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	<title>Demografía &#8211; FUHEM</title>
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	<description>educación + ecosocial</description>
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	<title>Demografía &#8211; FUHEM</title>
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		<title>Papeles 171: El rapto de Europa</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 06 Nov 2025 10:15:26 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<category><![CDATA[Cambio climático]]></category>
		<category><![CDATA[Crisis Ecosocial]]></category>
		<category><![CDATA[Demografía]]></category>
		<category><![CDATA[Derecho a la viivenda]]></category>
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					<description><![CDATA[Explora la actual situación de Europa, o, mejor dicho, de la Unión Europea, evoca los principios fundadores y analiza los problemas que aquejan al experimento de integración institucional de naciones soberanas más original que se ha realizado hasta ahora.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><img fetchpriority="high" decoding="async" class="alignright wp-image-171144 size-thumbnail" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2025/11/Portada-PAPELES-171-300x424.jpg" alt="" width="300" height="424" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2025/11/Portada-PAPELES-171-300x424.jpg 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2025/11/Portada-PAPELES-171-450x637.jpg 450w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2025/11/Portada-PAPELES-171-768x1086.jpg 768w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2025/11/Portada-PAPELES-171-350x495.jpg 350w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2025/11/Portada-PAPELES-171-600x849.jpg 600w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2025/11/Portada-PAPELES-171-64x91.jpg 64w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2025/11/Portada-PAPELES-171.jpg 967w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></p>
<blockquote><p><em>Como ocurriera con la princesa fenicia secuestrada por Zeus, de cuyo nombre proviene el del continente, los sueños europeos han sido capturados con malas artes por quien manda e impone las reglas del juego, aunque quepa sospechar en este caso si no habrá sido la propia princesa la que se subió a lomos del toro a sabiendas.</em></p></blockquote>
<p><em>El rapto de Europa </em>es el título del número 171 de la revista <a href="https://www.fuhem.es/revista-papeles/" target="_blank" rel="noopener"><em>Papeles de relaciones internacionales y cambio global</em></a> que explora la situación actual de la Unión Europea, evocando sus principios fundadores y analizando los principales problemas que ha encontrado después de más de setenta años, el experimento de integración institucional de naciones soberanas más original que se ha realizado hasta ahora.</p>
<p>Abre el número la <strong>Introducción</strong> de <strong>Santiago Álvarez Cantalapiedra</strong>, La captura de Europa aborda</p>
<p><strong>A fondo</strong> reúne seis ensayos que abordan las principales cuestiones que tiene hoy planteadas la UE. <strong>José Antonio Nieto Solís</strong> realiza una retrospectiva de la andadura del Unión y lanza una breve mirada al futuro. <strong>Joám Evans Pim</strong> examina la dependencia de las materias primas minerales de la UE hasta el punto de securitizar su acceso. <strong>Tica Font y Pere Ortega </strong>revisan el plan de rearme europeo. <strong>Andreu Domingo</strong> explora el cambio demográfico en Europa, las políticas migratorias y los discursos de involución en la UE. <strong>Mónica López</strong> sigue indagando en las política de inmigración, pero ahora desde el punto de vista del asilo y el refugio y como ha evolucionado desde la firma del Tratado de Maastrich en 1993. <strong>Angelina Giannopoulou</strong> cierra la sección con un análisis sobre los aspectos políticos del proceso de integración, su involución institucional que contrasta con los movimientos de solidaridad internacionalistas de la izquierda y de los movimientos de resistencia a escala europea.</p>
<p><strong>Actualidad </strong>recoge un análisis de <strong>Jordi Mir</strong> sobre la larga historia en la reivindicación del derecho a la vivienda. Por su parte, <strong>Rodrigo Rogelis</strong> explora los derechos de la naturaleza y las nuevas gobernanzas a través del caso de personalidad jurídica del río Atrato, en Colombia, y su consejo de guardianes.</p>
<p>La sección <strong>Experiencias</strong> nos trae una entrevista de <strong>Ana García Juanatey</strong> a <strong>Pia </strong><strong>Hollenstein</strong>, fundadora y miembro de KlimaSeniorinnen que protagonizó el sonado caso de condena del Tribunal Europeo de Derechos Humanos al Estado suizo por la desprotección de colectivos vulnerables, como las mujeres mayores, ante el cambio climático.</p>
<p><strong>Ensayo</strong> se abre con un texto de <strong>Jonatan Palmblad</strong> sobre instrumentalidad y personalidad ecológica. <strong>Marc Chopplet</strong> reflexiona, por su parte, sobre las humanidades y las ciencias sociales ante la inteligencia artificial, y se pregunta sobre su posible extinción.</p>
<p>El número se cierra, como es habitual, con la sección <strong>Lecturas</strong>.</p>
<p>A continuación, ofrecemos el Sumario de la revista con el acceso al texto de la introducción y al artículo firmado por <strong>Angelina Giannopoulou.</strong></p>
<h5>SUMARIO</h5>
<p><strong>INTRODUCCIÓN</strong></p>
<p><a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/la-captura-de-europa/" target="_blank" rel="noopener">La captura de Europa</a>,  <strong>Santiago Álvarez Cantalapiedra</strong></p>
<p><strong>A FONDO</strong></p>
<p>La UE en retrospectiva: ¿vendrán tiempos mejores?,  <strong>José Antonio Nieto Solís</strong></p>
<p>La securitización de las materias primas minerales en la UE: porqué Europa no es inmune a la maldición de los recursos, <strong>Joám Evans Pim</strong></p>
<p>El rearme militar de Europa, <strong>Tica Font</strong> y <strong>Pere Ortega</strong></p>
<p>Cambio demográfico, políticas migratorias y discurso de la involución en la UE, <strong>Andreu Domingo</strong></p>
<p>Política de inmigración y de asilo europea: ¿igualitaria y solidaria?, <strong>Mónica López</strong></p>
<p><a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/desarmados-de-vision-armados-hasta-los-dientes-o-una-europa-democratica-verde-y-social/" target="_blank" rel="noopener">Desarmados de visión, armados hasta los dientes, o una Europa democrática, verde y social</a>, <strong>Angelina Giannopoulou</strong></p>
<p><strong>ACTUALIDAD</strong></p>
<p>Derecho a la vivienda: una la larga disputa, <strong>Jordi Mir</strong></p>
<p>Guardianes del río Atrato: derechos de la naturaleza y la construcción de nuevas gobernanzas, <strong>Rodrigo Rogelis</strong></p>
<p><strong>EXPERIENCIAS</strong></p>
<p>Entrevista a Pia Hollenstein, fundadora y miembro de KlimaSeniorinnen, <strong>Ana García Juanatey</strong></p>
<p><strong>ENSAYO</strong></p>
<p>Instrumentalidad y personalidad ecológica: ¿Con qué finalidad?, <strong>Jonatan Palmblad</strong></p>
<p>Inteligencia artificial y humanidades y ciencias sociales, ¿en vías de extinción?, <strong>Marc Chopplet</strong></p>
<p><strong>LECTURAS</strong></p>
<p><em>Dialéctica de la ecología. socialismo y naturaleza,</em> de John Bellamy Foster</p>
<p><strong>Pedro L. Lomas</strong></p>
<p><em>Ecotopías. Imaginar el futuro para cambiar el presente, </em>VV.AA.</p>
<p><strong>Manuel Casal Lodeiro</strong></p>
<p><em>Climas de cambio. Las nuevas sociedades del calentamiento global</em>, de José Antonio Cortés Vázquez</p>
<p><strong>Nuria del Viso</strong></p>
<p><strong>Notas de lectura</strong></p>
<p><strong>RESÚMENES</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Información y compras</strong>:</h3>
<p>Tel.: +34 914310280</p>
<p>Email: <a class="cursor-init" href="mailto:publicaciones@fuhem.es">publicaciones@fuhem.es</a></p>
<p>Puedes adquirir la revista <strong>PAPELES </strong>en nuestra <a href="https://www.fuhem.es/product/el-rapto-de-europa/" target="_blank" rel="noopener">librería virtual</a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Nueva demografía, viejas ideologías</title>
		<link>https://www.fuhem.es/2024/02/07/nueva-demografia-viejas-ideologias/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 07 Feb 2024 12:20:28 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Análisis]]></category>
		<category><![CDATA[Demografía]]></category>
		<category><![CDATA[población]]></category>
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					<description><![CDATA[Descripción del cambio demográfico experimentado por la humanidad en apenas cien años y su causa principal, un aumento revolucionario de la eficiencia reproductiva y las respuestas políticas que ha suscitado.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong><img decoding="async" class="alignright size-medium wp-image-149165" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/01/160-450x634.jpg" alt="" width="450" height="634" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/01/160-450x634.jpg 450w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/01/160-300x422.jpg 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/01/160-768x1081.jpg 768w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/01/160-1091x1536.jpg 1091w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/01/160-350x493.jpg 350w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/01/160-600x845.jpg 600w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/01/160-64x90.jpg 64w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/01/160.jpg 1196w" sizes="(max-width: 450px) 100vw, 450px" /></strong><a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/nueva-demografia-viejas-ideologias/" target="_blank" rel="noopener">Nueva demografía, viejas ideologías, (o El cambio demográfico y la respuesta política)</a>, <strong>Julio Pérez Díaz</strong>, <em><a href="https://www.fuhem.es/revista-papeles/" target="_blank" rel="noopener">Papeles de relaciones ecosociales y cambio global</a></em>, núm. 160, invierno 2022-2023, pp. 13-24.</p>
<blockquote><p><strong>Son bien conocidas las grandes transformaciones económicas, políticas o sociales que conducen hasta el mundo contemporáneo. Pero al cambio demográfico, el de mayor envergadura y trascendencia, acontecido en apenas el último siglo, el de mayores consecuencias para todos los aspectos de la vida de las personas y sus relaciones con los demás, todavía no se le reconoce su papel crucial.</strong></p></blockquote>
<p>No se le presta atención apenas en los manuales de historia, de economía, de las ideas políticas o de la sociología, como si no se supiese bien dónde situarlo, qué interrelación tiene con tales materias, en qué manera las condiciona, influye o determina.</p>
<p>A falta de explicaciones y directrices científicas o académicas, las reacciones ante el cambio demográfico son básicamente de orden político, religioso o mediático. No debería constituir un problema si no fuese porque usan marcos interpretativos e ideologías obsoletas, anclados en ideas sobre las poblaciones muy anteriores a su gran transformación. El resultado es la proliferación de alarmas apocalípticas ante tendencias poblacionales cuyas causas no se comprenden y cuyas consecuencias se vienen anticipando erróneamente desde hace más de un siglo, malbaratando esfuerzos y recursos para intentar frenarlas o revertirlas, cosa que nunca se ha conseguido. Esta obsesión demográfica se implantó en un amplio abanico de ideologías y tendencias políticas en las primeras décadas del siglo XX, especialmente durante la intensificación del nacionalismo europeo, imperialista, racista, militarista y moralista (desde el fascismo alemán hasta el comunismo stalinista), pero se vio frenada por la destrucción causada por dos guerras mundiales y un imprevisto <em>baby </em><em>boom</em> al empezar la segunda mitad del siglo. La potencia vencedora y hegemónica desde entonces, Estados Unidos, pasó a interesarse más por el «exceso de crecimiento» del Tercer Mundo que por su propio cambio demográfico.</p>
<p>Sin embargo, desde los años ochenta el alarmismo ha vuelto a ganar fuerza, esta vez de la mano del renacido espectro político ultraconservador, casi siempre con fuerte influencia religiosa, que está devolviendo a la demografía el rol de gran amenaza y justificación para oponerse a muy diversos cambios sociales, políticos y legales que parecían logros consolidados de los estados democráticos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4><strong>El gran cambio: en qu</strong><strong>é consiste</strong></h4>
<p>La población mundial creció siempre muy lentamente, incluso con retrocesos (la «peste negra» redujo en un tercio la población europea), hasta finales del siglo XIX. El siglo terminó con unos 1.200 millones de personas, pero durante el siguiente una ruptura histórica elevó la población humana hasta más de 6.000 millones. Y el determinante no fue una mayor fecundidad, que siempre había estado en torno a cinco o seis hijos por mujer y difícilmente hubiese podido incrementarse más con los recursos disponibles. Por el contrario, a la vez que la población crecía, la fecundidad se desplomaba hasta los niveles nunca vistos, que en muchos países del mundo ya no alcanza los dos hijos. El auténtico desencadenante fue el descenso de la mortalidad.</p>
<p>Jamás ninguna población humana de cierta envergadura había conseguido una esperanza de vida superior a los treinta y cinco años (muchos países no alcanzaban los treinta a finales del siglo XIX), pero acabado el siglo XX el indicador superaba los ochenta años en lugares como España, y en el conjunto de la humanidad se acercó a los setenta. Lógicamente, como ya era previsible al comenzar esta ruptura histórica, también la pirámide de edades ha experimentado otro cambio dramático, reduciendo la proporción de menores (que siempre había estado en torno al tercio de la población y cuyo peso ha disminuido a menos de la mitad) y aumentando la proporción de mayores como nunca se había visto, desde un ancestral 4-5%, hasta más del 20% actual.</p>
<p>En definitiva, la demografía humana ha experimentado un vuelco enorme, arrastrando con ella infinidad de otras características tradicionales de los seres humanos, desde su conyugalidad hasta su sexualidad, desde la composición de los hogares hasta el tamaño y extensión de las redes familiares. Resulta crucial comprender la envergadura y los mecanismos de un cambio tan brusco y planetario, y lo que apunto aquí no es más que un esbozo que permitirá después señalar la gran paradoja de los alarmismos y catastrofismos demográficos.</p>
<p>Si ha de resumirse lo conseguido por la humanidad en poco más de un siglo puede decirse que ha sido revolucionar su manera de reproducirse. El cambio puede expresarse en términos de eficiencia reproductiva, si se entiende como tal la relación medible entre el volumen de población que se alcanza y la cantidad de nacimientos requeridos. Recuérdese que el análisis demográfico tiene como núcleo temático y teórico precisamente eso, la descripción del volumen poblacional, sus características y evolución, y el análisis de los diferentes factores que lo condicionan en forma de entradas y salidas de sus componentes (nacimientos, defunciones, entradas y salidas migratorias). Tales factores explican la reproducción demográfica, dado que ninguno de los integrantes de cualquier población es eterno. Demasiado a menudo se identifica la reproducción exclusivamente con la fecundidad, olvidando que es la mortalidad el auténtico condicionante primigenio de la reproducción, y que de poco sirve que en una población las personas tengan muchos hijos si ninguno sobrevive hasta tener edades reproductivas.</p>
<p>Venimos de un larguísimo pasado sin demasiados progresos en esa eficiencia, que era muy escasa porque la poca duración de las vidas hacía necesaria una gran cantidad de nacimientos simplemente para evitar la extinción y mantener volúmenes poblacionales parcos e inestables. La clave para mejorar esa eficiencia no ha sido aumentar la fecundidad, sino dotar a los hijos de más años de vida. Este concepto, el año-vida-persona (discúlpese este nuevo tecnicismo de demógrafo), es la auténtica unidad del análisis demográfico, y su manejo es el que permite cosas como construir tablas de mortalidad o proyecciones de población. El trabajo para conseguir que los hijos vivieran era titánico, habida cuenta de las frecuentes crisis de mortalidad que han plagado nuestra historia (hambres, epidemias y guerras) pero, sobre todo, de la elevadísima mortalidad infantil. Por motivos que tienen que ver con las malas condiciones en torno al parto (letal también para muchas madres), pero también con la mala calidad del agua y los alimentos, la escasa protección frente al frío o al calor, la incomprensión de las causas de las enfermedades infecciosas y la deficiente y poco extendida atención médico-sanitaria, lo normal en el ser humano ha sido siempre perder uno de cada cinco hijos antes de que cumpla el primer año de vida (el siglo XX empezó en España todavía con una mortalidad infantil en torno al 200‰). A ello debe sumarse que en los siguientes años de vida la elevada mortalidad, aunque menor a la inicial, seguía acumulándose, de manera que la probabilidad de cumplir los quince años siempre fue inferior al 50%.</p>
<p>Añádase que, con una perdida de la mitad de los efectivos iniciales de cualquier generación antes de esa edad, los escasos sobrevivientes que alcanzaban edades fecundas todavía tenían que cumplir los difíciles requisitos sociales y económicos para formar pareja y para mantener y cuidar una familia (la soltería definitiva era muy alta en nuestro pasado, especialmente para las mujeres). Se entiende así que, quienes superaban todos los obstáculos, tuviesen que aplicarse a tener hijos con gran intensidad, escasos medios y probabilidades de éxito harto precarias. Y ello solo para mantener una población parca e inestable.</p>
<blockquote><p><strong>El determinante del fuerte aumento de población no fue una mayor fecundidad, sino el descenso de la mortalidad</strong></p></blockquote>
<p>El lento espaciamiento de las grandes crisis de mortalidad y la progresiva mejora de la mortalidad infantil desencadenaron un proceso acumulativo que empezó a mejorar la eficiencia reproductiva. Eran solo el primer paso. Que un recién nacido sobreviva en las primeras horas o semanas para morir a los diez años aumenta en una persona el volumen de la población durante esos años adicionales, pero la mejora reproductiva global es escasa y lenta.</p>
<p>Sin embargo existe un umbral de supervivencia que lo cambia todo y produce la revolución que estamos viviendo. A medida que la mayor parte de los nacidos iba aumentando en años vividos se alcanzó dicho punto crítico, que no es otro que  las edades a las que, a su vez, podían tener sus propios hijos. Esta supervivencia mayoritaria hasta las edades fecundas desencadenó un aumento radical, explosivo, de la eficiencia, similar al aumento de productividad generado por otras revoluciones productivas como la industrial o la informática. De repente, cada nuevo nacido aportaba a la población total un número indeterminado de años-vida muy superior a su propia duración, desencadenando un crecimiento demográfico sin precedentes.</p>
<p>La revolución reproductiva no es, conviene insistir, resultado de una fecundidad mayor. De hecho, la reducción de la fecundidad ha sido uno de los comportamientos que la han propiciado. Los años de vida con que cada generación va dotando a su descendencia no se consiguen simplemente con el parto (reproducir no es parir) ni se van aumentando sin que haya costes. El ser humano nace completamente desvalido, y aumentar su vida posterior al nacimiento requiere aumentar los recursos que se le dedican, recursos que incluyen el tiempo dedicado a su cuidado, la mejor alimentación, la renuncia a la explotación laboral precoz, la atención en la enfermedad y los medicamentos y conocimientos adecuados, su higiene personal y la de su entorno, las condiciones de la vivienda y un largo etcétera que engloba, en resumen, todos los factores que rodena los primeros años de vida. Disminuir el tamaño de la descendencia ha sido uno de los factores que ha posibilitado incrementar todos esos recursos para los hijos que se tienen. Hemos cambiado los muchos nacimientos que viven pocos años por menos nacimientos que viven mucho más. Una de las consecuencias es que, por primera vez en la historia humana, todos los que nacen tienen por delante vidas completas, incluyendo la vejez. En otro lugar lo he calificado como «la democratización de la supervivencia».</p>
<p>Un último añadido sobre la esencia de este cambio: también afecta a la pirámide de población. Vidas completas conseguidas con menos nacimientos no solo hacen crecer la población hasta tamaños si precedentes, también aumentan la cúspide de la pirámide y reducen su base. Este cambio es otro de los grandes argumentos del alarmismo poblacional, el llamado <em>envejecimiento demográfico</em>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4><strong>Qu</strong><strong>é respuestas se le han dado</strong></h4>
<p>Desde que se empezó a percibir el cambio las respuestas políticas han sido paranoicas, porque en el nacionalismo de Estado y en las religiones mayoritarias la elevada fecundidad se había consolidado como una necesidad ineludible para un mayor engrandecimiento y competitividad. Desde finales del siglo XIX, especialmente en el continente europeo donde se encontraban las mayores potencias económicas y coloniales, la generalización de los sistemas estadísticos nacionales y la implantación de las modernas técnicas de análisis demográfico permitieron detectar cómo la fecundidad tradicional empezaba a disminuir. Y sonaron las alarmas, se usó el cambio demográfico para predecir “La Decadencia de Occidente” y se habló de degeneración social y nacional.</p>
<p>Prueba de que el alarmismo era impermeable, como hoy, a la explicación científica de lo que estaba cambiando es que, ya hacia los años veinte, demógrafos de diferentes lugares detectaron una pauta histórica repetida en los países de fecundidad descendente: en todos ellos primero había disminuido la mortalidad, de manera que existía un lapso de años hasta que la natalidad «respondía» a la baja, apuntando a una futura recuperación del equilibrio, que ahora sería de ambos indicadores en niveles bajos. Mientras tanto esos países, incluso con natalidad ya en descenso, veían crecer rápidamente su población, cosa que ocurría con toda la Europa a caballo de los siglos XIX y XX. Esta regularidad encontrada por los científicos acabó llamándose «transición demográfica», pero no tuvo ningún efecto calmante para las histerias confesionales y nacionalistas, cuya mirada no quería ir más allá del descenso de la fecundidad y de sus terribles consecuencias.</p>
<blockquote><p><strong>Por primera vez en la historia, todos los que nacen tienen por delante vidas completas. Es lo que he llamado «la democratización de la supervivencia»</strong></p></blockquote>
<p>Lo cierto es que ante un cambio de la envergadura detectada, que con el tiempo se fue extendiendo a todo el planeta, solo cabían dos tipos de respuestas estatales, las llamadas «políticas demográficas», aquellas que tienen por objetivo detener y revertir la evolución previsible de la fecundidad, y las «políticas sociales», cuyo objetivo es la aceptación del cambio y la adaptación a él. Las que se adoptaron fueron abrumadoramente las demográficas. Eran décadas en que los gobernantes de los países más avanzados creían todavía que la población podía ser modelada, aumentada, mejorada. La población era un recurso más del Estado para hacerlo más fuerte en los conflictos internacionales y en la resistencia contra los movimientos sociales internos que estaban creciendo en la oposición, especialmente los obreros, amenazando con tomar el poder.</p>
<p>Así pues, las primeras décadas del siglo XX son de generalizado esfuerzo natalista, como un complemento del imperialismo y de la competencia con las demás grandes potencias internacionales. Este natalismo era sinónimo de patriotismo; se apoyaba a menudo en las ideas tradicionales sobre el papel de la mujer y de la familia, y contaba con aval religioso muchas veces. Pero no solo los regímenes autoritarios conservadores y confesionales se volvieron natalistas, porque en realidad el natalismo acabó incrustado en la propia concepción del Estado nación. Democracias liberales como la francesa, o dictaduras del pueblo como la soviética durante el estalinismo se volvieron intensamente natalistas. Las medallas a la madre heroica y a las familias numerosas se volvieron una pauta generalizada, igual que se combatía la anticoncepción y el aborto, y se generalizaba una «protección a la familia» que permeaba toda la legislación con la que se construyeron los sistemas de salud y protección social en todo el mundo tras la crisis de 1929. No era al ciudadano al que se protegía, ni eran sus necesidades y aspiraciones el objetivo político de los estados. El bien mayor a proteger era la patria tal como la concebían las élites gobernantes. Las poblaciones eran la herramienta, no el beneficiario de las políticas de población.</p>
<p>Cabe preguntarse si esta avalancha abrumadora de medidas políticas encaminadas a detener y revertir el descenso de la fecundidad logró sus objetivos. Y la respuesta es que no. Pese a la gran diversidad de modelos natalistas, desde los más autoritarios y represores (la Rumanía de Ceaucescu es un ejemplo extremo) hasta los más liberales o socialdemócratas, como el francés o el nórdico, todos fracasaron estrepitosamente y la fecundidad siguió descendiendo.</p>
<p>Si la atención política dejó de reflejar el pánico demográfico de las primeras décadas fue porque las relaciones internacionales se vieron completamente modificadas tras las dos guerras mundiales, y las potencias europeas perdieron su lugar hegemónico frente al único ganador de la contienda, EEUU. Tras 1945 resultaba ya una quimera en Europa mantener los imperios coloniales y el natalismo anterior (con la única excepción de Francia, que intentó mantener un papel internacional de tercera gran potencia, con programa nuclear propio, participación en la carrera espacial, mantenimiento de las colonias y el mayor gasto del mundo en fomento de la natalidad, Indochina o Argelia, revelaron su inutilidad, de la misma manera que la natalidad siguió descendiendo.</p>
<p>Así que durante unos años, los posteriores al fin de la guerra, la atención se centró en la reconstrucción económica nacional y en los intereses de quienes seguían jugando con peso relevante en el tablero internacional, la URSS y EEUU, pronto enfrentados en la llamada Guerra Fría. Coincidieron estos años con una fuerte competencia por el rápido desarrollo económico (fueron los años del desarrollismo) y este se vio acompañado en muchos países –especialmente los anglosajones– por una imprevista recuperación de la natalidad, iniciada con el fin de la guerra y la vuelta de las tropas a sus países, pero continuada por las buenas perspectivas laborales para los jóvenes. Y si la relajación del alarmismo demográfico no hubiese tenido causa suficiente con el <em>baby </em><em>boom</em> y con las fuertes migraciones laborales allí donde se requerían para la reconstrucción nacional, a todo ello se sumó que EEUU asumió una política demográfica muy diferente a las tradicionales de las potencias europeas.</p>
<p>La potencia hegemónica había conservado intacto y aumentado su aparato productivo durante la guerra, y su capital se había elevado hasta sustituir a Londres como centro financiero mundial. Tras la guerra, favoreció el desmantelamiento de los antiguos poderes coloniales para abrir nuevos países a sus inversiones y poder exportar su modelo económico a todo el mundo. Y en todo ello se estaba encontrando con dos problemas inesperados y ligados: la expansión del comunismo y el crecimiento demográfico acelerado de los países más pobres, especialmente los asiáticos. Los propios analistas del Pentágono habían llegado a la conclusión de que las revoluciones comunistas en China, Corea o Vietnam se producían en cadena (la “teoría del dominó”) y estaban relacionadas con un aumento poblacional tan rápido que no permitía la acumulación de capital necesaria para realizar las grandes inversiones requeridas para industrializarse. Así que, en vez de esperar a que el descenso de la mortalidad fuese seguido, pasado cierto tiempo, por el de la natalidad, EEUU llegó a la conclusión de que había que provocar, mediante políticas adecuadas, el descenso de la fecundidad en el Tercer Mundo.</p>
