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	<title>Globalización &#8211; FUHEM</title>
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	<description>educación + ecosocial</description>
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	<title>Globalización &#8211; FUHEM</title>
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		<title>Papeles 173</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 05 May 2026 07:43:49 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Autoritarismo]]></category>
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					<description><![CDATA[Asistimos a una profunda reconfiguración del orden internacional expresado en la multiplicación de conflictos alrededor del mundo, el rearme, el auge de la geopolítica –con el relanzamiento del imperialismo y las zonas de influencia–, la diplomacia coercitiva y el alejamiento del multilateralismo y del derecho internacional. ]]></description>
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<p class="CuerpoA"><span lang="ES-TRAD"><img fetchpriority="high" decoding="async" class="alignright size-medium wp-image-174440" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2026/04/Portada-Papeles-173-borde-300x375.jpg" alt="" width="450" height="638" /><em>Asistimos a una profunda reconfiguración del orden internacional expresado en la multiplicación de conflictos alrededor del mundo, el rearme, el auge de la geopolítica –con el relanzamiento del imperialismo y las zonas de influencia–, la diplomacia coercitiva y el alejamiento del multilateralismo y del derecho internacional. </em></span></p>
</blockquote>
<p class="CuerpoA"><span lang="ES-TRAD">En paralelo, se reorganiza el poder económico y político, que bascula hacia Asia, y, especialmente, a China, en detrimento de Estados Unidos y de Occidente, que se resisten a los cambios. Mientras, van surgiendo organizaciones de cooperación al margen del dominio occidental. El orden que empieza a emerger, más descaradamente violento, no es ajeno a la forma en que se maneja la crisis ecosocial. Este número de PAPELES indaga en este nuevo orden mundial. Casi una veintena de expertas y expertos de distintos ámbitos analizan los rasgos de eso que emerge, ofreciendo valiosas claves para comprender el nuevo escenario.</span></p>
<p>La sección <strong>A fondo</strong> de este número resulta singular en varios sentidos. Primero, porque aborda una cuestión de máxima actualidad, el orden internacional que está surgiendo de las ruinas del régimen posterior a la Segunda Guerra Mundial. Y segundo, porque esta vez no se compone de artículos de varios especialistas, sino de una batería de preguntas sobre distintos aspectos de este orden mundial emergente que formulamos a dieciséis expertas y expertos en los distintos ámbitos.</p>
<p>Esta conversación coral con <span lang="ES-TRAD">numerosas claves para navegar este presente incierto </span>se estructura en siete bloques:</p>
<p><strong>Bloque 1</strong>. Imperialismo y uso de la fuerza: abandono del multilateralismo y desprecio del derecho internacional;</p>
<p><strong>Bloque 2</strong>. América Latina y la Doctrina Donroe;</p>
<p><strong>Bloque 3</strong>. Europa ante el nuevo orden de Trump;</p>
<p><strong>Bloque 4</strong>. Oriente Medio y el nuevo orden;</p>
<p><strong>Bloque 5</strong>. China, India, Rusia y otros actores frente al nuevo orden;</p>
<p><strong>Bloque 6</strong>. Un orden internacional cada vez más violento;</p>
<p><strong>Bloque 7</strong>. Nuevo orden y crisis ecosocial.</p>
<p>Los participantes en esta conversación son: <strong>Manuel Monereo, Jose Antonio Est</strong><strong>évez Araujo, Renán Vega, Tahina Ojeda Medina, Ruth Ferrero Turrión, Ignacio Álvarez-Ossorio, Isaí</strong><strong>as Barreñada, Augusto Zamora, Carlos Berzosa, In</strong><strong>é</strong><strong>s Arco, Jos</strong><strong>é </strong><strong>Luis Gordillo, Rafael Poch- de-Feliú</strong><strong>, Pere Ortega, Tica Font, Jorge Riechmann </strong>y<strong> Ulrich Brand</strong>.</p>
<p>El número recoge también otras secciones habituales como: <strong>Actualidad</strong>, <strong>Experiencias</strong>, <strong>Ensayo</strong> y <strong>Lecturas</strong>.</p>
<p>A continuación, ofrecemos el texto completo correspondiente a la <strong>Introducción</strong> del número, escrito por <strong>Santiago Álvarez Cantalapiedra</strong> bajo el título: <em>Autoritarimo Nacionalnativista y orden mundial</em>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4><strong>Autoritarismo Nacionalnativista y Orden Mundial</strong></h4>
<p>Una mirada rápida a Occidente permite comprobar que vivimos una oleada reaccionaria. En América Latina, a Milei en Argentina, Noboa en Ecuador, Bukele en El Salvador o Asfura en Honduras se les ha sumado recientemente Kast en Chile. Bolsorano, esta vez a través de la persona de su hijo Flavio, ya supera en algunas encuestas a Lula ante las presidenciales del próximo octubre. En Europa la situación no es mucho mejor a pesar de la derrota electoral de Orbán en Hungría y de que Meloni perdiera el referéndum sobre la reforma judicial. Mirando a Oriente, en Asia, Narendra Modi sigue adelante con su proyecto nacionalista y la autocracia está presente en Rusia y China, pues en estos países gobiernan regímenes a los que difícilmente se puede calificar de democráticos y respetuosos con los derechos humanos. Sin embargo, el que mejor refleja el tiempo presente es el Gobierno Trump, por la caza de inmigrantes y su carta blanca a los oligarcas tecnológicos y petroleros de los EEUU y, en las relaciones internacionales, por su desprecio hacía el multilateralismo y el derecho internacional, así como por su ardor guerrero en Oriente Próximo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h5><strong>Un nuevo (des)orden</strong></h5>
<p>Esta deriva es el reflejo de un <em>nuevo orden</em> que se va asentando tras fraguarse durante más de tres lustros. La crisis del anterior, el orden neoliberal, tuvo como detonante la Gran Recesión de 2008 y su clausura definitiva con la pandemia del año 2020.<sup>1</sup> El periodo neoliberal fue tiempo de hiperglobalización paradójica, pues terminó por debilitar a los países occidentales que la impulsaron, y ha supuesto más de cuatro décadas perdidas para afrontar la urgente quiebra civilizatoria que representa la crisis ecosocial. Así pues, se sale de la crisis del orden neoliberal no en mejores condiciones, sino a través de un contramovimiento reactivo que supone una salida en clave autoritaria.</p>
<p>El nuevo orden que despunta no depara nada bueno. Cabe denominarlo por sus rasgos como <em>autoritario nacionalnativista.<sup>2</sup> Surgido de las contradicciones y fracturas del consenso neoliberal, es autoritario porque ni siquiera respeta la retórica democrática interpretada por el orden anterior a partir de la idea de la conveniencia de contrapesos a la acción de los gobiernos (división de poderes, autonomía de los bancos centrales y existencia de autoridades administrativas independientes con funciones atribuidas de supervisión externa) y concede un enorme poder a la nueva plutocracia tecnofinanciera (gente como Peter Thiel sería el máximo exponente). Es nacionalnativista porque frente a la multiculturalidad y el cosmopolitismo de las sociedades abiertas de la hiperglobalización neoliberal surge ahora la reacción etnonacionalista y la discriminación de determinados grupos y sectores sociales según el origen geográfico, étnico o religioso, además de por la orientación sexual.</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<h5><strong>El “trilema” de Rodrik</strong></h5>
<p>Hace unos años el economista estadounidense de origen turco Dani Rodrik planteó un famoso trilema.<sup>3</sup> Señalaba que existían tres objetivos que cualquier país desearía tener simultáneamente, pero que, al ser estructuralmente incompatibles, solo se podían alcanzar dos al mismo tiempo. Según Rodrik, resulta imposible lograr y mantener simultáneamente las ventajas de la hiperglobalización (apertura e integración económicas profundas), la democracia (como espacio de toma de decisiones políticas reales y participación efectiva) y el Estado-nación (como ámbito de soberanía). Así pues, ante los tres vértices del trilema (hiperglobalización, democracia y soberanía nacional), argumentaba que la combinación de dos vértices excluiría necesariamente al tercero. En consecuencia, la combinación de hiperglobalización manteniendo la soberanía nacional impide una democracia real; la combinación de globalización más democracia hará imposible la soberanía nacional al exigir una especie de federalismo global o gobernanza supranacional y, finalmente, si un país quiere que sus ciudadanos decidan democráticamente sus políticas conservando la capacidad soberana de aplicarlas, tendrá que limitar la integración económica.</p>
<p>Puede que los vientos que soplan nos hayan situado en un lugar próximo a la primera de las combinaciones. La profunda inserción en la economía global sin una gobernanza política a la altura de sus exigencias (al no querer nadie ceder su parcela de soberanía nacional) ha hecho que las decisiones económicas más relevantes acaben siendo dictadas desde instancias internacionales ajenas a la voluntad de la ciudadanía de cada nación. Esto significa, por ejemplo, que si los llamados mercados financieros internacionales exigen recortes del gasto público, los gobiernos los aplicarían, aunque su electorado vote lo contrario. Se suele poner el ejemplo de Grecia durante la crisis de la deuda soberana tras la Gran Recesión. El gobierno griego era formalmente soberano y celebró un referéndum en el año 2015 rechazando las medidas de austeridad impuestas desde la troika (la Comisión Europea, el FMI y el BCE). El resultado fue ignorado en la práctica: había soberanía formal e integración en la zona euro, pero la democracia resultó ser una gran ilusión.</p>
<p>En la actualidad la competencia creciente de nuevos actores en el escenario mundial, sin renuncia de los resortes clásicos en los que se ha manifestado el ejercicio de la soberanía de los estados, estaría vaciando de contenido la democracia en las sociedades. Ciertamente el trilema no fue formulado para explicar el autoritarismo, pero puede ayudarnos como herramienta diagnóstica de la situación actual de vulnerabilidad democrática que lo hace posible.</p>
<p>Es ya un lugar común el reconocimiento de que la hiperglobalización generó una amplia variedad de perdedores: trabajadores industriales en los países ricos golpeados por la deslocalización, economías dependientes del Sur global que no pudieron proteger sus industrias nacientes, comunidades despojadas de sus medios de vida e identidad cultural, etc. Estos perdedores se han sentido huérfanos de salidas a su situación porque el sistema político operaba dentro de las restricciones que imponía la globalización y, en su lugar, han recibido como respuesta un discurso meritocrático que, al basarse en la idea de que el éxito depende exclusivamente del esfuerzo y el talento individual, ha hecho del resentimiento derivado de la humillación recibida el combustible que alimenta a muchos de los movimientos reaccionarios.<sup>4</sup> De esta manera el etnonacionalismo autoritario se convierte en una trampa mortal por no solucionar nada y generar nuevos problemas, como el deterioro de la convivencia democrática al insuflar miedo y repulsa a la inmigración (tema central de todos los discursos de la derecha autoritaria) o la desviación de la atención de las amenazas reales de la concentración del poder en pocas manos, de las disrupciones tecnológicas o de las graves consecuencias del deterioro ecológico.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h5><strong>Los cambios en el orden mundial</strong></h5>
<p>Tras el proceso globalizador, los planos interno y externo han quedado entrelazados. El orden social y el orden internacional se relacionan de forma bidireccional. El orden social impuesto en los EEUU está configurando el nuevo orden internacional y este, a su vez, está influyendo en las configuraciones internas en cada uno de los países. Pero además, para comprender bien el tránsito hacia este nuevo orden mundial que se desarrolla sobre la reafirmación de los intereses nacionales y en la confrontación entre potencias que encarnan diferentes tipos de capitalismo con intereses globales en pugna,<sup>5</sup> no hay que perder de vista en ningún momento tres acontecimientos clave:</p>
<p>1) la multipolaridad en un mundo de geografía económica cambiante,</p>
<p>2) la relevancia que adquiere el poder tecnológico asociado al mundo digital</p>
<p>3) el cambio climático, el pico del petróleo, el riesgo de desabastecimiento de otros recursos críticos o la erosión de la integridad de la biosfera. Son factores que se entremezclan entre sí.</p>
<p>En primer lugar, el declive de los Estados Unidos (y del conjunto de Occidente) y el ascenso de China (y otros países, como la India) muestra bien a las claras cómo el viejo centro del capitalismo pierde peso relativo y relevancia en el conjunto mundial. En segundo lugar, debido a la competencia de los países emergentes, se manifiestan pugnas en todos los ámbitos, destacando la carrera por alcanzar nuevos hitos en la digitalización y la economía de los datos que permitan ventajas sobre el competidor en los avances de los modelos lingüísticos de la inteligencia artificial. En tercer lugar, a todo lo anterior se suman los efectos que tanto el cambio climático como la transición energética tienen en el tensionamiento de la geopolítica actual. El calentamiento global abre posibilidades de explotación minera en zonas antes inaccesibles, agudizando el apetito insaciable de un sistema ecocida y devorador de recursos, así como de apertura de nuevas rutas marítimas que ofrecen ventajas competitivas o que son cruciales para garantizar los suministros. A su vez, la transición energética tensiona más aún la geopolítica al aumentar la dependencia de los minerales que hacen posible la incorporación de las renovables al mix energético. Esto sitúa a las tierras raras y a las materias primas críticas en el foco de atención, donde China, que controla el procesamiento del litio, el cobalto y las tierras raras, disfruta ya de una posición dominante en las cadenas de extracción y comercialización.  Sin olvidar que, como buena parte de la estrategia de transición hacia las renovables depende de la inyección de grandes flujos de energías fósiles y descansa en tecnologías poco maduras, las rivalidades que vemos surgir en torno a estos materiales se mezclan con la tradicional geopolítica belicosa asociada a la energía fósil (como se ha visto en la intervención de Venezuela y vemos ahora con el ataque a Irán).</p>
<p>&nbsp;</p>
<h5><strong>El trasfondo de todo</strong></h5>
<p>Todo ello nos conduce al nudo gordiano que ni sabemos ni nos atrevemos a desatar: el modo de vida imperial característico de la civilización industrial capitalista.<sup>6</sup> El choque con los límites naturales que la extensión e intensificación del capitalismo global ha provocado pone de manifiesto las contradicciones con las que opera. Su dinámica no solo depende de la forma en que se apropia de los recursos mediante el extractivismo, ni tampoco únicamente de las ventajas que adquiere de la división social e internacional del trabajo con la que explota la fuerza laboral en cualquier rincón del planeta, también juega un papel fundamental su capacidad para transferir costes y riesgos sociales y ambientales a terceros.</p>
<p>La transferencia social (a otros grupos sociales), espacial (a otros territorios) y temporal (a las generaciones futuras) de estos costes y riesgos con que tradicionalmente el capitalismo maneja sus contradicciones se encuentra con límites en la actualidad. La extralimitación ecológica (<em>overshoot</em> ) y la creciente competencia internacional por el espacio ambiental disponible nos introducen en un orden mundial más autoritario y violento. La “prioridad nacional” con la que se defiende la discriminación según el origen geográfico asume que la tarta no llega para todos y que hay que descartar a muchos comensales de la fiesta. La idea nativista de la prioridad nacional (cuya otra cara es el descarte, como denunciara el Papa Francisco) solo se puede llevar a la práctica en el interior de los países sacrificando la idea republicana de ciudadanía mediante formas cada vez más autoritarias. Su traducción en el plano mundial es la construcción de un orden internacional regido por la lógica imperial y sus zonas de influencia.</p>
<p><strong>Santiago Álvarez Cantalapiedra</strong>,  director del <a href="https://www.fuhem.es/ECOSOCIAL/" target="_blank" rel="noopener">Área Ecosocial de FUHEM</a> y de la revista <a href="https://www.fuhem.es/revista-papeles/" target="_blank" rel="noopener"><em>Papeles de relaciones ecosociales y cambio global.</em></a></p>
<p>Artículo disponible de forma gratuita en: <a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/autoritarismo-nacionalnativista-y-orden-mundial/" target="_blank" rel="noopener">https://www.fuhem.es/papeles_articulo/autoritarismo-nacionalnativista-y-orden-mundial/</a></p>
<h5>NOTAS</h5>
<p>1. Por orden social cabe entender una determinada configuración de poder definida por juegos de dominación y compromiso entre clases sociales y fracciones de clase, tanto en el plano interno de los estados como en las relaciones —económicas, políticas y militares— que establecen entre ellos. Los órdenes sociales emergen tras reestructuraciones profundas en el capitalismo. Desde finales del siglo XIX, momento en el que apareció el capitalismo organizado con rasgos contemporáneos, se han sucedido cuatro órdenes sociales (me he referido a ellos en mi libro <em>La gran encrucijada. Crisis ecosocial y cambio de paradigma</em>, Ediciones HOAC, Madrid, 2019).</p>
