REFERENTES: Erik Olin Wright Construyendo utopías reales

Imaginar utopías reales es un elemento componente central de una empresa intelectual más amplia que puede llamarse ciencia social emancipadora. La ciencia social emancipadora trata de generar conocimiento científico pertinente para el proyecto colectivo de cuestionar diversas formas de opresión humana. El hecho de llamar a esto una forma de ciencia social antes que simplemente crítica o filosofías sociales, supone reconocer la importancia que para este objetivo tiene el conocimiento científico  sistemático  acerca  de  cómo  funciona  el  mundo.  El  término emancipador señala un propósito moral central en la producción del conocimiento, esto es, la eliminación de la opresión y la creación de condiciones que favorezcan el florecimiento humano.1  Y la palabra social supone la creencia de que la emancipación humana depende de la transformación del mundo social y no solamente de la vida interior de las personas.

Para el logro de este objetivo, toda ciencia social emancipadora debe realizar tres tareas básicas: elaborar un diagnóstico y crítica sistemáticos del mundo como es; imaginar alternativas viables; y comprender los obstáculos, posibilidades y dilemas de la transformación. Según sean los tiempos y los lugares, unas tareas pueden ser más urgentes que otras, pero todas son necesarias para elaborar una teoría emancipadora general […]

Alternativas viables

La segunda tarea de la ciencia social emancipadora consiste en desarrollar una teoría coherente y creíble de alternativas a las instituciones y estructuras sociales que eliminen o, cuando menos, mitiguen significativamente los daños e injusticias que se hayan detectado en el diagnóstico y la crítica. Las alternativas sociales pueden elaborarse y evaluarse desde tres diferentes criterios: deseabilidad, viabilidad y factibilidad. Como puede verse en el gráfico estos criterios se entienden en una especie de jerarquía: no todas las alternativas deseables son viables y no todas las alternativas viables son factibles.

 

 

 

Deseabilidad. La exploración de las alternativas deseables sin las limitaciones de la viabilidad o la factibilidad es el campo de la teoría social utópica y de gran parte de la filosofía política normativa. Como es de esperar, estos debates son muy débiles desde el punto de vista institucional, puesto que lo que importa es el enunciado de principios abstractos antes que las reformas institucionales. Así, por ejemplo, la descripción marxista del comunismo como una sociedad sin clases, regida por el principio de «a cada uno según sus necesidades, de cada uno según su capacidad», es casi muda con respecto a las reformas institucionales que convertirían este principio en algo funcional. Igualmente, las teorías liberales de la justicia elaboran y defienden los principios que deben materializarse en las instituciones de una sociedad justa sin estudiar de modo sistemático el problema de si cabe establecer realmente instituciones sostenibles y vigorosas para poner en práctica esos principios en la forma pura en la que se formulan. Estos debates son importantes porque pueden ayudar mucho a clarificar nuestros valores y fortalecer nuestro compromiso moral con la ardua tarea de conseguir el cambio social. Pero el pensamiento utópico puro sobre las alternativas es de escasa utilidad para la tarea práctica de construir instituciones o para dar crédito a las críticas a las instituciones actuales.

 

Viabilidad. El estudio de alternativas viables pregunta a los propósitos de transformar las estructuras e instituciones sociales existentes si, en caso de realizarse, darían lugar en verdad a las consecuencias emancipadoras que motivaron la propuesta de una forma sostenible y vigorosa. Una objeción frecuente a las propuestas igualitarias radicales es que «suena bien en la teoría, pero no funcionará jamás». El ejemplo más conocido de este problema es la planificación centralizada integral, la forma clásica con la que los revolucionarios intentaron realizar los principios socialistas. Los socialistas eran muy críticos con la anarquía del mercado y sus efectos destructivos sobre la sociedad, y creían que una economía racionalmente planificada mejoraría las vidas de la gente. La reforma institucional pensada para hacerlo posible era la planificación centralizada integral. Resultó que hay una serie de consecuencias «perversas» no queridas de la planificación centralizada integral que subvertían los objetivos propuestos tanto a causa de la sobrecarga de información generada por la complejidad como por una serie de problemas relacionados con los incentivos.

