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	<title>Precarización laboral &#8211; FUHEM</title>
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	<description>educación + ecosocial</description>
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	<title>Precarización laboral &#8211; FUHEM</title>
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		<title>I Informe Ecosocial sobre la Calidad de Vida en España</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 12 Jun 2023 09:37:55 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Alimentación]]></category>
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					<description><![CDATA[Presentamos el I Informe Ecosocial sobre la Calidad de Vida en España, un nuevo enfoque que debería guiar el diseño de políticas [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><em><img fetchpriority="high" decoding="async" class="alignright wp-image-152185 size-thumbnail" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/05/Portada-Informe-1200x1697-1-300x424.jpg" alt="" width="300" height="424" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/05/Portada-Informe-1200x1697-1-300x424.jpg 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/05/Portada-Informe-1200x1697-1-450x636.jpg 450w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/05/Portada-Informe-1200x1697-1-768x1086.jpg 768w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/05/Portada-Informe-1200x1697-1-1086x1536.jpg 1086w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/05/Portada-Informe-1200x1697-1-350x495.jpg 350w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/05/Portada-Informe-1200x1697-1-600x849.jpg 600w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/05/Portada-Informe-1200x1697-1-64x91.jpg 64w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/05/Portada-Informe-1200x1697-1.jpg 1200w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" />Presentamos el <strong><a href="https://www.fuhem.es/informe-ecosocial/" target="_blank" rel="noopener">I Informe Ecosocial sobre la Calidad de Vida en España</a>,</strong> un nuevo enfoque que debería guiar el diseño de políticas que persigan una vida buena. </em></p>
<p>El Área Ecosocial de FUHEM presenta el <strong>I Informe Ecosocial sobre la Calidad de Vida en España</strong><strong>.</strong></p>
<p>En sus páginas, en primer lugar, se caracteriza el modo de vida de la sociedad española a través de un triple análisis que se centra en los gastos (alimentación, movilidad y vivienda), los recursos (energéticos y materiales), y los trabajos (remunerados y no remunerados). A continuación, se apuntan las tendencias que genera ese modo de vida, agrupadas en tres grandes epígrafes: insostenibilidad ambiental, desequilibrio territorial y amenazas sobre la cohesión social. Por último, se plantea una pregunta: ¿qué significa hoy una vida buena en el contexto de la crisis ecosocial provocada por nuestro modo de vida?</p>
<p><strong>I Informe Ecosocial sobre la Calidad de Vida en España </strong>concluye que una sociedad no puede prosperar cuando no lo hace la mayoría de sus miembros, cuando se atenta contra la cohesión social o se genera un ambiente adverso.</p>
<p>Este trabajo, que ofrece un nuevo enfoque para detectar algunos de los asuntos cruciales que deberían centrar la atención al diseñar políticas que persigan una vida buena, se ha presentado hoy a los medios de comunicación y será el eje de actos inminentes como el próximo encuentro en el marco de los <a href="https://www.fuhem.es/2023/05/08/la-insoportable-insostenibilidad-de-nuestro-modo-de-vida/" target="_blank" rel="noopener">Debates para un Pensamiento Inclusivo</a> o el de <a href="https://www.fundaciones.org/es/noticias-aef/calidad_de_vida_en_la_transicion_ecologica" target="_blank" rel="noopener">Despertadores climáticos. Calidad de vida en la transición ecológica.</a></p>
<p>Acceso al resumen ejecutivo del Informe y el <a href="https://www.fuhem.es/informe-ecosocial/" target="_blank" rel="noopener">Informe completo</a> para su descarga.</p>
<h4><strong>Modo de vida </strong></h4>
<p><u>¿Cuáles son las características principales del modo de vida en España?</u></p>
<p>El modo de vida de la civilización industrial actual viene definido a partir de tres grandes ámbitos: <strong>la alimentación, la movilidad y la vivienda</strong>. Absorben la mayor parte del gasto de las familias y son responsables del mayor número de impactos sobre la salud, la vida social y la destrucción de los ecosistemas.</p>
<p><em>Alimentación: </em></p>
<ul>
<li>Constante proceso de estandarización en todos sus eslabones: producción, comercialización y consumo.</li>
<li>Las diversas crisis y el aumento de precios de los alimentos supone un incremento del presupuesto familiar que obliga a reducir otras categorías del gasto de los hogares.</li>
<li>Los hogares más pobres solo pueden permitirse una dieta poco variada y de menor calidad.</li>
</ul>
<p><em>Movilidad</em></p>
<ul>
<li>Modelo marcado por el protagonismo del automóvil privado que exige un esfuerzo considerable en el presupuesto familiar.</li>
<li>Este modelo condiciona la organización del territorio y la integralidad ecológica de la naturaleza e impacta negativamente sobre la vida y la salud de las personas.</li>
</ul>
<p><em>Vivienda</em></p>
<ul>
<li>Predomina la propiedad frente al alquiler y el derecho de uso.</li>
<li>El alquiler experimenta un aumento significativo asociado a la precariedad de jóvenes y trabajadores que no pueden acceder a una vivienda en propiedad.</li>
<li>El alquiler social en España es apenas testimonial.</li>
</ul>
<p><u>¿Qué recursos energéticos y materiales requiere ese modo de vida?</u></p>
<p><em>Requerimientos energéticos:</em></p>
<ul>
<li>Gran dependencia energética de los recursos fósiles y del exterior.</li>
<li>El aprovechamiento de los recursos renovables domésticos ha experimentado un importante incremento en los últimos años (llegando a alcanzar el 50% en la generación de electricidad), bajo el impulso de grandes parques eólicos y fotovoltaicos.</li>
</ul>
<p><em>Requerimientos materiales:</em></p>
<ul>
<li>Saldo netamente importador: la extracción indirecta asociada a las importaciones multiplica por entre 3 y 7 los requerimientos directos de materiales.</li>
<li>El grueso de la extracción doméstica y el uso de materiales está marcado por el sector inmobiliario y su evolución bajo el impulso de ciclos especulativos.</li>
<li>No se cierran los ciclos productivos: sólo el 10% de los materiales que entran a la economía vuelve a la misma.</li>
</ul>
<p><u>¿Cuánto y qué tipo de trabajos requiere este modo de vida?</u></p>
<p><em>Requerimientos de trabajo mercantil:</em></p>
<ul>
<li>El trabajo remunerado en España presenta dos rasgos principales: carácter muy estacional y estrecha ligazón con la coyuntura económica (con consecuencias en términos de precarización laboral: muchas modalidades de contratación atípica y horas trabajadas no pagadas).</li>
<li>La duración media de la vida laboral se ha incrementado por el aumento de participación de las mujeres en el mercado de trabajo y el aumento de la edad media de jubilación.</li>
</ul>
<p><em>Requerimientos de trabajo no mercantil</em></p>
<ul>
<li>El trabajo no remunerado descansa principalmente en las mujeres y representa, para muchas de ellas, el desempeño de una “doble jornada”.</li>
<li>El fenómeno de la doble jornada se amplió durante la crisis y se agudizó con las necesidades derivadas de la pandemia.</li>
</ul>
<h4><strong>Tendencias</strong></h4>
<p>Las tendencias que atraviesan el modo de vida y el modelo socioeconómico asociado al mismo se organizan en tres grandes bloques: <strong>desequilibrios territoriales, insostenibilidad ecológica y amenazas a la cohesión social</strong> por la persistencia de la pobreza, la precariedad y la desigualdad.</p>
<p><em>Desequilibrio y polarización territorial</em></p>
<ul>
<li>El dinamismo económico y la población española están cada vez más concentrados en el territorio, especialmente en la costa y alrededor de grandes áreas urbanas, abocando a las zonas rurales (sobre todo del interior) a un futuro incierto.</li>
<li>Se observa una tendencia a la desvertebración territorial: zonas rurales que expulsan población y quedan especializadas en la extracción de recursos y el vertido de residuos contrastan con grandes zonas urbanas que atraen población y recursos, centradas en la acumulación y el consumo.</li>
</ul>
<p><em>Insostenibilidad</em></p>
<p>La insostenibilidad ambiental del modo de vida en España se manifiesta de múltiples formas:</p>
<ul>
<li>Aumento de los procesos erosivos e incremento de la superficie del país en riesgo de desertificación.</li>
<li>Sobreexplotación de los ecosistemas y contaminación del aire, agua y suelo.</li>
<li>Los efectos del cambio climático están provocando un aumento de eventos climáticos extremos, elevación del nivel del mar y alteración de muchos ecosistemas.</li>
</ul>
<p><u>Pobreza, precariedad y desigualdad</u></p>
<ul>
<li>Una de cada cuatro personas se encuentra en riesgo de pobreza o exclusión social.</li>
<li>En torno al 15% de la población ocupada de España, pese a tener trabajo, se encuentra en riesgo de pobreza o exclusión social debido a la precarización laboral.</li>
<li>La multidimensionalidad y transversalidad de la desigualdad se muestran con especial claridad en España, agudizándose en las últimas décadas.</li>
</ul>
<h4><strong>Evaluar el modo de vida desde la calidad de vida</strong></h4>
<p>El Informe se cierra con una evaluación a partir de la siguiente pregunta: ¿Cómo afectan el modo de vida y las tendencias analizadas a la vida de las personas? Desde el punto de vista del sujeto, una vida sana y autónoma es una vida buena (de calidad). Si la calidad en la vida de una persona es entendida como aquella capaz de garantizar bienes necesarios, relaciones significativas y tiempo para la autonomía personal en un entorno social y natural seguro, ¿el modo de vida vigente en España y las tendencias que lo atraviesan contribuyen o no a una vida buena?</p>
<ul>
<li>Nuestro modo de producción y consumo ha puesto la vida bajo la tiranía de la eficiencia y el rendimiento.</li>
<li>Ese modo de vida provoca un deterioro social y ecológico que, además de erosionar las bases sociales y naturales sobre las que descansa, ocasiona graves consecuencias sobre la salud física, emocional y mental de las personas.</li>
<li>Entre los síntomas del menoscabo de la vida saludable de las personas se encuentran el cansancio y el padecimiento de numerosos malestares.</li>
<li>Eso explica, en parte, que España sea el país del mundo donde más ansiolíticos e hipnóticos se consumen por habitante.</li>
<li>La autonomía, al igual que la salud, también se ve afectada por el modo de vida. La forma y ritmos de vida predominantes aíslan y fragilizan a las personas.</li>
<li>Entre los síntomas de este menoscabo de la capacidad autónoma de las personas por debilitamiento de los vínculos sociales se encuentra el aumento de la soledad y el aislamiento social y las tendencias reseñadas de pobreza, precariedad y desigualdad.</li>
<li>Los rasgos predominantes en los principales <strong>componentes</strong> del actual modo de vida -alimentación, movilidad, vivienda y urbanismo-, así como las <strong>tendencias </strong>analizadas, poco contribuyen a la calidad de vida:
<ul>
<li>El <em>modelo alimentario</em> tiene importantes repercusiones sobre el ambiente y presenta fallas en relación con la salud de las personas por el deterioro de la dieta consecuencia de la creación de un entorno obesogénico, que afecta especialmente a los sectores sociales más humildes.</li>
<li>El <em>modelo inmobiliario español, </em>al dificultar el acceso a la vivienda y tener altos impactos ambientales, menoscaba el bienestar social y acentúa el deterioro ecológico.</li>
<li>El <em>modelo de movilidad</em> protagonizado por el vehículo privado y la carretera es altamente ineficiente por los altos costes ambientales, sociales y su alta siniestralidad.</li>
<li><em>La tendencia al desequilibrio territorial</em> condiciona las oportunidades de las personas y el acceso efectivo a los servicios públicos, profundizando las desigualdades.</li>
<li><em>La insostenibilidad </em>afecta a nuestra salud y nos hace más vulnerables. Nuestras vidas se vuelven más inseguras ante la amenaza de eventos climáticos extremos, la expansión de enfermedades infecciosas o el incremento de crisis alimentarias.</li>
<li><em>La pobreza y la exclusión social </em>vulneran derechos fundamentales y provocan que las personas se encuentren antes graves carencias y en situación de indefensión.</li>
<li><em>La precarización laboral </em>provoca problemas de salud mental y mata por las altas tasas de siniestrabilidad que lleva asociadas. Impide que las personas desarrollen un proyecto vital y hace que sus vidas se muevan en la inseguridad.</li>
<li><em>Las desigualdades</em> atentan contra la igualdad de oportunidades, corroen la cohesión social y son una fuente importante de malestar; agudizan los problemas sociosanitarios y deterioran la salud de la sociedad, al tiempo que profundizan en la insostenibilidad al impulsar pautas de consumo ostentosas y dinámicas de emulación que asientan el imaginario consumista.</li>
</ul>
</li>
</ul>
<p><strong><em> </em></strong></p>
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		<title>La civilización del malestar: precarización del trabajo y efectos sociales y de salud</title>
		<link>https://www.fuhem.es/2021/06/25/la-civilizacion-del-malestar-precarizacion-del-trabajo-y-efectos-sociales-y-de-salud/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 25 Jun 2021 11:19:16 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Análisis]]></category>
		<category><![CDATA[Calidad de vida]]></category>
		<category><![CDATA[covid-19]]></category>
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					<description><![CDATA[El hambre, la penuria y las deudas constituyen incentivos necesarios para que la ciudadanía trabaje a bajo precio.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong><img decoding="async" class="alignright wp-image-134693 size-thumbnail" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/07/150-300x425.jpg" alt="" width="300" height="425" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/07/150-300x425.jpg 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/07/150-450x638.jpg 450w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/07/150-1200x1700.jpg 1200w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/07/150-768x1088.jpg 768w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/07/150-1084x1536.jpg 1084w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/07/150-1446x2048.jpg 1446w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/07/150-600x850.jpg 600w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/07/150-64x91.jpg 64w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/07/150-scaled.jpg 1807w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></strong><em>La civilización del malestar: precarización del trabajo y efectos sociales y de salud, de </em>Joan Benach, Pere Jódar y Ramón Alòs, publicado en la sección <strong>A FONDO</strong> del número 150 de<em> Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global. </em></p>
<p><em>¿Te has dado cuenta de que cada vez es más difícil abrir el envoltorio de los pequeños objetos de consumo? </em></p>
<p><em>Algo parecido ha sucedido con las vidas de quienes tienen un trabajo remunerado. </em><em>Quienes tienen un empleo legal y no son pobres viven en un espacio muy reducido, que cada vez les permite menos capacidad de elección, a excepción de la sempiterna elección binaria entre la obediencia y la desobediencia.</em></p>
<p><em>Sus horarios de trabajo, su lugar de residencia, su experiencia y sus capacidades, su salud, el futuro de sus hijos, todo lo que trasciende su función como empleados debe ocupar un pequeño lugar subordinado a las exigencias enormes e imprevisibles del beneficio económico. Es más, a esta rígida regla general se le denomina flexibilidad.     </em><strong>John Berger</strong>. <em>Mientras tanto</em><a href="#_ftn1" name="_ftnref1"><sup>[1]</sup></a></p>
<p>Nacemos frágiles y precarios, nos quieren precarios y frágiles. La <em>precariedad</em> es la otra cara de la moneda de la <em>flexibilidad</em>. La pandemia que estamos viviendo une de forma dramática la precariedad laboral, vital y social, así como la fragilidad de nuestra relación con la naturaleza que, acorde con la desigualdad, multiplica nuestra vulnerabilidad de salud.</p>
<p>Aceptemos, de entrada y para definir la situación, la aproximación de Andrés Bilbao:<a href="#_ftn2" name="_ftnref2"><sup>[2]</sup></a>: «[precariedad] significa romper la norma que identificaba empleo con ocupación estable de un puesto de trabajo», una brecha que se acompaña con la pérdida de derechos y de la capacidad negociadora colectiva de los trabajadores. Esta situación objetiva, en la que el mismo puesto de trabajo puede ser ocupado por diversas personas (en formato temporal, a tiempo parcial, subcontratado, etc.), se complementa, como argumenta Robert Castel,<a href="#_ftn3" name="_ftnref3"><sup>[3]</sup></a> con una presión político-moral que hace que mientras se genera una “penuria de empleos”,<a href="#_ftn4" name="_ftnref4"><sup>[4]</sup></a> la respetabilidad social se centre en una ocupación idealizada, sobrevalorada; de manera que el desempleo, la informalidad, o la misma situación precaria, se asimile a una falta de competencia laboral o a “una ociosidad culpable”.</p>