<p>2. Lo explico con más detalle en el artículo «Nuevo orden social e internacional: claves para una interpretación crítica» publicado en el nº 41 de la revista <em>Gaceta sindical. Reflexión y debate</em> de CCOO, número que se presentará al público el 28 de mayo en el Ateneo de Madrid.</p>
<p>3. Dani Rodrik, <em>La paradoja de la globalización. Democracia y el futuro de la economía mundial</em>, Antoni Bosch Editor, Barcelona, 2012.</p>
<p>4. Ha sido Michael Sandel quien ha resaltado las consecuencias que tiene sobre la cohesión social y el bien común el sistema meritocrático dominante en Occidente, pues conduce a dos emociones corrosivas: la arrogancia de los ganadores y la humillación de los perdedores (véase <em>La tiranía del mérito</em>, Debate, Barcelona, 2020)</p>
<p>5. Branko Milanović (<em>Capitalismo, nada más</em>, Taurus, Barcelona, 2020) contrapone dos tipos de capitalismo en disputa, el capitalismo meritocrático liberal y el capitalismo político, liderados respectivamente por EEUU y China. Sin embargo, por cómo se configuran en la práctica podría ser más conveniente llamar, al primero, capitalismo corporativo transnacional y, al segundo, capitalismo de Estado.</p>
<p>6. Ulrich Brand y Markus Wissen, <em>Modo de vida imperial. </em><em>Vida cotidiana y crisis ecológica del capitalismo,</em> Editorial Tinta Limón, Buenos Aires/ Madrid, 2021. Ulrich Brand, <em>Crisis del modo de vida imperial y transiciones ecosociales</em>, Colección de Economía Inclusiva 006, FUHEM/ Catarata, Madrid, 2023.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Un mundo cambiante y convulso. Cuarenta años de transformaciones de la mano de Papeles</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 16 Jul 2025 09:40:43 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Análisis]]></category>
		<category><![CDATA[Conflictos armados]]></category>
		<category><![CDATA[Crisis Ecosocial]]></category>
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		<category><![CDATA[Geopolítica]]></category>
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					<description><![CDATA[El texto aborda algunos de los cambios producidos en el panorama internacional.  ]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><img decoding="async" class="alignright size-thumbnail wp-image-168864" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2025/07/PORTADA-Papeles-170-1-348x348.jpg" alt="" width="300" height="423" />La revista <em>Papeles</em> cumple cuatro décadas de existencia. Cuarenta años dan para mucho, especialmente en estos tiempos acelerados. Lejos quedan las épocas en las que todo parecía trascurrir con una tranquilidad pasmosa.</p>
<p>El futuro no se veía como una amenaza, más bien todo lo contrario, pues gracias a una fe inquebrantable e ingenua tanto en el progreso como en la ciencia y la tecnología (que venían a ser casi la misma cosa), cabía contemplar el porvenir como un horizonte liberador de las miserias del presente. Ahora las tornas han cambiado. Hemos hecho del presente un instante eterno para no afrontar los riesgos del futuro. Pero con independencia de cómo nos situemos ante el tiempo, lo cierto es que las últimas cuatro décadas han sido pródigas en acontecimientos. El más relevante es sin duda, por la magnitud que ha alcanzado, la crisis ecosocial. No solo hemos llenado el planeta, sino que lo hemos desbordado, conduciéndonos a una situación de extralimitación que nos arroja, a toda velocidad y sin frenos, hacia el colapso ecológico.</p>
<p>Se habla sin parar de sostenibilidad, de transiciones y pactos verdes, de innovaciones circulares y de planes renovables, pero sin modificar ni un ápice el régimen sociometabólico que nos empuja hacia el abismo. Podemos engañarnos tanto como queramos, pero estamos ante un capitalismo que huye a la desesperada, cada vez más belicoso y dispuesto a exprimir el planeta hasta las últimas consecuencias.</p>
<p>No se ha llegado hasta aquí por casualidad. Algunas tendencias ‒como la dinámica demográfica o los límites naturales‒ empezaban a vislumbrarse con claridad en las décadas de los sesenta y setenta del siglo pasado. Sin embargo, otras fuerzas estructurantes del presente apenas despuntaban hace cuarenta años. En el transcurso de este periodo, hemos asistido a importantes acontecimientos económicos, geopolíticos, demográficos, tecnológicos y culturales. La realidad ha cambiado tanto que quien piense que le valen los diagnósticos, las preguntas y las respuestas de hace apenas unos pocos años, es que simplemente no sabe en qué mundo vive.</p>
<p><strong>Cambios económicos y geopolíticos profundos</strong></p>
<p>En el plano económico, las últimas cuatro décadas han estado marcadas por la globalización y la financiarización. El orden neoliberal surgido de la crisis y reestructuración del capitalismo de finales de la década de los setenta del siglo pasado ha dejado un reguero interminable de crisis (la crisis financiera asiática de los años 1997-98, la crisis de las punto.com al inicio del nuevo siglo, la Gran Recesión de 2008-09, la posterior crisis de la deuda europea) además de unas sociedades extremadamente fragmentadas y desiguales.</p>
<p>Las transformaciones cualitativas de la economía mundial han sido tan profundas que, tras el vertiginoso ascenso económico de China y su integración en los circuitos del capital junto al resto de economías emergentes (BRICS), se ha implantado una geopolítica muy diferente de la que supuso la caída del Muro de Berlín y el colapso de la URSS. De las tensiones de la Guerra Fría, derivadas de la confrontación ideológica entre dos grandes potencias con sistemas económicos diferentes, hemos pasado ‒después de un periodo relativamente breve con los EEUU como única superpotencia global‒ a las tensiones entre dos tipos de capitalismo en pugna: por un lado, un capitalismo corporativo, representado por los EEUU; por el otro, un capitalismo dirigido por el Estado, simbolizado en la República Popular China. Este nuevo escenario no solo implica un reequilibrio del poder económico entre los viejos centros capitalistas y los nuevos países emergentes, sino también algo más profundo que ya apuntábamos en el número anterior de la revista: el declive de eso que hemos dado en llamar «Occidente».<a href="#_ftn1" name="_ftnref1">1</a></p>
<p>Un declive que viene acompañado de violencia. Hay en la actualidad cincuenta y seis conflictos armados activos, el mayor número desde la Segunda Guerra Mundial, con noventa y dos países involucrados fuera de sus fronteras. Sea cual sea el indicador al que apelemos (número de conflictos, de desplazados forzosos, tendencias al rearme o muertes en guerras) vivimos en el peor escenario desde la Guerra Fría. Durante las últimas cuatro décadas hemos asistido a la primera Guerra del Golfo, al genocidio de Ruanda, a las guerras de los Balcanes, a las llamadas «guerras contra el terrorismo» en Afganistán, Irak, Libia o Siria, a la invasión rusa de Ucrania, al genocidio que aún sigue consumándose contra el pueblo palestino en Gaza y a las acciones bélicas israelíes sobre Hezbolá en el Líbano y sobre Irán con la anuencia e inestimable ayuda de los EEUU. Por no hablar de otros conflictos olvidados e innumerables guerras civiles (principalmente en África: Sudán, República Democrática del Congo, Níger, etc.).</p>
<p>Un escenario muy preocupante que coincide con un periodo de retroceso del multilateralismo y la legalidad internacional, acompañado del auge del nacionalismo autoritario y el debilitamiento democrático. Así pues, no solo hay una disputa entre dos modelos de capitalismo, sino que en uno de ellos ‒autoproclamado liberal y democrático‒ las pulsiones belicistas y autoritarias parecen imponerse, como se puede comprobar en el Estado de Israel, en la América de Trump o en el seno de la Vieja Europa. El ardor guerrero que se vive en Occidente lleva a secundar acríticamente la visión de Netanyahu de que la paz únicamente se consigue a través de la fuerza. Los planes de rearme no solo responden a esa lógica belicista, sino que han encontrado también su conexión con la industria armamentística como nueva fuente lucrativa de negocios apoyada en un renacido keynesianismo militar.<a href="#_ftn2" name="_ftnref2">2</a></p>
<h5><strong>Otros cambios igualmente profundos</strong></h5>
<p>Los cambios demográficos experimentados en las últimas cuatro décadas han sido también profundos y marcarán lo que queda de siglo. Tres dinámicas poblacionales merecen especial atención: en primer lugar, el proceso urbanizador global; en segundo, el envejecimiento de la población mundial y, finalmente, la creciente relevancia de los flujos migratorios.</p>
<p>Efectivamente, no solo asistimos al «gran éxodo rural» que ha conducido a la «urbanización masiva» (hasta 2009 vivían más personas en el campo que en la ciudad, pero en la actualidad más del 55% de la población mundial ya es urbana y se prevé que la tendencia se acentúe hasta alcanzar el 70% en 2050), sino también al hecho de que más del 60% de la población mundial vive en países con una tasa total de fecundidad inferior al nivel de reemplazo. Esta circunstancia, junto con el incremento de la esperanza de vida, está provocando que la mayoría de los países del mundo ‒con la excepción de los países de África subsahariana‒ estén experimentando un aumento en el número y la proporción de personas mayores (aquellas de 60 años o más). Parece así culminarse un proceso de transición demográfica que sitúa hoy la población mundial por encima de los 8000 millones y con unos desequilibrios, en cuanto a su distribución geográfica y socioeconómica, cada vez más pronunciados.  Los movimientos migratorios mundiales son una expresión y una consecuencia de estos grandes desequilibrios, destacando en su seno el peso cada vez mayor de los desplazamientos forzados por motivos ambientales. Todos estos cambios demográficos no solo están reconfigurando la composición de las sociedades, sino que están también redefiniendo las prioridades políticas y económicas de los gobiernos (con el fin de adaptar los sistemas de salud, educación, trabajo y protección social, reequilibrio territorial, etc.).</p>
<p>Pero si hay un campo donde las transformaciones se han percibido de forma más evidente y con un alcance mayor es en el tecnológico, especialmente con el auge de las tecnologías de la información y la digitalización. Lo que conocemos como internet comenzó a finales de los sesenta cuando dos universidades norteamericanas de la costa oeste lograron conectar sus computadoras en el marco de un programa desarrollado por el Departamento de Defensa. Veinte años más tarde, Tim Berners-Lee creó una serie de protocolos y lenguajes que conectaban esa información en una telaraña de hipertextos, la World Wide Web. La generalización en el acceso a la información en la web ha terminado por cambiarlo todo: el mundo del trabajo (con la irrupción de las economías de plataforma, la <em>gig economy</em>, el teletrabajo y el trabajo en remoto), el de la educación (con las competencias digitales, el aprendizaje en línea y la educación virtual), el del consumo (con cualquier cosa a cualquier hora a la puerta de casa), el cómo nos entretenemos (a través de un caudal inagotable ofrecido en <em>streaming</em>) y el cómo nos relacionamos (mediante redes sociales de todo tipo), sin olvidar los nuevos códigos de comunicación política y los efectos sobre la vida y calidad de las democracias. La factura ecológica de mantener en funcionamiento todo el tinglado digital, la concentración del sector en un puñado de <em>big techs</em> y el giro securitario que ha propiciado el asentamiento de un nuevo capitalismo de vigilancia (comercial, policial y militar), son temas frecuentemente elididos de las conversaciones sobre las maravillas de las sociedades de la información. Todo ello ha conducido a que el paradigma tecnológico de nuestra época sea el de la llamada «inteligencia artificial» y que esta, junto y en combinación con la biología sintética, sean contempladas como los vectores disruptivos de mayor potencialidad.</p>
<p>Con semejantes cambios económicos, demográficos y tecnológicos redefiniendo las relaciones humanas, así como las que establecemos con el resto de los seres vivos mediante la apropiación depredadora de la naturaleza, no debería resultar extraño que las transformaciones culturales hayan sido también intensas y radicales. La cultura de la inmediatez, la conectividad permanente y la viralidad han acelerado las pulsiones consumistas y han sumergido a sociedades ‒cada vez más anómicas y obsesionadas por la identidad‒ en polémicas interminables, muchas de ellas amplificadas por unas tecnologías digitales de uso masivo que han acabado por fragmentar las comunidades en tribus, polarizando las posiciones de sus miembros y disolviendo las certezas en la sopa de la posverdad y los hechos alternativos.</p>
<p>En este contexto no es fácil promover una cultura política alternativa. Lo señalábamos recientemente en uno de los últimos números de la revista, esa posibilidad se enfrenta a demasiados obstáculos materiales e ideológicos difíciles de sortear. A lo más que parece que se puede aspirar ahora es a disputar alguna que otra de las llamadas “batallas culturales”, que no son más que las manifestaciones habituales de la pérdida de los consensos políticos y que por eso renacen con fuerza en esta etapa posneoliberal.  Sin embargo, no hay que desdeñar la importancia de los giros epistémicos y la irrupción de nuevas visiones en la forma de entendernos como habitantes de este planeta de la mano del pensamiento y la praxis de movimientos alternativos, feministas, ecologistas y decoloniales. Es también una novedad de las últimas décadas y significa una profunda mutación en nuestra relación con el mundo.</p>
<p>El siglo XX terminó despeñado por el abismo de la limpieza étnica en Bosnia (1992-95) y el genocidio de Ruanda (1994), después de haberse vivido en Europa una guerra interminable entre 1914 y 1945 y una desolación colonial en muchas regiones del planeta. Pero fue inmediatamente después de la Primera Guerra Mundial cuando se fundó la Sociedad de las Naciones y se impulsaron ciertos acuerdos internacionales (como los primeros Convenios de Ginebra), y fue al concluir la Segunda cuando la Asamblea General de las Naciones aprobó la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Fue también después de los crímenes de Ruanda y la antigua Yugoslavia cuando se dieron los primeros pasos para crear el Tribunal Penal Internacional y empezaron a cobrar vida las ideas sobre la justicia internacional en el ámbito del derecho penal. Parece mentira, pero el principio de jurisdicción universal (que permite perseguir los crímenes de lesa humanidad y genocidio sin importar dónde se cometieron y quién fue el autor) es un asunto relativamente novedoso que la detención en Londres de un dictador como Pinochet en octubre de 1998 puso de manifiesto.<a href="#_ftn3" name="_ftnref3">3</a> Putin y Netanyahu saben perfectamente qué países pueden visitar y cuáles no. Más reciente aún es la idea de justicia ecológica que se abre paso con el pie firmemente apoyado en culturas, religiones y cosmovisiones ancestrales que resaltan la importancia de la identidad relacional frente a los procesos de individualización extrema de la modernidad capitalista y la tarea insoslayable del cuidado de la vida.</p>
<p>Han sido cuarenta años de existencia de una revista que ha sabido dar cuenta de cuanto acontecía en un mundo cambiante y convulso que parece empeñado en negar el futuro a la trama de vida que hospeda. Es posible que estemos inaugurando una nueva etapa sombría de imperios en disputa y competencia feroz por los recursos estratégicos necesarios para lograr la supremacía tecnológica y el dominio territorial. Pero también es posible que no nos resignemos y que surjan nuevos amaneceres de las luchas y los raptos de lucidez y bondad que suelen acompañar a los humanos cuando se asoman al fondo de sus abismos.</p>
<p>Santiago Álvarez Cantalapiedra, director de <a href="https://www.fuhem.es/ecosocial/" target="_blank" rel="noopener">FUHEM Ecosocial</a> y de la revista <a href="https://www.fuhem.es/revista-papeles/" target="_blank" rel="noopener"><em>Papeles de relaciones ecosociales y cambio global</em></a>.</p>
<p>Acceso al artículo completo en formato pdf: <span style="color: #3366ff;"><a style="color: #3366ff;" href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/un-mundo-cambiante-y-convulso-cuarenta-anos-de-transformaciones-de-la-mano-de-papeles/" target="_blank" rel="noopener"><em>Un mundo cambiante y convulso. Cuarenta años de transformaciones de la mano de Papeles</em></a></span></p>
<h5>NOTAS:</h5>
<p><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">1 </a>Véase, en el <a href="https://www.fuhem.es/2025/04/28/papeles-169/" target="_blank" rel="noopener"><em>Papeles de relaciones ecosociales y cambio global</em> núm. 169</a> (primavera 2025), tanto la introducción «<a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/orden-imperial-y-amenazas-a-la-paz-y-la-democracia/" target="_blank" rel="noopener">Orden imperial y amenazas para la paz y la democracia</a>» (pp. 5-11) como el artículo de Augusto Zamora «Multipolaridad y cambio sistémico: el mundo del siglo XXI» (pp. 27-37).</p>
<p><a href="#_ftnref2" name="_ftn2">2 </a> Se ha puesto de manifiesto con la apuesta de la Comisión Europea por un rearme dotado de 800 000 euros, que busca facilitar la industrialización además de la relevancia estratégica del Viejo Continente.</p>
<p><a href="#_ftnref3" name="_ftn3">3</a> Acontecimiento reflejado magistralmente en el libro Philippe Sands, <em>Calle Londres 38</em>, Anagrama, Barcelona, 2025.</p>
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		<title>Balance general en el plano económico de los últimos cuarenta años</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 15 Jul 2025 09:36:26 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Análisis]]></category>