Otro ejemplo del problema de la viabilidad es la propuesta de una renta básica generosa universal de la que se hablará en el capítulo 6. Supongamos que cada cual recibiera un estipendio mensual sin condiciones, suficiente para vivir en un nivel de vida socialmente respetable. Existen muchas razones según las cuales, desde el punto de vista moral radical de la justicia social, esta propuesta puede verse como una alternativa deseable a los procesos existentes de distribución económica. Sin embargo, hay escépticos que sostienen que una renta básica generosa no es una alternativa viable al mundo existente: podría crear incentivos perversos y todos nos convertiríamos en adictos al sofá; quizá aumentaran tanto los tipos impositivos que estrangularían la actividad económica; quizá desencadenara tal resentimiento hacia la gente que viviera solo de la renta básica entre quienes alternaran la renta básica con las ganancias del mercado de trabajo que una renta básica in- condicional resultara políticamente inestable. Tales son los tipos de asuntos que habrá que considerar en el debate acerca de la viabilidad de las alternativas.

Una objeción frecuente a las propuestas igualitarias radicales es que «suena bien en la teoría, pero no funcionará jamás»

Por supuesto, la viabilidad de una reforma concreta para el logro de objetivos emancipatorios puede depender en gran medida del contexto histórico y de divesos tipos de condiciones colaterales. Por ejemplo, una renta básica universal generosa puede ser viable en un país en el que haya una vigorosa cultura enraizada de ética del trabajo y un sentido de obligación colectiva porque es esa sociedad habría poca gente en términos relativos que consumiera toda su renta sin contribuir nada a cambio. Pero puede no ser viable en una sociedad muy atomizada, egoísta y consumista. O bien el ingreso básico podría ser viable en una sociedad que, durante un largo periodo, hubiera desarrollado un Estado del bienestar redistributivo basado en un mosaico de programas, pero no en una sociedad con un Estado del bienestar limitado y miserable. En consecuencia, los debates sobre la viabilidad también incluyen otros sobre las condiciones contextuales posibles para que funcionen bien las reformas institucionales.

Los límites de lo factible dependen en parte de las creencias de la gente acerca de qué tipos de alternativas son viables

La exploración de alternativas viables incluye la cuestión de su factibilidad práctica en las condiciones sociales existentes. Algunos podrán plantear la pregunta de cuál sea el sentido de hablar acerca de una alternativa teóricamente viable si no es estratégicamente factible. La respuesta a estos escépticos es que hay tantas incertidumbres y contingencias acerca del futuro que no podemos saber ahora cuáles serán realmente los límites de las alternativas futuras factibles. Piénsese en la Unión Soviética en 1987. Nadie creía que el colapso del Estado soviético y la subsiguiente transición al capitalismo se darían en unos cuantos años. Quizá podamos decir algo acerca de los tipos de cambios por los que cabe luchar ahora mismo o los tipos de coaliciones que son posibles o imposibles en las condiciones actuales y qué clases de estrategias políticas serán eficaces o ineficaces en el futuro inmediato. Pero cuanto más en el futuro tratamos de ver, menos seguros podemos estar acerca de los límites de lo que es factible.

Dada esta incertidumbre acerca del futuro, hay dos razones de por qué es importante tener una idea tan clara como sea posible sobre la gama de alternativas viables al mundo en que vivimos que, si se aplicaran, tendrían bastantes posibilidades de ser sostenibles. En primer lugar, al elaborar ahora esa idea es más probable que si en el futuro las condiciones históricas amplían los límites de las posibilidades factibles, las fuerzas sociales actualmente comprometidas con el cambio social emancipador estarán en situación de formular estrategias prácticas para implementar una alternativa. Es más probable que las alternativas viables se conviertan en alternativas factibles si están bien pensadas y entendidas. En segundo lugar, los límites reales de lo que es factible dependen en parte de las creencias que tenga la gente acerca de qué tipos de alternativas sean viables. Este es un asunto esencial y fundamental para la comprensión sociológica de la idea misma de que existen «límites de posibilidad» del cambio social: los límites de posibilidad no son independientes de las creencias acerca de dichos límites. Cuando un físico sostiene que hay un límite máximo a la velocidad a la que pueden desplazarse las cosas, se supone que se trata de una limitación objetiva que actúa con independencia de nuestras creencias acerca de la velocidad. Igualmente, cuando un biólogo dice que en ausencia de ciertas condiciones la vida es imposible se trata de limitaciones objetivas. Por supuesto, el físico y el biólogo pueden estar equivocados, pero sus afirmaciones son acerca de límites de posibilidad reales, insuperables. Las afirmaciones acerca de los límites sociales de posibilidad son diferentes de estas afirmaciones acerca de límites físicos y biológicos porque en el ámbito social las creencias de la gente acerca de los límites afectan de modo sistemático a lo que es posible. La descripción sistemática y convincente sobre las alternativas viables a las estructuras e instituciones sociales existentes de poder y privilegio, en consecuencia, es un componente del proceso social mediante el cual se pueden cambiar los mismos límites sociales de las alternativas factibles.

