<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?><rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>Optimismo Tecnológico &#8211; FUHEM</title>
	<atom:link href="https://www.fuhem.es/tag/optimismo-tecnologico/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>https://www.fuhem.es</link>
	<description>educación + ecosocial</description>
	<lastBuildDate>Fri, 25 Mar 2022 11:53:03 +0000</lastBuildDate>
	<language>es</language>
	<sy:updatePeriod>
	hourly	</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>
	1	</sy:updateFrequency>
	<generator>https://wordpress.org/?v=6.8.5</generator>

<image>
	<url>https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2018/10/Fuhem-logomosca-100x100.png</url>
	<title>Optimismo Tecnológico &#8211; FUHEM</title>
	<link>https://www.fuhem.es</link>
	<width>32</width>
	<height>32</height>
</image> 
	<item>
		<title>Lectura Recomendada: Técnica y Tecnología</title>
		<link>https://www.fuhem.es/2022/03/25/lectura-recomendada-tecnica-y-tecnologia/</link>
					<comments>https://www.fuhem.es/2022/03/25/lectura-recomendada-tecnica-y-tecnologia/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 25 Mar 2022 11:53:03 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Lecturas recomendadas]]></category>
		<category><![CDATA[Optimismo Tecnológico]]></category>
		<category><![CDATA[Tecnociencia]]></category>
		<category><![CDATA[Tecnología]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://www.fuhem.es/?p=142931</guid>

					<description><![CDATA[El libro ofrece una reflexión prácticamente inexistente en el espacio público –incluida buena parte del ecologismo– al respecto de los aspectos políticos de la tecnología.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><img fetchpriority="high" decoding="async" class="alignright wp-image-142932 size-full" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/03/tecnica-y-tecnologia.jpg" alt="" width="346" height="500" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/03/tecnica-y-tecnologia.jpg 346w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/03/tecnica-y-tecnologia-300x434.jpg 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/03/tecnica-y-tecnologia-64x92.jpg 64w" sizes="(max-width: 346px) 100vw, 346px" /><em><strong>Adrián Almazán, </strong>Técnica y tecnología. Cómo conversar con un tecnófilo</em>, Madrid: Taugenit, 2021, 180 páginas.</p>
<p>Reseña elaborada por <strong>Pablo Alonso López</strong> y publicada en el <a href="https://www.fuhem.es/2022/02/01/papeles-156-crisis-energetica-y-de-materiales/" target="_blank" rel="noopener">número 156</a> de la revista <a href="https://www.fuhem.es/revista-papeles/" target="_blank" rel="noopener"><em>Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global. </em></a></p>
<p>Encontramos en la actualidad una creciente oferta de libros que tratan la crítica a las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (TIC), especialmente a las redes sociales, convertidos casi en un nuevo género ensayístico con sección propia en las librerías, lo cual no deja de ser una señal de que existe una creciente preocupación social en torno al nuevo entorno digital en el que nos movemos cada vez con mayor frecuencia. Con este libro, <em>T</em><em>é</em><em>cnica y tecnolog</em><em>ía</em>, Adrián Almazán –doctor en Filosofía y militante de Ecologistas en Acción, donde es coordinador del Área de Digitalización y Contaminación Electromagnética– se propone un horizonte de reflexión más amplio que permite enjuiciar estas tecnologías no solamente por sus efectos disgregadores en la atención, las relaciones sociales o las <em>fake news</em>, sino desde el papel civilizatorio que han jugado históricamente como materialización de un modo muy concreto de comprender el progreso por parte de las sociedades modernas industrializadas.</p>
<p>Escrito de forma accesible y plagado de interesantes referencias, uno de los rasgos que lo hacen especialmente valioso es precisamente su vocación de abrir un hilo de reflexión prácticamente inexistente en el espacio público –incluida buena parte del ecologismo– al respecto de los aspectos políticos de la tecnología. Dada su vocación explícita de intervención en los debates estratégicos y políticos sobre la actual crisis socioecológica, su autor hace gala de una cualidad que caracteriza al buen académico: la capacidad de escribir un ensayo divulgativo comprensible por el público no especializado a la par que riguroso y fundamentado, con el que consigue no perder el rigor sin extraviarse en disquisiciones demasiado complejas.</p>