		<category><![CDATA[destacadasecosocial]]></category>
		<category><![CDATA[Economía]]></category>
		<category><![CDATA[Economía Crítica]]></category>
		<category><![CDATA[Economía Ecológica]]></category>
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		<category><![CDATA[Neoliberalismo]]></category>
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					<description><![CDATA[Evolución de la dimensión económica y los cambios profundos ocurridos en las cuatro últimas décadas.   ]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div class="wpb-content-wrapper"><div data-parent="true" class="vc_row row-container" id="row-unique-0"><div class="row limit-width row-parent"><div class="wpb_row row-inner"><div class="wpb_column pos-top pos-center align_left column_parent col-lg-12 single-internal-gutter"><div class="uncol style-light"  ><div class="uncoltable"><div class="uncell no-block-padding" ><div class="uncont" ><div class="vc_custom_heading_wrap "><div class="heading-text el-text" ><h2 class="h2" ><span></p></span><span><h3 style="text-align: center;"><strong>Balance general en el plano económico de los últimos cuarenta años</strong></h3></span><span><p></span></h2></div><div class="clear"></div></div></div></div></div></div></div><script id="script-row-unique-0" data-row="script-row-unique-0" type="text/javascript" class="vc_controls">UNCODE.initRow(document.getElementById("row-unique-0"));</script></div></div></div><div data-parent="true" class="vc_row row-container" id="row-unique-1"><div class="row limit-width row-parent"><div class="wpb_row row-inner"><div class="wpb_column pos-top pos-center align_left column_parent col-lg-12 single-internal-gutter"><div class="uncol style-light"  ><div class="uncoltable"><div class="uncell no-block-padding" ><div class="uncont" ><div class="uncode_text_column" ><p><img decoding="async" class="alignright size-thumbnail wp-image-168864" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2025/07/PORTADA-Papeles-170-1-300x375.jpg" alt="" width="300" height="450" />El número 170 de la revista <em>Papeles de relaciones ecosociales y  cambio global</em> celebra sus cuarenta años y expertos y expertas analizan los cambios acaecidos en estas cuatro décadas.</p>
<p>Ángel Martínez González-Tablas aborda en la dimensión económica los profundos cambios que han tenido lugar, y que son muestra de una realidad compleja de la que es importante captar su estructura profunda, porque solo si lo hacemos podrá la economía afrontar los desafíos y descubrir lo que en ellos hay también de oportunidad.</p>
<h5><strong>La economía en el período de</strong> <strong>vida de <em>Papeles</em>      </strong></h5>
<p>Tomar conciencia de la evolución de la realidad económica a lo largo de los últimos cuarenta años −de las principales problemáticas, del pensamiento económico o de las políticas practicadas− nos ayuda a entender el presente y las dinámicas en curso.</p>
<p>Al nacer <em>Papeles</em> −a sus espaldas los años «gloriosos» que siguieron al fin de la Segunda Guerra Mundial− estábamos instalados en la fase neoliberal, que a lo largo de cuatro décadas iba a inspirar el comportamiento de la economía mundial, antes de dar paso a la actual patada al tablero del orden nacido de a partir de 1945, en cuyo seno, se han desarrollado fenómenos tan distintos como el fordismo y el neoliberalismo.</p>
<p>Desde sus inicios, la economía puso el foco en la riqueza de las naciones (Adam Smith) y en el crecimiento, pero desde mediados del siglo XX hubo voces que reclamaron que lo que nos debía ocupar era la montaña del hambre (José Luis Sampedro), a la vez que se señalaba que el crecimiento no era lo mismo que el desarrollo y que este y no aquel debería ser el objetivo.</p>
<p>Mientras la cooperación al desarrollo pugnaba por asentarse, la problemática del subdesarrollo fue evolucionando con tratamientos dispares: el Consenso de Washington marcó la visión de la ortodoxia, la propuesta de la teoría de la dependencia fue radicalmente diferente y la experiencia de los nuevos países industrializados del sudeste asiático, junto al ascenso de China mostraron otras posibilidades, antes de que en algunos recodos del Sur global empezara a intuirse que la colonialidad no había terminado con el colonialismo.</p>
<p>Una década antes de que <em>Papeles</em> iniciara su andadura, ya había estallado en la política y en círculos académicos la denuncia ecologista y la afirmación de los límites al crecimiento −de la mano de la conferencia de Estocolmo y del informe del Club de Roma− trastocando los términos en los que se planteaban los debates.</p>
<p>A la vez, en apenas unos años, pasamos de ocuparnos de los modelos de construcción del socialismo −tradicional soviético, revolución cultural de Mao, nuevo pragmatismo de Deng− a enfrentarnos con el derrumbe de la URSS, el fin de la Guerra Fría, el espejismo del fin de la historia y la oportunidad −perdida− de construir unas nuevas relaciones internacionales basadas en la cooperación pacífica.</p>
<p>En Europa, la UE vivía la ampliación de sus miembros y el desgarro del Brexit, sin que se produjera una modificación funcional de su dinámica institucional, en un contexto que lo pedía a gritos, oscilando entre referencia mundial de proyecto exitoso y ejemplo de rígidas políticas de austeridad.</p>
<p>En conjunto, estos cuarenta años han estado marcados por un relativo estancamiento económico y por una sucesión de crisis, manifestación de una crisis multidimensional de gran calado. En ella, se dispara la desigualdad interna y decrece la existente entre países, como consecuencia del mayor crecimiento de algunas grandes economías procedentes del subdesarrollo. Por su parte, la ONU ha tratado de que la comunidad internacional ensanchara la mirada y se comprometiera con los Objetivos del Milenio.</p>
<p>El recorrido se cierra con el encadenamiento siniestro de la pandemia del COVID-19, la guerra de Ucrania, el genocidio de Gaza (ante la pasividad de la comunidad internacional), el ascenso de la ultraderecha, la erosión de la democracia y la segunda presidencia de Trump.</p>
<p>En el terreno del pensamiento y las políticas económicas, el predominio de la síntesis neoclásica supuso el vaciamiento de la potencialidad exploratoria del keynesianismo y propició un pensamiento único, altamente formalizado, pero de contenido empobrecido, al que se fue añadiendo cierta dimensión institucional.</p>
<p>En este contexto, asciende la presencia de las problemáticas desveladas por las perspectivas ecologista y feminista. En la economía ortodoxa, tales perspectivas han aportado aspectos puntuales de sus planteamientos, sin incorporar su fondo ni cuestionar las bases de su propio paradigma. En la economía crítica, se ha tratado de asumir la visión radicalmente diferente que subyace en esos enfoques.</p>
<blockquote>
<p><strong>Estos cuarenta años han estado marcados por un relativo estancamiento económico y por una sucesión de crisis, manifestación de una crisis multidimensional de gran calado.</strong></p>
</blockquote>
<p>En paralelo, a partir de unos antecedentes complejos y densos, que no tiene sentido entrar a detallar, lo que devendría la globalización neoliberal se inicia con las decisiones de Nixon de suspender la convertibilidad del dólar y de entreabrir la puerta a los movimientos internacionales de capital, mientras que su variante interna viene de la mano de las políticas de Thatcher y Reagan, con una amplia variedad de concreciones.</p>
<p>En España, el régimen de 1978 −nacido de los cambios imprescindibles para que la transición fuera viable, pero sin plantear los que hubieran modificado la estructura del poder y las características del sistema socioeconómico− hizo posible liberalizar la economía en la línea de las de nuestro entorno, abordar la configuración territorial de las autonomías y sentar las bases de un cierto Estado del bienestar. En paralelo, se desarrollaba el proceso de integración del país en el entramado capitalista occidental con la conversión del ambiguo «OTAN de entrada no» en un inequívoco «pero luego sí», seguido de la incorporación a la naciente Unión Europea y la posterior adopción del euro.</p>
<p>En el entorno más próximo de <em>Papeles</em> destacan dos aspectos. En primer lugar, el Centro de Investigación para la Paz (CIP), que incorpora la problemática ecológica, los temas suscitados por el feminismo, la profundización de la democracia y una mirada crítica de la economía, en lo que en el fondo era un planteamiento ecosocial, mucho antes de que se popularizara este nombre. De otro lado, el reconocimiento, en las Jornadas de Economía Crítica, de la necesidad de un enfoque que acoja problemáticas que la ortodoxia ignora o trata como cuestiones colaterales, pero sin cuya comprensión no es posible ni entender la realidad, ni dar respuesta a los problemas reales que ya se manifestaban como cruciales en la segunda mitad del siglo XX.</p>
<h5><strong>Visión estructural de la economía actual</strong></h5>
<p>La situación actual proviene de los antecedentes que acabamos de comentar, está atravesada por unos ejes que la estructuran y desemboca en la segunda presidencia de Trump, que cobra sentido al situarla en este proceso.</p>
<p><strong><em>Fuerzas estructurantes de la economía mundial actual</em></strong><strong>. </strong>No es posible entender lo que está sucediendo en la economía mundial solo a la luz de alguna de las fuerzas estructurantes que actúan en su seno. Ninguna de las seis que postulamos puede explicar por sí sola la complejidad que tenemos ante nuestros ojos, porque todas actúan y la resultante es fruto de su entrecruzamiento.<sup>1</sup> Estas fuerzas conformadoras de las grandes problemáticas estructurales de nuestro tiempo son las siguientes:</p>
<p>1) la transgresión de los límites biofísicos del planeta Tierra,</p>
<p>2) la profundización de la digitalización,</p>
<p>3) la evolución hacia un imperialismo globalizado,</p>
<p>4) la permanencia de unas finanzas a la vez protagonistas y disfuncionales,</p>
<p>5) los cambios demográficos y la nueva perspectiva que proporciona la visibilidad de la reproducción de la vida y</p>
<p>6) la incertidumbre acerca de qué paradigma terminará imponiéndose.</p>
<p>No es exagerado afirmar que nuestro tiempo está marcado por la <em>dimensión ecológica</em>, porque el fin de la época de los combustibles fósiles, el cambio climático y la transgresión de límites biofísicos básicos hacen insostenible el modelo de producción y consumo imperante.</p>
<p>También es cierto que la <em>revolución digital</em> en curso trastoca los fundamentos sobre los que descansaba el mundo que conocíamos, modifica el libre albedrío de las personas, libera fuerzas productivas impensables, y proporciona medios de conformación y control del funcionamiento social, con efectos sobre el poder, el trabajo y la economía en su conjunto.</p>
<p>Tampoco puede negarse que el desarrollo desigual y la <em>evolución de la globalización neoliberal hacia un imperialismo globalizado</em> van a afectar al funcionamiento de la economía, a las empresas, al empleo, a los países, a las áreas geográficas y a la pugna por la hegemonía, dejando tras de sí un reguero de ganadores y perdedores.</p>
<p>Por su parte, <em>el susbsistema financiero no cumple de forma satisfactoria las funciones que tiene atribuidas</em> en el sistema económico capitalista (SEC), perturbando la articulación con los demás momentos de la actividad económica y erosionando la cohesión social.</p>
<p>El que la <em>población total</em> apunte hacia el estancamiento y el descenso supone un cambio cualitativo que nos coloca objetivamente en una fase desconocida, mientras, en el otro extremo, la visibilización del <em>espacio doméstico</em> y el reconocimiento del papel de la mujer en la vida social obligan a repensar los términos del funcionamiento y la medición de lo que debe ser considerado actividad económica.</p>
<p>El hecho de que el neoliberalismo esté en retroceso no aclara los rasgos del eventual <em>paradigma dominante</em>, menos aún a la vista de la segunda presidencia de Trump, que confirma que las posibilidades evolutivas no solo son diversas sino incluso antagónicas.</p>
<p><strong><em>Significado e implicaciones de la segunda presidencia de Trump (T2)</em></strong><em>. </em>Los argumentos y cálculos utilizados por Trump son, con frecuencia, ridículos, pero lo que subyace es un retorno al proteccionismo, en un contexto de imperialismo globalizado, tras años de multilateralidad, en los que se han creado relaciones económicas y estructuras productivas (cadenas de valor) que no se pueden cambiar de la noche a la mañana. Ello se produce en un entorno marcado por la ausencia de bloques sistémicos, pero con una fuerte pugna por la hegemonía entre el poder decadente de EEUU y una multipolaridad emergente, en la que sobresale la República Popular China, pero en la que no puede ignorarse a la UE, India, BRICS y a una Rusia, débil económicamente, pero fuerte militarmente.</p>
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<p><strong>Lo que subyace en la segunda presidencia de Trump es un retorno al proteccionismo en un contexto de imperialismo globalizado, tras años de multilateralidad</strong></p>
</blockquote>
<p>Su irrupción procede y, a la vez, añade matices al contexto geopolítico mundial, a las fuerzas estructurantes que hemos caracterizado y a los distintos momentos de la actividad económica. Nada volverá a ser lo mismo, aunque sus primeras expresiones se vean modificadas por una cadena de rectificaciones y por lo que resulte de negociaciones bilaterales.<sup>2</sup></p>
<p>T2 es una patada en el tablero de las <em>relaciones internacionales</em> vigentes desde la Segunda Guerra Mundial, cuya legalidad y entramado institucional, imperfectos, tanto en su concepción como en su práctica, tenían una vigencia efectiva que los partícipes no se saltaban a su antojo, aunque en ocasiones se ejerciera con cinismo y crudeza, erosionando de forma progresiva su legitimidad.</p>
<p>La pauta se desplaza ahora a poder duro y relaciones bilaterales, sin que esté claro el papel que les queda a los organismos económicos internacionales de inspiración multilateral imperfecta (OMC, FMI, Banco Mundial), que creían haber establecido unas reglas de juego de obligado cumplimiento. Por su parte, el ámbito de seguridad y defensa se orienta hacia una reactivación del militarismo, con el consiguiente aumento de los gastos de armamento, sin que haya atisbos de adaptación a los nuevos tiempos ni de Naciones Unidas, ni de la OTAN, ni tampoco asentamiento de un poder judicial de rango mundial. La negación de lo que se abandona no viene acompañada de ninguna propuesta creíble, con lo que la sensación de vacío aumenta la incertidumbre.</p>
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<p><strong>La negación de lo que se abandona no viene acompañada de ninguna propuesta creíble, con lo que la sensación de vacío aumenta la incertidumbre</strong></p>
</blockquote>
<p>También incide en las <em>fuerzas estructurantes</em> para la problemática ecológica −en la que el tiempo cuenta y la urgencia es apremiante− el negacionismo, la falta de cooperación y el obstruccionismo, que pueden tener efectos irreparables. Tampoco nada hace pensar que vaya a facilitar el control público de los procesos básicos de la revolución digital y de las grandes tecnológicas, con lo que aumentan las amenazas más inquietantes que conllevan. Es de temer que impulse una versión alejada de la búsqueda de una cooperación pacífica en el regreso de los estados que subyace en el imperialismo globalizado y dista de estar claro hasta qué punto o en qué planos puede incluso impulsar una cierta desglobalización. No es probable que esté dispuesto a enfrentarse con los capitales que protagonizan la financiarización, apoyando las medidas que permitirían poner el subsistema financiero al servicio del buen funcionamiento del sistema económico. Así mismo, es de temer que ante las grandes dinámicas demográficas mundiales profundice la represión y la xenofobia sin actuar sobre las causas profundas y sin explorar con pragmatismo y espíritu de cooperación otras posibilidades, al igual que todo apunta a que continuará ignorando el espacio doméstico, los cuidados y la visión feminista de la vida. Finalmente, es difícil que de su planteamiento pueda surgir un paradigma que propicie un modelo de desarrollo legitimado que favorezca las articulaciones y oriente los comportamientos, superando el orden social de facto que ha existido, con pobres resultados, en las décadas de dominio del neoliberalismo. Las reglas de juego de la economía mundial vigentes en las últimas décadas −entre la gran potencia, aunque sea decadente, que es EEUU  y el resto del mundo− es previsible que se vean modificadas, sin que surjan otras de similar rango y seguridad. Es cuestión aparte las que adopte el resto del mundo para relacionarse entre sí, al margen de EEUU; es difícil formular un pronóstico; el multilateralismo puede mantenerse, profundizarse, quedar a lo que resulte de relaciones bilaterales o entrar en un proceso generalizado de proteccionismo.</p>
<p>Si ponemos el foco en los <em>momentos de la actividad económica capitalista</em> los resultados no dejan de ser preocupantes. En el comercio, el efecto inmediato va a ser disminuir las relaciones comerciales entre EEUU y el resto del mundo, lo que obligará a reorientar, con otra distribución espacial, esos flujos comerciales.</p>
<p>Las multinacionales que hayan construido sus cadenas de valor adaptándose a los criterios hasta ahora imperantes tendrán que readaptarlas, con lo que comportará de período transitorio, reorganización, coste y riesgo; las de EEUU tendrán ante sí la cuadratura del círculo si quieren ser estrictamente norteamericanas y, a la vez, comportarse con la lógica propia de una empresa multinacional.</p>
