III Jornadas de Justicia Alimentaria

III JORNADAS DE JUSTICIA ALIMENTARIA: CRISIS ALIMENTARIA,  ALTERNATIVAS

Las Jornadas de Justicia Alimentaria llegan a su tercera edición. Desde el último martes del mes de febrero y a lo largo de los 3 primeros martes de marzo, colectivos, fundaciones, academia, cooperativas, grupos de producción y consumo, así como todas las personas interesadas e involucradas en cambiar el rumbo a un sistema alimentario injusto, inseguro e insostenible volverán a darse la cita para seguir reflexionado juntas, y fortalecer ese entramado de conexiones y espacios de resistencia que se construyen en pro de una alimentación inclusiva, justa y sostenible para todas las personas.

Tras una pandemia, una guerra en curso y hambrunas en muchas partes del mundo impulsadas también por el calentamiento global, no podemos quedarnos con los brazos cruzados. A lo largo de estos últimos años, venimos comprobando cómo la capacidad de las personas para alimentarse de forma adecuada se ha visto afectada a nivel global por la pandemia de la COVID-19, que ha puesto a  prueba el sistema alimentario industrial y globalizado.

En ese sentido, por ejemplo, el reciente informe Alimentando un futuro sostenible, habla de que alrededor de 6.235.971 personas en España sufren inseguridad alimentaria. Cifra esta, que ha sufrido un incremento desde el inicio de la COVID-19, aunque los datos muestran que el problema de los hogares españoles para acceder a alimentos adecuados es de carácter estructural y que no está únicamente ligado a crisis coyunturales.

Tampoco podemos hacer oídos sordos al hecho de que el sistema alimentario es el principal impulsor de impactos ambientales, tanto en lo que se refiere a sus requerimientos como en relación con la huella de residuos y las pérdidas que genera.

En ese sentido, las jornadas abordarán también esa paradoja generada por las mismas dinámicas del sistema. Pero también y, sobre todo, estas jornadas quieren hacerse eco y compartir las experiencias que, desde diferentes ámbitos, se proponen como espacio de prácticas y lógicas alternativas al modelo dominante.

Esta edición contará además con una novedad. Desde el comité de organización se ha decidido abrir un espacio para recibir comunicaciones por parte de colectivos/organizaciones y toda persona interesada, con el objetivo de ampliar el alcance de las reflexiones, propuestas y experiencias más allá de las cuatro sesiones de las jornadas 2023. A través de este enlace, se pueden consultar los requerimientos para el envío de las comunicaciones. El envío de los textos estará abierto entre el 20 de febrero y el 10 de abril de 2023 y se realizará a través de la siguiente dirección de correo electrónico: justicialimentaria@fuhem.es

Todas las comunicaciones recibidas que cumplan con los requerimientos se publicarán posteriormente en una sección de esta página, y podrán ser consultadas libremente.

Las Jornadas tendrán lugar en: Calle Barbieri, 18, local izda.

PROGRAMA:

1ª Sesión: La alimentación en el cruce de las crisis del s. XXI

Martes 28 de febrero. 19:00-21:00 h.

  • Presentación y moderación.. Santiago Álvarez Cantalapiedra - FUHEM Ecosocial.

Intervienen:

  • La alimentación secuestrada por un modelo agroindustrial global. Kattya Cascante - Universidad Complutense Madrid.
  • La inseguridad alimentaria en el estado español: un problema estructural. Ana Moragues - Universidad de Barcelona.

Debate.

 

2ª Sesión: La paradoja del desperdicio alimentario

Martes 7 de marzo. 19:00-21:00 h.

Intervienen:

  • Análisis crítico del Proyecto de Ley de prevención de las pérdidas y el desperdicio alimentario. Propuestas para una ley transformadora. María González López - Enraíza Derechos.
  • Alimentos con segundas oportunidades: Espigoladors, un proyecto con una visión sistémica de las pérdidas y el desperdicio alimentario. Cèlia Vendrell - Fundación Espigoladors.
  • Rescatar para alimentar. Construyendo proyectos sociales para barrios más dignos. Alfonso Puras de Luis - Re-Food Madrid.

Debate.

 

Sesión 3ª: Experiencias I. Hacia alternativas alimentarias

Martes 14 de marzo. 19:00 21:00 h.

  • Presentación y moderación. José Ramón González - Carta Contra el Hambre.

Intervienen:

  • Tarjeta alimentaria: ventajas y limitaciones para abordar la insolvencia en el acceso a los alimentos. Carlos Pereda - Carta contra el Hambre e Invisibles de Tetuán.
  • Modelos agroecológicos populares. Joaquín Diego Hernández - Surco a surco.
  • Huertos urbanos y compostaje comunitario. Oportunidades y desafíos en la cogestión de los biorresiduos. Sara Sama - UNE

Debate.

 

Sesión 4ª: Experiencias II. Pisando la tierra. 

Martes 21 de marzo. 19:00-21:00 h.

Interviene:

  • Vida en la no vida. Red social y comunitaria por el derecho a la alimentación. Emiliano de Tapia - ASDECOVA, Salamanca

Debate

Descanso.

Relatorías y conclusiones de las jornadas 

Moderación y cierre de las Jornadas a cargo de Santiago Álvarez Cantalapiedra - FUHEM Ecosocial.

 

Organizan: FUHEM Ecosocial, Espacio Social ElSanta, Observatorio para el Derecho a la Alimentación de la Comunidad de Madrid - Carta Contra el Hambre, Madrid Agroecológico

Con el apoyo de: Surco a surco. Fundación San Martín de Porres.

 

Ediciones anteriores:

II Jornadas de Justicia Alimentaria. 

I Jornadas de Justicia Alimentaria.


Factor demográfico. Papeles 160

Disponible el número 160 de la revista Papeles de relaciones ecosociales y cambio global sobre el Factor demográfico.

El factor demográfico no constituyó una cuestión de gran interés mientras habitamos en un mundo “vacío”. Sin embargo, en los siglos XIX y XX, con Malthus, Hardin y los Ehrlich a la cabeza, se suscitó una profunda reflexión sobre este asunto con tintes alarmistas. También fue un factor importante, aunque en sentido contrario, durante el desarrollo de los nacionalismos: más población equivalía a más brazos (para la guerra o para el sistema productivo), y más poder para los estados.

A medida que nos internamos en un mundo “lleno” y se despliega la multicrisis ecosocial, el tema del factor demográfico cobra una relevancia nueva y se pone de manifiesto una profunda brecha demográfica. Si en unos lugares puede constituir un problema por exceso, en otros –como en el interior de España– se da un problema de vaciamiento, envejecimiento y desterritorialización. A ello se añaden los aspectos sobre fecundidad –con sus implicaciones sociales–, la crisis de cuidados y las crecientes tendencias migratorias, que, junto a las tendencias de expulsión, se convierten hoy en un factor demográfico crucial.

Este PAPELES dedica su Introducción y su semimonográfico a tratar estas cuestiones en su sección A Fondo, examinando varias de las aristas de esta poliédrica y espinosa cuestión: no ha sido un asunto fácil de integrar para el pensamiento progresista, y a menudo ha quedado velado y olvidado.

En sendos artículos en Actualidad se examina el fenómeno de la ecoansiedad y los crecientes sentimientos de ansiedad ante los impactos de la crisis ecosocial, y se pone luz a creciente desigualdad de riqueza en España.

Experiencias analiza el caso del Erasmus Rural y la experiencia de la autora en un proyecto en Teruel.

Ensayo ofrece una reflexión sobre el paradigma relacional como opuesto al binarismo e individualismo del pensamiento de la modernidad.

El número se cierra, como es habitual, con la sección Lecturas.

A continuación, ofrecemos el Sumario de la revista donde se podrán descargar en abierto y de forma gratuita la Introducción del número de Santiago Álvarez Cantalapiedra y el artículo de Begoña Elizalde San Miguel sobre el descenso de la fecundidad publicado en la sección A Fondo.

SUMARIO

INTRODUCCIÓN

Factor demográfico y crisis ecosocial, Santiago Álvarez Cantalapiedra

A FONDO

Nueva demografía, viejas ideologías. (O el cambio demográfico y la respuesta política), Julio Pérez Díaz.

El debate sobre la población en la crisis ecosocial, Eileen Crist y Lyla Metha.

Despoblación, desterritorialización y multicrisis global, Luis Del Romero Renau.

El descenso de la fecundidad: un déficit de bienestar colectivo sobre el que la demografía lleva años alertando, Begoña Elizalde San Miguel.

¿Crisis demográfica o crisis de cuidados?, Ferran Muntané Isart.

¡Moveos, moveos, malditos! Migraciones en el siglo XXI en España, Andreu Domingo.

ACTUALIDAD

Ecoansiedad: de la parálisis a la acción climática y ambiental, Irene Baños Ruiz.

La desigualdad de la riqueza se ha doblado en el siglo XXI, según el Banco de España, Carlos Pereda.

EXPERIENCIAS

La iniciativa Erasmus Rural y el caso de Mas Blanco. Tejiendo las redes entre lo académico y lo rural, Nuria Salvador Fernández.

ENSAYO

El paradigma relacional, José Aristizábal G.

LECTURAS

RESÚMENES

 

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Factor demográfico y crisis ecosocial

Artículo de Santiago Álvarez Cantalapiedra publicado como Introducción del número 160 de la revista Papeles de relaciones ecosociales y cambio global.

El mundo ha superado recientemente la cifra de 8.000 millones de seres humanos. Hace apenas dos siglos había 1.000 millones de personas sobre la faz de la tierra, que en promedio vivían 35 años; hoy, no solo somos ocho veces más, sino que vivimos el doble.

El impulso demográfico más intenso se ha producido en los últimos cincuenta años, cuando la población mundial pasó de 4.000 millones en 1974 a 8.000 millones en 2022, mientras la esperanza de vida mundial se incrementaba en ese mismo periodo en 13 años.1 Por otro lado, esa población está geográficamente distribuida de manera muy desigual y con dinámicas demográficas muy dispares, por lo que el envejecimiento y el declive demográfico empiezan a ser un hecho en gran parte del mundo (la mitad de la población mundial vive ya en países donde la fecundidad está por debajo del nivel de reemplazo de 2,1 hijos por mujer),2 mientras que en otras zonas -África, principalmente- la juventud y el crecimiento demográfico seguirán siendo la norma durante años.

Además, la población mundial se ha hecho urbana. Desde el año 2007, por primera vez en la historia de la humanidad, viven más personas en las ciudades que en el campo simbolizando el abandono de lo que la especie humana fue desde su aparición: una especie formada por cazadores, recolectores y productores de alimentos.

En consecuencia, en el transcurso de dos generaciones hemos “llenado el mundo” y en apenas una el “hábitat humano ha pasado a ser urbano”. Eso ha comportado un impacto ecológico colosal al reflejar la aceleración de la ruptura metabólica que se venía fraguando desde la revolución industrial y que nos ha conducido a la situación de extralimitación en que nos encontramos. Así pues, la dinámica demográfica no puede disociarse del tipo de intercambio con la naturaleza que la civilización industrial capitalista impuso hace doscientos años como tampoco cabe obviar, en el contexto de extralimitación y destrucción en el que estamos, que la demografía representa un factor para tener en cuenta en la actual crisis ecosocial.

 

El peso de la demografía

La importancia de la demografía se deja ver en la evolución social, económica, geopolítica y ecológica del mundo. Más de la mitad de la población mundial vive en el continente asiático, particularmente en la franja que va desde el sur al este (que incluye Pakistán, India, Bangladesh, China, Vietnam, Tailandia, Myanmar, Indonesia y las islas Filipinas), y hacia allí se está desplazando el centro de gravedad económico, político y cultural que está armando el poder global al inicio de este siglo.

Pero el dinamismo demográfico se sitúa, según las proyecciones, en África, el único continente donde aún hay más población rural que urbana. Se estima que la población del continente se duplicará en menos de treinta años (alcanzando la cifra de 2.500 millones en el año 2050), por lo que para entonces más de una cuarta parte de la humanidad será africana. El crecimiento poblacional de África es dos veces el del Sureste asiático y casi tres veces el de América Latina, y lo que impulsa esa dinámica es el hecho de que en la mayoría de los países africanos alrededor del 70% de su población sea menor de 30 años.

Esto contrasta fuertemente con la situación del resto del mundo, donde la población autóctona envejece aceleradamente. España y la UE representan casos paradigmáticos. Según los datos más recientes del INE, la población de España aumentó en 182.141 personas durante la primera mitad del año 2022 y se situó en 47.615.034 habitantes, pero ese crecimiento se debió a un saldo migratorio positivo de 258.547 personas, que compensó con creces un saldo vegetativo negativo de 75.409 personas.3

Las previsiones de que se reduzca la población española en las próxima décadas, al tiempo que se incrementa su edad promedio, hacen que se hable de la dinámica demográfica como un reto de primer orden cuyos efectos se sentirán en los patrones de consumo y de ahorro, en la evolución de la fuerza laboral y en la eficacia del sistema de bienestar social al implicar un incremento significativo del gasto público en pensiones, sanidad y servicios sociales.4 Al problema del envejecimiento se suma además el de la distribución geográfica, de manera que las zonas más envejecidas coinciden además con las más despobladas. España es un reflejo de lo que está sucediendo en el resto de la UE: sin la migración, la población europea se habría reducido en medio millón durante el año 2019, dado que los nacimientos representaron 4,2 millones frente a los 4,7 millones de decesos.

 

Brecha demográfica

Esta disparidad de dinámicas entre países y continentes está provocando cambios profundos en el mundo que conocemos, creando la mayor brecha demográfica de la historia. Por un lado, los viejos países centrales del capitalismo global, que han concentrado el poder mundial durante los últimos siglos, se están convirtiendo en las sociedades más avejentadas del planeta. Por contraste, en las naciones más pobres y menos poderosas (la periferia más subordinada del capitalismo mundial) es donde reside hoy la mayor parte de la población joven. Esta división será un factor clave que impulsará las relaciones políticas, económicas y culturales durante las próximas décadas, alterando no solo la importancia económica de los países y los flujos del comercio internacional, sino también casi todos los órdenes de la vida como la creatividad y la innovación tecnológica, el papel y peso de las distintas religiones, la diversidad social y los patrones migratorios.

 

¿El siglo de las migraciones?

Podría pensarse que las brechas y desequilibrios demográficos impulsarán indefectiblemente los procesos migratorios. Los países centrales del capitalismo más añejo encontrarían en la inmigración la solución a sus problemas, mientras que la población joven de los países pobres hallaría fuera de sus fronteras las oportunidades que no tiene en sus lugares de nacimiento.5 El asunto, sin embargo, no es tan simple ni automático como aparenta, pero ayuda a situar la cuestión migratoria como «piedra de toque para discriminar entre opciones emancipatorias y regresivas».6 Dentro de las posturas regresivas, algunos contemplan la migración como una tabla de salvación, mientras que otros ven en el mismo fenómeno la peor de las amenazas.7

Las opciones emancipatorias, alejadas de esta visión instrumental de las migraciones como oportunidad o amenaza, ponen de manifiesto que lo que se trasluce de todo ello no es sino el intento de los viejos centros capitalistas de aferrarse a un modo de vida imperial que la crisis ecosocial nos revela que solo puede mantenerse a fuerza de profundizar en el ecocidio y el genocidio. Volveremos sobre ello más adelante, pues lo que ahora interesa es enmendar alguna distorsión importante en torno a cómo se suelen contemplar los procesos migratorios.

Para empezar, no hay una invasión derivada de un supuesto crecimiento desbordado de las migraciones internacionales. Se estima que el número de migrantes internacionales (personas que viven en un país del que no son ciudadanos) alcanzó una cifra alrededor de los 272 millones en 2019.8 Un porcentaje de la población que oscila entre el 3 y el 3,5% de la población mundial y que se ha mantenido sin grandes variaciones a lo largo de las últimas décadas,  pues -como sostienen los premios Nobel Barnejee y Duflo- «en el año 2017, la proporción de migrantes internacionales en relación con la población mundial era casi la misma que en 1960 o 1990: el 3 por ciento».9 Muy lejos de los porcentajes de la gran migración europea de finales del XIX y principios del XX: con un 6%. Por otro lado, las desigualdades y brechas económicas por sí solas no resultan suficientes para explicar el movimiento transfronterizo de personas. Si la migración solo respondiera a la desigualdad de ingresos, sería difícil explicar por qué los migrantes no eligen sistemáticamente a los países más ricos o por qué los niveles de migración difieren entre países con niveles similares de ingresos. Tampoco lograría explicar por qué algunos migrantes regresan a sus países de origen aun cuando las diferencias de ingresos entre el origen y el destino se siguen manteniendo.

Los modelos migratorios que se basan únicamente en las disparidades económicas no logran capturar las diferencias más amplias en los marcos sociales, políticos e institucionales y el hecho de que son los conflictos y la violencia los que obligan a las personas a abandonar sus países, al igual que, cada vez más, los eventos climáticos extremos y la degradación ecológica que sobre su territorio provoca el modo de vida de la civilización industrial capitalista.

Teniendo esto presente, conviene volver a las cifras de las migraciones internacionales. Si bien se ha resaltado que estamos lejos de encontrarnos ante un fenómeno masivo y que la evolución ha sido relativamente estable en la última mitad del siglo XX, también es cierto que desde el inicio del tercer milenio el volumen de migrantes internacionales se ha incrementado en más de un 50% (unos 108 millones en términos absolutos), pasando de 173 millones en el año 2000 (con una población mundial de 6.145 millones) hasta los 281 millones en 2020 (sobre una población mundial de 7.900). Así pues, se puede concluir que durante las dos primeras décadas del nuevo siglo el ritmo de incremento de los migrantes (un 38,4%) ha sido significativo y superior al de la población (22,2%).

Detrás de este nuevo impulso es muy probable que se encuentre el importante aumento en el número de personas desplazadas por la fuerza en todo el mundo. Según la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) durante el año pasado el desplazamiento forzado superó los cien millones de personas.10 Hay que observar la evolución reciente: el desplazamiento forzado alcanzó en el año 2014 una magnitud que no se había registrado desde la II Guerra Mundial. De los 59,5 millones de desplazados por la fuerza en el mundo en esas fechas, 19,5 eran refugiados y 1,8 solicitantes de asilo (el resto –38,2 millones– desplazados internos)11 Desde entonces no ha dejado de crecer hasta alcanzar los 100 millones mencionados.

La mayor parte de esas personas huyen de la violencia generalizada o de la violación de los derechos humanos (proceden de zonas de conflicto como Ucrania, Siria, Irak, Somalia, Sudán del Sur, la República Democrática del Congo, Eritrea o Palestina), pero los organismos internacionales advierten de que el incremento de la diáspora global en el futuro se deberá sobre todo a la expulsión de la población de sus territorios como consecuencia  de la destrucción de los hábitats donde viven (y eso tiene que ver directamente con la crisis ecológica y, concretamente, con los efectos del cambio climático).12 La violencia derivada de los conflictos y la expulsión asociada a la destrucción de los hábitats no son factores que actúen aisladamente, sino que se retroalimentan entre sí construyendo un entramado que incide sobre la población en una misma dirección.

 

Crisis ecosocial, expulsiones y demografía

La degradación de los hábitats y los impactos catastróficos de los eventos climáticos extremos actúan como potentes elementos expulsores de población e importantes factores de desestabilización. Entremezclados con otras crisis y conflictos preexistentes, constituyen un cóctel explosivo, especialmente en ese conjunto de estados económica y políticamente maltratados a lo largo de la historia del capitalismo que se extiende en torno al ecuador del planeta y donde el cambio climático comienza a golpear más fuerte por su importante dependencia de la agricultura y la pesca. Son, por otra parte, los países con mayor dinamismo demográfico y que sufren en mayor medida los daños de un modo de vida imperial que tiene a las mujeres, a la naturaleza y a los pueblos del Sur como colonias.13

 

Desafíos

La arena exterior hacia la que trasladaba geográfica y temporalmente sus contradicciones el capitalismo ha ido despareciendo a media que se ha hecho global. La válvula de escape de las presiones que la civilización industrial capitalista somete a la biosfera está a punto de saltar por los aires por la convergencia de tendencias que conducen al desastre. El modo de vida imperante, que tantos privilegios concentra en una parte de la humanidad a costa de dañar la dignidad y supervivencia de la otra parte, necesita urgentemente ser desenmascarado y desmontado al mostrarse profundamente incompatible con altos niveles de población (y persistencia de otras especies) en un contexto de extralimitación.

No parece que podamos orillar por más tiempo la necesidad de racionalizar y regular conscientemente las relaciones sociales y los intercambios con la naturaleza. La regulación consciente de las relaciones humanas debería incluir también los aspectos demográficos, tanto en lo que se refiere al volumen de población como a los flujos migratorios, y hacerlo con criterios de justicia (social, ecológica y de género) para que no se convierta en una estrategia que persiga preservar un modo de vida que solo puede mantenerse descartando a una parte de la humanidad y al resto de especies.

Sin dejar de prestar atención preferente al modo de producción y consumo, preguntándonos acerca de qué producir, cómo hacerlo y con qué criterios distributivos, que siguen siendo la cuestiones centrales y esenciales, debemos abordar también con las máximas cautelas y en toda su complejidad los asuntos demográficos. Máximas cautelas porque, como recuerda el pensamiento feminista, el control de la población suele interpretarse, en el marco del capitalismo patriarcal, como una instrumentalización tecnocrática del cuerpo y la fertilidad de las mujeres.14 La “población” son seres humanos y no una “variable” susceptible de ser manejada tecnocráticamente. Pero hay ciertas evidencias, que surgen de la fuerte relación entre las tasas de disminución de la fertilidad y el aumento de la autonomía de las mujeres a través de la educación y el acceso a los servicios de salud reproductiva, que deben ser potenciadas y completadas con otras medidas que persigan aumentar el control efectivo de las mujeres sobre sus propias vidas. Por otro lado, el control poblacional se hace aún más complejo y necesitado de regulaciones bioéticas desde el momento en que hemos desarrollado una biotecnología capaz de controlar sin cortapisas la evolución biológica de la especie humana.

Algo parecido cabría decir de la regulación de los flujos migratorios. La instrumentalización de las migraciones procedentes del Sur para resolver los problemas de las sociedades avejentadas del Norte global no servirá más que para legitimar las enormes injusticias y desigualdades existentes. Es preciso revisar el ordenamiento jurídico internacional para reconocer derechos a la naturaleza y las nuevas realidades sociales que surgen del deterioro ecológico.

Un primer paso puede ser ampliar el concepto jurídico de refugiado: «Las razones que pueden aducir quienes se encuentran en una situación de riesgo real de daño irreparable para su vida y dignidad por motivos medioambientales son equiparables a los motivos contemplados por la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951 para otorgar refugio a las personas que huyen de la violencia o de la persecución».15 Necesitamos por tanto un nuevo enfoque con que contemplar las migraciones y la política migratoria basado en el deber de acogida asociado al grado de la responsabilidad contraída históricamente por siglos de colonialismo, desposesión y destrucción.

Santiago Álvarez Cantalapiedra, es director de FUHEM Ecosocial y de la revista Papeles de relaciones ecosociales y cambio global.

 

Puedes descargar el texto completo en formato pdf: Factor demográfico y crisis ecosocial

 

NOTAS

[1] https://datos.bancomundial.org/indicador/SP.DYN.LE00.IN

[2] La proyección más reciente, publicada en el año 2020 por el Instituto de Métricas y Evaluaciones de Salud (IHME) de la Universidad de Washington señala que para finales de este siglo 183 de los 195 países del mundo tendrán una tasa de fertilidad por debajo del nivel de reemplazo. Stein Emil Vollset, Emily Goren, Chun-Wei Yuan, Jackie Cao, Amanda E Smith et al.: «Fertility, mortality, migration, and population scenarios for 195 countries and territories from 2017 to 2100: a forecasting analysis for the Global Burden of Disease Study», The Lancet, Vol 396, 17 de octubre 2020, pp. 1285-1306, disponible en: https://www.thelancet.com/article/S0140-6736(20)30677-2/fulltext]

[3] INEbase / Demografía y población /Cifras de población y Censos demográficos /Cifras de población / Últimos datos

[4] Esta situación ha hecho que el Banco de España, en su Informe Anual 2018, dedicara por primera vez un capítulo (el cuarto) a las consecuencias económicas del cambio demográfico, disponible en: https://www.bde.es/bde/es/secciones/informes/informes-y-memorias-anuales/informe-anual/index2018.html]

[5] Desde una perspectiva meramente instrumental (y acorde con la más pura lógica descarnada de los intereses económicos vigentes), las respuestas al declive demográfico no pasarían únicamente por potenciar la inmigración. También cabría contemplar políticas en favor de las oportunidades a la población más joven y políticas de adaptación a una sociedad con mayor presencia de personas mayores. Las primeras -adoptando un prisma pro-natalista (y sin una necesaria conexión con la justicia social y de género)- abordarían los problemas de precariedad juvenil, emancipación tardía y cambio cultural en relación con los modelos de familia, abogando por mayores ayudas públicas a las mujeres en edad fértil y la remoción de los obstáculos a la conciliación de la vida laboral con la familiar y a la corresponsabilidad en la crianza. Las segundas, orientadas a la potenciación de los mayores defenderían que, dada la mayor longevidad de la población, habría que aprovechar la experiencia y el aprendizaje acumulado a lo largo de toda una vida incentivando la permanencia en el mercado laboral de las personas mayores a través de fórmulas flexibles de envejecimiento activo basadas en la voluntariedad.

[6] Jorge Riechmann, «¿Somos demasiados? Reflexiones sobre la cuestión demográfica», Papeles de relaciones ecosociales y cambio global, nº 148, 2020, p. 26, disponible en: https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/01/Reflexiones-sobre-cuestion-demografica-J.Riechmann.pdf 

[7] Aquí se situarían las supercherías conspirativas de la extrema derecha convergentes en la idea del «gran reemplazo», según la cual se estaría favoreciendo la sustitución de la población autóctona por población extranjera a través de la inmigración masiva, con lo que la “cultura e identidad” de los primeros se encontraría ante el riesgo de desaparecer por el dinamismo demográfico del foráneo. Se trata de posiciones sin ningún fundamento que se asientan en visiones raciales y culturales supremacistas.

[8] UNDESA, World Social Report 2020, p. 130, disponible en: https://www.un.org/development/desa/dspd/world-social-report/2020-2.html 

[puede consultarse en: https://www.un.org/development/desa/dspd/world-social-report/2020-2.html]

[9] Abhijit V. Banerjee y Esther Duflo, Buena economía para tiempos difíciles, Taurus, Barcelona, 2020, p. 25.

[10] https://www.acnur.org/noticias/press/2022/5/6286d6ae4/acnur-ucrania-y-otros-conflictos-impulsan-el-desplazamiento-forzado-que.html

[11] ACNUR, Tendencias globales. Desplazamiento forzado en 2014, UNHCR, 18 Jun 2015. disponible en: https://www.acnur.org/fileadmin/Documentos/Publicaciones/2015/10072.pdf

[12] Son cada vez más numerosos los estudios que muestran esta tendencia. Véase, por ejemplo, los informes Groundswell del Banco Mundial, que estudian la escala, trayectoria y patrones espaciales de la futura migración provocada por impactos climáticos dentro de los países en tres grandes regiones: África al sur del Sahara, Asia meridional y América Latina. Puede consultarse también el informe de la Universidad de Bolonia y WeWorld: ¿Más allá del pánico?: análisis de los desplazamientos climáticos en Senegal, Guatemala, Camboya y Kenia, publicado en el marco del proyecto Climate of Change financiado por la Unión Europea, donde se recogen testimonios de personas afectadas en los cuatro países objeto de estudio, disponible en: https://www.alianzaporlasolidaridad.org/axs2020/wp-content/uploads/revisado-Mas-alla-del-panico-digital.pdf

[13] María Mies y Vandana Shiva, Ecofeminismo (teoría, crítica y perspectivas), Icaria, Barcelona, 2015. Sobre las pulsiones extractivistas y el modo de vida imperial puede consultarse el capítulo 8 «La era de las consecuencias» de mi libro La gran encrucijada, crisis ecosocial y cambio de paradigma, HOAC, Madrid, 2019.

[14] Anna Bosch, Cristina Carrasco y Elena Grau, «Verde que te quiero violeta», en Enric Tello: La historia cuenta, El Viejo Topo, Barcelona, 2005.

[15] VVAA, «Migraciones y fronteras en un marco de justicia global», Tiempos de Transiciones, Foro de Transiciones, 2021, p. 12, disponible en: https://forotransiciones.org/wp-content/uploads/sites/51/2021/12/MIGRACIONES_def.pdf


La desigualdad es la peor pandemia

El número 154 de la revista Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global recoge en su sección A FONDO un texto de Joan Benach titulado La desigualdad es la peor pandemia1  donde el autor aborda las lecciones tan relevantes que la pandemia del coronavirus nos ha dado, como apreciar la importancia del trabajo “esencial” que realiza una clase trabajadora precarizada y despreciada, comprender la relevancia crucial de la sanidad pública y los cuidados en nuestras vidas, o estimar que somos una especie frágil y dependiente de los demás y de una naturaleza de la que formamos parte.

El sufrimiento, enfermedad y muerte masivos creados por el coronavirus, no solo constituyen un enorme problema de salud pública, sino que la pandemia es un “catalizador” que amplifica y extiende desigualdades, a su vez generadoras de una multiplicidad de epidemias sociales interrelacionadas.

Este artículo explica por qué las principales causas que configuran la salud colectiva son socio-políticas, describe sus efectos sobre la inequidad, muestra por qué la desigualdad social ha generado una “pandemia de desigualdad”, analiza las limitaciones de la gestión política realizada durante la pandemia, explicita por qué es fundamental disponer de una “vacuna social” que pueda hacer frente a la desigualdad de salud y, finalmente, muestra por qué nuestro peor “virus” es el capitalismo neoliberal

Casi todas las enfermedades interactúan dentro de un contexto social caracterizado vez por la pobreza, las privaciones materiales y desigualdades sociales crecientes. También en el caso de la COVID-19 observamos cómo la confluencia simultánea de numerosos determinantes sociales como las condiciones de empleo y trabajo (donde se incluye el trabajo doméstico y de cuidados), la riqueza y su distribución, la accesibilidad y condiciones de vivienda, el tipo de transporte y movilidad, los servicios disponibles (incluyendo los sanitarios y sociales), y el entorno ambiental, entre otras, generan cambios significativos en los indicadores de salud en determinadas áreas geográficas y grupos sociales. Por ejemplo, el mayor riesgo de contagio que sufren grupos de población precarizados, desahuciados, migrantes, etc, a causa de la posibilidad o no de teletrabajar, mantener la distancia social y usar (y poder cambiar con frecuencia) mascarillas, vivir en lugares no hacinados, desplazarse de forma segura, o sencillamente poder permitirse una atención sanitaria y de cuidados de calidad.

Además, fruto en gran parte de sus condiciones sociales, estos grupos sufren también más factores de riesgo y enfermedades (hipertensión arterial, obesidad, diabetes, enfermedades del corazón, etc), lo cual les hace más susceptibles a que el coronavirus produzca un impacto más grave. Todos esos factores conforman las condiciones de vida y trabajo de la gente, en lo que desde hace años los especialistas de salud pública suelen llamar “determinantes sociales” de la salud y la desigualdad, que en gran medida conforman la salud de los grupos sociales.

En la COVID-19 observamos como la confluencia simultánea de numerosos determinantes sociales generan cambios significativos en los indicadores de salud.

Como ha señalado el historiador y urbanista Mike Davis, el coronavirus es una "constelación de epidemias"2 generada por factores socioeconómicos y sanitarios estrechamente interrelacionados que sinérgicamente aumentan la probabilidad de ser contagiado, enfermar y morir.3 Así pues, para entender adecuadamente las desigualdades de salud, debemos cambiar el concepto de “vulnerabilidad” por el de “determinación social de la salud”4

Durante la actual pandemia, la clase social, la raza o la etnicidad, la edad, la situación migratoria y el lugar donde se vive son, además de la edad, los determinantes de salud fundamentales que explican tanto las acusadas diferencias observadas en la incidencia y en la mortalidad producida por el coronavirus. Por ejemplo, las clases trabajadoras más precarizadas se desplazan desde el extrarradio hasta el centro para realizar los servicios de limpieza, mantenimiento, reparto, cuidados, etc. Este es un factor determinante, aunque no el único, que explica por qué los brotes de la pandemia no se distribuyen aleatoriamente sino que se concentran en los barrios más pobres de ciudades como Madrid o Barcelona. Además, la COVID-19 confirma también la conocida existencia de un gradiente social de la salud, es decir, a medida que empeora la situación socioeconómica de los grupos sociales y los barrios, también empeora gradualmente la salud.5 Por todo ello, las autoridades políticas deben tener en cuenta la determinación social de la salud y el impacto de las intervenciones en las desigualdades no sólo en el corto plazo para enfrentar la COVID-19, sino también con una mirada a largo plazo que sitúe la actual pandemia como un eje más de la crisis sistémica que debemos atajar en la próxima década. Por otro lado, el grueso de la población debería poder también estar informada y concienciada, no sólo porque tanto en España como en el resto del mundo todo indica que nos enfrentaremos a brotes recurrentes de la COVID-19 con un fuerte impacto poblacional, sino porque las desigualdades de salud no dejarán de aumentar.

 

La desigualdad social incrementa una desigualdad pandémica

España es uno de los países más desiguales de la UE-15. La fuerte brecha entre ricos y pobres tiene mucho que ver con la especial estructura productiva del país (centrada en los sectores de la construcción, inmobiliario y turístico), unas políticas redistributivas y estado del bienestar débiles, y un mercado laboral y de vivienda altamente precarizados.

Tras la Gran Recesión de 2008, la “recuperación económica” de 2014 a 2019 se vio acompañada de una pobreza y precariedad cada vez más estructural, especialmente entre unos jóvenes, mujeres, migrantes y clases populares que sufren unos altos niveles de pobreza, desempleo, precarización laboral, desahucios, exclusión social, servicios sociales deficientes, etc.6 Durante esos mismos años, las políticas de austeridad neoliberal impulsadas por las elites capitalistas españolas7 con el apoyo y connivencia de la UE y las grandes instituciones internacionales (FMI, BM, OCDE), mercantilizaron cada vez más los servicios sociales, la sanidad y la educación. Por ejemplo, en 2019 solo Rumanía tenía una tasa de trabajadores pobres más alta que España en toda la UE,8 y a principios de 2020, antes de empezar la pandemia, el relator de Naciones Unidas Philip Alston señaló que España era un "país roto" que había abandonado a las personas en situación de pobreza y que no tomaba en serio los derechos sociales.9

El “shock pandémico” ha empeorado la situación10 Según la Organización Mundial del Trabajo (OIT), en la segunda mitad de 2020 España fue el país de Europa donde más aumentó la desigualdad salarial (57%) debido a la pandemia hasta alcanzar una ratio de 36,1 entre el decil más alto y el más bajo.11 La causa fue sobre todo la pérdida de empleo y reducción de horas de trabajo en ocupaciones “esenciales” (hostelería, comercio, turismo) con bajos salarios, que se vieron más afectadas por las restricciones, sobre todo en el caso de las mujeres.

Es necesaria una mirada a largo plazo que sitúe esta pandemia como un eje más de la crisis sistémica que hay que atajar en la próxima década. 

Estamos pues ante una pandemia de desigualdad generada socialmente.12 Se estima que la “desigualdad pandémica” ha aumentado la pobreza en un millón de personas hasta alcanzar casi 11 millones de personas (23% de la población) que sobreviven con poco más de 700 euros al mes, muchos de los cuales están en una situación de pobreza extrema (11% de la población) con menos de 500 euros mensuales. Los colectivos más afectados por la pobreza son las personas sin hogar, trabajadores/as en la economía sumergida, hogares pobres con infantes, y colectivos como los migrantes (57% pobres), especialmente 300.000 personas sin papeles, las mujeres (57% de las personas subempleadas y 73% de quienes trabajan a tiempo parcial), y los jóvenes menores de 20 años (55% de desempleo). Por ejemplo, en Catalunya una de cada cinco personas (1,5 millones de personas) necesitó la ayuda de Cruz Roja para comer en algún momento del “año pandémico” (inicio marzo 2020 a finales febrero 2021). La mitad de los atendidos perdió su empleo, un 15% sufrió alguna enfermedad, la mitad siente malestar emocional, mientras que sólo el 16% percibe el Ingreso Mínimo Vital o la Renta Garantizada de Ciudadanía.13

Enric Morist, coordinador de la Cruz Roja en Catalunya, se ha referido a las sucesivas olas de pobreza pandémicas señalando que “lo que estamos viviendo solo es comparable con la posguerra",14 mientras que el presidente de la misma entidad, Josep Quitet, ha apuntado que los 74 centros de distribución de alimentos, son auténticas “UCI sociales”. Más pronto o más tarde se frenará la pandemia, pero si no se detienen las causas políticas profundas que la han originado y las desigualdades sociales que amplifican de forma sistémica sus consecuencias, las desigualdades de salud seguirán afectando a poblaciones que, más que ser “vulnerables”, han sido "vulneradas".15

 

Características y límites de la gestión pandémica

De forma muy general, la pandemia ha generado tres modelos principales de gestión. El primero, representado sobre todo por Trump en Estados Unidos y Bolsonaro en Brasil (también Boris Johnson al principio), es un modelo que podemos llamar "necrofílico" y que se caracteriza por haber recortado y desmantelado todo lo que tuviera que ver con la salud pública mediante una estrategia autoritaria de corte neofascista muy asociada a los intereses del capital financiero y las empresas farmacéuticas, y con un fuerte desprecio por la vida de aquellos que "no son dignos de vivir", si lo decimos como lo decían los nazis.16 El segundo modelo es el modelo "preventivo-institucional" de muchos países asiáticos y Oceanía, como Taiwán o Nueva Zelanda, previamente alertados por anteriores pandemias. Son países que han actuado con radicalidad para eliminar la transmisión comunitaria mediante una estrategia 'COVID-0' con intervenciones rápidas y contundentes pruebas y rastreo de contagio masivos, aislamiento de contactos, controles fronterizos estrictos, y mensajes y acciones de refuerzo de la salud pública.

Aparte de tener un impacto en salud pequeño, la crisis económica producida por la pandemia también ha sido inferior. Cabe resaltar también el éxito de Cuba o la región de Kerala en la India, territorios con recursos limitados, pero fuertes políticas de salud pública y acción colectiva comunitaria. Por ejemplo, a finales de febrero de 2021 Cuba (11,3 millones de habitantes) solo tenía 45.361 casos y 300 muertes por COVID-19, mientras que el área metropolitana de Nueva York (18,8 millones) contaba con más de 700.000 casos y casi 29.000 muertes, y Suiza (8,6 millones) con más de 550.000 casos y más de 9.200 muertes.17 Finalmente, tenemos un modelo "reactivo-empresarial" de la gran mayoría de países europeos y americanos, que se han centrado en un permanente bloqueo/liberación de actividades y confinamientos para minimizar los daños económicos, tratando de reducir el impacto de salud solamente cuando el sistema sanitario llegaba al límite.

En la segunda mitad de 2020 España fue el país de Europa donde más aumentó la desigualdad salarial (57%) debido a la pandemia. 

El gobierno español (y el de muchas comunidades autónomas, donde ha sido especialmente negativo el caso de la Comunidad de Madrid) han realizado una gestión deficiente frente a la pandemia. Se optó por "convivir con el virus" mediante confinamientos y restricciones, en lugar de querer controlarlo y eliminarlo con una estrategia de salud pública utilizando con rapidez y eficiencia todos sus instrumentos planificación, vigilancia y análisis epidemiológico, educación sanitaria comunitaria, análisis de los determinantes sociales y equidad, entre otras herramientas y estrategias.

Las principales limitaciones y errores de gestión pueden seguramente resumirse en seis apartados:

Primero, ha faltado una visión más sistémica e integrada de la pandemia, con un conocimiento de salud pública y las ciencias sociales más adecuado y profundo en lugar de enfatizar casi exclusivamente el conocimiento clínico, virológico y epidemiológico.

Segundo, se ha realizado una gestión con escaso liderazgo y coordinación, y con una visión más reactiva que preventiva de la salud.

Tercero, ha sido un agestión poco transparente y democrática, donde se han echado en falta campañas educativas comunitarias desde el principio de la pandemia, con temas clave como la prevención, la protección del riesgo, evitar estigmatización, una mejor comunicación para ayudar a evitar las fake news, etc.

Cuarto, no se fortalecieron de forma urgente y contundente las residencias, la salud comunitaria, servicios sociales, la atención primaria y la salud pública, con la contratación masiva de rastreadores y pruebas diagnósticas, en lugar de seguir mercantilizando la sanidad con subcontrataciones a empresas privadas.

Quinto, se debía haber actuado en mucha mayor medida ante las desigualdades, invirtiendo masivamente en la protección social y económica de la población más vulnerabilizadas, sobre todo las poblaciones y barrios más desfavorecidos y quienes viven sin hogar.

Sexto, no se puesto énfasis en la necesidad de generar una participación más activa de la comunidad fomentando acciones solidarias y de apoyo social colectivas, tal y como ha sucedido en algunos países.

Cara al futuro, además de una evaluación detallada de los impactos de la pandemia, habrá que fortalecer y desarrollar una agencia nacional de salud pública capaz de prevenir y controlar las muchas amenazas a la salud pública existentes y las futuras pandemias que muy probablemente vendrán.

 

Una “vacuna social” para acabar con el “apartheid” de vacunas

La COVID-19 es un problema de salud pública, económico y social cuyos efectos a medio y largo apenas si empezamos a conocer.18 Globalmente, el coronavirus afectará especialmente a la población de los países más empobrecidos del mundo, cuyos sistemas de salud son muy débiles, y cuya población muere cotidianamente de todo tipo de enfermedades evitables. A nivel global, la pandemia ha amplificado las desigualdades de gran parte de la población que ya antes del coronavirus sufría una pandemia de desigualdad.

La rápida y exitosa creación de vacunas hace olvidar que la pandemia es un espejo de cómo funciona la geopolítica mundial y el capitalismo neoliberal Si dejamos de lado la siempre imprescindible necesidad de realizar una gestión eficiente en los procesos nacionales y globales, la vacunación no es sobre todo un tema científico o sanitario sino geopolítico y económico,19 con grandes desigualdades entre países y poblaciones. A mediados de marzo de 2021, se habían puesto alrededor de 330 millones de vacunas (apenas 4,5 dosis por cada 100 personas, que aumentaron a 690 millones y 8,8 dosis a principios de abril), pero en muchos países casi no había aún vacunados.20 Se estima que 10 países ricos acaparan el 70% de las vacunas (pudiendo vacunar varias veces a su población) y que los países más pobres que suman un 80% de la población mundial apenas si tienen un tercio de las vacunas disponibles.

¿Por qué ocurre eso? Pues porque, aunque las inversiones en la investigación de vacunas son básicamente públicas, su producción y comercialización está en manos privadas debido al acuerdo de 1995 sobre "Derechos de propiedad intelectual relacionados con el comercio" de la OMC (TRIPS), que impone los intereses de las multinacionales farmacéuticas sobre los estados, sobre todo del sur global, dependientes de las patentes y licencias sobre productos, vacunas y fármacos.

La geopolítica sanitaria que impone el complejo médico farmacéutico financiero global (Big Pharma), defiende sus intereses con una gran influencia sobre los estados, controla el consumo masivo de fármacos y tecnologías sanitarias y genera enormes beneficios. La India, Sudáfrica y casi 100 países más han tratado de suspender los acuerdos de propiedad durante la pandemia y compartir los conocimientos científicos y la tecnología de la vacuna con el fondo común de acceso a la tecnología de la COVID-19 de la OMS (C-Tap) pero, al menos hasta principios de abril de 2021, la Unión Europea, EE.UU. y otros países ricos presionados por el lobby farmacéutico se han opuesto. El director de la OMS llegó a afirmar que "el mundo está al borde de un fracaso moral catastrófico” que “se pagará con las vidas de los países más pobres”. Añadiendo que “si no podemos hacer exenciones durante tiempos difíciles y bajo condiciones sin precedentes, ¿entonces cuando?”. 21

Los ejemplos del poder corporativo son numerosos.22 Por ejemplo, el 60% de la financiación de la Alianza para las Vacunas (GAVI) proviene de las corporaciones farmacéuticas y de donantes de países ricos que, al estar presentes en los comités de expertos, defienden los intereses de la industria. Por su parte, el Fondo de Acceso Global para Vacunas COVID-19 (COVAX)23 de la OMS junto con la GAVI y la CEPI hace que los derechos de "patentes" de las vacunas sigan una lógica mercantil, por lo que sólo suministran vacunas en forma limitada en los países pobres, y no como "un derecho", sino como una forma geopolítica caritativa de tipo colonial donde los países compiten por separado para conseguir cuotas de dosis. No es extraño pues, que la inmensa mayoría de vacunas disponibles hayan ido a parar a los países occidentales ricos. Es fundamental democratizar la vacunación, convirtiéndola en un bien común de toda la humanidad. Y para hacer esto, habrá que generar una respuesta geopolítica que libere las patentes, cree una asociación de países del sur con la soberanía para producir y distribuir vacunas para todos. La democratización de la vacunación, convirtiéndola en un bien común de toda la humanidad con el actual “apartheid”, sería la “vacuna social" más efectiva. Lo que está en juego son dos visiones del mundo la de los oligopolios farmacéuticos o la democratización de una producción nacional sanitaria descentralizada y con soberanía.24 Para ello, habrá que generar una respuesta geopolítica que libere las patentes, y crear una asociación de países del sur con soberanía para producir y distribuir vacunas para todos.25 26

 

El capitalismo neoliberal es nuestro peor “virus”

La pandemia ha producido una enorme conmoción social que ha cambiado la sociedad. En alguna medida, la población ha extraído varias lecciones: una mayor conciencia del trabajo de una clase trabajadora “esencial”, pero siempre despreciada; el papel crucial que deben jugar la sanidad pública y los cuidados; y darnos cuenta de que somos una especie frágil, dependiente de los demás y de la naturaleza de la que formamos parte. Y, sin embargo, olvidamos y no entendemos.

El historiador Jacques Le Goff decía que una de las máximas preocupaciones de las clases dominantes es "apoderarse de la memoria y del olvido." Tras el shock de la crisis vendrá el shock económico de la post-pandemia, y las decisiones políticas a tomar serán el “laboratorio social” donde se va a jugar el futuro de la humanidad. Será un tiempo de creciente miedo e inseguridad, un caldo de cultivo perfecto para demagogos y neofascistas. En un tiempo lleno de inseguridades, miedos, pérdida de legitimidad, desconfianzas y desigualdades crecientes donde, como ya ha anunciado el FMI, aumentarán las revueltas sociales, los movimientos populistas y neofascistas tienen un campo abonado. Más que probablemente seremos capaces de hacer frente a esta pandemia, quizás podremos mejorar en alguna medida la equidad, el medio ambiente, la precariedad laboral o habitacional, quizás podremos revitalizar servicios sociales golpeados por las políticas neoliberales.

Las reformas son importantes, imprescindibles, pero muy pronto nos enfrentaremos con situaciones límite que obligarán a hacer cambios sistémicos para evitar el colapso. Es imprescindible salir de la lógica económica y cultural de un capitalismo que está en guerra con la vida. La pandemia es sólo el “síntoma”, la causa es un capitalismo fosilista y "tecno-feudal",27 que precisa una acumulación constante, aumentar las ganancias, despojar de los bienes comunes y un crecimiento continuo que está alcanzando su límite. Ese es el principal "virus" para el que hay que hallar una vacuna.

Es fundamental democratizar la vacunación, convirtiéndola en un bien común de toda la humanidad; para ello, habrá que generar una respuesta geopolítica que libere las patentes.

Thatcher habló de la TINA, de que ya “no había alternativa”. La paradoja es que ahora no hay alternativa o cambiamos o nos espera el ecocidio y el genocidio. El dilema parece de difícil resolución “una reforma imposible”, o “una revolución improbable” ha señalado David Harvey.28 Ambas cosas son imprescindibles reformas profundas, con políticas sistémicas (análisis, programa, organización y gestión) al tiempo que revoluciones permanentes.

El capitalismo es un sistema poderoso, una forma de organización basada en instituciones, unas determinadas reglas de juego y una desigual distribución de poder.29 Es un sistema capaz de generar una enorme riqueza, pero al tiempo pleno de contradicciones que tienden a crear grandes desigualdades y una crisis ecosocial de grandes dimensiones. La crisis de la COVID-19 ha mostrado sus carencias y la cuestión es ver si las élites serán capaces de realizar reformas en favor de sus intereses o las fuerzas sociales serán capaces de realizar un cambio sustancial de modelo que reduzca o limite su poder.

Para salir lo antes posible de la lógica económica y cultural del capitalismo, al menos cuatro elementos parecen esenciales.

Primero, experimentar cómo vivir de una manera diferente, con cooperativas de producción y consumos, nuevas formas de vida y relaciones donde la libertad de unos no dependa del sufrimiento de los demás. Como dijo Saramago “si no cambiamos de vida no cambiaremos la vida.”30

Segundo, aumentar la conciencia de la crisis sistémica que nos rodea y que es posible vivir bien de otra manera, con menos consumo, de forma más saludable, humana y realmente sostenible. Esto significa una reeducación ciudadana política y cultural muy profunda que necesariamente deberá realizarse en cada individuo pero de forma colectiva.31

Tercero, crear grupos de análisis (think tanks) potentes que hagan los análisis y propuestas de actuación políticas más adecuadas.32

Cuarto, juntarse y movilizarse continuamente con movimientos sociales a la vez descentralizados y coordinados, que conecten todas las luchas, que sean "glo-locales", capaces de crear formas colectivas para presionar y cambiar la política institucional.33 Como dijo Jerry Mander “hacer cambios nos costará mucho pero no hacerlos aún nos costará más”.

Joan Benach es profesor, investigador, salubrista y director del Grup Recerca Desigualtats en Salut (Greds-Emconet, UPF); JHU-UPF Public Policy Center; Departament de Ciéncies Polítiques i Socials (Sociología, UPF). Joan Benach colabora en el Grupo de Investigación Transdisciplinar sobre Transiciones Socioecológicas, (GinTrans2, UAM).

NOTAS

[1] Partes de este texto han sido previamente publicadas en la entrevista de Elena Parreño a Joan Benach titulada «La desigualtat social és la pitjor de les pandèmies», publicada en Crític, 15 de marzo de 2021, disponible en: https://www.elcritic.cat/entrevistes/joan-benach-la-desigualtat-social-es-la-pitjor-de-les-pandemies-85510 (reproducida y ampliada en castellano en la revista Ctxt con el título «Para que las vacunas sean un bien común hace falta una respuesta geopolítica que libere las patentes». 7 de abril de 2021, disponible en: https://ctxt.es/es/20210401/Politica/35603/Joan-Benach-entrevista-vacunas-patentes-covid-desigualdad-miedo-neofascismo.htm); el artículo de Pericàs JM, Benach J. «Las políticas para afrontar la pandemia pueden mejorar la salud pero aumentar las desigualdades.» Ctxt, 30 de septiembre de 2020, disponible en: https://ctxt.es/es/20200901/Firmas/33549/politicas-publicas-confinamientos-desigualdad-salud-juan-pericas-joan-benach.htm; y la entrevista de Emma Pons a Joan Benach «Necesitamos una “vacuna social». Sin Permiso, 24 de marzo de 2021, disponible en: https://www.sinpermiso.info/textos/necesitamos-una-vacuna-social-entrevista-a-joan-benach.

[2] Mike Davis, Llega el monstruo. COVID-19, gripe aviar y las plagas del capitalismo. Capitán Swing, Madrid, 2020.

