Ted Trainer y la Vía de la Simplicidad

Samuel Alexander

Ted Trainer y la Vía de la Simplicidad
Samuel Alexander
Traducción de Manuel Casal Lodeiro
Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Glogal, núm. 136, pp. 13-40.

 El presente ensayo breve, publicado por el Simplicity Institute en 2012, presenta la propuesta del pensador y activista australiano Ted Trainer. La publicación en castellano de su obra fundamental lleva ltítulo de "La Vía de la Simplicidad. Hacia un mundo sostenible y justo", por Trotta. Se trata de una versión revisada por el autor y ampliada con un post scriptum y un apéndice bibliográfico adicional. Las referencias de página corresponden a la edición en inglés.

   

A lo largo de varias décadas Ted Trainer ha ido desarrollando y afinando una importante teoría del cambio social, que ha denominado La Vía de la Simplicidad (The Simpler Way).1 Su premisa de partida es que el sobreconsumo en las regiones más desarrolladas del mundo es la causa-raíz de nuestro callejón sin salida global, y partiendo de dicha premisa él argumenta que una parte necesaria de cualquier transición hacia un mundo sostenible y justo implica que quienes están consumiendo en exceso deben aceptar estilos de vida mucho más simples desde el punto de vista material. Esa es la conclusión radical de nuestro enorme problema a nivel mundial, que mucha gente –incluida la mayor parte del movimiento ecologista– no parece dispuesta a asumir o aceptar, pero que Trainer no tiene reparo en abordar y, sin duda, la lleva hasta sus últimas consecuencias. Sin embargo, la Vía de la Simplicidad no supone privación y sacrificio; supone abrazar la idea de lo suficiente para una buena vida y la creación de sistemas sociales y económicos que partan de esa base. Este texto presenta un resumen de la propuesta de Trainer, a partir principalmente de su más completa expresión desarrollada en su último libro, La Vía de la Simplicidad: Hacia un mundo sostenible y justo, un análisis que se complementa con algunos de sus ensayos posteriores.2 Mi reseña ha sido elaborada, en parte, para llamar la atención sobre un teórico cuya obra ha sido muy infravalorada, de modo que el texto es más expositivo que crítico. Aun así, en ciertos puntos, mi análisis busca generar preguntas acerca de las opiniones de Trainer, y desarrollarlas allí donde es posible, con la esperanza de poder avanzar en el debate y profundizar en nuestra comprensión de los importantes temas de los que estamos hablando. Comenzaré dibujando los diversos elementos de la Vía de la Simplicidad para después irlos desarrollando más en detalle.


El esquema de la Vía de la Simplicidad

    La premisa de la que parte la propuesta de Trainer, como se ha dicho, consiste en que cualquier transición a un mundo sostenible y justo implica necesariamente que los que están consumiendo de más, acepten estilos de vida más simples. Dado el grado de sobrepasamiento (overshoot) ecológico,3 Trainer defiende que no hay modo alguno de desacoplar la actividad económica actual del impacto ecológico de manera suficiente y en el tiempo que tenemos disponible, lo cual lleva a la necesidad de alejarse sin demora de los estilos de vida consumistas occidentales de alto impacto. Aunque Trainer se muestra sin reservas a favor de la energía renovable, ofrece evidencias de que la energía renovable y otros “tecno-apaños”, nunca serán capaces de sostener sociedades de consumo con un uso intensivo de energía y recursos.

   Trainer insiste, así mismo, en que un mero cambio de los estilos de vida es insuficiente para lograr la sostenibilidad; se requieren también cambios en las estructuras fundamentales. Sobre esa base Trainer propone que se reemplace el capitalismo consumista basado en el crecimiento por economías de crecimiento cero o de estado estacionario. En las últimas décadas ha habido otros muchos teóricos que han defendido la economía de estado estacionario,4 pero Trainer sostiene que incluso los mayores partidarios de la economía estacionaria no captan las implicaciones radicales que tiene dicho marco económico; principalmente, no parecen apreciar que una economía de crecimiento cero implica abandonar los créditos con interés, dado que ese modo de financiar la actividad económica requiere crecimiento del capital para poder devolver la deuda más los intereses. Incluso los movimientos de (las ciudades en) Transición y de la Permacultura5 –que en opinión del propio Trainer son los movimientos ecosociales más prometedores en la actualidad– son objeto de su crítica amistosa por intentar construir comunidades más resilientes y sostenibles dentro del capitalismo consumista, en lugar de centrarse en el proyecto más radical de reemplazar el capitalismo consumista.

   Tras presentar su análisis crítico de la situación mundial, Trainer describe su visión de la Vía de la Simplicidad: se trataría de comunidades que creasen economías de crecimiento cero muy relocalizadas, basadas en un consumo mucho menor de recursos y de energía del que es habitual en la actualidad en los países desarrollados, y en las cuales el motivo del lucro sea entera o mayormente eliminado. Dado que Trainer considera que los gobiernos están inseparablemente entrelazados con el imperativo económico del crecimiento, su teoría del cambio es fundamentalmente anarquista, en el sentido de que él cree que no se puede confiar en que los procesos parlamentaristas de arriba abajo puedan jugar ningún papel fundamental en la reestructuración social que implica la Vía de la Simplicidad. El cambio que se necesita, argumenta, –si es que se va a dar algún día– debe ser dirigido desde abajo, desde la acción de base comunitaria. Es una revolución pacífica la que visualiza Trainer, pero una revolución al fin y al cabo, que él cree puede completarse en cuestión de meses,6 siempre que exista una masa crítica de gente preparada para actuar y hacerla realidad. El problema no es lo que se necesita hacer. «Esa es la parte fácil»,7 afirma. «Lo realmente complicado es que en la gente normal se desarrollen valores y pensamientos a partir de los cuales quieran diseñar y construir sistemas nuevos y deleitarse en la tarea de hacerlo».8


El callejón sin salida global

    La visión de Trainer de esa Vía de la Simplicidad solo se puede entender en relación con sus diagnósticos de la situación mundial, que parten del análisis de los límites del crecimiento.9 Defiende que el fallo más grave de la economía actual es su dedicación a la producción industrializada, al comercio internacional, a los estilos de vida consumistas, y al crecimiento económico sin límites. Aunque las cifras y estadísticas del agotamiento de los recursos y de la degradación medioambiental sean bien conocidas,10 su significado, por lo general, no acaba de ser reconocido ni comprendido del todo. Trainer afirma que muy poca gente reconoce la verdadera extensión del sobrepasamiento ecológico. La economía mundial, afirma, ha rebasado con mucho los niveles de recursos y energía que se pueden mantener durante mucho más tiempo, ya no digamos extenderlos al conjunto de la población mundial. Añadamos a esta situación el hecho de que dicha población se incrementará hasta los nueve mil millones en las próximas décadas y la magnitud de nuestros problemas quedará clara. «Nuestro estilo de vida», concluye, «es sumamemente insostenible».11

    Trainer utiliza datos recientes acerca de la huella ecológica de la humanidad para reforzar su diagnóstico.12 Estimaciones recientes concluyen que se necesitan ocho hectáreas de tierra productiva para proporcionar el agua, la energía y el área de hábitat necesarias para un habitante de un país rico. Así que si van a vivir 9 mil millones de personas como un australiano medio, por ejemplo, necesitaríamos 72 mil millones de hectáreas de tierra productiva, lo que supone como nueve veces la tierra productiva existente en el planeta. Otro argumento incluso más coercitivo, insiste Trainer, puede ser el problema del efecto invernadero. Cada vez es más comúnmente aceptado que debemos eliminar totalmente las emisiones de carbono para el 2050,13 aunque Trainer argumenta que no será posible hacerlo al tiempo que mantenemos la sociedad consumista-capitalista. Esto es debido, principalmente, a que no será posible mover una economía industrial, intensiva en energía, a partir de la energía renovable, la nuclear y el secuestro de carbono,14 un punto sobre el que volveremos en el siguiente apartado. Por supuesto, incluso aunque pudieran mantenerse las sociedades consumistas a base de energía renovable o cualquier otra tecnología postcarbono, eso no cambiaría el hecho de que el consumo de recursos ya está siendo demasiado alto, incluso a los niveles actuales. En otras palabras, el problema energético no es sino uno más de los múltiples aspectos de la crisis ecológica. Para empeorar aún más las cosas si cabe, existe una evidencia creciente que indica que los países más ricos están sufriendo un derrumbe de la cohesión social y un estancamiento o incluso una caída en la calidad de vida,15 debido principalmente a su orientación hacia valores materialistas.16 Esto implica que incluso en el caso de que pudiésemos sostener sociedades de consumo a largo plazo, no existe justificación para querer hacerlo.17

    Los problemas, sin embargo, no acaban ahí. Además de las cuestiones ecológicas y sociales que acabamos de describir, Trainer resalta lo absurdo de las actitudes actuales con respecto al crecimiento económico. Pese a la evidencia de que la economía mundial ya está excediendo la capacidad de carga sostenible del planeta, hasta los países más ricos parecen decididos a incrementar los actuales niveles de vida tanto como sea posible y sin límite aparente.18 Lo que no se comprende bien, en cualquier caso, es hasta qué punto este proyecto de crecimiento se ha convertido en algo no realista. Trainer señala la cuestión básica en términos dolorosamente claros: «Pongamos que mantenemos un crecimiento en la producción del 3% anual. Eso significaría que para el año 2070 estaríamos produciendo anualmente ocho veces más que hoy. Si en ese momento el nivel de vida de los nueve mil millones de habitantes que hemos postulado se hubiera equiparado con el nuestro significaría que ¡el PIB mundial sería más de sesenta veces mayor que el actual!».19 Esta clase de cálculos nunca pueden ser precisos, y Trainer lo reconoce; pero dado que el actual nivel de actividad económica ya es insostenible, debería estar claro que el proyecto del crecimiento ilimitado en un planeta finito es imposible. Este paradigma del crecimiento, sin embargo, continúa definiendo la agenda de desarrollo global,20 aunque la llegada del petróleo a su cénit (el denominado Peak Oil) y el estallido de las burbujas de crédito parecen estar a punto de hacer añicos esa fantasía.21 Podría ser, por tanto, que el mundo estuviese entrando ya en el crepúsculo del crecimiento, tanto si quiere como si no.


