Entrevista a Stewart Wallis

Entrevista a Stewart Wallis
La lucha por una nueva economía
Realizada por: Allen White 

Entrevista publicada originalmente en Resilience, 2 de enero de 2018
Traducida por: Nuria del Viso

"Cada día podemos ver evidencias de que la economía no logra servir a las personas o al planeta. Stewart Wallis, anterior director ejecutivo de New Economics Foundation, conversa con Allen White, investigador principal de la Fundación Tellus sobre como movilizar la acción para una nueva economía."

Allen White (AW): Empezaste tu carrera en la empresa privada, pero desde entonces te has convertido en un gran defensor de un nuevo paradigma económico. ¿Cómo se trazó esta trayectoria?

Stewart Wallis (SW): Cuando era adolescente pasaba mucho tiempo leyendo sobre sistemas de pensamiento, incluidos los trabajos de Geoffrey Vickers, autor de Freedom in a Rocking Boat. Vickers observaba que aquellos ricos en conocimientos comían dietas especiales en mesas separadas; solo los perros que rebuscan las migajas debajo de las mesas tienen una dieta equilibrada. Pensé para mis adentros: «Bueno, supongo que en la vida quiero ser como un perro, con una dieta equilibrada, continuamente picando de aquí y de allá y manteniendo el barco a flote.

   Una expedición geológica a Perú a la que fui cuando era estudiante universitario fue una experiencia formativa. Mi niñez tan convencional no incluyó la exposición a la pobreza y la desigualdad de la que allí fui testigo, igual que en un posterior viaje a Uganda. Me desestabilizó el hecho de que gente que tiene materialmente poco más que nada pudiera experimentar elevados niveles de bienestar basados en la comunidad y la confianza, y que fueran algunas de las personas más amables que he conocido jamás.

   Después de la universidad, seguí el camino para el que creía que estaba destinado. Trabajé cuatro años en la empresa y luego fui a la London School of Economics, donde estudié mucha más macroeconomía que empresa. Después trabajé en el Banco Mundial como economista financiero y empresarial, que, a su vez, me llevó a mi primer amor: la cooperación internacional. Mi carrera en el banco, sin embargo, se interrumpió bruscamente cuando mi mujer murió de cáncer, lo que me dejó con dos hijos, uno de 2 años y otro de 4 años. Esto, por supuesto, era incompatible con viajar por todo el mundo. Volví al Reino Unido para estar cerca de mi familia y empecé un periodo de nueve años de trabajo en la empresa privada en North Midlands, incluido un lapso como director ejecutivo en una empresa de fabricación.

AW: ¿Cómo moldeó tu visión del mundo tu paso por la empresa privada?
SW: Tuve que afrontar el reto de cambiar una empresa de 1.000 empleados mientras negociaba con 13 sindicatos muy problemáticos durante la era conservadora de Thatcher. La mitad de las trabajadoras estaban casadas con miembros del sindicato National Union of Miners; y en otro grupo estaban casadas con miembros del escindido sindicato Democratic Union of Miners. Incluso tuve que intervenir en una pelea con navajas en la fábrica. No hace falta decir que fue una experiencia bien distinta a aplicar la macroeconomía en el Banco Mundial.   

Siempre he creído que el propósito de un negocio debía ser contribuir en algo al mundo, pero cuando los beneficios se convierten en el objetivo prioritario, cualquier objetivo social está en entredicho.

   Aunque admiraba la inteligencia de mis colegas, al final, lo que importaba a la firma eran los intereses de los accionistas, la mayoría de los cuales habían heredado su patrimonio. Me di cuenta que me iba enfadando más y más con el sistema. Siempre he creído que el propósito de un negocio debía ser contribuir en algo al mundo, pero cuando los beneficios se convierten en el objetivo prioritario, cualquier objetivo social está en entredicho. Incluso en una empresa donde muchos de los accionistas son miembros de la familia propietaria, la primacía de los beneficios (y el valor de los accionistas) persistía. Después de años de forcejear con el sistema hacia el que albergaba objeciones fundamentales, estaba listo para volver a la cooperación internacional. Me había vuelto a casar y mis hijos ya eran mayores, lo que me permitió aceptar el puesto de director internacional de Oxfam.