<p>A fin de lograr ese propósito, el libro está concebido desde su título como una conversación con la figura del <em>tecnol</em><em>ó</em><em>filo</em>, que no es otro que el ciudadano medio de cualquier país industrializado con el que se trata de entablar un diálogo crítico para hacerlo reflexionar sobre la tecnología. A través de sus páginas, el lector pronto se percatará de que los argumentos esgrimidos cotidianamente en defensa del avance tecnológico serían más propiamente tópicos espetados sin demasiada reflexión por su fuerte arraigo en el sentido común colectivo y que, por tanto, merecen al menos la oportunidad de confrontarse con una revisión más sosegada para evitar las inercias culturales en las que se mueven normalmente dichos debates. Para alcanzar ese propósito, nos encontramos un ensayo estructurado en torno a cada uno de los cuatro tópicos más frecuentes del arsenal argumentativo de cualquier tecnolófilo.</p>
<p>En el primer capítulo se hace frente al argumento de que la técnica es lo que nos hace humanos. Para ello, encontramos una crítica de dos prejuicios antropológicos importantes. Por un lado, el que sostiene que tan solo los seres humanos tienen técnicas, lo cual es fácil de desmentir para cualquiera que haya visto a un gorrión construir un nido para sus polluelos y que podemos ratificar el trabajo de primatólogos de prestigio como Franz de Waal para el caso nuestros parientes más cercanos. En segundo lugar, se atiende a la construcción histórica, propia del siglo XIX, de que el trabajo productivo mediante las técnicas y tecnologías es lo que nos hace propiamente humanos, sugiriendo así una definición supuestamente universal y atemporal de la naturaleza humana. Por el contrario, «en vez de la imagen simplificada y unidimensional de un animal humano egoísta obsesionado con la producción y el trabajo, la realidad histórica nos ofrece el retablo de un animal gozoso y complejo que disfruta de una rica vida simbólica» (p. 33). Fue el mundo industrial el que, por miope optimismo epocal o por interés económico situó en la predisposición a la transformación técnica del mundo y el aumento incesante de la riqueza el estándar de humanidad que ha cargado la definición posterior de conceptos con pretensión civilizatoria como el de “desarrollo” y legitimado el maltrato histórico de pueblos enteros bajo la excusa de una naturaleza subhumana que había de madurar.</p>
<p>El segundo capítulo aborda el <em>mito del progreso</em>. Para hacer frente a este tópico, se nos ofrece un breve pero nutrido recorrido por la historia de las ideas para rastrear cómo las sociedades modernas europeas fueron configurando su noción de progreso y finalmente la convirtieron en un programa político y un imaginario colectivo. Así, «el nacimiento simultáneo […] del capitalismo, la modernidad y la tecnología es a la vez causa y efecto de la aparición de un nuevo programa social encastrado en el imaginario del progreso: la expansión ilimitada del dominio racional» (p. 71). Un imaginario cuyo origen podemos ubicar en el siglo XVI, pero que sigue caracterizando la orientación de nuestras sociedades actuales. Sin embargo, el autor subraya que dicha fascinación colectiva por la tecnociencia convertida en medio privilegiado para el cambio social no se extendió sin resistencias campesinas y cosmovisiones alternativas que disputaron la localización de la verdadera sede del bienestar colectivo en una naturaleza cuyos límites debían ser respetados. Poco a poco la crítica a la sociedad industrial se iría desnaturalizando dejando de lado sus devastadores efectos sobre los ecosistemas y la autonomía colectiva —el fenómeno que Adrián denomina la Gran Expropiación—en favor de una crítica al capitalismo por su indeseable organización de la vida socioeconómica del cual, sin embargo, podrían rescatarse sus medios, es decir, el entramado tecnoindustrial que lo caracteriza para ponerlo al servicio de un horizonte supuestamente emancipatorio –de la tierra y de los cuerpos, como nos recuerda la mirada ecofeminista–. Cuando en 1848 se publica el <em>Manifiesto Comunista </em>ya existe un amplio consenso social entre las clases trabajadoras de que lo que necesita la revolución social es una revolución de las fuerzas productivas que, por sí mismas, traerán el fin del capitalismo y el reino de la abundancia en igualdad.</p>