    Si por algún verdadero milagro, las sociedades de consumo basadas en el crecimiento pudiesen convertirse en ecológica y económicamente sostenibles, al tiempo que socialmente deseables, Trainer nos insiste: aun así serían moralmente inaceptables, especialmente cuando las consideramos en un contexto mundial. La enorme cantidad de pobreza y sufrimiento en el mundo no es debida a una falta de recursos, por ejemplo, sino causada por un sistema de mercado que distribuye los recursos solo a aquellos que pueden pagarlo, en lugar de a aquellos a quienes más beneficiarían. Esa es la razón por la que nosotros, en los países ricos, conseguimos la mayor parte del petróleo que se produce. «Esa es la causa de que un tercio de la producción mundial de cereales –esto es: más de seiscientos millones de toneladas– se haya utilizado para alimentar año tras año a los animales de los países enriquecidos. Mientras tanto, más de ochocientos cincuenta millones de personas pasan hambre».22 Según Trainer, la perversidad de este sistema de reparto es consecuencia inevitable de un sistema económico que privilegia cualquier industria con tal de que sea la que más ganancias da, en lugar de aquella que sea más necesaria o apropiada. Es la razón por la cual las plantaciones y fábricas del Tercer Mundo generalmente producen para exportar a los países ricos, en lugar de producir cosas que necesitan las personas más pobres del mundo. «Esto se hace evidente de manera más inquietante», sostiene Trainer, «en lugares en los que las mejores tierras se dedican a la producción de cultivos para la exportación mientras que millones de personas sufren de malnutrición».23 Incluso dejando a un lado las cuestiones ecológicas, la respuesta moral que Trainer deriva de su análisis es que la riqueza que se disfruta en los países ricos está levantada sobre un sistema económico mundial que es, intrínsecamente , y patentemente, injusto. Es un sistema que permite que los países ricos tomen mucho más que la parte justa que les correspondería de los recursos del mundo, al tiempo que privan a los países más pobres de los recursos que necesitan para vivir una existencia mínimamente decente. No solo eso: los países ricos se esfuerzan por defender y mantener sus imperios usando las ayudas coercitivas, el poder del comercio, paquetes de ajuste estructural y, siempre que resulte necesario, la fuerza militar. Esto no es un mensaje que el mundo rico esté preparado para recibir.

    Por todas estas razones (entre otras discutidas más adelante), Trainer concluye que el capitalismo consumista no tiene ni arreglo ni reforma posible; hay que reemplazarlo.


Los límites de la tecnología y de la energía renovable

    Llegados a este punto merece la pena echar una mirada más de cerca a las perspectivas críticas de Trainer sobre la tecnología y la energía renovable, porque sus afirmaciones en estos temas contradicen suposiciones muy generalizadas. La mayor parte de las personas, incluso la mayor parte de las ecologistas, parecen creer que se pueden sostener –e incluso extender a todo el mundo– los estilos de vida occidentales, con tal que se den transiciones a nivel mundial hacia sistemas de energía renovable y hacia un modo de producción de mercancías más limpio y eficiente. Esta presunción se refleja de un modo especialmente claro en el discurso político internacional acerca de las cuestiones medioambientales,24 donde se nos lanza constantemente el mensaje de que podemos desacoplar el crecimiento económico del impacto ecológico, o incluso que necesitamos más crecimiento económico para poder financiar iniciativas de protección ambiental y así salvar el planeta.25 Trainer proyecta una duda considerable sobre la posibilidad de algún arreglo tecnológico a los problemas ecológicos.


La tecnología no puede sostener el paradigma del crecimiento

    La opinión general de Trainer acerca de la tecnología es que el grado de rebasamiento ecológico es tal, ahora mismo, que la tecnología nunca podrá ser capaz de resolver las crisis ecológicas de nuestra era y, desde luego, no en un mundo basado en el crecimiento económico y con una población mundial en aumento. Amory Lovins26 es, probablemente, uno de los autores más afamados que abogan por las soluciones tecnológicas a los problemas ecológicos, principalmente conocido por su tesis del factor cuatro. Él defiende que si mejoramos la tecnología podríamos tener cuatro veces el producto económico sin aumentar el impacto en el medioambiente (o mantener el producto económico actual reduciendo el impacto ambiental a la cuarta parte). Pero como ya hemos visto, si el mundo rico continúa creciendo al 3% anual hasta 2070, y a esa altura los países más pobres del mundo han logrado niveles de vida igual de altos –y ese es precisamente el objetivo de los planes de desarrollo mundiales– el producto económico mundial (y su impacto) bien podría ser tan elevado como 60 veces el actual. Si asumimos que la sostenibilidad requiere que el uso de combustibles fósiles y el consumo de otros recursos se debe reducir a la mitad del que se da actualmente (y el problema del efecto invernadero requeriría una reducción aun mayor que esa), entonces lo que se necesita es algo así como un factor 120 de reducción en el impacto por unidad de PIB mundial, no un mero factor cuatro de reducción.27 Una vez más, incluso aceptando cierta incertidumbre en estos cálculos, la afirmación de que las soluciones tecnológicas pueden resolver las crisis ecológicas y sostener el paradigma del crecimiento, sencillamente no es creíble. Trainer ha mostrado que el desacople absoluto necesario está mucho más allá de lo que es remotamente posible. El último clavo en el ataúd del tecno-optimismo es el hecho de que, pese a décadas de un avance tecnológico extraordinario, el impacto ecológico global de la economía mundial sigue incrementándose,28 haciendo que incluso un factor cuatro de reducción por medio del avance tecnológico resulte tremendamente optimista.


La energía renovable no puede sostener las sociedades de consumo


    Trainer también ha apuntado una crítica más concreta de las soluciones tecnológicas, enfocada al tema de la energía renovable.29 Los miembros del movimiento ecologista suelen estar de acuerdo en que la vida tal como la conocemos se puede, por supuesto, sostener, siempre y cuando se den transiciones mundiales a sistemas de energía renovable. Desde esa perspectiva, no hay necesidad de poner en cuestión los estilos de vida ricos o el empeño mundial por el crecimiento económico. Empujado por las dudas acerca de la validez de esta perspectiva, Trainer se impuso la tarea de examinar la cuestión –de crucial importancia pero casi completamente olvidada– de cuáles podrían ser los límites de las fuentes de energía renovable.

    Este no es lugar para reseñar en detalle las argumentaciones e investigaciones de Trainer, lo cual implicaría una tarea laboriosa dado lo meticuloso y necesariamente árido de su análisis de las evidencias. Para los hechos y cifras, remitimos a las personas lectoras a los libros y ensayos de Trainer.30 Pero podemos resumir fácilmente los hallazgos críticos de su investigación. Tras examinar la evidencia acerca de diversos tipos de sistemas de energía solar, eólica, biomasa, hidrógeno, etc., así como los sistemas de almacenamiento energético, Trainer descubrió que las cifras sencillamente no soportan lo que casi todo el mundo asume; es decir, que no soportan la afirmación de que la energía renovable puede sostener las sociedades de consumo. Ello es debido a que las enormes cantidades de electricidad y de combustibles líquidos que requieren hoy las sociedades de consumo, simplemente no pueden convertirse a ningún mix de fuentes energéticas renovables, cada una de las cuales sufre varias limitaciones que surgen de cuestiones como la intermitencia del suministro, los problemas de almacenamiento, las limitaciones de recursos (por ejemplo, la tierra para producir biomasa compitiendo con la producción de alimentos), sumadas a cuestiones de ineficiencia. Con todo, al final, el coste es la cuestión fundamental que entra aquí en juego. Trainer proporciona pruebas de que los intentos hasta ahora han subestimado tremendamente el precio de una transición a sistemas de energía renovable.31



    El desafío que supone esta conclusión, no obstante, tan solo identifica la magnitud del problema actual. Si nos dispusiésemos a proporcionar a nueve o diez mil millones de personas los recursos energéticos actualmente demandados por quienes vivimos en las partes más ricas del planeta, entonces los problemas y los costes crecerían en varios órdenes de magnitud. Los retos se exacerban por las reducciones que se esperan en las mejoras de la eficiencia en el uso de energía.32 En ocasiones, las mejoras en la eficiencia pueden incluso ser el catalizador de un incremento en el consumo de energía, un fenómeno conocido como la Paradoja (de) Jevons.33 Yendo directamente contra corriente del pensamiento mainstream en estos asuntos, Trainer acaba concluyendo que, en resumidas cuentas, la energía renovable y las mejoras en la eficiencia nunca serán capaces de sostener las sociedades de consumo basadas en el crecimiento porque ello tendría un coste prácticamente imposible.

    Resulta de la máxima importancia recalcar que esto no implica una postura contraria a la energía renovable como tal; y tampoco es, más ampliamente, una postura contra el uso de tecnologías apropiadas para conseguir mejoras en la eficiencia. Trainer afirma sin reservas que el mundo debe realizar una transición hacia una completa dependencia de los sistemas de energía renovable sin demora y explotar la tecnología apropiada siempre que sea posible.34 Pero dadas las limitaciones y el coste de los sistemas de energía renovable, cualquier transición a un mundo justo y sostenible requiere una demanda energética enormemente reducida comparada con la que es habitual hoy en las regiones desarrolladas del mundo, y eso implica necesariamente abandonar las sociedades de consumo basadas en el crecimiento, así como los estilos de vida intensivos en energía que estas soportan y promueven.


Lo que implica en el fondo una economía de crecimiento cero

    Las consecuencias que se derivan del análisis anterior difícilmente se pueden calificar de exageradas. Durante dos siglos el crecimiento económico ha sido considerado como un sustituto del progreso humano, presentado como la solución a todos nuestros problemas y el camino más seguro a la prosperidad. Pero hoy día la legitimidad (incluso la viabilidad) del proyecto a favor del crecimiento ha sido puesta en cuestión de manera radical, al menos con respecto a las regiones más desarrolladas del mundo. Si aceptamos que la economía mundial está ya en una situación de overshoot ecológico; que los países más pobres del planeta tienen derecho a aumentar sus niveles de vida hasta algún punto más digno; y que la población mundial superará los 9 mil millones dentro de unas pocas décadas, entonces, por lógica, habrá que concluir que los países más ricos deben abandonar la carrera por un crecimiento continuado y crear algún tipo de economía de crecimiento cero o de estado estacionario. De hecho, la magnitud del problema a escala planetaria implica que los países más ricos incluso deberían acometer una fase de contracción económica planificada, o decrecimiento, antes de estabilizarse en una economía de estado estacionario a una escala sostenible.35 La situación sería diferente, quizás, si hubiese un fundamento sólido para pensar que la tecnología y la energía renovable pudiesen, de manera radical y rápida, reducir el impacto ecológico de la economía mundial y a la vez sostener estilos de vida intensivos en energía, para todo el mundo, de un modo adecuado. Pero por las razones anteriormente expuestas, no existe tal fundamento.