[3] Es por ello que, ante la COVID-19, diversos investigadores científicos, más que hablar de pandemia hablan de “sindemia”. Ver por ejemplo: Richard Horton, «Offline: “COVID-19 is not a pandemic.» Lancet 2020; 396(10255), 874, disponible en: https://www.thelancet.com/journals/lancet/article/PIIS0140-6736(20)32000-6/fulltext

[4] Joan Benach, La salud es política. Un planeta enfermo de desigualdades, Icaria, Barcelona, 2020.

[5] Joan Benach,  Carles Muntaner, Aprender a mirar la salud, Viejo Topo, Barcelona, 2005.

[6] Entre 2000 y 2010 España construyó más viviendas que Alemania, Italia, Gran Bretaña y Francia juntas llegando a generar 3,4 millones de viviendas vacías, un tercio de toda Europa. El mercado de la vivienda sigue controlado por oligarquías inmobiliarias (bancos, especuladores y fondos de inversión como Blackstone que ya es el principal casero). que generaron una burbuja hipotecaria y después una del alquiler. Actualmente un 38% de las familias españolas dedican más de un 40% de sus ingresos a pagar su alquiler. Ver: Joan Benach, Pere Jódar, Ramón Alòs, «La civilización del malestar: precarización del trabajo y efectos sociales y de salud.» Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, núm. 150, 2020, pp. :23-43, disponible en: https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/07/Civilizacion-del-Malestar-Benach-Jodar-Alos.pdf.

[7] Albert Recio Andreu,  «Las élites capitalistas españolas entre dos crisis». Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, núm. 151, 2020 pp. 23-33, disponible en: https://www.fuhem.es/papeles_articulo/las-elites-capitalistas-espanolas-entre-dos-crisis-2/.

[8] Instituto de Economía de Barcelona (IEB) / Instituto de Estudios Fiscales (IEF). La pobreza en España y Europa: efectos del COVID-19, IEB Report 4/2020, disponible en: https://ieb.ub.edu/wp-content/uploads/2021/01/IEB_Report_042020.pdf.

[9] Alston añadió que había asentamientos cuyas condiciones «rivalizan con las peores que ha visto en cualquier parte del mundo», y también áreas que, por su escasez de servicios, centros de salud, empleo, carreteras o electricidad, «muchos españoles no reconocerían como partes de su propio país». Ver: Declaración del Relator Especial de las Naciones Unidas sobre la extrema pobreza y los derechos humanos, Philip Alston, sobre la conclusión de su visita oficial a España, 27-01 a 07-02, 7 febrero 2020., disponible en: https://www.ohchr.org/es/2020/02/statement-professor-philip-alston-united-nations-special-rapporteur-extreme-poverty-and

[10] Por cada euro que ha dejado de ingresar el 10% de personas más ricas, el 10% con menos ingresos ha perdido siete. Una de las peticiones de Oxfam Intermón al Gobierno pasa por ampliar el número de hogares que perciben el Ingreso Mínimo Vital (solo ha llegado a 160.000 hogares necesitados). En cambio, los ERTE, han evitado que más de 710.000 personas cayeran en la pobreza. Ver: Oxfam Internacional. «El virus de la desigualdad» 25 enero de 2021, disponible en: https://www.oxfam.org/es/informes/el-virus-de-la-desigualdad.

[11] Tras Portugal, España es el segundo país de Europa que más masa salarial ha perdido (12,7%) por la pandemia, con una mayor reducción en la masa salarial de los trabajadores que cobran por debajo de la media. Los expedientes de regulación temporal del empleo (ERTE), mediante el cual el estado asume el pago del 70% del sueldo del trabajador/a, han compensado la caída de las retribuciones salariales en un 40% en España (en el resto de Europa ha sido un 51%). Ver: Organización Internacional del Trabajo (OIT). Informe Mundial sobre Salarios 2020-2021: Los salarios y el salario mínimo en tiempos de la COVID-19, Ginebra: OIT, 2 diciembre 2020, dsiponible en: https://www.ilo.org/global/research/global-reports/global-wage-report/2020/WCMS_762317/lang--es/index.htm.

[12] La palabra pandemia hace referencia a la extensión masiva de una epidemia, lo cual puede hacer pensar que afecta a todo el mundo. Y es cierto, pero no en la misma medida. Con la pandemia del coronavirus ha sucedido algo impensable para el mundo rico y las clases sociales privilegiadas: sentir muy de cerca que el miedo, la enfermedad y la muerte también pueden afectarles. En sí mismo, el virus puede ser "igualitario", pero las condiciones sociales de las personas y grupos sociales que lo transmiten y generan sus efectos no lo son.

[13] La Cruz Roja española ha atendido en un año alrededor de 1,3 millones de personas, movilizando 67.000 voluntarios e invirtiendo 108 millones de euros. En Catalunya, tras un fuerte aumento en la demanda de alimentos, en agosto de 2020, 123.000 personas se hallaban en las “colas del hambre” de Cruz Roja para recoger alimentos, medicamentos o productos higiénicos para sus familias. A finales de febrero de 2021, esa cifra alcanzó las 416.000. La mitad de los afectados son hogares con uno o dos hijos, que tenían empleo, en un 60% de los cuales uno o los dos progenitores perdieron su empleo. La mitad de los desempleados refieren que su situación se debe a la pandemia, un 60% de los cuales no percibe ninguna ayuda, seguro de desempleo ni ERTE. Ver: Creu Roja Catalunya. L’Observatori. 2 informe. Impacto del COVI-19 en colectivos vulnerables. 3 de marzo de 2021.

[14] Elisenda Colell, «Cruz Roja atiende a casi medio millón de catalanes en seis meses, cuatro veces más que en verano», El Periódico, 3 de marzo de 2021, disponible en: https://www.elperiodico.com/es/sociedad/20210303/cruz-roja-triplica-ayuda-coronavirus-11555094

[15] Juan M. Pericàs y Joan Benach, «Las políticas para afrontar la pandemia pueden mejorar la salud pero aumentar las desigualdades», Ctxt, 30 de septiembre de 2020, disponible en: https://ctxt.es/es/20200901/Firmas/33549/politicas-publicas-confinamientos-desigualdad-salud-juan-pericas-joan-benach.htm

[16]  Personajes conocidos como Leonardo Boff, Frey Betto, Chico Buarque, Celso Amorin, entre otros, han solicitado a las Naciones Unidas, la OMS y otras prestigiosas asociaciones denunciar al gobierno brasilero. Demandan que la Corte Penal Internacional «condene urgentemente la política genocida» del gobierno, disponible : (https://docs.google.com/forms/d/e/1FAIpQLSeAUTbllrhdBSuBMceaIxrzcSHff70-5uLxVM7LCIhlXWV9ig/viewform)

[17] Durante décadas, Cuba ha invertido en un sistema de salud equitativo que sirviera a las necesidades de la gente y no a los intereses de la medicina mercantilizada. Por ejemplo, mediante sus programas de salud pública, Cuba eliminó enfermedades muy diversas: poliomielitis (1962), malaria (1967), tétanos neonatal (1972), difteria (1979), rubéola (1995), meningitis tuberculosa (1997), entre otras. Hoy, La tasa de mortalidad infantil cubana es menor a la de Estados Unidos y menos de la mitad de la población afroamericana. Cuba ha enviado unos 124.000 profesionales de la salud para brindar atención médica en más de 154 países, de modo que Cuba tiene más médicos trabajando en el exterior que todas las contribuciones profesionales de la salud de los países del G-8 juntos. Ver: Franklin Frederick, «Cuba’s Contributions in the Fight Against the COVID-19 Pandemic», The Bullet, 11 de marzo de 2021, disponible en: https://socialistproject.ca/2021/03/cuba-contribution-fight-against-covid19/#more

[18]  Las olas de crisis post-pandémica seguirán matando más a los pobres, y especialmente a las pobres. Muchos de los efectos generados por la crisis sistémica existente amplificada por el coronavirus son aún poco visibles. La parte invisible del iceberg oculta un número de muertos muy superior al oficial, hay muchas enfermedades no atendidas, y problemas muy diversos relacionados con la salud mental, el sufrimiento, la violencia y la alienación social. Ver por ejemplo, «Entrevista a Sara Bertán. La científica española detrás de los datos de Johns Hopkins en pandemia: “Las estimaciones más exactas de la cifra de muertos tardarán años en llegar”», eldiario.es, 17 marzo 2021, disponible en: https://www.eldiario.es/internacional/cientifica-espanola-lleva-ano-siguiendo-pista-expansion-mundial-virus_128_7319789.html

[19]  Por ejemplo, gran parte de los 12.000 millones de dólares ofrecidos por el Banco Mundial se entregarán a los países pobres en forma de préstamos y generación de deuda. Oxfam ha estimado que, al precio que Uganda pagó sus vacunas, vacunar a toda su población costaría más del doble del presupuesto de salud del país. Los países ricos deberían apoyar los sistemas de salud de los países empobrecidos y ayudar a la vacunación de toda la población mundial eliminando el actual “apartheid de vacunas” que hace que el virus que causa la COVID-19 siga contagiando, mutando, matando y diezmando la economía mundial (hasta 9,2 billones de dólares en pérdidas). Ver: Oxfam, «Desigualdades en el acceso a vacunas podrían costar hasta 2.000 dólares por persona en los países ricos este año», 6 de abril de 2021, disponible en: https://www.oxfam.org/es/notas-prensa/desigualdades-en-el-acceso-vacunas-podrian-costar-hasta-2000-dolares-por-persona-en

[20]  Our World in Data, Number of people who received at least one dose of COVID-19 vaccine, 5 de abril de 2021, disponible en:
https://ourworldindata.org/grapher/people-vaccinated-covid?time=latest&country=BRA~CHL~FRA~DEU~IND~IDN~ISR~ITA~MAR~RUS~TUR~GBR~USA~VEN

[21] Ver: Tedros Adhanom Ghebreyesus, «WHO Director-General’s opening remarks at 148th session of the Executive Board», Organización Mundial de la Salud, 18 de enero de 2021, disponible en: https://www.who.int/director-general/speeches/detail/who-director-general-s-opening-remarks-at-148th-session-of-the-executive-board; La OMS pide al Consejo de Seguridad que aborde la exención de propiedad intelectual de las vacunas COVID-19, 27 febrero de 2021, disponible en: https://reliefweb.int/report/world/la-oms-pide-al-consejo-de-seguridad-que-aborde-la-exenci-n-de-propiedad-intelectual-de

[22] La Coalición para las Innovaciones en la Preparación ante Epidemias (CEPI), creada en el año 2015 por el Foro Económico de Davos con la ayuda de la Fundación Gates y el Fondo Wellcome Trust (un fondo de la corporación GlaxoSmithKline), anunció un plan de vacunación global. Cabe decir también que el 80% del presupuesto de la propia OMS depende de donaciones y no de los Estados (la Fundación Gates por ejemplo paga el 90% de su programa de medicamentos), lo que muestra su grado de dependencia de los intereses de la industria y medios privados. Ver: CLACSO, Las vacunas como bien público global y cuestión de soberanía sanitaria regional, Grupo de Trabajo CLACSO Salud internacional y soberanía sanitaria, febrero de 2021, disponible en: https://www.clacso.org/las-vacunas-como-bien-publico-global-y-cuestion-de-soberania-sanitaria-regional/

[23] Tal como está concebido, COVAX será un ejercicio filantrópico que no aborda las causas fundamentales de la mala repartición de las vacunas, de la falta de transparencia del sistema y de los oligopolios de la industria farmacéutica que impiden una producción a escala mundial.

[24] El sistema actual de vacunación mundial no funciona en términos de salud pública global. En una pandemia mundial hace falta una solución mundial, pero los países de renta baja o media-baja tendrán que esperar meses o años para obtener vacunas. Si las vacunas no llegan a los países pobres pueden ocurrir varias cosas para sus poblaciones y a nivel global: 1) morirán más personas por COVID-19, 2) los países ricos cerrarán sus fronteras con los países pobres, 3) el virus podría crear nuevas resistencias, haciendo que las vacunas actuales perdieran su efectividad, con lo cual habría que hacer otra y volver a hacer vacunaciones masivas, y 4) en los países pobres no se pueden tratar otras enfermedades de mucha gravedad como son el sarampión, la meningitis, u otras, que podrían extenderse hacia Europa.

[25] A más poder de los países ricos, más vacunas, más inmunización y menos muertes. Se estima que los contratos de las farmacéuticas con naciones africanas sólo permitirán la inmunización del 30% de africanos en 2021. Sin embargo, algunos ejemplos que pueden ir en otra dirección incluyen: la distribución de vacunas fabricadas en la India (el país que más en fabrica), el desarrollo de la vacuna cubana "Soberana 02" por el Instituto de Vacunas Finlay para la población, turistas y otros países como Vietnam, Irán, Pakistán, India, Venezuela, Bolivia y Nicaragua en lo que se llamado la “vacuna del ALBA”. Ver: Franklin Frederick, «Cuba’s Contributions in the Fight Against the COVID-19 Pandemic», The Bullet, 11 de marzo de 2021, disponible en: https://socialistproject.ca/2021/03/cuba-contribution-fight-against-covid19/#more

[26] Ante la pregunta de si veremos a las empresas farmacéuticas liberalizar las patentes de las vacunas de la COVID-19, el reconocido investigador danés Peter Gøtzsche señaló: “No, la industria farmacéutica no hará eso, les preocupan sus beneficios... Las vacunas deberían ser un bien común que se debería vender a previo de coste para que la gente de los países pobres también pudiera vacunarse. La gente que vive en los países pobres muere en grandes cantidades porque no pueden permitirse comprar las vacunas. Es inmoral.” Ver: «Preguntes freqüents» (FAQS), TV3, 20 de marzo de 2021, disponible en: https://www.ccma.cat/tv3/alacarta/preguntes-frequents/preguntes-frequents-les-vacunes-contra-la-covid-els-escandols-de-la-monarquia-espanyola-i-el-nanosatellit-enxaneta/video/6090645/

[27] Berna González Harbour, «Entrevista a Yannis Varoufakis. “En la UE hay tanta democracia como oxígeno en la Luna, cero”», El País, 13 de marzo de 2021, disponible en: https://elpais.com/ideas/2021-03-12/yanis-varoufakis-en-la-ue-hay-tanta-democracia-como-oxigeno-en-la-luna-cero.html

[28] David Harvey. Diecisiete contradicciones y el fin del capitalismo, Traficantes de Sueños, Madrid, 2017.

[29] Para Yanis Varoufakis, hoy vivimos bajo un post-capitalismo, una especie de “tecno-feudalismo” en el que unas pocas corporaciones oligopólicas parasitan a unos estados de los que se benefician, creando un “capitalismo de amiguetes”, una especie de “socialismo para ricos” y feudalismo y austeridad para el resto que es insostenible.

[30] Vivir bien con menos. Visibilizar, explicar y hacer entender que podemos vivir mejor con menos consumo, sin crecimiento, pero también con más solidaridad, con más cooperación, con más actividades comunitarias, etc. Ya hay muchas iniciativas de este tipo: cooperativas de producción, consumos colectivos, generando nuevas formas de vida, de relacionarnos, de sentipensar decía Eduardo Galeano citando a Fals Borda, de compartir las cosas en una vida que valga la pena de ser vivida.

[31] Manuel Sacristán señaló que para lograr un ser humano “que no sea ni opresor de la mujer, ni violento culturalmente, ni destructor de la naturaleza” necesitábamos una conversión, un cambio radical y muy profundo. Es posible vivir de otra manera, pero deberemos reeducarnos; aprender a desarrollar relaciones sociales fraternales, tener empatía y a saber cuidar a los demás, ver el entorno como algo casi sagrado y no como algo que tiene un precio y, por tanto, que se puede vender, explotar o destruir, hay que pensar en el crecimiento personal, en aprender el sentido de vivir, y muchas cosas más. Para realizar cambios culturales (que incluyen el sentir, pensar, comprender y hacer de otro modo) que incidan en transformaciones individuales profundas de gran parte de la población es imprescindible crear lógicas y estrategias político-culturales colectivas y comunitarias.

[32] Ese instrumento puede llevar a aprender a aunar lo radical y lo reformista, lo defensivo y lo ofensivo, lo cultural y lo práctico, lo institucional y lo comunitario. La necesidad de conservar aquello que nos hace mejores y de cambiar aquello que nos envilece o perjudica. Hay que hacer frente a todas las fuerzas reaccionarias y neofascistas. Aquellos quienes creen en ideologías legitimadoras de la desigualdad, el racismo o el fascismo no renunciarán a sus privilegios. Debemos arrinconarlos y desmantelar su ideología y su poder, pero también debemos proteger a la población. Por ejemplo, una de las medidas que cada vez suena con más fuerza y que puede ayudar a evitar las peores situaciones de precariedad y shock emocional y cotidiano es la renta básica universal; aunque quizás de entrada sea sólo como mecanismo de emergencia, como una “renta de cuarentena”, que garantice unos ingresos mínimos a toda la población en tiempos de post-pandemia.

[33] Movimientos con sensibilidades diferentes pero coordinados transversalmente, descentralizados, pero con un nivel apropiado de coordinación y una sinergia efectiva entre la sociedad civil y el poder político. Y que sean ágiles, resistentes, capaces de adaptarse a los cambios y al mismo tiempo con una mirada larga.

 

 

 


Controversias sobre la valoración del medio natural

Controversias sobre la valoración del medio natural

Clive L. Spash, Frédéric Hache, Iulie Aslaksen, Per Arild Garnåsjordet, Tone Smith, Pedro L. Lomas, Monica Di Donato.

La valoración monetaria de la naturaleza es una vieja aspiración del mundo de la Economía convencional para extender el pensamiento y el marco económico dominantes hoy día hacia aspectos donde no estaba presente directamente. Sin embargo, en su fuerte empuje actual también se está extendiendo por otros espacios asociados a la temática ambiental, incluida la política ambiental, donde pretende, como en tantas otras ocasiones y espacios, sustituir el ámbito de la deliberación (opinión, debate, subjetividad, etc.) por una forma de supuesta dirección experta del medio ambiente a partir del marco teórico de la economía ortodoxa.

El objetivo teórico es el de ser capaces de incluir a la naturaleza y sus “servicios” dentro del marco contable del análisis coste-beneficio, con el objetivo de asignar los recursos de manera eficiente, sobre la ingenua idea de que el valor de la naturaleza es tan alto que siempre resultará más rentable conservar que destruir, y que este proceso será eficiente en términos económicos, es decir, optimizará el beneficio de todos los actores implicados.

Como veremos en los artículos de este dosier, las herramientas, en términos microeconómicos, se han desarrollado a partir del concepto de externalidad y de la teoría del valor de la economía convencional o de la aproximación de capitales, a través de todo tipo de métodos de preferencias reveladas y preferencias desveladas. Actualmente, dentro del marco del VET (Valor Económico Total) o de la aproximación de capitales, son populares, sobre todo, los métodos de la denominada transferencia de beneficios y la valoración/elección contingente. Por su parte, las herramientas, en términos macroeconómicos, se han desarrollado a partir del teorema de Coase, sobre la suposición de que el mercado, en condiciones de derechos de propiedad claros, es el mecanismo que asigna mejor los recursos a fines alternativos. A partir de ahí se han generado todo tipo de herramientas, desde los pagos por servicios ambientales (PES) hasta los mercados de servicios ambientales (mercado de carbono, por ejemplo). Bancos de hábitats, comercio de emisiones, etc., son también herramientas a tener en cuenta dentro de este ámbito.

El empeño por hacer de este marco un enfoque predominante en el ámbito de la conservación de la naturaleza, ha evolucionado en varias etapas:1

Una primera etapa sería la de desarrollo conceptual y metodológico de la aproximación, que tuvo lugar en las universidades y departamentos de Economía, seguidos con mucho interés por multitud de profesionales dedicados a la conservación de la naturaleza.

En una segunda etapa, comenzó a desarrollarse a través de publicaciones científicas que comenzaban a plantear casos de estudio en los que, supuestamente, se demostraba la utilidad y el alcance de esta aproximación.

En una tercera etapa, con la consolidación del marco, comenzó a expandirse a otras disciplinas y ámbitos de la administración.

En una cuarta etapa, se empezó a aplicar como método convencional para dar soporte a proyectos de conservación, especialmente en los proyectos de los denominados bienes y servicios ambientales, servicios de los ecosistemas, etc., tanto desde el ámbito institucional como desde el ecologismo o la academia.

Algunos ejemplos de proyectos internacionales que pretenden llevar este desplazamiento a cabo serían la Evaluación de los Ecosistemas del Milenio y sus continuaciones globales, regionales y nacionales, el proyecto de Economía de los Ecosistemas y la Biodiversidad (TEEB), el Sistema de Cuentas Económico-Ambientales (SEEA) de Naciones Unidas, o la Revisión Dasgupta, algunos de los cuales se tratarán aquí.

Todo este despliegue de evaluaciones y herramientas de valoración conlleva una soterrada sustitución de un modelo de conservación parcialmente basado en los valores intrínsecos de la naturaleza (los ecosistemas merecen ser conservados por lo que son, incluyendo en lo que son todos aquellos aspectos que proporcionan las condiciones vitales para la existencia del ser humano) por un modelo basado fundamentalmente en los valores instrumentales (los ecosistemas merecen ser conservados por lo que aportan al ser humano). Este giro de la conservación, que desde el ecomodernismo se vende como un intento por superar “viejos” esquemas de conservación en un mundo irremediablemente humanizado dentro del contexto del Antropoceno,2 está contribuyendo a poner al mismo sistema que ha causado la destrucción ambiental y la crisis que actualmente vivimos a los mandos de la conservación.

Además, esto está causando que muchos de aquellos que teóricamente se encargaban de entender lo que son los ecosistemas y obtener información sobre los mismos, actualmente se dediquen fundamentalmente a contabilizar lo que aportan, en un momento de cambio global en el que necesitaremos mucha de esa información para tratar de impedir un cambio irreversible en las condiciones que posibilitan nuestra existencia.

En este dosier se abordarán de modo crítico dos de las principales herramientas que a nivel internacional se están usando en este sentido: la Revisión Dasgupta y el Sistema de Contabilidad Económico-Ambiental (SEEA) de Naciones Unidas.

En su artículo, el profesor Clive Spash y su colega Frédèric Hache, nos dan una panorámica crítica de lo que supone la denominada Revisión Dasgupta, el último de los intentos de hacer hegemónico este tipo de herramientas no sólo para la biodiversidad y los ecosistemas, sino para cualquier otra dimensión.

Por otra parte, en sendos artículos, la profesora Iulie Aslaksen, del instituto nacional de estadísticas noruego, y la profesora Tone Smith, de la Universidad de Viena, nos ilustran sobre los principales fallos del sistema de contabilidad económico-ambiental de Naciones Unidas (SEEA), y el coste de oportunidad que tendría, en términos no sólo monetarios, sino también de tiempo, en un momento de emergencia ambiental como el que vivimos.

1 Erik Gómez-Bagghetun, Rudolf De Groot, Pedro L. Lomas y Carlos Montes, «The history of ecosystem services in economic theory and practice: From early notions to markets and payment schemes», Ecological Economics, núm. 69, 2010, pp. 1209-1218.

2 Pedro L. Lomas, Óscar Carpintero, Jesús Ramos-Martín y Mario Giampietro, El granfalloon de la valoración de los servicios de los ecosistemas, Foro de Transiciones, Madrid, disponible en: https://forotransiciones.org/wp-content/uploads/sites/51/2017/12/2017_LOMASetal.pdf; Pedro L. Lomas, «Las
falsas soluciones y sus peligros para la sostenibilidad: el caso del ecomodernismo», en José María Enríquez Sánchez, Carmen Duce y Luis Javier Miguel González, (eds.), Repensar la sostenibilidad, UNED, Madrid, 2020, pp. 131-145.

 

Si quieres leer el texto completo del Dosier Ecosocial, aquí tienes el acceso en formato pdf: Controversias sobre la valoración del medio natural

Si quieres consultar nuestros anteriores Dosieres Ecosociales.

 

Esta publicación ha sido realizada con el apoyo financiero del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITERD). El contenido de la misma es responsabilidad exclusiva de FUHEM y no refleja necesariamente la opinión del MITERD.


Desigualdad y cambio climático. Selección de recursos

 

Papeles de relaciones ecosociales y cambio global, núm. 159, otoño 2022

Santiago Álvarez Cantalapiedra, Combatir las desigualdades para hacer un mundo más justo y sostenible, pp. 5-12.

Richard Wilkinson y Kate Pickett, De la desigualdad a la sostenibilidad, pp. 11-30.

Monica Di Donato, Entrevista a Lucas Chancel, sobre desigualdades ambientales, pp. 51-59.

Javier Segura del Pozo, La desigualdad social sigue minando nuestra salud, pp. 61-71.

 


 

Papeles de relaciones ecosociales y cambio global, núm. 143 otoño, 2018.

José Bellver y Nuria del Viso

Entrevista a Michael T.Klare. «La combinación de sequía extrema, escasez de agua, inseguridad alimentaria y desempleo rural agravarán las tensiones étnicas y estimularán las migraciones masivas», pp. 155-161.

 


 

 

Papeles de relaciones ecosociales y cambio global, núm. 142, verano 2018.

John Knox, Principios Marco sobre Derechos Humanos y Medio Ambiente, pp. 83-89.

Nuria del Viso y Carlos Saavedra, Entrevista a Nick Buxton «Una seguridad para todos y todas ante el cambio climático debe surgir desde abajo y dirigirse a cambiar el sistema», pp. 139-144.

 

 

 

 

Dosieres Ecosociales

 

Desigualdades climáticas: impactos y responsabilidades de los eventos meteorológicos extremos

Mateo Aguado y Nuria del Viso, Las injusticias ocultas del cambio climático.

 Miguel Ángel Navas Martín, Desentrañando los efectos del calor en la salud humana en contextos desigualitarios.

 Sergio Tirado Herrero, Vulnerabilidad energética y olas de calor en hogares urbanos.

Claudia Narocki, Desigualdades en el ámbito laboral y episodios de altas temperaturas.

 Álvaro Ramón Sánchez, Periferia y crisis climática: la articulación de un discurso ecologista desde América Latina.

 Cristina Contreras Jiménez y Rodrigo Blanca Quesada, Hacer barrio ante la emergencia climática.

 

Colección Economía Inclusiva

 

Desigualdades insostenibles: por una justicia social y ecológica

Lucas Chancel

FUHEM Ecosocial y Catarata, Madrid, 2022, 192 p.

Introducción

 

 

 

Cambio Climático, S.A.

Nick Buxton, Ben Hayes (eds.)

FUHEM Ecosocial, Madrid, 2017, 301 págs.

Prólogo de Susan George
Prólogo de Santiago Álvarez Cantalapiedra

 

 

La Situación del Mundo

 

La Situación del Mundo 2009. Informe anual del Worldwatch Institute sobre el progreso hacia una sociedad sostenible: El mundo ante el calentamiento global.

Robert Engelman, Michael Renner y Janet Sawin (dir.)

Christopher Flavin y Robert Engelman. La tormenta perfecta.

W.L. Hare,Un aterrizaje seguro para el clima.

Sara J. Scherr y Sajal Sthapit., Agricultura y usos del suelo para enfriar el planeta.

Janet L. Sawin y William R. MoomawUn futuro energético duradero,.

David Dodman, Jessica Ayers y Saleemul Huq, Generar resiliencia.

Robert Engelman, Acuerdos para salvar el clima.

Alice McKeown, Gary Gardner, Guía y glosario sobre el cambio climático.

APÉNDICE: 

Antonio Ruiz de Elvira, Cambio climático en España: Problemas y soluciones,

 

 

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Crisis de la energía y transiciones energéticas. Selección de recursos

 

Recopilación de artículos publicados en la revista Papeles de relaciones ecosociales y cambio global, de FUHEM Ecosocial que abordan diferentes aspectos de la crisis de la energía y las transiciones energéticas, así como las alternativas en torno a las energías renovables, los distintos escenarios a los que nos enfrentamos por el descenso energético, las estrategias y redistribución; las críticas a la energía nuclear y sus efectos en el cambio climático, además de las diferentes expresiones del extractivismo y las múltiples violencias que generan.

 

 

Papeles de relaciones ecosociales y cambio global, núm. 159, otoño 2022.

Laura Ramos, La energía solar fotovoltaica en la transición energética, pp. 113-122.

Pablo Cotarelo, Comunidades energéticas: desarrollo de una alternativa real, pp. 123-135.

 

 


 

Papeles de relaciones ecosociales y cambio global, núm. 156, invierno 2021-2022

Santiago Álvarez Cantalapiedra, Los planos del debate de la crisis energética, pp. 5-10.

Jorge Riechmann, Autolimitarnos para que pueda existir el otro. Sobre energía y transiciones ecosociales, pp. 11-25.

Alicia Valero, Guiomar Calvo y Antonio Valero, Thanatia. Límites minerales de la transición energética, pp. 7-41.

 

Rafael Fernández Sánchez, Economía política del mercado mundial de petróleo: flujos, actores y precios, pp. 43-53

Tica Font, China, geopolítica y materiales estratégicos, pp. 55-65

Luis González Reyes, Crisis energética, pp. 67-78.

Martín LallanaDescenso energético: escenarios, estrategias y redistribución, pp. 79-91.

Óscar Carpintero y Jaime Nieto, Transición energética y escenarios postcrecimiento, pp. 93-106.


 

Papeles de relaciones ecosociales y cambio global, núm. 153, primavera 2021.

Antonio Serrano Rodríguez

Hidrógeno verde y transición energéticapp. 83-92.

 

 


 

Papeles de relaciones ecosociales y cambio global, núm. 151, otoño 2020

Josefa Sánchez Contreras, Megaproyectos eólicos en el Istmo mexicano: los bienes comunales en tiempos de crisis energética, pp. 87-97.

 

 


 

Papeles de relaciones ecosociales y cambio global, núm. 149, primavera 2020

Tica Font Gregori, Utopía y antropoceno: críticas y respuestas al reto nuclear, pp. 65-76

 

 

 


 

Papeles de relaciones ecosociales y cambio global, núm. 143, verano 2019

Mariana Walter, Extractivismo, violencia y poder  pp. 47-59

Eduardo Gudynas, Extractivismos: el concepto, sus expresiones y sus múltiples violencias, pp. 61-70

Ben Leather, Es hora de que las empresas reconozcan su papel fundamental en la defensa de los derechos humanos, pp. 71-82.

Patricio Carpio Benálcazar, Pueblos y comunidades frente a la encrucijada extractivista. El caso ecuatoriano, 83-93.

Óscar Carpintero y José Manuel Naredo, Sobre financiarización y neoextractivismo, 97-108.

Jose-Luis Palacios, Guiomar Calvo, Alicia Valero, Antonio Valero y Abel Ortego, El rol de la minería de América Latina en una sociedad descarbonizada, pp. 109-117.

Elena Pérez Lagüela, Desarrollismo y tierras raras: orígenes y causas del extractivismo en China, pp. 119-136.


 

Papeles de relaciones ecosociales y cambio global, núm. 140, invierno 2017-2018

Joaquim Sempere, El colapso energético de Cuba de los años 90, pp. 13-32.

 

 

 


 

Papeles de relaciones ecosociales y cambio global, núm. 138, verano 2017

Xavier Bohigas, Centrales nucleares, emisiones de CO2 y cambio climático, pp. 109-121.

 

 


 

 

Papeles de relaciones ecosociales y cambio global, núm. 134, verano 2017

Ignacio MártilLas posibilidades de encontrar fuentes de energía limpias, abundantes y gratuitas, pp. 105-116.

 

 

 


 

Papeles de relaciones ecosociales y cambio global, núm. 127, otoño 2014 2017

Joaquim Sempere, Papel y límites de la acción intersticial en las transiciones postcarbono, pp. 91-106.

 

 

 

 

 

 

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Controversias sobre la valoración de los ecosistemas

CONTROVERSIAS SOBRE LA VALORACIÓN DE LOS ECOSISTEMAS

Selección de recursos

LIBROS

 

CARPINTERO, Óscar

Entre la economía y la naturaleza : la controversia sobre la valoración monetaria del medio ambiente y la sustentabilidad del sistema económico

Fundación Primero de Mayo - Los Libros de la Catarata, Madrid, 1999, 383 p.

 

 

LOMAS, Pedro L., Oscar Carpintero, Jesús Ramos-Martín y Mario Giampietro

El granfalloon de la valoración de los servicios de los ecosistemas

Tiempo de transiciones, Foro de Transiciones, 2017, 61 p.

 

 

 

 

MARTÍNEZ ALIER, Joan

El ecologismo de los pobres: conflictos ambientales y lenguajes de valoración, 6ª ed. ampliada

Icaria, Barcelona, 2021, 448 p.

 

 

 

 

NAREDO, José Manuel 

La economía en evolución: Historia y perspectivas de las categorías básicas del pensamiento económico

Siglo XXI, Madrid, 2015., 748 p.

 

 

SPASH, Clive L. 

Fundamentos para una economía ecológica y social

FUHEM Ecosocial y Catarata, Madrid, 2020 252 p.

 

 

 

SPASH, Clive L.

Greenhouse economics: Value and ethics

London, Routledge, 2020, 316 p.

 

 

 

ARTÍCULOS

AGUADO, Mateo. José A. González, Kr'sna Bellott, César López-Santiago, y Carlos Montes,  «Exploring subjective well-being and ecosystem services perception along a rural-urban gradient in the high Andes of Ecuador», Ecosystem Services, 34, 2018, pp. 1-10.

BÜSCHER, Bram. y Robert Fletcher, «Accumulation by Conservation», New Political Economy, vol. 20, núm. 2, 2015, pp. 273-298.

FLETCHER, Robert y Bram Büscher, «The PES Conceit: Revisiting the Relationship between Payments for Environmental Services and Neoliberal Conservation», Ecological Economics, 132, 2017, pp. 224-231.

GÓMEZ BAGGHETUN, Erik, Rudolf De Groot, Pedro L. Lomas, Carlos Montes, «The history of ecosystem services in economic theory and practice: From early notions to markets and payment schemes», Ecological Economics, vol. 69, núm. 6, 2010, pp. 1209-1218, 2010.

KOSOY, Nikolas y Esteve Corbera, «Payments for ecosystem services as commodity fetishism: Special Section - Payments for Environmental Services: Reconciling Theory and Practice», Ecological Economics, vol. 69, núm. 6, 2010, pp. 1228-1236.

MCAFEE. Kathleen, «The Contradictory Logic of Global Ecosystem Services Markets», Development and Change, col. 43, núm. 1, 2012, pp. 105–31.

MCAFEE, Kathleen, «Nature in the Market-World: Ecosystem Services and Inequality», Development, vol. 55, núm. 1, 2012, pp. 25–33.

MURADIAN, Roldan y Erik Gómez-Bagghetun, «Beyond ecosystem services and nature’s contributions: Is it time to leave utilitarian environmentalism behind?», Ecological Economics, núm. 185: 2021, pp. 107038.

RINCÓN-RUIZ, Alexander et al., «Applying integrated valuation of ecosystem services in Latin America: Insights from 21 case studies», Ecosystem Services, 36, 2019, pp. 1-12, disponible en: https://doi.org/10.1016/j.ecoser.2019.100901

ROBERTSON, Morgan, «Performing Environmental Governance», Geoforum vol. 41, núm. 1, 2010, pp. : 7–10.

ROBERTSON, Morgan, “Measurement and Alienation: Making a World of Ecosystem Services.” Transactions of the Institute of British Geographers, vol. 37, núm. 3,2012, pp. 386–401.

SANTOS-MARTÏN Fernando, Berta Martín-López, Marina García-Llorente, Mateo Aguado, Javier Benayas  y Carlos Montes, «Unraveling the Relationships between Ecosystems and Human Wellbeing in Spain», PloS one, 8(9), 2013, e73249. disponible en: https://journals.plos.org/plosone/article?id=10.1371/journal.pone.0073249

SPASH, Clive L.  y Frédéric Hache, «The Dasgupta Review deconstructed: An exposé of biodiversity economics»,  Globalizations, vol. 19, núm. 5, 2022, disponible en: https://doi.org/10.1080/14747731.2021.1929007

SPASH, Clive L. «The economics of biodiversity: The Dasgupta Review. Biological»,  Conservation, núm. 264, diciembre 2021, pp. 1-2.

SPASH, Clive L..,  «Conceptualising Nature: From Dasgupta to Degrowth», Environmental Values, 30 (3), 2021, pp. 265-275.

SULLIVAN, Sian, «On ‘natural capital’, ‘fairy tales’ and ideology», Development and Change, 48 (2). 2017, pp. 397-423.

SULLIVAN, Sian, «Noting some effects of fabricating 'nature' as 'natural capital», The Ecological Citizen, 1 (1), 2017, pp. 65-73, disponible en: https://www.ecologicalcitizen.net/pdfs/v01n1-12.pdf

SULLIVAN, Sian, «The disvalues of alienated capitalist natures», Dialogues in Human Geography, 7 (3), 2017, pp. 310-313.

SULLIVAN, Sian, «Making nature investable: from legibility to leverageability in fabricating 'nature' as 'natural capital'», Science and Technology Studies, 31 (3), 2018, pp. 47-76.

 

 

 

Esta publicación ha sido realizada con el apoyo financiero del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITERD). El contenido de la misma es responsabilidad exclusiva de FUHEM y no refleja necesariamente la opinión del MITERD.

 

 


Caracterización del modo de vida en España

Caracterización del modo de vida en España: «Estudio de las exigencias energéticas del modo de vida en España».

FUHEM Ecosocial

Hace más de diez años, Johan Rockström y colaboradores1 publicaron un trabajo sobre los límites planetarios que rápidamente se convirtió en una referencia en la literatura sobre la sostenibilidad, desplazando la mirada desde el agotamiento de los recursos naturales hacia los impactos biofísicos del consumo de materiales.

Junto a la narrativa de la Gran Aceleración2 y al concepto de Antropoceno3, el concepto de límites planetarios amplió el vocabulario científico y se impuso como métrica para evaluar, mediante variables de control, si la humanidad se mantiene en un umbral de seguridad, evitando la desestabilización de los ciclos biogeoquímicos de la Tierra y los riesgos asociados.

La transgresión de este espacio de seguridad humana se ha visto impulsado por factores socioeconómicos que moldean los procesos y estructuras causantes de la crisis ecosocial subyacente4. En el trasfondo se encuentra la civilización industrial capitalista, con sus estructuras, instituciones, actores y relaciones de poder que impulsan unos flujos de materia y energía en constante expansión que resultan necesarios para su funcionamiento y reproducción social, definiendo el tipo de intercambios -el metabolismo social- que establecemos con la naturaleza.

Existe un único modo de vida que comparten todas las personas que participan de esa civilización industrial capitalista. Pero también existe una amplia variedad de estilos de consumo que comparten quienes forman parte de una determinada clase o grupo social. El concepto de modo de vida5 que aquí utilizaremos no se refiere al estilo de vida que practica un grupo social particular, sino a los patrones de producción, distribución y consumo, así como al imaginario cultural y a las subjetividades fuertemente arraigadas en las prácticas cotidianas de la mayoría de la población.

En este sentido, cabe entenderlo como un modo de vida hegemónico, es decir, ampliamente aceptado y arraigado política e institucionalmente y con una influencia abrumadora en las prácticas cotidianas de las personas. Se podría añadir, como hacen Brand y Wissen, que además de hegemónico ese modo de vida es también imperial, destacando así el vínculo que existe entre esas prácticas cotidianas hegemónicas, las estrategias estatales y empresariales, la geopolítica internacional y la crisis ecológica, en la medida en que presupone un acceso a los recursos, al espacio, a las capacidades laborales y a los sumideros del planeta entero -normalmente a través del mercado mundial-, asegurado a través de políticas, leyes o mediante el ejercicio de la fuerza.

La vida en las sociedades del capitalismo central resultaría difícil de explicar sin atender a la manera en que se organizan e insertan en la economía global las sociedades periféricas. Cualquier aspecto característico de nuestro modo de vida contiene trabajo y materias primas que provienen de la periferia. Esas condiciones sociales y ecológicas, normalmente invisibilizadas, permiten que estos productos puedan ser comprados y consumidos tan fácilmente. Estas prácticas cotidianas, así como las relaciones de poder sociales e internacionales subyacentes, generan y perpetúan el dominio de unas personas sobre otras y la explotación de la naturaleza, impulsando de ese modo la destrucción de ecosistemas, tensiones geopolíticas, desequilibrios territoriales, polarización social o empobrecimiento y destrucción de economías locales. Nos encontramos ante un modo de vida convertido en un bien posicional, exclusivo y excluyente, cuyas consecuencias se reflejan en forma de altos costes sociales y ecológicos
desigualmente repercutidos.6

Se ofrece a continuación una caracterización del modo de vida de la sociedad española a partir de una doble vertiente: el consumo y la producción. El ámbito del consumo no es independiente de la esfera de la producción, por lo que un diagnóstico completo exigirá contemplar también los requerimientos necesarios de energía, materiales y trabajo que ese modo de vida conlleva.

NOTAS:

1  Johan Rockström et al., «A safe operating space for humanity», Nature , 61(7263), 2009a, 472-475; Johan Rockström et al., «Planetary Boundaries : Exploring the safe operating space for humanity», Ecology and Society . 14(2), 2009b, p. 32.

2  Will Steffen et al., «The trajectory of the Anthropocene: The Great Acceleration», The Anthropocene Review 2(1) 2015: 81-98; Will Steffen et al., Global change and the earth system: a planet under pressure, Springer, 2004.

3 Paul J. Crutzen, y Eugene F. Stoermer, «The Anthropocene». IGBP Newsletter 41, 2000, pp.17-18.

4  Ulrich Brand et al., «From planetary to societal boundaries: an argument for collectively defined self-limitation», Sustainability: Science, Practice and Policy, 17:1, 2021, 264-291, disponible en: https://doi.org/10.1080/15487733.2021.1940754

5  Ulrich Brand y Markus Wissen, Modo de Vida Imperial. Vita cotidiana y crisis ecológica del capitalismo, Traficantes de Sueños, Madrid, 2021.
6  Santiago Álvarez Cantalapiedra y Monica Di Donato, «Consumo y crisis ecosocial global», en Luis Enrique Alonso Benito (ed. lit.), Carlos Jesús Fernández Rodríguez (ed. lit.), Rafael Ibáñez Rojo (ed. lit.), Estudios sociales sobre el consumo, CIS, 2020, pp. 533-553

Descargar el texto completo en formato pdf: La caracterización del modo de vida en España

 

Esta publicación ha sido realizada con el apoyo financiero del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITERD). El contenido de la misma es responsabilidad exclusiva de FUHEM y no refleja necesariamente la opinión del MITERD.


Despilfarro alimentario: Selección de recursos

 

BRÄUTIGAM, Klaus-Rainer, Juliane Jörissen, Carmen Priefer

, «The extent of food waste generation across EU-27: Different calculation methods and the reliability of their results»

Waste Management Research, vol. 32, núm. 8, agosto 2014, pp. 683–694

Disponible en: https://doi.org/10.1177/0734242X14545374

 

 

 

CALDEIRA, Carla, Valeria De Laurentiis, Sara Corrado, Freija van Holsteijn, Serenella Sala

«Quantification of food waste per product group along the food supply chain in the European Union: A mass flow analysis»

Resources Conservation and Recycling, vol. 149, octubre 2019, 479–488

Disponible en: https://doi.org/10.1016/j.resconrec.2019.06.011

 

 

 

CATTANEO, Andea, Giovanni Federighi, Sara Vaz

«The environmental impact of reducing food loss and waste: A critical assessment»

Food Policy, vol. 98, enero 2021, 101890

Disponible en: https://doi.org/10.1016/j.foodpol.2020.101890

 

 

 

CLARK, Michael A.; Domingo, Nina G.G.; Kimberly Colgan, Sumil K. Thakrar, David Tilman, John Lynch, Ines L. Azevedo, Jason D. Hill

«Global food system emissions could preclude achieving the 1.5° and 2 °C climate change targets»

Science 370, noviembre 2020, 2020, pp. 705–708.

 

 

 

CORRADO, Sara, Serenella Sala

«Food waste accounting along global and European food supply chains: State of the art and outlook»

Waste Management,  vol. 79, septiembre 2018, pp. 120–131

Disponible en: https://doi.org/10.1016/j.wasman.2018.07.032

 

 

 

DI DONATO, Monica y Óscar Carpintero

«Household Food Metabolism: Losses, Waste and Environmental Pressures of Food Consumption at the Regional Level in Spain»

Foods 10, núm. 6, 2021, 1166

Disponible en: https://doi.org/10.3390/foods10061166

 

 

VIDAL-MONES, Berta, Héctor Barco, Raquel Diaz-Ruiz, and Maria-Angeles Fernandez-Zamudio.

«Citizens Food Habit Behavior and Food Waste Consequences during the First COVID-19 Lockdown in Spain»

                                                 Sustainability vol. 13, núm. 6,, 2021, 3381

Disponible en: https://doi.org/10.3390/su13063381

 

 

VIDAL-MONES, Berta, Raquel Diaz-Ruiz, José M. Gil

«From evaluation to action: Testing nudging strategies to prevent food waste in school canteens»

Waste Management, vol. 140, marzo 2022

Disponible en: https://doi.org/10.1016/j.wasman.2022.01.006

 

 

Esta publicación ha sido realizada con el apoyo financiero del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITERD). El contenido de la misma es responsabilidad exclusiva de FUHEM y no refleja necesariamente la opinión del MITERD.


El  fin de la sociedad del despilfarro

El  fin de la sociedad del despilfarro. Repensando nuestro modo de producción y consumo para reducir la contaminación y los residuos.
Monica Di Donato, Raquel Díaz Ruiz, José María García Bresó, Fundació Solidança, Mari Cruz Martín Redondo,

El cambio climático, el agotamiento de la capa de ozono, la deforestación, la acidificación de los océanos, la pérdida de biodiversidad, el ciclo de nitrógeno o la contaminación química son sólo algunas de las problemáticas ambientales que amenazan la salud del planeta y pertenecen al marco de los límites planetarios, un concepto establecido en 2009 por un equipo liderado por Johan Rockström del Centro de Resiliencia de Estocolmo1, que ha generado una línea de investigación muy prolífica para la identificación y alerta acerca de la superación de los umbrales. Marcos analíticos como este demuestran cómo los recursos físicos de los que dependemos están sufriendo cambios rápidos e imprevisibles en un tiempo relativamente corto. Estos cambios podrían llevar al colapso de los ecosistemas, a la escasez de alimentos y a crisis sanitarias potencialmente mucho peores que la que se han vivido por la COVID-19.

Los principales motores de estos impactos globales están claramente identificados: el creciente consumo de recursos materiales, la transformación y fragmentación de los hábitats naturales y el consumo de energía para sostener modos de vida cada vez más artificiales, consumistas e insostenibles, consolidados en culturas del derroche y del despilfarro, especialmente en economías no periféricas.

Así, ese metabolismo social asociado a patrones de crecimiento económico infinito y de sobreexplotación ecológica propios de nuestro tiempo, sumados al hecho de que vivimos en un planeta finito con recursos limitados, impone la necesidad de una significativa contracción en el consumo per cápita de materiales y energía y de los impactos ambientales relacionados, si no se quiere colisionar contra los límites biofísicos de la Tierra.

Si se centra la atención en el metabolismo de las sociedades industrializadas contemporáneas, es decir, en los flujos de energía y materiales que intervienen en su funcionamiento, la contabilidad física muestra un consumo excesivo y, por ende, un despilfarro de recursos naturales (directo o indirecto), que en muchas ocasiones está desvinculado del crecimiento de la población y distribuido de forma desigual para sostén de un modo de vida imperial2 basado en el exceso, el despilfarro y la comodidad inconsciente. En este escenario, es la dimensión productiva la que “produce” el consumo, y no a la inversa, en una confluencia nada neutral a nivel socioeconómico y ecológico entre la producción del objeto, las modalidades del consumo, y el impulso moldeado hacia este.

Es cada vez más evidente, pues, que los límites que la cultura del hiperconsumo pone a la satisfacción de los deseos están ligados a la toma de conciencia sobre sus consecuencias. En ese sentido, junto al riesgo en la vertiente ecológica (ligado a los requerimientos de recursos energéticos y materiales para sostener un determinado nivel productivo, así como a los residuos, los desperdicios y la contaminación) y en la dimensión social (relacionada con los niveles de desigualdad en el acceso a bienes y servicios), algunas teorías imputan también al consumismo el desgaste de la capacidad colectiva de construir e impulsar proyectos comunitarios y formas de gestión compartida y, en general, de otras formas de cohesión social.

No obstante, la expansión de la esfera del consumo ha sido asimétrica, coexistiendo ámbitos de población aferrados a formas más tradicionales y sencillas de vida, ligadas a conceptos como la escasez y la suficiencia, con otros ámbitos caracterizados por niveles de hiperconsumo, ligados a nuevos nichos de mercados como el bajo coste, las nuevas tecnologías, las modas, etc., que llevan intrínsicamente asociados una cultura de despilfarro y del consumo rápido y frívolo.

Si se mira a los números, por mostrar algunas de las tendencias más evidentes en relación con nuestra huella de desperdicio, en el ámbito alimentario, por ejemplo, el 28% (1400 millones de hectáreas)3 de la superficie agrícola global se usa anualmente para producir alimentos que se pierden o desperdician, acentuando el problema de las talas masivas de selvas y bosques para extender la frontera agrícola, y de los suelos cada vez más desertizados. Este desperdicio de alimentos se produce desde que se recogen del campo hasta que se sirven en el plato, conllevando un grave problema no sólo ecológico sino también ético, social y económico.

Por otra parte, el fenómeno de la moda rápida hace que nunca antes se hayan fabricado tantas prendas como ahora: 100.000 millones al año, con previsiones de crecimiento de un sector cada vez más importante. Así, si la compra de ropa se ha convertido en una verdadera actividad recreativa alimentada por las redes sociales, llegando a influir en el comportamiento de consumo de los clientes, la otra cara de la moneda nos habla de una industria altamente contaminante,4 que en la UE genera anualmente cuatro millones de toneladas de productos textiles que acaban en la basura, con una tasa de reciclaje de poco menos del uno por ciento.

Según la ONU,5 se generan unos 50 millones de toneladas al año de residuos electrónicos que acaban, en un alto porcentaje, en vertederos de países periféricos. En el caso de la Unión Europea, más de 2.500 millones de toneladas al año.6 Detrás de este fenómeno, está la obsolescencia planificada de nuestros ordenadores, impresoras, teléfonos móviles, neveras, etc. que tienen un tiempo de vida útil relativamente corto respecto a su potencial, al que hay que unir la inmediatez a la hora de salida al mercado de nuevos últimos modelos, con actualizaciones, correcciones, etc., que nos invitan a consumir de nuevo. Esto no es casualidad, sino una estrategia muy calculada que permea también a otros sectores. Así, esta “caducidad de los objetos” afecta a toda la electrónica, desde los ordenadores hasta los teléfonos móviles, los electrodomésticos, el software informático, la moda, el calzado, los juguetes, los libros de texto o incluso el mobiliario.

Podríamos seguir con más ejemplos de prácticas despilfarradoras que interfieren cada día con las diversas dimensiones de nuestro consumo, generando graves impactos tanto a nivel ambiental como social y económico.

En definitiva, estos datos muestran la urgencia de un cambio radical en nuestras maneras de producir y consumir y la búsqueda de alternativas viables que huyan del sendero ecocida, y sean conscientes de que vivimos en un mundo con limites biofísicos, no sólo en términos de recursos sino también en la posibilidad de procesar esa carga ambiental (dentro y fuera de las fronteras de nuestro país).

Es en ese sentido que este Dosier intenta captar la reacción y resistencia al consumismo devorador, el desarrollo de una conciencia creciente que se propone frenar los comportamientos consumistas basándose en ideas fundamentales como: pensar bien antes de comprar, buscar alternativas a la compra con menor impacto sobre los recursos naturales (como el intercambio, arreglar algo defectuoso o fabricar las cosas uno mismo), intentar “desbordar” determinados estándares productivos impuestos por el mercado, aprender a vivir con lo necesario (simplicidad), etc.

