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	<title>Capitalismo Global &#8211; FUHEM</title>
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	<description>educación + ecosocial</description>
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	<title>Capitalismo Global &#8211; FUHEM</title>
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		<title>Por una cultura política alternativa</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 27 Jan 2025 10:52:25 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<category><![CDATA[Capitalismo Global]]></category>
		<category><![CDATA[Crisis Ecosocial]]></category>
		<category><![CDATA[Desigualdad]]></category>
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					<description><![CDATA[Las desigualdades, la precariedad, el ascensor social averiado, la falta de esperanza en el futuro por el aumento de las amenazas asociadas a las guerras o a la profundización de la crisis ecológica constituyen el sustrato en que arraiga una parte importante de nuestro miedo.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong><img fetchpriority="high" decoding="async" class="alignright size-thumbnail wp-image-164961" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2025/01/Portada-168-borde-64x80.jpg" alt="" width="300" height="423" /></strong></p>
<blockquote><p><em><strong>Vivimos tiempos inciertos marcados por cambios acelerados y transformaciones profundas. El fin del orden neoliberal ha abierto un escenario plagado de contradicciones que impregna de miedo e inseguridad a la sociedad. La capacidad de respuesta de la ciudadanía se encuentra lastrada por la desorientación y la impotencia y, particularmente, por la ausencia de una práctica cultural alternativa capaz de aliviar las tribulaciones y liberar la imaginación política. </strong></em></p></blockquote>
<p><strong>Santiago Álvarez Cantalapiedra</strong> escribe el texto introductorio «Por una cultura política alternativa» que abre <a href="https://www.fuhem.es/2025/01/27/papeles-168-condiciones-para-una-cultura-politica-alternativa/" target="_blank" rel="noopener">el número 168</a> de la revista <em><a href="https://www.fuhem.es/revista-papeles/" target="_blank" rel="noopener">P</a>apeles de relaciones ecosociales y cambio global, </em>texto que ofrecemos a continuación de forma libre y gratuita.</p>
<p>Dice el autor que el miedo es como una masa viscosa que se adhiere y expande por el cuerpo social y que resulta difícil desprenderse de ella cuando lo inunda todo. No es un pánico infundado. El malestar y el sufrimiento social lo alimentan.</p>
<p>Las desigualdades, la precariedad, el ascensor social averiado, la falta de esperanza en el futuro por el aumento de las amenazas asociadas a las guerras o a la profundización de la crisis ecológica constituyen el sustrato en que arraiga una parte importante de nuestro miedo. Se espera el golpe, aunque no se sepa muy bien por donde vendrá. Puede llegar de manera repentina en forma de pandemia, guerra, DANA, megaincendio asolador o simple desahucio, o de manera gradual y casi imperceptible al erosionar las bases de la prosperidad y convivencia democrática que dábamos por ciertas y bien asentadas.</p>
<p>Esta sensación difusa pero muy presente de incertidumbre e inseguridad, de estar a merced de no saber qué, da alas a los mercaderes del recelo. Quienes intercambian odio por miedo, aquellos que ofrecen sucedáneos de seguridad individualizada, logran mayor aceptación que la que consiguen las propuestas de las izquierdas, cuando estas últimas, sobre el papel, deberían de estar en condiciones de poder canalizar mejor el malestar y la indignación al haber defendido históricamente la necesidad de mecanismos de protección social.</p>
<p>¿Qué ha cambiado, en qué marco cultural nos movemos hoy, para que eso pueda ser así?</p>
<p>&nbsp;</p>
<h5><strong>El capitalismo ha cambiado</strong></h5>
<p>El creciente protagonismo económico y político de las grandes empresas tecnológicas y financieras está transformando el capitalismo contemporáneo y con ello también se está alterando la estructura social, así como los efectos de los discursos asociados a los cambios en esas estructuras.</p>
<p>Estos cambios representan una oportunidad perdida, otra más, para encarar las amenazas que se derivan de esa crisis ecosocial de amplio alcance (pues presenta vertientes tanto ecológicas como sociales y políticas) que atravesamos en la actualidad. Las contradicciones lejos de atenuarse se profundizan cada día que pasa. La primera, y más fundamental, es que la economía capitalista socava las condiciones sociales y naturales sobre las que está asentada.<sup>1</sup> No es un problema interno del capitalismo, es una contradicción entre la economía y la sociedad, por un lado, y entre la economía y la naturaleza, por otro. Es una crisis que emerge entre esferas o sistemas distintos con dinámicas de reproducción difícilmente compatibles y que conduce a que la continuidad de la existencia social (y de gran parte de la vida no humana) se encuentre amenazada por los imperativos económicos, que básicamente hoy son financieros y tecnológicos al basarse en el predominio de las rentas financieras y en el incremento de la capacidad de apropiación y transformación de la naturaleza. También existe una contradicción entre economía y política o, por ser más precisos, entre capitalismo y democracia, dado que la acumulación capitalista necesita de unos poderes públicos como condición de posibilidad y, sin embargo, ese impulso a la acumulación ilimitada conduce a la larga a desestabilizar y a generar desconfianza sobre esos mismos poderes públicos de los que depende.<sup>2</sup></p>
<p>Estos cambios y contradicciones afectan también a la estructura de una sociedad cada vez más fragmentada en la que se han asentado formas de subjetivación que promueven salidas individualistas justificadas en discursos −centrados en la “autorresponsabilidad”, la “eficiencia”, la “excelencia”, la “empresarialización” de uno mismo y la desconfianza en las instituciones− dictados por gurús del <em>management</em> y una amplia gama de multimillonarios tecnológicos,<sup>3</sup> al tiempo que se asiste con impavidez  al colapso de las bases comunitarias de la sociedad y al desmontaje político de los mecanismos de protección pública.</p>
<p>De este modo, el mayor logro del capitalismo contemporáneo ha sido hacernos creer que se trata simplemente de un sistema económico y no lo que realmente es: un modo de producción cultural que da lugar a un tipo de sujeto que ha declinado la obligación de hacerle frente. Así, en el día de hoy, cautivo y desarmado el sujeto antagonista, las tropas tecnológicas y financieras del capitalismo global han alcanzado sus últimos objetivos dando por terminada la guerra de clases y la posibilidad de cualquier alternativa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4><strong>La necesidad de una cultura política radical alternativa</strong></h4>
<p>Se hace difícil contar con una cultura política alternativa sin sujetos o agentes del cambio que la promuevan. Pensar lo primero conlleva tomar en consideración lo segundo y viceversa. Sin embargo, la cuestión crucial en el pensamiento político de quienes son los agentes de cambio que pueden alumbrar una alternativa está abierta desde hace tiempo, al menos desde el momento en que empezó a ser cuestionado el papel de partera de la historia que se había atribuido tradicionalmente a la clase obrera.</p>