<p>La precariedad actual en los países dominantes, nace como una estrategia política de las elites y clases opulentas de manera que el hambre, la penuria y las deudas constituyan incentivos necesarios para que la ciudadanía trabaje a bajo precio. Con la emergencia de China y la India se ha expandido la reserva de mano de obra hasta límites insospechados. Pero lo más grave es cómo han conseguido expandir un sentido común individualista, competitivo, excluyente. El trato con la servidumbre siempre ha sido distante, con ciertas dosis de cinismo o crueldad, cuando no de racismo y supremacismo. Una actitud similar a la de muchos trabajadores europeos ante los inmigrantes. Como dice John Berger, se expande una fórmula en la que: «los que trabajan son delincuentes latentes».<a href="#_ftn5" name="_ftnref5"><sup>[5]</sup></a> Siempre están bajo sospecha.</p>
<p>Por ello y por las razones que enumeraremos seguidamente es necesario hablar de precariedad o, quizás mejor, de precarización. Junto al desempleo, la informalidad, la pobreza y las migraciones, debemos rescatarla del manto de sospecha, indignidad, estigmatización y represión diseñado por los que, precarizando y empobreciendo, se enriquecen hasta límites que sonrojan.</p>
<p>En primer lugar, la precariedad, es una <em>estrategia política</em> que implica una pérdida del poder negociador de trabajadores y sindicatos. Esta estrategia en su expansión borra las fronteras entre situaciones ocupacionales (trabajo fijo, precario, desempleo) y de la vida material. La lógica del tiempo y el espacio fordista se disuelve; ahora se puede trabajar y se debe estar disponible para trabajar en cualquier lugar y momento. Así, aparecen nuevas formas de gestión basadas en la disciplina del pago por tareas, proyectos, objetivos y resultados. La disolución del tiempo y del espacio ocupacional favorece nuevas formas de precariedad, disciplina y de dependencia, múltiples. Es, en este sentido, que mantenemos que la precariedad es la otra cara de la moneda de la flexibilidad promovida por las agencias internacionales y las políticas neoliberales, bajo el pretexto de ser la mejor opción para reducir el paro. Una precarización que, en España, junto al desempleo, está sobredimensionada si se compara con países del entorno europeo occidental.</p>
<p>En segundo lugar, <em><u> </u></em>, que se expande con base a realidades objetivas mediante los diferentes tipos de crisis (militares, económicas, sociales, políticas, sanitarias, ambientales), y sus derivados en forma de desempleo, pobreza o grandes migraciones. Que, asimismo, vienen acompañadas de acciones que fomentan una determinada subjetividad, un discurso ideológico o sentido común concreto. Por un lado, contienen unos mensajes en positivo: flexibilidad para adaptarse a los nuevos retos, autonomía y libertad para el individuo emprendedor; y, por otro lado, discursos en negativo: los estereotipos y la estigmatización sobre países y colectivos determinados.</p>
<p>De este modo, la expansión de la precariedad y el desempleo, bajo el paraguas de la “libertad” de mercado, destruye el tejido social y comunitario . El trabajo autónomo y cualificado, antes vinculado a las bien remuneradas profesiones liberales, aún continúa planteándose como promotor de “libertad de elección”, pero tras ella se puede amagar un trabajo mal pagado, disciplinado e inseguro. Esta falsa sensación de libertad es un intento de conseguir la forma más segura de vigilancia de los trabajadores, que no es otra que la autodisciplina y el autocontrol.<a href="#_ftn6" name="_ftnref6"><sup>[6]</sup></a> No sólo se trata de que el empleado trabaje, sino que además se identifique emocionalmente, aunque los incentivos materiales o las recompensas morales no sean más que humo embotellado. Se borra la distinción entre el trabajador y la persona. La vieja idea de alienación de Marx experimenta una nueva vuelta de tuerca.<a href="#_ftn7" name="_ftnref7"><sup>[7]</sup></a> Ya desde el sistema educativo y su énfasis actual en cuestiones empresariales (las competencias) y financieras, nos preparan para la subordinación y el endeudamiento. El trabajo gratis, tanto mediante la extracción de datos de nuestros dispositivos móviles, como a través del sistema generalizado de prácticas, nos dejan aún más inermes.<a href="#_ftn8" name="_ftnref8"><sup>[8]</sup></a></p>
<blockquote><p><strong>La expansión de la precariedad y el desempleo, bajo el paraguas de la “libertad” de mercado, destruye el tejido social y comunitario</strong></p></blockquote>
<p>Este sistema de precarización, en cierto modo nos remite a las contundentes conclusiones de Pierre Bourdieu sobre la flexiexplotación<a href="#_ftn9" name="_ftnref9"><sup>[9]</sup></a> que, con instrumentos como la informalización y la desocupación, suponen un nuevo modo de dominación; o también a Isabell Lorey<a href="#_ftn10" name="_ftnref10"><sup>[10]</sup></a> cuando señala la precarización como proceso de precarizar personas hasta hacer hegemónico un sentido común que legitima la precariedad y «la convierte en una estrategia de gobierno».<a href="#_ftn11" name="_ftnref11"><sup>[11]</sup></a> En definitiva, la precariedad laboral es un proceso de dominación donde trabajadoras y trabajadores se ven obligados a aceptar la explotación o la autoexplotación.</p>
<p>Las causas de tipo sistémico y político que hay detrás de esta vulnerabilidad socio-laboral generalizada, junto con la destrucción del medio natural y la crisis eco-social, o las crisis sanitarias tras probables nuevas pandemias, representan retos fundamentales para recuperar la salud de las sociedades y de las personas. Los tiempos se polarizan entre la barbarie autoritaria o la supervivencia social. Hay un margen cada vez más estrecho para la emancipación democrática.</p>
<p>La precariedad, sin embargo, no es un fenómeno nuevo ya que ha acompañado al trabajo asalariado o dependiente desde los inicios del capitalismo (y, si nos ceñimos al trabajo, desde que hubo dominadores y dominados, explotadores y explotados). Ahora simplemente muestra caras diferenciadas, sobre todo en los países ricos. Es, también, un <em>fenómeno global </em>que debe entenderse y medir de <em>forma multidimensional</em>.<a href="#_ftn12" name="_ftnref12"><sup>[12]</sup></a> <a href="#_ftn13" name="_ftnref13"><sup>[13]</sup></a></p>
<p>Finalmente, es imprescindible comprender la precarización si queremos desarrollar estrategias alternativas. La precariedad no es un fenómeno natural <em>sino impuesto.</em> Tras 40 años de experimentación, se observa con claridad su objetivo implícito: el aumento de la reserva de mano de obra mediante el desempleo, el trabajo incierto y mal remunerado, sin los derechos laborales y sociales que acompañaron al empleo regulado y protegido en buena parte de los países más ricos. Y, como se ha dicho previamente, la auto-inculpación por parte del trabajador precario de su situación laboral; en definitiva, un ataque frontal a la solidaridad de clase, a la acción colectiva, a los sindicatos. Sin importar en todo ello las calamidades sociales, ecológicas o sanitarias que surjan de su flexible y voraz desarrollo. Con ello los sindicatos, la negociación colectiva y las relaciones laborales han pasado de ser instrumentos para la solución de los problemas sociales derivados del crecimiento económico (un instrumento válido para equilibrar y pacificar el intercambio de trabajo por salario), a ser, en sí mismos, el problema para el nuevo capitalismo neoliberal.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4><strong>¿Cómo se extiende la precarización y qu</strong><strong>é </strong><strong>efectos sociales produce?</strong></h4>
<p>Hace más de un cuarto de siglo, un documento de la OCDE era muy explícito.<a href="#_ftn14" name="_ftnref14"><sup>[14]</sup></a> Estados Unidos, eliminando protecciones a los trabajadores, rebajando el bienestar y disminuyendo la administración pública tenía menos desempleo; por tanto, la Unión Europea (UE) tenía señalado el camino a seguir. Poco importaba que en Estados Unidos creciera la precariedad y el trabajo mal remunerado; ya que, como decía el mismo documento: «sus problemas sociales serían mucho peores sin esos empleos». Y Europa se puso manos a la obra y, en esa acción, España fue un alumno aventajado, reforma laboral tras reforma laboral, precarizamos a través de instrumentos sumamente sensibles al ciclo económico: el trabajo temporal, el autónomo dependiente, las empresas de trabajo temporal (ETT), la subcontratación&#8230; Tras 2008, las políticas austericidas y las reformas laborales degradaron y mercantilizaron aún más las condiciones de empleo y trabajo. De manera que la solución flexibilizadora impuesta a nuestro país no le ha librado del desempleo, ni del trabajo de mala calidad, ni de la ocupación informal, ni tampoco de la desigualdad social que ha crecido de manera alarmante.</p>
<p>Y no sólo se trata de la desigualdad de rentas, ya que uno de los indicadores más sensibles que reflejan la existencia de desigualdad (y de injusticia social) es la constatación de cómo se distribuye la salud en los distintos grupos sociales y territorios. Según el <em>Government at a Glance,</em><a href="#_ftn15" name="_ftnref15"><sup>[15]</sup></a> en relación con el gasto de la Administración pública, España está a la cola de Europa; respecto del gasto por habitante, estamos por debajo de la media OCDE y, por supuesto de los países de la zona euro (ambos datos, en porcentaje de PIB). Una conclusión similar se puede constatar respecto del empleo público español, con el agravante de su progresiva laboralización y precarización. El gasto en educación o protección social en 2017 era de los más bajos de Europa y de alrededor de la media OCDE. Por lo que hace a la sanidad, el gasto público descendió desde la Gran Recesión de 2008, lo que implicó la reducción del número de camas hospitalarias, del número de profesionales y, junto a ello, siguiendo las recetas neoliberales, la expansión del sector privado y la mercantilización de la sanidad.<a href="#_ftn16" name="_ftnref16"><sup>[16]</sup></a></p>
<p>La insistencia de las organizaciones internacionales en mercantilizar y privatizar (OMC) , o en la necesidad de flexibilizar nuestro mercado de trabajo (OCDE y FMI) es muy marcada, aún cuando, siguiendo sus indicadores de rigidez-flexibilidad (EPL, <em>Employment Protection Legislation</em>), ya hace años que España tiene un EPL inferior (es decir, es más “flexible”) al de algunos países con dinámicas ocupacionales mucho más exitosas que las nuestras en términos de tasa de ocupación, desempleo y precariedad como Alemania o Dinamarca.<a href="#_ftn17" name="_ftnref17"><sup>[17]</sup></a></p>
<p>Los estereotipos legitimadores de la precariedad difunden la idea de que ese es el destino de los trabajadores con bajo nivel de estudios o poca cualificación. Sin embargo, los datos de la Encuesta de Población Activa (EPA) van mostrando a lo largo del tiempo cómo las profesiones y actividades de alto nivel de estudios, así como las relacionadas con la sanidad o la educación se van precarizando; y no sólo en España<a href="#_ftn18" name="_ftnref18"><sup>[18]</sup></a>. Es más, en momentos de crisis como el actual, se vuelve a mostrar que muchas profesiones con el estigma de baja cualificación o, incluso, despreciadas , como cajeras y reponedores de supermercado, limpieza, recogida de basuras, agricultura, etc., son más indispensables que muchas de aquellas que tienen un alto precio en el mercado como son, por citar algunas, los brokers, intermediarios, conseguidores y tiburones de las finanzas.</p>
<p>Uno de los segmentos de actividades y de ocupaciones paradigmático, donde se concentran las ambigüedades y contradicciones del tipo de prácticas enunciadas, es el relacionado con el cuidado de ancianos, un trabajo que debiera ser altamente cualificado porque ¿cómo dejar a padres y abuelos, en muchas ocasiones con problemas de salud mental o física, en manos inexpertas, o en centros con pocos recursos y que proporcionan cuidados y condiciones irresponsables? Y, sin embargo, la implantación de políticas neoliberales austericidas tras la crisis de 2008 recortó el gasto en residencias públicas, incrementó el déficit de plazas, redujo el papel de entidades sin ánimo de lucro, y externalizó servicios a grandes empresas, aseguradoras y fondos especulativos que hallaron en la atención a las personas mayores un mercado rentable para hacer negocio. Este se hizo recortando personal, precarizando sus condiciones, ahorrando en material y degradando la atención y condiciones de las personas ancianas. Se parasita al sector público, se gestiona privadamente y se actúa sin control democrático.<a href="#_ftn19" name="_ftnref19"><sup>[19]</sup></a> Este es un punto crítico de un sistema que desprecia la vida y falta al respeto y a la dignidad de las personas y los trabajadores.</p>
<blockquote><p><strong>La actual crisis muestra que profesiones con el estigma de baja cualificación son más indispensables que aquellas con alto precio en el mercado</strong></p></blockquote>
<p>Otra cuestión punzante, puesta sobre la mesa en la crisis de salud pública actual, es la de intentar pasar de puntillas en el campo educativo (conocedores de las elevadas desigualdades que pesan sobre él); es decir, pasar de una enseñanza presencial a una enseñanza virtual de la noche a la mañana en colegios, institutos y universidades en la actual crisis COVID-19 tras una larga etapa no solo de intensa mercantilización y privatización, sino también de austericidio.<a href="#_ftn20" name="_ftnref20"><sup>[20]</sup></a> Aparecen desnudas, en estos dos casos, la fragilidad, la inconsistencia y la irresponsabilidad, con las que tratamos a las personas dependientes y más vulnerables. A unos porque solo tienen presente (la ancianidad) y, a otros, porque se les supone futuro (los jóvenes). La forma de solucionar sus problemas pone bajo los focos que aquello que necesitamos, al contrario de lo que predicaba la señora Thatcher y su «no hay alternativa», es «más sociedad» y una economía que resuelva las acuciantes necesidades que tiene la población, sobre todo las más desfavorecida. El trabajo de la reproducción, de los cuidados, no solo es social, es política y económicamente indispensable.</p>
<p>La precarización afecta la trayectoria laboral, tanto en las condiciones de empleo (tipo de contrato o despido, por ejemplo), como a nuestras condiciones de trabajo (salario, jornada, intensidad del trabajo, etc.), pero también a nuestras vidas, introduciendo condicionalidad y vulnerabilidad cotidiana (no llegar a final de mes, no poder hacer frente a los pagos de la vivienda o de los servicios indispensables, no poder planificar la vida cotidiana, no poder formar una familia). Como hemos sugerido anteriormente citando a Bilbao, un primer mecanismo de precarización afecta la situación laboral-contractual y de trayectoria laboral que engloba las condiciones de empleo y de trabajo. La norma estándar de empleo (fijo, estable, a tiempo completo, con derechos y protecciones) deja paso a una nueva norma de empleo no estable, inseguro, a tiempo parcial o incierto, con derechos y protecciones limitados, que borra las fronteras no sólo entre situaciones de empleo (fijo y temporal o a tiempo completo y tiempo parcial), sino también entre situaciones ocupacionales: asalariados y autónomos, formales e informales, contratados y subcontratados, ocupados y subocupados. Recordemos que el desempleo, precisamente, ha sido el ariete justificador de la explosión precarizadora. Cómo se nos repite con insistencia a modo de excusa: es mejor tener un trabajo, el que sea, que no tener ninguno.</p>
<p>Al tiempo, un segundo mecanismo actúa combinando protecciones y desprotecciones, riesgos y vulnerabilidades en el trabajo, de manera que más o menos protección y derechos (indemnización, representación o negociación), da lugar a mayor o menor seguridad, incertidumbre, vulnerabilidad (miedo, indefensión, despido), o discriminación (de diversos tipos hasta llegar a las amenazas y la violencia). Su escenario es el puesto y lugar de trabajo, pero se amplía hasta abrazar la vida cotidiana de las personas afectadas, dada la inseguridad o incertidumbre generada por estas vivencias. El ejemplo más inmediato es la insuficiencia de ingresos, pero tampoco debemos olvidar sus múltiples efectos en la salud, en la vida personal y familiar, o en situaciones de discriminación o acoso.</p>
