Entrevista a Joan-Ramon Laporte

En esta entrevista publicada en el número 154 de la revista Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, Nuria del Viso conversa con Joan-Ramon Laporte, profesor emérito de Farmacología de la Universidad autónoma de Barcelona, sobre cómo la distribución excluyente de las vacunas refleja las tremendas diferencias entre los países ricos y pobres, agravadas por la dictadura de las patentes.

La “sorpresa” anunciada que representó la irrupción de la COVID-19 pilló fuera de juego a los gobiernos de casi todo el mundo, nóveles en el tratamiento de epidemias y con pocas herramientas para poner coto a un virus pertinaz que solo ha dado muestras de contención con medidas drásticas como el confinamiento estricto.

Así, las vacunas –desarrolladas en un tiempo récord y después de importantes inversiones de fondos privados y públicos– se convirtieron en la gran esperanza.

Su “rodaje” está revelando en la práctica ciertas limitaciones debido a su acelerado desarrollo. Pero, además, el proceso de vacunación, con el acaparamiento de dosis por parte de los países ricos, está exponiendo una crisis más profunda de desigualdad, esta vez en cuestiones decisivas de salud pública. Algunas voces reclaman ya que se suspendan las patentes para las vacunas de la COVID-19.

Nuria del Viso (NdV): ¿Están justificadas las precauciones ante los problemas de trombos que ha presentado la vacuna de AstraZeneca y más recientemente la de Janssen? ¿Qué hay del resto de las vacunas? ¿Son más seguras? Incluidas otras aún no aprobadas por la Agencia Europea de Medicamentos (AEM).

Joan-Ramon Laporte (JRL): Los resultados de los ensayos clínicos sobre las vacunas, así como la experiencia posterior con su empleo en la práctica, indican que las vacunas actualmente disponibles contra la COVID-19 son eficaces para prevenir la enfermedad grave, y efectivas para reducir la mortalidad y los ingresos hospitalarios.

Era esperable que surgieran lo que llamamos señales de farmacovigilancia, es decir, sospechas de efectos indeseados que no han sido identificados en los ensayos clínicos anteriores a la comercialización. Estas señales se generan a través de un sistema de notificación de sospechas de efectos indeseados al centro de farmacovigilancia de cada región o país, y son reunidos en una base de datos europea común, llamada Eudravigilance y gestionada por la Agencia Europea de Medicamentos (EMA). La posibilidad de que la vacuna de AstraZeneca diera lugar a raros casos de trombosis fue anunciada el 7 de marzo.

Los datos disponibles hasta el momento no indican que las vacunas de Pfizer/BNT y de Moderna incrementen el riesgo de trombosis, pero no sabemos si incrementan el riesgo de otros efectos indeseados. En los próximos meses, a medida que avance la vacunación con todas las vacunas disponibles en el mundo, se irán conociendo mejor sus ventajas y desventajas respectivas en términos de seguridad y de preferencias según la edad y el sexo de las personas vacunadas.

NdV: A pesar de tratarse de una pandemia global, asistimos a un acceso a las vacunas vinculado al poder de compra de los estados, dejando a muchos países –especialmente en África– con un acceso muy reducido. ¿Cuál es su percepción sobre este modo excluyente de gestión en base al poder adquisitivo de los países?

JRL: Me parece un egoísmo suicida. Los virus no tienen fronteras, y si el vecino no está vacunado, la enfermedad vuelve, posiblemente traída por una nueva variante del virus más contagiosa que dé lugar a una enfermedad más grave. Es el reflejo de las tremendas diferencias entre países ricos y pobres, diferencias que en los últimos años han sido agravadas por la dictadura de las patentes (sobre tecnologías, sobre medicamentos, etc.) impuesta por los países ricos a través de la Organización Mundial del Comercio y sus acuerdos ADPIC sobre protección de la propiedad intelectual. Quizá sea bueno recordar que mientras hablamos de vacunas contra la COVID-19, parece que olvidemos que en el mundo fallecen cada año 800.000 menores de 5 años de neumonía para las que se dispone de tratamientos efectivos. Neumonías que hasta ahora no han sido causada por el coronavirus.

NdV: Sudáfrica e India han expresado su disposición a fabricar millones de dosis para los países pobres. ¿Qué  obstáculos encuentra esta propuesta?

¿Existen casos justificados, según la OMC, en que las patentes puedan desbloquearse?

JRL: Las materias primas necesarias para fabricar una vacuna son más complejas que las necesarias para fabricar un medicamento convencional. La fabricación de una vacuna necesita una compleja cadena de procedimientos variados. La vacuna de Pfizer, por ejemplo, comienza en una fábrica en Missouri donde se producen plásmidos de ADN que contienen un gen de coronavirus, se cultivan estos plásmidos en bacterias E. coli modificadas para producir ADN purificado, siguen en otra fábrica en Massachusetts donde unos enzimas transcriben el ADN en ARN mensajero (mRNA), que son enviados a otra factoría en Michigan, donde las partículas de ARN mensajero son envueltas en una capa de una mezcla de varios lípidos que las protegen y facilitan su penetración en las células de la persona vacunada. Este proceso, funcionando a toda máquina, necesita 60 días.

India y otros países pueden manufacturar vacunas, pero no disponen de todas las materias primas necesarias. Existen planes de varias compañías que tienen vacunas contra la COVID-19, de Estados Unidos, la Unión Europea, Rusia y China, para montar plantas en otros países, y así aumentar la capacidad de producción.

NdV: ¿Por qué Europa no reclama la suspensión de las patentes, máxime cuando ya financió el desarrollo de algunas vacunas?

JRL: El Acuerdo ADPIC (TRIPS en inglés) prevé que si declara una emergencia sanitaria, cualquier estado puede ordenar una licencia obligatoria, es decir, la producción del fármaco o vacuna necesario a un fabricante de versiones genéricas, a pesar de que el original esté patentado. Estados Unidos y todos los países de la Unión Europea se opusieron a esta cláusula (que, de hecho, es una modificación de 2001 del tratado original de 1995). La cláusula no entró en vigor hasta 2017, cuando dos tercios de los estados integrantes de la OMC habían firmado la modificación del acuerdo ADPIC. Pero cuando entró en vigor la modificación, los países de la Unión Europea, España entre ellos, renunciaron a usarla. Una parte importante de las principales compañías farmacéuticas transnacionales es europea. La élite global del capitalismo impone sus normas, lo que ocurre con las patentes de medicamentos es paralelo a lo que ocurre con las semillas modificadas genéticamente y patentadas, con el pago de la deuda por los países pobres o con las guerras concentradas en las regiones donde hay minerales útiles para los países ricos.

NdV: Finalmente, ¿cómo interpreta el anuncio de Joe Biden de plantear en la OMC la suspensión de patentes, propuesta que ha encontrado eco en la UE?

JRL: En mi opinión es un paso importante que el presidente de EEUU y su gobierno declaren que van a hacer una propuesta en la OMC, y que la UE diga lo mismo. Es una manera de quedar bien con el ala izquierda del Partido Demócrata Sanders, Ocampo y demás, quienes vienen haciendo propuestas sobre las patentes de medicamentos en general desde hace años, desde luego desde antes de la pandemia. La misma secretaria de Estado de Comercio ha dicho que las negociaciones pueden durar meses, que nadie se haga ilusiones. EEUU y la UE eran los que más se opusieron a cualquier liberación de patentes en el seno de la OMC, como la contemplada en la cláusula aprobada en Doha si no recuerdo mal en 2001. Para que el nuevo tratado ADPIC –que prevé que no hace falta ser un país pobre de solemnidad para tener “derecho” a emitir una licencia obligatoria– entrara en vigor, hacía falta que lo aprobaran y lo firmaran dos tercios de los estados miembros. Y esto no ocurrió hasta 2017. Inmediatamente, varios países, entre ellos EEUU y los de la UE, renunciaron formalmente a usar nunca esta cláusula.

Por otra parte, hay que tener en cuenta que cada vacuna tiene un montón de patentes, usa tecnologías “únicas”, y un personal especialmente entrenado. No es lo mismo montar una fábrica de medicamentos convencionales que una de vacunas, y más si hablamos de las de mRNA. No solo es necesario liberar patentes, sino también transferir tecnologías.

Rusia y China están distribuyendo la mitad de las vacunas que las que distribuye el Covax, el mecanismo de los países ricos, como ilustraba recientemente un gráfico en The Economist.1 Estos anuncios de EEUU y la UE también pueden ser interpretados como una reacción para intentar detener la visión de un mundo en el que los países autodenominados democráticos muestran un egoísmo atroz con las vacunas, mientras Rusia y China suministran vacunas. La secretaria de Estado de EEUU citó a India –obligado en estos días– y a América Latina, donde, como es sabido, las vacunas que llegan son hasta ahora rusas y chinas.

A pesar de todo, que el presidente de EEUU y la CE se hayan visto obligados a decir lo que han dicho –que lo estudiarán, que lo propondrán, que lo negociarán, que es muy complejo– es ya un paso, incluso puede animar el debate global.

Nuria del Viso Pabón es miembro de FUHEM Ecosocial y forma parte del consejo de redacción de la revista PAPELES.

 


Día Internacional de las Personas Migrantes. Selección de Recursos

 

En diciembre de 2000, la Asamblea General de Naciones Unidas proclamó el Día Internacional del Migrante (A/RES/55/93) que se celebra cada año el 18 de diciembre. El tema para 2021: Aprovechar el potencial de la movilidad humana

La Organización Internacional para las migraciones (OIM) fue creada hace 70 años, con el propósito de trasladar a los europeos desplazados por la segunda Guerra Mundial, y desde entonces ha prestado asistencia a millones de inmigrantes en el mundo, y actualmente sigue encabezando las labores orientadas a promover una gestión humana y ordenada de la migración para beneficio de todos, incluidas las comunidades de origen, tránsito y destino.

Según la OIM existen diversos factores que inciden en los movimientos de población. Dichos movimientos, que pueden ser voluntarios o forzosos, son el resultado de desastres, crisis económicas y situaciones de pobreza extrema o conflicto, cuya magnitud y frecuencia no dejan de aumentar. En 2020, había unos 281 millones migrantes internacionales, lo que corresponde al 3,6% de la población mundial.

Todos estos factores tendrán repercusiones de calado en las características y el alcance de la migración en el futuro, y determinarán las estrategias y políticas que los países deberán implementar para aprovechar el potencial de la migración, sin dejar de lado la protección de los derechos humanos fundamentales de los migrantes.

Desde el Centro de Documentación Virtual de FUHEM Ecosocial ofrecemos una selección de recursos publicados en nuestra revista Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, que abordan el tema de las migraciones desde diferentes perspectivas: los derechos humanos de las personas migrantes, los procesos de militarización y securitización de las fronteras, las políticas europeas, las migraciones ambientales y los desplazamientos forzados.

 

Repatriaciones de menores sin garantía en Ceuta, Luis Carlos Nieto

Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, núm. 155, otoño 2021, pp. 80-83.

Análisis crítico de las repatriaciones de menores extranjeros de la ciudad de Ceuta realizadas por el Ministerio del Interior en agosto de 2021, caracterizadas por la vulneración de diversos instrumentos legales nacionales e internacionales sancionados por España.

 

 

Alternativas a la funesta manía de erigir muros, Juan Carlos Velasco Arroyo

Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, núm. 153, primavera 2021, pp. 101-112.

Las migraciones se han convertido no solo en un factor estructural de primer orden en un mundo cada vez más interconectado e interdependiente, sino en un complejo y permanente reto que requiere res­puestas políticas que las sociedades contemporáneas no siempre están en condiciones de proporcionar.

 

Refugiados en la Unión Europea: desde el alarmismo de emergencia a la gestión común, Daniele Archibugui, Marco Cellini y Mattia Vitiello

Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, núm. 149, primavera 2020, pp. 77-96.

Los flujos de refugiados han encendido el debate político europeo. El artículo analiza cómo el número de solicitantes de asilo no justifica hablar de una “crisis de refugiados”, y sostiene que las instituciones y los procedimientos de la Unión Europea son insuficientes para gestionar con éxito el ingreso de refugiados y las solicitudes de asilo. El texto proporciona claves radicales para una política y una gestión de refugiados y solicitantes de asilo centrada en la UE.

 

Construir la «Europa fortaleza»: militarizar las fronteras, securitizar la migración, Ainhoa Ruiz Benedicto

Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, núm. 145, primavera 2019, pp. 85-94.

La caída del muro de Berlín en 1989 prometió la entrada en un mundo globalizado que fuese acompañado de una apertura de fronteras. Esta narrativa liberal poco ha tenido que ver con la realidad del escenario que se ha desarrollado en la Unión Europea respecto a las políticas fronterizas.

Las políticas europeas de migración. Un enfoque desde Marruecos, Lucile Daumas

Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, núm. 145, primavera 2019, pp. 95-105.

Las políticas europeas de cierre de fronteras confinan en sus territorios a los ciudadanos marroquíes y africanos. Marruecos y África se están convirtiendo en ollas exprés, entre dictaduras, conflictos, represión, miseria y falta de perspectivas.

 

 

Entrevista a Michael T.Klare, José Bellver y Nuria del Viso

Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, núm. 143, otoño 2018, pp. 155-161.

La combinación de sequía extrema, escasez de agua, inseguridad alimentaria y desempleo rural agravarán las tensiones étnicas y estimularán las migraciones masivas.

 

 

 

Migraciones Forzadas

Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, núm. 132, invierno 2015-2016.

Desplazamientos forzados: causas, responsabilidades y
respuesta
, Santiago Álvarez Cantalapiedra, pp. 5-10.

ESPECIAL

Proliferación de fronteras y «derecho de fuga», Sandro Mezzadra, pp.13-26

Refugiados: preguntas y respuestas ante una crisis que no es
coyuntural
, Javier de Lucas, pp. 27-20.

La migración ambiental: entre el abandono, el refugio y la protección internacional, Susana Borrás, pp. 31-49.

Distinción, discreción, discriminación: las nuevas y, es de esperar, últimas fronteras para las solicitudes de asilo relacionadas con el género, Alice Edwards, pp. 51-64.

De cómo una revolución fue ahogada en el Mediterráneo, Naomí Ramírez Díaz, pp. 65-76.

Desde Aylan hasta París: recorrido por un drama humanitario sin precedentes , Estrella Galán, pp. 77-86.

 


Cambio Climático y Seguridad Humana

Los efectos del Cambio Climáticos sobre la Seguridad Humana repensar el bienestar y la calidad de vida en términos sostenibles.

FUHEM Ecosocial

Noviembre 2021

El presente documento, que pertenece a la Colección Dosieres Ecosociales, recoge textos publicados por FUHEM Ecosocial que abordan los efectos y consecuencias del cambio climático sobre la seguridad humana, el bienestar y la calidad de vida.

Dividido en tres partes, la primera aborda cómo los impactos de los fenómenos climáticos extremos provocan que cada vez más personas vean amenazadas las condiciones sociales y naturales sobre la que descansa su existencia. Fenómenos que afectan, sobre todo, a las poblaciones más pobres y vulnerables con consecuencias en el aumento de las personas que tienen que migrar por cuestiones ambientales y en los cambios en las estrategias de seguridad internacional.

La segunda parte incluye cuatro textos en torno a la necesidad de repensar el concepto de seguridad, la economía y la sostenibilidad para asegurar el bienestar y la calidad de vida de las personas.

La tercera parte incluye una recopilación de recursos elaborada desde el Centro de Documentación Virtual de FUHEM Ecosocial, sobre las diferentes temáticas abordadas en el dosier.

 

Índice

Introducción

PARTE I: RIESGOS Y AMENAZAS DEL CAMBIO CLIMÁTICO

Amenazas climáticas, injusticia ambiental y violencia, Santiago Álvarez Cantalapiedra.

La migración ambiental: entre el abandono, el refugio y la protección internacional, Susana Borrás.

Colonizar el futuro: cambio climático y estrategias de seguridad internacional, Ben Hayes.

PARTE II: REPENSAR EL BIENESTAR Y LA CALIDAD DE VIDA

Ampliar el concepto de seguridad, Michael Renner.

La necesidad de repensar el bienestar en un mundo cambiante, Mateo Aguado, Diana Calvo, Jorge Riechmann, José A. González y Carlos Montes.

Construir una economía sostenible y deseable, integrada en la sociedad y en la naturaleza, Robert Costanza, Gar Alperovitz, Herman Daly, Joshua Farley, Carol Franco; Tim Jakson, Ida Kubiszewski, Juliet Schor y Peter Victor.

El debate sobre el buen vivir y los problemas-caminos para medir los avances en la calidad de vida y la sustentabilidad, Tomás R. Villasante.

Parte III RECURSOS

Selección de recursos, Susana Fernández Herrero.

 

Acceso al Dosier completo en formato pdf: Los efectos del cambio climático sobre la seguridad humana.

 

Esta publicación ha sido realizada con el apoyo financiero del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITERD). El contenido de la misma es responsabilidad exclusiva de FUHEM y no refleja necesariamente la opinión del MITERD.


Tipos de Contaminación en España y su Impacto en la Calidad de Vida

Tipos de Contaminación en España y su Impacto en la Calidad de Vida

FUHEM Ecosocial

Noviembre 2021

El metabolismo socioecológico asociado al modo de vida de la sociedad española genera una gran cantidad de residuos (sólidos, líquidos o gaseosos) que terminan contaminando el medio natural, afectando a la salud de los ecosistemas. La toxicidad de los residuos puede acarrear también efectos directos sobre la salud de las personas. Así pues, directa o indirectamente, la contaminación por residuos tiene efectos sobre la salud pública y, en consecuencia, efectos sobre la calidad de vida de una población. Aunque al hablar de contaminación lo habitual sea pensar en el deterioro de la calidad del aire, la actividad socioeconómica y los
estilos de vida actuales generan residuos de distinto tipo que afectan de diferente manera a los ecosistemas.

Desde el punto de vista de la calidad de vida de las personas, tan importante es la contaminación química
como la acústica, la polínica, la térmica, lumínica o electromagnética.

En este proyecto se aborda el impacto que tiene sobre la calidad de vida de la población española tres tipos de procesos contaminantes:

1) La contaminación del aire.

2) La contaminación de las aguas (superficiales y subterráneas)

3) La contaminación de los suelos.

Se estudia tanto los efectos indirectos (a través de la afectación de los ecosistemas) como los directos sobre la salud de las personas.

 

Índice

Introducción

 PARTE I: Una panorámica general 

Los regímenes metabólicos y los residuos

Los residuos: un problema global

 PARTE II: Una panorámica de España 

El metabolismo socioecológico español

La contaminación en España: un problema multidimensional

El deterioro de la calidad del aire

Calidad del aire y calidad de vida

El deterioro de la calidad del agua

La degradación de los suelos

Las basuras y deterioro de la calidad de vida

Relación de tablas, cuadros e infografías 

 

Acceso al Dosier completo en formato pdf: Tipos de Contaminación en España y su Impacto en la Calidad de Vida

 

Esta publicación ha sido realizada con el apoyo financiero del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITERD). El contenido de la misma es responsabilidad exclusiva de FUHEM y no refleja necesariamente la opinión del MITERD.


Cambio climático. Análisis Documental

Cambio climático.

Selección de Recursos

 

INFORMES

 

Centro Complutense de Estudios e Información Medioambiental – CCEIM

Cambio Global España 2020/50. Cambio Climático y Salud

Asturias: ISTAS, SESA, CCEIM, 2012, 369 págs.

 

Disponible en.

http://www.fundacionconama.org/wp-content/uploads/2019/08/Informe-Salud-y-Cambio-Climatico.pdf

 

Centro de Estudios y Experimentación de Obras Públicas (CEDEX)

Evaluación del impacto del cambio climático en los recursos hídricos y sequías en España. Informe Técnico para Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente Secretaría de Estado de Medio Ambiente Oficina Española de Cambio Climático.

Madrid: Centro de Estudios Hidrográficos, julio 2017, 346, págs.

 

Disponible en:

http://www.cedex.es/NR/rdonlyres/3B08CCC1-C252-4AC0-BAF7-1BC27266534B/145732/2017_07_424150001_Evaluaci%C3%B3n_cambio_clim%C3%A1tico_recu.pdf

 

 

DO Ó, A. y SEIZ R.

Efectos del cambio climático en la península ibérica. Menos lluvia y más incertidumbre para los ríos.

ANP/WWF y WWF España, 2021, 18 págs.

 

Disponible en:

https://wwfes.awsassets.panda.org/downloads/efectos_cc_en_la_peninsula__2_.pdf?57520/Informe-sobre-los-efectos-del-cambio-climatico-en-la-Peninsula-Iberica

 

 

Ecologistas en Acción

Caminar sobre el abismo de los límites Políticas ante la crisis ecológica, social y económica

Madrid: Ecologistas en Acción, 2019, 36 págs.

 

Disponible en:

https://www.ecologistasenaccion.org/wp-content/uploads/adjuntos-spip/pdf/informe-abismo-limites.pdf

 

IPCC – Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático

Calentamiento Global de 1,5 ° C. Informe especial del IPCC sobre los impactos del calentamiento global de 1,5 ºC con respecto a los niveles preindustriales y las trayectorias correspondientes que deberían seguir las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero, en el contexto del reforzamiento de la respuesta mundial a la amenaza del cambio climático, el desarrollo sostenible y los esfuerzos por erradicar la pobreza GT I GT II GT III Resumen para responsables de políticas.

Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, 2019, 32 págs.

Disponible en:

https://www.ipcc.ch/site/assets/uploads/sites/2/2019/09/IPCC-Special-Report-1.5-SPM_es.pdf

 

IPCC – Intergovernmental Panel of Climate Change

Climate Change 2021: The Physical Science Basis. Contribution of Working Group I to the Sixth Assessment Report of the Intergovernmental Panel on Climate Change.

Cambridge: Cambridge University Press. In Press, 2021, 3949 págs.

 

Disponible en:

https://www.ipcc.ch/report/ar6/wg1/downloads/report/IPCC_AR6_WGI_Full_Report.pdf

 

LUMBRERAS, Julio (coord.)

Cambio climático. Bases científicas y cuestiones a debate

Madrid: Fundación Naturgy, 2020, 99 págs.

 

 

Disponible en:

https://www.miteco.gob.es/es/ceneam/recursos/pag-web/cambio-climatico-bases-cientificas.aspx

 

 

Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico

Plan Nacional de Adaptación al Cambio Climático 2021-2030

Madrid: Ministerio para la transición Ecológica y el Reto Demográfico, 2020, 246 págs.

 

Disponible en:

https://www.miteco.gob.es/es/cambio-climatico/temas/impactos-vulnerabilidad-y-adaptacion/pnacc-2021-2030_tcm30-512163.pdf

 

Organización Meteorológica Mundial

Estado del clima mundial en 2020.

Organización Meteorológica Mundial, 2021

Ginebra: Organización Meteorológica Mundial, 2021, 57 págs.

 

Disponible en:

https://library.wmo.int/doc_num.php?explnum_id=10891

 

SÁNCHEZ-LAULHÉ OLLERO, José María et al.

Informe sobre el Estado el Clima de España, 2019

Madrid: Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico. Agencia Estatal de Meteorología, 2020, 88 págs.

 

Disponible en:

https://www.aemet.es/documentos/es/conocermas/recursos_en_linea/publicaciones_y_estudios/estudios/Informes%20estado%20clima/Informe_estado_clima_2019.pdf

 

SANZ, M.J.; GALÁN, E. (eds.)

Impactos y riesgos derivados del cambio climático en España.

Madrid: Oficina Española de Cambio Climático, Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITERD), 2021, 213 págs.

 

Disponible en:

https://www.adaptecca.es/sites/default/files/documentos/impactosyriesgosccespanawebfinal_tcm30-518210_0.pdf

 

World Meteorological Organization (WMO), United Nations Environment Programme, Intergovernmental Panel on Climate Change, United Nations Educational, Scientific and Cultural Organization (UNESCO), Intergovernmental Oceanographic Commission (IOC)Global Carbon Project

United in Science 2020: A multi-organization high-level compilation of the latest climate science information.

World Meteorological Organization (WMO), 2020, 28 págs.

Disponible en:

https://library.wmo.int/doc_num.php?explnum_id=10361

 

 

 

LIBROS

 

 

BENNETT, Jeffrey

Calentamiento global : ¿qué nos dice la ciencia?, ¿qué consecuencias tiene?, ¿qué soluciones existen?

Bilbao: Mensajero, 2018. 107 págs.

 

 

CAMARGO, João

Manual de lucha contra el cambio climático: nada volverá a ser como antes, ni el clima ni la sociedad

Madrid : Libros en Acción, D.L. 2019. 285 págs.

 

 

 

CAMPILLO ÁLVAREZ, José Enrique

Homo climaticus : el clima nos hizo humanos

Barcelona : Crítica, 2018. 398 p.

 

 

 

 

CASTILLO, Jesús M.

Los negocios del cambio climático

Barcelona: Virus, 2017, 186 págs.

 

 

 

CERRILLO, Antonio

Emergencia climática: escenarios del calentamiento y sus efectos en España

Barcelona: Libros de Vanguardia, 2020. 223 págs.

 

 

 

COTARELO ÁLVAREZ, Pablo

Los conflictos sociales del cambio climático

Madrid: Ecologistas en Acción, 2011, 120 págs.

 

 

 

DUARTE QUESADA, Carlos Manuel

Cambio climático

Madrid: Consejo Superior de Investigaciones Científicas; Catarata 2001, 104 págs

 

 

 

ESCRIVÀ, Andreu

Aún no es tarde: claves para entender y frenar el cambio climático.

Valencia : Publicacions de la Universitat de València, 2018. 243 págs.

 

 

 

ESCRIVÀ, Andreu

Y ahora yo qué hago: cómo evitar la culpa climática y pasar a la acción

Madrid : Capitán Swing, D.L. 2020. 158 págs.

 

 

 

FIGUERES, Christiana; RIVETT-CARNAC, Tom 

El futuro por decidir: cómo sobrevivir a la crisis climática

Madrid: Debate, 2021. 224 págs.

 

 

 

GONZÁLEZ SVATETZ, Carlos A.

Emergencia climática, alimentación y vida saludable

Barcelona: Icaria, 2020. 204 págs.

 

 

 

HERRERO LÓPEZ; Yayo; GONZÁLEZ, María; PÁRAMO PINO, Berta

Cambio climático

Valencia: Litera, 2019, 55 págs.

 

 

NEALE, Jonathan

Cómo detener el calentamiento global y cambiar el mundo

Barcelona: el Viejo Topo, 2012, 363 págs.

 

 

 

NORDHAUS, William

El casino del clima: por qué no tomar medidas contra el cambio climático conlleva riesgo y genera incertidumbre

Barcelona: Deusto, 2019. 446 págs.

 

 

PAJARES, Miguel

Refugiados climáticos: un gran reto del siglo XXI

Barcelona: Editorial Rayo Verde, 2021, 280 págs.

 

 

ROCA TRESCENTS, Josep

Crisis climática: la colisión actual entre ecologismo y capitalismo

Barcelona : Octaedro, 2019. 277 págs.

 

 

SCRANTON, Roy

Aprender a vivir y a morir en el Antropoceno. Reflexiones sobre el cambio climático y el fin de una civilización

Madrid: Errata Naturae, 2021, 168 págs.

 

 

TARDIVO, Giuliano; BARBEITO, Roberto; DÍAZ CANO, Eduardo (coord..)

Cuestiones Sobre Cambio Climático

Valencia: Tirant lo Blanch, 2020. 184 págs.

 

 

TEJERO, Héctor

¿Qué hacer en caso de incendio? Manifiesto por el Green New Deal

Madrid: Capitán Swing, 2019. 248 p.

 

 

WAINWRIGHT, John

Leviatán climático : una teoría sobre nuestro futuro planetario

Madrid: Biblioteca Nueva, 2018. 347 p.

 

 

WALLACE-WELLS, David

El planeta inhóspito

Barcelona: Debate, 2019, 352 págs.

 

 

 

 

 

 

Publicaciones FUHEM Ecosocial

 

Percepciones sobre el Cambio Climático

Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global. núm. 136, invierno 2016/2017

El cambio climático: una realidad difícil de asumir, Santiago Álvarez Cantalapiedra

https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2018/12/Cambio-climatico_Introduccion_136_S.Alvarez.pdf

ESPECIAL

Cuando lo importante no es relevante. La sociedad española ante el cambio climático
Francisco Heras Hernández, Pablo Ángel Meira Cartea

https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2018/12/Sociedad_espaC3B1ola_ante_cambio_climatico_F.Heras_P.Meira_.pdf

De la realidad ontológica a la percepción social del cambio climático: el papel de la comunidad científica en la dilución de la realidad, Ferran Puig Vilar

https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2018/12/Papel_de_comunidad_cientifica_F.Puig_.pdf

La opinión crítica de los investigadores sobre la comunicación mediática del cambio climático, Gemma Teso Alonso

https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2018/12/Opinion_critica_investigadores_G.Teso_.pdf

Cambio climático y publicidad: desintoxicación cultural para responder al monólogon
Isidro Jiménez Gómez, Mariola Olcina Alvarado

https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2018/12/Cambio_climatico_y_publicidad_I.Jimenez_M.Olcina.pdf

Resistencias psicológicas en la percepción del cambio climático, Cristina Huertas,  José Antonio Corraliza

https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2018/12/Resistencias_psicologicas_percepcion_cambio_climatico_C.Huertas_J.A.Corraliza.pdf

Terminar la ESO sin conocer el cambio climático. Algunas reflexiones y herramientas para que esto no ocurra, María González Reyes

https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2018/12/Educacion_sobre_cambio_climatico_M.Gonzalez_Reyes.pdf

El debate electoral sobre el cambio climático, Javier Gutiérrez Hurtado

https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2018/12/Debate_electoral_cambio_climatico_J.Gutierrez.pdf

Otros artículos de Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global:

“Costes y restricciones ecológicas al capitalismo digital”, José Bellver, Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, núm. 144, invierno 2018/2019, pp.59-77.

https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2019/05/ESP-CostesRestriccionesEcologicasCapitalismoDigital-J.Bellver.pdf

“Respuestas ante el negacionismo climático”, Francisco Heras Hernández, Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, núm. 140, invierno 2017/2018, pp.119-130.

https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2018/12/Respuestas-al-negacionismo-climatico-F.Heras_.pdf

“Modelo alimentario y cambio climático”, Carlos González Svatetz, Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, núm. 139, otoño 2017, pp.55-62.

https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2018/12/Modelo-alimentario-y-cambio-climatico_C_GONZALEZ.pdf

“Centrales nucleares, emisiones de CO2 y cambio climático”, Xavier Bohigas, Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, núm. 138, otoño 2017, pp.109-121.

https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2018/12/CentralesNucleares-Emisionhes-CambioClimatico-X.Bohigas.pdf

“Tecno-optimismo climático: el escapismo tecnológico, frente al calentamiento
global”, Samuel Martín-Sosa Rodríguez, Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, núm. 134, verano 2016, pp. 25-38.

https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2018/12/Tecno-optimismo_climatico_S.Martin-Sosa.pdf

“La migración ambiental: entre el abandono, el refugio y la protección internacional”, Susana Borrás, Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, núm. 132, invierno 2015/2016, pp. 31-49.

https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2018/12/Migracion_ambiental_S.Borras.pdf

 

La Situación del Mundo

GEMENNE, François

“Las migraciones como estrategias de adaptación al clima”

En:

GARDNER, Gary; PRUGH, Tom; RENNER, Michael (dirs.),

Un mundo frágil: hacer frente a las amenazas a la sostenibilidad. La Situación del Mundo 2015. Informe Anual del Worldwhatch Institute.

Barcelona: FUHEM Ecosocial, Icaria,pp. 173-185, 259-261.

Disponible en:

https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2018/04/SitMundo-2015-Migraciones_como_estrategia_de_adaptacion_al_clima_F.Gemenne.pdf

 

RENNER, Michael

“Cambio climático y los desplazamientos”

En:

ASSADOURIAN, Erik; RENNER, Michael (dirs.)

¿Es aún posible logara la Sostenibilidad? La Situación del Mundo 2013. Informe Anual del Worldwhatch Institute.

Barcelona: FUHEM Ecosocial, Icaria, 2013, pp. 503-516, 645-647.

Disponible en:

https://www.fuhem.es/media/cdv/file/biblioteca/Situacion_Mundo/2013/Cambio_climatico_y_desplazamientos_M._Renner_Sit.mundo_2013-31.pdf 

 

ENGELMAN, Robert; RENNER, Michael; SAWIN, Janet (dirs.)

El mundo ante el calentamiento global. La Situación del Mundo 2009. Informe Anual del Worldwhatch Institute.

Barcelona: FUHEM Ecosocial, Icaria, 2009.

Conexiones de clima

Un futuro energético duradero”, Janet L. Sawin y William R. Moomaw, pp.

Disponible en:

https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/12/un-futuro-energetico-duradero.pdf

“Generar resiliencia”, David Dodman, Jessica Ayers y Saleemul Huq.

Disponible en:

https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/12/Generar-resiliencia.pdf

“Guía y Glosario sobre Cambio Climático”, Alice McKeown; Gary Gardner, pp. 299-321, 401-402.

Disponible en:

https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/12/Guia-y-glosario-sobre-cambio-climatico.pdf

Apéndice

 Cambio climático en España: Problemas y soluciones”, Antonio Ruiz de Elvira, pp. 319-347.

Disponible en:

https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2019/08/Ruiz_-de_-Elvira_cambio_climatico.pdf

 

Dosieres Ecosociales

Rubén Gutiérrez Cabrera

Los discursos en torno a la emergencia climática
Dosieres Ecosociales, mayo 2020.

Disponible en:

https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/07/Dossier-Ecosocial-47-Emergencia-Climatica-Ruben-Gutierrez.pdf

 

Cristina Contreras Jiménez

Un estudio para la participación ambiental, la ciudadanía activa y las redes vecinales ante la emergencia climática

Dosieres Ecosociales, abril 2020.

 Disponible en:

https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/07/Dossier-Ecosocial-46-Barrios-por-el-clima-Cristina-Contreras.pdf

 

Amenazas climáticas, injusticia ambiental y violencia”, Santiago Álvarez Cantalapiedra.

 “De los delirios escapistas frente al cambio climático a la búsqueda de respuestas colectivas”, Nuria del Viso.

 Crisis Ecosocial, Conflictos y Construcción de Paz.

Dosieres Ecosociales, diciembre 2018.

 Disponible en:

https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/04/Dossier-Crisis-Ecosocial.pdf

 

Temas clave en el debate climático

 Dosieres Ecosociales, enero 2016.

 Disponible en:

 https://www.fuhem.es/media/cdv/file/biblioteca/Dossier/Dossier_Temas-clave-debate-cambio-climatico_FUHEM-Ecosocial_ene16.pdf

 

 

Cambio climático: un reto social inminente

 Dosieres Ecosociales, 2005.

 Disponible en:

 https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2019/08/DOSSIER_CAMBIO_CLIMATICO.pdf

 

 

Otras publicaciones Fuhem Ecosocial

 

ROCA JUSMET, Jordi (coord..); ALCÁNTARA, Vicent; ARTO, Iñaki; PADILLA, Emilio; SERRANO, Mónica

La responsabilidad de la economía española en el calentamiento global

Madrid: Catarata, 2013, 159 págs.

 

 

 

 

BUXTON, Nick; HAYES, Ben (eds.)

 Cambio climático S.A.: cómo el poder (corporativo y militar) está moldeando un mundo de privilegiados y desposeídos ante la crisis climática.

 Madrid: FUHEM Ecosocial, 2017, 301 págs.  


Impacto del Cambio Climático en los Sistemas Litorales Españoles

Impacto del Cambio Climático en los Sistemas Litorales Españoles y Repercusiones sobre la Calidad de Vida

 

 

 

 

 

 

 

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Esta infografía ha sido realizada con el apoyo financiero del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITERD).


Basura, contaminación y efectos sobre el entorno

Basura, contaminación y efectos sobre el entorno

 

 

 

 

Acceso a la infografía en formato pdf: Basura, contaminación y efectos sobre el entorno

Esta infografía ha sido realizada con el apoyo financiero del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITERD).


Cambio climático e Impactos sobre la Calidad de Vida

Cambio climático e Impactos sobre la Calidad de Vida

 

 

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Impacto del Cambio Climático sobre los Ecosistemas

Impacto del Cambio Climático sobre los Ecosistemas

 

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Efectos de la Contaminación sobre la Salud de las Personas

Efectos de la Contaminación sobre la Salud de las Personas

 

 

 

 

 

 

 

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Este mapa conceptual ha sido realizado con el apoyo financiero del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITERD).


Efectos de la contaminación sobre el Entorno y los Ecosistemas

Efectos de la contaminación sobre el Entorno y los Ecosistemas

 

 

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https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/11/Contaminacion_entorno_y_ecosistemas-1.pdf


Sistema Biosfera - Sistema Industrial

 

Sistema Biosfera - Sistema Industrial

 

 

 

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Este mapa conceptual ha sido realizado con el apoyo financiero del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITERD).


Lectura Recomendada: Perdiendo la tierra

Nathaniel Rich, Perdiendo la tierra. la década en que podríamos haber detenido el cambio climático, Madrid: Capitán Swing, 2020, 191 págs.

Reseña elaborada por Nuria del Viso del equipo de FUHEM Ecosocial y publicada en el número 155 de la revista Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global. 

El cambio climático se presenta como una controversia científica pública, algo común en la ciencia, si bien no constituye el tipo de controversia que cabríamos esperar, derivada de visiones científicas distintas o de un desacuerdo genuino sobre los datos. En este caso se trata más bien de una controversia pública calculadamente fabricada, como queda claro después de la lectura de Perdiendo la Tierra, una exhaustiva –aunque sintética– investigación de un periodo histórico cercano –de 1979 a 1989–, cuando estuvimos muy cerca de un acuerdo internacional sobre el cambio climático.

Existen evidencias del cambio climático al menos desde el siglo XIX, y desde 1979 la ciencia climática ya estaba asentada y ha permanecido prácticamente invariable desde entonces. El libro se abre con una frase impactante en este sentido:

«Casi todo lo que sabemos en la actualidad del calentamiento global ya lo sabíamos en 1979» (p. 13).

Desde los ochenta hay un amplísimo consenso científico en torno a los principales hallazgos de la ciencia climática. Entonces, ¿por qué en las últimas tres décadas apenas se ha avanzado en atajar la desestabilización del clima? Rich nos acerca a las respuestas a esta inquietante pregunta.

