demagogia que socava la democracia.<a href="#_ftn12" name="_ftnref12"><sup>[12]</sup></a></p>
<blockquote><p><strong>Construida con “hipérboles verdaderas”, exageraciones y “hechos alternativos”, la pseudoinformación es el formato comunicativo hegemónico en la pseudocracia</strong></p></blockquote>
<p>«La propaganda es parte característica del mecanismo por el cual las personas son engañadas sobre la mejor manera de lograr sus objetivos y, por lo tanto, engañados para ver lo que es mejor para sus propios intereses».<a href="#_ftn13" name="_ftnref13"><sup>[13]</sup></a> Y la propaganda mina la democracia invocando ideales democráticos pero con el fin de subvertirlos. Su preeminencia, como señala Jason Stanley, obedece a que «en una sociedad de gestión [y añadimos, algorítmica del espacio público], el mayor bien es la eficiencia. En una sociedad democrática, en cambio, el mayor bien es la libertad o la autonomía».<a href="#_ftn14" name="_ftnref14"><sup>[14]</sup></a></p>
<p>De modo que la pseudoinformación, presentada como una contribución al discurso público que encarna un digno ideal político, económico o racional, en realidad, está al servicio de una meta que socava ese ideal. Y los grupos menos privilegiados acaban suscribiendo o incluso asumiendo como propias ideologías dominantes que defienden los intereses de las élites. Aplicado a Donald Trump. «Mi dinero y mi ego primero» es el auténtico sentido del <em>America First</em>.</p>
<p>Pero cuidado con polarizar las responsabilidades y eximirnos de ellas. Recordemos que la polarización necesita retroalimentarse. Los discursos de la heteronormatividad o la racialización que las elites blancas progresistas esgrimen en EEUU, y las de aquí copiamos, también funcionan como símbolo de estatus y superioridad. Según el politólogo Michael Lind, «[l]a cada vez más poderosa e intolerante clase identitaria nacional justifica su iconoclastia cultural en nombre de las minorías oprimidas [&#8230;] Pero esta es solo una excusa para un programa jerárquico de imperialismo cultural por parte de gestores mayoritariamente blancos y acaudalados, licenciados, profesionales y rentistas».<a href="#_ftn15" name="_ftnref15"><sup>[15]</sup></a></p>
<p>Un estudio reciente, de octubre de 2020, sobre la polarización en España<a href="#_ftn16" name="_ftnref16"><sup>[16]</sup></a> señala que la ideología y las identidades más presentes en el espacio público funcionan como pantallas para evitar ocuparnos de los asuntos socioeconómicos. Y se confirma que las identidades que proyectan los medios y por las que percibimos el mundo, nos separan más que las políticas públicas concretas.<a href="#_ftn17" name="_ftnref17"><sup>[17]</sup></a> Cuando hablamos de medidas políticas, manifestamos un consenso que no encuentra portavoces, tiempos ni espacios en las instituciones ni en los medios; de modo que podemos responsabilizarlos de la creciente incomunicación antipolítica.<a href="#_ftn18" name="_ftnref18"><sup>[18]</sup></a></p>
<p>Hace años que crece la polarización afectiva e ideológica. Los partidos políticos españoles cada vez se alejan más en sus posiciones ideológicas y territoriales. De modo que los sentimientos de los votantes de un partido hacia el resto se encuentran entre los más negativos del mundo. Nos referimos a cómo valoramos a los miembros de otros grupos, por ejemplo, los votantes o simpatizantes de ciertos partidos, y a nuestras actitudes hacia ellos por el mero hecho de su pertenencia a un grupo ideológicamente similar o distinto al nuestro.</p>
<p>Según el estudio antes citado, en España la polarización ideológica y territorial duplica o triplica la polarización sobre los impuestos y la inmigración. Multiplica por seis veces la polarización en torno a la sanidad pública y por quince la inexistente polarización sobre los servicios públicos. En la misma línea, sorprende constatar que, respecto a las medidas para frenar los contagios del coronavirus, las preferencias respecto a las políticas más efectivas para combatir la pandemia no difieren entre distintos grupos ideológicos.</p>