    Si la gente llegase a aceptar este diagnóstico, o alguno parecido, ¿qué significado último tendría para las economías más desarrolladas y basadas en el crecimiento? Trainer36 sostiene que ni siquiera quienes están básicamente de acuerdo con el diagnóstico dibujado anteriormente, y que aceptan que el mundo ha llegado sin duda a los límites del crecimiento, perciben muchas veces las consecuencias radicales que se derivarían del abandono de la economía del crecimiento. No hay duda de que los economistas ecológicos llevan décadas señalando la contradicción entre la búsqueda incesante del crecimiento económico y la sostenibilidad ecológica. Herman Daly,37 por ejemplo, ha venido defendiendo la necesidad de una economía de estado estacionario, y en los últimos años la crítica al crecimiento ha ganado cierto impulso.38 Pero Trainer opina que no se ha entendido correctamente lo que realmente implica una economía de estado estacionario, especialmente por parte de aquellas personas que la defienden. La mayoría de ellas actúa como si pudiéramos y debiéramos eliminar el elemento del crecimiento de la economía actual dejando, al tiempo, el resto de estructuras más o menos como están. Trainer proporciona tres críticas principales a esta opinión.


    Su primera crítica afirma que la eliminación del elemento del crecimiento de la economía actual, mientras se deja el resto más o menos como está, es imposible. Esto es debido a que la economía actual «no es solo una economía que tiene crecimiento; es una economía del crecimiento, un sistema cuyas estructuras y procesos implican crecimiento».39 De ahí se deriva, afirma, que «si eliminamos el crecimiento entonces se hace necesario encontrar maneras totalmente diferentes de llevar a cabo muchos de los procesos básicos».[40] Más aún: abandonar el crecimiento parecería requerir un cambio en los fundamentos de los sistemas financiero y bancario actuales, tal como explica Trainer:


    Si te libras del crecimiento, entonces no puede haber pago de intereses. Si hay que devolver más de lo que fue prestado o invertido, entonces la cantidad total de capital que invertir crecerá de forma inevitable a lo largo del tiempo. La economía actual se mueve literalmente gracias a los pagos de intereses de una u otra forma; una economía sin pagos de interés, debería tener mecanismos totalmente diferentes para poder realizar muchos procesos... Así pues, la industria financiera en su práctica totalidad, debería ser desmontada y reemplazada por acuerdos donde el dinero se facilite, preste, invierta, etc., sin incrementar la riqueza de quien lo presta.[41

    Quienes critican el crecimiento rara vez discuten o incluso reconocen esta cuestión que, aun así, parece fundamental. Abolir los pagos de intereses tocaría el mismísimo núcleo de las economías basadas en el crecimiento, y no está claro que pudiese siquiera surgir una economía de crecimiento cero si continúa persistiendo un sistema basado en el interés.42 Esto es ciertamente un asunto al cual los economistas progresistas deberían dedicar mucha más atención, porque la gente no parece dispuesta a abandonar el actual sistema monetario hasta que tenga una idea detallada de una alternativa viable al mismo. Por otra parte, en una economía de crecimiento cero no podría lograrse la erradicación de la pobreza por medio del crecimiento continuado (esto es, por medio de la proverbial marea que levanta todos los barcos), puesto que el crecimiento llega a su fin.43 Al contrario: en una economía de crecimiento cero solo podría eliminarse la pobreza por medio de la distribución de la riqueza y del poder, tanto dentro de los países como a nivel internacional. Entre otras cosas, esto requeriría permitir al Tercer Mundo el acceso y el control de sus propios recursos, los cuales son suficientes para proporcionar una calidad de vida digna pero que en la actualidad son succionados hacia otros lugares lejanos por medio del desarrollo.44 Así pues, una economía de crecimiento cero debería ser mucho más igualitaria que cualquier sociedad capitalista, pasada o presente. Por suerte, esta distribución de riqueza trasversal es probable que produzca sociedades más saludables y felices si la comparamos con las sociedades en las cuales la riqueza está altamente polarizada.45 Pero los mecanismos para esa redistribución son tan controvertidos que casi nunca se debaten.46

   El segundo punto principal de crítica radica, para Trainer, en que los críticos con el crecimiento suelen actuar como si los sistemas económicos fuesen la única o la principal de las cuestiones que arreglar. Pero Trainer argumenta que los problemas principales a los que nos enfrentamos no se pueden resolver «a menos que se rehagan de manera radical varios sistemas y estructuras fundamentales de la sociedad consumista-capitalista».47 Por ejemplo, lo más importante sería un cambio radical en las actitudes culturales hacia el consumo. Esto es debido a que una economía de crecimiento-cero nunca podría surgir voluntariamente –o nunca podría funcionar– dentro de unas culturas generalmente formadas por individuos a la búsqueda de niveles cada vez más elevados de ingresos y de consumo. En consecuencia, antes de que se pueda superar la economía del crecimiento, se debe abrazar alguna clase de suficiencia económica a un nivel cultural.48 Como Trainer reconoce con franqueza: «Lo que se necesita es un cambio social mucho mayor que cualquier otro que la sociedad occidental haya experimentado en los últimos siglos».[49] La cuestión es que una economía de crecimiento-cero depende de bastante más que un mero cambio en las estructuras económicas básicas. También implica «una visión del mundo y unos mecanismos de motivación absolutamente diferentes».50

    A efectos de lo que venimos discutiendo, el tercer y último motivo de crítica por parte de Trainer ?el cual diferencia de nuevo su postura con respecto a la mayoría de los demás escépticos con el crecimiento? tiene que ver con lo que él considera la conexión inseparable entre el crecimiento y el sistema de mercado. Si no va a haber crecimiento, afirma, «no puede haber papel alguno para las fuerzas del mercado»,51 un argumento que desarrolla en los siguientes términos:

El papel del mercado consiste en maximizar; por ejemplo, producir, vender e invertir con el objetivo de hacer tanto dinero como se pueda con el trato, y entonces buscar más inversión, producción y venta, de tal modo que se haga de nuevo tanto dinero como sea posible. En otras palabras: hay una relación inseparable entre crecimiento, el sistema de mercado y el imperativo de la acumulación que define al capitalismo. Si debemos poner fin al crecimiento, debemos desguazar el sistema de mercado.52

    Existen dos aspectos en este análisis que merecen ser comentados, aunque posiblemente el primero no sea más que una simple crítica de la forma en que está expresado, algo que de todos modos es importante (por razones de claridad) pero que podría resolverse con facilidad. Cuando Trainer afirma, sin mencionar ningún condicionante, que «no puede haber papel alguno para las fuerzas del mercado» en una economía de crecimiento-cero, y que «debemos desguazar el sistema de mercado»,53 me temo que simplemente se está expresando sin mucho acierto, dado que una lectura atenta de su obra completa muestra que su opinión está mucho más matizada. Por ejemplo, cuando Trainer habla de “desguazar” (scrap) el sistema de mercado, no quiere decir en realidad que esto se deba hacer de un golpe, como podría entenderse de sus palabras. Su opinión es más sutil: sería un proceso largo de ir dejando atrás la actual economía al tiempo que se construye la nueva. Es más, en su formulación más completa de esta perspectiva, Trainer54 nunca aboga por la abolición del dinero per se (aunque sí reclama una reducción y una reconceptualización significativa del mismo);55 ni niega que la gente en una economía de crecimiento-cero, aún intercambiaría bienes y servicios entre sí (aunque, una vez más, él defiende que dichas prácticas no tendrían un papel tan importante como tienen hoy día en las sociedades de consumo y tendrían unas motivaciones distintas). Pero si es cierto que una economía de crecimiento-cero pueda y deba utilizar el dinero y el intercambio formal hasta cierto grado, entonces considero que no estamos hablando de un desguace del sistema de mercado, como las citas anteriores afirman. Después de todo, comprar o intercambiar formalmente cualquier cosa es realizar una actividad de mercado (al menos de acuerdo con la utilización convencional del término), y no hay razón para pensar que dicha actividad de mercado esté, necesariamente, siempre dirigida por una ética de la maximización del beneficio. Por supuesto, en la visión de Trainer de una economía de crecimiento-cero (descrita más adelante en la sección 7), la actividad de mercado no estaría gobernada por una ética de la maximización del beneficio, sino presumiblemente por algún tipo de ética de genuino beneficio y objetivos mutuos. Resulta importante notar que Trainer afina o clarifica su expresión en torno a estas cuestiones, porque su cruda afirmación de que hay que “desguazar” el mercado no va a ganar ningún apoyo por parte de aquellos de nosotros que tenemos claro que algún tipo de actividad de mercado, hasta cierto punto, siempre tendrá el potencial de mejorar la situación de las personas, incluso en una economía de crecimiento-cero. A medida que se construya la nueva economía, sin embargo, es probable que la ética de maximizar los beneficios se vaya desvaneciendo y se convierta en un mero artefacto de la historia, aunque deberemos reconocer que actualmente esto resulta un ideal muy lejano.

    Mi segunda preocupación es más técnica y surge de la teoría jurídica crítica. En las citas anteriores, Trainer se refiere con frecuencia al “mercado” o al “sistema de mercado” como si estos fuesen conceptos con significados claros y no ambiguos. «El papel del mercado consiste en maximizar»,56 nos dice, y cuando escribe que el crecimiento-cero y “el mercado” son incompatibles, está dando a entender que “el mercado” tiene un único significado posible. Pero como he argumentado en detalle en otro lugar57 y he dado a entender antes, no existe algo como el mercado, si eso quiere decir una determinada estructura que todas las sociedades de mercado compartan. Dado que “el mercado” es un concepto indeterminado, existen en realidad infinitas variedades de sistemas de mercado, cada una de las cuales aumenta o disminuye la libertad humana en diversos grados. Los mercados dirigidos por la maximización del beneficio no son sino una variedad más, si bien la variedad dominante hoy en día. La cuestión, por consiguiente, no es algo en blanco y negro, los mercados libres por un lado y la regulación por el otro. Más bien, se trata de una cuestión de normativa, acerca de cómo una sociedad elige estructurar las relaciones de poder en la contratación de bienes y servicios, y dicha estructura puede adoptar muy diversas formas, cada una de las cuales podría caer dentro del término de libre mercado o no, en función de cómo se defina la idea de libertad que está básicamente aquí en disputa. En el fondo, podría decirse que un sistema de mercado auténticamente libre necesitaría un considerable control social y no se parecería en nada a los sistemas de mercado actuales.

