Una Escuela de Verano para combatir los discursos de odio
La Escuela de Verano FUHEM regresó los días 1 y 2 de julio de 2026 al Ateneo La Maliciosa de Madrid, bajo el título PENSAMIENTO en estado CRÍTICO: Claves educativas frente a los discursos de odio.
Esta Escuela abordó el desafío urgente de formar a estudiantes en un contexto de crisis ecosocial, donde los discursos de odio y reaccionarios están cada vez más presentes. Y, además de FUHEM, lo hemos hecho en colaboración con dos entidades con amplia experiencia en este campo: InteRed y Escola de Cultura de Pau.
Esta octava edición de la Escuela de Verano comenzó con un detonante en el que las personas asistentes intercambiaban su experiencia en base a diferentes preguntas: ¿Qué te ha traído a esta escuela? ¿Cuál fue la última vez en el espacio educativo alguna persona joven expresó un discurso machista, clasista, racista, capacitista, lgtbifóbico, etc. que te costó responder y cómo saliste de esa?
Tras este inicio, las compañeras de InteRed María Monjas y Gadea Gutiérrez llevaron a cabo el taller El odio como emoción en el contexto actual. Proponían partir de un cambio de paradigma: pasar de la lógica de la escasez a la de la abundancia y la gratitud, que de entrada ya supone una práctica revolucionaria contra los discursos de odio. Para activar el trabajo con las emociones, llevaron a cabo una dinámica para identificar las emociones que subyacen a determinados planteamientos, señalando cuán importante es ver lo que hay detrás de lo que decimos o pensamos. El odio es normalmente consecuencia del miedo. Cuando vemos a una persona expresando odio, generalmente la experiencia interna no es de poder, sino de vulnerabilidad. Debemos ser capaces de ver qué mueve esos discursos, con el objetivo de generar espacios seguros en los que puedan expresar esas vulnerabilidades, pues su ausencia deriva en una canalización de las emociones hacia respuestas de odio y/o violentas.

La importancia de las emociones
A través del Parlamento de las emociones, pudimos ver que la clave es comprender que las emociones responden a necesidades satisfechas y no satisfechas, y podemos preguntarnos: ¿qué podemos hacer para satisfacerlas? ¿Cómo lo hacemos de una manera colectiva y que nos cuide, a nosotres, a nuestra comunidad y a nuestro planeta?
Ante un discurso de odio debemos preguntarnos: ¿qué anhelo hay detrás? Al odio es difícil darle respuesta, pues ya tiene un relato construido, un enemigo, una solución. Por ello, debemos intervenir desde las emociones, las necesidades, pues es ahí donde tenemos posibilidad de cambiar el relato.
Posteriormente tuvo lugar la conferencia a cargo de Luis González Reyes, de FUHEM, que sirvió para comprender el contexto: ¿Qué está pasando? Nos ayudó a entender que vivimos en un contexto de crisis sistémica, en el que aquello que nos moviliza a las personas es satisfacer nuestras necesidades básicas. El problema es que muchas veces no vemos las necesidades, sino las emociones que se movilizan cuando están o no cubiertas. Identificamos los condicionantes clave que influyen en la reactividad anti-ecosocial, como las redes sociales, las fake news, la conspiranoia y los discursos de odio, y nos invitó a repensar las acciones que podemos poner en marcha para hacer frente a esta reactividad. Entre ellas, propone: centrarnos en las acciones más que en las identidades o discursos; empatizar y escuchar, para ver de dónde vienen los discursos y poder reconocer los deseos y necesidades subyacentes; generar protección con perspectiva ecosocial; enseñar a pensar mejor y potenciar las emociones y estrategias que más pueden activar al alumnado (agentividad y preocupación). Es muy importante que, a la hora de mostrar el mundo en el que vivimos y las situaciones que nos preocupan, no lo hagamos únicamente desde los alarmantes datos y los preocupantes diagnósticos, sino que activemos la agentividad de nuestro alumnado compartiéndoles todas las iniciativas socio-comunitarias que se articulan para cambiar la situación