AW: ¿Y este puesto cumplió las expectativas del trabajo con propósito que buscabas?
SW
: Sí, totalmente. Mis once años en Oxfam, de 1992 a 2002, me cambiaron la vida. Gestionaba un equipo de 2.500 personas en 70 países que trabajaban en tareas humanitarias, de emergencias y de cabildeo político al tiempo que haciendo frente a un sufrimiento humano terrible en casos como el del genocidio de Ruanda. Al haber enfrentado yo mismo una tragedia personal como dije antes, me di cuenta de que uno no puede cambiar el pasado, pero sí puede moldear el futuro. No tiene sentido malgastar el tiempo en lamentaciones. Encontrar la fuerza interna para mejorar el mundo fue mi única opción viable. Oxfam fue el vehículo para hacer justamente eso.

   Las recompensas por mi trabajo en Oxfam fueron numerosas, pero también lo fueron las dudas persistentes. Nuestro foco en los efectos de la pobreza y el sufrimiento limitaba la atención que podíamos prestar a los problemas sistémicos que están en la base de tales problemas, particularmente el sistema económico, que era fundamentalmente inmune a los cambios de políticas que defendíamos. El foco en los síntomas más que en las causas no lograba el cambio transformador necesario. Por tanto, cuando surgió la oportunidad para dirigir la New Economics Foundation (NEF), no lo dudé.

AW: Antes de entrar en tu trabajo en la NEF, ¿podrías hablar brevemente de la “nueva economía”? ¿Cómo definirías sus principales atributos?
SW
: El objetivo de la “nueva economía” es satisfacer las necesidades de todos los seres humanos al tiempo que nos mantenemos en los límites ecológicos. Busca maximizar el bienestar de todas las especies, humanas y no humanas. Sus defensores sostienen que la economía está incrustada en y depende de, los ecosistemas de la Tierra. Rechazan el concepto de homo economicus –la idea de que los seres humanos son individuos egoístas y descomprometidos– y en su lugar se enfocan en el hecho de que somos criaturas adaptativas y sociales. Esa nueva economía rechaza el objetivo del crecimiento sin fin; de hecho, es escéptica respecto al crecimiento, y se enfoca en su lugar en diseños y prácticas que son regenerativas en lugar de extractivas. Este marco contiene también un elemento espiritual, al definir la economía como un vehículo que posibilita a los humanos crecer y desarrollar al máximo su potencial como humanos. Una nueva economía, por supuesto, necesita nuevas formas de practicar la economía, y unas bases mejores para explicar nuestros actuales males y analizar y desarrollar políticas. Y aquí es donde aparece NEF.

AW: ¿Qué aspiraciones trajiste a NEF, en concreto en lo relativo al cambio sistémico?
SW
: NEF llevaba diez años funcionando cuando llegué. Ya había conseguido algunos notables éxitos, pero llevar a la organización al siguiente escalón requeriría más recursos financieros y humanos. De modo que el primer objetivo fue sobrevivir. Nuestra estrategia fue crear una consultoría que aplicara las investigaciones de NEF en el mundo real al tiempo que generaba un flujo de ingresos a la organización.

   La segunda aspiración fue aumentar nuestro impacto. Creamos unos 800 micronegocios en algunas de los municipios más desfavorecidos del Reino Unido. Nuestra teoría del cambio implica trabajar con las comunidades para testar en el terreno las ideas de la nueva economía, posicionándolas como ejemplos prácticos de lo que es posible y cómo hacer que ocurra. Formamos parte de un puñado de organizaciones que convencieron al Gobierno británico para que adoptara el bienestar como medida de progreso. Este momento trascendental desafió la hegemonía del PIB como principal medida de prosperidad. Además, ayudamos a promover la desgravación fiscal para los municipios y las organizaciones de finanzas de desarrollo comunitario, ofreciendo una alternativa a las finanzas convencionales. A lo largo de los años, NEF influyó prácticamente en todos los sectores de la economía a través de políticas, prácticas o ambas.

   NEF se convirtió en uno de las mayores y más respetados think tanks del Reino Unido, una organización a la vanguardia de la economía innovadora. No eludimos los grandes debates, como el de nuestra propuesta de la semana laboral de 21 horas en tres días de trabajo. Al principio, muchos se burlaron de la idea, pero desde entonces ha pasado de estar en los márgenes al terreno de lo imaginable y después al de lo plausible. Tratamos de pensar con antelación, concebir e inventar un mundo diferente.

   A pesar de estos éxitos significativos, no logramos realizar nuestras aspiraciones de un cambio de sistema. Suscribimos el dicho de Peter Drucker: «Lo que se puede medir, se puede hacer». La adopción del bienestar como parámetro por el Gobierno británico fue un logro sensacional. Esperamos que esto pueda empezar a destronar el PIB y, más importante, a aprender de grandes transformaciones sociales anteriores. Pero este aspecto de nuestro trabajo sigue pendiente.