<p>Queda claro, pues, que para mejorar el debate público deberiamos hablar de políticas concretas, precisamente aquello que los partidos políticos no pueden rentabilizar en votos, ni los medios en clicks  por ser objeto de consenso. De ahí que proliferen las trampas de la identidad y las trampa de clicks –<em>click baits</em><em>–</em>. Son cepos eficaces en la economía de la atención que da lugar a la pseudocracia.</p>
<p>Un último apunte de actualidad “ilumina” las tesis aquí expuestas. Las luces navideñas de 2020 en Madrid siguieron el patrón del escándalo polarizador preprogramado. Mientras las zonas del sur de la ciudad protestaban contra los cortes de energía eléctrica que sufrían las barriadas más desfavorecidas, el Ayuntamiento invirtió, en plena pandemia, 3,17 millones de euros, superando la partida del año anterior. Entre tamaño despliegue lumínico destacaron las bandas con los colores de la bandera española. Con una longitud de entre 350 y 480 metros cuadrados, se emplazaron en varios tramos de la ciudad. Otra de 760 metros de longitud recorrió la distancia entre las plazas de Neptuno y Colón. En resumen: la bandera, usada una vez más como tapadera, esta vez de la pobreza energética. Y que esgrimida como adorno navideño –“normalizado”, según el Consistorio – pretendía polarizar a la oposición como “antiespañola”.</p>
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<p><strong>Víctor Sampedro Blanco</strong>. Catedrático de Comunicación política. <a href="http://www.victorsampedro.com" target="_blank" rel="noopener">www.victorsampedro.com</a></p>
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<h4>NOTAS:</h4>
<p><a href="#_ftnref1" name="_ftn1"><strong><sup>[1]</sup></strong></a> Este trabajo se inscribe dentro del Proyecto PGC2018-095123-B-I00, del Plan Nacional I+D.</p>
<p><a href="#_ftnref2" name="_ftn2"></a><a href="#_ftnref2"> <sup>[2]</sup></a> Yohai Benkler y otros, <em>Partisanship, Propaganda, &amp; Disinformation, </em>Harvard University, 2016, disponible en:<em>  </em><a href="https://dash.harvard.edu/bitstream/handle/1/33759251/2017-08_electionReport_0.pdf?sequence=9" target="_blank" rel="noopener">https://dash.harvard.edu/bitstream/handle/1/33759251/2017-08_electionReport_0.pdf?sequence=9 </a></p>
<p><a href="#_ftnref3" name="_ftn3"></a><a href="#_ftnref3"> <sup>[3]</sup></a> Manuel Jabois, «Iván Redondo sale a que le dé la luz», <em>El País,</em> 17 de octubre de 2018, disponible en: <a href="https://elpais.com/politica/2018/10/16/actualidad/1539688589_105637.html" target="_blank" rel="noopener">https://elpais.com/politica/2018/10/16/actualidad/1539688589_105637.html</a>.  Ver también <em>Otra Vuelta de Tuerka,</em> Pablo Iglesias con Iván Redondo, disponible en: <a href="https://www.youtube.com/watch?v=qIv20bm21to" target="_blank" rel="noopener">https://www.youtube.com/watch?v=qIv20bm21to</a></p>
<p><a href="#_ftnref4" name="_ftn4"><sup>[4]</sup></a> Martín Cúneo, «El fantasma de la okupación, agítese antes de usar», <em>El salto</em>, 28 de agosto de 2020, disponible en: <a href="https://www.elsaltodiario.com/especulacion-urbanistica/vivienda-desahucio-pah-mentiras-bulos-fantasma-okupacion-agitese-antes-usar" target="_blank" rel="noopener">https://www.elsaltodiario.com/especulacion-urbanistica/vivienda-desahucio-pah-mentiras-bulos-fantasma-okupacion-agitese-antes-usar</a></p>
<p><a href="#_ftnref5" name="_ftn5"><sup>[5]</sup></a> Carl Schmitt, <em>El concepto de lo político,</em> Alianza, Madrid, 1991.</p>
<p><a href="#_ftnref6" name="_ftn6"><sup>[6]</sup></a> Niklas Luhmann, <em>La realidad de los medios de masas</em>, Anthropos, Barcelona, 1991.</p>