<p>Manuel Sacristán dejó planteadas algunas consideraciones al respecto de los sujetos de la revolución ecológico-social hace más de cuarenta años. En este nuevo año en el que se celebra el centenario de su nacimiento, no está de más recordarlas.<sup>4</sup> Según Sacristán −pensando en el papel que podrían desempeñar los intelectuales en un sentido amplio (profesorado universitario, científicos y cuadros técnicos en sociedades cada vez más posindustriales)− parece poco probable que puedan perfilarse como agentes de cambio aquellos grupos que, además de minoritarios, son claros beneficiarios de la situación existente. Por tanto, habría que seguir pensando, como siempre se hizo, en términos de mayorías sociales que sufren algún tipo de explotación y dominación o sobre las que se ciernen amenazas inminentes ante las que ya no cabe compensación alguna.</p>
<p>Pero añade Sacristán una segunda consideración de mayor relevancia si cabe. Resulta improbable que pueda acontecer algún cambio social significativo sin el concurso de quienes aguantan la subsistencia de la sociedad. Y aquí hay que tener en cuenta que la inmensa mayoría de quienes desempeñan las actividades esenciales que aguantan la existencia social o bien las desarrollan fuera del mercado o, cuando desempeñan su trabajo bajo relaciones mercantiles, reciben la peor valoración y la menor remuneración, y en general se encuentran sometidas a condiciones de fuerte precarización y atravesadas por relaciones de dominación y explotación coloniales, de género y clase social.</p>
<p>Esta consideración nos obliga de nuevo a tener presente la principal contradicción que hemos enunciado al principio: la derivada de un capitalismo caníbal que devora las bases sociales y naturales de las que depende. Esa contradicción no anula ni desplaza otras contradicciones internas que desestabilizan al capitalismo con crisis recurrentes, pero exige ahora poner la atención tanto en sus componentes internos como, sobre todo y especialmente, en la interacción con las condiciones primordiales −externas al propio sistema económico− que posibilitan la reproducción de la existencia civilizada de una sociedad; asimismo, nos muestra que en esas fronteras entre el sistema económico y la esfera social reproductiva y los sistemas naturales es donde en mayor medida se están manifestando hoy los conflictos más apremiantes (por el derecho a una vivienda y un trabajo dignos, por la asistencia sociosanitaria, por una justicia alimentaria sostenible, por el reconocimiento de los derechos de las personas inmigrantes, las luchas feministas por la corresponsabilidad en los cuidados, las acciones ecologistas en favor de los comunes del agua, la calidad del aire, la tierra o la defensa de la biodiversidad). De lo que se desprende que no será alternativa aquella cultura política que no ponga en el centro la protección de las personas y el cuidado de la naturaleza no humana. Una idea de cuidado y protección que debe interpretarse en un sentido amplio y con gran alcance pues invoca actividades que se desarrollan en diferentes ámbitos o esferas bajo condiciones y relaciones muy diferentes. Significa también saber diferenciar el trabajo socialmente necesario de todas aquellas otras actividades que, por muy lucrativas que sean, no aportan ningún valor social o destruyen la naturaleza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h5><strong>Obstáculos y desafíos</strong></h5>
<p>No es fácil promover una cultura política alternativa de este tipo. Se enfrenta a importantes obstáculos materiales y culturales. Entre los primeros, la fuerte fragmentación y precarización que se vive en los ámbitos asalariados ocupados en las tareas más esenciales, la rígida división social, sexual e internacional del trabajo sobre la que se asienta nuestro modo de vida, las dificultades que se ponen a la integración como ciudadanos de pleno derecho a la población inmigrante y un largo etcétera. Entre los segundos, el escaso aprecio por lo público y lo común en beneficio de lo privado e individual, el distanciamiento y cosificación que imprime la mentalidad y el tipo de racionalidad que emana de la modernidad capitalista y la dificultad de plantear un modo nuevo de satisfacer las necesidades humanas más allá de la lógica extractivista y consumista que se desprende de la acumulación sin término que impone el capital.</p>
<p>Tal vez esta última sea la principal dificultad con la que nos encontramos. Plantear una crítica radical al actual modo de vida imperante y buscar alternativas de vida que no sean consumistas ni destructoras de la naturaleza es algo extraordinariamente difícil de alcanzar en el contexto sociocultural actual. En nada ayuda el actual despliegue de las tecnologías de la información en manos de magnates tecnológicos, un puñado de ricos que controlan medios de comunicación y redes sociales en connivencia con los poderes financieros de este planeta. Este creciente protagonismo económico y político de las grandes empresas tecnológicas y financieras está “desdemocratizando” las democracias liberales y generando una tormenta perfecta que arrasa la relación de la ciudadanía con la información y la verdad. Convendría no olvidar el papel decisivo que tuvieron en su día otros inventos tecnológicos a la hora de establecer nuevas formas de hacer política. Hitler fue quien usó por primera vez en sus mítines potentes sistemas de megafonía, convirtiéndolos en actos públicos de masas. Fue también, junto a Mussolini, el primero en aprovechar los nacientes avances de la aeronáutica para multiplicar los actos en los que participaba. Hoy, en un contexto de máxima incertidumbre y miedo, las redes sociales −convertidas en un actor político con agenda propia− siembran la sospecha e inundan con bulos y relatos alternativos cualquier espacio de conversación pública. La lógica de las plataformas digitales y redes sociales, centradas en la batalla de la atención, ha reducido la práctica política a un carrusel de guerras culturales al que todo el mundo quiere subirse, también quienes andan en busca de alternativas. Pero eso significa entrar en un terreno con las reglas marcadas y con escasas posibilidades de éxito.</p>
<p>Tal vez, en medio de esta atmósfera “infoxicada”, ensimismada en la última polémica divisiva y polarizadora, haya que buscar otros caminos y otras prácticas para construir una cultura política alternativa. Y como no se trata de descubrir mediterráneos, quizás convendría volver a dedicar más tiempo a las viejas maneras de socialización y formas de subjetivación política con las que el movimiento obrero y sindical, ecologista, feminista y pacifista consiguieron entrar en escena. La presencia, el acompañamiento, la autoorganización con las gentes que aguantan la subsistencia de la sociedad, escuchando y dando voz a quienes no la tienen: mujeres, personas inmigrantes, campesinos y población asalariada de los sectores de cuidados y protección social que viven en la mayor irrelevancia y precariedad vital.</p>
