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	<title>Rusia &#8211; FUHEM</title>
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		<title>El conflicto de Ucrania y las incertidumbres de Trump</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 27 Apr 2025 11:35:47 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Análisis]]></category>
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					<description><![CDATA[El artículo se centra en la génesis del conflicto de Ucrania y en las nuevas incertidumbres que aporta la presidencia de Donald Trump en Estados Unidos.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div class="wpb-content-wrapper"><div data-parent="true" class="vc_row row-container" id="row-unique-0"><div class="row limit-width row-parent"><div class="wpb_row row-inner"><div class="wpb_column pos-top pos-center align_left column_parent col-lg-12 single-internal-gutter"><div class="uncol style-light"  ><div class="uncoltable"><div class="uncell no-block-padding" ><div class="uncont" ><div class="uncode_text_column" ></p>
<blockquote>
<p><em><strong><img fetchpriority="high" decoding="async" class="alignright size-full wp-image-167076" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2025/04/Portada-169-con-borde.jpg" alt="" width="400" height="600" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2025/04/Portada-169-con-borde.jpg 400w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2025/04/Portada-169-con-borde-300x450.jpg 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2025/04/Portada-169-con-borde-350x525.jpg 350w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2025/04/Portada-169-con-borde-64x96.jpg 64w" sizes="(max-width: 400px) 100vw, 400px" />Vivimos una época convulsa. El drama de los cambios a los que asistimos reside en su profunda desconexión y contradicción con las necesidades de la humanidad. Cuando urge una concertación de las grandes potencias para afrontar cuestiones planetarias existenciales e inaplazables como la del cambio climático, asistimos a todo lo contrario: el escenario bélico de los imperios combatientes.</strong></em></p>
</blockquote>
<p><strong>Rafael Poch-de-Feliu</strong>, corresponsal durante 35 años para <em>La Vanguardia</em>, escribe sobre el conflicto de Ucrania y las incertidumbres de Trump para la sección <strong>A Fondo</strong> del número 69 de la revista <em>Papeles de relaciones ecosociales y cambio global. </em></p>
<p>El artículo se centra en la génesis del conflicto de Ucrania, tan mal explicado por nuestros medios de comunicación, y en las nuevas incertidumbres que aporta la presidencia de Donald Trump en Estados Unidos.</p>
<p>El lector interesado en un punto de vista más general sobre el momento de las relaciones internacionales, puede consultar este texto del año pasado publicado por la Universidad Pompeu Fabra.&gt;<sup>1</sup></p>
<p>Respecto a la posición del autor, vaya por delante que su simpatía está con las víctimas de esta guerra, con los cientos de miles de soldados muertos y mutilados, con sus viudas y huérfanos. También con los encarcelados y represaliados por antibelicismo: en Rusia unos 800 a los que hay que sumar varios miles de multados; en Ucrania entre 10 000 y 15 000 condenados, por “traición”, “colaboracionismo” o “simpatías con la agresión rusa”, sin olvidar a los centenares de miles de desertores que en ambos países huyen de la perspectiva de morir por la patria.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h5><strong>La </strong><span style="font-family: Liberation Serif, serif;">«</span><strong>garant</strong><strong>ía de seguridad</strong><span style="font-family: Liberation Serif, serif;">» </span><strong>de Ucrania es su neutralidad</strong></h5>
<p>Desde los años noventa la estrategia occidental, mayormente de Estados Unidos, tuvo como objetivo integrar a Ucrania en su esfera de influencia y alinearla militarmente en su campo para zanjar la debilidad de Rusia, privarla de su acceso al mar Negro e impedir su reconstitución como potencia euroasiática. Todo esto está perfectamente documentado y acreditado en infinidad de informes oficiales en materia de política militar y exterior, declaraciones de responsables, así como en las propias acciones que se llevaron a cabo desde entonces. Tal estrategia se deducía de la premisa de que Estados Unidos había vencido en la Guerra Fría. De ello se derivaba que Washington podía ignorar los intereses rusos sin consecuencias. Se desestimaba la posibilidad de que Rusia recompusiera su tradicional y secular potencia. Eran los tiempos del «fin de la historia» y Rusia se había hecho irrelevante. Fue así que se dio vía libre a una seguridad europea, primero sin Rusia y luego contra Rusia.<sup>2</sup></p>
<p>Aprovechando el caos postsoviético, en primer lugar, la mala política rusa&gt;<sup>3</sup>y la corrupción estructural de la política ucraniana, con su universo de oligarcas, Occidente fue forzando el alineamiento occidentalista de sectores políticos y sociales de la elite ucraniana. Vía la financiación de sus organizaciones no gubernamentales, se compró y colonizó Kíev, creando efectivas redes de dependencia clientelar en la política y los medios de comunicación. Fue un proceso dilatado a lo largo de unos veinte años. Moscú se mostró incapaz de contrarrestarlo, en primer lugar, porque su elite estaba concentrada en el asalto a la propiedad pública: el latrocinio de los ingentes recursos naturales rusos mediante el que realizaba su reconversión social desde su condición de casta administrativa socializante en el antiguo régimen a clase propietaria en línea con el estándar capitalista. En segundo lugar, porque el régimen ruso, ni reconoce ni apenas entiende la autonomía social, por lo que su acción para impedir ese tipo de procesos se limitó a operar con intereses elitarios sin anclajes con la sociedad. En tercer lugar, porque para una gran parte de la sociedad ucraniana el sistema autocrático ruso no inspiraba simpatías ni era visto como modelo deseable. Fue así como Moscú asistió impotente a la erosión y barrido de su íntimo vínculo con Ucrania.</p>
<p>En medio de ese tumultuoso contexto, la política ucraniana mantuvo su pluralismo interno, con fuerzas predominantemente rusofilas u occidentalistas que se alternaban en el poder. En 2014 ese equilibrio se rompió definitivamente cuando la elite occidentalista ucraniana, apoyada por el movimiento social hostil a Rusia mayoritario en Ucrania occidental, tomó el poder en una rebelión apoyada por Washington y la Unión Europea, que derribó al gobierno legítimo. Se rompió así el equilibrio fundamental sobre el que reposaba el pluralismo, la soberanía e integridad territorial del país. El nuevo gobierno estaba decidido a adoptar el programa occidental por el que porfiaban desde hacía años sus padrinos de Washington y Bruselas, desalojando a la marina rusa de sus bases de Crimea, reprimiendo militarmente la oposición popular y elitaria adversa al cambio de régimen en las regiones del Este y Sur del país, e ingresando en la OTAN, esto último contra la voluntad mayoritaria de la ciudadanía expresada en multitud de encuestas de opinión y elecciones que demuestran que la neutralidad seguía siendo la primera opción de los ucranianos.</p>
<p>Abandonando paulatinamente –definitivamente en 2014– su estatuto de neutralidad y la promesa de no alineamiento en bloques, los gobiernos de Ucrania rompieron el pilar básico de su independencia de la URSS proclamada en 1991. Consagrada en los documentos fundamentales de su constitución como Estado, esa neutralidad era apoyada por la inmensa mayoría de la población y no solo era condición de una relación armónica con Rusia, sino también, y sobre todo, base y fundamento de la estabilidad interna de un país con una identidad nacional, geográfica y etnopolíticamente diversa. Esa diversidad incluía diferencias fundamentales en cómo cada región contemplaba su historia, el papel de la URSS, la memoria de la Segunda Guerra Mundial, el lugar de la lengua y la cultura rusas, la tradición religiosa, entre otras cuestiones El papel de puente entre Rusia y la Unión Europea, con las regiones orientales y meridionales mayoritariamente rusofilas y las occidentales, occidentalista/europeístas, era condición del consenso interno entre regiones, y, por tanto, de la soberanía e integridad territorial del país.<sup>4</sup></p>
<blockquote>
<p><strong>Abandonando paulatinamente su estatuto de neutralidad y no alineamiento, los gobiernos de Ucrania rompieron el pilar de su independencia de la URSS proclamada en 1991. </strong></p>
</blockquote>
<p>Habiendo perdido Ucrania, el Kremlin intentó salvar por lo menos su posición en el mar Negro, anexionándose la península de Crimea en marzo de 2014, en una operación militar incruenta con el apoyo de la población local, pero sin decidirse a implicarse abiertamente en la rebelión popular armada de la población y las elites del Donbas.<sup>5</sup>;  Se inició un proceso de negociación diplomática (Minsk), en el que las potencias europeas (Alemania y Francia) decían actuar como mediadoras cuando la realidad es que sus dirigentes, el presidente francés, François Hollande, y la canciller Angela Merkel, reconocieron más tarde haber actuado en complicidad con el presidente ucraniano, Petro Poroshenko, no para llegar a un acuerdo negociado, sino para ganar tiempo a fin de fortalecer al ejército ucraniano. Desde 2014  –y esto también está detalladamente documentado– la OTAN se volcó en la preparación, modernización y armamento del ejército ucraniano. Ucrania no estaba en la OTAN, pero la OTAN estaba en Ucrania.<sup>6</sup></p>
<p>En febrero de 2019, la Constitución ucraniana fue enmendada de su estatuto de neutralidad y no alineamiento en bloques y lo transformó declarando la adhesión a la OTAN como un objetivo irrenunciable del gobierno. Tres meses después, Volodimir Zelenski, un rusoparnte, ganó las elecciones por una mayoría del 70% con un programa de pacificación, restablecimiento de los derechos linguísticos y culturales de la mayoría rusoparlante del país, y la potenciación de la negociación de paz en el conflicto armado del Donbas en el que, tras muchas dudas y vacilaciones, Rusia terminó por implicarse lo justo para impedir que las fuerzas rusófilas fueran arrolladas por la “operación antiterrorista” del ejército ucraniano. Las presiones de la ultraderecha ucraniana, electoralmente minoritaria pero muy fuerte en el ejército, con amenazas directas al presidente si negociaba, y de la OTAN animando al enfrentamiento con Rusia, anularon por completo las promesas de Zelenski. En marzo de 2021 el presidente adoptó un programa para recuperar Crimea por todos los medios, incluidos los militares (<em>Plataforma de Crimea</em>). En julio, 32 países de la OTAN participaron en las maniobras <em>Defender 21 </em>junto a la frontera rusa<em>,</em> pese a que una inmensa mayoría de ucranianos se declaraba en contra de tales maniobras.<sup>7</sup> En agosto del mismo año, Estados Unidos firmó con Ucrania un acuerdo de defensa estratégica, seguido unos meses después de una Carta de asociación estratégica en la que se establecía el «apoyo inquebrantable» de Washington a la recuperación de Crimea. A finales de 2021, Rusia denunció que la mitad del ejército ucraniano estaba desplegado en la zona del Donbas.<sup>8</sup></p>
<blockquote>
<p><strong>Las potencias occidentales provocaron la guerra, rechazaron la posibilidad de negociar para evitarla, y una vez iniciada se opusieron a cualquier negociación de paz. </strong></p>
</blockquote>
<p>La información actualmente disponible es, por tanto, concluyente: toda esta escalada se hizo contra la voluntad manifiesta de la población ucraniana. El 17 de diciembre de 2021, dos meses antes de la invasión, Rusia envió propuestas en materia de garantías de seguridad a Washington y a la OTAN. Pedía poner fin a la expansión de la OTAN, restablecer la neutralidad de Ucrania y restringir el despliegue de tropas y armas occidentales en Europa del Este, amenazando en caso contrario con adoptar «medidas tecnico-militares apropiadas». Las propuestas de Moscú fueron tajantemente rechazadas por Washington.&gt;<sup>9</sup></p>
<p>Occidente declaró desde el principio como “agresión no provocada” la invasión rusa iniciada el 24 de febrero de 2022, y rechazó toda relación de esta con su propia actividad a lo largo de más de veinte años. La realidad es que las potencias occidentales provocaron la guerra, rechazaron la posibilidad de negociar para evitarla, y una vez iniciada se opusieron a cualquier negociación de paz , rompiendo el proceso iniciado pocos días después de la invasión, con reuniones primero en Minsk (marzo) y luego en Estambul (abril). Sin eludir las responsabilidades rusas en la carnicería que siguió, y mucho menos justificándola, la simple realidad es que con una Ucrania neutral, no alineada en bloques y sin expansión de la OTAN hacia el Este, nunca habría habido elementos de guerra civil en Ucrania. Y sin ambas circunstancias, difícilmente habría habido invasión rusa. En una declaración del 9 de julio de 2023, el secretario general de la OTAN Jens Stoltenberg contradijo por primera vez la afirmación general de la propaganda occidental («agresión no provocada») al decir que la invasión fue la consecuencia de que la OTAN no aceptara las propuestas rusas presentadas en diciembre de 2021.<sup>10</sup></p>
<p>&nbsp;</p>
<h5><strong>Conflicto de intereses oligá</strong><strong>rquicos</strong></h5>
<p><strong> </strong>En Occidente se invocan “valores europeos”, la defensa del “mundo libre” y la dialéctica de «democracia contra autocracia». En Rusia se habla de «amenaza existencial a la soberanía rusa», de «lucha contra el nazismo» e incluso de nueva «guerra patriótica» a la par con los ataques de Napoleón y Hitler. Con este arrullo, centenares de miles han perdido su vida y se ha vuelto a crear todo un ejército de viudas, húerfanos y mutilados en Europa. Pero si hablamos en serio, toda esa cronología, digamos militar o <em>geopolí</em><em>tica</em>, que hemos expuesto, es consecuencia de un conflicto superior de intereses entre elites capitalistas.</p>
<p>Una de las diferencias del sistema ruso con el occidental, es el carácter político de su oligarquía. Los “oligarcas” rusos están subordinados al Estado ruso, como la nobleza rusa lo estaba a la autocracia zarista. Es un rasgo de la historia secular de ese país. Si en Occidente una oligarquía económica domina lo político, en Rusia el poder económico se deriva del control del Estado. Los oligarcas son estatales o están subordinados al Estado. Tras la privatización de los años noventa, los dirigentes rusos estaban convencidos de su homologación internacional. Estaban convencidos de que Occidente les iba a dejar entrar en la globalización capitalista como socios «libres e iguales». Desconocían el mundo al que accedían. Habían olvidado todo aquello por lo que sus abuelos hicieron la revolución en busca de una solución al problema del desigual desarrollo capitalista que empujaba al Imperio Ruso de principios del siglo XX a convertirse en una especie de gran potencia colonizada. Consideraban que con la URSS su país se había apartado de la “civilización” a la que ahora regresaban. Moscú quería ser Nueva York, París o Londres, pero lo que la globalización capitalista les ofrecía era un estatuto subalterno y dependiente en el que la «Tercera Roma» (Moscú en la ideología secular imperial abrazada en el siglo XVI) debía renunciar a su identidad y realidad de gran potencia, con su nueva oligarquía en el papel de mera intermediaria en el comercio transnacional de materias primas. Ese papel la élite rusa no lo aceptó. Con Putin la elite rusa cayó del caballo y se dio cuenta de la cruda realidad. Si el capital occidental hubiera tenido libre acceso al control de los recursos energ , y si en ese negocio la élite rusa se hubiera conformado con un papel subalterno y solícito hacia los intereses extranjeros, no habría habido ampliación de la OTAN ni se hubiera excluido a Rusia ni demonizado al régimen de Putin. El conflicto “geopolítico” es, por tanto, consecuencia de ese choque fundamental de intereses.<sup>11</sup></p>
<blockquote>
<p><strong>Si el capital occidental hubiera tenido libre acceso a los recursos energéticos y minerales de Rusia, no habría habido ampliación de la OTAN. </strong></p>
</blockquote>