<p>Súbitamente el neomaltusianismo, hasta entonces un movimiento de reformistas sociales mayoritariamente femenino, minoritario, ilegal y clandestino, perseguido por enfrentarse a los intereses natalistas de los Estados, se reveló una herramienta útil. Empezó a recibir respaldo financiero y político, a la vez que se promovían cumbres mundiales de población para acordar un programa de acción internacional que frenase la bomba demográfica. Y esta ofensiva internacional tuvo resultados muy visibles ya en los años setenta, cuando enormes países asiáticos como China o India abrazaron programas de control de la natalidad, y los organismos internacionales asumieron la doctrina del control, como lo hizo el Banco Mundial al condicionar las ayudas económicas al desarrollo a que los países que las solicitaban pusieran en marcha programas nacionales de planificación familiar. El natalismo parecía derrotado y abandonado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4><strong>El gran retorno natalista</strong></h4>
<p>La derrota era solo un espejismo. En los años setenta, agotado el <em>baby </em><em>boom</em>, el descenso de la fecundidad volvió a sus cauces anteriores, esta vez extendido a casi todo el mundo. Esta vez muchos países, como los del Sur o el Este de Europa, descendían muy por debajo de los dos hijos por mujer, y se empezó a hablar de niveles <em>lowest-low</em>. Era la oportunidad de los conservadores nacionalistas de todo cuño para resucitar las propuestas natalistas. Simultáneamente, el gran avalador mundial del neomaltusianismo, EEUU, lo abandonaba súbitamente y volvía a posturas tradicionales sobre la familia y la natalidad, durante el segundo mandato de Ronald Reagan, alcanzado mediante el apoyo de los sectores antiabortistas del país. Este giro, escenificado con el discurso del delegado estadounidense en la Conferencia Internacional de Población de México en 1984, era posible también porque la amenaza comunista se disolvía con la desmembración final de la URSS. Cuando en 1992 se celebró la siguiente conferencia de población en El Cairo, el neomaltusianismo ya no contaba con el apoyo de las grandes inyecciones de dinero norteamericano, y replegaba toda su estrategia para centrarse en la salud reproductiva, y no en el control demográfico mundial. Tan abandonado quedó este propósito que no han vuelto a repetirse estas conferencias internacionales de población.</p>
<blockquote><p><strong>En los ochenta el natalismo inició un rápido retorno y en el siglo XXI se está convirtiendo en el nuevo estandarte de la extrema derecha</strong></p></blockquote>
<p>De la mano de los nuevos conservadurismos como el de Reagan o el de Thatcher, en los años ochenta se salió de la crisis económica y financiera que había desencadenado el alza de los precios del petróleo. La filosofía económica keynesiana, propia de la época desarrollista, se abandonó para sustituirla por las recetas neoliberales, privatizadoras y contrarias al exceso de intervención estatal y de gasto público en los asuntos internacionales, económicos y privados. Con este giro, al que se añadía el apoyo político y financiero de las derechas económicas y religiosas, el natalismo inició un rápido retorno en todo el mundo. Tanto es así que durante el siglo XXI se está convirtiendo en el nuevo estandarte de los partidos políticos de extrema derecha, junto a la recuperación del ultranacionalismo, al combate contra el feminismo (y las organizaciones de no heterosexuales), al apoyo a la familia tradicional y a la xenofobia.</p>
<p>En este retorno, el natalismo ha tenido la inestimable ayuda de quienes recuperan rancias alarmas sobre la destrucción de la familia tradicional, el desastre al que nos aboca el envejecimiento demográfico, el papel causal de la baja natalidad en el progresivo abandono rural y la pérdida de las esencias nacionales y religiosas que está causando la invasión inmigratoria. Se trata de falacias propagadas con eficacia y muchos medios, en las que la demografía vuelve a ser un arma ideológica a condición de ignorar a los propios demógrafos. El gran cambio poblacional queda caricaturizado como un destructivo descenso de la fecundidad, aislado del comportamiento de la mortalidad, con el que nunca se relaciona. El envejecimiento demográfico es identificado como una amenaza que debe revertirse, con la única base de que los viejos son una plaga dañina, improductiva y parásita, sin atender a los cambios que la revolución demográfica ha provocado en las características de todas las edades. El abandono rural se atribuye a la baja natalidad, cuando lo cierto es que resulta de la progresiva urbanización mundial y del abandono de los jóvenes. Se llega incluso a recuperar antiguas paranoias ultraderechistas, como la de una conspiración para contaminar y sustituir la raza blanca y cristiana, el “Gran Reemplazo”. Pero probablemente el terreno de combate más disputado es la llamada “ideología de género”, a la que se atribuyen todos los males que conducen a la baja natalidad, cuando lo cierto es que el feminismo organizado prácticamente no existía ni tenía influencias políticas relevantes cuando el descenso de la fecundidad ya era una realidad.</p>
<p>La intoxicación moralista afirma que el individualismo, el egoísmo y la inmoralidad modernas, especialmente en las mujeres, son los que ha provocado la supuestamente desastrosa situación actual de la natalidad. Pero lo cierto es que ha sido el esfuerzo y la generosidad extremos de una generación tras otra para mejorar la vida de los hijos (esfuerzo especialmente intenso por parte de las mujeres, nuestras madres y abuelas), lo que nos ha traído la revolución reproductiva. De hecho, ese es el esfuerzo que realmente ha hecho posible la liberación femenina, permitiendo a las mujeres centrarse en una vida académica y laboral similar a la masculina, y tener una vida independiente no supeditada a la autoridad del varón, la familia o el Estado. Las liberadoras fueron sus madres y padres, teniendo menos hijos que cuidaron y dotaron más y mejor que les habían tratado a ellos las generaciones anteriores. «Tú estudia para no ser como yo», decían muchas madres a sus hijas en los años sesenta y setenta, avalando el consejo con su propia autoexplotación doméstica, fregando escaleras o haciendo de criadas para pagar los estudios de sus hijas e hijos. Cada nueva generación ha visto así su vida mejorada y, a su vez, ha impulsado a su propia descendencia un poco más allá, y ese es el mecanismo básico que explica el cambio demográfico. Qué gran paradoja que ese logro tan único y extraordinario se vea ahora empañado y ensuciado en la opinión pública por los agoreros del desastre demográfico.</p>
<p><strong>Julio Pérez Díaz</strong> es demógrafo y sociólogo, e investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas en el Instituto de Economía, Geografía y Demografía del Centro de Ciencias Humanas y Sociales.</p>
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		<title>Desafíos demográficos</title>
		<link>https://www.fuhem.es/2023/02/06/desafios-demograficos/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 06 Feb 2023 13:28:08 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<category><![CDATA[Crisis Ecosocial]]></category>
		<category><![CDATA[Demografía]]></category>
		<category><![CDATA[Despoblación]]></category>
		<category><![CDATA[población]]></category>
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					<description><![CDATA[&#160; El mundo ha superado recientemente la cifra de 8.000 millones de seres humanos, cuando apenas hace dos siglos había [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div class="entradilla">
<p><img decoding="async" class="aligncenter wp-image-142654 size-large" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/03/Ciclo-debates-web-1200x675.png" alt="" width="840" height="473" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<blockquote><p><em><strong>El mundo ha superado recientemente la cifra de 8.000 millones de seres humanos, cuando apenas hace dos siglos había 1.000 millones. Además, no sólo somos ocho veces más, sino que vivimos el doble.</strong></em></p></blockquote>
<p>Nueva sesión del ciclo de encuentros <strong>Debates para un pensamiento inclusivo</strong> organizado por la revista <em><a href="https://www.fuhem.es/revista-papeles/" target="_blank" rel="noopener">Papeles de relaciones ecosociales y cambio global</a> de </em><a href="https://www.fuhem.es/ecosocial/" target="_blank" rel="noopener">FUHEM Ecosocial</a> y la <a href="https://www.lacasaencendida.es/buscar/debates+para+un+pensamiento+inclusivo" target="_blank" rel="noopener">Casa Encendida</a>, para reflexionar y debatir sobre las grandes tendencias y cuestiones que atañen a nuestro tiempo, y que definen el funcionamiento y los objetivos del sistema socioeconómico en el que vivimos, para imaginarnos entre todos y todas, alternativas justas, inclusivas y sostenibles.</p>
<p class="date ">El acto que tendrá lugar el próximo <strong>09 marzo de 18.00 &#8211; 19.30 h. </strong>en formato online, es de entrada libre y gratuita, bajo <a href="https://es.patronbase.com/_LaCasaEncendida/Productions/0560/Performances" target="_blank" rel="noopener">inscripción</a> previa.</p>
<p>Bajo el título <strong>Desafíos demográficos</strong> abordaremos, entre otras cuestiones, como en dos generaciones se ha «llenado el mundo» y, en apenas una, el «hábitat humano ha pasado a ser urbano» generando la situación de extralimitación en la que nos encontramos. En el contexto de la actual crisis ecosocial, tanto una población geográficamente distribuida de manera desigual como dinámicas demográficas muy dispares representan factores determinantes a tener en cuenta.</p>
</div>
<p>El envejecimiento y el declive demográfico empiezan a ser un hecho en gran parte del mundo, mientras que en otras zonas el crecimiento demográfico impulsado por una población joven seguirá siendo la norma durante años.</p>
<p>Desde el 2007, por primera vez en la historia de la humanidad, viven más personas en las ciudades que en el mundo rural. Esta situación tiene fuertes repercusiones a nivel socioecológico, que constituyen un substrato fértil para la alimentación del actual contexto de crisis ecosocial, caracterizado por una situación de extralimitación y destrucción, así como por una creciente desigualdad social.</p>
<p>En ese sentido y si atendemos a las proyecciones, el continente africano es un espacio al que prestar mucha atención debido a su peculiar dinamismo demográfico: es el único continente donde aún hay más población rural que urbana. El crecimiento poblacional de África es dos veces el del Sureste asiático y casi tres veces el de América Latina y lo que impulsa esa dinámica es el hecho de que en la mayoría de los países africanos alrededor del 70% de su población sea menor de 30 años. Esto contrasta fuertemente con la situación del resto del mundo, donde la población autóctona envejece aceleradamente. España y la UE representan casos paradigmáticos en ese sentido. Las previsiones de que se reduzca la población española en las próximas décadas, al tiempo que se incrementa su edad promedio, hacen que se hable de la dinámica demográfica como un reto de primer orden cuyos efectos se sentirán en los patrones de consumo y de ahorro, en la evolución de la fuerza laboral y en la eficacia del sistema de bienestar social. Al problema del envejecimiento se suma además el de la distribución geográfica, de manera que las zonas más envejecidas coinciden además con las más despobladas.</p>
<p>Parece así indudable que si, por un lado, las preguntas fundamentales sobre qué producir, cómo hacerlo y con qué criterios distributivos siguen siendo las cuestiones centrales a las que hay que responder como sociedad, también es evidente que no podemos obviar que las dinámicas demográficas condicionan, y mucho, la posibilidad de atender con responsabilidad y solidaridad a esos grandes retos.</p>
<p>Para reflexionar y debatir sobre todo esto, contaremos con la presencia de tres autores invitados en el <a href="https://www.fuhem.es/2023/02/06/factor-demografico-papeles-160/" target="_blank" rel="noopener">número 160</a> de la revista <a href="https://www.fuhem.es/revista-papeles/" target="_blank" rel="noopener"><em>Papeles de relaciones ecosociales y cambio global:</em></a></p>
<ul>
<li><strong>Luis Del Romero, </strong>profesor en la Universidad de Valencia.</li>
<li><strong>Nuria Salvador Fernández, </strong>miembro e investigadora de la <a href="http://recartografias.es/" target="_blank" rel="noopener">Asociación Recartografías</a>.</li>
<li><strong>Andreu Domingo</strong>, subdirector del <a href="https://cerca.cat/centres-cerca/ced/" target="_blank" rel="noopener">Centre d’Estudis Demogràfics/CERCA</a> de la Universitat Autònoma de Barcelona.</li>
</ul>
<p>Modera: <strong>Monica Di Donato </strong>de <a href="https://www.fuhem.es/ecosocial/" target="_blank" rel="noopener">FUHEM Ecosocial</a>.</p>
<p>La actividad se desarrolla en una sala Zoom. Una vez realizada la inscripción, y antes de cada sesión, se enviará un correo electrónico de confirmación con los datos de acceso al encuentro.</p>
<p style="text-align: center;"><iframe title="YouTube video player" src="https://www.youtube.com/embed/an2iK_wV8oM?controls=0" width="560" height="315" frameborder="0" allowfullscreen="allowfullscreen"></iframe></p>
<p>Acceso a las anteriores sesiones del ciclo <em><a href="https://www.fuhem.es/2021/10/27/debates-para-un-pensamiento-inclusivo/" target="_blank" rel="noopener">Debates para un pensamiento inclusivo</a>. </em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Organizan</strong>:</p>
<p><img decoding="async" class="aligncenter wp-image-137617 size-full" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/02/logos-ciclo-1.jpg" alt="" width="801" height="167" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/02/logos-ciclo-1.jpg 801w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/02/logos-ciclo-1-450x94.jpg 450w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/02/logos-ciclo-1-300x63.jpg 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/02/logos-ciclo-1-768x160.jpg 768w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/02/logos-ciclo-1-600x125.jpg 600w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/02/logos-ciclo-1-64x13.jpg 64w" sizes="(max-width: 801px) 100vw, 801px" /></p>
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		<title>Factor demográfico. Papeles 160</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 06 Feb 2023 09:23:39 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Agenda Ecosocial]]></category>
		<category><![CDATA[Crisis Ecosocial]]></category>
		<category><![CDATA[Demografía]]></category>
		<category><![CDATA[Despoblación]]></category>
		<category><![CDATA[destacadasecosocial]]></category>
		<category><![CDATA[ecoansiedad]]></category>
		<category><![CDATA[España Vaciada]]></category>
		<category><![CDATA[Fecundidad]]></category>
		<category><![CDATA[población]]></category>
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					<description><![CDATA[A medida que nos internamos en un mundo “lleno” y se despliega la multicrisis ecosocial, el tema del factor demográfico cobra una relevancia nueva y se pone de manifiesto una profunda brecha demográfica.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><img decoding="async" class="alignright size-thumbnail wp-image-149165" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/01/160-300x422.jpg" alt="" width="300" height="422" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/01/160-300x422.jpg 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/01/160-450x634.jpg 450w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/01/160-768x1081.jpg 768w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/01/160-1091x1536.jpg 1091w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/01/160-350x493.jpg 350w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/01/160-600x845.jpg 600w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/01/160-64x90.jpg 64w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/01/160.jpg 1196w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" />Disponible el número 160 de la revista <em><a href="https://www.fuhem.es/revista-papeles/" target="_blank" rel="noopener">Papeles de relaciones ecosociales y cambio global</a> </em>sobre el Factor demográfico.</p>
<p>El factor demográfico no constituyó una cuestión de gran interés mientras habitamos en un mundo “vacío”. Sin embargo, en los siglos XIX y XX, con Malthus, Hardin y los Ehrlich a la cabeza, se suscitó una profunda reflexión sobre este asunto con tintes alarmistas. También fue un factor importante, aunque en sentido contrario, durante el desarrollo de los nacionalismos: más población equivalía a más brazos (para la guerra o para el sistema productivo), y más poder para los estados.</p>
<p>A medida que nos internamos en un mundo “lleno” y se despliega la multicrisis ecosocial, el tema del factor demográfico cobra una relevancia nueva y se pone de manifiesto una profunda brecha demográfica. Si en unos lugares puede constituir un problema por exceso, en otros –como en el interior de España– se da un problema de vaciamiento, envejecimiento y desterritorialización. A ello se añaden los aspectos sobre fecundidad –con sus implicaciones sociales–, la crisis de cuidados y las crecientes tendencias migratorias, que, junto a las tendencias de expulsión, se convierten hoy en un factor demográfico crucial.</p>
<p>Este PAPELES dedica su <strong>Introducción</strong> y su semimonográfico a tratar estas cuestiones en su sección <strong>A Fondo</strong>, examinando varias de las aristas de esta poliédrica y espinosa cuestión: no ha sido un asunto fácil de integrar para el pensamiento progresista, y a menudo ha quedado velado y olvidado.</p>
<p>En sendos artículos en <strong>Actualidad</strong> se examina el fenómeno de la ecoansiedad y los crecientes sentimientos de ansiedad ante los impactos de la crisis ecosocial, y se pone luz a creciente desigualdad de riqueza en España.</p>
<p><strong>Experiencias</strong> analiza el caso del Erasmus Rural y la experiencia de la autora en un proyecto en Teruel.</p>
<p><strong>Ensayo</strong> ofrece una reflexión sobre el paradigma relacional como opuesto al binarismo e individualismo del pensamiento de la modernidad.</p>
<p>El número se cierra, como es habitual, con la sección <strong>Lecturas</strong>.</p>
<p>A continuación, ofrecemos el Sumario de la revista donde se podrán descargar en abierto y de forma gratuita la <strong>Introducción</strong> del número de Santiago Álvarez Cantalapiedra y el artículo de Begoña Elizalde San Miguel sobre el descenso de la fecundidad publicado en la sección <strong>A Fondo.</strong></p>
<p><span style="font-size: 12pt;"><strong><a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/sumario-160/" target="_blank" rel="noopener">SUMARIO</a></strong></span></p>
<p><strong><span style="color: #3366ff;">INTRODUCCIÓN</span></strong></p>
<p><a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/factor-demografico-y-crisis-ecosocial/" target="_blank" rel="noopener">Factor demográfico y crisis ecosocial</a>, <strong>Santiago Álvarez Cantalapiedra</strong>.</p>
<p><span style="font-size: 12pt;"><strong><span style="color: #3366ff;">A FONDO</span></strong></span></p>
<p>Nueva demografía, viejas ideologías. (O el cambio demográfico y la respuesta política), <strong>Julio Pérez Díaz</strong>.</p>
<p>El debate sobre la población en la crisis ecosocial, <strong>Eileen Crist </strong>y<strong> Lyla Metha</strong>.</p>
<p>Despoblación, desterritorialización y multicrisis global, <strong>Luis Del Romero Renau</strong>.</p>
<p><a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/el-descenso-de-la-fecundidad/" target="_blank" rel="noopener">El descenso de la fecundidad: un déficit de bienestar colectivo sobre el que la demografía lleva años alertando</a>, <strong>Begoña Elizalde San Miguel</strong>.</p>
<p>¿Crisis demográfica o crisis de cuidados?, <strong>Ferran Muntané Isart</strong>.</p>
<p>¡Moveos, moveos, malditos! Migraciones en el siglo XXI en España, <strong>Andreu Domingo</strong>.</p>
<p><span style="font-size: 12pt;"><strong><span style="color: #3366ff;">ACTUALIDAD</span></strong></span></p>
<p>Ecoansiedad: de la parálisis a la acción climática y ambiental, <strong>Irene Baños Ruiz</strong>.</p>
<p>La desigualdad de la riqueza se ha doblado en el siglo XXI, según el Banco de España, <strong>Carlos Pereda</strong>.</p>
<p><span style="font-size: 12pt;"><strong><span style="color: #3366ff;">EXPERIENCIAS</span></strong></span></p>
<p>La iniciativa Erasmus Rural y el caso de Mas Blanco. Tejiendo las redes entre lo académico y lo rural, <strong>Nuria Salvador Fernández</strong>.</p>
<p><span style="font-size: 12pt;"><strong><span style="color: #3366ff;">ENSAYO</span></strong></span></p>
<p>El paradigma relacional, <strong>José Aristizábal G</strong>.</p>
<p><span style="font-size: 12pt;"><strong><span style="color: #3366ff;">LECTURAS</span></strong></span></p>
<p><span style="font-size: 12pt;"><strong><span style="color: #3366ff;">RESÚMENES</span></strong></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Información y compras</strong>:</h3>
<p>Tel.: +34 914310280</p>
<p>Email: <a href="mailto:publicaciones@fuhem.es">publicaciones@fuhem.es</a></p>
<p>Puedes adquirir la revista <strong>PAPELES</strong> en nuestra <a href="https://www.fuhem.es/product/factor-demografico/" target="_blank" rel="noopener">librería virtual</a>.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>El descenso de la fecundidad</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 06 Feb 2023 08:27:38 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Análisis]]></category>
		<category><![CDATA[Demografía]]></category>
		<category><![CDATA[Desigualdad]]></category>
		<category><![CDATA[destacadasecosocial]]></category>
		<category><![CDATA[Fecundidad]]></category>
		<category><![CDATA[género]]></category>
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					<description><![CDATA[El texto analiza la evolución de la fecundidad en España a lo largo de los últimos años y explora las razones que contribuyen a entender que este país sea uno de los que tienen menos número de hijos/as. ]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><img decoding="async" class="alignright size-thumbnail wp-image-149165" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/01/160-300x422.jpg" alt="" width="300" height="422" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/01/160-300x422.jpg 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/01/160-450x634.jpg 450w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/01/160-768x1081.jpg 768w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/01/160-1091x1536.jpg 1091w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/01/160-350x493.jpg 350w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/01/160-600x845.jpg 600w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/01/160-64x90.jpg 64w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/01/160.jpg 1196w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" />Artículo publicado en la sección <strong>A Fondo</strong> del <a href="https://www.fuhem.es/2023/02/06/factor-demografico-papeles-160/" target="_blank" rel="noopener">número 160</a> de la revista <em><a href="https://www.fuhem.es/revista-papeles/" target="_blank" rel="noopener">Papeles de relaciones ecosociales y cambio global</a></em>, escrito por <strong>Begoña Elizalde San Miguel</strong>, bajo el título «El descenso de la fecundidad: un déficit de bienestar colectivo sobre el que la demografía lleva años alertando.»</p>
<p>El texto analiza la evolución de la fecundidad en España a lo largo de los últimos años y explora las razones que contribuyen a entender que este país se haya convertido en un país de “récords” en este tema. Somos uno de los países del mundo con un menor número de hijos e hijas por mujer y también donde las mujeres tenemos nuestra primera hija/o a una edad más avanzada.</p>
<p>En este contexto, la publicación por parte del Instituto Nacional de Estadística del número de nacimientos anuales genera cada año una ola de preocupación en los medios de comunicación en torno a la escasez de niños y niñas en nuestro país. Expresiones como “niveles mínimos históricos”, “récord” o “desplome” son habituales en el tratamiento de esta información que remite a un estado de preocupación colectiva que debe ser analizado con cautela.</p>
<p>Lo cierto es que, en principio, estos dos valores no tendrían por qué constituir un motivo de alarma. Los progresos alcanzados por las mujeres en el control sobre su reproducción y su entrada a ámbitos de la vida social de los que tradicionalmente estaban excluidas implican un cambio de valores que conlleva una reducción de la fecundidad. La relevancia de estos dos indicadores no se debe, sin embargo, a la decisión libre de tener menos descendencia, sino a la constatación de que las mujeres afirman que desearían tener un número mayor de hijos de los que tienen. Es esta distancia entre las aspiraciones que declaran tener y las que finalmente tienen lo que apunta a un déficit colectivo:</p>
<blockquote><p><strong>la existencia de barreras estructurales que imposibilitan que las familias puedan llevar a cabo sus aspiraciones y que constituye, por tanto, una carencia en términos de bienestar que debe ser analizado y atendido.</strong></p></blockquote>
<p>Partiendo de esta situación, este artículo pretende contribuir a esta línea de análisis mediante dos objetivos específicos:</p>
<p>i) explicar la evolución de la fecundidad en las últimas décadas en España;</p>
<p>ii) profundizar en algunas de las dimensiones de nuestra vida social que funcionan como obstáculos para la fecundidad.</p>
<p>Sin ánimo de exhaustividad se propone hacer un recorrido sobre los elementos más significativos que deben tenerse en cuenta para entender la evolución de la fecundidad en nuestro país a lo largo de las últimas décadas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4><strong>La evolución de la fecundidad en España</strong></h4>
<p>El descenso de la fecundidad no es un fenómeno nuevo ni exclusivo de España. Una vez superados los años del famoso <em>baby-boom</em> (que alcanzó su pico en nuestro país en los años sesenta del siglo pasado), todos los países de nuestro entorno han experimentado un descenso continuado del número de hijos e hijas en un proceso de convergencia en el que intervienen diversos factores. Pero antes de pasar a las explicaciones, veamos cuáles son los indicadores más significativos en términos de fecundidad.</p>
<p>La comparación entre el número de nacimientos hace cuarenta años (571.018 en el año 1980) y en la actualidad (336.811 en 2021) no deja margen a la duda: el número de bebés que nacen en nuestro país se ha reducido más de un 40%. De forma paralela, el número medio de hijos que tienen las mujeres españolas ha seguido la misma tendencia de descenso (Figura 1), pasando de 2,21 a 1,19, el valor más bajo de la historia, solo superado en el ámbito europeo por Malta en el año 2020.<a href="#_ftn1" name="_ftnref1"><sup>1</sup></a></p>
<p>Estos bajísimos niveles de fecundidad se explican, al menos parcialmente, por el hecho de que las mujeres en España acceden a la maternidad cada vez más tarde (Figura 2). El año pasado, la edad media a la que las mujeres en España tuvieron su primer hijo/a alcanzó los 32,6 años,<a href="#_ftn2" name="_ftnref2"><sup>2</sup></a> más tarde que la mayor parte de países europeos. Otro indicador demográfico que resulta relevante es el porcentaje de mujeres que terminan su vida fértil (entre los 40-44 años) sin tener hijos, valor que supera el 23% en España.<a href="#_ftn3" name="_ftnref3"><sup>3</sup></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Figura 1</strong>. Evolución del número medio de hijos/as por mujer. España, 1980-2021.</p>
<p><img decoding="async" class="aligncenter wp-image-149462 size-full" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/02/Elizalde-Figura1.jpg" alt="" width="1246" height="645" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/02/Elizalde-Figura1.jpg 1246w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/02/Elizalde-Figura1-450x233.jpg 450w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/02/Elizalde-Figura1-1200x621.jpg 1200w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/02/Elizalde-Figura1-300x155.jpg 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/02/Elizalde-Figura1-768x398.jpg 768w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/02/Elizalde-Figura1-350x181.jpg 350w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/02/Elizalde-Figura1-600x311.jpg 600w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/02/Elizalde-Figura1-64x33.jpg 64w" sizes="(max-width: 1246px) 100vw, 1246px" /></p>
<p>Fuente: Instituto Nacional de Estadística. Indicadores demográficos.</p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>Figura 2</strong>. Evolución de la edad en la que las mujeres tienen su primer hijo/a. España, 1980-2021.</p>