Así, partiendo del escenario esbozado con anterioridad, este trabajo se propone, por un lado, indagar, desde una perspectiva critica, en las respuestas sociales o los espacios de resistencia que, de una manera u otra, se oponen al paradigma de la sociedad del hiperconsumo y del despilfarro y, por el otro, de suscitar y ampliar la reflexión intelectual sobre los retos y las oportunidades que, sobre la base del diagnóstico disponible (que muestran los datos, las experiencias, etc.) permiten explorar vías y modalidades para aminorar la carga ambiental y social generada por esa dimensión innecesaria del consumo y de la producción.

El Dosier consta de tres artículos que nos relatan, desde la dimensión más experiencial tal y como se mencionaba anteriormente, propuestas y acciones que, desde el ámbito de la economía social y solidaria, abordan varias dimensiones de la vida cotidiana: desde los alimentos (de la mano del proyecto de la Fundación Espigoladors),7 al textil, mobiliario, etc. (a través del testimonio de los Traperos de Emaús de Navarra),8 a los aparatos eléctricos y electrónicos (de la mano de la Fundación Solidança).9 10 La parte final del trabajo reserva una atención especial al debate reciente sobre el proyecto de Ley de Prevención de las Pérdidas y el Desperdicio Alimentario a través de la plataforma #LeySinDesperdicio11 (gracias a la contribución de Enraíza Derechos)<sup>12</sup> que constituye una aproximación crítica y una llamada de atención a la aprobación del proyecto antes mencionado que tiene como objetivo general y en línea con la normativa europea, reducir el despilfarro a la basura de alimentos sin consumir. Sin embargo, el texto presentado no contiene los presupuestos para ser realmente transformador, quedándose claramente insuficiente y muy por debajo de las expectativas y exigencias de un sistema tan complejo como el alimentario.

NOTAS

1 A través de este enlace https://www.stockholmresilience.org/publications.html se puede consultar una recopilación de las publicaciones más relevantes dentro de la temática indicada.

2 Ulrich Brand, y Markus Wissen, Modo de vida imperial. Vida cotidiana y crisis ecológica del capitalismo, Tinta limón, Buenos Aires, 2021; Ulrich Brand et al., «From planetary to societal boundaries: an argument for collectively defined self-limitation», Sustainability: Science, Practice and Policy, vol.17, núm.1, 2021, pp.264-291.

3 https://www.fao.org/3/i3347e/i3347e.pdf

4 https://www.eea.europa.eu/highlights/circular-business-models-and-smarter; Niinimäki Kirsi, Greg Peters, Helena Dahlbo and Patsy Perry, «The environmental price of fast fashion», Nat Rev Earth Environ, núm.1, 2020, pp.189–200.

5 https://www.itu.int/en/ITU-D/Climate-Change/Documents/2019/A-New-Circular-Vision-for-Electronics.pdf

6 https://www.europarl.europa.eu/news/es/headlines/society/20180328STO00751/gestion-de-residuos-en-la-ue-hechos-y-cifras-infografia

7 Fundación Espigoladors: https://espigoladors.cat/

8 Traperos de Emaús Navarra: https://www.emausnavarra.org/

9 Fundación Solidança: https://solidanca.cat/es/

10 Las organizaciones Traperos de Emaús de Navarra y Fundación Solidança pertenecen a la Asociación Española de Recuperadores de Economía Social y Solidaria (AEREES), que actualmente representa a 38 entidades especializadas en la inserción socio laboral y la gestión de residuos, con presencia en 13 comunidades autónomas.

 

Si quieres leer el texto completo del Dosier Ecosocial, aquí tienes el acceso en formato pdf: El  fin de la sociedad del despilfarro. Repensando nuestro modo de producción y consumo para reducir la contaminación y los residuos.

Si quieres consultar nuestros anteriores Dosieres Ecosociales.

 

Esta publicación ha sido realizada con el apoyo financiero del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITERD).

El contenido de la misma es responsabilidad exclusiva de FUHEM y no refleja necesariamente la opinión del MITERD.


Cambio climático

Selección de recursos didácticos del blog Tiempo de Actuar 2022

 

Estamos viviendo una crisis múltiple, civilizatoria. En FUHEM consideramos que esta, más allá de ser un marco general de obligado abordaje en las aulas si queremos educar considerando los grandes retos y oportunidades que tiene la humanidad en el presente y el futuro cercano, también es un contexto concreto en los centros educativos. Así, la petición de más participación, la desestructuración social, la centralidad de los temas ambientales, la crisis económica, la escapada virtual (televisión, internet, videojuegos, etc.), el incremento de la diversidad o las desigualdades de género forman parte del día a día de las aulas, los patios y los espacios de encuentro entre el profesorado y las familias.

Uno de los objetivos fundamentales de la escuela es ayudar al alumnado a comprender el mundo en el que viven y desenvolverse satisfactoriamente por él. Si afrontamos esta gran competencia como si nada estuviese cambiando, como si el futuro fuese a ser similar al pasado, no estaríamos cumpliendo esa gran función de la educación.

Pero deberíamos aspirar a más. No solo a dotar de herramientas al alumnado para comprender y estar en el mundo, sino también para convertirse en un agente de cambio activo en él.

Un agente que sea capaz de ayudar a que la sociedad se articule de forma democrática para satisfacer universalmente sus necesidades sin depredar el entorno. Es decir, una sociedad que sea capaz de dar un gran salto adelante en este contexto de crisis del viejo modelo hacia modelos más justos, solidarios, democráticos y sostenibles.

Una de las herramientas que estamos desarrollando para este fin es Tiempo de Actuar, un blog para compartir recursos didácticos para afrontar la crisis de convivencia entre las personas y con el entorno.

En el blog aparecen los recursos ordenados por:

  • Etapa educativa: Infantil, primaria, secundaria, bachillerato y formación profesional.
  • Contenido: Convivir entre géneros, con justicia, con democracia, en paz y con el entorno.
  • Tema: La nube de etiquetas son distintos temas transversales a los cinco bloques de contenidos.
  • Guías didácticas: En en esta sección recogemos distintas guías didácticas elaboradas por FUHEM.

El ritmo del blog es de una entrada semanal.

A continuación, ofrecemos una serie de entradas cuyo contenido tiene que ver con la emergencia climática, las consecuencias del cambio climático y la importancia de llevar a la aulas estas temáticas de enfoque ecosocial.

 

El deshielo del Ártico: una emergencia global

Monica Di Donato

02/11/2022

 

El Ártico está cada vez peor, mostrando claros síntomas de enfermad. Sigue calentándose dos veces más rápido que el resto de la Tierra, y está perdiendo rápidamente la capa de hielo, pasando de ser un paisaje preponderadamente helado (blanco) a uno más verde y marrón de lo que era hace tan sólo unas décadas. El deshielo hace del océano Ártico un lugar mucho más navegable, y lo expone a los fenómenos habituales en otras latitudes, tales como la pesca masiva y la extracción de petróleo, gas o minerales. Estas circunstancias generan una gran variedad de choques de intereses, teniendo en cuenta que hay 4 millones de personas que habitan en la zona, y que dependen directamente de sus recursos. Además de los cambios locales que impactarán directamente sobre la biodiversidad del Ártico y su medio de vida, habrá cambios “remotos” que afectarán a distintas partes del planeta, y a los hábitats de los seres que allí viven.

En ese sentido, según un reciente estudio, otro efecto muy preocupante del deshielo del Ártico, causado por el calentamiento global, es la liberación de virus y bacterias que actualmente se encuentran bajo las capas de hielo y el permafrost, pudiendo provocar nuevos brotes o pandemias. Así se desprende de una investigación publicada en la revista ‘Proceedings of the Royal Society B’, bajo el título “Viral spillover risk increases with climate change in High Arctic lake sedimentsen“, en la que se explica cómo funciona el proceso conocido como “desbordamiento viral”.

Por otro lado, a su vez, el deshielo del permafrost liberará gases con mucho potencial para generar efecto invernadero, tales como el óxido nitroso o el metano. A medida que aumenten las temperaturas globales, también es posible que se emita aún más metano desde la parte menos profunda del lecho marino de la plataforma ártica de Siberia oriental.

Todo esto hace evidente la importancia y la urgencia de cambiar de rumbo en términos de emisiones a la atmósfera y contribución al calentamiento global, así como de aumentar la sensibilidad, en este caso del alumnado, sobre un problema y una región que puede parecer lejana, pero que está sufriendo alteraciones climáticas y ecosistémicas de relevancia global.

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BachilleratoConvivir con el entornoSecundariaTécnica

Etiquetas: biologíacambio climáticoconflictos socioecológicos |

 

Guía didáctica Mis climas cotidianos: arquitectura para el clima y las personas

Pedro L. Huertas

26/10/2022

En esta ocasión traemos a Tiempo de Actuar la guía didáctica “Mis climas cotidianos. Acciones didácticas para una arquitectura que cuida el clima y a las personas”, elaborada por Cristina Alba Pérez-Rendón, Eva Morales Soler e Isabel Martín Ruiz, de la cooperativa sevillana de arquitectas Cotidiana para la red Planea (arte y escuela), una red de centros educativos, agentes e instituciones culturales que pretenden utilizar las prácticas artísticas en la escuela pública.

La Guía desarrolla prácticas didácticas para la mejora de los entornos cotidianos (casa-plaza y colegio-patio) desde dos enfoques climáticos. Por una parte, el que tiene una componente más científica, asociado al clima, y que integra principios de la arquitectura bioclimática, centrado en la ecodependencia del ser humano con respecto al medio ambiente; por la otra, el que tiene una componente más social, alrededor del clima de convivencia, y que está centrado en la interdependencia entre los seres humanos.

Recursos:
Red Planea. Ficha del proyecto Mis climas cotidianos. Colección Didácticas para un nuevo habitar.

Cotidiana/Red Planea. Guía didáctica Mis climas cotidianos: Acciones didácticas para una arquitectura que cuida el clima y a las personas.

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Convivir con el entornoConvivir en pazGuía didácticaPrimariaRecursoSecundaria

Etiquetas: cambio climáticocuidadosdiversidadplásticavalores |

 

¿Experimentamos con la meteorología y el clima?

Monica Di Donato

06/04/2022

 

Para la entrada de esta semana os vamos a presentar dos recursos muy útiles y prácticos para trabajar y entender en el aula las dimensiones de la meteorología (rama de la física que aborda los fenómenos que ocurren en la atmósfera) y el clima.

Al finalizar la técnica el alumnado: Habrá profundizado sobre los elementos teóricos y prácticos de las dinámicas.

Habrá profundizado sobre los elementos teóricos y prácticos de las dinámicas atmosféricas y climáticas.

Sabrá distinguir entre tiempo atmosférico, fenómeno atmosférico, dinámicas climáticas.

Será capaz entender y de reproducir algunos experimentos ligados a los fenómenos estudiados desde un punto de vista teórico.

Su objetivo es la explicación de conceptos y fenómenos relacionados con la meteorología y el clima, mediante la realización de experimentos sencillos que ayuden a comprender y visualizar mejor procesos que tienen lugar en el océano y la atmósfera. Os invitamos a explorar todo el proyecto aquí, que se compone de 4 ejes temáticos correspondientes a meteorología, clima, océano y criosfera, que se concretan, a su vez, en otros ámbitos de profundización como pueden ser las precipitaciones, la presión atmosférica, el deshielo polar, etc.

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Etiquetas: biologíacambio climáticofísicanaturalesquímica

 

Currículo para una educación ecosocial frente a la emergencia climática

Monica Di Donato

23/02/2022

El material que abordamos hoy consiste en una guía-propuesta de currículo para una educación ecosocial elaborada por el colectivo Profes para el futuro (Teachers for Future Spain), compuesto por más de 2.000 profesores de todo el país preocupados por el estado de emergencia climática actual

Se trata de una completa propuesta de contenidos curriculares elaborada por más de 150 profesores, enraizada en la educación ambiental para una transición ecológica, que forma parte de los principios fundamentales de la LOMLOE.

La propuesta, dirigida a la transición ecológica, con un enfoque ambiental transversal que impregne todas las disciplinas, pretende ayudar en la consecución de los siguientes objetivos:

  • Alfabetización ecológica para entender el funcionamiento y los cambios que está experimentando el planeta.
  • Capacitación para adaptarse a los cambios sociales y ambientales que estamos experimentando.
  • Fomento de la cultura del respeto a la vida.
  • Educación en un estilo de vida sostenible.
  • Educación para la Transición Ecológica.
  • Educación en el respecto por el entorno.
  • Educación para tomar un papel activo en la sociedad.
  • Educación en valores cívicos y éticos.

Recursos:

Teachers for Future-Spain. 2021. Propuesta de currículo para una educación ecosocial frente a la emergencia climática. Aportaciones al desarrollo de la LOMLOE.

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BachilleratoConvivir con el entornoConvivir con justiciaGuía didácticaInfantilPrimariaRecursoSecundaria

Etiquetas: alternativasbiologíabuen vivircambio climáticocapitalismoconflictos socioecológicosconsumocuidadosderechos de la infanciaderechos humanoseconomíaenergíafísicaformación profesoradogeografíaglobalizaciónhistorialímite de recursosmovilidadnaturalesquímicasocialestecnologíatransportevalores

 

Una propuesta ecosocial para el currículo de Secundaria

Nuria del Viso

16/02/2022

 

La urgencia de la crisis ecosocial impone realizar cambios rápidos y profundos en todos los ámbitos. Resulta de crucial importancia el transmitir los conocimientos y sensibilidades necesarias para realizar esta transformación de mentalidades, de hábitos y también del activismo necesario para presionar a las administraciones para el cambio de políticas públicas.

Con este objetivo, os traemos una propuesta educativa, la Guía PRADO. Sostenibilizar el currículo de la Educación Secundaria, editado por Mª Ángeles Murga-Menoyo y Mª José Bautista-Cerro, y en la que colaboran un grupo de autoras especialistas en la materia.

La Guía PRADO se centra en “ecosocializar” el currículum para Secundaria partiendo de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y trabajándolos en el aula a partir de una serie de actividades por cada objetivo que cubren una variada gama de asignaturas en el ámbito de las ciencias naturales las humanidades y las ciencias sociales.

La Guía contiene una cuidada selección de fuentes primarias y documentos de referencia imprescindible para poner en común su experiencia en los ámbitos de las ciencias de la naturaleza, las humanidades y las ciencias sociales con el objetivo de facilitar los procesos de formación en competencias en sostenibilidad. La Guía se enfoca en cuatro de esas competencias: pensamiento sistémico, análisis crítico, toma de decisiones colaborativa, y responsabilidad con las generaciones presentes y futuras. Para ello, se exploran dos vías complementarias: a) los contenidos disciplinares, y b) las metodologías formativas. Cada competencia se aborda como resultado de tres componentes principales en interrelación: conocimientos; habilidades, destrezas y capacidades; y actitudes, intereses y valores.

La Guía busca paliar las dificultades de los y las docentes para innovar sus prácticas de aula a tenor del “desarrollo sostenible” o, mejor, el enfoque ecosocial. Cada capítulo se corresponde con uno de los ODS y cada uno de ellos se estructura en cuatro apartados: a) información sobre el ODS correspondiente; b) actividades formativas para facilitar la adquisición de competencias en sostenibilidad; c) asignaturas del currículo básico oficial cuyos temarios se relacionan con los contenidos; y d) un breve glosario de conceptos básicos.

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Etiquetas: cambio climáticociudadconsumoenergíaigualdadlímite de recursos

 

 

Estas publicaciones han sido realizado con el apoyo financiero del  Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITERD). El contenido del mismo es responsabilidad exclusiva de FUHEM y no refleja necesariamente la opinión del MITERD.


Contra la sociedad del despilfarro

Selección de recursos didácticos del blog Tiempo de Actuar 2022

Estamos viviendo una crisis múltiple, civilizatoria. En FUHEM consideramos que esta, más allá de ser un marco general de obligado abordaje en las aulas si queremos educar considerando los grandes retos y oportunidades que tiene la humanidad en el presente y el futuro cercano, también es un contexto concreto en los centros educativos. Así, la petición de más participación, la desestructuración social, la centralidad de los temas ambientales, la crisis económica, la escapada virtual (televisión, internet, videojuegos, etc.), el incremento de la diversidad o las desigualdades de género forman parte del día a día de las aulas, los patios y los espacios de encuentro entre el profesorado y las familias.

Uno de los objetivos fundamentales de la escuela es ayudar al alumnado a comprender el mundo en el que viven y desenvolverse satisfactoriamente por él. Si afrontamos esta gran competencia como si nada estuviese cambiando, como si el futuro fuese a ser similar al pasado, no estaríamos cumpliendo esa gran función de la educación.

Pero deberíamos aspirar a más. No solo a dotar de herramientas al alumnado para comprender y estar en el mundo, sino también para convertirse en un agente de cambio activo en él.

Un agente que sea capaz de ayudar a que la sociedad se articule de forma democrática para satisfacer universalmente sus necesidades sin depredar el entorno. Es decir, una sociedad que sea capaz de dar un gran salto adelante en este contexto de crisis del viejo modelo hacia modelos más justos, solidarios, democráticos y sostenibles.

Una de las herramientas que estamos desarrollando para este fin es Tiempo de Actuar, un blog para compartir recursos didácticos para afrontar la crisis de convivencia entre las personas y con el entorno.

En el blog aparecen los recursos ordenados por:

  • Etapa educativa: Infantil, primaria, secundaria, bachillerato y formación profesional.
  • Contenido: Convivir entre géneros, con justicia, con democracia, en paz y con el entorno.
  • Tema: La nube de etiquetas son distintos temas transversales a los cinco bloques de contenidos.
  • Guías didácticas: En en esta sección recogemos distintas guías didácticas elaboradas por FUHEM.

El ritmo del blog es de una entrada semanal.

A continuación, ofrecemos una serie de entradas cuyo contenido tiene que ver con la forma en que producimos las cosas y los alimentos, además de las acciones que realizamos para reducir la contaminación.

 

La bombilla de Paula

Monica Di Donato

05/10/2022

 

Para la entrada de esta semana os proponemos trabajar con la Escuela de Reciclaje, un proyecto educativo que tiene como objetivo concienciar a alumnos de educación primaria y secundaria sobre la importancia de la separación, recogida y tratamiento de los residuos como paso imprescindible para su reciclaje y correcta recuperación, siempre después de haber explorado antes la posibilidad de ¡reducirreutilizar reparar!

Lo que se pretende con todas las actividades y propuestas educativas desarrolladas en este marco y que os invitamos a investigar, es, por un lado, sensibilizar al alumnado y a la comunidad educativa sobre la correcta separación en origen de residuos habituales en el ámbito escolar y doméstico como son los aparatos eléctricos y electrónicos, y por el otro, facilitar recursos educativos al profesorado y alumnado que permitan trabajar la importancia del reciclaje de estos residuos, y hacer extensiva la intervención educativa a otros aspectos curriculares de interés como el respeto y cuidado del entorno.

En ese sentido, la clave de esta propuesta educativa se centra en la importancia que tienen hábitos cotidianos en el estado de nuestro entorno. Hábitos sencillos, como la separación correcta de los residuos que generamos, facilitando de este modo el proceso de reciclaje de los mismos, lo que supone importantes beneficios para el medio ambiente y, por extensión, para nuestra calidad de vida y nuestra salud.

Son, estos últimos, en los que se centra toda la propuesta de la Escuela de Reciclaje.

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Etiquetas: límite de recursosnaturalestecnologíavalores |

 

Manualidades para niños y niñas que fomentan el reciclaje

Nuria del Viso

29/09/2022

 

En casa o en el cole, sean vacaciones o tiempo de curso escolar, esta entrada ilustra la importancia de estimular la creatividad, el cuidado medioambiental y de educar en valores ecológicos a niños y niñas mediante en la creación de manualidades con materiales de reciclaje.

Esos cachivaches que tiramos a la basura o que tenemos almacenados hasta el fin de los tiempos pueden tener una segunda vida si se reciclan en manualidades y se añade una pizca de imaginación. En su guía Manualidades para niños y niñas Oxfam propone tres actividades dirigidas al personal más pequeño que ponen en valor la regla de las 4R y ofrecen consejos para alargar la vida de los objetos.

Además de divertido y creativo, fomentar el reciclaje constituye un hábito saludable que beneficia al mundo natural, ya que  evita la producción de nuevos productos para el consumo, en los que, a su vez, las empresas invierten más recursos; contribuye a reducir los niveles de contaminación generados durante la quema de residuos orgánicos en las plantas tradicionales; ayuda a reducir el consumo de ciertos recursos, como el agua y la energía empleados en los procesos de fabricación de nuevos productos; y estimula el respeto por el medio ambiente, las prácticas sostenibles, la igualdad, la justicia social y la reducción de la pobreza.

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Convivir con el entornoInfantilPrimariaTécnica

Etiquetas: consumolímite de recursos |

 

Educación crítica y transformadora. Una guía para integrar la soberanía alimentaria con enfoque de género en los centros de Primaria

Carlos Gómez Chulia

21/09/2022

 

Para la entrada de esta semana os proponemos un libro que funciona como guía para pensar el modelo educativo en su conjunto. Un libro esencial para el profesorado, que se sustenta en la tradición de las pedagogías críticas y la educación popular desde el marco de una conciencia ética y transformadora, desde la cual reforzar el compromiso con la creación de modelos de justicia social y equidad.

Este libro es un material de reflexión, pero también de programación ya que aterriza hasta llegar a aportar orientaciones para la integración curricular de proyectos transformadores y habla también de metodologías afines a este paradigma educativo emancipador. También aporta orientaciones para la evaluación.

El libro, además, aborda la cuestión de la alimentación. Lo hace desde una mirada global e integra en el análisis la perspectiva de género y sostenibilidad social y ambiental. La propuesta educativa que acompaña la guía busca generar conciencia crítica y movilizar a la comunidad educativa ante las consecuencias sociales, económicas y ambientales que se derivan de nuestro modelo alimentario (producción, distribución, comercialización y consumo).

Con esta idea se intenta promover un modelo alternativo, basado en los principios de la soberanía alimentaria, donde el centro escolar se convierte en institución promotora de una ciudadanía crítica comprometida con la sostenibilidad de la vida.

En la guía, se plantea como situar la soberanía alimentaria en el centro del diseño pedagógico nos permite integrar elementos fundamentales como la coeducación, la sostenibilidad ambiental, aspectos relacionados con la convivencia, y proyectos tan interesantes como el huerto escolar.

Este libro, por tanto, no se queda en la reflexión, sino que ejemplifica con concreción cómo podemos caminar hacia la praxis del cambio social desde la educación.

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¡Comemos lo que sabemos! Una propuesta para integrar huerto, comedor y aula en el centro y con el entorno.

Monica Di Donato

20/07/2022

 

Para la entrada de esta semana  os presentamos el proyecto “Comemos lo que sabemos“, que es una invitación a explorar la temática de la alimentación con el objetivo de darnos cuenta de que cuanto mejor conozcamos los efectos que se derivan de los distintos modelos alimentarios en mejores condiciones estaremos para tomar buenas decisiones en torno a esa dimensión tan importante para nuestra calidad de vida y la de nuestro entorno natural y humano.

La ejemplificación curricular que se recomienda pretende ofrecer a las y los docentes un conjunto de sugerencias útiles para abordar la cuestión de la alimentación en los centros de Primaria desde una perspectiva transversal e interdisciplinar y con un enfoque amplio, crítico y transformador. Aunque la selección de contenidos y criterios de evaluación se ha realizado tomando en cuenta los diseños curriculares correspondientes a 5º y 6º de Primaria, no significa que no se pueda abordar en otros cursos la temática de la alimentación sobre la que gira este documento.

Esta propuesta de trabajo se inscribe en el conjunto de recursos que se ofrecen dentro del programa AlimentACCIÓN que impulsan conjuntamente Justicia Alimentaria y Hegoa. Con esta iniciativa se busca generar conciencia crítica y promover la acción educativa ante las consecuencias sociales, económicas y ambientales que provoca nuestro modelo alimentario (producción, distribución, comercialización y consumo) gestionado bajo el capitalismo neoliberal y mercantil. Además, junto a ello, la idea es extender otros modelos alternativos cualitativamente relevantes basados en los principios de la soberanía alimentaria con perspectiva de género, que defienden el derecho de los pueblos y de las comunidades a tomar decisiones sobre su propio sistema alimentario. Se trata de que todas las personas accedan a una alimentación sana, saludable y sostenible y a unas condiciones de vida dignas; transitando hacia sociedades más justas y hacia patrones de producción y consumo que no solo minimicen el impacto sobre el planeta sino que contribuyan también a la regeneración de los ecosistemas.

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El plástico y los océanos

Mara Nieto González

11/05/2022

 

 

Hoy os traemos la Unidad Didáctica “El plástico y los océanos”, para Educación Secundaria, elaborada por Malandain Ballet Biarritz, la Fundación Cristina Enea de Donostia/San Sebastián y el Equipo de Educación Ambiental del Ayuntamiento de Pamplona-Iruña, entidades que trabajan para la sensibilización ambiental ciudadana, con el propósito de lograr una sociedad más consciente y sostenible.

Esta unidad didáctica nace dentro del proyecto Itsas Laminak–Sirenas–Sirènes. Su objetivo central es concienciar al alumnado de entre 12 y 15 años frente al impacto de los residuos plásticos en los ecosistemas marinos. En sus palabras:

El proyecto Itsaslaminak–Sirenas– Sirènes ofrece un itinerario pedagógico que tiene como objetivo sensibilizar al alumnado en el conocimiento y protección de nuestros mares frente al impacto de los residuos plásticos. Se trata de un recorrido pedagógico que persigue acercar al alumnado a esos dos mundos aparentemente alejados: el de la danza como expresión artística y la problemática ambiental y social.

La última etapa de este proyecto, en el que se ha trabajado la danza en relación con la problemática ambientas, parte del material que aquí presentamos: la unidad didáctica “El plástico y los océanos”, para trabajar en el aula los aspectos ambientales relacionados con el plástico, el consumo, los residuos, la contaminación, los buenos hábitos, etc.

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Estas publicaciones han sido realizado con el apoyo financiero del  Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITERD). El contenido del mismo es responsabilidad exclusiva de FUHEM y no refleja necesariamente la opinión del MITERD.

 

 

 


Desigualdades. Papeles 159

Aunque las desigualdades entre países se suavizan, estas están en aumento dentro de los países y se hacen más profundas, alcanzando dimensiones intolerables en casi todas las sociedades.

En la actualidad existe un acuerdo generalizado acerca de muchos aspectos de la desigualdad: sobre su magnitud, multidimensionalidad, implicaciones y, en menor grado, sobre la necesidad de combatirla. Sus perniciosos efectos se ramifican en nuevas manifestaciones.

Más allá de las clásicas desigualdades de ingreso y riqueza, se perfilan nuevas brechas que se entrelazan y se refuerzan mutuamente: las desigualdades empeoran la salud de las personas, erosionan la cohesión social y alteran la capacidad de influencia política, fomentando la polarización, o se plasman en afectaciones y responsabilidades por el cambio climático –o la contaminación del aire– dispares, mientras que las clases acomodadas del Norte y el Sur global continúan ensanchando esa distancia con un modo de vida despilfarrador de energía y bienes naturales.

La promesa del bienestar social generalizado que prometía el capitalismo se muestra cada vez más estéril, solo capaz de beneficiar a unos pocos y “externalizar” los costes sobre las mayorías.

Los sistemas de redistribución cada vez lo son menos y los privilegios, renta y riqueza se concentran crecientemente en unos pocos. Si a ello se añade un ascensor social averiado se explica fácilmente el malestar que late de fondo –y que a veces estalla en un clamor– en nuestra sociedad.

El nuevo número de la revista Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global explora diferentes facetas de la desigualdad y cómo afecta a nuestras sociedades.

Santiago Álvarez Cantalapiedra aborda en la Introducción las distintas caras de la desigualdad y las políticas para hacerle frente.

En A FONDO, Richard Wilkinson y Kate Pikett reflexionan sobre la desigualdad  en relación con la sostenibilidad y la desmedida huella de los ricos. Branko Milanovic explora sintéticamente la desigualdad global y sus implicaciones. Pedro Fuentes indaga en la desigualdad, pobreza y exclusión social en el caso español y sus implicaciones para las personas desfavorecidas. Monica Di Donato conversa con Lucas Chancel sobre las desigualdades ambientales y climáticas. Javier Segura explora las implicaciones de las desigualdades en salud. Javier Soria calibra si aún puede ser relevante la idea de meritocracia y el estado del ascensor social. Ana Leiva analiza cómo las desigualdades afectan a la capacidad de influencia política en las democracias de América Latina.

Enrique Quintanilla y Josemi Lorenzo hacen un repaso en ACTUALIDAD sobre los efectos e implicaciones de la Cumbre de la OTAN en Madrid.

EXPERIENCIAS está dedicado en esta ocasión a las transiciones energéticas. Laura Ramos valora el papel de la energía solar fotovoltaica en las transiciones y Pablo Cotarelo examina la figura y situación de las comunidad energéticas.

Clive Spash y Frédéric Hache realizan en ENSAYO una valoración crítica del Informe Dasgupta sobre economía de la biodiversidad elaborado en el Reino Unido. Jesús Ojeda ofrece una aproximación histórica a cómo se fraguó la línea Radcliffe que separa India y Pakistán en los años previos a la independencia.

El número concluye con las reseñas críticas de la sección LECTURAS.

A continuación, ofrecemos el Sumario de la revista, así como el enlace a los textos completos de la Introducción de la revista y la entrevista de Monica Di Donato a Lucas Chance.

 

Sumario

INTRODUCCIÓN

Combatir las desigualdades para hacer un mundo más justo y sostenible, Santiago Álvarez Cantalapiedra

A FONDO

De la desigualdad a la sostenibilidad, Richard Wilkinson y Kate Pickett

Notas sobre la desigualdad de ingresos globales: un resumen sin tecnicismos, Branko MIilanovic

Desigualdad, pobreza y exclusión social: una brecha intolerable, Pedro Fuentes

Entrevista a Lucas Chancel, sobre desigualdades ambientales, Monica Di Donato

La desigualdad  social sigue minando nuestra salud, Javier Segura del Pozo

Movilidad intergeneracional y meritocracia en España, Javier Soria Espín

Clivajes políticos y desigualdades sociales en América Latina, Ana Leiva

ACTUALIDAD

Después de la cumbre de la OTAN en Madrid, Enrique Quintanilla y Josemi Lorenzo

EXPERIENCIAS

La energía solar fotovoltaica en la transición energética, Laura Ramos

Comunidades energéticas: desarrollo de una alternativa real, Pablo Cotarelo

ENSAYO

La revisión Dasgupta deconstruida: un análisis de la economía de la biodiversidad, Clive L. Spash y Frédéric Hache

La línea Radcliffe, el último “regalo envenenado” del Rag británico para la India con las secuelas presentes hoy, Jesús Ojeda

LECTURAS

Bioeconomía para el siglo XXI. Actualidad de Nicholas Georgescu- Roegen, Luis Arenas, José Manuel Naredo y Jorge Riechmann (Eds.)

Jesús Ramos Martín

Desigualdes insostenibles. Por una justicia social y ecológica, de Lucas Chancel

Pablo Álvarez Aragón

La crítica agotada claves para un cambio de civilización, de José Manuel Naredo

Pedro L. Lomas

RESÚMENES 

 

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Combatir las desigualdades para hacer un mundo más justo y sostenible

Combatir las desigualdades para hacer un mundo más justo y sostenible

Santiago Álvarez Cantalapiedra

Asistimos a un viraje en los debates y en las preocupaciones económicas. No hace tanto de la defensa casi unánime de la globalización neoliberal, de la alabanza incontenida a la autorregulación de las fuerzas del mercado y de la permanente sospecha acerca de los efectos perniciosos de cualquier tipo de intervención pública.

La pobreza, la desigualdad y la degradación ecológica se encontraban casi ausentes en la reflexión económica y, cuando aparecían en el debate social, el enfoque económico dominante las presentaba como meras disfunciones que el propio crecimiento económico tarde o temprano se encargaría de resolver.

Afortunadamente las mentalidades y preocupaciones han empezado a cambiar. Desde hace unos años ha aumentado el interés por las cuestiones distributivas y por los problemas de la pobreza, la desigualdad y el deterioro ecológico, así como por los estrechos vínculos existentes entre ellos.

Este giro resulta especialmente significativo en el caso de las desigualdades. Cada vez son más los economistas que abordan la temática, contribuyendo a la renovación de los enfoques y metodologías y a la mejora de la calidad de los datos e indicadores.1 Hasta organismos internacionales como el FMI, el BM y la OCDE, o foros como el de Davos, han incorporado esta problemática a sus agendas políticas. Como consecuencia, se ha ido fraguando un creciente consenso en torno a esta cuestión. En la actualidad existe un acuerdo generalizado acerca de muchos aspectos de la desigualdad: sobre su magnitud, multidimensionalidad, implicaciones y, aunque en menor grado, sobre la necesidad de combatirla.

 

Una realidad con múltiples caras que no se puede ignorar más

Este cambio de rumbo se ha producido porque la desigualdad económica ha adquirido proporciones intolerables en las últimas décadas en casi todas las sociedades, alcanzando en el nuevo siglo unos niveles comparables a los que existían a finales del siglo XIX o principios del siglo pasado.2 Una segunda razón de la creciente atención que despierta la desigualdad en la renta y la riqueza tiene que ver con el hecho de que el ascensor social se muestra seriamente averiado, desapareciendo así el principal instrumento de legitimación con el que contaba el capitalismo.

Pero la desigualdad va más allá de la correspondiente a la renta y la riqueza. En la actualidad se reconocen otras muchas dimensiones que afectan a las capacidades y oportunidades de las personas: existen importantes brechas sociales vinculadas al género, o a la etnia, divergencias intergeneracionales, divisiones geográficas y culturales, desigualdades en el acceso a los recursos y en la exposición a los riesgos sociales y ecológicos. Todas ellas se encuentran intrincadas y se refuerzan mutuamente. Reflejan divergencias profundas en la suerte y condiciones de vida de la gente y manifiestan la existencia de un grave malestar y una intensa desconfianza hacia las élites y las instituciones, acentuando el descontento social y la crispación política.

Las consecuencias de la desigualdad

Existe una consciencia creciente de que el crecimiento económico y el aumento de la productividad no vienen acompañados de prosperidad y oportunidades para todas las personas. La creación de riqueza se ha confundido en demasiadas ocasiones con el enriquecimiento de unos pocos y buena parte de lo que se llama producción no es más que simple apropiación de una riqueza preexistente en la que queda omitida la destrucción social y ecológica que esa usurpación conlleva. Esta incapacidad para promover el progreso social hunde sus raíces en las condiciones distributivas, y las implicaciones son amplias y afectan a todos los planos: al económico, social, político y ecológico.

Implicaciones sobre la economía. Empieza a reconocerse lo que muestran muchas investigaciones recientes: que la desigualdad termina siendo perjudicial para el funcionamiento de la economía. Desde la década de los setenta se impuso la idea entre los economistas de que existía una suerte de incompatibilidad entre los objetivos de igualdad y eficiencia. Sin embargo, estudios recientes revelan cómo a partir de determinados niveles de desigualdad la buena marcha de la economía se ve comprometida, fundamentalmente porque las desigualdades –a diferencia de lo que se sostenía desde enfoques conservadores– no propician ninguna aparente virtud (como la de servir supuestamente de acicate para la creatividad y la innovación, convirtiendo a las sociedades en más dinámicas) sino que, por el contrario, reducen la motivación y la productividad del trabajo, frenan el desarrollo de los conocimientos3 y propician la inestabilidad al favorecer las crisis financieras4 y alimentar la conflictividad social y las tensiones en favor de un reparto más equitativo.

Implicaciones sociales. Las desigualdades enferman a las personas y a la sociedad, corroen la cohesión social y son una fuente de malestar al promover la desconfianza y la comparación social. Las personas con menos ingresos sufren a lo largo de su infancia y trayectoria laboral unas condiciones de vida peores, se encuentran sometidas a mayores riesgos y a un nivel más elevado de estrés, además de mantener hábitos alimentarios más perjudiciales y vivir en un entorno menos saludable. Ahora bien, se podría decir que tales circunstancias no se deben tanto a la desigualdad como a la pobreza y que bastaría con mejorar la situación de los más pobres sin necesidad de luchar contra la desigualdad. Y así sería si su pobreza no estuviera ligada a la riqueza de los demás a través de la desigualdad, algo que es difícil de sostener en las sociedades capitalistas, donde la pobreza no suele ser tanto el resultado de la escasez absoluta como de las diferencias existentes en el acceso a los recursos y en las prácticas distributivas del producto social. Pero hay más aspectos que contribuyen a que la desigualdad sea, en sí misma, un elemento perjudicial para la sociedad.

Los epidemiólogos Richard Wilkinson y Kate Pickett señalan que en los países ricos existe una relación muy clara entre los problemas sociosanitarios y el nivel de desigualdad,5 de manera que cuanto más igualitarios son los países, menores son esos problemas en comparación con los más desiguales.6 Dichos autores tratan de explicar esta correlación entre desigualdad y deterioro del estado de la salud física y psicológica en un país atendiendo a la degradación de la calidad de los servicios sanitarios y al incremento del estrés social que se padece en las sociedades más desiguales. Esa ansiedad y estrés crónicos, según los autores, van asociados a las «amenazas de la evaluación social», que son más intensas cuando menos igualitarias son las sociedades.7 La ansiedad por el estatus no solo opera a través de las comparaciones con los ricos, sino que también aparece ante la preocupación por obtener la aprobación y el reconocimiento de nuestros semejantes, mecanismos que se ven potenciados a medida que las sociedades se hacen más desiguales.

Implicaciones políticas y sobre la calidad de la democracia. Además, la desigualdad disuelve la necesaria confianza que sostiene los vínculos sociales que, como defiende Putnam,8 nos hacen sentir seguros, más sabios e inteligentes, prósperos, saludables y capaces de gobernar una democracia justa y estable. Por otro lado, en sociedades en las que el poder se funda en la riqueza, la desigualdad desequilibra el funcionamiento electoral.9 Quien más atesora, mayor capacidad de influencia política tiene, transformando las democracias en plutocracias. Esta sobrerrepresentación política de los ricos y su mayor influencia electoral e ideológica en la sociedad conduce a la desafección democrática y a la desconfianza en sus instituciones favoreciendo, a su vez, la polarización y la crispación que bloquea la vida política, impidiendo acometer políticas de Estado que trasciendan los intereses de una parte, como las sanitarias o ambientales, por no nombrar, en el caso español, la referidas al ámbito de la justicia.

Implicaciones ecológicas. La comparación social y la amenaza al estatus tan propias de la dinámica competitiva en las sociedades de consumo generan unos impactos ecológicos devastadores. Hoy en nuestra sociedad el acto de consumir está muy lejos de ser únicamente un momento de adquisición de aquello que se necesita, y se encuentra cargado de significaciones psicológicas y sociales.

La necesidad de reconocimiento social (aceptación) y el deseo de diferenciación (individualización) están presentes en nuestras prácticas de consumo, de manera que la adquisición de mercancías se asocia también a la “compra de un estatus social”. Las sociedades más desiguales muestran en mayor medida esa necesidad que lleva continuamente a la emulación y a la diferenciación a través del consumo, alentando una espiral consumista que se convierte en el principal factor degradante de la salud de los ecosistemas. Además, como los estilos de vida de los más acomodados suelen ser más insostenibles, la carrera aspiracional tiene un doble efecto pernicioso sobre la naturaleza: por un lado, porque eleva el nivel del consumo medio de una sociedad; por otro, porque lo transforma en pautas de mayor impacto ecológico al imponerse como norma social de referencia la de las clases más acomodadas. A todo esto añadamos lo ya dicho: proteger de manera efectiva la naturaleza exige amplios consensos sobre el modo de vivir que solo se logran cuando una sociedad está plenamente cohesionada y dispuesta a distribuir esfuerzos y renuncias de forma equitativa, sabedora de que los impactos y las responsabilidades son diferentes según el nivel de renta y la capacidad de consumo.10

 

Políticas para hacer frente a la desigualdad

Existen, pues, poderosas razones que hacen pensar que avanzar hacia una sociedad igualitaria podría mejorar el funcionamiento de la economía, cohesionar la sociedad, mejorar la calidad de la democracia y aminorar la degradación de la naturaleza. Sobre el papel, todo parece indicar hacia esa dirección, pero en la práctica dependerá de que, al diseñar las diferentes políticas, consigamos conciliar esas metas sin sacrificar alguna en el altar de las restantes.

Tenemos la experiencia de los “chalecos amarillos” ante una medida que se justificaba para proteger el clima pero que ignoraba las consecuencias distributivas que acarrearía sobre amplios sectores populares. Es razonable pensar que se repetirán este tipo de respuestas si ante el necesario incremento de la tributación a los combustibles fósiles (no tanto por afán recaudatorio, como por los efectos desincentivadores en su consumo) no se ofrecen alternativas de movilidad sostenible y compensaciones para los sectores menos favorecidos, sobre todo cuando asisten con estupefacción a cómo les aumentan los impuestos en su movilidad cotidiana y obligada mientras se exonera el queroseno de los aviones que usan habitualmente y por pura comodidad lo más pudientes. Por otro lado, también hemos visto cómo la disminución en las últimas décadas de la brecha internacional entre países ricos y emergentes ha venido acompañada del ascenso de una clase consumidora mundial que añade nuevas presiones sobre los ecosistemas, lo que exigirá contemplar la importancia de la coordinación internacional más allá de los límites de las políticas nacionales.

En una obra coordinada por Blanchard y Rodrik, que refleja los debates sobre las herramientas disponibles para combatir la desigualdad,11 se ofrece un sugerente marco para una taxonomía de las políticas en favor de la igualdad según la fase económica en la que se implementan y la parte de la distribución de la renta sobre la que se pretende incidir. Surge así un amplio abanico de políticas predistributivas, distributivas y redistributivas orientadas, según el caso, hacia los hogares de rentas bajas, medias o altas. De su consideración, cabe concluir que no existe una única llave mágica para abrir la puerta de la desigualdad, sino un conjunto de ganzúas que habrá que acertar a combinar en el ineludible proceso hacia una transición que sea, además de ecológica, socialmente justa.

Lucas Chancel profundiza en esta cuestión, y tras presentar las tres facetas de las desigualdades ambientales (en el acceso a los recursos, en la vulnerabilidad ante las amenazas climáticas y en las responsabilidades de los impactos ecológicos), expone diversos ejes para avanzar en la justicia ecosocial:12

1) Evitar situar el debate únicamente en las desigualdades económicas, descuidando la importancia de las asimetrías ambientales, de género, etc.

2) Apostar por los servicios públicos y el cooperativismo en el ámbito de la energía, el agua y la movilidad.

3) Desarrollar una fiscalidad verde que desincentive las actividades contaminantes y permita financiar infraestructuras intensivas en empleo que den forma a un nuevo Estado de bienestar ecosocial que proteja no solo de los riesgos sociales sino también de las amenazas ambientales.

4) Intensificar la coordinación internacional, yendo más allá del Estado social.

Existen las herramientas para que la sociedad afronte con ambición y sin más demora los desafíos que plantean las desigualdades, y es posible hacerlo sin renunciar a la búsqueda de una vida digna de ser vivida de forma democrática por todas y todos en un mundo más justo y habitable.

Santiago Álvarez Cantalapiedra, director de FUHEM Ecosocial y de la revista Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global.

NOTAS:

1 Resultan especialmente relevantes las aportaciones de Richard Wilkinson y Kate Pickett (Desigualdad. Un análisis de la (in)felicidad colectiva, Turner, Madrid, 2009), Joseph E. Stiglitz (El precio de la desigualdad, Taurus, Madrid, 2012), Anthony B. Atkinson (Desigualdad: ¿qué podemos hacer?, FCE, Ciudad de México, 2016), James K. Galbraith (Desigualdad, Deusto, Barcelona, 2016), Branko Milanovic (Desigualdad mundial, FCE, Ciudad de México, 2017) y Thomas Piketty (El capital en el siglo XXI, FCE, Ciudad de México, 2014 y Capital e ideología, Deusto, Barcelona, 2019). Además, hay que destacar la importancia de la creación de la World Inequality Datebase.

2 ¿Cómo ha evolucionado en las últimas décadas la desigualdad en el mundo? La desigualdad global refleja dos componentes: por un lado, la desigualdad interna (es decir, las diferencias entre ricos y pobres dentro de un país) y, por otro, la desigualdad entre países (esto es, las diferencias entre los ingresos medios nacionales). Ambos componentes han evolucionado a diferentes ritmos e intensidad. Mientras la desigualdad interna se ha incrementado en casi la totalidad de los países, la brecha internacional entre las economías más ricas y los países emergentes ha ido disminuyendo. No obstante, cada vez pesa más la evolución de la primera tendencia, de manera que, de seguir así, dentro de pocas décadas podríamos volver a la situación que había a principios del siglo XIX, cuando la mayor parte de la desigualdad mundial se debía a las diferencias de ingresos entre nacionales (españoles, británicos, franceses o rusos), y no tanto al hecho de que los ingresos medios de Occidente fueran mayores que los ingresos medios en otras zonas del mundo. En otras palabras, hasta no hace mucho lo que fundamentalmente determinaba nuestros ingresos era el lugar en el que nacíamos (en un país rico o en un país pobre). Es lo que Milanovic (2017) denomina “prima de ciudadanía”. Sin embargo, desde la década de los ochenta “la prima de ciudadanía” es cada vez menos decisiva y adquiere mayor capacidad determinante la herencia y la posición que se ocupa en la pirámide social. Para una panorámica más detallada véase el World Inequality Report 2022 realizado por el Word Inequality Lab.

3 Stiglitz señala en su libro El precio de la desigualdad, op. cit., que en una sociedad no igualitaria quien tiene más poder e influencia favorecerá aquello que le beneficia a corto plazo en detrimento de lo que es socialmente útil y necesario para la sociedad a medio plazo, como la sanidad, la educación, el transporte colectivo u otros servicios públicos. Ese retroceso en las inversiones socialmente útiles termina por repercutir en el buen funcionamiento de la economía al representar un obstáculo para que el conjunto de los individuos pueda desarrollar todo su potencial.

4 Numerosos autores han enfatizado el papel de las desigualdades en la renta y la riqueza en el agravamiento de la crisis financiera del año 2008. En la parte inferior de la pirámide social, el estancamiento de los salarios condujo a que muchas personas, para poder mantener su nivel de vida, tuvieran que recurrir de forma creciente al endeudamiento. En el otro extremo de la escala social, los más afortunados fueron colocando en los mercados financieros el dinero que no eran capaces de gastar, alimentando la burbuja financiera-inmobiliaria.

5 El índice de problemas sociosanitarios de Wilkinson y Pickett, que en una sociedad evoluciona parejo al incremento de la desigualdad, refleja valores como la esperanza de vida, la confianza, la enfermedad mental (incluidas las adicciones al alcohol y a las drogas), los bajos resultados escolares en lengua y matemáticas, la mortalidad infantil, las tasas de homicidios y encarcelamiento, los embarazos de adolescentes y la movilidad social. Véase Richard Wilkinson y Kate Pickett: Igualdad. Cómo las sociedades más igualitarias mejoran el bienestar colectivo, Capitán Swing, Madrid, 2019 y Desigualdad. Un análisis de la (in)felicidad colectiva, op. cit.

6 Correlación que no se muestra si comparamos este resultado con el ingreso medio de cada país. Así pues, al menos en los países ricos, la salud física y psicológica de la sociedad depende más de las diferencias de la riqueza que del nivel de renta medio del país.

7 La desigualdad cristaliza en jerarquías sociales fuertemente instituidas que conducen permanentemente a la evaluación social. Por otro lado, existe una propensión a sentirse inhibido o estimulado según la posición relativa que se ocupa en la escala social, por lo que quienes padecen una desventaja relativa suelen padecer más inseguridad y cosechar peores resultados académicos y sociales.

8 Robert D. Putnam, Solo en la bolera, Galaxia Gutemberg, Barcelona, 2022.

9 Para comprender la profunda imbricación entre el dinero y la política en esta época de enormes desigualdades en la que los ricos compran influencia y socavan el principio democrático fundamental de «una persona, un voto», véase Julia Cagé: El precio de la democracia, Grano de sal, Ciudad de México, 2022. Sobre la fusión del poder económico con el político, resulta también muy aconsejable la lectura del libro de Sheldon S. Wolin: Democracia S.A., Katz, Buenos Aires/ Madrid, 2008.

10 Así pues, las desigualdades ecológicas están estrechamente relacionadas con las económicas, aunque las primeras suelen manifestarse de forma menos intensa que las segundas por dos motivos: primero, porque los más ricos no suelen gastar todo el dinero que acumulan, dedicando una parte creciente al ahorro a diferencia de lo que ocurre con los grupos de menos ingresos que dedican toda o la mayor parte de su renta al consumo; segundo, porque muchos de los bienes y servicios suntuarios que consumen los más ricos no son especialmente intensivos en recursos y energía a pesar de que globalmente el impacto de su estilo de vida sea mucho mayor que el del resto de la población (atesoran, por ejemplo, obras de arte, suelen acudir con frecuencia al teatro o a la ópera, disfrutan de un amplio servicio doméstico y de elaborados manjares que no implican un elevado consumo calórico, etc.).

11 Olivier Blanchard y Dani Rodrik: Combatiendo la desigualdad, Deusto, Barcelona, 2022.

12 Lucas Chancel: Desigualdades insostenibles. Por una justicia social y ecológica, FUHEM/ Catarata, Madrid,
2022.


Entrevista a Óscar Carpintero

Entrevista realizada a Óscar Carpintero, Doctor en Economía, profesor de Economía Aplicada de la Universidad de Valladolid, por Monica Di Donato en torno al libro: Bioeconomía para el siglo XXI. Actualidad de Nicholas Georgescu-Roegen, publicado por FUHEM Ecosocial y Catarata en su colección Economía Inclusiva.

Monica Di Donato (MDD): El estudio de la vida y obra del pensador rumano ha ocupado una parte importante de tu trayectoria intelectual como economista crítico. ¿Cuándo y por qué nace esa necesidad de acercamiento a su figura?

Óscar Carpintero (OC):  Mi acercamiento a Nicholas Georgescu-Roegen comenzó con la lectura, en 1992, del libro de José Manuel Naredo La economía en evolución, donde el economista rumano aparece citado abundantemente. Ya en ese momento, con las citas recogidas por José Manuel, comencé a leer con detenimiento sus textos y me pareció que allí había un crítico de la economía convencional de primera magnitud, que informaba de una manera inteligente y realmente novedosa sobre las deficiencias del enfoque convencional y que, además, lo hacía de una manera poco habitual.

Georgescu-Roegen se diferenciaba de otros críticos de la economía ortodoxa porque, en su caso, la argumentación no respondía solo a una versión “literaria”, sino que venía de un autor con una sólida formación matemática, que había hecho aportaciones relevantes a la economía matemática y que, precisamente por ello, sabía dónde le “apretaba el zapato” a la teoría del consumo y de la producción neoclásica convencional. Si a eso se une que una buena parte de la crítica de Georegscu-Roegen también se asentaba sobre las enseñanzas de disciplinas tan consolidadas como la termodinámica y la biología, se entiende que, para un joven estudiante de economía y heterodoxo, aquello generara muchas expectativas sobre las posibilidades de los enfoques económicos alternativos a la economía convencional.