<p>El ejército ruso entró en Ucrania en febrero de hace tres años sin un plan concreto, pero con la idea de que cuanto más se demorara la operación más peligrosa se haría. El Kremlin creía que, en el mejor de los casos, el gobierno huiría de Kíev a Lviv, y que los generales del ejército ucraniano llegarían a algún acuerdo con sus ex compañeros de la Academia militar Frunze de Moscú, donde se formaron como oficiales soviéticos. Confrontada a una acción militar rusa corta y exitosa, la reacción occidental no superaría ciertos límites. Los americanos no iban a entrar en guerra por Ucrania, y la Unión Europea bajo liderazgo alemán tenía demasiados intereses energéticos y comerciales en la región como para ir mas lejos de la protesta y el griterío. Los reveses iniciales que la resistencia militar y popular ucraniana, y la asistencia de inteligencia militar brindada por la CIA y el Pentágono, complicaron el escenario y convirtieron lo que para Moscú debía ser una corta «Operación Militar Especial» en una larga guerra por procuración entre la OTAN y Rusia, con Ucrania como víctima propiciatoria. Inmediatamente el objetivo occidental quedó establecido: infringir una «derrota estratégica» a Rusia, «arruinar» su economía con las sanciones más radicales decididas hasta la fecha por Estados Unidos y la UE, y, en última instancia un cambio de régimen en Rusia. Alrededor de esos objetivos, los gobernantes europeos mayormente desprestigiados desde la crisis del casino de 2008 y la propia OTAN conocieron cierta consolidación, con la incorporación de Suecia y Finlandia y el fin de los restos de neutralidad en Austria y Suiza. Confrontada a tales objetivos de parte de un adversario económica y militarmente mucho más poderoso que ella, Rusia recordó y tomó medidas para hacer valer su condición de gran superpotencia nuclear, enmendando su doctrina en la materia para compensar el desequilibrio y conjurar lo que consideró «amenaza existencial». Fue así como la guerra por procuración se convirtió en un conflicto potencialmente global, enormemente peligroso para el conjunto de la humanidad y sin precedentes desde la crisis de los misiles de Cuba de 1962.</p>
<p>Para el verano de 2023 la derrota de Ucrania estaba mucho más clara que el significado de una victoria rusa en el conflicto.<sup>12</sup> Rusia había resistido las sanciones, diversificado su comercio y convertido su industria militar en motor de un keynesianismo de guerra. Mientras en la Unión Europea la economía alemana rozaba la recesión al haber renunciado unilateralmente a la energía rusa, la economía rusa crecía. El aislamiento de Moscú en Occidente había sido compensado por sus apoyos en Asia y en el Sur global, donde sin justificar la invasión rusa comprendían las responsabilidades compartidas del conflicto. La actitud occidental en Ucrania pudo compararse y leerse en el contexto de las masacres israelís en Palestina, entre las ruinas de Gaza y Líbano, consolidando la secesión del Sur global expresada en diversos vectores, con cambios de actitud en África, dinamización de los BRICS y medidas para independizarse del dólar en el comercio internacional. En ese contexto tuvo lugar el cambio de administración en Washington.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h5><strong>La anomalía Trump</strong></h5>
<p><strong> </strong>En enero de 2025 inició su segundo mandato en Washington un presidente anómalo que declaró querer cambiar las prioridades de Estados Unidos. Donald Trump anunció castigos comerciales a sus principales proveedores, tanto socios como adversarios, proyectos expansionistas hacia Groenlandia, iniciativas inmobiliario-genocidas en Gaza y la sugerencia de querer economizar esfuerzos en Europa para concentrarse en China, lo que pasa por un rápido acuerdo de paz con Rusia. Trump declaró también no querer empezar nuevas guerras e incluso habló de un acuerdo de desarme radical a negociar con China y Rusia. A siete semanas de su inicio –cuando se escriben estas líneas– y en medio de una desconcertante y a veces contradictoria sucesión de declaraciones y anuncios, apenas hay perspectiva para pronósticos y conclusiones. Es difícil imaginar que se realice, por ejemplo, lo que dice el ayudante presidencial Elon Musk de que Estados Unidos se vaya de esa OTAN que el secretario de Defensa, Pete Hegseth, quiere «más fuerte y letal». Aún más que abandone Europa, pieza fundamental de la proyección del poder americano en el mundo. Sin embargo, el mero hecho de que el primero en la cadena de mando de la guerra entre la OTAN y Rusia que se libra en Ucrania exprese comprensión hacia los intereses rusos e insista en acabar la guerra ha quebrado la narrativa occidental sobre el conflicto y crea una enorme confusión en las filas europeas unidas en su hostilidad a Rusia, lo que abre una ventana de oportunidad a Moscú.</p>
<p>En el Kremlin deben preguntarse hasta qué punto es firme esa oportunidad. Tras décadas de deslocalización y desindustrialización en busca del máximo beneficio cortoplacista, la dependencia de la economía de Estados Unidos de sus suministradores es grande. Los castigos arancelarios anunciados pueden crear rupturas y carestías. El mundo ya conoció, en la Rusia de Boris Yeltsin de los años noventa, grandes promesas de «volver a hacer grande» el país saldadas con un fenomenal desbarajuste. En los inicios de Trump, el presidente que sufrió dos atentados durante la campaña electoral, tiene a su favor la inercia del <em>shock</em> que provoca el anuncio de su política entre sus adversarios en Estados Unidos y en Europa, pero su posición está lejos de ser firme. Su mayoría en el Congreso es exigua, de solo tres votos. En el dossier ucraniano, todo el partido demócrata y parte del republicano no sintonizan con el giro hacia un acuerdo con Rusia. En el probable caso de que la economía se le tuerza, Trump perderá en dos años la mayoría en las elecciones de <em>midterm</em> y recibirá la suma de la energía opositora que ya se está gestando contra él. Desconocemos también cuanto durará la unidad en su bizarro equipo, formado por criterios de fidelidad. Esa es la principal incertidumbre. Respecto a Ucrania, la tragedia parece servida.</p>
<p>El propio Zelenski reconoce que sin la ayuda militar americana, «las posibilidades de supervivencia de Ucrania son muy reducidas». El posible colapso del frente y del ejército comportará el colapso del régimen. Del mero seguimiento de la prensa ucraniana se desprenden desde hace meses evidentes tensiones y rivalidades entre dirigentes. El jefe de la inteligencia militar, Kiril Budanov, un hombre de la CIA, está enfrentado con el jefe de la administración presidencial y mano derecha de Zelenski, Andri Yermak. Hay rumores de destitución de Budanov, que en enero dijo en una reunión parlamentaria a puerta cerrada que si no habían negociaciones de paz pronto el país se iría al garete. El jefe del grupo parlamentario del partido del presidente, David Arajamiya, también está peleado con la administración presidencial que le quiere relevar del cargo. Arajamiya fue quien confirmó que en las negociaciones de marzo/abril de 2022 en Estambul había un acuerdo de paz ya preparado que fue echado para atrás por la presión occidental. El ex jefe del ejército Valeri Zaluzhni, al que Zelenski destituyó y envió de embajador a Londres por ser más popular que él, tiene ambiciones y mantiene contacto con el ex presidente Petró Poroshenko, otro rival de Zelenski al que este ha represaliado. La negativa actitud de Trump hacia Zelenski y sus sugerencias directas de que el presidente no es capaz de negociar la paz, no hacen más que reavivar estas tensiones y disputas por el poder en el interior del régimen de Kiev. ¿Sobreviría la integridad territorial de lo que quede de Ucrania a ese posible colapso del régimen? La pregunta es razonable.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h5><strong>Peligrosa ineptitud europea</strong></h5>
<p>En términos históricos, parece que el hegemonismo occidental se está desmoronando en el mundo. La conducta de los que van a menos en el actual tránsito está plagada de peligros. Eso incluye a Rusia, pero en el ámbito de los objetivos, los de Moscú están claros:</p>
<p>1. restablecer la neutralidad de Ucrania y evitar el despliegue allí de bases y armas de la OTAN</p>
<p>2. restablecer los derechos de la población rusófila de la región</p>
<p>3. renegociar un sistema de seguridad europeo integrado en el que los intereses de Rusia sean tenidos en cuenta.</p>
<p>Los objetivos americanos están menos claros, aunque entre todo lo declarado, se extrae una lógica de economía de recursos para poder seguir dominando el mundo. En el caso de Europa, no hay objetivos definidos. Hay un partido de la guerra, con gran peso de bálticos, polacos y nórdicos, que arrastra al resto y que podría degenerar en la transformación del conflicto de Ucrania y su ampliación con una <em>guerra del norte</em> en el área del mar Báltico. ¿Cómo se ha llegado a esto? Desde luego no de repente.</p>
<p>El papel de la Unión europea no es el de «una gran Suiza», como se desprende de su propia retórica cada vez más orwelliana. Desde hace veinte años está militarmente presente en el mundo. Ha realizado más de cuarenta operaciones en Europa, África y Asia, diez de ellas militarmente activas hoy. Revestidas de «promoción de la paz y la seguridad» y financiadas frecuentemente por el “Fondo Europeo por la Paz” sin apenas control parlamentario, estas operaciones sirven en realidad para promover intereses europeos, coherentes con el pasado colonial de las principales potencias del continente. La UE ha suministrado armas a zonas de guerra, ha agravado conflictos en Somalia y el Sahel, donde está siendo rechazada por los regímenes locales, y mantiene un mortífero régimen de fronteras y de internamiento en países de su entorno mediterráneo responsable de la muerte de decenas de miles de personas. La UE considera rutinariamente a los Balcanes como su patio trasero y de vez en cuando sus barcos de guerra participan en el acoso a China e Irán. El cambio de administración en Washington no ha creado todo esto. Solo lo ha acelerado.<sup>13</sup></p>
<blockquote>
<p><strong>El papel de la Unión europea no es el de «una gran Suiza», como se desprende de su propia retórica cada vez más orwelliana</strong></p>
</blockquote>
<p>La elite política europea está caracterizada por la ineptitud. En casi su totalidad se trata de gente que durante décadas externalizó a Estados Unidos la función de pensar políticamente, adoptando el infantilismo político, el narcisismo y la arrogancia de unos “principios y valores” que, desde luego, la Unión Europea no encarna –como ha quedado meridianamente patente en Gaza– practicando una política basada en la imagen, y creyéndose su propia propaganda mediática sobre el motivo y origen del conflicto de Ucrania, a saber: el deseo de un malvado dictador de ampliar su imperio y recrear una especie de URSS.</p>
<p>La Unión Europea no puede resolver un conflicto cuyos motivos no entiende. Es incapaz, por tanto, de negociar, porque desconoce sus propios intereses: no los ha formulado, limitándose a seguir los de Estados Unidos, que ahora gira y la deja en la estacada.</p>
<p>Europa no quiere acabar la guerra de Ucrania, porque su burocracia oligárquica ha encontrado en la confrontación con Rusia la fórmula para consolidar su poder, su razón de ser. Este cúmulo de circunstancias explica su actual despropósito: pretender ganar <em>sin</em> Estados Unidos una guerra, que en su actual estado ha perdido <em>con</em> Estados Unidos. ¿De dónde van a salir los 800.000 millones anunciados para el rearme? Alemania su principal potencia está en puertas de otro año de recesión. ¿De dónde saldrán los hombres dispuestos a morir en la enésima cruzada de la historia europea contra Rusia? Sus principales potencias militares, Inglaterra, Alemania y Francia, disponen cada una de ellas de menos de una decena de sistemas de defensa antiaérea y antimisiles, pero para cubrir mínimamente el espacio ucraniano (ciudades e industrias clave) en la época soviética se disponían allí de centenares de ellos. Es solo un ejemplo. Es verdad que los presupuestos de Defensa combinados de los Estados europeos suman cifras enormes, bien superiores a las de Rusia, pero eso no cambia la realidad de un mosaico operativamente incoherente de retazos de diferentes sistemas de armas, como ha demostrado la estrategia militar occidental en Ucrania. Respecto a la invocada “invasión rusa de Europa” es una fantasía. Choca con la propia realidad del lento y penoso avance militar ruso en Ucrania y con la propia narrativa europea. Durante años, la UE ha mantenido que la inclusión de Ucrania en la OTAN es la garantía de seguridad, porque Rusia no se atrevería a atacar a la OTAN, pero al mismo tiempo se afirma esa posibilidad al agitar el «que vienen los rusos». Lo que deberían hacer los políticos europeos es abrir su propia negociación con Rusia en lugar de mendigar un puesto en la mesa de Trump . Antes deberían reconocer que la única «garantía de seguridad» de Ucrania es su neutralidad. Seguramente es pedirles demasiado… Sea como sea, nadie puede garantizar que el siguiente presidente de Estados Unidos no vaya a parecerse más a Joe Biden que a Donald Trump. Ese escenario de “paréntesis anómalo” en Washington, puede ser la esperanza de futuro de los ineptos dirigentes europeos que buscan en la continuidad de la guerra una loca salida a su debacle. ¿Podría coordinarse ese belicismo europeo con la oposición a Trump en el <em>establishment</em> de la seguridad de Estados Unidos –que seguramente irá en aumento– y en el Partido Demócrata para hacer fracasar el vector de una negociación en Ucrania? Por supuesto, el propio Trump parece consciente de tal peligro. En sus recepciones en la Casa Blanca maltrató a Zelenski, pero se cuidó mucho de hacer lo mismo con Macron y Starmer, gente que, aliada con sus enemigos en Estados Unidos, puede ser peligrosa.</p>
<p>Desde una perspectiva geográfica, en ningún lugar como en el mar Báltico hay mayor probabilidad de que el rumbo europeo hacia la continuación y profundización de la confrontación con Rusia conduzca no al fin, sino a la transformación de la guerra de Ucrania en un conflicto más amplio que implique, por ejemplo, a tropas finlandesas, bálticas y polacas a lo largo de la frontera norte de la OTAN. Podría no ser una guerra de toda la OTAN ni de toda la UE, pero sí de parte de ellas y con el apoyo del resto. La suma de este frente con el ucraniano, supondría un estrés y una amenaza considerable incluso para una Rusia revigorizada y podría convertir la histeria sobre una “invasión rusa” en esa zona en profecía autocumplida.</p>
<p>Mientras todo eso se cuece, es indudable que se ha abierto una ventana de oportunidad para la distensión entre Estados Unidos y Rusia, en la que Moscú podría retirar sus tropas de Bielorrusia a cambio de una retirada de tropas americanas de Europa del Este, así como una retirada mutua de misiles de medio alcance de ambos espacios. El planeta tiene otras prioridades urgentes perfectamente claras y definidas, y Europa debe dejar de ser la vanguardia del despropósito.</p>
<p><strong>Rafael Poch-de-Feliu </strong>ha sido corresponsal internacional para diferentes medios.</p>
<h5>NOTAS</h5>
<p>1 Rafael Poch-de-Feliu, <em>El año 2024: Gaza, Ucrania y Eurasia en la crisis del declive occidental</em>, Public Policy Center, núm. 2, Universidad Pompeu Fabra, 2024, disponible en: <a href="https://repositori-api.upf.edu/api/core/bitstreams/acf681b4-3bee-4807-8f2f-d2d719c2f698/content" target="_blank" rel="noopener">https://repositori-api.upf.edu/api/core/bitstreams/acf681b4-3bee-4807-8f2f-d2d719c2f698/content</a></p>
<p>2 El 28 de enero de 1992, el presidente George Bush declaró ante el Congreso la victoria en la Guerra Fría: «Por la gracia de Dios, América ha ganado la Guerra Fría. No es que haya acabado, es que la hemos ganado (…) Somos los Estados Unidos de América, el líder de Occidente que se ha convertido en el líder del mundo».</p>
<p>3 Recordemos que el desbarajuste ruso de los noventa incluyó tres golpes de Estado, el fallido de agosto de 1991 contra las reformas de Gorbachov, la propia disolución conspirativa de la URSS de diciembre del mismo año a cargo de los dirigentes de sus tres grandes repúblicas europeas, y el de octubre de 1993 con el cual Boris Yeltsin reinstauró la última versión del tradicional sistema autocrático moscovita actualmente vigente, pasando por una caótica reforma de mercado/privatización que hundió la economía de la mayoría y enriqueció a una minoría, y una guerra contra varios miles de guerrilleros que en Chechenia evidenció la debilidad militar rusa.</p>