<p><img decoding="async" class="aligncenter size-full wp-image-149463" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/02/Elizalde-Figura2.jpg" alt="" width="1052" height="560" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/02/Elizalde-Figura2.jpg 1052w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/02/Elizalde-Figura2-450x240.jpg 450w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/02/Elizalde-Figura2-300x160.jpg 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/02/Elizalde-Figura2-768x409.jpg 768w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/02/Elizalde-Figura2-350x186.jpg 350w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/02/Elizalde-Figura2-600x319.jpg 600w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/02/Elizalde-Figura2-64x34.jpg 64w" sizes="(max-width: 1052px) 100vw, 1052px" />Fuente: Instituto Nacional de Estadística. Indicadores demográficos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Empezaremos este recorrido explicativo sobre los motivos que están detrás del cambio de paradigma en nuestro modelo reproductivo haciendo una parada en el que constituye uno de los principales procesos de transformación social de nuestra sociedad, el de la posición de las mujeres. Tradicionalmente, la maternidad era el hecho social por el que las mujeres tenían reconocimiento. Ese era su papel fundamental en nuestra organización social, dar a luz y asumir todas las actividades de cuidado que implicaba la crianza. Resulta evidente que los cambios en las relaciones de género han ubicado a las mujeres en nuevos roles y responsabilidades que han roto la tradicional asignación mujer=madre, y esta significativa transformación social genera que haya mujeres —muchas mujeres— que deciden no ser madres,<a href="#_ftn4" name="_ftnref4"><sup>4</sup></a> de forma que una parte del descenso de la fecundidad se explica por los avances en igualdad de género y bienestar de las mujeres que debe ser celebrada en tanto es indicativa de una mayor libertad en sus decisiones vitales.</p>
<blockquote><p><strong>La etiqueta de “baja fecundidad” pasa a constituir una preocupación cuando constituye un “déficit de fecundidad” debido a la existencia de barreras estructurales</strong></p></blockquote>
<p>Los bajísimos niveles de fecundidad que presenta nuestro país no deben constituir, por tanto, una preocupación en relación a aquellas mujeres que libremente deciden no ser madres, sino por aquellas que sí quieren serlo, pero no han podido cumplir ese proyecto. En España, la mitad de las mujeres que han terminado su etapa reproductiva sin haber tenido descendencia manifiestan que sí habrían querido tenerla, pero que por distintos motivos no lo han hecho.<a href="#_ftn5" name="_ftnref5"><sup>5</sup></a> Quienes nos dedicamos al estudio de la vida social sabemos bien que lo personal es político (como reza el lema feminista desde los años setenta) y, por tanto, merece atención en el ámbito público. Decisiones como la de ser madre/crear una familia no son tomadas en abstracto, sino que se deciden —de forma consciente o no— en función de factores como la situación laboral, los servicios públicos disponibles, los recursos de apoyo informal de los que se disponga o de la participación que en la decisión de ser madre tenga su pareja, en el caso de que la haya.</p>
<p>De esta forma, la etiqueta de «baja fecundidad» pasa a constituir una preocupación cuando constituye un «déficit de fecundidad», entendido como aquél que existe cuando las mujeres tienen menos hijos/as de los que desearían tener, debido a la existencia de barreras estructurales que les impiden desarrollar ese proyecto personal.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4><strong>Las “barreras estructurales” que contribuyen a explicar los actuales niveles de fecundidad</strong></h4>
<p>La existencia de este tipo de barreras limitadoras de los proyectos vitales constituye una problemática a la que se debe dar respuestas desde el ámbito de las políticas públicas. En España, los actuales niveles de fecundidad no se ajustan a las preferencias de las familias; el número ideal de hijos/as que estas expresan de forma consistente en numerosos estudios se ha mantenido constante en las últimas décadas en torno a dos,<a href="#_ftn6" name="_ftnref6"><sup>6</sup></a> lo que coincide con el tamaño de familia ideal existente en otros países europeos. Sin embargo, el número que de facto tienen en nuestro país ha ido disminuyendo progresivamente, alejándose cada vez más de ese proyecto deseado hasta alcanzar el año pasado los 1,19 hijos.</p>
<p>Esta distancia entre la realidad y las expectativas ha sido identificada como «infecundidad estructural»,<a href="#_ftn7" name="_ftnref7"><sup>7</sup></a>  un concepto que apunta a la idea de que las decisiones que están tomando las familias en torno a la fecundidad no se ajustan a sus preferencias, sino que son la consecuencia de una estructura social que impide, o al menos no favorece, tomar esa decisión.</p>
<p>No es ninguna novedad decir que el mercado laboral en España se caracteriza por la precariedad, la temporalidad y los bajos salarios. En términos de paro, las tasas de desempleo son persistentemente altas, especialmente entre la población migrante, las mujeres y las personas jóvenes.<a href="#_ftn8" name="_ftnref8"><sup>8</sup></a> En el último trimestre del año pasado el paro entre las personas de 25 a 29 años era del 18,6%.<a href="#_ftn9" name="_ftnref9"><sup>9</sup></a> Teniendo en cuenta que este grupo de edad es el que está acercándose al momento vital de tener descendencia, parece evidente que esta inestabilidad laboral constituye una primera barrera muy significativa.</p>
<p>Esta barrera es especialmente difícil de superar para las mujeres, para quienes la maternidad supone un “factor de riesgo” en el mercado laboral. Como se puede ver en la Figura 3, las tasas de empleo femenino descienden significativamente cuando las mujeres son madres, algo que no les ocurre a los hombres.</p>
<blockquote><p><strong>La precariedad es una barrera especialmente difícil de superar para las mujeres, para quienes la maternidad supone un “factor de riesgo” en el mercado laboral</strong></p></blockquote>
<p>Junto a este descenso del empleo, varios indicadores adicionales demuestran que la maternidad supone una retirada —total o parcial— de las mujeres del mercado  laboral y, por tanto, un riesgo: el 88% de las personas que se acogen a excedencias (no remuneradas) por cuidado de hijos son mujeres, según el Ministerio de Trabajo, Migraciones y Seguridad Social; el 22% de las mujeres que tienen un empleo trabajan a tiempo parcial, porcentaje al que hay que añadir las mujeres que reducen su jornada laboral por cuidado de hijas e hijos. Y, por último, se estima que la penalización en términos salariales que supone la maternidad es del 11% en el primer año y del 28% en el largo plazo.<a href="#_ftn10" name="_ftnref10"><sup>10</sup></a> Ser madre, en definitiva, supone para las mujeres un momento de transitar hacia unas nuevas responsabilidades de cuidado que son asumidas por ellas, de acuerdo a una división sexual del trabajo muy tradicional. Esta precariedad que experimentan las mujeres no es sino el reflejo de la existencia de profundas desigualdades de género en torno a los cuidados que constituye un desincentivo evidente para la fecundidad.</p>
<p><strong>Figura 3.</strong> Tasa de empleo (25-54 años) según situación familiar. España, 2021.</p>
<p><img decoding="async" class="aligncenter size-full wp-image-149464" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/02/Elizalde-Figura3.jpg" alt="" width="1026" height="677" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/02/Elizalde-Figura3.jpg 1026w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/02/Elizalde-Figura3-450x297.jpg 450w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/02/Elizalde-Figura3-300x198.jpg 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/02/Elizalde-Figura3-768x507.jpg 768w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/02/Elizalde-Figura3-350x231.jpg 350w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/02/Elizalde-Figura3-600x396.jpg 600w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/02/Elizalde-Figura3-64x42.jpg 64w" sizes="(max-width: 1026px) 100vw, 1026px" />Fuente: Eurostat, Labor Force Survey, código LFST_HHEREDCH.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero la relación entre las desigualdades de género y la fecundidad no se manifiesta únicamente en el mercado laboral; los niveles de fecundidad aumentan en aquellos contextos en los que existe una mayor corresponsabilidad entre hombres y mujeres también en el ámbito doméstico,<a href="#_ftn11" name="_ftnref11"><sup>11</sup></a> una esfera en la que también España muestra un comportamiento tradicional. Las estadísticas oficiales llevan décadas apuntando a resultados contundentes: tanto en este país como en el resto de Europa, la proporción de mujeres que realizan tareas domésticas es mayor que la de hombres y, además les dedican un número mayor de horas.<a href="#_ftn12" name="_ftnref12"><sup>12</sup></a> A modo de ejemplo, estudios recientes sobre España han mostrado que «en las parejas mayoritarias, aquellas en que ambos se encuentran ocupados, la brecha de género en el trabajo doméstico se puede cifrar en una hora y cuarenta y cinco minutos, y en unos cuarenta minutos en el cuidado de menores»,<a href="#_ftn13" name="_ftnref13"><sup>13</sup></a> por lo que el actual modelo de distribución de las responsabilidades domésticas no contribuye a revertir la tendencia de descenso de la fecundidad, en tanto en cuanto sigue constituyendo un ámbito de desigualdad y sobrecarga para las mujeres que, como se ha mencionado, se observa en los países con una fecundidad más baja.</p>
<p>Más allá del mercado laboral o la escasa corresponsabilidad en el ámbito doméstico, otro elemento fundamental para entender los niveles de fecundidad de un país es la arquitectura de sus políticas familiares. Volviendo al planteamiento de que la brecha entre la fecundidad deseada y la real constituye un problema colectivo, las políticas públicas de apoyo a las familias pueden y deben constituirse en una herramienta transformadora fundamental para reducir dicha brecha. El diseño de un sistema combinado de servicios públicos de cuidados universales (escuelas infantiles), prestaciones por nacimiento prolongadas en el tiempo, unas medidas de conciliación de la vida laboral y familiar eficaces y un modelo de transferencias monetarias que reduzca el impacto negativo que supone tener hijos e hijas se ha identificado como la condición necesaria para incrementar los índices de fecundidad.<a href="#_ftn14" name="_ftnref14"><sup>14</sup></a> En el caso español, sin embargo, el carácter errático de las políticas y las reducidas inversiones públicas hace que sea difícil reconocer siquiera la existencia de un «modelo» de ploíticas familiares,<a href="#_ftn15" name="_ftnref15"><sup>15</sup></a> por lo que las políticas públicas se han constituido, en sí mismas, en otra barrera estructural —en lugar de un elemento facilitador— a la fecundidad.</p>
<p>Empezando por las políticas dirigidas a la conciliación de la vida laboral y familiar, se trata de medidas orientadas a facilitar las ausencias del mercado laboral en lo que supone un claro ejemplo de falta de perspectiva de género que transfiere la responsabilidad de los cuidados a las mujeres y que hace que sean ellas las que asuman el riesgo derivado de ser madres en términos laborales y de ingresos.</p>
<blockquote><p><strong>El carácter errático de las políticas en España y las reducidas inversiones públicas hace difícil reconocer la existencia de un “modelo” de políticas familiares</strong></p></blockquote>
<p>Los principales instrumentos son las excedencias o las reducciones de jornada, opciones ambas que implican una significativa reducción de los ingresos y que son utilizadas casi en exclusiva, como se ha mencionado más arriba, por las mujeres. Se da la paradoja de que la puesta en marcha de políticas de conciliación se ha materializado en medidas que asumen que, ante la imposibilidad de conciliar en términos reales, la única opción posible es facilitar las “salidas” —totales o parciales— de las mujeres del mercado laboral.</p>
<p>Más allá del ámbito laboral, el principal recurso que necesitan las familias para conciliar y, por tanto, que contribuye a generar una percepción sobre la existencia de apoyos colectivos suficientes a la maternidad, son los servicios de educación infantil de 0 a 3 años. Si bien es cierto que en los últimos años la red pública de escuelas infantiles ha ido aumentando (ver Figura 4), la cobertura no está garantizada por lo que en el año 2020 apenas un 23% (con diferencias territoriales) de los niños y niñas de entre 0 y 3 años tenían plaza en una escuela pública.</p>
<p><strong>Figura 4</strong>. Porcentaje de menores de 0 a 3 años que asisten a escuelas infantiles públicas.</p>
<p><img decoding="async" class="aligncenter size-full wp-image-149465" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/02/Elizalde-Figura4.jpg" alt="" width="1143" height="616" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/02/Elizalde-Figura4.jpg 1143w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/02/Elizalde-Figura4-450x243.jpg 450w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/02/Elizalde-Figura4-300x162.jpg 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/02/Elizalde-Figura4-768x414.jpg 768w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/02/Elizalde-Figura4-350x189.jpg 350w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/02/Elizalde-Figura4-600x323.jpg 600w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/02/Elizalde-Figura4-64x34.jpg 64w" sizes="(max-width: 1143px) 100vw, 1143px" />Fuente: elaboración propia a partir de las Estadísticas del Ministerio de Educación y Formación Profesional.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por último, en cuanto a los permisos para cuidados, en España solo existe actualmente el permiso por nacimiento, que prevé 16 semanas para cada progenitor, pero no se contemplan otro tipo de permisos —que sí existen en otros países— para atender los cuidados durante los primeros años. La escasez de permisos da lugar a un nuevo elemento de inseguridad a las familias, al carecer de derechos reconocidos para atender las necesidades puntuales de cuidados que requieren los hijos e hijas una vez que termina el permiso por nacimiento.</p>
<p>Cabe señalar, antes de terminar este recorrido por las políticas familiares, que el Ministerio de Derechos Sociales y Agenda 2030 está actualmente diseñando una nueva Ley de Familias que prevé la incorporación de nuevos permisos por cuidados y que tiene como objetivo precisamente transformar el actual modelo de políticas familiares o, mejor dicho, generar un modelo de políticas públicas más garantista, que ayude a transmitir a la ciudadanía la idea de “derechos”. Sin duda, avanzar hacia un modelo de políticas familiares planteado en términos de ciudadanía y de derechos constituye una condición necesaria para reducir las actuales barreras a la fecundidad. No obstante, se debe aclarar que las políticas familiares no consiguen, por sí mismas y de forma aislada revertir el actual descenso de la fecundidad, sino que deben ser puestas en marcha junto a otras medidas que actúen sobre el resto de barreras que se están señalando.<a href="#_ftn16" name="_ftnref16"><sup>16</sup></a></p>
<p>El último elemento que es necesario apuntar como explicativo del continuado descenso de la fecundidad es el actual contexto —no solo nacional sino internacional— de incertidumbre.</p>
<blockquote><p><strong>Avanzar hacia un modelo de políticas familiares planteado en términos de ciudadanía y derechos constituye una condición necesaria para reducir las barreras a la fecundidad</strong></p></blockquote>
<p>Tradicionalmente, los momentos de crisis siempre han repercutido en descenso de la fecundidad, puesto que no son etapas que faciliten la decisión de tener hijos.<a href="#_ftn17" name="_ftnref17"><sup>17</sup></a> La inestabilidad laboral, la inseguridad económica y la falta de apoyos públicos llevan décadas constituyendo obstáculos significativos para tener hijos, obstáculos que se han acentuado con la crisis del COVID-19 y el actual contexto de conflicto internacional. Sin embargo, el análisis comparativo demuestra que, mientras en España el descenso de la fecundidad se ha acentuado en los dos últimos años, los países que han implementado medidas de apoyo a la conciliación y de respuesta ante la crisis (principalmente los países escandinavos) han experimentado una ligera recuperación de la fecundidad en este mismo periodo.<a href="#_ftn18" name="_ftnref18"><sup>18</sup></a> Este cambio de tendencia ha sido interpretado como un indicador del efectivo positivo que tiene en la fecundidad la generación de un sentimiento de confianza entre la ciudadanía con respecto a los apoyos públicos, cuando estos son mantenidos en el tiempo y son capaces de adaptarse ante coyunturas de especial necesidad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4><strong>La coordinación de medidas, clave para revertir la actual tendencia de la fecundidad</strong></h4>
<p>España cuenta en esta legislatura con un Ministerio para la Transición ecológica y el Reto demográfico, elevando así al máximo nivel en la acción gubernamental los retos que plantea la demografía, principalmente referidos a la bajísima fecundidad y el proceso de envejecimiento poblacional. La decisión de incluir estas temáticas en la esta estructura de gobierno supone la constatación de que “la cuestión demográfica” supone una preocupación colectiva que requiere de acciones directas por parte de las administraciones públicas. Esta preocupación aparece con frecuencia vinculada a la sostenibilidad de las pensiones, en la creencia de que las actuales tasas de natalidad (número de nacimientos anuales) no podrán sostener al creciente número de personas jubiladas. Sin embargo, esta simplista asociación entre baja natalidad y riesgo de pensiones ignora con frecuencia que las pensiones no se nutren de “población en general” sino de “personas empleadas”. Reducir los elevados y constantes niveles de desempleo existentes en nuestro país constituye una estrategia más realista a la hora de garantizar la sostenibilidad de las pensiones y reducir el impacto de estas sobre el Producto Interior Bruto, como así ha puesto de manifiesto en el análisis de los distintos escenarios de respuesta al envejecimiento poblacional elaborados en la Estrategia España 2050.<a href="#_ftn19" name="_ftnref19"><sup>19</sup></a></p>
<p>El descenso de la fecundidad ha venido para quedarse. Los avances en igualdad de género y un cambio de valores donde los proyectos vitales individuales no pasan siempre por tener hijos implican necesariamente unos niveles de fecundidad bajos que debemos aceptar como el resultado de una mayor igualdad y una ruptura de la tradicional asimilación de las mujeres a las familias y a ser madres.</p>
<p>Partiendo de esta idea, es importante entender que es la creciente brecha entre la fecundidad deseada y la real la que debe establecerse como un motivo de preocupación colectivo sobre el que incidir. En este trabajo se han señalado algunos de los elementos fundamentales que explican la baja fecundidad a través de las dinámicas existentes en el mercado laboral, las políticas familiares o la corresponsabilidad entre hombres y mujeres en el ámbito doméstico, pero se podrían apuntar otros, como las dificultades de acceso a la vivienda que también supone un obstáculo evidente a la hora de decidir tener descendencia.</p>
<p>Los esfuerzos dirigidos a reducir la brecha de fecundidad deben constar de paquetes de medidas coordinadas que incidan en todas esas dimensiones de forma paralela, huyendo de soluciones mágicas y/o estrategias dirigidas simplemente a “tener más hijas/hijos”, como pretenden las políticas natalistas. Estas fórmulas, que incorporan medidas dirigidas casi en exclusiva a las mujeres mediante sistemas de excedencias no remuneradas y cheques-bebés puntuales, han demostrado ser ineficaces puesto que no analizan las causas estructurales que dificultan que las personas jóvenes puedan tener hijos, causas que requieren un cambio de modelo mucho más ambicioso. Se trata, en última instancia, de facilitar las condiciones para que las preferencias individuales sobre las aspiraciones familiares puedan ser desarrolladas sin que supongan un elemento extra de vulnerabilidad ni en el ámbito laboral ni en el personal.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Begoña Elizalde San Miguel</strong> es profesora en el Departamento de Sociología y Trabajo Social de la Universidad Pública de Navarra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4>NOTAS:</h4>
<p><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">1</a> Eurostat, Fertility Indicators, 2020.</p>
<p><a href="#_ftnref2" name="_ftn2">2</a> Instituto Nacional de Estadística, 2021.</p>
<p><a href="#_ftnref3" name="_ftn3">3</a> Marta Seiz, Teresa Castro-Martín, Julia Cordero Coma y Teresa Martín-García, «La evolución de las normas sociales relativas a las transiciones familiares en España», <em>Revista Española de Sociología</em>, núm. 31(2), 2022, pp. 1-28, disponible en: <a href="https://recyt.fecyt.es/index.php/res/article/view/89793/68117" target="_blank" rel="noopener">https://recyt.fecyt.es/index.php/res/article/view/89793/68117</a>.</p>
<p><a href="#_ftnref4" name="_ftn4">4</a> Albert Esteve y Rocío Treviño, «Los grandes porqués de la (in)fecundidad española», <em>Perspectives demographiques</em>, núm. 15, 2019, pp. 1-4, disponible en: <a href="https://ced.cat/PD/PerspectivesDemografiques_015_ESP.pdf." target="_blank" rel="noopener">https://ced.cat/PD/PerspectivesDemografiques_015_ESP.pdf.</a></p>
<p><a href="#_ftnref5" name="_ftn5">5</a> <em>Ibidem</em>.</p>
<p><a href="#_ftnref6" name="_ftn6">6</a> Tomáš Sobotka y  Éva Beaujouan, «Two is Best? The Persistence of a Two-Child Family Ideal in Europe», <em>Population and Development Review</em>, núm. 40(3), 2014, pp. 391-419, disponible en: <a href="https://onlinelibrary.wiley.com/doi/full/10.1111/j.1728-4457.2014.00691.x." target="_blank" rel="noopener">https://onlinelibrary.wiley.com/doi/full/10.1111/j.1728-4457.2014.00691.x.</a></p>
<p><a href="#_ftnref7" name="_ftn7">7</a> Bruna Alvarez y Diana Marré, «Motherhood in Spain: from the “baby boom” to “structural infertility”», <em>Medical Anthropology</em>, núm. 41(6-7), 2022, pp. 718-7331, disponible en: <a href="https://onlinelibrary.wiley.com/doi/full/10.1111/j.1728-4457.2014.00691.x" target="_blank" rel="noopener">https://onlinelibrary.wiley.com/doi/full/10.1111/j.1728-4457.2014.00691.x</a>.</p>
<p><a href="#_ftnref8" name="_ftn8">8</a> María José Moral. «El mercado de trabajo», en María José Moral, <em>Manual de Economía Española</em>, Funcas, Madrid, 2022.</p>
<p><a href="#_ftnref9" name="_ftn9">9</a> INE, Encuestas Población Activa, 4 Trimestre, 2021.</p>
<p><a href="#_ftnref10" name="_ftn10">10</a> Alicia de Quinto, Laura Hospido y Carlos Sanz. «The Child Penalty in Spain», <em>Documentos Ocasionales</em>, núm. 2017, Madrid: Banco de España, 2020, disponible en: <a href="https://www.bde.es/f/webbde/SES/Secciones/Publicaciones/PublicacionesSeriadas/DocumentosOcasionales/20/Files/do2017e.pdf" target="_blank" rel="noopener">https://www.bde.es/f/webbde/SES/Secciones/Publicaciones/PublicacionesSeriadas/DocumentosOcasionales/20/Files/do2017e.pdf</a>.</p>
<p><a href="#_ftnref11" name="_ftn11">11</a> Frances Goldscheider, Eva Bernhardt y Trude Lappegård, «The gender revolution: A framework for understanding changing family and demographic behavior», <em>Population and development review</em>, núm. 41(2), 2015, pp. 207-239, disponible en: <a href="https://doi.org/10.1111/j.1728-4457.2015.00045.x" target="_blank" rel="noopener">https://doi.org/10.1111/j.1728-4457.2015.00045.x</a>.</p>
<p><a href="#_ftnref12" name="_ftn12">12</a> Laura Lükmann, «When parents wish to reduce their working hours: does sorting into occupations and work organizations explain gender differences in working-time adjustments?», <em>Journal of Family Research</em>, núm. 33(3), 2021, pp. 1-37, disponible en: <a href="https://doi.org/10.20377/jfr-496" target="_blank" rel="noopener">https://doi.org/10.20377/jfr-496</a>.</p>
<p><a href="#_ftnref13" name="_ftn13">13</a> Marc Ajenjo y Joan García Román, «La persistente desigualdad de género en el uso del tiempo en España», <em>Perspectives demographics</em>, núm. 14, 2019, p. 3, disponible en:  <a href="https://ced.cat/PD/PerspectivesDemografiques_014_ESP.pdf" target="_blank" rel="noopener">https://ced.cat/PD/PerspectivesDemografiques_014_ESP.pdf</a></p>
<p><a href="#_ftnref14" name="_ftn14">14</a> Begoña Elizalde-San Miguel, Vicente Díaz Gandasegui y M. Teresa Sanz García, «Family Policy Index: A Tool for Policy Makers to Increase the Efectiveness of Family Policies», <em>Social Indicators Research</em>, núm. 142, 2019, pp. 387-409, disponible en: <a href="https://link.springer.com/article/10.1007/s11205-018-1920-5" target="_blank" rel="noopener">https://link.springer.com/article/10.1007/s11205-018-1920-5</a>.</p>
<p><a href="#_ftnref15" name="_ftn15">15</a> Luis Ayuso y Milagrosa Bascón, «El <em>descubrimiento </em>de las políticas familiares en España: entre la ideología y el pragmatismo», <em>Revista Española de Investigaciones Sociológicas</em>, núm. 174, 2021, pp. 3-22, disponible en: <a href="http://www.reis.cis.es/REIS/PDF/REIS_174_011615205527045.pdf" target="_blank" rel="noopener">http://www.reis.cis.es/REIS/PDF/REIS_174_011615205527045.pdf</a>.</p>
<p><a href="#_ftnref16" name="_ftn16">16</a> Begoña Elizalde-San Miguel, Vicente Díaz Gandasegui y María T. Sanz García, «Growing Pains: Can Family Policies Revert the Decline of Fertility in Spain», <em>Social Inclusion</em>, núm. 11 (1), 2023. DOI: <a href="https://doi.org/10.17645/si.v11i1.6141" target="_blank" rel="noopener">https://doi.org/10.17645/si.v11i1.6141</a>.</p>
<p><a href="#_ftnref17" name="_ftn17">17</a> Francesca Luppi, Bruno Arpino y Alesandro Rosina, «The impact of COVID-19 on fertility plans in Italy, Germany, France, Spain and the United Kingdom», <em>Demographic Research</em>, núm. <em>43</em>(47), 2020, pp. 1399-1412, disponible en: <a href="https://www.demographic-research.org/volumes/vol43/47" target="_blank" rel="noopener">https://www.demographic-research.org/volumes/vol43/47</a>.</p>
<p><a href="#_ftnref18" name="_ftn18">18</a> Jessica Nisén, Marika Jalovaara, Anna Rotkirch y Mika Gissler, «Fertility recovery despites de COVID-19 pandemic in Finland?», <em>SocArXiv</em> <em>Flux</em>, núm. 4, 2022, disponible en: <a href="https://doi.org/10.31235/osf.io/fxwe3" target="_blank" rel="noopener">https://doi.org/10.31235/osf.io/fxwe3</a>.</p>
<p><a href="#_ftnref19" name="_ftn19">19</a> Oficina Nacional de Prospectiva y Estrategia de Largo Plazo (coord.), «<em>España 2050. Fundamentos y propuestas para una Estrategia Nacional de Largo Plazo</em>», Ministerio de la Presidencia, Madrid, 2021, p. 225, disponible en: <a href="https://www.lamoncloa.gob.es/presidente/actividades/Documents/2021/200521-Estrategia_Espana_2050.pdf" target="_blank" rel="noopener">https://www.lamoncloa.gob.es/presidente/actividades/Documents/2021/200521-Estrategia_Espana_2050.pdf</a>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Acceso al texto completo del artículo en formato pdf: <em><a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/el-descenso-de-la-fecundidad/" target="_blank" rel="noopener">El descenso de la fecundidad: un déficit de bienestar colectivo sobre el que la demografía lleva años alertando</a>.</em></p>
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		<title>Factor demográfico y crisis ecosocial</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 06 Feb 2023 08:25:38 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Análisis]]></category>
		<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<category><![CDATA[Crisis Ecosocial]]></category>
		<category><![CDATA[Demografía]]></category>
		<category><![CDATA[Despoblación]]></category>
		<category><![CDATA[destacadasecosocial]]></category>
		<category><![CDATA[migraciones]]></category>
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					<description><![CDATA[En el transcurso de dos generaciones hemos “llenado el mundo” y en apenas una el “hábitat humano ha pasado a ser urbano”, con un impacto ecológico colosal, que nos ha conducido a la extralimitación. ]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong><img decoding="async" class="alignright size-thumbnail wp-image-149165" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/01/160-300x422.jpg" alt="" width="300" height="422" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/01/160-300x422.jpg 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/01/160-450x634.jpg 450w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/01/160-768x1081.jpg 768w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/01/160-1091x1536.jpg 1091w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/01/160-350x493.jpg 350w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/01/160-600x845.jpg 600w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/01/160-64x90.jpg 64w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/01/160.jpg 1196w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></strong>Artículo de Santiago Álvarez Cantalapiedra publicado como <strong>Introducción</strong> del número 160 de la revista <a href="https://www.fuhem.es/revista-papeles/" target="_blank" rel="noopener"><em>Papeles de relaciones ecosociales y cambio globa</em></a>l.</p>