El cambio climático es un caso paradigmático de agnotología. El término fue desarrollado por Robert Proctor, historiador científico de la Universidad de Stanford, que en 1979 se topó con un memorando secreto elaborado diez años antes por la compañía tabaquera Brown & Williamson donde se exponían las tácticas empleadas por el sector para combatir las medidas antitabaco. A partir de este hallazgo, Proctor comenzó a investigar este tipo de casos. Como la empresa afirmaba en aquel comunicado, «La duda es nuestro producto. [La duda] es la mejor manera de competir con el volumen de información que existe en la mente del público en general. También es el medio para crear controversia», según recoge una noticia  de  la  BBC  (Georgina  Kenyon, «Agnotología: la ciencia de sembrar el engaño para vender», BBC, 17 de enero de 2016). Como subrayaba Philip Mirowski en una conferencia en 2012, los negacionistas «no pretenden cambiar la ciencia climática, sino nublar la mente de la gente común.

El objetivo principal es obstaculizar cualquier acción de reducción de emisiones, comprar tiempo para formular otros componentes y desarrollarlos como opción política» (Conferencia inaugural del congreso «Life and Debt: Living through the Financialisation of the Biosphere», Universidad Tecnológica de Sidney).

La agnotología, ya con medio siglo de historia a sus espaldas, alcanza hoy nuevas cotas en un contexto de explosión de las redes sociales que multiplican sus efectos. Bruno Latour en Dónde aterrizar resalta la situación de “delirio epistemológico” en la que nos encontramos, especialmente desde la elección de Donald Trump como presidente de Estados Unidos, algo de lo que se hace eco Jorge Riechmann en otro artículo de esta misma revista.

Podría parecer que la inacción ha dominado siempre nuestra aproximación al calentamiento global. Pero, como recuerda Rich, hubo un tiempo no tan lejano en que «había un consenso general sobre el hecho de que se tenía que pasar a la acción de inmediato» (p. 17), y «un amplio consenso internacional acordó poner en marcha un mecanismo para conseguir un tratado global vinculante» (p. 17).

De la mano de Rich descubrimos una década que ahora parece asombrosa, cuando el cambio climático no generaba en EEUU posturas partidistas automáticas, cuando las corporaciones petroleras investigaban el cambio climático –incluso un presidente de Exxon, Edward David hijo, llegó a afirmar en 1982 la adhesión de la petrolera a la transformación integral de las políticas energéticas globales (p. 89)–, y cuando congresistas y senadores preocupados por el fenómeno podían organizar sesiones sobre el asunto con el testimonio de científicos, o cuando un grupo de 24 senadores de ambos partidos pidieron al presidente Bush padre –era 1989– un compromiso de reducción de emisiones, y el cambio climático llegó a ser la ter- cera preocupación de los estadounidenses (p. 127).

El negacionismo climático surgió de las propias empresas y se materializó con la captura de un grupo de científicos –especialistas en física atómica y otras ramas de la ciencia distintas a la climática– contratados al servicio de los intereses corporativos. Rich deja claro la responsabilidad de la petroleras, que conocían el problema del cambio climático desde los años cincuenta, y la industria automovilística desde los setenta, igual que las eléctricas. Las empresas implicadas han invertido cifras astronómicas para desacreditar y poner en duda el conocimiento de la ciencia climática, sembrando la confusión y el escepticismo. Esta estrategia ha sido desplegada en distintas controversias públicas, antes y después del cambio climático, y es ya conocida como la “estrategia del tabaco”, por ser el primer sector industrial que la utilizó como constató Proctor y tal como recogen Oreskes y Conway en su libro Mercaderes de la duda.

Si Rich se centra en una década particular para mostrar la deriva del asunto climático y a sus protagonistas, Oreskes y Conway se enfocan en Mercaderes de la duda en explorar precisamente esta estrategia, dedicando el capítulo 6 al cambio climático. Aunque con acentos, estilos y periodos históricos diferentes (Oreskes y Conway analizan hasta 1997), ambos libros resultan complementarios.

Perdiendo la Tierra se compone de tres partes –«Gritos en la calle (1979-1982)»; «Ciencia ficción de mala calidad (1983-1988)»; y «Veréis cosas que deberéis creer (1988-1989)»– y 21 capítulos, además de una introducción y un epílogo. Cada capítulo va encabezado por un título y un periodo histórico.

En la primera parte del libro, Rich retrata cómo el cambio climático se abría paso entre la ciencia, el activismo y las instituciones políticas oficiales –Gobierno, Congreso y Senado– con notable consenso, incluso en las filas de ambos partidos. En la segunda parte cubre el periodo de 1983 a 1988 y explora cómo fuerzas contrarias en torno al cambio climático pugnaron por prevalecer. En la tercera parte, de 1988 a 1989, el autor narra el proceso de retirada de apoyo de EEUU al acuerdo internacional y su descarrilamiento final mientras se desplegaba el negacionismo a toda potencia.

Rich adopta un enfoque histórico bien documentado a través de numerosas entrevistas con los protagonistas de los hechos y desarrolla su argumento de forma ágil a través de capítulos breves. El libro mantiene la tensión, aunque la proliferación de nombres puede despistar en más de un momento. El hilo del relato, sin embargo, se mantiene gracias a dos personajes principales que guían la narración: un activista ecologista, Rafe Pomerance, y un científico climático, James Hansen, en torno a quienes pululan no pocos actores. Apuntar que quizá la historia de héroes, villanos y víctimas que presenta Rich resulte algo simplista.

El autor narra la historia –o la intrahistoria– de un fracaso no anunciado de la deriva climática y cómo se fueron cerrando las posibilidades de un acuerdo. Un par de años después de las entusiastas declaraciones de David hijo, Exxon había reconsiderado su postura y vuelto a los combustibles fósiles convencionales. Para 1988, el Instituto Americano del Petróleo (conocido como API) «empezó a prestar atención a los argumentos políticos relacionados con el negocio» (p. 135) y se fortaleció el contraataque: los departamentos de investigación corporativos se cerraron y en su lugar se invirtieron millones de dólares para desacreditar las certezas que iba señalando la investigación climática y, en su lugar, sembrando la duda, con una alta efectividad que condujo al consenso de inacción a partir de 1989. Como afirma Rich, «Esa era la nueva tendencia: no solo la expresión de indiferencia o precaución, sino del advenimiento de una fuerza antagonista, nihilista» (p. 112). Para 1992, el presidente Bush padre había pasado de declararse “medioambientalista” (p. 128) a principios de los ochenta a ofrecer una postura más que tibia en la Cumbre de la Tierra en Río.

En contrapartida a la “guerra sucia” del negacionismo, la controversia sobre el cambio climático implica cada vez más cuestiones morales, como remarca Rich en el epílogo, donde la voz del autor se hace más nítida. Estas razones están ganando peso progresivamente en la crisis del clima, tanto aquellas sobre la relación inversa existente entre responsabilidad de las emisiones y gravedad de los impactos como las referidas a la responsabilidad con las generaciones futuras y otros seres vivos. Los argumentos que esgrimen tanto Greta Thunberg como el papa Francisco en su encíclica Laudato Si van en esa dirección.

En su conjunto, el libro es exponente de cómo los entramados sociotécnicos, tal como sostienen los estudios de ciencia y tecnología (Science and Technology Stu- dies, o STS por sus siglas en inglés), constituyen ensamblajes fuertemente cohesionados; no hay separación posible entre elementos sociales, o políticos, y elementos científicos o técnicos, sino que estos componentes se entrelazan en un todo que se co-produce procesualmente y co-evoluciona, tal como defiende Bijter, dando lugar a un latouriano tejido sin costuras de elementos tecno-científicos- socio-político-económicos, tal como sostiene el enfoque constructivista de los STS. Un ejemplo en este sentido que recoge el libro se refiere a la necesidad que activistas, científicos y políticos concienciados con el cambio climático y a las puertas de una importante reunión en Toronto en 1988 para impulsar un acuerdo internacional similar al del ozono, buscaban una cifra “mágica” que movilizara las voluntades políticas, pero, lejos de proporcionarlo el conocimiento científico, fue el activista Rafe Pomerance el que dio con una cifra con gancho: reducir el 20% de emisiones para el año 2000 (posteriormente, 2005), una muestra más de cómo consideraciones científicas se entretejen con las políticas y las sociales en un conjunto sociotécnico sin fisuras ni costuras.

El autor muestra cómo el relato, la imagen y el lema de un hecho científico tiene mucho que ver con que se adopten o no medidas para ponerle remedio, como se hizo evidente en el caso del “agujero” de la capa de ozono donde un buen framing y una imagen potente ayudaron a lograr un acuerdo internacional, el Protocolo de Montreal.

Quizá uno de los problemas que ha enfrentado el cambio climático es que no haya logrado encontrar una imagen poderosa y un relato que interpele a la gente –como logró el agujero de la capa de ozono–, que genere sensación de urgencia y movilice a la ciudadanía.

Por otra parte, Rich afirma que el relato climático  no  ha  cambiado  sustancialmente desde 1989, punto del que cuesta no disentir dado que en las últimas tres décadas se ha desarrollado la potente maquinaria del negacionismo climático y actualmente el relato dominante es radicalmente distinto, y mucho más nocivo, que en 1989.

En esta absorbente investigación de una década crucial para las políticas del cambio climático sorprenderá encontrar nombres de políticos/as muy conocidos sosteniendo posturas que hoy se tacharían de “radicales”. La distancia de estas posturas a las que hoy sostiene el Partido Republicano en EEUU, el Partido Conservador en Reino Unido o sus homólogos en España da cuenta del retroceso que hemos sufrido en las últimas tres décadas en materia de políticas climáticas, que solo se han puesto en cuestión tras el “terremoto” juvenil inspirado por Greta Thunberg y las urgencias puestas de manifiesto por la crisis de la COVID-19.

Perdiendo la Tierra investiga la intrahistoria de lo que pudo ser y no fue, y de cómo se marchitaron los avances logrados a lo largo de una década. Como afirma Rich,

«Si los Estados Unidos hubieran respaldado una propuesta ampliamente apoyada a finales de los ochenta –la congelación de las emisiones de carbono, junto a una reducción del 20% en 2005– el calentamiento podría haberse limitado a menos de 1,5ºC» (p. 17).

Esta es nuestra pérdida y de ahí la importancia del libro para arrojar luz sobre ella. La revitalización de la memoria es importante para reconstruir los hechos y saber dónde nos encontramos y por qué.

 

 


Pandemias en la era de la Sexta Gran Extinción

Pandemias en la era de la Sexta Gran Extinción

FUHEM Ecosocial

Dosieres Ecosociales, noviembre 2021

La pérdida de la integralidad en la biosfera está provocando pandemias recurrentes. En la actualidad acontecen dos hechos relacionados. Por un lado, asistimos a lo que se ha denominado la Sexta Gran Extinción, un periodo en el que la tasa de extinción de especies es cien veces superior a la tasa normal de un periodo geológico.

El Antropoceno ha iniciado un proceso de extinción masiva.

Por otro lado, aún estamos padeciendo las consecuencias de la primera pandemia zoonótica global (strictu sensu) detectada a finales de 2019. Ambos acontecimientos están relacionados y exigen cambios sustanciales en los modos de vida contemporáneos. Sin embargo, aún no se ha logrado el conocimiento y la consciencia suficiente para que esos cambios se puedan suscitar.

El presente documento, que pertenece a la Colección Dosieres Ecosociales, muestra una lectura de la pandemia desde la perspectiva de la erosión a la que está siendo sometida la biodiversidad mundial. Aborda los vínculos entre la pérdida de integralidad de la biosfera resultante de la acción antrópica y las pandemias zoonóticas. Ofrece una perspectiva de la COVID-19 que trascienda la realizada en términos estrictamente sanitarios y que engarce con la crisis ecosocial en curso, con el fin de sensibilizar a la opinión pública sobre la necesidad de la defensa de la biodiversidad como la mejor forma de prevenir futuras pandemias.

Dividido en tres partes, el dosier incluye en la primera de ellas, el texto de las dos declaraciones realizadas desde FUHEM Ecosocial sobre la COVID-19, las señales y las respuestas. La segunda parte recopila una serie de textos publicados por FUHEM Ecosocial significativos sobre la materia que ayudan a abordarla desde diferentes perpectivas. La tercera parte ofrece una selección de recursos, en torno a la temática tratada en el dosier, elaborada desde el Centro de Documentación Virtual de FUHEM Ecosocial.

Esperamos que este dosier pueda aportar una mirada multidimensional que sirva para comprender que si se quieren evitar nuevos episodios de pandemias con origen en la zoonosis, hay que defender y preservar los ecosistemas atendiendo a los factores más relevantes que influyen en su transformación, degradación o destrucción.

ÍNDICE:

Introducción

PARTE I. DECLARACIONES

COVID-19: una pandemia en medio de la crisis ecosocial, Santiago Álvarez Cantalapiedra.

Señales y respuestas: las enseñanzas no atendidas de la pandemia, Santiago Álvarez Cantalapiedra.

PARTE II. TEXTOS

Pandemia, crisis ecosocial y capitalismo global, Santiago Álvarez Cantalapiedra.

Pandemia posnormal: las múltiples voces del conocimiento, Silvio Funtowicz y Cecilia Hidalgo.

Raíces socioecológicas de una pandemia prevista, Colectivo FRACTAL.

La ciencia es la mejor herramienta para luchar contra las pandemias que vendrán, Raquel Pérez Gómez.

Biodiversidad: combatir la sexta extinción masiva,  Bo Normander.

PARTE III. RECURSOS

Selección de Recursos, Susana Fernández Herrero.

 

Acceso al Dosier completo en formato pdf: Pandemias en la era de la Sexta Gran Extinción

 

Esta publicación ha sido realizada con el apoyo financiero del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITERD). El contenido de la misma es responsabilidad exclusiva de FUHEM y no refleja necesariamente la opinión del MITERD.


Las Macrogranjas: Impactos sobre el Territorio y la Calidad de Vida

Las Macrogranjas: Impactos sobre el Territorio y la Calidad de Vida

 

 

Acceso al pdf de la infografía: Las Macrogranjas: Impactos sobre el Territorio y la Calidad de Vida

 

Esta infografía ha sido realizada con el apoyo financiero del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITERD).


Impactos del Cambio Climático en los sistemas Litorales Españoles

Impactos del Cambio Climático en los sistemas Litorales Españoles y repercusiones sobre la Calidad de Vida

 

 

 

Acceso al pdf de la infografía: Impactos del Cambio Climático en los sistemas Litorales Españoles y repercusiones sobre la Calidad de Vida

 

Esta infografía ha sido realizada con el apoyo financiero del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITERD).


Calidad del Aire y Efectos de la Contaminación sobre la Salud de las Personas

Calidad del Aire y Efectos de la Contaminación sobre la Salud de las Personas

 

 

 

 

Acceso al pdf de la infografía: Calidad del Aire y Efectos de la Contaminación sobre la Salud de las Personas

 

Esta infografía ha sido realizada con el apoyo financiero del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITERD).


Efectos del Cambio Climático sobre los ecosistemas e Impactos sobre la Calidad de Vida

Efectos del Cambio Climático sobre los ecosistemas e Impactos sobre la Calidad de Vida

 

 

Acceso al Mapa conceptual en formato pdf: Efectos del Cambio Climático sobre los ecosistemas e Impactos sobre la Calidad de Vida

 

Este mapa conceptual ha sido realizado con el apoyo financiero del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITERD).


Perdida de biodiversidad y pandemias

Perdida de biodiversidad y pandemias

La presión humana provoca una degradación ambiental sin precedentes que conduce, entre otras cosas, a una pérdida importante de biodiversidad que nos hace más vulnerables. Esto significa que la salud de los ecosistemas de los que nosotros y todas las demás especies dependen está deteriorándose más rápidamente que nunca. Nosotros estamos erosionando los principales fundamentos de nuestras economías, sociedades, seguridad alimentaria, salud y calidad de vida en todo el mundo. No podemos seguir ignorando el riesgo de pandemias derivadas de los cambios ambientales generados por las políticas que no tienen en cuenta la biodiversidad.

 

Autor: Luís Roldán de la Peña.

 

Esta publicación (video / infografía / anuncio / etc.) ha sido realizada con el apoyo financiero del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITERD).


Pandemias en la Era de la Sexta Gran Extinción. Análisis Documental

Pandemias en la Era de la Sexta Gran Extinción

Selección de Recursos

Desde el Centro de documentación Virtual de FUHEM Ecosocial hemos elaborado una selección de recursos que hablan sobre la pérdida de biodiversidad, el desarrollo de pandemias, la estrecha relación que hay entre ambas y cómo prevenir futuras pandemias.

La selección recoge Informes elaborados por prestigiosas instituciones y organizaciones , como: Convenio sobre la Diversidad Biológica – CDB, la Comisión Europea,  Ecologistas en Acción, Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático – IPCC, The Intergovernmental Science Policy Platform on Biodiversity and Ecosystem Services – IPBES,  Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente – PNUMA, el Banco Mundial, la Organización Mundial de la Salud y World Wildlife Fund – WWF.

Todos los informes pueden descargarse a texto completo y son una herramienta muy útil para comprender que la salud del medioambiente y la salud humana están unidas, por lo que frenar la destrucción de los ambientes naturales y disminuir la pérdida de biodiversidad redundará en ecosistemas saludables que contribuirán la nuestra propia supervivencia.

Ofrecemos también una recopilación de libros de especialistas que ofrecerán diferentes perspectivas sobre la materia: Mike Davis, Ramón Fernández Durán, Sandra Hempel, Roger Lewin, Richard Leakey, Salvador Macip, Andreas Malm, David Quammen, Sara Shah, Rob Wallace, David Wallace-Wells, Edward O. Wilson.

 

 

INFORMES

 

Convention on Biological Diversity – CBD

Guidance on integrating biodiversity consideration into One Health approaches. CBD/SBSTTA/21/9

Montreal, Canadá, CBD, 2017, 17 págs.

Disponible en: https://www.cbd.int/doc/c/501c/4df1/369d06630c901cd02d4f99c7/sbstta-21-09-en.pdf

 

Convenio sobre la Diversidad Biológica - CDB

Perspectiva Mundial sobre la Diversidad Biológica 5

Montreal, Canadá: Secretaría del Convenio sobre la Diversidad Biológica, 2020, 212 págs.

Disponible en: https://www.cbd.int/gbo/gbo5/publication/gbo-5-es.pdf

 

Comisión Europea

Estrategia de la UE sobre la biodiversidad de aquí a 2030. Reintegrar la naturaleza en nuestras vidas

Bruselas, Bélgica: Comisión Europea, 2020, 27 págs.

Disponible en: https://eur-lex.europa.eu/resource.html?uri=cellar:a3c806a6-9ab3-11ea-9d2d-01aa75ed71a1.0007.02/DOC_1&format=PDF

 

Ecologistas en Acción

Las relaciones entre biodiversidad y cambio climático en 2020: retrospectiva y horizonte (desde Kunming y Glasgow)

Madrid: Ecologistas en acción, 2020, 48 págs.

Disponible en: https://www.ecologistasenaccion.org/wp-content/uploads/2020/12/Informe-biodiversidad-y-cambio-climatico.pdf

 

Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático

Cambio Climático y Biodiversidad. Documento Técnico V del IPCC.

Ginebra, Suiza: Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, 2002, 93 págs.

Disponible en: https://archive.ipcc.ch/pdf/technical-papers/climate-changes-biodiversity-sp.pdf

 

IPBES - The Intergovernmental Science Policy Platform on Biodiversity and Ecosystem Services

IPBES Workshop on Diversity and Pandemics

Bonn, Alemania: Secretaría IPBES, 2020, 108 págs.

Disponible en: https://ipbes.net/sites/default/files/2020-12/IPBES%20Workshop%20on%20Biodiversity%20and%20Pandemics%20Report_0.pdf

Excecutive Summary disponible en: https://ipbes.net/sites/default/files/2020-12/IPBES%20Workshop%20on%20Biodiversity%20and%20Pandemics%20Report_0.pdf

 

IPBES - The Intergovernmental Science Policy Platform on Biodiversity and Ecosystem Services

El Informe de Evaluación Mundial sobre la diversidad biológica y los servicios de los ecosistemas. Resumen para los encargados de la formulación de políticas

Bonn, Alemania: Secretaría IPBES, 2019, 60 págs.

Disponible en: https://ipbes.net/sites/default/files/2020-02/ipbes_global_assessment_report_summary_for_policymakers_es.pdf

 

PNUMA – Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente y el Instituto Internacional de Investigación en Ganadería 

Prevenir la próxima pandemia: zoonosis y cómo romper la cadena de transmisión

Nairobi, Kenya: PNUMA, 2020, 82 págs.

Disponible en:

https://wedocs.unep.org/xmlui/bitstream/handle/20.500.11822/32316/ZP_SP.pdf

 

TRAFFIC

Wildlife Trade, COVID 19, and Zoonotic Disease Risks

Cambridge, UK: Trafic, 2020, 10 págs.

Disponible en:

https://www.traffic.org/site/assets/files/12764/covid-19-briefing-vfinal.pdf

 

World Bank

People, pathogens and our planet: The economics of one health

Washington DC: The World Bank, 2012, 65 págs.

Disponible en: https://openknowledge.worldbank.org/handle/10986/11892

 

 

WHO - World Health Organization; CBD - Secretariat of the Convention on Biological Diversity

Connecting global priorities: Biodiversity and human health – A state of knowledge review.

Geneva and Montreal: WHO y CBD, 2015, 364 págs.

Disponible en: https://www.cbd.int/health/SOK-biodiversity-en.pdf

 

World Wildlife Fund – WWF

Pérdida de naturaleza y pandemias: un planeta sano por la salud de la humanidad. Segunda edición.

Madrid: WWW España, 2020, 16 págs.

Disponible en: https://wwfes.awsassets.panda.org/downloads/informe_perdida_de_naturaleza_y_pandemias__actualizacion_junio_de_2020.pdf 

 

World Wildlife Fund - WWF                                                                                                                          

Planeta vivo 2020: revertir la curva de la pérdida de biodiversidad. Resumen

Grand, Suiza: WWF, 2020, 25 págs.

Disponible en: https://wwfes.awsassets.panda.org/downloads/infomeplanetavivo_2020_resumen_1.pdf

Informe completo en inglés:

https://wwfes.awsassets.panda.org/downloads/livingplanetrerport_2020_informe_completo.pdf?55320/Informe-Planeta-Vivo-2020

 

 

LIBROS

 

 

DAVIS, Mike

Llega el monstruo: COVID-19, gripe aviar y las plagas del capitalismo

Madrid: Capitán Swing, 2020, 226 págs.

 

 

 

 

FERNÁNDEZ DURÁN, Ramón

El antropoceno: la expansión del capitalismo global choca con la biosfera

Barcelona: Virus, 2011,105 p.

 

 

 

 

HEMPEL, Sandra

Atlas de las epidemias

Madrid: Librero, 2020, 224 págs.

 

LEWIN, Roger; LEAKEY, Richard

La sexta extinción: el futuro de la vida y de la humanidad

Barcelona: Tusquets Editores, 1997, 312 págs

 

 

 

 

MACIP. Salvador
Las grandes epidemias modernas: la lucha de la humanidad contra los enemigos invisibles
Barcelona: Planeta, 2020, 384 págs.

 

 

 

 

MALM, Andreas

El murciélago y el capital: coronavirus, cambio climático y guerra social

Madrid: Errata Naturae, 2020, 256 págs.

 

 

 

 

QUAMMEN, David

Contagio: la evolución de las pandemias

Barcelona: Debate, 2020, 624 págs.

 

 

 

 

SHAH, Sara

Pandemia: mapa del contagio de a enfermedades más contagiosas del planeta

Madrid: Capitán Swing, 2020, 336 págs.

 

 

 

 

WALLACE, Rob

Grandes granjas, grandes gripes. agroindustria y enfermedades infecciosas

Madrid: Capitán Swing, 2020, 536 págs.

 

 

 

 

WALLACE-WELLS, David

El planeta inhóspito: la vida después del calentamiento

Barcelona: Debate, 2019, 352 págs.

 

 

 

 

WILSON, Edward O.

Medio planeta: la lucha por las tierras salvajes en la era de la sexta extinción

Madrid: Errata Naturae, 2017, 320 págs.

 

 

 

 

 

Publicaciones de FUHEM Ecosocial

 

Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global

 

Pandemia y crisis ecosocial

Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, núm 154, 2021.

 

 

 

ÁLVAREZ CANTALAPIEDRA, Santiago, Pandemia, crisis ecosocial y capitalismo global, pp. 5-10.

https://www.fuhem.es/papeles_articulo/pandemia-crisis-ecosocial-y-capitalismo-global-introduccion154/

COLECTIVO FRACTAL, Raíces socioecológicas de una pandemia prevista, pp. 11-21.

https://www.fuhem.es/papeles_articulo/raices-socioecologicas-de-una-pandemia-prevista/

 CAMPILLO, Antonio, La pandemia, un episodio del Antropoceno, pp. 23-31.

https://www.fuhem.es/papeles_articulo/la-pandemia-un-episodio-del-antropoceno/

PÉREZ GÓMEZ, Raquel, La ciencia es la mejor herramienta para luchar contra las pandemias que vendrán., pp. 81-90.

https://www.fuhem.es/papeles_articulo/la-ciencia-es-la-mejor-herramienta-para-luchar-contra-las-pandemias-que-vendran/

FUNTOWICZ, Silvio; HIDALGO, Cecilia, Pandemia posnormal: las múltiples voces del conocimiento., pp. 109-122.

https://www.fuhem.es/papeles_articulo/pandemia-posnormal-las-multiples-voces-del-conocimiento/

 

La Situación del Mundo

BOADA JUNCÀ, Martí; MANEJA ZARAGOZA, Roser; KNOBEL GUELAR, Pablo

“El papel vital de la biodiversidad en la sostenibilidad urbana.”

GARDNER, Gary; PRUGH, Tom; RENNER, Michael (dirs.), Ciudades sostenibles. Del sueño a la acción. La Situación del Mundo 2016. Informe Anual del WorldWatch Institute.

Barcelona: FUHEM Ecosocial, Icaria, 2016, pp. 275-291, 373-376.

Disponible en: https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/11/El-papel-vital-biodiversidad-SitMundo-2016.pdf

 

MACHALABA, Catherine C.; LOH, Elisabeth H.; DASZAK, Peter; KARESH, William B.

 “Enfermedades emergentes de origen animal.”

GARDNER, Gary; PRUGH, Tom; RENNER, Michael (dirs.), Un mundo frágil: hacer frente a las amenazas a la sostenibilidad. La Situación del Mundo 2015. Informe Anual del Worldwhatch Institute.

Barcelona: FUHEM Ecosocial, Icaria, 2015, pp. 155-171, 256-259.

Disponible en: https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/11/Enfermedades-emergentes-origen-animal-SitMundo-2015.pdf

 

BROWN, Peter G.; SCHMIDTT, Jeremy J.

“La vida en el Antropoceno: ¿un escenario tendencial o una retirada compasiva?”

PRUGH, Tom; RENNER, Michael (dirs.)

Gobernar para la Sostenibilidad. La Situación del Mundo 2014. Informe Anual del Worldwhatch Institute.

Barcelona: FUHEM Ecosocial, Icaria, 2014, pp. 109-120, 396-400.

Disponible en: https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/11/La-vida-en-Antropoceno-SitMundo-2014.pdf

 

FOLKE, Carl

“Respetar los límites del planeta y recuperar la conexión con la biosfera.”

ASSADOURIAN, Erik; RENNER, Michael (dirs.)

¿Es aún posible logara la Sostenibilidad? La Situación del Mundo 2013. Informe Anual del Worldwhatch Institute.

Barcelona: FUHEM Ecosocial, Icaria, 2013, pp. 51-62, 585-586.

Disponible en: https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/11/Respetar-limites-planeta-SitMundo-2013.pdf

 

NORMANDER, Bo

“Biodiversidad: combatir la Sexta Extinción Masiva.”

ASSADOURIAN, Erik; RENNER, Michael (dirs.)

Hacia una prosperidad sostenible. La Situación del Mundo 2012. Informe Anual del Worldwhatch Institute.

Barcelona: FUHEM Ecosocial, Icaria, 2012, pp. 311-323, 410-412.

Disponible en: https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/11/Biodiversidad-combatir-sexta-extincion-SitMundo-2012.pdf

 

LOVEJOY, Thomas

“Impactos del cambio climático sobre la biodiversidad.”

ENGELMAN, Robert; RENNER, Michael; SAWIN, Janet (dirs.)

El mundo ante el calentamiento global. La Situación del Mundo 2009. Informe Anual del Worldwhatch Institute.

Barcelona: FUHEM Ecosocial, Icaria, 2009, pp. 125-129.

Disponible en: https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2021/11/Impactos-cambio-climatico-biodiversidad-SiMundo-2009.pdf

 

Dosieres Ecosociales


El papel de la biodiversidad

OBERHUBER, Theo, LOMAS, Pedro L.; DUCH, Gustavo; GONZÁLEZ REYES, María

Madrid: FUHEM Ecosocial, 2010, 36 págs.

Disponible en: https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2019/08/Dossier_El_papel_de_la_biodiversidad.pdf

 

 

BLOG Tiempo de Actuar

Tiempo de Actuar, un blog de FUHEM educación+ecosocial para compartir recursos didácticos que nos ayuden a afrontar la crisis de convivencia entre las personas y con el entorno.

NIETO GONZÁLEZ, Mara, ¿Cómo nos afecta la pérdida de biodiversidad?, 06-05-2021

https://tiempodeactuar.es/blog/como-nos-afecta-la-perdida-de-biodiversidad/

DI DONATO, Monica, Pérdida de biodiversidad y pandemias: un nexo oscuro y peligroso, 18-03-2020.

https://tiempodeactuar.es/blog/perdida-de-biodiversidad-y-pandemias-un-nexo-oscuro-y-peligroso/

DI DONATO, Monica La larga sombra de las granjas que nos enferman, 16-06-2021

https://tiempodeactuar.es/blog/la-larga-sombra-de-las-granjas-que-nos-enferma/

GONZÁLEZ REYES, Luis, Ideas (aquí no extendemos “recetas”) para trabajar la problemática del coronavirus desde la educación ecosocial. #EA26, 01-04-2020.

https://tiempodeactuar.es/blog/ideas-aqui-no-extendemos-recetas-para-trabajar-la-problematica-del-coronavirus-desde-la-educacion-ecosocial-ea26/

VISO, Nuria del, Un virus, la humanidad y la Tierra, 13-05-2020.

https://tiempodeactuar.es/blog/un-virus-la-humanidad-y-la-tierra/

GONZÁLEZ REYES, Luis, Veo, siento, pienso, me pregunto. Coronavirus, medio ambiente y sistema inmune, 22-04-2020.

https://tiempodeactuar.es/blog/veo-siento-pienso-me-pregunto-coronavirus-medio-ambiente-y-sistema-inmune/

 

Susana Fernández Herrero

Centro de Documentación Virtual

FUHEM Ecosocial

Noviembre 2021

 

 

Esta publicación ha sido realizada con el apoyo financiero del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITERD).


Biodiversidad: combatir la sexta extinción masiva

Biodiversidad: combatir la sexta extinción masiva

Bo Normander

En la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro en 1992, los dirigentes mundiales contrajeron un compromiso colectivo para preservar los recursos biológicos de la Tierra, acordando el Convenio sobre Diversidad Biológica (CDB). Sin embargo, una mayoría de los políticos ha incumplido su responsabilidad de proteger la naturaleza, y el planeta ha padecido una pérdida dramática y constante de su biodiversidad. No solo han desaparecido mamíferos excepcionales como el rinoceronte negro de África occidental, el tigre del Caspio y el bucardo de los Pirineos, sino que un número alarmante de animales, insectos y plantas está actualmente al borde de extinción. Es posible que especies emblemáticas como el oso panda, el tigre o el delfín fluvial chino desaparezcan en un futuro próximo en estado salvaje, sobreviviendo únicamente en los zoológicos mediante costosos programas de cría en cautividad.[1]

La Lista Roja de Especies Amenazadas, elaborada por la Unión Inter- nacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), establece siete categorías de riesgo de extinción, que evidencian la tendencia alarmante de la evolución de la biodiversidad. De las casi 35.000 especies de vertebrados estudiadas hasta la fecha cerca del 20% están clasificadas como «amenazadas», oscilando desde el 13% en las aves hasta el 41% en los anfibios (véase el gráfico 15-1). Desde 1980 a 2008, una media de 52 especies ha avanzado cada año hacia una categoría más próxima a la extinción. De todos los grupos estudiados, la mayor proporción de especies amenazadas se encuentra entre las cicadas (Cycadophyta) y los esturiones (Acipenseridae), con un 64 y un 85% respectivamente. Las cicadas, plantas con aspecto de palmeras, se distribuyen por muchas zonas tropicales y subtropicales y son los vegetales con semillas más antiguos del mundo. Las principales amenazas que les afectan son el deterioro y pérdida de su hábitat debido al proceso urbanizador, así como la extracción ilegal de ejemplares por recolectores. Los esturiones también son especies muy primitivas, encontrándose entre las familias de peces más antiguas del mundo. El esturión beluga del mar Caspio produce huevas que pueden alcanzar un precio de 10.000 dólares el kilo por su venta como caviar negro. La demanda de caviar ha provocado una grave sobreexplotación de las poblaciones de esturión en toda Europa y Asia.[2]

Un segundo indicador que revela la pérdida de biodiversidad es el Índice Planeta Vivo, basado en el seguimiento de las poblaciones de más de 2.500 especies de vertebrados. Este indicador refleja una tendencia negativa similar, con un declive de la biodiversidad desde 1992 del 12% a escala mundial y del 30% en las regiones tropicales (véase el gráfico 15-2). Se estima por tanto que el ritmo actual de extinción de las especies es unas 1.000 veces superior al de la época pre-industrial. Los científicos han calificado este declive como la sexta extinción masiva de la historia de la Tierra, y la única provocada por una criatura viviente: el ser humano. Las otras cinco extinciones masivas sucedieron hace mucho tiempo, siendo la última y más conocida la ocurrida a finales del Cretácico, hace 65 millones de años, y que exterminó a los dinosaurios.[3]

¿Cuál es la causa de esta tragedia biológica? La respuesta es, sencillamente, la intervención humana. Los cinco factores principales que están conduciendo a esta pérdida de biodiversidad, según la Secretaría del CDB son: la transformación de los hábitats, la sobreexplotación, la contaminación, la invasión de especies exóticas y el cambio climático. La humanidad ha transformado los ecosistemas durante las últimas décadas hasta un grado nunca visto con anterioridad. Para mantener el crecimiento económico y la demanda creciente de alimentos, recursos y territorio, gran parte de las zonas naturales del planeta ha sido transformada en espacios edificados o cultivados, para la agricultura y las plantaciones.

 

La Evaluación de los Ecosistemas del Milenio calculó en 2005 que 15 de los 24 «servicios ecosistémicos» están en declive, incluyendo el suministro de agua dulce, las poblaciones  de peces marinos y el acceso a un aire y a un agua sin contaminar (véase el capítulo 16).[4]

 

Por qué es importante la biodiversidad

Cada vez es mayor el cúmulo de evidencias, y el mensaje está claro: esta- mos perdiendo biodiversidad a todos los niveles. Pero, ¿por qué debemos preocuparnos por la biodiversidad? Mientras el mundo pueda producir bastantes alimentos y podamos obtener suficiente madera, combustible y otros recursos de los bosques, las tierras agrícolas y los océanos ¿qué nos importan unos cuantos miles de especies raras, de las que nadie ha oído hablar? Muchas personas se plantean esta importante cuestión. No comprenden del todo ni valoran la importancia de la biodiversidad, o incluso ignoran el significado de este término. En una encuesta realizada en 2010 en Europa, las dos terceras partes de las personas entrevistadas afirmaron haber oído hablar de la biodiversidad, pero solo el 38% fue capaz de explicar su significado. Sin embargo, una vez informados el 85% consideró que la pérdida de biodiversidad constituye un problema bastante o muy grave.[5]

Utilizando una definición sencilla de libro de texto, la diversidad biológica puede definirse como la variedad de la vida a todos los niveles de organización biológica. La definición más aceptada probablemente sea la formulada en 1992 por el CDB: biodiversidad es «la variabilidad de organismos vivos de cualquier fuente, incluidos, entre otras cosas, los ecosistemas terrestres y marinos y otros ecosistemas acuáticos y los complejos ecológicos de los que forman parte; comprende la diversidad dentro de cada especie, entre las especies y de los ecosistemas».[6]

La definición del CDB es muy amplia, en el sentido de que contempla no solo la diversidad de todos los organismos vivos sino también la diversidad de los sistemas ecológicos de los que estos forman parte. La conservación de la biodiversidad, por tanto, no consiste únicamente en luchar contra la caza de ballenas, como se desprendería de la película de Liberad a Willy, o en salvar el oso panda, símbolo de las campañas del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF). Consiste en conservar la vida en todas sus formas.

Para comprender mejor la importancia de la biodiversidad de un determinado hábitat o ecosistema, podríamos imaginarnos la diversidad biológica como un gigantesco edificio construido a base de naipes, cada uno de los cuales representa una especie o una función ecosistémica.

Podríamos retirar unas cuantas cartas sin graves consecuencias  para el edificio, pero si retiramos un naipe equivocado, todo el edificio se desplomará. La biodiversidad es un sistema extremadamente  complejo formado literalmente por millones de especies diferentes  —desde microorganismos diminutos hasta los depredadores que ocupan la cúspide de la jerarquía de la vida—  interrelacionados a través de cadenas alimentarias, polinización, predación, simbiosis, antibiosis y muchas otras interacciones químicas y biológicas, gran parte de las cuales ni siquiera conocemos. Dañar a una de estas partes —exterminando por ejemplo a unas pocas especies claves— puede provocar el colapso de todo el sistema.

Por ejemplo, la intensa deforestación de la isla de Pascua, que se remonta a los siglos XV y XVI, provocó la extinción de árboles, plantas, insectos y de todas las especies nativas de aves, generando la devastación irreversible del ecosistema y los actuales problemas que padece de grave erosión del suelo y sequía. Igualmente, la introducción de especies exóticas puede resultar fatal para los ecosistemas, como evidencia en Australia el caso famoso del conejo.

