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	<title>Militarismo &#8211; FUHEM</title>
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	<description>educación + ecosocial</description>
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	<title>Militarismo &#8211; FUHEM</title>
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		<title>PAPELES 169: Tiempos sombríos: amenazas a la paz y la democracia</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 28 Apr 2025 08:59:20 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<category><![CDATA[Armamento]]></category>
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					<description><![CDATA[El ascenso de la geopolítica y de la fuerza como moneda de cambio en las relaciones internacionales están perfilando un mundo más conflictivo y tensionado, con peligro, incluso, de un enfrentamiento nuclear.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong><em><img fetchpriority="high" decoding="async" class="alignright wp-image-167076" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2025/04/Portada-169-con-borde.jpg" alt="" width="450" height="675" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2025/04/Portada-169-con-borde.jpg 400w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2025/04/Portada-169-con-borde-300x450.jpg 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2025/04/Portada-169-con-borde-350x525.jpg 350w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2025/04/Portada-169-con-borde-64x96.jpg 64w" sizes="(max-width: 450px) 100vw, 450px" />Ningún tiempo en la historia ha sido fácil, pero el momento actual parece reunir desafíos insuperables</em>.  </strong></p>
<p>El ascenso de la geopolítica y de la fuerza como moneda de cambio en las relaciones internacionales están perfilando un mundo más conflictivo y tensionado, con peligro, incluso, de un −aparentemente olvidado− enfrentamiento nuclear. Como corolario, el internacionalismo y las organizaciones supranacionales van quedando arrinconadas, y los presupuestos de defensa se disparan.</p>
<p>La democracia liberal vive horas bajas, con una profunda crisis de representación: mientras aumenta la desconfianza de la ciudadanía en la clase política, en distintos países las instituciones han sido capturadas por un populismo autoritario bajo la forma de una democracia vaciada de contenido. El segundo mandato de Donald Trump en EEUU sería epítome de esta situación.</p>
<p>En este complejo escenario, las tradicionales alianzas se están reconfigurando con rapidez. La brecha surgida entre Europa y EEUU ejemplifica esta situación.</p>
<p>Resulta muy preocupante que las políticas en marcha solo permiten augurar una agudización de la crisis ecosocial, con consecuencias nefastas e impredecibles. Sin duda, condiciones para un <em>brave new world</em>.</p>
<p>El número 169 de la revista <em>Papeles de relaciones ecosociales y cambio global</em> se abre con una reflexión de <strong>Santiago Álvarez Cantalapiedra</strong> en la <strong>Introducción</strong> sobre el alcance y significado sobre los actuales retos sobre la paz y la democracia.</p>
<p>La seccón <strong>A Fondo</strong> reúne sendos análisis sobre geopolítica de <strong>Rafael Poch-de-Feliu</strong> y <strong>Augusto Zamora</strong>, dos artículos sobre los retos a la paz, el militarismo y el peligro nuclear de <strong>Pere Ortega</strong> y <strong>Carlos Umaña</strong>; <strong>Ruth Ferrero-Turrón</strong> reflexiona sobre las amenazas a la democracia y la emergencia de un autoritarismo competitivo; <strong>José Luis Gordillo</strong> recuerda la relevancia de la crisis ecosocial en este contexto y la necesidad de un ecopacifismo; <strong>Nuria del Viso</strong> conversa con <strong>Elisa Morgera</strong>, Relatora Especial de la ONU sobre la Promoción y Protección de los Derechos Humanos en el contexto del Cambio Climático; y <strong>Carlos Berzosa</strong> calibra las tendencias imperialista en la economía.</p>
<p>La sección <strong>Actualidad</strong> trae con una entrevista de <strong>Pedro Lomas </strong>y<strong> Nuria del Viso</strong> al activista y político congoleño <strong>Roland Mimi Ngoy</strong> sobre la situación en República Democrática del Congo.</p>
<p><strong>Ensayo</strong> incluye un artículo de <strong>Jesús Ojeda</strong> sobre Roman Roland y Gandhi</p>
<p><strong>Experiencias</strong> recoge una crónica de <strong>Nuria del Viso </strong>y<strong> Susana Fernández</strong> sobre la visita al colegio Lourdes-FUHEM de una delegación de activistas contra las armas nucleares.</p>
<p><strong>Referentes</strong> está dedicado esta vez a <strong>Francisco Fernández Buey</strong> y su maestro, <strong>Manuel Sacristán</strong>, presentado con un texto de <strong>Salvador López Arnal</strong>.</p>
<p>El número se cierra con la sección <strong>Lecturas</strong>.</p>
<p>A continuación, ofrecemos el sumario de la revista y el acceso a texto completo de la Introducción del número a cargo del director de la revista, Santiago Alvarez Cantalapiedra y el artículo de Rafael Poch-de-Feliu. sobre el conflicto de Ucrania.</p>
<p><strong>SUMARIO </strong></p>
<p><strong>INTRODUCCIÓN </strong></p>
<p><a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/orden-imperial-y-amenazas-a-la-paz-y-la-democracia/" target="_blank" rel="noopener">Orden imperial y amenazas a la paz y la democracia</a>, <strong>Santiago Álvarez Cantalapiedra</strong>.</p>
<p><strong>A FONDO</strong></p>
<p><a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/el-conflicto-de-ucrania-y-las-incertidumbres-de-trump/" target="_blank" rel="noopener">El conflicto de Ucrania y las incertidumbres de Trump</a>, <strong>Rafael Poch-de-Feliu</strong>.</p>
<p>Multipolaridad y cambio sistémico: el mundo del siglo XXI, <strong>Augusto Zamora R</strong>.</p>
<p>Las tendencias actuales de las fuerzas imperialistas, <strong>Carlos Berzosa</strong>.</p>
<p>Democracias en crisis en un mundo en cambio, <strong>Ruth Ferrero-Turrión</strong>.</p>
<p>El problema ecológico más grave, <strong>José Luis Gordillo</strong>.</p>
<p>Donald Trump, geopolítica, militarismo y neofascismo, <strong>Pere Ortega</strong>.</p>
<p>El desarme nuclear: un imperativo apremiante en tiempos efervescentes, <strong>Carlos Umaña</strong>.</p>
<p><a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/entrevista-a-la-re-de-la-onu-sobre-la-promocion-y-proteccion-de-los-derechos-humanos-en-el-contexto-del-cambio-climatico-elisa-morgera/" target="_blank" rel="noopener">Entrevista a la RE de la ONU sobre la Promoción y Protección de los Derechos Humanos en el contexto del Cambio Climático, Elisa Morgera</a>, <strong>Nuria del Viso</strong>.</p>
<p><strong>ACTUALIDAD</strong></p>
<p>Entrevista a Roland Mimi Ngoy sobre la situación actual en la República Democrática del Congo, <strong>Pedro L. Lomas</strong> y <strong>Nuria del Viso</strong>.</p>
<p><strong>ENSAYO</strong></p>
<p>El conocimiento de Mahatma Gandhi en Occidente. A cien años de la biografía Gandhi de Romain Rolland, 1924-2024, <strong>Jesús Ojeda Guerrero</strong>.</p>
<p><strong>EXPERIENCIAS</strong></p>
<p>El Nobel de la Paz, asociaciones activistas contra las armas nucleares y un colegio. Crónica de una jornada singular, <strong>Nuria del Viso</strong> y <strong>Susana Fernández Herrero</strong></p>
<p><strong>REFERENTES</strong></p>
<p>Presentación del texto de Francisco Fernández Buey sobre Manuel Sacristán, <strong>Salvador López Arnal</strong>.</p>
<p>Un maestro que visitaba talleres de imprenta, <strong>Francisco Fernández Buey</strong>.</p>
<p><strong>LECTURAS</strong></p>
<p>Anatomía de la frontera, Juan Carlos Velasco.</p>
<p><strong>Francisco Fernández-Jardón</strong></p>
<p>El mito de la ciudadanía, Irene Ortiz</p>
<p><strong>Clàudia Sánchez Vidal</strong></p>
<p>La estigmatización de los pobres. Eugenismo y darwinismo social, Michel Husson</p>
<p><strong>Santiago Álvarez Cantalapiedra</strong></p>
<p><strong>Notas de lectura</strong></p>
<p>Negociar la paz en tiempos de guerra, Vicenç Fisas</p>
<p>Malestamos, Javier Padilla y Marta Carmona</p>
<p><strong>RESÚMENES</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Información y compras</strong>:</h3>
<p>Tel.: +34 914310280</p>
<p>Email: <a class="cursor-init" href="mailto:publicaciones@fuhem.es">publicaciones@fuhem.es</a></p>
<p>Puedes adquirir la revista <strong>PAPELES</strong> en nuestra <a href="https://www.fuhem.es/product/tiempos-sombrios-amenazas-para-la-paz-y-la-democracia/">librería virtual</a>.</p>
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		<title>El gasto militar destruye bienestar</title>
		<link>https://www.fuhem.es/2024/02/08/el-gasto-militar-destruye-bienestar/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 08 Feb 2024 11:46:08 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Análisis]]></category>
		<category><![CDATA[Bienestar humano.]]></category>
		<category><![CDATA[Gasto militar]]></category>
		<category><![CDATA[Militarismo]]></category>
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					<description><![CDATA[El ciclo económico militar, o ciclo armamentista, que se nutre de los presupuestos de Defensa de los Estados, está condicionado por las políticas de seguridad y defensa del Estado.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><img decoding="async" class="alignright size-medium wp-image-144080" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/04/157-1-450x640.png" alt="" width="450" height="640" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/04/157-1-450x640.png 450w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/04/157-1-1200x1706.png 1200w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/04/157-1-300x426.png 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/04/157-1-768x1092.png 768w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/04/157-1-1081x1536.png 1081w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/04/157-1-1441x2048.png 1441w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/04/157-1-600x853.png 600w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/04/157-1-64x91.png 64w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/04/157-1.png 1996w" sizes="(max-width: 450px) 100vw, 450px" />La sección <span style="color: #0000ff;">A FONDO</span> del <a href="https://www.fuhem.es/papeles/papeles-numero-157/" target="_blank" rel="noopener">número 157</a> de <a href="https://www.fuhem.es/revista-papeles/" target="_blank" rel="noopener"><em>Papeles de relaciones ecosociaels y cambio global</em></a>, dedicado al Militarismo publica un artículo de <strong>Pere Ortega</strong> titulado «<a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/el-gasto-militar-destruye-bienestar/" target="_blank" rel="noopener">El gasto militar destruye bienestar</a>» que aborda cómo el ciclo económico militar, o ciclo armamentista, que se nutre de los presupuestos de Defensa de los Estados y nutre el gasto militar, las fuerzas armadas, la I+D militar y las empresas militares, está condicionado por las políticas de seguridad y defensa del Estado.</p>
<blockquote><p><strong>Los economistas han preferido, en general, utilizar el término <em>economía de la defensa</em> para referirse al entramado económico militar, aunque, para ser más precisos, también podría calificarse como <em>economía de guerra.</em></strong></p></blockquote>
<p>No cabe llamarse a engaño, todo ese entramado no tiene otro cometido que prepararse para hacer la guerra, ya sea defensiva con el fin de evitarla mediante la disuasión, argumento este utilizado por los Estados para justificar su fuerza militar; u ofensiva para llevar a cabo intervenciones militares en otros países. Aunque cierto es que la denominación de <em>economía de guerra</em> se utiliza solamente cuando los Estados ponen toda la producción económica de la nación al servicio de la guerra, como así ha ocurrido en todas las grandes guerras. Pero aquí se utilizará la denominación <em>Ciclo económico militar</em> o <em>Ciclo armamentista</em>,<sup>1</sup> pues resulta más apropiado para describir todo el conglomerado económico que rodea toda la economía militar.</p>
<p>Esta denominación resulta más acertada porque el concepto de ciclo describe con mayor acierto el itinerario por dónde discurre la economía militar desde su nacimiento hasta su finalización. Este ciclo se inicia siempre de las manos del Estado con la aprobación de los créditos destinados al Ministerio de Defensa para el mantenimiento de las fuerzas armadas. Créditos que se reparten entre los salarios del personal militar, el mantenimiento de servicios, instalaciones e infraestructuras, la investigación y desarrollo (I+D) de nuevas armas y equipos, y los destinados a pagos a las industrias militares que producen y suministran las armas al propio Ministerio de Defensa; mientras que otra parte de su producción irá a la exportación bajo el control del Estado que regula el comercio de armas.</p>
<p>Así, cuando se habla de economía militar con referencia al gasto militar, las fuerzas armadas, la I+D militar, las empresas militares, se debe prestar atención al origen de los recursos que alimentan todo ese ciclo, que no es otro que el presupuesto de defensa de los Estados, incluidas las exportaciones de armas, pues también en su inmensa mayoría son adquiridas por Estados y tan solo una ínfima parte pueden ser adquiridas en el mercado ilegal o por la población. Un Estado que financia todo el ciclo económico militar y que se retroalimenta, pues surge bajo el paraguas del Estado y acaba su periplo en manos del Estado.</p>
<p>Un ciclo en el que también deben tenerse en cuenta todos aquellos aspectos que condicionan ese gasto militar, desde las políticas de seguridad y defensa del Estado, que son las que determinan la estrategia de defensa nacional, las directivas de defensa y el modelo de fuerzas armadas. Doctrinas de seguridad donde se plasman cuáles son los riesgos, los posibles peligros y de dónde proceden las amenazas. Estas doctrinas, llegado el caso, se disponen en leyes, decretos y disposiciones en el ordenamiento jurídico para regular la exportación de armas y su uso. Doctrinas que también determinan el modelo de fuerzas armadas y la clase de armamentos que se deben adquirir, así como el tipo de infraestructuras e instalaciones militares que serán necesarias para adecuar la defensa del territorio y las intervenciones en el exterior. El ciclo económico contempla todo el mantenimiento y servicios necesarios a través de empresas privadas para que las fuerzas armadas sean operativas, y que incluye la formación de los militares en academias y universidades donde se les enseña estrategias y técnicas militares para su uso en conflictos armados. En el ciclo armamentista intervienen también las entidades bancarias financiando a las industrias militares en sus operaciones y venta de armas. Estas entidades comercializan fondos de inversión donde están presentes las grandes empresas de armamentos de las que además pueden ser accionistas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4><strong>Las fuerzas armadas como medio de control económico</strong></h4>
<p>La mejor manera de comprender la existencia de las fuerzas armadas y el gasto que éstas originan proviene de observar cómo actúan las grandes potencias económicas en sus relaciones político-económicas con otros Estados. En la mayoría de las ocasiones vemos cómo las potencias utilizan sus fuerzas armadas para defender sus intereses particulares. Es decir, en aras de la seguridad nacional defienden los intereses de las grandes corporaciones de su propio país. A tal efecto, solo cabe observar cómo actúan EEUU, Rusia, China, Francia, Reino Unido o Australia en la geopolítica mundial y se puede observar cómo cuando las presiones políticas no son suficientes para conseguir sus objetivos políticos/económicos utilizan la fuerza mediante intervenciones militares para así doblegar las resistencias de los países que no se avienen a sus exigencias.</p>
<p>Se señala a las grandes potencias porque son estas las que condicionan el incesante aumento del gasto militar mundial debido a las presiones que ejercen sobre los países que forman parte de sus alianzas, como es el caso de EEUU sobre sus aliados dentro de la organización militar transnacional OTAN. Lo mismo ocurre con China y Rusia que aunque no tengan un organismo militar similar a la OTAN sí tienen acuerdos bilaterales entre ellos y con otros países en la Organización de Cooperación de Shanghái, o de la ASEAN, otro organismo político-económico del sudeste asiático auspiciado por EEUU, con los que pretenden hacer frente a las presiones político-militares de EEUU.</p>
<p>Este aspecto es algo que se constata cuando se observa cómo año tras año aumentan los recursos de las capacidades militares de la mayoría de las grandes potencias y de sus países aliados. Así, de los últimos datos de que disponemos –año 2020– el gasto militar mundial según el SIPRI<sup>2 </sup>aumentó un 2,6% respecto a 2019, alcanzando la enorme cifra de casi dos billones de dólares (1,981). Algo que contrasta con el descenso del PIB mundial para ese mismo año de un 4,4% debido a los efectos de la pandemia de la COVID-19. De ese enorme gasto militar, EEUU consume el 39%, 778.000 millones, y si se le suman los gastos militares de todos sus países socios en la OTAN, la cifra se dispara hasta alcanzar los 1,03 billones de dólares, que representa el 52% del total del gasto militar mundial. Los dos rivales estratégicos de EEUU, China y Rusia, se encuentran a una considerable distancia en gastos militares. China destina 252.000 millones de dólares y Rusia, 61.700 millones. Menciono estos datos para demostrar quién es más responsable en la escalada militarista, aunque esto, desde luego no disculpa a sus competidores que siguen el mismo camino de aumentar sus capacidades militares en una carrera de armamentos que solo vaticina conflictos y un mayor deterioro medioambiental del planeta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4><strong>Coste de oportunidad</strong></h4>
<p>Se han utilizado estos datos porque el gasto militar desde la economía crítica representa una pérdida de oportunidad para el desarrollo económico-social, pues si esos mismos recursos públicos en lugar de ser destinados a una economía ineficiente se dirigieran a la economía del ámbito civil, la real, la productiva, o a ámbitos sociales como la educación o la sanidad contribuirían mejor al desarrollo de la comunidad donde se llevan a cabo. Los argumentos de quienes han estudiado este desajuste,<sup>3</sup> aducen, que el gasto militar genera endeudamiento del Estado, a lo que añaden, que si esos recursos monetarios, de bienes de equipo, de conocimientos tecnológicos y de mano de obra que consumen los ejércitos y la producción de armamentos se destinaran a sectores civiles generarían mayor empleo, así como manufacturas y servicios más competitivos. Esto es debido a que las armas deben ser consideradas productos ineficientes porque no son bienes de consumo, ni tienen valor de cambio pues no entran en los circuitos de intercambio, es decir, en el mercado, convirtiéndose tan solo en bienes de uso para los Estados que son sus principales consumidores, pero sin valor social para la población.</p>
<p>Un arma, como cualquier otro producto, en el proceso de producción necesita de inversiones en I+D y de capital, de otros productos manufacturados y de mano de obra asalariada. Entonces, la producción del arma beneficia tanto al trabajo como al capital (obrero y patrón), y entre ellos se producirá una conexión de intereses; el trabajador necesita el salario, el patrono desea extraer plusvalía del trabajo. Esto explica, cuando aparecen crisis, cómo los trabajadores de las industrias militares salen en defensa de sus puestos de trabajo sin tener en cuenta cuestiones humanitarias o de clase, ya que las armas que fabrican pueden ser utilizadas en guerras donde los obreros se enfrentarán entre sí rompiendo el principio de solidaridad internacional del que se supone deberían ser defensores, y donde, además, causarán un enorme sufrimiento a las poblaciones que padezcan las guerras.</p>
<p>Esta descripción económica, desde un punto de vista keynesiano, como cualquier otra forma de trabajo, mejora la economía, pues el trabajo comporta salario y este favorece el consumo y el crecimiento de la economía. Sin embargo, no aportan ingresos al Estado a través de los impuestos, pues este no los paga. Este periplo económico que para los keynesianos es beneficioso para la economía, no lo es para la economía crítica (Melman, Leontief…), incluidos los partidarios del decrecimiento, que niegan a las armas su carácter benéfico debido a que al ser adquiridas por el Estado no tienen valor social al no circular por el mercado como la gran mayoría de los productos, pues, como ya se ha indicado, la ciudadanía no puede adquirir un avión de combate o un buque de guerra que solo adquieren los Estados, y tan solo una pequeña parte de las armas, las ligeras, pueden ser adquiridas por la población, con enormes restricciones en la mayoría de los países del mundo.</p>
<p>Empero, aquí no se defiende el crecimiento económico <em>per se</em>, sino que debe entenderse que hay otros ámbitos de la economía donde los recursos destinados al armamentismo y al mantenimiento de los ejércitos pueden ser más beneficiosos para la sociedad sin necesidad de agravar la crisis ecológica que vive hoy el planeta.</p>
<p>Esta consideración es pertinente si se tiene en cuenta el gran impacto medioambiental de las emisiones de CO2e que producen las fuerzas armadas y la producción militar. Así, desde el punto de vista de la huella ecológica, las emisiones gases de efecto invernadero (GEI) de los ejércitos son una de las causas más importantes del cambio climático, de la pérdida de biodiversidad y de la reducción de los recursos fósiles no renovables que alimentan la crisis ecológica, y que anuncian, si no se pone remedio, el colapso de la biosfera. Como ejemplos: la primera potencia militar mundial, EEUU, con sus casi dos millones de militares, su presencia militar en las más de 700 bases que tiene repartidas por todo el mundo y su participación directa en conflictos armados, entre 2010 y 2017 tuvo una media anual de emisiones de 527 millones de toneladas de CO2e, muy superior a la de países pequeños y algunos medianos.<sup>4</sup> Aunque a distancia de EEUU, la huella de carbono del sector industrial/militar y de las fuerzas armadas de los 27 países miembros de la Unión Europea en el año 2019 fueron estimadas de 24,8 millones de tCO2e,<sup>5</sup> que equivalen a aproximadamente a las emisiones anuales de 14 millones de coches.<sup>6</sup></p>
<p><strong>La dimensión económica del militarismo</strong></p>
<p>Una aclaración conceptual. El militarismo es una ideología que se da mayormente en el interior de las fuerzas armadas, aunque también en algunos ámbitos de la sociedad civil. Tiene como objetivo imponer la resolución de los conflictos mediante el uso de la fuerza militar y desestimar otros medios no cruentos. Su cometido principal es presionar al poder civil para que aumente las capacidades militares de los ejércitos, que siempre se traducen en aumentar la adquisición de armamentos, mejorar las infraestructuras y el adiestramiento de los militares. En el caso de España, ese militarismo tiene un añadido: la pervivencia en el interior de la estructura militar de la ideología antidemocrática de la dictadura franquista, que impregnó toda la estructura militar durante los cuarenta años de dictadura donde los militares gozaron de múltiples privilegios que aún persisten, y que a menudo reaparece en declaraciones públicas de algunos de sus miembros.</p>
<p>Tal militarismo se puede constatar en el Estado español en el presupuesto del Ministerio de Defensa, con la adquisición de los grandes Programas Especiales de Armamentos (PEA). Los PEA tienen su aspecto más controvertido en lo referente a la necesidad de algunas de esas armas que no se justifican de acuerdo con las inseguridades que señala la Estrategia de Seguridad Nacional (ESN).</p>
<p>Los PEA se iniciaron en 1996, año en el que el gasto militar del Estado español fue de 12.551,7 millones de euros corrientes y que en 2022 será de 22.796 millones.<sup>7,</sup> <sup>8</sup> Estas cifras muestran un colosal incremento que en buena parte se debe a los enormes costes de los PEA mencionados. Igualmente, otro coste importante fue la profesionalización de las Fuerzas Armadas españolas a partir del año 2001, hecho que también abrió el paso a una mayor militarización, pues un ejército profesional es más corporativo e impulsará más enérgicamente que los valores castrenses se impongan con mayor fuerza en la sociedad.</p>
<p>Pero volviendo a los PEA, desde su inició en 1996 hasta diciembre de 2021 alcanzan 33 grandes programas con el colosal coste de 51.664 millones de euros. Unos programas que están destinados a dotar al ejército de potentes armas de última generación para enfrentarse a desafíos en lejanos escenarios, como así indica la Directiva de Defensa del Ministerio de Defensa de acuerdo con los compromisos que el Estado español contrae con organizaciones internacionales como la OTAN, la UE o compromisos bilaterales con otros países.<sup>9</sup> Los PEA no obedecen a las necesidades de la seguridad de la población, pues de acuerdo con lo que indica la ESN, España no tiene amenazas que los justifiquen y, entonces, solo satisfacen los intereses del complejo industrial militar español, que no son otros que los de los accionistas y ejecutivos de las industrias militares; los altos mandos militares, algunos de los cuales acaban entrando como ejecutivos en las empresas militares, o políticos ligados al Ministerio de Defensa que también se integran en las empresas militares.<sup>10</sup></p>
<p>De acuerdo con esas premisas, algunos de esos programas no deberían haberse llevado a cabo y otros deberían haberse reducido en número de manera considerable. Por ejemplo, los blindados de combate Leopardo, Pizarro, Centauro o los actuales Dragón tienen poca operatividad, pues no existe la percepción de que España se vea amenazada por una invasión exterior. Los blindados Leopardo, debido a su peso, no pueden ser transportados en otra de las estrellas de los programas PEA, los aviones A400M, adquiridos para transportar material y tropa a largas distancias, porque solo admiten un peso de 44 toneladas. Algo similar ocurre con otras armas, como los helicópteros Tigre y NH-90, el Obús de 155 mm, el avión de combate EF-2000 y el submarino S-80. Armas para ser desplazadas a largas distancias y que no aportan nada a la seguridad de la población española, pues su seguridad está relacionada con otras amenazas de ámbito social: falta de empleo, de vivienda y diversas coberturas sociales.</p>
<p>Pero la militarización del presupuesto no solo se produce por los PEA; otro elemento a considerar son las propias fuerzas armadas, y no por el elevado número de militares que tiene el Estado español, 120.000, pues un ejército de reducido número lo podría ser igualmente. La militarización del ejército proviene de la Directiva de Defensa Nacional donde se enumeran cuáles son las amenazas a las que se debe hacer frente, a saber: preservar el medio ambiente frente al cambio climático, prevenir pandemias, desastres naturales, crisis humanitarias, ataques cibernéticos, migraciones masivas, crimen organizado, vulnerabilidad energética, inseguridad económica, terrorismo, proliferación de armas nucleares y hacer frente a posibles conflictos armados. A excepción del último, los conflictos armados, ante el resto de amenazas las fuerzas armadas nada pueden hacer para evitarlas. Aunque haya quien piense que sí frente al terrorismo, pero ya se ha demostrado que las fuerzas armadas nada pudieron hacer ante los ataques perpetrados en diversos lugares del mundo, ni en el 11S en 2001 ni tampoco en Atocha, Madrid, en 2011 ni en Barcelona en agosto de 2017.</p>
<p>Entonces, el papel que juega el ejército en España, donde la posibilidad de una guerra entre Estados colindantes ha desaparecido y donde el ejército, desde el punto de vista de la seguridad, tiene una escasa o nula función, fuera de llevar a cabo acciones de emergencia frente a catástrofes naturales (tormentas, incendios, pandemias) –que no son su función, pues deberían estar a cargo de servicios civiles y no de un cuerpo militar–, el principal papel que desarrollan es dar apoyo fuera de las fronteras españolas a los compromisos adquiridos con la OTAN, la UE o la ONU, donde a lo sumo se despliegan no más de 3.000 militares y normalmente siempre equipados con un armamento de escaso potencial en supuestas misiones de paz. Entonces, ¿por qué no abordar en España una profunda revisión del ejército que rebaje su número y sus capacidades armamentísticas para ponerlas en sintonía con la realidad no solo geopolítica sino también con las necesidades de las poblaciones del entorno mediterráneo y europeo? Ello liberaría enormes recursos de capital que podrían destinarse a una economía más productiva y a necesidades más perentorias para las personas. Solo hay una respuesta: por la existencia del militarismo, tanto en el interior de la cúpula de los grandes partidos españoles, como en el interior de las fuerzas armadas. Las razones: los políticos, por una inercia que proviene de un pasado en el qué no se concibe un Estado-nación sin ejército; el de la cúpula militar, para mantener sus privilegios corporativos. Estos intereses combinados contaminan a la sociedad para que se mantenga un ejército sobredimensionado en número y capacidades militares, cuando la auténtica seguridad que precisa la población española está relacionada con aquellos otros aspectos que son vitales para la vida de las personas: el empleo, la vivienda, la salud, preservar el medio ambiente y las coberturas sociales.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4><strong>¿Gasto militar o desarrollo humano? </strong></h4>
<p>Reinvertir el gasto militar en desarrollo humano es una antigua aspiración expresada en el segundo Informe de Desarrollo Humano (PNUD) de 1992, donde se señalaba que tras finalizar la Guerra Fría se estaba produciendo un descenso del gasto militar mundial y que si una parte, un 3% del total anual, se destinara a ayuda al desarrollo –entonces representaban 50.000 millones de dólares anuales– a la vuelta de diez años, se podrían eliminar las enormes desigualdades existentes en el mundo, y, en especial, acabar con la pobreza que entonces afectaba a unos 1.000 millones de personas. Esta propuesta recibió el nombre de <em>dividendos de paz</em>. Es decir, que la voluntad expresada en el PNUD de 1992, hoy, con el gasto militar mundial actual y aplicando una igual disminución de un 3% anual y destinándola a desarrollo humano de los países empobrecidos se podrían liberar 60.000 millones de dólares para destinarlos a eliminar las desigualdades más perentorias de los países empobrecidos. En especial, se podría acabar con el hambre, que en 2021 afecta a unos 811 millones de personas, y desarrollar la educación y una sanidad suficientes para que sus economías mejoraran.</p>