<p>El mundo ha superado recientemente la cifra de 8.000 millones de seres humanos. Hace apenas dos siglos había 1.000 millones de personas sobre la faz de la tierra, que en promedio vivían 35 años; hoy, no solo somos ocho veces más, sino que vivimos el doble.</p>
<p>El impulso demográfico más intenso se ha producido en los últimos cincuenta años, cuando la población mundial pasó de 4.000 millones en 1974 a 8.000 millones en 2022, mientras la esperanza de vida mundial se incrementaba en ese mismo periodo en 13 años.<a href="#_ftn1" name="_ftnref1"><sup>1</sup></a> Por otro lado, esa población está geográficamente distribuida de manera muy desigual y con dinámicas demográficas muy dispares, por lo que el envejecimiento y el declive demográfico empiezan a ser un hecho en gran parte del mundo (la mitad de la población mundial vive ya en países donde la fecundidad está por debajo del nivel de reemplazo de 2,1 hijos por mujer),<a href="#_ftn2" name="_ftnref2"><sup>2</sup></a> mientras que en otras zonas -África, principalmente- la juventud y el crecimiento demográfico seguirán siendo la norma durante años.</p>
<p>Además, la población mundial se ha hecho urbana. Desde el año 2007, por primera vez en la historia de la humanidad, viven más personas en las ciudades que en el campo simbolizando el abandono de lo que la especie humana fue desde su aparición: una especie formada por cazadores, recolectores y productores de alimentos.</p>
<p>En consecuencia, en el transcurso de dos generaciones hemos “llenado el mundo” y en apenas una el “hábitat humano ha pasado a ser urbano”. Eso ha comportado un impacto ecológico colosal al reflejar la aceleración de la ruptura metabólica que se venía fraguando desde la revolución industrial y que nos ha conducido a la situación de extralimitación en que nos encontramos. Así pues, la dinámica demográfica no puede disociarse del tipo de intercambio con la naturaleza que la civilización industrial capitalista impuso hace doscientos años como tampoco cabe obviar, en el contexto de extralimitación y destrucción en el que estamos, que la demografía representa un factor para tener en cuenta en la actual crisis ecosocial.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4><strong>El peso de la demografía</strong></h4>
<p>La importancia de la demografía se deja ver en la evolución social, económica, geopolítica y ecológica del mundo. Más de la mitad de la población mundial vive en el continente asiático, particularmente en la franja que va desde el sur al este (que incluye Pakistán, India, Bangladesh, China, Vietnam, Tailandia, Myanmar, Indonesia y las islas Filipinas), y hacia allí se está desplazando el centro de gravedad económico, político y cultural que está armando el poder global al inicio de este siglo.</p>
<p>Pero el dinamismo demográfico se sitúa, según las proyecciones, en África, el único continente donde aún hay más población rural que urbana. Se estima que la población del continente se duplicará en menos de treinta años (alcanzando la cifra de 2.500 millones en el año 2050), por lo que para entonces más de una cuarta parte de la humanidad será africana. El crecimiento poblacional de África es dos veces el del Sureste asiático y casi tres veces el de América Latina, y lo que impulsa esa dinámica es el hecho de que en la mayoría de los países africanos alrededor del 70% de su población sea menor de 30 años.</p>
<p>Esto contrasta fuertemente con la situación del resto del mundo, donde la población autóctona envejece aceleradamente. España y la UE representan casos paradigmáticos. Según los datos más recientes del INE, la población de España aumentó en 182.141 personas durante la primera mitad del año 2022 y se situó en 47.615.034 habitantes, pero ese crecimiento se debió a un saldo migratorio positivo de 258.547 personas, que compensó con creces un saldo vegetativo negativo de 75.409 personas.<a href="#_ftn3" name="_ftnref3"><sup>3</sup></a></p>
<p>Las previsiones de que se reduzca la población española en las próxima décadas, al tiempo que se incrementa su edad promedio, hacen que se hable de la dinámica demográfica como un reto de primer orden cuyos efectos se sentirán en los patrones de consumo y de ahorro, en la evolución de la fuerza laboral y en la eficacia del sistema de bienestar social al implicar un incremento significativo del gasto público en pensiones, sanidad y servicios sociales.<a href="#_ftn4" name="_ftnref4"><sup>4</sup></a> Al problema del envejecimiento se suma además el de la distribución geográfica, de manera que las zonas más envejecidas coinciden además con las más despobladas. España es un reflejo de lo que está sucediendo en el resto de la UE: sin la migración, la población europea se habría reducido en medio millón durante el año 2019, dado que los nacimientos representaron 4,2 millones frente a los 4,7 millones de decesos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4><strong>Brecha demográ</strong><strong>fica</strong></h4>
<p>Esta disparidad de dinámicas entre países y continentes está provocando cambios profundos en el mundo que conocemos, creando la mayor brecha demográfica de la historia. Por un lado, los viejos países centrales del capitalismo global, que han concentrado el poder mundial durante los últimos siglos, se están convirtiendo en las sociedades más avejentadas del planeta. Por contraste, en las naciones más pobres y menos poderosas (la periferia más subordinada del capitalismo mundial) es donde reside hoy la mayor parte de la población joven. Esta división será un factor clave que impulsará las relaciones políticas, económicas y culturales durante las próximas décadas, alterando no solo la importancia económica de los países y los flujos del comercio internacional, sino también casi todos los órdenes de la vida como la creatividad y la innovación tecnológica, el papel y peso de las distintas religiones, la diversidad social y los patrones migratorios.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4><strong>¿El siglo de las migraciones?</strong></h4>
<p>Podría pensarse que las brechas y desequilibrios demográficos impulsarán indefectiblemente los procesos migratorios. Los países centrales del capitalismo más añejo encontrarían en la inmigración la solución a sus problemas, mientras que la población joven de los países pobres hallaría fuera de sus fronteras las oportunidades que no tiene en sus lugares de nacimiento.<a href="#_ftn5" name="_ftnref5"><sup>5</sup></a> El asunto, sin embargo, no es tan simple ni automático como aparenta, pero ayuda a situar la cuestión migratoria como «piedra de toque para discriminar entre opciones emancipatorias y regresivas».<a href="#_ftn6" name="_ftnref6"><sup>6</sup></a> Dentro de las posturas regresivas, algunos contemplan la migración como una tabla de salvación, mientras que otros ven en el mismo fenómeno la peor de las amenazas.<a href="#_ftn7" name="_ftnref7"><sup>7</sup></a></p>
<p>Las opciones emancipatorias, alejadas de esta visión instrumental de las migraciones como oportunidad o amenaza, ponen de manifiesto que lo que se trasluce de todo ello no es sino el intento de los viejos centros capitalistas de aferrarse a un <em>modo de vida imperial</em> que la crisis ecosocial nos revela que solo puede mantenerse a fuerza de profundizar en el ecocidio y el genocidio. Volveremos sobre ello más adelante, pues lo que ahora interesa es enmendar alguna distorsión importante en torno a cómo se suelen contemplar los procesos migratorios.</p>
<p>Para empezar, no hay una invasión derivada de un supuesto crecimiento desbordado de las migraciones internacionales. Se estima que el número de migrantes internacionales (personas que viven en un país del que no son ciudadanos) alcanzó una cifra alrededor de los 272 millones en 2019.<a href="#_ftn8" name="_ftnref8"><sup>8</sup></a> Un porcentaje de la población que oscila entre el 3 y el 3,5% de la población mundial y que se ha mantenido sin grandes variaciones a lo largo de las últimas décadas,  pues -como sostienen los premios Nobel Barnejee y Duflo- «en el año 2017, la proporción de migrantes internacionales en relación con la población mundial era casi la misma que en 1960 o 1990: el 3 por ciento».<a href="#_ftn9" name="_ftnref9"><sup>9</sup></a> Muy lejos de los porcentajes de la gran migración europea de finales del XIX y principios del XX: con un 6%. Por otro lado, las desigualdades y brechas económicas por sí solas no resultan suficientes para explicar el movimiento transfronterizo de personas. Si la migración solo respondiera a la desigualdad de ingresos, sería difícil explicar por qué los migrantes no eligen sistemáticamente a los países más ricos o por qué los niveles de migración difieren entre países con niveles similares de ingresos. Tampoco lograría explicar por qué algunos migrantes regresan a sus países de origen aun cuando las diferencias de ingresos entre el origen y el destino se siguen manteniendo.</p>
<p>Los modelos migratorios que se basan únicamente en las disparidades económicas no logran capturar las diferencias más amplias en los marcos sociales, políticos e institucionales y el hecho de que son los conflictos y la violencia los que obligan a las personas a abandonar sus países, al igual que, cada vez más, los eventos climáticos extremos y la degradación ecológica que sobre su territorio provoca el modo de vida de la civilización industrial capitalista.</p>
<p>Teniendo esto presente, conviene volver a las cifras de las migraciones internacionales. Si bien se ha resaltado que estamos lejos de encontrarnos ante un fenómeno masivo y que la evolución ha sido relativamente estable en la última mitad del siglo XX, también es cierto que desde el inicio del tercer milenio el volumen de migrantes internacionales se ha incrementado en más de un 50% (unos 108 millones en términos absolutos), pasando de 173 millones en el año 2000 (con una población mundial de 6.145 millones) hasta los 281 millones en 2020 (sobre una población mundial de 7.900). Así pues, se puede concluir que durante las dos primeras décadas del nuevo siglo el ritmo de incremento de los migrantes (un 38,4%) ha sido significativo y superior al de la población (22,2%).</p>
<p>Detrás de este nuevo impulso es muy probable que se encuentre el importante aumento en el número de personas desplazadas por la fuerza en todo el mundo. Según la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) durante el año pasado el desplazamiento forzado superó los cien millones de personas.<a href="#_ftn10" name="_ftnref10"><sup>10</sup></a> Hay que observar la evolución reciente: el desplazamiento forzado alcanzó en el año 2014 una magnitud que no se había registrado desde la II Guerra Mundial. De los 59,5 millones de desplazados por la fuerza en el mundo en esas fechas, 19,5 eran refugiados y 1,8 solicitantes de asilo (el resto –38,2 millones– desplazados internos)<a href="#_ftn11" name="_ftnref11"><sup>11</sup></a> Desde entonces no ha dejado de crecer hasta alcanzar los 100 millones mencionados.</p>
<p>La mayor parte de esas personas huyen de la violencia generalizada o de la violación de los derechos humanos (proceden de zonas de conflicto como Ucrania, Siria, Irak, Somalia, Sudán del Sur, la República Democrática del Congo, Eritrea o Palestina), pero los organismos internacionales advierten de que el incremento de la diáspora global en el futuro se deberá sobre todo a la expulsión de la población de sus territorios como consecuencia  de la destrucción de los hábitats donde viven (y eso tiene que ver directamente con la crisis ecológica y, concretamente, con los efectos del cambio climático).<a href="#_ftn12" name="_ftnref12"><sup>12</sup></a> La violencia derivada de los conflictos y la expulsión asociada a la destrucción de los hábitats no son factores que actúen aisladamente, sino que se retroalimentan entre sí construyendo un entramado que incide sobre la población en una misma dirección.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4><strong>Crisis ecosocial, expulsiones y demografía </strong></h4>
<p>La degradación de los hábitats y los impactos catastróficos de los eventos climáticos extremos actúan como potentes elementos expulsores de población e importantes factores de desestabilización. Entremezclados con otras crisis y conflictos preexistentes, constituyen un cóctel explosivo, especialmente en ese conjunto de estados económica y políticamente maltratados a lo largo de la historia del capitalismo que se extiende en torno al ecuador del planeta y donde el cambio climático comienza a golpear más fuerte por su importante dependencia de la agricultura y la pesca. Son, por otra parte, los países con mayor dinamismo demográfico y que sufren en mayor medida los daños de un <em>modo de vida imperial</em> que tiene a <em>las mujeres, a la naturaleza y a los pueblos del Sur </em>como colonias.<a href="#_ftn13" name="_ftnref13"><sup>13</sup></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<h4><strong>Desaf</strong><strong>íos</strong></h4>
<p>La arena exterior hacia la que trasladaba geográfica y temporalmente sus contradicciones el capitalismo ha ido despareciendo a media que se ha hecho global. La válvula de escape de las presiones que la civilización industrial capitalista somete a la biosfera está a punto de saltar por los aires por la convergencia de tendencias que conducen al desastre. El modo de vida imperante, que tantos privilegios concentra en una parte de la humanidad a costa de dañar la dignidad y supervivencia de la otra parte, necesita urgentemente ser desenmascarado y desmontado al mostrarse profundamente incompatible con altos niveles de población (y persistencia de otras especies) en un contexto de extralimitación.</p>
<p>No parece que podamos orillar por más tiempo la necesidad de racionalizar y regular conscientemente las relaciones sociales y los intercambios con la naturaleza. La regulación consciente de las relaciones humanas debería incluir también los aspectos demográficos, tanto en lo que se refiere al volumen de población como a los flujos migratorios, y hacerlo con criterios de justicia (social, ecológica y de género) para que no se convierta en una estrategia que persiga preservar un modo de vida que solo puede mantenerse descartando a una parte de la humanidad y al resto de especies.</p>
<p>Sin dejar de prestar atención preferente al modo de producción y consumo, preguntándonos acerca de qué producir, cómo hacerlo y con qué criterios distributivos, que siguen siendo la cuestiones centrales y esenciales, debemos abordar también con las máximas cautelas y en toda su complejidad los asuntos demográficos. Máximas cautelas porque, como recuerda el pensamiento feminista, el control de la población suele interpretarse, en el marco del capitalismo patriarcal, como una instrumentalización tecnocrática del cuerpo y la fertilidad de las mujeres.<a href="#_ftn14" name="_ftnref14"><sup>14</sup></a> La “población” son seres humanos y no una “variable” susceptible de ser manejada tecnocráticamente. Pero hay ciertas evidencias, que surgen de la fuerte relación entre las tasas de disminución de la fertilidad y el aumento de la autonomía de las mujeres a través de la educación y el acceso a los servicios de salud reproductiva, que deben ser potenciadas y completadas con otras medidas que persigan aumentar el control efectivo de las mujeres sobre sus propias vidas. Por otro lado, el control poblacional se hace aún más complejo y necesitado de regulaciones bioéticas desde el momento en que hemos desarrollado una biotecnología capaz de controlar sin cortapisas la evolución biológica de la especie humana.</p>
<p>Algo parecido cabría decir de la regulación de los flujos migratorios. La instrumentalización de las migraciones procedentes del Sur para resolver los problemas de las sociedades avejentadas del Norte global no servirá más que para legitimar las enormes injusticias y desigualdades existentes. Es preciso revisar el ordenamiento jurídico internacional para reconocer derechos a la naturaleza y las nuevas realidades sociales que surgen del deterioro ecológico.</p>
<p>Un primer paso puede ser ampliar el concepto jurídico de refugiado: «Las razones que pueden aducir quienes se encuentran en una situación de riesgo real de daño irreparable para su vida y dignidad por motivos medioambientales son equiparables a los motivos contemplados por la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951 para otorgar refugio a las personas que huyen de la violencia o de la persecución».<a href="#_ftn15" name="_ftnref15"><sup>15</sup></a> Necesitamos por tanto un nuevo enfoque con que contemplar las migraciones y la política migratoria basado en el <em>deber de acogida</em> asociado al grado de la responsabilidad contraída históricamente por siglos de colonialismo, desposesión y destrucción.</p>
<p><strong>Santiago Álvarez Cantalapiedra</strong>, es director de<a href="https://www.fuhem.es/ecosocial/" target="_blank" rel="noopener"> FUHEM Ecosocial</a> y de la revista <em><a href="https://www.fuhem.es/revista-papeles/" target="_blank" rel="noopener">Papeles de relaciones ecosociales y cambio global</a></em>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Puedes descargar el texto completo en formato pdf: <a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/factor-demografico-y-crisis-ecosocial/" target="_blank" rel="noopener"><em>Factor demográfico y crisis ecosocial</em></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<h4>NOTAS</h4>
<p><a href="#_ftnref1" name="_ftn1"><sup>[1]</sup></a> <a href="https://datos.bancomundial.org/indicador/SP.DYN.LE00.IN" target="_blank" rel="noopener">https://datos.bancomundial.org/indicador/SP.DYN.LE00.IN</a></p>
<p><a href="#_ftnref2" name="_ftn2"><sup>[2]</sup></a> La proyección más reciente, publicada en el año 2020 por el Instituto de Métricas y Evaluaciones de Salud (IHME) de la Universidad de Washington señala que para finales de este siglo 183 de los 195 países del mundo tendrán una tasa de fertilidad por debajo del nivel de reemplazo. Stein Emil Vollset, Emily Goren, Chun-Wei Yuan, Jackie Cao, Amanda E Smith et al.: «Fertility, mortality, migration, and population scenarios for 195 countries and territories from 2017 to 2100: a forecasting analysis for the Global Burden of Disease Study», <em>The Lancet</em>, Vol 396, 17 de octubre 2020, pp. 1285-1306, disponible en: <a href="https://www.thelancet.com/article/S0140-6736(20)30677-2/fulltext" target="_blank" rel="noopener">https://www.thelancet.com/article/S0140-6736(20)30677-2/fulltext</a>]</p>
<p><a href="#_ftnref3" name="_ftn3"><sup>[3]</sup></a> <a href="https://ine.es/dyngs/INEbase/es/operacion.htm?c=Estadistica_C&amp;cid=1254736176951&amp;menu=ultiDatos&amp;idp=1254735572981" target="_blank" rel="noopener">INEbase / Demografía y población /Cifras de población y Censos demográficos /Cifras de población / Últimos datos</a></p>
<p><a href="#_ftnref4" name="_ftn4"><sup>[4]</sup></a> Esta situación ha hecho que el Banco de España, en su <em>Informe Anual 2018</em>, dedicara por primera vez un capítulo (el cuarto) a las consecuencias económicas del cambio demográfico, disponible en: <a href="https://www.bde.es/bde/es/secciones/informes/informes-y-memorias-anuales/informe-anual/index2018.html" target="_blank" rel="noopener">https://www.bde.es/bde/es/secciones/informes/informes-y-memorias-anuales/informe-anual/index2018.html</a>]</p>
<p><a href="#_ftnref5" name="_ftn5"><sup>[5]</sup></a> Desde una perspectiva meramente instrumental (y acorde con la más pura lógica descarnada de los intereses económicos vigentes), las respuestas al declive demográfico no pasarían únicamente por potenciar la inmigración. También cabría contemplar políticas en favor de las oportunidades a la población más joven y políticas de adaptación a una sociedad con mayor presencia de personas mayores. Las primeras -adoptando un prisma pro-natalista (y sin una necesaria conexión con la justicia social y de género)- abordarían los problemas de precariedad juvenil, emancipación tardía y cambio cultural en relación con los modelos de familia, abogando por mayores ayudas públicas a las mujeres en edad fértil y la remoción de los obstáculos a la conciliación de la vida laboral con la familiar y a la corresponsabilidad en la crianza. Las segundas, orientadas a la potenciación de los mayores defenderían que, dada la mayor longevidad de la población, habría que aprovechar la experiencia y el aprendizaje acumulado a lo largo de toda una vida incentivando la permanencia en el mercado laboral de las personas mayores a través de fórmulas flexibles de envejecimiento activo basadas en la voluntariedad.</p>
<p><a href="#_ftnref6" name="_ftn6"><sup>[6]</sup></a> Jorge Riechmann, «¿Somos demasiados? Reflexiones sobre la cuestión demográfica», <em>Papeles de relaciones ecosociales y cambio global</em>, nº 148, 2020, p. 26, disponible en: <a href="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/01/Reflexiones-sobre-cuestion-demografica-J.Riechmann.pdf" target="_blank" rel="noopener">https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/01/Reflexiones-sobre-cuestion-demografica-J.Riechmann.pdf </a></p>
<p><a href="#_ftnref7" name="_ftn7"><sup>[7]</sup></a> Aquí se situarían las supercherías conspirativas de la extrema derecha convergentes en la idea del «gran reemplazo», según la cual se estaría favoreciendo la sustitución de la población autóctona por población extranjera a través de la inmigración masiva, con lo que la “cultura e identidad” de los primeros se encontraría ante el riesgo de desaparecer por el dinamismo demográfico del foráneo. Se trata de posiciones sin ningún fundamento que se asientan en visiones raciales y culturales supremacistas.</p>
<p><a href="#_ftnref8" name="_ftn8"><sup>[8]</sup></a> UNDESA, <em>World Social Report</em> 2020, p. 130, disponible en: <a href="https://www.un.org/development/desa/dspd/world-social-report/2020-2.html" target="_blank" rel="noopener">https://www.un.org/development/desa/dspd/world-social-report/2020-2.html </a></p>
<p>[puede consultarse en: <a href="https://www.un.org/development/desa/dspd/world-social-report/2020-2.html" target="_blank" rel="noopener">https://www.un.org/development/desa/dspd/world-social-report/2020-2.html</a>]</p>
<p><a href="#_ftnref9" name="_ftn9"><sup>[9]</sup></a> Abhijit V. Banerjee y Esther Duflo, <em>Buena economía para tiempos difíciles</em>, Taurus, Barcelona, 2020, p. 25.</p>
<p><a href="#_ftnref10" name="_ftn10"><sup>[10]</sup></a> <a href="https://www.acnur.org/noticias/press/2022/5/6286d6ae4/acnur-ucrania-y-otros-conflictos-impulsan-el-desplazamiento-forzado-que.html" target="_blank" rel="noopener">https://www.acnur.org/noticias/press/2022/5/6286d6ae4/acnur-ucrania-y-otros-conflictos-impulsan-el-desplazamiento-forzado-que.html</a></p>
<p><a href="#_ftnref11" name="_ftn11"><sup>[11]</sup></a> ACNUR, <em>Tendencias globales. Desplazamiento forzado en 2014</em>, UNHCR, 18 Jun 2015. disponible en: <a href="https://www.acnur.org/fileadmin/Documentos/Publicaciones/2015/10072.pdf" target="_blank" rel="noopener">https://www.acnur.org/fileadmin/Documentos/Publicaciones/2015/10072.pdf</a></p>
<p><a href="#_ftnref12" name="_ftn12"><sup>[12]</sup></a> Son cada vez más numerosos los estudios que muestran esta tendencia. Véase, por ejemplo, los informes <em>Groundswell</em> del Banco Mundial, que estudian la escala, trayectoria y patrones espaciales de la futura migración provocada por impactos climáticos dentro de los países en tres grandes regiones: África al sur del Sahara, Asia meridional y América Latina. Puede consultarse también el informe de la Universidad de Bolonia y WeWorld: <em>¿Más allá del pánico?: análisis de los desplazamientos climáticos en Senegal, Guatemala, Camboya y Kenia,</em> publicado en el marco del proyecto<em> Climate of Change</em> financiado por la Unión Europea, donde se recogen testimonios de personas afectadas en los cuatro países objeto de estudio, disponible en: <a href="https://www.alianzaporlasolidaridad.org/axs2020/wp-content/uploads/revisado-Mas-alla-del-panico-digital.pdf" target="_blank" rel="noopener">https://www.alianzaporlasolidaridad.org/axs2020/wp-content/uploads/revisado-Mas-alla-del-panico-digital.pdf</a></p>
<p><a href="#_ftnref13" name="_ftn13"><sup>[13]</sup></a> María Mies y Vandana Shiva,<em> Ecofeminismo (teoría, crítica y perspectivas)</em>, Icaria, Barcelona, 2015. Sobre las pulsiones extractivistas y el modo de vida imperial puede consultarse el capítulo 8 «La era de las consecuencias» de mi libro <em>La gran encrucijada, crisis ecosocial y cambio de paradigma</em>, HOAC, Madrid, 2019.</p>
<p><a href="#_ftnref14" name="_ftn14"><sup>[14]</sup></a> Anna Bosch, Cristina Carrasco y Elena Grau, «Verde que te quiero violeta», en Enric Tello: <em>La historia cuenta</em>, El Viejo Topo, Barcelona, 2005.</p>
<p><a href="#_ftnref15" name="_ftn15"><sup>[15]</sup></a> VVAA, «Migraciones y fronteras en un marco de justicia global», <em>Tiempos de Transiciones</em>, Foro de Transiciones, 2021, p. 12, disponible en: <a href="https://forotransiciones.org/wp-content/uploads/sites/51/2021/12/MIGRACIONES_def.pdf" target="_blank" rel="noopener">https://forotransiciones.org/wp-content/uploads/sites/51/2021/12/MIGRACIONES_def.pdf</a></p>
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		<title>El debate sobre la población en la crisis ecosocial</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 05 Jan 2023 08:18:32 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<category><![CDATA[Crisis Ecosocial]]></category>
		<category><![CDATA[Demografía]]></category>
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					<description><![CDATA[El artículo recoge las intervenciones de Eileen Crist y de Lyla Mehta en el foro online sobre población «The Population Debate Revisited» organizado por Great Transition Initiative en 2022. ]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><img decoding="async" class="alignright size-thumbnail wp-image-149165" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/01/160-300x422.jpg" alt="" width="300" height="422" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/01/160-300x422.jpg 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/01/160-450x634.jpg 450w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/01/160-768x1081.jpg 768w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/01/160-1091x1536.jpg 1091w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/01/160-350x493.jpg 350w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/01/160-600x845.jpg 600w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/01/160-64x90.jpg 64w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/01/160.jpg 1196w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" />El <a href="https://www.fuhem.es/2023/02/06/factor-demografico-papeles-160/" target="_blank" rel="noopener">número 160</a> de la revista <a href="https://www.fuhem.es/revista-papeles/" target="_blank" rel="noopener"><em>Papeles de relaciones ecosociales y cambio global</em></a> ofrece en su sección <strong>A Fondo</strong> un texto que recoge las intervenciones de <strong>Eileen Crist</strong> y de <strong>Lyla Mehta</strong> en el foro online sobre población «The Population Debate Revisited», organizado por <a href="https://greattransition.org/" target="_blank" rel="noopener">Great Transition Initiative</a> (GTI) en agosto de 2022.<a href="#_ftn1" name="_ftnref1"><sup><strong>1</strong></sup></a></p>
<p>Las autoras representan dos posiciones paradigmáticas de los debates sobre población: Crist defiende la necesidad de reducción de la población mundial mientras que Mehta aboga por poner el foco en cuestiones de poder, de distribución y de cómo se genera socialmente el concepto de escasez.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4><strong>Menos es más</strong></h4>
<p>Eileen Crist</p>
<p>Me gustaría empezar agradeciendo a Ian Lowe el haber preparado el escenario para un animado intercambio. Mi comentario está motivado por la consideración normativa de superar el rencor que rodea la cuestión de la población. Abogo por replantear ciertos aspectos de la población de forma que se demuestre de forma incontestable que poner fin al crecimiento demográfico y reducir gradualmente el número de seres humanos sirve para el bienestar de todos a largo plazo.</p>