<p>Finalmente, un tercer mecanismo facilita la penetración de la vulnerabilidad en la vida cotidiana y en los hogares. Así, Santamaría y Serrano apuntan que «el precario se somete a un control sobre su vida».<a href="#_ftn21" name="_ftnref21"><sup>[21]</sup></a> El empleo precario se relaciona con la privación y pobreza que alcanza a los hogares como señala la Fundación Foessa.<a href="#_ftn22" name="_ftnref22"><sup>[22]</sup></a> No es solo que existan el 14% de trabajadores pobres, aun y estando ocupados, o que justo antes de la pandemia superáramos los tres millones de desocupados, es también la pobreza que afecta a una cuarta parte de los españoles, lo que cuestiona la subsistencia, una de las funciones claves de la reproducción. En este sentido las familias afectadas por la inseguridad laboral soportan los efectos de la precariedad y el desempleo, lo que unido al progresivo cuestionamiento y desmantelamiento del estado del bienestar incorpora riesgos sociales importantes actuales y futuros: por ejemplo, en términos de cuidado y atención; en términos de educación, sanitarios, etc.<a href="#_ftn23" name="_ftnref23"><sup>[23]</sup></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<h4><strong>La precarización laboral, vital y de salud</strong></h4>
<p>Hoy en día el gran capital ha alcanzado un grado tal de impunidad, encerrado en su burbuja de codicia, interés y supremacismo desmedidos que apenas le afectan las protestas y movilizaciones sindicales, tampoco aquellas motivadas por la falta de regulación o gobernanza de la globalización, ni las acciones feministas, ecologistas, etc. Por su parte, la atención sanitaria y la biomedicina sufren también las consecuencias de la especialización vinculada a una división del trabajo extrema ligada a la mercantilización y la permanente búsqueda del beneficio. Pero no controlamos la naturaleza y un minúsculo betacoronavirus de apenas 100 nanómetros de diámetro nos recuerda nuestra fragilidad y precariedad como productos que somos de esa misma naturaleza que nos acoge o nos puede destruir.</p>
<p>A esa precarización como género humano se une la precariedad social impulsada estratégicamente por unas élites extractivas, que no quieren ni tienen ninguna alternativa a un sistema que genera sus privilegios y defiende sus intereses. En los países ricos nos dimos cuenta de su existencia por la implantación de la desregulación, flexibilidad y austeridad, que abraza nuestras vidas, nuestros hogares y familias. Y la precariedad ha entrado en nuestros cuerpos y en nuestras mentes hasta convertirse en una mentalidad precaria. Como señala Guy Standing, la mente precarizada “carece de anclajes, revolotea de un tema a otro, con el sufrimiento extremo del trastorno de déficit de atención. Pero también es nómada en su trato con otras personas”.<a href="#_ftn24" name="_ftnref24"><sup>[24]</sup></a> Su expresión en términos de salud es muy diversa: malestar, enfermedad, muerte prematura, etc. Y, sin embargo, como veremos, hay cuerpos, mentes, personas y grupos sociales más precarios que otros. <em>La precarización es ubicua y a la vez desigual.</em></p>
<blockquote><p><strong>A la precarización como género humano se une la precariedad social impulsada estratégicamente por unas élites extractivas</strong></p></blockquote>
<p>Una encuesta sobre la precariedad en Barcelona,<a href="#_ftn25" name="_ftnref25"><sup>[25]</sup></a> siguiendo los escala de medición de la precariedad laboral EPRES elaborado por el grupo de investigación Greds-Emconet (UPF), muestra que las personas precarizadas, están más expuestas a la contratación inestable (61,3%), su salario no permite cubrir imprevistos (74,7%; 65,5% con un sueldo inferior a los 1.000€) y, asimismo, tienen baja capacidad negociadora sobre sus condiciones salariales y de empleo, son más vulnerables (amenaza de despido, indefensión ante trato injusto, miedo a represalias por reclamar mejores condiciones), más riesgo de no tener derecho a indemnización por despido y, en el ejercicio de esos derechos, tienen más dificultades para coger permisos o de hacer días de fiesta semanales, regular horarios laborales, etc. Otro estudio realizado en Cataluña 2017<a href="#_ftn26" name="_ftnref26"><sup>[26]</sup></a> muestra la mayor prevalencia de precariedad en determinados grupos más expuestos como son las mujeres, jóvenes, inmigrantes, trabajadores manuales y de menor nivel educativo. El nivel de precariedad entre la clase obrera con trabajos manuales menos cualificados (57 y 56% en mujeres y hombres respectivamente), es parecida, o incluso mayor, que la de los trabajadores mejor situados (profesionales o directivos de empresas) con contratos temporales (38 y 60% en mujeres y hombres respectivamente). Ahora bien, esta sobreexposición no debe ocultarnos que la precarización avanza también entre los trabajadores con nivel educativo superior y profesiones de nivel técnico o de mando; el miedo al despido aparece también entre los supuestamente no precarios. La desigualdad y la precarización van juntas. Por otro lado, según la encuesta sobre precariedad en Barcelona (2018), la precariedad también se relaciona con la pobreza energética, no solo en términos de temperatura adecuada (entre el 22-44% según nivel de precariedad), sino también de no disponer de internet (entre el 15-26% según precariedad). Asimismo, los precarios están más expuestos a problemas con el pago de la vivienda (entre el 27-35% según situación de precariedad) y la amenaza o el desahucio propiamente, así como a cortes de suministros básicos.</p>
<p>De todo lo anterior se desprende que la precarización tiene consecuencias laborales, personales y sociales de gran amplitud, pero también sobre la salud y calidad de la vida. La crisis del coronavirus solo ha puesto de manifiesto su especial urgencia. La salud, como el consumo, el cuidado y la atención a las personas, son temas transversales (del mismo modo que el poder y la dominación, el género o el racismo) que sacuden el mundo del trabajo, inseparable de la vida. Y, sin embargo, la salud como nos recuerda Richard Sennett, fue un problema para los primeros urbanistas (siglo XIX) que diseñaron las grandes ciudades actuales no como respuesta a las crisis económicas, sino como actuación frente a los “problemas de salud pública y enfermedades que afectaban tanto a ricos como a pobres”.<a href="#_ftn27" name="_ftnref27"><sup>[27]</sup></a> La calidad de la vida urbana solo mejoró a partir de la dedicación a la tarea de médicos higienistas y urbanistas como Ildefons Cerdà y su preocupación por la salud.</p>
<blockquote><p><strong>La precarización tiene consecuencias laborales, personales y sociales de gran amplitud, pero también sobre la salud y calidad de la vida</strong></p></blockquote>
<p><em>El desempleo y la precarización de la vida constituyen una epidemia social tóxica</em>, que impide llegar a fin de mes, que genera personas pobres que no pueden calentarse en invierno o llenar la nevera, individuos desesperados. La precarización empeora la salud mental, genera violencia y suicidios; aumenta el riesgo de enfermar, de empeorar la salud y de morir prematuramente, no solo para quienes trabajan en esas condiciones, sino también para sus familias, todo lo cual conlleva desigualdades de salud. Unas precarias condiciones de vida que son especialmente graves cuando afectan a menores de edad, por los condicionantes que suponen en sus futuras trayectorias vitales. Hace dos décadas, una investigación mostraba de forma cualitativa algunas de las reacciones y sensaciones de mujeres de mediana edad de un grupo de limpieza (Tabla 1).<a href="#_ftn28" name="_ftnref28"><sup>[28]</sup></a> En gran parte coinciden con entrevistas a parados en fechas más recientes, en las que se hablaba del estigma, el miedo, o la discriminación que afectan la salud; como decía una entrevistada; «vas al médico y nos dan Diazepam».<a href="#_ftn29" name="_ftnref29"><sup>[29]</sup></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<h5 style="text-align: center;"><strong>Tabla 1. Ejemplos de dimensiones de la precariedad relatado por trabajadoras de la limpieza</strong></h5>
<table style="height: 353px;" width="768">
<tbody>
<tr>
<td width="142"><strong>Horario/ disponibilidad absoluta y permanente</strong></td>
<td width="143">“Dejas de dormir esperando que te llamen”</td>
<td width="141">“Estas nerviosa pensando que te van a llamar”</td>
<td width="141">Duele mucho no cumplir con las promesas a tus hijos”</td>
</tr>
<tr>
<td width="142"><strong>Vulnerabilidad /Impotencia</strong></td>
<td width="143">“Psicológicamente me mata, te da una impotencia muy grande”</td>
<td width="141">“Es que nos callamos por el miedo que tenemos.”</td>
<td width="141"></td>
</tr>
<tr>
<td width="142"><strong>Trato discriminatorio</strong></td>
<td width="143">“Ahora lo llevo mejor, pero me ha costado, bajando la cabeza, siempre detrás, siempre detrás, hasta que han claudicado ya.”</td>
<td width="141">“Te pones mal, te vas a tu casa quemada”</td>
<td width="141">“Es humillante te tratan como basura”</td>
</tr>
</tbody>
</table>
<p>&nbsp;</p>
<p>Distintos estudios permiten ver con claridad cómo conforme aumenta la precariedad laboral el impacto sobre la salud es mayor<a href="#_ftn30" name="_ftnref30"><sup>[30]</sup></a> tanto en el nivel de salud mental como en la autopercibida,<a href="#_ftn31" name="_ftnref31"><sup>[31]</sup></a> produciéndose un gradiente social de la salud. Por ejemplo, <u>el </u>impacto sobre la salud mental es mucho mayor (más de 3 veces más riesgo) en los trabajadores más precarios. La peor situación se observa en las mujeres, inmigrantes, obreras y jóvenes, cuya precariedad es elevadísima (alrededor del 90%).</p>
<p>Antes veíamos uno de los extremos de la precariedad: el desempleo y sus consecuencias en términos de inseguridad. Otro extremo es el trabajo informal, sin contrato. Por ejemplo, una investigación realizada en Chile, revela que el empleo informal muestra peores resultados en la salud autopercibida y la salud mental que la ocupación formal aunque hay diferencias entre personas dependientes y no dependientes y por género.<a href="#_ftn32" name="_ftnref32"><sup>[32]</sup></a> <a href="#_ftn33" name="_ftnref33"><sup>[33]</sup></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<h4><strong>A</strong><strong>ctividades </strong><strong>vitales durante la </strong><strong>COVID-19 y la generación de precarización</strong></h4>
<p>Al tiempo que las investigaciones muestran cada vez con mayor detalle y precisión los efectos de la precarización en la salud, la combinación letal de flexibilidad y austeridad desde la Gran Recesión de 2008 ha seguido promoviendo, entre políticas neoliberales y grandes empresas, una continua precarización de aquellas actividades y ocupaciones que hoy día son vitales para la subsistencia, como se ha remarcado en numerosos medios de comunicación durante los primeros meses de 2020.<a href="#_ftn34" name="_ftnref34"><sup>[34]</sup></a></p>
<p>Cuando dentro de un tiempo tengamos datos y análisis fiables podremos valorar integralmente los efectos en la salud de la pandemia; pero hoy, la COVID-19, reúne todas las condiciones para que debamos considerarla una pandemia de la desigualdad , que representa una grave amenaza para la población obrera y los barrios populares. La pandemia de la COVID-19 amplificará desigualdades sociales previas. Llueve, y llueve sobre mojado, pero no llueve del mismo modo para todas las personas. Las políticas neoliberales mercantilizadoras deterioraron sin piedad los recursos y servicios de la sanidad pública; los servicios sociales y de dependencia nunca fueron suficientemente desarrollados; y la salud pública, el medio para analizar, proteger y prevenir la enfermedad y promocionar la salud colectiva ha sido sistemáticamente infrafinanciada y, a menudo, condicionada a intereses privados. Los profesionales sociosanitarios, aclamados hipócritamente por algunos cómo héroes, han debido (junto a sus familias) exponerse innecesariamente al contagio y al riesgo de morir. Durante días, un gran número de trabajadores precarizados han tenido que elegir entre riesgos: ir a trabajar, perder el empleo, o, más tarde, confinarse precariamente sin disponer de la posibilidad de teletrabajar. Junto a obreros de la construcción, repartidores y empleados del sector turístico y los servicios, una gran parte de la clase trabajadora que sostiene la vida común de toda la población ha sido invisibilizada. En el hogar, la crisis se manifiesta sobre todo en las mujeres que cuidan y atienden a personas enfermas y con discapacidad, a infantes y mayores. Las cajeras, limpiadoras, camareras de piso y trabajadoras sociales y de cuidados tienen también rostro de mujer.<a href="#_ftn35" name="_ftnref35"><sup>[35]</sup></a></p>
<blockquote><p><strong>Distintos estudios permiten ver con claridad cómo conforme aumenta la precariedad laboral el impacto sobre la salud es mayor.</strong></p></blockquote>
<p>Una aproximación empírica a la precariedad<a href="#_ftn36" name="_ftnref36"><sup>[36]</sup></a> con los cambios ocurridos entre 2011 y 2019, asociados a algunas de las profesiones calificadas de “esenciales” o a trabajadores/as calificadas de “héroes” o “heroínas”, muestra cifras muy ilustrativas (Tabla 2). La cuestión es particularmente llamativa en el caso de la enfermería, que ha visto reducir su empleo no precario, mientras el precario aumenta espectacularmente; del mismo modo reponedores o trabajadores de los cuidados personales. Excepto entre farmacéuticos y trabajadoras de la industria de alimentación, el empleo precario aumentó más que el indefinido, estable o a tiempo completo, en todas estas profesiones clave.</p>
<p>Sí planteamos el mismo ejercicio para actividades relacionadas (Tabla 3), veremos a simple vista que el empleo precario ha aumentado prácticamente en todas ellas entre 2011 y 2019; en la industria alimentaria, un 30,8%; en educación, un 23,1%; en sanidad, un 45,1%; en asistencia en establecimientos residenciales, un 31,9%; en comercio, entre el 37,6% y el 41,9%; en depósito y almacenamiento la tasa de precariedad ha pasado del 19,5% en 2011 al 45,3% en 2019. Transporte de mercancías es la única actividad de las reseñadas en las que ha aumentado el trabajo no precario.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h5 style="text-align: center;"><strong>Tabla 2. Precariedad según ocupación seleccionada. España, 2011 y 2019</strong></h5>
<table style="height: 724px;" width="782">
<tbody>
<tr>
<td style="text-align: left;" rowspan="2" width="245"><strong>Ocupación principal</strong></td>
<td style="text-align: center;" colspan="2" width="113"><strong>% empleo precario IV trimestre</strong></td>
<td colspan="3" width="189">
<p style="text-align: center;"><strong>Variación empleo</strong></p>
<p style="text-align: center;"><strong>de 2011 a 2019</strong></p>
</td>
</tr>
<tr>
<td style="text-align: center;" width="57"><strong>2011</strong></td>
<td style="text-align: center;" width="57"><strong>2019</strong></td>
<td style="text-align: center;" width="64"><strong>Precario</strong></td>
<td style="text-align: center;" width="68"><strong>No precario</strong></td>
<td style="text-align: center;" width="57"><strong>Total</strong></td>
</tr>
<tr>
<td width="245">Médicos</td>
<td style="text-align: center;" width="57">32,7%</td>
<td style="text-align: center;" width="57">34,9%</td>
<td style="text-align: center;" width="64">25,4</td>
<td style="text-align: center;" width="68">13,5</td>
<td style="text-align: center;" width="57">17,4</td>
</tr>
<tr>
<td width="245">Profesionales de enfermería y partería</td>
<td style="text-align: center;" width="57">32,4%</td>
<td style="text-align: center;" width="57">41,3%</td>
<td style="text-align: center;" width="64">36,4</td>
<td style="text-align: center;" width="68">-7,1</td>
<td style="text-align: center;" width="57">6,9</td>
</tr>
<tr>
<td width="245">Otros profesionales de la salud</td>
<td style="text-align: center;" width="57">39,7%</td>
<td style="text-align: center;" width="57">43,1%</td>
<td style="text-align: center;" width="64">84,0</td>
<td style="text-align: center;" width="68">59,8</td>
<td style="text-align: center;" width="57">69,4</td>
</tr>
<tr>
<td width="245">Auxiliares de enfermería</td>
<td style="text-align: center;" width="57">36,5%</td>
<td style="text-align: center;" width="57">38,6%</td>
<td style="text-align: center;" width="64">36,9</td>
<td style="text-align: center;" width="68">24,9</td>
<td style="text-align: center;" width="57">29,3</td>
</tr>
<tr>
<td width="245">Farmacéuticos</td>
<td style="text-align: center;" width="57">30,2%</td>
<td style="text-align: center;" width="57">27,3%</td>
<td style="text-align: center;" width="64">38,4</td>
<td style="text-align: center;" width="68">59,0</td>
<td style="text-align: center;" width="57">52,8</td>
</tr>
<tr>
<td width="245">Técnicos auxiliares farmacia y emergencias sanitarias y otros trabajadores de cuidados a personas en servicios de salud</td>
<td style="text-align: center;" width="57">32,7%</td>
<td style="text-align: center;" width="57">34,8%</td>
<td style="text-align: center;" width="64">32,6</td>
<td style="text-align: center;" width="68">21,0</td>
<td style="text-align: center;" width="57">24,8</td>
</tr>
<tr>
<td width="245">Trabajadores de los cuidados personales a domicilio (excepto cuidadores de niños)</td>
<td style="text-align: center;" width="57">50,0%</td>
<td style="text-align: center;" width="57">56,3%</td>
<td style="text-align: center;" width="64">-2,9</td>
<td style="text-align: center;" width="68">-24,5</td>
<td style="text-align: center;" width="57">-13,7</td>
</tr>
<tr>
<td width="245">Vendedores en tiendas y almacenes</td>
<td style="text-align: center;" width="57">39,6%</td>