<p>Otra cuestión. La crisis financiera iniciada en 2008 permitió la disminución de los gastos en defensa en la mayoría de los países del mundo occidental. Por ejemplo, EEUU disminuyó en dólares corrientes su presupuesto en defensa de 752.288 millones en 2011 a 633.830 en 2015. Y España también lo redujo, pasando de 19.418 millones en euros corrientes en 2008, a 16.861 millones en 2016.<sup>11</sup> Si eso fue posible debido a la crisis financiera, ahora con la crisis económica producida por la pandemia de la COVID-19 y con el desafío de hacer realidad los acuerdos ODS (Objetivos de Desarrollo Sostenible) para 2030, aprobados por toda la comunidad internacional, que para alcanzarlos tan solo se debería persistir en el camino de disminuir el gasto militar, en especial el de las grandes potencias y el de sus países aliados para convertir los dividendos por la paz en una realidad. Unos dividendos de paz que se conseguirían mediante la reducción en adquirir armamentos y del número de efectivos militares. Desde luego no se trata de dejar sin empleo a los militares obligados a dejar el ejército o a los trabajadores de las industrias militares; existen múltiples ejemplos de conversión del sector militar industrial al sector civil, como también de reintegrar en el cuerpo estatal de funcionarios a los militares. Esto, además, contribuiría a reducir carreras de armamentos entre países e impedir posibles nuevos conflictos armados. Entonces saldríamos ganando en medio ambiente, habría mayor empleo y más recursos para desarrollo humano. Esa posibilidad existe, y, como siempre, tan solo es cuestión de voluntad política por parte de los gobiernos.</p>
<p><strong>Pere Ortega</strong> es miembro y co-fundador del Centre Delàs d’Estudis per la Pau</p>
<p><sup>1</sup> Tal como la denominaba el economista Arcadi Oliveres que es quién apadrinó esta denominación. Arcadi Oliveres y Pere Ortega, <em>El ciclo armamentista español</em>, Icaria, Barcelona, 2000.</p>
<p><sup>2</sup> <i><a href="https://www.sipri.org/sites/default/files/2021-04/fs_2104_milex_0.pdf" target="_blank" rel="noopener"> Trends in World Military Expenditure 2020</a>, </i>International Peace Research Institute.</p>
<p><sup>3</sup> Heidi W. Garret-Pettier, <a href="https://watson.brown.edu/costsofwar/files/cow/imce/papers/2017/Job%20Opportunity%20Cost%20of%20War%20-%20HGP%20-%20FINAL.pdf" target="_blank" rel="noopener"><em>Job Opportunity Cost of War</em></a>, Papers, Watson Institute, Brown University, 2017; <u>Wassily</u> Leontief y Faye Duchin, <em>Military Spending: Facts and Figures, Worldwide Implications and Future Outlook</em>, Oxford University Press, Nueva York, 1983; Wassily Leontief,  <em>Disarmament, Foreign Aid and Economic Growth, Peace Economics, Peace Science and Public Policy</em>, vol.5 (3), 2005; Seymour Melman, <em>El capitalismo del Pentágono</em>, Siglo XXI, Madrid, 1976.</p>
<p><sup>4</sup> Neta C. Crawford, <a href="https://watson.brown.edu/costsofwar/files/cow/imce/papers/Pentagon%20Fuel%20Use%2C%20Climate%20Change%20and%20the%20Costs%20of%20War%20Revised%20November%202019%20Crawford.pdf" target="_blank" rel="noopener"><em>Pentagon Fuel Use, Climate Change, and the Costs of War</em></a>, Papers, Watson Institute, Brown University, 2019.</p>
<p><sup>5</sup> Stuart Parkinson y Linsey Cottrell, <em><a href="https://www.sgr.org.uk/publications/under-radar-carbon-footprint-europe-s-military-sectors" target="_blank" rel="noopener">Under the Radar. The Carbon Footprint of Europe’s Military Sectors</a>, </em>European United Left/SGR/ the Conflict and Environment Observatory<em>, </em>2021.</p>
<p><sup>6</sup>  Pere Brunet, Chloé Meulewaeter y Pere Ortega, <em><a href="https://centredelas.org/wp-content/uploads/2021/11/informe49_CrisisClimaticaFuerzasArmadasYPazMedioambiental_CAST.pdf" target="_blank" rel="noopener">Crisis climática, fuerzas armadas y paz medioambienta</a>l</em>, Informe 49, Centre Delàs d’Estudis per la Pau, Barcelona, 2021.</p>
<p><sup>7</sup> El gasto militar aquí señalado incluye el presupuesto del Ministerio de Defensa más todos aquellos otros créditos presupuestarios repartidos por otros ministerios que son de carácter militar. Para mayor información, consultar Pere Ortega, <em>Economía de guerra</em>, Icaria, Barcelona, 2018.</p>
<p><sup>8</sup> Pere Ortega, Xavier Bohigas y Quique Sánchez, <a href="http://centredelas.org/wp-content/uploads/2021/12/informe50_GastoMilitarReal2022_CAST_DEF.pdf" target="_blank" rel="noopener"><em>El gasto militar real del Estado español para 2022</em></a>, Informe 50, Centre Delàs d’Estudis per la Pau, 2021.</p>
<p><sup>9</sup> No se menciona a las Naciones Unidas porque, en general, las intervenciones de los cascos azules no requieren de ese tipo de armamentos, pues sus misiones están más encaminadas a la mediación e interposición sin necesidad de armas ofensivas.</p>
<p><sup>10</sup> Los casos más escandalosos son los de los exministros Eduardo Serra en la empresa de capital israelí <em>Everis</em>, afincada en España, y Pedro Morenés, después de haber estado en muchas otras industrias militares ahora lo está en <em>Amper</em>. Para más información, véase Pere Ortega, <em>El lobby de la industria militar espoañola,</em> Icaria, Barcelona, 2015.</p>
<p><sup>11</sup> <a href="http://database.centredelas.org/la-despesa-militar-despanya/" target="_blank" rel="noopener">Base de datos de Centre Delàs</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
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		<title>Entrevista a Nick Buxton</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 05 Jun 2022 11:31:28 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Entrevistas]]></category>
		<category><![CDATA[Cambio climático]]></category>
		<category><![CDATA[Crisis Climática]]></category>
		<category><![CDATA[Gasto militar]]></category>
		<category><![CDATA[Militarismo]]></category>
		<category><![CDATA[Securitización]]></category>
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					<description><![CDATA[Entrevista sobre los efectos de la militarización de la respuestas al cambio climático y de las perspectivas que este enfoque abre para otras cuestiones contemporáneas.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><img decoding="async" class="alignright wp-image-144080 size-thumbnail" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/04/157-1-300x426.png" alt="" width="300" height="426" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/04/157-1-300x426.png 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/04/157-1-450x640.png 450w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/04/157-1-1200x1706.png 1200w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/04/157-1-768x1092.png 768w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/04/157-1-1081x1536.png 1081w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/04/157-1-1441x2048.png 1441w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/04/157-1-600x853.png 600w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/04/157-1-64x91.png 64w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/04/157-1.png 1996w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" />Nuria del Viso, del equipo de FUHEM Ecosocial, entrevista a <strong>Nick Buxton</strong> en el <a href="https://www.fuhem.es/2022/05/04/papeles-157-militarismo/" target="_blank" rel="noopener">número 157</a> de la revista <a href="https://www.fuhem.es/revista-papeles/" target="_blank" rel="noopener"><em>Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global</em></a>, dedicado al <strong>Militarismo</strong>, sobre los efectos de la militarización de la respuestas al cambio climático y de las perspectivas que este enfoque abre para otras cuestiones contemporáneas.</p>
<blockquote><p><strong> </strong><strong>«La militarización del cambio climático va más de afianzar el poder militar que de detener la desestabilización del clima»</strong></p></blockquote>
<p>La militarización como ideología alcanza sutil o abiertamente buena parte de las grandes cuestiones políticas que se nos plantean, así como recónditos rincones de la vida social. Una de las cuestiones sociopolíticas recientes que se ha visto más tratada en términos de seguridad y más militarizada es la del cambio climático, cuestión que cruza la realidad contemporánea y cuyas respuestas se van tiñendo crecientemente de verde camuflaje. Nick Buxton, asesor de comunicaciones y redactor y coordinador de las comunidades de aprendizaje digital del <a href="https://www.tni.org/es" target="_blank" rel="noopener">Transnational Institute (TNI)</a></p>
<p><strong>Nuria del Viso (NdV): Después de <a href="https://www.tni.org/en/publication/the-secure-and-the-dispossessed" target="_blank" rel="noopener"><em>The Secure and the Dispossesed</em></a>, que publicaste en 2016 junto a Ben Hayes (traducido por FUHEM y otras organizaciones bajo el título <a href="https://www.fuhem.es/cambioclimaticosa/" target="_blank" rel="noopener"><em>Cambio climático S.A.</em></a> en 2017), poco antes de la COP26 has publicado el informe <a href="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/11/Aproximacion-a-la-seguridad-climatica-TNI-FUHEM-web.pdf" target="_blank" rel="noopener"><em>Aproximación a la seguridad climática. Los peligros de la militarización de la crisis del clima </em></a>(TNI/FUHEM, 2021)<a href="#_ftn2" name="_ftnref2"><sup>1</sup></a> ¿Qué pretendes con esta publicación? ¿Qué cambios has observado en esta problemática desde la publicación del libro hace cinco años?</strong></p>
<p><strong>Nick Buxton (NB): </strong>En los últimos cinco años, las tendencias que identificamos en el libro en cuanto a promover soluciones militares y de seguridad para la crisis climática tristemente se han afianzado. En 2021, la OTAN hizo de los preparativos militares para el cambio climático una de sus prioridades clave,<a href="#_ftn2" name="_ftnref2"><sup>2</sup></a> el presidente Biden está integrando las perspectivas militares sobre el cambio climático en todas las áreas del Gobierno, y la UE está en camino de una militarización a gran escala, especialmente a raíz de la guerra de Ucrania. A primera vista, el hecho de que los militares se tomen en serio el cambio climático suena como algo positivo, pero cuando se analizan sus estrategias en profundidad queda claro que se trata principalmente de reforzar el poder militar en lugar de detener la desestabilización del clima.</p>
<p>El gasto en el ejército y otras fuerzas coercitivas por parte de los países más ricos ha aumentado drásticamente en la última década, incluso cuando los países más ricos no están cumpliendo con su promesa de financiación para el clima a los países en desarrollo que ayudaría a los países a hacer frente al cambio climático. Un informe reciente del TNI, <em>Muro Climático Global</em>,<a href="#_ftn3" name="_ftnref3"><sup>3</sup></a> mostraba que los países más ricos gastan más del doble en fronteras y aplicación de la ley de inmigración que en proporcionar financiación para el clima. En algunos casos es peor: Estados Unidos gasta 11 veces más.</p>
<p>Este desvío de recursos hacia la <em>securitización</em> de la crisis climática no contribuye a abordar sus causas profundas ni a evitar que empeoren. Más bien, acaba convirtiendo a sus víctimas en «amenazas» a las que hay que hacer frente militarmente. Es una forma irracional y profundamente inhumana de responder a la crisis climática.</p>
<p>En el lado positivo, en estos cinco años ha ido creciendo la conciencia de los peligros de militarizar la crisis climática. En las conversaciones de la ONU sobre el clima celebradas en Glasgow, la COP26, una importante coalición de organizaciones pacifistas y ecologistas se unió para oponerse a la militarización y exigir la reducción de las emisiones militares. El movimiento mundial para exigir justicia como principal respuesta al cambio climático sigue creciendo en número e impacto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>NdV: El enmarque del cambio climático desde la seguridad militar enfatiza la supuesta inestabilidad que traerá el cambio climático en forma de conflictos y violencia, a pesar de que ese supuesto no se ha demostrado en las investigaciones académicas, y desde círculos militares y gubernamentales se alimenta una narrativa del miedo. </strong></p>
<p><strong>¿Cómo benefician estas narrativas los intereses de los Estados y los ejércitos respecto al cambio climático y el control de las poblaciones?</strong></p>
<p><strong> ¿Es este un ejemplo de cómo se introduce el militarismo en nuestros imaginarios?</strong></p>
<p><strong>NB</strong>: Creo que la creencia de que el cambio climático conducirá necesariamente a conflictos se ha vuelto hegemónica. Es una narrativa claramente promovida por los planificadores militares y la industria armamentística que, por la naturaleza de su poder político y económico, la han hecho parecer de «sentido común».  La estrategia de la OTAN en 2021, por ejemplo, dice que el cambio climático «exacerbará la fragilidad de los Estados, alimentará los conflictos y provocará desplazamientos, migraciones y movilidad humana, creando condiciones que pueden ser explotadas por actores estatales y no estatales que amenacen o desafíen a la Alianza». Sin embargo, como señalas, cuando se busca qué pruebas hay sobre este punto se encuentra que hay muy pocas. El reciente <a href="https://www.ipcc.ch/report/sixth-assessment-report-working-group-ii/" target="_blank" rel="noopener">informe del Grupo de trabajo II del IPCC</a>,<a href="#_ftn4" name="_ftnref4"><sup>4</sup></a> por ejemplo, que representa el mejor consenso actual de la comunidad científica, dice que «en comparación con otros factores socioeconómicos, la influencia del clima en los conflictos se considera relativamente débil (confianza alta)». Esto no quiere decir que el clima no sea un factor, sino que lo que en última instancia importa son las estructuras de la sociedad y el gobierno y cómo responden a los impactos climáticos. Además, el IPCC continúa diciendo que los verdaderos motores de los conflictos son «los patrones de desarrollo socioeconómico que se entrecruzan, el uso insostenible de los océanos y de la tierra, la inequidad, la marginación, los patrones históricos y actuales de desigualdad, como el colonialismo, y la gobernanza (confianza alta)». Por supuesto, estos patrones son inherentes a nuestra injusta economía global actual, en la cual los poderosos tienen poco interés en hacer cambios fundamentales que afecten a sus intereses, por lo que quizás no sea una sorpresa que los gobiernos de los países más ricos prefieran centrar su atención en escenificar respuestas en lugar de abordar las causas subyacentes de la crisis climática.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>NdV: La noción de escasez, que se vincula a los efectos de la desestabilización del clima, se presenta también como un hecho dado. Es cierto que existen límites biofísicos, pero el concepto de escasez tiene también mucho de construcción social y se relaciona estrechamente con las carencias de distribución (o la concentración de riqueza). Mientras se insiste en la escasez, en paralelo crece la privatización y la <em>securitización</em> del acceso a bienes naturales básicos, como el agua, los alimentos y la energía, y se despliega una geopolítica de los recursos naturales. </strong></p>
<p><strong>¿En qué medida se pueden establecer nexos entre la insistencia en la escasez y la privatización de bienes naturales básicos? </strong></p>
<p><strong>¿Cómo interactúa el cambio climático y la sed de acaparamiento de recursos?</strong></p>
<p><strong>NB</strong>: Los conceptos de escasez y seguridad están estrechamente relacionados. Todas las narrativas de seguridad se basan en las ideas de escasez, incluidas las ideas sobre el conflicto que he mencionado antes. La narrativa es que el cambio climático provocará escasez, lo que a su vez provocará un conflicto que requiere una respuesta de seguridad. Apoya y consolida el papel de la industria militar y de seguridad.</p>
<p>El enfoque en la escasez también tiende a fortalecer una propuesta de ganar-perder, en la que tenemos que competir y luchar por los mismos recursos escasos, en lugar de pensar en cómo garantizar el derecho de todos a las necesidades humanas básicas. Refuerza la posición de las empresas, que argumentan que la solución es aumentar la producción y los beneficios; en el caso de los alimentos, por ejemplo, intensificando la agricultura industrial e invirtiendo en soluciones tecnológicas como la «agricultura climáticamente inteligente». Una vez más, los supuestos eluden cuestiones estructurales más importantes, como quién se enfrenta a la escasez y quién no, qué sistemas exacerban esa escasez y qué alternativas podrían encontrarse. Sabemos, por ejemplo, que en el mundo hay comida de sobra para todos, pero la mala distribución hace que haya obesidad en algunos países y hambruna en otros, o a veces ambos fenómenos en el mismo país. También sabemos que hasta un tercio de los alimentos se desperdicia debido a las prácticas de la agricultura industrializada, los supermercados y las cadenas de suministro globalizadas.</p>
<p>En esta coyuntura, no deberíamos buscar soluciones en una agricultura industrial corporativizada que ha provocado la crisis climática (se calcula que los sistemas alimentarios industriales representan entre el 21% y el 37% de las emisiones) y ha alimentado la enorme desigualdad en el acceso a la tierra y a los alimentos. En su lugar, deberíamos construir soluciones basadas en la reforma agraria, la soberanía alimentaria y la colaboración internacional.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>NdV: Pese a las palabras de preocupación de los líderes mundiales, lo cierto es que los hechos muestran una realidad muy diferente de inacción climática o, peor, de acciones que agravan el cambio climático. Como señalas en el informe, se insiste en una receta estándar de más producción, más inversión privada, nuevas soluciones tecnológicas… ante un problema nuevo –el cambio climático– que en gran parte desconocemos cómo va a desplegarse, su velocidad, interacciones, bucles de realimentación… </strong></p>
<p><strong>¿Qué es lo que está fallando para actuar en la magnitud que demanda la situación? ¿Intereses corporativos demasiado poderosos? ¿Gobiernos temerosos de no ser reelegidos si toman medidas “impopulares”?</strong></p>
<p><strong>NB</strong>: Se trata de un enorme desafío para las fuerzas progresistas, ya que nos enfrentamos a dos ideas hegemónicas e interrelacionadas: en primer lugar, que el mercado es el mejor sistema para asignar los recursos y, en segundo lugar, que la seguridad es la mejor respuesta a las desigualdades causadas por la consiguiente asignación injusta de recursos. Sin embargo, los llamamientos al cambio sistémico son cada vez más fuertes, tanto por parte de la comunidad científica como de algunos líderes políticos y empresariales. En la COP26, el movimiento por el clima apoyó más sólidamente que antes tanto la justicia como el cambio sistémico, liderado por personas como Greta Thunberg y Vanessa Nakate, cuyas huelgas escolares llaman ahora a «desarraigar el sistema» que crea el cambio climático. Sin embargo, la conciencia y la preocupación pública aún no son suficientes para desafiar el poder económico y político tan arraigado de las corporaciones y los militares. Existe la teoría de un punto de inflexión que sugiere que una vez que las propuestas son apoyadas por alrededor del 25% de la población, pueden provocar cambios generalizados.<a href="#_ftn5" name="_ftnref5"><sup>5</sup></a> Curiosamente, señalan que las campañas que pueden estar cerca de este punto suelen sentir que han fracasado cuando en realidad están en la cúspide de un cambio importante que no pueden predecir, algo que creo que es definitivamente posible hoy en día. Pero también creo que es necesario que los movimientos sociales se centren más en la construcción de mecanismos de poder popular duraderos, ya sea renovando los movimientos sociales tradicionales como los sindicatos, en nuevas alianzas como en las ciudades progresistas, o en nuevos movimientos con objetivos claros y estructuras duraderas para que puedan mantener e impulsar el cambio político.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>NdV: Existe un debate en marcha en torno al concepto de seguridad. Mientras unos abogan por ampliar el concepto para que incluya una noción de seguridad humana, otros defienden salir del paradigma de la seguridad e invitan a manejar nuevos conceptos, como el de justicia climática (frente a seguridad climática)</strong></p>
<p><strong> ¿Dónde te sitúas en este debate?</strong></p>
<p><strong>NB</strong>: Tengo pensamientos mixtos y contradictorios al respecto. Por un lado, respeto y admiro a quienes impulsan la seguridad humana u otros conceptos como la seguridad ecológica,<a href="#_ftn6" name="_ftnref6"><sup>6</sup></a> basados en un conjunto de valores muy diferentes a las doctrinas militares y los marcos de seguridad nacional. Me solidarizo con su argumento de que las fuerzas progresistas no deberían ceder la palabra «seguridad» a los militares y deberían más bien preguntarse qué es lo que realmente proporciona seguridad: ¿la sanidad o las armas, por ejemplo?</p>
<p>Sin embargo, también creo que, dado el poder estructural del aparato militar y de seguridad nacional, dominarán tanto el debate como, sobre todo, el desarrollo de políticas y manipularán más fácilmente el término en su beneficio que aquellos que sugieren diferentes tipos de seguridad. Lo que veo es que el aparato de seguridad nacional utiliza la amplitud y la vaguedad del término «seguridad» en su beneficio para conseguir la aceptación pública de su trabajo de seguridad climática y para evitar el escrutinio de sus propuestas. Después de todo, ¿Quién puede oponerse a la seguridad? Así que, en general, me sitúo en el lado de la oposición al término, ya que se ha cooptado demasiado. Estoy más a favor de que los movimientos sociales utilicen otros términos, como «seguridad» en el sentido de <em>safety</em> o «justicia», siempre centrados en cómo las políticas impactan en los más afectados por el cambio climático.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>NdV: La COVID-19 está mostrando el tipo de respuestas nacionalistas y corporativas de los países ricos –junto a un discurso tecnoptismista y belicista frente al virus– desde el inicio de la pandemia, p.ej. al inicio con el acaparamiento de respiradores y actualmente con las vacunas. Este escenario hace augurar lo que podría ser la respuesta tipo a medida que se despliegue el cambio climático.</strong></p>
<p><strong> ¿Qué podemos hacer para revertir estas tendencias y encaminarnos hacia respuestas más solidarias y con conciencia, primero, de especie y después ecocéntrica?</strong></p>
<p><strong>NB</strong>: La COVID-19 demostró, por un lado, lo esenciales que son las respuestas públicas basadas en la seguridad y la solidaridad comunitarias para hacer frente a una crisis como una pandemia. Sin embargo, por otro lado, abrió la puerta a respuestas nacionalistas, a la especulación empresarial y a una normalización de las medidas de seguridad de emergencia que tendrá repercusiones en los próximos años. Un total de 170 países declararon el estado de emergencia a raíz de la pandemia,<a href="#_ftn7" name="_ftnref7"><sup>7</sup></a> lo que ha facilitado nuevas oleadas de represión policial y un aumento de la vigilancia, sin rendición de cuentas, incluso de los cuerpos y la salud de las personas. No es de extrañar que esto haya afectado sobre todo a las personas marginadas –vendedores ambulantes, refugiados, minorías raciales–, así como a los manifestantes.</p>
<p>Al igual que la COVID-19, el cambio climático es un fenómeno global que no respeta fronteras. No hay soluciones nacionalistas para estas crisis, como estamos descubriendo con el aumento de nuevas variantes en los países con menos población vacunada. Las soluciones justas y duraderas requieren colaboración, priorización del interés público y solidaridad global. La única manera de conseguirlo es mostrar cómo estas políticas benefician a todos, modelar las prácticas de solidaridad en las comunidades en las que vivimos, y empujar a las ciudades, regiones o estados a adoptarlas para construir la justicia climática y sanitaria desde abajo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>NdV: La invasión de Ucrania y las sanciones sobre el gas ruso están mostrando la vulnerabilidad energética de Europa, al tiempo que observamos un rearme de las potencias centrales. </strong></p>
<p><strong>¿Cuáles crees que pueden ser las consecuencias a medio y largo plazo de esta guerra para el binomio energía-clima?</strong></p>
<p><strong>NB</strong>: Me temo que va a tener un impacto tan importante a largo plazo como el que tuvo el 11-S. La guerra sugiere que estamos entrando en un nuevo mundo de conflictos interimperialistas cuyos impactos rebotarán globalmente. En cuanto a la energía, ojalá que conduzca a un impulso hacia las energías renovables, pero me temo que en su lugar impulsará una nueva ola de perforación de gas y petróleo para crear la llamada autosuficiencia. Sin embargo, lo que más me preocupa es que vaya a impulsar una nueva oleada de gasto militar, exactamente en el momento en que necesitamos invertir en la construcción de una nueva economía verde, y que nos lleve a una época de belicosidad cuando necesitamos encontrar enfoques de colaboración para responder al cambio climático. Pero, en última instancia, el significado de este momento vendrá determinado por el equilibrio de fuerzas políticas. Si nos movilizamos para demostrar que las economías de los combustibles fósiles han creado las condiciones para el conflicto y que necesitamos forjar una nueva economía de paz centrada en el medio ambiente, entonces podríamos convertir un momento terrible en algo esperanzador.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Nuria del Viso Pabón</strong> forma parte del consejo de redacción de esta revista y es miembro del Área Ecosocial de FUHEM.</p>
<p>Acceso al pdf de la entrevista: <a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/entrevista-a-nick-buxton/" target="_blank" rel="noopener"><em>Entrevista a Nick Buxton.</em></a></p>
<p><strong>NOTAS</strong></p>
<p><a href="#_ftnref2" name="_ftn2"><sup>1</sup></a> Nick Buxton, <em>Aproximación a la seguridad climática. Los peligros de la militarización de la crisis del clima, </em>TNI/FUHEM, 2021. Disponible en: <a href="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/11/Aproximacion-a-la-seguridad-climatica-TNI-FUHEM-web.pdf">https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/11/Aproximacion-a-la-seguridad-climatica-TNI-FUHEM-web.pdf</a></p>
<p><a href="#_ftnref2" name="_ftn2"><sup>2</sup></a> «NATO Climate Change and Security Action Plan», página web de la OTAN, 14 de junio de 2021. Disponible en: <a href="https://www.nato.int/cps/en/natohq/official_texts_185174.htm?selectedLocale=en" target="_blank" rel="noopener">https://www.nato.int/cps/en/natohq/official_texts_185174.htm?selectedLocale=en</a></p>
<p><a href="#_ftnref3" name="_ftn3"><sup>3</sup></a> Todd Miller, Nick Buxton y Mark Akkerman, <em>Muro contra el clima</em>, TNI, 25 de octubre de 2021. Disponible en: <a href="https://www.tni.org/es/publicacion/muro-contra-el-clima" target="_blank" rel="noopener">https://www.tni.org/es/publicacion/muro-contra-el-clima</a></p>
<p><a href="#_ftnref4" name="_ftn4"><sup>4</sup></a> Grupo de trabajo II del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC), <em>Climate Change 2022: </em><em>Impacts, Adaptation and Vulnerability</em>, 28 de febrero de 2022. Disponible en: <a href="https://www.ipcc.ch/report/sixth-assessment-report-working-group-ii/" target="_blank" rel="noopener">https://www.ipcc.ch/report/sixth-assessment-report-working-group-ii/</a></p>
<p><a href="#_ftnref5" name="_ftn5"><sup>5</sup></a> <a href="https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/?term=Centola+D&amp;cauthor_id=29880688" target="_blank" rel="noopener">Damon Centola</a>, <a href="https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/?term=Becker+J&amp;cauthor_id=29880688" target="_blank" rel="noopener">Joshua Becker</a>, <a href="https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/?term=Brackbill+D&amp;cauthor_id=29880688" target="_blank" rel="noopener">Devon Brackbill</a> y <a href="https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/?term=Baronchelli+A&amp;cauthor_id=29880688" target="_blank" rel="noopener">Andrea Baronchelli</a>, «Experimental evidence for tipping points in social convention», <em>Science</em>, 360 (6393), 8 de junio de 2018, pp. 1116-1119. Disponible en: <a href="https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/29880688/" target="_blank" rel="noopener">https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/29880688/</a></p>
<p><a href="#_ftnref6" name="_ftn6"><sup>6</sup></a> Matt McDonald, «Discourses of climate security», <em>Political Geography</em>, vol. 33, marzo de 2013, pp. 42-51. Disponible en: <a href="https://www.sciencedirect.com/science/article/abs/pii/S0962629813000188" target="_blank" rel="noopener">https://www.sciencedirect.com/science/article/abs/pii/S0962629813000188</a></p>
<p><a href="#_ftnref7" name="_ftn7"><sup>7</sup></a> Eda Seyhan, Rym Khadhraoui y Sacha Biton, <em>Covid State Watch</em>, web de Human Rights Defender Hub, s/f. Disponible en: <a href="https://www.hrdhub.org/covid-state-watch" target="_blank" rel="noopener">https://www.hrdhub.org/covid-state-watch</a></p>
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		<title>Crisis, modos de vida y militarismo. Una lectura a propósito de la guerra de Ucrania</title>
		<link>https://www.fuhem.es/2022/05/18/crisis-modos-de-vida-y-militarismo-una-lectura-a-proposito-de-la-guerra-de-ucrania/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 18 May 2022 12:51:01 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Dosieres Ecosociales]]></category>
		<category><![CDATA[Armas nucleares]]></category>
		<category><![CDATA[Guerra]]></category>
		<category><![CDATA[Medios de Comunicación]]></category>
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					<description><![CDATA[La guerra en Ucrania, al igual que la pandemia, está transformando nuestro mundo, nuestras sociedades y las relaciones internacionales.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><a href="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/05/Dosier-Ecosocial-Crisis-modos-de-vida-y-militsarismo-Una-lectura-a-proposito-de-la-guerra-de-Ucrania.pdf" target="_blank" rel="noopener"><img decoding="async" class="alignright size-medium wp-image-144444" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/05/DOSSIER_Ucrania-450x636.jpg" alt="" width="450" height="636" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/05/DOSSIER_Ucrania-450x636.jpg 450w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/05/DOSSIER_Ucrania-300x424.jpg 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/05/DOSSIER_Ucrania-768x1086.jpg 768w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/05/DOSSIER_Ucrania-600x849.jpg 600w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/05/DOSSIER_Ucrania-64x91.jpg 64w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/05/DOSSIER_Ucrania.jpg 905w" sizes="(max-width: 450px) 100vw, 450px" /></a><a href="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/06/Dosier-Ecosocial-Crisis-Modos-de-Vida-y-Militarismo-Una-Lectura-a-Proposito-de-la-Guerra-de-Ucracia.pdf" target="_blank" rel="noopener"><em>Crisis, modos de vida y militarismo. Una lectura a propósito de la guerra de Ucrania</em></a></p>