    Pese a no poder desarrollar como debería estos argumentos (tampoco los de Trainer) en el espacio disponible, sí que quiero hacer notar que el mismo tipo de análisis antiesencialista se podría dirigir hacia el concepto de “propiedad privada”, dado que es también un concepto indeterminado que puede tomar un gran número de formas institucionales. Es algo que cada sociedad debe definir colectivamente, delimitando los derechos de propiedad, de acuerdo a algún tipo de visión del bien común, dado que los derechos de propiedad no se definen por sí mismos. Yo creo, por tanto, que una vez que la gente libere su imaginación de la creencia en que la “propiedad privada” o “el mercado” necesariamente implican capitalismo de crecimiento, quedará claro que son posibles sistemas de mercado radicalmente diferentes. Todo depende de los marcos normativos o los valores sociales que den a dichos conceptos difusos un contenido institucional concreto. Tiene cierta justificación la dura crítica que Trainer lanza sobre toda actividad de mercado que esté dirigida por una ética del máximo beneficio, que él califica de moralmente repugnante en términos de interacción humana, incluso sin fijarnos en su conexión con la economía del crecimiento. Pero eso parece más bien una crítica de los valores que actualmente gobiernan la actividad de mercado, más que una crítica de la actividad de mercado como tal, la cual podría gobernarse por medio de valores muy diferentes. Lo que quiero decir es que no hay necesidad de “desguazar el sistema de mercado” para crear una economía de crecimiento-cero. Aunque sí que hay una necesidad cierta de que las economías de mercado existentes les den a sus sistemas de mercado un contenido totalmente nuevo y operen de una manera mucho más limitada. Y ello depende de que estén conformadas por un nuevo sistema de valores.


Una crítica amistosa de las iniciativas de Transición y de la Permacultura

    Si el mundo consigue en algún momento crear un tapiz de economías muy locales, de crecimiento-cero, y al hacerlo, presumiblemente, logra resolver los mayores retos ecológicos y sociales de nuestros días, Trainer cree que habrá sido gracias a algo parecido al movimiento de las Localidades en Transición (Transition Towns).58 Este movimiento, en rápida expansión, es básicamente una respuesta –orientada a la comunidad– a la crisis dual del Peak Oil y del cambio climático (entre otras cosas), a partir de los principios de la Permacultura.59 Aunque formuladas en términos ligeramente diferentes, Trainer y otras personas del campo del ecologismo profundo (deep green) han venido reclamando algo semejante a la Transición y a la Permacultura a lo largo de las pasadas décadas.60 En consecuencia, Trainer encuentra enormemente alentadora la explosiva irrupción de estos movimientos en la escena mundial en los últimos tiempos. Pero pese a la promesa que suponen, Trainer se muestra preocupado porque dichos movimientos necesitan, en su opinión, cambiar sus perspectivas y objetivos de manera radical si pretenden realizar una contribución significativa a la resolución del mayúsculo problema mundial.

    En su “crítica amistosa” al movimiento de las Localidades en Transición, Trainer articula con cierto detalle sus preocupaciones.61 «Todo depende», comienza, «de cómo se percibe el estado del planeta, y la solución».62 Continúa argumentando que si la gente no entiende la naturaleza y dimensión de las crisis que enfrentamos, tenderá a equivocarse al pensar cuáles son las mejores respuestas a esas crisis, y trabajará hacia objetivos que no pueden resolver dichos problemas. Esta es su principal objeción al movimiento de Transición. Le preocupa ver demasiado énfasis en la simple construcción de resiliencia dentro de la sociedad consumista-capitalista, y muy poca atención a lo que Trainer considera el objetivo, más ambicioso pero necesario, de reemplazar las estructuras fundamentales de dicha sociedad. Poner en marcha huertos comunitarios, cooperativas de alimentación, centros de reciclaje, grupos de permacultura, bancos de habilidades, cursos para aprender a hacer reparaciones o cosas en casa, monedas locales, etc., son todo cosas positivas, y el movimiento de Transición está haciendo todo esto y mucho más. Pero Trainer señala como un «grave error»63 pensar que estos tipos de actividades son suficientes, por sí solas, para crear una nueva sociedad. La economía actual, explica, es más que capaz de acomodar estos tipos de actividades sin verse amenazada por ellas, lo cual lleva a Trainer a hablar de «la insuficiencia de la resiliencia».64 Lo que se necesita, insiste, es que el movimiento de Transición adopte una visión más radical, que conlleve reemplazar las instituciones básicas del capitalismo-consumismo, no simplemente reformarlas o crear resiliencia dentro de ellas.

    Como es natural, la “crítica amistosa” de Trainer recibió una notable atención por parte de los participantes en el movimiento de Transición, incluso de algunas figuras prominentes, como Rob Hopkins y Brian Davey.65 Aunque Hopkins percibe que en el fondo Trainer y él «están de acuerdo en la mayoría de cuestiones»66 –en términos de lo que hace falta que suceda–, dio a algunas de las preocupaciones de Trainer una respuesta que merece nuestra atención. La parte más importante de la réplica de Hopkins marcaba la diferencia entre «lo que se hace explícito en la Transición y lo que se mantiene implícito».67 Hopkins, al tiempo que reconoce que Trainer tiene razón en lo tocante a la necesidad de sustituir el capitalismo consumista, no está de acuerdo en que marcar explícitamente ese objetivo deba ser una parte central del movimiento, por la simple razón de que la mayoría de la gente se sentiría superada hasta el punto de la parálisis por un proyecto tan ambicioso o alienada por el lenguaje empleado. Hopkins es, probablemente, la figura más destacada del movimiento de Transición y el éxito de este se debe en buena parte a la defensa que Hopkins hace de él. Siempre diplomático, se mueve con maestría en la delgada línea entre el radical y el reformista, y mi opinión es que lo hace por razones pedagógicas. Mientras que Trainer llama al pan “pan”, y a la revolución “revolución”, Hopkins es más circunspecto. Tengo la impresión de que Hopkins es igual de radical que Trainer en cuanto a su visión, pero con la esperanza de lograr un mayor público (lo cual constituye obviamente un objetivo necesario e importante). Hopkins parece menos dispuesto a explicitar su visión radical de una manera tan abierta. Esto no quiere decir que Hopkins tenga una agenda secreta que esté ocultando a su gente. Es decir, que cuando los activistas a favor del cambio hablamos de lo que hay que hacer y cómo podríamos llegar allí, debemos prestar suma atención a una cuestión de la máxima importancia: cuál es la mejor manera de expresarnos, qué tipo de lenguaje utilizar, y qué medios de persuasión sirven mejor para el progreso de la causa en cuestión. Después de todo, no sirve de nada decir la verdad si se expresa de tal manera que la mayoría de la gente no se muestra deseosa o capaz de absorber el mensaje. Por supuesto, podría muy bien decirse que uno de los mayores fallos del movimiento ecologista (en sentido amplio) hasta la fecha es una pobre o equivocada defensa del mismo. Al mismo tiempo, tampoco está bien que nos escuchen si se malinterpreta el mensaje. Estos son algunos de los complicados retos que tiene ante sí el movimiento de Transición y, más en general, el ecologista, y Trainer y Hopkins merecen ser reconocidos como una de las personas que están luchando por resolverlos. No resulta sorprendente que la elección del mejor medio de actuar siga siendo (y puede que siempre sea así) una pregunta abierta, una sobre la cual pueden mostrar desacuerdo las personas más sensatas.

    La sentida respuesta de Brian Davey al análisis de Trainer fue más feroz y menos diplomática que la de Hopkins, pero saca a relucir una cuestión igualmente importante. Al igual que Hopkins, Davey no es tanto que rechace la opinión de Trainer acerca de lo que se necesita hacer, sino que reclama un mayor realismo en términos de los retos prácticos a los que se enfrenta la Transición. Tal como Davey explica en palabras dirigidas a Trainer: «me llevó años, trabajando con otras personas, el desarrollar un proyecto de huerto comunitario que funcionase. Cuando veo tu descripción de todas las cosas que dices que debería realizar el movimiento de Transición, me dan ganas de ponerme a gritar mi frustración».68 Davey enseguida añade que la suya no es una objeción ideológica a la crítica de Trainer, sino de cariz práctico: «Nos estamos esforzando de verdad; la cantidad de personas con habilidades organizativas y de iniciativa social para poner cosas en marcha es pequeña. Hay muchas deseando seguir, pero pocas con ganas –o capaces– de liderar».69 Además, Davey lamenta que el vasto plan de Trainer y su crítica de las prácticas de Transición existentes «sirve más para desanimar que para cualquier otra cosa, porque nos dice que todo lo que tenemos que hacer y que estamos ya haciendo, en muchos casos a costa de un sobreesfuerzo voluntario... no es aún suficiente».70 Podemos dar por seguro que Trainer nunca tuvo la intención de que su mensaje desanimase a nadie,71 pero si ese puede acabar siendo su efecto entonces Trainer y otros críticos que simpatizan con él tienen algo sobre lo que reflexionar. E igualmente, si queremos que complete su potencial, el movimiento de Transición debe dar la bienvenida a las críticas constructivas y estar dispuesto a discutir sobre sus debilidades y fallos.