<p>4 La neutralidad se inscribió en los documentos fundacionales del Estado ucraniano moderno. La Declaración de Soberanía, adoptada el 16 de julio de 1990, decía que Ucrania sería «un Estado permanentemente neutral que no participará en bloques militares». Mas tarde, la Constitución sería enmendada, primero para omitir ese compromiso y luego para incluir en ella el objetivo de ingreso en la OTAN. Cuando Ucrania firmó en 1994 el Memorándum de Budapest (retirada a Rusia de las armas nucleares soviéticas estacionadas en su territorio con compromiso de los firmantes, Rusia, Estados Unidos y Reino Unido, de respetar la soberanía e integridad territorial ucraniana), lo hizo como un país <em>permanentemente</em> comprometido con la neutralidad y el no alineamiento en bloques. El compromiso hacia el respeto a su soberanía era tanto más importante porque Ucrania carecía de una alianza militar de defensa debido a su posición neutral. La declaración de la cumbre de la OTAN de 2008 en Bucarest, en la que se nombraba a Ucrania como miembro potencial, violentaba directamente las disposiciones del Memorándum de Budapest y los consensos internos fundamentales de la Ucrania postsoviética. Cinco días antes de la invasión rusa, en su discurso en la Conferencia de Seguridad de Munich, Zelenski amenazó con salirse del Memorándum de Budapest y retomar el arma nuclear. Con su invasión militar, Rusia violó, ciertamente, su compromiso de 1994, pero lo hizo <em>despu</em><em>é</em><em>s</em> de que Occidente lo hiciera. Según Moscú, la implicación de los países occidentales en una toma de poder inconstitucional en 2014, violó la soberanía de Ucrania. En su entrevista con Tucker Carlson del 8 de febrero de 2014, Putin se refirió a ese contexto general cuando observó: «habíamos acordado las fronteras de Rusia en 1991, pero nunca acordamos la expansión de la OTAN ni que Ucrania fuera parte de la OTAN». Por supuesto, por más que el ingreso en la OTAN no sea una cuestión de opción de la población implicada, sino más bien de los intereses de Estados Unidos, una sociedad tiene derecho a optar por la integración en un bloque militar. La cuestión es que los ucranianos no estaban a favor sino en contra de tal ingreso. En diciembre de 2007, en vísperas de la cumbre de Bucarest que estableció que Ucrania y Georgia «serán miembros de la OTAN», menos del 20% de los ciudadanos ucranianos apoyaron unirse a la Alianza. La mayoría de los ucranianos se dividieron entre el apoyo a una alianza militar con Rusia o la retención del estatus neutral de no integrarse en ningún bloque. La entrada en la OTAN siguió siendo el objetivo de solo una pequeña minoría dentro de la sociedad ucraniana hasta los tumultuosos eventos de 2014. Como resultado de la anexión de Crimea por parte de Rusia y el comienzo de la guerra en el Donbas, el apoyo a la entrada en la OTAN aumentó hasta alrededor del 40%, pero las encuestas ya no incluían para entonces a los ciudadanos ucranianos más prorrusos de los territorios que no están bajo el control del gobierno ucraniano: Crimea y Donbas. Millones de ciudadanos ucranianos. Y ni aún así el apoyo al ingreso tenía el apoyo de la mayoría. Nada de todo esto justifica la invasión militar rusa, pero le da un contexto mucho más complejo y matizado de lo que sugiere la propaganda occidental. El atropello de la voluntad popular fue general, como lo es ahora la opción de continuar la guerra cuando todas las encuestas, en la Unión Europea, en Rusia y en Ucrania, arrojan mayorías a favor de una negociación.</p>
<p>5 Pese a que se ha repetido hasta la saciedad que hubo una presencia militar rusa directa desde el principio de la rebelión armada del Donbas contra el nuevo Gobierno occidentalista de Kíev, la realidad es que, en verano de 2014, el Estado mayor ucraniano informó que en la región solo había 56 voluntarios rusos combatiendo al ejército ucraniano, según informó el  Kyiv Post. El mejor testimonio directo sobre la evolución de la actitud rusa y las reticencias del Kremlin a implicarse en el Donbas, se encuentra en el libro de Anna Arutunyan, <em>Hybrid Warriors. Proxies, Freelancers and Moscow</em><em>´</em><em>s Struggle for Ukraine</em>. (2022). Aruntunyan reside en Estados Unidos y es una clara opositora de Putin.</p>
<p>6 El 14 de febrero de 2023 el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, lo reconoció explícitamente al declarar: «la guerra no empezó en febrero del año pasado (2022). La guerra empezó en 2014. Y desde 2014 los aliados de la OTAN han dado apoyo a Ucrania, con entrenamiento y material de tal forma que las fuerzas armadas ucranianas eran mucho más fuertes en 2022 que en 2020 o 2014». Richard Clarke, jefe del Special Operations Command de Estados Unidos declaró el 28 de agosto de 2022 a David Ignatius del <em>Washington Post</em>: «Lo que hicimos a partir de 2014, fue crear las condiciones. Cuando los rusos invadieron en febrero, llevábamos siete años trabajando con las fuerzas especiales ucranianas».</p>
<p>7 En total, 21% a favor, 53% en contra, 26% no sabe. La oposición a las maniobras ganaba en todas las regiones del país, pero en el oeste el 39% estaba a favor, cinco veces más que en el este y sur (7,1% y 8,3%, respectivamente). Ver <em>Washington Post</em>, 19 de enero de 2022.</p>
<p>8 Vease «“Now or Never”: The Immediate Origins of Putin´s Preventative War on Ukraine»<em>,</em> Geoffrey Roberts, en <em>Journal of Military and Strategic Studies</em>, Volume 22, issue 2.</p>
<p>9 El documento de propuestas rusas del 17 de diciembre de 2021 dirigido a la OTAN, en: «<a href="https://www.mid.ru/ru/foreign_policy/rso/nato/1790803/?lang=en" target="_blank" rel="noopener">Agreement on measures to ensure the security of The Russian Federation and member States of the North Atlantic Treaty Organization &#8211; Министерство иностранных дел Российской Федерации</a>, Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia, disponible en: <a href="https://www.mid.ru/ru/foreign_policy/rso/nato/1790803/?lang=en" target="_blank" rel="noopener">https://www.mid.ru/ru/foreign_policy/rso/nato/1790803/?lang=en</a></p>
<p>10 Vease el video: <em>«Not About Nato» | «Never About NATO» | «Nothing to Do With NATO» | UKRAINE WAR</em>, disponible en:</p>
<p><a href="https://www.youtube.com/watch?v=Zf5xEBwBhds" target="_blank" rel="noopener">https://www.youtube.com/watch?v=Zf5xEBwBhds</a></p>
<p>11 Desarrollo más este y otros aspectos en Poch-de-Feliu, 2024, <em>op. cit</em>., nota 1.</p>
<p>12 Rafael Poch-de-Feliu, «Ucrania está perdiendo la guerra, pero Rusia no la está ganando», blog de Rafael Poch de Feliu, 19 de julio de 2023, disponible en: <a href="https://rafaelpoch.com/2023/07/19/ucrania-esta-perdiendo-la-guerra-pero-rusia-no-la-esta-ganando/" target="_blank" rel="noopener">https://rafaelpoch.com/2023/07/19/ucrania-esta-perdiendo-la-guerra-pero-rusia-no-la-esta-ganando/ </a></p>
<p>13 Sobre las “misiones de paz” de la UE, ver:  Under the Radar: Twenty years of EU military missions, Transnational Institute, 8 de mayo de 2024, disponible en: <a href="https://www.tni.org/en/publication/under-the-radar" target="_blank" rel="noopener">https://www.tni.org/en/publication/under-the-radar</a></p>
<p>Acceso al texto completo del artículo en formato pdf: <a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/el-conflicto-de-ucrania-y-las-incertidumbres-de-trump/" target="_blank" rel="noopener"><em>El conflicto de Ucrania y las incertidumbres de Trump.</em></a></p>
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		<title>La militarización de la Posguerra Fría en el tablero ucraniano</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 23 Nov 2022 09:20:10 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Análisis]]></category>
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		<category><![CDATA[Guerra]]></category>
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					<description><![CDATA[El texto pretende mostrar la importancia de la pugna con la OTAN en Ucrania y las percepciones internas en Rusia asociadas a la Alianza en seguridad nacional.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><img decoding="async" class="alignright size-thumbnail wp-image-144080" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/04/157-1-300x426.png" alt="" width="300" height="426" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/04/157-1-300x426.png 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/04/157-1-450x640.png 450w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/04/157-1-1200x1706.png 1200w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/04/157-1-768x1092.png 768w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/04/157-1-1081x1536.png 1081w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/04/157-1-1441x2048.png 1441w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/04/157-1-600x853.png 600w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/04/157-1-64x91.png 64w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/04/157-1.png 1996w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" />La sección <strong>A FONDO</strong> del <a href="https://www.fuhem.es/2022/05/04/papeles-157-militarismo/" target="_blank" rel="noopener">número 157</a> de la revista <a href="https://www.fuhem.es/revista-papeles/" target="_blank" rel="noopener"><em>Papeles de relaciones ecosociales y cambio global</em></a> recoge el texto de Alejandro Pozo titulado: <em>La militarización de la Posguerra Fría en el tablero ucraniano,</em> que ofrecemos a continuación a texto completo.</p>
<p>Nada justifica la invasión rusa en Ucrania iniciada el 24 de febrero de 2022. Nada. Pero debe tener causas, aunque sea difícil identificarlas con claridad. Lo esperable no era una invasión, y de producirse cabía preverla corta. La iniciativa rusa puede encuadrarse en la antipolítica, algo así como dispararse en un pie. Vladímir Putin y su entorno pagarán por ello políticamente. No cabe esperar cariño en quien se bombardea, y la población “rusa” ha sido fuertemente castigada –Mariúpol, por ejemplo, está en el <em>óblast</em> de Donetsk y el 90% es rusófona–, y el renacido nacionalismo ucraniano hará difícil conciliar los intereses rusos. Tampoco es esperable el aplauso interno generalizado en Rusia. Ni su población ni los oligarcas que ejercen influencia quedarán complacidos con unas relaciones internacionales que han minado espacios de confianza, también en el largo plazo.</p>
<p>Buena parte de las obsesiones rusas y ucranianas tienen que ver con la OTAN, pero no es posible cuantificar en qué medida explican la invasión. Sin duda, existe otra buena parte de factores en la ecuación,<sup>1</sup> pero los que se conocen tampoco aclaran mucho. Incluso si el Gobierno ruso percibe Ucrania como de interés estratégico vital (así lo parece), optó libremente por una guerra cuando tenía alternativas para abordar sus conflictos con Kiev/Kyiv y con Washington y sus aliados. Con todo, si por un lado no puede justificarse la agresión, por el otro parece razonable y necesario analizar qué relación tiene con la OTAN, para identificar también cómo evitar más barbarie. Sin embargo, la crítica a la Alianza ha entrado de lleno en lo políticamente incorrecto, y han proliferado respuestas <em>pujolianas</em> que, como ha mostrado Tica Font, advierten que «ahora eso no toca».<sup>2</sup></p>
<blockquote><p><strong>Los líderes rusos se han referido a la expansión de la OTAN como una traición a las promesas realizadas a Mijaíl Gorbachov </strong></p></blockquote>
<p>Este artículo pretende, precisamente, tocar ese aspecto, y se pregunta por la militarización de la rivalidad con Moscú. Proyecta hacerlo, además, incluyendo también la perspectiva del Gobierno ruso, al menos su posicionamiento público. Según su ministro de Exteriores, Serguéi Lavrov, Moscú no considera «la mera existencia de la OTAN como una amenaza, sino la manera en la que la Alianza funciona en la práctica».<sup>3</sup> La percepción de Lavrov es de largo recorrido, lleva 18 años en el cargo. En ese tiempo, España ha tenido nueve ministros y EEUU once (secretarías de Estado), cuatro de forma interina. También está consolidada la subjetividad de buena parte de la cúpula rusa. Desde 1999 Putin ha alternado la presidencia con la dirección del gobierno,<sup>4</sup> y Serguéi Shoigú es ministro de Defensa desde 2012 (entre 1991 y 2012 fue ministro de «situaciones de emergencia», encargado del servicio militar). Las relaciones con Bielorrusia también son duraderas: Aleksandr Lukashenko es presidente desde 1994. No ha habido otro.</p>
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<h4><strong>¿Dónde estábamos antes de la pandemia?</strong></h4>
<p><em>Expansión de la OTAN.</em> Los líderes rusos se han referido a la expansión de la OTAN como una traición a las promesas realizadas a Mijaíl Gorbachov . También lo hizo Putin en el discurso del 21 de febrero de 2022 que antecedió a la invasión.<sup>5</sup> Para algunas voces expertas, Washington nunca dio garantías de que la OTAN no se ampliaría hacia el este. Según Kristina Spohr, de la London School of Economics, se trataría de un «mito».<sup>6</sup> En realidad, la no expansión en los antiguos territorios del Pacto de Varsovia o de la URSS no podía formalizarse porque ambas entidades todavía existían en febrero de 1990, la fecha a la que se atribuyen esas promesas. El propio Gorbachov ha explicado que la expansión de la OTAN no fue discutida con el secretario de Estado de EEUU, James Baker, y que ningún país, ni de Europa oriental ni de la parte occidental comentó esa posibilidad. El compromiso adquirido habría sido no moverse «ni una pulgada hacia el este», pero en referencia a la RDA tras la reunificación alemana. Según Gorbachov, esta renuncia incluía nuevas estructuras militares de la Alianza en esa parte de Alemania, despliegues de tropas y armas de destrucción masiva, y todo se cumplió. Sin embargo, el último presidente soviético dijo haber calificado desde el principio la expansión de la OTAN como «un gran error», señalando que representaba «indudablemente una violación del espíritu de las declaraciones y garantías que se nos hicieron en 1990».<sup>7</sup></p>
<p>La Conferencia de Helsinki de 1975 reconoció que cada Estado soberano era libre de escoger sus propias alianzas.<sup>8 </sup>También Putin y Lavrov admitieron ese derecho hace muchos años, pero advirtiendo que también Moscú sacaría sus respectivas conclusiones como Estado soberano.<sup>9</sup> Ucrania y otros países tienen derecho a ingresar en la OTAN y a instalar misiles de la Alianza en su territorio, pero cabe preguntarse por las consecuencias. En 1962 también tenía derecho la URSS a instalar misiles en Cuba o EEUU de obrar de igual manera en Turquía, pero todo aquello no ayudó a la confianza y pudo ocasionar un riesgo existencial. Hoy, según Putin: «EEUU permanece con misiles en nuestro umbral. ¿Es demasiado pedir no instalar sistemas de choque en nuestra casa? ¿Cómo reaccionarían los estadounidenses si se colocaran misiles en la frontera con Canadá o México?».<sup>10</sup> Desde 1999, la OTAN ha incorporado a tres repúblicas de la URSS,<sup>11</sup> siete países que pertenecieron al Pacto de Varsovia<sup>12</sup> y otros cuatro de la esfera de influencia soviética en la entonces Yugoslavia.<sup>13</sup> Y no ha incorporado a nadie más, nadie sin relación con la URSS. En la cumbre de la Alianza de Bucarest, en abril de 2008, se decidió que Ucrania y Georgia también se unirían.<sup>14</sup> Según John Mearsheimer, de la Universidad de Chicago, no se tomaron entonces medidas concretas por la resistencia de Francia y, sobre todo, Alemania, y citó a Angela Merkel diciendo que agregar a Ucrania y Georgia era una receta para el desastre. Pero no pudieron evitar las presiones de EEUU para añadir la referencia a su adhesión futura en la declaración final,<sup>15</sup> tampoco las numerosas voces estadounidenses que se opusieron, incluso los propios servicios de inteligencia de George W. Bush.<sup>16</sup> Días después de la cumbre, aumentaron las tensiones en Abjazia y Osetia del Sur que condujeron, en agosto, a la guerra ruso-georgiana.</p>
<p>Lavrov afirmó en 2006 en la Duma que incorporar a Ucrania o Georgia a la OTAN significaba «un cambio geopolítico colosal» y que valorarían cómo afectaría a sus intereses.<sup>17</sup> Al año siguiente opinó que esa expansión suponía un «regreso a la Guerra Fría».<sup>18</sup> En 2016 concluía: «en nuestra doctrina de seguridad se indica claramente que una de las principales amenazas a nuestra seguridad es la expansión de la OTAN hacia el este».<sup>19</sup> Putin lo expresó así en la Conferencia de Seguridad de Múnich de 2007: «Creo que es obvio que la expansión de la OTAN no tiene ninguna relación con la modernización de la propia Alianza ni con garantizar la seguridad en Europa. Por el contrario, representa una grave provocación que reduce el nivel de confianza mutua. Y tenemos derecho a preguntar: ¿contra quién va dirigida esta expansión?».<sup>20</sup> Estos peligros también han sido señalados durante décadas por primeras figuras del <em>establishment</em> atlantista. George Kennan, el así llamado “arquitecto intelectual de la Guerra Fría” o “padre de la contención”, predijo el desastre: «Se puede esperar que esa decisión inflame las tendencias nacionalistas, antioccidentales y militaristas en la opinión rusa».<sup>21</sup> Henry Kissinger, secretario de Estado de EEUU en los trágicos años setenta, señaló en 2014 la enorme importancia de Ucrania para Moscú y que la única opción pasaba por no alinearse ni con Rusia ni con Occidente, sino servir de puente entre ambos lados.<sup>22</sup></p>