<p>Muchos consumidores de importaciones en EEUU y en otros países verán encarecerse las de procedencia recíproca, con el consiguiente efecto sobre el nivel de vida y sobre la inflación.</p>
<p>Tampoco será nada fácil que el actual funcionamiento del sistema financiero internacional no se vea afectado, porque al cambiar el papel del dólar, lo harán también los flujos internacionales de capital que financiaban los déficits, con lo que la cotización de las divisas se verá sometida a presiones contradictorias.</p>
<h5><strong> Oportunidades y necesidad de una economía que sea capaz de cumplir su función    </strong></h5>
<p>El hecho de que domine lo negativo no debe llevar a no detectar las oportunidades que también afloran; una potencialidad que, si se la identifica y trata adecuadamente, nos ayudará a construir la economía que necesitamos.</p>
<p><strong><em>El mundo emergente, además de desafíos trae consigo oportunidades</em></strong><em>. </em>Se trata de detectar cambios que abren posibilidades. Algunos de naturaleza objetiva, mientras que otros, como reacción frente a los excesos, nacen del interior de amenazas.</p>
<p><em>El desprecio a la legalidad y al entramado institucional regulador de carácter internacional</em>, actualmente plasmado en la ONU y en el entorno de organizaciones y acuerdos derivados, crea un nivel de incertidumbre difícilmente soportable por los actores y la opinión pública, propiciando un clima en el que se pueda plantear la disminución de la dependencia estructural de EEUU, la coincidencia con China en la defensa y fomento de la multilateralidad, así como la exploración de un replanteamiento profundo de las relaciones europeas con Rusia, que recupere, en beneficio mutuo, las posibilidades descartadas en las décadas que siguieron a la caída del muro y el fin de la Guerra Fría.</p>
<p>La OTAN postula el <em>ascenso del más crudo militarismo</em>, sin replantear las versiones heredadas de seguridad, defensa y militar, propone aumentar el gasto del 2% al 5%, cuando en Europa el problema es de concepción, coordinación y funcionamiento y para nada de cuantía del gasto de defensa agregado, que solo beneficiaría a la industria armamentista. La disuasión no necesita acumulación de capacidad de exterminio, vale con que sea efectiva. Una nueva concepción de la seguridad y la defensa aconsejaría, en el contexto de los conflictos de Gaza y Ucrania, reincorporar todo lo que concierne a la investigación para la paz a las preocupaciones del enfoque ecosocial y no el aumento del gasto que se pretende.</p>
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<p><strong>Una nueva concepción de la seguridad y la defensa aconsejaría e incorporar lo relativo a la investigación para la paz a las preocupaciones del enfoque ecosocial. </strong></p>
</blockquote>
<p>Objetivamente, el paso de globalización neoliberal a imperialismo globalizado favorece <em>la</em> <em>proximidad</em> y penaliza los flujos económicos espacialmente distanciados, desactivando tendencias perjudiciales para la dimensión ecológica que han predominado durante décadas.</p>
<p>De la misma manera, el imperialismo globalizado favorece la <em>recuperación de la simetría entre los planos económico y político</em>, en torno al espacio de los estados, facilitando la regulación consciente pública (RCP), que se había hecho cada vez más difícil en la fase de globalización neoliberal al desarrollarse la actividad económica en espacios en los que no existía una capacidad reguladora fuerte de los poderes públicos.</p>
<p>En ese proceso, junto a cierto regreso de los estados, el ascenso de la bilateralidad y el retroceso de la multilateralidad de ámbito mundial, propician la formación de <em>áreas institucionalizadas</em> que tengan cohesión, masa crítica y actitud proactiva en las relaciones internacionales. Áreas que, sin caer en ningún señuelo hegemónico, promuevan su autonomía y la soberanía substancial, convirtiéndose en referencia y fermento de democracia, cooperación internacional y multilateralidad alejada de la versión neoliberal. La UE es, quizá, el ejemplo más relevante, aunque para convertirse en realidad necesite reformar tratados y políticas, sin rehuir la versatilidad que le proporcionaría el manejo de varias velocidades.</p>
<p>El conjunto de los excesos, inherentes al T2, pueden propiciar reacciones que abran posibilidades. Es el caso del <em>aumento de la desigualdad interna, la pérdida de cohesión social,</em> la <em>prepotencia oligárquica y el asalto de la</em> <em>plutocracia</em> en la primera fase del mandato de Trump. Al combinarse, pueden provocar un rechazo del orden existente, canalizable tanto hacia propuestas emancipadoras como como hacia populismos no democráticos.</p>
<p>El tratamiento de las <em>migraciones </em>es un terreno crítico que tiene mucho de amenaza y algo de oportunidad. La forma de abordarlas descansa en una percepción sesgada tanto de sus causas como de sus efectos, ignorando la historia de los países receptores y conculcando los más elementales derechos humanos. Los países tienen límites en su capacidad para recibir e integrar inmigración, pero esta realidad no se puede tratar con represión y xenofobia. No somos ajenos a sus causas profundas, su maltrato puede infectar la convivencia básica de las sociedades receptoras y una cooperación al desarrollo de orientación y cuantía creíbles podría permitir regulaciones que hoy no son realistas.</p>
<p>No hay duda sobre la negatividad de los <em>escenarios de catástrofes y colapsos</em>, que hay que tratar de evitar con todos los medios que estén a nuestro alcance, pero terminemos con una pregunta ¿en qué medida puede haber algo de oportunidad si llegan a materializarse, si, a pesar de nuestros esfuerzos, no conseguimos evitarlos y la vida de la especie humana en el planeta Tierra puede continuar sobre otros fundamentos? ¿Tiene algún sentido recordar la metáfora del Arca de Noe?</p>
<p><strong><em>La economía que necesitamos</em></strong><em>.</em> No podemos dar por supuestas en la economía cuestiones que otras ciencias consideran obvias, al existir en torno a ellas un amplio consenso, que no existe en nuestro caso; tampoco nos basta con dotarnos de metodología científica y de rigor lógico, porque además tienen que darse unas condiciones materiales para que el propósito de la economía pueda convertirse en acción efectiva; finalmente, tenemos que dotarnos de los medios que, bien aplicados, tienen capacidad para conseguir lo que se pretende.</p>
<p>Hay campos en los que no es necesario plantear cuestiones previas relativas al contenido, la trayectoria histórica o las tareas de su especialidad científica. No es nuestro caso. Nosotros, como comunidad, necesitamos hacerlo.<sup>3</sup></p>
<p>Empecemos por lo más elemental: la función de la <em>actividad económica</em> es suministrar, en un entorno sistémico complejo, los bienes y servicios que requiere la vida social y su reproducción sostenible. Una función objetivo que no se puede concretar de forma satisfactoria al margen de las necesidades, posibilidades, satisfactores y calidad de vida de cada momento histórico.</p>
<p>Por ello, es esencial un buen <em>conocimiento de la</em> <em>historia </em><em>de la actividad económica </em>(como proceso fáctico con diversidad de plasmaciones: algunas puntuales, otras sistémicas, con articulaciones múltiples de las que se puede aprender y que en la fase actual permiten hablar de capitalismos, dada la multiplicidad de sus variantes).</p>
<p>También es importante conocer la <em>evolución del pensamiento económico</em>, pero sin que al hacerlo las propuestas actuales queden constreñidas, subordinadas y como mero apéndice de la trayectoria de ese pensamiento, en lugar de volar libres y autónomas, irrigadas por su conocimiento.<sup>4</sup></p>
<p>A partir de aquí, las <em>tareas que le corresponden a la economía como ciencia</em> son comprender, representar y medir la estructura y el funcionamiento del sistema económico, desarrollando medios que le permitan a la sociedad intervenir con criterio y eficacia. No podrá hacerlo sin el conocimiento y la comprensión de otras perspectivas científicas que inciden en la actividad económica y en las tareas de la economía −como pueden ser la física, la ecología, la información, la comunicación, la sociología, la política−, sin por ello diluir su función y responsabilidad específicas, porque tanto endogámica y encerrada sobre sí misma, como prisionera de una transversalidad superficial, no podrá ni diagnosticar, ni entender, ni proporcionar los análisis y medios que necesitan las sociedades para movilizarse e intervenir en la economía.</p>
<p>Una vez clarificadas estas cuestiones epistemológicas previas, hay que insistir en que para poder avanzar y para que los planteamientos teóricos puedan convertirse en práctica son imprescindibles determinadas condiciones, porque sin base social, sin una ubicación espacial bien delimitada y sin suficiente poder efectivo los diseños más consistentes devienen entelequias. Tan importante como dotarse de fundamentos propios es identificar, resistir y combatir los que sustentan el ascenso de la ultraderecha, utilizando las posibilidades que abre la recuperación de la proximidad, el papel de estados que solo si son conscientes de sus posibilidades y limitaciones podrán ser un factor de progreso y con áreas institucionalizadas democráticamente que proporcionen masa crítica en determinados campos, sin tampoco despreciar la potencialidad que late en una mundialización construida con otros criterios.</p>
<p>Llegados a este punto, hay que concretar los medios capaces de proporcionar una lógica reproductiva adaptada a las posibilidades y desafíos de los tiempos, una lógica en la que tienen que intervenir en la proporción adecuada las variantes del sistema económico capitalista (SEC), los mercados y la RCP.</p>
<p>El pragmatismo más ambicioso aconseja asumir la existencia y necesidad de <em>variantes del SEC </em>cuyo itinerario y grado de subordinación estén abiertos a la experimentación, articulables con una lógica reproductiva emancipadora, que no puede ser la actual, pero que no estamos en condiciones de predeterminar con precisión, sin creer que la proporciona el discurso esterilizante del poscapitalismo.<sup>5</sup></p>
<p>En su seno, <em>los mercados</em> deben reunir los rasgos que precisan para ser funcionales, rasgos que en el mundo real demasiadas veces no se cumplen porque el creciente grado de monopolio lo impide. Los mercados son instituciones cuya aportación no hay que desdeñar, sabiendo que no sirven para cualquier propósito y que no tiene sentido utilizarlos en campos en los que no pueden desarrollar su potencialidad.</p>
<blockquote>
<p><strong>El pragmatismo aconseja asumir la existencia y necesidad de variantes del sistema económico capitalista cuyo itinerario y grado de subordinación estén abiertos a la experimentación</strong></p>
</blockquote>
<p>Como colofón, en el mundo actual y sobre estos fundamentos, la componente crítica es la consecución de una difícil <em>RCP,</em> que no cabe esperar que vaya a ser de logro generalizado. Sin ella, ni las oportunidades se aprovecharán, ni llegará a arraigar la economía que necesitamos. La triada que forman la sociedad, el sistema político y la Administración pública tiene indudables riesgos, pero innegables posibilidades, si además aprenden a utilizar una planificación renovada por la experiencia histórica y lo que puede aportar la inteligencia artificial.</p>
<p>Con estos mimbres, la economía que postulamos tiene ante sí la tarea de conseguir una buena resolución de la <em>dimensión temporal</em>, que haga posible gestionar el presente y construir el futuro, sabiendo que un <em>escenario de poscrecimiento</em> es tan inevitable y necesario como no inmediato, dada la correlación de fuerzas. El fin de los combustibles fósiles, la transgresión de los límites biofísicos y la tendencia demográfica al estancamiento y descenso de la población total nos colocan objetivamente en ese escenario, pero asumir desde el punto de vista teórico y operativo que el crecimiento deja de ser un objetivo, es un desafío monumental que exige construir otro, sin que el que se abandona desaparezca fruto de un consenso espontáneo.</p>
<h5><strong>Reflexiones finales</strong></h5>
<p>El período de vida de <em>Papeles</em> nos muestra la complejidad del mundo económico y su mutabilidad.</p>
<p>Sin una comprensión profunda e integral de la economía actual −atravesada por fuerzas estructurantes y sometida al impacto que se deriva de la nueva era Trump− difícilmente podremos afrontar el presente y avanzar hacia un futuro digno y sostenible.</p>
<p>En el horizonte predominan las amenazas y los riesgos, pero de esta acumulación de excesos y transgresiones también surgen oportunidades que es fundamental identificar y aprovechar.</p>
<p>No lo conseguiremos si no somos capaces de construir otra economía, si no sabemos pasar del papel a la práctica recreando las condiciones necesarias para intentarlo, si no nos dotamos de los medios imprescindibles para construir otra lógica reproductiva y si no aprendemos a movernos en el eje temporal en un escenario desconocido de poscrecimiento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Ángel Martínez González-Tablas</strong> ha sido catedrático de Economía Aplicada de la Universidad Complutense de Madrid y ha presidido el patronato de FUHEM.</p>
<h5>NOTAS<strong>             </strong></h5>
<p>1. Angel Martínez González-Tablas, «Visión estructural de la economía mundial en un entorno incierto: entre la desolación y el desafío de la posibilidad», <em>Revista de economía mundial</em>, 2025 (en prensa), asume la complejidad, profundiza en el cuadro en el que nos movemos y proporciona orientación a la necesidad de intervención.</p>
<p>2. Andrea Rizzi proporciona en su libro <em>La era de la revancha</em>, Editorial Anagrama, (2025), una presentación informada y accesible de la complejidad del contexto geopolítico mundial.</p>
<p>3. En este contexto cobra todo su sentido el libro colectivo, coordinado por Óscar Carpintero, <em>Economía Inclusiva. Conceptos básicos y algunos debates</em>, Colección de Economía Inclusiva, FUHEM y Catarata, Madrid, 2025 (en prensa).</p>
<p>4. Probablemente, la larga trayectoria de José Manuel Naredo sea, entre nosotros, la aportación crítica más valiosa a la historia del pensamiento económico, pero, a la vez, una muestra significativa de la dificultad de hacerlo compatible con una formulación de la actividad económica y de las funciones de la economía como ciencia social, enunciadas de forma directa y positiva en el contexto actual.</p>
<p>5. Angel Martínez González-Tablas subraya en «<a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/capitalismos-desarrollo-alternativo-y-transiciones/" target="_blank" rel="noopener">Capitalismos, desarrollo alternativo y transiciones</a>», <em>Papeles de relaciones ecosociales y cambio global</em>, núm. 162, 2023, pp. 85-94, la diversidad de variantes del capitalismo y los riesgos a que conduce una utilización imprecisa de poscapitalismo en el tratamiento de las transiciones.</p>
<p>Acceso al texto completo del artículo en formato pdf: <em><a class="cursor-init" href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/balance-general-en-el-plano-economico-de-los-ultimos-cuarenta-anos/" target="_blank" rel="noopener">Balance general en el plano económico de los últimos cuarenta años</a></em></p>
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</div></div></div></div></div></div><div class="wpb_column pos-top pos-center align_left column_parent col-lg-4 single-internal-gutter"><div class="uncol style-light"  ><div class="uncoltable"><div class="uncell no-block-padding" ><div class="uncont" ><div class="uncode-single-media  text-left"><div class="single-wrapper" style="max-width: 100%;"><div class="tmb tmb-light  tmb-media-first tmb-media-last tmb-content-overlay tmb-no-bg"><div class="t-inside"><div class="t-entry-visual"><div class="t-entry-visual-tc"><div class="uncode-single-media-wrapper"><img decoding="async" class="wp-image-174846" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2026/05/Logo_Ministerio-de-Transaccion-Ecologica.webp" width="1280" height="296" alt="" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2026/05/Logo_Ministerio-de-Transaccion-Ecologica.webp 1280w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2026/05/Logo_Ministerio-de-Transaccion-Ecologica-450x104.webp 450w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2026/05/Logo_Ministerio-de-Transaccion-Ecologica-1200x278.webp 1200w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2026/05/Logo_Ministerio-de-Transaccion-Ecologica-300x69.webp 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2026/05/Logo_Ministerio-de-Transaccion-Ecologica-768x178.webp 768w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2026/05/Logo_Ministerio-de-Transaccion-Ecologica-350x81.webp 350w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2026/05/Logo_Ministerio-de-Transaccion-Ecologica-600x139.webp 600w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2026/05/Logo_Ministerio-de-Transaccion-Ecologica-64x15.webp 64w" sizes="(max-width: 1280px) 100vw, 1280px" /></div>
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		<title>Lectura Recomendada: Biorregiones. De la Globalización imposible a las redes territoriales ecosostenibles</title>
		<link>https://www.fuhem.es/2025/05/05/lectura-recomendada-biorregiones-de-la-globalizacion-imposible-a-las-redes-territoriales-ecosostenibles/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 05 May 2025 07:12:08 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Lecturas recomendadas]]></category>