<p>Esta idea se encuentra profundamente conectada con la tercera parte del libro, quizá la más puramente filosófica y que condensa el trabajo original de su autor, que se afana por desbancar el tópico probablemente más extendido sobre la tecnología que afirma que los objetos técnicos no son en sí mismos ni buenos ni malos, sino que en todo caso deberían juzgarse los fines a los que sirven. Gracias a la propuesta de una ontología sociohistórica, comprendemos que las tecnologías no son simplemente un conjunto de aparatos y máquinas neutrales, sino que configuran todo un entramado de significaciones simbólicas, relaciones sociales y necesidades metabólicas, en suma, un sistema técnico –diríamos con Jacques Ellul– cuyo funcionamiento es tan complejo que requiere de una ingente movilización constante de recursos humanos y extrahumanos a su servicio. Cuando pensamos en una central nuclear o en un <em>smartphone</em> no basta únicamente con señalar las consecuencias nocivas derivadas <em>de su uso</em> –como si fueran un problema de mal funcionamiento– sin pararse a pensar en qué tipo de relaciones socioecológicas las hacen posibles. El problema es que nuestra estrecha racionalidad instrumental tan solo concibe la evaluación de las tecnologías en términos de eficacia sin atender al resto de dimensiones consustanciales a su existencia. De tal manera que es inadecuado concebir hoy la tecnología como un conjunto de elementos más de nuestras vidas, un complemento del cual podemos prescindir a voluntad, ya que en cierta medida –y sin caer en un determinismo tecnológico del cual el autor pretende distanciarse a lo largo de todo el libro– la existencia de nuestras sociedades es indisociable a la de dichas tecnologías.</p>
<p>El último capítulo parte de una idea consumada en el discurso hegemónico: de la crisis ecosocial solo saldremos con más tecnología, lo cual permite asumir al tecnolófilo con fría confianza que el resto de los factores (éticos, político-institucionales, económicos, etc.) no requieren de modificación y pueden permanecer inalterados. En realidad, para nuestra cultura, todos aquellos problemas para los que no se encuentre una solución tecnológica que permita que el orden socioeconómico siga intacto, dejan automáticamente de ser problemas para convertirse en <em>efectos colaterales</em> que debemos asumir con resignación bajo el discurso de una lógica sacrificial. La tecnología, convertida en nuestras sociedades secularizadas en el único medio para lograr y determinar la medida del progreso social recibe así un trato propio de dioses que nos hace ciegos y sumisos frente a todos los cambios que su implementación requiere de nosotros. Por ello, a quien pone en duda el despliegue incansable de más tecnologías se le mira con la sospecha de un hereje que cuestiona las leyes de la historia y del universo. Como nos recuerda Paul Kingsnorth, si Dios es hoy el Progreso, la tecnología es su Mesías. Pero quizá el síntoma más terrible de esta religión industrial es el «estrechamiento brutal de nuestra capacidad para imaginar» (p. 122) otras formas posibles de organizar la sociedad y la economía, lo cual nos deja en pañales frente a la urgente tarea de construir una civilización compatible con los límites biofísicos del planeta.</p>