<p><strong>FUHEM Ecosocial</strong></p>
<p>Abril 2022</p>
<blockquote><p><strong>La guerra en Ucrania, al igual que la pandemia, está transformando el mundo en el que vivimos. ¿En qué sentido? Aún nadie lo sabe, pero la historia nos enseña que tras una profunda perturbación las sociedades y las relaciones internacionales cambian.</strong></p></blockquote>
<p>La guerra, el modo de vida imperante y el poder armamentístico y nuclear son ele­mentos imprescindibles que hay que observar con atención si queremos analizar el orden social que emerge de la sucesión de crisis —Gran Recesión, Covid-19 y ahora la agresión a Ucrania— que vamos encadenando desde los últimos tres lustros con la crisis ecosocial de fondo.</p>
<p>El presente documento que pertenece a la <a href="https://www.fuhem.es/dosieres-ecosociales/" target="_blank" rel="noopener">Colección de Dosieres Ecosociales</a> incluye un texto introductorio de contexto, elaborado por <strong>Santiago Álvarez Cantalapiedra</strong>, que aborda cuestiones relativas al proceso de reconfiguración del orden social e in­ternacional, al regreso a la geopolítica, a la economía de bloques y a las tendencias armamentísticas.</p>
<p>Entrevistamos a <strong>Ulrich Brand</strong> sobre la relación entre el “modo de vida imperial” y el nuevo escenario sociopolítico, ecológico y económico resultante de la guerra de Ucrania.</p>
<p>El especialista en desarme nuclear <strong>Jan Vande Putte</strong>, reflexiona a través de una entre­vista sobre el peligro nuclear en el contexto del conflicto de Ucrania.</p>
<p>Dialogamos con varias expertas: <strong>Ana Barrero</strong>, <strong>Ana Villellas</strong>, <strong>Carmen Magallón</strong> y <strong>Tica Font</strong>, exponentes de la Investigación para la Paz en España, sobre sus preocupacio­nes en torno a la lógica militarista que trata de imponerse en el contexto actual, sobre la percepción de la ciudadanía ante las narrativas belicistas difundidas por los medios de comunicación y la clase política, así como sobre los desafíos que tiene ante sí el movimiento pacifista.</p>
<p>El dosier se complementa con un texto de <strong>Karen Marón</strong> que muestra cómo se está abordando informativamente el conflicto. En el eje comunicacional del Atlántico Nor­te vivimos una guerra de (des)información sin precedentes. En Occidente, desde el inicio de la guerra, solo ha existido un único relato que, además de frivolizar sobre la guerra y la tragedia humana que provoca, se ha construido a partir de una mezcla de verdades selectivas, medias verdades y mentiras con la finalidad fundamental de con­vertirlo todo en un espectáculo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4>Índice</h4>
<p>Introducción</p>
<p>El mundo de ayer y la emergencia de un nuevo orden acelerado por la guerra, <strong>Santiago Álvarez Cantalapiedra</strong>.</p>
<p><a href="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/05/Entrevista-a-Ulrich-Brand-sobre-Modo-de-Vida-Imperial-MDiDonato.pdf" target="_blank" rel="noopener">Entrevista a Ulrich Brand. “Modo de Vida Imperial”: una lectura a la luz del conflicto de Ucrania</a>, <strong>Monica Di Donato</strong>.</p>
<p>Entrevista Jan Vande Putte. El peligro nuclear en el contexto del conflicto en Ucrania, <strong>Pedro L. Lomas</strong>.</p>
<p>Diálogo: Respuestas desde el movimiento pacifista. La guerra de Ucrania en el contexto del surgimiento de un nuevo orden, <strong>Susana Fernández Herrero</strong>.</p>
<p>Conflicto Rusia-Ucrania. La mentira como arma, la verdad como víctima, <strong>Karen Marón</strong>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Acceso al dosier completo en formato pdf: <a href="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/06/Dosier-Ecosocial-Crisis-Modos-de-Vida-y-Militarismo-Una-Lectura-a-Proposito-de-la-Guerra-de-Ucracia.pdf" target="_blank" rel="noopener"><em>Crisis, modos de vida y militarismo. Una lectura a propósito de la guerra de Ucrania.</em></a></p>
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		<title>Entrevista a Ulrich Brand. “Modo de Vida Imperial”: una lectura a la luz del conflicto de Ucrania</title>
		<link>https://www.fuhem.es/2022/05/17/entrevista-a-ulrich-brand-modo-de-vida-imperial-una-lectura-a-la-luz-del-conflicto-de-ucrania/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 17 May 2022 10:17:45 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Entrevistas]]></category>
		<category><![CDATA[Crisis Ecosocial]]></category>
		<category><![CDATA[Extractivismo]]></category>
		<category><![CDATA[Militarismo]]></category>
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		<category><![CDATA[Rusia]]></category>
		<category><![CDATA[Transición Energética]]></category>
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					<description><![CDATA[Relación entre el modo de vida imperial y el nuevo escenario sociopolítico, ecológico y económico resultante de la guerra en Ucrania.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><img decoding="async" class="alignright wp-image-144444 size-thumbnail" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/05/DOSSIER_Ucrania-300x424.jpg" alt="" width="300" height="424" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/05/DOSSIER_Ucrania-300x424.jpg 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/05/DOSSIER_Ucrania-450x636.jpg 450w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/05/DOSSIER_Ucrania-768x1086.jpg 768w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/05/DOSSIER_Ucrania-600x849.jpg 600w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/05/DOSSIER_Ucrania-64x91.jpg 64w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/05/DOSSIER_Ucrania.jpg 905w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" />La entrevista de Monica Di Donato a Ulrich Brand está publicada en <em><a href="https://www.fuhem.es/2022/05/18/crisis-modos-de-vida-y-militarismo-una-lectura-a-proposito-de-la-guerra-de-ucrania/" target="_blank" rel="noopener">Crisis, modos de vida y militarismo. Una lectura a propósito de la guerra de Ucrania</a></em>, perteneciente a la Colección de <a href="https://www.fuhem.es/dosieres-ecosociales/" target="_blank" rel="noopener">Dosieres Ecosociales.</a></p>
<blockquote><p><strong>En  esta entrevista Brand reflexiona alrededor de la relación entre el modo de vida imperial y el nuevo escenario sociopolítico, ecológico y económico resultante de la guerra en Ucrania.</strong></p></blockquote>
<p><strong><em>Ulrich Brand </em></strong><em>e</em><em>s </em><em>profeso</em><em>r de Política Internacional en la Universidad de Viena (Austria). Desde septiembre de 2021, trabaja  en el Instituto de Análisis Social de la Fundación Rosa Luxemburgo (Berlín, Alemania) sobre las perspectivas de las transformaciones socioecológicas emancipadoras. Es autor, junto con Markus Wissen, del libro  </em>Modo de vida  imperial: vida  cotidiana y crisis ecológica del  capitalismo, <em>Bueno</em><em>s Aires/Madrid, Tinta Limón, 2021. En marzo de 2018, publicó el libro </em>Salidas del laberinto capitalista: Decrecimiento y postextractivismo<em>,</em> <em>Barcelona/Quito</em><em>, Icaria, escrito con el economista y político ecuatoriano  Alberto Acosta, en el que se abordan los debates sobre el poscrecimiento en Europa y el posextractivismo / buen vivir en América Latina.</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Monica Di Donato (MDD</strong>): <strong>En tus textos afirmas  que  existe  un <em>modo de vida imperial</em> hegemónico que tiene como trasfondo una profunda crisis social y ecológica. ¿Cuáles son las dimensiones que caracterizan ese marco, y qué relación guardan con la esfera política, cultural, económico financiera, geoestratégica, etc. de las sociedades capitalistas?  ¿Cuáles son  las consecuencias que  acarrea?</strong></p>
<p><strong>Ulrich  Brand (UB)</strong>: El argumento que  comparto con  mi amigo  y co-autor <strong>Markus Wissen</strong> es que  el modo de vida imperial es posible gracias al acceso del Norte global a los recursos y a la mano de obra barata de otros lugares —tanto en el Sur global como en el Norte global.  Sobre todo,  tiene  que ver con estrategias de acumulación capitalista, de relaciones de poder.</p>
<p>Ampliamos la perspectiva. Pensemos en la producción y consumo de coches, teléfonos móviles, algunos alimentos, vestido, materias primas o recursos energéticos. Para algunos, todo lo anterior crea una capacidad de acción y una prosperidad material (unido a la posibilidad de disponer de una infraestructura pública que funcione, y de unos servicios de interés general); para otros, sin embargo, significa una destrucción progresiva de sus medios de vida y la consolidación de relaciones de dependencia. A pesar de esta asimetría, este modo de vida imperial es hegemónico, es decir, está ampliamente aceptado y reproducido en las prácticas de producción y consumo, asegurado por políticas estatales; y lo está, aún más, como deseo, aspiración y promesa de vivir esa forma (ayudado de eslóganes habituales, tales como “desarrollo”, “progreso” o “crecimiento”).</p>
<p>El modo de vida imperial se ha profundizado en el Norte a través del proceso de globalización de los últimos 30 años, especialmente con la reestructuración de la división internacional del trabajo y la digitalización, con su alto consumo de recursos. Subjetivamente, muchos viven esto como una forma de prosperidad. El modo de vida imperial no significa que todos los habitantes vivan igual. Los estudios demuestran que el tamaño de la huella ecológica de cada uno depende poco de la conciencia ecológica y mucho de los ingresos.</p>
<p>Este modo de vida, que siempre es también un modo de producción, está alcanzando claramente los límites ecológicos globales. En el pasado, siempre hubo regiones que colapsaron ecológicamente, pero hoy el peligro tiene una dimensión global. En cierto sentido, el modo de vida imperial se está “ganando su propia muerte”. Y en tiempos de crisis se produce una  paradoja que tiene implicaciones políticas:  especialmente en el Norte, este modo de vida tiene un efecto estabilizador, porque los alimentos y otras mercancías relativamente baratas siguen llegando a las metrópolis a través del mercado mundial, pero, al mismo  tiempo, las crisis políticas, sociales, económicas y ecológicas se intensifican en otros lugares, ocasionando graves  conflictos socioecológicos y huida de la población.</p>
<p>Si nos  acercamos a la dimensión geopolítica, el concepto del modo de vida imperial ayuda a entender las crecientes  “tensiones eco-imperiales”, porque  las grandes potencias políticas y las empresas trasnacionales tienen que asegurarse el acceso a unos recursos naturales y a unas tierras que son cada vez más escasas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>MDD:</strong> <strong>En las últimas  semanas, al escenario de crisis socioecológica se ha sumado el conflicto bélico en Ucrania. En el marco de análisis desde el que te mueves, ¿Qué  lectura haces de esta reconfiguración del orden geopolítico y de poder a nivel mundial? ¿Qué papel asignas a cada actor implicado directa o indirectamente (es decir, no solo a Rusia o Ucrania, sino también a EEUU, China y la UE)?</strong></p>
<p><strong>UB:</strong> Hay varias dimensiones en este conflicto. Para mí es y será algo parecido al 11 de septiembre, es decir, un punto y aparte que va a reorientar las políticas dominantes, y que supone un desafío enorme para las fuerzas emancipatorias y el pensamiento crítico.</p>
<p>Con respecto a tu pregunta quiero precisar que, por un lado, no hay que olvidar que el capitalismo ruso se desarrolló, en las últimas décadas, como parte de ese orden mundial capitalista neoliberal, y Rusia era una parte crucial, con sus recursos fósiles y agrarios. Sabemos, además, que los años noventa fueron cruciales, ya que los actores neoliberales globales, como el FMI y parte de las élites postsoviéticas, promovieron, con la ayuda del gobierno de Yeltsin, la neoliberalización y oligarquización de Rusia – los economistas neoliberales como Jeffrey Sachs  argumentaban, en ese sentido, a favor de una inevitable “terapia de shock”. Pero, por supuesto, que había alternativas como, por ejemplo, un papel más activo del Estado en la economía, el mantenimiento del Estado de bienestar, etc.  Es innegable que fue una victoria contundente de las estrategias neoliberales-oligárquicas. Por otro lado, existía una perspectiva geopolítica occidental, sobre todo de EEUU y de la OTAN, que no aceptaba los intereses políticos de seguridad de Rusia, por ejemplo, en lo que se refiere a las estrategias de la ampliación de la OTAN.</p>
<p>Si consideramos las relaciones internas de la sociedad rusa, se puede argumentar que sociedades con una economía extractivista, tienden a ser autoritarias porque el control de la renta de la venta de los recursos fósiles privilegia la centralización del control y del poder —de alguna manera, están gobernadas por oligarcas con buenos contactos en el mundo de la política, y no por una burguesía que quiere cierta independencia del Estado. Eso también facilitó el auge del régimen de Putin.</p>
<p>Otro aspecto de la reconfiguración es que, a pesar de la dinámica de los últimos años, especialmente el auge económico y político de China, existe un consenso entre las élites globales para mantener y expandir el modo de vida imperial a una parte creciente de la población. Pero eso ocurre de una manera muy desigual, porque el modo de vida imperial es muy clasista, patriarcal y racista. Creo que, por ejemplo, una perspectiva de clase es necesaria para preguntarse acerca de qué intereses comunes tienen las fracciones dominantes en diferentes regiones. Por ejemplo, hay fracciones importantes que están a favor de la militarización del mundo, otras que quieren mantener la dependencia de la energía fósil, otras que  viven bien de la globalización neo- liberal, del libre movimiento del capital, de los paraísos fiscales, etc. Claro, en tiempos de guerra pensamos en términos de países, regiones, gobiernos, pero creo que esta otra mirada sigue siendo también importante.</p>
<p>Si pensamos en regiones y sus gobiernos, es decir, las élites políticas estrechamente vinculadas con las élites económicas, y la propuesta de mirar hacia el mundo bajo la óptica del modo de vida imperial, creo que un aspecto principal para entender el régimen de Putin es su carácter abiertamente imperial y bélico, pero también su deseo de mantener la dependencia de otras regiones que precisan de sus recursos naturales. Como vemos, ese  último punto es muy ambiguo.</p>
<p>Creo que China puede ser indirectamente uno de los ganadores de este conflicto porque mantiene relaciones económicas con Rusia, y se presenta como un actor de la paz. Pero no conozco de manera suficiente las discusiones y estrategias del gobierno chino. Sin embargo, lo que considero interesante es que por primera vez hace muchos siglos China es, indirectamente, un actor  importante en un conflicto europeo.</p>
<p>EEUU se muestra, junto con la OTAN, como la gran potencia mundial que puede frenar un régimen como el de Putin y así superar el trauma de su fracaso total de los últimos años en Irak y Afganistán. Pero lo que vamos a ver, sobre todo, es que la industria militar en EEUU va a beneficiarse muchísimo del gasto armamentístico de países como Alemania. En general, no creo que  EEUU sea una potencia en declive, pero sin duda está redefiniendo su papel como potencia militar global, como actor político que organiza las relaciones entre países, como poder en la economía digital global y como referente para las fuerzas liberales con su modelo de democracia.</p>
<p>Actualmente, EEUU, su gobierno, así como sus intelectuales orgánicos contribuyen a una fuerte renacionalizacion de la ideal de Occidente, de un Occidente que tiene que ser agresivo. En este contexto creo que la UE será uno de los actores que más pierda en este conflicto, pues probablemente será quien más contribuya a la militarización del mundo. Y claro, los esfuerzos y recursos sociales que se requieren para tratar con las consecuencias de la guerra son enormes: los refugiados, los impactos económicos, la inseguridad en el suministro de la energía, etc. No tengo una idea positiva de “Europa” o de la UE, pero sí considero que existe un potencial de perspectivas políticas y económicas posnacionales que abren espacios para el pensamiento crítico y las estrategias emancipadoras. Y existe una base de derecho internacional, basada en el respeto a las leyes y no al del dominio del más fuerte.</p>
<p>Finalmente, y lamentablemente, el gran perdedor, en términos humanos, de este conflicto es Ucrania.  Y no olvidemos los impactos sobre otras regiones—y sobre gente más vulnerable—, que  van a sufrir del auge de los precios de los alimentos y la energía, hasta de la escasez de ciertos productos agrarios.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>MDD:</strong> <strong>¿Consideras que se está fragmentando la economía global en diferentes bloques o se trata “simplemente” de una disputa por la hegemonía entre potencias ascendentes (China, por ejemplo) y potencias en declive (EEUU o la UE)?</strong></p>
<p><strong>UB:</strong> Buena pregunta. Hasta hace poco tiempo yo pensaba que se trataba de una disputa por la hegemonía, sobre todo entre EEUU y China. La UE juega un papel importante aquí, pero no decisivo, al ser más bien un aliado de EEUU, también en lo que a asuntos militares se refiere. Pero la pandemia, y aún más esta guerra, pueden implicar una mayor fragmentación entre bloques económicos. En la UE se habla hoy día de “autonomía estratégica”, en el sentido de lograr más independencia en los ámbitos económicos, tecnológicos, en la organización del acceso a los recursos naturales, en relación con la infraestructura, etc. Putin habla de una “autarquía económica”, es decir, del intento de una reorientación de la economía rusa que, sin embargo, creo que va a desembocar en una dependencia más fuerte con respecto a China.</p>
<p>Actualmente, Rusia no es capaz de producir muchos productos de alta tecnología (incluso repuestos para las armas),  a la vez que está experimentando un flujo importante de emigración de  personas formadas. Eso abre claramente un espacio para China (que, a su vez, es  dependiente de alta tecnología de EEUU, si pensamos, por ejemplo, en microchips). Eso no significaría disociación absoluta, pero sí mucha menos confianza en una economía globalizada que produce todo de manera más barata o, en términos económicos, allí donde la ventaja comparativa es mayor, gracias a las infraestructuras de transporte, las condiciones legales o el libre comercio. Podríamos llamarla una “desglobalización desde arriba”, de los poderosos. Sin embargo, no tenemos que olvidar que la economía globalizada está, en muchos aspectos, bastante integrada, y detrás de esto hay intereses fuertes; hay que ver cuál será la dinámica.</p>
<p>En el movimiento alterglobalizador discutimos mucho sobre una necesaria “desglobalización desde abajo”, es decir, para los pueblos, de manera democrática y emancipatoria. Esa sigue siendo una  tarea importante.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>MDD:</strong> <strong>La guerra en Ucrania, sin ser la causa, ha despertado el “juego” geoestratégico en términos de guerra de suministros, guerra de sanciones, etc. En otros términos, sabemos que las causas del conflicto son complejas, llegan de lejos y no responden a una lógica de “guerra por el control de recursos” o por proteger ciertos mercados y espacios de influencia económica. Se trata más bien de consecuencias que, sin embargo, están creando no pocos problemas, sobre todo, a las economías del bloque europeo. En ese sentido, la guerra a golpe de sanciones hacia la ya precaria economía rusa puede ser un factor importante a considerar, aunque no parece que haya intención de implementarla de manera contundente por los riesgos e impactos que puede tener para el sancionador. </strong></p>
<p><strong>¿Qué  piensas al respecto? ¿Alemania, o la UE en general, están verdaderamente dispuestas a renunciar al gas ruso o al mercado que representa aquel país en la venta de sus coches, por ejemplo? ¿No antepondrán la defensa de su modo de vida a cualquier otra consideración (de ahí la extrema cautela en un uso  “ponderado” de las sanciones)?</strong></p>
<p><strong>UB:</strong> Estoy de acuerdo, no veo tanto que para Putin sea prioritario controlar directamente los recursos de Ucrania. Putin fue muy explícito en junio 2021 cuando negó la independencia de Ucrania y habló de la unidad de los pueblos de Rusia, Bielorrusia y Ucrania. Pero has preguntado por las sanciones. Ahora, a finales de abril y a nueve semanas después del inicio de la guerra, podemos ver que la UE no impone de manera contundente las sanciones a Rusia, sobre todo en lo referido al gas. Los gobiernos de Alemania y Austria, principalmente, están en contra por su fuerte dependencia de Rusia. Yo estoy convencido de que las sanciones tienen que ir más lejos e incluir el gas.  Hay economistas que argumentan que estas sanciones son viables y, aunque causarían cierto freno a la economía, sus efectos no serían catastróficos. Otros, como las asociaciones de empresarios o los sindicatos, dicen que las sanciones rápidas y contundentes van a perjudicar a las economías de Europa. Y que es una forma de doble moral de no comprar el gas de Rusia, pero sí de  regímenes autoritarios de Oriente Medio. Es una discusión importante. Es difícil de prever cómo evoluciona esta situación, pero estamos ante un escenario tan extraordinario (máxime cuando las masacres en Ucrania son conocidas) que yo creo que sí, habría que  tomar esta medida en contra de Rusia. Con respecto al modo de vida, sí, al corto plazo puede influir sobre él, como la pandemia lo hizo.</p>
<p>El Estado tendría que intervenir mediante la financiación del paro parcial, apoyando a las empresas, etc. A medio y largo plazo, la guerra puede contribuir a cierta modernización del modo de vida imperial con un cambio a gran velocidad en la base energética de la economía. Lo interesante es que también las élites hablan ahora mucho más de la necesidad de una transformación energética rápida. Con la ambigüedad —que para mí es un error— de declarar la energía fósil y el gas como fuentes energéticas sostenibles. El problema será si el modo de vida imperial es capaz de mantenerse con eso, por ejemplo, a través de la electrificación de los coches. Pero el cambio necesario tiene que ser más radical, debe cambiarse el sistema de movilidad reduciendo drásticamente la dependencia del automóvil privado, expandirse el sistema del transporte público, reducirse en muchos ámbitos la necesidad de movilidad, por ejemplo, mediante “ciudades con distancias más  cortas”.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>MDD:</strong> <strong>Si nos pusiéramos en el escenario de salida del conflicto, ¿Qué repercusión tendrían los cambios en la nueva configuración hegemónica sobre el “modo  de vida imperial”, o simplemente afectarían a las formas de preservarlo ante nuevos actores, riesgos o amenazas?</strong></p>
<p><strong>UB:</strong> Si pensamos en lo inmediato, yo creo el conflicto bélico, probablemente se frenará por un agotamiento militar de ambos lados. Es muy probable que no habrá una victoria “total” de un lado y que  esta situación, después de un tiempo, pueda derivar en reabrir de nuevo el conflicto bélico. Así tenemos que  pensar en una perspectiva de varios años, probablemente hasta que no se produzca un cambio del régimen en Rusia (que deberá ser impulsado desde dentro). Al mismo  tiempo, el régimen de Putin tiene todavía bastante legitimidad en la sociedad rusa. Si miramos más allá del conflicto concreto, un escenario probable y, para nada deseable, es una transformación en clave de seguridad de la política y, en general, de las miradas sobre el mundo. Ya lo vemos en  el anuncio del Gobierno alemán de habilitar un fondo especial de 100.000 millones de euros para armamento durante los próximos cinco años.</p>
<p>Un criterio fundamental para la hegemonía del modo de vida imperial sigue siendo en qué sentido asegura el bienestar de amplios grupos sociales (aunque de manera totalmente desigual), así como también en qué medida es capaz de prometer a muchos más que puedan participar del mismo. Pero otro criterio, que ya conocemos de las políticas migratorias y de refugiados, será el de la seguridad, lo que representará una amplia legitimación para poner recursos enormes en la militarización de las fronteras, de las rutas de migrantes etc. Y, si pensamos en la crisis económico financiera de hace más de una década, o ahora en la pandemia, vemos cómo siempre el modo de vida imperial se mantiene gracias a intervenciones públicas permanentes y costosas en situaciones de crisis. Ambas dimensiones, militarización y políticas de crisis, disminuyen el bienestar material, salvo para las industrias que producen armamiento, medicamentos etc. Y también cierta fragmentación de la economía global, que puede traducirse en menos explotación de otras regiones  y, como consecuencia, precios más altos, como veremos en el caso de que se acelera la transición energética.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>MDD:</strong> <strong>¿En qué medida consideras que, con el trasfondo de la crisis ecológica global, el conflicto de Ucrania podría ser  “la oportunidad” para empezar un cambio radical, una transición hacia nuevos escenarios emancipatorios dentro del bloque europeo?</strong></p>
<p><strong>UB</strong>: En general, sí es una oportunidad, y hay una politización enorme del asunto. A mediados de abril, el gobierno alemán anunció que iba a poner muchos más recursos para la transición energética. Dependerá de los intereses económicos, de las correlaciones de fuerza, perotambién de las tecnologías o de la disponibilidad de alternativas. Si ahora, por ejemplo, actores poderosos son capaces de convencer a los gobiernos de que la salida principal es importar gas procedente de la fractura hidráulica (<em>fracking</em>) de los EEUU. o importar de países de Oriente Medio, esta oportunidad se cerrará. Se quedará en la lógica capitalista del suministro de energía, y no se pensará de manera suficiente en términos de una transición energética más regional que vaya más allá del gas —por ejemplo, mediante la expansión de la energía solar en el sur de Europa—. Otro aspecto casi totalmente ausente en las discusiones es la necesidad de <em>reducir </em>masivamente el consumo de energía en la matriz productiva y en los patrones de consumo (reduciendo la movilidad privada, el tráfico aéreo, disminuyendo la agricultura industrial y fomentando la ecológica, etc.). Todo eso impide una transición emancipatoria.</p>
<p>En determinadas ocasiones, la política oficial hace referencia a la necesidad de reducir el consumo de energía, pero se queda en la lógica individualista, tendiendo a individualizar la responsabilidad. Al contrario, una verdadera transformación socioecológica llegaría a ser más estructural, por ejemplo, reduciendo la producción de coches y aumentando de manera considerable el transporte público  —y no pidiendo solo a los consumidores no usar el coche privado. O visto de otra manera, eso son los campos de batalla para actores que quieren justamente esto último.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>MDD:</strong> <strong>Aunque finalice de forma rápida el conflicto en Ucrania, lo que no acabará será la crisis ecosocial y las contradicciones derivadas de las actuales tensiones geopolíticas. </strong></p>
<p><strong>¿Cómo crees que  actuarán los grandes centros capitalistas y sus estados en ese sentido, y qué respuestas sociales auguras frente a un posible recrudecimiento, tanto de las polarizaciones y tensiones a nivel social, como de los impactos cada vez más frecuentes y devastadores a nivel ecológico?</strong></p>
<p><strong>UB:</strong> Es una  pregunta muy compleja. Creo que los centros capitalistas van a fomentar la militarización, pero también van a intentar cierta modernización ecológica del capitalismo y su modo de vida imperial (principalmente tratando de cambiar parcialmente la base energética). Un efecto que ya se nota es, y será, lo que  llamamos “extractivismo verde”: los recursos naturales para esta modernización como el litio, la madera del balso o el cobre vienen de los países del Sur global y de sus economías extractivistas. Si pensamos en cierta fragmentación de la economía mundial en bloques, un resultado puede ser la división del mundo en esferas de influencia como en la fase del imperialismo clásico, y en contra de una globalización capitalista neoliberal. Pero  esto está por ver.</p>
<p>Además de una ayuda concreta a los refugiados, una respuesta social inmediata debería ser capaz de oponerse a la lógica de la militarización y al creciente autoritarismo. Porque esa lógica va en dirección contraria a las medidas realmente efectivas para afrontar la crisis ecosocial: no es solo que la guerra por sí misma causa enorme destrucción, es que también el militarismo impone una jerarquización en las prioridades políticas, relegando a la crisis ecosocial a un lugar secundario.</p>
<p>Las respuestas sociales emancipadoras tienen que trabajar alternativas al modo de vida imperial que causa todas estas tensiones, así como la competencia por los recursos, etc. Un modo de vida solidario, la experiencia masiva, sentida por la mayoría, de un bienestar justo y viable, atractivo y no destructivo, es muy necesaria. Como ya he dicho, eso se  traduce en otro sistema de alimentación y transporte, así como de habitar o vestirse, y detrás de eso, también se traduce en otras relaciones de producción. Desde un punto de vista político, habría que cuestionar la riqueza, su concentración en las manos de unos pocos ricos y súper ricos, al mismo tiempo que se visibilizan los mecanismos políticos y económicos que permiten que la polarización social ocurra.</p>
<p>Un desafío muy concreto es pensar en una transición energética radical (que incluya una Rusia post Putin) capaz de desprenderse de la dependencia de los recursos fósiles. Y para ello, necesitamos un nuevo internacionalismo que piense el bienestar, la protección social y la paz en términos globales, es decir, en  términos de un mundo poscapitalista y posimperial, con un modo de vida solidario para todo el mundo. Eso implica un orden mundial, políticas internacionales y una economía global totalmente diferentes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Acceso a la entrevista en formato pdf:  <a href="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/05/Entrevista-a-Ulrich-Brand-sobre-Modo-de-Vida-Imperial-MDiDonato.pdf" target="_blank" rel="noopener"><em>Entrevista a Ulrich Brand. “Modo de Vida Imperial”: una lectura a la luz del conflicto de Ucrania</em></a></p>
<p>Acceso al texto completo del Dosier Ecosocial <a href="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/05/Dosier-Ecosocial-Crisis-modos-de-vida-y-militsarismo-Una-lectura-a-proposito-de-la-guerra-de-Ucrania.pdf" target="_blank" rel="noopener"><em>Crisis, modos de vida y militarismo. Una lectura a propósito de la guerra de Ucrania</em>,</a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><a href="https://www.fuhem.es/dosieres-ecosociales/" target="_blank" rel="noopener">Dosieres anteriores</a></p>