<td style="text-align: center;" width="57">40,9%</td>
<td style="text-align: center;" width="64">13,7</td>
<td style="text-align: center;" width="68">7,6</td>
<td style="text-align: center;" width="57">10,0</td>
</tr>
<tr>
<td width="245">Cajeros y taquilleros (excepto bancos)</td>
<td style="text-align: center;" width="57">44,6%</td>
<td style="text-align: center;" width="57">51,2%</td>
<td style="text-align: center;" width="64">26,9</td>
<td style="text-align: center;" width="68">-2,4</td>
<td style="text-align: center;" width="57">10,7</td>
</tr>
<tr>
<td width="245">Reponedores</td>
<td style="text-align: center;" width="57">41,3%</td>
<td style="text-align: center;" width="57">52,5%</td>
<td style="text-align: center;" width="64">37,8</td>
<td style="text-align: center;" width="68">-12,2</td>
<td style="text-align: center;" width="57">8,5</td>
</tr>
<tr>
<td width="245">Trabajadores de la industria de la alimentación, bebidas y tabaco</td>
<td style="text-align: center;" width="57">34,7%</td>
<td style="text-align: center;" width="57">31,2%</td>
<td style="text-align: center;" width="64">-5,7</td>
<td style="text-align: center;" width="68">10,5</td>
<td style="text-align: center;" width="57">4,8</td>
</tr>
<tr>
<td width="245">Total precarios</td>
<td style="text-align: center;" width="57">31,8%</td>
<td style="text-align: center;" width="57">33,7%</td>
<td style="text-align: center;" width="64">18,0</td>
<td style="text-align: center;" width="68">8,0</td>
<td style="text-align: center;" width="57">11,2</td>
</tr>
</tbody>
</table>
<p>Nota: % de empleo precario en cada ocupación reseñada</p>
<p>Fuente: elaboración propia con datos del Instituto Nacional de Estadística, Encuesta de Población Activa, microdatos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h5 style="text-align: center;"><strong>Tabla 3. Precariedad según sectores de actividad, variación entre 2011 y 2019 en España</strong></h5>
<p>&nbsp;</p>
<table style="height: 1061px;" width="781">
<tbody>
<tr>
<td width="245"><strong>Ocupación principal</strong></td>
<td style="text-align: center;" colspan="2" width="113"><strong>% empleo precario IV trimestre</strong></td>
<td colspan="3" width="162">
<p style="text-align: center;"><strong>Variación empleo </strong><strong>de 2011 a 2019</strong></p>
</td>
</tr>
<tr>
<td width="245"></td>
<td style="text-align: center;" width="57"><strong>2011</strong></td>
<td style="text-align: center;" width="57"><strong>2019</strong></td>
<td style="text-align: center;" width="59"><strong>Precario</strong></td>
<td style="text-align: center;" width="59"><strong>No precario</strong></td>
<td style="text-align: center;" width="43"><strong>Total</strong></td>
</tr>
<tr>
<td style="text-align: left;" width="245">Industria de la alimentación</td>
<td style="text-align: center;" width="57">25,5%</td>
<td style="text-align: center;" width="57">27,6%</td>
<td style="text-align: center;" width="59">30,8</td>
<td style="text-align: center;" width="59">17,7</td>
<td style="text-align: center;" width="43">21,1</td>
</tr>
<tr>
<td width="245">Educación</td>
<td style="text-align: center;" width="57">32,4%</td>
<td style="text-align: center;" width="57">36,1%</td>
<td style="text-align: center;" width="59">23,1</td>
<td style="text-align: center;" width="59">4,6</td>
<td style="text-align: center;" width="43">10,6</td>
</tr>
<tr>
<td width="245">Actividades sanitarias</td>
<td style="text-align: center;" width="57">31,9%</td>
<td style="text-align: center;" width="57">39,6%</td>
<td style="text-align: center;" width="59">45,1</td>
<td style="text-align: center;" width="59">3,5</td>
<td style="text-align: center;" width="43">16,8</td>
</tr>
<tr>
<td width="245">Asistencia en establecimientos residenciales</td>
<td width="57">
<p style="text-align: center;">35,8%</p>
</td>
<td style="text-align: center;" width="57">37,8%</td>
<td style="text-align: center;" width="59">31,9</td>
<td style="text-align: center;" width="59">21,1</td>
<td width="43">
<p style="text-align: center;">25,0</p>
</td>
</tr>
<tr>
<td width="245">Comercio al por mayor de productos alimenticios, bebidas y tabaco</td>
<td width="57">
<p style="text-align: center;">30,1%</p>
</td>
<td style="text-align: center;" width="57">34,7%</td>
<td style="text-align: center;" width="59">37,6</td>
<td style="text-align: center;" width="59">11,8</td>
<td width="43">
<p style="text-align: center;">19,6</p>
</td>
</tr>
<tr>
<td width="245">Comercio al por mayor de artículos de uso doméstico</td>
<td width="57">
<p style="text-align: center;">20,6%</p>
</td>
<td style="text-align: center;" width="57">20,8%</td>
<td style="text-align: center;" width="59">11,1</td>
<td style="text-align: center;" width="59">9,6</td>
<td width="43">
<p style="text-align: center;">9,9</p>
</td>
</tr>
<tr>
<td style="text-align: left;" width="245">Comercio al por menor en establecimientos no especializados</td>
<td style="text-align: center;" width="57">29,9%</td>
<td style="text-align: center;" width="57">34,6%</td>
<td style="text-align: center;" width="59">41,9</td>
<td style="text-align: center;" width="59">14,1</td>
<td width="43">
<p style="text-align: center;">22,4</p>
</td>
</tr>
<tr>
<td width="245">Comercio al por menor de productos alimenticios, bebidas y tabaco en establecimientos especializados</td>
<td width="57">
<p style="text-align: center;">37,5%</p>
</td>
<td style="text-align: center;" width="57">34,7%</td>
<td style="text-align: center;" width="59">-8,8</td>
<td style="text-align: center;" width="59">3,0</td>
<td width="43">
<p style="text-align: center;">-1,5</p>
</td>
</tr>
<tr>
<td width="245">Depósito y almacenamiento</td>
<td style="text-align: center;" width="57">19,5%</td>
<td style="text-align: center;" width="57">45,3%</td>
<td style="text-align: center;" width="59">105,2</td>
<td style="text-align: center;" width="59">-40,1</td>
<td style="text-align: center;" width="43">-11,9</td>
</tr>
<tr>
<td width="245">Transporte de mercancías por carretera y servicios de mudanza</td>
<td width="57">
<p style="text-align: center;">25,6%</p>
</td>
<td style="text-align: center;" width="57">19,3%</td>
<td style="text-align: center;" width="59">0,6</td>
<td style="text-align: center;" width="59">44,6</td>
<td width="43">
<p style="text-align: center;">33,3</p>
</td>
</tr>
<tr>
<td width="245">Actividades anexas al transporte</td>
<td style="text-align: center;" width="57">19,7%</td>
<td style="text-align: center;" width="57">26,9%</td>
<td style="text-align: center;" width="59">89,5</td>
<td style="text-align: center;" width="59">26,5</td>
<td style="text-align: center;" width="43">38,9</td>
</tr>
<tr>
<td width="245">Actividades postales sometidas a la obligación del servicio universal</td>
<td style="text-align: center;" width="57">13,2%</td>
<td style="text-align: center;" width="57">39,6%</td>
<td style="text-align: center;" width="59">183,4</td>
<td style="text-align: center;" width="59">-34,3</td>
<td style="text-align: center;" width="43">-5,6</td>
</tr>
<tr>
<td width="245">Otras actividades postales y de correos</td>
<td style="text-align: center;" width="57">26,2%</td>
<td style="text-align: center;" width="57">33,0%</td>
<td style="text-align: center;" width="59">43,0</td>
<td style="text-align: center;" width="59">2,9</td>
<td style="text-align: center;" width="43">13,4</td>
</tr>
<tr>
<td style="text-align: center;" width="245">Total</td>
<td style="text-align: center;" width="57">31,8%</td>
<td style="text-align: center;" width="57">33,7%</td>
<td style="text-align: center;" width="59">18,0</td>
<td style="text-align: center;" width="59">8,0</td>
<td style="text-align: center;" width="43">11,2</td>
</tr>
</tbody>
</table>
<p>Nota: % de empleo precario en cada ocupación reseñada</p>
<p>Fuente: elaboración propia con datos del Instituto Nacional de Estadística, Encuesta de Población Activa, microdatos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Este es el panorama detrás de los aplausos cotidianos que podemos escuchar cada tarde. El riesgo no es para el empleador, sino para el trabajador.<a href="#_ftn37" name="_ftnref37"><sup>[37]</sup></a></p>
<p>Otra referencia similar es la de los contratos registrados en el Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE).<a href="#_ftn38" name="_ftnref38"><sup>[38]</sup></a> Ahí se observa (Tabla 4) la enormidad de contratos registrados en el año 2019. Además, una mirada más atenta permite descubrir que solo una pequeña proporción son contratos indefinidos. La precariedad y la fragilidad caracterizan estos sectores de actividad y estas profesiones tan vitales en la crisis actual.</p>
<p style="text-align: center;"><strong>Tabla 4. Contratos registrados en el año 2019 y ocupados en el IV trimestre 2019, España</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<table style="height: 649px;" width="774">
<tbody>
<tr>
<td style="text-align: center;" width="332"></td>
<td style="text-align: center;" width="76"><strong>Contratos registrados año 2019</strong></td>
<td width="74">
<p style="text-align: center;"><strong>Ocupados </strong><strong>IV trim 2019</strong></p>
</td>
<td width="84">
<p style="text-align: center;"><strong>% contratos </strong><strong>registrados </strong><strong>sobre empleo</strong></p>
</td>
</tr>
<tr>
<td width="332">Profesionales de la salud</td>
<td style="text-align: center;" width="76">  354.646</td>
<td style="text-align: center;" width="74">663.971</td>
<td style="text-align: center;" width="84">53,4%</td>
</tr>
<tr>
<td width="332">Trabajadores de los cuidados a las personas en servicios de salud</td>
<td style="text-align: center;" width="76">  497.387</td>
<td style="text-align: center;" width="74">470.156</td>
<td style="text-align: center;" width="84">105,8%</td>
</tr>
<tr>
<td width="332">Otros trabajadores de los cuidados a las personas</td>
<td style="text-align: center;" width="76">   311.931</td>
<td style="text-align: center;" width="74">347.134</td>
<td style="text-align: center;" width="84">89,9%</td>
</tr>
<tr>
<td width="332">Trabajadores de los servicios personales</td>
<td style="text-align: center;" width="76">  502.286</td>
<td style="text-align: center;" width="74">321.234</td>
<td style="text-align: center;" width="84">156,4%</td>
</tr>
<tr>
<td width="332">Empleados domésticos</td>
<td style="text-align: center;" width="76">    201.727</td>
<td style="text-align: center;" width="74">408.226</td>
<td style="text-align: center;" width="84">49,4%</td>
</tr>
<tr>
<td width="332">Otro personal de limpieza</td>
<td width="76">  1.453.566</td>
<td style="text-align: center;" width="74">682.706</td>
<td style="text-align: center;" width="84">212,9%</td>
</tr>
<tr>
<td width="332">Recogedores de residuos urbanos, vendedores callejeros y otras ocupaciones elementales en servicios</td>
<td width="76">
<p style="text-align: center;">523.453</p>
</td>
<td style="text-align: center;" width="74">161.061</td>
<td width="84">
<p style="text-align: center;">325,0%</p>
</td>
</tr>
<tr>
<td width="332">Total</td>
<td style="text-align: center;" width="76">22.512.221</td>
<td style="text-align: center;" width="74">16.846.141</td>
<td style="text-align: center;" width="84">133,6%</td>
</tr>
</tbody>
</table>
<p>Fuente: Fuente: elaboración propia con datos del Instituto Nacional de Estadística, Encuesta de Población Activa, microdatos, y del SEPE, Estadística de Contratos Acumulados 2019.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A lo largo del año 2019 se registraron en España 1.341.776 contratos de trabajo en actividades sanitarias y de servicios sociales, de los cuales solo 41.682, el 3,1%, eran indefinidos. Entre profesionales de la salud se formalizaron 354.646 contratos, de los cuales apenas 20.748, esto es el 5,9% del total, eran indefinidos. Entre los trabajadores de cuidados a las personas en servicios de salud, de 406.653 contratos, sólo 7.967 eran indefinidos, menos del 2%. Estas cifras confirman la elevada inestabilidad contractual que afecta a una no pequeña parte de trabajadores de dichos ámbitos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4><strong>Conclusiones</strong></h4>
<p>La precarización es un fenómeno estructural, endémico y tóxico, que existe en todos los trabajos y todos los sectores y que, aun con importantes diferencias, afecta a la inmensa mayoría de trabajadores, ya sea en el ámbito privado y público, en la industria, agricultura y servicios, en sus condiciones de empleo, en sus condiciones de trabajo, o en su hogar y vida cotidiana. Además del empleo asalariado, la precarización se hace omnipresente en gran número de trabajos no asalariados y sin relaciones contractuales, muchos de los cuales quedan ocultos, como es el caso de quienes trabajan por un alojamiento y manutención sin ningún sueldo, en diversas situaciones de servidumbre y esclavitud. También con múltiples tipos de empleo informal, en el que destaca el enorme número de mujeres que realizan el trabajo doméstico, incluido el trabajo de cuidados y de atención a las personas dependientes. La crucial importancia del trabajo reproductivo femenino, invisible, no remunerado y precarizado radica en que constituye un factor clave e la organización de la producción y en el proceso de acumulación capitalista.</p>
<blockquote><p><strong>La precarización es un fenómeno estructural, endémico y tóxico, que existe en todos los trabajos y todos los sectores</strong></p></blockquote>
<p>En este texto hemos reflexionado acerca de la supervivencia de nuestras sociedades, pero, ¿es eso posible si seguimos el mismo ritmo, dinámica y exposición actuales? ¿Debemos experimentar nuevas fórmulas? Por ejemplo, ¿podemos pensar el trabajo teniendo en cuenta el cuidado y la atención a las personas?, ¿O teniendo en cuenta la salud de la humanidad y la salud del planeta? El trabajo reproductivo, en el que se incluye la educación y la salud, es un trabajo digno, socialmente necesario e imprescindible. Necesita el reconocimiento que su importancia social merece. Y un reconocimiento no mercantil, porque los trabajos de reproducción son instrumentos que generan equidad.</p>
<p>El Estado al servicio del mercado naturaliza lo que es antinatural. El Estado es una institución social que debiera estar al servicio de la sociedad. Además, lo privado no necesariamente funciona y, aún menos, funciona mejor (Mazzucato, Krugman).<a href="#_ftn39" name="_ftnref39"><sup>[39]</sup></a> Desde los años ochenta en España hemos visto cómo la venta de patrimonio y servicios públicos solo garantiza grandes beneficios a los propietarios actuales<a href="#_ftn40" name="_ftnref40"><sup>[40]</sup></a> e incrementa la desigualdad y la pobreza. Una dualidad tan insoportable como la que van generando los intereses económicos en la sociedad, entre los que pueden no pagar o incluso evadir impuestos frente a los que tienen que pagar impuestos religiosamente y los que no pueden pagarlos dado su elevado grado de vulnerabilidad y pobreza. Como expone el economista Paul Krugman, la Seguridad Social y la sanidad provista por el Estado es hoy más necesaria que nunca.</p>
<p>La precarización del trabajo no es un destino o una fatalidad esgrimida para culpabilizarnos, sino el resultado de un régimen político y un modelo económico impuestos a conciencia. Por ello es necesario pensar un modelo alternativo de sociedad y economía que asegure la vida material de las personas; un modelo donde se trabaje menos pero quizás en diversas actividades y de modo diferente, mucho más respetuoso con el medio ambiente y con las capacidades de las personas (mujeres y hombres de orígenes y etnias diferentes) para trabajar y vivir mejor. Los cambios deberán ser radicales. Por un lado, habrá que aumentar la protección social y la seguridad material al margen de tener empleo o trabajo. Sea mediante una reedición de un contrato social de bienestar que asegure el pleno empleo, como mecanismo básico de redistribución, pero que también consolide los servicios sociales indispensables (salud, educación, vivienda, energía, transporte, etc.); o sea mediante algún mecanismo de garantía de rentas a la ciudadanía. En todo caso, se han de poner en marcha mecanismos que alejen la miseria económica del trabajador pobre, así como la incertidumbre y la arbitrariedad en la que vive. Por otro lado, habrá que respetar y desarrollar los derechos de los trabajadores y democratizar radicalmente la organización y las condiciones de trabajo. Habrá que avanzar en una economía que incentive la solidaridad y la cooperación con proyectos nuevos, alternativos, que creen ilusión y esperanza, y que sean creativos, ecológicos y socialmente útiles. En esta encrucijada histórica, hay que repensar nuevas propuestas que conformen una alternativa para emanciparnos a las cadenas con que nos ata el neoliberalismo capitalista. Ante la progresiva destrucción de los derechos laborales y de la negociación colectiva y la extensión global de la precarización hay que reivindicar la importancia decisiva de luchar por la democracia laboral y evitar que el trabajo sea una mercancía.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Joan Benach</strong> es director del <a href="https://www.upf.edu/es/web/greds-emconet" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Grupo de Investigación de Desigualdades en Salud (GREDS-EMCONET, UPF)</a>, subdirector del <a href="https://www.upf.edu/web/jhu-ppc" target="_blank" rel="noopener noreferrer">JHU-UPF Public Policy Center (UPF)</a>, y colaborador del <a href="https://transecos.wordpress.com/" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Grupo de Investigación Transdisciplinar sobre Transiciones Socioecológicas (GinTRANS</a><sup>2</sup>) en la UAM</p>