<p><a href="#_ftnref7" name="_ftn7"><sup>[7]</sup></a> Jeffrey Alexander y otros, <em>Social Performance: Symbolic Action, Cultural Pragmatics, and Ritual</em>, Cambridge University Press, Cambridge, 2006. Ver la excelente síntesis de Schmitt, Luhmann y Alexander que ofrece la tesis doctoral de Jaime Andrés Wilches Tinjacá, <em>Del narcotraficante ilegal al narcopopulismo legitimado, </em>Universitat Pompeu Fabra, Barcelona, 2020.</p>
<p><a href="#_ftnref8" name="_ftn8">[8]</a> Víctor Sampedro, <em>Comunicación y sociedad: opinión pública y poder</em>, UOC, Barcelona, 2021.</p>
<p><a href="#_ftnref9" name="_ftn9">[9]</a> Víctor Sampedro, <em>Dietética digital para adelgazar al Gran Hermano, </em>Icaria<em>, </em>Barcelona, 2018; en concreto «Códigos, protocolos y redes para la libertad», disponible en: <a href="https://dieteticadigital.net/codigos-protocolos-y-redes-para-la-libertad/" target="_blank" rel="noopener">https://dieteticadigital.net/codigos-protocolos-y-redes-para-la-libertad/</a></p>
<p><a href="#_ftnref10" name="_ftn10">[10]</a> Víctor Sampedro, <em>op. cit</em>., 2018; en concreto: «Un mundo feliz: del Big Brother al Big Data», disponible en: <a href="https://dieteticadigital.net/un-mundo-feliz-del-big-brother-al-big-data/" target="_blank" rel="noopener">https://dieteticadigital.net/un-mundo-feliz-del-big-brother-al-big-data/</a></p>
<p><a href="#_ftnref11" name="_ftn11">[11]</a> Jason Stanley, <em>How Propaganda Works,</em> Princeton Univ. Press, 2015, p.26.</p>
<p><a href="#_ftnref12" name="_ftn12">[12]</a> Víctor Sampedro, <em>op. cit.</em>, 2018; en concreto «Pseudocracia», disponible en: <a href="https://dieteticadigital.net/pseudocracia/" target="_blank" rel="noopener">https://dieteticadigital.net/pseudocracia/</a></p>
<p><a href="#_ftnref13" name="_ftn13">[13]</a> Jason Stanley, <em>op. cit.</em>, p. 34.</p>
<p><a href="#_ftnref14" name="_ftn14">[14]</a> <em>Ibídem,</em> p. 46.</p>
<p><a href="#_ftnref15" name="_ftn15">[15]</a> Michael Lind, «The Revenge of the Yankees», <em>Tablet,</em> 16 de noviembre de 2020, disponible en: <a href="https://www.tabletmag.com/sections/news/articles/revenge-of-the-yankees" target="_blank" rel="noopener">https://www.tabletmag.com/sections/news/articles/revenge-of-the-yankees</a></p>
<p><a href="#_ftnref16" name="_ftn16">[16]</a> Luis Miller, <em>Polarización en España: más divididos por ideología e identidad que por políticas públicas, </em>15 Octubre 2020, disponible en: <a href="https://dobetter.esade.edu/es/polarizacion-espana?_wrapper_format=html" target="_blank" rel="noopener">https://dobetter.esade.edu/es/polarizacion-espana?_wrapper_format=html</a></p>
<p><a href="#_ftnref17" name="_ftn17">[17]</a> Víctor Sampedro, <em>La pantalla de las identidades: Medios de comunicación, política y mercados de identidad,</em> Icaria, Barcelona, 2003, disponible en: <a href="https://victorsampedro.com/libros/la-pantalla-de-las-identidades" target="_blank" rel="noopener">https://victorsampedro.com/libros/la-pantalla-de-las-identidades</a></p>
<p><a href="#_ftnref18" name="_ftn18">[18]</a> Víctor Sampedro, «Trump y la incomunicación anti-política», <em>Público</em>, 11 de noviembre de 2020, disponible en <a href="https://blogs.publico.es/dominiopublico/35192/trump-y-la-incomunicacion-anti-politica/" target="_blank" rel="noopener">https://blogs.publico.es/dominiopublico/35192/trump-y-la-incomunicacion-anti-politica/</a></p>
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<p>Acceso al texto completo del artículo en formato pdf: <a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/espacio-publico-digital-y-dinamicas-polarizadoras/" target="_blank" rel="noopener"><em>Espacio público digital y dinámicas polarizadoras </em></a></p>
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		<title>Polarización: ¿sociedad en crisis?</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 01 Feb 2021 10:33:52 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Análisis]]></category>
		<category><![CDATA[destacadasecosocial]]></category>