<p>Impulsar una cultura popular crítica necesita, para empezar, lograr entendernos mediante procesos elementales de alfabetización con la población procedente de lugares con otras lenguas y culturas y traducir los lenguajes con los que se expresan situaciones insoportables de opresión para evitar que sean jerga incomprensible para la mayoría. Abrir espacios de encuentro −ateneos, asociaciones, casas del pueblo, parroquias, organizaciones sindicales, centros de cultura popular− que permitan superar los particularismos y las identidades cerradas, desde los que se forje y difunda una cultura de solidaridad y unos valores distintos a los propios de la ideología capitalista. Espacios preocupados tanto de la transformación personal como de la creación de experiencias de vida comunitaria alternativa que no obvien la importancia de la dimensión política. Escuelas cotidianas que nos preparen a encajar los golpes y ayuden a comprender las enseñanzas que deberíamos haber sacado de experiencias como la COVID o la DANA: tal vez, la principal de todas, que no es conveniente volver a la normalidad, que es mejor comenzar de nuevo. Sin estos espacios, sin esos vínculos, atomizados y a la intemperie por muy conectados que estemos, es fácil sentirse desamparados y vulnerables frente a las amenazas y el miedo que nos atenazan.</p>
<p>Es posible que también ayude en esa tarea de construcción de alternativas rebajar el tono de prédica categórica con la que a menudo se trata de convencer a los demás, evitando la ingenuidad de que es suficiente con la constatación científica de unos hechos para suscitar voluntades y promover la acción colectiva. La verdad científica debe dar realismo a lo que se propone, pero la repolitización de los conflictos se consigue con actitudes y gestos de coherencia ética en la práctica política que muestran que la mejor forma de decir es el hacer.</p>
<p><strong>Santiago Álvarez Cantalapiedra</strong>, director del <a href="https://www.fuhem.es/ecosocial/" target="_blank" rel="noopener">Área Ecosocial de FUHEM</a> y de la revista <a href="https://www.fuhem.es/revista-papeles/" target="_blank" rel="noopener"><em>Papeles de relaciones ecosociales y cambio global</em></a>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Descarga el artículo completo en formato pdf: <a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/por-una-cultura-politica-alternativa/" target="_blank" rel="noopener"><em>Por una cultura política alternativa</em></a></p>
<h5><strong>NOTAS</strong></h5>
<p><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Nancy Fraser, <em>Capitalismo caníbal</em>, Siglo XXI editores, Madrid, 2023.</p>
<p><a href="#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a> Nancy Fraser, «La crisis de la democracia. Sobre las contradicciones políticas del capitalismo financiero más allá del politicismo», en Hanna Ketterer y Karina Becker (eds.): <em>¿Qué falla en la democracia? Un debate entre Klaus Dörre, Nancy Fraser, Stephan Lessenich y Hartmut Rosa</em>, Herder, Barcelona, 2023, pp. 67-93 (también en el capítulo 5 de <em>Capitalismo caníbal</em> de esta misma autora).</p>
<p><a href="#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a> Véase en este mismo número el artículo de Luis Enrique Alonso y Carlos Jesús Fernández Rodríguez, «La empresarialización de la vida y la crisis de lo social», pp. 19-40.</p>
<p><a href="#_ftnref4" name="_ftn4">[4]</a> Véase: «Una conversación con Wolfgang Harich y Manuel Sacristán», publicada en el año 1979 en la revista <em>Mientras Tanto</em>, nº 8, pp. 33-55 y recopilada en el libro de Salvador López Arnal y Pere de la Fuente: <em>Acerca de Manuel Sacristán</em>, Ediciones Destino, Barcelona, 1996, pp. 131-152.</p>
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		<title>Lectura Recomendada: Economía Política Feminista</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 17 Mar 2022 09:40:49 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Lecturas recomendadas]]></category>
		<category><![CDATA[Capitalismo Global]]></category>
		<category><![CDATA[Ecofeminismo]]></category>
		<category><![CDATA[Economía Feminista]]></category>
		<category><![CDATA[Sostenibilidad de la vida]]></category>
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					<description><![CDATA[Crítica y alternativa a análisis de economía convencional, heteropatriarcal y racista que pone en jaque la sostenibilidad de la vida y causa y agrava el conflicto capital-vida.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong data-wp-editing="1"><img decoding="async" class="alignright wp-image-137397 size-thumbnail" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/02/Economia-politica-feminista-300x451.jpg" alt="" width="300" height="451" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/02/Economia-politica-feminista-300x451.jpg 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/02/Economia-politica-feminista-450x677.jpg 450w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/02/Economia-politica-feminista-768x1155.jpg 768w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/02/Economia-politica-feminista-600x903.jpg 600w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/02/Economia-politica-feminista-64x96.jpg 64w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/02/Economia-politica-feminista.jpg 997w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" />Astrid Agenjo Calderón</strong>, <em>Economía Política Feminista. Sostenibilidad de la vida y economía mundial</em>, FUHEM/Catarata, Madrid, 2021, 333 págs.</p>
<p>Reseña elaborada por <strong>Oriol Navarro</strong> e <strong>Irene Gómez Olano</strong> para la sección de <strong>LECTURAS</strong> del <a href="https://www.fuhem.es/2022/02/01/papeles-156-crisis-energetica-y-de-materiales/" target="_blank" rel="noopener">número 156</a> de la revista <a href="https://www.fuhem.es/revista-papeles/" target="_blank" rel="noopener"><em>Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global</em></a>.</p>
<p>La economista extremeña <strong>Astrid Agenjo</strong> (Garbayuela, 1985) nos presenta su propuesta de economía política feminista en su libro homónimo, donde realiza una labor teórica de caracterización de la disciplina a la par que no pierde vinculación con problemas políticos del presente. Según expone en el prólogo <strong>Lina Gálvez</strong>, directora de la tesis doctoral de la que procede esta obra, la investigación para escribir <em>Economía política feminista</em> ha sido una de <em>fuego lento</em>, acorde al tipo de vida que ecológicamente necesitamos y lejos de la velocidad y los ritmos actuales.</p>
<p>La reescritura de la tesis doctoral para transformarla en este valioso libro se vio marcada por la irrupción de la COVID-19, síntoma del capitalismo depredador de la naturaleza y de nuestras sociedades que ha explicitado la nefasta gestión de la salud y la vida por parte del sistema. Mediante la disección de los mecanismos del sistema económico global, la profesora de la Universidad de León articula una crítica contundente cuya idea fuerza es el conflicto entre capital y vida; conflicto que se ha hecho todavía más patente con la actual pandemia.</p>
<p>La vinculación de esta obra con la tesis doctoral de Agenjo se ve claramente reflejada en su longitud, su registro, el análisis sistemático (con detenimiento en la cuestión conceptual) y la ingente cantidad de referencias que contiene, resultando en treinta densas páginas de bibliografía.</p>
<p>Eso no supone un sacrificio para una bien conseguida claridad de exposición que a veces se ve acompañada por útiles e ilustrativos esquemas, aunque quizás ocasionalmente el ritmo se resiente un poco.</p>
<blockquote><p>En cierta manera, el libro podría entenderse como un accesible manual o compendio de economía feminista, ya que recoge las críticas y propuestas de una gran cantidad de autoras que han desarrollado esta disciplina y también otras propias de la heterodoxia económica (economía institucional, economía ecológica, economía marxista, economía poskeynesiana…), que engloba el pensamiento periférico crítico con la ciencia y práctica económica ortodoxa.</p></blockquote>