    Parece probable que las preocupaciones legítimas de Davey se hubiesen podido aliviar si Trainer se hubiese expresado de una manera algo diferente desde el principio. La base de la crítica de Trainer, que considero válida, es que las prácticas actuales de Transición se podrían acomodar fácilmente dentro del capitalismo-consumismo, y que se necesita algo más si queremos que llegue a producirse un cambio fundamental. Pero al insistir en un cambio más radical, Trainer no ha reconocido adecuadamente los inmensos retos prácticos de tal empresa (retos de los que él es plenamente consciente), y esto fue lo que llevó a la exasperada réplica de Davey. En mi opinión, hay mucha gente en el movimiento de Transición que probablemente esté de acuerdo con algo parecido a la ambiciosa visión de Trainer (detallada más adelante), pero las realidades prácticas de llevar a cabo dicho proyecto están dolorosamente presentes para los y las activistas en todo momento, de modo que se acaban adoptando proyectos menos ambiciosos para conseguir algo en lugar de nada. Esto es, por supuesto, mi experiencia personal en la iniciativa de Transición en la que estoy implicado. Por estas razones, me atrevo a sugerir que a la Transición puede que no le falte en realidad una visión (o visiones) lo bastante radical; más bien cabría pensar que los recursos y energías limitados actualmente disponibles para el movimiento de Transición den lugar a acciones que parecen –y son– moderadas e inadecuadas, pero que son, aun así, ladrillos necesarios para construir emprendimientos más ambiciosos en el futuro.

    Todos los grandes caminos comienzan con pequeños pasos. Esta debe ser la esperanza a la que se aferra el movimiento de Transición a medida que se esfuerza sin éxito (por ahora) por lograr los enormes cambios que necesitamos. Sin esa esperanza, mucha gente probablemente estaría inmovilizada por la desesperación. Deberíamos tener siempre un ojo puesto en el cuadro de conjunto, sin importar lo lejano o imponente que pueda parecer, y eso es lo que Trainer reclama. Pero Hopkins y Davey nos recuerdan que el cuadro general estará compuesto, inevitablemente, por un número ilimitado de pinceladas, aparentemente insignificantes, cada una de las cuales es necesariamente parte del conjunto.


El anarquismo y la Vía de la Simplicidad


    En esta importante sección final pretendo aportar algo más de detalle acerca de la nueva sociedad que Trainer vislumbra,72 así como trazar las líneas básicas de la estrategia que él considera esencial para convertirla en realidad. Algunas personas puede que encuentren la visión que presentamos a continuación como un tanto utópica en sus perspectivas, lo cual no sería en sí mismo, necesariamente, un defecto. Pero desde hace varias décadas el propio Trainer ha estado viviendo esta visión en su finca de Pigface Point, en Nueva Gales del Sur, Australia, donde ha creado un lugar educativo para difundir la Vía de la Simplicidad.73 En consecuencia, él está situado en una posición única para evaluar hasta qué punto es factible la Vía de la Simplicidad y para describir tanto sus dificultades como sus goces.


¿Cómo sería la Vía de la Simplicidad?

    Quizás el aspecto más importante de la economía de la Vía de la Simplicidad sea su alejamiento de las economías del crecimiento altamente industrializadas y mundializadas que conocemos hoy día, y su orientación hacia economías locales, pequeñas y muy autosuficientes que utilizan principalmente recursos locales para satisfacer necesidades locales. Serán estas unas economías de crecimiento-cero, sostenidas en niveles de consumo de recursos y de impacto ecológico mucho menores, quizás un 90% menores.74 Esto implica que los niveles materiales de vida serán mucho menores de lo que es común en las sociedades de consumo actuales –y esto es una parte absolutamente esencial de cualquier respuesta adecuada al embrollo mundial– aunque las necesidades básicas de todas las personas serán satisfechas y se mantendrán elevados niveles de vida dado que la gente vivirá y trabajará de forma cooperativa en comunidades que proporcionarán una recompensa espiritual y donde se podrá disfrutar. Estos estilos de vida de simplicidad voluntaria, así pues, no implican penurias o privaciones.75 Simplemente quiere decir que se centrarán en lo que es suficiente para vivir bien, más que buscar de manera incesante un aumento del consumo y una mayor riqueza física.

    Aunque seguirá habiendo empresas privadas en la nueva economía, habrá también numerosas empresas cooperativas, y donde sea necesario financiar o poner en marcha nuevos emprendimientos se podrá obtener el dinero necesario a un interés cero de un banco propiedad de la comunidad. Las decisiones más importantes acerca del modo en que la economía deberá satisfacer las necesidades de la comunidad serán tomadas por la propia sociedad. Se celebrarán reuniones en las poblaciones con regularidad para debatir asuntos de importancia social, económica y ecológica, y se establecerá una Cooperativa de Desarrollo Comunitario76 para ayudar a organizar y administrar los fines y proyectos esenciales de la comunidad, tales como el pleno empleo y la erradicación de la pobreza. Dado que los niveles totales de consumo y de producción se habrán reducido mucho con respecto a los niveles habituales en las sociedades de consumo actuales, la demanda energética de esta nueva economía también se reducirá en gran medida, lo cual significará que la energía renovable será capaz, fácilmente, de suministrar la energía requerida. La nueva economía, por tanto, será una economía post-carbono. Aparte de los sistemas de energía renovable, no obstante, la tecnología será bastante básica –imaginemos un nivel tecnológico como el de los años cincuenta , nos sugiere Trainer– pero esto sería más que suficiente, en cualquier caso, para los propósitos anteriormente descritos.

    ¿Cómo se satisfarían las necesidades de la comunidad? La gente se alimentaría con productos de temporada cultivados de manera orgánica que se obtendrían en huertos comunitarios y domésticos intensivos, así como en pequeñas granjas situadas en las afueras de las zonas urbanas. Por razones ecológicas y de justicia social, el consumo de carne se vería reducido de manera significativa. Los principios de la permacultura y el trabajo con animales permitirían reducir la necesidad de maquinaria agrícola, aunque Trainer prevé que un pequeño número de vehículos motorizados y de máquinas agrícolas aún podría tener sentido, los cuales se moverían a base de una cantidad muy limitada de etanol producido a partir de biomasa, o bien con electricidad.77 La producción sobrante sería vendida o intercambiada en mercados locales para conseguir otros artículos necesarios, o puesta a disposición del centro comunitario para ser distribuida. La propiedad comunal –incluyendo muchos de los terrenos que una vez fueron ocupados por carreteras o aparcamientos– se cavaría y se convertiría de un modo productivo en bosques de alimentos, que serían mantenidos por grupos de voluntarios de la comunidad. El cemento y el asfalto podrían reciclarse como material de construcción y los pedazos de asfalto podrían apilarse para crear cobertizos para los animales. La industria de la moda básicamente llegaría a su final, y se desarrollaría una nueva estética basada en la ropa funcional, duradera y producida localmente. Las casas serían pequeñas y modestas pero bien diseñadas y reformadas, y estarían más densamente habitadas de lo que es común hoy en muchas sociedades occidentales. La mayor parte del mobiliario sería hecho en casa, y la producción total doméstica de bienes y servicios necesarios se incrementaría notablemente.


    Dada la extensión que tomaría esta producción doméstica y el mínimo consumo de bienes materiales, el tiempo dedicado a empleos asalariados descendería enormemente, hasta alcanzar niveles tan bajos como uno o dos días por semana, aunque la vida seguiría estando repleta de ocupaciones y cosas interesantes dado que siempre habría mucho trabajo importante que hacer. Por descontado, Trainer opina que en la Vía de la Simplicidad la distinción entre trabajo y ocio desaparecería.78 Es más, él prevé que la relevancia cultural de elementos como la televisión o el entretenimiento por medio de ordenadores descendería de un modo importante o incluso desaparecería, y esto dejaría mucho más tiempo para implicarnos en actividades creativas, productivas y que nos realizasen más. «En la nueva economía la gente no necesitaría utilizar medios de transporte sofisticados para ir a trabajar», explica Trainer, «bastaría con bicicletas, o directamente se podría ir andando ya que la mayoría de los lugares de trabajo estarían cerca. Las pocas fábricas grandes que hubiese, se situarían cerca de los pueblos y de las estaciones de tren».79 Otra consecuencia de las nuevas circunstancias sería el hecho de que los viajes y el comercio internacional se harían en raras ocasiones, debido al gran aprecio y productividad de la localidad de cada quien, así como a los costes del combustible, mucho más elevados, asociados al viaje y al trasporte de mercancías por barco en una era de suministros de petróleo cada vez menores.80

    Trainer también nos presenta algunos cálculos interesantes acerca de las huellas ecológicas y el coste en dólares que implica el tipo de comunidades descritas. Aunque reconociendo la inexactitud de sus cálculos, los datos que ofrece (basados principalmente en el análisis de sus propias prácticas y de su huella ecológica) sugieren que el uso de recursos y de energía per cápita, así como el PIB per cápita, podrían reducirse tanto como un 90% con respecto a los niveles actuales en las sociedades de consumo.81 Trainer indica que podría no ser necesario tal nivel de reducción, pero demuestra que «sería posible y relativamente fácil recortar el uso de recursos y el impacto ambiental hasta alcanzar una proporción pequeña de las cantidades actuales. Para ello tan solo habría que seguir las estrategias propuestas».82

    Este breve esbozo de la Vía de la Simplicidad nos deja sin duda con tantas preguntas como respuestas, pero debería bastar para proporcionar una idea del tipo de sociedad que Trainer visualiza.[83] Para las personas interesadas en conocer más detalles de esa nueva economía –además de las opiniones de Trainer acerca del agua, los materiales de construcción, la legislación, los medios de comunicación, la jubilación, la medicina y la sanidad, la educación, etc.– remitimos especialmente al capítulo 4 del texto de La Vía de la Simplicidad de Trainer.84


La respuesta anarquista de Trainer a la cuestión de la estrategia

    Debería resultar perfectamente obvio, incluso con una breve descripción como la aportada, que Trainer cree que los cambios necesarios en las actuales sociedades de consumo son profundos y de enorme alcance. No obstante, el asunto que finalmente hay que considerar es una cuestión de crítica importancia: cómo se puede hacer realidad, de la mejor manera, la Vía de la Simplicidad, dado que no es suficiente simplemente con visualizar una sociedad humana sostenible, justa y floreciente. Debemos averiguar cuál es el mejor medio para llegar a ella, y Trainer le presta a esta cuestión de la estrategia, sin duda, la debida atención.85

    El análisis de Trainer comienza con lo que es, en esencia, una crítica marxista al Estado capitalista y desde ahí procede a ofrecer, en esencia, una solución anarquista. La corriente de pensamiento marxista sostiene que el Estado capitalista es, en esencia, un instrumento de las élites gobernantes cuya función principal consiste en promover y asegurar los intereses de los ricos y poderosos, a expensas de casi todos los demás. El principal objetivo del capitalismo de Estado86 es la pura y dura expansión del capital. Aunque enmarcado en términos algo diferentes, Trainer coincide en buena medida con esta comprensión crítica del capitalismo de Estado, y con buena razón. Parece, ciertamente, que los gobiernos de las sociedades capitalistas tomen el crecimiento económico como su preocupación principal sobre todas las demás,87 así que apelar a esos gobiernos para crear una economía más igualitaria y de crecimiento-cero parece algo –en mayor o menor medida– condenado al fracaso.