<p>No pocas voces han cuestionado que la Alianza haya tenido nunca la verdadera intención de sumar a Ucrania, señalando la poca honestidad que, en este caso, habría mostrado la OTAN al utilizar a ese país (o a Georgia) como un tablero de juegos geopolíticos en su pulso con Moscú. Según Putin en su discurso preinvasión, varios miembros de la OTAN eran escépticos a la entrada de Ucrania y le comunicaron que no sería inmediata. Pero argumentó que «si no pasa mañana, será pasado mañana», y que tanto le daba «desde una perspectiva histórica».<sup>23</sup> Ucrania ha dado pasos firmes en su apuesta atlántica y la OTAN ha publicitado su abrazo.</p>
<p>El «<em>Partnership for Peace</em>» de la OTAN se autodefine como un programa para promover la confianza en Europa y con el espacio soviético. Todos los miembros de la OTAN otrora en la órbita de la URSS estuvieron en ese programa antes de su adhesión. Ucrania es hoy el participante más antiguo, desde 1994. Las relaciones OTAN-Ucrania se fortalecieron en 1997 y tuvieron un punto de inflexión en 2008 tras la cumbre de Bucarest, con las reformas para la integración. A raíz de lo sucedido en el Dombás y Crimea en 2014, la cooperación se intensificó enormemente e incluyó un paquete de asistencia integral para reformar el sector de la seguridad y la defensa según los estándares de la OTAN. Los 16 programas incluyen la reorganización y modernización de estructuras y capacidades, la interoperabilidad con la OTAN para contribuir a los ejercicios y operaciones que dirige, el apoyo a la reforma de los sistemas de estandarización y logística o la cooperación en defensa y seguridad cibernética.<sup>24</sup></p>
<blockquote><p><strong>Rusia ha percibido siempre la expansión de la OTAN con particular preocupación por el potencial establecimiento de arsenales cerca de sus fronteras</strong></p></blockquote>
<p>Ucrania ha contribuido a las misiones militares de la OTAN en Bosnia y Herzegovina, Afganistán e Irak, así como en operaciones marítimas como Active Endeavour u Ocean Shield. Nótese que esta cooperación no cesó con Víktor Yanukóvich en el poder. Quizá la participación más significativa ha sido, durante años, en Kosovo (KFOR). La invasión de Serbia en 1999 fue percibida por Moscú como un acto de agresión (fue contraria al derecho internacional), una amenaza para la gobernanza de la seguridad europea posterior a la Guerra Fría, un desafío para su estatus en el orden internacional y una imposición ostentosa de los intereses de la Alianza disfrazada con motivación humanitaria. Aquella intervención derivó en un abierto apoyo militar ruso a Serbia y la escisión de una parte del territorio.<sup>25</sup> Si bien cada situación merece analizarse por separado, las similitudes destacan en cuanto a las percepciones (intercámbiese, en las líneas anteriores, Ucrania por Serbia y EEUU/OTAN por Rusia). De hecho, Putin lo relaciona todo, expresamente: «¿Crimea? –preguntó– esto no es nada comparado con lo que vosotros hicisteis en Yugoslavia», y quizá su recurso al argumento del “genocidio” no sea tan casual.<sup>26</sup></p>
<p><em>Escudo antimisiles y otros armamentos. </em>Rusia ha percibido siempre la expansión de la OTAN con particular preocupación por el potencial establecimiento de arsenales cerca de sus fronteras.  EEUU y Rusia han llegado a distintos acuerdos históricos para mejorar la confianza. En 1972 ratificaron el Tratado sobre Misiles Antibalísticos (ABM, del inglés), con la intención de limitar su número con carga nuclear. George W. Bush trabajó la idea del escudo antimisiles (balísticos), y en mayo de 2001 inició una campaña en la OTAN sobre su conveniencia. El Tratado ABM era un problema, porque prohibía el desarrollo de los sistemas antimisiles. Buena parte de los miembros de la Alianza mostraron reticencias, al entender que el escudo promocionaba una carrera armamentística. Sin embargo, los atentados del 11-S proporcionaron a Bush carta blanca en EEUU y la OTAN y anunció la retirada del tratado tres meses después, materializada en junio de 2002. El problema para Rusia era que ese escudo implicaba establecer radares en la República Checa y misiles de intercepción en Polonia, más cerca de sus fronteras (los países bálticos y balcánicos aún no estaban en la OTAN).</p>
<p>Putin ha considerado reiteradamente la instalación de elementos del escudo antimisiles de EEUU en el este europeo como «una amenaza a la seguridad nacional» y «factor desestabilizador para Europa», y comparó la situación con la del despliegue de misiles Pershing II y Tomahawk en Europa Occidental en los años ochenta.<sup>27</sup> Según Putin, justificar ese sistema con la amenaza terrorista (de Corea del Norte o Irán) era «ridículo», y advirtió que tomaría medidas «para garantizar su seguridad nacional», añadiendo que «cualquier otro país haría lo mismo».<sup>28</sup> Distintas voces en Europa occidental también alertaron de los peligros, en particular en Alemania, aunque Merkel apoyó el plan argumentando, como EEUU, que se trataba de un sistema puramente defensivo no dirigido a Rusia. Sin embargo, al menos dos perspectivas cuestionaban esta idea. La primera, del secretario general de la OTAN, Jaap de Hoop Scheffer, quien criticó el plan de EEUU porque no cubría de manera adecuada a ciertos miembros del sudeste europeo, lo que significaba un doble estándar en la Alianza.<sup>29</sup> La segunda, de Putin, que señaló en 2007 que ni Teherán ni Pyongyang tenían sistemas o misiles balísticos capaces de llegar a Europa o EEUU, ni los podrían tener en el corto plazo.<sup>30</sup></p>
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<h4><strong>¿Qué ha pasado recientemente?</strong></h4>
<p>Según la propia OTAN, en septiembre de 2020 el presidente Zelenski «aprobó la nueva Estrategia de Seguridad Nacional de Ucrania, que prevé el desarrollo de la asociación distintiva con la OTAN con el objetivo de ser miembro».<sup>31</sup> Como parte del programa de reforma para alinearse con los estándares de la Alianza, Ucrania «reemplazó su Doctrina Militar en marzo de 2021 con una nueva Estrategia de Seguridad Militar que se basó en la Estrategia de Seguridad Nacional de 2020».<sup>32</sup> Esa estrategia incluye la participación en ejercicios bilaterales y multinacionales. Por su lado, Rusia también modificó su Estrategia de Seguridad Nacional, en junio de 2021, muy poco después de la ucraniana. Shahin Jafarli, del Instituto de Investigación de Bakú, aludiendo al apartado «Defensa del país», señala que «intentos de ejercer presión militar sobre Rusia, sus aliados y socios, el despliegue de infraestructura militar de la OTAN cerca de las fronteras rusas, la intensificación de las actividades de inteligencia extranjera y las pruebas del uso de armas nucleares y grandes unidades militares contra Rusia (<em>ejercicios de la OTAN</em>) son amenazas militares para la Federación Rusa».<sup>33</sup> Un año antes, en junio de 2020, Ucrania se había convertido en el sexto «socio de oportunidad mejorada» de la OTAN, un estatus ofrecido a «participantes en la Iniciativa de Interoperabilidad de Asociación de la OTAN que han hecho contribuciones particularmente significativas a las operaciones de la OTAN y otros objetivos de la Alianza». Funciona como un facilitador, «brindando a Ucrania acceso preferencial a la caja de herramientas de interoperabilidad de la OTAN, incluidos ejercicios, capacitación, intercambio de información y conocimiento de la situación».<sup>34</sup> Los otros cinco países que gozan de ese “privilegio” son Australia, Finlandia, Suecia, Jordania y, atención, Georgia.</p>
<p>En su discurso previo a la invasión, Putin hizo referencia a esa nueva estrategia militar ucraniana de 2021: «Este documento está dedicado casi en su totalidad a la confrontación con Rusia». Dijo que «establece las líneas de una guerra potencial, que debería terminar (…) “con la asistencia de la comunidad internacional en términos favorables para Ucrania”, así como (…) “con apoyo militar extranjero en la confrontación geopolítica con la Federación Rusa”».<sup>35</sup> Putin continuó con una retahíla de supuestas amenazas para la seguridad de Rusia: aseguró que «adquirir armas nucleares tácticas será mucho más fácil para Ucrania que para otros Estados», al contar con recursos de la era soviética, y que este país tenía la intención de hacerlo; también destacó la «ostentosa» y fuerte entrada de armas, equipos y entrenamiento desde 2014, sobre todo desde EEUU, así como la presencia «casi constante» de contingentes militares de países de la OTAN «con el pretexto de ejercicios», que calificó de «obviamente antirrusos» y en los que solo el año pasado habrían participado más de 23.000 efectivos y más de mil unidades de <em>hardware</em>. Para Putin, esos movimientos «están diseñados para encubrir una rápida acumulación del grupo militar de la OTAN en territorio ucraniano». Señaló también que la red de aeródromos estaba mejorada con ayuda estadounidense y que el Centro de Operaciones Marítimas construido por EEUU en Ochakov «permite apoyar la actividad de los buques de guerra de la OTAN, incluido el uso de armas de precisión, contra la flota rusa del Mar Negro y nuestra infraestructura en toda la costa del Mar Negro».<sup>36</sup> Y advirtió que el sistema de control de tropas ucraniano ya se había integrado en la OTAN, y que esta podía dar órdenes directas a las fuerzas armadas ucranianas. Por otro lado, Putin aseguró que el escudo antimisiles había añadido misiles interceptores en Rumanía, además de Polonia, y que podían ser utilizados con fines ofensivos. Además, tras el abandono del Tratado INF habría desarrollado misiles balísticos que, desde Járkov/Járkiv, tardarían entre 7 y 8 minutos en llegar a Moscú (las armas supersónicas, de 4 a 5). En definitiva, defendió que la entrada de Ucrania en la OTAN y el subsecuente despliegue de estructuras de la Alianza –cosas que afirmaba acabarían ocurriendo– supondría un «drástico incremento» del nivel de amenaza militar contra Rusia, «lo multiplicaría».<sup>37</sup></p>
<blockquote><p><strong>El pasado diciembre Rusia propuso acuerdos a EEUU y la OTAN sobre garantías de seguridad relacionados con evitar una mayor expansión de la OTAN</strong></p></blockquote>
<p>Desconocemos cuánto hubo de legítima preocupación y cuánto de propaganda oportunista, pero el 17 de diciembre Rusia propuso acuerdos a EEUU y la OTAN sobre garantías de seguridad. Las peticiones que hacía Rusia tenían que ver, precisamente, con evitar una mayor expansión de la OTAN , abstenerse de desplegar sistemas de armas en las fronteras rusas y retroceder la capacidad militar y la infraestructura del bloque en Europa donde estaban en 1997, cuando se firmó el Acta Fundacional OTAN-Rusia. Según Putin, le respondieron con generalidades, desvíos y evasivas.<sup>38</sup> Sin sentido alguno de proporcionalidad o humanidad, el dirigente ruso justificó su barbarie en Ucrania.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4><strong>A modo de conclusión: un proceso de militarización en cinco tiempos</strong></h4>
<p>Las relaciones entre Rusia y la OTAN en el tablero geopolítico de Ucrania han tenido cinco tiempos clave tras su independencia. El primero fue 1999, punto de inflexión en la militarización de esas relaciones. En marzo, la OTAN amplió sus fronteras por primera vez desde 1982 (España) y segunda desde 1955 (Alemania).<sup>39</sup> Es decir, con la excepción de España (expansión hacia el oeste), la OTAN no había modificado sus lindes en 44 años. El cambio sucedió, precisamente, en territorio del antiguo Pacto de Varsovia, y fue percibido con humillación en Rusia. Ese mismo mes, la OTAN bombardeó a una aliada de Moscú, Serbia. Un mes después, la OTAN aprobó su Nuevo Concepto Estratégico,<sup>40</sup> que sustituyó al de 1991 y revolucionó sus funciones, al prever su participación en «operaciones de respuesta a crisis no previstas en el Art. 5» (en varios puntos) y «para preservar la paz y seguridad internacionales» (punto 48), y al asignar al Consejo de Seguridad de la ONU una «responsabilidad primordial» en el mantenimiento de la seguridad internacional, pero un menor «rol crucial» en el área euroatlántica (punto 15). Según distintos expertos, esto supuso poder realizar acciones no defensivas, extender su área de operaciones del Atlántico Norte a todo el mundo y no renunciar a actuar al margen del derecho internacional (la cumbre tuvo lugar mientras se bombardeaba Serbia). El año 1999 también marcó el inicio de la segunda guerra chechena, objeto de fuerte condena occidental por su particular e indiscriminada crueldad –Putin ha acusado a EEUU y la OTAN de «apoyar a los terroristas del Cáucaso Norte».<sup>41</sup> Precisamente, el líder ruso alcanzó la cúspide del poder en Rusia ese mismo 1999.</p>
<p>El años 2004 destacó por la incorporación de siete países a la OTAN, algunos fronterizos o cercanos a Rusia. Los otros tres tiempos están directamente relacionados con Ucrania. La tercera fecha, 2007-2008, abarca el discurso de Múnich, la cumbre de la OTAN en Bucarest y la guerra en Georgia. La cuarta es 2014, año marcado principalmente por la caída de Yanukóvich (para Rusia, con apoyo de la OTAN) y los acontecimientos en el Dombás y Crimea, pero también por la intervención militar en Siria liderada por EEUU y la entrada determinante de Rusia en apoyo del gobierno sirio el año siguiente. La guerra en el Dombás no evitó, sin embargo, exportaciones de armas europeas a Rusia entre 2014 y 2020  valoradas en 491 millones de euros.<sup>42</sup> Paradójicamente, una cantidad muy parecida a la canalizada en 2022 por la UE a Ucrania a través del fondo europeo de “ayuda a la paz”, 450 millones en material militar.<sup>43</sup> Finalmente, el último periodo tiene su clímax en la invasión rusa en febrero de 2022, pero abarca también varios meses anteriores.</p>
<blockquote><p><strong>La guerra en el Dombás no evitó, sin embargo, exportaciones de armas europeas a Rusia entre 2014 y 2020</strong></p></blockquote>
<p>Aunque no han faltado otros factores y motivaciones, los cinco tiempos han incluido unas mismas consideraciones relacionas con los equilibrios de poder en Europa (y con EEUU) y la configuración de una estructura de seguridad militarizada que en el mejor de los casos no ha considerado lo suficiente a Rusia y, en el peor, al menos en las percepciones, ha estado orientada contra Moscú.</p>
<p>Cabe objetar toda equidistancia con el agresor a la hora de asignar responsabilidades, pero también toca hablar de la OTAN. Toca ahora y tocaba hacerlo en el último cuarto de siglo. Quizá se podrían haber reconducido las cosas de otra manera.</p>
<p><strong>Alejandro Pozo Marín </strong>es investigador del Centre Delàs y profesor de geopolítica y conflictos armados</p>
<h4>NOTAS</h4>
<p><sup>1</sup> Por ejemplo, la situación interna en Rusia o Ucrania, o la coyuntura en países con fuertes vínculos, como Bielorrusia, Georgia o Kazajstán (los tres con fuertes tensiones internas que preocupan a Moscú); o Moldavia o Armenia (con cambios de gobierno menos cercanos a Rusia).</p>
<p><sup>2</sup> Tica Font, «<a href="https://www.elsaltodiario.com/opinion/tica-font-centre-delas-opiniones-guerra-ucrania" target="_blank" rel="noopener">Ucrania, reflexiones de una pacifista entrada en años</a>», <em>El Salto</em>, 3 de marzo de 2022.</p>
<p><sup>3</sup> Damien Sharkov, «Russia Will Never Attack Any NATO Member: Lavrov», <em>Newsweek</em>, 7 de junio de 2016.</p>
<p><sup>4</sup> Antes fue secretario del Consejo de Seguridad Nacional y director del Servicio Federal de Seguridad (sucesor del KGB).</p>
<p><sup>5</sup> Vladímir Putin, «<a href="http://en.kremlin.ru/events/president/news/67828" target="_blank" rel="noopener">Address by the President of the Russian Federation</a>», <em>Kremlin</em>, 21 de febrero de 2022.</p>
<p><sup>6</sup> Kristina Spohr, «<a href="https://blogs.lse.ac.uk/politicsandpolicy/exposing-the-myth-of-western-betrayal-of-russia/" target="_blank" rel="noopener">Exposing the myth of Western betrayal of Russia over NATO’s eastern enlargement</a>», London School of Economics, 2 de marzo de 2022.</p>
<p><sup>7</sup> Maxim Kórshunov, «<a href="https://www.rbth.com/international/2014/10/16/mikhail_gorbachev_i_am_against_all_walls_40673.html" target="_blank" rel="noopener">Mikhail Gorbachev: I am against all walls</a>», <em>Russia Beyond</em>, 16 de octubre de 2014.</p>
<p><sup>8</sup> «<a href="https://www.osce.org/files/f/documents/7/b/39506.pdf" target="_blank" rel="noopener">Conferencia sobre la Seguridad y la Cooperación en Europa. Acta final</a>», Helsinki 1975, punto 1.a.I, p. 3.</p>
<p><sup>9</sup> Associated Press, «Russia calls NATO plans “colossal” shift», 8 de junio de 2006.</p>
<p><sup>10 Andrew Roth, «Putin accuses west of “coming with its missiles to our doorstep”», <em>The Guardian</em>, 23 de diciembre de 2021.</sup></p>
<p><sup>11</sup> Estonia, Letonia y Lituania (2004).</p>
<p><sup>12</sup> Hungría, Polonia y República Checa (1999); Eslovaquia, Bulgaria y Rumanía (2004) y Albania (2009).</p>
<p><sup>13</sup> Eslovenia (2004), Croacia (2009), Montenegro (2017) y Macedonia del Norte (2020).</p>