<p><strong>Ramón Alós</strong> es profesor jubilado de Sociología, Universitat Autònoma de Barcelona, investigador del <a href="https://quit.uab.cat/es/" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Centre d&#8217;Estudis Sociològics sobre la Vida Quotidiana i el Treball (QUIT)</a> y del <a href="https://iet.uab.cat/" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Institut d’Estudis del Treball (IET)</a>.</p>
<p><strong>Pere Jódar</strong> es profesor de Sociología, Universitat Pompeu Fabra.</p>
<h4>NOTAS:</h4>
<p><a href="#_ftnref1" name="_ftn1"><em><sup><strong>[1]</strong></sup></em></a> John Berger, <em>Panorámicas. Ensayos sobre arte y política</em>, editorial Gustavo Gili, Barcelona, 2016, p.306.</p>
<p><a href="#_ftnref2" name="_ftn2"><sup>[2]</sup></a> Andrés Bilbao, «Trabajo, empleo y puesto de trabajo», <em>Política y Sociedad, </em>34, 2000, pp. 69-81, p.69.</p>
<p><a href="#_ftnref3" name="_ftn3"><sup>[3]</sup></a> Robert Castel, <em>La montée des incertitudes. Travail, protections, statut de l’individu</em>, Éditions du Seuil, París, 2009.</p>
<p><a href="#_ftnref4" name="_ftn4"><sup>[4]</sup></a> <em>Ibidem</em>, p. 114.</p>
<p><a href="#_ftnref5" name="_ftn5"><sup>[5]</sup></a> John Berger, 2016,<em> Op. cit</em>., p. 305.</p>
<p><a href="#_ftnref6" name="_ftn6"><sup>[6]</sup></a> Ver, por ejemplo, Emiliana Armano, Annalisa Murgia, «Hybrid areas of work In Italy: hypotheses to interpret the transformations of precariousness and subjectivity», en Emiliana Armano, Arianna Bove, Annalisa Murgia, <em>Mapping Precariousness, Labour Insecurity and Uncertain Livelihoods. Subjectivities and Resistance</em>, Routledge, Londres, 2017, pp. 47-59. También, Michel Foucault, <em>Nacimiento de la biopolí</em><em>tica</em><em>,</em> Fondo de Cultura Económica, México, 2007.</p>
<p><a href="#_ftnref7" name="_ftn7"><sup>[7]</sup></a> David Casassas, <em>Libertad condicionada. La renta básica en la revolución democrática</em>, Paidós, Barcelona, 2018.</p>
<p><a href="#_ftnref8" name="_ftn8"><sup>[8]</sup></a> Andrew Ross, «Working for nothing: the latest-high great sector?», En Armano, Bove y Murgia, 2017, <em>Op. cit.</em>, pp.189:198.</p>
<p><a href="#_ftnref9" name="_ftn9"><sup>[9]</sup></a> Pierre Bourdieu, «Job Insecurity is Everywhere Now», en Pierre Bourdieu,<em> Acts of Resistance. Against the Tyranny of the Market</em>, The New Press, Nueva York, 1998, pp. 81-87.</p>
<p><a href="#_ftnref10" name="_ftn10"><sup>[10]</sup></a> Isabel Lorey «Labour (in-) dependence, care: conceptualizing the precarious», en Armano, Bové y Murgía, 2017, <em>Op. cit</em>., pp. 199-209.</p>
<p><a href="#_ftnref11" name="_ftn11"><sup>[11]</sup></a> Isabel Lorey, 2017, <em>Op. cit</em>., p. 200.</p>
<p><a href="#_ftnref12" name="_ftn12"><sup>[12]</sup></a> Alejandra Vives, Marcelo Amable, Monserrat Ferrer, Salvador Moncada, Clara Llorens, Carles Muntaner, Fernando G. Benavides y Joan Benach, «The Employment Precariousness Scale (EPRES): psychometric properties of a new tool for epidemiological studies among waged and salaried workers», <em>Occup Environ Med</em>. 2010, 67(8):548-55.</p>
<p><a href="#_ftnref13" name="_ftn13"><strong><sup>[13]</sup></strong></a> Joan Benach, Alejandra Vives, Marcelo Amable, Christophe Vanroelen Gemma Tarafa y Carles Muntaner, «Precarious employment: understanding an emerging social determinant of health», <em>Annu Rev Public Health,</em> 2014, 35:229-53.</p>
<p><a href="#_ftnref14" name="_ftn14"><sup>[14]</sup></a> OCDE, <a href="https://www.oecd.org/els/emp/1941679.pdf" target="_blank" rel="noopener noreferrer"><em>The OECD Jobs Study. Facts, Analysis, Strategies</em></a>, 1994.</p>
<p><a href="#_ftnref15" name="_ftn15"><sup>[15]</sup></a> OCDE, <a href="https://www.oecd.org/gov/govataglance.htm" target="_blank" rel="noopener noreferrer"><em>Government at a Glance</em></a>, 2019,</p>
<p><a href="#_ftnref16" name="_ftn16"><sup>[16]</sup></a> Joan Benach, «<a href="https://www.sinpermiso.info/textos/el-sistema-nacional-de-salud-espanol-como-se-origino-que-logro-a-donde-deberia-ir" target="_blank" rel="noopener noreferrer">El Sistema Nacional de Salud español: ¿Cómo se originó? ¿Qué logró? ¿A dónde debería ir?</a>», <em>Sin Permiso</em>, 29 de enero de 2018.</p>
<p><a href="#_ftnref17" name="_ftn17"><sup>[17]</sup></a> Damian Grimshaw, Mat Johnson, Jill Rubery y Arjan Keizer, <a href="https://documents.manchester.ac.uk/display.aspx?DocID=48958" target="_blank" rel="noopener noreferrer"><em>European Work and Employment. Reducing Precarious Work. Protective gaps and the role of social dialogue in Europe,</em></a> European Commission project (DG Employment, Social Affairs and Equal Opportunities VP/2014/004, Industrial Relations &amp; Social Dialogue), 2016. Ver también Rafael Muñoz-de-Bustillo Llorente y Fernando Pinto Hernández, <a href="https://documents.manchester.ac.uk/display.aspx?DocID=48965" target="_blank" rel="noopener noreferrer"><em>Reducing Precarious Work in Europe through Social Dialogue: The Case of Spain</em></a>, informe para la Comisión Europea, Universidad de Salamanca, 2016.</p>
<p><a href="#_ftnref18" name="_ftn18"><sup>[18]</sup></a> Danièle Linhart, <em>La comèdie humaine du travail. De la déshumanisation taylorienne à la sur-humanisation managériale</em>, Éditions Érès, Toulouse, 2017.</p>
<p><a href="#_ftnref19" name="_ftn19"><sup>[19]</sup></a> Joan Benach, «<a href="https://elpais.com/espana/catalunya/2020-04-27/la-mercantilizacion-de-los-cuidados-en-las-residencias.html" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Las muertes en residencias y la mercantilización de los cuidados</a>», <em>El País</em>, 27 de abril de 2020, disponible en:</p>
<p><a href="#_ftnref20" name="_ftn20"><sup>[20]</sup></a> Que prosigue en la crisis de la COVID-19, al ser <a href="https://fe.ccoo.es/noticia:489417--La_destruccion_de_empleo_se_ceba_con_el_sector_educativo&amp;opc_id=4215151733fd93639661cb7e363e6c94" target="_blank" rel="noopener noreferrer">la enseñanza una de las actividades que pierde más ocupación</a>, según los datos de la Seguridad Social. Un síntoma más de su mercantilización y privatización. También un síntoma de la fragilidad vinculada a la segregación entre actividades de mujeres y de hombres y de la precarización relacionada, disponible en:</p>
<p><a href="#_ftnref21" name="_ftn21"><sup>[21]</sup></a> Elsa Santamaría López y Amparo Serrano Pascual, <em>Precarización e individualización del trabajo: claves para entender y transformar la realidad laboral,</em> Editorial UOC, Barcelona, 2016.</p>
<p><a href="#_ftnref22" name="_ftn22"><sup>[22]</sup></a> Fundación Foessa, <em>VIII Informe Foessa sobre exclusión y desarrollo en España,</em> Fundación Foessa, Madrid, 2019, Capítulo 3.</p>
<p><a href="#_ftnref23" name="_ftn23"><sup>[23]</sup></a> En cierta manera, la actual eclosión del teletrabajo muestra que esos tres mecanismos al final afectan a las personas en los hogares; punto de encuentro insoslayable de condiciones de empleo, trabajo y vida. Será necesario, en este sentido, estar atentos a la expansión de la impunidad de la ‘nueva’ relación laboral ya puesta en práctica mediante el crowdsourcing y el trabajo de plataforma. Cabe no olvidar que hasta el momento las regulaciones sobre el teletrabajo son limitadas e insuficientes. Ana María Romero Burillo, <a href="https://www.upf.edu/documents/3885005/224374284/5.Romero.pdf/a63c0fe4-cea9-3088-a250-51ae619bf340" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Trabajo, género y nuevas tecnologías: algunas consideraciones</a>, IusLabor 1, 2019. Ver también Anna Ginès i Fabrellas y Sergi Gálvez Durán, «Sharing economy vs. Uber economy y las fronteras del Derecho del Trabajo: la (des)protección de los trabajadores en el nuevo entorno digital», INDret, 1, 2016, pp. 1-44.</p>
<p><a href="#_ftnref24" name="_ftn24"><sup>[24]</sup></a> Guy Standing, «<a href="https://www.sinpermiso.info/textos/quin-servir-de-voz-al-precariado-que-est-surgiendo" target="_blank" rel="noopener noreferrer">¿Quién servirá de voz al precariado que está surgiendo?</a>», <em>Sin Permiso</em>, 5 de junio de 2011. ,</p>
<p><a href="#_ftnref25" name="_ftn25"><sup>[25]</sup></a> Mireia Bolíbar, Irene Galí, Pere Jódar y Sergi Vidal, <em><a href="http://hdl.handle.net/10230/43408" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Precariedad laboral en Barcelona: un relato sobre la inseguridad</a>, </em>repositorio de la Universidad Pompeu Fabra, 2020.</p>
<p><a href="#_ftnref26" name="_ftn26"><sup>[26]</sup></a> Mireia Julià, Alejandra Vives, Gemma Tarafa y Joan Benach,«Changing the way we understand precarious employment and health. Precarisation affects the entire salaried population», <em>Safety Science, </em>2017<em>,</em> 100:16-73.</p>
<p><a href="#_ftnref27" name="_ftn27"><sup>[27]</sup></a> Richard Sennet, <em>Construir y habitar. Ética para la ciudad</em>, Anagrama, Barcelona, 2019, p. 34.</p>
<p><a href="#_ftnref28" name="_ftn28"><sup>[28]</sup></a> Marcelo Amable, Joan Benach y Sira González, «La precariedad laboral y su impacto sobre la salud: conceptos y resultados preliminares de un estudio multi-métodos», <em>Arch Prev Riesgos Laboral,</em> 2001, 4:169-184.</p>
<p><a href="#_ftnref29" name="_ftn29"><sup>[29]</sup></a> Pere Jódar y Jordi Guiu, <em>Parados en movimiento. Historias de dignidad, resistencia y esperanza</em>, Icaria, Barcelona, 2019.</p>
<p><a href="#_ftnref30" name="_ftn30"><sup>[30]</sup></a> Alejandra Vives, Christophe Vanroelen, Marcelo Amable, Monserrat Ferrer, Salvador Moncada, Clara Llorens, Carles Muntaner, Fernando G. Benavides  y Joan Benach, «Employment precariousness in Spain: prevalence, social distribution, and population-attributable risk percent of poor mental health» <em>Int J Health Serv,</em> 2011, 41(4):625-46</p>
<p><a href="#_ftnref31" name="_ftn31"><sup>[31]</sup></a> Joan Benach, Mireia Julià, Gemma Tarafa, Jordi Mir, Emilia Molinero y Alejandra Vives, «La precariedad laboral medida de forma multidimensional: distribución social y asociación con la salud en Cataluña», <em>Gac Sanit</em> 2015, 29(5):375-8.</p>
<p><a href="#_ftnref32" name="_ftn32"><sup>[32]</sup></a> Marisol E. Ruiz, Alejandra Vives, A, Érica Martínez-Solanas, Mireia Julià, y Joan Benach, «How does informal employment impact population health? Lessons from the Chilean employment conditions survey», <em>Safety Sci,</em> 2017, 100(Part A):57–65.</p>
<p><a href="#_ftnref33" name="_ftn33"><sup>[33]</sup></a> Marisol E. Ruiz, Alejandra Vives, Vanessa Puig-Barrachina y Joan Benach, «Unravelling Hidden Informal Employment in Chile: Towards a New Classification and Measurements to Study its Public Health Impact», <em>Int J Health Serv,</em> 2019, 49(4):817-843.</p>
<p><a href="#_ftnref34" name="_ftn34"><sup>[34]</sup></a> Ver, por ejemplo, Maite Gutiérrez, «<a href="https://www.lavanguardia.com/economia/20200412/48431834021/coronavirus-covid-19-comercio-cajeras-cajeros.html" target="_blank" rel="noopener noreferrer">La cajera del súper sostiene la economía durante la pandemia</a>», <em>La Vanguardia, </em>12 de abril de 2020. (Acceso: 5 de mayo de 2020), disponible en:</p>
<p><a href="#_ftnref35" name="_ftn35"><sup>[35]</sup></a> Joan Benach, «<a href="https://ctxt.es/es/20200401/Politica/31936/coronavirus-precariedad-trabajadores-pobreza-desigualdad-joan-benach-pandemia.htm" target="_blank" rel="noopener noreferrer">La pandemia mata a los pobres, la desigualdad todavía matará a más</a>», <em>Ctxt</em>, 16 de abril de 2020.</p>
<p><a href="#_ftnref36" name="_ftn36"><sup>[36]</sup></a> Estas cifras se han confeccionado a partir de la Encuesta de Población Activa del INE (microdatos). Hemos elegido dos años, 2011 y 2019 para poder trabajar con la misma clasificación de ocupaciones (CNO) y de actividades (CNAE). La precariedad la hemos definido sumando temporales y trabajadores a tiempo parcial involuntarios. Aunque esta decisión no “captura” toda la precariedad, sí puede servir para acercarnos a su dimensión y evaluar su evolución en el período. Atendiendo a estos criterios, el año 2019 finalizó con más de 5,6 millones de trabajadores precarios en España, que representan un tercio del empleo total.</p>
<p><a href="#_ftnref37" name="_ftn37"><sup>[37]</sup></a> Ya hace tiempo que especialistas en temas laborales advierten de la degradación de actividades de prestigio relacionadas con las profesiones tradicionales: medicina, arquitectura, abogacía, ingeniería; las TIC e inteligencia artificial facilitan su degradación y la pérdida de control de las propias tareas por parte de los afectados. Desde el punto de vista de la estratificación social no estamos volviendo al siglo XIX, sino al siglo XVIII. Ver al respecto: Josep Fontana, <em>Capitalisme i democracia 1756-1848. Com va començar aquest engany</em>,, Edicions 62, Barcelona, 2019; Gonzalo Pontón, <em>La lucha por la desigualdad. Una historia del mundo occidental en el siglo XVIII</em>, Pasado &amp; Presente, Barcelona, 2016.</p>
<p><a href="#_ftnref38" name="_ftn38"><sup>[38]</sup></a> Hemos analizado los datos del Instituto Nacional de Estadística, Encuesta de Población Activa, microdatos, y del SEPE, Estadística de Contratos Acumulados 2019.</p>
<p><a href="#_ftnref39" name="_ftn39"><sup>[39]</sup></a> Mariana Mazzucato, <em>El valor de las cosas. Quién produce y quién gana en la economía global,</em>, Taurus, Madrid, 2019;  Paul Krugman, <em>Contra los zombis. Economía, política y la lucha por un futuro mejor,</em> Crítica, Barcelona, 2020.</p>
<p><a href="#_ftnref40" name="_ftn40"><sup>[40]</sup></a> O sobrevenidos por la gracia del gobernante de turno que les cedió bancos y empresas públicas: la factura que deben a los españoles es enorme.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Acceso al texto del artículo en formato pdf: <a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/la-civilizacion-del-malestar-precarizacion-del-trabajo-y-efectos-sociales-y-de-salud/" target="_blank" rel="noopener noreferrer"><em>La civilización del malestar: precarización del trabajo y efectos sociales y de salud</em></a></p>
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		<title>Calidad de vida y mercado de trabajo</title>
		<link>https://www.fuhem.es/2021/04/30/calidad-de-vida-y-mercado-de-trabajo/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 30 Apr 2021 09:57:33 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Análisis]]></category>
		<category><![CDATA[Calidad de vida]]></category>
		<category><![CDATA[Precarización laboral]]></category>
		<category><![CDATA[Salud]]></category>
		<category><![CDATA[trabajo]]></category>
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					<description><![CDATA[El mundo del trabajo remunerado puede concebirse de múltiples formas, siendo una de ellas la que pone el foco en su potencial relación con la calidad de vida y el bienestar de una sociedad.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p align="justify"><span style="font-family: Calibri, sans-serif;"><span style="font-size: large;"><img decoding="async" class="alignright wp-image-134693 size-thumbnail" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/07/150-300x425.jpg" alt="" width="300" height="425" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/07/150-300x425.jpg 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/07/150-450x638.jpg 450w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/07/150-1200x1700.jpg 1200w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/07/150-768x1088.jpg 768w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/07/150-1084x1536.jpg 1084w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/07/150-1446x2048.jpg 1446w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/07/150-600x850.jpg 600w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/07/150-64x91.jpg 64w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/07/150-scaled.jpg 1807w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /><em>La sección <strong>A FONDO</strong> del número 150 de la revista <a href="https://www.fuhem.es/revista-papeles/" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global</a> titulada </em><a href="https://www.fuhem.es/2020/07/17/134649/" target="_blank" rel="noopener noreferrer"><em>Trabajo y Vida Buena en la Encrucijada</em></a> incluye un artículo firmado por </span></span><strong><span style="font-family: Calibri, sans-serif;"><span style="font-size: large;">Lucía Vicent Valverde </span></span></strong><span style="font-family: Calibri, sans-serif;"><span style="font-size: large;">que aborda la relación entre la Calidad de vida y el mercado de trabajo.</span></span></p>
<p align="justify"><em>El carácter dual del trabajo remunerado impide establecer una relación nítida y de igual signo en relación con la calidad de vida. Esto lleva a la necesidad de esclarecer su potencial contribución al bienestar de la sociedad actual, en la que se combina dos tendencias que, quizás, la pandemia ha ayudado a desvelar: la constante precarización del mundo del trabajo y la insostenibiidad de unos estilos de vida «low-cost» que tratan de ocultarla.</em></p>
