Santander siembra las semillas de una escuela democrática, justa y sostenible

El pasado 9 de mayo, Santander se convirtió en un espacio de encuentro y reflexión de la red de Vínculo Ecosocial para todas aquellas personas que entienden la educación como una herramienta clave para afrontar los desafíos contemporáneos. Las VIII Jornadas de Educación Ecosocial reunieron a docentes, colectivos sociales, alumnado y agentes comunitarios en torno a una preocupación compartida: cómo repensar la escuela en un contexto de crisis ecosocial. A lo largo de la jornada se respiró una atmósfera de diálogo, intercambio y compromiso, donde se puso en valor la necesidad de transformar no solo los contenidos educativos, sino también las formas de enseñar, aprender y convivir. La educación emergió así como un espacio estratégico para imaginar y construir futuros más justos, sostenibles y democráticos.

La jornada se inició por la mañana con la muestra de agradecimiento a todas las personas participantes, y con una breve presentación por parte de Teresa Susinos, como representante del equipo organizador. El hilo conductor del encuentro fue la idea de semilla, pues la idea no era mostrar únicamente prácticas de éxito ya logradas, sino compartir las prácticas que se están haciendo y pensar entre todos y todas cómo contribuir a que germinen.

“Hace más ruido un árbol que cae que un bosque que crece”, pero en el crecimiento lento y continuado es donde encontramos la posibilidad de transformación profunda.

Con esta idea ya sembrada, se dio paso a la intervención de Jesús Romero Morante, profesor Titular de Didáctica de las Ciencias Sociales de la Universidad de Cantabria con su conferencia titulada La ultraderecha 2.0, la sostenibilidad de la democracia: una mirada desde la educación.

En ella, mediante la presentación de informes y estudios se compartió el diagnóstico del desmoronamiento progresivo de la democracia que está sucediendo en la actualidad, en pos de una deriva autocrática que cobra cada vez más fuerza, marcada por el avance de los populismos, especialmente de la ultraderecha, marcada por su desmarginalización, su capacidad de influir en la agenda y su conversión progresiva en socios aceptables.

Ante esta situación, se señaló la desinformación como una de las mayores amenazas a la democracia, en un ecosistema comunicativo cada vez más separado de la vocación del interés público. En este sentido, aunque estas derivas no pueden frenarse exclusivamente desde la escuela, esta debe erigirse como un espacio donde cuestionarlas, donde es necesario posicionarse e incomodar. Pues el pensamiento crítico debe enfrentar la política de la inevitabilidad.

Continuando en esta línea y como colofón, se compartieron algunas ideas concretas sobre cómo afrontar esta realidad desde las aulas:

  1. Problematizar el presente y trabajar a partir de problemáticas relevantes.
  2. Potenciar el pensar históricamente.
  3. Educar el deseo.
  4. Aprender dialogando.
  5. Impugnar algunas reglas no escritas de la cultura escolar.

Con todo esto rumiando en la cabeza de las personas asistentes y luego de un breve descanso, continuaron las jornadas. El equipo de trabajo de la Universidad de Cantabria hizo la presentación del fanzine 12 semillas para la escuela del futuro, el producto final de un trabajo colaborativo de la Red de Vínculo Ecosocial que recoge de manera gráfica y visual las 12 líneas de acción que es necesario activar para construir desde el presente las escuelas que deseamos para el futuro.

Con esta mirada utópica, de trazar los caminos que permitan conectar la educación con su verdadero potencial para construir desde el enfoque de la sostenibilidad de la vida, se dio paso a la segunda ponencia de la mañana, en la cual el profesorado del CEIP Manuel Llano de Terán (Valle de Cabuérniga), un centro rural con menos 100 alumnos y alumnas, presentó los últimos 3 proyectos del curso realizados con el alumnado de 5º y 6º EPO en el marco de la iniciativa Pedagogías del mañana, una colaboración entre la cooperativa Garúa y el Museo Reina Sofía.

El primer proyecto, Guardianes del Saja, giraba en torno al análisis del estado ecológico del río Saja y su papel como vertebrador de la vida en el valle. El proyecto terminaba con una instalación artística y un espacio de debate sobre el resultado.

El segundo proyecto se titulaba Hogares y en el se realizó una radiografía de los hogares del valle en base a las necesidades básicas de todas las personas.