<p><sup>14</sup> En su punto 23 (de 50). «<a href="https://www.nato.int/cps/en/natolive/official_texts_8443.htm" target="_blank" rel="noopener">Bucharest Summit Declaration</a>», 3 de abril de 2008.</p>
<p><sup>15</sup> John Mearsheimer, «<a href="https://youtu.be/JrMiSQAGOS4" target="_blank" rel="noopener">UnCommon Core: The causes and consequences of the Ukraine crisis</a>», conferencia de junio de 2015.</p>
<p><sup>16</sup> «<a href="https://jnews.uk/allied-member-or-partner-natos-long-dilemma-over-ukraine/" target="_blank" rel="noopener">Allied, member or partner? NATO’s long dilemma over Ukraine</a>», <em>Jnews</em>, 9 de diciembre de 2021.</p>
<p><sup>[17]</sup> Associated Press, <em>op. cit.</em></p>
<p><sup>18</sup> RIA Novosti, «<a href="http://twocircles.net/2007jul05/nato_expansion_relapse_cold_war_russian_minister.html" target="_blank" rel="noopener">NATO expansion a relapse into Cold War: Russian minister</a>», <em>TwoCircles.net</em>, 5 de julio de 2007.</p>
<p><sup>19</sup> Damien Sharkov, <em>op. cit.</em><br />
<sup>20]</sup> Vladímir Putin, «<a href="http://en.kremlin.ru/events/president/transcripts/24034" target="_blank" rel="noopener">Speech and the Following Discussion at the Munich Conference on Security Policy</a>», Kremlin, 10 de febrero de 2007.<br />
<sup>21</sup> Jonathan Ng, «Arms Industry Sees Ukraine Conflict as an Opportunity, Not a Crisis», <em>Truthout</em>, 2 de marzo de 2022. Disponible en: https://truthout.org/articles/arms-industry-sees-ukraine-conflict-as-an-opportunity-not-a-crisis/</p>
<p><sup>22</sup> Henry Kissinger, «To settle the Ukraine crisis, start at the end», <em>The Washington Post</em>, 5 de marzo de 2014.</p>
<p><sup>23</sup>Vladímir Putin, <em>op. cit.</em></p>
<p><sup>24</sup> «<a href="https://www.nato.int/cps/en/natohq/topics_37750.htm" target="_blank" rel="noopener">Relations with Ukraine</a>», actualizado el 11 de marzo de 2022.</p>
<p><sup>25</sup> Derek Averre, «From Pristina to Tskhinvali: The Legacy of Operation Allied Force in Russia’s Relations with the West», <em>International Affairs</em>, 85, núm. 3, 2009, pp. 575–91.</p>
<p><sup>26</sup> Jade McGlynn, «<a href="https://foreignpolicy.com/2022/03/03/putin-ukraine-russia-nato-kosovo/" target="_blank" rel="noopener">Why Putin Keeps Talking About Kosovo</a>», <em>Foreign Policy</em>, 3 de marzo de 2022.</p>
<p><sup>27</sup> Entonces, las protestas rusas terminaron con el Tratado INF (de fuerzas nucleares de alcance medio), en diciembre de 1987. Donald Trump abandonó unilateralmente ese tratado en agosto de 2019. RIA Novosti, «<a href="https://sputniknews.com/20070427/64561042.html" target="_blank" rel="noopener">‘No hysteria’ as Putin compares U.S. shield to Pershing missiles -1</a>», <em>Sputnik</em>, 27 de abril de 2007.</p>
<p><sup>28</sup> <em>Ibidem</em>.<br />
<sup>29</sup> Daniel Dombey y Fidelius Schmid, «FT Interview: Jaap de Hoop Scheffer», <em>Financial Times</em>, 11 de marzo de 2007.</p>
<p><sup>30</sup> RIA Novosti, abril de 2007, <em>op. cit.</em> Los misiles norcoreanos capaces de llegar fueron producidos en 2017.</p>
<p><sup>31</sup> OTAN, «Relations with Ukraine», <em>op. cit.</em></p>
<p><sup>32</sup> Instituto Internacional de Estudios Estratégicos, <em>The Military Balance 2022</em>, Routledge, Londres, p. 211.</p>
<p><sup>33</sup> Shahin Jafarli, «<a href="https://bakuresearchinstitute.org/en/russias-new-national-security-strategy/" target="_blank" rel="noopener">Russia’s New National Security Strategy</a>», <em>Baku Research Institute</em>, 2 de agosto de 2021.</p>
<p><sup>34</sup> OTAN, «Relations with Ukraine», <em>op. cit.</em><sup>35</sup> Vladímir Putin, 2022, <em>op. cit.</em></p>
<p><sup>36</sup> Léase la versión de EEUU en Ben Werner, «<a href="https://news.usni.org/2017/08/15/u-s-navy-seabees-building-maritime-operations-center-black-sea-coast" target="_blank" rel="noopener">U.S. Navy Seabees Building Maritime Operations Center on Black Sea Coast</a>», <em>Instituto Naval de EEUU</em>, 15 de agosto de 2017.</p>
<p><sup>37</sup> Vladímir Putin, 2022, <em>op. cit.</em></p>
<p><sup>38</sup> <em>Ibidem</em>.</p>
<p><sup>39</sup> En 1990, la RDA se incorporó a la OTAN al unificarse Alemania.</p>
<p><sup>40]</sup> «<a href="https://1997-2001.state.gov/regions/eur/nato/nato_990424_stratcncpt.html" target="_blank" rel="noopener">NATO Alliance Strategic Concept</a>», Departamento de Estado de EEUU, 24 de abril de 1999.</p>
<p><sup>41</sup> Vladímir Putin, 2022, <em>op. cit.</em></p>
<p><sup>42</sup> Solo en 2015 fueron 208 millones, con 1.409 licencias aprobadas y apenas 149 rechazadas.<a href="https://enaat.org/eu-export-browser/overview?metric=all&amp;destination=russia&amp;year_from=2014" target="_blank" rel="noopener"> Base de datos de la ENAAT. </a> Se proporcionan las exportaciones «híbridas», que suman las reportadas como efectuadas (y que totalizan 352 millones) y el valor que el titular de la licencia tiene permiso para exportar en los países que solo publican ese dato (Bélgica, Chipre, Alemania, Malta y Reino Unido).</p>
<p><sup>43</sup> Decisión del Consejo (CFSP) 2022/338, de 28 de febrero de 2022.</p>
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		<title>Papeles 158: Malestares</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 26 Aug 2022 10:45:46 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Nuevo número de la revista Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global que aborda cómo nuestra civilización encadena una variada gama de crisis sin llegar a resolver ninguna.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><img decoding="async" class="alignright wp-image-146827" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/08/PORTADA-158-450x631.jpg" alt="" width="400" height="564" />Malestares. El signo de un modo de vida que genera profundas contradicciones, desbalances y efectos en cascada que minan las vidas de millones de personas, pero que con frecuencia se quedan recluidas en el ámbito de lo cotidiano, de lo íntimo, pasando por debajo del radar de los indicadores convencionales. Hasta que estallan. Hasta que las múltiples urgencias se manifiestan en catástrofes cotidianas, a menudo silenciosas.</p>
<blockquote><p><strong>Malestares en forma de ansiedades y frustraciones ante una cultura que promete lo que no es capaz de colmar y que ofrece el exceso como patrón generalizado y que recae sobre el cuerpo social o el medio natural.</strong></p></blockquote>
<p>En el número 158 de la revista <a href="https://www.fuhem.es/revista-papeles/" target="_blank" rel="noopener"><em>Papeles de relaciones ecosociales y cambio global</em></a> destacamos que cada vez resulta más patente cómo esta civilización encadena una variada gama de crisis sin llegar a resolver ninguna.</p>
<p>En menos de tres lustros, y con una crisis ecológica global de fondo, hemos vivido una hecatombe financiera con graves repercusiones económicas, la primera pandemia mundial –la COVID-19– y, actualmente, un conflicto armado en Ucrania que está redibujando el panorama geopolítico en clave de guerra fría, y que ha hecho patente para la UE –por ahora– la encrucijada energética en la que se halla.</p>
<p>Múltiples hilos de una trama cada vez más deshilachada que denota graves problemas que demandan atención. En este número de Papeles seguimos estos hilos desde el envés de la trama para tratar de interpretar qué está pasando y cuáles son sus componentes.</p>
<p>En la <strong>INTRODUCCIÓN</strong>, <strong>Santiago Álvarez Cantalapiedra</strong> traza una panorámica de los principales elementos responsables del malestar. Elementos examinados en <strong>A FONDO</strong> de la mano de <strong>Víctor M. Toledo</strong>, <strong>Jordi Mir</strong>, <strong>José Antonio Corraliza</strong> y <strong>Albert Recio</strong>.</p>
<p><strong>Amador Fernández-Savater</strong> conversa con <strong>Franco Berardi (Bifo)</strong>, <strong>Pedro Lomas</strong> dialoga con <strong>José Manuel Naredo</strong>, y <strong>Nuria del Viso</strong> entrevista a <strong>Juan Manuel Vera</strong>.</p>
<p>En <strong>ACTUALIDAD,</strong> <strong>Josep Baqués</strong> sigue la trayectoria de la OTAN en el nuevo contexto geopolítico. La sección ENSAYO recoge una reflexión de <strong>Nuria del Viso</strong> sobre migraciones internacionales y justicia global desde la perspectiva de la filosofía política, y <strong>Ramón del Buey</strong> conversa con <strong>Daniel W. McShea</strong> y <strong>Carlos de Castro</strong> sobre la aplicación de la visión de los sistemas disipativos de Prigogine a la evolución. Las reseñas de la sección <strong>LECTURAS</strong> cierran esta revista.</p>
<p>A continuación, ofrecemos el sumario de la revista y el acceso a texto completo a la <strong>INTRODUCCIÓN, </strong>al artículo de <strong>Víctor M. Toledo </strong>y a los<strong> RESÚMENES </strong>de los contenidos del número.</p>
<p><a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/sumario-158/" target="_blank" rel="noopener"><span style="font-size: 14pt;"><span style="color: #3366ff;"><span style="color: #000000;"><span style="color: #3366ff;">SUMARIO</span></span></span></span></a></p>
<p><span style="font-size: 14pt;"><strong>INTRODUCCIÓN</strong></span></p>
<p><a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/el-malestar-de-nuestro-modo-de-vida/" target="_blank" rel="noopener"><em><span style="color: #3366ff;">El malestar de nuestro modo de vida</span></em></a>, <strong>Santiago Álvarez Cantalapiedra</strong>.</p>
<p><span style="font-size: 14pt;"><strong>A FONDO</strong></span></p>
<p><a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/el-malestar-civilizatorio/" target="_blank" rel="noopener"><em><span style="color: #3366ff;">El malestar  civilizatorio</span></em></a>, <strong>Víctor M. Toledo</strong>.</p>
<p><em>Malestares e ilusiones (Horizonte 2008-2023)</em>, <strong>Jordi Mir</strong>.</p>
<p><em>Conversación con Franco Berardi  (Bifo): «La única vacuna eﬁcaz contra el pánico de la pandemia y la guerra es pensar juntos»</em>, <strong>Amador Fernández-Savater</strong>.</p>
<p><em>El malestar en época de crisis concatenadas: algunas claves psicosociales</em>, <strong>José Antonio Corraliza</strong>.</p>
<p><em>Inﬂación en tiempos de distopía</em>, <strong>Albert Recio Andreu</strong>.</p>
<p><a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/entrevista-a-jose-manuel-naredo-el-mito-de-sisifo-y-el-gatopardismo-de-los-no-conceptos/" target="_blank" rel="noopener"><em>Entrevista  a José Manuel Naredo: el mito de Sísifo y el gatopardismo de los no-conceptos</em></a>, <strong>Pedro L. Lomas</strong>.</p>
<p><em>Entrevista a Juan Manuel Vera: «El igualitarismo ya no encuentra en el eje  izquierda/derecha una formulación adecuada»</em>, <strong>Nuria del Viso</strong>.</p>
<p><strong><span style="font-size: 14pt;">ACTUALIDAD</span></strong></p>
<p><em>La OTAN en tiempos de mudanzas</em>, <strong>Josep Baqués</strong>.</p>
<p><strong><span style="font-size: 14pt;">ENSAYO</span></strong></p>
<p><em>Migraciones internacionales y justicia global a la luz de la filosofía política</em>, <strong>Nuria del Viso</strong>.</p>
<p><em>¿Cómo reaccionar ante un nuevo cambio en cosmología? Una entrevista con Daniel W. McShea y Carlos de Castro</em>, <strong>Ramón del Buey</strong>.</p>
<p><span style="font-size: 14pt;"><strong>LECTURAS</strong></span></p>
<p><em>Refugiados, migrantes e integración. Una breve antología</em>, de Jürgen Habermas,</p>
<p><strong>Ruth Ferrero-Turrión</strong></p>
<p><em>El otoño de la civilización. Textos para una revolución inevitable</em>, de Juan Bordera y Antonio Turiel</p>
<p><em>Ausencias y extravíos,</em> de Yayo Herrero</p>
<p><strong>Monica Di Donato</strong></p>
<p><em>Utopía no es una isla</em>, de Layla Martínez</p>
<p><em>Contra la distopía. La cara B de un género de masas</em>, de Francisco Martorell Campos</p>
<p><strong>Nuria del Viso</strong></p>
<p><strong>Cuaderno de notas  </strong></p>
<p><span style="color: #3366ff;"><a style="color: #3366ff;" href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/resumenes-158/" target="_blank" rel="noopener"><span style="font-size: 14pt;"><span style="color: #3366ff;">RESÚMENES</span></span></a></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Información y compras</strong>:</h3>
<p>Tel.: +34 914310280</p>
<p>Email: <span style="color: #3366ff;"><a style="color: #3366ff;" href="mailto:publicaciones@fuhem.es">publicaciones@fuhem.es</a></span></p>
<p>Puedes adquirir la <span style="color: #3366ff;"><a style="color: #3366ff;" href="https://www.fuhem.es/product/malestares/" target="_blank" rel="noopener">revista <strong>PAPELES</strong> en nuestra librería virtual</a>.</span></p>
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		<title>Crisis, modos de vida y militarismo. Una lectura a propósito de la guerra de Ucrania</title>
		<link>https://www.fuhem.es/2022/05/18/crisis-modos-de-vida-y-militarismo-una-lectura-a-proposito-de-la-guerra-de-ucrania/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 18 May 2022 12:51:01 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Dosieres Ecosociales]]></category>
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					<description><![CDATA[La guerra en Ucrania, al igual que la pandemia, está transformando nuestro mundo, nuestras sociedades y las relaciones internacionales.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><a href="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/05/Dosier-Ecosocial-Crisis-modos-de-vida-y-militsarismo-Una-lectura-a-proposito-de-la-guerra-de-Ucrania.pdf" target="_blank" rel="noopener"><img decoding="async" class="alignright size-medium wp-image-144444" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/05/DOSSIER_Ucrania-450x636.jpg" alt="" width="450" height="636" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/05/DOSSIER_Ucrania-450x636.jpg 450w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/05/DOSSIER_Ucrania-300x424.jpg 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/05/DOSSIER_Ucrania-768x1086.jpg 768w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/05/DOSSIER_Ucrania-600x849.jpg 600w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/05/DOSSIER_Ucrania-64x91.jpg 64w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/05/DOSSIER_Ucrania.jpg 905w" sizes="(max-width: 450px) 100vw, 450px" /></a><a href="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/06/Dosier-Ecosocial-Crisis-Modos-de-Vida-y-Militarismo-Una-Lectura-a-Proposito-de-la-Guerra-de-Ucracia.pdf" target="_blank" rel="noopener"><em>Crisis, modos de vida y militarismo. Una lectura a propósito de la guerra de Ucrania</em></a></p>
<p><strong>FUHEM Ecosocial</strong></p>
<p>Abril 2022</p>
<blockquote><p><strong>La guerra en Ucrania, al igual que la pandemia, está transformando el mundo en el que vivimos. ¿En qué sentido? Aún nadie lo sabe, pero la historia nos enseña que tras una profunda perturbación las sociedades y las relaciones internacionales cambian.</strong></p></blockquote>
<p>La guerra, el modo de vida imperante y el poder armamentístico y nuclear son ele­mentos imprescindibles que hay que observar con atención si queremos analizar el orden social que emerge de la sucesión de crisis —Gran Recesión, Covid-19 y ahora la agresión a Ucrania— que vamos encadenando desde los últimos tres lustros con la crisis ecosocial de fondo.</p>
<p>El presente documento que pertenece a la <a href="https://www.fuhem.es/dosieres-ecosociales/" target="_blank" rel="noopener">Colección de Dosieres Ecosociales</a> incluye un texto introductorio de contexto, elaborado por <strong>Santiago Álvarez Cantalapiedra</strong>, que aborda cuestiones relativas al proceso de reconfiguración del orden social e in­ternacional, al regreso a la geopolítica, a la economía de bloques y a las tendencias armamentísticas.</p>
<p>Entrevistamos a <strong>Ulrich Brand</strong> sobre la relación entre el “modo de vida imperial” y el nuevo escenario sociopolítico, ecológico y económico resultante de la guerra de Ucrania.</p>
<p>El especialista en desarme nuclear <strong>Jan Vande Putte</strong>, reflexiona a través de una entre­vista sobre el peligro nuclear en el contexto del conflicto de Ucrania.</p>
<p>Dialogamos con varias expertas: <strong>Ana Barrero</strong>, <strong>Ana Villellas</strong>, <strong>Carmen Magallón</strong> y <strong>Tica Font</strong>, exponentes de la Investigación para la Paz en España, sobre sus preocupacio­nes en torno a la lógica militarista que trata de imponerse en el contexto actual, sobre la percepción de la ciudadanía ante las narrativas belicistas difundidas por los medios de comunicación y la clase política, así como sobre los desafíos que tiene ante sí el movimiento pacifista.</p>
<p>El dosier se complementa con un texto de <strong>Karen Marón</strong> que muestra cómo se está abordando informativamente el conflicto. En el eje comunicacional del Atlántico Nor­te vivimos una guerra de (des)información sin precedentes. En Occidente, desde el inicio de la guerra, solo ha existido un único relato que, además de frivolizar sobre la guerra y la tragedia humana que provoca, se ha construido a partir de una mezcla de verdades selectivas, medias verdades y mentiras con la finalidad fundamental de con­vertirlo todo en un espectáculo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4>Índice</h4>