<p>Uno de los grandes retos a los que se enfrenta este ensayo, por su pretensión filosófica, es establecer una definición operativa que permita distinguir con claridad entre “técnica” y “tecnología”. Este es quizá el punto que por su complejidad admita una mayor posibilidad de elaboración teórica ulterior. La hipótesis que se nos lanza es que, si bien todas las sociedades humanas han tenido técnicas, no todas han desarrollado tecnologías, siendo estas la forma específica con la que la técnica se da en la Modernidad de la mano del ascenso del imaginario del progreso como proyecto civilizatorio. Por otro lado, queda también abierta la discusión sobre qué tipo de tecnologías serían deseables en el actual contexto de crisis socioecológica. Encontramos pistas en esa dirección a través de nociones como las tecnologías conviviales que propuso Iván Illich en el siglo pasado. Algunos criterios tentativos que podrían servirnos de orientación serían la posibilidad de generalización de dichas tecnologías por sus propios requerimientos materiales y energéticos, así como la capacidad de sometimiento a control democrático por parte de las comunidades en sus fases de diseño, producción, implementación y consumo, una idea compartida por el teórico crítico de la tecnología Andrew Feenberg.</p>
<p>El <em>Rompenieves</em>, referencia de la cultura audiovisual que se rescata hacia el final del libro para representar la aparente marcha inexorable de la megamáquina del sistema capitalista termoindustrial, serviría quizá también como una excelente metáfora en un sentido distinto al imaginado por su autor. Y es que este libro contiene un conglomerado de reflexiones que pretenden abrirse paso en un entorno difícilmente más inhóspito, un paisaje inerte para quienes desean abrir un debate acerca de las implicaciones ético-políticas que supone la dependencia sistémica de las tecnologías que tienen nuestras sociedades y cómo estas han servido como herramienta de dominación de las comunidades humanas y la progresiva desestabilización de los ecosistemas que hacen posible la vida.</p>
<p>En suma, la publicación de <em>T</em><em>é</em><em>cnica y tecnolog</em><em>ía</em>, además de ser una excelente introducción a la filosofía de la tecnología en castellano, es una gran noticia en tanto que permite poner todas estas cuestiones sobre la mesa en un contexto de necesaria reflexión colectiva. Esperamos que libros como este contribuyan a dignificar las posturas antiindustriales y críticas con el progreso, tantas veces tachadas injustamente de tecnófobas para imprimir un carácter irracional injustificado a sus partidarios. Una lectura juiciosa comprenderá que no es miedo o rechazo visceral hacia la tecnología lo que hay detrás de estas líneas, sino una reflexión bien ponderada que sirve a la firme voluntad de conservar las posibilidades de habitabilidad en un mundo desgarrado por las fauces de la megamáquina y de no conceder más retrocesos en una autonomía política y material que de por sí se encuentra hoy ya alarmantemente mermada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Pablo Alonso López</strong></p>
<p>Máster en Crítica y Argumentación Filosófica (UAM)</p>
<p>Máster en Humanidades Ecológicas, Sustentabilidad y Transición Ecosocial (UPV/AM)</p>
<p>&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://www.fuhem.es/2022/03/25/lectura-recomendada-tecnica-y-tecnologia/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Pandemia, crisis ecosocial y capitalismo global</title>
		<link>https://www.fuhem.es/2021/07/02/pandemia-crisis-ecosocial-y-capitalismo-global/</link>
					<comments>https://www.fuhem.es/2021/07/02/pandemia-crisis-ecosocial-y-capitalismo-global/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 02 Jul 2021 07:42:12 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Análisis]]></category>
		<category><![CDATA[Capitalismo Global]]></category>
		<category><![CDATA[covid-19]]></category>
		<category><![CDATA[Crisis Ecosocial]]></category>
		<category><![CDATA[destacadasecosocial]]></category>
		<category><![CDATA[Optimismo Tecnológico]]></category>
		<category><![CDATA[pandemia]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://www.fuhem.es/?p=139274</guid>