Desde su introducción en 1859 por los colonos europeos, el conejo ha tenido un impacto devastador para la ecología australiana, siendo responsable del importante declive y la extinción de muchos mamíferos y plantas nativas. Su proliferación también ha provocado graves problemas de erosión, pues al devorar las plantas nativas desprotege la superficie del suelo, muy vulnerable a los agentes erosivos.[7]

Más allá de las graves consecuencias  negativas derivadas de la pérdida de biodiversidad, desde un punto de vista ético el ser humano no tiene derecho a decidir ni a juzgar qué especies deben sobrevivir y cuáles no. Todas las especies son igualmente importantes y los humanos no tenemos derecho a eliminar a millares de organismos. Conservar la biodiversidad también es vital desde un punto de vista más antropocéntrico: no se trata únicamente de una aspiración humana a disfrutar de una naturaleza diversa y apasionante, sino de la capacidad que tienen los ecosistemas intactos de satisfacer las necesidades humanas básicas, en lo que se refiere a alimentos, agua limpia, medicinas, combustibles, material biológico, etc.

El valor de la biodiversidad es incalculable y es imposible medirlo ciertamente en términos monetarios. No obstante, un estudio reciente del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) ha intentado hacer una valoración económica de una característica predeterminada de la biodiversidad. Sus conclusiones indican que una inversión de solo el 0,5% del producto mundial bruto para hacer más respetuosos con el medio ambiente los sectores relacionados con el capital natural (agricultura, actividades forestales, pesquerías y gestión del agua dulce) ayudaría a crear nuevos empleos y más riqueza económica, mitigando al tiempo los riesgos del cambio climático, del aumento de la escasez de agua y de la pérdida de servicios de los ecosistemas. Dicho de otro modo, conservar la diversidad biológica constituye un paso fundamental para lograr la prosperidad económica.[8]

Objetivos incumplidos

A pesar de la evidencia de que conservar la biodiversidad es fundamental para la riqueza humana, aún no se han realizado verdaderos esfuerzos políticos en este sentido. Las Partes firmantes del CDB se comprometieron en 2002 «a conseguir  una reducción significativa del actual ritmo de pérdida de biodiversidad para 2010». Ocho años más tarde las mismas Partes se reunieron en Nagoya (Japón), concluyendo que dicha meta no se había cumplido ni a nivel mundial, ni nacional, ni regional. En consecuencia, se renovó la meta, adoptándose un Plan Estratégico para la Biodiversidad 2011-2020, con 20 nuevos objetivos —denominados las Metas de Aichi— y comprometiéndose los estados a «adoptar medidas efectivas y urgentes para detener la pérdida de di- versidad biológica a fin de asegurar que, para 2020, los ecosistemas sean resilientes y sigan suministrando servicios esenciales».[9]

 

Algunas de las Metas de Aichi son bastante ambiciosas, otras son me- nos rigurosas y algunas cuestiones ni siquiera se abordan. Por ejemplo, se ha pasado completamente por alto la biodiversidad urbana (véase el cuadro 15-1). Pero en conjunto el Plan Estratégico  refleja una acepta- ción internacional creciente de la importancia de la biodiversidad. Es necesario, sin embargo, que este acuerdo mundial origine planes de acción nacionales concretos y ambiciosos, así como una integración verdadera del valor de la biodiversidad en todas las políticas, sectores sociales y contabilidades  nacionales relevantes. Este será el principal reto de los gobiernos en los próximos años, pero en el pasado hemos asistido lamentablemente a grandes fracasos en este campo. El hecho de que casi todos los países incumpliesen las metas establecidas para 2010, sin asumir ninguna crítica y sin ningún tipo de consecuencias, refleja la falta absoluta de voluntad política para actuar con urgencia con el fin de salvar la biodiversidad.[10]

 

La pérdida de biodiversidad frente al cambio climático

La conciencia generalizada sobre los peligros del cambio climático surgió hace menos de una década y culminó en 2007 con la concesión del Premio Nobel de la Paz conjuntamente al Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC) y al exvicepresidente de EEUU, Al Gore, por su contribución a este tema. Sin embargo, la pérdida de biodiversidad no ha logrado captar todavía tanta atención como el cambio climático, a pesar de que sus consecuencias son igual- mente nefastas. En un estudio de 2009 publicado por la revista Nature, la biodiversidad figura como «el límite planetario» transgredido por la humanidad en mayor medida, subrayando la urgencia de combatir su pérdida. Esta cuestión dista bastante, sin embargo, de contar con tanto nivel de conocimiento científico y de consenso como las relativas a las fuentes energéticas y al cambio climático.[11]

A principios de 2011, los gobiernos decidieron crear la Plataforma Intergubernamental sobre Biodiversidad y Servicios de los Ecosistemas (IPBES). Como el IPCC, que fue creado en 1988, el IPBES debería ser la interfaz entre la comunidad científica y los responsables políticos. Pero para que el IPBES pueda adquirir tanta importancia como el IPCC, será necesario destinar muchos más recursos a este organismo, un objetivo evidente en junio de 2012 para los participantes en la Conferencia de Río+20. El IPBES debería reunir a los expertos y científicos más destacados para disponer de la información científica, técnica y socioeconómica más reciente, ayudando a que sean factibles y alcanzables las metas de conservación de la biodiversidad para 2020, promoviendo un mayor interés mundial sobre el problema de la pérdida de diversidad biológica.[12]

 

Cuadro 15-1. La agricultura  urbana puede reducir la pérdida de biodiversidad

La protección de la biodiversidad en las zonas urbanas cada vez tiene mayor importancia. Esto se debe en parte al rápido proceso de urbanización. Por primera vez en la historia, más de la mitad  de la población  mundial  vivía en 2009  en zonas urbanas. Se prevé que el crecimiento  urbano  se mantenga  durante  las próximas décadas, si bien a un ritmo decreciente. Merece especial atención, por tanto, que aspiremos a hacer la vida en las ciudades más sostenible ambientalmente.

En general, el proceso urbanizador tiene un impacto negativo sobre la biodiversidad, especialmente sobre la flora y la fauna autóctonas de las zonas sometidas al crecimiento urbano. Pero no todas las especies se ven afectadas negativamente  por las construcciones y la abundancia  y diversidad de especies en algunos espacios urbanos, especialmente en la periferia de las ciudades, puede llegar a ser más elevada que la existente en las zonas rurales circundantes, aunque muy diferente. Un estudio realizado en Dinamarca reveló que la zona urbana de Copenhague alberga una gran variedad de especies en sus parques, bosques, lagos, playas, refugios de vida silvestre y otros espacios verdes, constituyendo de hecho uno de los lugares más ricos del país en términos de biodiversidad. Más del 60% de la superficie terrestre de Dinamarca se cultiva de forma intensiva, dejando muy poco espacio para la biodiversidad, mientras que en varias zonas semi-urbanas existen reductos con gran riqueza natural.

La naturaleza  ha sido expulsada durante  décadas de las ciudades. Ni siquiera el Plan Estratégico 2020 para la Biodiversidad aborda el tema de la biodiversidad urbana. Para contrarrestar este olvido, en los últimos  años han surgido una serie de iniciativas ciudadanas y municipales, como las asociaciones urbanas de apicultores, el cultivo  en balcones  y azoteas y los proyectos  de huertos  verticales  en Ámsterdam,  Singapur  y la ciudad de Nueva York, así como en un número  creciente de otras ciudades. Estas iniciativas  pueden invertir  la pérdida de biodiversidad y fomentar  la agricultura  y las zonas verdes urbanas, al tiempo que ofrecen vías para mejorar la calidad de vida, la alimentación  y la integración  de la naturaleza en las ciudades. Otro ejemplo de este tipo de experiencias es el cultivo en las ventanas. En un caso, más de 13.000  personas en todo el mundo descargaron durante un año instrucciones sobre cómo construir un huerto,  sembrando  sus propias  frutas  y verduras, como fresas, tomates  y pimientos, aprovechando  sus ventanas.

Los cultivos y huertos urbanos ayudan a detener la destrucción ambiental  y la pérdida de biodiversidad. Como ha señalado Jac Smit, fundador  y antiguo  presidente de la Red de Agricultura  Urbana, la agricultura urbana «crea espacios verdes, recicla los residuos, reduce el transporte, proporciona empleo, sustituye productos caros de importación, evita la erosión y es beneficiosa para el microclima». Actualmente existen muchos terrenos urbanos  baldíos, que pueden  transformarse  en espacios verdes. Debería comenzarse por obligar a las autoridades locales a que proporcionen información sobre los usos del suelo en zonas urbanas, y a que aprueben una planificación  urbanística que favorezca la creación de nuevas zonas verdes y espacios diversos.

Fuente: véase nota al final nº 10.


 

Un inconveniente importante de las Metas de Aichi es que las obligaciones jurídicas que conllevan son relativamente débiles, o inexistentes. El Protocolo de Kioto sobre cambio climático constituye por el contrario un acuerdo contractual que implica responsabilidades legales para los países signatarios. Establece además unas metas nacionales concretas y medibles, como por ejemplo los objetivos de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero. Las metas para evitar la pérdida de biodiversidad son mucho más imprecisas,  vagas y difíciles de valorar.

Sin embargo, pese a sus buenas intenciones el Protocolo de Kioto parece abocado al fracaso en lo que se refiere a lograr sus metas de reducción de emisiones. El IPBES debería actuar con premura para adoptar un enfoque sencillo y accesible de información, con el fin de establecer metas nacionales para la protección de la biodiversidad. No existe evidentemente ningún indicador concebible capaz de reflejar con exactitud los cambios de biodiversidad de los diferentes ecosistemas a distintas escalas espaciales y temporales, debido a la complejidad inherente de los hábitats dentro de los ecosistemas. Pero el IPBES sí debiera definir un subconjunto de indicadores capaces de reflejar una evaluación nacional equilibrada de las tendencias de la biodiversidad, de manera eficaz y medible, para evitar que los países sigan eludiendo sus responsabilidades.[13]

 

Detener la pérdida de hábitats naturales

Conservar los bosques y los hábitats naturales del mundo requiere actuaciones tanto a nivel local y nacional como global. Lamentablemente, estas áreas están experimentando un rápido deterioro. Desde 1990 a 2010 la superficie forestal mundial disminuyó un 3,4% (1,4 millones de kilómetros cuadrados) de 1990 a 2010, aproximadamente el equivalente al tamaño de México. La deforestación sigue avanzando imparablemente en muchos países, principalmente para la transformación de bosques en zonas agrícolas. Por otra parte, la expansión de zonas edificadas y de las redes de transporte sigue siendo un motor importante para el cambio de los usos del suelo en todo el mundo. A nivel regional, África y Sudamérica han experimentado las mayores pérdidas netas de superficie forestal desde el año 2000, con una reducción anual del 0,5% en ambos continentes.[14]

La Meta 5 del Plan Estratégico para la Diversidad Biológica establece que «Para 2020, el ritmo de pérdida de todos los hábitats naturales, incluidos los bosques, se reducirá por lo menos a la mitad, y hasta un valor cercano a cero donde sea factible». Esta meta no es muy ambiciosa y resulta relativamente imprecisa, por lo que debiera reforzarse, exigiendo que se ponga fin a la deforestación y a la pérdida de hábitats naturales. Ello implica que todos los países deberán empezar a enfrentarse a los intereses que subyacen a la utilización de una superficie creciente de tierras para la producción de madera, alimentos, piensos y, más recientemente, biocombustibles. Requiere asimismo una modificación de las políticas y subvenciones que favorecen la deforestación para adaptarlas a una economía de deforestación cero.

Por ejemplo, los trabajadores de la industria maderera ilegal deberían ser destinados a proteger los ecosistemas forestales en vez de a destruirlos. Este tipo de enfoque ha sido utilizado para resolver otros problemas similares. Por ejemplo, el programa de conservación de las tortugas marinas en Brasil contrata a los antiguos furtivos, remunerándoles para proteger en vez de para explotar la población de tortugas. La iniciativa TAMAR favorece actualmente a docenas de comunidades costeras del nordeste de Brasil, proporcionando empleo y otros beneficios públicos a los habitantes locales.

Un análisis reciente del PNUMA indica que con una inversión de tan solo 40.000 millones de dólares anuales en programas de reforestación y pagos a los propietarios de tierras por conservar los bosques, el valor añadido en la industria forestal podría aumentar un 20% desde 2010 a 2050.[15]

En 2011 había al menos 160.000 espacios protegidos en todo el mundo, que representan alrededor del 13% de la superficie terrestre, equivalente al tamaño de Rusia. Sin embargo, las zonas marinas protegidas solo abarcan aproximadamente el 7% de las aguas costeras y un 1,4% de los océanos. La meta del Plan Estratégico para la Diversidad Biológica establece proteger el 17% de las zonas terrestres y aguas continentales y el 10% de las zonas marinas y costeras. Estas metas son muy poco ambiciosas, y el Plan carece además de un marco para garantizar la conservación real de las zonas protegidas.[16]

En teoría, los espacios protegidos, como las reservas y los parques nacionales, son útiles porque permiten una extracción mínima o nula de recursos y porque minimizan o prohíben su urbanización. En la práctica, sin embargo, la realidad es muy distinta. En Indonesia, por ejemplo,  se supone que unos 12 millones de hectáreas de bosque tropical están protegidas, pero la realidad sobre el terreno es bien distinta, pues se siguen talando y quemando los bosques. La declaración de espacios protegidos está resultando una defensa inadecuada frente a la tala ilegal, el avance de la agricultura y la caza furtiva. La información por satélite indica que unos 1,3 millones de hectáreas de bosques de difícil acceso se encuentran simultáneamente en espacios protegidos y en concesiones madereras, lo que evidencia la incapacidad del gobierno para hacer respetar las políticas conservacionistas.[17]

La situación de los océanos también es alarmante. La mayoría de los arrecifes de coral del mundo se encuentran en grave peligro debido al impacto del cambio climático y a unas prácticas pesqueras insostenibles (véase el cuadro 15-2). Se estima que la capacidad de captura de la flota pesquera mundial supera hasta 2,5 veces el nivel de pesca sostenible. La pesquería industrial practicada mediante grandes buques arrastreros es especialmente dañina para el buen estado del océano y la diversidad de especies. Reducir el volumen de capturas hasta niveles sostenibles requiere medidas contundentes. Las subvenciones de la Unión Europea y de otros estados a la pesca industrial deberían ser eliminadas progresivamente, o reorientadas hacia prácticas sostenibles que contribuyan a mejorar el medio ambiente y reporten beneficios a las comunidades locales.[18]

La conservación de la biodiversidad marina requiere nuevos acuerdos mundiales en el marco de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, tanto dentro de las zonas marinas bajo jurisdicción nacional como fuera de ellas, dado que siguen careciendo actualmente de protección y de regulación. Debería establecerse asimismo una red mundial de reservas  marinas para incrementar la proporción protegida de los océanos, ahora tan reducida. En la Conferencia Río+20, o en un plazo breve inmediatamente después, debería acordarse proteger al menos el 20% de los océanos —incluyendo todos los principales puntos calientes de biodiversidad marina, como los arrecifes de coral y las montañas submarinas.

El estudio del PNUMA sobre la economía verde señalaba que mejorar la protección de los recursos marinos y hacer que las pesquerías mundiales sean más respetuosas con el medio ambiente podría incrementar las rentas de los recursos mundiales desde unos 26.000 millones de dólares hasta 45.000 millones, contribuyendo así a aumentar la prosperidad económica.[19]

 


Cuadro 15-2. Arrecifes de coral amenazados

Es frecuente  referirse  a los arrecifes  de coral como  «las selvas del océano»  por su enorme biodiversidad. Dierentes especies de coral crean estructuras de distintas formas y tamaños, originando  una excepcional variedad y complejidad  en el ecosistema del arrecife, proporcionando hábitat  y refugio a gran diversidad de organismos marinos.

Sin embargo,  los arrecifes  de coral  evidencian  cada vez más indicios  de estrés, sobre todo  si están próximos a urbanizaciones costeras. Aproximadamente  un 20% de los arrecifes de coral del mundo  se han perdido  ya o están gravemente  dañados, mientras otro 35%  podría perderse entre los próximos 10 y 40 años. Muchas de las actuales amenazas a los arrecifes de coral pueden relacionarse con la actividad humana, incluyendo  la sobrepesca y unas artes pesqueras muy destructivas. Las repercusiones del cambio climático constituyen una de las amenazas más graves para los arrecifes de coral. A medida que aumente la temperatura,  es probable  que se hagan más frecuentes los episodios de blanqueo masivo y los brotes de enfermedades infecciosas. Por otra parte, el incremento de los niveles de dióxido de carbono en la atmósfera altera la composición química del agua de mar, provocando su acidificación. A medida que el agua de mar se vuelve más ácida, los organismos cuyo esqueleto está formado por carbonato cálcico, como los pólipos que construyen el coral, tendrán  más difícil  desarrollarse. En casos extremos su esqueleto o concha podría incluso empezar a disolverse.

Todavía es muy limitado  el conocimiento  científico sobre las consecuencias biológicas que tendría la acidificación de los océanos. Hasta ahora, la única manera eficaz de evitar su acidificación es impedir la acumulación de más dióxido de carbono en la atmósfera, reduciendo las emisiones de combustibles fósiles. Salvar los arrecifes de coral no solo requiere, por tanto, una mejor regulación que les proteja de prácticas pesqueras destructivas, sino prestar también una mayor atención al problema del cambio climático.

Eirini Glyky y Bo Normander

Fuente: véase nota al final nº 18.


 

Son necesarios verdaderos cambios

Para lograr proteger con éxito la biodiversidad terrestre y marina es absolutamente crucial mejorar la defensa de los espacios protegidos ya declarados, así como de los nuevos que sean creados, y que las autoridades locales y nacionales asignen recursos y medios suficientes a la protección de la tierra y del mar. Para muchos países se trata de una cuestión política, por la que hay que luchar tanto a nivel nacional como mundial. Pero aunque es importante proteger los hábitats naturales y aplicar metas ambiciosas para conservar la biodiversidad, reducir la insostenible tasa de consumo por persona, especialmente en los países industrializados, resulta igualmente crucial. Actualmente la sociedad mide el éxito en términos de crecimiento económico, y el crecimiento se mide en términos de incremento del consumo (véase el capítulo 11). El modelo actual de sociedad de consumo está destruyendo el planeta y sus recursos, por lo que debe cambiarse si queremos conservar el planeta para las generaciones futuras.

Evitar la sexta extinción masiva requerirá una serie de medidas con- cretas, como las esbozadas en este capítulo, para proteger la riqueza biológica común del mundo. Requerirá también cambios fundamentales en las pautas actuales de consumo de los recursos naturales. Exigirá por último que los políticos empiecen a adoptar de una vez decisiones reales que contribuyan a proteger la naturaleza y la biodiversidad y que constituyan el detonante para generar una prosperidad sostenible.

La Conferencia Río+20 de junio de 2012 constituye una gran oportunidad para que los dirigentes políticos del mundo se reúnan, y adopten las medidas necesarias para que el debate bien intencionado sobre economía verde y desarrollo sostenible se transforme verdaderamente en las medidas que ayuden a mantener la prosperidad y a salvar el planeta.

Bo Normander es director del Worldwatch Institute en Europa.

 

Este texto fue publicado en: ASSADOURIAN, Erik; RENNER, Michael (dirs.), Hacia una prosperidad sostenible. La Situación del Mundo 2012. Informe Anual del Worldwhatch Institute, Barcelona: FUHEM Ecosocial, Icaria, 2012, pp. 311-323, 410-412.

 

NOTAS: 

[1] Convenio de las Naciones Unidas sobre diversidad biológica (CDB), en www.cbd.int/history;  International Union for Conservation of Nature (IUCN), The IUCN  Red List of Threatened   Species 2011.2, Summary Statistics, en www.iucnredlist.org/about/summary-statistics.

[2] Gráfico 15–1 y datos del texto, de IUCN, op. cit., nota 1; M. Hoffmann et al., «The Impact of Conservation on the Status of the World’s Vertebrates», Science, 10 de diciembre de 2010, pp. 1503–09; Jean-Cristophe Vié, Craig Hilton-Taylor y Simon N. Stuart (eds.), Wildlife in a Changing World: An Analysis of the 2008 IUCN Red List of Threatened  Species (Gland, Suiza: IUCN, 2009); IUCN Species Survival Commission, «Sturgeon More Critically Endangered than Any Other Group of Species», nota de prensa (Gland, Suiza: 18 de marzo de 2010).

[3] Gráfico 15–2 y datos del texto, de WWF, ZSL, y GFN, Informe Planeta Vivo 2010 (Gland, Suiza: IUCN, 2010); Evaluación de los Ecosistemas del Milenio (EEM), Ecosistemas y Bienestar Humano:  Síntesis de Biodiversidad (Washington, DC: World Resources Institute, 2005); R. Leakey y R. Lewin, The Sixth Extinction: Patterns of Life and the Future of Humankind (Nueva York: Bantam Dell Publishing Group, 1995); A. D. Barnosky et al., «Has the Earth’s Sixth Mass Extinction Already Arrived?» Nature, 3 de marzo de 2011, pp. 51–57.

[4] Secretariat of the Convention on Biological Diversity, Global Biodiversity Outlook 3 (Montreal: 2010); EEM, op. cit., nota 3.

[5] Gallup Organisation, Hungría, Attitudes of Europeans towards  the Issue  of Biodiversity: Analytical  Report, Wave  2, Flash Eurobarometer 290, realizado para la Comisión Europea (2010).

[6] Kevin J. Gaston y John I. Spicer, Biodiversity: An Introduction, 2ª ed. (Hoboken, NJ: Wiley-Blackwell, 2004); CDB, op. cit., nota 1.

[7] J. Diamond, «Easter Island’s  End», Discover Magazine,  agosto de 1995; Australian Government, «European Wild Rabbit (Oryctolagus cuniculus)», Invasive Species Fact Sheet,  Department of Sustainability, Environment, Water, Population and Communities, 2011.

[8] U.N. Environment Programme (UNEP), Towards a Green Economy: Pathways to Sustainable Development and Poverty Eradication  (Nairobi: 2011).

[9] UNEP, Report of the Sixth Meeting of the Conference of the Parties to the Convention on Biological Diversity, Annex I, Decision VI/26, 2002; UNEP, Report of the Tenth Meeting of the Conference of the Parties to the Convention on Biological Diversity, 2010.

[10] Cuadro 15–1 de los siguientes: UNEP, Keeping Track of Our Changing Environment. From Rio to Rio+20 (1992–2012) (Nairobi: 2011), p. 4; J. Lyytimäki et al., «Nature as a Nuisance? Ecosystem Services and Disservices to Urban Lifestyle», Journal of Integrative  Environmental  Sciences, septiembre de 2008, pp. 161–72; A. H. Petersen et al., «Natural Assets in Danish National Parks» (en danés), Universidad de Copenhague, 2005; B. Normander et al., «State of the Environment 2009—Part A: Denmark’s Environment under Global Challenges», National Environmental Research Institute, Universidad de Aarhus, 2009; Brian McCallum y Alison Benjamin, Bees in the City: The Urban Beekeepers’ Handbook (York, Reino Unido: Guardian Books, 2011); HoneyLove Urban Beekeepers, en honeylove.org; Eagle Street Rooftop Farm, en rooftopfarms.org; base de datos de los proyectos Greenroof & Greenwall, en www.greenroofs.com; Windowfarms, «A Vertical, Hydroponic Garden for Growing Food in Your Window», en www.windowfarms.org; Fred Pearce y Orjan Furubjelke, «Cultivating the Urban Scene», en Paul Harrison y Fred Pearce (eds.), AAAS Atlas of Population and Environment (Washington, DC y Berkeley, California: American Association for the Advancement of Science y University of California Press, 2000).

[11] J. Rockström et al., «A Safe Operating Space for Humanity», Nature, 24 de septiembre de 2009, pp. 472–75.

[12] Plataforma Intergubernamental sobre Biodiversidad  y Servicios de los Ecosistemas, en www.ipbes.net/about-ipbes.html.

[13] B. Normander et al., «Indicator Framework for Measuring Quantity and Quality of Biodiversity—Exemplified in the Nordic Countries», Ecological Indicators, febrero de 2012, pp. 104–16.

[14] U.N. Food and Agriculture Organization, Global  Forest Resources Assessment 2010 (Roma: 2010).

[15] Guy Marcovaldi, Neca Marcovaldi y Joca Thomé, «Retail Sales Help Communities and Sea Turtles in Brazil», en The State of the World’s Sea Turtles: SWOT Report Volume IV (Arlington, VA: 2009), p. 35; «Forests—Investing in Natural Capital», en UNEP, op. cit., nota 8.

[16] IUCN/UNEP,  The World  Database on Protected  Areas  (WDPA), en www.protectedplanet.net; UNEP, op. cit., nota 10.

[17] Forest Watch Indonesia y Global Forest Watch, The State of the Forest: Indonesia (Bogor, Indonesia y Washington, DC: 2002).

[18] Cuadro 15–2 de Clive Wilkinson (ed.), Status of Coral Reefs of the World: 2008 (Townsville, Australia: Global Coral Reef Monitoring Network, 2008); Alice McKeown, «One-Fifth of Coral Reefs Lost, Rest Threatened by Climate Change and Human Activities», Vital Signs Online, mayo de 2009; O. Hoegh-Guldberg et al., «Coral Reefs Under Rapid Climate Change and Ocean Acidification», Science, 14 de diciembre de 2007, pp. 1737–42.

[19] D. Pauly et al., «Towards  Sustainability in World Fisheries», Nature,  8 de agosto de 2002, pp. 685–95; «Fisheries—Investing in Natural Capital», en UNEP, op. cit., nota 8.

 


La ciencia es la mejor herramienta para luchar contra las pandemias que vendrán

La ciencia es la mejor herramienta para luchar contra las pandemias que vendrán

Raquel Pérez Gómez

El comienzo de 2020 nos sorprendió con la noticia de la aparición en la lejana ciudad china de Wuhan, de un patógeno llamado SARS-CoV-2 (Severe acute respiratory syndrome coronavirus 2, en inglés) que, como su nombre indica, provocaba un síndrome agudo respiratorio. Se le asignó el número dos por su parecido y cercanía con el SARS-CoV-1, un virus de la misma familia que apareció también en China allá por el año 2002. Occidente dormía tranquilo sin sospechar siquiera que el SARS-CoV-2 podía suponer una amenaza. Pocos meses después, la OMS declaraba la COVID-19 (la enfermedad provocada por este virus) como una epidemia a nivel mundial. Hacia mediados de año había alcanzado prácticamente todos los continentes. Un año después los fallecidos se cuentan por millones.

Este es un relato con el que ya estamos familiarizados, pero ¿por qué el SARS-CoV-2 ha conseguido llegar convertirse tan rápido en una amenaza global?, ¿qué es exactamente lo que ha hecho que este virus sea tan peligroso?

 

Causas de la alta peligrosidad del SARS-CoV-2

La COVID-19 es un caso claro de zoonosis; es decir, una enfermedad infecciosa producida por un patógeno animal que ha adquirido la capacidad de infectar al ser humano. Los procesos de transferencia de patógenos entre especies ocurren muy rápido en términos evolutivos, sin dar tiempo a que las defensas del nuevo hospedador se habitúen a protegerse de ellos. Al acceder a un organismo sin memoria inmunológica contra él, un virus puede hacer verdaderos estragos. Aun así, el SARS-CoV-2 no puede considerarse demasiado letal comparado con algunos de sus parientes, como el SARS-CoV-1 y el MERS (síndrome respiratorio de Oriente Medio). De hecho, una alta letalidad no es un carácter muy adaptativo para un virus, ya que provoca la muerte rápida del hospedador y rompe la cadena de contagio. El SARS-CoV-2, en cambio, se ha dispersado con facilidad, probablemente ayudado de su largo período de incubación. Esto significa que pasa bastante tiempo desde que una persona se contagia hasta que comienzan a aparecer los primeros síntomas, con lo cual el patógeno tiene tiempo de saltar a otros hospedadores antes de que haya evidencias de contagio. Se favorece así un efecto en cadena que hace complicado el rastreo de infectados. Asociado a este problema está el hecho de que este coronavirus puede provocar una infección asintomática. Es decir, el hospedador puede no presentar síntoma alguno de contagio en todo el proceso. Sin embargo, sí es capaz de transmitir el virus. La cadena de transmisión del virus es descubierta cuando aparece un caso con síntomas, o bien no se descubre nunca.

Uno de los motivos que ha propiciado la rápida expansión de este virus es que ha adquirido un sistema muy sofisticado para infectar células humanas

Su propagación por vía aérea complica la situación, ya que un virus respiratorio tiene facilísimo acceder a nuevos hospedadores y puede moverse rápidamente por la población, a diferencia de uno que se transmita por sangre o vía venérea, por ejemplo. Hoy en día sabemos que permanecer unos minutos en contacto con aerosoles generados por una persona contagiada en un lugar sin ventilación es suficiente para resultar infectado.

Otro de los motivos fundamentales que ha propiciado la rá  Su proteína de espícula (o Spike, en inglés), aquella que usa para acceder a las células de un hospedador, actúa como una ganzúa capaz de unirse con enorme afinidad a los receptores ACE2 (Angiotensin-converting enzyme, en inglés) presentes en las células humanas.[1] Este receptor es especialmente abundante en las vías respiratorias y los pulmones; por ello es ahí donde su ataque es más potente, y por ello provoca el desarrollo de una afección respiratoria grave. Su afinidad con el receptor ACE2 humano es tan fuerte que provoca una rápida proliferación del virus y el subsecuente deterioro del tejido y la función respiratoria, acompañada de una fuerte respuesta inflamatoria capaz de agravar, aún más si cabe, los síntomas de la enfermedad. Probablemente, alguna mutación accidental de la proteína Spike, sumada a la permanente cercanía de poblaciones humanas con la especie de origen, supuso un factor crucial que propició que alguna variante del virus pudiera saltar a las personas.

Por último, otro de los factores fundamentales que han alimentado esta pandemia está relacionado con la alta disponibilidad de hospedadores para el virus que supone la sobrepoblación humana, con una alta concentración en los núcleos urbanos. A lo que se añade la enorme movilidad de las personas, que pueden cruzar de un continente a otro en apenas unas horas. Para cualquier virus nuestra civilización representa un objetivo suculento.

 

La lucha contra el SARS-CoV-2 está teniendo éxito

No podemos hablar estrictamente de éxito en la lucha contra un virus que ya ha dejado más de tres millones de fallecidos por todo el planeta. No existe en este momento ningún otro patógeno que provoque tantas muertes a nivel mundial. Sin embargo, hemos de ser conscientes de que la situación podría haber sido aún peor. Las medidas de profilaxis contra la enfermedad, sobre todo el uso de mascarilla y el distanciamiento social, son afortunadamente efectivas. Pero además, hay una serie de factores críticos que han contribuido a que podamos combatir eficientemente al patógeno.

El diagnóstico supuso un primer reto: desarrollar, comercializar e implementar sobre la marcha métodos fiables de detección del virus a gran escala. Hoy en día tenemos test de diagnóstico rápidos, eficientes y diversos (PCR, antígenos, anticuerpos…). Puede que en su momento esta fuera la tarea más sencilla de llevar a cabo, pero nos supuso un tiempo precioso ponerlo a punto.

Al tratarse de un virus relativamente desconocido, nos enfrentábamos a él sin un tratamiento efectivo. Tampoco estaban claros los protocolos médicos de actuación. Así que los países con sistemas sanitarios más fuertes soportaron mejor el embate de la enfermedad al poder trabajar más holgadamente con grandes cifras de enfermos críticos en los hospitales. Mientras que países y ciudades con sistemas sanitarios más precarios, o con gobiernos que se han desentendido de la pandemia, han tenido un enorme impacto sobre su población; lo que lamentablemente se ha traducido en miles de vidas perdidas.

Uno de los factores que ha tenido más relevancia en la lucha contra la COVID-19, ha sido la disponibilidad de mucha información previa respecto a la familia de los coronavirus. Dada la existencia de numerosos estudios precedentes sobre el SARS-CoV-1 y el MERS, y abundante investigación referente a los coronavirus en general, no se partió de cero en el análisis del SARS-CoV-2. Había ya grupos con una larga trayectoria en el estudio de esta clase de virus, como el que dirige el Dr. Enjuanes, en el Centro Nacional de Biotecnología del CSIC, en Madrid. Este es un claro ejemplo de lo importante que es invertir en investigación básica, aquella que no parece tener una aplicación inmediata. En primer lugar porque, como ya hemos comprobado, el conocimiento generado puede volverse vital en un momento crítico como este. En segundo lugar, porque tener centros de investigación fuertes establecidos en nuestro territorio facilita que los grupos de científicos se pongan a trabajar en asuntos sensibles de actualidad en tiempo record. También los estudios sobre el desarrollo de las vacunas de ARN mensajero llevaban más de veinte años en marcha. Ha hecho falta una emergencia mundial para darles el empujón final que necesitaban, y han resultado sorprendentemente efectivas. Probablemente esto sea un hito en el diseño de vacunas que ayudará a la lucha contra numerosos patógenos.

En un año hemos conseguido un buen puñado de vacunas muy efectivas. Probablemente sea un hito en el diseño de vacunas que ayudará contra otros patógenos

La ciencia y la tecnología han demostrado numerosas veces que son la mejor herramienta para enfrentarse a los retos que afronta la humanidad. Cientos de laboratorios de todo el mundo se pusieron a trabajar a todo vapor para determinar cómo se transmitía este nuevo virus, cómo bloquearlo, cómo realizar un diagnóstico fiable y temprano, cómo diseñar pruebas rápidas para dicho diagnóstico, cómo se desarrolla la enfermedad y cómo tratar a los pacientes para maximizar la supervivencia y minimizar el daño. En un tiempo record se determinó la secuencia de 30.000 nucleótidos del ARN del virus, que contiene información para producir unas pocas proteínas, necesarias para generar virus nuevos. Se ha dado con la clave de su infectividad, el hecho de que una de esas proteínas, conocida como Spike, se adapta como un guante al receptor ACE2 humano. Decenas de laboratorios de todo el mundo se han puesto manos a la obra para desarrollar una vacuna que prevenga el contagio y el desarrollo de una enfermedad grave utilizando precisamente esa proteína como objetivo. Todo esto a una velocidad de vértigo. En cuestión de un año hemos conseguido un buen puñado de vacunas distintas que ya están funcionando y administrándose en multitud de países. Otras tantas están en vías de desarrollo y llegarán pronto. Vacunas que son muy seguras, efectivas y, gracias al esfuerzo conjunto de todos los organismos implicados, que vienen con todas las garantías.[2]

Estas vacunas, si bien no pueden prevenir completamente el contagio y la transmisión del virus, sí que previenen en un porcentaje altísimo el desenlace fatal de la enfermedad. Hay además, en este momento, tres vacunas que se están desarrollando en nuestro país. La más prometedora quizá sea la del equipo de Luis Enjuanes, que promete tener un efecto esterilizante; es decir, evitará el contagio y la transmisión de la enfermedad, además de la aparición de síntomas. Es la única manera definitiva de impedir el avance del virus. Esta vacuna promete estar lista para su uso a principios del año que viene.[3] Hay que señalar, sin embargo, que pese a estar realizando un trabajo excelente, los equipos españoles que trabajan en el desarrollo de estas vacunas lo hacen en condiciones precarias, con unas plantillas reducidas y unos medios y una financiación muy limitados. Quizás con un mayor esfuerzo económico por parte de las instituciones podríamos haber conseguido tener lista nuestra vacuna antes de esa fecha.

 

Las mutaciones de los coronavirus

Hay virus de ADN y ARN, de cadena simple y cadena doble. El SARS-CoV-2 es un virus de ARN de cadena simple, y por tanto muy inestable gen  y, como veremos, un genoma inestable hace que un virus sea más peligroso. Por fortuna, los coronavirus tienen lo que se conoce como sistema de corrección de la copia (proofreading en inglés); esto significa que corrigen si encuentra algún error al generar las nuevas cadenas de ARN y reducen de forma importante la generación de mutaciones, sin llegar a evitarlas totalmente. En términos numéricos, esto se traduce en que de cada aproximadamente 10-20 copias del SARS-CoV-2 que se generan, en una de ellas hay un cambio de una letra de las 30.000 que componen su ARN. Este cambio ocurre al azar y en general tiene un efecto deletéreo sobre el patógeno, con lo que mayoritariamente estas mutaciones se pierden. O bien es un cambio sinónimo y no tiene ningún efecto. Es extremadamente raro que el simple azar provoque la aparición de una mutación que mejore las funciones del virus. Así que las mutaciones no parecen un gran problema a priori; pero se convierten en un problema si pensamos que cada individuo infectado produce millones de copias del virus en un solo día, y que hay millones de infectados por todo el planeta. Los números muy bajos se compensan con números muy altos. Esta es la razón por la que están apareciendo variantes del virus, sobre todo en países donde la incidencia de la enfermedad es muy alta, porque a más copias del virus, mayor probabilidad hay de que surjan variantes peligrosas.[4]

El SARS-CoV-2 es un virus de ARN de cadena simple, muy inestable genéticamente. Es decir, tiene una alta tendencia a mutar

Cuando aparece una variante del virus que no solo no muere, sino que tiene cierto éxito en su proliferación o dispersión, automáticamente se extenderá por la población como la pólvora. Es lo que ha ocurrido con la variante británica, una versión del virus que contiene la mutación N501Y, que parece ser capaz de reproducirse con mayor eficiencia que la variante previa y se dispersa con mayor facilidad. Por esta razón, está desplazando de la población a otras versiones del virus. Las mutaciones más relevantes en el virus parecen estar ocurriendo en la proteína Spike que, ya hemos mencionado, propicia el acceso del virus a las células como si se tratara de una llave. La versión con la mutación N501Y se ajusta de forma mejorada a la cerradura (receptor ACE2), con lo cual el proceso entero de acceso a la célula y por tanto de reproducción del virus se ven mejorados. La consecuencia es que al proliferar más fácilmente también genera más carga viral en los contagiados, por tanto provoca infecciones más severas y con peor pronóstico, resultando finalmente más mortífera.