<p>Introducción</p>
<p>El mundo de ayer y la emergencia de un nuevo orden acelerado por la guerra, <strong>Santiago Álvarez Cantalapiedra</strong>.</p>
<p><a href="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/05/Entrevista-a-Ulrich-Brand-sobre-Modo-de-Vida-Imperial-MDiDonato.pdf" target="_blank" rel="noopener">Entrevista a Ulrich Brand. “Modo de Vida Imperial”: una lectura a la luz del conflicto de Ucrania</a>, <strong>Monica Di Donato</strong>.</p>
<p>Entrevista Jan Vande Putte. El peligro nuclear en el contexto del conflicto en Ucrania, <strong>Pedro L. Lomas</strong>.</p>
<p>Diálogo: Respuestas desde el movimiento pacifista. La guerra de Ucrania en el contexto del surgimiento de un nuevo orden, <strong>Susana Fernández Herrero</strong>.</p>
<p>Conflicto Rusia-Ucrania. La mentira como arma, la verdad como víctima, <strong>Karen Marón</strong>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Acceso al dosier completo en formato pdf: <a href="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/06/Dosier-Ecosocial-Crisis-Modos-de-Vida-y-Militarismo-Una-Lectura-a-Proposito-de-la-Guerra-de-Ucracia.pdf" target="_blank" rel="noopener"><em>Crisis, modos de vida y militarismo. Una lectura a propósito de la guerra de Ucrania.</em></a></p>
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		<title>Entrevista a Ulrich Brand. “Modo de Vida Imperial”: una lectura a la luz del conflicto de Ucrania</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 17 May 2022 10:17:45 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Entrevistas]]></category>
		<category><![CDATA[Crisis Ecosocial]]></category>
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					<description><![CDATA[Relación entre el modo de vida imperial y el nuevo escenario sociopolítico, ecológico y económico resultante de la guerra en Ucrania.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><img decoding="async" class="alignright wp-image-144444 size-thumbnail" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/05/DOSSIER_Ucrania-300x424.jpg" alt="" width="300" height="424" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/05/DOSSIER_Ucrania-300x424.jpg 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/05/DOSSIER_Ucrania-450x636.jpg 450w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/05/DOSSIER_Ucrania-768x1086.jpg 768w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/05/DOSSIER_Ucrania-600x849.jpg 600w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/05/DOSSIER_Ucrania-64x91.jpg 64w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/05/DOSSIER_Ucrania.jpg 905w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" />La entrevista de Monica Di Donato a Ulrich Brand está publicada en <em><a href="https://www.fuhem.es/2022/05/18/crisis-modos-de-vida-y-militarismo-una-lectura-a-proposito-de-la-guerra-de-ucrania/" target="_blank" rel="noopener">Crisis, modos de vida y militarismo. Una lectura a propósito de la guerra de Ucrania</a></em>, perteneciente a la Colección de <a href="https://www.fuhem.es/dosieres-ecosociales/" target="_blank" rel="noopener">Dosieres Ecosociales.</a></p>
<blockquote><p><strong>En  esta entrevista Brand reflexiona alrededor de la relación entre el modo de vida imperial y el nuevo escenario sociopolítico, ecológico y económico resultante de la guerra en Ucrania.</strong></p></blockquote>
<p><strong><em>Ulrich Brand </em></strong><em>e</em><em>s </em><em>profeso</em><em>r de Política Internacional en la Universidad de Viena (Austria). Desde septiembre de 2021, trabaja  en el Instituto de Análisis Social de la Fundación Rosa Luxemburgo (Berlín, Alemania) sobre las perspectivas de las transformaciones socioecológicas emancipadoras. Es autor, junto con Markus Wissen, del libro  </em>Modo de vida  imperial: vida  cotidiana y crisis ecológica del  capitalismo, <em>Bueno</em><em>s Aires/Madrid, Tinta Limón, 2021. En marzo de 2018, publicó el libro </em>Salidas del laberinto capitalista: Decrecimiento y postextractivismo<em>,</em> <em>Barcelona/Quito</em><em>, Icaria, escrito con el economista y político ecuatoriano  Alberto Acosta, en el que se abordan los debates sobre el poscrecimiento en Europa y el posextractivismo / buen vivir en América Latina.</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Monica Di Donato (MDD</strong>): <strong>En tus textos afirmas  que  existe  un <em>modo de vida imperial</em> hegemónico que tiene como trasfondo una profunda crisis social y ecológica. ¿Cuáles son las dimensiones que caracterizan ese marco, y qué relación guardan con la esfera política, cultural, económico financiera, geoestratégica, etc. de las sociedades capitalistas?  ¿Cuáles son  las consecuencias que  acarrea?</strong></p>
<p><strong>Ulrich  Brand (UB)</strong>: El argumento que  comparto con  mi amigo  y co-autor <strong>Markus Wissen</strong> es que  el modo de vida imperial es posible gracias al acceso del Norte global a los recursos y a la mano de obra barata de otros lugares —tanto en el Sur global como en el Norte global.  Sobre todo,  tiene  que ver con estrategias de acumulación capitalista, de relaciones de poder.</p>
<p>Ampliamos la perspectiva. Pensemos en la producción y consumo de coches, teléfonos móviles, algunos alimentos, vestido, materias primas o recursos energéticos. Para algunos, todo lo anterior crea una capacidad de acción y una prosperidad material (unido a la posibilidad de disponer de una infraestructura pública que funcione, y de unos servicios de interés general); para otros, sin embargo, significa una destrucción progresiva de sus medios de vida y la consolidación de relaciones de dependencia. A pesar de esta asimetría, este modo de vida imperial es hegemónico, es decir, está ampliamente aceptado y reproducido en las prácticas de producción y consumo, asegurado por políticas estatales; y lo está, aún más, como deseo, aspiración y promesa de vivir esa forma (ayudado de eslóganes habituales, tales como “desarrollo”, “progreso” o “crecimiento”).</p>
<p>El modo de vida imperial se ha profundizado en el Norte a través del proceso de globalización de los últimos 30 años, especialmente con la reestructuración de la división internacional del trabajo y la digitalización, con su alto consumo de recursos. Subjetivamente, muchos viven esto como una forma de prosperidad. El modo de vida imperial no significa que todos los habitantes vivan igual. Los estudios demuestran que el tamaño de la huella ecológica de cada uno depende poco de la conciencia ecológica y mucho de los ingresos.</p>
<p>Este modo de vida, que siempre es también un modo de producción, está alcanzando claramente los límites ecológicos globales. En el pasado, siempre hubo regiones que colapsaron ecológicamente, pero hoy el peligro tiene una dimensión global. En cierto sentido, el modo de vida imperial se está “ganando su propia muerte”. Y en tiempos de crisis se produce una  paradoja que tiene implicaciones políticas:  especialmente en el Norte, este modo de vida tiene un efecto estabilizador, porque los alimentos y otras mercancías relativamente baratas siguen llegando a las metrópolis a través del mercado mundial, pero, al mismo  tiempo, las crisis políticas, sociales, económicas y ecológicas se intensifican en otros lugares, ocasionando graves  conflictos socioecológicos y huida de la población.</p>
<p>Si nos  acercamos a la dimensión geopolítica, el concepto del modo de vida imperial ayuda a entender las crecientes  “tensiones eco-imperiales”, porque  las grandes potencias políticas y las empresas trasnacionales tienen que asegurarse el acceso a unos recursos naturales y a unas tierras que son cada vez más escasas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>MDD:</strong> <strong>En las últimas  semanas, al escenario de crisis socioecológica se ha sumado el conflicto bélico en Ucrania. En el marco de análisis desde el que te mueves, ¿Qué  lectura haces de esta reconfiguración del orden geopolítico y de poder a nivel mundial? ¿Qué papel asignas a cada actor implicado directa o indirectamente (es decir, no solo a Rusia o Ucrania, sino también a EEUU, China y la UE)?</strong></p>
<p><strong>UB:</strong> Hay varias dimensiones en este conflicto. Para mí es y será algo parecido al 11 de septiembre, es decir, un punto y aparte que va a reorientar las políticas dominantes, y que supone un desafío enorme para las fuerzas emancipatorias y el pensamiento crítico.</p>
<p>Con respecto a tu pregunta quiero precisar que, por un lado, no hay que olvidar que el capitalismo ruso se desarrolló, en las últimas décadas, como parte de ese orden mundial capitalista neoliberal, y Rusia era una parte crucial, con sus recursos fósiles y agrarios. Sabemos, además, que los años noventa fueron cruciales, ya que los actores neoliberales globales, como el FMI y parte de las élites postsoviéticas, promovieron, con la ayuda del gobierno de Yeltsin, la neoliberalización y oligarquización de Rusia – los economistas neoliberales como Jeffrey Sachs  argumentaban, en ese sentido, a favor de una inevitable “terapia de shock”. Pero, por supuesto, que había alternativas como, por ejemplo, un papel más activo del Estado en la economía, el mantenimiento del Estado de bienestar, etc.  Es innegable que fue una victoria contundente de las estrategias neoliberales-oligárquicas. Por otro lado, existía una perspectiva geopolítica occidental, sobre todo de EEUU y de la OTAN, que no aceptaba los intereses políticos de seguridad de Rusia, por ejemplo, en lo que se refiere a las estrategias de la ampliación de la OTAN.</p>
<p>Si consideramos las relaciones internas de la sociedad rusa, se puede argumentar que sociedades con una economía extractivista, tienden a ser autoritarias porque el control de la renta de la venta de los recursos fósiles privilegia la centralización del control y del poder —de alguna manera, están gobernadas por oligarcas con buenos contactos en el mundo de la política, y no por una burguesía que quiere cierta independencia del Estado. Eso también facilitó el auge del régimen de Putin.</p>
<p>Otro aspecto de la reconfiguración es que, a pesar de la dinámica de los últimos años, especialmente el auge económico y político de China, existe un consenso entre las élites globales para mantener y expandir el modo de vida imperial a una parte creciente de la población. Pero eso ocurre de una manera muy desigual, porque el modo de vida imperial es muy clasista, patriarcal y racista. Creo que, por ejemplo, una perspectiva de clase es necesaria para preguntarse acerca de qué intereses comunes tienen las fracciones dominantes en diferentes regiones. Por ejemplo, hay fracciones importantes que están a favor de la militarización del mundo, otras que quieren mantener la dependencia de la energía fósil, otras que  viven bien de la globalización neo- liberal, del libre movimiento del capital, de los paraísos fiscales, etc. Claro, en tiempos de guerra pensamos en términos de países, regiones, gobiernos, pero creo que esta otra mirada sigue siendo también importante.</p>
<p>Si pensamos en regiones y sus gobiernos, es decir, las élites políticas estrechamente vinculadas con las élites económicas, y la propuesta de mirar hacia el mundo bajo la óptica del modo de vida imperial, creo que un aspecto principal para entender el régimen de Putin es su carácter abiertamente imperial y bélico, pero también su deseo de mantener la dependencia de otras regiones que precisan de sus recursos naturales. Como vemos, ese  último punto es muy ambiguo.</p>
<p>Creo que China puede ser indirectamente uno de los ganadores de este conflicto porque mantiene relaciones económicas con Rusia, y se presenta como un actor de la paz. Pero no conozco de manera suficiente las discusiones y estrategias del gobierno chino. Sin embargo, lo que considero interesante es que por primera vez hace muchos siglos China es, indirectamente, un actor  importante en un conflicto europeo.</p>
<p>EEUU se muestra, junto con la OTAN, como la gran potencia mundial que puede frenar un régimen como el de Putin y así superar el trauma de su fracaso total de los últimos años en Irak y Afganistán. Pero lo que vamos a ver, sobre todo, es que la industria militar en EEUU va a beneficiarse muchísimo del gasto armamentístico de países como Alemania. En general, no creo que  EEUU sea una potencia en declive, pero sin duda está redefiniendo su papel como potencia militar global, como actor político que organiza las relaciones entre países, como poder en la economía digital global y como referente para las fuerzas liberales con su modelo de democracia.</p>
<p>Actualmente, EEUU, su gobierno, así como sus intelectuales orgánicos contribuyen a una fuerte renacionalizacion de la ideal de Occidente, de un Occidente que tiene que ser agresivo. En este contexto creo que la UE será uno de los actores que más pierda en este conflicto, pues probablemente será quien más contribuya a la militarización del mundo. Y claro, los esfuerzos y recursos sociales que se requieren para tratar con las consecuencias de la guerra son enormes: los refugiados, los impactos económicos, la inseguridad en el suministro de la energía, etc. No tengo una idea positiva de “Europa” o de la UE, pero sí considero que existe un potencial de perspectivas políticas y económicas posnacionales que abren espacios para el pensamiento crítico y las estrategias emancipadoras. Y existe una base de derecho internacional, basada en el respeto a las leyes y no al del dominio del más fuerte.</p>
<p>Finalmente, y lamentablemente, el gran perdedor, en términos humanos, de este conflicto es Ucrania.  Y no olvidemos los impactos sobre otras regiones—y sobre gente más vulnerable—, que  van a sufrir del auge de los precios de los alimentos y la energía, hasta de la escasez de ciertos productos agrarios.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>MDD:</strong> <strong>¿Consideras que se está fragmentando la economía global en diferentes bloques o se trata “simplemente” de una disputa por la hegemonía entre potencias ascendentes (China, por ejemplo) y potencias en declive (EEUU o la UE)?</strong></p>
<p><strong>UB:</strong> Buena pregunta. Hasta hace poco tiempo yo pensaba que se trataba de una disputa por la hegemonía, sobre todo entre EEUU y China. La UE juega un papel importante aquí, pero no decisivo, al ser más bien un aliado de EEUU, también en lo que a asuntos militares se refiere. Pero la pandemia, y aún más esta guerra, pueden implicar una mayor fragmentación entre bloques económicos. En la UE se habla hoy día de “autonomía estratégica”, en el sentido de lograr más independencia en los ámbitos económicos, tecnológicos, en la organización del acceso a los recursos naturales, en relación con la infraestructura, etc. Putin habla de una “autarquía económica”, es decir, del intento de una reorientación de la economía rusa que, sin embargo, creo que va a desembocar en una dependencia más fuerte con respecto a China.</p>
<p>Actualmente, Rusia no es capaz de producir muchos productos de alta tecnología (incluso repuestos para las armas),  a la vez que está experimentando un flujo importante de emigración de  personas formadas. Eso abre claramente un espacio para China (que, a su vez, es  dependiente de alta tecnología de EEUU, si pensamos, por ejemplo, en microchips). Eso no significaría disociación absoluta, pero sí mucha menos confianza en una economía globalizada que produce todo de manera más barata o, en términos económicos, allí donde la ventaja comparativa es mayor, gracias a las infraestructuras de transporte, las condiciones legales o el libre comercio. Podríamos llamarla una “desglobalización desde arriba”, de los poderosos. Sin embargo, no tenemos que olvidar que la economía globalizada está, en muchos aspectos, bastante integrada, y detrás de esto hay intereses fuertes; hay que ver cuál será la dinámica.</p>
<p>En el movimiento alterglobalizador discutimos mucho sobre una necesaria “desglobalización desde abajo”, es decir, para los pueblos, de manera democrática y emancipatoria. Esa sigue siendo una  tarea importante.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>MDD:</strong> <strong>La guerra en Ucrania, sin ser la causa, ha despertado el “juego” geoestratégico en términos de guerra de suministros, guerra de sanciones, etc. En otros términos, sabemos que las causas del conflicto son complejas, llegan de lejos y no responden a una lógica de “guerra por el control de recursos” o por proteger ciertos mercados y espacios de influencia económica. Se trata más bien de consecuencias que, sin embargo, están creando no pocos problemas, sobre todo, a las economías del bloque europeo. En ese sentido, la guerra a golpe de sanciones hacia la ya precaria economía rusa puede ser un factor importante a considerar, aunque no parece que haya intención de implementarla de manera contundente por los riesgos e impactos que puede tener para el sancionador. </strong></p>