    Esta clase de análisis del Estado llevó a Marx (y, más generalmente, a la izquierda ortodoxa)88 a sostener que cambiar de manera radical la sociedad requiere tomar el control del Estado para lograr los propósitos socialistas, por medio de una revolución violenta, si fuera necesario. Aquí es donde Trainer diverge de Marx y se adentra en el campo anarquista. Aunque Trainer acepta que el capitalismo no tiene arreglo, defiende que el Estado está tan inmerso en los valores, estructuras y mecanismos del crecimiento que el imperativo de crecer es, básicamente, un elemento esencial de todos los Estados, no solamente de los Estados capitalistas. Hablando de un modo general, Marx y la izquierda ortodoxa nunca han considerado que esto sea un problema, dado que ellos mismos se ubican firmemente dentro del modelo del crecimiento. Después de todo, ellos esperan tomar el control del Estado aunque luego pretendan distribuir los beneficios del crecimiento de una manera más equitativa. Pero si Trainer está en lo cierto, y todos los Estados están dedicados de manera ineludible al crecimiento, en ese caso las personas que defienden una economía de crecimiento-cero no deberían perder el tiempo ejerciendo cabildeos en favor de su causa con los gobiernos. En lugar de ello, como cuestión de estrategia, Trainer argumenta que quienes defienden la economía de crecimiento-cero deben, básicamente, ignorar el capitalismo de Estado hasta que este muera, por medio de su propia construcción de la economía alternativa, sin esperar ninguna ayuda del Estado (y sí esperando la más que probable resistencia por parte del mismo). De forma aún más radical, Trainer incluso sostiene que «el objetivo de la Política Verde que busca soluciones parlamentarias, [es] ahora erróneo e inútil»,89 quizás incluso «contraproducente»,90 si asumimos que el Estado nunca disolverá voluntariamente las estructuras del crecimiento que conducen a la degradación ecológica. Tenemos un tiempo, unos recursos y unas energías limitadas –nos dice Trainer–, así que mejor no malgastarlos presentándose a las elecciones, ni siquiera haciendo campaña a favor de los (partidos) verdes, porque el Estado no tendrá ni interés ni capacidad de ayudarnos. Quienes defiendan el crecimiento-cero harían mejor en implicarse activamente en sus comunidades locales y en comenzar a construir la nueva sociedad desde los movimientos de base, aquí y ahora. Es este el sentido en el cual Trainer se posiciona como anarquista.91

    Soy de la opinión de que hasta quienes no estén de acuerdo con Trainer en la cuestión del anarquismo, verán beneficioso, no obstante, reflexionar sobre su análisis de estas cuestiones, un análisis original, incisivo y provocador. ¿Hasta qué punto podemos confiar en que los gobiernos resuelvan nuestros problemas? ¿Hasta qué punto los debemos resolver nosotros mismos, en los niveles personal y comunitario? ¿Cuál es el mejor modo de dirigir nuestros limitados recursos, tiempo y energías a hacer realidad los cambios radicales que son necesarios? Una valoración crítica completa de la respuesta que Trainer ofrece a estas preguntas va más allá del propósito de este ensayo, pero intentaré ofrecer algunos comentarios explorativos y sin detenerme en detalles.

    Mi primer comentario tiene que ver con el hecho de que las decisiones acerca de nuestros estilos de vida, incluso las decisiones de consumo, no tienen lugar en el vacío. Por contra, tienen lugar dentro de unas estructuras sociales, económicas y políticas que las constriñen, y muchas de dichas estructuras son el resultado de leyes y políticas creadas por el Estado. Esas estructuras hacen que algunas decisiones con respecto a nuestros estilos de vida sean fáciles o necesarias, mientras que convierten otras decisiones en algo difícil o imposible. En la actualidad, como he explicado en otro lugar,92 esas estructuras no solo promueven los estilos de vida consumistas sino que también hacen que los estilos opuestos de vida, de simplicidad voluntaria, sean muy difíciles, y en algunos sentidos, imposibles. Por mi propia experiencia personal, sé que podría vivir muy felizmente con el 10% de los ingresos medios de una persona que en Australia trabaje a tiempo completo, si bien en circunstancias poco usuales, y de hecho lo estuve haciendo durante dos años hasta que mi experimento de vida simple tuvo que terminar por razones legales.93 Este tipo de trabazón estructural, que con frecuencia es sutil e insidioso, puede ahogar cualquier intento de crear modos de vida y movimientos sociales basados en valores posconsumistas, debido a que las leyes y estructuras actuales convierten la práctica de vivir de un modo más simple en algo complicado en extremo, incluso para quienes ya poseen valores posconsumistas. Esto es sumamente problemático porque la Vía de la Simplicidad y la economía de crecimiento-cero que promueve dependen del surgimiento de una cultura posconsumista.

    En cierto sentido esto parece apoyar la visión de Trainer de que el Estado está íntimamente implicado en el modelo del crecimiento, tan implicado, diríamos, que incluso puede funcionar como un candado que encierre a la gente en estilos de vida consumistas.94 Se podría decir mucho en defensa de esta opinión, que además arroja dudas sobre la suposición de que los gobiernos puedan algún día abandonar el paradigma del crecimiento. Según esto, como Trainer sugiere, quizás no deberíamos perder tiempo tratando de persuadir a nuestros líderes políticos para que lo hagan, del mismo modo que no deberíamos tratar de persuadir a las cebras para que cambiasen sus rayas. Visto desde otro ángulo, en cambio, esta opinión pone en duda la viabilidad de la estrategia anarquista de Trainer, dado que si la gente está de algún modo efectivamente atrapada en estilos de vida consumistas, en ese caso se necesitaría algún tipo de cambio estructural desde arriba para abrir el cerrojo que mantiene encerrada a la gente en dichos estilos de vida. Si se cambiasen las estructuras, emergerían –o podrían emerger– unas prácticas de consumo y unos modos de vida diferentes. Sólo entonces, podría decirse bien, que quienes participasen en un movimiento social posconsumista serían suficientemente libres para crear una nueva economía desde abajo, de la manera que Trainer vislumbra.

    Una posible réplica a esta línea de cuestionamiento podría venir de la mano del reconocimiento de que, en efecto, la estructura de las economías del crecimiento puede por supuesto encerrar a la gente en estilos de vida consumista. Pero la réplica insistiría en que cambiar esas estructuras no requiere necesariamente la acción del Estado, sino solo la acción de una comunidad dispuesta a ello. Aunque simpatizo con esta réplica, considero que no cambia el hecho de que las estructuras existentes funcionan para oponerse al tipo de acción comunitaria que sería necesario. No tengo solución para estas incómodas cuestiones. Mi intención es tan solo apuntar las preguntas que pueden surgir cuando se observa la estrategia anarquista de Trainer a través de una óptica legal.

    La segunda cuestión que plantearía sobre la estrategia de Trainer tiene que ver con las optimistas suposiciones que parece hacer acerca de la probabilidad de que los seres humanos trabajen juntos de modo pacífico y cooperativo por el bien común, en ausencia de la coerción del Estado. Esto es algo con lo que todo el movimiento anarquista debe lidiar, porque pese a la innegable belleza de sus asunciones, habrá muchos que argumenten que hay demasiada gente por ahí con visiones del mundo e historiales de comportamiento extrañamente configurados, y que por tanto es necesaria la coerción estatal para evitar que esa gente pueda imponerse al resto de la sociedad en modos opresivos o violentos. Este es un reto que tiene una larga historia en la bibliografía sobre el anarquismo, y reconozco que el movimiento anarquista no carece de contraargumentos, precisamente. Pero no es este el lugar de revisar y evaluar ese espinoso debate. Simplemente pretendo apuntar que el debate está aún abierto y que puede que nunca se llegue a cerrar.


    Debería añadir, no obstante, que la visión de Trainer resulta mucho menos utópica si nos apoyamos en que realmente va en el propio interés inmediato de la gente el vivir vidas más sencillas, de consumo reducido, e implicarse en el proceso creativo de construir una nueva sociedad. Esto puede que parezca una posibilidad contraria a la intuición en una época que glorifica el consumo como nunca antes, pero se está acumulando un conjunto impresionante de evidencias que sugieren lo contrario.95 En consonancia con las tradiciones de la antigua sabiduría, esta investigación indica que, una vez que nuestras necesidades básicas están cubiertas, hacernos más ricos no contribuye de manera importante a nuestro bienestar general, comparado con otras cosas como la implicación en la comunidad, las relaciones sociales y la actividad creativa. Lo que esto quiere decir es que la mayoría de la gente que está llevando vidas de alto consumo realmente podría vivir mejor con menos (y Trainer, en efecto, cree que es así). Esta es una noticia que nos debe animar enormemente, ya que si este mensaje llega a penetrar la conciencia colectiva de las sociedades de consumo, podría muy bien prender la llama de la revolución cultural en las actitudes hacia el consumo sobre las que debería descansar un mundo sostenible y justo. Es decir, si la gente llegase –en masa– a ver que una vida simple es una vida muy buena, el mundo cambiaría en sus fundamentos rápidamente.