Cuando nuestro cuerpo entra en contacto con el virus, o con la vacuna, nuestro sistema inmune reacciona generando anticuerpos específicos contra él; o más bien contra distintas partes de él, conocidas como antígenos (cualquier fragmento del virus que resulte ajeno al organismo). Si las nuevas mutaciones modifican suficientemente el antígeno que nuestro cuerpo ya reconoce, el virus podría escapar parcialmente del efecto de nuestras defensas. A estas mutaciones se las conoce como mutaciones de escape (escape mutations, en inglés), que son muy ventajosas para el virus. A este cambio morfológico del virus producido por acumulación de mutaciones se le conoce como deriva antigénica (antigenic drift, en inglés). La mutación E484K, que ha aparecido de forma recurrente en las variantes brasileña, sudafricana y californiana, y una muy parecida en la variante india (E484Q), parecen capaces de evitar, al menos en parte, el ataque de los anticuerpos. Estas mutaciones preocupan a los especialistas porque podrían poner en peligro el programa de vacunación. Las vacunas siguen siendo eficaces, pero su efectividad se puede ver comprometida a medida que surjan variantes capaces de escapar a nuestras defensas. Las vacunas no pueden evitar este proceso. La  .[5] Esto se puede lograr combinando la administración masiva y rápida de vacunas con el mantenimiento de medidas profilácticas, al menos hasta que podamos tener el virus bajo control, y podamos rastrear con claridad las cadenas de infectados y las variantes que hay en circulación. Las nuevas variantes son el resultado de unas tasas de infección altísimas en países con una protección sanitaria deficiente, como Brasil o la India, y es la consecuencia del descuido en las medidas de prevención de contagios.

Una de las supuestas ventajas frente al coronavirus parecía ser que no existía la posibilidad de que distintas variantes pudieran recombinar para producir una nueva versión del virus más peligrosa. Este fenómeno, típico del virus de la gripe, se conoce como cambio antigénico (antigenic shift, en inglés), y es lo que hace que una vacuna tenga que ser renovada cada año. Se descartó inicialmente que este proceso pudiera ocurrir con el SARS-CoV-2, pero a medida que aumenta el número de variantes aumentan las sospechas de que pueda ocurrir. De hecho, ya hay evidencias de que se han podido dar los primeros casos en EEUU.

La única estrategia viable para impedir la aparición de mutaciones es reducir al máximo la reproducción del virus, es decir, de personas infectadas

Estos fenómenos de evolución del virus preocupan a los expertos, que insisten en hacer un seguimiento intensivo de nuevas variantes mediante el método de secuenciación (que consiste en la lectura del ARN), para identificar mutaciones presentes en los virus.[6] Los países ricos están implementando sus servicios de control pandémico, pero los países menos afortunados no cuentan con los medios para poder hacer esto; y es en estos países con alta incidencia donde el virus podría dar alguna mala sorpresa, como es el hecho de que surja una variante capaz de evadir nuestras defensas e ignorar el efecto protector de las vacunas. Esto nos pondría de nuevo en la casilla de salida, una nueva versión del virus que sería de nuevo capaz de matar, de infectar masivamente y que podría conducirnos otra vez al confinamiento masivo, y a un colapso sanitario y económico. En este caso habría que preparar nuevas vacunas y administrar de nuevo a toda la población dosis de refuerzo. Los científicos saben cómo hacerlo y están preparados para ello, pero producir y administrar millones de dosis de vacuna volvería a llevarnos muchos meses.

 

Las pandemias que vendrán

La ciencia ha demostrado que puede enfrentarse a situaciones de emergencia, que la tecnología puede poner todo su empeño y el ser humano lo mejor de su ingenio para luchar contra una crisis de estas características. Sin embargo, en ciencia también se sabe que la naturaleza encuentra vías de escape, con lo cual no se puede descartar totalmente que el virus pueda adquirir una forma de minar la eficacia de las vacunas.

La humanidad va a necesitar años para tener bajo control al SARS-CoV-2, y no podemos descartar que se convierta en un mal endémico, una especie de gripe de nuevo nivel. Tampoco podemos descartar que nuevos patógenos salten de la naturaleza a las poblaciones humanas, especialmente en un mundo en el que la destrucción de hábitats amenaza con dar vía libre a virus que nunca deberían salir de sus hospedadores habituales en selvas profundas. En ese caso, la ciencia y el conocimiento saldrán de nuevo a dar lo máximo de su parte; pero no tenemos ninguna garantía de que un nuevo virus tenga las mismas características que este. Es decir, no sabemos si seremos capaces de hacer una lucha tan eficiente como se ha hecho contra el SARS-CoV-2. Probablemente los métodos de diagnóstico se desarrollarían rápidamente; puede que más, dada la experiencia adquirida en este aspecto durante la pandemia. Sin embargo, un nuevo virus podría también tener un sistema de contagio aun más eficiente, con un período de incubación más dilatado y capaz de provocar infecciones asintomáticas; con lo cual podría dispersarse rápidamente por las poblaciones. Un nuevo virus que podría ser más letal, o tener una letalidad tardía, teniendo tiempo de contagiar a muchas personas antes de acabar con el hospedador. Podría provocar secuelas permanentes, tal como está ocurriendo con la COVID persistente, e incluso incurables, con gravísimas consecuencias para nuestros sistemas sanitarios. Podría tratarse de un tipo distinto de virus, que mute con facilidad, que no tenga sistema de proofreading y además sea capaz de recombinar con otras variantes, algo así como un virus de la gripe muy agresivo. Podría darse el caso de que fuera un virus de una familia desconocida, de la que no tenemos información preexistente como para ponernos a trabajar inmediatamente. Podría tratarse de un virus de ADN o incluso un retrovirus, como el VIH; y no hay evidencias de que las vacunas de ARN sirvan en estos casos. Podría ser, y esto es quizá lo más peligroso, que las vacunas no funcionaran con suficiente eficacia. Hemos tenido una suerte extraordinaria de que la COVID-19 sea una enfermedad susceptible a la vacunación, porque hay enfermedades para las que se busca vacuna durante décadas y aun así no se consigue; tal es el caso de la malaria, que causa cientos de miles de muertos todos los años. ¿  ¿Y si la dificultad hiciera que se tardara el triple de tiempo en conseguir un remedio eficiente? Estaríamos hablando del triple de muertos, de una pandemia el triple de larga, con un impacto sobre nuestra salud, nuestras vidas y nuestra economía difícil de calcular.

Pase lo que pase en un futuro, la ciencia se pondrá al servicio de la humanidad, como ha hecho siempre, y la experiencia con el coronavirus será muy útil para organizar los esfuerzos de luchar contra una nueva pandemia. Pero tratándose de amenazas naturales estaremos siempre jugando a una lotería peligrosa, una ruleta rusa que no deberíamos permitirnos. Ahora ya sabemos que el aislamiento temprano de un posible nuevo patógeno y de las personas infectadas es prioritario en este tipo de casos y no deberíamos tener miedo de tomar decisiones drásticas llegado el momento, aunque sean impopulares.

Mientras tanto, bien podemos cuidarnos en salud y luchar por unos sistemas sanitarios fuertes y bien aprovisionados, y reforzar la investigación de nuestros países. Necesitaremos mucha información de base, grupos de trabajo potentes y científicos dispuestos a luchar por nuestras vidas en caso de que sea necesario.

 

Raquel Pérez Gómez es licenciada en Biología, especialista en genética y doctora por la Facultad de Veterinaria de la Universidad Complutense de Madrid

Artículo publicado en: Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, núm. 154, 2021, p.p. 81-90.

[1] Miguel Ángel Rodríguez-Gironés, Raquel Pérez Gómez, Luis Santamaría, «El virus SARS-CoV-2 imita una proteína humana y aumenta así su patogenicidad e infectividad», Eldiario, 22 de junio de 2020, disponible en:

https://www.eldiario.es/cienciacritica/sars-cov-2-proteina-aumenta-patogenicidad-infectividad_132_6065889.html

[2] Raquel Pérez Gómez, Miguel Ángel Rodríguez-Gironés, Joaquín Hortal y Fernando Valladares,

«Las revolucionarias y seguras vacunas de ARN», Eldiario, 20 de diciembre de 2020, disponible en: https://www.eldiario.es/cienciacritica/revolucionarias-seguras-vacunas-arn_132_6516806.html

[3] Mónica Lara del Vigo, Luis Enjuanes: «Vamos a por una vacuna intranasal y de una sola dosis muy potente», Eldiario, 23 de marzo de 2021, disponible en:

https://www.eldiario.es/sociedad/luis-enjuanes-vacuna-intranasal-sola-dosis-potente_128_7336766.html

[4] Raquel Pérez Gómez, Miguel Ángel Rodríguez Gironés, Luis Santamaría y Fernando Valladares, «La importancia evolutiva de aplanar la curva de la COVID-19», Eldiario, 30 de enero de 2021, disponible en:

https://www.eldiario.es/cienciacritica/importancia-evolutiva-aplanar-curva-covid-19_132_7177079.html

[5] Raquel Pérez Gómez, Luis Santamaría, Fernando Valladares, «Contagios astronómicos y comportamientos irresponsables amenazan la efectividad de las vacunas de la COVID-19», Eldiario, 25 de febrero de 2021, disponible en:

https://www.eldiario.es/cienciacritica/contagios-astronomicos-comportamientos-irresponsables-amenazan-efectividad-vacunas-covid-19_132_7249663.html

[6] Raquel Pérez Gómez, Adrián Escudero, Luis Santamaría, Fernando Valladares, «El control de variantes del SARS-CoV-2 es imprescindible en la lucha contra la COVID-19», El diario, 12 de marzo de 2021, disponible en:

https://www.eldiario.es/cienciacritica/control-variantes-sars-cov-2-imprescindible-lucha-covid-19_132_7290936.html

 

Acceso al artículo en formato pdf:  La ciencia es la mejor herramienta para luchar contra las pandemias que vendrán

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


COVID-19: una pandemia en medio de la crisis ecosocial

COVID-19: una pandemia en medio de la crisis ecosocial

Santiago Álvarez Cantalapiedra

Director FUHEM Ecosocial

Sabíamos que podía ocurrir. Las pandemias han sido recurrentes en la historia de la humanidad. Sin alejarnos demasiado en el tiempo, cabe recordar que durante el último medio siglo hemos visto, entre otros virus, el sida, el ébola, el SARS, la H1N1, el MERS y la gripe aviar. Los virólogos y epidemiólogos sabían que un nuevo virus podía causar una pandemia y la probabilidad con que podía acontecer. Los científicos llevan más de una década señalando que esas infecciones serán probablemente zoonóticas, es decir, transmisiones de virus de animales salvajes o domésticos a humanos. En septiembre del año pasado, apenas un mes antes de que se conociera el primer brote de coronavirus en la ciudad de Wuhan, un equipo de 14 científicos y expertos de un programa de la OMS y el Banco Mundial hicieron público el informe Un mundo en peligro. Informe anual sobre preparación mundial para las emergencias sanitarias.[1] Ahí ya se señalaba que el planeta debía prepararse para hacer frente a una inminente pandemia provocada por un patógeno respiratorio que podría matar a millones de personas y perturbar profundamente la economía mundial.  Las advertencias de los autores del informe cayeron en saco roto. Podemos hablar de la criminal irresponsabilidad y mala fe de muchos dirigentes, pero nadie podrá decir que no se sabía que una pandemia de este tipo estaba acechando en el horizonte.

Ahora que no queda otra que plantar cara a esta pandemia, nadie ignora que estamos ante una crisis que no sólo es sanitaria. La pandemia se ha revelado también como un fenómeno que permite comprender qué rasgos tiene y cómo funciona la sociedad actual. A un acontecimiento que admite tantas aproximaciones como aristas muestra (sanitarias, sociales, económicas o políticas), a un fenómeno de estas características, en ciencias sociales se le llama hecho social total, al afectar al conjunto de los componentes y relaciones fundamentales de una sociedad. También es posible contemplar esta pandemia como un ensayo general de las amenazas globales que se desprenden de la crisis ecosocial y que, al proyectarse sobre el conjunto de la humanidad, adquieren una dimensión existencial. Asimismo, esta experiencia nos ha introducido en un gigantesco experimento natural. Este acontecimiento se ha convertido en un campo de estudio inestimable para cualquier investigador. Al afectar a toda la humanidad en un periodo temporal perfectamente acotado permite aislar comportamientos e impactos comparándolos con los de periodos precedentes a la pandemia.

Así pues, no estamos únicamente ante una trágica perturbación, también estamos delante de una oportunidad para conocernos mejor y extraer enseñanzas. Si esta situación exige una ciudadanía activa capaz de responder solidariamente a la emergencia social y sanitaria, en el plano intelectual exige una tarea no menos importante para quienes buscan y promueven el bien común: la voluntad de comprender a través del análisis crítico. El carácter de hecho social total, de ensayo general y de experimento natural que tiene esta pandemia nos pone ante una oportunidad inédita para confirmar, rectificar y ampliar durante los años venideros buena parte del saber acumulado en torno a la naturaleza de la crisis ecosocial y sus consecuencias.

La pandemia del COVID-19 ha irrumpido paralizando y trastocando nuestras vidas. Debemos subrayar que ni estamos en condiciones ni pretendemos hacer una interpretación ambiciosa e integral de lo que significa la crisis en la que estamos inmersos, pero sí podemos indicar algunos problemas con los que necesariamente tendremos que enfrentarnos.

En los últimos años hemos reclamado sin descanso, desde la mirada ecosocial propia de esta Fundación, una mayor atención a la crisis ecológica, a la pérdida de cohesión de nuestras sociedades, una respuesta más humana al problema de los desplazados y una defensa más decidida de la democracia como proceso que se construye a partir de la deliberación y la participación de toda la ciudadanía, sin exclusiones. En el contexto de estos afanes, el COVID-19 nos ha traído la evidencia de una profunda crisis de cuidados, un sistema de salud público formado por magníficos profesionales pero infradotado y dañado por los ajustes de las últimas décadas, y un menoscabo de derechos y libertades por la urgente necesidad de decretar el estado de alarma para hacer frente a la emergencia sanitaria. La pandemia está poniendo de manifiesto la importancia que tienen las condiciones sociales y ambientales para la salud y la calidad de vida de pueblos y personas. Las sociedades con mayores y mejores dotaciones de bienes y servicios públicos, con ecosistemas más sanos y variados y con un tejido social más cohesionado están en mejores condiciones de afrontar este tipo de amenazas. Así pues, contra las pandemias se necesita: ecología y servicios públicos de calidad, solidaridad y cuidado mutuo, más democracia y mucha ciencia (con conciencia).

Son muchas las enseñanzas y reflexiones que esta pandemia está suscitando a la sociedad. Anticipamos sólo algunas de ellas:

  • La primera es que detrás de esta pandemia está la acción humana sobre la naturaleza. La alteración de los hábitats y la pérdida de biodiversidad en los ecosistemas derrumban barrerasen la expansión de los patógenos, al mismo tiempo que nuestros estilos de vida tienden puentes muy efectivos para su propagación. Las implicaciones de los actuales modos de vida sobre la salud de las personas y el planeta son evidentes y exigen un replanteamiento colectivo.
  • De ahí que también esté poniendo de manifiesto la necesidad de replantear fines, medios y prioridades. La crisis ha de servirnos para no confundir la calidad de vida con el nivel de vida y para repensar qué es lo importante para las personas y las sociedades y, en consecuencia, cuáles han de ser las prioridades de las políticas públicas y, particularmente, de las políticas económicas.
  • Si esta pandemia reclama, al igual que la crisis ecosocial, un replanteamiento profundo y sin más demora del modo de vida imperante, y al mismo tiempo es una oportunidad para discernir acerca de lo que es verdaderamente importante, la pregunta acerca de qué entendemos por buena vida en el contexto de las crisis que padecemos se convierte en la pregunta crucial de nuestros días.
  • También muestra cómo la desigualdad amplifica el dolor y la penuria. El virus y las medidas de contención que se están aplicando afectan a los diferentes sectores de la población de una manera radicalmente distinta. Vemos que el confinamiento es diferente según las condiciones y el tipo de vivienda, que está excluyendo de la educación a 500.000 niños de nuestro país que viven en casas sin ordenador o que los servicios sociosanitarios de atención a los mayores son un pilar básico del Estado de Bienestar que aún falta por asentar. No estaremos seguros hasta que no lo estén los demás. Por eso la desigualdad y la falta de cohesión social se convierten en los principales obstáculos que hay que remover para superar esta u otras crisis venideras.
  • Esta pandemia ha revelado el importante papel que deben jugar las instituciones públicas y, en particular, el Estado en una sociedad moderna. No puede retraerse de su responsabilidad y debe garantizar suficientes infraestructuras y servicios públicos de calidad en los ámbitos de la salud, la investigación, la educación y los cuidados.
  • Finalmente, acontecimientos como el que vivimos debe alertarnos de que sucumbir a la tentación autoritaria siempre es una posibilidad. Si flaquean las convicciones y los valores democráticos de la ciudadanía, en nombre de la defensa de la salud pública puede surgir una ‘sociedad vigilada’ donde la securitización y el control social se conviertan en rasgos dominantes del nuevo orden social emergente.

¿Qué futuro deparará esta pandemia? Nadie lo sabe, pero la historia nos enseña que tras una profunda perturbación las sociedades cambian. Las estructuras, las instituciones y las mentalidades se transforman y, en consecuencia, también lo hacen las conductas individuales y colectivas. El mundo de entreguerras poco se parecía al que existía con anterioridad a la primera gran conflagración y el que surgió de la Segunda Guerra Mundial fue un mundo radicalmente diferente del de entreguerras. Todavía hoy apenas nos damos cuenta de lo mucho que han cambiado nuestras sociedades después de la crisis financiera del año 2008. Hemos asistido durante este tiempo, casi de forma imperceptible, a la emergencia de un nuevo orden social, tanto en el plano interno como en el internacional. Incurriremos, pues, en un profundo error si pensamos que tras la pandemia todo va a seguir igual. No se trata de un paréntesis. Se están produciendo cambios sustanciales en los comportamientos individuales, en la funcionalidad de las instituciones sociales y en la dinámica estructural de la economía. Detectar esos cambios adquiere una importancia crucial a la hora de construir las respuestas adecuadas.

Lo más inmediato son las consecuencias sociales de esta pandemia, que ya se empiezan a mostrar en toda su gravedad. La fuerte temporalidad de la economía española ha enviado al paro en pocos días a cientos de miles de trabajadores y trabajadoras cuyos empleos no se han renovado. Una fracción significativa de la población vulnerada[2] se va a quedar fuera de la protección que debería brindar el llamado escudo social. Buena muestra de ello es que se están extendiendo las colas ante las puertas de parroquias y bancos de alimentos. Debería haber sido el momento de poner en marcha una renta básica universal que evitara estas lagunas de cobertura y el desborde de unos servicios sociales que ni tienen medios ni están preparados para evaluar, comprobar y gestionar las distintas ayudas con que afrontar una variedad casi inabarcable de situaciones de necesidad.

No debemos engañarnos, la existencia de una oportunidad para nada prejuzga la forma en la que vaya a resolverse. También 2008 traía consigo una oportunidad y algunos de sus principales valedores no dudaron en afirmar que si el capitalismo quería sobrevivir tenía que reformarse profundamente. Sin embargo, la oportunidad pasó y los que salieron fortalecidos fueron los intereses causantes de la crisis. Aprendamos la lección. Si no queremos que ahora vuelva a pasar lo mismo tenemos que poner los medios para que no suceda. No tenemos la solución que abriría las puertas a un futuro sostenible, más justo y democrático, pero en el análisis precedente se apuntan las líneas en las que tenemos que trabajar para hacerlo posible: en red con otros similares y sin perder un tiempo del que no disponemos.

[1] The Global Preparedness Monitoring Board (GPMB). Se puede consultar el informe íntegro en castellano en: https://apps.who.int/gpmb/assets/annual_report/GPMB_Annual_Report_Spanish.pdf

2 Desde la perspectiva de los derechos humanos y la justicia social parece más propio hablar de población vulnerada que de población vulnerable, que es la expresión que ha hecho fortuna. La población que soporta las lacras del desempleo, la pobreza o la marginación social se encuentra en esa situación porque no tiene suficientemente reconocidos y garantizados sus derechos y, por consiguiente, quien padece esa situación no es porque sea vulnerable sino porque está siendo vulnerado en sus derechos.

Texto publicado en CTXT el 25 de mayo de 2020. Disponible en:  https://ctxt.es/es/20200501/Firmas/32235/Fuhem-covid-pandemia-crisis-ecosocial-sostenibilidad-alternativas.htm 


Señales y respuestas: las enseñanzas no atendidas de la pandemia

Señales y respuestas: las enseñanzas no atendidas de la pandemia

Santiago Álvarez Cantalapiedra

Director de FUHEM Ecosocial

La crisis ecosocial lleva decenios lanzando señales inequívocas que obstinadamente desatendemos. La crisis ecosocial es una crisis sistémica que no se reduce a la crisis ecológica global que hoy padecemos, ni muchos menos a su dimensión climática. Es una crisis pluridimensional y multiescalar que afecta a todos los planos de la realidad: el biofísico, el productivo y el reproductivo. Sus consecuencias principales se traducen en la erosión de las bases sociales y naturales que sostienen la vida humana y en la destrucción sistemática de otras especies. Muchos de los acontecimientos que vivimos -como la pandemia, el cambio climático, las desigualdades o las distintas formas de violencia estructural- son manifestaciones de esta crisis general que incluye vectores ecológicos, económicos y políticos que se entrecruzan y exacerban mutuamente. Son exponentes de cómo la actividad humana está reduciendo la capacidad de la Tierra para albergar la vida y la resiliencia para sobreponerse a la presión que sobre ella ejercemos, hechos que en ningún caso son ajenos a la manera en que el capitalismo se estructura y organiza a escala global.

Una crisis que es sistémica viene acompañada irremediablemente de múltiples señales. El cambio climático, por ejemplo, hace tiempo que nos avisa de que eventos hasta hace poco excepcionalmente raros y peligrosos se están volviendo cada vez más frecuentes. La desestabilización del clima ha pasado de ser una advertencia abstracta de la comunidad científica a una catástrofe cotidiana retransmitida en directo. Los impactos de los fenómenos climáticos extremos, el incremento de la superficie anegada por la elevación del nivel del mar y la degradación paulatina de los ecosistemas como consecuencia de alteraciones atmosféricas y edafológicas tensionan las sociedades, generan innumerables conflictos socioecológicos y desplazan de manera forzada a millones de personas. En este escenario de deterioro progresivo de las condiciones ecológicas y climáticas arrancó en noviembre del año 2019 la pandemia de la COVID-19. La pandemia no es sino la enésima señal de alarma del alcance y envergadura de la crisis ecosocial en todas sus dimensiones.

 

La pandemia: una señal más que ignoramos

Esta pandemia no ha sido fruto del infortunio, pues no es un fenómeno natural ajeno a la actividad humana. Irrumpió como una consecuencia más de cómo tratamos a la naturaleza. Estamos degradando criminalmente la biosfera. Lo sabemos porque nos lo dice la ciencia y porque lo ven nuestros ojos cada día, pero actuamos como si lo ignoráramos o no nos lo creyésemos del todo.

La comunidad científica llevaba más de una década señalando el riesgo de nuevas infecciones zoonóticas que podían adquirir una dimensión global. Meses antes de la aparición del primer brote en Wuhan, el Informe anual sobre la preparación mundial ante emergencias sanitarias se publicó con el significativo título de «Un mundo en peligro», centrándose en esa ocasión en los riesgos biológicos que se manifiestan como epidemias y advirtiendo de la inminencia de una próxima pandemia.

Autores como Mikes Davis ya habían denunciado reiteradamente que la destrucción de la naturaleza por el capitalismo creaba las condiciones para pandemias como la que estamos sufriendo. Davis publicó en 2005 The Monster at our Door. The global Threat of Avian Flu [en castellano en El Viejo Topo, 2006]; en el año 2020, con la ampliación y revisión del libro anterior bajo un nuevo título -The Monster Enters: COVID-19, Avian Flu and the Plagues of Capitalism [en castellano en Capitán Swing, 2020]-, Davis quiso enfatizar que la amenaza que años antes llamaba a nuestra puerta ya estaba dentro. La COVID-19 hay que entenderla desde ese contexto de catástrofes virales anticipadas y finalmente concretadas en los últimos años. Rod Wallace ha escrito recientemente Grandes granjas, grandes gripes. Agroindustria y enfermedades infecciosas [Capitán Swing, 2020], donde señala que cualquiera que pretenda comprender por qué los virus se están volviendo tan peligrosos en la actualidad se topará irremediablemente con el sistema agroindustrial y, en concreto, con la producción ganadera de carácter intensivo. Los procesos actuales de apropiación humana de la biomasa terrestre y de destrucción de la integridad de la biosfera asociados al modo de vida característico de la civilización industrial capitalista no encuentran parangón en la historia. La presión de la economía sobre los ecosistemas está erosionando la biodiversidad y las barreras naturales que nos protegen de los agentes patógenos, al tiempo que los estilos de vida globalizados favorecen su expansión por todo el planeta. De esta manera la pandemia, la crisis ecosocial y el capitalismo global aparecen como elementos íntimamente relacionados.

 

La respuesta a la pandemia

Tras tantas advertencias desoídas no resulta extraño que la amenaza terminara por materializarse. Una vez concretada, la respuesta inmediata, como no podía ser de otro modo, fue básicamente terapéutica. La urgencia ante los ritmos de las tasas de contagio requería cortar la transmisión con confinamientos, distanciamientos físicos, reducciones en la movilidad y en la interacción social, a lo que se unió posteriormente el empleo generalizado de mascarillas y el acomodo del sistema de la seguridad social a la nueva situación de emergencia sanitaria. Una respuesta adaptativa a las circunstancias que tuvo como apuesta fuerte la búsqueda de vacunas. Una apuesta que salió relativamente bien por la rapidez y eficacia con la que se lograron desarrollar las vacunas e implementar a gran escala los procesos de vacunación. Sin embargo, los avances terapéuticos nos han sumergido en un ilusionismo tecnológico que distrae de las causas al concentrar la atención solo en los efectos.

Este enfoque sanitario ha conseguido desplazar casi por completo cualquier posible aproximación centrada en el origen de las pandemias. Las causas inmediatas de la propagación de infecciones zoonóticas tienen mucho que ver con la pérdida de biodiversidad. Los virus se encuentran aislados de nosotros de forma natural gracias a los ecosistemas. Estos ecosistemas constituyen verdaderos espacios de amortiguación frente a la virulencia de los patógenos. Los expertos señalan que las áreas con mayor cobertura vegetal y diversidad de aves muestran tasas más bajas de infección porque los mosquitos -que sirven de vector de infección- se diluyen en el entorno y disponen de menores probabilidades para encontrar el huésped adecuado. Existe una relación clara entre el advenimiento de epidemias y la deforestación. La tala de los bosques provoca, por ejemplo, que las especies de murciélagos que los habitan terminen posándose en los árboles de los hábitats humanos, aumentando con ello la probabilidad de interacción con las personas y, por consiguiente, incrementando el riesgo de transmisión de los virus.

En la misma medida en que se ha ido ganando la batalla a través de la vacunación, se han ido obviando estas causas inmediatas que originan las pandemias. También las condiciones sociales de salubridad y hacinamiento. Y, por último, se han terminado por oscurecer las “causas de las causas” que provocan estas dinámicas: los acelerados ritmos de los cambios en los usos del suelo debidos a la urbanización y, sobre todo, a la expansión de la agricultura intensiva, que ha provocado que solo en los últimos cincuenta años se haya transformado un tercio de la superficie terrestre.  Cambios recientes en el uso de la tierra que, según los últimos estudios, son responsables de más del 50% de las enfermedades infecciosas zoonóticas que han afectado a la especie humana desde 1940.[1] El abandono de esta mirada preventiva a resultas del éxito obtenido con la respuesta terapéutica paradójicamente nos está desarmando frente al riesgo de nuevas pandemias que, al no atajarse las causas en origen, están resultando cada vez más frecuentes. Un estudio de la Universidad de Brown ha estimado que entre la década de los ochenta del siglo pasado y la primera del nuevo siglo el número de brotes epidémicos de enfermedades infecciosas se ha multiplicado por tres.[2]

 

Las enseñanzas de la pandemia

La conclusión que deberíamos extraer de todo ello es que frente a las pandemias necesitamos, tanto o más que respuestas sanitarias, acciones decididas para salvaguardar la salud de los ecosistemas cambiando radicalmente los modos de vida que los están transformando y destruyendo. La recurrencia de nuevas pandemias, combinadas con otras problemáticas como la desigualdad o la inseguridad alimentaria a modo de sindemias, serán inevitables mientras no revirtamos los procesos actuales de apropiación desmesurada de la biomasa terrestre que monopolizamos los seres humanos.

No atender al hecho de que las zoonosis dependen de un delicado equilibrio entre seres humanos, patógenos y biodiversidad, impide comprender que cuando nuestros comportamientos y actividades económicas presionan o alteran la integralidad de un ecosistema la salud humana y, por consiguiente, también nuestra calidad de vida, se resienten con ello. Es un error concebir la salud humana a partir de las respuestas terapéuticas y las instituciones sanitarias que inciden únicamente en las manifestaciones de las enfermedades una vez que se han producido. Existen determinantes sociales y ecológicos de la salud que no podemos ignorar y sobre los que debemos actuar si se aspira a alcanzar sociedades saludables con parámetros razonables de calidad de vida.  Eso se traduce en que tenemos que replantearnos urgentemente las prioridades y delimitar colectivamente a qué cosas concedemos valor. La principal enseñanza que deberíamos haber extraído de la experiencia traumática de esta pandemia es que la mentalidad materialista y tecnocrática basada en una fe ciega en el mercado y la tecnología, y obsesionada por dominar la naturaleza y la acumulación de la riqueza y el poder, es un auténtico dislate que nos conduce al peor de los escenarios posibles. Tras una apariencia de prosperidad material sin término, genera una vorágine extractivista y consumista que provoca un deterioro ecológico y social que solo beneficia a unos estrechos círculos de intereses económicos en detrimento de una vida buena para los seres humanos, sus descendientes y el resto de las especies con las que compartimos casa común.

 

[1] Yewande Alimi, Aaron Bernstein, Jonathan Epstein, Marcos Espinal, Manish Kakkar, Deborah Kochevar y Guilherme Werneck, Report of the Scientific Task Force on Preventing Pandemics, Harvard Global Health Institute, Agosto 2021 [se puede consultar en: https://cdn1.sph.harvard.edu/wp-content/uploads/sites/2343/2021/08/PreventingPandemicsAug2021.pdf]

[2] Katherine F. Smith, Michael Goldberg, Samantha Rosenthal, Lynn Carlson, Jane Chen, Cici Chen y Sohini Ramachandran, «Global rise in human infectious disease outbreaks», Journal of The Royal Society Interface, Volume 11, Issue 101, 6 de diciembre de 2014 [https://doi.org/10.1098/rsif.2014.0950]

 

Texto publicado en CTXT el 24 de noviembre de 2021. Disponible en: https://ctxt.es/es/20211101/Firmas/37835/covid19-pandemia-zoonosis-biodiversidad.htm


Papeles 155: Ritmos Autoritarios

La lucha por la emancipación y el respeto de los derechos de distinto tipo, tanto de las mayorías como de las minorías, se encuentra en una encrucijada. En los últimos años se acumulan evidencias de un giro autoritario alrededor del mundo. No es ajeno a este contexto la crisis ecosocial de fondo.

Utilizando el sistema democrático, se encumbran líderes que manejarán los mimbres de la democracia precisamente para vaciar o subvertir su contenido. Las fuerzas de la ultraderecha ganan terreno en un contexto de complejidad e incertidumbres de gran envergadura, mientras se profundizan las desigualdades, la precariedad y el señalamiento de ciertos grupos. La verdad y la confianza, puntales de cualquier sociedad y, especialmente, en las democracias sufren el embate autoritario.

Con un discurso renovado que apela al nacionalismo excluyente, estas fuerzas se presentan como portadoras de respuestas, aunque los desafíos son de tal calado que incluso aunque atinaran en las recetas, las soluciones a menudo exceden la capacidad de un solo partido o de un solo gobierno.

Este número de Papeles de Relaciones Ecoociales y Cambio Global  explora en su semimonográfico las complejidades del ascenso ultraderechista, sus matices, semejanzas y diferencias, a fin de hallar claves para interpretar el fenómeno.

La sección A FONDO Se abre con un análisis de Javier de Lucas, e incluye artículos de Maximiliano Fuentes Codera y Giaime Pala, Juan José Tamayo, José Rama y Ana González-Páramo, además de una entrevista de Nuria del Viso a Carolin Emcke.

Muy en línea con el tema del semimonográfico, el magistrado Luis Carlos Nieto sopesa en ACTUALIDAD las repatriaciones de menores en Ceuta, y en REFERENTES Jordi Mir explora las palabras del ideólogo de Trump (y otros) Steve Bannon, y Nuria del Viso examina el pensamiento de Janet Biehl, una de las máximas representantes del ecologismo social e impulsora del término ecofascismo.

Un lugar destacado ocupa la sección ANIVERSARIO, en la que conmemoramos los 50 años de La ley de la entropía y el proceso económico, libro de referencia de Nicholas Georgescu-Roegen, con sendos artículos de Jorge Riechmann y Clive Spash.

El número se completa con la sección LECTURAS.

A continuación, ofrecemos el SUMARIO de la revista, que podrás descargar a texto completo, junto con el artículo introductorio de Santiago Álvarez Cantalapiedra y el texto firmado por Javier de Lucas.

 

SUMARIO

INTRODUCCIÓN

Riesgo de cierre autoritario

Santiago Álvarez Cantalapiedra.

A FONDO

Sobre autoritarismo y discursos de odio

Javier de Lucas.

Entrevista a Carolin Emcke

Nuria del Viso.

Pasado y presente de la extrema derecha europea

Maximiliano Fuentes Codera y Giaime Pala.

El cristoneofascismo: teísmo político y dios sacrificial

Juan José Tamayo.

Vox ¿Un partido más de la derecha radical europea?

José Rama.

Frontex, la cara oscura de la Unión Europea

Ana González Páramo.

ACTUALIDAD

Repatriaciones de menores sin garantías en Ceuta

Luis Carlos Nieto.

ANIVERSARIO | GEORGESCU-ROEGEN: 50 años de La ley de la entropía y el proceso económico

1971-1972-1973 La fallida “revolución vernadskiana” (y bioeconómica) y nuestro ingreso en el delirio epistemológico

Jorge Riechmann

Romper con la economía tradicional: la economía ecológica y el cambio de paradigma de Georgescu-Roegen

Clive Spash

REFERENTES 

Steve Bannon: Fogonazos en los diagnósticos, oscuridad tenebrosa en las respuestas

Jordi Mir

Janet Biehl, precursora del análisis del ecofascismo y sus raíces

Nuria del Viso

La “ecología” y la modernización del fascismo en la ultraderecha alemana

Janet Biel

LECTURAS

Fundamentos para una economia ecológica y social, de Clive L. Spash

Federico Aguilera Klink

Petrocalipsis. Crisis energética global y cómo (no) la vamos a solucionar, de Antonio Turiel

Daniel Guinea Recuerdo y Pablo Grau Murcia

Perdiendo la tierra. La década en que podríamos haber detenido el cambio climático, de Nathaniel Rich

Nuria del Viso

RESÚMENES

 

Información y compras:

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Lectura Recomendada: Europa, pandemia y crisis económica

Desde el Centro de Documentación de FUHEM Ecosocial recomendamos una nueva lectura. Se trata del Dossier número 43 de Economistas sin Fronteras dedicado a: Europa, pandemia y crisis económica.

Coordinado por Lucía Vicent Valverde y Fernando Luengo Escalonilla, el dossier propone un debate sobre la naturaleza de la crisis —económica, pero también social, ecológica e institucional— abierta por la pandemia y sobre las políticas que las instituciones comunitarias han arbitrado; políticas destinadas tanto a promover la reactivación de las economías como, sobre todo, a sentar las bases de una profunda transformación estructural de las mismas.

Se complementa con la reseña de un libro que ha parecido de especial interés para el tema tratado (Reescribir las reglas de la economía europea, de Joseph Sitiglitz), a cargo de Marta Cazorla, y con la sección «Para saber más» que recoge una selección bibliográfica y una webgrafía con recursos de interés para seguir profundizando en los temas planteados.

A continuación ofrecemos el índice y un pequeño resumen de cada texto:

ÍNDICE

Presentación: Europa, pandemia y crisis económica, Lucía Vicent Valverde (Universidad Complutense de Madrid e investigadora en el ICEI-UCM) y Fernando Luengo Escalonilla (Economista).

Desde que se registró el primer caso del virus, a comienzos del mes de diciembre de 2019, el rápido avance de la pandemia ha tenido trágicas consecuencias para la salud y ha puesto en jaque a las economías de todo el mundo, sin excepción.

En el terreno económico, la incontrolable transmisibilidad del virus supuso la paralización de la actividad económica, que, a pesar de los diferentes intentos de reactivación, todavía queda lejos de la situación prepandémica. Incluso en las economías más fuertes, como las comunitarias, que cuentan con más recursos para articular una respuesta urgente y adecuada para afrontar este desafío, la recuperación está muy lejos de haberse consolidado. La emergencia sanitaria ha demostrado las carencias del modelo económico imperante.

La pandemia ha cuestionado los cimientos mismos del proyecto comunitario, abriendo un escenario de incertidumbre que se proyecta sobre el futuro de la Unión Europea (UE) y de las economías que la integran.

 

La lucha contra la pandemia y la crisis necesita otra Europa, Lucía Vicent Valverde (Universidad Complutense de Madrid e investigadora en el ICEI-UCM) y Fernando Luengo Escalonilla (Economista)

Valoración de la respuesta comunitaria en tiempos de pandemia, sus objetivos y resultados y propone una reflexión que, trascendiendo la coyuntura y la situación concreta de cada economía, ponga sobre la mesa algunas de las cuestiones centrales referidas a las políticas europeas que apuntan al proceso de construcción y a la institucionalidad de la UE.

 

Deserción: La Unión Europea en la pandemia del coronavirus, Wolfgang Streeck (Director emérito del Max Plank Institute for the Study of Societies)

Sobre el juego de responsabilidades que ha operado en el tablero europeo a raíz de la pandemia, demostrándonos, una vez más, que la Unión Europea no está a la altura de los acontecimientos. Los actores protagonistas de la partida europea contra el COVID-19, concretamente, las instituciones centrales de la Unión y sus Estados integrantes, han sido incapaces de articular una respuesta coordinada y funcional, capaz de amortiguar los efectos de la propagación del virus, atender sus causas y plantear soluciones de la entidad que exige la situación.