(MDD): En ese sentido, ¿cuál es la aportación más significativa, la sacudida intelectual, que Nicholas Georgescu-Roegen, a través de ese proceso de estudio y profundización, ha aportado, en mayor medida, a tu maduración como pensador heterodoxo y comprometido con los desafíos ecosociales que se ciernen sobre nuestras sociedades? (en perspectiva transformadora)

(OC): A lo largo de los años, Georgescu-Roegen ha supuesto un alimento intelectual fundamental en mi trayectoria, y al que he dedicado mucho tiempo de estudio. Hay varios rasgos de su obra que me han ayudado a conformar mi visión de la economía y de la realidad ecosocial en estos años. Aunque el detalle daría para mucho, me centraré sólo en dos rasgos que tienen que ver con el conocimiento propiamente dicho, pero también con el estilo intelectual.

En el primer caso, La ley de la entropía y el proceso económico me permitió comprender que el sistema económico no es un sistema aislado, sino que existe una dimensión entrópica del proceso económico y que éste está afectado por las leyes de la termodinámica, es decir: tenemos un sistema que intercambia energía y materiales con el entorno para producir bienes y servicios y que genera residuos que también van a parar a la naturaleza. Y, además, esas transformaciones, al degradar la calidad de lo que entra como recursos y sale como residuos, incrementan la escasez futura de muchos de esos recursos debido a la irreversibilidad e irrevocabilidad que rodean estos procesos. Una de las cosas llamativas de este descubrimiento, por ejemplo, fue caer en la cuenta de que la representación de los procesos de producción de mercancías a través de las denominadas funciones de producción convencionales (que hacen depender únicamente la producción de “bienes” del uso de factores productivos como “capital” y trabajo) se dan de bruces con el conocimiento científico termodinámico más asentado. En efecto, es imposible producir nada utilizando sólo trabajo y capital (maquinaria, instalaciones, etc). Hacen falta necesariamente recursos naturales (que casi nunca aparecen como factores) y se generan necesariamente residuos como resultado. Por tanto, la consecuencia del proceso de producción no es sólo generar bienes, sino también producir residuos o “males”, es decir, siempre tenemos producción conjunta de bienes y “males”. Si solo se producen bienes, ¿quién va a estar en contra de aumentar el número de bienes? Pero, claro, si a esos bienes también les acompañan males en forma de residuos... Esta disyuntiva desaparece con la economía convencional directamente porque ni se incluyen generalmente los recursos naturales ni se consideran los residuos (más allá de los llamamientos a las “externalidades” que luego no tienen ninguna consecuencia práctica).

Por otro lado, de Georgescu-Roegen también se aprende la importancia del rigor y la seriedad intelectual para la crítica y el pensamiento heterodoxo. Un rigor y una seriedad que le llevaron a trascender las fronteras académicas para adentrarse en uno de los viajes transdisciplinares más importantes del siglo XX, que acabó uniendo la economía con la termodinámica y la biología y convirtiéndolo en uno de los padres destacados de la moderna economía ecológica (que él llamó bioeconomía). Es verdad que de un viaje así, en el que se acaban aireando las debilidades intelectuales de la economía convencional, no se sale indemne. Y Georgescu-Roegen lo pagó caro, no tanto en términos de una batalla intelectual a la que nunca se prestó la corriente principal, porque la crítica era muy solvente y no podía ser fácilmente refutada ni siquiera en términos técnico-matemáticos, sino por el ostracismo y aislamiento tácito al que fue condenado en sus últimos años.

(MDD): Situémonos en el panorama actual de la economía ecológica, tanto en términos de su evolución teórica y epistemológica, como de sus perspectivas y ámbitos de investigación. En tu opinión, esta disciplina ¿ha sabido recoger, o hasta qué punto lo ha hecho, el legado de Nicholas Georgescu-Roegen?

(OC): Desde hace décadas hay economistas ecológicos que piensan la economía y las relaciones entre ésta y la naturaleza con los mimbres dejados por Georgescu-Roegen, y también se encuentran aportaciones que van más allá de lo que el economista rumano puso sobre el papel. Si miramos en perspectiva, la economía ecológica, como enfoque académico, ha experimentado un éxito notable y una consolidación institucional muy clara desde 1989. Esto se puede ver en la evolución de la revista Ecological Economics y su aceptación como una de las grandes revistas académicas “de impacto” a escala internacional. Y lo mismo cabe decir del apoyo y difusión de la International Society for Ecological Economics (creada en 1987, y su variante europea, la European Society for Ecological Economics), así como del volumen de asistencia a los congresos periódicos celebrados por ambas asociaciones académicas. Visto así, es evidente que existe un importante grupo formado por economistas, científicos sociales y naturales que, a escala mundial, se dedican a cuestiones incluidas dentro del paraguas de la economía ecológica.

Ahora bien, también es cierto que en este proceso se ha producido una cierta “asimilación” por parte de la corriente principal en cuanto a las temáticas convencionales publicadas en la revista y, tal vez, la pérdida de cierto mordiente crítico en algunos planteamientos (lo que ha hecho decir a algún buen amigo que, a veces, la revista parecía “Neoclassical Ecological Economics”). Esta tensión se refleja también en una cierta división entre los planteamientos más convencionales de la rama estadounidense y presentes en la asociación internacional (valoración monetaria del medio ambiente, servicios ecosistémicos,) y Ios planteamientos más disidentes centrados en los análisis del metabolismo social y los enfoques decrecentistas y de ecología política (más usuales entre los miembros de la rama europea de la asociación).

De hecho, esta tensión (más o menos bien llevada) estuvo presente desde el principio y rodeó también la relación de Georgescu-Roegen con este “nuevo” enfoque teórico. Muchos de los promotores de la asociación internacional y de la revista (entre 1987 y 1989) se veían a sí mismos como “discípulos” de Georgescu-Roegen (Herman Daly, Kozo Mayumi, Martínez-Alier, etc.) y tenían claro que el economista rumano debía formar parte del naciente movimiento académico. Sin embargo, Georgescu-Roegen fue reacio a involucrarse por varios motivos que mezclaban desacuerdos científicos y dificultades en las relaciones personales. Por un lado, los artífices de la asociación y la revista fueron Robert Costanza y Herman Daly. Aunque el segundo siempre había considerado a Georgescu-Roegen uno de sus maestros, el economista rumano había sido muy crítico con la propuesta de economía de estado estacionario promovida por Daly (por resultar, según él, contradictoria con la naturaleza entrópica del proceso económico) y que ahora Georgescu-Roegen veía encarnarse en las propuestas de desarrollo sostenible que se sugerían desde la economía ecológica. En el caso de Robert Costanza, las suspicacias del economista rumano eran mayores y se centraban en el desacuerdo de Georgescu-Roegen con los trabajos de Costanza de los años 80 en los que se abogaba por una “teoría energética” del valor económico que tenía las mismas debilidades que todas las teorías del valor monocausales y, además, según el economista rumano, no consideraban adecuadamente el papel jugado por los materiales y la naturaleza entrópica del proceso económico. Por otro lado, el propio Georgescu-Roegen venía abogando desde los años 70 por cultivar la Bioeconomía (o enfoque bioeconómico) y me temo que la propuesta de un nuevo enfoque como la economía ecológica no le acababa de convencer. Tampoco ayudaron, por último, otros episodios posteriores poco honestos relacionados con la publicación de algunos artículos críticos con Georgescu-Roegen en la revista.

Dicho esto, lo curioso y lo importante es que, a pesar de estos desencuentros, Georgescu-Roegen es reconocido como uno de los padres de la moderna economía ecológica (que él prefería llamar Bioeconomía), y varios de sus resultados teóricos han sido incorporados como elementos clave de este enfoque. A mi juicio, la vocación transdisciplinar de su legado, aunando economía, termodinámica y biología es un resultado fundamental que se plasma en el reconocimiento de la naturaleza entrópica del proceso económico. Aunque no hay que magnificar este dato, un ejemplo de esta influencia ha sido, precisamente, el que durante mucho tiempo Georgescu-Roegen haya sido el autor más citado en la revista Ecological Economics.

(MDD): ¿Dónde estarían, si los ves, sin embargo, los puntos más problemáticos de este legado? ¿Ha habido un ejercicio, un intento de profundización al respecto, y en qué términos?

(OC): Más que hablar de puntos problemáticos, yo enfatizaría la dificultad, por parte de la economía convencional, de aceptar la concepción que sugirió Georgescu-Roegen hace más de medio siglo de la naturaleza entrópica del proceso económico de producción de bienes (y todas sus implicaciones) como una extensión de la evolución biológica de la humanidad. Esto está costando mucho, a pesar del progreso académico de la economía ecológica durante estos años.

Sin embargo, con desigual énfasis, sí se ha producido una profundización y continuación de ese legado. Un pensar en continuidad con Georgescu-Roegen que ha rescatado casi todos los elementos críticos de sus contribuciones, recuperando sus reflexiones metodológicas transdisciplinares, las sugerencias heterodoxas sobre las teorías convencionales de la producción y el consumo, y aquellas más vinculadas a la termodinámica, en concreto, a la ley de la entropía. En esta senda se encuentran tanto la labor de reivindicación general de la obra de Georgescu-Roegen por parte de Herman Daly, Jacques Grinevald (o, de forma más modesta, es también lo que intenté con mi libro La bioeconomía de Georgescu-Roegen), como también los trabajos de profundización en el enfoque del economista rumano realizados por Kozo Mayumi, Mario Giampietro y John Gowdy. A esto habría que sumar también la meritoria labor de recuperación y conexión del enfoque bioeconómico de Georgescu-Roegen y las propuestas decrecentistas realizadas desde hace años por Mauro Bonaiuti.

Cabe añadir, además, que ese “pensar con Georgescu-Roegen y más alla de Georgescu-Roegen” no sólo ha afectado a los economistas ecológicos, sino que algunas de las aportaciones del economista rumano a la representación del proceso económico de producción (como el modelo flujos-fondos) han sido reivindicadas también por economistas pertenecientes a otras tradiciones heterodoxas del pensamiento económico –como los trabajos de Pera Mir y Josep González Calvet-. Y de la misma manera, tendríamos la importante contribución de Antonio y Alicia Valero a la relevancia de los materiales en la reflexión entrópica del proceso económico que resalta bien las sugerencias y propuestas de Georgescu-Roegen, y sin necesidad de postular una cuarta ley de la termodinámica (como hacía el economista rumano), ya que se podrían ver como un corolario de la propia ley de la entropía.

(MDD): ¿Cuáles son las narrativas clave que destacarías, en un ejercicio de síntesis para los lectores y lectoras, en tu contribución al libro coral que nos ocupa en esta entrevista?  

(OC): En el capítulo del libro he intentado situar las aportaciones de Georgescu-Roegen en el contexto del pensamiento económico del siglo XX. Y, para ello, he tratado de matizar cierta interpretación que sostiene la existencia de “dos” Georgescu-Roegen: uno más “ortodoxo” que coincide con sus primeras contribuciones de las décadas de 1930 y 1950, y otro más “heterodoxo” que arrancaría en los años 60-70 con la publicación de la La Ley de la entropía y el proceso económico. Cuando uno lee con detenimiento los textos de Georgescu-Roegen lo que observa es un panorama mucho más rico. Las que se consideran sus aportaciones ortodoxas a la teoría del consumo y de la producción resulta que incorporan elementos heterodoxos de gran valía para la crítica de las teorías convencionales y el Homo oeconmicus, y para la reflexión sobre las economías agrarias y campesinas. Pero, a la vez, Georgescu-Roegen da el salto de la heterodoxia a la disidencia cuando decide traspasar las fronteras académicas acercándose a otras disciplinas como la termodinámica o la biología. Este tránsito de la heterodoxia a la disidencia es, a mi juicio, la fórmula que mejor sintetiza la polémica sobre “los dos períodos” de Georgescu-Roegen, y así lo han visto también autores como Jacques Grinevald y John Gowdy. Por tanto, tal vez sea necesario matizar la idea generalizada que distingue claramente entre el primer momento de colaboración con el enfoque ortodoxo y la fase posterior de ruptura desde finales de los sesenta hasta su muerte, pues el mordiente crítico de sus aportaciones está presente en gran parte de toda su trayectoria.

(MDD): A lo largo de tu contribución al libro te detienes, aunque brevemente, en recordar la aportación que tuvo el economista rumano al debate que se abrió en 1972 sobre los límites del crecimiento a través de su polémico artículo «Energía y mitos económicos». En particular citas la crítica al “dogma energético”, y reflexionas sobre cómo esa dimensión de la crítica nos podría ayudar a encauzar mejor los actuales debates sobre la transición energética y el limitado papel de las renovables. ¿Podrías profundizar un poco sobre estos aspectos de la reflexión?

(OC):  Georgescu-Roegen se quejaba a menudo de que la energía se había convertido durante la década de los setenta del siglo XX en el tema estrella de reflexión entre los científicos, mientras que los materiales recibían casi siempre ‘escasa’ atención por parte de los termodinámicos. De aquí que la inquietud de los científicos naturales tuviera más que ver con las disponibilidades de fuentes energéticas, que con la escasez o inaccesibilidad de ciertas sustancias materiales.

Esta mezcla de preocupación práctica por la energía e “inhibición teórica” por la cuestión de los materiales dieron lugar a la aparición de lo que él denominaba el “dogma energético”, a saber: que los materiales no son ya un problema pues siempre podrían reciclarse por completo por mucho que se disipasen. Únicamente haría falta obtener la energía necesaria para poder concentrarlos. Este “dogma” tuvo una doble manifestación en el mundo académico y científico desde los años setenta. Por un lado, a través de lo que algunos denominaron teoría de los “recursos infinitos” y, de otra parte, en las llamadas “teorías energéticas del valor”. Por lo que hace al segundo caso, conviene recordar que las teorías del valor unidimensionales (ya fueran basadas en el trabajo, la utilidad o la energía) se han construido considerando siempre aquel factor productivo que fuera escaso en un momento dado. Por tanto, se comprende que la “crisis energética” de los años setenta fuera un aliciente para elaborar teorías energéticas del valor económico que intentaban demostrar que los precios de las mercancías son proporcionales a la energía incorporada en ellas. Georgescu-Roegen dedicó unas cuantas páginas a desmantelar algunos errores que, desde el punto de vista económico y real, presentaban las formulaciones de los “energeticistas”. Y para ello se apoyó en un doble argumento: la utilización de su enfoque de flujos-fondos en la descripción del proceso económico de producción, en el que en la fabricación de las mercancías (y su valor) intervienen no sólo flujos energéticos, sino también fondos (trabajo y capital) que actúan sobre esos flujos para obtener el bien deseado. Pero es que, además de olvidar al trabajo y el capital, los partidarios de la teoría del valor energético olvidaban que, desde el punto de vista puramente físico, el proceso económico (como cualquier proceso físico) utiliza constantemente materiales (minerales y otras sustancias que tienen propiedades y cumplen funciones diferentes a la energía). Y estos materiales también estarían sujetos a la degradación provocada por la ley de la entropía.

Lo que Georgescu-Roegen intentó transmitir era que las leyes físicas actúan como restricciones al comportamiento económico, a lo que es posible hacer desde el punto de vista de la producción y el consumo, aunque con un matiz: “los fenómenos económicos –escribía Georgescu-Roegen en aquellos años- ciertamente no son independientes de las leyes físico-químicas que gobiernan nuestro medio ambiente interno y externo, pero no están determinados por ellas. Es porque lo económico tiene sus propias leyes que el gasto de un dólar en caviar no compra la misma energía libre que cuando se gasta en patatas”.

La crítica de Georgescu-Roegen al dogma energético y su olvido de la importancia de los materiales (“matter matters too”, solía recordar), le llevaron, de manera temprana (en los años 70 del siglo XX), a llamar la atención sobre las limitaciones de algunas tecnologías energéticas (como las renovables) que, tanto antes como ahora, en su fabricación eran tributarias de otros combustibles fósiles y de numerosos metales y minerales necesarios para su puesta en funcionamiento. Es decir, se trataría de tecnologías que, en sus propias palabras, continúan siendo un “parásito de otras energías”. Esto no quiere decir que Georgescu-Roegen estuviera en contra de la energía solar o la eólica. Solamente subrayaba una temprana precaución frente al diseño acrítico de futuros renovables sin cambiar los niveles de consumo y que ahora, más que nunca, parece muy pertinente. Sobre todo cuando se trata de evaluar las posibilidades que ofrecen muchos planes de transición energética que, sin embargo, en su afán de simplemente sustituir el consumo de combustibles fósiles por fuentes renovables no parecen calibrar el gasto de combustibles fósiles (y de emisiones de gases de efecto invernadero) asociado a ello (en un contexto de tiempo muy limitado para hacer frente al cambio climático), ni la mayor demanda de materiales que la electrificación con solar y eólica llevaría aparejada.

Varios trabajos (incluidos algunos de la Agencia Internacional de la Energía) han puesto de relieve los importantes cuellos de botella y escaseces que se generarían. Por poner un ejemplo 1 analizado  desde nuestro grupo de investigación GEEDS en la Universidad de Valladolid, dado que el coche eléctrico requiere seis veces más minerales que un coche convencional (sobre todo por la batería), sólo la electrificación generalizada del trans­porte privado a escala mundial generaría una demanda tan alta que llevaría, según estimaciones para diferentes escenarios, al agotamiento de las reservas disponibles de alu­minio, cobre, cobalto, litio, manganeso y níquel, no dejando recursos disponibles para otros usos industriales. Aunque se podrían hacer consideraciones similares para el caso de la energía solar y la eólica, incluyendo otro tipo de impactos como la ocupación de suelo, o el consumo de agua, todo ello pone de relieve que las pioneras advertencias de Georgescu-Roegen son una excelente guía para pensar racionalmente el proceso de cambio y transformación en el que nos vemos inmersos.

 

1 El ejemplo hace referencia a los datos y análisis contenidos en este artículo: Daniel Pulido Sánchez, Íñigo Capellán-Pérez, Carlos De Castro, Fernando Frechoso, «Material and energy requirements of transport electrification», Energy & Environmental Science, núm. 12, 2022, disponible en: https://doi.org/10.1039/D2EE00802E 


Entrevista a Lucas Chancel

El número 159 de la revista Papeles de relaciones ecosociales y cambio global publica en su sección A FONDO una entrevista a Lucas Chancel, economista especializado en desigualdad y en política ambiental, cuyo  trabajo se centra en la medición de la desigualdad económica, sus interacciones con el desarrollo sostenible y en la implementación de políticas sociales y ecológicas.

«El futuro pertenecerá a quienes sepan aprender del pasado y federarse en torno a un auténtico proyecto de sociedad más justa y sostenible» 

Los impactos de la crisis económica, de la crisis ecológica y de la crisis sanitaria de la que afanosamente estamos intentando salir, son una muestra más de como las desigualdades están aumentando de manera importante en todo el mundo y también de que existe un vínculo estrecho entre las desigualdades a nivel ambiental y a nivel social.

A pesar de ello, los objetivos de justicia social y ecológica suelen verse de manera disociada, cuando no claramente contrapuesta, creando tensiones en las políticas correspondientes y enormes carencias y desajustes en cuanto a las soluciones a los problemas concretos.

El libro de Lucas Chancel Desigualdades Insostenibles, la cuarta entrega editorial de la Colección de Economía Inclusiva de FUHEM Ecosocial y La Catarata, analiza cómo la conciliación entre los objetivos antes citados no solo es posible sino necesaria, explorando las vías de la trasformación del Estado social para superar las crisis actuales.

Esta entrevista al autor tiene como objetivo profundizar en algunos de los ejes claves de la obra.

Monica Di Donato (MDD): Este libro es la versión actualizada y traducida al castellano de una primera edición que apareció en francés en 2017 y de alguna manera es el resultado, entre otros, de tu recorrido profesional como investigador y profesor en ScincePo y en el Word Inequality Lab. ¿Cuál es el objetivo y la inquietud que ha impulsado este trabajo y hasta dónde te gustaría que llegara?

Lucas Chancel (LC): El objetivo principal es ofrecer un conjunto de análisis basados en hechos para que todo el mundo comprenda mejor la conexión y la interrelación de las desigualdades sociales y económicas con las desigualdades ambientales y con el objetivo que todos los países tienen en la actualidad: alcanzar una huella neta de carbono igual a cero para el año 2050.

La inspiración fundamental para todo esto surge de las conferencias sobre el clima de Copenhague o París y de ver que los cambios avanzan a un ritmo muy lento, lo cual es preocupante y muy frustrante. También nace de la intuición y la hipótesis de que en realidad este ritmo tan lento del cambio se debe en parte al hecho de que estamos descuidando la economía política al reflexionar sobre estas cuestiones. Estamos descuidando el papel de las relaciones de poder económico en la transición o en la ausencia de transición. Si no incluimos el estudio de la desigualdad en la formulación de políticas climáticas es muy probable que esta transición fracase.

Esta es una de las principales hipótesis del libro y lo que trato de poner de manifiesto y debatir. Intento ofrecer análisis empíricos recientes basados en la investigación en el ámbito de la economía aplicada y otros campos relacionados para así entender mejor la situación actual y qué podemos hacer para mejorar. El objetivo es reafirmar la complejidad del problema que plantea el cambio climático, siendo aún más complejo si comprendemos que no todos contribuimos a ello de la misma forma ni tampoco nos vemos afectados de igual manera. Existe una gran desigualdad en este sentido, pero debemos abordar esta complejidad para resolver el problema. Es posible solucionar el problema, porque hay muchos ejemplos alrededor del globo que demuestran que se puede hacer mucho en todos y cada uno de los países a nivel individual, y también a nivel global. Por lo tanto, no se trata de lanzar un mensaje optimista o pesimista, sino un mensaje de que podemos hacer mucho más de lo que hacemos, así que echemos un vistazo alrededor para ver lo que está ocurriendo. Para ello, necesitamos tener una mejor comprensión del problema.

MDD: ¿Cuáles son, a tu modo de entender, los ejes clave que nos ayudarían a entender y a construir el complejo entramado de las desigualdades (en un plano global) y que apuntas en el libro?

LC: Es fundamental reconocer la dimensión dual de la desigualdad cuando reflexionamos sobre el cambio climático y las problemáticas ambientales. La realidad global es que los países ricos contaminan mucho más que los países pobres y también se verán mucho menos afectados por las consecuencias. Este es el tipo de injusticia flagrante que incluye esta cuestión desde un punto de vista global. Ahora bien, para resolverlo también hay que comprender que en cada país existen grandes y pequeños contaminadores, así como personas que se verán más afectadas que otras por este problema.

En Estados Unidos, España o Francia quienes más contaminan a menudo también son quienes tienen una mayor riqueza e ingresos, en contraposición a las personas que se verán más afectadas, que suelen ser en este caso personas con unos recursos económicos escasos. Entender esta situación es esencial para poder solucionar el problema a nivel global, por eso intento arrojar cifras y proponer estos debates en la mesa de negociaciones.

Desde principios de la década de 1990, los países han abordado este asunto entre ellos en el contexto de las negociaciones sobre el clima, pero la situación actual requiere de conferencias sobre el clima en todos y cada uno de los países para abordar las responsabilidades de cada actor, y el hecho de que todos nosotros deberíamos luchar por alcanzar la neutralidad en las emisiones de dióxido de carbono, aunque algunos sean más responsables que otros. Será necesario implementar nuevos conjuntos de políticas y normativas para afrontar esta dimensión desigual del problema.

Otra cosa que quiero resaltar en el libro es la conexión entre la desigualdad económica y el cambio climático y otras cuestiones ambientales. De hecho, las personas con mayores recursos económicos consumen más, así que es lógico que sus emisiones sean mayores, precisamente por eso. Cada vez es más evidente que las personas con mayor capital y riqueza y que poseen empresas e industrias son responsables por todo esto. Nos enfrentamos a unos asuntos muy básicos de economía política sobre la forma en que los gobiernos son capaces de reajustar la economía en un marco normativo donde se protejan los derechos laborales.

Este fue el gran interrogante del siglo XX, que todavía no se ha solucionado y dista mucho de hacerlo. Siempre habrá cosas que mejorar. Pero en el siglo XX la gran pregunta era: ¿cómo se pueden reinventar los mercados para garantizar que se tienen en cuenta los derechos de los trabajadores? El gobierno tenía capacidad total de actuación en ese aspecto. Además de esto, la cuestión hoy día es cómo reintegramos los mercados, las empresas y compañías privadas con una serie de normas que protejan la naturaleza. Y para ello los gobiernos tienen que poner toda la carne en el asador.

Asimismo, es fundamental entender que algunas personas van a salir perjudicadas a raíz de ese movimiento de mayor regulación ambiental, que no son otras que las personas que continúan invirtiendo en sectores contaminantes de la economía y que no quieren que la transición siga adelante rápidamente. Es importante saber quiénes son y discernir si son personas con muchos recursos económicos, porque quizás en ese caso no queramos subvencionarles. En ocasiones se trata de empresas pequeñas que cuentan con pocos recursos y, en ese caso, necesitan de nuestra ayuda colectiva porque eso redunda en beneficio de todos. Así es como podría desarrollarse esta red compleja de desigualdades económicas y ambientales en la situación que estoy intentando describir.

MDD: En el libro haces referencia a que la ecología (entendiéndola en las vertientes de desigual acceso a los recursos naturales, pero también desigual capacidad de enfrentarse a los riesgos ambientales) es la nueva frontera de las injusticias sociales. ¿Por qué? ¿Cómo describirías ese círculo vicioso que se establece entre la dimensión socioeconómica y la dimensión ambiental? ¿Cómo actúan los factores desencadenantes?

LC: El punto de partida lo marcan sucesos como, por ejemplo, el movimiento de los chalecos amarillos en Francia en 2018 u otros movimientos sociales similares en otras partes del mundo, como en Indonesia en la década de 2010, Nigeria u otros países cuyos gobiernos van a aumentar el precio de la energía. Esto va a tener un gran impacto en los ingresos y el consumo de las personas con rentas bajas. Parece que existe un círculo vicioso, porque los gobiernos creen que están haciendo lo correcto para el medioambiente, pero, en realidad, estas medidas van a aumentar aún más las desigualdades y la pobreza de algunos sectores de la población por lo que, en consecuencia, será todavía más difícil implementar una protección ambiental en el futuro. Es imperativo que reflexionemos sobre estas cuestiones para actuar de manera distinta.

En concreto, el objetivo del libro es poder romper este círculo vicioso por el cual las personas con ingresos altos contaminan más y además se ven relativamente menos afectadas por el cambio climático y las políticas aplicadas para combatirlo. Para romper con esta dinámica perversa los gobiernos deben aplicar más políticas sociales e integrarlas con las políticas ambientales. Hasta ahora estas dos áreas se habían considerado de forma separada. Es decir, hay un Ministerio de Medioambiente y un Ministerio de Asuntos Sociales, u otra administración, que operan de forma independiente. Si queremos progresar, la integración entre ambos debe ser mucho mejor. Esto supone que, en el caso del movimiento de los chalecos amarillos en Francia, por ejemplo, no se puede aplicar un impuesto sobre el carbono sin redistribuir una gran cantidad de dinero hacia los hogares con rentas bajas, que tendrán que pagar ese impuesto pero necesitarán recursos adicionales para poder comprar lo necesario para cada mes. En conclusión: el problema tal y como lo hemos examinado hasta ahora puede que sea un círculo vicioso, pero podemos romperlo.

MDD: Con todo esto y de lo que comentas en el libro, si tuvieras que reactualizar los datos a la luz de los últimos acontecimientos económicos (precio de los vectores energéticos, de las materias primas alimentarias, las sanciones comerciales, etc.) derivados de la guerra en Ucrania, ¿qué tendencias esperarías en términos de recrudecimiento de las desigualdades? ¿En qué regiones del globo piensas que serían más evidentes?

LC: Ha habido una exacerbación y una aceleración de muchas de las tendencias señaladas en el libro antes de la invasión de Ucrania por parte de Rusia, en el sentido de que en tan solo unos meses se ha producido un aumento drástico de los precios de la energía –ya sea petróleo, gas o incluso otras formas de energía– a través de algún tipo de cadena de acontecimientos que ha tenido lugar en los mercados energéticos.

La pregunta es: ¿serán capaces los países occidentales de absorber ese impacto durante el próximo invierno? No cabe duda de que habrá una gran tensión social sobre la manera de distribuir este impacto de forma equitativa entre la población. Será necesario reducir nuestro consumo de energía más rápidamente de lo que se había planeado para absorber este impacto, pero, ¿cómo conseguir que todo el mundo cumpla con su parte de este cometido? Es evidente que los sectores de ingresos medios y bajos no van a realizar el mismo esfuerzo económico que quienes tengan muchos recursos, mucho capital y mucho margen de acción porque, por ejemplo, están calentando viviendas muy grandes, utilizando mucha energía en sus desplazamientos o beneficiándose sobremanera de los réditos de sus inversiones en empresas de combustibles fósiles. Es importante que analicemos la invasión de Ucrania desde el contexto más amplio descrito en este libro.

Adoptar una iniciativa ambiental resulta muy complicado si no contemplamos la perspectiva de la desigualdad. ¿Y qué significa esto, más concretamente? En efecto, hay que gravar los beneficios extraordinarios del sector energético, ir más allá e incluso usar recursos adicionales para apoyar a todos esos segmentos de ingresos medios y bajos que se van a ver especialmente afectados por el aumento de los precios de la energía. Esto se puede lograr a través de nuevos impuestos selectivos enfocados a esa pequeña parte de la población que cuenta con muchos recursos hoy en día como, por ejemplo, impuestos sobre el patrimonio.

MDD: En ese sentido, para cambiar el rumbo de esta situación a nivel mundial, para corregir las desigualdades, ¿es “suficiente” actuar con reformas fiscales y redistributivas o sería necesario un replanteamiento radical del sistema económico capitalista?

LC: No, no son suficientes, pero sí son necesarias. Hacen falta recursos adicionales, como decía antes, para apoyar a la población de ingresos medios y bajos y a la sociedad en general a superar esta tensión en el sector energético. Hay que destinar una mayor cantidad de recursos a este fin y el dinero no crece de los árboles, así que hay que sacarlo de alguna parte. La buena (o mala) noticia es que un pequeño fragmento de la población ha acumulado gran parte de los ingresos y riquezas durante los últimos cuarenta años. Esto forma parte del trabajo que he llevado a cabo con mis compañeros en el Laboratorio de Desigualdad Global (Word Inequality Lab).

Una vez nos damos cuenta de esto, cabe afirmar que hay una pequeña parte de la población que se ha beneficiado tanto del crecimiento económico durante las últimas décadas que, de hecho, ha contribuido muy poco a la financiación de los gobiernos que también son necesarios para que este crecimiento se produzca. Es imprescindible que haya una sociedad y unos servicios públicos que funcionen adecuadamente para que este crecimiento económico tenga lugar. Si esta afirmación no convence, solo hay que echar un vistazo a los países de rentas muy bajas, donde no existen carreteras, infraestructuras o un sistema jurídico en condiciones, entre muchas otras cosas. Es preciso contar con recursos públicos y para ello es necesario recaudar impuestos, pero una parte de la población no ha contribuido lo suficiente a las arcas del Estado. Por lo tanto, es indispensable disponer de más impuestos progresivos, especialmente sobre el patrimonio, para financiar todo esto, así como las nuevas necesidades que van a surgir de esta transición. Es crucial que contemos con estas reformas financieras redistributivas, pero no son suficientes por sí mismas.

MDD: Esto evoca de alguna manera la disyuntiva: ¿crecimiento verde vs decrecimiento?

LC: Es un debate que parece elegante, son dos palabras que ahora están de moda, pero creo que debemos dejar todo eso de lado. Lo que se pretende conseguir es un decrecimiento de ciertos sectores de la economía (en particular, el sector del petróleo, del gas y otras industrias extractivas) y, desde luego, crecimiento en otros ámbitos de la economía, como la educación. Me gustaría que aumentasen los salarios de los profesores en todos los niveles educativos, así como en otros sectores económicos como el de los cuidados, las relaciones y el contacto humano. Ahora bien, el hecho de que la suma del decrecimiento en algunos sectores y el crecimiento en otros, desemboque en un crecimiento positivo o negativo del PIB debería ser una cuestión secundaria. En realidad, no sabemos lo que va a ocurrir, así que debemos desarrollar unos sistemas de protección y seguridad social que sean capaces de hacer frente a la repercusión neta que puedan tener todas estas transiciones sobre nuestra tasa de crecimiento. Hasta la fecha muchos de los sistemas que tenemos para financiar la Seguridad Social no son capaces de hacer eso. Por diseño, requieren un crecimiento en la producción total del PIB para funcionar y ser sostenibles. Ahí está la clave del asunto, algo mucho más concreto y complicado de abordar que la pregunta de “¿estás a favor del crecimiento verde o del decrecimiento?”.

En mi opinión, esa no es necesariamente la mejor manera de avanzar, ni siquiera políticamente, dado que muchas personas en los países occidentales ya han experimentado el decrecimiento en los últimos cuarenta años. En aquella época, había regiones con un 50% de desempleo, sin acceso a una educación o a una atención sanitaria de calidad, pero eso ha cambiado gracias a múltiples reformas. Esa era una situación de decrecimiento, por lo que va a ser muy difícil utilizar esos términos para dirigirse a ciertas partes de la población. Quizás deberíamos concretar lo que queremos decir y lo que queremos conseguir en realidad: un decrecimiento en ciertos sectores de la economía y un crecimiento en otros. El balance final de ambas cosas es una gran incógnita y es necesario ser conscientes de ello.

MDD: Para terminar, una última pregunta. En el libro dices: «El futuro pertenecerá a quienes sepan aprender del pasado y federarse en torno a un auténtico proyecto de sociedad más justa y sostenible». Ese nuevo proyecto de futuro, ¿se conseguiría con luchas locales o más bien con una verdadera coordinación internacional? ¿Cuál deberá de ser, en tu opinión, el papel y la función del Estado dentro del cuadro descrito para combatir una crisis ecosocial que no conoce fronteras?

LC: Esto es algo que precisamente intento profundizar en el libro, y es que a veces estos dos niveles de acción están enfrentados. Hay quien afirma que debemos actuar a pequeña escala, desarrollar la resiliencia de nuestra comunidad y desechar las acciones a nivel internacional porque han sido muy frustrantes. Entiendo esta frustración y, de hecho, los comités, conferencias y organizaciones internacionales siempre han sido muy desalentadores y han avanzado a un paso muy lento. Sin embargo, la acción contra al cambio climático debe ser internacional o no funcionará.

Por muy razonable que seas, si diseñas una comunidad agrícola resiliente en cualquier parte del mundo (o al menos en cualquier parte de Europa), esta acabará viéndose afectada por las acciones de sus vecinos debido a la naturaleza global de la contaminación. Precisamente por eso debemos contar con una visión sistémica internacional del cambio. Esto no significa que el desarrollo de una resiliencia a nivel local no sea útil; es más, un gran número de iniciativas parten de ONG, asociaciones y movimientos locales.

Necesitamos esa energía para el cambio y que los nuevos grupos de militancia y ONG ejerzan presión sobre todos los agentes de la sociedad y les digan que no estamos haciendo lo suficiente, que tenemos que actuar. No obstante, es preciso que al mismo tiempo todo esto se transforme en leyes y se traslade a un nuevo conjunto de políticas por parte de los Estados-nación y organizaciones más internacionales. La Unión Europea también ha contribuido a esa frustración en muchos aspectos, a pesar de ser una entidad con un peso crucial para actuar ante estos temas.

En conclusión: no deberíamos oponer la acción local y multinacional o internacional. De hecho, conviene comprender mejor cómo han trabajado también de manera conjunta. Si la Conferencia de París sobre el Cambio Climático fue una realidad es porque también hubo grupos a nivel nacional que han luchado por conseguirlo. Y si hoy en día existen grupos como Extinction Rebellion o todas esas ONG de gran repercusión es porque las negociaciones internacionales han legitimado de muchas formas la propia voz de las ONG a nivel local. Por lo tanto, ambas fuerzas no deben ser opuestas y es muy necesario que nos demos cuenta de esto, porque el problema es sistémico.

Me gustaría concluir diciendo que esta cuestión no puede abordarse únicamente a nivel local. Eso es fundamental para no desligarnos de la acción política y del pensamiento sistémico.

 

Monica Di Donato es miembro del equipo de FUHEM Ecosocial.


Desigualdades climáticas

Desigualdades climáticas: impactos y responsabilidades de los eventos meteorológicos extremos

Mateo Aguado Caso, Nuria del Viso Pavón, Miguel Ángel Navas Martín, Sergio Tirado Herrero, Claudia Narocki, Álvaro Ramón Sánchez, Cristina Contreras Jiménez, Rodrigo Blanca Quesada

El cambio climático antropogénico es hoy una realidad incontestable. Una realidad que, si no lo es ya, se convertirá en los próximos años en el mayor desafío reconocido que haya tenido jamás la humanidad. El derretimiento de los glaciares, la subida del nivel del mar y el aumento de eventos meteorológicos extremos como los ciclones, las inundaciones, las sequías o las olas de calor son fenómenos cada vez más intensos y recurrentes que arrojan cada año miles de pérdidas humanas en todo el mundo y constituyen ya la principal causa mundial de desplazamientos forzados dentro de los países.

Según datos del International Displacement Monitoring Centre (IDMC), de los 38 millones de desplazamientos internos sucedidos en todo el mundo en 2021, más de la mitad (el 58,7%) se debieron a “desastres naturales” relacionados con el clima (11,5 millones por tormentas, 10,1 millones por inundaciones, casi medio millón por incendios, y un cuarto de millón por sequías).1

Este último verano de 2022 ha vuelto a romper todos los registros existentes, alzándose como el verano más caliente de toda la historia en Europa.2 Aunque las cifras están aún bajo estudio, el Instituto de Salud Carlos III estima que, solo en España, se ha producido entre finales de abril y comienzos de septiembre de 2022 un exceso de mortalidad de al menos 4.700 personas atribuibles directamente a las elevadas temperaturas (una cifra que triplica la media del último lustro).3 Y lo peor de todo es que el final del verano no parece haber frenado esta tendencia. Al momento de escribir estas líneas —finales de octubre de 2022— se están registrando anomalías térmicas excepcionales en gran parte de Europa, con temperaturas hasta 15 grados por encima de lo habitual para estas fechas.4

Frente a una realidad como esta, el presente dosier trata de arrojar luz sobre cómo los eventos meteorológicos extremos, que son una de las expresiones más preocupantes del cambio climático, están atravesados por múltiples desigualdades —económicas, geográficas, ambientales, de género, de etnia, de edad— que hacen que sus causas y efectos sean muy diferentes según los territorios, los colectivos y los sujetos que contemplemos. Atendiendo a las desigualdades ambientales, estas se expresan fundamentalmente a través de tres grandes ejes: un acceso muy desigual a los bienes naturales (como por ejemplo la energía), unos impactos sociales repartidos muy asimétricamente entre la población afectada (como las olas de calor o las sequías), y una responsabilidad respecto a la generación del problema que responde, nuevamente, a enormes disparidades (como sería el caso de las emisiones de gases de efecto invernadero).

Todas estas desigualdades constituyen en suma un nuevo tipo de desigualdad, la desigualdad climática, cuya importancia y trascendencia está por fin comenzando a reconocerse y visibilizarse.

En aras de contribuir a este necesario reconocimiento y visibilización, este dosier propone un conjunto de artículos que abordan diferentes expresiones de las desigualdades climáticas ligadas a los eventos meteorológicos extremos. Así, el dosier se inicia con el artículo «Las injusticias ocultas del cambio climático», en donde sus autores, Mateo Aguado y Nuria del Viso —quienes también suscriben esta Introducción— analizan a modo de marco general del dosier las enormes y muy diversas desigualdades e injusticias que esconde el fenómeno del cambio climático antropogénico, tanto en lo referente a las responsabilidades de sus causas, como en lo relativo a sus principales afecciones, expresadas fundamentalmente a través de unos eventos meteorológicos
extremos cada vez más frecuentes y virulentos.

En su artículo «Desentrañando los efectos del calor en la salud humana en contextos desigualitarios», Miguel Ángel Navas Martín hace un repaso minucioso sobre los efectos desiguales que sobre la salud humana tienen en nuestro país las elevadas temperaturas asociadas a las olas de calor. Relacionado con esto, Sergio Tirado Herrero nos ofrece en su artículo «Vulnerabilidad energética y olas de calor en hogares urbanos» un exhaustivo análisis de las crecientes desigualdades energéticas que están comenzando a aflorar con fuerza en nuestras ciudades ante las recurrentes olas de calor y que afectan especialmente a los sectores más vulnerables y a los hogares en situación de pobreza energética.

A través de su artículo «Desigualdades en el ámbito laboral y episodios de altas temperaturas», Claudia Narocki repasa la desigualdad ligada a la ocupación laboral, que coloca a determinados colectivos de trabajadores en situaciones de mayor vulnerabilidad ante los eventos meteorológicos extremos y, más concretamente, ante las altas temperaturas. Por su parte, Álvaro Ramón Sánchez revisa, en su artículo «Periferia y crisis climática: la articulación de un discurso ecologista desde América Latina», las injusticias ecológicas y las desigualdades territoriales centro-periferia que acompañan al calentamiento global, así como sus principales expresiones políticas en América Latina. Por último, a través del artículo titulado «Hacer barrio ante la emergencia climática», de Cristina Contreras y Rodrigo Blanca, este dosier se cierra con una propuesta de autonomía comunitaria que, más allá de las imprescindibles políticas públicas, evidencia la capacidad de las comunidades locales de emprender acciones de autoprotección ante los eventos meteorológicos extremos.

No cabe duda de que mitigar los problemas ligados al cambio climático requerirá intensificar nuestros esfuerzos por mejorar su comprensión durante los próximos años; pero no solo desde el punto de vista técnico y científico, sino también desde el prisma social, económico y cultural que lo impulsa y sostiene. En este sentido, y como veremos a lo largo de este dosier, entender las conexiones y bucles de retroalimentación que existen entre el cambio climático, los eventos meteorológicos extremos y las desigualdades se torna algo esencial de cuyo abordaje y determinación dependerá, en gran medida, tanto el futuro próximo de la biosfera como el porvenir de todas nuestras sociedades.

NOTAS

1 Internal Desplacement Monitoring Centre, GRID Report 2022, IDMC, 2022, disponible en: https://www.internal-displacement.org/sites/default/files/2022-09/IDMC_GRID_Report_2022_ES_LowRes.pdf
2 Copernicus Climate Change Service (C3S), «Copernicus: Summer 2022 Europe’s hottest on record », 8 de septiembre de 2022, disponible en: https://climate.copernicus.eu/copernicus-summer-2022-europes-hottest-record

3 Raúl Rejón, «El cambio climático golpea ya la salud de los europeos: crecen las muertes por calor y las infecciones tropicales», elDiario.es, 26 de octubre de 2022, disponible en: https://www.eldiario. es/sociedad/europa-sufre-impacto-cambio-climatico-salud-crecen-muertes-calor-infecciones-tropicales_1_9652690.html
4 José Luis Gallego, «El cuñadismo climático atraviesa sus momentos más difíciles», El Confidencial, 30 de octubre de 2022, disponible en: https://www.elconfidencial.com/medioambiente/2022-10-30/cunadismo-climatico-momentos-mas-dificiles_3514316/

 

Si quieres leer el texto completo del Dosier Ecosocial, aquí tienes el acceso en formato pdf: Desigualdades climáticas: impactos y responsabilidades de los eventos metereológicos extremos

Si quieres consultar nuestros anteriores Dosieres Ecosociales.

 

Esta publicación ha sido realizada con el apoyo financiero del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITERD).

El contenido de la misma es responsabilidad exclusiva de FUHEM y no refleja necesariamente la opinión del MITERD.

 

 


La militarización de la Posguerra Fría en el tablero ucraniano

La sección A FONDO del número 157 de la revista Papeles de relaciones ecosociales y cambio global recoge el texto de Alejandro Pozo titulado: La militarización de la Posguerra Fría en el tablero ucraniano, que ofrecemos a continuación a texto completo.

Nada justifica la invasión rusa en Ucrania iniciada el 24 de febrero de 2022. Nada. Pero debe tener causas, aunque sea difícil identificarlas con claridad. Lo esperable no era una invasión, y de producirse cabía preverla corta. La iniciativa rusa puede encuadrarse en la antipolítica, algo así como dispararse en un pie. Vladímir Putin y su entorno pagarán por ello políticamente. No cabe esperar cariño en quien se bombardea, y la población “rusa” ha sido fuertemente castigada –Mariúpol, por ejemplo, está en el óblast de Donetsk y el 90% es rusófona–, y el renacido nacionalismo ucraniano hará difícil conciliar los intereses rusos. Tampoco es esperable el aplauso interno generalizado en Rusia. Ni su población ni los oligarcas que ejercen influencia quedarán complacidos con unas relaciones internacionales que han minado espacios de confianza, también en el largo plazo.

Buena parte de las obsesiones rusas y ucranianas tienen que ver con la OTAN, pero no es posible cuantificar en qué medida explican la invasión. Sin duda, existe otra buena parte de factores en la ecuación,1 pero los que se conocen tampoco aclaran mucho. Incluso si el Gobierno ruso percibe Ucrania como de interés estratégico vital (así lo parece), optó libremente por una guerra cuando tenía alternativas para abordar sus conflictos con Kiev/Kyiv y con Washington y sus aliados. Con todo, si por un lado no puede justificarse la agresión, por el otro parece razonable y necesario analizar qué relación tiene con la OTAN, para identificar también cómo evitar más barbarie. Sin embargo, la crítica a la Alianza ha entrado de lleno en lo políticamente incorrecto, y han proliferado respuestas pujolianas que, como ha mostrado Tica Font, advierten que «ahora eso no toca».2

Los líderes rusos se han referido a la expansión de la OTAN como una traición a las promesas realizadas a Mijaíl Gorbachov 

Este artículo pretende, precisamente, tocar ese aspecto, y se pregunta por la militarización de la rivalidad con Moscú. Proyecta hacerlo, además, incluyendo también la perspectiva del Gobierno ruso, al menos su posicionamiento público. Según su ministro de Exteriores, Serguéi Lavrov, Moscú no considera «la mera existencia de la OTAN como una amenaza, sino la manera en la que la Alianza funciona en la práctica».3 La percepción de Lavrov es de largo recorrido, lleva 18 años en el cargo. En ese tiempo, España ha tenido nueve ministros y EEUU once (secretarías de Estado), cuatro de forma interina. También está consolidada la subjetividad de buena parte de la cúpula rusa. Desde 1999 Putin ha alternado la presidencia con la dirección del gobierno,4 y Serguéi Shoigú es ministro de Defensa desde 2012 (entre 1991 y 2012 fue ministro de «situaciones de emergencia», encargado del servicio militar). Las relaciones con Bielorrusia también son duraderas: Aleksandr Lukashenko es presidente desde 1994. No ha habido otro.

 

¿Dónde estábamos antes de la pandemia?

Expansión de la OTAN. Los líderes rusos se han referido a la expansión de la OTAN como una traición a las promesas realizadas a Mijaíl Gorbachov . También lo hizo Putin en el discurso del 21 de febrero de 2022 que antecedió a la invasión.5 Para algunas voces expertas, Washington nunca dio garantías de que la OTAN no se ampliaría hacia el este. Según Kristina Spohr, de la London School of Economics, se trataría de un «mito».6 En realidad, la no expansión en los antiguos territorios del Pacto de Varsovia o de la URSS no podía formalizarse porque ambas entidades todavía existían en febrero de 1990, la fecha a la que se atribuyen esas promesas. El propio Gorbachov ha explicado que la expansión de la OTAN no fue discutida con el secretario de Estado de EEUU, James Baker, y que ningún país, ni de Europa oriental ni de la parte occidental comentó esa posibilidad. El compromiso adquirido habría sido no moverse «ni una pulgada hacia el este», pero en referencia a la RDA tras la reunificación alemana. Según Gorbachov, esta renuncia incluía nuevas estructuras militares de la Alianza en esa parte de Alemania, despliegues de tropas y armas de destrucción masiva, y todo se cumplió. Sin embargo, el último presidente soviético dijo haber calificado desde el principio la expansión de la OTAN como «un gran error», señalando que representaba «indudablemente una violación del espíritu de las declaraciones y garantías que se nos hicieron en 1990».7

La Conferencia de Helsinki de 1975 reconoció que cada Estado soberano era libre de escoger sus propias alianzas.8 También Putin y Lavrov admitieron ese derecho hace muchos años, pero advirtiendo que también Moscú sacaría sus respectivas conclusiones como Estado soberano.9 Ucrania y otros países tienen derecho a ingresar en la OTAN y a instalar misiles de la Alianza en su territorio, pero cabe preguntarse por las consecuencias. En 1962 también tenía derecho la URSS a instalar misiles en Cuba o EEUU de obrar de igual manera en Turquía, pero todo aquello no ayudó a la confianza y pudo ocasionar un riesgo existencial. Hoy, según Putin: «EEUU permanece con misiles en nuestro umbral. ¿Es demasiado pedir no instalar sistemas de choque en nuestra casa? ¿Cómo reaccionarían los estadounidenses si se colocaran misiles en la frontera con Canadá o México?».10 Desde 1999, la OTAN ha incorporado a tres repúblicas de la URSS,11 siete países que pertenecieron al Pacto de Varsovia12 y otros cuatro de la esfera de influencia soviética en la entonces Yugoslavia.13 Y no ha incorporado a nadie más, nadie sin relación con la URSS. En la cumbre de la Alianza de Bucarest, en abril de 2008, se decidió que Ucrania y Georgia también se unirían.14 Según John Mearsheimer, de la Universidad de Chicago, no se tomaron entonces medidas concretas por la resistencia de Francia y, sobre todo, Alemania, y citó a Angela Merkel diciendo que agregar a Ucrania y Georgia era una receta para el desastre. Pero no pudieron evitar las presiones de EEUU para añadir la referencia a su adhesión futura en la declaración final,15 tampoco las numerosas voces estadounidenses que se opusieron, incluso los propios servicios de inteligencia de George W. Bush.16 Días después de la cumbre, aumentaron las tensiones en Abjazia y Osetia del Sur que condujeron, en agosto, a la guerra ruso-georgiana.

Lavrov afirmó en 2006 en la Duma que incorporar a Ucrania o Georgia a la OTAN significaba «un cambio geopolítico colosal» y que valorarían cómo afectaría a sus intereses.17 Al año siguiente opinó que esa expansión suponía un «regreso a la Guerra Fría».18 En 2016 concluía: «en nuestra doctrina de seguridad se indica claramente que una de las principales amenazas a nuestra seguridad es la expansión de la OTAN hacia el este».19 Putin lo expresó así en la Conferencia de Seguridad de Múnich de 2007: «Creo que es obvio que la expansión de la OTAN no tiene ninguna relación con la modernización de la propia Alianza ni con garantizar la seguridad en Europa. Por el contrario, representa una grave provocación que reduce el nivel de confianza mutua. Y tenemos derecho a preguntar: ¿contra quién va dirigida esta expansión?».20 Estos peligros también han sido señalados durante décadas por primeras figuras del establishment atlantista. George Kennan, el así llamado “arquitecto intelectual de la Guerra Fría” o “padre de la contención”, predijo el desastre: «Se puede esperar que esa decisión inflame las tendencias nacionalistas, antioccidentales y militaristas en la opinión rusa».21 Henry Kissinger, secretario de Estado de EEUU en los trágicos años setenta, señaló en 2014 la enorme importancia de Ucrania para Moscú y que la única opción pasaba por no alinearse ni con Rusia ni con Occidente, sino servir de puente entre ambos lados.22

No pocas voces han cuestionado que la Alianza haya tenido nunca la verdadera intención de sumar a Ucrania, señalando la poca honestidad que, en este caso, habría mostrado la OTAN al utilizar a ese país (o a Georgia) como un tablero de juegos geopolíticos en su pulso con Moscú. Según Putin en su discurso preinvasión, varios miembros de la OTAN eran escépticos a la entrada de Ucrania y le comunicaron que no sería inmediata. Pero argumentó que «si no pasa mañana, será pasado mañana», y que tanto le daba «desde una perspectiva histórica».23 Ucrania ha dado pasos firmes en su apuesta atlántica y la OTAN ha publicitado su abrazo.