<p><em>Desvincular la política de inmigración de la cuestió</em><em>n demogr</em><em>á</em><em>fica</em>. Resulta ventajoso enfocar la población como una cuestión global, excluyendo el discurso de la inmigración de las cuestiones de población. Cuando se proponen medidas de restricción de la inmigración como medio para hacer frente a la superpoblación, el debate sobre la población se paraliza en medio de acusaciones de racismo, xenofobia y similares. Podemos unirnos para abogar por la búsqueda activa de ciertos derechos humanos que reviertan el crecimiento de la población (cuestión que abordaré más adelante), sin que la inmigración se convierta en un obstáculo. El espacio me impide exponer los argumentos contra la restricción de la inmigración como política demográfica, pero los he publicado en otro lugar.<a href="#_ftn2" name="_ftnref2"><sup>2</sup></a></p>
<p><em>Los derechos de los niños, el empoderamiento de las mujeres, la libertad reproductiva y la educación sexual integral son el camino</em>. Evitar empantanar el debate sobre la población con la política de inmigración no es una mera táctica. La transición hacia una población mundial más reducida y sostenible es posible mediante el mismo conjunto de transformaciones en todas las sociedades: tolerancia cero a las «novias infantiles»; educación hasta (al menos) la enseñanza secundaria para las niñas; empoderamiento de las mujeres, es decir, acceso a la educación superior, a un empleo significativo y a carreras de liderazgo; servicios de planificación familiar y opciones anticonceptivas voluntarias; y eliminación de las barreras físicas, sociales y culturales que las impiden. A estos derechos humanos establecidos relacionados con la población, debemos añadir la educación sexual integral (ESI), que puede desempeñar un papel importante en el decrecimiento de la población. La ESI reduce la tasa de embarazos no deseados, además de otros notables beneficios para la calidad de vida.<a href="#_ftn3" name="_ftnref3"><sup>3</sup></a></p>
<blockquote><p>Los derechos de las niñas y las mujeres son fundamentales para la transición a una población más reducida.</p></blockquote>
<p>Cuando las mujeres reciben educación y se empoderan por lo general eligen tener menos hijos o no tenerlos, independientemente de su origen. Cuando las mujeres son libres de elegir su destino reproductivo aflora lo que Martha Campbell ha llamado su «deseo latente» de tener menos hijos.<a href="#_ftn4" name="_ftnref4"><sup>4</sup></a> Hay una razón evolutiva para ello: el embarazo y la maternidad son un reto para el cuerpo de las mujeres. Tener muchos hijos, sobre todo a partir de la pubertad y de forma muy seguida, está relacionado con un aumento de la mortalidad materna.</p>
<p>Las presiones sexistas del pronatalismo coercitivo están presentes no solo en el mundo en desarrollo. Ya sea de forma sutil o expresa, las normas socioculturales a favor de la maternidad están muy extendidas en el Norte y el Sur del mundo. Las presiones pronatalistas sobre las mujeres merecen ser expuestas y confrontadas.<a href="#_ftn5" name="_ftnref5"><sup> 5</sup></a></p>
<p><em>El consumo es el problema, la població</em><em>n lo aumenta.</em> Un marco estándar que requiere un replanteamiento es la yuxtaposición de «consumo» y «población» como variables de impacto distintas. Este dilema engañoso lleva a la gente a elegir cuál es el problema. Es comprensible que muchos opten por castigar el consumo excesivo de los ricos mientras desestiman el tamaño y el crecimiento de la población. Este dilema es ofuscante. El consumo excesivo es el problema; el crecimiento de la población hace que el consumo aumente y acabe por rebasar los límites.</p>
<p>Para entenderlo mejor, imaginemos una situación hipotética. Si los seres humanos fueran «respiradores», es decir, capaces de satisfacer sus necesidades energéticas únicamente con la respiración, y se inclinaran por la simplicidad voluntaria, el número de seres humanos apenas importaría. La Tierra podría albergar a muchos miles de millones de minimalistas respiratorios. Volviendo a la realidad, todas las personas necesitan comer y a la mayoría le gusta hacerlo al menos dos veces al día. Más aún, todo el mundo debería comer más de una vez al día y tomar buenos alimentos. En una civilización global electrificada e interconectada, la gente consume, por supuesto, muchas más cosas que alimentos. En este artículo, me centro en la cuestión de la población sobre todo a través de la lente de la alimentación.</p>
<p>El sistema alimentario (producción, consumo, transformación y comercio) se ha convertido en la principal causa de deterioro ecológico a todos los niveles: extensión del uso de la tierra y de los océanos, colapso de la biodiversidad, pérdida y degradación del suelo, agotamiento del agua dulce, cambio climático y contaminación de la tierra, los ecosistemas de agua dulce, los mares costeros y la atmósfera.<a href="#_ftn6" name="_ftnref6"><sup>6</sup></a></p>
<p>¿Podemos dejar de enmarcar la Revolución verde como un «logro técnico»? Me gustaría que abandonáramos el obligado guiño deferente a la revolución verde. A pesar de las buenas intenciones originales, los beneficios a corto plazo y los impresionantes rendimientos, la Revolución verde ha desatado una caja de Pandora de daños desastrosos. Sus monocultivos destruyen la biodiversidad. Los agroquímicos ponen en peligro la biodiversidad del suelo, la vida de las plantas y los insectos, las aves y otros animales, incluidas las personas.<a href="#_ftn7" name="_ftnref7"><sup>7</sup></a> Los fertilizantes sintéticos desmantelan la biodiversidad del suelo; exacerban el cambio climático, contaminan el aire, la tierra, el agua dulce, las aguas subterráneas y los estuarios; y pueden provocar eventos de mortalidad masiva de la fauna. Mientras que la cantidad de alimentos se ha disparado (por ahora), la calidad de los mismos (especialmente los que se imponen a las personas sin poder) ha caído en picado. Más de 2.000 millones de personas (tanto subalimentadas como sobrealimentadas) sufren carencias de micronutrientes.<a href="#_ftn8" name="_ftnref8"><sup>8</sup></a></p>
<p>La revolución verde ha respaldado el crecimiento explosivo de la población humana. La existencia de casi la mitad de la población está en deuda con las tecnologías de la revolución verde, sobre todo con los fertilizantes.<a href="#_ftn9" name="_ftnref9"><sup>9</sup></a> Es un trato fáustico. Los efectos de la revolución verde en la biosfera están aumentando en los niveles interrelacionados mencionados anteriormente. El glifosato está en la lluvia. La contaminación por nitrógeno es una catástrofe creciente que pasa desapercibida, ya que la mayoría de los ojos están puestos en el carbono.<a href="#_ftn10" name="_ftnref10"><sup>10</sup></a> Los monocultivos son más vulnerables a un clima que cambia rápidamente.</p>
<p>Aunque se necesita inmediatamente una mejor gestión de los insumos de la revolución verde, el restablecimiento de la salud de la biosfera y de la humanidad no tiene por qué plantearse como un ejercicio de control de daños de un sistema de producción de alimentos intrínsecamente perjudicial. La solución profunda consiste en abandonar esta forma de producir alimentos, junto con la reducción gradual del número de personas  hasta llegar a un punto en el que todas las personas puedan recibir alimentos sanos: alimentos producidos de forma ecológica y ética, no contaminados por biocidas y ricos en nutrientes procedentes de suelos sanos y regenerados.</p>
<blockquote><p>Crist: La solución profunda consiste en abandonar esta forma de producir alimentos, junto con la reducción gradual del número de personas</p></blockquote>
<p>El cultivo de alimentos no es un problema de ingeniería que deban resolver los tecnócratas con planes de eficiencia y microgestión. Cultivar alimentos es el arte de los agricultores en diálogo con la abundante fertilidad de la Tierra.</p>
<p><em>Menos es más: una población de unos 2.000 millones es mejor para todos y a largo plazo</em>. La Tierra conoce la fertilidad, y los agricultores saben cómo trabajar con ese don para alimentar a la gente. Deberíamos prescindir del tropo de «alimentar al mundo». No hay que alimentar a los seres humanos, sino nutrirlos con alimentos hechos con amor por los animales y la tierra, cultivados por la calidad más que por la cantidad, y elaborados por los agricultores en una relación ingeniosa con la naturaleza que los rodea.</p>
<p>Entonces, ¿a cuántas personas puede alimentar la Tierra? Esta pregunta requiere una aclaración muy importante. ¿En qué tipo de planeta? Los guardianes de la Tierra sostienen que la opción virtuosa y prudente es un planeta en el que se conserve la biodiversidad, la abundancia de poblaciones no humanas, la complejidad ecológica, la vivacidad del comportamiento (como las culturas animales y las migraciones) y el potencial evolutivo. Todo ello requiere la conservación a gran escala de la tierra y los mares, el fin de la deforestación tropical, la proliferación de proyectos de renaturalización y restauración ecológica, y la eliminación gradual de los agroquímicos y otros contaminantes. Una amplia protección de la naturaleza salvaje y de los «paisajes intermedios» agrodiversos (donde se producen los alimentos) son sinérgicas, siempre que los paisajes intermedios sean subsistema modesto del planeta en lugar de invadirlo.</p>
<p>Cuando David Pimentel hizo el cálculo de cuántas personas pueden ser mantenidas con  equidad a base de alimentos orgánicos, diversos y mayoritariamente vegetales, y al tiempo proteger generosamente la naturaleza salvaje, el resultado rondaba los 2.000 millones.<a href="#_ftn11" name="_ftnref11"><sup>11</sup></a> Esta cifra no es absoluta ni una «solución rápida”,<a href="#_ftn12" name="_ftnref12"><sup>12</sup></a> sino que ofrece una visión a medio y largo plazo que debe abordarse con prontitud y ambición dentro de un marco de derechos humanos, junto con muchas otras transiciones que exige nuestra situación.</p>
<p><em>¿</em><em>Qu</em><em>é elegirá la humanidad?</em> Además de necesitar alimentos sanos, la mayoría de los habitantes del mundo moderno también quieren –entre otras cosas– ordenadores personales, frigoríficos, control de la temperatura interior, tecnologías de entretenimiento, medios de transporte y un conjunto material de servicios sanitarios, educativos y de otro tipo. Podemos dejar de lado si se trata de lujos industriales, de comodidades buscadas o de manifestaciones del potencial de nuestra especie que vale la pena mantener en formas alteradas y reducidas. En lo que sí podemos estar de acuerdo es en que las comodidades modernas no deberían ser un privilegio ilimitado de los ricos, sino una prerrogativa de todos los que las deseen a niveles moderados y justos.</p>
<p>A este respecto, el estilo de vida moderno se está extendiendo, lo que subraya el argumento: debemos ser muchos menos, si la humanidad también desea habitar un planeta biológicamente vibrante. Si, por el contrario, la humanidad deriva hacia la conversión de la Tierra en una colonia de recursos, ese planeta empobrecido podría –durante un periodo indeterminado– «alimentar» a muchos miles de millones de humanos, mientras se embolsarán las riquezas los Amazon, grandes almacenes, corporaciones agroquímicas, grandes farmacéuticas y el complejo militar-industrial. Si pudiéramos votar, ¿no elegiría la humanidad un planeta vivo en lugar de uno colonizado? En esta encrucijada nos encontramos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4><strong>Contra el alarmismo demográ</strong><strong>fico</strong></h4>
<p>Lyla Mehta</p>
<p>Más que un «elefante en la habitación», como sostiene Ian Lowe, el tema de la población y el neomaltusianismo están vivitos y coleando. Ejemplos recientes son la película de David Attenborough <em>Una vida en nuestro planeta</em>, que aborda cómo los seres humanos están invadiendo el mundo y de las amenazas de la población para el medio ambiente; los grupos de reflexión de Washington que establecen vínculos entre los llamados refugiados climáticos, la escasez y la superpoblación; e incluso el príncipe Guillermo del Reino Unido afirma que la población de África es una amenaza para la vida salvaje y la conservación.</p>
<p>Lamentablemente, seguimos en un mundo en el que el pensamiento neomaltusiano establece vínculos simplistas entre el aumento de la población, el cambio climático, los conflictos y la escasez de recursos. Son evidentes los vínculos con la «tragedia de los comunes» de Hardin cuando el ecologismo y el pensamiento sobre el desarrollo en general interpretan una serie de cuestiones que van desde la pobreza mundial y el desarrollo económico, el cambio medioambiental, la conservación e incluso la seguridad nacional y mundial a través de la lente de la superpoblación y la escasez. Esto ha tendido a dar lugar a narrativas tecnoautoritarias que se dirigen desproporcionadamente a los pobres y marginados del “mundo mayoritario”, que en consecuencia suelen enfrentarse a una serie de acciones draconianas, por ejemplo, el desplazamiento, la desposesión, el control de los cuerpos –especialmente, de las mujeres pobres no blancas– y la biopolítica.</p>
<p>Así, esta fijación con la superpoblación desvía la atención de cuestiones más cruciales como la forma en que se distribuye el poder en la sociedad , la desigualdad de género, la discriminación étnica y de casta, las condiciones comerciales injustas, la planificación estatal, las tecnologías centralizadoras, los acuerdos de tenencia, la degradación ecológica, etc. Además, tenemos que vincular los debates sobre la población con las cuestiones relativas a los modelos desiguales y sesgados de consumo, y de asignación y distribución de recursos.</p>
<blockquote><p>Mehta: La fijación con la superpoblación desvía la atención de cuestiones más cruciales como la forma en que se distribuye el poder en la sociedad</p></blockquote>
<p>Gran parte de mi trabajo anterior se ha centrado en la escasez y los límites. El concepto de escasez –es decir, la suposición de que las necesidades y los deseos son ilimitados y los medios para conseguirlos son escasos– es el principio básico de la economía moderna. Pero esta noción ha hecho que la escasez se convierta en un discurso totalizador tanto en el Norte como en el Sur global. El «miedo» a la escasez ha hecho que esta se convierta en una estrategia política para los grupos poderosos. Como argumentó el difunto Steve Rayner, la propagación del miedo a la disminución de los recursos del planeta ha servido en gran medida para mantener a los pobres en la pobreza y enriquecer a los que ya son ricos.<a href="#_ftn13" name="_ftnref13"><sup>13</sup></a> Por eso, en trabajos anteriores, junto con varios colaboradores, he argumentado que la escasez no es una condición natural; el problema radica en cómo vemos la escasez y en las formas en que se genera socialmente.<a href="#_ftn14" name="_ftnref14"><sup>14</sup></a> Por lo tanto, tenemos que centrarnos en las cuestiones fundamentales de la asignación de recursos, el acceso, el derecho y la justicia social, en lugar de recurrir a nociones simplistas universalizadoras de la escasez.</p>
<p>Como sabemos por los informes recientes y pasados del Grupo de Alto Nivel de Expertos en Seguridad Alimentaria y Nutrición y también del PNUD, hay suficiente comida y agua para todos.<a href="#_ftn15" name="_ftnref15"><sup>15</sup></a> Sin embargo, a nivel mundial, el problema del hambre crónica existe y se ha intensificado durante la pandemia. En los países ricos, los perversos regímenes de subvenciones han llevado a la generación de excedentes, y los pobres comen alimentos envasados baratos. El hambre y la obesidad son dos caras de la misma moneda. Actualmente hay una explosión de bancos de alimentos en el Reino Unido, y cerca del 8% de la población sufre inseguridad alimentaria.<a href="#_ftn16" name="_ftnref16"><sup>16</sup></a> La malnutrición y el hambre en el Reino Unido no se deben a la superpoblación, sino a la austeridad, los recortes, el aumento de la pobreza y la desigualdad.</p>
<p>A pesar de estas cuestiones, el miedo a la escasez y la superpoblación sigue siendo un medio para desviar la atención de las causas de la pobreza y la desigualdad que pueden implicar a los políticamente poderosos. Por ello, Marie Sneve Martinussen, diputada noruega del Partido Rojo, en un reciente acto sobre los <em>Límites del Crecimiento</em> +50 en Oslo instó de forma elocuente a no centrarnos en la tragedia de los comunes, sino en la «tragedia de los pocos», es decir, en el papel que desempeñan los poderosos, los ricos y las élites, en la perpetuación del crecimiento obsesionado por el PIB, el consumo y la destrucción del medio ambiente. Del mismo modo, el movimiento por el decrecimiento reclama que los límites al consumo/crecimiento se apliquen en gran medida a los países ricos y a las élites de todo el mundo, y no a los grupos y países pobres y vulnerables.</p>
<p>Los discursos sobre el número de personas y la necesidad de control de la natalidad suelen hacer recaer todas las esperanzas y expectativas en las mujeres. Invariablemente, los objetivos son las mujeres negras y morenas de Asia, África y América Latina, a las que se considera que tienen demasiados hijos.  Rara vez se apunta a las mujeres blancas de los países ricos, a sus bebés, o incluso a las huellas de carbono o ecológicas de las familias blancas en el mundo minoritario.</p>
<p>El 24 de junio de 2022, el Tribunal Supremo de Estados Unidos anuló el derecho constitucional al aborto en el país, lo que supuso un día muy trágico para los derechos de la mujer y los derechos humanos. ¿Cómo podemos siquiera hablar de cuestiones de población cuando se niegan derechos tan básicos a las mujeres? Aunque no existen prohibiciones similares en muchos otros países, sigue habiendo muchos obstáculos socioculturales y económicos en torno a los derechos reproductivos de las mujeres, que siguen estando moldeados por prejuicios y leyes masculinas discriminatorias. En el contexto de Estados Unidos, cada vez se reconoce más que la falta de acceso al aborto afectará en gran medida a las inmigrantes, las comunidades indígenas, las mujeres de color, las personas discapacitadas, etc. Gran parte del discurso antiabortista estadounidense es racista y puede vincularse a la supremacía blanca. Por lo tanto, es importante ser conscientes de que las políticas de crecimiento demográfico y de control de la población tienden a no tener en cuenta el género ni la etnia y, por lo tanto, corren el riesgo de reproducir procesos coloniales y racializados de razonamiento y discriminación.</p>
<p>En resumen, en lugar de hablar del crecimiento de la población, centremos nuestra atención en avanzar hacia la consecución de la igualdad de género, la justicia climática, los procesos justos de asignación y distribución de recursos y los procesos de desarrollo que sean sostenibles y socialmente justos en el Norte y el Sur. Esto es lo que realmente importa y contribuiría en gran medida a mejorar el bienestar humano y planetario que permitirá a todos los seres –humanos y no humanos– florecer y prosperar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Eileen Crist</strong> es profesora asociada emérita del Departamento de Ciencia y Tecnología en la Sociedad de la Universidad Virginia Tech y editora asociada de la revista <em>Environmental Issues</em><em>. </em>Entre sus obras figura <em>Abundant Earth: Toward an ecological civilization</em> (University of Chicago Press, 2019).</p>
<p><strong>Lyla Mehta</strong> es profesora del Instituto de Estudios del Desarrollo de la Universidad de Sussex, profesora visitante de Noragric en la Universidad Noruega de Ciencias de la Vida, y autora, entre otras obras, de <em>Water, Food Security, Nutrition and Social Justice </em>(Rouledge, 2019).</p>
<p>Traducción: Nuria del Viso. FUHEM Ecosocial.</p>
<h4>NOTAS</h4>
<p><a href="#_ftnref1" name="_ftn1"></a> <sup><strong>1</strong></sup> El debate íntegro de GTI está disponible en: <a href="https://greattransition.org/gti-forum/the-population-debate-revisited" target="_blank" rel="noopener">https://greattransition.org/gti-forum/the-population-debate-revisited</a>. Agradecemos a GTI el permiso para la reproducción de estos textos.</p>
<p><a href="#_ftnref2" name="_ftn2"><sup>2</sup></a> Eileen Crist, «Decoupling the Global Population Problem from Immigration Issues», <em>The Ecological Citizen</em> vol. 2, núm. 2, 2019, pp. 149–151, disponible en: <a href="https://www.ecologicalcitizen.net/pdfs/v02n2-08.pdf" target="_blank" rel="noopener">https://www.ecologicalcitizen.net/pdfs/v02n2-08.pdf</a></p>
<p><a href="#_ftnref3" name="_ftn3"><sup>3</sup></a> Mona Kaidbey y Robert Engelman, «Nuestros cuerpos, nuestro futuro: difundir una educación sexual integral», en <em>Educación ecosocial. Cómo educar frente a la crisis ecológica. </em><em>La situación del mundo, </em>capítulo 12, FUHEM Ecosocial/ Icaria, 2017, pp. 189-201.</p>
<p><a href="#_ftnref4" name="_ftn4"><sup>4</sup></a> Martha Campbell y Kathleen Bedford, «The Theoretical and Political Framing of the Population Factor in Development», <em>Philosophical Transactions of the Royal Society B</em> 364, núm. 1532, 2009, pp. 3101–3113.</p>
<p><a href="#_ftnref5" name="_ftn5"><sup>5</sup></a> Nandita Bajaj, «Abortion Bans Are a Natural Outgrowth of Coercive Pronatalism», <em>Ms. Magazine</em>, junio de 2022, disponible en: <a href="https://msmagazine.com/2022/06/07/abortion-bans-coercive-pronatalism-forced-birth/" target="_blank" rel="noopener">https://msmagazine.com/2022/06/07/abortion-bans-coercive-pronatalism-forced-birth/</a>.</p>
<p><a href="#_ftnref6" name="_ftn6"><sup>6</sup></a> Walter Willet, Johan Rockström, Brent Loken <em>et al</em>., «Food in the Anthropocene: The EAT-Lancet Commission on Healthy Diets from Sustainable Food Systems», <em>The Lancet</em>, vol. 393, núm. 10170, 2019, pp. 447–492.</p>
<p><a href="#_ftnref7" name="_ftn7"><sup>7</sup></a> Joel K. Bourne, «The Global Food Crisis: The End of Plenty», <em>National Geographic Magazine</em>, junio de 2009.</p>
<p><a href="#_ftnref8" name="_ftn8"><sup>8</sup></a> Walter Willet, Johan Rockström, Brent Loken <em>et al</em>., 2019, <em>op. cit.</em>; Paul Ehrlich y John Harte, «Food Security Requires a New Revolution», <em>International Journal of Environmental Studies</em> vol. 72, núm. 6 (2015), pp. 908-920; Richard Manning, «Hidden Downsides of the Green Revolution: Biodiversity Loss and Diseases of Civilization», <em>Mother Earth News</em>, 22 de abril de 2014, disponible en:  <a href="https://www.motherearthnews.com/sustainable-living/nature-and-environment/the-green-revolution-zm0z14jjzchr/" target="_blank" rel="noopener">https://www.motherearthnews.com/sustainable-living/nature-and-environment/the-green-revolution-zm0z14jjzchr/</a>.</p>
<p><a href="#_ftnref9" name="_ftn9"><sup>9</sup></a> Hannah Ritchie y Max Roser, «Fertilizers», <em>OurWorldInData.org</em>, 2020, disponible en: <a href="https://ourworldindata.org/fertilizers" target="_blank" rel="noopener">https://ourworldindata.org/fertilizers</a></p>
<p><a href="#_ftnref10" name="_ftn10"><sup>10</sup></a> Fred Pearce, «Can the World Find Solutions to the Nitrogen Pollution Crisis?», <em>Yale Environment 360</em>, 6 de febrero de 2018, disponible en: <a href="https://e360.yale.edu/features/can-the-world-find-solutions-to-the-nitrogen-pollution-crisis" target="_blank" rel="noopener">https://e360.yale.edu/features/can-the-world-find-solutions-to-the-nitrogen-pollution-crisis</a>; Eileen Crist, «Got Nitrogen?», <em>The Ecological Citizen </em>(editorial), vol. 5, núm. 1, 2021, pp. 3–10.</p>
<p><a href="#_ftnref11" name="_ftn11"><sup>11</sup></a> David Pimentel <em>et al.</em>, «Will Limited Land, Water, and Energy Control Human Population Numbers in the Future?», <em>Human Ecology</em> vol. 38, núm. 5, 2010, pp. 599–611.</p>
<p><a href="#_ftnref12" name="_ftn12"><sup>12</sup></a> Corey Bradshaw y Barry Brook, «Human Population Reduction Is Not a Quick Fix for Environmental Problems», <em>PNAS, </em>vol. 111, núm. 46, 2004, pp. 16610–16615.</p>
<p><a href="#_ftnref13" name="_ftn13"><sup>13</sup></a> Steve Rayner, «Foreword», en Lyla Mehta (ed.), <em>Limits to Scarcity</em>, Routledge, Londres, 2010, pp. x–xvi.</p>
<p><a href="#_ftnref14" name="_ftn14"><sup>14</sup></a> Lyla Metha (ed.), 2010, <em>op. cit</em>.; Lyla Mehta, Amber Huff y Jeremy Allouche, «The New Politics and Geographies of Scarcity», <em>Geoforum</em>, núm<em>.</em> 101, mayo de 2019, pp. 222–230.</p>
<p><a href="#_ftnref15" name="_ftn15"><sup>15</sup></a> Programa de Desarrollo de las Naciones Unidad (PNUD), <em>Más allá de la escasez: poder, pobreza y la crisis mundial del agua, </em>PNUD, Nueva York, 2006, disponible en: <a href="https://hdr.undp.org/system/files/documents/hdr2006escompletopdf.pdf" target="_blank" rel="noopener">https://hdr.undp.org/system/files/documents//hdr2006escompletopdf.pdf</a></p>
<p><a href="#_ftnref16" name="_ftn16"><sup>16</sup></a> Departamento británico de Medio Ambiente, Alimentación y Asuntos Rurales (Reino Unido), <em>United Kingdom Food Security Report 2021: Theme 4: Food Security at Household Level</em>, 22 de diciembre de 2021, disponible en: <a href="https://www.gov.uk/government/statistics/united-kingdom-food-security-report-2021/united-kingdom-food-security-report-2021-theme-4-food-security-at-household-level" target="_blank" rel="noopener">https://www.gov.uk/government/statistics/united-kingdom-food-security-report-2021/united-kingdom-food-security-report-2021-theme-4-food-security-at-household-level</a></p>
<p>Acceso al texto completo en formato pdf: <a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/el-debate-sobre-la-poblacion-en-la-crisis-ecosocial/" target="_blank" rel="noopener"><em>El debate sobre la población en la crisis ecosocial.</em></a></p>
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		<title>¿Somos demasiados?</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 26 Feb 2020 13:24:16 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[Demografía]]></category>
		<category><![CDATA[destacadasecosocial]]></category>
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					<description><![CDATA[El artículo ¿Somos demasiados? Reflexiones sobre la cuestión demográfica de Jorge Riechmann pertenece a la sección de ENSAYO del núm. [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><img decoding="async" class="alignright wp-image-131375 size-thumbnail" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/01/PAPELES-148-300x423.jpg" alt="" width="300" height="423" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/01/PAPELES-148-300x423.jpg 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/01/PAPELES-148-450x634.jpg 450w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/01/PAPELES-148-768x1083.jpg 768w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/01/PAPELES-148-1200x1692.jpg 1200w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/01/PAPELES-148-600x846.jpg 600w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/01/PAPELES-148-64x90.jpg 64w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/01/PAPELES-148.jpg 2063w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" />El artículo <em>¿Somos demasiados? Reflexiones sobre la cuestión demográfica de </em><strong>Jorge Riechmann</strong> pertenece a la sección de <strong>ENSAYO</strong> del núm. 148 de la revista <em>Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global</em>, correspondiente a invierno 2019-2020.</p>
<p><em>Una</em> <em>r</em><em>e</em><em>f</em><em>l</em><em>e</em><em>xión</em> <em>minuciosa </em><em>en</em> <em>torno</em> <em>a</em> <em>la</em> <em>espinosa </em><em>cuestión</em> <em>de</em> <em>la</em> <em>población,</em> <em>ignorada por la izquierda o elemento de división, aunque, como recuerda el autor, también ha existido un maltusianismo progresista, un feminismo obrero y maltusiano y un anarquismo naturista. El tema cobra ahora nueva relevancia en el contexto de la crisis socioecológica  en marcha. El debate no puede pos- ponerse por más tiempo.</em></p>
<p>Si constatamos que la huella ecológica conjunta de la humanidad <em>excede la biocapacidad del planeta </em>(en un factor ya superior a 1.7, según los informes <em>Living Planet </em>que se publican cada dos años), y que si todos quisiéramos vivir como estadounidenses o australianos <em>necesitaríamos cinco planetas Tierra </em>a nuestra disposición, es evidente que en algún sentido somos demasiados, o quizá que la actividad humana resulta excesiva… Aquí la noción de extralimitación ecológica <em>(overshoot) </em>resulta esencial.</p>
<p>Hay demasiada gente en el mundo, por desgracia; y no hay racionalización que pueda destruir esa evidencia, nos sugieren Déborah Danowski y Eduardo Viveiros de Castro.1   Y “¡hagan parientes y no bebés!” es la consigna que propone Donna Haraway. 2</p>
<p>Solo durante el siglo XX la humanidad se cuadruplicó (de 1.500 a 6.000 millones de personas) y luego ha seguido creciendo. Pero abordar la cuestión demográfica en términos de sobrepoblación humana nos resulta extraordinariamente difícil. De hecho, es fácil constatar que en un país como el nuestro si se aborda la cuestión demográfica como problema casi todo el mundo convendrá en que falta gente, no sobra. Y en muchos otros países sucede lo mismo. Por ejemplo, <em>El País </em>editorializa sobre “Natalidad bajo mínimos” en los siguientes términos:</p>