En el presente curso académico, estaban finalizando el tercer proyecto, Raíces del valle de Cabuérniga, en el cual analizaban el suelo como ser vivo, la intrínseca relación de las personas con el suelo, y el suelo como fuente de conocimiento y de conservación de la historia. Como producto final se planteaban las comunidades en acción, donde llevar a cabo acciones restaurativas para la conservación del suelo.

En todos los casos, se trata de temáticas o problemáticas locales, conectados con las vivencias, realidades y emociones del alumnado y de sus familias, así como con el proyecto de centro.

Como continuidad a este planteamiento educativo tan transformador, el IES Foramontanos, situado en Cabezón de la Sal y que recibe el alumnado del CEIP Manuel Llanos, presentó el proyecto que en el presente curso escolar están llevando a cabo, dando relevo en la etapa secundaria a esta práctica educativa.

Se trata del proyecto Camberas (palabra local que significa senderos rurales), que engloba a las asignaturas de matemáticas, tecnología, geografía e historia, educación plástica y visual y lengua castellana. El proyecto se articula en torno a 4 ámbitos o ejes de reflexión: el camino propio, el camino deseado, el camino forzado (en relación con el mundo) y el camino de otras personas. Y lo hace persiguiendo 4 objetivos: potenciar un decrecimiento en la esfera material, promover la equidad, favorecer la biodiversidad y cuidar la vida en el centro.

En este caso el proyecto se está implementando en el presente curso académico y está siendo también fructífero y dando buenos resultados; pero señalaron también las dificultades de coordinación entre profesorado de diferentes materias, así como la complejidad de desencorsetar las asignaturas para poder realmente volcarse en la construcción de un proyecto transformador.

Después de las experiencias marco de la mañana, por la tarde, se desarrollaron seis talleres en dos franjas horarias sucesivas. En ellos se presentaron doce experiencias educativas relacionadas con las 12 semillas para una escuela del futuro que nos demuestran la cantidad de proyectos y personas que están trabajando en el presente para construir la escuela de queremos.

En estas sesiones, los y las ponentes relataron brevemente sus propuestas y finalizaron planteando a las personas asistentes 2 retos que aún quedan pendientes en su trabajo cotidiano. Los participantes en el taller contribuyeron con sus propuestas para abordar esos retos en un trabajo de intercambio colaborativo que será analizado posteriormente.

Escuelas que se organizan desde lo colectivo

Uno de los ejes más presentes a lo largo de los talleres fue la importancia de repensar la organización interna de los centros educativos. La experiencia del CEIP Manuel Llano evidenció que la innovación pedagógica no puede depender de iniciativas individuales aisladas, sino que debe formar parte de una cultura compartida que impregne todo el centro. En este sentido, los “equipos impulsores” se presentaron como una herramienta clave para dinamizar procesos colectivos, facilitando la reflexión conjunta, la toma de decisiones compartida y la mejora continua de las prácticas educativas.

Además, se subrayó la necesidad de generar estructuras estables que hagan posible este trabajo colaborativo, evitando tanto la rigidez jerárquica como la dispersión organizativa. La escuela democrática, tal como se planteó, requiere tiempo, espacios y una voluntad clara de construir comunidad educativa desde la participación real de quienes integran.

Proyectos ecosociales con raíces profundas

Otro de los focos de la tarde giró en torno a cómo diseñar y sostener proyectos ecosociales que trasciendan las iniciativas puntuales. La experiencia compartida por José Antonio Sánchez Raba puso de relieve que este tipo de proyectos deben construirse desde una base sólida, sustentada en los principios de ecodependencia e interdependencia, y acompañada de una planificación rigurosa y consciente.

Lejos de plantearse como modas o innovaciones pasajeras, estos proyectos requieren coherencia pedagógica, continuidad en el tiempo y una implicación activa de toda la comunidad educativa. En este sentido, se destacó la importancia de que los centros educativos se vinculen con su entorno, estableciendo alianzas con entidades sociales y apostando por procesos formativos permanentes que permitan sostener el enfoque ecosocial más allá de las personas concretas que lo impulsan.

Arte, cultura y participación: aprender haciendo

Entre las propuestas más inspiradoras destacó la experiencia vinculada a los agentes culturales, que evidenció el potencial del arte como herramienta pedagógica para abordar cuestiones sociales complejas. El proyecto intercentros mostró cómo la creación artística puede convertirse en un lenguaje compartido que permita al alumnado explorar, cuestionar y expresar su visión del mundo.