No resulta sencillo argumentar creíblemente que «otro mundo sea posible». La gente nace en sociedades que ya están hechas de antes. Las normas de la vida social que aprende e interioriza según crece parecen naturales. La gente se preocupa por las tareas de la vida cotidiana, la de ganarse el pan, sobrellevar las penas de la vida y disfrutar de sus alegrías. La idea de que cabe cambiar deliberadamente el orden social en alguna forma fundamental que haga la vida significativamente mejor para la mayoría de la gente es de largo alcance tanto porque es difícil imaginar alguna alternativa funcional mejor y porque es difícil imaginar cómo desafiar con éxito las instituciones existentes de poder y privilegio con el fin de crear dicha alternativa. Así pues, incluso si uno acepta el diagnóstico y la crítica de las instituciones existentes, la respuesta más natural de la mayoría de la gente probablemente es un sentido fatalista de que, en realidad, no es mucho lo que puede hacerse para cambiar las cosas realmente.

Este fatalismo plantea un problema grave para la gente comprometida con la lucha contra las injusticias y males del mundo social existente por cuanto el fatalismo y el cinismo acerca de las perspectivas del cambio emancipador reducen las perspectivas de dicho cambio. Por supuesto, una estrategia es justamente no preocuparse mucho sobre si se maneja o no un argumento científicamente creíble acerca de las posibilidades del cambio social radical y tratar de crear en su lugar una visión inspiradora de una alternativa deseable fundada en la ira que suscitan las injusticias del mundo en que vivimos e imbuida de esperanza y pasión acerca de las posibilidades humanas. A veces, estos buenos deseos carismáticos han sido una fuerza poderosa que ha ayudado a movilizar al pueblo para la lucha y el sacrificio. Pero es improbable que constituyan una base adecuada para transformar el mundo en formas que realmente creen una alternativa emancipadora sostenible. La historia de las luchas humanas en pro del cambio social radical está repleta de victorias heroicas sobre las estructuras existentes de opresión seguidas por la construcción trágica de nuevas formas de dominación, opresión y desigualdad. La segunda tarea de la ciencia social emancipadora, por lo tanto, es desarrollar de forma tan sistemática como sea posible una concepción científicamente fundamentada de las instituciones alternativas viables.

 

Factibilidad. La elaboración de teorías coherentes de alternativas factibles es la tarea central del trabajo práctico de las estrategias de cambio social. Esta resulta ser muy difícil tanto porque los puntos de vista acerca de la factibilidad son vulnerables a los «buenos deseos» como por el alto grado de contingencia de las condiciones que en el futuro afecten a las perspectivas de éxito de las estrategias a largo plazo.

Como en el caso de la viabilidad, la factibilidad no es en realidad una dicotomía simple entre lo factible y lo no factible: proyectos diferentes de transformación institucional tienen posibilidades distintas de realizarse. La probabilidad de que una alternativa dada a las estructuras e instituciones sociales existentes se realice en algún momento en el futuro depende de dos tipos de procesos: en primer lugar, de las estrategias conscientemente perseguidas y del poder relativo de los actores sociales que apoyan o se oponen a la alternativa en cuestión. La estrategia cuenta porque es muy improbable que las alternativas emancipadoras «sucedan» sin más. Solo pueden darse porque la gente trabaja para conseguirlas y es capaz de superar distintos tipos de obstáculos y formas de oposición. La probabilidad del éxito en último término, pues, depende del equilibrio del poder de las dos fuerzas sociales contendientes que intentan imponer o rechazar conscientemente la transformación emancipadora En segundo lugar, la probabilidad de que se implemente una alternativa concreta depende de una trayectoria a lo largo del tiempo de una amplia gama de condiciones socioestructurales que afecta a las posibilidades de éxito de estas estrategias2.