<p style="padding-left: 40px;">Tener una de las mayores esperanzas de vida al mismo tiempo que una de las tasas de fecundidad más bajas del mundo es la combinación perfecta para desencadenar una crisis demográfica. De mantenerse la tendencia actual, en 2050 habrá en España  seis jubilados por cada diez trabajadores activos, en lugar de los tres que hay ahora. Eso significa que, de no mediar la entrada de contingentes importantes de inmigrantes, será muy difícil obtener los ingresos públicos necesarios para sostener las pensiones.3</p>
<p>Un consenso banal en nuestro país (y no sólo en él) sostiene que “el problema demográfico de España es el envejecimiento” –pero en realidad sólo se puede afirmar tal cosa si nuestra perspectiva es extremadamente cortoplacista y seguimos ignorando, en el fondo, los problemas de límites planetarios. Si <em>la huella ecológica de España es 2,6 veces superior a su biocapacidad</em>, es decir, si harían falta casi tres Españas para mantener los actuales estilos de vida (y por tanto sólo se pueden mantener con cargo a otros territorios, apropiándonos de los recursos de otros países con esquemas neocoloniales), ¿cómo contentarse con que “el problema demográfico de España es el envejecimiento”?4</p>
<p>Después de intensos debates en los años sesenta y setenta, tanto en Europa como en EEUU, acerca de la sobrepoblación humana, el concepto fue demonizado y desapareció del horizonte político (en paralelo a la demonización que sufrió el importante estudio <em>The Limits to Growth </em>de 1972, como ha estudiado con cierto detalle Ugo Bardi).5 Algunos autores han sugerido que se impuso un <em>tabú hardiniano </em>que descalificó de antemano a quien intentase argumentar que existía, de hecho, sobrepoblación.6 Si Leo Strauss acuñó la expresión <em>reductio ad Hitlerum </em>para denunciar que se recurre demasiadas veces a acusar de fascismo hitleriano al contrincante cuando una discusión se alarga demasiado, podría hablarse quizá, en lo que al debate demográfico se refiere, de una <em>reductio ad Hardinum. </em>La idea de una “ética del bote salvavidas”,  como se sabe, remite a Garrett Hardin.7</p>
<h4><strong>Las cifras de </strong><strong>la demografía humana son conocidas</strong></h4>
<p>Como cazadores-recolectores  (o mejor: forrajeadores) éramos probablemente menos de un millón de <em>Homo sapiens </em>en el Paleolítico; y éramos apenas 14 millones cuando, hace unos 5.000 años, transitamos desde las aldeas neolíticas básicamente igualitarias hacia sociedades con Estado, ejércitos y patriarcado. Como agricultores preindustriales –y nada sustentables– éramos 1.000 millones hacia 1800; pero hoy somos ya más de 7.700 millones.</p>
<p>Éramos 1.000 millones de personas en 1800, 2.000 millones en 1925, 4.000 millones en 1974, 6.000 millones en 1999, 7.000 millones en 2011; previsiblemente seremos 8.000 millones ya en 2023.8</p>
<blockquote><p>No somos conscientes de hasta qué punto la enorme población humana actual ha sido posibilitada por el uso masivo de hidrocarburos fósiles. Pero hoy el pico del petróleo hace inviable, a medio plazo, esa enorme población</p></blockquote>
<p>Si pienso en mi propia vida: hacia 1930, 2.000 millones de seres humanos (mis abuelos eran jóvenes); hacia 1960, 3.000 millones. Yo nací en 1962. En 2000, 6.000 millones. ¡La población humana se había duplicado entre mi nacimiento y mis cuarenta años! Cuando muera, la población humana puede haberse triplicado en el curso de mi vida (¿9.000  millones hacia 2050?). Si no llamamos a esto “explosión demográfica” (en la era de la Gran Aceleración), ¿a qué se lo llamaríamos?</p>
<h4><strong>¿El comienzo de </strong><strong>la catástrofe queda detrás de nosotros?</strong></h4>
<p><em>No somos conscientes de hasta qué punto la enorme población humana actual ha sido posibilitada por el uso masivo de hidrocarburos fósiles</em>. Pero hoy el <em>peak oil </em>(en el contexto más general de la extralimitación ecológica, el <em>overshoot</em>) hace inviable, a medio plazo, esa enorme población.</p>
<p>Bruno Latour nos dice que la catástrofe queda detrás de nosotros, pues en 1947 la población mundial superó el límite que garantizaba el acceso suficiente a los recursos de la Tierra: estaríamos hablando, pues, de unos 2.500 millones de personas.9 Escribía Bruce Hoeneisen Frost en 1999: «El límite natural de la capacidad de sustentación de la Tierra, una vez que se agoten el petróleo, el gas natural y el carbón (y suponiendo que la humanidad tenga la sabiduría de no usar reactores nucleares), será de aproximadamente 3.000 millones de personas. Ésta es la población que pueden sostener las fuentes renovables de energía. (&#8230;) El siglo XXI es el período de transición que divide en dos la historia de la humanidad. Por un lado, la era del crecimiento ilimitado [basado en los combustibles fósiles]; por otro, la era de la limitación material». Según una estimación, si hoy no contásemos con el petróleo, el carbón y el gas natural, un 67% de la población humana perecería.10</p>
<p>Unos 2.500 o 3.000 millones, para una sociedad industrial con fuentes renovables de energía&#8230;  Quizá no sea una mala estimación.11  Así, vemos que la libertad reproductiva (y la responsabilidad a la hora de procrear) no tiene el mismo significado en un “mundo vacío” que en un “mundo lleno” (ecológicamente saturado).</p>
<p>Y para terminar de situar en sus justos términos el debate sobre demografía humana hoy, casi empezando el tercer decenio del segundo milenio: por desgracia hay que constatar que <em>el BAU (</em>Business As Usual<em>) </em><em>nos lleva al exterminio de la gran mayoría de la humanidad, si no a su extinción total </em>–y no a largo plazo. Basta con asumir de verdad la situación en lo que respecta a la crisis climática para darse cuenta de esto.</p>
<p>En efecto, hoy el BAU (usemos este acrónimo por no decir: el tanatocapitalismo que nos gobierna) dirige al planeta Tierra hacia 4°C de calentamiento, si nos basamos en los compromisos de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) contraídos hasta ahora. Los compromisos de París suponen una senda de calentamiento de alrededor de 3,3°C, según los expertos; pero eso no incluye algunas retroalimentaciones del ciclo del carbono que ya se están activando (por ejemplo, deshielo del permafrost ártico, desforestación del Amazonas, otras mermas en la capacidad natural biosférica de almacenar carbono) que empujarían ese calentamiento hacia los 5°C. «Entonces, decir que estamos actualmente en un camino de 4°C es correcto».12 Se podrían superar los 4-5ºC incluso en fechas tan tempranas como 2050, si las cosas van realmente mal.13 Ahora bien, destacados climatólogos han conjeturado que eso puede suponer <em>el exterminio del 95% de la humanidad</em>.14</p>
<h4><strong>Capacidad de carga… </strong><strong>sociocultur</strong><strong>al</strong></h4>
<p>Por supuesto, la Tierra no tiene una capacidad de sustentación fija (<em>carrying capacity</em>) para la especie humana: la viabilidad de una determinada población humana depende de sus relaciones sociales, su cultura, su tecnología y su forma de usar los recursos naturales. «La capacidad de carga para seres humanos debería llamarse <em>capacidad cultural de carga </em>porque ha de incluir un parámetro que defina el nivel de consumo necesario para una “vida buena”».15  La pregunta tiene que ser algo así: ¿qué clase de prosperidad es posible, para la enorme población humana que somos, teniendo en cuenta las variables socioculturales y tecnológicas, dentro de los límites del planeta Tierra?</p>
<blockquote><p>La viabilidad de una determinada población humana depende de sus relaciones sociales, su cultura, su tecnología y su forma de usar los recursos naturales</p></blockquote>
<p>Si hablamos de “crisis maltusianas”, entonces, desde luego no cabe hacerlo en el sentido ingenuo del mismo Thomas R. Malthus, como una simple relación entre población y alimentos. Por indicar una dimensión sencilla, <em>donde come solamente una persona con dieta </em><em>altamente carnívora, comen cinco personas o más con dieta básicamente vegetariana</em>. Una dieta vegetariana liberaría más de las tres cuartas partes de la tierra hoy dedicada a la agricultura y la ganadería (y esa tierra podría renaturalizarse, con beneficios evidentes para la biodiversidad y el cambio climático).16</p>
<p>Pero atención: sucede que entre los criterios oficiales de pobreza en nuestro país se encuentra el <em>no comer carne o pescado todos los días</em>.17 Mientras que, por otra parte, <em>los </em><em>insostenibles consumos de carne (y pescado) propios de las dietas occidentales tendrían que reducirse en un 90%</em>, para permanecer dentro de los límites ecológicos…18 Parece que la capacidad de carga sociocultural nos está jugando una mala pasada, y que aspirar a “modos de vida imperiales” (Alberto Acosta y Ulrich Brand) no parece compatible con poblaciones humanas muy elevadas. Como suele decir Terry Eagleton, modificar la cultura puede resultar más difícil que hacer volar montañas por los aires o trasladar mares de sitio.</p>
<p>Hay que pensar, entonces, en términos de metabolismos sociales (o socioecológicos si se prefiere) y modos de producción.19 Mas precisamente ésa es hoy la cuestión: el metabolismo industrial que se ha desarrollado en los últimos dos siglos es radicalmente insostenible, y la transición hacia una sociedad industrial sustentable resulta –hoy por hoy– altamente improbable. Pero por esa improbabilidad, precisamente, hemos de apostar en nuestra tremenda coyuntura histórica –lo que en otro lugar he llamado el Siglo de la Gran Prueba.20</p>
<h4><strong>Dos grandes escollos</strong></h4>
<p>Aparecen dos tremendos escollos en este difícil debate sobre demografía. En primer lugar, las experiencias pasadas  de <em>intervencionismo  patriarcal</em>: el control demográfico como control sobre las mujeres. En segundo lugar, el maltusianismo como <em>legitimación de las enormes desigualdades </em>existentes en el mundo e incluso como antesala de políticas racistas y genocidas. No son para nada, como se ve, cuestiones menores…</p>
<p>Sugerir que necesitamos una reducción de la población humana suscita de inmediato reacciones como por ejemplo ésta, de una mujer africana: «¿ya están ustedes, los varones blancos del Norte, echando la culpa a las mujeres en el Sur global? La eliminación de toda la población de África apenas serviría de nada para reducir el CO2 equivalente, porque apenas lo generamos.  Las emisiones  de China están vinculadas  a la fabricación de bienes para alimentar los mercados de los países occidentales. Así que ¿no habría que empezar en casa?».21 Y ella aporta la siguiente figura:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><img decoding="async" class="aligncenter wp-image-131990 size-full" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/02/anatlasofpollution.jpg" alt="" width="680" height="529" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/02/anatlasofpollution.jpg 680w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/02/anatlasofpollution-300x233.jpg 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/02/anatlasofpollution-450x350.jpg 450w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/02/anatlasofpollution-600x467.jpg 600w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/02/anatlasofpollution-64x50.jpg 64w" sizes="(max-width: 680px) 100vw, 680px" /></p>
<p>Continúa esta mujer africana: «Entonces,  ¿qué población debería ser estabilizada? Los países emisores más grandes ya están experimentando poblaciones estables o en declive. La interpretación más caritativa sería que necesitamos reducir la huella de CO2 de los grandes consumidores. (…) La cuestión es que hablar sobre la estabilización de la población parece razonable si no vamos a las implicaciones reales. Aquí hay un excelente informe de Oxfam sobre quién está emitiendo CO2, y adivine usted, pues no es el Sur a pesar de la cuantía de su población».22</p>
<blockquote><p>¿Qué clase de prosperidad  es posible, para la enorme población humana que somos, teniendo en cuenta las variables socioculturales y tecnológicas, dentro de los límites del planeta Tierra?</p></blockquote>
<p>Claude Lefort escribió <em>Un homme en trop </em>(una reflexión publicada en 1976 sobre <em>El </em><em>archipiélago Gulag </em>de Solyenitsin)<em>,  </em>un hombre que sobra. En nuestra historia reciente, la expresión “gente que sobra” ha sido propia de dictaduras y regímenes autoritarios, de manera que no sorprende que nos cause un escalofrío. El asesino racista del Walmart de El Paso (Texas), el 4 de agosto de 2019, antes de la matanza colgó en internet un texto donde explicaba: «Si podemos deshacernos de suficientes personas [hispanas], nuestra forma de vida [la de los estadounidenses anglosajones] puede ser más sostenible».23</p>
<p>Por otra parte, para los <em>thin</em><em>k tanks </em>de la derecha como el Cato Institute todo lo que tenga que ver con un posible autocontrol de la población humana es pura y simplemente “antihumanismo”. En este juego discursivo, el “humanismo” queda del lado de la tecnolatría sin límites que se gastan Julian Simon, Steven Pinker, Michael Shellenberger y los “ecomodernistas”.24</p>
<h4><strong>P</strong><strong>ero también para </strong><strong>la izquierda este es un debate intratable</strong></h4>
<p>En general la izquierda política ha abogado por el crecimiento demográfico: más brazos y más cabezas para hacer la revolución y construir la sociedad mejor. «El crecimiento pobla cional nuestro es vertiginoso, y es bueno que sea así porque Venezuela, algún día, debe tener cincuenta millones de habitantes, ochenta millones de habitantes», declaraba por ejemplo el comandante Hugo Chávez hace pocos años.25</p>
<p>La cuestión demográfica, en términos de sobrepoblación, es un asunto casi intratable para la izquierda en general y para el ecosocialismo en particular. Un investigador ecosocialista como Saral Sarkar sostiene que los siete elementos básicos del ecosocialismo son los siguientes:</p>
<p>(1) hay límites para el crecimiento, no sólo para el crecimiento económico sino también para el crecimiento demográfico;</p>
<p>(2) ya hemos superado estos límites y por cierto que en un nivel peligroso (es decir, nos hallamos en <em>overshoot</em>);</p>
<p>3) no existen soluciones tecnológicas para los problemas mundiales de recursos y contaminación;</p>
<p>4) por lo tanto, la economía mundial debe ahora someterse a un proceso de contracción deliberado y dirigirse gradualmente a un estado homeostático sostenible (<em>sustainable steady-state</em>);</p>
<p>(5) esta contracción debe llevarse a cabo de una manera planificada, de lo contrario las sociedades humanas colapsarían una tras otra;</p>
<p>(6) tanto las cargas como los beneficios de la contracción económica deben distribuirse equitativamente; de otra manera los ciudadanos y ciudadanas no aceptarían nunca la contracción planeada; (7) el objetivo debe ser alcanzar una economía y una sociedad homeostáticas (<em>steady-state)</em>, sostenibles e igualitarias a un nivel mucho más bajo que el actual.26</p>
<p>Así, Sarkar sostiene que hay límites para el crecimiento, no sólo para el crecimiento económico sino también para el crecimiento demográfico; mas entonces es rechazado como ecosocialista por otros ecosocialistas como Ian Angus (y clasificado como un “ecologista profundo” que sufre una completa “bancarrota moral” y no puede ser admitido en las filas de la izquierda).27 Más abajo volveré sobre este debate.</p>
<blockquote><p>Aparecen dos escollos en este debate. Primero, las experiencias pasadas de intervencionismo patriarcal: el control  demográfico  como control  sobre las mujeres. Segundo, el maltusianismo como legitimación de las enormes desigualdades existentes, e incluso como antesala de políticas racistas</p></blockquote>
<p>En mi opinión, la divisoria entre derecha e izquierda no pasa por ahí: el descenso energético y la degradación de la biosfera implica descenso demográfico de <em>Homo sapiens </em>al menos a medio y largo plazo, por las buenas o por las malas. Todo el esfuerzo de la izquierda debería dirigirse a encauzar ese necesario y deseable descenso demográfico por las buenas. Y la divisoria verdadera se halla más bien en la cuestión de la inmigración y las fronteras (que la derecha, inhumanamente, tiende a defender se clausuren).28  Es el cierre de fronteras lo que debería separar a izquierda y derecha, no el “maltusianismo” (en el sentido de: necesidad de un autocontrol consciente de la población humana)</p>
<p>“Las políticas de población llevan a la barbarización  social”, sería por tanto la objeción que surge de forma comprensible en amplios sectores izquierdistas y feministas. «El peligro es que las teorías en torno a la sobrepoblación puedan convertirse en una excusa para el racismo y en argumentos contra la clase trabajadora y que en manos de la derecha puedan venir a justificar políticas reaccionarias».29  La respuesta diría: no necesariamente. Hubo (en la Europa de los primeros decenios del siglo XX) un feminismo obrero y maltusiano y un anarquismo naturista, un maltusianismo de izquierdas: también regresaremos después a esta cuestión.</p>
<blockquote><p><strong>R</strong><strong>etrocedamos unos pasos para intentar  ganar claridad: </strong><strong>la explosión demográfica según los Ehrlich</strong></p></blockquote>
<p>Creo que, para ganar claridad sobre esta cuestión, conviene volver a examinar el debate clásico que generó la publicación –en 1968– del libro de Paul R. Ehrlich y Anne H. Ehrlich sobre <em>La bomba poblacional. </em>En 1991 los esposos Ehrlich actualizaron su argumentación publicando <em>La explosión demográfica</em>.30 Es un libro importante: los autores están bien informados, construyen su obra sobre una base documental selecta y copiosa, y tienen la ambición de ofrecer una interpretación de la crisis ecológica global que dé cuenta de sus verdaderas causas. O más bien de su verdadera y principal causa, en singular: la tesis central de los Ehrlich es que –tal y como reza el subtítulo del libro– la explosión demográfica es la causa fundamental de la crisis ecológica.</p>
<p>Pues bien: los Ehrlich fracasan de forma llamativa en su tarea de fundamentar sólidamente su tesis sobre la explosión demográfica. El libro es curiosamente inconsistente: la tesis central se afirma ya en el prólogo («la causa principal de los problemas que afligen a nuestro planeta no es otra que la superpoblación y sus impactos en los ecosistemas y en las comunidades humanas», p. XI), los capítulos que siguen van desgranando datos y análisis –la mayoría de las veces de buena calidad– sobre recursos alimentarios, ecología de la agricultura, demografía y salud pública, etc, y uno espera y espera los argumentos que apuntalen convincentemente la tesis central de los autores: en vano. La tesis central se enuncia varias veces pero no se prueba nunca, y las argumentaciones que supuestamente la probarían en realidad prueban otra cosa. En este sentido el libro, además de esa llamativa incoherencia, hace gala de una honradez que desarma al crítico malintencionado: pues exhibe sus fallos con tal rotundidad, y proporciona tan paladinamente él mismo los materia- les para una argumentación alternativa, que realmente puede aprenderse mucho leyéndolo. Se refuta a sí mismo de forma constructiva. Al final, el lector o la lectora tendrá ideas bastante claras y acertadas sobre el papel que la explosión demográfica desempeña en la crisis ecológica, aunque esté lejos de compartir la tesis central de los autores.</p>
<p>En efecto, ellos mismos se encargan de señalar que la cuestión esencial no es el <em>número </em>de personas que habitan en un momento dado el planeta o alguna de sus regiones, sino el <em>impact</em><em>o ambiental </em>que éstas causan. Y pequeños números de personas (por ejemplo, en el Norte) pueden causar una gran destrucción, mientras que números mucho mayores (por ejemplo, en el Sur) pueden destruir menos. Así, pongamos por caso, «la producción actual de cereales, que proporcionan la mayor parte de las calorías de la humanidad, es de unos 2.000 millones de toneladas anuales. Esto es suficiente, en teoría, para alimentar a <em>die</em><em>z mil millones de hindúes</em>, que comen básicamente cereales y muy poca carne según los patrones occidentales. Pero la misma cantidad sólo puede alimentar a <em>do</em><em>s mil quinientos millones de norteamericanos</em>, que convierten una gran parte de sus cereales en ganado y aves de corral».31</p>
<h4><strong>La ecuación </strong><strong>IP</strong><strong>A</strong><strong>T</strong></h4>
<p>Una sencilla ecuación arroja mucha luz sobre esta cuestión: IPAT (por sus siglas en inglés).</p>
<p style="padding-left: 40px;">El impacto causado por un grupo humano en el medio ambiente constituye el resultado de tres fac- tores. El primero es el número de personas. El segundo es la medida de los recursos que consume el individuo medio (&#8230;). Por último, el producto de esos dos factores –la población y su consumo per cápita– se multiplica por el índice de destrucción medioambiental causado por las tecnologías que nos suministran los productos de consumo. El último factor es el impacto medioambiental por cantidad de consumo. En resumen:  Impacto= Población por Riqueza  por Tecnología,  o I= PRT.32</p>
<p>Resulta entonces obvio, tanto para para los autores como para el lector, que el impacto ambiental de una población puede limitarse sustituyendo las tecnologías destructivas por tecnologías ambientalmente benignas (en una “revolución de la eficiencia”), o si se quiere decir de otro modo: ecologizando la base productiva de esa población. Y se puede limitar también disminuyendo el consumo de recursos por cabeza, vale decir: generalizando comportamientos más austeros (entre las poblaciones que habitan nuestro Norte sobredesarrollado). Y, en tercer lugar, claro, también puede limitarse ese impacto ambiental reduciendo la población.</p>
<blockquote><p>La divisoria verdadera se halla más bien en la cuestión de la inmigración y las fronteras. Es el cierre de fronteras lo que debería separar a izquierda y derecha, no el “maltusianismo”</p></blockquote>
<p>Pero no se argumenta bien, ni se entiende, por qué los Ehrlich privilegian de tal modo el tercer factor respecto a los dos primeros. De hecho, el conocido fenómeno de la “inercia demográfica” o impulso poblacional (la tendencia de una población a seguir creciendo muchos decenios después de haberse reducido las tasas de natalidad), que los autores explican en la página 53 y siguientes, garantiza que los efectos ambientales de un control consciente de la demografía humana no se harán sentir hasta mucho tiempo después de que comience ese control: o sea, <em>demasiado tarde </em>(dada la gravedad de la crisis socioecológica actual). Esta es una buena razón para no postergar los esfuerzos en ese campo (resulta imposible pensar una sociedad ecológicamente sustentable en el largo plazo sin control demográfico), pero desde luego no se ve por qué «la principal prioridad ha de ser conseguir el control demográfico» (p. 204 de <em>La explosión demográfica</em>), teniendo en cuenta que «el control demográfico no representa una solución a corto plazo» (p. 111).</p>
<p>Modificar nuestra forma de producir y consumir (sobre todo en el Norte del planeta), y difundir comportamientos más austeros (repítase la misma apostilla), parecen prioridades aún más urgentes. De hecho, en la p. 194 se aboga por «reducir simultáneamente los tres factores multiplicadores de la ecuación I= PRT».  Y antes se ha reconocido (p. 167) que «detener el crecimiento demográfico e iniciar su progresivo descenso no representa una panacea; principalmente, ofrecería a la humanidad una oportunidad para resolver sus demás problemas» (p. 167), <em>luego </em>la explosión demográfica <em>no es la causa principal </em>de la crisis ecológica. ¡Santa inconsistencia!</p>
<p><strong>C</strong><strong>onservadurismo de </strong><strong>f</strong><strong>ondo</strong></p>
<p>A mi juicio, la incoherencia del planteamiento de los Ehrlich obedece a su conservadurismo de fondo: conservadurismo que, pese a las denuncias de «la división de la especie humana entre los que tienen y los que no, entre los países ricos y países pobres» (p. 33) que no escasean  en el libro, aflora en momentos decisivos. Y hace sospechar que los pasos igua- litaristas como el que acabo de citar son en cierta medida añadidos para no quedar mal, sin que los autores se los tomen del todo en serio.</p>
<p>Por ejemplo: leemos en la p. 32 que «puede corregirse una situación de superpoblación sin que se produzca ningún cambio en el número de personas. (&#8230;) Bastaría que los norte americanos cambiaran drásticamente su estilo de vida para acabar con la superpoblación en EEUU,  sin que se produjera una fuerte disminución de la población». Muy bien: hasta aquí nada que objetar. Pero a renglón seguido los Ehrlich añaden: «Pero, en estos momentos y en un futuro inmediato, Africa y EEUU  seguirán siendo países  superpoblados».  ¡Esto sólo puede afirmarse a continuación de lo anterior si se desconfía profundamente de que se produzca ningún cambio social de importancia! «Decir que no están superpoblados porque bastaría con que la gente cambiara su estilo de vida para eliminar el problema de la superpoblación es un error, puesto que la superpoblación se define por los animales que ocupan un determinado espacio, comportándose como naturalmente se comportan, <em>no por un hipotético grupo que viniera a sustituirlos</em>». El subrayado es de los autores, y el error, me parece, también es suyo: me permitiré bautizarlo como <em>falacia animalista</em>. La falacia animalista con- siste en suponer que los seres humanos son animales como los demás, con un comportamiento naturalmente determinado («comportándose como naturalmente se comportan»). No hay tal cosa, no hay una determinación natural inmodificable de los comportamientos humanos; somos animales de una especie muy especial para la cual (como los Ehrlich bien saben) «la evolución cultural puede anular a la evolución biológica» (p. 207).</p>
<h4><strong>Una piedra de toque: </strong><strong>la cuestión migratoria</strong></h4>
<p>Este conservadurismo de fondo emerge de forma espectacular (propiciando de nuevo llamativas incoherencias) en el apartado que los Ehrlich dedican a la cuestión de las migraciones (p. 56-60). Se diría que esta cuestión constituye una verdadera piedra de toque para discriminar entre opciones emancipatorias y regresivas, en el atroz siglo que encaramos. La amenaza se ve en que los emigrantes de los países pobres, al adoptar los estilos de vida vigentes en sus países de adopción, pasan a consumir más recursos por persona (p. 57). Y entonces «es preciso controlar la afluencia de emigrantes a EEUU, entre otras cosas porque el mundo no puede permitirse el lujo de que existan más norteamericanos» (p. 58).</p>
<p>Nótese bien: <em>la medida que se propugna es levantar muros: el cerrojazo frente al Sur antes que los cambios en los modos de producir y consumir en el Norte</em>. A renglón seguido se añade que «la única forma de resolver el problema es aplicando una política que, al mismo tiempo, ayude a Méjico a controlar su población y mejorar el nivel de vida de los mejicanos en su propio país» (p. 59), lo cual por supuesto es incoherente con la argumentación precedente <em>a menos que </em>se dé por sentado que «el nivel de vida de los mejicanos en su propio país» seguirá siempre siendo muy inferior al de EEUU. <em>El igualitarismo proclamado </em><em>en tantos pasos del libro se convierte en un descarnado anti-igualitarismo cuando se toca el punto sensible de las migraciones</em>. Se trata, insisto, de una verdadera piedra de toque para orientaciones políticas.</p>
<h4><strong>Barry Commoner polemizó con los </strong><strong>Ehrlic</strong><strong>h</strong></h4>
<p>Hasta aquí el comentario sobre el libro de los Ehrlich,  del cual puede sacarse  mucho provecho, al ser tan palmarias las contradicciones. Ahora bien, <em>negar que el crecimiento demo</em><em>gráfico sea el principal causante de la crisis ecológico-social no significa que se pueda eliminar este factor de nuestro análisis</em>. En mi opinión, el crecimiento excesivo de la población es un gravísimo problema que afecta a las posibilidades de vida digna (si no de supervivencia) de esa misma población –por no hablar del resto de los trillones de seres vivos con los que compartimos la biosfera. Esto puede analizarse observando a un gran contradictor de los Ehrlich, el pensador y activista ecosocialista Barry Commoner. Intervino en la controversia con su libro <em>The Closing Circle </em>(1971), relativizando el papel de la población en la degradación ambiental y la crisis de recursos y señalando hacia el verdadero culpable: el modo de producción capitalista.</p>