<p>Por ello, la obra encaja muy bien en la colección de <strong><a href="https://www.fuhem.es/coleccion-economia-inclusiva/" target="_blank" rel="noopener">Economía Inclusiva</a></strong> donde se inserta como volumen 2, habiéndola precedido <em><a href="https://www.fuhem.es/fundamentos-para-una-economia-ecologica-y-social/" target="_blank" rel="noopener">Fundamentos para una economía ecológica y social</a> </em>de <strong>Clive L. Spash</strong>, otro texto de gran interés.</p>
<p><strong>Agenjo</strong> titula el libro con el nombre de una subcorriente, la <strong><em>Economía</em> <em>Política</em> Feminista (EPF)</strong>, cuyo punto de partida es una economía feminista de ruptura, ya que introduce quiebres epistemológicos y metodológicos de fondo ante una teoría económica ortodoxa cuyo desarrollo e incluso posiciones de partida son androcéntricas. La EPF, expone <strong>Agenjo</strong>, se fundamenta en tres pilares:</p>
<ol>
<li>El postestructuralismo, en forma de epistemologías feministas postmodernas y postcoloniales, que trabajan centralmente con las categorías de género e interseccionalidad.</li>
<li>Las corrientes de la economía heterodoxa enfocadas en las condiciones de vida.</li>
<li>El pensamiento militante y académico de los feminismos marxista, radical y ecofeminista que se caracterizan por criticar al sistema en su conjunto.</li>
</ol>
<p>En este contexto, la <strong>EPF</strong> tendría la ventaja sobre otros enfoques de género sobre la economía de ser abiertamente antineoliberal. Al haber situado la economía convencional al varón blanco y heterosexual como único objeto de estudio posible, elevándolo a la categoría de sujeto universal, el trabajo de la <strong>EPF</strong> pasa por reconstruir el sujeto político a través de las experiencias que tradicionalmente han quedado relegadas a la periferia de la ciencia.</p>
<blockquote><p>El objetivo general del libro, según señala la autora, es el de ofrecer una herramienta teórica para el análisis de nuestro presente a la par que ir al origen de la explotación y la opresión que pretenden evitarse.</p></blockquote>
<p>Para ello, en la primera de las dos partes en que se estructura la obra se introducen, aclaran y estudian los conceptos y corrientes de pensamiento que se tratarán con detenimiento después. Se trata de la parte más teórica, donde se analizan las problemáticas que subyacen a la teoría económica neoclásica, que entre otras cosas es incapaz de explicar, prever y gestionar las crisis del capitalismo. En la segunda, se analizan las dimensiones prácticas de lo expuesto en la primera parte desde la perspectiva de la economía mundial, estudiando cómo todo ello afecta a aspectos concretos como el medio ambiente y el quizá inminente colapso ecosocial, los cambios tecnológicos, la globalización económica y política, la financiarización, la economía del cuidado global o las migraciones.</p>
<p>En la primera parte, la más analítica, se estudian las problemáticas que se derivan del patriarcado y el racismo como condiciones necesarias para que se dé el capitalismo. Se trata de opresiones que generan trabajo a bajo o nulo coste, pero imprescindible para la vida, siendo esta una de las formas en las que <em>el capital parasita lo social</em>. La insaciable búsqueda de beneficios que desprecia los costes humanos y ecosistémicos provoca una tensión entre la lógica del capital y la lógica de la vida, causando el <em>conflicto capital-vida</em>. La respuesta teórica de la <strong>EPF</strong> es trascender la dicotomía androcéntrica de lo económico y lo no económico poniendo como foco y centralidad el bienestar y el cuidado y sostenibilidad de la vida, haciendo visible el trabajo (doméstico) que la permite y valorando las dimensiones inmateriales, afectivas y relacionales.</p>
<blockquote><p>La insaciable búsqueda de beneficios que desprecia los costes humanos y ecosistémicos provoca una tensión entre la lógica del capital y la lógica de la vida, causando el <em>conflicto capital-vida</em>.</p></blockquote>
<p>Además, en esta primera parte la autora caracteriza la situación presente como atravesada por la economización de lo humano. El neoliberalismo ha introducido lógicas de mercado en las relaciones humanas, cada vez más de forma reaccionaria. Así, el auge de fuerzas de ultraderecha es el resultado de la necesidad de imponer lo que antaño el sistema podía conseguir seduciendo a la población: de ahí que llegue a hablarse del carácter fascista del neoliberalismo. Como resultado de este giro reaccionario, se ha dado una desdemocratización global, donde los gobiernos son súbditos de la deuda bancaria y donde los medios de comunicación de masas ejercen como actor desinformante, lo cual estimula la generación de prejuicios en lugar del debate democrático. Esto, unido a que el fetichismo electoral equipara la democracia a las votaciones de poderes públicos, genera un escenario donde el capitalismo no solo es incompatible con la vida y su encaje en la ecosfera sino también con la democracia, pese a venderse como el sistema económico más democrático de todos.</p>
<p>Si sumamos esto a la crisis económica y sanitaria del último año, nos encontramos ante la imposibilidad de sostener que vivimos en un sistema justo. Y es particularmente injusto para las mujeres que, desde la crisis de 2008, son las mayores afectadas. Fueron ellas quienes absorbieron la mayor parte del coste de las medidas de ajuste económico impuestas a partir de 2008 y han sido ellas quienes, ocupando los puestos de trabajo más feminizados durante la pandemia, se han visto en mayor medida expuestas al contagio y la precarización de sus condiciones de trabajo.</p>
<p>En la segunda parte, tras sus aproximaciones a la economía mundial existente, <strong>Agenjo</strong> añade algunas reflexiones finales sobre los horizontes y estrategias posibles. La pandemia de la COVID-19 ha supuesto un momento de crisis sistémica, que abre la puerta a posibles cambios profundos del sistema. Estos cambios, expone la autora, han de partir de un enfoque sistémico de la sostenibilidad de la vida, para el que plantea un esquema multinivel. En el plano más general estarían las relaciones intersistémicas entre el sistema económico, el social y los ecosistemas, que permiten la vida. A nivel intermedio estarían las relaciones entre esferas de actividad (mercado, estado, hogares y relaciones comunitarias) y al nivel más concreto se hallan las relaciones de poder entre sujetos. <strong>Agenjo</strong> aboga por un feminismo del 99% que no solamente rompa con el sistema sino que también lo haga desde una perspectiva inclusiva con las diferentes subjetividades que lo forman.</p>
<p>Con estas bases explicitadas, la autora presenta diferentes propuestas: la economía del estado estacionario de Daly, la vía decrecentista e incluso una recampesinización feminista. Ahora bien, cuando la autora presenta estas propuestas de cambio social echamos en falta una valoración crítica de las posibilidades estratégicas de las mismas. Una propuesta de cambio radical del sistema no solamente debería contemplar el tipo de sociedad al que queremos llegar, sino también debería ser realista en cuanto a los pasos intermedios que tenemos dar para conseguirlo.</p>