    Mi última objeción a la estrategia anarquista de Trainer está basada en lo que acabo de exponer. Supongamos, de una manera optimista, que los valores posconsumistas llegasen a ser el mainstream en la próxima década, y que una masa crítica de gente comenzase a ver lo deseable y necesaria que es la Vía de la Simplicidad. Supongamos, además, que este movimiento social comenzase a construir la nueva sociedad de una manera más o menos acorde a la visión de Trainer que hemos descrito. Mi pregunta es la siguiente: ¿No llegaría un momento en que este movimiento social sería tan grande y bien organizado que el Estado, sencillamente, no podría seguir ignorando sus demandas? Y, en ese momento, ¿no podría utilizarse el propio Estado para avanzar en los objetivos de la Vía de la Simplicidad y así facilitar la transición a un mundo sostenible y justo? Son estas preguntas que me hago a mí mismo con cierto optimismo, y con ese mismo optimismo –lo confieso– las respondo afirmativamente. Al fin y al cabo, si tenemos derecho a hacer presunciones optimistas acerca de la posibilidad de que una cultura llegue a abrazar la Vía de la Simplicidad, igualmente podríamos asumir que nuestros gobiernos puedan, algún día, también ser capaces de actuar de manera cabal. Para alguien que sea anarquista por principios, esto no le parecerá satisfactorio porque aún implica al Estado (por muy cabal o razonable que llegue a ser); pero para la persona que sea en la actualidad anarquista pragmática, más por una cuestión estratégica que de principios, esta posibilidad no debería ser algo rechazable de antemano, porque habría que cambiar las estrategias a medida que el mundo cambie (¡como está claro que va a hacer!). Por descontado, aquellos que rechacen la idea de una acción de Estado más razonable e informada, deberían al menos considerar, por un instante, los comentarios de Ludwig Wittgenstein acerca del futuro:

Cuando pensamos acerca del futuro del mundo, siempre lo vemos en el lugar donde estaría si siguiese moviéndose tal y como lo vemos moverse ahora. No nos damos cuenta de que no se mueve en línea recta, sino curva, y que su dirección cambia constantemente.96


Conclusión

    Este ensayo ha dibujado las líneas básicas de la teoría de la Vía de la Simplicidad de Ted Trainer. He pasado por encima de buena parte de lo que tiene de intrincado su análisis, sin prestarle la suficiente atención, y muchos temas quedan pendientes de una exploración más profunda, entre ellos: ¿Qué forma tendrá que adoptar la Vía de la Simplicidad en los grandes centros urbanos, donde la infraestructura existente está mal diseñada desde el punto de vista de la sustentabilidad y donde es particularmente difícil dar con tierra para la producción local de alimentos? ¿Cómo podría afectar a los países del Sur una transición a la Vía de la Simplicidad en el mundo rico? Y ¿cómo habría que modificar los actuales derechos de propiedad, que refuerzan el statu quo, para facilitar el surgimiento de la Vía de la Simplicidad? Podrá juzgarse un éxito mi reseña si anima a más gente a consultar con detenimiento los principales textos de Trainer, donde se encuentra más detallada esa visión suya que constituye tanto un reto como una inspiración.97

    Dado que el factor principal del callejón sin salida mundial es el sobreconsumo, el principio más obvio para una sociedad sostenible es que aquellos que están consumiendo en exceso deben cambiar a unos estilos de vida más simples desde un punto de vista material. Esta es la visión que Trainer ha desarrollado con más rigor y perspicacia que nadie. Con seguridad la contribución de Trainer será reconocida por la posteridad, aunque la mayoría de la gente de la actualidad no esté ni siquiera preparada para ella. Puede resultar, sin embargo, que la era de la escasez que se aproxima, el petróleo caro y las crisis ecológicas superpuestas, lo cambien todo,98 y en ese momento tendremos la suerte de disponer de una visión y un plan detallados para la transición, y bastante desarrollados además. «La tarea es astronómicamente difícil, puede que imposible»,99 admite él mismo. Pero al mismo tiempo, insiste en que la pacífica revolución que se necesita puede ser una revolución que se disfrute y que se logre con facilidad, tan solo con que la gente decidiese que es eso lo que desea. Este es el mensaje de radical esperanza que se halla en el corazón del tétrico marco global que Trainer tan meticulosamente nos describe, y que nos sugiere que la tarea revolucionaria consiste principalmente en desarrollar la consciencia necesaria para que tenga lugar una transición a la Vía de la Simplicidad. Unas líneas de Theodore Roszak nos dan una expresión muy ajustada de esta idea:

Sólo existe un camino: la creación de ejemplos de carne y hueso de bajo consumo, alternativas de alta calidad al patrón de vida mayoritario. Esto lo podemos ver ya sucediendo en los márgenes de la contracultura. Y no hay nada –ninguna cantidad de argumentos o investigaciones– que pueda reemplazar el papel de tal prueba viviente. Lo que la gente tiene que ver es que la vida ecológicamente sana, socialmente responsable, es una buena vida; que la simplicidad, la frugalidad, y la reciprocidad son la base de una existencia en libertad [...].100



[1] Véase T. Trainer, Abandon Affluence, Zed Press, Londres, 1985; T. Trainer, The Conserver Society, Zed Press, London, 1995; T. Trainer, The Transition to a Sustainable and Just World, Envirobook, Sydney, 2010 [traducción al castellano de A. Almazán, La Vía de la Simplicidad. Hacia un mundo sostenible y justo, Trotta, en preparación].

[2] Véase T. Trainer, «Can Renewables etc. Solve the Greenhouse Problem: The Negative Case», Energy Policy, Vol. 38, núm 8, 2010, pp. 4107-4114 y T. Trainer, «The Radical Implications of Zero Growth Economy», Real World Economics Review, núm. 57, 2011, pp. 71-82.

[3] Véanse los informes de Global Footprint Network [disponibles en: http://www.footprintnetwork.org/en/index.php/GFN/]. Acceso el 31 de marzo de 2012.

[4] H. Daly, Steady-State Economics, Island Press, Washington D.C., 1991; P. Victor, Managing without Growth: Slower by Design, not Disaster, Edward Elgar, Cheltenham, Reino Unido, 2008 y T. Jackson, Prosperity without Growth: Economics for a Finite Planet, Earthscan, Londres, 2009 [traducción al castellano de Á. Ponziano, Prosperidad sin crecimiento: economía para un planeta finito, Icaria, 2011].

[5] R. Hopkins, The Transition Handbook: From Oil Dependency to Local Resilience, Green Books, Totnes, Devon, 2008 y D. Holmgren, Permaculture: Principles and Pathways beyond Sustainability, Holmgren Design Services, Hepburn, 2002 [traducción al castellano Permacultura: Principios y senderos más allá de la sustentabilidad, Kaicron, Argentina, 2013].

[6] T. Trainer, The Transition… op. cit., p. 14.

[7] Ibidem, p. 15.

[8] Ibidem.

[9] D. H. Meadows, J. Randers y D. L. Meadows, Limits to Growth: The 30-year Update, Chelsea Green Pub., White River Junction, Vermont, EEUU, 2004 [traducción al castellano de S. Pawlowsky, Los límites del crecimiento. 30 años después, Círculo de lectores / Galaxia Gutemberg, 2004].

[10] Millennium Ecosystem Assessment 2005 [www.millenniumassessment.org/en/index.aspx]. Acceso el 30 de abril de 2011.

[11] T. Trainer, «The Transition Towns Movement: Its Huge Significance and a Friendly Criticism», Energy Bulletin, 2009, p.19 [disponible en: http://www.energybulletin.net/node/51594]. Trainer dedica muy poca atención al tema de la superpoblación, lo cual muchos considerarán un defecto importante de su postura. Por descontado, él es muy consciente del problema, y lo incluye en su diagnóstico de la situación global; además, reconoce la importancia de estabilizar y reducir la población. No obstante, podría reforzar sus opiniones discutiendo en más detalle la cuestión demográfica. Merece la pena notar, sin embargo, que si la población mundial dejase de crecer hoy mismo (7 mil millones), el planeta seguiría estando peligrosamente sobrecargado por los estilos de vida de alto consumo, así que fijarse principalmente en el consumo tiene su justificación. Ciertamente existe un riesgo de que el problema de la población sea utilizado para alejar la atención de lo que Trainer argumenta es el principal problema: el sobreconsumo. Quizás esto explique por qué Trainer ha evitado de manera notoria el debate demográfico hasta el momento.

[12] Véase T. Trainer, The Transition to…, op. cit., p. 20.

[13] Véase J. Hansen, M. Sato, P. Kharecha et al., «Target Atmospheric CO2: Where Should Humanity Aim?», Open Science Journal, vol. 2, 2008, pp. 217-231, [disponible en: http://www.columbia.edu/~jeh1/2008/TargetCO2_20080407.pdf].

[14] T. Trainer, Renewable Energy Cannot Sustain a Consumer Society, Springer, Dordrecht, 2007 y T. Trainer, «Can Renewables….» op. cit.

[15] R. Lane, The Loss of Happiness in Market Democracies, Yale University Press, New Haven, 2000.

[16] C. Hamilton y R. Denniss, Affluenza: When Too Much is Never Enough, Crow’s Nest, NSW, Allen & Unwin, 2005 y T. Kasser, The High Price of Materialism, MIT Press, Cambridge MA, 2002.

[17] S. Alexander (ed.), Voluntary Simplicity: The Poetic Alternative to Consumer Culture, Stead & Daughters, Whanganui, 2009 y S. Alexander, «The Voluntary Simplicity Movement: Reimagining the Good Life beyond Consumer Culture», International Journal of Environmental, Cultural, Economic and Social Sustainability, Vol. 7, núm. 3, 2011, pp. 133-150.

[18] C. Hamilton, Growth Fetish, Allen & Unwin, Crows Nest, New South Wales, Australia, 2003 [traducción al castellano de J. L. Gil Aristu, El fetiche del crecimiento, Laetoli, 2006].

[19] T. Trainer, The Transition… op. cit., p. 21.

[20] S. Purdey, Economic Growth, the Environment, and International Relations: The Growth Paradigm, Routledge, New York, 2010.

[21] R. Heinberg, The End of Growth: Adapting to Our New Economic Reality, New Society Publishers, Gabriola Island, Canadá, 2011 [traducción al castellano C. Valmaseda, El final del crecimiento, El Viejo Topo/Ediciones de Intervención Cultural, 2014]; S. Alexander, Peak Oil, Energy Descent, and the Fate of Consumerism, Simplicity Institute Report 11b, 2011 y C. Martenson, The Crash Course, Wiley Sons, Hoboken, 2010 [se puede encontrar la traducción al castellano de M. Talens en versión online: https://www.peakprosperity.com/crashcourse/espanol].