El «Partnership for Peace» de la OTAN se autodefine como un programa para promover la confianza en Europa y con el espacio soviético. Todos los miembros de la OTAN otrora en la órbita de la URSS estuvieron en ese programa antes de su adhesión. Ucrania es hoy el participante más antiguo, desde 1994. Las relaciones OTAN-Ucrania se fortalecieron en 1997 y tuvieron un punto de inflexión en 2008 tras la cumbre de Bucarest, con las reformas para la integración. A raíz de lo sucedido en el Dombás y Crimea en 2014, la cooperación se intensificó enormemente e incluyó un paquete de asistencia integral para reformar el sector de la seguridad y la defensa según los estándares de la OTAN. Los 16 programas incluyen la reorganización y modernización de estructuras y capacidades, la interoperabilidad con la OTAN para contribuir a los ejercicios y operaciones que dirige, el apoyo a la reforma de los sistemas de estandarización y logística o la cooperación en defensa y seguridad cibernética.24

Rusia ha percibido siempre la expansión de la OTAN con particular preocupación por el potencial establecimiento de arsenales cerca de sus fronteras

Ucrania ha contribuido a las misiones militares de la OTAN en Bosnia y Herzegovina, Afganistán e Irak, así como en operaciones marítimas como Active Endeavour u Ocean Shield. Nótese que esta cooperación no cesó con Víktor Yanukóvich en el poder. Quizá la participación más significativa ha sido, durante años, en Kosovo (KFOR). La invasión de Serbia en 1999 fue percibida por Moscú como un acto de agresión (fue contraria al derecho internacional), una amenaza para la gobernanza de la seguridad europea posterior a la Guerra Fría, un desafío para su estatus en el orden internacional y una imposición ostentosa de los intereses de la Alianza disfrazada con motivación humanitaria. Aquella intervención derivó en un abierto apoyo militar ruso a Serbia y la escisión de una parte del territorio.25 Si bien cada situación merece analizarse por separado, las similitudes destacan en cuanto a las percepciones (intercámbiese, en las líneas anteriores, Ucrania por Serbia y EEUU/OTAN por Rusia). De hecho, Putin lo relaciona todo, expresamente: «¿Crimea? –preguntó– esto no es nada comparado con lo que vosotros hicisteis en Yugoslavia», y quizá su recurso al argumento del “genocidio” no sea tan casual.26

Escudo antimisiles y otros armamentos. Rusia ha percibido siempre la expansión de la OTAN con particular preocupación por el potencial establecimiento de arsenales cerca de sus fronteras.  EEUU y Rusia han llegado a distintos acuerdos históricos para mejorar la confianza. En 1972 ratificaron el Tratado sobre Misiles Antibalísticos (ABM, del inglés), con la intención de limitar su número con carga nuclear. George W. Bush trabajó la idea del escudo antimisiles (balísticos), y en mayo de 2001 inició una campaña en la OTAN sobre su conveniencia. El Tratado ABM era un problema, porque prohibía el desarrollo de los sistemas antimisiles. Buena parte de los miembros de la Alianza mostraron reticencias, al entender que el escudo promocionaba una carrera armamentística. Sin embargo, los atentados del 11-S proporcionaron a Bush carta blanca en EEUU y la OTAN y anunció la retirada del tratado tres meses después, materializada en junio de 2002. El problema para Rusia era que ese escudo implicaba establecer radares en la República Checa y misiles de intercepción en Polonia, más cerca de sus fronteras (los países bálticos y balcánicos aún no estaban en la OTAN).

Putin ha considerado reiteradamente la instalación de elementos del escudo antimisiles de EEUU en el este europeo como «una amenaza a la seguridad nacional» y «factor desestabilizador para Europa», y comparó la situación con la del despliegue de misiles Pershing II y Tomahawk en Europa Occidental en los años ochenta.27 Según Putin, justificar ese sistema con la amenaza terrorista (de Corea del Norte o Irán) era «ridículo», y advirtió que tomaría medidas «para garantizar su seguridad nacional», añadiendo que «cualquier otro país haría lo mismo».28 Distintas voces en Europa occidental también alertaron de los peligros, en particular en Alemania, aunque Merkel apoyó el plan argumentando, como EEUU, que se trataba de un sistema puramente defensivo no dirigido a Rusia. Sin embargo, al menos dos perspectivas cuestionaban esta idea. La primera, del secretario general de la OTAN, Jaap de Hoop Scheffer, quien criticó el plan de EEUU porque no cubría de manera adecuada a ciertos miembros del sudeste europeo, lo que significaba un doble estándar en la Alianza.29 La segunda, de Putin, que señaló en 2007 que ni Teherán ni Pyongyang tenían sistemas o misiles balísticos capaces de llegar a Europa o EEUU, ni los podrían tener en el corto plazo.30

 

¿Qué ha pasado recientemente?

Según la propia OTAN, en septiembre de 2020 el presidente Zelenski «aprobó la nueva Estrategia de Seguridad Nacional de Ucrania, que prevé el desarrollo de la asociación distintiva con la OTAN con el objetivo de ser miembro».31 Como parte del programa de reforma para alinearse con los estándares de la Alianza, Ucrania «reemplazó su Doctrina Militar en marzo de 2021 con una nueva Estrategia de Seguridad Militar que se basó en la Estrategia de Seguridad Nacional de 2020».32 Esa estrategia incluye la participación en ejercicios bilaterales y multinacionales. Por su lado, Rusia también modificó su Estrategia de Seguridad Nacional, en junio de 2021, muy poco después de la ucraniana. Shahin Jafarli, del Instituto de Investigación de Bakú, aludiendo al apartado «Defensa del país», señala que «intentos de ejercer presión militar sobre Rusia, sus aliados y socios, el despliegue de infraestructura militar de la OTAN cerca de las fronteras rusas, la intensificación de las actividades de inteligencia extranjera y las pruebas del uso de armas nucleares y grandes unidades militares contra Rusia (ejercicios de la OTAN) son amenazas militares para la Federación Rusa».33 Un año antes, en junio de 2020, Ucrania se había convertido en el sexto «socio de oportunidad mejorada» de la OTAN, un estatus ofrecido a «participantes en la Iniciativa de Interoperabilidad de Asociación de la OTAN que han hecho contribuciones particularmente significativas a las operaciones de la OTAN y otros objetivos de la Alianza». Funciona como un facilitador, «brindando a Ucrania acceso preferencial a la caja de herramientas de interoperabilidad de la OTAN, incluidos ejercicios, capacitación, intercambio de información y conocimiento de la situación».34 Los otros cinco países que gozan de ese “privilegio” son Australia, Finlandia, Suecia, Jordania y, atención, Georgia.

En su discurso previo a la invasión, Putin hizo referencia a esa nueva estrategia militar ucraniana de 2021: «Este documento está dedicado casi en su totalidad a la confrontación con Rusia». Dijo que «establece las líneas de una guerra potencial, que debería terminar (…) “con la asistencia de la comunidad internacional en términos favorables para Ucrania”, así como (…) “con apoyo militar extranjero en la confrontación geopolítica con la Federación Rusa”».35 Putin continuó con una retahíla de supuestas amenazas para la seguridad de Rusia: aseguró que «adquirir armas nucleares tácticas será mucho más fácil para Ucrania que para otros Estados», al contar con recursos de la era soviética, y que este país tenía la intención de hacerlo; también destacó la «ostentosa» y fuerte entrada de armas, equipos y entrenamiento desde 2014, sobre todo desde EEUU, así como la presencia «casi constante» de contingentes militares de países de la OTAN «con el pretexto de ejercicios», que calificó de «obviamente antirrusos» y en los que solo el año pasado habrían participado más de 23.000 efectivos y más de mil unidades de hardware. Para Putin, esos movimientos «están diseñados para encubrir una rápida acumulación del grupo militar de la OTAN en territorio ucraniano». Señaló también que la red de aeródromos estaba mejorada con ayuda estadounidense y que el Centro de Operaciones Marítimas construido por EEUU en Ochakov «permite apoyar la actividad de los buques de guerra de la OTAN, incluido el uso de armas de precisión, contra la flota rusa del Mar Negro y nuestra infraestructura en toda la costa del Mar Negro».36 Y advirtió que el sistema de control de tropas ucraniano ya se había integrado en la OTAN, y que esta podía dar órdenes directas a las fuerzas armadas ucranianas. Por otro lado, Putin aseguró que el escudo antimisiles había añadido misiles interceptores en Rumanía, además de Polonia, y que podían ser utilizados con fines ofensivos. Además, tras el abandono del Tratado INF habría desarrollado misiles balísticos que, desde Járkov/Járkiv, tardarían entre 7 y 8 minutos en llegar a Moscú (las armas supersónicas, de 4 a 5). En definitiva, defendió que la entrada de Ucrania en la OTAN y el subsecuente despliegue de estructuras de la Alianza –cosas que afirmaba acabarían ocurriendo– supondría un «drástico incremento» del nivel de amenaza militar contra Rusia, «lo multiplicaría».37

El pasado diciembre Rusia propuso acuerdos a EEUU y la OTAN sobre garantías de seguridad relacionados con evitar una mayor expansión de la OTAN

Desconocemos cuánto hubo de legítima preocupación y cuánto de propaganda oportunista, pero el 17 de diciembre Rusia propuso acuerdos a EEUU y la OTAN sobre garantías de seguridad. Las peticiones que hacía Rusia tenían que ver, precisamente, con evitar una mayor expansión de la OTAN , abstenerse de desplegar sistemas de armas en las fronteras rusas y retroceder la capacidad militar y la infraestructura del bloque en Europa donde estaban en 1997, cuando se firmó el Acta Fundacional OTAN-Rusia. Según Putin, le respondieron con generalidades, desvíos y evasivas.38 Sin sentido alguno de proporcionalidad o humanidad, el dirigente ruso justificó su barbarie en Ucrania.

 

A modo de conclusión: un proceso de militarización en cinco tiempos

Las relaciones entre Rusia y la OTAN en el tablero geopolítico de Ucrania han tenido cinco tiempos clave tras su independencia. El primero fue 1999, punto de inflexión en la militarización de esas relaciones. En marzo, la OTAN amplió sus fronteras por primera vez desde 1982 (España) y segunda desde 1955 (Alemania).39 Es decir, con la excepción de España (expansión hacia el oeste), la OTAN no había modificado sus lindes en 44 años. El cambio sucedió, precisamente, en territorio del antiguo Pacto de Varsovia, y fue percibido con humillación en Rusia. Ese mismo mes, la OTAN bombardeó a una aliada de Moscú, Serbia. Un mes después, la OTAN aprobó su Nuevo Concepto Estratégico,40 que sustituyó al de 1991 y revolucionó sus funciones, al prever su participación en «operaciones de respuesta a crisis no previstas en el Art. 5» (en varios puntos) y «para preservar la paz y seguridad internacionales» (punto 48), y al asignar al Consejo de Seguridad de la ONU una «responsabilidad primordial» en el mantenimiento de la seguridad internacional, pero un menor «rol crucial» en el área euroatlántica (punto 15). Según distintos expertos, esto supuso poder realizar acciones no defensivas, extender su área de operaciones del Atlántico Norte a todo el mundo y no renunciar a actuar al margen del derecho internacional (la cumbre tuvo lugar mientras se bombardeaba Serbia). El año 1999 también marcó el inicio de la segunda guerra chechena, objeto de fuerte condena occidental por su particular e indiscriminada crueldad –Putin ha acusado a EEUU y la OTAN de «apoyar a los terroristas del Cáucaso Norte».41 Precisamente, el líder ruso alcanzó la cúspide del poder en Rusia ese mismo 1999.

El años 2004 destacó por la incorporación de siete países a la OTAN, algunos fronterizos o cercanos a Rusia. Los otros tres tiempos están directamente relacionados con Ucrania. La tercera fecha, 2007-2008, abarca el discurso de Múnich, la cumbre de la OTAN en Bucarest y la guerra en Georgia. La cuarta es 2014, año marcado principalmente por la caída de Yanukóvich (para Rusia, con apoyo de la OTAN) y los acontecimientos en el Dombás y Crimea, pero también por la intervención militar en Siria liderada por EEUU y la entrada determinante de Rusia en apoyo del gobierno sirio el año siguiente. La guerra en el Dombás no evitó, sin embargo, exportaciones de armas europeas a Rusia entre 2014 y 2020  valoradas en 491 millones de euros.42 Paradójicamente, una cantidad muy parecida a la canalizada en 2022 por la UE a Ucrania a través del fondo europeo de “ayuda a la paz”, 450 millones en material militar.43 Finalmente, el último periodo tiene su clímax en la invasión rusa en febrero de 2022, pero abarca también varios meses anteriores.

La guerra en el Dombás no evitó, sin embargo, exportaciones de armas europeas a Rusia entre 2014 y 2020

Aunque no han faltado otros factores y motivaciones, los cinco tiempos han incluido unas mismas consideraciones relacionas con los equilibrios de poder en Europa (y con EEUU) y la configuración de una estructura de seguridad militarizada que en el mejor de los casos no ha considerado lo suficiente a Rusia y, en el peor, al menos en las percepciones, ha estado orientada contra Moscú.

Cabe objetar toda equidistancia con el agresor a la hora de asignar responsabilidades, pero también toca hablar de la OTAN. Toca ahora y tocaba hacerlo en el último cuarto de siglo. Quizá se podrían haber reconducido las cosas de otra manera.

Alejandro Pozo Marín es investigador del Centre Delàs y profesor de geopolítica y conflictos armados

NOTAS

1 Por ejemplo, la situación interna en Rusia o Ucrania, o la coyuntura en países con fuertes vínculos, como Bielorrusia, Georgia o Kazajstán (los tres con fuertes tensiones internas que preocupan a Moscú); o Moldavia o Armenia (con cambios de gobierno menos cercanos a Rusia).

2 Tica Font, «Ucrania, reflexiones de una pacifista entrada en años», El Salto, 3 de marzo de 2022.

3 Damien Sharkov, «Russia Will Never Attack Any NATO Member: Lavrov», Newsweek, 7 de junio de 2016.

4 Antes fue secretario del Consejo de Seguridad Nacional y director del Servicio Federal de Seguridad (sucesor del KGB).

5 Vladímir Putin, «Address by the President of the Russian Federation», Kremlin, 21 de febrero de 2022.

6 Kristina Spohr, «Exposing the myth of Western betrayal of Russia over NATO’s eastern enlargement», London School of Economics, 2 de marzo de 2022.

7 Maxim Kórshunov, «Mikhail Gorbachev: I am against all walls», Russia Beyond, 16 de octubre de 2014.

8 «Conferencia sobre la Seguridad y la Cooperación en Europa. Acta final», Helsinki 1975, punto 1.a.I, p. 3.

9 Associated Press, «Russia calls NATO plans “colossal” shift», 8 de junio de 2006.

10 Andrew Roth, «Putin accuses west of “coming with its missiles to our doorstep”», The Guardian, 23 de diciembre de 2021.

11 Estonia, Letonia y Lituania (2004).

12 Hungría, Polonia y República Checa (1999); Eslovaquia, Bulgaria y Rumanía (2004) y Albania (2009).

13 Eslovenia (2004), Croacia (2009), Montenegro (2017) y Macedonia del Norte (2020).

14 En su punto 23 (de 50). «Bucharest Summit Declaration», 3 de abril de 2008.

15 John Mearsheimer, «UnCommon Core: The causes and consequences of the Ukraine crisis», conferencia de junio de 2015.

16 «Allied, member or partner? NATO’s long dilemma over Ukraine», Jnews, 9 de diciembre de 2021.

[17] Associated Press, op. cit.

18 RIA Novosti, «NATO expansion a relapse into Cold War: Russian minister», TwoCircles.net, 5 de julio de 2007.

19 Damien Sharkov, op. cit.
20] Vladímir Putin, «Speech and the Following Discussion at the Munich Conference on Security Policy», Kremlin, 10 de febrero de 2007.
21 Jonathan Ng, «Arms Industry Sees Ukraine Conflict as an Opportunity, Not a Crisis», Truthout, 2 de marzo de 2022. Disponible en: https://truthout.org/articles/arms-industry-sees-ukraine-conflict-as-an-opportunity-not-a-crisis/

22 Henry Kissinger, «To settle the Ukraine crisis, start at the end», The Washington Post, 5 de marzo de 2014.

23Vladímir Putin, op. cit.

24 «Relations with Ukraine», actualizado el 11 de marzo de 2022.

25 Derek Averre, «From Pristina to Tskhinvali: The Legacy of Operation Allied Force in Russia’s Relations with the West», International Affairs, 85, núm. 3, 2009, pp. 575–91.

26 Jade McGlynn, «Why Putin Keeps Talking About Kosovo», Foreign Policy, 3 de marzo de 2022.

27 Entonces, las protestas rusas terminaron con el Tratado INF (de fuerzas nucleares de alcance medio), en diciembre de 1987. Donald Trump abandonó unilateralmente ese tratado en agosto de 2019. RIA Novosti, «‘No hysteria’ as Putin compares U.S. shield to Pershing missiles -1», Sputnik, 27 de abril de 2007.

28 Ibidem.
29 Daniel Dombey y Fidelius Schmid, «FT Interview: Jaap de Hoop Scheffer», Financial Times, 11 de marzo de 2007.

30 RIA Novosti, abril de 2007, op. cit. Los misiles norcoreanos capaces de llegar fueron producidos en 2017.

31 OTAN, «Relations with Ukraine», op. cit.

32 Instituto Internacional de Estudios Estratégicos, The Military Balance 2022, Routledge, Londres, p. 211.

33 Shahin Jafarli, «Russia’s New National Security Strategy», Baku Research Institute, 2 de agosto de 2021.

34 OTAN, «Relations with Ukraine», op. cit.35 Vladímir Putin, 2022, op. cit.

36 Léase la versión de EEUU en Ben Werner, «U.S. Navy Seabees Building Maritime Operations Center on Black Sea Coast», Instituto Naval de EEUU, 15 de agosto de 2017.

37 Vladímir Putin, 2022, op. cit.

38 Ibidem.

39 En 1990, la RDA se incorporó a la OTAN al unificarse Alemania.

40] «NATO Alliance Strategic Concept», Departamento de Estado de EEUU, 24 de abril de 1999.

41 Vladímir Putin, 2022, op. cit.

42 Solo en 2015 fueron 208 millones, con 1.409 licencias aprobadas y apenas 149 rechazadas. Base de datos de la ENAAT.  Se proporcionan las exportaciones «híbridas», que suman las reportadas como efectuadas (y que totalizan 352 millones) y el valor que el titular de la licencia tiene permiso para exportar en los países que solo publican ese dato (Bélgica, Chipre, Alemania, Malta y Reino Unido).

43 Decisión del Consejo (CFSP) 2022/338, de 28 de febrero de 2022.


Iniciativas legales para dotar de personalidad jurídica a ecosistemas o a sus partes

Iniciativas legales para dotar de personalidad jurídica a ecosistemas o a sus partes

Pedro L. Lomas, José María Enríquez Sánchez, Bernardo Alfredo Hernández Umaña, Teresa Vicente Giménez

Dosieres Ecosociales, octubre, 2022.

En las últimas décadas, los llamamientos a frenar la pérdida de la biodiversidad se suceden de modo más o menos ritual en grandes encuentros internacionales o a través de informes y artículos. Pero, según los datos recopilados globalmente, la ex­tinción de especies en nuestro planeta está entre decenas y cientos de veces por encima de las tasas naturales medias de extinción conocidas de los últimos 10 millo­nes de años, según grupo taxonómico, con escenarios que pronostican un aumento a lo largo de este siglo.

Esto nos aboca a lo que ya se denomina la Sexta Gran Extin­ción, cuya diferencia con las cinco grandes extinciones previas es, básicamente, el papel protagonista de la especie humana como impulsora de la misma.

Como consecuencia, un sentimiento de frustración viene recorriendo los despachos de las universidades y las oficinas de las agencias y ministerios que se dedican a la conservación de la naturaleza. Así, según diversos autores, la conservación, tal y como la conocemos, en forma de protección de espacios y especies, habría fracasado estre­pitosamente. Por ello, en algunos foros se llama hacia un nuevo modo de afrontar la misma.

Ya no se trata de llegar a las conciencias de las personas a través de los valores que atesora el patrimonio natural, su vivencia y/o conocimiento, sino a través de la utilidad más o menos directa que tiene dicho patrimonio para el ser hu­mano.

El debate entre un modelo de conservación basado en valores intrínsecos de la natu­raleza y otro basado en valores instrumentales está servido, aunque, a pesar de las numerosas presiones políticas y económicas hacia un modelo instrumental, está lejos de tener un final claro.

Por una parte, se recuerda que, de no ser por las políticas ambientales que se han venido aplicando hasta hoy, no estaríamos hablando de la posibilidad de una Sexta Gran Extinción, sino que, en gran parte del planeta, esta sería ya una realidad palpa­ble a todos los niveles de la biodiversidad: genético, de especie y de ecosistema. Se señala que el modelo de conservación actual tiene defectos, pero que también tiene virtudes, y que ha cambiado mucho en los últimos tiempos. Soluciones basadas en la naturaleza, restauración ecológica, renaturalización o gestión ecosistémica, entre otras, se señalan como herramientas útiles no sólo para frenar la pérdida de la biodi­versidad, sino también para afrontar otros graves problemas del cambio global deri­vados de la pérdida de funcionalidad de los ecosistemas, teniendo en cuenta también el bienestar humano.

Por otra parte, el ecomodernismo se aferra a una malentendida versión del concepto de Antropoceno, y propone aplicar de modo sistemático y exhaustivo el supuesto “control” que la especie humana ejerce en la naturaleza, de tal modo que se maximi­cen los servicios de los ecosistemas, es decir, el beneficio que extraemos de esta. De acuerdo con esta visión, el mercado hará que la maximización de ese beneficio, en condiciones de una propiedad privada clara, derive en una asignación eficiente (en el sentido paretiano) de los recursos naturales y, por tanto, en la relocalización óptima (optimización matemática) de los mismos. Así, la técnica nos llevará al nirvana del desacoplamiento: un mundo en el que los indicadores macroeconómicos podrán se­guir creciendo indefinidamente sin dañar las condiciones materiales de nuestra exis­tencia. Energía nuclear contra el cambio climático, intensificación del uso de la natu­raleza, sustitutivos artificiales para productos naturales, etc., son sólo algunas de las propuestas que pone sobre la mesa este “nuevo” modelo de conservación.

Es obvio que los ambientes jurídicos no escapan de esta tendencia. Pero dentro de estos han surgido voces que llaman hacia un nuevo modelo que profundice en las estrategias anteriores de protección de los espacios y las especies, no siempre bien articuladas jurídicamente. Se trata de aplicar una nueva lógica, más en consonancia con la idea de valores intrínsecos. Los espacios y las especies ya no tienen interés jurídico sólo en la medida en que se vean alterados los beneficios o intereses de los propietarios de las tierras o de las personas directamente afectadas, como hasta ahora. Además, gracias a estas nuevas herramientas, tendrían personalidad jurídica propia, es decir, que sus intereses pueden y deben ser representados de algún modo, y el Estado debe velar por ellos, igual que lo haría con una personalidad física o jurídi­ca cualquiera a través del ordenamiento jurídico habitual.

Para analizar esta nueva tendencia dentro del ámbito jurídico, en su artículo dentro de este dosier, el profesor Enríquez Sánchez plantea cuáles son las bases de este tipo de pensamiento en el contexto de la filosofía del derecho, así como algunos de los principales pros y contras que hacen de esta una herramienta jurídica más o menos válidas en el ámbito jurídico de la conservación.

Esta nueva tendencia jurídica que aquí se destaca está llevando a numerosos estados del mundo a legislar en este sentido, tanto en el plano constitucional como dentro de la legislación ordinaria, ya sea para categorías más amplias de ecosistemas o espe­cies, ya sea para ecosistemas o especies concretas. En su artículo, el profesor Her­nández Umana nos hablará de este nuevo tipo de herramientas en el contexto de las relaciones entre el derecho y las formas de vida no humanas, y presentará algunos de los principales casos de estudio, también en el ámbito global, pero, sobre todo, en el contexto Latinoamericano, con ejemplos de Ecuador, Bolivia o Colombia.

Finalmente, en este dosier se presenta también una entrevista con una de las caras visibles de este movimiento jurídico en España, la profesora Teresa Vicente Giménez, que abanderó, junto con otros académicos y movimientos sociales, el éxito sin precedentes en Europa, de la Iniciativa Legislativa Popular del Mar Menor, reciente­mente convertida en Ley 19/2022, de 30 de septiembre, para el reconocimiento de la personalidad jurídica a la laguna del Mar Menor y su cuenca (BOE, 3 de octubre de 2022). En esta entrevista, la profesora Vicente Giménez nos detalla el proceso y algunos de los principales puntos de la iniciativa para la protección jurídica del Mar Menor.

Si quieres leer el texto completo del Dosier Ecosocial, aquí tienes el acceso en formato pdf: Iniciativas legales para dotar de personalidad jurídica a ecosistemas o a sus partes

Si quieres consultar nuestros anteriores Dosieres Ecosociales.

 

Esta publicación ha sido realizada con el apoyo financiero del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITERD).

El contenido de la misma es responsabilidad exclusiva de FUHEM y no refleja necesariamente la opinión del MITERD.


DEBATE: Sin justicia social no habrá transición posible

 

La nueva sesión del Ciclo Debates para un pensamiento inclusivo que FUHEM Ecosocial organiza junto a la Casa Encendida, tendrá lugar el 29 de noviembre de 2022, a las 18 h.  en formato virtual.

Bajo el título Sin justicia social no habrá transición posible, abordaremos cómo las desigualdades están aumentando significativamente en todo el mundo, y que existe un vínculo estrecho entre las desigualdades a nivel ambiental y social, por ello, si no actuamos en ambos planos a la vez, no es viable pensar en ningún modelo de transición justa y sostenible.

Los impactos de la crisis económica, de la crisis ecológica y de la crisis sanitaria de la que estamos intentando salir son una muestra más de cómo las desigualdades están aumentando de manera significativa en todo el mundo y, también, de que existe un vínculo estrecho, aunque no siempre percibido, entre las desigualdades ambientales y sociales. A pesar de ello, los objetivos de justicia social y ecológica suelen verse de manera disociada, cuando no claramente contrapuesta, creando tensiones en las políticas correspondientes y enormes carencias y desajustes en cuanto a las soluciones a los problemas concretos.

Desde la esfera global vemos, por ejemplo, que los países ricos contaminan mucho más que los países pobres y también que se verán mucho menos afectados por las consecuencias. Este es el tipo de injusticia ligada a este fenómeno y que nos induce a pensar que la dimensión ecológica se presenta como la nueva frontera de las injusticias sociales. También hay que comprender que en cada país existen grandes y pequeños contaminadores, así como personas que se verán más afectadas por problemas ligados a la contaminación, la exposición a residuos o sustancias peligrosas, dificultades en el acceso a fuentes de energía, o la exposición frente a eventos o episodios climáticos extremos, etc.

En este sentido, la crisis ecológica plantea la cuestión fundamental no sólo de un “reparto” más o menos justo y sostenible de los recursos naturales disponibles en la naturaleza, sino también, de su degradación, así como de las responsabilidades de los diferentes actores sociales implicados (individuos, empresas, etc.). Esto es una muestra de cómo la conciliación entre las dimensiones antes citadas no sólo es posible sino necesaria, a través de la exploración de vías de trasformación hacia escenarios de mayor justica para superar las crisis actuales.

El diálogo que proponemos para esta sesión tiene como objetivo profundizar precisamente en algunos de estos ejes claves que planea el circulo vicioso entre las desigualdades sociales y ecológicas.

Para ello contaremos con la presencia de:

  • Lucas Chancel, economista francés especializado en desigualdad y en política ambiental. Ha sido entrevistado para Revista PAPELES 159 y es autor del libro Desigualdades Insostenibles: por una justicial social y ecológica perteneciente a la Colección Economía Inclusiva de FUHEM Ecosocial y La Catarata.
  • Sergio Tirado Herrero, investigador de la Universidad Autónoma de Madrid especializado en el ámbito de la pobreza energética y las transiciones justas. Es colaborador en el Dosier Ecosocial de FUHEM Ecosocial con un texto dedicado al tema de la vulnerabilidad energética y las olas de calor en hogares urbanos.
  • Claudia Narocki, socióloga experta en Gestión de la Prevención de riesgos laborales e investigadora en la Fundación 1º de Mayo. Es colaboradora en el Dosier Ecosocial con un texto dedicado a las desigualdades en el ámbito laboral y episodios de altas temperaturas.

Organizan: Revista Papeles de FUHEM Ecosocial, La Casa Encendida y la Catarata

Con el apoyo de: Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico y el Instituto Francés

La actividad se desarrolla en una sala Zoom. Una vez realizada la inscripción, y antes de cada sesión, se enviará un correo electrónico de confirmación con los datos de acceso al encuentro.

Inscríbete de forma gratuita y no te lo pierdas.

 


El hambre, la pandemia del siglo XXI

El artículo de Enrique Yeves Valero, "El hambre, la pandemia del siglo XXI", publicado en el número 154 de la revista Papeles de relaciones ecosociales y cambio global, constata que en pleno siglo XXI de avances tecnológicos sin precedentes donde exploramos lejanos planetas y con acceso a una información masiva como ninguna otra generación anterior convivimos sin embargo con un viejo drama que apenas recibe atención.

Casi 700 millones de personas mueren por causas relacionadas con el hambre cada año, es decir, una de cada nueve personas de nuestro planeta (según los últimos datos de la ONU). Cifra escandalosa, vergonzante, que el azote de la COVID-19 no va, precisamente, a mitigar. Bien al contrario, según la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura), la pandemia podría provocar un aumento de otros 130 millones a esa cifra ya de por sí indecente.

Toda una paradoja en un planeta que produce la cantidad suficiente de alimentos para alimentar a todos, casi el doble para ser exactos.

Y peor aún, desde que se aprobaron pomposamente en 2015 los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) en Nueva York por todos los dignatarios del mundo en los que se comprometían a erradicar el hambre en el mundo esta no ha hecho más que aumentar desde entonces, cambiando la tendencia positiva de varias décadas.

La geografía del hambre

Pero vayamos por partes. ¿Dónde hay hambre hoy en el mundo?

Asia sigue albergando al número más elevado de personas subalimentadas (381 millones). África ocupa el segundo lugar (250 millones), seguida de América Latina y el Caribe (48 millones). La prevalencia mundial de la subalimentación (es decir, la tasa general de personas hambrientas), del 8,9%, ha variado poco, pero los números absolutos vienen aumentando desde 2015. Esto significa que en los últimos cinco años el hambre ha crecido al ritmo de la población mundial.

A su vez, ello oculta grandes disparidades regionales: en términos porcentuales, África es la región más afectada –y lo es cada vez más–, ya que el 19,1% de la población está subalimentada. Este porcentaje duplica con creces la tasa de Asia (8,3%) y de América Latina y el Caribe (7,4%). Sobre la base de las tendencias actuales, para 2030 África concentrará más de la mitad de las personas aquejadas de hambre crónica en el mundo.

En otras palabras, donde hay más gente que sufre el hambre es en Asia, pero porcentualmente la tasa proporcional más elevada es en África.

El impulso a estas tendencias se debe principalmente a una combinación de factores, en particular los conflictos y los fenómenos meteorológicos extremos, que afectan actualmente a una serie de países de África. Por ejemplo, en los países del África subsahariana afectados por conflictos, el número de personas subalimentadas aumentó 23,4 millones entre 2015 y 2018, un incremento notablemente más acusado en comparación con los países no expuestos a conflictos.

Una repercusión en la seguridad alimentaria incluso más drástica y a más largo plazo parece estar asociada con la exposición a la sequía. Los países clasificados como sensibles a la sequía en el África subsahariana han experimentado un incremento de la prevalencia de la subalimentación del 17,4% al 21,8% durante los últimos seis años, mientras que, de hecho, en el mismo período la subalimentación disminuyó (de una media del 24,6% al 23,8%) en los demás países de la región. El número de personas subalimentadas en los países sensibles a la sequía se ha incrementado un 45,6% desde 2012.

En Asia, la subalimentación ha descendido de manera constante en la mayoría de las regiones, alcanzando el 11,4% en 2017. La excepción es Asia occidental, donde la subalimentación ha aumentado desde 2010 hasta alcanzar a más del 12% de la población. En la subregión de Asia occidental, los países que se han visto afectados por conflictos o por levantamientos populares en los estados árabes muestran un incremento de la subalimentación desde un valor del 17,8% en el 2010 hasta un 27% de la población en el año 2018.

En América Latina y el Caribe, las tasas de subalimentación se han incrementado en los últimos años, principalmente como consecuencia de la situación en América del Sur, donde la subalimentación pasó del 4,6% en 2013 al 5,5% en 2017. El aumento observado en los últimos años se debe a la desaceleración eco- nómica experimentada por varios países, especialmente de Venezuela, donde la subalimentación casi se cuadruplicó, al pasar del 6,4% en 2012-14 al 21,2% en 2016-18.

Por el contrario, las tasas de la prevalencia de la subalimentación en América Central y el Caribe, a pesar de ser superiores a las de América del Sur, han disminuido en los últimos años.

 

Un planeta abundante

Pero, ¿por qué hay hambre?

El hambre es un fenómeno complejo. No se trata de producir más, como mucha gente piensa. Producimos lo suficiente, y de sobra.

Desde los albores de la humanidad, es decir, durante unos 2,5 millones de años, los humanos se alimentaron con lo que tenían a su alcance, cazando animales y recolectando plantas. Hace aproximadamente 12.000 años, en la cuenca de los grandes ríos –Tigris, Éufrates, Nilo y Yangtsé– tuvo lugar el nacimiento de la agricultura y, con ella, una revolución agrícola que provocó un crecimiento imparable hasta nuestros días.

En los siguientes años vimos alzarse las primeras grandes ciudades y los grandes imperios sucederse escalonadamente cada vez más potentes: Sumer, Persia, Grecia, Roma, China, aztecas, mayas, el imperio español, holandés, británico… pero en realidad el crecimiento de la población fue relativamente moderado hasta hace muy poco, hasta la revolución industrial de principios de 1800.

Si contamos desde el nacimiento de la agricultura, la humanidad tardó unos 10.000 años en alcanzar los 100 millones de habitantes (alrededor de la época de imperio romano). Hacia 1500 se llega a la cifra de los 500 millones y para 1820 se supera por primera vez a la cifra mágica de los 1.000 millones. A partir de aquí, con la revolución industrial, el número se dispara: en un siglo se duplica. En 1970 se llega a los 3.000 millones y bastaron solo otras cuatro décadas para que se volviera a duplicar superando los 6.000 millones. En la actualidad se calcula que somos unos 7.700 millones de habitantes y, según las proyecciones de Naciones Unidas, alcanzaremos la barrera de los 10.000 millones alrededor del 2050 y llegaremos a un máximo de casi 11.000 millones a finales de siglo, a medida que siga disminuyendo la tasa de fecundidad. Durante este período, se prevé que la población mundial será cada vez más urbana y que la población de 65 años o más superará en número a la de menores de 5 años.

Se prevé que, de aquí a 2050, la mitad del crecimiento de la población mundial se originará en solo nueve países, a saber: India, Nigeria, Pakistán, República Democrática del Congo, Etiopía, Tanzania, Indonesia, Egipto y Estados Unidos de América (en orden decreciente). Es probable que la población de África Subsahariana se duplique, mientras que la población de Europa podría disminuir.

Como hemos visto, la presión del ser humano sobre los recursos disponibles en el planeta es tremenda. Pero la capacidad del hombre de incrementar y mejorar los rendimientos de los recursos es asimismo espectacular.

En los últimos 500 años ¡la población se ha multiplicado por 14!  ¡La producción humana por 240!

Desde la revolución agrícola y el inicio de la diabólica progresión geométrica del crecimiento demográfico, la carrera entre producción de alimentos y población la ha venido ganando holgadamente la primera.

Detengamos de nuevo para reflexionar cómo el mundo ha cambiado de forma tan radical en poco tiempo. Hasta la época moderna tardía, alrededor de un 90% de la población mundial vivía de la agricultura. Dicha cifra fue reduciéndose a medida que no era ya necesaria tanta gente para producir suficientes alimentos.

En Estados Unidos tan solo el 2% de la población vive de la agricultura, pero esa cifra ínfima produce no solo lo suficiente para alimentar al resto del país sino para exportar sus excedentes. En Europa la cifra dedicada a la agricultura es apenas del 3% de su población.

Para ver cómo hemos afrontado esa constante dialéctica entre el incremento de la población y la necesidad de alimentos no hay ejemplo más evidente que el ocurrido en los últimos cincuenta años del siglo XX, entre 1950 y el 2000. Mientras la población del planeta se multiplicaba por dos veces y media, una serie de avances científicos permitía incrementar los rendimientos agrícolas de forma espectacular en lo que se ha denominado la revolución verde (que luego se ha demostrado que era cualquier cosa menos “verde”) consiguiendo que la producción de alimentos se triplicara con creces.

¿Podremos seguir ganando esta carrera? ¿Y si es así, a qué precio?

La FAO calcula que para dar de comer a los aproximadamente 10.000 millones de personas en el año 2050 habrá que incrementar aproximadamente un 50% nuestra producción actual de alimentos.

En la actualidad tres cuartas partes de la comida que consumimos son arroz, trigo o maíz. Solo el arroz supone la mitad de la comida mundial. Pero esa dieta está cambiando a un ritmo tan acelerado como nuestro propio mundo. En 1980 los chinos comían, de media, unos 14 kilos de carne por persona al año: ahora unos 55.

En las últimas décadas el consumo de carne aumentó el doble que la población, el consumo de huevos tres veces más. Hacia 1950 el consumo mundial de carne era de unos 50 millones de toneladas al año; en la actualidad se ha multiplicado por seis y se espera que hacia el 2030 vuelva a duplicarse.

Hacia 1950 el consumo mundial de carne era de unos 50 millones de toneladas al año; en la actualidad se ha multiplicado por seis

Basta citar como ejemplo nuestras macro producciones de cerdos y pollos. Brasil, que es el primer exportador mundial de pollos, produce cada año unos 7.000 millones de pollos, tantos como habitantes tiene la Tierra, cantidad que sacrifica y exporta a todos los rincones del planeta. En Estados Unido y en China producen una cifra parecida, pero se los comen ellos.

El ser humano ha pulverizado su entorno para convertirlo en una gran despensa: en la actualidad frente a los 7.500 leones que todavía viven y los 200.000 osos en peligro de extinción conviven unos 1.500 millones de vacas, 1.000 millones de ovejas, 1.000 millones de cerdos y más de 25.000 millones de gallinas repartidas por el mundo. La gallina doméstica es el ave más ampliamente extendida en toda la historia de la humanidad. Después del ser humano, las vacas, los cerdos y las ovejas domésticas son los mamíferos grandes más extendidos por el mundo, en dicho orden.

Durante milenios, los seres humanos hemos dependido de la existencia de unas 10.000 especies de plantas para la alimentación. Pero gran parte de esta diversidad se ha ido perdiendo y ahora dependemos de solo unas 150. Y aunque pueda parecer extraño, son solo cuatro de ellas –el arroz, trigo, maíz y patatas– las que nos proporcionan alrededor del 60% de las calorías que obtenemos de las plantas.

Hay numerosas experiencias que demuestran que es posible reducir y eliminar el hambre en periodos relativamente cortos

Hemos señalado el gran logro de incrementar nuestra capacidad de producción de alimentos a pesar del creciente desafío demográfico. Pero la gran paradoja de nuestro sistema actual es que a pesar de la abundancia y de que se produce mucho más de lo necesario, casi 700 millones de personas siguen pereciendo por causas relacionadas por la falta de alimentos.

 

Es posible erradicar el hambre

La lucha contra el hambre en el mundo es una historia de frustración para una generación, la nuestra, que podría –y debería– ser la primera en la historia que consiguiera erradicarla.

Porque el hambre no es una cuestión endémica, como mucha gente cree, sino que tiene solución y no tan complicada. Ya hay numerosas experiencias que demuestra que es posible reducir y eliminar el hambre en periodos relativamente cortos. Y hemos aprendido algo claro y decisivo: para tener éxito en la lucha contra el hambre es básico querer hacerlo, aunque parezca una perogrullada, hay que tener la voluntad política de afrontarlo e implementar medidas adecuadas para su solución.

El problema se ve, además, agudizado por multitud de causas: las guerras, las sequías, los desastres naturales, los vaivenes en los precios, las enfermedades animales y vegetales… Y en efecto, todas estas cuestiones pueden desatar el hambre o incluso —esa palabra terrible— la hambruna. Gente muriendo de inanición mientras otros tiran toneladas de comida en buen estado a la basura.

Pero si acercamos el foco un poco más podemos ver que, aunque sea lo que encienda la mecha, las sequías por sí solas no son la causa del hambre en Etiopía o Somalia. Porque un agricultor californiano puede sufrir por la falta de lluvias –incluso arruinarse–, pero difícilmente llegará a pasar hambre. No podemos impedir una sequía, pero sí la hambruna.

Una subida de los precios del pan puede trastocar el presupuesto de una familia española, pero es poco probable que les empuje al hambre. Pero un pequeño aumento de los precios afecta enormemente a las personas más vulnerables en los países pobres y su capacidad para conseguir alimentos. Cada vez son más los estudios que relacionan la volatilidad de precios con protestas, disturbios, violencia e incluso guerras. Un ejemplo son los países de la primavera árabe, todos importadores de alimentos, lo cual significa que sus habitantes eran muy vulnerables a la escalada de los precios mundiales que fue la mecha que incendió los levantamientos populares en 2008 y 2011.

En la actualidad se espera que el año 2021 venga con una recuperación económica sólida de la mano, que a su vez vendrá acompañada de una mayor inflación. Uno de los factores que está impulsando los precios, sobre todo en los mercados emergentes, es el auge de los precios de los alimentos sin procesar, una tendencia que ya suma diez meses (subidas mensuales de precios de los alimentos) y que está provocada por varios factores: mayor demanda de los hogares de determinados productos, cuellos de botella, restricciones en la oferta y la demanda insaciable de China.

Con este cóctel de factores, los precios mundiales de los productos alimenticios subieron en abril de este año, lo que representa el décimo aumento mensual consecutivo, siendo en ese mes las cotizaciones de los aceites vegetales y los productos lácteos las que lideraron la subida, según ha advertido la FAO.

En definitiva, bajo todas estas “causas del hambre” subyace un motivo principal: la pobreza y la falta de desarrollo. En la inmensa mayoría de los casos, la gente pasa hambre porque es pobre. Porque vive (y come) de lo poco que produce. Porque no tiene acceso a la educación, a la sanidad ni a un empleo digno. Porque no tiene capacidad de anticiparse a esos golpes (climáticos, violentos, económicos, naturales...) ni la posibilidad de crear colchones que le protejan en caso de que llegue. Porque entre ellos y el hambre, entre ellos y la pobreza, no hay ninguna red de protección.

La otra gran paradoja de nuestro mundo actual es que no solo aumenta el hambre. La obesidad se ha convertido en una plaga que no diferencia países ricos o pobres, del norte o del sur, desarrollados o no, ni las barreras de género, ni las edades. Es una amenaza perfectamente globalizada. El sobrepeso y la obesidad han aumentado en todas las regiones sin excepción con cifras impresionantes. Unos 2000 millones de adultos –más del doble de la cifra de hambrientos– padecen sobrepeso, al igual que unos 207 millones de adolescentes y 131 millones de niños de entre 5 y 9 años: casi un tercio de los adolescentes y adultos que padecen sobrepeso son también obesos.

 

Unos mucho, otros muy poco

Pero volvamos a la pregunta inicial. Si hay alimentos suficientes, ¿por qué entonces siguen millones de personas muriendo de hambre?

La respuesta es por la pobreza o, dicho mejor de otra manera, por la riqueza: unos tenemos mucho y otros muy poco. El ya tristemente famoso 1% de la población posee el 46% de toda la riqueza generada en el planeta. Estas desigualdades han generado una sociedad donde a una amplia capa no le llegan los beneficios colectivos.

Hoy vivimos en un mundo más rico, pero también más desigual que nunca. Se están negando los derechos sociales y económicos a demasiadas personas en todo el mundo, incluidos los 800 millones que aún viven en la pobreza extrema.

Según las cifras de la OCDE, la desigualdad de ingresos en sus países –es decir, los países ricos– se encuentra en su nivel más alto en cincuenta años. Por cierto, en este mundo de contradicciones, bastaría una mínima fracción de los más de trillón y medio de dólares que los gobiernos se gastan en armamento para financiar la erradicación del hambre. Otra vez, es necesaria la voluntad política de vencer al “enemigo más viejo del hombre”.

La desaceleración económica como consecuencia de la pandemia está agudizando estas diferencias y provocando recortes en servicios esenciales como la asistencia sanitaria y la educación.

De todas formas, como ha como ha quedado claro en los últimos años y los estudios empíricos han demostrado, un crecimiento económico sólido no contribuye necesariamente a reducir la pobreza y a mejorar la seguridad alimentaria y nutrición. El crecimiento económico, si bien es necesario, puede no ser suficiente si no se acompaña con políticas claras de distribución de la riqueza. La desigualdad de ingresos es un problema clave en nuestros días ya que va en aumento en casi la mitad de los países del mundo, incluidos numerosos países de ingresos medianos y bajos. Cabe señalar que varios países de África y Asia han registrado un gran aumento de la desigualdad de ingresos en los últimos 15 años.

Bastaría una mínima fracción de los más de trillón y medio de dólares que los gobiernos gastan en armamento para financiar la erradicación del hambre

En países en los que la desigualdad es mayor, las desaceleraciones y debilitamientos de la economía tienen un efecto desproporcionado en las poblaciones de bajos ingresos por lo que se refiere a la seguridad alimentaria y nutricional ya que utilizan buena parte de sus ingresos para la compra de alimentos.

Naciones Unidas recomienda que se adopten medidas en dos frentes. El primero, salvaguardar la seguridad alimentaria y la nutrición por medio de políticas económicas y sociales que ayuden a contrarrestar los efectos de las desaceleraciones de la economía, tales como garantizar fondos para las redes de seguridad social y garantizar el acceso universal a la salud y la educación. El segundo, hacer frente a las desigualdades existentes en todos los niveles por medio de políticas multisectoriales que permitan lograr formas sostenibles de escapar de la inseguridad alimentaria y la malnutrición.

Todo este incierto panorama nos lleva a concluir que estamos cada vez más lejos de alcanzar las metas fijadas para el año 2030 de hambre cero. Bien al contrario, desde que se firmó dicho objetivo los datos van de mal en peor, como hemos señalado. Casi 700 millones de hambrientos en un planeta que produce casi el doble de lo necesario es un escándalo moral, ético y económico en pleno siglo XXI de vanguardia tecnológica y capacidad de producción sin precedentes.

Enrique Yeves Valero es periodista especializado en temas de Naciones Unidas, donde ha sido portavoz del Presidente de la Asamblea General en Nueva York, director de Comunicación de la FAO en Roma y director de FAO en España.

 

Acceso al texto del artículo en formato pdf: El hambre, la pandemia del siglo XXI.


Lecturas Recomendadas

Entre finales de 2021 y principios del 2022, la Editorial Escritos Contextatarios lanzó dos textos breves, pero de suma importancia e interés, que nos proporcionan herramientas intelectuales y emocionales para intentar parar esta huida hacia adelante del “mundo al revés” donde nos encontramos, y hacernos cargo de la dura realidad que tenemos de frente a pesar de los pesares. Dos textos diferentes, por estilo y temática concreta, pero que entran en un juego de diálogo y refuerzo indirecto que rompe con la resignación y nos empuja hacia la responsabilidad, la conciencia, el conocimiento y, sobre todo, la esperanza.

El primero de los dos textos objeto de esta reseña, El otoño de la civilización, es un libro que entrelaza los temas de la crisis energética y el cambio climático, e intenta arrojar luz sobre las alternativas que aún tenemos al alcance para evitar los peores escenarios. Prologado por Yayo Herrero, y con epílogo de Jorge Riechmann, el texto se desarrolla en dos grandes partes, una primera dedicada a explorar las dimensiones del caos climático y las rebeliones del mundo científico y que contiene, entre otras, precisamente un análisis sobre los informes filtrados del IPCC, que han supuesto una rebelión sin precedentes en la posición de la comunidad científica internacional, y una segunda donde se denuncia, clara y rotundamente, el fin de la era de la energía barata.

Ante la incapacidad de gestión de las estructuras actuales, una serie de acontecimientos rupturistas y de rebelión entre los miembros de la comunidad científica han dado forma al que muchos autores llaman «el año de las filtraciones del IPCC». Tal y como se mencionaba anteriormente, tres partes de dos de los informes fueron filtradas antes de tiempo, y dos de ellas fueron recogidas precisamente por Turiel y Bordera en este libro, así como en la revista CTXT.

Como subrayan los autores, anteriormente había habido intentos de manipulación de los informes climáticos por parte del negacionismo organizado financiado desde grupos de presión fosilistas, pero con el último Informe del IPCC, el sexto, la situación ha dado un vuelco, lo que supone una “nota de honor”, dentro del contexto científico, por usar una expresión de Turiel y Bordera. Temerosos de las inercias, y de que nos estemos peligrosamente acercando cada vez más un punto de no retorno, “los que saben” han decidido actuar y se han impuesto pasar a la acción.

Así, el 23 de junio de 2021 la Agencia France Press filtró parte del contenido del resumen para políticos del Grupo II del IPCC, el encargado de analizar los impactos del cambio climático. La noticia dio la vuelta al mundo, y el titular que más se repetía citaba una frase tan obvia como dura: «La vida en la Tierra puede recuperarse de un cambio climático importante evolucionando hacia nuevas especies y creando nuevos ecosistemas. La humanidad no». Una humanidad expuesta, de manera desigual, a récords de temperatura extraordinarios por todas partes, a eventos climáticos extremos, a inundaciones fuera de toda lógica, tremendos incendios con enormes daños económicos y personales, etc. Entre las diferentes líneas maestras en las que inciden los autores, destacaría alguna.  El crecimiento del consumo de energía y materiales es la causa principal del incremento de gases de efecto invernadero (GEI), pero los desarrollos tecnológicos que permiten mejoras en la eficiencia y el cambio hacia fuentes de energía bajas en emisiones no bastan.

El Informe también subrayaba que el calentamiento global asociado a los distintos escenarios de emisiones publicados oscila entre menos de 1,5ºC y más de 5ºC para el año 2100, en comparación con los niveles preindustriales. Aumentar solo dos grados provocaría una inestabilidad climática imposible de gestionar, y el riesgo para la vida sería enorme. El problema es que la trayectoria actual no solo va directa a sobrepasar esos dos grados, sino que desatará aún más los temidos mecanismos de retroalimentación, que, de no accionar sin dilación los frenos de emergencia del sistema, nos llevarían a un cambio climático ya absolutamente desbocado. Otro aspecto sobre el que inciden también los autores en varios puntos del libro es que aceptar los escenarios de mitigación supone aceptar implícitamente pérdidas del PIB. En el fondo, se admite lo que decía la propia Agencia Europea del Medio Ambiente: la preservación ambiental no es compatible con el crecimiento económico. Los escenarios antes mencionados no suponen una disminución del bienestar, pero sí un abastecimiento de mejores servicios, según el Informe. Esto es lo que Turiel y Bordera llaman escenario de adaptación al decrecimiento. En otros términos, la única “solución” tanto para la transición energética como para la emergencia climática pasa por asumir que seguir creciendo sin causar más daño es imposible, y en consecuencia hay que planificar una estabilización y/o un decrecimiento de la esfera material. Repartir para vivir bien, pero dentro de los límites. La segunda filtración se refiere al segundo borrador del Grupo III del IPCC, el encargado de las propuestas de mitigación, y afirma, en línea con el anterior, que hay que apartarse del capitalismo actual para no traspasar los límites planetarios. Aquí la duda es: ¿cómo hacemos para que la inevitable transición sea percibida como un beneficio, y no como una renuncia?