		<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<category><![CDATA[Cambio climático]]></category>
		<category><![CDATA[Energía]]></category>
		<category><![CDATA[Gestión del territorio]]></category>
		<category><![CDATA[Globalización]]></category>
		<category><![CDATA[Necesidades humanas]]></category>
		<category><![CDATA[Pérdida de Biodiversidad]]></category>
		<category><![CDATA[sostenibilidad]]></category>
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					<description><![CDATA[Obra coral que aborda una definición general de lo que serían las biorregiones y algunos ejemplos y estudios de caso.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><img decoding="async" class="alignright size-thumbnail wp-image-167127" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2025/04/biorregiones-300x485.jpg" alt="" width="300" height="485" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2025/04/biorregiones-300x485.jpg 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2025/04/biorregiones-450x727.jpg 450w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2025/04/biorregiones-350x566.jpg 350w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2025/04/biorregiones-64x103.jpg 64w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2025/04/biorregiones.jpg 477w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /><em>BIORREGIONES. DE LA GLOBALIZACIÓN IMPOSIBLE A LAS REDES TERRITORIALES ECOSOSTENIBLES</em></p>
<p><strong>Nerea Morán</strong>, <strong>Jose Luis Fernández-Casadevante (“Kois”)</strong>, <strong>Fernando Prats</strong> y <strong>Agustín Hernández</strong> (eds.)</p>
<p>Icaria, Madrid, 2023</p>
<p><em>276 págs.</em><em>.</em></p>
<p><em>Biorregiones</em> es una obra coral que aborda una definición general de lo que serían las biorregiones, miradas concretas a algunas de sus principales características y algunos ejemplos y estudios de caso. Esta reseña es un resumen, con reelaboraciones propias, del libro. La he realizado entresacando las ideas que me han resultado más interesantes de sus distintas partes.</p>
<p>Las propuestas que lanza el libro parten de un contexto de creciente escasez de energía y materiales, cambio climático y pérdida de biodiversidad. Todo ello, imprime a las sociedades humanas una dinámica de colapso. Pero esta crisis no impide todavía la continuación de las lógicas de deslocalización y desterritorialización que caracterizan a la ciudad actual, la pérdida de vínculos humanos con la trama de la vida o un diseño de las lógicas globales sobre las locales con una mirada homogeneizadora.</p>
<p>Ante eso, surgen las biorregiones. Vamos a repasar alguna de sus características. Una primera es que una biorregión es la unidad de complejidad mínima necesaria para abordar la reterritorialización de la economía, la cultura y la política. O, dicho de otra forma, el territorio que permite la vida digna de todos los seres que lo habitan (no solo los humanos).</p>
<p>Esta primera característica tiene varias implicaciones. Una es que una biorregión no debe confundirse con un ecosistema, pues requiere estar compuesto por una diversidad de ellos. Solo así se pueden satisfacer las variadas necesidades humanas, empezando por las alimentarias.</p>
<p>Si de lo que se trata es de satisfacer las necesidades humanas y no humanas en el tiempo, los conceptos de espacio de seguridad vital o el de rosquilla de Raworth surgen como elementos centrales de la gestión de las biorregiones: conseguir altos niveles de bienestar universal sin transgredir los límites biofísicos. Para conseguirlo, hacen falta múltiples herramientas, entre las que se encuentran una mirada a largo plazo, un foco importante en la conservación ambiental y una modificación de los indicadores económicos para darle relevancia a los propios de la economía ecológica.</p>
<p>En esta satisfacción de las necesidades humanas, la persecución de la autonomía energética, material y alimentaria es central. Esto no está reñido con que existan intercambios con otras regiones para adquirir lo que no se pueda conseguir dentro. Es más, este intercambio permite una mirada solidaria y no de construcción de identidades excluyentes.</p>
<p>Esta construcción de autonomía tiene distintas implicaciones sobre el tipo de economía posible en una biorregión: requiere avanzar hacia la circularidad, aproximar la producción y el consumo, decrecimiento en el consumo de materia y energía, o articular un tejido productivo complejo y diverso.</p>
<p>La autonomía se debe construir en distintos campos, pero uno central e imprescindible es la alimentación. Por eso, el concepto de biorregión viene acompañado del de agroecología. También de una mirada sobre la alimentación que va más allá de la nutrición, comprendiendo que los distintos modelos alimentarios implican una forma de relación con el territorio, de cultura, de cuidado de la salud, de uso de recursos, de gestión de residuos, o de acceso a alimentos por los individuos. En todo caso, también es necesario la fabricación de manufacturas, para lo cual el libro apuesta por una reindustrialización verde, concepto que merecería en sí mismo otro libro, pues bajo él se pueden recoger procesos productivos muy distintos, algunos de ellos problemáticos.</p>
<p>Si la primera característica de la biorregión es la reterritorialización, la segunda tiene que ver con los límites que la conforman. Estos los marcan características geográficas humanamente reconocibles, pero también «fronteras» dibujadas por el devenir histórico y la construcción de identidades culturales.</p>
<p>Estos límites serían necesariamente porosos, en forma de membrana, para permitir los intercambios económicos que complementen la autosuficiencia, pero también culturales que limiten el crecimiento de identidades excluyentes. Es decir, unos límites traspasados por redes cooperativas y solidarias.</p>
<p>La tercera característica de una biorregión es la gestión democrática del territorio, pues en cómo se toman las decisiones está otra de las piedras de toque básicas de una propuesta de carácter ecosocial, no solo en la justicia y en la sostenibilidad, que se han nombrado ya. La apuesta es por mecanismos híbridos que conjuguen la representación, la participación y la deliberación.</p>
<p>Esta gestión debe partir desde el conocimiento situado ecosistémico, pero también cultural y político. Por lo tanto, no hay recetas únicas para todas las biorregiones, sino que tendrán que ser diversas y articuladas bajo el principio de subsidiariedad.</p>
<p>Pero, más allá de esta diversidad, hay elementos que se proponen como transversales, como serían el empoderamiento comunitario y el municipalismo. Y que ambos ámbitos de gestión sean quienes controlen los bienes.</p>
<p>En cuarto lugar, las biorregiones deben superar los sistemas de dominación contemporáneos. Sobre dos de ellos se hace referencia en el libro. Uno es del patriarcado, cuando se apuesta por una valoración social de los cuidados y su territorialización. El otro es el capitalismo, para lo que se afirma la necesidad de pasar de sociedades «de mercado» a sociedades «con mercados». También cuando se coloca en el centro de la actividad social la satisfacción de las necesidades humanas y no la reproducción del capital.</p>
<p>La quinta característica que define una biorregión sería la ordenación del territorio y, más en concreto, de los espacios de vida humana. La apuesta es por núcleos poblacionales que conformen una red policéntrica. Ciudades y pueblos que tengan una escala humana, sean compactos, resilientes y estén integrados con el mundo rural, es más, que contengan la ruralidad también dentro, llenándolos de prácticas agrícolas.</p>
<p>Finalmente, la biorregión construye una nueva cultura y, a su vez, requiere de una reconceptualización en ese plano. Implica la articulación de una identidad de lugar y concebir la naturaleza como algo orgánico de lo que formamos parte y no como objeto a dominar.</p>
<p>En conclusión, la biorregión está llamada a ser una de las piedras angulares de la construcción de sociedades ecomunitarias.</p>
<p>Reseña elaborada por <strong>Luis González Reyes</strong>, Departamento de <a href="https://www.fuhem.es/educacion-ecosocial/" target="_blank" rel="noopener">Educación Ecosocial</a> de FUHEM, para el <a href="https://www.fuhem.es/papeles/papeles-165/" target="_blank" rel="noopener">número 165</a> de la revista <a href="https://www.fuhem.es/revista-papeles/" target="_blank" rel="noopener"><em>Papeles de relaciones ecosociales y cambio global</em></a>, núm. 165,</p>
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		<title>Mundo de emergencias</title>
		<link>https://www.fuhem.es/2023/07/05/mundo-de-emergencias/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 05 Jul 2023 06:58:49 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacadas FUHEM]]></category>
		<category><![CDATA[destacadasecosocial]]></category>
		<category><![CDATA[Emergencias]]></category>
		<category><![CDATA[Globalización]]></category>
		<category><![CDATA[Nuevo Orden]]></category>
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					<description><![CDATA[El cinco de mayo de este año, el director de la OMS anunció el fin del estado de emergencia sanitaria [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><img decoding="async" class="alignright wp-image-152915 size-thumbnail" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/07/162-300x427.jpg" alt="" width="300" height="427" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/07/162-300x427.jpg 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/07/162-450x640.jpg 450w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/07/162-1200x1707.jpg 1200w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/07/162-768x1092.jpg 768w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/07/162-1080x1536.jpg 1080w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/07/162-1440x2048.jpg 1440w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/07/162-350x498.jpg 350w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/07/162-600x853.jpg 600w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/07/162-64x91.jpg 64w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/07/162-scaled.jpg 1800w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" />El cinco de mayo de este año, el director de la OMS anunció el fin del estado de emergencia sanitaria internacional por la COVID-19.</p>
<p>Esto no significa que haya terminado la pandemia y sus secuelas y, mucho menos, las causas finales que la provocaron. Aún está por ver si el SARS-CoV-2 se vuelve estacional o si se sucederán nuevos brotes a partir de distintas variantes en diferentes estaciones del año. Tampoco se ha encarado la asignatura pendiente del «COVID persistente», que sufre actualmente en torno al 10% de las personas que padecieron la pandemia.</p>
<p>La emergencia sanitaria se cruzó con la emergencia climática, y las dos emergencias traspasaron, a su vez, otras problemáticas de la crisis ecosocial en la que estamos. Si no hacemos nada (y eso significa: si no vamos a las causas, es decir, si no cambiamos nuestro modo de vida), el factor microbiano y el atmosférico seguirán amenazando nuestra existencia.</p>
<p><strong>Santiago Álvarez Cantalapiedra</strong> en este artículo, que constituye la Introducción del número 162 de la revista <a href="https://www.fuhem.es/revista-papeles/" target="_blank" rel="noopener"><em>Papeles de relaciones ecosociales y cambio global</em></a>, habla de cómo los últimos tres lustros han mostrado signos de lo que cabe esperar del mundo que emerge tras cuatro décadas de orden neoliberal.</p>
<p>En el contexto de un cambio global que no deja de acelerarse –cuya principal manifestación es la convergencia de la escasez de recursos con la pérdida irreversible de biodiversidad y la desestabilización abrupta del clima–, hemos asistido durante estos últimos quince años a una crisis financiera descomunal (La Gran Recesión del año 2008), a una pandemia global (la COVID-19 del 2020) y, desde febrero del 2022, a una guerra en Ucrania que acelera la tendencia armamentística que se venía incubando años atrás y que aviva la pesadilla exterminista asociada al Armagedón nuclear. En tiempos de crisis los límites de lo posible se ensanchan en todas direcciones, tanto reaccionarias como emancipadoras, unas veces a favor de las élites y otras en beneficio de las mayorías sociales.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4><strong>La emergencia de un nuevo orden </strong></h4>
<p>La <em>crisis ecosocial</em>, resultante de la combinación de la ecológica con la social, revela hasta qué punto el funcionamiento del capitalismo socava las bases de su reproducción. El capital necesita determinadas condiciones sociales y ambientales para proseguir con su senda de acumulación y, al mismo tiempo, esa tendencia a la acumulación ilimitada socava los procesos de reproducción social y ecológica sobre los que asienta sus cimientos. En este escenario de crisis ecosocial plagado de múltiples incertidumbres y contradicciones es en el que emerge hoy un nuevo orden social.</p>
<p>El consenso neoliberal ha saltado por los aires, asegura Gary Gerstle,<a href="#_ftn1" name="_ftnref1"><sup>1</sup></a> y tardaremos al menos una década en terminar de definir cómo será el próximo orden establecido. Así pues, la caída del orden neoliberal y la emergencia de otro indefinido nos muestran que ya estamos viviendo una transición. El problema es la transición: adónde nos conducirá y en qué condiciones.</p>
<p>El<em> orden emergente</em> arranca de la Gran Recesión provocada por la crisis del neoliberalismo<a href="#_ftn2" name="_ftnref2"><sup>2</sup></a> y, aunque todavía sin contornos definidos, empiezan a perfilarse algunos de sus rasgos característicos.</p>
<p>En primer lugar, en este orden emergente vivimos un reajuste del papel del Estado y los mercados. Se empezó a vislumbrar con la crisis del 2008 y los primeros programas de estímulo y de rescate bancario, así como con los intentos –más bien retóricos– de regular el capitalismo financiarizado; aconteció de nuevo, pero con mucha más fuerza, con la pandemia, con la parada forzosa de la economía mundial, la emergencia sanitaria y el reinicio posterior de las economías con la ayuda de ingentes planes de reconstrucción y resiliencia; se ha asentado con la guerra, cuando gastos militares y programas armamentísticos se ven impulsados con nuevos fondos. En tales circunstancias, la presencia y expansión de los ámbitos públicos no solo no son cuestionadas, sino que son alentadas de forma generalizada hasta por quienes no hace mucho promovían un miedo cerval al Leviatán del Estado. Cabe preguntarse si esta mayor intervención pública marcada por las circunstancias tiene visos de consolidarse. Hay motivos para pensar que así será: las diversas facetas de la transición –energética, ecológica, digital, y todas aquellas otras que se quieran añadir– parecen estar reclamando una presencia renovada del Estado. El nuevo papel de la intervención pública no se traduce únicamente en la simple cuestión cuantitativa del incremento del gasto: consiste sobre todo en la redefinición del nuevo rol cualitativo que debe desempeñar el Estado (no solo en sus funciones protectoras y redistribuidoras, sino también en las reguladoras y de impulso de la innovación).<a href="#_ftn3" name="_ftnref3"><sup>3</sup></a> Se trataría de encontrar la oportuna combinación entre gobiernos proactivos, pero controlados, y mercados dinámicos, pero bien regulados. Sin embargo, el regreso del intervencionismo público acontece en un contexto de involución autoritaria. En Occidente viene acompañado de décadas de retroceso de derechos sociales y vaciamiento democrático tras la aplicación de políticas de ajuste y alianzas público-privadas que fusionan el poder económico con el político;<a href="#_ftn4" name="_ftnref4"><sup>4</sup></a> en Oriente, el capitalismo político o autoritario dirigido por el Estado, ejemplificado perfectamente por China, socava la pretensión de Occidente de afirmar la existencia de un vínculo necesario entre capitalismo y democracia liberal.<a href="#_ftn5" name="_ftnref5"><sup>5</sup></a></p>
<p>En segundo lugar, asistimos a un retroceso de la hiperglobalización vivida durante la década de los noventa del siglo pasado tras el derrumbe del bloque soviético. Las estrategias orientadas a fragmentar, desplazar y reorganizar los procesos productivos mediante subcontrataciones y deslocalizaciones han mostrado sus inconvenientes. Se ha construido una economía demasiado compleja y, por eso mismo, extremadamente vulnerable: la paralización de parte de la producción por la escasez de suministros, el encarecimiento de los carburantes o los problemas en la logística global (debidos no solo a los cuellos de botella creados por la pandemia sino también a hechos como el acontecido en el Canal de Suez por el buque portacontenedores <em>Ever Given</em>) señalan que se ha ido demasiado lejos con la globalización. Ningún país es capaz de controlar su economía. Las principales potencias de Occidente comienzan a replantearse el papel de las cadenas globales de suministro y a reorganizar a través de políticas industriales las actividades que antes habían fragmentado y deslocalizado a miles de kilómetros, haciéndolas pasar del plano mundial a un ámbito de mayor proximidad geográfica (la UE, la economía nacional) para así garantizar el suministro de componentes e insumos considerados estratégicos (microchips, baterías, vacunas, semillas, cereales, fertilizantes, etc.).</p>