					<description><![CDATA[INTRODUCCIÓN del número 154 de la revista Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global escrito por Santiago Álvarez Cantalapiedra, director de la revista. ]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><img decoding="async" class="alignright size-thumbnail wp-image-139232" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/07/154-300x425.jpg" alt="" width="300" height="425" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/07/154-300x425.jpg 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/07/154-450x637.jpg 450w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/07/154-1200x1699.jpg 1200w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/07/154-768x1088.jpg 768w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/07/154-1085x1536.jpg 1085w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/07/154-1446x2048.jpg 1446w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/07/154-600x850.jpg 600w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/07/154-64x91.jpg 64w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/07/154-scaled.jpg 1808w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /><em>Pandemia, crisis ecosocial y capitalismo global</em>, escrito por <strong>Santiago Álvarez Cantalapiedra</strong> es el título de la <strong>INTRODUCCIÓN</strong> del número 154 de la revista <em>Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global</em>,</p>
<p>Las epidemias no son fenómenos naturales. Hay que verlas, más bien, como fenómenos sociohistóricos de aparición relativamente reciente. Las primeras epidemias humanas surgieron en el contexto de la revolución neolítica. La expansión de la agricultura y la ganadería transformaron profundamente nuestra relación con el medio. La destrucción y transformación de los hábitats para ampliar las tierras de cultivo y la domesticación de animales para usarlos como alimento o como bestias de carga es lo que permitió que las vacas nos trasmitieran el sarampión y la tuberculosis, los cerdos la tosferina o los patos la gripe. Las primeras sociedades urbanas, el desarrollo del comercio, la esclavitud y las guerras entre imperios crearon las condiciones para que las primeras enfermedades infecciosas se convirtieran en epidemias. Las transformaciones en las formas de relacionarnos con la naturaleza asociadas a los cambios en nuestros modos de vida crearon las condiciones para la propagación de las infecciones, incluyendo la posibilidad de la zoonosis, esto es, el contagio de enfermedades de animales a humanos.</p>
<p>Asociamos al medioevo con la peste bubónica. La <em>peste negra</em>, la gran epidemia que afectó a Eurasia a mediados del siglo XIV, ha sido la pandemia más devastadora de la historia de la humanidad, provocando la muerte de entre el 30 y el 60% de la población europea. Introducida por marinos, penetró en Europa desde Asia a través de las rutas comerciales que recababan en puertos como el de Mesina. Las condiciones sociales y demográﬁcas en las ciudades y pueblos medievales hicieron el resto. A falta de una explicación convincente de las causas del ﬂagelo, la ignorancia de la época sirvió para propagar otra de las pandemias recurrentes en la historia humana: la necesidad de buscar un chivo expiatorio a los males propios; en esa ocasión, fueron los judíos a quienes se acusó de envenenar los pozos que abastecían de agua a las poblaciones, reanudándose así los pogromos ya iniciados con la Primera Cruzada en el siglo XI.</p>
<p>La expansión colonial de los imperios europeos provocó oleadas pandémicas de nuevas enfermedades que asolaron el orbe. La viruela, con la inestimable ayuda de las encomiendas, acabó con parte de la población indígena del Nuevo Mundo. En el Congo, un lentivirus portado por los macacos se propagó a la misma rapidez con la que los colonos belgas se apresuraron a saquear los recursos naturales del aquel vasto territorio considerado la ﬁnca particular de Leopoldo II. El lentivirus del macaco continuaría su propio desarrollo histórico hasta convertirse en el virus de la inmunodeﬁciencia humana (VIH) asociado al SIDA. En Bengala, el imperio británico se propuso transformar en arrozales el inmenso humedal de Sundarbans, el manglar más importante del mundo situado en el delta donde conﬂuyen los ríos Ganges, Brahmaputra y Meghna. La proliferación de enfermedades infecciosas se interpuso en los planes de la administración colonial. La historia en este punto sería tan prolija como las atrocidades cometidas en la era colonial.</p>
<p>Con la revolución industrial, el cólera, la síﬁlis y la tuberculosis provocarán las grandes pandemias de esa época. Son enfermedades estrechamente relaciona- das con las condiciones de vida de la población, por lo que la proliferación de barriadas donde se hacinaba a la clase trabajadora en condiciones miserables e insalubres creó el caldo de cultivo para su desarrollo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4>COVID-19: la pandemia de la era del capitalismo global</h4>