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		<title>Papeles 157: Militarismo</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 04 May 2022 07:20:20 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Análisis destacados]]></category>
		<category><![CDATA[Armas nucleares]]></category>
		<category><![CDATA[Crisis Ecosocial]]></category>
		<category><![CDATA[destacadasecosocial]]></category>
		<category><![CDATA[Geopolítica]]></category>
		<category><![CDATA[Militarismo]]></category>
		<category><![CDATA[Pacifismo]]></category>
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					<description><![CDATA[El número 157 de la revista Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global examina cómo está cambiando la naturaleza de la guerra por el factor tecnológico, la llegada de la inteligencia artificial y las armas autónomas.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><a href="https://www.fuhem.es/product/militarismo/"><img decoding="async" class="alignright size-thumbnail wp-image-144080" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/04/157-1-300x426.png" alt="" width="300" height="426" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/04/157-1-300x426.png 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/04/157-1-450x640.png 450w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/04/157-1-1200x1706.png 1200w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/04/157-1-768x1092.png 768w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/04/157-1-1081x1536.png 1081w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/04/157-1-1441x2048.png 1441w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/04/157-1-600x853.png 600w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/04/157-1-64x91.png 64w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/04/157-1.png 1996w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a><em><strong>«El militarismo es una ideología altamente costosa»</strong></em>.</p>
<p>No es solo porque legitime respuestas militares a problemas tanto políticos como de otro cariz, sino también porque la naturalización de lo militar acaba calando en la sociedad como forma “normal” de tratar los asuntos sociales. La violencia se inserta inadvertidamente tanto en la vida política como en la social.</p>
<p>El militarismo, además, conlleva altos costes económicos ya que logra acaparar un buen pedazo de la tarta de los presupuestos nacionales para el desarrollo de armamento, el mantenimiento de los ejércitos y la participación en estructuras militares supranacionales. Si ya de por sí este enfoque puede resultar cuestionable, es aún más injustificable en un momento en que la crisis ecosocial demanda fondos públicos para atender las urgencias climáticas y energéticas, entre otras.</p>
<blockquote><p><em><strong>La guerra de Ucrania ha vuelto a poner sobre el tapete el alto coste humano de los conflictos, consecuencia de una ideología militar de corte imperialista. </strong></em></p></blockquote>
<p>Pero el de Ucrania no será un conflicto más; apunta ya a la emergencia de un nuevo orden internacional donde rige la geopolítica y se impone la fuerza bruta. Este rebrote de militarismo conlleva el aumento de los presupuestos militares, una decisión política que se extiende por todo el ámbito de la OTAN y que se acepta con baja contestación social, mostrando la ideología militarista en acción.</p>
<p>El número 157 de la revista <em>Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global</em> examina cómo está cambiando la naturaleza de la guerra por el factor tecnológico, la llegada de la inteligencia artificial y las armas autónomas mientras que el conflicto en Ucrania está desatando formas que evocan las de la Guerra Fría, aunque en un escenario sensiblemente más grave de urgencias ecosociales.</p>
<p>La <strong>Introducción</strong> de Santiago Álvarez Cantalapiedra examina el nuevo orden que se avecina cruzado por la geopolítica y mayores presupuestos militares. En la sección <strong>A FONDO,</strong> Rafa Martínez, Tica Font, Pere Brunet, Alejandro Pozo, Pere Ortega y Nuria del Viso abordan diversos aspectos relacionados con el militarismo, y en <strong>EXPERIENCIAS</strong> se recogen dos campañas, una en torno al <strong>Tratado de Prohibición de Armas Nucleares &#8211; TPAN</strong> de la mano de Teresa de Fortuny y Xavier Bohigas, y otra contra las armas autónomas por Joaquín Rodríguez.</p>
<p>En <strong>ACTUALIDAD,</strong> Adrián Almazán entrevista a Jaime Vindel y conversan sobre los imaginarios de la energía y la crisis ecosocial, entre otras cuestiones. En <strong>ENSAYO</strong> Manuel Casal Lodeiro reflexiona, en un controvertido artículo, sobre los dilemas de la izquierda frente al crecimiento en el marco de la crisis ecosocial.</p>
<p>En este número dedicamos la sección de <strong>REFERENTES</strong> a Virginia Woolf con un breve ensayo de la autora en clave pacifista, comentado en otro artículo por Elena Grau. El número se completa con la sección <strong>LECTURAS.</strong></p>
<p>A continuación, ofrecemos el sumario de la revista con el acceso directo y gratuito al texto completo de dos artículos, firmados por Santiago Álvarez Cantalapiedra y Tica Font.</p>
<h4><a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/sumario-157/" target="_blank" rel="noopener"><strong>SUMARIO</strong></a></h4>
<h4><strong>INTRODUCCIÓN</strong></h4>
<p><a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/la-emergencia-acelerada-de-un-nuevo-orden-regreso-de-la-geopolitica-y-pulsiones-armamentisticas/" target="_blank" rel="noopener"><em>La emergencia acelerada de un nuevo orden. Regreso de la geopolítica y pulsiones armamentísticas</em></a>, <strong>Santiago Álvarez Cantalapiedra</strong>.</p>
<h4><strong>A FONDO</strong></h4>
<p><em>Estrategias nacionales de seguridad, una herramienta del siglo XXI</em>, <strong>Rafa Martínez</strong>.</p>
<p><a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/guerra-y-armas-dos-conceptos-cada-vez-mas-difusos/" target="_blank" rel="noopener"><em>Guerra y armas, dos conceptos cada vez más difusos</em></a>, <strong>Tica Font</strong>.</p>
<p><em>Componentes tecnológicos de la nueva militarización</em>, <strong>Pere Brunet</strong></p>
<p><em>La militarización de la Posguerra Fría en el tablero ucraniano</em>, <strong>Alejandro Pozo</strong>.</p>
<p><em>El gasto militar destruye bienestar</em>, <strong>Pere Ortega</strong>.</p>
<p><a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/entrevista-a-nick-buxton/" target="_blank" rel="noopener"><em>Entrevista a Nick Buxton. «La militarización del cambio climático va más de aﬁanzar el poder militar que de detener la desestabilización del clima»</em></a>, <strong>Nuria del Viso</strong>.</p>
<h4>ACTUALIDAD</h4>
<p><em>Entrevista a Jaime Vindel en torno a su último libro Estética fósil. Imaginarios de la energía y crisis ecosocial, </em><strong>Adrián Almazán</strong>.</p>
<h4>EXPERIENCIAS</h4>
<p><em>El largo camino hasta el Tratado de Prohibición de Armas Nucleares</em>, <strong>Teresa de Fortuny</strong> y <strong>Xavier Bohigas</strong>.</p>
<p><em>La sociedad civil ante el desafío del armamento letal autónomo. La campaña Stop Killer Robots, </em><strong>Joaquín Rodríguez Álvarez</strong>.</p>
<h4>ENSAYO</h4>
<p><em>Si vis pacem, </em><em>para descensum. Declive o exterminio: el dilema de la izquierda del crecimiento</em>, <strong>Manuel Casal Lodeiro</strong>.</p>
<h4>REFERENTES</h4>
<p><em>El ensayo pacifista de Virginia Woolf</em>, <strong>Elena Grau Biosca</strong>.</p>
<p><em>Pensamientos de paz durante una incursión aérea</em>, <strong>Virginia Woolf</strong>.</p>
<h4>LECTURAS</h4>
<p><em>Dignos de ser humano</em>s, de Rutger Bregman.</p>
<p><strong>Diego</strong> <strong>Escribano</strong>.</p>
<p><em>La terraformación</em>, de Benjamin Bratton.</p>
<p><strong>Ramón del Buey Cañas.</strong></p>
<p><em>La batalla por el colapso. Crisis ecosocial y elites contra el pueblo</em>, de Pablo Font Oporto.</p>
<p><strong>Alfons Pérez</strong>.</p>
<h4>Cuaderno de notas</h4>
<h4><a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/resumenes-157/" target="_blank" rel="noopener">RESÚMENES</a></h4>
<h3><strong>Información y compras</strong>:</h3>
<p>Tel.: +34 914310280</p>
<p>Email: <a href="mailto:publicaciones@fuhem.es">publicaciones@fuhem.es</a></p>
<p>Puedes adquirir la <a href="https://www.fuhem.es/product/militarismo/">revista <strong>PAPELES</strong> en nuestra librería virtual</a>.</p>
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		<title>La emergencia acelerada de un nuevo orden</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 03 May 2022 15:27:47 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Análisis]]></category>
		<category><![CDATA[destacadasecosocial]]></category>
		<category><![CDATA[Geoestrategia]]></category>
		<category><![CDATA[Geopolítica]]></category>
		<category><![CDATA[Guerra]]></category>
		<category><![CDATA[Militarismo]]></category>
		<category><![CDATA[Rusia]]></category>
		<category><![CDATA[Sanciones]]></category>
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					<description><![CDATA[Santiago Álvarez Cantalapiedra examina el nuevo orden que se avecina cruzado por la geopolítica y por mayores presupuestos militares.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong><img decoding="async" class="alignright wp-image-144080 size-thumbnail" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/04/157-1-300x426.png" alt="" width="300" height="426" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/04/157-1-300x426.png 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/04/157-1-450x640.png 450w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/04/157-1-1200x1706.png 1200w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/04/157-1-768x1092.png 768w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/04/157-1-1081x1536.png 1081w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/04/157-1-1441x2048.png 1441w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/04/157-1-600x853.png 600w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/04/157-1-64x91.png 64w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2022/04/157-1.png 1996w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" />Santiago Álvarez Cantalapiedra</strong> introduce el <a href="https://www.fuhem.es/2022/05/04/papeles-157-militarismo/" target="_blank" rel="noopener">número 157</a> de la revista <a href="https://www.fuhem.es/revista-papeles/" target="_blank" rel="noopener"><em>Papeles de relaciones ecosociales y cambio global</em></a>, dedicado al Militarismo, con el artículo titulado: «La emergencia acelerada de un nuevo orden. Regreso de la geopolítica y pulsiones armamentísticas», que examina el nuevo orden que se avecina cruzado por la geopolítica y mayores presupuestos militares.</p>
<p style="text-align: right;"><em>Haz que las guerras no sean rentables y las harás imposibles</em></p>
<p style="text-align: right;">Philip Randolph</p>
<p>Se viene hablando de ello insistentemente desde la Gran Recesión del año 2008: estamos ante la emergencia de un nuevo orden, tanto en el plano social como en el internacional.1 La pandemia y la guerra en Ucrania están acelerando el proceso en términos vertiginosos.</p>
<p>Un breve apunte referido a algunos de los rasgos que despuntan en el horizonte. En este orden emergente se recalibra el intervencionismo público y el papel que se le otorga al Estado frente a los mercados. En segundo lugar, asistimos a un retroceso de la hiperglobalización vivida durante la década de los noventa del siglo pasado, con un avance del nacionalismo económico y repuntes proteccionistas tanto en el plano comercial como en el tecnológico. A eso se suma la creciente preocupación por los cuellos de botella que surgen de unas cadenas globales de suministro que, al ser demasiado extensas, han dejado de ser funcionales. Se ha construido una economía muy compleja y, al mismo tiempo, vulnerable: la paralización de parte de la producción por la escasez de suministros, el encarecimiento de los carburantes o los problemas en la logística global (debidos no solo a la pandemia sino también a hechos como el acontecido en el Canal de Suez por el buque portacontenedores <em>Ever Given</em>) señalan que se ha ido demasiado lejos con la globalización. Se contempla la opción de desescalar: pasar desde el plano mundial a un ámbito de mayor proximidad algunas de las actividades que se habían fragmentado y deslocalizado a miles de kilómetros.2  En tercer lugar, se intensiﬁca la pugna ante la escasez de recursos estratégicos y materiales críticos asociada a la creciente profundización de la digitalización y la transición energética, aventurando un recrudecimiento de la geopolítica en el acceso y la seguridad en el suministro de esos recursos. En cuarto lugar, se asientan los cambios en la geografía económica: el centro de gravedad económico se desplaza hacia Asia y los nuevos actores del escenario internacional –particularmente China– salen reforzados de la crisis pandémica, agravando las tensiones geopolíticas y las dinámicas de bloques regionales, adquiriendo un renovado impulso las pulsiones armamentísticas.</p>
<p>En este contexto, la pandemia y la guerra de Ucrania han actuado como catalizadores que han acelerado y profundizado esas tendencias. Durante una conferencia organizada por la <a href="https://maltacasino.org/" target="_blank" rel="noopener">Malta Casino förening</a>, un panel de expertos discutió cómo estas crisis también han influido en la regulación y digitalización de la industria del juego, especialmente en la implementación de nuevas estrategias económicas que reflejan las necesidades globales de seguridad y sostenibilidad. La pandemia ha rubricado la digitalización de las sociedades y la recuperación del papel decisivo de los Estados a través de los planes de reconstrucción y el diseño de nuevas políticas para la relocalización industrial. La guerra de Ucrania, a su vez, es la prueba más clara del regreso de la geopolítica, de la economía de bloques y de las tendencias armamentísticas. Ambos acontecimientos actúan en el mismo sentido: la necesidad estratégica de los países de reducir sus dependencias y de imponer la seguridad económica sobre la pura lógica del beneficio empresarial.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4>El escenario creado por la guerra en Ucrania: bloques y geopolítica</h4>
<p>Estamos ante un momento crucial en la reconﬁguración del orden internacional. Cabe interpretar esta guerra como un pulso entre imperios nucleares con Ucrania como víctima.3 Asistimos a un choque entre imperios en decadencia (el ruso y el occidental conformado en torno a la Alianza del Atlántico Norte) en un momento dominado por el ascenso imparable de China como nueva potencia económica.</p>
<p>Hay una fecha anterior al inicio de la guerra que quedará registrada en los libros de historia: la del 4 de febrero. Ese día, Vladimir Putin y Xi Jimping sellaron un acuerdo de cooperación “sin límites”. Sin ese acuerdo, parece improbable que Rusia se hubiera aventurado a lanzar la invasión sobre Ucrania. Desde el año 2014, con la anexión de Crimea y la guerra en el Donbás, la decisión estratégica de Moscú parece inequívoca: desengancharse de Occidente acercándose a Oriente. Los ﬂujos ﬁnancieros y comerciales rusos con la UE han ido declinando desde entonces, al contrario de lo que ha ocurrido con los vínculos económicos que ha desplegado con China. Asia se encuentra cerca de desplazar a Europa como principal socio comercial de Rusia. Ahora bien, este viraje encubre el riesgo de una nueva dependencia. China es el destino del 14,6% de las exportaciones rusas, pero no representa ni siquiera el 3% del comercio exterior chino. Así pues, el camino ruso hacia Oriente se antoja complicado y plagado de trampas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4>El papel de los recursos y de las sanciones</h4>
<p>Hay un segundo factor que ha podido pesar de manera decisiva en el modo en que Rusia ha decidido preservar su propio espacio de inﬂuencia. Rusia en apariencia pinta poco en la economía mundial, apenas representa el 1,7% de la economía global y ocupa el puesto 53 en cuanto a PIB per cápita en paridad de poder adquisitivo. Con todo, su capacidad para desestabilizar el planeta es extraordinaria. Lo resumió de una forma un tanto tosca el alto representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad y vicepresidente de la Comisión Europea, Josep Borrell, al deﬁnir a Rusia como «una gasolinera y un cuartel, dentro del cual hay una bomba atómica». Poder nuclear y grandes reservas de gas y petróleo. Pero su relevancia no se limita a eso. El papel de Rusia como suministrador de materias primas al resto del mundo no solo atañe al sector de la energía, se extiende también a ciertos metales críticos y al campo alimentario. Rusia es un gigante en cuanto a materias primas: según los datos la agencia Bloomberg, las exportaciones rusas en relación con la extracción mundial de petróleo y gas representan, respectivamente, el 8,4 y el 6,2%; lidera las exportaciones de paladio (45,6%); posee algunos de los principales yacimientos de níquel-cobre-paladio del mundo y tiene un peso destacadísimo en lo que se reﬁere al platino. Los analistas internacionales han advertido de los problemas de escasez de paladio, platino y gas neón en la producción de microchips. A su vez, la industria del automóvil europea muestra su preocupación ante la falta de níquel para baterías de iones de litio y de paladio para los convertidores catalíticos. En el ámbito alimentario, Rusia produce el 13% de los abonos más utilizados en el planeta (los basados en potasio, fosfato y nitrógeno), y estos fertilizantes son para un gigante agrario como Brasil tan relevantes como lo es el gas para los estados miembros de la UE.</p>
<p>Sin duda Rusia ha contemplado desde el primer momento la posibilidad de severas sanciones, pero ha sopesado también, quien sabe si acertadamente, que ante la respuesta a la amenaza a su seguridad nacional que representa la expansión de la OTAN, disponía aún de una baza con la que jugar a medio y largo plazo al estar en posesión de unos recursos cruciales para sostener el modo de vida occidental. Los hechos, hasta ahora, ni le han dado ni quitado la razón. Todavía está por ver si las sanciones para estrangular la economía rusa consiguen los resultados esperados.</p>
<p>La cadena de sanciones impuestas por Occidente ha respondido al siguiente planteamiento: ante el riesgo nuclear no cabe una respuesta militar directa y si –como enunció el rival prusiano de Napoleón Karl von Clausewitz en su famoso tratado militar–4 la guerra es la continuación de la política por otros medios, ahora la economía podría ser la continuación de la guerra por otras vías.</p>
<p>Si echamos un vistazo a las sanciones encontraremos una amplia batería de medidas. En el frente económico, un acuerdo en el seno del G-7 revocó la aplicación de la cláusula de «nación más favorecida» a Rusia, lo que repercutirá en mayores aranceles para las exportaciones rusas en varios países occidentales y la restricción del acceso a fuentes de ﬁnanciación de organismos internacionales como el FMI y el Banco Mundial. Otras medidas han surgido del seno de la UE, el Reino Unido, los EEUU y Canadá, y han sido planteadas básicamente para el ámbito ﬁnanciero. Entre las más señaladas se encuentran las siguientes: la imposibilidad de que el banco central de Rusia pueda usar sus reservas de divisas en el extranjero y la desconexión de siete bancos rusos del sistema internacional de comunicación interbancaria SWIFT. Dejando al margen las medidas contra los oligarcas afines a Putin, formuladas más de cara a la galería que a la búsqueda de una efectividad real,5 las dos sanciones anteriormente mencionadas son las que presentan un mayor potencial, aunque también límites evidentes.</p>
<p>La primera, la intervención sobre las reservas internacionales, tiene como objetivo restar capacidad al banco central ruso para evitar la depreciación del rublo y el control de la inﬂación. La efectividad de la medida depende de la composición de la cartera de activos internacionales del Banco de Rusia. Esas reservas, que ascienden a 640.000 millones de dólares (582.000 millones de euros), están formadas por, al menos, 150.000 millones en oro custodiado dentro de las fronteras del país y 91.000 millones en divisa china. Así pues, esa parte quedaría fuera del alcance de la medida sirviendo de colchón para resistir el resto de las sanciones. La segunda, la expulsión de siete bancos rusos del sistema de transferencias internacionales SWIFT, busca restar operatividad a la economía rusa en relación con las transacciones e inversiones con el exterior. Sin embargo, el carácter limitado de la medida se ha diseñado precisamente para evitar que afecte al intercambio de las materias primas de las que depende Occidente, y el efecto más evidente que puede provocar es que acelere la implantación de un sistema alternativo abanderado por China menos dependiente del dólar y del euro.6  En cualquier caso, sobre lo que caben pocas dudas es que la congelación de los activos del banco central ruso y la desconexión parcial del sistema SWIFT contribuirá, sobre todo, a la profundización de la dinámica de bloques económicos que despunta en el horizonte de la economía mundial.</p>
<p>Las sanciones son como un cuchillo de doble ﬁlo al tener efectos tanto sobre el sancionado como sobre el que sanciona. Lo sabe Occidente y lo sabe Putin. Es en este cálculo de intereses donde se dirime el alcance de las medidas adoptadas. Las sanciones representan una vía de presión sobre Rusia, pero al mismo tiempo muestran cómo Occidente ni desea ni sabe desprenderse de un modo de vida que, por otro lado, es inviable globalmente, por injusto e insostenible. Los líderes europeos han evitado desde el principio la única manera de ganarle la guerra a Putin: prohibir las importaciones de gas, petróleo, carbón y otros materiales críticos de Rusia. En el primer mes de hostilidades, Europa ha proporcionado a Rusia 17.000 millones de euros a cambio de sus combustibles fósiles, otorgándole al régimen de Putin dinero suﬁciente para sostener el valor de su moneda y ﬁnanciar la guerra. Occidente, amparado una vez más en su retórica hipócrita, dice estar dispuesta a hacer todo lo que sea necesario para parar la agresión contra el pueblo ucraniano, pero ese “hacer todo lo que sea necesario” tiene como límites claros la preservación de su modo de vida. Y para conseguirlo, no siendo suﬁcientes las medidas económicas, no renuncia a una nueva escalada armamentística.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4>La apuesta armamentística</h4>
<p>Es una tendencia que se muestra desde hace años y que ahora la guerra impulsa con renovado brío. Tras la disolución de la URSS y el ﬁn de la Guerra Fría, la evolución del gasto militar experimentó un descenso que despertó la esperanza en Europa de que la seguridad continental podría superar el esquema de bloques con que había sido diseñado hasta entonces. Nada más lejos de la realidad. Tras ese primer impás, el gasto militar mundial se volvió a reactivar a partir de 1997, recuperando los niveles de la Guerra Fría a ﬁnales de la primera década del nuevo siglo.7 Así pues, la posibilidad de disfrutar del “dividendo de la paz” resultante del recorte de los gastos de defensa se disipó pronto, tal vez porque fue percibido como una amenaza real para el poderoso complejo militar industrial. Se explica así que el devenir de los acontecimientos haya seguido un guion contrario al deseado. El militarismo se ha revelado una vez más como un elemento estructural de la economía capitalista, de ahí que, en vez de acometerse el desmantelamiento progresivo de una OTAN vacía de sentido, en su lugar hayamos asistido en las tres últimas décadas a su expansión hacia las fronteras rusas (incumpliendo las promesas verbales hechas a Gorbachov en los primeros tiempos de la <em>perestroika</em>) y a un crecienre intervencionismo que la cuestiona como organización defensiva. 8</p>
<p>El año pasado el gasto militar mundial ascendió hasta 1,9 billones de dólares, experimentando el mayor incremento interanual desde la crisis global del año 2009.9 Por dimensión esta “economía de la guerra” formaría parte del <em>top </em>de las diez principales economías mundiales (por detrás de la de Francia y delante de la italiana). De los 20 países que más gastan en defensa, la mitad son países de la OTAN (que en su conjunto representa el 53,1% del gasto total). De ese porcentaje, casi cuarenta puntos corresponden a los EEUU, de manera que su porcentaje en el gasto militar mundial duplica el peso que tiene la economía norteamericana en el PIB mundial. La economía estadounidense es una economía militarizada, por peso en el PIB y por ser el principal país exportador de armas del planeta (el 38,6% del total en el periodo 2017-2021). Desde esta perspectiva adquieren un hondo signiﬁcado las palabras del sindicalista y activista de los derechos civiles Philip Randolph: «Haz que las guerras no sean rentables y las harás imposibles». Un convencimiento que comparte el fotoperiodista español Gervasio Sánchez tras cubrir buena parte de los conﬂictos armados contemporáneos: «La guerra es un gran negocio del que se beneﬁcian los países más avanzados».10</p>
<p>Entiéndase bien: no es solo que el armamentismo represente un negocio <em>per se</em>, es que es también la manera en que prosperan los negocios en este mundo. La lógica bélica resulta indistinguible de la lógica competitiva del capitalismo. El armamentismo se muestra como una tendencia asociada a este nuevo orden que va emergiendo porque lo que está en disputa es la hegemonía y las zonas de inﬂuencia en las que ejercer el poder económico que preserva y da continuidad al modo de vida capitalista en el que estamos instalados.</p>
<p>Santiago Álvarez Cantalapiedra es director de FUHEM Ecosocial y de la revista<em> Papeles de Relaciones Ecosociales y cambio global. </em></p>
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<h4>NOTAS</h4>
<p>1  Lo he señalado con algo más de detalle en la Parte II «Cambio de época y nuevo orden» de mi libro <em>La Gran encrucijada. Crisis ecosocial y cambio de paradigma</em>, Ediciones HOAC, Madrid, 2019.</p>
<p>2  No solo hay en juego una tendencia parcialmente desglobalizadora, también se observan cambios en los rasgos del propio proceso globalizador: en la fase álgida de la hiperglobalización de los años noventa, se acrecentó el comercio mundial y la movilidad de los capitales productivos y ﬁnancieros, impidiendo (o seleccionando) la movilidad de la fuerza de trabajo; ahora, uno de los cambios más signiﬁcativos al que estamos asistiendo es, gracias a las nuevas tecnologías, la aceleración de la deslocalización laboral, de manera que se puede teletrabajar para una compañía extranjera sin necesidad de desplazarse físicamente al país donde se encuentra ubicada, mientras que la integración de los mercados de capitales se va viendo resentida debido a la dinámica de fragmentación en grandes bloques económicos.</p>
<p>3  Ucrania, desde el momento en el que expresó su intención de formar parte de la UE, es decir, de Occidente, ha sido el campo de batalla de un conﬂicto entre el creciente deseo de Putin de incorporar la parte eslava del imperio ruso a su órbita y la estrategia atlantista de expandir la OTAN hasta las fronteras de Rusia, convirtiéndose en presa geoestratégica de dos imperialismos en declive. Véase Rafael Poch, «<a href="https://ctxt.es/es/20220201/Firmas/38847/putin-ucrania-kiev-bombardeos-guerra-%20rafael-poch.htm" target="_blank" rel="noopener">Putin cruza el Rubicón</a>», <em>ctxt</em>, 24 de marzo de 2022 y Edgar Morin, «El pensador Edgar Morin reﬂexiona, desde sus 100 años, sobre la guerra en Ucrania: “Me acuerdo de la angustia que sentí durante la crisis de los misiles”», <em>EL PAÍS</em>, 26 de marzo de 2022.</p>
<p>4  Versión completa en línea del libro<a href="https://archive.org/details/ClausewitzKarlVonDeLaGuerra/page/n1/mode/2up" target="_blank" rel="noopener"> <em>De la guerra </em></a>de Karl von Clausewitz en español.</p>
<p>5  Como ha señalado oportunamente Piketty, para que esa medida contra los oligarcas rusos sea realmente efectiva sería necesario el establecimiento de un registro ﬁnanciero internacional que no es del agrado de nuestra propia oligarquía ﬁnanciera occidental por sus múltiples vínculos con los primeros (véase: Thomas Piketty, «Sancionar a los oligarcas, no al pueblo», <em>EL PAÍS</em>, 6 de marzo de 2022). En relación con otras iniciativas, como la prohibición de exportar bienes de lujo a Rusia o la suspensión de actividades de numerosas empresas occidentales en el mercado ruso, hay que verlas más como una cuestión reputacional de las empresas que como sanciones realmente efectivas, sobre todo si tenemos en cuenta que la amplia mayoría de la población de aquel país no suele circular en Jaguar o beber Dom Pérignon ni es consumidora habitual siquiera de productos de Zara, Apple o Netﬂix.</p>
<p>6  El sistema SWIFT (acrónimo de Society for World Interbank Financial Telecommunication) es un claro ejemplo de la hegemonía ﬁnanciera de Occidente. Fundado en 1973 en Bruselas, agrupa a más de 11.000 organizaciones ﬁnancieras de 200 países, pero está supervisada por los bancos centrales de unos pocos (EEUU, Alemania, Bélgica, Canadá, Francia, Italia, Japón, Países Bajos, Reino Unido, Suecia y Suiza, más el Banco Central Europeo), correspondiendo el liderazgo a Bélgica al estar ubicada la sociedad en dicho país. El Sistema de Pago Interbancario y Transfronterizo (CIPS, del inglés Cross-Border Interbank Payment System) es la alternativa en moneda china. Aunque operativo desde el año 2015, aún está muy lejos de la dimensión adquirida por el primer sistema: el CIPS cuenta únicamente con 19 bancos y 176 participantes indirectos que cubren 47 países y regiones.</p>
<p>7 Según los datos proporcionados por el Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI), <a href="https://www.sipri.org/" target="_blank" rel="noopener">www.sipri.org</a></p>
<p>8 Después de las intervenciones de la OTAN en Serbia en 1999, Afganistán en 2001, Irak en 2004 o Libia en 2011, ¿es posible todavía seguir considerándola como una organización defensiva?</p>
<p>9 <a href="https://sipri.org/sites/default/files/2021-04/sipri_milex_press_release_esp.pdf" target="_blank" rel="noopener">Comunicado de prensa del SIPRI</a>, Estocolmo, 26 de abril de 2021.</p>
<p>10 Entrevista de Carlos Moncín a Gervasio Sánchez, Heraldo, 10 de noviembre de 2009.</p>
<p>Acceso al texto del artículo en formato pdf: <a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/la-emergencia-acelerada-de-un-nuevo-orden-regreso-de-la-geopolitica-y-pulsiones-armamentisticas/" target="_blank" rel="noopener"><em>La emergencia acelerada de un nuevo orden. Regreso de la geopolítica y pulsiones armamentísticas</em></a>.</p>
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		<title>Los peligros de militarizar la crisis climática</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Susana Fernández Herrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 05 Nov 2021 10:07:03 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Análisis]]></category>