AW: ¿Cuáles fueron las causas de que no se lograra este objetivo?
SW
: Creíamos de verdad que un grupo de personas que realmente cree en un cambio de sistema, que tiene una visión plausible basada en investigaciones rigurosas y que implementa proyectos modelo en el terreno podría empezar a crear un impacto. Sin embargo, aprendimos que estas condiciones eran necesarias, pero no suficientes para catalizar el cambio que buscamos. Además, la cuestión del tiempo –sucesos externos como la crisis financiera– distrajo la atención de los cambios estructurales hacia esfuerzos de rescate y reparación.

AW: Hablemos ahora de tu nueva iniciativa, la Well-Being Economy Alliance (WE All) [Alianza de la Economía del Bienestar, Todos nosotros]. ¿Qué inspiró su creación y cómo encaja en el conjunto más amplio de iniciativas de cambio social?

SW: WE All hunde sus raíces en los debates de NEF. Cuando analizamos los obstáculos del cambio de sistema, identificamos cuatro factores clave: apartarse de la vieja narrativa y crear otra nueva y atrayente; debilitar las bases del poder existente y reemplazarlas por otras nuevas. La narrativa neoliberal de cómo debería funcionar el mundo era el modelo Reagan-Thatcher de mercados sin restricciones, individualismo, autosuficiencia y un gobierno limitado (en las esferas económica y social, esto es, el complejo militar-industrial solo se fortaleció). Otro elemento era el debilitamiento de los anteriores grupos de poder, en particular los sindicatos.

Obstáculos para el cambio de sistema, identificamos cuatro factores clave: apartarse de la vieja narrativa neoliberal y crear otra nueva y atrayente; debilitar las bases del poder existente y reemplazarlas por otras nuevas.

   Para que tenga lugar el cambio, hace falta debilitar la vieja narrativa y que emerjan grupos de poder. Síntomas de ambos surgieron en los años noventa con el ascenso de los movimientos progresistas en el Reino Unido y EEUU, pero fueron lastrados en ausencia de una base de poder coherente. Muchas entidades competían en lugar de cooperar para formar un movimiento fuerte y coordinado. Incluso en las mejores circunstancias, su impacto se habría quedado corto respecto al cambio radical que hacía falta junto a las nuevas formas de pensar y las nuevas instituciones que ello implica.

   A pesar de numerosos esfuerzos loables, nos ha faltado una narrativa atractiva y coherente que articule no solo lo que falla, sino lo que hace falta, en forma de visiones esperanzadoras y plausibles. No defiendo que la actual versión de la nueva economía sea coherente ni en la teoría ni en la práctica. Abundan los conceptos y prácticas valiosas, pero colectivamente carece de la unidad que ayudaría a expandir su adopción e impacto. La falta de una narrativa y la ausencia de una nueva base de poder obstaculiza aún más el avance. Hasta ahora, la articulación de redes y encuentros tienen que cristalizar aún en una base de poder y una estrategia.

AW: ¿A qué te refieres con “narrativa” y qué papel desempeña el “cambio de narrativa” en tu teoría del cambio?
SW
: Una narrativa tiene una importancia crítica para movilizar el cambio porque crea un denominador común entre actores diferentes. Me apasiona desarrollar una visión compartida del mundo que se traduzca en una historia unificada que a su vez pueda apoyar el cambio de sistema.

   En una ponencia que dí en un congreso en Colorado en mayo pasado, propuse un movimiento global que impulsara la nueva economía y la respuesta fue abrumadoramente positiva. Las alianzas presentes en el encuentro decidieron consolidar sus esfuerzos y varias personas aportaron la financiación inicial para lanzar una iniciativa integrada de un movimiento por una nueva economía global. Desde entonces, muchos grupos afines se han sumado al proceso, incluido Great Transition Initiative (GTI) [Iniciativa de la Gran Transición]. Actualmente soy el presidente interino del grupo organizador.

   Está surgiendo una estructura multifacética, compuesta por la sociedad civil, gobiernos, entidades regionales y municipales, empresas, grupos religiosos y academia que actúan juntos para codificar y avanzar una nueva economía enraizada en la justicia y el bienestar. En nuestra visión, cada actor está al servicio de la visión más amplia del cambio del sistema desde lo que puede aportar, construyendo sobre una narrativa compartida, una gama de historias sobre el terreno y principios comunes. La estructura combinará liderazgo ascendente/de abajo a arriba con una orientación de arriba hacia abajo. Mientras avanza cada parte, estamos planeando una gran reunión internacional en 2019 para lanzar la próxima ola de cooperación y acción para la alianza en ciernes.