<p>Cada pandemia es hija de su época. La del COVID-19, la primera gran pandemia global <em>stricto sensu</em>, ha sido posible gracias a la combinación de dos hechos estrechamente relacionados: 1) la presión que ejercemos los seres humanos sobre el conjunto de los ecosistemas y 2) la globalización. Aunque habitualmente se ha contemplado esta pandemia en términos exclusivamente sanitarios, tiene como trasfondo la crisis ecosocial provocada por el capitalismo global.</p>
<p>La presión humana sobre los ecosistemas está erosionando la biodiversidad y los equilibrios protectores que aquellos ofrecen frente a elementos patógenos. La comunidad cientíﬁca no se cansa de subrayar los riesgos que supone la pérdida de biodiversidad en la propagación de las enfermedades infecciosas. Los virus se constituyen verdaderos espacios de amortiguación frente a la virulencia de los patógenos. Ahora que se vuelve a hablar del virus del Nilo, los expertos señalan que las áreas con mayor diversidad de aves muestran tasas más bajas de infección porque los mosquitos –que sirven de vector de infección– disponen en ese caso de menores probabilidades para encontrar el huésped adecuado. Una saludable cobertura vegetal que albergue una amplia variedad de especies animales protege a los seres humanos de la transmisión de enfermedades a través de los mosquitos porque estos se diluyen en el entorno. Se ha establecido que existe una relación entre el advenimiento de epidemias y la deforestación. Los estudios realizados en torno al ébola muestran que este virus, cuyo origen ha sido localizado en varias especies de murciélago, aparece en las zonas de África Central y Occidental más afectadas por la deforestación. La tala de los bosques provoca que las especies de murciélagos que habitaban en ellos tengan que posarse ahora en los árboles de los hábitats ocupados por humanos, aumentando la probabilidad de interacción y transmisión.</p>
<p>Sin embargo, las zonas de amortiguación ecológica están siendo erosionadas a una velocidad sin precedentes. La intensísima intervención humana sobre la Tierra está simpliﬁcando la naturaleza. La apropiación humana de la biomasa terrestre y la destrucción de la integralidad de los ecosistemas que ello conlleva no encuentran parangón en la historia. Una muestra de ello es que, del total de la biomasa de vertebrados terrestres, la mayoría es ganado (59%) o seres humanos (36%), y solo alrededor del 5% está compuesta por animales silvestres (otros mamíferos, aves, reptiles y anﬁbios).<sup>1</sup> La destrucción y simpliﬁcación de la naturaleza nos hace más vulnerables ante organismos patógenos que en sus ecosistemas naturales mantenían un equilibrio que ahora se rompe al entrar en contacto con el nuestro. El segundo factor que interviene en las pandemias contemporáneas es la globalización, que además de impulsar la destrucción de la naturaleza al incrementar la explotación de los recursos naturales y extender el modelo de ganadería industrial de alta intensidad, facilita la propagación de los brotes infecciosos gracias al desarrollo vertiginoso de unos sistemas de transporte que mueven ingentes cantidades de personas y mercancías por todo el planeta. La globalización ha hecho del mundo una aldea global donde todos sus rincones son accesibles en poco tiempo. Así pues, en el trasfondo de esta pandemia se encuentran las consecuencias de los comportamientos del <em>sapiens </em>contemporáneo. La alteración de los hábitats y la pérdida de biodiversidad en los ecosistemas que provoca el capitalismo mundial <em>derrumban las barreras </em>que podrían amortiguar la expansión de los patógenos, al mismo tiempo que los estilos de vida globalizados <em>tienden puentes </em>cada vez más efectivos para su propagación.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4>Del optimismo tecnológico a las pandemias recurrentes</h4>
