"A mí Loyola me hizo florecer como persona"
El pasado 11 de junio, la comunidad del antiguo Colegio Loyola volvió a encontrarse en un acto cargado de memoria, reconocimiento y emoción compartida. Concebido como una oportunidad para recuperar vínculos y celebrar un legado educativo singular, el reencuentro reunió a alumnado, profesorado y personas que formaron parte de un proyecto profundamente transformador dentro de FUHEM.
El reencuentro comenzó con las intervenciones de Sara López Gato, directora y orientadora del Colegio Loyola; Marta González, profesora; y Cristóbal Vargas, también profesor del centro, quienes, desde sus diferentes trayectorias, ofrecieron una mirada complementaria sobre lo que significó el Loyola. Aunque sus intervenciones sirvieron como punto de partida, el encuentro se desarrolló como un diálogo colectivo, dando voz a las muchas experiencias que conforman la historia compartida del colegio.
Marta González Reyes, profesora del Colegio Hipatia y antigua profesora de Loyola, abrió el encuentro recordando la importancia que tuvo en su carrera docente todo que se aprendía y se vivía cada día entre las paredes del centro, para dar paso a Sara López, antigua directora del centro, quién destacó la importancia que tuvo el centro para las personas más excluidas y vulnerables de la sociedad madrileña del momento a través de los programas de garantía social, más tarde conocidos como Programas de Cualificación Profesional Inicial (PCPIS) que ofrecían una tabla de salvación y un horizonte de futuro al alumnado que entraba por las puertas del centro. «Loyola no dejaba en la estacada a nadie», pero sobre todo, como no dejaba re recordar Sara, gracias a todo al compromiso de toda la comunidad del centro: «sin equipo no habría podido».
«A mí Loyola me hizo florecer como persona», reconoció emocionado Cristóbal Vargas, actual profesor de Hipatia y antiguo docente en Loyola, que no olvidará nunca «aquella tarde en que lo llamaron para trabajar en FUHEM», «porque, por ejemplo, en Loyola aprendí lo que era el feminismo», recordó emocionado Cristóbal.
El trabajo encomiable de la comunidad del Loyola también fue reconocido por el antiguo alumnado que acudió a la cita, quienes, cargados de fotografías y recuerdos, recordaron las primeras impresiones que surgían al entrar por las puertas y comprobar el trabajo que se realizaba con el alumnado: «esto no es un colegio normal», espacios modestos (ocupaba los bajos de un edificio de viviendas) provocaban unas primeras impresiones contradictorias—, pero pronto se imponía una certeza: era un lugar en el que merecía la pena estar, incluso construir e iniciar un proyecto profesional. como se puedo ir corroborando con las mil y una anécdotas y palabras de agradecimiento hacia el centro que cerró sus puertas definitivamente en el año 2010 y que dejó una sensación colectiva de haber formado parte de algo único.
Noticias relacionadas
16 junio, 2026
Cambio demográfico, políticas migratorias y discurso de la involución en la UE
Análisis de los cambios demográficos…
15 junio, 2026
Ciudades en un horizonte de poscrecimiento. Materiales para la reflexión y el debate
Materiales de reflexión y debate –sobre…