		<category><![CDATA[Ayuda Humanitaria]]></category>
		<category><![CDATA[Cambio climático]]></category>
		<category><![CDATA[Comercio de Armas]]></category>
		<category><![CDATA[Crisis Climática]]></category>
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		<category><![CDATA[Impacto ambiental]]></category>
		<category><![CDATA[Militarismo]]></category>
		<category><![CDATA[Seguridad Climática]]></category>
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					<description><![CDATA[Informe publicado por FUHEM Ecosocial y el Transnational Institute - TNI que aborda el papel de las fuerzas armadas en la crisis climática.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div class="highlighted container">
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<p><img decoding="async" class="alignright wp-image-140662" src="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/11/aproximacion-seg-clim-450x662.jpg" alt="" width="361" height="531" srcset="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/11/aproximacion-seg-clim-450x662.jpg 450w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/11/aproximacion-seg-clim-300x442.jpg 300w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/11/aproximacion-seg-clim-64x94.jpg 64w, https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/11/aproximacion-seg-clim.jpg 519w" sizes="(max-width: 361px) 100vw, 361px" /></p>
<div>    ​</div>
<div class="block-tni-base content-language-switcher"><em> <a href="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/11/Aproximacion-a-la-seguridad-climatica-TNI-FUHEM-web.pdf" target="_blank" rel="noopener">Aproximación a la seguridad climática: Los peligros de militarizar la crisis climática</a></em>, es la nueva publicación de <em><a href="https://www.fuhem.es/ecosocial/" target="_blank" rel="noopener">FUHEM Ecosocial</a> y el <a href="https://www.tni.org/es" target="_blank" rel="noopener">Transnational Institute – TNI</a>. </em></div>
<div>    ​</div>
<div class="block-tni-base content-language-switcher">El Informe ve la luz en un contexto en el  que cada vez hay más reivindicaciones políticas de seguridad climática como respuesta al empeoramiento de los impactos de la desestabilización del clima, pero sin embargo, hay muy poco análisis crítico sobre qué tipo de seguridad se ofrece y a quiénes.</div>
</div>
<div class="content" role="article">
<div id="system-main" class="block-system">
<div class="ds-1col node-publication view-mode-full clearfix" role="article">
<blockquote><p><strong>Esta guía elaborada por Nick Buxton, desmitifica el debate y destaca el papel de las fuerzas armadas en provocar la crisis climática, los peligros de que ahora sean ellas quienes brinden soluciones a los impactos climáticos, los intereses de las empresas que lucran con ello, los efectos en las personas más vulnerables y las propuestas de alternativas para una «seguridad» basada en la justicia.</strong></p></blockquote>
<div class="metainfo publication-metainfo">
<div class="authors">
<div>    ​</div>
<div class="suites">
<h4 class="textformatter-list" style="text-align: left;">Índice:</h4>
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<div>1. <a href="#¿Qué es la seguridad climática?">¿Qué es la seguridad climática?</a></div>
<div>    ​</div>
<div>2. <a href="#¿Cómo se transformó la seguridad climática en una prioridad política?">¿Cómo se transformó la seguridad climática en una prioridad política?</a></div>
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<div>    ​</div>
<div class="body">
<div>3. <a href="#¿Cómo planifican los organismos de seguridad nacional para el cambio climático? ¿Y cómo se adaptan a él?">¿Cómo planifican los organismos de seguridad nacional para el cambio climático? ¿Y cómo se adaptan a él?</a></div>
<div>    ​</div>
<div>4. <a href="#¿Cuáles son los mayores problemas al describir el cambio climático como un asunto de seguridad?">¿Cuáles son los mayores problemas al describir el cambio climático como un asunto de seguridad?</a></div>
<div>    ​</div>
<div>5. <a href="#¿Por qué los movimientos sociales y las organizaciones ambientales defienden la seguridad climática?">¿Por qué los movimientos sociales y las organizaciones ambientales defienden la seguridad climática?</a></div>
<div>    ​</div>
<div>6. <a href="#¿Cuáles son los supuestos problemáticos de los planes militares de seguridad climática?">¿Cuáles son los supuestos problemáticos de los planes militares de seguridad climática?</a></div>
<div>    ​</div>
<div>7. <a href="#¿La crisis climática genera conflictos?">¿La crisis climática genera conflictos?</a></div>
<div>    ​</div>
<div>8. <a href="#¿Cómo impacta la seguridad climática en las fronteras y la migración?">¿Cómo impacta la seguridad climática en las fronteras y la migración?</a></div>
<div>    ​</div>
<div>9. <a href="#¿Qué rol cumplen las fuerzas armadas en la creación de la crisis climática?">¿Qué rol cumplen las fuerzas armadas en la creación de la crisis climática?</a></div>
<div>    ​</div>
<div>10.<a href="#Los militares, los conflictos y su vínculo con el petróleo y la economía de extracción"> Los militares, los conflictos y su vínculo con el petróleo y la economía de extracción</a></div>
<div>    ​</div>
<div>11. <a href="#¿Qué impacto ambiental tienen el militarismo y la guerra?">¿Qué impacto ambiental tienen el militarismo y la guerra?</a></div>
<div>    ​</div>
<div>12. <a href="#¿Los militares no son necesarios para las respuestas humanitarias?">¿Los militares no son necesarios para las respuestas humanitarias?</a></div>
<div>    ​</div>
<div>13. <a href="#¿Cómo buscan las empresas de armas y seguridad lucrar con la crisis climática?">¿Cómo buscan las empresas de armas y seguridad lucrar con la crisis climática?</a></div>
<div>    ​</div>
<div>14. <a href="#¿Cómo impactan las narrativas de la seguridad climática en el plano interno y la policía?">¿Cómo impactan las narrativas de la seguridad climática en el plano interno y la policía?</a></div>
<div>    ​</div>
<div>15. <a href="#¿Cómo afecta la agenda de la seguridad climática a otros ámbitos, como los alimentos y el agua?">¿Cómo afecta la agenda de la seguridad climática a otros ámbitos, como los alimentos y el agua?</a></div>
<div>    ​</div>
<div>16. <a href="#¿Podemos rescatar la palabra ‘seguridad’?">¿Podemos rescatar la palabra ‘seguridad’?</a></div>
<div>    ​</div>
<div>17. <a href="#¿Cuáles son las alternativas a la seguridad climática?">¿Cuáles son las alternativas a la seguridad climática?</a></div>
<div>    ​</div>
<div></div>
<div>
<h4 id="¿Qué es la seguridad climática?">1.¿Qué es la seguridad climática?</h4>
<p>La seguridad climática es un marco político y normativo que analiza el impacto que tiene el cambio climático en la seguridad. Ese marco prevé que los fenómenos meteorológicos extremos y la inestabilidad climática generados por el aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) provocarán trastornos en los sistemas económicos, sociales y ambientales y, por lo tanto, socavarán la seguridad. Surgen las siguientes interrogantes: ¿de qué tipo de seguridad se trata y a quiénes se beneficia?</p>
<p>El impulso tras la ‘seguridad climática’ y su demanda surgen de un poderoso aparato militar y de seguridad nacional, en particular de los países más ricos. Esto significa que la seguridad se percibe en función de las ‘amenazas’ que representa para sus operaciones militares y su ‘seguridad nacional’, un término que lo abarca y que básicamente se refiere al poderío económico y político de un país.</p>
<p>En este marco, la seguridad climática examina las amenazas <em>directas</em> que se perciben contra la seguridad de un país, como es el caso de las consecuencias para las operaciones militares; por ejemplo, el aumento del nivel del mar afecta las bases militares o el calor extremo impide las operaciones militares. También analiza las amenazas <em>indirectas</em> o las formas en que el cambio climático agravaría las tensiones, los conflictos y la violencia existentes, que podrían extenderse o  afectar a otros países. Entre estas se incluyen la aparición de ‘escenarios’ de guerra nuevos, como el Ártico, donde el deshielo deja al descubierto recursos minerales nuevos, así como disputas por el control entre las principales potencias. El cambio climático se define como un ‘multiplicador de amenazas’ o un ‘catalizador de conflictos’. Las narrativas sobre la seguridad climática suelen prever, según las palabras de una estrategia del Departamento de Defensa de Estados Unidos, “una era de conflicto persistente&#8230; un entorno de seguridad mucho más ambiguo e impredecible que el que se enfrentó durante la Guerra Fría”.</p>
<p>La seguridad climática se integra cada vez más en las estrategias de seguridad nacional y es adoptada de forma más amplia por organizaciones internacionales como  las Naciones Unidas y sus organismos especializados, así como por los movimientos sociales, el mundo académico y los medios de comunicación. Solo en 2021, el presidente de Estados Unidos, Joseph Biden, <a href="https://www.whitehouse.gov/briefing-room/presidential-actions/2021/01/27/executive-order-on-tackling-the-climate-crisis-at-home-and-abroad/" target="_blank" rel="noopener">declaró el cambio climático una prioridad de la seguridad nacional</a> de su país, la OTAN elaboró un plan de acción sobre clima y seguridad, el Reino Unido anunció que se pasaba a un sistema de “defensa preparada para el clima”, el Consejo de Seguridad de la ONU celebró un debate de alto nivel sobre clima y seguridad, y está previsto que la seguridad climática sea un tema importante en la agenda de la conferencia COP26 en noviembre en Glasgow.</p>
<p>Como se explora en esta aproximación al tema, darle a la crisis climática el marco de un problema de seguridad resulta profundamente problemático ya que, en última instancia, refuerza un enfoque militarizado del cambio climático que probablemente agudice las injusticias para quienes serán las personas más afectadas por la crisis en ciernes. <strong>El peligro de las soluciones basadas en la seguridad radica en que, por definición, buscan asegurar lo que existe: un statu quo injusto</strong>. La respuesta basada en la seguridad considera una ‘amenaza’ a cualquiera que pueda alterar el statu quo, como los refugiados, o que se opongan directamente a él, como los activistas climáticos. También excluye otras soluciones de tipo colaborativo para la inestabilidad. <strong>La justicia climática</strong>, por el contrario, <strong>nos obliga a revertir y transformar los sistemas económicos que provocaron el cambio climático</strong>, dándoles prioridad a las comunidades que están en la primera línea de la crisis y anteponiendo sus soluciones.</p>
<div></div>
<h4 id="¿Cómo se transformó la seguridad climática en una prioridad política?">2.¿Cómo se transformó la seguridad climática en una prioridad política?</h4>
<p>La seguridad climática se nutre de la historia más extensa que ha tenido el discurso sobre seguridad ambiental en los círculos académicos y de formulación de políticas que, desde las décadas de 1970 y 1980, examina los vínculos entre el ambiente y los conflictos y, en ocasiones, presiona a los responsables de la adopción de decisiones para que integren las inquietudes de índole ambiental a las estrategias de seguridad.</p>
<div>
<p>La seguridad climática se introdujo en el ámbito de las políticas (y de la seguridad nacional) en 2003, con un estudio que el Pentágono encargó a Peter Schwartz, un ex planificador de la empresa Royal Dutch Shell, y a Doug Randall, de Global Business Network, una consultora de Estados Unidos. Ambos advirtieron que el cambio climático podría conducir a una nueva Edad Media: “A medida que se desaten la hambruna, las enfermedades y las catástrofes derivadas del clima debido al cambio climático abrupto, las necesidades de muchos países excederán su capacidad de carga. Eso generará una sensación de desesperación, que probablemente desemboque en una agresión ofensiva para recuperar el equilibrio&#8230; Las perturbaciones y los conflictos serán características endémicas de la vida”. El mismo año, en un lenguaje menos hiperbólico, la ‘Estrategia de Seguridad Europea’ de la Unión Europea (UE) señaló al cambio climático como un problema de seguridad.</p>
<p>Desde entonces, la seguridad climática se ha integrado cada vez más a la planificación de la defensa, las evaluaciones de inteligencia y los planes operativos militares de un número creciente de países de renta alta, incluidos Estados Unidos, Reino Unido, Australia, Canadá, Alemania, Nueva Zelanda y Suecia, además de la UE en general. Lo que la distingue de los planes de acción climática a nivel nacional es el foco puesto en las consideraciones militares y de seguridad nacional.</p>
<p>Para las entidades militares y de seguridad nacional, el foco puesto en el cambio climático refleja la convicción de que todo planificador racional puede ver que el problema se está agravando y que afectará a su sector. Las fuerzas armadas son de las pocas instituciones que planifican a largo plazo, para asegurar la continuidad de su capacidad de librar conflictos armados y de su preparación para los contextos cambiantes en los que lo hace. La institución también tiende a examinar los peores escenarios de una manera diferente a la de los planificadores sociales, lo que puede ser una ventaja en cuanto al cambio climático.</p>
<p>El secretario de Defensa de Estados Unidos, Lloyd Austin, resumió en 2021 el consenso de los militares estadounidenses sobre el cambio climático: “Nos enfrentamos a una crisis climática grave y creciente que amenaza nuestras misiones, planes y capacidades. Del incremento de la competencia en el Ártico a la migración masiva en África y América Central, el cambio climático está contribuyendo a la inestabilidad y nos impulsa a misiones nuevas”.</p>
<p>De hecho, el cambio climático ya afecta directamente a las fuerzas armadas. Un informe del Pentágono de 2018 reveló que la mitad de 3500 zonas militares padecían los efectos de seis categorías clave de fenómenos meteorológicos extremos, como marejadas ciclónicas, incendios forestales y sequías.</p>
<p>Esta experiencia con los impactos del cambio climático y el ciclo de planificación a largo plazo distanció a las fuerzas de seguridad nacionales de muchos de los debates ideológicos y del negacionismo referidos al cambio climático. Eso significó que, incluso durante la presidencia de Donald Trump (2017-2021), las fuerzas armadas siguieron adelante con sus planes de seguridad climática, aunque en público los minimizaran para no atraer las críticas negacionistas.</p>
<p>La determinación de controlar cada vez más los riesgos y amenazas potenciales impulsa el foco de la seguridad nacional referido al cambio climático, lo que significa que busca integrar todos los aspectos de la seguridad del Estado para lograrlo. Esto hizo que aumentaran <a href="https://longreads.tni.org/state-of-power-2021/coercive-spending" target="_blank" rel="noopener">los fondos destinados a cada rama coercitiva del Estado</a> durante varias décadas. El especialista en seguridad Paul Rogers, profesor emérito de Estudios por la Paz de la Universidad de Bradford, en el Reino Unido, denomina ‘<a href="https://www.opendemocracy.net/en/beyond-liddism-towards-real-global-security/" target="_blank" rel="noopener">liddism</a>’ (o sea, mantener las cosas bajo control) a la estrategia, que es “tanto generalizada como acumulativa, que implica un esfuerzo intenso por desarrollar tácticas y tecnologías nuevas que eviten problemas y los supriman”. La tendencia se aceleró desde los atentados del 11 de septiembre de 2001 y el surgimiento de tecnologías algorítmicas alentó a los organismos de seguridad nacional a monitorear, anticipar y, en lo posible, controlar todas las eventualidades.</p>
<p>Si bien los organismos de seguridad nacional lideran el debate y fijan la agenda en materia de seguridad climática, también hay un número creciente de organizaciones no militares y movimientos sociales que abogan por prestarle mayor atención a la seguridad climática. Entre ellas se incluyen grupos de expertos en política exterior como el Brookings Institute y el Consejo de Relaciones Exteriores (CFR), de Estados Unidos, el <a href="http://www.iris-france.org/presentation-en/" target="_blank" rel="noopener">Instituto Internacional de Estudios Estratégicos</a> (IISS) y Chatham House, del Reino Unido, el Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo (SIPRI), Clingendael (Países Bajos), el Instituto de Relaciones Internacionales y Estratégicas (Francia), Adelphi (Alemania) y el Instituto Australiano de Política Estratégica. Uno de los principales defensores de la seguridad climática en el mundo es el Centro para el Clima y la Seguridad (CCS), un instituto de investigación con sede en Estados Unidos que mantiene lazos estrechos con el sector militar y de seguridad, así como con las jerarquías del Partido Demócrata. Varios de estos institutos, junto con militares de alto rango, fundaron el Consejo Militar Internacional sobre Clima y Seguridad (IMCCS) en 2019.</p>
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<div class="media media-element-container media-full_width">
<p><img decoding="async" class="media-element file-full-width aligncenter" title="US troops driving through floods in Fort Ransom in 2009" src="https://www.tni.org/files/styles/content_full_width/public/4244037739_0d4b28ba04_o.jpg?itok=SYETtzG_" alt="US troops driving through floods in Fort Ransom in 2009" width="660" height="442" data-delta="1" /></p>
<div class="meta-small image-info"></div>
</div>
</div>
<div style="text-align: center;">Soldados estadounidenses conducen vehículo en medio de inundaciones en Fort Ranson en 2009.</div>
<div style="text-align: center;">Crédito: <a href="http://www.flickr.com/photos/thenationalguard/4244037739" target="_blank" rel="noopener">Foto del Ejército de los Estados Unidos/Sargento mayor David H. Lipp</a></div>
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</div>
<div></div>
<div class="content-block content-block--verdigris">
<h4>BOX 1 Cronología de las principales estrategias de seguridad climática</h4>
<ul>
<li>2003: <em>Un escenario de cambio climático repentino y sus consecuencias para la seguridad nacional de Estados Unidos</em>. Fue el primer artículo encargado por el Pentágono que predijo escenarios distópicos del cambio climático y sus consecuencias para la seguridad nacional. Se le considera de una complejidad excesiva, pero marcó la pauta para las estrategias futuras.</li>
<li>2007: <em>Era de las consecuencias: Las repercusiones del cambio climático mundial en la política exterior y la seguridad nacional.</em> Un informe influyente, elaborado por destacados estrategas militares y de seguridad, expertos en política exterior y del Partido Demócrata de Estados Unidos, que describió posibles escenarios de impactos correspondientes a posibles aumentos de la temperatura mundial de 1.3, 2.6, y 5.6 grados.</li>
<li>2008: <em><a href="https://www.consilium.europa.eu/es/documents-publications/publications/climate-change-international-security/" target="_blank" rel="noopener">Cambio climático y seguridad internacional</a></em>. La UE sigue el ejemplo de Estados Unidos al declarar el cambio climático como un “multiplicador de amenazas” que agravará las tensiones, los conflictos y la inestabilidad existentes, y presenta “riesgos políticos y de seguridad que afectan directamente a los intereses europeos”.</li>
<li>2008:<em><a href="https://www.dni.gov/files/documents/Newsroom/Reports%20and%20Pubs/2025_Global_Trends_Final_Report.pdf" target="_blank" rel="noopener">Tendencias mundiales 2025: Un mundo transformado (Dirección Nacional de Inteligencia).</a></em> El Consejo Nacional de Inteligencia de Estados Unidos identifica al cambio climático, junto con los cambios geopolíticos, la demografía y las transiciones energéticas, como factores que crean un mundo de escasez e inestabilidad.</li>
<li>2010 and 2014: <em><a href="https://dod.defense.gov/News/Special-Reports/QDR/" target="_blank" rel="noopener">Quadrennial Defense Review</a></em> <em>(Análisis cuadrienal de defensa)</em>. El QDR de 2010 identificó a la “seguridad energética y el cambio climático” como uno de los cuatro problemas que requieren una acción apremiante, y añadió que el cambio climático actuaría como “un acelerador de la inestabilidad o el conflicto, presionando para que las instituciones civiles y militares de todo el mundo respondan”.</li>
<li>2015: <em><a href="https://www.gov.uk/government/publications/national-security-strategy-and-strategic-defence-and-security-review-2015" target="_blank" rel="noopener">Estrategia de seguridad nacional y Análisis de la defensa estratégica y la seguridad estratégica</a></em> (Reino Unido). Califica al cambio climático de motor de inestabilidad.</li>
<li>2016: <em><a href="https://uk.diplo.de/blob/501780/5a749ee7763cc8538f4dc9855b899e71/whitepaper2016-data.pdf" target="_blank" rel="noopener">Libro Blanco sobre la política de seguridad alemana y el futuro de la Bundeswehr.</a></em></li>
<li>2016: <em><a href="https://www1.defence.gov.au/about/publications/2016-defence-white-paper" target="_blank" rel="noopener">Libro Blanco de la defensa de Australia</a></em> califica al cambio climático de multiplicador de riesgos y pronostica la inestabilidad en los países del Pacífico Sur.</li>
<li>2017: <em><a href="https://www.dsn.gob.es/sites/dsn/files/ESN2017_capitulo_4.pdf" target="_blank" rel="noopener">La Estrategia de Seguridad Nacional, de 2017 de España</a></em>. Mencion al cambio climático como amenaza</li>
<li>2018:<a href="https://www.defence.govt.nz/publications/publication/strategic-defence-policy-statement-2018" target="_blank" rel="noopener"><em>Política de defensa estratégica de Nueva Zelanda</em></a><i>.</i></li>
<li>2020:<em><a href="https://eeas.europa.eu/headquarters/headquarters-homepage_id/90320/Towards%20a%20climate-proof%20security%20and%20defence%20policy:%20a%20Roadmap%20for%20EU%20action" target="_blank" rel="noopener">Hoja de ruta de la UE sobre el cambio climático y la defensa</a></em>. Examina las capacidades de las misiones de la UE en condiciones meteorológicas extremas y aboga por una mejor integración del cambio climático y los aspectos ambientales en la planificación y ejecución de las misiones de la UE.</li>
<li>2021: <em><a href="https://www.gov.uk/government/publications/ministry-of-defence-climate-change-and-sustainability-strategic-approach" target="_blank" rel="noopener">Enfoque estratégico de cambio climático y sostenibilidad del Ministerio de Defensa del Reino Unido.</a></em> Redactado como parte de la autopromoción del Gobierno antes de la COP26, promueve el sector de defensa del Reino Unido como un actor clave en la solución del cambio climático y los riesgos de seguridad.</li>
<li>2021: <a href="https://www.nato.int/cps/en/natohq/official_texts_185174.htm?selectedLocale=en" target="_blank" rel="noopener"><em>Plan de acción para la seguridad y el cambio climático</em></a> de la OTAN. Propone estrategias para evaluar mejor los riesgos climáticos y preparar recursos y operaciones para los impactos del cambio climático, junto con promesas flojas para abordar las emisiones de carbono militares.</li>
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<h4 id="¿Cómo planifican los organismos de seguridad nacional para el cambio climático? ¿Y cómo se adaptan a él?">3.¿Cómo planifican los organismos de seguridad nacional para el cambio climático? ¿Y cómo se adaptan a él?</h4>
<p>Los organismos de seguridad nacional de los países industrializados de renta alta, y en especial sus servicios militares y de inteligencia, planifican para el cambio climático de dos maneras esenciales: mediante la investigación y predicción de escenarios futuros de riesgos y amenazas según distintas hipótesis de aumento de temperatura; y mediante la aplicación de planes para la adaptación climática de su sector militar. Estados Unidos marca la tendencia en la planificación de la seguridad climática, debido a su tamaño y hegemonía (Washington <a href="https://www.pgpf.org/blog/2020/05/the-united-states-spends-more-on-defense-than-the-next-10-countries-combined" target="_blank" rel="noopener">gasta más en la defensa que los 10 países que le siguen, tomados</a> en conjunto).</p>
<p><strong><em>1. Investigación y predicción de escenarios futuros</em></strong></p>
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<div>Esto incluye a todos los organismos de seguridad relevantes, en especial a los militares y de inteligencia, en el análisis de los impactos existentes y esperados para las capacidades militares de un país, su infraestructura y el contexto geopolítico en el que opera. Hacia el final de su mandato en 2016, el presidente estadounidense Barack Obama fue más allá al <a href="https://obamawhitehouse.archives.gov/the-press-office/2016/09/21/presidential-memorandum-climate-change-and-national-security" target="_blank" rel="noopener">indicar a todos sus departamentos y organismos</a> “que se aseguren de que los impactos relacionados con el cambio climático estén considerados plenamente en el desarrollo de la doctrina, las políticas y los planes de seguridad nacional”. En otras palabras, que el marco de seguridad nacional sea central en la totalidad de la planificación climática. El Gobierno de Trump dio marcha atrás en este sentido, pero el de Biden retomó donde había quedado Obama y ordenó al Pentágono que colaborara con el Departamento de Comercio, la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica, la Agencia de Protección Ambiental, el Director de Inteligencia Nacional, la Oficina de Políticas sobre Ciencia y Tecnología y otros organismos con el fin de desarrollar un análisis de riesgo climático.</div>
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<div>Se utilizan diversas herramientas de planificación, pero a largo plazo las fuerzas armadas confían desde hace tiempo <a href="https://www.rand.org/pubs/research_reports/RR2173z2.html" target="_blank" rel="noopener">en el uso de escenarios</a> para evaluar los diferentes futuros posibles y determinar si el país tiene las capacidades necesarias para lidiar con los diversos niveles de amenaza potencial. El influyente informe de 2007, Era de las consecuencias: Las repercusiones del cambio climático mundial en la política exterior y la seguridad nacional, es un ejemplo característico, ya que describe tres escenarios de impactos para la seguridad nacional de Estados Unidos según posibles aumentos de la temperatura mundial de 1.3, 2.6 y 5.6 grados. Estos escenarios se basan tanto en la investigación académica –por ejemplo, del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) – como en informes de inteligencia. De esta manera, las fuerzas armadas desarrollan planes y estrategias y comienzan a <a href="https://www.reuters.com/article/us-usa-biden-climate-military-idUSKBN29W2PI" target="_blank" rel="noopener">integrar el cambio climático en sus ejercicios de modelización</a>, simulación y juegos de guerra. Por ejemplo, el Mando Europeo de Estados Unidos se prepara para una mayor inestabilidad geopolítica y posibles conflictos en el Ártico a medida que el hielo marino se derrite y crece el transporte marítimo internacional y la prospección petrolera en la región. En Oriente Medio, el Mando Central de Estados Unidos incluye la escasez de agua como un factor en sus planes de campaña futuros.</div>
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<div>Otros países de renta alta siguieron el ejemplo y adoptaron el enfoque de Washington, que considera el cambio climático como un ‘multiplicador de amenazas’, pero poniendo énfasis en aspectos distintos. La UE, por ejemplo, que no tiene un mandato de defensa colectiva para sus 27 Estados miembros, enfatiza la necesidad de tener más investigación, monitoreo y análisis, más integración en estrategias regionales y planes diplomáticos con sus vecinos, el fortalecimiento de las capacidades para la gestión de crisis y de respuesta ante catástrofes y el fortalecimiento de la gestión migratoria. La estrategia para 2021 del Ministerio de Defensa del Reino Unido establece como objetivo principal “poder luchar y ganar en entornos físicos cada vez más hostiles e implacables”, pero también desea poner énfasis en sus colaboraciones y alianzas internacionales.</div>
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<div>​<strong><em>2. Preparación de las fuerzas armadas para un mundo con cambio climático</em></strong></div>
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<p>Como parte de sus preparativos, las fuerzas armadas también buscan asegurar su operatividad en un futuro caracterizado por el clima extremo y el aumento del nivel del mar. No es poca cosa. Las fuerzas armadas de Estados Unidos identificaron <a href="https://www.serdp-estcp.org/News-and-Events/News-Announcements/Program-News/DoD-Report-on-Regional-Sea-Level-Scenarios" target="_blank" rel="noopener">1774 bases expuestas al aumento del nivel del mar</a>. Una de ellas, la Estación Naval de Norfolk, en Virginia, es uno de los mayores centros militares del mundo y padece inundaciones anuales.</p>
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<div>Aparte de <a href="https://insideclimatenews.org/news/25102017/military-norfolk-naval-base-flooding-climate-change-sea-level-global-warming-virginia/" target="_blank" rel="noopener">adaptar sus instalaciones</a>, las fuerzas armadas de Estados Unidos y de otros países de la OTAN también se mostraron comprometidas a ‘ecologizar’ sus instalaciones y operaciones. Eso generó un incremento en la instalación de paneles solares en las bases militares, de combustibles alternativos en el transporte marítimo y de equipos que funcionan con energía renovable. El Gobierno británico informó que se fijó la meta para que todos sus aviones militares tengan 50 % de fuentes de combustible sostenibles y el Ministerio de Defensa se comprometió a tener “cero emisiones netas para 2050”.</div>
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<div>Aunque estas medidas se anuncian como indicios de la ‘ecologización’ de las fuerzas armadas (algunos informes se parecen mucho al ecoblanqueo corporativo), la motivación más apremiante para que el sector militar adopte las energías renovables es la <a href="https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S2211467X19301026" target="_blank" rel="noopener">vulnerabilidad que le generó la dependencia de los combustibles fósiles</a>. El transporte de este combustible para mantener en funcionamiento sus hummers, tanques, barcos y aviones es uno de los mayores quebraderos de cabeza logísticos para las fuerzas armadas estadounidenses y fue una fuente de gran vulnerabilidad durante la ocupación de Afganistán, ya que el ejército del Talibán atacó con frecuencia los barcos petroleros que abastecían a las fuerzas estadounidenses. Un <a href="https://apps.dtic.mil/dtic/tr/fulltext/u2/b356341.pdf" target="_blank" rel="noopener">estudio del ejército de Estados Unidos concluyó que en Irak se sufría una baja cada 39 convoyes de combustible, pero en Afganistán se producía una cada 24</a>. A largo plazo, la eficiencia energética, los combustibles alternativos, las unidades de telecomunicaciones que funcionan con energía solar y las tecnologías renovables en general presentan la perspectiva de unas fuerzas armadas menos vulnerables, más flexibles y eficaces. El exsecretario de la Armada de Estados Unidos, Ray Mabus, <a href="https://apps.dtic.mil/sti/pdfs/ADA477619.pdf" target="_blank" rel="noopener">lo expresó con franqueza</a>: “Avanzamos hacia los combustibles alternativos en la Armada y el cuerpo de Marines por una razón principal, y es para hacernos mejores combatientes”.</div>