<p>El higienismo y el descubrimiento de vacunas y antibióticos consiguieron atenuar en gran medida el alcance y los efectos de las epidemias a lo largo del siglo XX. Los éxitos cosechados con estas tecnologías terapéuticas han sido tan relevantes que su generalización propició que las enfermedades infecciosas dejaran de ser una de las principales causas de mortalidad en el mundo. Hace apenas un cuarto de siglo la muerte por enfermedades infecciosas representaba aún el 33% de los fallecimientos; hoy apenas alcanza el 19% del total.<sup>2</sup> La rapidez y eﬁcacia con que se han desarrollado y producido las vacunas contra el COVID ha sorprendido y provocado la admiración de casi todo el mundo.</p>
<p>Sin embargo, aunque en la actualidad las principales causas de muerte sean las enfermedades cardiovasculares y los cánceres (enfermedades asociadas en alto grado a los hábitos y a los estilos de vida urbanos), el optimismo tecnológico no debería hacernos olvidar que es imposible pretender acabar con todos los virus que provocan las infecciones, fundamentalmente porque forman parte de la trama de la vida, con sus interacciones y equilibrios naturales. Su desaparición completa equivaldría a la desaparición de la propia vida, entendida como la trama en la que se desarrolla la existencia concreta de cualquier individuo. De ahí que las enfermedades nunca sean aconteceres aislados al margen del sistema social y ecológico del que forman parte, como tampoco la salud está al margen de sus determinantes económicos y socioambientales.</p>
<p>Los avances terapéuticos pueden sumergirnos en un ilusionismo tecnológico que nos impida atender a las causas (los modos de vida) al concentrar la atención sobre los efectos (las enfermedades). La enorme superﬁcie de naturaleza desriesgo de enfermedades infecciosas. Las zoonosis y las enfermedades por coronavirus se sucederán con más frecuencia si no preservamos los ecosistemas naturales. Un estudio de la Universidad de Brown ha estimado que entre la década de los ochenta del siglo pasado y la primera del nuevo siglo el número de brotes epidémicos de enfermedades infecciosas se ha multiplicado por tres.<sup>3</sup> La pandemia del COVID-19 parece estar conﬁrmando algo que venía observando con preocupación la comunidad cientíﬁca desde hace tiempo: desde la segunda mitad del siglo XX, coincidiendo con la gran aceleración de la actividad económica y sus correspondientes impactos sobre la naturaleza, han aparecido muchos microbios patógenos en regiones en las que nunca habían sido advertidos. Es el caso del VIH, del ébola en el oeste de África o del zika en el continente americano, sin olvidar el SARS que apareció en 2002 en el sudeste asiático y las más recientes gripes porcinas (H1N1) y aviar (H5N1). Muchos de esos virus (en torno al 60%) son de origen animal, algunos provenientes de animales domésticos o de ganado, pero en su mayoría –más de las dos terceras partes– procedentes de animales salvajes.<sup>4</sup> Por muy elevada que sea la inversión en farmacología, no cabe esperar una remisión de las pandemias en el futuro más inmediato mientras no cambiemos de forma sustancial el modo de vida predominante asociado al capitalismo global.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4>Más allá de la crisis sanitaria</h4>
<p>Urge hacer una lectura de esta pandemia más allá de la crisis sanitaria que ha provocado que nos permita extraer las oportunas enseñanzas. La pandemia ha revelado aspectos cruciales de cómo vivimos y nos comportamos. Una de las primeras cosas que mostró fue la clamorosa desigualdad existente en todos los ámbitos sociales. Se repitió con mucha frecuencia, y es cierto, que por ser global representaba una amenaza para todas las personas, pero se omitió frecuente- mente, no siendo menos verdad, que no todas eran igual de vulnerables a esa amenaza. El conﬁnamiento fue muy revelador en este sentido. Uno de los ejemplos más claros de la inequidad en esos meses distópicos fue la división del trabajo: la existencia de una gran brecha entre quienes conservaban su empleo y podían trabajar desde su casa sin exposición ni riesgo y aquellos que perdían su empleo o se veían obligados por la naturaleza de sus funciones a salir a la calle y exponerse al virus. Otra manifestación reveladora de la desigualdad ha sido el “apartheid vacunal” al que se ha sometido a las poblaciones y pueblos más pobres del mundo. Esta segregación ha mostrado que, aunque vivimos en un mundo global, no por ello dejar de ser un mundo fragmentado por los juegos de intereses económicos y geopolíticos del poder. El criterio de reparto aplicado en los planes de vacunación en las sociedades ricas (primeros los mayores y los sanitarios, luego el resto de la población según su edad) no se ha utilizado en las relaciones internacionales, donde todo se ha dejado en manos de las grandes farmacéuticas, las reglas del mercado y la “ﬁlantropía” de unos estados que lo que realmente buscan es alcanzar mayor inﬂuencia global.</p>