<p>Como defiende el sociólogo estadounidense <strong>Erik Olin Wright</strong> en su obra <em>Construyendo utopías reales</em>, toda propuesta en este sentido debería superar tres peldaños: el de la deseabilidad, el de la viabilidad y el de la factibilidad. Al no valorar seriamente la factibilidad de ninguna de las propuestas, la autora nos las presenta desde una especie de neutralidad valorativa que trata como igualmente válidas opciones que tendrían tácticas de implementación radicalmente distintas. Por otra parte, cuando presenta las alternativas al feminismo del 99% equipara unas con otras como si no hubiera diferencias entre ellas. Así, en algunos momentos asimila el feminismo radical y el marxista, cuando en realidad no solo parten de posturas teóricas diferentes, sino que en la práctica apuestan por vías de la intervención sobre la realidad enfrentadas.</p>
<p>Pese a estos reparos críticos, el texto de <strong>Agenjo</strong> nos parece una brillante introducción a diversas corrientes del feminismo desde las que construir una economía política feminista que se proponga transformar radicalmente el presente. Consigue expresar de forma clara ideas complejas y realiza una panorámica muy completa. Tiene cierto aire de manual, con lo positivo que ello entraña: es un lugar perfecto al que ir a buscar referencias variadas tratadas con gran rigor. Sin duda es un gran trabajo del que beberán otras muchas propuestas que tengan por objetivo encararse con la profunda transformación económica, política y vivencial que necesitamos.</p>
<p><strong>Oriol Navarro</strong></p>
<p>Afiliado a la Universidad Autónoma de Madrid y ha recibido la «Ayuda para el fomento de la investigación en estudios de máster-UAM 2020».</p>
<p><strong>Irene Gómez-Olano</strong></p>
<p>Estudiante del Máster de Crítica y Argumentación Filosófica, Universidad Autónoma de Madrid</p>
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		<title>Lectura Recomendada: Capitalismo, nada más</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 14 Sep 2021 08:38:31 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Lecturas recomendadas]]></category>
		<category><![CDATA[Capitalismo Global]]></category>
		<category><![CDATA[Desigualdad]]></category>
		<category><![CDATA[Globalización]]></category>
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					<description><![CDATA[En la actualidad el capitalismo está presente en todo el mundo. No es que sea el sistema económico dominante, sino que es el único sistema económico.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><img decoding="async" class="alignright size-thumbnail wp-image-139998" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/09/capitalismo-nada-mas-300x481.jpg" alt="" width="300" height="481" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/09/capitalismo-nada-mas-300x481.jpg 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/09/capitalismo-nada-mas-64x103.jpg 64w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/09/capitalismo-nada-mas.jpg 374w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" />Esta reseña realizada por <strong>Alejandro Castañeda Hernández</strong> pertenece a la sección <strong>LECTURAS</strong> del <a href="https://www.fuhem.es/2021/05/06/papeles-153-la-escuela-educacion-publica-titularidad-y-conciertos/" target="_blank" rel="noopener">número 153</a> de la revista <a href="https://www.fuhem.es/revista-papeles/" target="_blank" rel="noopener"><em>Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global </em></a>de FUHEM Ecosocial.</p>
<p><em>Capitalismo, nada más. El futuro del sistema que domina el mundo. </em></p>
<p><strong>Branko Milanovic</strong></p>
<p>Taurus, Barcelona, 2020, <em>338 pá</em><em>gs</em><em>.</em></p>
<blockquote><p><strong>En la actualidad el capitalismo está presente en todo el mundo. No es que sea el sistema económico dominante, sino que es el <em>ú</em><em>nico</em> sistema económico. </strong></p></blockquote>
<p>A lo largo de cinco capítulos y tres apéndices (que detallan algunas cuestiones tratadas en los capítulos), Branko Milanovic, uno de los más destacados investigadores mundiales sobre desigualdad, explica en su último libro las razones por las que el capitalismo ha triunfado en todo el mundo y las posibilidades que se abren de conseguir un capitalismo más justo en el futuro en un momento en el que compiten dos modelos distintos de capitalismo: el capitalismo meritocrático liberal (representado por EEUU) y el capitalismo político (representado por China).</p>
<p>El primer capítulo sirve como introducción al tema: nunca, en ningún otro periodo histórico, el capitalismo había estado tan presente en todo el mundo, a la vez que no parece existir una alternativa realista a dicho sistema en el corto plazo. Milanovic explica brevemente los dos tipos de capitalismo que dominan actualmente e introduce lo que considera, siguiendo sus palabras, «el meollo del libro» (p. 20): la competencia entre el capitalismo meritocrático liberal y el capitalismo político. El autor aborda a lo largo del libro los rasgos principales de ambos, con el fin de determinar el atractivo de cada uno y las posibilidades de que uno acabe dominando sobre el otro.</p>
<p>El análisis detallado de cada tipo de capitalismo se hace en los capítulos dos y tres (capitalismo meritocrático liberal y capitalismo político, respectivamente). El autor centra su análisis, y lo remarca de manera explícita, en la esfera de la distribución y no de la producción.  Ambos capítulos son de gran utilidad, no exenta de originalidad en algunas de sus afirmaciones, para entender cómo funcionan los dos tipos de capitalismo y cómo se ha llegado a su existencia.</p>
<p>El capitalismo meritocrático liberal sería la continuación en Occidente del capitalismo clásico (presente hasta la Primera Guerra Mundial) y del capitalismo socialdemócrata (desde la Segunda Guerra Mundial hasta los años ochenta). Milanovic hace un recorrido por esas etapas, comparando distintas formas de desigualdad (la distribución funcional de la renta, la concentración del capital, la homogamia, la movilidad social o la <em>homoploutia </em><em>—</em>término que se explicará más adelante—, entre otros) entre estas formas de capitalismo en Occidente, llegando a la conclusión de que es cada vez más difícil luchar contra la desigualdad creciente.</p>
<p>En el tercer capítulo, tal vez el más estimulante de leer y cuya temática podría dar para un libro en sí mismo, analiza el lugar del comunismo en la historia y los rasgos principales del capitalismo político, así como la posibilidad de que este tipo de capitalismo se expanda a otros países, como ha hecho el capitalismo liberal desde EEUU. Para Milanovic, el principal atractivo del capitalismo político es el éxito económico, el cual se traduce en elevadas tasas de crecimiento, como las cosechadas por China en las últimas décadas. No analiza la China actual en contraposición con EEUU como si de una nueva guerra fría se tratara, sino que su objetivo es analizar el ascenso de la economía china y su transformación en una economía capitalista; de hecho, menciona hasta otros diez países que tienen un capitalismo político, pero China es el más importante de todos ellos con diferencia.</p>
<p>En el capítulo cuatro Milanovic trata la globalización y su interconexión con el capitalismo a través del análisis de la movilidad del trabajo y del capital, del Estado del Bienestar y de la corrupción. Milanovic nos dice lo siguiente respecto a por qué la movilidad del capital es casi ilimitada mientras que la del trabajo tiene muchas más trabas: «El capital, según esta tesis, puede entrar en las distintas sociedades sin provocarles cambios espectaculares, mientras que el trabajo no» (p. 172).</p>
<p>Es verdad que parece existir un mayor rechazo de la población a la inmigración del que existe para el capital extranjero. Puede que sea porque, como apunta la frase entrecomillada, se perciba que el capital no causa “cambios espectaculares”, como sí puede causar el trabajo.</p>