No hay otra posibilidad que renunciar al crecimiento indefinido, y el informe filtrado lo menciona. La transición ha de tener en cuenta las diferencias culturales e históricas de emisiones entre países, las diferencias entre el mundo rural y el urbano para no beneficiar a uno sobre otro y, sobre todo, las tremendas y crecientes desigualdades económicas entre los cada vez más pobres y los cada vez más obscenamente ricos. Tal y como subrayan varias veces los autores, o se atajan estas tres dicotomías, o la transición tendrá más enemigos que apoyos y se saboteará a sí misma. A partir de aquí, el mensaje que deja el libro es que es necesario moverse entre la conciencia de la realidad y la activación de la imaginación para proyectar escenarios sociales y ambientales viables, justos y deseados, porque, aunque es otoño, «la vida puede reventar en primavera».

Ese hilo de esperanza lo teje muy hábil y literariamente también Yayo Herrero en el segundo libro objeto de esta reseña, Ausencias y extravíos, porque, tal y como escribe Santiago Alba Rico en el prólogo al libro, la autora «siempre encomienda una tarea, pero señala también una salida; nunca paraliza». El libro está organizado alrededor de seis textos en los que Yayo Herrero expresa y advierte, con rigor ingenieril y placer literario, sobre las contradicciones y los peligros que atraviesan una sociedad que habita un planeta finito inmerso en una profunda crisis civilizatoria.

A la habitual solvencia científica y capacidad pedagógica de la autora, el texto sorprende apareciendo repleto de notables y famosas referencias literarias, uso de términos y de imágenes evocadoras, que hacen aún más amena la lectura y la comprensión del mensaje. Su mapa de advertencias y reflexiones empieza con el “síndrome del astronauta” a través del cual nos describe con acierto una sociedad, la nuestra, que «ha crecido y se ha expandido en ausencia de gravedad y extravío del equilibrio, pero ahora, en esta fase de aterrizaje forzoso al que nos aboca la crisis ecosocial, se ve obligada a reducir abruptamente el tamaño que adquirió en condiciones artificiales». Tomar tierra, concluye el primer texto, representaría pues una “insurrección cultural”.

El segundo capítulo del libro nos recuerda que si perdemos el miedo nos alejaremos también del valor, y esto sería una forma de locura y el peor de los errores. Herrero, frente a la anestesia del capitalismo y la doctrina del shock, que insinúa un terror paralizador, revindica el carácter saludable del miedo como primera condición del valor y el impulso al coraje.

En el capítulo tres, a través de la novela El bosque infinito, nos habla de la no percepción de los límites, de un horizonte hasta el infinito que genera la visión de un ser humano autótrofo, no vulnerable, no interdependiente. En ausencias de límites físicos, las matemáticas se extravían y nos alejan de la reivindicación de restar y dividir (un ejercicio de amor), imponiendo solo sumas y multiplicaciones.

Con el abandono de los lazos, se extravía el conocimiento, nos recuerda Herrero en el cuarto capítulo, y manifiesta la exigencia de “crear” una ciencia natural y, sobre todo, social que piense en la naturaleza desde dentro, sin intentar dominarla, aliándose con ella. Unas ciencias terrícolas capaces de desacelerar los excesos cometidos por la propia ciencia “alienígena”.

Las últimas partes (la quinta y la sexta) que componen el libro contienen, en mi opinión, junto con el primer capítulo, las aportaciones más profundas y románticamente rebeldes de todo el texto. En el capítulo cinco, la autora vincula la ausencia de la memoria al extravío de la imaginación. Sin memoria, no se pueden volver a pasar las cosas por el corazón, anticipar el futuro y procesar las respuestas precisas. Sin imaginación no es posible anticipar futuros deseables. Memoria, imaginación, sentimientos, empatía y atención llegan a ser las piezas fundamentales porque sin ellos, no hay cuidado, ni precaución, ni moral, ni política, ni derechos. En ausencia de la memoria disminuyen las posibilidades para distinguir lo bueno de lo malo, lo útil y lo desmesurado, lo bello y lo monstruoso. En definitiva, la memoria es rescate, nos dice la autora. Sin asomarnos a la memoria, el pasado es un ancla que impide mirar al futuro.

Finalmente, todo el hilo construido y los nudos desenredados por Herrero a través de las primeras cinco entregas culminan en una advertencia fundamental que la corrupción y las falsas promesas del capitalismo nos hace olvidar: si se renuncia a la responsabilidad, se renuncia al mismo tiempo a la esperanza. Y esto no nos lo podemos permitir. Así, explorando y usando de manera impecable la magnífica obra de Mary Shelly, Frankestein, la autora evidencia con toda claridad el gran problema de nuestro tiempo. La sociedad de la desmesura que no se responsabiliza de las consecuencias de sus actos, que huye de los problemas y los conflictos y se desespera cuando le estallan en la cara. Sin responsabilidad no existe fuerza, potencia y capacidad de hacer. La ausencia de responsabilidad se convierte pues, como en Frankestein, en desamor. La idea que nos deja la autora al final del libro dice así: «responsabilidad y esperanza activa contra los monstruos del desamor». Esta frase cierra el mapa que nos puede guiar para ser conscientes de lo que aún podemos hacer y cómo hacerlo para que nuestra sociedad de alienígenas se convierta en terrícola. Herrero nos enseña, pues, que solo sintiendo, aunque dolorosamente, esas ausencias dentro de nuestra sociedad, encontraremos la vía para rescatar el extravío de la cordura común.

Reseña elaborada por Monica Di Donato, miembro de FUHEM Ecosocial y publicada en el número 158 de la revista Papeles de relaciones ecosociales y cambio global.


El malestar civilizatorio

Artículo de Víctor M. Toledo publicado en la sección A FONDO, del número 158 de la revista Papeles de relaciones ecosociales y cambio global que parte de un principio nodal: que la sucesión de crisis de las últimas décadas en realidad responde a una crisis de civilización, una idea que fue propuesta por el autor y otros pensadores hace casi tres décadas. Este ensayo describe, con base a la evidencia científica más actual, un panorama de la crisis de la civilización moderna; y adelanta algunas directrices de utilidad para remontarla.

Cada día que pasa, el mundo empeora inexorablemente y no se ve de qué manera este fenómeno de degradación y deterioro logrará ser detenido y remontado. La humanidad ha perdido el control sobre el gigantesco experimento que ella misma desencadenó y que parece conducirle a una catástrofe. La velocidad de los cambios más el aumento de la incertidumbre y de los fenómenos inesperados contribuyen a generar un estado de preocupación que se ha vuelto normal, y esto a su vez genera un malestar generalizado. Contra lo que supone la inmensa mayoría, por ignorancia o por desdén, estamos ya en la hora de las definiciones y de las decisiones que habrán de determinar el destino de la humanidad. Y este reconocimiento, que hoy es decisivo, constituye el reto principal. El primer paso para superar una crisis consiste en reconocerla en todas sus dimensiones.

Este ensayo parte de un principio nodal: que la sucesión de crisis de las últimas décadas en realidad responde a una crisis de civilización, una idea que fue propuesta por el autor y otros pensadores hace casi tres décadas. 1 El mundo moderno basado en el capitalismo, la tecnociencia, el petróleo y otros combustibles fósiles, el individualismo, la competencia, el patriarcado, y la ilusión de la democracia representativa, lejos de procrear un mundo en equilibrio está llevando a la especie humana, a los seres vivos y a todo el entramado planetario hacia un estado caótico. Pensamos igualmente que reconocer la magnitud de lo que significa una crisis de civilización –un fin de época– no solamente alivia el estado de preocupación, sino que ayuda a comprender mejor el mundo en que vivimos, e induce a tomar decisiones correctas tanto a nivel individual como colectivo. Por lo anterior, este ensayo: (1) describe, con base a la evidencia científica más actual un panorama de la crisis de la civilización moderna; y (2) adelanta algunas directrices de utilidad para remontarla.

 

El advenimiento de la Modernidad

La palabra moderno surgió por vez primera en inglés hacia finales del siglo XVI, y aunque en un principio denotaba la pertenencia a la época presente, lentamente fue mutando para significar «un futuro totalmente diferente al pasado», y más todavía, «un mundo mejor como nunca había existido jamás». El mundo moderno es un invento social de hace apenas unos trescientos años. Un origen difícil de precisar pero que se ubica en algún punto donde confluyen industrialismo, pensamiento científico, mercado dominado por el capital y uso predominante de combustibles fósiles (carbón mineral, petróleo, gas y uranio). El inicio de la ciencia puede fecharse de manera “oficial” en 1662 y 1666, años en que se fundaron las primeras sociedades científicas en Inglaterra (la Royal Society) y Francia (Académie Royal des Sciences). El estreno de un pozo petrolero regurgitando oro negro tuvo lugar el 17 de agosto de 1859 en el sureste de Estados Unidos. La revolución industrial ocurrió en íntima relación con el uso de energía fósil y las innovaciones científicas y técnicas. La primera etapa tiene que ver con el arribo del motor de vapor alimentado de carbón mineral (1784), la segunda con el petróleo que dio lugar al motor de combustión interna y a la electricidad; la tercera con la industria nuclear alimentada de uranio; y la cuarta digital con la robótica, la biotecnología, la inteligencia artificial y los sistemas geoespaciales.

En la perspectiva de la historia de la especie, de unos 300.000 años, la aparición de la era moderna ocurrió en apenas un abrir y cerrar de ojos. En unas cuantas décadas se pasó de un metabolismo solar u orgánico a un metabolismo industrial.2 La crispación que hoy se vive se debe, fundamentalmente, a lo ocurrido en los últimos cien años, un lapso que equivale solamente a menos del 1% de la historia de la especie humana. En el parpadeo del último siglo, todos los procesos ligados al fenómeno humano se aceleraron, incrementando sus ritmos a niveles nunca vistos y generando fenómenos de tal complejidad que la propia capacidad del conocimiento humano ha quedado desbordada.

 

Un mundo de anestesiados

Uno de los rasgos más notables del mundo moderno ha sido su habilidad para crear un mundo ilusorio mediante los medios de comunicación y la propaganda política y mercantil. Es tal el bombardeo al que se encuentra sometida la población humana que quizás como nunca antes los ciudadanos del mundo moderno se encuentran permanentemente anestesiados.

El gran mito es que la especie humana vive hoy en el mejor de los mundos posibles: la Modernidad.

Las anestesias operan ocultando la verdadera imagen de la realidad, obnubilando la percepción. Las anestesias tergirversan los términos, ocultan las palabras, enmascaran los conceptos, ofrecen panoramas falsos y crean un mundo de mitos y dogmas. Anestesiados, los ciudadanos del mundo, incluyendo varios analistas críticos, no alcanzan a formular las preguntas que la realidad exige. El mito mayor es que la especie humana vive hoy en el mejor de los mundos posibles: la Modernidad. En las siguientes secciones mostraremos a partir de datos duros que esto es exactamente lo contrario. Para ello examinaremos tres crisis: la ambiental, la social y la que atañe a la esfera de los individuos.

 

La crisis ecológica

Durante los últimos trescientos años los impactos de las actividades humanas sobre el planeta escalaron de forma dramática, pues se dio el crecimiento cada vez más acelerado de tres procesos: el número de seres humanos, la industrialización, y el uso de combustibles fósiles. Todo ello enmarcado por un régimen económico doblemente explotador que se fue volviendo cada vez más dominante: el capitalismo. El incremento demográfico de la humanidad multiplicó por diez su población entre 1700 (680.000 habitantes) y el 2000 (6.000 millones). La población humana se dobló en cien años (entre 1800 y 1900), luego solo en 70 (1900 a 1970) y casi lo hizo en solamente 50 (de 4.000 millones en 1970 a 7.800 millones en 2020). Solo dos engendros modernos de nuestra especie alcanzan ese ritmo: los autos y las reses.

Por este conjunto de acciones, la humanidad ha alterado dramáticamente los ciclos biogeoquímicos, climáticos y del agua, ha afectado el equilibrio de los mares (por la sobrexplotación pesquera y la contaminación de los plásticos), y de los bosques y selvas (por la deforestación), y ha puesto en peligro de extinción a miles de especies de animales y plantas. Estos procesos se encuentran, por supuesto, interconectados y generan sinergias que aceleran los desequilibrios. De todo lo anterior, lo más preocupante es la crisis del clima porque desencadena fenómenos inesperados (Cuadro 1) tales como inundaciones, huracanes, ciclones y tifones, temperaturas extremas, sequías, incendios forestales, derretimiento de glaciares y afectaciones a la biodiversidad. A lo anterior debe sumarse la introducción de sustancias desconocidas en la naturaleza producto de la industrialización. Se estima que unas 350.000 nuevas sustancias se han introducido durante la era industrial, tales como metales pesados, plásticos, plaguicidas y antibióticos, cuyos efectos se desconocen en la mayoría de los casos. La cantidad de nuevas sustancias que entran cada año al espacio planetario supera por mucho la capacidad científica para su análisis y monitoreo. La producción de nuevas sustancias químicas se multiplicó por 50 entre 1950 y la actualidad y se triplicará para el 2050.

 

Cuadro 1. Datos básicos del Informe del IPCC 2021

Fuente: IPCC, 2021.3

 

La crisis social

Aunque el número de estudios sobre la desigualdad social y la concentración de la riqueza se multiplican día a día, las dos fuentes más reconocidas sobre el tema la constituyen el Laboratorio sobre la Desigualdad Mundial (World Inequality Lab), con sede en París, Francia, y los reportes de Oxfam Internacional.4 A lo anterior debe sumarse el estudio realizado por un grupo de teóricos de los sistemas complejos, quienes utilizando teoría de redes analizaron las relaciones de 43.000 corporaciones trasnacionales, llegando a la conclusión que 1.318 compañías controlan el 60% de la economía del planeta y que solo 147 de ellas manejan el 40% del flujo económico global.5

El Laboratorio sobre la Desigualdad es una iniciativa del economista francés Thomas Piketty, autor del libro El Capital en el Siglo XXI, traducido a numerosos idiomas, y de otras obras, iniciada hace veinticinco años. Los datos y análisis del Laboratorio, que actualmente es dirigido por un colectivo, se basan en el trabajo de más de 100 investigadores a partir de una base de datos. Esta vasta red colabora con instituciones estadísticas, autoridades fiscales, universidades y organizaciones internacionales para armonizar, analizar y difundir datos internacionales comparables en una perspectiva histórica.

El último reporte de este colectivo -World Inequality Report 2022- consigna la situación siguiente: el 10% más rico disponía del 52% de los ingresos y del 76% de la riqueza, la clase media del 39,5% y del 22%, y el sector empobrecido de solo el 8,5% y del 2%. Nótese que este último segmento representa nada menos que la mitad de la población humana, unos ¡3.900 millones! Cuando estas cifras se comparan con las del pasado se observa no solo que son peores que a principios del siglo XX, cuando los imperios europeos alcanzaban un dominio máximo, sino con los de 1820. Si los pobres de hoy disponen del 8,5% del ingreso global, en 1820 poseían el 14%, con la salvedad de que aquellos eran algo más de 1.000 millones y hoy los desposeídos casi cuatriplican esa cifra. Este panorama se ve confirmado por una fuente contraria: la Pirámide Global de la Riqueza 2020, que anualmente publica el Credit Suisse con el objetivo de festejar, soberbia y cínicamente, el aumento de multimillonarios en el mundo. Según el banco suizo el panorama actual es peor. El 12% más rico dispone del 84,8% de la riqueza mundial, la clase media del 13,7% y los pobres de solamente el 1,3%. La idea de que vivimos un mundo cada vez más justo es una fantasía alimentada por miles de voceros. La evidencia científica desenmascara la verdadera situación y remonta una visión que anestesia por medio de la propaganda.

 

Figura 1. La pirámide de la riqueza global en 2021

 

Fuente: James Davies, Rodrigo Lluberas y Anthony Shorrocks, Credit Suisse Global Wealth Databook 2021.

 

Por su parte, los informes de Oxfam Internacional ponen al descubierto la cruda realidad con datos duros. Por ejemplo, que cada 26 horas surge un nuevo multimillonario en el mundo, mientras las desigualdades aumentan. En su último informe la organización afirma que las desigualdades contribuyen a la muerte de al menos 21 personas al día, o dicho de otra manera, de una persona cada cuatro segundos. Se trata de estimaciones basadas en el número de muertes causadas a nivel global por la falta de acceso a servicios de salud, la violencia, el hambre y la crisis climática. Todo ello se ha visto acelerado en estos dos años de la pandemia de la COVID-19.

Durante la COVID-19, los diez hombres más ricos del mundo duplicaron su fortuna, que ha pasado de 700.000 millones a 1,5 billones de dólares

Los diez hombres más ricos del mundo duplicaron con creces su fortuna, que ha pasado de 700.000 millones de dólares a 1,5 billones de dólares (a un ritmo de 15.000 dólares por segundo, o lo que es lo mismo, 1.300 millones de dólares al día) durante los primeros dos años de una pandemia que habría deteriorado los ingresos del 99% de la humanidad y que ha empujado a la pobreza a más de 160 millones de personas.

 

¿Antropoceno o Capitaloceno? Un dilema central

La crisis global fue conceptualizada por el geólogo Paul Crutzen (1933-2021), Premio Nobel 1995, en dos cortos artículos6 al declarar a nuestra época como la del Antropoceno, la era en la que los impactos de la especie humana sobre el planeta le convirtieron en una nueva “fuerza geológica”. Ello dio lugar a cientos de publicaciones y decenas de libros y confirmó en la academia y en la opinión pública el dogma biologista de la culpabilidad total de la humanidad o de la especie, más allá de las particularidades económicas, sociales, culturales, históricas o de género. La humanidad, convertida en una entidad abstracta o en un todo indiferenciado, quedó convertida de golpe en la gran culpable del desastre ecológico.

Hoy, dos décadas después, existen suficientes evidencias de investigadores de las ciencias sociales y de las humanidades que no solo matizan la idea del Antropoceno, sino que la cuestionan contundentemente. Debemos al  historiador Jason W. Moore con su obra El Capitalismo en la Trama de la Vida,7 el desarrollo teórico de un concepto alternativo: el de Capitaloceno. Ya no es la humanidad la causante de la tremenda crisis ecológica actual sino las relaciones que el capitalismo ha construido e impuesto entre los seres humanos y entre estos y la naturaleza.8

Un recuento de cómo se originó la crisis climática9 demostró que esta surgió en Inglaterra al calor de la revolución industrial y en los países más industrializados. Hacia 1825 Inglaterra emitía el 80% del CO2 global y en 1900 con los Estados Unidos contribuían con el 60%. Entre 1850 y hoy los culpables históricos de la crisis climática son Estados Unidos (40%), Unión Europea (29%), y Canadá, Japón, Australia y el resto de Europa (19%). Todo Latinoamérica, África y el Medio Oriente apenas representan el 8%. Similarmente las elites con su consumo exagerado y despilfarrador son los principales causantes de la crisis. Las emisiones del 1% más rico son mil veces mayores que los de la población más pobre. Al mismo tiempo, se ha descubierto que la crisis se disparó a partir de 1950 en una fase ya conocida como la Gran Aceleración.10 Durante estas siete décadas se dio la multiplicación vertiginosa de máquinas, edificios, carreteras, presas, minas, centrales nucleares, automóviles, ganado, refinerías, papel, teléfonos, fertilizantes, plásticos, etc. La crisis no es entonces antropogénica sino capitalogénica. Hablar de Capitaloceno y no de Antropoceno es entonces una cuestión de justicia histórica.11

Concluyendo: «El Antropoceno contribuye a una historia fácil. Fácil porque no desafía las desigualdades naturalizadas, la alienación ni la violencia inscritas en las relaciones estratégicas de poder y producción de la modernidad. Se trata de un cuento fácil de contar, en la medida en que no nos exige pensar en absoluto sobre dichas relaciones. El mosaico de la actividad humana en la trama de la vida se reduce a una Humanidad abstracta: unidad homogénea de acción. La desigualdad, la mercantilización, el imperialismo, el patriarcado, las formaciones raciales, y mucho más, han quedado en gran medida fuera de consideración. Estas relaciones son, en el mejor de los casos, reconocidas, pero como apéndices a posteriori al marco del problema».12

 

El Capitaloceno y el impacto de las corporaciones

No hay mejor comprobación de la existencia del Capitaloceno que los impactos que las corporaciones provocan tanto en el mundo natural como en los seres humanos. En efecto, hoy vivimos y sufrimos la era del capital corporativo en la que unas cuantas decenas de corporaciones transnacionales monopolizan y controlan los mercados globales de las principales actividades humanas. La escala a la cual estas corporaciones operan y la velocidad con la que se multiplican y expanden no tiene precedente en la historia. Un puñado de corporaciones tiene una influencia directa o indirecta sobre el equilibrio de los océanos, la atmósfera y los mayores ecosistemas terrestres, afectando funciones claves, como la regulación del clima global. En efecto, setenta y cinco corporativos mineros dominan la extracción de platino, paladio, cobalto, niquel, hierro, cobre, zinc, plata y oro; treinta monopolizan la producción de petroleo, gas y cemento, y diez la de papel. Trece compañías dominan la captura pesquera marina y cinco las granjas de salmón.

Los monopolios alcanzan su máxima expresión con los alimentos. Tres compañías dominan los agroquímicos (Syngenta, Bayer y Basf), las semillas (Monsanto, Dupont y Syngenta) y la maquinaria y equipo agrícolas (Deere, CNH y AGCO); y seis controlan el 75% de los plaguicidas (Syngenta, Bayer, Basf, Dow Agro, Monsanto y Dupont). Similarmente seis corporativos o sus fusiones controlan el 100% de los cultivos transgénicos que hoy se siembran (soya, maíz y algodón) en 190 millones de hectáreas en 29 países (Estados Unidos, Brasil, Argentina, etc.). Todo cultivo transgénico esta obligado a usar el glifosato, el herbicida catalogado como cancerígeno por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Actualmente los cultivos de soya y maíz transgénicos en Sudamérica han provocado la mayor destrucción de la biodiversidad de que se tenga memoria al convertir 80 millones de hectáreas de vegetación tropical y sus innumerables especies de flora y fauna en un monocultivo, una catástrofe biológica de la que no hablan las mayores organizaciones internacionales de conservación y ambientalismo. En paralelo está el caso de la comercialización y transformación de los alimentos; solo tres compañías dominan el cacao, el plátano y las semillas, cinco las del aceite de palma, y seis la de la carne (JBS, Tyson Food, Cargill, BRT, Vion y Nippon Meat).

No hay mejor comprobación de la existencia del Capitaloceno que los impactos que las corporaciones provocan en e mundo natural y en los seres humanos

La explotación del trabajo humano se hace evidente cuando se revisan las cadenas de suministro de alimentos, en la que los productores se quedan con un mínimo porcentaje del precio final del producto. El drama del chocolate resulta patético, pero ilustra lo que sucede en la mayoría de los casos.13 Un total de cinco millones de familias campesinas de Ghana y Costa de Marfil representando una población de 30 millones cultivan la mayor parte del cacao que es la base de la industria chocolatera. Es un sector que vive en general en la miseria. Los compradores, comercializadores y especialmente cuatro firmas industriales (Barry Callebaut, Cargill, ADM y Blommer) se quedan con la mayor parte de las millonarias utilidades que genera la semilla de esta planta.

Finalmente, en el sector financiero, Russia Today reveló que cuatro gigabancos oligopólicos controlan al mundo de las finanzas (The Big Four): Black Rock, State Street, FMR (Fidelity) y Vanguard. Tres gigabancos controlan 22 billones de dólares en activos, poco menos de los casi 24 billones de dólares del PIB de Estados Unidos. Si agregamos los activos del cuarto (Fidelity) por 4,9 billones, su capital ¡supera el PIB de Estados Unidos!

 

El pecado capital de la civilización moderna

 La modernidad no solo ha convertido al mundo en un gigantesco casino, sino en el mayor carnaval de los siete pecados capitales (soberbia, avaricia, lujuria, ira, gula, envidia y pereza) de toda la historia, todo lo cual ha llevado a la humanidad a una crisis global con su entorno planetario que amenaza su propia existencia. ¿Es que hay un pecado colectivo por encima de esos siete? La respuesta es afirmativa, y es aquí donde entra en escena la ciencia. Se trata de la paleoclimatología que estudia las características climáticas de la Tierra a lo largo de su historia. La paleoclimatología emplea multiplicidad de técnicas para deducir los climas del pasado: los registros fósiles, las acumulaciones de sedimentos en los lechos marinos, las burbujas de aire capturadas en los glaciares, las marcas erosivas en las rocas y las marcas de crecimiento de los árboles y de los anillos de corales.

Si bien existe un registro del clima desde hace 500 millones de años, los datos más confiables se dan para los ultimos ¡800.000 años!, que es al final de cuentas lo que más interesa pues el Homo sapiens existe desde hace 300.000. Durante los últimos 420.000 años se dieron cuatro periodos glaciales (temperaturas bajas) y cinco periodos interglaciales (temperaturas altas), incluyendo el actual en la que se hemos podido disfrutar de un clima benigno por al menos 11.000 años (Figura 2). Durante ese periodo la cantidad de dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera osciló con regularidad entre las 180 y las 300 partes por millón (ppm)… hasta 1950 (Figura 3). A partir de esa fecha el CO2 ha aumentado año a año hasta llegar a los alarmantes 410 ppm en 2018 y 421 ppm en 2022, y este solo factor es lo que ha provocado la crisis global del clima. La civilización industrial ha roto peligrosamente un equilibrio de escala geológica.

 

Figura 2. Reconstrucción de las temperaturas globales para los últimos 420.000 años

 Fuente Petit, et al., 1997.14

 

Figura 3. Concentración de CO2 en la atmósfera y su correlación con la temperatura en la Antártica para los últimos 300.000 años

 

Fuente: Climate Change Data Driven

Para superar esta situación de emergencia, quienes dirigen el mundo deben aceptar su “pecado” para buscar remontarlo mediante mecanismos que detengan el desbalance.

Y he aquí que los seres modernos, soberbios, prepotentes, individualistas, materialistas y hedonistas que ha engendrado la civilización industrial están incapacitados para hacerlo.

¿Cómo evitar el camino al desastre con los seres soberbios que hoy dirigen al mundo? ¿Cómo lograrlo con individuos dedicados ciegamente a buscar el poder político y/o económico?

Esta crisis individual o existencial opera también como un ingrediente invisible pero determinante de la crisis civilizatoria, y deja atrás dos actitudes humanas que marcaron la mayor parte de su historia: la humildad ante una “inteligencia superior” y, consecuencia de lo anterior, fraternidad, ayuda mutua, solidaridad, es decir, altruismo.

¿Cómo evitar el camino al desastre con individuos dedicados ciegamente a buscar el poder político y/o económico?

En esta dicotomía destaca la idea de una madre naturaleza, una visión heredada de los pueblos indígenas, que va ganando ascenso entre los ciudadanos del mundo y que parece ser la ruta que mueve a la acción y que alimenta la esperanza. Se trata de una nueva forma de espiritualidad (no de religiosidad) que acepta la existencia de una inteligencia superior.

Aquí surge de inmediato la filosofía del llamado Buen vivir que permaneció oculto por siglos, y que aparece indisolublemente ligado al mundo tradicional o de los pueblos indígenas. Este concepto es intrínseco a los 7.000 pueblos indígenas con solamente unos 400 millones de habitantes, pero cuyos territorios –se acaba de demostrar– equivalen nada menos que a la cuarta parte del planeta.15 Buscar el buen vivir es adoptar una ética de lo colectivo, de la comunalidad, en la que el comportamiento del individuo está marcado por el equilibrio consigo mismo, con los otros, con la naturaleza y con la inmanencia o esencia cósmica. También recupera la memoria de la especie y una conducta hacia la convivencia y al bien común. Hoy, el concepto del Buen vivir se está convirtiendo en una alternativa real a la crisis del mundo moderno, que induce a los ciudadanos a practicar una política por la vida.

 

Directrices hacia una nueva civilización

Que la crisis global es una crisis de civilización se ha hecho más evidente con la confluencia de la pandemia de la COVID-19, la crisis ecológica de escalas local, regional, nacional y global, la amenaza latente de una guerra nuclear, y la desigualdad social tocando su máximo nivel en la historia. Es obvio que se requiere una transformación radical en todos los ámbitos de la vida social, y la primera es aceptar que no estamos frente a un simple cambio económico, tecnológico o cultural, sino ante una transformación civilizatoria.

Este ensayo ha sido dedicado a describir la crisis del mundo moderno y debería abocarse a señalar cómo superarla. Esa tarea desborda los objetivos de este artículo. Sin embargo, si es posible trazar de manera preliminar un conjunto de directrices que surgen como respuestas, casi obvias, a las principales problemáticas abordadas.

Diez son los temas claves:

1. La reaparición de la naturaleza como la actriz principal en todos los ámbitos, pero sobre todo en el mundo de la política, y consecuencia de lo anterior:

2. La restitución de una conciencia de especie en los ciudadanos, es decir, la adopción de una perspectiva que les permite entender los fenómenos globales, en el tiempo y en el espacio, y los mueva a la acción.

3. La recuperación de la espiritualidad (cooptada desde hace dos mil años por los grandes monoteísmos) en todas las esferas de la vida social.

4. El resurgimiento de la comunalidad, es decir, del instinto social o colectivo, marginado o excluido por la sociedad moderna dedicada a impulsar el individualismo y la competencia entre individuos.

5. El empoderamiento de lo social (la sociedad civil) frente al poder político (partidos y gobiernos) y al poder económico (empresas, corporaciones y mercados).

6. La gobernanza desde abajo, esto es, la puesta en marcha de la democracia radical o participativa y la disolución súbita o gradual de la democracia representativa o electoral.

7. La re-conquista de los territorios, es decir, las comunidades locales y municipales ejerciendo control sobre los procesos en el espacio que habitan y/o usufructúan.

8. La sustitución de las grandes empresas y corporaciones por cooperativas y empresas familiares y de pequeña escala (economía social y solidaria). Las cooperativas, donde no existen patrones y trabajadores sino solamente socios, hoy alcanzan un número cercano a los tres millones, con mil millones de miembros.16

9. La politización de la ciencia y la tecnología y su cambio de orientación hacia la justicia ambiental y social. Todo ello debería reorientar toda la acción humana (praxis)

10. La búsqueda del Buen vivir (la felicidad), como lo han demostrado los pueblos indígenas del mundo, y desechar los dogmas modernos del desarrollo, el progreso y el crecimiento.

Víctor M. Toledo Manzur ha sido secretario de Medio Ambiente y Recursos Naturales de México entre mayo de 2019 y agosto de 2020 en el gobierno de Andrés Manuel López Obrador y es doctor en ciencias e investigador de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), donde ha impulsado estudios
interdisciplinares bioculturales.

 

NOTAS

1 Víctor M. Toledo, «Modernity and Ecology: the new planetary crisis», Capitalism, Nature, Socialism, 4 (4), pp. 31-48, 1993,

2 Manuel González de Molina y Víctor M. Toledo, The Social Metabolism, Springer, 2013.

3 Valérie Masson-Delmotte et al., Climate change 2021: The Physical Science Basis: Contribution of Working Group I to the Sixth Assessment Report of the IPCC, Cambridge University Press, Cambridge (Reino Unido) y Nueva York (EEUU), 2021

4 Nabil Ahmed et al., Inequality Kills, Oxfam International, 2022.

5 Vitali, James Glattfelder y Stefano Battiston, «The network of global corporate control». PLoS ONE 6, e25995, 2011.

6 Paul J. Crutzen, y Eugene F. Stoner, «The “Anthropocene”», IGBP Newsletter 41, pp. 17-18, 2000; Paul J. Crutzen, P.J. 2002. «Geology of mankind», Nature, 415, 23, 2002. Disponible en: https://www.nature.com/articles/415023a

7 Jason W. Moore, El capitalismo en la trama de la vida, Traficantes de sueños, Madrid, 2020 [2015].

8 Véase también Jason W. Moore (ed.), Anthropocene or Capitalocene? Nature, history and the crisis of capitalism, Oakland, PM Press, 2016.

9 Francisco Serratos, El Capitaloceno, UNAM and Festina Ediciones, 2021. Disponible en: https://m.facebook.com/librosunam/posts/4668363813178133?locale2=cs_CZ

10 John R. Mc Neill y Peter Engelke, 2016. The Great Acceleration: An Environmental History of the Anthropocene since 1945, Harvard University Press, 2016.

11 Serratos, 2021, op. cit.; Omar Ernesto Cano-Ramírez, «Capitaloceno y adaptación elitista», Ecología Política 53, pp. 101-120, 2017.

12 Moore, 2020, op. cit, p. 202.

13 Véanse los excelentes documentales de ROTTEN sobre cacao, azúcar, agua, aguacate y uva en Netflix, disponible en: https://www.netflix.com/mx/title/80146284.

14 Jean-Robert Petit et al.,«Four climate cycles in Vostok ice core», Nature 387, pp. 359-360, 1997.

15 Stephen T. Garnett et al, «A spatial overview of the global importance of indigenous lands for conservation», Nature Sustainability 1, pp. 369-374, 2018.

16  World Cooperative Monitor 2020.


Conservación radical: extravíos y nuevas direcciones

El mundo está perdiendo biodiversidad a un ritmo alarmante. Actualmente, se está extinguiendo un número récord de especies, alterando indeleblemente el carácter de los ecosistemas y empobreciendo la comunidad de vida de la Tierra.

La magnitud del impacto, junto con otras grandes crisis como el cambio climático, ha llevado a muchos científicos a anunciar una nueva era geológica, el Antropoceno. Puede que este término tan controvertido no sea la forma más precisa de describir nuestro momento actual, pero la necesidad urgente de un cambio transformador se hace más evidente con cada especie que se pierde.2

La comunidad conservacionista mundial, empujada por esta grave realidad, lanza llamamientos y advertencias cada vez más fuertes. El Fondo Mundial para la Naturaleza recientemente ha declarado sin ambages que «nuestra relación con la naturaleza está truncada». Algunos académicos hablan de "aniquilación biológica" para describir la crisis3 principales organizaciones reconocen que la crisis no está llegando, sino que ya está aquí.

Nos encontramos en este marasmo no por falta de un esfuerzo global de conservación amplio y bien financiado. De hecho, es posible que muchas personas sigan sintiendo alivio porque, al menos en el caso de la crisis de la biodiversidad, existen importantes instituciones y marcos políticos que tratan de resolverla. Sin embargo, existe una contradicción inquietante: en las últimas décadas, la crisis de la extinción se ha acelerado a pesar del éxito del principal pilar de las estrategias convencionales: la ampliación de las áreas protegidas. Por lo tanto, duplicar los enfoques convencionales de conservación será insuficiente para cambiar nuestra peligrosa trayectoria en pro de un futuro sostenible. Al no abordar las fuerzas subyacentes que impulsan la crisis de la biodiversidad,

De hecho, podría decirse que los enfoques convencionales son parte del problema. Para entender por qué, debemos tener claro el significado de "conservación convencional". El paradigma dominante tiene sus raíces en el modelo de "fortaleza" que surgió en Norteamérica a finales del siglo XIX y principios del XX y que pretendía proteger las áreas naturales de los impactos de la rápida industrialización, permitiendo al mismo tiempo que dicha industrialización continuara en otros lugares. Así, desde el principio, la corriente principal de la conservación ha estado entrelazada con las causas sociales y filosóficas fundamentales de las crisis globales contemporáneas: los impactos de la insaciable sed de crecimiento económico del capitalismo y una respuesta que entiende la naturaleza y la cultura como algo dicotómico. En lugar de desafiar el orden capitalista expansivo, el movimiento conservacionista acordonó los espacios para la recreación (de las élites) mientras ampliaba los usos de la biodiversidad para el crecimiento económico mediante su conversión en "capital natural".

La relación entre la corriente principal de la conservación y el capitalismo se profundizó a principios de la década de 1990 con el ascenso del discurso del "desarrollo sostenible". Cediendo al culto hegemónico de los beneficios y el mercado, los conservacionistas empezaron a argumentar que la forma más eficaz de proteger la naturaleza era darle un valor monetario. Al revelar su valor económico, se esperaba proteger la naturaleza mediante instrumentos de mercado que incluían el ecoturismo, los pagos por servicios de los ecosistemas, etc. Las ONG y las organizaciones intergubernamentales mundiales establecieron asociaciones con empresas multinacionales para avanzar en el supuesto objetivo compartido de la conservación; al mismo tiempo, esas mismas empresas continuaron extrayendo, emitiendo e invadiendo.

Ahora bien, se podría argumentar que sin todos estos esfuerzos por reservar zonas protegidas y crear conciencia capitalista del valor de la naturaleza, las crisis de la biodiversidad podrían haber sido aún peores. Pero esto ofrece poco consuelo mientras la crisis de extinción se acelera. De hecho, al enmascarar las causas más profundas de la crisis, la corriente acomodaticia ha retrasado la aparición de la conciencia política y económica fundamental para frenar las causas subyacentes de la pérdida de biodiversidad. Ya es hora de quitarse la máscara y replantearse radicalmente la filosofía y la práctica de la conservación.

 

¿Alternativas radicales o paradigmas defectuosos?

En respuesta a la urgencia de la crisis de la extinción y a la insuficiencia de las respuestas del statu quo, varios grupos conservacionistas han abogado por nuevas e importantes iniciativas para transformar la corriente principal de la conservación. Muchas de las voces más destacadas se sitúan en uno de los dos campos de reformistas: "nuevos conservacionistas" o "neoproteccionistas". Los nuevos conservacionistas abogan por abandonar la idea de una naturaleza "prístina" y, en su lugar, aprender a vivir de forma constructiva con la naturaleza y utilizarla para el desarrollo humano. Los neoproteccionistas proponen ampliar de forma masiva las áreas protegidas a nivel mundial, sobre todo a través de la iniciativa 30x30, que pretende proteger el 30% de la tierra para 2030.4 Aunque ofrecen ideas importantes y pretenden abordar las causas fundamentales de nuestra crisis de extinción, ambos enfoques adolecen de defectos fundamentales que anulan su potencial para proporcionar una base para la acción transformadora.

Los nuevos conservacionistas (o "ecomodernistas"), en su haber, rechazan la dicotomía naturaleza-cultura que trata el mundo natural como un lugar "allá" que hay que proteger, en lugar de la base viva de toda la vida, incluida la humana. Los ecosistemas siempre cambian, argumentan, y en el Antropoceno, los humanos deben averiguar cómo vivir en la tierra y gestionarla como un "jardín bullicioso". Este bando acoge la crítica de los científicos sociales de que los proyectos de conservación no deben perjudicar a las personas de su entorno, como las desplazadas por la creación de áreas protegidas. Por el contrario, estos esfuerzos deben diseñarse para beneficiar a las comunidades locales y abordar las causas sociales y económicas subyacentes de la pérdida de biodiversidad, o arriesgarse a fracasar. Pero la nueva conservación socava este núcleo de sabiduría al reforzar, en lugar de resistir, la economía política dominante y defender las "soluciones" basadas en el mercado, como los servicios ambientales y la valoración del capital natural, que en última instancia acomodan la conservación al capitalismo. Si el expolio de la naturaleza se debe en buena medida a las depredaciones del capitalismo, ¿cómo puede ser más capitalismo el camino hacia un futuro sostenible, a pesar de las afirmaciones optimistas sobre las innovaciones a pesar de todo?5

El enfoque neoproteccionista es el inverso de la nueva conservación. Mientras que la nueva conservación rechaza la dicotomía naturaleza-cultura, los adoctrinadores neoproteccionistas afirman la división y se ponen del lado de la naturaleza. Creen que la única manera de evitar el colapso de los ecosistemas que sustentan la vida en la Tierra es proteger la naturaleza de las personas. Suelen rechazar los planes de conservación basados en el mercado por considerarlos perjudiciales o inadecuados, y en su lugar presentan propuestas ambiciosas para devolver hasta la mitad de la Tierra a la "naturaleza". En particular, también piden que se impongan límites estrictos a las poblaciones humanas, al consumo y al crecimiento económico.6 Así, a diferencia de la nueva conservación, muchos neoproteccionistas critican el capitalismo contemporáneo, ya sea implícita o explícitamente.

La visión neoproteccionista de acordonar inmensas franjas de la tierra implicaría un desplazamiento humano sin precedentes por la vía de la fuerza.

Sin embargo, el defecto del neoproteccionismo es la fe poco realista en la posibilidad de identificar nuestra salida del problema. La larga historia del capitalismo de transgredir las propias fronteras que crea sugiere que cualquier separación de este tipo sería, en el mejor de los casos, temporal. Pero incluso si la expansión capitalista pudiera contenerse, la visión neoproteccionista de acordonar inmensas franjas de la tierra implicaría un desplazamiento humano sin precedentes por la vía de la fuerza. Históricamente, la creación de áreas protegidas ha exigido a menudo la reubicación forzosa de las comunidades indígenas, eliminando así a las mismas personas cuya gestión de la tierra hizo que las áreas fueran atractivas para los conservacionistas.

La adopción de los principales elementos de estos nuevos marcos señala una "revolución de la conservación" en ciernes. Sin embargo, ninguna de estas perspectivas aborda adecuadamente las raíces socioecológicas de la crisis de la biodiversidad, ni sus políticas ofrecen una alternativa progresista a las políticas convencionales o a la amenaza real de las políticas reaccionarias e imperialistas en todo el mundo. Por ello, necesitamos otro modelo de conservación que rechace tanto el imperativo capitalista de crecimiento como el rígido dualismo que separa a los seres humanos del resto de la naturaleza.

 

Hacia una conservación convivencial

La necesidad de una tercera vía ha inspirado nuestro concepto de conservación convivencial, que puede servir de marco transformador para la conservación en una Gran Transición.7 La diferencia crucial entre la conservación convivencial, la conservación convencional y las otras dos alternativas radicales es que la conservación convivencial parte explícitamente de una perspectiva de ecología política, impregnada de una sólida crítica a la economía política capitalista.8 Su rechazo a la dicotomía naturaleza-cultura y al capitalismo centrado en el crecimiento hace que la conservación convivencial sea más radical que las otras alternativas, pero al mismo tiempo, dada la escala y la urgencia de la crisis y sus causas fundamentales, más realista.

 

 

Fuente: Elaboración propia

 

La premisa subyacente de la conservación convivencial afirma que nuestros graves retos de conservación no pueden superarse sin enfrentarse directamente al capitalismo y a sus arraigadas dicotomías y contradicciones. El marco se basa en una política de equidad, cambio estructural y justicia medioambiental. Apunta directamente a los intereses económicos de las élites mundiales y trasciende la fe tecnocrática de muchos pragmáticos contemporáneos. Y lo que es más importante, se une con entusiasmo al actual auge del cambio estructural sistémico a través de una Gran Transición. Se solidariza con los movimientos locales e indígenas que buscan restaurar y reinventar formas convivenciales de sostenibilidad que conecten a los seres humanos con el resto de la naturaleza.9 La conservación convivencial adopta esta visión más amplia, afirmando que el éxito en el ámbito de la conservación requiere confrontar y transformar la economía política global general en la que está inserta.

Nuestros graves retos de conservación no pueden superarse sin enfrentarse directamente al capitalismo y a sus arraigadas dicotomías y contradicciones

El paradigma de la conservación convivencial exige un cambio en la forma de abordar la conservación, tanto en el discurso como en la práctica. En primer lugar, debemos cambiar la forma de conceptualizar la naturaleza y reincorporar las "áreas protegidas" a su entorno social, político y ecológico. Debemos dejar de proteger la naturaleza no humana de los humanos, y en su lugar promover activamente formas de vivir juntos con todas las complejidades que ello conlleva, es decir, dejar de considerar la naturaleza como "áreas protegidas" distantes y comprometernos con ellas como "áreas promocionadas". Ya no debemos vernos a nosotros mismos como "salvadores" de la naturaleza, sino que debemos insistir en alimentar formas en las que la naturaleza humana y no humana puedan prosperar juntas. Debemos cuestionar la visión de la naturaleza humana que nos impone la corriente económica dominante: una visión que nos considera separados del resto del mundo natural y que se centra de forma egoísta en la maximización del beneficio. Debemos enmarcar la naturaleza humana como algo que nos predispone a conectar positivamente con la vida no humana y a crear un espacio para ella, considerando las necesidades y deseos materiales dentro del contexto más amplio de los aspectos cualitativos de la realización.

En segundo lugar, debemos revisar la forma en que experimentamos el medio natural. La crisis de COVID-19 demuestra que depender del turismo insostenible y poco fiable y de otros mecanismos basados en el mercado para financiar los ecosistemas que mantienen la vida y la biodiversidad es ilusorio. Esta comprensión también significa que debemos pasar de un ambientalismo "del espectáculo" a uno cotidiano. Sí, las naturalezas espectaculares –ya sea la majestuosidad de una cascada amazónica o el dolor del oso polar amenazado por el clima– venden, pero son una parte minúscula de todas las variadas naturalezas "cotidianas" más mundanas de las que depende nuestra supervivencia a largo plazo.

Por último, de esa nueva forma de pensar e interactuar con la naturaleza debe surgir una nueva manera de gobernar nuestra relación con ella, que pase de la tecnocracia privatizada de los expertos al compromiso democrático popular. La conservación debe trabajar para hacer de la biodiversidad un bien común global basado en la toma de decisiones democráticas directas centradas en las personas que viven con la biodiversidad (en peligro), y no en el ámbito de un puñado de expertos, en su mayoría blancos y acomodados.

En esencia, la conservación convivencial exige una transformación del modelo de desarrollo. Al igual que algunos neoproteccionistas, los conservacionistas convivenciales rechazan la exigencia de una retirada heroica de tierras y los desplazamientos a gran escala que ello conllevaría (agravando y ampliando los daños históricos). Por el contrario, ha llegado el momento de descolonizar la conservación ofreciendo reparaciones a quienes ya han sido desplazados y marginados por las áreas protegidas. Esto podría consistir en la devolución de las tierras a las comunidades locales o, al menos, en la adopción de responsabilidades de copropiedad o cogestión de forma que se respete la biodiversidad, así como los pueblos indígenas y otros pueblos marginados y sus derechos a la naturaleza.

En este sentido, la conservación convivencial comparte la preocupación de la nueva conservación de que los objetivos de la biodiversidad no pueden alcanzarse con esfuerzos que conduzcan al empobrecimiento y al desplazamiento de las comunidades locales. En paralelo, rechaza la adhesión de la nueva conservación al paradigma capitalista dominante y a sus defectuosas herramientas políticas basadas en los mecanismos de mercado. En su lugar, deberíamos adoptar enfoques alternativos emergentes, como la redistribución de la riqueza mediante la instauración de alguna forma de renta básica de conservación (RBC). Una política de este tipo garantizaría una vida digna a las personas que viven en zonas promocionadas o cerca de ellas, y facilitaría así el cuidado local de la biodiversidad.

Con una ética de descolonización y redistribución en su núcleo, una estrategia de conservación adecuada para una Gran Transición abandonaría las relaciones amables de las organizaciones conservacionistas tradicionales y nuevas con las corporaciones y las industrias extractivas. Estas relaciones, perseguidas en nombre de un pragmatismo falaz, tienen como resultado el lavado verde y la legitimación de modelos empresariales insostenibles. En su lugar, los actores de la conservación deben unirse en un movimiento global independiente –una Coalición de Conservación Convivencial– que se comprometa a desafiar los intereses creados mediante campañas coordinadas, al tiempo que defiende y experimenta con prácticas alternativas.

Las nefastas condiciones sobre el terreno, combinadas con la ineficacia de las estrategias dominantes, ponen de manifiesto una sombría realidad: es necesario realizar un cambio fundamental en el paradigma de la conservación. Los ambiciosos enfoques que aquí se esbozan –la nueva conservación y el neoproteccionismo– son respuestas a este reto que han suscitado el interés de muchos conservacionistas sensibilizados con la urgente necesidad de una acción radical ante la aceleración de la sexta extinción. Sin embargo, en última instancia, estas alternativas se ven obstaculizadas por no ir a la raíz de la crisis.

Los escépticos y los detractores pueden descartar las estrategias basadas en un cambio social fundamental por considerarlas poco realistas. Sin embargo, enfrentarse a la magnitud de la crisis con los ojos bien abiertos y localizar los factores que la impulsan en el fondo de las estructuras de poder institucionales es reconocer que la política transformadora, y no soluciones incrementales graduales, marcan un camino pragmático. Además, imaginar la conservación fuera de la caja capitalista es un ejercicio liberador, que contrarresta las ansiedades ecológicas y las pesadillas catastróficas, al tiempo que libera energía colectiva positiva. Un movimiento unido en torno a una visión convivencial de la conservación sería un poderoso agente de cambio en la Gran Transición.

 

Bram Büscher es profesor y presidente del grupo de Sociología del Desarrollo y el Cambio de la Universidad de Wageningen y coautor, con Robert Fletcher, de The Conservation Revolution: Radical Ideas for Saving Nature Beyond the Anthropocene.

Robert Fletcher es profesor asociado del grupo de Sociología del Desarrollo y el Cambio de la Universidad de Wageningen y coautor, con Bram Büscher, de The Conservation Revolution: Radical Ideas for Saving Nature Beyond the Anthropocene.

 

NOTAS:

1. Este texto inaugura el foro «Conservación en la encrucijada» organizado por Great Transition Initiative en mayo de 2022, disponible en: https://greattransition.org/. Agradecemos a los organizadores de GTI el permiso para republicarlo en español.

2. Véase, por ejemplo, el debate de Jason Moore sobre el "Capitaloceno" en El capitalismo en la trama de la vida. Ecología y acumulación de capital, Traficantes de sueños, Madrid, 2020,  así como "Interrogating the Anthropocene: Truth and Fallacy ", Foro GTI, Great Transition Initiative (febrero de 2021), disponible en: https://greattransition.org/gti-forum/interrogating-the-anthropocene.

3. Fondo Mundial para la Naturaleza, Informe Planeta Vivo 2020, WWF, Gland (Suiza), 2020; Gerardo Ceballos, Paul Ehrlich y Rodolfo Dirzo, «Biological Annihilation via the Ongoing Sixth Mass Extinction Signaled by Vertebrate Population Losses and Declines», PNAS 114, núm. 30, 2017, E6089-E6096, disponible en: https://www.pnas.org/doi/pdf/10.1073/pnas.1704949114

4. Véase https://www.campaignfornature.org/Background. Incluso más recientemente, se han hecho esfuerzos para reunir estos diferentes enfoques en una agenda sintética "positiva para la naturaleza".

5. Emma Marris, Rambunctious Garden: Saving Nature in a Post-Wild World, Bloomsbury, Nueva York, 2011; Peter Kareiva, Michelle Marvier y Robert Lalasz, «Conservation in the Anthropocene. Beyond Solitude and Fragility», Breakthrough Journal, 2, otoño de 2011.

6. George Wuerthner, Eileen Crist y Tom Butler (eds.), Protecting the Wild. Parks and Wilderness: The Foundation for Conservation, Island Press, Londres, 2015; Edward O. Wilson, Half-Earth: Our Planet’s Fight for Life, Liveright Publishing, Londres, 2016.

7. Ampliamos los argumentos de este ensayo en The Conservation Revolution: Radical Ideas for Saving Nature Beyond the Anthropocene, Verso, Nueva York, 2020. El término conservación convivencial viene del latín "con vivre" ("vivir con") y alude al clásico de Ivan Illich Tools for Conviviality, Harper & Row, Nueva York, 1973; y La convivencialidad, Virus, Barcelona, 2012.