 

Pacto Verde Europeo: no es sostenible todo lo que reluce. Por una alternativa ecosocial en una Europa pospandemia, Judith Carreras García (Presidenta de la Fundación Viento Sur)

El Pacto Verde Europeo es el ejercicio narrativo más ambicioso desde la creación de la Comunidad Económica Europea y la propuesta más articulada desde el Tratado de Maastricht, hace treinta años. Una apuesta estratégica de las élites de la UE para relanzar el deteriorado proyecto europeo, contradictoria en sus fines y que genera importantes tensiones, incluso entre sus defensores.

 

Impacto potencial de los fondos europeos en las economías receptoras, Antonio Sanabria Martín (Universidad Complutense de Madrid e investigador en el ICEI-UCM)

Análisis de las vías de financiación y su impacto potencial sobre las economías receptoras de la respuesta comunitaria a la crisis del COVID-19. El autor es consciente de la incertidumbre que rodea un diagnóstico de este tipo, carente de antecedentes, sin por ello renunciar a una interpretación compleja y detallada de la cuestión

 

¿Fondos Nueva Generación de la Unión Europea? No, gracias, Adolfo Rodríguez Gil (Economista; Ecologistas en Acción)

Complementa el análisis anterior sobre los instrumentos de financiación de la UE. El texto arranca con una descripción de los recursos movilizados y otras medidas de emergencia desplegadas para hacer frente a la pandemia y la crisis, poniendo especial atención en la suspensión de la aplicación del Pacto para la Estabilidad y el Crecimiento.

 

El Banco Central Europeo, benefactor de los bancos en la crisis de la pandemia, Ángel Vilariño Sanz (Economista)

Pone el foco de su artículo en el papel neurálgico del Banco Central Europeo (BCE) en el periodo dominado por la pandemia y las políticas encaminadas a reactivar y reestructurar las economías comunitarias. La intervención de esta institución ha tenido muy en cuenta la experiencia, que el autor califica de fallida, en los años que siguieron al crack financiero, consistente básicamente en proteger de la bancarrota a los grandes bancos

 

La banca pública europea en la salida de la crisis, Nuria Alonso Gallo y David Trillo del Pozo (Universidad Rey Juan Carlos e investigadores en el ICEI-UCM)

Análisis del decisivo papel que ha desempeñado la Banca pública europea, de dispar entidad dependiendo del país comunitario considerado. De hecho, la banca pública ha sido —en términos generales y en España, por supuesto— un verdadero «colchón amortiguador» que ha permitido mitigar el colapso productivo provocado por la pandemia y las medidas de confinamiento adoptadas por los gobiernos.

 

El poder corporativo en la Europa del capital, Erika González Briz y Pedro Ramiro Pérez (Observatorio de Multinacionales en América Latina (OMAL) – Paz con Dignidad)

Arranca el texto con una consideración que los autores consideran crucial: la enorme cantidad de recursos que, en comparación con las partidas sociales, reciben las grandes empresas españolas con cargo al NGEU y al BCE. Pone de relieve diferentes hitos que ilustran la centralidad corporativa desde el nacimiento mismo de las Comunidades Europeas: la creación de la Mesa Europea de Industriales, la aprobación del Tratado de Maastricht y las políticas desreguladoras y privatizadoras que se desplegaron desde entonces, un escenario propicio para la ampliación y consolidación de las grandes empresas, que ganaron en tamaño e influencia.

 

Fondos de recuperación de la UE 2021. No son lo que parecen, Adrian Zelaia-Ulibarri (Ekai Group)

Aproximación a las ayudas puestas a disposición de los Estados en línea con los objetivos de recuperación, transformación y resiliencia enunciados por la CE. Con ese propósito, incide en algunos hechos que nos permiten detectar los rasgos fundamentales de la estrategia comunitaria y que revelan las controversias entre lo enunciado y lo realmente perseguido por las instituciones europeas.

 

El libro recomendadoReescribir las reglas de la economía europea (Joseph Stiglitz), Marta Cazorla Rodríguez (Traductora y economista)

Para saber más.

Acceso al Dosier completo en formato pdf: Europa, pandemia y crisis económica


Sobre autoritarismo y discursos de odio

La sección A FONDO del número 155 de la revista Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, publica un artículo de Javier de Lucas, Sobre autoritarismo y discursos de odio, que argumenta la tesis de que el autoritarismo está de vuelta, fruto de una multiplicidad de factores en una compleja interacción, y los destinatarios de ese movimiento de odio son, como siempre, los más débiles. El autor se aleja de la teoría sobre una “internacional del odio”, y se acerca más a las tesis del pluralismo inclusivo.

A continuación, ofrecemos el texto completo del artículo, al final del cual se podrá descargar en formato pdf.

Los amigos de la revista Papeles me han invitado a reflexionar a propósito del horizonte de autoritarismo que parece cernirse sobre nosotros. Y me plantean, por ejemplo, qué relación tiene ese auge autoritario con el recrudecimiento de los mensajes y aun los discursos de odio, en particular en las redes sociales (donde cada vez son más los trolls y los haters) y en los medios de comunicación, pero también y de forma creciente en determinados discursos políticos.

En lo que sigue, trataré de ofrecer algunos de los argumentos en los que se basa mi opinión a ese respecto. Puedo resumir así mis tesis: no tengo la menor duda de que el autoritarismo está de vuelta. Tampoco, sobre la complejidad de los factores que lo propician. Y me parece muy claro que en toda Europa y por supuesto en España, los destinatarios de ese movimiento de odio son, como siempre, los más débiles, según ejemplifica la focalización de esa “marea de odio” en grupos que encarnan la diferencia visible. Lo demuestran las agresiones a personas que son identificadas como miembros de LGTBIQ, o a los menores inmigrantes, como hemos vivido en España en diferentes ocasiones este mismo año. En otras palabras, no creo que el incremento actual de los discursos del odio y, en su caso, su especificidad, se deba a la existencia de una particular conspiración entre la extrema derecha y ciertos movimientos fundamentalistas cristianos que, a su vez, daría cuenta del tournant populista/autoritario que vivimos, tal y como proponen los defensores de la teoría de la “internacional del odio”. Esa es una visión, a mi juicio, simplista e insuficiente.

A mi entender, entre las razones que propician este giro autoritario global que nos amenaza, (de los EEUU a Europa, pasando por Brasil, India, Filipinas o Myanmar) parece muy relevante la exacerbación de la conciencia de riesgo e incertidumbre globales, activadas por dos fenómenos de cuya existencia sabíamos, pero nos hemos negado a tomar en serio hasta ahora. El primero, la aceleración de las evidencias del desastre medioambiental, que amenaza a la vida misma en nuestro planeta como consecuencia de lo que acertadamente se denomina Antropoceno. El segundo, la brutal certificación de que el otro gran riesgo para la seguridad humana no es tanto el de un conflicto nuclear, sino las pandemias que, como hemos sufrido en estos dos últimos años, se convierten en sindemias.[1]

Entre las razones que propician el giro autoritario global parece muy relevante la exacerbación de la conciencia de riesgo e incertidumbre globales

En uno y otro caso, la esperanza viene de la ciencia. Pero la ciencia, frente al estereotipo ingenuo que hace de ella la nueva magia, por no decir la nueva religión, está lejos de proporcionarnos respuestas seguras, inequívocas y desde luego, inmediatas (pese al éxito innegable que han supuesto las vacunas frente a la COVID-19), por dos razones. Una, que los avances en ciencia no son ni lineales ni definitivos. Y, sobre todo, porque no garantizan la llegada de sus soluciones a todo el mundo, ni simultáneamente, ni de forma equitativa: eso depende de las decisiones políticas que se adopten y en las que median intereses económicos de primer orden. Lo estamos viendo precisamente a propósito de la distribución de las vacunas.

Ese cóctel de factores ha propiciado a mi juicio, insisto, un incremento de la incertidumbre y del miedo y, con ellos, las consecuencias habituales de la ignorancia y el prejuicio: la experiencia histórica nos dice que ese es el caldo de cultivo para la aparición de un discurso de orden, de seguridad, que suele concretarse en torno a mesías, héroes o caudillos que, a su vez, las más de las veces son marionetas o coartadas populistas de quienes no dejan de incrementar sus beneficios en esos ríos revueltos, en esos tiempos difíciles.[2]

El miedo, la frustración, la incertidumbre, generan con facilidad una suerte de disonancia cognitiva, un rechazo de la razón ilustrada, de la ciencia, y una repulsa al juego de controles y balances propio de la democracia representativa, por contraste con la legitimidad directa y la supuesta eficacia del populismo propio de la democracia emocional. Es el caldo de cultivo de las teorías negacionistas, que recurren a la tesis de una conspiración de las élites –aliadas con los científicos– para privarnos de nuestras libertades.

Como mostró René Girard,[3] ese discurso de orden, característico de sociedades cerradas, necesita identificar enemigos, chivos expiatorios, que activen la dinámica centrípeta de adhesión al poder interno. Y, de nuevo, la experiencia histórica nos muestra a quiénes se apunta para que desempeñen ese papel: los otros, sobre todo los otros más vulnerables y en particular aquellos otros que están entre nosotros, que acaban de llegar y que pretenden quedarse. Por eso, uno de los ejemplos más claros es el discurso del odio azuzado en nuestro país contra los menores inmigrantes. Y no solo por parte de la extrema derecha. Lo peor es que una parte importante de las fuerzas políticas acaban tratando de competir en esa carrera del odio en la que, evidentemente, la campeona es la extrema derecha. Una extrema derecha que juega imprudentemente el papel de agente portador del virus, de la narrativa tóxica que puede acabar contaminando al resto del espectro político.

En resumen, a mi juicio, cambia el contexto y con él, cambian los escenarios, cambian los nombres de los actores y sus ropajes, pero nihil novum sub sole. Estamos ante la enésima versión de un mensaje que estructura toda concepción autoritaria y, desde luego, fundamentalista. Y que, por cierto, no es monopolio del cristianismo. Tampoco hoy: lo comprobamos en las doctrinas salafistas y en el wahabismo, pero también, por ejemplo, en el hinduismo excluyente en India, o en el budismo fundamentalista, que alimenta la represión contra los rohingyas. Hay demasiado eurocentrismo (o, si se prefiere, demasiado prejuicio de que Occidente es el centro de todo) en esa teoría que identifica la internacional del odio con la alianza trumpista “cristoneofascista”.

Dicho lo anterior, no incurriré en la pretensión de ofrecer una teoría sobre el odio en los límites de un artículo como este. Máxime cuando existen muy notables y conocidas contribuciones, desde la filosofía, la psicología o la sociología. Me atendré a recordar y destacar los argumentos de algunas de ellas y, en segundo lugar, a llamar la atención sobre ese ejemplo del actual discurso de odio, el que afecta a los menores inmigrantes.

 

Los discursos del odio: una constante histórica y doctrinaria

No descubro nada si digo que lo primero que necesitamos es despojarnos de mensajes simplificadores, como los que difunden las teorías conspiratorias, en todas sus versiones. Me parece que esas teorías tienen en común dos rasgos: ante todo, una más o menos explícita visión maniquea y, por tanto, simplista, que sirve a la reafirmación del nosotros de turno (nosotros, la luz; ellos, la oscuridad). Y creo que eso implica un segundo rasgo, una suerte de pereza mental o de incapacidad para un análisis que se atreva a enfrentarse con la verdadera dificultad, esto es, con la complejidad de lo real, que no es solo una teoría, (la concepción ontológica y metodológica defendida, por ejemplo, por Edgar Morin), sino una característica cada vez más presente en nuestras circunstancias, las de la globalidad, la interdependencia, la multidimensionalidad.

Una parte importante de las fuerzas políticas acaban tratando de competir en esa carrera del odio en la que la campeona es la extrema derecha

Pues bien, como ya he adelantado, creo que ese es el tipo de simplificación que puede propiciar la tesis que sostiene la existencia, hoy, de una “internacional del odio”, de alcance global, vinculada a la “internacional cristoneofascista”,[4] una alianza de la extrema derecha con movimientos fundamentalistas cristianos, en EEUU, Brasil, Polonia o Hungría y que estaría en la raíz de este regreso a los autoritarismos.

El primer error de bulto de esa tesis, a mi juicio, es desconocer que, como resulta evidente, el fundamentalismo religioso y el fanatismo no son patrimonio exclusivo de sectas cristianas y de la extrema derecha en Occidente. Sin duda, coexisten en este momento y en diferentes países movimientos sociales e incluso partidos políticos cuyo discurso o, mejor, cuyo principal recurso electoral consiste precisamente en la explotación de esos motores poderosos de la conducta que son el miedo, el odio y el resentimiento, tal y como subrayó Nietzsche y trató de reformular Scheler,[5] recogiendo un leit motiv doctrinal clásico. Recordemos el primus in orbe deos facit timor, de Terencio, argumento que desarrollarán para la ciencia política Maquiavelo y Hobbes y que reiterará en clave teológico-política Carl Schmitt.

Una línea argumental que ha analizado –a mi juicio, con mucho acierto– Axel Honneth en su análisis de la sociedad del desprecio[6] y, de modo más reciente, Carolin Emcke, que es quizá quien ha explicado mejor –a mi juicio– el reverdecimiento hoy de esa constante del odio. En cualquier caso, se trata de un rubrum cuyos presupuestos y propósito son muy distintos a los agudamente sugeridos por Nietzsche. Todo ello, a mi juicio, tiene mucho que ver con la genial lección de Simmel sobre la noción de Fremdheit,[7] que suele ser considerada la base de la sociología de la inmigración, pero que –en realidad– va mucho más allá, pues ofrece un buen soporte antropológico y filosófico sobre la construcción del otro como extraño y la conexión de esa extrañeza, de esa ajenidad, con la de amenaza o peligro. De ahí, el odio hacia ese otro que es manifiestamente diferente al mismo tiempo que está instalado entre nosotros como vecino: como decía Simmel, “un otro que llega hoy y se queda mañana”.

Querría explicarme bien. No estoy tan ciego como para ignorar que se ha producido una efervescencia de movimientos y partidos políticos que explotan el recurso del odio en todo el mundo, vinculados en su inmensa mayoría a la extrema derecha, por supuesto también en democracias que pretenden ser el símbolo del universalismo, de Francia a los EEUU, pasando por Alemania y también nuestro país. Movimientos que han azuzado el repliegue autoritario, la explotación de nuevo del leitmotiv primario del miedo, ante las amenazas e incertidumbres que nos acechan.

Como sostiene Emcke, el odio del que hablamos «no es la expresión de un sentimiento individual, no es espontáneo, es fabricado y requiere cierto marco ideológico, que debe ser y es alimentado… el odio fabrica su propio objeto».[8] Eso no significa necesariamente sostener, como parece proponer la tesis de la “internacional del odio”, que el incremento de los discursos de odio responda una organización transnacional vinculada a los movimientos neoconservadores (reaccionarios, creo que sería el calificativo más adecuado) de extrema derecha, en alianza con concepciones fundamentalistas cristianas. Sin duda, hay puntos de coincidencia entre la ideología reaccionaria neocon de Steve Bannon y algunos otros ideólogos de Trump, y la que manifiestan grupos populistas de extrema derecha en Europa, del Rassemblement National de Le Pen (antiguo Front National) a Alternative für Deutschland (AfD) y Vox, pasando por la Lega Nord o Fratelli di Italia, Fidesz en Hungría, o Prawo i Sprawiedliwosc (PiS) en Polonia.[9] Y por supuesto, no cabe ignorar que Bannon ha vendido su asesoramiento en Alemania, Italia, Polonia, Hungría y España. Pero se olvidan los escenarios de la hegemonía de discurso de odio en Myanmar, Filipinas, la India o el Afganistán de los talibanes, por poner solo algunos otros ejemplos. Por eso, a mi juicio, para entender el porqué del auge global de este fenómeno, en lugar del simplismo de una poderosa y malvada conspiración (siempre occidental y judeocristiana), podemos y debemos contextualizar con precisión de qué hablamos, para entender mejor por qué sucede aquí y ahora.

En mi opinión, esta efervescencia de los discursos de odio sería más bien una nueva versión de un fenómeno muy viejo, una constante histórica, insisto, que vuelve a florecer hoy, porque lo favorece nuestro contexto, la lógica que domina el actual ejercicio de la política, reducida, como ha explicado muy bien Manuel Cruz, a una papilla emocional de fácil digestión. Se trata de una concepción anunciada por Débord y que, a su vez, no cae del cielo, sino que tiene mucho que ver con las pretensiones de quienes ejercen de actores y protagonistas de la actual fase de capitalismo financiero, de fundamentalismo de un mercado cada vez más virtual, cuyo santo y seña es siempre la des-regulación y su dogma la maximización del beneficio, para lo que no dudan en la conocida receta de socialización de sus pérdidas, cundo llegan las vacas flacas que su ambición depredadora ha causado. Lo vimos sin paliativos en la gran recesión de 2008. Hoy vivimos, como propone Soshana Zuboff, una era de «capitalismo de vigilancia», posibilitado en gran medida por ese escenario neohobbesiano potencialmente implícito en la “sociedad del riesgo”, teorizada sobre todo por Beck,[10] un escenario magnificado como consecuencia de la pandemia de la COVID-19, que ha devenido en sindemia.

Ese es el contexto, a mi entender, en el que se produce ese incremento del recurso a los discursos del odio vinculados a la actual etapa de política espectáculo, la de la democracia de las emociones[11] a la que alude la mencionada expresión de Manuel Cruz, dominada por la explotación de los sentimientos y pasiones como seudoargumentos. Todo ello, al amparo del repliegue identitario, en una aparente paradoja que a mi juicio no es tal: los supuestos partidarios del mercado abierto son siempre ferozmente proteccionistas cuando se trata de salvaguardar sus beneficios, frente a las exigencias de relaciones más equitativas que llegan del otro lado –del tercer mundo si podemos seguir utilizando esa expresión–.

Decía que Carolin Emcke ha arrojado luz sobre la especificidad de los actuales discursos de odio, a partir del análisis de lo que ha sucedido en Alemania recientemente: «Algo ha cambiado en Alemania, ahora se odia abierta y descaradamente», sostiene. Y lo mismo se puede decir de otros países de la UE, y de los EEUU. Pero no solo de ellos. Se trata de un discurso de odio que se basa en la seguridad de estar en lo cierto, en la posesión de la verdad, no solo en una opción ideológica. Es imposible desligarlo de la concepción característica del fanatismo, tal y como sostiene Emcke, que cita a este propósito la voz “fanatismo” de la Enciclopedia, redactada por Alexandre Deleyre: «El fanatismo es un celo ciego y apasionado que nace de las opiniones supersticiosas y lleva a cometer actos ridículos, injustos y crueles, no solo sin vergüenza ni remordimiento, sino también con una suerte de goce y de consuelo».[12] Y esa proliferación de los mensajes de odio se cobra un coste muy grave para las democracias: la extensión del miedo, la existencia de ciudadanos de segunda clase que ven afectada negativamente los actos más sencillos de su vida cotidiana, desde pasear por la calle a alquilar un piso.

Como ha explicado también Emcke en su último libro, Journal, a propósito de la experiencia de la pandemia, no es difícil advertir el nihilismo epistémico que está presente en los movimientos supremacistas y que muestra un profundo resentimiento contra el proyecto universalista y emancipador heredado de la Ilustración. Un rechazo que se ha hecho más fuerte, en la medida en que el universalismo, espoleado por la crítica feminista y antietnicista, se ha abierto hoy a una concepción pluralista e inclusiva de las diferencias, que choca con el modelo seudouniversalista criticado por Benhabib, como señalaré enseguida, del que se creen únicos representantes los modelos supremacistas.

Esa proliferación de los mensajes de odio se cobra un coste muy grave para las democracias: la extensión del miedo y la existencia de ciudadanos de segunda clase

Una vez más nos encontramos ante la constante histórica del recurso a la coartada del repliegue identitario, nutrido con el proyecto habitual de creación de la realidad social, mediante la apelación a una historia propia más o menos fantasmagórica (algo que sabemos desde la obra seminal de Berger y Luckman y el conocido trabajo de Benedict Anderson)[13] que parecería guiada por el propósito de hacer bueno aquel dicterio de Freud sobre el narcisismo de las pequeñas diferencias. Se trata de una respuesta dialéctica, de repliegue, frente a las concepciones universalistas. Y esa respuesta tiene más fuerza, más adhesión popular, cuando se advierte que buena parte de las pretendidas concepciones universalistas no son tales. Quiero decir que la reacción es más sencilla, es más fácil que prenda, cuando se puede mostrar que el supuesto universalismo que nos predican no es el de la concepción universalizante que da lugar al mejor universalismo, el jurídico, concretado en la noción de derechos humanos,[14] sino la cobertura de proyectos imperialistas o coloniales, característicos de lo que Sheila Benhabib denominó «universalismo abstracto» o «universalismos de sustitución». Es esta una versión muy próxima en realidad a una noción esencialista de universalismo, que consagra a su vez una visión de los derechos humanos dependiente de un punto de vista cultural unilateral. Benhabib es también quien –a mi juicio– ha señalado con más cierto que en el fondo se trata de un problema ligado conceptualmente a la preocupación a la que Husserl dedicó su decisivo La crisis de las ciencias europeas y la fenomenología trascendental,[15] en el que estudiaba los problemas que afectan al modelo occidental (europeo) de racionalidad. Como señala a su vez Benhabib, Husserl se muestra atormentado por la convicción de que la cultura occidental sucumbiría si la filosofía (como théoria) no podía generar reflexiones sobre lo universal, sino solamente sobre el ámbito de la Lebenswelt. Para Husserl, la reflexión sobre la crisis de las ciencias europeas permitía defender el racionalismo filosófico como una forma que tiene pretensión de universalidad para todos los seres humanos.

Frente al universalismo ligado a la racionalidad (y a los presupuestos etnoculturales europeos, más incluso que occidentales), Benhabib propuso, como se recordará, un universalismo interactivo, más acorde con el modelo de una democracia que, además de deliberativa, muestra una voluntad y capacidad inclusiva de la pluralidad real: «Entre los legados de la modernidad que necesitan de una reconstrucción –pero no ser desmantelados por completo–, se cuenta el universalismo moral y político, comprometido con los ideales ahora aparentemente “anticuados” y poco creíbles del respeto universal hacia cada persona en virtud de su humanidad, la autonomía moral del individuo, la justicia e igualdad económica y social, la participación democrática y el ejercicio de unas libertades políticas y civiles más extensas que sean compatibles con los principios de justicia y la formación de asociaciones humanas solidarias».[16] Posteriormente, Benhabib se decantó por la noción de iteración democrática, en lugar del modelo habermasiano de democracia deliberativa. Lo han explicado desde perspectivas muy diferentes Barber o  Santos.[17]

Para combatir la proliferación de los discursos de odio, es preciso reaccionar frente a esa concepción fundamentalista que se autoarroga la representación del “verdadero pueblo” y la defensa de los “verdaderos valores”, pero a duras penas consigue ocultar su filiación elitista y autoritaria. Y, a mi juicio, hay que hacerlo como propone Emcke, con una reivindicación del pluralismo inclusivo, de la democracia impura: «el pensamiento autoritario, neonacionalista, racista y antifeminista ha penetrado en el centro de nuestras sociedades. Ya no está en los márgenes, está en el corazón de nuestras democracias. El intento de ridiculizar, estigmatizar, deshumanizar a las mujeres o a los musulmanes, a las personas LGBTIQ+ y a los judíos, el intento de tratar la pluralidad –y no la homogeneidad– como un peligro para la democracia... todo eso se ha vuelto aceptable. Tenemos que oponer resistencia a este discurso antihumanista. Tenemos que alzar la voz, aunque individual o colectivamente no seamos atacados. Tenemos que defender la igualdad en la diferencia».[18]

 

El ejemplo de la focalización del discurso de odio en los niños migrantes

Sabemos bien (por ejemplo, gracias por ejemplo a las enseñanzas de Simmel, Freud o Fromm) cuál es la dinámica del proceso de construcción social del otro como enemigo. Una dinámica que es una exigencia de la afirmación del “nosotros”. Es decir: el nosotros esencialista no puede existir sin la creación del enemigo. Para conseguir ese propósito de construcción de la radical ajenidad, de la radical extrañeza del otro, es preciso deshumanizarlo, negarle las características que tiene en común con nosotros, focalizar la supuesta incompatibilidad de sus diferencias y su presentación como amenaza. Así sucede, por ejemplo, con los grupos que encarnan la diferencia de opción sexual, como hemos visto en la secuencia más reciente de agresiones en España, con la marcha nazi en Chueca como símbolo. Pero quizá el colmo de ese proceso es el que estamos construyendo a propósito de los menores inmigrantes, en los que destruimos la característica fundamental, emblema de la máxima y universal vulnerabilidad: son niños.

Todos recordamos el episodio ocurrido durante las elecciones autonómicas celebradas en Madrid en mayo de 2021, con motivo de un cartel electoral de Vox que decía: «Un mena, 4.700 euros al mes. Tu abuela, 426 euros de pensión/mes» Sorprendentemente, tras la denuncia realizada por el PSOE y por la fiscalía de Madrid, que advertían sobre lo que parecía un mensaje de odio que podía constituir un delito de odio, la jueza instructora del juzgado nº 53 archivó la denuncia y, ante el recurso de la fiscalía, la Audiencia Provincial confirmó esa decisión. Lo de menos es la falsedad del dato, de la comparación, que no resiste el menor contraste empírico. Se trataba de poner el acento en el carácter extraño, incompatible, peligroso, de esos menores.

La propaganda de Vox, en la menos mala de las hipótesis, era a mi juicio una manifestación –que podemos considerar simbólica– de la reacción de ignorancia, prejuicio y fanatismo desgraciadamente nada infrecuente ante la presencia de los inmigrantes. Una reacción que responde a esa “dificultad de la extrañeza” a la que ya me he referido, la dificultad de la alteridad, podríamos decir. Pero en el caso del cartel, creo que ni siquiera había tal excusa, sino pura y simplemente manipulación electoralista, a sabiendas de que no se decía la verdad. La Fiscalía había advertido en su denuncia de la imagen física «prejuiciosa del menor como persona extranjera, violenta y delincuencial, al ser este el concepto incorporado con carácter general respecto a un individuo encapuchado, embozado y radicalizado».

La denuncia fue archivada por la juez titular del Juzgado de Instrucción número 53 de Madrid porque, según explicó el auto, debía situarse en el contexto de la campaña electoral para las elecciones autonómicas de Madrid. «Los hechos denunciados constituyen el desarrollo, la forma de expresión en campaña electoral de la política de inmigración del partido Vox, así como también la política sobre el delito de usurpación y otras cuestiones», explicó la magistrada Mónica Aguirre. La instructora entendió que el artículo 6 de la Constitución Española estable que «Los partidos políticos expresan el pluralismo político, concurren a la formación y manifestación de la voluntad popular y son instrumento fundamental para la participación política. Su creación y el ejercicio de su actividad son libres». Y añadía: «la política migratoria, al igual que el desalojo de viviendas por quienes las posean sin título alguno, deberá siempre acomodarse a la legislación vigente. Vox, como formación política que concurre a las elecciones, propone un programa que incluye una política determinada en materia de inmigración, y en clave electoral con el eslogan “Protege Madrid”, publica carteles y difunde mensajes, siendo varios de los mensajes relativos a los menores extranjeros acogidos en España, personas desde luego especialmente vulnerables». A juicio de la magistrada, Vox «está ejercitando su derecho a la libertad de expresión al exponer y difundir el programa del partido sobre la política de inmigración, además de otros temas, conforme a lo establecido en el artículo 6 de la Constitución Española».

Mención expresa merece una última afirmación del auto de la magistrada de Madrid, que subraya que no le correspondía a la justicia analizar si las cifras que daba el cartel sobre el gasto de los menos en comparación con las pensiones eran veraces: «Esta cuestión carece de trascendencia a los efectos de determinar la posible comisión de las infracciones penales que se denuncian… En resumen, no hay indicios de la comisión de un delito de odio, delito electoral o de infracción penal alguna que justifique la incoación de una causa penal, siendo de aplicación el principio de intervención mínima que rige en el ámbito penal». A su vez, la Audiencia Provincial de Madrid desestimó el recurso que presentó la Fiscalía contra el archivo de la denuncia. El tribunal entendió que se trataba de un "mensaje electoral" que «con independencia de si las cifras que se ofrecen son o no veraces» viene a representar «un evidente problema social y político, incluso con consecuencias o efectos en nuestras relaciones internacionales, como resulta notorio». Pero, a juicio del tribunal, existían "serias dudas" de que los hechos base pudieran ser considerados delito, dada «la forma de presentarse y de haberse exteriorizado» en la campaña electoral.

Lo que me parece relevante de este episodio es que se ningunea lo que, a ojos de muchos de nosotros, es una grave violación de los derechos de los menores implicados, sobre los que se dirige este mensaje de odio. La consecuencia es que se relativiza la lógica jurídica y política que debería prevalecer, la que es propia de nuestra legislación, conforme a la Convención Internacional de los Derechos del Niño, el marco internacional de obligada referencia. Esa lógica jurídica, pero también política y democrática, pone el énfasis en un principio fundamental: antes que inmigrantes, antes que extranjeros, esos menores –niños y adolescentes– son eso, niños. Por tanto, tras su llegada,la respuesta a su presencia corresponde a las autoridades de protección de la infancia, más que a los responsables de la política migratoria. Y esa perspectiva queda desdibujada por tales decisiones judiciales, que desdibujan el principal perjuicio causado por este discurso de odio, esto es, que –como ha subrayado el profesor Albert Mora– se incremente el número de ciudadanos que justifica y reclama políticas discriminatorias. Si no nos tomamos en serio proteger los derechos de esos menores (sí, inmigrantes; sí, irregulares), es que no nos tomamos en serio los derechos de los niños. Y si eso es así, ¿qué derechos están a salvo?

 

Javier de Lucas es senador en la XIV legislatura (Grupo Parlamentario Socialista), presidente de la Comisión de Ciencia, Innovación y Universidades del Senado (XIV Legislatura) y catedrático de Filosofía del Derecho y Filosofía Política en el Instituto de Derechos Humanos de la Universitat de Valencia (España).

NOTAS:

[1] Me refiero a las consecuencias sociales, económicas y políticas derivadas de la pandemia y de su gestión que, como ha señalado con acierto Manuel Cruz, potencian el virus social más poderoso que conocemos, junto a la ignorancia: el virus del miedo. Manuel Cruz, El virus del miedo, La Caja Books, Algemesí (Valencia), 2021.

[2] Es ya un lugar común subrayar la coincidencia que ofrecen las novelas de Dickens (Tiempos difíciles, Oliver Twist y, sobre todo, Casa desolada), con la crítica de Marx y de Engels al capitalismo manchesteriano. Lo proponía hace años el siempre agudo Francisco Jarauta y lo ha recordado recientemente Massimo La Torre en su magnífico ensayo «La maison "d’âpre vent" et le droit comme désespoir», Archivs für Rechts- und SozialPhilosophie, Vol. 104, septiembre 2018, pp. 315-327, en el que explica las razones del juicio pesimista de Dickens sobre cómo el Derecho, la ley, es experimentado por las clases populares como fracaso, si no como causa de desesperación.

[3] René Girard, La violence et le sacré, Grasset, París, 1972, luego desarrollada en De la violence à la divinité, La Violence et le Sacré, Grasset, París, 2007. También, Le bouc émissaire, Grasset, París, 1982. Hay versión en castellano de la obra original, La violencia y lo sagrado, Anagrama, Barcelona, 2006.

[4] Juan José Tamayo, La internacional del odio, Icaria, Barcelona, 2020. Una versión más matizada, la que ofrece Patrícia Campos a propósito de lo que sucede en EEUU, India y sobre todo Brasil, en su A Máquina do Ódio, Companhia das Letras, Sao Paolo, 2020. Véase también la entrevista a Patricia Campos en Foreign Policy, september 2020,

[5] Por todos, Scheler, Max, Das Ressentiment im Aufbau der Moralen (1912). Hay edición en castellano, El resentimiento en la moral, Espasa-Calpe, Buenos Aires, 1938. Como quizá se recordará, el original fue una ampliación de un ensayo anterior, publicado bajo el título de «Uber Ressentiment und moralisches Werturteil», en Zeitschrift für Pathopsychologie (1912). Hay una reedición del original alemán, Das Ressentiment Im Aufbau Der Moralen, en la colección RotteReie de Klosterman, 2004.

[6] Axel Honneth, La sociedad del desprecio, Trotta, 2011, que reúne textos publicados entre 1981 y 2001, donde Honneth desarrolla un proyecto que, desde la “lucha” asociada al reconocimiento, pretende examinar sus negaciones, es decir, aquellas manifestaciones que se expresan en nociones como desintegración, desgarramiento, patología, cosificación o desprecio.

[7] Me refiero a las siete páginas de su “Exkurs über den Fremden”, en el capítulo IX de su Soziologie. Untersuchungen über di Formen de Vergesellschaftung, Duncker&Humbolt, Berlín, 1908 (hay traducción al castellano, Sociología: Estudios Sobre las Formas de Socialización. Fondo De Cultura Económica (México), 2015. De las tesis de Simmel son deudores en buena medida los autores que participan en un libro colectivo muy relevante, a mi juicio, sobre alteridad, integración y exclusión en países receptores de inmigración. Se trata de Schwierige Fremdheit. Über Integration und Ausgrenzung in EinwanderungsLändern, Fischer, 1993, editado por F. Balke, R. Habermas, P. Nanz y P. Sillem, que recoge las aportaciones del Coloquio celebrado en Frankfurt, en 1992, bajo el lema «Fremd ist der Fremde nur in der Fremde». Entre ellas, destacaré las de E. Balibar y G. Kepel.

[8] Carolin Emcke, Contra el odio, Taurus, Madrid, 2017 (Gegen den Hass, Fischer V., 2016). La cita es de la página 17.

[9] Sobre los presupuestos ideológicos y la alianza de la extrema derecha política y religiosa con Trump y el importante papel desempeñado por los medios de comunicación, me parece útil la consulta del libro de Nicole Hemmer, Messengers of the Right. Conservative Media and the Transformation of American Politics, University of Pennsilvanya Press, 2016, y el de Kathleen Belew, Bring the War Home. The White Power Movement and Paramilitary America, Harvard University Press, 2018. Por mi parte, he tratado de explicarlo en otros trabajos: por ejemplo, de Lucas, «Tres entierros de M.L. King. El racismo en EEUU, 50 años después de su asesinato», Contexto, núm. 166, 2018. Luego, más extensamente, en de Lucas, Nosotros que quisimos tanto a Atticus Finch: de las raíces del supremacismo al Black Lives Matter, Tirant Editorial, Valencia, 2020 (capítulos 7 y 8, pp. 150-183).

[10] Es la tesis a la que dedicó buen aparte de su trabajo el sociólogo alemán. Vid por todos su Weltrisikogesellschaft, Suhrkamp, 2007. Hay traducción al castellano, La Sociedad del riesgo mundial. En busca de la seguridad perdida, Paidós, Barcelona, 2008.

[11] Pierre Rosanvallon, La contre-démocratie. La politique á l’âge de la déconfiance, Seuil, París, 2006; más recientemente, Pierre Rosanvallon, Le Siècle du populisme: Histoire, théorie, critique, Seuil, París, 2020.

[12] La cita, en Emcke, 2017, página 179.

[13] Berger y Luckman, La construcción social de la realidad, Amorrortu, Lemona, 1968. También, Benedict Anderson, Comunidades imaginadas. Reflexiones sobre el origen y la difusión del nacionalismo, FCE, México D.F., 1983.

[14] Me refiero sobre todo al universalismo jurídico trasunto del mejor universalismo ético en la línea que inauguran los estoicos, pasando por los teólogos-juristas españoles fundadores del derecho internacional como derecho de gentes y que llega a Kant, pasando por los teólogos juristas del XVI, para desembocar en el esbozo de una comunidad internacional que los inspiradores de la Carta de la ONU, con Eleanor Roosevelt al frente, querían asentar. Un hilo argumental, este del universalismo humanista, que fue corregido severamente por Foucault y más recientemente por el filósofo camerunés Achille Mbembé, que ha propuesto el concepto de necropolítica, como crítica a la estrategia de la lógica colonial que aún pervive. Recientemente, el mismo Mbembé ha expuesto su crítica del falso universalismo en Notes sur l’eurocentrisme tardif, publicado el 17 de marzo de 2021 en AOC. La primera versión fue una conferencia pronunciada en la “Sommet du septiembre”, celebrada en el Musée du Quai de Branly, con ocasión de la Saison Africa 2020.

[15] Edmund Husserl, La crisis de las ciencias europeas y la fenomenología trascendental, Crítica, Barcelona,1991 [1936].

[16] Benhabib, S., (2006) Las reivindicaciones de la cultura. Igualdad y diversidad en la era global, Katz p.14. Cfr. También, Benhabib (2008), “Otro universalismo: Sobre la unidad y diversidad de los derechos humanos (original: “Another Universalism : On the unity and diversity of Human Rights”), Isegoría. Revista de Filosofía Moral y Política, (39), 175–203.

[17] El libro de Benjamin Barber, Jihad vs. McWorld: How Globalism and Tribalism Are Reshaping the World, Times Book, Nueva York, 1995 se adelantó al debate que propuso Hungtinton en su Clash of Civilisations, un claro alegato a favor del universalismo de sustitución. Por su parte, Boaventura de Sousa Santos ha dedicado no pocos trabajos a la crítica de esa supuesta lógica universalista y sus presupuestos. Véase, por ejemplo, Descolonizar el saber, reinventar el poder, Trilce, Ciudad de México, 2010; Para descolonizar el occidente. Más allá del pensamiento abismal, CIDECI, San Cristóbal de las Casas (México), 2011; Construyendo las Epistemologías del Sur. Antología Esencial, CLACSO, Buenos Aires, 2018.

[18] Véase, por ejemplo, la entrevista de Icíar Gutiérrez a Carolin Emcke en eldiario.es, 25 de septiembre de 2021.

Acceso al artículo en formato pdf: Sobre autoritarismo y discursos de odio.