<blockquote><p><strong>«El capital puede entrar en las distintas sociedades sin provocarles cambios espectaculares, mientras que el trabajo no» </strong></p></blockquote>
<p>En este sentido, lo que parece ocurrir (y Milanovic lo apunta, aunque con palabras diferentes), es que el factor capital es “menos visible” que el factor trabajo, es decir, el trabajador necesita estar presente en el lugar de trabajo (aunque cada vez menos), mientras que la actuación del capital “no se ve” a pesar de que pueda causar daños mayores. Es controvertido su acercamiento al tema de la migración, puesto que, como él mismo señala, su planteamiento de una relación negativa entre el número de inmigrantes y los derechos que se les conceden puede crear subclases dentro de un país, como ya ocurre en algunos países, como EEUU o Reino Unido.</p>
<p>Finalmente, el capítulo quinto hace referencia al propio futuro del capitalismo, abordando los problemas que acarrea dicho sistema y también sus virtudes (por algo habrá triunfado en todo el mundo). El autor contrapone los dos tipos de capitalismo explicados anteriormente, comparando las ventajas de uno y otro y hace un repaso de los posibles escenarios existentes. Aquí encontramos a un Milanovic pesimista, ya que no parece existir un final visible al capitalismo («<em>There is no alternative</em>»).</p>
<p>Entre los puntos fuertes del libro está la originalidad de algunos de los planteamientos que hace Milanovic, aunque a su vez puede que sean controvertidos, como el análisis que hace sobre la posición del comunismo en la historia, criticando tanto a la teoría marxista como a la liberal y argumentando que el papel del comunismo en la historia ha sido, precisamente, permitir avanzar hacia el capitalismo para las economías menos desarrolladas. Destaco también un concepto que me ha gustado especialmente: la <em>homoploutia</em>. Indicador que nos muestra el porcentaje de personas que están, a la vez, en el 10 % más alto de ingresos de capital y en el 10 % más alto de ingresos salariales. Este indicador se ha incrementado en los últimos años, mostrando así la complejidad creciente de las sociedades capitalistas, donde cada vez se hace más difícil diferenciar entre capitalistas y cuadros gerenciales y técnicos asalariados.</p>
<p>Sin embargo, para ser un libro que trata sobre el futuro del capitalismo global se echa en falta un análisis sobre el cambio climático y los límites físicos y biológicos existentes. Solo una vez hace referencia a este tema, al final del libro, si bien es justamente para criticar la idea de que los recursos son limitados, argumentando que simplemente no sabemos qué nuevas materias primas podremos usar para sustituir al petróleo o los nuevos usos que tendrán otros recursos. Por otro lado, también hay algunas afirmaciones con las que no todo el mundo estará de acuerdo. Un ejemplo de ello puede ser el punto de vista que tiene Milanovic sobre la corrupción, ya que parece suponer que existe un cierto apego de la población a la corrupción y que no tiene por qué ser especialmente mala en sí misma desde el punto de vista económico si se la tratara como una renta más.</p>
<p>Se trata de un libro no muy extenso, pero con una gran cantidad de anotaciones y de evidencia empírica que sustentan cada afirmación que hace el autor. Es claro en sus explicaciones y analiza perfectamente los dos tipos de capitalismo existentes, destacando las principales virtudes de cada uno, así como los problemas que hacen que se tambaleen: la creciente desigualdad en el caso del capitalismo meritocrático liberal y la corrupción endémica del capitalismo político. También llega a proponer medidas de política económica para reducir la desigualdad en Occidente, como políticas fiscales para incentivar que la clase trabajadora posea acciones o incentivos para que participen en mayor medida en el accionariado de las empresas, así como mayores impuestos de sucesiones o de patrimonio, con el objetivo de «nivelar el acceso al capital» (p. 65) de los adultos jóvenes. Si bien, cabe tener en consideración los efectos que estas medidas puedan tener sobre la ya financiarizada economía actual, son interesantes las medidas que plantea y merecen al menos una reflexión por nuestra parte.</p>
<p>En definitiva, este libro disecciona el funcionamiento del sistema capitalista de manera original, con matices (a pesar de que “divida el mundo en dos”) y en ocasiones de forma un poco provocativa, pero ofreciendo siempre una rica panorámica tanto para aquellas personas que defiendan con uñas y dientes el sistema capitalista como para aquellas que deseen acabar con él.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Alejandro Castañeda Hern</strong><strong>ández</strong></p>
<p>Master de Economía Internacional y Desarrollo (UCM)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong> </strong></p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Pandemia, crisis ecosocial y capitalismo global</title>
		<link>https://www.fuhem.es/2021/07/02/pandemia-crisis-ecosocial-y-capitalismo-global/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 02 Jul 2021 07:42:12 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Análisis]]></category>
		<category><![CDATA[Capitalismo Global]]></category>
		<category><![CDATA[covid-19]]></category>
		<category><![CDATA[Crisis Ecosocial]]></category>
		<category><![CDATA[destacadasecosocial]]></category>
		<category><![CDATA[Optimismo Tecnológico]]></category>
		<category><![CDATA[pandemia]]></category>
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					<description><![CDATA[INTRODUCCIÓN del número 154 de la revista Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global escrito por Santiago Álvarez Cantalapiedra, director de la revista. ]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><img decoding="async" class="alignright size-thumbnail wp-image-139232" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/07/154-300x425.jpg" alt="" width="300" height="425" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/07/154-300x425.jpg 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/07/154-450x637.jpg 450w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/07/154-1200x1699.jpg 1200w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/07/154-768x1088.jpg 768w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/07/154-1085x1536.jpg 1085w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/07/154-1446x2048.jpg 1446w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/07/154-600x850.jpg 600w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/07/154-64x91.jpg 64w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/07/154-scaled.jpg 1808w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /><em>Pandemia, crisis ecosocial y capitalismo global</em>, escrito por <strong>Santiago Álvarez Cantalapiedra</strong> es el título de la <strong>INTRODUCCIÓN</strong> del número 154 de la revista <em>Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global</em>,</p>