8. Raymond Bryant, The International Handbook of Political Ecology, Edward Elgar, Cheltenham, 2015.

9. Noah Theriault et al., «Living Protocols: Remaking Worlds in the Face of Extinction», Social & Cultural Geography, 21, nº 7 (2020): 893-908; véase también el notable trabajo del consorcio Indigenous and Community Conserved Areas (ICCA), disponible en: https://www.iccaconsortium.org/

 

Esta publicación ha sido realizada con el apoyo financiero del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITERD). El contenido de la misma es responsabilidad exclusiva de FUHEM y no refleja necesariamente la opinión del MITERD.


Entrevista a José Manuel Naredo: el mito de Sísifo y el gatopardismo de los no-conceptos

El número 158 de la revista Papeles de relaciones ecosociales y cambio global publica en su sección A FONDO, una entrevista a José Manuel Naredo, al hilo de su último libro, La crítica agotada, donde explora la doble sensación de agotamiento y cansancio de un discurso crítico harto de repetir un frustrante y estéril ejercicio, al modo de Sísifo.

La crítica viene empujando cuesta arriba unos pseudoconceptos en sintonía con la ideología económica y política dominante para que, aun pretendiendo cuestionarlo todo, al final nada cambie. Términos fetiche a la moda con los que la crítica se lastra, desviando la atención de los auténticos problemas y responsables de la situación actual.

Pedro Lomas (PL): Este libro no surge de un encargo académico, sino que proviene de una gran paradoja, de un malestar, si utilizamos términos freudianos, ¿en qué situación nos encontramos para afirmar que la crítica social puede estar agotada?

José Manuel Naredo (JMN): La verdad es que no suelo investigar y publicar por encargo, salvo en el caso de algunas propuestas o proyectos que me han motivado especialmente. Afortunadamente el hecho de que no haya tenido que vivir de la pluma, ni acomodarme a los requerimientos del mundo académico para obtener ayudas y proyectos me ha dado más libertad de la que gozan los que tienen que someterse a estos controles o servidumbres. Generalmente es el afán personal de reflexionar sobre ciertos temas para clarificarlos el que ha venido impulsando mis quehaceres investigadores y mis publicaciones, ya fuera en solitario o embarcando a otras personas en el empeño.

Como apuntas, las reflexiones de este libro vienen motivadas por la siguiente gran paradoja: cuanto más evidente se hace la crisis de civilización que nos ha tocado vivir, más difícil parece reconducirla hacia horizontes ecológicos y sociales más saludables. Y esta paradoja genera frustración entre las personas críticas al statu quo. En efecto, durante largo tiempo oleadas de movilización social orientadas a conseguir una sociedad más justa y habitable pasaron y se desvanecieron, junto con las ilusiones que mantenían vivo el empeño militante, sin haber logrado sus metas. El hecho de que se haya repetido tanto esta experiencia sin que el denodado esfuerzo militante culmine su propósito o, peor todavía, que cuando parece estar cerca de alcanzarlo –al haber triunfado una revolución o ganado unas elecciones– ese propósito se acabe desvaneciendo y haya que empezar de nuevo me recordó el mito de Sísifo que ilustra la portada del libro. Este mito es uno de los más conocidos de la mitología griega y evoca a un rey castigado por los dioses a empujar una gran piedra hasta la cumbre de una montaña para que, una vez arriba, y al no poder asegurarla, la piedra caiga de nuevo por la pendiente hasta abajo, y así una y otra vez por toda la eternidad.

Entre otros ejemplos, en el libro comparo el impasse sociopolítico actual con mis vivencias de hace cincuenta años, cuando un aluvión de acontecimientos, publicaciones y movilizaciones hacía más plausible que ahora el cambio de paradigma y/o de civilización hacia una sociedad más justa y saludable para la mayoría. Y el hecho de que la gran piedra de Sísifo haya caído más abajo de lo que estaba a principios de los setenta me ha incitado a reflexionar sobre las causas de que esto ocurra. En el libro apunto determinadas causas externas al pensamiento crítico. Veo cómo en los ochenta repuntó el pulso de la coyuntura económica animada por la caída de los precios del petróleo y otras materias primas, por las masivas inyecciones de liquidez y las nuevas formas de lucro asociadas a los procesos de mercantilización, financiarización, privatización y desmantelamiento del Estado de bienestar.

En lo ecológico analizo cómo se desplegaron potentes inversiones en instituciones, políticas y discursos de imagen verde, unidos a la invención de términos fetiche y a la multiplicación de eventos ceremoniales con los que entretener a la gente. Y en lo político veo cómo el desmoronamiento del socialismo real y de sus prometedores atajos revolucionarios resultó difícil de digerir para una militancia y una intelectualidad calificada de progresista o de izquierdas que venía idealizando y avalando la marcha del socialismo real frente al capitalismo real, generándose un desánimo y una desorientación que todavía duran. Pero la reflexión del libro se centra sobre todo en el impasse ideológico que subyace y explica en buena parte el actual impasse sociopolítico. Se analiza cómo el discurso crítico se ve desorientado por señuelos e idolatrías y lastrado por no-conceptos que le hacen seguir el lamentable ejemplo de Sísifo.

La portada y el título del libro, La crítica agotada, responden a la doble sensación de agotamiento y cansancio de un discurso crítico harto de repetir un frustrante y estéril ejercicio: si Sísifo tenía que subir una enorme roca hasta lo alto de una montaña para, una vez coronada, ver cómo se deslizaba pendiente abajo, la crítica viene empujando cuesta arriba unos pseudoconceptos en sintonía con la ideología económica y política dominante para que, aun pretendiendo cuestionarlo todo, al final nada cambie. «Producción», «medio ambiente», «desarrollo sostenible», «lucha contra el cambio climático», «neoliberalismo», «poscapitalismo» o «fundamentalismo de mercado» son solo ejemplos de términos fetiche a la moda con los que la crítica se lastra, desviando la atención de los auténticos problemas y responsables de la situación actual.

Hay términos fetiche de moda con los se lastra la crítica, desviando la atención de los auténticos problemas y responsables de la situación actual

En este amplio contexto, las reflexiones del libro se centran más en el impasse ideológico que explica en buena medida el impasse socio-político antes mencionado. Impasse ideológico que permanece anclado a viejas idolatrías y lastrado por una serie de términos fetiche, jaculatorias ceremoniales… o no-conceptos con los que la retórica política, económica y ecológica consigue entretener y hasta emocionar a la gente, desviando la atención y las críticas de los principales problemas y protagonistas de la situación actual y de sus posibles cambios.

 

PL: En este trabajo, nos ilustras sobre un amplio abanico de no-conceptos, una idea que surge de observar cómo el pensamiento crítico está entrampado en determinadas categorías que agotan su discurso, ¿podrías explicar en qué consisten esos no-conceptos? ¿cuáles crees que son los principales no-conceptos que bloquean el discurso crítico, y en qué ámbitos los podemos encontrar?

JMN: Cabe definir un concepto como la representación mental de un objeto. La palabra concepto procede de «concebir o idear» algo que se supone tiene algún contenido. El concepto trata así de acotar o definir ese contenido. El problema estriba en que a veces se consigue que el concepto defina bien un contenido que se supone tiene correspondencia con la realidad, pero otras el concepto queda difuso e incluso sobrevuela el mundo real, con el agravante de que se le atribuye una realidad que no existe. Entramos aquí en el terreno de los mitos, las metáforas encubiertas o los términos fetiche, que proliferan en el campo más permisivo de las ciencias sociales y que se enarbolan engañosamente y con convincente fuerza en la retórica política, económica e incluso ecológica. El libro ilustra con ejemplos la variada casuística del extendido manejo de estos conceptos deshilachados o difusos que podríamos calificar de no-conceptos o pseudo-conceptos –con distintas figuras del lenguaje que se identifican en el libro– y reflexiona sobre las consecuencias encubridoras que suele entrañar su uso generalizado viendo que la antigua querencia religiosa del espíritu humano a interpretar los variados eventos del universo como si fueran producidos por la acción de agentes sobrenaturales, lejos de desaparecer, ha mudado y permanece viva bajo nuevos ropajes científicos.

Para clarificar este panorama el libro avanza en la elaboración de una especie de genealogía conceptual que espero contribuya a desvelar las trampas del leguaje que apuntalan el statu quo a la vez que descarrían y debilitan la crítica social. Para ello investigo el origen, el contenido y la correspondencia de los conceptos con el mundo al que teóricamente se refieren. Al revisar esta correspondencia vemos que el conocimiento matemático es el único en el que las definiciones de los conceptos coinciden necesariamente con la realidad. Por ejemplo, el triángulo, el cuadrado o el círculo se corresponden siempre con su definición sin dar lugar a equívocos: no tendría sentido hablar de circunferencias triangulares o de cuadrados redondos. Sin embargo, se habla alegremente de economías circulares, verdes, sostenibles, resilientes, de automóviles ecológicos, de edificios inteligentes… o se pide justicia climática. Pues en las ciencias naturales y, no digamos, en las sociales la correspondencia de los conceptos con la realidad se hace más laxa hasta llegar a distanciarse por completo, haciendo que en este caso su función encubridora o mixtificadora predomine, sin decirlo, sobre la explicativa o predictiva.

Los investigadores han tratado de acotar los márgenes de error e incertidumbre y los sesgos e interferencias de sus aproximaciones a la realidad con medios y resultados diferentes, que van desde las magnitudes y medidas propias de la ciencia cuantitativa y las taxonomías del objeto de estudio, hasta el extremo de los conceptos y lógicas borrosas (fuzzy logic) que conllevan incertidumbres también borrosas. Después de la lógica matemática, el primer paso para conectar los conceptos con la realidad lo dio la llamada ciencia cuantitativa, que es la que trabaja con el Sistema Internacional de Unidades Físicas1 (el SI), cuyas medidas se ha encargado de definir y de precisar la metrología y sobre el que reposan los principales logros técnicos. La correspondencia entre conceptos y realidades se reafirma todavía más en las ciencias que además de ser cuantitativas son experimentales. Es decir, en aquellas disciplinas que, no solo vinculan sus elaboraciones al SI, sino que pueden repetir el mismo experimento para estudiar sus resultados tantas veces como parezca necesario.

La definición matemática de las magnitudes físicas y empírica de las medidas asociadas al SI permite así acotar el margen de error de las mediciones y, con ello, refutar con solvencia las teorías que no alcanzan resultados fiables. Esto no ocurre con otras disciplinas cuyos razonamientos se despliegan al margen del SI y que además no pueden repetir los experimentos, como es el caso particularmente extremo de las ciencias sociales, en las que la articulación lógica de su discurso llega a atribuir a entidades abstractas el papel de causas responsables de lo que nos sucede y en las que las teorías pueden mantenerse a flote como corchos frente a las olas de contrastación empírica por mucho que la realidad las contradiga. Hay que recordar, por ejemplo, que las pretensiones de ciencia cuantitativa propias de esa reina de las ciencias sociales que es la economía convencional carecen de fundamento, habida cuenta que las “magnitudes económicas” en las que habitualmente se apoya –como el Producto Interior Bruto (PIB) u otros “agregados” de Cuentas Nacionales– incumplen los requisitos propios de las magnitudes físicas y que sus medidas carecen de márgenes de error comprobables, como he venido precisando desde hace tiempo. A la vez que la noción usual de sistema económico, al asumirla como algo objetivo y universal, genera sus propias evidencias domesticadas que impiden impugnarlo desde dentro: para ello hay que relativizarlo y enjuiciarlo desde fuera, como una creación más de la mente humana. Hay que subrayar que en el lenguaje político es donde más se han venido divorciando los conceptos de la realidad. Como se expone ampliamente en el libro, el éxito del lenguaje político estriba más en las emociones que pueda suscitar su retórica, que en las razones que avalan su mensaje.

 

PL: Uno de estos no-conceptos, sobre el que reflexionas ampliamente en el libro es el de neoliberalismo. Los giros conceptuales que ha sufrido el liberalismo para llegar a la idea actual de neoliberalismo han contribuido a malinterpretar ciertas líneas de pensamiento liberal, así como a cargar este concepto de ciertos elementos negativos quizás ajenos a su origen. ¿Cuáles son estos elementos negativos ajenos a la idea original de liberalismo?

JMN: En el libro investigo la genealogía de los términos liberal y liberalismo, para luego hacerlo con el neoliberalismo. Analizo las variedades de liberalismo atendiendo a sus relaciones con las distintas nociones de libertad y con otras categorías y valores. Y, en lo que concierne al origen y evolución inicial del término liberal, me apoyo sobre todo en el libro de Helena Rosenblatt, Historia olvidada del liberalismo. Desde la antigua Roma hasta el siglo XXI.2 Mientras que hoy es corriente asociar el liberalismo con la protección de los derechos y los intereses individuales, en este libro se advierte que «este énfasis en el individuo y en sus intereses es algo muy reciente. Esta acepción de la palabra liberalismo ni siquiera existió hasta principios del siglo XIX y, durante cientos de años antes de su nacimiento, ser liberal significaba algo muy diferente. Durante casi dos mil años significó exhibir las virtudes de un ciudadano, mostrar devoción por el bien común y respetar la importancia de la conexión mutua».3 Y esta tradición sigue impregnando nuestro lenguaje y constituye un activo que ha venido facilitando la aceptación social del liberalismo político y figurando en las primeras acepciones del término liberal en los diccionarios.4

A continuación, analizo cómo pudo producirse el desplazamiento desde el primer significado de liberal, todavía recogido en los diccionarios como sinónimo de desprendido, generoso, cívico y amante del bien común, hacia el que meramente prioriza la defensa de los derechos y los intereses individuales y de lo privado frente a lo público o comunitario. Este desplazamiento se vino gestando durante largo tiempo a medida que se fue extendiendo la noción occidental de naturaleza humana supuestamente dominada por impulsos malvados y codiciosos y que la política y la economía fueron construyendo sobre ella sus nociones de sistema político y económico, como disciplinas ya separadas de la moral, con autores como Maquiavelo, Hobbes, Mandeville, Helvetius… ¿y Smith? En contra de la leyenda generalmente asumida, en el libro subrayo que Adam Smith no fue un eslabón más de esta corriente, sino que percibió que los principios liberales que él defendía en interés de la ciudadanía tenían poco que ver con los que defendían en interés propio los comerciantes, industriales y terratenientes de la época. Detectó así la contradicción entre las nociones tradicionales de libertad y liberalidad que él asumía y la libertad de explotación orientada a satisfacer, según Smith, «la “mezquina rapacidad” de los comerciantes y los industriales británicos que, en connivencia con la aristocracia terrateniente conspiraban contra el bien público».5 Además, como también comento en el libro, percibió tempranamente que los empresarios no eran partidarios de la libre competencia advirtiendo que «el interés de los empresarios siempre es ensanchar el mercado, pero estrechar la competencia».6

Paradójicamente su empeño en integrar la noción tradicional de liberal y liberalidad con la asociada al liberalismo económico moderno no solo no llegó a prosperar, sino que, sin quererlo, contribuyó a reforzar y desgajar esta última, que ha venido entronizando la idea abstracta de mercado, la consideración del egoísmo como motor del progreso económico y defendiendo lo privado frente a lo público o comunitario, sobre las que oficia la economía estándar con su creación del homo œconomicus.

La bifurcación que se observa entre la noción tradicional de liberal y liberalidad, cargada de virtudes sociales, y la asociada al más restringido liberalismo económico, cargado de egoísmo, aparece vinculada a aquella otra bifurcación inicial entre liberales y conservadores que se acabó reconciliando en el campo de la política al establecerse un liberalismo conservador. En el libro observo cómo Napoleón fue pionero en acuñar y refundar a principios del siglo XIX esta corriente de liberalismo conservador.  Y en España relato cómo en 1983 la “operación liberal de Fraga” dio el primer paso hacia esa reconciliación liberal-conservadora en el terreno de la política, que dejaría como algo arcaico y obsoleto el tradicional enfrentamiento entre liberales y conservadores que tantas pasiones levantó en su día. Este proceso ha permitido identificar también neoliberalismo con neoconservadurismo como hace Harvey en su Breve historia del neoliberalismo: «El neo- conservadurismo concuerda totalmente con la agenda neoliberal del gobierno elitista, la desconfianza hacia la democracia y el mantenimiento de las libertades de mercado».7

 

PL: Además, según nos cuentas, el concepto de neoliberalismo ha llevado a esconder a los verdaderos protagonistas y la naturaleza del sistema polí- tico actual. ¿Quiénes son esos protagonistas? ¿Cómo podemos caracterizar ese sistema político si tenemos en cuenta todo esto?

JMN: Efectivamente, analizo la genealogía del término neoliberalismo y concluyo que es un no-concepto creado por la izquierda que ha sido un verdadero regalo para la derecha. Pues al postular la izquierda que todos los males han venido urdidos por un supuesto neoliberalismo… o por hipotéticos mercados libres inexistentes, quedan indemnes los verdaderos responsables de los atropellos que se vienen realizando desde el poder para facilitar el lucro de algunos, abusos que, como advirtió Varoufakis, en muchos casos no son “nuevos” ni de “liberales”, aunque en ocasiones cuenten con el respaldo de algunos liberales complacientes para justificar privatizaciones y recortes varios.

El neoliberalismo como término fetiche contribuye así junto a los otros, como “la tiranía” o “el fundamentalismo del mercado libre”, a encubrir el despotismo caciquil imperante y a naturalizar el statu quo, cuando lo que determina nuestro devenir no es el neoliberalismo maligno, ni la tiranía de los mercados, sino las élites y redes de poder que conforman la actual tiranía corporativa que controla un sistema más bien neocaciquil que, lejos de ser libre y desregulado, esta hiperregulado para favorecer los intereses de ciertas corporaciones agrupadas en oligopolios que, a la vez, solicitan desregulación y libertad para acometer el saqueo de lo público y para explotar a su antojo la mano de obra, los recursos naturales y los territorios.

Lo que determina nuestro devenir no es el neoliberalismo maligno, sino élites y redes de poder que conforman una tiranía corporativa y un sistema neocaciquil

Por otra parte, al orientar la izquierda las críticas hacia el neoliberalismo, ha permitido a la derecha beneficiarse impunemente de las connotaciones positivas que durante siglos se han venido asociando a la palabra liberal y contribuye a que pueda presentarse ahora sin complejos como la verdadera defensora de la libertad, frente a supuestos socialismos o comunismos que la niegan. Resulta sorprendente que en nuestro país se haya podido invertir la situación respecto a lo que ocurría durante el franquismo y que, desde la “operación liberal” de Fraga, cuele impunemente que la antigua derecha conservadora franquista haya pasado a presentarse como defensora de la libertad frente a oposiciones tildadas despectivamente de socialistas y comunistas. La campaña ganadora de la candidata del PP, Isabel Díaz Ayuso, en las elecciones de 2021 a la Presidencia de la Comunidad de Madrid, a base de erigirse en defensora de la libertad frente a supuestos socialismos y comunismos culmina esta tendencia.

En suma, que el problema no es solo que el afán de la izquierda de atribuir al neoliberalismo todos nuestros males no ayude a aclarar la situación, sino que resulta para ella misma contraproducente, al dar por bueno el supuesto liberalismo de la derecha permitiendo que se erija en abanderada de la libertad, a la vez que se corre un tupido velo sobre el despotismo clientelar de carne y hueso que puebla y mantiene la actual tiranía corporativa con sus comisionists a bordo.

 

PL: Por otra parte, muchos de estos no-conceptos surgen del intento por parte del pensamiento crítico de ofrecer marcos teóricos que expliquen la realidad actual tras el fracaso a determinados proyectos históricos de emancipación social. ¿Qué tienen que hacer los movimientos sociales con estos no-conceptos para desbloquear la crítica social? ¿Es necesaria esta renovación conceptual o disponemos ya de herramientas para afrontar el mundo actual, y se trata, por tanto, de un esfuerzo vano? ¿Qué características tendrían que tener los nuevos marcos conceptuales para no acabar formando parte de un hipotético diccionario de no-conceptos?

JMN: No creo que el grueso de estos no-conceptos surjan, como dices, del intento del pensamiento crítico de ofrecer marcos teóricos que expliquen la realidad actual. A veces los términos y jaculatorias son inventados y divulgados desde los núcleos del poder, a modo de señuelos, para distraer la atención y desviar las críticas y los esfuerzos militantes y forman ya de entrada parte de la ideología dominante. Este sería el caso de la mismísima metáfora de la producción (cifrada con el famoso PIB) que sirve para encubrir, ignorar y santificar lucros impresentables, o con las invenciones del medio ambiente, de la economía ambiental o verde y del desarrollo sostenible, que apuntan a desactivar en el terreno de las palabras el conflicto entre economía y ecología, o entre desarrollistas y conservacionistas. Y el problema estriba en que muchos de estos no-conceptos son utilizados acríticamente por los propios movimientos sociales, e incluso asumidos como si fueran neutros o universales, dificultando así la elaboración de marcos teóricos distintos de los que ofrece la ideología política y económica dominante. Lo cual explica que muchos de los no-conceptos se inventen con poca fortuna desde los propios movimientos sociales, evitando también, sin quererlo, que las críticas den en el blanco. En este último caso más que ofrecer marcos teóricos verdaderamente explicativos de la realidad actual, acostumbran a revelar su carencia. Así lo atestigua entre otras cosas la inflación de los prefijos neo y pos –a la que dedico sendos apartados en el libro– que denota el afán de designar cambios de situación hacia nuevas realidades que todavía no tienen nombre, con la aplicación de prefijos a términos antiguos, lo que genera confusión. Por ejemplo, parecen contradictorios los empeños de calificar en publicaciones simultáneas el panorama y las tendencias actuales de neoliberales, neofascistas, neofeudales… o tecnofeudales.

Los términos prexistentes actualizados hoy con prefijos, si bien subrayan por separado algunos de los rasgos que caracterizan el panorama actual o tendencial, no llegan a definir bien en su conjunto la naturaleza del sistema socioeconómico imperante. Y esta incapacidad arranca a menudo de insuficiencias, tanto de los términos originarios a los que se les añaden los prefijos, como de las teodiceas y clasificaciones simplistas con las que se acostumbra a analizar la evolución de los sistemas sociales a lo largo de la historia. Entre otras muchas cosas, dar por buena esa creación de la ideología dominante que es la metáfora absoluta de la producción ha sido un lamentable paso en falso de las corrientes críticas del tipo de sociedad que había venido surgiendo y globalizándose tras la Modernidad y la Revolución Industrial. El afán de interpretar la historia como una sucesión de “modos de producción” eclipsó la efectiva evolución de toda una serie de modos de dominación que, lejos de sucederse unos a otros, han venido mudando y solapándose entre sí, como cabría ejemplificar con el clientelismo, el racismo, el machismo… o las distintas formas de dependencia económica. Por otra parte, algunos de los términos fetiche enarbolados por los movimientos críticos responden a conflictos internos no resueltos y alimentan sectarismos.

El libro llama a superar todos los no- conceptos, términos fetiche, idolatrías y falacias que hacen que los movimientos críticos evoquen el mito de Sísifo

En suma, respondiendo a tus preguntas, el libro hace una llamada a superar todos estos no-conceptos, términos fetiche, idolatrías y falacias que hacen que los movimientos críticos evoquen una y otra vez con sus frustrados esfuerzos el mito de Sísifo. Solo superando esos no-conceptos y los “puntos ciegos” que generan se podrá vislumbrar mejor el futuro y conseguir que la crítica coja aire y recupere fuerzas al orientar mejor sus críticas y alcanzar mejores resultados.

 

PL: Pero, como es costumbre, el libro va más allá de la crítica, y propone unas líneas guía para afrontar el colapso del pensamiento crítico a partir del enfoque ecointegrador. ¿Cuáles son las características básicas de este enfoque? ¿De qué tradiciones intelectuales bebe?

Efectivamente, tras denunciar el magma ideológico que protege la actual tiranía corporativa globalizada, la Cuarta Parte del libro recapitula sobre la encrucijada ideológica actual y replantea en positivo las trampas del lenguaje y las idolatrías denunciadas a lo largo del mismo para superar el actual impasse sociopolítico. Reflexiona sobre los requisitos necesarios para conseguir que prospere un nuevo conglomerado de enfoques y valores que se ha venido configurando para reorientar la actual crisis de civilización hacia horizontes sociales, económicos y ecológicos más prometedores. Considero que podríamos llamar al nuevo paradigma sociocultural emergente paradigma ecointegrador porque propugna la integración en un triple sentido. En primer lugar, la integración del conocimiento, para trascender el actual predominio de los enfoques sectoriales y parcelarios y, sobre todo, frente al sonado divorcio entre economía y ecología. En segundo lugar, la integración especie humana y naturaleza frente al tradicional enfrentamiento entre ambas, recordando que es la simbiosis, y no el enfrentamiento, la clave del enriquecimiento de la vida en la Tierra, lo cual induce a desplazar el actual antropocentrismo hacia un nuevo geocentrismo. Y en tercer lugar integrando individuo y sociedad, lo que implica una reconstrucción profunda de identidades y la recreación de la propia sociedad civil para generar un tejido social más cohesionado, frente al enfrentamiento y la polarización social que desata la actual pugna por la riqueza y el poder.

El nuevo paradigma sociocultural emergente ecointegrador propugna la integración en un triple sentido: del conocimiento; de especie humana y naturaleza; y de individuo y sociedad

Cabe advertir que las dimensiones que supone la adopción del enfoque ecointegrador trascienden el campo de lo económico. La revolución científica que se produciría en el campo de la economía al superar la noción usual de «el» sistema económico para razonar sobre una economía de sistemas, y al trascender la idolatría del PIB para establecer una taxonomía del lucro, entraña cambios de conciencia mucho más amplios que implican a otras ramas del conocimiento y del pensamiento: el cambio de paradigma sociocultural ecointegrador tendría que abarcar por fuerza las «tres ecologías» a las que se refiere Félix Guattari –la mental, la social y la del mundo físico a gestionar– para integrarse, con palabras de este autor, en una “ecosofía” de nuevo cuño, a la vez práctica y especulativa, ético política y estética.

Entre otras cosas, habría que superar la idea hoy dominante de individuo como categoría pre o antisocial, ávido de dinero y poder. Esta ideología desemboca, por fuerza, en la actual escisión entre una elite de políticos y empresarios activos y una mayoría de gobernados y explotados pasivos. Frente a esta idea de individuo, el nuevo paradigma ecointegrador ha de considerar las personas como sujetos morales, propugnando un individualismo ético, y como ciudadanos llamados a ejercer como sujetos políticos y económicos activos que tienen el derecho y el deber de contribuir a organizar la convivencia y la intendencia.

De ahí que mis reflexiones vayan en la línea de autores que reflexionan sobre cómo establecer un marco institucional antioligárquico que propicie esos comportamientos.8 Un marco institucional y mental que desplace la actual concepción bélica de la economía y la política hacia el predominio de la reciprocidad y la convivialidad, desactivando y reconvirtiendo hacia la cooperación y la participación esas dos instituciones jerárquicas hoy hegemónicas: las corporaciones empresariales y los partidos políticos. A la vez que para responder a la pregunta de por qué las personas no acostumbran a rebelarse contra las redes de poder imperantes, haga referencia a autores entre los que destaca La Boétie, que nos enseñó hace siglos en su libro La servidumbre voluntaria9 que un sistema que incentiva el egoísmo, la avaricia, la rivalidad, la competencia, la desconfianza y el miedo, genera el caldo de cultivo propicio para que prospere la tiranía, por muchos “contrapesos” ceremoniales que se le pongan. Mientras que la democracia participativa necesita asentarse sobre la amistad, la cooperación, la solidaridad, el desprendimiento, la confianza, la libertad, la reciprocidad... Y como la ideología imperante en la civilización occidental, no solo considera dominantes e invariables las propiedades más perversas de la naturaleza humana, sino que las incentiva, el resultado de esta forma de pensar no puede ser otro que el actual despotismo democrático, en el que la clase política es a la vez instrumento y parte de las elites beneficiarias de la actual tiranía corporativa.

Pero mis reflexiones sobre el paradigma ecointegrador emergente, además de críticar la noción usual de individuo y de sistema político, siguen sobre todo la estela de toda una serie de autores críticos de la noción usual de sistema económico a los que hago referencia, sobre todo en mi libro La economía en evolución,10 conjunto de autores que no cabe ni siquiera enumerar aquí.

 

PL: Como señalas, tomar conciencia de nuestros males es el primer paso para hacer algo al respecto. Pero algunos de estos males, incluso la crítica a ciertos conceptos, tienen ya décadas. Sin embargo, no termina de cristalizar una vía de salida de este bloqueo. ¿Qué requisitos tendría que reunir para que un enfoque ecointegrador prosperase? ¿Qué inercias y resistencias sufriría, tanto desde los viejos planteamientos críticos basados en los no-conceptos que aquí mencionas, como desde aquellos a los que beneficia el statu quo actual? ¿Qué habría que hacer con ellos?

JMN: La parte final del libro analiza los requisitos para que el paradigma ecointegrador emergente pueda prosperar. El problema estriba en que en esta pugna de paradigmas sigue reinando la confusión porque, como suele ocurrir, el paradigma dominante 1) se blinda usando categorías supuestamente racionales, objetivas y universales que el común de las gentes asume y utiliza en el lenguaje corriente, incluidos muchos de los críticos; y 2) genera puntos ciegos que ayudan a ignorar las críticas y, en el caso de que lleguen a trascender, las absorbe, digiere y desactiva.

Es necesario reconvertir hacia la cooperación y la participación las dos instituciones jerárquicas hoy hegemónicas:  las corporaciones empresariales y los partidos políticos

La viabilidad de un cambio de paradigma sociocultural del porte del que venimos indicando depende de la capacidad que tenga el pensamiento crítico para trascender los puntos ciegos que genera la selección de la información que practican las nociones de sistema asociadas al paradigma dominante y, muy en particular, las nociones usuales de sistema político y económico. Ambas priorizan información y soslayan o banalizan el resto, desactivando reflexiones que puedan ir más allá de esas nociones de sistema y permitiendo solo las interpretaciones parciales al uso (capitalismo,  globalización, secularización…) o de las consecuencias (financiarización, sociedad del riesgo, sociedad líquida…).

Respecto a la plausibilidad de un cambio de paradigma, quiero advertir que no existe ningún determinante del cambio ni ninguna meta que lo oriente más allá de un proceso de selección de información llevado a cabo en la sociedad: ni la filosofía, ni la ética, ni la religión, ni la economía, ni la política pueden promover y legitimar por sí solas un cambio de paradigma. Esto cierra la puerta a reduccionismos y falsas ilusiones simplistas sobre la interpretación de la sociedad y las posibilidades de cambiarla. Pero, a la vez, evidencia que son las personas las que pueden influir sobre la selección de información que gobierna el paradigma dominante subrayando puntos ciegos y conexiones ocultas, pues solo ellas son capaces de introducir variaciones en el curso de la comunicación y la conciencia social, aunque también puedan existir acontecimientos que aceleren este proceso.

La profundidad de la crisis actual no solo hace más evidentes los vicios y flaquezas del paradigma dominante, sino que deja entrever puntos ciegos y nuevas conexiones que podrían apoyar la emergencia de paradigmas diferentes. Para facilitar este proceso la parte final del libro repasa e insiste en las metáforas y conceptos clave sobre los que reposan las ideas usuales de sistema político y de sistema económico, así como las instituciones que mantienen al Estado, las formas de propiedad, de dinero, de intercambio, etc., que les dan vida y aseguran su impronta en la sociedad actual. Ideas e instituciones que deberían ser el principal objetivo de las críticas, pero que lamentablemente siguen gozando de buena salud imbuidas de una hipotética racionalidad y universalidad, y una neutra objetividad, a la que, una vez asumida, solo cabe enfrentar un vacío de no-conceptos poco atractivo. Así, un primer requisito para que el cambio de paradigma prospere es que los movimientos sociales críticos asuman el colapso de las viejas idolatrías y sus prometedores atajos revolucionarios y deconstruyan y superen el magma ideológico de no-conceptos y términos fetiche que protege la actual tiranía corporativa.

En el libro advierto que para que el nuevo paradigma ecointegrador progrese, además de ser inclusivo y generalmente atractivo, tiene que aclarar con interpretaciones sólidamente consensuadas de dónde venimos, dónde estamos, hacia dónde vamos y hacia dónde queremos y podemos ir. Un verdadero cambio de paradigma de civilización ha de apoyarse en una interpretación común de la evolución humana que permita relativizar y replantear las añejas ideas sobre las que hoy reposa el statu quo mental e institucional. Y, como el paradigma sociocultural imperante se ha globalizado, el nuevo tendrá que globalizarse también, pero ser, a la vez, lo suficientemente flexible para albergar, e incluso promover, la más amplia diversidad de culturas, opiniones o formulaciones parciales entre aquellos que lo suscriban. Una interpretación que deberá ser lo suficientemente amplia como para unificar los distintos aspectos de la experiencia humana, trascendiendo divorcios tan sonados como los que se han venido produciendo entre individuo y sociedad, entre razón y emoción, entre economía y ecología o el que enfrenta a los individuos humanos entre sí y con el resto de la naturaleza.

Subrayemos por último que, en el caso del conflicto de paradigmas que nos ocupa, no se trata de sustituir un reduccionismo por otro, sino de erosionar la hegemonía del antiguo con una visión más amplia que lo trasciende y relativiza. El mayor potencial analítico y predictivo del que ha venido dando muestras el enfoque ecointegrador –que se ejemplifica en el libro– unido a su carácter abierto, transdisciplinar, multidimensional y a la mayor amplitud de su objeto de estudio, deberían potenciar también su naturaleza inclusiva, frente a los dogmatismos reduccionistas al uso.

Pedro L. Lomas Huertas es miembro de FUHEM Ecosocial.

Puedes descargar el texto completo e formato pdf: Entrevista  a José Manuel Naredo: el mito de Sísifo y el gatopardismo de los no-conceptos

NOTAS:

1  Las siete unidades básicas del SI son: el kilogramo, el metro, el segundo, el amperio, el kelvin, la candela y el mol.

2  Helena Rosenblatt, Historia olvidada del liberalismo. Desde la antigua Roma hasta el siglo XXI, Crítica, Barcelona, 2020.

3  Ibidem, p. 21.

4  El Diccionario de la RAE de la Lengua (2001) señala como primera acepción del adjetivo liberal «generoso, que obra con liberalidad»; «2. Dicho de una cosa: que se hace con liberalidad» (y define la liberalidad como la «1. Virtud moral que consiste en distribuir alguien generosamente sus bienes sin esperar recompensas; 2. Generosidad, desprendimiento»). Hay que esperar a las acepciones 6 y 7 del adjetivo liberal para que aparezca su dimensión político-económica habitual: «6. Partidario de la libertad individual y social en lo político y de la iniciativa privada en lo económico; 7. Que pertenece a un partido de ese nombre».

5  Rosenblantt, 2020, Op. cit.

6  Ibidem.

7  David Harvey, Breve historia del neoliberalismo, Akal, Madrid, 2007, p. 89.

8  Autores que revisan las instituciones e instrumentos anti-ologárquicos propios de la democracia ateniense y otras experiencias, como Pedro Olalla, 2015, Grecia en el aire. Herencias y desafíos de la antigua democracia ateniense vistos desde la Atenas actual, Barcelona, Acantilado…o José Luís Moreno Pestaña, 2019, Retorno a Atenas. La democracia como principio antioligárquico, Madrid, Siglo XXI.

9  Étienne La Boétie, La servidumbre voluntaria, Virus, Barcelona, 2016 [1577].

10   José Manuel Naredo, La economía en evolución. Historia y perspectivas de las categorías básicas del pensamiento económico, Siglo XXI, Madrid, 2015.


Desigualdades insostenibles: por una justicia social y ecológica

Desigualdades insostenibles: por una justicia social y ecológica

Desigualdades insostenibles: por una justicia social y ecológica de Lucas Chancel es el cuarto número de la Colección Economía Inclusiva de FUHEM Ecosocial y Catarata.

Los impactos de la crisis económica, de la crisis ecológica y de la pandemia han mostrado como la desigualdad está aumentando de manera tendencial en todo el mundo.

¿Cuál es el vínculo entre las desigualdades sociales y ambientales?

¿De qué modo se conjugan los desequilibrios en la economía, la sociedad y la ecología?

Los datos son reveladores: tanto en el Norte como en el Sur, mientras los más ricos son los principales causantes de la destrucción del medioambiente, los pobres están más expuestos a los riesgos y son más vulnerables a los daños producidos.

A pesar de su estrecha relación, los objetivos de justicia social y justicia ecológica suelen verse de manera disociada, cuando no claramente contrapuesta. Esta obra analiza cómo la conciliación entre dichos objetivos no solo es posible, sino necesaria.

Las crisis, más allá de las tragedias que acarrean, también abren la puerta a nuevas oportunidades. Para ello, hay que entender lo que está en juego:

¿Qué desequilibrios operan en el mundo y cómo se conjugan las deficiencias que tienen nuestros sistemas económicos, políticos y ecológicos?

¿En qué medida podría decirse que los desajustes ambientales de estas últimas décadas son, antes de todo, de índole social? ¿Por qué la ecología es la nueva frontera de las injusticias sociales?

¿Cómo son las crisis sociales y ecológicas que se dan a lo largo y ancho del mundo, y cómo las afrontan las sociedades?

El objetivo de este libro es intentar responder a estas preguntas, a partir de una investigación mundial e interdisciplinar, que visibiliza las desigualdades y las posibles soluciones, explorando las vías de la transformación del Estado social para superar la actual crisis ecosocial.

 

SOBRE EL AUTOR:

Lucas Chancel es economista especializado en desigualdad y en política ambiental. Su trabajo se centra en la medición de la desigualdad económica, sus interacciones con el desarrollo sostenible y en la implementación de políticas sociales y ecológicas.

Codirector del World Inequality Lab, en la Escuela de Economía de París donde dirige el World Inequality Database. Profesor asociado en Sciences Po. También es Investigador Asociado en el Institut du développement durable et des relations internationales, así como Asesor Principal en el Observatorio Fiscal Europeo.

Ha publicado artículos entre otros medios en: Science, Nature, The New York Times, The Guardian, Le Monde, Der Spiegel, El País, siendo autor principal del World Inequality Report 2022.

 

ÍNDICE

Prefacio a la nueva edición

Introducción

PRIMERA PARTE. LAS DESIGUALDADES ECONÓMICAS EN EL CENTRO DEL DESARROLLO INSOSTENIBLE.

Capítulo 1. Las desigualdades económicas: ¿un factor de insostenibilidad?

Capítulo 2. Desigualdades económicas: tendencias y causas.

SEGUNDA PARTE. EL CÍRCULO VICIOSO DE LAS DESIGUALDADES SOCIALES Y AMBIENTALES

Capítulo 3. Un acceso desigual a los recursos naturales

Capítulo 4. Una exposición desigual a los riesgos ambientales

Capítulo 5. Una responsabilidad desigual de quienes contaminan

TERCERA PARTE. ¿QUÉ POLÍTICAS SOCIALES Y AMBIENTALES?

Capítulo 6. Reducir las desigualdades en un mundo finito

Capítulo 7. ¿Luchas locales o coordinación internacional?

Conclusión

Agradecimientos

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Librería virtual

A continuación, ofrecemos un video de Lucas Chancel en el que habla de la necesidad de que la justicia social y la justicia climática vayan de la mano, porque no conseguiremos reducir nuestras emisiones de carbono si no desarrollamos al mismo tiempo, nuevos modelos de distribución de la riqueza.

Es posible desarrollar nuevos modelos de transición ecológica pero, para ello, necesitamos un nuevo enfoque para nuestras políticas ecológicas, un enfoque que ponga a la justicia en el centro de las cuestiones ambientales, porque sin justicia social no puede haber transición energética.

 

Esta publicación ha sido realizada con el apoyo financiero del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITERD). El contenido de la misma es responsabilidad exclusiva de FUHEM y no refleja necesariamente la opinión del MITERD.


Papeles 158: Malestares

Malestares. El signo de un modo de vida que genera profundas contradicciones, desbalances y efectos en cascada que minan las vidas de millones de personas, pero que con frecuencia se quedan recluidas en el ámbito de lo cotidiano, de lo íntimo, pasando por debajo del radar de los indicadores convencionales. Hasta que estallan. Hasta que las múltiples urgencias se manifiestan en catástrofes cotidianas, a menudo silenciosas.

Malestares en forma de ansiedades y frustraciones ante una cultura que promete lo que no es capaz de colmar y que ofrece el exceso como patrón generalizado y que recae sobre el cuerpo social o el medio natural.

En el número 158 de la revista Papeles de relaciones ecosociales y cambio global destacamos que cada vez resulta más patente cómo esta civilización encadena una variada gama de crisis sin llegar a resolver ninguna.

En menos de tres lustros, y con una crisis ecológica global de fondo, hemos vivido una hecatombe financiera con graves repercusiones económicas, la primera pandemia mundial –la COVID-19– y, actualmente, un conflicto armado en Ucrania que está redibujando el panorama geopolítico en clave de guerra fría, y que ha hecho patente para la UE –por ahora– la encrucijada energética en la que se halla.

Múltiples hilos de una trama cada vez más deshilachada que denota graves problemas que demandan atención. En este número de Papeles seguimos estos hilos desde el envés de la trama para tratar de interpretar qué está pasando y cuáles son sus componentes.

En la INTRODUCCIÓN, Santiago Álvarez Cantalapiedra traza una panorámica de los principales elementos responsables del malestar. Elementos examinados en A FONDO de la mano de Víctor M. Toledo, Jordi Mir, José Antonio Corraliza y Albert Recio.

Amador Fernández-Savater conversa con Franco Berardi (Bifo), Pedro Lomas dialoga con José Manuel Naredo, y Nuria del Viso entrevista a Juan Manuel Vera.

En ACTUALIDAD, Josep Baqués sigue la trayectoria de la OTAN en el nuevo contexto geopolítico. La sección ENSAYO recoge una reflexión de Nuria del Viso sobre migraciones internacionales y justicia global desde la perspectiva de la filosofía política, y Ramón del Buey conversa con Daniel W. McShea y Carlos de Castro sobre la aplicación de la visión de los sistemas disipativos de Prigogine a la evolución. Las reseñas de la sección LECTURAS cierran esta revista.

A continuación, ofrecemos el sumario de la revista y el acceso a texto completo a la INTRODUCCIÓN, al artículo de Víctor M. Toledo y a los RESÚMENES de los contenidos del número.

SUMARIO

INTRODUCCIÓN

El malestar de nuestro modo de vida, Santiago Álvarez Cantalapiedra.

A FONDO

El malestar  civilizatorio, Víctor M. Toledo.

Malestares e ilusiones (Horizonte 2008-2023), Jordi Mir.

Conversación con Franco Berardi  (Bifo): «La única vacuna eficaz contra el pánico de la pandemia y la guerra es pensar juntos», Amador Fernández-Savater.

El malestar en época de crisis concatenadas: algunas claves psicosociales, José Antonio Corraliza.

Inflación en tiempos de distopía, Albert Recio Andreu.

Entrevista  a José Manuel Naredo: el mito de Sísifo y el gatopardismo de los no-conceptos, Pedro L. Lomas.

Entrevista a Juan Manuel Vera: «El igualitarismo ya no encuentra en el eje  izquierda/derecha una formulación adecuada», Nuria del Viso.

ACTUALIDAD

La OTAN en tiempos de mudanzas, Josep Baqués.

ENSAYO

Migraciones internacionales y justicia global a la luz de la filosofía política, Nuria del Viso.

¿Cómo reaccionar ante un nuevo cambio en cosmología? Una entrevista con Daniel W. McShea y Carlos de Castro, Ramón del Buey.

LECTURAS

Refugiados, migrantes e integración. Una breve antología, de Jürgen Habermas,

Ruth Ferrero-Turrión

El otoño de la civilización. Textos para una revolución inevitable, de Juan Bordera y Antonio Turiel

Ausencias y extravíos, de Yayo Herrero

Monica Di Donato

Utopía no es una isla, de Layla Martínez

Contra la distopía. La cara B de un género de masas, de Francisco Martorell Campos

Nuria del Viso

Cuaderno de notas  

RESÚMENES

 

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El malestar de nuestro modo de vida

«El malestar de nuestro modo de vida» de Santiago Álvarez Cantalapiedra, es el título de la INTRODUCCIÓN del número 158 de la revista Papeles de relaciones ecosociales y cambio global

El malestar en la cultura es un ensayo de Sigmund Freud publicado en 1930 en un contexto sombrío marcado por el cruce de los efectos que aún perduraban de la Gran Guerra con los emergentes de la Gran Depresión del 29.

Este texto, considerado uno de los más influyentes del siglo XX, tiene que ver con el antagonismo entre las exigencias pulsionales del ser humano y las restricciones impuestas por la cultura. Ese antagonismo termina transformándose en un profundo sentimiento de culpa. El descontento y la insatisfacción no serían sino la consecuencia inevitable de la condición cultural de nuestra especie.

En el momento actual, y llevado a un terreno que trasciende el psicoanálisis y la psicología social, cabría identificar en el malestar que hoy nos asola no tanto un sentimiento de culpa como de ansiedad y frustración ante una cultura que promete lo que no es capaz de colmar, que exige lo que no somos capaces de dar y que, lejos de reprimir, favorece unas pulsiones dionisiacas (en lo que se refiere a los deseos) y fáusticas (en relación con las capacidades) que desatan nuestra hybris (o desmesura).

De ser así, las raíces del malestar contemporáneo se encontrarían en el tipo de civilización que hemos construido. Una civilización que encadena una crisis tras otra sin llegar a superar ninguna.

Nos encontramos exhaustos como consecuencia de los acontecimientos recientes: en el transcurso de apenas tres lustros, y con el trasfondo de una crisis climática de consecuencias impredecibles a la que no prestamos la debida atención, hemos asistido a una crisis financiera de una dimensión descomunal (La Gran Recesión del año 2008), a la primera pandemia global en sentido estricto (la COVID-19 del 2020) y, en el presente año, al comienzo de una guerra en Ucrania que acelera la tendencia armamentística que se venía incubando desde hace años y que aviva la pesadilla exterminista siempre asociada al gigantismo nuclear.

 

La fatiga de la sociedad del rendimiento

Los impactos que han provocado estos hechos se suman a la fatiga crónica que arrastramos en la vida cotidiana. El capitalismo actual ha impuesto la sociedad del rendimiento, un tipo de sociedad donde la coerción, una vez interiorizados sus dictámenes, deja de ser externa y pasa a convertirse en un imperativo que surge del interior de los sujetos. Ya no hay «sujetos de obediencia» sino «sujetos de rendimiento».1   El sujeto transformado en emprendedor de sí mismo, forzado a rendir a cualquier precio y a cumplir con los objetivos marcados, se autoexplota hasta la extenuación pensando que así se acaba realizando.

Uno de los síntomas de esta sociedad del rendimiento es el cansancio. El binomio rendimiento/ cansancio nos hace añorar la vieja reivindicación del derecho a la pereza de Lafargue. Una fatiga permanente que nos acompaña a todas horas y cuyas manifestaciones se dejan ver por todas partes.

 

Manifestaciones del malestar

En Japón hace tiempo se puso nombre a la muerte provocada por estrés: karoshi. El término sirve para describir las consecuencias de unas agotadoras jornadas de trabajo para defender el estatus adquirido en un contexto fuertemente competitivo. Fenómenos relacionados, como el desgaste profesional (burnout), el síndrome de fatiga por el exceso de información o el “jet lag social”, caracterizan el panorama patológico de una sociedad que contiene demasiados factores neurotizantes.

Este último síndrome, que comparte los síntomas que sufrimos por los cambios horarios que implican los largos viajes (alteraciones del sueño, dificultades de concentración, fatiga o problemas digestivos), surge de las agotadoras e interminables jornadas que fracasan en su propósito de conciliar vida laboral, familiar y de ocio.

Como el día no tiene las suficientes horas para responder a los deberes autoimpuestos ni al consumo de ocio al que aspiramos (visionar nuestra serie preferida o comunicarnos con los amigos a través de las redes sociales), prolongamos la vigilia hacia la noche, provocando que el final de la jornada llegue cada vez más tarde. Sin embargo, el despertador suena por la mañana a la misma hora para recordarnos que debemos cumplir de nuevo con las obligaciones laborales y familiares. Así día tras día, acumulando cansancio y una deuda de sueño que surge de las horas que vamos robando a la noche e, inevitablemente, a nuestro descanso.  Cuando llega el fin de semana o un día festivo, tratamos de compensar ese déficit durmiendo más, provocando ese desfase que se conoce como “jet lag social”.2

 

Un modo de vida que genera un ambiente tóxico

Estos y otros síndromes nos deberían llevar a revisar radicalmente nuestro modo de vida. Hemos creado una sociedad cuyo funcionamiento normal impide desarrollar una vida tranquila y saludable. Vivimos rodeados de exceso de ruido, de iluminación, de calor y de sustancias tóxicas. La contaminación acústica, lumínica o atmosférica están haciendo del silencio, la oscuridad o del aire limpio “bienes raros”, escasos. El ruido está desplazando al silencio, la luz artificial a la oscuridad y la contaminación del aire está acabando con una atmósfera sana. Las consecuencias sobre nuestra salud (física y emocional) y, por ende, sobre el bienestar social y la calidad de la vida son cada día más evidentes.3

Un informe de la Comisión de Contaminación y Salud de la revista médica The Lancet señala que los diferentes tipos de contaminación (principalmente la polución del aire y la contaminación química debida al plomo) son responsables cada año en el mundo de la muerte prematura de nueve millones de personas, más que todos los fallecimientos registrados hasta el momento por la pandemia de COVID-19 y que la suma de las que ocasionaron en el año 2019 las guerras, el terrorismo, el SIDA, la tuberculosis, la malaria o el consumo de drogas.4 En las últimas dos décadas, estas muertes causadas por las formas modernas de contaminación han aumentado un 66%, impulsadas por la industrialización, la urbanización incontrolada o la combustión de combustibles fósiles. Y, como ya se ha señalado, más allá de provocar un exceso de muertes prematuras tiene otros muchos efectos sobre la salud, el desarrollo cognitivo y el bienestar emocional de humanos y otras especies, lo que convierte a la contaminación en el principal factor de riesgo ambiental de la salud en el planeta.

La contaminación, el cambio climático y la pérdida de biodiversidad están estrechamente vinculados y constituyen una amenaza existencial para la salud humana y planetaria.

El modo de vida de la civilización industrial capitalista da lugar a este entorno pernicioso que nos vuelve más irritables, agresivos y estresados, debilitando la salud y generando malestar. Una forma de vida que exige por el día un alto consumo de estimulantes para seguir el ritmo trepidante de la jornada y que luego, por la noche, debe ser debidamente contrarrestado con otras sustancias que permitan descansar y conciliar el sueño.5 Se entrega el bienestar a una variedad de sustancias químicas, cuando el origen del malestar no está en nosotros sino en las condiciones sociales y ambientales que nos impiden vivir como seres saludables y tranquilos. Hay quien llama a esta toma masiva de medicación “la epidemia silenciosa”, ya que avanza sin grandes aspavientos, pero de forma imparable y contundente. Dos millones de norteamericanos se han vuelto adictos a los opioides, lo que se considera una crisis sanitaria de primera magnitud.6 ¿Qué dolor nos acompaña que necesitamos calmar con cualquier medio a nuestro alcance?