		<category><![CDATA[Polarización]]></category>
		<category><![CDATA[Posverdad]]></category>
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					<description><![CDATA[Artículo introductorio de Santiago Álvarez Cantalapiedra en el número 152 de la revista Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, que analiza el fenómeno de la Polarización. ]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><em><img decoding="async" class="alignright wp-image-137206 size-thumbnail" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/01/Papeles152-300x422.jpg" alt="" width="300" height="422" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/01/Papeles152-300x422.jpg 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/01/Papeles152-450x633.jpg 450w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/01/Papeles152-350x492.jpg 350w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/01/Papeles152-64x90.jpg 64w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/01/Papeles152.jpg 600w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></em></p>
<p><strong>Santiago Álvarez Cantalapiedra </strong>introduce el número 152 de<em> Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global</em>, con el texto titulado: <em>Polarización: síntoma mórbido de una sociedad en crisis.</em><strong><br />
</strong></p>
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<p>El pasado seis de enero cientos de partidarios de Donald Trump asaltaron el Capitolio de los Estados Unidos apenas unos minutos después de que comenzara la sesión destinada a certiﬁcar la victoria de Joe Biden en las elecciones del tres de noviembre.</p>
<p>Este acontecimiento se ha convertido en un símbolo de la polarización política que atraviesa aquel país. Entre los asaltantes, un hombre ataviado con pieles de un bisonte que se hacía llamar el lobo de <em>Yellowstone</em> en su canal de YouTube, desde el que deﬁende las teorías del movimiento QAnon (acrónimo de Q-Anonymous).</p>
<p>Este movimiento surgido de foros de internet ha visto su mensaje propagado y ampliﬁcado gracias a los algoritmos que utilizan las redes sociales para captar la atención del usuario primando los contenidos más controvertidos y disparatados.</p>
<blockquote><p><strong>Las redes digitales están redeﬁniendo la naturaleza del espacio público. La información contrastada y de calidad está siendo desplazada por mensajes sensacionalistas y adhesiones emotivas.</strong></p></blockquote>
<p>El mensaje de QAnon no puede ser más delirante: Q –un i<em>nsider</em> del círculo más próximo a Trump con pleno acceso a información conﬁdencial– es el encargado de destapar la agenda oculta de las elites globales que gobiernan el mundo, así como el plan de Trump para hacerle frente. Estas elites no sólo mueven los hilos del poder, sino que también son responsables, entre otras cosas, de la propagación de la pandemia del COVID-19 y de una monstruosa red de pedoﬁlia a nivel mundial.</p>
<p>Para los seguidores de QAnon, Trump es su salvador, mientras que Q, su profeta, es el encargado de revelar a sus seguidores –a través de breves entregas que reciben el nombre de <em>drops</em> (gotas)– las acciones del plan maestro que el expresidente tenía preparado para contrarrestar la perﬁdia de los globalistas. Podría servir perfectamente de materia narrativa para una entretenida ficción distópica. Pero resulta más esclarecedor si contemplamos lo que realmente signiﬁca: el síntoma mórbido de una sociedad en crisis.</p>
<h4>Problemas con la verdad</h4>
<p>Vivimos en una sociedad que padece un grave problema en relación con la verdad. En el ámbito del conocimiento tal vez no podamos aspirar –como señala la ciencia– más que a certezas (provisionales), pero en la vida política y social la renuncia a una búsqueda honesta de la verdad solo conduce a la mentira y a la trapacería.</p>