<p>Recordemos la ecuación IPAT (que de hecho fue Commoner el primero en proponer). Nuestro autor calculaba en <em>El círculo que se cierra </em>que en EEUU  y desde 1946, es decir, en unos 25 años, el aumento de población fue responsable de aumentos de entre el 12 y el 20% en la producción total de agentes contaminantes. El factor abundancia, es decir, la cantidad de artículos económicos <em>per capita</em>, respondía de un 1 a un 5% de aquellos aumentos (con la excepción de los viajes en automóvil, que tenían impactos mucho mayores). El factor tecnológico, o sea, la cantidad de agentes contaminantes por unidad producida, resultante de la introducción de nuevas tecnologías a partir de 1946, respondía, según el autor, del 95% de la producción total de agentes contaminantes. La conclusión de Commoner era que, si bien el impacto ambiental depende del tamaño de la población y del nivel de consumo de recursos de ésta, lo que más había influido en la degradación ambiental desde la Segunda Guerra Mundial había sido un conjunto de técnicas altamente nocivas para el medio natural.</p>
<p>Entre ellas, cabe citar la substitución de materiales naturales (papel, fibras textiles naturales, jabón) por productos de la petroquímica (plásticos, fibras sintéticas, detergentes basados en el petróleo), la introducción masiva de fertilizantes industriales y productos fitosanitarios de síntesis química, la introducción en los automóviles del motor de alta compresión, etc. La conclusión práctica a que llegaba el autor era que para alcanzar un equilibrio entre población y recursos había que dar prioridad no al control demográfico, sino al rediseño de lo que él llamaba <em>tecnosfera</em>, es decir, a la adopción de otras técnicas de menor impacto.33</p>
<p>En el debate histórico entre los Ehrlich y Commoner, ¿toda la razón quedaría entonces del lado del segundo, quien minimiza la relevancia del factor demográfico para la crisis ecológica? ¿Se puede tildar a quienes abogan por el control demográfico de “neomaltusianos” y pasar a otra cosa?  En modo alguno. Veámoslo releyendo otro libro del ecólogo y ecologista Commoner. El capítulo 7 de <em>En paz con el planeta</em>, titulado «Población  y pobreza»,  es a mi juicio el único insatisfactorio dentro de un libro excelente.  Commoner parte también de una ecuación en esencia idéntica a la de los Ehrlich (contaminación  total= contaminación por unidad de bien por bien per cápita por población).34  Pero un exagerado optimismo tecnológico le lleva a postular que «los elementos químicos que constituyen los recursos del planeta pueden ser reciclados y reutilizados indefinidamente, siempre y cuando la energía necesaria para recogerlos y refinarlos esté disponible» (p. 142): y para Commoner está disponible en forma de energía solar (p. 143).</p>
<p>Ahora bien, y sin entrar en otros problemas que plantearía la extremosidad de este planteamiento, <em>el reciclado perfecto es un imposible termodinámico</em>, y por eso la “solución” de Commoner falla. El mismo ejemplo que aduce se vuelve contra él: leemos que «a pesar de su enorme dispersión, más de la mitad del oro extraído hasta ahora sigue controlado hasta hoy día, siendo reunido cuando es necesario gastando energía».35  El ejemplo prueba lo contrario de lo que tendría que probar: a pesar de que el oro ha sido un metal valiosísimo para todas las civilizaciones, y de que los seres humanos lo han reunido, atesorado y conservado (o sea, reciclado) como ningún otro material en toda la historia humana, <em>sólo algo </em><em>más de la mitad </em>de todo el oro extraído en toda la historia humana está hoy disponible.</p>
<p>¡Piénsese  lo que ha ocurrido y ocurrirá con materiales menos preciados! Y no vale replicar que, con las escaseces crecientes o con los nuevos impuestos ecológicos, el latón o el papel llegarán a ser tan valiosos como el oro: sería una salida por la tangente fraudulenta, que no tendría en cuenta hechos termodinámicos básicos, por no hablar de los supuestos irreales sobre la organización social y la psique humana. Hay que recordar aquí una observación importante de Ernest Garcia:</p>
<p style="padding-left: 40px;">Incluso entre partidarios del decrecimiento es frecuente encontrar una fuerte reticencia a aceptar que el control demográfico es una consecuencia  ineludible de la visión de conjunto que ellos mismos proponen. Muchos, en ese movimiento, repiten que el problema del mundo no es el número de humanos sino el de automovilistas (la misma idea proclamada hoy por el papa de Roma, formulada de otro modo). La reticencia va unida a la incomodidad, claro, porque la fórmula ‘más población con menos consumo agregado’ es inherentemente autodestructiva. Como el impacto sobre el medio ambiente depende del consumo por persona y del número de personas, <em>atribuir la sobrecarga a uno solo de esos factores es como mantener que la superficie de un rectángulo está determinada solo por la base o solo por la altura</em>. En el límite, en un mundo con recursos limitados, incluso si en él se generalizase la sobriedad y se redujera drásticamente el exceso, el resultado de aumentar sin límite la población sería una miseria generalizada.36</p>
<h4><strong>R</strong><strong>ecapitulemos: las dos partes tenían </strong><strong>r</strong><strong>azón</strong></h4>
<p>Tampoco el planteamiento de Commoner sobre demografía y crisis ecológica, por tanto, resulta convincente. Los “neomaltusianos” como el matrimonio Ehrlich llevan razón, a mi juicio, al afirmar la <em>necesidad de un control colectivo consciente de la demografía</em>, y la insostenibilidad de una población como la que habitará el planeta a mediados del siglo XXI (puede que más de 10.000 millones de personas) si no suceden antes grandes catástrofes por pandemias, guerras o penuria de alimentos. Pero <em>no tienen razón al afirmar que la explo</em><em>sión demográfica es la causa principal de la crisis ecológica, ni el control demográfico su principal remedio</em>. Ahí, la propuesta commoneriana de “rediseñar la tecnosfera” y cambiar la organización social para disminuir el impacto ambiental parece más sólida.</p>
<p>Siempre que no olvidemos ir al mismo tiempo reduciendo los nacimientos, aunque ello no sea lo absolutamente prioritario; y siempre que seamos bien conscientes de que para conseguirlo es más importante alfabetizar a las niñas y las mujeres del Sur, o proporcionar una seguridad social básica a los campesinos pobres de esos países, que ingeniar nuevos artilugios anticonceptivos (aunque tampoco esto último sea irrelevante).  En efecto, la medida más efectiva de control demográfico es también la más deseable: <em>aumentar el control de </em><em>las mujeres sobre sus propias vidas</em>, en especial mejorando el acceso de las niñas pobres a las oportunidades educativas.37</p>
<blockquote><p>Los Ehrlich tenían razón en denunciar la superpoblación; Barry Commoner tenía razón en acusar al capitalismo. En aquella controversia, las dos partes tenían razón</p></blockquote>
<p><em>Los Ehrlich tenían razón en denunciar la superpoblación; Barry Commoner tenía razón en acusar al capitalismo</em>. En aquella controversia, las dos partes tenían razón. Como apunta Joen Cohen, «cuántas personas puede soportar la Tierra depende en parte de cuántas vistan prendas de algodón y cuántas de poliéster; de cuántas coman filete de vaca y cuántas brotes de soja; de cuántas prefieran los parques y cuántas los aparcamientos; de cuántas quieran Jaguars con J mayúscula y cuántas jaguares con j minúscula».38  Pero cuidado, Imanol Zubero hace una observación importante sobre la ecuación IPAT: «Sin despreciar en absoluto las mejoras en la eficiencia de las tecnologías, la ecuación Ehrlich-Holdren se resuelve, fundamentalmente, en la relación entre tamaño de la población y niveles de consumo. (…) Nos enfrentamos a <em>problemas éticos que no tienen solución a través de medios técnicos. No son problemas de ineficiencia, sino de injusticia»</em>.39</p>
<h4><strong>No obstante,  hoy las cosas se nos han puesto más difíciles…</strong></h4>
<p>Desde el debate entre los Erhlich y Commoner <em>han pasado más de cuatro decenios de inac- ción. </em>Según estimaciones de muchos científicos estamos atravesando ya “puntos sin retorno”: umbrales ambientales críticos que pueden llevar a la biosfera a un nuevo estado, que, por lo que barruntamos, puede ser muchísimo menos acogedor para la vida humana (y muchas otras formas de vida).40  <em>Hoy vamos hacia crisis maltusianas</em>, nos advierten los investigadores e investigadoras a partir del mejor conocimiento científico disponible.</p>
<p style="padding-left: 40px;">Dos escenarios de pesadilla –la escasez  global de recursos vitales y el comienzo de un cambio climático extremo– están empezando ya a converger, y es muy probable que en las próximas décadas produzcan una oleada de agitación, rebelión, competitividad y conflicto. Puede que aún sea difícil discernir cómo será ese <em>tsunami </em>de desastres, pero los expertos advierten de “guerras del agua” sobre disputados sistemas fluviales, de disturbios alimentarios globales provocados por las crecientes subidas de los precios de los productos básicos, de migraciones masivas de refugiados climáticos (que acabarán desencadenando actos de violencia contra ellos) y de ruptura del orden social o de colapso de los Estados.  Es probable que, al principio, ese caos estalle básicamente en África, Asia Central y otras zonas del Sur subdesarrollado, pero, con el tiempo, <em>todas </em>las regiones del planeta se verán afectadas.41</p>
<p>Y el debate entre los Ehrlich y Barry Commoner en los setenta tiene hoy una derivada nueva: en cada mano de cada <em>Homo sapiens </em>del planeta mayor de diez o doce años hay hoy un teléfono móvil, propio o compartido. También en los países del Sur. Eso significa que <em>el nihilismo consumista occidental, si lo pensamos como infección, es una enfermedad que afecta ya a todos y todas </em>–también en el Sur, de forma mayoritaria, se aspira a formas de vida del todo insostenibles  (modos de vida imperiales).</p>
<p>Si prosigue el BAU (<em>business as usual, </em>según las siglas anglosajonas que se nos han vuelto tan ominosas), las perspectivas apuntan hacia un genocidio que no tiene parangón en los 200.000 años de historia de nuestra especie. Las crisis maltusianas pueden entrelazarse con crisis hobbesianas: «por qué mataremos (y nos matarán) en el siglo XXI», reza el subtítulo del muy bien argumentado libro de Harald Welzer <em>Guerras climáticas</em>.42 Los colapsos ecológico-sociales incluyen colapsos demográficos:</p>
<p style="padding-left: 40px;">El previsible colapso de la civilización industrial asociado a la caída en los recursos energéticos fósiles disponibles muy probablemente tendrá consecuencias  que impacten directa y negativamente en el nivel demográfico: guerras por los últimos recursos (sean estos energía, materias primas, agua, tierra fértil&#8230;), conflictividad social, deterioro de las condiciones de vida, catástrofes industriales debido a la falta de mantenimiento y de materiales de repuesto con graves repercusiones ambientales y en la salud para millones de personas.43</p>
<p>Se tradujo y publicó en 2010 un <em>Manifiesto de economistas aterrados </em>),44 que halló enseguida bastantes lectores: segunda edición en 2011. Pero los biólogos, los climatólogos, los oceanógrafos, los edafólogos y muchos otros científicos de las diversas disciplinas que se dedican a auscultar el pulso de esta maltrecha biosfera nuestra llevan decenios aterrados: y básicamente seguimos sin hacerles caso. La mayoría de la gente, sin entender siquiera lo que están diciendo. Ahora quizá estamos más allá del punto sin retorno, en términos ecológico-sociales.</p>
<p>No podríamos entonces detener el ecocidio. Y <em>el ecocidio traería consigo el genocidio: un mundo maltusiano y hobbesiano</em>. En términos prácticos esto quiere decir: hay <em>una gran probabilidad de que la mayor parte de la humanidad sea exterminada </em>(por hambre, violencia armada y alguna combinación de los restantes jinetes del Apocalipsis) <em>antes de que acabe el siglo XXI. </em>La distopía que Susan George esbozó con su <em>Informe Lugano </em>se ha ido haciendo más probable en los años transcurridos desde su publicación.45</p>
<h4><strong>¿Vuelve el fantasma de Malthus?</strong></h4>
<p>Todo indica que nunca llegaremos a ser esos diez u 11.000 millones a donde nos conduciría el BAU (<em>business as usual). </em>Cuando se adopta un marco analítico coherente con los datos sobre extralimitación (<em>overshoot) </em>y límites biofísicos que antes hemos sobrevolado, lo que se ve venir más bien es un nada improbable colapso ecológico-social que podría hacerse manifiesto ya hacia 2030, y que a partir de esas fechas podría hacer disminuir la población mundial en unos 1.500 millones de personas por decenio.46</p>
<p>En septiembre de 2008 la revista <em>Scientific American </em>publicaba un breve artículo de Jeffrey D. Sachs,  director del Earth Institute de la Universidad de Columbia, titulado «The Specter of Malthus Returns».</p>
<p>Desde sus inicios “el maltusianismo ha sido una de las más grandes historias de miedo: un cuento de sobre numerosos Otros amenazándonos a Nosotros” (Lohman, 2005). En efecto, la obra de Malthus permite, casi podemos decir que invita a, una lectura de la realidad en términos de confrontación y de amenaza: la preocupación maltusiana por excelencia es que todo aquello que Nosotros tenemos porque lo hemos logrado gracias a nuestro trabajo físico e intelectual, a nuestros derechos de propiedad o a nuestro poder político pueda caer en manos de unos irresponsables. Otros, simplemente por su mayor fecundidad…47</p>
<p>Está claro que hay severos problemas asociados al maltusianismo de Malthus:</p>
<p>(a) atribuir un excesivo poder causal a la demografía,</p>
<p>(b) representarse de forma demasiado simplista los nexos entre población y recursos naturales,</p>
<p>(c) legitimar, en ocasiones, las enormes desigualdades y la opresión de las mujeres en el mundo (ya insistí antes sobre ello).</p>
<p>Pero ser cuidadosos en esos aspectos –como hemos de serlo– no hace variar los aspectos biofísicos del problema de sobrepoblación. Y confiar en que la tecnociencia nos salvará, como la cultura dominante nos propone una y otra vez,48  es pensamiento mágico y pura irresponsabilidad. Malthus tenía razón en el sentido siguiente: sin restricciones en cuanto a su base de recursos, una población animal (como la de <em>Homo sapiens</em>) tiende a crecer exponencialmente (como lo ha hecho la población humana durante la era industrial, y especialmente en la fase de la Gran Aceleración).49 Pero <em>no podemos suponer que la base de recursos para los seres humanos sea infinita </em>viviendo como lo hacemos en un planeta finito, aunque nuestra historia reciente nos desencamine mucho al respecto. Y es que lo que falta en el debate sobre el maltusianismo, como ha sugerido el paleontólogo Niles Eldredge, es una comprensión adecuada de los cambios metabólicos que van sucediendo en las relaciones entre los seres humanos y la naturaleza. «Porque es la forma en que los humanos encajemos en el mundo natural lo que decidirá si Malthus tenía razón o no. Estaba equivocado en 1798, pero si hubiera escrito diez mil años antes, cuando no había agricultura, habría tenido razón. Y si su libro se hubiera publicado hoy, al borde del tercer milenio, estaría más acertado que equivocado».50</p>
<p style="padding-left: 40px;">Cuando se adopta un marco analítico coherente, lo que se ve venir es un nada improbable colapso ecológico-social que podría manifestarse ya hacia 2030 y que podría hacer disminuir la población mundial en unos 1.500 millones de personas por decenio</p>
<p>Quizá suceda que, como sugería Pedro A. García Bilbao, «Malhus llama tres veces». La primera vez fue a comienzos del siglo XIX (el <em>Ensayo sobre el principio de la población </em>fue publicado en 1798) y la segunda vez a mediados del siglo XX (justo antes de la Gran Aceleración), pero</p>
<p style="padding-left: 40px;">en la actualidad la situación de la población mundial y su dependencia de los recursos finitos para mantener su nivel de vida y su crecimiento parecen haber llegado a una nueva encrucijada maltusiana. La principal diferencia radica en que ahora no existe un planeta poco poblado que colonizar y explotar, no son posibles trasvases  masivos de población y la disputa por el agua, la tierra cultivable, el petróleo y los minerales estratégicos tienen nuevos y poderosos actores. El problema de la escasez de recursos con los que alimentar el consumo de masas está llevando a un aumento brutal de los costes y a la imposibilidad de mantener un crecimiento continuado. La realidad de la escasez  de recursos y el carácter finito de los combustibles que mantienen no ya el sistema productivo sino el mismo sistema de producción y distribución de alimentos en los propios países centrales permite suponer que la incidencia de conflictos de difícil solución se va a incrementar. Urge una reconducción del sentido de la marcha y el estudio de nuevas direcciones. El fantasma de la amenaza maltusiana, el colapso del sistema por desajustes entre población y recursos, vuelve a surgir, pero esta vez no hay muchas posibilidades de un nuevo engaño.51</p>
<p><em>Un coche más hoy es un campesino menos en el futuro</em>,52 advertía Nicholas Georgescu-Roegen (uno de los grandes economistas del siglo XX, que tendría que ser tan famoso como Keynes si la cultura dominante no deformase tan trágicamente la realidad):53  pero el futuro del que hablaba es nuestro presente.</p>
<h4><strong>Epílogo para ecosocialistas</strong></h4>
<p>En cierta forma el alfa y el omega de la ecología es la población: se trata precisamente de aquella parte de la biología que estudia las diversas poblaciones de seres vivos en relación con la capacidad de sustentación de los ecosistemas. Sería extraña una ecología política que excluyese de entrada la pregunta por la población humana deseable. El que «no exista una relación directa entre población y daño ambiental»54 no significa que no exista ninguna relación importante entre población humana y daño ambiental.</p>
<p>Como ya observé anteriormente, la cuestión demográfica tiene algo de divisoria de aguas entre las familias de la izquierda, a la hora de afrontar la crisis ecológico-social. ¿Una sociedad justa puede caracterizarse sólo considerando a los seres humanos, o hay que pensar la justicia más allá de la especie? Si el ecosocialismo se piensa como esencialmente antropocéntrico, ¿puede constituir una perspectiva emancipatoria adecuada? Las éticas biocéntricas o ecocéntricas ¿caben dentro del ecosocialismo de tradición marxista? ¿Cómo se articularían con él? Estas  preguntas, y otras conexas,  han sido objeto de un debate intenso sobre todo en el mundo anglosajón, donde las corrientes de <em>deep ecology </em>han tenido más peso que en la Europa continental. De manera típica, la cuestión demográfica se ha situado en el centro de tales debates: es una piedra de toque. David Orton, un activista canadiense situado dentro de lo que él llamaba “biocentrismo de izquierdas”, manifestó que aunque simpatizaba  con la  Declaración  de Belém  que había  redactado la  Red Ecosocialista Internacional de Michael Löwy y Joel Kovel (y que se aprobó en Brasil, en enero de 2009) no podía firmarla adhiriéndose por completo, pues</p>
<p style="padding-left: 40px;">por desgracia la Declaración de Belém se centra en los seres humanos, no en la Tierra. ¿Dónde se aboga por la preservación de los territorios salvajes  y las demás especies?  (…) La justicia social entre humanos es absolutamente necesaria, pero debe subordinarse a la justicia terráquea para todas las especies.  Como ha dicho [el ecofilósofo canadiense] Stan Rowe, aunque el socialismo y el capitalismo comparten una visión antropocéntrica común “rapaz” respecto a la explotación de la Tierra, «el socialismo tiene la virtud de ampliar el círculo de cuidado más allá del individuo egoísta, y así por lo menos orienta nuestra mirada en la dirección correcta». Pero la justicia social para los seres humanos no puede construirse a expensas de la ecología. La “comunidad” ha de incluir no sólo a seres humanos, sino también a los otros animales, las plantas y la Tierra como tal. En la Declaración no se menciona la necesaria reducción demográfica humana, que debería ser una prioridad para una sociedad ecocéntrica socialmente justa. No se trata sólo de un error desde una perspectiva de bienestar humano –somos demasiados–, sino que ello muestra que las necesidades de hábitat de las demás formas de vida no se consideran importantes.55</p>
<blockquote><p>El que «no exista una relación directa entre población y daño ambiental» no significa que no exista ninguna relación importante entre población humana y daño ambiental</p></blockquote>
<p>Saral Sarkar, otro pensador y activista ecosocialista (hindú residente en Alemania), ha señalado que Malthus fue probablemente el primer autor que escribió sobre ecología política, aunque</p>
<p style="padding-left: 40px;">desgraciadamente  para nosotros, era un clérigo miembro de la clase dominante y como tal beneficiario del sistema de explotación de los pobres. Sólo cabe rechazar sus opiniones políticas; pero sus dos tesis (¿o quizá leyes?) sobre el aumento de la producción de alimentos y el crecimiento demográfico son científicamente válidas, incluso hoy, a pesar de todos los desarrollos científicos y tecnológicos que han tenido lugar en los dos siglos últimos. No deberíamos cultivar la ceguera respecto de los hechos. Por desgracia, los erróneos ataques de Marx y Engels contra Malthus están todavía hoy influenciando la discusión entre activistas políticos del socialismo.56</p>
<p>Como cabe suponer, esa no es una posición aceptable para los ecosocialistas de tradición marxiana57 –y sin embargo creo que en este punto Sarkar tiene razón (también cuando insta a no tratar los textos de Marx y Engels como “Sagradas Escrituras”).</p>
<p>Igualmente se puede convenir con Sarkar en que «no basta con ser socialista, ni basta con ser ecologista profundo. Los socialistas debemos asimilar las lecciones de la ecología que sean verdaderas y los ecologistas profundos (o verdes profundos, o ecologistas consecuentes) deben aprender las lecciones verdaderas del socialismo».58  Bueno, en lo que a mí respecta toda la discusión anterior conduce a la siguiente conclusión: deberíamos dejar de usar “neo-maltusiano” como un insulto y habría que abogar más bien por un ecosocialismo neo-maltusiano. Desde tal perspectiva nos haríamos preguntas como: ¿juzgamos o no deseable, además de la superación del capitalismo y la construcción de un ecosocialismo feminista, la reducción de la población humana, la renaturalización de extensas zonas de la Tierra y el cultivo de un <em>ethos </em>de simbiosis con la naturaleza? Podríamos proponer como criterios algo así:</p>
<p>a) ¿Estás de acuerdo en que existe sobrepoblación humana?</p>
<p>b) ¿Estás de acuerdo en que <em>medio planeta,</em>59 y los planes de renaturalización de territorios extensos, son propuestas razonables?</p>
<p>c) ¿Estás de acuerdo en que la dieta humana debería ser básicamente vegetariana – como resultado de la eliminación de la ganadería industrial y la pesca industrial?</p>
<p>d) ¿Estás de acuerdo en prácticas agrícolas basadas en la agroecología y la soberanía alimentaria?</p>
<p>e) ¿Estás de acuerdo en una estrategia re-localizadora y des-globalizadora que reduzca drásticamente los desplazamientos de personas y mercancías?</p>
<p>f) ¿Estás de acuerdo en políticas territoriales apoyadas en las biorregiones?</p>
<p>g) ¿Estás de acuerdo en políticas tecnológicas que se orienten al <em>low-tech</em>?</p>
<p>h) ¿Estás de acuerdo en que, para las y los ecosocialistas, <em>simbiosis </em>es una categoría tan importante como <em>acumulación de capital?</em></p>
<p>A este respecto, y confrontados al “retorno de Malthus” como lo estamos hoy,60 no hay que echar al olvido algunas tradiciones político-culturales de izquierda enormemente interesantes a la hora de abordar estas cuestiones. Así, hubo un feminismo obrero y neomaltusiano a comienzos del siglo XX (tanto en Europa como en EEUU)  que abogaba por la “procreación consciente” como un elemento clave para la liberación de la mujer y la lucha anticapitalista.61  Fue éste un movimiento feminista y protoecologista, como subraya Joan Martinez-Alier:</p>
<p style="padding-left: 40px;">Las neomaltusianas anarcofeministas predicaban la libertad de las mujeres para decidir el número de hijos que querían tener. El movimiento estaba explícitamente comprometido con los temas ecológicos, preguntándose cuánta gente podría la Tierra alimentar sosteniblemente. Este exitoso movimiento social internacional (con líderes como Emma Goldman y Margaret Sanger en Estados Unidos y Paul Robin en Francia) se autodenominaba deliberadamente neomaltusiano, pero contrariamente a Malthus consideraban que el crecimiento demográfico podía ser detenido entre las clases pobres mediante decisiones voluntarias. Recomendaban  el control de la natalidad, incluyendo las vasectomías  voluntarias. El movimiento neomaltusiano no apelaba al Estado para que impusiese restricciones al crecimiento demográfico. Al contrario, se basaba en un activismo ”desde abajo” a partir de la libertad de las mujeres, para evitar la presión descendente sobre los salarios provocada por el exceso de población, y contra las amenazas al medio ambiente y la subsistencia humana. Se preveía un exceso de población, y esto condujo a ideas y conductas anticipatorias. En Francia y en otros sitios, los neomaltusianos desafiaron a las autoridades políticas y religiosas de la época a través de la idea de una ”huelga de vientres” (<em>la grève des ventres</em>), y también a través del antimilitarismo y del anticapitalismo. El control demográfico voluntario fue una manera de negarse a proporcionar al capitalismo mano de obra barata del “ejército de reserva de trabajadores”.62</p>
<p>Desde su elaboración ecofeminista, Alicia H. Puleo evoca también el neomaltusianismo que surge en la segunda mitad del siglo XIX, que «es de inspiración anarquista y feminista y promueve el uso de métodos anticonceptivos y el derecho al aborto como una forma de resistencia obrera frente a la explotación de mano de obra barata. Destacan en él figuras como Paul Robin, pedagogo libertario francés, y Margaret Sanger, enfermera y educadora sexual estadounidense, fundadora de la Liga de Planificación Familiar, encarcelada  por sus actividades a favor del control de natalidad».63 Se trata en efecto de tradiciones valiosas que deberíamos volver a apreciar y de las que podemos aprender mucho a la hora de plantear un ecosocialismo descalzo para el Siglo de la Gran Prueba.</p>
<p>¿Somos demasiados? <em>S</em><em>i </em>cobramos consciencia del declive de los combustibles fósiles (solo la sobreabundancia  energética que nos han proporcionado permitieron a las economías industriales y a la población humana crecer como lo han hecho desde los días de Malthus hasta hoy) y de la degradación de la biosfera (que reduce su capacidad para sustentar a tantos seres humanos), entonces hay que responder que sí, somos demasiados. <em>S</em><em>i </em>no defendemos la tesis totalmente implausible de un desacoplamiento absoluto entre crecimiento económico y consumo de recursos, entonces hay que responder que sí, somos demasiados. <em>Si </em>asumimos que los imaginarios capitalistas dominantes (pero también los de quienes aspiran a un socialismo de la abundancia) incitan a la gente a aspirar a “modos de vida imperiales” (Alberto Acosta y Ulrich Brand), entonces hay que responder que sí, somos demasiados. <em>Si </em>dejamos de lado nuestro supremacismo antropocéntrico y reconocemos que compartimos la biosfera terrestre con trillones de otros seres vivos, y que estos necesitan también espacio ecológico para vivir y florecer, entonces hay que responder que sí, somos demasiados.</p>
<p>Rechazar de plano el maltusianismo (insisto: en el sentido de la necesidad de un autocontrol consciente de la población humana) implica (a) asumir una posición antropocéntrica fuerte, con sus tesis de dominio sobre la naturaleza y (b) no asumir verdaderamente la existencia de límites biofísicos al crecimiento. Las propuestas emancipatorias para el siglo XXI no pueden situarse en esa posición. «La humanidad es la primera especie en la Tierra con capacidad intelectual para limitar de forma consciente el tamaño de su población y vivir en un dinámico equilibrio perdurable con las demás formas de vida. Los seres humanos pueden percibir la diversidad de sus entornos y cuidarlos. Nuestra herencia biológica nos capacita para deleitarnos en esa intrincada diversidad vital».64</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>NOTAS</strong>:</p>
<p>1 E. Viveiros de Castro y D. Danowski, <em>¿Hay mundo por venir? Ensayo sobre los miedos y los fines, </em>Caja Negra eds., Buenos Aires, 2019, p. 178.</p>