 


Riesgo de cierre autoritario

Santiago Álvarez Cantalapiedra introduce el número 155 de la revista Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global con un texto que bajo el título Riesgo de cierre autoritario aborda las razones del ascenso de la extrema derecha y el giro autoritario que se está produciendo en la política debido, entre otras causas, al vaciamiento que está sufriendo la democracia actual.

En las sociedades capitalistas se extiende el sentimiento de que el sistema político y económico no funciona bien. La economía y la política se muestran incapaces de responder con coherencia y creatividad a los retos civilizatorios planteados. Así lo atestiguan la lentitud, falta de ambición y radicalidad en las respuestas a la crisis ecológica; se revela también en la inacción ante la creciente inseguridad de no tener empleo, o acceder a él de forma precaria, como consecuencia del desarrollo de las plataformas digitales, la robotización o los avances en el campo de la inteligencia artificial; brillan por su ausencia las medidas distributivas frente al aumento de la desigualdad social y la polarización territorial provocadas por una globalización desbocada; más preocupante aún es el tipo de respuesta que se está dando a la crisis mundial de los refugiados, que nadie duda que se intensificará a medida que a los desplazados por conflictos violentos y migrantes económicos se sumen los climáticos.

A ese sentimiento de impotencia se une la impresión de que incluso la institucionalidad de las democracias liberales pueda convertirse en una rémora para el funcionamiento eficaz del propio capitalismo. La preocupación de quienes piensan que el modelo de capitalismo occidental pierde comba y es menos eficiente que el capitalismo político o autoritario ejemplificado por China refuerza la amenaza de transitar hacia lo que se ha denominado “democracias iliberales”. La interiorización pesimista de esta impotencia hace presagiar un futuro en el que se acentúa la erosión de la democracia liberal deslizándose hacia formas de gobierno más autoritarias, aun cuando mantengan una fachada y unas instituciones nominalmente democráticas. Esta deriva autoritaria ya es visible en numerosos países del mundo.

 

El ascenso de la ultraderecha

En este giro autoritario cabe situar el ascenso del nacional populismo de derechas. No es un fenómeno que se circunscriba al mundo occidental (tiene manifestaciones en todo el planeta: en la India, en Filipinas, en Myanmar, etc.), pero no deja de sorprender la facilidad con que ha arraigado en sociedades que tenían a gala sostener una larga tradición liberal crítica con el autoritarismo.

Aunque la extrema derecha no sea un espacio político uniforme, porque presenta características y énfasis propios en cada lugar, amalgama en todas sus manifestaciones miedos, descontento y frustraciones a través de ideas reaccionarias, discursos de odio y continuas apelaciones a una supuesta identidad nacional amenazada. Son movimientos que presentan ideas simples y programas imprecisos, impulsados sobre todo por la facundia, la insolencia y el lenguaje directo de sus caudillos.

El notable auge de posiciones extremas en la derecha europea tiene sus antecedentes inmediatos en Francia, Italia o Bélgica con formaciones como el Frente Nacional, la Liga del Norte o Vlaams Blok, que incorporan en la década de los noventa del siglo pasado el nacional populismo al escenario político. Desde entonces la derecha radicalizada ha ido sembrando con más de una treintena de partidos prácticamente la totalidad del espacio político europeo, alcanzando y consolidando su representación en las instituciones parlamentarias. Con la entrada del nuevo siglo, la novedad ha sido la llegada al gobierno de partidos conservadores ultranacionalistas en algunos países pertenecientes a la Unión Europea (en Polonia, con el triunfo de Ley y Justicia durante la legislatura de 2005-2007, regresando de nuevo al gobierno en las elecciones de 2015 con la coalición Derecha Unida, o en Hungría, gracias a la arrolladora victoria en las elecciones del año 2010 de Fidesz-Unión Cívica Húngara en alianza con el Partido Popular Demócrata Cristiano). Pero el momento culminante de la consolidación de la extrema derecha en Europa y América se produce en el año 2016 con el brexit y el triunfo electoral de Trump, al que seguirá la llegada al poder de Bolsonaro en enero de 2019. En España, la irrupción de Vox en el parlamento andaluz en las elecciones del año 2018, fue seguida de su consolidación al año siguiente en el Congreso de los Diputados y la Eurocámara.

 

¿Qué hay detrás del ascenso de la extrema derecha?

Uno de los debates más candentes de la actualidad tiene que ver con las razones del avance de las ideas y de las organizaciones de extrema derecha. En este tipo de debates siempre existe la tentación de caer en esquematismos simplificadores que, acompañados de fáciles descalificaciones, solo contribuyan a ensombrecer los diagnósticos y a neutralizar las estrategias con las que evitar eficazmente la expansión de la ultraderecha.

Así pues, desahogos aparte, tratemos de preguntarnos qué hay detrás del ascenso de esta derecha radicalizada, a sabiendas de que es un debate abierto que no se puede cerrar precipitadamente con conclusiones provisionales y explicaciones tentativas. Para empezar, puede ser útil situar el contexto histórico en el que se asienta la extrema derecha en el panorama político europeo. Su presencia e influencia coincide con los primeros síntomas del agotamiento del orden neoliberal en la década de los noventa y, tras su quiebra definitiva con la crisis del año 2008, con las heridas sociales que dejaron los draconianos ajustes llevados a cabo después con la imposición del Pacto Fiscal Europeo del año 2011. Una vez neutralizado el ascenso de Syriza y de cualquier otra alternativa de izquierdas continental, quedó despejado el campo político para la expansión de la ultraderecha en las ruinas de un orden social neoliberal instituido durante más de tres décadas con la connivencia de liberales y socialdemócratas. El tipo de respuestas que la UE ha dado a la crisis de refugiados del año 2015 y a las sucesivas olas migratorias ha terminado por fraguar un ambiente que naturaliza buena parte de los postulados defendidos por esa derecha escorada hacia posiciones cada vez más extremas.

Conviene aclararlo. La nueva derecha nacional populista no es una reedición del neoliberalismo fracasado, sino que bebe sobre todo del neoconservadurismo norteamericano de las últimas décadas. El neoconservadurismo difiere del neoliberalismo en cuanto al papel otorgado al Estado, reivindica un nacionalismo económico y político ausente en los sueños globales neoliberales y muestra una insólita capacidad para trasladar el eje de los conflictos al plano de la identidad y al terreno cultural.[1]

Esa extrema derecha de base neoconservadora supo percibir el malestar y descontento existente, señaló a las elites globalistas como responsables del desaguisado y reinterpretó el derecho a la protección social desde una lectura nacional-nativista que excluye a la población inmigrante y despoja al sistema público de protección social del carácter universalista que se desprende de su definición como derecho de ciudadanía. Pero, sobre todo, ha sabido explotar en tiempos de incertidumbre y malestar los miedos que surgen de un abanico de amenazas cada vez más amplio.

Nuevos peligros se descubren y se anuncian casi a diario derivados del cambio climático, de nuevas pandemias, del avance de las biotecnologías y la inteligencia artificial, de las crisis productivas y financieras, del desabastecimiento de insumos esenciales o de las crisis energéticas y alimentarias en ciernes. En resumen: el miedo a las múltiples catástrofes que pueden golpearnos ciega e indiscriminadamente y pillarnos desprevenidos y sin defensas.

El miedo es un sentimiento que conoce la mayoría de las criaturas ante la presencia de una amenaza que pone en peligro la vida, y genera una respuesta que oscila básicamente entre las opciones alternativas de la huida y la agresión. En los seres humanos, como resalta oportunamente Bauman,[2] la cosa se complica en la medida en que nos enfrentamos además a un temor de “segundo grado”, una especie de miedo social culturalmente elaborado, que se puede hacer presente tanto si hay una amenaza inmediata como si no. Los miedos humanos suelen tener distintas fuentes: aquellos que surgen de las amenazas a la integridad corporal y a las propiedades de una persona; aquellos otros que afloran cuando se ve comprometido el orden social del que depende la seguridad del medio de vida (el empleo o una renta) o la supervivencia (en el caso de invalidez o de vejez); y finalmente aquellos asociados a peligros que amenazan la posición de las personas en la jerarquía social y su identidad (bien sea de clase, de género, nacional, étnica o religiosa). A partir de estas fuentes de inseguridad construye política y culturalmente la extrema derecha los miedos sociales.  Ahora bien, numerosos estudios muestran que estos miedos sociales elaborados política y culturalmente son fácilmente disociables en la conciencia de quienes los padecen de los peligros que los causan, de modo que las reacciones defensivas o agresivas resultantes, destinadas a amortiguar esos temores, pueden ser reorientadas hacia sujetos y colectivos sin ninguna responsabilidad sobre la situación de inseguridad generada. Son los “chivos expiatorios” que surgen de la negación y deformación de la alteridad, de la incapacidad (o de la falta de voluntad deliberada) de asumir la diferencia y acoger lo diverso.

 

El vaciado de las democracias

Los discursos de la extrema derecha no surgen espontáneamente ni arraigan en cualquier sitio. Tienen mayores posibilidades de prosperar cuando las democracias se vacían, y se vacían cuando se banalizan y reducen a un mero juego electoral.[3] La reducción de la democracia a un ritual de este tipo otorga a los partidos que entran en liza un protagonismo casi absoluto, de manera que terminan por monopolizar el escenario político, haciendo de la política una actividad que gira casi exclusivamente en torno a la conquista del gobierno, relegando a un segundo plano aspectos tan importantes para la democracia real como el tipo y calidad del debate público sobre los asuntos comunes, el grado de participación y fortaleza del tejido social, el nivel de confianza y reconocimiento de las instituciones políticas por parte de la ciudadanía o la cuestión de las actitudes y valores que conforman la cultura democrática de una población. La dinámica centrada exclusivamente en la práctica electoral exige a los partidos un grado de tecnificación y oligarquización que agranda la brecha entre las elites políticas y la ciudadanía.[4]

A la merma de confianza en el sistema democrático contribuye también la conciencia creciente de que el poder reside en instituciones de escaso raigambre y legitimidad democrática (bancos centrales, organismos internacionales como la Organización Mundial del Comercio, el Fondo Monetario, el Banco Mundial o algunas de las principales instituciones europeas) y la proliferación de elites globales que operan fuera de las instituciones democráticas.

Este debilitamiento y vaciamiento de las democracias crea en no pocas ocasiones actitudes “antipolíticas”. La pérdida de confianza popular en el sistema democrático y la orfandad de amplios sectores sociales golpeados por las crisis que no se sienten representados, sino más bien abandonados, cuando no directamente despreciados por unas elites políticas que perciben distantes y ciegas a su malestar, no solo abre un espacio para el ejercicio de la política por otras vías, sino que también supone una puerta de entrada a formaciones que hacen del “antiestablishment” su bandera, arrogándose la voz del pueblo para decirle al pueblo que los políticos elegidos por el pueblo no están a la altura de la historia.

 

Respuestas al ascenso de la extrema derecha

El riesgo de un cierre autoritario es real cuando las incertidumbres y los miedos avanzan a un ritmo más rápido que las respuestas concretas a los problemas de la gente. La nueva extrema derecha está cosechando demasiadas adhesiones desde hace tiempo y frente a ella –señala con acierto Albert Recio– «la vieja retórica de la izquierda resulta bastante ineficiente, sobre todo porque no suele ir acompañada de políticas reales que ayuden a transformar la situación. También porque no ayudan muchas veces a generar una autoestima y una autonomía de acción a los sectores que más padecen las lacras del sistema. El discurso sobre la vulnerabilidad, sobre la necesidad de cualificación de la gente con pocos estudios, refuerzan estigmas y no ayudan a que la gente que los sufre se movilice en otras direcciones. Hay que plantearse en serio la lucha contra la ultraderecha moderna. Y no nos podemos limitar a centrarnos en el espantajo del fascismo. Se requiere una intervención en muchos niveles. En desarrollar políticas bien pensadas, inclusivas allí donde se tiene poder. En reconstruir redes sociales en los barrios, pueblos y lugares de trabajo donde vive la gente que puede ser víctima potencial de esta ultraderecha. Por decirlo de una forma un poco brusca: hacen falta más sindicalistas y cuadros vecinales y locales que activistas en movimientos identitarios (se pueden defender muchos derechos básicos en esos lugares, a menudo con más posibilidades que encerrados en pequeños colectivos) (…) la pandemia ha sido una oportunidad de mostrar que la gente corriente, la “poco cualificada”, la ignorada, es la que se ha demostrado esencial para impedir que la tragedia se convirtiera en hecatombe social».[5] Una oportunidad que además ha permitido situar las cuestiones socioeconómicas por delante de las socioculturales (como la identidad y la seguridad), así como la importancia de la coordinación y cooperación internacional a la hora de abordar eficazmente los retos que se nos agolpan en este siglo. Y esto es especialmente relevante porque los partidos de la derecha radical populista necesitan para avanzar electoralmente marcar la agenda política, de manera que el debate público se traslade hacia sus temas preferidos (la inmigración o el terrorismo) y la opinión pública asuma con naturalidad la manera que tienen de enfocarlos.[6] Respuestas que requieren tiempo, presencia social y organización y que suelen ser menos vistosas que la visibilidad que otorgan las reacciones airadas vía tweets a las que parece que nos hemos acostumbrado.

Santiago Álvarez Cantalapiedra

Director de FUHEM Ecosocial y de la revista Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global.

 

Acceso al artículo a texto completo en formato pdf: Riesgo de cierre autoritario

NOTAS:

[1] El filósofo del CSIC José María Mardones fue una de las personas que más tempranamente distinguió a neoconservadores de neoliberales. Resultan ilustrativos en este punto sus libros Posmodernidad y neoconservadurismo [Editorial Verbo Divino, 1996] y Capitalismo y religión. La religión política neoconservadora [Editorial Sal Terrae, 991]. Para comprender el influjo neoconservador en la radical renovación de la derecha española, particularmente la que se aglutina en torno al PP, resulta muy recomendable el libro de Pablo Carmona, Beatriz García y Almudena Sánchez, Spanish Neocon. La revuelta neoconservadora en la derecha española, Traficantes de sueños, Madrid, 2012.

[2] Zygmunt Bauman, Miedo líquido. La sociedad contemporánea y sus temores, Paidós, Barcelona, 2010.

[3] Peter Mair, Gobernando el vacío. La banalización de la democracia occidental, Alianza Editorial, Madrid, 2015.

[4] Ese marco –que es el propio de la mercantilización y espectacularización de la vida social que anticipó Debord en sus ensayos sobre la sociedad del espectáculo– se ha visto reforzado y profundizado por un entorno digital que ha transformado por completo los modos de comunicación política y en el que se priman las emociones y los sentimientos antes que la información rigurosa y el debate argumentado.

[5] Albert Recio, «Fascismo y ultraderecha», Mientras tanto, núm. 201, mayo de 2021. Disponible en: http://www.mientrastanto.org/boletin-201

[6] Cass Mude, La ultraderecha hoy, Paidós, Barcelona, 2021.


Los peligros de militarizar la crisis climática

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El Informe ve la luz en un contexto en el  que cada vez hay más reivindicaciones políticas de seguridad climática como respuesta al empeoramiento de los impactos de la desestabilización del clima, pero sin embargo, hay muy poco análisis crítico sobre qué tipo de seguridad se ofrece y a quiénes.

Esta guía elaborada por Nick Buxton, desmitifica el debate y destaca el papel de las fuerzas armadas en provocar la crisis climática, los peligros de que ahora sean ellas quienes brinden soluciones a los impactos climáticos, los intereses de las empresas que lucran con ello, los efectos en las personas más vulnerables y las propuestas de alternativas para una "seguridad" basada en la justicia.

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1.¿Qué es la seguridad climática?

La seguridad climática es un marco político y normativo que analiza el impacto que tiene el cambio climático en la seguridad. Ese marco prevé que los fenómenos meteorológicos extremos y la inestabilidad climática generados por el aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) provocarán trastornos en los sistemas económicos, sociales y ambientales y, por lo tanto, socavarán la seguridad. Surgen las siguientes interrogantes: ¿de qué tipo de seguridad se trata y a quiénes se beneficia?

El impulso tras la ‘seguridad climática’ y su demanda surgen de un poderoso aparato militar y de seguridad nacional, en particular de los países más ricos. Esto significa que la seguridad se percibe en función de las ‘amenazas’ que representa para sus operaciones militares y su ‘seguridad nacional’, un término que lo abarca y que básicamente se refiere al poderío económico y político de un país.

En este marco, la seguridad climática examina las amenazas directas que se perciben contra la seguridad de un país, como es el caso de las consecuencias para las operaciones militares; por ejemplo, el aumento del nivel del mar afecta las bases militares o el calor extremo impide las operaciones militares. También analiza las amenazas indirectas o las formas en que el cambio climático agravaría las tensiones, los conflictos y la violencia existentes, que podrían extenderse o  afectar a otros países. Entre estas se incluyen la aparición de ‘escenarios’ de guerra nuevos, como el Ártico, donde el deshielo deja al descubierto recursos minerales nuevos, así como disputas por el control entre las principales potencias. El cambio climático se define como un ‘multiplicador de amenazas’ o un ‘catalizador de conflictos’. Las narrativas sobre la seguridad climática suelen prever, según las palabras de una estrategia del Departamento de Defensa de Estados Unidos, “una era de conflicto persistente... un entorno de seguridad mucho más ambiguo e impredecible que el que se enfrentó durante la Guerra Fría”.

La seguridad climática se integra cada vez más en las estrategias de seguridad nacional y es adoptada de forma más amplia por organizaciones internacionales como  las Naciones Unidas y sus organismos especializados, así como por los movimientos sociales, el mundo académico y los medios de comunicación. Solo en 2021, el presidente de Estados Unidos, Joseph Biden, declaró el cambio climático una prioridad de la seguridad nacional de su país, la OTAN elaboró un plan de acción sobre clima y seguridad, el Reino Unido anunció que se pasaba a un sistema de “defensa preparada para el clima”, el Consejo de Seguridad de la ONU celebró un debate de alto nivel sobre clima y seguridad, y está previsto que la seguridad climática sea un tema importante en la agenda de la conferencia COP26 en noviembre en Glasgow.

Como se explora en esta aproximación al tema, darle a la crisis climática el marco de un problema de seguridad resulta profundamente problemático ya que, en última instancia, refuerza un enfoque militarizado del cambio climático que probablemente agudice las injusticias para quienes serán las personas más afectadas por la crisis en ciernes. El peligro de las soluciones basadas en la seguridad radica en que, por definición, buscan asegurar lo que existe: un statu quo injusto. La respuesta basada en la seguridad considera una ‘amenaza’ a cualquiera que pueda alterar el statu quo, como los refugiados, o que se opongan directamente a él, como los activistas climáticos. También excluye otras soluciones de tipo colaborativo para la inestabilidad. La justicia climática, por el contrario, nos obliga a revertir y transformar los sistemas económicos que provocaron el cambio climático, dándoles prioridad a las comunidades que están en la primera línea de la crisis y anteponiendo sus soluciones.

2.¿Cómo se transformó la seguridad climática en una prioridad política?

La seguridad climática se nutre de la historia más extensa que ha tenido el discurso sobre seguridad ambiental en los círculos académicos y de formulación de políticas que, desde las décadas de 1970 y 1980, examina los vínculos entre el ambiente y los conflictos y, en ocasiones, presiona a los responsables de la adopción de decisiones para que integren las inquietudes de índole ambiental a las estrategias de seguridad.

La seguridad climática se introdujo en el ámbito de las políticas (y de la seguridad nacional) en 2003, con un estudio que el Pentágono encargó a Peter Schwartz, un ex planificador de la empresa Royal Dutch Shell, y a Doug Randall, de Global Business Network, una consultora de Estados Unidos. Ambos advirtieron que el cambio climático podría conducir a una nueva Edad Media: “A medida que se desaten la hambruna, las enfermedades y las catástrofes derivadas del clima debido al cambio climático abrupto, las necesidades de muchos países excederán su capacidad de carga. Eso generará una sensación de desesperación, que probablemente desemboque en una agresión ofensiva para recuperar el equilibrio... Las perturbaciones y los conflictos serán características endémicas de la vida”. El mismo año, en un lenguaje menos hiperbólico, la ‘Estrategia de Seguridad Europea’ de la Unión Europea (UE) señaló al cambio climático como un problema de seguridad.

Desde entonces, la seguridad climática se ha integrado cada vez más a la planificación de la defensa, las evaluaciones de inteligencia y los planes operativos militares de un número creciente de países de renta alta, incluidos Estados Unidos, Reino Unido, Australia, Canadá, Alemania, Nueva Zelanda y Suecia, además de la UE en general. Lo que la distingue de los planes de acción climática a nivel nacional es el foco puesto en las consideraciones militares y de seguridad nacional.

Para las entidades militares y de seguridad nacional, el foco puesto en el cambio climático refleja la convicción de que todo planificador racional puede ver que el problema se está agravando y que afectará a su sector. Las fuerzas armadas son de las pocas instituciones que planifican a largo plazo, para asegurar la continuidad de su capacidad de librar conflictos armados y de su preparación para los contextos cambiantes en los que lo hace. La institución también tiende a examinar los peores escenarios de una manera diferente a la de los planificadores sociales, lo que puede ser una ventaja en cuanto al cambio climático.

El secretario de Defensa de Estados Unidos, Lloyd Austin, resumió en 2021 el consenso de los militares estadounidenses sobre el cambio climático: “Nos enfrentamos a una crisis climática grave y creciente que amenaza nuestras misiones, planes y capacidades. Del incremento de la competencia en el Ártico a la migración masiva en África y América Central, el cambio climático está contribuyendo a la inestabilidad y nos impulsa a misiones nuevas”.

De hecho, el cambio climático ya afecta directamente a las fuerzas armadas. Un informe del Pentágono de 2018 reveló que la mitad de 3500 zonas militares padecían los efectos de seis categorías clave de fenómenos meteorológicos extremos, como marejadas ciclónicas, incendios forestales y sequías.

Esta experiencia con los impactos del cambio climático y el ciclo de planificación a largo plazo distanció a las fuerzas de seguridad nacionales de muchos de los debates ideológicos y del negacionismo referidos al cambio climático. Eso significó que, incluso durante la presidencia de Donald Trump (2017-2021), las fuerzas armadas siguieron adelante con sus planes de seguridad climática, aunque en público los minimizaran para no atraer las críticas negacionistas.

La determinación de controlar cada vez más los riesgos y amenazas potenciales impulsa el foco de la seguridad nacional referido al cambio climático, lo que significa que busca integrar todos los aspectos de la seguridad del Estado para lograrlo. Esto hizo que aumentaran los fondos destinados a cada rama coercitiva del Estado durante varias décadas. El especialista en seguridad Paul Rogers, profesor emérito de Estudios por la Paz de la Universidad de Bradford, en el Reino Unido, denomina ‘liddism’ (o sea, mantener las cosas bajo control) a la estrategia, que es “tanto generalizada como acumulativa, que implica un esfuerzo intenso por desarrollar tácticas y tecnologías nuevas que eviten problemas y los supriman”. La tendencia se aceleró desde los atentados del 11 de septiembre de 2001 y el surgimiento de tecnologías algorítmicas alentó a los organismos de seguridad nacional a monitorear, anticipar y, en lo posible, controlar todas las eventualidades.

Si bien los organismos de seguridad nacional lideran el debate y fijan la agenda en materia de seguridad climática, también hay un número creciente de organizaciones no militares y movimientos sociales que abogan por prestarle mayor atención a la seguridad climática. Entre ellas se incluyen grupos de expertos en política exterior como el Brookings Institute y el Consejo de Relaciones Exteriores (CFR), de Estados Unidos, el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS) y Chatham House, del Reino Unido, el Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo (SIPRI), Clingendael (Países Bajos), el Instituto de Relaciones Internacionales y Estratégicas (Francia), Adelphi (Alemania) y el Instituto Australiano de Política Estratégica. Uno de los principales defensores de la seguridad climática en el mundo es el Centro para el Clima y la Seguridad (CCS), un instituto de investigación con sede en Estados Unidos que mantiene lazos estrechos con el sector militar y de seguridad, así como con las jerarquías del Partido Demócrata. Varios de estos institutos, junto con militares de alto rango, fundaron el Consejo Militar Internacional sobre Clima y Seguridad (IMCCS) en 2019.

US troops driving through floods in Fort Ransom in 2009

Soldados estadounidenses conducen vehículo en medio de inundaciones en Fort Ranson en 2009.

BOX 1 Cronología de las principales estrategias de seguridad climática

 

3.¿Cómo planifican los organismos de seguridad nacional para el cambio climático? ¿Y cómo se adaptan a él?

Los organismos de seguridad nacional de los países industrializados de renta alta, y en especial sus servicios militares y de inteligencia, planifican para el cambio climático de dos maneras esenciales: mediante la investigación y predicción de escenarios futuros de riesgos y amenazas según distintas hipótesis de aumento de temperatura; y mediante la aplicación de planes para la adaptación climática de su sector militar. Estados Unidos marca la tendencia en la planificación de la seguridad climática, debido a su tamaño y hegemonía (Washington gasta más en la defensa que los 10 países que le siguen, tomados en conjunto).

1. Investigación y predicción de escenarios futuros

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Esto incluye a todos los organismos de seguridad relevantes, en especial a los militares y de inteligencia, en el análisis de los impactos existentes y esperados para las capacidades militares de un país, su infraestructura y el contexto geopolítico en el que opera. Hacia el final de su mandato en 2016, el presidente estadounidense Barack Obama fue más allá al indicar a todos sus departamentos y organismos “que se aseguren de que los impactos relacionados con el cambio climático estén considerados plenamente en el desarrollo de la doctrina, las políticas y los planes de seguridad nacional”. En otras palabras, que el marco de seguridad nacional sea central en la totalidad de la planificación climática. El Gobierno de Trump dio marcha atrás en este sentido, pero el de Biden retomó donde había quedado Obama y ordenó al Pentágono que colaborara con el Departamento de Comercio, la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica, la Agencia de Protección Ambiental, el Director de Inteligencia Nacional, la Oficina de Políticas sobre Ciencia y Tecnología y otros organismos con el fin de desarrollar un análisis de riesgo climático.
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Se utilizan diversas herramientas de planificación, pero a largo plazo las fuerzas armadas confían desde hace tiempo en el uso de escenarios para evaluar los diferentes futuros posibles y determinar si el país tiene las capacidades necesarias para lidiar con los diversos niveles de amenaza potencial. El influyente informe de 2007, Era de las consecuencias: Las repercusiones del cambio climático mundial en la política exterior y la seguridad nacional, es un ejemplo característico, ya que describe tres escenarios de impactos para la seguridad nacional de Estados Unidos según posibles aumentos de la temperatura mundial de 1.3, 2.6 y 5.6 grados. Estos escenarios se basan tanto en la investigación académica –por ejemplo, del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) – como en informes de inteligencia. De esta manera, las fuerzas armadas desarrollan planes y estrategias y comienzan a integrar el cambio climático en sus ejercicios de modelización, simulación y juegos de guerra. Por ejemplo, el Mando Europeo de Estados Unidos se prepara para una mayor inestabilidad geopolítica y posibles conflictos en el Ártico a medida que el hielo marino se derrite y crece el transporte marítimo internacional y la prospección petrolera en la región. En Oriente Medio, el Mando Central de Estados Unidos incluye la escasez de agua como un factor en sus planes de campaña futuros.
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Otros países de renta alta siguieron el ejemplo y adoptaron el enfoque de Washington, que considera el cambio climático como un ‘multiplicador de amenazas’, pero poniendo énfasis en aspectos distintos. La UE, por ejemplo, que no tiene un mandato de defensa colectiva para sus 27 Estados miembros, enfatiza la necesidad de tener más investigación, monitoreo y análisis, más integración en estrategias regionales y planes diplomáticos con sus vecinos, el fortalecimiento de las capacidades para la gestión de crisis y de respuesta ante catástrofes y el fortalecimiento de la gestión migratoria. La estrategia para 2021 del Ministerio de Defensa del Reino Unido establece como objetivo principal “poder luchar y ganar en entornos físicos cada vez más hostiles e implacables”, pero también desea poner énfasis en sus colaboraciones y alianzas internacionales.
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2. Preparación de las fuerzas armadas para un mundo con cambio climático

Como parte de sus preparativos, las fuerzas armadas también buscan asegurar su operatividad en un futuro caracterizado por el clima extremo y el aumento del nivel del mar. No es poca cosa. Las fuerzas armadas de Estados Unidos identificaron 1774 bases expuestas al aumento del nivel del mar. Una de ellas, la Estación Naval de Norfolk, en Virginia, es uno de los mayores centros militares del mundo y padece inundaciones anuales.

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Aparte de adaptar sus instalaciones, las fuerzas armadas de Estados Unidos y de otros países de la OTAN también se mostraron comprometidas a ‘ecologizar’ sus instalaciones y operaciones. Eso generó un incremento en la instalación de paneles solares en las bases militares, de combustibles alternativos en el transporte marítimo y de equipos que funcionan con energía renovable. El Gobierno británico informó que se fijó la meta para que todos sus aviones militares tengan 50 % de fuentes de combustible sostenibles y el Ministerio de Defensa se comprometió a tener “cero emisiones netas para 2050”.
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Aunque estas medidas se anuncian como indicios de la ‘ecologización’ de las fuerzas armadas (algunos informes se parecen mucho al ecoblanqueo corporativo), la motivación más apremiante para que el sector militar adopte las energías renovables es la vulnerabilidad que le generó la dependencia de los combustibles fósiles. El transporte de este combustible para mantener en funcionamiento sus hummers, tanques, barcos y aviones es uno de los mayores quebraderos de cabeza logísticos para las fuerzas armadas estadounidenses y fue una fuente de gran vulnerabilidad durante la ocupación de Afganistán, ya que el ejército del Talibán atacó con frecuencia los barcos petroleros que abastecían a las fuerzas estadounidenses. Un estudio del ejército de Estados Unidos concluyó que en Irak se sufría una baja cada 39 convoyes de combustible, pero en Afganistán se producía una cada 24. A largo plazo, la eficiencia energética, los combustibles alternativos, las unidades de telecomunicaciones que funcionan con energía solar y las tecnologías renovables en general presentan la perspectiva de unas fuerzas armadas menos vulnerables, más flexibles y eficaces. El exsecretario de la Armada de Estados Unidos, Ray Mabus, lo expresó con franqueza: “Avanzamos hacia los combustibles alternativos en la Armada y el cuerpo de Marines por una razón principal, y es para hacernos mejores combatientes”.
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Sin embargo, resultó bastante más difícil reemplazar el consumo de petróleo en el transporte militar (aéreo, naval, terrestre) que constituye la mayor parte del uso militar de combustibles fósiles. En 2009, la Armada de los Estados Unidos anunció su ‘Gran Flota Verde’, comprometiéndose con la meta de reducir a la mitad la energía consumida de fuentes no fósiles para 2020. Pero la iniciativa quedó por el camino, al quedar en evidencia que no existían los suministros de agrocombustibles necesarios, ni siquiera con una enorme inversión militar para expandir la industria. La iniciativa sucumbió debido al aumento vertiginoso de los costos y la oposición política. Aunque hubiera prosperado, hay pruebas considerables que señalan que el uso de biocombustibles tiene costos ambientales y sociales (como la subida de precios de los alimentos) que socavan su pretensión de ser una alternativa ‘verde’ del petróleo.
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Aparte del enfrentamiento militar, las estrategias de seguridad nacional también se ocupan del despliegue del ‘poder blando’: diplomacia, coaliciones y colaboraciones internacionales, y trabajo humanitario. Por tanto, la mayoría de las estrategias de seguridad nacional también utilizan el lenguaje de la seguridad humana como parte de sus objetivos y hablan de medidas preventivas, prevención de conflictos, etc. Por ejemplo, la estrategia de seguridad nacional del Reino Unido de 2015 incluso se refiere a la necesidad de abordar algunas de las causas fundamentales de la inseguridad: “Nuestro objetivo a largo plazo es fortalecer la resiliencia de los países pobres y frágiles ante las catástrofes, los shocks y el cambio climático. Esto salvará vidas y reducirá el riesgo de inestabilidad. También es mucho más rentable invertir en preparación y resiliencia ante las catástrofes que responder después del evento”. Estas son palabras sabias, pero no se manifiestan en la forma en que se organizan los recursos. En 2021, el Gobierno del Reino Unido recortó GBP 4000 millones de su presupuesto de ayuda exterior, de 0,7 % a 0,5 % de su ingreso nacional bruto, supuestamente de forma temporal para reducir el volumen de préstamos y enfrentar la crisis de la COVID-19, pero poco después de aumentar el gasto militar en GBP 16 500 millones, lo que equivale a un crecimiento anual del 10%.

The military depends on high levels of fuel-use as well as deploys weapons with lasting environmental impacts

Las fuerzas armadas utilizan una gran cantidad de combustible y despliegan armas que tienen impactos ambientales duraderos.

 

4.¿Cuáles son los mayores problemas al describir el cambio climático como un asunto de seguridad?

El problema fundamental cuando se considera el cambio climático como un asunto de seguridad es que se responde a una crisis provocada por la injusticia sistémica con soluciones de ‘seguridad’, configuradas en una ideología e instituciones concebidas para buscar el control y la continuidad. En esta época en que controlar el cambio climático y garantizar una transición justa exigen la redistribución radical del poder y la riqueza, la estrategia de seguridad busca perpetuar el statu quo. En el proceso, la seguridad climática genera seis consecuencias principales.

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1. Oculta o desvía la atención de las causas del cambio climático, lo que frena los cambios necesarios a un status quo injusto. Al centrarse en las respuestas a los impactos del cambio climático y las intervenciones de seguridad que podrían ser necesarias, se desvía la atención de las causas de la crisis climática: el poder de las empresas y países que más contribuyen a provocar el cambio climático, el papel de las fuerzas armadas (uno de los mayores emisores institucionales de GEI), y las políticas económicas, como los tratados de libre comercio, que agravan la vulnerabilidad de muchas personas ante los cambios derivados del clima. Ignora la violencia intrínseca del modelo económico de extracción globalizado, presupone y apoya implícitamente la concentración de poder y riqueza, y busca detener los conflictos y la ‘inseguridad’ resultantes. Tampoco cuestiona el papel de los propios organismos de seguridad en la defensa de un sistema injusto. Si bien los estrategas de seguridad climática señalan la necesidad de abordar las emisiones de GEI que genera el sector militar, eso nunca llega a reclamar el cierre de la infraestructura militar o la reducción radical de las fuerzas armadas y el presupuesto destinado a la seguridad y, de esa manera, pagar los compromisos existentes y brindar financiación climática a los países en desarrollo para que inviertan en programas alternativos, como un Nuevo Pacto Verde Mundial.

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2. Fortalece una industria y un aparato militares y de seguridad en auge que alcanzaron una riqueza y un poder sin precedentes tras el 11 de septiembre de 2001. La inseguridad climática pronosticada se convirtió en una nueva excusa ilimitada para el gasto militar y de seguridad y para las medidas de emergencia que eluden las normas democráticas. Casi todas las estrategias de seguridad climática describen un panorama de inestabilidad cada vez mayor, lo que exige una respuesta de seguridad. Como expresó el contralmirante de la Armada de Estados Unidos David Titley: “Es como verse envuelto en una guerra que dura 100 años”. Titley lo planteó como un argumento a favor de la acción climática, pero por defecto también es un argumento por el aumento cada vez mayor del gasto militar y en seguridad. En este sentido, sigue una larga tendencia de los militares que buscan justificaciones nuevas para la guerra, incluso para combatir el consumo de drogas, el terrorismo, los piratas informáticos, etc., lo que llevó a que los presupuestos del gasto militar y de seguridad crecieran rápidamente en todo el mundo. Los llamamientos del Estado a la seguridad, inmersos en un lenguaje de enemigos y amenazas, también se utilizan para justificar medidas de emergencia, como el envío de tropas y la promulgación de leyes de emergencia que eluden los organismos democráticos y restringen las libertades civiles.
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3. Transfiere la responsabilidad de la crisis climática a sus víctimas, calificándolas de ‘riesgos’ o ‘amenazas’. Al considerar la inestabilidad que provoca el cambio climático, los defensores de la seguridad climática advierten sobre el peligro de implosión de los Estados, lugares que se vuelven inhabitables y personas que deben migrar o recurren a la violencia. En el proceso, quienes tienen la menor responsabilidad por el cambio climático son los más afectados y también son vistos como ‘amenazas’. Es una injusticia triple. Se aplica una larga tradición de narrativas de seguridad por la cual el enemigo siempre está en otra parte. Como señalara la profesora Robyn Eckersley, “las amenazas ambientales son algo que los extranjeros les hacen a los estadounidenses o al territorio estadounidense”, y jamás son provocadas por las políticas internas de Estados Unidos y sus aliados.
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4. Refuerza los intereses empresariales. En la época colonial, e incluso antes, la seguridad nacional se identificaba con la defensa de los intereses de las empresas. En 1840, el ministro de Relaciones Exteriores del Reino Unido, Lord Palmerston, fue inequívoco: “Es tarea del Gobierno abrir y asegurar los caminos para el comerciante”. Este enfoque sigue guiando la política exterior de la mayoría de los países en la actualidad, y se ve reforzado por el creciente poder de la influencia empresarial en el gobierno, el mundo académico, institutos de políticas y organismos intergubernamentales como la ONU o el Banco Mundial. Esto se ve reflejado en muchas estrategias de seguridad nacional relacionadas con el clima que expresan una preocupación particular por las consecuencias del cambio climático en las rutas marítimas, las cadenas de suministro y los impactos climáticos extremos en los centros económicos. La seguridad de las mayores empresas transnacionales se redunda automáticamente en la seguridad del país entero, aunque esas mismas transnacionales, como las petroleras, sean las principales contribuyentes de la inseguridad.
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5. Genera inseguridad. El despliegue de fuerzas de seguridad suele generar inseguridad para el resto. Esto ha sido evidente, por ejemplo, en la invasión y ocupación militar de Afganistán, liderada por Estados Unidos y apoyada por la OTAN durante 20 años. Lanzada con la promesa de seguridad contra el terrorismo, sin embargo terminó alimentando una guerra interminable, conflictos, el regreso del Talibán, y posiblemente el surgimiento de fuerzas terroristas nuevas. De manera similar, la policía en Estados Unidos y otros países suele crear mayor inseguridad para las comunidades marginadas que padecen la discriminación, la vigilancia y la muerte con el fin de mantener la seguridad de las clases adineradas propietarias. Los programas de seguridad climática liderados por las fuerzas de seguridad no serán ajenos a esta dinámica. Como lo resume Mark Neocleous: “Toda seguridad se define en relación con la inseguridad. Todo llamado a la seguridad no solo debe implicar la especificación del miedo que lo genera, sino que ese miedo (inseguridad) exige las contramedidas (seguridad) para neutralizar, eliminar o constreñir a la persona, grupo, objeto o condición que genera el miedo”.
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6. Socava otras formas de lidiar con los impactos climáticos. Cuando la seguridad se convierte en el marco contextual, las interrogantes que surgen siempre son qué es lo que está inseguro, en qué medida y qué intervenciones de seguridad podrían funcionar, y nunca si la seguridad debería ser la estrategia siquiera. El asunto se establece en un binario de amenaza versus seguridad, que requiere la intervención del Estado y, a menudo, justifica acciones extraordinarias ajenas a las normas de la toma de decisiones democrática. Así se descartan otras estrategias, como aquellas que procuran analizar causas más sistémicas o centradas en valores diferentes (por ejemplo, de justicia, soberanía popular, alineación ecológica, justicia restaurativa), o basadas en diferentes organismos y enfoques (por ejemplo, el liderazgo de la salud pública, soluciones basadas en los bienes comunes o en la comunidad). También reprime a los mismos movimientos que reclaman estas estrategias alternativas y desafían los sistemas de injusticia que perpetúan el cambio climático.