<p>Si esta actitud desaparece de nuestras virtudes cívicas, las consecuencias son catastróﬁcas. Es la conclusión a la que llega cualquiera que haya visto la miniserie Chernobyl basada en muchos de los testimonios recogidos por la escritora bielorrusa Svetlana Aleksiévich (ganadora del Premio Nobel de Literatura del año 2015) en su libro <em>Voces de Chernóbil</em>. Es la conclusión que cabe aventurar de la forma en que estamos encarando el cambio climático u otras de las manifestaciones de la crisis ecosocial en la que andamos metidos.</p>
<p>Fruto del llamado paradigma de la posverdad, que no reconoce más que juicios subjetivos, surge una nueva lógica política marcada por la confrontación y la polarización de posiciones al no existir ninguna realidad veriﬁcable, sino únicamente controversias interminables sobre “hechos alternativos”.</p>
<blockquote><p><strong>En la vida política y social la renuncia a una búsqueda honesta de la verdad solo conduce a la mentira y a la trapacería.</strong></p></blockquote>
<p>Cuando a una astracanada no se la reconoce como un disparate, ni a una mentira como una falsedad, considerando ambas solo como realidades “controvertidas”, quedamos entrampados en un «relativismo nihilista, que no reconoce ningún conocimiento ni ninguna norma, que todo lo iguala, y que legitima como “opiniones” diferentes lo que debería ser considerado falso o inhumano».<sup>1</sup></p>
<p>Este relativismo ético y epistémico se propaga al conjunto de la sociedad a través de unos medios de comunicación que han experimentado una transformación radical con la digitalización, intensiﬁcando sustancialmente esa tendencia. Pero la cosa viene de más lejos, pues la base intelectual de la posverdad se puede percibir en la ﬁlosofía posmoderna que empieza a dominar el pensamiento occidental a partir de la década de los setenta del siglo pasado coincidiendo, curiosamente, con el arranque de la hegemonía neoliberal.</p>
<p>También las mutaciones en los medios de comunicación son anteriores a la irrupción de la digitalización. Lo que los situacionistas de los años sesenta del siglo pasado llamaron <em>Sociedad del espectáculo </em>no era más que el aviso temprano de hacia dónde nos conduce la mercantilización de la información: al primado de las emociones y los sentimientos frente a la información objetiva y rigurosamente contrastada.</p>
<p>Con estos mimbres intelectuales y comunicativos no ha sido difícil trenzar el cesto de la posverdad. Ahora, bajo el capitalismo digital que sacriﬁca la búsqueda de la verdad por la captación de la atención del usuario, la manipulación alcanza el grado de perfección que supone el paso de lo artesanal a lo tecnológicamente soﬁsticado.</p>
<p>En esta nueva modalidad del capitalismo histórico las empresas digitales nos conocen mucho mejor de lo que nos conocemos a nosotros mismos. Y no solo porque disponen de toda la información que voluntariamente ponemos a su alcance, sino también porque su operativa, basada en algoritmos, se ha construido teniendo presente lo que sabemos por la biología evolutiva y las neurociencias: que el cerebro del ser humano es bueno para distinguir objetos y responder a deseos y pulsiones, pero no tanto para comprender de forma intuitiva el conocimiento complejo. Al no estar adaptados para estos menesteres, nuestra mente se deja seducir por atajos sencillos. Rehuimos lo complejo, refugiándonos y encastillándonos en lugares comunes. En un contexto como el actual, en el que prima la incertidumbre y la inseguridad, la tentación simpliﬁcadora actúa como bálsamo de Fierabrás a la hora de comprender y buscar soluciones a los problemas de la realidad. La insistencia en la política actual de la necesidad de un relato para comprender y actuar expresa bien esta predisposición a los atajos.</p>
<h4>Problemas para representar la realidad social</h4>