<p><strong>¿Qué  piensas al respecto? ¿Alemania, o la UE en general, están verdaderamente dispuestas a renunciar al gas ruso o al mercado que representa aquel país en la venta de sus coches, por ejemplo? ¿No antepondrán la defensa de su modo de vida a cualquier otra consideración (de ahí la extrema cautela en un uso  “ponderado” de las sanciones)?</strong></p>
<p><strong>UB:</strong> Estoy de acuerdo, no veo tanto que para Putin sea prioritario controlar directamente los recursos de Ucrania. Putin fue muy explícito en junio 2021 cuando negó la independencia de Ucrania y habló de la unidad de los pueblos de Rusia, Bielorrusia y Ucrania. Pero has preguntado por las sanciones. Ahora, a finales de abril y a nueve semanas después del inicio de la guerra, podemos ver que la UE no impone de manera contundente las sanciones a Rusia, sobre todo en lo referido al gas. Los gobiernos de Alemania y Austria, principalmente, están en contra por su fuerte dependencia de Rusia. Yo estoy convencido de que las sanciones tienen que ir más lejos e incluir el gas.  Hay economistas que argumentan que estas sanciones son viables y, aunque causarían cierto freno a la economía, sus efectos no serían catastróficos. Otros, como las asociaciones de empresarios o los sindicatos, dicen que las sanciones rápidas y contundentes van a perjudicar a las economías de Europa. Y que es una forma de doble moral de no comprar el gas de Rusia, pero sí de  regímenes autoritarios de Oriente Medio. Es una discusión importante. Es difícil de prever cómo evoluciona esta situación, pero estamos ante un escenario tan extraordinario (máxime cuando las masacres en Ucrania son conocidas) que yo creo que sí, habría que  tomar esta medida en contra de Rusia. Con respecto al modo de vida, sí, al corto plazo puede influir sobre él, como la pandemia lo hizo.</p>
<p>El Estado tendría que intervenir mediante la financiación del paro parcial, apoyando a las empresas, etc. A medio y largo plazo, la guerra puede contribuir a cierta modernización del modo de vida imperial con un cambio a gran velocidad en la base energética de la economía. Lo interesante es que también las élites hablan ahora mucho más de la necesidad de una transformación energética rápida. Con la ambigüedad —que para mí es un error— de declarar la energía fósil y el gas como fuentes energéticas sostenibles. El problema será si el modo de vida imperial es capaz de mantenerse con eso, por ejemplo, a través de la electrificación de los coches. Pero el cambio necesario tiene que ser más radical, debe cambiarse el sistema de movilidad reduciendo drásticamente la dependencia del automóvil privado, expandirse el sistema del transporte público, reducirse en muchos ámbitos la necesidad de movilidad, por ejemplo, mediante “ciudades con distancias más  cortas”.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>MDD:</strong> <strong>Si nos pusiéramos en el escenario de salida del conflicto, ¿Qué repercusión tendrían los cambios en la nueva configuración hegemónica sobre el “modo  de vida imperial”, o simplemente afectarían a las formas de preservarlo ante nuevos actores, riesgos o amenazas?</strong></p>
<p><strong>UB:</strong> Si pensamos en lo inmediato, yo creo el conflicto bélico, probablemente se frenará por un agotamiento militar de ambos lados. Es muy probable que no habrá una victoria “total” de un lado y que  esta situación, después de un tiempo, pueda derivar en reabrir de nuevo el conflicto bélico. Así tenemos que  pensar en una perspectiva de varios años, probablemente hasta que no se produzca un cambio del régimen en Rusia (que deberá ser impulsado desde dentro). Al mismo  tiempo, el régimen de Putin tiene todavía bastante legitimidad en la sociedad rusa. Si miramos más allá del conflicto concreto, un escenario probable y, para nada deseable, es una transformación en clave de seguridad de la política y, en general, de las miradas sobre el mundo. Ya lo vemos en  el anuncio del Gobierno alemán de habilitar un fondo especial de 100.000 millones de euros para armamento durante los próximos cinco años.</p>
<p>Un criterio fundamental para la hegemonía del modo de vida imperial sigue siendo en qué sentido asegura el bienestar de amplios grupos sociales (aunque de manera totalmente desigual), así como también en qué medida es capaz de prometer a muchos más que puedan participar del mismo. Pero otro criterio, que ya conocemos de las políticas migratorias y de refugiados, será el de la seguridad, lo que representará una amplia legitimación para poner recursos enormes en la militarización de las fronteras, de las rutas de migrantes etc. Y, si pensamos en la crisis económico financiera de hace más de una década, o ahora en la pandemia, vemos cómo siempre el modo de vida imperial se mantiene gracias a intervenciones públicas permanentes y costosas en situaciones de crisis. Ambas dimensiones, militarización y políticas de crisis, disminuyen el bienestar material, salvo para las industrias que producen armamiento, medicamentos etc. Y también cierta fragmentación de la economía global, que puede traducirse en menos explotación de otras regiones  y, como consecuencia, precios más altos, como veremos en el caso de que se acelera la transición energética.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>MDD:</strong> <strong>¿En qué medida consideras que, con el trasfondo de la crisis ecológica global, el conflicto de Ucrania podría ser  “la oportunidad” para empezar un cambio radical, una transición hacia nuevos escenarios emancipatorios dentro del bloque europeo?</strong></p>
<p><strong>UB</strong>: En general, sí es una oportunidad, y hay una politización enorme del asunto. A mediados de abril, el gobierno alemán anunció que iba a poner muchos más recursos para la transición energética. Dependerá de los intereses económicos, de las correlaciones de fuerza, perotambién de las tecnologías o de la disponibilidad de alternativas. Si ahora, por ejemplo, actores poderosos son capaces de convencer a los gobiernos de que la salida principal es importar gas procedente de la fractura hidráulica (<em>fracking</em>) de los EEUU. o importar de países de Oriente Medio, esta oportunidad se cerrará. Se quedará en la lógica capitalista del suministro de energía, y no se pensará de manera suficiente en términos de una transición energética más regional que vaya más allá del gas —por ejemplo, mediante la expansión de la energía solar en el sur de Europa—. Otro aspecto casi totalmente ausente en las discusiones es la necesidad de <em>reducir </em>masivamente el consumo de energía en la matriz productiva y en los patrones de consumo (reduciendo la movilidad privada, el tráfico aéreo, disminuyendo la agricultura industrial y fomentando la ecológica, etc.). Todo eso impide una transición emancipatoria.</p>
<p>En determinadas ocasiones, la política oficial hace referencia a la necesidad de reducir el consumo de energía, pero se queda en la lógica individualista, tendiendo a individualizar la responsabilidad. Al contrario, una verdadera transformación socioecológica llegaría a ser más estructural, por ejemplo, reduciendo la producción de coches y aumentando de manera considerable el transporte público  —y no pidiendo solo a los consumidores no usar el coche privado. O visto de otra manera, eso son los campos de batalla para actores que quieren justamente esto último.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>MDD:</strong> <strong>Aunque finalice de forma rápida el conflicto en Ucrania, lo que no acabará será la crisis ecosocial y las contradicciones derivadas de las actuales tensiones geopolíticas. </strong></p>
<p><strong>¿Cómo crees que  actuarán los grandes centros capitalistas y sus estados en ese sentido, y qué respuestas sociales auguras frente a un posible recrudecimiento, tanto de las polarizaciones y tensiones a nivel social, como de los impactos cada vez más frecuentes y devastadores a nivel ecológico?</strong></p>
<p><strong>UB:</strong> Es una  pregunta muy compleja. Creo que los centros capitalistas van a fomentar la militarización, pero también van a intentar cierta modernización ecológica del capitalismo y su modo de vida imperial (principalmente tratando de cambiar parcialmente la base energética). Un efecto que ya se nota es, y será, lo que  llamamos “extractivismo verde”: los recursos naturales para esta modernización como el litio, la madera del balso o el cobre vienen de los países del Sur global y de sus economías extractivistas. Si pensamos en cierta fragmentación de la economía mundial en bloques, un resultado puede ser la división del mundo en esferas de influencia como en la fase del imperialismo clásico, y en contra de una globalización capitalista neoliberal. Pero  esto está por ver.</p>
<p>Además de una ayuda concreta a los refugiados, una respuesta social inmediata debería ser capaz de oponerse a la lógica de la militarización y al creciente autoritarismo. Porque esa lógica va en dirección contraria a las medidas realmente efectivas para afrontar la crisis ecosocial: no es solo que la guerra por sí misma causa enorme destrucción, es que también el militarismo impone una jerarquización en las prioridades políticas, relegando a la crisis ecosocial a un lugar secundario.</p>
<p>Las respuestas sociales emancipadoras tienen que trabajar alternativas al modo de vida imperial que causa todas estas tensiones, así como la competencia por los recursos, etc. Un modo de vida solidario, la experiencia masiva, sentida por la mayoría, de un bienestar justo y viable, atractivo y no destructivo, es muy necesaria. Como ya he dicho, eso se  traduce en otro sistema de alimentación y transporte, así como de habitar o vestirse, y detrás de eso, también se traduce en otras relaciones de producción. Desde un punto de vista político, habría que cuestionar la riqueza, su concentración en las manos de unos pocos ricos y súper ricos, al mismo tiempo que se visibilizan los mecanismos políticos y económicos que permiten que la polarización social ocurra.</p>
<p>Un desafío muy concreto es pensar en una transición energética radical (que incluya una Rusia post Putin) capaz de desprenderse de la dependencia de los recursos fósiles. Y para ello, necesitamos un nuevo internacionalismo que piense el bienestar, la protección social y la paz en términos globales, es decir, en  términos de un mundo poscapitalista y posimperial, con un modo de vida solidario para todo el mundo. Eso implica un orden mundial, políticas internacionales y una economía global totalmente diferentes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Acceso a la entrevista en formato pdf:  <a href="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/05/Entrevista-a-Ulrich-Brand-sobre-Modo-de-Vida-Imperial-MDiDonato.pdf" target="_blank" rel="noopener"><em>Entrevista a Ulrich Brand. “Modo de Vida Imperial”: una lectura a la luz del conflicto de Ucrania</em></a></p>
<p>Acceso al texto completo del Dosier Ecosocial <a href="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/05/Dosier-Ecosocial-Crisis-modos-de-vida-y-militsarismo-Una-lectura-a-proposito-de-la-guerra-de-Ucrania.pdf" target="_blank" rel="noopener"><em>Crisis, modos de vida y militarismo. Una lectura a propósito de la guerra de Ucrania</em>,</a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><a href="https://www.fuhem.es/dosieres-ecosociales/" target="_blank" rel="noopener">Dosieres anteriores</a></p>
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		<title>La emergencia acelerada de un nuevo orden</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 03 May 2022 15:27:47 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Análisis]]></category>
		<category><![CDATA[destacadasecosocial]]></category>
		<category><![CDATA[Geoestrategia]]></category>
		<category><![CDATA[Geopolítica]]></category>
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					<description><![CDATA[Santiago Álvarez Cantalapiedra examina el nuevo orden que se avecina cruzado por la geopolítica y por mayores presupuestos militares.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong><img decoding="async" class="alignright wp-image-144080 size-thumbnail" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/04/157-1-300x426.png" alt="" width="300" height="426" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/04/157-1-300x426.png 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/04/157-1-450x640.png 450w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/04/157-1-1200x1706.png 1200w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/04/157-1-768x1092.png 768w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/04/157-1-1081x1536.png 1081w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/04/157-1-1441x2048.png 1441w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/04/157-1-600x853.png 600w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/04/157-1-64x91.png 64w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/04/157-1.png 1996w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" />Santiago Álvarez Cantalapiedra</strong> introduce el <a href="https://www.fuhem.es/2022/05/04/papeles-157-militarismo/" target="_blank" rel="noopener">número 157</a> de la revista <a href="https://www.fuhem.es/revista-papeles/" target="_blank" rel="noopener"><em>Papeles de relaciones ecosociales y cambio global</em></a>, dedicado al Militarismo, con el artículo titulado: «La emergencia acelerada de un nuevo orden. Regreso de la geopolítica y pulsiones armamentísticas», que examina el nuevo orden que se avecina cruzado por la geopolítica y mayores presupuestos militares.</p>
<p style="text-align: right;"><em>Haz que las guerras no sean rentables y las harás imposibles</em></p>
<p style="text-align: right;">Philip Randolph</p>
<p>Se viene hablando de ello insistentemente desde la Gran Recesión del año 2008: estamos ante la emergencia de un nuevo orden, tanto en el plano social como en el internacional.1 La pandemia y la guerra en Ucrania están acelerando el proceso en términos vertiginosos.</p>
<p>Un breve apunte referido a algunos de los rasgos que despuntan en el horizonte. En este orden emergente se recalibra el intervencionismo público y el papel que se le otorga al Estado frente a los mercados. En segundo lugar, asistimos a un retroceso de la hiperglobalización vivida durante la década de los noventa del siglo pasado, con un avance del nacionalismo económico y repuntes proteccionistas tanto en el plano comercial como en el tecnológico. A eso se suma la creciente preocupación por los cuellos de botella que surgen de unas cadenas globales de suministro que, al ser demasiado extensas, han dejado de ser funcionales. Se ha construido una economía muy compleja y, al mismo tiempo, vulnerable: la paralización de parte de la producción por la escasez de suministros, el encarecimiento de los carburantes o los problemas en la logística global (debidos no solo a la pandemia sino también a hechos como el acontecido en el Canal de Suez por el buque portacontenedores <em>Ever Given</em>) señalan que se ha ido demasiado lejos con la globalización. Se contempla la opción de desescalar: pasar desde el plano mundial a un ámbito de mayor proximidad algunas de las actividades que se habían fragmentado y deslocalizado a miles de kilómetros.2  En tercer lugar, se intensiﬁca la pugna ante la escasez de recursos estratégicos y materiales críticos asociada a la creciente profundización de la digitalización y la transición energética, aventurando un recrudecimiento de la geopolítica en el acceso y la seguridad en el suministro de esos recursos. En cuarto lugar, se asientan los cambios en la geografía económica: el centro de gravedad económico se desplaza hacia Asia y los nuevos actores del escenario internacional –particularmente China– salen reforzados de la crisis pandémica, agravando las tensiones geopolíticas y las dinámicas de bloques regionales, adquiriendo un renovado impulso las pulsiones armamentísticas.</p>
<p>En este contexto, la pandemia y la guerra de Ucrania han actuado como catalizadores que han acelerado y profundizado esas tendencias. Durante una conferencia organizada por la <a href="https://maltacasino.org/" target="_blank" rel="noopener">Malta Casino förening</a>, un panel de expertos discutió cómo estas crisis también han influido en la regulación y digitalización de la industria del juego, especialmente en la implementación de nuevas estrategias económicas que reflejan las necesidades globales de seguridad y sostenibilidad. La pandemia ha rubricado la digitalización de las sociedades y la recuperación del papel decisivo de los Estados a través de los planes de reconstrucción y el diseño de nuevas políticas para la relocalización industrial. La guerra de Ucrania, a su vez, es la prueba más clara del regreso de la geopolítica, de la economía de bloques y de las tendencias armamentísticas. Ambos acontecimientos actúan en el mismo sentido: la necesidad estratégica de los países de reducir sus dependencias y de imponer la seguridad económica sobre la pura lógica del beneficio empresarial.</p>