AW: ¿Cuál es el mejor escenario para WE All en los próximos años?
SW: Creo que hemos llegado a un punto de inflexión en la historia planetaria. En el pasado, muchas sociedades y culturas han caído debido a la sobreexplotación de recursos, como el Imperio Romano. Pero a escala mundial, nunca nos hemos topado con los límites planetarios como en el momento actual. El sistema actualmente es insostenible y acecha en el horizonte un futuro de inestabilidad, desempleo masivo y crisis ecológica. 

En el mundo en evolución actual, las placas tectónicas económicas, demográficas y ecológicas están colisionando. Ahora es el momento para un movimiento masivo de personas que digan: «Queremos algo diferente».

    En el mundo en evolución actual, las placas tectónicas económicas, demográficas y ecológicas están colisionando. No podemos darnos el lujo de posponer estas cuestiones y esperar la reversión de estos inquietantes cambios. Ahora es el momento para un movimiento masivo de personas que digan: «Queremos algo diferente». De hecho, sabemos lo que tenemos que hacer; es una cuestión de cómo lo hacemos. Quiero ayudar a crear los medios, aunque se desarrolle de forma desigual. No puede ser simplemente una nueva superorganización. Debe haber una manera de involucrar a personas de toda procedencia y de todas las escalas. ¿Cómo vinculamos a personas motivadas entre sí y con organizaciones a la vanguardia del cambio? Este es el gran desafío en los próximos años.

   En diez años me gustaría ver una red de entidades multiescalar y actividades pioneras que de manera colectiva muestren cómo podría plasmarse una nueva economía –de hecho, una nueva sociedad–. Los catalizadores del cambio pueden surgir de forma gradual y sin darse cuenta, según las circunstancias. Es posible que no reconozcamos, y mucho menos controlemos, las fuerzas del cambio sistémico, pero podemos ayudar a crear las condiciones previas para su cristalización. Tal ejercicio requiere una adaptación continua. Es como navegar: sabes tu destino, los vientos y las mareas siguen cambiando, y debes maniobrar para adaptarte a las condiciones del mundo real. Se necesita con urgencia el pensamiento sistémico integrado en respuesta a amenazas múltiples, y en alguna nos va en ello la supervivencia.

AW: Como sabes, GTI abarca una visión amplia del cambio civilizatorio, e identifica un "movimiento de ciudadanos globales" supranacional como agente crítico de cambio en esta transformación. ¿Ves a WE All y GTI alineándose en el contexto de este esfuerzo más amplio?
SW
: Los seres humanos tenemos mucho más en común de lo que la mayoría de la gente cree, incapaz de ver más allá de las actuales divisiones en tantas partes del mundo. Nuestra humanidad común proporciona la base para un movimiento ciudadano global. La Declaración Universal de los Derechos Humanos, que sigue siendo una declaración verdaderamente universal de los valores humanos básicos, es un ejemplo de ello, y lo mismo se aplicará a una nueva economía arraigada en la inclusión y la justicia.

   Necesitamos una narrativa y un vocabulario que lleguen al corazón tanto como la cabeza. La "sostenibilidad" no captura la riqueza y la amplitud de la transformación necesaria. Para los marginados, infravalorados y desilusionados necesitamos entender, imaginar y hablar de formas que resuenen con sus preocupaciones y les ofrezcamos la esperanza de un mundo mejor. Si podemos hablar sobre esas cosas y la gente siente que se las escucha creo que la mayoría estará abierta a recibir al extraño, al otro, al refugiado, y se sentirán abiertos a cuidar del planeta. Ya sea en un país carbonífero como el Reino Unido o en una favela en Brasil, el expolio y la ira deben equilibrarse con visiones plausibles de bienestar futuro. Tales visiones deben reconocer que la globalización ha sido una historia de beneficios que se acumulan para unos pocos a expensas de muchos. La historia alternativa debe ofrecer formas de rectificar estas disparidades, o de otro modo en las próximas décadas solo se acelerará la aparición de sociedades fortaleza, ya visibles hoy.

   Debe surgir una vanguardia del cambio, contar una historia plausible y converger en una base de poder coherente. Esto es lo que se necesita para lograr los cambios sistémicos esenciales para la prosperidad humana en las próximas décadas.

 


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