<p>Así pues, existe en la actualidad un nexo directo entre la posverdad y el modus operandi de los medios de comunicación, y entre estos y la polarización política. Pero el problema de la polarización no se reduce a esos vínculos. Desde luego que esos nexos explican buena parte de los discursos políticos crispados, el auge de las teorías conspirativas y el negocio de las <em>fake news</em>, pero dejan en la oscuridad otro problema tan importante como el poco aprecio que mostramos por la verdad y que tiene que ver con la escasa representatividad de las instituciones democráticas.</p>
<p>La polarización, al ﬁn y al cabo, es solo un síntoma de la involución que han experimentado en las últimas décadas las democracias. Esta erosión democrática tiene muchas vertientes: una de ellas, tal vez la principal, es el cuestionamiento de los derechos sociales y las libertades fundamentales bajo el orden neoliberal. Durante este periodo la razón democrática se ha visto asediada por el cerco de los intereses particulares de quienes detentan el poder económico. La dominación neoliberal ha destruido el frágil equilibrio entre la libertad individual y la preocupación por el bien común que había constituido el fundamento de la democracia liberal.<sup>2</sup>  Sin embargo, hay otras vertientes a las que se presta menos atención y que tienen que ver con la forma en que la clase política desatiende los problemas fundamentales de la gente y con la creciente desconﬁanza y desafección que, como consecuencia, muestra la ciudadanía hacia las instituciones.</p>
<blockquote><p><strong>En la actualidad hay un nexo directo entre la posverdad y el modus operandi de los medios de comunicación</strong></p></blockquote>
<p>El problema de la creciente desconexión de los políticos profesionales de sus representados no es algo nuevo y fue puesto de maniﬁesto por movimientos como el 15M tras la Gran Recesión de principios de siglo.</p>
<p>La quiebra del sistema tradicional de partidos y la irrupción de nuevos actores en el escenario político pudieron ser la oportunidad de aminorar esa brecha. Sin embargo, las formaciones políticas emergentes, que se atrevieron a denunciar que la ciudadanía era tratada poco menos que como una comparsa en un juego ceremonial de elecciones a la que era convocada periódicamente para luego ser desplazada de nuevo entre bastidores mientras el escenario era ocupado por castas y camarillas políticas, no solo revelaron poseer grandes carencias organizativas y una desigual implantación territorial, sino también poca representatividad de las clases populares fuertemente dañadas por la crisis y las políticas de ajuste.</p>
<p>La composición del Parlamento que ha surgido de las dos últimas elecciones generales revela avances en la renovación generacional de los diputados y en los objetivos de paridad entre hombres y mujeres, pero no ha logrado reﬂejar en la misma medida la estructura social del país. Es más, Podemos, el partido con una vocación más maniﬁesta para romper esta brecha de representatividad ofrece entre su dirigencia un perﬁl sociológico tan homogéneo como poco próximo al de las clases populares que cabría suponer quieren representar.</p>
<h4>Una mezcla explosiva</h4>
<p>La mezcla de poco aprecio por la verdad e insuﬁciente representatividad institucional de las necesidades reales de las mayorías sociales puede dar lugar a un cóctel peligroso para el sistema democrático.</p>
<p>Sectores cada vez más amplios de la población se consideran abandonados al tiempo que crece el descrédito por valores liberales como la tolerancia y el respeto a los adversarios políticos. Este es el caldo de cultivo de la cultura de la polarización.</p>
<p>Es un terreno propicio para la consolidación de nuevas formaciones políticas. El vacío que deja tanto el desprecio por la verdad como el desapego a las más elementales virtudes cívicas de convivencia, unido al sentimiento de orfandad en la representación política, está siendo ocupado con asombrosa rapidez por formaciones que hacen del resentimiento y la crispación su bandera política y que tienen la habilidad de ocultar, en medio del ruido y la confusión mediática, las verdaderas razones del descontento social.</p>