US troops watch burning oil fields in wake of US invasion in 2003

Soldados estadounidenses observan la quema de yacimientos petrolíferos tras la invasión de Estados Unidos en 2003.
Crédito: Arlo K. Abrahamson/Armada de los Estados Unidos

BOX 2 Patriarcado y seguridad climática

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Tras la estrategia militarizada de la seguridad climática subyace un sistema patriarcal que normaliza los medios militares para resolver los conflictos y la inestabilidad. El patriarcado está profundamente arraigado en las estructuras militares y de seguridad. Se evidencia más en el liderazgo y el predominio masculino en las fuerzas militares y paramilitares del Estado, pero también es inherente a la forma en que se concibe la seguridad, el privilegio que los sistemas políticos otorgan a los militares y la forma en que el gasto y las intervenciones militares casi no se cuestionan, aunque no cumplan con sus promesas.
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Los conflictos armados y las respuestas militarizadas a las crisis repercuten más en las mujeres y las personas LGBT+, que también soportan una carga mayor al lidiar con las consecuencias de crisis tales como el cambio climático.
En particular, las mujeres están a la vanguardia de los movimientos por el clima y por la paz. Por ese motivo hace falta una crítica feminista de la seguridad climática, y buscar soluciones feministas. Como argumentan Ray Acheson y Madeleine Rees, de la Liga Internacional de Mujeres por la Paz y la Libertad: “Sabiendo que la guerra es la forma máxima de inseguridad humana, las feministas abogan por soluciones a largo plazo a los conflictos y apoyan una agenda de paz y seguridad que protege a todos los pueblos”.

Mujeres desplazadas que transportan sus pertenencias llegan a Bossangoa, República Centroafricana, tras huir de la violencia. Crédito: ACNUR/ B. Heger (CC BY-NC 2.0)

5.¿Por qué los movimientos sociales y las organizaciones ambientales defienden la seguridad climática?

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A pesar de estas inquietudes, varias organizaciones ambientalistas y de otro tipo han impulsado políticas de seguridad climática, como el Fondo Mundial para la Naturaleza, Environmental Defense Fund y The Nature Conservancy, de Estados Unidos, y E3G, de Europa. El grupo de acción directa de base Extinction Rebellion Netherlands, de Países Bajo, incluso invitó a un destacado general holandés a escribir sobre la seguridad climática en su manual ‘rebelde’.
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Cabe destacar que, dadas las distintas interpretaciones que existen sobre la seguridad climática, algunos grupos quizá no expresen la misma perspectiva que los organismos de seguridad nacional. El politólogo Matt McDonald identifica cuatro perspectivas diversas de la seguridad climática, que varían según en la seguridad de quién se centran: las ‘personas’ (seguridad humana), las ‘naciones-Estado’ (seguridad nacional), la ‘comunidad internacional’ (seguridad internacional) y el ‘ecosistema’ (seguridad ecológica). Superpuestos con una combinación de estas perspectivas están los programas emergentes de prácticas de seguridad climática, que son intentos de mapear y articular políticas que podrían proteger la seguridad humana y prevenir conflictos.
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Las demandas de los movimientos sociales reflejan esta diversidad de puntos de vista y, en la mayoría de los casos, se preocupan por la seguridad humana, pero algunos pretenden captar a los militares como aliados y están dispuestos a utilizar el marco de la ‘seguridad nacional’ para lograrlo. Al parecer, se basan en la convicción de que esa alianza lograría recortar las emisiones militares de GEI, ayudaría a recabar el apoyo político de fuerzas políticas que suelen ser más conservadoras para la adopción de medidas climáticas más audaces y, de esta manera, presionar para que el cambio climático se instale en los circuitos de ‘seguridad’ del poder, donde finalmente tendrá la prioridad debida.
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A veces, los Gobiernos, como el de Tony Blair en el Reino Unido (1997-2007) y el de Obama en Estados Unidos (2008-2016), también utilizan las narrativas de seguridad como una estrategia para que los actores estatales reacios se comprometan con la acción climática. Como argumentó en 2007 la ministra de Relaciones Exteriores del Reino Unido, Margaret Beckett, en ocasión del primer debate sobre seguridad climática en el Consejo de Seguridad de la ONU: “Cuando la gente habla de problemas de seguridad, lo hace en términos cualitativamente diferentes a los de otros tipos de problemas. La seguridad es vista como una exigencia y no como opción... señalar los aspectos de seguridad del cambio climático cumple el papel de impulsar a los gobiernos que aún no han tomado medidas”.
Sin embargo, al hacerlo se difuminan y fusionan perspectivas de seguridad muy diferentes. Y dado el poder duro del aparato militar y de seguridad nacional, que supera con creces a cualquier otro, esto termina por reforzar la narrativa de seguridad nacional, incluso dándole un brillo humanitario o ambiental que es políticamente útil a las estrategias y operaciones militares y de seguridad, y a los intereses empresariales que buscan proteger y defender.
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6.¿Cuáles son los supuestos problemáticos de los planes militares de seguridad climática?

Los planes militares de seguridad climática incorporan supuestos fundamentales que luego determinan sus políticas y programas. Una serie de supuestos inherentes a la mayoría de las estrategias de seguridad climática señala que el cambio climático causará escasez, lo que provocará conflictos, y que serán necesarias soluciones en materia de seguridad. En este marco maltusiano, las poblaciones más empobrecidas del mundo –en especial de regiones tropicales, como la mayor parte de África subsahariana– son consideradas la fuente más probable de conflictos. Este paradigma de Escasez > Conflicto > Seguridad se refleja en innumerables estrategias, lo que no sorprende para una institución concebida para ver el mundo a través de las amenazas. El resultado, sin embargo, es un sólido hilo distópico que conduce a la planificación de la seguridad nacional. Un video de entrenamiento característico del Pentágono advierte de un mundo con “amenazas híbridas” que surgen en rincones oscuros de ciudades y que los ejércitos no podrán controlar. Esto también sucede en la realidad, como se vio en Nueva Orleans tras el paso del huracán Katrina, donde quienes intentaban sobrevivir en circunstancias de desesperación absoluta fueron tratados como combatientes enemigos y muertos a balazos en lugar de ser rescatados.
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Como señaló Betsy Hartmann, esto responde a una historia más antigua de colonialismo y racismo que patologiza deliberadamente a pueblos y continentes enteros, y se complace en proyectarla hacia el futuro para justificar el despojo y la presencia militar constantes. Excluye la posibilidad de que la escasez dé pie a la colaboración, o que los conflictos tengan una resolución política. También, como se señaló anteriormente, evita intencionalmente analizar cómo la escasez, incluso en épocas de inestabilidad climática, tiene su raíz en actividades humanas y es un reflejo de una mala distribución de recursos, y no de la escasez absoluta. Y justifica la represión de movimientos que reclaman y se movilizan por el cambio del sistema porque los ve como amenazas, al suponer que cualquiera que se oponga al orden económico vigente presenta un peligro de inestabilidad.

7. ¿La crisis climática genera conflictos?

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La suposición de que el cambio climático generará conflictos está implícita en los documentos de seguridad nacional. El análisis de 2014 del Departamento de Defensa de Estados Unidos, por ejemplo, sostiene que las consecuencias del cambio climático “son multiplicadores de amenazas que agravarán factores estresantes en el exterior, como la pobreza, la degradación ambiental, la inestabilidad política y las tensiones sociales, condiciones que pueden habilitar la actividad terrorista y otras formas de violencia”.
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Una mirada superficial sugiere la existencia de vínculos: 12 de los 20 países más vulnerables al cambio climático experimentan conflictos armados en la actualidad. Si bien una correlación no equivale a una causa, el análisis de más de 55 estudios sobre el tema por los profesores estadounidenses Burke, Hsiang y Miguel intentó demostrar vínculos causales, con el argumento de que, por cada subida de un grado en la temperatura, los conflictos interpersonales e intergrupales crecían 2,4 % y 11,3 %, respectivamente. Desde entonces, su metodología ha sido muy cuestionada. Un informe publicado por la revista Nature en 2019 concluyó: “La variabilidad y/o el cambio climáticos ocupan un lugar bajo en la lista clasificada de los impulsores de conflictos más influyentes en todas las experiencias hasta la fecha, y los expertos lo clasifican como el más incierto en su influencia”.
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En la práctica resulta difícil separar el cambio climático de otros factores causales que generan conflictos, y hay escasa evidencia que indique que las consecuencias del cambio climático llevarán necesariamente a la gente a recurrir a la violencia. De hecho, a veces la escasez puede reducir la violencia ya que las personas se ven obligadas a cooperar entre ellas. Por ejemplo, una investigación en las tierras áridas del distrito de Marsabit, en el norte de Kenia, concluyó que en períodos de sequía y escasez de agua la violencia era menos frecuente ya que las comunidades de pastores empobrecidos se inclinaban aún menos a iniciar conflictos en esos momentos, y también tenían regímenes de propiedad colectiva fuertes pero flexibles que regulaban el agua y les ayudaban a adaptarse a la escasez.
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Queda claro que lo que más determina el estallido de conflictos son tanto las desigualdades subyacentes inherentes en este mundo globalizado (herencia de la Guerra Fría y la globalización profundamente desigual), como las respuestas políticas problemáticas a las situaciones de crisis. Las intervenciones torpes o manipuladoras de las élites suelen ser uno de los motivos por las que una situación difícil se convierte en un conflicto y, en última instancia, en una guerra. Un estudio financiado por la UE sobre los conflictos en el Mediterráneo, el Sahel y Oriente Medio reveló, por ejemplo, que las causas principales de los conflictos en estas regiones no eran las condiciones hidroclimáticas, sino los déficits democráticos, el desarrollo económico distorsionado e injusto y los mediocres intentos de adaptación al cambio climático que terminan por agravar la situación.
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Siria es otro ejemplo similar. Muchos relatos de militares revelan cómo la sequía en la región derivada del cambio climático provocó la migración del campo a la ciudad y la guerra civil resultante. Sin embargo, quienes estudiaron más de cerca la situación concluyen que el recorte de los subsidios agrícolas, una medida neoliberal del Gobierno de Bashar al Assad, tuvo un impacto mucho mayor en esa migración que la sequía. Pero difícilmente podremos hallar un analista militar que atribuya la guerra al neoliberalismo. Además, no hay evidencia de que la migración haya tenido algo que ver con la guerra civil. La población migrante de la región afectada por la sequía no participó en gran medida en las protestas de 2011, y las demandas de los manifestantes no estaban relacionadas directamente con la sequía ni la migración. Las protestas pacíficas se transformaron en una guerra civil prolongada gracias a que Assad decidió optar por la represión en lugar de adoptar reformas como respuesta a los reclamos de democratización, además del rol de actores externos, como Estados Unidos.
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También hay evidencia que indica que la probabilidad de conflictos puede crecer de consolidarse el paradigma clima-conflicto. Este impulsa la carrera armamentista, distrae de otros factores causales que generan conflictos y socava otras estrategias para la resolución de conflictos. Por ejemplo, el creciente recurso al discurso y la retórica militar y estatista sobre las corrientes de agua transfronteriza entre India y China debilitó los sistemas diplomáticos existentes para compartir el agua e hizo más probable el conflicto en la región.
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Véase también: ‘Rethinking Climate Change, Conflict and Security’, Geopolitics, Special Issue, 19(4).

Syria’s civil war is simplistically blamed on climate change with little evidence. As in most conflict situations, the most important causes arose from the Syrian government’s repressive response to the protests as well as the role of external players in

Se suele culpar a la guerra de Siria por el cambio climático, de una manera simplista, sin tener pruebas suficientes. Al igual que en la mayoría de los conflictos, las causas más importantes surgieron de la respuesta represiva del Gobierno de Siria a las protestas y al papel de actores externos en fomentar el conflicto. Foto de Azaz, Siria. Crédito: Christiaan Triebert (CC BY 2.0)
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8. ¿Cómo impacta la seguridad climática en las fronteras y la migración?​

La percepción de la ‘amenaza’ de la migración masiva domina las narrativas sobre seguridad climática. Para el influyente informe estadounidense de 2007, Era de las consecuencias: Las repercusiones del cambio climático mundial en la política exterior y la seguridad nacional, la migración a gran escala es “quizá el problema más preocupante asociado con el aumento de las temperaturas y el nivel del mar”, y advierte que “desencadenará serias inquietudes de seguridad y disparará las tensiones regionales”. Un informe de la UE de 2008, Cambio climático y seguridad internacional, clasificó a la migración provocada por el clima como el cuarto problema de seguridad en importancia, después de los conflictos por los recursos, los daños económicos a las ciudades/costas y las disputas territoriales. El informe reclamó “mayor desarrollo de una política migratoria europea integral”, en vista del “estrés migratorio adicional que desencadena el ambiente”.

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Estas advertencias potenciaron las fuerzas y dinámicas a favor de la militarización de las fronteras que, incluso sin advertencias climáticas, ya eran hegemónicas en las políticas fronterizas del planeta. Las respuestas cada vez más draconianas ante la migración debilitaron sistemáticamente el derecho internacional al asilo y provocaron un sufrimiento incalculable de los pueblos desplazados, que soportan viajes cada vez más peligrosos cuando huyen de sus países de origen en busca de asilo así como entornos cada vez más ‘hostiles’ cuando lo logran.
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El miedo que se ha sembrado contra los ‘migrantes del clima’ también coincide con la guerra mundial contra el terrorismo, que fomentó y legitimó el refuerzo gradual y constante de las medidas de seguridad y el gasto del Estado. De hecho, numerosas estrategias de seguridad climática equiparan la migración con el terrorismo y advierten que los migrantes en Asia, África, América Latina y Europa serán terreno fértil para la radicalización y el reclutamiento por parte de grupos extremistas. Estas ideas refuerzan las narrativas que apuntan a los migrantes como amenazas y sugieren una probable intersección entre la migración y los conflictos, la violencia e incluso el terrorismo, lo que generará inevitablemente Estados fallidos y caos contra los cuales los países ricos tendrán que defenderse.
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No mencionan que el cambio climático puede limitar en vez de provocar la migración, ya que los eventos climáticos extremos atentan incluso contra las condiciones básicas para la vida. Tampoco toman en cuenta las causas estructurales de la migración y la responsabilidad que le cabe a muchos de los países más ricos por el desplazamiento forzoso de población. La guerra y los conflictos son algunas de las principales causas de la migración, junto con la desigualdad económica estructural. Sin embargo, las estrategias de seguridad climática evaden la discusión sobre los acuerdos económicos y comerciales que generan desempleo y la pérdida de la dependencia de los alimentos básicos, como el TLCAN en México, las guerras que se libran por objetivos imperiales (y comerciales) como sucedió en Libia, o la devastación de comunidades y el ambiente que provocan las corporaciones transnacionales, como las empresas mineras canadienses en América Central y del Sur, todo lo cual fomenta la migración. Tampoco destacan cómo los países con más recursos financieros reciben el menor número de refugiados. Proporcionalmente, de los 10 países mayores receptores de refugiados solo uno, Suecia, es un país de renta alta.
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La decisión de centrarse en las soluciones militares para la migración, y no en las soluciones estructurales o incluso compasivas, generó un enorme aumento en la financiación y la militarización de las fronteras en todo el mundo, en previsión del fuerte crecimiento de la migración provocada por el clima. El gasto que Estados Unidos destina a la migración y las fronteras pasó de 9.200 millones de dólares  a 26.000 millones de dólares entre 2003 y 2021. La agencia de la guardia de fronteras de la UE, Frontex, aumentó su presupuesto de 5,2 millones de euros en 2005 a 460 millones de euros en 2020, y ya tiene reservados 5.600 millones de euros para el período de 2021 a 2027. Las fronteras actualmente están ‘protegidas’ por 63 muros en todo el planeta.
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las fuerzas militares intervienen cada vez más ante los migrantes, tanto en sus fronteras nacionales como en zonas alejadas de su territorio. Estados Unidos suele enviar barcos de la armada y guardacostas para patrullar el Caribe, y desde 2005 la UE le encargó a su agencia fronteriza, Frontex, el patrullaje conjunto del Mediterráneo con las armadas de los Estados miembros y los países vecinos. Australia ha utilizado sus fuerzas para impedir que los refugiados desembarquen en sus costas. India despliega un número creciente de agentes de su Fuerza de Seguridad Fronteriza (BSF) –que tienen potestad para recurrir a la violencia– en la frontera oriental con Bangladesh, lo que la convierte en una de las zonas limítrofes más letales del mundo.
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Véase también:

9. ¿Qué rol cumplen las fuerzas armadas en la creación de la crisis climática?​

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En lugar de recurrir al sector militar como una solución para la crisis climática, es más importante examinar cómo contribuye a la crisis climática con sus altos niveles de emisiones de GEI y su rol fundamental en el mantenimiento de la economía de los combustibles fósiles.
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Un informe del Congreso de Estados Unidos indica que el Pentágono es el mayor consumidor institucional de petróleo del mundo, pero según la normativa vigente, no está obligado a tomar ninguna medida drástica de reducción de sus emisiones en consonancia con el conocimiento científico. Un estudio de 2019 calculó que las emisiones del Pentágono ascendían a 59 millones de toneladas de GEI, más que el total de emisiones conjuntas de Dinamarca, Finlandia y Suecia en 2017. La organización británica Scientists for Global Responsibility calcula que el sector militar del Reino Unido emitió 11 millones de toneladas de GEI, equivalentes a 6 millones de automóviles, y que la UE emitió 24,8 millones de toneladas, siendo la contribución de Francia un tercio del total. Estos estudios presentan estimaciones conservadoras debido a la falta de transparencia de los datos. También se supo que cinco empresas de venta de armas con sede en los estados miembros de la UE (Airbus, Leonardo, PGZ, Rheinmetall y Thales) emitieron, como mínimo, 1,02 millones de toneladas de GEI en conjunto.
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El alto nivel de las emisiones de GEI de las fuerzas armadas se debe a su extensa infraestructura (la institución suele ser la mayor propietaria de la tierra en la mayoría de los países), su alcance mundial –especialmente las de Estados Unidos, que mantienen más de 800 bases militares en el planeta, muchas de las cuales participan de operaciones de contrainsurgencia que dependen del combustible– y el alto consumo de combustibles fósiles de la mayoría de los sistemas de transporte militar. Un avión de combate F-15, por ejemplo, utiliza 342 barriles (54 510 litros) de petróleo por hora, y es casi imposible de reemplazar con alternativas de energía renovable. Aviones y barcos militares tienen ciclos de vida prolongados, lo que asegura emisiones de carbono durante muchos años.
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Sin embargo, el mayor impacto en las emisiones radica en el propósito dominante de las fuerzas armadas, que es asegurar el acceso de su país a los recursos estratégicos, y el funcionamiento sin tropiezos del capital, así como la gestión de la inestabilidad y las desigualdades que provoca. Esto resultó en la militarización de regiones ricas en recursos (como Oriente Medio y los Estados del Golfo y las rutas marítimas alrededor de China) y también convirtió a las fuerzas armadas en el pilar coercitivo de esta economía construida sobre el consumo de combustibles fósiles y comprometida con el crecimiento económico ilimitado.
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Finalmente, el sector afecta el cambio climático a través del costo de oportunidad de invertir en las fuerzas armadas y no en la prevención del colapso climático. Los presupuestos militares casi se duplicaron desde el final de la Guerra Fría, aunque no ofrecen soluciones a las mayores crisis de la actualidad, como el cambio climático, las pandemias, la desigualdad y la pobreza. Ahora que el planeta necesita la mayor inversión posible en la transición económica para mitigar el cambio climático, se le suele decir al público que no hay recursos para hacer lo que exige la ciencia climática. En Canadá, por ejemplo, el primer ministro Justin Trudeau se jacta de sus compromisos climáticos, pero en 2020 su Gobierno destinó 27.000 millones de dólares al Departamento de Defensa Nacional, y solo 1.900 millones de dólares al Departamento de Ambiente y Cambio Climático. Hace 20 años, Canadá gastó 9.600 millones de dólares en su defensa y solo 730 millones de dólares en el ambiente y cambio climático. Así, en las últimas dos décadas, mientras la crisis climática se agrava, los países gastan más en las fuerzas armadas y sus armas que en tomar medidas que protejan al planeta de un cambio climático catastrófico.
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Véase también: Meulewaeter, C. et al. (2020), Militarismo y crisis ambiental. Una reflexión necesaria, Centre Delas.

10. Los militares, los conflictos y su vínculo con el petróleo y la economía de extracción​

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Históricamente, la guerra suele surgir de la lucha entre las élites por el control del acceso a fuentes de energía estratégicas. Esto es especialmente cierto en el caso de la economía del petróleo y los combustibles fósiles, que provoca guerras internacionales, guerras civiles, el surgimiento de grupos paramilitares y terroristas, conflictos por el transporte marítimo y óleo/gasoductos, y una intensa rivalidad geopolítica en regiones clave, desde Oriente Medio al océano Ártico (a medida que el hielo se derrite permite el acceso a yacimientos de gas y rutas de transporte nuevos).
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Un estudio indica que entre 25 % y 50 % de las guerras interestatales desde el comienzo en 1973 de la denominada era moderna del petróleo estaban relacionadas con el petróleo, siendo la invasión de Irak liderada por Estados Unidos en 2003 un ejemplo notorio. El petróleo también lubrica, literal y metafóricamente, la industria de las armas, proporcionando tanto los recursos como el motivo para que muchos Estados se embarquen en el gasto armamentista. De hecho, hay pruebas de que los países utilizan la venta de armas para asegurar y mantener el acceso al petróleo. El mayor acuerdo de armas en la historia del Reino Unido (conocido como ‘Al-Yamamah’) se firmó en 1985 y pactó la exportación de armas a Arabia Saudita (para nada respetuosa de los derechos humanos) por muchos años, a cambio de 600.000 barriles de petróleo diarios. La empresa BAE Systems ganó decenas de miles de millones de dólares con la venta, lo que ayuda a subsidiar las compras de armas del propio Reino Unido.
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En todo el planeta, la creciente demanda de productos básicos expandió la economía de extracción a regiones y territorios nuevos. Esto amenaza la propia existencia y soberanía de las comunidades locales y, por lo tanto, provoca resistencia y conflictos. La respuesta suele manifestarse en una brutal represión policial y violencia paramilitar, que en muchos países colaboran de forma estrecha con las empresas locales y transnacionales. En Perú, por ejemplo, Earth Rights International (ERI) sacó a la luz 138 acuerdos firmados entre empresas dedicadas a la extracción y la policía en el período 1995-2018, que “permiten a la policía brindar servicios de seguridad privada dentro de las instalaciones y otras áreas... de proyectos de extracción a cambio de una ganancia”. El asesinato de la activista indígena hondureña Berta Cáceres en 2016, perpetrado por paramilitares vinculados al Estado que trabajan con la empresa de represas Desa, es uno de numerosos casos en el planeta donde el nexo entre la demanda capitalista internacional, las industrias de extracción y la violencia política generan un entorno letal para el activismo y los miembros de la comunidad que se atreven a resistir. Global Witness ha documentado la creciente ola de violencia en el mundo: en 2020 registró el récord de 227 asesinatos de defensores de la tierra y el ambiente, con un promedio de más de cuatro por semana.
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Véase también: Orellana, A. (2021), Neoextractivismo y violencia estatal: Defendiendo a los defensores en América LatinaEstado del poder 2021. Ámsterdam: Transnational Institute.

Berta Cáceres famously said ‘Our Mother Earth – militarized, fenced-in, poisoned, a place where basic rights are systematically violated – demands that we take action

Berta Cáceres sostuvo “La Madre Tierra militarizada, cercada, envenenada, donde se violan sistemáticamente los derechos elementales, nos exige actuar”. Crédito: coulloud/flickr (CC BY-NC-ND 2.0)

 

Militarismo y petróleo en Nigeria

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Quizás en ningún lugar sea tan evidente la conexión entre el petróleo, el militarismo y la represión que en Nigeria. Los regímenes coloniales y los sucesivos gobiernos posteriores a la independencia utilizaron la fuerza para asegurar el flujo de petróleo y de riqueza a una pequeña élite. En 1895, una fuerza naval británica incendió la ciudad de Brass para asegurar que la Royal Niger Company retuviera el monopolio del comercio de aceite de palma por el río Níger. Se estima que 2.000 personas perdieron la vida en el incendio. Más recientemente, en 1994, el Gobierno nigeriano estableció el Grupo de Trabajo de Seguridad Interna del estado de Rivers para reprimir las protestas pacíficas en Ogoniland contra las actividades contaminantes de la empresa Shell Petroleum Development Company (SPDC). La brutal acción en Ogoniland provocó la muerte de más de 2.000 personas, y la violación y flagelación de muchas más, entre otras violaciones de derechos humanos.
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El petróleo fomentó la violencia en Nigeria, en primer lugar al brindar recursos para que los regímenes militares y autoritarios tomaran el poder con la complicidad de las empresas petroleras transnacionales. Según un conocido comentario de un ejecutivo nigeriano de la Shell, “para una empresa comercial que intenta realizar inversiones, necesitas un entorno estable... Las dictaduras pueden dártelo”. Se trata de una relación simbiótica: las empresas escapan al escrutinio democrático y los militares se envalentonan y enriquecen al brindar seguridad. En segundo lugar, la distribución de los ingresos petroleros sienta las bases para el conflicto, así como la oposición a la devastación ambiental que provocan las compañías petroleras. Esto condujo a resistencias y conflictos armados en Ogoniland, que tuvieron una respuesta militar feroz y brutal.
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Aunque está vigente una paz frágil desde 2009, cuando el Gobierno nigeriano acordó pagar estipendios mensuales a los exguerrilleros, persisten las condiciones para que el conflicto resurja, algo que ya es una realidad en otras regiones de Nigeria.
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Contaminación petrolera en la región del Delta del Níger. Crédito: Ucheke/Wikimedia (CC BY-SA 4.0)

11. ¿Qué impacto ambiental tienen el militarismo y la guerra?

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Por su naturaleza, el militarismo y la guerra priorizan los objetivos de seguridad nacional y excluyen todo lo demás. Además se caracterizan por una forma de excepcionalismo, lo que significa que, con frecuencia, al sector militar se le da libertad de acción para ignorar incluso las normas y restricciones que protegen de forma limitada al ambiente. En consecuencia, tanto las fuerzas militares como las guerras dejaron una herencia ambiental en gran medida devastadora. Los militares utilizan grandes cantidades de combustibles fósiles, despliegan armas y artillería profundamente tóxicas y contaminantes, atacan la infraestructura (industria del petróleo, servicios de alcantarillado, etc.), dejando a su paso daños ambientales persistentes y paisajes llenos de municiones y armas tóxicas, explotadas y sin detonar.
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El imperialismo estadounidense incluye una historia de destrucción ambiental, como la contaminación nuclear en curso en las Islas Marshall, el uso del defoliante químico agente naranja en Vietnam y el de uranio empobrecido en Irak y la antigua Yugoslavia. Muchos de los sitios más contaminados en Estados Unidos pertenecen a instalaciones militares y figuran en la Lista de Prioridad Nacional de la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos
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Los países afectados por guerras y conflictos también sufren impactos a largo plazo debido a la ausencia de gobernanza que debilita la normativa ambiental, obliga a las personas a destruir sus propios entornos para sobrevivir y fomenta el surgimiento de grupos paramilitares que, con frecuencia, extraen recursos (petróleo, minerales, etc.) mediante prácticas ambientales sumamente destructivas y que violan los derechos humanos. No es de extrañar que en ocasiones a la guerra se la describa como ‘desarrollo sostenible a la inversa’.
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Véase también: How does war damage the environment? The Conflict and Environment Observatory.

12. ¿Los militares no son necesarios para las respuestas humanitarias?

Una justificación importante para invertir en las fuerzas armadas en esta época de crisis climática es que son necesarias para actuar ante las catástrofes relacionadas con el clima, y muchos países ya recurren a sus militares en este sentido. Tras el paso del tifón Haiyan, que causó estragos en Filipinas en noviembre de 2013, las fuerzas armadas de Estados Unidos llegaron a desplegar 66 aviones militares, 12 embarcaciones navales y casi 1.000 militares para despejar carreteras, trasladar trabajadores humanitarios, distribuir suministros de socorro y evacuar personas. Durante las inundaciones de Alemania en julio de 2021, el ejército alemán [Bundeswehr] ayudó a reforzar las defensas contra el agua, rescatar personas y a limpiar cuando el agua retrocedió. En muchos países, sobre todo de renta baja y media, las fuerzas armadas quizá sean la única institución con la capacidad, el personal y la tecnología necesaria para actuar ante eventos catastróficos.

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Que el sector militar desempeñe funciones humanitarias no significa que sea la mejor institución para la tarea. Hay jerarcas militares contrarios a que las fuerzas armadas participen en tareas humanitarias porque consideran que estas distraen de los preparativos para la guerra. Aunque acepten esa función, existen muchos peligros de que los militares entren a desarrollar actividades humanitarias, especialmente en situaciones de conflicto o cuando la intervención humanitaria coincide con los objetivos estratégicos militares. Como admite abiertamente Erik Battenberg, experto en política exterior de Estados Unidos, en la revista del Congreso estadounidense, The Hill, “la ayuda en casos de desastre dirigida por militares no solo es una urgencia humanitaria, sino que también puede servir para una urgencia estratégica más amplia, como parte de la política exterior estadounidense”.
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Eso significa que la ayuda humanitaria viene acompañada de intenciones ocultas: en su mínima expresión proyecta un poder blando, pero a menudo busca influir activamente en regiones y países para que sirvan a los intereses de un país poderoso, incluso a costa de la democracia y los derechos humanos. Estados Unidos tiene una extensa historia de uso de la ayuda como parte de la contrainsurgencia en varias ‘guerras sucias’ de América Latina, África y Asia antes, durante y después de la Guerra Fría. En las últimas dos décadas, las fuerzas militares de Estados Unidos y la OTAN intervinieron frecuentemente en operaciones militares y civiles en Afganistán e Irak con el despliegue de fuerzas y armas, además de las tareas de ayuda y reconstrucción. En general, esto las llevó a hacer lo contrario al trabajo humanitario. En Irak, la intervención generó abusos militares, como las violaciones generalizadas de derechos humanos de los detenidos en la base militar de Bagram. Incluso en Estados Unidos, las tropas enviadas a Nueva Orleans dispararon contra los habitantes desesperados, llevadas por el racismo y el miedo.
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La intervención militar también puede socavar la independencia, neutralidad y seguridad de los trabajadores civiles de ayuda humanitaria, haciéndolos más propensos a los ataques de grupos militares insurgentes. La ayuda militar con frecuencia termina siendo más cara que las operaciones de ayuda civil, al desviar los limitados recursos estatales hacia las fuerzas armadas. La tendencia generó la profunda preocupación de organizaciones como la Cruz Roja/Media Luna Roja y Médicos sin Fronteras.
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Sin embargo, las fuerzas armadas prevén un papel humanitario más amplio en esta época de crisis climática. Un informe de 2010, Cambio climático: Posibles efectos sobre las demandas de asistencia humanitaria y respuesta ante catástrofes de las fuerzas armadas de Estados Unidos, del Centro para el Análisis Naval, sostiene que los factores estresantes del cambio climático exigirán no solo más asistencia militar humanitaria, sino también intervenciones militares para la estabilización de países. El cambio climático se convirtió en la nueva justificación para la guerra permanente.
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No hay duda de que los países necesitarán equipos eficaces de respuesta ante las catástrofes, así como la solidaridad internacional. Pero eso no tiene por qué estar vinculado a las fuerzas armadas, sino que podría recurrirse a una fuerza civil nueva o reforzada con un propósito humanitario exclusivo que no incluya objetivos contradictorios. Cuba, por ejemplo, con recursos limitados y en condiciones de bloqueo, desarrolló una estructura de Defensa Civil altamente eficaz e incorporada a cada comunidad que, combinada con comunicaciones estatales efectivas y asesoramiento meteorológico experto, le ayudó a sobrevivir a muchos huracanes con una cantidad de heridos y muertos menor que países vecinos más ricos. Cuando el huracán Sandy pasó por Cuba y Estados Unidos en 2012, solo 11 personas murieron en la isla caribeña, frente a 157 muertos en territorio estadounidense. Alemania también tiene una estructura civil (Technisches Hilfswerk/THW, la Agencia Federal de Socorro Técnico), en su mayoría integrada por voluntarios, que generalmente se utiliza para la respuesta ante catástrofes.

A number of survivors were shot by police and the military in the wake of Hurricane Katrina in the midst of racist media hysteria about looting. Photo of coastguard overlooking flooded New Orleans

Varios sobrevivientes recibieron disparos de la policía y las fuerzas militares tras el Huracán Katrina en medio de la cobertura mediática racista acerca de los saqueos. Foto de un oficial de la guardia costera observando a Nueva Orleans bajo agua. Crédito: NyxoLyno Cangemi/USCG

13. ¿Cómo buscan las empresas de armas y seguridad lucrar con la crisis climática?

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“Creo que [el cambio climático] es una oportunidad real para la industria [aeroespacial y de defensa]”, afirmó en 1999 Paul Drayson, entonces ministro de Ciencia e Innovación y ministro para la Reforma de Adquisiciones de Defensa Estratégica del Reino Unido. Y tenía razón. La industria de las armas y la seguridad experimentó un auge en las últimas décadas. Las ventas acumuladas de la industria de armas, por ejemplo, se duplicaron entre 2002 y 2018, de 202.000 millones de dólares a 420.000 millones de dólares, y muchas grandes empresas, como Lockheed Martin y Airbus, ampliaron su ramo de negocio a todos los ámbitos de la seguridad desde la gestión de fronteras hasta la vigilancia nacional. Y la industria prevé que el cambio climático y la inseguridad que traerá aparejada impulsarán más esas ventas. En un informe de mayo de 2021, Marketandmarkets pronosticó que el sector de la seguridad nacional tendrá pingües ganancias debido a “condiciones climáticas dinámicas, el aumento de las calamidades naturales, el énfasis del Gobierno en las políticas de seguridad”. Se calcula que el ramo de la seguridad fronteriza tendrá un crecimiento anual del 7 % y que el sector de la seguridad interior en general crecerá un 6 % anual.
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La industria se beneficia de diferentes formas. Primero, busca sacar provecho de los intentos de las principales fuerzas militares de desarrollar tecnologías que no dependan de los combustibles fósiles y sean resilientes a los impactos del cambio climático. Por ejemplo, en 2010, Boeing obtuvo un contrato por 89 millones de dólares con el Pentágono para desarrollar el avión no tripulado SolarEagle (QinetiQ y el Centro de Conducción Eléctrica Avanzada de la británica Universidad de Newcastle se encargarán del armado), que tiene la ventaja de considerarse una tecnología ‘verde’ y también la capacidad de permanecer en el aire más tiempo, al no tener que reabastecerse de combustible. La estadounidense Lockheed Martin trabaja con Ocean Aero para fabricar submarinos con energía solar. Como la mayoría de las transnacionales, las empresas de armamento también tienen interés en promover sus esfuerzos de reducción del impacto ambiental, al menos según sus informes anuales. Dada la devastación ambiental que provocan los conflictos armados, ese lavado verde se vuelve surrealista en ocasiones. Un ejemplo se dio en 2013 cuando el Pentágono invirtió 5 millones de dólares para desarrollar balas sin plomo que, según las declaraciones de un portavoz del ejército de Estados Unidos, “pueden matarte o dispararle a un objetivo sin peligro para el ambiente”.
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En segundo lugar, prevé más contratos debido a que los gobiernos refuerzan sus presupuestos en preparación para la inseguridad que provocará la crisis climática en el futuro. Esto impulsó la venta de armas, equipos de vigilancia y fronterizos, productos policiales y de seguridad nacional. La segunda conferencia sobre Energía, ambiente, defensa y seguridad (E2DS), celebrada en 2011 en Washington DC, se mostró exultante sobre la posible oportunidad comercial que ofrece la expansión del sector de la defensa a los mercados ambientales, afirmando que estos superaban ocho veces el tamaño del mercado de la defensa, y que “el sector aeroespacial, de defensa y de seguridad se prepara para abordar lo que parecería convertirse en su mercado adyacente más importante desde el fuerte surgimiento del negocio de la seguridad civil/interior hace casi una década”. Lockheed Martin, en su informe de sostenibilidad de 2018 anuncia esas oportunidades, y señala que “el sector privado también tiene un papel en la respuesta ante la inestabilidad geopolítica y los eventos que pueden amenazar las economías y las sociedades”.
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Véase también: Castillo, J.M. (2016) Los negocios del cambio climático. Virus

14. ¿Cómo impactan las narrativas de la seguridad climática en el plano interno y la policía?