<p>Las epidemias no son fenómenos naturales. Hay que verlas, más bien, como fenómenos sociohistóricos de aparición relativamente reciente. Las primeras epidemias humanas surgieron en el contexto de la revolución neolítica. La expansión de la agricultura y la ganadería transformaron profundamente nuestra relación con el medio. La destrucción y transformación de los hábitats para ampliar las tierras de cultivo y la domesticación de animales para usarlos como alimento o como bestias de carga es lo que permitió que las vacas nos trasmitieran el sarampión y la tuberculosis, los cerdos la tosferina o los patos la gripe. Las primeras sociedades urbanas, el desarrollo del comercio, la esclavitud y las guerras entre imperios crearon las condiciones para que las primeras enfermedades infecciosas se convirtieran en epidemias. Las transformaciones en las formas de relacionarnos con la naturaleza asociadas a los cambios en nuestros modos de vida crearon las condiciones para la propagación de las infecciones, incluyendo la posibilidad de la zoonosis, esto es, el contagio de enfermedades de animales a humanos.</p>
<p>Asociamos al medioevo con la peste bubónica. La <em>peste negra</em>, la gran epidemia que afectó a Eurasia a mediados del siglo XIV, ha sido la pandemia más devastadora de la historia de la humanidad, provocando la muerte de entre el 30 y el 60% de la población europea. Introducida por marinos, penetró en Europa desde Asia a través de las rutas comerciales que recababan en puertos como el de Mesina. Las condiciones sociales y demográﬁcas en las ciudades y pueblos medievales hicieron el resto. A falta de una explicación convincente de las causas del ﬂagelo, la ignorancia de la época sirvió para propagar otra de las pandemias recurrentes en la historia humana: la necesidad de buscar un chivo expiatorio a los males propios; en esa ocasión, fueron los judíos a quienes se acusó de envenenar los pozos que abastecían de agua a las poblaciones, reanudándose así los pogromos ya iniciados con la Primera Cruzada en el siglo XI.</p>
<p>La expansión colonial de los imperios europeos provocó oleadas pandémicas de nuevas enfermedades que asolaron el orbe. La viruela, con la inestimable ayuda de las encomiendas, acabó con parte de la población indígena del Nuevo Mundo. En el Congo, un lentivirus portado por los macacos se propagó a la misma rapidez con la que los colonos belgas se apresuraron a saquear los recursos naturales del aquel vasto territorio considerado la ﬁnca particular de Leopoldo II. El lentivirus del macaco continuaría su propio desarrollo histórico hasta convertirse en el virus de la inmunodeﬁciencia humana (VIH) asociado al SIDA. En Bengala, el imperio británico se propuso transformar en arrozales el inmenso humedal de Sundarbans, el manglar más importante del mundo situado en el delta donde conﬂuyen los ríos Ganges, Brahmaputra y Meghna. La proliferación de enfermedades infecciosas se interpuso en los planes de la administración colonial. La historia en este punto sería tan prolija como las atrocidades cometidas en la era colonial.</p>
<p>Con la revolución industrial, el cólera, la síﬁlis y la tuberculosis provocarán las grandes pandemias de esa época. Son enfermedades estrechamente relaciona- das con las condiciones de vida de la población, por lo que la proliferación de barriadas donde se hacinaba a la clase trabajadora en condiciones miserables e insalubres creó el caldo de cultivo para su desarrollo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4>COVID-19: la pandemia de la era del capitalismo global</h4>
<p>Cada pandemia es hija de su época. La del COVID-19, la primera gran pandemia global <em>stricto sensu</em>, ha sido posible gracias a la combinación de dos hechos estrechamente relacionados: 1) la presión que ejercemos los seres humanos sobre el conjunto de los ecosistemas y 2) la globalización. Aunque habitualmente se ha contemplado esta pandemia en términos exclusivamente sanitarios, tiene como trasfondo la crisis ecosocial provocada por el capitalismo global.</p>
<p>La presión humana sobre los ecosistemas está erosionando la biodiversidad y los equilibrios protectores que aquellos ofrecen frente a elementos patógenos. La comunidad cientíﬁca no se cansa de subrayar los riesgos que supone la pérdida de biodiversidad en la propagación de las enfermedades infecciosas. Los virus se constituyen verdaderos espacios de amortiguación frente a la virulencia de los patógenos. Ahora que se vuelve a hablar del virus del Nilo, los expertos señalan que las áreas con mayor diversidad de aves muestran tasas más bajas de infección porque los mosquitos –que sirven de vector de infección– disponen en ese caso de menores probabilidades para encontrar el huésped adecuado. Una saludable cobertura vegetal que albergue una amplia variedad de especies animales protege a los seres humanos de la transmisión de enfermedades a través de los mosquitos porque estos se diluyen en el entorno. Se ha establecido que existe una relación entre el advenimiento de epidemias y la deforestación. Los estudios realizados en torno al ébola muestran que este virus, cuyo origen ha sido localizado en varias especies de murciélago, aparece en las zonas de África Central y Occidental más afectadas por la deforestación. La tala de los bosques provoca que las especies de murciélagos que habitaban en ellos tengan que posarse ahora en los árboles de los hábitats ocupados por humanos, aumentando la probabilidad de interacción y transmisión.</p>
<p>Sin embargo, las zonas de amortiguación ecológica están siendo erosionadas a una velocidad sin precedentes. La intensísima intervención humana sobre la Tierra está simpliﬁcando la naturaleza. La apropiación humana de la biomasa terrestre y la destrucción de la integralidad de los ecosistemas que ello conlleva no encuentran parangón en la historia. Una muestra de ello es que, del total de la biomasa de vertebrados terrestres, la mayoría es ganado (59%) o seres humanos (36%), y solo alrededor del 5% está compuesta por animales silvestres (otros mamíferos, aves, reptiles y anﬁbios).<sup>1</sup> La destrucción y simpliﬁcación de la naturaleza nos hace más vulnerables ante organismos patógenos que en sus ecosistemas naturales mantenían un equilibrio que ahora se rompe al entrar en contacto con el nuestro. El segundo factor que interviene en las pandemias contemporáneas es la globalización, que además de impulsar la destrucción de la naturaleza al incrementar la explotación de los recursos naturales y extender el modelo de ganadería industrial de alta intensidad, facilita la propagación de los brotes infecciosos gracias al desarrollo vertiginoso de unos sistemas de transporte que mueven ingentes cantidades de personas y mercancías por todo el planeta. La globalización ha hecho del mundo una aldea global donde todos sus rincones son accesibles en poco tiempo. Así pues, en el trasfondo de esta pandemia se encuentran las consecuencias de los comportamientos del <em>sapiens </em>contemporáneo. La alteración de los hábitats y la pérdida de biodiversidad en los ecosistemas que provoca el capitalismo mundial <em>derrumban las barreras </em>que podrían amortiguar la expansión de los patógenos, al mismo tiempo que los estilos de vida globalizados <em>tienden puentes </em>cada vez más efectivos para su propagación.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4>Del optimismo tecnológico a las pandemias recurrentes</h4>
<p>El higienismo y el descubrimiento de vacunas y antibióticos consiguieron atenuar en gran medida el alcance y los efectos de las epidemias a lo largo del siglo XX. Los éxitos cosechados con estas tecnologías terapéuticas han sido tan relevantes que su generalización propició que las enfermedades infecciosas dejaran de ser una de las principales causas de mortalidad en el mundo. Hace apenas un cuarto de siglo la muerte por enfermedades infecciosas representaba aún el 33% de los fallecimientos; hoy apenas alcanza el 19% del total.<sup>2</sup> La rapidez y eﬁcacia con que se han desarrollado y producido las vacunas contra el COVID ha sorprendido y provocado la admiración de casi todo el mundo.</p>