<p>Finalmente, los cambios en la geografía económica mundial, cuyo centro de gravedad se desplaza hacia Asia, y el surgimiento de nuevos actores en el escenario internacional –particularmente China, pero también la India con su enorme peso demográfico–, unido a la creciente pugna por unos recursos estratégicos escasos y las exigencias derivadas de la creciente profundización de la digitalización y el colonialismo verde de los países del centro capitalista, aventuran un recrudecimiento de las rivalidades –en todos los planos: el comercial, el tecnológico o el militar– y un incremento de la importancia de la geopolítica para preservar esferas de influencia y garantizar el acceso y la seguridad en el abastecimiento de los recursos.</p>
<p>En este contexto cabe interpretar el escenario surgido de la guerra de Ucrania. Representa el pulso entre potencias nucleares con el pueblo ucraniano como víctima, reflejando un choque de imperios en declive –el ruso y el occidental nucleado en torno a la OTAN– en un momento dominado por el ascenso fulgurante de una nueva figura: China. Una confrontación que se desprende de la pugna entre potencias ascendentes y dominantes en la emergencia de un nuevo orden, y que ha puesto de actualidad el riesgo que el politólogo norteamericano Graham T. Allison quería señalar al utilizar la expresión «trampa de Tucídides»: la amenaza de guerra que se desprende del miedo a perder la hegemonía.<a href="#_ftn6" name="_ftnref6"><sup>6</sup></a> La guerra de Ucrania sería la primera salva militar de una nueva guerra fría entre un Occidente Cuadrilateral –formado por EEUU, Europa, Japón y Oceanía– y un Oriente –liderado por China en alianza con Rusia y sus respectivas zonas de influencia– que puede acabar convirtiéndose en caliente en algún momento de las próximas décadas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4><strong>Nuevos consensos en un nuevo orden</strong></h4>
<p>Cada orden social representa una determinada configuración de poder definida por juegos de dominación y compromiso (entre alianzas en torno a una potencia, en el plano internacional; y, en el plano interno, entre clases y fracciones de clase). A cada orden le corresponde un discurso ideológico hegemónico que se presenta como “consenso”. El neoliberalismo logró un éxito sin precedentes en este campo. Generó uno aceptado y asumido incluso por sus oponentes, capturados en un espacio del que no pudieron escapar. En este sentido, los gobiernos de Felipe González, Bill Clinton, Tony Blair, Gerhard Schröder o Barak Obama fueron tan neoliberales como los de Margaret Thatcher o Ronald Reagan. El «Consenso de Washington» definió las reglas del juego para la economía mundial durante casi medio siglo y creó el mito de que la democracia liberal era la forma de gobierno universal con el que se clausuraba la historia.</p>
<p>Nada más lejos de la realidad, pues si hay algo que muestra el nuevo contexto geopolítico es precisamente la caída de dos de los principales mitos del orden neoliberal en el plano internacional: el primero, que el crecimiento económico y el libre comercio conducen a los países sin libertades políticas hacia regímenes de gobernanza y libertades asimilables a los occidentales; el segundo mito consistía en la creencia de que el incremento del comercio y las relaciones económicas garantizaría la paz entre las naciones. Uno y otro han sido desmentidos por China y Rusia respectivamente. Según el consenso occidental, China debería haber iniciado la senda hacia las libertades y los derechos civiles y, sin embargo, no es lo que está ocurriendo cuando el círculo de poder se estrecha cada vez más en torno a la figura de Xi Jinping –quien ha conseguido, no lo olvidemos, prorrogar su mandato indefinidamente– y el capitalismo en aquel país se asienta sobre un poderoso Estado autoritario tecnocrático. El mismo consenso llevó al error de pensar que Rusia iba a aguantar paciente, en virtud de los lazos comerciales contraídos con Europa, todas las ignominias y humillaciones que Occidente le ha estado infligiendo desde el derrumbe del bloque soviético.</p>
<p>La realidad internacional, más allá de los mitos, lo que muestra es la emergencia de un mundo que se fragmenta en bloques en un contexto geopolítico marcado por pulsiones autoritarias y amenazas bélicas. Aunque la crisis ecosocial y las problemáticas emergentes reclaman mayor cooperación y multilateralismo, la realidad que va surgiendo viene marcada por un orden multipolar fragmentado y mediado por un bilateralismo de bloques y áreas de influencia.</p>
<p>En el plano interno también se percibe una pérdida de consensos. El neoliberalismo, como orden social, trascendió las divisiones ideológicas presentes en una sociedad. Las diferencias culturales siguieron existiendo, pero armonizadas en torno a un único proyecto y los mismos principios del libre mercado. Convivían, aunque rivalizando entre ellos, neoconservadores y progresistas neoliberales.<a href="#_ftn7" name="_ftnref7"><sup>7</sup></a> Los primeros poniendo el énfasis en los valores del esfuerzo, la responsabilidad y la autoridad, en el legado de la tradición, en la defensa de la familia patriarcal y heterosexual; los segundos, enfatizando el mérito y los valores cosmopolitas que celebran el globalismo y la apertura a nuevas culturas, a la diversidad social y a nuevas tipologías de familia y formas de convivencia ancladas en códigos morales plurales. Diferencias ideológicas que se suelen despachar en forma de guerras culturales, pero que no llevan a impugnar el orden social ni el modo de vida de la civilización capitalista. Sin embargo, a medida que empiezan a percibirse con mayor gravedad las amenazas del avance de la insostenibilidad, el deterioro de las condiciones de vida por el incremento de las desigualdades sociales y las brechas territoriales que comprometen la cohesión social, y el retroceso de las instituciones democráticas corre paralelo al avance del poder de las elites, al repliegue autoritario o a la <em>securitización</em> y militarización de la respuesta a los flujos migratorios y a los desplazamientos forzados de población, el orden político y los consensos se resquebrajan al surgir la necesidad de cuestionar los fundamentos sobre los que se estaba instituyendo el orden emergente. De la mano de movimientos como <em>Occupy Wall Street</em>, el 15-M o los chalecos amarillos, se empieza a destacar la importancia de abordar los temas fiscales y poner coto a los mercados financieros y al poder de las corporaciones, se insiste en la urgencia de una transición ecológica justa que reparta con equidad los costes y los esfuerzos, en la necesidad de erigir redes de seguridad que protejan a la gente de las amenazas que se multiplican,<a href="#_ftn8" name="_ftnref8"><sup>8</sup></a> en suma, se abre el debate sobre el reajuste de las relaciones entre el Estado, la economía y la sociedad, sin olvidar el metabolismo social y la ecología, en el marco de un planeta que se precipita hacia el abismo borracho de (des)información y posverdad.</p>
<p>Sin embargo, nada está decidido. Aún no se ha forjado un nuevo consenso alternativo y el actual orden social continúa indefinido. Las respuestas a las cuestiones estructurales urgentes se van posponiendo porque la combinación de fuerzas no termina de decantarse hacia ningún lado. Mientras tanto, las fuerzas reaccionarias vuelven a la carga con sus cuitas culturales (costumbres y tradición, nación, identidad, ética y moral individuales…), y a su llamada se entra al trapo con tanto entusiasmo como despreocupación por la suerte de miles de millones de personas cuya vida depende de que el orden emergente logre ser más ilustrado y civilizado (o si se prefiere, menos bárbaro) que el saliente.</p>
<p><strong>Santiago Álvarez Cantalapiedra</strong>, director de <a href="https://www.fuhem.es/ecosocial/" target="_blank" rel="noopener">FUHEM Ecosocia</a>l y de la revista <a href="https://www.fuhem.es/revista-papeles/" target="_blank" rel="noopener"><em>Papeles de relaciones ecosociales y cambio global</em></a></p>
<p>Acceso al texto completo en formato pdf: <a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/mundo-de-emergencias/" target="_blank" rel="noopener"><em>Mundo de emergencias</em></a>.</p>
<h4>NOTAS</h4>
<p><a href="#_ftnref1" name="_ftn1"><sup>]</sup></a> Gary Gerstle, <em>Auge y caída del orden neoliberal</em>, Península, Barcelona, 2023.</p>
<p><a href="#_ftnref2" name="_ftn2"><sup>2</sup></a> Los órdenes sociales emergen tras profundas crisis en el capitalismo. Desde finales del siglo XIX, momento en el que apareció el capitalismo organizado con rasgos contemporáneos, se han sucedido tres órdenes sociales, cada uno de los cuales empieza y termina con una crisis estructural: la crisis estructural de 1890 inauguró el <em>orden liberal</em> o «primera hegemonía financiera»; la Gran Depresión de los años treinta del siglo pasado abrió la puerta al <em>orden socialdemócrata</em> o «compromiso social keynesiano de izquierdas»; y la crisis de los años setenta del siglo XX, precipitó el comienzo del <em>orden neoliberal</em> o «segunda hegemonía financiera». La Gran Recesión, que se desencadena en el año 2008, representa el inicio del tránsito hacia un <em>orden social emergente</em> cuya suerte aún estaría por decidir.</p>
<p><a href="#_ftnref3" name="_ftn3"><sup>3</sup></a> Luis Buendía García (ed), <em>El papel del Estado en la economía. Análisis y perspectivas para el siglo XXI</em>, Catarata/ FUHEM, Madrid, 2023.</p>
<p><a href="#_ftnref4" name="_ftn4"><sup>4</sup></a> Sheldon S. Wolin, <em>Democracia S.A</em>., Katz, Buenos Aires/ Madrid, 2008.</p>
<p><a href="#_ftnref5" name="_ftn5"><sup>5</sup></a> Branko Milanovic, <em>Capitalismo nada más. El futuro del sistema que domina el mundo</em>, Taurus, Madrid, 2020.</p>
<p><a href="#_ftnref6" name="_ftn6"><sup>6</sup></a> Tucídides fue un historiador y general ateniense que escribió <em>Historia de la guerra del Peloponeso</em>, donde se refiere a la pugna entre dos ciudades-Estado de la Antigua Grecia: una Esparta dominante (que lideraba la Liga del Peloponeso) y una Atenas en ascenso (encabezando la Liga de Delos). El profesor de Harvard Graham Allison, en su obra <em>Destined for War: Can America and China Escape Thucydides´s Trap?</em> (Houghton Mifflin Harcourt, Nueva York, 2017), examinó dieciséis enfrentamientos entre potencias ascendentes y dominantes desde el año 1550, señalando que en doce de los casos el desenlace fue el estallido de una guerra.</p>
<p><a href="#_ftnref7" name="_ftn7"><sup>7</sup></a> Neovictorianos y cosmopolitas los denomina Gary Gerstle (<em>op. cit</em>). La expresión neoliberalismo progresista la tomo de Nancy Fraser, que la define como una suerte de alianza entre ciertas corrientes de los movimientos sociales (feminismo, antirracismo, multiculturalismo y derechos LGTBQ) con las fuerzas del capitalismo cognitivo y financiarizado (Wall Street, Silicon Valley y Hollywood).</p>
<p><a href="#_ftnref8" name="_ftn8"><sup>8</sup></a> No solo las amenazas climáticas o las vinculadas a nuevas pandemias y crisis financieras, también las que se puedan desprender del factor demográfico, la política, la geopolítica, la inteligencia artificial u otros aspectos de la actual revolución tecnológica. Nouriel Roubini, en su libro <em>Megamenazas</em> (Deusto, Barcelona, 2023), advierte sobre diez de ellas.</p>
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		<title>Lectura Recomendada: Capitalismo, nada más</title>
		<link>https://www.fuhem.es/2021/09/14/lectura-recomendada-capitalismo-nada-mas/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 14 Sep 2021 08:38:31 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Lecturas recomendadas]]></category>
		<category><![CDATA[Capitalismo Global]]></category>
		<category><![CDATA[Desigualdad]]></category>
		<category><![CDATA[Globalización]]></category>
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					<description><![CDATA[En la actualidad el capitalismo está presente en todo el mundo. No es que sea el sistema económico dominante, sino que es el único sistema económico.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><img decoding="async" class="alignright size-thumbnail wp-image-139998" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/09/capitalismo-nada-mas-300x481.jpg" alt="" width="300" height="481" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/09/capitalismo-nada-mas-300x481.jpg 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/09/capitalismo-nada-mas-64x103.jpg 64w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/09/capitalismo-nada-mas.jpg 374w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" />Esta reseña realizada por <strong>Alejandro Castañeda Hernández</strong> pertenece a la sección <strong>LECTURAS</strong> del <a href="https://www.fuhem.es/2021/05/06/papeles-153-la-escuela-educacion-publica-titularidad-y-conciertos/" target="_blank" rel="noopener">número 153</a> de la revista <a href="https://www.fuhem.es/revista-papeles/" target="_blank" rel="noopener"><em>Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global </em></a>de FUHEM Ecosocial.</p>
<p><em>Capitalismo, nada más. El futuro del sistema que domina el mundo. </em></p>
<p><strong>Branko Milanovic</strong></p>
<p>Taurus, Barcelona, 2020, <em>338 pá</em><em>gs</em><em>.</em></p>
<blockquote><p><strong>En la actualidad el capitalismo está presente en todo el mundo. No es que sea el sistema económico dominante, sino que es el <em>ú</em><em>nico</em> sistema económico. </strong></p></blockquote>
<p>A lo largo de cinco capítulos y tres apéndices (que detallan algunas cuestiones tratadas en los capítulos), Branko Milanovic, uno de los más destacados investigadores mundiales sobre desigualdad, explica en su último libro las razones por las que el capitalismo ha triunfado en todo el mundo y las posibilidades que se abren de conseguir un capitalismo más justo en el futuro en un momento en el que compiten dos modelos distintos de capitalismo: el capitalismo meritocrático liberal (representado por EEUU) y el capitalismo político (representado por China).</p>
<p>El primer capítulo sirve como introducción al tema: nunca, en ningún otro periodo histórico, el capitalismo había estado tan presente en todo el mundo, a la vez que no parece existir una alternativa realista a dicho sistema en el corto plazo. Milanovic explica brevemente los dos tipos de capitalismo que dominan actualmente e introduce lo que considera, siguiendo sus palabras, «el meollo del libro» (p. 20): la competencia entre el capitalismo meritocrático liberal y el capitalismo político. El autor aborda a lo largo del libro los rasgos principales de ambos, con el fin de determinar el atractivo de cada uno y las posibilidades de que uno acabe dominando sobre el otro.</p>
<p>El análisis detallado de cada tipo de capitalismo se hace en los capítulos dos y tres (capitalismo meritocrático liberal y capitalismo político, respectivamente). El autor centra su análisis, y lo remarca de manera explícita, en la esfera de la distribución y no de la producción.  Ambos capítulos son de gran utilidad, no exenta de originalidad en algunas de sus afirmaciones, para entender cómo funcionan los dos tipos de capitalismo y cómo se ha llegado a su existencia.</p>
<p>El capitalismo meritocrático liberal sería la continuación en Occidente del capitalismo clásico (presente hasta la Primera Guerra Mundial) y del capitalismo socialdemócrata (desde la Segunda Guerra Mundial hasta los años ochenta). Milanovic hace un recorrido por esas etapas, comparando distintas formas de desigualdad (la distribución funcional de la renta, la concentración del capital, la homogamia, la movilidad social o la <em>homoploutia </em><em>—</em>término que se explicará más adelante—, entre otros) entre estas formas de capitalismo en Occidente, llegando a la conclusión de que es cada vez más difícil luchar contra la desigualdad creciente.</p>
<p>En el tercer capítulo, tal vez el más estimulante de leer y cuya temática podría dar para un libro en sí mismo, analiza el lugar del comunismo en la historia y los rasgos principales del capitalismo político, así como la posibilidad de que este tipo de capitalismo se expanda a otros países, como ha hecho el capitalismo liberal desde EEUU. Para Milanovic, el principal atractivo del capitalismo político es el éxito económico, el cual se traduce en elevadas tasas de crecimiento, como las cosechadas por China en las últimas décadas. No analiza la China actual en contraposición con EEUU como si de una nueva guerra fría se tratara, sino que su objetivo es analizar el ascenso de la economía china y su transformación en una economía capitalista; de hecho, menciona hasta otros diez países que tienen un capitalismo político, pero China es el más importante de todos ellos con diferencia.</p>
<p>En el capítulo cuatro Milanovic trata la globalización y su interconexión con el capitalismo a través del análisis de la movilidad del trabajo y del capital, del Estado del Bienestar y de la corrupción. Milanovic nos dice lo siguiente respecto a por qué la movilidad del capital es casi ilimitada mientras que la del trabajo tiene muchas más trabas: «El capital, según esta tesis, puede entrar en las distintas sociedades sin provocarles cambios espectaculares, mientras que el trabajo no» (p. 172).</p>
<p>Es verdad que parece existir un mayor rechazo de la población a la inmigración del que existe para el capital extranjero. Puede que sea porque, como apunta la frase entrecomillada, se perciba que el capital no causa “cambios espectaculares”, como sí puede causar el trabajo.</p>
<blockquote><p><strong>«El capital puede entrar en las distintas sociedades sin provocarles cambios espectaculares, mientras que el trabajo no» </strong></p></blockquote>
<p>En este sentido, lo que parece ocurrir (y Milanovic lo apunta, aunque con palabras diferentes), es que el factor capital es “menos visible” que el factor trabajo, es decir, el trabajador necesita estar presente en el lugar de trabajo (aunque cada vez menos), mientras que la actuación del capital “no se ve” a pesar de que pueda causar daños mayores. Es controvertido su acercamiento al tema de la migración, puesto que, como él mismo señala, su planteamiento de una relación negativa entre el número de inmigrantes y los derechos que se les conceden puede crear subclases dentro de un país, como ya ocurre en algunos países, como EEUU o Reino Unido.</p>