 

Un modo de vida que no favorece las conexiones

La angustia se esparce sobre la sociedad como el alquitrán. El desasosiego y el malestar se expresan también en forma de ansiedad y depresión. Se tratan habitualmente como trastornos mentales cuya solución se confía a la farmacopea. Pero el hecho es que las pastillas están cada vez más presentes en la vida de la gente y no por ello disminuye esta epidemia “mental”. «La causa principal de la depresión y ansiedad crecientes –sostiene Johann Hari, quien decidió buscar el origen de la depresión que venía padeciendo desde su juventud– no se halla en nuestras cabezas. La descubrí principalmente en el mundo y en el modo en que vivimos en él. Descubrí que existen al menos nueve causas probadas».7 Según Hari,  hay un elemento común en ellas: «todas son formas de desconexión».8 Vivimos desconectados de unos empleos precarios que apenas ofrecen ingresos suficientes y oportunidades de promoción profesional e impiden desarrollar proyectos vitales y trayectorias laborales estables; la aceleración de los cambios sociales nos dificultan conectar con valores significativos que otorguen un sentido a la existencia; la artificialidad de los actuales modo de vida nos separan del mundo natural, etc., etc.

 

La Gran Disolución

Entre todas las formas de desconexión que experimentamos, tal vez la más importante sea la dificultad creciente para establecer vínculos y lazos estrechos que trasciendan la mera charla o encuentro circunstancial. «La soledad flota hoy sobre nuestra cultura como una niebla espesa. Nunca ha habido tanta gente confesando que se siente sola», sostiene Hari, y en una sociedad compleja como la nuestra, la soledad no es solo la ausencia física de los otros, sino que adquiere un significado más profundo: la de la «sensación de no estar compartiendo nada significativo con nadie», la falta de un proyecto común.9 Es una tendencia destacable en el devenir de las sociedades occidentales desde el último tercio del siglo pasado. Se cumple ahora el vigésimo aniversario de la publicación del libro Solo en la bolera de Robert Putnam, sociólogo y politólogo norteamericano de la Universidad de Harvard.10 El título lo dice todo. Describe a la perfección el colapso comunitario que golpea a la sociedad norteamericana. Jugar a los bolos ha sido una de las actividades recreativas más populares en los EEUU. La gente formaba equipos con sus amigos y organizaba liguillas con las que estrechaban lazos con otros grupos a medida que iban coincidiendo en los torneos. Hoy la gente sigue jugando a los bolos, pero ahora en solitario. Es un ejemplo, entre los muchos que se investigan en el libro de cómo la estructura colectiva de una sociedad ha sido des- mantelada por un individualismo que ha terminado por negar cualquier sentido de lo social.

Sentirse solo y aislado produce malestar. ¿Por qué? Por una simple cuestión evolutiva. Somos seres sociales, y como cualquier especie hipersocial, la cooperación se convierte en una ventaja para nuestras vidas. Los lazos y vínculos personales, así como los compromisos recíprocos, nos hacen sentir mejor y más protegidos. El aislamiento, por el contrario, nos genera ansiedad y depresión al sentirnos más desprotegidos y vulnerables.11

La privatización de nuestro modo de vida ha ido reduciendo progresivamente la idea de lo que entendemos por hogar y comunidad. El hogar ha quedado reducido a las cuatro paredes de la casa sin preocuparnos de hacer de nuestro hábitat urbano y natural el cálido y seguro lugar que protege nuestra existencia. El individualismo competitivo, la desigualdad, el urbanismo disperso y los ataques a las políticas que procuraban cierta cohesión social han hecho el resto. Coincidiendo con la Gran Aceleración en el consumo y degradación de la naturaleza, hemos asistido también a la Gran Disolución de los vínculos y estructuras sociocomunitarias. No se debe únicamente a un cambio en los valores que orientan nuestras conductas. También los lugares que favorecían el encuentro están desapareciendo.12 Los lugares dan forma a nuestra capacidad de relacionarnos.

Eric Klinenberg sostiene en su libro Palacios para el pueblo que las sociedades basan su existencia en esos espacios de encuentro, como las bibliotecas públicas, los parques, las plazas, los bares y tiendas de barrio o las iglesias, espacios en los que interactuamos y establecemos conexiones cruciales.13 La erosión de lo que Klinenberg denomina «infraestructura social» explica parte de ese malestar cargado de orfandad y soledad que siente en las sociedades occidentales el individuo atomizado que vive a la intemperie.

 

La desconexión de un futuro esperanzador y seguro

También sufrimos la desconexión del futuro. La desestabilización global del clima que hemos provocado ha creado unas condiciones ambientales menos favorables que las disfrutadas en los últimos doce mil años y, por eso, el futuro climático difícilmente podrá ser “mejor” y girará entre lo “malo” y lo “peor”.14 Cualquier intento de mirar al futuro se topa con las amenazas del desastre climático, energético, demográfico, sanitario o de una crisis económica, generando la sensación de vivir asomados al abismo. El periodista y ensayista Héctor García Barnés utiliza la expresión futurofobia para tratar de entender el malestar contemporáneo cuyos síntomas pueden compararse a los de un trastorno de ansiedad colectiva. El proyecto de la Modernidad, con su promesa de progreso, se truncó en algún momento y ahora la fobia al futuro se alimenta de la resignación y la impotencia, la sensación de que se haga lo que se haga, las cosas acabarán mal.15

 

La dimensión política del malestar

El malestar genera distintas manifestaciones de descontento: por la subida de la factura de la luz, por el incremento de los precios de los combustibles o de los alimentos. Una ciudadanía exhausta, castigada por una sucesión de crisis encadenadas, tarde o temprano termina por manifestar su disgusto. Un grito de disconformidad emitido principalmente por los perdedores de la globalización, por los desamparados de unos servicios públicos sobrecargados, por una juventud que, aunque agobiada en un presente marcado por la precariedad, no se resigna a que la crisis ecosocial les cierre el porvenir. Un grito de indignación ante la desigualdad en la distribución de la renta y la riqueza. Un lamento que busca ser escuchado y canalizado. Hay que reconocer la capacidad trasformadora del malestar cuando da lugar a una rabia y a una indignación que quiere cambiar el mundo.

Pero el malestar solo no basta. Aunque lleve la semilla del inconformismo, se necesitan mecanismos que traduzcan el descontento en acción política. La ausencia de estos mecanismos no deja más opción que la “patologización” del malestar como un problema individual de salud mental que solo se puede abordar a través de la medicación y la autoayuda. Las democracias liberales son básicamente sistemas de representación política construidas a través de mecanismos de intermediación entre la sociedad civil y el Estado. Si falla ese proceso de intermediación, aparece una crisis de representatividad que se traduce en desconfianza, tanto en los partidos como en la propia democracia. En tiempos de crisis de representación y legitimidad política los límites de lo posible se ensanchan en todas direcciones, tanto reaccionarias como emancipadoras.

Lograr que el descontento no discurra hacia el resentimiento y el odio y que, en su lugar, se canalice hacia una “digna rabia” con potencial emancipador es el dilema ante el que se encuentran hoy las sociedades en estos tiempos de malestar.

Acceso al texto completo en formato pdf:  El malestar de nuestro modo de vida

NOTAS:

1  Buyng-Chul Han, La sociedad del cansancio, Herder, Barcelona, 2012.

2  Se habla de jet lag social cuando el centro del sueño de los días de trabajo difiere en más de dos horas del centro del sueño de los días libres. Se estima que este trastorno lo sufren al menos un 50 % de los estudiantes y si, en lugar de dos horas, contemplamos una sola hora de diferencia, se estima que afecta a siete de cada diez personas. Roco Caliandro, Astrid A. Streng, Linda W.M. van Kerkhof, Gijsbertus T. J. van der Horst, Inês Chaves, «Social Jetlag and Related Risks for Human Health: A Timely Review», Nutrients, 13(12):4543, 2021.

3  El exceso de ruido, iluminación o calor son formas de contaminación y, por consiguiente, despliegan unos efectos perniciosos sobre la salud. La contaminación acústica altera el sistema nervioso, y aunque podamos acostumbrarnos al ruido, no así lo hace nuestra actividad cardiaca, que nunca llega a adaptarse superados determinados umbrales. La contaminación lumínica afecta a la salud humana al alterar el “ritmo circadiano” (un conjunto de relojes biológicos cuyos ciclos están determinados por la sucesión del día y de la noche); esta alteración provoca diversas afecciones sobre la presión arterial, el apetito, da lugar a una mayor irritabilidad, estrés, fatiga o falta de atención. El exceso de calor trastoca el sueño (se sabe que la temperatura óptima para dormir ronda los 17º-18º) y provoca fatiga física, falta de concentración, irritabilidad o trastornos gastrointestinales. Según el Instituto de Salud Carlos III, cabe atribuir, solo a los seis primeros días de la ola de calor iniciada el 10 de julio, un total de 360 muertes por las altas temperaturas en España.

4  Richard Fuller, Philip J. Landrigan, Kalpana Balakrishnan, Glynda Bathan, Stephan Bose-O’Reilly, Michael Brauer, et al., «Pollution and health: a progress update», The Lancet Planetary Health, 17 de mayo de 2022.

5  El Observatorio Español de las Drogas y las Adicciones (OEDA) documenta que entre los años 2019 y 2020, las drogas con mayor prevalencia de consumo entre la población española de edades comprendidas entre los 15 y 64 años corresponden al alcohol, el tabaco y los hipnosedantes, con o sin receta. Véase: Observatorio Español de las Drogas y las Adicciones. Informe 2021. Alcohol, tabaco y drogas ilegales en España, Ministerio de Sanidad, Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas, Madrid, 2021.

6  Según los datos que proporcionan los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) de los EEUU, entre 1999 y 2019 murieron a causa de una sobredosis con opioides más de medio millón de personas en aquel país. Los números parecen haberse incrementado los últimos años, de manera aún más significativa durante la pandemia de COVID-19.

7  Johann Hari, Conexiones perdidas. Causas reales y soluciones inesperadas para la depresión, Capitán Swing, 2019, p. 27.

8  Ibidem, p. 87.

9  Ibidem, pp. 104 y 117.

10  Robert Putnam, Solo en la bolera. Colapso y resurgimiento de la comunidad norteamericana, Galaxia Gutenberg, Barcelona, 2002.

11  Estar solos o aislados nos enferma. Las investigaciones de John Cacioppo y William Patrick (Loneliness: Human Nature and the Need for Social Connection, WW. Norton, Nueva York, 2008) son significativas a este respecto, pues inciden en cómo estar desconectado de la gente genera ansiedad y provoca depresión. Véase también Melania Moscoso y Txetxu Ausí (eds.), Soledades, Plaza y Valdés, Madrid, 2021.

12  En cambio, proliferan los “no-lugares” (los “non-lieu” de los que habla Marc Augé), espacios indiferenciados de tránsito sin identidad alguna donde prima el anonimato y se aminora la interacción en aras de la eficiencia. Cuando la rentabilidad se pone por delante del bien público, predominan esos “no lugares” sobre los lugares que dan forma a nuestra capacidad de relacionarnos y que desempeñan un papel fundamental en la vida diaria al condicionar las oportunidades de disfrutar de interacciones sociales significativas.

13  Eric Klinenberg, Palacios para el pueblo. Políticas para una sociedad más igualitaria, Capitán Swing, Madrid, 2021.

14   Jorge Riechmann, Otro fin del mundo es posible, decían los compañeros, mra ediciones, Barcelona, 2019.

15   Héctor García Barnés, Futurofobia. Una generación atrapada entre la nostalgia y el apocalipsis, Plaza & Janés, Barcelona, 2022.


Recordando a Paco Fernández Buey

Hoy se cumple el décimo aniversario del fallecimiento de Francisco Fernández Buey, filósofo español, profesor de Historia de las Ideas, de Historia de la Ciencia y de Filosofía Política, en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona.

Paco fue sobre todo un "insumiso discreto", un "racionalista bien temperado" y un “agitador de las utopías” como ilusiones naturales de los de abajo que aspiran a un mundo mejor.

Formó parte del Consejo de Redacción de nuestra revista Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, y pudimos disfrutar en las reuniones de su sentido del humor, fina ironía y amistad, dejando entre nosotros la huella que dejan los buenos maestros y, por ello, ofrecemos, a modo de homenaje, la versión completa de varios textos publicados en la revista: algunos artículos escritos por él, otros dedicados a su obra y pensamiento y varias reseñas de algunas de sus publicaciones.

ARTÍCULOS

Polarización: fracturas, crispación y posverdad, Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, núm. 152, invierno 2020-2021.

Cinco calas en la historia del comunismo del siglo XX. Para el libro blanco del comunismo,  págs. 101-114

Recoge la intervención del autor en un encuentro celebrado en Barcelona el 10 de junio de 2006 con el título «Comunismos. Un balance del siglo XX», organizado por El Viejo Topo, Espai Marx, la Associació Catalana d’Investigacions Marxistes (ACIM) y la Fundación de Investigaciones Marxistas (FIM), en el marco de la exposición «Postcapital» ubicada en el Palau de la Virreina. Esquema y transcripción del texto por Salvador López Arnal.

La tecnociencia en tiempos (post) modernos, Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, núm. 133, primavera 2016.

William Morris. Soñador de nuestros sueños, págs. 13-35.

En una entrevista publicada en 2011, Paco Fernández Buey declaraba: «Cada vez me ha ido interesando más William Morris, del que tal vez se puede decir que fue el último socialista utópico, un rojo aristocratizante atento al diseño y amante de la tipografía que, en cierto sentido, recuperaba la vena romántica del marxismo de la primera hora». De la cercanía del pensador palentino (y barcelonés de adopción) con el gran precursor del ecosocialismo que fue William Morris da testimonio el siguiente artículo publicado en la sección de ENSAYO.

 

Ecologismo y religiónPapeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, núm, 125, primavera 2014.

 Sobre ciencia y religión, págs. 167-171.

Dentro de la sección PERISCOPIO, este artículo habla sobre cuál debería ser el punto de partida para un diálogo fructífero entre ciencia y religión en nuestros días: la ciencia es lo mejor que tenemos desde el punto de vista del conocimiento físico-biológico y lo más peligroso que los humanos hemos creado desde el punto de vista ético. Contra lo que se suele pensar (y a veces decir), lo más peligroso no es la mala ciencia, la falsa ciencia o la pseudociencia, sino precisamente la buena ciencia, la mejor establecida desde el punto de vista cognoscitivo.

 

La(s) crisis: La civilización capitalista en la encrucijada, Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, núm. 105, primavera 2009.

Crisis de Civilización, págs. 41-51.

Este artículo publicado dentro del ESPECIAL: CRISIS económica, ecológica y social, habla de cómo la noción de crisis de civilización se ha divulgado y popularizado en los últimos tiempos sin que a menudo se defina o explique. En la actualidad, según el autor, es preciso matizar que se trata de la crisis de la civilización capitalista y que afecta al conjunto de conocimientos y costumbres que constituye lo que suele definirse como civilización. Los rasgos centrales de esta son la crisis ecológica, el hecho de que vivimos en un mundo globalizado y la homogeneización cultural bajo la forma de occidentalización del mundo. Nos encontramos ante un desastre ético por lo que los valores vigentes y establecidos en nuestras sociedades, y no sólo algunos bancos y empresas, han entrado en bancarrota.

 

Tiempo de Cambio Global, Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, núm. 100, invierno 2007-2008.

¿Es el decrecimiento una utopía realizable?, págs. 53-61.

Este artículo enmarcado dentro la sección ESPECIAL trata sobre las controversias ético-políticas en el mundo contemporáneo, que se ha encontrado el autor en los cursos que impartió en la universidad, sobre la oportunidad que tuvo de comprobar que los dos temas que más entusiasmo polémico suscitan entre los estudiantes de Humanidades y Ciencias Sociales, eran el papel de los medios de comunicación en las democracias representativas y la idea de decrecimiento, aunque la idea de decrecimiento suscite tanta simpatía, como escepticismo la posible aplicación práctica de la misma.

 

ENTREVISTA

Europa en la encrucijada, Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, núm. 120, invierno 2012-2013.

Entrevista a Francisco Fernández Buey 1943-2012, por Miguel Ángel Jiménez González, págs. 13-31.

Entrevista que aborda aspectos de su biografía, influencias en su pensamiento y referencias a sus obras, realizada en el año 2010, cuando fue invitado por el Centro de Investigaciones Interdisciplinarias de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), para impartir una conferencia sobre su libro Marx (sin ismos).

 

TEXTOS SOBRE FRANCISCO FERNÁNDEZ BUEY Y SU OBRA

Utopías en tiempos de pandemia,  Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, núm. 149, primavera 2020.

La sección REFERENTES recoge dos textos de Paco Fernández Buey:

Utopía y vocación científica en la representación socialista moderna de la sociedad capitalista,  págs.113-128

Charles Fourier y los elementos positivos de la utopía, págs. 129-156,

que forman parte de una de las inquietudes y temáticas que acompañaron al autor hasta el final de sus días: la utopía y los pensadores utópicos, y su consideración y papel en la tradición marxista y en otras tradiciones emancipatorias.

Ambos textos vienen precedidos por una Presentación elaborada por Salvador López Arnal, bajo el título: Francisco Fernández Buey: elementos positivos de la Utopía.

Capitalismo digital, Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, núm. 144, invierno 2018-2019.

Dentro de una sección dedicada a la memoria de Francisco Fernández Buey encontramos dos textos:

Salvador López Arnal, «Artículos, notas, traducciones y cartas de Francisco Fernández Buey publicados en la revista Mientras Tanto», pp. 165-176. 

Salvador López Arnal: "Una carta de Francisco Fernández Buey sobre Cuba", Papeles de relaciones ecosociales y cambio global, nº144, 2018, pp. 177-181.

Economía ¿colaborativa?, Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, núm. 141, primavera 2018.

Salvador López Arnal, «La transición política y los intelectuales, en el pensamiento de Francisco Fernández Buey»

El racionalismo temperado que Francisco Fernández Buey defendió en sus obras epistemológicas, no solo tuvo como ámbito de reflexión asuntos de filosofía de la ciencia, sino que es también concepto y perspectiva esencial en sus reflexiones estrictamente políticas o político-culturales.

¿Dónde estamos y hacia dónde vamos?
, Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, núm. 126, verano 2014.

Salvador López Arnal, La tercera cultura en la obra de Francisco Fernández Buey. Para los (y las) que aman por igual a ciencia, el arte y las humanidades, págs. 13-32.

Publicado en la sección ENSAYO, el autor se detiene en una de las preocupaciones centrales a lo largo de la trayectoria filosófica, y sobre todo en los últimos años, de Francisco Fernández Buey (1943-2012): la necesidad de una tercera cultura, la urgencia cívica de una instrucción pública no demediada, formativa. Una tercera cultura necesaria para hacer de la pasión de los de abajo «una pasión razonada apta para que tome cuerpo en otra sociedad, en una sociedad sin clases, sin explotación, sin alienación». Y con ciencia y consciencia desde luego.

 

Alternativas 3: enfoque para el cambio social, Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, núm, 119, otoño 2012.

Salvador López Arnal y Jordi Mir García, Vértices y caras de un marxista lascasiano y leopardino que amó a Antonio Gramsci y a John Berger, págs. 13-37.

Los autores realizan un homenaje a Paco Fernández Buey con un recorrido a través del pensamiento ancho y fecundo de este filósofo multifacético. Amigo y discípulo de Manuel Sacristán, Fernández Buey desarrolló un marxismo humanista imbuido de ecologismo social. Su teoría y su praxis se caracterizaron a la par por la temperancia y el radicalismo, y la coherencia intelectual y personal.

Entrevista a Miguel Candel sobre Francisco Fernández Buey, por Salvador López Arnal, págs. 39-45.

Miguel Candel, profesor de filosofía en la Universidad de Barcelona fue amigo y compañero de Francisco Fernández Buey durante cuatro décadas y colaboró con él en las revistas Materiales y Mientras Tanto. En la entrevista lo más se destaca de la obra y el hacer de Fernández Buey es, precisamente, que su obra siempre fue inseparable de su hacer. Según Candel es difícil encontrar una figura en el panorama de la intelectualidad y el activismo político españoles en la que la coherencia entre pensamiento y praxis sea más perfecta y ejemplar.

 

RESEÑAS 


Rafael Díaz Salazar (ed.), Sobre izquierda alternativa y cristianismo emancipador, de Francisco Fernández Buey,, Madrid: Trotta, 368 págs.

Reseña elaborada por Santiago Álvarez Cantalapiedra para Papeles de relaciones ecosociales y cambio global, núm. 153, primavera 2021, pp. 131-135.

Salvador López Arnal, El Marxismo sin Ismos de Francisco Fernández Buey, Málaga: Promotora Cultural Malagueña, 2014, 223 págs.

Reseña elaborada por Pedro Ribas para Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, núm, 132, invierno 2015-2016, págs. 171-173.

 

Francisco Fernández Buey, Sobre federalismo. Autodeterminación y republicanismo. Edición de Salvador López Arnal y Jordi Mir García, Barcelona: El Viejo Topo, 2015, 154 págs.

Reseña elaborada por Ángel Duarte Montserrat para Papeles de Relaciones Ecosociales y cambio Global, núm. 131, otoño-invierno 2015, págs. 151-154.

 

Francisco Fernández Buey, Por una Universidad democrática. Escritos sobre la Universidad y los movimientos universitarios (1965-2009), Barcelona: El Viejo Topo, 2009, 318 págs.

Reseña elaborada por Salvador López Arnal para Papeles de Relaciones Ecosociales y cambio Global, núm. 108, invierno 2009, págs. 168-172.


Francisco Fernández Buey, Utopías e ilusiones naturales, Barcelona: intervención cultural, 2007, 336 págs.

Reseña elaborada por Salvador López Arnal para Papeles de relaciones ecosociales y cambio global, núm. 100, invierno 2007-2008. pp. 210-211.


Respuestas desde el movimiento pacifista sobre guerra de Ucrania

Este diálogo «Respuestas desde el movimiento pacifista. La guerra de Ucrania en el contexto del surgimiento de un nuevo orden», pertenece al Dosier Ecosocial: Crisis, modos de vida y militarismo. Una lectura a propósito de la guerra de Ucrania.

La guerra, al igual que la pandemia, está exigiendo una respuesta rápida y contundente por parte de los gobiernos, muchas veces improvisada y con poca consciencia de las consecuencias que puede acarrear. La respuesta de Occidente a la agresión rusa a Ucrania ha animado los “ardores belicistas” de la sociedad y se empiezan a ver signos preocupantes de la imposición de una lógica militarista sobre la sociedad que trastoca prioridades y deja en la estacada cosas que hasta hace poco considerábamos valiosas (transparencia, libertad informativa, derechos y libertades fundamentales, etc.).

Para diagnosticar el contexto en el que estamos, ver cómo es percibido por el
grueso de la ciudadanía y que desafíos plantea todo lo anterior al movimiento
pacifista, conversamos con:

Ana Barrero Tiscar

Directora de la Fundación Cultura de Paz. Presidenta de la Asociación Española de Investigación para la Paz (AIPAZ).

 

 

Miembro del Consejo del Instituto Universitario de Derechos Humanos, Democracia, Cultura de Paz y Noviolencia (DEMOSPAZ-UAM). Miembro de la Junta Directiva de WILPF España, sección española de la Liga Internacional de Mujeres por la Paz y la Libertad.

Entre sus líneas de investigación están la construcción de la paz en ciudades y territorios, en esta línea está trabajando en el desarrollo de una Agenda Local de Paz y Convivencia; las tecnologías para la paz; y las alfabetizaciones múltiples para una cultura de paz, tema sobre el cual está desarrollando su tesis doctoral en la Universidad Carlos III de Madrid.

 

Ana Villellas

Investigadora de la Escola de Cultura de Pau - UAB. Licenciada en Periodismo por la Universidad Autónoma de Barcelona – UAB. Tiene un máster en Política Internacional y Europea por la Universidad de Edimburgo, una diplomatura de postgrado en Cultura de Paz de la UAB.

Su área de investigación son los conflictos y procesos de paz en Europa, Cáucaso y Asia central y, particularmente, la cuestión kurda en Turquía. Otro ámbito de investigación es la dimensión de género en los conflictos y construcción de paz.

Forma parte de la red de género de Global Partnership for the Prevention of Armed Conflcit (GPPAC), así como del grupo de trabajo de género, paz y seguridad de European Peacebuilding Liaison Office (EPLO) en representación de GPPAC. Coautora de Alerta! Informe sobre conflictos, derechos humanos y construcción de paz desde 2007.

 

Carmen Magallón

Doctora en Ciencias Físicas, por el programa de Historia de la ciencia-Filosofía de la ciencia, de la Universidad de Zaragoza. Licenciada en Físicas.

Diploma de Estudios Avanzados (DEA) en Filosofía. Postgrado de Historia de la Ciencia, Estudios de Psicología, UNED.

Presidenta de la Fundación SIP (Seminario de Investigación para la paz), de Zaragoza. Presidenta de Honor de WILPF España, sección de la Liga internacional de Mujeres por la Paz y la Libertad.

 

Tica Font

Fundadora e investigadora del Centre d’Estudis per la Pau J.M. Delàs,

Exxperta en Economía de defensa, comercio de armas, presupuestos de defensa, industria militar, nuevas armas y seguridad.

 

Ha sido profesora en educación no formal, tutora de la Universidad Nacional a Distancia (UNED) y técnica en medio ambiente en la Diputación de Barcelona.

 

¿Qué aspectos te resultan más preocupantes de la imposición de esta lógica militarista en la resolución de unos problemas que tienen como trasfondo la geopolítica y la reconfiguración del orden internacional?

Ana Barrero: La lógica militarista se basa en la premisa de que si se desea la seguridad y la paz hay que combatir para conseguirlas, es decir, prepararse para la guerra. Y sobre esta premisa perversa se ha construido un orden internacional basado en el militarismo, consistente en el establecimiento de políticas públicas encaminadas a proporcionar la seguridad mediante el armamentismo, el comercio de armas, el gasto militar, etc.

Desde la Investigación para la Paz sabemos bien, porque lo trabajamos desde el rigor científico y porque las evidencias y los hechos históricos así lo han puesto de manifiesto en innumerables ocasiones, que esta afirmación es absolutamente falsa y tremendamente preocupante. Que prepararse para la guerra supone invertir miles de millones en armamentos y gastos militares, mientras se reducen las inversiones ecosociales (vivienda, salud, educación, trabajo digno, seguridad alimentaria, medio ambiente…) que son las que protegen realmente a las personas y al planeta. Que invertir en la guerra no va a solucionar los conflictos violentos, por el contrario, contribuirá a aumentar la violencia y generar un enorme sufrimiento humano.

En un mundo ya de por sí profundamente militarizado, la guerra en Ucrania está acelerando aún más la militarización. Numerosos países han anunciado el incremento de su gasto militar para modernizar sus ejércitos y armamentos, así como para adquirir nuevos sistemas de violencia. Este impulso se argumenta como garantía para la seguridad de los Estados, imponiendo una idea de seguridad sustentada sobre las armas, una dimensión militar de la seguridad y el militarismo como forma de pensamiento. Y marginando, así, a la construcción de la paz como garantía y condición para la seguridad de las personas que viven en esos Estados.

Ana Villellas: Destacaría diversos aspectos. La invasión de Rusia -potencia militar y nuclear- contra una población soberana y un territorio con infraestructura nuclear como Ucrania, pone de manifiesto un desprecio por la vida y por el derecho internacional así como una lógica imperialista sumamente preocupantes. Los actos constitutivos de crímenes de guerra y crímenes de humanidad de Rusia hablan por sí mismos.

En el contexto global marcado por el incremento de tensiones geoestratégicas, rearme y securitización, emergencia climática, desigualdades socioeconómicas, y marcado también por el mayor cuestionamiento del derecho internacional y de las instituciones multilaterales, resulta inquietante que se pueda incrementar el recurso a la violencia armada, y que el nexo militarismo-patriarcado continúe tan arraigado, alimentando esta violencia y multiplicándola. Otro elemento preocupante en trasfondos geopolíticos es el riesgo de amplificación del conflicto militar.

En otro plano, es frustrante cómo en esta y otras crisis se ha despreciado la prevención; y cómo la OTAN y EEUU incumpliendo compromisos de construcción de una arquitectura de seguridad compartida con Rusia tras el fin de la Guerra Fría, han contribuido en estas décadas al deterioro del contexto de relaciones en el continente. No sabemos qué habría sucedido de haberse explorado o apuntalado más otros caminos (no ampliación de la OTAN, diálogo trilateral entre la UE-Rusia-Ucrania al inicio del Maidán, acuerdo del 21 de febrero de 2014, acuerdos de Minsk, más apoyo a las iniciativas locales de paz, etc.), pero la infravaloración de la prevención en esta y otras crisis es grave, porque las opciones después se reducen.

En otro orden de cosas, preocupa el alcance de los impactos de la invasión y de las consecuencias de parte de las sanciones en la población mundial, agravando desigualdades en el contexto del capitalismo global, al tiempo que las sanciones son una vía de presión no militar. Por otra parte, para frenar la devastación son necesarias negociaciones, pero estas pueden acabar siendo acomodaciones de intereses estratégicos construidos en base a conceptos de seguridad estatal impuestos por sus élites y acordados en mesas excluyentes y asimétricas, como vemos con Rusia. Por ello, antes, durante y después de las guerras necesitamos apoyar lógicas de construcción de paz inclusivas y con justicia social y justicia transicional.

También toca poner el foco en cómo en el shock de esta invasión se imponen falsos consensos, como el rearme, o se redirigen transformaciones impostergables en clave de justicia ecosocial hacia otras direcciones.

Carmen Magallón: Me preocupa el deterioro de los movimientos de respuesta. La invasión de Ucrania por parte de las tropas rusas sometidas a los planes de Putin, aunque diferente, se asemeja a la Guerra Fría en los años ochenta del siglo pasado: dos bloques, amenaza nuclear, tensión político-económica… La diferencia es que ahora no vemos un movimiento pacifista organizado, creativo y potente, similar al que se levantó en territorio europeo en aquellos años.

La reacción ante la guerra está conduciendo a un rearme de los países europeos con un aumento del gasto armamentístico descomunal. La transferencia de armas a Ucrania está sirviendo para justificar y embellecer tanto la producción y modernización de las armas como el aumento presupuestario dedicado a ellas. Ya no se controla ni el lenguaje y se dice que no solo se envían armas defensivas sino ofensivas. El control no hace falta porque la población está abducida por el ensalzamiento de un patriotismo de corte belicista y todo se justifica frente a un hecho condenable pero que hubiera podido ser abordado de otro modo. La producción y el comercio de armas, es decir, el negocio de las armas y quienes invierten en él son los grandes beneficiarios.

En la reacción de la población ucraniana se han reproducido los estereotipos de género. Asumiendo el papel de cuidadoras de niños, niñas y ancianos, las mujeres han salido del país en mayor proporción. No las critico, más bien al contrario: dejar el campo de batalla me parece sensato y civilizado, y ojalá los hombres lo hubieran hecho también, seguramente muchos hubieran optado por desertar y salir del país, pero no les han dejado. Tampoco se nos han mostrado del mismo modo a las mujeres que se han quedado a defender sus casas y el país ni a los hombres que, como han podido, han huido de la lucha. La deserción sigue siendo tabú.

Tica Font: Me aflige observar la rapidez con que se conduce y manipula a la población a través de los medios de comunicación. Para la población rusa no hay guerra. Putin ha prohibido utilizar las palabras “guerra, invasión y destrucción”, el bando ruso maximiza sus resultados y minimiza las bajas o errores. Putin muestra imágenes limpias de la guerra, solo se ven soldados en formación, tanques, no muestra ataques, no muestra destrucción en edificios, hospitales o escuelas, no muestra heridos o muertos, no muestra población angustiada. Putin muestra mapas de adelanto militar, muestra sus logros. Ucrania hace lo mismo, pero al revés: muestra destrucción, ataques a infraestructuras que dañan la vida, muestra la desesperación de las personas, muestra las largas colas de refugiados, muestra los heridos, los muertos, los daños en las casas; muestra su resistencia al ejército ruso.

Nosotros vemos el sufrimiento de la gente, empatizamos con ellos y dejamos que las emociones guíen nuestras decisiones. Cuando las emociones pesan más que la razón apoyamos todo lo que los gobiernos propongan, sea involucrarse en la guerra, vender armas o incrementar el presupuesto de defensa. Estos días vemos a mucha población con reacciones primarias pidiendo que entremos en guerra, como si la guerra fuera una película. También vemos población que criminaliza a cualquier persona por el hecho de ser rusa. Es bueno recordar que las guerras las hacen los gobernantes, no los países ni la gente.

Como pacifista resulta duro comprobar que unos días de crónicas televisivas anulan los principios o valores tan importantes como defender la vida humana por encima de todo y hacen aflorar emociones primarias que piden guerra.

En términos geopolíticos hay que situar la guerra en el contexto de construcción de una nueva era, estamos construyendo un nuevo orden mundial multipolar, en el que todavía no están establecidos quienes figuraran como potencia ni se han establecido los canales o arquitectura institucional de diálogo entre potencias.

Por otra parte, estamos asistiendo a lo que puede ser un cambio de hegemonía mundial, hasta ahora Estados Unidos era la potencia hegemónica mundial, en términos económicos, tecnológicos y militar, esta posición la disputa China, que ya casi pasara a ser la primera potencia económica y va a la zaga en ser potencia tecnológica y militar.

A lo largo de la historia vemos que los cambios hegemónicos se han llevado a cabo mediante guerras ¿Pasará lo mismo? ¿Nos estamos preparando para una gran confrontación? ¿O podremos aceptar compartir las hegemonías sin matarnos o sin imposiciones a través de la fuerza?

 

¿Qué percepciones crees que se van fraguando entre la ciudadanía? ¿Qué traducción política podría tener esta reacción ciudadana que se alimenta de incertidumbre, preocupación, indignación y empatía ante la tragedia que se vive en Ucrania? ¿Quién puede terminar canalizando este desconcierto e indignación?

Ana Barrero: En un contexto de guerra, como la de Ucrania, o cualquier otra, la narrativa predominante suele ser la de la propaganda de los actores o países enfrentados. Se produce, además, una “guerra” de la narrativa, el discurso es diferente dependiendo del actor del que provenga, ya que la victoria también será imponer el propio relato sobre la guerra.

En el caso concreto de la guerra en Ucrania, el discurso de Putin está dirigido, sobre todo, hacia el interior del país, con el objetivo de justificar la invasión, y está calando poco fuera de Rusia. Por el contrario, el discurso de Zelenski está teniendo un fuerte impacto tanto dentro como fuera de Ucrania. Dentro ha generado unión del pueblo y el apoyo a las acciones del Gobierno. Fuera está generando una fuerte empatía y solidaridad con el pueblo ucraniano y, también, con las acciones del Gobierno de Zelenski.

Estas narrativas, así como las que se están generando a través de los medios de comunicación, las redes sociales… están contribuyendo, por un lado, a la espectacularización y normalización de la guerra lo que conlleva al apoyo al militarismo, al envío de armas a Ucrania, etc. Por otro lado, están alimentando la incertidumbre e inseguridad sobre lo que puede o no ocurrir, o de la duda sobre el grado de conocimiento de lo que está ocurriendo, contribuyendo a la construcción de un imaginario colectivo de impotencia y miedo.

Aunque el miedo ha estado presente en la sociedad en todas las épocas, porque es inherente a la vulnerabilidad radical de los seres humanos, el miedo actual surge, además, por nuevos motivos: la crisis provocada por la pandemia de la COVID-19, los conflictos violentos, las consecuencias del cambio climático, la guerra en Ucrania… Para muchas personas el mundo de hoy es un lugar inseguro, plagado de amenazas y violencias que socavan las perspectivas de paz, la estabilidad, los derechos fundamentales y el desarrollo sostenible. Estas situaciones provocan hartazgo, desilusión, desafección a las instituciones a todos los niveles, incertidumbre personal y malestar colectivo.

En este contexto los movimientos políticos y sociales ultraderechistas, supremacistas y totalitarios encuentran su caldo de cultivo, tendiendo a confundir el discurso y la información con la propaganda, las noticias falsas y la desinformación alimentando la polarización de las sociedades y el miedo. Y son estos movimientos los que pueden terminar canalizando este miedo e indignación.

Ana Villellas: La invasión y guerra en Ucrania ha generado preocupación en la población, tanto entre quienes se consideran más informados como entre quienes afirman tener menos información sobre la situación. Según el barómetro del CIS de marzo, un 86,4% de la población del Estado español estaba bastante o muy preocupada por la invasión de Rusia. Una amplia mayoría consideraba que la invasión tendrá bastantes o muchas consecuencias en la situación económica de la población del estado español, en el precio de los carburantes y en el precio y suministro de productos agrícolas. Según el barómetro, había amplio apoyo al envío de ayuda humanitaria, a la acogida de población refugiada de Ucrania, a la presión internacional para la retirada de tropas, a la imposición de sanciones económicas y —con apoyo amplio aunque algo menor— al suministro de material militar en forma de armamento o munición para la defensa. En conjunto, por tanto, afectación, conciencia de las cadenas de impactos económicos interrelacionados y apoyo a la acción (a diferentes tipos de acción).

La traducción política y la canalización de la preocupación puede ser diversa. Aquí el campo de la sociología (del cambio social, del trabajo, de la juventud, urbana, rural, política...), la comunicación, la economía y tantos otros nos pueden dar claves

Necesitamos diálogos interdisciplinares y participativos, tanto para ahondar en la prevención de la violencia armada, como para internacional y localmente construir respuestas con justicia social. No sé si la incertidumbre y la preocupación se traducirán en cierta alineación entre población y acción de gobierno en el marco de la aparente mayor unidad de los gobiernos europeos y de parches que mitigan muy parcialmente la desigualdad; o si se traducirán en más desafección y más desconfianza que puedan ser instrumentalizadas por fuerzas populistas y reaccionarias en ausencia de mayores políticas redistributivas y en un contexto de asimetría de poderes; u otros escenarios. Resultan imprescindibles alianzas y políticas que pongan en el centro las necesidades materiales de la población (seguridad alimentaria y energética, acceso a la vivienda, condiciones laborales, regularización administración, cuidados...), la gestión pública de los bienes de primera necesidad, la coherencia de políticas (incluyendo en acción exterior) y pactos amplios para transiciones (energética, transporte, agroecológica, entre otras) con justicia social.

Carmen Magallón: Hay cierta melancolía e impotencia frente a lo que nos acontece como ciudadanía y como humanidad. Primero un virus que desbarató parte de nuestras vidas y nos mostró una vulnerabilidad que gran parte de la población no tenía asumida: creíamos que la tecnociencia y el capital nos protegían de estos embates. Vemos que no.

En cuanto a la corriente inmensa de solidaridad hacia los refugiados, es encomiable, sí, pero levanta otros interrogantes: ¿por qué no sucede lo mismo ante otras guerras y otros refugiados, sea Siria, Yemen, Palestina? ¿Es efecto de los medios o de un racismo que reconoce al ‘igual de aspecto’ mientras desconoce a los diferentes, sobre todo si son pobres?

Pienso que la asunción acrítica del heroísmo bélico por parte de la población, tal vez está mostrando el vacío de valores de una sociedad de mercado centrada más en tener que en ser (glosando a Erich Fromm). La ciudadanía se repliega en los ahora llamados espacios de confort: la familia, el pueblo unido al campo si es posible, la identidad -sea esta lo que sea-, el individualismo.

No se han dado las suficientes y documentadas explicaciones de la genealogía de una invasión-guerra que venía anticipada por señales e incumplimientos por parte de Occidente de los acuerdos que se establecieron con Rusia tras la disolución de la Unión Soviética, acuerdos que tendrían que ponerse de nuevo sobre la mesa, si realmente se quiere una solución diplomática. Las negociaciones para conseguir la paz exigen reconocimiento, coherencia autocrítica y voluntad. Como falta pedagogía y formación política, serán los partidos xenófobos y ultras, los que enfatizan la seguridad armada y el miedo al otro, que son los mismos que hacen un canto al patriotismo belicista, los que se beneficiarán de esta guerra.

Tica Font: Hay una buena parte de la población española que lentamente, crisis tras crisis, va perdiendo salario, la brecha salarial aumenta y el nivel de pobreza aumenta. Esta lenta pérdida de derechos laborales y salarios va generando frustración y desafección política. La guerra de Ucrania provoca reacciones de pedir mano dura en nuestros gobiernos de la UE hacia el “malo” y mano dura aplicando sanciones.

La globalización ha supuesto la interrelación de las economías y querer aplicar sanciones como si fuéramos países que viven aislados tiene sus consecuencias. Estos días muchas personas pedían cerrar el grifo de petróleo con Rusia, se decía y con razón que, si Rusia exporta gas y petróleo, le estamos financiando la guerra; pero si cerramos la compra, hay que pensar que mucha industria cerrará, la producción de energía eléctrica disminuirá, eso conlleva pérdida de muchos puestos de trabajo y de salarios. Otros decían que pasáramos a comprar el gas a Argelia, la infraestructura no está preparada, pero este gas está en un país bajo régimen poco democrático, gas situado en la zona del Sahara, donde se encuentran diversas fracciones del Daesh. Como hemos visto estos días el gaseoducto que pasa por Marruecos hacia España ha sido cortado. Otro punto débil.

Sabemos que tenemos que disminuir el consumo de combustibles fósiles, que lentamente se irán acabando las reservas. Descarbonizar la economía y llevar cabo una transición económica verde, comportará depender de ciertos minerales para fabricar turbinas eólicas, paneles solares o baterías para coches, habrá que asegurarse el acceso a los mismos, diversificar las fuentes de abastecimiento y asegurar la cadena de suministro. En definitiva, estamos cambiando la dependencia de combustibles fósiles por una dependencia de materias primas críticas.

Con todo ello quiero decir que el mundo no podemos mirarlo en términos de “bueno-malo”, “blanco o negro”, el mundo es complejo y decidir o tomar decisiones también lo es, no hay decisiones o políticas buenas o malas. Hay que decidir entre lo menos malo. Y sea lo que sea que se decida se tardan años en implantar y en observar resultados.

Pero las reacciones viscerales ante el conflicto o las reacciones ante a subida de precios de combustibles y otras materias primas, piden reacciones rápidas, piden urgencia en replantear modelos para la agricultura o los precios de insumos agrícolas.

En estos contextos cuando los partidos políticos no representan modelos de futuro sino simples peleas electorales muchos toman opción por los partidos populistas y de extrema derecha. Los grupos de extrema derecha presentan propuestas disruptivas, como salirse de la UE, representan nacionalismos excluyentes, proponen que la mujer vuelva a ocuparse de la casa y los cuidados o que no se permita la entrada de inmigrantes. Proponen que cualquier tiempo pasado fue mejor. Ello está provocando una lucha electoral entre la derecha y la extrema derecha por la hegemonía política.

Occidente contempla la seguridad internacional como una forma de garantizar un modo de vida que nos ha conducido a una grave crisis ecosocial ¿Qué desafíos Diálogo. La Guerra de Ucrania en el contexto de un nuevo orden tiene ante sí el movimiento pacifista en este contexto, en el que también tendríamos que computar, además del drama del conflicto violento y la urgencia de pararlo, otras cuestiones como la crisis ecológica y social en la que se encuentra sumida nuestra sociedad?

Ana Barrero: El contexto actual de grave crisis ecosocial que estamos viviendo a nivel global supone un importante desafío para nuestras sociedades, que nos interpela a las personas y organizaciones que trabajamos por la paz a actuar. Ya que tenemos la responsabilidad de preocuparnos y ocuparnos para tratar prevenir, reducir y erradicar cualquier tipo de violencia, se manifieste en la forma en la que se manifieste y en el lugar en que se manifieste.

En este sentido, el movimiento pacifista tiene actualmente numerosos y urgentes desafíos, entre ellos, contribuir a redefinir el concepto de seguridad en términos humanitarios y ecológicos. Una seguridad vinculada al bienestar de las personas y a la capacidad para satisfacer sus necesidades básicas en un entorno medioambiental seguro. Una seguridad que consiga eliminar, o reducir, el sufrimiento humano y de la naturaleza; aumentar la presión sobre los gobiernos para reducir los presupuestos militares y redirigir estos fondos a las cuestiones esenciales para el cuidado de la vida y del planeta; incidir en los gobiernos para que firmen y ratifiquen el Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares, con el fin de desmantelar el sistema de violencia nuclear que supone una amenaza extrema para las personas y el planeta; poner esfuerzos para fortalecer la convivencia y la paz frente al miedo y la desconfianza; promover, a nivel local y global, los valores democráticos de justicia, solidaridad, igualdad y cooperación, para lograr una sociedad global más justa, equitativa, inclusiva, sostenible y pacífica; y continuar impulsando la construcción de la paz, la diplomacia, el diálogo, la solidaridad, el desarme, los cuidados y la adopción de medidas urgentes para abordar el cambio climático como imperativo para la supervivencia humana.

“Posiblemente el mayor enemigo de la paz en el mundo sea la extendida creencia de que la paz es imposible”, Fredrik S. Heffermehl

 

Ana Villellas: Son muchos los desafíos. ¿Cómo abordar los diversos sistemas y fuentes interrelacionados de violencia directa, estructural y simbólica, y hacerlo de forma situada (con conciencia del lugar y posiciones desde las que habitamos y enunciamos) y transformadora? Parte del desafío y la oportunidad pasa por comprender la interrelación de las violencias y sus engranajes, desnaturalizarlas y construir y proponer desde lugares de mayor interrelación y de sujetos más amplios, tanto en el entorno inmediato como en el plano internacional. Sin reinventar la rueda, persistiendo en los fundamentos y caminos de quienes nos precedieron (desarme, desnuclearización, prevención de conflictos, acción noviolenta...) incluyendo desde los márgenes (feminismo pacifista, que pone la vida en el centro) y, a la vez, ensanchando el campo de visión, los diálogos y los sujetos.

Desde lo cotidiano y la vida de todas. Como movimiento pacifista tenemos el reto de visibilizar y desgranar las violencias que convierten a las personas y los territorios —países frontera entre bloques, territorios con recursos naturales, barrios urbanos...— en campo de batalla, y prevenirlas y confrontarlas. Los muchos retos incluyen fortalecer la interrelación del movimiento pacifista con otros movimientos y luchas emancipatorias en barrios y en el escenario global; hacer relevantes en los debates públicos y políticos los planteamientos y propuestas de la cultura de paz —muy especialmente de la prevención de la violencia armada— y hacerlo sin superioridad moral, con conciencia del lugar de enunciación y de la dificultad de los dilemas y conscientes del momento social; fortalecer las capacidades para el pensamiento crítico y la educación para la paz; contribuir a construir poder popular poniendo en centro la interdependencia y la noviolencia, al mismo tiempo que seguir incidiendo en las políticas y espacios de poder político y económico... Hay desafíos específicos del movimiento pacifista y otros muchos son comunes a otros movimientos.
En ello estamos.

Carmen Magallón: El movimiento pacifista tiene ante sí el reto de organizarse combinando la virtualidad de las relaciones con la presencialidad que exige la posibilidad de realizar incidencia visible y con potencial de extenderse y ocupar un espacio. Hemos de dejar de escondernos tras las pantallas, hacernos presentes. El cuerpo siempre ha sido clave en las protestas imbuidas de la filosofía y las acciones noviolentas. Hemos de recuperar los cuerpos para la política.

La paz va más allá de la seguridad, pero necesita seguridad. Hemos de recuperar la idea de que mi seguridad depende de la tuya, y viceversa: la seguridad compartida. Una noción que no casa con las armas, sino con el fomento de la confianza. Lo hemos escrito: las armas no nos salvarán.

Necesitamos más pedagogía sobre el mundo global, en el terreno de la política, de los impactos ecosociales y la interdependencia. En nuestro país, es patente la falta de formación y desconocimiento de estos asuntos; los partidos los relegan en sus programas y debates públicos y apenas tienen espacio en los medios. Lo que conduce a una ignorancia de la población al respecto de acontecimientos que nos afectan en lo cotidiano —y ahora, con el impacto de la guerra en nuestra economía, lo estamos viendo.

En el plano de la gobernanza global, hacen falta líderes, hombres o mujeres, capaces de revertir este deterioro, sin miedo a apelar a ideales a compartir como humanidad. Si los partidos democráticos y sus líderes siguen aferrados a la contabilidad estrecha y las miserias humanas, y no promueven visiones ligadas a proyectos ilusionantes encaminados a animar a la ciudadanía a vivir de otro modo, a disfrutar de una vida menos consumidora de energía y materiales escasos, más ligada a los cuidados, los afectos y el disfrute del tiempo, más cuidadosa con la Naturaleza y los demás; si nos quedamos en los cálculos y la exaltación de lo negativo, sin un relato ilusionante de futuro, quienes se beneficiarán serán los fabricantes de armas y los partidos xenófobos.

Tica Font: En el imaginario europeo todavía queda el rechazo al horror de la guerra. El movimiento pacifista se hace eco de ello, la población todavía puede aceptar que preservar la vida es más importante que cualquier otro valor abstracto como el país. Pero no hemos logrado cambiar las premisas de pensamiento en los espacios de toma de decisiones donde los intereses económicos siempre están por encima de mantener la vida.

Todos sabemos que utilizando las premisas de la física newtoniana nunca se hubiera desarrollado la teoría de la relatividad, fue necesario cambiar de premisas para obtener una respuesta diferente. Ese sigue siendo nuestro reto, si no hay cambio de premisas siempre llegamos al mismo resultado, dirimir los conflictos de intereses mediante la guerra. ¿Cuándo cambiaremos las premisas? ¿Quién no tiene interés en que cambien las premisas?

 

 


Diálogo sobre calidad de vida y necesidades humanas

Diálogo sobre calidad de vida y necesidades humanas

FUHEM Ecosocial

Junio 2022

Vivimos inmersos en una profunda crisis ecosocial —resultante de la combinación de la ecológica con la social— que  expresa hasta qué punto se tensan en la fase actual del capitalismo las articulaciones entre las esferas productiva y reproductiva.

Este diálogo que pertenece a la colección Dosieres Ecosociales presenta, de forma razonada, algunos de los debates acerca de qué cabe entender hoy por una "vida buena" y cómo lograr una sociedad justa y sostenible sin personas excluidas.

Santiago Álvarez Cantalapiedra, en el texto introductorio, define la crisis ecosocial y su desarrollo en una época de profundos contrastes: por un lado, miseria cuando no se alcanza lo mínimo para una vida digna; por otro, patologías sociales y deterioro ambiental consecuencia de la sobreabundancia y del exceso. De ahí que el principal desafío que tiene planteada la humanidad ante la envergadura de esta crisis es el de encontrar caminos intermedios entre la carencia y el despilfarro que respondan a la pregunta de cuánto es suficiente para garantizar el bienestar de todas las personas sin comprometer las bases naturales que sostienen la vida en el planeta.

Para el diálogo hemos contado con la inestimable colaboración de varios expertos: Cristina Carrasco, Antonio Elizalde Hevia, Omar Felipe Giraldo, Ian Gough, Joke J. Hermsen, Max Koch, Joaquim Sempere, Julia K. Steinberger, que han respondido a las siguientes cuestiones:

1.- ¿Cuáles son los componentes o dimensiones que consideras fundamentales en cualquier definición de "calidad de vida" o "vida buena"? ¿Qué es lo que hace buena la vida humana?

2.- Dado que el contexto actual viene marcado por la crisis ecosocial global, ¿qué aspectos deberíamos incorporar a la reflexión sobre la "calidad de vida"?

3.- ¿En qué medida los diferentes enfoques acerca de las necesidades humanas son útiles y/o necesarios para definir y evaluar la calidad de vida?

4.- ¿Es posible lograr un marco común sobre las necesidades humanas?

5.- En un plano más práctico, parecería que necesitamos un nuevo contrato social construido a partir del consenso en torno a qué significa hoy, en este contexto de crisis ecosocial, la justicia social y la sostenibilidad. ¿Qué aporta, en este sentido, el debate en torno al Green New Deal y otros similares?

Acceso al texto completo del dosier en formato pdf: Diálogo sobre calidad de vida y necesidades humanas.