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<div>Sin embargo, resultó bastante más difícil reemplazar el consumo de petróleo en el transporte militar (aéreo, naval, terrestre) que constituye la mayor parte del uso militar de combustibles fósiles. En 2009, la Armada de los Estados Unidos anunció su ‘<a href="https://allhands.navy.mil/Features/GGF/" target="_blank" rel="noopener">Gran Flota Verde</a>’, comprometiéndose con la meta de reducir a la mitad la energía consumida de fuentes no fósiles para 2020. Pero la <a href="https://www.wired.com/2012/07/green-fleet/" target="_blank" rel="noopener">iniciativa quedó por el camino</a>, al quedar en evidencia que no existían los suministros de agrocombustibles necesarios, ni siquiera con una enorme inversión militar para expandir la industria. La iniciativa sucumbió debido al aumento vertiginoso de los costos y la oposición política. Aunque hubiera prosperado, hay pruebas considerables que señalan que <a href="https://www.tni.org/en/publication/agrofuel-crops" target="_blank" rel="noopener">el uso de biocombustibles tiene costos ambientales y sociales</a> (como la subida de precios de los alimentos) que socavan su pretensión de ser una alternativa ‘verde’ del petróleo.</div>
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<div>Aparte del enfrentamiento militar, las estrategias de seguridad nacional también se ocupan del despliegue del ‘poder blando’: diplomacia, coaliciones y colaboraciones internacionales, y trabajo humanitario. Por tanto, la mayoría de las <a href="https://www.routledge.com/Climate-Migration-and-Security-Securitisation-as-a-Strategy-in-Climate/Boas/p/book/9781138066687" target="_blank" rel="noopener">estrategias de seguridad nacional también utilizan el lenguaje de la seguridad humana</a> como parte de sus objetivos y hablan de medidas preventivas, prevención de conflictos, etc. Por ejemplo, la estrategia de seguridad nacional del Reino Unido de 2015 incluso se refiere a la necesidad de abordar algunas de las causas fundamentales de la inseguridad: “Nuestro objetivo a largo plazo es fortalecer la resiliencia de los países pobres y frágiles ante las catástrofes, los shocks y el cambio climático. Esto salvará vidas y reducirá el riesgo de inestabilidad. También es mucho más rentable invertir en preparación y resiliencia ante las catástrofes que responder después del evento”. Estas son palabras sabias, pero no se manifiestan en la forma en que se organizan los recursos. En 2021, el Gobierno del Reino Unido recortó GBP 4000 millones de su presupuesto de ayuda exterior, de 0,7 % a 0,5 % de su ingreso nacional bruto, supuestamente de forma temporal para reducir el volumen de préstamos y enfrentar la crisis de la COVID-19, pero poco después de aumentar el <a href="https://www.defensenews.com/global/europe/2020/11/19/uk-to-boost-defense-budget-by-219-billion-heres-who-benefits-and-loses-out/" target="_blank" rel="noopener">gasto militar en GBP 16 500 millones</a>, lo que equivale a un crecimiento anual del 10%.</div>
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<p><img decoding="async" class="media-element file-full-width aligncenter" title="The military depends on high levels of fuel-use as well as deploys weapons with lasting environmental impacts" src="https://www.tni.org/files/styles/content_full_width/public/15342732222_8681cf3bd8_o.jpg?itok=ggC8lfTM" alt="The military depends on high levels of fuel-use as well as deploys weapons with lasting environmental impacts" width="660" height="397" data-delta="2" /></p>
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<div style="text-align: center;">Las fuerzas armadas utilizan una gran cantidad de combustible y despliegan armas que tienen impactos ambientales duraderos.</div>
<div style="text-align: center;">Crédito: <a href="http://www.flickr.com/photos/defenceimages/15342732222" target="_blank" rel="noopener">Cpl Neil Bryden RAF/Crown Copyright 2014</a> (<a href="https://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/2.0/" target="_blank" rel="noopener">CC BY-NC-ND 2.0</a>)</div>
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<h4 id="¿Cuáles son los mayores problemas al describir el cambio climático como un asunto de seguridad?">4.¿Cuáles son los mayores problemas al describir el cambio climático como un asunto de seguridad?</h4>
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<p>El problema fundamental cuando se considera el cambio climático como un asunto de seguridad es que se responde a una crisis provocada por la injusticia sistémica con soluciones de ‘seguridad’, configuradas en una ideología e instituciones concebidas para buscar el control y la continuidad. En esta época en que controlar el cambio climático y garantizar una transición justa exigen la redistribución radical del poder y la riqueza, la estrategia de seguridad busca perpetuar el <em>statu quo</em>. En el proceso, la seguridad climática genera seis consecuencias principales.</p>
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<p><strong>1. Oculta o desvía la atención de las causas del cambio climático, lo que frena los cambios necesarios a un status quo injusto.</strong> Al centrarse en las respuestas a los impactos del cambio climático y las intervenciones de seguridad que podrían ser necesarias, se desvía la atención de las causas de la crisis climática: el <a href="https://www.theguardian.com/environment/2019/oct/09/revealed-20-firms-third-carbon-emissions" target="_blank" rel="noopener">poder de las empresas</a> y países que más contribuyen a provocar el cambio climático, el papel de las fuerzas armadas (uno de los mayores emisores institucionales de GEI), y las políticas económicas, como los tratados de libre comercio, que agravan la vulnerabilidad de muchas personas ante los cambios derivados del clima. Ignora la violencia intrínseca del modelo económico de extracción globalizado, presupone y apoya implícitamente la concentración de poder y riqueza, y busca detener los conflictos y la ‘inseguridad’ resultantes. Tampoco cuestiona el papel de los propios organismos de seguridad en la defensa de un sistema injusto. Si bien los estrategas de seguridad climática señalan la necesidad de abordar las emisiones de GEI que genera el sector militar, eso nunca llega a reclamar el cierre de la infraestructura militar o la reducción radical de las fuerzas armadas y el presupuesto destinado a la seguridad y, de esa manera, pagar los compromisos existentes y brindar financiación climática a los países en desarrollo para que inviertan en programas alternativos, como un Nuevo Pacto Verde Mundial.</p>
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<div><strong>2. Fortalece una industria y un aparato militares y de seguridad en auge que alcanzaron una riqueza y un poder sin precedentes tras el 11 de septiembre de 2001</strong>. La inseguridad climática pronosticada se convirtió en una nueva excusa ilimitada para el gasto militar y de seguridad y para las medidas de emergencia que eluden las normas democráticas. Casi todas las estrategias de seguridad climática describen un panorama de inestabilidad cada vez mayor, lo que exige una respuesta de seguridad. Como expresó el contralmirante de la Armada de Estados Unidos <a href="https://slate.com/technology/2014/04/david-titley-climate-change-war-an-interview-with-the-retired-rear-admiral-of-the-navy.html" target="_blank" rel="noopener">David Titley</a>: “Es como verse envuelto en una guerra que dura 100 años”. Titley lo planteó como un argumento a favor de la acción climática, pero por defecto también es un argumento por el aumento cada vez mayor del gasto militar y en seguridad. En este sentido, sigue una larga tendencia de los militares que buscan <a href="https://www.tni.org/es/publicacion/casus-belli-como-los-estados-unidos-venden-la-guerra-ebook" target="_blank" rel="noopener">justificaciones nuevas para la guerra</a>, incluso para combatir el consumo de drogas, el terrorismo, los piratas informáticos, etc., lo que llevó a que <a href="https://www.sipri.org/media/press-release/2021/world-military-spending-rises-almost-2-trillion-2020" target="_blank" rel="noopener">los presupuestos del gasto militar y de seguridad crecieran rápidamente</a> en todo el mundo. Los llamamientos del Estado a la seguridad, inmersos en un lenguaje de enemigos y amenazas, también se utilizan para justificar medidas de emergencia, como el envío de tropas y la promulgación de leyes de emergencia que eluden los organismos democráticos y restringen las libertades civiles.</div>
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<div><strong>3. Transfiere la responsabilidad de la crisis climática a sus víctimas, calificándolas de ‘riesgos’ o ‘amenazas’.</strong> Al considerar la inestabilidad que provoca el cambio climático, los defensores de la seguridad climática advierten sobre el peligro de implosión de los Estados, lugares que se vuelven inhabitables y personas que deben migrar o recurren a la violencia. En el proceso, quienes tienen la menor responsabilidad por el cambio climático son los más afectados y también son vistos como ‘amenazas’. Es una injusticia triple. Se aplica una larga tradición de narrativas de seguridad por la cual el enemigo siempre está en otra parte. Como señalara la profesora Robyn Eckersley, “las amenazas ambientales son algo que los extranjeros les hacen a los estadounidenses o al territorio estadounidense”, y jamás son provocadas por las políticas internas de Estados Unidos y sus aliados.</div>
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<div><strong>4. Refuerza los intereses empresariales</strong>. En la época colonial, e incluso antes, la seguridad nacional se identificaba con la defensa de los intereses de las empresas. En 1840, el ministro de Relaciones Exteriores del Reino Unido, Lord Palmerston, fue inequívoco: “Es tarea del Gobierno abrir y asegurar los caminos para el comerciante”. Este enfoque sigue guiando la política exterior de la mayoría de los países en la actualidad, y se ve reforzado por el creciente poder de la influencia empresarial en el gobierno, el mundo académico, institutos de políticas y organismos intergubernamentales como la ONU o el Banco Mundial. Esto se ve reflejado en muchas estrategias de seguridad nacional relacionadas con el clima que expresan una preocupación particular por las consecuencias del cambio climático en las rutas marítimas, las cadenas de suministro y los impactos climáticos extremos en los centros económicos. La seguridad de las mayores empresas transnacionales se redunda automáticamente en la seguridad del país entero, aunque esas mismas transnacionales, como las petroleras, sean las principales contribuyentes de la inseguridad.</div>
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<div><strong>5. Genera inseguridad</strong>. El despliegue de fuerzas de seguridad suele generar inseguridad para el resto. Esto ha sido evidente, por ejemplo, en la invasión y ocupación militar de Afganistán, liderada por Estados Unidos y apoyada por la OTAN durante 20 años. Lanzada con la promesa de seguridad contra el terrorismo, sin embargo terminó alimentando una guerra interminable, conflictos, el regreso del Talibán, y posiblemente el surgimiento de fuerzas terroristas nuevas. De manera similar, la policía en Estados Unidos y <a href="https://longreads.tni.org/es/stateofpower/viejos-habitos-nuevos-trucos-la-politica-de-castas-se-une-a-las-grandes-tecnologias-en-la-india" target="_blank" rel="noopener">otros países</a> suele crear mayor inseguridad para las comunidades marginadas que padecen la discriminación, la vigilancia y la muerte con el fin de mantener la seguridad de las clases adineradas propietarias. Los programas de seguridad climática liderados por las fuerzas de seguridad no serán ajenos a esta dinámica. Como lo <a href="https://www.radicalphilosophy.com/article/against-security" target="_blank" rel="noopener">resume Mark Neocleous</a>: “Toda seguridad se define en relación con la inseguridad. Todo llamado a la seguridad no solo debe implicar la especificación del miedo que lo genera, sino que ese miedo (inseguridad) exige las contramedidas (seguridad) para neutralizar, eliminar o constreñir a la persona, grupo, objeto o condición que genera el miedo”.</div>
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<div><strong>6. Socava otras formas de lidiar con los impactos climáticos.</strong> Cuando la seguridad se convierte en el marco contextual, las interrogantes que surgen siempre son qué es lo que está inseguro, en qué medida y qué intervenciones de seguridad podrían funcionar, y nunca si la seguridad debería ser la estrategia siquiera. El asunto se establece en un binario de amenaza versus seguridad, que requiere la intervención del Estado y, a menudo, justifica acciones extraordinarias ajenas a las normas de la toma de decisiones democrática. Así se descartan otras estrategias, como aquellas que procuran analizar causas más sistémicas o centradas en valores diferentes (por ejemplo, de justicia, soberanía popular, alineación ecológica, justicia restaurativa), o basadas en diferentes organismos y enfoques (por ejemplo, el liderazgo de la salud pública, soluciones basadas en los bienes comunes o en la comunidad). También reprime a los mismos movimientos que reclaman estas estrategias alternativas y desafían los sistemas de injusticia que perpetúan el cambio climático.</div>
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<p><img decoding="async" class="media-element file-full-width aligncenter" title="US troops watch burning oil fields in wake of US invasion in 2003" src="https://www.tni.org/files/styles/content_full_width/public/1280px-us_navy_030402-n-5362a-004_u.s._army_sgt._mark_phiffer_stands_guard_duty_near_a_burning_oil_well_in_the_rumaylah_oil_fields_in_southern_iraq.jpg?itok=GBkZ6BO3" alt="US troops watch burning oil fields in wake of US invasion in 2003" width="660" height="433" data-delta="3" /></p>
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<div style="text-align: center;">Soldados estadounidenses observan la quema de yacimientos petrolíferos tras la invasión de Estados Unidos en 2003.</div>
<div style="text-align: center;">Crédito: Arlo K. Abrahamson/Armada de los Estados Unidos</div>
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<h4>BOX 2 Patriarcado y seguridad climática</h4>
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<div>Tras la estrategia militarizada de la seguridad climática subyace un sistema patriarcal que normaliza los medios militares para resolver los conflictos y la inestabilidad. El patriarcado está profundamente arraigado en las estructuras militares y de seguridad. Se evidencia más en el liderazgo y el predominio masculino en las fuerzas militares y paramilitares del Estado, pero también es inherente a la forma en que se concibe la seguridad, el privilegio que los sistemas políticos otorgan a los militares y la forma en que el gasto y las intervenciones militares casi no se cuestionan, aunque no cumplan con sus promesas.</div>
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<div>Los conflictos armados y las respuestas militarizadas a las crisis repercuten más en las mujeres y las personas LGBT+, que también soportan una carga mayor al lidiar con las consecuencias de crisis tales como el cambio climático.</div>
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<div>En particular, las mujeres están a la vanguardia de los movimientos por el clima y por la paz. Por ese motivo hace falta una crítica feminista de la seguridad climática, y buscar soluciones feministas. Como argumentan Ray Acheson y Madeleine Rees, de la Liga Internacional de Mujeres por la Paz y la Libertad: “Sabiendo que la guerra es la forma máxima de inseguridad humana, las feministas abogan por soluciones a largo plazo a los conflictos y apoyan una agenda de paz y seguridad que protege a todos los pueblos”.</div>
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<p><img decoding="async" class="media-element file-full-width aligncenter" title="Displaced women carrying their belongings arrive in Bossangoa, Central African Republic, after fleeing violence." src="https://www.tni.org/files/styles/content_full_width/public/10575075076_de3d8fff27_c.jpg?itok=OcvQVNCI" alt="" width="660" height="440" data-delta="4" /></p>
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<div style="text-align: center;">Mujeres desplazadas que transportan sus pertenencias llegan a Bossangoa, República Centroafricana, tras huir de la violencia. Crédito: <a href="https://www.flickr.com/photos/101268966@N04/10575075076/" target="_blank" rel="noopener">ACNUR/ B. Heger</a> (<a href="https://creativecommons.org/licenses/by-nc/2.0/" target="_blank" rel="noopener">CC BY-NC 2.0</a>)</div>
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<h3></h3>
<h4 id="¿Por qué los movimientos sociales y las organizaciones ambientales defienden la seguridad climática?">5.¿Por qué los movimientos sociales y las organizaciones ambientales defienden la seguridad climática?</h4>
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<div>A pesar de estas inquietudes, varias organizaciones ambientalistas y de otro tipo han impulsado políticas de seguridad climática, como el <a href="https://www.worldwildlife.org/initiatives/in-pursuit-of-prosperity" target="_blank" rel="noopener">Fondo Mundial para la Naturaleza</a>, Environmental Defense Fund y The Nature Conservancy, de Estados Unidos, y E3G, de Europa. El grupo de acción directa de base Extinction Rebellion Netherlands, de Países Bajo, incluso invitó a un destacado general holandés a escribir sobre la seguridad climática en su manual ‘rebelde’.</div>
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<div>Cabe destacar que, dadas las distintas interpretaciones que existen sobre la seguridad climática, algunos grupos quizá no expresen la misma perspectiva que los organismos de seguridad nacional. El politólogo Matt McDonald identifica cuatro perspectivas diversas de la seguridad climática, que varían según en la seguridad de quién se centran: las ‘personas’ (seguridad humana), las ‘naciones-Estado’ (seguridad nacional), la ‘comunidad internacional’ (seguridad internacional) y el ‘ecosistema’ (seguridad ecológica). Superpuestos con una combinación de estas perspectivas están los programas emergentes de <a href="https://www.planetarysecurityinitiative.org/climate-security-practices" target="_blank" rel="noopener">prácticas de seguridad climática</a>, que son intentos de mapear y articular políticas que podrían proteger la seguridad humana y prevenir conflictos.</div>
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<div>Las demandas de los movimientos sociales reflejan esta diversidad de puntos de vista y, en la mayoría de los casos, se preocupan por la seguridad humana, pero algunos pretenden captar a los militares como aliados y están dispuestos a utilizar el marco de la ‘seguridad nacional’ para lograrlo. Al parecer, se basan en la convicción de que esa alianza lograría recortar las emisiones militares de GEI, ayudaría a recabar el apoyo político de fuerzas políticas que suelen ser más conservadoras para la adopción de medidas climáticas más audaces y, de esta manera, presionar para que el cambio climático se instale en los <a href="https://www.academia.edu/39047709/Buzan_Waever_and_De_Wilde_1998_Security_A_New_Framework_For_Analysis" target="_blank" rel="noopener">circuitos de ‘seguridad’ del poder, donde finalmente tendrá la prioridad debida</a>.</div>
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<div>A veces, los Gobiernos, como el de Tony Blair en el Reino Unido (1997-2007) y el de Obama en Estados Unidos (2008-2016), también utilizan las narrativas de seguridad como una estrategia para que los actores estatales reacios se comprometan con la acción climática. Como <a href="https://www.theguardian.com/world/2007/may/11/politics.greenpolitics" target="_blank" rel="noopener">argumentó</a> en 2007 la ministra de Relaciones Exteriores del Reino Unido, Margaret Beckett, en ocasión del primer debate sobre seguridad climática en el Consejo de Seguridad de la ONU: “Cuando la gente habla de problemas de seguridad, lo hace en términos cualitativamente diferentes a los de otros tipos de problemas. La seguridad es vista como una exigencia y no como opción&#8230; señalar los aspectos de seguridad del cambio climático cumple el papel de impulsar a los gobiernos que aún no han tomado medidas”.</div>
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<div>Sin embargo, al hacerlo se difuminan y fusionan perspectivas de seguridad muy diferentes. Y dado el poder duro del aparato militar y de seguridad nacional, que supera con creces a cualquier otro, esto termina por reforzar la narrativa de seguridad nacional, incluso dándole un brillo humanitario o ambiental que es políticamente útil a las estrategias y operaciones militares y de seguridad, y a los intereses empresariales que buscan proteger y defender.</div>
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<h4 id="¿Cuáles son los supuestos problemáticos de los planes militares de seguridad climática?">6.¿Cuáles son los supuestos problemáticos de los planes militares de seguridad climática?</h4>
<div>Los planes militares de seguridad climática incorporan supuestos fundamentales que luego determinan sus políticas y programas. Una serie de supuestos inherentes a la mayoría de las estrategias de seguridad climática señala que el cambio climático causará escasez, lo que provocará conflictos, y que serán necesarias soluciones en materia de seguridad. En este marco maltusiano, las poblaciones más empobrecidas del mundo –en especial de regiones tropicales, como la mayor parte de África subsahariana– son consideradas la fuente más probable de conflictos. Este paradigma de Escasez &gt; Conflicto &gt; Seguridad se refleja en innumerables estrategias, lo que no sorprende para una institución concebida para ver el mundo a través de las amenazas. El resultado, sin embargo, es un sólido hilo distópico que conduce a la planificación de la seguridad nacional. Un<a href="https://theintercept.com/2016/10/13/pentagon-video-warns-of-unavoidable-dystopian-future-for-worlds-biggest-cities/" target="_blank" rel="noopener"> video de entrenamiento característico del Pentágono</a> advierte de un mundo con “amenazas híbridas” que surgen en rincones oscuros de ciudades y que los ejércitos no podrán controlar. Esto también sucede en la realidad, como se vio en Nueva Orleans tras el paso del huracán Katrina, donde quienes intentaban sobrevivir en circunstancias de desesperación absoluta fueron <a href="https://www.motherjones.com/environment/2009/08/secret-history-hurricane-katrina/" target="_blank" rel="noopener">tratados como combatientes enemigos</a> y muertos a balazos en lugar de ser rescatados.</div>
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<div>Como señaló Betsy Hartmann, esto <a href="https://doi.org/10.1080/14650045.2013.847433" target="_blank" rel="noopener">responde a una historia más antigua de colonialismo y racismo</a> que patologiza deliberadamente a pueblos y continentes enteros, y se complace en proyectarla hacia el futuro para justificar el despojo y la presencia militar constantes. Excluye la posibilidad de que la <a href="https://www.penguinrandomhouse.com/books/301070/a-paradise-built-in-hell-by-rebecca-solnit/" target="_blank" rel="noopener">escasez dé pie a la colaboración</a>, o que los conflictos tengan una resolución política. También, como se señaló anteriormente, evita intencionalmente analizar cómo la escasez, incluso en épocas de inestabilidad climática, tiene su raíz en actividades humanas y es un reflejo de una mala distribución de recursos, y no de la escasez absoluta. Y justifica la represión de movimientos que <a href="https://www.theguardian.com/commentisfree/2014/apr/07/climate-change-violence-occupy-earth" target="_blank" rel="noopener">reclaman y se movilizan por el cambio del sistema porque los ve como amenazas</a>, al suponer que cualquiera que se oponga al orden económico vigente presenta un peligro de inestabilidad.</div>
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<h4 id="¿La crisis climática genera conflictos?">7. ¿La crisis climática genera conflictos?</h4>
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<div>La suposición de que el cambio climático generará conflictos está implícita en los documentos de seguridad nacional. El análisis de 2014 del Departamento de Defensa de Estados Unidos, por ejemplo, sostiene que las consecuencias del cambio climático “son multiplicadores de amenazas que agravarán factores estresantes en el exterior, como la pobreza, la degradación ambiental, la inestabilidad política y las tensiones sociales, condiciones que pueden habilitar la actividad terrorista y otras formas de violencia”.</div>
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<div>Una mirada superficial sugiere la existencia de vínculos: 12 de los 20 países más vulnerables al cambio climático experimentan conflictos armados en la actualidad. Si bien una correlación no equivale a una causa, el análisis de <a href="https://www.annualreviews.org/doi/abs/10.1146/annurev-economics-080614-115430" target="_blank" rel="noopener">más de 55 estudios sobre el tema por los profesores estadounidenses Burke, Hsiang y Miguel</a> intentó demostrar vínculos causales, con el argumento de que, por cada subida de un grado en la temperatura, los conflictos interpersonales e intergrupales crecían 2,4 % y 11,3 %, respectivamente. Desde entonces, su <a href="http://dx.doi.org/10.1080/14650045.2014.964865" target="_blank" rel="noopener">metodología ha sido muy cuestionada</a>. Un <a href="https://www.nature.com/articles/s41586-019-1300-6" target="_blank" rel="noopener">informe publicado por la revista <em>Nature</em> en 2019 concluyó</a>: “La variabilidad y/o el cambio climáticos ocupan un lugar bajo en la lista clasificada de los impulsores de conflictos más influyentes en todas las experiencias hasta la fecha, y los expertos lo clasifican como el más incierto en su influencia”.</div>
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<div>En la práctica resulta difícil separar el cambio climático de otros factores causales que generan conflictos, y hay escasa evidencia que indique que las consecuencias del cambio climático llevarán necesariamente a la gente a recurrir a la violencia. De hecho, a veces la escasez puede reducir la violencia ya que las personas se ven obligadas a cooperar entre ellas. Por ejemplo, una investigación en las tierras áridas del distrito de Marsabit, en el norte de Kenia, concluyó que en períodos de sequía y escasez de agua la violencia era menos frecuente ya que las comunidades de pastores empobrecidos se inclinaban aún menos a iniciar conflictos en esos momentos, y también tenían regímenes de propiedad colectiva fuertes pero flexibles que regulaban el agua y les ayudaban a adaptarse a la escasez.</div>
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<div>Queda claro que lo que más determina el estallido de conflictos son tanto las desigualdades subyacentes inherentes en este mundo globalizado (<a href="https://www.boldtypebooks.com/titles/christian-parenti/tropic-of-chaos/9781568586625/" target="_blank" rel="noopener">herencia de la Guerra Fría y la globalización profundamente desigual</a>), como las respuestas políticas problemáticas a las situaciones de crisis. Las intervenciones torpes o manipuladoras de las élites suelen ser uno de los motivos por las que una situación difícil se convierte en un conflicto y, en última instancia, en una guerra. Un <a href="http://www.sciencedirect.com/science/%0Aarticle/pii/S0959378013001933" target="_blank" rel="noopener">estudio financiado por la UE sobre los conflictos en el Mediterráneo, el Sahel y Oriente Medio</a> reveló, por ejemplo, que las causas principales de los conflictos en estas regiones no eran las condiciones hidroclimáticas, sino los déficits democráticos, el desarrollo económico distorsionado e injusto y los mediocres intentos de adaptación al cambio climático que terminan por agravar la situación.</div>
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<div>Siria es otro ejemplo similar. Muchos relatos de militares revelan cómo la sequía en la región derivada del cambio climático provocó la migración del campo a la ciudad y la guerra civil resultante. Sin embargo, quienes <a href="https://merip.org/2020/09/on-blaming-climate-change-for-the-syrian-civil-war/" target="_blank" rel="noopener">estudiaron más de cerca la situación</a> concluyen que el recorte de los subsidios agrícolas, una medida neoliberal del Gobierno de Bashar al Assad, tuvo un impacto mucho mayor en esa migración que la sequía. Pero difícilmente podremos hallar un analista militar que atribuya la guerra al neoliberalismo. Además, no hay evidencia de que la migración haya tenido algo que ver con la guerra civil. La población migrante de la región afectada por la sequía no participó en gran medida en las protestas de 2011, y las demandas de los manifestantes no estaban relacionadas directamente con la sequía ni la migración. Las protestas pacíficas se transformaron en una guerra civil prolongada gracias a que Assad decidió optar por la represión en lugar de adoptar reformas como respuesta a los reclamos de democratización, además del rol de actores externos, como Estados Unidos.</div>
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<div>También hay evidencia que indica que la probabilidad de conflictos puede crecer de consolidarse el paradigma clima-conflicto. Este impulsa la carrera armamentista, distrae de otros factores causales que generan conflictos y socava otras estrategias para la resolución de conflictos. Por ejemplo, el creciente recurso al <a href="https://doi.org/10.1057/s41311-021-00313-4" target="_blank" rel="noopener">discurso y la retórica militar y estatista</a> sobre las corrientes de agua transfronteriza entre India y China debilitó los sistemas diplomáticos existentes para compartir el agua e hizo más probable el conflicto en la región.</div>
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<div>Véase también: ‘<a href="https://www.tandfonline.com/toc/fgeo20/19/4" target="_blank" rel="noopener">Rethinking Climate Change, Conflict and Security</a>’, <em>Geopolitics</em>, Special Issue, 19(4).</div>
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<p><img decoding="async" class="media-element file-full-width aligncenter" title="Syria’s civil war is simplistically blamed on climate change with little evidence. As in most conflict situations, the most important causes arose from the Syrian government’s repressive response to the protests as well as the role of external players in " src="https://www.tni.org/files/styles/content_full_width/public/1280px-azaz_syria.jpg?itok=AUlPRg8P" alt="Syria’s civil war is simplistically blamed on climate change with little evidence. As in most conflict situations, the most important causes arose from the Syrian government’s repressive response to the protests as well as the role of external players in " width="660" height="437" data-delta="5" /></p>