Esta trayectoria de condiciones es en sí misma parcialmente el resultado de los efectos no deseados acumulativos de la acción humana, pero también es el resultado de las estrategias conscientes de los actores para transformar las condiciones de sus propias acciones. En consecuencia, la factibilidad de una alternativa depende de en qué medida sea posible formular estrategias coherentes, convincentes que ayuden a crear las condiciones para implementar las alternativas en el futuro y contar con el potencial para movilizar las fuerzas sociales necesarias para apoyar la alternativa cuando se den esas condiciones. La comprensión de estos asuntos es el objetivo de la tercera tarea general de la ciencia social emancipadora: la teoría de las transformaciones.

Transformación

La tercera tarea de una ciencia social emancipadora es la elaboración de una teoría de la transformación social. Podemos pensar en la ciencia social emancipadora como la teoría de un viaje desde el presente a un posible futuro. El diagnóstico y la crítica de la sociedad nos dicen por qué queremos dejar atrás el mundo en que vivimos; la teoría de las alternativas nos dice hacia dónde queremos ir; y la teoría de la transformación nos dice cómo llegamos de aquí allí, esto es, cómo hacer factibles alternativas viables. Una teoría de la transformación implica cuatro componentes centrales:

1. Una teoría de la reproducción social.

2. Una teoría de los saltos y contradicciones del proceso de reproducción.

3. Una teoría de  la  dinámica  y  trayectoria  subyacentes  al  cambio  social  no  querido.

4. Una teoría de los actores, estrategias y luchas.

 

NOTAS:

*  Este texto es un extracto del capítulo II del libro Construyendo utopías reales, publicado en lengua española por la editorial Akal en el año 2014. Agradecemos la gentileza de la editorial al autorizarnos a reproducirlo.

1  En un intercambio personal, Steven Lukes observó que el término «emancipación» estaba conectado originalmente con la lucha contra la esclavitud: la emancipación de los esclavos implicaba su liberación de la servidumbre. De modo más general, la idea de la emancipación se vinculaba con las nociones liberales de libertad y del logro de plenos derechos liberales antes que los ideales socialistas de igualdad y justicia social. En el siglo XX, la izquierda se apropió del término para referirse a una más amplia visión de eliminar todas las formas de opresión y no solamente aquellas que implicaban formas coercitivas de negación de las libertades individuales. Empleo el término en este sentido amplio.

2  Para citar (fuera de contexto) el famoso aforismo de Marx: «Los hombres hacen su propia historia, pero no la hacen a su libre arbitrio, bajo circunstancias elegidas por ellos mismos, sino bajo aquellas circunstancias con que se encuentran directamente, que existen y les han sido legadas por el pasado. Véase Karl Marx (1985, 1992) El 18 Brumario de Luis Bonaparte. Suele entenderse con la cita que las estructuras sociales imponen límites a la acción humana, pero el contexto real es acerca de las condiciones mentales de la acción: El pasaje prosigue: La tradición de todas las generaciones muertas oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos. Y cuando estos aparentan dedicarse precisamente a transformarse y a transformar las cosas, a crear algo nunca visto, en estas épocas de crisis revolucionaria es precisamente cuando conjuran temerosos en su exilio los espíritus del pasado, toman prestados sus nombres, sus consignas de guerra, su ropaje, para, con este disfraz de vejez venerable y este lenguaje prestado, representar la nueva escena de la historia universal». Si bien el argumento de Marx se centraba en ese tipo de límites culturales para transformar el mundo, la idea más general es que las estrategias colectivas encuentran condiciones que no se pueden reconducir a una decisión estratégica.

Eset artículo forma parte de la sección REFERENTES del número 149 de Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global. Puedes descargar el texto completo en formato pdf: Construyendo utopías reales.