<p>Sin embargo, aunque en la actualidad las principales causas de muerte sean las enfermedades cardiovasculares y los cánceres (enfermedades asociadas en alto grado a los hábitos y a los estilos de vida urbanos), el optimismo tecnológico no debería hacernos olvidar que es imposible pretender acabar con todos los virus que provocan las infecciones, fundamentalmente porque forman parte de la trama de la vida, con sus interacciones y equilibrios naturales. Su desaparición completa equivaldría a la desaparición de la propia vida, entendida como la trama en la que se desarrolla la existencia concreta de cualquier individuo. De ahí que las enfermedades nunca sean aconteceres aislados al margen del sistema social y ecológico del que forman parte, como tampoco la salud está al margen de sus determinantes económicos y socioambientales.</p>
<p>Los avances terapéuticos pueden sumergirnos en un ilusionismo tecnológico que nos impida atender a las causas (los modos de vida) al concentrar la atención sobre los efectos (las enfermedades). La enorme superﬁcie de naturaleza desriesgo de enfermedades infecciosas. Las zoonosis y las enfermedades por coronavirus se sucederán con más frecuencia si no preservamos los ecosistemas naturales. Un estudio de la Universidad de Brown ha estimado que entre la década de los ochenta del siglo pasado y la primera del nuevo siglo el número de brotes epidémicos de enfermedades infecciosas se ha multiplicado por tres.<sup>3</sup> La pandemia del COVID-19 parece estar conﬁrmando algo que venía observando con preocupación la comunidad cientíﬁca desde hace tiempo: desde la segunda mitad del siglo XX, coincidiendo con la gran aceleración de la actividad económica y sus correspondientes impactos sobre la naturaleza, han aparecido muchos microbios patógenos en regiones en las que nunca habían sido advertidos. Es el caso del VIH, del ébola en el oeste de África o del zika en el continente americano, sin olvidar el SARS que apareció en 2002 en el sudeste asiático y las más recientes gripes porcinas (H1N1) y aviar (H5N1). Muchos de esos virus (en torno al 60%) son de origen animal, algunos provenientes de animales domésticos o de ganado, pero en su mayoría –más de las dos terceras partes– procedentes de animales salvajes.<sup>4</sup> Por muy elevada que sea la inversión en farmacología, no cabe esperar una remisión de las pandemias en el futuro más inmediato mientras no cambiemos de forma sustancial el modo de vida predominante asociado al capitalismo global.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4>Más allá de la crisis sanitaria</h4>
<p>Urge hacer una lectura de esta pandemia más allá de la crisis sanitaria que ha provocado que nos permita extraer las oportunas enseñanzas. La pandemia ha revelado aspectos cruciales de cómo vivimos y nos comportamos. Una de las primeras cosas que mostró fue la clamorosa desigualdad existente en todos los ámbitos sociales. Se repitió con mucha frecuencia, y es cierto, que por ser global representaba una amenaza para todas las personas, pero se omitió frecuente- mente, no siendo menos verdad, que no todas eran igual de vulnerables a esa amenaza. El conﬁnamiento fue muy revelador en este sentido. Uno de los ejemplos más claros de la inequidad en esos meses distópicos fue la división del trabajo: la existencia de una gran brecha entre quienes conservaban su empleo y podían trabajar desde su casa sin exposición ni riesgo y aquellos que perdían su empleo o se veían obligados por la naturaleza de sus funciones a salir a la calle y exponerse al virus. Otra manifestación reveladora de la desigualdad ha sido el “apartheid vacunal” al que se ha sometido a las poblaciones y pueblos más pobres del mundo. Esta segregación ha mostrado que, aunque vivimos en un mundo global, no por ello dejar de ser un mundo fragmentado por los juegos de intereses económicos y geopolíticos del poder. El criterio de reparto aplicado en los planes de vacunación en las sociedades ricas (primeros los mayores y los sanitarios, luego el resto de la población según su edad) no se ha utilizado en las relaciones internacionales, donde todo se ha dejado en manos de las grandes farmacéuticas, las reglas del mercado y la “ﬁlantropía” de unos estados que lo que realmente buscan es alcanzar mayor inﬂuencia global.</p>
<p>Si nuestra salud se sostiene sobre ecosistemas bien conservados, nuestra sociedad se sostiene sobre las personas menos reconocidas y remuneradas: personal sociosanitario, temporeros, equipos de limpieza, repartidores, reponedores, transportistas, empleadas del hogar o cajeras de supermercados. Justamente la gente a la que el sistema condena a la precariedad y a los sueldos más bajos.  Mientras descubrimos la importancia de todas estas ocupaciones que fueron declaradas en su día esenciales, los medios de comunicación se hacen eco de la noticia de que los directivos de los bancos obtienen remuneraciones y bonos equivalentes a la suma del sueldo medio de miles trabajadores que esos mismos bancos han anunciado que quieren despedir, pudiéndose así comprobar que el salario no se ﬁja por la utilidad del trabajo que se desempeña sino por el prestigio social que concede el ejercicio del poder.</p>
<p>Todo ello invita a que nos replanteemos cómo y a qué otorgamos valor. Y otorgar valor a una cosa no es sinónimo de ponerle un precio, a menos que nos deslicemos hacia la estupidez de la que habla Machado en boca de su Juan de Mairena. Tal vez sea esta la causa última de la pandemia: la incapacidad que tiene la civilización capitalista de valorar adecuadamente lo que socialmente resulta más necesario.</p>
<p><strong>Santiago Álvarez Cantalapiedra</strong> es director de <a href="https://www.fuhem.es/ecosocial/" target="_blank" rel="noopener noreferrer">FUHEM Ecosocial</a> y de la revista <em><a href="https://www.fuhem.es/revista-papeles/" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global.</a></em></p>
<h4></h4>
<h4>NOTAS:</h4>
<p>1  Yinon M. Bar-On, Rob Phillips y Ron Milo, «<a href="https://www.pnas.org/content/115/25/6506" target="_blank" rel="noopener noreferrer">The biomass distribution on Earth</a>», <em>Proceedings of the National Academy of Sciences </em>(PNAS), junio de 2018, 115 (25) 6506- 6511; DOI: 10.1073/pnas.1711842115.</p>
<p>2  Juan Ignacio Pérez Iglesias, «<a href="https://theconversation.com/de-que-se-muere-la-gente-en-el-mundo-138598" target="_blank" rel="noopener noreferrer">¿De qué se muere la gente en el mundo?</a>», <em>The Conversation</em>, 18 de mayo de 2020.</p>
<p>3  Katherine F. Smith, Michael Goldberg, Samantha Rosenthal, Lynn Carlson, Jane Chen, Cici Chen y Sohini Ramachandran, «<a href="https://royalsocietypublishing.org/doi/10.1098/rsif.2014.0950" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Global rise in human infectious disease outbreaks</a>», <em>Journal of The Royal Society  Interface, </em>Vol. 11, núm. 101, 6 de diciembre de 2014 [https://doi.org/10.1098/rsif.2014.0950]</p>
<p>4  Sonia Shah, «Contra las pandemias, la ecología», <em>Le Monde diplomatique </em>(en español), marzo 2020, pp. 24-25.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Acceso al artículo completo en formato pdf: <strong><a href="https://bit.ly/Pandemia-CrisisEcosocial-CapitalismoGlobal-SAlvarez" target="_blank" rel="noopener noreferrer"><em>Pandemia, crisis ecosocial y capitalismo global</em></a></strong></p>
<p>&nbsp;</p>
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