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Las perspectivas de seguridad nacional no tienen que ver exclusivamente con las amenazas externas, sino también con las internas, incluidas aquellas que amenazan los intereses económicos esenciales. Por ejemplo, la ley británica del Servicio de Seguridad (1989) encomienda expresamente al servicio de seguridad la función de “salvaguardar el bienestar económico” del país; la ley de Educación de Seguridad Nacional de Estados Unidos (1991) estipula de manera similar vínculos directos entre la seguridad nacional y el “bienestar económico de Estados Unidos”. Este proceso se aceleró tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, cuando se consideró que la policía era la primera línea de la defensa de la patria.
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Se ha interpretado que esto significa gestionar el descontento civil y la preparación para toda inestabilidad, marco en el cual el cambio climático es visto como un factor nuevo que impulsa una mayor financiación para los servicios de seguridad como la policía, las cárceles y los guardias fronterizos. Esto se engloba bajo el nuevo mantra de ‘gestión de crisis’ e ‘interoperabilidad’, que pretende una mejor integración de los organismos estatales dedicados a asuntos de seguridad –como orden público y ‘descontento social’ (la policía), ‘conciencia situacional’ (recopilación de información), resiliencia/preparación (planificación civil) y respuestas de emergencia (que incluye a las cuadrillas de emergencia y el antiterrorismo; la defensa química, biológica, radiológica y nuclear; la protección de infraestructura crítica, la planificación militar, etc.) – en estructuras nuevas de ‘mando y control’.
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Esto se acompaña de una mayor militarización de las fuerzas de seguridad internas, lo que implica que la fuerza coercitiva apunta cada vez más hacia adentro, así como hacia afuera. En Estados Unidos, por ejemplo, el Departamento de Defensa transfirió más de 1.600 millones de dólares en equipamiento militar excedente a departamentos de todo el país desde el 11 de septiembre de 2001, mediante su programa 1033. El equipamiento incluye 1.114 vehículos blindados de protección resistentes a las minas (conocidos como MRAP). Las fuerzas policiales también compraron cantidades crecientes de equipos de vigilancia, incluidos aviones de vigilancia y tecnología de rastreo de teléfonos celulares.
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La militarización se evidencia en las intervenciones policiales. Las redadas policiales en Estados Unidos por unidades de élite tipo SWAT pasaron de 3.000 al año en la década de 1980 a 80.000 solo en 2015, en su mayoría por registros de drogas y en forma desproporcionada contra minorías étnicas. En todo el mundo, como se analizó anteriormente, la policía y las empresas de seguridad privada suelen participar en la represión y el asesinato de activistas ambientales. Que la militarización apunte cada vez más a los activistas climáticos y ambientales, dedicados a frenar el cambio climático, subraya cómo las soluciones de seguridad no solo no abordan las causas subyacentes, sino que pueden profundizar la crisis climática.
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Esta militarización también se filtra en las respuestas de emergencia. La financiación que el Departamento de Seguridad Interior destinó a la ‘preparación contra el terrorismo’ en 2020 permite que esos mismos fondos se utilicen para “una mejor preparación contra otros peligros no relacionados con actos de terrorismo”. El Programa Europeo para la Protección de Infraestructuras Críticas (EPCIP) también incluye su estrategia de protección de la infraestructura ante los impactos del cambio climático en un marco de ‘lucha contra el terrorismo’. Desde principios de la década de 2000, muchos países de renta alta adoptaron leyes con poderes de emergencia que podrían aplicarse en caso de catástrofes climáticas y que son de amplio alcance y con un control democrático limitado. La ley británica de Contingencias Civiles (2004), por ejemplo, define una “emergencia” como cualquier “evento o situación” que “amenaza con dañar gravemente al bienestar humano” o el “ambiente” de “un lugar en el Reino Unido”. La norma faculta a los ministros a presentar “disposiciones de emergencia” de alcance prácticamente ilimitado sin recurrir al Parlamento, lo que incluye autorizar al Estado la prohibición de reuniones, viajes y “otras actividades específicas”.
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15. ¿Cómo afecta la agenda de la seguridad climática a otros ámbitos, como los alimentos y el agua?

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El lenguaje y el marco de la seguridad se han infiltrado en todos los ámbitos de la vida política, económica y social, en particular en relación con la gobernanza de recursos naturales clave, como el agua, los alimentos y la energía. Como sucede con la seguridad climática, el lenguaje de la seguridad de los recursos se emplea con distintos sentidos, pero tiene escollos similares. Lo impulsa la sensación de que el cambio climático aumentará la vulnerabilidad del acceso a estos recursos esenciales y que, por lo tanto, es primordial brindar ‘seguridad’.
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No cabe duda de la existencia de pruebas sólidas que advierten que el cambio climático afectará el acceso a los alimentos y el agua. El informe especial del IPCC, El cambio climático y la tierra (2019), pronostica un crecimiento de hasta 183 millones de personas adicionales en riesgo de padecer hambre para 2050 como consecuencia del cambio climático. El Global Water Institute vaticina que la intensa escasez de agua podría desplazar a 700 millones de personas en el planeta para 2030. En gran medida esto sucederá en los países tropicales de renta baja, los más afectados por el cambio climático.
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Sin embargo, cabe señalar que muchos actores destacados que advierten sobre la ‘inseguridad’ de los alimentos, el agua o la energía expresan lógicas nacionalistas, militaristas y corporativas similares a las que dominan los debates sobre la seguridad climática. Los defensores de la seguridad dan por supuesta la escasez y advierten de los peligros de la escasez nacional, con frecuencia promueven soluciones corporativas de mercado y, en ocasiones, defienden el uso de las fuerzas armadas para garantizar la seguridad. Sus soluciones para la inseguridad siguen una receta estándar, centrada en la maximización de la oferta: ampliar la producción, fomentar la inversión privada y utilizar tecnologías nuevas para superar los obstáculos. En el área de los alimentos, por ejemplo, esto condujo al surgimiento de la agricultura climáticamente inteligente dedicada a aumentar el rendimiento de los cultivos en un contexto de temperaturas cambiantes, siendo introducida por alianzas como AGRA, cuyas protagonistas son las grandes corporaciones agroindustriales. Con respecto al agua, impulsó la financiarización y privatización del agua, con la convicción de que el mercado está en mejor posición para gestionar la escasez y las alteraciones.
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En el proceso, se ignoran las injusticias existentes en los sistemas de energía, alimentos y agua, en vez de aprender de ellas. La deficiencia actual en el acceso a los alimentos y el agua no responde tanto a la escasez sino a la forma en que estos sistemas, dominados por las empresas, priorizan las ganancias sobre el acceso. Esta situación permite el consumo excesivo, sistemas ecológicamente dañinos y cadenas de suministro mundial derrochadoras controladas por un pequeño puñado de empresas que atienden las necesidades de unos pocos y niegan el acceso a la mayoría. En estos tiempos de crisis climática, esta injusticia estructural no se resolverá con el aumento de la oferta, ya que eso solo agravará la injusticia. Solo cuatro empresas –ADM, Bunge, Cargill y Louis Dreyfus– controlan entre 75 % y 90 % del comercio mundial de cereales. Sin embargo, este sistema alimentario liderado por las empresas no solo no acabó con el hambre que afecta a 680 millones de personas, sino que es uno de los mayores contribuyentes a los GEI, responsable de entre 21 % y 37 % del total de las emisiones.
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Los fracasos del concepto de seguridad que promueven las empresas hicieron que muchos movimientos ciudadanos reclamaran alimentos, agua y soberanía, democracia y justicia para abordar directamente los problemas de equidad que deben resolverse para garantizar la igualdad en el acceso a los recursos esenciales, particularmente en esta época de inestabilidad climática. Los movimientos por la soberanía alimentaria, por ejemplo, exigen el derecho de los pueblos a producir, distribuir y consumir alimentos inocuos, saludables y culturalmente apropiados de manera sostenible, dentro y cerca de su territorio; todas cuestiones que el término ‘seguridad alimentaria’ ignora y que en gran medida son la antítesis del afán de lucro de la agroindustria internacional.
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Véase también:
Hands on the Land (2016), Enfriando el planeta: las comunidades de la línea del frente encabezan la lucha, Ámsterdam: Transnational Institute.

Deforestation in Brazil is fueled by industrial agricultural exports

La deforestación en Brasil es causada por las exportaciones de la agricultura industrial. Crédito: Felipe Werneck – Ascom/Ibama (CC BY 2.0)

16.¿Podemos rescatar la palabra ‘seguridad’?

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Por supuesto, muchas personas exigirán seguridad ya que refleja el deseo universal de cuidar y proteger las cosas que importan. Para la mayoría, seguridad significa tener un trabajo digno, un lugar para vivir, acceso a la atención médica y la educación, y sentirse a salvo. Por lo tanto, es fácil entender por qué los movimientos sociales se muestran reacios a dejar de lado la palabra ‘seguridad’, y en cambio buscan ampliar la definición para que incluya y priorice las amenazas reales del bienestar humano y ecológico. También es comprensible que, en este momento en el que casi no hay políticos que reaccionen ante la crisis climática con la seriedad que se merece, que los ambientalistas busquen otros marcos y aliados para conseguir las acciones necesarias. Sería indudablemente un gran avance si pudiéramos reemplazar la interpretación militarizada de la seguridad por un concepto de seguridad humana centrada en las personas.
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Hay organizaciones que intentan hacerlo, como la iniciativa británica Rethinking Security y la Fundación Rosa Luxemburgo y su trabajo sobre perspectivas de una seguridad de izquierda. TNI también ha trabajado el tema, articulando una estrategia alternativa a la guerra contra el terrorismo. Sin embargo, es un terreno difícil dado el contexto de fuertes desequilibrios de poder imperante en el planeta. Por lo tanto, la confusión de significados en torno a la seguridad suele servirle a los intereses de los poderosos, y así la interpretación militarista y corporativa centrada en el Estado prevalece sobre otras, como la seguridad humana y ecológica. Como lo expresa el profesor de relaciones internacionales, Ole Waever, “al denominar un hecho determinado como un problema de seguridad, el ‘Estado’ puede adjudicarse un derecho especial, uno que, en última instancia, siempre será definido por el Estado y sus élites”.
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O, como sostiene el académico contrario a la seguridad Mark Neocleous, “darle un tratamiento de seguridad a asuntos del poder social y político ejerce un efecto debilitador al permitir que el Estado absorba la acción genuinamente política en relación con los asuntos en cuestión, consolidando el poder de las formas existentes de dominación social y justificando el cortocircuito incluso de los más mínimos procedimientos democráticos liberales. En lugar de tratar los problemas como asuntos de seguridad, entonces, deberíamos buscar formas de politizarlos de maneras no referidas a la seguridad. Vale la pena recordar que uno de los sentidos de estar ‘seguro’ es ‘no poder escapar’: debemos evitar pensar en el poder del Estado y la propiedad privada mediante categorías que no nos permitan escapar de ellos”. En otras palabras, existe un fuerte argumento a favor de dejar los marcos de seguridad en el pasado y de adoptar estrategias que brinden soluciones justas y duraderas a la crisis climática.
Véase también: Neocleous, M. y Rigakos, G.S. eds., 2011. Anti-security. Red Quill Books.

17.¿Cuáles son las alternativas a la seguridad climática?

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Queda claro que, de no haber cambios, los impactos del cambio climático serán determinados por la misma dinámica que provocó la crisis climática en primer lugar: poder empresarial concentrado y su impunidad, fuerzas armadas excesivas, un Estado de seguridad cada vez más represivo, pobreza y desigualdad crecientes, formas debilitadas de la democracia e ideologías políticas que premian la codicia, el individualismo y el consumismo. Si continúan dominando la política, los impactos del cambio climático serán igualmente poco equitativos e injustos. Para brindar seguridad a todos en la actual crisis climática, y especialmente a los más vulnerables, sería prudente enfrentar esas fuerzas y no fortalecerlas. Es por eso que muchos movimientos sociales se refieren a la justicia climática y no a la seguridad climática, porque lo que se requiere es una transformación sistémica y no solo asegurar una realidad injusta para continuar en el futuro.
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Sobre todo, la justicia exigiría un programa urgente e integral de reducción de emisiones de los países más ricos y contaminantes, similar al Nuevo Pacto Verde o al Pacto Ecosocial, que reconozca la deuda climática que tienen con los países y comunidades del Sur Global. Exigiría una importante redistribución de la riqueza en el plano nacional e internacional y la priorización de los más vulnerables ante los impactos del cambio climático. La miserable financiación climática que las naciones más ricas prometieron (y que aún no cumplieron) a los países de ingresos bajos y medios es completamente insuficiente para la tarea. Un primer buen paso hacia una respuesta más solidaria ante los impactos del cambio climático sería desviar parte de los 1,981 billones de dólares que el mundo gasta actualmente en las fuerzas armadas. De manera similar, un impuesto a las ganancias corporativas extraterritoriales recaudaría entre 200.000 millones y 600.000 millones de dólares al año para apoyar a las comunidades vulnerables más afectadas por el cambio climático.
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Más allá de la redistribución, fundamentalmente tenemos que comenzar a atacar los puntos débiles del orden económico mundial que podrían vulnerar aun más a las comunidades durante el recrudecimiento de la inestabilidad climática. Michael Lewis y Pat Conaty sugieren siete características esenciales que hacen que una comunidad sea resiliente: diversidad, capital social, ecosistemas saludables, innovación, colaboración, sistemas estables de comunicación y modularidad (esto último significa un sistema donde si algo se rompe, el resto no sufre consecuencias). Otras investigaciones demuestran que las sociedades más equitativas también son mucho más resilientes en una crisis. Todo esto apunta a la necesidad de buscar transformaciones fundamentales de la actual economía globalizada.
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La justicia climática requiere poner a quienes se ven más afectados por la inestabilidad climática en primera línea y en liderazgo de las soluciones. No se trata solo de lograr que las soluciones funcionen para ellos, dado que muchas comunidades marginadas ya tienen respuestas propias para la crisis que todos enfrentamos. Los movimientos campesinos, por ejemplo, con sus métodos agroecológicos, no solo están poniendo en práctica sistemas de producción de alimentos que revelaron ser más resistentes al cambio climático que la agroindustria, sino que también almacenan más carbono en el suelo y construyen las comunidades que pueden resistir en tiempos difíciles.
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Esto exigirá la democratización de la toma de decisiones y el surgimiento de formas de soberanía nuevas que requerirán la reducción del poder y el control de las fuerzas armadas y las empresas, así como el aumento del poder y la rendición de cuentas de los ciudadanos y las comunidades.
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Finalmente, la justicia climática exige una estrategia de resolución de conflictos mediante formas pacíficas y no violentas. Los planes de seguridad climática se nutren con los relatos de miedo y de un mundo de suma cero donde solo un determinado grupo puede sobrevivir. Dan por supuesto el conflicto. La justicia climática busca, en cambio, soluciones que nos permitan prosperar colectivamente, donde los conflictos se resuelvan de manera no violenta y los más vulnerables reciban protección.
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Podemos contar con la esperanza de que, a lo largo de la historia, las catástrofes suelen demostrar lo mejor de las personas, creando minisociedades utópicas y efímeras, construidas precisamente sobre la solidaridad, la democracia y la rendición de cuentas que el neoliberalismo y el autoritarismo han despojado de los sistemas políticos contemporáneos. Así lo registró Rebecca Solnit en Paradise in Hell, donde examinó en profundidad cinco catástrofes de magnitud, desde el terremoto de San Francisco de 1906 hasta la inundación de Nueva Orleans de 2005. Solnit señala que, si bien estos eventos nunca son buenos en sí mismos, pueden “revelar de qué otra manera podría ser el mundo, revelan la fuerza de esa esperanza, esa generosidad y esa solidaridad. Revelan la ayuda mutua como un principio operativo por defecto y a la sociedad civil como algo que espera entre bastidores cuando está ausente del escenario”.
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Vease tambien:
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Comunidades en la primea línea de lucha contra el cambio climático exigen soluciones de justicia climática.
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Agradecimientos: Quisiéramos agradecer a Simon Dalby, Tamara Lorincz, Josephine Valeske, Niamh Ní Bhriain, Wendela de Vries, Nuria del Viso, Deborah Eade y Ben Hayes.

El contenido de este informe se puede citar o reproducir con fines no comerciales y siempre que se mencione debidamente la fuente de información. El TNI agradecería recibir una copia o un enlace del texto en que se utilice o se cite este documento. 

 


Día Mundial de las Ciudades

El 31 de octubre de celebra el Día Mundial de las Ciudades que tiene como objetivo promover el interés de la comunidad internacional en la urbanización sostenible, impulsar la cooperación entre países y ciudades para aprovechar las oportunidades y abordar los desafíos de la urbanización, contribuyendo a la sostenibilidad en todo el mundo.

Bajo el tema general del Día Mundial de las Ciudades: Mejor ciudad, mejor vida, el subtema de este año será Adaptar las ciudades para la resiliencia climática.

Los principales objetivos del Día Mundial de las Ciudades 2021 son:

  • Aumentar la conciencia sobre la adaptación al cambio climático y la resiliencia urbana.
  • Inspirar acciones climáticas a nivel local compartiendo conocimientos sobre soluciones efectivas de
    resiliencia en sistemas urbanos.
  • Contribuir a la implementación de la Nueva Agenda Urbana, el Marco de Sendai para la Reducción
    del Riesgo de Desastres y el Acuerdo de París para el Cambio Climático para lograr los Objetivos de
    Desarrollo Sostenible (ODS).

Esto se relaciona con el Objetivo de Desarrollo Sostenible 11, meta 11b, que señala:

“Para 2020, aumentar sustancialmente el número de ciudades y asentamientos humanos que adoptan e implementan políticas y planes integrados para [...] la adaptación al cambio climático y la resiliencia a los desastres.”

La Nueva Agenda Urbana (párr. 79) incluye un compromiso complementario de: “promover la acción climática
internacional, nacional, subnacional y local, incluida la adaptación al cambio climático y [...] apoyar la
construcción de resiliencia”.

El Día Mundial de las Ciudades marca el final de las celebraciones del mes de Octubre Urbano, que este año
promueve la acción climática ambiciosa y tiene lugar inmediatamente antes de la 26ª Conferencia (COP-26) de la Convención Marco de las Naciones Unidas (CMNUCC), del 1 al 12 de noviembre de 2021 en Glasgow, Escocia, por lo que es una oportunidad de consolidar mensajes, logros y preocupaciones de la comunidad urbana para llevarlos a la COP-26.

Fomentar la resiliencia a la crisis climática puede impulsara las economías y hacer que las ciudades sean más saludables y mejores lugares para vivir.

FUHEM Ecosocial ha colaborado con  ONU Hábitat en la difusión de los eventos organizados en la campaña  Octubre Urbano y por ello, para celebrar el Día Mundial de las Ciudades ofrecemos una selección de artículos publicados en nuestra revista Papeles de relaciones ecosociales y cambio global, que ha dedicado un interés  especial por abordar temas relacionados con el derecho a la ciudad, los problemas y desafíos del mundo urbano, la ciudad global, el reto de las ciudades ante la alimentación sostenible, los procesos de gentrificación, las iniciativas comunitarias y movimientos vecinales, las nuevas formas de habitar lo urbano, la ciudad como espacio común, la calidad de vida y la perspectiva de género en la ciudad, la agroecología y los huertos urbanos, las ciudades sostenibles, la resiliencia, es decir la ciudad por la que merece la pena luchar.

Derecho a la vivienda, derecho a la ciudad. Por una acción municipalista, Agustín Hernández Aja, Iván Rodríguez Suárez, Lucas Álvarez del Valle, Papeles de relaciones ecosociales y cambio global, núm. 148, invierno 2019-2020, pp. 71-84.

La trampa de una visión urbano-céntrica. David Harvey, del derecho a la ciudad a la revolución urbana, Jean-Pierre Garnier, Papeles de relaciones ecosociales y cambio global, núm. 147, otoño 2019, pp. 99-107.

La “smart city” o la “cité radieuse” en la era digital,  Jean-Pierre Garnier, Papeles de relaciones ecosociales y cambio global, núm. 144, inviierno 2018-2019, pp. 91-103.

Comentarios críticos al texto de Jean-Pierre Garnier “Gentrificación: un concepto inadecuado para una temática ambigua”, Ibán Díaz Parra, Papeles de relaciones ecosociales y cambio global, núm. 141, primavera 2018, pp. 39-46.

Agroecología y ciudad: Alimentación, ambiente y salud para una agenda urbana sostenible, Walter Pengue, Papeles de relaciones ecosociales y cambio global, núm. 139, oto´ño, 2017, pp. 63-77.

Las ciudades españolas ante el reto de la alimentación sostenible, Pedro M. Herrera, Daniel López y Nuria Alonso, Papeles de relaciones ecosociales y cambio global, núm. 139, otoño, 2017, pp. 133-141.

«Gentrification»: un concepto inadecuado para una temática ambigua Jean-Pierre Garnier, Papeles de relaciones ecosociales y cambio global, núm. 137, primavera, 2017, pp. 13-26.


Problemas y desafíos del mundo urbano
nún. 130, verano 2015

Hacer frente al proyecto urbanizador del capital, Santiago Álvarez Cantalapiedra, pp. 5-10.

La invisibilización urbana de las clases populares, Jean Pierre Garnier, pp. 29-45.

Financiación local. Apuntes para un cambio en el modelo, Bernardino Sanz y David Bustos, pp. 47-61.

Endeudamiento urbano. La insostenibilidad social de la deuda municipal de Madrid, Carlos Sánchez Mato, pp. 63-74.

Inmigrantes en ciudades globales. El caso de Madrid, Colectivo Ioé, pp. 75-87.

La trascripción espacial del empobrecimiento general. Los barrios como el sumidero de los desechos de la crisis, Víctor Renes Ayala, pp. 89-102.

La ciudad por la que merece la pena luchar, Vicente Pérez Quintana, pp. 103-112.

Municipios y participación ciudadana
núm. 129, primavera 2015

La apuesta municipalista, Santiago Álvarez Cantalapiedra, pp. 5-10.

La ciudad como espacio común, Imanol Zubero, pp. 13-23.

(Re)volver a la ciudad para conquistar la calidad de vida, Julio Alguacil Gómez, pp. 25-35.

Apuntes sobre algunas consecuencias sociales de la reforma local, de 2013, Andrés Boix Palop, pp. 37-52.

Un tema clave: el modelo de financiación local y su relación con los distintos modelos inmobiliarios, José Manuel Naredo, pp. 53-55.

Porqué las ciudades y las ciudadanías son tan importantes, Fernando Prats, pp. 57-71.

Ciudades para las personas, ciudades para la vida: Género y urbanismo, Isabela Velázquez Valoria, pp. 73-83.

Llevar la Transición a la ciudad: problemas y posibilidades del enfoque de «Transición» para cambio climático y la limitación de recursos, Peter North y Noel Longhurst, pp. 85-98.

La revolución democrática desde abajo en el municipalismo: ciudadanía, movimientos sociales y otra manera de hacer política, Jordi Mir, pp. 99-109.

Tendencias y alternativas urbanas
núm.111, otoño 2010

Tendencias y alternativas urbanas, Olga Abasolo, pp. 5-8.

La urbanización del mundo, Javier Gutiérrez Hurtado, pp. 41-55.

Los ecosistemas urbanos en la Evaluación de los Ecosistemas del Milenio en España, Juan Carlos Barrios, pp. 57-66.

Aceras, plazas y parques: la potencialidad de la ecología urbana y las prácticas barriales, José L. Fernández Casadevante y Alfredo Ramos, pp. 7-76.

De los ecobarrios a las ecociudades. Una formulación sintética de la sostenibilidad urbana, Carlos Verdaguer, pp. 77-85.

La okupación como transformación del estado presente de las cosas, Jacobo Rivero y Olga Abasolo, pp.87-97.

Agricultura urbana: un aporte a la rehabilitación integral, Nerea Morán, pp. 99-111.

El idealismo del espacio público, Manuel Delgado, pp. 113-120.


Otros Artículos de PAPELES:

Pequeñas ciudades, transformaciones rurales y consumo de alimentos en el Sur Global, Cecilia Tacoli, Papeles de relaciones ecosociales y cambio global, núm. 131, otoño 2015, pp. 23-33.

Ciudad, urbanismo y clases sociales en perspectiva, Jordi Borja, Papeles de relaciones ecosociales y cambio global, Papeles de relaciones ecosociales y cambio global, núm. 126, verano 2014, pp. 111- 127.

¿Regeneración urbana? Deconstrucción y reconstrucción de un concepto incuestionado, María Castrillo, Ángela Matesanz, Domingo Sánchez Fuentes y Álvaro Sevilla, Papeles de relaciones ecosociales y cambio global, núm. 126, verano 2014, pp. 129-139.

CittàSlow: la lentitud para construir una ciudad sostenible, Mara Miele, Papeles de relaciones ecosociales y cambio global, núm. 122, verano 2013, pp. 129-139.

Cultivar la resiliencia. Los aportes de la agricultura urbana a las ciudades en transición, José Luis Fernández Casadevante y Nerea Morán Alonso, Papeles de relaciones ecosociales y cambio global, núm. 119, otoño 2012, pp. 131-143.


Encuentro Mundial Educar para la vida

El Encuentro Mundial Educar para la Vida es una movilización cultural a nivel mundial sobre la educación para la vida como clave de construcción de un futuro colectivo y el respeto por el bien común, tendrá lugar del 2 al 12 de noviembre de 2021.

Es un proyecto que tiene la finalidad de reflexionar y crear un diálogo en torno a la educación, a las formas de vida que hemos adoptado como humanidad y a las posibilidades de transformarlas mediante una educación diferente. Este proyecto surgió a partir del desafío que para la humanidad ha significado la pandemia y la crisis ambiental, desafíos que se han visto agravados por problemáticas sociales como la desigualdad, la pobreza y las migraciones.

MOTIVACIONES

La educación se enfrenta a una gran encrucijada para tiempos de post pandemia. El planeta podría ser considerado en emergencia humanitaria, las tensiones producidas por el cambio climático, el hambre, las guerras y la pandemia muestran que su efectos negativos y las soluciones son desiguales.

La contundencia de la realidad y la incertidumbre de las respuestas tanto científicas, como políticas y económicas, hacen que la educación aparezca, una vez más, como la tabla de salvación de la especie. Con ella tendremos la capacidad de  construir los puentes necesarios para lograr una relación armoniosa con nosotros, con la naturaleza y con la vida.

¿Es la educación el punto de partida para identificar aquellos aspectos que nos han conducido a la situación actual; al desequilibrio, a la injusticia, a la monetización de la vida y al progresivo deterioro de la naturaleza?

¿Cómo consolidar el papel de la educación crítica y un escenario democrático que garantice los derechos humanos y el respeto a la vida?

¿Es posible que desde la educación se produzcan las transformaciones necesarias para reconocer el valor de la naturaleza, de los ecosistemas y de las otras especies, y la aceptación colectiva que desde nuestra supervivencia como especie depende en gran medida del respeto hacia ellas?

¿Es posible que desde la educación se pueda impulsar la movilización social como fuente pacífica de cambio cultural y político?

OBJETIVOS

  • Dinamizar una movilización cultural transformadora de las formas de pensar, de producir, de consumir, de convivir en armonía con nosotros mismos, con la comunidad, con la sociedad y con la naturaleza, teniendo en cuenta la perspectiva de la educación como clave para la construcción de un futuro colectivo basado en el respeto por el bien común.
  • Desarrolla un diálogo de experiencias individuales, institucionales, comunitarias, colectivas, que permita conocer la estrategias y metodologías que desde la educación se han construido y constituyen dinámicas ejemplares. posibles de ser reproducidas, adaptadas, acogidas como fuentes de transformación de la vida.
  • Promover en la ciudadanía del mundo, organizaciones no gubernamentales, instituciones, espacios de intercambio, redes de cooperación, estrategias de incidencia política y de comunicación, medios alternativos sobre la educación y la vida antes y después de la pandemia como una plataforma para el cambio educativo, económico, cultural, político y el impulso de la transición ecológica.
  • Identificar y elaborar puentes que permitan la transformación de la educación en relación con los aspectos de la vida que no forman parte de la agenda educativa y comunicativa tradicional en las distintas regiones del planeta.

 

FORMATOS DE PARTICIPACIÓN

Conferencias: desarrollo de un tema estratégico orientado a pensar de forma crítica la realidad de los diferentes campos de reflexión, su importancia a nivel planetario y su relación con la educación.

Paneles: conversación entre dos expertos sobre un tema específico relacionado con cada uno de los campos de reflexión.

Diálogos: presentación de experiencias de distintas partes del mundo relacionadas con las grandes temática del Encuentro.

 

CAMPOS DE REFLEXIÓN 

El diálogo que este Encuentro propone se realizará en formato virtual y se desarrollará alrededor de seis temas: Educar para la crítica, Cultura de paz, Ciudadanía global, Justicia, Comunicación y Educar en la vida y con la vida.

 

 

 

Educar para la crítica

Es necesario formar una ciudadanía sin miedo para dilucidar con acierto sobre la información verdadera o falsa que circula en medios y redes. Una ciudadanía inmune al engaño que diferencie lo que es bueno para todas y se movilice para lograrlo. Con clara conciencia de respeto por el bien común. Es Incorporar a las escuelas, colegios e institutos una pedagogía para la crítica centrada en mejorar la capacidad de compresión de niñas, niños y jóvenes sobre las distintas realidades, para tener elementos claros de entendimiento de las continuas crisis humanas y ecológicas, y encontrar la mejor forma de enfrentarlas. Es enseñar a los y las que van llegando que hemos hecho cosas buenas y, al mismo tiempo, tantas que pudieron evitarse. Enseñar que es posible que el mundo fuera otro si como ciudadanía hubiéramos conocido el daño que podríamos provocar.

16 Conferencias y 4 Experiencias

Cultura de Paz

Entendidas como un proceso de reconocimiento de las miles de formas, experiencias de resistencia y expresiones locales, comunitarias, étnicas de las que se puede aprender a vivir pacíficamente o a defenderse pacíficamente de la guerra. El universo de los DDHH y la democracia como el escenario de su garantía. Una cultura antimilitarista en donde el lenguaje bélico haya sido reemplazado por uno de la solidaridad, un lenguaje de la aceptación de los disensos múltiples, desde donde se trabaje arduamente en la construcción de una sociedad planetaria justa, antipatriarcal, antirracista, solidaria con nosotros mismos como seres humanos, con las otras especies que habitan el planeta y con la misma naturaleza de la cual somos parte.

10 Conferencias y 3 Experiencias

Ciudadanía global

Las preguntas sobre qué somos como especie, de qué manera ocupamos el planeta y cómo distribuimos la riqueza, nos obligan a pensarnos como una ciudadanía global cargada de responsabilidades frente a los más vulnerables y frente a otras especies. Ser ciudadanos del mundo es tener derechos y es, ante todo, un proyecto político de dimensiones e interconexiones incalculables en donde la educación debe ser entendida como una movilización cultural para la transformación de las formas de vida contrarias a la vida misma. Pero cabe interrogarnos sobre la idea de la naturaleza como bien común. Ser ciudadanos del mundo es reconocernos como parte de la naturaleza y desde allí respetar con inteligencia la vida misma.

11 Conferencias y 3 Experiencias

El día 4 de noviembre Santiago Álvarez Cantalapiedra, director de FUHEM Ecosocial, participará con la Conferencia:

Santiago Álvarez

La crisis ecosocial y la injusticia ecológica como amenazas para la paz

Modera: Lina Vásquez

País: España
Hora: 17:00 a 17:50
Idioma: Español

 

Justicia

El mundo actual muestra cómo el poder económico monopoliza las decisiones, concentra los beneficios y reclama derechos mientras elude deberes. La ausencia de solidaridad y compromiso con un modelo económico más equitativo y justo por parte de los poderosos es una realidad incuestionable, pero sería bueno entender que no se trata de filantropía o compasión, sino más bien de justicia. Justicia que en el plano de lo social debería entenderse como la garantía de derechos mínimos que cualquier ser humano debe poseer. Se hace necesario mirar con atención cómo todos estos derechos básicos se han convertido en un negocio y un espacio para desplazar responsabilidades y agencias. Su garantía se ha ido postergando. Nos han educado alejados de la comprensión de lo que es justo, de los derechos, y aceptamos con facilidad que, en medio de la opulencia de unos pocos, millones pasan hambre.

6 Conferencias y 3 Experiencias

Comunicación

Hemos ido creando, de la mano de la tecnología, un territorio virtual en el que, cada vez y con mayor intensidad y velocidad, nos integramos. Ese tránsito de tener medios de comunicación a habitar un territorio de la comunicación está transformando, no solo la manera como nos comunicamos y relacionamos, sino también, la forma como vivimos y hacemos política. Ya sabemos que la política es ante todo comunicación. Ese territorio virtual está en disputa. Y la educación es clave de comprensión de lo que sucede, lo que se está construyendo y cómo puede ser utilizado en pro del bien común. La política, entendida como un lenguaje de administración, gestión y manipulación del poder, encuentra en ese territorio herramientas de comunicación nunca antes disponibles. Las empresas compiten en un mercado de un alcance inimaginable. Las instituciones educativas tienen acceso a la biblioteca más grande; internet, los aspectos y dinámicas de lo global comprenden ahora ciertos monopolios de la comunicación que forman interconexiones, formas y tiempos distintos, especialmente en los campos de la educación.

7 Conferencias y 4 Experiencias

Educar en la vida y con la vida

La mente y el cuerpo son territorios de altísima complejidad y sus cartografías serían bitácoras claves para comprender el camino, ese trayecto, ese viaje corto que es la vida y en el que tantas veces naufragamos. El cerebro y la mente, lugares de enigmas y profundos misterios de emociones vitales y el cuerpo, territorio de los sentidos, son la vida misma. Unos desconocidos, el otro objeto de violencias, vetos y tabúes. La mente ha sido colonizada por la razón instrumental. La imaginación encerrada en la norma y condenada por subversiva. El arte como expresión de la singularidad y por lo tanto de la vida tiene cerradas las puertas de la Escuela.

El aula es centro de atención programada del conocimiento y no está pensado como un espacio de vida. Como eco territorio. La pandemia advierte sobre ese desconocimiento del cuerpo y mente y ha hecho emerger miedos que provienen de allí, la intención política de reclamar el regreso a la normalidad contrasta con la crítica a esa normalidad y la lucha por cambiarla.

8 Conferencias y 11 Experiencias

El día 8 de noviembre Luis González Reyes de FUHEM Educación participará con la Conferencia:

Luis González Reyes

Por qué y cómo realizar una educación ecosocial

Modera: Carlos solano

País: España
Hora: 18:00 a 18:50
Idioma: Español

EXPERIENCIAS

Del  9 -12 de noviembre se presentarán 28 experiencias, procedentes  de diferentes partes del mundo.

Descarga el Programa de Experiencias

 

Puedes consultar sobre los diferentes participantes en el Encuentro.

Inscripción

 

PROGRAMACIÓN

                                                                 


Escenarios temporales de la crisis pandémica

 

El próximo 26 de octubre de 2021 tendrá lugar la tercera sesión del Ciclo Debates para un Pensamiento Inclusivo, organizado por FUHEM Ecosocial y La Casa Encendida. Este ciclo de encuentros tiene como objetivo reflexionar y debatir sobre las grandes tendencias y cuestiones que atañen a nuestro tiempo, y que definen el funcionamiento y los objetivos del sistema socioeconómico en el que vivimos, para imaginarnos entre todos y todas, alternativas justas, inclusivas y sostenibles.

La sesión Posibilidades y probabilidades: Lo que podemos aprender de lo ocurrido, parte de tres preguntas ligadas a los escenarios temporales de la crisis pandémica (pasado, presente y futuro) para abordar cómo, en la era del capitalismo global, las formas de relacionarnos con la naturaleza han generado condiciones idóneas para la propagación de pandemias, exacerbando además la virulencia ligada a las perturbaciones climáticas.

En este contexto, el encuentro reflexiona, además, sobre las claves para prevenir futuras pandemias en un marco de incertidumbre y complejidad.

Existe un amplio consenso entre la comunidad científica sobre el hecho de que la presión humana sobre los ecosistemas está erosionando la biodiversidad y las barreras naturales que nos protegen de aquellos agentes patógenos que favorecen las condiciones ideales para la propagación de pandemias de origen zoonótico.

Se cree que esta situación contribuye, además, a acentuar, tanto por su frecuencia como por sus impactos, fenómenos ligados a la crisis ecosocial, como, por ejemplo, las perturbaciones climáticas. Pese a todo esto, los avisos de la ciencia durante décadas han caído en saco roto, siendo completamente desatendidos por la acción política.

En este diálogo el encuentro pretende reconstruir, a través de los distintos aspectos que conforman la temática, los escenarios que han marcado el desarrollo de esta crisis anunciada.

En el apartado ¿Qué ha pasado?, haremos un diagnóstico del panorama al que hemos llegado, inmersos en la confluencia de muchas crisis.

En ¿Qué pasa?, analizaremos este conocimiento como lección ante futuras amenazas.

Por último, en '¿Qué podría pasar?', haremos una proyección en el marco de una realidad cambiante, compleja e incierta.

En ese sentido, la Covid-19 ha dejado expuestas amplias brechas de conocimiento, incertidumbre, conflictos de valores, intereses y visiones enfrentadas, no sólo acerca de la enfermedad sino también acerca de la sociedad. Además, ha puesto en tela de juicio el papel mismo de la ciencia en relación con problemas complejos, en el sentido de que el estado actual del conocimiento científico no es capaz de garantizar la predicción absoluta y el control sobre cualquier tipo de perturbación que podamos experimentar en el futuro.

Ante esta situación, probablemente sería mucho más efectivo que nuestras sociedades se orientasen también a actuar en la búsqueda de resiliencia-adaptación, y no bajo el supuesto de que los recursos deberían asignarse exclusivamente al desarrollo de una estrategia de predicción y control.

Una lección que la pandemia ha dejado clara es que tenemos que convivir con la complejidad. A partir de ahí, y siendo conscientes del contexto incierto en el que hay que tomar además decisiones urgentes, la cuestión es: ¿Sabemos cómo hacerlo?

Participan en el debate tres de los autores del número 154 de la revista Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, “Pandemia y Crisis Ecosocial”.

Modera: Santiago Álvarez Cantalapiedra, director de FUHEM Ecosocial y de la revista Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global.

Coordina: revista Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global de FUHEM Ecosocial.

La actividad se desarrolla en una sala Zoom entre las 18 y las 19.30 h. Inscríbete de forma gratuita.

Una vez realizada la inscripción, y antes de cada sesión, se enviará un correo electrónico de confirmación con los datos de acceso al encuentro.