<p align="justify">A continuación, ofrecemos el texto completo del artículo, al final del cual encontrará el enlace para descargarlo en formato pdf.</p>
<blockquote>
<p align="justify"><strong><span style="font-family: Calibri, sans-serif;"><span style="font-size: large;">El mundo del trabajo remunerado puede concebirse de múltiples formas, siendo </span></span><span style="font-family: Calibri, sans-serif;"><span style="font-size: large;">una de ellas la que pone el foco en su potencial relación con el bienestar de </span></span><span style="font-family: Calibri, sans-serif;"><span style="font-size: large;">una sociedad. </span></span></strong></p>
</blockquote>
<p align="justify"><span style="font-family: Calibri, sans-serif;"><span style="font-size: large;">Así entendido, el mercado de trabajo se definiría como un espacio que permite alcanzar elementos de satisfacción personal y colectiva, y cubrir ciertas necesidades que serían imposibles de atender por otras vías en el contexto actual. Por tanto, contar con un empleo vendría a demostrar una conexión positiva con la <strong>calidad de vida</strong> para las personas que disponen de él o participan del espacio laboral bajo cualquiera de sus formas retribuidas. Sin embargo, desde esta perspectiva, es posible establecer al mismo tiempo que, según las condiciones en las que se desarrolle la actividad mercantil y valorando el coste de oportunidad de esa dedicación, el trabajo puede contribuir o no con nuestro bienestar, considerando, de una parte, las opciones que su ejercicio pone a nuestro alcance, pero, también, los riesgos a los que nos expone. Todo ello, considerando que tal contribución, lejos de ser lineal o constante en el tiempo, dependerá del momento particular y las condiciones que orienten las relaciones laborales y la centralidad del trabajo en cada momento, definiendo la potencial relación que puede existir entre el trabajo remunerado y la calidad de vida para quienes disponen de él.</span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Calibri, sans-serif;"><span style="font-size: large;">En el contexto reciente, comprobamos que se suceden dinámicas que se retroalimentan entre sí, y que nos impide ver las crecientes tensiones sociales que provoca la deriva del mundo laboral. De una parte, el terreno del trabajo remunerado parece seguir una senda que únicamente acrecienta la exclusión laboral y la precariedad de las condiciones y los derechos laborales. En paralelo, esto se combina con la proliferación de nuevas formas de consumo a bajo coste que apaciguan el malestar social y ocultan la <strong>insostenibilidad de los modos de vida</strong> que definen la cotidianidad en muchos territorios. Sin embargo, los últimos meses han supuesto un punto y aparte que cuestiona el devenir de las tendencias anteriores.</span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Calibri, sans-serif;"><span style="font-size: large;">La pandemia iniciada hace unos meses ha puesto patas arriba las cosas tal y como las conocíamos, evidenciando, por un lado, las contradicciones ocultas tras las rutinas de nuestro día a día y demostrando, por otro lado, la posibilidad de detención o reversibilidad de los procesos, cualquiera de ellos, incluso el de la “todopoderosa” maquinaria económica. Como consecuencia, es posible interpretar el momento actual, no como el punto y seguido que es lo que muchos pretenden, sino como una oportunidad para repensar el modelo de futuro al que aspiramos y que es posible plantear en el nuevo marco que establece la crisis sanitaria global.</span></span></p>
<h4 align="justify"><span style="font-family: Calibri, sans-serif;"><span style="font-size: x-large;"><b>El carácter dual del trabajo mercantil y su relación con la calidad de vida</b></span></span></h4>
<p align="justify"><span style="font-family: Calibri, sans-serif;"><span style="font-size: large;">Desde una perspectiva histórica, comprobamos que las atribuciones del trabajo han sido variantes según cada contexto y han respondido, como resultado de un proceso de construcción social, a interpretaciones muy diversas.<sup>1</sup> Si echamos la mirada atrás, resulta evidente que las aceptaciones de lo que podría considerarse trabajo o no trabajo, así como su significación, han cambiado en línea con su papel y protagonismo en la organización social de la población.<sup>2</sup> No obstante, en esa evolución, encontramos ya en el siglo XVIII una aproximación que relaciona el trabajo con las actividades que denominamos productivas o de mercado, coincidiendo con la emergencia y consolidación de la sociedad capitalista.</span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Calibri, sans-serif;"><span style="font-size: large;">Comprobamos que ya entonces, y todavía en la actualidad, el espacio laboral ofrece determinados elementos a quienes participan del trabajo mercantil; elementos que permiten ver satisfechas una serie de necesidades que son fundamentales para las personas y que mantienen un nexo común: su relación con nuestro bienestar y su contribución con la calidad de vida.</span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Calibri, sans-serif;"><span style="font-size: large;">Cuando nos referimos a calidad de vida hay que entenderla en una aproximación más compleja que supera los criterios economicistas y materialistas que la definieron originariamente,<sup>3</sup> porque solo así es posible valorar el papel del trabajo y de otras categorías que conforman las trayectorias de vida de las personas y su posible equilibrio con las otras esferas que, más allá del mercado, determinan las condiciones de vida en el plantea. Así, llevado al extremo, razonamientos más amplios permiten entender la calidad de vida como una expresión que garantiza una adecuada vida en lo material que permite el desarrollo y las capacidades de las personas, permitiendo mantener el equilibrio ecológico perfecto, que incluye tanto lo biótico y del entorno, como lo social, cultural y simbólico.<sup>4</sup></span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Calibri, sans-serif;"><span style="font-size: large;">Cuando retomamos la relación entre el trabajo y la calidad de vida, considerando aquellas actividades remuneradas con las que tradicionalmente se ha relacionado esta categoría, a pesar de no ser las únicas formas de trabajo existentes, uno de los aspectos centrales que salen a relucir es su <i>carácter dual </i>respecto al aporte o no que supone para el bienestar de las personas que las realizan. De ese modo, es posible distinguir aquellos elementos que confirman y otros que desmentirían una inequívoca relación de signo positivo entre sendas variables.</span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Calibri, sans-serif;"><span style="font-size: large;">De una parte, el trabajo supone la principal fuente de ingreso, autorrealización, satisfacción personal y de reconocimiento social para quienes lo realizan en el terreno económico. La participación laboral permite asegurar la obtención de una remuneración suficiente y una estabilidad en su recepción, garantizándole, a la persona y sus allegados cercanos (pareja, familiares, amistades, etc.), una subsistencia temporal continuada. Estos recursos económicos, que son la contrapartida de la venta de la fuerza de trabajo que ofrecen miles de millones de personas a escala global,<sup>5</sup> ya sea bajo una expresión formal o informal de las actividades que se realizan en el mercado, así como la seguridad económica y material de las personas ocupadas, son los elementos con los que comúnmente se ha relacionado nuestro bienestar desde la óptica laboral.</span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Calibri, sans-serif;"><span style="font-size: large;">Más allá de los ingresos, el tener una ocupación remunerada en las sociedades capitalistas supone, asimismo, un elemento de <strong>reconocimiento social</strong>, autoestima, motivación y autorrealización. Todas estas atribuciones del trabajo hacen de él un potencial medio para conseguir satisfacer otras necesidades que, sin estar relacionadas estrictamente con nuestra subsistencia, mantienen conexiones positivas con la calidad de vida:</span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Calibri, sans-serif;"><span style="font-size: large;">Primero, porque el trabajo atiende aspectos que tienen que ver con nuestra forma </span></span><span style="font-family: Calibri, sans-serif;"><span style="font-size: large;">de relacionarnos y percibirnos respecto a los otros, además de que es uno de los principales mecanismos de socialización, junto a la familia, la educación, etc., de las personas que conviven en cualquier sociedad.<sup>6</sup></span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Calibri, sans-serif;"><span style="font-size: large;">Y segundo, si, además, la actividad laboral es la elegida, las características son las esperadas y todo ello cumple –incluso supera– las expectativas, el trabajo potenciará la autoestima, la autorrealización y la motivación de quien lo desarrolla.</span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Calibri, sans-serif;"><span style="font-size: large;">Como consecuencia, resulta evidente que el trabajo remunerado, tanto desde una perspectiva material como desde el punto de vista aspiracional, mantiene o potencialmente podría mantener una relación estrictamente positiva en su conexión </span></span><span style="font-family: Calibri, sans-serif;"><span style="font-size: large;">con la calidad de vida.</span></span></p>
<blockquote>
<p align="justify"><span style="font-family: Calibri, sans-serif;"><span style="font-size: large;"><b>La calidad de vida debe entenderse más allá de los criterios economicistas y materialistas que la definieron originariamente</b></span></span></p>
</blockquote>
<p align="justify"><span style="font-family: Calibri, sans-serif;"><span style="font-size: large;">Por el contrario, la realidad demuestra que esta potencialidad del trabajo mercantil no puede asumirse normalmente al ser altamente restrictiva y privar de las condiciones anteriores a una amplia mayoría de la sociedad. Desde una visión comparada entre quienes alcanzan o no los aspectos materiales e inmateriales anteriormente descritos, los segundos, a quienes se les niega un empleo, quedan excluidos de satisfacer los aspectos que, por cuanto que mejoran nuestras opciones de vida, hemos vinculado con el bienestar. Y dentro del abanico de situaciones que quedan alejadas de la participación laboral en el mercado, son muchos y distintos los motivos que las originan: situaciones de inactividad laboral resultado de las responsabilidades domésticas y de cuidados, personas desempleadas y sin expectativas de encontrar otro empleo, personas enfermas o con incapacidad temporal, etc. En todos estos casos, el acceso a la vía fundamental (o única) que nos garantiza una vida decente queda restringido, llevándonos a cuestionar, o al menos matizar, que la relación trabajo-calidad de vida no es universal en cuanto que no se garantiza ni extiende al conjunto de la sociedad. </span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Calibri, sans-serif;"><span style="font-size: large;">Paralelamente, el carácter dual del trabajo permite percibir el tiempo laboral como antagonismo del bienestar al impedir o limitar aquellas otras actividades o tiempos que nos reportan satisfacción en esferas o espacios apartados del mundo del trabajo remunerado. Si en la aproximación incorporamos el coste de oportunidad del tiempo de trabajo y los riesgos que entraña el desempeño laboral, resulta sencillo cuestionar la capacidad actual del mercado de trabajo para mantener una relación positiva entre el trabajo y calidad de vida.</span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Calibri, sans-serif;"><span style="font-size: large;">Podría pensarse que la participación en el trabajo pone a disposición del individuo los elementos y el espacio para mejorar su itinerario vital; una mejora que pasa, entre otras cosas, por poder, planificar opciones de vida en el medio y largo plazo, conciliar con otros ámbitos o disponer de otros tiempos al margen del mercado que son imprescindibles para nuestro desarrollo y bienestar (tiempos para el descanso, la formación, la participación, el ocio, etc.). No obstante, la proporción, condiciones y escala en las que se ha venido progresivamente desarrollando el trabajo en el mercado han ido en una dirección contraria, impuesta por la necesidad de obtener un salario, y que hoy está lejos de ofrecer las características que faciliten las opciones anteriormente mencionadas. Así resulta evidente que el coste de oportunidad del trabajo mercantil puede ser tan elevado, y en muchas ocasiones lo es, que restringe la cantidad de tiempo autodeterminado y de libre uso, y compromete las opciones de conciliación con la vida social y familiar, con los estudios, el disfrute del ocio o con la posibilidad de relacionarse y participar socialmente, negando estas posibilidades a quienes cuentan con un empleo.</span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Calibri, sans-serif;"><span style="font-size: large;">Asimismo, existen riesgos adicionales que cuestionan todavía más la contribución del trabajo al bienestar personal y colectivo de la gente que participan de él. La extensión de las formas atípicas de empleo y la degradación de las atribuciones tradicionales de la ocupación normalizan nuevas pautas de trabajo en el mercado con las que se relaciona la precariedad laboral. Las dificultades que entraña esta problemática que no es para nada nueva, permiten detectar nuevos ejes que, como ocurría al valorar el coste de oportunidad, inciden en cuestionar la potencialidad del trabajo remunerado en su relación con la calidad de vida.</span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Calibri, sans-serif;"><span style="font-size: large;">El primero de ellos tiene que ver con la corrosión del carácter que señaló Richard Sennet en su obra original de 1998.<sup>7</sup> En ella, el autor utiliza esa expresión para referirse a los cambios en la concepción del trabajo que se desarrollan en el escenario del nuevo capitalismo. Un régimen que hoy fija los criterios de competencia laboral a escala global en el que parece solo haber espacio para la proliferación de empleos en constante rotación y con movilidad absoluta, ritmos acelerados de producción que son insoportables, puestos de trabajo siempre acechados por el riesgo de desaparecer por sociedades laborales cada vez más competitivas, y personas moldeadas como piezas que tienen que encajar perfectamente y adaptarse a los métodos y estrategias de flexibilidad y reajuste que definen la operativa de las empresas en un mercado de trabajo altamente inestable. Situaciones, todas ellas, que suponen una constante presión sobre el bienestar objetivo y subjetivo de las y los afectados, la cual resulta insoportable y puede derivar en el tiempo en efectos muy negativos para la salud física y mental<sup>8 </sup>de quienes las padecen.</span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Calibri, sans-serif;"><span style="font-size: large;">Y un segundo riesgo, muy ligado con lo anterior por cuanto que es consecuencia posible, tiene que ver con las derivaciones que suponen las nuevas prácticas y formas de empleo precarizadas cuando estas se llevan al extremo y se alarga en el tiempo la necesidad, por parte de muchas personas, de aguantarlas.</span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Calibri, sans-serif;"><span style="font-size: large;">Cuando esto ocurre, el trabajo puede conllevar prácticas de presión desmedida, agresividad, maltrato físico y psicológico… que, al reproducirse en las jerarquías que conviven dentro del centro de trabajo, pueden terminar generando afecciones y enfermedades mucho más graves en la plantilla (como puede ser el desarrollo de casos de depresión, ansiedad, adiciones, etc.).<sup>9</sup> Y no hemos de olvidar que todas estas situaciones límite que puede conllevar el trabajo para la salud física encuentran su justificación en que muchos de estos contratos, o su falta, provocan estados de graves carencias que impiden cubrir necesidades fundamentales, o no hacerlo a los niveles adecuados, para la supervivencia.</span></span></p>
<blockquote>
<p align="justify"><span style="font-family: Calibri, sans-serif;"><span style="font-size: large;"><b>El carácter dual del trabajo mercantil refleja una contribución positiva y otra negativa a la calidad de vida</b></span></span></p>
</blockquote>