[22] T. Trainer, The Transition… op. cit., p. 24.

[23] Ibidem.

[24] Por ejemplo en United Nations Development Program, Human Development Report, UNDP, 2007/2008 [disponible en: http://hdr.undp.org/en/reports/global/hdr2007-2008/].

[25] W. Beckerman, A Poverty of Reason: Sustainable Development and Economic Growth, Independent Institute, Oakland, 2002.

[26] E. Von Weizsäcker, A. B. Lovins y L. H. Lovins, Factor Four: Doubling Wealth – Halving Resource Use, Earthscan, London, 1998 [existe en castellano, traducción de A. Kovacsics, Factor 4: duplicar el bienestar con la mitad de los recursos naturales. Informe al Club de Roma, Galaxia Gutenberg, Barcelona, 1997].

[27] T. Trainer, Renewable Energy… op. cit., p. 117.

[28] T. Jackson, Prosperity… op. cit.

[29] T. Trainer, Renewable Energy… op. cit.

[30] Especialmente Ibidem; T. Trainer, «Can Renewables…» op. cit. y T. Trainer, «Renewable Energy - Cannot Sustain an Energy Intensive Society», 2012 [disponible: http://socialsciences.arts.unsw.edu.au/tsw/RE.html].

[31] Véase T. Trainer, «Renewable Energy…», op. cit.

[32] Véase S.-O. Holm y G. Englund, «Increased Ecoefficiency and Gross Rebound Effect: Evidence from USA and Six European countries 1960-2002», Ecological Economics, Vol. 68, núm. 3, 2009, pp. 879-887 y T. Jackson, Prosperity… op. cit.

[33] Véase J. Polimeni et al., The Myth of Resource Efficiency: The Jevons Paradox, Earthscan, Londres, 2009.

[34] T. Trainer, Renewable Energy… op. cit. p. 117.

[35] S. Alexander, «Planned Economic Contraction: The Emerging Case for Degrowth», Environmental Politics, Vol. 21, núm. 3, 2012, pp. 349-368.

[36] T. Trainer, «The Radical…», op. cit.

[37] H. Daly, Beyond Growth: The Economics of Sustainable Development, Beacon Press, Boston, 1996.

[38] T. Jackson, Prosperity… op. cit.

[39] T. Trainer, «The Radical…», op. cit., p. 71.

[40] Ibidem.

[41] Ibidem, p. 77.

[42] R. Douthwaite y G. Fallon, Fleeing Vesuvius, New Society Publishers, Gabriola Island, 2011.

[43] D. Woodward y A. Simms, Growth Isn’t Working: The Uneven Distribution of Benefits and Costs from Economic Growth, New Economics Foundation, 2006 [disponible en: http://www.neweconomics.org/publications/growth-isn%E2%80%99t-working].

[44] Véase T. Trainer, The Transition… op. cit.

[45] R. Wilkinson y K. Pickett, The Spirit Level: Why Greater Equality Makes Societies Stronger, Penguin, Londres, 2010.

[46] S. Alexander, Property beyond Growth: Toward a Politics of Voluntary Simplicity, Tesis doctoral, Melbourne Law School, University of Melbourne, 2011 [disponible en: http://www.simplicityinstitute.org/publications]

[47] T. Trainer, «The Radical…», op. cit., p. 71.

[48] S. Alexander, Property beyond… op. cit. y S. Alexander, «Voluntary Simplicity and the Social Reconstruction of Law: Degrowth from the Grassroots Up», Environmental Values, Vol. 22, núm. 2 [número especial acerca del Decrecimiento], 2012 pp. 287-308.

[49] T. Trainer, «The Radical…» op. cit. p. 17.

[50] Ibidem, p. 77.

[51] T. Trainer, «The Radical…», op. cit., p. 78 [énfasis en su original].

[52] Ibidem.

[53] Ibidem.

[54] T. Trainer, The Transition… op. cit.

[55] En el modelo económico de Trainer, el dinero se convierte, básicamente, en un simple registro contable, de manera contraria al sistema monetario actual en el cual los bancos emiten dinero en forma de deuda sobre la cual obtienen intereses. Véase T. Trainer, The Transition… op. cit., pp. 101-102.

[56] T. Trainer, «The Radical…» op. cit., p. 78

[57] S. Alexander, Property… op. cit.

[58] R. Hopkins, The Transition… op. cit.

[59] D. Holmgren, Permaculture… op. cit.

[60] T. Trainer, Abandon… op. cit. y The Conserver… op. cit.

[61] T. Trainer, «The Transition Towns Movement: Its Huge Significance and a Friendly Criticism», Energy Bulletin, 2009 [disponible en: http://www.energybulletin.net/node/51594] y T. Trainer, «Further Musings from Ted Trainer», Transition Culture, 2009, [disponible en http://transitionculture.org/2009/09/29/further-musings-from-ted-trainer/] Accesos el 31 de marzo de 2012.

[62] T. Trainer, «The Transition Towns… » op. cit., p. 1.

[63] Ibidem.

[64] Ibidem.

[65] R. Hopkins, «Responding to Ted Trainer’s Friendly Criticism of Transition», Transition Culture, 2009 [disponible en: http://transitionculture.org/2009/09/08/responding-to-ted-trainers-friendly-criticism-of-transition/] y B. Davey, «Brian Davey Responds to Ted Trainer», Transition Culture, 2009 [disponible en: http://transitionculture.org/2009/12/03/brian-davey-responds-to-ted-trainer/]. Acceso el 31 de marzo de 2012.

[66] R. Hopkins, «Responding to… » op. cit., p.1.

[67] Ibidem.

[68] B. Davey, «Brian Davey… » op. cit., p. 1.

[69] Ibidem.

[70] Ibidem.

[71] T. Trainer, «Further Musings…» op. cit.

[72] T. Trainer, The Transition… op. cit.

[73] T. Trainer, «Pigface Point: A Guided Tour in Pictures», 2012 [disponible en: http://ssis.arts.unsw.edu.au/tsw/PPtour1.html]. Acceso el 31 de marzo de 2012.

[74] T. Trainer, The Transition… op. cit., p. 2.

[75] S. Alexander, Living Better on Less? Toward an Economics of Sufficiency, Simplicity Institute Report 12c, 2012 y S. Alexander y S. Ussher, «The Voluntary Simplicity Movement: A Multi-National Survey Analysis in Theoretical Context», Journal of Consumer Culture, Vol. 12, núm.1, 2012, pp. 66-86.

[76] T. Trainer, The Transition… op. cit., p. 303.

[77] T. Trainer, The Transition… op. cit., p. 82.

[78] Ibidem, p. 96.

[79] Ibidem, p. 93.

[80] J. Rubin, Why Your World is About to Get a Whole Lot Smaller, Virgin, Londres, 2008 [traducción al castellano de R. Filella, Por qué el mundo está a punto de hacerse mucho más pequeño, Tendencias, 2009].

[81] T. Trainer, «How Cheaply…» op. cit.

[82] T. Trainer, The Transitionop. cit., p. 111.

[83] Véase también S. Batterbury, «Ted Trainer and the 'Conserver Society'», West London Papers in Environment Studies, núm. 3, 1996, pp. 1-12.

[84] T. Trainer, The Transitionop. cit.

[85] Ibidem.

[86] El autor aquí no utiliza la expresión state capitalism en el sentido en que otros han descrito –de manera crítica o no– un sistema nominalmente comunista como el de la desaparecida URSS, sino como la coalición de intereses y objetivos entre el Estado y el capitalismo o, dicho de otro modo, el control capitalista del Estado. Otros autores como Noam Chomsky utilizan el término en el mismo sentido que Alexander. En cualquier caso es un término problemático, cuya definición varía notablemente dependiendo de la corriente política que lo emplea [nota del traductor].

[87] C. Hamilton, Growthop. cit.

[88] Aquí el autor parece no incluir al anarquismo dentro de lo que llama izquierda ortodoxa, que correspondería, pues, con lo que se suele denominar más habitualmente izquierda estatalista o socialista [nota del traductor].

[89] T. Trainer, The Transitionop. cit., p. 13.

[90] Ibidem, p. 256.

[91] T. Trainer, «Further…» op. cit. Trainer reconoce que el término anarquismo tiene graves problemas de relaciones públicas que superar. No obstante, él utiliza el término basándose en que es el más adecuado para describir su postura. Me pregunto, sin embargo, si términos como “democracia radical”, “democracia directa” o “democracia participativa” no le podrían ser de más ayuda. El término anarquismo parece aterrorizar o alienar a la mayoría de la gente, además de utilizarse de manera ampliamente errónea en los medios de comunicación. Me preocupa que persuadir a la gente de que se implique en la Vía de la Simplicidad sea ya bastante difícil como para tener que lidiar también con los conceptos erróneos que se tienen sobre el anarquismo.

[92] S. Alexander, Degrowth implies Voluntary Simplicity: Overcoming Barriers to Sustainable Consumption, Simplicity Institute Report 12b, 2012.

[93] Véase S. Alexander, «Deconstructing the Shed: Where I Live and What I Live For», Concord Saunterer: The Journal of Thoreau Studies, Vol. 18, 2010, pp. 125-146.

[94] C. Sanne, «Willing Consumers - Or Locked In? Policies for a Sustainable Consumption», Ecological Economics, Vol. 42, núm. 1, 2002, pp. 273-287.

[95] Véase S. Alexander, Living Better… op. cit.

[96] Citado en R. Rorty, Philosophy and the Mirror of Nature, Princeton University Press, Princeton, 1979, p. 8 [traducción al castellano de J. Fernández Zulaica, La filosofía y el espejo de la naturaleza, Cátedra, 1989].

[97] Además de la ya citada edición en castellano de La Vía de la Simplicidad, se ha puesto recientemente en marcha una web dedicada a difundir los textos y el pensamiento de Ted Trainer en las diversas lenguas de la Península Ibérica: www.LaViaDeLaSimplicidad.info. [nota del traductor].

[98] P. Gilding, The Great Disruption: How the Climate Crisis will Transform the Global Economy, Bloomsbury, Londres, 2011.

[99] T. Trainer, «The Transition Towns …» op. cit. p. 6.

[100] T. Roszak, Where the Wasteland Ends: Politics and Transcendence in Postindustrial Society. Celestial Arts, Berkeley, 1972, p. 422.

 

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