<div style="text-align: center;">Se suele culpar a la guerra de Siria por el cambio climático, de una manera simplista, sin tener pruebas suficientes. Al igual que en la mayoría de los conflictos, las causas más importantes surgieron de la respuesta represiva del Gobierno de Siria a las protestas y al papel de actores externos en fomentar el conflicto. Foto de Azaz, Siria. Crédito: <a href="https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Azaz,_Syria.jpg" target="_blank" rel="noopener">Christiaan Triebert</a> (<a href="https://creativecommons.org/licenses/by/2.0/deed.en" target="_blank" rel="noopener">CC BY 2.0</a>)</div>
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<h4 id="¿Cómo impacta la seguridad climática en las fronteras y la migración?">8. ¿Cómo impacta la seguridad climática en las fronteras y la migración?​</h4>
<p>La percepción de la ‘amenaza’ de la migración masiva domina las narrativas sobre seguridad climática. Para el influyente informe estadounidense de 2007, <a href="https://www.cnas.org/publications/reports/the-age-of-consequences-the-foreign-policy-and-national-security-implications-of-global-climate-change" target="_blank" rel="noopener"><em>Era de las consecuencias: Las repercusiones del cambio climático mundial en la política exterior y la seguridad nacional</em></a>, la migración a gran escala es “quizá el problema más preocupante asociado con el aumento de las temperaturas y el nivel del mar”, y advierte que “desencadenará serias inquietudes de seguridad y disparará las tensiones regionales”. Un informe de la UE de 2008, <em><a href="https://www.consilium.europa.eu/en/documents-publications/publications/climate-change-international-security/" target="_blank" rel="noopener">Cambio climático y seguridad internacional</a></em>, clasificó a la migración provocada por el clima como el cuarto problema de seguridad en importancia, después de los conflictos por los recursos, los daños económicos a las ciudades/costas y las disputas territoriales. El informe reclamó “mayor desarrollo de una política migratoria europea integral”, en vista del “estrés migratorio adicional que desencadena el ambiente”.</p>
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<div>Estas advertencias potenciaron las <a href="https://oxford.universitypressscholarship.com/view/10.1093/acprof:oso/9780199794829.001.0001/acprof-9780199794829" target="_blank" rel="noopener">fuerzas y dinámicas a favor de la militarización de las fronteras</a> que, incluso sin advertencias climáticas, ya eran hegemónicas en las políticas fronterizas del planeta. Las respuestas cada vez más draconianas ante la migración debilitaron sistemáticamente el derecho internacional al asilo y provocaron un sufrimiento incalculable de los pueblos desplazados, que soportan viajes cada vez más peligrosos cuando huyen de sus países de origen en busca de asilo así como entornos cada vez más ‘hostiles’ cuando lo logran.</div>
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<div>El miedo que se ha sembrado contra los ‘migrantes del clima’ también coincide con la guerra mundial contra el terrorismo, que fomentó y legitimó el refuerzo gradual y constante de las medidas de seguridad y el gasto del Estado. De hecho, numerosas estrategias de seguridad climática equiparan la migración con el terrorismo y advierten que los migrantes en Asia, África, América Latina y Europa serán terreno fértil para la radicalización y el reclutamiento por parte de grupos extremistas. Estas ideas refuerzan las narrativas que apuntan a los migrantes como amenazas y sugieren una probable intersección entre la migración y los conflictos, la violencia e incluso el terrorismo, lo que generará inevitablemente Estados fallidos y caos contra los cuales los países ricos tendrán que defenderse.</div>
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<div>No mencionan que el cambio climático puede limitar en vez de provocar la migración, ya que los eventos climáticos extremos atentan incluso contra las condiciones básicas para la vida. Tampoco toman en cuenta las causas estructurales de la migración y la responsabilidad que le cabe a muchos de los países más ricos por el desplazamiento forzoso de población. La guerra y los conflictos son algunas de las principales causas de la migración, junto con la desigualdad económica estructural. Sin embargo, las estrategias de seguridad climática evaden la discusión sobre los acuerdos económicos y comerciales que generan desempleo y la pérdida de la dependencia de los alimentos básicos, como el TLCAN en México, las guerras que se libran por objetivos imperiales (y comerciales) como sucedió en Libia, o la devastación de comunidades y el ambiente que provocan las corporaciones transnacionales, como las empresas mineras canadienses en América Central y del Sur, todo lo cual fomenta la migración. Tampoco destacan cómo los países con más recursos financieros reciben el menor número de refugiados. Proporcionalmente, de los 10 países mayores receptores de refugiados solo uno, Suecia, es un país de renta alta.</div>
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<div>La decisión de centrarse en las soluciones militares para la migración, y no en las soluciones estructurales o incluso compasivas, generó un enorme aumento en la financiación y la militarización de las fronteras en todo el mundo, en previsión del fuerte crecimiento de la migración provocada por el clima. El gasto que Estados Unidos destina a la migración y las fronteras pasó de 9.200 millones de dólares  a 26.000 millones de dólares entre 2003 y 2021. La agencia de la guardia de fronteras de la UE, <a href="https://www.tni.org/es/publicacion/custodiar-la-fortaleza" target="_blank" rel="noopener">Frontex, aumentó su presupuesto de 5,2 millones de euros en 2005 a 460 millones de euros en 2020</a>, y ya tiene reservados 5.600 millones de euros para el período de 2021 a 2027. Las fronteras actualmente están ‘protegidas’ por <a href="https://www.tni.org/es/mundo-amurallado" target="_blank" rel="noopener">63 muros en todo el planeta</a>.</div>
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<div>Y <a href="https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0030438707000786?casa_token=Hm4sQIHAm-kAAAAA:5iqQX_J_t251MBa4393nCnBjp7sM5jR0Q2Oxjrb6Te_TPwTKpKkaylANxn3dOKV7i4JzfGHhL4M" target="_blank" rel="noopener">las fuerzas militares intervienen cada vez más ante los migrantes</a>, tanto en sus fronteras nacionales como en <a href="https://www.tni.org/en/publication/expanding-the-fortress?content_language=es" target="_blank" rel="noopener">zonas alejadas de su territorio</a>. Estados Unidos suele enviar barcos de la armada y guardacostas para patrullar el Caribe, y desde 2005 la UE le encargó a su agencia fronteriza, Frontex, el patrullaje conjunto del Mediterráneo con las armadas de los Estados miembros y los países vecinos. Australia ha utilizado sus fuerzas para impedir que los refugiados desembarquen en sus costas. India despliega un número creciente de agentes de su Fuerza de Seguridad Fronteriza (BSF) –que tienen potestad para recurrir a la violencia– en la frontera oriental con Bangladesh, lo que la convierte en una de las zonas limítrofes más letales del mundo.</div>
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<div>Véase también:</div>
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<li>La serie completa de informes de TNI sobre políticas de fronteras y la industria de la seguridad fronteriza, <a href="https://www.tni.org/es/tema/guerras-de-frontera" target="_blank" rel="noopener"><em>Guerras de frontera.</em></a></li>
<li>Felipe, B. (2021) Huir del clima. <em><a href="https://www.cear.es/wp-content/uploads/2021/10/informe-huir-del-clima.pdf" target="_blank" rel="noopener">Cómo influyen la crisis climática en las migraciones humanas</a>.</em>  CEAR/Greenpeace.</li>
<li>Felipe, B. (2019) <em><a href="https://migracionesclimaticas.org/documento/perspectiva-de-genero-en-las-migraciones-climaticas/" target="_blank" rel="noopener">Perspectiva de género en las migraciones climáticas</a></em>. Ecodes.</li>
<li>Rodier, C. (2013) <em>El negocio de la xenofobia. Para qué sirven los controles migratorios.</em> Clave intelectual</li>
</ul>
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<h4 id="¿Qué rol cumplen las fuerzas armadas en la creación de la crisis climática?">9. ¿Qué rol cumplen las fuerzas armadas en la creación de la crisis climática?​</h4>
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<div>En lugar de recurrir al sector militar como una solución para la crisis climática, es más importante examinar cómo contribuye a la crisis climática con sus altos niveles de emisiones de GEI y su rol fundamental en el mantenimiento de la economía de los combustibles fósiles.</div>
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<div>Un informe del Congreso de Estados Unidos indica que <a href="https://fas.org/sgp/crs/natsec/R42558.pdf" target="_blank" rel="noopener">el Pentágono es el mayor consumidor institucional de petróleo del mundo</a>, pero según la normativa vigente, no está obligado a tomar ninguna medida drástica de reducción de sus emisiones en consonancia con el conocimiento científico. Un estudio de 2019 calculó que las emisiones del Pentágono ascendían a 59 millones de toneladas de GEI, más que el total de emisiones conjuntas de Dinamarca, Finlandia y Suecia en 2017. La organización británica <a href="https://www.sgr.org.uk/index.php/projects/climate-change-military-main-outputs" target="_blank" rel="noopener">Scientists for Global Responsibility</a> calcula que el sector militar del Reino Unido emitió 11 millones de toneladas de GEI, equivalentes a 6 millones de automóviles, y que la UE emitió 24,8 millones de toneladas, siendo la contribución de Francia un tercio del total. Estos estudios presentan estimaciones conservadoras debido a la falta de transparencia de los datos. También se supo que cinco empresas de venta de armas con sede en los estados miembros de la UE (Airbus, Leonardo, PGZ, Rheinmetall y Thales) emitieron, como mínimo, 1,02 millones de toneladas de GEI en conjunto.</div>
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<div>El alto nivel de las emisiones de GEI de las fuerzas armadas se debe a su extensa infraestructura (la institución suele ser la mayor propietaria de la tierra en la mayoría de los países), su alcance mundial –especialmente las de Estados Unidos, que mantienen más de 800 bases militares en el planeta, muchas de las cuales participan de operaciones de contrainsurgencia que dependen del combustible– y el alto consumo de combustibles fósiles de la mayoría de los sistemas de transporte militar. Un avión de combate F-15, por ejemplo, utiliza 342 barriles (54 510 litros) de petróleo por hora, y es casi imposible de reemplazar con alternativas de energía renovable. Aviones y barcos militares tienen ciclos de vida prolongados, lo que asegura emisiones de carbono durante muchos años.</div>
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<div>Sin embargo, el mayor impacto en las emisiones radica en el propósito dominante de las fuerzas armadas, que es asegurar el <a href="https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S2211467X19301026#bib47" target="_blank" rel="noopener">acceso de su país a los recursos estratégicos</a>, y el funcionamiento sin tropiezos del capital, así como la gestión de la inestabilidad y las desigualdades que provoca. Esto resultó en la militarización de regiones ricas en recursos (como Oriente Medio y los Estados del Golfo y las rutas marítimas alrededor de China) y también convirtió a las fuerzas armadas en el pilar coercitivo de esta economía construida sobre el consumo de combustibles fósiles y comprometida con el crecimiento económico ilimitado.</div>
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<div>Finalmente, el sector afecta el cambio climático a través del costo de oportunidad de invertir en las fuerzas armadas y no en la prevención del colapso climático. Los presupuestos militares casi se duplicaron desde el final de la Guerra Fría, aunque no ofrecen soluciones a las mayores crisis de la actualidad, como el cambio climático, las pandemias, la desigualdad y la pobreza. Ahora que el planeta necesita la mayor inversión posible en la transición económica para mitigar el cambio climático, se le suele decir al público que no hay recursos para hacer lo que exige la ciencia climática. En Canadá, por ejemplo, el primer ministro Justin Trudeau se jacta de sus compromisos climáticos, pero en 2020 su Gobierno destinó 27.000 millones de dólares al Departamento de Defensa Nacional, y solo 1.900 millones de dólares al Departamento de Ambiente y Cambio Climático. Hace 20 años, Canadá gastó <a href="https://www.tpsgc-pwgsc.gc.ca/recgen/cpc-pac/index-eng.html%5D" target="_blank" rel="noopener">9.600 millones de dólares en su defensa y solo 730 millones de dólares en el ambiente y cambio climático</a>. Así, en las últimas dos décadas, mientras la crisis climática se agrava, los países gastan más en las fuerzas armadas y sus armas que en tomar medidas que protejan al planeta de un cambio climático catastrófico.</div>
<div>    ​</div>
<div>Véase también: Meulewaeter, C. et al. (2020), <a href="http://centredelas.org/publicacions/militarismoycrisismedioambiental/?lang=es" target="_blank" rel="noopener"><em>Militarismo y crisis ambiental. Una reflexión necesaria</em></a>, Centre Delas.</div>
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<div>
<h4 id="Los militares, los conflictos y su vínculo con el petróleo y la economía de extracción">10. Los militares, los conflictos y su vínculo con el petróleo y la economía de extracción​</h4>
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<div>Históricamente, la guerra suele surgir de la lucha entre las élites por el control del acceso a fuentes de energía estratégicas. Esto es especialmente cierto en el caso de la economía del petróleo y los combustibles fósiles, que provoca guerras internacionales, guerras civiles, el surgimiento de grupos paramilitares y terroristas, conflictos por el transporte marítimo y óleo/gasoductos, y una intensa rivalidad geopolítica en regiones clave, desde Oriente Medio al océano Ártico (a medida que el hielo se derrite permite el acceso a yacimientos de gas y rutas de transporte nuevos).</div>
<div>    ​</div>
<div>Un estudio indica que <a href="https://direct.mit.edu/isec/article-abstract/38/2/147/12090/Fueling-the-Fire-Pathways-from-Oil-to-War" target="_blank" rel="noopener">entre 25 % y 50 % de las guerras interestatales</a> desde el comienzo en 1973 de la denominada era moderna del petróleo estaban relacionadas con el petróleo, siendo la invasión de Irak liderada por Estados Unidos en 2003 un ejemplo notorio. El petróleo también lubrica, literal y metafóricamente, la industria de las armas, proporcionando tanto los recursos como el motivo para que muchos Estados se embarquen en el gasto armamentista. De hecho, hay <a href="https://academic.oup.com/jleo/article-abstract/34/2/272/4943983?redirectedFrom=fulltext" target="_blank" rel="noopener">pruebas de que los países utilizan la venta de armas para asegurar y mantener el acceso al petróleo</a>. El mayor acuerdo de armas en la historia del Reino Unido (conocido como ‘Al-Yamamah’) se firmó en 1985 y <a href="http://news.bbc.co.uk/2/hi/business/285963.stm" target="_blank" rel="noopener">pactó</a> la exportación de armas a Arabia Saudita (para nada respetuosa de los derechos humanos) por muchos años, a cambio de 600.000 barriles de petróleo diarios. La empresa BAE Systems ganó decenas de miles de millones de dólares con la venta, lo que ayuda a subsidiar las compras de armas del propio Reino Unido.</div>
<div>    ​</div>
<div>En todo el planeta, la creciente demanda de productos básicos <a href="https://longreads.tni.org/es/stateofpower/neoextractivismo-y-violencia-estatal-defendiend-o-a-los-defensores-en-america-latina" target="_blank" rel="noopener">expandió la economía de extracción a regiones y territorios nuevos. Esto amenaza la propia existencia y soberanía de las comunidades locales y, por lo tanto, provoca resistencia</a> y conflictos. La respuesta suele manifestarse en una brutal represión policial y violencia paramilitar, que en muchos países colaboran de forma estrecha con las empresas locales y transnacionales. En Perú, por ejemplo, <a href="https://earthrights.org/wp-content/uploads/Informe-Convenios-entre-PNP-y-empresas-extractivas.pdf" target="_blank" rel="noopener">Earth Rights International</a> (ERI) sacó a la luz 138 acuerdos firmados entre empresas dedicadas a la extracción y la policía en el período 1995-2018, que “permiten a la policía brindar servicios de seguridad privada dentro de las instalaciones y otras áreas&#8230; de proyectos de extracción a cambio de una ganancia”. El asesinato de la activista indígena hondureña Berta Cáceres en 2016, perpetrado por paramilitares vinculados al Estado que trabajan con la empresa de represas Desa, es uno de numerosos casos en el planeta donde el nexo entre la demanda capitalista internacional, las industrias de extracción y la violencia política generan un entorno letal para el activismo y los miembros de la comunidad que se atreven a resistir. Global Witness ha documentado la creciente ola de violencia en el mundo: en 2020 registró el récord de 227 asesinatos de defensores de la tierra y el ambiente, con un promedio de más de cuatro por semana.</div>
<div>    ​</div>
<div>Véase también: Orellana, A. (2021), <em><a href="https://longreads.tni.org/es/stateofpower/neoextractivismo-y-violencia-estatal-defendiend-o-a-los-defensores-en-america-latina" target="_blank" rel="noopener">Neoextractivismo y violencia estatal: Defendiendo a los defensores en América Latina</a></em>. <em>Estado del poder 2021.</em> Ámsterdam: Transnational Institute.</div>
<div></div>
</div>
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<div class="media media-element-container media-full_width">
<p><img decoding="async" class="media-element file-full-width aligncenter" title="Berta Cáceres famously said ‘Our Mother Earth – militarized, fenced-in, poisoned, a place where basic rights are systematically violated – demands that we take action" src="https://www.tni.org/files/styles/content_full_width/public/33636877116_788b1620df_c.jpg?itok=i3FSc77c" alt="Berta Cáceres famously said ‘Our Mother Earth – militarized, fenced-in, poisoned, a place where basic rights are systematically violated – demands that we take action" width="660" height="440" data-delta="6" /></p>
<div class="meta-small image-info" style="text-align: center;">Berta Cáceres sostuvo “La Madre Tierra militarizada, cercada, envenenada, donde se violan sistemáticamente los derechos elementales, nos exige actuar”. Crédito: <a href="https://www.flickr.com/photos/coolloud/33636877116" target="_blank" rel="noopener">coulloud/flickr</a> (<a href="https://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/2.0/" target="_blank" rel="noopener">CC BY-NC-ND 2.0</a>)</div>
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<h4>Militarismo y petróleo en Nigeria</h4>
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<div>Quizás en ningún lugar sea tan evidente la conexión entre el petróleo, el militarismo y la represión que en Nigeria. Los regímenes coloniales y los sucesivos gobiernos posteriores a la independencia utilizaron la fuerza para asegurar el flujo de petróleo y de riqueza a una pequeña élite. En 1895, una fuerza naval británica incendió la ciudad de Brass para asegurar que la Royal Niger Company retuviera el monopolio del comercio de aceite de palma por el río Níger. Se estima que 2.000 personas perdieron la vida en el incendio. Más recientemente, en 1994, el Gobierno nigeriano estableció el Grupo de Trabajo de Seguridad Interna del estado de Rivers para reprimir las protestas pacíficas en Ogoniland contra las actividades contaminantes de la empresa Shell Petroleum Development Company (SPDC). La brutal acción en Ogoniland provocó la muerte de más de 2.000 personas, y la violación y flagelación de muchas más, entre otras violaciones de derechos humanos.</div>
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<div>El petróleo fomentó la violencia en Nigeria, en primer lugar al brindar recursos para que los regímenes militares y autoritarios tomaran el poder con la complicidad de las empresas petroleras transnacionales. Según un conocido comentario de un ejecutivo nigeriano de la Shell, “para una empresa comercial que intenta realizar inversiones, necesitas un entorno estable&#8230; Las dictaduras pueden dártelo”. Se trata de una relación simbiótica: las empresas escapan al escrutinio democrático y los militares se envalentonan y enriquecen al brindar seguridad. En segundo lugar, la distribución de los ingresos petroleros sienta las bases para el conflicto, así como la oposición a la devastación ambiental que provocan las compañías petroleras. Esto condujo a resistencias y conflictos armados en Ogoniland, que tuvieron una respuesta militar feroz y brutal.</div>
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<div>Aunque está vigente una paz frágil desde 2009, cuando el Gobierno nigeriano acordó pagar estipendios mensuales a los exguerrilleros, persisten las condiciones para que el conflicto resurja, algo que ya es una realidad en otras regiones de Nigeria.</div>
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<div>Fuente: Bassey, N. (2015) ‘<em><a href="https://www.tni.org/files/publication-downloads/018138b_tni_nigeria-resistance.pdf" target="_blank" rel="noopener">We thought it was oil, but it was blood: Resistance to the Corporate-Military wedlock in Nigeria and Beyond</a></em>’, de la colección de ensayos que acompaña a N. Buxton y B. Hayes (Eds.) (2015)<a href="https://www.fuhem.es/cambioclimaticosa/" target="_blank" rel="noopener"><em> Cambio Climático S.A. Cómo el poder [corporativo y militar] está moldeando un mundo de privilegiados y desposeídos ante la crisis climática</em></a>. FUHEM Ecosocial y TNI.</div>
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<p><img decoding="async" class="media-element file-full-width aligncenter" title="Oil pollution in the Niger Delta region" src="https://www.tni.org/files/styles/content_full_width/public/environmental_degradation_in_nigeria.jpeg?itok=TuYzsldv" alt="" width="660" height="478" data-delta="7" /></p>
<div class="meta-small image-info" style="text-align: center;">Contaminación petrolera en la región del Delta del Níger. Crédito: <a href="https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Environmental_degradation_in_Nigeria.jpeg" target="_blank" rel="noopener">Ucheke/Wikimedia</a> (<a href="https://creativecommons.org/licenses/by-sa/4.0/deed.en" target="_blank" rel="noopener">CC BY-SA 4.0</a>)</div>
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<h4 id="¿Qué impacto ambiental tienen el militarismo y la guerra?">11. ¿Qué impacto ambiental tienen el militarismo y la guerra?</h4>
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<div>Por su naturaleza, el militarismo y la guerra priorizan los objetivos de seguridad nacional y excluyen todo lo demás. Además se caracterizan por una forma de excepcionalismo, lo que significa que, con frecuencia, al sector militar se le da libertad de acción para <a href="https://sgp.fas.org/crs/natsec/RS22149.pdf" target="_blank" rel="noopener">ignorar incluso las normas y restricciones</a> que protegen de forma limitada al ambiente. En consecuencia, tanto las fuerzas militares como las guerras dejaron una herencia ambiental en gran medida devastadora. Los militares utilizan grandes cantidades de combustibles fósiles, despliegan armas y artillería profundamente tóxicas y contaminantes, atacan la infraestructura (industria del petróleo, servicios de alcantarillado, etc.), dejando a su paso daños ambientales persistentes y paisajes llenos de municiones y armas tóxicas, explotadas y sin detonar.</div>
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<div>El imperialismo estadounidense incluye una historia de destrucción ambiental, como la contaminación nuclear en curso en las Islas Marshall, el uso del defoliante químico agente naranja en Vietnam y el de uranio empobrecido en Irak y la antigua Yugoslavia. <a href="https://projects.propublica.org/bombs/#b=1.8505880080428303,-136.541015625,47.06369309705979,-60.42773437499999&amp;c=shrink" target="_blank" rel="noopener">Muchos de los sitios más contaminados en Estados Unidos pertenecen a instalaciones militares</a> y figuran en la Lista de Prioridad Nacional de la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos</div>
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<div>Los países afectados por guerras y conflictos también sufren impactos a largo plazo debido a la ausencia de gobernanza que debilita la normativa ambiental, obliga a las personas a destruir sus propios entornos para sobrevivir y fomenta el surgimiento de grupos paramilitares que, con frecuencia, extraen recursos (petróleo, minerales, etc.) mediante prácticas ambientales sumamente destructivas y que violan los derechos humanos. No es de extrañar que en ocasiones a la guerra se la describa como ‘<a href="https://ceobs.org/armed-conflict-environmental-protection-and-the-sustainable-development-goals/" target="_blank" rel="noopener">desarrollo sostenible a la inversa</a>’.</div>
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<div>Véase también: <em><a href="https://ceobs.org/how-does-war-damage-the-environment/" target="_blank" rel="noopener">How does war damage the environment?</a></em> The Conflict and Environment Observatory.</div>
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<h4 id="¿Los militares no son necesarios para las respuestas humanitarias?">12. ¿Los militares no son necesarios para las respuestas humanitarias?</h4>
<p>Una justificación importante para invertir en las fuerzas armadas en esta época de crisis climática es que son necesarias para actuar ante las catástrofes relacionadas con el clima, y muchos países ya recurren a sus militares en este sentido. Tras el paso del tifón Haiyan, que causó estragos en Filipinas en noviembre de 2013, las fuerzas armadas de Estados Unidos <a href="https://fas.org/sgp/crs/row/R43309.pdf" target="_blank" rel="noopener">llegaron a desplegar</a> 66 aviones militares, 12 embarcaciones navales y casi 1.000 militares para despejar carreteras, trasladar trabajadores humanitarios, distribuir suministros de socorro y evacuar personas. Durante las inundaciones de Alemania en julio de 2021, el ejército alemán [Bundeswehr] ayudó a reforzar las defensas contra el agua, rescatar personas y a limpiar cuando el agua retrocedió. En muchos países, sobre todo de renta baja y media, las fuerzas armadas quizá sean la única institución con la capacidad, el personal y la tecnología necesaria para actuar ante eventos catastróficos.</p>
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<div>Que el sector militar desempeñe funciones humanitarias no significa que sea la mejor institución para la tarea. Hay jerarcas militares contrarios a que las fuerzas armadas participen en tareas humanitarias porque consideran que estas distraen de los preparativos para la guerra. Aunque acepten esa función, existen muchos peligros de que los militares entren a desarrollar actividades humanitarias, especialmente en situaciones de conflicto o cuando la intervención humanitaria coincide con los objetivos estratégicos militares. Como admite abiertamente Erik Battenberg, experto en política exterior de Estados Unidos, en la revista del Congreso estadounidense, <em>The Hill</em>, “la ayuda en casos de desastre dirigida por militares no solo es una urgencia humanitaria, sino que también puede servir para una urgencia estratégica más amplia, como parte de la política exterior estadounidense”.</div>
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<div>Eso significa que la ayuda humanitaria viene acompañada de intenciones ocultas: en su mínima expresión proyecta un poder blando, pero a menudo busca influir activamente en regiones y países para que sirvan a los intereses de un país poderoso, incluso a costa de la democracia y los derechos humanos. Estados Unidos tiene una extensa historia de uso de la ayuda como parte de la contrainsurgencia en varias ‘guerras sucias’ de América Latina, África y Asia antes, durante y después de la Guerra Fría. En las últimas dos décadas, las fuerzas militares de Estados Unidos y la OTAN intervinieron frecuentemente en operaciones militares y civiles en Afganistán e Irak con el despliegue de fuerzas y armas, además de las tareas de ayuda y reconstrucción. En general, esto las llevó a hacer lo contrario al trabajo humanitario. En Irak, la intervención generó abusos militares, como <a href="https://www.theguardian.com/world/2005/feb/18/usa.iraq" target="_blank" rel="noopener">las violaciones generalizadas de derechos humanos de los detenidos en la base militar de Bagram</a>. Incluso en Estados Unidos, las tropas enviadas a <a href="https://www.salon.com/2015/08/31/new_orleans_was_primed_for_all_out_combat_remembering_the_medias_deadly_hurricane_katrina_racism/" target="_blank" rel="noopener">Nueva Orleans dispararon contra los habitantes desesperados</a>, llevadas por el racismo y el miedo.</div>
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<div>La intervención militar también puede socavar la independencia, neutralidad y seguridad de los trabajadores civiles de ayuda humanitaria, haciéndolos más propensos a los ataques de grupos militares insurgentes. La ayuda militar con frecuencia termina siendo más cara que las operaciones de ayuda civil, al desviar los limitados recursos estatales hacia las fuerzas armadas. La <a href="https://odihpn.org/magazine/military-responses-to-natural-disasters-last-resort-or-inevitable-trend/" target="_blank" rel="noopener">tendencia generó la profunda preocupación</a> de organizaciones como la Cruz Roja/Media Luna Roja y Médicos sin Fronteras.</div>
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<div>Sin embargo, las fuerzas armadas prevén un papel humanitario más amplio en esta época de crisis climática. Un informe de 2010, <a href="https://apps.dtic.mil/dtic/tr/fulltext/u2/a564975.pdf" target="_blank" rel="noopener">Cambio climático: Posibles efectos sobre las demandas de asistencia humanitaria y respuesta ante catástrofes de las fuerzas armadas de Estados Unidos</a>, del Centro para el Análisis Naval, sostiene que los factores estresantes del cambio climático exigirán no solo más asistencia militar humanitaria, sino también intervenciones militares para la estabilización de países. El cambio climático se convirtió en la nueva justificación para la guerra permanente.</div>