<p align="justify"><span style="font-family: Calibri, sans-serif;"><span style="font-size: large;">En resumen, este carácter dual del trabajo mercantil refleja una contribución positiva y otra negativa en su relación con la calidad de vida: positiva en cuanto que asegura, por un lado, un ingreso y otros elementos, que permiten garantizar la seguridad económica y material de las personas, y por otro lado, supone un elemento de reconocimiento social, autoestima, socialización que cubre necesidades que superan la <strong>subsistencia</strong> y autonomía económica; y negativa, porque a la vez que no permite el acceso a todas las personas que requieren de la participación laboral para acceder a un nivel mínimo de vida, limita y pone en riesgo otros elementos cuya disponibilidad sumarían en su relación con la calidad de vida, como es el caso del tiempo liberado del mercado para la realización de otras actividades fundamentales y las consecuencias de la degradación y constante precarización de los puestos de trabajo que se ofrecen que comprometen la salud general de la población.</span></span></p>
<h4 align="justify"><span style="font-family: Calibri, sans-serif;"><span style="font-size: x-large;"><b>¿De dónde venimos y hacia dónde vamos? Precariedad, estilos de vida “low cost” y pandemias</b></span></span></h4>
<p align="justify"><span style="font-family: Calibri, sans-serif;"><span style="font-size: large;">Al margen de la argumentación, es obligado valorar la potencialidad del trabajo en la mejora de la calidad de vida a partir del contexto que hoy en día define la realidad laboral. Si aterrizamos la dualidad del trabajo en los datos que ofrece el mundo actual en lo laboral y valoramos qué supone para el bienestar personal y social, se verifica que los satisfactores y las necesidades que ofrece y permite cubrir un empleo han cambiado, siendo posible desmentir la aparentemente incuestionable y tradicional relación entre el trabajo y la calidad de vida.</span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Calibri, sans-serif;"><span style="font-size: large;">Al tomar como referencia el mundo de lo concreto, vemos que la situación laboral a escala internacional retrocede a un ritmo dramático. Confirmamos que, en 2019, fueron cerca de 190 millones de personas a las que se les privó de la posibilidad de obtener un ingreso a cambio de realizar un trabajo en el mercado, y se prevé que tanto este año como el que viene, la cifra de desempleados aumente.<sup>10</sup> Sobre esto, conviene resaltar que las cifras se refieren a aquellas personas que buscan activamente un empleo, por lo que serían muchos millones más los que sumarían aquellas otras que, por distintos motivos que no confluyen en la categoría de desempleo, quedarían también apartadas de la posibilidad de obtener un salario.</span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Calibri, sans-serif;"><span style="font-size: large;">La OIT y otras instancias internacionales alertan también de tendencias más allá del desempleo que corroboran el mantenimiento y la extensión de la <strong>precariedad</strong> a escala mundial. A pesar de que la degradación de las condiciones y derechos laborales, así como de las formas de contratación, son un fenómeno generalizado, las modalidades en las que se expresa este retroceso en cada territorio son distintas, </span></span><span style="font-family: Calibri, sans-serif;"><span style="font-size: large;">por lo que no siempre es posible registrar la verdadera magnitud que alcanza esta problemática. </span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Calibri, sans-serif;"><span style="font-size: large;">Si seleccionamos únicamente algunas variables para su medición, estaremos obviando otras de las múltiples formas que adopta la precariedad. Pero incluso, asumiendo esa limitación y solo tomando como referencia algunos datos disponibles, es posible confirmar su aumento y generalización. Y es que, a los millones de parados registrados, se suman otros 165 millones de personas subempleadas al cierre de 2019, indicándonos el total de personas que trabajan un número menor de horas remuneradas de las que desean y que, presumiblemente, son las que requerirían para garantizarse un nivel de vida adecuado. Una cifra que no queda lejos de los 119 millones más que hay que añadir y que contabiliza a quienes, ante la baja expectativa de encontrar un empleo, han dejado de buscar, aunque no tienen resuelta su necesidad de ingreso por otras vías.</span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Calibri, sans-serif;"><span style="font-size: large;">Conste que, dejando de lado otras de las muchas caras que tiene la precariedad laboral,<sup>11</sup> y solo atendiendo a quienes no participan del trabajo remunerado, o no en la medida necesaria, la cifra asciende a 480 millones de personas, lo que supone alrededor del 13% de la fuerza laboral global. Unos números que no eximen a la otra parte de la población del riesgo de sufrir la carencia de ingresos y registrar altas tasas de pobreza o de <strong>vulnerabilidad económica</strong>, además de privarles de los otros elementos no materiales que teóricamente, como hemos señalado, nos permite un empelo.<sup>12</sup> Y a pesar de la deriva común que muestran los datos respecto a la precariedad, conviene no perder de vista su combinación con una <strong>desigualdad</strong> que no deja de crecer en los últimos años, lo que desvela la inequidad e injusticia que son necesarias para atender los criterios de acumulación del sistema económico y que niegan la mejora de la calidad de vida a través del empleo u otras opciones laborales hasta el punto de comprometer la propia subsistencia y al reproducción social.<sup>13</sup></span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Calibri, sans-serif;"><span style="font-size: large;">Las dificultades cotidianas que plantean estas carencias (de ingresos, autonomía, estabilidad, incertidumbre, etc.) y las crecientes brechas que se abren entre unos y otros grupos sociales, tienen consecuencias graves para nuestras trayectorias de vida que terminan, incluso, por afectarnos en el terreno de la salud. En un informe reciente, la OIT reveló que por día mueren en el mundo 7.500 como consecuencia de accidentes de trabajo, estrés o enfermedades profesionales.<sup>14</sup> </span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Calibri, sans-serif;"><span style="font-size: large;">El estudio señalaba, además, que las cifras indican con claridad que a nivel global el número de personas fallecidas por causas atribuibles al trabajo está creciendo, como indican los datos anuales acumulados si comparamos el año 2014, con 2,33 millones de casos, y los correspondientes a 2017, con 2,78 millones. Al respecto, las distintas instituciones y organizaciones que representan a las y los trabajadores en distintos lugares del mundo relacionan estos datos con la precarización constante a la que se ve sometido el mercado de trabajo; aunque, en los últimos tiempos, se destaca también la incidencia que están teniendo las nuevas tecnologías que, a través de un mayor control de las personas, extiende las jornadas de trabajo, impide la desconexión y genera problemas de angustia, presión o estrés, lo que explicaría, al menos en parte, la incidencia creciente de estas afecciones entre la ciudadanía.</span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Calibri, sans-serif;"><span style="font-size: large;">La situación que describimos justifica un creciente descontento social cuya expresión </span></span><span style="font-family: Calibri, sans-serif;"><span style="font-size: large;">parece multiplicarse en todo el mundo, como demuestran algunas experiencias recientes que encontramos. Tal es el caso, en los últimos años, del contexto latinoamericano (con las protestas y luchas en el caso de Chile, Bolivia Ecuador, Venezuela o Colombia), pero también en lugares como Irak, Líbano, Hong Kong o Sudán, donde en todos ellos es posible reconocer la erosión social y las tensiones provocadas por las transformaciones laborales y la creciente desigualdad e insostenibilidad que genera el sistema económico, desembocando en graves acontecimientos sobre los que nos informan los medios.<sup>15</sup></span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Calibri, sans-serif;"><span style="font-size: large;">Lo que sorprende sobre la cuestión, o al menos resulta difícil de comprender, es cómo la explosión social que se esperaría y que ya sucede en ciertos lugares del mundo, sigue siendo compatible con la dinámica económica capitalista tal y como la conocemos, llevada, en muchos casos, a su máxima expresión. Compatible y que permite, por tanto, continuar con el <strong>deterioro laboral</strong>, la insostenibilidad social y ecológica, la regresión en las condiciones de vida de la mayoría, así como el cierre de espacios al desarrollo de alternativas que respondan a los problemas de subsistencia, desigualdad y carencia actuales que padecemos.</span></span></p>
<blockquote>
<p align="justify"><span style="font-family: Calibri, sans-serif;"><span style="font-size: large;"><b>La realidad social viene marcada por la precarización del trabajo remunerado y la </b></span></span><span style="font-family: Calibri, sans-serif;"><span style="font-size: large;"><b>emergencia de estilos de vida </b><i><b>low cost</b></i></span></span></p>
</blockquote>
<p align="justify"><span style="font-family: Calibri, sans-serif;"><span style="font-size: large;">Una posible explicación es la que considera las tendencias recientes que marcan la realidad social, pero que también establece los códigos para interpretar la relación trabajo-calidad de vida. Estas son: el retroceso y precarización constantes del trabajo remunerado, y la emergencia, en paralelo, de unos estilos de vida de bajo coste. Ambas forma parte de la trampa del sistema económico al coexistir, no de manera casual, sino para mantener el <i>statu quo </i>dentro del capitalismo.</span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Calibri, sans-serif;"><span style="font-size: large;">Un capitalismo que, mientras expulsa y margina a amplios sectores sociales, es capaz de ponerles a su alcance hábitos de consumo comparables a los de quienes se mantienen dentro del circuito y en una posición privilegiada.</span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Calibri, sans-serif;"><span style="font-size: large;">Pero cuando nos referimos al estilo de vida y, en concreto, a la emergencia en los países enriquecidos de aquellos que denominamos “low cost” </span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Calibri, sans-serif;"><span style="font-size: large;"><em>¿a qué nos referimos exactamente?</em> </span></span></p>
<p align="justify"><em><span style="font-family: Calibri, sans-serif;"><span style="font-size: large;">¿Y cómo se relaciona la proliferación de las pautas de consumo que establecen estos modelos con el avance de la precariedad? </span></span></em></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Calibri, sans-serif;"><span style="font-size: large;">El estilo de vida puede definirse como el conjunto de las pautas de conducta y hábitos cotidianos que están determinados, en gran medida, por las condiciones socio-culturales del entorno en el que se inserta.<sup>16</sup> Estas pautas se basan también en valores y actitudes sociales, las cuales, además de estar motivadas por las condiciones del contexto, dependerán necesariamente de las restricciones económicas, temporales o de cualquier otro tipo que se interpongan en su consecución. Ello explica la relación con el trabajo remunerado, con los ingresos, tiempos y condiciones a los que da acceso, lo que dará lugar a determinados modos de vida que han de ser compatibles con las posibilidades de empleo que ofrece el mercado.</span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Calibri, sans-serif;"><span style="font-size: large;">No hay que ignorar que los <strong>estilos de vida</strong> se basan también en las necesidades de la persona, así como en las preferencias para cubrirlas (cuando se puede elegir). En este sentido, podemos entender que se construyan representaciones sociales, delimitando actitudes de los sujetos, que explican la interacción en un momento concreto del individuo con su contexto y que este sea de una u otra manera. Si comparamos los estilos de vida de hace décadas con los que caracterizan a la sociedad del siglo XXI, es evidente que poco o nada tienen que ver entre sí, y es que basta con compararnos con padres o abuelos para zanjar cualquier duda. Sin embargo, es necesario analizar si, más allá de las cuestiones más superficiales, la calidad de vida y los elementos o vías por las cuales se cubren las necesidades humanas son equiparables y han mejorado con el transcurrir de los años. </span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Calibri, sans-serif;"><span style="font-size: large;">Con un simple ejemplo, quizás, podamos caer en la cuenta de que el progreso o avance registrado, ha resultado precisamente lo contrario, especialmente si no perdemos de vista el nexo trabajo-bienestar social. Pensemos en las posibilidades que permitía un sueldo que entraba en el hogar hace unas décadas (cuántas bocas se alimentaban o en cuánto tiempo te permitía costear una vivienda adecuada), o en la disponibilidad de tiempo que derivaba de sumar las horas de no trabajo entre los adultos que convivían en el hogar, o en el tiempo que duraban las cosas que tanto tiempo tardabas en comprar. Hagámoslo y comparemos, siendo conscientes del verdadero progreso o no de algunos de los cambios y características que hoy definen la relación laboral, aunque seamos cautos también y evitemos idealizar todas las formas y condiciones del trabajo tradicional.</span></span></p>
<blockquote>
<p align="justify"><span style="font-family: Calibri, sans-serif;"><span style="font-size: large;"><b>T</b><b>rabajo y estilo de vida suponen hoy fuertes factores de socialización que caracterizan la sociedad en la que se vive</b></span></span></p>
</blockquote>
<p align="justify"><span style="font-family: Calibri, sans-serif;"><span style="font-size: large;">En la actualidad, el trabajo y el estilo de vida suponen fuertes factores de socialización que caracterizan la sociedad en la que se vive,<sup>17</sup> de ahí su importancia, y </span></span><span style="font-family: Calibri, sans-serif;"><span style="font-size: large;">se comprueba, que, mediante las dinámicas observadas en una y otra cuestión, el capitalismo reciente ha sido capaz de ocultar sus contradicciones y salir reforzado. Ello, mientras el velo del consumo de bajo coste impedía ver los riesgos y negatividades del mundo del trabajo y las brechas que crecían entre la población.<sup>18</sup> Y, por supuesto, con el consiguiente efecto, en términos ecológicos, que ello supone para el planeta, ya que esas formas de vida “accesibles para todos” se desarrollan a costa de degradación de los ecosistemas, la pérdida de la biodiversidad o el aumento de la contaminación.</span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Calibri, sans-serif;"><span style="font-size: large;">En resumen, se confirma la sucesión de dos dinámicas simultáneas, que se retroalimentan y que impiden ver, tanto las crecientes tensiones sociales que envuelven el mundo laboral como la insostenibilidad de los modos de vida que apaciguan ese malestar. Recordemos que la primera apunta a la creciente competencia laboral y las dinámicas que están definiendo el mercado de trabajo, que intensifican los riesgos y comprometan los elementos que permitían establecer con mayor nitidez la relación aparente entre el ejercicio laboral y la calidad de vida. Y la segunda, la cual se concreta a través de la modificación de los satisfactores y deseos que describen nuestros estilos de vida, ocultando las graves consecuencias que provoca el deterioro del trabajo hasta poner en riesgo las trayectorias de vida de </span></span><span style="font-family: Calibri, sans-serif;"><span style="font-size: large;">una amplia mayoría y el malestar que ello genera. Todo ello, reforzándose por un rumbo, en lo político, económico y social, que colabora y es cómplice del mantenimiento del sistema que genera los problemas y que impide cuestionar la no reversibilidad de procesos que son insostenibles.</span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Calibri, sans-serif;"><span style="font-size: large;"><i>Seguir como hasta ahora no es una opción. </i>En este panorama, encontramos un importante punto y aparte que ha logrado lo que hasta ahora era impensable en el marco del capitalismo: parar la maquinaria económica. Ha hecho falta una trágica perturbación como la que supone una pandemia global para que la dinámica de la acumulación se detenga y la producción pare su funcionamiento. Pocas veces en la historia encontramos un acontecimiento de tal envergadura cuya respuesta exija poner en el centro del debate la viabilidad del sistema económico y de los modos de vida, y que suponga un paréntesis para pensar hacia dónde ir a partir de ahora y qué prioridades deben guiar el rumbo de los cambios que son necesarios.</span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Calibri, sans-serif;"><span style="font-size: large;">Si con anterioridad eran insuficientes (para algunos) los motivos que exigían replantear las lógicas que han venido orientando nuestra sociedad, la crisis sanitaria ha demostrado la urgencia que requiere responder a los problemas, cada vez más graves y evidentes, que genera la dinámica del capital y las mutaciones que requiere </span></span><span style="font-family: Calibri, sans-serif;"><span style="font-size: large;">su reproducción.</span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Calibri, sans-serif;"><span style="font-size: large;">Semana a semana se van poniendo de manifiesto las conexiones de la pandemia con los modos de vida excesivos de una parte de la población mundial y el sistema de producción y consumo que los sustenta: la deforestación, el rápido declive de la biodiversidad, la ganadería industrial, la intensa contaminación del aire en las ciudades, la crisis del clima… Todo ello invita a realizar una reflexión profunda como sociedad de los estilos de vida y sus implicaciones para nuestro bienestar y el de otras especies. ¿Seremos capaces de reinventarnos?<sup>19</sup></span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Calibri, sans-serif;"><span style="font-size: large;">Tal y como señala Vandana Shiva, las epidemias son, como el cambio climático, “<strong>antropogénicas</strong>”, es decir, lo primero a destacar es que están causadas por las actividades humanas. <sup>20 </sup>En segundo lugar, nos recuerda la emergencia que requiere revertir las prácticas humanas, incluso en términos de salud como nos muestra la COVID, porque su aparición está relacionada con la extinción y desaparición de otras especies. Y, por último, la autora insiste en la necesidad de entender que la tierra es para todos los seres vivos, y cuando damos un paso atrás y hacemos que las calles estén “libres de automóviles”, se reduce la contaminación del aire, pero también le damos un respiro al planeta y abre la oportunidad de que haya un futuro para nosotros.</span></span></p>