<p>Finalmente, el capítulo quinto hace referencia al propio futuro del capitalismo, abordando los problemas que acarrea dicho sistema y también sus virtudes (por algo habrá triunfado en todo el mundo). El autor contrapone los dos tipos de capitalismo explicados anteriormente, comparando las ventajas de uno y otro y hace un repaso de los posibles escenarios existentes. Aquí encontramos a un Milanovic pesimista, ya que no parece existir un final visible al capitalismo («<em>There is no alternative</em>»).</p>
<p>Entre los puntos fuertes del libro está la originalidad de algunos de los planteamientos que hace Milanovic, aunque a su vez puede que sean controvertidos, como el análisis que hace sobre la posición del comunismo en la historia, criticando tanto a la teoría marxista como a la liberal y argumentando que el papel del comunismo en la historia ha sido, precisamente, permitir avanzar hacia el capitalismo para las economías menos desarrolladas. Destaco también un concepto que me ha gustado especialmente: la <em>homoploutia</em>. Indicador que nos muestra el porcentaje de personas que están, a la vez, en el 10 % más alto de ingresos de capital y en el 10 % más alto de ingresos salariales. Este indicador se ha incrementado en los últimos años, mostrando así la complejidad creciente de las sociedades capitalistas, donde cada vez se hace más difícil diferenciar entre capitalistas y cuadros gerenciales y técnicos asalariados.</p>
<p>Sin embargo, para ser un libro que trata sobre el futuro del capitalismo global se echa en falta un análisis sobre el cambio climático y los límites físicos y biológicos existentes. Solo una vez hace referencia a este tema, al final del libro, si bien es justamente para criticar la idea de que los recursos son limitados, argumentando que simplemente no sabemos qué nuevas materias primas podremos usar para sustituir al petróleo o los nuevos usos que tendrán otros recursos. Por otro lado, también hay algunas afirmaciones con las que no todo el mundo estará de acuerdo. Un ejemplo de ello puede ser el punto de vista que tiene Milanovic sobre la corrupción, ya que parece suponer que existe un cierto apego de la población a la corrupción y que no tiene por qué ser especialmente mala en sí misma desde el punto de vista económico si se la tratara como una renta más.</p>
<p>Se trata de un libro no muy extenso, pero con una gran cantidad de anotaciones y de evidencia empírica que sustentan cada afirmación que hace el autor. Es claro en sus explicaciones y analiza perfectamente los dos tipos de capitalismo existentes, destacando las principales virtudes de cada uno, así como los problemas que hacen que se tambaleen: la creciente desigualdad en el caso del capitalismo meritocrático liberal y la corrupción endémica del capitalismo político. También llega a proponer medidas de política económica para reducir la desigualdad en Occidente, como políticas fiscales para incentivar que la clase trabajadora posea acciones o incentivos para que participen en mayor medida en el accionariado de las empresas, así como mayores impuestos de sucesiones o de patrimonio, con el objetivo de «nivelar el acceso al capital» (p. 65) de los adultos jóvenes. Si bien, cabe tener en consideración los efectos que estas medidas puedan tener sobre la ya financiarizada economía actual, son interesantes las medidas que plantea y merecen al menos una reflexión por nuestra parte.</p>
<p>En definitiva, este libro disecciona el funcionamiento del sistema capitalista de manera original, con matices (a pesar de que “divida el mundo en dos”) y en ocasiones de forma un poco provocativa, pero ofreciendo siempre una rica panorámica tanto para aquellas personas que defiendan con uñas y dientes el sistema capitalista como para aquellas que deseen acabar con él.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Alejandro Castañeda Hern</strong><strong>ández</strong></p>
<p>Master de Economía Internacional y Desarrollo (UCM)</p>
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<p><strong> </strong></p>
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		<title>Alternativas a la funesta manía de erigir muros</title>
		<link>https://www.fuhem.es/2021/05/27/alternativas-a-la-funesta-mania-de-erigir-muros/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 27 May 2021 10:04:30 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Análisis]]></category>
		<category><![CDATA[destacadasecosocial]]></category>
		<category><![CDATA[Distribución Riqueza]]></category>
		<category><![CDATA[Fronteras Amuralladas]]></category>
		<category><![CDATA[Globalización]]></category>
		<category><![CDATA[migraciones]]></category>
		<category><![CDATA[Movilidad]]></category>
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					<description><![CDATA[Desnaturalizar la retórica hegemónica acerca de la necesidad de fortificar las fronteras y formular planteamientos alternativos que garanticen la movilidad humana. ]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p align="left"><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Calibri, sans-serif;"><span style="font-size: medium;"><b><img decoding="async" class="alignright wp-image-138233 size-thumbnail" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/04/portada-153-300x423.jpg" alt="" width="300" height="423" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/04/portada-153-300x423.jpg 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/04/portada-153-450x634.jpg 450w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/04/portada-153-1200x1691.jpg 1200w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/04/portada-153-768x1082.jpg 768w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/04/portada-153-1090x1536.jpg 1090w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/04/portada-153-1454x2048.jpg 1454w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/04/portada-153-600x845.jpg 600w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/04/portada-153-64x90.jpg 64w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/04/portada-153-scaled.jpg 1817w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></b></span></span></span></p>
<p align="left">Las migraciones se han convertido no solo en un factor estructural de primer orden en un mundo cada vez más interconectado e interdependiente, sino en un complejo y permanente reto que requiere res­puestas políticas que las sociedades contemporáneas no siempre están en condiciones de proporcionar.</p>
<blockquote>
<p align="left">La formulación de planteamientos alter­rnativos a los marcados por la obsesión securitaria dominante no es, sin embargo, un capricho al que los Estados puedan renunciar alegre­mente, sino una necesidad perentoria.</p>
</blockquote>
<p align="left">El texto de Juan Carlos Velasco Arroyo, «Alternativas a la funesta manía de erigir muros» pertenece a la sección ENSAYO del número 153 de Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, págs. 101-112.</p>
<h4 align="left">Marco de referencia: una globalización fronterizada</h4>
<p align="left">En su hornada más reciente, la globalización ha significado la emergen­cia de un <em>marco compartido de movilidad</em> a nivel planetario que modifica al menos en un triple sentido las condiciones materiales en las que los individuos abordan la aventura migratoria: en primer lugar, y dado el acusado sesgo neoliberal emprendido, atento a los intereses del capi­talismo financiero global, el proceso globalizador ha generado un con­siderable ensanchamiento de la brecha de rentas y salarios entre los diferentes países;<sup>1</sup> en segundo lugar, en un mundo intensamente inte­rrelacionado, las imágenes que reproducen las redes y que reflejan la forma de vida de los países más prósperos llegan a los pueblos más re­motos y pobres del planeta haciendo aún más evidentes las disparida­des de ingresos y oportunidades;<sup>2</sup> y, por último, la mejora y el abaratamiento de los medios de transporte han pulverizado las distancias, facilitando así sensiblemente la movilidad internacional.<sup>3</sup> No es difícil colegir que cuanto más reducido se vuelve el mundo en el aspecto comunicativo y mayor es el contraste entre el nivel de bienestar y el de supervivencia, más probable es que los habitantes de los países más desfavorecidos valoren la opción de migrar como posibilidad real a tener en cuenta.</p>
<p align="left">Migrar ha sido desde siempre una forma de responder y adaptarse a las cambian­tes condiciones del medio ambiente y a los desafíos generados en el interior de los espacios sociales. Y esto sucede también en nuestros días. Para los innume­rables perjudicados por la globalización, la migra­ción se presenta como una vía rápida de acceso a sus posibles beneficios. Son cada vez más quienes se ven expulsados de sus lugares de origen y se ven impelidos a arriesgar sus vidas a través de pe­ligrosos desplazamientos. Esto es lo que les su­cede a quienes habitan en lugares que en las últimas décadas se han desertificado, se han vuelto superficies inundables, o bien, a quienes moran en tierras asoladas por la violencia;<sup>4</sup> pero, también a quienes viven en países relativamente prósperos y ven que los trabajos para toda la vida se extinguen (a causa de la desindustrialización, de la robotización o de las deslocalizaciones), las prestaciones sociales menguan o las pensiones pare­cen estar en peligro.</p>
<blockquote>
<p align="left"><strong>Las fronteras se tornan en dispositivos de reproducción de las desigualdades globales que limitan las oportunidades vitales de los individuos</strong></p>
</blockquote>
<p align="left">La creciente integración mundial de las distintas economías nacionales no ha ve­nido acompañada, sin embargo, de una integración social y económica efectiva de los habitantes del planeta. El resultado es una situación paradójica que puede ser caracterizada como <em>globalización fronterizada</em>, cuando no <em>amurallada</em>. Las fronteras se tornan en dispositivos de reproducción de las desigualdades globales que limitan las oportunidades vitales de los individuos.<sup>5</sup></p>
<h4 align="left">Los muros como improbable panacea</h4>
<p align="left">El principio de la inviolabilidad de las fronteras es un presupuesto en el que se apo­yan las teorías políticas hegemónicas y en su nombre los Estados quedan inmuni­zados ante cualquier crítica a los medios que puedan emplear para contener los flujos migratorios y poner remedio a los temores de la sociedad, medios como, por ejemplo, el cierre de fronteras, el internamiento de inmigrantes indocumentados o la erección de barreras. De los discursos se ha pasado a los hechos y no son pocos los Estados receptores de inmigración que han construido aparatosos muros y han tendido vallas a lo largo de miles de kilómetros de fronteras (más de 18.000, según diversas estimaciones). La materialidad de esos muros fronterizos se impone, sin embargo, con tal fuerza que algunas de las controversias políticas contemporáneas más encendidas pivotan sobre su reaparición y su posible justificación.</p>
<p align="left">En el transcurso de las últimas décadas del siglo XX, muchas fronteras dejaron de ser evanescentes rastros sobre el territorio. Un considerable número de Esta­dos decidieron fortificar esas sutiles marcas con muros intimidantes. Esa tendencia se ha consolidado en las primeras décadas del siglo XXI y los muros se han con­vertido en uno de los emblemas más reconocibles de la época. Son muchas las fronteras terrestres que han adquirido forma material mediante la instalación de ciertos <em>elementos de contención</em>, que pueden variar desde una simple alambrada hasta una auténtica muralla: «Concertinas, detectores de movimientos, vallas elec­trificadas y bloques de hormigón asoman por el horizonte y se extienden por el paisaje a lo largo de cientos de kilómetros».<sup>6</sup></p>
<p align="left">En estos casos, las fronteras han sido readaptadas con el objetivo de dotarlas de operatividad desde el objetivo de la seguridad: reforzadas arquitectónicamente mediante muros, vallas y fosos que impiden o dificultan su traspaso; tecnológica­mente, a través de sofisticados sistemas de control y vigilancia, que pueden incluir vuelos de observación y drones de última generación equipados con cámaras; e incluso militarmente, mediante cuerpos policiales equipados a veces con arma­mento bélico. En la práctica, con la construcción de diversos tipos de impedimen­tos físicos se entrecruzan distintas estrategias que, ante la afluencia de personas, tratan de impermeabilizar, retardar y/o contener.<sup>7</sup></p>
<blockquote>
<p align="left"><strong>Lo peculiar de estos nuevos dispositivos de contención es el propósito con el que se han erigido: impedir el tránsito de personas </strong><strong>desarmadas</strong></p>
</blockquote>
<p align="left">Más allá de constituir un modo ostensible de <em>reafirmar la frontera sobre el terreno</em>, lo peculiar de estos nuevos dispositivos de contención es el propósito con el que se han erigido: no para detener el avance de ejércitos enemigos, como sucedía con la Gran Muralla o el Muro de Adriano –dos por­tentosas construcciones que, aunque en su mo­mento no cumplieron las misiones que les fueron encomendadas, resisten el paso de los siglos–, sino para impedir el tránsito de personas desarmadas que tratan de huir de la pobreza, las persecuciones, las guerras o los desastres naturales. Pervive, eso sí, la necesidad de resguardar el territorio de los “bárbaros”, aunque por razones de oportunidad ahora se les asigne el rostro de “refugiados”, de “migrantes sin papeles” o incluso de “terroristas”, especialmente a partir de los atentados a las Torres Gemelas en 2001, cuando se reforzó la perversa asociación migrante-delincuente-terrorista.</p>
<p align="left">Aunque pocas veces alcanzan realmente los objetivos perseguidos, los muros no impiden la travesía migratoria: la dificultan, eso sí, y la vuelven mucho más com­pleja y costosa, cobrándose una inmensa cantidad de sufrimiento, además de una infinidad de vidas. El coste en términos de derechos humanos sería, sin duda, lo primero por lo que cualquier democracia que se precie debería velar.</p>
<h4 align="left">Cambiar de país, la nueva utopía</h4>
<p align="left">El estado de profundos desequilibrios del que adolece el planeta hace que la mi­gración sea un fenómeno llamado a mantenerse, cuando no a intensificarse. Ante las evidentes injusticias y los desajustes sociales a nivel global, la migración se presenta ciertamente como una tentadora posibilidad.<sup>8</sup> Quienes optan por esta vía, emprenden la marcha tras un complejo proceso de decisión personal, no exento de dolorosos desgarros. Ello no impide, sin embargo, que a veces los desplaza­mientos se produzcan de manera colectiva, como sucede, por ejemplo, con las ma­sivas caravanas de migrantes que en otoño de 2018 recorrieron Centroamérica en dirección al Norte, en una suerte de nuevo éxodo en busca de la tierra prometida.<sup>9</sup></p>
<p align="left">Sea de un modo o de otro, para muchos parias de la globalización hoy la utopía más atractiva ya no es <em>cambiar el sistema político y económico del país en el que viven</em>, sino cruzar las fronteras y <em>cambiar de país</em>.<sup>102</sup> Tras el colapso de las utopías sociales y de las grandes narrativas de emancipación, este nuevo tipo de revolución en pequeña escala no requiere de movimientos sociales ni de grandes líderes para alcanzar su objetivo. Su motor no es otro que la situación de permanente distopía en la que se desenvuelve la vida de tanta gente. No se inspira en imágenes del fu­turo diseñadas por ideólogos, sino en imágenes proporcionadas por diversos cana­les de comunicación sobre la vida al otro lado de la frontera, así como en los innumerables mensajes que los particulares trasladan a través de las redes sociales. La gente compara sus vidas no con las que llevan sus vecinos, sino con las de los habitantes de los países más ricos del planeta o con quienes disfrutan de un eco­sistema mucho más propicio (dos situaciones que, aunque dispares, no es infre­cuente que vayan de la mano).</p>
<p align="left">Con harta frecuencia, quienes persiguen esta pequeña utopía de cambiar de país se topan literalmente con las puertas cerradas y los sueños se convierten en pesadillas. Aunque la propia dinámica de la globalización supone la supresión de las fronteras estatales o al menos el desdibujamiento del papel que tradicionalmente se les atri­buía, hoy en día estas siguen siendo líneas en la superficie terrestre en donde tiene lugar la clasificación entre flujos deseables e indeseables, entre bienes y seres hu­manos, a través de dispositivos físicos o administrativos. De ahí que muchos de los que sueñan con cambiar de país se encuentren con incomprensión y rechazo. Ante ese panorama, cabe preguntarse si los Estados más prósperos y seguros están le­gitimados para restringir la libertad migratoria que le asiste a cualquier ser humano.</p>
<h4 align="left">Un posible modelo de gobernanza multilateral de las migraciones</h4>