<p>Si nuestra salud se sostiene sobre ecosistemas bien conservados, nuestra sociedad se sostiene sobre las personas menos reconocidas y remuneradas: personal sociosanitario, temporeros, equipos de limpieza, repartidores, reponedores, transportistas, empleadas del hogar o cajeras de supermercados. Justamente la gente a la que el sistema condena a la precariedad y a los sueldos más bajos.  Mientras descubrimos la importancia de todas estas ocupaciones que fueron declaradas en su día esenciales, los medios de comunicación se hacen eco de la noticia de que los directivos de los bancos obtienen remuneraciones y bonos equivalentes a la suma del sueldo medio de miles trabajadores que esos mismos bancos han anunciado que quieren despedir, pudiéndose así comprobar que el salario no se ﬁja por la utilidad del trabajo que se desempeña sino por el prestigio social que concede el ejercicio del poder.</p>
<p>Todo ello invita a que nos replanteemos cómo y a qué otorgamos valor. Y otorgar valor a una cosa no es sinónimo de ponerle un precio, a menos que nos deslicemos hacia la estupidez de la que habla Machado en boca de su Juan de Mairena. Tal vez sea esta la causa última de la pandemia: la incapacidad que tiene la civilización capitalista de valorar adecuadamente lo que socialmente resulta más necesario.</p>
<p><strong>Santiago Álvarez Cantalapiedra</strong> es director de <a href="https://www.fuhem.es/ecosocial/" target="_blank" rel="noopener noreferrer">FUHEM Ecosocial</a> y de la revista <em><a href="https://www.fuhem.es/revista-papeles/" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global.</a></em></p>
<h4></h4>
<h4>NOTAS:</h4>
<p>1  Yinon M. Bar-On, Rob Phillips y Ron Milo, «<a href="https://www.pnas.org/content/115/25/6506" target="_blank" rel="noopener noreferrer">The biomass distribution on Earth</a>», <em>Proceedings of the National Academy of Sciences </em>(PNAS), junio de 2018, 115 (25) 6506- 6511; DOI: 10.1073/pnas.1711842115.</p>
<p>2  Juan Ignacio Pérez Iglesias, «<a href="https://theconversation.com/de-que-se-muere-la-gente-en-el-mundo-138598" target="_blank" rel="noopener noreferrer">¿De qué se muere la gente en el mundo?</a>», <em>The Conversation</em>, 18 de mayo de 2020.</p>
<p>3  Katherine F. Smith, Michael Goldberg, Samantha Rosenthal, Lynn Carlson, Jane Chen, Cici Chen y Sohini Ramachandran, «<a href="https://royalsocietypublishing.org/doi/10.1098/rsif.2014.0950" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Global rise in human infectious disease outbreaks</a>», <em>Journal of The Royal Society  Interface, </em>Vol. 11, núm. 101, 6 de diciembre de 2014 [https://doi.org/10.1098/rsif.2014.0950]</p>
<p>4  Sonia Shah, «Contra las pandemias, la ecología», <em>Le Monde diplomatique </em>(en español), marzo 2020, pp. 24-25.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Acceso al artículo completo en formato pdf: <strong><a href="https://bit.ly/Pandemia-CrisisEcosocial-CapitalismoGlobal-SAlvarez" target="_blank" rel="noopener noreferrer"><em>Pandemia, crisis ecosocial y capitalismo global</em></a></strong></p>
<p>&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://www.fuhem.es/2021/07/02/pandemia-crisis-ecosocial-y-capitalismo-global/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
	</channel>
</rss>

<!--
Performance optimized by W3 Total Cache. Learn more: https://www.boldgrid.com/w3-total-cache/?utm_source=w3tc&utm_medium=footer_comment&utm_campaign=free_plugin

Caché de objetos 0/901 objetos usando APC
Almacenamiento en caché de páginas con Disk: Enhanced 
Caché de base de datos usando APC

Served from: www.fuhem.es @ 2026-07-04 13:43:19 by W3 Total Cache
-->