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<div>No hay duda de que los países necesitarán equipos eficaces de respuesta ante las catástrofes, así como la solidaridad internacional. Pero eso no tiene por qué estar vinculado a las fuerzas armadas, sino que podría recurrirse a una fuerza civil nueva o reforzada con un propósito humanitario exclusivo que no incluya objetivos contradictorios. Cuba, por ejemplo, con recursos limitados y en condiciones de bloqueo, <a href="https://www.oxfamamerica.org/explore/research-publications/cuba-weathering-the-storm/" target="_blank" rel="noopener">desarrolló una estructura de Defensa Civil altamente eficaz</a> e incorporada a cada comunidad que, combinada con comunicaciones estatales efectivas y asesoramiento meteorológico experto, le ayudó a sobrevivir a muchos huracanes con una cantidad de heridos y muertos menor que países vecinos más ricos. Cuando el huracán Sandy pasó por Cuba y Estados Unidos en 2012, solo 11 personas murieron en la isla caribeña, frente a 157 muertos en territorio estadounidense. Alemania también tiene una estructura civil (<em>Technisches Hilfswerk/THW</em>, la Agencia Federal de Socorro Técnico), en su mayoría integrada por voluntarios, que generalmente se utiliza para la respuesta ante catástrofes.</div>
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<p><img decoding="async" class="media-element file-full-width aligncenter" title="A number of survivors were shot by police and the military in the wake of Hurricane Katrina in the midst of racist media hysteria about looting. Photo of coastguard overlooking flooded New Orleans" src="https://www.tni.org/files/styles/content_full_width/public/38899253_f8d3adc51c_c.jpg?itok=d0vbi6LC" alt="A number of survivors were shot by police and the military in the wake of Hurricane Katrina in the midst of racist media hysteria about looting. Photo of coastguard overlooking flooded New Orleans" width="660" height="430" data-delta="8" /></p>
<div class="meta-small image-info" style="text-align: center;">Varios sobrevivientes recibieron disparos de la policía y las fuerzas militares tras el Huracán Katrina en medio de la cobertura mediática racista acerca de los saqueos. Foto de un oficial de la guardia costera observando a Nueva Orleans bajo agua. Crédito: NyxoLyno Cangemi/USCG</div>
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<h4 id="¿Cómo buscan las empresas de armas y seguridad lucrar con la crisis climática?">13. ¿Cómo buscan las empresas de armas y seguridad lucrar con la crisis climática?</h4>
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<div>“Creo que [el cambio climático] es una oportunidad real para la industria [aeroespacial y de defensa]”, afirmó en 1999 Paul Drayson, entonces ministro de Ciencia e Innovación y ministro para la Reforma de Adquisiciones de Defensa Estratégica del Reino Unido. Y tenía razón. La industria de las armas y la seguridad experimentó un auge en las últimas décadas. Las ventas acumuladas de la industria de armas, por ejemplo, <a href="https://www.sipri.org/databases/armsindustry" target="_blank" rel="noopener">se duplicaron entre 2002 y 2018</a>, de 202.000 millones de dólares a 420.000 millones de dólares, y muchas grandes empresas, como <a href="https://www.tni.org/es/tema/guerras-de-frontera" target="_blank" rel="noopener">Lockheed Martin y Airbus, ampliaron su ramo de negocio a todos los ámbitos de la seguridad</a> desde la gestión de fronteras hasta la vigilancia nacional. Y la industria prevé que el cambio climático y la inseguridad que traerá aparejada impulsarán más esas ventas. En un informe de mayo de 2021, <a href="https://www.bloomberg.com/press-releases/2021-05-19/homeland-security-and-emergency-management-market-worth-904-6-billion-by-2026-exclusive-report-by-marketsandmarkets" target="_blank" rel="noopener">Marketandmarkets pronosticó que el sector de la seguridad nacional tendrá pingües ganancias</a> debido a “condiciones climáticas dinámicas, el aumento de las calamidades naturales, el énfasis del Gobierno en las políticas de seguridad”. Se calcula que el ramo de la seguridad fronteriza tendrá un <a href="https://www.mordorintelligence.com/industry-reports/border-security-market" target="_blank" rel="noopener">crecimiento anual del 7 %</a> y que el <a href="https://www.mordorintelligence.com/industry-reports/homeland-security-and-emergency-management-market" target="_blank" rel="noopener">sector de la seguridad interior en general crecerá un 6 % anual</a>.</div>
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<div>La industria se beneficia de diferentes formas. Primero, busca sacar provecho de los intentos de las principales fuerzas militares de desarrollar tecnologías que no dependan de los combustibles fósiles y sean resilientes a los impactos del cambio climático. Por ejemplo, en 2010, Boeing obtuvo un contrato por 89 millones de dólares con el Pentágono para desarrollar el avión no tripulado SolarEagle (QinetiQ y el Centro de Conducción Eléctrica Avanzada de la británica Universidad de Newcastle se encargarán del armado), que tiene la ventaja de considerarse una tecnología ‘verde’ y también la capacidad de permanecer en el aire más tiempo, al no tener que reabastecerse de combustible. La estadounidense Lockheed Martin<a href="https://unearthed.greenpeace.org/2020/05/26/climate-change-weapons-manufacturers/" target="_blank" rel="noopener"> trabaja con Ocean Aero para fabricar submarinos con energía solar</a>. Como la mayoría de las transnacionales, las empresas de armamento también tienen interés en promover sus esfuerzos de reducción del impacto ambiental, al menos según sus informes anuales. Dada la devastación ambiental que provocan los conflictos armados, ese lavado verde se vuelve surrealista en ocasiones. Un ejemplo se dio en 2013 cuando el Pentágono invirtió <a href="https://www.independent.ie/world-news/americas/pentagon-in-bid-to-make-green-friendly-bullets-25929444.html" target="_blank" rel="noopener">5 millones de dólares para desarrollar balas sin plomo que</a>, según las declaraciones de un portavoz del ejército de Estados Unidos, “pueden matarte o dispararle a un objetivo sin peligro para el ambiente”.</div>
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<div>En segundo lugar, prevé más contratos debido a que los gobiernos refuerzan sus presupuestos en preparación para la inseguridad que provocará la crisis climática en el futuro. Esto impulsó la venta de armas, equipos de vigilancia y fronterizos, productos policiales y de seguridad nacional. La segunda conferencia sobre Energía, ambiente, defensa y seguridad (E2DS), celebrada en 2011 en Washington DC, se mostró exultante sobre la posible oportunidad comercial que ofrece la expansión del sector de la defensa a los mercados ambientales, afirmando que estos superaban ocho veces el tamaño del mercado de la defensa, y que “el sector aeroespacial, de defensa y de seguridad se prepara para abordar lo que parecería convertirse en su mercado adyacente más importante desde el fuerte surgimiento del negocio de la seguridad civil/interior hace casi una década”. Lockheed Martin, en su <a href="https://www.lockheedmartin.com/content/dam/lockheed-martin/eo/documents/sustainability/Lockheed_Martin_Sustainability_Report_Full_2018.pdf" target="_blank" rel="noopener">informe de sostenibilidad de 2018 anuncia esas oportunidades</a>, y señala que “el sector privado también tiene un papel en la respuesta ante la inestabilidad geopolítica y los eventos que pueden amenazar las economías y las sociedades”.</div>
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<div>Véase también: Castillo, J.M. (2016) <em>Los negocios del cambio climático</em>. Virus</div>
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<h4 id="¿Cómo impactan las narrativas de la seguridad climática en el plano interno y la policía?">14. ¿Cómo impactan las narrativas de la seguridad climática en el plano interno y la policía?</h4>
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<div>Las perspectivas de seguridad nacional no tienen que ver exclusivamente con las amenazas externas, sino también con las <a href="https://www.radicalphilosophy.com/article/against-security" target="_blank" rel="noopener">internas</a>, incluidas aquellas que amenazan los intereses económicos esenciales. Por ejemplo, la ley británica del Servicio de Seguridad (1989) encomienda expresamente al servicio de seguridad la función de “salvaguardar el bienestar económico” del país; la ley de Educación de Seguridad Nacional de Estados Unidos (1991) estipula de manera similar vínculos directos entre la seguridad nacional y el “bienestar económico de Estados Unidos”. Este proceso se aceleró tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, cuando se consideró que la policía era la primera línea de la defensa de la patria.</div>
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<div>Se ha interpretado que esto significa gestionar el descontento civil y la preparación para toda inestabilidad, marco en el cual el cambio climático es visto como un factor nuevo que impulsa una mayor financiación para los servicios de seguridad como la policía, las cárceles y los guardias fronterizos. Esto se engloba bajo el nuevo mantra de ‘gestión de crisis’ e ‘interoperabilidad’, que pretende una mejor integración de los organismos estatales dedicados a asuntos de seguridad –como orden público y ‘descontento social’ (la policía), ‘conciencia situacional’ (recopilación de información), resiliencia/preparación (planificación civil) y respuestas de emergencia (que incluye a las cuadrillas de emergencia y el antiterrorismo; la defensa química, biológica, radiológica y nuclear; la protección de infraestructura crítica, la planificación militar, etc.) – en estructuras nuevas de ‘mando y control’.</div>
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<div>Esto se acompaña de una mayor militarización de las fuerzas de seguridad internas, lo que implica que la fuerza coercitiva apunta cada vez más hacia adentro, así como hacia afuera. En Estados Unidos, por ejemplo, el Departamento de Defensa <a href="https://watson.brown.edu/costsofwar/files/cow/imce/papers/2020/Police%20Militarization_Costs%20of%20War_Sept%2016%202020.pdf" target="_blank" rel="noopener">transfirió más de 1.600 millones de dólares en equipamiento militar excedente</a> a departamentos de todo el país desde el 11 de septiembre de 2001, mediante su programa 1033. El equipamiento incluye 1.114 vehículos blindados de protección resistentes a las minas (conocidos como MRAP). Las fuerzas policiales también compraron cantidades crecientes de equipos de vigilancia, incluidos <a href="https://www.aclu.org/issues/privacy-technology/surveillance-technologies/stingray-tracking-devices-%0Awhos-got-them" target="_blank" rel="noopener">aviones de vigilancia y tecnología de rastreo de teléfonos celulares</a>.</div>
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<div>La militarización se evidencia en las intervenciones policiales. Las redadas policiales en Estados Unidos por unidades de élite tipo SWAT pasaron de <a href="https://theweek.com/articles/531458/troubling-rise-swat-teams" target="_blank" rel="noopener">3.000 al año en la década de 1980 a 80.000 solo en 2015</a>, en su mayoría por <a href="https://www.aclu.org/issues/criminal-law-reform/reforming-police/war-comes-home" target="_blank" rel="noopener">registros de drogas y en forma desproporcionada contra minorías étnicas</a>. En todo el mundo, como se analizó anteriormente, la policía y las empresas de seguridad privada suelen participar en la represión y el asesinato de activistas ambientales. Que la militarización apunte cada vez más a los activistas climáticos y ambientales, dedicados a frenar el cambio climático, subraya cómo las soluciones de seguridad no solo no abordan las causas subyacentes, sino que pueden profundizar la crisis climática.</div>
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<div>Esta militarización también se filtra en las respuestas de emergencia. La financiación que el Departamento de Seguridad Interior destinó a la ‘<a href="https://www.fema.gov/sites/default/files/2020-06/fema_preparedness-grants-manual.pdf" target="_blank" rel="noopener">preparación contra el terrorismo’ en 2020</a> permite que esos mismos fondos se utilicen para “una mejor preparación contra otros peligros no relacionados con actos de terrorismo”. El <a href="https://ec.europa.eu/home-affairs/content/critical-infrastructure-resiliance_en" target="_blank" rel="noopener">Programa Europeo para la Protección de Infraestructuras Críticas (EPCIP) </a>también incluye su estrategia de protección de la infraestructura ante los impactos del cambio climático en un marco de ‘lucha contra el terrorismo’. Desde principios de la década de 2000, muchos países de renta alta adoptaron leyes con poderes de emergencia que podrían aplicarse en caso de catástrofes climáticas y que son de amplio alcance y con un control democrático limitado. La ley británica de Contingencias Civiles (2004), por ejemplo, define una “emergencia” como cualquier “evento o situación” que “amenaza con dañar gravemente al bienestar humano” o el “ambiente” de “un lugar en el Reino Unido”. La norma faculta a los ministros a presentar “disposiciones de emergencia” de alcance prácticamente ilimitado sin recurrir al Parlamento, lo que incluye autorizar al Estado la prohibición de reuniones, viajes y “otras actividades específicas”.</div>
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<h4 id="¿Cómo afecta la agenda de la seguridad climática a otros ámbitos, como los alimentos y el agua?">15. ¿Cómo afecta la agenda de la seguridad climática a otros ámbitos, como los alimentos y el agua?</h4>
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<div>El lenguaje y el marco de la seguridad se han infiltrado en todos los ámbitos de la vida política, económica y social, en particular en relación con la gobernanza de recursos naturales clave, como el agua, los alimentos y la energía. Como sucede con la seguridad climática, el lenguaje de la seguridad de los recursos se emplea con distintos sentidos, pero tiene escollos similares. Lo impulsa la sensación de que el cambio climático aumentará la vulnerabilidad del acceso a estos recursos esenciales y que, por lo tanto, es primordial brindar ‘seguridad’.</div>
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<div>No cabe duda de la existencia de pruebas sólidas que advierten que el cambio climático afectará el acceso a los alimentos y el agua. El informe especial del IPCC, <a href="https://www.ipcc.ch/srccl/" target="_blank" rel="noopener">El cambio climático y la tierra</a> (2019), pronostica un crecimiento de hasta 183 millones de personas adicionales en riesgo de padecer hambre para 2050 como consecuencia del cambio climático. El <a href="https://img1.wsimg.com/blobby/go/27b53d18-6069-45f7-a1bd-d5a48bc80322/downloads/1c2meuvon_105010.pdf" target="_blank" rel="noopener">Global Water Institute</a> vaticina que la intensa escasez de agua podría desplazar a 700 millones de personas en el planeta para 2030. En gran medida esto sucederá en los países tropicales de renta baja, los más afectados por el cambio climático.</div>
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<div>Sin embargo, cabe señalar que muchos actores destacados que advierten sobre la ‘inseguridad’ de los alimentos, el agua o la energía <a href="http://www.thecornerhouse.org.uk/resource/energy-security-whom-what" target="_blank" rel="noopener">expresan lógicas nacionalistas, militaristas y corporativas similares</a> a las que dominan los debates sobre la seguridad climática. Los defensores de la seguridad dan por supuesta la escasez y advierten de los peligros de la escasez nacional, con frecuencia promueven soluciones corporativas de mercado y, en ocasiones, defienden el uso de las fuerzas armadas para garantizar la seguridad. Sus soluciones para la inseguridad siguen una receta estándar, centrada en la maximización de la oferta: ampliar la producción, fomentar la inversión privada y utilizar tecnologías nuevas para superar los obstáculos. En el área de los alimentos, por ejemplo, esto condujo al surgimiento de la agricultura climáticamente inteligente dedicada a aumentar el rendimiento de los cultivos en un contexto de temperaturas cambiantes, siendo introducida por alianzas como AGRA, cuyas protagonistas son las grandes corporaciones agroindustriales. Con respecto al agua, impulsó la financiarización y privatización del agua, con la convicción de que el mercado está en mejor posición para gestionar la escasez y las alteraciones.</div>
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<div>En el proceso, se ignoran las injusticias existentes en los sistemas de energía, alimentos y agua, en vez de aprender de ellas. La deficiencia actual en el acceso a los alimentos y el agua no responde tanto a la escasez sino a la forma en que estos sistemas, dominados por las empresas, priorizan las ganancias sobre el acceso. Esta situación permite el consumo excesivo, sistemas ecológicamente dañinos y cadenas de suministro mundial derrochadoras controladas por un pequeño puñado de empresas que atienden las necesidades de unos pocos y niegan el acceso a la mayoría. En estos tiempos de crisis climática, esta injusticia estructural no se resolverá con el aumento de la oferta, ya que eso solo agravará la injusticia. Solo cuatro empresas –ADM, Bunge, Cargill y Louis Dreyfus– controlan entre 75 % y 90 % del comercio mundial de cereales. Sin embargo, este sistema alimentario liderado por las empresas no solo no acabó con el hambre que afecta a 680 millones de personas, sino que es uno de los mayores contribuyentes a los GEI, responsable de entre 21 % y 37 % del total de las emisiones.</div>
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<div>Los fracasos del concepto de seguridad que promueven las empresas hicieron que muchos movimientos ciudadanos reclamaran alimentos, agua y <em>soberanía, democracia y justicia</em> para abordar directamente los problemas de equidad que deben resolverse para garantizar la igualdad en el acceso a los recursos esenciales, particularmente en esta época de inestabilidad climática. Los movimientos por la soberanía alimentaria, por ejemplo, exigen el derecho de los pueblos a producir, distribuir y consumir alimentos inocuos, saludables y culturalmente apropiados de manera sostenible, dentro y cerca de su territorio; todas cuestiones que el término ‘seguridad alimentaria’ ignora y que en gran medida son la antítesis del afán de lucro de la agroindustria internacional.</div>
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<div>Véase también:</div>
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<div>Hands on the Land (2016), <a href="https://www.tni.org/es/node/23313?content_language=es" target="_blank" rel="noopener"><em>Enfriando el planeta: las comunidades de la línea del frente encabezan la lucha</em>,</a> Ámsterdam: Transnational Institute.</div>
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<p><img decoding="async" class="media-element file-full-width aligncenter" title="Deforestation in Brazil is fueled by industrial agricultural exports" src="https://www.tni.org/files/styles/content_full_width/public/operacao_hymenaea_julho-2016_29399454651.jpeg?itok=21d1_Uzz" alt="Deforestation in Brazil is fueled by industrial agricultural exports" width="660" height="440" data-delta="9" /></p>
<div class="meta-small image-info" style="text-align: center;">La deforestación en Brasil es causada por las exportaciones de la agricultura industrial. Crédito: <a href="https://en.wikipedia.org/wiki/Deforestation_of_the_Amazon_rainforest#/media/File:Opera%C3%A7%C3%A3o_Hymenaea,_Julho-2016_(29399454651).jpg" target="_blank" rel="noopener">Felipe Werneck – Ascom/Ibama</a> (<a href="https://creativecommons.org/licenses/by/2.0/" target="_blank" rel="noopener">CC BY 2.0</a>)</div>
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<h4 id="¿Podemos rescatar la palabra ‘seguridad’?">16.¿Podemos rescatar la palabra ‘seguridad’?</h4>
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<div>Por supuesto, muchas personas exigirán seguridad ya que refleja el deseo universal de cuidar y proteger las cosas que importan. Para la mayoría, seguridad significa tener un trabajo digno, un lugar para vivir, acceso a la atención médica y la educación, y sentirse a salvo. Por lo tanto, es fácil entender por qué los movimientos sociales se muestran reacios a dejar de lado la palabra ‘seguridad’, y en cambio <a href="https://www.cigionline.org/articles/what-would-it-mean-to-treat-climate-as-a-security-risk/" target="_blank" rel="noopener">buscan ampliar la definición para que incluya y priorice las amenazas reales</a> del bienestar humano y ecológico. También es comprensible que, en este momento en el que casi no hay políticos que reaccionen ante la crisis climática con la seriedad que se merece, que los ambientalistas busquen otros marcos y aliados para conseguir las acciones necesarias. Sería indudablemente un gran avance si pudiéramos reemplazar la interpretación militarizada de la seguridad por un concepto de seguridad humana centrada en las personas.</div>
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<div>Hay organizaciones que intentan hacerlo, como la iniciativa británica <a href="http://rethinkingsecurity.org.uk/" target="_blank" rel="noopener">Rethinking Security</a> y la Fundación Rosa Luxemburgo y su trabajo sobre perspectivas de una seguridad de izquierda. TNI también ha trabajado el tema, articulando una <a href="https://www.tni.org/en/publication/leaving-the-war-on-terror" target="_blank" rel="noopener">estrategia alternativa a la guerra contra el terrorismo</a>. Sin embargo, es un terreno difícil dado el contexto de fuertes desequilibrios de poder imperante en el planeta. Por lo tanto, la confusión de significados en torno a la seguridad suele servirle a los intereses de los poderosos, y así la interpretación militarista y corporativa centrada en el Estado prevalece sobre otras, como la seguridad humana y ecológica. Como lo expresa el profesor de relaciones internacionales, Ole Waever, “al denominar un hecho determinado como un problema de seguridad, el ‘Estado’ puede adjudicarse un derecho especial, uno que, en última instancia, siempre será definido por el Estado y sus élites”.</div>
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<div>O, como sostiene el académico contrario a la seguridad Mark Neocleous, “darle un tratamiento de seguridad a asuntos del poder social y político ejerce un efecto debilitador al permitir que el Estado absorba la acción genuinamente política en relación con los asuntos en cuestión, consolidando el poder de las formas existentes de dominación social y justificando el cortocircuito incluso de los más mínimos procedimientos democráticos liberales. En lugar de tratar los problemas como asuntos de seguridad, entonces, deberíamos buscar formas de politizarlos de maneras no referidas a la seguridad. Vale la pena recordar que uno de los sentidos de estar ‘seguro’ es ‘no poder escapar’: debemos evitar pensar en el poder del Estado y la propiedad privada mediante categorías que no nos permitan escapar de ellos”. En otras palabras, existe un fuerte argumento a favor de dejar los marcos de seguridad en el pasado y de adoptar estrategias que brinden soluciones justas y duraderas a la crisis climática.</div>
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<div>Véase también: Neocleous, M. y Rigakos, G.S. eds., 2011.<em> Anti-security</em>. Red Quill Books.</div>
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<h4 id="¿Cuáles son las alternativas a la seguridad climática?">17.¿Cuáles son las alternativas a la seguridad climática?</h4>
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<div>Queda claro que, de no haber cambios, los impactos del cambio climático serán determinados por la misma dinámica que provocó la crisis climática en primer lugar: poder empresarial concentrado y su impunidad, fuerzas armadas excesivas, un Estado de seguridad cada vez más represivo, pobreza y desigualdad crecientes, formas debilitadas de la democracia e ideologías políticas que premian la codicia, el individualismo y el consumismo. Si continúan dominando la política, los impactos del cambio climático serán igualmente poco equitativos e injustos. Para brindar seguridad a todos en la actual crisis climática, y especialmente a los más vulnerables, sería prudente enfrentar esas fuerzas y no fortalecerlas. Es por eso que muchos movimientos sociales se refieren a la justicia climática y no a la seguridad climática, porque lo que se requiere es una transformación sistémica y no solo asegurar una realidad injusta para continuar en el futuro.</div>
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<div>Sobre todo, la justicia exigiría un programa urgente e integral de reducción de emisiones de los países más ricos y contaminantes, similar al Nuevo Pacto Verde o al Pacto Ecosocial, que reconozca la deuda climática que tienen con los países y comunidades del Sur Global. Exigiría una importante redistribución de la riqueza en el plano nacional e internacional y la priorización de los más vulnerables ante los impactos del cambio climático. La miserable financiación climática que las naciones más ricas prometieron (y que aún no cumplieron) a los países de ingresos bajos y medios es completamente insuficiente para la tarea. Un primer buen paso hacia una respuesta más solidaria ante los impactos del cambio climático sería desviar parte de los <a href="https://www.sipri.org/sites/default/files/2021-04/fs_2104_milex_0.pdf" target="_blank" rel="noopener">1,981 billones de dólares que el mundo gasta actualmente en las fuerzas armadas</a>. De manera similar, un impuesto a las ganancias corporativas extraterritoriales recaudaría entre <a href="https://longreads.tni.org/es/pagar-por-una-transicion-justa" target="_blank" rel="noopener">200.000 millones y 600.000 millones de dólares al año</a> para apoyar a las comunidades vulnerables más afectadas por el cambio climático.</div>
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<div>Más allá de la redistribución, fundamentalmente tenemos que comenzar a atacar los puntos débiles del orden económico mundial que podrían vulnerar aun más a las comunidades durante el recrudecimiento de la inestabilidad climática. <a href="https://newsociety.com/books/r/the-resilience-imperative?sitedomain=row&amp;undefined" target="_blank" rel="noopener">Michael Lewis y Pat Conaty</a> sugieren siete características esenciales que hacen que una comunidad sea resiliente: diversidad, capital social, ecosistemas saludables, innovación, colaboración, sistemas estables de comunicación y modularidad (esto último significa un sistema donde si algo se rompe, el resto no sufre consecuencias). Otras investigaciones demuestran que las sociedades más equitativas también son mucho más resilientes en una crisis. Todo esto apunta a la necesidad de buscar transformaciones fundamentales de la actual economía globalizada.</div>
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<div>La justicia climática requiere poner a quienes se ven más afectados por la inestabilidad climática en primera línea y en liderazgo de las soluciones. No se trata solo de lograr que las soluciones funcionen para ellos, dado que muchas comunidades marginadas ya tienen respuestas propias para la crisis que todos enfrentamos. Los movimientos campesinos, por ejemplo, con sus métodos agroecológicos, no solo están poniendo en práctica sistemas de producción de alimentos que revelaron ser más resistentes al cambio climático que la agroindustria, sino que también almacenan más carbono en el suelo y construyen las comunidades que pueden resistir en tiempos difíciles.</div>
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<div>Esto exigirá la democratización de la toma de decisiones y el surgimiento de formas de soberanía nuevas que requerirán la reducción del poder y el control de las fuerzas armadas y las empresas, así como el aumento del poder y la rendición de cuentas de los ciudadanos y las comunidades.</div>
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<div>Finalmente, la justicia climática exige una estrategia de resolución de conflictos mediante formas pacíficas y no violentas. Los planes de seguridad climática se nutren con los relatos de miedo y de un mundo de suma cero donde solo un determinado grupo puede sobrevivir. Dan por supuesto el conflicto. La justicia climática busca, en cambio, soluciones que nos permitan prosperar colectivamente, donde los conflictos se resuelvan de manera no violenta y los más vulnerables reciban protección.</div>
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<div>Podemos contar con la esperanza de que, a lo largo de la historia, las catástrofes suelen demostrar lo mejor de las personas, creando minisociedades utópicas y efímeras, construidas precisamente sobre la solidaridad, la democracia y la rendición de cuentas que el neoliberalismo y el autoritarismo han despojado de los sistemas políticos contemporáneos. Así lo registró Rebecca Solnit en <a href="https://www.penguinrandomhouse.com/books/301070/a-paradise-built-in-hell-by-rebecca-solnit/" target="_blank" rel="noopener"><em>Paradise in Hell</em></a>, donde examinó en profundidad cinco catástrofes de magnitud, desde el terremoto de San Francisco de 1906 hasta la inundación de Nueva Orleans de 2005. Solnit señala que, si bien estos eventos nunca son buenos en sí mismos, pueden “revelar de qué otra manera podría ser el mundo, revelan la fuerza de esa esperanza, esa generosidad y esa solidaridad. Revelan la ayuda mutua como un principio operativo por defecto y a la sociedad civil como algo que espera entre bastidores cuando está ausente del escenario”.</div>
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<div>Vease tambien:</div>
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<li>Tanuro, D. (2015) <em>Cambio climático y alternativa ecosocialista</em>. Editorial Sylone.</li>
<li>Camargo, J. y Martín-Sosa, S. (2019) <em>Manual de lucha contra el cambio climático</em>. Libros en Acción</li>
<li>N. Buxton y B. Hayes (Eds.), <a href="https://www.fuhem.es/cambioclimaticosa/" target="_blank" rel="noopener"><em>Cambio Climático S.A. Cómo el poder [corporativo y militar] está moldeando un mundo de privilegiados y desposeídos ante la crisis climática</em></a>. FUHEM Ecosocial y TNI, Madrid/Ámsterdam, 2017.</li>
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<div><img decoding="async" class="media-element file-full-width aligncenter" src="https://www.tni.org/files/styles/content_full_width/public/manyfaces.jpg?itok=uR4LBiAB" alt="" width="660" height="234" data-delta="10" /></div>
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<div>Comunidades en la primea línea de lucha contra el cambio climático exigen soluciones de justicia climática.</div>
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<div><strong>Agradecimientos</strong>: Quisiéramos agradecer a Simon Dalby, Tamara Lorincz, Josephine Valeske, Niamh Ní Bhriain, Wendela de Vries, Nuria del Viso, Deborah Eade y Ben Hayes.</div>
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<p><em>El contenido de este informe se puede citar o reproducir con fines no comerciales y siempre que se mencione debidamente la fuente de información. El TNI agradecería recibir una copia o un enlace del texto en que se utilice o se cite este documento. </em></p>
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