<blockquote>
<p align="justify"><span style="font-family: Calibri, sans-serif;"><span style="font-size: large;"><b>La tragedia sanitaria puede interpretarse como oportunidad para dar salidas distintas a la precariedad, la desigualdad o la crisis de cuidados</b></span></span></p>
</blockquote>
<p align="justify"><span style="font-family: Calibri, sans-serif;"><span style="font-size: large;">Por ello, lo que es una trágica perturbación sanitaria, pero que convive con otra de carácter social y ecológica, permite interpretarse como una oportunidad para dar salidas distintas a problemas que son de sobra conocidos (desempleo, precariedad, una profunda crisis de cuidados, insuficiencia de los servicios y prestaciones públicas, las crecientes desigualdades y brechas sociales, pobreza, emergencia climática, etc.). Porque la pandemia está poniendo de manifiesto la importancia que tienen las condiciones sociales y ambientales para la salud y la calidad de vida de los pueblos que habitamos la tierra.<sup>21 </sup>. Y es por ello, que no es válida cualquier respuesta de futuro.</span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Calibri, sans-serif;"><span style="font-size: large;">Es imprescindible que las alternativas que se planteen aseguren la sostenibilidad de los sistemas económicos, tanto desde el punto de vista social como ecológico, es decir que garanticen los «servicios ambientales, sociales y económicos básicos a todos los miembros de una comunidad sin poner en peligro la viabilidad de los entornos naturales […] y sociales de los que depende el ofrecimiento de estos servicios».<sup>22</sup> De ese modo, la solución pasa necesariamente por asegurar, en cualquier caso, las vías, sean las que sean, que apunten inequívocamente hacia el enriquecimiento del bienestar y la calidad de vida de las personas que conviven en la biosfera y permitiendo la habitabilidad para los seres humanos y resto de especies en ella. Y, por supuesto, será indispensable replantear el mundo del trabajo, lo que será un reto importante y nada fácil de resolver. Entre otras cosas, entrañará al menos repensar la función y el papel que tendrá el trabajo remunerado en el acceso a los mecanismos que permiten cubrir nuestras necesidades; pero también implicará reconsiderar las actividades que queremos mantener dentro de esta categoría, las que incluir, a pesar de estar al margen actualmente, y cuáles otras restringir o eliminar; determinar los criterios que determinarán la contribución social o deterioro de los empleos que hoy día se realizan; y, de igual modo, considerar otras opciones más allá del trabajo que corrijan la restricción de acceso, las distancias y las injusticias que hoy reproduce el mundo laboral.</span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Calibri, sans-serif;"><span style="font-size: large;"><b>Lucía Vicent </b>es miembro de FUHEM Ecosocial e investigadora en ICEI-UCM</span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Calibri, sans-serif;"><span style="font-size: large;"><b>NOTAS:</b></span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Calibri, sans-serif;"><span style="font-size: large;">1 Claus Offe, «¿Es el trabajo una categoría sociológica clave?», en Claus Offe, <i>La sociedad del trabajo. Problemas estructurales y perspectivas de futuro</i>, Alianza, Madrid, 1992, pp. 17-51; André Gorz, <i>Metamorfosis del Trabajo</i>, Editorial Sistema, Madrid, 1995; y José Francisco Durán, «La construcción social del concepto moderno de trabajo», <i>Nómadas</i>, núm. 13, Universidad Complutense de Madrid, 2006.</span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Calibri, sans-serif;"><span style="font-size: large;">2 Julio César Neffa, «Actividad, trabajo y empleo: algunas reflexiones sobre un tema en debate», <i>Orientación y sociedad </i>(versión online), enero-diciembre, La Plata, 1999; José Manuel Naredo, «Configuración y crisis del mito del trabajo», <i>Archipiélago</i>, vol. 48, pp. 13- 23, 2001; Josep Maria Blanch, «Trabajar en la modernidad </span></span><span style="font-family: Calibri, sans-serif;"><span style="font-size: large;">industrial» en Josep Maria Blanch (coord.), <i>Teoría de las Relaciones Laborales</i>, Fundamentos, Editorial UOC, Barcelona, pp. 13-148, 2003.</span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Calibri, sans-serif;"><span style="font-size: large;">3 El término <i>calidad de vida </i>empieza a utilizarse entrados los años sesenta, pero principalmente a partir de los setenta como una reacción a los criterios economicistas y de cantidad que habían primado hasta entonces en las aproximaciones relativas al bienestar y las condiciones de vida de las personas. Desde entonces, se extiende la necesidad de insistir en que el crecimiento económico no es una finalidad en sí misma, sino un instrumento para mejorar las condiciones de vida. Salvador Rueda, «Habitabilidad y calidad de vida», <i>Cuadernos </i></span></span><span style="font-family: Calibri, sans-serif;"><span style="font-size: large;"><i>de Investigación urbanística</i>, núm. 42, 2004, pp. 29-33.</span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Calibri, sans-serif;"><span style="font-size: large;">4 Lennart Levy y Lars Anderson, <i>La tensión psicosocial. Población, Ambiente y Calidad de Vida, </i>El manual moderno, México, 1980.</span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Calibri, sans-serif;"><span style="font-size: large;">5 En concreto, de las más de 7.700 mil millones de personas que vivimos en el planeta, cerca de 3.500 millones conforman la población activa donde algo más del 52% está trabajando actualmente (según datos del Banco Mundial).</span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Calibri, sans-serif;"><span style="font-size: large;">6 Peter Berger y Thomas Luckman, <i>La construcción social de la realidad</i>, Amorrortu, Buenos Aires, 1968 y Faustino Miguélez y Carlos Prieto, <i>Las relaciones laborales en España</i>, Siglo XXI, Madrid, 1999.</span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Calibri, sans-serif;"><span style="font-size: large;">7 Richard Sennet, <i>The Corrosion of Character, The Personal Consequences Of Work In the New Capitalism</i>, Norton, 1998 [ed. en castellano: <i>La corrosión del carácter. Las consecuencias personales del trabajo en el nuevo capitalismo</i>, Anagrama Editorial S. A., Barcelona, 2000].</span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Calibri, sans-serif;"><span style="font-size: large;">8 Para un análisis profundo de la cuestión, se recomienda consultar Lucía Artazcoz, Joan Benach, Carme Borrell e Inmaculada Cortés, «Unemployment and mental health: understanding the interactions among gender, family roles, and social class», <i>American Journal of Public Health</i>, vol. 94, núm. 1, 2004, pp. 82-89 y Ángeles Maestro, Enrique González, Guillermo Rendueles y Alberto Fernández, <i>Salud mental y capitalismo</i>, Cisma, Madrid, 2017.</span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Calibri, sans-serif;"><span style="font-size: large;">9 Este tipo de situaciones han sido demostradas en numerosos estudios y es objeto de análisis en distintas ramas de conocimiento. Tal es el caso, por ejemplo, de Joan Benach y Carles Muntaner, «Precariuos employment and health: Developing a research agenda», <i>Journal Epidemiology Community Health</i>, núm. 61, 2007, pp. 276-277; Marcelo Amable, Rocío González, Sabrina Logvione, Luciana Reif y Constanza Zelaschi, «La precariedad laboral como determinante de la salud», comunicación presentada en las VIII Jornadas de Sociología de la UNLP, 3 al 5 de diciembre de 2014, Ensenada, Argentina y Yang, Jenny Chan, Xu Lizhi, Li Fei y Zhang Xiaoqio, <i>La máquina es tu amo y señor</i>, Virus, Barcelona, 2019.</span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Calibri, sans-serif;"><span style="font-size: large;">10 Según los datos de la OIT recogidos en su informe anual de <a href="https://www.ilo.org/global/research/global-reports/weso/2020/lang--es/index.htm" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Perspectivas sociales y de empleo en el mundo para 2020</a>, el número de desempleados en el mundo fue de 187,7 millones en 2019 (con una tasa del 5,4%) y se estima que ascenderá a 190,3 millones en este ejercicio, y que lo haga todavía más en el siguiente hasta alcanzar los 193,7 millones. </span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Calibri, sans-serif;"><span style="font-size: large;">11 Otras formas de precariedad como son las que expresan la parcialidad, la temporalidad, trabajos cuya jornada se realiza durante horas socialmente desfavorables o por turnos, empleos con alto nivel peligrosidad o cuyo ejercicio supone asumir elevados riesgos psicosociales, la falta de derechos básicos de muchos trabajos, la figura de los falsos autónomos, los contratos bajo demanda o sin garantizar siquiera un número concreto de horas de trabajo, etc.</span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Calibri, sans-serif;"><span style="font-size: large;">12 Esto es debido entre otras cosas a que, además de las formas de precarización localizadas, sabemos que un 61% del total de los trabajos que se realizan en la esfera mercantil se sitúa en la informalidad y no media en ellos relación contractual de ningún tipo (tal y como recoge el informa de la OIT anteriormente referenciado).</span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Calibri, sans-serif;"><span style="font-size: large;">13 Para profundizar ampliamente sobre estas cuestiones en el caso español, tanto teórica como empíricamente, puede consultarse la siguiente referencia: Lucía Vicent, <i>Precariedad laboral española. Una perspectiva de género. La situación del mercado de trabajo español en los primeros años del siglo XXI</i>, Tesis doctoral [Programa de doctorado en Economía Internacional y Desarrollo], Universidad Complutense de Madrid, 2017.</span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Calibri, sans-serif;"><span style="font-size: large;">14 La organización indicó que, en concreto, mueren diariamente 1.000 personas por accidentes laborales y otras 6.500 fallecen por enfermedades profesionales.</span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Calibri, sans-serif;"><span style="font-size: large;">15 Sobre los casos señalados pueden consultarse algunas noticias aparecidas en los medios. Camila Ponce, «<a href="https://ctxt.es/es/20191023/Politica/29066/Chile-revueltas-transportes-estudiantes-Sebastian-Pi%C3%B1era.htm" target="_blank" rel="noopener noreferrer">El estallido de Chile</a>», <i>ctxt</i>, 23 de octubre de 2019; Francesco Manetto, «<a href="https://elpais.com/internacional/2019/12/20/colombia/1576856058_186476.html?rel=listapoyo" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Colombia aprueba la reforma tributaria que motivó las protestas contra el Gobierno</a>», <i>El País</i>, 20 de diciembre de 2019</span></span><span style="font-family: Calibri, sans-serif;"><span style="font-size: large;">; CNN Español, «<a href="https://cnnespanol.cnn.com/2019/10/29/abece-de-las-protestas-en-bolivia-quienes-protestan-por-que-y-que-piden/" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Abecé de las protestas en Bolivia: ¿quiénes protestan, por qué y qué piden?</a>», <i>CNN</i>, 29 de octubre de 2019; Natalia Sancha, «<a href="https://elpais.com/internacional/2020-04-29/las-revueltas-del-pan-toman-libano.html" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Las revueltas del pan toman el Líbano</a>», <i>El País</i>, 30 de abril de 2020; Jaime Santirso, «<a href="https://elpais.com/internacional/2020/01/01/actualidad/1577882308_650898.html" target="_blank" rel="noopener noreferrer">La tensión vuelve a Hong Kong con choques en una multitudinaria marcha de Año Nuevo</a>», <i>El País</i>, 1 de enero de 2020</span></span><span style="font-family: Calibri, sans-serif;"><span style="font-size: large;">; Alan Yuhas, «<a href="https://www.nytimes.com/es/2019/06/06/espanol/que-esta-pasando-en-sudan.html" target="_blank" rel="noopener noreferrer">¿Qué está pasando en Sudán?</a>», <i>The New York Times</i>, 6 de junio de 2019.</span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Calibri, sans-serif;"><span style="font-size: large;">16 Santiago Yubero, «<a href="https://www.ehu.eus/documents/1463215/1504276/Capitulo%2BXXIV.pdf" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Socialización y aprendizaje social</a>», en VV.AA., <i>Psicología social, cultura y educación</i>, Pearson, Madrid, 2005, pp. 819-844. </span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Calibri, sans-serif;"><span style="font-size: large;">17 Francisco Javier Cantero, José María León, Silvia Medina-Anzano, «Socialización y aprendizaje social», en VV.AA., <i>Psicología social: orientaciones y casos prácticos, </i>McGraw-Hill Interamericana de España, 1998, pp. 43-58.</span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Calibri, sans-serif;"><span style="font-size: large;">18 El consumo generalizado de productos tecnológicos, el disfrute de varios viajes anuales de larga distancia, el salir a comer, al cine o el consumir a diario forman parte de ese espejismo que, a su vez, convive con las infraviviendas y los pisos compartidos por necesidad entre familias, con la pobreza laboral y la desigualdad </span></span><span style="font-family: Calibri, sans-serif;"><span style="font-size: large;">creciente, con la cultura del crédito y el vivir al día o en números rojos. Todo ello forma parte de los estilos de vida “low-cost” que son los únicos que permite la precariedad actual sin develar o hacernos conscientes de la generalidad de quienes están al borde de la pobreza y la exclusión.</span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Calibri, sans-serif;"><span style="font-size: large;">19 Así lo recoge Nuria del Viso en «<a href="https://tiempodeactuar.es/blog/un-virus-la-humanidad-y-la-tierra/" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Un virus, la humanidad y la Tierra</a>», <i>Tiempo de actuar</i>, 13 de mayo de 2020. </span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Calibri, sans-serif;"><span style="font-size: large;">20 Vandana Shiva, «<a href="https://www.deccanherald.com/specials/sunday-spotlight/a-virus-humanity-and-the-earth-821527.html" target="_blank" rel="noopener noreferrer">A virus, humanity, and the earth</a>», <i>Deccan Herald</i>, 5 de abril de 2020. Véase también sobre la relación entre pérdida de biodiversidad y pandemias, Monica Di Donato, «<a href="https://tiempodeactuar.es/blog/perdida-de-biodiversidad-y-pandemias-un-nexo-oscuro-y-peligroso/" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Pérdida de biodiversidad </a></span></span><span style="font-family: Calibri, sans-serif;"><span style="font-size: large;">y pandemias: un nexo oscuro y peligroso», <i>Tiempo de actuar</i>, 18 de marzo de 2020. </span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Calibri, sans-serif;"><span style="font-size: large;">21 Santiago Álvarez Cantalapiedra et al., “<a href="https://ctxt.es/es/20200501/Firmas/32235/Fuhem-covid-pandemia-crisis-ecosocial-sostenibilidad-alternativas.htm" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Covid-19: una pandemia en medio de la crisis ecosocial</a>”, <i>ctxt</i>, 24 de mayo de 2020.</span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Calibri, sans-serif;"><span style="font-size: large;">22 Salvador Rueda, <i>op.cit.</i></span></span></p>
<p align="justify">Acceso al texto completo en formato pdf: <strong><a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/calidad-de-vida-y-mercado-de-trabajo/" target="_blank" rel="noopener noreferrer"><em>Calidad de vida y mercado de trabajo</em></a></strong></p>
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