<p>Se trata de un movimiento tan extendido como dispar en sus posiciones. En los EEUU, los terrores demográﬁcos de la (aún) mayoría blanca anglosajona y los efectos sociales de la desindustrialización provocada por la globalización, con el trasfondo de un racismo irresuelto, ha precipitado en el <em>trumpismo</em>. En la Europa oriental, el desencanto por el poscomunismo y la democracia liberal está precipitando regímenes tradicionalistas y autoritarios. En el occidente y norte de Europa, frente a la impotencia y fracaso del proyecto de integración, arraiga un sentimiento de pérdida de “la identidad de la nación” al tiempo que se extiende la islamofobia y xenofobia en nombre de una supuesta defensa de los valores de la laicidad:</p>
<p style="padding-left: 40px;">En 2017, El Tribunal Europeo de Justicia dictaminó que los empleadores podrían prohibir a sus trabajadores la exhibición de símbolos religiosos. El asunto fue remitido por un tribunal belga en 2006, cuando una recepcionista de la ﬁlial en Bélgica de la empresa de seguridad británica G4S fue despedida porque quería llevar chador. Aunque los principales objetivos de la prohibición eran las mujeres musulmanas, la resolución signiﬁcó que, en teoría, un empresario podría impedir que un hombre judío llevara una kipá, un sij llevara un turbante o las personas cristianas llevaran cruces. Entretanto, en Francia, Dinamarca, Bulgaria, Austria, Bélgica y zonas de Suiza está prohibido llevar en espacios públicos burka y nicab (prenda que cubre el rostro), una decisión que Amnistía Internacional lamentó apoyándose en el evidente principio liberal de que «todas las mujeres deberían tener la libertad de vestir como quieran y llevar ropa que expresa su identidad o creencias».<sup>3</sup></p>
<p>Esta particular reinterpretación de la laicidad como espacio en el que no cabe ninguna religión (en lugar de la genuina aﬁrmación laica de que en una sociedad caben todas las confesiones) es, sin embargo, la antesala para reivindicar las creencias propias (religiosas o políticas) como las únicas legítimas, que además ayudarán a recuperar el alma perdida de la nación. Continuemos con la cita:</p>
<p style="padding-left: 40px;">En Baviera, en cambio, el ministro presidente Markus Söder, de la Unión Social Cristiana (CSU), aprobó una ley de «cruciﬁjo obligatorio» (Kreuzpﬂicht) que compelía a colgar una cruz en la entrada de todos los ediﬁcios públicos. Una idea similar fue puesta en marcha en Italia por Matteo Salvini (…) Ambas iniciativas se toparon con la ﬁrme desaprobación de la Iglesia Católica. En Baviera, el obispo de Wurzburgo, Franz Jung, el cardenal Reinhard Marx, arzobispo de Múnich, y otras eminencias eclesiásticas que, obviamente, saben más de principios de laicidad que el ministro presidente bávaro, lamentaron la decisión. En Italia, el periódico católico <em>Famiglia Cristiana</em>, apoyado por obispos y jesuitas, condenó la iniciativa mostrando en primera plana el titular «<em>Vade retro</em>, Salvini».<sup>4</sup></p>
<p>La política del resentimiento siempre tiene a mano un chivo expiatorio (inmigrantes, minorías étnicas o religiosas, etc.), una teoría conspirativa (la judeo-masónica o la de España nos roba), el mito de un pasado glorioso y, sobre todo, mucha agresividad para quienes se atrevan a desvelar que son formaciones que no representan la solución de nada sino únicamente el síntoma mórbido de un problema complejo. Un problema para el que no hay atajos y que tiene que ver no solo con cuestiones materiales de fondo (la inseguridad e incertidumbre que provoca la combinación de crisis en la que estamos), sino también con el desapego a la verdad, la falta de unas instituciones conﬁables en su representatividad y el abandono del ejercicio de la tolerancia y el respeto.</p>