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<h4>El escenario creado por la guerra en Ucrania: bloques y geopolítica</h4>
<p>Estamos ante un momento crucial en la reconﬁguración del orden internacional. Cabe interpretar esta guerra como un pulso entre imperios nucleares con Ucrania como víctima.3 Asistimos a un choque entre imperios en decadencia (el ruso y el occidental conformado en torno a la Alianza del Atlántico Norte) en un momento dominado por el ascenso imparable de China como nueva potencia económica.</p>
<p>Hay una fecha anterior al inicio de la guerra que quedará registrada en los libros de historia: la del 4 de febrero. Ese día, Vladimir Putin y Xi Jimping sellaron un acuerdo de cooperación “sin límites”. Sin ese acuerdo, parece improbable que Rusia se hubiera aventurado a lanzar la invasión sobre Ucrania. Desde el año 2014, con la anexión de Crimea y la guerra en el Donbás, la decisión estratégica de Moscú parece inequívoca: desengancharse de Occidente acercándose a Oriente. Los ﬂujos ﬁnancieros y comerciales rusos con la UE han ido declinando desde entonces, al contrario de lo que ha ocurrido con los vínculos económicos que ha desplegado con China. Asia se encuentra cerca de desplazar a Europa como principal socio comercial de Rusia. Ahora bien, este viraje encubre el riesgo de una nueva dependencia. China es el destino del 14,6% de las exportaciones rusas, pero no representa ni siquiera el 3% del comercio exterior chino. Así pues, el camino ruso hacia Oriente se antoja complicado y plagado de trampas.</p>
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<h4>El papel de los recursos y de las sanciones</h4>
<p>Hay un segundo factor que ha podido pesar de manera decisiva en el modo en que Rusia ha decidido preservar su propio espacio de inﬂuencia. Rusia en apariencia pinta poco en la economía mundial, apenas representa el 1,7% de la economía global y ocupa el puesto 53 en cuanto a PIB per cápita en paridad de poder adquisitivo. Con todo, su capacidad para desestabilizar el planeta es extraordinaria. Lo resumió de una forma un tanto tosca el alto representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad y vicepresidente de la Comisión Europea, Josep Borrell, al deﬁnir a Rusia como «una gasolinera y un cuartel, dentro del cual hay una bomba atómica». Poder nuclear y grandes reservas de gas y petróleo. Pero su relevancia no se limita a eso. El papel de Rusia como suministrador de materias primas al resto del mundo no solo atañe al sector de la energía, se extiende también a ciertos metales críticos y al campo alimentario. Rusia es un gigante en cuanto a materias primas: según los datos la agencia Bloomberg, las exportaciones rusas en relación con la extracción mundial de petróleo y gas representan, respectivamente, el 8,4 y el 6,2%; lidera las exportaciones de paladio (45,6%); posee algunos de los principales yacimientos de níquel-cobre-paladio del mundo y tiene un peso destacadísimo en lo que se reﬁere al platino. Los analistas internacionales han advertido de los problemas de escasez de paladio, platino y gas neón en la producción de microchips. A su vez, la industria del automóvil europea muestra su preocupación ante la falta de níquel para baterías de iones de litio y de paladio para los convertidores catalíticos. En el ámbito alimentario, Rusia produce el 13% de los abonos más utilizados en el planeta (los basados en potasio, fosfato y nitrógeno), y estos fertilizantes son para un gigante agrario como Brasil tan relevantes como lo es el gas para los estados miembros de la UE.</p>
<p>Sin duda Rusia ha contemplado desde el primer momento la posibilidad de severas sanciones, pero ha sopesado también, quien sabe si acertadamente, que ante la respuesta a la amenaza a su seguridad nacional que representa la expansión de la OTAN, disponía aún de una baza con la que jugar a medio y largo plazo al estar en posesión de unos recursos cruciales para sostener el modo de vida occidental. Los hechos, hasta ahora, ni le han dado ni quitado la razón. Todavía está por ver si las sanciones para estrangular la economía rusa consiguen los resultados esperados.</p>
<p>La cadena de sanciones impuestas por Occidente ha respondido al siguiente planteamiento: ante el riesgo nuclear no cabe una respuesta militar directa y si –como enunció el rival prusiano de Napoleón Karl von Clausewitz en su famoso tratado militar–4 la guerra es la continuación de la política por otros medios, ahora la economía podría ser la continuación de la guerra por otras vías.</p>
<p>Si echamos un vistazo a las sanciones encontraremos una amplia batería de medidas. En el frente económico, un acuerdo en el seno del G-7 revocó la aplicación de la cláusula de «nación más favorecida» a Rusia, lo que repercutirá en mayores aranceles para las exportaciones rusas en varios países occidentales y la restricción del acceso a fuentes de ﬁnanciación de organismos internacionales como el FMI y el Banco Mundial. Otras medidas han surgido del seno de la UE, el Reino Unido, los EEUU y Canadá, y han sido planteadas básicamente para el ámbito ﬁnanciero. Entre las más señaladas se encuentran las siguientes: la imposibilidad de que el banco central de Rusia pueda usar sus reservas de divisas en el extranjero y la desconexión de siete bancos rusos del sistema internacional de comunicación interbancaria SWIFT. Dejando al margen las medidas contra los oligarcas afines a Putin, formuladas más de cara a la galería que a la búsqueda de una efectividad real,5 las dos sanciones anteriormente mencionadas son las que presentan un mayor potencial, aunque también límites evidentes.</p>
<p>La primera, la intervención sobre las reservas internacionales, tiene como objetivo restar capacidad al banco central ruso para evitar la depreciación del rublo y el control de la inﬂación. La efectividad de la medida depende de la composición de la cartera de activos internacionales del Banco de Rusia. Esas reservas, que ascienden a 640.000 millones de dólares (582.000 millones de euros), están formadas por, al menos, 150.000 millones en oro custodiado dentro de las fronteras del país y 91.000 millones en divisa china. Así pues, esa parte quedaría fuera del alcance de la medida sirviendo de colchón para resistir el resto de las sanciones. La segunda, la expulsión de siete bancos rusos del sistema de transferencias internacionales SWIFT, busca restar operatividad a la economía rusa en relación con las transacciones e inversiones con el exterior. Sin embargo, el carácter limitado de la medida se ha diseñado precisamente para evitar que afecte al intercambio de las materias primas de las que depende Occidente, y el efecto más evidente que puede provocar es que acelere la implantación de un sistema alternativo abanderado por China menos dependiente del dólar y del euro.6  En cualquier caso, sobre lo que caben pocas dudas es que la congelación de los activos del banco central ruso y la desconexión parcial del sistema SWIFT contribuirá, sobre todo, a la profundización de la dinámica de bloques económicos que despunta en el horizonte de la economía mundial.</p>
<p>Las sanciones son como un cuchillo de doble ﬁlo al tener efectos tanto sobre el sancionado como sobre el que sanciona. Lo sabe Occidente y lo sabe Putin. Es en este cálculo de intereses donde se dirime el alcance de las medidas adoptadas. Las sanciones representan una vía de presión sobre Rusia, pero al mismo tiempo muestran cómo Occidente ni desea ni sabe desprenderse de un modo de vida que, por otro lado, es inviable globalmente, por injusto e insostenible. Los líderes europeos han evitado desde el principio la única manera de ganarle la guerra a Putin: prohibir las importaciones de gas, petróleo, carbón y otros materiales críticos de Rusia. En el primer mes de hostilidades, Europa ha proporcionado a Rusia 17.000 millones de euros a cambio de sus combustibles fósiles, otorgándole al régimen de Putin dinero suﬁciente para sostener el valor de su moneda y ﬁnanciar la guerra. Occidente, amparado una vez más en su retórica hipócrita, dice estar dispuesta a hacer todo lo que sea necesario para parar la agresión contra el pueblo ucraniano, pero ese “hacer todo lo que sea necesario” tiene como límites claros la preservación de su modo de vida. Y para conseguirlo, no siendo suﬁcientes las medidas económicas, no renuncia a una nueva escalada armamentística.</p>
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<h4>La apuesta armamentística</h4>
<p>Es una tendencia que se muestra desde hace años y que ahora la guerra impulsa con renovado brío. Tras la disolución de la URSS y el ﬁn de la Guerra Fría, la evolución del gasto militar experimentó un descenso que despertó la esperanza en Europa de que la seguridad continental podría superar el esquema de bloques con que había sido diseñado hasta entonces. Nada más lejos de la realidad. Tras ese primer impás, el gasto militar mundial se volvió a reactivar a partir de 1997, recuperando los niveles de la Guerra Fría a ﬁnales de la primera década del nuevo siglo.7 Así pues, la posibilidad de disfrutar del “dividendo de la paz” resultante del recorte de los gastos de defensa se disipó pronto, tal vez porque fue percibido como una amenaza real para el poderoso complejo militar industrial. Se explica así que el devenir de los acontecimientos haya seguido un guion contrario al deseado. El militarismo se ha revelado una vez más como un elemento estructural de la economía capitalista, de ahí que, en vez de acometerse el desmantelamiento progresivo de una OTAN vacía de sentido, en su lugar hayamos asistido en las tres últimas décadas a su expansión hacia las fronteras rusas (incumpliendo las promesas verbales hechas a Gorbachov en los primeros tiempos de la <em>perestroika</em>) y a un crecienre intervencionismo que la cuestiona como organización defensiva. 8</p>
<p>El año pasado el gasto militar mundial ascendió hasta 1,9 billones de dólares, experimentando el mayor incremento interanual desde la crisis global del año 2009.9 Por dimensión esta “economía de la guerra” formaría parte del <em>top </em>de las diez principales economías mundiales (por detrás de la de Francia y delante de la italiana). De los 20 países que más gastan en defensa, la mitad son países de la OTAN (que en su conjunto representa el 53,1% del gasto total). De ese porcentaje, casi cuarenta puntos corresponden a los EEUU, de manera que su porcentaje en el gasto militar mundial duplica el peso que tiene la economía norteamericana en el PIB mundial. La economía estadounidense es una economía militarizada, por peso en el PIB y por ser el principal país exportador de armas del planeta (el 38,6% del total en el periodo 2017-2021). Desde esta perspectiva adquieren un hondo signiﬁcado las palabras del sindicalista y activista de los derechos civiles Philip Randolph: «Haz que las guerras no sean rentables y las harás imposibles». Un convencimiento que comparte el fotoperiodista español Gervasio Sánchez tras cubrir buena parte de los conﬂictos armados contemporáneos: «La guerra es un gran negocio del que se beneﬁcian los países más avanzados».10</p>
<p>Entiéndase bien: no es solo que el armamentismo represente un negocio <em>per se</em>, es que es también la manera en que prosperan los negocios en este mundo. La lógica bélica resulta indistinguible de la lógica competitiva del capitalismo. El armamentismo se muestra como una tendencia asociada a este nuevo orden que va emergiendo porque lo que está en disputa es la hegemonía y las zonas de inﬂuencia en las que ejercer el poder económico que preserva y da continuidad al modo de vida capitalista en el que estamos instalados.</p>
<p>Santiago Álvarez Cantalapiedra es director de FUHEM Ecosocial y de la revista<em> Papeles de Relaciones Ecosociales y cambio global. </em></p>
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<h4>NOTAS</h4>
<p>1  Lo he señalado con algo más de detalle en la Parte II «Cambio de época y nuevo orden» de mi libro <em>La Gran encrucijada. Crisis ecosocial y cambio de paradigma</em>, Ediciones HOAC, Madrid, 2019.</p>
<p>2  No solo hay en juego una tendencia parcialmente desglobalizadora, también se observan cambios en los rasgos del propio proceso globalizador: en la fase álgida de la hiperglobalización de los años noventa, se acrecentó el comercio mundial y la movilidad de los capitales productivos y ﬁnancieros, impidiendo (o seleccionando) la movilidad de la fuerza de trabajo; ahora, uno de los cambios más signiﬁcativos al que estamos asistiendo es, gracias a las nuevas tecnologías, la aceleración de la deslocalización laboral, de manera que se puede teletrabajar para una compañía extranjera sin necesidad de desplazarse físicamente al país donde se encuentra ubicada, mientras que la integración de los mercados de capitales se va viendo resentida debido a la dinámica de fragmentación en grandes bloques económicos.</p>
<p>3  Ucrania, desde el momento en el que expresó su intención de formar parte de la UE, es decir, de Occidente, ha sido el campo de batalla de un conﬂicto entre el creciente deseo de Putin de incorporar la parte eslava del imperio ruso a su órbita y la estrategia atlantista de expandir la OTAN hasta las fronteras de Rusia, convirtiéndose en presa geoestratégica de dos imperialismos en declive. Véase Rafael Poch, «<a href="https://ctxt.es/es/20220201/Firmas/38847/putin-ucrania-kiev-bombardeos-guerra-%20rafael-poch.htm" target="_blank" rel="noopener">Putin cruza el Rubicón</a>», <em>ctxt</em>, 24 de marzo de 2022 y Edgar Morin, «El pensador Edgar Morin reﬂexiona, desde sus 100 años, sobre la guerra en Ucrania: “Me acuerdo de la angustia que sentí durante la crisis de los misiles”», <em>EL PAÍS</em>, 26 de marzo de 2022.</p>
<p>4  Versión completa en línea del libro<a href="https://archive.org/details/ClausewitzKarlVonDeLaGuerra/page/n1/mode/2up" target="_blank" rel="noopener"> <em>De la guerra </em></a>de Karl von Clausewitz en español.</p>
<p>5  Como ha señalado oportunamente Piketty, para que esa medida contra los oligarcas rusos sea realmente efectiva sería necesario el establecimiento de un registro ﬁnanciero internacional que no es del agrado de nuestra propia oligarquía ﬁnanciera occidental por sus múltiples vínculos con los primeros (véase: Thomas Piketty, «Sancionar a los oligarcas, no al pueblo», <em>EL PAÍS</em>, 6 de marzo de 2022). En relación con otras iniciativas, como la prohibición de exportar bienes de lujo a Rusia o la suspensión de actividades de numerosas empresas occidentales en el mercado ruso, hay que verlas más como una cuestión reputacional de las empresas que como sanciones realmente efectivas, sobre todo si tenemos en cuenta que la amplia mayoría de la población de aquel país no suele circular en Jaguar o beber Dom Pérignon ni es consumidora habitual siquiera de productos de Zara, Apple o Netﬂix.</p>
<p>6  El sistema SWIFT (acrónimo de Society for World Interbank Financial Telecommunication) es un claro ejemplo de la hegemonía ﬁnanciera de Occidente. Fundado en 1973 en Bruselas, agrupa a más de 11.000 organizaciones ﬁnancieras de 200 países, pero está supervisada por los bancos centrales de unos pocos (EEUU, Alemania, Bélgica, Canadá, Francia, Italia, Japón, Países Bajos, Reino Unido, Suecia y Suiza, más el Banco Central Europeo), correspondiendo el liderazgo a Bélgica al estar ubicada la sociedad en dicho país. El Sistema de Pago Interbancario y Transfronterizo (CIPS, del inglés Cross-Border Interbank Payment System) es la alternativa en moneda china. Aunque operativo desde el año 2015, aún está muy lejos de la dimensión adquirida por el primer sistema: el CIPS cuenta únicamente con 19 bancos y 176 participantes indirectos que cubren 47 países y regiones.</p>
<p>7 Según los datos proporcionados por el Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI), <a href="https://www.sipri.org/" target="_blank" rel="noopener">www.sipri.org</a></p>
<p>8 Después de las intervenciones de la OTAN en Serbia en 1999, Afganistán en 2001, Irak en 2004 o Libia en 2011, ¿es posible todavía seguir considerándola como una organización defensiva?</p>
<p>9 <a href="https://sipri.org/sites/default/files/2021-04/sipri_milex_press_release_esp.pdf" target="_blank" rel="noopener">Comunicado de prensa del SIPRI</a>, Estocolmo, 26 de abril de 2021.</p>
<p>10 Entrevista de Carlos Moncín a Gervasio Sánchez, Heraldo, 10 de noviembre de 2009.</p>
<p>Acceso al texto del artículo en formato pdf: <a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/la-emergencia-acelerada-de-un-nuevo-orden-regreso-de-la-geopolitica-y-pulsiones-armamentisticas/" target="_blank" rel="noopener"><em>La emergencia acelerada de un nuevo orden. Regreso de la geopolítica y pulsiones armamentísticas</em></a>.</p>
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