<p align="left">Durante el siglo XIX, países como Estados Unidos, Canadá, Argentina o Australia mantuvieron abiertas sus fronteras y forjaron su prosperidad gracias básicamente a la impagable contribución de inmigrantes venidos del mundo entero y, muy es­pecialmente, de Europa. Tras la Primera Guerra Mundial se puso fin a la era del <em>laissez-faire</em> en lo que respecta a las migraciones internacionales.<sup>11</sup> Si hasta las primeras décadas del siglo XX abundaban los países que favorecían la inmigra­ción, en el siglo XXI, por el contrario, los migrantes se confrontan con canales mi­gratorios regulares cegados en la práctica. Ante este panorama, el pensamiento hegemónico insiste en señalar que así es como se hacen las cosas y que <em>no hay alternativa</em>, un reiterado mantra supuestamente realista. Hay, sin embargo, vías prácticas que se pueden y se deben explorar para avanzar hacia una mayor libertad migratoria o, dicho de modo, hacia una liberalización de las restrictivas leyes de migración vigentes en gran parte de los ma­yores países receptores. A continuación se señalarán dos posibles: una ya está esbozada por medio de acuerdos internacionales; la otra, por su parte, implica un cuestionamiento de con­vicciones arraigadas en el denominado sentido común.</p>
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<p align="left"><strong>Para muchos parias de la globalización, hoy la utopía ya no es cambiar el sistema político y económico, sino cruzar las fronteras y cambiar de país</strong></p>
</blockquote>
<p align="left">Vamos con la primera. Precisamente porque hasta ahora cada Estado se ha en­frentado al desafío migratorio por su cuenta y riesgo, resulta urgente encontrar una respuesta interestatal coordinada que permita disponer de un marco global al que remitirse. La evidencia nos muestra que ningún Estado, por muy soberano que sea, es capaz de controlar y gestionar todas las variables de un fenómeno tan complejo. La necesidad de cooperación cae por su propio peso. De ahí, que, pese a las evidentes dificultades, en la esfera internacional se haya avanzado en los últimos años en algunos consensos mínimos acerca de cómo ofrecer un marco desde el que abordar de manera comprensiva el fenómeno migratorio. En este sentido, probablemente el paso más alentador sea el acuerdo multilateral rubri­cado en Marrakech en 2018 por parte de 163 países: el <em>Pacto Mundial para una Migración Segura, Ordenada y Regular</em> (PMM), un texto que poco después fue adoptado por la Asamblea General de las Naciones Unidas (Resolución 73/195).<sup>12</sup></p>
<p align="left">El PMM se articula sobre dos presupuestos básicos: el primero, la primacía de los derechos humanos en la gestión de movilidad internacional; el segundo, la consi­deración de la migración como un factor clave de desarrollo. El propósito principal no es otro, como expresa el propio título del Pacto, que el de establecer canales para la inmigración legal y ordenada, más concretamente: «Aumentar la disponi­bilidad y flexibilidad de las vías de migración regular». La identificación de este propósito es todo un acierto. Es además crucial en un momento en el que los go­biernos tienden cada vez más a perseguir y criminalizar no solo la migración irre­gular, sino incluso el auxilio prestado por particulares a los migrantes en estado de necesidad –lo que implica, por ejemplo, subvertir la legislación internacional sobre el deber de auxilio en el mar–, todo ello sin ofrecer como contrapartida unos canales seguros y previsibles que permitan a la gente poder migrar. Si los países desarrollados precisan de un número cada vez mayor de mano de obra extranjera para que sus economías resulten sostenibles y paliar el envejecimiento de la po­blación, un mínimo de sentido común exigiría que la migración no fuera obstacu­lizada, sino más bien encauzada. El Pacto va sin duda a contracorriente de los vientos políticos sumamente restrictivos que, como se ha señalado antes, corren en los países más desarrollados.</p>
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<p align="left"><strong>Resulta urgente encontrar una respuesta interestatal coordinada que permita disponer de un marco global para las migraciones</strong></p>
</blockquote>
<p align="left">El PMM, que tiene poco de revolucionario, representa un primer paso para un con­trato social internacional en el campo de la gestión de las migraciones.<sup>13</sup> Además de proporcionar a los Estados un banco de ideas para sus políticas migratorias, con él se configura un marco de cooperación no vinculante jurídica­mente. El PMM consagra el principio de la sobera­nía de los Estados, que no cuestiona, pero esta rémora probablemente representa una importante ventaja en la medida en que lo convierte en un planteamiento de corte eminentemente realista. Esta virtud se ve acentuada por su explícito reconocimiento de que la gobernanza de las migraciones no está al­cance de ningún Estado por separado, así como de la inutilidad de una política migratoria dirigida exclusivamente en la contención de los flujos. Unos de los ob­jetivos explícitos del PMM es lograr amplificar los beneficios de la migración a todas las partes, tanto a los propios migrantes, como a los países emisores y re­ceptores.</p>
<h4 align="left">Migraciones y distribución global de la riqueza</h4>
<p align="left">Aunque cabe poner en tela de juicio que la migración sea siempre el medio más eficaz para que los más desfavorecidos puedan beneficiarse de una redistribución efectiva de la riqueza en igualdad de oportunidades, es claro que migrar constituye uno de los pocos recursos que tienen disponibles sus protagonistas para mejorar sus condiciones de vida.<sup>14</sup> En un escenario social cada vez más globalizado, el esfuerzo migratorio muy probablemente sea el que más réditos ofrezca a los indi­viduos en la aventura de la movilidad social, muy por encima de los procesos in­ternos de movilidad social ascendente a través de la educación, el trabajo y los cambios en el modelo redistributivo y de acceso a los bienes.</p>
<p align="left">Las diferencias de renta <em>dentro</em> de cada país, que en muchos casos son suma­mente significativas, palidecen ante la desmesura de las diferencias de renta entre los diversos países.<sup>15</sup> La división del mundo en Estados separados por fronteras tiene una repercusión directa en el acceso efectivo a bienes y recursos y, en defi­nitiva, en el grado de bienestar. Dicha división del planeta incide decisivamente en la distribución de las oportunidades vitales de las personas y este hecho no guarda relación alguna con los méritos que los individuos agraciados o perjudica­dos puedan acreditar. Nacer hoy, por ejemplo, danés o suizo es como tocarle a uno la lotería para toda la vida, pues en gran medida tendrá su futuro resuelto.<sup>16</sup> Por el contrario, muchas personas empiezan la vida con la soga al cuello por el mero hecho de haber nacido en un determinado país. También entre países fun­ciona el llamado <em>efecto Mateo</em>.</p>
<p align="left">Dado que nadie acepta ser víctima de una pura mala suerte (esto es, de hechos azarosos que ni ha elegido ni ha provocado con sus propias acciones), mientras otros resultan beneficiados por esa misma circunstancia sin que medie ningún tipo de compensación, la implementación de algún tipo de medida reparadora ha de ser considerada una práctica justa. Si bien nadie elige dónde o en qué lado de una frontera nacer, sí que le debería caber a cada cual la posibilidad de elegir dónde vivir y, de este modo, compensar unas eventuales malas cartas.<sup>17</sup> Eso, sin embargo, solo está a disposición de algunos: de aquellos que, en virtud de su na­cionalidad, disponen del azaroso privilegio de estar en posesión de un pasaporte que les abre el paso a través de las fronteras para moverse sin apenas cortapisas. Es en este contexto donde puede plantearse la libre circulación de personas como una cuestión de justicia para todos.</p>
<p align="left">La libre de circulación se topa en nuestros días con una infinitud de barreras y, pese a ello, una parte considerable de la opinión pública de los países receptores considera que las migraciones están fuera de control. En cierto sentido es una opinión acertada. Actualmente, los movimientos transfronterizos de personas son inseguros, irregulares y desordenados, pero lo son precisamente porque apenas existen vías regulares y previsibles para aquellos que emprenden la aventura mi­gratoria, quienes a menudo se ven sometidos a condiciones de trabajo degradan­tes y a constantes violaciones de sus derechos básicos como personas. La explotación y los abusos de los que son objetos tienen su comienzo en la falta vo­luntad para proporcionarles identidad legal y documentación básica que les per­mita salir de la situación de irregularidad.</p>
<h4 align="left">Abrir las fronteras es de justicia</h4>
<p align="left">Para quebrar estas perniciosas dinámicas tan firmemente asentadas, se requiere, sin duda, introducir un <em>elemento disruptivo</em> en el discurso hegemónico sobre polí­ticas migratorias; esto es, un tipo de argumento que rompa con las inercias men­tales y que haga replantear las rutinas en esta materia. De ahí la indudable relevancia práctica de llevar a la esfera pública el debate sobre la posibilidad de abrir las fronteras. Precisamente porque para muchos biempensantes mentar esa posibilidad no es sino un anatema, cuando no un signo de radicalismo irrespon­sable o de idealismo blandengue,<sup>18</sup> «el objetivo del argumento de las fronteras abiertas es desafiar la complacencia, hacernos conscientes de cómo las prácticas democráticas rutinarias en inmigración niegan la libertad y ayudan a mantener la desigualdad injusta».<sup>19</sup></p>
<p align="left">En gran medida, la propia idea de una apertura de fronteras representa un espejo invertido del terreno real en donde se desarrollan a diario las políticas migratorias con sus efectos nocivos –incluso a veces letales– para tantas personas. La pro­puesta no es sino una invitación a imaginar un mundo en el cual las fronteras re­presenten, como norma habitual, un dispositivo irrelevante en términos de movilidad humana. Se trataría, pensando ahora de una manera más concreta, de imaginar un mundo en el cual, aunque no se descartasen restricciones coyunturales al tránsito fronterizo en circunstancias especiales, tales restricciones estu­vieran convenientemente tasadas para impedir la discrecionalidad gubernamental y evitar que dicha posibilidad dé pie a limitaciones desproporcionadas de la libertad de movimiento; libertad que, en todo caso, tendría que constituir la regla general, de modo que aquello que es meramente pensado como excepcionalidad no se convierta en normalidad.</p>
<p align="left">Con la propuesta de abrir las fronteras no se trata de perfilar un mundo perfecto, un paraíso en la Tierra, sino simplemente pretende señalar una vía para evitar, o al menos minimizar, los grandes y constantes males generados por la obsesión de control, en la cual está atrapada la mayoría de los Estados contemporáneos. Es una propuesta centrada fundamentalmente en la prevención de los daños provocados por ese irracional afán controlador dirigido a excluir a los desheredados.</p>
<p align="left">Si se considera que las profundas desigualdades globales son ominosas y que han de ser reducidas de manera significativa, si se considera que establecer unos ciertos parámetros mínimos de justicia distributiva entre las distintas partes del planeta no es solo un objetivo deseable, sino un deber de justicia, entonces, ex­plorar la posibilidad de eliminar las restricciones injustificables a los desplazamien­tos migratorios no es una opción que pueda ser desechada sin ofrecer cumplidas explicaciones. Eso es así porque la apertura de fronteras –no su supresión sin más, pues no hay ningún reclamo de justicia que impida que persistan como demarcaciones territoriales de entidades estatales independientes– se presenta como un modo efectivo de asumir las responsabilidades ante los más desfavore­cidos de este mundo cada vez más interdependiente.</p>
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<p align="left"><strong>Se trata de una invitación a imaginar un mundo en el cual las fronteras sean, como norma, un dispositivo irrelevante en términos de movilidad humana</strong></p>
</blockquote>
<p align="left">Durante mucho tiempo las observaciones y análisis sobre la libertad de desplaza­miento transfronterizo eran prácticamente «inaudibles». Algo ha ido cambiando y cada vez se hacen oír más voces críticas. La que modestamente se vierte aquí pretende ser un instrumento para contrarrestar las actuales políticas de amuralla­miento en el mundo y los intentos de arresto domiciliario de las poblaciones del Sur global. Se trataría de pensar las fronteras de otro modo y, sobre todo, de ges­tionarlas de manera más razonable, lo que muy probablemente implique crear un marco institucional adecuado.</p>
<p align="left">Una buena frontera es «la mejor vacuna posible contra la epidemia de los muros».<sup>20</sup> Lejos de ser una barrera, una buena frontera moderna y civilizada es una frontera abierta, pero controlada.<sup>21</sup> Se trata, en definitiva, de establecer un ré­gimen migratorio que canalice y regule las migraciones para que sean más segu­ras y respetuosas con los derechos humanos. Una apertura de fronteras no sería la panacea a todos los problemas que aquejan a nuestro mundo actual, pero sí que serviría, al menos, para desafiar la indulgente satisfacción de las sociedades occidentales y mitigar las injusticias que sufren cientos de millones de personas.</p>
<p align="left"><strong>Juan Carlos Velasco</strong> <strong>Arroyo</strong> es Profesor de Investigación del Instituto de Filosofía del CSIC. Actualmente es el Investigador Principal del proyecto “Fronteras, democracia y justicia global” (PGC2018-093656-B-I00).</p>
<p align="left">NOTAS:</p>
<p align="left">1 Bruno Latour, <em>Dónde aterrizar. Cómo orientarse en política</em>, Taurus, Madrid, 2019, p. 11.</p>
<p align="left">2 Donatella Di Cesare, <em>Extranjeros y residentes</em>, Amorrortu, Buenos Aires, 2019, p. 95. Como sos­tiene Branko Milanovic (<em>Desigualdad global</em>, FCE, México, 2017, p. 167): «el número potencial de migrantes ha aumentado debido a un mejor conocimiento de las diferencias de ingresos entre naciones».</p>
<p align="left">3 Claire Rodier, <em>El negocio de la xenofobia</em>, Clave Intelectual, Madrid, 2013, p. 13.</p>
<p align="left">4 Saskia Sassen, «La pérdida masiva de hábitat», <em>Iglesia viva</em>, núm. 270, 2017, pp. 11-38.</p>
<p align="left">5 Juan Carlos Velasco, «Hacia una visión cosmopolita de las fronteras. Desigualdades y migraciones desde la perspectiva de la justicia global», <em>Revista Internacional de Sociología (REIS)</em>, núm. 78(2): e153, 2020 (https://doi.org/10.3989/ris.2020.78.2.19.006). La desigualdad de riqueza no solo genera desigualdad de opor­tunidades, sino también existencial, reflejada en el riesgo de padecer las patologías de la pobreza y también, a la postre, de morir prematuramente. Ello tiene también su correlato a escala global: así, la esperanza de vida de una persona nacida en un país rico y desarrollado y la de otra nacida en un país pobre pueden llegar a diferir en más de veinticinco años (Göran Therborn, <em>La desigualdad mata</em>, Madrid, Alianza, 2015, pp. 17-28).</p>
<p align="left">6 David Frye, Muros. <em>La civilización a través de sus fronteras</em>, Turner, Madrid, 2019, p. 290.</p>
<p align="left">7 Antonio Giráldez López, «Cambios arquitectónicos en la Frontera Sur de España», <em>Revista CIDOB d’Afers Internacionals</em>, núm. 122, 2019, pp. 61-83.</p>
<p align="left">8 Jürgen Habermas et al., «<a href="https://elpais.com/diario/2005/06/06/opinion/1118008808_850215.html" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Declaración de Granada sobre la globalización</a>», <em>El País</em>, 6 de junio de 2005.</p>
<p align="left">9 Carlos Sandoval, «<a href="http://www.madrimasd.org/blogs/migraciones/2018/12/20/132711" target="_blank" rel="noopener noreferrer">La caravana centroamericana</a>», <em>Migraciones. Reflexiones cívicas</em>, 2018.</p>
<p align="left">10 Ivan Krastev, «Un futuro para las mayorías», en Santiago Alba et al. (eds.), <em>El gran retroceso</em>, Seix Barral, Barcelona, 2017, pp. 165-166.</p>
<p align="left">11 John Torpey, <em>La invención del pasaporte</em>, Cambalache, Oviedo, 2020, pp. 227-242.</p>
<p align="left">12 ONU, <a href="http://www.un.org/es/conf/migration/global-compact-for-safe-orderly-regular-migration.shtml" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Pacto Mundial para una Migración Segura, Ordenada y Regular</a>, 2018.</p>
<p align="left">13 Lorenzo Cachón y María Aysa-Lastra, «El Pacto Mundial para la Migración Segura, Ordenada y Regular: un contrato social internacional», <em>Anuario CIDOB de la Inmigración</em>, 2019, pp. 84-95.</p>
<p align="left">14 PNUD,<a href="http://hdr.undp.org/sites/default/files/hdr_2009_es_complete.pdf" target="_blank" rel="noopener noreferrer"><em> Informe sobre Desarrollo Humano 2009. Superando barreras: movilidad y desarrollo humanos</em></a>. Mundi-Prensa, Madrid, 2009.</p>
<p align="left">15 Branko Milanovic, <em>Los que tienen y los que no tienen</em>. Alianza, Madrid, 2012, p. 132.</p>
<p align="left">16 Ayalet Shachar, <em>The Birthright Lottery</em>, Harvard U.P., Cambridge, MA, 2009.</p>
<p align="left">17 Juan Carlos Velasco, <em>El azar de las fronteras</em>, FCE, México, 2016.</p>
<p align="left">18 Alex Sager, <em>Against Borders: Why the World Needs Free Movement of People</em>, Rowman &amp; Littlefield, Lanham, MD, 2020.</p>
<p align="left">19 Joseph H. Carens, <em>The Ethics of Immigration</em>, Oxford U.P., Oxford/New York, 2013, p.</p>
<p align="left">20 Régis Debray, <em>Elogio de las fronteras</em>, Gedisa, Barcelona, 2016, p. 96.</p>
<p align="left">21 Michel Foucher, <em>Le retour des frontières</em>, CNRS, París, 2016, p. 8.</p>
<p align="left">Acceso al artículo en formato pdf: <a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/alternativas-a-la-funesta-mania-de-erigir-muros/" target="_blank" rel="noopener noreferrer"><em>Alternativas a la funesta manía de erigir muros</em></a>.</p>
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