A través de exposiciones, procesos participativos y encuentros entre centros, se generaron espacios de aprendizaje donde lo importante no era únicamente el resultado final, sino el proceso de construcción colectiva. En este marco, el alumnado deja de ocupar un papel pasivo para convertirse en agente activo, capaz de tomar posición, generar discurso y participar en la transformación social desde su propia experiencia.

Redes educativas que traspasan fronteras

Otra de las líneas de trabajo presentes en los talleres fue la construcción de redes educativas que permitan compartir saberes, recursos y compromiso político. La Federación de Redes de Educadoras y Educadores para una Ciudadanía Global mostró cómo es posible articular espacios de colaboración basados en la horizontalidad y la participación voluntaria, impulsando proyectos relacionados con la democracia, las migraciones y los cuidados.

Estas redes, aunque frágiles en ocasiones, representan un ejemplo de cómo la acción colectiva puede amplificar el impacto educativo y generar cambios a mayor escala. Sin embargo, también se plantearon interrogantes importantes en torno a su sostenibilidad, especialmente en lo que respecta al relevo generacional y a la necesidad de evitar la sobrecarga de las personas implicadas.

Territorio, juventud y participación

La dimensión territorial tuvo un papel relevante en las jornadas, especialmente a través de la experiencia de la asociación La Bardal. Su trabajo puso en valor la capacidad de la juventud rural para organizarse, participar activamente y generar propuestas de mejora para su entorno.

Este enfoque permitió visibilizar la importancia de crear espacios reales de participación donde las personas jóvenes no solo sean escuchadas, sino que puedan influir en las decisiones que afectan a sus vidas. Además, se evidenció la necesidad de adaptar las políticas públicas a las particularidades del medio rural, superando barreras estructurales como la dispersión territorial o la falta de recursos.

Escuelas que cuidan: comunidad, vínculo y naturaleza

El cuidado emergió como uno de los pilares fundamentales de la educación ecosocial, atravesando múltiples experiencias compartidas durante la jornada. El CEIP Vital Alsar se presentó como un ejemplo de centro que entiende la educación como un ecosistema de relaciones, donde el alumnado crece en conexión consigo mismo, con las demás personas y con el entorno natural.

En esta misma línea, otros talleres abordaron el acompañamiento a jóvenes en situación de vulnerabilidad, destacando la importancia del vínculo emocional, la flexibilidad institucional y la coordinación entre distintos agentes educativos y sociales. Estas propuestas pusieron de relieve que educar no es solo transmitir conocimientos, sino también generar condiciones de cuidado que permitan el desarrollo integral de las personas.

Comunidad educativa ampliada

La necesidad de transformar el currículo para hacerlo más relevante y conectado con la realidad fue otro de los temas centrales. Las experiencias compartidas mostraron cómo es posible integrar el enfoque ecosocial en el día a día del aula a través de metodologías activas, aprendizaje-servicio y situaciones de aprendizaje contextualizadas.

Este enfoque implica repensar los contenidos, las metodologías y la evaluación, incorporando problemáticas globales como el cambio climático o las desigualdades sociales. Asimismo, se plantearon desafíos importantes, como la implicación de todo el profesorado en estos procesos o la necesidad de confrontar discursos negacionistas que dificultan la construcción de una conciencia crítica en el alumnado.

Coeducación y justicia global: retos pendientes

Finalmente, los talleres abordaron cuestiones clave relacionadas con la coeducación y la educación para la ciudadanía global. A pesar de los avances logrados, se reconoció que aún existen numerosos retos por afrontar, como la eliminación de estereotipos de género, la prevención de violencias o la construcción de entornos educativos inclusivos y seguros.

En este contexto, se destacó la importancia de seguir generando espacios de reflexión y formación que permitan avanzar hacia una educación más justa e igualitaria. Asimismo, se puso el acento en la necesidad de cuidar a las personas que impulsan estos procesos, evitando su desgaste y garantizando la continuidad de las iniciativas.

La jornada concluyó con la actuación del músico multiinstrumentista Mariu Torre, con un recorrido por tradición cánrabra y la música a través de una gran variedad de instrumentos musicales tradicionales de la región.