<p>Vivimos el ﬁnal de un orden neoliberal en descomposición en medio de una crisis ecosocial con una envergadura civilizatoria. Las grandes transiciones históricas nunca han sido procesos ordenados y lo común en ellas es la manifestación de síntomas mórbidos. En el plano político, está por deﬁnir –recuerda César Rendueles en su lúcido panﬂeto igualitarista– qué «características políticas, morales, culturales y sociales tendrán los regímenes que gestionarán el ﬁnal del imperio del mercado y reintroducirán la política en nuestras vidas. Este es el gran conﬂicto de nuestro tiempo».<sup>5</sup>. Hoy el peligro para la democracia no son los fascistas sino «los demócratas sin ideal democrático».<sup>6</sup></p>
<p>El apego a la mentira, el desprecio a las clases populares y la xenofobia se pueden ejercitar sin necesidad de apelar a la superioridad racial ni cuestionar la democracia. Basta con apelar al discurso meritocrático que culpabiliza a las víctimas de su suerte o que hace creer que los responsables de sus males son otras víctimas. Basta con deslizarse por la arrogante pendiente de creer que con tener razón ya es suﬁciente (como ocurre tantas veces en la izquierda y en el seno de los movimientos sociales), ignorando de este modo las necesidades de las clases subalternas para las que las grandes respuestas a los problemas del presente pueden tener resonancias diferentes según su situación concreta.</p>
<blockquote><p><strong>Hoy el peligro para la democracia no son los fascistas sino «los demócratas sin ideal democrático»</strong></p></blockquote>
<p>Antes de descaliﬁcar de forma facilona a quienes simpatizan o siguen los signos mórbidos de los tiempos, y para no incurrir en exhibiciones de superioridad moral que solo generan rechazo y desconﬁanza, lo que nos hace falta es leer la realidad a partir de los últimos y de las víctimas de las estructuras de opresión, la única capaz de dar sentido y esperanza a todos, lo que implica –según Ignacio Ellacuría– al menos tres cosas: «hacerse cargo de la realidad» (dimensión intelectiva), «cargar con la realidad» (dimensión ética) y «encargarse de la realidad» (dimensión de la praxis).<sup>7</sup></p>
<p>La gravedad y celeridad del deterioro ecológico y social hacen que solo podamos actuar ya sobre la amplitud de la tragedia, y en estas circunstancias la honestidad con la verdad, la solidaridad con las víctimas y el apoyo mutuo parecen las únicas sendas que quedan transitables para reestablecer la conﬁanza que nos libre de la polarización.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>NOTAS</strong></p>
<p>1  Carolin Emcke, «El fantasma sigue presente», <em>El País</em>, 28 de noviembre de 2020.</p>
<p>2 Me he referido a ello con mayor detenimiento en los capítulos 3 («La gran involución») y 4 («El gran vacia­miento») de mi libro <em>La gran encrucijada. Crisis ecosocial y cambio de paradigma</em>, Ediciones HOAC, Madrid, 2019.</p>
<p>3  Donald Sassoon, <em>Síntomas mórbidos. Anatomía de un mundo en crisis</em>, Crítica, Barcelona, 2020, p. 51.</p>
<p>4  Ibidem, p. 51.</p>
<p>5  César Rendueles, <em>Contra la igualdad de oportunidades. Un panﬂeto igualitarista</em>, Seix Barral, Barcelona, 2020, p. 361.</p>
<p>6  Emilio Gentili, <em>Quién es fascista</em>, Alianza, 2019, p. 203.</p>
<p>7  Lo señala Jon Sobrino al recordar al compañero asesinado en El Salvador en el primer capítulo de su libro <em>Fuera de los pobres no hay salvación</em>, Trotta, Madrid, 2007, p.18.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Acceso al texto completo del artículo en formato pdf: <strong><span style="color: #0000ff;"><a style="color: #0000ff;" href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/polarizacion-introduccion-152/" target="_blank" rel="noopener noreferrer"><em>Polarización: síntoma mórbido de una sociedad en crisis</em></a></span></strong></p>
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