<p>2 D. Haraway, «<a href="http://revistaleca.org/journal/index.php/RLECA/article/view/53" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Antropoceno, Capitaloceno,  Plantacionoceno,  Chthuluceno:  generando relaciones  de parentesco</a>», <em>Revista Latinoamericana de Estudios Críticos Animales </em>año III vol. 1, junio de 2016. También en su libro <em>Seguir con el </em><em>problema </em>(Editorial Cosonni, Bilbao, 2019) insiste en la necesidad de control demográfico.</p>
<p>3 «<a href="https://elpais.com/elpais/2019/06/22/opinion/1561216574_076704.html" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Natalidad bajo mínimos</a>», editorial de <em>El País, </em>23 de junio de 2019.</p>
<p>4 Datos para reflexionar sobre esto: Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino, <a href="https://www.footprintnetwork.org/content/images/uploads/Huella%20ecologica%20de%20Espana.pdf" target="_blank" rel="noopener noreferrer"><em>Análisis de la huella ecológica de </em></a><em>España, </em>Madrid, 2007.</p>
<p>5 U. Bardi, <em>Los límites del crecimiento retomados, </em>Catarata, Madrid, 2014.</p>
<p>6 M. King y C. Elliott, «<a href="https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC2127875/pdf/9418096.pdf" target="_blank" rel="noopener noreferrer">To the point of farce: a Martian view of the Hardinian taboo the silence that surrounds population control</a>»,     <em>Britis</em><em>h      Medical     Journal     </em>vol.     315,   29     de     noviembre    de     1997,    disponible     en:</p>
<p>7 Para que no pueda surgir la menor duda sobre el lugar moral desde el que estoy escribiendo: la única “ética del bote salvavidas” que me parece aceptable es la que evocaba Heiner Müller en una entrevista que he citado varias veces: «Auschwitz y su principio de selección es el modelo de este siglo. Todos no podían sobrevivir, así que se seleccionaba.  Cuando trato de aclararme lo que significa el heroísmo, siempre me acuerdo de una pequeña historia. En uno de los últimos barcos que partió de Alemania y debía llevar judíos a los EEUU  viajaba a bordo un judío grueso, un periodista deportivo de Berlín. Este barco fue torpedeado por submarinos alemanes y se hundió. Por supuesto, había pocas plazas en los botes salvavidas.  El periodista deportivo judío y gordo se sentó rápidamente en uno de los botes salvavidas, y el bote estaba lleno. De repente aparece en cubierta una joven madre con su hijo. Pero ya no hay lugar para nadie más en el bote. Entonces el pequeño y grueso judío se arrojó al Atlántico, dejando lugar a la mujer. Esa es la única respuesta que existe. (&#8230;) Es el problema de Dostoyevski, la pregunta de Raskólnikov. También Dostoyevski encontró al final una sola respuesta: la compasión. Cuando al final aparece Auschwitz como modelo para la selección, no queda ya ninguna respuesta política. Probablemente sólo exista una respuesta religiosa. El problema de esta civilización es que no tiene ninguna alternativa a Auschwitz. (&#8230;) También en Walter Benjamin es un tema recurrente: el socialismo o el comunismo o cualquier otra utopía no tienen ninguna oportunidad si no ofrecen una dimensión teológica». Nada de cortar las manos de los demás; solo saltar al mar uno mismo.</p>
<p>8 Algunas reflexiones al respecto en Jorge Riechmann, «<a href="http://tratarde.org/sobre-demografia-decrecimiento/" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Sobre demografía, decrecimiento y crisis ecológico-social</a>», entrada del 30 de agosto de 2013 en el blog <em>T</em><em>ratar de comprender, tratar de ayudar.</em></p>
<p>9 Éramos 1.650 millones de seres humanos en 1900, y 2.518 millones en 1950. Véase la entrevista con Bruno Latour en <em>El País Semanal </em>del 24 de marzo de 2013, donde el sociólogo y antropólogo francés remite a su libro <em>Políticas de la naturaleza, </em>RBA, Barcelona 2013 (original francés de 1999).</p>
<p>10 J. A. Tainter y T. W. Patzek, <em>Drilling Down. The Gulf Oil Debacle and Our Energy Dilemma, </em>Copernicus, Nueva York, 2012, p. 37.</p>
<p>11 La asociación británica (fundada en 1991) <em>Optimal Population Trust </em>calcula una población mundial óptima en el rango entre 2.700 a 5.100 millones de habitantes (su web: <a href="http://www.populationmatters.org/" target="_blank" rel="noopener">http://www.populationmatters.org/ </a>). Manuel Casal Lodeiro recoge las siguientes estimaciones: «Dale Allen Pfeiffer apunta a los dos mil millones como cifra sostenible y advierte de que en la década de 2010-2020 veremos <em>“</em>hambrunas como nunca antes ha experimentado la especie humana” (Pfeiffer, 2003); Paul Chefurka (2007) lo sitúa en los 1.000 millones en base a la población histórica constatada en el momento en que se comenzó a explotar el petróleo, corregida a la baja para tener en cuenta la degradación de la capacidad de carga; Brian Fleay (citado en Youngquist, 1999) lo cifra en 3.000 millones; David Pimentel (también citado en Youngquist 1999 y según cálculos publicados en Pimentel et al. 1994) lo sitúa en uno y 3.000 millones; Richard Duncan (2005), en su interesante <em>T</em><em>eoría Olduvai</em>, estima que tras una gran mortandad, la población se comenzará a estabilizar en torno a los 2.000 millones en 2050. Colin Campbell estima (2002) que la población se reducirá muy rápidamente a partir de 2020 pero frenando en torno a 2080 para después irse estabilizando en una suave caída hasta niveles cercanos a los tres mil millones en torno a 2200…» Manuel Casal Lodeiro, «<a href="https://ecopolitica.org/nosotros-los-detritivoros/" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Nosotros, los detritívoros</a>», publicado en la web de <em>Ecopolítica </em>en enero de 2014.</p>
<p>12 D. Spratt, «<a href="https://www.climatecodered.org/2019/08/at-4c-of-warming-would-billion-people.html?m=1" target="_blank" rel="noopener noreferrer">At 4°C of warming, would a billion people survive?  What scientists say</a>» en Climate code Red, 18 de agosto de 2019.</p>
<p>13 Y. Xu y V. Ramanathan,  «<a href="https://www.pnas.org/content/114/39/10315" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Well below 2°C:  Mitigation strategies for avoiding dangerous to catastrophic climate changes</a>»,</p>
<p><em>PNAS, </em>26 de septiembre de 2017.</p>
<p>14 En mayo de 2019, Johan Rockström, director del Instituto Potsdam para la Investigación del Impacto Climático, dijo a <em>The </em><em>Guardian </em>que en un mundo 4°C más cálido «es difícil ver cómo podríamos acomodar a 1.000 millones de personas o incluso la mitad de eso&#8230; Habría una minoría rica de personas que podría sobrevivir con estilos de vida modernos, sin duda, pero será un mundo turbulento y conflictivo». Rockström es uno de los principales investigadores  del mundo en <em>tipping points </em>(puntos de inflexión climáticos) y <em>safe boundaries </em>(“límites seguros” para la humanidad). Véase G. Vince, «<a href="https://www.theguardian.com/environment/2019/may/18/climate-crisis-heat-is-on-global-heating-four-degrees-2100-change-way-we-live" target="_blank" rel="noopener noreferrer">The heat is on over the climate crisis. Only radical measures will work</a>», <em>The Guardian, </em>18 de mayo de 2019.</p>
<p>En un encuentro científico internacional sobre cambio climático realizado en Melbourne en noviembre de 2012 (en la antesala de la COP18  de Doha), algunos de los más relevantes investigadores  del mundo estimaron lo que podría pasar con un aumento de cuatro grados centígrados o más (sobre las temperaturas preindustriales promedio). Para Hans Joachim Schellnhuber (fundador y director del Instituto Postdam para la Investigación del Impacto Climático –PIK–  y director del Consejo Asesor Alemán sobre el Cambio Climático –WBGU–),  la capacidad del planeta para albergar seres humanos en caso de una subida de cuatro grados se reduciría a «menos de 1.000 millones de personas». Unos años antes el profesor Kevin Anderson (director del Centro Tyndall para el Cambio Climático en Gran Bretaña)  se dirigió a la prensa durante la fallida conferencia de Copenhague, en 2009: «Para la humanidad es cuestión de vida o muerte&#8230; [un aumento así] no conducirá a la extinción del ser humano, ya que unos pocos afortunados, con los recursos adecuados, podrán desplazarse a las partes apropiadas del planeta y sobrevivir. Pero creo que es extremadamente improbable que evitemos una mortandad masiva con cuatro grados de aumento». En aquella ocasión Anderson se atrevió a dar cifras: «Si en el año 2050 la población mundial es de 9.000 millones y la temperatura se eleva 4, 5 ó 6 grados, los supervivientes podrían ser del orden de 500 millones».</p>
<p>Si echamos cuentas, eso es hablar de una mortandad de casi el 95%. Cf. Miguel Artime, «<a href="https://es.noticias.yahoo.com/blogs/cuaderno-de-ciencias/cuatro-grados-m%C3%A1s-o-c%C3%B3mo-decir-adi%C3%B3s-casi-161726996.html" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Cuatro grados más o cómo decir adiós a casi el 95% de la humanidad</a>», blog <em>Cuaderno de ciencias, </em>15 de noviembre de 2012.</p>
<p>15 E. Garcia, «<a href="https://www.mapa.gob.es/ministerio/pags/Biblioteca/Revistas/pdf_AM%2FPDF_AM_Ambienta_2015_113_28_41.pdf" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Los derechos humanos más allá de los límites al crecimiento</a>», A<em>mbienta </em>113, diciembre de 2015, p. 29.</p>
<p>16 J. Poore y T. Nemecek, «<a href="https://science.sciencemag.org/content/360/6392/987" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Reducing food’s environmental impacts through producers and consumers</a>», <em>Science </em>vol. 360 núm. 6392, 1 de junio de 2018.</p>
<p>17 Y así, hoy, el 3,7% de la población española padece esa dieta de pobreza, según el INE. I. Ruiz Molinero, «L<a href="https://elpais.com/sociedad/2018/10/12/actualidad/1539372072_269456.html" target="_blank" rel="noopener noreferrer">a pobreza se enquista en  España  pese a la  mejora de  la  economía</a>»,  <em>E</em><em>l  País,  </em>13  de  octubre de  2018.</p>
<p>18 D. Carrington: «<a href="https://www.theguardian.com/environment/2018/oct/10/huge-reduction-in-meat-eating-essential-to-avoid-climate-breakdown" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Huge reduction in meat-eating ‘essential’ to avoid climate breakdown</a>», <em>The Guardian, </em>10 de octubre de 2018. Resume resultados de un importante estudio científico publicado en <em>Nature: </em>M. Srpingmann y otros,   «<a href="https://www.nature.com/articles/s41586-018-0594-0" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Options   for  keeping  the  food  system   within  environmental   limits</a>», <em>Natur</em><em>e </em>2018.</p>
<p>19 Remito aquí a Manuel González de Molina y Víctor M. Toledo, <em>Metabolismos. Hacia una teoría de las transformaciones </em><em>socioecológicas, </em>Icaria, Barcelona 2011.</p>
<p>20 J. Riechmann, <em>El siglo de la Gran Prueba, </em>Baile del Sol, Tegueste (Tenerife), 2013.</p>
<p>21 Véase<a href="https://twitter.com/pasrealiste/status/1129717776023732225" target="_blank" rel="noopener noreferrer"> tweet</a>.</p>
<p>22 Véase <a href="https://twitter.com/pasrealiste/status/1129747453207564289" target="_blank" rel="noopener noreferrer">tweet</a> El informe de Oxfam, de 2015, argumenta que el cambio climático está indisolublemente unido a la desigualdad económica: se trata de una crisis impulsada por las emisiones de GEI generadas por los ricos, pero que afecta fundamentalmente a los más pobres: «La mitad más pobre de la población mundial –aproximadamente 3.500 millones de personas– sólo genera alrededor del 10% del total de las emisiones mundiales atribuidas al consumo individual, y sin embargo viven mayoritariamente en los países más vulnerables ante el cambio climático. En cambio, aproximadamente el 50% de estas emisiones puede atribuirse al 10% más rico de la población mundial, cuya huella de carbono media es hasta once veces superior a la de la mitad más pobre de la población, y 60 veces superior a la del 10% más pobre. La huella de carbono media del 1% más rico de la población mundial podría multiplicar por 175 a la del 10% más pobre», OXFAM, «<a href="https://www-cdn.oxfam.org/s3fs-public/file_attachments/mb-extreme-carbon-inequality-021215-es.pdf" target="_blank" rel="noopener noreferrer">La desigualdad extrema de las emisiones de carbono</a>», nota de prensa, 2 de diciembre de 2015. <a href="https://www.oxfam.org/es/informes/la-desigualdad-extrema-de-las-emisiones-de-carbono" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Informe completo. </a></p>
<p>23 Patrick Wood Crusius, un varón blanco de 21 años, mató a 20 personas e hirió a otras 26, en una masacre terrorista y racista perpetrada en un centro comercial Walmart. Véase A. Laborde, «Un solitario de carácter irritable y explosivo», <em>El País, </em>5 de agosto de 2019. Véase también, de la misma periodista «El autor confeso de la matanza de El Paso admite que iba a por mexicanos», <em>El País, </em>10 de agosto de 2019.</p>
<p>24 C. Follett, «<a href="https://humanprogress.org/article.php?p=1909" target="_blank" rel="noopener noreferrer">How anti-humanism is gaining ground</a>», <em>Human Progress, </em>8 de mayo de 2019.</p>
<p>25 Hugo Chávez, <em><a href="https://rebelion.org/docs/55390.pdf" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Ahora la batalla es por el sí</a> – Discurso de presentación del Proyecto de Reforma Constitucional ante la Asamblea Nacional, Caracas, miércoles 15 de agosto de 2007 </em>(Colección Discursos Presidenciales de la Biblioteca Construcción del Socialismo, Ministerio del Poder Popular para la Comunicación y la Información, Caracas  2007, p. 62). En 1990 la población de Venezuela ascendía a 19,7 millones de habitantes; así, Chávez estaba proponiendo cuadruplicar la población del país en algunos decenios.  ¿Cómo puede pensarse  que esa política es coherente con el quinto gran objetivo histórico del Plan de la Patria redactado por el propio Chávez  y aprobado como política de Estado en 2013 –a saber, «contribuir con la preservación de la vida en el planeta y la salvación de la especie humana»? Para la salvación de la especie humana, ésta debe autolimitar –entre  otras magnitudes, su crecimiento demográfico…</p>
<p>26 S. Sarkar, «<a href="http://eco-socialist.blogspot.com/2017/06/what-is-eco-socialism-who-is-eco.html" target="_blank" rel="noopener noreferrer">What is Eco-Socialism, Who is an Eco-Socialist</a>», en su blog <em>Saral Sarkar’s Writings, </em>9 de junio de 2017. Los libros básicos de este pensador ecosocialista (nacido en la India, pero que ha vivido mucho tiempo en Alemania) son <em>Eco-Socialism or Eco-</em><em>Capitalism? A Critical Analysis of Humanity’s Fundamental Choices </em>(Zed Books, Londres 1999) y <em>The Crises of Capitalism. </em><em>A Different Study of Political Economy </em>(Counterpoint, Berkeley 2012). Sarkar no concibe un movimiento ecologista auténtico (ni por ende un ecosocialismo auténtico) que no sea decrecentista. Véase su artículo «<a href="https://www.resilience.org/stories/2017-02-02/the-ecology-movement-is-not-a-social-movement-a-response-to-john-forans-article-on-the-how-question/" target="_blank" rel="noopener noreferrer">The ecology movement is not a social movement</a>», <em>resilience.org, </em>2 de febrero de 2017.</p>
<p>27 Véase su artículo «<a href="https://climateandcapitalism.com/2011/06/19/deep-ecology-versus-people/" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Deep Ecology versus Ecosocialism</a>», <em>Climate &amp; Capitalism, </em>19 de julio de 2011. En un <a href="https://climateandcapitalism.com/2011/07/04/an-open-letter-to-saral-sarkar-on-population-wilderness-and-ecosocialism/" target="_blank" rel="noopener noreferrer">texto posterior</a>, Angus sostiene que las posiciones de Sarkar son anti-humanas y afines a la limpieza étnica.</p>
<p>28 Véase otro episodio de este debate Donald J. Kerr sostiene que Ian Angus «<a href="https://climateandcapitalism.com/2017/12/03/debate-should-ecosocialists-oppose-population-growth/" target="_blank" rel="noopener noreferrer">no comprende que la sobrepoblación es un problema real y </a> al mismo tiempo, es muy difícil de solucionar sin pisotear los derechos humanos&#8230;»</p>
<p>29 M. Empson, «<a href="https://vientosur.info/spip.php?article15292" target="_blank" rel="noopener noreferrer">¿Hay demasiados habitantes en el planeta?</a>», <em>V</em><em>iento Sur </em>166, octubre de 2019, p. 23.</p>
<p>30 P.R. Ehrlich/ A.H. Ehrlich, <em>La explosión demográfica: el principal problema ecológico, </em>Salvat (Col. Biblioteca Científica Salvat, número 3), Barcelona,  1993. (Trad. de Camila Batlle del original <em>The Population Explosion</em>, publicada por Simon &amp; Schuster en 1991). <a href="http://www.populationmedia.org/wp-content/uploads/2009/07/Population-Bomb-Revisited-Paul-Ehrlich-20096.pdf" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Otra revisión</a> de su libro por Paul y Anne Ehrlich,  cuarenta años después (2009).</p>
<p>31 E.O. Wilson, <em>El futuro de la vida</em>, Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores, Barcelona, 2002, p. 54. (El énfasis es mío, J.R.)</p>
<p>32 Ehrlich y Ehrlich, <em>La explosión demográfica, </em>op. cit., p. 52. En inglés esta sencilla ecuación reza así: <a href="https://en.wikipedia.org/wiki/I_%3D_PAT" target="_blank" rel="noopener noreferrer">I = PAT</a>. «Human Impact on the environment equals the product of Population, Affluence, and Technology. The equation was developed in the 1970s  during the course of a debate between Barry Commoner, Paul R. Ehrlich and John Holdren».</p>
<p>33 Sigo aquí el resumen de Joaquim Sempere, en Sempere y Jorge Riechmann, <em>Sociología y medio ambiente</em>, Síntesis, Madrid, 2000, p. 197.</p>
<p>34 B. Commoner, <em>En paz con el planeta</em>, Crítica, Barcelona, 1992, p. 144.</p>
<p>35 <em>Ibidem, </em>p. 142.</p>
<p>36 E. Garcia, <em>Op. cit</em>., (el énfasis es mío)</p>
<p>37 «La esperanza proviene del hecho de que no hace falta que los líderes impongan programas desde arriba. Basta con que aumentemos el acceso a los anticonceptivos, tanto en los países desarrollados como en los poco desarrollados, para que la gente decida si quiere usarlos o no. Eso tendría un costo de sólo 8’1 millones de dólares cada año, lo que es baratísimo. Y, por otra parte, hay que insistir en <em>la educación femenina, que es el mejor anticonceptivo que existe</em>» <a href="https://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2014-04-08/lo-dice-la-onu-y-la-nasa-pero-antes-lo-dijo-malthus-somos-demasiados_113119/" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Alan Weisman, entrevista</a> del 8 de abril de 2014; las cursivas son mías (J.R.).</p>
<p>38 J. E. Cohen, «<a href="https://www.nybooks.com/articles/1998/10/08/how-many-people-can-the-earth-support/" target="_blank" rel="noopener noreferrer">How Many People Can the Earth Support?</a>», <em>The New York Review</em>, 8 de octubre de 1998, p. 31.</p>
<p>«Pero, lejos de someter a revisión nuestra bulimia consumista y sus consecuencias actuales y futuras, lejos de enfrentarnos al escándalo moral que supone esta regresión global al canibalismo, nos aferramos a un estilo de vida construido sobre el privilegio. Lo expuso con la mayor contundencia el presidente George Bush (padre) con motivo de la Cumbre de la Tierra celebrada en 1992 en Rio de Janeiro: <em>The American lifestyle is not up for negotiation</em>; el estilo de vida americano no se negocia.” Imanol Zubero, “<a href="http://www.ub.edu/geocrit/sn/sn-506.pdf" target="_blank" rel="noopener noreferrer">¿Superpoblación o sobreconsumo? Maltusianismo práctico, exclusión global y población sobrante</a>«, <em>Scripta Nova</em>, vol. XIX, núm. 506, 2015.</p>
<p>39 I. Zubero, «<a href="http://www.ub.edu/geocrit/sn/sn-506.pdf" target="_blank" rel="noopener noreferrer">¿Superpoblación o sobreconsumo? Maltusianismo práctico, exclusión global y población sobrante</a>», <em>Scripta </em><em>Nova</em>, vol. XIX, núm. 506, 2015, p. 11. (El énfasis es mío, J.R.)</p>
<p>40 A. D. Barnofsky y otros, «<a href="https://www.nature.com/articles/nature11018" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Approaching a state shift in Earth’s biosphere</a>», <em>Nature, </em>7 de junio de 2012, p. 52-58.</p>
<p>41 M. T. Klare, «<a href="https://rebelion.org/de-como-la-escasez-de-recursos-y-el-cambio-climatico-podrian-producir-una-explosion-global/" target="_blank" rel="noopener noreferrer">De cómo la escasez  de recursos y el cambio climático podrían producir una explosión globa</a>l» publicado en <em>Rebelión </em>el 30 de abril de 2013. Klare es autor de <em>The Race for What’s Left: The Global Scramble for the World’s Last Resources</em>, Metropolitan Books 2012. <a href="http://michaelklare.com/" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Página personal</a></p>
<p>Otra advertencia:  «La humanidad está a punto de entrar en una etapa en nuestra historia, caracterizada  por la penuria de recursos naturales esenciales  (agua, terreno agrícola, alimento) que sólo se había experimentado a nivel local por nuestra especie». Carlos Duarte (coord.), <em>Cambio global. Impacto de la actividad humana sobre el sistema Tierra, </em>CSIC/ Libros de la Catarata, Madrid, 2009, p. 25.</p>
<p>42 H. Walzer, <em>Guerras climáticas</em>, Katz, Buenos Aires/ Madrid, 2010.</p>
<p>43 M.  Casal Lodeiro,  «<a href="https://rebelion.org/nosotros-los-detritivoros-sintesis/" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Nosotros,  los  detritívoros  (síntesis)</a>»   <em>Rebelión</em><em>,   </em>3  de  febrero  de  2014.</p>
<p>44 <em>Manifiesto de economistas aterrados, </em>Pasos Perdidos, en coedición con Eds. Barataria, Madrid, 2010</p>
<p>45 S. George, <em>El Informe Lugano, </em>Icaria, Barcelona, 2001 (el original en inglés es de 1999).</p>
<p>46 G. Turner, «<a href="https://sustainable.unimelb.edu.au/publications/research-papers/is-global-collapse-imminent" target="_blank" rel="noopener noreferrer">¿Is global collapse imminent?</a>», <em>Research Paper </em>4, MSSI (Melbourne Sustainable Society Institute), Universidad</p>
<p>de  Melbourne, 2014, p. 7.</p>
<p>Por lo demás, hay que leer a los autores en el original (en este caso el <em>Ensayo sobre el principio de la población</em>…) Ugo Bardi en octubre de 2016: “<a href="http://foro-crashoil.2321837.n4.nabble.com/file/n33783/Bardi_05-10-2016_%28Malthus%29.pdf" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Malthus el profeta de la fatalidad: ¿por qué molestarse con la lectura del original cuando simplemente  se puede cortar  y  pegar  de  Internet?</a>” Puedes consultar <a href="https://cassandralegacy.blogspot.com/2016/10/malthus-prophet-of-doom-why-bother-with.html" target="_blank" rel="noopener noreferrer">texto original.</a></p>
<p>47 I. Zubero, 2015, <em>Op. cit</em>.</p>
<p>48 Por ejemplo: José Carlos Díez, «<a href="https://elpais.com/economia/2019/08/08/actualidad/1565289013_688577.html" target="_blank" rel="noopener noreferrer">500 años no es nada</a>», <em>El País, </em>9 de agosto de 2019.</p>
<p>49 Lo explica por ejemplo Joaquim Sempere en su capítulo sobre “Población y medio ambiente” del manual de sociología ambiental que escribimos juntos: «El crecimiento de la población depende, en primer lugar, de la población existente; y como en cualquier población suele haber migraciones de entrada y de salida, al crecimiento natural o vegetativo hay que añadir las personas inmigradas y restar las emigradas. El saldo es el <em>crecimiento</em>, al que corresponde una <em>tasa de creci</em><em>miento </em>(<em>r</em>). Si la tasa de crecimiento fuese constante en el transcurso de los años, se puede generalizar la fórmula de cálculo para <em>n </em>periodos. Al final del primer periodo (supongamos que se trate de años), la población inicial <em>P0 </em>se verá incrementada por la cantidad <em>P0.r</em>, de modo que tendremos: <em>P1 = P0 + P0.r = P0 (1 + r). </em>Aplicando esta fórmula de modo recurrente tenemos en el segundo periodo: <em>P2 = P1 (1 + r) = P0 (1 + r) (1 + r) = P0 (1 + r)2</em>, y en el periodo <em>n </em>tenemos <em>Pn = P0 (1 + r)n. </em>La fórmula anterior expresa  un crecimiento de tipo geométrico con una razón (1 + r). (…) Cada nuevo incremento se suma al anterior y el siguiente se calcula sobre una base acrecentada. Una extensión más refinada de esta visión la constituye el crecimiento exponencial…»  (Joaquim Sempere y Jorge Riechmann, <em>Sociología y medio ambiente</em>, Síntesis,  Madrid 2000, p. 186). El crecimiento de las funciones exponenciales  tiende al infinito; y una peculiaridad de este tipo de crecimiento es que, a una tasa constante, el periodo de duplicación es cada vez más breve.</p>
<p>50 N.   Eldredge,   «<a href="https://elpais.com/diario/2000/08/12/revistaverano/966031223_850215.html" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Los aciertos   erróneos   de   Malthus</a>»,   <em>E</em><em>l    País,    </em>12   de   agosto   de   2000.</p>
<p>51 P. A. García Bilbao, «<a href="https://www.google.com/url?sa=t&amp;rct=j&amp;q=&amp;esrc=s&amp;source=web&amp;cd=1&amp;ved=2ahUKEwjPl9v1o-_nAhWizIUKHT2ADZAQFjAAegQIAxAB&amp;url=https%3A%2F%2Fwww.revistas.unijui.edu.br%2Findex.php%2Fcontextoeducacao%2Farticle%2Fdownload%2F584%2F2164&amp;usg=AOvVaw0aXTGwejDCt5dp8nEq5kyN" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Geopolítica, <em>peak oil, </em>recursos finitos y colapso global: dificultades de comprensión desde las ciencias sociales y necesidad de un enfoque integrado</a>», <em>Contexto &amp; Educaçao </em>89, enero-abril de 2013, p. 227-228.</p>
<p>52 «Cada  vez que producimos un Cadillac, lo hacemos al precio de disminuir la cantidad de vidas humanas del futuro». Nicholas Georgescu-Roegen,  «La ley de la entropía y el problema económico» (1973), en <em>Ensayos bioeconómicos </em>(edición de Óscar Carpintero), Catarata, Madrid 2007, p. 50.</p>
<p>53 Economía: Marx, Polanyi, Georgescu-Roegen, Ostrom. Es la línea principal; se trata de los autores y autora básicos. Pero normalmente alguien que se gradúe en una de nuestras facultades de Ciencias Económicas y Empresariales (que tienden a convertirse en meras escuelas  de negocios) terminará sus estudios sin haber oído hablar de ninguno de ellos… Así de deformada y vuelta del revés se halla la cultura dominante.</p>
<p>54 M. Empson, «<a href="https://vientosur.info/spip.php?article15292" target="_blank" rel="noopener noreferrer">¿Hay  demasiados habitantes en el planeta?</a>», <em>V</em><em>iento Sur </em>166, octubre de 2019, p. 24.</p>
<p>55 D. Orton, «<a href="https://climateandcapitalism.com/2011/06/23/deep-ecology-versus-ecosocialism-part-two/" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Why I am not an ecosocialist</a>»,  <em>Climate &amp; Capitalism, </em>26 de junio de 2011.</p>
<p>56 S. Sarkar, «<a href="https://climateandcapitalism.com/2011/07/03/deep-ecology-versus-ecosocialism-part-three/" target="_blank" rel="noopener noreferrer">On Maltusianism and Ecosocialism</a>», <em>Climate &amp; Capitalism, </em>3 de julio de 2011.</p>
<p>57 Véase por ejemplo el <a href="https://climateandcapitalism.com/2011/07/04/sarkars-confused-defense-of-malthuss-capitalist-ideology/" target="_blank" rel="noopener noreferrer">texto de Franklin Dmitryev.</a></p>
<p>58 S. Sarkar, «<a href="https://climateandcapitalism.com/2011/07/10/eco-socialism-and-the-population-question-an-open-reply-to-ians-open-letter/" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Eco-Socialism and the population question: An open reply to Ian’s open letter</a>», <em>Climate &amp; Capitalism, </em>10 de julio de 2011.</p>
<p>59 E.O. Wilson, <em>Medio planeta. La lucha por las tierras salvajes en la era de la Sexta Extinción, </em>Errata naturae, Madrid 2017. Véanse <a href="https://eowilsonfoundation.org/half-earth-our-planet-s-fight-for-life/" target="_blank" rel="noopener noreferrer">https://eowilsonfoundation.org/half-earth-our-planet-s-fight-for-life/</a> y <a href="http://www.half-earthproject.org/" target="_blank" rel="noopener">http://www.half-earthproject.org</a></p>
<p>60 G. Kallis ha abordado una relectura de Malthus, desde postulados decrecentistas, en su libro <em>Limits. Why Malthus Was </em><em>W</em><em>rong and Why Environmentalists Should Care, </em>Stanford University Press 2019.</p>
<p>61 F. Ronsin, <em>La grève des ventres. Propagande neo-malthusienne et baisse de la natalité en France 19-20 siècles</em>, Aubier-Montaigne, París, 1980.</p>
<p>62 Joan Martinez-Alier, “Neomaltusianos”, en <em>Decrecimiento –vocabulario para una nueva era </em>(coordinado por Giacomo D’Alisa, Federico Demaria y Yorgos Kallis, eds.), Icaria, Barcelona 2015, p. 191.</p>
<p>63 Alicia H. Puleo, <em>Claves ecofeministas, </em>Plaza  &amp; Valdés, Madrid 2019, p. 55.</p>
<p>64 A. Naess, <em>Ecology, Community and Lifestyle, </em>Cambridge University Press 1990, p. 23.</p>
<p><strong>Jorge Riechmann</strong> es profesor de filosofía moral de la UAM.</p>
<p>&nbsp;</p>
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