Ese primer día finalizó con el Laboratorio de Narrativas Otras a cargo de InteRed. Imaginar otros marcos es una estrategia potente para hacer frente a los discursos de odio, para promover otras miradas y otros futuros posibles.
Los marcos actuales alimentan la indefensión aprendida, la sensación de vacío emocional, la exhaustación anímica, en la que no tenemos mucha energía o cuesta encontrarla (quizás no a nivel personal, pero sí muchas personas en nuestro contexto).
Para enfrentar la indefensión aprendida y que el miedo no genere odio, traemos las narrativas alternativas, narrativas del amor, transmitiendo un propósito colectivo frente al trauma de la comunidad. Son narrativas dignificadoras; pero no son nuevas, porque siempre han estado, solo que no nos hemos fijado en ellas. Esto implica cambiar el prisma con el que miramos el mundo y reconocer y potenciar todo aquello bueno que ya estamos haciendo y está sucediendo.
Nos ayudaron a reconocer distintos marcos que ayudan a crear esas narrativas alternativas: la diversidad como vector común, la interdependencia, otros futuros posibles, el triunfo y el procomún.
Necesitamos pensamiento crítico
El segundo día comenzó con un taller basado en la construcción colectiva del conocimiento para definir qué entendemos por pensamiento crítico, a cargo de Marta González y Paula Martín-Lunas, de FUHEM. La definición a la que llegamos fue la siguiente:
El pensamiento crítico es una competencia personal que consiste en una habilidad intelectual autorregulada, analítica y reflexiva. Se caracteriza por ser un proceso flexible que implica evaluar, interpretar y analizar la información de manera objetiva para fundamentar la toma de decisiones. Su desarrollo requiere una metodología basada en el entrenamiento y la práctica constante.
El pensamiento crítico permite pensar mejor, desarrollar la imaginación, mantener una actitud abierta al cambio de opinión y comprender las perspectivas de otras personas. Asimismo, favorece la autorreflexión, contribuye a ampliar la comprensión de la realidad y promueve la búsqueda de un entendimiento colectivo.
El pensamiento crítico se desarrolla mediante la construcción colectiva del conocimiento, el cuestionamiento de los propios sesgos y el cultivo de una actitud de curiosidad permanente. Implica formular preguntas e invitar a otras personas a hacérselas, mantener una mirada de sospecha sobre las propias ideas, fortalecer la autoconciencia y contrastar la información a partir de diversas fuentes y experiencias. Asimismo, supone cuestionar la información que se recibe, matizar, precisar y contrastar los argumentos, respetar a las personas (pero no necesariamente sus ideas), escuchar activamente y tomar en serio las perspectivas de los demás, construir narrativas que integren diferentes miradas y experiencias, practicar la escucha activa y la reflexión personal, y promover la búsqueda de verdades compartidas.
El discurso de odio no parte del odio
Continuamos con el taller sobre cómo responder al discurso de odio en el aula, a cargo de Marina Caireta y Cecile Barbeito, de la Escola de Cultura de Pau. Nos ayudaron a seguir indagando en la idea de que los discursos de odio no parten del odio, sino que nacen a partir de múltiples factores de fondo. Por ello, no se trata únicamente de abordar los discursos, sino de actuar a diferentes niveles. Por un lado, dar una respuesta inmediata ante el discurso de odio. Es algo que sucede o puede suceder en nuestra aula, y debemos saber cómo actuar en esas situaciones. Pero eso no es suficiente, sino que es fundamental trabajar en la desactivación del odio más allá de los momentos en los que genera conflictos. Finalmente, también es necesario transformar el fondo que deriva en jerarquías y desigualdades y que es, en esencia, responsable de que se generen dichos discursos. Esta tercera cuestión es difícil trabajarla desde los centros educativos, pero es indispensable tenerla presente, educar sobre ella y activar a nuestro alumnado y a la sociedad en general como agentes de cambio en favor de un mundo más justo.
Tras la comida, desde Escola de Cultura de Pau dinamizaron el taller Más allá del diálogo, trabajando a fondo para prevenir el odio. Con ellas exploramos distintas estrategias de desactivación del odio y dinámicas que se pueden utilizar para abordar temas polarizadores, en los que la metodología que se elige es fundamental. En este sentido, plantean que no es conveniente dialogar ni debatir sobre temas muy polarizados, sino que es preferible utilizar otros métodos (introspección, socio-afectivo).

A continuación, la compañía de teatro social La Rueda nos permitió representar la vuelta al aula y experimentar varias opciones de respuesta de las que habíamos ido identificando en la Escuela, con dosis de humor incluida, para comenzar a vislumbrar cómo el trabajo desde las emociones permite activar otras respuestas diferentes.
Despedimos la Escuela de Verano FUHEM 2026 con una dinámica de reflexión individual en la que identificábamos qué nos había movido, qué cosas queremos probar y otras que aún nos cuestan, y pusimos el broche con la lectura de un relato escrito por una de las participantes, María González Reyes, que resume lo vivido en esas dos jornadas:
Los árboles, que apenas se perciben porque son altos y la calle es estrecha, han tratado de liberar parte del calor que el asfalto de la calle por la que llegan lleva guardando desde hace semanas.
La puerta se abre. Van entrando como una lluvia que cae aleatoriamente. Todo está lleno de libros. Libros en estanterías. Libros en expositores. Libros sobre mesas. Imposible no pararse a mirar.
Bienvenida. Bienvenido a la VIII Escuela de verano de FUHEM.
El comienzo es un agradecimiento. La antesala para hacer un trabajo para desenfocar la razón como única herramienta para enfrentar los discursos de odio.
Las formadoras traen preguntas. Muchas preguntas. Preguntas a las que van a tratar de dar respuesta colectivamente.
¿De qué cosas estás harta?
¿En qué mundo vivimos?
¿Trabajar las emociones que se generan cuando no cubrimos nuestras necesidades puede ayudar a crear prácticas colectivas?
¿Cuántas personas han sido necesarias para que yo pueda estar hoy aquí?
¿Cómo se pueden generar otras narrativas distintas a las hegemónicas?
¿Qué es el pensamiento crítico?
¿Cómo se puede trabajar la discrepancia en las aulas?
¿Se puede ser transigente con los intransigentes?
¿Cuál es mi rol como docente?
¿Qué escalones de la provención tienen más que ver con la desactivación del odio?
¿Cómo podemos crear un contexto para el diálogo seguro en el aula?
¿El diálogo siempre funciona?
¿Alguna vez has tenido que esconder alguna parte de tu identidad?
Después, atraviesan de nuevo la puerta de la librería hacia la calle estrecha que tiene árboles tan altos que apenas se ven.
Son pocas. Un puñado de personas.
Saben que muchos cambios sociales fueron impulsados por grupos minoritarios.
Saben que solo hay que tener presente que imposible e improbable son dos palabras distintas.
Salen dispuestas a cambiar el relato.
Salen convencidas de que la escuela no cambia el mundo pero transforma a las personas que van a cambiarlo.
Nos sentimos muy afortunadas de haber compartido estos días con todas las personas asistentes, y agradecemos profundamente su compromiso para construir una educación transformadora que fomente el pensamiento crítico.
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